Rubén Baldassari: “un panadero de alma, trabajando con amor”.

Rubén se define como panadero, más allá de ser el propietario de la reconocida panadería “Edilru”,hoy llamada “Edilrú corazón”, con el slogan “panaderos de alma, trabajando con amor”. “Este año la empresa festeja sus  45 años de trayectoria, aunque tiene tres fechas de festejo: una el 26 de agosto, porque fue cuando se inició en Villa Constitución, la otra el 15 de noviembre cuando se instaló en nuestra ciudad, y la otra el 29 de abril, cuando fue la reapertura luego que un voraz incendio obligara su cierre por apenas un año.“Pese a que el día de comienzo lo califica como “el peor”, comercialmente hablando y luego debió enfrentar muchas dificultades, nunca bajó los brazos y siempre supo salir adelante de la mano del respeto y del amor. Así recibió a EL PUEBLO, de  forma muy cordial para contar parte de esta larga trayectoria.

¿Cómo surge la panadería?
La idea surgió de mis padres, ellos fueron los que compraron las máquinas y el edificio en Villa Constitución que fue donde se inició, el 26 de agosto de 1969, pero desde ese primer día  yo trabajé en la panadería. Él era el dueño y yo era el panadero, y ése día, fue el más amargo de mi vida comercialmente hablando, aunque parezca un contrasentido”. La explicación de esto es que “salió todo mal, dependíamos de un maestro panadero que era alcóholico, y ese día particularmente, se le había dado mucho fuego al horno y al poner la mercadería fue un desastre…
A fines de ese año le dije a mi padre ?o se va él o me voy yo’, y aunque me advirtió que yo no sabía nada, le dije que iba a aprender. Tenía entonces 21 años, y durante un mes fui a Belén a las 12 de la noche a buscar a un hombre que trabajaba allá, que venía a nuestra panadería, amasaba y me iba enseñando. Terminábamos a las 3 de la madrugada y lo iba a llevar, fui aprendiendo algo e hice un curso de Fleischman en Paysandú en el año ‘70 que me ayudó bastante.
El hecho de hacerlo todos los días, de tener la responsabilidad y adquirir la experiencia influye mucho. Así empezamos a trabajar firme, había una familia detrás y esos años en Constitución trabajamos muy bien. Íbamos a Zanja Honda, Saucedo, Palomas, Belén, con mercadería envasada.
Estuvimos en Constitución  19 años,  allí conocí a la que es hoy mi esposa y allí nacieron nuestros dos hijos y, anecdóticamente, de los cinco hermanos que somos, el único que nació en Villa Constitución fui yo, todos los demás nacieron acá (en la ciudad).
Por eso tengo muy lindos recuerdos de los 40 años que viví en Constitución.
El 14 de noviembre de 1988 paramos en Villa Constitución y el 15 de noviembre arrancamos en Salto.
¿El local siempre estuvo en el mismo lugar?
Sí, pero la instalación fue un proceso muy largo porque fue un negocio que se hizo a través del Banco República, con préstamos, hubo que hacer varios viajes a Montevideo, y luego reformar lo que era el antiguo cine Salto y eso insumió un año y dos meses. Por eso siempre digo que nuestra empresa tiene una particularidad que no ha de ser muy común y es que tenemos tres fechas para celebrar, el 26 de agosto del 1969 que empezamos en Villa Constitución, el 15 de noviembre de 1988 que empezamos en Salto, y el 29 de abril de 2010 que fue la reapertura después del incendio que fue el 29 de abril de 2009.
La reapertura se realizó en  tiempo para las consecuencias que tuvo el siniestro…
Sí, se trabajó fuerte ese año, pero al otro día del siniestro estábamos reunidos en familia viendo qué hacíamos, pero nadie de los que estaba dudó si empezaríamos de nuevo o no, la pregunta era cómo lo vamos a hacer. Teníamos que seguir. No era cuestión que un incendio nos quitara la posibilidad de seguir trabajando, que nos tirara abajo, pesó bastante el hecho que mi padre era un tipo muy luchador, muy emprendedor y parecía que en aquel momento estaba desde el más allá diciendo que no bajáramos los brazos. Ya estábamos decididos a arrancar de nuevo, no era una tarea fácil y resultó un trabajo bastante complejo, pero llegó la fecha de la reapertura y hoy estamos de nuevo en carrera.
¿Por qué el nombre Edilru?
Es el significado del nombre de mis padres, Edilberto y Rubí, que era sólo hasta antes del incendio. Cuando la reapertura decidimos en la familia agregarle la palabra “corazón”, por eso hoy se llama “Edilru corazón”, porque ese año que estuvimos parados, fueron  tantas las cosas lindas que nos pasaron que había que destacarlo de alguna manera, fue tanto el apoyo y la solidaridad de la gente, desde cuando me veían en la calle y me decían ‘vamos arriba Rubén’ y queríamos testimoniarlo. Ese corazón es el agradecimiento que tenemos con la gente.
También recibió apoyo del personal
Mi gente es un capítulo aparte, primero cuando nos trasladamos de Constitución en el 88, toda la gente que estaba trabajando con nosotros se vino a vivir a Salto para continuar trabajando con nosotros. Y después cuando el incendio, conseguí con algunos colegas, ubicar a algunos en otros lugares inmediatamente, y algunos a los que no les pude conseguir, pasaron al seguro de paro. Al año, cuando fuimos a arrancar, fuimos a hablar con ellos, y todos volvieron y eso para nosotros resulta fundamental. Siempre digo que en estos 45 años haciendo un balance respecto a la gente que ha trabajado con nosotros, es muy positivo, obviamente hubo excepciones, pero con la mayoría de la gente hemos hecho una comunión, nos conocemos mucho …y es recíproco… (señala un recorte  encuadrado de  una publicación en  EL PUEBLO dedicada por sus empleados que exhibe en su oficina).
Son cosas lindas, porque eso muestra que uno también  trata de ser lo  mejor posible, no solo respecto al salario que obviamente la gente trabaja por eso, pero no es lo único importante, hay varias cosas importantes, el ambiente de trabajo, el respeto es fundamental y estamos cómodos trabajando con ellos, y creemos que ellos también.
¿Ud. participa en la elaboración?
Actualmente no, estuve 18 años trabajando en la elaboración, envasando, horneando, sé hacer todo en la panadería, pero después las exigencias me fueron llevando a no poder hacerlo más, hoy no podría estar todas esas horas elaborando y además atender la administración de la empresa. Sigo madrugando, hace 45 años que me levanto a las 3:30 de la madrugada, pero lo hago normalmente, no me pesa en absoluto.
Al nombre le agregamos además “panaderos de alma  trabajando con amor”, eso es real y sincero, hacemos lo que nos gusta hacer y lo hacemos con mucho gusto, con mucho cariño tanto yo, como mi señora (Magdalena Menoni) y mi hijo (Ángelo) que estuvo muchos años trabajando con nosotros y hoy tiene su propio emprendimiento (La Malteada).
¿Su esposa también trabaja en  la panadería?
-Ella era empleada municipal. Cuando empezamos la panadería mi padre era el dueño, en el 74 se la compré y en el 78, mi esposa se vino a trabajar con nosotros y desde ahí no solo trabaja en la empresa, sino que es un pilar muy importante dentro de la misma, tiene un carácter muy lindo, tiene un buen trato con la gente, y es eso es fundamental.
Tenemos  42 años de  casados  y tenemos una pareja muy linda, estable y eso es el pilar más importante que nos permitió llevar adelante aquel momento tan difícil que vivimos anterior al incendio que fue la muerte de nuestro hijo, que increíblemente dos meses antes del incendio (en febrero de 2009) falleció víctima de un cáncer luego de un año y medio de una lucha sin pausa que no tuvo solución.
Aunque parezca mentira, nunca discutimos porque  basamos nuestra pareja en el respeto.
¿Cómo saben cuánto producir para que no falte ni sobre todos los días?
Son años (de experiencia), pero de todas maneras jamás encontrás la medida justa, es prácticamente imposible porque depende de muchos factores, si está frío, si empieza a hacer calor, o si  hace calor y refresca rápidamente, cuando hay acontecimientos importantes, etc.
¿Hay algún secreto en las recetas?
Esa es la clave de la empresa, porque galleta, pan y bizcochitos, hacen todos, pero tenemos 120 recetas propias, que las vamos elaborando siempre, a veces dejamos de hacer algunas y empezamos con otras, por eso  estabilizamos la calidad, si hoy no está quien amasa, hoy viene otra persona a amasar,  amasa con nuestras recetas y eso es un patrimonio muy importante que tiene la empresa.
Lo fundamental también es que no soy el dueño de la panadería, soy panadero, entonces eso es una ventaja porque cuando algo puede salir mal, puedo aportarle a quien lo está haciendo, el conocimiento, explicarle cómo es y eso resulta muy positivo.
¿Ha pensado en retirarse?
Nos cuesta pensar en no tener más el contacto con la gente , eso de todos los días con el púbico, es algo muy lindo, y  aunque no somos ya unos gurises, pero tampoco somos muy viejos, decidimos que podemos seguir un tiempo más para no perder esa actividad que aunque no parezca te mantiene bien. Y pese a todas las tormentas este barco sigue navegando.
¿Cómo surge la panadería?
La idea surgió de mis padres, ellos fueron los que compraron las máquinas y el edificio en Villa Constitución que fue donde se inició, el 26 de agosto de 1969, pero desde ese primer día  yo trabajé en la panadería. Él era el dueño y yo era el panadero, y ése día, fue el más amargo de mi vida comercialmente hablando, aunque parezca un contrasentido”. La explicación de esto es que “salió todo mal, dependíamos de un maestro panadero que era alcóholico, y ese día particularmente, se le había dado mucho fuego al horno y al poner la mercadería fue un desastre…
A fines de ese año le dije a mi padre ?o se va él o me voy yo’, y aunque me advirtió que yo no sabía nada, le dije que iba a aprender. Tenía entonces 21 años, y durante un mes fui a Belén a las 12 de la noche a buscar a un hombre que trabajaba allá, que venía a nuestra panadería, amasaba y me iba enseñando. Terminábamos a las 3 de la madrugada y lo iba a llevar, fui aprendiendo algo e hice un curso de Fleischman en Paysandú en el año ‘70 que me ayudó bastante.
El hecho de hacerlo todos los días, de tener la responsabilidad y adquirir la experiencia influye mucho. Así empezamos a trabajar firme, había una familia detrás y esos años en Constitución trabajamos muy bien. Íbamos a Zanja Honda, Saucedo, Palomas, Belén, con mercadería envasada.
Estuvimos en Constitución  19 años,  allí conocí a la que es hoy mi esposa y allí nacieron nuestros dos hijos y, anecdóticamente, de los cinco hermanos que somos, el único que nació en Villa Constitución fui yo, todos los demás nacieron acá (en la ciudad).
Por eso tengo muy lindos recuerdos de los 40 años que viví en Constitución.
El 14 de noviembre de 1988 paramos en Villa Constitución y el 15 de noviembre arrancamos en Salto.
¿El local siempre estuvo en el mismo lugar?
Sí, pero la instalación fue un proceso muy largo porque fue un negocio que se hizo a través del Banco República, con préstamos, hubo que hacer varios viajes a Montevideo, y luego reformar lo que era el antiguo cine Salto y eso insumió un año y dos meses. Por eso siempre digo que nuestra empresa tiene una particularidad que no ha de ser muy común y es que tenemos tres fechas para celebrar, el 26 de agosto del 1969 que empezamos en Villa Constitución, el 15 de noviembre de 1988 que empezamos en Salto, y el 29 de abril de 2010 que fue la reapertura después del incendio que fue el 29 de abril de 2009.
La reapertura se realizó en  tiempo para las consecuencias que tuvo el siniestro…
Sí, se trabajó fuerte ese año, pero al otro día del siniestro estábamos reunidos en familia viendo qué hacíamos, pero nadie de los que estaba dudó si empezaríamos de nuevo o no, la pregunta era cómo lo vamos a hacer. Teníamos que seguir. No era cuestión que un incendio nos quitara la posibilidad de seguir trabajando, que nos tirara abajo, pesó bastante el hecho que mi padre era un tipo muy luchador, muy emprendedor y parecía que en aquel momento estaba desde el más allá diciendo que no bajáramos los brazos. Ya estábamos decididos a arrancar de nuevo, no era una tarea fácil y resultó un trabajo bastante complejo, pero llegó la fecha de la reapertura y hoy estamos de nuevo en carrera.
¿Por qué el nombre Edilru?
Es el significado del nombre de mis padres, Edilberto y Rubí, que era sólo hasta antes del incendio. Cuando la reapertura decidimos en la familia agregarle la palabra “corazón”, por eso hoy se llama “Edilru corazón”, porque ese año que estuvimos parados, fueron  tantas las cosas lindas que nos pasaron que había que destacarlo de alguna manera, fue tanto el apoyo y la solidaridad de la gente, desde cuando me veían en la calle y me decían ‘vamos arriba Rubén’ y queríamos testimoniarlo. Ese corazón es el agradecimiento que tenemos con la gente.
También recibió apoyo del personal
Mi gente es un capítulo aparte, primero cuando nos trasladamos de Constitución en el 88, toda la gente que estaba trabajando con nosotros se vino a vivir a Salto para continuar trabajando con nosotros. Y después cuando el incendio, conseguí con algunos colegas, ubicar a algunos en otros lugares inmediatamente, y algunos a los que no les pude conseguir, pasaron al seguro de paro. Al año, cuando fuimos a arrancar, fuimos a hablar con ellos, y todos volvieron y eso para nosotros resulta fundamental. Siempre digo que en estos 45 años haciendo un balance respecto a la gente que ha trabajado con nosotros, es muy positivo, obviamente hubo excepciones, pero con la mayoría de la gente hemos hecho una comunión, nos conocemos mucho …y es recíproco… (señala un recorte  encuadrado de  una publicación en  EL PUEBLO dedicada por sus empleados que exhibe en su oficina).
Son cosas lindas, porque eso muestra que uno también  trata de ser lo  mejor posible, no solo respecto al salario que obviamente la gente trabaja por eso, pero no es lo único importante, hay varias cosas importantes, el ambiente de trabajo, el respeto es fundamental y estamos cómodos trabajando con ellos, y creemos que ellos también.
¿Ud. participa en la elaboración?
Actualmente no, estuve 18 años trabajando en la elaboración, envasando, horneando, sé hacer todo en la panadería, pero después las exigencias me fueron llevando a no poder hacerlo más, hoy no podría estar todas esas horas elaborando y además atender la administración de la empresa. Sigo madrugando, hace 45 años que me levanto a las 3:30 de la madrugada, pero lo hago normalmente, no me pesa en absoluto.
Al nombre le agregamos además “panaderos de alma  trabajando con amor”, eso es real y sincero, hacemos lo que nos gusta hacer y lo hacemos con mucho gusto, con mucho cariño tanto yo, como mi señora (Magdalena Menoni) y mi hijo (Ángelo) que estuvo muchos años trabajando con nosotros y hoy tiene su propio emprendimiento (La Malteada).
¿Su esposa también trabaja en  la panadería?
-Ella era empleada municipal. Cuando empezamos la panadería mi padre era el dueño, en el 74 se la compré y en el 78, mi esposa se vino a trabajar con nosotros y desde ahí no solo trabaja en la empresa, sino que es un pilar muy importante dentro de la misma, tiene un carácter muy lindo, tiene un buen trato con la gente, y es eso es fundamental.
Tenemos  42 años de  casados  y tenemos una pareja muy linda, estable y eso es el pilar más importante que nos permitió llevar adelante aquel momento tan difícil que vivimos anterior al incendio que fue la muerte de nuestro hijo, que increíblemente dos meses antes del incendio (en febrero de 2009) falleció víctima de un cáncer luego de un año y medio de una lucha sin pausa que no tuvo solución.
Aunque parezca mentira, nunca discutimos porque  basamos nuestra pareja en el respeto.
¿Cómo saben cuánto producir para que no falte ni sobre todos los días?
Son años (de experiencia), pero de todas maneras jamás encontrás la medida justa, es prácticamente imposible porque depende de muchos factores, si está frío, si empieza a hacer calor, o si  hace calor y refresca rápidamente, cuando hay acontecimientos importantes, etc.
¿Hay algún secreto en las recetas?
Esa es la clave de la empresa, porque galleta, pan y bizcochitos, hacen todos, pero tenemos 120 recetas propias, que las vamos elaborando siempre, a veces dejamos de hacer algunas y empezamos con otras, por eso  estabilizamos la calidad, si hoy no está quien amasa, hoy viene otra persona a amasar,  amasa con nuestras recetas y eso es un patrimonio muy importante que tiene la empresa.
Lo fundamental también es que no soy el dueño de la panadería, soy panadero, entonces eso es una ventaja porque cuando algo puede salir mal, puedo aportarle a quien lo está haciendo, el conocimiento, explicarle cómo es y eso resulta muy positivo.
¿Ha pensado en retirarse?
Nos cuesta pensar en no tener más el contacto con la gente , eso de todos los días con el púbico, es algo muy lindo, y  aunque no somos ya unos gurises, pero tampoco somos muy viejos, decidimos que podemos seguir un tiempo más para no perder esa actividad que aunque no parezca te mantiene bien. Y pese a todas las tormentas este barco sigue navegando.

Publicado en - Especiales Semanales -, 2- Martes, Al DorsoComentarios (1)

Con Luis Frioni: el funcionario con más años a cargo de la necrópolis municipal: “En el cementerio siempre hubo relajo y coima”

Luego de estar muchos años lejos de su actividad como encargado del Cementerio de Salto, y como él mismo se jacta, cuando con su voz potente y su orgullo por haber trabajado como servidor público, señala sin titubeos que tiene “mucho más de diez mil enterramientos encima”. Luis Frioni Longa, un salteño con una historia de vida recorrida por muchos lugares, con oficio de vendedor pero recibido de haber sido el encargado de Necrópolis con más años de servicio en ese cargo, habló con EL PUEBLO.
De la zona de Paso del Bote, de la cual relata con orgullo el hecho de haber sido fundador de la canchita “Maracaná”, la que se creó en 1950 en homenaje a lo vivido ese año por la Celeste, y que años después fuera desterrada por la empresa Preinco que allí instaló su depósito de materiales.”De ahí salieron varios cracks del fútbol salteño”, dice, mientras los cuenta con los dedos de una mano los va nombrando uno a uno.
Frioni ingresó como funcionario municipal y tras varios años de ejercer la función pública en distintos sectores, pasó a estar a cargo del sector necrópolis de la comuna y se convirtió en un conocedor nato de todo lo que allí sucede. Con él nuestra sección “Las diez últimas de la última”.
Luego de estar muchos años lejos de su actividad como encargado del Cementerio de Salto, y como él mismo se jacta, cuando con su voz potente y su orgullo por haber trabajado como servidor público, señala sin titubeos que tiene “mucho más de diez mil enterramientos encima”. Luis Frioni Longa, un salteño con una historia de vida recorrida por muchos lugares, con oficio de vendedor pero recibido de haber sido el encargado de Necrópolis con más años de servicio en ese cargo, habló con EL PUEBLO.
De la zona de Paso del Bote, de la cual relata con orgullo el hecho de haber sido fundador de la canchita “Maracaná”, la que se creó en 1950 en homenaje a lo vivido ese año por la Celeste, y que años después fuera desterrada por la empresa Preinco que allí instaló su depósito de materiales.”De ahí salieron varios cracks del fútbol salteño”, dice, mientras los cuenta con los dedos de una mano los va nombrando uno a uno.
Frioni ingresó como funcionario municipal y tras varios años de ejercer la función pública en distintos sectores, pasó a estar a cargo del sector necrópolis de la comuna y se convirtió en un conocedor nato de todo lo que allí sucede. Con él nuestra sección “Las diez últimas de la última”.
¿Dónde nació?
En calle Colón entre Rivera y Varela, en un barrio por el cual rotamos porque estuvimos viviendo luego por Florencio Sánchez, por Juan Carlos Gómez, y todo por la vuelta. Allí vivía la familia de mi madre, y luego estuvimos al lado de la casa de Don Luraschi, que era un hombre que bajaba calle Uruguay al final del desfile de los 25 de Agosto, con la bandera del Club Salto Uruguay, porque era uno de sus fundadores. Crecimos en ese lugar que era una zona muy linda. En la zona de mi querido Paso del Bote y donde estaba la famosa canchita Maracaná que fundamos con mi padre.
¿Qué era la canchita Maracaná?
Se hizo apoyada por todo el barrio, entre ellos mi padre, Rodríguez, Bertolotti, los Arreseigor, era un pozo ahí donde hoy está el depósito de Preinco, que en ese momento estaba por la mitad y estaba la fábrica de mosaicos Mompoey, y por debajo de la fábrica bajaba un caño enorme y ahí había un terraplén enorme, que se convirtió en cancha. Cumplía una función social, porque ahí jugaban todos los gurises del barrio y le pusimos Maracaná porque se hizo en el 50. En esa esquina estaba el Barón Piñeiro que tenía almacén y más arriba estaba Rodríguez que tenía los viejos altoparlantes, a los cuales había conectado una radio y en la que transmitieron la final del Maracaná en la que Uruguay salió campeón del mundo y la gente escuchó el partido ahí, en esa esquina. Ahí se iniciaron grandes jugadores como los Coumas, los Piñeiro, Aguirre, de Mora, los Romero, que además iban todos a la Escuela Nº1, que en esa época estaba en Sarandí y Artigas.
¿Qué oficio tiene?
Yo fui a la Escuela Nº1, luego hice tres años en el Liceo IPOLL y después terminé mi carrera de tornero mecánico en la UTU. Pero trabajé en muchas cosas antes. Mi padre era presidente del gremio de funcionarios de UTE, en la huelga del 63 él cayó preso, yo conseguí trabajo en El Espinillar, pero como entré por los colorados, aunque en ese momento gobernaban los blancos, estuve solamente 6 meses y después me sacaron por temas políticos. Falleció mi padre y me puse a trabajar en la venta de jabón Bao con un tío mío que tenía la representación en Salto y pasé por varios lugares, donde comencé en algunas empresas importantes como la del reparto de la cerveza Norteña, la carrera de vendedor, donde estuve cuatro años recorriendo la campaña. Recién en 1986 ingresé a la Intendencia y estuve en distintos lugares. Hasta que el intendente Malaquina en 1999 me puso a cargo de Necrópolis.
¿Qué era lo más difícil de ese trabajo?
Antes que nada te quiero decir algo, lo que me provoca rabia es un tipo que sale por televisión diciendo mentiras sobre apariciones y cosas así. Porque ese funcionario que dice esas cosas, sabe que no son verdad, porque nunca entró a recorrer el cementerio, él se sienta en la puerta y ahí pasa las ocho horas.
¿Pero cómo fue para usted trabajar ahí como encargado por casi 14 años?
Dentro de todo el trabajo es lindo, agradable, porque tratás con mucha gente. Pero tenés que tener mucho temple, ser como una persona fría, tenés que saber administrarte los sentimientos y a su vez tener cierta dureza en cuanto a ejercer las cosas, porque la gente que pasa por ese tipo de situaciones a veces cree que tiene más derecho que los demás y muchas veces, quizás por el momento, a veces quieren pasar por alto algunas de las normas que imponen el funcionamiento de todo esto y dificultan la tarea. A veces quieren permanecer o ingresar fuera de horario, o exigirte que el ataúd sea colocado de la manera que ellos entienden y a veces no se dan cuenta que hay disposiciones que nosotros tenemos para el mejor funcionamiento de todo eso y quieren traspasar normas. Lo que pasa es que en el Cementerio siempre hubo relajo y coima, entre el funcionariado. Siendo administrativo descubrí un desfalco grande, hace muchos años, pero no me dejaron seguirlo porque si no no quedaba nadie de los funcionarios.
¿Con todo eso viste más de diez mil entierros?
Sí, dentro del ejercicio del cargo que tuve pasaron más de diez mil entierros. Porque estuve 14 años ahí y si uno saca la cuenta, en Salto hay cerca de unos 1 mil muertos por año, a veces hay mucho más.
Sin duda que todos los hechos de esa naturaleza son difíciles, pero ¿cuáles son los más difíciles de sobrellevar?
Y los que más llevan gente, son los niños y los adolescentes que sufren accidentes de motos. El entierro más grande que vi, después de algunos políticos y gente de peso en la sociedad, fue el de un jovencito que había sido atropellado en una moto cuando salía de trabajar en La Bámbola, hace más de diez años, en la esquina de 19 de Abril y Osimani. Ese quizás fue el más numeroso, el de Corbella. Fue uno de los entierros más grandes que vi y después, quizás el entierro más grande fue el de (el exObispo de la Iglesia Católica de Salto, Marcelo) Mendiharat, ese fue el más grande.
¿Y qué sensación te dejó ese tipo de cosas?
Ver la desesperación de la gente que no puede hacer nada y que está acompañando y no, porque hay muchos que van a cumplir y otros por curiosos. Porque la gente más bien dispara a estar en un velatorio, porque hay que estar en esas cosas y siempre tiene que trabajar u otras obligaciones y van al sepelio, y ahí uno ve muchas cosas, las cosas que siente la gente, cómo piensan, y a veces es difícil encontrar explicaciones, porque la muerte es parte de la vida. Es el final y hay gente que no lo entiende, al menos en ese momento.
¿Qué cosas siente que cambió en Necrópolis con usted al frente?
Mi intención y creo que así lo hicimos, fue empezar a ordenar las cosas, a hacer cumplir tajantemente los horarios, sobre todo para las empresas para que cumplan y respeten lo que les toca cumplir en el momento que tenían que hacerlo. Nos organizamos en forma más cómoda para trabajar, por eso reorganizamos el cementerio del Barrio Artigas y todos los enterramientos en tierra van a parar allá. Cambiamos el sistema de servicios municipales que antes eran unos que venían de madera y hecho ahí en la Intendencia, por un ataúd digno con mortaja, con coche fúnebre, limpiamos el lugar donde por el lado de calle Sarandí prendían fuego los ataúdes que habían sido desechados, parquizamos el lugar, se hizo mucha cosa para mejorar el servicio. Siempre con el concepto de que el familiar se sintiera mejor, para que esa muerte fuera digna, se dignificaba la muerte.
¿Y los robos?
Hubo muchísimos, de puertas, de jarrones, profanaciones para sacar anillos y objetos valiosos que algunos sabían que habían en determinados lugares. Una vez robaron un crucifijo enorme de bronce que estaba en un panteón, hubo denuncia, investigamos, buscamos con la Policía por todos lados, y al año más o menos apareció abandonado entre la maleza detrás del panteón de donde había sido robado. Para mi era gente de ahí nomás, funcionarios en connivencia con otra gente y capaz que no consiguieron comprador y al tiempo lo devolvieron. Esas cosas pasaron muy a menudo, hasta una puerta entera de un panteón se llevaron. Pero nunca nadie veía nada. Ahora, te repito, los robos sí existían, las demás cosas que andan diciendo en televisión son mentiras de gente mentirosa que quieren hacerse los vivos.

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La curiosa armonía de un músico ofidista

Músico y ofidista, desempeñó labores periodísticas en la desaparecida “Tribuna Salteña”, José  Luis Curubeto, puede ser definido como un personaje polifacético, inquieto y siempre dispuesto a contribuir con diversas iniciativas sociales que involucran las actividades en las que se desempeña. Invitado llegó hasta la Redacción de EL PUEBLO, para rememorar estas actividades y dialogar sobre su peregrinar que le ha llevado a Argentina, Brasil, Costa Rica y Colombia, entre otras naciones.

¿Quién es José Luis Curubeto?

