“Agradezco a la vida haber crecido en un hogar humilde…”

Nació en el poblado artiguense de Cabellos (hoy Baltasar Brum), el 21 de mayo de 1946 y cuando Uruguay jugó en 1966 en Wembley,
en ese mismo tiempo comenzó a trabajar
en Cerro Chato teniendo así su primera
experiencia como maestro.

Nació en el poblado artiguense de Cabellos (hoy Baltasar Brum), el 21 de mayo de 1946 y cuando Uruguay jugó en 1966 en Wembley, en ese mismo tiempo comenzó a trabajar en Cerro Chato teniendo así su primera experiencia como maestro.

Ramón César  “Ramonillo” entre sus íntimos, agradece a la vida el haber crecido en un lugar pobre y sencillo y tomar agua de unaDSCN7215 zanja y hacer largos recorridos  a caballo para llegar a la escuela, pues todas esas vivencias fueron definiendo su propia esencia…  la de un hombre con alma de campaña, el maestro que preparaba sus clases a la luz de una lámpara a querosén. El que luego en la ciudad gustaba de llegar primero a la escuela y se iba por último, porque se quedaba para cerrarla.

En aquel tiempo debía viajar en el ómnibus de “Gollardía en ese entonces tenía su agencia en la esquina de la Plaza de Deportes y dentro del itineriario estaba la Cuchilla… en cada boliche descendía a tomar su copetín… entonces llegábamos a Cerro Chato al día siguiente” – rememoró el docente.

También recuerda que Elba Tenca – una colega – se hizo en ese momento de la escuela en Toro Negro, una escuela que se caracterizaba por tener el piso de madera y como debajo del piso había cierto espacio, convivían allí todo tipo de animales.

En Cerro Chato se distinguía la casa de don García que era propietario de un almacén y había nacido en Tacuarembó.

“Tenía allí a Germán Ortiz como encargado y a Ovidio Silva como colaborador, en ese emprendimiento que abarcaba ramos generales, como era habitual en aquellos años.

Ovidio era un cocinero excepcional, al día siguiente coincidí con Elba Tenca en un ómnibus y me dijo que iba a renunciar, porque los bichos que habitaban el lugar no la habían dejado dormir en toda la noche”.

Más adelante Ramón César fue a ejercer su labor a Paso Vanega y allí hizo mentas con los parroquianos, conoció “el famoso pueblito Los Costas”, el almacén de don Catalino Núñez, el puesto los Panchos y un puentero, don Carabajal. Uno de los hijos de éste último fue alumno de nuestro entrevistado y en la actualidad labora en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

EL PUEBLITO “LOS COSTAS”

“Era un pueblito que estaba entre dos cerros y tenía 25 niños… allí debía cocinar para ellos… el agua se extraía de una cachimba y había que limpiar previamente pues a la orilla del pozo pululaban los sapos cururú”.

Continuando con su trabajo emigró a Pueblo Fernández… afirma que ese pintoresco pueblo no tiene nada que envidiar, salvando las distancias al balneario de Villa Carlos Paz, en Córdoba, Argentina.

“Íbamos en el ómnibus de San Cono y podíamos apreciar los cerros.. allí está la Escuela No. 40, luego comencé a hacer suplencias en distintos lugares”.

Retornó a Mataojitos ya casado y allí permaneció cuatro años… había que marchar a diario una legua a pie en la época “que en la Subsistencias (servicio estatal) no había nada” y había que hacer cola para comprar los víveres y luego cargar las cajas a pie hasta la escuela.

En Mataojito vivían unas personas mudas y allí se armó el equipo de fútbol de Cambará… allí vivía don Hugo Rivero con quien pasábamos los fines de semana.

“Nosotros nos criamos trece hermanos en Cabellos y gracias a Dios tuvimos una vida placentera, nunca tuvimos que consultar un médico.

En plena campaña no había luz, pero el maestro Ramón tuvo la suerte de recibir el obsequio de una lámpara Aladino que le fue muy útil y luego de jubilarse, se la obsequió a la cocinera de la escuela.

Antes de Mataojito estuvo por Paso Potrero en Arerunguá y de allí directamente se fue a Colonia Gestido, que queda a quince kilómetros y allí fue director del centro escolar durante 8 años.

“Hace poco tiempo me encontré con una de mis alumnas, quien me expresó: pensar que usted nos enseñó que debíamos ir al liceo y nuestro padre no nos dejó”.

De allí su destino siguiente fue el barrio Albisu, formándose el  cuadro futbolístico que llevaba el nombre de dicho barrio.

“Allí también me desempeñé como director técnico y también en Tropezón… En la ciudad me encargué luego de reflotar el cuadro de baby fútbol de Peñarol que fue formado por el “Gato” Ferreira y el “Negro” Campos.

“Recuerdo que en aquella época eran tres categorías, 11, 12 y 13… me fuí a la cancha de Chaná para sacar fotos y allí se llenó… era la época de furor de Lezcano… fui quien escribió los estatutos de la Liga de Baby Fútbol”.

Se realizaban en esa época los campeonatos en el CRES… y se reunían con Alfredito una figura emblemática en el Baby Fútbol…

Era un ámbito de aprendizaje, donde no se propiciaba un clima de discusiones, donde Lezcano era el entrenador en las disciplinas atléticas. Miguel Girard (hoy médico) fue un deportista que salió segundo a nivel nacional en el Salto con vallas.

“En Salto me costó que me reconocieran”

A posteriori, el Maestro Ramón estuvo más de veinte años en el (barrio) Quiroga a partir del 92, donde concluyó su trabajo como docente.

Dicha experiencia le hizo sentir con fuerza su vocación… más tarde la comunidad docente le hizo reconocimientos que lo llenaron de satisfacción.

Reconoce que Salto es una sociedad muy especial, “donde se vale por lo que se tiene”… hay  gente que se subió al carro en la época de la dictadura sin tener cursos…  ni dar concurso alguno, en mi caso fui quemando las etapas de maestro… hay una diferencia en la campaña… si el maestro se abre, la gente responde.

Siempre digo que los inspectores  son mezquinos en la nota con los principiantes… pienso que si el docente de lo merece hay que hacer un juicio justo.

Antes no teníamos luz, teléfono ni celular y nos alimentábamos a galleta… las guardábamos en aquellas grandes latas de Anselmi y allí se mantenían fresquitas.

Era una factura más sana… allí siempre me sentí cómodo y me integré muchísimo… por ejemplo en Cerro Chato nos íbamos a cazar mulitas con gente baqueana del lugar, peones rurales pero muy buena gente.

La gente es muy derecha en el campo…  recientemente me encontré con un amigo en Pepe Núñez y allí todavía me siguen diciendo Director.

-¿Y qué hecho grave tuvo que presenciar?

- “Lamentablemente, estando en la Escuela No. 92 falleció una niña de hepatitis, que era alumna de la escuela y algunos realizaron una suerte de “asonada”.

Se solicitó que fuera gente de Salud Pública, estaba todo bien no había causa alguna en la escuela, fueron también los padres a brindarme el apoyo, para que de ninguna manera me sintiera culpable”.

-¿Le sirvió el hecho de provenir de la campaña, con respecto a la adaptación a dicho entorno?

-“Siempre agradezco a la vida por haber sido re pobre… para ir a la escuela hacía el recorrido a caballo y tomaba agua de la zanja… uno se cría así, porque en la escuela no había agua corriente

Ello nos deja una gran experiencia de vida”.

Cuando contaba con apenas ocho años colaboró con su padre en un trabajo de lechería y cuando tenía doce participó de una esquila como “embolsador”, saltando dentro de las bolsas para apretar el vellón.

El docente está convencido de que si se le fomenta al ser humano el amor al trabajo éste aprende a valorarlo.

En el seno materno se le inculcó la importancia del estudio, valor que supo abrazar y adoptarlo en su modus vivendi.

Decidió que quería estudiar y luego de repartir leche por la mañana comía algo y se subía a un motocar para ir a Bella Unión a estudiar.

“La preparación del liceo antes era impresionante…  di el primer examen para entrar a Magisterio y lo perdí…luego lo aprobé en febrero.

En segundo año perdí Didáctica, lo que no me permitía avanzar, empero logré sortear los obstáculos fui a hablar con el Inspector departamental y le dije que necesitaba trabajar, como docente para poder costearme la pensión donde residía. Me dijo que si, que en cuanto hubiera un lugar me llamaría, era usual en aquellos años que los estudiantes de magisterio dieran clase.

Yo me encontraba en Patitas (Artigas), cuando recibí la comunicación de que había una suplencia en Cerro Chato y allí concurrí siendo aún, estudiante.

En 1970 se recibió y en ese tiempo casi no era consciente de que era un maestro.

El haber recorrido toda la campaña, las cruzadas y las picadas a caballo, me permitió conocer todos los espacios como la palma de mi mano y conocer de primera mano esa particular e irrepetible idiosincrasia que existe en esos pueblos pequeños… si bien entiendo que esos lugares ya no son los mismos de antaño, añadió el maestro “Ramonillo”.

