Buscando un milagro, no un imposible

Un padre que busca a su hija salteña tras 39 años de ausencia

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.
“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.
El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.
“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.
“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.
LA BÚSQUEDA
“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.
Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.
Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.
Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.
Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.
MÁS DATOS
Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.
Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.
“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.
Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.
Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.
UNA AGUJA EN UN PAJAR
Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.
Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.
Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.
Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.
“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.

“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.

El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.

“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.

“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.

LA BÚSQUEDA

“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.

Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.

Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.

Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.

Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.

MÁS DATOS

Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.

Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.

“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.

Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.

Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.

UNA AGUJA EN UN PAJAR

Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.

Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.

Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.

Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.

“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

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Quien desde hace más de 50 años hace cometas de forma artesanal

“¡Muchachos…!
A la quinta Recaeta,
cada cual con su cometa.
Ay, que la mía no sube.
Ay, que sube
sube sube, mi cometa
y no el viento
sino mi corazón
le presta movimiento”
LÍBER FALCO
Con cuanta emoción esperábamos turismo desde pequeños muchos de nosotros para remontar nuestra cometa, esa que nos había hecho un hermano, un amigo, un tío o nuestro padre.
Pero el tiempo ha pasado y hoy vemos con nostalgia como los niños ya no esperan turismo con las mismas ansias que  antaño por remontar cometas…
Por eso hoy en nuestra sección semanal Al Dorso,  visitamos a un hacedor de cometas artesanal, con más de 50 años en el arte, quien contó los secretos de una buena cometa para que suba alto y mostró su desazón porque ya no se ven tantas cometas como antes en el cielo.

“¡Muchachos…!

A la quinta Recaeta,

cada cual con su cometa.

Ay, que la mía no sube.

Ay, que sube

sube sube, mi cometa

y no el viento

sino mi corazón

le presta movimiento”

LÍBER FALCO

Con cuanta emoción esperábamos turismo desde pequeños muchos de nosotros para remontar nuestra cometa, esa que nos había hecho un hermano, un amigo, un tío o nuestro padre.

Pero el tiempo ha pasado y hoy vemos con nostalgia como los niños ya no esperan turismo con las mismas ansias que  antaño por remontar cometas…

Por eso hoy en nuestra sección semanal Al Dorso,  visitamos a un hacedor de cometas artesanal, con más de 50 años en el arte, quien contó los secretos de una buena cometa para que suba alto y mostró su desazón porque ya no se ven tantas cometas como antes en el cielo.

“YO ME CRIÉ HACIENDO COMETAS”

Marcelo Gallarreta Dandaluz, nació el 28 de febrero de 1949, en Andrés Latorre al 1400 lugar donde aún vive con sus hijos y nietos, y sobre la pared de su casa que da a la vereda luce un cartel que dice “se hacen cometas, toque timbre”.

Es que Marcelo hace cometas de una forma artesanal desde hace más de cincuenta años y ha tomado este arte como oficio, ya que a su casa concurren tradicionalmente en esta época del año cientos de salteños aficionados a elegir su cometa “Gallarreta” para turismo, porque éstas ¡seguro suben!

Es el cuarto de ocho hermanos y de muy pequeño le gustó hacer y remontar cometas, “yo me crié haciendo cometas, en mis tiempos esto era todo campo”, dijo señalando con sus brazos todo alrededor “y en turismo todos remontábamos cometas, y yo empecé haciéndolas para los amigos y mis hermanos, siempre me gustó, hasta que me empezaron a pedir y me entusiasmé a hacerlas más elaboradas y de ahí no paré más”, comenzó contando Marcelo.

EL SECRETO PARA QUE UNA COMETA SUBA  ALTO

El secreto para una buena cometa está en las cañas y los tiros, así dijo Marcelo, “hay que tener en cuenta  que las cañas sean todas de la misma tajada y que todo esté bien medido para que quede equilibrada y los tiros, que son la base de la cometa. Yo aprendí solo, a hacer cometas y con los años fui cada vez perfeccionándome más”.

Cuando le preguntamos sobre el material que utiliza dijo, “de caña, siempre las hice igual, pero antes era con un papel uruguayo que venía de color liso y fuerte, después apareció el papel de coco que ahora no existe más, y ahora el celofán porque son colores muy lindos y a mí me gusta hacerlas de celofán, pero he hecho hasta con papel de regalo. Las cañas, tengo un vecino que me regala y después compro el celofán y otras cosas”, comentó.

“GRANADA” ES LA PREFERIDA Y HASTA  SE LA ENCARGAN PERSONAS MAYORES

“Hago cometas, faroles, de todo tipo, las que más piden son la granada, que es redonda con roncadores y flecos, después está la bomba que es toda redonda con flecos, la estrella que tiene todo roncadores en la vuelta, el lucero que tiene tres banderitas para arriba, también está el farol y así varios modelos pero el que más piden es la granada”, comentó este artesanal hacedor de cometas, que llegó a vender entre ochenta y cien cometas en la feria dominical de la plaza de deportes “en otros tiempos”.

Pero no solo los niños remontan cometas, “acá viene gente grande, parejas, novios y gente mayor que hace muchos años me compran y todos los años vienen a buscar su cometa para remontarla en el campo o en lugares libres, han venido hijos de esas personas a las que yo les vendía y que me siguen comprando también”, agregó.

LOS CONCURSOS DE COMETAS YA CASI NO SE VEN

“Las cometas Gallarreta son garantía de que suben bien” dijo sonriendo al hacer mención a su apellido como marca, “porque han ganado varios concursos” agregó entre risas, rememorando antiguos campeonatos en Villa Constitución, en las Termas, o la Costanera Norte, “pero ahora ya no se hacen más, es una lástima porque hay mucha gente a la que le gusta remontar cometas y no tienen el espacio para hacerlo y es algo muy divertido, a mí me encanta”.

Marcelo se tomó unos segundos para reflexionar y con la mirada baja comentó, “lo que pasa es que ahora todo cambió, hay muchos celulares y los gurises no son muy de remontar, y a mí un poco me perjudica, también esas cometas de nylon que vienen ahora con cañas de plástico para los niños también me ha quitado trabajo, pero no tienen nada que ver con una cometa artesanal de estas que suben bien alto”.

UNA COMETA DE UN JUGADOR DE ALMAGRO DE 2 METROS

“La cometa más novedosa que me acuerdo haber hecho fue un muñeco de fútbol con los colores de Almagro, me pidieron para remontarla en la cancha de Almagro y yo fui a verlo para ver si subía y subió lo más bien. Medía como dos metros y tenía las manos en las caderas como si estuviera parado, vestido de jugador de fútbol y eso es lo que más me acuerdo como novedad.  Ahora lo más que te pueden pedir es un farol grande”

DESDE $60 UNA GRANADA Y A ELECCIÓN

“Ayer (por el domingo) fui a la feria (de la plaza de deportes) a vender y muchas personas se acercaron a felicitarme porque son muy pocas personas las que continúan haciendo este tipo de cometas, algunos hacen un año o dos, pero yo debo  hacer más de cincuenta años que hago estas cometas. Y yo debo de ser uno de los que las vende más barato porque un farol grande anda en los $150, las granadas van de $ 60 para arriba, ahora estoy haciendo pedidos porque no pensaba que iba a vender tanto en la feria y me quedé sin nada, me fue bárbaro”, comentó.

HACER COMETAS “ME ENCANTA…ME VUELVE A LA INFANCIA”

Marcelo es muy celoso de su trabajo “a mí no me gusta que me ayuden porque soy muy detallista y las hago a mí modo, tengo mi tiempo para hacer los armazones, para marcar y las hago yo solo, pero a mi hija le gusta también así que creo que ella va a ser mi sucesora en esto”, dijo nuevamente con una gran sonrisa mientras su hija allí presente asentaba lo dicho por su padre respondiendo con otra sonrisa y un gesto con su cabeza.

“A mí me encanta hacer cometas, sino no lo haría, me vuelve a la infancia, y me gusta remontar también, además ahora tengo dos nietos y voy con ellos a remontarlas”, dijo sonriendo nuevamente.

DESDE “LOS INDIOS” DEL CARNAVAL

Pero Marcelo Gallarreta también es muy conocido por su faceta carnavalera, es que de muy joven participó en la fiesta del rey momo con carros alegóricos y disfraces de todo tipo, una pasión que heredó otro de sus hijos. “Yo voy a dejar en buenas manos todo lo que hago porque mi hija anda bien con las cometas y a mi hijo le gusta el Carnaval como a mí”, comentó.

“Yo tenía 18 años y con unos amigos escuchamos que la Comisión de Carnaval llamaba a inscripción para máscaras sueltas y dijimos ¿por qué no vamos? Así salimos con los indios. Y estuvimos quince años así, ya era una tradición salíamos con un carro alegórico. Después empecé a hacer todo tipo de carros, yo he desfilado con Rosaluna, Martha Gularte, y cantidad de personas que hace años salían acá. La mayoría son primer premio. Este año saqué el primer premio con el payaso. Y eso es otra cosa que me encanta, yo a veces miro un dibujo y agarro el alambre y ya lo empiezo a armar todo enseguida”.

Respecto al carnaval que actualmente disfrutamos, Marcelo dijo notarlo un poco frío. “Ahora yo lo que veo es que para desfilar está bien, pero le falta alegría a la gente, yo no sé si es porque antes podía entrar la gente de barrio, pero ahora yo veo que a veces están cenando o hablando entre ellos y hasta ni nos miran, y a lo mejor les preguntás después qué vieron y ni saben. Antes la gente aplaudía más y nosotros nos valemos de eso, de la alegría de la gente. Por eso yo lo veo más frío ahora”, comentó.

Sin embargo, nada aleja a Marcelo de hacer lo que tanto disfruta, “yo pienso seguir hasta que el cuerpo aguante, como dijo Luis Sandrini, yo me siento bien y con fuerza, y ya estoy pensando el carro que voy a hacer para el año que viene”, finalizó diciendo.

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Aún no pude superar haber dejado de correr

Hoy es policía de tránsito, aunque cumple tareas de custodia en un depósito municipal de motos y autos incautados por infracciones ubicado en el barrio la Aguada, casi enfrente de la Torre de Antel (empresa pública de telefonía). Luego de sus ocho horas diarias en dicho lugar cumple tareas como guardia de seguridad en un almacén en la Curva de Maroñas. Vive en el barrio Malvín Norte, en elmiguel direnna (4) conocido complejo de viviendas Euskal Erría. A pasos de ahí se desempeña como orientador técnico de la generación 2005 del Club Malvín Alto Baby Fútbol.  Nació en el barrio Lazareto y vivió su infancia también en el Cerro. En su adolescencia se trasladó a la capital del país, de donde retornó por unos años a Salto, para volver a irse y afincarse con su familia. Con sus 34 años Miguel Ángel Direnna Sattler recibió a EL PUEBLO gentilmente. Este salteño hace una década ganó “Rutas de América” y ocupó el podio varias veces tanto en dicha competencia internacional como en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. Un domingo por la mañana nos encontramos y, mate de por medio de mano en mano, discurrimos sobre el recuerdo de su historia, desde el barrio Lazareto, el Cerro, su primera bici, su venida a Montevideo, sus afectos, y su trayectoria deportiva.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO
Hizo Primaria “en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín” (enfrente a Jefatura y a la Plaza “33″) y hasta segundo de Secundaria “en el liceo Piloto del Cerro”. Nació en barrio Lazareto, “en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani”. Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: “extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado”.
VENDÍ LA BMX
“Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la “BMX” y me compré una bici de “media carrera”, bien común”, nos relata Miguel.
“Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos”. Recordó, de aquella época, a los “hermanos Romero”. El primer año fue “muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a “lo Dios que es grande”, a veces se olvida de las carreras y “me iba a pescar”.
Desde el primer día “hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios”.
TRAYECTORIA
Miguel fue ganador de “Rutas de América” en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de “contrarreloj individual”. Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).
A LOS 14 A MONTEVIDEO
Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. “Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté”. Con 17 años se fue a correr “al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría”. Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: “me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde “anduvimos bastante bien”. Con 18 años corrí “las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)”.
ENTRENAR Y ENTRENAR
“Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una “crono” (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto”. “Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría”.
¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?
“Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono”.
¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?
“Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.
¿Cómo decidiste dejar de correr?
Estaba corriendo en el club “Sales Supermercado” de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en “Rutas” y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta”.
¿Fue complicada la decisión?
“Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas”.
SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL
Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). “Ellos son mi mundo” nos dice orgulloso. “Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio”. Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el “Malvín Alto”. Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara”. Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. “Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol”, nos dice con entusiasmo.
POLICÍA
Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos (”ganaba más en mi anterior trabajo”). Tíos y primos han sido policías y “es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo”. Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.
SER SALTEÑO
Se emociona al recordar su época en Salto. “Soy salteño y la tierra te tira” nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. “Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina”.

