“Tabaré Vázquez me curó el cáncer”

Antonio Grisolia tiene 71 años y solamente siete materias lo separan de cumplir su sueño de convertirse en abogado. La vida del septuagenario está atiborrada de anécdotas. A los 54 años le diagnosticaron cáncer de amígdalas y le pronosticaron tres meses de vida. Por una recomendación cayó en manos del Dr. Tabaré Vázquez, quien le devolvió el alma al cuerpo: le aseguró que su caso no era tan grave como le habían dicho y que con aplicaciones de bomba de cobalto vencería a la enfermedad. El expresidente de la República tenía razón…
Con 18 años, uno de sus hijos se fue a vivir a Europa y al poco tiempo lo siguieron sus dos hermanos, por lo que Grisolia y su señora quedaron solos en Salto. Antes de eso, Antonio fue destituido del banco Mercantil donde trabajaba (advierte que fue por cuestiones políticas) y empezó a ganarse la vida como corredor de seguros.
Siempre “intuyó” que sería abogado, pero como no quería mudarse a Montevideo, tuvo que esperar que la carrera llegara a nuestro departamento para poder estudiarla. Años después abandonó los libros, para retomar el contacto más tarde. Cuando llegue al final del recorrido educativo, habrá cumplido uno de sus objetivos en la vida, el de ser “el primer Grisolia con  título”.
Este es el “Tono” Grisolia y una historia de vida digna de ser contada.

Antonio Grisolia tiene 71 años y solamente siete materias lo separan de cumplir su sueño de convertirse en abogado. La vida del septuagenario está atiborrada de anécdotas. A los 54 años le diagnosticaron cáncer de amígdalas y le pronosticaron tres meses de vida. Por una recomendación cayó en manos del Dr. Tabaré Vázquez, quien le devolvió el alma al cuerpo: le aseguró que su caso no era tan grave como le habían dicho y que con aplicaciones de bomba de cobalto vencería a la enfermedad. El expresidente de la República tenía razón…

Con 18 años, uno de sus hijos se fue a vivir a Europa y al poco tiempo lo siguieron sus dos hermanos, por lo que Grisolia y su señora24 7 14 018 quedaron solos en Salto. Antes de eso, Antonio fue destituido del banco Mercantil donde trabajaba (advierte que fue por cuestiones políticas) y empezó a ganarse la vida como corredor de seguros.

Siempre “intuyó” que sería abogado, pero como no quería mudarse a Montevideo, tuvo que esperar que la carrera llegara a nuestro departamento para poder estudiarla. Años después abandonó los libros, para retomar el contacto más tarde. Cuando llegue al final del recorrido educativo, habrá cumplido uno de sus objetivos en la vida, el de ser “el primer Grisolia con  título”.

Este es el “Tono” Grisolia y una historia de vida digna de ser contada.

¿Cómo fue su lucha contra el cáncer?

Fue dura, porque me habían dado tres meses de vida. Eso fue en 1997 y pasé ocho meses para que descubrieran que tenía. Pasé por varios médicos y nadie daba con lo que tenía. Yo no podía tragar y ya era piel y huesos. Al final fui con el Dr. Abaddie. quien tras revisarme me descubrió una verruga en la zona de las amígdalas. Me la cortó y la llevaron a analizar, pero no salió nada. De ahí fui al Sanatorio Uruguay para someterme a una biopsia. Pero cuando estuvo el resultado, no quisieron dármelo a mí. Fueron directamente con mi mujer y le dijeron que yo tenía apenas tres meses de vida.

Pero ese diagnóstico resultó equivocado, sino usted no estaría sentado junto a mí en este momento.

Tuve la suerte de que en ese instante mi mujer se encontraba junto a Alba Coco y ella inmediatamente llamó al Dr. Tabaré Vázquez. Tras coordinar la consulta, viajé a Montevideo para que me viera. Y tras verme, Vázquez me dijo: ‘tenés que hacerte una serie de aplicaciones de bomba de cobalto, pero no vas a tener problemas’. Y de a poquito se me fue yendo el dolor y el zumbido que tenía en los oídos. Los médicos anteriores me habían dicho que cuando ese ruido viene, no se va más, pero por suerte estaban equivocados.

Se puede decir entonces que Tabaré Vázquez le curó el cáncer.

Sí, fue así. A partir del diagnóstico de Tabaré Vázquez pasé a atenderme con en el Sanatorio Uruguay con un oncólogo que había sido alumno suyo y que hoy es fallecido. Tuve en total seis consultas con Tabaré para analizar la evolución del cáncer de amígdalas. Enseguida se me fueron todos los síntomas y de a poquito empecé a comer, porque hasta ese momento me tenían que alimentar a través de unas sondas, ya que no podía tragar.

¿El deseo de estudiar tuvo que ver con su exitosa lucha contra el cáncer?

Para no pensar en el cáncer, le pedí a mi amigo Silvio Rodríguez, que es profesor de historia, que me prestara un libro para leer. Y él me animó a reinscribirme en el liceo. Curiosamente terminaría siendo mi director en el liceo nocturno, donde hice los últimos dos años en uno. Al tiempo encontré los carnés viejos y resulta que salvé materias que ya había salvado con anterioridad.

Después entré a la facultad en 1999, pero al quinto año abandoné. ¿Por qué? Dejé porque había perdido Técnica 2 y como que me desilusioné un poco y no fui más. El año pasado volví a estudiar y salvé esa materia con buena nota. Hoy me faltan siete materias para recibirme. La idea es dar cinco este año y dejar dos para el año que viene.

Usted tiene tres hijos y los tres viven en Europa, ¿no?

Tengo una hija, María Natalia, de 38 años y los mellizos Nasareno y Arturo de 32. Mis hijos varones son profesores de yoga y mi hija se dedica a la artesanía. Los tres viven allá (en Europa) desde hace 15 años. Ellos están en distintos países, porque los contratan de diferentes partes del mundo. Por ejemplo, a Nasareno lo contrataron para dar una conferencia en Nueva York. Fueron a Roma para perfeccionar el italiano, después a París para perfeccionar el francés. Han estado en todos lados.

¿Qué sentimiento le provoca tener a sus hijos tan lejos desde hace tanto tiempo?

-Es duro. Un día estábamos comiendo y Nasareno nos dijo: ‘me voy a ir a vivir a Europa y no voy a volver nunca más’. Había conocido a un alemán en el este del país y él lo convenció de que se fuera. ¿Si pensamos que estaba bromeando? No, al contrario. Lo tomamos en serio, por más que tenía 18 años. Mi hermana le pagó el pasaje y Nasareno se sintió muy cómodo en Europa y le dijo a los hermanos que se fueran para allá, porque no iba a poder creer lo que él estaba viviendo. Primero se fue nuestra hija, que estaba estudiando relaciones internacionales en Montevideo. Y finalmente se fue Arturo, después de que los hermanos le insistieran en que siguiera su camino. María Natalia se casó y tiene dos hijos. ¿Si los conozco? No, porque viajé a Europa antes de que nacieran. Estuve tres meses, pero no me gustó y me volví.

¿A qué se ha dedicado a lo largo de su vida?

Yo soy bancario destituido. Nunca fui restituido y cobro una miseria de jubilación bancaria. Fue por una cuestión política. En las elecciones de 1971 figuré en el decimoquinto lugar para ingresar al senado. Pero en la dictadura allanaron los sindicatos y se llevaron toda la documentación. Yo no tenía pruebas de haber sido dirigente sindical, ni que había integrado la lista del Frente Amplio, porque la Corte Electoral no entregaba esos datos. Después que ganó el Frente fue diferente.

Hace poco tuve una reunión con (José) el “Pepe” Bayardi en Montevideo, para ver si se puede solucionar algo. Las pruebas son evidentes de que me echaron por razones políticas, pero como estamos en año electoral, no se puede hacer nada.

¿En qué banco trabajaba? En el Mercantil. Y después, cuando fue intervenido, pasé al Banco República. Eso sucedió en el 76. Y cuando me echaron tenía 33 años y mi hija tenía apenas un año. ¿Quién ordenó mi destitución? (Julio María) Sanguinetti.

Y después de ser destituido en el banco, ¿cómo se ganó la vida?

Después entré al Banco de Seguros como corredor, gracias a que un amigo mío que era subjefe de policía me consiguió el carné de buena conducta. Actualmente sigo trabajando como corredor para Porto Seguros, Royal & Sunalliance y el Banco de Seguros.

Manejo mis propios horarios. Me despierto todos los días a las 4.30 o 5.00 y ahí empiezo a pensar qué es lo que voy a hacer durante el día. ¿Si le dedico mucho tiempo al estudio? Sí, le dedico varias horas. Cuando tengo algún escrito muy complicado, hablo con Silvia Cabrera, que es una de las abogadas del estudio jurídico. A fin de mes tengo que hacer una pasantía de un mes en el juzgado penal: de 13 a 18.

¿Por qué se le ocurrió estudiar Derecho? ¿Qué lo motivó a seguir esta carrera?

Porque a mí me han jodido muchas veces por no conocer las leyes. Por ejemplo, un abogado me hizo hacerle un telegrama que no correspondía. Él y un ave negra que compraba y vendía autos me hicieron perder 10.000 dólares. ¿Si denuncié el caso? No. Recién ahora, mirando el artículo 194 del código penal descubrí que podía haberlo denunciado.

Además, nunca hubo ningún profesional en mi familia, por lo que quiero recibirme para que por lo menos haya un Grisolia con título. A los 18 años intuía que sería abogado, pero la carrera no podía estudiarse en Salto y no quería irme a Montevideo. Por eso tuve que esperar para empezar a estudiar.

¿Qué desafíos le quedan por cumplir en la vida?

-Uno de ellos es visitar la ciudad de Grisolia, en la provincia de Mormanno. Mi abuelo era de allá. Por eso es que todos tenemos la nacionalidad italiana. Mi padre conservaba el certificado de bautismo de mi abuelo y con ese documento se hizo ciudadana mi hermana, que estuvo presa por tupa, un día que pasó junto a mi madre por la embajada italiana. Después adquirí yo la ciudadanía y conmigo el resto de la familia. ¿Cómo fue la historia de mi hermana? Estuvo 10 años presa en la cárcel de mujeres en la época de la dictadura.

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Un hacedor como pocos

Ariel Villar siguió el camino de su padre, inquieto, audaz, inteligente, trabajador y sobre todas las cosas un servidor de su comunidad más allá del paso del tiempo. Es un amigo de la vida y del quehacer constante, altruista, generoso y conocedor de realidad como pocos. Le gusta estar siempre rodeado de personas ayudando a unos y a otros. Al menos así vive los 86 años que lleva a cuestas y que su figura lo hace un salteño de esos que se precisan todos los días.
Es un profesional formado a la antigua. De los que tenían que trabajar 24 horas seguidas en un Hospital para atender a la gente, sin esperar al final del día para tener que pasar la tarjeta y marcar las horas extras para después cobrarlas. Fue impulsor de muchas obras y organizaciones, y si bien trabajó con gobiernos cuyo mandato se extendieron hasta tiempos autoritarios, él se definió siempre como un demócrata, amigo de todos pero no de las injusticias.
Se trata de un hacedor nato, que no descansa pese al paso de los años que encuentra a otras personas de su talla ya retirados y descansando. Nació en Belén, se vino de niño a Salto junto a sus padres y sus nueve hermanos, a los últimos dos los crió como un padre, ante la pérdida de los suyos. Desde entonces no ha parado de hacer cosas y esa ha sido su forma de vida. Está casado, tiene dos hijos y varios nietos los que prolongan su existencia. Con el Dr. Ariel Villar, un hacedor de la comunidad, nuestra sección semanal Al Dorso.

Ariel Villar siguió el camino de su padre, inquieto, audaz, inteligente, trabajador y sobre todas las cosas un servidor de su comunidad más allá del paso del tiempo. Es un amigo de la vida y del quehacer constante, altruista, generoso y conocedor dearielvillar realidad como pocos. Le gusta estar siempre rodeado de personas ayudando a unos y a otros. Al menos así vive los 86 años que lleva a cuestas y que su figura lo hace un salteño de esos que se precisan todos los días.

Es un profesional formado a la antigua. De los que tenían que trabajar 24 horas seguidas en un Hospital para atender a la gente, sin esperar al final del día para tener que pasar la tarjeta y marcar las horas extras para después cobrarlas. Fue impulsor de muchas obras y organizaciones, y si bien trabajó con gobiernos cuyo mandato se extendieron hasta tiempos autoritarios, él se definió siempre como un demócrata, amigo de todos pero no de las injusticias.

Se trata de un hacedor nato, que no descansa pese al paso de los años que encuentra a otras personas de su talla ya retirados y descansando. Nació en Belén, se vino de niño a Salto junto a sus padres y sus nueve hermanos, a los últimos dos los crió como un padre, ante la pérdida de los suyos. Desde entonces no ha parado de hacer cosas y esa ha sido su forma de vida. Está casado, tiene dos hijos y varios nietos los que prolongan su existencia. Con el Dr. Ariel Villar, un hacedor de la comunidad, nuestra sección semanal Al Dorso.

¿Cómo fue su infancia?

Nací en Belén en el año 1928. Al año, ya nos vinimos para Salto. Nos fuimos a vivir a una casa de la calle Joaquín Suárez, al lado del puente (entre 19 de Abril y Agraciada) y en ese momento hubo una inundación muy importante que tapó toda aquella zona. Mi padre era un hombre con inquietudes al que le gustaba enseñar y mi madre también. Fui al Colegio Sagrada Familia y un día mi madre me dijo que hiciera la prueba de admisión para ir al liceo, que en ese momento se hacía así. Y entré, porque salvé los exámenes estudiando junto a mi madre, quien mientras revolvía la olla cuando cocinaba me tomaba la lección y me ponía temas a resolver. Ella solamente tenía educación primaria, pero la escuela de aquella época era muy completa, ella había asistido a una escuela de mujeres donde ahora está el Edificio Castagno, frente a la Plaza Artigas.

¿Cuándo decidió irse a estudiar medicina?

Cuando decidí irme a estudiar medicina, mi padre estaba preocupado porque él tenía 10 hijos y no tenía medios económicos como para mandarme a estudiar a Montevideo. Entonces hizo contacto con gente a la que estaba vinculada por el Rotary, y siempre me acuerdo cuando me despidieron en el año 1946, un viernes al mediodía, el 22 de marzo, frente al Hotel Concordia y me dio los 15 pesos que costaba el boleto de los ómnibus de Onda para ir a Montevideo.

¿Le tocó trabajar mientras estudiaba?

Sí, allá entre una cosa y la otra fui a un colegio de sacerdotes, después me consiguieron para que fuera escribiente del Ejército en una unidad que se estaba formando y también fui reservista. Estudiando y siendo yo practicante, hice concurso para ingresar al Hospital Militar y en el año 1954  me recibí.

¿Ahí ya se radicó en Salto?

Me volví a Montevideo a estudiar Cirugía y un profesor de la Facultad me propuso porqué no estudiaba una especialización en vías urinarias para ser Urólogo, porque en Salto había quedado una vacante para esto ya que quien ejercía ese cargo era el Dr. Fernando Lucas Gaffré que se había metido en política e iba a ser senador. Entonces me lo propusieron y me vine.

¿Pero también fue docente en secundaria?

Sí, mire, todo empieza así, cuando me vine a Salto el Dr. Lucas Gaffré me dio un consejo, me dijo ‘mirá acá en el interior como vos sos médico y joven hay muchas tentaciones, que el alcohol, que la timba y las mujeres. Pero yo te voy a hacer un regalo’. Y me dijo: ‘primero vas a cumplir con tu país, porque si vos te pudiste recibir es porque la educación es gratuita en Uruguay, entonces vos tenes que dar clases de Historia en Secundaria y acá tenes todos los libros para hacerlo’. Y me lo presentó a Domingo Iribarne, que en aquella época era el director del Liceo IPOLL y comencé.

Di Historia Universal y le daba clases a chiquilines de 15 años que lo menos querían era estudiar, y yo los hacía declamar y dar las clases, con aquellos calores insoportables. En la educación pública no, porque no pude dar los concursos. Pero en el Crandon fui docente durante 30 años, tuve el orgullo de poder hacerlo.

Además estuvo y está ligado aún hoy a varias organizaciones…

Sí, integro el Rotary desde hace muchos años, fui presidente y Gobernador, ayudé a fundar la Filial Salto de la Liga Marítima Uruguaya, el grupo Acción que es una entidad de servicio a la comunidad, la Asociación de Amigos del Patrimonio Histórico de Salto, y soy miembro de la Comisión Honoraria de Patrimonio Histórico de Salto, además de participar de otras actividades.

Fue una suerte de mentor para mucha gente, ¿cómo lo veían en su familia?

Nosotros éramos diez hermanos, cinco varones y cinco mujeres. Pero llegó un momento que mis padres fallecieron y esa fue una de las cosas que me hizo venir a Salto, el hecho de tener a mi padre muy enfermo. Y yo tuve que hacerme cargo de mis dos hermanos más chicos. De Ana María y el más pequeño de todos es Miguel, hoy médico urólogo reconocido. Estando viviendo en una época donde había un movimiento enorme en Salto porque era la construcción de Salto Grande, yo le pregunté ¿quéres seguir de médico? Y él me contestó que sí, entonces lo ayudé para que fuera, no le hice faltar nada.

¿Fue difícil ejercer la medicina y sobre todo administrarla como director del Hospital de Salto en épocas donde había mucha carencia?

Cuando estaba en Montevideo, hacía guardias en Salud Pública y había veces que la ambulancia no entraba a determinados barrios porque había problemas y eran bravos, pero yo la hacía entrar igual.

Cuando vine a Salto el Hospital estaba echo pedazos. Entonces como se había enfermado el médico titular de guardia, tomamos junto al Dr. Rodríguez Arrarás las guardias durante 8 años, haciendo turnos de 24 horas en forma honoraria. Fui director del Hospital dos veces. Trabajamos en el interior en algo que fue creado por un gran hombre que era el arquitecto Néstor Minutti. Él tenía grandes ideas, un día me dijo que estaba preocupado por la campaña porque allá no llegaba salud pública, porque había médicos sedentarios que iban en avión y lo hacían cuando querían. Minutti quería que la gente se preocupara por los servicios sanitarios y se hicieran cargo a través de sus comisiones de la administración de los mismos.  Me dijo tengo una idea, hay que crear un sistema que se llame SAYSS (Servicios Asistenciales y Sociales de Salto), esa palabra la escribió Minutti y fue una gran obra de la que tuve el honor de participar.

Usted siempre fue identificado como un demócrata que es amigo de la libertad y que pasa encima de los partidos ¿por qué trabajó con gobiernos autoritarios?

Yo fui edil del Partido Colorado y trabajaba en política cuando coincidió ese momento con el Golpe de Estado. En ese momento el arquitecto Minutti que era el intendente nos dijo “ustedes se tienen que quedar, tienen que completar su mandato porque ustedes fueron elegidos por el pueblo”. Y nosotros figurábamos como integrantes de la Junta de Vecinos y a nosotros no nos gustaba eso, porque no queríamos a la Junta de Vecinos. Y a los cuatro mese de eso le presentamos la renuncia al coronel Barusso, que era el jefe de Policía de la época. Y nos fuimos, yo no trabajé casi con la dictadura, incluso del ejército yo me fui en el año 1966. A lo que no renuncié fue al Hospital porque era un cargo al que había accedido por concurso de oposición y mérito.

¿Si pudiera vivir de nuevo, haría lo mismo?

Eso en cierta medida me hace acordar a algo que me había dicho mi padre, que era un hombre que había estudiado abogacía y que luego tomó otro rumbo pero era un gran lector, ese 22 de marzo momentos antes de que me subiera a la Onda para ir a estudiar a Montevideo, me dijo “nunca seas masón, y se cristiano, pero cristiano, no católico, porque vos tenes que respetar a alguien y tenes que respetar a Dios. Y siempre fui Cristiano y respeté a todo el mundo, si pudiera vivir de nuevo, viviría de igual manera.