Consultado si ¿volvería a ser maestro?…. confiesa  tajantemente, sí para mi eso es innegociable, se marca una manera de ser, el respeto por sobre todas las cosas… la disciplina y valores que calan hondo en el ser humano.

Recuerda que siendo director a la ocho menos cinco tocaba la campana y a las ocho en punto se ponía a trabajar con su alumnado, un consejo que recibió del Víctor Oliveira, ex Inspector Departamental, fue que dosificara los tiempos para que al aprendizaje fuera lo más productivo posible y así lo hizo siempre.

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Claudio Rodríguez, un hombre que dejó todo para venirse a Salto

Radiooperador trabajó con Kesman,
Sonsol, Sotelo y otras figuras de radio y televisión capitalina, pero hoy maneja un taxi y confiesa que Salto le conquistó.

Radiooperador trabajó con Kesman, Sonsol, Sotelo y otras figuras de radio y televisión capitalina, pero hoy maneja un taxi y confiesa que Salto le conquistó.

“Nací en Montevideo, pero viví hasta los 20 años en Santa Lucía (Canelones), ahí me mudé para Montevideo hasta el año pasado,aldorsofotos (1)porque en marzo me vine para Salto. Mi señora es salteña y nos vinimos con toda la familia para acá”, comenzó a contarnos Claudio Rodríguez, con mayor detenimiento y detalles que la primera vez que charlamos.

Sin embargo no fue esto lo que atrapó nuestra atención sino lo que vendría después. Se trata de una historia de amor de un hombre por su familia, que hizo que dejara su buena posición laboral en radio y televisión para terminar conduciendo un taxi en nuestra ciudad. Ahí fue donde nos conocimos y donde resumió su historia que surgió en una charla casual y que hoy desarrolla para EL PUEBLO.

Del Santa Lucía que lo vio crecer recuerda “la escuela, los amigos, el club, el río, jugar al fútbol en la Escuela 104, jugaba en el cuadro de barrio “Patoruzek”. Jugábamos entre los árboles, todo lleno de paraísos, teníamos que estar dribleando a los jugadores y a los paraísos también (risas)”.

A Montevideo se trasladó con la familia por estudios. “Tengo cuatro hermanas y todos estudiamos. Una es odontóloga, otra es ayudante de arquitecto, ayudante de ingeniero, otra es nutricionista. Yo me quise dedicar a la comunicación, por vocación siempre me gustó la radio y la televisión”.

Su primer trabajo en un medio de comunicación fue en Radio Centenario en 1981. “Hice un curso de radio operador con Ciro Etcheverry y Andrés Suárez. Después de hacer el curso tuve que abrirme camino por mí mismo, empecé a recorrer radios y llegué a Radio Centenario donde salió una suplencia como operador – locutor, yo no era locutor pero después hice un curso”.

De a poco Rodríguez fue mostrando su vocación en la radio y el empeño que ponía en su trabajo. “El primer programa que tuve que hacer fue con Ruben Castillo, con él trabajé unos años, también con Ligia Almitrán y con Mautone. Ellos me enseñaron a hacer exteriores, porque trabajábamos con ‘El Parlamento del Pueblo’, que lo hacía Mautone, transmitíamos las sesiones del Parlamento”.

De Centenario pasó a Radio Universal. “Por intermedio de quien era mi jefe de operadores me enteré que había una vacante en Universal, y allá me fui a trabajar. En Centenario trabajé del 81 hasta el 87, y en el 85 ya había comenzado a trabajar en Universal, donde era operador de estudios y de grabaciones”.

Trabajó con Alberto Kesman, “haciendo la ‘Oral Deportiva’ en estudios y como operador en el Estadio Centenario. Ya después me vinculé a (Alberto) Sonsol, que también era parte de la empresa Universal, hacía el básquetbol en las canchas instalando los equipos”.

Sobre Kesman recuerda que es un gran profesional que cuida mucho los detalles, incluso le tocó hacer de niñero. “En el Centenario había una consola fija de audio preparada en la cabina de Universal. Cuando ellos se ponían a relatar fútbol con (Enrique) Yanuzzi, (Ariel) Delbono y Fito Latorre de locutor comercial, Alberto me pedía que hiciera de niñero, porque Martín Kesman era chiquito y tenía que salir con él para el palco a comprarle un refresco”. De Kesman tiene gratos recuerdos, “fue quien organizó mi despedida de soltero con todos mis compañeros de la radio. Es un tipo muy servicial, generoso”.

Sobre Sonsol recuerda que es un profesional “muy exigente. Dentro de la cabina cuando él está relatando tiene que salir todo a la perfección”.

De Universal pasó luego a Radio Sarandí, donde se reencontró con la esposa del ex vicepresidente de la República, Luis Hierro López. “Ligia Almitrán tenía un programa que se llamaba “La hora clave”, que estaba con Jorge Burel, ahí trabajó mucha gente, ahora está (Gerardo) Sotelo”. “Trabajé también con el director de la radio, que en ese tiempo era Jorge Nelson Mullins, un fenómeno”.

Pasar de la radio a la televisión no fue tan complicado porque “ser sonidista en televisión es menos complicado si se viene con una buena base de operador en radio. Pero todo cambia en el sentido que se trabaja en equipo. En la radio el operador trabaja solo en una cabina, con los micrófonos, con la música. En la televisión en cambio está sentado con el director de cámaras que es quien le da la orden de habilitar el micrófono cuando ‘switchea’ (enfoca) a alguien, tenemos un intercomunicador donde todos estamos conectados, también con el editor, con gráficos, con el director, con los únicos que no te comunicás es con los cámaras que solo están comunicados con el director. El director me dice, ‘va Vilar’, por ejemplo, y ahí ya sé que tengo que abrirle el micrófono a Vilar”, refiriéndose al actual conductor del informativo central de Canal 4 Montecarlo de Montevideo, el periodista Fernando Vilar.

No solo trabajó en el informativo del canal, también fue “sonidista de ‘Agitando’, con Omar Gutiérrez, o sea, cuando se llamaba ‘De igual a igual’, después se llamó ‘Agitando’. El informativo empecé a hacerlo al poco tiempo que llegué al canal, en el 91”.

Para Rodríguez la radio y la televisión son dos mundos distintos, “pero tanto en una como en la otra uno puede crear. Donde más me gustó crear y trabajar fue con (Ignacio) ‘Nacho’ Álvarez (actual conductor de ‘Las cosas en su sitio’ en Radio Sarandí y de ‘Santo y seña’ de Canal 4), que es más exigente que Kesman. Es un tipo que le gusta que las cosas salgan bien. Es un trabajo donde terminás muy estresado”.

Pero de pronto, la decisión familiar fue tomada y se vino para Salto. “Cuando la hija de mi señora, que para mí es mi hija, tiene a Martina, que es mi nieta, empiezan a manejar la posibilidad de venirnos a Salto, todo fue muy rápido. Fue decirle a mi familia, a mi vieja, a mi hermana”, quienes dieron sus puntos de vista sobre los inconvenientes de dejar todo para venirse a nuestra ciudad.

“Los primeros meses fueron muy duros, no había trabajo.

Cuando les dije a mis compañeros que me venía a vivir a Salto me preguntaban, ‘¿y qué vas a hacer?’, Ligia me decía, ‘y la jubilación que tantos años de radio, ¡cómo vas a dejar todo!’. Quien me dio el empujón final fue Martina, mi nieta, que hoy tiene 2 años. Ella nació el 1º de junio, nosotros nos vinimos en marzo (del 2012)”.

Alcanzó a trabajar un tiempo en Radio Tabaré, “me habían tomado por el tema de mis contactos, como es un programa que es solo hablado y como tengo muchos contactos (Fernando) Montemuro me preguntaba a quién podíamos tener. Entonces yo llamaba al Toto y le decía que le iba a hacer una entrevista, a Nacho, a Gerardo, a toda la gente que conocía, y de noche los llamábamos por teléfono. Pero no funcionó”.

“Mi señora compró un quiosco, ‘El recreo’, enfrente al Liceo 5, trabajé ahí un tiempo pero me di cuenta que no era lo mío, no me gustaba”, hasta que consiguió un trabajo como taxista. “El otro día hablé con mi madre, que me dijo ‘me acordé tanto de vos, vi una película donde un hombre trabajaba en algo relacionado con las comunicaciones y un día dejó todo para comprarse un taxi’, lástima que no se acordaba del título”.

Como taxista, parece haber encontrado su lugar en el mundo. “Capaz que ahora trabajo más horas de lo que trabaja en Montevideo en dos trabajos, pero no me estreso, lo disfruto. Me levanto temprano y trabajo, cuando voy para Ceibal o para Salto Nuevo a la vuelta paso por casa, tomo unos mates con mi señora, juego con la nieta y sigo después trabajando”.

Al principio fue difícil, “me perdía en el centro (risas). Hoy sé más de calles que un salteño, me aprendí todos los barrios, desde el Calafí hasta el Don Atilio, el Quiroga…”.