ENTRE LAZARETO Y EL CERRO

Hizo Primaria “en la Escuela 4, Juan Zorrilla de San Martín” (enfrente a Jefatura y a la Plaza “33″) y hasta segundo de Secundaria “en el liceo Piloto del Cerro”. Nació en barrio Lazareto, “en calle Cervantes, cerca del Club Lazareto. Ahí viví muchos años, después (como a los 7 años) me fui para el Cerro, donde transcurrió mi vida, en una casa ubicada a pocas cuadras del Cuartel por calle Osimani”. Su venida a Montevideo, en la adolescencia, no le fue fácil: “extrañaba como loco, la gente era diferente, tenía miedo de salir a entrenar en la calle, fue muy sacrificado”.

VENDÍ LA BMX

“Tuve la suerte de hacer carrera en el ciclismo. Ingresé a ese mundo por medio de un tío, el Pocho Suárez, que trabajaba en la Intendencia de Salto. Él era el que daba los permisos para hacer los circuitos  de las carreras de ciclismo en distintas zonas de la ciudad. Fue así que me preguntó si no me gustaría correr en bicicleta. Yo tenía 11 años, me entusiasmé, vendí la “BMX” y me compré una bici de “media carrera”, bien común”, nos relata Miguel.

“Me había entusiasmado, empecé a entrenar, corría. Empecé a hacer amigos”. Recordó, de aquella época, a los “hermanos Romero”. El primer año fue “muy sacrificado en cuanto al rendimiento porque entrenaba a “lo Dios que es grande”, a veces se olvida de las carreras y “me iba a pescar”.

Desde el primer día “hubo algo que me llevó a perseverar. Hubo algo interno que me decía que iba a llegar alto. El segundo año que corrí iba mejor, llegaba con todos, me metía tercero, cuarto o quinto. Al tercer año ya empecé a ganar algunas carreras. Y hasta que dejé de correr siempre fue un camino en ascenso, gracias a Dios”.

TRAYECTORIA

Miguel fue ganador de “Rutas de América” en 2003, ocupó el segundo lugar en 2004 y 2005. En 2004 salió tercero en la “Vuelta Ciclista del Uruguay”. En 2006 se fue a competir en Brasil. Se lo considera un especialista en la modalidad de “contrarreloj individual”. Integró el Club Nacional, Amanecer, Fénix, Villa Teresa, Cruz del Sur, Peñarol, Alas Rojas, Policial, Avaí (de Florianópolis en Brasil) y el Salus Supermercado (también de Brasil).

A LOS 14 A MONTEVIDEO

Nuestro entrevistado se trasladó a Montevideo cuando tenía 14 años. “Llegué directo a correr en el Club Nacional, a un nivel más exigente. Al comienzo me costó un poco la manera de correr, los nuevos compañeros, pero me adapté”. Con 17 años se fue a correr “al  (Club Ciclista Social y Deportivo) Amanecer. Fue una época buena aunque no figuré en los primeros lugares pero empecé a correr en primera categoría”. Recordó los ciclistas con los que compitió desde joven: “me choqué con Gustavo Figueredo, Federico Moreira, Sergio Tesitore, Milton Wynants, Gregorio Bare y muchos más valores que ganaron en todas partes del mundo y de renombre. En el Amanecer éramos todos juveniles y en ese tiempo surgió la participación en Venezuela, donde “anduvimos bastante bien”. Con 18 años corrí “las primeras Rutas y Vueltas y fuimos revelación junto con Carlos Oviedo, otro ciclista salteño (ya fallecido)”.

ENTRENAR Y ENTRENAR

“Me consideraba internamente que no era un ciclista del montón, por eso nunca abandoné. El momento en donde me di cuenta de que estaba para cosas mayores fue cuando me fui del Club Ciclista Fénix. En ese tiempo fui pieza fundamental del argentino Quiroga, le daba la bici en los peores momentos. Y para estar ahí con él tenía que estar a la par. Al final me fui al Policial en donde me empezó a entrenar Juan José Timón, que fue técnico de la selección y de grandes ciclistas. Desde esa vez me cambió la mentalidad para entrenar, más duro, con cosas que la mayoría no las hacía. Ese fue el momento en el que yo de pasar a perder por 7 minutos en una “crono” (contrarreloj) al otro año perdí por 1 minuto”. “Empecé a mejorar, seguí entrenando, me fui al Alas Rojas donde tuve la suerte de estar con Javier Gómez, un argentino, con quien aprendí muchísimo. Fui a correr a Argentina. Ahí considero que evolucioné de manera más acelerada y empecé a rozar los primeros puestos con la gente de primera categoría”.

¿Qué significó ganar Rutas de América en 2003?

“Fue muy especial por el momento en el que estaba. Me había ido a correr a Peñarol, cuando se armó el equipo con Federico (Moreira) en la temporada 2001 – 2002. Peñarol nos quiso retener pero al final fue todo política por las elecciones, luego prácticamente nos corrieron y quedamos todos en la calle ya con la temporada arrancada.  Yo pasé casi todo el año corriendo solo. Me bancaba todo de mi bolsillo. La poca plata que había juntado en las carreras me la empecé a comer, porque no tenía de donde sacar. Ese año Javier Gómez y Bustamante me invitan a correr la Vuelta de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina. Quedé cuarto y a la vuelta me enlisté en el Villa Teresa a un mes de las Rutas. Fuimos a correr la Vuelta Chaná (en Soriano), donde hicimos podio con Javier Gómez. Se largan las Rutas de América, quedo quinto en el Prólogo. La etapa Durazno – Mercedes hubo una fuga grande en donde se fueron unos 5 y yo me fui con ellos. Sacamos más de un minuto. Al otro día gané la crono”.

¿Te dejó muchos amigos el ciclismo?

“Gracias a Dios solo te puedo hablar de cosas buenas que me dejó el ciclismo: muchos amigos hasta el día de hoy. Igual te digo que desde que dejé de correr no miro  ni escucho ciclismo. Ni me he arrimado a alguna carrera desde que dejé en 2008″.

¿Cómo decidiste dejar de correr?

Estaba corriendo en el club “Sales Supermercado” de Belo Horizonte (Brasil). Fue un año muy positivo en competencias de alto nivel. Me fui a un equipo más grande en Vitoria, Espíritu Santo (cerca de Río de Janeiro) que al final quedó sin patrocinio y dejó de competir. Extrañaba como loco (a mis gurises, mi casa, mi mujer) por eso decidí volver a correr acá. Tuve la mala suerte de caer en “Rutas” y me quebré la cadera. Fue una época difícil para mi vida. Solo trabajaba mi mujer y estuve parado, sin entrenar, como dos meses. Gracias a la operación del doctor Del Campo (uno de los mejores traumatólogos del país) a los 15 días andaba en la bici de nuevo. Hubo un amigo (el petiso Luis) que fue el único que me traía un surtido a casa y me permitió trabajar con él en el reparto de artículos de limpieza tres veces por semana. Luego empecé a trabajar en el service de Panavox, en la construcción, y volví a correr para el Amanecer. Pero se hacía cuesta arriba por el esfuerzo. A todas esas contras se suma que pasaba poco tiempo en casa, con tres gurises, y ya no valió la pena. Por eso decidí colgar la bicicleta”.

¿Fue complicada la decisión?

“Sí. Hasta el día de hoy no lo puedo superar. Tengo ganas de volver a correr. Tengo amigos que me dan manija para que vuelva. El ciclismo es una parte muy importante en mi vida. Yo conseguí muchas cosas y conocí mucha gente por el ciclismo. Y estoy donde estoy gracias a eso. Si no hubiese corrido en bicicleta no hubiese conseguido los trabajos que tuve, no me hubiera comprado mi casa, entre otras cosas”.

SUS HIJOS Y EL BABY FÚTBOL

Tiene tres hijos, Santiago (5), Sebastián (8) y Camila (11). “Ellos son mi mundo” nos dice orgulloso. “Por el ciclismo pasaron cumpleaños de mis hijos en donde no estuve. Desde Brasil  llamaba por teléfono y lloraba como loco y eso me partía al medio”. Sus hijos varones integran el equipo de baby fútbol del barrio, el “Malvín Alto”. Es un club muy cálido y con un ambiente muy sano. Un día faltó el ayudante técnico y me pidieron que colaborara”. Hace 5 años que está en esa tarea, hizo el curso de técnico y este año es técnico de la categoría 2009, en la que participa su hijo menor. “Todos los días uno aprende con los niños. Uno orienta, y es mucho más que jugar al futbol”, nos dice con entusiasmo.

POLICÍA

Su actual tarea de Policía la realiza no por motivos económicos (”ganaba más en mi anterior trabajo”). Tíos y primos han sido policías y “es algo que siempre de chico me gustó. Después nunca se había dado. Hace un tiempo me surgió la posibilidad y hace tres años que estoy trabajando. Es algo que me gusta hacerlo”. Pertenece al cuerpo de Policía de Tránsito y trabaja de efectivo  en el depósito de vehículos incautados.

SER SALTEÑO

Se emociona al recordar su época en Salto. “Soy salteño y la tierra te tira” nos dice al momento de relatarnos encuentros fortuitos con gente de Salto en Montevideo. Esa circunstancia le imprimía algo especial a los momentos en que con el ciclismo llegaba al departamento. Recordó etapas en las que ocupó el podio en nuestra ciudad en distintas competencias. “Recuerdo un momento en el que me colocan la medalla de oro en Salto y mi tío Julio lloraba de emoción. Esas cosas me ponen la piel de gallina”.

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Un cantante que dejó huellas en la historia musical salteña

“Todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo
de las personas” Dios mediante su próximo onomástico – el 11 de abril –  indicará los 56 años de vida, casi tantos los que lleva con la música. Su historia de vida está colmada de momentos muy intensos tanto en lo bueno como en las dificultades y como artista completo Horacio Lepera Domínguez – cantante de trayectoria en nuestro medio – desde su experiencia llegó a la conclusión que es la gente la que construye a sus referentes. Horacio se siente muy agradecido a su público  - al que aprendió a  amar  y al que se debe como artista.

“Todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo de las personas” Dios mediante su próximo onomástico – el 11 de abril –  indicará los 56 años de vida, casi tantos los que lleva con la música. Su historia de vida está colmada de momentos muy intensos tanto en lo bueno como en las dificultades y como artista completo Horacio Lepera Domínguez – cantante de trayectoria en nuestro medio – desde su experiencia llegó a la conclusión que es la gente la que construye a sus referentes. Horacio se siente muy agradecido a su público  - al que aprendió a  amar  y al que se debe como artista.

A lo largo de la entrevista no dejó de lado su humor ocurrente y esa capacidad innata de saber utilizar el juego de palabras… noshoraciolepera0001 confiesa que cuando cumplió los cincuenta años justamente eligió de allí en más perder la cuenta… “sin cuenta” dice entre risas.