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Néstor “Bomba” Echevarría.. Animador, locutor, disc jockey y pionero del cine marchante

El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
¿Qué recuerda de sus inicios?
“Lo tengo bien presente porque en ese momento lo que estaba de moda era Rock alrededor del reloj,  grabado por Bill Haley y el tablado se llamaba Bailando rock.
Dos o tres años más tarde, quien tenía la amplificación en ese tablado, que era el señor Abel Vispo, adquiere una parte bastante grande, diría un 75 % de los equipos que pertenecían a  La Voz Gigante, empresa que se dedicaba a dar luz y música en las Kermesse bailables que se realizaban en campaña y animar con discoteca de la época algunos bailes en el centro y otros eventos sociales, como cumpleaños, casamientos y demás.
Yo pasé a formar parte de esa empresa a la cual se le cambió el nombre y se le puso Columbia” – rememora “Bomba”.
¿Y cómo se dieron esos comienzos?
-“Salimos a brindar los servicios nuestros por la campaña  y es así que conozco casi todos los pueblos del departamento de Salto, parte de Artigas y parte de Paysandú también, hasta que surge la idea de salir a ofrecer en los barrios algo que ya era muy popular acá, que eran los cines callejeros, a lo cual La Voz Gigante le había puesto un nombre que era Microcines y a la gente le llegó mucho.
Así fue que surgió Columbia, como competencia de Stentor que seguía dando cine en la calle.
Pasamos  a llevar a los barrios esa alegría sana  para toda la familia, que era el cine, pero con otra mentalidad totalmente diferente.
Es decir… dejamos un poco de lado las producciones de cine argentino  porque considerábamos que había películas que habían sido dadas en varias temporadas
Algún tipo clásico del cine argentino  lo dimos sí, como no, pero también llevamos a los barrios la primera película color que se exhibía, aproximadamente en 1960, proyectada en 35 milímetros.
Más tarde a través de los años, nos dedicamos a proyectar películas en 16 mms. Pero desde el arranque mismo en 35 milímetros, lo hicimos con proyectores profesionales.
Dimos Lo que le pasó a Reinoso, con Floren Delbene, Francisco Álvarez y Enrique Muiño… una gran novedad para los barrios.
Había gente que nos seguía de barrio en barrio, solo para ver una película color. En verdad… era toda una novedad.
¿Cómo era la sociedad salteña en esa época?
-“Muy tranquila y unida… con un respeto tremendo no solo a los seres queridos, a los padres, sino a la propia gente.
Nosotros en los años que dimos cine jamás tuvimos ningún inconveniente en ningún barrio.
Hoy no sé si ocurriría lo mismo… pero desde ya le digo que me parece que no. No existían muchas cosas que existen hoy, como la pasta base, cocaína, marihuana.
A lo sumo lo que podía acontecer en aquel entonces… era que en un espectáculo cinematográfico aparecieran dos o tres personas ebrias, nada más.
Era algo sano y la imagen que guardo es de una abuela, que con sus nietitos y con sus hijos a veces se iba de un barrio al otro, cuando le gustaba una película.
Iban por ejemplo del barrio Baltasar Brum al Palomar,  o de Salto Nuevo al Ceibal, para  ver una película porque le había gustado mucho. Era “totalmente gratis y auspiciado por firmas comerciales de nuestro medio”.
¿Por qué eligió llevar adelante este proyecto?
-“Primeramente porque en mi niñez acudía a los cines.
Nunca pensé que en el día de mañana iba a proyectar cine para otra gente., Yo era un espectador más, tanto para La Voz Gigante, como para la Organización Stentor.
Por supuesto que nosotros estrenamos Cinemascope y la película que exhibimos fue El Manto Sagrado, con Víctor Matur, que después también a pedido de la Iglesia mormona, la exhibimos también en una sala que tienen en Zelmar Michelini. Fue uno de los grandes logros. Se exhibió en un local cerrado en barrio Artigas, que se llamaba Daniel Espasandín.
Se exhibió también A la Hora Señalada,  con Grace Kelly y Gary Cooper. Y saltamos rápidamente del cine americano al mexicano.
¿Era usted muy joven cuando ya estaba embarcado en estos importantes emprendimientos?
- “Muy jovencito… estamos hablando de dieciséis, diecisiete años… tuve una gran escuela. Fue una enorme satisfacción permanecer durante muchísimos años en Radio Cultural donde nací como profesional, siendo locutor comercial del equipo deportivo de la época. Pero mi pasaje como locutor disc jockey fue en 1967 en Radio Salto donde estuve cinco años.
¿Cómo fue su relación con la gente?
-“Excelente… siempre fue muy buena… tengo setenta años y jamás tuve un inconveniente con una persona en ningún barrio de Salto… he aprendido en la vida a respetar y me han respetado”. Considero que muchos valores se fueron perdiendo porque el quiebre original se fue dando en la familia. Por otra parte, el mundo no se quedó estancado… se continuó caminando y aparecieron cosas nuevas… apareció la droga trayendo consigo todas las complicaciones que ello implica y se fue perdiendo el respeto hacia los padres.
¿Cómo vivió su niñez?
-“Hice todo lo que tiene que hacer un niño en diferentes edades… tal vez me apresuré un tanto en ser una persona adulta. Yo conocí a los doce algunas cosas que otros las conocieron con dieciséis, pero todo fue en base a mi trabajo. Me crié con mi mamá y cuatro hermanos (una hermana y tres hermanos)… mi madre Elcia González en la actualidad, tiene 87 años. Mi padre falleció cuando aún era un niño. Le daba un descanso a mi madre… como yo trabajaba me hacía cargo de mi propia vestimenta”.
Néstor (que ya es abuelo y bisabuelo) es padre de cinco hijos y los más pequeños tienen 8 y 5 años… los mayores ya tienen cincuenta.
¿Qué otras actividades marcaron su trayectoria?
-“A partir de 1968 trabajé en el Canal 8 durante cinco años e hice todo lo que se puede hacer en televisión, pasé de plaquista a operador… fui camarógrafo, locutor en off, entre tantas otras funciones…
En esos comienzos de la televisión en Salto había mucho para hacer y debíamos echar mano del ingenio; no contábamos con los mismos medios de hoy.
Por suerte en mi vida he tenido tiempo para hacer muchas cosas y aprender… fíjese lo que son los caminos de la vida… del cine en 16 milímetros pasé en 35… estuve haciendo una temporada en el Cine Plaza (ubicado en aquella época en las inmediaciones de la Plaza de Deportes)… con el correr de los años llegué a los Estados Unidos y resulta que lo que había aprendido acá me sirvió para trabajar allá durante siete meses”.
¿Proyectos para hoy?
-“Comenzar a hacer la casa propia y unir a mi familia bajo ese techo – mi señora e hijos –  que va a ser de por vida. La familia para mí es todo… luego del kilometraje recorrido en mi juventud, a esta altura de la vida, siento la necesidad del hogar, del amor de mi señora y de mis hijos. En el 2004 debí enfrentar tres infartos y cuando se viven esas experiencias es cuando más que nunca aprendemos a valorar la vida”.
¿Cómo se siente hoy luego de un camino transitado?
-“La vida es un pasaje que tenemos por este mundo y durante el mismo debemos aprovecharlo en bien propio, en bien de la familia… servir como ejemplo sobre todo cuando tenemos hijos.
A nuestras aspiraciones debemos tratar en todo momento de transformarlas en realidades y por sobre todas las cosas… buscar siempre la felicidad”.

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Jorge Jacques, Director de 1 TV 20 años como productor de televisión

Jorge Omar Jacques Borba (Director de 1TV), nació el 2 de febrero de 1962, es casado con  Cristina Sánchez y tiene tres hijos: Joaquín, Belén y Juan Diego. Este año cumple dos décadas como productor de programas televisivos pero Jorge Jacques Video Producciones nació un año antes, con filmaciones de videos para turistas.  Debió enfrentar de muy joven la soledad que le transmitió vivir en la capital del país, lugar que abandonó tras solo un año de residir allí porque no podía estar lejos de los suyos. Superó momentos muy duros, que al recordarlos lo emocionan hasta las lágrimas. Se definió como una persona muy sensible y maniático con la tecnología, porque “lo es todo” y fue lo que le permitió marcar la diferencia.

¿Cómo fue su infancia y
adolescencia?
“Viví hasta los 7 años en República Argentina y Guaraní, en el Cerro; luego pasé a vivir con mis padres y  hermanos en una casa de la Zona Este. Fui a la UTU, hice el curso de electricidad y mientras estudiaba reparaba radios. A los 16 años trabajé en el taller eléctrico de ANCAP (Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland), después estuve cinco años en Centro Eléctrico, tuve que ir a Montevideo con ellos y extrañé tanto que me tuve que venir.
No sé cómo hay gente que se va así, la experiencia fue muy dura, buena porque aprendí a manejarme de otra manera, pero fue dura. Después tuve mi propio taller en Uruguay y Piedras durante 11 años.
Yo tenía claro que había algo en la electricidad que me gustaba, con el tiempo se fue transformando en algo más técnico”.
¿Cómo entró en el mundo
de la filmación?
“Después que me casé ya no funcionaba muy bien el taller y empecé a incursionar en el video.
Sergio Hornos fue el detonante para que yo entrara en esto de las cámaras de televisión, con él filmaba cumpleaños, casamientos y hacíamos publicidades.
Enseguida me di cuenta que eso era algo que me apasionaba y siento hasta el día de hoy la misma pasión. El siguiente paso fue vender un Fiat 600 que tenía y comprar mi primera cámara, que la tengo hasta el día de hoy. Yo ya estaba casado y tenía mi primer hijo.
Fue una decisión importante, mi esposa me apoyó en todo momento. ¡Había que hacer algo!”
Recuerda esos momentos y
se emociona, ¿por qué?
“Por todo, por como se fue dando. Recordar ese momento tan duro, mi señora estaba embarazada y teníamos que hacer algo. Hubo un lapso en que repartía viandas y hasta tuve que lavar manteles.
En ese entonces yo veía que en el Club Salto Uruguay venían muchas excursiones de turistas a comer de noche y cuando compré la cámara tenía pensado filmarlos y venderles el video. Ahí hablé con el guía y me dijo que eso se hacía mucho en Buenos Aires.
Filmá varios lugares importantes de Salto, ponéle una musiquita y mañana esperáme en el hotel- me dijo el guía. Y así fue. Hice 48 cassettes y los vendí a U$S 20 cada uno.
Fue un año bárbaro, empecé un viernes Santo y hasta noviembre había vendido 980 cassettes.
Era algo innovador en Salto y entonces invité a un amigo, Carlos Moreni, para que sacara la foto del grupo. Ahí ya me había comprado otra cámara”.
¿Cómo pasa de hacer videos a turistas a su primer programa de televisión?
“Al año siguiente nace el cable, me llama Víctor Hugo Solís para invitarme a hacer un programa de televisión que iba a salir en el cable de TV Mundo. Y así nació Estación Central, donde hacíamos toda la movida de Salto, más que nada discotecas”.
¿Cómo les fue con “Estación Central”?
“A los tumbos. Mirá, hasta hacíamos croma, tenía una tela verde en el living de mi casa y yo le ponía imágenes atrás y esa era la escenografía; ahí hacíamos el programa.
En el equipo éramos dos y a veces iba Germán Coutinho, se grababan los pies y trabajábamos prácticamente toda la semana para sacarlo el fin de semana. Se editaba en cinta, había que ir sincronizando y pegando en cassette, era mucho más trabajo que ahora, tenía que ir con el cassette y pasarlo yo, porque no había un canal funcionando.
Después hablamos con Paulino Delsa para hacerlo en vivo al programa, llevamos todo el equipo y salimos un domingo en vivo.
Me acuerdo que mirábamos quieénes eran los abonados y los llamábamos.
Así empezó y continuó, porque no se podía creer lo que era. Al día siguiente voy a decirle  a Paulino que me iba a llevar las cosas y me dijo que las deje ahí, que íbamos a seguir en vivo. Y así empezó el que en ese entonces era el canal 3 de TV Mundo, después empezaron otros programas y así todo”.
¿Cuándo nota un cambio
importante en ese proceso?
“Empecé a generar programas, hacía micros de informativos, cubríamos algunas cosas, armábamos informes y fuimos creciendo. Ahí ya era Jacques Video Producciones, hasta que el grupo Clarín compra el cable, se terceriza el canal y yo me quedo a cargo. Ese fue el gran cambio, en el año 2000 y aparece Uno TV.
También en el 2000 apareció la primera cámara digital y el cambio en la imagen fue rotundo. Pudimos mejorar, pasamos a una cámara que tenía mucho mejor calidad de imagen”.
¿Es difícil mantener un
canal en el interior?
“Es muy difícil y cada vez es más difícil. Cuando yo empecé en el cable los canales de Montevideo no llegaban como llegan ahora. Antes manoteábamos alguna publicidad estatal, después cuando esos canales empezaron a estar en el cable para ellos la llegada en el interior se daba igual.
Por suerte el medio local apoya. Hay gente que me decía -¿qué vas a hacer programas locales y competir con los canales de  Montevideo o de Buenos Aires?- Pero si se hacen las cosas con calidad y buenos productos se puede competir.
Hay cosas que se pueden hacer bien, dentro de las limitaciones que tenemos.
Acá muchos son periodistas, camarógrafos o editores porque aprendieron trabajando, nadie estudió nada. Y más de una vez me iban a pedir trabajo y me decían -¿pero mirá que no se nada de cámaras?, y bueno, eso se aprende, les decía yo, haciendo las cosas bien”.
¿Qué espera de cada producto?
“Que tenga un nivel, que no sea algo simple, que tenga un contenido, que no sea porque viene fulanito y quiere hacer un programa. En contra muchas veces de lo comercial y de muchos intereses, prefiero buscar programas que tengan una categoría, un cierto nivel. Y creo que eso es lo que me ha posicionado bastante bien a nivel del interior del país”.
¿La Inversión es la clave?
“La gran diferencia que creo que pude marcar es en la técnica. Hace quince años atrás si hacías zapping sabías cuál era el canal local porque la diferencia en la imagen era abismal, hoy eso no se da.
Tenemos menos equipamiento que los canales de Montevideo, pero estamos acá”.
¿Cómo se ve dentro de unos años?
“Hoy en día a mi me sigue apasionando la televisión de la misma manera que al principio. Yo soy bastante maniático con la calidad, soy muy exigente conmigo mismo, no solo por la calidad sino por el contenido.
Hay muchas cosas para hacer, pero siempre te golpeás con lo mismo.
Hoy por ejemplo es casi imposible ir a hacer un partido de fútbol porque la Liga (Liga Salteña de Fútbol) te pide un montón de plata; antes te pedía por favor que fueras. Y esas cosas han ido cambiando. Otra cosa que me trae mal es que desde hace varios años no he podido invertir en algún cambio, en traer más tecnología, porque eso lo es todo. Pero este año voy a ver si puedo invertir en eso”

¿Cómo fue su infancia y adolescencia?

“Viví hasta los 7 años en República Argentina y Guaraní, en el Cerro; luego pasé a vivir con mis padres y  hermanos en una casa de la Zona Este. Fui a la UTU, hice el curso de electricidad y mientras estudiaba reparaba radios. A los 16 años trabajé en el taller eléctrico de ANCAP (Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland), después estuve cinco años en Centro Eléctrico, tuve que ir a Montevideo con ellos y extrañé tanto que me tuve que venir.

No sé cómo hay gente que se va así, la experiencia fue muy dura, buena porque aprendí a manejarme de otra manera, pero fue dura. Después tuve mi propio taller en Uruguay y Piedras durante 11 años.

Yo tenía claro que había algo en la electricidad que me gustaba, con el tiempo se fue transformando en algo más técnico”.

¿Cómo entró en el mundo de la filmación?

“Después que me casé ya no funcionaba muy bien el taller y empecé a incursionar en el video.

Sergio Hornos fue el detonante para que yo entrara en esto de las cámaras de televisión, con él filmaba cumpleaños, casamientos y hacíamos publicidades.

Enseguida me di cuenta que eso era algo que me apasionaba y siento hasta el día de hoy la misma pasión. El siguiente paso fue vender un Fiat 600 que tenía y comprar mi primera cámara, que la tengo hasta el día de hoy. Yo ya estaba casado y tenía mi primer hijo.

Fue una decisión importante, mi esposa me apoyó en todo momento. ¡Había que hacer algo!”

Recuerda esos momentos y se emociona, ¿por qué?

“Por todo, por como se fue dando. Recordar ese momento tan duro, mi señora estaba embarazada y teníamos que hacer algo. Hubo un lapso en que repartía viandas y hasta tuve que lavar manteles.

En ese entonces yo veía que en el Club Salto Uruguay venían muchas excursiones de turistas a comer de noche y cuando compré la cámara tenía pensado filmarlos y venderles el video. Ahí hablé con el guía y me dijo que eso se hacía mucho en Buenos Aires.

Filmá varios lugares importantes de Salto, ponéle una musiquita y mañana esperáme en el hotel- me dijo el guía. Y así fue. Hice 48 cassettes y los vendí a U$S 20 cada uno.

Fue un año bárbaro, empecé un viernes Santo y hasta noviembre había vendido 980 cassettes.

Era algo innovador en Salto y entonces invité a un amigo, Carlos Moreni, para que sacara la foto del grupo. Ahí ya me había comprado otra cámara”.

¿Cómo pasa de hacer videos a turistas a su primer programa de televisión?

“Al año siguiente nace el cable, me llama Víctor Hugo Solís para invitarme a hacer un programa de televisión que iba a salir en el cable de TV Mundo. Y así nació Estación Central, donde hacíamos toda la movida de Salto, más que nada discotecas”.

¿Cómo les fue con “Estación Central”?

“A los tumbos. Mirá, hasta hacíamos croma, tenía una tela verde en el living de mi casa y yo le ponía imágenes atrás y esa era la escenografía; ahí hacíamos el programa.

En el equipo éramos dos y a veces iba Germán Coutinho, se grababan los pies y trabajábamos prácticamente toda la semana para sacarlo el fin de semana. Se editaba en cinta, había que ir sincronizando y pegando en cassette, era mucho más trabajo que ahora, tenía que ir con el cassette y pasarlo yo, porque no había un canal funcionando.

Después hablamos con Paulino Delsa para hacerlo en vivo al programa, llevamos todo el equipo y salimos un domingo en vivo.

Me acuerdo que mirábamos quieénes eran los abonados y los llamábamos.

Así empezó y continuó, porque no se podía creer lo que era. Al día siguiente voy a decirle  a Paulino que me iba a llevar las cosas y me dijo que las deje ahí, que íbamos a seguir en vivo. Y así empezó el que en ese entonces era el canal 3 de TV Mundo, después empezaron otros programas y así todo”.

¿Cuándo nota un cambio importante en ese proceso?

“Empecé a generar programas, hacía micros de informativos, cubríamos algunas cosas, armábamos informes y fuimos creciendo. Ahí ya era Jacques Video Producciones, hasta que el grupo Clarín compra el cable, se terceriza el canal y yo me quedo a cargo. Ese fue el gran cambio, en el año 2000 y aparece Uno TV.

También en el 2000 apareció la primera cámara digital y el cambio en la imagen fue rotundo. Pudimos mejorar, pasamos a una cámara que tenía mucho mejor calidad de imagen”.

¿Es difícil mantener un canal en el interior?

“Es muy difícil y cada vez es más difícil. Cuando yo empecé en el cable los canales de Montevideo no llegaban como llegan ahora. Antes manoteábamos alguna publicidad estatal, después cuando esos canales empezaron a estar en el cable para ellos la llegada en el interior se daba igual.

Por suerte el medio local apoya. Hay gente que me decía -¿qué vas a hacer programas locales y competir con los canales de  Montevideo o de Buenos Aires?- Pero si se hacen las cosas con calidad y buenos productos se puede competir.

Hay cosas que se pueden hacer bien, dentro de las limitaciones que tenemos.

Acá muchos son periodistas, camarógrafos o editores porque aprendieron trabajando, nadie estudió nada. Y más de una vez me iban a pedir trabajo y me decían -¿pero mirá que no se nada de cámaras?, y bueno, eso se aprende, les decía yo, haciendo las cosas bien”.

¿Qué espera de cada producto?

“Que tenga un nivel, que no sea algo simple, que tenga un contenido, que no sea porque viene fulanito y quiere hacer un programa. En contra muchas veces de lo comercial y de muchos intereses, prefiero buscar programas que tengan una categoría, un cierto nivel. Y creo que eso es lo que me ha posicionado bastante bien a nivel del interior del país”.

¿La Inversión es la clave?

“La gran diferencia que creo que pude marcar es en la técnica. Hace quince años atrás si hacías zapping sabías cuál era el canal local porque la diferencia en la imagen era abismal, hoy eso no se da.

Tenemos menos equipamiento que los canales de Montevideo, pero estamos acá”.

¿Cómo se ve dentro de unos años?

“Hoy en día a mi me sigue apasionando la televisión de la misma manera que al principio. Yo soy bastante maniático con la calidad, soy muy exigente conmigo mismo, no solo por la calidad sino por el contenido.

Hay muchas cosas para hacer, pero siempre te golpeás con lo mismo.

Hoy por ejemplo es casi imposible ir a hacer un partido de fútbol porque la Liga (Liga Salteña de Fútbol) te pide un montón de plata; antes te pedía por favor que fueras. Y esas cosas han ido cambiando. Otra cosa que me trae mal es que desde hace varios años no he podido invertir en algún cambio, en traer más tecnología, porque eso lo es todo. Pero este año voy a ver si puedo invertir en eso”

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Renée Margarita Díaz Sartou: Maestra por convicción desborda su amor a los niños

Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
¿Cómo inició su carrera?
Mi familia se integraba por mis padres y tres hermanos, como cualquier chiquilina fui a la escuela- Nº 3-  después fui al liceo Osimani y Llerena, hermoso liceo… el único que había y en aquellos años si tenías buena nota  pasabas de cuarto año al Instituto Normal Salto, que entonces no era oficial, era la Asociación Magisterial que lo había abierto para ayudar a que estudiaran magisterio en Salto. Entré allí en el año 60. Entonces se pedía al gobierno que se oficializara, porque era particular y se logró. El Estado decidió crear el Instituto de Formación Docente, el actual, que cumplió el año pasado 50 años, y allí estuvimos como alumnas fundadoras.
¿Sentía que tenía vocación para ser maestra?
Siempre jugaba a ser maestra, en aquella época los juegos de niños eran muy sencillos, siempre con  las amiguitas de la cuadra poníamos  alumnos y uno hacía de maestra–yo hacía de maestra” recuerda Renée con gracia. “A veces hacía de alumna, pero me encantaba hacer todo lo que hacía la maestra, incluso jugábamos con esas piedritas muy bonitas que encontrábamos, y hacíamos la fila de la escuela y adelante la maestra y la directora.
Pero en realidad no sabía cuál era mi vocación, mamá siempre decía ‘tenés que estudiar’, y creo que era ella la que más quería (que estudiara magisterio), a mí me gustaba, pero quería ser abogada, pero para eso tenía que ir a Montevideo, y ahí se me cerraron las puertas. Luego  encontré que estaba bien, y cuando entré, ¡me encantó!, vi que era lo mío, ese contacto con los niños me apasionó, además el grupo humano con las compañeras… era otra forma de encarar todo, los profesores estaban muy junto a los alumnos. Fuimos una generación muy privilegiada con grandes profesores tanto en el liceo como en el instituto.
¿Cuál fue su primer trabajo como maestra?
Al recibirme fui a una escuela rural, donde no sabía ni dónde estaba (se ríe), en Zanja de Alcain. Don Ramón (Vinci) me enseñó dónde quedaba, era el intendente y en ese momento estaba trabajando con él porque en el interín donde  se pedía la oficialización del instituto mis compañeras me mandaban a la radio a hablar, porque me destacaba en la lectura, me daban los papeles y yo iba a la radio a leer, y en una de esas idas, el director que era Don Ramón Vinci dijo que quería que fuese locutora, en ese momento no contesté nada, pero una compañera (Margarita) decía que sí, llegué a mi casa, lo comenté  y mamá me dijo ¡Qué esperanza, ni sueñes!, y a mí ya me había gustado, tenía 17 años. Yo lloraba, despacito, en los rincones de vez en cuando hasta que mamá me dijo que fuera. Empecé, no sabía nada, pero tenía la voz, me adapté y estuve hasta que me recibí.
La escuela quedaba en el camino entre las Termas del Arapey y Colonia Lavalleja. Cuando fui inspectora me tocó cerrar la escuela…, con una tristeza enorme, porque la había visto abrir.
¿Cuáles fueron las siguientes?
Luego empecé a dar concursos, me presenté a un concurso para directores, empecé mi carrera siempre de directora. Fui directora efectiva en  la escuela Nº 34 de Pueblo Biassini, después vine a la 16 de Parada Herrería, ahí ya había hecho la especialización  rural, después me trasladé a la 14 de Barrio Albisu y vino la destitución. Las primeras destituciones del gobierno militar en Salto fueron 14 directores y entre ellos estaba yo. Yo estaba embarazada de mi hijo más chico (Alexandro), recuerdo que lloré todo un mes, fue el 8 de marzo, y el 8 de abril nació mi hijo, y nunca más me acordé que era maestra, para mí mi hijo fue lo más importante, crié a mis hijos, tenía dos más, y por 9 años me dediqué a ellos  y volví a la radio que por ser maestra rural había tenido que dejar.
Con la democracia volví sorteando todo, porque había hecho especialización de directores, di concurso de director, tenía las etapas prontas, me había ido bien y entonces cuando terminé, nombran a una compañera inspectora departamental y ella dijo que no. Enseguida me hablaron a mí. Siempre fui muy audaz y me fue muy bien, fue una experiencia linda, la meta siempre fue recibir a todos los maestros como a mí me gustaba que me recibieran y eso me dio mucho éxito en la relación con los maestros.
¿Cuál fue su mejor etapa?
Todas las etapas fueron lindas. Pero cuando fui a dar el concurso de directores estaba embarazada (de Giovani su segundo hijo), y tenía que terminar la etapa, porque después que naciera ese niño yo no iba a estudiar más, había que ir a Montevideo, fui en avión, con el bolsito pronto porque podía nacer, di el examen con los dos bolsos al lado, el mío y el del bebé. Logré llegar a Salto y ese día nació.
¿Todos los embarazos se dieron en un momento particular?
Sí, cuando Luigi el mayor, tenía tres meses fue en la época cuando las cámaras se disolvieron. Recuerdo que escuché en la radio que los militares habían roto las cámaras-el golpe de Estado- yo lloraba y pensaba. Qué será del Uruguay ahora, qué será de esta criatura.
Después volvió la democracia, ¡qué alegría!, al otro día todos volvíamos a los cargos que nos habían sacado, yo tenía todas las direcciones de Salto para elegir, y elegí mi barrio (Malvasio), al lado de mi casa.
¿Qué es lo que más extrañó de su labor al jubilarse?
Me jubilé el último día del año 1996, lo que más extrañé fueron  las visitas a las escuelas rurales, es lo más bonito, los niños, los maestros. Era la expectativa todas las semanas, saber a qué lugar iría.
¿Tiene alguna materia pendiente?
Sí, manejar autos, si bien aprendí a manejar, me pongo tan nerviosa que no puedo. Mi padre siempre tuvo auto, pero decía que las mujeres no manejan. Mi hermana y yo fuimos víctimas de eso y quedamos traumadas, tenés ese miedo de matar alguien.
¿A qué dedica su tiempo libre hoy?
Actualmente soy fiscal de la Cooperativa (COVIFOEB, COVISUNCA) donde vivo, y me siento orgullosa de vivir allí, al punto que si me regalan una casa no me voy.
Estoy escribiendo la historia de la cooperativa porque es muy rica, trabajamos en la época de la dictadura.
Además tengo mi amor, que es la historia de Salto, tengo mucho escrito, pero todavía me falta y a veces pienso; ‘tengo 70 años, me puedo morir, tengo que apurarme’, pero me animó mucho mi hijo mayor que es profesor de literatura, que me dijo ‘no te aflijas mamá, vos escribí, cualquier cosa que  pase, yo te termino el libro’ (se ríe).
Renée comentó que mucho material consiguió cuando trabajaba en la radio donde tenía un programa que se llamaba “Remembranzas”,  entrevistó a mucha gente y aún conserva las grabaciones. Tiene la historia de todas las escuelas, de todos los clubes de fútbol.
¿Qué  le diría a los maestros de hoy?
Los maestros son los mismos siempre, los de hoy son como nosotros, y queremos que sigan, que el alumno tenga ese cariño por su maestro. Les diría que tengan fe, que tengan confianza que frente a todas las dificultades  que existen hoy con los padres (no todos) que no comprenden, y hasta le pegan al maestro, que sigan creyendo en los niños, que de pronto detrás de una cara con problemas que te dice una mala palabra esconde que está sufriendo por algo, que investiguen, y de acuerdo con ello buscar una solución y que les den cariño, amor que es la llave fundamental en todas las relaciones humanas.

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Con La Licenciada en Comunicación Social Leticia Pou: Una cordobesa que recaló en Salto

Desde su Córdoba natal a Salto: “Aquí el ritmo de vida nos permite valorar muchas cosas”, nos dijo  Leticia Pou, proveniente de una urbe bastante más grande que la nuestra. Formó familia con un joven biólogo del departamento de Treinta y Tres; luego la vida y los aconteceres laborales los llevaron a radicarse en nuestra ciudad y desarrollarse en el seno de la Udelar, ambos en sus sendas especialidades.
Leticia Pou Paredes (33) nació en Córdoba capital, ciudad donde el cantante Rodrigo declarara en sus canciones, la credencial más genuina de sus lugareños es la peculiar entonación que le imprimen a cada palabra.
Se graduó como Licenciada en Comunicación Social, un estudio que realizó convencida de una vocación que vislumbraba desde sus tiempos de adolescencia.
La contactamos en su marco inspirador – su espacio de trabajo  - en donde confiesa sentirse realizada y le planteamos las 10 preguntas que compartimos seguidamente.
Desde su Córdoba natal a Salto: “Aquí el ritmo de vida nos permite valorar muchas cosas”, nos dijo  Leticia Pou, proveniente de una urbe bastante más grande que la nuestra. Formó familia con un joven biólogo del departamento de Treinta y Tres; luego la vida y los aconteceres laborales los llevaron a radicarse en nuestra ciudad y desarrollarse en el seno de la Udelar, ambos en sus sendas especialidades.
Leticia Pou Paredes (33) nació en Córdoba capital, ciudad donde el cantante Rodrigo declarara en sus canciones, la credencial más genuina de sus lugareños es la peculiar entonación que le imprimen a cada palabra.
Se graduó como Licenciada en Comunicación Social, un estudio que realizó convencida de una vocación que vislumbraba desde sus tiempos de adolescencia.
La contactamos en su marco inspirador – su espacio de trabajo  - en donde confiesa sentirse realizada y le planteamos las 10 preguntas que compartimos seguidamente.
¿Es la primera vez que se radica en una ciudad del exterior?
- “En realidad, antes de venirme a Salto, estuve viviendo tres meses en Río de Janeiro.Fue por motivos personales, pues mi pareja estaba en ese entonces allí y estuve haciendo una capacitación en otra área en la cual trabajo que corresponde al Teatro del Oprimido.
Posteriormente retorné a Córdoba y luego sí me vine a Salto.
¿La especialidad Comunicación Social difiere mucho de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación que se promueven en nuestro país?
-“En realidad la Licenciatura en Comunicación Social es muy similar a la LICOM que está instaurada en Montevideo.
En la Universidad Nacional de Córdoba donde estudié está enfocada en la comunicación y sus diferentes áreas.
En los tres años básicos pudimos ahondar en las diversas teorías de la Comunicación y algunas teorías sociológicas y en el cuarto año pudimos hacer la elección para especializarnos.
Existen tres propuestas vinculadas a medios (radio, televisión y gráfica) y opté por la radio.
También se promueve un enfoque desde la Comunicación Institucional y también la Investigación”.
¿De alguna forma la inquietud investigadora fue la que la trajo aquí?
- “No…  en realidad el motivo primario de mi radicación fue porque mi novio Matías Victoria es uruguayo – nacido en Treinta y Tres pero está trabajando también aquí en Regional Norte; es biólogo y desarrolla su actividad en el Laboratorio de Virología. Estuvo trabajando mucho tiempo en Río de Janeiro y luego se trasladó aquí. Tuve la suerte de que salió un concurso en mi área y aquí estamos”.
¿Cómo se siente en tierra salteña?
-“Ya hace poco más de un año que estoy instalada y me he adaptado muy bien. Considero que con los uruguayos tenemos muchas cosas en común, al menos con los cordobeses (sonríe). Estoy muy cómoda y nunca me sentí extraña aquí… sí por allí algunas costumbres son diferentes pero no me costó adaptarme en ese sentido. La ciudad es mucho más pequeña pero igual es algo a  favor  porque el ritmo de vida de Salto nos permite valorar otras cosas.
Lo que extraño es el entorno familiar.
En Córdoba tengo mis padres, dos hermanos (una hermana mayor y un hermano menor) y dos sobrinas”.
¿Su proyección apunta a continuar trabajando aquí en Salto?
-“Sí pues de hecho ya tengo la residencia transitoria, que se les brinda a las personas que vienen a trabajar.
Así que la idea con Matías es seguir aquí.
A menudo tenemos la posibilidad de escaparnos un fin de semana tanto a Córdoba como a Treinta y Tres. Así que vamos alternando y la llevamos bastante bien”.  “Hoy me di cuenta que seguí el camino que quería… nunca tuve dudas”
Adentrándonos ahora en su historial laboral ¿Cómo descubre que le gustaba la Comunicación?
-“Siempre me atrajo lo vinculado a la expresión.
De chica sentí una atracción por la radio y la televisión y también me gustaba escribir. Hoy me doy cuenta que seguí el camino que realmente deseaba… nunca dudé.
Estaba entre realizar estudios de locución o comunicación social… mientras estuve estudiando se me dio la posibilidad de poder trabajar en algunos medios y se me alentó a seguir en ello.
A la vez mientras estaba estudiando también me di el gusto de cumplir una materia pendiente que me había planteado desde la adolescencia que fue poder hacer teatro… mi otra gran pasión. Pude vincular a la Comunicación con las actividades artísticas y culturales”.
¿Cuál fue su primera experiencia en su área?
-“Teníamos una cátedra dentro de la Universidad que era de Producción Radiofónica que nos daba como un período de práctica en una radio que era bastante importante en ese momento; NB2, una radio AM.
Estuvimos un mes haciendo práctica como Asistentes de Producción y justo en ese momento en la radio estaban necesitando más gente. Me propusieron quedar ad honorem un tiempo. Afortunadamente se fueron dando algunas otras cosas y fui ocupando otros roles. Lo bueno es que me relacioné en un principio con gente muy abierta y generosa que me dieron la oportunidad de diversificar mi trabajo y me aportaron muchas valiosas sugerencias.
También hice producción que es algo que me encanta y di con otra persona que hacía un programa humorístico e incluía elementos de guionado y dramatizaciones al estilo radioteatro.
En ese momento fue que empecé a perfilarme en la radio y en cuestiones más artísticas”.
Llevándolo a lo literal ¿Cómo es el trabajo de producción en el ámbito radial?
-“Para mí tiene que ver con gestionar los contenidos que van a salir al aire… qué es lo que hay detrás de lo que la gente está escuchando.
Es la tarea de armado previo a lo que luego el oyente va a escuchar. Desde pensar cuáles son los contenidos que van a encabezar el proyecto y qué fuentes se van a seleccionar para los mismos. Si se va a seleccionar música o se va a hacer hincapié en un punto específico”.
¿Cómo se lleva con el periodismo escrito?
-“Aún escribo artículos para una revista de Córdoba que es de una ONg y es algo que me llena, si bien es la parte que menos he desarrollado.
En esa revista tengo mi espacio para escribir artículos relacionados al Arte y a la Educación.
Me encanta leer, escribir y teniendo ese perfil dirigido hacia lo artístico y educativo, me lleva más a las cuestiones de opinión, a tomar una postura definida.
Creo que las realidades van cambiando y existen ciertas fórmulas que ya no sirven. Es necesario estar abiertos al pensamiento de los estudiantes… no estancarnos en teorías o acontecimientos que pasaron.
En la Udelar estoy dando clases de multiplicación del Teatro del Oprimido. Se trata de una metodología que fue creada por Augusto Boal; una corriente que busca hablar de problemáticas reales vinculados a la opresión, un derecho humano que no está siendo respetado.
Mediante técnicas teatrales primeramente conocer cuáles son las situaciones de opresión y luego llevarlo al diálogo, a la interacción… y que todo esto genere reflexión”.
Un proyecto que estén desarrollando en la Udelar…
-“Estamos aplicando esta metodología en algunos liceos, en la Obra Social Don Bosco y en la Cárcel Departamental de Salto con el Programa “Aprender Siempre, éste último apoyado por el Ministerio de Educación y Cultura.
También llevamos adelante talleres del Teatro del Oprimido con otro docente.
La experiencia es espectacular…  se vuelve muy significativa para las personas privadas de libertad porque no solamente les permite cortar con la rutina sino que pueden expresar otras cosas”.
En cuanto al futuro me veo “Con mi pareja y embarcada en este camino de la Comunicación y el arte teatral.
Ojalá sean en detalles que me hayan hecho crecer”.
Leticia Pou Paredes se siente una privilegiada porque ha podido desplegar sus dotes vocativas en todos sus emprendimientos… y sin dudas su temperamento empático la ha llevado a abrirse sus propias puertas.
Comunicarnos es comenzar a entendernos… y nos permitimos citar una frase de Paulo Freire: “el diálogo implica una mentalidad que no florece en áreas cerradas, autárquicas.
Éstas por el contrario constituyen un clima ideal para el anti diálogo. Para la verticalidad de imposiciones”.

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“Vender es una terapia”

Es imposible no asociar el microcentro salteño con la postal de la Plaza de los Treinta y Tres de fondo, y verlo a él allí, parado, observando todo lo que pasa, sin perderle pisada a nada, teniendo algo en claro, la mayor ganancia del día es el capital social que puede explotar en las mil charlas de la que forma parte en tan solo algunas horas de caminata y posibilidad de ventas de sus enseres, los que intenta colocar a buen precio, con la finalidad de llevar el pan para parar la olla.
Así es Héctor Manuel Irrazábal, que con 45 años de edad, es conocido como uno de los vendedores ambulantes más populares de calle Uruguay. Sus dos hijos son su mayor orgullo. “Yo los podía haber traído a trabajar conmigo, pero prefería ganarme el pan y dárselo a ellos para que estudien”, dijo.
Es salteño y del barrio Ceibal, palpita junto con la ciudad en sus calles más transitadas el sentir cotidiano, conoce el movimiento y a muchas personas que les llama “clientes”, pero que además son parte de su vida, de los que le dan alegría a diario y que además le permiten seguir con el negocio de la venta directa, que en el caso de nuestro entrevistado, es sin dudas su principal fuente de ingresos.
Pero Héctor Manuel tiene otra condición, muy distinta a la del vendedor “pesado y molesto” que solo trata de vender a cualquier precio para ganarse unos mangos, una que nos llamó mucho la atención, la de haber hecho cursos con especialistas tibetanos en lo que él llama “la armonización del ser”. Lo descubrí cuando en uno de esos días que aunque apurado por llegar a destino, me tomé un segundo para reconocerle y estrechar su mano, su sonrisa a cuestas y su palabra que queda en el medio de un “algo te tengo que decir”, fueron motivo para que a veces uno se tome unos segundos y escuche lo que el otro tiene para decir.
En este caso, Héctor, tras estrechar mi mano, describió lo que él percibía de mi condición humana y lejos de parecerse a una gitana de esas que a veces pululan por el centro y otras veces desaparecen, o a un vulgar o bizarro vendedor de palabras e ilusiones que pide unas monedas a cambio de decirte qué te va a pasar hoy, me dijo un par de cosas interesantes, que determinaron mi interés en mantener una charla abierta y sin restricciones con él, la que resumimos hoy, para nuestra sección semanal Al Dorso.
Es imposible no asociar el microcentro salteño con la postal de la Plaza de los Treinta y Tres de fondo, y verlo a él allí, parado, observando todo lo que pasa, sin perderle pisada a nada, teniendo algo en claro, la mayor ganancia del día es el capital social que puede explotar en las mil charlas de la que forma parte en tan solo algunas horas de caminata y posibilidad de ventas de sus enseres, los que intenta colocar a buen precio, con la finalidad de llevar el pan para parar la olla.
Así es Héctor Manuel Irrazábal, que con 45 años de edad, es conocido como uno de los vendedores ambulantes más populares de calle Uruguay. Sus dos hijos son su mayor orgullo. “Yo los podía haber traído a trabajar conmigo, pero prefería ganarme el pan y dárselo a ellos para que estudien”, dijo.
Es salteño y del barrio Ceibal, palpita junto con la ciudad en sus calles más transitadas el sentir cotidiano, conoce el movimiento y a muchas personas que les llama “clientes”, pero que además son parte de su vida, de los que le dan alegría a diario y que además le permiten seguir con el negocio de la venta directa, que en el caso de nuestro entrevistado, es sin dudas su principal fuente de ingresos.
Pero Héctor Manuel tiene otra condición, muy distinta a la del vendedor “pesado y molesto” que solo trata de vender a cualquier precio para ganarse unos mangos, una que nos llamó mucho la atención, la de haber hecho cursos con especialistas tibetanos en lo que él llama “la armonización del ser”. Lo descubrí cuando en uno de esos días que aunque apurado por llegar a destino, me tomé un segundo para reconocerle y estrechar su mano, su sonrisa a cuestas y su palabra que queda en el medio de un “algo te tengo que decir”, fueron motivo para que a veces uno se tome unos segundos y escuche lo que el otro tiene para decir.
En este caso, Héctor, tras estrechar mi mano, describió lo que él percibía de mi condición humana y lejos de parecerse a una gitana de esas que a veces pululan por el centro y otras veces desaparecen, o a un vulgar o bizarro vendedor de palabras e ilusiones que pide unas monedas a cambio de decirte qué te va a pasar hoy, me dijo un par de cosas interesantes, que determinaron mi interés en mantener una charla abierta y sin restricciones con él, la que resumimos hoy, para nuestra sección semanal Al Dorso.
¿Cuáles son tus orígenes y cómo se compone tu familia?
Nací acá en Salto, en el barrio Ceibal, pero viví en varios lados diferentes. Estuve recorriendo varios países, trabajé en una empresa japonesa de fotocopiadoras como administrativo, trabajé con unos alemanes también, hice trabajos de pintura por el exterior y después estuve muchos años en Buenos Aires hasta que me vine a Salto. Tengo dos hijos que son argentinos, uno de 25 años que se está por recibir de abogado y el otro de 21 que estudia magisterio, ambos viven en Salto conmigo.
¿Cómo te definís: Un vendedor, un charlatán, un chanta o un trabajador?
Todo esto de venir a vender tiene una historia. Cuando me vine de vacaciones a Salto, con la vorágine de la juventud me gastaba todos mis ahorros. Y después tenés que generar, entonces empecé a salir junto a compañeros de acá que ya tenían experiencia y que eran vendedores de años. Vendíamos rifas o lo que sea. Entonces decidí venirme a vivir acá y como la gente me ha recibido bien, me ha brindado cariño, me ha dado un lugar y me ha dado respeto, pero un respeto con cierta dignidad, me quedé. Hoy en día la gente me conoce como un amigo, ese que está ganando un peso honradamente y brindándole todo lo que le pueda ayudar. Creo que no existe persona que pueda pensar que soy un chanta, porque todo el mundo te conoce. Vos caminás bien y te ganás el respeto de la gente. Y trabajando generás ese feedback (ida y vuelta) que te dicen que quizás ese día no te compran nada, pero al día siguiente sí, porque te ven esforzándote todos los días. Luchándola honradamente y caminando bien, con respeto, porque el respeto es la llave de todo. Y con respeto y cordialidad abrís todas las puertas.
¿Sentiste el prejuicio de la gente alguna vez?
En la calle se encuentra de todo, yo creo que la gente cuando hace prejuicios los tiene por los mismos problemas que los afectan a ellos. Estaba un día vendiendo frente a la puerta del Banco y cruzó un señor al cual le ofrecí venderle algo y reaccionó mal conmigo. Yo, violín en bolsa, quedé quietito, no le dije nada y tampoco le agredí, la dejé pasar porque pensé que esa persona tuvo un mal día. Al rato, siento que alguien me abraza por la espalda y pensé que sería uno de mis compañeros y le digo, ‘pará soltame’. Y miro y era el mismo tipo que me dijo ‘te vengo a pedir perdón, porque te traté mal, es que tenía un cheque que no lo pude cobrar. Yo se que vos te estás ganando el peso honradamente, decime qué vendés que te voy a ayudar’. Y ese es el respeto que uno siente que se ganó de toda la gente.
¿Lo que haces te da para vivir? ¿De qué vivís?
Yo vivo de lo que hago y lo que hago es vender en la calle. Y con eso mantengo a mis hijos, porque para ellos me da. Nunca quise que ellos salieran a trabajar. Podía haberlo hecho para que generaran ellos también, pero siempre luché para que tuvieran una mejor calidad de vida. Que ellos hayan estudiado no me garantiza nada, pero el día de mañana me sentiré tranquilo de que les di la chance de tener mejores herramientas para defenderse en la vida.
¿Es fácil en este tipo de trabajos y con la vida en la calle, caer en la bohemia?
No es difícil, pero por ejemplo. La gente que trabaja y vende con nosotros le encanta jugar al billar, y el billar siempre es de noche. Además la gente tiene un preconcepto de que el billar es pura timba y de gente alcohólica, sin embargo es un juego de caballeros. Hay una Liga de por medio, hay equipos, hay mucha gente, hay cordialidad. Pero en el caso de la bohemia está la parte que no es tan buena y entonces por eso hay que saber elegir.
Me hablaste además de que trabajas en torno a la armonización del ser. ¿A qué te referís con eso?
Tuve maestros budistas en Buenos Aires, que estaban en los barrios de Belgrano y Barracas. Y tuve amigos que también estaban en el tema y que habían hecho cursos en un templo budista, e hicimos unos cursos con una profesora inglesa, que estaba afincada allá y que era muy macanuda. La idea con todo esto es que la persona se encuentre realmente con su otro yo. Porque a veces nos peleamos y ahí es cuando generamos baja autoestima, generamos ira, y son todas cosas que nos hacen mal. Entonces se trata de ejercicios de respiración donde la persona se va concentrando y generando en sí una evolución, que la depura de todas las cosas malas, la mala onda, la envidia. Y yo lo hago con gente que me lo pide y no le cobro un peso por eso, porque creo que es para ayudar a hacer el bien.
¿Es posible, da resultados en serio?
Sí claro que es posible. Y es más, yo si voy a ayudar a alguien solicito que algún familiar esté presente y si lo puede filmar mejor. Porque ahora todos pueden hacerlo a través del teléfono celular.  Entonces lo hago para que se vea a sí mismo cómo es realmente, porque cuando entrás a hacer un ejercicio de meditación, de repente estás concentrado en eso y después te gustaría ver qué te pasó o qué no te pasó, por la misma curiosidad y porque le brinda una tranquilidad a la persona que confió en cerrar los ojos, tranquilizarse, tratar de sentirse bien. Y entonces si lo filman le digo: ‘mirá esto fue lo que pasó’ y eso sirve a modo de documento para que la persona se vea a sí misma.
¿Te ayuda eso a vos en tu vida personal?
El ser humano desde el momento en que sale a la calle se tiene que sentir bien consigo mismo. Por eso pienso que si todas las personas tratáramos de vivir con mayor cordialidad, respeto y ayuda mutua, sería mucho más fácil todo. Porque lo que pasa es que ocasionamos peleas con nosotros mismos de acuerdo a cosas que no podemos superar. Recuerdos que nos han marcado a fuego, o presencias que sentimos que por ahí no nos hacen bien. Lo que yo hago es tratar de que la persona se armonice, que se encuentre. La idea es que se encuentre a sí misma, que se abrace como dos amigos que hace rato no se ven y de esa manera se logre la armonía total de la persona.
¿Te sentís bien haciendo eso?
Sí claro, en lo personal te hace sentir bien. Es como curar un enfermo en un Hospital, porque vos sentís que una persona está mal y te pusiste y la ayudaste a andar bien, vos te terminás sintiendo siempre bien con estas cosas. Yo lo pongo en práctica para mi vida, porque la idea es sentirme bien. Uno debe poner en práctica lo que quiere transmitirle a la otra persona, si no lo hace es porque no se quiere a sí mismo, y entonces no puede querer a nadie. Yo soy un trabajador y la mayoría de la gente que me compra también lo es, por eso siempre estoy abierto a chicos, grandes, hombres y mujeres, a quienes quieran preguntarme estas cosas.
¿Si tuvieras que cambiar algo de tu vida, qué sería?
No cambiaría nada, y si pudiera volver a empezar haría lo mismo, porque hay cosas a las que uno pertenece, hay estados de pertenencia. Y el charlar, el vender, el estar, sin querer, vendiendo, vos también le estás ofreciendo una terapia a la gente. Yo te voy a vender algo y te saludo con una sonrisa, te hago pensar distinto, entonces ya te genero una buena onda. Y ahí ya te vas a sentir bien porque estás sintiendo que sos útil y eso es lo importante en el ser humano, saber que se siente útil. Cuando uno se siente útil encuentra un lugar en el mundo enseguida y esa es la mejor arma para luchar.