¿Si extraña lo que antes hacía? “Tuve la oportunidad de volver a los medios en Montevideo, pero le dije a Fernando Sotelo, que es el gerente general de Radio Sarandí, ‘quedate tranquilo Fernando que no voy a volver más’”, algo pasó en Salto… “La nieta, la ciudad me gustó, la gente, los compañeros de trabajo… me conquistó Salto”.

La charla continuó con algunas anécdotas de su vida, como cuando se quedó dormido en la cabina durante una transmisión o el deleite que hoy le provoca conducir un taxi en Salto.

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55 años viviendo, trabajando y disfrutando de la vida en la calesita

Ir a un lugar donde había una calesita, era hasta hace pocos años, todo un acontecimiento, subir a uno de los juegos más aún, cada vez que venían las calesitas, los fines de semana, seguro era un punto de encuentro para la familia, y  los amigos. Hoy los chicos lo ven como una atracción más, y buscan los juegos más vertiginosos.
Aunque el paso de los años y la llegada de la tecnología ha dejado por el camino a varios calesiteros, Sidney Márquez, nuestro entrevistado de hoy, se ha ido actualizando tratando de brindarle a la gente cosas mejores para mantener vivo el espíritu de la calesita.

Ir a un lugar donde había una calesita, era hasta hace pocos años, todo un acontecimiento, subir a uno de los juegos más aún, cada vez que venían las calesitas, los fines de semana, seguro era un punto de encuentro para la familia, y  los amigos. Hoy los chicos lo ven como una atracción más, y buscan los juegos más vertiginosos.

Aunque el paso de los años y la llegada de la tecnología ha dejado por el camino a varios calesiteros, Sidney Márquez, nuestro entrevistado de hoy, se ha ido actualizando tratando de brindarle a la gente cosas mejores para mantener vivo el espíritu de la calesita.

Sidney Márquez, tiene 55 años, es riverense, es el menor de tres hermanos, nació, se crió y aún hoy, vive en una calesita, (Brazilian Park).

Su papá tenía parque, toda mi vida en el parque, estuve muy poquito tiempo afuera, hice unos trabajos afuera, cuando era joven, antes de tener el parque mío, pero mi vida fue toda el parque, dijo a EL PUEBLO.

El negocio de la calesita ha cambiado muchísimo, antes no había nada, la televisión, el video, la computadora, todo eso conspira contra la calesita, el avance de la tecnología, de todo lo moderno afecta, entonces hay que ir mejorando lo que tenés, para darle a la gente mejores cosas, pero vamos viviendo, afirmó.

LA RUEDA GIGANTE ERA UN ACONTECIMIENTO

La segunda rueda gigante que hubo en el país la tuvo su padre, llegar a un pueblo con una rueda gigante cuando yo era niño – hace unos 40 años atrás- armar una rueda gigante era un acontecimiento enorme, la gente se paraba en la calle para mirar cómo se armaba eso, hoy los gurises vienen, dan una bichada, y dicen ah& llegó la calesita…

Pero gracias a Dios se va mejorando, si tenés un poquito de visión de lo que es el negocio, lo vas mejorando vos, otros se han quedado en el tiempo; mi papá se quedó en el tiempo, él pensó que con la rueda gigante ya era lo máximo y muchas veces después de grande le fui explicando, hasta los 17  18 años estuve con él, y conversábamos mirá que tenés que mejorar esto, y siempre con la influencia de Brasil, que en parques por un tema de público, ya que Brasil es enorme, hay parques muy grandes, con dos montañas rusas viajando como viajamos nosotros, y nosotros nunca vamos a llegar a tener una montaña rusa, está la del Parque Rodó (en Montevideo), que ya es una montaña antigua, no tenemos ese público y sin embargo en Brasil los parques andan girando con dos montañas.

Entonces te tenés que ir modernizando de acuerdo al país, muchos colegas me dicen porque no compras tal o cual cosa, pero nuestro país no nos permite eso, somos limitados, aparte son juegos muy caros, la gente no tiene idea, pero yo llego a esto porque soy el que fabrica muchos juego, relató.

LA FABRICACIÓN DE LOS  JUEGOS

Es la única forma, porque si lo fuéramos a comprar, sería  imposible, yo no podría, expresó Sidney.

Se va ensamblando todo, vas mirando un poco en Internet, la experiencia que tenés, vas preguntando a gente que sabe más, a algún tornero, y gente que sabe de electricidad, pero uno ya tiene la idea, porque generalmente la base de un juego sale sobre el otro, es muy similar, le cambia solo la parte exterior después pasa a un ingeniero mecánico para que advierta alguna eventual falla.

En el caso del Tapete Mágico (el último juego que armaron), no hubo ningún problema, quedó perfecto, a veces compras un semi remolque una chata y necesita alguna modificación entonces va el ingeniero, explicó.

PRETENDEN QUEDARSE EN SALTO

Hace cuatro años vienen a Salto una vez al año, luego de la Semana de la Cerveza en Paysandú. Prácticamente siempre se hace el mismo recorrido, porque ya está todo inventado, nuestro país es muy chiquito, sabemos los lugares que más o menos podemos hacer un manguito y otros no, hay lugares que no pasa nada.

Para nuestro negocio nos ha ido bastante bien.

Queremos quedarnos en forma permanente en Salto, estamos trabajando en el terreno, y arreglándolo a ver si nos podemos quedar, ojalá que comercialmente nos vaya bien, si no funciona tenemos que irnos para otro lado como siempre, porque todos vivimos solo del parque, no tenemos ningún otro negocio extra.

COMO ES LA VIDA EN EL PARQUE

Todo el personal de la calesita vive en el parque, cada uno en su respectiva casa, que si bien son casas rodantes, en su interior son casas normales, lo que se ve de afuera no dice lo que es adentro.

La vida de nosotros es una vida normal de cualquier persona, dice Sidney, que lleva   unos meses de casado con Maristela Bortagaray, con quien vive desde hace cinco años.

Soy reincidente soy casado por tercera vez, cuenta con gracia, Somos como un marinero, en cada puerto un amor,  dice en referencia a los trabajadores de las calesitas,  pero no es tan así, aclara al final.

Vivir en el parque requiere principalmente de una cosa: te tiene que gustar, pero es lindo.

Mariestela contó que antes no iba a parques, ese día fui, lo conocí, y me quedé, si bien  deja claro que le gusta, dice que es sacrificado porque ves todo esto armadito acá, pero cuando vas a viajar tenés que desarmar todo y al llegar armar todo de vuelta.

A veces llegan a lugares sin luz, o sin agua y se complica para conseguir, porque a veces no te dan ya, depende de la ciudad, a veces conectan enseguida y otras no, en cada departamento es distinto.

Con el cable por ejemplo tenían problemas, no le conectaban, pero ahora con Directv, que tiene una antena y un decodificador, orientamos la antena según el lugar.

Diez días lleva armar toda la calesita, el desarmado es más rápido, lleva unos tres días,  a veces se toma gente de afuera para armar y desarmar los juegos.

Ahora en invierno se hace el mantenimiento de los juegos,  por eso abrimos solo los fines de semana, y esos días de semana, nos dedicamos a pintar, arreglar y hacer alguna reforma, que siempre hay que hacer. Ayer (por el sábado) se armó un juego que no habíamos armado acá, justamente para entrar a reformar, se va a hacer todo el piso nuevo, que ya necesita un cambio y la pintura.

El tiempo de demora, es relativo porque al estar al aire libre, hay que embocar que no llueva.

YA NO HAY EMPLEADOS DE PARQUES

Es una familia grande,  empleados de parque ya no hay, antes cuando era niño habían empleados de parques que trabajaban solo en eso, ahora quedan los que están conmigo o en dos o tres parques que hay, porque tampoco hay más parques. Hoy se toma gente y están un mes o dos y se van, están los viejos. La gente no quiere viajar, porque amén de lo que puedas ganar, te tiene que gustar, hay que sentirlo.

Antes llegabas a una ciudad o un pueblo y la gente se quería ir contigo para salir de ahí, hoy cada uno quiere estar en su pueblo, hoy esa necesidad no está más.

TODA LA FAMILA EN EL PARQUE

Si bien tienen hijos en común, con Maristela, Sydney tiene tres hijos, (Karen de 37, Cristian de 32 y Diego de 27) se llevan cinco años y un mes entre ellos, todos en escalera y Maristela tiene dos hijas, (de 15 y 18 años) todos viven en el parque y por supuesto todos trabajan allí gracias a Dios, expresa Sidney.

La hija más chica de Maristela estudia, un poquito en cada lado, ahora arrancó en Paysandú, sigue acá en Salto, y como pensamos quedarnos, va a terminar acá, indicó Maristela.

Todos los empleados llevan a su familia, y los niños estudian de escuela en escuela, yo estudié de escuela en escuela como mis hermanos, la gente de parque y de circo es así, no hay otra forma, en el circo es más sacrificado porque la gira es más rápida, están menos tiempo en cada lugar.

