Una lección de entereza y amor a la vida y la familia

¿Como Fue Su Infancia Y Adolescencia?
“Yo nací el 20 de febrero de 1956, soy el segundo de cuatro hermanos. Viví mi infancia en el Cerro, pero de pequeño nos mudamos a la Zona Este y más tarde a calle Brasil. Fui al colegio Salesiano donde incorporé los principios y valores de la escuela de Don Bosco, algo que te abre la puerta a la espiritualidad y a los valores como la familia, los amigos, la solidaridad. De chico dediqué toda mi etapa de liceo al básquetbol, jugué inicialmente en el Atlético Estudiantil Osimani y Llerena y después en varias instituciones como Nacional, Salto Uruguay, Chaná. Eso me dejó muchos amigos y me dio la templanza y la autoestima que solo te brinda el deporte”.
¿Cuando la conoció a Rosana (su esposa)?
“Estuve ennoviado desde muy chico con quien hoy es mi esposa, Rosana Ferrand, vivimos una época muy linda de novios. Cuando nosotros empezamos yo tenía 15 años y ella 11 o 12. La vida nos encontró así, nos unió. Ella estaba en sexto de la escuela y yo trabajaba en la heladería Nevada que queda enfrente. Rosana iba a comprar helado y ahí nos conocimos. Se ve que era mi media naranja porque de ahí en más siempre estuvimos muy unidos, nos encontramos temprano y nos complementamos muy bien, además es una excelente compañera. Después los hijos fueron llegando,  Soledad primero, en 1981, Franco vino al año, Paula seis años más tarde y por último Santiago”.
¿Así que usted trabajó desde muy joven?
“Si, primero en la heladería y después me vinculé a la hotelería, fui recepcionista. Cuando era un adolescente apareció alguien del Hotel Uruguay que necesitaba una persona de apuro y ahí me pusieron a mi. Me explicaron más o menos como era todo y arranqué. De esa improvisación surgió un trabajo para toda la vida porque hoy todavía sigo de recepcionista, ahora estoy en el Hotel El Dorado. Pero ese trabajo siempre lo complementé con algo. Estuve muchos años frente al Banco República con una mesita vendiendo quiniela y en eso mi señora me ayudaba mucho porque a veces yo tenía turno en el hotel y ella se quedaba vendiendo. Eso fue hasta el año 2005”.
¿Cuando surge la mensajería?
“La mensajería viene después. Porque como era una persona muy conocida y mucha gente nos tenía confianza empezamos a hacer mandados y surge la mensajería. El vínculo y la confianza que se genera con nuestros clientes es un capital muy importante que nos lo hemos ganado con nuestra forma de ser y de vivir. Nosotros somos personas que honramos nuestros compromisos, la gente notó eso y depositó en nosotros su confianza. Eso es algo que cuidamos mucho. Trabajamos muchas horas, estamos mucho en la calle, de un lado para el otro. En esto Rosana también me ayuda, si tenemos con quien dejar los chiquilines un rato ella me da una mano. Nos complementamos también en eso”.
¿Cuántos mandados llega a hacer en el día?
“En un día podemos llegar a hacer como máximo 35 mandados, más no te da el tiempo. El mandado tiene sus faces, hay que recepcionarlo, hacerlo y en muchos casos volver a entregar un comprobante. Hay que dar mucha vuelta. Hace ya 9 años que estamos con esto y a esta altura tratamos de no agarrar más mandados porque contamos con un grupo de gente que siempre nos llama y preferimos atender bien a los que tenemos. Nos han sugerido que incorporemos personal, pero nosotros no queremos porque sería una complicación más. Así estamos bien. Además es un trabajo de mucha confianza y preferimos hacerlo nosotros. Como estamos podemos solventar la vida del hogar y con eso nos alcanza”.
Su familia debió enfrentar la discapacidad dos veces…
“Es muy delicado el tema de la discapacidad. Hay muchos matrimonios que cuando la vida les trae un hijo discapacitado empiezan con problemas o discusiones. A nosotros no nos pasó eso, todo lo contrario, nos unió mucho más. Y más todavía cuando nació Franco y después de 10 años se repitió la historia. Fue muy duro. No podíamos creer que otra vez nos pasara lo mismo y empezamos el mismo peregrinaje de tener que ir a Montevideo, hacer los estudios, todo, porque al no tener un diagnóstico de ellos no sabemos contra que estamos peleando. En un primer momento te shockea, pero siempre buscamos la forma de salir adelante. Soledad tenía poco más de un año cuando nació Franco y le diagnosticaron parálisis cerebral. Ahí Rosana había pasado un embarazo con dificultades. Después vino Paula y todo fue normal y al final cuando llega Santiago el embarazo no tuvo ningún problema así que fue una sorpresa cuando empezamos a notar al poco tiempo de nacido reacciones similares a las de Franco. Lo llevamos al médico y nos diagnosticaron lo mismo,  parálisis cerebral. Se supone que es algún problema genético el que ellos tienen porque las dos mujeres no tuvieron ninguna dificultad y los dos varones nacieron con este problema. Pero no se encontró una respuesta concluyente.”
¿Cómo hacían para atender a sus hijos, el hogar y trabajar?
“Siempre contamos con la colaboración de la abuela Beba (madre de Rosana) que se quedaba en casa, nos cocinaba y estuvo todo el tiempo a nuestro lado. A los dos chiquilines hay que atenderlos constantemente, hay que bañarlos, vestirlos, sacarlos de la cama, estar siempre pendientes de ellos. Vivimos siempre una vida  muy intensa, tratando entre los dos de sobrellevar la vida de la casa. Ellos no pueden hacer muchas cosas y nosotros los llevamos a donde podemos, por eso salimos a empujar las sillas (de ruedas). Cualquier cosa que hagamos con ellos, la disfrutan mucho, tratamos con las pocas posibilidades que tenemos de que sean felices. Franco y Santiago ahora tienen 32 y 22 años (respectivamente). Soledad se recibió de Médica y Paula de Maestra, las dos viven en Montevideo y tienen sus hijos también. Ver que ellas tienen sus vidas realizadas nos reconforta mucho”.
Menciona constantemente el apoyo de su mujer…
“Uno con los años se vuelve reflexivo y se da cuenta que el pilar del hogar es la mujer. A mi modo de ver ella es la que levanta al hombre o lo hunde, la mujer tiene una cosa muy especial, tiene la sensibilidad, la dulzura, tiene eso que te desarma. Llegar a la casa y tener una mujer  que se brinda, que es buena compañera, que tiene el hogar bien atendido, a los hijos bien también. Uno ve armonía y eso contribuye a que se manifiesten cosas buenas. Yo quiero hablar un poco de mi madre también, porque creo que esta fortaleza que tengo también un poco es por ella, porque yo la vi en un momento de mi vida tener que ponerse los pantalones para sacar a la familia adelante, hacer de padre y madre en un momento determinado y eso me dio a mi su ejemplo”.
¿Piensan como van a enfrentar todo esto dentro de unos años?
“Lo que pueda pasar con los años nos inquieta mucho, porque uno se pregunta ¿como será el cierre de nuestras vidas? Pero preferimos no adelantarnos en pensar nada, la vida te puede cambiar en un segundo, así que vamos a esperar a lo que Dios diga. Nosotros por ahora tratamos de mantenernos bien, hacer ejercicio, yoga, que son cosas que nos ayudan mucho”.
¿Qué es lo que más le gusta hacer juntos?
“Cuando estamos todos juntos, disfrutamos mucho de ir a la piscina y salir a pasear. Más ahora que tenemos un vehículo que nos regalaron unos amigos y conocidos. Pasó que un día sonó el teléfono y nos dijeron que nos regalaban un auto cero km. Eso nos reconforta mucho también, porque nos sentimos queridos, hasta gente anónima nos lo ha dicho y eso nos da fuerza para salir adelante. Tenemos que agradecer a mucha gente por todo lo que nos ha ayudado”.

Con “Chichín” Guillermoni:

¿Como Fue Su Infancia Y Adolescencia?

“Yo nací el 20 de febrero de 1956, soy el segundo de cuatro hermanos. Viví mi infancia en el Cerro, pero de pequeño nos mudamos a la Zona Este y más tarde a calle Brasil. Fui al colegio Salesiano donde incorporé los principios y valores de la escuela de Don Bosco, algo que te abre la puerta a la espiritualidad y a los valores como la familia, los amigos, la solidaridad. De chico dediqué toda mi etapa de liceo al básquetbol, jugué inicialmente en el Atlético Estudiantil Osimani y Llerena y después en varias instituciones como Nacional, Salto Uruguay, Chaná. Eso me dejó muchos amigos y me dio la templanza y la autoestima que solo te brinda el deporte”.

¿Cuando la conoció a Rosana (su esposa)?

“Estuve ennoviado desde muy chico con quien hoy es mi esposa, Rosana Ferrand, vivimos una época muy linda de novios. Cuando nosotros empezamos yo tenía 15 años y ella 11 o 12. La vida nos encontró así, nos unió. Ella estaba en sexto de la escuela y yoAL DORSO trabajaba en la heladería Nevada que queda enfrente. Rosana iba a comprar helado y ahí nos conocimos. Se ve que era mi media naranja porque de ahí en más siempre estuvimos muy unidos, nos encontramos temprano y nos complementamos muy bien, además es una excelente compañera. Después los hijos fueron llegando,  Soledad primero, en 1981, Franco vino al año, Paula seis años más tarde y por último Santiago”.

¿Así que usted trabajó desde muy joven?

“Si, primero en la heladería y después me vinculé a la hotelería, fui recepcionista. Cuando era un adolescente apareció alguien del Hotel Uruguay que necesitaba una persona de apuro y ahí me pusieron a mi. Me explicaron más o menos como era todo y arranqué. De esa improvisación surgió un trabajo para toda la vida porque hoy todavía sigo de recepcionista, ahora estoy en el Hotel El Dorado. Pero ese trabajo siempre lo complementé con algo. Estuve muchos años frente al Banco República con una mesita vendiendo quiniela y en eso mi señora me ayudaba mucho porque a veces yo tenía turno en el hotel y ella se quedaba vendiendo. Eso fue hasta el año 2005”.

¿Cuando surge la mensajería?

“La mensajería viene después. Porque como era una persona muy conocida y mucha gente nos tenía confianza empezamos a hacer mandados y surge la mensajería. El vínculo y la confianza que se genera con nuestros clientes es un capital muy importante que nos lo hemos ganado con nuestra forma de ser y de vivir. Nosotros somos personas que honramos nuestros compromisos, la gente notó eso y depositó en nosotros su confianza. Eso es algo que cuidamos mucho. Trabajamos muchas horas, estamos mucho en la calle, de un lado para el otro. En esto Rosana también me ayuda, si tenemos con quien dejar los chiquilines un rato ella me da una mano. Nos complementamos también en eso”.

¿Cuántos mandados llega a hacer en el día?

“En un día podemos llegar a hacer como máximo 35 mandados, más no te da el tiempo. El mandado tiene sus faces, hay que recepcionarlo, hacerlo y en muchos casos volver a entregar un comprobante. Hay que dar mucha vuelta. Hace ya 9 años que estamos con esto y a esta altura tratamos de no agarrar más mandados porque contamos con un grupo de gente que siempre nos llama y preferimos atender bien a los que tenemos. Nos han sugerido que incorporemos personal, pero nosotros no queremos porque sería una complicación más. Así estamos bien. Además es un trabajo de mucha confianza y preferimos hacerlo nosotros. Como estamos podemos solventar la vida del hogar y con eso nos alcanza”.

Su familia debió enfrentar la discapacidad dos veces…

“Es muy delicado el tema de la discapacidad. Hay muchos matrimonios que cuando la vida les trae un hijo discapacitado empiezan con problemas o discusiones. A nosotros no nos pasó eso, todo lo contrario, nos unió mucho más. Y más todavía cuando nació Franco y después de 10 años se repitió la historia. Fue muy duro. No podíamos creer que otra vez nos pasara lo mismo y empezamos el mismo peregrinaje de tener que ir a Montevideo, hacer los estudios, todo, porque al no tener un diagnóstico de ellos no sabemos contra que estamos peleando. En un primer momento te shockea, pero siempre buscamos la forma de salir adelante. Soledad tenía poco más de un año cuando nació Franco y le diagnosticaron parálisis cerebral. Ahí Rosana había pasado un embarazo con dificultades. Después vino Paula y todo fue normal y al final cuando llega Santiago el embarazo no tuvo ningún problema así que fue una sorpresa cuando empezamos a notar al poco tiempo de nacido reacciones similares a las de Franco. Lo llevamos al médico y nos diagnosticaron lo mismo,  parálisis cerebral. Se supone que es algún problema genético el que ellos tienen porque las dos mujeres no tuvieron ninguna dificultad y los dos varones nacieron con este problema. Pero no se encontró una respuesta concluyente.”

¿Cómo hacían para atender a sus hijos, el hogar y trabajar?

“Siempre contamos con la colaboración de la abuela Beba (madre de Rosana) que se quedaba en casa, nos cocinaba y estuvo todo el tiempo a nuestro lado. A los dos chiquilines hay que atenderlos constantemente, hay que bañarlos, vestirlos, sacarlos de la cama, estar siempre pendientes de ellos. Vivimos siempre una vida  muy intensa, tratando entre los dos de sobrellevar la vida de la casa. Ellos no pueden hacer muchas cosas y nosotros los llevamos a donde podemos, por eso salimos a empujar las sillas (de ruedas). Cualquier cosa que hagamos con ellos, la disfrutan mucho, tratamos con las pocas posibilidades que tenemos de que sean felices. Franco y Santiago ahora tienen 32 y 22 años (respectivamente). Soledad se recibió de Médica y Paula de Maestra, las dos viven en Montevideo y tienen sus hijos también. Ver que ellas tienen sus vidas realizadas nos reconforta mucho”.

Menciona constantemente el apoyo de su mujer…

“Uno con los años se vuelve reflexivo y se da cuenta que el pilar del hogar es la mujer. A mi modo de ver ella es la que levanta al hombre o lo hunde, la mujer tiene una cosa muy especial, tiene la sensibilidad, la dulzura, tiene eso que te desarma. Llegar a la casa y tener una mujer  que se brinda, que es buena compañera, que tiene el hogar bien atendido, a los hijos bien también. Uno ve armonía y eso contribuye a que se manifiesten cosas buenas. Yo quiero hablar un poco de mi madre también, porque creo que esta fortaleza que tengo también un poco es por ella, porque yo la vi en un momento de mi vida tener que ponerse los pantalones para sacar a la familia adelante, hacer de padre y madre en un momento determinado y eso me dio a mi su ejemplo”.

¿Piensan como van a enfrentar todo esto dentro de unos años?

“Lo que pueda pasar con los años nos inquieta mucho, porque uno se pregunta ¿como será el cierre de nuestras vidas? Pero preferimos no adelantarnos en pensar nada, la vida te puede cambiar en un segundo, así que vamos a esperar a lo que Dios diga. Nosotros por ahora tratamos de mantenernos bien, hacer ejercicio, yoga, que son cosas que nos ayudan mucho”.

¿Qué es lo que más le gusta hacer juntos?

“Cuando estamos todos juntos, disfrutamos mucho de ir a la piscina y salir a pasear. Más ahora que tenemos un vehículo que nos regalaron unos amigos y conocidos. Pasó que un día sonó el teléfono y nos dijeron que nos regalaban un auto cero km. Eso nos reconforta mucho también, porque nos sentimos queridos, hasta gente anónima nos lo ha dicho y eso nos da fuerza para salir adelante. Tenemos que agradecer a mucha gente por todo lo que nos ha ayudado”.

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Con Alejandro Masksimchuk: un ucraniano que llegó a los seis años y hoy tiene 93

A sus 93 años mantiene una mente asombrosamente lúcida, recordando fechas exactas y tramos de su vida que lo marcaron a fuego.
Alejandro Masksimchuck llegó con apenas seis años con su madre y hermanas a suelo uruguayo, ya que su padre tres años antes había probado suerte en nuestro país, luego de que unos comisionistas llegaran a la aldea de Bolchest (Ucrania), prometiendo  buen trabajo y prosperidad en América.
Luisa Senisa (también perteneciente a la comunidad eslava) fue su compañera de toda la vida, cumpliendo más de 60 años de matrimonio hasta que ella dejara este mundo.
La de Alejandro fue una vida de mucho trabajo y supo hacer galas de su genética, destacándose como cabañero y ganando varios reconocimientos como criador de ganado.
Así es como accede presentar en Al Dorso, algunos pasajes de la película de su vida que sin dudas nos deja mensajes, enseñanzas y valores que supo conservar en el tiempo.

A sus 93 años mantiene una mente asombrosamente lúcida, recordando fechas exactas y tramos de su vida que lo marcaron a fuego.

Alejandro Masksimchuck llegó con apenas seis años con su madre y hermanas a suelo uruguayo, ya que su padre tres años antes había probado suerte en nuestro país, luego de que unos comisionistas llegaran a la aldea de Bolchest (Ucrania), prometiendo  buen trabajo y prosperidad en América.

Luisa Senisa (también perteneciente a la comunidad eslava) fue su compañera de toda la vida, cumpliendo más de 60 años de matrimonio hasta que ella dejara este mundo.

La de Alejandro fue una vida de mucho trabajo y supo hacer galas de su genética, destacándose como cabañero y ganando varios reconocimientos como criador de ganado.

Así es como accede presentar en Al Dorso, algunos pasajes de la película de su vida que sin dudas nos deja mensajes, enseñanzas y valores que supo conservar en el tiempo.

¿Qué recuerda de sus primeros años de existencia?

– “Nací en Ucrania el 29 de agosto de 1921. Me vine con seis años al Uruguay. Los primeros años me crié en la provincia de Bolchest.Recuerdo como daban de comer a los animales en invierno… cómo abonaban la tierra en primavera con el estiércol que sacaban de las cabañas…las cosechas…

Recuerdo cómo era la aldea… la calle estaba en el medio y habría más o menos unas cien casas y tres pozos… uno a la entrada, uno en el medio y el último a la salida.

En el invierno los pozos se congelaban y se tenía que cortar los hielos con el agua”.

¿Realizó allí algún año escolar?

-“No. vine con seis años y comencé la escuela en el Uruguay. Papá viajó antes, en 1924 y luego vinimos mis dos hermanas Anastasia y Olga, mi madre Lucrecia y yo.

Pisamos la tierra uruguaya el 11 de agosto de 1927”.

¿Cómo fue ese viaje?

-“Salimos en el barco Uraña (un barco holandés) en el invierno y cuando llegamos a la región cálida se tornó una dificultad… tuvimos que buscar la ropa más fina que habíamos guardado en baúles. El viaje duró un mes.

Aún recuerdo la primera vez en mi vida que comí naranja fue en España. El barco había atracado en el puerto y se acercaron chalanas a vender y el dinero se lo acercábamos en un canasto.

Luego en Brasil cargaron bananas hasta la medianoche. Como hacía mucho calor, salimos a la escollera a sentarnos.

Cerca de sentó un pariente… de repente vino un hombre y me agarró por la cintura y yo empecé a gritar con toda la voz que tenía.

Mi pariente me agarró de los pies y el hombre – que dijo que me quería comprar – finalmente me soltó”.

Fue un incidente muy traumático para Alejandro que asegura que hasta hoy revive esa presión en su cuerpo cuando quien pretendía ser su amo lo intentó “comprar”.

¿Cómo siguió la historia?

-“Mi padre Baldomero llegó primeramente a Buenos Aires en compañía de cuatro parientes. En Ucrania los comisionistas les prometieron mucho dinero en América si venían a trabajar.

¿Su papá había participado de la Primera Guerra Mundial?

-“Así es… a mi padre lo llevaron de Ucrania a Siberia para entrenarlo para el invierno. Cuando llegó allí, había una temperatura de cuarenta grados bajo cero. Los alemanes querían tomar Varsovia y lo trajeron como rehén durante quince días y quince noches viajando sin parar.

Luego cayó prisionero en los Cárpatos y debió trabajar primero en la mina de oro y luego en la de sal.

Durante el invierno nadie se escapaba pero aprovechaban el verano para huir”.

En Yugoslavia trabajó cortando madera para los fusiles… posteriormente lo llevaron a Austria a la refinería de ron, finalmente se pudo escapar de los campos de concentración y tres meses demoró en llegar a la aldea”.

Alejandro no puede contener las lágrimas al recordar las vicisitudes que tuvo que pasar su padre para llegar a reunirse nuevamente con los suyos.

¿Y cuál fue la actividad que su padre realizó al llegar a Uruguay?

-“Trabajó en el frigorífico Anglo durante tres años y después le comentaron que había una comunidad rusa en Paysandú y allí se fueron a pie.

Se conocieron con los agricultores que habían llegado antes”.

¿Cómo llegan a Salto?

-“Primeramente nos establecimos en Río Negro.

Allí la comunidad rusa vivía de la plantación y de los productos vacunos; con la ricota se hacían muchas comidas rusas.Los colchones para dormir se hacían de la chala del maíz y después de las plumas de los gansos.

A Salto llegamos en 1936… andaba un comisionista ofreciendo campos en venta y mi familia compró un campo en el paraje Daymán.

Se compró cien hectáreas donde se hizo primeramente una casa de barro y luego de material”. Debían lustrar el piso con barro para recibir a las visitas dominicales.

Siempre conservaron la forma de vivir de su país y practicaron una economía autárquica.

¿Cómo fue su época de escolar?

-“Fui a una escuela No.24 de Río Negro en Parada Florida.

Una maestra debía atender como a 50 alumnos y la mayor parte de ellos eran rusos, que no sabían ni leer ni escribir en español, pero fuimos aprendiendo.

Llevábamos un pan ruso que nos hacían nuestras madres y a los alumnos uruguayos de la zona nos pedían pan y como no entendíamos, nos daban un puntapié…hasta que un día entendimos que lo que querían era que los convidaran”.

Alejandro fue hasta tercer año escolar y luego se dedicó a trabajar en el campo y fue el apoderado de su padre.

En Uruguay nacieron cuatro hermanos más; Basilio, Juan, María y Jacobo.

¿Cuándo forma su familia?

-“Mi esposa vivía en Queguay pero era originaria de Young y pertenecía a la comunidad rusa. Una amiga que se casó me invitó y allí la conocí a Luisa y tuvimos más de sesenta años de matrimonio.

Seguí trabajando en el campo y en el mejoramiento ovino y pude recibir varios premios tanto con carneros como con vacunos. Si bien conservamos las tradiciones, fuimos evolucionando para progresar”.

¿Le gustaría volver a su aldea alguna vez?

-“Ya no…intenté cuando vivía mi esposa, pero ella no podía viajar a causa de problemas en sus piernas.  Mi edad no permite ni tampoco los pensamientos…allí fue una vida muy sacrificada”.  Alejandro se siente un uruguayo más y se siente agradecido por haber podido realizarse, forjar su porvenir y formar su familia aquí.

Es feliz junto a su gran familia y se siente realizado, con 93 años bien vividos.

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Hebert y Hermes Sena: cuando las criollas convocan

Más que hermanos, son dos amigos que se acompañan en el trabajo y en la vida, haciendo lo que les gusta, y dicen que “quien logra vivir de lo que le gusta, es una persona medianamente feliz”.
Ambos conducen desde  hace diez años el programa radial “Hablemos de caballos” que se transmite por radio Salto y desde hace menos tiempo, con el mismo nombre el programa televisivo que se emite por Canal 5, además son organizadores y animadores de diferentes festivales relacionados a los caballos, desde raid, pencas, etc.

Más que hermanos, son dos amigos que se acompañan en el trabajo y en la vida, haciendo lo que les gusta, y dicen que “quien logra vivir de lo que le gusta, es una persona medianamente feliz”.

Ambos conducen desde  hace diez años el programa radial “Hablemos de caballos” que se transmite por radio Salto y desde hace menos tiempo, con el mismo nombre el programa televisivo que se emite por Canal 5, además son organizadores y animadores de diferentes festivales relacionados a los caballos, desde raid, pencas, etc.

¿Cómo nace su vínculo con el campo y la tarea que realizan?

Hermes y Hebert Sena son salteños, su padre era oriundo de Mataperro (zona ubicada al Este del departamento de Salto), donde antiguamente existía una zona poblada,  en la que su abuelo fue comisario, y de allí su vínculo con el campo.

¿Sus edades?

Hebert nació el 19 de enero de 1969, y Hermes el 20 de abril de 1963, “yo soy más viejo, pero él es mayor que yo” responde Hebert con la gracia que lo caracteriza.

¿Cuándo comienzan la actividad como conductores de un programa?

“Arranca por mí, como siempre estuve vinculado a gente que trabaja en el campo, intenté siempre trabajar con algo relacionado al campo”, dice Hebert. “Lo que hoy hacemos era algo que consideraba una cuenta pendiente cuando me iba a hacer inseminaciones –que es una de las tareas a las que me dedico- y cuando estábamos en el campo notábamos que no teníamos información de lo que estaba pasando con mis amigos y conocidos que están muy vinculados al caballo.

Me parecía que a Salto le faltaba un programa que informara donde había carreras, jineteadas, etc., ya que en ese momento no había tantos celulares y la comunicación no era tan fluida como ahora.

¿Siempre se emitió por radio Salto?

Sí, siempre por radio Salto, aunque al principio arranqué solo y tuvo dos etapas, en la primera el programa se llamaba “Entre Relinchos y Guitarras”, y salía los domingos por la mañana. Luego me divorcié, me fui de la ciudad y después de un tiempo, Hermes me invitó a volver hacer radio. Entonces el programa pasó de ser prácticamente un hobby a ser algo más profesional (pasó a ser semanal)  y es de lo que hoy vivimos. Creamos una empresa “2 H Producciones”, que consta de la animación, organización y logística de las fiestas.

¿Cuál es el contenido del programa?

En el programa se habla de todas las actividades que se realizan con caballos. Somos un departamento muy penquero (de pencas), y por eso el nombre del programa también cambió, teníamos poco espacio para difundir tantas actividades y pasábamos menos música- había muchos relinchos y pocas guitarras-, entonces pasó a llamarse “Hablemos de caballos” que es casi como un informativo de caballos.

¿También hacen televisión?

Sí, quien nos abrió las puertas para hacer el programa en televisión fue Giovanoni Contenidos, luego de una primera etapa corta, comenzamos a trabajar con Gustavo Rossi.

El programa sale en vivo los lunes, y habla más del deporte del caballo a  diferencia de la radio que tiene un tinte bastante tradicionalista.

En la televisión hablamos de “el caballo”, por ejemplo de un caballo de carrera, que la gente lo sigue, o uno que fue muy bueno en la marcha (de Criollos), entre otros. En Salto hay muchas personas vinculadas al caballo, hay gente que juega al polo, hay muchos carreristas, marcheros, gente que se dedica al enduro de caballos, como también hay cosas que todavía no tocamos como la equinoterapia.

¿Una anécdota?

Cuenta Hermes que antes de andar en festivales relacionados a los caballos, se dedicaba a los  autos de carreras. De hecho el primer contacto de Hebert con un micrófono fue relatando una carrera de autos en el autódromo de Salto.

“Siempre iba al taller a tomar mate y relataba carreras en broma (lo mismo hacía en el campo cuando salíamos a recorrer, relataba como si fuera un raid), un día faltó el relator y me pidieron que lo hiciera y como no tenía vergüenza, lo hice”, recuerda.

¿Cómo surgen las ideas para animar un festival todo el día sin pausa?

Dependiendo del festival, siempre hay un itinerario de las actividades y Hermes es el encargado de las planillas donde se anotan los participantes, nombres, diferentes pruebas y orden de participación y con eso me  facilita a  mi (Hebert), a desempeñar mi  trabajo como relator. “Es algo que te tiene que gustar, y así el tiempo pasa muy rápido, no te das cuenta”.

¿Cuánto ha sido lo máximo que les ha tocado estar animando una fiesta?

En el festejo de los 70 años de la Sociedad Fomento de Guaviyú de Arapey comenzamos a las 7 de la mañana con la transmisión en vivo del raid, y bajamos del escenario a las 20 horas.

Se llevan muy bien para ser hermanos y trabajar juntos…

“Es porque además de hermanos, somos amigos”, responden los dos al mismo tiempo, con una mirada cómplice que resume la respuesta en pocas palabras.

“Tratamos todo como amigos y después pasamos a la parte afectiva, de hermanos, tenemos todo muy definido”.

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Un legado familiar que es parte de la historia de la Villa

Hace 50 años, Betty y Raúl apenas soñaban con esto. No pensaban ni por asomo, que después de tantos años, ya entrado el nuevo Siglo y con una Villa Constitución totalmente distinta a la que conocieron y pensaron en aquel entonces, iban a lograr mantenerse en pie y con un comercio de referencia para la localidad y sus aledaños.
Es así que EdilRu, una de las empresas dedicadas al rubro de ramos generales y ampliada al de bazar y corredor de seguros, que busca diversificar cada vez más la oferta de servicios para la gente del lugar, se elige hoy como uno de los comercios más emblemáticos de nuestro departamento.
Sus principales hoy son la hija y el yerno de quien emprendió el camino, cuyo legado ellos palpitan hasta hoy, Edilberto Baldassari y su esposa Rubí. Pero el caso de Raúl y Betty es de novela. Él fue a Constitución porque su hermano era juez de paz en esa localidad, corría el año 1964 y allí la vio, sin saber que sería el selló que determinaría su decisión de quedarse allí para siempre. Con dos hacedores y protagonistas de la historia económica de Villa Constitución, Betty Baldassari y Raúl Menoni, en nuestra sección semanal, Al Dorso.

Hace 50 años, Betty y Raúl apenas soñaban con esto. No pensaban ni por asomo, que después de tantos años, ya entrado el nuevo Siglo y con una Villa Constitución totalmente distinta a la que conocieron y pensaron en aquel entonces, iban a lograr mantenerse en pie y con un comercio de referencia para la localidad y sus aledaños.

Es así que EdilRu, una de las empresas dedicadas al rubro de ramos generales y ampliada al de bazar y corredor de seguros, que busca diversificar cada vez más la oferta de servicios para la gente del lugar, se elige hoy como uno de los comercios más emblemáticos de nuestro departamento.

Sus principales hoy son la hija y el yerno de quien emprendió el camino, cuyo legado ellos palpitan hasta hoy, Edilberto Baldassari ybetty y raul su esposa Rubí. Pero el caso de Raúl y Betty es de novela. Él fue a Constitución porque su hermano era juez de paz en esa localidad, corría el año 1964 y allí la vio, sin saber que sería el selló que determinaría su decisión de quedarse allí para siempre. Con dos hacedores y protagonistas de la historia económica de Villa Constitución, Betty Baldassari y Raúl Menoni, en nuestra sección semanal, Al Dorso.

¿Cómo fue que comenzó todo?

Cuando lo conocí a Edilberto Baldassari ya tenía comercio establecido (dice Raúl Menoni), era un almacén de ramos generales, un almacén muy grande, mayorista que abastecía incluso a otros comercios de la zona. (Betty Baldassari agrega) hasta sala de cine tuvieron, cuando no había televisión. Era un comercio grande cuyo edificio está frente a la plaza. Pero era una sala de cine con 400 sillas y siempre las funciones eran a lleno total. Pero después Edilberto, que tenía sociedad con su hermano, decidió separarse. Yo tenía 12 años cuando papá me dijo ‘o estudiás o trabajás’ y empecé a trabajar con él como una empleada más, al punto que una vez me puso una sanción porque llegaba diez minutos tarde al comercio.

¿Y ahí empezó esta nueva etapa que prosigue hasta hoy?

Sí pero en aquel entonces hacía pocos años que se había puesto el tendido de luz eléctrica en Constitución. Y era el boom de El Espinillar y todo el mundo trabajaba bien y querían equipar su hogar. Por esa razón, la idea fue instalar una casa de electrodomésticos en el lugar y abrir un bazar, pero que a su vez también era un almacén grande, y ahí fue que mi hermana para inaugurarlo le puso el nombre haciendo una sigla entre el nombre de mis padres, que se llaman Edilberto y Rubí, entonces quedó conformada la sigla Edilrú. Un lugar donde nuestro padre nos enseñaba que el cliente siempre está primero, porque por él estamos.

¿Cómo era trabajar en un comercio en aquellos tiempos? Estamos hablando del año 1964.

Era otra época, se trabajaba muy bien, vendíamos muchos electrodomésticos. Nuestro padre nos inspiró en muchas cosas y una de ellas era el festejar todo, entonces el día dela inauguración hubo un festejo grande, porque papá lo hizo a manera de celebración que así la vivió todo el pueblo. Allí estuvimos trabajando muchos años hasta que nos corrió el lago de Salto Grande, porque toda esa zona pasó a ser inundable.

Hablamos de una Villa Constitución diferente…

Sí, era totalmente distinta, yo empecé a trabajar en Constitución mismo en el año 1968 y en aquel entonces vivían ahí un poco más de 6 mil personas, y todos con buenos sueldos, y recuerdo mucho que era una vida diferente.

¿Y ustedes como se conocieron?

(Raúl Menoni) Mi hermano era Juez de Paz en Villa Constitución, fui a pasear un día y ahí la vi… (Betty Baldassari) Y yo lo capturé (ríen ambos), fue en el año 1964 (prosigue Raúl), el comercio trabajaba mucho y allá por el año 1969 se le antojó que iba a abrir una panadería e insistió hasta que la abrió, con la panadería EdilRu que hasta ahora funciona en Salto a cargo de Ruben (hermano de Betty) desde hace muchos años, comenzando con muchos nervios al principio porque uno nunca sabe si va a andar pero bueno, hasta ahora anda.

¿Recuerdan donde estaban emplazados los primeros locales antes de iniciar esta etapa?

Sí porque todavía están los locales allí emplazados. Los locales donde comenzamos a trabajar todavía existen, lo que pasa que se trata de la zona de seguridad y entonces cuando hicieron la represa de Salto Grande, vinieron y nos expropiaron todo, pero conservaron los locales, no los tiraron abajo. Incluso donde funcionaban los locales nuestros, donde estaba el bazar está la Aduana, donde funcionaba el almacén ahora está el Centro CAIF, y donde comenzó a funcionar la panadería está la Sociedad de Fomento Rural. O sea que todos los edificios están. Nosotros nos tuvimos que mudar en el año 1979, cuando comenzó a formarse el lago de Salto Grande.

Cuando apareció Salto Grande, ¿ustedes pensaron que todo podía dar sus frutos, que podía ayudar a mejorar el lugar?

Eso fue lo que nos dijeron todos, el gobierno (de facto) de la época viajaban al lugar y nos decían que íbamos a salir favorecidos, pero no fuimos favorecidos en nada. (Habla Betty), en cierto aspecto Constitución se vio favorecida porque fue beneficiada la gente que pasó de tener un ranchito precario a tener una casa de material. Y en ese aspecto sí. Pero en el aspecto que nos habían dicho que íbamos a tener beneficios, las regalías y todo eso que nunca pasó.

¿Vieron el impacto económico en el proceso de la obra binacional en Villa Constitución?

Sí, había mucha gente que trabajaba en la obra que se iba los fines de semana para allá. Y además otra cosa que impactó muy bien, fue además la construcción de la vivienda (dijo Raúl). Lo que siempre lamentamos de ese tema (añadió Betty) fue el no poder concretar la idea del entonces intendente (Néstor) Minutti, que quería unir a los dos pueblos de Constitución y Belén. Habría sido espectacular porque habríamos sido mucho más habitantes y cerca de las termas (del Arapey) y no íbamos a quedar como estamos ahora a 12 kilómetros de la ruta. Eso también influyó mucho, porque no es lo mismo pasar por la ruta, que estar lejos de la misma.

De igual manera el comercio se mantuvo en el lugar frente a todas la adversidades que han pasado en las distintas épocas, con crisis económica, problemas de desempleo, etc.

Y sigue siendo como el lugar de referencia de la localidad.

Sigue marchando, quizás no como en aquel entonces, pero sigue (dijo Betty). (Mientras Raúl señala): hay que mantenerse 50 años con bajas y altas. Pero que pasa que en aquel entonces, había tiempo de bonanzas en Constitución, pero encima los comercios que estaban allá instalados no llegaban a 40, y ahora en cada casa de familia hay un boliche. Entonces son alrededor de 150 almacenes. Nos repartimos el mercado, pero lo que está pasando es que cada uno que nace le va sacando al otro. Nosotros le ponemos el pienso para hacer las cosas distintas y captar más gente. Nos decían los políticos cuando cerró El Espinillar, que se iba a fomentar muchas cosas en la zona y que iba a haber más empleados, porque se iba a crear más manos de obra para sustituir lo del ingenio, pero eso fue una idea que nos pusieron porque nada de eso pasó. Trabaja mucha gente sí, pero los sueldos que ganan son muy poco.

¿Le trasmiten a sus hijos el legado familiar del comercio?

Nosotros tenemos cinco hijos, dos de los cuales no están en Constitución y varios nietos. Los motivamos a quedarse pero no se lo exigimos, porque somos conscientes de la realidad. Les tratamos de transmitir muchas de las cosas que nuestro padre nos enseñó cuando recién empezaba en el negocio y esa es la idea.

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“A veces hago diagnósticos juntando los datos al estilo Sherlock Holmes”

Con Dr. Rufino Martínez

¿Qué lo impulsó a estudiar medicina?
De chico vivía con mi abuela y veía que ella tenía una adoración especial: llegaba el médico y se curaba. Y con cuatro años ya tenía en la cabeza que quería ser médico.
Mi padre era empleado municipal y cobrador del club Hindú, por lo que los ingresos eran efímeros. Mi madre estudiaba Magisterio, pero dejó cuando nací yo. Después de grande retomó los estudios y se recibió de maestra. Éramos clase media baja, humildes. Y yo me propuse estudiar. Mi madre me hizo dar el examen de Magisterio. Me decía: ‘hacé Magisterio y después te vas a Montevideo a estudiar Medicina’. Yo di el examen de Magisterio y me fue bien en la parte de literatura y letras, pero más o menos en matemáticas, y ahí le dije: ‘mirá vieja, yo quiero ser médico’.
2) ¿Cuándo se fue a Montevideo a estudiar?
Me fui en el 72 y empecé el 3 de abril de ese año a estudiar. Fue muy duro porque viajaba en camión, vivía en pensión y comía de las encomiendas que me mandaban.
Después tuve que dejar porque la cosa en Montevideo estaba muy jodida. Y me reenganché a estudiar cuando mi novia de ese entonces, que hoy es mi señora, también se fue a estudiar Medicina. Eso fue en el 78 y la peleamos juntos. Nos casamos a los pocos meses.
Trabajé de feriante, de vendedor de cursos de inglés, de vendedor de libros y de vendedor de especias, hasta que me consiguieron como becario un empleo en la Facultad de Arquitectura y ahí fue que nos estabilizamos un poco.
Después hicimos un pacto con mi señora de que íbamos a recibirnos los dos y lo hicimos con diferencia de seis meses.
3) ¿Volvieron enseguida a Salto?
No. Después decidimos dar concursos para hacer posgrados y llegado el momento, ya con dos niños, decidimos venirnos. ¿Por qué tomamos esa decisión? Por los niños… Voy a explicarme. Vivíamos en Jaime Cibils y Centenario y teníamos una perrita cocker. Mis hijos iban a la escuela del Estadio (Centenario), abajo de la tribuna Olímpica. Y un día la perrita los siguió y un auto la mató. Ahí le dije a mi mujer de irnos de Montevideo, porque un día le podía suceder lo mismo a uno de los gurises. Además, queríamos darle la vida que tuvimos nosotros, con bicicleta, río, club… Y allá los teníamos encerraditos toda la semana e iban sólo los domingos al parque. Por eso, el 22 de julio del 90 metimos todo en una Ami 8 que me había prestado mi vieja, y nos vinimos.
4) ¿Al regresar no tuvieron miedo al fracaso?
Sí. Volvimos con un miedo terrible, porque quemamos las naves y no sabíamos que iba a pasar acá. El ambiente médico es bastante particular, por eso teníamos miedo de que nos costara empezar a trabajar. Vendimos la llave de un apartamento que habíamos comprado a través del Banco Hipotecario en el barrio Colón de Montevideo y nos trajimos unos dólares y unas UR (Unidades Reajustables) y en los primeros tiempos nos fuimos comiendo esa plata. Después empecé a trabajar: entré en el Centro Médico, en la Emergencia Móvil y en el CTI del Sanatorio Panamericano, y mi señora Miriam también consiguió insertarse en el medio, y todo empezó a mejorar.
5) ¿Atender a un paciente con una patología que resulta terminal, teniendo en cuenta la conexión que existe entre las partes, termina afectando al médico?
Es algo que pasa, sí. El abrir la puerta de madrugada y salir a decirle a un padre que el hijo se murió es terrible. De eso no te olvidás y te va rayando el alma. Te deja marcas que después no te permiten disfrutar tu tiempo libre, porque te cuesta desmarcarte de esa muerte. ¿Si uno se siente responsable en ese momento? El médico tiene que pensar que ofrece un tratamiento. A veces el organismo responde al mismo y otras veces, no. Lo que tenés que hacer es no tener negligencia, tratar de cometer el mínimo porcentaje de errores y no encarnizarte terapéuticamente.
6) Me imagino que ha tenido casos donde el paciente revirtió una situación complicada. ¿Cuáles recuerda especialmente?
Tuve muchísimos. Recuerdo un botija que se llama Michel, que tuvo un traumatismo gravísimo de cráneo y estuvo internado en el CTI. La peleamos y salió. Yo soy bolso de alma, pero le regalé un gorro de Peñarol, porque era manya. Ahora anda bárbaro. Otra paciente, Gabriela, tuvo un accidente terrible en Diego Lamas y Joaquín Suárez, entró en un coma profundo. Logramos con el cirujano hacer un intervención donde se saca una parte del hueso del cerebro y se le pone en el abdomen, y el cerebro se hincha, pero no se comprime. Cuando baja la hinchazón, se devuelve el hueso al lugar original. Yo soy bastante intuitivo en las cosas. A veces hago diagnósticos en el sillón de casa, al estilo Sherlock Holmes, juntando los datos.
Me gustan los pacientes complicados, de difícil diagnóstico. Tengo pensado unirme a la Asociación Uruguaya de Enfermedades Raras, para estudiarlas. A veces te aburre el que llega con patologías sencillas.
7) ¿Por qué eligió las especialidades que estudió?
De chico quería hacer cirugía. Fui ayudante de anatomía e hice cirugía experimental. Pero un día llegué a un piso médico por una pasantía y me enamoré de ese proceso de la medicina e hice medicina interna. Cuando terminé el posgrado de medicina, empecé a hacer cardiopatía e hice hasta la mitad. Pero cuando vine a Salto me invitaron a trabajar en CTI. Ahí dejé cardiología y me anoté en un posgrado de CTI y por régimen del interior estuve viajando tres años, hice Terapia Intensiva y me recibí.
8) ¿Su señora en qué se especializó?
En lo mismo. ¿Si la tengo como consultora en algunos casos? Ella es muy intensivista y yo soy muy internista. En el caso de CTI, la consulto a ella, y ella me consulta por los casos de medicina interna. ¿Qué pasa cuando diferimos en un diagnóstico? Cuando hacés un pedido de consulta, el quid de la cuestión es hacer caso y obedecer. Si yo le pregunto un caso de medicina intensiva y ella me da su informe, le tengo que hacer caso. Muchas veces discutimos bastante. Yo siempre digo que hacemos medicina grupal. Mis hijos también son médicos, pese a que pensé que algún momento ellos iban a odiar la medicina, porque la madre y yo estábamos siempre de guardia. La más grande se recibió de farmacóloga clínica, está en el tema de la farmovigilancia, los efectos de los medicamentos; y el más chico está dando el residentado de cirugía, para ver si sigue cirugía.
9) Fuera de nota me dijo que tenía varias historias para contar de su abuelo, que también se llamaba Rufino Martínez.
Mi abuelo Rufino era contemporáneo de Irineo Leguisamo, el jockey famoso. Eran muy amigos. Cada vez que Leguisamo venía a Salto, lo iba a visitar. Yo tengo fotos de ellos. Cuando los Martínez se fundieron, en la década del 30, pusieron a mi abuelo como comisario como favor político, para que tuviese ingresos. Y se tomó tan a pecho el cargo que empezó a hacer las cosas bien, por lo que pasó a ser inspector y luego llegó a subjefe de policía. Rafael, que es mi bisabuelo, fue presidente de la Sociedad Agropecuaria de Salto, integró la Junta Económica Administrativa, que era la que estaba antes de intendente, y tuvo tres hijos: Rufino que era mi abuelo, y Anastasio y Rafael que eran mis tíos abuelos.
En un puesto de una estancia de Rafael en Arerunguá nació Leguisamo, quien corría los caballos de los Martínez, que tenían haras y stud.
10) ¿Su abuelo también tuvo vinculación con Carlos Gardel teniendo en cuenta la relación del cantante con Leguisamo?
Dicen que Gardel era hijo del general Escayola de Tacuarembó, quien se casó con tres hermanas. Mientras estaba casado con la hermana del medio, embarazó a la más chica. Entonces lo mandó a una estancia que tenía en Valle Edén para tapar la macana. Hay una historia familiar que indica que la primera cuidadora de Gardel era una tía y madrina de Leguisamo. Por eso se hicieron tan amigos en Buenos Aires. Son cosas que se cuentan bastante. Pero no me consta que el abuelo haya conocido a Gardel.

¿Qué lo impulsó a estudiar medicina?

De chico vivía con mi abuela y veía que ella tenía una adoración especial: llegaba el médico y se curaba. Y con cuatro años ya tenía en la cabeza que quería ser médico.

Mi padre era empleado municipal y cobrador del club Hindú, por lo que los ingresos eran efímeros. Mi madre estudiaba Magisterio,17 11 14 007 pero dejó cuando nací yo. Después de grande retomó los estudios y se recibió de maestra. Éramos clase media baja, humildes. Y yo me propuse estudiar. Mi madre me hizo dar el examen de Magisterio. Me decía: ‘hacé Magisterio y después te vas a Montevideo a estudiar Medicina’. Yo di el examen de Magisterio y me fue bien en la parte de literatura y letras, pero más o menos en matemáticas, y ahí le dije: ‘mirá vieja, yo quiero ser médico’.

2) ¿Cuándo se fue a Montevideo a estudiar?

Me fui en el 72 y empecé el 3 de abril de ese año a estudiar. Fue muy duro porque viajaba en camión, vivía en pensión y comía de las encomiendas que me mandaban.

Después tuve que dejar porque la cosa en Montevideo estaba muy jodida. Y me reenganché a estudiar cuando mi novia de ese entonces, que hoy es mi señora, también se fue a estudiar Medicina. Eso fue en el 78 y la peleamos juntos. Nos casamos a los pocos meses.

Trabajé de feriante, de vendedor de cursos de inglés, de vendedor de libros y de vendedor de especias, hasta que me consiguieron como becario un empleo en la Facultad de Arquitectura y ahí fue que nos estabilizamos un poco.

Después hicimos un pacto con mi señora de que íbamos a recibirnos los dos y lo hicimos con diferencia de seis meses.

3) ¿Volvieron enseguida a Salto?

No. Después decidimos dar concursos para hacer posgrados y llegado el momento, ya con dos niños, decidimos venirnos. ¿Por qué tomamos esa decisión? Por los niños… Voy a explicarme. Vivíamos en Jaime Cibils y Centenario y teníamos una perrita cocker. Mis hijos iban a la escuela del Estadio (Centenario), abajo de la tribuna Olímpica. Y un día la perrita los siguió y un auto la mató. Ahí le dije a mi mujer de irnos de Montevideo, porque un día le podía suceder lo mismo a uno de los gurises. Además, queríamos darle la vida que tuvimos nosotros, con bicicleta, río, club… Y allá los teníamos encerraditos toda la semana e iban sólo los domingos al parque. Por eso, el 22 de julio del 90 metimos todo en una Ami 8 que me había prestado mi vieja, y nos vinimos.

4) ¿Al regresar no tuvieron miedo al fracaso?

Sí. Volvimos con un miedo terrible, porque quemamos las naves y no sabíamos que iba a pasar acá. El ambiente médico es bastante particular, por eso teníamos miedo de que nos costara empezar a trabajar. Vendimos la llave de un apartamento que habíamos comprado a través del Banco Hipotecario en el barrio Colón de Montevideo y nos trajimos unos dólares y unas UR (Unidades Reajustables) y en los primeros tiempos nos fuimos comiendo esa plata. Después empecé a trabajar: entré en el Centro Médico, en la Emergencia Móvil y en el CTI del Sanatorio Panamericano, y mi señora Miriam también consiguió insertarse en el medio, y todo empezó a mejorar.

5) ¿Atender a un paciente con una patología que resulta terminal, teniendo en cuenta la conexión que existe entre las partes, termina afectando al médico?

Es algo que pasa, sí. El abrir la puerta de madrugada y salir a decirle a un padre que el hijo se murió es terrible. De eso no te olvidás y te va rayando el alma. Te deja marcas que después no te permiten disfrutar tu tiempo libre, porque te cuesta desmarcarte de esa muerte. ¿Si uno se siente responsable en ese momento? El médico tiene que pensar que ofrece un tratamiento. A veces el organismo responde al mismo y otras veces, no. Lo que tenés que hacer es no tener negligencia, tratar de cometer el mínimo porcentaje de errores y no encarnizarte terapéuticamente.

6) Me imagino que ha tenido casos donde el paciente revirtió una situación complicada. ¿Cuáles recuerda especialmente?

Tuve muchísimos. Recuerdo un botija que se llama Michel, que tuvo un traumatismo gravísimo de cráneo y estuvo internado en el CTI. La peleamos y salió. Yo soy bolso de alma, pero le regalé un gorro de Peñarol, porque era manya. Ahora anda bárbaro. Otra paciente, Gabriela, tuvo un accidente terrible en Diego Lamas y Joaquín Suárez, entró en un coma profundo. Logramos con el cirujano hacer un intervención donde se saca una parte del hueso del cerebro y se le pone en el abdomen, y el cerebro se hincha, pero no se comprime. Cuando baja la hinchazón, se devuelve el hueso al lugar original. Yo soy bastante intuitivo en las cosas. A veces hago diagnósticos en el sillón de casa, al estilo Sherlock Holmes, juntando los datos.

Me gustan los pacientes complicados, de difícil diagnóstico. Tengo pensado unirme a la Asociación Uruguaya de Enfermedades Raras, para estudiarlas. A veces te aburre el que llega con patologías sencillas.

7) ¿Por qué eligió las especialidades que estudió?

De chico quería hacer cirugía. Fui ayudante de anatomía e hice cirugía experimental. Pero un día llegué a un piso médico por una pasantía y me enamoré de ese proceso de la medicina e hice medicina interna. Cuando terminé el posgrado de medicina, empecé a hacer cardiopatía e hice hasta la mitad. Pero cuando vine a Salto me invitaron a trabajar en CTI. Ahí dejé cardiología y me anoté en un posgrado de CTI y por régimen del interior estuve viajando tres años, hice Terapia Intensiva y me recibí.

8) ¿Su señora en qué se especializó?

En lo mismo. ¿Si la tengo como consultora en algunos casos? Ella es muy intensivista y yo soy muy internista. En el caso de CTI, la consulto a ella, y ella me consulta por los casos de medicina interna. ¿Qué pasa cuando diferimos en un diagnóstico? Cuando hacés un pedido de consulta, el quid de la cuestión es hacer caso y obedecer. Si yo le pregunto un caso de medicina intensiva y ella me da su informe, le tengo que hacer caso. Muchas veces discutimos bastante. Yo siempre digo que hacemos medicina grupal. Mis hijos también son médicos, pese a que pensé que algún momento ellos iban a odiar la medicina, porque la madre y yo estábamos siempre de guardia. La más grande se recibió de farmacóloga clínica, está en el tema de la farmovigilancia, los efectos de los medicamentos; y el más chico está dando el residentado de cirugía, para ver si sigue cirugía.

9) Fuera de nota me dijo que tenía varias historias para contar de su abuelo, que también se llamaba Rufino Martínez.

Mi abuelo Rufino era contemporáneo de Irineo Leguisamo, el jockey famoso. Eran muy amigos. Cada vez que Leguisamo venía a Salto, lo iba a visitar. Yo tengo fotos de ellos. Cuando los Martínez se fundieron, en la década del 30, pusieron a mi abuelo como comisario como favor político, para que tuviese ingresos. Y se tomó tan a pecho el cargo que empezó a hacer las cosas bien, por lo que pasó a ser inspector y luego llegó a subjefe de policía. Rafael, que es mi bisabuelo, fue presidente de la Sociedad Agropecuaria de Salto, integró la Junta Económica Administrativa, que era la que estaba antes de intendente, y tuvo tres hijos: Rufino que era mi abuelo, y Anastasio y Rafael que eran mis tíos abuelos.

En un puesto de una estancia de Rafael en Arerunguá nació Leguisamo, quien corría los caballos de los Martínez, que tenían haras y stud.

10) ¿Su abuelo también tuvo vinculación con Carlos Gardel teniendo en cuenta la relación del cantante con Leguisamo?