Uds. me conocen porque entre otros domicilios, como mi padre era diplomática, cónsul de Costa Rica en Salto, he sido vecino de Uds, aquí en calle Artigas, donde viví mucho tiempo junto a mis padres… “Nací en el pueblo más lindo del país, Carmelo (Colonia)”. Soy “bolsilludo” (de Nacional).

Mi madre era oriunda de San José de Costa Rica y mi padre la encuentra allá, se conocen, luego se casan y se vienen. Mi abuelo, paterno, era argentino diplomático argentino en Costa Rica. Mi padre estudiaba cinematografía en Texas y se encuentra con mi mamá que trabajaba en la Biblioteca Nacional de San José de Costa Rica. Por lo tanto soy medio “tico” y medio uruguayo, aunque también con sangre argentina. Mi abuelo había dejado unos mobiliarios aquí, cuando estuvo de cónsul de Argentina en Salto y al venir a recogerlo se encuentra conque aquí estaban en venta unos cines. Así se vincula y se hace cargo, junto con mi abuelo (Cecilio y Augusto Curubeto), de los cines Ariel, Metropol, el Salto y es mi padre quien inaugura el Sarandí cine, en la calle Sarandí.

Como anécdota, cuando mi padre se deshace de los cines que pasan a ser de los Hnos Iriñiz que venían de Bella Unión, les deja el Salto a sus empleados que forman una suerte de cooperativa.

¿Músico autodidacta?

Diría que soy músico de toda la vida. Aunque autodidacta, he tenido la posibilidad de hacer algunas clínicas, como cuando vino el baterista Elvin Jolles. Con él hicimos dos clínicas, cuando vino a Montevideo en dos años diferentes para hacer un par de clínicas y después cuando vino Glee Coven, los que generalmente venía a través de la Alianza Uruguay – Estados Unidos. Luego fue la experiencia de la vida de comenzar a tocar desde muy chico. Según contaban mis padres, antes de decir papá y mamá, dije “mambo” (ríe) y el primer regalo que pedí obviamente fue un tambor.

Los 11 abuelos músicos sanjuaninos

Curubeto es percusionista y proviene de una familia de músicos, mi papá era músico (pianista), mis abuelos también. La familia de don Augusto Curubeto eran once hermanos, músicos sanjuaninos los once, tocaban varios instrumentos e incluso alguno componía. Mis hermanos, el menor es pianista, el del medio (Cecilio) es trompetista y yo el mayor me mantengo en la percusión. Arrancamos desde chicos, yo me vinculé a agrupos locales.

¿Qué conjuntos recuerdas de haber integrado?

El primero que integré fue “Interludio” , el primer grupo que hicimos con Daniel Stella, Mar Alberto Almeida (ya fallecido), que era la primera guitarra, Ruben Racedo, la segunda guitarra, Stella en el teclado, Luis Miguel Padrón en el bajo y tuvimos dos cantantes, Carlitos Racedo  (el hermano de Ruben) y el ya fallecido Edgar “el gordo” Nicola entre los que recuerdo.

Después anduvimos en otros grupos, recuerdo Dulce Locura, con el “Toto Vece”, con el  Dr. (Alejandro) Gruning, que era pianista y el viejito Cano, un tapicero del Cerro, que se desempeñaba como contrabajista del grupo. Luego integré también “Melody”, después estuve 8 ó 10 años trabajando como músico estable del “Tango Bar”, recordada “boite”, de la década del 70-80. Era la  época  de construcción de Salto Grande y en esa época la movida de la noche salteña era famosa porque había tres o cuatro cabarets, todos con  músicos. En esta época estábamos con “el flaco” Molins, que tocaba la guitarra y el gordo Ruben Bustamante era el tecladista. En otro momento estuvo  también Eduardo Rattin, que hoy está en España. Ese era el grupo estable.

Después que se terminó Salto Grande, también se terminó la movida, tanto es así que hoy en día prácticamente no queda nada.

También tuvo un pasaje por Argentina

Efectivamente. Luego me fui a vivir a la Argentina, donde estuve muchos años, en Concordia, en Córdoba y un poquito también en Buenos Aires y Mar del Plata. Trabajaba para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y además siempre complementaba con la música. La época en que estuve en Córdoba fue muy linda  porque integré un par de conjuntos de jazz y hacíamos un jazz – samba? con un brasileño. Teníamos también bailarinas y hacíamos de orquesta espectáculo, con un repertorio de música brasileña.

Luego también fue muy bueno mi pasaje por Mar del  Plata, porque allí tuve la oportunidad de trabajar con la “Rambla Vieja Jazz Band”, ya a la semana de haber llegado allí. Fue un caso muy interesante porque coincidió que el dueño de la inmobiliaria donde yo contraté para alquilar el apartamento, era el presidente del club de jazz de Mar del Plata. Cuando le digo mi apellido me  preguntó “¿y tu que sos de Jorge Curubeto el saxofonista?”. Somos primos, es decir mi papá es primo hermano de él. Coincidentemente hoy – jueves 21 de agosto de 2014 – está llegando a Salto una hija de él, que también es cantante y el marido es tecladista y Jorge Curubeto es un referente del jazz en Argentina, que recibió el Martin Fierro de Oro de la Argentina, por el programa más viejo de jazz del vecino país.

En la casa de Astor Piazzolla

Después pasé a la Mar del Plata Jazz Ensamble, un grupo grande aunque  más reducido que la Rambla Vieja, que tenía once integrantes, casi todos músicos de instrumentos de viento. La Mar del Plaza Jazz Ensamble era un grupo más reducido de un jazz ya  mas evolucionado y termino mis días en Mar del Plata tocando con el  Dr. Martínez Lorda, pianista y contrabajista. Trabajábamos mucho en “pub” que se llamaba “Astor” porque en esa casa había vivido Astor Piazzolla.

Actualmente en el ámbito local…

Luego, hace ya 20 años, vuelvo a Salto y me inserto nuevamente en el ambiente musical local.

Pero uno de los momentos que más recuerdo tuvo lugar hace unos tres años atrás, en que tuve oportunidad de tocar en Nueva York con el trío Larry Ham, en el hotel Edinson, un hotel antiguo (1920 aproximadamente) en Manhattan, que tiene “una magia” en particular. Coincidió que estando en el restaurant, en Nueva York estaban tocando estos músicos, así que fui, me presenté, me gustó mucho, porque ser aceptado como par de ellos, en ese ámbito no es fácil y tuve la ocasión de tocar con ellos. Por eso siempre les digo a mis colegas que me recibí de baterista recién hace tres años, porque el ser aceptado y haber tocado con este trío para mi fue excepcional.

La actualidad en nuestra ciudad

Estando en Salto me relaciono con Sergio Calvo y allí nace Sergio Calvo trío, como también con Silvio Previale, con quien hago la parte de percusión del grupo “Acordeones del Uruguay”, con el que fuimos el año pasado al 5º Encuentro Mundial de Acordeones en Colombia. Allí tuvimos la magia de poder tocar en la Catedral de Sal, hecha totalmente de sal y ubicada un kilómetro bajo tierra. Fuimos invitados por el Consulado Uruguayo y la fundación “Yuta Basó”, que fue la que organizó la gira. Ahora con este mismo grupo estamos proyectando  una experiencia similar en una gira por Italia, Francia y España, que si Dios quiere va a salir el año próximo.

También sos conocido como “ofidista”

Eso surgió desde muy chico y así como a mucha gente le gustan los perros, los gatos, los hamster, lo loros, a mi gustan las víboras… Alguna culebra me han mordido incluso, pero nunca una ponzoñoza, porque cuando trabajo con este tipo de víboras tomo las precauciones que corresponden. En este sentido siempre digo, no hay que tenerle miedo,  pero si respeto. Con los murciélagos empecé desde chico, cuando mis padres no me dejaban tener víboras, mi madre era “ofidiofóbica”. De allí que hasta la adolescencia cuando comencé a tener algunas culebras y empecé a entusiasmarme. Mi primer contacto con los conocimientos con respecto a los ofidios los recibía trabajando con “Tito” Braum, un ofidista que vivía en Concordia,  quien colaboraba con Salto Grande. Allí me pongo en contacto con él, empiezo a viajar con él y a interiorizarme sobre el tema. Tito Braum, a quien siempre estaré agradecido, me “abre la cabeza” y nos ponemos a trabajar en el tema de Salto Grande, cuando se hacían capturas en la zona de Salto Grande, los que se mandaban al Instituto Malbrán, de Buenos Aires el que elabora los sueros antiofidicos en Argentina. En agradecimiento, Malbrán le mandaba algunos sueros para que tuviera para poder disponer. Yo intenté hacer algo similar en  Salto y poder tener un “bando” de suero, cosa que lamentablemente no me fue posible. Lo hice con él en Concordia.

El curso en el Bu Tan Tan

Así me decido a conocer el Instituto Serinterápico de Bu Tan Tan, en Brasil, fundado por el Dr. Vital por el año 1901, cuando comienza a trabajar con los primeros sueros. Es el segundo instituto de este tipo más grande del mundo. En el momento que yo estuve, años 80 y pico, tenía más de 50 mil ejemplares debidamente clasificados. Allí me abrieron las puertas y pude asistir a los cursos regulares del Instituto El primer instituto de este tipo está en la India. También hice una experiencia muy linda en el Instituto Clodomiro Ticao, en Costa Rica, donde se elabora suero antiofídico no sólo para Costa Rica sino para toda Latinoamérica. Hoy con respecto a esta actividad voy como invitado a diferentes instituciones escuelas y similares para asesorar y educar sobre los ofidios, sobre todo los existentes en el Uruguay.

¿Quién es José Luis Curubeto?
Uds. me conocen porque entre otros domicilios, como mi padre era diplomática, cónsul de Costa Rica en Salto, he sido vecino de Uds, aquí en calle Artigas, donde viví mucho tiempo junto a mis padres… “Nací en el pueblo más lindo del país, Carmelo (Colonia)”. Soy “bolsilludo” (de Nacional).
Mi madre era oriunda de San José de Costa Rica y mi padre la encuentra allá, se conocen, luego se casan y se vienen. Mi abuelo, paterno, era argentino diplomático argentino en Costa Rica. Mi padre estudiaba cinematografía en Texas y se encuentra con mi mamá que trabajaba en la Biblioteca Nacional de San José de Costa Rica. Por lo tanto soy medio “tico” y medio uruguayo, aunque también con sangre argentina. Mi abuelo había dejado unos mobiliarios aquí, cuando estuvo de cónsul de Argentina en Salto y al venir a recogerlo se encuentra conque aquí estaban en venta unos cines. Así se vincula y se hace cargo, junto con mi abuelo (Cecilio y Augusto Curubeto), de los cines Ariel, Metropol, el Salto y es mi padre quien inaugura el Sarandí cine, en la calle Sarandí.
Como anécdota, cuando mi padre se deshace de los cines que pasan a ser de los Hnos Iriñiz que venían de Bella Unión, les deja el Salto a sus empleados que forman una suerte de cooperativa.
¿Músico autodidacta?
Diría que soy músico de toda la vida. Aunque autodidacta, he tenido la posibilidad de hacer algunas clínicas, como cuando vino el baterista Elvin Jolles. Con él hicimos dos clínicas, cuando vino a Montevideo en dos años diferentes para hacer un par de clínicas y después cuando vino Glee Coven, los que generalmente venía a través de la Alianza Uruguay – Estados Unidos. Luego fue la experiencia de la vida de comenzar a tocar desde muy chico. Según contaban mis padres, antes de decir papá y mamá, dije “mambo” (ríe) y el primer regalo que pedí obviamente fue un tambor.
Los 11 abuelos músicos sanjuaninos
Curubeto es percusionista y proviene de una familia de músicos, mi papá era músico (pianista), mis abuelos también. La familia de don Augusto Curubeto eran once hermanos, músicos sanjuaninos los once, tocaban varios instrumentos e incluso alguno componía. Mis hermanos, el menor es pianista, el del medio (Cecilio) es trompetista y yo el mayor me mantengo en la percusión. Arrancamos desde chicos, yo me vinculé a agrupos locales.
¿Qué conjuntos recuerdas de haber integrado?
El primero que integré fue “Interludio” , el primer grupo que hicimos con Daniel Stella, Mar Alberto Almeida (ya fallecido), que era la primera guitarra, Ruben Racedo, la segunda guitarra, Stella en el teclado, Luis Miguel Padrón en el bajo y tuvimos dos cantantes, Carlitos Racedo  (el hermano de Ruben) y el ya fallecido Edgar “el gordo” Nicola entre los que recuerdo.
Después anduvimos en otros grupos, recuerdo Dulce Locura, con el “Toto Vece”, con el  Dr. (Alejandro) Gruning, que era pianista y el viejito Cano, un tapicero del Cerro, que se desempeñaba como contrabajista del grupo. Luego integré también “Melody”, después estuve 8 ó 10 años trabajando como músico estable del “Tango Bar”, recordada “boite”, de la década del 70-80. Era la  época  de construcción de Salto Grande y en esa época la movida de la noche salteña era famosa porque había tres o cuatro cabarets, todos con  músicos. En esta época estábamos con “el flaco” Molins, que tocaba la guitarra y el gordo Ruben Bustamante era el tecladista. En otro momento estuvo  también Eduardo Rattin, que hoy está en España. Ese era el grupo estable.
Después que se terminó Salto Grande, también se terminó la movida, tanto es así que hoy en día prácticamente no queda nada.
También tuvo un pasaje por Argentina
Efectivamente. Luego me fui a vivir a la Argentina, donde estuve muchos años, en Concordia, en Córdoba y un poquito también en Buenos Aires y Mar del Plata. Trabajaba para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y además siempre complementaba con la música. La época en que estuve en Córdoba fue muy linda  porque integré un par de conjuntos de jazz y hacíamos un jazz – samba? con un brasileño. Teníamos también bailarinas y hacíamos de orquesta espectáculo, con un repertorio de música brasileña.
Luego también fue muy bueno mi pasaje por Mar del  Plata, porque allí tuve la oportunidad de trabajar con la “Rambla Vieja Jazz Band”, ya a la semana de haber llegado allí. Fue un caso muy interesante porque coincidió que el dueño de la inmobiliaria donde yo contraté para alquilar el apartamento, era el presidente del club de jazz de Mar del Plata. Cuando le digo mi apellido me  preguntó “¿y tu que sos de Jorge Curubeto el saxofonista?”. Somos primos, es decir mi papá es primo hermano de él. Coincidentemente hoy – jueves 21 de agosto de 2014 – está llegando a Salto una hija de él, que también es cantante y el marido es tecladista y Jorge Curubeto es un referente del jazz en Argentina, que recibió el Martin Fierro de Oro de la Argentina, por el programa más viejo de jazz del vecino país.
En la casa de Astor Piazzolla
Después pasé a la Mar del Plata Jazz Ensamble, un grupo grande aunque  más reducido que la Rambla Vieja, que tenía once integrantes, casi todos músicos de instrumentos de viento. La Mar del Plaza Jazz Ensamble era un grupo más reducido de un jazz ya  mas evolucionado y termino mis días en Mar del Plata tocando con el  Dr. Martínez Lorda, pianista y contrabajista. Trabajábamos mucho en “pub” que se llamaba “Astor” porque en esa casa había vivido Astor Piazzolla.
Actualmente en el ámbito local…
Luego, hace ya 20 años, vuelvo a Salto y me inserto nuevamente en el ambiente musical local.
Pero uno de los momentos que más recuerdo tuvo lugar hace unos tres años atrás, en que tuve oportunidad de tocar en Nueva York con el trío Larry Ham, en el hotel Edinson, un hotel antiguo (1920 aproximadamente) en Manhattan, que tiene “una magia” en particular. Coincidió que estando en el restaurant, en Nueva York estaban tocando estos músicos, así que fui, me presenté, me gustó mucho, porque ser aceptado como par de ellos, en ese ámbito no es fácil y tuve la ocasión de tocar con ellos. Por eso siempre les digo a mis colegas que me recibí de baterista recién hace tres años, porque el ser aceptado y haber tocado con este trío para mi fue excepcional.
La actualidad en nuestra ciudad
Estando en Salto me relaciono con Sergio Calvo y allí nace Sergio Calvo trío, como también con Silvio Previale, con quien hago la parte de percusión del grupo “Acordeones del Uruguay”, con el que fuimos el año pasado al 5º Encuentro Mundial de Acordeones en Colombia. Allí tuvimos la magia de poder tocar en la Catedral de Sal, hecha totalmente de sal y ubicada un kilómetro bajo tierra. Fuimos invitados por el Consulado Uruguayo y la fundación “Yuta Basó”, que fue la que organizó la gira. Ahora con este mismo grupo estamos proyectando  una experiencia similar en una gira por Italia, Francia y España, que si Dios quiere va a salir el año próximo.
También sos conocido como “ofidista”
Eso surgió desde muy chico y así como a mucha gente le gustan los perros, los gatos, los hamster, lo loros, a mi gustan las víboras… Alguna culebra me han mordido incluso, pero nunca una ponzoñoza, porque cuando trabajo con este tipo de víboras tomo las precauciones que corresponden. En este sentido siempre digo, no hay que tenerle miedo,  pero si respeto. Con los murciélagos empecé desde chico, cuando mis padres no me dejaban tener víboras, mi madre era “ofidiofóbica”. De allí que hasta la adolescencia cuando comencé a tener algunas culebras y empecé a entusiasmarme. Mi primer contacto con los conocimientos con respecto a los ofidios los recibía trabajando con “Tito” Braum, un ofidista que vivía en Concordia,  quien colaboraba con Salto Grande. Allí me pongo en contacto con él, empiezo a viajar con él y a interiorizarme sobre el tema. Tito Braum, a quien siempre estaré agradecido, me “abre la cabeza” y nos ponemos a trabajar en el tema de Salto Grande, cuando se hacían capturas en la zona de Salto Grande, los que se mandaban al Instituto Malbrán, de Buenos Aires el que elabora los sueros antiofidicos en Argentina. En agradecimiento, Malbrán le mandaba algunos sueros para que tuviera para poder disponer. Yo intenté hacer algo similar en  Salto y poder tener un “bando” de suero, cosa que lamentablemente no me fue posible. Lo hice con él en Concordia.
El curso en el Bu Tan Tan
Así me decido a conocer el Instituto Serinterápico de Bu Tan Tan, en Brasil, fundado por el Dr. Vital por el año 1901, cuando comienza a trabajar con los primeros sueros. Es el segundo instituto de este tipo más grande del mundo. En el momento que yo estuve, años 80 y pico, tenía más de 50 mil ejemplares debidamente clasificados. Allí me abrieron las puertas y pude asistir a los cursos regulares del Instituto El primer instituto de este tipo está en la India. También hice una experiencia muy linda en el Instituto Clodomiro Ticao, en Costa Rica, donde se elabora suero antiofídico no sólo para Costa Rica sino para toda Latinoamérica. Hoy con respecto a esta actividad voy como invitado a diferentes instituciones escuelas y similares para asesorar y educar sobre los ofidios, sobre todo los existentes en el Uruguay.

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Cecilia Blardoni de Rezendes, una chica especial

Cecilia es una “conita” como le dice su madre, porque nació el 3 de junio igual que San Cono, tiene 33 años y una vida llena de conquistas. Tiene Síndrome de Down y nada le ha impedido ir al frente en cada iniciativa nueva que se ha propuesto.
A Cecilia la une un vínculo muy particular con su madre, además de ser “igual de coquetas” como ella mismo dice, ambas son un apoyo constante, la una de la otra.
Con sus dos hermanas tuvo la posibilidad de disfrutar dos momentos diferentes e importantes durante sus años lectivos, lo que reforzó aún más ese lazo afectivo. Fue al jardín Nº 103 con su hermana Rita, después fue a la Escuela Especial Nº 97, a la Escuela Adventista y el liceo lo hizo en el Colegio Salesiano con María Inés su hermana menor.
Ha hecho de todo y se destaca en cada emprendimiento como nadie, le gusta mucho bailar, es fanática de Lucas Sugo, le complace mirar novelas con su abuela Perla mientras toman el té y conversan, porque Cecilia disfruta de hacerle compañía.
Durante la entrevista dejó entrever que tiene un carácter fuerte y nada la detiene para decir y hacer lo que le parece, plantando su opinión y su aguda observación sobre las cosas que pasan y las personas que la rodean.
Cecilia demostró también que tiene mucho amor para dar y que puede repartirlo en muchos pedazos y volcarlos en cada uno de sus seres queridos, donde germinan, se retroalimentan y vuelven a ella, siendo la fuente de donde nutre sus pasos, ya que cada cosa que hace es siempre pensando en su familia, en sus amigos, su abuela y en las personas con las que le gusta estar y ayudar.

Cecilia es una “conita” como le dice su madre, porque nació el 3 de junio igual que San Cono, tiene 33 años y una vida llena de conquistas. Tiene Síndrome de Down y nada le ha impedido ir al frente en cada iniciativa nueva que se ha propuesto.

A Cecilia la une un vínculo muy particular con su madre, además de ser “igual de coquetas” como ella mismo dice, ambas son un apoyo constante, la una de la otra.

Con sus dos hermanas tuvo la posibilidad de disfrutar dos momentos diferentes e importantes durante sus años lectivos, lo queAL DORSOreforzó aún más ese lazo afectivo. Fue al jardín Nº 103 con su hermana Rita, después fue a la Escuela Especial Nº 97, a la Escuela Adventista y el liceo lo hizo en el Colegio Salesiano con María Inés su hermana menor.

Ha hecho de todo y se destaca en cada emprendimiento como nadie, le gusta mucho bailar, es fanática de Lucas Sugo, le complace mirar novelas con su abuela Perla mientras toman el té y conversan, porque Cecilia disfruta de hacerle compañía.

Durante la entrevista dejó entrever que tiene un carácter fuerte y nada la detiene para decir y hacer lo que le parece, plantando su opinión y su aguda observación sobre las cosas que pasan y las personas que la rodean.

Cecilia demostró también que tiene mucho amor para dar y que puede repartirlo en muchos pedazos y volcarlos en cada uno de sus seres queridos, donde germinan, se retroalimentan y vuelven a ella, siendo la fuente de donde nutre sus pasos, ya que cada cosa que hace es siempre pensando en su familia, en sus amigos, su abuela y en las personas con las que le gusta estar y ayudar.

¿Cómo recordás tus juegos en la infancia?

Jugaba con mis hermanas y mis amigas, me gustaba jugar de todo, más que nada a las “barbies”, comenzó diciendo Cecilia al hablar sobre los recuerdos de su infancia. Además como en los años 80` era furor la serie televisiva Alf con un extraterrestre del planeta Melmac, Cecilia “también tenía un muñeco de Alf”. Incluso todavía conserva a “Betina” su muñeca favorita. Reconoció que le gustaba mucho mirar televisión pero ahora entre el trabajo, sus clases y sus sobrinos se han sumado otras responsabilidades, así que “miro tele pero no mucho porque estoy más ocupada”, comentó.

¿Cómo es tu familia?

Es linda, tengo mis sobrinos que yo los amo más que a nada en el mundo, Joaquín de 3 años y Guadalupe de 6 años (hijos de su hermana Rita), me gusta mucho estar con ellos. Mis hermanas (Rita y María Inés) son las mejores hermanas que me dio mamá”, dijo con orgullo.

Pero el cariño de Cecilia es tan grande que lo puede multliplicar y repartir a muchas personas más, por eso tiene varios ahijados. “También tengo 4 ahijados”, dijo muy contenta y rápidamente comenzó a nombrarlos “Lucía, Federico, Lorena y Juliana Sofía”, ésta última es hija de una de sus compañeras de trabajo.

Sin dudas, cada Día del niño, Navidad o Reyes Cecilia tiene que hacerse un tiempo importante entre sus actividades para saludarlos a todos, porque ya son parte de su familia.

¿Tenés muchas amigas?

Sí, tengo sí”, dijo Cecilia, y entre ellas destacó a “Noelia Ruiz, Paula Azanza, Angelina Díaz” y la lista parecía continuar, pero inmediatamente quiso hacer un apartado especial por una de ellas, “a Angelina la quiero mucho, siempre me pregunta de mis amores”, dijo entre risas. Como Cecilia valora mucho la amistad, trata de devolverles todo el cariño que le brindan y siempre que puede las va a visitar, sobre todo a Angelina, a quien conoce desde hace muchos años “en noviembre es su cumpleaños y voy a ir para allá a visitarla, porque ella vive en Montevideo”, dijo muy comprometida en acudir en una fecha tan particular.

¿Viviste momentos feos o difíciles ?

En un colegio que fui, fue horrible”, dijo Cecilia que aún transmitía en su mirada el malestar de aquel momento vivido, “porque no me dieron el carné de fin de año, me dieron una tarjeta de Feliz Navidad” y como su padre le había dicho que la esperaba en la casa con el carné se angustió mucho al notar que ella no lo tendría mientras otros alumnos sí. Sin lugar a dudas este fue un momento que caló hondo en Cecilia y más allá de haberlo superado, aún al día de hoy lo recuerda con pesar.

¿Trabajas hace mucho años, no?

Sí, trabajo en Ta- Ta (Supermercado), hace 14 años. Hago de todo, me gusta ir. Dentro de unos días salgo de licencia porque me voy de viaje, a descansar un poco”.

Aseguró que es muy cumplidora sobre todo con los horarios e incluso “a veces tengo que recuperar horas”, comentó. Sobre sus compañeros de trabajo dijo que “son súper bien, tengo los números de teléfono de algunos de ellos en mi celular para llamarnos por cualquier cosa”.

De su sueldo comentó que trata de ahorrar para viajar y ayudar a su familia “es para papá y mamá porque papá trabaja mucho”, dijo con preocupación.

¿Te gusta viajar ?

Me gusta sí, me gusta mucho viajar” y de los lugares que ha recorrido los que más le gustaron fueron las ciudades de “Palma de Mallorca, Ibiza, París y Barcelona”, y siempre trae algún recuerdo de cada lugar que visita.

Comentó sobre el último viaje en familia que hicieron este año a Disney “pasamos muy bien, me gustaría ir con toda mi familia, mis hermanas, mis cuñados y mis sobrinos, todos juntos a recorrer Europa”, un continente que aseguró le “fascina”.

¿Obtuviste muchos premios por tu actuación en el deporte?

Tengo muchas medallas y trofeos, ya no tengo lugar”, dijo muy orgullosa de todas sus victorias. “Tengo 17 medallas de natación y una medalla de atletismo que me gané en Grecia cuando fui en el 2010” a las Olimpiadas Especiales.

“Aprendí a nadar cuando era chica en el Club Remeros con Eduardo Volpi”. Ganó por su destacada actuación en natación medallas de oro, plata y bronce, participó en varias competencias y sudamericanos y obtuvo el premio “Diamante de la Sociedad”.

Su laureada trayectoria deportiva le valió que fuera declarada ciudadana ilustre por la Junta Departamental de Salto.

¿También te destacás en la danza y la pintura?

En 2016 me recibo de profesora de danza. Es mi sueño poder tener alumnas para enseñar. Practico, jazz, español y árabe. Es difícil pero me gusta mucho. En noviembre tenemos un festival”. Sin embargo, el triunfo no es lo único que le interesa a Cecilia en cada una de las competencias o festivales a los que concurre a competir, “si se puede se gana, sino me da lo mismo”, agregó, afirmando que aprovecha para viajar y conocer gente, algo que le gusta mucho.

En cuanto a su faceta en la pintura, comentó que pinta con sus profesores Pablo y Gabriela en pintura acrílica.

¿Has aprendido muchas cosas?