Generalmente el circo lleva maestras particulares, nosotros tenemos la ventaja que los niños van a la escuela pública como todos.

Y en invierno siempre nos quedamos tres o cuatro meses en un solo lugar.

Si bien algún accidente pequeño han tenido, estamos acompañados por Dios, yo creo, expresa Sidney, quien resalta que a veces suceden problemas y en su mayoría son por imprudencias de la gente, nunca imaginas que va a pasar esto, porque nunca van a hacer esto, por ejemplo sacar una pierna para afuera del juego. Pero muchas veces hay imprudencias, o el hecho de querer  subir al juego, sobre todo de personas mayores, hay juegos que tienen un letrero que avisa que no pueden subir epilépticos, o enfermos del corazón, e igual la gente sube, entonces después bajan desmayados, y dicen que es culpa del parque, y no es así.

LOS AÑOS

Luego de tantos años de trabajo, Sidney ahora se toma su tiempo para mirar un partido de fútbol, tranquilamente en su casa, como el domingo por la noche, cuando fue entrevistado por EL PUEBLO, son los años, dice, al tiempo que su esposa agrega que aunque está sentado acá, siente un barullito, que pasa algo en el juego y  él ya sabe, estoy acá, pero me paro, doy una mirada, pero a veces hay que tomarse un poco de tiempo, porque los años se te vienen, y ya sentís otras nanas.

ALGUIEN TIENE QUE HACERLO

La contra de este trabajo, es que trabajas cuando los demás no trabajan, como los feriados y fines de semana, son los días que más se trabaja, pero dependemos de eso, alguien tiene que hacerlo.

Pero si les toca una semana de lluvia, estás aburrido que no sabés más que vas a hacer, a veces salimos para afuera con los muchachos y nos ponemos debajo de una lona para vernos las caras, porque pasamos 24 horas durmiendo”.

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“No pude despedirme de mi hija”

José Gervasio Morales Brum fue secuestrado por el Gobierno español y
puesto en un avión hacia Uruguay por defender el medio ambiente

José Gervasio Morales Brum fue secuestrado por el Gobierno español y puesto en un avión hacia Uruguay por defender el medio ambiente

La historia de José Gervasio Morales Brum es demoledora. Se trata de un salteño que vivió una década en España hasta que fue secuestrado y expulsado de ese país con la connivencia del gobierno uruguayo que hasta ahora se llamó a silencio sobre su caso y no ha reclamado ni protestado por los Derechos Humanos de este compatriota.

Su expulsión hasta ahora vino sin causa judicial alguna, fue por manifestarse en contra de las prospecciones petrolíferas que el gobierno de ese país le regaló a la Repsol en Lanzarote, sin decirle nada a nadie. Pero cuando Morales Brum y muchos otros se enteraron comenzaron a manifestarse haciendo oír su voz y vaya si esto fue una molestia.

En pocos días recibió una notificación de que sería expulsado sin acusación alguna y que tenía 60 días para ir contra eso en un juzgado español. Pero cuando transcurrían apenas 20, fue secuestrado por la Policía y amarrado a un avión con lo que tenía puesto. Sin sus papeles, sin su dinero, sin su ropa y sin despedirse de su hija de entonces 5 años de edad.

Llegado a Uruguay denunció el procedimiento pero hasta ahora nadie le ha dado cabida a su reclamo. Hace pocas semanas, una jueza española, dijo que su expulsión quedaba revocada, pero el gobierno de ese país apeló el fallo y ahora la situación debería seguir para lograr la definitiva restauración de su permiso para regresar a España y abrazar a su hija. Aunque sin dinero, todavía no sabe cómo será posible defenderse ante los tribunales de aquel país.

La historia de un hombre al que le fueron violados todos los derechos humanos, los civiles, los políticos, los penales, todos. Algo de lo cual, el gobierno uruguayo, pese a tener conocimiento de causa, aún prefiere el silencio. Pero José Morales Brum se los cuenta él mismo, en nuestra sección semanal Al Dorso.

¿Quién es José Morales?

Emigró de Salto en 1983 hacia Montevideo. Los caminos de la vida lo llevaron más tarde por Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y terminó en el año 2002 en España. Donde comienza su periplo en la isla de Lanzarote donde pasó todo. “Yo no soy más que un simple trabajador, un idealista tal vez. Metido en esas cosas que son injustas y en las que no puedo estar distante desde la cultura del no te metas y hacé la tuya, desde esos conceptos no puedo abstraerme de la realidad”, dijo.

En base a esa filosofía fue que en todos lados donde “he estado, me he integrado socialmente y por eso en Lanzarote tuve una participación activa a nivel gremial y social defendiendo el derecho de las personas migrantes, de los derechos humanos, de la comunidad uruguaya. Yo soy técnico industrial, siempre trabajé en el área metalúrgica aunque por la crisis en España, trabajé en el área administrativa”.

Aunque dijo que su militancia ya causó atención, porque en Lanzarote “se generó cierta tensión de que determinada persona de origen extranjero tenga una participación social activa, entonces se va creando un perfil de seguimiento de lo que se llama allá la Brigada de Información de la Policía Nacional de España, que maneja los mismos métodos que aplicaba para la persecución política durante el franquismo”.

Estuvo trabajando en forma muy activa desde España por la causa del pueblo saharaui que se ve desplazado por las autoridades de Marruecos. “Estoy abrazado a esa lucha por gente que está pasando muy mal, que atraviesa una situación muy injusta y he sido activo militante, alzando la voz y denunciando lo que a ellos les pasa, siendo un alta voz de su causa. Eso significó que en determinado momento el Gobierno Español me abrió un expediente de expulsión que luego lo archivó a los 6 meses”, contó y dijo que esto ocurrió bajo el gobierno del socialista Rodríguez Zapatero.

Cuando cambió el gobierno e ingresó el actual Partido Popular conducido por Mariano Rajoy, “modificaron la postura que existía en cuando a las prospecciones petrolíferas en Islas Canarias y adoptaron otorgarle a la empresa Repsol la concesión de esas aguas. Quienes vivíamos allá decidimos protestar por una situación que considerábamos injusta. Además la principal economía de la isla es el turismo y esa decisión es contrapuesta a lo que la sociedad quería porque ponía en riesgo el turismo y sobre todo el agua del cual se alimenta la isla”.

Pero el 10 de febrero del año pasado, hubo un cónclave del Partido Popular en Lanzarote y allí participó el canario José Soria, Ministro de Medio Ambiente de Islas Canarias. Culminada esa reunión, se generó una manifestación por parte de algunos de los lugareños que a la salida exclamaron a viva voz su desacuerdo con la situación. “Y como sabia que podía ser objeto de algún seguimiento decidí retirarme y estuve muy al margen de todo eso. Al cabo de cinco días de ocurrido el episodio, a siete personas nos llegan actas con multas por presuntas faltas administrativas al alterar el orden público que en mi caso era de 400 Euros y a los otros por 300. Me acusan de haber querido romper el cordón policial, gritarle al ministro, cosa que es falsa porque hay registros de prensa, donde se ve que no sólo no participo de la reacción de la gente, sino que ademas me retiré del lugar cuando salía esta persona”, contó.

Tras apelar la instancia administrativa, en el mes de abril del 2012 el Gobierno Español le inició un expediente de expulsión y el 21 de mayo, le comunicaron que mantenían la decisión, dándole 60 dias para interponer un recurso de apelación.

El secuestro

Pero dijo que “no pasaron 20 días de esta notificación que el Gobierno Español ordena en forma sumarísima mi secuestro y posterior expulsión sin respetar el plazo de 60 días que me iban a dar para apelar, pero además tampoco se respetó el pedido que hizo mi defensa, y es un secuestro express hecho por el Gobierno Español y amparado por el Gobierno Uruguayo. Esto es grave por lo que nos toca a los uruguayos, por lo que significa este tipo de acciones sin que trasciendan públicamente”.

“Sin tomar en cuenta la Constitución Española, sin tomar en cuenta la Ley de Extranjería, sin tomar en cuenta el Estado de Derecho, con un operativo de 12 policías, el gobierno español decreta mi secuestro y expulsión. Sin poder recoger mi ropa, sin poder sacar mi dinero, sin poder tener mi documentación, sin poder despedirme de mi hija, sin poder tomar contacto con nadie”, contó.

Las horas de desesperación pasaron mientras que fue detenido y trasladado al aeropuerto de Tenerife para su traslado a Madrid. Allí lo ataron al asiento con un arnés de seguridad y voló con dos agentes que lo cuidaban como si fuera un delincuente. “Me pusieron esposas en los pies y me ataron al cinturón de hierro grueso que me colocaron, de tal manera que no podía incorporarme y así viajamos hasta Madrid tras tres horas de vuelo. Volví a estar detenido otras dos en un calabozo y luego me trasladaron al aeropuerto para salir a Montevideo donde volvieron a atarme. Yo en ese momento exigía que me mostraran la sentencia que decretaba mi expulsión y cuáles eran los cargos que se me imputaban. Pero los policías solamente me decían que ellos no sabían nada de eso, que solamente estaban para cumplir órdenes”.

