Carlos Figueroa anima las jineteadas

Su nombre completo es Carlos Teodoro Figueroa Echeverriaga, el segundo es de origen vasco y algo de indígena, cuenta Carlos cuando se le pregunta por su nombre. Tiene 47 años, es oriundo de Tacuarembó, acompaña el festival de Valentín Aparcero desde la primera edición, es cantor de versos criollos y animador de jineteadas, desde hace 23 años, lo define como su medio trabajo y lo que le gusta. Anima la fiesta de la Patria Gaucha desde hace 19 años consecutivos y la del Prado hace varios años. En el Prado relata para radio rural, van tres años con este, sale al aire a todo el país y el mundo.

SU FAMILIA

“Hoy por hoy tengo mi familia, tenemos una ranchada a 7 kilómetros de Tacuarembó y trabajamos en conjunto. Mi señora trabaja acá con las pilchas y yo en el escenario. Hace poco empezó, está muy contenta, el fin de semana que viene nos vamos a Durazno, y en semana de turismo al Prado”. Su esposa, Fabiana, trajo a la fiesta un stand de venta de indumentaria de campo, que tiene desde diciembre del pasado año. “Rincón gaucho” se llama el emprendimiento y es la primera vez que lo acompaña: “antes era el casero de la chacra”, indicó Fabiana a este diario. Tiene dos hijas: Analía lo acompañaba en recitados, aunque después con el liceo y los estudios  “se olvidó de esas cosas”, “lo hacía muy bien”, indicó Carlos, y la otra se llama Ana Carolina, madre de su nieta “que es la luz del hogar hoy en día”.

¿Qué opina de este festival en Valentín?

Valentín empezó como una fiesta común, pero desde el primer año dio la pauta que iba a ser una fiesta grande. Figueroa recordó que en la primera edición del festival llovió, era sábado, estaban en un salón de MEVIR,  pensaban que se suspendía, luego salió el sol, llegaron al predio y había dos mil personas adentro del ruedo, “con el barro por la rodilla y con ganas de ver algo, se vio que la gente de la zona y otros departamentos quisieron que Valentín Aparcero naciera ese día y continuara”, indicó. En esta ocasión había dos festivales más en el país lo que pudo provocar una baja en la gente que asistió: uno en Maldonado y otro en San José. “Antes, después de la Patria Gaucha, el único festival era Valentín Aparcero, hoy se juntaron dos más”, señaló. Tiene actividades todos los fines de semana, hasta donde recordaba tenía su agenda completa hasta el 12 de mayo.

¿CÓmo llego a

ser Animador?

Orgulloso por esta vocación de ser cantor y animador, en diálogo con EL PUEBLO Carlos narró cómo llegó a esta actividad. En este sentido indicó que la tradición viene de familia, su padre fue capataz de estancia y domador, era un hombre de campaña, siempre milongueó, nunca estuvo en un escenario pero tenía libros de versos, de manera que él (Carlos), siempre le gustó “desde chiquito cantar algún verso”, rememoró. Junto a su hermano Aníbal, fue montador muchos años, montaban en todo el país e inclusive en la rural del Prado. Un día surgió una fiesta de jineteadas en Buricayupí un pueblo de campaña en el departamento de Paysandú, “creo que quiere decir zorro flaco”, dice haciendo referencia al nombre del pueblo, tenia alrededor de 20 años, fue en el año ‘86, era una fiesta de la escuela, él y su hermano venían del Prado y fueron a montar porque era la tropilla de un amigo. Cuando arrancó la fiesta -aclara que “en esa época no había celulares más que algún teléfono en alguna escuela o comisaría cercana”- anuncian que el animador Ángel Almirón de Paysandú no iba a poder llegar porque se le había roto el auto. Carlos recuerda sonriendo que la amplificación era muy precaria, “recuerdo que era una batería con un micrófono de esos que se agarraban entre las manos”, y el dueño de la amplificación anunció que el animador no llegaba a ver si había alguien que se animara a animar la fiesta, “y yo siempre embromaba en el Prado y entre los jinetes, relataba a capella”, dice Figueroa. Sus compañeros lo incitaban a que fuera “dale que vos tenés algunos versos” le decían, “No, yo no”, hasta que tomó coraje, se presentó y animó la jineteada. “Supuestamente salió bien porque a los quince días me estaban llamando para otra, y ahí surgió lo mío”, señaló Figueroa.

Continuó montando dos años más y luego se dedicó a esta tarea que ahora realiza. “Conocí mucho, fui domador y eso me sirvió para conocer los reglamentos y conocer toda la parte de jineteadas, hace 20 años que ando en esto recorro todo el país conozco todos los reglamentos, han cambiado mucho de aquella época a ahora, pero nosotros que andamos toditos los días en fiestas de jineteadas estamos actualizados”, expresó.

De nuestra enviada especial

Sara Ferreira