Horacio Lepera es un cantante que supo marcar una época en la línea del tiempo de nuestra ciudad.

Nacido en Buenos Aires, se radicó en Salto a los seis años y adoptó esta tierra como suya.

“LA GENTE HACE QUE UNO LLEGUE A SER ALGUIEN EN LA VIDA”

“Siento que le debo mucho al Uruguay, porque me enseñó cosas que nos las aprendí en Argentina… creo que no existen grandes cosas pero sí grandes personas… la gente hace que uno sea algo en la vida, pues uno solo no puede llegar.

Lo que he logrado se lo debo a la gente.

Recuerdo una vez – fuera de Salto – que me hicieron una especie de guerra fría en una confitería… paré entonces de cantar y cuando quedó todo en silencio les dije que si no querían escucharme me iba a retirar…  el público muchas veces nos prueba.

Lepera se caracteriza por tener un caudal de voz único, pero también en una época supo desplegar sus cualidades como showman.

“Siempre supe meterme en el personaje… desglosando la vida del cantante en una canción.

A mi criterio el más grande en Uruguay ha sido Alfredo Zitarrosa, que supo marcar un rumbo no solamente en su tierra natal sino allende fronteras.

-¿Cómo y cuándo comienza a desarrollarse la música y el canto en su existencia?

-“Me viene a la mente esa frase que dice lo que tiene que ser será… también creo que lo que natura nao da, Salamanca nao presta – (famoso dicho que expresa que las cuestiones innatas no se aprenden en las universidades)  - solamente Dios nos puede  dar una visión para que podamos tener algún fruto del espíritu como lo es el canto y la comicidad… llegué a ser showman pasando ya los 35 años… antes hacía humor por un lado y por otro cantaba.

Luego fui mezclando… pero honestamente prefiero ser cantante a ser showman.

Los cuentos los aprendí de la gente… sobre todo de las mujeres que saben mucho más cuentos que los hombres (sonríe)”.

“MIENTRAS LA GENTE NOS RECUERDE, EXISTIMOS”

-¿Cuándo se

despierta el cantante?

-“Como a los quince años, allá en Paysandú, con grupos tales como Ceibo y Volumen 5.

Cuando me radiqué en Salto, cambió mi vida… comencé a cantar con Avanzada, Fórmula 1 y también hice una suplencia en Manzana a Cachito Humedes  - Dios lo tenga en la gloria.

La gente siempre se queda con los buenos recuerdos, del Club Universitario, La Cueva del Tigre y otros boliches donde recalábamos a la noche.

Mientras el público te recuerda, existís… cuando nos deja de recordar, morimos.

Afortunadamente tengo gente que me quiere…si no fuera por mis amigos yo no estaría aquí.

Como saben cuál es mi situación de vida me ayudan mucho… trato de mantener una buena salud y me cuido.

No cuento con una jubilación aquí, sí  en Argentina, que me envía mi hermana todos los meses y ello me ayuda a subsistir.

En un tiempo me autoabastecía… en la actualidad por mis circunstancias dependo de los demás… cuando me dicen de volver a hacer shows les contesto que debo ir de a poco, que de esa forma se llega lejos”

La vida – en el concepto de Horacio – se compone de momentos… y todo tiene su tiempo… no nos podemos adelantar pues “Los tiempos son de Dios” – asevera desde sus creencias cristianas.

“CUANDO CAÍ ENFERMO VIVÍ UNA TOTAL DECEPCIÓN CON ALGUNAS AMISTADES QUE SE ALEJARON FUE ALLÍ QUE ME AFERRÉ A DIOS”

-¿Fue una buena época la que

vivió en los grupos que marcaron historia en la música salteña?

-“Para mí todas fueron buenas épocas… no puedo hablar de una mejor o peor… todas me dejaron cosas muy valiosas.

Rescato lo bueno y lo negativo lo dejo de lado…no existe…”

Años más tarde se vinculó al músico Néstor Balbuena y así nació “Horacio Show”.

“Estuve con Néstor trabajando unos tres o cuatro años y a la gente le gustaba… viajaba mucho y llegué a tener hasta siete presentaciones por día.

El gran tema es que tal desgaste me costó la salud… uno tiene que cuidarse a sí mismo… en ese momento le di para adelante sin darme cuenta que adelante tenía una pared.

Cuando me enfermé, viví una decepción total con algunas amistades que se alejaron y me dejaron por el camino.

Así fue que me aferré a Dios y grabé un cassette cristiano.

Lo que me queda de todo es lo que pude cosechar del público al que siempre amé.

Me quedaron también amigos que son de fierro, que siempre están conmigo, que nunca me olvidaron”.

-¿Cómo ve a la nueva generación de artistas?

-“Muy buena…  bien encarada… hoy son tiempos difíciles… no obstante nunca me puse a pensar en el dinero que me ingresaba por las actuaciones… yo actuaba siempre igual…

Me podían pagar lo que fuera… mi show era siempre igual… siempre rendía al máximo.

Como anécdota recuerdo que un día que me puse a hacer chistes de gallegos en un lugar donde el dueño era español y éste me dejó de contratar.

Lo aprecio muchísimo y no dejo de reconocer que no tuve intenciones de ofender a nadie… fueron simples chistes

Nunca me gustó cantar en un lugar solo sino cambiar de ámbito

Creo que aprendí a conocer a la gente… todos los días de mi vida estoy aprendiendo algo nuevo de las personas

Siento que aún me falta mucho para ser un artista completo”.

Horacio Lepera también se dedicó a hacer jingles y trabajó para Corporación Thompson.

Me crucé en esas oportunidades con Julia Senko (cantante argentina) que en un principio se dedicaba a hacer jingles… le sugerí que se dedicara a ser solista y fue así que logró trascender”.

-¿Cuáles son las cualidades fundamentales que debe reunir un artista?

-“Primero ser humano, ser un cristiano y dejar que la gente que nos haga artista… es la gente nos levanta como una pandorga y quien nos corta el hilo.

No se puede ser autosuficiente… hay que saber llegar a la gente y si no, mejor nos quedamos en casa

Voy a reiterar algo que dijo Antonio Gasalla… si toda la manija que nos damos en contra nos la diéramos a favor, éste mundo sería un paraíso”.

-¿Sigue vinculado a Asdemya (Asociación de Músicos y Afines)?

- “Soy socio vitalicio… siempre mantengo los vínculos, si bien no me interesa jubilarme como músico.

De salud gracias a Dios estoy bien, gracias al equipo médico del Hospital, soy una persona que confío en la Medicina y sigo al pie de la letra el tratamiento”.

Si bien en un tiempo se aferró a la Iglesia Evangélica hoy concurre a la Iglesia Católica.

Al hacer una mirada retrospectiva de su vida rescata “su tiempo con Dios”.

Como proyecto a corto plazo tiene en mente volverse a Buenos Aires donde  tiene a su hermana María del Carmen en los próximos tres meses.

“Siempre hay algún amigo que tiene una guitarra guardada en desuso… que me vendría bien (sonríe)… y como mensaje final me gustaría citar ese refrán que dice “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”…

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Un destacado cantante lírico que fue finalista del concurso “Soñando por Cantar”

Nació en la ciudad de Paysandú y se formó en la especialidad de Canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Uruguay. Hijo de una cantante folcklórica sanducera, Élida Píriz, mamó desde muy pequeño la realidad de la música y el canto, heredando facultades que luego las implementará en su carrera como solista.
Julio Daniel González Píriz (44) ha desarrollado su profesionalismo como solista, pero también ha encontrado su veta vocativa en la docencia, carrera que ejerce desde hace muchos años.
Este año su agenda apunta al interior del país, brindando cursos en academias de su ciudad natal (pues reside en Montevideo) y ha llegado también a Salto donde brinda talleres para cantantes y personas interesadas en aprender a desarrollar el arte vocal.
El artista compartió también la experiencia que vivió en el año 2002 en la emisión televisiva de Canal 12 “Casting” y recientemente en el Programa argentino “Soñando por Cantar”, donde logró el reconocimiento a su talento. Con él nuestra sección semanal Al Dorso.

Nació en la ciudad de Paysandú y se formó en la especialidad de Canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Uruguay. Hijo de una cantante folcklórica sanducera, Élida Píriz, mamó desde muy pequeño la realidad de la música y el canto, heredando facultades que luego las implementará en su carrera como solista.

Julio Daniel González Píriz (44) ha desarrollado su profesionalismo como solista, pero también ha encontrado su veta vocativa en la docencia, carrera que ejerce desde hace muchos años.

Este año su agenda apunta al interior del país, brindando cursos en academias de su ciudad natal (pues reside en Montevideo) y ha llegado también a Salto donde brinda talleres para cantantes y personas interesadas en aprender a desarrollar el arte vocal.

El artista compartió también la experiencia que vivió en el año 2002 en la emisión televisiva de Canal 12 “Casting” y recientemente en el Programa argentino “Soñando por Cantar”, donde logró el reconocimiento a su talento. Con él nuestra sección semanal Al Dorso.

DE PAYSANDÚ AL CANTO DE PRIMER NIVEL

Julio Daniel se formó en la Escuela Nacional de Arte Lírico (cuyo director es Paolo Rigolín) y posteriormente realizó algunos conciertos con otros cantantes del SODRE, como por ejemplo el salteño, Marcelo Otegui.

“Nací en Paysandú y me crié allí hasta los 23 años, canté desde niño y tenía la influencia de mi madre. En la escuela siempre canté, luego en el liceo integré coros, y participé de los encuentros que se hacían aquí en Salto en el Teatro Larrañaga”, contó.

“Siempre me elegían como solista para cantar algunas partes y recuerdo un día que estaba presente un importante inspector de coros de Montevideo y me dijo que veía condiciones en mí para seguir la carrera de canto en la Escuela Nacional de Arte Lírico y fue así que años más tarde me fui a estudiar allá”, rememoró.

Anteriormente a esta etapa había recibido la invitación de un grupo de parodistas capitalinos para integrarse a ellos.

“RECONOZCO QUE LA BASE DE UNA TÉCNICA VOCAL COMO LA DE LA ESCUELA LÍRICA ES POSITIVA PARA CUALQUIER CANTANTE”

-¿Cómo fue su experiencia formativa en la Escuela Nacional de Arte Lírico?

-“Existen muchos aspectos que el cantante debe cultivar, la mayoría de las facultades deberían darse naturalmente, en el sentido de que la mejor técnica de canto es la que no se nota.

En mi caso, contaba con las condiciones naturales, una emisión y volumen importante pero la formación en la Escuela, desarrolló un papel fundamental.

Tuve la suerte de tener una maestra que es Virginia Castro, cantante uruguaya, cuya performance fue destacada en Europa y en China; una excelente docente y yo heredé como profesor muchas herramientas de su parte; no solamente trabajar la voz en el cantante sino los aspectos psicológicos y emocionales.

A veces tenía mucho más rendimiento al poder enfocarse también en esos aspectos y no solamente en la voz y en el cantante.

Reconozco que la base de una técnica vocal como la de la Escuela Lírica es absolutamente buena para cualquier cantante. Destaca de la persona otras técnicas que no lo hacen”.

DESARROLLANDO LUEGO SU VETA DOCENTE Y LA IMPORTANCIA DE “LA INTUICIÓN DE CANTANTE”

El cantante lírico descubrió en el tránsito de su formación su vocación por transmitir sus conocimientos a otros; “es una de las facetas de la música que me hacen sentir bien y que me brindan otras cosas que no las vivo en el escenario.

El estar frente al público también nos hace vivir a los artistas una experiencia única e intransferible”.

-¿Qué recuerda de su niñez, con la influencia de una madre cantante?

-“Mi madre fue mi primera referente, hace un tiempo, preparando un espectáculo de boleros hice una selección y luego de estudiarlos y cantarlos, advertí que me resultó muy fácil. Entonces me pregunté: ¿Cómo puede ser si nunca canté boleros? Hete aquí que apareció la memoria musical, mi madre ensayaba en mi casa boleros y folcklore, el género con el cual crecí escuchando, estaba tan dentro de mí que se dio naturalmente”.