Dicen que Gardel era hijo del general Escayola de Tacuarembó, quien se casó con tres hermanas. Mientras estaba casado con la hermana del medio, embarazó a la más chica. Entonces lo mandó a una estancia que tenía en Valle Edén para tapar la macana. Hay una historia familiar que indica que la primera cuidadora de Gardel era una tía y madrina de Leguisamo. Por eso se hicieron tan amigos en Buenos Aires. Son cosas que se cuentan bastante. Pero no me consta que el abuelo haya conocido a Gardel.

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Más que artista “una hacedora de cosas”

Una mujer formada en el arte y dedicada a enseñar sus técnicas. No se considera una artista sino una “hacedora de cosas”, por eso no le gusta exponer sus obras, prefiere regalarlas. Con gran calidez al hablar y en sus gestos, María Ambrosoni comentó para AL DORSO sobre una de las facetas de su vida que siempre le gustó hacer. Habló de su vinculación con APLAS (Asociación de Plásticos de Salto) y la Bienal; así como su aguda visión del trabajo de los artistas salteños.

Se te ve muy relacionada al mundo del arte ¿tenías esta inclinación de niña?
“De chica me gustaba todo lo que tuviera que ver con pinturas y lo que implicaba utilizar las manos.
Cuando me fui a Montevideo a estudiar hice muchos talleres, tapiz, trabajos en cuero, restauración, escultura en madera, y siempre me gustó buscar de diferentes maneras como expresarme. Eso lo hacía de forma paralela a estudiar meteorología en Montevideo”.
¿Has logrado armonizar el arte con la meteorología?
“Si, además del arte, me gusta todo lo que tiene que ver con el tiempo. Me recibí de Meteoróloga y trabajé muchos años en Salto Grande, en el área de meteorología. Mi función era hacer los pronósticos meteorológicos. Pero a la vez que trabajaba en Meteorología hacía cosas vinculadas al arte, tratando de adquirir conocimientos y avanzar en eso”.
¿Has realizado muchos cursos vinculados al arte?
“Tomé muchas clases con Amaral, también en Montevideo y Buenos Aires. Me gusta mucho todo lo que tiene que ver con la restauración. Asistí a clases de restauración de papel, de museología también, porque me interesaba todo lo que tuviera que ver con la conservación de piezas de arte y siempre buscando enriquecerme. Pero sigo capacitándome y buscando nuevos horizontes, más allá de dar clases también. Actualmente asisto al curso de Oscar Larroca,  (Profesor de Pintura que viene de Montevideo a dar clases en APLAS) y vitrofusión con una profesora argentina. A mi lo que me gusta hacer es incursionar en distintas disciplinas y así todo lo que capto y aprendo lo aplico en alguna obra que quiero hacer”.
Pero también das clases…
“Cuando volví de Montevideo di clases en la Casa de la Cultura, enseñaba restauración de muebles y  técnicas de acabado, así como de repujado en cuero. Después cuando la Casa de la Cultura cerró en el año 1987, empecé a dar clases en APLAS en 1989 aproximadamente, enseguida que se fundó. En ese entonces había un grupo muy lindo con Miriam Albisu, Daniel Amaral, Lorenzo y muchos otros que fueron muy importantes y queridos por todos. Así seguí explorando con APLAS y continué vinculándome a muchos artistas no solo de Salto sino también de otros departamentos.
Ahora doy cursos de restauración de muebles y técnicas de acabado que son los cursos que imparto desde hace muchos años. Algo particular en esto es que uno puede enseñar una técnica y nadie la va a hacer igual. Salen cosas sorprendentes, por más que uno lo enseñe igual sale algo tan propio de la persona que no hay dos iguales. Y ahí es donde se nota la creatividad de quien comienza una técnica”.
¿Estas vinculada a Aplas casi desde sus inicios?
“APLAS se fundó en 1988 y yo ingresé al año siguiente. Se fundó a iniciativa de Alamón (un artista plástico Montevideano que estuvo un tiempo vinculado a nuestra ciudad) y Amaral. Vilma Texeira Núñez era la entonces presidente y se mantuvo en ese cargo durante varios años haciendo una muy buena gestión. También estaban: Estela Barla, Elsita Troglio y muchas otras personas que se me van viniendo a la mente. Muchos todavía continúan vinculados a APLAS actualmente. Así, APLAS se fue transformando en una asociación que prácticamente nuclea a todos los artistas de Salto. Se fueron haciendo distintos talleres con profesores muy destacados de Montevideo y también siempre tratando de realizar exposiciones interesantes.  El trayecto de APLAS desde sus inicios hasta hoy ha sido muy importante, generando valores y tratando de continuar en esa línea. APLAS recorrió muchos lugares, en un principio estuvo ubicado en calle Artigas y Asencio, luego se trasladó a donde actualmente está la Casa de Gobierno (en el piso de abajo). Luego se recorrió varios lugares, un espacio en el Instituto de Formación Docente, una sección de la planta baja del Shopping, el Mercado 18, hasta que finalmente les ofrecieron la sede en 19 de abril y Julio Delgado. Fuimos recorriendo diferentes lugares”.
¿Tenés algún artista como referente o un docente que haya marcado tu vocación?
“Yo creo que cada una de las personas que fueron pasando por mi vida la fueron marcando de alguna manera, en el sentido que siempre te dejan algo”.
¿Has realizado exposiciones de tus obras?
“A mi no me gusta mucho exhibir. No me presento prácticamente nunca. Tengo algunas piezas, pero regalo muchas otras,  no me quedo con lo que hago. La primera vez que me presenté fue en una Bienal de arte, con una muestra de tapiz. Yo no me veo como artista, me veo como hacedora de cosas. No es mi afán concursar”.
¿Pero de tantas cosas que has hecho, qué es lo que más te gusta?
(entre risas) “Todo me gusta, como que tengo una necesidad de trabajar con las manos. Capaz que lo que lo que más me gusta es todo lo que implique moldear formas, trabajar en arcilla y en esculturas”.
¿Cómo surge la Bienal de Salto ?
“La Bienal comenzó a raíz de la iniciativa de un grupo de personas hace muchísimos años hasta que por razones económicas dejó de hacerse. Luego en el año 2009 la Intendencia empezó a buscar nuevamente gente vinculada con el arte para tratar de volver a implementarla y ahí nos contactamos con quienes anteriormente estaban en la organización y entre todos presentamos un proyecto en los Fondos de Incentivo Cultural del MEC (Ministerio de Educación y Cultura) para volver a desarrollar la Bienal. Este proyecto fue aprobado y de ahí en más se hizo después de la Bienal del 2009,  la del 2011 y 2013, con una comisión integrada por varias personas, desde gente vinculada a APLAS, al arte, a la Intendencia y otras personas que si bien no estaban relacionadas directamente al arte pusieron su aporte para que esto saliera. La próxima Bienal sería el año que viene. Y nosotros terminamos una Bienal y ya comenzamos a trabajar para la siguiente, pero estamos pensando que sería un poco difícil hacerla en el 2015 porque el 2014  fue un año de elecciones y no sabemos con que apoyos vamos a contar el año próximo. La Bienal se hace con el apoyo de gobierno y los empresarios, sino no se puede llevar adelante. Para convocar a los empresarios recurrimos a los fondos de incentivo y ahí se descuenta un 70% de lo que se aporta en impuestos. Y con las elecciones de este año es difícil saber con que vamos a contar para la del 2015”.
¿Es difícil para un artista dedicarse de lleno a su vocación?
“Yo veo que para la gente que trabaja en el arte es muy difícil, no está reconocido por todos. Consideran al artista un bohemio, lo ven como un hobbie. Tratamos de trabajar en ese tema de reivindicar la importancia del arte y la cultura para toda la sociedad como pueblo e identidad. Pero falta muchísimo, no se reconoce el esfuerzo de este trabajo que es su vocación también.
Además, es un trabajo caro, las pinturas, los pinceles, todo eso es caro y si te vas perfeccionando cada vez más, se vuelve  caro. Pero a mi me gustaría dejar un mensaje para aquella persona que tenga inclinaciones artísticas, que sienta que quiere crear, que tienen esa necesidad de expresarse, la mejor manera es acercarse a un grupo, por eso insisto en que se trabaje para que otros puedan salir adelante en eso que les gusta, que insistan, que no abandonen y que se acerquen a otros porque es la manera de crecer como personas”.

Se te ve muy relacionada al mundo del arte ¿tenías esta inclinación de niña?

“De chica me gustaba todo lo que tuviera que ver con pinturas y lo que implicaba utilizar las manos. Cuando me fui a Montevideo a estudiar hice muchos talleres, tapiz, trabajos en cuero, restauración, escultura en madera, y siempre me gustó buscar de diferentes maneras como expresarme. Eso lo hacía de forma paralela a estudiar meteorología en Montevideo”.

¿Has logrado armonizar el arte con la meteorología?

“Si, además del arte, me gusta todo lo que tiene que ver con el tiempo. Me recibí de Meteoróloga y trabajé muchos años en Salto Grande, en el área de meteorología. Mi función era hacer los pronósticos meteorológicos. Pero a la vez que trabajaba en Meteorología hacía cosas vinculadas al arte, tratando de adquirir conocimientos y avanzar en eso”.

¿Has realizado muchos cursos vinculados al arte?

“Tomé muchas clases con Amaral, también en Montevideo y Buenos Aires. Me gusta mucho todo lo que tiene que ver con la restauración. Asistí a clases de restauración de papel, de museología también, porque me interesaba todo lo que tuviera que ver con la conservación de piezas de arte y siempre buscando enriquecerme. Pero sigo capacitándome y buscando nuevos horizontes, más allá de dar clases también. Actualmente asisto al curso de Oscar Larroca,  (Profesor de Pintura que viene de Montevideo a dar clases en APLAS) y vitrofusión con una profesora argentina. A mi lo que me gusta hacer es incursionar en distintas disciplinas y así todo lo que capto y aprendo lo aplico en alguna obra que quiero hacer”.

Pero también das clases…

“Cuando volví de Montevideo di clases en la Casa de la Cultura, enseñaba restauración de muebles y  técnicas de acabado, así como de repujado en cuero. Después cuando la Casa de la Cultura cerró en el año 1987, empecé a dar clases en APLAS en 1989 aproximadamente, enseguida que se fundó. En ese entonces había un grupo muy lindo con Miriam Albisu, Daniel Amaral, Lorenzo y muchos otros que fueron muy importantes y queridos por todos. Así seguí explorando con APLAS y continué vinculándome a muchos artistas no solo de Salto sino también de otros departamentos.

Ahora doy cursos de restauración de muebles y técnicas de acabado que son los cursos que imparto desde hace muchos años. Algo particular en esto es que uno puede enseñar una técnica y nadie la va a hacer igual. Salen cosas sorprendentes, por más que uno lo enseñe igual sale algo tan propio de la persona que no hay dos iguales. Y ahí es donde se nota la creatividad de quien comienza una técnica”.

¿Estas vinculada a Aplas casi desde sus inicios?

“APLAS se fundó en 1988 y yo ingresé al año siguiente. Se fundó a iniciativa de Alamón (un artista plástico Montevideano que estuvo un tiempo vinculado a nuestra ciudad) y Amaral. Vilma Texeira Núñez era la entonces presidente y se mantuvo en ese cargo durante varios años haciendo una muy buena gestión. También estaban: Estela Barla, Elsita Troglio y muchas otras personas que se me van viniendo a la mente. Muchos todavía continúan vinculados a APLAS actualmente. Así, APLAS se fue transformando en una asociación que prácticamente nuclea a todos los artistas de Salto. Se fueron haciendo distintos talleres con profesores muy destacados de Montevideo y también siempre tratando de realizar exposiciones interesantes.  El trayecto de APLAS desde sus inicios hasta hoy ha sido muy importante, generando valores y tratando de continuar en esa línea. APLAS recorrió muchos lugares, en un principio estuvo ubicado en calle Artigas y Asencio, luego se trasladó a donde actualmente está la Casa de Gobierno (en el piso de abajo). Luego se recorrió varios lugares, un espacio en el Instituto de Formación Docente, una sección de la planta baja del Shopping, el Mercado 18, hasta que finalmente les ofrecieron la sede en 19 de abril y Julio Delgado. Fuimos recorriendo diferentes lugares”.

¿Tenés algún artista como referente o un docente que haya marcado tu vocación?

“Yo creo que cada una de las personas que fueron pasando por mi vida la fueron marcando de alguna manera, en el sentido que siempre te dejan algo”.

¿Has realizado exposiciones de tus obras?

“A mi no me gusta mucho exhibir. No me presento prácticamente nunca. Tengo algunas piezas, pero regalo muchas otras,  no me quedo con lo que hago. La primera vez que me presenté fue en una Bienal de arte, con una muestra de tapiz. Yo no me veo como artista, me veo como hacedora de cosas. No es mi afán concursar”.

¿Pero de tantas cosas que has hecho, qué es lo que más te gusta?

(entre risas) “Todo me gusta, como que tengo una necesidad de trabajar con las manos. Capaz que lo que lo que más me gusta es todo lo que implique moldear formas, trabajar en arcilla y en esculturas”.

¿Cómo surge la Bienal de Salto ?

“La Bienal comenzó a raíz de la iniciativa de un grupo de personas hace muchísimos años hasta que por razones económicas dejó de hacerse. Luego en el año 2009 la Intendencia empezó a buscar nuevamente gente vinculada con el arte para tratar de volver a implementarla y ahí nos contactamos con quienes anteriormente estaban en la organización y entre todos presentamos un proyecto en los Fondos de Incentivo Cultural del MEC (Ministerio de Educación y Cultura) para volver a desarrollar la Bienal. Este proyecto fue aprobado y de ahí en más se hizo después de la Bienal del 2009,  la del 2011 y 2013, con una comisión integrada por varias personas, desde gente vinculada a APLAS, al arte, a la Intendencia y otras personas que si bien no estaban relacionadas directamente al arte pusieron su aporte para que esto saliera. La próxima Bienal sería el año que viene. Y nosotros terminamos una Bienal y ya comenzamos a trabajar para la siguiente, pero estamos pensando que sería un poco difícil hacerla en el 2015 porque el 2014  fue un año de elecciones y no sabemos con que apoyos vamos a contar el año próximo. La Bienal se hace con el apoyo de gobierno y los empresarios, sino no se puede llevar adelante. Para convocar a los empresarios recurrimos a los fondos de incentivo y ahí se descuenta un 70% de lo que se aporta en impuestos. Y con las elecciones de este año es difícil saber con que vamos a contar para la del 2015”.

¿Es difícil para un artista dedicarse de lleno a su vocación?

“Yo veo que para la gente que trabaja en el arte es muy difícil, no está reconocido por todos. Consideran al artista un bohemio, lo ven como un hobbie. Tratamos de trabajar en ese tema de reivindicar la importancia del arte y la cultura para toda la sociedad como pueblo e identidad. Pero falta muchísimo, no se reconoce el esfuerzo de este trabajo que es su vocación también.

Además, es un trabajo caro, las pinturas, los pinceles, todo eso es caro y si te vas perfeccionando cada vez más, se vuelve  caro. Pero a mi me gustaría dejar un mensaje para aquella persona que tenga inclinaciones artísticas, que sienta que quiere crear, que tienen esa necesidad de expresarse, la mejor manera es acercarse a un grupo, por eso insisto en que se trabaje para que otros puedan salir adelante en eso que les gusta, que insistan, que no abandonen y que se acerquen a otros porque es la manera de crecer como personas”.

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Aquel Salto añorado

Angel Frioni Longa, descendiente de italianos de Génova, es una de las personas que aunque no lo diga “se le nota” que es un enamorado de las épocas de la vida que le tocó vivir. Atesora muchas anécdotas y un “diccionario” sobre diferentes cosas de Salto, de otras épocas, esencialmente de las décadas del 40 y el 50, en que transcurrió su niñez, su adolescencia y su juventud. Lo que sigue es parte del extenso diálogo que disfrutamos con Angel “pimpo” Frioni.

¿Que origen tiene el apellido Frioni?
Mi tatarabuelo Bartolo Frioni casado con Teresa Sacone, italianos los dos en 1855 llegaron a Montevideo, ella venía embarazada y legalmente mi bisabuelo es uruguayo. Mi viejo fue presidente de la filial de AUTE, en el 63 lo detuvieron durante 15 días lo pasaron a la cárcel, el vicepresidente era Marazzano, también vecino nuestro y abuelo de la actual candidata a diputada por el FA Soledad Marazzano.
¿Es oriundo de Paso del Bote?
Me considero “cachimbista”  (nativo de barrio La Cachimba), si bien nací en calle Colón 253 en la época donde los partos eran domiciliaros. Mi padre trabajaba en UTE, entonces buscaba una casa cerca de donde trabajaba, en ese momento estaba en el sector de maquinaria de la vieja usina que funcionaba en Rivera y Colón.
Por el año 50 y pico, tuvo problemas de úlcera y pasó al escritorio, yo nací en el 41, en el año 44 nos desalojaron de esa casa y él buscó otra cerca que fue en Florencio Sánchez 285.
Allí pasé 10 años, en uno de los períodos más felices para mí. Porque era una casa vieja, ni chica ni grande, con tremendos desniveles.
Era una casa que para la imaginación de los chicos de aquella época, colmó todas las expectativas, las buenas, y las malas, aparte la gurisada de aquellos años, eran alumnos de la escuela Nº 1 (en la esquina noroeste de Artigas y Sarandí (frente al edificio Daymán Arapey ), que era la escuela de varones, porque la otra escuela era la 4, pero era para mujeres.
El viejo (su padre era ateo, yo soy ateo) por eso no concurríamos a nada religioso, lo único que nos interesaba era ir a jugar los campeonatos (en la cancha) de Don Bosco.
Era un barrio hermoso porque estaba lleno de baldíos.
Osvaldo Paz, uno de los mas exitosos pintores uruguayos en Punta del Este, fue su vecino…
Efectivamente, Osvaldo Paz el pintor, vivía en Juan Carlos Gómez, en una casa vieja, propiedad de Demetrio Revello, la mamá (doña Angelita) era lavandera, y el padre trabajaba en una panadería.
Lo desalojaron de esa casa cuando el viejo Revello se la dio a la hija, que se hizo allí una casa, y ellos fueron a vivir a los fondos con entrada por Cervantes. Y cada tanto “el flaco” pintaba algún cuadro y lo vendía para tener (dinero) para el fin de semana.
Luego se fue a Montevideo y lo encontré cuando estaba mal, y la última vez que supe de él, había fallecido.
Don Rufino Martínez…
Don Rufino Martínez, era otro vecino “notorio” de la época. Comisario retirado de la zona de  Arerunguá, según se decía en el barrio el dueño de los caballos que corría Irineo Leguisamo, también oriundo de Arerunguá y de allí la frase que ganaba porque corría con “el caballo del comisario”
Realmente no se sería así o no, pero don rufino conocía a Leguisamo. Ayer encontré en casa una foto de él, se la iba a ofrecer a la nieta. Era un buen tipo. Yo conocí a Rufino estando ya jubilado y siendo yo gurí. Era una persona muy afable, fumaba puro, yo era el encargado de los mandados al almacén y siempre me lo cruzaba porque vivía en la misma cuadra una casas más hacia el centro.
Fue de las personas que tengo un cálido recuerdo de su manera de ser, era muy correcto.
Justo ayer me pidieron una fotografía del año 1905 – un vecino que quería ver cómo era la casa de él- y encontré la foto.
No se de la historia de Arerunguá, porque del departamento de Salto conozco, Zanja del Tigre, Guaviyú de Arapey, Local Sopas ( cuando trabajaba en el banco)  y no mucho mas.
¿Recuerda a Lucio Boada Petiati?
Lucio fue de los vecinos conque más contacto tuve, con mis 13 años me escudaba en un hombre que tenía casi 20 años más que yo y encontraba un buen respaldo en él. Conocía a toda la familia Boada, desde doña Fermina, la mamá, a los cuatro hermanos, Martin, el arquitecto que fue diputado fue quizás al que menos traté, pero luego a José (recordado presidente de Salto Uruguay), Fermín y Lucio, los cuatro hermanos.
Ud. vivió siempre frente a la emblemática fábrica “URRETA S.A”, ¿que recuerdos tiene?
Muchos y muy lindos. Urreta era una de las empresas grandes de aquel momento, mucha gente trabajando, sobre todo en verano, y un despliegue ya de noviembre a diciembre que tenías que levantarte temprano porque te levantaban los camiones que llegaban a descargar cerveza (Doble Uruguaya) para los comercios, los camiones de la propia empresa,  los lecheros que iban a levantar a las 5 de la mañana la leche que habían traído en la noche para colocarla a frío, ¡ese portón chirriaba que despertaba a todo el mundo! Nosotros acostumbrábamos en aquella época a dormir con la ventana abierta, y a las 7 de la mañana empezaba el movimiento, camiones que entraban, que salían, repartos de bebida, de hielo.
Era la época en que no habían aparecido las heladeras y se vendían barras de hielo…
Ellos tenían 2 o 3 camiones tipo Ford T, con la carrocería acondicionada para las barras de hielo, que cargaban y salían a distribuir a los comercios de los distintos barrios.
Yo aprovechando que estaba de vacaciones y esos días que no iba a la playa, me acercaba y miraba, estaban Medici, Pereira y Gorcés.
Me acercaba a preguntar, a ver como era, el envasado lo hacían acá, traían el Agua Salto, y la envasaban acá. Medici era muy amigo de mi padre y un día me dijo que si quería tener un buen trabajo en el futuro tenía que aprender refrigeración, nunca le hice caso.
En cambio Gorcés se puso a trabajar en eso y el hijo, lo hizo y fundó una gran empresa dedicado a esto en Cien Manzanas.
Urreta también tuvo fábrica de chacinado
También tuvo la parte de fiambrería por Cervantes, donde está el CERP había una puerta, y entrando hacia el este estaba la chacinería, y hacia el oeste donde molían las aceituna y hacían aceite  de oliva.
Tengo una anécdota,  a un chancho viejo le dieron mucha comida con sal, y tomaba agua… y cuando estuvo bien hinchado de agua, se lo vendieron a la Urreta al kilo. Imagino que “el bicho” tendria una 50 kilos de carne y lo demás era hinchazón por el agua que había tomado.
Tuvimos la suerte de vivir en el mejor barrio de Salto.
Las cometas también configuraba toda una fiesta en Semana Santa…
Si uno de mis hobbies fueron las cometas. Las hacía muy bien,, no tan bien como mi hermano “Pinocho”, que era meticuloso y las hacía a la perfección. Podríamos hacer cometas para vender, yo era muy prolijo y en turismo hacíamos 10-12 cometas cada uno, y las remontábamos en Paso del Bote los días de semana, el viernes Santo íbamos a Los Algarrobos.
Para ese día había una cometa muy especial hecha, con piolas que íbamos juntando de hasta 200 y 300 metros de piola para remontarla, y eso era el orgullo podía ser un avión, una bomba, un farol.
El tema era Nacional, éramos fanáticos de Nacional, toda blanca el escudo de Nacional al medio, los  flecos azules, blancos y rojos.
Ud. fue funcionario de bancos durante largo tiempo…
Yo fui empleado de banco, no bancario (aclara), salvé el examen el 14 de enero del 61, el 18 estaba trabajando en Trinidad, aprendiendo qué es lo que hace un empleado en una dependencia, el 28 de enero llegué a Salto y empecé a trabajar en el Banco Regional el 30 de enero, estaba en calle Sarandí entre los dos cines (Sarandí y Metropol).
Allí hice mis primeros años, hasta que reventó el  lío en 65, Ya el 18 de enero de 1964 el banco había caído en liquidación. No existía el Banco Central, el República era el encargado de estas funciones y como fichas de dominó cayeron el Transatlántico y varios bancos chicos, el Rural, el Departamental y la Sociedad de Bancos.
Yo terminé en el Banco La Caja Obrera, reabsorbido mediante la acción gremial de AEBU que logró esto y la devolución de fondos para los ahorristas chicos.
Como empleado de banco lo viví todo, el conflicto del 69, 71 días de paro, diez días militarizados. En 1973 la huelga contra los militares, que tocaron conmigo para la tercera, recuerda Frioni.

¿Que origen tiene el apellido Frioni?

Mi tatarabuelo Bartolo Frioni casado con Teresa Sacone, italianos los dos en 1855 llegaron a Montevideo, ella venía embarazada y3 11 14 043 legalmente mi bisabuelo es uruguayo. Mi viejo fue presidente de la filial de AUTE, en el 63 lo detuvieron durante 15 días lo pasaron a la cárcel, el vicepresidente era Marazzano, también vecino nuestro y abuelo de la actual candidata a diputada por el FA Soledad Marazzano.

¿Es oriundo de Paso del Bote?

Me considero “cachimbista”  (nativo de barrio La Cachimba), si bien nací en calle Colón 253 en la época donde los partos eran domiciliaros. Mi padre trabajaba en UTE, entonces buscaba una casa cerca de donde trabajaba, en ese momento estaba en el sector de maquinaria de la vieja usina que funcionaba en Rivera y Colón.

Por el año 50 y pico, tuvo problemas de úlcera y pasó al escritorio, yo nací en el 41, en el año 44 nos desalojaron de esa casa y él buscó otra cerca que fue en Florencio Sánchez 285.

Allí pasé 10 años, en uno de los períodos más felices para mí. Porque era una casa vieja, ni chica ni grande, con tremendos desniveles.

Era una casa que para la imaginación de los chicos de aquella época, colmó todas las expectativas, las buenas, y las malas, aparte la gurisada de aquellos años, eran alumnos de la escuela Nº 1 (en la esquina noroeste de Artigas y Sarandí (frente al edificio Daymán Arapey ), que era la escuela de varones, porque la otra escuela era la 4, pero era para mujeres.

El viejo (su padre era ateo, yo soy ateo) por eso no concurríamos a nada religioso, lo único que nos interesaba era ir a jugar los campeonatos (en la cancha) de Don Bosco.

Era un barrio hermoso porque estaba lleno de baldíos.

Osvaldo Paz, uno de los mas exitosos pintores uruguayos en Punta del Este, fue su vecino…

Efectivamente, Osvaldo Paz el pintor, vivía en Juan Carlos Gómez, en una casa vieja, propiedad de Demetrio Revello, la mamá (doña Angelita) era lavandera, y el padre trabajaba en una panadería.

Lo desalojaron de esa casa cuando el viejo Revello se la dio a la hija, que se hizo allí una casa, y ellos fueron a vivir a los fondos con entrada por Cervantes. Y cada tanto “el flaco” pintaba algún cuadro y lo vendía para tener (dinero) para el fin de semana.

Luego se fue a Montevideo y lo encontré cuando estaba mal, y la última vez que supe de él, había fallecido.

Don Rufino Martínez…

Don Rufino Martínez, era otro vecino “notorio” de la época. Comisario retirado de la zona de  Arerunguá, según se decía en el barrio el dueño de los caballos que corría Irineo Leguisamo, también oriundo de Arerunguá y de allí la frase que ganaba porque corría con “el caballo del comisario”

Realmente no se sería así o no, pero don rufino conocía a Leguisamo. Ayer encontré en casa una foto de él, se la iba a ofrecer a la nieta. Era un buen tipo. Yo conocí a Rufino estando ya jubilado y siendo yo gurí. Era una persona muy afable, fumaba puro, yo era el encargado de los mandados al almacén y siempre me lo cruzaba porque vivía en la misma cuadra una casas más hacia el centro.

Fue de las personas que tengo un cálido recuerdo de su manera de ser, era muy correcto.

Justo ayer me pidieron una fotografía del año 1905 – un vecino que quería ver cómo era la casa de él- y encontré la foto.

No se de la historia de Arerunguá, porque del departamento de Salto conozco, Zanja del Tigre, Guaviyú de Arapey, Local Sopas ( cuando trabajaba en el banco)  y no mucho mas.

¿Recuerda a Lucio Boada Petiati?

Lucio fue de los vecinos conque más contacto tuve, con mis 13 años me escudaba en un hombre que tenía casi 20 años más que yo y encontraba un buen respaldo en él. Conocía a toda la familia Boada, desde doña Fermina, la mamá, a los cuatro hermanos, Martin, el arquitecto que fue diputado fue quizás al que menos traté, pero luego a José (recordado presidente de Salto Uruguay), Fermín y Lucio, los cuatro hermanos.

Ud. vivió siempre frente a la emblemática fábrica “URRETA S.A”, ¿que recuerdos tiene?

Muchos y muy lindos. Urreta era una de las empresas grandes de aquel momento, mucha gente trabajando, sobre todo en verano, y un despliegue ya de noviembre a diciembre que tenías que levantarte temprano porque te levantaban los camiones que llegaban a descargar cerveza (Doble Uruguaya) para los comercios, los camiones de la propia empresa,  los lecheros que iban a levantar a las 5 de la mañana la leche que habían traído en la noche para colocarla a frío, ¡ese portón chirriaba que despertaba a todo el mundo! Nosotros acostumbrábamos en aquella época a dormir con la ventana abierta, y a las 7 de la mañana empezaba el movimiento, camiones que entraban, que salían, repartos de bebida, de hielo.

Era la época en que no habían aparecido las heladeras y se vendían barras de hielo…

Ellos tenían 2 o 3 camiones tipo Ford T, con la carrocería acondicionada para las barras de hielo, que cargaban y salían a distribuir a los comercios de los distintos barrios.

Yo aprovechando que estaba de vacaciones y esos días que no iba a la playa, me acercaba y miraba, estaban Medici, Pereira y Gorcés.

Me acercaba a preguntar, a ver como era, el envasado lo hacían acá, traían el Agua Salto, y la envasaban acá. Medici era muy amigo de mi padre y un día me dijo que si quería tener un buen trabajo en el futuro tenía que aprender refrigeración, nunca le hice caso.

En cambio Gorcés se puso a trabajar en eso y el hijo, lo hizo y fundó una gran empresa dedicado a esto en Cien Manzanas.

Urreta también tuvo fábrica de chacinado

También tuvo la parte de fiambrería por Cervantes, donde está el CERP había una puerta, y entrando hacia el este estaba la chacinería, y hacia el oeste donde molían las aceituna y hacían aceite  de oliva.

Tengo una anécdota,  a un chancho viejo le dieron mucha comida con sal, y tomaba agua… y cuando estuvo bien hinchado de agua, se lo vendieron a la Urreta al kilo. Imagino que “el bicho” tendria una 50 kilos de carne y lo demás era hinchazón por el agua que había tomado.

Tuvimos la suerte de vivir en el mejor barrio de Salto.

Las cometas también configuraba toda una fiesta en Semana Santa…

Si uno de mis hobbies fueron las cometas. Las hacía muy bien,, no tan bien como mi hermano “Pinocho”, que era meticuloso y las hacía a la perfección. Podríamos hacer cometas para vender, yo era muy prolijo y en turismo hacíamos 10-12 cometas cada uno, y las remontábamos en Paso del Bote los días de semana, el viernes Santo íbamos a Los Algarrobos.

Para ese día había una cometa muy especial hecha, con piolas que íbamos juntando de hasta 200 y 300 metros de piola para remontarla, y eso era el orgullo podía ser un avión, una bomba, un farol.

El tema era Nacional, éramos fanáticos de Nacional, toda blanca el escudo de Nacional al medio, los  flecos azules, blancos y rojos.

Ud. fue funcionario de bancos durante largo tiempo…

Yo fui empleado de banco, no bancario (aclara), salvé el examen el 14 de enero del 61, el 18 estaba trabajando en Trinidad, aprendiendo qué es lo que hace un empleado en una dependencia, el 28 de enero llegué a Salto y empecé a trabajar en el Banco Regional el 30 de enero, estaba en calle Sarandí entre los dos cines (Sarandí y Metropol).

Allí hice mis primeros años, hasta que reventó el  lío en 65, Ya el 18 de enero de 1964 el banco había caído en liquidación. No existía el Banco Central, el República era el encargado de estas funciones y como fichas de dominó cayeron el Transatlántico y varios bancos chicos, el Rural, el Departamental y la Sociedad de Bancos.

Yo terminé en el Banco La Caja Obrera, reabsorbido mediante la acción gremial de AEBU que logró esto y la devolución de fondos para los ahorristas chicos.

Como empleado de banco lo viví todo, el conflicto del 69, 71 días de paro, diez días militarizados. En 1973 la huelga contra los militares, que tocaron conmigo para la tercera, recuerda Frioni.

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Con el Arquitecto Ivon Grilli Castilla. El valor arquitectónico total de nuestra ciudad

Presidió durante mucho tiempo la Comisión Delegada de la Sociedad de Arquitectos de Salto, y durante varios años la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza de Salto y en este momento lidera la Comisión de Amigos del Chalet Las Nubes, comisión recientemente formada para apoyar lo concerniente a la difusión del sentido cultural que posee la Casa Amorim, que forma parte del patrimonio histórico del país.
El Arquitecto Ivón Grilli Castilla fue designado por la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación lo ha designado Conservador de la obra de Las Nubes y comparte características de su gestión en el gobierno municipal anterior.
Presidió durante mucho tiempo la Comisión Delegada de la Sociedad de Arquitectos de Salto, y durante varios años la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza de Salto y en este momento lidera la Comisión de Amigos del Chalet Las Nubes, comisión recientemente formada para apoyar lo concerniente a la difusión del sentido cultural que posee la Casa Amorim, que forma parte del patrimonio histórico del país.
El Arquitecto Ivón Grilli Castilla fue designado por la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación lo ha designado Conservador de la obra de Las Nubes y comparte características de su gestión en el gobierno municipal anterior.
¿La inclinación por la Arquitectura proviene del seno familiar?
-“Mi familia es de origen italiano y todos son agricultores. Mi padre tenía una chacra en la zona de la calle Apolón, donde tengo muchos parientes que todavía se dedican a dicha actividad.
Esas cosas de la vocación… esos llamados que se sienten,  me llevaron a sentirme atraído por la construcción.
Llegado el momento de definirme vocacionalmente, opté por la arquitectura.
Era algo que desde muy joven lo había manifestado, sobre todo viendo la parte práctica de la construcción.
Me gustaba observar cuando los albañiles hacían las reformas o levantar simplemente un muro de ladrillos.
Luego la misma Facultad nos va conduciendo a perfeccionar esa idea y vocación.
Nunca he renegado de ello, pese a que muchas veces como en toda profesión, nos encontramos con algunas dificultades”.
2- ¿Han variado mucho los conceptos dentro de la Arquitectura en sí misma?
-“La pregunta nos conduce a dos aspectos para destacar. Por un lado esencialmente si nos ponemos de acuerdo de que la arquitectura es el arte de construir, de ambientar las necesidades del ser humano, ello se mantiene en forma permanente desde que el hombre que comenzó a habitar en las cavernas, bajo tolderías.
Pero si pensamos acerca de la tecnología de la construcción, del objeto práctico de construir y de los elementos que uno maneja, sí.
Algunos se mantienen… el ladrillo se inventó en el tiempo de los Caldeos, dos mil años antes de Jesucristo y los seguimos usando en la actualidad.
Pero hay materiales como por ejemplo los isopaneles que son un reflejo de nuestro tiempo.
Hay materiales de aislación que se usan en la construcción y que son un derivado directo de las investigaciones espaciales… en ese sentido ha variado mucho
Ciertamente en este mundo de hoy en que las comunicaciones son inmediatas y el flujo de materiales también, en mayor o menor medida también estamos en contacto con el uso de las últimas tecnologías”.
3- ¿Usted se identifica más con la expresión tradicionalista o se juega más por lo nuevo?
-“Allí también tenemos que hacer alguna apreciación. Creo que cada persona es reflejo del tiempo en que vive y no puede renegar de esa situación. Si vivimos en el mundo de la post modernidad, evidentemente cualquier arquitecto va a estar generando, a menos que sea un acérrimo historicista, un gesto arquitectónico producto de esa post modernidad.
A mí me disgusta un poco cuando me preguntan de qué forma me ubico entre las corrientes y estilos… me considero un funcionalista.
Me formé en la Facultad a partir de los años 60 y comenzando los 70 en una Facultad que preconizaba un poco esa forma de razonar para llegar a un determinado resultado de práctica.
Y ese espíritu era heredero del movimiento moderno inmediato anterior y me puedo ubicar en ese período funcionalista en donde para mí lo fundamental cuando se me plantea un problema es necesario analizarlos desde el punto de vista funcional.
Luego naturalmente viene la etapa de la formalización”.
4-¿Y ello cómo se expresa?
-“Con una funcionalidad se puede expresar de distinta maneras. Un arquitecto neoclásico renacentista estará ligado a determinada forma y un profesional del movimiento moderno, emprenderá otra.
Un post moderno posiblemente le de otra.
Creo que lo funcional es la base y en sustento de mi formación y en la formalización busco adecuarme al medio y de tener un criterio contextualista… tener en cuenta donde se inserta mi obra.
Es muy distinto si me encargan una vivienda en calle Artigas que en el Parque Matos Netto, con retiros, que está ubicada en el medio de jardines o mismo en Arenitas Blancas.
Por eso, la elección de los materiales, de la fachada tiene mucho que ver con lo que tengo del contexto.
Porque me interesa, más que la expresión individual de esa arquitectura, cómo ésta se expresa dentro de la realidad en que se cimenta”.
5- La arquitectura tiene mucho de funcionalidad y de estética y en ocasiones puede darse un antagonismo ¿Cómo se resuelve?
-“A veces se generan conflictos… de todas maneras yo creo que una buena solución estética y formal no va a entrar nunca en choque con lo funcional ni con el contexto. Porque justamente esa es la labor del arquitecto… encontrar equilibrios.
No se trata de inventar cosas, como es el caso del que pinta un cuadro abstracto… aquí me encuentro mucho más atado y condicionado.
Una vez que tengo la espacialidad resuelta porque se estudió funcionalmente el programa y se habló con el comitente (la persona que va a habitar el lugar), se comienza formalmente el trabajo”.
6- Uno de los grandes desafíos de hoy es el tema de la economía y el buen uso del espacio. ¿Cómo se puede lograr buenos resultados?
-“Ese es un problema que siempre lo tuvieron los arquitectos, porque la construcción es una industria cara, al menos que se empleen sistemas constructivos muy especiales como pueden emplearlos en países muy desarrollados que pueden pre fabricar elementos y demás. Los grandes espacios techados resultan caros.
Nosotros tenemos una forma de calcular los presupuestos que a veces nos ha conducido a ciertos errores y es valorizar mediante los metros cuadrados que tiene.
Y es una forma extremadamente simplista de ver el problema, no obstante también la industria de la construcción ha adoptado este criterio y no es tan fácil desprenderse de él.
El Banco Hipotecario por ejemplo en los tiempos en que se debilitaba la construcción, había llegado a ciertos equilibrios, negociándolo también con las intendencias.
7- Otro gran tema es el de la urbanización… ¿Cuál es la realidad?
-“Ese territorio es uno de los más difíciles porque la actividad de planificador está limitada por la capacidad de modificación de la infraestructuras.
Yo no puedo desconocer, si propusiera re diseñar la planta urbana de Salto –  por brillantes ideas que tuviere de establecer expropiaciones de calles para hacer ensanches o hacer una circulación más fluida del tránsito que hoy en día está colapsado totalmente, pues ello supone un costo inabordable para nuestras intendencias.
Citando un caso: Buenos Aires en cierto momento se vio obligado a demoler toda una línea de manzanas para establecer la calle Corrientes.
De a poco lo fue logrando y recientemente se hicieron las últimas demoliciones y han reconstruido allí sobre la base de dos calles y la 9 de Julio y se abre la posibilidad de construir la Metrovía”.
8- Uno de los grandes problemas urbanos de nuestro departamento es el desagüe pluvial que se incrementa cuando se dan las enchorradas. ¿Es un tema tratable?
-“La Facultad – lo digo pues fui docente de dicha institución – se abocó varias veces a la temática referida a las áreas inundables de la ciudad.
Desde la fundación de Salto en el área desde el puerto en adelante a lo largo del trazado de calles Uruguay y Artigas  sabían ya los primeros fundadores de la ciudad que se iban a encontrar con algún límite frente a la expansión de la misma, porque tenían el vacío al sur del Ceibal y al norte del Sauzal.
Pero por cierta inconsciencia o mala intención por parte del plan legislador que vino después, se siguió parcelando áreas que pertenecían a los arroyos
Todavía se está a tiempo de realizar mediante el sistema de expropiación una ordenanza municipal que impida la construcción cercana.
A la larga van a quedar espacios vacíos que la Intendencia podrá adquirir a un costo razonable y podrán ser transformados en parques”.
9- ¿Qué resaltaría de su gestión en el gobierno municipal anterior con el Intendente Fonticiella?
-“Trabajé en la Sub Dirección de Obras… contando con las dificultades que tienen todas las intendencias, ya sea tanto para la recaudación a partir de los impuestos, patentes y agro, éstas se mueven con recursos reducidos. Ello lleva a que las obras queden inconclusas y eso no es bueno.
Por eso creo que muchas de las obras que se hicieron en el momento en que tuve la oportunidad de actuar, creo que se hicieron con espíritu colectivo”.
10 – ¿Y cuál es su lectura acerca del valor patrimonial arquitectónico de nuestro departamento?
-“Tenemos un patrimonio que es muy grande, enorme… pero si nosotros en Salto hiciéramos un rescate del casco central de toda la arquitectura ecléctica y neo clásica que tenemos en nuestra calle principal, nuestra ciudad sería de un atractivo internacional”.

Publicado en - Especiales Semanales -, 2- Martes, Al DorsoComentarios (1)

Jorge Esmoris “El interior me dio la chapa y el diploma de autor uruguayo”

1) ¿Qué se siente estar nuevamente en Salto?
Es una alegría enorme. Siempre ando por acá por una cosa u otra. El año pasado estuve con otro monólogo, llamado “Todo bien, bo” y me gusta mucho estar en Salto. Además, el teatro Larrañaga es un teatro emblemático y volver es como renovar esa posibilidad de tener contacto con este escenario especial.
Mi contacto con el interior del país es muy fluido, porque en 1998 empecé a hacer giras y no paré más. Cada vez que voy a una ciudad es como estar en un lugar donde tranquilamente puedo ser un vecino más. Me siento así y me lo hacen sentir así. Voy seguido a todos los lugares del interior y la respuesta de la gente es maravillosa. Es algo intransferible.
2) ¿Qué se siente ser nuevamente candidato a la presidencia?
Un agobio muy grande, principalmente porque a mí como candidato la gente me exige que diga cosas distintas en todas las campañas. (Risas) Y creo que soy al único que se le exige. Después está el tema de que a medida que va avanzando la campaña real, la cosa se va poniendo cada vez más dura. Yo siempre traté de separarme de lo que podían ser los demás candidatos. No hago referencia a ninguno de ellos y no imito a nadie, pero a veces tengo que sacar cosas de mi libreto porque ellos dicen cosas parecidas. Eso hace que el último tramo de la campaña se me dificulte mucho, porque casi que me van dejando sin libreto.
3) Esta se anuncia como su última campaña electoral. ¿Por qué decidió ponerle punto final al candidato pese al éxito que ha tenido el personaje?
Eso es algo que venía pensando hace mucho tiempo. Esta es la cuarta campaña y si bien es un espectáculo que vengo renovando todos los años, siempre vengo hablando de lo mismo. Desde que inicié vengo hablando de la educación, la seguridad, la economía, la inflación. Llega un momento en que no se me ocurre qué nuevo decir. Creo también que el personaje cumplió un ciclo y la idea era tomar esto como si hubiese sido la saga de una película de aventuras y este es el último capítulo. Por eso se llama “La Batalla Final”. Es como que hasta aquí llegó el candidato y se despide de la gente, con un final que marca hacia donde va este candidato.
4) Como espectador, a mí me pasa que cada vez que el candidato vuelve a escena tengo la expectativa de ver cómo se reinventará el personaje y qué más tiene más decir. ¿Siente que eso le pasa a todos aquellos que siguen al candidato desde el comienzo?
Sí, creo que pasa eso. Yo empecé a hacer esta obra en mayo de este año y hubo gente que pensó que había cambiado todo y que ahora tengo otro discurso. Pero yo pienso mucho lo que digo. (Risas) Y tengo que memorizar todo. Sería muy fácil si yo hiciera un espectáculo de humor en función de lo que dicen los demás, pero el humor que yo hago es exclusivo de este personaje, de este candidato que tiene un programa totalmente absurdo. Eso le permite hablar de otras cosas que tienen que ver con el humor y sobre todo con la condición humana. En una campaña electoral afloran cosas que tienen que ver más con lo político que con la condición humana, y es ahí donde el candidato también puede hacer un poco de humor.
5) ¿Hacer un monólogo es más sencillo que ser parte de una obra donde debe interactuar con otros actores?
No, también tiene sus bemoles. Primero que nada tenés que tener una disciplina muy grande porque estás solo. Nadie te puede salvar. Por eso yo no improviso nada: una vez que llegué a un texto, me mantengo en él. No cambio absolutamente nada ni le agrego nada. Para no apelar al chiste fácil o a la improvisación que te puede llevar a otro camino más fácil en el humor, yo trato de ceñirme al texto. Es lindo, porque los monólogos me han permitido recorrer todo el país desde hace mucho tiempo. Obviamente, a veces te gustaría estar con otra gente en el escenario y tengo proyectos de ese tipo, también. Pero yo disfruto mucho los monólogos.
6) Usted es un actor multifacético, que ha hecho cine, teatro, televisión y carnaval. ¿Pero qué es lo que más disfruta?
El teatro. Yo soy un actor y como tal puedo actuar en una película, en una serie de televisión o en una publicidad. Como actor también hice un programa de radio. Siempre dentro de la estructura del actor, porque no soy ni periodista ni conductor. Soy un actor que hace cosas donde pueda actuar.
Mi formación actoral es clásica, con los textos de Shakespeare, Moliere… El humor vino después, como consecuencia del carnaval y de tratar de hacer un humor diferente, que no era habitual que se viera en carnaval. A partir de ahí vino la oportunidad de los monólogos, que me permitieron salir y convertirme en un actor uruguayo. Cuando hice la primera gira por el interior me di cuenta de que era un actor montevideano. Y por eso para mí es muy grato salir el interior, porque el interior me dio la chapa y el diploma de actor uruguayo.
7) Sufrió una descentralización en carne propia.
Más que sufrirla, la gocé. (Risas) Es así… Yo no hago funciones los fines de semana en Montevideo para poner salir al interior. Es una opción que tomé. Prefiero hacer tres o cuatro funciones grandes en Montevideo, para que me quede el mayor tiempo posible para salir al interior.
Me encanta actuar en el interior, pero empieza una función y me olvido de que estoy en Salto. Porque llega un momento en que te olvidás del lugar donde estás. Creo que a la gente le pasa lo mismo. Y eso para mí es genial. Es como que podés ir por encima de regionalismos, de todo. Y en todos lados la gente reacciona de la misma manera.
8) Con la antimurga BCG marcó un estilo particular de hacer carnaval. ¿Extraña esa vida sobre los tablados?
No, no… Puede ser que extrañe el tablado, pero el tablado que hacíamos nosotros, que ya no existe mucho en Montevideo. Pero después, no. Lo que hacíamos en carnaval era también una forma de hacer teatro. Con la BCG a veces hacemos algún espectáculo en Montevideo. Pero el carnaval no lo extraño para nada.
9) ¿Cuáles son sus proyectos de futuro?
Estoy pergeñando algún otro monólogo. Tengo también alguna posibilidad de hacer algo de teatro en Montevideo, pero sería sobre el final del año que viene. Tampoco soy de planificar mucho. Siempre tengo mi espectáculo solo, que me permite salir. Estoy haciendo gestiones para hacer la obra en Montevideo los miércoles y jueves, para dedicar los viernes, sábados y domingos a recorrer el interior. Son opciones que uno hace. Yo opté por tener más tiempo para salir que para afincarme en la capital.
10) ¿El hecho de escribir sus propios libretos lo ayuda a no estar atado a lo que escriba otro, sino que dice lo que realmente quiere decir?
Sí. Llegar a un texto me insume mucho tiempo. Son muchas hojas que se van quemando. Después de que llegué a ese texto, eso es lo que quiero hacer y decir. Después hago como que fuese de otro: no lo toco. Me desdoblo de esa manera. Digo: voy a respetar lo que escribió este tipo. Por más que ese tipo sea yo. Es una forma de que el humor siempre sea igual y la propuesta sea la misma. En una campaña electoral, la gente va a ver a un candidato y lo que ve es un espectáculo de teatro, de humor. No ve el chiste político, porque no lo tiene. Tiene la situación, pero no el chiste político. Toda la gente te dice que está bárbaro porque puede ser Fulano o Mengano, porque el candidato se parece en algo a todos.
1) ¿Qué se siente estar nuevamente en Salto?
Es una alegría enorme. Siempre ando por acá por una cosa u otra. El año pasado estuve con otro monólogo, llamado “Todo bien, bo” y me gusta mucho estar en Salto. Además, el teatro Larrañaga es un teatro emblemático y volver es como renovar esa posibilidad de tener contacto con este escenario especial.
Mi contacto con el interior del país es muy fluido, porque en 1998 empecé a hacer giras y no paré más. Cada vez que voy a una ciudad es como estar en un lugar donde tranquilamente puedo ser un vecino más. Me siento así y me lo hacen sentir así. Voy seguido a todos los lugares del interior y la respuesta de la gente es maravillosa. Es algo intransferible.
2) ¿Qué se siente ser nuevamente candidato a la presidencia?
Un agobio muy grande, principalmente porque a mí como candidato la gente me exige que diga cosas distintas en todas las campañas. (Risas) Y creo que soy al único que se le exige. Después está el tema de que a medida que va avanzando la campaña real, la cosa se va poniendo cada vez más dura. Yo siempre traté de separarme de lo que podían ser los demás candidatos. No hago referencia a ninguno de ellos y no imito a nadie, pero a veces tengo que sacar cosas de mi libreto porque ellos dicen cosas parecidas. Eso hace que el último tramo de la campaña se me dificulte mucho, porque casi que me van dejando sin libreto.
3) Esta se anuncia como su última campaña electoral. ¿Por qué decidió ponerle punto final al candidato pese al éxito que ha tenido el personaje?
Eso es algo que venía pensando hace mucho tiempo. Esta es la cuarta campaña y si bien es un espectáculo que vengo renovando todos los años, siempre vengo hablando de lo mismo. Desde que inicié vengo hablando de la educación, la seguridad, la economía, la inflación. Llega un momento en que no se me ocurre qué nuevo decir. Creo también que el personaje cumplió un ciclo y la idea era tomar esto como si hubiese sido la saga de una película de aventuras y este es el último capítulo. Por eso se llama “La Batalla Final”. Es como que hasta aquí llegó el candidato y se despide de la gente, con un final que marca hacia donde va este candidato.
4) Como espectador, a mí me pasa que cada vez que el candidato vuelve a escena tengo la expectativa de ver cómo se reinventará el personaje y qué más tiene más decir. ¿Siente que eso le pasa a todos aquellos que siguen al candidato desde el comienzo?
Sí, creo que pasa eso. Yo empecé a hacer esta obra en mayo de este año y hubo gente que pensó que había cambiado todo y que ahora tengo otro discurso. Pero yo pienso mucho lo que digo. (Risas) Y tengo que memorizar todo. Sería muy fácil si yo hiciera un espectáculo de humor en función de lo que dicen los demás, pero el humor que yo hago es exclusivo de este personaje, de este candidato que tiene un programa totalmente absurdo. Eso le permite hablar de otras cosas que tienen que ver con el humor y sobre todo con la condición humana. En una campaña electoral afloran cosas que tienen que ver más con lo político que con la condición humana, y es ahí donde el candidato también puede hacer un poco de humor.
5) ¿Hacer un monólogo es más sencillo que ser parte de una obra donde debe interactuar con otros actores?
No, también tiene sus bemoles. Primero que nada tenés que tener una disciplina muy grande porque estás solo. Nadie te puede salvar. Por eso yo no improviso nada: una vez que llegué a un texto, me mantengo en él. No cambio absolutamente nada ni le agrego nada. Para no apelar al chiste fácil o a la improvisación que te puede llevar a otro camino más fácil en el humor, yo trato de ceñirme al texto. Es lindo, porque los monólogos me han permitido recorrer todo el país desde hace mucho tiempo. Obviamente, a veces te gustaría estar con otra gente en el escenario y tengo proyectos de ese tipo, también. Pero yo disfruto mucho los monólogos.
6) Usted es un actor multifacético, que ha hecho cine, teatro, televisión y carnaval. ¿Pero qué es lo que más disfruta?
El teatro. Yo soy un actor y como tal puedo actuar en una película, en una serie de televisión o en una publicidad. Como actor también hice un programa de radio. Siempre dentro de la estructura del actor, porque no soy ni periodista ni conductor. Soy un actor que hace cosas donde pueda actuar.
Mi formación actoral es clásica, con los textos de Shakespeare, Moliere… El humor vino después, como consecuencia del carnaval y de tratar de hacer un humor diferente, que no era habitual que se viera en carnaval. A partir de ahí vino la oportunidad de los monólogos, que me permitieron salir y convertirme en un actor uruguayo. Cuando hice la primera gira por el interior me di cuenta de que era un actor montevideano. Y por eso para mí es muy grato salir el interior, porque el interior me dio la chapa y el diploma de actor uruguayo.
7) Sufrió una descentralización en carne propia.
Más que sufrirla, la gocé. (Risas) Es así… Yo no hago funciones los fines de semana en Montevideo para poner salir al interior. Es una opción que tomé. Prefiero hacer tres o cuatro funciones grandes en Montevideo, para que me quede el mayor tiempo posible para salir al interior.
Me encanta actuar en el interior, pero empieza una función y me olvido de que estoy en Salto. Porque llega un momento en que te olvidás del lugar donde estás. Creo que a la gente le pasa lo mismo. Y eso para mí es genial. Es como que podés ir por encima de regionalismos, de todo. Y en todos lados la gente reacciona de la misma manera.
8) Con la antimurga BCG marcó un estilo particular de hacer carnaval. ¿Extraña esa vida sobre los tablados?
No, no… Puede ser que extrañe el tablado, pero el tablado que hacíamos nosotros, que ya no existe mucho en Montevideo. Pero después, no. Lo que hacíamos en carnaval era también una forma de hacer teatro. Con la BCG a veces hacemos algún espectáculo en Montevideo. Pero el carnaval no lo extraño para nada.
9) ¿Cuáles son sus proyectos de futuro?
Estoy pergeñando algún otro monólogo. Tengo también alguna posibilidad de hacer algo de teatro en Montevideo, pero sería sobre el final del año que viene. Tampoco soy de planificar mucho. Siempre tengo mi espectáculo solo, que me permite salir. Estoy haciendo gestiones para hacer la obra en Montevideo los miércoles y jueves, para dedicar los viernes, sábados y domingos a recorrer el interior. Son opciones que uno hace. Yo opté por tener más tiempo para salir que para afincarme en la capital.
10) ¿El hecho de escribir sus propios libretos lo ayuda a no estar atado a lo que escriba otro, sino que dice lo que realmente quiere decir?
Sí. Llegar a un texto me insume mucho tiempo. Son muchas hojas que se van quemando. Después de que llegué a ese texto, eso es lo que quiero hacer y decir. Después hago como que fuese de otro: no lo toco. Me desdoblo de esa manera. Digo: voy a respetar lo que escribió este tipo. Por más que ese tipo sea yo. Es una forma de que el humor siempre sea igual y la propuesta sea la misma. En una campaña electoral, la gente va a ver a un candidato y lo que ve es un espectáculo de teatro, de humor. No ve el chiste político, porque no lo tiene. Tiene la situación, pero no el chiste político. Toda la gente te dice que está bárbaro porque puede ser Fulano o Mengano, porque el candidato se parece en algo a todos.

