Brasil comienza con la tecnología de invernáculo y el mercado paga un precio diferencial

De un lado, agricultores que trabajan a cielo abierto y sufren con variaciones bruscas en la producción y en la renta de la actividad. Por otro lado, un invernadero moderno utiliza alta tecnología y tiene una serie de controles automáticos.
Una propiedad en Minas Gerais utiliza de la más alta tecnología para producir tomates. El cultivo se hace en un invernadero moderno, que tiene una serie de controles automáticos. El modelo sigue siendo una novedad en Brasil, donde la mayor parte del tomate se produce en pequeños sitios, al aire libre.
Alexandre de Assis es hijo y nieto de pequeños productores de tomate. Manteniendo la tradición de la familia, cultiva 15 hectáreas en el municipio minero de Onça de Pitangui. Los tomates quedan a cielo abierto y crecen apoyados en estacas.
El problema, según él, es que el tomate es un producto sensible. Viento fuerte, granizo o incluso una lluvia más intensa pueden provocar daños importantes. Otro dolor de cabeza del cultivo convencional es el ataque de plagas y enfermedades – lagarta, mosca, traza, hongo. Resultado: el agricultor acaba aplicando mucho agrotóxico. Lo que además de ser peligroso y laborioso, es caro.
Casos como el de Alejandro muestran bien el tipo de dificultad que enfrenta la mayor parte de los productores de tomate de Brasil.
Agricultores que trabajan a cielo abierto con producto muy delicado y que, por eso mismo, sufren con variaciones bruscas en la producción y en la renta de la actividad. El agrónomo Georgeton Silveira es un experto en hortalizas de Emater minera. Explica que la irregularidad en la cosecha también impide que los pequeños productores vendan tomate a compradores más grandes como supermercados.
Para evitar algunos de estos problemas, algunos agricultores invierten en ese tipo de cultivo.
Tiago Duarte es de una familia que produce tomate desde hace más de cincuenta años, en Pequi, Minas Gerais. Siempre lo ha hecho al cultivo de la manera convencional, a cielo abierto. Sólo que de cinco años para acá resolvió apostar en los invernaderos de plástico.
Tiago recuerda que el invernadero cerrado reduce el ataque de plagas y la incidencia de enfermedades. Sólo que en los meses de invierno y en los días nublados surge un problema. El plástico disminuye la entrada de luz en el cultivo – lo que es malo para el tomate. Los cultivos protegidos como el de Tiago han aumentado en los últimos años, pero todavía están lejos de ser la regla en el país. Actualmente menos del 5% del tomate brasileño se produce en invernaderos.
Invernaderos de alta tecnología revolucionan la producción
Y una de las principales novedades de Brasil en materia de tecnología para tomate está en Itabirito, también en Minas Gerais. Allí se construyó un invernadero enorme, que tiene una hectárea de área cubierta. La estructura fue importada de Holanda, pieza por pieza. Especialista en tomate, el agrónomo Luiz Santos es uno de los dueños del cultivo. Él y tres socios alquilaron el invernadero y montaron la plantación, que cuenta con veinte mil tomateras. El cultivo comenzó en 2016, cuando llegaron las primeras mudas compradas a los viveristas.
Las plantas se quedan en vasos, que tienen sustrato de fibra de coco. Y crecen apoyadas en cables de acero presas al techo.
El invernadero alberga seis variedades. Dos tipos de cóctel, dulces y con baja acidez. Dos de tomates más grandes, utilizados principalmente para ensaladas. Y dos variedades de tomates, tipo grape, más consumidos como aperitivo.
Un diferencial importante de este invernadero es que paredes y techo son de vidrio. Y con eso los tomates reciben más luz que en un invernadero convencional.
Luiz recuerda que la cubierta de plástico deja pasar un 80 o 85% de la luz externa. En el invernadero, la irrigación se realiza con un sistema de goteo. Y el agua que llega en los vasos ya viene enriquecida con un abono líquido. Es lo que los técnicos llaman una solución nutritiva. Una mezcla que es elaborada en la propiedad y que es decisiva para el desarrollo de las plantas.
Otro pilar del trabajo es garantizar una buena oferta de gas carbónico dentro del invernadero. Al final, ese gas, el CO2, es esencial para que el tomate haga la fotosíntesis – es decir, para transformar la luz del sol en energía para crecer y producir.
Para montar un cultivo tan sofisticado, alquilar el invernadero y poner todo para funcionar, Luiz y los socios, Eric, Igor y Marcos invirtieron R $ 1,5 millón (U$S 500.000) y esperan recuperar ese valor en cerca de tres años. La producción del invernadero es toda vendida a supermercados de Belo Horizonte. Y los compradores pagan hasta el doble del precio del mercado convencional. El kilo del tomate del invernadero se vende hoy por R$ 9,00 (U$S 3,00), en promedio. Y obtienen una producción media de 400 toneladas año por hectárea.
Los invernaderos de vidrio se desarrollaron en Europa para producir hortalizas y flores en los meses de frío extremo y nieve. Según el agrónomo Luiz Santos, el mantenimiento de los vidrios es más barato que el del plástico de los invernaderos comunes.
Mercado. Ahora, informamos sobre la comercialización, desde los informes de Precios Mayoristas del Mercado Modelo (DI.GE.GRA.-C.A.M.M.), a saber:
Lunes 27 de Noviembre del 2017: La operativa transcurrió en forma medianamente ágil, lo que generó sobrantes y precios a la baja en varios rubros, en particular hortalizas de fruto. Descendieron los precios de: apio, ciboulette, cebolla de verdeo, espinaca, berenjena, morrón, tomate perita, cebolla roja, durazno, pelón y frutilla. Aumentaron los valores de referencia de: arvejas, zapallo Kabutiá y arándanos.
Un nuevo virus modificado genéticamente protegerá los cítricos de Florida – EE.UU.
Está previsto que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos permita a los citricultores de Florida empezar a utilizar un virus modificado genéticamente para proteger a los árboles de la enfermedad del greening de los cítricos a principios 2019.
El USDA tiene programado emitir un permiso estatal una vez el virus esté listo, probablemente en enero de 2019.
El greening de los cítricos casi ha exterminado el sector citrícola de Florida. Esta enfermedad, que en la actualidad no tiene cura, ha infectado a la mayoría de los árboles del estado en la pasada década, y provoca que estos den un fruto pequeño y que no ha llegado a madurar.
Como resultado, la producción del estado se ha desplomado.
El USDA prevé que los productores de Florida produzcan tan solo 50 millones de cajas de naranjas en 2017-2018, un 39% menos que en la campaña 2015-2016.
El virus modificado genéticamente, que haría que los árboles fueran resistentes a la enfermedad, está siendo desarrollado por Southern Gardens Citrus Nursery.







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