Si, y ahora estoy aprendiendo música con Mario Tórrez y Pía Lombardo” a través del sistema de numerología, mediante el cual no se trabaja con pentagrama sino en base al color, el número y el sonido de las teclas. También con la música se ha ido a competir a otros departamentos. “Toco piano y flauta dulce, pero el violín es lo que más me gusta, me encanta”, reiteró con emoción, aunque reconoció que le parece el instrumento más difícil para aprender.

“Me gustaría aprender muchas más cosas”, comentó.

¿Qué pensás de lo que hace la Asociación Down?

En la Asociación Down voy a los talleres”, donde su madre Beatríz de Rezendes  es una de las fundadoras y activas colaboradoras. “Mamá trabaja en la Comisión y yo estoy muy orgullosa de ella y lo que quiero decirle es que siga así, adelante”.

Cecilia junto a su madre acompañan todos los eventos que se organizan a beneficio de la asociación y se lamentó particularmente no poder estar presente este año en la Fiesta de las Quinceañeras (que cada año organiza Diario EL PUEBLO a beneficio de la Asociación), “me gusta ir y me encanta la canción que pasan, pero este año tengo que viajar y no voy a poder estar”, concluyó.

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Melisa Lucía Ferradini: una Comunicadora que cree en el servicio a los demás

“Me siento millonaria con el patrimonio de
valores humanos que me brindaron mis padres”
Conoció los medios de comunicación de la mano de su papá y como dicen las santas escrituras… “el Maestro instruye al hombre en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”.
Melisa Ferradini Geloz (41) es una agradecida por la instrucción que recibió en el seno familiar, por los valores y el hallazgo de su vocación a partir del camino que comenzó a andar en su niñez, en compañía de su papá Henry Ferradini, uno de las figuras pioneras del entorno publicitario.
Nos cuenta que su segundo nombre fue elegido por su progenitor, puesto que éste era devoto de la Santa Lucía.
Sus abuelos fueron inmigrantes italianos, del Lago Di Como y todas esas vivencias de sus raíces le fueron transmitidas a Melisa.
Siempre se sintió atraída por la Comunicación, pero por diversas cuestiones – entre ellas económicas – no le fue posible trasladarse a la capital pero su interés por el contacto con la gente y su espíritu voluntario la llevó a trabajar en organizaciones como Aldeas Infantiles SOS.
Melisa es una mujer que – por sus experiencias de vida – se ha fortalecido en su fe y se ha adherido de formación y liderazgo cristiano.

“Me siento millonaria con el patrimonio de valores humanos que me brindaron mis padres”

Conoció los medios de comunicación de la mano de su papá y como dicen las santas escrituras… “el Maestro instruye al hombre en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Melisa Ferradini Geloz (41) es una agradecida por la instrucción que recibió en el seno familiar, por los valores y el hallazgo de su vocación a partir del camino que comenzó a andar en su niñez, en compañía de su papá Henry Ferradini, uno de las figuras pioneras del entorno publicitario.

Nos cuenta que su segundo nombre fue elegido por su progenitor, puesto que éste era devoto de la Santa Lucía.

Sus abuelos fueron inmigrantes italianos, del Lago Di Como y todas esas vivencias de sus raíces le fueron transmitidas a Melisa.

Siempre se sintió atraída por la Comunicación, pero por diversas cuestiones – entre ellas económicas – no le fue posible trasladarse a la capital pero su interés por el contacto con la gente y su espíritu voluntario la llevó a trabajar en organizaciones como Aldeas Infantiles SOS.

Melisa es una mujer que – por sus experiencias de vida – se ha fortalecido en su fe y se ha adherido de formación y liderazgo cristiano.

¿Esa inclinación por estar en contacto con la gente, por donde la llevó?

-“Primeramente a iniciar una Licenciatura en Servicio Social y pude culminar el tronco común… cuando estaba cursando segundo, me surgió la posibilidad de viajar a los Estados Unidos donde tengo familiares.

Estuve viviendo mucho tiempo en Nueva York y al volver me sentí un tanto desorientada… no sabía lo qué iba a hacer. Empecé los estudios de Profesorado en Educación Social y me quedan solamente cinco asignaturas pendientes.

En ese tiempo trabajaba y estudiaba… falleció mi padre y debí asumir otras responsabilidades para apoyar a mi madre; vivo con ella y con mi hermano de 18 años y mi otra hermana tiene su familia independiente.

Trabajé primeramente en el rubro comercial y fue una actividad que disfruté, justamente por estar en contacto con el público”.

Su historia con los medios se remonta a su niñez, de la mano de su padre…

- “Papá era un hombre de medios de comunicación y mantenía sus vínculos con todos, tanto radio, diario y tv… siempre estaba. Le agradezco a Dios y tengo la dicha – hoy por hoy de estar en la radio- y conocer a todos y les tengo un gran aprecio. Mi padre era una persona que podía tener sus diferencias en el trabajo pero siempre fue muy querido y eso lo estoy comprobando aún más ahora… y me reconforta. Volver al diario (nuestro diario EL PUEBLO) y volver a ver esos lugares que recorrí con él, me genera un sentimiento increíble”.

¿Cómo llega a la radio?

- “Hace un año ya en Radio Arapey, un periodístico junto a Leonardo Silva y Horacio Pérez. Anteriormente me estuve desempeñando laboralmente en Aldeas Infantiles SOS en la parte de Medios y Recaudación y de un día para el otro me quedo sin trabajo. Y lo que son las cosas de Dios… un día iba caminando rumbo a casa y me encontré con Leonardo Silva (periodista salteño que también trabaja en nuestro medio escrito) al llegar a Asencio y 19 de Abril me expresó.

¿No te gustaría hacer radio?  y quedé muy sorprendida… le pedí unos días para pensar y a la semana ya estaba trabajando en La Mañana en Arapey.

Siempre le doy al programa la cuota social, abordando también temas médicos, Educación y todo lo relativo al apoyo a los demás”.

Esta incursión en la radio por primera vez ¿Le permitió descubrir otras facetas de su perfil?

-“Totalmente… me pasa con esa magia que tiene la radio, de la cual papá siempre me hablaba… me decía que nunca tenemos idea de todas las personas que nos están escuchando y lo que estamos transmitiendo con nuestras palabras. La gente nos llama por teléfono para compartir muchas cosas o nos envían mensajes… Me encanta también cuando me corrigen porque todo lo que sume para aprender, bienvenido sea… soy una persona que acepta las críticas… no me molestan. También cuento afortunadamente con el apoyo de mis compañeros”.

Y a su ver ¿Qué rol juegan los medios?

-“Un papel fundamental de apertura y apoyo… creo que sin los medios de comunicación la sociedad no avanza… son la vía de poder conectarnos con las masas. La conexión es importantísima…  bien usada es una herramienta muy poderosa”.

Melisa también está haciendo su programa propio todos los sábados en la emisora 1.410, intitulado Solo Un Momento y va de 9.30 a 10.30 de la mañana.

Allí recibo a mis invitados en un entorno más íntimo y los insto a transitar por recuerdos desde su niñez hasta ahora. Han pasado personas encantadoras por el programa… personalidades que tenemos en nuestro Salto. Quiero destacar que Leo ha sido mi mentor, mi padrino y le estoy muy agradecida por su impulso, de lo contrario no estaría aquí”.

¿Es muy creyente?

-“Soy cristiana… estoy participando de un grupo de Formación y Liderazgo Cristiano, acompañando a una misionera colombiana que está radicada en Salto.

A través de Ligia he descubierto La Palabra… estudiamos La Biblia y digo con propiedad… Dios está… Dios existe… está.

A través de un caso familiar, de mi sobrinita de 7 años Mercedes, vivimos el milagro… ella estaba muy enferma y verdaderamente Dios la salvó.

Desde ese momento mi fe se profundizó hasta ahora…  el año pasado atravesamos meses muy difíciles para toda la familia. El Señor a través de los médicos la hizo salir adelante”.

¿Y los valores familiares cuanto le han significado?

-“En casa nos enseñaron que las cosas se tienen cuando se pueden y si no, Dios proveerá para hacerlo. Hoy la realidad ha cambiado y las generaciones exigen aunque los padres no cuenten con los recursos para adquirir ciertos elementos materiales.

Antes respetábamos la decisión de nuestros padres para todo

Los valores que me enseñaron mis padres Henry y Nelly son mi mayor patrimonio… realmente me siento millonaria”.

Al trabajar en Aldeas Infantiles SOS seguramente estuvo cercana a fuertes historias de vida. ¿Cómo vivió esas experiencias?

-“Estuve casi dos años trabajando en Aldeas y creo que las situaciones nos van llevando… a mi hermano del corazón, Federico lo adoptamos en casa cuando tenía un año de nacido. Él estaba internado en un hogar de INAU.

Cuando ingresé a trabajar en Aldeas, esa realidad no era desconocida para mí, la realidad de esos niños yo ya lo había vivido con mi hermano.

Niños apartados de sus familias por diversas situaciones… abandono, violencia y maltrato.

Por eso hasta el día de hoy me relaciono con todos los niños y adolescentes y me llevo bien con todo el equipo humano. Hay gente muy linda trabajando en Aldeas Infantiles… mi pasaje por allí fue maravilloso, me abrió muchísimas puertas”.

¿Qué piensa de la solidaridad del pueblo salteño?

-Muy solidaria… desde los empresarios hasta todos los componentes de la sociedad. Me gusta ponerme la camiseta de las personas que necesitan… es impresionante como la gente colabora y el que menos tiene es el que más da, en todos los sentidos.

¿En esta etapa de su vida, cultiva más el terreno espiritual?

-Fui formada en la Iglesia Católica y viví experiencias que me llevaron a profundizar en la fe. No me agrada estar disgustada con nadie y busco soluciones a las dificultades de comunicación”.

Melisa tiene muchos proyectos por cumplir, como la de tener su propia familia, ser madre y tener siempre a merced un puente para ayudar al otro.

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Un técnico apasionado por el campo

El Ing. Agr. Jorge Aguerre, es uno de los técnicos regionales del SUL más conocidos en la zona. Pero no sólo su trayectoria, de más de veinte años es lo que le ha valido el reconocimiento del ámbito de la producción pecuaria, sino que también su impronta de persona de bien, elemento de mucho valor en  este ambiente. Con el dialogamos, a sabiendas que hablaríamos con alguien surgido del campo, que disfruta lo que  hace y es un apasionado del tema. De allí surgió la entrevista que resumimos en estas diez preguntas.

¿De dónde le viene su vocación?
Siempre tuve claro lo quería hacer. Diría que desde los diez u once años ya sabía que quería ser agrónomo y me gusta fundamentalmente la parte de producción. Siempre me gustó la parte de los animales, tanto vacunos, como ovinos y yeguarizos, soy ganadero, me gusta la parte ganadera y he estado en reiteradas oportunidades con empresas ganaderas, siempre arrendando, porque no tengo campo propio, pero en la medida que la situación de mercado y otros factores me lo permitían he tenido alguna pequeña explotación, de acuerdo a mis posibilidades, pero es lo que siempre me gustó. Tanto la parte de alimentación, como del manejo de las  pasturas y de las haciendas y de los animales.
¿Disfrutando del trabajo
al aire libre?
Siempre me gustó trabajar al aire libre, en lugar de estar encerrado en oficinas.
Lógico que esto tiene su contracara, aunque a mi me gustan muchos los días de invierno, con heladas, pero luego también con tiempo frío pero con un buen sol y un frío agradable. En estas ocasiones disfruto del clima y de repente hay otros días de lluvias y humedad que no son los que a uno le gusta para estar afuera.
En verano no tanto, porque a mi me gusta más el invierno y las medias estaciones, vale decir primavera y otoño y  los inviernos fríos y secos son los que más disfruto, saliendo a trabajar afuera, el encontrarme con los productores, tengo muy buenos amigos dentro de los que están en la producción y conversamos mucho de toda la parte productiva y muchas veces de algunas otras problemáticas también.
¿Cuantos años lleva trabajando
en el SUL?
En la actividad que estoy cumpliendo actualmente llevo 22 años y estoy cumpliendo el 23. Esto es desde que vine a trabajar y me radiqué en Salto. Anteriormente había trabajado en el SUL por un contrato, cuando vino un técnico neocelandés para enseñarle a la gente como se adiestraba a los perros ovejeros. Eso fue en el año 89, o sea que hace 25 años. Nos instalamos en la Facultad de Agronomía de San Antonio y ese fue mi primer trabajo vinculado al SUL como funcionario.
¿Pasó de productor a técnico
del SUL?
Efectivamente. Antes yo había estado vinculado al SUL como productor, contratando los servicios de los que después fueron mis compañeros,  porque me ayudaron en su momento, nosotros teníamos un campo en el departamento de Maldonado, con una majada que cuando falleció mi padre yo me hice cargo de un campo arrendado de 800 cuadras, son cerca de 570 hectáreas aproximadamente que arrendaba mi familia y yo me hice cargo con 20 años y empezamos a trabajar con una majada que fuimos agrandando y en ese momento llamamos al técnico del SUL para que nos diera una mano en toda la parte de selección y mejoramiento genético, trabajo que en principio lo hacía un compañero mio y yo como productor recibía sus consejos en cuanto a qué animales nos convenían más, como producir mejor.
¿Ya era agrónomo recibido?
No. En esa época yo no era recibido, tenía 20 años estaba empezando la carrera, pero 5 o 6 años después, me recibí y después de hacer un poco de experiencia por el mundo, recorriendo un poquito, me tocó hacerlo a mi. Vine con la idea de conseguir un trabajo y afincarme en algún lugar. Dio un concurso en el SUL quedé seleccionado dentro de un grupo de gente, no me tocó entrar en la primera ronda, porque entraban seis, quedé en la puerta y al poquito tiempo me llamaron, porque se iban a jubilar quienes hasta ese momento eran los  profesores o los maestros nuestros. Estuvieron un tiempo más trasmitiéndonos lo que ellos durante tanto tiempo habían aprendido y allí empezamos nuestro camino como técnico del SUL.
¿De dónde es oriundo?
Yo soy nacido en Montevideo, pero mi padre era del departamento de Florida, en la zona de Sarandí Grande cuando era chico, luego de adolescente se fue a vivir a Montevideo, donde también vivía mi madre. Nosotros estudiamos y nos criamos en Montevideo, siempre con explotación agropecuaria de mi padre y de mis tíos, desde chicos íbamos toda la familia al campo y las vacaciones eran en el campo, si bien mi padre era bancario, la  licencia la pasábamos en el campo y cuando teníamos las vacaciones de invierno nos íbamos sólos para el campo a salir con el personal y con la gente que atendía la explotación.
¿Cuantos hermanos son?
Somos cuatro hermanos “parejitos”, dos varones y dos mujeres. Perfectamente alternados porque nació  primero mi hermana mayor, yo soy el segundo,  luego mi segunda hermana y el menor es mi otro hermano varón. Soy el mayor de los varones y mi hermano, que también es ingeniero agrónomo y también funcionario del SUL, estuvo como funcionario del SUL en la zona. El entró en el concurso anterior al que di yo, recién recibido muy jovencito,  luego se fue para la zona donde habíamos trabajado y vivido porque salió una vacante y pidió el traslado para allá y en este momento no es funcionario permanente del SUL, pero es contratado para determinadas jornadas y actividades específicas.
¿En el año 89 Ud. llegó para enseñar a trabajar con los perros?
Si efectivamente, hasta ese momento había mucha gente que trabajaba con perros, pero con los perros “de estancia”, otro tipo de perros, más criollos, que le dicen “ovejeros”, pero no son los que tenemos hoy con muchos años de selección e incluso los métodos de adiestramiento han cambiado mucho.
¿Formó familia en Salto?
No, en realidad yo ya conocía a quien es hoy mi señora (Wendy Thompson). Me vine sólo. Sus padres viven en un establecimiento rural en Young, ella hizo la escuela en Young, viviendo en el campo y después en el liceo se fue a Montevideo. Ya nos conocíamos y cuando yo me vine para acá nos turnábamos, un fin de semana iba yo a Montevideo y otro venía ella y después de dos años resolvimos casarnos y nos vinimos para acá.
Ahora tienen hijos salteños…
Si efectivamente, Tenemos dos hijos, María Inés y Agustín, la mayor se recibió de maestra y el menor es varón y está por terminar el bachillerato. Mi suegro es conocido porque es el que  lleva toros a Kiyú y mi suegra, Violeta Parietti, es también una conocida criadora de la raza Normanda, también una familia  profundamente vinculada al campo.

¿De dónde le viene su vocación?

Siempre tuve claro lo quería hacer. Diría que desde los diez u once años ya sabía que quería ser agrónomo y me gusta fundamentalmente la parte de producción. Siempre me gustó la parte de los animales, tanto vacunos, como ovinos y yeguarizos, soy ganadero, me gusta la parte ganadera y he estado en reiteradas oportunidades con empresas ganaderas, siempre arrendando, porque no tengo campo propio, pero en la medida que la situación de mercado y otros factores me lo permitían he tenido alguna pequeña explotación, de acuerdo a mis posibilidades, pero es lo que siempre me gustó. Tanto la parte de alimentación, como del manejo de las  pasturas y de las haciendas y de los animales.

¿Disfrutando del trabajo al aire libre?

Siempre me gustó trabajar al aire libre, en lugar de estar encerrado en oficinas.

Lógico que esto tiene su contracara, aunque a mi me gustan muchos los días de invierno, con heladas, pero luego también con tiempo frío pero con un buen sol y un frío agradable. En estas ocasiones disfruto del clima y de repente hay otros días de lluvias y humedad que no son los que a uno le gusta para estar afuera.

En verano no tanto, porque a mi me gusta más el invierno y las medias estaciones, vale decir primavera y otoño y  los inviernos fríos y secos son los que más disfruto, saliendo a trabajar afuera, el encontrarme con los productores, tengo muy buenos amigos dentro de los que están en la producción y conversamos mucho de toda la parte productiva y muchas veces de algunas otras problemáticas también.

¿Cuantos años lleva trabajando en el SUL?

En la actividad que estoy cumpliendo actualmente llevo 22 años y estoy cumpliendo el 23. Esto es desde que vine a trabajar y me radiqué en Salto. Anteriormente había trabajado en el SUL por un contrato, cuando vino un técnico neocelandés para enseñarle a la gente como se adiestraba a los perros ovejeros. Eso fue en el año 89, o sea que hace 25 años. Nos instalamos en la Facultad de Agronomía de San Antonio y ese fue mi primer trabajo vinculado al SUL como funcionario.

¿Pasó de productor a técnico del SUL?

Efectivamente. Antes yo había estado vinculado al SUL como productor, contratando los servicios de los que después fueron mis compañeros,  porque me ayudaron en su momento, nosotros teníamos un campo en el departamento de Maldonado, con una majada que cuando falleció mi padre yo me hice cargo de un campo arrendado de 800 cuadras, son cerca de 570 hectáreas aproximadamente que arrendaba mi familia y yo me hice cargo con 20 años y empezamos a trabajar con una majada que fuimos agrandando y en ese momento llamamos al técnico del SUL para que nos diera una mano en toda la parte de selección y mejoramiento genético, trabajo que en principio lo hacía un compañero mio y yo como productor recibía sus consejos en cuanto a qué animales nos convenían más, como producir mejor.

¿Ya era agrónomo recibido?

No. En esa época yo no era recibido, tenía 20 años estaba empezando la carrera, pero 5 o 6 años después, me recibí y después de hacer un poco de experiencia por el mundo, recorriendo un poquito, me tocó hacerlo a mi. Vine con la idea de conseguir un trabajo y afincarme en algún lugar. Dio un concurso en el SUL quedé seleccionado dentro de un grupo de gente, no me tocó entrar en la primera ronda, porque entraban seis, quedé en la puerta y al poquito tiempo me llamaron, porque se iban a jubilar quienes hasta ese momento eran los  profesores o los maestros nuestros. Estuvieron un tiempo más trasmitiéndonos lo que ellos durante tanto tiempo habían aprendido y allí empezamos nuestro camino como técnico del SUL.

¿De dónde es oriundo?

Yo soy nacido en Montevideo, pero mi padre era del departamento de Florida, en la zona de Sarandí Grande cuando era chico, luego de adolescente se fue a vivir a Montevideo, donde también vivía mi madre. Nosotros estudiamos y nos criamos en Montevideo, siempre con explotación agropecuaria de mi padre y de mis tíos, desde chicos íbamos toda la familia al campo y las vacaciones eran en el campo, si bien mi padre era bancario, la  licencia la pasábamos en el campo y cuando teníamos las vacaciones de invierno nos íbamos sólos para el campo a salir con el personal y con la gente que atendía la explotación.

¿Cuantos hermanos son?

Somos cuatro hermanos “parejitos”, dos varones y dos mujeres. Perfectamente alternados porque nació  primero mi hermana mayor, yo soy el segundo,  luego mi segunda hermana y el menor es mi otro hermano varón. Soy el mayor de los varones y mi hermano, que también es ingeniero agrónomo y también funcionario del SUL, estuvo como funcionario del SUL en la zona. El entró en el concurso anterior al que di yo, recién recibido muy jovencito,  luego se fue para la zona donde habíamos trabajado y vivido porque salió una vacante y pidió el traslado para allá y en este momento no es funcionario permanente del SUL, pero es contratado para determinadas jornadas y actividades específicas.

¿En el año 89 Ud. llegó para enseñar a trabajar con los perros?

Si efectivamente, hasta ese momento había mucha gente que trabajaba con perros, pero con los perros “de estancia”, otro tipo de perros, más criollos, que le dicen “ovejeros”, pero no son los que tenemos hoy con muchos años de selección e incluso los métodos de adiestramiento han cambiado mucho.

¿Formó familia en Salto?

No, en realidad yo ya conocía a quien es hoy mi señora (Wendy Thompson). Me vine sólo. Sus padres viven en un establecimiento rural en Young, ella hizo la escuela en Young, viviendo en el campo y después en el liceo se fue a Montevideo. Ya nos conocíamos y cuando yo me vine para acá nos turnábamos, un fin de semana iba yo a Montevideo y otro venía ella y después de dos años resolvimos casarnos y nos vinimos para acá.

Ahora tienen hijos salteños…

Si efectivamente, Tenemos dos hijos, María Inés y Agustín, la mayor se recibió de maestra y el menor es varón y está por terminar el bachillerato. Mi suegro es conocido porque es el que  lleva toros a Kiyú y mi suegra, Violeta Parietti, es también una conocida criadora de la raza Normanda, también una familia  profundamente vinculada al campo.

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“Tabaré Vázquez me curó el cáncer”

Antonio Grisolia tiene 71 años y solamente siete materias lo separan de cumplir su sueño de convertirse en abogado. La vida del septuagenario está atiborrada de anécdotas. A los 54 años le diagnosticaron cáncer de amígdalas y le pronosticaron tres meses de vida. Por una recomendación cayó en manos del Dr. Tabaré Vázquez, quien le devolvió el alma al cuerpo: le aseguró que su caso no era tan grave como le habían dicho y que con aplicaciones de bomba de cobalto vencería a la enfermedad. El expresidente de la República tenía razón…
Con 18 años, uno de sus hijos se fue a vivir a Europa y al poco tiempo lo siguieron sus dos hermanos, por lo que Grisolia y su señora quedaron solos en Salto. Antes de eso, Antonio fue destituido del banco Mercantil donde trabajaba (advierte que fue por cuestiones políticas) y empezó a ganarse la vida como corredor de seguros.
Siempre “intuyó” que sería abogado, pero como no quería mudarse a Montevideo, tuvo que esperar que la carrera llegara a nuestro departamento para poder estudiarla. Años después abandonó los libros, para retomar el contacto más tarde. Cuando llegue al final del recorrido educativo, habrá cumplido uno de sus objetivos en la vida, el de ser “el primer Grisolia con  título”.
Este es el “Tono” Grisolia y una historia de vida digna de ser contada.

Antonio Grisolia tiene 71 años y solamente siete materias lo separan de cumplir su sueño de convertirse en abogado. La vida del septuagenario está atiborrada de anécdotas. A los 54 años le diagnosticaron cáncer de amígdalas y le pronosticaron tres meses de vida. Por una recomendación cayó en manos del Dr. Tabaré Vázquez, quien le devolvió el alma al cuerpo: le aseguró que su caso no era tan grave como le habían dicho y que con aplicaciones de bomba de cobalto vencería a la enfermedad. El expresidente de la República tenía razón…

Con 18 años, uno de sus hijos se fue a vivir a Europa y al poco tiempo lo siguieron sus dos hermanos, por lo que Grisolia y su señora24 7 14 018 quedaron solos en Salto. Antes de eso, Antonio fue destituido del banco Mercantil donde trabajaba (advierte que fue por cuestiones políticas) y empezó a ganarse la vida como corredor de seguros.

Siempre “intuyó” que sería abogado, pero como no quería mudarse a Montevideo, tuvo que esperar que la carrera llegara a nuestro departamento para poder estudiarla. Años después abandonó los libros, para retomar el contacto más tarde. Cuando llegue al final del recorrido educativo, habrá cumplido uno de sus objetivos en la vida, el de ser “el primer Grisolia con  título”.

Este es el “Tono” Grisolia y una historia de vida digna de ser contada.

¿Cómo fue su lucha contra el cáncer?

Fue dura, porque me habían dado tres meses de vida. Eso fue en 1997 y pasé ocho meses para que descubrieran que tenía. Pasé por varios médicos y nadie daba con lo que tenía. Yo no podía tragar y ya era piel y huesos. Al final fui con el Dr. Abaddie. quien tras revisarme me descubrió una verruga en la zona de las amígdalas. Me la cortó y la llevaron a analizar, pero no salió nada. De ahí fui al Sanatorio Uruguay para someterme a una biopsia. Pero cuando estuvo el resultado, no quisieron dármelo a mí. Fueron directamente con mi mujer y le dijeron que yo tenía apenas tres meses de vida.

Pero ese diagnóstico resultó equivocado, sino usted no estaría sentado junto a mí en este momento.

Tuve la suerte de que en ese instante mi mujer se encontraba junto a Alba Coco y ella inmediatamente llamó al Dr. Tabaré Vázquez. Tras coordinar la consulta, viajé a Montevideo para que me viera. Y tras verme, Vázquez me dijo: ‘tenés que hacerte una serie de aplicaciones de bomba de cobalto, pero no vas a tener problemas’. Y de a poquito se me fue yendo el dolor y el zumbido que tenía en los oídos. Los médicos anteriores me habían dicho que cuando ese ruido viene, no se va más, pero por suerte estaban equivocados.

Se puede decir entonces que Tabaré Vázquez le curó el cáncer.

Sí, fue así. A partir del diagnóstico de Tabaré Vázquez pasé a atenderme con en el Sanatorio Uruguay con un oncólogo que había sido alumno suyo y que hoy es fallecido. Tuve en total seis consultas con Tabaré para analizar la evolución del cáncer de amígdalas. Enseguida se me fueron todos los síntomas y de a poquito empecé a comer, porque hasta ese momento me tenían que alimentar a través de unas sondas, ya que no podía tragar.

¿El deseo de estudiar tuvo que ver con su exitosa lucha contra el cáncer?

Para no pensar en el cáncer, le pedí a mi amigo Silvio Rodríguez, que es profesor de historia, que me prestara un libro para leer. Y él me animó a reinscribirme en el liceo. Curiosamente terminaría siendo mi director en el liceo nocturno, donde hice los últimos dos años en uno. Al tiempo encontré los carnés viejos y resulta que salvé materias que ya había salvado con anterioridad.