A su pareja le informaron por teléfono de lo que estaba pasando, lo mismo que a su abogado. Pero al Consulado uruguayo en Las Palmas, no pudieron hacerlo porque justo ese día, el teléfono particular del cónsul Jorge Figueredo no funcionaba, y las oficinas estaban cerradas, por eso la Policía les envió un fax. “Yo les pedí asistencia jurídica, porque el costo de pleitear en el Alto Tribunal Español es muy alto, pero el Cónsul dijo que eso escapaba a las posibilidades de la Embajada. Y fuimos en busca del embajador Carlos Pita, pero éste se llamó a silencio”, contó. Y dijo que “después el embajador dijo que hizo todos los esfuerzos posibles por establecer contacto conmigo, hecho que es totalmente falso, porque tiene mi teléfono y todos mis datos y nunca se comunicó. Además el cónsul sabía cómo contactarme”.

¿Bienvenido a Uruguay?
Cuando llegó al aeropuerto de Carrasco, después de 8 horas de vuelo, lo estaba esperando Interpol. El sargento Tabaré Maidana lo condujo hacia sus oficinas y allí recibió el pasaporte de Morales Brum, de manos de los policías españoles. “Le dije que estaba siendo objeto de una detención ilegal y que él estaba siendo testigo de una acción ilícita, que contravenía todos los derechos y le dije, en este momento usted puede parar esto y yo quiero denunciar esto ahora mismo. Entonces los dos policías españoles se despidieron amistosamente del uruguayo, y éste vuelve contra mí, me toma del hombre y me lleva hasta su oficina buscando a ver si tenía antecedentes penales, pero no encontró nada en ningún lado”, dijo.
Tras esto, muy de mala gana, el sargento Maidana le hizo sellar el pasaporte en Migraciones y le “vamo a hacerlas fácil” y lo sacó a empujones hacia dónde estaba el resto de los pasajeros. Y allí quedó. Sólo, sin nadie, sin nada. Mirando perdido todo lo que pasaba a su alrededor sin entender qué había ocurrido. En eso escucha que alguien gritó José Morales. Y se acercó, era un hombre que había escuchado su caso en los medios de comunicación y fue a apoyarlo. Era el único que le creía y que lo apoyaba. Esa persona lo llevó hasta Cancillería, donde planteó este asunto. Pero fue eso nomás.
Desde entonces José Morales busca una respuesta a su situación. La prensa española tomó su caso como el ejemplo del poder de las corporaciones contra cualquier derecho ciudadano. La prensa uruguaya se limitó a decir que era un expulsado. Las autoridades nacionales, el presidente, el canciller y el ministro del Interior no han dicho absolutamente nada, pese a que Morales les envió toda la documentación de su caso.
Llegó a Salto como un indigente, visitó a su madre en Constitución y vino a Salto por trabajo. Consiguió un lugar donde quedarse y trabaja en una empresa citrícola por 8 mil pesos mensuales. Ahora la Junta Departamental ha tomado su caso para estudiarlo y él respira. Acusa al gobierno uruguayo de tapar un secuestro y de no ayudarlo. Pero sigue peleando, porque recuerda que su hija ahora tiene 6 años y 4 meses, y todo lo que quiere es volver a abrazarla

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De la adolescente transgresora a la abuela sin ataduras…

Si algo la enorgullece, es el haber enfrentado la vida y las dificultades con mucha entereza y haber logrado salir adelante. La abuela Luisa (Medina) vive a plenitud, cobijada por el amor de sus siete hijos y sus nietos… aunque no cuido nietos… nos aclara de entrada. Desde adolescente fue liberal y transgresora, al punto de ser la primera y única mujer que decidió concurrir a la Asociación Horacio Quiroga, que por entonces reunía a la elite intelectual, no sólo de Salto. Allí conoció a Enrique Amorim, Jorge Luis Borges, Esther Haedo de Amorim, Echave, José Czziferi y otros. El diálogo con Luisa supone sumergirse en una época que marcó la historia de la ciudad y quizás de la vida cultural de la región y el país…

Lo que sigue es un compendio de este rico diálogo.
¿Cómo es tu nombre?
- Luisa Medina Gravín.
¿Con qué edad estás?
- 80 años.
¿Cuándo naciste?
- El 10 de octubre del 33. Dicen que es el mes de las perdices locas. Tengo mellizos de octubre y un hijo de octubre.
¿Cuántos hijos tenés?
- Tengo siete hijos. La mayor es Natacha, sigue Juan Adrián, que es enfermero en la Cardio, después siguen Luis María y José María. Ahí perdí un niño que se llamaría Pedro Virgilio (por Rocha, pero yo soy de Nacional), y ahí siguen María Filomena y los mellizos Carlos y Rodolfo, los menores.
Tengo once nietos; el mayor es José Pablo, hermano de Ana Lucía y María Laura. Esos tres son Escobar Aguirre. Después vienen las de Juan, que son Aguirre: Eugenia, Andreína y Camila. Los melli no tienen hijos. El Lolo tiene a Diego y Gonzalo. Después viene Carlos, con Lucía y Joaquín. Once nietos. Yo quiero mucho a mis nietos, pero  los cuido solamente en un caso de necesidad, si no, no. Digo que  la Naturaleza es sabia, porque ahora, en este momento, la paciencia no me da. Porque si se sube arriba de la silla ya tengo miedo de que se caiga, si corrió, si se lastima… Me deja en estado nervioso, entonces prefiero no encargarme…
¿Dónde naciste?
- Creo que en  Camino del Éxodo. Pero me enteré a los años que fue en calle Guaraní, por sobre el río, no tengo idea exacta.
SU ABUELA Y LAS
LAVANDERAS
- Mi abuela era lavandera de río. Se llamaba Filomena Saturnina Fernández Aragón. Su padre era español, según la partida de nacimiento, pero su  madre era indígena. En casa teníamos un pozo del que salía agua, un tipo manantial, como se llama ahora, pero agua potable no teníamos, tampoco corriente. En casa se guardaba al ras del piso, medio playo, como sótano,  se ponía agua, se ponía bebidas, todos los casilleros, pasaba la Urreta y te dejaba el agua, la mandarina y todo eso. Se forraba todo en arpillera para tenerla fresca. La leche sí se bajaba al pozo. Mis abuelos tenían animales, mi abuela tenía vacas, pero para lavar la ropa se iba a lavar al río.
Te voy a contar una anécdota mía en el río, donde viví esa independencia de la costa del río, porque eran cuatro lavanderas que iban a Salto Chico: doña Lucía, doña Eufrasia, doña Filomena, y la otra que es Justina para nosotros. Eran las cuatro lavanderas. Iban separadas.
Veíamos muchas cosas. A la una de la tarde pasaba una chalana y se veía todo (el contrabando), y mi abuela decía Uds. no vi, no sé, no estoy. Y estaba doña Rufina, que era bisnieta del Gral. Otorgués. Había unos gurises bañándose y había uno que se estaba ahogando. Se metió al río y lo sacó fuera del agua, después que le hizo vomitar todo el agua, le dio una paliza de palmas (nalgadas) y le dijo ahora andá y contale a tu padre porqué te pegué.
Se hacía respetar la veterana, tenía sus años, era una de las lavanderas .

La otra Luisa, liberal y transgresora desde sus raíces…luisa04

¿Qué hay de la Luisa transgresora, que se arrimó a la Asociación Horacio Quiroga siendo adolescente, cuando eso era visto con mucho recelo, tanto es así que tengo entendido era la única mujer en la institución?

- Es verdad. Fui un poco castigada por la gente. Fue en el año 45-46, cuando recién salía la (Asociación Horacio)  Quiroga. Tendría 14 o 15 años, había estado en el liceo y no quería seguir, no me gustaba. Eran esas rebeliones que te vienen a esa edad. Las monjas eran muy estrictas… y yo, liberal como quería ser, costaba. ¡Tengo cada anécdota! Nosotros teníamos mucha amistad con los Echave, con Pepe Echave y toda la familia. Yo le posé para un mural a Pepe Echave  (el que sigue estando  en la Estación El Palacio)  y ahí me embalé.  Claro, me hizo mucho más mayor, porque yo tenía el pelo largo y usaba trenzas. Como yo me embalé, me dijo andate así y así a tal lugar. Yo aparecí, Te podés imaginar que las primeras figuras de pintores que vi me dieron un impacto, no estaba acostumbrada a eso. Pero todo bien, me dijeron tal día, a tal hora comienzas las clases.

Estaba feliz, cuando vine y dije en mi casa me dijeron nena, ¡qué vas a ir!, armó lío, pero la nena salió con la de ella y empecé a ir a la Quiroga, que estaba en Uruguay 331, donde eran los juzgados antiguamente.