Julio Daniel señaló también que dentro de su numerosa familia tiene varios hermanos que también cultivan el canto.

“La intuición del cantante es una particularidad que resalta en quienes tienen las condiciones para el canto”.

LA VOZ CONCEBIDA COMO EL INSTRUMENTO MÁS SUBLIME

La voz es el instrumento más sublime de todos, ya que se ve influenciada no solo por lo que sentimos al momento de cantar, igualmente se verá influenciada por nuestro descanso nocturno, el estrés  los alimentos que ingerimos, así como por nuestro estado anímico.

Posteriormente a ello, es necesario aprender a emplear a la hora de cantar todos los músculos de la espalda, y las cavidades resonadoras de nuestra cara, así como también aprender a utilizar nuestro cuerpo como una gran caja resonadora a la hora de cantar.

Para ello, es menester recibir clases de un buen docente de canto. Ese profesor, es quien nos ayudará a explorar las emociones y capacidades físicas a la hora de cantar.

“EL CANTO ES UN PROCESO”

-¿Es un camino árido el de la formación en el canto?

-“Se torna muchas veces bastante difícil, cuando estoy con mis alumnos en varias oportunidades les digo que el aprender canto no es como cualquier otra especialidad, sino que el aprender canto forma parte de un proceso.

Están inmersos tanto en psiquismo como la parte emocional y la voz, ésta última está íntimamente relacionada y ligada a lo afectivo porque desde que nacemos, la voz está ligada a todos los estados de ánimo que tiene el cantante.

A veces hay problemas en un alumno que no avanza en la técnica y  muchas veces tiene que ver con su situación emocional o psíquica.

En la medida en que uno comienza a trabajar la voz técnicamente, es bueno que se trabajen otros aspectos como el de apostar a una mentalidad positiva”.

SU EXPERIENCIA PERSONAL EN “CASTING” Y “SOÑANDO POR CANTAR”

Julio Daniel fue seleccionado entre numerosos cantantes para participar en el 2002 del programa televisivo emitido por canal 12, “Casting” y rescata dicha experiencia.

“Yo ya estaba estudiando en la Escuela Nacional de Arte Lírico y fue mi primera vez en la televisión, quedamos cuatro ganadores en esa oportunidad; Valeria Lima, Natalia Cafrée, Marcelo Bidart y yo.

Recuerdo que se sorteó un viaje a España que se lo ganó Valeria Lima por la votación del público”.

“Aprendí a manejar algunos aspectos que no los había adquirido de la escuela, si bien participé y canté para el SODRE. La televisión es diferente y allí desarrollamos lo que se conoce hoy por performance, que es la ecuación entre lo que veo y lo que escucho”.

“Pasa en ocasiones que a nivel de imagen lo que se ve no es demasiado bueno, pero sí lo que se escucha o viceversa. Siempre tiende a llevarse el mayor reconocimiento el artista que luce una buena imagen y se escucha bien”.

“El verme en la televisión me ayudó a mejorar y hacer una autocrítica positiva.

Con Casting tuvimos la suerte de viajar por todo el país.

Son experiencias que nos permiten ir madurando y todas las cosas que pasan y parecen ser negativas en un principio, se rescata el aprendizaje como ecuación final.

Su pasaje por “Soñando por Cantar” le valió también un reconocimiento que sumó puntos a su carrera profesional y artística”.

“Cuando le preguntamos a Julio Daniel González si se puede vivir exclusivamente de la música sostiene que sí, que todo está en lo que cada uno desee lograr”.

“Está realizando talleres aquí en Salto y se tiene previsto que los mismos continúen cada quince días en el local de Asdemya (Asociación de Músicos).

Me llama la atención del gran nivel de artistas del interior y fue el móvil que me trajo a dar clases, aparte me hubiera gustado que en la época que comencé alguien me hubiera brindado formación en mi lugar de origen, pues no es fácil desprenderse de los afectos y emigrar a la capital cuando se es joven”.

“Erróneamente se cree que el canto es para unos pocos, cuando en realidad es para muchos, se debe contar con el gusto por la música, una voz sana y un oído musical y podemos comenzar en cualquier estadio de nuestra vida.”

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Juan José “Chochó” Escobar y sus reminiscencias del Salto de otras décadas

“Nací en un barrio de balcón y luna”… comienza la entrevista tarareando la letra de un tango cuando queremos hurgar en sus vivencias… se refiere al barrio Zona Este de nuestra ciudad, lugar donde dio sus primeros pasos, concretamente en la calle Washington Beltrán y luego se mudó hacia el barrio Progreso donde cumplió con su etapa escolar.
“Luego nos vinimos para el centro, a una cuadra de Plaza Artigas… fue cuando empecé a laburar como tantos, muchos años trabajé en El Espinillar, como administrativo y viví aquella época brava cuando andaba Raúl Sendic, el tiempo de los cañeros, de la UTAA y de las marchas… entré con 18 años a trabajar”, nos recuerda.

“Nací en un barrio de balcón y luna”… comienza la entrevista tarareando la letra de un tango cuando queremos hurgar en sus vivencias… se refiere al barrio Zona Este de nuestra ciudad, lugar donde dio sus primeros pasos, concretamente en la calle Washington Beltrán y luego se mudó hacia el barrio Progreso donde cumplió con su etapa escolar.

“Luego nos vinimos para el centro, a una cuadra de Plaza Artigas… fue cuando empecé a laburar como tantos, muchos años trabajé en El Espinillar, como administrativo y viví aquella época brava cuando andaba Raúl Sendic, el tiempo de los cañeros, de la UTAA y de las marchas… entré con 18 años a trabajar”, nos recuerda.

SU VINCULACIÓN A CANAL 8

Luego la vida lo fue llevando por distintos caminos y oportunidades, en Canal 8 se desempeñó en la parte publicitaria y también cumplía otras funciones.

Un tiempo que él describe con humor como la “televisión a pedal” y lo que hoy se conoce como un equipo de video era en aquel momento un par de carretes de cinta ancha que pesaba cada una veinte kilos, una batería de auto.

“Recuerdo los espectáculos denominados “Reinas del Sol” que organizaba la empresa Nivea, y enviábamos a desfilar muchas de las reinas, también a Piriápolis, al parador Las Grutas, épocas muy lindas.


“EN LA MÚSICA DESPUÉS DE LOS GRANDES GRUPOS, LAMENTABLEMENTE NO SURGIÓ NADA RESCATABLE”

-¿Cómo se da en su vida la inclinación por rememorar otras épocas?

- “Lo que sucede es que aquí en Salto hubo una especie de gran bache musical… era la época en que se terminaban los Beatles, los Iracundos, Nicola Di Bari, esos grandes grupos musicales como Los Wawancó y quedó un vacío.

Se murió el creativo, murió la poesía y murieron los grupos.

No surgió nada rescatable después.

Una gran masa de público tampoco se adaptó a las canciones superficiales que surgieron después.

Un día compartiendo un asado con los amigos, entre trucos y vino comenzamos a escuchar la radio y no encontrábamos nada que nos atrajera, no estaban Los Beatles.

LO QUE LA HUMANIDAD LE DEBE A LOS BEATLES

Si serán grandes Los Beatles que la Humanidad les debe el que hayan hecho una fundación con fondos especiales para la Medicina y propiciaron un gran adelanto científico; dos científicos fueron ayudados por ellos para poder concluir el tomógrafo computarizado.

Fue así que me decidí a ir a Radio Arapey para armar el programa. La música es como la poesía, no tienen edad.

Por ejemplo, poesías de Federico García Lorca que son de tantos años atrás, permanecen frescas.

Grandes músicas que en su momento fueron populares, hoy son clásicos.

“UNA CIUDAD COMO SALTO NO VAMOS A ENCONTRAR EN NINGÚN LADO”

-¿La gente es muy participativa en el programa?

-“Fuimos diez días a la playa a Punta Colorada y nos llovió… me llegaban mensajes permanentemente al celular, gente de varios puntos del país… al programa lo ven más de doscientas veinte mil personas, de Tacuarembó, Rivera, Paso de los Toros, Artigas. Hasta las monjas me escribieron.

Hubo un mensaje que particularmente me emocionó, recuerda y no puede dejar de conmoverse “Loco, gracias por la ventanita de libertad que nos das”, fueron los presos de la cárcel de Salto.

La música rememora momentos, vivencias, la gente bailó, se conoció, se enamoró, se casó, con esa música.

Una madre pidió que saludara a su hijo de quince años que también le gusta el programa.

Pero “Chochó” admite que también le gusta otra música, más actual, “porque también sigue habiendo algo de buena música hoy”. Me gusta la música de No te va Gustar y de Bajo Fondo.

Hay cosas excelentes que se están haciendo.

Salto es una ciudad preciosa, tengo el privilegio de decir que conozco todo el Uruguay, menos Durazno y Florida.

Ciudad como esta no vamos a encontrar en ningún lado, con la calidad de vida que tenemos aquí.

Salto y los salteños tenemos el privilegio de podernos disfrutar del agua mineral, de bañarnos durante todos los días del año, con el agua termal (mineral).

Pero le falta algo a esta ciudad, la impronta cultural, la oferta cultural es escasa.

Tenemos un teatro maravilloso, pero se llena de murciélagos, tenemos un Ateneo divino, pero debe estar lleno de mosquitos, tenemos el Parque Harriague. Una mujer una noche metió quince mil personas allí…Rafaella Carrá.

En cambio en la capital del país, tenemos una oferta fuerte.

“RAÍCES, PIEL Y VIDA”

-¿La gente llama para pedir algún tema musical y también para compartir vivencias?

-“Efectivamente, nos comparten lo que vivieron con determinadas canciones, por ejemplo los bailes de Carnaval que ya no existen más en un Universitario que tampoco  existe más.

El Marqués de las Cabriolas ya ha quedado atrás, las mascaritas desaparecieron, aunque hay un carnaval muy atractivo que tiene mucho poder de convocatoria.

Antes la gente se disfrazaba y salía a disfrutar por calle Uruguay.

Hoy mis hijos quieren escuchar la música con la que nos conocimos nosotros, sus padres… y ello lo logra la magia de la radio y la televisión.

De radio tengo mucho material y en televisión, se hace camino al andar.

Con la música pasa lo mismo que con la poesía, la gente no lee porque vivimos en un mundo apurado loco, pero es algo que no pasa de moda.

Es un abanico muy grande que consta de tres palabras; raíces, piel y vida”.

Chochó no se considera una figura importante dentro del ámbito de la comunicación, y si no que la relevancia la reviste – de acuerdo con sus apreciaciones – la propia gente, quienes están detrás de la pantalla y no los puedo ver.

“La gente es la riqueza de las empresas, el lector, en el día a día… repite una y otra vez que la música tiene magia.

¿Saben cuál es el mayor poder de convocatoria de esta ciudad? ¿Las Termas? ¡No! Es el río.

Ésta es la única ciudad del Uruguay donde el río toma curvas y forma de cintura de mujer, agrega.

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Un joven profesional que cumplió su sueño y tiene un futuro promisorio

La mayoría de los niños quieren ser superhéroes o
justicieros a su manera, jugando siempre a ser bomberos
o policías. O al menos siempre quieren arreglar el mundo para hacer que las cosas justas sean las que prevalezcan,
y para esto eligen seguir un camino que los lleve lo
más cerca posible a encontrarse con sus ideas.

La mayoría de los niños quieren ser superhéroes o justicieros a su manera, jugando siempre a ser bomberos o policías. O al menos siempre quieren arreglar el mundo para hacer que las cosas justas sean las que prevalezcan, y para esto eligen seguir un camino que los lleve lo más cerca posible a encontrarse con sus ideas.