Después entré a la facultad en 1999, pero al quinto año abandoné. ¿Por qué? Dejé porque había perdido Técnica 2 y como que me desilusioné un poco y no fui más. El año pasado volví a estudiar y salvé esa materia con buena nota. Hoy me faltan siete materias para recibirme. La idea es dar cinco este año y dejar dos para el año que viene.

Usted tiene tres hijos y los tres viven en Europa, ¿no?

Tengo una hija, María Natalia, de 38 años y los mellizos Nasareno y Arturo de 32. Mis hijos varones son profesores de yoga y mi hija se dedica a la artesanía. Los tres viven allá (en Europa) desde hace 15 años. Ellos están en distintos países, porque los contratan de diferentes partes del mundo. Por ejemplo, a Nasareno lo contrataron para dar una conferencia en Nueva York. Fueron a Roma para perfeccionar el italiano, después a París para perfeccionar el francés. Han estado en todos lados.

¿Qué sentimiento le provoca tener a sus hijos tan lejos desde hace tanto tiempo?

-Es duro. Un día estábamos comiendo y Nasareno nos dijo: ‘me voy a ir a vivir a Europa y no voy a volver nunca más’. Había conocido a un alemán en el este del país y él lo convenció de que se fuera. ¿Si pensamos que estaba bromeando? No, al contrario. Lo tomamos en serio, por más que tenía 18 años. Mi hermana le pagó el pasaje y Nasareno se sintió muy cómodo en Europa y le dijo a los hermanos que se fueran para allá, porque no iba a poder creer lo que él estaba viviendo. Primero se fue nuestra hija, que estaba estudiando relaciones internacionales en Montevideo. Y finalmente se fue Arturo, después de que los hermanos le insistieran en que siguiera su camino. María Natalia se casó y tiene dos hijos. ¿Si los conozco? No, porque viajé a Europa antes de que nacieran. Estuve tres meses, pero no me gustó y me volví.

¿A qué se ha dedicado a lo largo de su vida?

Yo soy bancario destituido. Nunca fui restituido y cobro una miseria de jubilación bancaria. Fue por una cuestión política. En las elecciones de 1971 figuré en el decimoquinto lugar para ingresar al senado. Pero en la dictadura allanaron los sindicatos y se llevaron toda la documentación. Yo no tenía pruebas de haber sido dirigente sindical, ni que había integrado la lista del Frente Amplio, porque la Corte Electoral no entregaba esos datos. Después que ganó el Frente fue diferente.

Hace poco tuve una reunión con (José) el “Pepe” Bayardi en Montevideo, para ver si se puede solucionar algo. Las pruebas son evidentes de que me echaron por razones políticas, pero como estamos en año electoral, no se puede hacer nada.

¿En qué banco trabajaba? En el Mercantil. Y después, cuando fue intervenido, pasé al Banco República. Eso sucedió en el 76. Y cuando me echaron tenía 33 años y mi hija tenía apenas un año. ¿Quién ordenó mi destitución? (Julio María) Sanguinetti.

Y después de ser destituido en el banco, ¿cómo se ganó la vida?

Después entré al Banco de Seguros como corredor, gracias a que un amigo mío que era subjefe de policía me consiguió el carné de buena conducta. Actualmente sigo trabajando como corredor para Porto Seguros, Royal & Sunalliance y el Banco de Seguros.

Manejo mis propios horarios. Me despierto todos los días a las 4.30 o 5.00 y ahí empiezo a pensar qué es lo que voy a hacer durante el día. ¿Si le dedico mucho tiempo al estudio? Sí, le dedico varias horas. Cuando tengo algún escrito muy complicado, hablo con Silvia Cabrera, que es una de las abogadas del estudio jurídico. A fin de mes tengo que hacer una pasantía de un mes en el juzgado penal: de 13 a 18.

¿Por qué se le ocurrió estudiar Derecho? ¿Qué lo motivó a seguir esta carrera?

Porque a mí me han jodido muchas veces por no conocer las leyes. Por ejemplo, un abogado me hizo hacerle un telegrama que no correspondía. Él y un ave negra que compraba y vendía autos me hicieron perder 10.000 dólares. ¿Si denuncié el caso? No. Recién ahora, mirando el artículo 194 del código penal descubrí que podía haberlo denunciado.

Además, nunca hubo ningún profesional en mi familia, por lo que quiero recibirme para que por lo menos haya un Grisolia con título. A los 18 años intuía que sería abogado, pero la carrera no podía estudiarse en Salto y no quería irme a Montevideo. Por eso tuve que esperar para empezar a estudiar.

¿Qué desafíos le quedan por cumplir en la vida?

-Uno de ellos es visitar la ciudad de Grisolia, en la provincia de Mormanno. Mi abuelo era de allá. Por eso es que todos tenemos la nacionalidad italiana. Mi padre conservaba el certificado de bautismo de mi abuelo y con ese documento se hizo ciudadana mi hermana, que estuvo presa por tupa, un día que pasó junto a mi madre por la embajada italiana. Después adquirí yo la ciudadanía y conmigo el resto de la familia. ¿Cómo fue la historia de mi hermana? Estuvo 10 años presa en la cárcel de mujeres en la época de la dictadura.

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Un hacedor como pocos

Ariel Villar siguió el camino de su padre, inquieto, audaz, inteligente, trabajador y sobre todas las cosas un servidor de su comunidad más allá del paso del tiempo. Es un amigo de la vida y del quehacer constante, altruista, generoso y conocedor de realidad como pocos. Le gusta estar siempre rodeado de personas ayudando a unos y a otros. Al menos así vive los 86 años que lleva a cuestas y que su figura lo hace un salteño de esos que se precisan todos los días.
Es un profesional formado a la antigua. De los que tenían que trabajar 24 horas seguidas en un Hospital para atender a la gente, sin esperar al final del día para tener que pasar la tarjeta y marcar las horas extras para después cobrarlas. Fue impulsor de muchas obras y organizaciones, y si bien trabajó con gobiernos cuyo mandato se extendieron hasta tiempos autoritarios, él se definió siempre como un demócrata, amigo de todos pero no de las injusticias.
Se trata de un hacedor nato, que no descansa pese al paso de los años que encuentra a otras personas de su talla ya retirados y descansando. Nació en Belén, se vino de niño a Salto junto a sus padres y sus nueve hermanos, a los últimos dos los crió como un padre, ante la pérdida de los suyos. Desde entonces no ha parado de hacer cosas y esa ha sido su forma de vida. Está casado, tiene dos hijos y varios nietos los que prolongan su existencia. Con el Dr. Ariel Villar, un hacedor de la comunidad, nuestra sección semanal Al Dorso.

Ariel Villar siguió el camino de su padre, inquieto, audaz, inteligente, trabajador y sobre todas las cosas un servidor de su comunidad más allá del paso del tiempo. Es un amigo de la vida y del quehacer constante, altruista, generoso y conocedor dearielvillar realidad como pocos. Le gusta estar siempre rodeado de personas ayudando a unos y a otros. Al menos así vive los 86 años que lleva a cuestas y que su figura lo hace un salteño de esos que se precisan todos los días.

Es un profesional formado a la antigua. De los que tenían que trabajar 24 horas seguidas en un Hospital para atender a la gente, sin esperar al final del día para tener que pasar la tarjeta y marcar las horas extras para después cobrarlas. Fue impulsor de muchas obras y organizaciones, y si bien trabajó con gobiernos cuyo mandato se extendieron hasta tiempos autoritarios, él se definió siempre como un demócrata, amigo de todos pero no de las injusticias.

Se trata de un hacedor nato, que no descansa pese al paso de los años que encuentra a otras personas de su talla ya retirados y descansando. Nació en Belén, se vino de niño a Salto junto a sus padres y sus nueve hermanos, a los últimos dos los crió como un padre, ante la pérdida de los suyos. Desde entonces no ha parado de hacer cosas y esa ha sido su forma de vida. Está casado, tiene dos hijos y varios nietos los que prolongan su existencia. Con el Dr. Ariel Villar, un hacedor de la comunidad, nuestra sección semanal Al Dorso.

¿Cómo fue su infancia?

Nací en Belén en el año 1928. Al año, ya nos vinimos para Salto. Nos fuimos a vivir a una casa de la calle Joaquín Suárez, al lado del puente (entre 19 de Abril y Agraciada) y en ese momento hubo una inundación muy importante que tapó toda aquella zona. Mi padre era un hombre con inquietudes al que le gustaba enseñar y mi madre también. Fui al Colegio Sagrada Familia y un día mi madre me dijo que hiciera la prueba de admisión para ir al liceo, que en ese momento se hacía así. Y entré, porque salvé los exámenes estudiando junto a mi madre, quien mientras revolvía la olla cuando cocinaba me tomaba la lección y me ponía temas a resolver. Ella solamente tenía educación primaria, pero la escuela de aquella época era muy completa, ella había asistido a una escuela de mujeres donde ahora está el Edificio Castagno, frente a la Plaza Artigas.

¿Cuándo decidió irse a estudiar medicina?

Cuando decidí irme a estudiar medicina, mi padre estaba preocupado porque él tenía 10 hijos y no tenía medios económicos como para mandarme a estudiar a Montevideo. Entonces hizo contacto con gente a la que estaba vinculada por el Rotary, y siempre me acuerdo cuando me despidieron en el año 1946, un viernes al mediodía, el 22 de marzo, frente al Hotel Concordia y me dio los 15 pesos que costaba el boleto de los ómnibus de Onda para ir a Montevideo.

¿Le tocó trabajar mientras estudiaba?

Sí, allá entre una cosa y la otra fui a un colegio de sacerdotes, después me consiguieron para que fuera escribiente del Ejército en una unidad que se estaba formando y también fui reservista. Estudiando y siendo yo practicante, hice concurso para ingresar al Hospital Militar y en el año 1954  me recibí.

¿Ahí ya se radicó en Salto?

Me volví a Montevideo a estudiar Cirugía y un profesor de la Facultad me propuso porqué no estudiaba una especialización en vías urinarias para ser Urólogo, porque en Salto había quedado una vacante para esto ya que quien ejercía ese cargo era el Dr. Fernando Lucas Gaffré que se había metido en política e iba a ser senador. Entonces me lo propusieron y me vine.

¿Pero también fue docente en secundaria?

Sí, mire, todo empieza así, cuando me vine a Salto el Dr. Lucas Gaffré me dio un consejo, me dijo ‘mirá acá en el interior como vos sos médico y joven hay muchas tentaciones, que el alcohol, que la timba y las mujeres. Pero yo te voy a hacer un regalo’. Y me dijo: ‘primero vas a cumplir con tu país, porque si vos te pudiste recibir es porque la educación es gratuita en Uruguay, entonces vos tenes que dar clases de Historia en Secundaria y acá tenes todos los libros para hacerlo’. Y me lo presentó a Domingo Iribarne, que en aquella época era el director del Liceo IPOLL y comencé.

Di Historia Universal y le daba clases a chiquilines de 15 años que lo menos querían era estudiar, y yo los hacía declamar y dar las clases, con aquellos calores insoportables. En la educación pública no, porque no pude dar los concursos. Pero en el Crandon fui docente durante 30 años, tuve el orgullo de poder hacerlo.

Además estuvo y está ligado aún hoy a varias organizaciones…

Sí, integro el Rotary desde hace muchos años, fui presidente y Gobernador, ayudé a fundar la Filial Salto de la Liga Marítima Uruguaya, el grupo Acción que es una entidad de servicio a la comunidad, la Asociación de Amigos del Patrimonio Histórico de Salto, y soy miembro de la Comisión Honoraria de Patrimonio Histórico de Salto, además de participar de otras actividades.

Fue una suerte de mentor para mucha gente, ¿cómo lo veían en su familia?

Nosotros éramos diez hermanos, cinco varones y cinco mujeres. Pero llegó un momento que mis padres fallecieron y esa fue una de las cosas que me hizo venir a Salto, el hecho de tener a mi padre muy enfermo. Y yo tuve que hacerme cargo de mis dos hermanos más chicos. De Ana María y el más pequeño de todos es Miguel, hoy médico urólogo reconocido. Estando viviendo en una época donde había un movimiento enorme en Salto porque era la construcción de Salto Grande, yo le pregunté ¿quéres seguir de médico? Y él me contestó que sí, entonces lo ayudé para que fuera, no le hice faltar nada.

¿Fue difícil ejercer la medicina y sobre todo administrarla como director del Hospital de Salto en épocas donde había mucha carencia?

Cuando estaba en Montevideo, hacía guardias en Salud Pública y había veces que la ambulancia no entraba a determinados barrios porque había problemas y eran bravos, pero yo la hacía entrar igual.

Cuando vine a Salto el Hospital estaba echo pedazos. Entonces como se había enfermado el médico titular de guardia, tomamos junto al Dr. Rodríguez Arrarás las guardias durante 8 años, haciendo turnos de 24 horas en forma honoraria. Fui director del Hospital dos veces. Trabajamos en el interior en algo que fue creado por un gran hombre que era el arquitecto Néstor Minutti. Él tenía grandes ideas, un día me dijo que estaba preocupado por la campaña porque allá no llegaba salud pública, porque había médicos sedentarios que iban en avión y lo hacían cuando querían. Minutti quería que la gente se preocupara por los servicios sanitarios y se hicieran cargo a través de sus comisiones de la administración de los mismos.  Me dijo tengo una idea, hay que crear un sistema que se llame SAYSS (Servicios Asistenciales y Sociales de Salto), esa palabra la escribió Minutti y fue una gran obra de la que tuve el honor de participar.

Usted siempre fue identificado como un demócrata que es amigo de la libertad y que pasa encima de los partidos ¿por qué trabajó con gobiernos autoritarios?

Yo fui edil del Partido Colorado y trabajaba en política cuando coincidió ese momento con el Golpe de Estado. En ese momento el arquitecto Minutti que era el intendente nos dijo “ustedes se tienen que quedar, tienen que completar su mandato porque ustedes fueron elegidos por el pueblo”. Y nosotros figurábamos como integrantes de la Junta de Vecinos y a nosotros no nos gustaba eso, porque no queríamos a la Junta de Vecinos. Y a los cuatro mese de eso le presentamos la renuncia al coronel Barusso, que era el jefe de Policía de la época. Y nos fuimos, yo no trabajé casi con la dictadura, incluso del ejército yo me fui en el año 1966. A lo que no renuncié fue al Hospital porque era un cargo al que había accedido por concurso de oposición y mérito.

¿Si pudiera vivir de nuevo, haría lo mismo?

Eso en cierta medida me hace acordar a algo que me había dicho mi padre, que era un hombre que había estudiado abogacía y que luego tomó otro rumbo pero era un gran lector, ese 22 de marzo momentos antes de que me subiera a la Onda para ir a estudiar a Montevideo, me dijo “nunca seas masón, y se cristiano, pero cristiano, no católico, porque vos tenes que respetar a alguien y tenes que respetar a Dios. Y siempre fui Cristiano y respeté a todo el mundo, si pudiera vivir de nuevo, viviría de igual manera.

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Néstor “Bomba” Echevarría.. Animador, locutor, disc jockey y pionero del cine marchante

El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
El sobrenombre “Bomba” me lo puso un vecino. Al parecer porque era muy travieso en su infancia. En esos años todavía “flotaba en el aire”  las repercusiones de la bomba de Hiroshima, la denominada “bomba atómica”, que todo lo destruía.
Ese es el origen del apodo que lo ha acompañado toda su vida a Néstor Echevarría, que raya en los setenta años, y ha formado parte de su identidad.
Tuvo el primer contacto con el micrófono a los 10 años, de pantaloncito cortito, pasaba cinco anuncios en un tablado en la cuadra de su casa, en calle Diego Lamas casi Viera que incluso sacó primer premio en 1954.
Fue animador, locutor comercial, disc jockey y participó en la instauración en Salto de un emprendimiento vanguardista para la época que fueron los “microcines”.
¿Qué recuerda de sus inicios?
“Lo tengo bien presente porque en ese momento lo que estaba de moda era Rock alrededor del reloj,  grabado por Bill Haley y el tablado se llamaba Bailando rock.
Dos o tres años más tarde, quien tenía la amplificación en ese tablado, que era el señor Abel Vispo, adquiere una parte bastante grande, diría un 75 % de los equipos que pertenecían a  La Voz Gigante, empresa que se dedicaba a dar luz y música en las Kermesse bailables que se realizaban en campaña y animar con discoteca de la época algunos bailes en el centro y otros eventos sociales, como cumpleaños, casamientos y demás.
Yo pasé a formar parte de esa empresa a la cual se le cambió el nombre y se le puso Columbia” – rememora “Bomba”.
¿Y cómo se dieron esos comienzos?
-“Salimos a brindar los servicios nuestros por la campaña  y es así que conozco casi todos los pueblos del departamento de Salto, parte de Artigas y parte de Paysandú también, hasta que surge la idea de salir a ofrecer en los barrios algo que ya era muy popular acá, que eran los cines callejeros, a lo cual La Voz Gigante le había puesto un nombre que era Microcines y a la gente le llegó mucho.
Así fue que surgió Columbia, como competencia de Stentor que seguía dando cine en la calle.
Pasamos  a llevar a los barrios esa alegría sana  para toda la familia, que era el cine, pero con otra mentalidad totalmente diferente.
Es decir… dejamos un poco de lado las producciones de cine argentino  porque considerábamos que había películas que habían sido dadas en varias temporadas
Algún tipo clásico del cine argentino  lo dimos sí, como no, pero también llevamos a los barrios la primera película color que se exhibía, aproximadamente en 1960, proyectada en 35 milímetros.
Más tarde a través de los años, nos dedicamos a proyectar películas en 16 mms. Pero desde el arranque mismo en 35 milímetros, lo hicimos con proyectores profesionales.
Dimos Lo que le pasó a Reinoso, con Floren Delbene, Francisco Álvarez y Enrique Muiño… una gran novedad para los barrios.
Había gente que nos seguía de barrio en barrio, solo para ver una película color. En verdad… era toda una novedad.
¿Cómo era la sociedad salteña en esa época?
-“Muy tranquila y unida… con un respeto tremendo no solo a los seres queridos, a los padres, sino a la propia gente.
Nosotros en los años que dimos cine jamás tuvimos ningún inconveniente en ningún barrio.
Hoy no sé si ocurriría lo mismo… pero desde ya le digo que me parece que no. No existían muchas cosas que existen hoy, como la pasta base, cocaína, marihuana.
A lo sumo lo que podía acontecer en aquel entonces… era que en un espectáculo cinematográfico aparecieran dos o tres personas ebrias, nada más.
Era algo sano y la imagen que guardo es de una abuela, que con sus nietitos y con sus hijos a veces se iba de un barrio al otro, cuando le gustaba una película.
Iban por ejemplo del barrio Baltasar Brum al Palomar,  o de Salto Nuevo al Ceibal, para  ver una película porque le había gustado mucho. Era “totalmente gratis y auspiciado por firmas comerciales de nuestro medio”.
¿Por qué eligió llevar adelante este proyecto?
-“Primeramente porque en mi niñez acudía a los cines.
Nunca pensé que en el día de mañana iba a proyectar cine para otra gente., Yo era un espectador más, tanto para La Voz Gigante, como para la Organización Stentor.
Por supuesto que nosotros estrenamos Cinemascope y la película que exhibimos fue El Manto Sagrado, con Víctor Matur, que después también a pedido de la Iglesia mormona, la exhibimos también en una sala que tienen en Zelmar Michelini. Fue uno de los grandes logros. Se exhibió en un local cerrado en barrio Artigas, que se llamaba Daniel Espasandín.
Se exhibió también A la Hora Señalada,  con Grace Kelly y Gary Cooper. Y saltamos rápidamente del cine americano al mexicano.
¿Era usted muy joven cuando ya estaba embarcado en estos importantes emprendimientos?
- “Muy jovencito… estamos hablando de dieciséis, diecisiete años… tuve una gran escuela. Fue una enorme satisfacción permanecer durante muchísimos años en Radio Cultural donde nací como profesional, siendo locutor comercial del equipo deportivo de la época. Pero mi pasaje como locutor disc jockey fue en 1967 en Radio Salto donde estuve cinco años.
¿Cómo fue su relación con la gente?
-“Excelente… siempre fue muy buena… tengo setenta años y jamás tuve un inconveniente con una persona en ningún barrio de Salto… he aprendido en la vida a respetar y me han respetado”. Considero que muchos valores se fueron perdiendo porque el quiebre original se fue dando en la familia. Por otra parte, el mundo no se quedó estancado… se continuó caminando y aparecieron cosas nuevas… apareció la droga trayendo consigo todas las complicaciones que ello implica y se fue perdiendo el respeto hacia los padres.
¿Cómo vivió su niñez?
-“Hice todo lo que tiene que hacer un niño en diferentes edades… tal vez me apresuré un tanto en ser una persona adulta. Yo conocí a los doce algunas cosas que otros las conocieron con dieciséis, pero todo fue en base a mi trabajo. Me crié con mi mamá y cuatro hermanos (una hermana y tres hermanos)… mi madre Elcia González en la actualidad, tiene 87 años. Mi padre falleció cuando aún era un niño. Le daba un descanso a mi madre… como yo trabajaba me hacía cargo de mi propia vestimenta”.
Néstor (que ya es abuelo y bisabuelo) es padre de cinco hijos y los más pequeños tienen 8 y 5 años… los mayores ya tienen cincuenta.
¿Qué otras actividades marcaron su trayectoria?
-“A partir de 1968 trabajé en el Canal 8 durante cinco años e hice todo lo que se puede hacer en televisión, pasé de plaquista a operador… fui camarógrafo, locutor en off, entre tantas otras funciones…
En esos comienzos de la televisión en Salto había mucho para hacer y debíamos echar mano del ingenio; no contábamos con los mismos medios de hoy.
Por suerte en mi vida he tenido tiempo para hacer muchas cosas y aprender… fíjese lo que son los caminos de la vida… del cine en 16 milímetros pasé en 35… estuve haciendo una temporada en el Cine Plaza (ubicado en aquella época en las inmediaciones de la Plaza de Deportes)… con el correr de los años llegué a los Estados Unidos y resulta que lo que había aprendido acá me sirvió para trabajar allá durante siete meses”.
¿Proyectos para hoy?
-“Comenzar a hacer la casa propia y unir a mi familia bajo ese techo – mi señora e hijos –  que va a ser de por vida. La familia para mí es todo… luego del kilometraje recorrido en mi juventud, a esta altura de la vida, siento la necesidad del hogar, del amor de mi señora y de mis hijos. En el 2004 debí enfrentar tres infartos y cuando se viven esas experiencias es cuando más que nunca aprendemos a valorar la vida”.
¿Cómo se siente hoy luego de un camino transitado?
-“La vida es un pasaje que tenemos por este mundo y durante el mismo debemos aprovecharlo en bien propio, en bien de la familia… servir como ejemplo sobre todo cuando tenemos hijos.
A nuestras aspiraciones debemos tratar en todo momento de transformarlas en realidades y por sobre todas las cosas… buscar siempre la felicidad”.

Publicado en - Especiales Semanales -, 2- Martes, Al DorsoComentarios (1)

Jorge Jacques, Director de 1 TV 20 años como productor de televisión

Jorge Omar Jacques Borba (Director de 1TV), nació el 2 de febrero de 1962, es casado con  Cristina Sánchez y tiene tres hijos: Joaquín, Belén y Juan Diego. Este año cumple dos décadas como productor de programas televisivos pero Jorge Jacques Video Producciones nació un año antes, con filmaciones de videos para turistas.  Debió enfrentar de muy joven la soledad que le transmitió vivir en la capital del país, lugar que abandonó tras solo un año de residir allí porque no podía estar lejos de los suyos. Superó momentos muy duros, que al recordarlos lo emocionan hasta las lágrimas. Se definió como una persona muy sensible y maniático con la tecnología, porque “lo es todo” y fue lo que le permitió marcar la diferencia.

¿Cómo fue su infancia y
adolescencia?
“Viví hasta los 7 años en República Argentina y Guaraní, en el Cerro; luego pasé a vivir con mis padres y  hermanos en una casa de la Zona Este. Fui a la UTU, hice el curso de electricidad y mientras estudiaba reparaba radios. A los 16 años trabajé en el taller eléctrico de ANCAP (Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland), después estuve cinco años en Centro Eléctrico, tuve que ir a Montevideo con ellos y extrañé tanto que me tuve que venir.
No sé cómo hay gente que se va así, la experiencia fue muy dura, buena porque aprendí a manejarme de otra manera, pero fue dura. Después tuve mi propio taller en Uruguay y Piedras durante 11 años.
Yo tenía claro que había algo en la electricidad que me gustaba, con el tiempo se fue transformando en algo más técnico”.
¿Cómo entró en el mundo
de la filmación?
“Después que me casé ya no funcionaba muy bien el taller y empecé a incursionar en el video.
Sergio Hornos fue el detonante para que yo entrara en esto de las cámaras de televisión, con él filmaba cumpleaños, casamientos y hacíamos publicidades.
Enseguida me di cuenta que eso era algo que me apasionaba y siento hasta el día de hoy la misma pasión. El siguiente paso fue vender un Fiat 600 que tenía y comprar mi primera cámara, que la tengo hasta el día de hoy. Yo ya estaba casado y tenía mi primer hijo.
Fue una decisión importante, mi esposa me apoyó en todo momento. ¡Había que hacer algo!”
Recuerda esos momentos y
se emociona, ¿por qué?
“Por todo, por como se fue dando. Recordar ese momento tan duro, mi señora estaba embarazada y teníamos que hacer algo. Hubo un lapso en que repartía viandas y hasta tuve que lavar manteles.
En ese entonces yo veía que en el Club Salto Uruguay venían muchas excursiones de turistas a comer de noche y cuando compré la cámara tenía pensado filmarlos y venderles el video. Ahí hablé con el guía y me dijo que eso se hacía mucho en Buenos Aires.
Filmá varios lugares importantes de Salto, ponéle una musiquita y mañana esperáme en el hotel- me dijo el guía. Y así fue. Hice 48 cassettes y los vendí a U$S 20 cada uno.
Fue un año bárbaro, empecé un viernes Santo y hasta noviembre había vendido 980 cassettes.
Era algo innovador en Salto y entonces invité a un amigo, Carlos Moreni, para que sacara la foto del grupo. Ahí ya me había comprado otra cámara”.
¿Cómo pasa de hacer videos a turistas a su primer programa de televisión?
“Al año siguiente nace el cable, me llama Víctor Hugo Solís para invitarme a hacer un programa de televisión que iba a salir en el cable de TV Mundo. Y así nació Estación Central, donde hacíamos toda la movida de Salto, más que nada discotecas”.
¿Cómo les fue con “Estación Central”?
“A los tumbos. Mirá, hasta hacíamos croma, tenía una tela verde en el living de mi casa y yo le ponía imágenes atrás y esa era la escenografía; ahí hacíamos el programa.
En el equipo éramos dos y a veces iba Germán Coutinho, se grababan los pies y trabajábamos prácticamente toda la semana para sacarlo el fin de semana. Se editaba en cinta, había que ir sincronizando y pegando en cassette, era mucho más trabajo que ahora, tenía que ir con el cassette y pasarlo yo, porque no había un canal funcionando.
Después hablamos con Paulino Delsa para hacerlo en vivo al programa, llevamos todo el equipo y salimos un domingo en vivo.
Me acuerdo que mirábamos quieénes eran los abonados y los llamábamos.
Así empezó y continuó, porque no se podía creer lo que era. Al día siguiente voy a decirle  a Paulino que me iba a llevar las cosas y me dijo que las deje ahí, que íbamos a seguir en vivo. Y así empezó el que en ese entonces era el canal 3 de TV Mundo, después empezaron otros programas y así todo”.
¿Cuándo nota un cambio
importante en ese proceso?
“Empecé a generar programas, hacía micros de informativos, cubríamos algunas cosas, armábamos informes y fuimos creciendo. Ahí ya era Jacques Video Producciones, hasta que el grupo Clarín compra el cable, se terceriza el canal y yo me quedo a cargo. Ese fue el gran cambio, en el año 2000 y aparece Uno TV.
También en el 2000 apareció la primera cámara digital y el cambio en la imagen fue rotundo. Pudimos mejorar, pasamos a una cámara que tenía mucho mejor calidad de imagen”.
¿Es difícil mantener un
canal en el interior?
“Es muy difícil y cada vez es más difícil. Cuando yo empecé en el cable los canales de Montevideo no llegaban como llegan ahora. Antes manoteábamos alguna publicidad estatal, después cuando esos canales empezaron a estar en el cable para ellos la llegada en el interior se daba igual.
Por suerte el medio local apoya. Hay gente que me decía -¿qué vas a hacer programas locales y competir con los canales de  Montevideo o de Buenos Aires?- Pero si se hacen las cosas con calidad y buenos productos se puede competir.
Hay cosas que se pueden hacer bien, dentro de las limitaciones que tenemos.
Acá muchos son periodistas, camarógrafos o editores porque aprendieron trabajando, nadie estudió nada. Y más de una vez me iban a pedir trabajo y me decían -¿pero mirá que no se nada de cámaras?, y bueno, eso se aprende, les decía yo, haciendo las cosas bien”.
¿Qué espera de cada producto?
“Que tenga un nivel, que no sea algo simple, que tenga un contenido, que no sea porque viene fulanito y quiere hacer un programa. En contra muchas veces de lo comercial y de muchos intereses, prefiero buscar programas que tengan una categoría, un cierto nivel. Y creo que eso es lo que me ha posicionado bastante bien a nivel del interior del país”.
¿La Inversión es la clave?
“La gran diferencia que creo que pude marcar es en la técnica. Hace quince años atrás si hacías zapping sabías cuál era el canal local porque la diferencia en la imagen era abismal, hoy eso no se da.
Tenemos menos equipamiento que los canales de Montevideo, pero estamos acá”.
¿Cómo se ve dentro de unos años?
“Hoy en día a mi me sigue apasionando la televisión de la misma manera que al principio. Yo soy bastante maniático con la calidad, soy muy exigente conmigo mismo, no solo por la calidad sino por el contenido.
Hay muchas cosas para hacer, pero siempre te golpeás con lo mismo.
Hoy por ejemplo es casi imposible ir a hacer un partido de fútbol porque la Liga (Liga Salteña de Fútbol) te pide un montón de plata; antes te pedía por favor que fueras. Y esas cosas han ido cambiando. Otra cosa que me trae mal es que desde hace varios años no he podido invertir en algún cambio, en traer más tecnología, porque eso lo es todo. Pero este año voy a ver si puedo invertir en eso”

¿Cómo fue su infancia y adolescencia?