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“Soy un agradecido por la aceptación que tuve”

Miguel Ángel Quintana de Moura es un hombre comprometido con dos objetivos: en primer lugar con el proyecto de EL PUEBLO, en su etapa actual, que ha tenido y sigue teniendo una fuerte apuesta a incluir en sus páginas la información que surge de la ciudad de Bella Unión. El segundo objetivo de Quintana es precisamente su adhesión incondicional a todas las buenas iniciativas que surgen en la ciudad cañera. Invariablemente todas estas apuestas saben que pueden contar con el apoyo de Quintana.
Con quien se desempeña como corresponsal de Diario EL PUEBLO en la ciudad de Bella Unión desde hace 21 años, dialogamos fluidamente, en una  charla amable y gentil y lo primero que nos dijo fue “soy un agradecido por la aceptación que tuve”.
Resulta un poco difícil,  además de un gran compromiso, tratar de resumir en tan poco tiempo y espacio, lo que es la trayectoria de Miguel Ángel Quintana en este diario, durante más de veinte años.
También ha tenido una extensa trayectoria en otros medios de comunicación como la radio y la televisión. Un ser humano accesible, cordial, que en una charla muy amena, así nos contaba, sobre sus inicios:

Miguel Ángel Quintana de Moura es un hombre comprometido con dos objetivos: en primer lugar con el proyecto de EL PUEBLO, en su etapa actual, que ha tenido y sigue teniendo una fuerte apuesta a incluir en sus páginas la información que surge de la ciudad de Bella Unión. El segundo objetivo de Quintana es precisamente su adhesión incondicional a todas las buenas iniciativas que surgen en la ciudad cañera. Invariablemente todas estas apuestas saben que pueden contar con el apoyo de Quintana.

Con quien se desempeña como corresponsal de Diario EL PUEBLO en la ciudad de Bella Unión desde hace 21 años, dialogamosMiguelQuintana fluidamente, en una  charla amable y gentil y lo primero que nos dijo fue “soy un agradecido por la aceptación que tuve”.

Resulta un poco difícil,  además de un gran compromiso, tratar de resumir en tan poco tiempo y espacio, lo que es la trayectoria de Miguel Ángel Quintana en este diario, durante más de veinte años.

También ha tenido una extensa trayectoria en otros medios de comunicación como la radio y la televisión. Un ser humano accesible, cordial, que en una charla muy amena, así nos contaba, sobre sus inicios:

¿De dónde es oriundo Miguel Quintana?

“De la ciudad de Artigas.  En el año 1978, me fui a Montevideo a estudiar meteorología. Y en el ‘80, ingresé a trabajar en la Estación  Nacional de Meteorología en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, y lo hice durante un año allí.

Cuando abre la Estación de Meteorología en Bella Unión, pido el traslado. Me lo aceptaron y ya en la noche anterior de que abriera estaba yo en el lugar.

Pensando siempre en después trasladarme a la ciudad de Artigas, donde tenía todos mis familiares, y resultó ser que me quedé para siempre en Bella Unión.

¿Formó entonces su familia allí?

Sí. En el año ’79, conozco a quien sería mi futura señora: Catalina, en Artigas.

Después de formalizar y conformar mi familia es que empezó mi labor en Diario EL PUEBLO.

Comienzan con el tiempo a llegar los hijos: Miguel, Mabel y Carlos, y luego los nietos, que son dos: Francesco y Victoria.

¿Cómo son sus primeros pasos en Diario EL PUEBLO?

Conocí a Don Walter Martínez en el año’81, y en ese entonces, trabajaba en la Dirección Nacional de Meteorología y estudié electricidad más adelante en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) durante dos años.

Me recibí como técnico electricista en el ’85, y trabajé en una empresa de electricidad hasta el ’92, que es cuando Walter me ofrece el trabajo en el diario, y dejé la empresa de electricidad.

Por un buen tiempo, realicé en forma paralela las dos actividades, en  Meteorología y Diario EL PUEBLO.

¿Recuerda sus primeras notas?

En aquellos comienzos, lo que recuerdo es que no fue nada fácil.

Tenía dos páginas para realizar, y había veces en que parecía volverme loco de tanto trabajo.

Tenía una moto chiquita y muchas veces me quedaba hasta altas horas  de la madrugada  girando, porque no me daban los tiempos. No lograba todas las notas, ni reunir el material.

Lo enviaba por el ómnibus y tenía una hora fija para hacerlo.

Luego, se hizo una reestructura en el año 2002, cuando lo de la crisis, y el diario quitó una página.

¿Eran esas notas muy variadas?

Las notas que realizaba eran muy diferentes y muchas.

Hacía todo tipo de periodismo.

En esas dos páginas, salía: sociales, deportivo, policiales, político, danzas, y  todo tipo de noticias.

Pienso que es una mezcla y más fácil. Porque uno sale a la calle y encuentra mucha más información.

¿Cuáles han sido sus satisfacciones de trabajar en el diario?

La mayor satisfacción que tengo de trabajar durante tanto tiempo en el diario, es que “estoy escribiendo la historia de Bella Unión”.

Hace veintidós años que la escribo.

Todos los días, recorto mi página del diario y lo voy acomodando encarpetado por año.

Tengo guardado todo, desde el 15 de Enero del año 1993, cuando comencé.

¿Cómo veía su familia su gran labor?

Hay que ver que me pasaba la noche inclusive escribiendo, porque no me daban los tiempos. Hasta las tres, o cuatro de la mañana, con una máquina Olivetti.

Con la computadora, hace siete años que comencé.

Tenía tiempo para algún paseíto algún domingo, que otro, pero el tema del diario es un trabajo continuo.

He realizado  periodismo  escrito, radial y televisivo, que actualmente lo hago, se llama: Panorama 10, primera edición que va de 12 a 13 Hs, por canal 10. Pero el periodismo escrito es el más difícil, y el más lindo. Esta entrevista que me está realizando por ejemplo, tiene usted que armarlo todo, para publicarlo.

En cambio los otros, no hay necesidad de un material para organizar.

¿Sus hijos, han seguido sus pasos?

Solamente uno, Carlos, es el que me acompaña en el canal, trabaja en la parte de consolas, como operador y vive conmigo en Bella Unión.

¿Está conforme con lo que ha hecho hasta ahora en el diario?

Pienso que tengo mucho para darle. Y estoy muy conforme con lo que he logrado hasta ahora. Me encanta lo que hago.

Sobre todo con la tranquilidad que uno trabaja. No se entromete nadie en mi trabajo.

Se que mi tarea es organizarlo todo, ponerlo dentro de un sobre y enviarlo. No tengo y no tuve nunca jamás, un problema con Walter, anteriormente, ni actualmente con Adriana.

Tal cual yo lo mando, así se publica. El diálogo con Adriana es muy bueno, está todo siempre bien y sin ningún problema. Es una excelente relación, que siempre mantuvimos y mantenemos.

¿Si tuviera la posibilidad de enviarle un saludo a  su gente que día a día, lo lee en Diario EL PUEBLO, qué le diría?

Seguramente el saludo no va a ser solamente para la gente de Bella Unión, porque entiendo que tengo también lectores de Salto que se interesan por lo que pasa en aquella ciudad.

Hay que ver que la página, apareció en un diario de Salto, y Bella Unión no pertenece al mismo departamento, pero vaya mi agradecimiento por aceptarlo. Ya que lo mío, es una mezcla de información con opiniones, haciéndolo con mucho respeto, y sobre todo con información muy veraz.

Soy un agradecido por la aceptación que tuve a nivel de periodismo,  me siento respetado por mi tarea, y a eso, yo lo valoro muchísimo”.

Miguel ha revelado siempre un gran agradecimiento a don Walter Martínez, conductor de EL PUEBLO, en su etapa actual y con quien Quintana compartió la pasión de Con Los Mismos Colores, el equipo celeste de Bella Unión más destacado en  los últimos años. A partir de allí Quintana supo desempeñarse no solo en el deporte, sino en todo lo que es la información q ue surge de la ciudad norteña. Martínez confió en él y Quintana lo ha reiterado en toda ocasión que ha tenido, para él don Walter ha sido mucho más que un patrón, ha sido un amigo entrañable.

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Daniel Guerra Un trovador peregrino en EL PUEBLO

Daniel Guerra, es un músico y cantautor, “que ha estado más fuera del país que dentro”, como él mismo lo señala. Visitó nuestra ciudad días atrás para realizar una presentación en el Hotel Concordia y dialogó con EL PUEBLO sobre su historia en la música y su proyección a futuro.

¿Ud.se considera casi “un producto” de la vida rural y campestre en particular…
Soy oriundo de Aiguá, Maldonado, pero hace 37 años que estoy radicado en Montevideo y me he  transformado en un peregrino de la música. Abocado durante muchos años a la tarea de la agronomía y veterinaria, el campo me inspiró y me formó en lo que se transformó en la base fundamental para la letra de mis discos, marcándome un estilo campestre.
¿Cómo nace su afinidad con la música y el canto?
“Yo con seis años andaba montado en un petiso e iba a la escuela rural. Hoy veo aquel niño que andaba silbando canciones de la época de los payadores, esas que escuchaba mi padre por la radio y es tan lejano. Me acuerdo de esa necesidad de hacer sonar algo, y que mi padre me hizo una guitarra de lata de dulce de membrillo,  con cuerdas y una caja con agujeros. Al tiempo me regaló una guitarra y yo no tenía idea qué era”, comentó Guerra al recordar su niñez.
¿Después tuvo que aprender música “en serio”
Sí, con 14 años me fui del pago a estudiar. “Yo creyendo que tocaba bien la guitarra me alejé por diferentes lugares y allí noté que no era así y después empecé aprender a tocar alguna milonga, algunas notas y posteriormente tomar contacto con profesores de relieve como el padre de Daniel Viglietti, César Viglietti, o Augusto de Giuli, o docentes como Rodolfo Tálice, de quienes me nutrí en la música”.
¿Cuáles son los géneros de su preferencia?
Mi discografía tiene un soporte musical que le enriquece, podemos hablar desde milongas, vals, chamarras, serraneras, entre otros. Con un canto que se desarrolla más bien en salones que en festivales. Muy ligado al quehacer rural.
Ahora está promocionando  su último disco “Antología”….
Sí efectivamente presenté este año un nuevo trabajo discográfico, “Antología”, que reúne los dieciséis temas de más trascendencia en mi carrera desde el año 1979 en adelante.
El hilo conductor de Antología es un tema que comencé a escribir en el año 2000, referido a “situaciones y estados anímicos de la vida del ser humano, según las circunstancias que atraviesa”.
-Tenemos entendido que el tema central tiene sus particularidades, una de ellas la extensión del mismo…
“Por el mundo que transito”, es el nombre del tema al que se refiere, que dura quince minutos en el disco Antología, y que es muy especial para su autor, porque tiene un contenido que refiere a la problemática del sistema que maneja el mundo. “Se refiere al ser que se ve muchas veces engañado por sus amigos, entre otras cosas. Mucha gente se identifica con este tema”.
Su música ha recorrido el mundo junto a Ud…
En el año 1979 comencé a grabar mi primer disco y continué ininterrumpidamente hasta ahora. He visitado muchos países, entre ellos Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Cuba, Francia, Portugal y España. En este último país lo hice en varias oportunidades, lo que me permitió tomar mayor contacto con esta sociedad y el año pasado permanecí allí en una gira de tres meses de duración.
¿Cómo ha sido la decisión de recorrer el camino de Santiago de Compostela, el que atrae a muchos peregrinos y qué le dejó?
He realizado el famoso camino de Santiago de Compostela, que me permitió “madurar muchas cosas y bajar los decibeles de otras. De alguna manera hacer el camino de Santiago de Compostela, sirve para poner al día muchas cosas, se mira por el lado religioso, pero también se lo puede hacer por muchos motivos, espiritual, filosófico, etc. Hacer ese recorrido tiene algo diferente, que lo lleva  a uno a la meditación, porque se encuentran bajadas y subidas, momentos planos en el recorrido y eso es muy similar a la vida misma, lo que permite autoanalizarse. Además se atraviesan diferentes aldeas, se comparte mucho, algo que a uno lo enriquece”.
Guerra después del camino a Santiago…
“A veces nuestro tiempo se mide en distancia y la distancia mide el pasado, pasado que ha sido base fundamental para mirar detenidamente cada paso que se avanza. Los caminos ofrecen un desafío descubriendo en él las maravillas y sensaciones intransferibles que ponen la dosis exacta y sutil para que avances cautelosamente…”
¿Qué temas incluye su “Antología”
Temas de su último disco Antología: “Por el mundo que transito”, “Campesino amigo”, “Mi brindis”, “El Milagro”, “De profesión meretriz”, “Loco mundo”, “Cuéntame paisano hermano”, “Mujer de todos los tiempos”, “El río no es solo eso”, “Charlando con uno mismo”, “Por el valle de agua”, “La patria gaucha”, “Cuando recién sale el sol”, “De paso en una bañada”, “Mi pueblo entre serranías”, “La rochense”. Quienes tengan interés en conocer en profundidad el trabajo de Daniel Guerra,  pueden contactarse con el cantautor a través de danielguerra@shggyrecords.com, o al celular 096271973.
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¿Ud.se considera casi “un producto” de la vida rural y campestre en particular…
Soy oriundo de Aiguá, Maldonado, pero hace 37 años que estoy radicado en Montevideo y me he  transformado en un peregrino de la música. Abocado durante muchos años a la tarea de la agronomía y veterinaria, el campo me inspiró y me formó en lo que se transformó en la base fundamental para la letra de mis discos, marcándome un estilo campestre.
¿Cómo nace su afinidad con la música y el canto?
“Yo con seis años andaba montado en un petiso e iba a la escuela rural. Hoy veo aquel niño que andaba silbando canciones de la época de los payadores, esas que escuchaba mi padre por la radio y es tan lejano. Me acuerdo de esa necesidad de hacer sonar algo, y que mi padre me hizo una guitarra de lata de dulce de membrillo,  con cuerdas y una caja con agujeros. Al tiempo me regaló una guitarra y yo no tenía idea qué era”, comentó Guerra al recordar su niñez.
¿Después tuvo que aprender música “en serio”
Sí, con 14 años me fui del pago a estudiar. “Yo creyendo que tocaba bien la guitarra me alejé por diferentes lugares y allí noté que no era así y después empecé aprender a tocar alguna milonga, algunas notas y posteriormente tomar contacto con profesores de relieve como el padre de Daniel Viglietti, César Viglietti, o Augusto de Giuli, o docentes como Rodolfo Tálice, de quienes me nutrí en la música”.
¿Cuáles son los géneros de su preferencia?
Mi discografía tiene un soporte musical que le enriquece, podemos hablar desde milongas, vals, chamarras, serraneras, entre otros. Con un canto que se desarrolla más bien en salones que en festivales. Muy ligado al quehacer rural.
Ahora está promocionando  su último disco “Antología”….
Sí efectivamente presenté este año un nuevo trabajo discográfico, “Antología”, que reúne los dieciséis temas de más trascendencia en mi carrera desde el año 1979 en adelante.
El hilo conductor de Antología es un tema que comencé a escribir en el año 2000, referido a “situaciones y estados anímicos de la vida del ser humano, según las circunstancias que atraviesa”.
-Tenemos entendido que el tema central tiene sus particularidades, una de ellas la extensión del mismo…
“Por el mundo que transito”, es el nombre del tema al que se refiere, que dura quince minutos en el disco Antología, y que es muy especial para su autor, porque tiene un contenido que refiere a la problemática del sistema que maneja el mundo. “Se refiere al ser que se ve muchas veces engañado por sus amigos, entre otras cosas. Mucha gente se identifica con este tema”.
Su música ha recorrido el mundo junto a Ud…
En el año 1979 comencé a grabar mi primer disco y continué ininterrumpidamente hasta ahora. He visitado muchos países, entre ellos Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Cuba, Francia, Portugal y España. En este último país lo hice en varias oportunidades, lo que me permitió tomar mayor contacto con esta sociedad y el año pasado permanecí allí en una gira de tres meses de duración.
¿Cómo ha sido la decisión de recorrer el camino de Santiago de Compostela, el que atrae a muchos peregrinos y qué le dejó?
He realizado el famoso camino de Santiago de Compostela, que me permitió “madurar muchas cosas y bajar los decibeles de otras. De alguna manera hacer el camino de Santiago de Compostela, sirve para poner al día muchas cosas, se mira por el lado religioso, pero también se lo puede hacer por muchos motivos, espiritual, filosófico, etc. Hacer ese recorrido tiene algo diferente, que lo lleva  a uno a la meditación, porque se encuentran bajadas y subidas, momentos planos en el recorrido y eso es muy similar a la vida misma, lo que permite autoanalizarse. Además se atraviesan diferentes aldeas, se comparte mucho, algo que a uno lo enriquece”.
Guerra después del camino a Santiago…
“A veces nuestro tiempo se mide en distancia y la distancia mide el pasado, pasado que ha sido base fundamental para mirar detenidamente cada paso que se avanza. Los caminos ofrecen un desafío descubriendo en él las maravillas y sensaciones intransferibles que ponen la dosis exacta y sutil para que avances cautelosamente…”
¿Qué temas incluye su “Antología”
Temas de su último disco Antología: “Por el mundo que transito”, “Campesino amigo”, “Mi brindis”, “El Milagro”, “De profesión meretriz”, “Loco mundo”, “Cuéntame paisano hermano”, “Mujer de todos los tiempos”, “El río no es solo eso”, “Charlando con uno mismo”, “Por el valle de agua”, “La patria gaucha”, “Cuando recién sale el sol”, “De paso en una bañada”, “Mi pueblo entre serranías”, “La rochense”. Quienes tengan interés en conocer en profundidad el trabajo de Daniel Guerra,  pueden contactarse con el cantautor a través de danielguerra@shggyrecords.com, o al celular 096271973.

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Omar Aguilera… un infaltable en los remates de Invernizzi

Omar Aguilera nació el 5 de abril de 1948, tiene 66 años y lleva “apenas 47” trabajando con la misma familia. Está casado con María Teresa, tiene una hija- Laura- y tres nietos: Nicolás, de 18  años, Eugenia de 16 y  Martín de 6 años. Siempre atento a su  labor como administrativo en un escritorio de negocios  rurales, acompañando además a la firma en sus remates ganaderos mensuales, recibió a EL PUEBLO,  rememorando anécdotas y haciendo un análisis de lo que han sido estos casi 50 años trabajando para varias generaciones de la familia Invernizzi.