A los tres meses que iba, salió una exposición era un Salón de interiores de San José y él (Echave) vino y me dijo Luisa, vamos a mandar un cuadro tuyo, yo no te digo que vaya a tener premio, pero que no tenga premio no significa nada, ya si te lo aceptan contate dichosa porque vas,  porque vas a competir con artistas.

En aquel momento pintábamos, me gustaba más pintar que dibujar, pero como había que dibujar para aprender a pintar, no nos escapábamos del dibujo.  ¡Cuál no sería mi sorpresa! Un compañero, Peralta -que ya no está- sacó el primer premio. Yo saqué una medalla. Te podés imaginar (lo que significaba) ¿quién a esa  edad había logrado eso?, que ya el diario te conociera, que te conociera el medio, que nos hicieron un homenaje en la confitería Ideal, que estaba en calle Uruguay al lado de Paris Londres (Uruguay y Soca). Ahí yo ya empezaba a volar  en ese sentido. Mi abuela no estaba de acuerdo; mi tía, más o menos me acompañaba y me aceptaba. Ahí me relacioné con la familia Catalogne, toda gente del arte. Mi tía me decía vos escuchá y observá y vas a darte cuenta de muchas cosas. Ahí lo conocí a Enrique Amorim. Yo ya sabía que era el poeta, era el hombre de la sociedad, transgresor, que era la cultura viviente. Nos invitaba para ir a la casa. Hice una relación espléndida con Esther (de Haedo su esposa), porque adquirí  cultura, roce social, ubicación que ahora no la aprendés, no la asimilás tampoco como se asimilaba en aquella época. Entonces íbamos con ella a distintos barrios. Recién había salido La Tablada, barrio Artigas cuando las inundaciones del 59. Íbamos a enseñarles a coser, a ayudarlos en algo y yo acompañaba.

en lo de Amorim, pero nunca se habló de política: sí de cultura. Enrique te hablaba de un Cézanne, de un Renoir, de un impresionista, del cubismo, del modernismo, de Picasso, y a su vez conocía personajes que venían, como China Zorrilla, Hugo del Carril, (Jorge Luis) Borges, personajes que venían y vos relacionabas ahí. Incluso vos ibas diciendo, adquiriendo otra cosa, y me gustaba y lo seguía. Y Amorim decía “Luisa, no abandones la pintura, porque costureras hay muchas, pero pintoras hay pocas”. Me lo decía Amorim.

Tengo una lámina de Berthe Morisot, una pintora impresionista de la época, que era la única mujer que andaba entre los impresionistas. Por eso él me decía, y tengo escritos muy lindos que él me sacó en el diario. Y exposiciones acá, exposiciones allá. Hay una anécdota muy linda: habíamos sacado premio en una exposición que hubo en Concordia, en la municipalidad. El maestro era húngaro, (José) Czífferi. Nos decía bueno, ahí está la muestra, ustedes la pintan. Entonces, nosotros hacíamos lo que veíamos y como lo veíamos. Pero él venía y decía lo que estaba mal después, y si había que romper, se rompía. Era la libertad que te daba.

Entonces, habíamos sacado premio e íbamos a Concordia. Eran Enrique Tourem, Peralta. José Czifferi. Entonces, cuando llegamos a la Aduana, ¿de dónde pasar al otro lado? Todos menores, él extranjero y sin permiso. Yo me senté a llorar como una Magdalena, bien malenseñada como era. ¿Sabés quien nos solucionó? Curubeto, que era el cónsul y muy allegado a la Quiroga. Él nos solucionó el problema porque íbamos y volvíamos, íbamos solo a la municipalidad, nada más. Allá marchamos. Sirvieron un vino y uno de los militares dijo Y a la niña, refresco. La niña era yo.

Por eso te digo que tengo recuerdos muy  lindos.

Yo lo vi construir desde que hicieron los pozos…

Es imposible que las cenizas de García Lorca estén debajo del monumento de la Piedra Alta

Luisa fue testigo privilegiado de la construcción del monumento a García Lorca y descarta radicalmente que debajo estén las cenizas del poeta y así lo cuenta…

Ese monumento fue una idea que surgió una noche que estaban reunidos “Ojo” Rodríguez Musmanno, que no se integró mucho porque en ese entonces estaba más en Montevideo, estaba Borges y un artista de teatro de Montevideo. Entonces se habló de hacerle un monumento a Lorca, y salió así, de piedra, un muro de piedra,

Amorim vendió adoquines entre las personas que estaban de acuerdo en financiar la construcción del monumento y aunque los que apoyaron no figuraban, Amorim tenía un cuaderno con el nombre de todos los que colaboraron.

¿Tu asististe a la construcción del monumento, qué opinas de lo que hoy se sostiene que al pie del mismo podrían estar las cenizas del poeta?

Es imposible, yo vi toda la construcción y además salía con Amorim a comprar los materiales que se necesitaban. El fusilamiento de García Lorca se sabía que sucedería, porque lo estaban esperando, pero además por una persona española sabemos que fueron cinco los fusilados ese día, esa madrugada, nadie sabía quien era uno y quien era otro…

Yo vi la construcción desde que hicieron los pozos para el basamento y Enrique (Amorim) iba todos los días a verla, iba él e iba yo a todos lados.

¿Lo hicieron funcionarios municipales?

No, lo hicieron trabajadores contratados por Amorim. Creo que fue todo idea de Enrique Amorim, porque todo lo que era Cultura le interesaba financiar.

También se dice hoy que Enrique Amorim era homosexual y pareja de García Lorca…

Es un disparate. Yo que le conocía puedo decir que esto es absurdo. Si bien no descarto que García Lorca, que no ocultaba su sexualidad,  pudiera haberse sentido atraído por Amorim, que era un hombre alto, espigado, pero jamás vi nada que pudiera hacer pensar que hubiera una relación de este tipo que hoy se maneja.

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“Estoy convencida que en la vida todo llega a su tiempo”

En la vida hay quienes nacen con un talento, pero no logran cumplir sus aspiraciones a veces, porque adoptan una posición pasiva que los lleva a encerrarse en su propio universo.
Pareciera que otros nacen con el chip que los impulsa a elevarse más allá de sus sueños y logran tener bien en claro que no se trata de solamente llegar sino saber cómo hacerlo  y que los tropiezos o barreras son nada más ni menos que aditivos para que el arribo sea pleno.