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Pancracio Cánepa “Del almacencito al Supermercado”

¿En qué año egresaste de la Facultad de Agronomía y te viniste para Salto?
Egresé en 1984 e ingresé a la docencia en 1986 cuando tuve mi primer contrato y me trasladé con mis dos cargos en la Facultad (de Agronomía) y en el Ministerio (de Ganadería, Agricultura y Pesca, MGAP) para Salto por 1991.
¿Pero cuál fue el motivo por el
cual dejaste tu tierra natal que era
Montevideo para venirte a Salto?
En ese momento el MGAP en la parte que yo estaba de Aguas y Suelos, se planteaba ser más regional y salir un poco de Montevideo, y eso me atrajo sobre todo el desafío de venir para acá, porque si bien era lejos y yo era consciente de eso, Salto era uno de los 4 o 5 lugares del interior del país que yo visualizaba como posible. Porque el que estudia Agronomía tiene cierta predisposición a que no toda la vida puede estar en Montevideo y acá se me daba el hecho de que podía trasladar mis dos cargos, porque el MGAP y la Facultad estaban acá, con el compromiso de que yo me hacía cargo de la tarea docente y liberaba un poco a la gente de los viajes. Fui uno de los primeros radicados, aunque había otra gente ya radicada acá, pero comparativamente con ahora sí, éramos bastante menos.
Uno cuando se inserta en el mundo
universitario, empieza a compenetrarse con lo que le pasa a la institución en una suerte de militancia activa, teniendo en cuenta que cuando estudiaste había
dictadura ¿siempre tuviste lo de la militancia o eso
vino con la docencia?
“Esto siempre lo tuve, con una fuerte interrupción en la dictadura, pero no mucho tiempo después que me radiqué acá, ya estuve en alguna Comisión Directiva por el Orden Docente, y después empecé a estar varias veces en los órganos de cogobierno hasta ahora. Yo decía el otro día, medio en broma, que soy parte del inventario acá.
¿Y tenías en la cabeza llegar algún día a dirigir esto o fue algo que se fue dando?
No, fue algo que se fue dando. El hecho de estar participando constantemente en las directivas, estar al tanto de todos los temas de gobierno, de gestión, uno se va empapando de algunas cosas y en una oportunidad, recibí el planteo del Orden Estudiantil, que fue lo que más me satisfizo en lo personal y después de eso, conseguimos la unanimidad del resto de los órdenes, y bueno, acá estamos.
¿Te sentís que ahora estás del otro lado del mostrador, sobre todo cuando le
tenés que poner un freno por cuestiones de manejo administrativo a algunos
planteos? ¿O sentís que sos el militantes de siempre con más responsabilidades?
La Universidad es un organismo de conducción colectiva, algunas decisiones a veces hay que tomarlas y decir que no, es parte de la tarea. Pero no me ha costado mucho hacerlo, porque en general hasta ahora lo hemos tratado de manejar intentando de que todo sea lo más negociado posible, lo más en armonía posible, no hemos tenido grandes conflictos, pero si hay que decidir, decidiremos. Normalmente esas decisiones son colectivas, tampoco hay una Dirección unipersonal como la de una empresa privada, en eso se diferencia la Universidad de la República con el resto de las universidades privadas. Y hasta ahora hemos tenido una buena armonía, con las dificultades que van apareciendo hasta ahora y que se han tratado de solucionar.
¿Qué recuerdos tenés de aquella
Regional Norte en la que empezaste
a trabajar comparado con lo que
es ahora?
Obviamente el tamaño era otro, la cantidad de estudiantes era otro, yo particularmente tengo la experiencia de ser docente de Agronomía, eso hace que la historia de la Facultad se hace más larga porque la estación Experimental de San Antonio es de 1911, más vieja que los cursos universitarios que empezaron en Salto en 1957. Y de aquella vieja Regional recuerdo que era un ambiente más familiar, todo el mundo era más conocido, con escalas distintas, siempre lo caricaturizo que pasamos del almacencito al supermercado.
¿Hay una cantidad de estudiantes que antes no se pensaba?
No, porque esto tiene un tamaño en número de estudiantes que es tremendo, y es muy superior a muchas facultades de Montevideo, acá hay 5 mil estudiantes y hay facultades que no tienen ese número, algo que antes ni nos imaginábamos. También la cantidad de docentes se amplió, lo mismo pasó con los docentes radicados y docentes locales algo que es muy positivo y la figura del docente que viene solo a dar clase cada vez se atenúa más, y hay cada vez más docentes que están todo el tiempo dando clases y presentes en la Universidad. Algo que junto con el desarrollo de la investigación nos genera nuevos desafíos.
¿Uno de los primeros temas a resolver fue la falta de lugar para albergar tanta gente, te puso en aprietos el hecho de no contar con capacidad locativa?
Lo de la capacidad locativa es un tema a resolver a diario, porque ahora se va a resolver bastante el tema de los laboratorios, pero vamos a tener la necesidad de crecer más en aulas. De todas maneras el traslado de algunos laboratorios nos generarán el espacio hoy ocupado que pasarán al nuevo edificio, pero de todas maneras en proyección de crecimiento, precisamos crecer más, porque la oferta académica ha crecido muchísimo con cosas importantes, como por ejemplo el hecho de que hoy para hacer toda la carrera de Agronomía y Veterinaria, el estudiante lo puede hacer entre Salto y Paysandú sin pisar Montevideo, lo que tiene aspectos positivos.
¿Te sentís cómodo donde estás, en la Dirección de la Universidad?
Sí, me siento cómodo, esto tiene mucho de desafío, porque además de lo que veníamos haciendo tenemos que construir una institucionalidad nueva y eso es en función de ser parte de algo nuevo, con múltiples autoridades como lo es el centro regional, eso lleva un proceso de aprendizaje y no tenemos la inercia de funcionar como lo veníamos haciendo.
¿Qué es lo que se viene ahora
para Cánepa como director de la sede universitaria, más desafíos, nuevos compromisos, cuál es la apuesta, se viene un lavado de cara o un cambio de contenido?
Creo que el cambio de contenido ya se está dando, con todas estas cosas que decíamos como el cambio en la oferta, tener docentes de alta carga horaria, de grados altos, genera una dinámica diferente. Hace muchos años pensar en tener un docente grado 5 (máximo grado académico que otorga la Universidad) local era una utopía y hoy hay más de uno, y eso determina que hoy pueda decirse que hay un cambio de contenido, y lo que se viene mucho depende de cuál sea el nuevo escenario que provoque ese punto de inflexión en el que está el país.

¿En qué año egresaste de la Facultad de Agronomía y te viniste para Salto?

Egresé en 1984 e ingresé a la docencia en 1986 cuando tuve mi primer contrato y me trasladé con mis dos cargos en la Facultad (de Agronomía) y en el Ministerio (de Ganadería, Agricultura y Pesca, MGAP) para Salto por 1991.

¿Pero cuál fue el motivo por el cual dejaste tu tierra natal que era Montevideo para venirte a Salto?

En ese momento el MGAP en la parte que yo estaba de Aguas y Suelos, se planteaba ser más regional y salir un poco de Montevideo,pancracio canepa y eso me atrajo sobre todo el desafío de venir para acá, porque si bien era lejos y yo era consciente de eso, Salto era uno de los 4 o 5 lugares del interior del país que yo visualizaba como posible. Porque el que estudia Agronomía tiene cierta predisposición a que no toda la vida puede estar en Montevideo y acá se me daba el hecho de que podía trasladar mis dos cargos, porque el MGAP y la Facultad estaban acá, con el compromiso de que yo me hacía cargo de la tarea docente y liberaba un poco a la gente de los viajes. Fui uno de los primeros radicados, aunque había otra gente ya radicada acá, pero comparativamente con ahora sí, éramos bastante menos.

Uno cuando se inserta en el mundo universitario, empieza a compenetrarse con lo que le pasa a la institución en una suerte de militancia activa, teniendo en cuenta que cuando estudiaste había dictadura ¿siempre tuviste lo de la militancia o eso vino con la docencia?

“Esto siempre lo tuve, con una fuerte interrupción en la dictadura, pero no mucho tiempo después que me radiqué acá, ya estuve en alguna Comisión Directiva por el Orden Docente, y después empecé a estar varias veces en los órganos de cogobierno hasta ahora. Yo decía el otro día, medio en broma, que soy parte del inventario acá.

¿Y tenías en la cabeza llegar algún día a dirigir esto o fue algo que se fue dando?

No, fue algo que se fue dando. El hecho de estar participando constantemente en las directivas, estar al tanto de todos los temas de gobierno, de gestión, uno se va empapando de algunas cosas y en una oportunidad, recibí el planteo del Orden Estudiantil, que fue lo que más me satisfizo en lo personal y después de eso, conseguimos la unanimidad del resto de los órdenes, y bueno, acá estamos.

¿Te sentís que ahora estás del otro lado del mostrador, sobre todo cuando le tenés que poner un freno por cuestiones de manejo administrativo a algunos planteos? ¿O sentís que sos el militantes de siempre con más responsabilidades?

La Universidad es un organismo de conducción colectiva, algunas decisiones a veces hay que tomarlas y decir que no, es parte de la tarea. Pero no me ha costado mucho hacerlo, porque en general hasta ahora lo hemos tratado de manejar intentando de que todo sea lo más negociado posible, lo más en armonía posible, no hemos tenido grandes conflictos, pero si hay que decidir, decidiremos. Normalmente esas decisiones son colectivas, tampoco hay una Dirección unipersonal como la de una empresa privada, en eso se diferencia la Universidad de la República con el resto de las universidades privadas. Y hasta ahora hemos tenido una buena armonía, con las dificultades que van apareciendo hasta ahora y que se han tratado de solucionar.

¿Qué recuerdos tenés de aquella Regional Norte en la que empezaste a trabajar comparado con lo que es ahora?

Obviamente el tamaño era otro, la cantidad de estudiantes era otro, yo particularmente tengo la experiencia de ser docente de Agronomía, eso hace que la historia de la Facultad se hace más larga porque la estación Experimental de San Antonio es de 1911, más vieja que los cursos universitarios que empezaron en Salto en 1957. Y de aquella vieja Regional recuerdo que era un ambiente más familiar, todo el mundo era más conocido, con escalas distintas, siempre lo caricaturizo que pasamos del almacencito al supermercado.

¿Hay una cantidad de estudiantes que antes no se pensaba?

No, porque esto tiene un tamaño en número de estudiantes que es tremendo, y es muy superior a muchas facultades de Montevideo, acá hay 5 mil estudiantes y hay facultades que no tienen ese número, algo que antes ni nos imaginábamos. También la cantidad de docentes se amplió, lo mismo pasó con los docentes radicados y docentes locales algo que es muy positivo y la figura del docente que viene solo a dar clase cada vez se atenúa más, y hay cada vez más docentes que están todo el tiempo dando clases y presentes en la Universidad. Algo que junto con el desarrollo de la investigación nos genera nuevos desafíos.

¿Uno de los primeros temas a resolver fue la falta de lugar para albergar tanta gente, te puso en aprietos el hecho de no contar con capacidad locativa?

Lo de la capacidad locativa es un tema a resolver a diario, porque ahora se va a resolver bastante el tema de los laboratorios, pero vamos a tener la necesidad de crecer más en aulas. De todas maneras el traslado de algunos laboratorios nos generarán el espacio hoy ocupado que pasarán al nuevo edificio, pero de todas maneras en proyección de crecimiento, precisamos crecer más, porque la oferta académica ha crecido muchísimo con cosas importantes, como por ejemplo el hecho de que hoy para hacer toda la carrera de Agronomía y Veterinaria, el estudiante lo puede hacer entre Salto y Paysandú sin pisar Montevideo, lo que tiene aspectos positivos.

¿Te sentís cómodo donde estás, en la Dirección de la Universidad?

Sí, me siento cómodo, esto tiene mucho de desafío, porque además de lo que veníamos haciendo tenemos que construir una institucionalidad nueva y eso es en función de ser parte de algo nuevo, con múltiples autoridades como lo es el centro regional, eso lleva un proceso de aprendizaje y no tenemos la inercia de funcionar como lo veníamos haciendo.

¿Qué es lo que se viene ahora para Cánepa como director de la sede universitaria, más desafíos, nuevos compromisos, cuál es la apuesta, se viene un lavado de cara o un cambio de contenido?

Creo que el cambio de contenido ya se está dando, con todas estas cosas que decíamos como el cambio en la oferta, tener docentes de alta carga horaria, de grados altos, genera una dinámica diferente. Hace muchos años pensar en tener un docente grado 5 (máximo grado académico que otorga la Universidad) local era una utopía y hoy hay más de uno, y eso determina que hoy pueda decirse que hay un cambio de contenido, y lo que se viene mucho depende de cuál sea el nuevo escenario que provoque ese punto de inflexión en el que está el país.

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Nelson Méndez y su vocación de servicio

Nació el 9 de enero de 1932, y lleva toda una vida dedicada a la mecánica y a su vocación de servicio. Fue fundador del Club de Leones Salto Ayuí  y preside desde hace 5 años de la Comisión  Pro Ayuda del Hospital Regional Salto, aunque para él los principales motivos para conocerlo distan mucho de esta presentación, por eso comenzó la presente entrevista remarcando con una gran sonrisa “nací en el Cerro y soy de Nacional”.

¿Como fueron sus inicios en la
mecánica?
Yo era para ser  tornero como mi padre (que fue jefe de tornería en los astilleros Mihanovich), pero él no me dejó. Pero me encantaba la mecánica de chico y bueno, seguí mecánica nomás. Mi hermano me decía ¡vos vas a ser siempre un mameluco sucio!- y acá estoy, dijo haciendo ademanes con sus manos a los lados como mostrando su taller, mientras permanecía sentado en su escritorio rodeado de cuadros y reconocimientos algunos ya amarillentos de tantos años de estar allí colgados.
Su pasaje fue por la mecánica de varias marcas importantes, trabajé en la Chevrolet, después me fui a Montevideo a trabajar en John Deere con la mecánica agrícola, después me iba para Brasil, pero frené en Artigas y ahí me casé y tuve 3 hijas. Artigas no me gustaba mucho, había mucha competencia con Brasil en la parte mecánica así que nos mudamos al Cerro acá en Salto, hasta que salió la compra de este galpón (ubicado en 19 de abril casi Amorim donde actualmente tiene su taller) y empezamos a atender todo de Nissan. Después Santa Rosa nos ofreció el service oficial de Renault y Nissan y es lo que tenemos hasta ahora. Y no quiero más complicaciones que esa, dijo entre risas, mientras se recostaba en el respaldo de su silla y cruzaba los brazos.
¿Hay muchos cambios en la mecánica de los autos de antes a los de ahora?
Yo repito seguido que la mecánica es siempre lo mismo, un cilindro, pistón, biela, o algo así. Desde que me conozco es algo de eso. Lo que ha cambiado es la velocidad de los motores, sobre todo en la parte electrónica, eso si ha cambiado. Incluso precisamos la computadora para detectar muchas fallas.
Dijo que iba a Brasil y frenó en Artigas, de ahí ya se vino con su señora y sus hijas…
En Artigas no estuve mucho tiempo, nos vinimos con mi señora Mirtha Severo y ya teníamos las 3 nenas. Con ella teníamos repuestos para vender y después cuando falleció (hace 9 años), dejamos eso y los repuestos quedaron ahí y son los que usamos para reparar los autos acá. Justo cuando ella estaba para disfrutar los nietos tuvo una enfermedad que no la conocían acá, fibrosis pulmonar, y después de casi 3 años de luchar, falleció. Pero ella era una mujer muy luchadora.
Tiene una fotografía muy bien
enmarcada en la pared de un bote de remo, ¿es usted quien se ve en ella?
Si, soy yo, fui campeón nacional de remo durante dos años consecutivos. Hice mucho deporte. Me crié en Nacional, jugué al fútbol ahí. También hice natación. De ahí que me decían -el flaco Méndez-. Es sacrificada la vida del deportista porque no hay que tomar ni fumar, hay que acostarse temprano y todo eso. Fue una época muy linda también.
¿Cuando comienza a sentir el rugir de los Leones?
El vínculo con los Leones surge cuando yo tenía en el Cerro un taller. Vino a hablarme Galvalisi con Finali. Me preguntaron si quería integrarme y mi señora y yo no sabíamos de que se trataba eso y ellos nos dijeron mirá, es para ayudar a los necesitados- y bueno, dijimos, vamos a integrarla. Cuando arrancamos el Club de Leones Salto Centro nos apadrinó, eso fue el 10 de junio de 1981, dijo mientras leía otro de los tantos recuerdos y conocimientos que exhibe con orgullo en la pared de su escritorio.
Al principio no teníamos local propio y nos reuníamos en la sede del Club de Leones Salto Centro, hasta que conseguimos una casa en calle Julio Delgado entre Paraguay y Bella Vista. Ahí empezamos a luchar. Nosotros teníamos a Finali que era increíble lo que trabajaba ese hombre, él y su señora. Ese espíritu nos llevaba a todos. Me acuerdo que un día se prendió fuego una vivienda muy modesta en la Colonia 18 de Julio y ahí nos llevó él. Vimos una situación muy difícil, criaturas chiquitas apenas tapadas con una frazadita y eso nos movilizó mucho, casi que enfurecimos. Y empezamos a movernos por todos lados, le conseguimos el techo completo y ellos se comprometieron a hacer la pared. Esa fue la obra en la que empezamos a sentir lo que era el leonismo. Otra de las obras que recuerdo ya más adelante fue la donación de la ambulancia a Pueblo Belén, la trajimos de Brasil, completa. Y todavía está. Todo lo hacíamos con mucho trabajo, con rifas y donaciones, y pedíamos en distintos lugares y comercios y la gente daba, porque Salto en ese sentido se destacó siempre. Son obras que le quedan a uno.
¿Ahora ya está retirado del club?
Yo fui presidente por dos temporadas y hace un tiempo empezamos a ver que el club estaba empezando a tener cada vez menos movimiento, menos gente joven, y con el Zulo Molteni, decidimos organizar algo para que se sumara la gente joven. Propusimos que cada uno de nosotros debía presentar un nuevo futuro León de 20 a 25 años y así todos hicimos eso. Fuimos haciendo Leones nuevos y con ganas de trabajar. Ahora yo me quedo atrás, los miro y a veces si me preguntan algo, opino, pero son chicos muy trabajadores.
¿Como se vincula a la comisión del hospital y al hogar de ancianos?
Yo integro la Comisión Pro Ayuda al Hospital, desde el año 1992, actualmente somos 8 los que la integramos, y yo soy el presidente hace 5 años. Yo soy un puente del Club (de Leones) al Hospital y al Hogar de Ancianos, cuando falta algo, buscamos la forma de colaborar. Por ejemplo, cuando se necesitaban sillas de ruedas, el club vino y me dijo -mirá te vamos a ayudar- y así se donó 10 sillas de ruedas y 10 sillas comunes. Después el director (del Hospital) nos dijo, -che estamos necesitando sillas para emergencia porque se nos están rompiendo todas- y yo le digo bueno, ¿cuantas necesitas?- y él me dice -4- y yo voy y le digo al club -¡miren que necesitamos 5 sillas!- y ahí trajeron las sillas. Después faltaban los bastones y el andador porque el que no puede caminar tiene que andar con la enfermera o un familiar del brazo y bueno, se pidió y se trajo y esa fue la última donación que hicimos. Nosotros (la Comisión Pro Ayuda al Hospital) tiene una obligación y es que se tiene que respaldar al Director del Hospital. Si el Director viene y dice tenemos que reparar tal o cual pared, ASSE manda la plata y la Comisión la administra, ahí hacemos el llamado a licitación para hacer la obra.
¿Como está la situación en el hospital?
El hospital va marchando, lo que pasa es que  hay mucha gente. En la época que el Director era el Dr Richard Boucq impulsamos el desarrollo de las policlínicas para descongestionar un poco de tanta gente, y eso marcha bastante bien, pero se sigue necesitando personal. El gran problema es que se precisa mucho más  personal del que hay. Porque, ¡es grande el Hospital!, y va mucha gente. Por lo menos unas 3000 personas por día pasan por ahí y no da abasto, ni farmacia ni médicos.
¿Se puede decir que la mecánica y la solidaridad marcaron su vida?
Las dos cosas siempre me gustaron. Y yo digo, cuando uno da una mano desinteresadamente a un tipo que está necesitado, es muy reconfortante, hay obras que son increíbles y ayudan mucho. Algo que no me voy a olvidar nunca es lo que pasó con un niño en una escuela cuando se estaba trabajando en la atención a la vista de los niños. Uno de ellos no conocía los cables de la luz y nos decía, -¿eso que es?-, y lo que pasaba es que el niño no veía casi nada, cada vez menos y yo no te puedo explicar como cambió la vida para ese niño. Y esas cosas a uno le quedan. El club es muy lindo y se aprenden muchas cosas que uno a veces ignora.
¿Ha venido decayendo la colaboración de la gente?
Me parece que es un poco culpa de nosotros que bajamos los brazos y no le damos la energía que necesita. Uno ve las cosas y las entrevera con el espíritu del tren del que las trae y ahí te acompaña todo el mundo. Tenés que mirar hacia adelante para que el tipo que realmente necesita tenga las cosas. Mirá, me pasa esto con el Hogar de Ancianos, yo a veces voy , me doy una vuelta por allá y charlo con la gente y por ahí me retan, me dicen -¡pero che, vos viniste ayer y hoy estas de nuevo acá!. Pero uno se da cuenta que necesitan eso, que uno los visite, les pregunte como están, puedan charlar, que vean que hay gente que se interesa por ellos. Todo eso es muy valioso y hay poca gente. Yo siempre puse arriba de la mesa en el club lo siguiente: en Salto hay 100.000 habitantes, ¿como vamos a ser 25 leones?, ¡no puede ser! Pero la gente no se involucra, van a algunas reuniones y por ahí ven que no les sirve porque dicen que no los ayuda, pero es todo lo contrario, ¡tenes que integrarte para ayudar! Yo digo que uno nace con eso, no mirar para sacar sino mirar para dar.

¿Como fueron sus inicios en la mecánica?

Yo era para ser  tornero como mi padre (que fue jefe de tornería en los astilleros Mihanovich), pero él no me dejó. Pero meAL DORSO NELSON MENDEZ 2encantaba la mecánica de chico y bueno, seguí mecánica nomás. Mi hermano me decía ¡vos vas a ser siempre un mameluco sucio!- y acá estoy, dijo haciendo ademanes con sus manos a los lados como mostrando su taller, mientras permanecía sentado en su escritorio rodeado de cuadros y reconocimientos algunos ya amarillentos de tantos años de estar allí colgados.

Su pasaje fue por la mecánica de varias marcas importantes, trabajé en la Chevrolet, después me fui a Montevideo a trabajar en John Deere con la mecánica agrícola, después me iba para Brasil, pero frené en Artigas y ahí me casé y tuve 3 hijas. Artigas no me gustaba mucho, había mucha competencia con Brasil en la parte mecánica así que nos mudamos al Cerro acá en Salto, hasta que salió la compra de este galpón (ubicado en 19 de abril casi Amorim donde actualmente tiene su taller) y empezamos a atender todo de Nissan. Después Santa Rosa nos ofreció el service oficial de Renault y Nissan y es lo que tenemos hasta ahora. Y no quiero más complicaciones que esa, dijo entre risas, mientras se recostaba en el respaldo de su silla y cruzaba los brazos.

¿Hay muchos cambios en la mecánica de los autos de antes a los de ahora?

Yo repito seguido que la mecánica es siempre lo mismo, un cilindro, pistón, biela, o algo así. Desde que me conozco es algo de eso. Lo que ha cambiado es la velocidad de los motores, sobre todo en la parte electrónica, eso si ha cambiado. Incluso precisamos la computadora para detectar muchas fallas.

Dijo que iba a Brasil y frenó en Artigas, de ahí ya se vino con su señora y sus hijas…

En Artigas no estuve mucho tiempo, nos vinimos con mi señora Mirtha Severo y ya teníamos las 3 nenas. Con ella teníamos repuestos para vender y después cuando falleció (hace 9 años), dejamos eso y los repuestos quedaron ahí y son los que usamos para reparar los autos acá. Justo cuando ella estaba para disfrutar los nietos tuvo una enfermedad que no la conocían acá, fibrosis pulmonar, y después de casi 3 años de luchar, falleció. Pero ella era una mujer muy luchadora.

Tiene una fotografía muy bien enmarcada en la pared de un bote de remo, ¿es usted quien se ve en ella?

Si, soy yo, fui campeón nacional de remo durante dos años consecutivos. Hice mucho deporte. Me crié en Nacional, jugué al fútbol ahí. También hice natación. De ahí que me decían -el flaco Méndez-. Es sacrificada la vida del deportista porque no hay que tomar ni fumar, hay que acostarse temprano y todo eso. Fue una época muy linda también.

¿Cuando comienza a sentir el rugir de los Leones?

El vínculo con los Leones surge cuando yo tenía en el Cerro un taller. Vino a hablarme Galvalisi con Finali. Me preguntaron si quería integrarme y mi señora y yo no sabíamos de que se trataba eso y ellos nos dijeron mirá, es para ayudar a los necesitados- y bueno, dijimos, vamos a integrarla. Cuando arrancamos el Club de Leones Salto Centro nos apadrinó, eso fue el 10 de junio de 1981, dijo mientras leía otro de los tantos recuerdos y conocimientos que exhibe con orgullo en la pared de su escritorio.

Al principio no teníamos local propio y nos reuníamos en la sede del Club de Leones Salto Centro, hasta que conseguimos una casa en calle Julio Delgado entre Paraguay y Bella Vista. Ahí empezamos a luchar. Nosotros teníamos a Finali que era increíble lo que trabajaba ese hombre, él y su señora. Ese espíritu nos llevaba a todos. Me acuerdo que un día se prendió fuego una vivienda muy modesta en la Colonia 18 de Julio y ahí nos llevó él. Vimos una situación muy difícil, criaturas chiquitas apenas tapadas con una frazadita y eso nos movilizó mucho, casi que enfurecimos. Y empezamos a movernos por todos lados, le conseguimos el techo completo y ellos se comprometieron a hacer la pared. Esa fue la obra en la que empezamos a sentir lo que era el leonismo. Otra de las obras que recuerdo ya más adelante fue la donación de la ambulancia a Pueblo Belén, la trajimos de Brasil, completa. Y todavía está. Todo lo hacíamos con mucho trabajo, con rifas y donaciones, y pedíamos en distintos lugares y comercios y la gente daba, porque Salto en ese sentido se destacó siempre. Son obras que le quedan a uno.

¿Ahora ya está retirado del club?

Yo fui presidente por dos temporadas y hace un tiempo empezamos a ver que el club estaba empezando a tener cada vez menos movimiento, menos gente joven, y con el Zulo Molteni, decidimos organizar algo para que se sumara la gente joven. Propusimos que cada uno de nosotros debía presentar un nuevo futuro León de 20 a 25 años y así todos hicimos eso. Fuimos haciendo Leones nuevos y con ganas de trabajar. Ahora yo me quedo atrás, los miro y a veces si me preguntan algo, opino, pero son chicos muy trabajadores.

¿Como se vincula a la comisión del hospital y al hogar de ancianos?

Yo integro la Comisión Pro Ayuda al Hospital, desde el año 1992, actualmente somos 8 los que la integramos, y yo soy el presidente hace 5 años. Yo soy un puente del Club (de Leones) al Hospital y al Hogar de Ancianos, cuando falta algo, buscamos la forma de colaborar. Por ejemplo, cuando se necesitaban sillas de ruedas, el club vino y me dijo -mirá te vamos a ayudar- y así se donó 10 sillas de ruedas y 10 sillas comunes. Después el director (del Hospital) nos dijo, -che estamos necesitando sillas para emergencia porque se nos están rompiendo todas- y yo le digo bueno, ¿cuantas necesitas?- y él me dice -4- y yo voy y le digo al club -¡miren que necesitamos 5 sillas!- y ahí trajeron las sillas. Después faltaban los bastones y el andador porque el que no puede caminar tiene que andar con la enfermera o un familiar del brazo y bueno, se pidió y se trajo y esa fue la última donación que hicimos. Nosotros (la Comisión Pro Ayuda al Hospital) tiene una obligación y es que se tiene que respaldar al Director del Hospital. Si el Director viene y dice tenemos que reparar tal o cual pared, ASSE manda la plata y la Comisión la administra, ahí hacemos el llamado a licitación para hacer la obra.

¿Como está la situación en el hospital?

El hospital va marchando, lo que pasa es que  hay mucha gente. En la época que el Director era el Dr Richard Boucq impulsamos el desarrollo de las policlínicas para descongestionar un poco de tanta gente, y eso marcha bastante bien, pero se sigue necesitando personal. El gran problema es que se precisa mucho más  personal del que hay. Porque, ¡es grande el Hospital!, y va mucha gente. Por lo menos unas 3000 personas por día pasan por ahí y no da abasto, ni farmacia ni médicos.

¿Se puede decir que la mecánica y la solidaridad marcaron su vida?

Las dos cosas siempre me gustaron. Y yo digo, cuando uno da una mano desinteresadamente a un tipo que está necesitado, es muy reconfortante, hay obras que son increíbles y ayudan mucho. Algo que no me voy a olvidar nunca es lo que pasó con un niño en una escuela cuando se estaba trabajando en la atención a la vista de los niños. Uno de ellos no conocía los cables de la luz y nos decía, -¿eso que es?-, y lo que pasaba es que el niño no veía casi nada, cada vez menos y yo no te puedo explicar como cambió la vida para ese niño. Y esas cosas a uno le quedan. El club es muy lindo y se aprenden muchas cosas que uno a veces ignora.

¿Ha venido decayendo la colaboración de la gente?

Me parece que es un poco culpa de nosotros que bajamos los brazos y no le damos la energía que necesita. Uno ve las cosas y las entrevera con el espíritu del tren del que las trae y ahí te acompaña todo el mundo. Tenés que mirar hacia adelante para que el tipo que realmente necesita tenga las cosas. Mirá, me pasa esto con el Hogar de Ancianos, yo a veces voy , me doy una vuelta por allá y charlo con la gente y por ahí me retan, me dicen -¡pero che, vos viniste ayer y hoy estas de nuevo acá!. Pero uno se da cuenta que necesitan eso, que uno los visite, les pregunte como están, puedan charlar, que vean que hay gente que se interesa por ellos. Todo eso es muy valioso y hay poca gente. Yo siempre puse arriba de la mesa en el club lo siguiente: en Salto hay 100.000 habitantes, ¿como vamos a ser 25 leones?, ¡no puede ser! Pero la gente no se involucra, van a algunas reuniones y por ahí ven que no les sirve porque dicen que no los ayuda, pero es todo lo contrario, ¡tenes que integrarte para ayudar! Yo digo que uno nace con eso, no mirar para sacar sino mirar para dar.

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Gabriel Nieto De Francesco: y sus profundos convicciones del aporte de las Artes Marciales

Desde su época de párvulo se sintió poderosamente atraído por las artes marciales y su primer maestro en Salto hizo germinar en él los aspectos más representativos de la disciplina.
Gabriel Nieto de Francesco se autodefine como salteño porque cuando tenía 6 meses de nacido, su familia se instaló en Salto.
En la actualidad, reside en Buenos Aires en el barrio Escobar en una casa quinta donde cultiva la tierra y tiene animales y proyecta a todas las facetas de su vida, lo que le han enseñado las artes milenarias orientales.
Desde su época de párvulo se sintió poderosamente atraído por las artes marciales y su primer maestro en Salto hizo germinar en él los aspectos más representativos de la disciplina.
Gabriel Nieto de Francesco se autodefine como salteño porque cuando tenía 6 meses de nacido, su familia se instaló en Salto.
En la actualidad, reside en Buenos Aires en el barrio Escobar en una casa quinta donde cultiva la tierra y tiene animales y proyecta a todas las facetas de su vida, lo que le han enseñado las artes milenarias orientales.
¿Cuándo comenzó cultivar las artes marciales?
-“Mi primer contacto con las artes marciales fue a través de Sirio Sosa, a eso de los 9 o 10 años, me enseñó aspectos fundamentales de su arte y charlábamos ya de mis intereses en la meditación y algunas prácticas más profundas. Fue un muy buen maestro y aprendí muchas cosas con él… le tengo gran respeto”.
¿En qué aspectos de su vida le ha permitido evolucionar el hecho seguir una disciplina que requiere de meditación y de seguir una corriente de pensamiento y forma de vivir?
“Pienso que los aspectos de mi vida en los que he sentido mayores cambios son en la salud y en el manejo de las emociones y las relaciones.
Mi cuerpo se transformó plenamente a un mejor funcionamiento, con menos esfuerzo hago más cosas.
Las relaciones son vividas con intensidad y sinceridad, pero no me produce estrés enfrentar conflictos o abrirme hacia las personas; Este camino me ha enseñado muchas cosas, hay  muchos aspectos que se han visto modificados… pero para mí el de sostener un centro honesto desde el que compartir con las personas es el fundamental, me impide meterme en la vorágine de la competencia y la mentira, lo cual es muy beneficioso para el corazón”.
Cuéntenos acerca de las experiencias de sus viajes…
“He viajado por varios lugares de Brasil, Argentina, España, Portugal, Francia y China, obviamente por mi trayectoria diría que el viaje a China fue el más importante.
Pero en cuanto a las experiencias simplemente cada viaje me enseñó y enseña todavía muchas cosas.
He viajado para adentrarme en una cultura milenaria y compleja, completamente distinta a la nuestra.
Donde mis profesores me decían que había un maestro o docente chino que valía la pena conocer allá iba yo, y termine trabajando en el barrio chino de San Sablo.
Luego me fui desarrollando en el de Buenos Aires y recientemente fui invitado a China a un congreso sobre Prácticas Taoístas Chinas, donde termine dando una clase de Chi-kung a un grupo de 40 personas… fue algo mágico.
Es todo un acontecimiento que un uruguayo en China esté enseñando una de sus artes de mayor prestigio.
Para el año que viene estoy invitado y espero poder ir.
La experiencia de conocer colegas bienintencionados y de los otros me dio mucha madurez como investigador”.
¿Cuáles son los pilares en los cuales se basa el Lao Chi Kung?
“El Lao-chi-kung es un arte que viene de por lo menos 4.500 años de historia e investigación a cargo de miles de personas.
Podría decir que los pilares principales son: abandonar la compulsión por comprenderlo todo, saberlo todo y aplicar todo hacia un fin.
Esto que los chinos antiguos denominaban Wu-wei (Acción vacía) es la quinta esencia del Lao-chi-kung.
Por tanto sus prácticas simples, que cualquiera puede hacer, son timoneadas por ese principio, que debe verse en la práctica de meditación, así como en los ejercicios físicos y en sus diversas aplicaciones.
“El Lao-chi-kung fue padre de muchas artes marciales chinas, también de la Medicina China, y de la mayoría de los sistemas antiguos de meditación).
Es una práctica simple pero contundente para explicarte cómo funciona tu cuerpo, tu mente y tu energía, este es otro de sus pilares: enseña a las personas sobre ellas mismas, no sobre la filosofía o algo externo, te da más conciencia real de quién eres”.
¿Cómo se implementa una rutina diaria?
”Los principios son los esenciales maestros de cada estudiante… se aplican trabajando, comiendo, caminando o en el auto, por tanto todos tenemos tiempo y posibilidades de practicar y aprender.
Si se suma un pequeño tiempo al día para educar al cuerpo y a la energía en este arte se obtendrán mas beneficios, y será de mucho provecho.
Pero hay que tenerse paciencia…
Si bien las prácticas son sencillas, son contrarias a todo lo que conocemos… son diferentes, entonces al principio cuesta trabajo incorporarlas”.
¿Es una disciplina que ha tomado protagonismo a través de  los años en la comunidad en general?
-”Creo que algunas disciplinas parientes del Lao-chi-kung se han hecho más conocidas, cuando a mis 13 años yo hablaba de chi-kung con algunos amigos (hace 20 años atrás).
Nadie sabía…hoy se dieron a conocer algunas artes chinas y la Medicina China se volvió muy popular.
La razón salta a la vista…vivimos una época de estrés y sin sentido…las personas quieren ocuparse de su salud, de sus relaciones, de sus preguntas espirituales.
La tele e internet no pueden llenar el vacío…agotan y acaban aburriendo, y por eso estas prácticas se están buscando cada vez más, el Lao-chi-kung es buscado principalmente por los que ya conocen alguna otra práctica china, como el Tai-chi, ya que es sabido que es la práctica taoísta china más profunda y completa”.
¿Cuáles fueron sus maestros y cómo vivió usted la experiencia con ellos?
- “Tuve varios maestros, hoy represento al maestro Cai-wen-yu y al maestro taoísta Li-fu-Quan… ambos de una sabiduría muy profunda.
Hombres sencillos no seducidos por la fama  que enseñan un camino que sirve para que  cada uno encuentre el suyo.
Mi experiencia con ellos y algunos anteriores fue un poco al estilo clásico chino.
Me fui a vivir con ellos, pudiendo practicar y poner en funcionamiento todos sus saberes en la vida diaria, y como los taoístas creen que de chico uno puede asimilar más cosas que de grande el haber comenzado de pequeño me abrió muchas puertas, hasta hoy tengo amigos chinos en Buenos Aires y Brasil que seguimos intercambiando ideas y conocimientos”.
¿Cuáles son sus proyectos a futuro?“ “Mi intención es beneficiar a la gente de lo que se que estas prácticas pueden dar, hoy estoy trabajando con un prominente investigador oncologista brasileño y estamos poniendo en práctica este Chi-kung para algunos de sus pacientes, se están evaluando estadísticamente los resultados.
También estoy viajando a Europa cada 4 meses para enseñar y compartir con colegas de otras tierras y sigo en formación con mis maestros.
Aparte de enseñar y compartir, me interesaría hacer algo con personas que creo necesitan esta práctica con desesperación: presos, ancianos, chicos con problemas de drogas y otros que por estar en problemas con la sociedad estas prácticas podrían servirles de mucho, pero para hacer un trabajo serio en este sentido se necesitan otros colegas y profesionales que les interese.
Pero también necesitamos ver y comprobar que estas prácticas son una respuesta a grandes males modernos y que pueden ser incorporadas por todo el mundo, sin importar religión, ideas políticas estado de salud o edad… estas prácticas pueden ayudar a evolucionar y aprender sobre sí mismo.
Por ello todos mis proyectos están ligados a estas disciplinas”.
Una reflexión para compartir acerca de su punto de vista frente a la vida…
“Una cultura de 5000 años de tradición tiene una visión del mundo que no es Hollywoodense, si se me permite el termino. Hay saberes muy profundos que pueden hacer que nos acerquemos a lo que más estamos perdiendo: nuestra naturaleza, externa e interna.
No todo es consumir y tener, no todo tiene que dar un resultado inmediato, no todo se trata de ganar y ser más que alguien, y estas profundas sabidurías ahora empiezan a ser necesarias.
Pero debemos comprometernos, los que estamos en la docencia de cosas tan complejas a formarnos y trabajar seriamente, no respondiendo a los dictámenes del mercado New-age, si no comprometiéndonos a fondo, no son artes que se aprenden en un curso de 6 meses o 1 año, necesitan tiempo…
¿Cómo ha sido su reencuentro con su lugar natal?
-“Después de haber enseñado en muchos lugares volver a mi país y recibir tan cálida bienvenida es un orgullo y una alegría, un honor.
En Salto estamos proponiendo un acercamiento al Lao-chi-kung, una vez por mes en una modalidad intensiva de 4 o 5 horas, donde la gente puede preguntarme lo que quiera y será respondido con sinceridad y sin ocultamientos.
Los principios esenciales y sus prácticas son enseñados por mí y es probable que dentro de algunos meses venga alguno de mis maestros a corregir y ayudar también.
Es un comienzo para que estas artes y filosofías se den a conocer al público en general.
Pero estoy abierto a propuestas y posibilidades e invito a colegas de las artes marciales, la Medicina Alternativa y las prácticas espirituales en general que les interesen el Taoísmo que se acerquen a aprender y disfruten de sus múltiples beneficios, nuestros grupos de trabajo son respetuosos de las ideas ajenas y todo el mundo será bienvenido”.

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Philip Hanham: Un inglés radicado en Salto por amor

Philip Hanham pisó Salto por primera vez hace 17 años y se enamoró de la ciudad. Este inglés de 50 años (que nació en Bournemouth, una ciudad costera ubicada en el sur de Inglaterra), llegó a nuestra tierra para casarse con su actual esposa, que es oriunda de Salto, y no quiso irse más. Ambos volvieron a Inglaterra, porque la idea original era vivir allá, pero Philip convenció a su flamante mujer de las ventajas de vivir en Salto.
Pero no fueron todas rosas para Philip, quien arribó sin hablar una palabra de español, lo que limitó sus movimientos en la ciudad. Llegó a pensar que había sido un error radicarse aquí, hasta que alguien le aconsejó dar clases de inglés, dada la ventaja de ser un “native speaker”, término que se utiliza para referirse a quien tiene el inglés como lengua madre. Al principio, Phil se sentía “un fraude” como profesor, pero después estudió y se preparó para enseñar, y hoy tiene un instituto (llamado English Language Centre) en el que se siente “realizado”, porque siempre soñó con trabajar para sí mismo.
Esta es la historia de un ser particular, que decidió criar a sus hijos (Lucas de 16 años y Thomas de 14) en una ciudad muy alejada de sus raíces.
Philip Hanham pisó Salto por primera vez hace 17 años y se enamoró de la ciudad. Este inglés de 50 años (que nació en Bournemouth, una ciudad costera ubicada en el sur de Inglaterra), llegó a nuestra tierra para casarse con su actual esposa, que es oriunda de Salto, y no quiso irse más. Ambos volvieron a Inglaterra, porque la idea original era vivir allá, pero Philip convenció a su flamante mujer de las ventajas de vivir en Salto.
Pero no fueron todas rosas para Philip, quien arribó sin hablar una palabra de español, lo que limitó sus movimientos en la ciudad. Llegó a pensar que había sido un error radicarse aquí, hasta que alguien le aconsejó dar clases de inglés, dada la ventaja de ser un “native speaker”, término que se utiliza para referirse a quien tiene el inglés como lengua madre. Al principio, Phil se sentía “un fraude” como profesor, pero después estudió y se preparó para enseñar, y hoy tiene un instituto (llamado English Language Centre) en el que se siente “realizado”, porque siempre soñó con trabajar para sí mismo.
Esta es la historia de un ser particular, que decidió criar a sus hijos (Lucas de 16 años y Thomas de 14) en una ciudad muy alejada de sus raíces.
¿Qué hace un inglés viviendo en Salto?
Es una larga historia… Estoy aquí porque mi esposa es de Salto. Nos conocimos en Inglaterra en 1996, cuando ella fue a estudiar inglés a mi pueblo, Bournemouth. Y cuando decidimos casarnos, el plan original era vivir en Inglaterra. Pero cuando vine por primera vez a Salto, en 1997, quedé muy impresionado con algunas cosas que vi: el estado del tiempo era muy bueno comparado con el de Inglaterra, y también me gustaba el hecho de que hubiese menos gente, menos autos y por ende menos polución. La vida acá es más tranquila y se mantienen costumbres que se han perdido en mi país, como hacer una pausa (en el trabajo) para almorzar.
En Inglaterra yo trabajaba seis o incluso siete días a la semana y vi la oportunidad de poder cambiar mi estilo de vida por uno que me hiciera más feliz. Por eso le propuse a mi esposa la idea de retornar a Uruguay y probar vivir aquí. Creía incluso que era un lugar mejor para criar a nuestros hijos. Nos casamos acá en 1997, pero vivimos los dos primeros años en Inglaterra, hasta que tuvimos todo preparado para volver. En ese entonces, Uruguay era como Inglaterra 20 años antes. Y en 1999 volvimos a Salto, con la idea de quedarnos. Mi esposa quería vivir en Inglaterra, así que tuve que convencerla. Al comienzo pasamos algunas semanas con mis suegros en la ciudad, pero después nos mudamos a una chacra, un poco alejada del centro. No estaba en buenas condiciones, por lo que al principio pensé que habíamos cometido un error al mudarnos allá. No teníamos agua caliente y la casa estaba llena de ratas, ranas y pasto muy largo. Pero después que pasó el shock inicial, empezamos a limpiar y pintar, y todo cambió.
¿A qué se dedicaba en Inglaterra?
Trabajaba en el negocio de mi familia, que era de venta de autos y motos. Lo fundó mi abuelo. Al principio me gustó trabajar ahí, pero con el correr de los años empecé a sentirme atrapado en el negocio, porque fue como el destino que eligió mi familia para mí. Yo quería enfrentar otro desafío, sin el respaldo del entorno familiar.
¿Sabía a qué iba a dedicarse cuando se radicó en Salto o tenía temor de lo que pudiera ser de su vida laboral?
No estaba atemorizado, sino que estaba emocionado por el desafío. Pero todo fue más difícil de lo que pensaba, especialmente porque no hablaba nada de español. No podía ni siquiera ir al banco solo para sacar dinero. En todos los negocios la gente sólo hablaba en español y me costaba mucho entenderla. Tuve la ventaja de poder apoyarme en la familia de mi esposa, pero igual no fue fácil, al punto de que a los dos meses de haber venido a Salto pensaba que había cometido el error más grande de mi vida. Antes de enseñar inglés, pensaba en volver a Inglaterra. Pero cuando descubrí que podía usar mi idioma para enseñarle a otras personas a hablarlo, me sentí útil y contento.
¿Cómo surgió la idea de dar clases de inglés?
No era algo que estuviera planificado. Surgió porque alguien me sugirió que empezara a dar clases. Yo estaba pensado hacer algún foro de negocios o algo por el estilo. Pero para poder ganar un poco de dinero empecé a dar clases de inglés. Y el tema de la enseñanza y la metodología me fascinó. Al principio trabajaba como un loco, dando clases de conversación. Algunas personas me pidieron que diera clases de “Advanced o First Certificate”, pero al principio no me sentía calificado para dar esas clases. Pero me dijeron: “sos ‘native speaker’, puedes hacerlo”.
Imagino que la dificultad que encontró al principio fue que al no manejar bien el español, debía dar clases exclusivamente a personas que tuvieran una base de inglés.
Exacto, si el alumno no hablaba nada de inglés, no podíamos comunicarnos. Aunque eso tuvo sus ventajas, porque impulsó a mis alumnos a hablar más en inglés. Pero durante los primeros dos años no me sentía como un profesor de verdad, me sentía como un fraude. A pesar de hablar muy bien en inglés, no sabía muy bien cómo enseñar. Por eso empecé a estudiar las técnicas y metodologías de la enseñanza, al principios leyendo libros y yendo a seminarios, hasta que en 2004 hice un curso muy intensivo en el Anglo de Montevideo sobre metodología, y después de pasar el año estudiando, me sentí como un profesor preparado de verdad. ¿Cuándo abrí el instituto que tengo actualmente? Empecé a trabajar solo en 2009, cumpliendo la meta que siempre tuve. Al principio tenía la idea de tener un instituto con muchos profesores, pero sigo trabajando solo, porque me gusta dar las clases y tener el contacto directo con los alumnos.
¿Cómo es la historia de sus dos hijos?
Mi primer hijo, Lucas, nació en Inglaterra. Vinimos a Salto cuando él tenía 18 meses. Ese fue otro de los motivos importantes para mudarnos, porque creo que es mejor crecer acá que allá. En Inglaterra, generalmente, la familia no es muy fuerte. Y a pesar de que acá cada vez hay más divorcios y más separaciones, los lazos familiares son más firmes. Mi segundo hijo, Thomas, nació acá en 2000, un año después de haber llegado.
¿En qué idioma se habla en su casa?
Mis hijos hablan conmigo en inglés y con mi esposa en español, y entre ellos depende cómo se sienten, pero usan de igual forma los dos idiomas.
El problema lo tuvimos con Lucas, cuando era chico, porque pasó sus primeros cuatro años, dos en Inglaterra y dos acá, hablando en inglés con mi esposa y conmigo. Y cuando fue al jardín, el pobrecito no entendía nada. Entonces nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado y mi esposa empezó a hablarle en español. Con Thomas cambiamos la metodología, porque entendimos que era importante que tuviera el español como primer idioma.
¿Qué es lo que más le gusta de Salto?
Me gusta el estado del tiempo, incluso en verano. El hecho de despertarse y ver durante la mayoría del tiempo el cielo azul y despejado, es un placer para cualquier inglés. Cuando me levanto y miro el cielo, me siento reconfortado. Salto me gusta porque está lejos de todo, lejos de la locura del primer mundo. Me gusta la gente. La relación entre la gente que se conoce es más cálida. Si yo vuelvo a Inglaterra y me ve alguien después de hace 10 años, me da la mano. Acá, en cambio, no te ven por una semana y te dan un abrazo.
¿Hay algo que le disguste de vivir en Salto?
No, en realidad. Aunque debo admitir que Salto, al igual que Uruguay y mucho otros lugares en el mundo, está empezando a caer en la trampa de intentar vivir como en el primer mundo. Hablo específicamente de sacar crédito para aumentar el consumo. Cuando llegué no había tanto consumismo. He visto como ha cambiado la vida a través de esta forma de pensar, porque veo que mucha gente se endeuda para comprar un auto nuevo, y siempre está buscando tener el celular más nuevo y la televisión más grande. Es una lástima, pero es el mundo de hoy.
Hay gente que también vive pensando que todo es mejor en otro lugar. Podemos no apreciar lo que tenemos acá. Hay muchas cosas en Uruguay para apreciar, como la paz, la tranquilidad, a pesar de que hay problemas, como en todo el mundo, con la educación o la seguridad, especialmente. Pero en otros países es peor.
¿Es verdad que está escribiendo un libro?
Es como un hobby. Hace muchos años tuve la idea de intentar escribir un libro y lo empecé el año pasado. Es un libro de suspenso, basado en una conspiración y con una trama política. No sé si alguien va a leerlo, pero eso no es lo realmente importante. El objetivo es poder terminarlo algún día. Es sobre temas que están pasando en el mundo, en los que estoy muy interesado. ¿Qué otros hobbies tengo? Estoy en el grupo de mountain bike de Salto. En Inglaterra corrí en motocross desde los 8 hasta los 29 años. Fue algo natural, porque mi abuelo y mi padre habían corrido en motos, y mi hermano y yo seguimos la tradición. Pero después cambié de deporte y me dediqué al ciclismo. Cuando llegué a Salto, no había casi nadie que practicara mountain bike y no había ninguna competencia, hasta que se formó el grupo actual.