“Viví hasta los 7 años en República Argentina y Guaraní, en el Cerro; luego pasé a vivir con mis padres y  hermanos en una casa de la Zona Este. Fui a la UTU, hice el curso de electricidad y mientras estudiaba reparaba radios. A los 16 años trabajé en el taller eléctrico de ANCAP (Administración Nacional de Combustibles Alcohol y Portland), después estuve cinco años en Centro Eléctrico, tuve que ir a Montevideo con ellos y extrañé tanto que me tuve que venir.

No sé cómo hay gente que se va así, la experiencia fue muy dura, buena porque aprendí a manejarme de otra manera, pero fue dura. Después tuve mi propio taller en Uruguay y Piedras durante 11 años.

Yo tenía claro que había algo en la electricidad que me gustaba, con el tiempo se fue transformando en algo más técnico”.

¿Cómo entró en el mundo de la filmación?

“Después que me casé ya no funcionaba muy bien el taller y empecé a incursionar en el video.

Sergio Hornos fue el detonante para que yo entrara en esto de las cámaras de televisión, con él filmaba cumpleaños, casamientos y hacíamos publicidades.

Enseguida me di cuenta que eso era algo que me apasionaba y siento hasta el día de hoy la misma pasión. El siguiente paso fue vender un Fiat 600 que tenía y comprar mi primera cámara, que la tengo hasta el día de hoy. Yo ya estaba casado y tenía mi primer hijo.

Fue una decisión importante, mi esposa me apoyó en todo momento. ¡Había que hacer algo!”

Recuerda esos momentos y se emociona, ¿por qué?

“Por todo, por como se fue dando. Recordar ese momento tan duro, mi señora estaba embarazada y teníamos que hacer algo. Hubo un lapso en que repartía viandas y hasta tuve que lavar manteles.

En ese entonces yo veía que en el Club Salto Uruguay venían muchas excursiones de turistas a comer de noche y cuando compré la cámara tenía pensado filmarlos y venderles el video. Ahí hablé con el guía y me dijo que eso se hacía mucho en Buenos Aires.

Filmá varios lugares importantes de Salto, ponéle una musiquita y mañana esperáme en el hotel- me dijo el guía. Y así fue. Hice 48 cassettes y los vendí a U$S 20 cada uno.

Fue un año bárbaro, empecé un viernes Santo y hasta noviembre había vendido 980 cassettes.

Era algo innovador en Salto y entonces invité a un amigo, Carlos Moreni, para que sacara la foto del grupo. Ahí ya me había comprado otra cámara”.

¿Cómo pasa de hacer videos a turistas a su primer programa de televisión?

“Al año siguiente nace el cable, me llama Víctor Hugo Solís para invitarme a hacer un programa de televisión que iba a salir en el cable de TV Mundo. Y así nació Estación Central, donde hacíamos toda la movida de Salto, más que nada discotecas”.

¿Cómo les fue con “Estación Central”?

“A los tumbos. Mirá, hasta hacíamos croma, tenía una tela verde en el living de mi casa y yo le ponía imágenes atrás y esa era la escenografía; ahí hacíamos el programa.

En el equipo éramos dos y a veces iba Germán Coutinho, se grababan los pies y trabajábamos prácticamente toda la semana para sacarlo el fin de semana. Se editaba en cinta, había que ir sincronizando y pegando en cassette, era mucho más trabajo que ahora, tenía que ir con el cassette y pasarlo yo, porque no había un canal funcionando.

Después hablamos con Paulino Delsa para hacerlo en vivo al programa, llevamos todo el equipo y salimos un domingo en vivo.

Me acuerdo que mirábamos quieénes eran los abonados y los llamábamos.

Así empezó y continuó, porque no se podía creer lo que era. Al día siguiente voy a decirle  a Paulino que me iba a llevar las cosas y me dijo que las deje ahí, que íbamos a seguir en vivo. Y así empezó el que en ese entonces era el canal 3 de TV Mundo, después empezaron otros programas y así todo”.

¿Cuándo nota un cambio importante en ese proceso?

“Empecé a generar programas, hacía micros de informativos, cubríamos algunas cosas, armábamos informes y fuimos creciendo. Ahí ya era Jacques Video Producciones, hasta que el grupo Clarín compra el cable, se terceriza el canal y yo me quedo a cargo. Ese fue el gran cambio, en el año 2000 y aparece Uno TV.

También en el 2000 apareció la primera cámara digital y el cambio en la imagen fue rotundo. Pudimos mejorar, pasamos a una cámara que tenía mucho mejor calidad de imagen”.

¿Es difícil mantener un canal en el interior?

“Es muy difícil y cada vez es más difícil. Cuando yo empecé en el cable los canales de Montevideo no llegaban como llegan ahora. Antes manoteábamos alguna publicidad estatal, después cuando esos canales empezaron a estar en el cable para ellos la llegada en el interior se daba igual.

Por suerte el medio local apoya. Hay gente que me decía -¿qué vas a hacer programas locales y competir con los canales de  Montevideo o de Buenos Aires?- Pero si se hacen las cosas con calidad y buenos productos se puede competir.

Hay cosas que se pueden hacer bien, dentro de las limitaciones que tenemos.

Acá muchos son periodistas, camarógrafos o editores porque aprendieron trabajando, nadie estudió nada. Y más de una vez me iban a pedir trabajo y me decían -¿pero mirá que no se nada de cámaras?, y bueno, eso se aprende, les decía yo, haciendo las cosas bien”.

¿Qué espera de cada producto?

“Que tenga un nivel, que no sea algo simple, que tenga un contenido, que no sea porque viene fulanito y quiere hacer un programa. En contra muchas veces de lo comercial y de muchos intereses, prefiero buscar programas que tengan una categoría, un cierto nivel. Y creo que eso es lo que me ha posicionado bastante bien a nivel del interior del país”.

¿La Inversión es la clave?

“La gran diferencia que creo que pude marcar es en la técnica. Hace quince años atrás si hacías zapping sabías cuál era el canal local porque la diferencia en la imagen era abismal, hoy eso no se da.

Tenemos menos equipamiento que los canales de Montevideo, pero estamos acá”.

¿Cómo se ve dentro de unos años?

“Hoy en día a mi me sigue apasionando la televisión de la misma manera que al principio. Yo soy bastante maniático con la calidad, soy muy exigente conmigo mismo, no solo por la calidad sino por el contenido.

Hay muchas cosas para hacer, pero siempre te golpeás con lo mismo.

Hoy por ejemplo es casi imposible ir a hacer un partido de fútbol porque la Liga (Liga Salteña de Fútbol) te pide un montón de plata; antes te pedía por favor que fueras. Y esas cosas han ido cambiando. Otra cosa que me trae mal es que desde hace varios años no he podido invertir en algún cambio, en traer más tecnología, porque eso lo es todo. Pero este año voy a ver si puedo invertir en eso”

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Renée Margarita Díaz Sartou: Maestra por convicción desborda su amor a los niños

Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
Fue maestra, inspectora departamental y locutora de Radio Cultural. Nació el 14 de octubre de 1943, quería ser abogada, pero el contacto con los niños le despertó la pasión de ser maestra. Dentro de la docencia destacó por realizar especializaciones, en la rural se volcó a la etapa de perfeccionamiento, de directores e inspectores. Está casada desde hace 42 años con Luis Chiappini , tiene 3 hijos y 5 nietos, el mayor, Francesco, juega en Liverpool de Montevideo, Alan de 16, una nieta Agustina y “los dos chiquitos” de 12, Lucas y Ángelo. Entiende que la mayor riqueza de ser maestra son sus alumnos, que hasta hoy la reconocen hasta por teléfono.
Con voz pausada, y la calidez de una auténtica maestra de escuela narró a EL PUEBLO parte de su vida y su trayectoria.
¿Cómo inició su carrera?
Mi familia se integraba por mis padres y tres hermanos, como cualquier chiquilina fui a la escuela- Nº 3-  después fui al liceo Osimani y Llerena, hermoso liceo… el único que había y en aquellos años si tenías buena nota  pasabas de cuarto año al Instituto Normal Salto, que entonces no era oficial, era la Asociación Magisterial que lo había abierto para ayudar a que estudiaran magisterio en Salto. Entré allí en el año 60. Entonces se pedía al gobierno que se oficializara, porque era particular y se logró. El Estado decidió crear el Instituto de Formación Docente, el actual, que cumplió el año pasado 50 años, y allí estuvimos como alumnas fundadoras.
¿Sentía que tenía vocación para ser maestra?
Siempre jugaba a ser maestra, en aquella época los juegos de niños eran muy sencillos, siempre con  las amiguitas de la cuadra poníamos  alumnos y uno hacía de maestra–yo hacía de maestra” recuerda Renée con gracia. “A veces hacía de alumna, pero me encantaba hacer todo lo que hacía la maestra, incluso jugábamos con esas piedritas muy bonitas que encontrábamos, y hacíamos la fila de la escuela y adelante la maestra y la directora.
Pero en realidad no sabía cuál era mi vocación, mamá siempre decía ‘tenés que estudiar’, y creo que era ella la que más quería (que estudiara magisterio), a mí me gustaba, pero quería ser abogada, pero para eso tenía que ir a Montevideo, y ahí se me cerraron las puertas. Luego  encontré que estaba bien, y cuando entré, ¡me encantó!, vi que era lo mío, ese contacto con los niños me apasionó, además el grupo humano con las compañeras… era otra forma de encarar todo, los profesores estaban muy junto a los alumnos. Fuimos una generación muy privilegiada con grandes profesores tanto en el liceo como en el instituto.
¿Cuál fue su primer trabajo como maestra?
Al recibirme fui a una escuela rural, donde no sabía ni dónde estaba (se ríe), en Zanja de Alcain. Don Ramón (Vinci) me enseñó dónde quedaba, era el intendente y en ese momento estaba trabajando con él porque en el interín donde  se pedía la oficialización del instituto mis compañeras me mandaban a la radio a hablar, porque me destacaba en la lectura, me daban los papeles y yo iba a la radio a leer, y en una de esas idas, el director que era Don Ramón Vinci dijo que quería que fuese locutora, en ese momento no contesté nada, pero una compañera (Margarita) decía que sí, llegué a mi casa, lo comenté  y mamá me dijo ¡Qué esperanza, ni sueñes!, y a mí ya me había gustado, tenía 17 años. Yo lloraba, despacito, en los rincones de vez en cuando hasta que mamá me dijo que fuera. Empecé, no sabía nada, pero tenía la voz, me adapté y estuve hasta que me recibí.
La escuela quedaba en el camino entre las Termas del Arapey y Colonia Lavalleja. Cuando fui inspectora me tocó cerrar la escuela…, con una tristeza enorme, porque la había visto abrir.
¿Cuáles fueron las siguientes?
Luego empecé a dar concursos, me presenté a un concurso para directores, empecé mi carrera siempre de directora. Fui directora efectiva en  la escuela Nº 34 de Pueblo Biassini, después vine a la 16 de Parada Herrería, ahí ya había hecho la especialización  rural, después me trasladé a la 14 de Barrio Albisu y vino la destitución. Las primeras destituciones del gobierno militar en Salto fueron 14 directores y entre ellos estaba yo. Yo estaba embarazada de mi hijo más chico (Alexandro), recuerdo que lloré todo un mes, fue el 8 de marzo, y el 8 de abril nació mi hijo, y nunca más me acordé que era maestra, para mí mi hijo fue lo más importante, crié a mis hijos, tenía dos más, y por 9 años me dediqué a ellos  y volví a la radio que por ser maestra rural había tenido que dejar.
Con la democracia volví sorteando todo, porque había hecho especialización de directores, di concurso de director, tenía las etapas prontas, me había ido bien y entonces cuando terminé, nombran a una compañera inspectora departamental y ella dijo que no. Enseguida me hablaron a mí. Siempre fui muy audaz y me fue muy bien, fue una experiencia linda, la meta siempre fue recibir a todos los maestros como a mí me gustaba que me recibieran y eso me dio mucho éxito en la relación con los maestros.
¿Cuál fue su mejor etapa?
Todas las etapas fueron lindas. Pero cuando fui a dar el concurso de directores estaba embarazada (de Giovani su segundo hijo), y tenía que terminar la etapa, porque después que naciera ese niño yo no iba a estudiar más, había que ir a Montevideo, fui en avión, con el bolsito pronto porque podía nacer, di el examen con los dos bolsos al lado, el mío y el del bebé. Logré llegar a Salto y ese día nació.
¿Todos los embarazos se dieron en un momento particular?
Sí, cuando Luigi el mayor, tenía tres meses fue en la época cuando las cámaras se disolvieron. Recuerdo que escuché en la radio que los militares habían roto las cámaras-el golpe de Estado- yo lloraba y pensaba. Qué será del Uruguay ahora, qué será de esta criatura.
Después volvió la democracia, ¡qué alegría!, al otro día todos volvíamos a los cargos que nos habían sacado, yo tenía todas las direcciones de Salto para elegir, y elegí mi barrio (Malvasio), al lado de mi casa.
¿Qué es lo que más extrañó de su labor al jubilarse?
Me jubilé el último día del año 1996, lo que más extrañé fueron  las visitas a las escuelas rurales, es lo más bonito, los niños, los maestros. Era la expectativa todas las semanas, saber a qué lugar iría.
¿Tiene alguna materia pendiente?
Sí, manejar autos, si bien aprendí a manejar, me pongo tan nerviosa que no puedo. Mi padre siempre tuvo auto, pero decía que las mujeres no manejan. Mi hermana y yo fuimos víctimas de eso y quedamos traumadas, tenés ese miedo de matar alguien.
¿A qué dedica su tiempo libre hoy?
Actualmente soy fiscal de la Cooperativa (COVIFOEB, COVISUNCA) donde vivo, y me siento orgullosa de vivir allí, al punto que si me regalan una casa no me voy.
Estoy escribiendo la historia de la cooperativa porque es muy rica, trabajamos en la época de la dictadura.
Además tengo mi amor, que es la historia de Salto, tengo mucho escrito, pero todavía me falta y a veces pienso; ‘tengo 70 años, me puedo morir, tengo que apurarme’, pero me animó mucho mi hijo mayor que es profesor de literatura, que me dijo ‘no te aflijas mamá, vos escribí, cualquier cosa que  pase, yo te termino el libro’ (se ríe).
Renée comentó que mucho material consiguió cuando trabajaba en la radio donde tenía un programa que se llamaba “Remembranzas”,  entrevistó a mucha gente y aún conserva las grabaciones. Tiene la historia de todas las escuelas, de todos los clubes de fútbol.
¿Qué  le diría a los maestros de hoy?
Los maestros son los mismos siempre, los de hoy son como nosotros, y queremos que sigan, que el alumno tenga ese cariño por su maestro. Les diría que tengan fe, que tengan confianza que frente a todas las dificultades  que existen hoy con los padres (no todos) que no comprenden, y hasta le pegan al maestro, que sigan creyendo en los niños, que de pronto detrás de una cara con problemas que te dice una mala palabra esconde que está sufriendo por algo, que investiguen, y de acuerdo con ello buscar una solución y que les den cariño, amor que es la llave fundamental en todas las relaciones humanas.

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Con La Licenciada en Comunicación Social Leticia Pou: Una cordobesa que recaló en Salto

Desde su Córdoba natal a Salto: “Aquí el ritmo de vida nos permite valorar muchas cosas”, nos dijo  Leticia Pou, proveniente de una urbe bastante más grande que la nuestra. Formó familia con un joven biólogo del departamento de Treinta y Tres; luego la vida y los aconteceres laborales los llevaron a radicarse en nuestra ciudad y desarrollarse en el seno de la Udelar, ambos en sus sendas especialidades.
Leticia Pou Paredes (33) nació en Córdoba capital, ciudad donde el cantante Rodrigo declarara en sus canciones, la credencial más genuina de sus lugareños es la peculiar entonación que le imprimen a cada palabra.
Se graduó como Licenciada en Comunicación Social, un estudio que realizó convencida de una vocación que vislumbraba desde sus tiempos de adolescencia.
La contactamos en su marco inspirador – su espacio de trabajo  - en donde confiesa sentirse realizada y le planteamos las 10 preguntas que compartimos seguidamente.
Desde su Córdoba natal a Salto: “Aquí el ritmo de vida nos permite valorar muchas cosas”, nos dijo  Leticia Pou, proveniente de una urbe bastante más grande que la nuestra. Formó familia con un joven biólogo del departamento de Treinta y Tres; luego la vida y los aconteceres laborales los llevaron a radicarse en nuestra ciudad y desarrollarse en el seno de la Udelar, ambos en sus sendas especialidades.
Leticia Pou Paredes (33) nació en Córdoba capital, ciudad donde el cantante Rodrigo declarara en sus canciones, la credencial más genuina de sus lugareños es la peculiar entonación que le imprimen a cada palabra.
Se graduó como Licenciada en Comunicación Social, un estudio que realizó convencida de una vocación que vislumbraba desde sus tiempos de adolescencia.
La contactamos en su marco inspirador – su espacio de trabajo  - en donde confiesa sentirse realizada y le planteamos las 10 preguntas que compartimos seguidamente.
¿Es la primera vez que se radica en una ciudad del exterior?
- “En realidad, antes de venirme a Salto, estuve viviendo tres meses en Río de Janeiro.Fue por motivos personales, pues mi pareja estaba en ese entonces allí y estuve haciendo una capacitación en otra área en la cual trabajo que corresponde al Teatro del Oprimido.
Posteriormente retorné a Córdoba y luego sí me vine a Salto.
¿La especialidad Comunicación Social difiere mucho de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación que se promueven en nuestro país?
-“En realidad la Licenciatura en Comunicación Social es muy similar a la LICOM que está instaurada en Montevideo.
En la Universidad Nacional de Córdoba donde estudié está enfocada en la comunicación y sus diferentes áreas.
En los tres años básicos pudimos ahondar en las diversas teorías de la Comunicación y algunas teorías sociológicas y en el cuarto año pudimos hacer la elección para especializarnos.
Existen tres propuestas vinculadas a medios (radio, televisión y gráfica) y opté por la radio.
También se promueve un enfoque desde la Comunicación Institucional y también la Investigación”.
¿De alguna forma la inquietud investigadora fue la que la trajo aquí?
- “No…  en realidad el motivo primario de mi radicación fue porque mi novio Matías Victoria es uruguayo – nacido en Treinta y Tres pero está trabajando también aquí en Regional Norte; es biólogo y desarrolla su actividad en el Laboratorio de Virología. Estuvo trabajando mucho tiempo en Río de Janeiro y luego se trasladó aquí. Tuve la suerte de que salió un concurso en mi área y aquí estamos”.
¿Cómo se siente en tierra salteña?
-“Ya hace poco más de un año que estoy instalada y me he adaptado muy bien. Considero que con los uruguayos tenemos muchas cosas en común, al menos con los cordobeses (sonríe). Estoy muy cómoda y nunca me sentí extraña aquí… sí por allí algunas costumbres son diferentes pero no me costó adaptarme en ese sentido. La ciudad es mucho más pequeña pero igual es algo a  favor  porque el ritmo de vida de Salto nos permite valorar otras cosas.
Lo que extraño es el entorno familiar.
En Córdoba tengo mis padres, dos hermanos (una hermana mayor y un hermano menor) y dos sobrinas”.
¿Su proyección apunta a continuar trabajando aquí en Salto?
-“Sí pues de hecho ya tengo la residencia transitoria, que se les brinda a las personas que vienen a trabajar.
Así que la idea con Matías es seguir aquí.
A menudo tenemos la posibilidad de escaparnos un fin de semana tanto a Córdoba como a Treinta y Tres. Así que vamos alternando y la llevamos bastante bien”.  “Hoy me di cuenta que seguí el camino que quería… nunca tuve dudas”
Adentrándonos ahora en su historial laboral ¿Cómo descubre que le gustaba la Comunicación?
-“Siempre me atrajo lo vinculado a la expresión.
De chica sentí una atracción por la radio y la televisión y también me gustaba escribir. Hoy me doy cuenta que seguí el camino que realmente deseaba… nunca dudé.
Estaba entre realizar estudios de locución o comunicación social… mientras estuve estudiando se me dio la posibilidad de poder trabajar en algunos medios y se me alentó a seguir en ello.
A la vez mientras estaba estudiando también me di el gusto de cumplir una materia pendiente que me había planteado desde la adolescencia que fue poder hacer teatro… mi otra gran pasión. Pude vincular a la Comunicación con las actividades artísticas y culturales”.
¿Cuál fue su primera experiencia en su área?
-“Teníamos una cátedra dentro de la Universidad que era de Producción Radiofónica que nos daba como un período de práctica en una radio que era bastante importante en ese momento; NB2, una radio AM.
Estuvimos un mes haciendo práctica como Asistentes de Producción y justo en ese momento en la radio estaban necesitando más gente. Me propusieron quedar ad honorem un tiempo. Afortunadamente se fueron dando algunas otras cosas y fui ocupando otros roles. Lo bueno es que me relacioné en un principio con gente muy abierta y generosa que me dieron la oportunidad de diversificar mi trabajo y me aportaron muchas valiosas sugerencias.
También hice producción que es algo que me encanta y di con otra persona que hacía un programa humorístico e incluía elementos de guionado y dramatizaciones al estilo radioteatro.
En ese momento fue que empecé a perfilarme en la radio y en cuestiones más artísticas”.
Llevándolo a lo literal ¿Cómo es el trabajo de producción en el ámbito radial?
-“Para mí tiene que ver con gestionar los contenidos que van a salir al aire… qué es lo que hay detrás de lo que la gente está escuchando.
Es la tarea de armado previo a lo que luego el oyente va a escuchar. Desde pensar cuáles son los contenidos que van a encabezar el proyecto y qué fuentes se van a seleccionar para los mismos. Si se va a seleccionar música o se va a hacer hincapié en un punto específico”.
¿Cómo se lleva con el periodismo escrito?
-“Aún escribo artículos para una revista de Córdoba que es de una ONg y es algo que me llena, si bien es la parte que menos he desarrollado.
En esa revista tengo mi espacio para escribir artículos relacionados al Arte y a la Educación.
Me encanta leer, escribir y teniendo ese perfil dirigido hacia lo artístico y educativo, me lleva más a las cuestiones de opinión, a tomar una postura definida.
Creo que las realidades van cambiando y existen ciertas fórmulas que ya no sirven. Es necesario estar abiertos al pensamiento de los estudiantes… no estancarnos en teorías o acontecimientos que pasaron.
En la Udelar estoy dando clases de multiplicación del Teatro del Oprimido. Se trata de una metodología que fue creada por Augusto Boal; una corriente que busca hablar de problemáticas reales vinculados a la opresión, un derecho humano que no está siendo respetado.
Mediante técnicas teatrales primeramente conocer cuáles son las situaciones de opresión y luego llevarlo al diálogo, a la interacción… y que todo esto genere reflexión”.
Un proyecto que estén desarrollando en la Udelar…
-“Estamos aplicando esta metodología en algunos liceos, en la Obra Social Don Bosco y en la Cárcel Departamental de Salto con el Programa “Aprender Siempre, éste último apoyado por el Ministerio de Educación y Cultura.
También llevamos adelante talleres del Teatro del Oprimido con otro docente.
La experiencia es espectacular…  se vuelve muy significativa para las personas privadas de libertad porque no solamente les permite cortar con la rutina sino que pueden expresar otras cosas”.
En cuanto al futuro me veo “Con mi pareja y embarcada en este camino de la Comunicación y el arte teatral.
Ojalá sean en detalles que me hayan hecho crecer”.
Leticia Pou Paredes se siente una privilegiada porque ha podido desplegar sus dotes vocativas en todos sus emprendimientos… y sin dudas su temperamento empático la ha llevado a abrirse sus propias puertas.
Comunicarnos es comenzar a entendernos… y nos permitimos citar una frase de Paulo Freire: “el diálogo implica una mentalidad que no florece en áreas cerradas, autárquicas.
Éstas por el contrario constituyen un clima ideal para el anti diálogo. Para la verticalidad de imposiciones”.