Sin embargo, esa motivación también habla de los valores de las personas, de la nobleza y del don de gente, algo que debe perdurar en el tiempo más allá de los avatares que nos presente la vida.

Pero esa nobleza determinó en ese ideal de justicia que muchas veces se ve menoscabado por cuestiones externas como el propiogaitan sistema, la falta de preparación de los operadores del mismo que los expone a cometer errores, o la negligencia como acto que conlleva injusticias consigo y aún así el ley motive apunta a no bajar los brazos.

Esa fue la meta que se propuso Rodrigo Gaitán cuando con 18 años de edad, se vino a Salto desde su Rivera natal para lograr su sueño, el de ser abogado. Llegó en el año 2004 y un año más tarde lo siguió su familia, con la que vive hoy en Salto tras haberse recibido y estar ejerciendo exitosamente la profesión, trabajando en el estudio Signorelli & Altamiranda y desde el 2012 es aspirante a docente de derecho laboral en la Regional Norte, como “forma de retribución a la Universidad por haberme brindado las herramientas para ejercer mi profesión”.

Tras obtener una beca junto a otros colegas suyos, está cursando una maestría en Derecho del Trabajo en Montevideo y a propuesta de sus compañeros representó a Uruguay en Venezuela y Ecuador el año pasado, donde expuso en dos foros internacionales de primer nivel en la materia.

“Siempre dije que venía del interior del país, y eso marcó la diferencia, porque la mayoría de mis colegas eran de las capitales”, contó en una entrevista que el joven y prominente abogado dio ayer para nuestra sección semanal Al Dorso.

EL PRINCIPIO

“Me acuerdo cuando era chico me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande y siempre decía que quería ser abogado. Me vine a Salto a estudiar abogacía en el 2004 con 18 años de edad, y me hice la carrera íntegra acá. Al año vino mi hermano y meses después en octubre se vinieron mis padres, porque ellos también extrañaban el desprendimiento de los hijos”, contó el Dr. Gaitán.

Se vio deslumbrado por la ciudad y decidió quedarse. “Salto me encantó, es una ciudad formidable acá existe algo en el ambiente que solo Salto lo genera y lo digo por experiencia. No es casualidad que en esta ciudad exista el doble de profesionales que en cualquier otra ciudad del interior del país, tampoco es casualidad que la mayoría de los que venimos de otro lado nos encantamos con Salto y elegimos quedarnos”, señaló.

Siempre tuvo la idea de los abogados litigantes que veía en las películas. “La idea de que ante una situación que era muy difícil encontrarle la solución, el tipo la peleaba, la buscaba y encontraba el tema de la argumentación, le buscaba la vuelta, la idea, para que eso que se creía perdido, hubiera una solución y se viera que no era tan así como se creía”.

Ahora también sabe que “existe una enorme distancia entre lo que uno ve como niño y después con la realidad. En mi caso no tuve un contacto con lo que es el sistema realmente hasta que estuve avanzado en la Facultad, no había pisado un juzgado nunca. La idea de justicia no siempre va acompañada con el ejercicio de la profesión, en el sentido de que uno siempre se pone la camiseta del cliente y de que se falle según la verdad, sino garantizando la mejor defensa y de que si se falla en contra de mi cliente, que sea después de transcurridas todas las garantías, por ahí también hay justicia, es decir, si se gana o se pierde pero siempre dentro de las reglas”, opinó nuestro entrevistado.

EL SISTEMA TIENE FALENCIAS

Para Gaitán el sistema judicial en general no vive una situación alarmante. Aunque opina que como toda institución del Estado tiene sus falencias y que a medida que van avanzando los tiempos, van saliendo a luz las fallas del sistema que estaban ocultas.

“En mi caso hago derecho laboral, ya sea asesorando empresas en la mayoría de los casos, como a trabajadores. El cambio en el mundo de las relaciones laborales producido en el país a partir del 2005, ha generado una conciencia de miles de derechos que le eran reconocidos a partir del año 2005, o que ya estaban reconocidos pero que los trabajadores no tenían esa información, y eso se volcó a los juzgados. Pero no existió una respuesta en recursos humanos y en el estudio y el aprendizaje de esa norma por parte de los operadores, principalmente de los jueces”, indicó.

Para el joven abogado en la actualidad los jueces “se ven sobrecargados de trámites y de procesos en los cuales les resulta imposible, que siendo quienes toman las decisiones, sepan llegar a ellas con las especificidades que tiene esa materia. En el sentido de que hoy, como también se necesitan jueces, muchos de ellos no tienen ni los medios, ni los tiempos necesarios, como para especializarse en la materia en las cuales deben tomar decisiones y entonces se torna muy difícil muchas veces que el proceso tenga todas las garantías y que uno sienta en el ejercicio de la profesión cuando lleva adelante un caso, que se agotaron todos los medios para fallar a favor o en contra de esa situación. Creo que en ese sentido, el sistema judicial tiene unos huecos muy importantes”.

Si bien ponderó el funcionamiento del sistema judicial local, dijo que la generación de normas fue mucho más rápido para los tiempos que tendrían que tener los operadores, para poder conocerlas y saberlas aplicar.

ABRIENDO PUERTAS

Rodrigo Gaitán junto a otros dos abogados salteños (Roberto Burutarán y Sebastián Molteni) se encuentran realizando una Maestría en Derecho del Trabajo y Seguridad Social, en la sede de la Universidad de la República en Montevideo, donde tras concursar, obtuvieron una beca.

A través de la misma según dijo, se le “abrieron puertas” que le depararon ser elegido para representar al país en el Seminario Internacional de Derecho del Trabajo, que se llevó a cabo en el mes de abril del año pasado en Isla Margarita en Venezuela.

“Hubo un llamado para una beca por país y si bien la inmensa mayoría de las personas que se presentaron eran de la capital del país, tuve el privilegio de ser seleccionado siendo el único del interior que se había postulado. Tuve la posibilidad de intercambiar con juristas, sociólogos y otros profesionales del continente, en una experiencia que me enriqueció mucho. Incluso en ese momento, Venezuela estaba viviendo momentos muy especiales porque hacía un mes de la muerte de Hugo Chávez y había transcurrido un nuevo proceso eleccionario en el país, a lo que nos pusimos a analizar cómo incide el derecho en la sociedad”, contó.

Tras su participación en ese foro llevado a cabo en el país caribeño, logró una nueva beca para participar el pasado mes de octubre en la ciudad de Guayaquil, en Ecuador, en otra instancia internacional donde “nuevamente fui representando a Uruguay a exponer unas ideas que había manifestado cuando estuve en Venezuela, pero esta vez lo hice en el Congreso Regional Americano  con gente de todo el continente. Fueron instancias de mucho intercambio y también importantes para saber cómo está posicionado el país en algunas cosas. Pero lo importante es tener la opinión de afuera de cómo está posicionado y cómo es visto el país en general”, dijo.

A raíz de su participación en ambas instancias internacionales, fue invitado este año para participar nuevamente del congreso internacional en Isla Margarita, Venezuela. Aunque esta vez no lo hará como asistente, sino como expositor.

LA LIBERTAD, UN CONCEPTO MUY DIFÍCIL

Al ser consultado sobre este punto, Rodrigo Gaitán dijo que para él la libertad “es un concepto muy complicado, porque en primer lugar es un derecho, pero para gozar del mismo se requieren  una serie de elementos y de medios sin los cuales ejercer la libertad en toda su amplitud se torna imposible”.

Consideró que respecto a los conceptos de libertad de expresión y de pensamiento, nuestro país “en ese sentido está bastante bien y lo viví en otros países, creo que en eso Uruguay está pasando por un grado bueno en ese aspecto”.

Asimismo reconoció que en cuanto a la libertad como “concepto de autodeterminación de una persona, en el sentido de la libertad de la persona para realizar aquellas acciones que estima pertinente, o no hacerlas por ciertos motivos, creo que ahí juegan un rol muy importante los medios de comunicación en el sentido de garantizar la libertad de la gente en general, hablando de la libertad de expresión y haciendo hincapié en aquellos casos en que la libertad se pueda ver afectada”.

Aunque así mismo está de acuerdo con que el “consumismo y el sistema globalizado a través de las redes sociales y demás, imponen en cierta medida el direccionamiento de la conducta de la gente, marcando tendencias y determinando acciones y eso sí en cierta medida, afecta la libertad de las personas”.

Rodrigo Gaitán dijo estar “feliz” de haber logrado su sueño de ser abogado, y de poder ejercer la carrera con todo lo que eso implica, “hay días de satisfacción y otros no tanto, pero estoy feliz de poder hacerlo”.

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Desde su faceta de madre trabaja activamente por la inclusión social de personas con Síndrome de Down

Beatríz de Rezéndez, la entereza para
asumir un desafío especial…

Beatríz de Rezéndez, la entereza para asumir un desafío especial…

Criar los hijos tiene sus propios retos, más aún cuando se es madre joven y se debe afrontar el desafío de atender a un niño con necesidades especiales. Pero la vida nos da ejemplos día a día, de mujeres que con ahínco y tesón pueden ser multifacéticas y desempeñarse en muchos roles además de ser mamá.

En el caso de Beatríz de Rezéndez, debió conjugar su dedicación al trabajo, su rol de esposa, hija, hermana y activa luchadora de una organización social como la Asociación Down de Salto junto a su rol de ser madre y particularmente, madre de una hija con Síndrome de Down.

Tal vez por esa condición especial de la mujer, la naturaleza le da la posibilidad de ser madre porque sabe que a pesar de desempeñarse en muchos roles diferentes siempre podrá volcar sobre sus hijos ese amor de madre, de manera equitativa, amándolos a todos por igual, protegiéndolos bajo sus alas, dándole abrigo cuando lo necesiten y animándolos a dar pequeños saltos y volar en la medida de sus posibilidades.

Sin embargo, en muchos casos, cuando llega a la familia un hijo que requiere una atención especial o un mayor cuidado, puede provocar un quiebre emocional porque no es lo que se esperaba, pueden aparecer los miedos, los reproches, las culpas, la vergüenza, y desestabilizar a la familia.

Pero la naturaleza es sabia, expresa un dicho popular, y Beatríz sintió que fue elegida junto a su esposo Francisco “Pancho” Blardoni y su familia para afrontar ese desafío y seguir adelante, ser feliz con una hija con Síndrome de Down.

“Cuando los médicos nos dieron la noticia, lo primero que pedí fue quedarme sola con mi esposo y lo charlamos. Le dije – bueno, ¿qué vamos a hacer, cómo vamos a seguir? Y él me dijo, voy a estar contigo siempre, toda la vida, en las buenas y en las malas, vamos a salir adelante y vamos a ser felices. Creo que era eso lo que necesitaba, una palabra que me diera aliento para seguir adelante. Siento que tuve de parte de mi esposo ese compromiso de vida y la verdad que siempre fue así, él siempre me decía – Dios sabe porqué hace las cosas, si lo puso en nuestra familia es porque sabe que podemos seguir adelante, fuimos elegidos para encarar la situación y poder demostrar nuestra capacidad de resiliencia-”, comentó Beatríz con emoción.

“LA NOTICIA” Y EL PROCESO DE APRENDIZAJE

Sin embargo a Beatríz le llevó un tiempo adaptarse a este nuevo rol de mamá primeriza de una niña con Síndrome de Down.

Recordó su primer embarazo con apenas 21 años, “todo el embarazo fue normal, con un hermoso parto, en dos horas y media y sin ningún tipo de complicación nació Cecilia, lloró al nacer, me acuerdo que fue a las tres de la mañana con un gran frío con tres grados bajo cero, un frío impresionante. Ahí me dijeron que había que llevarla a la incubadora porque se podía enfriar porque hacía mucho frío. A las diez de la mañana no me decían nada, toda la familia estaba tranquila, nadie me comentó nada, mi esposo estaba tranquilo, aunque dicen que hizo crisis. A esa hora el médico pidió para hablar con nosotros y nos dio la noticia, que no fue muy bien encarada, no fue muy bien dada”, comentó.