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Rubén Baldassari: “un panadero de alma, trabajando con amor”.

Rubén se define como panadero, más allá de ser el propietario de la reconocida panadería “Edilru”,hoy llamada “Edilrú corazón”, con el slogan “panaderos de alma, trabajando con amor”. “Este año la empresa festeja sus  45 años de trayectoria, aunque tiene tres fechas de festejo: una el 26 de agosto, porque fue cuando se inició en Villa Constitución, la otra el 15 de noviembre cuando se instaló en nuestra ciudad, y la otra el 29 de abril, cuando fue la reapertura luego que un voraz incendio obligara su cierre por apenas un año.“Pese a que el día de comienzo lo califica como “el peor”, comercialmente hablando y luego debió enfrentar muchas dificultades, nunca bajó los brazos y siempre supo salir adelante de la mano del respeto y del amor. Así recibió a EL PUEBLO, de  forma muy cordial para contar parte de esta larga trayectoria.

¿Cómo surge la panadería?
La idea surgió de mis padres, ellos fueron los que compraron las máquinas y el edificio en Villa Constitución que fue donde se inició, el 26 de agosto de 1969, pero desde ese primer día  yo trabajé en la panadería. Él era el dueño y yo era el panadero, y ése día, fue el más amargo de mi vida comercialmente hablando, aunque parezca un contrasentido”. La explicación de esto es que “salió todo mal, dependíamos de un maestro panadero que era alcóholico, y ese día particularmente, se le había dado mucho fuego al horno y al poner la mercadería fue un desastre…
A fines de ese año le dije a mi padre ?o se va él o me voy yo’, y aunque me advirtió que yo no sabía nada, le dije que iba a aprender. Tenía entonces 21 años, y durante un mes fui a Belén a las 12 de la noche a buscar a un hombre que trabajaba allá, que venía a nuestra panadería, amasaba y me iba enseñando. Terminábamos a las 3 de la madrugada y lo iba a llevar, fui aprendiendo algo e hice un curso de Fleischman en Paysandú en el año ‘70 que me ayudó bastante.
El hecho de hacerlo todos los días, de tener la responsabilidad y adquirir la experiencia influye mucho. Así empezamos a trabajar firme, había una familia detrás y esos años en Constitución trabajamos muy bien. Íbamos a Zanja Honda, Saucedo, Palomas, Belén, con mercadería envasada.
Estuvimos en Constitución  19 años,  allí conocí a la que es hoy mi esposa y allí nacieron nuestros dos hijos y, anecdóticamente, de los cinco hermanos que somos, el único que nació en Villa Constitución fui yo, todos los demás nacieron acá (en la ciudad).
Por eso tengo muy lindos recuerdos de los 40 años que viví en Constitución.
El 14 de noviembre de 1988 paramos en Villa Constitución y el 15 de noviembre arrancamos en Salto.
¿El local siempre estuvo en el mismo lugar?
Sí, pero la instalación fue un proceso muy largo porque fue un negocio que se hizo a través del Banco República, con préstamos, hubo que hacer varios viajes a Montevideo, y luego reformar lo que era el antiguo cine Salto y eso insumió un año y dos meses. Por eso siempre digo que nuestra empresa tiene una particularidad que no ha de ser muy común y es que tenemos tres fechas para celebrar, el 26 de agosto del 1969 que empezamos en Villa Constitución, el 15 de noviembre de 1988 que empezamos en Salto, y el 29 de abril de 2010 que fue la reapertura después del incendio que fue el 29 de abril de 2009.
La reapertura se realizó en  tiempo para las consecuencias que tuvo el siniestro…
Sí, se trabajó fuerte ese año, pero al otro día del siniestro estábamos reunidos en familia viendo qué hacíamos, pero nadie de los que estaba dudó si empezaríamos de nuevo o no, la pregunta era cómo lo vamos a hacer. Teníamos que seguir. No era cuestión que un incendio nos quitara la posibilidad de seguir trabajando, que nos tirara abajo, pesó bastante el hecho que mi padre era un tipo muy luchador, muy emprendedor y parecía que en aquel momento estaba desde el más allá diciendo que no bajáramos los brazos. Ya estábamos decididos a arrancar de nuevo, no era una tarea fácil y resultó un trabajo bastante complejo, pero llegó la fecha de la reapertura y hoy estamos de nuevo en carrera.
¿Por qué el nombre Edilru?
Es el significado del nombre de mis padres, Edilberto y Rubí, que era sólo hasta antes del incendio. Cuando la reapertura decidimos en la familia agregarle la palabra “corazón”, por eso hoy se llama “Edilru corazón”, porque ese año que estuvimos parados, fueron  tantas las cosas lindas que nos pasaron que había que destacarlo de alguna manera, fue tanto el apoyo y la solidaridad de la gente, desde cuando me veían en la calle y me decían ‘vamos arriba Rubén’ y queríamos testimoniarlo. Ese corazón es el agradecimiento que tenemos con la gente.
También recibió apoyo del personal
Mi gente es un capítulo aparte, primero cuando nos trasladamos de Constitución en el 88, toda la gente que estaba trabajando con nosotros se vino a vivir a Salto para continuar trabajando con nosotros. Y después cuando el incendio, conseguí con algunos colegas, ubicar a algunos en otros lugares inmediatamente, y algunos a los que no les pude conseguir, pasaron al seguro de paro. Al año, cuando fuimos a arrancar, fuimos a hablar con ellos, y todos volvieron y eso para nosotros resulta fundamental. Siempre digo que en estos 45 años haciendo un balance respecto a la gente que ha trabajado con nosotros, es muy positivo, obviamente hubo excepciones, pero con la mayoría de la gente hemos hecho una comunión, nos conocemos mucho …y es recíproco… (señala un recorte  encuadrado de  una publicación en  EL PUEBLO dedicada por sus empleados que exhibe en su oficina).
Son cosas lindas, porque eso muestra que uno también  trata de ser lo  mejor posible, no solo respecto al salario que obviamente la gente trabaja por eso, pero no es lo único importante, hay varias cosas importantes, el ambiente de trabajo, el respeto es fundamental y estamos cómodos trabajando con ellos, y creemos que ellos también.
¿Ud. participa en la elaboración?
Actualmente no, estuve 18 años trabajando en la elaboración, envasando, horneando, sé hacer todo en la panadería, pero después las exigencias me fueron llevando a no poder hacerlo más, hoy no podría estar todas esas horas elaborando y además atender la administración de la empresa. Sigo madrugando, hace 45 años que me levanto a las 3:30 de la madrugada, pero lo hago normalmente, no me pesa en absoluto.
Al nombre le agregamos además “panaderos de alma  trabajando con amor”, eso es real y sincero, hacemos lo que nos gusta hacer y lo hacemos con mucho gusto, con mucho cariño tanto yo, como mi señora (Magdalena Menoni) y mi hijo (Ángelo) que estuvo muchos años trabajando con nosotros y hoy tiene su propio emprendimiento (La Malteada).
¿Su esposa también trabaja en  la panadería?
-Ella era empleada municipal. Cuando empezamos la panadería mi padre era el dueño, en el 74 se la compré y en el 78, mi esposa se vino a trabajar con nosotros y desde ahí no solo trabaja en la empresa, sino que es un pilar muy importante dentro de la misma, tiene un carácter muy lindo, tiene un buen trato con la gente, y es eso es fundamental.
Tenemos  42 años de  casados  y tenemos una pareja muy linda, estable y eso es el pilar más importante que nos permitió llevar adelante aquel momento tan difícil que vivimos anterior al incendio que fue la muerte de nuestro hijo, que increíblemente dos meses antes del incendio (en febrero de 2009) falleció víctima de un cáncer luego de un año y medio de una lucha sin pausa que no tuvo solución.
Aunque parezca mentira, nunca discutimos porque  basamos nuestra pareja en el respeto.
¿Cómo saben cuánto producir para que no falte ni sobre todos los días?
Son años (de experiencia), pero de todas maneras jamás encontrás la medida justa, es prácticamente imposible porque depende de muchos factores, si está frío, si empieza a hacer calor, o si  hace calor y refresca rápidamente, cuando hay acontecimientos importantes, etc.
¿Hay algún secreto en las recetas?
Esa es la clave de la empresa, porque galleta, pan y bizcochitos, hacen todos, pero tenemos 120 recetas propias, que las vamos elaborando siempre, a veces dejamos de hacer algunas y empezamos con otras, por eso  estabilizamos la calidad, si hoy no está quien amasa, hoy viene otra persona a amasar,  amasa con nuestras recetas y eso es un patrimonio muy importante que tiene la empresa.
Lo fundamental también es que no soy el dueño de la panadería, soy panadero, entonces eso es una ventaja porque cuando algo puede salir mal, puedo aportarle a quien lo está haciendo, el conocimiento, explicarle cómo es y eso resulta muy positivo.
¿Ha pensado en retirarse?
Nos cuesta pensar en no tener más el contacto con la gente , eso de todos los días con el púbico, es algo muy lindo, y  aunque no somos ya unos gurises, pero tampoco somos muy viejos, decidimos que podemos seguir un tiempo más para no perder esa actividad que aunque no parezca te mantiene bien. Y pese a todas las tormentas este barco sigue navegando.
¿Cómo surge la panadería?
La idea surgió de mis padres, ellos fueron los que compraron las máquinas y el edificio en Villa Constitución que fue donde se inició, el 26 de agosto de 1969, pero desde ese primer día  yo trabajé en la panadería. Él era el dueño y yo era el panadero, y ése día, fue el más amargo de mi vida comercialmente hablando, aunque parezca un contrasentido”. La explicación de esto es que “salió todo mal, dependíamos de un maestro panadero que era alcóholico, y ese día particularmente, se le había dado mucho fuego al horno y al poner la mercadería fue un desastre…
A fines de ese año le dije a mi padre ?o se va él o me voy yo’, y aunque me advirtió que yo no sabía nada, le dije que iba a aprender. Tenía entonces 21 años, y durante un mes fui a Belén a las 12 de la noche a buscar a un hombre que trabajaba allá, que venía a nuestra panadería, amasaba y me iba enseñando. Terminábamos a las 3 de la madrugada y lo iba a llevar, fui aprendiendo algo e hice un curso de Fleischman en Paysandú en el año ‘70 que me ayudó bastante.
El hecho de hacerlo todos los días, de tener la responsabilidad y adquirir la experiencia influye mucho. Así empezamos a trabajar firme, había una familia detrás y esos años en Constitución trabajamos muy bien. Íbamos a Zanja Honda, Saucedo, Palomas, Belén, con mercadería envasada.
Estuvimos en Constitución  19 años,  allí conocí a la que es hoy mi esposa y allí nacieron nuestros dos hijos y, anecdóticamente, de los cinco hermanos que somos, el único que nació en Villa Constitución fui yo, todos los demás nacieron acá (en la ciudad).
Por eso tengo muy lindos recuerdos de los 40 años que viví en Constitución.
El 14 de noviembre de 1988 paramos en Villa Constitución y el 15 de noviembre arrancamos en Salto.
¿El local siempre estuvo en el mismo lugar?
Sí, pero la instalación fue un proceso muy largo porque fue un negocio que se hizo a través del Banco República, con préstamos, hubo que hacer varios viajes a Montevideo, y luego reformar lo que era el antiguo cine Salto y eso insumió un año y dos meses. Por eso siempre digo que nuestra empresa tiene una particularidad que no ha de ser muy común y es que tenemos tres fechas para celebrar, el 26 de agosto del 1969 que empezamos en Villa Constitución, el 15 de noviembre de 1988 que empezamos en Salto, y el 29 de abril de 2010 que fue la reapertura después del incendio que fue el 29 de abril de 2009.
La reapertura se realizó en  tiempo para las consecuencias que tuvo el siniestro…
Sí, se trabajó fuerte ese año, pero al otro día del siniestro estábamos reunidos en familia viendo qué hacíamos, pero nadie de los que estaba dudó si empezaríamos de nuevo o no, la pregunta era cómo lo vamos a hacer. Teníamos que seguir. No era cuestión que un incendio nos quitara la posibilidad de seguir trabajando, que nos tirara abajo, pesó bastante el hecho que mi padre era un tipo muy luchador, muy emprendedor y parecía que en aquel momento estaba desde el más allá diciendo que no bajáramos los brazos. Ya estábamos decididos a arrancar de nuevo, no era una tarea fácil y resultó un trabajo bastante complejo, pero llegó la fecha de la reapertura y hoy estamos de nuevo en carrera.
¿Por qué el nombre Edilru?
Es el significado del nombre de mis padres, Edilberto y Rubí, que era sólo hasta antes del incendio. Cuando la reapertura decidimos en la familia agregarle la palabra “corazón”, por eso hoy se llama “Edilru corazón”, porque ese año que estuvimos parados, fueron  tantas las cosas lindas que nos pasaron que había que destacarlo de alguna manera, fue tanto el apoyo y la solidaridad de la gente, desde cuando me veían en la calle y me decían ‘vamos arriba Rubén’ y queríamos testimoniarlo. Ese corazón es el agradecimiento que tenemos con la gente.
También recibió apoyo del personal
Mi gente es un capítulo aparte, primero cuando nos trasladamos de Constitución en el 88, toda la gente que estaba trabajando con nosotros se vino a vivir a Salto para continuar trabajando con nosotros. Y después cuando el incendio, conseguí con algunos colegas, ubicar a algunos en otros lugares inmediatamente, y algunos a los que no les pude conseguir, pasaron al seguro de paro. Al año, cuando fuimos a arrancar, fuimos a hablar con ellos, y todos volvieron y eso para nosotros resulta fundamental. Siempre digo que en estos 45 años haciendo un balance respecto a la gente que ha trabajado con nosotros, es muy positivo, obviamente hubo excepciones, pero con la mayoría de la gente hemos hecho una comunión, nos conocemos mucho …y es recíproco… (señala un recorte  encuadrado de  una publicación en  EL PUEBLO dedicada por sus empleados que exhibe en su oficina).
Son cosas lindas, porque eso muestra que uno también  trata de ser lo  mejor posible, no solo respecto al salario que obviamente la gente trabaja por eso, pero no es lo único importante, hay varias cosas importantes, el ambiente de trabajo, el respeto es fundamental y estamos cómodos trabajando con ellos, y creemos que ellos también.
¿Ud. participa en la elaboración?
Actualmente no, estuve 18 años trabajando en la elaboración, envasando, horneando, sé hacer todo en la panadería, pero después las exigencias me fueron llevando a no poder hacerlo más, hoy no podría estar todas esas horas elaborando y además atender la administración de la empresa. Sigo madrugando, hace 45 años que me levanto a las 3:30 de la madrugada, pero lo hago normalmente, no me pesa en absoluto.
Al nombre le agregamos además “panaderos de alma  trabajando con amor”, eso es real y sincero, hacemos lo que nos gusta hacer y lo hacemos con mucho gusto, con mucho cariño tanto yo, como mi señora (Magdalena Menoni) y mi hijo (Ángelo) que estuvo muchos años trabajando con nosotros y hoy tiene su propio emprendimiento (La Malteada).
¿Su esposa también trabaja en  la panadería?
-Ella era empleada municipal. Cuando empezamos la panadería mi padre era el dueño, en el 74 se la compré y en el 78, mi esposa se vino a trabajar con nosotros y desde ahí no solo trabaja en la empresa, sino que es un pilar muy importante dentro de la misma, tiene un carácter muy lindo, tiene un buen trato con la gente, y es eso es fundamental.
Tenemos  42 años de  casados  y tenemos una pareja muy linda, estable y eso es el pilar más importante que nos permitió llevar adelante aquel momento tan difícil que vivimos anterior al incendio que fue la muerte de nuestro hijo, que increíblemente dos meses antes del incendio (en febrero de 2009) falleció víctima de un cáncer luego de un año y medio de una lucha sin pausa que no tuvo solución.
Aunque parezca mentira, nunca discutimos porque  basamos nuestra pareja en el respeto.
¿Cómo saben cuánto producir para que no falte ni sobre todos los días?
Son años (de experiencia), pero de todas maneras jamás encontrás la medida justa, es prácticamente imposible porque depende de muchos factores, si está frío, si empieza a hacer calor, o si  hace calor y refresca rápidamente, cuando hay acontecimientos importantes, etc.
¿Hay algún secreto en las recetas?
Esa es la clave de la empresa, porque galleta, pan y bizcochitos, hacen todos, pero tenemos 120 recetas propias, que las vamos elaborando siempre, a veces dejamos de hacer algunas y empezamos con otras, por eso  estabilizamos la calidad, si hoy no está quien amasa, hoy viene otra persona a amasar,  amasa con nuestras recetas y eso es un patrimonio muy importante que tiene la empresa.
Lo fundamental también es que no soy el dueño de la panadería, soy panadero, entonces eso es una ventaja porque cuando algo puede salir mal, puedo aportarle a quien lo está haciendo, el conocimiento, explicarle cómo es y eso resulta muy positivo.
¿Ha pensado en retirarse?
Nos cuesta pensar en no tener más el contacto con la gente , eso de todos los días con el púbico, es algo muy lindo, y  aunque no somos ya unos gurises, pero tampoco somos muy viejos, decidimos que podemos seguir un tiempo más para no perder esa actividad que aunque no parezca te mantiene bien. Y pese a todas las tormentas este barco sigue navegando.

Publicado en - Especiales Semanales -, 2- Martes, Al DorsoComentarios (1)

Con Luis Frioni: el funcionario con más años a cargo de la necrópolis municipal: “En el cementerio siempre hubo relajo y coima”

Luego de estar muchos años lejos de su actividad como encargado del Cementerio de Salto, y como él mismo se jacta, cuando con su voz potente y su orgullo por haber trabajado como servidor público, señala sin titubeos que tiene “mucho más de diez mil enterramientos encima”. Luis Frioni Longa, un salteño con una historia de vida recorrida por muchos lugares, con oficio de vendedor pero recibido de haber sido el encargado de Necrópolis con más años de servicio en ese cargo, habló con EL PUEBLO.
De la zona de Paso del Bote, de la cual relata con orgullo el hecho de haber sido fundador de la canchita “Maracaná”, la que se creó en 1950 en homenaje a lo vivido ese año por la Celeste, y que años después fuera desterrada por la empresa Preinco que allí instaló su depósito de materiales.”De ahí salieron varios cracks del fútbol salteño”, dice, mientras los cuenta con los dedos de una mano los va nombrando uno a uno.
Frioni ingresó como funcionario municipal y tras varios años de ejercer la función pública en distintos sectores, pasó a estar a cargo del sector necrópolis de la comuna y se convirtió en un conocedor nato de todo lo que allí sucede. Con él nuestra sección “Las diez últimas de la última”.
Luego de estar muchos años lejos de su actividad como encargado del Cementerio de Salto, y como él mismo se jacta, cuando con su voz potente y su orgullo por haber trabajado como servidor público, señala sin titubeos que tiene “mucho más de diez mil enterramientos encima”. Luis Frioni Longa, un salteño con una historia de vida recorrida por muchos lugares, con oficio de vendedor pero recibido de haber sido el encargado de Necrópolis con más años de servicio en ese cargo, habló con EL PUEBLO.
De la zona de Paso del Bote, de la cual relata con orgullo el hecho de haber sido fundador de la canchita “Maracaná”, la que se creó en 1950 en homenaje a lo vivido ese año por la Celeste, y que años después fuera desterrada por la empresa Preinco que allí instaló su depósito de materiales.”De ahí salieron varios cracks del fútbol salteño”, dice, mientras los cuenta con los dedos de una mano los va nombrando uno a uno.
Frioni ingresó como funcionario municipal y tras varios años de ejercer la función pública en distintos sectores, pasó a estar a cargo del sector necrópolis de la comuna y se convirtió en un conocedor nato de todo lo que allí sucede. Con él nuestra sección “Las diez últimas de la última”.
¿Dónde nació?
En calle Colón entre Rivera y Varela, en un barrio por el cual rotamos porque estuvimos viviendo luego por Florencio Sánchez, por Juan Carlos Gómez, y todo por la vuelta. Allí vivía la familia de mi madre, y luego estuvimos al lado de la casa de Don Luraschi, que era un hombre que bajaba calle Uruguay al final del desfile de los 25 de Agosto, con la bandera del Club Salto Uruguay, porque era uno de sus fundadores. Crecimos en ese lugar que era una zona muy linda. En la zona de mi querido Paso del Bote y donde estaba la famosa canchita Maracaná que fundamos con mi padre.
¿Qué era la canchita Maracaná?
Se hizo apoyada por todo el barrio, entre ellos mi padre, Rodríguez, Bertolotti, los Arreseigor, era un pozo ahí donde hoy está el depósito de Preinco, que en ese momento estaba por la mitad y estaba la fábrica de mosaicos Mompoey, y por debajo de la fábrica bajaba un caño enorme y ahí había un terraplén enorme, que se convirtió en cancha. Cumplía una función social, porque ahí jugaban todos los gurises del barrio y le pusimos Maracaná porque se hizo en el 50. En esa esquina estaba el Barón Piñeiro que tenía almacén y más arriba estaba Rodríguez que tenía los viejos altoparlantes, a los cuales había conectado una radio y en la que transmitieron la final del Maracaná en la que Uruguay salió campeón del mundo y la gente escuchó el partido ahí, en esa esquina. Ahí se iniciaron grandes jugadores como los Coumas, los Piñeiro, Aguirre, de Mora, los Romero, que además iban todos a la Escuela Nº1, que en esa época estaba en Sarandí y Artigas.
¿Qué oficio tiene?
Yo fui a la Escuela Nº1, luego hice tres años en el Liceo IPOLL y después terminé mi carrera de tornero mecánico en la UTU. Pero trabajé en muchas cosas antes. Mi padre era presidente del gremio de funcionarios de UTE, en la huelga del 63 él cayó preso, yo conseguí trabajo en El Espinillar, pero como entré por los colorados, aunque en ese momento gobernaban los blancos, estuve solamente 6 meses y después me sacaron por temas políticos. Falleció mi padre y me puse a trabajar en la venta de jabón Bao con un tío mío que tenía la representación en Salto y pasé por varios lugares, donde comencé en algunas empresas importantes como la del reparto de la cerveza Norteña, la carrera de vendedor, donde estuve cuatro años recorriendo la campaña. Recién en 1986 ingresé a la Intendencia y estuve en distintos lugares. Hasta que el intendente Malaquina en 1999 me puso a cargo de Necrópolis.
¿Qué era lo más difícil de ese trabajo?
Antes que nada te quiero decir algo, lo que me provoca rabia es un tipo que sale por televisión diciendo mentiras sobre apariciones y cosas así. Porque ese funcionario que dice esas cosas, sabe que no son verdad, porque nunca entró a recorrer el cementerio, él se sienta en la puerta y ahí pasa las ocho horas.
¿Pero cómo fue para usted trabajar ahí como encargado por casi 14 años?
Dentro de todo el trabajo es lindo, agradable, porque tratás con mucha gente. Pero tenés que tener mucho temple, ser como una persona fría, tenés que saber administrarte los sentimientos y a su vez tener cierta dureza en cuanto a ejercer las cosas, porque la gente que pasa por ese tipo de situaciones a veces cree que tiene más derecho que los demás y muchas veces, quizás por el momento, a veces quieren pasar por alto algunas de las normas que imponen el funcionamiento de todo esto y dificultan la tarea. A veces quieren permanecer o ingresar fuera de horario, o exigirte que el ataúd sea colocado de la manera que ellos entienden y a veces no se dan cuenta que hay disposiciones que nosotros tenemos para el mejor funcionamiento de todo eso y quieren traspasar normas. Lo que pasa es que en el Cementerio siempre hubo relajo y coima, entre el funcionariado. Siendo administrativo descubrí un desfalco grande, hace muchos años, pero no me dejaron seguirlo porque si no no quedaba nadie de los funcionarios.
¿Con todo eso viste más de diez mil entierros?
Sí, dentro del ejercicio del cargo que tuve pasaron más de diez mil entierros. Porque estuve 14 años ahí y si uno saca la cuenta, en Salto hay cerca de unos 1 mil muertos por año, a veces hay mucho más.
Sin duda que todos los hechos de esa naturaleza son difíciles, pero ¿cuáles son los más difíciles de sobrellevar?
Y los que más llevan gente, son los niños y los adolescentes que sufren accidentes de motos. El entierro más grande que vi, después de algunos políticos y gente de peso en la sociedad, fue el de un jovencito que había sido atropellado en una moto cuando salía de trabajar en La Bámbola, hace más de diez años, en la esquina de 19 de Abril y Osimani. Ese quizás fue el más numeroso, el de Corbella. Fue uno de los entierros más grandes que vi y después, quizás el entierro más grande fue el de (el exObispo de la Iglesia Católica de Salto, Marcelo) Mendiharat, ese fue el más grande.
¿Y qué sensación te dejó ese tipo de cosas?
Ver la desesperación de la gente que no puede hacer nada y que está acompañando y no, porque hay muchos que van a cumplir y otros por curiosos. Porque la gente más bien dispara a estar en un velatorio, porque hay que estar en esas cosas y siempre tiene que trabajar u otras obligaciones y van al sepelio, y ahí uno ve muchas cosas, las cosas que siente la gente, cómo piensan, y a veces es difícil encontrar explicaciones, porque la muerte es parte de la vida. Es el final y hay gente que no lo entiende, al menos en ese momento.
¿Qué cosas siente que cambió en Necrópolis con usted al frente?
Mi intención y creo que así lo hicimos, fue empezar a ordenar las cosas, a hacer cumplir tajantemente los horarios, sobre todo para las empresas para que cumplan y respeten lo que les toca cumplir en el momento que tenían que hacerlo. Nos organizamos en forma más cómoda para trabajar, por eso reorganizamos el cementerio del Barrio Artigas y todos los enterramientos en tierra van a parar allá. Cambiamos el sistema de servicios municipales que antes eran unos que venían de madera y hecho ahí en la Intendencia, por un ataúd digno con mortaja, con coche fúnebre, limpiamos el lugar donde por el lado de calle Sarandí prendían fuego los ataúdes que habían sido desechados, parquizamos el lugar, se hizo mucha cosa para mejorar el servicio. Siempre con el concepto de que el familiar se sintiera mejor, para que esa muerte fuera digna, se dignificaba la muerte.
¿Y los robos?
Hubo muchísimos, de puertas, de jarrones, profanaciones para sacar anillos y objetos valiosos que algunos sabían que habían en determinados lugares. Una vez robaron un crucifijo enorme de bronce que estaba en un panteón, hubo denuncia, investigamos, buscamos con la Policía por todos lados, y al año más o menos apareció abandonado entre la maleza detrás del panteón de donde había sido robado. Para mi era gente de ahí nomás, funcionarios en connivencia con otra gente y capaz que no consiguieron comprador y al tiempo lo devolvieron. Esas cosas pasaron muy a menudo, hasta una puerta entera de un panteón se llevaron. Pero nunca nadie veía nada. Ahora, te repito, los robos sí existían, las demás cosas que andan diciendo en televisión son mentiras de gente mentirosa que quieren hacerse los vivos.

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La curiosa armonía de un músico ofidista

Músico y ofidista, desempeñó labores periodísticas en la desaparecida “Tribuna Salteña”, José  Luis Curubeto, puede ser definido como un personaje polifacético, inquieto y siempre dispuesto a contribuir con diversas iniciativas sociales que involucran las actividades en las que se desempeña. Invitado llegó hasta la Redacción de EL PUEBLO, para rememorar estas actividades y dialogar sobre su peregrinar que le ha llevado a Argentina, Brasil, Costa Rica y Colombia, entre otras naciones.

¿Quién es José Luis Curubeto?

Uds. me conocen porque entre otros domicilios, como mi padre era diplomática, cónsul de Costa Rica en Salto, he sido vecino de Uds, aquí en calle Artigas, donde viví mucho tiempo junto a mis padres… “Nací en el pueblo más lindo del país, Carmelo (Colonia)”. Soy “bolsilludo” (de Nacional).

Mi madre era oriunda de San José de Costa Rica y mi padre la encuentra allá, se conocen, luego se casan y se vienen. Mi abuelo, paterno, era argentino diplomático argentino en Costa Rica. Mi padre estudiaba cinematografía en Texas y se encuentra con mi mamá que trabajaba en la Biblioteca Nacional de San José de Costa Rica. Por lo tanto soy medio “tico” y medio uruguayo, aunque también con sangre argentina. Mi abuelo había dejado unos mobiliarios aquí, cuando estuvo de cónsul de Argentina en Salto y al venir a recogerlo se encuentra conque aquí estaban en venta unos cines. Así se vincula y se hace cargo, junto con mi abuelo (Cecilio y Augusto Curubeto), de los cines Ariel, Metropol, el Salto y es mi padre quien inaugura el Sarandí cine, en la calle Sarandí.

Como anécdota, cuando mi padre se deshace de los cines que pasan a ser de los Hnos Iriñiz que venían de Bella Unión, les deja el Salto a sus empleados que forman una suerte de cooperativa.

¿Músico autodidacta?

Diría que soy músico de toda la vida. Aunque autodidacta, he tenido la posibilidad de hacer algunas clínicas, como cuando vino el baterista Elvin Jolles. Con él hicimos dos clínicas, cuando vino a Montevideo en dos años diferentes para hacer un par de clínicas y después cuando vino Glee Coven, los que generalmente venía a través de la Alianza Uruguay – Estados Unidos. Luego fue la experiencia de la vida de comenzar a tocar desde muy chico. Según contaban mis padres, antes de decir papá y mamá, dije “mambo” (ríe) y el primer regalo que pedí obviamente fue un tambor.

Los 11 abuelos músicos sanjuaninos

Curubeto es percusionista y proviene de una familia de músicos, mi papá era músico (pianista), mis abuelos también. La familia de don Augusto Curubeto eran once hermanos, músicos sanjuaninos los once, tocaban varios instrumentos e incluso alguno componía. Mis hermanos, el menor es pianista, el del medio (Cecilio) es trompetista y yo el mayor me mantengo en la percusión. Arrancamos desde chicos, yo me vinculé a agrupos locales.

¿Qué conjuntos recuerdas de haber integrado?

El primero que integré fue “Interludio” , el primer grupo que hicimos con Daniel Stella, Mar Alberto Almeida (ya fallecido), que era la primera guitarra, Ruben Racedo, la segunda guitarra, Stella en el teclado, Luis Miguel Padrón en el bajo y tuvimos dos cantantes, Carlitos Racedo  (el hermano de Ruben) y el ya fallecido Edgar “el gordo” Nicola entre los que recuerdo.

Después anduvimos en otros grupos, recuerdo Dulce Locura, con el “Toto Vece”, con el  Dr. (Alejandro) Gruning, que era pianista y el viejito Cano, un tapicero del Cerro, que se desempeñaba como contrabajista del grupo. Luego integré también “Melody”, después estuve 8 ó 10 años trabajando como músico estable del “Tango Bar”, recordada “boite”, de la década del 70-80. Era la  época  de construcción de Salto Grande y en esa época la movida de la noche salteña era famosa porque había tres o cuatro cabarets, todos con  músicos. En esta época estábamos con “el flaco” Molins, que tocaba la guitarra y el gordo Ruben Bustamante era el tecladista. En otro momento estuvo  también Eduardo Rattin, que hoy está en España. Ese era el grupo estable.

Después que se terminó Salto Grande, también se terminó la movida, tanto es así que hoy en día prácticamente no queda nada.

También tuvo un pasaje por Argentina

Efectivamente. Luego me fui a vivir a la Argentina, donde estuve muchos años, en Concordia, en Córdoba y un poquito también en Buenos Aires y Mar del Plata. Trabajaba para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y además siempre complementaba con la música. La época en que estuve en Córdoba fue muy linda  porque integré un par de conjuntos de jazz y hacíamos un jazz – samba? con un brasileño. Teníamos también bailarinas y hacíamos de orquesta espectáculo, con un repertorio de música brasileña.

Luego también fue muy bueno mi pasaje por Mar del  Plata, porque allí tuve la oportunidad de trabajar con la “Rambla Vieja Jazz Band”, ya a la semana de haber llegado allí. Fue un caso muy interesante porque coincidió que el dueño de la inmobiliaria donde yo contraté para alquilar el apartamento, era el presidente del club de jazz de Mar del Plata. Cuando le digo mi apellido me  preguntó “¿y tu que sos de Jorge Curubeto el saxofonista?”. Somos primos, es decir mi papá es primo hermano de él. Coincidentemente hoy – jueves 21 de agosto de 2014 – está llegando a Salto una hija de él, que también es cantante y el marido es tecladista y Jorge Curubeto es un referente del jazz en Argentina, que recibió el Martin Fierro de Oro de la Argentina, por el programa más viejo de jazz del vecino país.

En la casa de Astor Piazzolla

Después pasé a la Mar del Plata Jazz Ensamble, un grupo grande aunque  más reducido que la Rambla Vieja, que tenía once integrantes, casi todos músicos de instrumentos de viento. La Mar del Plaza Jazz Ensamble era un grupo más reducido de un jazz ya  mas evolucionado y termino mis días en Mar del Plata tocando con el  Dr. Martínez Lorda, pianista y contrabajista. Trabajábamos mucho en “pub” que se llamaba “Astor” porque en esa casa había vivido Astor Piazzolla.

Actualmente en el ámbito local…

Luego, hace ya 20 años, vuelvo a Salto y me inserto nuevamente en el ambiente musical local.

Pero uno de los momentos que más recuerdo tuvo lugar hace unos tres años atrás, en que tuve oportunidad de tocar en Nueva York con el trío Larry Ham, en el hotel Edinson, un hotel antiguo (1920 aproximadamente) en Manhattan, que tiene “una magia” en particular. Coincidió que estando en el restaurant, en Nueva York estaban tocando estos músicos, así que fui, me presenté, me gustó mucho, porque ser aceptado como par de ellos, en ese ámbito no es fácil y tuve la ocasión de tocar con ellos. Por eso siempre les digo a mis colegas que me recibí de baterista recién hace tres años, porque el ser aceptado y haber tocado con este trío para mi fue excepcional.

La actualidad en nuestra ciudad

Estando en Salto me relaciono con Sergio Calvo y allí nace Sergio Calvo trío, como también con Silvio Previale, con quien hago la parte de percusión del grupo “Acordeones del Uruguay”, con el que fuimos el año pasado al 5º Encuentro Mundial de Acordeones en Colombia. Allí tuvimos la magia de poder tocar en la Catedral de Sal, hecha totalmente de sal y ubicada un kilómetro bajo tierra. Fuimos invitados por el Consulado Uruguayo y la fundación “Yuta Basó”, que fue la que organizó la gira. Ahora con este mismo grupo estamos proyectando  una experiencia similar en una gira por Italia, Francia y España, que si Dios quiere va a salir el año próximo.

También sos conocido como “ofidista”

Eso surgió desde muy chico y así como a mucha gente le gustan los perros, los gatos, los hamster, lo loros, a mi gustan las víboras… Alguna culebra me han mordido incluso, pero nunca una ponzoñoza, porque cuando trabajo con este tipo de víboras tomo las precauciones que corresponden. En este sentido siempre digo, no hay que tenerle miedo,  pero si respeto. Con los murciélagos empecé desde chico, cuando mis padres no me dejaban tener víboras, mi madre era “ofidiofóbica”. De allí que hasta la adolescencia cuando comencé a tener algunas culebras y empecé a entusiasmarme. Mi primer contacto con los conocimientos con respecto a los ofidios los recibía trabajando con “Tito” Braum, un ofidista que vivía en Concordia,  quien colaboraba con Salto Grande. Allí me pongo en contacto con él, empiezo a viajar con él y a interiorizarme sobre el tema. Tito Braum, a quien siempre estaré agradecido, me “abre la cabeza” y nos ponemos a trabajar en el tema de Salto Grande, cuando se hacían capturas en la zona de Salto Grande, los que se mandaban al Instituto Malbrán, de Buenos Aires el que elabora los sueros antiofidicos en Argentina. En agradecimiento, Malbrán le mandaba algunos sueros para que tuviera para poder disponer. Yo intenté hacer algo similar en  Salto y poder tener un “bando” de suero, cosa que lamentablemente no me fue posible. Lo hice con él en Concordia.

El curso en el Bu Tan Tan

Así me decido a conocer el Instituto Serinterápico de Bu Tan Tan, en Brasil, fundado por el Dr. Vital por el año 1901, cuando comienza a trabajar con los primeros sueros. Es el segundo instituto de este tipo más grande del mundo. En el momento que yo estuve, años 80 y pico, tenía más de 50 mil ejemplares debidamente clasificados. Allí me abrieron las puertas y pude asistir a los cursos regulares del Instituto El primer instituto de este tipo está en la India. También hice una experiencia muy linda en el Instituto Clodomiro Ticao, en Costa Rica, donde se elabora suero antiofídico no sólo para Costa Rica sino para toda Latinoamérica. Hoy con respecto a esta actividad voy como invitado a diferentes instituciones escuelas y similares para asesorar y educar sobre los ofidios, sobre todo los existentes en el Uruguay.

¿Quién es José Luis Curubeto?
Uds. me conocen porque entre otros domicilios, como mi padre era diplomática, cónsul de Costa Rica en Salto, he sido vecino de Uds, aquí en calle Artigas, donde viví mucho tiempo junto a mis padres… “Nací en el pueblo más lindo del país, Carmelo (Colonia)”. Soy “bolsilludo” (de Nacional).
Mi madre era oriunda de San José de Costa Rica y mi padre la encuentra allá, se conocen, luego se casan y se vienen. Mi abuelo, paterno, era argentino diplomático argentino en Costa Rica. Mi padre estudiaba cinematografía en Texas y se encuentra con mi mamá que trabajaba en la Biblioteca Nacional de San José de Costa Rica. Por lo tanto soy medio “tico” y medio uruguayo, aunque también con sangre argentina. Mi abuelo había dejado unos mobiliarios aquí, cuando estuvo de cónsul de Argentina en Salto y al venir a recogerlo se encuentra conque aquí estaban en venta unos cines. Así se vincula y se hace cargo, junto con mi abuelo (Cecilio y Augusto Curubeto), de los cines Ariel, Metropol, el Salto y es mi padre quien inaugura el Sarandí cine, en la calle Sarandí.
Como anécdota, cuando mi padre se deshace de los cines que pasan a ser de los Hnos Iriñiz que venían de Bella Unión, les deja el Salto a sus empleados que forman una suerte de cooperativa.
¿Músico autodidacta?
Diría que soy músico de toda la vida. Aunque autodidacta, he tenido la posibilidad de hacer algunas clínicas, como cuando vino el baterista Elvin Jolles. Con él hicimos dos clínicas, cuando vino a Montevideo en dos años diferentes para hacer un par de clínicas y después cuando vino Glee Coven, los que generalmente venía a través de la Alianza Uruguay – Estados Unidos. Luego fue la experiencia de la vida de comenzar a tocar desde muy chico. Según contaban mis padres, antes de decir papá y mamá, dije “mambo” (ríe) y el primer regalo que pedí obviamente fue un tambor.
Los 11 abuelos músicos sanjuaninos
Curubeto es percusionista y proviene de una familia de músicos, mi papá era músico (pianista), mis abuelos también. La familia de don Augusto Curubeto eran once hermanos, músicos sanjuaninos los once, tocaban varios instrumentos e incluso alguno componía. Mis hermanos, el menor es pianista, el del medio (Cecilio) es trompetista y yo el mayor me mantengo en la percusión. Arrancamos desde chicos, yo me vinculé a agrupos locales.
¿Qué conjuntos recuerdas de haber integrado?
El primero que integré fue “Interludio” , el primer grupo que hicimos con Daniel Stella, Mar Alberto Almeida (ya fallecido), que era la primera guitarra, Ruben Racedo, la segunda guitarra, Stella en el teclado, Luis Miguel Padrón en el bajo y tuvimos dos cantantes, Carlitos Racedo  (el hermano de Ruben) y el ya fallecido Edgar “el gordo” Nicola entre los que recuerdo.
Después anduvimos en otros grupos, recuerdo Dulce Locura, con el “Toto Vece”, con el  Dr. (Alejandro) Gruning, que era pianista y el viejito Cano, un tapicero del Cerro, que se desempeñaba como contrabajista del grupo. Luego integré también “Melody”, después estuve 8 ó 10 años trabajando como músico estable del “Tango Bar”, recordada “boite”, de la década del 70-80. Era la  época  de construcción de Salto Grande y en esa época la movida de la noche salteña era famosa porque había tres o cuatro cabarets, todos con  músicos. En esta época estábamos con “el flaco” Molins, que tocaba la guitarra y el gordo Ruben Bustamante era el tecladista. En otro momento estuvo  también Eduardo Rattin, que hoy está en España. Ese era el grupo estable.
Después que se terminó Salto Grande, también se terminó la movida, tanto es así que hoy en día prácticamente no queda nada.
También tuvo un pasaje por Argentina
Efectivamente. Luego me fui a vivir a la Argentina, donde estuve muchos años, en Concordia, en Córdoba y un poquito también en Buenos Aires y Mar del Plata. Trabajaba para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y además siempre complementaba con la música. La época en que estuve en Córdoba fue muy linda  porque integré un par de conjuntos de jazz y hacíamos un jazz – samba? con un brasileño. Teníamos también bailarinas y hacíamos de orquesta espectáculo, con un repertorio de música brasileña.
Luego también fue muy bueno mi pasaje por Mar del  Plata, porque allí tuve la oportunidad de trabajar con la “Rambla Vieja Jazz Band”, ya a la semana de haber llegado allí. Fue un caso muy interesante porque coincidió que el dueño de la inmobiliaria donde yo contraté para alquilar el apartamento, era el presidente del club de jazz de Mar del Plata. Cuando le digo mi apellido me  preguntó “¿y tu que sos de Jorge Curubeto el saxofonista?”. Somos primos, es decir mi papá es primo hermano de él. Coincidentemente hoy – jueves 21 de agosto de 2014 – está llegando a Salto una hija de él, que también es cantante y el marido es tecladista y Jorge Curubeto es un referente del jazz en Argentina, que recibió el Martin Fierro de Oro de la Argentina, por el programa más viejo de jazz del vecino país.
En la casa de Astor Piazzolla
Después pasé a la Mar del Plata Jazz Ensamble, un grupo grande aunque  más reducido que la Rambla Vieja, que tenía once integrantes, casi todos músicos de instrumentos de viento. La Mar del Plaza Jazz Ensamble era un grupo más reducido de un jazz ya  mas evolucionado y termino mis días en Mar del Plata tocando con el  Dr. Martínez Lorda, pianista y contrabajista. Trabajábamos mucho en “pub” que se llamaba “Astor” porque en esa casa había vivido Astor Piazzolla.
Actualmente en el ámbito local…
Luego, hace ya 20 años, vuelvo a Salto y me inserto nuevamente en el ambiente musical local.
Pero uno de los momentos que más recuerdo tuvo lugar hace unos tres años atrás, en que tuve oportunidad de tocar en Nueva York con el trío Larry Ham, en el hotel Edinson, un hotel antiguo (1920 aproximadamente) en Manhattan, que tiene “una magia” en particular. Coincidió que estando en el restaurant, en Nueva York estaban tocando estos músicos, así que fui, me presenté, me gustó mucho, porque ser aceptado como par de ellos, en ese ámbito no es fácil y tuve la ocasión de tocar con ellos. Por eso siempre les digo a mis colegas que me recibí de baterista recién hace tres años, porque el ser aceptado y haber tocado con este trío para mi fue excepcional.
La actualidad en nuestra ciudad
Estando en Salto me relaciono con Sergio Calvo y allí nace Sergio Calvo trío, como también con Silvio Previale, con quien hago la parte de percusión del grupo “Acordeones del Uruguay”, con el que fuimos el año pasado al 5º Encuentro Mundial de Acordeones en Colombia. Allí tuvimos la magia de poder tocar en la Catedral de Sal, hecha totalmente de sal y ubicada un kilómetro bajo tierra. Fuimos invitados por el Consulado Uruguayo y la fundación “Yuta Basó”, que fue la que organizó la gira. Ahora con este mismo grupo estamos proyectando  una experiencia similar en una gira por Italia, Francia y España, que si Dios quiere va a salir el año próximo.
También sos conocido como “ofidista”
Eso surgió desde muy chico y así como a mucha gente le gustan los perros, los gatos, los hamster, lo loros, a mi gustan las víboras… Alguna culebra me han mordido incluso, pero nunca una ponzoñoza, porque cuando trabajo con este tipo de víboras tomo las precauciones que corresponden. En este sentido siempre digo, no hay que tenerle miedo,  pero si respeto. Con los murciélagos empecé desde chico, cuando mis padres no me dejaban tener víboras, mi madre era “ofidiofóbica”. De allí que hasta la adolescencia cuando comencé a tener algunas culebras y empecé a entusiasmarme. Mi primer contacto con los conocimientos con respecto a los ofidios los recibía trabajando con “Tito” Braum, un ofidista que vivía en Concordia,  quien colaboraba con Salto Grande. Allí me pongo en contacto con él, empiezo a viajar con él y a interiorizarme sobre el tema. Tito Braum, a quien siempre estaré agradecido, me “abre la cabeza” y nos ponemos a trabajar en el tema de Salto Grande, cuando se hacían capturas en la zona de Salto Grande, los que se mandaban al Instituto Malbrán, de Buenos Aires el que elabora los sueros antiofidicos en Argentina. En agradecimiento, Malbrán le mandaba algunos sueros para que tuviera para poder disponer. Yo intenté hacer algo similar en  Salto y poder tener un “bando” de suero, cosa que lamentablemente no me fue posible. Lo hice con él en Concordia.
El curso en el Bu Tan Tan
Así me decido a conocer el Instituto Serinterápico de Bu Tan Tan, en Brasil, fundado por el Dr. Vital por el año 1901, cuando comienza a trabajar con los primeros sueros. Es el segundo instituto de este tipo más grande del mundo. En el momento que yo estuve, años 80 y pico, tenía más de 50 mil ejemplares debidamente clasificados. Allí me abrieron las puertas y pude asistir a los cursos regulares del Instituto El primer instituto de este tipo está en la India. También hice una experiencia muy linda en el Instituto Clodomiro Ticao, en Costa Rica, donde se elabora suero antiofídico no sólo para Costa Rica sino para toda Latinoamérica. Hoy con respecto a esta actividad voy como invitado a diferentes instituciones escuelas y similares para asesorar y educar sobre los ofidios, sobre todo los existentes en el Uruguay.

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Cecilia Blardoni de Rezendes, una chica especial

Cecilia es una “conita” como le dice su madre, porque nació el 3 de junio igual que San Cono, tiene 33 años y una vida llena de conquistas. Tiene Síndrome de Down y nada le ha impedido ir al frente en cada iniciativa nueva que se ha propuesto.
A Cecilia la une un vínculo muy particular con su madre, además de ser “igual de coquetas” como ella mismo dice, ambas son un apoyo constante, la una de la otra.
Con sus dos hermanas tuvo la posibilidad de disfrutar dos momentos diferentes e importantes durante sus años lectivos, lo que reforzó aún más ese lazo afectivo. Fue al jardín Nº 103 con su hermana Rita, después fue a la Escuela Especial Nº 97, a la Escuela Adventista y el liceo lo hizo en el Colegio Salesiano con María Inés su hermana menor.
Ha hecho de todo y se destaca en cada emprendimiento como nadie, le gusta mucho bailar, es fanática de Lucas Sugo, le complace mirar novelas con su abuela Perla mientras toman el té y conversan, porque Cecilia disfruta de hacerle compañía.
Durante la entrevista dejó entrever que tiene un carácter fuerte y nada la detiene para decir y hacer lo que le parece, plantando su opinión y su aguda observación sobre las cosas que pasan y las personas que la rodean.
Cecilia demostró también que tiene mucho amor para dar y que puede repartirlo en muchos pedazos y volcarlos en cada uno de sus seres queridos, donde germinan, se retroalimentan y vuelven a ella, siendo la fuente de donde nutre sus pasos, ya que cada cosa que hace es siempre pensando en su familia, en sus amigos, su abuela y en las personas con las que le gusta estar y ayudar.

Cecilia es una “conita” como le dice su madre, porque nació el 3 de junio igual que San Cono, tiene 33 años y una vida llena de conquistas. Tiene Síndrome de Down y nada le ha impedido ir al frente en cada iniciativa nueva que se ha propuesto.

A Cecilia la une un vínculo muy particular con su madre, además de ser “igual de coquetas” como ella mismo dice, ambas son un apoyo constante, la una de la otra.

Con sus dos hermanas tuvo la posibilidad de disfrutar dos momentos diferentes e importantes durante sus años lectivos, lo queAL DORSOreforzó aún más ese lazo afectivo. Fue al jardín Nº 103 con su hermana Rita, después fue a la Escuela Especial Nº 97, a la Escuela Adventista y el liceo lo hizo en el Colegio Salesiano con María Inés su hermana menor.

Ha hecho de todo y se destaca en cada emprendimiento como nadie, le gusta mucho bailar, es fanática de Lucas Sugo, le complace mirar novelas con su abuela Perla mientras toman el té y conversan, porque Cecilia disfruta de hacerle compañía.

Durante la entrevista dejó entrever que tiene un carácter fuerte y nada la detiene para decir y hacer lo que le parece, plantando su opinión y su aguda observación sobre las cosas que pasan y las personas que la rodean.

Cecilia demostró también que tiene mucho amor para dar y que puede repartirlo en muchos pedazos y volcarlos en cada uno de sus seres queridos, donde germinan, se retroalimentan y vuelven a ella, siendo la fuente de donde nutre sus pasos, ya que cada cosa que hace es siempre pensando en su familia, en sus amigos, su abuela y en las personas con las que le gusta estar y ayudar.

¿Cómo recordás tus juegos en la infancia?

Jugaba con mis hermanas y mis amigas, me gustaba jugar de todo, más que nada a las “barbies”, comenzó diciendo Cecilia al hablar sobre los recuerdos de su infancia. Además como en los años 80` era furor la serie televisiva Alf con un extraterrestre del planeta Melmac, Cecilia “también tenía un muñeco de Alf”. Incluso todavía conserva a “Betina” su muñeca favorita. Reconoció que le gustaba mucho mirar televisión pero ahora entre el trabajo, sus clases y sus sobrinos se han sumado otras responsabilidades, así que “miro tele pero no mucho porque estoy más ocupada”, comentó.

¿Cómo es tu familia?

Es linda, tengo mis sobrinos que yo los amo más que a nada en el mundo, Joaquín de 3 años y Guadalupe de 6 años (hijos de su hermana Rita), me gusta mucho estar con ellos. Mis hermanas (Rita y María Inés) son las mejores hermanas que me dio mamá”, dijo con orgullo.

Pero el cariño de Cecilia es tan grande que lo puede multliplicar y repartir a muchas personas más, por eso tiene varios ahijados. “También tengo 4 ahijados”, dijo muy contenta y rápidamente comenzó a nombrarlos “Lucía, Federico, Lorena y Juliana Sofía”, ésta última es hija de una de sus compañeras de trabajo.

Sin dudas, cada Día del niño, Navidad o Reyes Cecilia tiene que hacerse un tiempo importante entre sus actividades para saludarlos a todos, porque ya son parte de su familia.

¿Tenés muchas amigas?

Sí, tengo sí”, dijo Cecilia, y entre ellas destacó a “Noelia Ruiz, Paula Azanza, Angelina Díaz” y la lista parecía continuar, pero inmediatamente quiso hacer un apartado especial por una de ellas, “a Angelina la quiero mucho, siempre me pregunta de mis amores”, dijo entre risas. Como Cecilia valora mucho la amistad, trata de devolverles todo el cariño que le brindan y siempre que puede las va a visitar, sobre todo a Angelina, a quien conoce desde hace muchos años “en noviembre es su cumpleaños y voy a ir para allá a visitarla, porque ella vive en Montevideo”, dijo muy comprometida en acudir en una fecha tan particular.

¿Viviste momentos feos o difíciles ?

En un colegio que fui, fue horrible”, dijo Cecilia que aún transmitía en su mirada el malestar de aquel momento vivido, “porque no me dieron el carné de fin de año, me dieron una tarjeta de Feliz Navidad” y como su padre le había dicho que la esperaba en la casa con el carné se angustió mucho al notar que ella no lo tendría mientras otros alumnos sí. Sin lugar a dudas este fue un momento que caló hondo en Cecilia y más allá de haberlo superado, aún al día de hoy lo recuerda con pesar.

¿Trabajas hace mucho años, no?

Sí, trabajo en Ta- Ta (Supermercado), hace 14 años. Hago de todo, me gusta ir. Dentro de unos días salgo de licencia porque me voy de viaje, a descansar un poco”.

Aseguró que es muy cumplidora sobre todo con los horarios e incluso “a veces tengo que recuperar horas”, comentó. Sobre sus compañeros de trabajo dijo que “son súper bien, tengo los números de teléfono de algunos de ellos en mi celular para llamarnos por cualquier cosa”.