¿Cuándo comenzó a trabajar  con la familia Invernizzi?
“Comencé trabajando como mandadero en un comercio que estaba en calle Joaquín Suárez y Uruguay, que se dedicaba a la venta de bicicletas, repuestos  y materiales eléctricos. Como era curioso, me gustaba aprender y había estudiado para administrativo, a fines del 70, me fui  para la otra firma (Invernizzi y Pizzarossa Negocios Rurales), que entonces estaba en calle Artigas (Entre Larrañaga y Sarandí), allí estuve  31 años. Luego de que los integrantes de esa firma se separaran, seguí con Federico (Invernizzi), con quien estoy desde hace 12 años”. Comenzó trabajando con Eduardo Invernizzi, luego continuó con Eduardo Invernizzi (hijo) y actualmente está con Federico.
Empezó a trabajar en el año 1965 cuando terminó sus estudios.
¿Qué estudio hizo para la función que cumple?
Estudié teneduría de libros, en el Instituto Irrazábal que estaba en calle Uruguay, donde nos enseñaban caligrafía, dactilografía y contabilidad.
Por eso tiene una letra muy correcta…
Antes la tenía mejor, con el transcurso del tiempo, inclusive  con la parte de los remates, donde tenés que trabajar rápido, eso te afea la letra.
¿Cuál es su labor?
“Soy administrativo, trabajo haciendo la parte de contabilidad del escritorio, estuve siempre en el mismo ramo. En los remates hago las boletas, que a mi entender es donde comienza el remate, porque si de allí sale algo mal, queda todo mal”.  En la boleta anota quién compra, de quién es el ganado y la categoría del mismo, “es importante que allí quede bien indicado que lo que se vende es la misma categoría que entró a la pista”. Previo al comienzo del remate, se hace un listado de los vendedores, la categoría y  la cantidad de animales que trajo, además se hace un listado con el orden de ventas. “Actualmente me ayudan las dos hijas de Federico (Florencia y Pía), siempre están y su hijo, Federico Manuel que siempre anda por acá (en el escritorio)”.
¿Cuáles son los mayores cambios respecto a los remates de antes?
Ahora hay una facilidad más grande para trabajar, hay más exigencias y está todo muy controlado, los ganados para el remate tienen que venir  en perfectas condiciones, bien “trazados”,  todo en perfectas condiciones, da más trabajo pero implica una mejor organización y facilita las cosas. Los remates de antes eran mucho más grandes,  el local (Santa Catalina) siempre fue el mismo, antes había mucho más ganado para la venta en ferias, inclusive había venta de mucho ganado gordo, porque antes había muchos carniceros, abastecedores tanto de Salto como de Paysandú y Constitución. Prácticamente todos eran llevados al local en tropas, había muy pocos camiones para el traslado. Casi siempre se hacían ferias dos veces al mes, en las fechas que aún son tradicionales para los remates en ese local; los días 8 y 23 de cada mes.
¿Qué es lo que más extraña de la época “de antes”?
La pregunta le despierta cierta emoción y enternecimiento, y luego responde: “La reunión con la gente. Cuando terminaba el remate siempre nos reuníamos, había fogón con todos los troperos, nos arrimábamos a charlar… tengo muchos recuerdos lindos, habían remates que por  ser tan grandes empezaban de mañana. Recuerdo la gente de antes que era más alegre que la de ahora, la gente ahora vive muy preocupada, con mucho stress, antes usted hablaba con ellos y tenían  una gracia que no la tienen hoy. Imagínese que a veces uno ve a los  muchachos que parece que no tienen fe en el trabajo que están haciendo, no tienen confianza en lo que están haciendo, y a mi me parece que la gente joven lo primero que tiene que tener es confianza en lo que hace. Si no, no salen bien  las cosas”.
¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Los sábados nos reunimos en mi casa, en el tiempo libre me gusta irme para afuera, me gusta más la campaña que la ciudad. Me gusta irme de campamento, me encanta pescar.
Cuéntenos una anécdota
Tengo muchas, pero hay una graciosa que siempre la cuento; una vez estábamos en un remate y siempre decimos que al remate no hay que dejarlo enfriar, los remates tienen que estar siempre activos, si no no anda. En un momento venía tan rápido que arranqué un juego de boletas y se las doy al muchacho que las reparte “tomá haceme la boleta de esas cinco vaquillonas que están ahí que estoy apurado”, ¿y sabe lo qué puso? “5 vacas quillonas”. (se ríe).
Una vez se confundió de trabajo…
Me pasó que una vez, y dada la costumbre de ir a trabajar tantos años al mismo escritorio, agarré mi motito, salí de casa y en la calle que va directo al escritorio, fui paré, y entré y me topé con los otros muchachos (la que se separó de la firma inicial)  y me di cuenta que me había equivocado. Extrañé siempre a todos mis compañeros, siempre me llevé bien con todos.
¿Qué lo lleva a seguir trabajando?
Porque tengo fuerza, y cuando usted se jubila, se reducen mucho los ingresos. Pienso seguir hasta que el físico me de. Mi familia me apoya, siempre fue así, siempre estuvieron a mi lado y lo que yo decida, ellos siempre están de acuerdo. Le mentiría si dijera que no estoy cansado, lo estoy, pero tengo fuerzas para trabajar y muchas veces no pienso en la jubilación.
¿Cuándo comenzó a trabajar  con la familia Invernizzi?
“Comencé trabajando como mandadero en un comercio que estaba en calle Joaquín Suárez y Uruguay, que se dedicaba a la venta de bicicletas, repuestos  y materiales eléctricos. Como era curioso, me gustaba aprender y había estudiado para administrativo, a fines del 70, me fui  para la otra firma (Invernizzi y Pizzarossa Negocios Rurales), que entonces estaba en calle Artigas (Entre Larrañaga y Sarandí), allí estuve  31 años. Luego de que los integrantes de esa firma se separaran, seguí con Federico (Invernizzi), con quien estoy desde hace 12 años”. Comenzó trabajando con Eduardo Invernizzi, luego continuó con Eduardo Invernizzi (hijo) y actualmente está con Federico.
Empezó a trabajar en el año 1965 cuando terminó sus estudios.
¿Qué estudio hizo para la función que cumple?
Estudié teneduría de libros, en el Instituto Irrazábal que estaba en calle Uruguay, donde nos enseñaban caligrafía, dactilografía y contabilidad.
Por eso tiene una letra muy correcta…
Antes la tenía mejor, con el transcurso del tiempo, inclusive  con la parte de los remates, donde tenés que trabajar rápido, eso te afea la letra.
¿Cuál es su labor?
“Soy administrativo, trabajo haciendo la parte de contabilidad del escritorio, estuve siempre en el mismo ramo. En los remates hago las boletas, que a mi entender es donde comienza el remate, porque si de allí sale algo mal, queda todo mal”.  En la boleta anota quién compra, de quién es el ganado y la categoría del mismo, “es importante que allí quede bien indicado que lo que se vende es la misma categoría que entró a la pista”. Previo al comienzo del remate, se hace un listado de los vendedores, la categoría y  la cantidad de animales que trajo, además se hace un listado con el orden de ventas. “Actualmente me ayudan las dos hijas de Federico (Florencia y Pía), siempre están y su hijo, Federico Manuel que siempre anda por acá (en el escritorio)”.
¿Cuáles son los mayores cambios respecto a los remates de antes?
Ahora hay una facilidad más grande para trabajar, hay más exigencias y está todo muy controlado, los ganados para el remate tienen que venir  en perfectas condiciones, bien “trazados”,  todo en perfectas condiciones, da más trabajo pero implica una mejor organización y facilita las cosas. Los remates de antes eran mucho más grandes,  el local (Santa Catalina) siempre fue el mismo, antes había mucho más ganado para la venta en ferias, inclusive había venta de mucho ganado gordo, porque antes había muchos carniceros, abastecedores tanto de Salto como de Paysandú y Constitución. Prácticamente todos eran llevados al local en tropas, había muy pocos camiones para el traslado. Casi siempre se hacían ferias dos veces al mes, en las fechas que aún son tradicionales para los remates en ese local; los días 8 y 23 de cada mes.
¿Qué es lo que más extraña de la época “de antes”?
La pregunta le despierta cierta emoción y enternecimiento, y luego responde: “La reunión con la gente. Cuando terminaba el remate siempre nos reuníamos, había fogón con todos los troperos, nos arrimábamos a charlar… tengo muchos recuerdos lindos, habían remates que por  ser tan grandes empezaban de mañana. Recuerdo la gente de antes que era más alegre que la de ahora, la gente ahora vive muy preocupada, con mucho stress, antes usted hablaba con ellos y tenían  una gracia que no la tienen hoy. Imagínese que a veces uno ve a los  muchachos que parece que no tienen fe en el trabajo que están haciendo, no tienen confianza en lo que están haciendo, y a mi me parece que la gente joven lo primero que tiene que tener es confianza en lo que hace. Si no, no salen bien  las cosas”.
¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Los sábados nos reunimos en mi casa, en el tiempo libre me gusta irme para afuera, me gusta más la campaña que la ciudad. Me gusta irme de campamento, me encanta pescar.
Cuéntenos una anécdota
Tengo muchas, pero hay una graciosa que siempre la cuento; una vez estábamos en un remate y siempre decimos que al remate no hay que dejarlo enfriar, los remates tienen que estar siempre activos, si no no anda. En un momento venía tan rápido que arranqué un juego de boletas y se las doy al muchacho que las reparte “tomá haceme la boleta de esas cinco vaquillonas que están ahí que estoy apurado”, ¿y sabe lo qué puso? “5 vacas quillonas”. (se ríe).
Una vez se confundió de trabajo…
Me pasó que una vez, y dada la costumbre de ir a trabajar tantos años al mismo escritorio, agarré mi motito, salí de casa y en la calle que va directo al escritorio, fui paré, y entré y me topé con los otros muchachos (la que se separó de la firma inicial)  y me di cuenta que me había equivocado. Extrañé siempre a todos mis compañeros, siempre me llevé bien con todos.
¿Qué lo lleva a seguir trabajando?
Porque tengo fuerza, y cuando usted se jubila, se reducen mucho los ingresos. Pienso seguir hasta que el físico me de. Mi familia me apoya, siempre fue así, siempre estuvieron a mi lado y lo que yo decida, ellos siempre están de acuerdo. Le mentiría si dijera que no estoy cansado, lo estoy, pero tengo fuerzas para trabajar y muchas veces no pienso en la jubilación.

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Mario de Césari: docente y panadero, con una rica historia para compartir

Dialogar con un docente de extensa trayectoria es siempre placentero para quienes peinamos canas, pero cuando se trata de un hombre sencillo, de hablar pausado y de una rica experiencia de vida para compartir, como la de Mario de Césari es particularmente grato. Procuramos reducir la extensa charla con él, que tuvo como atento testigo a su esposa, pronta para aportar el dato preciso, en las 10 preguntas y respuestas que siguen.

¿Qué familias recuerda?
Entre ellas, los Zunini, que estaban por Apolón, Los Baratta, los Menoni, Scarone y Massarino (padres del que era dentista). Todos eran agricultores, mi padre producía naranjas y luego los acopiadores eran los que se encargaban de arrancar la fruta. Después se producía verduras, legumbres y toda suerte de hortalizas que se siguen produciendo en las chacras.
Había productores de uva, y los demás, todos tenían alguna variedad de cultivo. Pero desde la Avda.  Gautrón hasta  el hipódromo, eran todos inmigrantes italianos, a principios del siglo 20. Mi padre se había casado con una señora de apellido Magnani, también de la zona, y esta había fallecido joven.
¿Su familia paterna?
Mi padre, Egidio Domingo Augusto de Césari Olivetti; vino a principios del siglo, pero mi madre, María Teresa Papa,  vino un poquito más tarde, alrededor de 1903. Se casaron aproximadamente en el 30. La pareja tuvo tres hijos, el mayor es fallecido. Quedamos yo y mi hermana, que en estos momentos se encuentra en México acompañando a su hija que es funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Primero estuvo en Buenos Aires y luego la trasladaron para México.
La dura etapa de la separación de sus padres
Luego -por esos vaivenes de la vida – la pareja se separó, siendo nosotros todavía muy chicos. Fíjese que yo nací en el (19) 36 y mi hermana tenía 5 años menos. Fue nurse en el Centro Médico y actualmente se halla jubilada. Nunca supimos por qué fue la separación. En lo personal, la separación llegó cuando yo tenía unos 5 años y mi madre con sus tres hijos se vino para la ciudad, a arreglarnos como podíamos. Así anduvimos entre la pobreza y la miseria, recuerda. Con mucho esfuerzo sobre todo de mi madre que hacía de lavandera, trabajaba de doméstica, fuimos saliendo adelante. Yo el trabajo que hacía era llevarle y traerle la ropa que ella lavaba y planchaba.
La Escuela a medio camino
Posteriormente empecé la Escuela, hice dos años en la Escuela No.13, en Concordia y Apolón. Como allá no había 5º ni 6º. Había que venir a la Escuela 8, que se llamaba “Escuela Gallino”, una familia en la zona de Talleres (en Santa Rosa y Diego Lamas), atrás de los talleres de AFE, que todavía se llamaban “el ferrocarril de los ingleses”. No terminé la escuela formalmente, a pesar de que tercer año lo hice ya en el edificio nuevo de la escuela 8, en la Avda. Batlle, pero como mi madre trabajaba y mi hermano también estaba empezando a hacerlo, mi madre me inscribió en la escuela Salesiana. Allí completé tercero y no fui más a la escuela. Tenía 9 años.
La primera etapa de panadero
Como mi hermano trabajaba ya en la panadería La Catalana (en ese tiempo en la esquina de Brasil y Santos Errandonea), me dijo que estaban precisando un aprendiz para la limpieza de los moldes y las tareas  elementales. Para entonces tenía 10 años, luego seguí trabajando y como había dejado la escuela, por allá por 1950, alguien me dijo que habían comenzado a dar cursos intensivos para quienes no habían terminado la escuela. Era un curso intensivo de un año. Así fue que me inscribí. Hice ese curso sobre la base de las asignaturas más comunes, como Historia, Matemática, Geografía, Español y al final había que dar una prueba de suficiencia. Así fue que la salvé y empecé el liceo, en el nocturno, porque de día trabajaba en la panadería.
Un “paréntesis” por el casamiento
Hice así todo el liceo y luego hubo un “paréntesis” porque nos casábamos. Mi señora tenía 19 años y yo 25, nos conocimos en el liceo  y estamos juntos desde entonces. Para esto ya había aprendido más de panadero y hasta hacía las veces de encargado, aunque había dos personas mayores por encima de mi. Luego como uno falleció y el otro se fue, me dejaron a mi como encargado, sobre todo de la parte de facturas y confituras, la firma en ese entonces era Riera y Abarno. Luego falleció Riera y Abarno no quiso seguir. Le pasó la panadería a los dos empleados más antiguos para que se la pagaran como pudieran. Eran también las dos personas que tenían más cultura, uno de ellos Dionisio Roldán, luego con el tiempo pasó a ser la firma Arce (que era el gerente) y Roldán.
La etapa en la docencia
En tanto yo seguía trabajando y también continuaba mis estudios.  Hice los preparatorios de Abogacía, terminé y como mi señora, profesora de Francés, trabajaba en el liceo, yo como bachiller me inscribí para dar clases, que se podía hacer en aquella época. A principios de la década del 70 estaba cursando profesorado en el Instituto Magisterial, pero como no había docentes de todas las asignaturas, había algunas que había que cursar a distancia. Nos mandaban los materiales y luego había que dar pruebas.
En esa década que estaba inscripto como aspirante me llamaron para dar clases, pero seguía trabajando en la panadería hasta determinada hora de la noche y durante el día daba clases. Recién en el 85 dejé la panadería, pero como trabajaba en la enseñanza y ya había que deambular de un liceo a otro, yo daba historia, geografía y astronomía. También di clases durante siete u ocho años en la UTU de Belén, adonde iba tres días a la semana y también daba clases en la UTU de Salto.
En el liceo de Constitución trabajé durante dos años (90 y 91). En la ciudad trabajé en varios liceos a excepción de los liceos 2 y 3. En UTU trabajé también como docente en los cursos técnicos. Yo dictaba clases en Taller de Humanidades, que precisamente incluía las asignaturas que le refería y que hoy se dan en el liceo.
Luego tuvo otra etapa de panadero…
Sí, ya jubilado de la docencia, cuando el hijo quedó sin trabajo en CALSAL, pusimos una panadería, en calle Vilardebó, entre Treinta y Tres y Larrañaga, donde trabajamos unos 10 años, pero él decidió terminar su preparación como óptico, en Montevideo, que había dejado trunca y así lo hizo. Fue cuando decidimos terminar con esta panadería. Pero también tuve una panadería del yerno, en Juan C. Gómez y Rivera (cuando ésta corría para el otro lado).
De niño vendía leche casa por casa
Cuando llegué a los 60 años de edad me jubilé en la docencia, en el año 96 y allí entre una y otra cosa había trabajado 50 años. Había hecho de todo, porque cuando era “gurí”, hasta salía con un tarro a vender leche casa por casa para un lechero, con una medida de un litro y un tarro de 10 litros, porque era el máximo que podía llevar. También trabajé en una zapatería (en calle Uruguay entre Cerrito y Piedras, donde luego estuvo Productos Fénix), de arreglos de zapatos, en ese entonces tenía 8 o 9 años.
Hijos y nietos todo un orgullo
Mario habla con satisfacción de lo vivido y no tiene un trabajo preferido “como todo lo hacía lo hacía con gusto”, todos me aportaron algo y guardo un buen recuerdo, añadió. Hoy con sus dos hijos con familia conformada, habla con orgullo tanto de ellos como de sus cuatro nietos, algunos ya cursando carreras universitarias. Otro de los temas de los que habla con orgullo, es de su afecto pro el Club Chaná, que luego trasmitió también a su hijo.

1 – ¿Qué familias recuerda?

Entre ellas, los Zunini, que estaban por Apolón, Los Baratta, los Menoni, Scarone y Massarino (padres del que era dentista). Todos eran agricultores, mi padre producía naranjas y luego los acopiadores eran los que se encargaban de arrancar la fruta. Después se producía verduras, legumbres y toda suerte de hortalizas que se siguen produciendo en las chacras.

Había productores de uva, y los demás, todos tenían alguna variedad de cultivo. Pero desde la Avda.  Gautrón hasta  el hipódromo, eran todos inmigrantes italianos, a principios del siglo 20. Mi padre se había casado con una señora de apellido Magnani, también de la zona, y esta había fallecido joven.

2 –  ¿Su familia paterna?

Mi padre, Egidio Domingo Augusto de Césari Olivetti; vino a principios del siglo, pero mi madre, María Teresa Papa,  vino un poquito más tarde, alrededor de 1903. Se casaron aproximadamente en el 30. La pareja tuvo tres hijos, el mayor es fallecido. Quedamos yo y mi hermana, que en estos momentos se encuentra en México acompañando a su hija que es funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Primero estuvo en Buenos Aires y luego la trasladaron para México.

3 – La dura etapa de la separación de sus padres

Luego -por esos vaivenes de la vida – la pareja se separó, siendo nosotros todavía muy chicos. Fíjese que yo nací en el (19) 36 y mi hermana tenía 5 años menos. Fue nurse en el Centro Médico y actualmente se halla jubilada. Nunca supimos por qué fue la separación. En lo personal, la separación llegó cuando yo tenía unos 5 años y mi madre con sus tres hijos se vino para la ciudad, a arreglarnos como podíamos. Así anduvimos entre la pobreza y la miseria, recuerda. Con mucho esfuerzo sobre todo de mi madre que hacía de lavandera, trabajaba de doméstica, fuimos saliendo adelante. Yo el trabajo que hacía era llevarle y traerle la ropa que ella lavaba y planchaba.

4 – La Escuela a medio camino

Posteriormente empecé la Escuela, hice dos años en la Escuela No.13, en Concordia y Apolón. Como allá no había 5º ni 6º. Había que venir a la Escuela 8, que se llamaba “Escuela Gallino”, una familia en la zona de Talleres (en Santa Rosa y Diego Lamas), atrás de los talleres de AFE, que todavía se llamaban “el ferrocarril de los ingleses”. No terminé la escuela formalmente, a pesar de que tercer año lo hice ya en el edificio nuevo de la escuela 8, en la Avda. Batlle, pero como mi madre trabajaba y mi hermano también estaba empezando a hacerlo, mi madre me inscribió en la escuela Salesiana. Allí completé tercero y no fui más a la escuela. Tenía 9 años.

5 – La primera etapa de panadero

Como mi hermano trabajaba ya en la panadería La Catalana (en ese tiempo en la esquina de Brasil y Santos Errandonea), me dijo que estaban precisando un aprendiz para la limpieza de los moldes y las tareas  elementales. Para entonces tenía 10 años, luego seguí trabajando y como había dejado la escuela, por allá por 1950, alguien me dijo que habían comenzado a dar cursos intensivos para quienes no habían terminado la escuela. Era un curso intensivo de un año. Así fue que me inscribí. Hice ese curso sobre la base de las asignaturas más comunes, como Historia, Matemática, Geografía, Español y al final había que dar una prueba de suficiencia. Así fue que la salvé y empecé el liceo, en el nocturno, porque de día trabajaba en la panadería.

6 – Un “paréntesis” por el casamiento

Hice así todo el liceo y luego hubo un “paréntesis” porque nos casábamos. Mi señora tenía 19 años y yo 25, nos conocimos en el liceo  y estamos juntos desde entonces. Para esto ya había aprendido más de panadero y hasta hacía las veces de encargado, aunque había dos personas mayores por encima de mi. Luego como uno falleció y el otro se fue, me dejaron a mi como encargado, sobre todo de la parte de facturas y confituras, la firma en ese entonces era Riera y Abarno. Luego falleció Riera y Abarno no quiso seguir. Le pasó la panadería a los dos empleados más antiguos para que se la pagaran como pudieran. Eran también las dos personas que tenían más cultura, uno de ellos Dionisio Roldán, luego con el tiempo pasó a ser la firma Arce (que era el gerente) y Roldán.

7 – La etapa en la docencia

En tanto yo seguía trabajando y también continuaba mis estudios.  Hice los preparatorios de Abogacía, terminé y como mi señora, profesora de Francés, trabajaba en el liceo, yo como bachiller me inscribí para dar clases, que se podía hacer en aquella época. A principios de la década del 70 estaba cursando profesorado en el Instituto Magisterial, pero como no había docentes de todas las asignaturas, había algunas que había que cursar a distancia. Nos mandaban los materiales y luego había que dar pruebas.

En esa década que estaba inscripto como aspirante me llamaron para dar clases, pero seguía trabajando en la panadería hasta determinada hora de la noche y durante el día daba clases. Recién en el 85 dejé la panadería, pero como trabajaba en la enseñanza y ya había que deambular de un liceo a otro, yo daba historia, geografía y astronomía. También di clases durante siete u ocho años en la UTU de Belén, adonde iba tres días a la semana y también daba clases en la UTU de Salto.

En el liceo de Constitución trabajé durante dos años (90 y 91). En la ciudad trabajé en varios liceos a excepción de los liceos 2 y 3. En UTU trabajé también como docente en los cursos técnicos. Yo dictaba clases en Taller de Humanidades, que precisamente incluía las asignaturas que le refería y que hoy se dan en el liceo.

8 – Luego tuvo otra etapa de panadero…

Sí, ya jubilado de la docencia, cuando el hijo quedó sin trabajo en CALSAL, pusimos una panadería, en calle Vilardebó, entre Treinta y Tres y Larrañaga, donde trabajamos unos 10 años, pero él decidió terminar su preparación como óptico, en Montevideo, que había dejado trunca y así lo hizo. Fue cuando decidimos terminar con esta panadería. Pero también tuve una panadería del yerno, en Juan C. Gómez y Rivera (cuando ésta corría para el otro lado).