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“Vender es una terapia”

Es imposible no asociar el microcentro salteño con la postal de la Plaza de los Treinta y Tres de fondo, y verlo a él allí, parado, observando todo lo que pasa, sin perderle pisada a nada, teniendo algo en claro, la mayor ganancia del día es el capital social que puede explotar en las mil charlas de la que forma parte en tan solo algunas horas de caminata y posibilidad de ventas de sus enseres, los que intenta colocar a buen precio, con la finalidad de llevar el pan para parar la olla.
Así es Héctor Manuel Irrazábal, que con 45 años de edad, es conocido como uno de los vendedores ambulantes más populares de calle Uruguay. Sus dos hijos son su mayor orgullo. “Yo los podía haber traído a trabajar conmigo, pero prefería ganarme el pan y dárselo a ellos para que estudien”, dijo.
Es salteño y del barrio Ceibal, palpita junto con la ciudad en sus calles más transitadas el sentir cotidiano, conoce el movimiento y a muchas personas que les llama “clientes”, pero que además son parte de su vida, de los que le dan alegría a diario y que además le permiten seguir con el negocio de la venta directa, que en el caso de nuestro entrevistado, es sin dudas su principal fuente de ingresos.
Pero Héctor Manuel tiene otra condición, muy distinta a la del vendedor “pesado y molesto” que solo trata de vender a cualquier precio para ganarse unos mangos, una que nos llamó mucho la atención, la de haber hecho cursos con especialistas tibetanos en lo que él llama “la armonización del ser”. Lo descubrí cuando en uno de esos días que aunque apurado por llegar a destino, me tomé un segundo para reconocerle y estrechar su mano, su sonrisa a cuestas y su palabra que queda en el medio de un “algo te tengo que decir”, fueron motivo para que a veces uno se tome unos segundos y escuche lo que el otro tiene para decir.
En este caso, Héctor, tras estrechar mi mano, describió lo que él percibía de mi condición humana y lejos de parecerse a una gitana de esas que a veces pululan por el centro y otras veces desaparecen, o a un vulgar o bizarro vendedor de palabras e ilusiones que pide unas monedas a cambio de decirte qué te va a pasar hoy, me dijo un par de cosas interesantes, que determinaron mi interés en mantener una charla abierta y sin restricciones con él, la que resumimos hoy, para nuestra sección semanal Al Dorso.
Es imposible no asociar el microcentro salteño con la postal de la Plaza de los Treinta y Tres de fondo, y verlo a él allí, parado, observando todo lo que pasa, sin perderle pisada a nada, teniendo algo en claro, la mayor ganancia del día es el capital social que puede explotar en las mil charlas de la que forma parte en tan solo algunas horas de caminata y posibilidad de ventas de sus enseres, los que intenta colocar a buen precio, con la finalidad de llevar el pan para parar la olla.
Así es Héctor Manuel Irrazábal, que con 45 años de edad, es conocido como uno de los vendedores ambulantes más populares de calle Uruguay. Sus dos hijos son su mayor orgullo. “Yo los podía haber traído a trabajar conmigo, pero prefería ganarme el pan y dárselo a ellos para que estudien”, dijo.
Es salteño y del barrio Ceibal, palpita junto con la ciudad en sus calles más transitadas el sentir cotidiano, conoce el movimiento y a muchas personas que les llama “clientes”, pero que además son parte de su vida, de los que le dan alegría a diario y que además le permiten seguir con el negocio de la venta directa, que en el caso de nuestro entrevistado, es sin dudas su principal fuente de ingresos.
Pero Héctor Manuel tiene otra condición, muy distinta a la del vendedor “pesado y molesto” que solo trata de vender a cualquier precio para ganarse unos mangos, una que nos llamó mucho la atención, la de haber hecho cursos con especialistas tibetanos en lo que él llama “la armonización del ser”. Lo descubrí cuando en uno de esos días que aunque apurado por llegar a destino, me tomé un segundo para reconocerle y estrechar su mano, su sonrisa a cuestas y su palabra que queda en el medio de un “algo te tengo que decir”, fueron motivo para que a veces uno se tome unos segundos y escuche lo que el otro tiene para decir.
En este caso, Héctor, tras estrechar mi mano, describió lo que él percibía de mi condición humana y lejos de parecerse a una gitana de esas que a veces pululan por el centro y otras veces desaparecen, o a un vulgar o bizarro vendedor de palabras e ilusiones que pide unas monedas a cambio de decirte qué te va a pasar hoy, me dijo un par de cosas interesantes, que determinaron mi interés en mantener una charla abierta y sin restricciones con él, la que resumimos hoy, para nuestra sección semanal Al Dorso.
¿Cuáles son tus orígenes y cómo se compone tu familia?
Nací acá en Salto, en el barrio Ceibal, pero viví en varios lados diferentes. Estuve recorriendo varios países, trabajé en una empresa japonesa de fotocopiadoras como administrativo, trabajé con unos alemanes también, hice trabajos de pintura por el exterior y después estuve muchos años en Buenos Aires hasta que me vine a Salto. Tengo dos hijos que son argentinos, uno de 25 años que se está por recibir de abogado y el otro de 21 que estudia magisterio, ambos viven en Salto conmigo.
¿Cómo te definís: Un vendedor, un charlatán, un chanta o un trabajador?
Todo esto de venir a vender tiene una historia. Cuando me vine de vacaciones a Salto, con la vorágine de la juventud me gastaba todos mis ahorros. Y después tenés que generar, entonces empecé a salir junto a compañeros de acá que ya tenían experiencia y que eran vendedores de años. Vendíamos rifas o lo que sea. Entonces decidí venirme a vivir acá y como la gente me ha recibido bien, me ha brindado cariño, me ha dado un lugar y me ha dado respeto, pero un respeto con cierta dignidad, me quedé. Hoy en día la gente me conoce como un amigo, ese que está ganando un peso honradamente y brindándole todo lo que le pueda ayudar. Creo que no existe persona que pueda pensar que soy un chanta, porque todo el mundo te conoce. Vos caminás bien y te ganás el respeto de la gente. Y trabajando generás ese feedback (ida y vuelta) que te dicen que quizás ese día no te compran nada, pero al día siguiente sí, porque te ven esforzándote todos los días. Luchándola honradamente y caminando bien, con respeto, porque el respeto es la llave de todo. Y con respeto y cordialidad abrís todas las puertas.
¿Sentiste el prejuicio de la gente alguna vez?
En la calle se encuentra de todo, yo creo que la gente cuando hace prejuicios los tiene por los mismos problemas que los afectan a ellos. Estaba un día vendiendo frente a la puerta del Banco y cruzó un señor al cual le ofrecí venderle algo y reaccionó mal conmigo. Yo, violín en bolsa, quedé quietito, no le dije nada y tampoco le agredí, la dejé pasar porque pensé que esa persona tuvo un mal día. Al rato, siento que alguien me abraza por la espalda y pensé que sería uno de mis compañeros y le digo, ‘pará soltame’. Y miro y era el mismo tipo que me dijo ‘te vengo a pedir perdón, porque te traté mal, es que tenía un cheque que no lo pude cobrar. Yo se que vos te estás ganando el peso honradamente, decime qué vendés que te voy a ayudar’. Y ese es el respeto que uno siente que se ganó de toda la gente.
¿Lo que haces te da para vivir? ¿De qué vivís?
Yo vivo de lo que hago y lo que hago es vender en la calle. Y con eso mantengo a mis hijos, porque para ellos me da. Nunca quise que ellos salieran a trabajar. Podía haberlo hecho para que generaran ellos también, pero siempre luché para que tuvieran una mejor calidad de vida. Que ellos hayan estudiado no me garantiza nada, pero el día de mañana me sentiré tranquilo de que les di la chance de tener mejores herramientas para defenderse en la vida.
¿Es fácil en este tipo de trabajos y con la vida en la calle, caer en la bohemia?
No es difícil, pero por ejemplo. La gente que trabaja y vende con nosotros le encanta jugar al billar, y el billar siempre es de noche. Además la gente tiene un preconcepto de que el billar es pura timba y de gente alcohólica, sin embargo es un juego de caballeros. Hay una Liga de por medio, hay equipos, hay mucha gente, hay cordialidad. Pero en el caso de la bohemia está la parte que no es tan buena y entonces por eso hay que saber elegir.
Me hablaste además de que trabajas en torno a la armonización del ser. ¿A qué te referís con eso?
Tuve maestros budistas en Buenos Aires, que estaban en los barrios de Belgrano y Barracas. Y tuve amigos que también estaban en el tema y que habían hecho cursos en un templo budista, e hicimos unos cursos con una profesora inglesa, que estaba afincada allá y que era muy macanuda. La idea con todo esto es que la persona se encuentre realmente con su otro yo. Porque a veces nos peleamos y ahí es cuando generamos baja autoestima, generamos ira, y son todas cosas que nos hacen mal. Entonces se trata de ejercicios de respiración donde la persona se va concentrando y generando en sí una evolución, que la depura de todas las cosas malas, la mala onda, la envidia. Y yo lo hago con gente que me lo pide y no le cobro un peso por eso, porque creo que es para ayudar a hacer el bien.
¿Es posible, da resultados en serio?
Sí claro que es posible. Y es más, yo si voy a ayudar a alguien solicito que algún familiar esté presente y si lo puede filmar mejor. Porque ahora todos pueden hacerlo a través del teléfono celular.  Entonces lo hago para que se vea a sí mismo cómo es realmente, porque cuando entrás a hacer un ejercicio de meditación, de repente estás concentrado en eso y después te gustaría ver qué te pasó o qué no te pasó, por la misma curiosidad y porque le brinda una tranquilidad a la persona que confió en cerrar los ojos, tranquilizarse, tratar de sentirse bien. Y entonces si lo filman le digo: ‘mirá esto fue lo que pasó’ y eso sirve a modo de documento para que la persona se vea a sí misma.
¿Te ayuda eso a vos en tu vida personal?
El ser humano desde el momento en que sale a la calle se tiene que sentir bien consigo mismo. Por eso pienso que si todas las personas tratáramos de vivir con mayor cordialidad, respeto y ayuda mutua, sería mucho más fácil todo. Porque lo que pasa es que ocasionamos peleas con nosotros mismos de acuerdo a cosas que no podemos superar. Recuerdos que nos han marcado a fuego, o presencias que sentimos que por ahí no nos hacen bien. Lo que yo hago es tratar de que la persona se armonice, que se encuentre. La idea es que se encuentre a sí misma, que se abrace como dos amigos que hace rato no se ven y de esa manera se logre la armonía total de la persona.
¿Te sentís bien haciendo eso?
Sí claro, en lo personal te hace sentir bien. Es como curar un enfermo en un Hospital, porque vos sentís que una persona está mal y te pusiste y la ayudaste a andar bien, vos te terminás sintiendo siempre bien con estas cosas. Yo lo pongo en práctica para mi vida, porque la idea es sentirme bien. Uno debe poner en práctica lo que quiere transmitirle a la otra persona, si no lo hace es porque no se quiere a sí mismo, y entonces no puede querer a nadie. Yo soy un trabajador y la mayoría de la gente que me compra también lo es, por eso siempre estoy abierto a chicos, grandes, hombres y mujeres, a quienes quieran preguntarme estas cosas.
¿Si tuvieras que cambiar algo de tu vida, qué sería?
No cambiaría nada, y si pudiera volver a empezar haría lo mismo, porque hay cosas a las que uno pertenece, hay estados de pertenencia. Y el charlar, el vender, el estar, sin querer, vendiendo, vos también le estás ofreciendo una terapia a la gente. Yo te voy a vender algo y te saludo con una sonrisa, te hago pensar distinto, entonces ya te genero una buena onda. Y ahí ya te vas a sentir bien porque estás sintiendo que sos útil y eso es lo importante en el ser humano, saber que se siente útil. Cuando uno se siente útil encuentra un lugar en el mundo enseguida y esa es la mejor arma para luchar.

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“Soy un agradecido por la aceptación que tuve”

Miguel Ángel Quintana de Moura es un hombre comprometido con dos objetivos: en primer lugar con el proyecto de EL PUEBLO, en su etapa actual, que ha tenido y sigue teniendo una fuerte apuesta a incluir en sus páginas la información que surge de la ciudad de Bella Unión. El segundo objetivo de Quintana es precisamente su adhesión incondicional a todas las buenas iniciativas que surgen en la ciudad cañera. Invariablemente todas estas apuestas saben que pueden contar con el apoyo de Quintana.
Con quien se desempeña como corresponsal de Diario EL PUEBLO en la ciudad de Bella Unión desde hace 21 años, dialogamos fluidamente, en una  charla amable y gentil y lo primero que nos dijo fue “soy un agradecido por la aceptación que tuve”.
Resulta un poco difícil,  además de un gran compromiso, tratar de resumir en tan poco tiempo y espacio, lo que es la trayectoria de Miguel Ángel Quintana en este diario, durante más de veinte años.
También ha tenido una extensa trayectoria en otros medios de comunicación como la radio y la televisión. Un ser humano accesible, cordial, que en una charla muy amena, así nos contaba, sobre sus inicios:

Miguel Ángel Quintana de Moura es un hombre comprometido con dos objetivos: en primer lugar con el proyecto de EL PUEBLO, en su etapa actual, que ha tenido y sigue teniendo una fuerte apuesta a incluir en sus páginas la información que surge de la ciudad de Bella Unión. El segundo objetivo de Quintana es precisamente su adhesión incondicional a todas las buenas iniciativas que surgen en la ciudad cañera. Invariablemente todas estas apuestas saben que pueden contar con el apoyo de Quintana.

Con quien se desempeña como corresponsal de Diario EL PUEBLO en la ciudad de Bella Unión desde hace 21 años, dialogamosMiguelQuintana fluidamente, en una  charla amable y gentil y lo primero que nos dijo fue “soy un agradecido por la aceptación que tuve”.

Resulta un poco difícil,  además de un gran compromiso, tratar de resumir en tan poco tiempo y espacio, lo que es la trayectoria de Miguel Ángel Quintana en este diario, durante más de veinte años.

También ha tenido una extensa trayectoria en otros medios de comunicación como la radio y la televisión. Un ser humano accesible, cordial, que en una charla muy amena, así nos contaba, sobre sus inicios:

¿De dónde es oriundo Miguel Quintana?

“De la ciudad de Artigas.  En el año 1978, me fui a Montevideo a estudiar meteorología. Y en el ‘80, ingresé a trabajar en la Estación  Nacional de Meteorología en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, y lo hice durante un año allí.

Cuando abre la Estación de Meteorología en Bella Unión, pido el traslado. Me lo aceptaron y ya en la noche anterior de que abriera estaba yo en el lugar.

Pensando siempre en después trasladarme a la ciudad de Artigas, donde tenía todos mis familiares, y resultó ser que me quedé para siempre en Bella Unión.

¿Formó entonces su familia allí?

Sí. En el año ’79, conozco a quien sería mi futura señora: Catalina, en Artigas.

Después de formalizar y conformar mi familia es que empezó mi labor en Diario EL PUEBLO.

Comienzan con el tiempo a llegar los hijos: Miguel, Mabel y Carlos, y luego los nietos, que son dos: Francesco y Victoria.

¿Cómo son sus primeros pasos en Diario EL PUEBLO?

Conocí a Don Walter Martínez en el año’81, y en ese entonces, trabajaba en la Dirección Nacional de Meteorología y estudié electricidad más adelante en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) durante dos años.

Me recibí como técnico electricista en el ’85, y trabajé en una empresa de electricidad hasta el ’92, que es cuando Walter me ofrece el trabajo en el diario, y dejé la empresa de electricidad.

Por un buen tiempo, realicé en forma paralela las dos actividades, en  Meteorología y Diario EL PUEBLO.

¿Recuerda sus primeras notas?

En aquellos comienzos, lo que recuerdo es que no fue nada fácil.

Tenía dos páginas para realizar, y había veces en que parecía volverme loco de tanto trabajo.

Tenía una moto chiquita y muchas veces me quedaba hasta altas horas  de la madrugada  girando, porque no me daban los tiempos. No lograba todas las notas, ni reunir el material.

Lo enviaba por el ómnibus y tenía una hora fija para hacerlo.

Luego, se hizo una reestructura en el año 2002, cuando lo de la crisis, y el diario quitó una página.

¿Eran esas notas muy variadas?

Las notas que realizaba eran muy diferentes y muchas.

Hacía todo tipo de periodismo.

En esas dos páginas, salía: sociales, deportivo, policiales, político, danzas, y  todo tipo de noticias.

Pienso que es una mezcla y más fácil. Porque uno sale a la calle y encuentra mucha más información.

¿Cuáles han sido sus satisfacciones de trabajar en el diario?

La mayor satisfacción que tengo de trabajar durante tanto tiempo en el diario, es que “estoy escribiendo la historia de Bella Unión”.

Hace veintidós años que la escribo.

Todos los días, recorto mi página del diario y lo voy acomodando encarpetado por año.

Tengo guardado todo, desde el 15 de Enero del año 1993, cuando comencé.

¿Cómo veía su familia su gran labor?

Hay que ver que me pasaba la noche inclusive escribiendo, porque no me daban los tiempos. Hasta las tres, o cuatro de la mañana, con una máquina Olivetti.

Con la computadora, hace siete años que comencé.

Tenía tiempo para algún paseíto algún domingo, que otro, pero el tema del diario es un trabajo continuo.

He realizado  periodismo  escrito, radial y televisivo, que actualmente lo hago, se llama: Panorama 10, primera edición que va de 12 a 13 Hs, por canal 10. Pero el periodismo escrito es el más difícil, y el más lindo. Esta entrevista que me está realizando por ejemplo, tiene usted que armarlo todo, para publicarlo.

En cambio los otros, no hay necesidad de un material para organizar.

¿Sus hijos, han seguido sus pasos?

Solamente uno, Carlos, es el que me acompaña en el canal, trabaja en la parte de consolas, como operador y vive conmigo en Bella Unión.

¿Está conforme con lo que ha hecho hasta ahora en el diario?

Pienso que tengo mucho para darle. Y estoy muy conforme con lo que he logrado hasta ahora. Me encanta lo que hago.

Sobre todo con la tranquilidad que uno trabaja. No se entromete nadie en mi trabajo.

Se que mi tarea es organizarlo todo, ponerlo dentro de un sobre y enviarlo. No tengo y no tuve nunca jamás, un problema con Walter, anteriormente, ni actualmente con Adriana.

Tal cual yo lo mando, así se publica. El diálogo con Adriana es muy bueno, está todo siempre bien y sin ningún problema. Es una excelente relación, que siempre mantuvimos y mantenemos.

¿Si tuviera la posibilidad de enviarle un saludo a  su gente que día a día, lo lee en Diario EL PUEBLO, qué le diría?

Seguramente el saludo no va a ser solamente para la gente de Bella Unión, porque entiendo que tengo también lectores de Salto que se interesan por lo que pasa en aquella ciudad.

Hay que ver que la página, apareció en un diario de Salto, y Bella Unión no pertenece al mismo departamento, pero vaya mi agradecimiento por aceptarlo. Ya que lo mío, es una mezcla de información con opiniones, haciéndolo con mucho respeto, y sobre todo con información muy veraz.

Soy un agradecido por la aceptación que tuve a nivel de periodismo,  me siento respetado por mi tarea, y a eso, yo lo valoro muchísimo”.

Miguel ha revelado siempre un gran agradecimiento a don Walter Martínez, conductor de EL PUEBLO, en su etapa actual y con quien Quintana compartió la pasión de Con Los Mismos Colores, el equipo celeste de Bella Unión más destacado en  los últimos años. A partir de allí Quintana supo desempeñarse no solo en el deporte, sino en todo lo que es la información q ue surge de la ciudad norteña. Martínez confió en él y Quintana lo ha reiterado en toda ocasión que ha tenido, para él don Walter ha sido mucho más que un patrón, ha sido un amigo entrañable.

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Daniel Guerra Un trovador peregrino en EL PUEBLO

Daniel Guerra, es un músico y cantautor, “que ha estado más fuera del país que dentro”, como él mismo lo señala. Visitó nuestra ciudad días atrás para realizar una presentación en el Hotel Concordia y dialogó con EL PUEBLO sobre su historia en la música y su proyección a futuro.

¿Ud.se considera casi “un producto” de la vida rural y campestre en particular…
Soy oriundo de Aiguá, Maldonado, pero hace 37 años que estoy radicado en Montevideo y me he  transformado en un peregrino de la música. Abocado durante muchos años a la tarea de la agronomía y veterinaria, el campo me inspiró y me formó en lo que se transformó en la base fundamental para la letra de mis discos, marcándome un estilo campestre.
¿Cómo nace su afinidad con la música y el canto?
“Yo con seis años andaba montado en un petiso e iba a la escuela rural. Hoy veo aquel niño que andaba silbando canciones de la época de los payadores, esas que escuchaba mi padre por la radio y es tan lejano. Me acuerdo de esa necesidad de hacer sonar algo, y que mi padre me hizo una guitarra de lata de dulce de membrillo,  con cuerdas y una caja con agujeros. Al tiempo me regaló una guitarra y yo no tenía idea qué era”, comentó Guerra al recordar su niñez.
¿Después tuvo que aprender música “en serio”
Sí, con 14 años me fui del pago a estudiar. “Yo creyendo que tocaba bien la guitarra me alejé por diferentes lugares y allí noté que no era así y después empecé aprender a tocar alguna milonga, algunas notas y posteriormente tomar contacto con profesores de relieve como el padre de Daniel Viglietti, César Viglietti, o Augusto de Giuli, o docentes como Rodolfo Tálice, de quienes me nutrí en la música”.
¿Cuáles son los géneros de su preferencia?
Mi discografía tiene un soporte musical que le enriquece, podemos hablar desde milongas, vals, chamarras, serraneras, entre otros. Con un canto que se desarrolla más bien en salones que en festivales. Muy ligado al quehacer rural.
Ahora está promocionando  su último disco “Antología”….
Sí efectivamente presenté este año un nuevo trabajo discográfico, “Antología”, que reúne los dieciséis temas de más trascendencia en mi carrera desde el año 1979 en adelante.
El hilo conductor de Antología es un tema que comencé a escribir en el año 2000, referido a “situaciones y estados anímicos de la vida del ser humano, según las circunstancias que atraviesa”.
-Tenemos entendido que el tema central tiene sus particularidades, una de ellas la extensión del mismo…
“Por el mundo que transito”, es el nombre del tema al que se refiere, que dura quince minutos en el disco Antología, y que es muy especial para su autor, porque tiene un contenido que refiere a la problemática del sistema que maneja el mundo. “Se refiere al ser que se ve muchas veces engañado por sus amigos, entre otras cosas. Mucha gente se identifica con este tema”.
Su música ha recorrido el mundo junto a Ud…
En el año 1979 comencé a grabar mi primer disco y continué ininterrumpidamente hasta ahora. He visitado muchos países, entre ellos Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Cuba, Francia, Portugal y España. En este último país lo hice en varias oportunidades, lo que me permitió tomar mayor contacto con esta sociedad y el año pasado permanecí allí en una gira de tres meses de duración.
¿Cómo ha sido la decisión de recorrer el camino de Santiago de Compostela, el que atrae a muchos peregrinos y qué le dejó?
He realizado el famoso camino de Santiago de Compostela, que me permitió “madurar muchas cosas y bajar los decibeles de otras. De alguna manera hacer el camino de Santiago de Compostela, sirve para poner al día muchas cosas, se mira por el lado religioso, pero también se lo puede hacer por muchos motivos, espiritual, filosófico, etc. Hacer ese recorrido tiene algo diferente, que lo lleva  a uno a la meditación, porque se encuentran bajadas y subidas, momentos planos en el recorrido y eso es muy similar a la vida misma, lo que permite autoanalizarse. Además se atraviesan diferentes aldeas, se comparte mucho, algo que a uno lo enriquece”.
Guerra después del camino a Santiago…
“A veces nuestro tiempo se mide en distancia y la distancia mide el pasado, pasado que ha sido base fundamental para mirar detenidamente cada paso que se avanza. Los caminos ofrecen un desafío descubriendo en él las maravillas y sensaciones intransferibles que ponen la dosis exacta y sutil para que avances cautelosamente…”
¿Qué temas incluye su “Antología”
Temas de su último disco Antología: “Por el mundo que transito”, “Campesino amigo”, “Mi brindis”, “El Milagro”, “De profesión meretriz”, “Loco mundo”, “Cuéntame paisano hermano”, “Mujer de todos los tiempos”, “El río no es solo eso”, “Charlando con uno mismo”, “Por el valle de agua”, “La patria gaucha”, “Cuando recién sale el sol”, “De paso en una bañada”, “Mi pueblo entre serranías”, “La rochense”. Quienes tengan interés en conocer en profundidad el trabajo de Daniel Guerra,  pueden contactarse con el cantautor a través de danielguerra@shggyrecords.com, o al celular 096271973.
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¿Ud.se considera casi “un producto” de la vida rural y campestre en particular…
Soy oriundo de Aiguá, Maldonado, pero hace 37 años que estoy radicado en Montevideo y me he  transformado en un peregrino de la música. Abocado durante muchos años a la tarea de la agronomía y veterinaria, el campo me inspiró y me formó en lo que se transformó en la base fundamental para la letra de mis discos, marcándome un estilo campestre.
¿Cómo nace su afinidad con la música y el canto?
“Yo con seis años andaba montado en un petiso e iba a la escuela rural. Hoy veo aquel niño que andaba silbando canciones de la época de los payadores, esas que escuchaba mi padre por la radio y es tan lejano. Me acuerdo de esa necesidad de hacer sonar algo, y que mi padre me hizo una guitarra de lata de dulce de membrillo,  con cuerdas y una caja con agujeros. Al tiempo me regaló una guitarra y yo no tenía idea qué era”, comentó Guerra al recordar su niñez.
¿Después tuvo que aprender música “en serio”
Sí, con 14 años me fui del pago a estudiar. “Yo creyendo que tocaba bien la guitarra me alejé por diferentes lugares y allí noté que no era así y después empecé aprender a tocar alguna milonga, algunas notas y posteriormente tomar contacto con profesores de relieve como el padre de Daniel Viglietti, César Viglietti, o Augusto de Giuli, o docentes como Rodolfo Tálice, de quienes me nutrí en la música”.
¿Cuáles son los géneros de su preferencia?
Mi discografía tiene un soporte musical que le enriquece, podemos hablar desde milongas, vals, chamarras, serraneras, entre otros. Con un canto que se desarrolla más bien en salones que en festivales. Muy ligado al quehacer rural.
Ahora está promocionando  su último disco “Antología”….
Sí efectivamente presenté este año un nuevo trabajo discográfico, “Antología”, que reúne los dieciséis temas de más trascendencia en mi carrera desde el año 1979 en adelante.
El hilo conductor de Antología es un tema que comencé a escribir en el año 2000, referido a “situaciones y estados anímicos de la vida del ser humano, según las circunstancias que atraviesa”.
-Tenemos entendido que el tema central tiene sus particularidades, una de ellas la extensión del mismo…
“Por el mundo que transito”, es el nombre del tema al que se refiere, que dura quince minutos en el disco Antología, y que es muy especial para su autor, porque tiene un contenido que refiere a la problemática del sistema que maneja el mundo. “Se refiere al ser que se ve muchas veces engañado por sus amigos, entre otras cosas. Mucha gente se identifica con este tema”.
Su música ha recorrido el mundo junto a Ud…
En el año 1979 comencé a grabar mi primer disco y continué ininterrumpidamente hasta ahora. He visitado muchos países, entre ellos Brasil, Argentina, Bolivia, Perú, Cuba, Francia, Portugal y España. En este último país lo hice en varias oportunidades, lo que me permitió tomar mayor contacto con esta sociedad y el año pasado permanecí allí en una gira de tres meses de duración.
¿Cómo ha sido la decisión de recorrer el camino de Santiago de Compostela, el que atrae a muchos peregrinos y qué le dejó?
He realizado el famoso camino de Santiago de Compostela, que me permitió “madurar muchas cosas y bajar los decibeles de otras. De alguna manera hacer el camino de Santiago de Compostela, sirve para poner al día muchas cosas, se mira por el lado religioso, pero también se lo puede hacer por muchos motivos, espiritual, filosófico, etc. Hacer ese recorrido tiene algo diferente, que lo lleva  a uno a la meditación, porque se encuentran bajadas y subidas, momentos planos en el recorrido y eso es muy similar a la vida misma, lo que permite autoanalizarse. Además se atraviesan diferentes aldeas, se comparte mucho, algo que a uno lo enriquece”.
Guerra después del camino a Santiago…
“A veces nuestro tiempo se mide en distancia y la distancia mide el pasado, pasado que ha sido base fundamental para mirar detenidamente cada paso que se avanza. Los caminos ofrecen un desafío descubriendo en él las maravillas y sensaciones intransferibles que ponen la dosis exacta y sutil para que avances cautelosamente…”
¿Qué temas incluye su “Antología”
Temas de su último disco Antología: “Por el mundo que transito”, “Campesino amigo”, “Mi brindis”, “El Milagro”, “De profesión meretriz”, “Loco mundo”, “Cuéntame paisano hermano”, “Mujer de todos los tiempos”, “El río no es solo eso”, “Charlando con uno mismo”, “Por el valle de agua”, “La patria gaucha”, “Cuando recién sale el sol”, “De paso en una bañada”, “Mi pueblo entre serranías”, “La rochense”. Quienes tengan interés en conocer en profundidad el trabajo de Daniel Guerra,  pueden contactarse con el cantautor a través de danielguerra@shggyrecords.com, o al celular 096271973.