De su sueldo comentó que trata de ahorrar para viajar y ayudar a su familia “es para papá y mamá porque papá trabaja mucho”, dijo con preocupación.

¿Te gusta viajar ?

Me gusta sí, me gusta mucho viajar” y de los lugares que ha recorrido los que más le gustaron fueron las ciudades de “Palma de Mallorca, Ibiza, París y Barcelona”, y siempre trae algún recuerdo de cada lugar que visita.

Comentó sobre el último viaje en familia que hicieron este año a Disney “pasamos muy bien, me gustaría ir con toda mi familia, mis hermanas, mis cuñados y mis sobrinos, todos juntos a recorrer Europa”, un continente que aseguró le “fascina”.

¿Obtuviste muchos premios por tu actuación en el deporte?

Tengo muchas medallas y trofeos, ya no tengo lugar”, dijo muy orgullosa de todas sus victorias. “Tengo 17 medallas de natación y una medalla de atletismo que me gané en Grecia cuando fui en el 2010” a las Olimpiadas Especiales.

“Aprendí a nadar cuando era chica en el Club Remeros con Eduardo Volpi”. Ganó por su destacada actuación en natación medallas de oro, plata y bronce, participó en varias competencias y sudamericanos y obtuvo el premio “Diamante de la Sociedad”.

Su laureada trayectoria deportiva le valió que fuera declarada ciudadana ilustre por la Junta Departamental de Salto.

¿También te destacás en la danza y la pintura?

En 2016 me recibo de profesora de danza. Es mi sueño poder tener alumnas para enseñar. Practico, jazz, español y árabe. Es difícil pero me gusta mucho. En noviembre tenemos un festival”. Sin embargo, el triunfo no es lo único que le interesa a Cecilia en cada una de las competencias o festivales a los que concurre a competir, “si se puede se gana, sino me da lo mismo”, agregó, afirmando que aprovecha para viajar y conocer gente, algo que le gusta mucho.

En cuanto a su faceta en la pintura, comentó que pinta con sus profesores Pablo y Gabriela en pintura acrílica.

¿Has aprendido muchas cosas?

Si, y ahora estoy aprendiendo música con Mario Tórrez y Pía Lombardo” a través del sistema de numerología, mediante el cual no se trabaja con pentagrama sino en base al color, el número y el sonido de las teclas. También con la música se ha ido a competir a otros departamentos. “Toco piano y flauta dulce, pero el violín es lo que más me gusta, me encanta”, reiteró con emoción, aunque reconoció que le parece el instrumento más difícil para aprender.

“Me gustaría aprender muchas más cosas”, comentó.

¿Qué pensás de lo que hace la Asociación Down?

En la Asociación Down voy a los talleres”, donde su madre Beatríz de Rezendes  es una de las fundadoras y activas colaboradoras. “Mamá trabaja en la Comisión y yo estoy muy orgullosa de ella y lo que quiero decirle es que siga así, adelante”.

Cecilia junto a su madre acompañan todos los eventos que se organizan a beneficio de la asociación y se lamentó particularmente no poder estar presente este año en la Fiesta de las Quinceañeras (que cada año organiza Diario EL PUEBLO a beneficio de la Asociación), “me gusta ir y me encanta la canción que pasan, pero este año tengo que viajar y no voy a poder estar”, concluyó.

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Melisa Lucía Ferradini: una Comunicadora que cree en el servicio a los demás

“Me siento millonaria con el patrimonio de
valores humanos que me brindaron mis padres”
Conoció los medios de comunicación de la mano de su papá y como dicen las santas escrituras… “el Maestro instruye al hombre en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”.
Melisa Ferradini Geloz (41) es una agradecida por la instrucción que recibió en el seno familiar, por los valores y el hallazgo de su vocación a partir del camino que comenzó a andar en su niñez, en compañía de su papá Henry Ferradini, uno de las figuras pioneras del entorno publicitario.
Nos cuenta que su segundo nombre fue elegido por su progenitor, puesto que éste era devoto de la Santa Lucía.
Sus abuelos fueron inmigrantes italianos, del Lago Di Como y todas esas vivencias de sus raíces le fueron transmitidas a Melisa.
Siempre se sintió atraída por la Comunicación, pero por diversas cuestiones – entre ellas económicas – no le fue posible trasladarse a la capital pero su interés por el contacto con la gente y su espíritu voluntario la llevó a trabajar en organizaciones como Aldeas Infantiles SOS.
Melisa es una mujer que – por sus experiencias de vida – se ha fortalecido en su fe y se ha adherido de formación y liderazgo cristiano.

“Me siento millonaria con el patrimonio de valores humanos que me brindaron mis padres”

Conoció los medios de comunicación de la mano de su papá y como dicen las santas escrituras… “el Maestro instruye al hombre en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Melisa Ferradini Geloz (41) es una agradecida por la instrucción que recibió en el seno familiar, por los valores y el hallazgo de su vocación a partir del camino que comenzó a andar en su niñez, en compañía de su papá Henry Ferradini, uno de las figuras pioneras del entorno publicitario.

Nos cuenta que su segundo nombre fue elegido por su progenitor, puesto que éste era devoto de la Santa Lucía.

Sus abuelos fueron inmigrantes italianos, del Lago Di Como y todas esas vivencias de sus raíces le fueron transmitidas a Melisa.

Siempre se sintió atraída por la Comunicación, pero por diversas cuestiones – entre ellas económicas – no le fue posible trasladarse a la capital pero su interés por el contacto con la gente y su espíritu voluntario la llevó a trabajar en organizaciones como Aldeas Infantiles SOS.

Melisa es una mujer que – por sus experiencias de vida – se ha fortalecido en su fe y se ha adherido de formación y liderazgo cristiano.

¿Esa inclinación por estar en contacto con la gente, por donde la llevó?

-“Primeramente a iniciar una Licenciatura en Servicio Social y pude culminar el tronco común… cuando estaba cursando segundo, me surgió la posibilidad de viajar a los Estados Unidos donde tengo familiares.

Estuve viviendo mucho tiempo en Nueva York y al volver me sentí un tanto desorientada… no sabía lo qué iba a hacer. Empecé los estudios de Profesorado en Educación Social y me quedan solamente cinco asignaturas pendientes.

En ese tiempo trabajaba y estudiaba… falleció mi padre y debí asumir otras responsabilidades para apoyar a mi madre; vivo con ella y con mi hermano de 18 años y mi otra hermana tiene su familia independiente.

Trabajé primeramente en el rubro comercial y fue una actividad que disfruté, justamente por estar en contacto con el público”.

Su historia con los medios se remonta a su niñez, de la mano de su padre…

- “Papá era un hombre de medios de comunicación y mantenía sus vínculos con todos, tanto radio, diario y tv… siempre estaba. Le agradezco a Dios y tengo la dicha – hoy por hoy de estar en la radio- y conocer a todos y les tengo un gran aprecio. Mi padre era una persona que podía tener sus diferencias en el trabajo pero siempre fue muy querido y eso lo estoy comprobando aún más ahora… y me reconforta. Volver al diario (nuestro diario EL PUEBLO) y volver a ver esos lugares que recorrí con él, me genera un sentimiento increíble”.

¿Cómo llega a la radio?

- “Hace un año ya en Radio Arapey, un periodístico junto a Leonardo Silva y Horacio Pérez. Anteriormente me estuve desempeñando laboralmente en Aldeas Infantiles SOS en la parte de Medios y Recaudación y de un día para el otro me quedo sin trabajo. Y lo que son las cosas de Dios… un día iba caminando rumbo a casa y me encontré con Leonardo Silva (periodista salteño que también trabaja en nuestro medio escrito) al llegar a Asencio y 19 de Abril me expresó.

¿No te gustaría hacer radio?  y quedé muy sorprendida… le pedí unos días para pensar y a la semana ya estaba trabajando en La Mañana en Arapey.

Siempre le doy al programa la cuota social, abordando también temas médicos, Educación y todo lo relativo al apoyo a los demás”.

Esta incursión en la radio por primera vez ¿Le permitió descubrir otras facetas de su perfil?

-“Totalmente… me pasa con esa magia que tiene la radio, de la cual papá siempre me hablaba… me decía que nunca tenemos idea de todas las personas que nos están escuchando y lo que estamos transmitiendo con nuestras palabras. La gente nos llama por teléfono para compartir muchas cosas o nos envían mensajes… Me encanta también cuando me corrigen porque todo lo que sume para aprender, bienvenido sea… soy una persona que acepta las críticas… no me molestan. También cuento afortunadamente con el apoyo de mis compañeros”.

Y a su ver ¿Qué rol juegan los medios?

-“Un papel fundamental de apertura y apoyo… creo que sin los medios de comunicación la sociedad no avanza… son la vía de poder conectarnos con las masas. La conexión es importantísima…  bien usada es una herramienta muy poderosa”.

Melisa también está haciendo su programa propio todos los sábados en la emisora 1.410, intitulado Solo Un Momento y va de 9.30 a 10.30 de la mañana.

Allí recibo a mis invitados en un entorno más íntimo y los insto a transitar por recuerdos desde su niñez hasta ahora. Han pasado personas encantadoras por el programa… personalidades que tenemos en nuestro Salto. Quiero destacar que Leo ha sido mi mentor, mi padrino y le estoy muy agradecida por su impulso, de lo contrario no estaría aquí”.

¿Es muy creyente?

-“Soy cristiana… estoy participando de un grupo de Formación y Liderazgo Cristiano, acompañando a una misionera colombiana que está radicada en Salto.

A través de Ligia he descubierto La Palabra… estudiamos La Biblia y digo con propiedad… Dios está… Dios existe… está.

A través de un caso familiar, de mi sobrinita de 7 años Mercedes, vivimos el milagro… ella estaba muy enferma y verdaderamente Dios la salvó.

Desde ese momento mi fe se profundizó hasta ahora…  el año pasado atravesamos meses muy difíciles para toda la familia. El Señor a través de los médicos la hizo salir adelante”.

¿Y los valores familiares cuanto le han significado?

-“En casa nos enseñaron que las cosas se tienen cuando se pueden y si no, Dios proveerá para hacerlo. Hoy la realidad ha cambiado y las generaciones exigen aunque los padres no cuenten con los recursos para adquirir ciertos elementos materiales.

Antes respetábamos la decisión de nuestros padres para todo

Los valores que me enseñaron mis padres Henry y Nelly son mi mayor patrimonio… realmente me siento millonaria”.

Al trabajar en Aldeas Infantiles SOS seguramente estuvo cercana a fuertes historias de vida. ¿Cómo vivió esas experiencias?

-“Estuve casi dos años trabajando en Aldeas y creo que las situaciones nos van llevando… a mi hermano del corazón, Federico lo adoptamos en casa cuando tenía un año de nacido. Él estaba internado en un hogar de INAU.

Cuando ingresé a trabajar en Aldeas, esa realidad no era desconocida para mí, la realidad de esos niños yo ya lo había vivido con mi hermano.

Niños apartados de sus familias por diversas situaciones… abandono, violencia y maltrato.

Por eso hasta el día de hoy me relaciono con todos los niños y adolescentes y me llevo bien con todo el equipo humano. Hay gente muy linda trabajando en Aldeas Infantiles… mi pasaje por allí fue maravilloso, me abrió muchísimas puertas”.

¿Qué piensa de la solidaridad del pueblo salteño?

-Muy solidaria… desde los empresarios hasta todos los componentes de la sociedad. Me gusta ponerme la camiseta de las personas que necesitan… es impresionante como la gente colabora y el que menos tiene es el que más da, en todos los sentidos.

¿En esta etapa de su vida, cultiva más el terreno espiritual?

-Fui formada en la Iglesia Católica y viví experiencias que me llevaron a profundizar en la fe. No me agrada estar disgustada con nadie y busco soluciones a las dificultades de comunicación”.

Melisa tiene muchos proyectos por cumplir, como la de tener su propia familia, ser madre y tener siempre a merced un puente para ayudar al otro.

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Un técnico apasionado por el campo

El Ing. Agr. Jorge Aguerre, es uno de los técnicos regionales del SUL más conocidos en la zona. Pero no sólo su trayectoria, de más de veinte años es lo que le ha valido el reconocimiento del ámbito de la producción pecuaria, sino que también su impronta de persona de bien, elemento de mucho valor en  este ambiente. Con el dialogamos, a sabiendas que hablaríamos con alguien surgido del campo, que disfruta lo que  hace y es un apasionado del tema. De allí surgió la entrevista que resumimos en estas diez preguntas.

¿De dónde le viene su vocación?
Siempre tuve claro lo quería hacer. Diría que desde los diez u once años ya sabía que quería ser agrónomo y me gusta fundamentalmente la parte de producción. Siempre me gustó la parte de los animales, tanto vacunos, como ovinos y yeguarizos, soy ganadero, me gusta la parte ganadera y he estado en reiteradas oportunidades con empresas ganaderas, siempre arrendando, porque no tengo campo propio, pero en la medida que la situación de mercado y otros factores me lo permitían he tenido alguna pequeña explotación, de acuerdo a mis posibilidades, pero es lo que siempre me gustó. Tanto la parte de alimentación, como del manejo de las  pasturas y de las haciendas y de los animales.
¿Disfrutando del trabajo
al aire libre?
Siempre me gustó trabajar al aire libre, en lugar de estar encerrado en oficinas.
Lógico que esto tiene su contracara, aunque a mi me gustan muchos los días de invierno, con heladas, pero luego también con tiempo frío pero con un buen sol y un frío agradable. En estas ocasiones disfruto del clima y de repente hay otros días de lluvias y humedad que no son los que a uno le gusta para estar afuera.
En verano no tanto, porque a mi me gusta más el invierno y las medias estaciones, vale decir primavera y otoño y  los inviernos fríos y secos son los que más disfruto, saliendo a trabajar afuera, el encontrarme con los productores, tengo muy buenos amigos dentro de los que están en la producción y conversamos mucho de toda la parte productiva y muchas veces de algunas otras problemáticas también.
¿Cuantos años lleva trabajando
en el SUL?
En la actividad que estoy cumpliendo actualmente llevo 22 años y estoy cumpliendo el 23. Esto es desde que vine a trabajar y me radiqué en Salto. Anteriormente había trabajado en el SUL por un contrato, cuando vino un técnico neocelandés para enseñarle a la gente como se adiestraba a los perros ovejeros. Eso fue en el año 89, o sea que hace 25 años. Nos instalamos en la Facultad de Agronomía de San Antonio y ese fue mi primer trabajo vinculado al SUL como funcionario.
¿Pasó de productor a técnico
del SUL?
Efectivamente. Antes yo había estado vinculado al SUL como productor, contratando los servicios de los que después fueron mis compañeros,  porque me ayudaron en su momento, nosotros teníamos un campo en el departamento de Maldonado, con una majada que cuando falleció mi padre yo me hice cargo de un campo arrendado de 800 cuadras, son cerca de 570 hectáreas aproximadamente que arrendaba mi familia y yo me hice cargo con 20 años y empezamos a trabajar con una majada que fuimos agrandando y en ese momento llamamos al técnico del SUL para que nos diera una mano en toda la parte de selección y mejoramiento genético, trabajo que en principio lo hacía un compañero mio y yo como productor recibía sus consejos en cuanto a qué animales nos convenían más, como producir mejor.
¿Ya era agrónomo recibido?
No. En esa época yo no era recibido, tenía 20 años estaba empezando la carrera, pero 5 o 6 años después, me recibí y después de hacer un poco de experiencia por el mundo, recorriendo un poquito, me tocó hacerlo a mi. Vine con la idea de conseguir un trabajo y afincarme en algún lugar. Dio un concurso en el SUL quedé seleccionado dentro de un grupo de gente, no me tocó entrar en la primera ronda, porque entraban seis, quedé en la puerta y al poquito tiempo me llamaron, porque se iban a jubilar quienes hasta ese momento eran los  profesores o los maestros nuestros. Estuvieron un tiempo más trasmitiéndonos lo que ellos durante tanto tiempo habían aprendido y allí empezamos nuestro camino como técnico del SUL.
¿De dónde es oriundo?
Yo soy nacido en Montevideo, pero mi padre era del departamento de Florida, en la zona de Sarandí Grande cuando era chico, luego de adolescente se fue a vivir a Montevideo, donde también vivía mi madre. Nosotros estudiamos y nos criamos en Montevideo, siempre con explotación agropecuaria de mi padre y de mis tíos, desde chicos íbamos toda la familia al campo y las vacaciones eran en el campo, si bien mi padre era bancario, la  licencia la pasábamos en el campo y cuando teníamos las vacaciones de invierno nos íbamos sólos para el campo a salir con el personal y con la gente que atendía la explotación.
¿Cuantos hermanos son?
Somos cuatro hermanos “parejitos”, dos varones y dos mujeres. Perfectamente alternados porque nació  primero mi hermana mayor, yo soy el segundo,  luego mi segunda hermana y el menor es mi otro hermano varón. Soy el mayor de los varones y mi hermano, que también es ingeniero agrónomo y también funcionario del SUL, estuvo como funcionario del SUL en la zona. El entró en el concurso anterior al que di yo, recién recibido muy jovencito,  luego se fue para la zona donde habíamos trabajado y vivido porque salió una vacante y pidió el traslado para allá y en este momento no es funcionario permanente del SUL, pero es contratado para determinadas jornadas y actividades específicas.
¿En el año 89 Ud. llegó para enseñar a trabajar con los perros?
Si efectivamente, hasta ese momento había mucha gente que trabajaba con perros, pero con los perros “de estancia”, otro tipo de perros, más criollos, que le dicen “ovejeros”, pero no son los que tenemos hoy con muchos años de selección e incluso los métodos de adiestramiento han cambiado mucho.
¿Formó familia en Salto?
No, en realidad yo ya conocía a quien es hoy mi señora (Wendy Thompson). Me vine sólo. Sus padres viven en un establecimiento rural en Young, ella hizo la escuela en Young, viviendo en el campo y después en el liceo se fue a Montevideo. Ya nos conocíamos y cuando yo me vine para acá nos turnábamos, un fin de semana iba yo a Montevideo y otro venía ella y después de dos años resolvimos casarnos y nos vinimos para acá.
Ahora tienen hijos salteños…
Si efectivamente, Tenemos dos hijos, María Inés y Agustín, la mayor se recibió de maestra y el menor es varón y está por terminar el bachillerato. Mi suegro es conocido porque es el que  lleva toros a Kiyú y mi suegra, Violeta Parietti, es también una conocida criadora de la raza Normanda, también una familia  profundamente vinculada al campo.

¿De dónde le viene su vocación?

Siempre tuve claro lo quería hacer. Diría que desde los diez u once años ya sabía que quería ser agrónomo y me gusta fundamentalmente la parte de producción. Siempre me gustó la parte de los animales, tanto vacunos, como ovinos y yeguarizos, soy ganadero, me gusta la parte ganadera y he estado en reiteradas oportunidades con empresas ganaderas, siempre arrendando, porque no tengo campo propio, pero en la medida que la situación de mercado y otros factores me lo permitían he tenido alguna pequeña explotación, de acuerdo a mis posibilidades, pero es lo que siempre me gustó. Tanto la parte de alimentación, como del manejo de las  pasturas y de las haciendas y de los animales.

¿Disfrutando del trabajo al aire libre?

Siempre me gustó trabajar al aire libre, en lugar de estar encerrado en oficinas.

Lógico que esto tiene su contracara, aunque a mi me gustan muchos los días de invierno, con heladas, pero luego también con tiempo frío pero con un buen sol y un frío agradable. En estas ocasiones disfruto del clima y de repente hay otros días de lluvias y humedad que no son los que a uno le gusta para estar afuera.

En verano no tanto, porque a mi me gusta más el invierno y las medias estaciones, vale decir primavera y otoño y  los inviernos fríos y secos son los que más disfruto, saliendo a trabajar afuera, el encontrarme con los productores, tengo muy buenos amigos dentro de los que están en la producción y conversamos mucho de toda la parte productiva y muchas veces de algunas otras problemáticas también.

¿Cuantos años lleva trabajando en el SUL?

En la actividad que estoy cumpliendo actualmente llevo 22 años y estoy cumpliendo el 23. Esto es desde que vine a trabajar y me radiqué en Salto. Anteriormente había trabajado en el SUL por un contrato, cuando vino un técnico neocelandés para enseñarle a la gente como se adiestraba a los perros ovejeros. Eso fue en el año 89, o sea que hace 25 años. Nos instalamos en la Facultad de Agronomía de San Antonio y ese fue mi primer trabajo vinculado al SUL como funcionario.

¿Pasó de productor a técnico del SUL?

Efectivamente. Antes yo había estado vinculado al SUL como productor, contratando los servicios de los que después fueron mis compañeros,  porque me ayudaron en su momento, nosotros teníamos un campo en el departamento de Maldonado, con una majada que cuando falleció mi padre yo me hice cargo de un campo arrendado de 800 cuadras, son cerca de 570 hectáreas aproximadamente que arrendaba mi familia y yo me hice cargo con 20 años y empezamos a trabajar con una majada que fuimos agrandando y en ese momento llamamos al técnico del SUL para que nos diera una mano en toda la parte de selección y mejoramiento genético, trabajo que en principio lo hacía un compañero mio y yo como productor recibía sus consejos en cuanto a qué animales nos convenían más, como producir mejor.

¿Ya era agrónomo recibido?

No. En esa época yo no era recibido, tenía 20 años estaba empezando la carrera, pero 5 o 6 años después, me recibí y después de hacer un poco de experiencia por el mundo, recorriendo un poquito, me tocó hacerlo a mi. Vine con la idea de conseguir un trabajo y afincarme en algún lugar. Dio un concurso en el SUL quedé seleccionado dentro de un grupo de gente, no me tocó entrar en la primera ronda, porque entraban seis, quedé en la puerta y al poquito tiempo me llamaron, porque se iban a jubilar quienes hasta ese momento eran los  profesores o los maestros nuestros. Estuvieron un tiempo más trasmitiéndonos lo que ellos durante tanto tiempo habían aprendido y allí empezamos nuestro camino como técnico del SUL.

¿De dónde es oriundo?

Yo soy nacido en Montevideo, pero mi padre era del departamento de Florida, en la zona de Sarandí Grande cuando era chico, luego de adolescente se fue a vivir a Montevideo, donde también vivía mi madre. Nosotros estudiamos y nos criamos en Montevideo, siempre con explotación agropecuaria de mi padre y de mis tíos, desde chicos íbamos toda la familia al campo y las vacaciones eran en el campo, si bien mi padre era bancario, la  licencia la pasábamos en el campo y cuando teníamos las vacaciones de invierno nos íbamos sólos para el campo a salir con el personal y con la gente que atendía la explotación.

¿Cuantos hermanos son?

Somos cuatro hermanos “parejitos”, dos varones y dos mujeres. Perfectamente alternados porque nació  primero mi hermana mayor, yo soy el segundo,  luego mi segunda hermana y el menor es mi otro hermano varón. Soy el mayor de los varones y mi hermano, que también es ingeniero agrónomo y también funcionario del SUL, estuvo como funcionario del SUL en la zona. El entró en el concurso anterior al que di yo, recién recibido muy jovencito,  luego se fue para la zona donde habíamos trabajado y vivido porque salió una vacante y pidió el traslado para allá y en este momento no es funcionario permanente del SUL, pero es contratado para determinadas jornadas y actividades específicas.

¿En el año 89 Ud. llegó para enseñar a trabajar con los perros?

Si efectivamente, hasta ese momento había mucha gente que trabajaba con perros, pero con los perros “de estancia”, otro tipo de perros, más criollos, que le dicen “ovejeros”, pero no son los que tenemos hoy con muchos años de selección e incluso los métodos de adiestramiento han cambiado mucho.

¿Formó familia en Salto?

No, en realidad yo ya conocía a quien es hoy mi señora (Wendy Thompson). Me vine sólo. Sus padres viven en un establecimiento rural en Young, ella hizo la escuela en Young, viviendo en el campo y después en el liceo se fue a Montevideo. Ya nos conocíamos y cuando yo me vine para acá nos turnábamos, un fin de semana iba yo a Montevideo y otro venía ella y después de dos años resolvimos casarnos y nos vinimos para acá.

Ahora tienen hijos salteños…

Si efectivamente, Tenemos dos hijos, María Inés y Agustín, la mayor se recibió de maestra y el menor es varón y está por terminar el bachillerato. Mi suegro es conocido porque es el que  lleva toros a Kiyú y mi suegra, Violeta Parietti, es también una conocida criadora de la raza Normanda, también una familia  profundamente vinculada al campo.

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“Tabaré Vázquez me curó el cáncer”

Antonio Grisolia tiene 71 años y solamente siete materias lo separan de cumplir su sueño de convertirse en abogado. La vida del septuagenario está atiborrada de anécdotas. A los 54 años le diagnosticaron cáncer de amígdalas y le pronosticaron tres meses de vida. Por una recomendación cayó en manos del Dr. Tabaré Vázquez, quien le devolvió el alma al cuerpo: le aseguró que su caso no era tan grave como le habían dicho y que con aplicaciones de bomba de cobalto vencería a la enfermedad. El expresidente de la República tenía razón…
Con 18 años, uno de sus hijos se fue a vivir a Europa y al poco tiempo lo siguieron sus dos hermanos, por lo que Grisolia y su señora quedaron solos en Salto. Antes de eso, Antonio fue destituido del banco Mercantil donde trabajaba (advierte que fue por cuestiones políticas) y empezó a ganarse la vida como corredor de seguros.
Siempre “intuyó” que sería abogado, pero como no quería mudarse a Montevideo, tuvo que esperar que la carrera llegara a nuestro departamento para poder estudiarla. Años después abandonó los libros, para retomar el contacto más tarde. Cuando llegue al final del recorrido educativo, habrá cumplido uno de sus objetivos en la vida, el de ser “el primer Grisolia con  título”.
Este es el “Tono” Grisolia y una historia de vida digna de ser contada.

Antonio Grisolia tiene 71 años y solamente siete materias lo separan de cumplir su sueño de convertirse en abogado. La vida del septuagenario está atiborrada de anécdotas. A los 54 años le diagnosticaron cáncer de amígdalas y le pronosticaron tres meses de vida. Por una recomendación cayó en manos del Dr. Tabaré Vázquez, quien le devolvió el alma al cuerpo: le aseguró que su caso no era tan grave como le habían dicho y que con aplicaciones de bomba de cobalto vencería a la enfermedad. El expresidente de la República tenía razón…

Con 18 años, uno de sus hijos se fue a vivir a Europa y al poco tiempo lo siguieron sus dos hermanos, por lo que Grisolia y su señora24 7 14 018 quedaron solos en Salto. Antes de eso, Antonio fue destituido del banco Mercantil donde trabajaba (advierte que fue por cuestiones políticas) y empezó a ganarse la vida como corredor de seguros.

Siempre “intuyó” que sería abogado, pero como no quería mudarse a Montevideo, tuvo que esperar que la carrera llegara a nuestro departamento para poder estudiarla. Años después abandonó los libros, para retomar el contacto más tarde. Cuando llegue al final del recorrido educativo, habrá cumplido uno de sus objetivos en la vida, el de ser “el primer Grisolia con  título”.

Este es el “Tono” Grisolia y una historia de vida digna de ser contada.

¿Cómo fue su lucha contra el cáncer?

Fue dura, porque me habían dado tres meses de vida. Eso fue en 1997 y pasé ocho meses para que descubrieran que tenía. Pasé por varios médicos y nadie daba con lo que tenía. Yo no podía tragar y ya era piel y huesos. Al final fui con el Dr. Abaddie. quien tras revisarme me descubrió una verruga en la zona de las amígdalas. Me la cortó y la llevaron a analizar, pero no salió nada. De ahí fui al Sanatorio Uruguay para someterme a una biopsia. Pero cuando estuvo el resultado, no quisieron dármelo a mí. Fueron directamente con mi mujer y le dijeron que yo tenía apenas tres meses de vida.

Pero ese diagnóstico resultó equivocado, sino usted no estaría sentado junto a mí en este momento.

Tuve la suerte de que en ese instante mi mujer se encontraba junto a Alba Coco y ella inmediatamente llamó al Dr. Tabaré Vázquez. Tras coordinar la consulta, viajé a Montevideo para que me viera. Y tras verme, Vázquez me dijo: ‘tenés que hacerte una serie de aplicaciones de bomba de cobalto, pero no vas a tener problemas’. Y de a poquito se me fue yendo el dolor y el zumbido que tenía en los oídos. Los médicos anteriores me habían dicho que cuando ese ruido viene, no se va más, pero por suerte estaban equivocados.

Se puede decir entonces que Tabaré Vázquez le curó el cáncer.

Sí, fue así. A partir del diagnóstico de Tabaré Vázquez pasé a atenderme con en el Sanatorio Uruguay con un oncólogo que había sido alumno suyo y que hoy es fallecido. Tuve en total seis consultas con Tabaré para analizar la evolución del cáncer de amígdalas. Enseguida se me fueron todos los síntomas y de a poquito empecé a comer, porque hasta ese momento me tenían que alimentar a través de unas sondas, ya que no podía tragar.

¿El deseo de estudiar tuvo que ver con su exitosa lucha contra el cáncer?

Para no pensar en el cáncer, le pedí a mi amigo Silvio Rodríguez, que es profesor de historia, que me prestara un libro para leer. Y él me animó a reinscribirme en el liceo. Curiosamente terminaría siendo mi director en el liceo nocturno, donde hice los últimos dos años en uno. Al tiempo encontré los carnés viejos y resulta que salvé materias que ya había salvado con anterioridad.

Después entré a la facultad en 1999, pero al quinto año abandoné. ¿Por qué? Dejé porque había perdido Técnica 2 y como que me desilusioné un poco y no fui más. El año pasado volví a estudiar y salvé esa materia con buena nota. Hoy me faltan siete materias para recibirme. La idea es dar cinco este año y dejar dos para el año que viene.

Usted tiene tres hijos y los tres viven en Europa, ¿no?

Tengo una hija, María Natalia, de 38 años y los mellizos Nasareno y Arturo de 32. Mis hijos varones son profesores de yoga y mi hija se dedica a la artesanía. Los tres viven allá (en Europa) desde hace 15 años. Ellos están en distintos países, porque los contratan de diferentes partes del mundo. Por ejemplo, a Nasareno lo contrataron para dar una conferencia en Nueva York. Fueron a Roma para perfeccionar el italiano, después a París para perfeccionar el francés. Han estado en todos lados.

¿Qué sentimiento le provoca tener a sus hijos tan lejos desde hace tanto tiempo?

-Es duro. Un día estábamos comiendo y Nasareno nos dijo: ‘me voy a ir a vivir a Europa y no voy a volver nunca más’. Había conocido a un alemán en el este del país y él lo convenció de que se fuera. ¿Si pensamos que estaba bromeando? No, al contrario. Lo tomamos en serio, por más que tenía 18 años. Mi hermana le pagó el pasaje y Nasareno se sintió muy cómodo en Europa y le dijo a los hermanos que se fueran para allá, porque no iba a poder creer lo que él estaba viviendo. Primero se fue nuestra hija, que estaba estudiando relaciones internacionales en Montevideo. Y finalmente se fue Arturo, después de que los hermanos le insistieran en que siguiera su camino. María Natalia se casó y tiene dos hijos. ¿Si los conozco? No, porque viajé a Europa antes de que nacieran. Estuve tres meses, pero no me gustó y me volví.

¿A qué se ha dedicado a lo largo de su vida?

Yo soy bancario destituido. Nunca fui restituido y cobro una miseria de jubilación bancaria. Fue por una cuestión política. En las elecciones de 1971 figuré en el decimoquinto lugar para ingresar al senado. Pero en la dictadura allanaron los sindicatos y se llevaron toda la documentación. Yo no tenía pruebas de haber sido dirigente sindical, ni que había integrado la lista del Frente Amplio, porque la Corte Electoral no entregaba esos datos. Después que ganó el Frente fue diferente.

Hace poco tuve una reunión con (José) el “Pepe” Bayardi en Montevideo, para ver si se puede solucionar algo. Las pruebas son evidentes de que me echaron por razones políticas, pero como estamos en año electoral, no se puede hacer nada.

¿En qué banco trabajaba? En el Mercantil. Y después, cuando fue intervenido, pasé al Banco República. Eso sucedió en el 76. Y cuando me echaron tenía 33 años y mi hija tenía apenas un año. ¿Quién ordenó mi destitución? (Julio María) Sanguinetti.

Y después de ser destituido en el banco, ¿cómo se ganó la vida?

Después entré al Banco de Seguros como corredor, gracias a que un amigo mío que era subjefe de policía me consiguió el carné de buena conducta. Actualmente sigo trabajando como corredor para Porto Seguros, Royal & Sunalliance y el Banco de Seguros.

Manejo mis propios horarios. Me despierto todos los días a las 4.30 o 5.00 y ahí empiezo a pensar qué es lo que voy a hacer durante el día. ¿Si le dedico mucho tiempo al estudio? Sí, le dedico varias horas. Cuando tengo algún escrito muy complicado, hablo con Silvia Cabrera, que es una de las abogadas del estudio jurídico. A fin de mes tengo que hacer una pasantía de un mes en el juzgado penal: de 13 a 18.

¿Por qué se le ocurrió estudiar Derecho? ¿Qué lo motivó a seguir esta carrera?

Porque a mí me han jodido muchas veces por no conocer las leyes. Por ejemplo, un abogado me hizo hacerle un telegrama que no correspondía. Él y un ave negra que compraba y vendía autos me hicieron perder 10.000 dólares. ¿Si denuncié el caso? No. Recién ahora, mirando el artículo 194 del código penal descubrí que podía haberlo denunciado.

Además, nunca hubo ningún profesional en mi familia, por lo que quiero recibirme para que por lo menos haya un Grisolia con título. A los 18 años intuía que sería abogado, pero la carrera no podía estudiarse en Salto y no quería irme a Montevideo. Por eso tuve que esperar para empezar a estudiar.

¿Qué desafíos le quedan por cumplir en la vida?

-Uno de ellos es visitar la ciudad de Grisolia, en la provincia de Mormanno. Mi abuelo era de allá. Por eso es que todos tenemos la nacionalidad italiana. Mi padre conservaba el certificado de bautismo de mi abuelo y con ese documento se hizo ciudadana mi hermana, que estuvo presa por tupa, un día que pasó junto a mi madre por la embajada italiana. Después adquirí yo la ciudadanía y conmigo el resto de la familia. ¿Cómo fue la historia de mi hermana? Estuvo 10 años presa en la cárcel de mujeres en la época de la dictadura.

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Un hacedor como pocos

Ariel Villar siguió el camino de su padre, inquieto, audaz, inteligente, trabajador y sobre todas las cosas un servidor de su comunidad más allá del paso del tiempo. Es un amigo de la vida y del quehacer constante, altruista, generoso y conocedor de realidad como pocos. Le gusta estar siempre rodeado de personas ayudando a unos y a otros. Al menos así vive los 86 años que lleva a cuestas y que su figura lo hace un salteño de esos que se precisan todos los días.
Es un profesional formado a la antigua. De los que tenían que trabajar 24 horas seguidas en un Hospital para atender a la gente, sin esperar al final del día para tener que pasar la tarjeta y marcar las horas extras para después cobrarlas. Fue impulsor de muchas obras y organizaciones, y si bien trabajó con gobiernos cuyo mandato se extendieron hasta tiempos autoritarios, él se definió siempre como un demócrata, amigo de todos pero no de las injusticias.
Se trata de un hacedor nato, que no descansa pese al paso de los años que encuentra a otras personas de su talla ya retirados y descansando. Nació en Belén, se vino de niño a Salto junto a sus padres y sus nueve hermanos, a los últimos dos los crió como un padre, ante la pérdida de los suyos. Desde entonces no ha parado de hacer cosas y esa ha sido su forma de vida. Está casado, tiene dos hijos y varios nietos los que prolongan su existencia. Con el Dr. Ariel Villar, un hacedor de la comunidad, nuestra sección semanal Al Dorso.

Ariel Villar siguió el camino de su padre, inquieto, audaz, inteligente, trabajador y sobre todas las cosas un servidor de su comunidad más allá del paso del tiempo. Es un amigo de la vida y del quehacer constante, altruista, generoso y conocedor dearielvillar realidad como pocos. Le gusta estar siempre rodeado de personas ayudando a unos y a otros. Al menos así vive los 86 años que lleva a cuestas y que su figura lo hace un salteño de esos que se precisan todos los días.

Es un profesional formado a la antigua. De los que tenían que trabajar 24 horas seguidas en un Hospital para atender a la gente, sin esperar al final del día para tener que pasar la tarjeta y marcar las horas extras para después cobrarlas. Fue impulsor de muchas obras y organizaciones, y si bien trabajó con gobiernos cuyo mandato se extendieron hasta tiempos autoritarios, él se definió siempre como un demócrata, amigo de todos pero no de las injusticias.

Se trata de un hacedor nato, que no descansa pese al paso de los años que encuentra a otras personas de su talla ya retirados y descansando. Nació en Belén, se vino de niño a Salto junto a sus padres y sus nueve hermanos, a los últimos dos los crió como un padre, ante la pérdida de los suyos. Desde entonces no ha parado de hacer cosas y esa ha sido su forma de vida. Está casado, tiene dos hijos y varios nietos los que prolongan su existencia. Con el Dr. Ariel Villar, un hacedor de la comunidad, nuestra sección semanal Al Dorso.

¿Cómo fue su infancia?

Nací en Belén en el año 1928. Al año, ya nos vinimos para Salto. Nos fuimos a vivir a una casa de la calle Joaquín Suárez, al lado del puente (entre 19 de Abril y Agraciada) y en ese momento hubo una inundación muy importante que tapó toda aquella zona. Mi padre era un hombre con inquietudes al que le gustaba enseñar y mi madre también. Fui al Colegio Sagrada Familia y un día mi madre me dijo que hiciera la prueba de admisión para ir al liceo, que en ese momento se hacía así. Y entré, porque salvé los exámenes estudiando junto a mi madre, quien mientras revolvía la olla cuando cocinaba me tomaba la lección y me ponía temas a resolver. Ella solamente tenía educación primaria, pero la escuela de aquella época era muy completa, ella había asistido a una escuela de mujeres donde ahora está el Edificio Castagno, frente a la Plaza Artigas.

¿Cuándo decidió irse a estudiar medicina?

Cuando decidí irme a estudiar medicina, mi padre estaba preocupado porque él tenía 10 hijos y no tenía medios económicos como para mandarme a estudiar a Montevideo. Entonces hizo contacto con gente a la que estaba vinculada por el Rotary, y siempre me acuerdo cuando me despidieron en el año 1946, un viernes al mediodía, el 22 de marzo, frente al Hotel Concordia y me dio los 15 pesos que costaba el boleto de los ómnibus de Onda para ir a Montevideo.

¿Le tocó trabajar mientras estudiaba?

Sí, allá entre una cosa y la otra fui a un colegio de sacerdotes, después me consiguieron para que fuera escribiente del Ejército en una unidad que se estaba formando y también fui reservista. Estudiando y siendo yo practicante, hice concurso para ingresar al Hospital Militar y en el año 1954  me recibí.

¿Ahí ya se radicó en Salto?

Me volví a Montevideo a estudiar Cirugía y un profesor de la Facultad me propuso porqué no estudiaba una especialización en vías urinarias para ser Urólogo, porque en Salto había quedado una vacante para esto ya que quien ejercía ese cargo era el Dr. Fernando Lucas Gaffré que se había metido en política e iba a ser senador. Entonces me lo propusieron y me vine.

¿Pero también fue docente en secundaria?

Sí, mire, todo empieza así, cuando me vine a Salto el Dr. Lucas Gaffré me dio un consejo, me dijo ‘mirá acá en el interior como vos sos médico y joven hay muchas tentaciones, que el alcohol, que la timba y las mujeres. Pero yo te voy a hacer un regalo’. Y me dijo: ‘primero vas a cumplir con tu país, porque si vos te pudiste recibir es porque la educación es gratuita en Uruguay, entonces vos tenes que dar clases de Historia en Secundaria y acá tenes todos los libros para hacerlo’. Y me lo presentó a Domingo Iribarne, que en aquella época era el director del Liceo IPOLL y comencé.

Di Historia Universal y le daba clases a chiquilines de 15 años que lo menos querían era estudiar, y yo los hacía declamar y dar las clases, con aquellos calores insoportables. En la educación pública no, porque no pude dar los concursos. Pero en el Crandon fui docente durante 30 años, tuve el orgullo de poder hacerlo.

Además estuvo y está ligado aún hoy a varias organizaciones…

Sí, integro el Rotary desde hace muchos años, fui presidente y Gobernador, ayudé a fundar la Filial Salto de la Liga Marítima Uruguaya, el grupo Acción que es una entidad de servicio a la comunidad, la Asociación de Amigos del Patrimonio Histórico de Salto, y soy miembro de la Comisión Honoraria de Patrimonio Histórico de Salto, además de participar de otras actividades.

Fue una suerte de mentor para mucha gente, ¿cómo lo veían en su familia?

Nosotros éramos diez hermanos, cinco varones y cinco mujeres. Pero llegó un momento que mis padres fallecieron y esa fue una de las cosas que me hizo venir a Salto, el hecho de tener a mi padre muy enfermo. Y yo tuve que hacerme cargo de mis dos hermanos más chicos. De Ana María y el más pequeño de todos es Miguel, hoy médico urólogo reconocido. Estando viviendo en una época donde había un movimiento enorme en Salto porque era la construcción de Salto Grande, yo le pregunté ¿quéres seguir de médico? Y él me contestó que sí, entonces lo ayudé para que fuera, no le hice faltar nada.

¿Fue difícil ejercer la medicina y sobre todo administrarla como director del Hospital de Salto en épocas donde había mucha carencia?

Cuando estaba en Montevideo, hacía guardias en Salud Pública y había veces que la ambulancia no entraba a determinados barrios porque había problemas y eran bravos, pero yo la hacía entrar igual.

Cuando vine a Salto el Hospital estaba echo pedazos. Entonces como se había enfermado el médico titular de guardia, tomamos junto al Dr. Rodríguez Arrarás las guardias durante 8 años, haciendo turnos de 24 horas en forma honoraria. Fui director del Hospital dos veces. Trabajamos en el interior en algo que fue creado por un gran hombre que era el arquitecto Néstor Minutti. Él tenía grandes ideas, un día me dijo que estaba preocupado por la campaña porque allá no llegaba salud pública, porque había médicos sedentarios que iban en avión y lo hacían cuando querían. Minutti quería que la gente se preocupara por los servicios sanitarios y se hicieran cargo a través de sus comisiones de la administración de los mismos.  Me dijo tengo una idea, hay que crear un sistema que se llame SAYSS (Servicios Asistenciales y Sociales de Salto), esa palabra la escribió Minutti y fue una gran obra de la que tuve el honor de participar.

Usted siempre fue identificado como un demócrata que es amigo de la libertad y que pasa encima de los partidos ¿por qué trabajó con gobiernos autoritarios?

Yo fui edil del Partido Colorado y trabajaba en política cuando coincidió ese momento con el Golpe de Estado. En ese momento el arquitecto Minutti que era el intendente nos dijo “ustedes se tienen que quedar, tienen que completar su mandato porque ustedes fueron elegidos por el pueblo”. Y nosotros figurábamos como integrantes de la Junta de Vecinos y a nosotros no nos gustaba eso, porque no queríamos a la Junta de Vecinos. Y a los cuatro mese de eso le presentamos la renuncia al coronel Barusso, que era el jefe de Policía de la época. Y nos fuimos, yo no trabajé casi con la dictadura, incluso del ejército yo me fui en el año 1966. A lo que no renuncié fue al Hospital porque era un cargo al que había accedido por concurso de oposición y mérito.

¿Si pudiera vivir de nuevo, haría lo mismo?

Eso en cierta medida me hace acordar a algo que me había dicho mi padre, que era un hombre que había estudiado abogacía y que luego tomó otro rumbo pero era un gran lector, ese 22 de marzo momentos antes de que me subiera a la Onda para ir a estudiar a Montevideo, me dijo “nunca seas masón, y se cristiano, pero cristiano, no católico, porque vos tenes que respetar a alguien y tenes que respetar a Dios. Y siempre fui Cristiano y respeté a todo el mundo, si pudiera vivir de nuevo, viviría de igual manera.

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Néstor “Bomba” Echevarría.. Animador, locutor, disc jockey y pionero del cine marchante

El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
¿Qué recuerda de sus inicios?
“Lo tengo bien presente porque en ese momento lo que estaba de moda era Rock alrededor del reloj,  grabado por Bill Haley y el tablado se llamaba Bailando rock.
Dos o tres años más tarde, quien tenía la amplificación en ese tablado, que era el señor Abel Vispo, adquiere una parte bastante grande, diría un 75 % de los equipos que pertenecían a  La Voz Gigante, empresa que se dedicaba a dar luz y música en las Kermesse bailables que se realizaban en campaña y animar con discoteca de la época algunos bailes en el centro y otros eventos sociales, como cumpleaños, casamientos y demás.
Yo pasé a formar parte de esa empresa a la cual se le cambió el nombre y se le puso Columbia” – rememora “Bomba”.
¿Y cómo se dieron esos comienzos?
-“Salimos a brindar los servicios nuestros por la campaña  y es así que conozco casi todos los pueblos del departamento de Salto, parte de Artigas y parte de Paysandú también, hasta que surge la idea de salir a ofrecer en los barrios algo que ya era muy popular acá, que eran los cines callejeros, a lo cual La Voz Gigante le había puesto un nombre que era Microcines y a la gente le llegó mucho.
Así fue que surgió Columbia, como competencia de Stentor que seguía dando cine en la calle.
Pasamos  a llevar a los barrios esa alegría sana  para toda la familia, que era el cine, pero con otra mentalidad totalmente diferente.
Es decir… dejamos un poco de lado las producciones de cine argentino  porque considerábamos que había películas que habían sido dadas en varias temporadas
Algún tipo clásico del cine argentino  lo dimos sí, como no, pero también llevamos a los barrios la primera película color que se exhibía, aproximadamente en 1960, proyectada en 35 milímetros.
Más tarde a través de los años, nos dedicamos a proyectar películas en 16 mms. Pero desde el arranque mismo en 35 milímetros, lo hicimos con proyectores profesionales.
Dimos Lo que le pasó a Reinoso, con Floren Delbene, Francisco Álvarez y Enrique Muiño… una gran novedad para los barrios.
Había gente que nos seguía de barrio en barrio, solo para ver una película color. En verdad… era toda una novedad.
¿Cómo era la sociedad salteña en esa época?
-“Muy tranquila y unida… con un respeto tremendo no solo a los seres queridos, a los padres, sino a la propia gente.
Nosotros en los años que dimos cine jamás tuvimos ningún inconveniente en ningún barrio.
Hoy no sé si ocurriría lo mismo… pero desde ya le digo que me parece que no. No existían muchas cosas que existen hoy, como la pasta base, cocaína, marihuana.
A lo sumo lo que podía acontecer en aquel entonces… era que en un espectáculo cinematográfico aparecieran dos o tres personas ebrias, nada más.
Era algo sano y la imagen que guardo es de una abuela, que con sus nietitos y con sus hijos a veces se iba de un barrio al otro, cuando le gustaba una película.
Iban por ejemplo del barrio Baltasar Brum al Palomar,  o de Salto Nuevo al Ceibal, para  ver una película porque le había gustado mucho. Era “totalmente gratis y auspiciado por firmas comerciales de nuestro medio”.
¿Por qué eligió llevar adelante este proyecto?
-“Primeramente porque en mi niñez acudía a los cines.
Nunca pensé que en el día de mañana iba a proyectar cine para otra gente., Yo era un espectador más, tanto para La Voz Gigante, como para la Organización Stentor.
Por supuesto que nosotros estrenamos Cinemascope y la película que exhibimos fue El Manto Sagrado, con Víctor Matur, que después también a pedido de la Iglesia mormona, la exhibimos también en una sala que tienen en Zelmar Michelini. Fue uno de los grandes logros. Se exhibió en un local cerrado en barrio Artigas, que se llamaba Daniel Espasandín.
Se exhibió también A la Hora Señalada,  con Grace Kelly y Gary Cooper. Y saltamos rápidamente del cine americano al mexicano.
¿Era usted muy joven cuando ya estaba embarcado en estos importantes emprendimientos?
- “Muy jovencito… estamos hablando de dieciséis, diecisiete años… tuve una gran escuela. Fue una enorme satisfacción permanecer durante muchísimos años en Radio Cultural donde nací como profesional, siendo locutor comercial del equipo deportivo de la época. Pero mi pasaje como locutor disc jockey fue en 1967 en Radio Salto donde estuve cinco años.
¿Cómo fue su relación con la gente?
-“Excelente… siempre fue muy buena… tengo setenta años y jamás tuve un inconveniente con una persona en ningún barrio de Salto… he aprendido en la vida a respetar y me han respetado”. Considero que muchos valores se fueron perdiendo porque el quiebre original se fue dando en la familia. Por otra parte, el mundo no se quedó estancado… se continuó caminando y aparecieron cosas nuevas… apareció la droga trayendo consigo todas las complicaciones que ello implica y se fue perdiendo el respeto hacia los padres.
¿Cómo vivió su niñez?
-“Hice todo lo que tiene que hacer un niño en diferentes edades… tal vez me apresuré un tanto en ser una persona adulta. Yo conocí a los doce algunas cosas que otros las conocieron con dieciséis, pero todo fue en base a mi trabajo. Me crié con mi mamá y cuatro hermanos (una hermana y tres hermanos)… mi madre Elcia González en la actualidad, tiene 87 años. Mi padre falleció cuando aún era un niño. Le daba un descanso a mi madre… como yo trabajaba me hacía cargo de mi propia vestimenta”.
Néstor (que ya es abuelo y bisabuelo) es padre de cinco hijos y los más pequeños tienen 8 y 5 años… los mayores ya tienen cincuenta.
¿Qué otras actividades marcaron su trayectoria?
-“A partir de 1968 trabajé en el Canal 8 durante cinco años e hice todo lo que se puede hacer en televisión, pasé de plaquista a operador… fui camarógrafo, locutor en off, entre tantas otras funciones…
En esos comienzos de la televisión en Salto había mucho para hacer y debíamos echar mano del ingenio; no contábamos con los mismos medios de hoy.
Por suerte en mi vida he tenido tiempo para hacer muchas cosas y aprender… fíjese lo que son los caminos de la vida… del cine en 16 milímetros pasé en 35… estuve haciendo una temporada en el Cine Plaza (ubicado en aquella época en las inmediaciones de la Plaza de Deportes)… con el correr de los años llegué a los Estados Unidos y resulta que lo que había aprendido acá me sirvió para trabajar allá durante siete meses”.
¿Proyectos para hoy?
-“Comenzar a hacer la casa propia y unir a mi familia bajo ese techo – mi señora e hijos –  que va a ser de por vida. La familia para mí es todo… luego del kilometraje recorrido en mi juventud, a esta altura de la vida, siento la necesidad del hogar, del amor de mi señora y de mis hijos. En el 2004 debí enfrentar tres infartos y cuando se viven esas experiencias es cuando más que nunca aprendemos a valorar la vida”.
¿Cómo se siente hoy luego de un camino transitado?
-“La vida es un pasaje que tenemos por este mundo y durante el mismo debemos aprovecharlo en bien propio, en bien de la familia… servir como ejemplo sobre todo cuando tenemos hijos.
A nuestras aspiraciones debemos tratar en todo momento de transformarlas en realidades y por sobre todas las cosas… buscar siempre la felicidad”.

Publicado en - Especiales Semanales -, 2- Martes, Al DorsoComentarios (1)

Jorge Jacques, Director de 1 TV 20 años como productor de televisión

Jorge Omar Jacques Borba (Director de 1TV), nació el 2 de febrero de 1962, es casado con  Cristina Sánchez y tiene tres hijos: Joaquín, Belén y Juan Diego. Este año cumple dos décadas como productor de programas televisivos pero Jorge Jacques Video Producciones nació un año antes, con filmaciones de videos para turistas.  Debió enfrentar de muy joven la soledad que le transmitió vivir en la capital del país, lugar que abandonó tras solo un año de residir allí porque no podía estar lejos de los suyos. Superó momentos muy duros, que al recordarlos lo emocionan hasta las lágrimas. Se definió como una persona muy sensible y maniático con la tecnología, porque “lo es todo” y fue lo que le permitió marcar la diferencia.