9 – De niño vendía leche casa por casa

Cuando llegué a los 60 años de edad me jubilé en la docencia, en el año 96 y allí entre una y otra cosa había trabajado 50 años. Había hecho de todo, porque cuando era “gurí”, hasta salía con un tarro a vender leche casa por casa para un lechero, con una medida de un litro y un tarro de 10 litros, porque era el máximo que podía llevar. También trabajé en una zapatería (en calle Uruguay entre Cerrito y Piedras, donde luego estuvo Productos Fénix), de arreglos de zapatos, en ese entonces tenía 8 o 9 años.

10 – Hijos y nietos todo un orgullo

Mario habla con satisfacción de lo vivido y no tiene un trabajo preferido “como todo lo hacía lo hacía con gusto”, todos me aportaron algo y guardo un buen recuerdo, añadió. Hoy con sus dos hijos con familia conformada, habla con orgullo tanto de ellos como de sus cuatro nietos, algunos ya cursando carreras universitarias. Otro de los temas de los que habla con orgullo, es de su afecto pro el Club Chaná, que luego trasmitió también a su hijo.

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La música y el canto como estilo de vida

Con María Servera de Duré Profesora de Canto, Guitarra, Piano y Acordeón. “Estoy convencida de amar la docencia… me ha brindado grandes satisfacciones” Le caemos en su domicilio sin avisar… ya es de nochecita y nos confunde con algún padre de sus alumnos… ni bien la miramos a los ojos nos percatamos que estamos frente a una artista completa.
Docente de piano, guitarra y canto  - que supo apuntalar a grandes figuras de la música que ha engendrado nuestro pueblo.
Su anatomía raya ya en más de siete décadas pero su espíritu no se puede contabilizar en años. María Servera de Duré (78) (conocida en el ámbito artístico como María Duré), en todo momento de la amena charla nos comparte su particular humor y revive cada anécdota con la pasión de una mujer que ha amado la música desde su primer día en este mundo.
Descubrimos que nació en la vecina orilla pero Salto fue su tierra de adopción.
En su juventud  realizó muchas presentaciones con su esposo – también músico y con sus alumnos supo llevarse el máximo galardón fuera y dentro del país.
Por eso nuestro Al Dorso “Las Diez de la última” se pone sus prendas de gala para reconocer a una artista y docente que ha dejado su huella y continúa aún sembrando el buen desarrollo del talento en las nuevas generaciones.
Con María Servera de Duré Profesora de Canto, Guitarra, Piano y Acordeón. “Estoy convencida de amar la docencia… me ha brindado grandes satisfacciones” Le caemos en su domicilio sin avisar… ya es de nochecita y nos confunde con algún padre de sus alumnos… ni bien la miramos a los ojos nos percatamos que estamos frente a una artista completa.
Docente de piano, guitarra y canto  - que supo apuntalar a grandes figuras de la música que ha engendrado nuestro pueblo.
Su anatomía raya ya en más de siete décadas pero su espíritu no se puede contabilizar en años. María Servera de Duré (78) (conocida en el ámbito artístico como María Duré), en todo momento de la amena charla nos comparte su particular humor y revive cada anécdota con la pasión de una mujer que ha amado la música desde su primer día en este mundo.
Descubrimos que nació en la vecina orilla pero Salto fue su tierra de adopción.
En su juventud  realizó muchas presentaciones con su esposo – también músico y con sus alumnos supo llevarse el máximo galardón fuera y dentro del país.
Por eso nuestro Al Dorso “Las Diez de la última” se pone sus prendas de gala para reconocer a una artista y docente que ha dejado su huella y continúa aún sembrando el buen desarrollo del talento en las nuevas generaciones.
¿Cuándo comenzó su historia con los instrumentos y el canto?
-“Tenía 14 años y ya enseñaba. Soy profesora de piano, guitarra y canto, también estudié acordeón.
Estudié muchísimos años como para saber corregir y sacar lo mejor de los alumnos.
Enseñarles a cómo impostar la voz, manejar el aire, llevar la lengua al fondo, mantener una buena postura”.
Sus primeras lecciones las recibió de una docente que en aquel entonces vino desde Alemania a residir a Salto, lo que le dio a María Duré una solvencia tanto en los conocimientos como en la técnica.
¿Salteña?
-“No… soy del otro lado del charco…(Concordia)…pero me vine de niña a vivir aquí, donde me formé y comencé este largo camino con la música.
¿Su vocación artística por qué línea viene?
-“Francamente no sé… cuando vine me encontré con un piano y desde muy chiquita comencé con las lecciones si bien ya tocaba sin haber estudiado.
Escuchaba lo que sonaba en la radio y luego lo reproducía en el instrumento. También me gustaba cantar”
¿Cómo era en ese tiempo el contexto de la música?
-“Terrible… que la mujer cantara era visto como prostibular… no se estilaba en aquel tiempo”.
Me dediqué al canto lírico y al principio me resistía… quería otro estilo pero cuando quise acordar estaba metida de cabeza en lo lírico (hace una pausa para vocalizar y nos sorprende como conserva intacto su timbre vocal).
Aprendió guitarra clásica con la Prof. Carmen Torraza de Zino y luego tomó el camino del canto hasta obtener su diploma.
¿Qué opinión le merece el contar con una base musical clásica?
-“Creo que es una base fundamental… se aprende a colocar la voz, a impostar y manejar en forma adecuada el aire.
Todo lleva su trabajo y proceso… aprendí muchas peculiaridades de la técnica, observando, estudiando y escuchando.
Aparte estoy convencida que tengo un ángel al lado.
Para la didáctica me inspiro mucho en la naturaleza, en las plantas, los colores.
Primero es necesario aprender a respirar, luego a hacer que la voz suene, luego cantar.
A las canciones hay que recrearlas, vivirlas… por algún motivo fueron escritas y ese mensaje hay que saberlo transmitir.
Una música nos transmite muchas cosas y nos conecta con distintos elementos que nos rodean.
Volviendo a antaño. ¿Cómo era la movida cultural de aquella época?
-“Muy estricta en todo sentido… no salíamos de las polleras de nuestras madres… no se salía sola jamás.
En ese tiempo había una confitería donde brindaba su show Juan Carlos Morgan y el Maestro Peruchena.
Creo que la confitería estaba ubicada donde hoy están las Tiendas Montevideo. Era un lugar hermoso.
Morgan interpretaba tangos, valses y milongas… también el ritmo de fox.
Cada cantante debe contar con un maestro de canto, porque nunca hay que dejar de estudiar y vocalizar.
Cuando murió mi profesora, yo dejé de cantar; por supuesto que es fundamental caer en manos de un buen docente, de lo contrario el cantante puede perjudicar su voz.
El canto para mí es algo que nunca se va a perder… el tema es que han menguado las exigencias en el estudio.
Antes se debían leer muchos libros y hoy muchas veces se va a clases con un simple cuadernito”.
Viniéndonos más adelante en el tiempo ¿Cómo fue la época en que dirigió el grupo juvenil Burbujas?
-“Fue maravillosa… formaban parte del grupo Stella Moreira, Sandra Cancela, Ricardo Fernández, Joselo Frola, Carmen Díaz, Federico… viajamos muchos y se cosecharon varios premios.
Hoy estoy más enfocada al estudio, y los chiquilines que vienen a clases es porque realmente les gusta.
Si bien tuve una etapa como artista, me di cuenta que lo que verdaderamente quería era enseñar”.
¿Quedó algún sueño por cumplir?
-“Me hubiera gustado incursionar en la danza y ser profesora de baile y tener dinero para poder cumplir un proyecto grande. Con nuestro grupo logramos ganar muchos premios”.
¿Con su esposo Héctor Duré llegaron a hacer algunos shows juntos?
-“Solamente en el ámbito del Conservatorio Municipal con el Maestro Peruchena. Nos conocimos estudiando con la misma docente… en esa época éramos muy jóvenes… donde iba yo estaba él (sonríe)… luego nos pusimos de novios y nos casamos”.
De los cantantes consagrados siente preferencia por Cristian Castro, Shakira, ésta última por ser tan particular y única”.
Para la docente es importante que el artista logre el sello propio y no convertirse en una copia o imitación.
Reconoce que a veces va más allá de los límites de la exigencia pero que está dotada de mucha paciencia para lidiar con el alumnado.
Para María Duré el tema de la producción en el artista es muy importante porque éste debe tener respeto por el público. Comienza con sus clases a las ocho de la mañana y a veces son las diez de la noche y todavía sigue atendiendo alumnos.
¿A qué le teme?
-“A la soledad… me gusta siempre sentir bochinche, alegría… movimiento”. El que quiere llegar a algún lugar en la vida, puede con fuerza de voluntad.
María Duré debió atravesar un complicado momento de salud, pero aferrada a su fe, logró vencer la enfermedad.
Está convencida de lo que hace y esa combinación de música y docencia son el motor de su vida, junto a esa capacidad de sorprender y sorprenderse.

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Un médico del que todos hablan

¿Qué función cumple en la Intendencia?
Soy telefonista, la persona que con mis otros tres compañeros le damos la bienvenida a la  Intendencia de Salto. Es un trabajo que me encanta y los  4 que estamos allí lo hacemos con mucha dedicación porque nos gusta lo que hacemos.
¿Cuántos años de funcionaria?
Llevo diez años como funcionaria.
Actualmente preside ADEOMS…
Sí actualmente sí. El 15 de noviembre último fui elegida por mis compañeros de Consejo Directivo para presidir eventualmente por un año el sindicato de ADEOMS.
¿Cuáles son los temas que más preocupan a ADEOMS en estos momentos?
Varios, el principal  es el de las calificaciones. Tenemos las expectativas de una adecuación salarial y de una presupuestación  ajustada a un criterio justo y ecuánime..
¿Cuáles son las dificultades?
En cuanto a calificación. Ya tendría que estar laudado pero lo que pasó es que los calificadores  primarios no nos  dieron vista de lo que habían resuelto en materia de calificaciones, a ninguno de nosotros de los puntajes y no nos parecía lógico que comenzara el tribunal a trabajar si nosotros no conocíamos  nuestros puntajes. De allí que se hizo una asamblea de delegados donde se pidió que realizara esa etapa que se había dejado trunca y nos pareció que no podíamos pasar a la segunda etapa, que es el tribunal de calificaciones sin haber el compañero haber pasado por esa etapa de que se le diera vista .
¿Por qué en el sindicalismo  y quién le motivó?
Lo mío comenzó desde estudiante que fui un poco la rebelde de la familia, recuerdo que una de las primeras marchas estudiantiles, en plena dictadura yo ya estaba participando, allí comencé en la parte estudiantil. Luego siempre me gustó, como también la  parte social que están muy ligada una con la otra, si bien no es lo mismo se rozan. Luego cuando ingresé a la Intendencia lo hice como zafral. Cuando el período de Malaquina terminó y comenzó el del Maestro Fonticiella  doce mujeres fuimos dejadas sin trabajo y nos vimos desamparados tanto por la administración que dejaba el escribano Malaquina, como por el sindicato…
Hubo compañeros que nos motivaron a que diéramos lucha por el reintegro, uno de ellos es mi actual compañero de la vida, Antonio Rodríguez, fue así que nos unimos y fuimos ante la mesa del Frente Amplio, a la Junta Departamental y adonde veíamos que podíamos plantear nuestra problemática lo hacíamos…,  hasta que Fonticiella tomó la decisión política de retomarnos.
He tenido grandes referentes, el primero quien hoy comparte la vida conmigo. Otro de mis referentes fue “pololo” Brunetti, a quien lamentablemente  este año hará ya tres años que no está físicamente entre nosotros, pero fue un gran sindicalissta y un gran compañero, quien tomó la bandera de nuestra lucha y junto con nosotras doce, comenzó a reunirse   hasta que logramos que nos retomaran.
Una satisfacción que recuerde en particular.
Son muchas, de compañeros de venir a decirme, yo soy fulano y quiero agradecerte porque cuando tuve a mí señora o a mí hijo enfermo tu estuviste siempre a mí lado. Así no fuera yo  personalmente, pero alguien en representación del sindicato estaba siempre allí, ya fuera personal o telefónicamente
Eso para mi es una satisfacción, porque cuando ese compañero estaba pasando por un tema difícil, nosotros estábamos allí de alguna manera.
Más allá de la lucha que nosotros podamos dar gremialmente, la parte social, la parte humana es importantísima. Estar en los momentos en que humanamente son difíciles de sobrellevar, para mi es importantísimo que el sindicato esté junto al socio, esté de alguna manera acompañándolo.
En estos momentos ADEOM Salto fue elegido para presidir la federación nacional de municipales  y en estos momentos yo  ocupo la secretaría general y también allí hemos tenido muchas satisfacciones. Lo último, fue que el congreso de intendentes no recibía a los funcionarios municipales de la federacion y el mes pasado la recibió.
La contracara, alguna frustración o alguna amargura en la lucha gremial…
La mayor amargura es ver a un compañero que queda sin trabajo, que es cesado. Para mi eso es un dolor enorme,  porque más allá que no sea socio de ADEOMS  es un trabajador que queda sin su fuente laboral. Hace muy poco yo tomé la bandera de un compañero que había quedado cesante como inspector de tránsito, tuvo una entrevista conmigo y en él vi reflejado a mí hijo, un muchacho muy joven, muy educado, muy bien. Lo primero que me dijo fue yo no soy socio del gremio, pero es el último recurso que tengo, venir para que Ud. Me ayude. Para mí fue una gran satisfacción cuando de la administración me llamaron para decirme, “mire Mónica la persona por quien Ud. Habló y el sindicato estuvo preocpado vaa ser tomada nuevamente a partir de Abril…Son de las grandes satisfacciones, pero la amargura es cuando un funcionario es cesado y queda sin su fuente laboral.
¿Cómo es actualmente el diálogo con el Intendente?
Nosotros tenemos un buen diálogo, es decir, nosotros en los últimos tiempos hemos negociado con (el departamento ) “Gestión  Humana”, pero hace muy poco hemos pedido una reunión en la que estuviera presente el intendente y la secretaria. Ambos no estaban en Salto y no participaron de la reunión y por lo tanto ADEOMS había decidido que no iba a mantener la reunión si alguno de ellos no estaba presente. Ahora si han marcado la reunión para el día 2 de mayo en que uno de los dos va a estar presente…
Nosotros mantenemos un buen diálogo, conversamos, negociando, a veces llegamos a acuerdos y a veces no. Como todo, discutimos fuerte y nosotros vamos en pro de las reivindicaciones que creemos que tenemos derecho a ellas. Tenemos una modificación presupuestal que fue votada en el 2011 con la que todavía tenemos diferencias y hoy todavía reclamamos cosas que aún no se han cumplido de esa modificación, pero hacemos el reclamo con altura, con educación que es la forma de negociar que hemos definido. Por eso tal vez en losúltimos años no hemos tomado medidas más duras, porque tenemos una ley de negociación colectiva donde lo que prima es el diálogo y la negociación y a ella nos ajustamos.
- ¿No más paros y huelgas entonces?
No, esa posibilidad siempre está, porque obviamente que cuando agotamos todos los recursos vamos a tomar las medidas que  todo sindicato tiene en su manga procurando conquistar lo que pedimos…
No es fácil describir en pocas palabras a un hombre que se convirtió, desde su rol de médico, en un referente para sus colegas y en una personalidad de relevancia para la sociedad salteña.
El Dr. Néstor Campos Pierri,o el “Gordo” Campos, ya jubilado,  a sus 68 años, contó algunas cosas de su vida para nuestra sección semanal Al Dorso.
¿Cuándo se te prendió la lamparita para hacer medicina?
Yo que se. Creo que cuando iba al liceo ya quería ser médico, tenía un tío médico y después mi padre y mi hermano (Toto Campos) que me llevaba trece años y que eran dentistas y estaban en el área de la salud. En mi casa había un taller donde hacían las dentaduras y capaz que fue ahí donde empezó mi vocación, no sabría decirte.
¿Y cuánto tiempo ejerciste la medicina?
Entré a Facultad en el año 1964. Yo tenía 18 años. Después trabajé por 41  como médico. En salud pública trabajé por 45 años, estuve 28 años trabajando en la Facultad de Medicina, 10 en Montevideo y 18 en Salto. Y en el Mutualismo estuve 43 años, entré a trabajar como practicante en el CASMU. Pero nadie se quiere jubilar. Cuando sos joven no ves la hora. Pero cuando te llega la hora no te querés jubilar, porque se trata de dejar de un día para otro lo que hiciste toda la vida. Aparte la medicina me fue atrapando tanto, que no hice otra cosa. Ahora sigo haciendo algo y voy a seguir ejerciendo la docencia en la Facultad pero en forma honoraria. Sin cobrar un peso.
¿Pero tenés algo pendiente para hacer?
¿Sabés qué quiero hacer? Quiero recorrer el campo de Salto. Mi padre nació en Arerunguá y tengo imágenes, fogonazos de lo que puede ser toda aquella zona, Mataojo, todo aquello. Quiero ir a Guaviyú de Arapey de donde era mi abuelo, la familia de mi madre era Pierri Ferreira Gómez de apellido que son una familia inmensa de esa zona y quiero ir. Entonces tengo la fantasía de andar por el campo, porque siempre entre una cosa y otra y nunca pude. Además la asistencia te limita mucho y nunca podés ir a ningún lado. Eso es lo que quiero hacer.
¿Médicos, eran los de antes?
Ha cambiado el paradigma. Antes, en el Siglo XVII, se decía “Tratad al enfermo como tu quisieras ser tratado”. Ahora en el Siglo XXI el paradigma es Tratad al enfermo como él quiera ser tratado.Ha cambiado mucho y ahora todo se hace más apurado, pero no quiere decir que ahora no haya buenos médicos, al contrario, los hay.
¿Tenés cinco hijos y solamente uno salió médico, te hubiera gustado que los demás hicieran algo más relacionado con la medicina?
Y te gusta que sigan lo de uno. Aunque en mi caso cada uno de mis hijos tiene su perfil y creo que los padres no tienen que hacer que los hijos hagan lo que uno hizo en su vida. Ahora tengo a mi nieta mayor en casa y le digo que quiero que haga medicina, y ella como todo niño, con el médico que tiene contacto es con el pediatra. Y entonces ella comenta: el abuelo quiere que haga medicina y yo quiero ser pediatra. Y una vez me preguntó: abuelo, ¿el pediatra se tiene que levantar mucho de noche? (Se ríe). Pero los hijos tienen que hacer su vida, y hay que ayudarlos. Lo bueno es cuando saben que siempre pueden volver.
¿Alguna vez tuviste algún prejuicio por ser gordo, o porque te lo dijeran, o por la imagen que le das al paciente?
Yo soy gordo de niño, y nadie pensaba que iba a hacer medicina porque me gustaba mucho el campo, mi padre tenía una estancia chica cerca de Villa Constitución, que después nosotros la vendimos. Cuando era chico me encantaba el campo y montaba a caballo todo el día, y existía la barraca Trindade, que estaba en Uruguay y Viera, y me identificaban tanto con el campo y con la imagen de Michelin, la de los neumáticos, que me decían Gaucholín, porque era un gaucho gordo. Cuando entré a la Facultad pesaba 133 kilos, después adelgacé, me casé y bajé 20 kilos, la seguí remando entre idas y venidas, me fui a trabajar a Argentina en el 78, cuando me vine tenía 20 kilos más, y ahí me tomaban el pelo, me decían “uruguayo ¿qué comes?” Y después por una cuestión de salud, en el 2009 hice un adelgazamiento importante. Pero nunca tuve prejuicio de ser gordo. Cuando compro auto, no compro el auto que quiero, sino en el que entro. En el Magic (de Agencia Central) ando bárbaro, pero me dejas sin Magic y se complica, porque tengo que matar al que va al lado mío. Se que tengo que cuidarme. Pero nunca lo tomé por el lado de la imagen que le daba al paciente, que en realidad es algo así como los médicos que fuman.
¿Estuviste tentado a ingresar organizaciones como la masonería, o a otras más abiertas como el Rotary, o los Leones, por mencionar algunas?
Estuve en el Rotary, pero después tuve que salir por la cantidad de cosas que estaba haciendo, aunque tengo planes de volver pero cuando me estabilice con los horarios. Pero la masonería por ahora no pienso entrar. Aunque me han invitado a muchas cosas y de muchos lados.
¿Tenés alguna definición política?
No creo ni en la derecha ni en la izquierda, creo que hay gente bien en todos lados y malos en todos lados. A principios de los 90, Hugo Batalla vino a hablarme para ver si quería ser candidato de su sector en Salto. Y le dije: mire, yo estoy para la medicina, no me gusta la política y no me siento político. Hoy te puedo decir que soy salteño y quiero ayudar a Salto, esté el gobierno que esté. Me inclino por Salto, primero por el país, me tiro por el Uruguay, después por Salto. Conocí a Tabaré Vázquez en el Hospital de Clínicas. La última vez que lo vi, fue cuando él era presidente de la República y vino por los 250 años de Salto y firmamos un convenio con el Ministerio de Salud. Y ahí estuve con él y nos abrazamos, nos reencontramos. Tal es así que cuando él me vio, se levantó y me vino a saludar, y el ministro miró y le dijo a otro: che, este gordo debe ser un hombre importante acá.
¿Cuál puede ser una experiencia positiva que te haya dejado el ejercicio de la medicina?
Positiva. Un niño cae de una parra y resulta con traumatismo de cráneo, lo llevamos a Concordia para que hagan la tomografía y nos avisan que tiene un hematoma en tal lado. Entonces yo pedí que lo trajeran para operarlo acá. Y lo operamos de cirugía de cráneo acá. El niño se salvó pero quedó con secuelas. Y tres o cuatro años después (Campos me dice con la voz quebrada que aún se emociona al contarlo y para antes de seguir), me llegó una postal que decía “gracias a vos, hoy estoy escribiendo”.
Ahora contame una mala, si la hubo
Bueno, una negativa, con la que también me puse a llorar como loco. Cuando el accidente de un automóvil, que llevaba cuatro muchachos adentro y que tenían una damajuana de combustible y se prendieron fuego en la zona del Obelisco. Eran futbolistas (de Deportivo Artigas que había resultado campeón salteño el 7 de setiembre del 2003) y cuando los llevaron al Hospital, yo los miré, y dije, bueno acá hay tantos muertos, e indiqué lo que había que hacer, pero pensé aunque le hagamos lo que le hagamos, se van a morir igual. Y tuve que salir a un habitáculo al lado de donde los estábamos atendiendo para llorar antes de empezar a trabajar. Uno con el tiempo se va volviendo muy sensible.

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“…Siempre fui un poco la rebelde de la familia….”

Las 10 de la última, con…
Mónica Rodríguez, presidente de ADEOMS.