Allí nos encontramos con Ana Gabriela Silveira (42), cantante y locutora lugareña, que hace de su existencia una celebración permanente, haciendo caso omiso al prejuicio que emerge de los mortales, cuando vienen a ensombrecer su estado optimista.
Comenzó la carrera como solista luego de haber sido madre de familia, pues en la juventud y adolescencia, la formación rígida que recibió de sus padres no le permitió dar rienda suelta al arte que llevaba consigo.
El año pasado se presentó en el programa televisivo argentino “Soñando por Cantar” (producción de Marcelo Tinelli) y fue seleccionada entre miles de vocalistas, viviendo luego una experiencia tan intensa que la recordará por siempre.
Su singular y expresiva personalidad, hace que no pase desapercibida en ningún espacio y capta como pocos la atención que nos insta a escucharla y “meternos” por algunos instantes, en el escenario de su vida, alegrarnos, reflexionar y hasta emocionarnos mientras va deslizando su relato Ana Silveira.
“ME SABIA TODO
EL REPERTORIO MUSICAL
DE RADIO SALTO”
“Mucha gente me conoce y sabe que me muestro tal cual soy… digo lo que pienso y me gusta actuar con libertad…. nací en el barrio Artigas y con mis hermanos crecimos allí… soy las más chica de los ocho” – comenzó.
Su casa está situada en el terreno de la ex cancha de bochas… hogar que sigue siendo muy modesto… un patio enorme, dotado de dos hileras de paraísos y por fuera, ornamentado por eucaliptus.
¿Y ya en esos momentos cantaba?
-  Había comenzado a palpitar en mí la influencia de papá que también cantaba…  era talabartero…  mientras que trabajaba el cuero cantaba de continuo; su voz era melodiosa y profunda.
Nunca tuvo la posibilidad de estudiar Música; había hecho hasta tercer año de escuela.
Yo cantaba siempre…pero lo que más me atraía era jugar a que conducía  los programas de radio Salto y lo que es el destino… desde hace más de una década trabajo en radio (Hoy conduce el programa titulado “Una hora al aire”).
Trato de ponerle a todo siempre una dosis de humor, pero es algo que me surge naturalmente… no es nada estudiado.
Sus progenitores eran ambos trabajadores y a menudo no había el dinero suficiente para mantener a ocho criaturas.
En ese tiempo estaba instalado el Matadero – donde hoy  es la sede del Movimiento de Horticultores –  conseguían achuras para preparar la comida y con ellas eran alimentados. “Por eso nos llamaban los achureros del barrio Artigas” – recordó con cariño.
¿Y cómo era su entorno familiar?
“Mis padres eran muy estrictos. Cuando terminé la escuela con muy buenas notas, mi padre me dijo: Usted no va a estudiar. Las mujeres deben colaborar con las tareas del hogar”.
¿Y le frustró no poder estudiar?
“Ciertamente no… era común que nuestra generación acatara las órdenes de los padres…. seguí siendo niña hasta los quince años, cuando conocí al padre de mis hijos…. me casé a los dieciséis.
Al salir de la égida del seno familiar, entró a la del matrimonio, postergando hasta ese entonces, su actividad y desarrollo artísticos.
Pensé que al dejar mi hogar, debía pasar a hacerle caso a mi marido, pues fui formada así… que la mujer debía llegar virgen al matrimonio y que en el noviazgo debía sentarme a medio metro de mi novio…. cumplí esos requerimientos y verdaderamente ello me enorgullece”.
Lamentablemente su matrimonio no fue lo que esperaba y al cabo de vivir situaciones de violencia doméstica, se separó, pasando a ser la jefa de hogar.
SU DESPERTAR
A LA MÚSICA
Dar su paso definitivo como cantante le llevó varios años hasta que finalmente lo logró y primeramente fueron los festivales con fines benéficos donde se dio a conocer como artista, antes de comenzar una profesión con el rigor que ello merece.
Al quedarse sola debió tomar todo el peso de la responsabilidad y trabajar en mil cosas, pero con su ingenio y fuerzas propias de su personalidad, sacó sus tres hijos María Fernanda,  Claudio Alejandro y Heber Gabriel, adelante.
“Mis hijos terminaron los estudios a pie, porque muchas veces se les rompía la bicicleta en el camino y no siempre contaron con los recursos para trasladarse en ómnibus… hoy ya están grandes, pero sigo siempre una madre que está muy pendiente”.
La carrera artística fue tomando forma luego de que ganara en uno de los concursos realizados en la Fiesta de La Cerveza, organizados por el empresario y comunicador Carlos Ardaix.
Posteriormente grabó un material que fue difundido por el periodista Juan Román y luego con la ayuda de su hijo, fue armándose de su repertorio y pistas.
Dentro de su filosofía de pensamiento Ana Gabriela sostiene que todo acaece para y por algo y  que todo llega a su tiempo y es así que nos comparte cómo el universo puso todo a su favor para que pudiera brillar en el escenario de “Soñando por Cantar”, ante millones de televidentes.
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Pareciera que otros nacen con el chip que los impulsa a elevarse más allá de sus sueños y logran tener bien en claro que no se trata de solamente llegar sino saber cómo hacerlo  y que los tropiezos o barreras son nada más ni menos que aditivos para que el arribo sea pleno.
Allí nos encontramos con Ana Gabriela Silveira (42), cantante y locutora lugareña, que hace de su existencia una celebración permanente, haciendo caso omiso al prejuicio que emerge de los mortales, cuando vienen a ensombrecer su estado optimista.
Comenzó la carrera como solista luego de haber sido madre de familia, pues en la juventud y adolescencia, la formación rígida que recibió de sus padres no le permitió dar rienda suelta al arte que llevaba consigo.
El año pasado se presentó en el programa televisivo argentino “Soñando por Cantar” (producción de Marcelo Tinelli) y fue seleccionada entre miles de vocalistas, viviendo luego una experiencia tan intensa que la recordará por siempre.
Su singular y expresiva personalidad, hace que no pase desapercibida en ningún espacio y capta como pocos la atención que nos insta a escucharla y “meternos” por algunos instantes, en el escenario de su vida, alegrarnos, reflexionar y hasta emocionarnos mientras va deslizando su relato Ana Silveira.
“ME SABIA TODO EL REPERTORIO MUSICAL DE RADIO SALTO”
“Mucha gente me conoce y sabe que me muestro tal cual soy… digo lo que pienso y me gusta actuar con libertad…. nací en el barrio Artigas y con mis hermanos crecimos allí… soy las más chica de los ocho” – comenzó.
Su casa está situada en el terreno de la ex cancha de bochas… hogar que sigue siendo muy modesto… un patio enorme, dotado de dos hileras de paraísos y por fuera, ornamentado por eucaliptus.
¿Y ya en esos momentos cantaba?
-  Había comenzado a palpitar en mí la influencia de papá que también cantaba…  era talabartero…  mientras que trabajaba el cuero cantaba de continuo; su voz era melodiosa y profunda.
Nunca tuvo la posibilidad de estudiar Música; había hecho hasta tercer año de escuela.
Yo cantaba siempre…pero lo que más me atraía era jugar a que conducía  los programas de radio Salto y lo que es el destino… desde hace más de una década trabajo en radio (Hoy conduce el programa titulado “Una hora al aire”).
Trato de ponerle a todo siempre una dosis de humor, pero es algo que me surge naturalmente… no es nada estudiado.
Sus progenitores eran ambos trabajadores y a menudo no había el dinero suficiente para mantener a ocho criaturas.
En ese tiempo estaba instalado el Matadero – donde hoy  es la sede del Movimiento de Horticultores –  conseguían achuras para preparar la comida y con ellas eran alimentados. “Por eso nos llamaban los achureros del barrio Artigas” – recordó con cariño.
¿Y cómo era su entorno familiar?
“Mis padres eran muy estrictos. Cuando terminé la escuela con muy buenas notas, mi padre me dijo: Usted no va a estudiar. Las mujeres deben colaborar con las tareas del hogar”.
¿Y le frustró no poder estudiar?
“Ciertamente no… era común que nuestra generación acatara las órdenes de los padres…. seguí siendo niña hasta los quince años, cuando conocí al padre de mis hijos…. me casé a los dieciséis.
Al salir de la égida del seno familiar, entró a la del matrimonio, postergando hasta ese entonces, su actividad y desarrollo artísticos.
Pensé que al dejar mi hogar, debía pasar a hacerle caso a mi marido, pues fui formada así… que la mujer debía llegar virgen al matrimonio y que en el noviazgo debía sentarme a medio metro de mi novio…. cumplí esos requerimientos y verdaderamente ello me enorgullece”.
Lamentablemente su matrimonio no fue lo que esperaba y al cabo de vivir situaciones de violencia doméstica, se separó, pasando a ser la jefa de hogar.
SU DESPERTAR A LA MÚSICA
Dar su paso definitivo como cantante le llevó varios años hasta que finalmente lo logró y primeramente fueron los festivales con fines benéficos donde se dio a conocer como artista, antes de comenzar una profesión con el rigor que ello merece.
Al quedarse sola debió tomar todo el peso de la responsabilidad y trabajar en mil cosas, pero con su ingenio y fuerzas propias de su personalidad, sacó sus tres hijos María Fernanda,  Claudio Alejandro y Heber Gabriel, adelante.
“Mis hijos terminaron los estudios a pie, porque muchas veces se les rompía la bicicleta en el camino y no siempre contaron con los recursos para trasladarse en ómnibus… hoy ya están grandes, pero sigo siempre una madre que está muy pendiente”.
La carrera artística fue tomando forma luego de que ganara en uno de los concursos realizados en la Fiesta de La Cerveza, organizados por el empresario y comunicador Carlos Ardaix.
Posteriormente grabó un material que fue difundido por el periodista Juan Román y luego con la ayuda de su hijo, fue armándose de su repertorio y pistas.
Dentro de su filosofía de pensamiento Ana Gabriela sostiene que todo acaece para y por algo y  que todo llega a su tiempo y es así que nos comparte cómo el universo puso todo a su favor para que pudiera brillar en el escenario de “Soñando por Cantar”, ante millones de televidentes.
“Soñando  por Cantar”:  entre la magia y la emoción
Ana Gabriela se confiesa como una gran admiradora de Marcelo Tinelli, no perdiéndose ninguna de sus emisiones.
“Cuando dijeron en el programa que iban a recorrer el país, en mi mente comenzó a rondar la idea de participar.
De pronto me empezaron a caer mensajes de mis amigos y familiares, informándome que la producción  iba a Montevideo.
Viajé a la capital y cuando llegué a donde iban a tomar la prueba, había una cola tremenda… pasamos una mañana espectacular.
Quiero recalcar ese punto… donde quiera que voy, paso bien y disfruto…si sé de antemano que no va a ser así, ni me muevo.
Fue una experiencia muy rica, porque me permitió conocer muchos artistas, gente con calidad y calidez humana.
En esa oportunidad, di la prueba y no quedé, pero pude registrar muchas grabaciones de lo que se vivió allí y fue algo  mágico… difícil de traducir con palabras… me fui feliz”.
Pero la historia no se truncó allí… cuando se publicitó que la producción llegaría a Paysandú, la esperanza de nuestra artista despertó nuevamente y sin dudar, se fue con su repertorio preparado, un tema del cantautor argentino Juan Carlos Baglietto intitulada “Carta de un León a otro”.
“A la canción la conocía vagamente desde niña y algo me dijo que era la que debía interpretar.
Mi hijo me acompañó y debimos descansar en la vereda…  a las horas comenzaron a llegar otros postulantes salteños y se armó un clima muy especial.
Llegaron artistas de Chajarí con sus instrumentos y se improvisó una especie de show a las tres de la mañana.
Me pedían que cuidara la garganta para que no llegara disfónica al momento de la prueba”.
Cuando le llegaron los treinta segundos para mostrar su talento se jugó el todo por el todo, pero nunca pensó que superaría la prueba… “Cuando supe que estaba seleccionada, me paralicé y empecé a sentirme como en una nube…
La producción nos dio un trato excelente y nos acompañó en cada instancia.
Finalmente llegó el día de la presentación y Ana Gabriela dejó todo en la cancha.
El barrio Artigas se revolucionó y no se separaron de la pantalla ni un  solo instante hasta que llegó el momento más esperado, donde hizo vibrar con su dulcísima vos a todos los presentes y quienes la escucharon por tevé.
-¿Y cómo vivió el momento donde se encontró cara a cara con el jurado, con esos artistas consagrados, como Valeria Linch y Alejandro Lerner?
- “Les puedo asegurar que lo que se ve en la tele es diferente…. lo que se vive allí en el estudio es indescriptible…. me pregunté por qué estaba allí… lo tomé como un premio a la perseverancia.
Que Valeria Linch cantara y diera un espacio para que yo hiciera una picardía con el conductor… creo que hay varios antes y después… mi barrio Artigas vivió un clima de fiesta… algo que siempre voy a llevar en mi corazón.
Existen muchas cosas que vamos aprendiendo a cada paso y en la vida hay que ser agradecido y no olvidar jamás nuestras raíces.
Suelo guardar las instancias positivas de mi existencia, pues a lo negativo, decidí dejarlo de lado y estoy segura que voy a vivir muy buenas experiencias”.
Ana Gabriela Silveira cumplió uno de sus sueños, pero siempre va por más y todo lo que hace – tanto en el terreno artístico como radial –  que le brinda satisfacciones y le deja una enseñanza: sobre todo la de no  anquilosarse, sino dejarse sorprender siempre, pues todo llega cuando tiene que llegar.