¿Cómo fue su infancia y
adolescencia?
“Viví hasta los 7 años en República Argentina y Guaraní, en el Cerro; luego pasé a vivir con mis padres y  hermanos en una casa de la Zona Este. Fui a la UTU, hice el curso de electricidad y mientras estudiaba reparaba radios. A los 16 años trabajé en el taller eléctrico de ANCAP (Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland), después estuve cinco años en Centro Eléctrico, tuve que ir a Montevideo con ellos y extrañé tanto que me tuve que venir.
No sé cómo hay gente que se va así, la experiencia fue muy dura, buena porque aprendí a manejarme de otra manera, pero fue dura. Después tuve mi propio taller en Uruguay y Piedras durante 11 años.
Yo tenía claro que había algo en la electricidad que me gustaba, con el tiempo se fue transformando en algo más técnico”.
¿Cómo entró en el mundo
de la filmación?
“Después que me casé ya no funcionaba muy bien el taller y empecé a incursionar en el video.
Sergio Hornos fue el detonante para que yo entrara en esto de las cámaras de televisión, con él filmaba cumpleaños, casamientos y hacíamos publicidades.
Enseguida me di cuenta que eso era algo que me apasionaba y siento hasta el día de hoy la misma pasión. El siguiente paso fue vender un Fiat 600 que tenía y comprar mi primera cámara, que la tengo hasta el día de hoy. Yo ya estaba casado y tenía mi primer hijo.
Fue una decisión importante, mi esposa me apoyó en todo momento. ¡Había que hacer algo!”
Recuerda esos momentos y
se emociona, ¿por qué?
“Por todo, por como se fue dando. Recordar ese momento tan duro, mi señora estaba embarazada y teníamos que hacer algo. Hubo un lapso en que repartía viandas y hasta tuve que lavar manteles.
En ese entonces yo veía que en el Club Salto Uruguay venían muchas excursiones de turistas a comer de noche y cuando compré la cámara tenía pensado filmarlos y venderles el video. Ahí hablé con el guía y me dijo que eso se hacía mucho en Buenos Aires.
Filmá varios lugares importantes de Salto, ponéle una musiquita y mañana esperáme en el hotel- me dijo el guía. Y así fue. Hice 48 cassettes y los vendí a U$S 20 cada uno.
Fue un año bárbaro, empecé un viernes Santo y hasta noviembre había vendido 980 cassettes.
Era algo innovador en Salto y entonces invité a un amigo, Carlos Moreni, para que sacara la foto del grupo. Ahí ya me había comprado otra cámara”.
¿Cómo pasa de hacer videos a turistas a su primer programa de televisión?
“Al año siguiente nace el cable, me llama Víctor Hugo Solís para invitarme a hacer un programa de televisión que iba a salir en el cable de TV Mundo. Y así nació Estación Central, donde hacíamos toda la movida de Salto, más que nada discotecas”.
¿Cómo les fue con “Estación Central”?
“A los tumbos. Mirá, hasta hacíamos croma, tenía una tela verde en el living de mi casa y yo le ponía imágenes atrás y esa era la escenografía; ahí hacíamos el programa.
En el equipo éramos dos y a veces iba Germán Coutinho, se grababan los pies y trabajábamos prácticamente toda la semana para sacarlo el fin de semana. Se editaba en cinta, había que ir sincronizando y pegando en cassette, era mucho más trabajo que ahora, tenía que ir con el cassette y pasarlo yo, porque no había un canal funcionando.
Después hablamos con Paulino Delsa para hacerlo en vivo al programa, llevamos todo el equipo y salimos un domingo en vivo.
Me acuerdo que mirábamos quieénes eran los abonados y los llamábamos.
Así empezó y continuó, porque no se podía creer lo que era. Al día siguiente voy a decirle  a Paulino que me iba a llevar las cosas y me dijo que las deje ahí, que íbamos a seguir en vivo. Y así empezó el que en ese entonces era el canal 3 de TV Mundo, después empezaron otros programas y así todo”.
¿Cuándo nota un cambio
importante en ese proceso?
“Empecé a generar programas, hacía micros de informativos, cubríamos algunas cosas, armábamos informes y fuimos creciendo. Ahí ya era Jacques Video Producciones, hasta que el grupo Clarín compra el cable, se terceriza el canal y yo me quedo a cargo. Ese fue el gran cambio, en el año 2000 y aparece Uno TV.
También en el 2000 apareció la primera cámara digital y el cambio en la imagen fue rotundo. Pudimos mejorar, pasamos a una cámara que tenía mucho mejor calidad de imagen”.
¿Es difícil mantener un
canal en el interior?
“Es muy difícil y cada vez es más difícil. Cuando yo empecé en el cable los canales de Montevideo no llegaban como llegan ahora. Antes manoteábamos alguna publicidad estatal, después cuando esos canales empezaron a estar en el cable para ellos la llegada en el interior se daba igual.
Por suerte el medio local apoya. Hay gente que me decía -¿qué vas a hacer programas locales y competir con los canales de  Montevideo o de Buenos Aires?- Pero si se hacen las cosas con calidad y buenos productos se puede competir.
Hay cosas que se pueden hacer bien, dentro de las limitaciones que tenemos.
Acá muchos son periodistas, camarógrafos o editores porque aprendieron trabajando, nadie estudió nada. Y más de una vez me iban a pedir trabajo y me decían -¿pero mirá que no se nada de cámaras?, y bueno, eso se aprende, les decía yo, haciendo las cosas bien”.
¿Qué espera de cada producto?
“Que tenga un nivel, que no sea algo simple, que tenga un contenido, que no sea porque viene fulanito y quiere hacer un programa. En contra muchas veces de lo comercial y de muchos intereses, prefiero buscar programas que tengan una categoría, un cierto nivel. Y creo que eso es lo que me ha posicionado bastante bien a nivel del interior del país”.
¿La Inversión es la clave?
“La gran diferencia que creo que pude marcar es en la técnica. Hace quince años atrás si hacías zapping sabías cuál era el canal local porque la diferencia en la imagen era abismal, hoy eso no se da.
Tenemos menos equipamiento que los canales de Montevideo, pero estamos acá”.
¿Cómo se ve dentro de unos años?
“Hoy en día a mi me sigue apasionando la televisión de la misma manera que al principio. Yo soy bastante maniático con la calidad, soy muy exigente conmigo mismo, no solo por la calidad sino por el contenido.
Hay muchas cosas para hacer, pero siempre te golpeás con lo mismo.
Hoy por ejemplo es casi imposible ir a hacer un partido de fútbol porque la Liga (Liga Salteña de Fútbol) te pide un montón de plata; antes te pedía por favor que fueras. Y esas cosas han ido cambiando. Otra cosa que me trae mal es que desde hace varios años no he podido invertir en algún cambio, en traer más tecnología, porque eso lo es todo. Pero este año voy a ver si puedo invertir en eso”

¿Cómo fue su infancia y adolescencia?

“Viví hasta los 7 años en República Argentina y Guaraní, en el Cerro; luego pasé a vivir con mis padres y  hermanos en una casa de la Zona Este. Fui a la UTU, hice el curso de electricidad y mientras estudiaba reparaba radios. A los 16 años trabajé en el taller eléctrico de ANCAP (Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland), después estuve cinco años en Centro Eléctrico, tuve que ir a Montevideo con ellos y extrañé tanto que me tuve que venir.

No sé cómo hay gente que se va así, la experiencia fue muy dura, buena porque aprendí a manejarme de otra manera, pero fue dura. Después tuve mi propio taller en Uruguay y Piedras durante 11 años.

Yo tenía claro que había algo en la electricidad que me gustaba, con el tiempo se fue transformando en algo más técnico”.

¿Cómo entró en el mundo de la filmación?

“Después que me casé ya no funcionaba muy bien el taller y empecé a incursionar en el video.

Sergio Hornos fue el detonante para que yo entrara en esto de las cámaras de televisión, con él filmaba cumpleaños, casamientos y hacíamos publicidades.

Enseguida me di cuenta que eso era algo que me apasionaba y siento hasta el día de hoy la misma pasión. El siguiente paso fue vender un Fiat 600 que tenía y comprar mi primera cámara, que la tengo hasta el día de hoy. Yo ya estaba casado y tenía mi primer hijo.

Fue una decisión importante, mi esposa me apoyó en todo momento. ¡Había que hacer algo!”

Recuerda esos momentos y se emociona, ¿por qué?

“Por todo, por como se fue dando. Recordar ese momento tan duro, mi señora estaba embarazada y teníamos que hacer algo. Hubo un lapso en que repartía viandas y hasta tuve que lavar manteles.

En ese entonces yo veía que en el Club Salto Uruguay venían muchas excursiones de turistas a comer de noche y cuando compré la cámara tenía pensado filmarlos y venderles el video. Ahí hablé con el guía y me dijo que eso se hacía mucho en Buenos Aires.

Filmá varios lugares importantes de Salto, ponéle una musiquita y mañana esperáme en el hotel- me dijo el guía. Y así fue. Hice 48 cassettes y los vendí a U$S 20 cada uno.

Fue un año bárbaro, empecé un viernes Santo y hasta noviembre había vendido 980 cassettes.

Era algo innovador en Salto y entonces invité a un amigo, Carlos Moreni, para que sacara la foto del grupo. Ahí ya me había comprado otra cámara”.

¿Cómo pasa de hacer videos a turistas a su primer programa de televisión?

“Al año siguiente nace el cable, me llama Víctor Hugo Solís para invitarme a hacer un programa de televisión que iba a salir en el cable de TV Mundo. Y así nació Estación Central, donde hacíamos toda la movida de Salto, más que nada discotecas”.

¿Cómo les fue con “Estación Central”?

“A los tumbos. Mirá, hasta hacíamos croma, tenía una tela verde en el living de mi casa y yo le ponía imágenes atrás y esa era la escenografía; ahí hacíamos el programa.

En el equipo éramos dos y a veces iba Germán Coutinho, se grababan los pies y trabajábamos prácticamente toda la semana para sacarlo el fin de semana. Se editaba en cinta, había que ir sincronizando y pegando en cassette, era mucho más trabajo que ahora, tenía que ir con el cassette y pasarlo yo, porque no había un canal funcionando.

Después hablamos con Paulino Delsa para hacerlo en vivo al programa, llevamos todo el equipo y salimos un domingo en vivo.

Me acuerdo que mirábamos quieénes eran los abonados y los llamábamos.

Así empezó y continuó, porque no se podía creer lo que era. Al día siguiente voy a decirle  a Paulino que me iba a llevar las cosas y me dijo que las deje ahí, que íbamos a seguir en vivo. Y así empezó el que en ese entonces era el canal 3 de TV Mundo, después empezaron otros programas y así todo”.

¿Cuándo nota un cambio importante en ese proceso?

“Empecé a generar programas, hacía micros de informativos, cubríamos algunas cosas, armábamos informes y fuimos creciendo. Ahí ya era Jacques Video Producciones, hasta que el grupo Clarín compra el cable, se terceriza el canal y yo me quedo a cargo. Ese fue el gran cambio, en el año 2000 y aparece Uno TV.

También en el 2000 apareció la primera cámara digital y el cambio en la imagen fue rotundo. Pudimos mejorar, pasamos a una cámara que tenía mucho mejor calidad de imagen”.

¿Es difícil mantener un canal en el interior?

“Es muy difícil y cada vez es más difícil. Cuando yo empecé en el cable los canales de Montevideo no llegaban como llegan ahora. Antes manoteábamos alguna publicidad estatal, después cuando esos canales empezaron a estar en el cable para ellos la llegada en el interior se daba igual.

Por suerte el medio local apoya. Hay gente que me decía -¿qué vas a hacer programas locales y competir con los canales de  Montevideo o de Buenos Aires?- Pero si se hacen las cosas con calidad y buenos productos se puede competir.

Hay cosas que se pueden hacer bien, dentro de las limitaciones que tenemos.

Acá muchos son periodistas, camarógrafos o editores porque aprendieron trabajando, nadie estudió nada. Y más de una vez me iban a pedir trabajo y me decían -¿pero mirá que no se nada de cámaras?, y bueno, eso se aprende, les decía yo, haciendo las cosas bien”.

¿Qué espera de cada producto?

“Que tenga un nivel, que no sea algo simple, que tenga un contenido, que no sea porque viene fulanito y quiere hacer un programa. En contra muchas veces de lo comercial y de muchos intereses, prefiero buscar programas que tengan una categoría, un cierto nivel. Y creo que eso es lo que me ha posicionado bastante bien a nivel del interior del país”.

¿La Inversión es la clave?

“La gran diferencia que creo que pude marcar es en la técnica. Hace quince años atrás si hacías zapping sabías cuál era el canal local porque la diferencia en la imagen era abismal, hoy eso no se da.

Tenemos menos equipamiento que los canales de Montevideo, pero estamos acá”.

¿Cómo se ve dentro de unos años?

“Hoy en día a mi me sigue apasionando la televisión de la misma manera que al principio. Yo soy bastante maniático con la calidad, soy muy exigente conmigo mismo, no solo por la calidad sino por el contenido.

Hay muchas cosas para hacer, pero siempre te golpeás con lo mismo.

Hoy por ejemplo es casi imposible ir a hacer un partido de fútbol porque la Liga (Liga Salteña de Fútbol) te pide un montón de plata; antes te pedía por favor que fueras. Y esas cosas han ido cambiando. Otra cosa que me trae mal es que desde hace varios años no he podido invertir en algún cambio, en traer más tecnología, porque eso lo es todo. Pero este año voy a ver si puedo invertir en eso”

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Renée Margarita Díaz Sartou: Maestra por convicción desborda su amor a los niños

Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
¿Cómo inició su carrera?
Mi familia se integraba por mis padres y tres hermanos, como cualquier chiquilina fui a la escuela- Nº 3-  después fui al liceo Osimani y Llerena, hermoso liceo… el único que había y en aquellos años si tenías buena nota  pasabas de cuarto año al Instituto Normal Salto, que entonces no era oficial, era la Asociación Magisterial que lo había abierto para ayudar a que estudiaran magisterio en Salto. Entré allí en el año 60. Entonces se pedía al gobierno que se oficializara, porque era particular y se logró. El Estado decidió crear el Instituto de Formación Docente, el actual, que cumplió el año pasado 50 años, y allí estuvimos como alumnas fundadoras.
¿Sentía que tenía vocación para ser maestra?
Siempre jugaba a ser maestra, en aquella época los juegos de niños eran muy sencillos, siempre con  las amiguitas de la cuadra poníamos  alumnos y uno hacía de maestra–yo hacía de maestra” recuerda Renée con gracia. “A veces hacía de alumna, pero me encantaba hacer todo lo que hacía la maestra, incluso jugábamos con esas piedritas muy bonitas que encontrábamos, y hacíamos la fila de la escuela y adelante la maestra y la directora.
Pero en realidad no sabía cuál era mi vocación, mamá siempre decía ‘tenés que estudiar’, y creo que era ella la que más quería (que estudiara magisterio), a mí me gustaba, pero quería ser abogada, pero para eso tenía que ir a Montevideo, y ahí se me cerraron las puertas. Luego  encontré que estaba bien, y cuando entré, ¡me encantó!, vi que era lo mío, ese contacto con los niños me apasionó, además el grupo humano con las compañeras… era otra forma de encarar todo, los profesores estaban muy junto a los alumnos. Fuimos una generación muy privilegiada con grandes profesores tanto en el liceo como en el instituto.
¿Cuál fue su primer trabajo como maestra?
Al recibirme fui a una escuela rural, donde no sabía ni dónde estaba (se ríe), en Zanja de Alcain. Don Ramón (Vinci) me enseñó dónde quedaba, era el intendente y en ese momento estaba trabajando con él porque en el interín donde  se pedía la oficialización del instituto mis compañeras me mandaban a la radio a hablar, porque me destacaba en la lectura, me daban los papeles y yo iba a la radio a leer, y en una de esas idas, el director que era Don Ramón Vinci dijo que quería que fuese locutora, en ese momento no contesté nada, pero una compañera (Margarita) decía que sí, llegué a mi casa, lo comenté  y mamá me dijo ¡Qué esperanza, ni sueñes!, y a mí ya me había gustado, tenía 17 años. Yo lloraba, despacito, en los rincones de vez en cuando hasta que mamá me dijo que fuera. Empecé, no sabía nada, pero tenía la voz, me adapté y estuve hasta que me recibí.
La escuela quedaba en el camino entre las Termas del Arapey y Colonia Lavalleja. Cuando fui inspectora me tocó cerrar la escuela…, con una tristeza enorme, porque la había visto abrir.
¿Cuáles fueron las siguientes?
Luego empecé a dar concursos, me presenté a un concurso para directores, empecé mi carrera siempre de directora. Fui directora efectiva en  la escuela Nº 34 de Pueblo Biassini, después vine a la 16 de Parada Herrería, ahí ya había hecho la especialización  rural, después me trasladé a la 14 de Barrio Albisu y vino la destitución. Las primeras destituciones del gobierno militar en Salto fueron 14 directores y entre ellos estaba yo. Yo estaba embarazada de mi hijo más chico (Alexandro), recuerdo que lloré todo un mes, fue el 8 de marzo, y el 8 de abril nació mi hijo, y nunca más me acordé que era maestra, para mí mi hijo fue lo más importante, crié a mis hijos, tenía dos más, y por 9 años me dediqué a ellos  y volví a la radio que por ser maestra rural había tenido que dejar.
Con la democracia volví sorteando todo, porque había hecho especialización de directores, di concurso de director, tenía las etapas prontas, me había ido bien y entonces cuando terminé, nombran a una compañera inspectora departamental y ella dijo que no. Enseguida me hablaron a mí. Siempre fui muy audaz y me fue muy bien, fue una experiencia linda, la meta siempre fue recibir a todos los maestros como a mí me gustaba que me recibieran y eso me dio mucho éxito en la relación con los maestros.
¿Cuál fue su mejor etapa?
Todas las etapas fueron lindas. Pero cuando fui a dar el concurso de directores estaba embarazada (de Giovani su segundo hijo), y tenía que terminar la etapa, porque después que naciera ese niño yo no iba a estudiar más, había que ir a Montevideo, fui en avión, con el bolsito pronto porque podía nacer, di el examen con los dos bolsos al lado, el mío y el del bebé. Logré llegar a Salto y ese día nació.
¿Todos los embarazos se dieron en un momento particular?
Sí, cuando Luigi el mayor, tenía tres meses fue en la época cuando las cámaras se disolvieron. Recuerdo que escuché en la radio que los militares habían roto las cámaras-el golpe de Estado- yo lloraba y pensaba. Qué será del Uruguay ahora, qué será de esta criatura.
Después volvió la democracia, ¡qué alegría!, al otro día todos volvíamos a los cargos que nos habían sacado, yo tenía todas las direcciones de Salto para elegir, y elegí mi barrio (Malvasio), al lado de mi casa.
¿Qué es lo que más extrañó de su labor al jubilarse?
Me jubilé el último día del año 1996, lo que más extrañé fueron  las visitas a las escuelas rurales, es lo más bonito, los niños, los maestros. Era la expectativa todas las semanas, saber a qué lugar iría.
¿Tiene alguna materia pendiente?
Sí, manejar autos, si bien aprendí a manejar, me pongo tan nerviosa que no puedo. Mi padre siempre tuvo auto, pero decía que las mujeres no manejan. Mi hermana y yo fuimos víctimas de eso y quedamos traumadas, tenés ese miedo de matar alguien.
¿A qué dedica su tiempo libre hoy?
Actualmente soy fiscal de la Cooperativa (COVIFOEB, COVISUNCA) donde vivo, y me siento orgullosa de vivir allí, al punto que si me regalan una casa no me voy.
Estoy escribiendo la historia de la cooperativa porque es muy rica, trabajamos en la época de la dictadura.
Además tengo mi amor, que es la historia de Salto, tengo mucho escrito, pero todavía me falta y a veces pienso; ‘tengo 70 años, me puedo morir, tengo que apurarme’, pero me animó mucho mi hijo mayor que es profesor de literatura, que me dijo ‘no te aflijas mamá, vos escribí, cualquier cosa que  pase, yo te termino el libro’ (se ríe).
Renée comentó que mucho material consiguió cuando trabajaba en la radio donde tenía un programa que se llamaba “Remembranzas”,  entrevistó a mucha gente y aún conserva las grabaciones. Tiene la historia de todas las escuelas, de todos los clubes de fútbol.
¿Qué  le diría a los maestros de hoy?
Los maestros son los mismos siempre, los de hoy son como nosotros, y queremos que sigan, que el alumno tenga ese cariño por su maestro. Les diría que tengan fe, que tengan confianza que frente a todas las dificultades  que existen hoy con los padres (no todos) que no comprenden, y hasta le pegan al maestro, que sigan creyendo en los niños, que de pronto detrás de una cara con problemas que te dice una mala palabra esconde que está sufriendo por algo, que investiguen, y de acuerdo con ello buscar una solución y que les den cariño, amor que es la llave fundamental en todas las relaciones humanas.

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Con La Licenciada en Comunicación Social Leticia Pou: Una cordobesa que recaló en Salto

Desde su Córdoba natal a Salto: “Aquí el ritmo de vida nos permite valorar muchas cosas”, nos dijo  Leticia Pou, proveniente de una urbe bastante más grande que la nuestra. Formó familia con un joven biólogo del departamento de Treinta y Tres; luego la vida y los aconteceres laborales los llevaron a radicarse en nuestra ciudad y desarrollarse en el seno de la Udelar, ambos en sus sendas especialidades.
Leticia Pou Paredes (33) nació en Córdoba capital, ciudad donde el cantante Rodrigo declarara en sus canciones, la credencial más genuina de sus lugareños es la peculiar entonación que le imprimen a cada palabra.
Se graduó como Licenciada en Comunicación Social, un estudio que realizó convencida de una vocación que vislumbraba desde sus tiempos de adolescencia.
La contactamos en su marco inspirador – su espacio de trabajo  - en donde confiesa sentirse realizada y le planteamos las 10 preguntas que compartimos seguidamente.
Desde su Córdoba natal a Salto: “Aquí el ritmo de vida nos permite valorar muchas cosas”, nos dijo  Leticia Pou, proveniente de una urbe bastante más grande que la nuestra. Formó familia con un joven biólogo del departamento de Treinta y Tres; luego la vida y los aconteceres laborales los llevaron a radicarse en nuestra ciudad y desarrollarse en el seno de la Udelar, ambos en sus sendas especialidades.
Leticia Pou Paredes (33) nació en Córdoba capital, ciudad donde el cantante Rodrigo declarara en sus canciones, la credencial más genuina de sus lugareños es la peculiar entonación que le imprimen a cada palabra.
Se graduó como Licenciada en Comunicación Social, un estudio que realizó convencida de una vocación que vislumbraba desde sus tiempos de adolescencia.
La contactamos en su marco inspirador – su espacio de trabajo  - en donde confiesa sentirse realizada y le planteamos las 10 preguntas que compartimos seguidamente.
¿Es la primera vez que se radica en una ciudad del exterior?
- “En realidad, antes de venirme a Salto, estuve viviendo tres meses en Río de Janeiro.Fue por motivos personales, pues mi pareja estaba en ese entonces allí y estuve haciendo una capacitación en otra área en la cual trabajo que corresponde al Teatro del Oprimido.
Posteriormente retorné a Córdoba y luego sí me vine a Salto.
¿La especialidad Comunicación Social difiere mucho de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación que se promueven en nuestro país?
-“En realidad la Licenciatura en Comunicación Social es muy similar a la LICOM que está instaurada en Montevideo.
En la Universidad Nacional de Córdoba donde estudié está enfocada en la comunicación y sus diferentes áreas.
En los tres años básicos pudimos ahondar en las diversas teorías de la Comunicación y algunas teorías sociológicas y en el cuarto año pudimos hacer la elección para especializarnos.
Existen tres propuestas vinculadas a medios (radio, televisión y gráfica) y opté por la radio.
También se promueve un enfoque desde la Comunicación Institucional y también la Investigación”.
¿De alguna forma la inquietud investigadora fue la que la trajo aquí?
- “No…  en realidad el motivo primario de mi radicación fue porque mi novio Matías Victoria es uruguayo – nacido en Treinta y Tres pero está trabajando también aquí en Regional Norte; es biólogo y desarrolla su actividad en el Laboratorio de Virología. Estuvo trabajando mucho tiempo en Río de Janeiro y luego se trasladó aquí. Tuve la suerte de que salió un concurso en mi área y aquí estamos”.
¿Cómo se siente en tierra salteña?
-“Ya hace poco más de un año que estoy instalada y me he adaptado muy bien. Considero que con los uruguayos tenemos muchas cosas en común, al menos con los cordobeses (sonríe). Estoy muy cómoda y nunca me sentí extraña aquí… sí por allí algunas costumbres son diferentes pero no me costó adaptarme en ese sentido. La ciudad es mucho más pequeña pero igual es algo a  favor  porque el ritmo de vida de Salto nos permite valorar otras cosas.
Lo que extraño es el entorno familiar.
En Córdoba tengo mis padres, dos hermanos (una hermana mayor y un hermano menor) y dos sobrinas”.
¿Su proyección apunta a continuar trabajando aquí en Salto?
-“Sí pues de hecho ya tengo la residencia transitoria, que se les brinda a las personas que vienen a trabajar.
Así que la idea con Matías es seguir aquí.
A menudo tenemos la posibilidad de escaparnos un fin de semana tanto a Córdoba como a Treinta y Tres. Así que vamos alternando y la llevamos bastante bien”.  “Hoy me di cuenta que seguí el camino que quería… nunca tuve dudas”
Adentrándonos ahora en su historial laboral ¿Cómo descubre que le gustaba la Comunicación?
-“Siempre me atrajo lo vinculado a la expresión.
De chica sentí una atracción por la radio y la televisión y también me gustaba escribir. Hoy me doy cuenta que seguí el camino que realmente deseaba… nunca dudé.
Estaba entre realizar estudios de locución o comunicación social… mientras estuve estudiando se me dio la posibilidad de poder trabajar en algunos medios y se me alentó a seguir en ello.
A la vez mientras estaba estudiando también me di el gusto de cumplir una materia pendiente que me había planteado desde la adolescencia que fue poder hacer teatro… mi otra gran pasión. Pude vincular a la Comunicación con las actividades artísticas y culturales”.
¿Cuál fue su primera experiencia en su área?
-“Teníamos una cátedra dentro de la Universidad que era de Producción Radiofónica que nos daba como un período de práctica en una radio que era bastante importante en ese momento; NB2, una radio AM.
Estuvimos un mes haciendo práctica como Asistentes de Producción y justo en ese momento en la radio estaban necesitando más gente. Me propusieron quedar ad honorem un tiempo. Afortunadamente se fueron dando algunas otras cosas y fui ocupando otros roles. Lo bueno es que me relacioné en un principio con gente muy abierta y generosa que me dieron la oportunidad de diversificar mi trabajo y me aportaron muchas valiosas sugerencias.
También hice producción que es algo que me encanta y di con otra persona que hacía un programa humorístico e incluía elementos de guionado y dramatizaciones al estilo radioteatro.
En ese momento fue que empecé a perfilarme en la radio y en cuestiones más artísticas”.
Llevándolo a lo literal ¿Cómo es el trabajo de producción en el ámbito radial?
-“Para mí tiene que ver con gestionar los contenidos que van a salir al aire… qué es lo que hay detrás de lo que la gente está escuchando.
Es la tarea de armado previo a lo que luego el oyente va a escuchar. Desde pensar cuáles son los contenidos que van a encabezar el proyecto y qué fuentes se van a seleccionar para los mismos. Si se va a seleccionar música o se va a hacer hincapié en un punto específico”.
¿Cómo se lleva con el periodismo escrito?
-“Aún escribo artículos para una revista de Córdoba que es de una ONg y es algo que me llena, si bien es la parte que menos he desarrollado.
En esa revista tengo mi espacio para escribir artículos relacionados al Arte y a la Educación.
Me encanta leer, escribir y teniendo ese perfil dirigido hacia lo artístico y educativo, me lleva más a las cuestiones de opinión, a tomar una postura definida.
Creo que las realidades van cambiando y existen ciertas fórmulas que ya no sirven. Es necesario estar abiertos al pensamiento de los estudiantes… no estancarnos en teorías o acontecimientos que pasaron.
En la Udelar estoy dando clases de multiplicación del Teatro del Oprimido. Se trata de una metodología que fue creada por Augusto Boal; una corriente que busca hablar de problemáticas reales vinculados a la opresión, un derecho humano que no está siendo respetado.
Mediante técnicas teatrales primeramente conocer cuáles son las situaciones de opresión y luego llevarlo al diálogo, a la interacción… y que todo esto genere reflexión”.
Un proyecto que estén desarrollando en la Udelar…
-“Estamos aplicando esta metodología en algunos liceos, en la Obra Social Don Bosco y en la Cárcel Departamental de Salto con el Programa “Aprender Siempre, éste último apoyado por el Ministerio de Educación y Cultura.
También llevamos adelante talleres del Teatro del Oprimido con otro docente.
La experiencia es espectacular…  se vuelve muy significativa para las personas privadas de libertad porque no solamente les permite cortar con la rutina sino que pueden expresar otras cosas”.
En cuanto al futuro me veo “Con mi pareja y embarcada en este camino de la Comunicación y el arte teatral.
Ojalá sean en detalles que me hayan hecho crecer”.
Leticia Pou Paredes se siente una privilegiada porque ha podido desplegar sus dotes vocativas en todos sus emprendimientos… y sin dudas su temperamento empático la ha llevado a abrirse sus propias puertas.
Comunicarnos es comenzar a entendernos… y nos permitimos citar una frase de Paulo Freire: “el diálogo implica una mentalidad que no florece en áreas cerradas, autárquicas.
Éstas por el contrario constituyen un clima ideal para el anti diálogo. Para la verticalidad de imposiciones”.

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“Vender es una terapia”

Es imposible no asociar el microcentro salteño con la postal de la Plaza de los Treinta y Tres de fondo, y verlo a él allí, parado, observando todo lo que pasa, sin perderle pisada a nada, teniendo algo en claro, la mayor ganancia del día es el capital social que puede explotar en las mil charlas de la que forma parte en tan solo algunas horas de caminata y posibilidad de ventas de sus enseres, los que intenta colocar a buen precio, con la finalidad de llevar el pan para parar la olla.
Así es Héctor Manuel Irrazábal, que con 45 años de edad, es conocido como uno de los vendedores ambulantes más populares de calle Uruguay. Sus dos hijos son su mayor orgullo. “Yo los podía haber traído a trabajar conmigo, pero prefería ganarme el pan y dárselo a ellos para que estudien”, dijo.
Es salteño y del barrio Ceibal, palpita junto con la ciudad en sus calles más transitadas el sentir cotidiano, conoce el movimiento y a muchas personas que les llama “clientes”, pero que además son parte de su vida, de los que le dan alegría a diario y que además le permiten seguir con el negocio de la venta directa, que en el caso de nuestro entrevistado, es sin dudas su principal fuente de ingresos.
Pero Héctor Manuel tiene otra condición, muy distinta a la del vendedor “pesado y molesto” que solo trata de vender a cualquier precio para ganarse unos mangos, una que nos llamó mucho la atención, la de haber hecho cursos con especialistas tibetanos en lo que él llama “la armonización del ser”. Lo descubrí cuando en uno de esos días que aunque apurado por llegar a destino, me tomé un segundo para reconocerle y estrechar su mano, su sonrisa a cuestas y su palabra que queda en el medio de un “algo te tengo que decir”, fueron motivo para que a veces uno se tome unos segundos y escuche lo que el otro tiene para decir.
En este caso, Héctor, tras estrechar mi mano, describió lo que él percibía de mi condición humana y lejos de parecerse a una gitana de esas que a veces pululan por el centro y otras veces desaparecen, o a un vulgar o bizarro vendedor de palabras e ilusiones que pide unas monedas a cambio de decirte qué te va a pasar hoy, me dijo un par de cosas interesantes, que determinaron mi interés en mantener una charla abierta y sin restricciones con él, la que resumimos hoy, para nuestra sección semanal Al Dorso.
Es imposible no asociar el microcentro salteño con la postal de la Plaza de los Treinta y Tres de fondo, y verlo a él allí, parado, observando todo lo que pasa, sin perderle pisada a nada, teniendo algo en claro, la mayor ganancia del día es el capital social que puede explotar en las mil charlas de la que forma parte en tan solo algunas horas de caminata y posibilidad de ventas de sus enseres, los que intenta colocar a buen precio, con la finalidad de llevar el pan para parar la olla.
Así es Héctor Manuel Irrazábal, que con 45 años de edad, es conocido como uno de los vendedores ambulantes más populares de calle Uruguay. Sus dos hijos son su mayor orgullo. “Yo los podía haber traído a trabajar conmigo, pero prefería ganarme el pan y dárselo a ellos para que estudien”, dijo.
Es salteño y del barrio Ceibal, palpita junto con la ciudad en sus calles más transitadas el sentir cotidiano, conoce el movimiento y a muchas personas que les llama “clientes”, pero que además son parte de su vida, de los que le dan alegría a diario y que además le permiten seguir con el negocio de la venta directa, que en el caso de nuestro entrevistado, es sin dudas su principal fuente de ingresos.
Pero Héctor Manuel tiene otra condición, muy distinta a la del vendedor “pesado y molesto” que solo trata de vender a cualquier precio para ganarse unos mangos, una que nos llamó mucho la atención, la de haber hecho cursos con especialistas tibetanos en lo que él llama “la armonización del ser”. Lo descubrí cuando en uno de esos días que aunque apurado por llegar a destino, me tomé un segundo para reconocerle y estrechar su mano, su sonrisa a cuestas y su palabra que queda en el medio de un “algo te tengo que decir”, fueron motivo para que a veces uno se tome unos segundos y escuche lo que el otro tiene para decir.
En este caso, Héctor, tras estrechar mi mano, describió lo que él percibía de mi condición humana y lejos de parecerse a una gitana de esas que a veces pululan por el centro y otras veces desaparecen, o a un vulgar o bizarro vendedor de palabras e ilusiones que pide unas monedas a cambio de decirte qué te va a pasar hoy, me dijo un par de cosas interesantes, que determinaron mi interés en mantener una charla abierta y sin restricciones con él, la que resumimos hoy, para nuestra sección semanal Al Dorso.
¿Cuáles son tus orígenes y cómo se compone tu familia?
Nací acá en Salto, en el barrio Ceibal, pero viví en varios lados diferentes. Estuve recorriendo varios países, trabajé en una empresa japonesa de fotocopiadoras como administrativo, trabajé con unos alemanes también, hice trabajos de pintura por el exterior y después estuve muchos años en Buenos Aires hasta que me vine a Salto. Tengo dos hijos que son argentinos, uno de 25 años que se está por recibir de abogado y el otro de 21 que estudia magisterio, ambos viven en Salto conmigo.
¿Cómo te definís: Un vendedor, un charlatán, un chanta o un trabajador?
Todo esto de venir a vender tiene una historia. Cuando me vine de vacaciones a Salto, con la vorágine de la juventud me gastaba todos mis ahorros. Y después tenés que generar, entonces empecé a salir junto a compañeros de acá que ya tenían experiencia y que eran vendedores de años. Vendíamos rifas o lo que sea. Entonces decidí venirme a vivir acá y como la gente me ha recibido bien, me ha brindado cariño, me ha dado un lugar y me ha dado respeto, pero un respeto con cierta dignidad, me quedé. Hoy en día la gente me conoce como un amigo, ese que está ganando un peso honradamente y brindándole todo lo que le pueda ayudar. Creo que no existe persona que pueda pensar que soy un chanta, porque todo el mundo te conoce. Vos caminás bien y te ganás el respeto de la gente. Y trabajando generás ese feedback (ida y vuelta) que te dicen que quizás ese día no te compran nada, pero al día siguiente sí, porque te ven esforzándote todos los días. Luchándola honradamente y caminando bien, con respeto, porque el respeto es la llave de todo. Y con respeto y cordialidad abrís todas las puertas.
¿Sentiste el prejuicio de la gente alguna vez?
En la calle se encuentra de todo, yo creo que la gente cuando hace prejuicios los tiene por los mismos problemas que los afectan a ellos. Estaba un día vendiendo frente a la puerta del Banco y cruzó un señor al cual le ofrecí venderle algo y reaccionó mal conmigo. Yo, violín en bolsa, quedé quietito, no le dije nada y tampoco le agredí, la dejé pasar porque pensé que esa persona tuvo un mal día. Al rato, siento que alguien me abraza por la espalda y pensé que sería uno de mis compañeros y le digo, ‘pará soltame’. Y miro y era el mismo tipo que me dijo ‘te vengo a pedir perdón, porque te traté mal, es que tenía un cheque que no lo pude cobrar. Yo se que vos te estás ganando el peso honradamente, decime qué vendés que te voy a ayudar’. Y ese es el respeto que uno siente que se ganó de toda la gente.
¿Lo que haces te da para vivir? ¿De qué vivís?
Yo vivo de lo que hago y lo que hago es vender en la calle. Y con eso mantengo a mis hijos, porque para ellos me da. Nunca quise que ellos salieran a trabajar. Podía haberlo hecho para que generaran ellos también, pero siempre luché para que tuvieran una mejor calidad de vida. Que ellos hayan estudiado no me garantiza nada, pero el día de mañana me sentiré tranquilo de que les di la chance de tener mejores herramientas para defenderse en la vida.
¿Es fácil en este tipo de trabajos y con la vida en la calle, caer en la bohemia?
No es difícil, pero por ejemplo. La gente que trabaja y vende con nosotros le encanta jugar al billar, y el billar siempre es de noche. Además la gente tiene un preconcepto de que el billar es pura timba y de gente alcohólica, sin embargo es un juego de caballeros. Hay una Liga de por medio, hay equipos, hay mucha gente, hay cordialidad. Pero en el caso de la bohemia está la parte que no es tan buena y entonces por eso hay que saber elegir.
Me hablaste además de que trabajas en torno a la armonización del ser. ¿A qué te referís con eso?
Tuve maestros budistas en Buenos Aires, que estaban en los barrios de Belgrano y Barracas. Y tuve amigos que también estaban en el tema y que habían hecho cursos en un templo budista, e hicimos unos cursos con una profesora inglesa, que estaba afincada allá y que era muy macanuda. La idea con todo esto es que la persona se encuentre realmente con su otro yo. Porque a veces nos peleamos y ahí es cuando generamos baja autoestima, generamos ira, y son todas cosas que nos hacen mal. Entonces se trata de ejercicios de respiración donde la persona se va concentrando y generando en sí una evolución, que la depura de todas las cosas malas, la mala onda, la envidia. Y yo lo hago con gente que me lo pide y no le cobro un peso por eso, porque creo que es para ayudar a hacer el bien.
¿Es posible, da resultados en serio?
Sí claro que es posible. Y es más, yo si voy a ayudar a alguien solicito que algún familiar esté presente y si lo puede filmar mejor. Porque ahora todos pueden hacerlo a través del teléfono celular.  Entonces lo hago para que se vea a sí mismo cómo es realmente, porque cuando entrás a hacer un ejercicio de meditación, de repente estás concentrado en eso y después te gustaría ver qué te pasó o qué no te pasó, por la misma curiosidad y porque le brinda una tranquilidad a la persona que confió en cerrar los ojos, tranquilizarse, tratar de sentirse bien. Y entonces si lo filman le digo: ‘mirá esto fue lo que pasó’ y eso sirve a modo de documento para que la persona se vea a sí misma.
¿Te ayuda eso a vos en tu vida personal?
El ser humano desde el momento en que sale a la calle se tiene que sentir bien consigo mismo. Por eso pienso que si todas las personas tratáramos de vivir con mayor cordialidad, respeto y ayuda mutua, sería mucho más fácil todo. Porque lo que pasa es que ocasionamos peleas con nosotros mismos de acuerdo a cosas que no podemos superar. Recuerdos que nos han marcado a fuego, o presencias que sentimos que por ahí no nos hacen bien. Lo que yo hago es tratar de que la persona se armonice, que se encuentre. La idea es que se encuentre a sí misma, que se abrace como dos amigos que hace rato no se ven y de esa manera se logre la armonía total de la persona.
¿Te sentís bien haciendo eso?
Sí claro, en lo personal te hace sentir bien. Es como curar un enfermo en un Hospital, porque vos sentís que una persona está mal y te pusiste y la ayudaste a andar bien, vos te terminás sintiendo siempre bien con estas cosas. Yo lo pongo en práctica para mi vida, porque la idea es sentirme bien. Uno debe poner en práctica lo que quiere transmitirle a la otra persona, si no lo hace es porque no se quiere a sí mismo, y entonces no puede querer a nadie. Yo soy un trabajador y la mayoría de la gente que me compra también lo es, por eso siempre estoy abierto a chicos, grandes, hombres y mujeres, a quienes quieran preguntarme estas cosas.
¿Si tuvieras que cambiar algo de tu vida, qué sería?
No cambiaría nada, y si pudiera volver a empezar haría lo mismo, porque hay cosas a las que uno pertenece, hay estados de pertenencia. Y el charlar, el vender, el estar, sin querer, vendiendo, vos también le estás ofreciendo una terapia a la gente. Yo te voy a vender algo y te saludo con una sonrisa, te hago pensar distinto, entonces ya te genero una buena onda. Y ahí ya te vas a sentir bien porque estás sintiendo que sos útil y eso es lo importante en el ser humano, saber que se siente útil. Cuando uno se siente útil encuentra un lugar en el mundo enseguida y esa es la mejor arma para luchar.

Publicado en - Especiales Semanales -, 2- Martes, Al DorsoComentarios (0)

“Soy un agradecido por la aceptación que tuve”

Miguel Ángel Quintana de Moura es un hombre comprometido con dos objetivos: en primer lugar con el proyecto de EL PUEBLO, en su etapa actual, que ha tenido y sigue teniendo una fuerte apuesta a incluir en sus páginas la información que surge de la ciudad de Bella Unión. El segundo objetivo de Quintana es precisamente su adhesión incondicional a todas las buenas iniciativas que surgen en la ciudad cañera. Invariablemente todas estas apuestas saben que pueden contar con el apoyo de Quintana.
Con quien se desempeña como corresponsal de Diario EL PUEBLO en la ciudad de Bella Unión desde hace 21 años, dialogamos fluidamente, en una  charla amable y gentil y lo primero que nos dijo fue “soy un agradecido por la aceptación que tuve”.
Resulta un poco difícil,  además de un gran compromiso, tratar de resumir en tan poco tiempo y espacio, lo que es la trayectoria de Miguel Ángel Quintana en este diario, durante más de veinte años.
También ha tenido una extensa trayectoria en otros medios de comunicación como la radio y la televisión. Un ser humano accesible, cordial, que en una charla muy amena, así nos contaba, sobre sus inicios:

Miguel Ángel Quintana de Moura es un hombre comprometido con dos objetivos: en primer lugar con el proyecto de EL PUEBLO, en su etapa actual, que ha tenido y sigue teniendo una fuerte apuesta a incluir en sus páginas la información que surge de la ciudad de Bella Unión. El segundo objetivo de Quintana es precisamente su adhesión incondicional a todas las buenas iniciativas que surgen en la ciudad cañera. Invariablemente todas estas apuestas saben que pueden contar con el apoyo de Quintana.

Con quien se desempeña como corresponsal de Diario EL PUEBLO en la ciudad de Bella Unión desde hace 21 años, dialogamosMiguelQuintana fluidamente, en una  charla amable y gentil y lo primero que nos dijo fue “soy un agradecido por la aceptación que tuve”.

Resulta un poco difícil,  además de un gran compromiso, tratar de resumir en tan poco tiempo y espacio, lo que es la trayectoria de Miguel Ángel Quintana en este diario, durante más de veinte años.

También ha tenido una extensa trayectoria en otros medios de comunicación como la radio y la televisión. Un ser humano accesible, cordial, que en una charla muy amena, así nos contaba, sobre sus inicios:

¿De dónde es oriundo Miguel Quintana?

“De la ciudad de Artigas.  En el año 1978, me fui a Montevideo a estudiar meteorología. Y en el ‘80, ingresé a trabajar en la Estación  Nacional de Meteorología en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, y lo hice durante un año allí.

Cuando abre la Estación de Meteorología en Bella Unión, pido el traslado. Me lo aceptaron y ya en la noche anterior de que abriera estaba yo en el lugar.

Pensando siempre en después trasladarme a la ciudad de Artigas, donde tenía todos mis familiares, y resultó ser que me quedé para siempre en Bella Unión.

¿Formó entonces su familia allí?

Sí. En el año ’79, conozco a quien sería mi futura señora: Catalina, en Artigas.

Después de formalizar y conformar mi familia es que empezó mi labor en Diario EL PUEBLO.

Comienzan con el tiempo a llegar los hijos: Miguel, Mabel y Carlos, y luego los nietos, que son dos: Francesco y Victoria.

¿Cómo son sus primeros pasos en Diario EL PUEBLO?

Conocí a Don Walter Martínez en el año’81, y en ese entonces, trabajaba en la Dirección Nacional de Meteorología y estudié electricidad más adelante en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) durante dos años.

Me recibí como técnico electricista en el ’85, y trabajé en una empresa de electricidad hasta el ’92, que es cuando Walter me ofrece el trabajo en el diario, y dejé la empresa de electricidad.

Por un buen tiempo, realicé en forma paralela las dos actividades, en  Meteorología y Diario EL PUEBLO.

¿Recuerda sus primeras notas?

En aquellos comienzos, lo que recuerdo es que no fue nada fácil.

Tenía dos páginas para realizar, y había veces en que parecía volverme loco de tanto trabajo.

Tenía una moto chiquita y muchas veces me quedaba hasta altas horas  de la madrugada  girando, porque no me daban los tiempos. No lograba todas las notas, ni reunir el material.

Lo enviaba por el ómnibus y tenía una hora fija para hacerlo.

Luego, se hizo una reestructura en el año 2002, cuando lo de la crisis, y el diario quitó una página.

¿Eran esas notas muy variadas?

Las notas que realizaba eran muy diferentes y muchas.

Hacía todo tipo de periodismo.

En esas dos páginas, salía: sociales, deportivo, policiales, político, danzas, y  todo tipo de noticias.

Pienso que es una mezcla y más fácil. Porque uno sale a la calle y encuentra mucha más información.

¿Cuáles han sido sus satisfacciones de trabajar en el diario?

La mayor satisfacción que tengo de trabajar durante tanto tiempo en el diario, es que “estoy escribiendo la historia de Bella Unión”.

Hace veintidós años que la escribo.

Todos los días, recorto mi página del diario y lo voy acomodando encarpetado por año.

Tengo guardado todo, desde el 15 de Enero del año 1993, cuando comencé.

¿Cómo veía su familia su gran labor?

Hay que ver que me pasaba la noche inclusive escribiendo, porque no me daban los tiempos. Hasta las tres, o cuatro de la mañana, con una máquina Olivetti.

Con la computadora, hace siete años que comencé.

Tenía tiempo para algún paseíto algún domingo, que otro, pero el tema del diario es un trabajo continuo.

He realizado  periodismo  escrito, radial y televisivo, que actualmente lo hago, se llama: Panorama 10, primera edición que va de 12 a 13 Hs, por canal 10. Pero el periodismo escrito es el más difícil, y el más lindo. Esta entrevista que me está realizando por ejemplo, tiene usted que armarlo todo, para publicarlo.

En cambio los otros, no hay necesidad de un material para organizar.

¿Sus hijos, han seguido sus pasos?

Solamente uno, Carlos, es el que me acompaña en el canal, trabaja en la parte de consolas, como operador y vive conmigo en Bella Unión.

¿Está conforme con lo que ha hecho hasta ahora en el diario?

Pienso que tengo mucho para darle. Y estoy muy conforme con lo que he logrado hasta ahora. Me encanta lo que hago.

Sobre todo con la tranquilidad que uno trabaja. No se entromete nadie en mi trabajo.

Se que mi tarea es organizarlo todo, ponerlo dentro de un sobre y enviarlo. No tengo y no tuve nunca jamás, un problema con Walter, anteriormente, ni actualmente con Adriana.

Tal cual yo lo mando, así se publica. El diálogo con Adriana es muy bueno, está todo siempre bien y sin ningún problema. Es una excelente relación, que siempre mantuvimos y mantenemos.

¿Si tuviera la posibilidad de enviarle un saludo a  su gente que día a día, lo lee en Diario EL PUEBLO, qué le diría?

Seguramente el saludo no va a ser solamente para la gente de Bella Unión, porque entiendo que tengo también lectores de Salto que se interesan por lo que pasa en aquella ciudad.

Hay que ver que la página, apareció en un diario de Salto, y Bella Unión no pertenece al mismo departamento, pero vaya mi agradecimiento por aceptarlo. Ya que lo mío, es una mezcla de información con opiniones, haciéndolo con mucho respeto, y sobre todo con información muy veraz.

Soy un agradecido por la aceptación que tuve a nivel de periodismo,  me siento respetado por mi tarea, y a eso, yo lo valoro muchísimo”.

Miguel ha revelado siempre un gran agradecimiento a don Walter Martínez, conductor de EL PUEBLO, en su etapa actual y con quien Quintana compartió la pasión de Con Los Mismos Colores, el equipo celeste de Bella Unión más destacado en  los últimos años. A partir de allí Quintana supo desempeñarse no solo en el deporte, sino en todo lo que es la información q ue surge de la ciudad norteña. Martínez confió en él y Quintana lo ha reiterado en toda ocasión que ha tenido, para él don Walter ha sido mucho más que un patrón, ha sido un amigo entrañable.

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Daniel Guerra Un trovador peregrino en EL PUEBLO

Daniel Guerra, es un músico y cantautor, “que ha estado más fuera del país que dentro”, como él mismo lo señala. Visitó nuestra ciudad días atrás para realizar una presentación en el Hotel Concordia y dialogó con EL PUEBLO sobre su historia en la música y su proyección a futuro.