Las 10 de la última, con… Mónica Rodríguez, presidente de ADEOMS.

Mónica Rodríguez Blanco, tiene dos hijos que son su orgullo y lo admite muy contenta, Marcos, Tte Av. de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) y Lucrecia Galeano, sostuvo al ser entrevistada por EL PUEBLO, para esta sección.

¿Qué función cumple en la Intendencia?

Soy telefonista, la persona que con mis otros tres compañeros le damos la bienvenida a la  Intendencia de Salto. Es un trabajo que me encanta y los  4 que estamos allí lo hacemos con mucha dedicación porque nos gusta lo que hacemos.

¿Cuántos años de funcionaria?

Llevo diez años como funcionaria.

Actualmente preside ADEOMS…

Sí actualmente sí. El 15 de noviembre último fui elegida por mis compañeros de Consejo Directivo para presidir eventualmente por un año el sindicato de ADEOMS.

¿Cuáles son los temas que más preocupan a ADEOMS en estos momentos?

Varios, el principal  es el de las calificaciones. Tenemos las expectativas de una adecuación salarial y de una presupuestación  ajustada a un criterio justo y ecuánime..

¿Cuáles son las dificultades?

En cuanto a calificación. Ya tendría que estar laudado pero lo que pasó es que los calificadores  primarios no nos  dieron vista de lo que habían resuelto en materia de calificaciones, a ninguno de nosotros de los puntajes y no nos parecía lógico que comenzara el tribunal a trabajar si nosotros no conocíamos  nuestros puntajes. De allí que se hizo una asamblea de delegados donde se pidió que realizara esa etapa que se había dejado trunca y nos pareció que no podíamos pasar a la segunda etapa, que es el tribunal de calificaciones sin haber el compañero haber pasado por esa etapa de que se le diera vista .

¿Por qué en el sindicalismo  y quién le motivó?

Lo mío comenzó desde estudiante que fui un poco la rebelde de la familia, recuerdo que una de las primeras marchas estudiantiles, en plena dictadura yo ya estaba participando, allí comencé en la parte estudiantil. Luego siempre me gustó, como también la  parte social que están muy ligada una con la otra, si bien no es lo mismo se rozan. Luego cuando ingresé a la Intendencia lo hice como zafral. Cuando el período de Malaquina terminó y comenzó el del Maestro Fonticiella  doce mujeres fuimos dejadas sin trabajo y nos vimos desamparados tanto por la administración que dejaba el escribano Malaquina, como por el sindicato…

Hubo compañeros que nos motivaron a que diéramos lucha por el reintegro, uno de ellos es mi actual compañero de la vida, Antonio Rodríguez, fue así que nos unimos y fuimos ante la mesa del Frente Amplio, a la Junta Departamental y adonde veíamos que podíamos plantear nuestra problemática lo hacíamos…,  hasta que Fonticiella tomó la decisión política de retomarnos.

He tenido grandes referentes, el primero quien hoy comparte la vida conmigo. Otro de mis referentes fue “pololo” Brunetti, a quien lamentablemente  este año hará ya tres años que no está físicamente entre nosotros, pero fue un gran sindicalissta y un gran compañero, quien tomó la bandera de nuestra lucha y junto con nosotras doce, comenzó a reunirse   hasta que logramos que nos retomaran.

Una satisfacción que recuerde en particular.

Son muchas, de compañeros de venir a decirme, yo soy fulano y quiero agradecerte porque cuando tuve a mí señora o a mí hijo enfermo tu estuviste siempre a mí lado. Así no fuera yo  personalmente, pero alguien en representación del sindicato estaba siempre allí, ya fuera personal o telefónicamente

Eso para mi es una satisfacción, porque cuando ese compañero estaba pasando por un tema difícil, nosotros estábamos allí de alguna manera.

Más allá de la lucha que nosotros podamos dar gremialmente, la parte social, la parte humana es importantísima. Estar en los momentos en que humanamente son difíciles de sobrellevar, para mi es importantísimo que el sindicato esté junto al socio, esté de alguna manera acompañándolo.

En estos momentos ADEOM Salto fue elegido para presidir la federación nacional de municipales  y en estos momentos yo  ocupo la secretaría general y también allí hemos tenido muchas satisfacciones. Lo último, fue que el congreso de intendentes no recibía a los funcionarios municipales de la federacion y el mes pasado la recibió.

La contracara, alguna frustración o alguna amargura en la lucha gremial…

La mayor amargura es ver a un compañero que queda sin trabajo, que es cesado. Para mi eso es un dolor enorme,  porque más allá que no sea socio de ADEOMS  es un trabajador que queda sin su fuente laboral. Hace muy poco yo tomé la bandera de un compañero que había quedado cesante como inspector de tránsito, tuvo una entrevista conmigo y en él vi reflejado a mí hijo, un muchacho muy joven, muy educado, muy bien. Lo primero que me dijo fue yo no soy socio del gremio, pero es el último recurso que tengo, venir para que Ud. Me ayude. Para mí fue una gran satisfacción cuando de la administración me llamaron para decirme, “mire Mónica la persona por quien Ud. Habló y el sindicato estuvo preocpado vaa ser tomada nuevamente a partir de Abril…Son de las grandes satisfacciones, pero la amargura es cuando un funcionario es cesado y queda sin su fuente laboral.

¿Cómo es actualmente el diálogo con el Intendente?

Nosotros tenemos un buen diálogo, es decir, nosotros en los últimos tiempos hemos negociado con (el departamento ) “Gestión  Humana”, pero hace muy poco hemos pedido una reunión en la que estuviera presente el intendente y la secretaria. Ambos no estaban en Salto y no participaron de la reunión y por lo tanto ADEOMS había decidido que no iba a mantener la reunión si alguno de ellos no estaba presente. Ahora si han marcado la reunión para el día 2 de mayo en que uno de los dos va a estar presente…

Nosotros mantenemos un buen diálogo, conversamos, negociando, a veces llegamos a acuerdos y a veces no. Como todo, discutimos fuerte y nosotros vamos en pro de las reivindicaciones que creemos que tenemos derecho a ellas. Tenemos una modificación presupuestal que fue votada en el 2011 con la que todavía tenemos diferencias y hoy todavía reclamamos cosas que aún no se han cumplido de esa modificación, pero hacemos el reclamo con altura, con educación que es la forma de negociar que hemos definido. Por eso tal vez en losúltimos años no hemos tomado medidas más duras, porque tenemos una ley de negociación colectiva donde lo que prima es el diálogo y la negociación y a ella nos ajustamos.

¿No más paros y huelgas entonces?

No, esa posibilidad siempre está, porque obviamente que cuando agotamos todos los recursos vamos a tomar las medidas que  todo sindicato tiene en su manga procurando conquistar lo que pedimos…

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Buscando un milagro, no un imposible

Un padre que busca a su hija salteña tras 39 años de ausencia

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.
“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.
El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.
“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.
“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.
LA BÚSQUEDA
“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.
Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.
Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.
Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.
Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.
MÁS DATOS
Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.
Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.
“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.
Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.
Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.
UNA AGUJA EN UN PAJAR
Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.
Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.
Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.
Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.
“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.

“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.

El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.

“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.

“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.

LA BÚSQUEDA

“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.

Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.

Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.

Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.

Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.

MÁS DATOS

Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.

Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.

“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.

Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.

Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.

UNA AGUJA EN UN PAJAR

Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.

Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.

Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.

Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.

“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

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Quien desde hace más de 50 años hace cometas de forma artesanal

“¡Muchachos…!
A la quinta Recaeta,
cada cual con su cometa.
Ay, que la mía no sube.
Ay, que sube
sube sube, mi cometa
y no el viento
sino mi corazón
le presta movimiento”
LÍBER FALCO
Con cuanta emoción esperábamos turismo desde pequeños muchos de nosotros para remontar nuestra cometa, esa que nos había hecho un hermano, un amigo, un tío o nuestro padre.
Pero el tiempo ha pasado y hoy vemos con nostalgia como los niños ya no esperan turismo con las mismas ansias que  antaño por remontar cometas…
Por eso hoy en nuestra sección semanal Al Dorso,  visitamos a un hacedor de cometas artesanal, con más de 50 años en el arte, quien contó los secretos de una buena cometa para que suba alto y mostró su desazón porque ya no se ven tantas cometas como antes en el cielo.

“¡Muchachos…!

A la quinta Recaeta,

cada cual con su cometa.

Ay, que la mía no sube.

Ay, que sube

sube sube, mi cometa

y no el viento

sino mi corazón

le presta movimiento”

LÍBER FALCO

Con cuanta emoción esperábamos turismo desde pequeños muchos de nosotros para remontar nuestra cometa, esa que nos había hecho un hermano, un amigo, un tío o nuestro padre.

Pero el tiempo ha pasado y hoy vemos con nostalgia como los niños ya no esperan turismo con las mismas ansias que  antaño por remontar cometas…

Por eso hoy en nuestra sección semanal Al Dorso,  visitamos a un hacedor de cometas artesanal, con más de 50 años en el arte, quien contó los secretos de una buena cometa para que suba alto y mostró su desazón porque ya no se ven tantas cometas como antes en el cielo.

“YO ME CRIÉ HACIENDO COMETAS”

Marcelo Gallarreta Dandaluz, nació el 28 de febrero de 1949, en Andrés Latorre al 1400 lugar donde aún vive con sus hijos y nietos, y sobre la pared de su casa que da a la vereda luce un cartel que dice “se hacen cometas, toque timbre”.

Es que Marcelo hace cometas de una forma artesanal desde hace más de cincuenta años y ha tomado este arte como oficio, ya que a su casa concurren tradicionalmente en esta época del año cientos de salteños aficionados a elegir su cometa “Gallarreta” para turismo, porque éstas ¡seguro suben!

Es el cuarto de ocho hermanos y de muy pequeño le gustó hacer y remontar cometas, “yo me crié haciendo cometas, en mis tiempos esto era todo campo”, dijo señalando con sus brazos todo alrededor “y en turismo todos remontábamos cometas, y yo empecé haciéndolas para los amigos y mis hermanos, siempre me gustó, hasta que me empezaron a pedir y me entusiasmé a hacerlas más elaboradas y de ahí no paré más”, comenzó contando Marcelo.

EL SECRETO PARA QUE UNA COMETA SUBA  ALTO

El secreto para una buena cometa está en las cañas y los tiros, así dijo Marcelo, “hay que tener en cuenta  que las cañas sean todas de la misma tajada y que todo esté bien medido para que quede equilibrada y los tiros, que son la base de la cometa. Yo aprendí solo, a hacer cometas y con los años fui cada vez perfeccionándome más”.

Cuando le preguntamos sobre el material que utiliza dijo, “de caña, siempre las hice igual, pero antes era con un papel uruguayo que venía de color liso y fuerte, después apareció el papel de coco que ahora no existe más, y ahora el celofán porque son colores muy lindos y a mí me gusta hacerlas de celofán, pero he hecho hasta con papel de regalo. Las cañas, tengo un vecino que me regala y después compro el celofán y otras cosas”, comentó.

“GRANADA” ES LA PREFERIDA Y HASTA  SE LA ENCARGAN PERSONAS MAYORES

“Hago cometas, faroles, de todo tipo, las que más piden son la granada, que es redonda con roncadores y flecos, después está la bomba que es toda redonda con flecos, la estrella que tiene todo roncadores en la vuelta, el lucero que tiene tres banderitas para arriba, también está el farol y así varios modelos pero el que más piden es la granada”, comentó este artesanal hacedor de cometas, que llegó a vender entre ochenta y cien cometas en la feria dominical de la plaza de deportes “en otros tiempos”.

Pero no solo los niños remontan cometas, “acá viene gente grande, parejas, novios y gente mayor que hace muchos años me compran y todos los años vienen a buscar su cometa para remontarla en el campo o en lugares libres, han venido hijos de esas personas a las que yo les vendía y que me siguen comprando también”, agregó.

LOS CONCURSOS DE COMETAS YA CASI NO SE VEN

“Las cometas Gallarreta son garantía de que suben bien” dijo sonriendo al hacer mención a su apellido como marca, “porque han ganado varios concursos” agregó entre risas, rememorando antiguos campeonatos en Villa Constitución, en las Termas, o la Costanera Norte, “pero ahora ya no se hacen más, es una lástima porque hay mucha gente a la que le gusta remontar cometas y no tienen el espacio para hacerlo y es algo muy divertido, a mí me encanta”.

Marcelo se tomó unos segundos para reflexionar y con la mirada baja comentó, “lo que pasa es que ahora todo cambió, hay muchos celulares y los gurises no son muy de remontar, y a mí un poco me perjudica, también esas cometas de nylon que vienen ahora con cañas de plástico para los niños también me ha quitado trabajo, pero no tienen nada que ver con una cometa artesanal de estas que suben bien alto”.

UNA COMETA DE UN JUGADOR DE ALMAGRO DE 2 METROS

“La cometa más novedosa que me acuerdo haber hecho fue un muñeco de fútbol con los colores de Almagro, me pidieron para remontarla en la cancha de Almagro y yo fui a verlo para ver si subía y subió lo más bien. Medía como dos metros y tenía las manos en las caderas como si estuviera parado, vestido de jugador de fútbol y eso es lo que más me acuerdo como novedad.  Ahora lo más que te pueden pedir es un farol grande”

DESDE $60 UNA GRANADA Y A ELECCIÓN

“Ayer (por el domingo) fui a la feria (de la plaza de deportes) a vender y muchas personas se acercaron a felicitarme porque son muy pocas personas las que continúan haciendo este tipo de cometas, algunos hacen un año o dos, pero yo debo  hacer más de cincuenta años que hago estas cometas. Y yo debo de ser uno de los que las vende más barato porque un farol grande anda en los $150, las granadas van de $ 60 para arriba, ahora estoy haciendo pedidos porque no pensaba que iba a vender tanto en la feria y me quedé sin nada, me fue bárbaro”, comentó.

HACER COMETAS “ME ENCANTA…ME VUELVE A LA INFANCIA”

Marcelo es muy celoso de su trabajo “a mí no me gusta que me ayuden porque soy muy detallista y las hago a mí modo, tengo mi tiempo para hacer los armazones, para marcar y las hago yo solo, pero a mi hija le gusta también así que creo que ella va a ser mi sucesora en esto”, dijo nuevamente con una gran sonrisa mientras su hija allí presente asentaba lo dicho por su padre respondiendo con otra sonrisa y un gesto con su cabeza.

“A mí me encanta hacer cometas, sino no lo haría, me vuelve a la infancia, y me gusta remontar también, además ahora tengo dos nietos y voy con ellos a remontarlas”, dijo sonriendo nuevamente.

DESDE “LOS INDIOS” DEL CARNAVAL

Pero Marcelo Gallarreta también es muy conocido por su faceta carnavalera, es que de muy joven participó en la fiesta del rey momo con carros alegóricos y disfraces de todo tipo, una pasión que heredó otro de sus hijos. “Yo voy a dejar en buenas manos todo lo que hago porque mi hija anda bien con las cometas y a mi hijo le gusta el Carnaval como a mí”, comentó.

“Yo tenía 18 años y con unos amigos escuchamos que la Comisión de Carnaval llamaba a inscripción para máscaras sueltas y dijimos ¿por qué no vamos? Así salimos con los indios. Y estuvimos quince años así, ya era una tradición salíamos con un carro alegórico. Después empecé a hacer todo tipo de carros, yo he desfilado con Rosaluna, Martha Gularte, y cantidad de personas que hace años salían acá. La mayoría son primer premio. Este año saqué el primer premio con el payaso. Y eso es otra cosa que me encanta, yo a veces miro un dibujo y agarro el alambre y ya lo empiezo a armar todo enseguida”.

Respecto al carnaval que actualmente disfrutamos, Marcelo dijo notarlo un poco frío. “Ahora yo lo que veo es que para desfilar está bien, pero le falta alegría a la gente, yo no sé si es porque antes podía entrar la gente de barrio, pero ahora yo veo que a veces están cenando o hablando entre ellos y hasta ni nos miran, y a lo mejor les preguntás después qué vieron y ni saben. Antes la gente aplaudía más y nosotros nos valemos de eso, de la alegría de la gente. Por eso yo lo veo más frío ahora”, comentó.

Sin embargo, nada aleja a Marcelo de hacer lo que tanto disfruta, “yo pienso seguir hasta que el cuerpo aguante, como dijo Luis Sandrini, yo me siento bien y con fuerza, y ya estoy pensando el carro que voy a hacer para el año que viene”, finalizó diciendo.

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Aún no pude superar haber dejado de correr

Hoy es policía de tránsito, aunque cumple tareas de custodia en un depósito municipal de motos y autos incautados por infracciones ubicado en el barrio la Aguada, casi enfrente de la Torre de Antel (empresa pública de telefonía). Luego de sus ocho horas diarias en dicho lugar cumple tareas como guardia de seguridad en un almacén en la Curva de Maroñas. Vive en el barrio Malvín Norte, en elmiguel direnna (4) conocido complejo de viviendas Euskal Erría. A pasos de ahí se desempeña como orientador técnico de la generación 2005 del Club Malvín Alto Baby Fútbol.  Nació en el barrio Lazareto y vivió su infancia también en el Cerro. En su adolescencia se trasladó a la capital del país, de donde retornó por unos años a Salto, para volver a irse y afincarse con su familia. Con sus 34 años Miguel Ángel Direnna Sattler recibió a EL PUEBLO gentilmente. Este salteño hace una década ganó “Rutas de América” y ocupó el podio varias veces tanto en dicha competencia internacional como en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. Un domingo por la mañana nos encontramos y, mate de por medio de mano en mano, discurrimos sobre el recuerdo de su historia, desde el barrio Lazareto, el Cerro, su primera bici, su venida a Montevideo, sus afectos, y su trayectoria deportiva.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO
Hizo Primaria “en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín” (enfrente a Jefatura y a la Plaza “33″) y hasta segundo de Secundaria “en el liceo Piloto del Cerro”. Nació en barrio Lazareto, “en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani”. Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: “extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado”.
VENDÍ LA BMX
“Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la “BMX” y me compré una bici de “media carrera”, bien común”, nos relata Miguel.
“Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos”. Recordó, de aquella época, a los “hermanos Romero”. El primer año fue “muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a “lo Dios que es grande”, a veces se olvida de las carreras y “me iba a pescar”.
Desde el primer día “hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios”.
TRAYECTORIA
Miguel fue ganador de “Rutas de América” en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de “contrarreloj individual”. Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).
A LOS 14 A MONTEVIDEO
Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. “Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté”. Con 17 años se fue a correr “al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría”. Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: “me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde “anduvimos bastante bien”. Con 18 años corrí “las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)”.
ENTRENAR Y ENTRENAR
“Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una “crono” (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto”. “Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría”.
¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?
“Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono”.
¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?
“Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.
¿Cómo decidiste dejar de correr?
Estaba corriendo en el club “Sales Supermercado” de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en “Rutas” y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta”.
¿Fue complicada la decisión?
“Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas”.
SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL
Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). “Ellos son mi mundo” nos dice orgulloso. “Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio”. Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el “Malvín Alto”. Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara”. Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. “Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol”, nos dice con entusiasmo.
POLICÍA
Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos (”ganaba más en mi anterior trabajo”). Tíos y primos han sido policías y “es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo”. Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.
SER SALTEÑO
Se emociona al recordar su época en Salto. “Soy salteño y la tierra te tira” nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. “Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina”.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO

Hizo Primaria “en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín” (enfrente a Jefatura y a la Plaza “33″) y hasta segundo de Secundaria “en el liceo Piloto del Cerro”. Nació en barrio Lazareto, “en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani”. Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: “extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado”.

VENDÍ LA BMX

“Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la “BMX” y me compré una bici de “media carrera”, bien común”, nos relata Miguel.

“Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos”. Recordó, de aquella época, a los “hermanos Romero”. El primer año fue “muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a “lo Dios que es grande”, a veces se olvida de las carreras y “me iba a pescar”.

Desde el primer día “hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios”.

TRAYECTORIA

Miguel fue ganador de “Rutas de América” en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de “contrarreloj individual”. Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).

A LOS 14 A MONTEVIDEO

Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. “Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté”. Con 17 años se fue a correr “al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría”. Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: “me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde “anduvimos bastante bien”. Con 18 años corrí “las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)”.

ENTRENAR Y ENTRENAR

“Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una “crono” (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto”. “Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría”.

¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?

“Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono”.

¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?

“Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.

¿Cómo decidiste dejar de correr?

Estaba corriendo en el club “Sales Supermercado” de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en “Rutas” y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta”.

¿Fue complicada la decisión?

“Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas”.

SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL

Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). “Ellos son mi mundo” nos dice orgulloso. “Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio”. Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el “Malvín Alto”. Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara”. Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. “Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol”, nos dice con entusiasmo.

POLICÍA

Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos (”ganaba más en mi anterior trabajo”). Tíos y primos han sido policías y “es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo”. Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.

SER SALTEÑO

Se emociona al recordar su época en Salto. “Soy salteño y la tierra te tira” nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. “Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina”.

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Un cantante que dejó huellas en la historia musical salteña

“Todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo
de las personas” Dios mediante su próximo onomástico – el 11 de abril –  indicará los 56 años de vida, casi tantos los que lleva con la música. Su historia de vida está colmada de momentos muy intensos tanto en lo bueno como en las dificultades y como artista completo Horacio Lepera Domínguez – cantante de trayectoria en nuestro medio – desde su experiencia llegó a la conclusión que es la gente la que construye a sus referentes. Horacio se siente muy agradecido a su público  - al que aprendió a  amar  y al que se debe como artista.

“Todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo de las personas” Dios mediante su próximo onomástico – el 11 de abril –  indicará los 56 años de vida, casi tantos los que lleva con la música. Su historia de vida está colmada de momentos muy intensos tanto en lo bueno como en las dificultades y como artista completo Horacio Lepera Domínguez – cantante de trayectoria en nuestro medio – desde su experiencia llegó a la conclusión que es la gente la que construye a sus referentes. Horacio se siente muy agradecido a su público  - al que aprendió a  amar  y al que se debe como artista.

A lo largo de la entrevista no dejó de lado su humor ocurrente y esa capacidad innata de saber utilizar el juego de palabras… noshoraciolepera0001 confiesa que cuando cumplió los cincuenta años justamente eligió de allí en más perder la cuenta… “sin cuenta” dice entre risas.

Horacio Lepera es un cantante que supo marcar una época en la línea del tiempo de nuestra ciudad.

Nacido en Buenos Aires, se radicó en Salto a los seis años y adoptó esta tierra como suya.