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Omar Aguilera… un infaltable en los remates de Invernizzi

Omar Aguilera nació el 5 de abril de 1948, tiene 66 años y lleva “apenas 47” trabajando con la misma familia. Está casado con María Teresa, tiene una hija- Laura- y tres nietos: Nicolás, de 18  años, Eugenia de 16 y  Martín de 6 años. Siempre atento a su  labor como administrativo en un escritorio de negocios  rurales, acompañando además a la firma en sus remates ganaderos mensuales, recibió a EL PUEBLO,  rememorando anécdotas y haciendo un análisis de lo que han sido estos casi 50 años trabajando para varias generaciones de la familia Invernizzi.

¿Cuándo comenzó a trabajar  con la familia Invernizzi?
“Comencé trabajando como mandadero en un comercio que estaba en calle Joaquín Suárez y Uruguay, que se dedicaba a la venta de bicicletas, repuestos  y materiales eléctricos. Como era curioso, me gustaba aprender y había estudiado para administrativo, a fines del 70, me fui  para la otra firma (Invernizzi y Pizzarossa Negocios Rurales), que entonces estaba en calle Artigas (Entre Larrañaga y Sarandí), allí estuve  31 años. Luego de que los integrantes de esa firma se separaran, seguí con Federico (Invernizzi), con quien estoy desde hace 12 años”. Comenzó trabajando con Eduardo Invernizzi, luego continuó con Eduardo Invernizzi (hijo) y actualmente está con Federico.
Empezó a trabajar en el año 1965 cuando terminó sus estudios.
¿Qué estudio hizo para la función que cumple?
Estudié teneduría de libros, en el Instituto Irrazábal que estaba en calle Uruguay, donde nos enseñaban caligrafía, dactilografía y contabilidad.
Por eso tiene una letra muy correcta…
Antes la tenía mejor, con el transcurso del tiempo, inclusive  con la parte de los remates, donde tenés que trabajar rápido, eso te afea la letra.
¿Cuál es su labor?
“Soy administrativo, trabajo haciendo la parte de contabilidad del escritorio, estuve siempre en el mismo ramo. En los remates hago las boletas, que a mi entender es donde comienza el remate, porque si de allí sale algo mal, queda todo mal”.  En la boleta anota quién compra, de quién es el ganado y la categoría del mismo, “es importante que allí quede bien indicado que lo que se vende es la misma categoría que entró a la pista”. Previo al comienzo del remate, se hace un listado de los vendedores, la categoría y  la cantidad de animales que trajo, además se hace un listado con el orden de ventas. “Actualmente me ayudan las dos hijas de Federico (Florencia y Pía), siempre están y su hijo, Federico Manuel que siempre anda por acá (en el escritorio)”.
¿Cuáles son los mayores cambios respecto a los remates de antes?
Ahora hay una facilidad más grande para trabajar, hay más exigencias y está todo muy controlado, los ganados para el remate tienen que venir  en perfectas condiciones, bien “trazados”,  todo en perfectas condiciones, da más trabajo pero implica una mejor organización y facilita las cosas. Los remates de antes eran mucho más grandes,  el local (Santa Catalina) siempre fue el mismo, antes había mucho más ganado para la venta en ferias, inclusive había venta de mucho ganado gordo, porque antes había muchos carniceros, abastecedores tanto de Salto como de Paysandú y Constitución. Prácticamente todos eran llevados al local en tropas, había muy pocos camiones para el traslado. Casi siempre se hacían ferias dos veces al mes, en las fechas que aún son tradicionales para los remates en ese local; los días 8 y 23 de cada mes.
¿Qué es lo que más extraña de la época “de antes”?
La pregunta le despierta cierta emoción y enternecimiento, y luego responde: “La reunión con la gente. Cuando terminaba el remate siempre nos reuníamos, había fogón con todos los troperos, nos arrimábamos a charlar… tengo muchos recuerdos lindos, habían remates que por  ser tan grandes empezaban de mañana. Recuerdo la gente de antes que era más alegre que la de ahora, la gente ahora vive muy preocupada, con mucho stress, antes usted hablaba con ellos y tenían  una gracia que no la tienen hoy. Imagínese que a veces uno ve a los  muchachos que parece que no tienen fe en el trabajo que están haciendo, no tienen confianza en lo que están haciendo, y a mi me parece que la gente joven lo primero que tiene que tener es confianza en lo que hace. Si no, no salen bien  las cosas”.
¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Los sábados nos reunimos en mi casa, en el tiempo libre me gusta irme para afuera, me gusta más la campaña que la ciudad. Me gusta irme de campamento, me encanta pescar.
Cuéntenos una anécdota
Tengo muchas, pero hay una graciosa que siempre la cuento; una vez estábamos en un remate y siempre decimos que al remate no hay que dejarlo enfriar, los remates tienen que estar siempre activos, si no no anda. En un momento venía tan rápido que arranqué un juego de boletas y se las doy al muchacho que las reparte “tomá haceme la boleta de esas cinco vaquillonas que están ahí que estoy apurado”, ¿y sabe lo qué puso? “5 vacas quillonas”. (se ríe).
Una vez se confundió de trabajo…
Me pasó que una vez, y dada la costumbre de ir a trabajar tantos años al mismo escritorio, agarré mi motito, salí de casa y en la calle que va directo al escritorio, fui paré, y entré y me topé con los otros muchachos (la que se separó de la firma inicial)  y me di cuenta que me había equivocado. Extrañé siempre a todos mis compañeros, siempre me llevé bien con todos.
¿Qué lo lleva a seguir trabajando?
Porque tengo fuerza, y cuando usted se jubila, se reducen mucho los ingresos. Pienso seguir hasta que el físico me de. Mi familia me apoya, siempre fue así, siempre estuvieron a mi lado y lo que yo decida, ellos siempre están de acuerdo. Le mentiría si dijera que no estoy cansado, lo estoy, pero tengo fuerzas para trabajar y muchas veces no pienso en la jubilación.
¿Cuándo comenzó a trabajar  con la familia Invernizzi?
“Comencé trabajando como mandadero en un comercio que estaba en calle Joaquín Suárez y Uruguay, que se dedicaba a la venta de bicicletas, repuestos  y materiales eléctricos. Como era curioso, me gustaba aprender y había estudiado para administrativo, a fines del 70, me fui  para la otra firma (Invernizzi y Pizzarossa Negocios Rurales), que entonces estaba en calle Artigas (Entre Larrañaga y Sarandí), allí estuve  31 años. Luego de que los integrantes de esa firma se separaran, seguí con Federico (Invernizzi), con quien estoy desde hace 12 años”. Comenzó trabajando con Eduardo Invernizzi, luego continuó con Eduardo Invernizzi (hijo) y actualmente está con Federico.
Empezó a trabajar en el año 1965 cuando terminó sus estudios.
¿Qué estudio hizo para la función que cumple?
Estudié teneduría de libros, en el Instituto Irrazábal que estaba en calle Uruguay, donde nos enseñaban caligrafía, dactilografía y contabilidad.
Por eso tiene una letra muy correcta…
Antes la tenía mejor, con el transcurso del tiempo, inclusive  con la parte de los remates, donde tenés que trabajar rápido, eso te afea la letra.
¿Cuál es su labor?
“Soy administrativo, trabajo haciendo la parte de contabilidad del escritorio, estuve siempre en el mismo ramo. En los remates hago las boletas, que a mi entender es donde comienza el remate, porque si de allí sale algo mal, queda todo mal”.  En la boleta anota quién compra, de quién es el ganado y la categoría del mismo, “es importante que allí quede bien indicado que lo que se vende es la misma categoría que entró a la pista”. Previo al comienzo del remate, se hace un listado de los vendedores, la categoría y  la cantidad de animales que trajo, además se hace un listado con el orden de ventas. “Actualmente me ayudan las dos hijas de Federico (Florencia y Pía), siempre están y su hijo, Federico Manuel que siempre anda por acá (en el escritorio)”.
¿Cuáles son los mayores cambios respecto a los remates de antes?
Ahora hay una facilidad más grande para trabajar, hay más exigencias y está todo muy controlado, los ganados para el remate tienen que venir  en perfectas condiciones, bien “trazados”,  todo en perfectas condiciones, da más trabajo pero implica una mejor organización y facilita las cosas. Los remates de antes eran mucho más grandes,  el local (Santa Catalina) siempre fue el mismo, antes había mucho más ganado para la venta en ferias, inclusive había venta de mucho ganado gordo, porque antes había muchos carniceros, abastecedores tanto de Salto como de Paysandú y Constitución. Prácticamente todos eran llevados al local en tropas, había muy pocos camiones para el traslado. Casi siempre se hacían ferias dos veces al mes, en las fechas que aún son tradicionales para los remates en ese local; los días 8 y 23 de cada mes.
¿Qué es lo que más extraña de la época “de antes”?
La pregunta le despierta cierta emoción y enternecimiento, y luego responde: “La reunión con la gente. Cuando terminaba el remate siempre nos reuníamos, había fogón con todos los troperos, nos arrimábamos a charlar… tengo muchos recuerdos lindos, habían remates que por  ser tan grandes empezaban de mañana. Recuerdo la gente de antes que era más alegre que la de ahora, la gente ahora vive muy preocupada, con mucho stress, antes usted hablaba con ellos y tenían  una gracia que no la tienen hoy. Imagínese que a veces uno ve a los  muchachos que parece que no tienen fe en el trabajo que están haciendo, no tienen confianza en lo que están haciendo, y a mi me parece que la gente joven lo primero que tiene que tener es confianza en lo que hace. Si no, no salen bien  las cosas”.
¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Los sábados nos reunimos en mi casa, en el tiempo libre me gusta irme para afuera, me gusta más la campaña que la ciudad. Me gusta irme de campamento, me encanta pescar.
Cuéntenos una anécdota
Tengo muchas, pero hay una graciosa que siempre la cuento; una vez estábamos en un remate y siempre decimos que al remate no hay que dejarlo enfriar, los remates tienen que estar siempre activos, si no no anda. En un momento venía tan rápido que arranqué un juego de boletas y se las doy al muchacho que las reparte “tomá haceme la boleta de esas cinco vaquillonas que están ahí que estoy apurado”, ¿y sabe lo qué puso? “5 vacas quillonas”. (se ríe).
Una vez se confundió de trabajo…
Me pasó que una vez, y dada la costumbre de ir a trabajar tantos años al mismo escritorio, agarré mi motito, salí de casa y en la calle que va directo al escritorio, fui paré, y entré y me topé con los otros muchachos (la que se separó de la firma inicial)  y me di cuenta que me había equivocado. Extrañé siempre a todos mis compañeros, siempre me llevé bien con todos.
¿Qué lo lleva a seguir trabajando?
Porque tengo fuerza, y cuando usted se jubila, se reducen mucho los ingresos. Pienso seguir hasta que el físico me de. Mi familia me apoya, siempre fue así, siempre estuvieron a mi lado y lo que yo decida, ellos siempre están de acuerdo. Le mentiría si dijera que no estoy cansado, lo estoy, pero tengo fuerzas para trabajar y muchas veces no pienso en la jubilación.

Publicado en 2- Martes, Al DorsoComentarios (0)

Mario de Césari: docente y panadero, con una rica historia para compartir

Dialogar con un docente de extensa trayectoria es siempre placentero para quienes peinamos canas, pero cuando se trata de un hombre sencillo, de hablar pausado y de una rica experiencia de vida para compartir, como la de Mario de Césari es particularmente grato. Procuramos reducir la extensa charla con él, que tuvo como atento testigo a su esposa, pronta para aportar el dato preciso, en las 10 preguntas y respuestas que siguen.

¿Qué familias recuerda?
Entre ellas, los Zunini, que estaban por Apolón, Los Baratta, los Menoni, Scarone y Massarino (padres del que era dentista). Todos eran agricultores, mi padre producía naranjas y luego los acopiadores eran los que se encargaban de arrancar la fruta. Después se producía verduras, legumbres y toda suerte de hortalizas que se siguen produciendo en las chacras.
Había productores de uva, y los demás, todos tenían alguna variedad de cultivo. Pero desde la Avda.  Gautrón hasta  el hipódromo, eran todos inmigrantes italianos, a principios del siglo 20. Mi padre se había casado con una señora de apellido Magnani, también de la zona, y esta había fallecido joven.
¿Su familia paterna?
Mi padre, Egidio Domingo Augusto de Césari Olivetti; vino a principios del siglo, pero mi madre, María Teresa Papa,  vino un poquito más tarde, alrededor de 1903. Se casaron aproximadamente en el 30. La pareja tuvo tres hijos, el mayor es fallecido. Quedamos yo y mi hermana, que en estos momentos se encuentra en México acompañando a su hija que es funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Primero estuvo en Buenos Aires y luego la trasladaron para México.
La dura etapa de la separación de sus padres
Luego -por esos vaivenes de la vida – la pareja se separó, siendo nosotros todavía muy chicos. Fíjese que yo nací en el (19) 36 y mi hermana tenía 5 años menos. Fue nurse en el Centro Médico y actualmente se halla jubilada. Nunca supimos por qué fue la separación. En lo personal, la separación llegó cuando yo tenía unos 5 años y mi madre con sus tres hijos se vino para la ciudad, a arreglarnos como podíamos. Así anduvimos entre la pobreza y la miseria, recuerda. Con mucho esfuerzo sobre todo de mi madre que hacía de lavandera, trabajaba de doméstica, fuimos saliendo adelante. Yo el trabajo que hacía era llevarle y traerle la ropa que ella lavaba y planchaba.
La Escuela a medio camino
Posteriormente empecé la Escuela, hice dos años en la Escuela No.13, en Concordia y Apolón. Como allá no había 5º ni 6º. Había que venir a la Escuela 8, que se llamaba “Escuela Gallino”, una familia en la zona de Talleres (en Santa Rosa y Diego Lamas), atrás de los talleres de AFE, que todavía se llamaban “el ferrocarril de los ingleses”. No terminé la escuela formalmente, a pesar de que tercer año lo hice ya en el edificio nuevo de la escuela 8, en la Avda. Batlle, pero como mi madre trabajaba y mi hermano también estaba empezando a hacerlo, mi madre me inscribió en la escuela Salesiana. Allí completé tercero y no fui más a la escuela. Tenía 9 años.
La primera etapa de panadero
Como mi hermano trabajaba ya en la panadería La Catalana (en ese tiempo en la esquina de Brasil y Santos Errandonea), me dijo que estaban precisando un aprendiz para la limpieza de los moldes y las tareas  elementales. Para entonces tenía 10 años, luego seguí trabajando y como había dejado la escuela, por allá por 1950, alguien me dijo que habían comenzado a dar cursos intensivos para quienes no habían terminado la escuela. Era un curso intensivo de un año. Así fue que me inscribí. Hice ese curso sobre la base de las asignaturas más comunes, como Historia, Matemática, Geografía, Español y al final había que dar una prueba de suficiencia. Así fue que la salvé y empecé el liceo, en el nocturno, porque de día trabajaba en la panadería.
Un “paréntesis” por el casamiento
Hice así todo el liceo y luego hubo un “paréntesis” porque nos casábamos. Mi señora tenía 19 años y yo 25, nos conocimos en el liceo  y estamos juntos desde entonces. Para esto ya había aprendido más de panadero y hasta hacía las veces de encargado, aunque había dos personas mayores por encima de mi. Luego como uno falleció y el otro se fue, me dejaron a mi como encargado, sobre todo de la parte de facturas y confituras, la firma en ese entonces era Riera y Abarno. Luego falleció Riera y Abarno no quiso seguir. Le pasó la panadería a los dos empleados más antiguos para que se la pagaran como pudieran. Eran también las dos personas que tenían más cultura, uno de ellos Dionisio Roldán, luego con el tiempo pasó a ser la firma Arce (que era el gerente) y Roldán.
La etapa en la docencia
En tanto yo seguía trabajando y también continuaba mis estudios.  Hice los preparatorios de Abogacía, terminé y como mi señora, profesora de Francés, trabajaba en el liceo, yo como bachiller me inscribí para dar clases, que se podía hacer en aquella época. A principios de la década del 70 estaba cursando profesorado en el Instituto Magisterial, pero como no había docentes de todas las asignaturas, había algunas que había que cursar a distancia. Nos mandaban los materiales y luego había que dar pruebas.
En esa década que estaba inscripto como aspirante me llamaron para dar clases, pero seguía trabajando en la panadería hasta determinada hora de la noche y durante el día daba clases. Recién en el 85 dejé la panadería, pero como trabajaba en la enseñanza y ya había que deambular de un liceo a otro, yo daba historia, geografía y astronomía. También di clases durante siete u ocho años en la UTU de Belén, adonde iba tres días a la semana y también daba clases en la UTU de Salto.
En el liceo de Constitución trabajé durante dos años (90 y 91). En la ciudad trabajé en varios liceos a excepción de los liceos 2 y 3. En UTU trabajé también como docente en los cursos técnicos. Yo dictaba clases en Taller de Humanidades, que precisamente incluía las asignaturas que le refería y que hoy se dan en el liceo.
Luego tuvo otra etapa de panadero…
Sí, ya jubilado de la docencia, cuando el hijo quedó sin trabajo en CALSAL, pusimos una panadería, en calle Vilardebó, entre Treinta y Tres y Larrañaga, donde trabajamos unos 10 años, pero él decidió terminar su preparación como óptico, en Montevideo, que había dejado trunca y así lo hizo. Fue cuando decidimos terminar con esta panadería. Pero también tuve una panadería del yerno, en Juan C. Gómez y Rivera (cuando ésta corría para el otro lado).
De niño vendía leche casa por casa
Cuando llegué a los 60 años de edad me jubilé en la docencia, en el año 96 y allí entre una y otra cosa había trabajado 50 años. Había hecho de todo, porque cuando era “gurí”, hasta salía con un tarro a vender leche casa por casa para un lechero, con una medida de un litro y un tarro de 10 litros, porque era el máximo que podía llevar. También trabajé en una zapatería (en calle Uruguay entre Cerrito y Piedras, donde luego estuvo Productos Fénix), de arreglos de zapatos, en ese entonces tenía 8 o 9 años.
Hijos y nietos todo un orgullo
Mario habla con satisfacción de lo vivido y no tiene un trabajo preferido “como todo lo hacía lo hacía con gusto”, todos me aportaron algo y guardo un buen recuerdo, añadió. Hoy con sus dos hijos con familia conformada, habla con orgullo tanto de ellos como de sus cuatro nietos, algunos ya cursando carreras universitarias. Otro de los temas de los que habla con orgullo, es de su afecto pro el Club Chaná, que luego trasmitió también a su hijo.

1 – ¿Qué familias recuerda?

Entre ellas, los Zunini, que estaban por Apolón, Los Baratta, los Menoni, Scarone y Massarino (padres del que era dentista). Todos eran agricultores, mi padre producía naranjas y luego los acopiadores eran los que se encargaban de arrancar la fruta. Después se producía verduras, legumbres y toda suerte de hortalizas que se siguen produciendo en las chacras.

Había productores de uva, y los demás, todos tenían alguna variedad de cultivo. Pero desde la Avda.  Gautrón hasta  el hipódromo, eran todos inmigrantes italianos, a principios del siglo 20. Mi padre se había casado con una señora de apellido Magnani, también de la zona, y esta había fallecido joven.

2 –  ¿Su familia paterna?

Mi padre, Egidio Domingo Augusto de Césari Olivetti; vino a principios del siglo, pero mi madre, María Teresa Papa,  vino un poquito más tarde, alrededor de 1903. Se casaron aproximadamente en el 30. La pareja tuvo tres hijos, el mayor es fallecido. Quedamos yo y mi hermana, que en estos momentos se encuentra en México acompañando a su hija que es funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores. Primero estuvo en Buenos Aires y luego la trasladaron para México.

3 – La dura etapa de la separación de sus padres

Luego -por esos vaivenes de la vida – la pareja se separó, siendo nosotros todavía muy chicos. Fíjese que yo nací en el (19) 36 y mi hermana tenía 5 años menos. Fue nurse en el Centro Médico y actualmente se halla jubilada. Nunca supimos por qué fue la separación. En lo personal, la separación llegó cuando yo tenía unos 5 años y mi madre con sus tres hijos se vino para la ciudad, a arreglarnos como podíamos. Así anduvimos entre la pobreza y la miseria, recuerda. Con mucho esfuerzo sobre todo de mi madre que hacía de lavandera, trabajaba de doméstica, fuimos saliendo adelante. Yo el trabajo que hacía era llevarle y traerle la ropa que ella lavaba y planchaba.

4 – La Escuela a medio camino

Posteriormente empecé la Escuela, hice dos años en la Escuela No.13, en Concordia y Apolón. Como allá no había 5º ni 6º. Había que venir a la Escuela 8, que se llamaba “Escuela Gallino”, una familia en la zona de Talleres (en Santa Rosa y Diego Lamas), atrás de los talleres de AFE, que todavía se llamaban “el ferrocarril de los ingleses”. No terminé la escuela formalmente, a pesar de que tercer año lo hice ya en el edificio nuevo de la escuela 8, en la Avda. Batlle, pero como mi madre trabajaba y mi hermano también estaba empezando a hacerlo, mi madre me inscribió en la escuela Salesiana. Allí completé tercero y no fui más a la escuela. Tenía 9 años.

5 – La primera etapa de panadero

Como mi hermano trabajaba ya en la panadería La Catalana (en ese tiempo en la esquina de Brasil y Santos Errandonea), me dijo que estaban precisando un aprendiz para la limpieza de los moldes y las tareas  elementales. Para entonces tenía 10 años, luego seguí trabajando y como había dejado la escuela, por allá por 1950, alguien me dijo que habían comenzado a dar cursos intensivos para quienes no habían terminado la escuela. Era un curso intensivo de un año. Así fue que me inscribí. Hice ese curso sobre la base de las asignaturas más comunes, como Historia, Matemática, Geografía, Español y al final había que dar una prueba de suficiencia. Así fue que la salvé y empecé el liceo, en el nocturno, porque de día trabajaba en la panadería.

6 – Un “paréntesis” por el casamiento

Hice así todo el liceo y luego hubo un “paréntesis” porque nos casábamos. Mi señora tenía 19 años y yo 25, nos conocimos en el liceo  y estamos juntos desde entonces. Para esto ya había aprendido más de panadero y hasta hacía las veces de encargado, aunque había dos personas mayores por encima de mi. Luego como uno falleció y el otro se fue, me dejaron a mi como encargado, sobre todo de la parte de facturas y confituras, la firma en ese entonces era Riera y Abarno. Luego falleció Riera y Abarno no quiso seguir. Le pasó la panadería a los dos empleados más antiguos para que se la pagaran como pudieran. Eran también las dos personas que tenían más cultura, uno de ellos Dionisio Roldán, luego con el tiempo pasó a ser la firma Arce (que era el gerente) y Roldán.

7 – La etapa en la docencia

En tanto yo seguía trabajando y también continuaba mis estudios.  Hice los preparatorios de Abogacía, terminé y como mi señora, profesora de Francés, trabajaba en el liceo, yo como bachiller me inscribí para dar clases, que se podía hacer en aquella época. A principios de la década del 70 estaba cursando profesorado en el Instituto Magisterial, pero como no había docentes de todas las asignaturas, había algunas que había que cursar a distancia. Nos mandaban los materiales y luego había que dar pruebas.

En esa década que estaba inscripto como aspirante me llamaron para dar clases, pero seguía trabajando en la panadería hasta determinada hora de la noche y durante el día daba clases. Recién en el 85 dejé la panadería, pero como trabajaba en la enseñanza y ya había que deambular de un liceo a otro, yo daba historia, geografía y astronomía. También di clases durante siete u ocho años en la UTU de Belén, adonde iba tres días a la semana y también daba clases en la UTU de Salto.

En el liceo de Constitución trabajé durante dos años (90 y 91). En la ciudad trabajé en varios liceos a excepción de los liceos 2 y 3. En UTU trabajé también como docente en los cursos técnicos. Yo dictaba clases en Taller de Humanidades, que precisamente incluía las asignaturas que le refería y que hoy se dan en el liceo.

8 – Luego tuvo otra etapa de panadero…

Sí, ya jubilado de la docencia, cuando el hijo quedó sin trabajo en CALSAL, pusimos una panadería, en calle Vilardebó, entre Treinta y Tres y Larrañaga, donde trabajamos unos 10 años, pero él decidió terminar su preparación como óptico, en Montevideo, que había dejado trunca y así lo hizo. Fue cuando decidimos terminar con esta panadería. Pero también tuve una panadería del yerno, en Juan C. Gómez y Rivera (cuando ésta corría para el otro lado).

9 – De niño vendía leche casa por casa

Cuando llegué a los 60 años de edad me jubilé en la docencia, en el año 96 y allí entre una y otra cosa había trabajado 50 años. Había hecho de todo, porque cuando era “gurí”, hasta salía con un tarro a vender leche casa por casa para un lechero, con una medida de un litro y un tarro de 10 litros, porque era el máximo que podía llevar. También trabajé en una zapatería (en calle Uruguay entre Cerrito y Piedras, donde luego estuvo Productos Fénix), de arreglos de zapatos, en ese entonces tenía 8 o 9 años.

10 – Hijos y nietos todo un orgullo

Mario habla con satisfacción de lo vivido y no tiene un trabajo preferido “como todo lo hacía lo hacía con gusto”, todos me aportaron algo y guardo un buen recuerdo, añadió. Hoy con sus dos hijos con familia conformada, habla con orgullo tanto de ellos como de sus cuatro nietos, algunos ya cursando carreras universitarias. Otro de los temas de los que habla con orgullo, es de su afecto pro el Club Chaná, que luego trasmitió también a su hijo.