En un primer momento Beatríz lloró, lloró mucho, recuerda que aparecieron las típicas preguntas “¿por qué a mí?” El miedo a que su frágil matrimonio con apenas un año de casados pudiera quebrantarse. Recuerda un período de depresión en que pasaba encerrada en su casa, había contraído congestión a raíz del frío al momento del parto y eso le dificultó aún más su adaptación al nuevo rol.

“Los primeros días sobre todo estuve un poco depresiva, porque además tuve congestión del frío que pasé en la sala de parto, no podía estar mucho con mi niña, cuando la tenía en mis brazos era con tapabocas, y toda esa circunstancia hizo que me costara más salir. Pero un día hay que reaccionar. Mi marido me dijo -¡no te quiero en chancletas, quiero verte bien, quiero la Beatríz de antes! Y con ese llamado de atención, pude reaccionar, y era cierto, no podía con esa edad quedarme así. Después la llamé a mi mamá y le pedí si ella me podía ayudar que la iba a necesitar, que no podía sola y tuve la contención de toda mi familia, mi madre, mis hermanos y la familia de mi marido”, aseguró.

La llegada de Cecilia, lejos de quebrar a la familia la unió más que nunca, Beatríz encontró el apoyo que necesitaba y al mes y veinte días de vida de la pequeña viajó con su esposo a Montevideo en busca de un especialista que tenía un equipo de intervención temprana. “Ni bien el médico la vio, dijo que por la luz que veía en sus ojos le notaba que era una niña muy perspicaz y muy inteligente, y eso había que explotarlo.  Me explicó cómo el cerebro se va desarrollando, que hay que alimentarlo, que el alimento son los estímulos que hay que desarrollarlos desde los primeros días de vida. Me explicó cómo se hacía, a través de los sentidos, del agua que cae, de los sonidos, de los sabores y aromas de la comida, de muchas maneras, a través de la piel, del tacto. Tenía que hacerme manoplas de diferentes texturas para que sintiera el contraste entre lo suave y lo áspero, hacerle sentir la diferencia entre lo dulce y lo salado, igual con el oído, fue todo un proceso de aprender juntas” explicó.

El amor de madre como convicción primordial

Beatríz tuvo que afrontar nuevos desafíos, tomar la decisión de tener más hijos y aceptar consecuentemente con ello nuevos retos, haciendo un impasse en su trabajo para dedicarse de lleno a su familia.

El segundo embarazo fue buscado, sobre todo porque la llegada de un hermano o hermana a Cecilia le haría mucho bien. “Cuando quedé embarazada de mis otras hijas no quise hacerme el estudio genético para saber si tenía el Síndrome de Down. Yo no tenía miedo, el miedo me lo daba la gente, las presiones del exterior, cuando me decían -¿por qué no te hacés esto o lo otro? ¿Mirá si te pasa de nuevo?- Y eso hizo que los primeros tres meses de embarazo fueran una tortura, porque había que tomar la decisión de si se hacía el estudio genético o no. Mi esposo me dijo -yo por mi no me lo haría pero si vos querés te apoyo-. Entonces yo me pregunté, si me hago un estudio genético y me dicen que es un niño con síndrome de Down, ¿lo abortaría? No, no lo abortaría, porque eso sería tomar mi otro bebé de dieciocho meses y darle una puñalada por la espalda directo al corazón y eso yo no lo deseaba de ninguna manera porque yo la amaba con todo mi corazón. Entonces decidí no realizarme ningún estudio y aceptar lo que Dios me diera”.

Así, nacieron sin ningún tipo de problemas, Rita (a los 18 meses de haber nacido Cecilia) y María Inés (a los cuatro años de nacer Rita).

De sus tres hijas, Beatríz tiene anécdotas y recuerdos muy particulares con cada una de ellas, pero destacó sobre todo la unión entre las tres hermanas. Así, comentó que Cecilia compartió el Jardín con Rita y sus primeros años de liceo con María Inés, algo que marcó de una manera especial etapas muy importantes para las tres hermanas.

Actualmente, Beatríz retornó a su actividad laboral, tiene dos nietos, un varón de 3 años y una niña de 6 años, que han venido a iluminar la familia con sus risas y travesuras, trayendo sosiego a 32 años de matrimonio con un sinfín de desafíos, alegrías y tristezas, como suele dar la vida, sea cuál sea la que nos toque vivir. “Hubo un período de mi vida en que la faceta de madre lo superó todo y no estoy arrepentida porque creo que hay una etapa en la vida de nuestros hijos en que la madre es fundamental y más que nada cuando hay un niño especial que requiere cuidados, gracias a Dios que pude hacerlo”, reflexionó.

Aunando esfuerzos en la Asociación Down de Salto

Beatríz comenzó a incentivar el desarrollo de la Asociación Down de Salto, y junto a un grupo de padres, familiares e integrantes de la sociedad en general, se conformó una asociación que lucha por la inclusión social y la mejora de la calidad de vida de las personas con Síndrome de Down.

“Cuando nació mi hija, el tema de la discapacidad y del síndrome de Down era un tabú, había un desconocimiento total, era algo de lo que no se hablaba, no sé si por la vergüenza, por el esconder o qué. Como yo había dejado de trabajar, pude dedicarle todo mi tiempo a Cecilia, informarme, porque en esa época no había internet y pude consultar con médicos, me hice suscriptora de un semanario que se llamaba La Voz y hablaba todo sobre discapacidad, y ahí me iba poniendo al tanto de los adelantos en otras partes del mundo. Así, me informé que en la década del 70 nacieron en otras partes del mundo los primeros movimientos asociativos sobre este tema y se veían logros muy importantes. Entonces yo me pregunté, si eso se puede hacer en otros lugares ¿por qué no lo podemos hacer aquí? Fue así que pasó el tiempo, empezamos a trabajar y formamos la Asociación Down de Salto”.

El 31 de octubre de 1995, en el Ateneo de Salto, se realizó una charla con especialistas en el tema, donde se brindó información y se dieron pautas sobre cómo trabajar con los niños con Síndrome de Down. De allí un grupo de padres decidió unirse para trabajar por ese tema y la primera reunión para conformar una comisión se llevó a cabo en el local de AEBU (Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay), oportunidad en que concurrieron maestros, padres y familiares de niños son Síndrome de Down, médicos, y demás personas de la sociedad para aunar esfuerzos bajo la misma causa. Sin embargo la personería jurídica recién la obtuvieron en el año 1997. “Nos costó muchísimo hacerlo, en aquel momento era todo muy difícil, y de esa comisión hay muchos padres que continúan hoy en día, algunos se han ido y han vuelto y otros son más constantes. Pero hay un grupo que está, apoya y trabaja mucho”, dijo Beatríz.

Actualmente la asociación tiene su sede en el local de la Oficina de la Juventud de la Intendencia de Salto, en calle Brasil 1275. “Nos cedieron un espacio para estar allí que hoy nos está quedando chico porque los talleres que se dictan allí van muy bien. De la exposición del taller de pintura que se hizo el año pasado no quedó ningún cuadro. Eso es fundamental, que sean reconocidos por lo que pueden hacer, porque eso estimula su autoestima. Pero además queremos que les permita relacionarse con otros grupos del arte como por ejemplo las Bienales, a los que no estamos integrados y demostrar que se puede. Que la gente vea que hay que darles oportunidades para que puedan seguir integrándose y dando todo lo que tienen para dar que es mucho”, concluyó Beatríz.

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Aquel mural de su San José que marcó su vida desde muy joven

El maestro Carlos Calisto, Director de la ACJ Salto posee una rica experiencia como lider de la institución a la que se vinculó siendo niño, pero también  tuvo que desempeñarse fuera de la institución, dado que con la crisis del 2002, la ACJ de Buenos Aires le dejó sin trabajo y hubo que salir a buscar el sustento de su familia.

En diálogo con EL PUEBLO, ambientado por la algarabía de los niños que disfrutaban de sus vacaciones compartió su experiencia personal.
Ingresó a la ACJ en San José con 11 años “porque mi madre era directora en la escuela rural en  Carretón a 13 km de la ciudad de San José.  Soy el mayor de 3 hermanos varones, terminé la escuela, tenía que hacer el liceo -ahí no se preguntaba, había que hacerlo- y nos vinimos al pueblo. Mi madre después viajaba a la escuela, y con 11 años, después de haber estado 5 años en campaña vine a la ciudad, que, salvando la distancia, una ciudad de 28 mil habitantes (era) muy pequeña comparada con la ciudad de Salto, de todas formas para quien viene del campo, perdido, era enorme.
La verdad que la ACJ de alguna manera me salvó la vida, porque me dio un segundo hogar.
Ingresé cuando tenía 11 pero cumplía en setiembre, entonces siempre estuve 8 o 9 meses en desfasaje con el resto, era el menor del grupo.
Empecé el liceo, empecé a participar de las clases de liceales, 3 años después empecé el preliderato, donde los gurises empiezan a mostrar algún tipo de voluntad o inclinación por ayudar, por colaborar…

En diálogo con EL PUEBLO, ambientado por la algarabía de los niños que disfrutaban de sus vacaciones compartió su experiencia personal.

Ingresó a la ACJ en San José con 11 años “porque mi madre era directora en la escuela rural en  Carretón a 13 km de la ciudad de San José.  Soy el mayor de 3 hermanos varones, terminé la escuela, tenía que hacer el liceo -ahí no se preguntaba, había que hacerlo- y nos vinimos al pueblo. Mi madre después viajaba a la escuela, y con 11 años, después de haber estado 5 años en campaña vine a la ciudad, que, salvando la distancia, una ciudad de 28 mil habitantes (era) muy pequeña comparada con la ciudad de Salto, de todas formas para quien viene del campo, perdido, era enorme.

La verdad que la ACJ de alguna manera me salvó la vida, porque me dio un segundo hogar.

Ingresé cuando tenía 11 pero cumplía en setiembre, entonces siempre estuve 8 o 9 meses en desfasaje con el resto, era el menor del grupo.

Empecé el liceo, empecé a participar de las clases de liceales, 3 años después empecé el preliderato, donde los gurises empiezan a mostrar algún tipo de voluntad o inclinación por ayudar, por colaborar…

Aquel mural que lo marcó

“Son de las cosas que a uno lo forman y uno se da cuenta con los años”

En la ACJ de San José había unos murales que separaban un salón social, que estaban pintados por Hugo Nante, un maragato pintor espectacular.

Eran dos murales, uno una mano con un  puño cerrado, y la otra con una mano abierta que decía: Solo se pierde lo que se guarda, solo se gana lo que se da”., porque la mano que está abierta para dar, es la única que puede recibir, la mano que está cerrada no va a recibir nunca nada.

Esas son cosas que me marcaron en mi vida.

En la ACJ fui líder, trabajé con grupos a cargo, estudié magisterio y me recibí con 19 años como maestro.

Ingrese al instituto de formación docente de San José cuando se oficializó, tuve doble suerte, pude ingresar en la generación que podía ingresar sin terminar bachillerato. Teníamos que tener más de muy bueno de promedio los 4 años de liceales; de todas formas reconozco que cuando me recibí de maestro con 19 años era una inconciencia estar frente a una clase, por la actitud personal y la madurez que uno puede tener.

De todas formas trabajé muy poco como maestro, porque salí con la promoción 71, y ya vivíamos años de un Uruguay10 2 14 024 complicado, y era muy difícil la vida del magisterio.

Hacíamos prácticas de entrada al magisterio, y ahí debe ser la segunda vez que la ACJ me salvó la vida, como yo tenía experiencia en recreación, la parte de trabajar con los chiquilines no me resultaba nada complicado, me resultaba muy fácil.