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Con Laudelino “Nené” Silva, de oficio “Zapatero Reformista”

“Zapatero quiero ser y clavar  y
coser la botita de charol
y el zapatón también”

Así relata un pasaje de la popular canción del “Zapatero Remendón” que ya casi no se escucha tararear entre los niños y no se enseña en las escuelas, tal vez reflejo de los cambios por los que atraviesa la sociedad que hace desaparecer ciertos oficios a la par que crea otros nuevos.IMG_9737
Hoy casi no se ven zapateros, como Laudelino “Nené” Silva Suárez, quien realizó durante casi 60 años un trabajo artesanal, muy popular hace medio siglo atrás cuando no había quien no mandara componer o reformar sus zapatos que por aquel entonces duraban varios años, y que hoy con la invasión de zapatos chinos de material sintético a partir del año 1994, ha contribuido a la gradual desaparición de este oficio.
“Nené” Silva, de muy joven quiso tener un oficio, el de zapatero o cualquier otro, pero  ¡un oficio!, que le permitiera “vivir de otra manera y lograr estabilidad”. Si bien al principio debió realizar otros trabajos mas sacrificados como la tarea de campo; su tenacidad y ganas de superarse en poco tiempo le permitieron a través de la reparación y composición de zapatos la posibilidad de alcanzar su sueño de vivir de un oficio propio, el de “zapatero”.
Nació en Pueblo Sequeira, departamento de Artigas, el 31 de julio del año 1934, es el mayor de los hermanos varones lo que le hizo de pequeño tener que acompañar a su padre en su tareas de campo, en las zafras de maní, girasol, maíz, o durante la época de esquila, incluso recuerda que con tan solo seis años vino con su padre hasta Colonia Rusa en Salto “nos vinimos de a pie, cuarenta y cinco leguas, nos quedábamos en las estancias, y en Colonia Rusa estuvimos como dos o tres meses y de ahí nos fuimos a San Antonio, me acuerdo que nos agarró un temporal muy grande, lamentablemente había que luchar, antiguamente había que luchar para poder salir adelante. Mi padre cuando no tenia zafra, nosotros vivíamos pescando y cazando” dijo.
Los recuerdos de su niñez son los que vivió trabajando con su padre, hasta que junto a su familia se muda a San Antonio “compramos un terreno en San Antonio y nos mudamos en una carreta de Nico Leal el mayordomo de la Estancia de Solari, demoramos varios días en llegar, nos quedamos en los galpones de un almacén de Ambrosoni y ahí estuvimos un buen tiempo, hasta que empezamos a hacer nuestro rancho” dijo con orgullo por lo logrado.
“Ahí hice la escuela y viví hasta los 14 años, pero a los 12 cuando terminé la escuela me tuve que ir de peón de chacra a trabajar, yo le decía a mi padre, ¡cumplo 18 (años) y en el campo no me quedo más!” lo que denotaba ya de muy pequeño la seguridad de sus objetivos y su disposición a luchar para alcanzarlos.
Cuando su madre vino a vivir a Salto con sus hermanos, no dudó en convencer a su padre para hacerlo también “acá en Salto compraron (sus padres) un terreno en el barrio La Chinita de Daymán y ahí estuvieron hasta que fallecieron, pero yo me  quedé viviendo en una piecita, tenía 15 años cuando me compré una camita, yo me cocinaba y limpiaba, y en esa época trabajaba en chacras hasta que conseguí un trabajo en una panadería de Borgi en calle Joaquín Suárez y Ocho de Octubre  pero me pagaban muy poco y después conseguí trabajo en otra panadería” comentó.
Así estuvo durante dos o tres años,  hasta que empezó a hilvanar sus primeros pasos como zapatero en la zapatería de Rafael Perillo ubicada en calle Joaquín Suárez casi Barbieri “yo siempre venía y me paraba frente a una zapatería  a mirar como hacían los zapatos, a mirar a los otros trabajar y un día el encargado me dijo -”veo que te interesa mucho el oficio, siempre veo que te quedas parado mirando, ¿no te gustaría aprender el oficio?- y yo le dije que sí, porque yo lo que más quería era tener un oficio, y me gustó y  lo aprendí, con vocación, aprendí a armar zapatos de fútbol, botas, todo. Yo en aquel entonces ganaba $ 7 en la panadería y él (el encargado de la zapatería) me dijo -yo te pago $ 2,50 por semana hasta enseñarte el oficio y al mes te pago por un tanto- y ahí arranqué y terminé sacando $ 14 por mes. Después de dos años me pasé a la zapatería Oriental  en el centro, de Antonio Prieto, ahí aprendí a armar los zapatos, todo, usábamos el cuero, la baqueta para hacer los zapatos, la plantilla, y después vino la suela, se fabricaban mas bien zapatos cerrados, se usaba el taco ancho de madera para hombre y mujer, no había el taco Luis 15, al tiempo se empezó a usar eso, yo mas bien trabajaba con zapatos de hombre, la bota, el zapato de fútbol, hacíamos los tapones y todo, hoy viene la planta de goma, es todo distinto” dijo Nené relatando sus primeros años de vida trabajando como zapatero.
En el año 1954 ingresó al “Cuartel” como zapatero y ahí estuvo durante 22 años, hasta que en el año 1975 se retiró y comenzó con su zapatería propia en su casa armándole botas a “Terechenco y a la gente que viniera, estuve 10 años así, trabajando de zapatero en mi casa hasta hace un año atrás”
Su oficio le trajo muchos problemas de salud, principalmente en su columna “me estragué demasiado la columna, a veces terminaba de trabajar y llamaba a la emergencia porque no soportaba el dolor de espalda”
En cuanto a su familia, Nené es casado con René Bastos desde hace 52 años, ella era vecina y luego de un período de conviviencia se decidieron casar “yo me canse de vivir soltero, porque tenía que   cocinarme, lavarme, era demasiado, tenía 27 años cuando me dije: voy a buscar a alguien, y con ella (René) nos entendimos, convivimos como tres o cuatro años y despues nos casamos en el año  1961, ella siempre me ayudó en el taller, trabajaba par a par conmigo, nos llevabamos muy bien trabajando juntos y cuando entraba el sol recien veníamos para la casa, era la única manera, hay que  luchar para tener algo, después me compré un auto y ahora nos dedicamos a pasear, los domingos nos vamos a la costa, total los hijos ya estan grandes, ahora nos dedicamos a luchar por nosotros, yo creo que  con los años que tengo,  uno no esta para seguir luchando, sino para disfrutar, yo trato de vivir tarnquilo, si tenemos que salir salimos y como ella tiene un problema de salud yo prácticamente hago toda la tarea de la casa y tiene que ser así, porque se jura ante la bilbia en las buenas y en las malas” dijo con emoción.
Nené hoy en día es padre, abuelo y bisabuelo  y ya no se dedica más a su trabajo de zapatero, pero mantiene intacto su taller por si tiene que arreglar algun zapato de su señora o alguna de sus alpargatas.

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