¿Ud.se considera casi “un producto” de la vida rural y campestre en particular…
Soy oriundo de Aiguá, Maldonado, pero hace 37 años que estoy radicado en Montevideo y me he  transformado en un peregrino de la música. Abocado durante muchos años a la tarea de la agronomía y veterinaria, el campo me inspiró y me formó en lo que se transformó en la base fundamental para la letra de mis discos, marcándome un estilo campestre.
¿Cómo nace su afinidad con la música y el canto?
“Yo con seis años andaba montado en un petiso e iba a la escuela rural. Hoy veo aquel niño que andaba silbando canciones de la época de los payadores, esas que escuchaba mi padre por la radio y es tan lejano. Me acuerdo de esa necesidad de hacer sonar algo, y que mi padre me hizo una guitarra de lata de dulce de membrillo,  con cuerdas y una caja con agujeros. Al tiempo me regaló una guitarra y yo no tenía idea qué era”, comentó Guerra al recordar su niñez.
¿Después tuvo que aprender música “en serio”
Sí, con 14 años me fui del pago a estudiar. “Yo creyendo que tocaba bien la guitarra me alejé por diferentes lugares y allí noté que no era así y después empecé aprender a tocar alguna milonga, algunas notas y posteriormente tomar contacto con profesores de relieve como el padre de Daniel Viglietti, César Viglietti, o Augusto de Giuli, o docentes como Rodolfo Tálice, de quienes me nutrí en la música”.
¿Cuáles son los géneros de su preferencia?
Mi discografía tiene un soporte musical que le enriquece, podemos hablar desde milongas, vals, chamarras, serraneras, entre otros. Con un canto que se desarrolla más bien en salones que en festivales. Muy ligado al quehacer rural.
Ahora está promocionando  su último disco “Antología”….
Sí efectivamente presenté este año un nuevo trabajo discográfico, “Antología”, que reúne los dieciséis temas de más trascendencia en mi carrera desde el año 1979 en adelante.
El hilo conductor de Antología es un tema que comencé a escribir en el año 2000, referido a “situaciones y estados anímicos de la vida del ser humano, según las circunstancias que atraviesa”.
-Tenemos entendido que el tema central tiene sus particularidades, una de ellas la extensión del mismo…
“Por el mundo que transito”, es el nombre del tema al que se refiere, que dura quince minutos en el disco Antología, y que es muy especial para su autor, porque tiene un contenido que refiere a la problemática del sistema que maneja el mundo. “Se refiere al ser que se ve muchas veces engañado por sus amigos, entre otras cosas. Mucha gente se identifica con este tema”.
Su música ha recorrido el mundo junto a Ud…
En el año 1979 comencé a grabar mi primer disco y continué ininterrumpidamente hasta ahora. He visitado muchos países, entre ellos Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Cuba, Francia, Portugal y España. En este último país lo hice en varias oportunidades, lo que me permitió tomar mayor contacto con esta sociedad y el año pasado permanecí allí en una gira de tres meses de duración.
¿Cómo ha sido la decisión de recorrer el camino de Santiago de Compostela, el que atrae a muchos peregrinos y qué le dejó?
He realizado el famoso camino de Santiago de Compostela, que me permitió “madurar muchas cosas y bajar los decibeles de otras. De alguna manera hacer el camino de Santiago de Compostela, sirve para poner al día muchas cosas, se mira por el lado religioso, pero también se lo puede hacer por muchos motivos, espiritual, filosófico, etc. Hacer ese recorrido tiene algo diferente, que lo lleva  a uno a la meditación, porque se encuentran bajadas y subidas, momentos planos en el recorrido y eso es muy similar a la vida misma, lo que permite autoanalizarse. Además se atraviesan diferentes aldeas, se comparte mucho, algo que a uno lo enriquece”.
Guerra después del camino a Santiago…
“A veces nuestro tiempo se mide en distancia y la distancia mide el pasado, pasado que ha sido base fundamental para mirar detenidamente cada paso que se avanza. Los caminos ofrecen un desafío descubriendo en él las maravillas y sensaciones intransferibles que ponen la dosis exacta y sutil para que avances cautelosamente…”
¿Qué temas incluye su “Antología”
Temas de su último disco Antología: “Por el mundo que transito”, “Campesino amigo”, “Mi brindis”, “El Milagro”, “De profesión meretriz”, “Loco mundo”, “Cuéntame paisano hermano”, “Mujer de todos los tiempos”, “El río no es solo eso”, “Charlando con uno mismo”, “Por el valle de agua”, “La patria gaucha”, “Cuando recién sale el sol”, “De paso en una bañada”, “Mi pueblo entre serranías”, “La rochense”. Quienes tengan interés en conocer en profundidad el trabajo de Daniel Guerra,  pueden contactarse con el cantautor a través de danielguerra@shggyrecords.com, o al celular 096271973.
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¿Ud.se considera casi “un producto” de la vida rural y campestre en particular…
Soy oriundo de Aiguá, Maldonado, pero hace 37 años que estoy radicado en Montevideo y me he  transformado en un peregrino de la música. Abocado durante muchos años a la tarea de la agronomía y veterinaria, el campo me inspiró y me formó en lo que se transformó en la base fundamental para la letra de mis discos, marcándome un estilo campestre.
¿Cómo nace su afinidad con la música y el canto?
“Yo con seis años andaba montado en un petiso e iba a la escuela rural. Hoy veo aquel niño que andaba silbando canciones de la época de los payadores, esas que escuchaba mi padre por la radio y es tan lejano. Me acuerdo de esa necesidad de hacer sonar algo, y que mi padre me hizo una guitarra de lata de dulce de membrillo,  con cuerdas y una caja con agujeros. Al tiempo me regaló una guitarra y yo no tenía idea qué era”, comentó Guerra al recordar su niñez.
¿Después tuvo que aprender música “en serio”
Sí, con 14 años me fui del pago a estudiar. “Yo creyendo que tocaba bien la guitarra me alejé por diferentes lugares y allí noté que no era así y después empecé aprender a tocar alguna milonga, algunas notas y posteriormente tomar contacto con profesores de relieve como el padre de Daniel Viglietti, César Viglietti, o Augusto de Giuli, o docentes como Rodolfo Tálice, de quienes me nutrí en la música”.
¿Cuáles son los géneros de su preferencia?
Mi discografía tiene un soporte musical que le enriquece, podemos hablar desde milongas, vals, chamarras, serraneras, entre otros. Con un canto que se desarrolla más bien en salones que en festivales. Muy ligado al quehacer rural.
Ahora está promocionando  su último disco “Antología”….
Sí efectivamente presenté este año un nuevo trabajo discográfico, “Antología”, que reúne los dieciséis temas de más trascendencia en mi carrera desde el año 1979 en adelante.
El hilo conductor de Antología es un tema que comencé a escribir en el año 2000, referido a “situaciones y estados anímicos de la vida del ser humano, según las circunstancias que atraviesa”.
-Tenemos entendido que el tema central tiene sus particularidades, una de ellas la extensión del mismo…
“Por el mundo que transito”, es el nombre del tema al que se refiere, que dura quince minutos en el disco Antología, y que es muy especial para su autor, porque tiene un contenido que refiere a la problemática del sistema que maneja el mundo. “Se refiere al ser que se ve muchas veces engañado por sus amigos, entre otras cosas. Mucha gente se identifica con este tema”.
Su música ha recorrido el mundo junto a Ud…
En el año 1979 comencé a grabar mi primer disco y continué ininterrumpidamente hasta ahora. He visitado muchos países, entre ellos Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Cuba, Francia, Portugal y España. En este último país lo hice en varias oportunidades, lo que me permitió tomar mayor contacto con esta sociedad y el año pasado permanecí allí en una gira de tres meses de duración.
¿Cómo ha sido la decisión de recorrer el camino de Santiago de Compostela, el que atrae a muchos peregrinos y qué le dejó?
He realizado el famoso camino de Santiago de Compostela, que me permitió “madurar muchas cosas y bajar los decibeles de otras. De alguna manera hacer el camino de Santiago de Compostela, sirve para poner al día muchas cosas, se mira por el lado religioso, pero también se lo puede hacer por muchos motivos, espiritual, filosófico, etc. Hacer ese recorrido tiene algo diferente, que lo lleva  a uno a la meditación, porque se encuentran bajadas y subidas, momentos planos en el recorrido y eso es muy similar a la vida misma, lo que permite autoanalizarse. Además se atraviesan diferentes aldeas, se comparte mucho, algo que a uno lo enriquece”.
Guerra después del camino a Santiago…
“A veces nuestro tiempo se mide en distancia y la distancia mide el pasado, pasado que ha sido base fundamental para mirar detenidamente cada paso que se avanza. Los caminos ofrecen un desafío descubriendo en él las maravillas y sensaciones intransferibles que ponen la dosis exacta y sutil para que avances cautelosamente…”
¿Qué temas incluye su “Antología”
Temas de su último disco Antología: “Por el mundo que transito”, “Campesino amigo”, “Mi brindis”, “El Milagro”, “De profesión meretriz”, “Loco mundo”, “Cuéntame paisano hermano”, “Mujer de todos los tiempos”, “El río no es solo eso”, “Charlando con uno mismo”, “Por el valle de agua”, “La patria gaucha”, “Cuando recién sale el sol”, “De paso en una bañada”, “Mi pueblo entre serranías”, “La rochense”. Quienes tengan interés en conocer en profundidad el trabajo de Daniel Guerra,  pueden contactarse con el cantautor a través de danielguerra@shggyrecords.com, o al celular 096271973.

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Omar Aguilera… un infaltable en los remates de Invernizzi

Omar Aguilera nació el 5 de abril de 1948, tiene 66 años y lleva “apenas 47” trabajando con la misma familia. Está casado con María Teresa, tiene una hija- Laura- y tres nietos: Nicolás, de 18  años, Eugenia de 16 y  Martín de 6 años. Siempre atento a su  labor como administrativo en un escritorio de negocios  rurales, acompañando además a la firma en sus remates ganaderos mensuales, recibió a EL PUEBLO,  rememorando anécdotas y haciendo un análisis de lo que han sido estos casi 50 años trabajando para varias generaciones de la familia Invernizzi.

¿Cuándo comenzó a trabajar  con la familia Invernizzi?
“Comencé trabajando como mandadero en un comercio que estaba en calle Joaquín Suárez y Uruguay, que se dedicaba a la venta de bicicletas, repuestos  y materiales eléctricos. Como era curioso, me gustaba aprender y había estudiado para administrativo, a fines del 70, me fui  para la otra firma (Invernizzi y Pizzarossa Negocios Rurales), que entonces estaba en calle Artigas (Entre Larrañaga y Sarandí), allí estuve  31 años. Luego de que los integrantes de esa firma se separaran, seguí con Federico (Invernizzi), con quien estoy desde hace 12 años”. Comenzó trabajando con Eduardo Invernizzi, luego continuó con Eduardo Invernizzi (hijo) y actualmente está con Federico.
Empezó a trabajar en el año 1965 cuando terminó sus estudios.
¿Qué estudio hizo para la función que cumple?
Estudié teneduría de libros, en el Instituto Irrazábal que estaba en calle Uruguay, donde nos enseñaban caligrafía, dactilografía y contabilidad.
Por eso tiene una letra muy correcta…
Antes la tenía mejor, con el transcurso del tiempo, inclusive  con la parte de los remates, donde tenés que trabajar rápido, eso te afea la letra.
¿Cuál es su labor?
“Soy administrativo, trabajo haciendo la parte de contabilidad del escritorio, estuve siempre en el mismo ramo. En los remates hago las boletas, que a mi entender es donde comienza el remate, porque si de allí sale algo mal, queda todo mal”.  En la boleta anota quién compra, de quién es el ganado y la categoría del mismo, “es importante que allí quede bien indicado que lo que se vende es la misma categoría que entró a la pista”. Previo al comienzo del remate, se hace un listado de los vendedores, la categoría y  la cantidad de animales que trajo, además se hace un listado con el orden de ventas. “Actualmente me ayudan las dos hijas de Federico (Florencia y Pía), siempre están y su hijo, Federico Manuel que siempre anda por acá (en el escritorio)”.
¿Cuáles son los mayores cambios respecto a los remates de antes?
Ahora hay una facilidad más grande para trabajar, hay más exigencias y está todo muy controlado, los ganados para el remate tienen que venir  en perfectas condiciones, bien “trazados”,  todo en perfectas condiciones, da más trabajo pero implica una mejor organización y facilita las cosas. Los remates de antes eran mucho más grandes,  el local (Santa Catalina) siempre fue el mismo, antes había mucho más ganado para la venta en ferias, inclusive había venta de mucho ganado gordo, porque antes había muchos carniceros, abastecedores tanto de Salto como de Paysandú y Constitución. Prácticamente todos eran llevados al local en tropas, había muy pocos camiones para el traslado. Casi siempre se hacían ferias dos veces al mes, en las fechas que aún son tradicionales para los remates en ese local; los días 8 y 23 de cada mes.
¿Qué es lo que más extraña de la época “de antes”?
La pregunta le despierta cierta emoción y enternecimiento, y luego responde: “La reunión con la gente. Cuando terminaba el remate siempre nos reuníamos, había fogón con todos los troperos, nos arrimábamos a charlar… tengo muchos recuerdos lindos, habían remates que por  ser tan grandes empezaban de mañana. Recuerdo la gente de antes que era más alegre que la de ahora, la gente ahora vive muy preocupada, con mucho stress, antes usted hablaba con ellos y tenían  una gracia que no la tienen hoy. Imagínese que a veces uno ve a los  muchachos que parece que no tienen fe en el trabajo que están haciendo, no tienen confianza en lo que están haciendo, y a mi me parece que la gente joven lo primero que tiene que tener es confianza en lo que hace. Si no, no salen bien  las cosas”.
¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Los sábados nos reunimos en mi casa, en el tiempo libre me gusta irme para afuera, me gusta más la campaña que la ciudad. Me gusta irme de campamento, me encanta pescar.
Cuéntenos una anécdota
Tengo muchas, pero hay una graciosa que siempre la cuento; una vez estábamos en un remate y siempre decimos que al remate no hay que dejarlo enfriar, los remates tienen que estar siempre activos, si no no anda. En un momento venía tan rápido que arranqué un juego de boletas y se las doy al muchacho que las reparte “tomá haceme la boleta de esas cinco vaquillonas que están ahí que estoy apurado”, ¿y sabe lo qué puso? “5 vacas quillonas”. (se ríe).
Una vez se confundió de trabajo…
Me pasó que una vez, y dada la costumbre de ir a trabajar tantos años al mismo escritorio, agarré mi motito, salí de casa y en la calle que va directo al escritorio, fui paré, y entré y me topé con los otros muchachos (la que se separó de la firma inicial)  y me di cuenta que me había equivocado. Extrañé siempre a todos mis compañeros, siempre me llevé bien con todos.
¿Qué lo lleva a seguir trabajando?
Porque tengo fuerza, y cuando usted se jubila, se reducen mucho los ingresos. Pienso seguir hasta que el físico me de. Mi familia me apoya, siempre fue así, siempre estuvieron a mi lado y lo que yo decida, ellos siempre están de acuerdo. Le mentiría si dijera que no estoy cansado, lo estoy, pero tengo fuerzas para trabajar y muchas veces no pienso en la jubilación.
¿Cuándo comenzó a trabajar  con la familia Invernizzi?
“Comencé trabajando como mandadero en un comercio que estaba en calle Joaquín Suárez y Uruguay, que se dedicaba a la venta de bicicletas, repuestos  y materiales eléctricos. Como era curioso, me gustaba aprender y había estudiado para administrativo, a fines del 70, me fui  para la otra firma (Invernizzi y Pizzarossa Negocios Rurales), que entonces estaba en calle Artigas (Entre Larrañaga y Sarandí), allí estuve  31 años. Luego de que los integrantes de esa firma se separaran, seguí con Federico (Invernizzi), con quien estoy desde hace 12 años”. Comenzó trabajando con Eduardo Invernizzi, luego continuó con Eduardo Invernizzi (hijo) y actualmente está con Federico.
Empezó a trabajar en el año 1965 cuando terminó sus estudios.
¿Qué estudio hizo para la función que cumple?
Estudié teneduría de libros, en el Instituto Irrazábal que estaba en calle Uruguay, donde nos enseñaban caligrafía, dactilografía y contabilidad.
Por eso tiene una letra muy correcta…
Antes la tenía mejor, con el transcurso del tiempo, inclusive  con la parte de los remates, donde tenés que trabajar rápido, eso te afea la letra.
¿Cuál es su labor?
“Soy administrativo, trabajo haciendo la parte de contabilidad del escritorio, estuve siempre en el mismo ramo. En los remates hago las boletas, que a mi entender es donde comienza el remate, porque si de allí sale algo mal, queda todo mal”.  En la boleta anota quién compra, de quién es el ganado y la categoría del mismo, “es importante que allí quede bien indicado que lo que se vende es la misma categoría que entró a la pista”. Previo al comienzo del remate, se hace un listado de los vendedores, la categoría y  la cantidad de animales que trajo, además se hace un listado con el orden de ventas. “Actualmente me ayudan las dos hijas de Federico (Florencia y Pía), siempre están y su hijo, Federico Manuel que siempre anda por acá (en el escritorio)”.
¿Cuáles son los mayores cambios respecto a los remates de antes?
Ahora hay una facilidad más grande para trabajar, hay más exigencias y está todo muy controlado, los ganados para el remate tienen que venir  en perfectas condiciones, bien “trazados”,  todo en perfectas condiciones, da más trabajo pero implica una mejor organización y facilita las cosas. Los remates de antes eran mucho más grandes,  el local (Santa Catalina) siempre fue el mismo, antes había mucho más ganado para la venta en ferias, inclusive había venta de mucho ganado gordo, porque antes había muchos carniceros, abastecedores tanto de Salto como de Paysandú y Constitución. Prácticamente todos eran llevados al local en tropas, había muy pocos camiones para el traslado. Casi siempre se hacían ferias dos veces al mes, en las fechas que aún son tradicionales para los remates en ese local; los días 8 y 23 de cada mes.
¿Qué es lo que más extraña de la época “de antes”?
La pregunta le despierta cierta emoción y enternecimiento, y luego responde: “La reunión con la gente. Cuando terminaba el remate siempre nos reuníamos, había fogón con todos los troperos, nos arrimábamos a charlar… tengo muchos recuerdos lindos, habían remates que por  ser tan grandes empezaban de mañana. Recuerdo la gente de antes que era más alegre que la de ahora, la gente ahora vive muy preocupada, con mucho stress, antes usted hablaba con ellos y tenían  una gracia que no la tienen hoy. Imagínese que a veces uno ve a los  muchachos que parece que no tienen fe en el trabajo que están haciendo, no tienen confianza en lo que están haciendo, y a mi me parece que la gente joven lo primero que tiene que tener es confianza en lo que hace. Si no, no salen bien  las cosas”.
¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Los sábados nos reunimos en mi casa, en el tiempo libre me gusta irme para afuera, me gusta más la campaña que la ciudad. Me gusta irme de campamento, me encanta pescar.
Cuéntenos una anécdota
Tengo muchas, pero hay una graciosa que siempre la cuento; una vez estábamos en un remate y siempre decimos que al remate no hay que dejarlo enfriar, los remates tienen que estar siempre activos, si no no anda. En un momento venía tan rápido que arranqué un juego de boletas y se las doy al muchacho que las reparte “tomá haceme la boleta de esas cinco vaquillonas que están ahí que estoy apurado”, ¿y sabe lo qué puso? “5 vacas quillonas”. (se ríe).
Una vez se confundió de trabajo…
Me pasó que una vez, y dada la costumbre de ir a trabajar tantos años al mismo escritorio, agarré mi motito, salí de casa y en la calle que va directo al escritorio, fui paré, y entré y me topé con los otros muchachos (la que se separó de la firma inicial)  y me di cuenta que me había equivocado. Extrañé siempre a todos mis compañeros, siempre me llevé bien con todos.
¿Qué lo lleva a seguir trabajando?
Porque tengo fuerza, y cuando usted se jubila, se reducen mucho los ingresos. Pienso seguir hasta que el físico me de. Mi familia me apoya, siempre fue así, siempre estuvieron a mi lado y lo que yo decida, ellos siempre están de acuerdo. Le mentiría si dijera que no estoy cansado, lo estoy, pero tengo fuerzas para trabajar y muchas veces no pienso en la jubilación.

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Mario de Césari: docente y panadero, con una rica historia para compartir

Dialogar con un docente de extensa trayectoria es siempre placentero para quienes peinamos canas, pero cuando se trata de un hombre sencillo, de hablar pausado y de una rica experiencia de vida para compartir, como la de Mario de Césari es particularmente grato. Procuramos reducir la extensa charla con él, que tuvo como atento testigo a su esposa, pronta para aportar el dato preciso, en las 10 preguntas y respuestas que siguen.

¿Qué familias recuerda?
Entre ellas, los Zunini, que estaban por Apolón, Los Baratta, los Menoni, Scarone y Massarino (padres del que era dentista). Todos eran agricultores, mi padre producía naranjas y luego los acopiadores eran los que se encargaban de arrancar la fruta. Después se producía verduras, legumbres y toda suerte de hortalizas que se siguen produciendo en las chacras.
Había productores de uva, y los demás, todos tenían alguna variedad de cultivo. Pero desde la Avda.  Gautrón hasta  el hipódromo, eran todos inmigrantes italianos, a principios del siglo 20. Mi padre se había casado con una señora de apellido Magnani, también de la zona, y esta había fallecido joven.
¿Su familia paterna?
Mi padre, Egidio Domingo Augusto de Césari Olivetti; vino a principios del siglo, pero mi madre, María Teresa Papa,  vino un poquito más tarde, alrededor de 1903. Se casaron aproximadamente en el 30. La pareja tuvo tres hijos, el mayor es fallecido. Quedamos yo y mi hermana, que en estos momentos se encuentra en México acompañando a su hija que es funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Primero estuvo en Buenos Aires y luego la trasladaron para México.
La dura etapa de la separación de sus padres
Luego -por esos vaivenes de la vida – la pareja se separó, siendo nosotros todavía muy chicos. Fíjese que yo nací en el (19) 36 y mi hermana tenía 5 años menos. Fue nurse en el Centro Médico y actualmente se halla jubilada. Nunca supimos por qué fue la separación. En lo personal, la separación llegó cuando yo tenía unos 5 años y mi madre con sus tres hijos se vino para la ciudad, a arreglarnos como podíamos. Así anduvimos entre la pobreza y la miseria, recuerda. Con mucho esfuerzo sobre todo de mi madre que hacía de lavandera, trabajaba de doméstica, fuimos saliendo adelante. Yo el trabajo que hacía era llevarle y traerle la ropa que ella lavaba y planchaba.
La Escuela a medio camino
Posteriormente empecé la Escuela, hice dos años en la Escuela No.13, en Concordia y Apolón. Como allá no había 5º ni 6º. Había que venir a la Escuela 8, que se llamaba “Escuela Gallino”, una familia en la zona de Talleres (en Santa Rosa y Diego Lamas), atrás de los talleres de AFE, que todavía se llamaban “el ferrocarril de los ingleses”. No terminé la escuela formalmente, a pesar de que tercer año lo hice ya en el edificio nuevo de la escuela 8, en la Avda. Batlle, pero como mi madre trabajaba y mi hermano también estaba empezando a hacerlo, mi madre me inscribió en la escuela Salesiana. Allí completé tercero y no fui más a la escuela. Tenía 9 años.
La primera etapa de panadero
Como mi hermano trabajaba ya en la panadería La Catalana (en ese tiempo en la esquina de Brasil y Santos Errandonea), me dijo que estaban precisando un aprendiz para la limpieza de los moldes y las tareas  elementales. Para entonces tenía 10 años, luego seguí trabajando y como había dejado la escuela, por allá por 1950, alguien me dijo que habían comenzado a dar cursos intensivos para quienes no habían terminado la escuela. Era un curso intensivo de un año. Así fue que me inscribí. Hice ese curso sobre la base de las asignaturas más comunes, como Historia, Matemática, Geografía, Español y al final había que dar una prueba de suficiencia. Así fue que la salvé y empecé el liceo, en el nocturno, porque de día trabajaba en la panadería.
Un “paréntesis” por el casamiento
Hice así todo el liceo y luego hubo un “paréntesis” porque nos casábamos. Mi señora tenía 19 años y yo 25, nos conocimos en el liceo  y estamos juntos desde entonces. Para esto ya había aprendido más de panadero y hasta hacía las veces de encargado, aunque había dos personas mayores por encima de mi. Luego como uno falleció y el otro se fue, me dejaron a mi como encargado, sobre todo de la parte de facturas y confituras, la firma en ese entonces era Riera y Abarno. Luego falleció Riera y Abarno no quiso seguir. Le pasó la panadería a los dos empleados más antiguos para que se la pagaran como pudieran. Eran también las dos personas que tenían más cultura, uno de ellos Dionisio Roldán, luego con el tiempo pasó a ser la firma Arce (que era el gerente) y Roldán.
La etapa en la docencia
En tanto yo seguía trabajando y también continuaba mis estudios.  Hice los preparatorios de Abogacía, terminé y como mi señora, profesora de Francés, trabajaba en el liceo, yo como bachiller me inscribí para dar clases, que se podía hacer en aquella época. A principios de la década del 70 estaba cursando profesorado en el Instituto Magisterial, pero como no había docentes de todas las asignaturas, había algunas que había que cursar a distancia. Nos mandaban los materiales y luego había que dar pruebas.
En esa década que estaba inscripto como aspirante me llamaron para dar clases, pero seguía trabajando en la panadería hasta determinada hora de la noche y durante el día daba clases. Recién en el 85 dejé la panadería, pero como trabajaba en la enseñanza y ya había que deambular de un liceo a otro, yo daba historia, geografía y astronomía. También di clases durante siete u ocho años en la UTU de Belén, adonde iba tres días a la semana y también daba clases en la UTU de Salto.
En el liceo de Constitución trabajé durante dos años (90 y 91). En la ciudad trabajé en varios liceos a excepción de los liceos 2 y 3. En UTU trabajé también como docente en los cursos técnicos. Yo dictaba clases en Taller de Humanidades, que precisamente incluía las asignaturas que le refería y que hoy se dan en el liceo.
Luego tuvo otra etapa de panadero…
Sí, ya jubilado de la docencia, cuando el hijo quedó sin trabajo en CALSAL, pusimos una panadería, en calle Vilardebó, entre Treinta y Tres y Larrañaga, donde trabajamos unos 10 años, pero él decidió terminar su preparación como óptico, en Montevideo, que había dejado trunca y así lo hizo. Fue cuando decidimos terminar con esta panadería. Pero también tuve una panadería del yerno, en Juan C. Gómez y Rivera (cuando ésta corría para el otro lado).
De niño vendía leche casa por casa
Cuando llegué a los 60 años de edad me jubilé en la docencia, en el año 96 y allí entre una y otra cosa había trabajado 50 años. Había hecho de todo, porque cuando era “gurí”, hasta salía con un tarro a vender leche casa por casa para un lechero, con una medida de un litro y un tarro de 10 litros, porque era el máximo que podía llevar. También trabajé en una zapatería (en calle Uruguay entre Cerrito y Piedras, donde luego estuvo Productos Fénix), de arreglos de zapatos, en ese entonces tenía 8 o 9 años.
Hijos y nietos todo un orgullo
Mario habla con satisfacción de lo vivido y no tiene un trabajo preferido “como todo lo hacía lo hacía con gusto”, todos me aportaron algo y guardo un buen recuerdo, añadió. Hoy con sus dos hijos con familia conformada, habla con orgullo tanto de ellos como de sus cuatro nietos, algunos ya cursando carreras universitarias. Otro de los temas de los que habla con orgullo, es de su afecto pro el Club Chaná, que luego trasmitió también a su hijo.

1 – ¿Qué familias recuerda?

Entre ellas, los Zunini, que estaban por Apolón, Los Baratta, los Menoni, Scarone y Massarino (padres del que era dentista). Todos eran agricultores, mi padre producía naranjas y luego los acopiadores eran los que se encargaban de arrancar la fruta. Después se producía verduras, legumbres y toda suerte de hortalizas que se siguen produciendo en las chacras.

Había productores de uva, y los demás, todos tenían alguna variedad de cultivo. Pero desde la Avda.  Gautrón hasta  el hipódromo, eran todos inmigrantes italianos, a principios del siglo 20. Mi padre se había casado con una señora de apellido Magnani, también de la zona, y esta había fallecido joven.

2 –  ¿Su familia paterna?

Mi padre, Egidio Domingo Augusto de Césari Olivetti; vino a principios del siglo, pero mi madre, María Teresa Papa,  vino un poquito más tarde, alrededor de 1903. Se casaron aproximadamente en el 30. La pareja tuvo tres hijos, el mayor es fallecido. Quedamos yo y mi hermana, que en estos momentos se encuentra en México acompañando a su hija que es funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Primero estuvo en Buenos Aires y luego la trasladaron para México.

3 – La dura etapa de la separación de sus padres

Luego -por esos vaivenes de la vida – la pareja se separó, siendo nosotros todavía muy chicos. Fíjese que yo nací en el (19) 36 y mi hermana tenía 5 años menos. Fue nurse en el Centro Médico y actualmente se halla jubilada. Nunca supimos por qué fue la separación. En lo personal, la separación llegó cuando yo tenía unos 5 años y mi madre con sus tres hijos se vino para la ciudad, a arreglarnos como podíamos. Así anduvimos entre la pobreza y la miseria, recuerda. Con mucho esfuerzo sobre todo de mi madre que hacía de lavandera, trabajaba de doméstica, fuimos saliendo adelante. Yo el trabajo que hacía era llevarle y traerle la ropa que ella lavaba y planchaba.

4 – La Escuela a medio camino

Posteriormente empecé la Escuela, hice dos años en la Escuela No.13, en Concordia y Apolón. Como allá no había 5º ni 6º. Había que venir a la Escuela 8, que se llamaba “Escuela Gallino”, una familia en la zona de Talleres (en Santa Rosa y Diego Lamas), atrás de los talleres de AFE, que todavía se llamaban “el ferrocarril de los ingleses”. No terminé la escuela formalmente, a pesar de que tercer año lo hice ya en el edificio nuevo de la escuela 8, en la Avda. Batlle, pero como mi madre trabajaba y mi hermano también estaba empezando a hacerlo, mi madre me inscribió en la escuela Salesiana. Allí completé tercero y no fui más a la escuela. Tenía 9 años.

5 – La primera etapa de panadero

Como mi hermano trabajaba ya en la panadería La Catalana (en ese tiempo en la esquina de Brasil y Santos Errandonea), me dijo que estaban precisando un aprendiz para la limpieza de los moldes y las tareas  elementales. Para entonces tenía 10 años, luego seguí trabajando y como había dejado la escuela, por allá por 1950, alguien me dijo que habían comenzado a dar cursos intensivos para quienes no habían terminado la escuela. Era un curso intensivo de un año. Así fue que me inscribí. Hice ese curso sobre la base de las asignaturas más comunes, como Historia, Matemática, Geografía, Español y al final había que dar una prueba de suficiencia. Así fue que la salvé y empecé el liceo, en el nocturno, porque de día trabajaba en la panadería.

6 – Un “paréntesis” por el casamiento

Hice así todo el liceo y luego hubo un “paréntesis” porque nos casábamos. Mi señora tenía 19 años y yo 25, nos conocimos en el liceo  y estamos juntos desde entonces. Para esto ya había aprendido más de panadero y hasta hacía las veces de encargado, aunque había dos personas mayores por encima de mi. Luego como uno falleció y el otro se fue, me dejaron a mi como encargado, sobre todo de la parte de facturas y confituras, la firma en ese entonces era Riera y Abarno. Luego falleció Riera y Abarno no quiso seguir. Le pasó la panadería a los dos empleados más antiguos para que se la pagaran como pudieran. Eran también las dos personas que tenían más cultura, uno de ellos Dionisio Roldán, luego con el tiempo pasó a ser la firma Arce (que era el gerente) y Roldán.

7 – La etapa en la docencia

En tanto yo seguía trabajando y también continuaba mis estudios.  Hice los preparatorios de Abogacía, terminé y como mi señora, profesora de Francés, trabajaba en el liceo, yo como bachiller me inscribí para dar clases, que se podía hacer en aquella época. A principios de la década del 70 estaba cursando profesorado en el Instituto Magisterial, pero como no había docentes de todas las asignaturas, había algunas que había que cursar a distancia. Nos mandaban los materiales y luego había que dar pruebas.

En esa década que estaba inscripto como aspirante me llamaron para dar clases, pero seguía trabajando en la panadería hasta determinada hora de la noche y durante el día daba clases. Recién en el 85 dejé la panadería, pero como trabajaba en la enseñanza y ya había que deambular de un liceo a otro, yo daba historia, geografía y astronomía. También di clases durante siete u ocho años en la UTU de Belén, adonde iba tres días a la semana y también daba clases en la UTU de Salto.

En el liceo de Constitución trabajé durante dos años (90 y 91). En la ciudad trabajé en varios liceos a excepción de los liceos 2 y 3. En UTU trabajé también como docente en los cursos técnicos. Yo dictaba clases en Taller de Humanidades, que precisamente incluía las asignaturas que le refería y que hoy se dan en el liceo.

8 – Luego tuvo otra etapa de panadero…

Sí, ya jubilado de la docencia, cuando el hijo quedó sin trabajo en CALSAL, pusimos una panadería, en calle Vilardebó, entre Treinta y Tres y Larrañaga, donde trabajamos unos 10 años, pero él decidió terminar su preparación como óptico, en Montevideo, que había dejado trunca y así lo hizo. Fue cuando decidimos terminar con esta panadería. Pero también tuve una panadería del yerno, en Juan C. Gómez y Rivera (cuando ésta corría para el otro lado).

9 – De niño vendía leche casa por casa

Cuando llegué a los 60 años de edad me jubilé en la docencia, en el año 96 y allí entre una y otra cosa había trabajado 50 años. Había hecho de todo, porque cuando era “gurí”, hasta salía con un tarro a vender leche casa por casa para un lechero, con una medida de un litro y un tarro de 10 litros, porque era el máximo que podía llevar. También trabajé en una zapatería (en calle Uruguay entre Cerrito y Piedras, donde luego estuvo Productos Fénix), de arreglos de zapatos, en ese entonces tenía 8 o 9 años.

10 – Hijos y nietos todo un orgullo

Mario habla con satisfacción de lo vivido y no tiene un trabajo preferido “como todo lo hacía lo hacía con gusto”, todos me aportaron algo y guardo un buen recuerdo, añadió. Hoy con sus dos hijos con familia conformada, habla con orgullo tanto de ellos como de sus cuatro nietos, algunos ya cursando carreras universitarias. Otro de los temas de los que habla con orgullo, es de su afecto pro el Club Chaná, que luego trasmitió también a su hijo.

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La música y el canto como estilo de vida

Con María Servera de Duré Profesora de Canto, Guitarra, Piano y Acordeón. “Estoy convencida de amar la docencia… me ha brindado grandes satisfacciones” Le caemos en su domicilio sin avisar… ya es de nochecita y nos confunde con algún padre de sus alumnos… ni bien la miramos a los ojos nos percatamos que estamos frente a una artista completa.
Docente de piano, guitarra y canto  - que supo apuntalar a grandes figuras de la música que ha engendrado nuestro pueblo.
Su anatomía raya ya en más de siete décadas pero su espíritu no se puede contabilizar en años. María Servera de Duré (78) (conocida en el ámbito artístico como María Duré), en todo momento de la amena charla nos comparte su particular humor y revive cada anécdota con la pasión de una mujer que ha amado la música desde su primer día en este mundo.
Descubrimos que nació en la vecina orilla pero Salto fue su tierra de adopción.
En su juventud  realizó muchas presentaciones con su esposo – también músico y con sus alumnos supo llevarse el máximo galardón fuera y dentro del país.
Por eso nuestro Al Dorso “Las Diez de la última” se pone sus prendas de gala para reconocer a una artista y docente que ha dejado su huella y continúa aún sembrando el buen desarrollo del talento en las nuevas generaciones.
Con María Servera de Duré Profesora de Canto, Guitarra, Piano y Acordeón. “Estoy convencida de amar la docencia… me ha brindado grandes satisfacciones” Le caemos en su domicilio sin avisar… ya es de nochecita y nos confunde con algún padre de sus alumnos… ni bien la miramos a los ojos nos percatamos que estamos frente a una artista completa.
Docente de piano, guitarra y canto  - que supo apuntalar a grandes figuras de la música que ha engendrado nuestro pueblo.
Su anatomía raya ya en más de siete décadas pero su espíritu no se puede contabilizar en años. María Servera de Duré (78) (conocida en el ámbito artístico como María Duré), en todo momento de la amena charla nos comparte su particular humor y revive cada anécdota con la pasión de una mujer que ha amado la música desde su primer día en este mundo.
Descubrimos que nació en la vecina orilla pero Salto fue su tierra de adopción.
En su juventud  realizó muchas presentaciones con su esposo – también músico y con sus alumnos supo llevarse el máximo galardón fuera y dentro del país.
Por eso nuestro Al Dorso “Las Diez de la última” se pone sus prendas de gala para reconocer a una artista y docente que ha dejado su huella y continúa aún sembrando el buen desarrollo del talento en las nuevas generaciones.
¿Cuándo comenzó su historia con los instrumentos y el canto?
-“Tenía 14 años y ya enseñaba. Soy profesora de piano, guitarra y canto, también estudié acordeón.
Estudié muchísimos años como para saber corregir y sacar lo mejor de los alumnos.
Enseñarles a cómo impostar la voz, manejar el aire, llevar la lengua al fondo, mantener una buena postura”.
Sus primeras lecciones las recibió de una docente que en aquel entonces vino desde Alemania a residir a Salto, lo que le dio a María Duré una solvencia tanto en los conocimientos como en la técnica.
¿Salteña?
-“No… soy del otro lado del charco…(Concordia)…pero me vine de niña a vivir aquí, donde me formé y comencé este largo camino con la música.
¿Su vocación artística por qué línea viene?
-“Francamente no sé… cuando vine me encontré con un piano y desde muy chiquita comencé con las lecciones si bien ya tocaba sin haber estudiado.
Escuchaba lo que sonaba en la radio y luego lo reproducía en el instrumento. También me gustaba cantar”
¿Cómo era en ese tiempo el contexto de la música?
-“Terrible… que la mujer cantara era visto como prostibular… no se estilaba en aquel tiempo”.
Me dediqué al canto lírico y al principio me resistía… quería otro estilo pero cuando quise acordar estaba metida de cabeza en lo lírico (hace una pausa para vocalizar y nos sorprende como conserva intacto su timbre vocal).
Aprendió guitarra clásica con la Prof. Carmen Torraza de Zino y luego tomó el camino del canto hasta obtener su diploma.
¿Qué opinión le merece el contar con una base musical clásica?
-“Creo que es una base fundamental… se aprende a colocar la voz, a impostar y manejar en forma adecuada el aire.
Todo lleva su trabajo y proceso… aprendí muchas peculiaridades de la técnica, observando, estudiando y escuchando.
Aparte estoy convencida que tengo un ángel al lado.
Para la didáctica me inspiro mucho en la naturaleza, en las plantas, los colores.
Primero es necesario aprender a respirar, luego a hacer que la voz suene, luego cantar.
A las canciones hay que recrearlas, vivirlas… por algún motivo fueron escritas y ese mensaje hay que saberlo transmitir.
Una música nos transmite muchas cosas y nos conecta con distintos elementos que nos rodean.
Volviendo a antaño. ¿Cómo era la movida cultural de aquella época?
-“Muy estricta en todo sentido… no salíamos de las polleras de nuestras madres… no se salía sola jamás.
En ese tiempo había una confitería donde brindaba su show Juan Carlos Morgan y el Maestro Peruchena.
Creo que la confitería estaba ubicada donde hoy están las Tiendas Montevideo. Era un lugar hermoso.
Morgan interpretaba tangos, valses y milongas… también el ritmo de fox.
Cada cantante debe contar con un maestro de canto, porque nunca hay que dejar de estudiar y vocalizar.
Cuando murió mi profesora, yo dejé de cantar; por supuesto que es fundamental caer en manos de un buen docente, de lo contrario el cantante puede perjudicar su voz.
El canto para mí es algo que nunca se va a perder… el tema es que han menguado las exigencias en el estudio.
Antes se debían leer muchos libros y hoy muchas veces se va a clases con un simple cuadernito”.
Viniéndonos más adelante en el tiempo ¿Cómo fue la época en que dirigió el grupo juvenil Burbujas?
-“Fue maravillosa… formaban parte del grupo Stella Moreira, Sandra Cancela, Ricardo Fernández, Joselo Frola, Carmen Díaz, Federico… viajamos muchos y se cosecharon varios premios.
Hoy estoy más enfocada al estudio, y los chiquilines que vienen a clases es porque realmente les gusta.
Si bien tuve una etapa como artista, me di cuenta que lo que verdaderamente quería era enseñar”.
¿Quedó algún sueño por cumplir?
-“Me hubiera gustado incursionar en la danza y ser profesora de baile y tener dinero para poder cumplir un proyecto grande. Con nuestro grupo logramos ganar muchos premios”.
¿Con su esposo Héctor Duré llegaron a hacer algunos shows juntos?
-“Solamente en el ámbito del Conservatorio Municipal con el Maestro Peruchena. Nos conocimos estudiando con la misma docente… en esa época éramos muy jóvenes… donde iba yo estaba él (sonríe)… luego nos pusimos de novios y nos casamos”.
De los cantantes consagrados siente preferencia por Cristian Castro, Shakira, ésta última por ser tan particular y única”.
Para la docente es importante que el artista logre el sello propio y no convertirse en una copia o imitación.
Reconoce que a veces va más allá de los límites de la exigencia pero que está dotada de mucha paciencia para lidiar con el alumnado.
Para María Duré el tema de la producción en el artista es muy importante porque éste debe tener respeto por el público. Comienza con sus clases a las ocho de la mañana y a veces son las diez de la noche y todavía sigue atendiendo alumnos.
¿A qué le teme?
-“A la soledad… me gusta siempre sentir bochinche, alegría… movimiento”. El que quiere llegar a algún lugar en la vida, puede con fuerza de voluntad.
María Duré debió atravesar un complicado momento de salud, pero aferrada a su fe, logró vencer la enfermedad.
Está convencida de lo que hace y esa combinación de música y docencia son el motor de su vida, junto a esa capacidad de sorprender y sorprenderse.

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Un médico del que todos hablan

¿Qué función cumple en la Intendencia?
Soy telefonista, la persona que con mis otros tres compañeros le damos la bienvenida a la  Intendencia de Salto. Es un trabajo que me encanta y los  4 que estamos allí lo hacemos con mucha dedicación porque nos gusta lo que hacemos.
¿Cuántos años de funcionaria?
Llevo diez años como funcionaria.
Actualmente preside ADEOMS…
Sí actualmente sí. El 15 de noviembre último fui elegida por mis compañeros de Consejo Directivo para presidir eventualmente por un año el sindicato de ADEOMS.
¿Cuáles son los temas que más preocupan a ADEOMS en estos momentos?
Varios, el principal  es el de las calificaciones. Tenemos las expectativas de una adecuación salarial y de una presupuestación  ajustada a un criterio justo y ecuánime..
¿Cuáles son las dificultades?
En cuanto a calificación. Ya tendría que estar laudado pero lo que pasó es que los calificadores  primarios no nos  dieron vista de lo que habían resuelto en materia de calificaciones, a ninguno de nosotros de los puntajes y no nos parecía lógico que comenzara el tribunal a trabajar si nosotros no conocíamos  nuestros puntajes. De allí que se hizo una asamblea de delegados donde se pidió que realizara esa etapa que se había dejado trunca y nos pareció que no podíamos pasar a la segunda etapa, que es el tribunal de calificaciones sin haber el compañero haber pasado por esa etapa de que se le diera vista .
¿Por qué en el sindicalismo  y quién le motivó?
Lo mío comenzó desde estudiante que fui un poco la rebelde de la familia, recuerdo que una de las primeras marchas estudiantiles, en plena dictadura yo ya estaba participando, allí comencé en la parte estudiantil. Luego siempre me gustó, como también la  parte social que están muy ligada una con la otra, si bien no es lo mismo se rozan. Luego cuando ingresé a la Intendencia lo hice como zafral. Cuando el período de Malaquina terminó y comenzó el del Maestro Fonticiella  doce mujeres fuimos dejadas sin trabajo y nos vimos desamparados tanto por la administración que dejaba el escribano Malaquina, como por el sindicato…
Hubo compañeros que nos motivaron a que diéramos lucha por el reintegro, uno de ellos es mi actual compañero de la vida, Antonio Rodríguez, fue así que nos unimos y fuimos ante la mesa del Frente Amplio, a la Junta Departamental y adonde veíamos que podíamos plantear nuestra problemática lo hacíamos…,  hasta que Fonticiella tomó la decisión política de retomarnos.
He tenido grandes referentes, el primero quien hoy comparte la vida conmigo. Otro de mis referentes fue “pololo” Brunetti, a quien lamentablemente  este año hará ya tres años que no está físicamente entre nosotros, pero fue un gran sindicalissta y un gran compañero, quien tomó la bandera de nuestra lucha y junto con nosotras doce, comenzó a reunirse   hasta que logramos que nos retomaran.
Una satisfacción que recuerde en particular.
Son muchas, de compañeros de venir a decirme, yo soy fulano y quiero agradecerte porque cuando tuve a mí señora o a mí hijo enfermo tu estuviste siempre a mí lado. Así no fuera yo  personalmente, pero alguien en representación del sindicato estaba siempre allí, ya fuera personal o telefónicamente
Eso para mi es una satisfacción, porque cuando ese compañero estaba pasando por un tema difícil, nosotros estábamos allí de alguna manera.
Más allá de la lucha que nosotros podamos dar gremialmente, la parte social, la parte humana es importantísima. Estar en los momentos en que humanamente son difíciles de sobrellevar, para mi es importantísimo que el sindicato esté junto al socio, esté de alguna manera acompañándolo.
En estos momentos ADEOM Salto fue elegido para presidir la federación nacional de municipales  y en estos momentos yo  ocupo la secretaría general y también allí hemos tenido muchas satisfacciones. Lo último, fue que el congreso de intendentes no recibía a los funcionarios municipales de la federacion y el mes pasado la recibió.
La contracara, alguna frustración o alguna amargura en la lucha gremial…
La mayor amargura es ver a un compañero que queda sin trabajo, que es cesado. Para mi eso es un dolor enorme,  porque más allá que no sea socio de ADEOMS  es un trabajador que queda sin su fuente laboral. Hace muy poco yo tomé la bandera de un compañero que había quedado cesante como inspector de tránsito, tuvo una entrevista conmigo y en él vi reflejado a mí hijo, un muchacho muy joven, muy educado, muy bien. Lo primero que me dijo fue yo no soy socio del gremio, pero es el último recurso que tengo, venir para que Ud. Me ayude. Para mí fue una gran satisfacción cuando de la administración me llamaron para decirme, “mire Mónica la persona por quien Ud. Habló y el sindicato estuvo preocpado vaa ser tomada nuevamente a partir de Abril…Son de las grandes satisfacciones, pero la amargura es cuando un funcionario es cesado y queda sin su fuente laboral.
¿Cómo es actualmente el diálogo con el Intendente?
Nosotros tenemos un buen diálogo, es decir, nosotros en los últimos tiempos hemos negociado con (el departamento ) “Gestión  Humana”, pero hace muy poco hemos pedido una reunión en la que estuviera presente el intendente y la secretaria. Ambos no estaban en Salto y no participaron de la reunión y por lo tanto ADEOMS había decidido que no iba a mantener la reunión si alguno de ellos no estaba presente. Ahora si han marcado la reunión para el día 2 de mayo en que uno de los dos va a estar presente…
Nosotros mantenemos un buen diálogo, conversamos, negociando, a veces llegamos a acuerdos y a veces no. Como todo, discutimos fuerte y nosotros vamos en pro de las reivindicaciones que creemos que tenemos derecho a ellas. Tenemos una modificación presupuestal que fue votada en el 2011 con la que todavía tenemos diferencias y hoy todavía reclamamos cosas que aún no se han cumplido de esa modificación, pero hacemos el reclamo con altura, con educación que es la forma de negociar que hemos definido. Por eso tal vez en losúltimos años no hemos tomado medidas más duras, porque tenemos una ley de negociación colectiva donde lo que prima es el diálogo y la negociación y a ella nos ajustamos.
- ¿No más paros y huelgas entonces?
No, esa posibilidad siempre está, porque obviamente que cuando agotamos todos los recursos vamos a tomar las medidas que  todo sindicato tiene en su manga procurando conquistar lo que pedimos…
No es fácil describir en pocas palabras a un hombre que se convirtió, desde su rol de médico, en un referente para sus colegas y en una personalidad de relevancia para la sociedad salteña.
El Dr. Néstor Campos Pierri,o el “Gordo” Campos, ya jubilado,  a sus 68 años, contó algunas cosas de su vida para nuestra sección semanal Al Dorso.
¿Cuándo se te prendió la lamparita para hacer medicina?
Yo que se. Creo que cuando iba al liceo ya quería ser médico, tenía un tío médico y después mi padre y mi hermano (Toto Campos) que me llevaba trece años y que eran dentistas y estaban en el área de la salud. En mi casa había un taller donde hacían las dentaduras y capaz que fue ahí donde empezó mi vocación, no sabría decirte.
¿Y cuánto tiempo ejerciste la medicina?
Entré a Facultad en el año 1964. Yo tenía 18 años. Después trabajé por 41  como médico. En salud pública trabajé por 45 años, estuve 28 años trabajando en la Facultad de Medicina, 10 en Montevideo y 18 en Salto. Y en el Mutualismo estuve 43 años, entré a trabajar como practicante en el CASMU. Pero nadie se quiere jubilar. Cuando sos joven no ves la hora. Pero cuando te llega la hora no te querés jubilar, porque se trata de dejar de un día para otro lo que hiciste toda la vida. Aparte la medicina me fue atrapando tanto, que no hice otra cosa. Ahora sigo haciendo algo y voy a seguir ejerciendo la docencia en la Facultad pero en forma honoraria. Sin cobrar un peso.
¿Pero tenés algo pendiente para hacer?
¿Sabés qué quiero hacer? Quiero recorrer el campo de Salto. Mi padre nació en Arerunguá y tengo imágenes, fogonazos de lo que puede ser toda aquella zona, Mataojo, todo aquello. Quiero ir a Guaviyú de Arapey de donde era mi abuelo, la familia de mi madre era Pierri Ferreira Gómez de apellido que son una familia inmensa de esa zona y quiero ir. Entonces tengo la fantasía de andar por el campo, porque siempre entre una cosa y otra y nunca pude. Además la asistencia te limita mucho y nunca podés ir a ningún lado. Eso es lo que quiero hacer.
¿Médicos, eran los de antes?
Ha cambiado el paradigma. Antes, en el Siglo XVII, se decía “Tratad al enfermo como tu quisieras ser tratado”. Ahora en el Siglo XXI el paradigma es Tratad al enfermo como él quiera ser tratado.Ha cambiado mucho y ahora todo se hace más apurado, pero no quiere decir que ahora no haya buenos médicos, al contrario, los hay.
¿Tenés cinco hijos y solamente uno salió médico, te hubiera gustado que los demás hicieran algo más relacionado con la medicina?
Y te gusta que sigan lo de uno. Aunque en mi caso cada uno de mis hijos tiene su perfil y creo que los padres no tienen que hacer que los hijos hagan lo que uno hizo en su vida. Ahora tengo a mi nieta mayor en casa y le digo que quiero que haga medicina, y ella como todo niño, con el médico que tiene contacto es con el pediatra. Y entonces ella comenta: el abuelo quiere que haga medicina y yo quiero ser pediatra. Y una vez me preguntó: abuelo, ¿el pediatra se tiene que levantar mucho de noche? (Se ríe). Pero los hijos tienen que hacer su vida, y hay que ayudarlos. Lo bueno es cuando saben que siempre pueden volver.
¿Alguna vez tuviste algún prejuicio por ser gordo, o porque te lo dijeran, o por la imagen que le das al paciente?
Yo soy gordo de niño, y nadie pensaba que iba a hacer medicina porque me gustaba mucho el campo, mi padre tenía una estancia chica cerca de Villa Constitución, que después nosotros la vendimos. Cuando era chico me encantaba el campo y montaba a caballo todo el día, y existía la barraca Trindade, que estaba en Uruguay y Viera, y me identificaban tanto con el campo y con la imagen de Michelin, la de los neumáticos, que me decían Gaucholín, porque era un gaucho gordo. Cuando entré a la Facultad pesaba 133 kilos, después adelgacé, me casé y bajé 20 kilos, la seguí remando entre idas y venidas, me fui a trabajar a Argentina en el 78, cuando me vine tenía 20 kilos más, y ahí me tomaban el pelo, me decían “uruguayo ¿qué comes?” Y después por una cuestión de salud, en el 2009 hice un adelgazamiento importante. Pero nunca tuve prejuicio de ser gordo. Cuando compro auto, no compro el auto que quiero, sino en el que entro. En el Magic (de Agencia Central) ando bárbaro, pero me dejas sin Magic y se complica, porque tengo que matar al que va al lado mío. Se que tengo que cuidarme. Pero nunca lo tomé por el lado de la imagen que le daba al paciente, que en realidad es algo así como los médicos que fuman.
¿Estuviste tentado a ingresar organizaciones como la masonería, o a otras más abiertas como el Rotary, o los Leones, por mencionar algunas?
Estuve en el Rotary, pero después tuve que salir por la cantidad de cosas que estaba haciendo, aunque tengo planes de volver pero cuando me estabilice con los horarios. Pero la masonería por ahora no pienso entrar. Aunque me han invitado a muchas cosas y de muchos lados.
¿Tenés alguna definición política?
No creo ni en la derecha ni en la izquierda, creo que hay gente bien en todos lados y malos en todos lados. A principios de los 90, Hugo Batalla vino a hablarme para ver si quería ser candidato de su sector en Salto. Y le dije: mire, yo estoy para la medicina, no me gusta la política y no me siento político. Hoy te puedo decir que soy salteño y quiero ayudar a Salto, esté el gobierno que esté. Me inclino por Salto, primero por el país, me tiro por el Uruguay, después por Salto. Conocí a Tabaré Vázquez en el Hospital de Clínicas. La última vez que lo vi, fue cuando él era presidente de la República y vino por los 250 años de Salto y firmamos un convenio con el Ministerio de Salud. Y ahí estuve con él y nos abrazamos, nos reencontramos. Tal es así que cuando él me vio, se levantó y me vino a saludar, y el ministro miró y le dijo a otro: che, este gordo debe ser un hombre importante acá.
¿Cuál puede ser una experiencia positiva que te haya dejado el ejercicio de la medicina?
Positiva. Un niño cae de una parra y resulta con traumatismo de cráneo, lo llevamos a Concordia para que hagan la tomografía y nos avisan que tiene un hematoma en tal lado. Entonces yo pedí que lo trajeran para operarlo acá. Y lo operamos de cirugía de cráneo acá. El niño se salvó pero quedó con secuelas. Y tres o cuatro años después (Campos me dice con la voz quebrada que aún se emociona al contarlo y para antes de seguir), me llegó una postal que decía “gracias a vos, hoy estoy escribiendo”.
Ahora contame una mala, si la hubo
Bueno, una negativa, con la que también me puse a llorar como loco. Cuando el accidente de un automóvil, que llevaba cuatro muchachos adentro y que tenían una damajuana de combustible y se prendieron fuego en la zona del Obelisco. Eran futbolistas (de Deportivo Artigas que había resultado campeón salteño el 7 de setiembre del 2003) y cuando los llevaron al Hospital, yo los miré, y dije, bueno acá hay tantos muertos, e indiqué lo que había que hacer, pero pensé aunque le hagamos lo que le hagamos, se van a morir igual. Y tuve que salir a un habitáculo al lado de donde los estábamos atendiendo para llorar antes de empezar a trabajar. Uno con el tiempo se va volviendo muy sensible.

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“…Siempre fui un poco la rebelde de la familia….”

Las 10 de la última, con…
Mónica Rodríguez, presidente de ADEOMS.

Las 10 de la última, con… Mónica Rodríguez, presidente de ADEOMS.

Mónica Rodríguez Blanco, tiene dos hijos que son su orgullo y lo admite muy contenta, Marcos, Tte Av. de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) y Lucrecia Galeano, sostuvo al ser entrevistada por EL PUEBLO, para esta sección.

¿Qué función cumple en la Intendencia?

Soy telefonista, la persona que con mis otros tres compañeros le damos la bienvenida a la  Intendencia de Salto. Es un trabajo que me encanta y los  4 que estamos allí lo hacemos con mucha dedicación porque nos gusta lo que hacemos.

¿Cuántos años de funcionaria?

Llevo diez años como funcionaria.