Maestro porque era lo que podía hacer, pero luego me gustó…

Si bien me gustaría haber estudiado arquitectura, banco, magisterio era la única carrera que había en San José, pero el mayor de tres hermanos y tenía que aportar a la casa,  reconozco que después me gustó y a lo largo de mi vida, creo que todo lo que he hecho, la impronta docente me ha marcado, he tratado siempre de pararme en su lugar.

Soy de los que cuando me recibí de maestro, salía con la idea que con la educación uno le ponía un mango al mundo y lo hacía  girar, y si bien reconozco que es una enorme dificultad eso, sigo pensando que es casi a única herramienta posible para cambiar el estado de esta civilización que vivimos cada vez más incivilizada.

Me recibí en el 71, en el 72 hice suplencias, me faltaron 0,25 puntos para la efectividad, si no mi vida hubiese sido otra,  y al año siguiente me ofrecen en al ACJ, hacerme  cargo -con un sueldo- de la dirección de programa. Había un director general en San José, excelente amigo que me enseñó mucho, y trabajé hasta el 75, cuando éste muchacho concursa y se va  a un cargo internacional, y como yo era el segundo, en una reunión de la comisión directiva, se comentaba quien quedaba, y ahí dijeron, bueno… que quede Calisto…

Fue el Director de una ACJ más joven de latinoamérica

En ese momento tenía 24 años, yo fui el director de una ACJ en su momento más joven de latinoamérica, inclusive aún en Centroamérica donde eran sociedades muy jóvenes.

Me hice un juramento interno de demostrar que podía, como un desafío de demostrarle a aquella gente, gente grande, reconocida en el medio, gerentes de bancos, empresarios, profesionales de demostrarles que podía asumir la función

La ACJ en aquel momento tenía entre 650 y 700 socios, en una ciudad que tenía en aquel tiempo 28 mil habitantes. Nosotros fuimos en los años  80, la ACJ con mejor relación socio habitante, dado que una revista que se llamaba “Confederación” y la imprimia la Confederación Latinoamericana de las ACJ, sacó una suerte de ranking y la ACJ de San José era la que tenía mejor relación “socio por habitantes” de toda latinoamérica.

Este fue un tema que nos llevó a tener discusiones también con Montevideo, que sintiéndose la más grande del país, con10 mil socios y demás, relativiza la importancia de las instituciones de otras partes del país y creen que el país termina en las fronteras de Montevideo, Felizmente este concepto hoy aparece bastante superado.

En este sentido y como docente es de las cosas que discuto, porque entiendo que el lenguaje tiene un fuerte contenido y por lo tanto discuto la validez de aquello de que somos del Interior, porque lo opuesto al Interior es el Exterior y entonces Montevideo estaría fuera del país, es decir en el Exterior, esto lo digo aún teniendo en cuenta que soy nacido en Montevideo, porqueme trajeron a San José con 5 años..

Desde el 75 al 96 gestioné la ACJ de San José, pasé todo el período de la dictadura, que no fue fácil por el hecho que las instituciones sociales estaban muy limitadas y además en San José el edificio de la ACJ está al lado de la Jefatura de Policía y  por lo tanto hasta cuando se hacía una raviolada había que pasar frente a la Jefatura.

Los años “complicados” y el pasaje por Buenos Aires

En ese entonces teníamos gente de “Inteligencia” de Jefatura parada en la puerta de la ACJ para ver la gente que asistía a una comida, a unos ravioles o similar. Fueron tiempos complicados. Recuerdo que una vez pusimos una frase del Papa, creo que Pablo VI fue que dijo “Si quieres la paz defiende la Justicia” y nos vinieron a preguntar por qué habíamos puesto ese pasacalle, ante lo cual les contesté “vayan a preguntarle al Papa”.

En el 96 me ofrecieron ir a Buenos Aires. Era la tercera vez que me ofrecían ir a trabar a la ACJ mal llamada de la República Arentina, porque en el vecino país es la única ACJ que funciona,dado que las otras dos que había en Bahía Blanca y otra en Rosario, que por diferentes motivos fueron absorbidas por otras instituciones.

Así llegué a Buenos Aires y a los porteños les decía que yo me consideraba un ser casi pre histórico frente a ellos, porque estaban mucho mas avanzados que nosotros. Por ejemplo el tema de la computación yo lo aprendí todo allá porque eran recursos que aquí no habían llegado aún. En el 2010 asumí el cargo en Salto. Antes había estado colaborando con charlas  en materia de formación y de desarrollo cooperativo, con la experiencia con pescadores artesanales que se hizo en Constitución y antes con la experiencia de agricultura orgánica en Salto Grande.

Es así que llegué a Salto después de mi periplo por Buenos Aires. Allí trabajé en la ACJ hasta el 2002, cuando quienes estaban al frente de la institución allá, ante la crisis del 2002 decidieron reducir el personal, que en ese momento éramos 21 y yo que ya estaba con esposa y cuatro hijos, me vi de pronto sin trabajo, arrendando un apartamento y demás.

Yo me quedé sin trabajo y hasta el 2002 seguí viviendo en Buenos Aires, por terquedad, porque Dios así lo quiso y porque tengo una familia que me hizo siempre el aguante, buscando trabajo y haciendo lo que podía.

La posibilidad de venir a Salto

Cuando en el 2008 la colega que estaba en Salto, Carla Ausán, una chica de San José que conocía desde niña y se volvía allí a dirigir la ACJ de aquella ciudad, luego de estar casi ocho años en Salto, me llamó para decirme si quería volver y hacerme cargo de Salto.

Mis hijos -los tres mayores – se quedaron allá. Soy un agradecido a la ACJ porque me ha dado mucho, pero hay que sincerarse con esto. No podemos enojarnos con las instituciones, porque los dirigentes pasan y las instituciones permanecen. Personalmente estuve muy enojado con la ACJ cuando me dejaron sin trabajo, pero después entendí que no era la institución la que me dejaba en la calle, sino los dirigentes que estan en esos cargos.

En Buenos Aires estuve trabajando en varias cosas. Formamos una cooperativa de las villas 21 -24 de recolectores y recicladores a partir del hecho de que la empresa recolectora no entraba en las zonas consideradas de riesgo y las villas lo son. Conformamos una cooperativa que se encargaba de recolectar en la villa y depositábamos luego en los recolectores de la empresa en el límite hasta donde había contenedores. Negociamos esta actividad con la empresa, porque a ella le pagaban por kilo recolectado y logramos una actividad laboral para varias personas.

Una anécdota. Las calles internas de las villas eran muy angostas y los carritos urbanos no podían ingresar allí. La experiencia de los carritos la sacamos cuando una vez caminando por estos pasillos vimos pasar a alguien con un carro finito y largo con dos ruedas de bicicletas -eran usados para retirar los féretros, porque no había otra forma – eso nos dio la idea, hicimos nuestros propios carritos y con ellos nos dedicamos a la recolección y el reciclaje de la basura.

Esto en una apretada síntesis de un hombre que tiene mucho para compartir y sembrar y a quien se le nota hasta por los poros que está en algo que le gusta y gusta compartir, sobre todo con los niños y los jóvenes.

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Don Paulino, un personaje pintoresco

Eran alrededor de las seis de la tarde cuando ingresamos en el pueblo.  El calor lejos de declinar arreciaba y no había nadie en las calles. Inmediatamente el panorama y la tranquilidad de pueblo Belén, pueblo al que además ahora se le sumaba el agregado de no tener agua potable ni luz eléctrica debido a una gran tormenta que había pasado por allí el día anterior, me hizo pensar en algunos pueblos de la literatura latinoamericana en donde el calor y la soledad durante la tarde eran cosas cotidianas.

En determinado momento y cuando pretendíamos obtener el testimonio de algunos comerciantes de Pueblo Belén, que debido al corte de energía eléctrica y a la falta de agua habían sufrido la pérdida -en algunos casos casi totales- de los productos que vendían en sus comercios, se acercó hasta nosotros un hombre que tras un fuerte apretón de manos y casi de inmediato, se nos presentó como Paulino Larrosa Batista, un hombre que derrocha simpatía, dicharachero y presto para hacer amistades. Enseguida comenzó a preguntarnos sobre nuestra visita a su pueblo,  y cada tanto detenía sus preguntas para recitarnos algunas canciones en portugués. En suma todo un personaje de esos qué son muy conocidos y queridos por todos en los pueblos, Paulino nos contó algunas experiencias de su vida y de su andar de aquí para allá, historias que recabamos y que presentamos a continuación en nuestra sección semanal “AL DORSO”.
VIVÍ EN BELÉN DURANTE
TODA MI VIDA
Con una indumentaria casi paisana al momento de la conversación y parado en la esquina de un boliche del pueblo, Paulino nos contó que nació en Cuaró Grande, una pequeña localidad ubicada en el departamento de Artigas, el 26 de enero de 1934, por lo que acaba de cumplir sus 80 años, aunque su figura y sobre todo susimpatía le ayudan a disimular muy bien sus 80 pirulos.
“Yo Nací en Cuaró dentro de una familia común y corriente, y a los pocos años de haber nacido ya nos vinimos a vivir con mis padres aquí a pueblo Belén, más que nada en la periferia del pueblo, en el campo. Así que me crié en esta zona, y pese a haber andado mucho de aquí para allá, viví toda mi vida en el pueblo, nos dice, siempre sin perder el humor. Muy querido y conocido por todos, las personas que pasaban ahora por allí lo saludaban y bromeaban con él.
DE OFICIO PELUQUERO
Nos contó también que aún sigue viviendo en la zona de chacras y pese a sus 80 años, aún realiza actividades campestres, aunque su verdadero oficio es el de peluquero. “Yo soy peluquero de alma, y corto el pelo desde que era muy joven luego de haber realizado algunos cursos que llegaban aquí al pueblo antiguamente. Así que siempre que me pedían ahí estaba yo con mis tijeras y demás artículos para cortarle el pelo a la gente y ponerlos bellos”. “Aún hoy realizo de vez en cuando algún que otro corte”.
Consultado sobre su familia actual, luego de recitarnos en portugués y de memoria “Corazón de luto” de Teixeirinha manifestó que es soltero y que nunca se casó, que vive solo, y que aún sigue buscando una compañera que esté junto a él,  nos dice entre risas.
MÚSICO Y ARTESANO
EN TIENTO
Sobre su veta de payador que pudimos comprobar en el lugar, pero además porque una vecina (que se encontraba sentada afuera disfrutando ahora de una leve brisa que empezaba a sentirse) le preguntó si quería que le trajera la guitarra o el acordeón, le preguntamos por sus conocimientos musicales.
“Bueno yo toco el acordeón y la guitarra, aprendí de oído y siempre se me hizo fácil la música; tanto así que lo he hecho animando algunas fiestas, sobre todo en casamientos y también en clubes bailables y todos se han divertido mucho siempre. Ahora, cuando llego aquí al pueblo muchas veces me pongo a tocar y a recitar un poco para entretener a los vecinos y a los amigos”.
“También soy artesano en tiento”, nos explicó, y se nos escapó hacia el interior del comercio como para ir a buscar algo. Enseguida regresó con uno de sus trabajos, un rebenque muy bien trabajado, que nos acercó como para confirmar lo que nos estaba diciendo. “Me voy rebuscando de muchas formas”, agregó.
“Ahora por ejemplo, la carne que tenía en mi casa se me pudrió por la falta de energía, y encima el agua, que siempre la sacaba de un pozo, ya no puedo sacarla porque el pozo agarró raíces  y se tapó, así que tanto la comida como el agua la he venido a buscar aquí al almacén. Qué le vamos a hacer no nos queda otra que aguantar, lo mismo que el calor, pero como yo nací en el mes de enero aguanto muy bien las altas temperaturas” nos dice inisnuando una sonrisa.
MARQUÉS DEL CARNAVAL
Por si fuera poco de su pintoresca vida nos contó además, que dentro de su amplio abanico de actividades, fue Marqués del carnaval durante alrededor de veinte años. Primero en las Termas del Arapey, y luego durante alrededor de cinco años en el carnaval de Salto junto a “Maravilla” Machado, a quien recuerda muy bien.
“Dentro de mis fascinaciones siempre estuvo el carnaval, así que salir bailando y ser reconocido por las personas que año a año acompañaban era una gran satisfacción. Pero además ver los colores, los trajes y sentir el ritmo de la música siempre me gustó mucho. Por eso comencé a salir desde muy joven y me prendí. En cada carnaval me preparaba mucho y me iba para las termas, o para la ciudad de Salto a disfrutar de una de las fiestas más lindas que hay en el Uruguay”, señala don Paulino, un personaje pintoresco, agradable y “entrador” como pocos, de los que suelen alegrar la vida en los pueblos del interior.