“LA GENTE HACE QUE UNO LLEGUE A SER ALGUIEN EN LA VIDA”

“Siento que le debo mucho al Uruguay, porque me enseñó cosas que nos las aprendí en Argentina… creo que no existen grandes cosas pero sí grandes personas… la gente hace que uno sea algo en la vida, pues uno solo no puede llegar.

Lo que he logrado se lo debo a la gente.

Recuerdo una vez – fuera de Salto – que me hicieron una especie de guerra fría en una confitería… paré entonces de cantar y cuando quedó todo en silencio les dije que si no querían escucharme me iba a retirar…  el público muchas veces nos prueba.

Lepera se caracteriza por tener un caudal de voz único, pero también en una época supo desplegar sus cualidades como showman.

“Siempre supe meterme en el personaje… desglosando la vida del cantante en una canción.

A mi criterio el más grande en Uruguay ha sido Alfredo Zitarrosa, que supo marcar un rumbo no solamente en su tierra natal sino allende fronteras.

-¿Cómo y cuándo comienza a desarrollarse la música y el canto en su existencia?

-“Me viene a la mente esa frase que dice lo que tiene que ser será… también creo que lo que natura nao da, Salamanca nao presta – (famoso dicho que expresa que las cuestiones innatas no se aprenden en las universidades)  - solamente Dios nos puede  dar una visión para que podamos tener algún fruto del espíritu como lo es el canto y la comicidad… llegué a ser showman pasando ya los 35 años… antes hacía humor por un lado y por otro cantaba.

Luego fui mezclando… pero honestamente prefiero ser cantante a ser showman.

Los cuentos los aprendí de la gente… sobre todo de las mujeres que saben mucho más cuentos que los hombres (sonríe)”.

“MIENTRAS LA GENTE NOS RECUERDE, EXISTIMOS”

-¿Cuándo se

despierta el cantante?

-“Como a los quince años, allá en Paysandú, con grupos tales como Ceibo y Volumen 5.

Cuando me radiqué en Salto, cambió mi vida… comencé a cantar con Avanzada, Fórmula 1 y también hice una suplencia en Manzana a Cachito Humedes  - Dios lo tenga en la gloria.

La gente siempre se queda con los buenos recuerdos, del Club Universitario, La Cueva del Tigre y otros boliches donde recalábamos a la noche.

Mientras el público te recuerda, existís… cuando nos deja de recordar, morimos.

Afortunadamente tengo gente que me quiere…si no fuera por mis amigos yo no estaría aquí.

Como saben cuál es mi situación de vida me ayudan mucho… trato de mantener una buena salud y me cuido.

No cuento con una jubilación aquí, sí  en Argentina, que me envía mi hermana todos los meses y ello me ayuda a subsistir.

En un tiempo me autoabastecía… en la actualidad por mis circunstancias dependo de los demás… cuando me dicen de volver a hacer shows les contesto que debo ir de a poco, que de esa forma se llega lejos”

La vida – en el concepto de Horacio – se compone de momentos… y todo tiene su tiempo… no nos podemos adelantar pues “Los tiempos son de Dios” – asevera desde sus creencias cristianas.

“CUANDO CAÍ ENFERMO VIVÍ UNA TOTAL DECEPCIÓN CON ALGUNAS AMISTADES QUE SE ALEJARON FUE ALLÍ QUE ME AFERRÉ A DIOS”

-¿Fue una buena época la que

vivió en los grupos que marcaron historia en la música salteña?

-“Para mí todas fueron buenas épocas… no puedo hablar de una mejor o peor… todas me dejaron cosas muy valiosas.

Rescato lo bueno y lo negativo lo dejo de lado…no existe…”

Años más tarde se vinculó al músico Néstor Balbuena y así nació “Horacio Show”.

“Estuve con Néstor trabajando unos tres o cuatro años y a la gente le gustaba… viajaba mucho y llegué a tener hasta siete presentaciones por día.

El gran tema es que tal desgaste me costó la salud… uno tiene que cuidarse a sí mismo… en ese momento le di para adelante sin darme cuenta que adelante tenía una pared.

Cuando me enfermé, viví una decepción total con algunas amistades que se alejaron y me dejaron por el camino.

Así fue que me aferré a Dios y grabé un cassette cristiano.

Lo que me queda de todo es lo que pude cosechar del público al que siempre amé.

Me quedaron también amigos que son de fierro, que siempre están conmigo, que nunca me olvidaron”.

-¿Cómo ve a la nueva generación de artistas?

-“Muy buena…  bien encarada… hoy son tiempos difíciles… no obstante nunca me puse a pensar en el dinero que me ingresaba por las actuaciones… yo actuaba siempre igual…

Me podían pagar lo que fuera… mi show era siempre igual… siempre rendía al máximo.

Como anécdota recuerdo que un día que me puse a hacer chistes de gallegos en un lugar donde el dueño era español y éste me dejó de contratar.

Lo aprecio muchísimo y no dejo de reconocer que no tuve intenciones de ofender a nadie… fueron simples chistes

Nunca me gustó cantar en un lugar solo sino cambiar de ámbito

Creo que aprendí a conocer a la gente… todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo de las personas

Siento que aún me falta mucho para ser un artista completo”.

Horacio Lepera también se dedicó a hacer jingles y trabajó para Corporación Thompson.

Me crucé en esas oportunidades con Julia Senko (cantante argentina) que en un principio se dedicaba a hacer jingles… le sugerí que se dedicara a ser solista y fue así que logró trascender”.

-¿Cuáles son las cualidades fundamentales que debe reunir un artista?

-“Primero ser humano, ser un cristiano y dejar que la gente que nos haga artista… es la gente nos levanta como una pandorga y quien nos corta el hilo.

No se puede ser autosuficiente… hay que saber llegar a la gente y si no, mejor nos quedamos en casa

Voy a reiterar algo que dijo Antonio Gasalla… si toda la manija que nos damos en contra nos la diéramos a favor, éste mundo sería un paraíso”.

-¿Sigue vinculado a Asdemya (Asociación de Músicos y Afines)?

- “Soy socio vitalicio… siempre mantengo los vínculos, si bien no me interesa jubilarme como músico.

De salud gracias a Dios estoy bien, gracias al equipo médico del Hospital, soy una persona que confío en la Medicina y sigo al pie de la letra el tratamiento”.

Si bien en un tiempo se aferró a la Iglesia Evangélica hoy concurre a la Iglesia Católica.

Al hacer una mirada retrospectiva de su vida rescata “su tiempo con Dios”.

Como proyecto a corto plazo tiene en mente volverse a Buenos Aires donde  tiene a su hermana María del Carmen en los próximos tres meses.

“Siempre hay algún amigo que tiene una guitarra guardada en desuso… que me vendría bien (sonríe)… y como mensaje final me gustaría citar ese refrán que dice “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”…

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Un destacado cantante lírico que fue finalista del concurso “Soñando por Cantar”

Nació en la ciudad de Paysandú y se formó en la especialidad de Canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Uruguay. Hijo de una cantante folcklórica sanducera, Élida Píriz, mamó desde muy pequeño la realidad de la música y el canto, heredando facultades que luego las implementará en su carrera como solista.
Julio Daniel González Píriz (44) ha desarrollado su profesionalismo como solista, pero también ha encontrado su veta vocativa en la docencia, carrera que ejerce desde hace muchos años.
Este año su agenda apunta al interior del país, brindando cursos en academias de su ciudad natal (pues reside en Montevideo) y ha llegado también a Salto donde brinda talleres para cantantes y personas interesadas en aprender a desarrollar el arte vocal.
El artista compartió también la experiencia que vivió en el año 2002 en la emisión televisiva de Canal 12 “Casting” y recientemente en el Programa argentino “Soñando por Cantar”, donde logró el reconocimiento a su talento. Con él nuestra sección semanal Al Dorso.

Nació en la ciudad de Paysandú y se formó en la especialidad de Canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Uruguay. Hijo de una cantante folcklórica sanducera, Élida Píriz, mamó desde muy pequeño la realidad de la música y el canto, heredando facultades que luego las implementará en su carrera como solista.

Julio Daniel González Píriz (44) ha desarrollado su profesionalismo como solista, pero también ha encontrado su veta vocativa en la docencia, carrera que ejerce desde hace muchos años.

Este año su agenda apunta al interior del país, brindando cursos en academias de su ciudad natal (pues reside en Montevideo) y ha llegado también a Salto donde brinda talleres para cantantes y personas interesadas en aprender a desarrollar el arte vocal.

El artista compartió también la experiencia que vivió en el año 2002 en la emisión televisiva de Canal 12 “Casting” y recientemente en el Programa argentino “Soñando por Cantar”, donde logró el reconocimiento a su talento. Con él nuestra sección semanal Al Dorso.

DE PAYSANDÚ AL CANTO DE PRIMER NIVEL

Julio Daniel se formó en la Escuela Nacional de Arte Lírico (cuyo director es Paolo Rigolín) y posteriormente realizó algunos conciertos con otros cantantes del SODRE, como por ejemplo el salteño, Marcelo Otegui.

“Nací en Paysandú y me crié allí hasta los 23 años, canté desde niño y tenía la influencia de mi madre. En la escuela siempre canté, luego en el liceo integré coros, y participé de los encuentros que se hacían aquí en Salto en el Teatro Larrañaga”, contó.

“Siempre me elegían como solista para cantar algunas partes y recuerdo un día que estaba presente un importante inspector de coros de Montevideo y me dijo que veía condiciones en mí para seguir la carrera de canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico y fue así que años más tarde me fui a estudiar allá”, rememoró.

Anteriormente a esta etapa había recibido la invitación de un grupo de parodistas capitalinos para integrarse a ellos.

“RECONOZCO QUE LA BASE DE UNA TÉCNICA VOCAL COMO LA DE LA ESCUELA LÍRICA ES POSITIVA PARA CUALQUIER CANTANTE”

-¿Cómo fue su experiencia formativa en la Escuela Nacional de Arte Lírico?

-“Existen muchos aspectos que el cantante debe cultivar, la mayoría de las facultades deberían darse naturalmente, en el sentido de que la mejor técnica de canto es la que no se nota.

En mi caso, contaba con las condiciones naturales, una emisión y volumen importante pero la formación en la Escuela, desarrolló un papel fundamental.

Tuve la suerte de tener una maestra que es Virginia Castro, cantante uruguaya, cuya performance fue destacada en Europa y en China; una excelente docente y yo heredé como profesor muchas herramientas de su parte; no solamente trabajar la voz en el cantante sino los aspectos psicológicos y emocionales.

A veces tenía mucho más rendimiento al poder enfocarse también en esos aspectos y no solamente en la voz y en el cantante.

Reconozco que la base de una técnica vocal como la de la Escuela Lírica es absolutamente buena para cualquier cantante. Destaca de la persona otras técnicas que no lo hacen”.

DESARROLLANDO LUEGO SU VETA DOCENTE Y LA IMPORTANCIA DE “LA INTUICIÓN DE CANTANTE”

El cantante lírico descubrió en el tránsito de su formación su vocación por transmitir sus conocimientos a otros; “es una de las facetas de la música que me hacen sentir bien y que me brindan otras cosas que no las vivo en el escenario.

El estar frente al público también nos hace vivir a los artistas una experiencia única e intransferible”.

-¿Qué recuerda de su niñez, con la influencia de una madre cantante?

-“Mi madre fue mi primera referente, hace un tiempo, preparando un espectáculo de boleros hice una selección y luego de estudiarlos y cantarlos, advertí que me resultó muy fácil. Entonces me pregunté: ¿Cómo puede ser si nunca canté boleros? Hete aquí que apareció la memoria musical, mi madre ensayaba en mi casa boleros y folcklore, el género con el cual crecí escuchando, estaba tan dentro de mí que se dio naturalmente”.

Julio Daniel señaló también que dentro de su numerosa familia tiene varios hermanos que también cultivan el canto.

“La intuición del cantante es una particularidad que resalta en quienes tienen las condiciones para el canto”.

LA VOZ CONCEBIDA COMO EL INSTRUMENTO MÁS SUBLIME

La voz es el instrumento más sublime de todos, ya que se ve influenciada no solo por lo que sentimos al momento de cantar, igualmente se verá influenciada por nuestro descanso nocturno, el estrés  los alimentos que ingerimos, así como por nuestro estado anímico.

Posteriormente a ello, es necesario aprender a emplear a la hora de cantar todos los músculos de la espalda, y las cavidades resonadoras de nuestra cara, así como también aprender a utilizar nuestro cuerpo como una gran caja resonadora a la hora de cantar.

Para ello, es menester recibir clases de un buen docente de canto. Ese profesor, es quien nos ayudará a explorar las emociones y capacidades físicas a la hora de cantar.

“EL CANTO ES UN PROCESO”

-¿Es un camino árido el de la formación en el canto?

-“Se torna muchas veces bastante difícil, cuando estoy con mis alumnos en varias oportunidades les digo que el aprender canto no es como cualquier otra especialidad, sino que el aprender canto forma parte de un proceso.

Están inmersos tanto en psiquismo como la parte emocional y la voz, ésta última está íntimamente relacionada y ligada a lo afectivo porque desde que nacemos, la voz está ligada a todos los estados de ánimo que tiene el cantante.

A veces hay problemas en un alumno que no avanza en la técnica y  muchas veces tiene que ver con su situación emocional o psíquica.

En la medida en que uno comienza a trabajar la voz técnicamente, es bueno que se trabajen otros aspectos como el de apostar a una mentalidad positiva”.

SU EXPERIENCIA PERSONAL EN “CASTING” Y “SOÑANDO POR CANTAR”

Julio Daniel fue seleccionado entre numerosos cantantes para participar en el 2002 del programa televisivo emitido por canal 12, “Casting” y rescata dicha experiencia.

“Yo ya estaba estudiando en la Escuela Nacional de Arte Lírico y fue mi primera vez en la televisión, quedamos cuatro ganadores en esa oportunidad; Valeria Lima, Natalia Cafrée, Marcelo Bidart y yo.

Recuerdo que se sorteó un viaje a España que se lo ganó Valeria Lima por la votación del público”.

“Aprendí a manejar algunos aspectos que no los había adquirido de la escuela, si bien participé y canté para el SODRE. La televisión es diferente y allí desarrollamos lo que se conoce hoy por performance, que es la ecuación entre lo que veo y lo que escucho”.

“Pasa en ocasiones que a nivel de imagen lo que se ve no es demasiado bueno, pero sí lo que se escucha o viceversa. Siempre tiende a llevarse el mayor reconocimiento el artista que luce una buena imagen y se escucha bien”.

“El verme en la televisión me ayudó a mejorar y hacer una autocrítica positiva.

Con Casting tuvimos la suerte de viajar por todo el país.

Son experiencias que nos permiten ir madurando y todas las cosas que pasan y parecen ser negativas en un principio, se rescata el aprendizaje como ecuación final.

Su pasaje por “Soñando por Cantar” le valió también un reconocimiento que sumó puntos a su carrera profesional y artística”.

“Cuando le preguntamos a Julio Daniel González si se puede vivir exclusivamente de la música sostiene que sí, que todo está en lo que cada uno desee lograr”.

“Está realizando talleres aquí en Salto y se tiene previsto que los mismos continúen cada quince días en el local de Asdemya (Asociación de Músicos).

Me llama la atención del gran nivel de artistas del interior y fue el móvil que me trajo a dar clases, aparte me hubiera gustado que en la época que comencé alguien me hubiera brindado formación en mi lugar de origen, pues no es fácil desprenderse de los afectos y emigrar a la capital cuando se es joven”.

“Erróneamente se cree que el canto es para unos pocos, cuando en realidad es para muchos, se debe contar con el gusto por la música, una voz sana y un oído musical y podemos comenzar en cualquier estadio de nuestra vida.”

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Juan José “Chochó” Escobar y sus reminiscencias del Salto de otras décadas

“Nací en un barrio de balcón y luna”… comienza la entrevista tarareando la letra de un tango cuando queremos hurgar en sus vivencias… se refiere al barrio Zona Este de nuestra ciudad, lugar donde dio sus primeros pasos, concretamente en la calle Washington Beltrán y luego se mudó hacia el barrio Progreso donde cumplió con su etapa escolar.
“Luego nos vinimos para el centro, a una cuadra de Plaza Artigas… fue cuando empecé a laburar como tantos, muchos años trabajé en El Espinillar, como administrativo y viví aquella época brava cuando andaba Raúl Sendic, el tiempo de los cañeros, de la UTAA y de las marchas… entré con 18 años a trabajar”, nos recuerda.

“Nací en un barrio de balcón y luna”… comienza la entrevista tarareando la letra de un tango cuando queremos hurgar en sus vivencias… se refiere al barrio Zona Este de nuestra ciudad, lugar donde dio sus primeros pasos, concretamente en la calle Washington Beltrán y luego se mudó hacia el barrio Progreso donde cumplió con su etapa escolar.

“Luego nos vinimos para el centro, a una cuadra de Plaza Artigas… fue cuando empecé a laburar como tantos, muchos años trabajé en El Espinillar, como administrativo y viví aquella época brava cuando andaba Raúl Sendic, el tiempo de los cañeros, de la UTAA y de las marchas… entré con 18 años a trabajar”, nos recuerda.

SU VINCULACIÓN A CANAL 8

Luego la vida lo fue llevando por distintos caminos y oportunidades, en Canal 8 se desempeñó en la parte publicitaria y también cumplía otras funciones.

Un tiempo que él describe con humor como la “televisión a pedal” y lo que hoy se conoce como un equipo de video era en aquel momento un par de carretes de cinta ancha que pesaba cada una veinte kilos, una batería de auto.

“Recuerdo los espectáculos denominados “Reinas del Sol” que organizaba la empresa Nivea, y enviábamos a desfilar muchas de las reinas, también a Piriápolis, al parador Las Grutas, épocas muy lindas.


“EN LA MÚSICA DESPUÉS DE LOS GRANDES GRUPOS, LAMENTABLEMENTE NO SURGIÓ NADA RESCATABLE”

-¿Cómo se da en su vida la inclinación por rememorar otras épocas?

- “Lo que sucede es que aquí en Salto hubo una especie de gran bache musical… era la época en que se terminaban los Beatles, los Iracundos, Nicola Di Bari, esos grandes grupos musicales como Los Wawancó y quedó un vacío.

Se murió el creativo, murió la poesía y murieron los grupos.

No surgió nada rescatable después.

Una gran masa de público tampoco se adaptó a las canciones superficiales que surgieron después.

Un día compartiendo un asado con los amigos, entre trucos y vino comenzamos a escuchar la radio y no encontrábamos nada que nos atrajera, no estaban Los Beatles.

LO QUE LA HUMANIDAD LE DEBE A LOS BEATLES

Si serán grandes Los Beatles que la Humanidad les debe el que hayan hecho una fundación con fondos especiales para la Medicina y propiciaron un gran adelanto científico; dos científicos fueron ayudados por ellos para poder concluir el tomógrafo computarizado.

Fue así que me decidí a ir a Radio Arapey para armar el programa. La música es como la poesía, no tienen edad.

Por ejemplo, poesías de Federico García Lorca que son de tantos años atrás, permanecen frescas.

Grandes músicas que en su momento fueron populares, hoy son clásicos.

“UNA CIUDAD COMO SALTO NO VAMOS A ENCONTRAR EN NINGÚN LADO”

-¿La gente es muy participativa en el programa?

-“Fuimos diez días a la playa a Punta Colorada y nos llovió… me llegaban mensajes permanentemente al celular, gente de varios puntos del país… al programa lo ven más de doscientas veinte mil personas, de Tacuarembó, Rivera, Paso de los Toros, Artigas. Hasta las monjas me escribieron.

Hubo un mensaje que particularmente me emocionó, recuerda y no puede dejar de conmoverse “Loco, gracias por la ventanita de libertad que nos das”, fueron los presos de la cárcel de Salto.

La música rememora momentos, vivencias, la gente bailó, se conoció, se enamoró, se casó, con esa música.

Una madre pidió que saludara a su hijo de quince años que también le gusta el programa.

Pero “Chochó” admite que también le gusta otra música, más actual, “porque también sigue habiendo algo de buena música hoy”. Me gusta la música de No te va Gustar y de Bajo Fondo.

Hay cosas excelentes que se están haciendo.

Salto es una ciudad preciosa, tengo el privilegio de decir que conozco todo el Uruguay, menos Durazno y Florida.

Ciudad como esta no vamos a encontrar en ningún lado, con la calidad de vida que tenemos aquí.

Salto y los salteños tenemos el privilegio de podernos disfrutar del agua mineral, de bañarnos durante todos los días del año, con el agua termal (mineral).

Pero le falta algo a esta ciudad, la impronta cultural, la oferta cultural es escasa.

Tenemos un teatro maravilloso, pero se llena de murciélagos, tenemos un Ateneo divino, pero debe estar lleno de mosquitos, tenemos el Parque Harriague. Una mujer una noche metió quince mil personas allí…Rafaella Carrá.

En cambio en la capital del país, tenemos una oferta fuerte.

“RAÍCES, PIEL Y VIDA”

-¿La gente llama para pedir algún tema musical y también para compartir vivencias?

-“Efectivamente, nos comparten lo que vivieron con determinadas canciones, por ejemplo los bailes de Carnaval que ya no existen más en un Universitario que tampoco  existe más.

El Marqués de las Cabriolas ya ha quedado atrás, las mascaritas desaparecieron, aunque hay un carnaval muy atractivo que tiene mucho poder de convocatoria.

Antes la gente se disfrazaba y salía a disfrutar por calle Uruguay.

Hoy mis hijos quieren escuchar la música con la que nos conocimos nosotros, sus padres… y ello lo logra la magia de la radio y la televisión.

De radio tengo mucho material y en televisión, se hace camino al andar.

Con la música pasa lo mismo que con la poesía, la gente no lee porque vivimos en un mundo apurado loco, pero es algo que no pasa de moda.

Es un abanico muy grande que consta de tres palabras; raíces, piel y vida”.

Chochó no se considera una figura importante dentro del ámbito de la comunicación, y si no que la relevancia la reviste – de acuerdo con sus apreciaciones – la propia gente, quienes están detrás de la pantalla y no los puedo ver.

“La gente es la riqueza de las empresas, el lector, en el día a día… repite una y otra vez que la música tiene magia.

¿Saben cuál es el mayor poder de convocatoria de esta ciudad? ¿Las Termas? ¡No! Es el río.

Ésta es la única ciudad del Uruguay donde el río toma curvas y forma de cintura de mujer, agrega.

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