Actualmente preside ADEOMS…

Sí actualmente sí. El 15 de noviembre último fui elegida por mis compañeros de Consejo Directivo para presidir eventualmente por un año el sindicato de ADEOMS.

¿Cuáles son los temas que más preocupan a ADEOMS en estos momentos?

Varios, el principal  es el de las calificaciones. Tenemos las expectativas de una adecuación salarial y de una presupuestación  ajustada a un criterio justo y ecuánime..

¿Cuáles son las dificultades?

En cuanto a calificación. Ya tendría que estar laudado pero lo que pasó es que los calificadores  primarios no nos  dieron vista de lo que habían resuelto en materia de calificaciones, a ninguno de nosotros de los puntajes y no nos parecía lógico que comenzara el tribunal a trabajar si nosotros no conocíamos  nuestros puntajes. De allí que se hizo una asamblea de delegados donde se pidió que realizara esa etapa que se había dejado trunca y nos pareció que no podíamos pasar a la segunda etapa, que es el tribunal de calificaciones sin haber el compañero haber pasado por esa etapa de que se le diera vista .

¿Por qué en el sindicalismo  y quién le motivó?

Lo mío comenzó desde estudiante que fui un poco la rebelde de la familia, recuerdo que una de las primeras marchas estudiantiles, en plena dictadura yo ya estaba participando, allí comencé en la parte estudiantil. Luego siempre me gustó, como también la  parte social que están muy ligada una con la otra, si bien no es lo mismo se rozan. Luego cuando ingresé a la Intendencia lo hice como zafral. Cuando el período de Malaquina terminó y comenzó el del Maestro Fonticiella  doce mujeres fuimos dejadas sin trabajo y nos vimos desamparados tanto por la administración que dejaba el escribano Malaquina, como por el sindicato…

Hubo compañeros que nos motivaron a que diéramos lucha por el reintegro, uno de ellos es mi actual compañero de la vida, Antonio Rodríguez, fue así que nos unimos y fuimos ante la mesa del Frente Amplio, a la Junta Departamental y adonde veíamos que podíamos plantear nuestra problemática lo hacíamos…,  hasta que Fonticiella tomó la decisión política de retomarnos.

He tenido grandes referentes, el primero quien hoy comparte la vida conmigo. Otro de mis referentes fue “pololo” Brunetti, a quien lamentablemente  este año hará ya tres años que no está físicamente entre nosotros, pero fue un gran sindicalissta y un gran compañero, quien tomó la bandera de nuestra lucha y junto con nosotras doce, comenzó a reunirse   hasta que logramos que nos retomaran.

Una satisfacción que recuerde en particular.

Son muchas, de compañeros de venir a decirme, yo soy fulano y quiero agradecerte porque cuando tuve a mí señora o a mí hijo enfermo tu estuviste siempre a mí lado. Así no fuera yo  personalmente, pero alguien en representación del sindicato estaba siempre allí, ya fuera personal o telefónicamente

Eso para mi es una satisfacción, porque cuando ese compañero estaba pasando por un tema difícil, nosotros estábamos allí de alguna manera.

Más allá de la lucha que nosotros podamos dar gremialmente, la parte social, la parte humana es importantísima. Estar en los momentos en que humanamente son difíciles de sobrellevar, para mi es importantísimo que el sindicato esté junto al socio, esté de alguna manera acompañándolo.

En estos momentos ADEOM Salto fue elegido para presidir la federación nacional de municipales  y en estos momentos yo  ocupo la secretaría general y también allí hemos tenido muchas satisfacciones. Lo último, fue que el congreso de intendentes no recibía a los funcionarios municipales de la federacion y el mes pasado la recibió.

La contracara, alguna frustración o alguna amargura en la lucha gremial…

La mayor amargura es ver a un compañero que queda sin trabajo, que es cesado. Para mi eso es un dolor enorme,  porque más allá que no sea socio de ADEOMS  es un trabajador que queda sin su fuente laboral. Hace muy poco yo tomé la bandera de un compañero que había quedado cesante como inspector de tránsito, tuvo una entrevista conmigo y en él vi reflejado a mí hijo, un muchacho muy joven, muy educado, muy bien. Lo primero que me dijo fue yo no soy socio del gremio, pero es el último recurso que tengo, venir para que Ud. Me ayude. Para mí fue una gran satisfacción cuando de la administración me llamaron para decirme, “mire Mónica la persona por quien Ud. Habló y el sindicato estuvo preocpado vaa ser tomada nuevamente a partir de Abril…Son de las grandes satisfacciones, pero la amargura es cuando un funcionario es cesado y queda sin su fuente laboral.

¿Cómo es actualmente el diálogo con el Intendente?

Nosotros tenemos un buen diálogo, es decir, nosotros en los últimos tiempos hemos negociado con (el departamento ) “Gestión  Humana”, pero hace muy poco hemos pedido una reunión en la que estuviera presente el intendente y la secretaria. Ambos no estaban en Salto y no participaron de la reunión y por lo tanto ADEOMS había decidido que no iba a mantener la reunión si alguno de ellos no estaba presente. Ahora si han marcado la reunión para el día 2 de mayo en que uno de los dos va a estar presente…

Nosotros mantenemos un buen diálogo, conversamos, negociando, a veces llegamos a acuerdos y a veces no. Como todo, discutimos fuerte y nosotros vamos en pro de las reivindicaciones que creemos que tenemos derecho a ellas. Tenemos una modificación presupuestal que fue votada en el 2011 con la que todavía tenemos diferencias y hoy todavía reclamamos cosas que aún no se han cumplido de esa modificación, pero hacemos el reclamo con altura, con educación que es la forma de negociar que hemos definido. Por eso tal vez en losúltimos años no hemos tomado medidas más duras, porque tenemos una ley de negociación colectiva donde lo que prima es el diálogo y la negociación y a ella nos ajustamos.

¿No más paros y huelgas entonces?

No, esa posibilidad siempre está, porque obviamente que cuando agotamos todos los recursos vamos a tomar las medidas que  todo sindicato tiene en su manga procurando conquistar lo que pedimos…

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Buscando un milagro, no un imposible

Un padre que busca a su hija salteña tras 39 años de ausencia

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.
“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.
El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.
“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.
“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.
LA BÚSQUEDA
“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.
Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.
Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.
Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.
Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.
MÁS DATOS
Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.
Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.
“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.
Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.
Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.
UNA AGUJA EN UN PAJAR
Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.
Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.
Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.
Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.
“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.

“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.

El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.

“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.

“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.

LA BÚSQUEDA

“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.

Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.

Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.

Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.

Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.

MÁS DATOS

Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.

Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.

“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.

Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.

Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.

UNA AGUJA EN UN PAJAR

Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.

Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.

Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.

Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.

“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

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Quien desde hace más de 50 años hace cometas de forma artesanal

“¡Muchachos…!
A la quinta Recaeta,
cada cual con su cometa.
Ay, que la mía no sube.
Ay, que sube
sube sube, mi cometa
y no el viento
sino mi corazón
le presta movimiento”
LÍBER FALCO
Con cuanta emoción esperábamos turismo desde pequeños muchos de nosotros para remontar nuestra cometa, esa que nos había hecho un hermano, un amigo, un tío o nuestro padre.
Pero el tiempo ha pasado y hoy vemos con nostalgia como los niños ya no esperan turismo con las mismas ansias que  antaño por remontar cometas…
Por eso hoy en nuestra sección semanal Al Dorso,  visitamos a un hacedor de cometas artesanal, con más de 50 años en el arte, quien contó los secretos de una buena cometa para que suba alto y mostró su desazón porque ya no se ven tantas cometas como antes en el cielo.

“¡Muchachos…!

A la quinta Recaeta,

cada cual con su cometa.

Ay, que la mía no sube.

Ay, que sube

sube sube, mi cometa

y no el viento

sino mi corazón

le presta movimiento”

LÍBER FALCO

Con cuanta emoción esperábamos turismo desde pequeños muchos de nosotros para remontar nuestra cometa, esa que nos había hecho un hermano, un amigo, un tío o nuestro padre.

Pero el tiempo ha pasado y hoy vemos con nostalgia como los niños ya no esperan turismo con las mismas ansias que  antaño por remontar cometas…

Por eso hoy en nuestra sección semanal Al Dorso,  visitamos a un hacedor de cometas artesanal, con más de 50 años en el arte, quien contó los secretos de una buena cometa para que suba alto y mostró su desazón porque ya no se ven tantas cometas como antes en el cielo.

“YO ME CRIÉ HACIENDO COMETAS”

Marcelo Gallarreta Dandaluz, nació el 28 de febrero de 1949, en Andrés Latorre al 1400 lugar donde aún vive con sus hijos y nietos, y sobre la pared de su casa que da a la vereda luce un cartel que dice “se hacen cometas, toque timbre”.

Es que Marcelo hace cometas de una forma artesanal desde hace más de cincuenta años y ha tomado este arte como oficio, ya que a su casa concurren tradicionalmente en esta época del año cientos de salteños aficionados a elegir su cometa “Gallarreta” para turismo, porque éstas ¡seguro suben!

Es el cuarto de ocho hermanos y de muy pequeño le gustó hacer y remontar cometas, “yo me crié haciendo cometas, en mis tiempos esto era todo campo”, dijo señalando con sus brazos todo alrededor “y en turismo todos remontábamos cometas, y yo empecé haciéndolas para los amigos y mis hermanos, siempre me gustó, hasta que me empezaron a pedir y me entusiasmé a hacerlas más elaboradas y de ahí no paré más”, comenzó contando Marcelo.

EL SECRETO PARA QUE UNA COMETA SUBA  ALTO

El secreto para una buena cometa está en las cañas y los tiros, así dijo Marcelo, “hay que tener en cuenta  que las cañas sean todas de la misma tajada y que todo esté bien medido para que quede equilibrada y los tiros, que son la base de la cometa. Yo aprendí solo, a hacer cometas y con los años fui cada vez perfeccionándome más”.

Cuando le preguntamos sobre el material que utiliza dijo, “de caña, siempre las hice igual, pero antes era con un papel uruguayo que venía de color liso y fuerte, después apareció el papel de coco que ahora no existe más, y ahora el celofán porque son colores muy lindos y a mí me gusta hacerlas de celofán, pero he hecho hasta con papel de regalo. Las cañas, tengo un vecino que me regala y después compro el celofán y otras cosas”, comentó.

“GRANADA” ES LA PREFERIDA Y HASTA  SE LA ENCARGAN PERSONAS MAYORES

“Hago cometas, faroles, de todo tipo, las que más piden son la granada, que es redonda con roncadores y flecos, después está la bomba que es toda redonda con flecos, la estrella que tiene todo roncadores en la vuelta, el lucero que tiene tres banderitas para arriba, también está el farol y así varios modelos pero el que más piden es la granada”, comentó este artesanal hacedor de cometas, que llegó a vender entre ochenta y cien cometas en la feria dominical de la plaza de deportes “en otros tiempos”.

Pero no solo los niños remontan cometas, “acá viene gente grande, parejas, novios y gente mayor que hace muchos años me compran y todos los años vienen a buscar su cometa para remontarla en el campo o en lugares libres, han venido hijos de esas personas a las que yo les vendía y que me siguen comprando también”, agregó.

LOS CONCURSOS DE COMETAS YA CASI NO SE VEN

“Las cometas Gallarreta son garantía de que suben bien” dijo sonriendo al hacer mención a su apellido como marca, “porque han ganado varios concursos” agregó entre risas, rememorando antiguos campeonatos en Villa Constitución, en las Termas, o la Costanera Norte, “pero ahora ya no se hacen más, es una lástima porque hay mucha gente a la que le gusta remontar cometas y no tienen el espacio para hacerlo y es algo muy divertido, a mí me encanta”.

Marcelo se tomó unos segundos para reflexionar y con la mirada baja comentó, “lo que pasa es que ahora todo cambió, hay muchos celulares y los gurises no son muy de remontar, y a mí un poco me perjudica, también esas cometas de nylon que vienen ahora con cañas de plástico para los niños también me ha quitado trabajo, pero no tienen nada que ver con una cometa artesanal de estas que suben bien alto”.

UNA COMETA DE UN JUGADOR DE ALMAGRO DE 2 METROS

“La cometa más novedosa que me acuerdo haber hecho fue un muñeco de fútbol con los colores de Almagro, me pidieron para remontarla en la cancha de Almagro y yo fui a verlo para ver si subía y subió lo más bien. Medía como dos metros y tenía las manos en las caderas como si estuviera parado, vestido de jugador de fútbol y eso es lo que más me acuerdo como novedad.  Ahora lo más que te pueden pedir es un farol grande”

DESDE $60 UNA GRANADA Y A ELECCIÓN

“Ayer (por el domingo) fui a la feria (de la plaza de deportes) a vender y muchas personas se acercaron a felicitarme porque son muy pocas personas las que continúan haciendo este tipo de cometas, algunos hacen un año o dos, pero yo debo  hacer más de cincuenta años que hago estas cometas. Y yo debo de ser uno de los que las vende más barato porque un farol grande anda en los $150, las granadas van de $ 60 para arriba, ahora estoy haciendo pedidos porque no pensaba que iba a vender tanto en la feria y me quedé sin nada, me fue bárbaro”, comentó.

HACER COMETAS “ME ENCANTA…ME VUELVE A LA INFANCIA”

Marcelo es muy celoso de su trabajo “a mí no me gusta que me ayuden porque soy muy detallista y las hago a mí modo, tengo mi tiempo para hacer los armazones, para marcar y las hago yo solo, pero a mi hija le gusta también así que creo que ella va a ser mi sucesora en esto”, dijo nuevamente con una gran sonrisa mientras su hija allí presente asentaba lo dicho por su padre respondiendo con otra sonrisa y un gesto con su cabeza.

“A mí me encanta hacer cometas, sino no lo haría, me vuelve a la infancia, y me gusta remontar también, además ahora tengo dos nietos y voy con ellos a remontarlas”, dijo sonriendo nuevamente.

DESDE “LOS INDIOS” DEL CARNAVAL

Pero Marcelo Gallarreta también es muy conocido por su faceta carnavalera, es que de muy joven participó en la fiesta del rey momo con carros alegóricos y disfraces de todo tipo, una pasión que heredó otro de sus hijos. “Yo voy a dejar en buenas manos todo lo que hago porque mi hija anda bien con las cometas y a mi hijo le gusta el Carnaval como a mí”, comentó.

“Yo tenía 18 años y con unos amigos escuchamos que la Comisión de Carnaval llamaba a inscripción para máscaras sueltas y dijimos ¿por qué no vamos? Así salimos con los indios. Y estuvimos quince años así, ya era una tradición salíamos con un carro alegórico. Después empecé a hacer todo tipo de carros, yo he desfilado con Rosaluna, Martha Gularte, y cantidad de personas que hace años salían acá. La mayoría son primer premio. Este año saqué el primer premio con el payaso. Y eso es otra cosa que me encanta, yo a veces miro un dibujo y agarro el alambre y ya lo empiezo a armar todo enseguida”.

Respecto al carnaval que actualmente disfrutamos, Marcelo dijo notarlo un poco frío. “Ahora yo lo que veo es que para desfilar está bien, pero le falta alegría a la gente, yo no sé si es porque antes podía entrar la gente de barrio, pero ahora yo veo que a veces están cenando o hablando entre ellos y hasta ni nos miran, y a lo mejor les preguntás después qué vieron y ni saben. Antes la gente aplaudía más y nosotros nos valemos de eso, de la alegría de la gente. Por eso yo lo veo más frío ahora”, comentó.

Sin embargo, nada aleja a Marcelo de hacer lo que tanto disfruta, “yo pienso seguir hasta que el cuerpo aguante, como dijo Luis Sandrini, yo me siento bien y con fuerza, y ya estoy pensando el carro que voy a hacer para el año que viene”, finalizó diciendo.

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Aún no pude superar haber dejado de correr

Hoy es policía de tránsito, aunque cumple tareas de custodia en un depósito municipal de motos y autos incautados por infracciones ubicado en el barrio la Aguada, casi enfrente de la Torre de Antel (empresa pública de telefonía). Luego de sus ocho horas diarias en dicho lugar cumple tareas como guardia de seguridad en un almacén en la Curva de Maroñas. Vive en el barrio Malvín Norte, en elmiguel direnna (4) conocido complejo de viviendas Euskal Erría. A pasos de ahí se desempeña como orientador técnico de la generación 2005 del Club Malvín Alto Baby Fútbol.  Nació en el barrio Lazareto y vivió su infancia también en el Cerro. En su adolescencia se trasladó a la capital del país, de donde retornó por unos años a Salto, para volver a irse y afincarse con su familia. Con sus 34 años Miguel Ángel Direnna Sattler recibió a EL PUEBLO gentilmente. Este salteño hace una década ganó “Rutas de América” y ocupó el podio varias veces tanto en dicha competencia internacional como en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. Un domingo por la mañana nos encontramos y, mate de por medio de mano en mano, discurrimos sobre el recuerdo de su historia, desde el barrio Lazareto, el Cerro, su primera bici, su venida a Montevideo, sus afectos, y su trayectoria deportiva.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO
Hizo Primaria “en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín” (enfrente a Jefatura y a la Plaza “33″) y hasta segundo de Secundaria “en el liceo Piloto del Cerro”. Nació en barrio Lazareto, “en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani”. Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: “extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado”.
VENDÍ LA BMX
“Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la “BMX” y me compré una bici de “media carrera”, bien común”, nos relata Miguel.
“Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos”. Recordó, de aquella época, a los “hermanos Romero”. El primer año fue “muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a “lo Dios que es grande”, a veces se olvida de las carreras y “me iba a pescar”.
Desde el primer día “hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios”.
TRAYECTORIA
Miguel fue ganador de “Rutas de América” en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de “contrarreloj individual”. Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).
A LOS 14 A MONTEVIDEO
Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. “Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté”. Con 17 años se fue a correr “al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría”. Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: “me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde “anduvimos bastante bien”. Con 18 años corrí “las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)”.
ENTRENAR Y ENTRENAR
“Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una “crono” (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto”. “Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría”.
¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?
“Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono”.
¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?
“Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.
¿Cómo decidiste dejar de correr?
Estaba corriendo en el club “Sales Supermercado” de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en “Rutas” y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta”.
¿Fue complicada la decisión?
“Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas”.
SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL
Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). “Ellos son mi mundo” nos dice orgulloso. “Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio”. Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el “Malvín Alto”. Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara”. Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. “Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol”, nos dice con entusiasmo.
POLICÍA
Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos (”ganaba más en mi anterior trabajo”). Tíos y primos han sido policías y “es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo”. Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.
SER SALTEÑO
Se emociona al recordar su época en Salto. “Soy salteño y la tierra te tira” nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. “Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina”.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO

Hizo Primaria “en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín” (enfrente a Jefatura y a la Plaza “33″) y hasta segundo de Secundaria “en el liceo Piloto del Cerro”. Nació en barrio Lazareto, “en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani”. Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: “extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado”.

VENDÍ LA BMX

“Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la “BMX” y me compré una bici de “media carrera”, bien común”, nos relata Miguel.

“Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos”. Recordó, de aquella época, a los “hermanos Romero”. El primer año fue “muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a “lo Dios que es grande”, a veces se olvida de las carreras y “me iba a pescar”.

Desde el primer día “hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios”.

TRAYECTORIA

Miguel fue ganador de “Rutas de América” en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de “contrarreloj individual”. Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).

A LOS 14 A MONTEVIDEO

Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. “Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté”. Con 17 años se fue a correr “al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría”. Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: “me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde “anduvimos bastante bien”. Con 18 años corrí “las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)”.

ENTRENAR Y ENTRENAR

“Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una “crono” (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto”. “Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría”.

¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?

“Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono”.

¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?

“Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.

¿Cómo decidiste dejar de correr?

Estaba corriendo en el club “Sales Supermercado” de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en “Rutas” y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta”.

¿Fue complicada la decisión?

“Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas”.

SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL

Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). “Ellos son mi mundo” nos dice orgulloso. “Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio”. Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el “Malvín Alto”. Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara”. Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. “Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol”, nos dice con entusiasmo.

POLICÍA

Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos (”ganaba más en mi anterior trabajo”). Tíos y primos han sido policías y “es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo”. Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.

SER SALTEÑO

Se emociona al recordar su época en Salto. “Soy salteño y la tierra te tira” nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. “Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina”.

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Un cantante que dejó huellas en la historia musical salteña

“Todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo
de las personas” Dios mediante su próximo onomástico – el 11 de abril –  indicará los 56 años de vida, casi tantos los que lleva con la música. Su historia de vida está colmada de momentos muy intensos tanto en lo bueno como en las dificultades y como artista completo Horacio Lepera Domínguez – cantante de trayectoria en nuestro medio – desde su experiencia llegó a la conclusión que es la gente la que construye a sus referentes. Horacio se siente muy agradecido a su público  - al que aprendió a  amar  y al que se debe como artista.

“Todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo de las personas” Dios mediante su próximo onomástico – el 11 de abril –  indicará los 56 años de vida, casi tantos los que lleva con la música. Su historia de vida está colmada de momentos muy intensos tanto en lo bueno como en las dificultades y como artista completo Horacio Lepera Domínguez – cantante de trayectoria en nuestro medio – desde su experiencia llegó a la conclusión que es la gente la que construye a sus referentes. Horacio se siente muy agradecido a su público  - al que aprendió a  amar  y al que se debe como artista.

A lo largo de la entrevista no dejó de lado su humor ocurrente y esa capacidad innata de saber utilizar el juego de palabras… noshoraciolepera0001 confiesa que cuando cumplió los cincuenta años justamente eligió de allí en más perder la cuenta… “sin cuenta” dice entre risas.

Horacio Lepera es un cantante que supo marcar una época en la línea del tiempo de nuestra ciudad.

Nacido en Buenos Aires, se radicó en Salto a los seis años y adoptó esta tierra como suya.

“LA GENTE HACE QUE UNO LLEGUE A SER ALGUIEN EN LA VIDA”

“Siento que le debo mucho al Uruguay, porque me enseñó cosas que nos las aprendí en Argentina… creo que no existen grandes cosas pero sí grandes personas… la gente hace que uno sea algo en la vida, pues uno solo no puede llegar.

Lo que he logrado se lo debo a la gente.

Recuerdo una vez – fuera de Salto – que me hicieron una especie de guerra fría en una confitería… paré entonces de cantar y cuando quedó todo en silencio les dije que si no querían escucharme me iba a retirar…  el público muchas veces nos prueba.

Lepera se caracteriza por tener un caudal de voz único, pero también en una época supo desplegar sus cualidades como showman.

“Siempre supe meterme en el personaje… desglosando la vida del cantante en una canción.

A mi criterio el más grande en Uruguay ha sido Alfredo Zitarrosa, que supo marcar un rumbo no solamente en su tierra natal sino allende fronteras.

-¿Cómo y cuándo comienza a desarrollarse la música y el canto en su existencia?

-“Me viene a la mente esa frase que dice lo que tiene que ser será… también creo que lo que natura nao da, Salamanca nao presta – (famoso dicho que expresa que las cuestiones innatas no se aprenden en las universidades)  - solamente Dios nos puede  dar una visión para que podamos tener algún fruto del espíritu como lo es el canto y la comicidad… llegué a ser showman pasando ya los 35 años… antes hacía humor por un lado y por otro cantaba.

Luego fui mezclando… pero honestamente prefiero ser cantante a ser showman.

Los cuentos los aprendí de la gente… sobre todo de las mujeres que saben mucho más cuentos que los hombres (sonríe)”.

“MIENTRAS LA GENTE NOS RECUERDE, EXISTIMOS”

-¿Cuándo se

despierta el cantante?

-“Como a los quince años, allá en Paysandú, con grupos tales como Ceibo y Volumen 5.

Cuando me radiqué en Salto, cambió mi vida… comencé a cantar con Avanzada, Fórmula 1 y también hice una suplencia en Manzana a Cachito Humedes  - Dios lo tenga en la gloria.

La gente siempre se queda con los buenos recuerdos, del Club Universitario, La Cueva del Tigre y otros boliches donde recalábamos a la noche.

Mientras el público te recuerda, existís… cuando nos deja de recordar, morimos.

Afortunadamente tengo gente que me quiere…si no fuera por mis amigos yo no estaría aquí.

Como saben cuál es mi situación de vida me ayudan mucho… trato de mantener una buena salud y me cuido.

No cuento con una jubilación aquí, sí  en Argentina, que me envía mi hermana todos los meses y ello me ayuda a subsistir.

En un tiempo me autoabastecía… en la actualidad por mis circunstancias dependo de los demás… cuando me dicen de volver a hacer shows les contesto que debo ir de a poco, que de esa forma se llega lejos”

La vida – en el concepto de Horacio – se compone de momentos… y todo tiene su tiempo… no nos podemos adelantar pues “Los tiempos son de Dios” – asevera desde sus creencias cristianas.

“CUANDO CAÍ ENFERMO VIVÍ UNA TOTAL DECEPCIÓN CON ALGUNAS AMISTADES QUE SE ALEJARON FUE ALLÍ QUE ME AFERRÉ A DIOS”

-¿Fue una buena época la que

vivió en los grupos que marcaron historia en la música salteña?

-“Para mí todas fueron buenas épocas… no puedo hablar de una mejor o peor… todas me dejaron cosas muy valiosas.

Rescato lo bueno y lo negativo lo dejo de lado…no existe…”

Años más tarde se vinculó al músico Néstor Balbuena y así nació “Horacio Show”.

“Estuve con Néstor trabajando unos tres o cuatro años y a la gente le gustaba… viajaba mucho y llegué a tener hasta siete presentaciones por día.

El gran tema es que tal desgaste me costó la salud… uno tiene que cuidarse a sí mismo… en ese momento le di para adelante sin darme cuenta que adelante tenía una pared.

Cuando me enfermé, viví una decepción total con algunas amistades que se alejaron y me dejaron por el camino.

Así fue que me aferré a Dios y grabé un cassette cristiano.

Lo que me queda de todo es lo que pude cosechar del público al que siempre amé.

Me quedaron también amigos que son de fierro, que siempre están conmigo, que nunca me olvidaron”.

-¿Cómo ve a la nueva generación de artistas?

-“Muy buena…  bien encarada… hoy son tiempos difíciles… no obstante nunca me puse a pensar en el dinero que me ingresaba por las actuaciones… yo actuaba siempre igual…

Me podían pagar lo que fuera… mi show era siempre igual… siempre rendía al máximo.

Como anécdota recuerdo que un día que me puse a hacer chistes de gallegos en un lugar donde el dueño era español y éste me dejó de contratar.

Lo aprecio muchísimo y no dejo de reconocer que no tuve intenciones de ofender a nadie… fueron simples chistes

Nunca me gustó cantar en un lugar solo sino cambiar de ámbito

Creo que aprendí a conocer a la gente… todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo de las personas

Siento que aún me falta mucho para ser un artista completo”.

Horacio Lepera también se dedicó a hacer jingles y trabajó para Corporación Thompson.

Me crucé en esas oportunidades con Julia Senko (cantante argentina) que en un principio se dedicaba a hacer jingles… le sugerí que se dedicara a ser solista y fue así que logró trascender”.

-¿Cuáles son las cualidades fundamentales que debe reunir un artista?

-“Primero ser humano, ser un cristiano y dejar que la gente que nos haga artista… es la gente nos levanta como una pandorga y quien nos corta el hilo.

No se puede ser autosuficiente… hay que saber llegar a la gente y si no, mejor nos quedamos en casa

Voy a reiterar algo que dijo Antonio Gasalla… si toda la manija que nos damos en contra nos la diéramos a favor, éste mundo sería un paraíso”.

-¿Sigue vinculado a Asdemya (Asociación de Músicos y Afines)?

- “Soy socio vitalicio… siempre mantengo los vínculos, si bien no me interesa jubilarme como músico.

De salud gracias a Dios estoy bien, gracias al equipo médico del Hospital, soy una persona que confío en la Medicina y sigo al pie de la letra el tratamiento”.

Si bien en un tiempo se aferró a la Iglesia Evangélica hoy concurre a la Iglesia Católica.

Al hacer una mirada retrospectiva de su vida rescata “su tiempo con Dios”.

Como proyecto a corto plazo tiene en mente volverse a Buenos Aires donde  tiene a su hermana María del Carmen en los próximos tres meses.

“Siempre hay algún amigo que tiene una guitarra guardada en desuso… que me vendría bien (sonríe)… y como mensaje final me gustaría citar ese refrán que dice “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”…

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Un destacado cantante lírico que fue finalista del concurso “Soñando por Cantar”

Nació en la ciudad de Paysandú y se formó en la especialidad de Canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Uruguay. Hijo de una cantante folcklórica sanducera, Élida Píriz, mamó desde muy pequeño la realidad de la música y el canto, heredando facultades que luego las implementará en su carrera como solista.
Julio Daniel González Píriz (44) ha desarrollado su profesionalismo como solista, pero también ha encontrado su veta vocativa en la docencia, carrera que ejerce desde hace muchos años.
Este año su agenda apunta al interior del país, brindando cursos en academias de su ciudad natal (pues reside en Montevideo) y ha llegado también a Salto donde brinda talleres para cantantes y personas interesadas en aprender a desarrollar el arte vocal.
El artista compartió también la experiencia que vivió en el año 2002 en la emisión televisiva de Canal 12 “Casting” y recientemente en el Programa argentino “Soñando por Cantar”, donde logró el reconocimiento a su talento. Con él nuestra sección semanal Al Dorso.

Nació en la ciudad de Paysandú y se formó en la especialidad de Canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Uruguay. Hijo de una cantante folcklórica sanducera, Élida Píriz, mamó desde muy pequeño la realidad de la música y el canto, heredando facultades que luego las implementará en su carrera como solista.

Julio Daniel González Píriz (44) ha desarrollado su profesionalismo como solista, pero también ha encontrado su veta vocativa en la docencia, carrera que ejerce desde hace muchos años.

Este año su agenda apunta al interior del país, brindando cursos en academias de su ciudad natal (pues reside en Montevideo) y ha llegado también a Salto donde brinda talleres para cantantes y personas interesadas en aprender a desarrollar el arte vocal.

El artista compartió también la experiencia que vivió en el año 2002 en la emisión televisiva de Canal 12 “Casting” y recientemente en el Programa argentino “Soñando por Cantar”, donde logró el reconocimiento a su talento. Con él nuestra sección semanal Al Dorso.

DE PAYSANDÚ AL CANTO DE PRIMER NIVEL

Julio Daniel se formó en la Escuela Nacional de Arte Lírico (cuyo director es Paolo Rigolín) y posteriormente realizó algunos conciertos con otros cantantes del SODRE, como por ejemplo el salteño, Marcelo Otegui.

“Nací en Paysandú y me crié allí hasta los 23 años, canté desde niño y tenía la influencia de mi madre. En la escuela siempre canté, luego en el liceo integré coros, y participé de los encuentros que se hacían aquí en Salto en el Teatro Larrañaga”, contó.

“Siempre me elegían como solista para cantar algunas partes y recuerdo un día que estaba presente un importante inspector de coros de Montevideo y me dijo que veía condiciones en mí para seguir la carrera de canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico y fue así que años más tarde me fui a estudiar allá”, rememoró.

Anteriormente a esta etapa había recibido la invitación de un grupo de parodistas capitalinos para integrarse a ellos.

“RECONOZCO QUE LA BASE DE UNA TÉCNICA VOCAL COMO LA DE LA ESCUELA LÍRICA ES POSITIVA PARA CUALQUIER CANTANTE”

-¿Cómo fue su experiencia formativa en la Escuela Nacional de Arte Lírico?

-“Existen muchos aspectos que el cantante debe cultivar, la mayoría de las facultades deberían darse naturalmente, en el sentido de que la mejor técnica de canto es la que no se nota.

En mi caso, contaba con las condiciones naturales, una emisión y volumen importante pero la formación en la Escuela, desarrolló un papel fundamental.

Tuve la suerte de tener una maestra que es Virginia Castro, cantante uruguaya, cuya performance fue destacada en Europa y en China; una excelente docente y yo heredé como profesor muchas herramientas de su parte; no solamente trabajar la voz en el cantante sino los aspectos psicológicos y emocionales.

A veces tenía mucho más rendimiento al poder enfocarse también en esos aspectos y no solamente en la voz y en el cantante.

Reconozco que la base de una técnica vocal como la de la Escuela Lírica es absolutamente buena para cualquier cantante. Destaca de la persona otras técnicas que no lo hacen”.

DESARROLLANDO LUEGO SU VETA DOCENTE Y LA IMPORTANCIA DE “LA INTUICIÓN DE CANTANTE”

El cantante lírico descubrió en el tránsito de su formación su vocación por transmitir sus conocimientos a otros; “es una de las facetas de la música que me hacen sentir bien y que me brindan otras cosas que no las vivo en el escenario.

El estar frente al público también nos hace vivir a los artistas una experiencia única e intransferible”.

-¿Qué recuerda de su niñez, con la influencia de una madre cantante?

-“Mi madre fue mi primera referente, hace un tiempo, preparando un espectáculo de boleros hice una selección y luego de estudiarlos y cantarlos, advertí que me resultó muy fácil. Entonces me pregunté: ¿Cómo puede ser si nunca canté boleros? Hete aquí que apareció la memoria musical, mi madre ensayaba en mi casa boleros y folcklore, el género con el cual crecí escuchando, estaba tan dentro de mí que se dio naturalmente”.

Julio Daniel señaló también que dentro de su numerosa familia tiene varios hermanos que también cultivan el canto.

“La intuición del cantante es una particularidad que resalta en quienes tienen las condiciones para el canto”.

LA VOZ CONCEBIDA COMO EL INSTRUMENTO MÁS SUBLIME

La voz es el instrumento más sublime de todos, ya que se ve influenciada no solo por lo que sentimos al momento de cantar, igualmente se verá influenciada por nuestro descanso nocturno, el estrés  los alimentos que ingerimos, así como por nuestro estado anímico.

Posteriormente a ello, es necesario aprender a emplear a la hora de cantar todos los músculos de la espalda, y las cavidades resonadoras de nuestra cara, así como también aprender a utilizar nuestro cuerpo como una gran caja resonadora a la hora de cantar.

Para ello, es menester recibir clases de un buen docente de canto. Ese profesor, es quien nos ayudará a explorar las emociones y capacidades físicas a la hora de cantar.

“EL CANTO ES UN PROCESO”

-¿Es un camino árido el de la formación en el canto?

-“Se torna muchas veces bastante difícil, cuando estoy con mis alumnos en varias oportunidades les digo que el aprender canto no es como cualquier otra especialidad, sino que el aprender canto forma parte de un proceso.

Están inmersos tanto en psiquismo como la parte emocional y la voz, ésta última está íntimamente relacionada y ligada a lo afectivo porque desde que nacemos, la voz está ligada a todos los estados de ánimo que tiene el cantante.

A veces hay problemas en un alumno que no avanza en la técnica y  muchas veces tiene que ver con su situación emocional o psíquica.

En la medida en que uno comienza a trabajar la voz técnicamente, es bueno que se trabajen otros aspectos como el de apostar a una mentalidad positiva”.

SU EXPERIENCIA PERSONAL EN “CASTING” Y “SOÑANDO POR CANTAR”

Julio Daniel fue seleccionado entre numerosos cantantes para participar en el 2002 del programa televisivo emitido por canal 12, “Casting” y rescata dicha experiencia.

“Yo ya estaba estudiando en la Escuela Nacional de Arte Lírico y fue mi primera vez en la televisión, quedamos cuatro ganadores en esa oportunidad; Valeria Lima, Natalia Cafrée, Marcelo Bidart y yo.

Recuerdo que se sorteó un viaje a España que se lo ganó Valeria Lima por la votación del público”.

“Aprendí a manejar algunos aspectos que no los había adquirido de la escuela, si bien participé y canté para el SODRE. La televisión es diferente y allí desarrollamos lo que se conoce hoy por performance, que es la ecuación entre lo que veo y lo que escucho”.

“Pasa en ocasiones que a nivel de imagen lo que se ve no es demasiado bueno, pero sí lo que se escucha o viceversa. Siempre tiende a llevarse el mayor reconocimiento el artista que luce una buena imagen y se escucha bien”.

“El verme en la televisión me ayudó a mejorar y hacer una autocrítica positiva.

Con Casting tuvimos la suerte de viajar por todo el país.

Son experiencias que nos permiten ir madurando y todas las cosas que pasan y parecen ser negativas en un principio, se rescata el aprendizaje como ecuación final.

Su pasaje por “Soñando por Cantar” le valió también un reconocimiento que sumó puntos a su carrera profesional y artística”.

“Cuando le preguntamos a Julio Daniel González si se puede vivir exclusivamente de la música sostiene que sí, que todo está en lo que cada uno desee lograr”.

“Está realizando talleres aquí en Salto y se tiene previsto que los mismos continúen cada quince días en el local de Asdemya (Asociación de Músicos).

Me llama la atención del gran nivel de artistas del interior y fue el móvil que me trajo a dar clases, aparte me hubiera gustado que en la época que comencé alguien me hubiera brindado formación en mi lugar de origen, pues no es fácil desprenderse de los afectos y emigrar a la capital cuando se es joven”.

“Erróneamente se cree que el canto es para unos pocos, cuando en realidad es para muchos, se debe contar con el gusto por la música, una voz sana y un oído musical y podemos comenzar en cualquier estadio de nuestra vida.”

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Juan José “Chochó” Escobar y sus reminiscencias del Salto de otras décadas

“Nací en un barrio de balcón y luna”… comienza la entrevista tarareando la letra de un tango cuando queremos hurgar en sus vivencias… se refiere al barrio Zona Este de nuestra ciudad, lugar donde dio sus primeros pasos, concretamente en la calle Washington Beltrán y luego se mudó hacia el barrio Progreso donde cumplió con su etapa escolar.
“Luego nos vinimos para el centro, a una cuadra de Plaza Artigas… fue cuando empecé a laburar como tantos, muchos años trabajé en El Espinillar, como administrativo y viví aquella época brava cuando andaba Raúl Sendic, el tiempo de los cañeros, de la UTAA y de las marchas… entré con 18 años a trabajar”, nos recuerda.

“Nací en un barrio de balcón y luna”… comienza la entrevista tarareando la letra de un tango cuando queremos hurgar en sus vivencias… se refiere al barrio Zona Este de nuestra ciudad, lugar donde dio sus primeros pasos, concretamente en la calle Washington Beltrán y luego se mudó hacia el barrio Progreso donde cumplió con su etapa escolar.

“Luego nos vinimos para el centro, a una cuadra de Plaza Artigas… fue cuando empecé a laburar como tantos, muchos años trabajé en El Espinillar, como administrativo y viví aquella época brava cuando andaba Raúl Sendic, el tiempo de los cañeros, de la UTAA y de las marchas… entré con 18 años a trabajar”, nos recuerda.

SU VINCULACIÓN A CANAL 8

Luego la vida lo fue llevando por distintos caminos y oportunidades, en Canal 8 se desempeñó en la parte publicitaria y también cumplía otras funciones.

Un tiempo que él describe con humor como la “televisión a pedal” y lo que hoy se conoce como un equipo de video era en aquel momento un par de carretes de cinta ancha que pesaba cada una veinte kilos, una batería de auto.

“Recuerdo los espectáculos denominados “Reinas del Sol” que organizaba la empresa Nivea, y enviábamos a desfilar muchas de las reinas, también a Piriápolis, al parador Las Grutas, épocas muy lindas.


“EN LA MÚSICA DESPUÉS DE LOS GRANDES GRUPOS, LAMENTABLEMENTE NO SURGIÓ NADA RESCATABLE”

-¿Cómo se da en su vida la inclinación por rememorar otras épocas?

- “Lo que sucede es que aquí en Salto hubo una especie de gran bache musical… era la época en que se terminaban los Beatles, los Iracundos, Nicola Di Bari, esos grandes grupos musicales como Los Wawancó y quedó un vacío.

Se murió el creativo, murió la poesía y murieron los grupos.

No surgió nada rescatable después.

Una gran masa de público tampoco se adaptó a las canciones superficiales que surgieron después.

Un día compartiendo un asado con los amigos, entre trucos y vino comenzamos a escuchar la radio y no encontrábamos nada que nos atrajera, no estaban Los Beatles.

LO QUE LA HUMANIDAD LE DEBE A LOS BEATLES

Si serán grandes Los Beatles que la Humanidad les debe el que hayan hecho una fundación con fondos especiales para la Medicina y propiciaron un gran adelanto científico; dos científicos fueron ayudados por ellos para poder concluir el tomógrafo computarizado.

Fue así que me decidí a ir a Radio Arapey para armar el programa. La música es como la poesía, no tienen edad.

Por ejemplo, poesías de Federico García Lorca que son de tantos años atrás, permanecen frescas.

Grandes músicas que en su momento fueron populares, hoy son clásicos.

“UNA CIUDAD COMO SALTO NO VAMOS A ENCONTRAR EN NINGÚN LADO”

-¿La gente es muy participativa en el programa?

-“Fuimos diez días a la playa a Punta Colorada y nos llovió… me llegaban mensajes permanentemente al celular, gente de varios puntos del país… al programa lo ven más de doscientas veinte mil personas, de Tacuarembó, Rivera, Paso de los Toros, Artigas. Hasta las monjas me escribieron.

Hubo un mensaje que particularmente me emocionó, recuerda y no puede dejar de conmoverse “Loco, gracias por la ventanita de libertad que nos das”, fueron los presos de la cárcel de Salto.

La música rememora momentos, vivencias, la gente bailó, se conoció, se enamoró, se casó, con esa música.

Una madre pidió que saludara a su hijo de quince años que también le gusta el programa.

Pero “Chochó” admite que también le gusta otra música, más actual, “porque también sigue habiendo algo de buena música hoy”. Me gusta la música de No te va Gustar y de Bajo Fondo.

Hay cosas excelentes que se están haciendo.

Salto es una ciudad preciosa, tengo el privilegio de decir que conozco todo el Uruguay, menos Durazno y Florida.

Ciudad como esta no vamos a encontrar en ningún lado, con la calidad de vida que tenemos aquí.

Salto y los salteños tenemos el privilegio de podernos disfrutar del agua mineral, de bañarnos durante todos los días del año, con el agua termal (mineral).

Pero le falta algo a esta ciudad, la impronta cultural, la oferta cultural es escasa.

Tenemos un teatro maravilloso, pero se llena de murciélagos, tenemos un Ateneo divino, pero debe estar lleno de mosquitos, tenemos el Parque Harriague. Una mujer una noche metió quince mil personas allí…Rafaella Carrá.

En cambio en la capital del país, tenemos una oferta fuerte.

“RAÍCES, PIEL Y VIDA”

-¿La gente llama para pedir algún tema musical y también para compartir vivencias?

-“Efectivamente, nos comparten lo que vivieron con determinadas canciones, por ejemplo los bailes de Carnaval que ya no existen más en un Universitario que tampoco  existe más.

El Marqués de las Cabriolas ya ha quedado atrás, las mascaritas desaparecieron, aunque hay un carnaval muy atractivo que tiene mucho poder de convocatoria.

Antes la gente se disfrazaba y salía a disfrutar por calle Uruguay.

Hoy mis hijos quieren escuchar la música con la que nos conocimos nosotros, sus padres… y ello lo logra la magia de la radio y la televisión.

De radio tengo mucho material y en televisión, se hace camino al andar.

Con la música pasa lo mismo que con la poesía, la gente no lee porque vivimos en un mundo apurado loco, pero es algo que no pasa de moda.

Es un abanico muy grande que consta de tres palabras; raíces, piel y vida”.

Chochó no se considera una figura importante dentro del ámbito de la comunicación, y si no que la relevancia la reviste – de acuerdo con sus apreciaciones – la propia gente, quienes están detrás de la pantalla y no los puedo ver.

“La gente es la riqueza de las empresas, el lector, en el día a día… repite una y otra vez que la música tiene magia.

¿Saben cuál es el mayor poder de convocatoria de esta ciudad? ¿Las Termas? ¡No! Es el río.

Ésta es la única ciudad del Uruguay donde el río toma curvas y forma de cintura de mujer, agrega.

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Un joven profesional que cumplió su sueño y tiene un futuro promisorio

La mayoría de los niños quieren ser superhéroes o
justicieros a su manera, jugando siempre a ser bomberos
o policías. O al menos siempre quieren arreglar el mundo para hacer que las cosas justas sean las que prevalezcan,
y para esto eligen seguir un camino que los lleve lo
más cerca posible a encontrarse con sus ideas.

La mayoría de los niños quieren ser superhéroes o justicieros a su manera, jugando siempre a ser bomberos o policías. O al menos siempre quieren arreglar el mundo para hacer que las cosas justas sean las que prevalezcan, y para esto eligen seguir un camino que los lleve lo más cerca posible a encontrarse con sus ideas.

Sin embargo, esa motivación también habla de los valores de las personas, de la nobleza y del don de gente, algo que debe perdurar en el tiempo más allá de los avatares que nos presente la vida.

Pero esa nobleza determinó en ese ideal de justicia que muchas veces se ve menoscabado por cuestiones externas como el propiogaitan sistema, la falta de preparación de los operadores del mismo que los expone a cometer errores, o la negligencia como acto que conlleva injusticias consigo y aún así el ley motive apunta a no bajar los brazos.

Esa fue la meta que se propuso Rodrigo Gaitán cuando con 18 años de edad, se vino a Salto desde su Rivera natal para lograr su sueño, el de ser abogado. Llegó en el año 2004 y un año más tarde lo siguió su familia, con la que vive hoy en Salto tras haberse recibido y estar ejerciendo exitosamente la profesión, trabajando en el estudio Signorelli & Altamiranda y desde el 2012 es aspirante a docente de derecho laboral en la Regional Norte, como “forma de retribución a la Universidad por haberme brindado las herramientas para ejercer mi profesión”.

Tras obtener una beca junto a otros colegas suyos, está cursando una maestría en Derecho del Trabajo en Montevideo y a propuesta de sus compañeros representó a Uruguay en Venezuela y Ecuador el año pasado, donde expuso en dos foros internacionales de primer nivel en la materia.

“Siempre dije que venía del interior del país, y eso marcó la diferencia, porque la mayoría de mis colegas eran de las capitales”, contó en una entrevista que el joven y prominente abogado dio ayer para nuestra sección semanal Al Dorso.

EL PRINCIPIO

“Me acuerdo cuando era chico me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande y siempre decía que quería ser abogado. Me vine a Salto a estudiar abogacía en el 2004 con 18 años de edad, y me hice la carrera íntegra acá. Al año vino mi hermano y meses después en octubre se vinieron mis padres, porque ellos también extrañaban el desprendimiento de los hijos”, contó el Dr. Gaitán.

Se vio deslumbrado por la ciudad y decidió quedarse. “Salto me encantó, es una ciudad formidable acá existe algo en el ambiente que solo Salto lo genera y lo digo por experiencia. No es casualidad que en esta ciudad exista el doble de profesionales que en cualquier otra ciudad del interior del país, tampoco es casualidad que la mayoría de los que venimos de otro lado nos encantamos con Salto y elegimos quedarnos”, señaló.

Siempre tuvo la idea de los abogados litigantes que veía en las películas. “La idea de que ante una situación que era muy difícil encontrarle la solución, el tipo la peleaba, la buscaba y encontraba el tema de la argumentación, le buscaba la vuelta, la idea, para que eso que se creía perdido, hubiera una solución y se viera que no era tan así como se creía”.

Ahora también sabe que “existe una enorme distancia entre lo que uno ve como niño y después con la realidad. En mi caso no tuve un contacto con lo que es el sistema realmente hasta que estuve avanzado en la Facultad, no había pisado un juzgado nunca. La idea de justicia no siempre va acompañada con el ejercicio de la profesión, en el sentido de que uno siempre se pone la camiseta del cliente y de que se falle según la verdad, sino garantizando la mejor defensa y de que si se falla en contra de mi cliente, que sea después de transcurridas todas las garantías, por ahí también hay justicia, es decir, si se gana o se pierde pero siempre dentro de las reglas”, opinó nuestro entrevistado.

EL SISTEMA TIENE FALENCIAS

Para Gaitán el sistema judicial en general no vive una situación alarmante. Aunque opina que como toda institución del Estado tiene sus falencias y que a medida que van avanzando los tiempos, van saliendo a luz las fallas del sistema que estaban ocultas.

“En mi caso hago derecho laboral, ya sea asesorando empresas en la mayoría de los casos, como a trabajadores. El cambio en el mundo de las relaciones laborales producido en el país a partir del 2005, ha generado una conciencia de miles de derechos que le eran reconocidos a partir del año 2005, o que ya estaban reconocidos pero que los trabajadores no tenían esa información, y eso se volcó a los juzgados. Pero no existió una respuesta en recursos humanos y en el estudio y el aprendizaje de esa norma por parte de los operadores, principalmente de los jueces”, indicó.

Para el joven abogado en la actualidad los jueces “se ven sobrecargados de trámites y de procesos en los cuales les resulta imposible, que siendo quienes toman las decisiones, sepan llegar a ellas con las especificidades que tiene esa materia. En el sentido de que hoy, como también se necesitan jueces, muchos de ellos no tienen ni los medios, ni los tiempos necesarios, como para especializarse en la materia en las cuales deben tomar decisiones y entonces se torna muy difícil muchas veces que el proceso tenga todas las garantías y que uno sienta en el ejercicio de la profesión cuando lleva adelante un caso, que se agotaron todos los medios para fallar a favor o en contra de esa situación. Creo que en ese sentido, el sistema judicial tiene unos huecos muy importantes”.

Si bien ponderó el funcionamiento del sistema judicial local, dijo que la generación de normas fue mucho más rápido para los tiempos que tendrían que tener los operadores, para poder conocerlas y saberlas aplicar.

ABRIENDO PUERTAS

Rodrigo Gaitán junto a otros dos abogados salteños (Roberto Burutarán y Sebastián Molteni) se encuentran realizando una Maestría en Derecho del Trabajo y Seguridad Social, en la sede de la Universidad de la República en Montevideo, donde tras concursar, obtuvieron una beca.

A través de la misma según dijo, se le “abrieron puertas” que le depararon ser elegido para representar al país en el Seminario Internacional de Derecho del Trabajo, que se llevó a cabo en el mes de abril del año pasado en Isla Margarita en Venezuela.

“Hubo un llamado para una beca por país y si bien la inmensa mayoría de las personas que se presentaron eran de la capital del país, tuve el privilegio de ser seleccionado siendo el único del interior que se había postulado. Tuve la posibilidad de intercambiar con juristas, sociólogos y otros profesionales del continente, en una experiencia que me enriqueció mucho. Incluso en ese momento, Venezuela estaba viviendo momentos muy especiales porque hacía un mes de la muerte de Hugo Chávez y había transcurrido un nuevo proceso eleccionario en el país, a lo que nos pusimos a analizar cómo incide el derecho en la sociedad”, contó.

Tras su participación en ese foro llevado a cabo en el país caribeño, logró una nueva beca para participar el pasado mes de octubre en la ciudad de Guayaquil, en Ecuador, en otra instancia internacional donde “nuevamente fui representando a Uruguay a exponer unas ideas que había manifestado cuando estuve en Venezuela, pero esta vez lo hice en el Congreso Regional Americano  con gente de todo el continente. Fueron instancias de mucho intercambio y también importantes para saber cómo está posicionado el país en algunas cosas. Pero lo importante es tener la opinión de afuera de cómo está posicionado y cómo es visto el país en general”, dijo.

A raíz de su participación en ambas instancias internacionales, fue invitado este año para participar nuevamente del congreso internacional en Isla Margarita, Venezuela. Aunque esta vez no lo hará como asistente, sino como expositor.

LA LIBERTAD, UN CONCEPTO MUY DIFÍCIL

Al ser consultado sobre este punto, Rodrigo Gaitán dijo que para él la libertad “es un concepto muy complicado, porque en primer lugar es un derecho, pero para gozar del mismo se requieren  una serie de elementos y de medios sin los cuales ejercer la libertad en toda su amplitud se torna imposible”.

Consideró que respecto a los conceptos de libertad de expresión y de pensamiento, nuestro país “en ese sentido está bastante bien y lo viví en otros países, creo que en eso Uruguay está pasando por un grado bueno en ese aspecto”.

Asimismo reconoció que en cuanto a la libertad como “concepto de autodeterminación de una persona, en el sentido de la libertad de la persona para realizar aquellas acciones que estima pertinente, o no hacerlas por ciertos motivos, creo que ahí juegan un rol muy importante los medios de comunicación en el sentido de garantizar la libertad de la gente en general, hablando de la libertad de expresión y haciendo hincapié en aquellos casos en que la libertad se pueda ver afectada”.

Aunque así mismo está de acuerdo con que el “consumismo y el sistema globalizado a través de las redes sociales y demás, imponen en cierta medida el direccionamiento de la conducta de la gente, marcando tendencias y determinando acciones y eso sí en cierta medida, afecta la libertad de las personas”.

Rodrigo Gaitán dijo estar “feliz” de haber logrado su sueño de ser abogado, y de poder ejercer la carrera con todo lo que eso implica, “hay días de satisfacción y otros no tanto, pero estoy feliz de poder hacerlo”.

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