Publicado en - Titulares -, Al DorsoComentarios (1)

La música y el canto como estilo de vida

Con María Servera de Duré Profesora de Canto, Guitarra, Piano y Acordeón. “Estoy convencida de amar la docencia… me ha brindado grandes satisfacciones” Le caemos en su domicilio sin avisar… ya es de nochecita y nos confunde con algún padre de sus alumnos… ni bien la miramos a los ojos nos percatamos que estamos frente a una artista completa.
Docente de piano, guitarra y canto  - que supo apuntalar a grandes figuras de la música que ha engendrado nuestro pueblo.
Su anatomía raya ya en más de siete décadas pero su espíritu no se puede contabilizar en años. María Servera de Duré (78) (conocida en el ámbito artístico como María Duré), en todo momento de la amena charla nos comparte su particular humor y revive cada anécdota con la pasión de una mujer que ha amado la música desde su primer día en este mundo.
Descubrimos que nació en la vecina orilla pero Salto fue su tierra de adopción.
En su juventud  realizó muchas presentaciones con su esposo – también músico y con sus alumnos supo llevarse el máximo galardón fuera y dentro del país.
Por eso nuestro Al Dorso “Las Diez de la última” se pone sus prendas de gala para reconocer a una artista y docente que ha dejado su huella y continúa aún sembrando el buen desarrollo del talento en las nuevas generaciones.
Con María Servera de Duré Profesora de Canto, Guitarra, Piano y Acordeón. “Estoy convencida de amar la docencia… me ha brindado grandes satisfacciones” Le caemos en su domicilio sin avisar… ya es de nochecita y nos confunde con algún padre de sus alumnos… ni bien la miramos a los ojos nos percatamos que estamos frente a una artista completa.
Docente de piano, guitarra y canto  - que supo apuntalar a grandes figuras de la música que ha engendrado nuestro pueblo.
Su anatomía raya ya en más de siete décadas pero su espíritu no se puede contabilizar en años. María Servera de Duré (78) (conocida en el ámbito artístico como María Duré), en todo momento de la amena charla nos comparte su particular humor y revive cada anécdota con la pasión de una mujer que ha amado la música desde su primer día en este mundo.
Descubrimos que nació en la vecina orilla pero Salto fue su tierra de adopción.
En su juventud  realizó muchas presentaciones con su esposo – también músico y con sus alumnos supo llevarse el máximo galardón fuera y dentro del país.
Por eso nuestro Al Dorso “Las Diez de la última” se pone sus prendas de gala para reconocer a una artista y docente que ha dejado su huella y continúa aún sembrando el buen desarrollo del talento en las nuevas generaciones.
¿Cuándo comenzó su historia con los instrumentos y el canto?
-“Tenía 14 años y ya enseñaba. Soy profesora de piano, guitarra y canto, también estudié acordeón.
Estudié muchísimos años como para saber corregir y sacar lo mejor de los alumnos.
Enseñarles a cómo impostar la voz, manejar el aire, llevar la lengua al fondo, mantener una buena postura”.
Sus primeras lecciones las recibió de una docente que en aquel entonces vino desde Alemania a residir a Salto, lo que le dio a María Duré una solvencia tanto en los conocimientos como en la técnica.
¿Salteña?
-“No… soy del otro lado del charco…(Concordia)…pero me vine de niña a vivir aquí, donde me formé y comencé este largo camino con la música.
¿Su vocación artística por qué línea viene?
-“Francamente no sé… cuando vine me encontré con un piano y desde muy chiquita comencé con las lecciones si bien ya tocaba sin haber estudiado.
Escuchaba lo que sonaba en la radio y luego lo reproducía en el instrumento. También me gustaba cantar”
¿Cómo era en ese tiempo el contexto de la música?
-“Terrible… que la mujer cantara era visto como prostibular… no se estilaba en aquel tiempo”.
Me dediqué al canto lírico y al principio me resistía… quería otro estilo pero cuando quise acordar estaba metida de cabeza en lo lírico (hace una pausa para vocalizar y nos sorprende como conserva intacto su timbre vocal).
Aprendió guitarra clásica con la Prof. Carmen Torraza de Zino y luego tomó el camino del canto hasta obtener su diploma.
¿Qué opinión le merece el contar con una base musical clásica?
-“Creo que es una base fundamental… se aprende a colocar la voz, a impostar y manejar en forma adecuada el aire.
Todo lleva su trabajo y proceso… aprendí muchas peculiaridades de la técnica, observando, estudiando y escuchando.
Aparte estoy convencida que tengo un ángel al lado.
Para la didáctica me inspiro mucho en la naturaleza, en las plantas, los colores.
Primero es necesario aprender a respirar, luego a hacer que la voz suene, luego cantar.
A las canciones hay que recrearlas, vivirlas… por algún motivo fueron escritas y ese mensaje hay que saberlo transmitir.
Una música nos transmite muchas cosas y nos conecta con distintos elementos que nos rodean.
Volviendo a antaño. ¿Cómo era la movida cultural de aquella época?
-“Muy estricta en todo sentido… no salíamos de las polleras de nuestras madres… no se salía sola jamás.
En ese tiempo había una confitería donde brindaba su show Juan Carlos Morgan y el Maestro Peruchena.
Creo que la confitería estaba ubicada donde hoy están las Tiendas Montevideo. Era un lugar hermoso.
Morgan interpretaba tangos, valses y milongas… también el ritmo de fox.
Cada cantante debe contar con un maestro de canto, porque nunca hay que dejar de estudiar y vocalizar.
Cuando murió mi profesora, yo dejé de cantar; por supuesto que es fundamental caer en manos de un buen docente, de lo contrario el cantante puede perjudicar su voz.
El canto para mí es algo que nunca se va a perder… el tema es que han menguado las exigencias en el estudio.
Antes se debían leer muchos libros y hoy muchas veces se va a clases con un simple cuadernito”.
Viniéndonos más adelante en el tiempo ¿Cómo fue la época en que dirigió el grupo juvenil Burbujas?
-“Fue maravillosa… formaban parte del grupo Stella Moreira, Sandra Cancela, Ricardo Fernández, Joselo Frola, Carmen Díaz, Federico… viajamos muchos y se cosecharon varios premios.
Hoy estoy más enfocada al estudio, y los chiquilines que vienen a clases es porque realmente les gusta.
Si bien tuve una etapa como artista, me di cuenta que lo que verdaderamente quería era enseñar”.
¿Quedó algún sueño por cumplir?
-“Me hubiera gustado incursionar en la danza y ser profesora de baile y tener dinero para poder cumplir un proyecto grande. Con nuestro grupo logramos ganar muchos premios”.
¿Con su esposo Héctor Duré llegaron a hacer algunos shows juntos?
-“Solamente en el ámbito del Conservatorio Municipal con el Maestro Peruchena. Nos conocimos estudiando con la misma docente… en esa época éramos muy jóvenes… donde iba yo estaba él (sonríe)… luego nos pusimos de novios y nos casamos”.
De los cantantes consagrados siente preferencia por Cristian Castro, Shakira, ésta última por ser tan particular y única”.
Para la docente es importante que el artista logre el sello propio y no convertirse en una copia o imitación.
Reconoce que a veces va más allá de los límites de la exigencia pero que está dotada de mucha paciencia para lidiar con el alumnado.
Para María Duré el tema de la producción en el artista es muy importante porque éste debe tener respeto por el público. Comienza con sus clases a las ocho de la mañana y a veces son las diez de la noche y todavía sigue atendiendo alumnos.
¿A qué le teme?
-“A la soledad… me gusta siempre sentir bochinche, alegría… movimiento”. El que quiere llegar a algún lugar en la vida, puede con fuerza de voluntad.
María Duré debió atravesar un complicado momento de salud, pero aferrada a su fe, logró vencer la enfermedad.
Está convencida de lo que hace y esa combinación de música y docencia son el motor de su vida, junto a esa capacidad de sorprender y sorprenderse.

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Un médico del que todos hablan

¿Qué función cumple en la Intendencia?
Soy telefonista, la persona que con mis otros tres compañeros le damos la bienvenida a la  Intendencia de Salto. Es un trabajo que me encanta y los  4 que estamos allí lo hacemos con mucha dedicación porque nos gusta lo que hacemos.
¿Cuántos años de funcionaria?
Llevo diez años como funcionaria.
Actualmente preside ADEOMS…
Sí actualmente sí. El 15 de noviembre último fui elegida por mis compañeros de Consejo Directivo para presidir eventualmente por un año el sindicato de ADEOMS.
¿Cuáles son los temas que más preocupan a ADEOMS en estos momentos?
Varios, el principal  es el de las calificaciones. Tenemos las expectativas de una adecuación salarial y de una presupuestación  ajustada a un criterio justo y ecuánime..
¿Cuáles son las dificultades?
En cuanto a calificación. Ya tendría que estar laudado pero lo que pasó es que los calificadores  primarios no nos  dieron vista de lo que habían resuelto en materia de calificaciones, a ninguno de nosotros de los puntajes y no nos parecía lógico que comenzara el tribunal a trabajar si nosotros no conocíamos  nuestros puntajes. De allí que se hizo una asamblea de delegados donde se pidió que realizara esa etapa que se había dejado trunca y nos pareció que no podíamos pasar a la segunda etapa, que es el tribunal de calificaciones sin haber el compañero haber pasado por esa etapa de que se le diera vista .
¿Por qué en el sindicalismo  y quién le motivó?
Lo mío comenzó desde estudiante que fui un poco la rebelde de la familia, recuerdo que una de las primeras marchas estudiantiles, en plena dictadura yo ya estaba participando, allí comencé en la parte estudiantil. Luego siempre me gustó, como también la  parte social que están muy ligada una con la otra, si bien no es lo mismo se rozan. Luego cuando ingresé a la Intendencia lo hice como zafral. Cuando el período de Malaquina terminó y comenzó el del Maestro Fonticiella  doce mujeres fuimos dejadas sin trabajo y nos vimos desamparados tanto por la administración que dejaba el escribano Malaquina, como por el sindicato…
Hubo compañeros que nos motivaron a que diéramos lucha por el reintegro, uno de ellos es mi actual compañero de la vida, Antonio Rodríguez, fue así que nos unimos y fuimos ante la mesa del Frente Amplio, a la Junta Departamental y adonde veíamos que podíamos plantear nuestra problemática lo hacíamos…,  hasta que Fonticiella tomó la decisión política de retomarnos.
He tenido grandes referentes, el primero quien hoy comparte la vida conmigo. Otro de mis referentes fue “pololo” Brunetti, a quien lamentablemente  este año hará ya tres años que no está físicamente entre nosotros, pero fue un gran sindicalissta y un gran compañero, quien tomó la bandera de nuestra lucha y junto con nosotras doce, comenzó a reunirse   hasta que logramos que nos retomaran.
Una satisfacción que recuerde en particular.
Son muchas, de compañeros de venir a decirme, yo soy fulano y quiero agradecerte porque cuando tuve a mí señora o a mí hijo enfermo tu estuviste siempre a mí lado. Así no fuera yo  personalmente, pero alguien en representación del sindicato estaba siempre allí, ya fuera personal o telefónicamente
Eso para mi es una satisfacción, porque cuando ese compañero estaba pasando por un tema difícil, nosotros estábamos allí de alguna manera.
Más allá de la lucha que nosotros podamos dar gremialmente, la parte social, la parte humana es importantísima. Estar en los momentos en que humanamente son difíciles de sobrellevar, para mi es importantísimo que el sindicato esté junto al socio, esté de alguna manera acompañándolo.
En estos momentos ADEOM Salto fue elegido para presidir la federación nacional de municipales  y en estos momentos yo  ocupo la secretaría general y también allí hemos tenido muchas satisfacciones. Lo último, fue que el congreso de intendentes no recibía a los funcionarios municipales de la federacion y el mes pasado la recibió.
La contracara, alguna frustración o alguna amargura en la lucha gremial…
La mayor amargura es ver a un compañero que queda sin trabajo, que es cesado. Para mi eso es un dolor enorme,  porque más allá que no sea socio de ADEOMS  es un trabajador que queda sin su fuente laboral. Hace muy poco yo tomé la bandera de un compañero que había quedado cesante como inspector de tránsito, tuvo una entrevista conmigo y en él vi reflejado a mí hijo, un muchacho muy joven, muy educado, muy bien. Lo primero que me dijo fue yo no soy socio del gremio, pero es el último recurso que tengo, venir para que Ud. Me ayude. Para mí fue una gran satisfacción cuando de la administración me llamaron para decirme, “mire Mónica la persona por quien Ud. Habló y el sindicato estuvo preocpado vaa ser tomada nuevamente a partir de Abril…Son de las grandes satisfacciones, pero la amargura es cuando un funcionario es cesado y queda sin su fuente laboral.
¿Cómo es actualmente el diálogo con el Intendente?
Nosotros tenemos un buen diálogo, es decir, nosotros en los últimos tiempos hemos negociado con (el departamento ) “Gestión  Humana”, pero hace muy poco hemos pedido una reunión en la que estuviera presente el intendente y la secretaria. Ambos no estaban en Salto y no participaron de la reunión y por lo tanto ADEOMS había decidido que no iba a mantener la reunión si alguno de ellos no estaba presente. Ahora si han marcado la reunión para el día 2 de mayo en que uno de los dos va a estar presente…
Nosotros mantenemos un buen diálogo, conversamos, negociando, a veces llegamos a acuerdos y a veces no. Como todo, discutimos fuerte y nosotros vamos en pro de las reivindicaciones que creemos que tenemos derecho a ellas. Tenemos una modificación presupuestal que fue votada en el 2011 con la que todavía tenemos diferencias y hoy todavía reclamamos cosas que aún no se han cumplido de esa modificación, pero hacemos el reclamo con altura, con educación que es la forma de negociar que hemos definido. Por eso tal vez en losúltimos años no hemos tomado medidas más duras, porque tenemos una ley de negociación colectiva donde lo que prima es el diálogo y la negociación y a ella nos ajustamos.
- ¿No más paros y huelgas entonces?
No, esa posibilidad siempre está, porque obviamente que cuando agotamos todos los recursos vamos a tomar las medidas que  todo sindicato tiene en su manga procurando conquistar lo que pedimos…
No es fácil describir en pocas palabras a un hombre que se convirtió, desde su rol de médico, en un referente para sus colegas y en una personalidad de relevancia para la sociedad salteña.
El Dr. Néstor Campos Pierri,o el “Gordo” Campos, ya jubilado,  a sus 68 años, contó algunas cosas de su vida para nuestra sección semanal Al Dorso.
¿Cuándo se te prendió la lamparita para hacer medicina?
Yo que se. Creo que cuando iba al liceo ya quería ser médico, tenía un tío médico y después mi padre y mi hermano (Toto Campos) que me llevaba trece años y que eran dentistas y estaban en el área de la salud. En mi casa había un taller donde hacían las dentaduras y capaz que fue ahí donde empezó mi vocación, no sabría decirte.
¿Y cuánto tiempo ejerciste la medicina?
Entré a Facultad en el año 1964. Yo tenía 18 años. Después trabajé por 41  como médico. En salud pública trabajé por 45 años, estuve 28 años trabajando en la Facultad de Medicina, 10 en Montevideo y 18 en Salto. Y en el Mutualismo estuve 43 años, entré a trabajar como practicante en el CASMU. Pero nadie se quiere jubilar. Cuando sos joven no ves la hora. Pero cuando te llega la hora no te querés jubilar, porque se trata de dejar de un día para otro lo que hiciste toda la vida. Aparte la medicina me fue atrapando tanto, que no hice otra cosa. Ahora sigo haciendo algo y voy a seguir ejerciendo la docencia en la Facultad pero en forma honoraria. Sin cobrar un peso.
¿Pero tenés algo pendiente para hacer?
¿Sabés qué quiero hacer? Quiero recorrer el campo de Salto. Mi padre nació en Arerunguá y tengo imágenes, fogonazos de lo que puede ser toda aquella zona, Mataojo, todo aquello. Quiero ir a Guaviyú de Arapey de donde era mi abuelo, la familia de mi madre era Pierri Ferreira Gómez de apellido que son una familia inmensa de esa zona y quiero ir. Entonces tengo la fantasía de andar por el campo, porque siempre entre una cosa y otra y nunca pude. Además la asistencia te limita mucho y nunca podés ir a ningún lado. Eso es lo que quiero hacer.
¿Médicos, eran los de antes?
Ha cambiado el paradigma. Antes, en el Siglo XVII, se decía “Tratad al enfermo como tu quisieras ser tratado”. Ahora en el Siglo XXI el paradigma es Tratad al enfermo como él quiera ser tratado.Ha cambiado mucho y ahora todo se hace más apurado, pero no quiere decir que ahora no haya buenos médicos, al contrario, los hay.
¿Tenés cinco hijos y solamente uno salió médico, te hubiera gustado que los demás hicieran algo más relacionado con la medicina?
Y te gusta que sigan lo de uno. Aunque en mi caso cada uno de mis hijos tiene su perfil y creo que los padres no tienen que hacer que los hijos hagan lo que uno hizo en su vida. Ahora tengo a mi nieta mayor en casa y le digo que quiero que haga medicina, y ella como todo niño, con el médico que tiene contacto es con el pediatra. Y entonces ella comenta: el abuelo quiere que haga medicina y yo quiero ser pediatra. Y una vez me preguntó: abuelo, ¿el pediatra se tiene que levantar mucho de noche? (Se ríe). Pero los hijos tienen que hacer su vida, y hay que ayudarlos. Lo bueno es cuando saben que siempre pueden volver.
¿Alguna vez tuviste algún prejuicio por ser gordo, o porque te lo dijeran, o por la imagen que le das al paciente?
Yo soy gordo de niño, y nadie pensaba que iba a hacer medicina porque me gustaba mucho el campo, mi padre tenía una estancia chica cerca de Villa Constitución, que después nosotros la vendimos. Cuando era chico me encantaba el campo y montaba a caballo todo el día, y existía la barraca Trindade, que estaba en Uruguay y Viera, y me identificaban tanto con el campo y con la imagen de Michelin, la de los neumáticos, que me decían Gaucholín, porque era un gaucho gordo. Cuando entré a la Facultad pesaba 133 kilos, después adelgacé, me casé y bajé 20 kilos, la seguí remando entre idas y venidas, me fui a trabajar a Argentina en el 78, cuando me vine tenía 20 kilos más, y ahí me tomaban el pelo, me decían “uruguayo ¿qué comes?” Y después por una cuestión de salud, en el 2009 hice un adelgazamiento importante. Pero nunca tuve prejuicio de ser gordo. Cuando compro auto, no compro el auto que quiero, sino en el que entro. En el Magic (de Agencia Central) ando bárbaro, pero me dejas sin Magic y se complica, porque tengo que matar al que va al lado mío. Se que tengo que cuidarme. Pero nunca lo tomé por el lado de la imagen que le daba al paciente, que en realidad es algo así como los médicos que fuman.
¿Estuviste tentado a ingresar organizaciones como la masonería, o a otras más abiertas como el Rotary, o los Leones, por mencionar algunas?
Estuve en el Rotary, pero después tuve que salir por la cantidad de cosas que estaba haciendo, aunque tengo planes de volver pero cuando me estabilice con los horarios. Pero la masonería por ahora no pienso entrar. Aunque me han invitado a muchas cosas y de muchos lados.
¿Tenés alguna definición política?
No creo ni en la derecha ni en la izquierda, creo que hay gente bien en todos lados y malos en todos lados. A principios de los 90, Hugo Batalla vino a hablarme para ver si quería ser candidato de su sector en Salto. Y le dije: mire, yo estoy para la medicina, no me gusta la política y no me siento político. Hoy te puedo decir que soy salteño y quiero ayudar a Salto, esté el gobierno que esté. Me inclino por Salto, primero por el país, me tiro por el Uruguay, después por Salto. Conocí a Tabaré Vázquez en el Hospital de Clínicas. La última vez que lo vi, fue cuando él era presidente de la República y vino por los 250 años de Salto y firmamos un convenio con el Ministerio de Salud. Y ahí estuve con él y nos abrazamos, nos reencontramos. Tal es así que cuando él me vio, se levantó y me vino a saludar, y el ministro miró y le dijo a otro: che, este gordo debe ser un hombre importante acá.
¿Cuál puede ser una experiencia positiva que te haya dejado el ejercicio de la medicina?
Positiva. Un niño cae de una parra y resulta con traumatismo de cráneo, lo llevamos a Concordia para que hagan la tomografía y nos avisan que tiene un hematoma en tal lado. Entonces yo pedí que lo trajeran para operarlo acá. Y lo operamos de cirugía de cráneo acá. El niño se salvó pero quedó con secuelas. Y tres o cuatro años después (Campos me dice con la voz quebrada que aún se emociona al contarlo y para antes de seguir), me llegó una postal que decía “gracias a vos, hoy estoy escribiendo”.
Ahora contame una mala, si la hubo
Bueno, una negativa, con la que también me puse a llorar como loco. Cuando el accidente de un automóvil, que llevaba cuatro muchachos adentro y que tenían una damajuana de combustible y se prendieron fuego en la zona del Obelisco. Eran futbolistas (de Deportivo Artigas que había resultado campeón salteño el 7 de setiembre del 2003) y cuando los llevaron al Hospital, yo los miré, y dije, bueno acá hay tantos muertos, e indiqué lo que había que hacer, pero pensé aunque le hagamos lo que le hagamos, se van a morir igual. Y tuve que salir a un habitáculo al lado de donde los estábamos atendiendo para llorar antes de empezar a trabajar. Uno con el tiempo se va volviendo muy sensible.

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“…Siempre fui un poco la rebelde de la familia….”

Las 10 de la última, con…
Mónica Rodríguez, presidente de ADEOMS.

Las 10 de la última, con… Mónica Rodríguez, presidente de ADEOMS.

Mónica Rodríguez Blanco, tiene dos hijos que son su orgullo y lo admite muy contenta, Marcos, Tte Av. de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU) y Lucrecia Galeano, sostuvo al ser entrevistada por EL PUEBLO, para esta sección.

¿Qué función cumple en la Intendencia?

Soy telefonista, la persona que con mis otros tres compañeros le damos la bienvenida a la  Intendencia de Salto. Es un trabajo que me encanta y los  4 que estamos allí lo hacemos con mucha dedicación porque nos gusta lo que hacemos.

¿Cuántos años de funcionaria?

Llevo diez años como funcionaria.

Actualmente preside ADEOMS…

Sí actualmente sí. El 15 de noviembre último fui elegida por mis compañeros de Consejo Directivo para presidir eventualmente por un año el sindicato de ADEOMS.

¿Cuáles son los temas que más preocupan a ADEOMS en estos momentos?

Varios, el principal  es el de las calificaciones. Tenemos las expectativas de una adecuación salarial y de una presupuestación  ajustada a un criterio justo y ecuánime..

¿Cuáles son las dificultades?

En cuanto a calificación. Ya tendría que estar laudado pero lo que pasó es que los calificadores  primarios no nos  dieron vista de lo que habían resuelto en materia de calificaciones, a ninguno de nosotros de los puntajes y no nos parecía lógico que comenzara el tribunal a trabajar si nosotros no conocíamos  nuestros puntajes. De allí que se hizo una asamblea de delegados donde se pidió que realizara esa etapa que se había dejado trunca y nos pareció que no podíamos pasar a la segunda etapa, que es el tribunal de calificaciones sin haber el compañero haber pasado por esa etapa de que se le diera vista .

¿Por qué en el sindicalismo  y quién le motivó?

Lo mío comenzó desde estudiante que fui un poco la rebelde de la familia, recuerdo que una de las primeras marchas estudiantiles, en plena dictadura yo ya estaba participando, allí comencé en la parte estudiantil. Luego siempre me gustó, como también la  parte social que están muy ligada una con la otra, si bien no es lo mismo se rozan. Luego cuando ingresé a la Intendencia lo hice como zafral. Cuando el período de Malaquina terminó y comenzó el del Maestro Fonticiella  doce mujeres fuimos dejadas sin trabajo y nos vimos desamparados tanto por la administración que dejaba el escribano Malaquina, como por el sindicato…

Hubo compañeros que nos motivaron a que diéramos lucha por el reintegro, uno de ellos es mi actual compañero de la vida, Antonio Rodríguez, fue así que nos unimos y fuimos ante la mesa del Frente Amplio, a la Junta Departamental y adonde veíamos que podíamos plantear nuestra problemática lo hacíamos…,  hasta que Fonticiella tomó la decisión política de retomarnos.

He tenido grandes referentes, el primero quien hoy comparte la vida conmigo. Otro de mis referentes fue “pololo” Brunetti, a quien lamentablemente  este año hará ya tres años que no está físicamente entre nosotros, pero fue un gran sindicalissta y un gran compañero, quien tomó la bandera de nuestra lucha y junto con nosotras doce, comenzó a reunirse   hasta que logramos que nos retomaran.

Una satisfacción que recuerde en particular.

Son muchas, de compañeros de venir a decirme, yo soy fulano y quiero agradecerte porque cuando tuve a mí señora o a mí hijo enfermo tu estuviste siempre a mí lado. Así no fuera yo  personalmente, pero alguien en representación del sindicato estaba siempre allí, ya fuera personal o telefónicamente

Eso para mi es una satisfacción, porque cuando ese compañero estaba pasando por un tema difícil, nosotros estábamos allí de alguna manera.

Más allá de la lucha que nosotros podamos dar gremialmente, la parte social, la parte humana es importantísima. Estar en los momentos en que humanamente son difíciles de sobrellevar, para mi es importantísimo que el sindicato esté junto al socio, esté de alguna manera acompañándolo.

En estos momentos ADEOM Salto fue elegido para presidir la federación nacional de municipales  y en estos momentos yo  ocupo la secretaría general y también allí hemos tenido muchas satisfacciones. Lo último, fue que el congreso de intendentes no recibía a los funcionarios municipales de la federacion y el mes pasado la recibió.

La contracara, alguna frustración o alguna amargura en la lucha gremial…

La mayor amargura es ver a un compañero que queda sin trabajo, que es cesado. Para mi eso es un dolor enorme,  porque más allá que no sea socio de ADEOMS  es un trabajador que queda sin su fuente laboral. Hace muy poco yo tomé la bandera de un compañero que había quedado cesante como inspector de tránsito, tuvo una entrevista conmigo y en él vi reflejado a mí hijo, un muchacho muy joven, muy educado, muy bien. Lo primero que me dijo fue yo no soy socio del gremio, pero es el último recurso que tengo, venir para que Ud. Me ayude. Para mí fue una gran satisfacción cuando de la administración me llamaron para decirme, “mire Mónica la persona por quien Ud. Habló y el sindicato estuvo preocpado vaa ser tomada nuevamente a partir de Abril…Son de las grandes satisfacciones, pero la amargura es cuando un funcionario es cesado y queda sin su fuente laboral.

¿Cómo es actualmente el diálogo con el Intendente?

Nosotros tenemos un buen diálogo, es decir, nosotros en los últimos tiempos hemos negociado con (el departamento ) “Gestión  Humana”, pero hace muy poco hemos pedido una reunión en la que estuviera presente el intendente y la secretaria. Ambos no estaban en Salto y no participaron de la reunión y por lo tanto ADEOMS había decidido que no iba a mantener la reunión si alguno de ellos no estaba presente. Ahora si han marcado la reunión para el día 2 de mayo en que uno de los dos va a estar presente…

Nosotros mantenemos un buen diálogo, conversamos, negociando, a veces llegamos a acuerdos y a veces no. Como todo, discutimos fuerte y nosotros vamos en pro de las reivindicaciones que creemos que tenemos derecho a ellas. Tenemos una modificación presupuestal que fue votada en el 2011 con la que todavía tenemos diferencias y hoy todavía reclamamos cosas que aún no se han cumplido de esa modificación, pero hacemos el reclamo con altura, con educación que es la forma de negociar que hemos definido. Por eso tal vez en losúltimos años no hemos tomado medidas más duras, porque tenemos una ley de negociación colectiva donde lo que prima es el diálogo y la negociación y a ella nos ajustamos.

¿No más paros y huelgas entonces?

No, esa posibilidad siempre está, porque obviamente que cuando agotamos todos los recursos vamos a tomar las medidas que  todo sindicato tiene en su manga procurando conquistar lo que pedimos…

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