En determinado momento y cuando pretendíamos obtener el testimonio de algunos comerciantes de Pueblo Belén, que debido al corte de energía eléctrica y a la falta de agua habían sufrido la pérdida -en algunos casos casi totales- de los productos que vendían en sus comercios, se acercó hasta nosotros un hombre que tras un fuerte apretón de manos y casi de inmediato, se nos presentó como Paulino Larrosa Batista, un hombre que derrocha simpatía, dicharachero y presto para hacer amistades. Enseguida comenzó a preguntarnos sobre nuestra visita a su pueblo,  y cada tanto detenía sus preguntas para recitarnos algunas canciones en portugués. En suma todo un personaje de esos qué son muy conocidos y queridos por todos en los pueblos, Paulino nos contó algunas experiencias de su vida y de su andar de aquí para allá, historias que recabamos y que presentamos a continuación en nuestra sección semanal “AL DORSO”.

VIVÍ EN BELÉN DURANTE TODA MI VIDA

Con una indumentaria casi paisana al momento de la conversación y parado en la esquina de un boliche del pueblo, Paulino nos contó que nació en Cuaró Grande, una pequeña localidad ubicada en el departamento de Artigas, el 26 de enero de 1934, por lo que acaba de cumplir sus 80 años, aunque su figura y sobre todo susimpatía le ayudan a disimular muy bien sus 80 pirulos.

“Yo Nací en Cuaró dentro de una familia común y corriente, y a los pocos años de haber nacido ya nos vinimos a vivir con mis padres aquí a pueblo Belén, más que nada en la periferia del pueblo, en el campo. Así que me crié en esta zona, y pese a haber andado mucho de aquí para allá, viví toda mi vida en el pueblo, nos dice, siempre sin perder el humor. Muy querido y conocido por todos, las personas que pasaban ahora por allí lo saludaban y bromeaban con él.

DE OFICIO PELUQUERO

Nos contó también que aún sigue viviendo en la zona de chacras y pese a sus 80 años, aún realiza actividades campestres, aunque su verdadero oficio es el de peluquero. “Yo soy peluquero de alma, y corto el pelo desde que era muy joven luego de haber realizado algunos cursos que llegaban aquí al pueblo antiguamente. Así que siempre que me pedían ahí estaba yo con mis tijeras y demás artículos para cortarle el pelo a la gente y ponerlos bellos”. “Aún hoy realizo de vez en cuando algún que otro corte”.

Consultado sobre su familia actual, luego de recitarnos en portugués y de memoria “Corazón de luto” de Teixeirinha manifestó que es soltero y que nunca se casó, que vive solo, y que aún sigue buscando una compañera que esté junto a él,  nos dice entre risas.

MÚSICO Y ARTESANO EN TIENTO

Sobre su veta de payador que pudimos comprobar en el lugar, pero además porque una vecina (que se encontraba sentada afuera disfrutando ahora de una leve brisa que empezaba a sentirse) le preguntó si quería que le trajera la guitarra o el acordeón, le preguntamos por sus conocimientos musicales.

“Bueno yo toco el acordeón y la guitarra, aprendí de oído y siempre se me hizo fácil la música; tanto así que lo he hecho animando algunas fiestas, sobre todo en casamientos y también en clubes bailables y todos se han divertido mucho siempre. Ahora, cuando llego aquí al pueblo muchas veces me pongo a tocar y a recitar un poco para entretener a los vecinos y a los amigos”.

“También soy artesano en tiento”, nos explicó, y se nos escapó hacia el interior del comercio como para ir a buscar algo. Enseguida regresó con uno de sus trabajos, un rebenque muy bien trabajado, que nos acercó como para confirmar lo que nos estaba diciendo. “Me voy rebuscando de muchas formas”, agregó.

“Ahora por ejemplo, la carne que tenía en mi casa se me pudrió por la falta de energía, y encima el agua, que siempre la sacaba de un pozo, ya no puedo sacarla porque el pozo agarró raíces  y se tapó, así que tanto la comida como el agua la he venido a buscar aquí al almacén. Qué le vamos a hacer no nos queda otra que aguantar, lo mismo que el calor, pero como yo nací en el mes de enero aguanto muy bien las altas temperaturas” nos dice inisnuando una sonrisa.

MARQUÉS DEL CARNAVAL

Por si fuera poco de su pintoresca vida nos contó además, que dentro de su amplio abanico de actividades, fue Marqués del carnaval durante alrededor de veinte años. Primero en las Termas del Arapey, y luego durante alrededor de cinco años en el carnaval de Salto junto a “Maravilla” Machado, a quien recuerda muy bien.

“Dentro de mis fascinaciones siempre estuvo el carnaval, así que salir bailando y ser reconocido por las personas que año a año acompañaban era una gran satisfacción. Pero además ver los colores, los trajes y sentir el ritmo de la música siempre me gustó mucho. Por eso comencé a salir desde muy joven y me prendí. En cada carnaval me preparaba mucho y me iba para las termas, o para la ciudad de Salto a disfrutar de una de las fiestas más lindas que hay en el Uruguay”, señala don Paulino, un personaje pintoresco, agradable y “entrador” como pocos, de los que suelen alegrar la vida en los pueblos del interior.

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“Cuando uno enseña, colabora en la formación ciudadana de las personas”

Mate amargo de por medio, uno de los signos que lo identificaron en su tiempo de estudio en tierras caribeñas, Martín habló de las oportunidades y del aprendizaje que le da su profesión, de su rol como docente de UTU, de sus proyectos de competir en torneos internacionales de King boxing, y de sus proyectos familiares de futuro. Visitó Salto por más de 20 días en el último mes del año pasado: “estuve con mi madre y mis hermanos, me reencontré con algunos amigos, y descansé con la tranquilidad y calor de la ciudad” nos indicó nuestro entrevistado, que cuando tiene oportunidad no deja de viajar a su pago natal. De hablar sencillo, uno aprecia la formación y el convencimiento de que su profesión lo marca más allá de su trabajo, en su vida diaria. Nació y creció cerca del asilo, en calle “33”, y tuvo el campito del “hospital” y el Parque Harriague como terreno de sus travesuras de la niñez. Feliz por su vida en pareja con Angélica, se siente bien en Montevideo, no olvida su pago y solo piensa en crecer, tanto en lo profesional como en lo humano. Recordemos que el propio Llobet había sido entrevistado en nuestra sección sabatina “Soy Joven” en su edición del 13/08/2011.
LA IDA A MONTEVIDEO
“Me recibí (en Cuba), volví a Salto, pero como no tuve posibilidades laborales me tuve que venir a Montevideo, medio obligado. Al comienzo me quedé dos meses en la casa de un amigo, porque se hace difícil venir sin trabajo y no tener un respaldo de alguien” nos comienza diciendo este joven y atlético coterráneo cuando encendemos el grabador en su casa.
Cuando llegó no tuvo oportunidad de elegir y trabajó de lo que había, no de lo que le gustaba. “Empecé en el Club Neptuno, me sirvió para agarrar confianza y práctica. Es un club social y desarrollaba de todo: preparación física de niños, adultos, gimnasio de pesas, piscina, cubría varias ramas, era tipo un comodín. Luego de tres meses conseguí trabajo en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ). Allí tuve oportunidades. Se trata de una institución que tiene prestigio para el trabajo de los profesores de educación física, porque se trabaja muy bien la parte de infancia, inicial, natación, fitness y tiene múltiples servicios. Además está reconocido a nivel internacional. Por suerte tuve la posibilidad de seguir formándome, seguir agarrando práctica básicamente en gimnasia aeróbica”.
LA UTU
Con el tiempo pasó a trabajar en la UTU, primero con un paquete de pocas horas en el barrio La Unión, en un centro de “contexto crítico, con carencias no solo económicas, sino del comportamiento y los hábitos de la gurisada”. Luego me ofrecieron otras horas en otros centros de la UTU y empecé a trabajar en ellos. Dicta clases en un bachillerato en deporte, que hace tres años se implementó y que es una primera experiencia en formación para los estudiantes.
¿Te gusta el trabajo de docente?
Sí. Porque la educación física es fundamental. Es importante dar clases, me gusta la docencia, pero me gusta más el entrenamiento deportivo, el trabajo con gente más grande, ir formando atletas. Me gusta mucho la competencia. Pero cuando uno enseña, también uno se va formando y experimentando y se colabora con la sociedad, en la formación ciudadana de las personas. No hay que olvidar que el ser humano como tal para ser una persona íntegra tiene que ser instruido tanto en la parte teórica como práctica y la educación física sirve para que cuidemos el físico, el organismo y ver los beneficios que tiene.
BOXEO
Martín confiesa que desde chico tuvo curiosidad por los deportes de combate. “Era un chico imperativo y empecé a entrenar. Es lindo porque en el boxeo no se trata de dos tipos pegándose. A esa idea hay que cambiarla. Hay un trabajo psicológico, hay una preparación física, táctica, estrategia, estudiar al oponente”. Nuestro entrevistado en Cuba se especializó en boxeo, una especie de tecnicatura que duro tres años con boxeadores y entrenadores destacados a nivel mundial, de alto rendimiento. Es cinturón negro en King boxing. Actualmente está compitiendo en Uruguay y logró el título nacional en King boxing (en 2013) de la Organización Internacional de Artes Marciales Mixtas. Este año cambió de academia, ya que en la que se entrenaba cerró sus puertas por ser muy chica. Nos comenta que “hay mucha gente que participa en estos deportes de combate. Cada vez la gente lo practica más como preparación física, con espacios en los cronogramas de los clubes”. Este 2014 piensa “prepararse bien y volver a competir”.
SALTEÑO
Martín nació en calle Treinta y Tres, entre Vilardebó y Latorre, enfrente de donde funcionaba el Asilo del INAU. “Mi infancia se desarrolló en calle Rincón, cerca del Zoológico”. Con sus amigos frecuentaba “el parque Harriague. Hacíamos las clásicas travesuras del “ring raje” en la hora de la siesta y nos apoderábamos de alguna naranja ajena en la casa de algunos vecinos. Compartí con compañeros de la escuela una infancia bastante sana, ya que no había tanta tecnología como ahora. Era más de andar en la calle, jugábamos al fútbol en el campito del hospital, por calle Varela, donde actualmente se encuentra el sector de Pediatría, enfrente del lavadero San Martín (en ese sector es el ingreso al sector de Psiquiatría).
TRABAJADOR
Fue a la escuela 3, al Liceo Vaz Ferreira, al Ipoll y al Nocturno. Trabajó en “las chacras con 14 años. Empecé arrancando duraznos en la zona de Apolón, junto con mi madre. Luego arranqué por mi cuenta en algún packing, en las chacras de Tropezón, fui guarda de ómnibus en la línea que va a Termas de Daymán, estuve en una ferretería y armando muebles en una tienda”.
OTROS TIEMPOS
En la etapa de la adolescencia integró grupos de la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica, que recuerda con mucho cariño y que lo marcaron en su vida. En  la época de la crisis del 2002, “no había un mango para nada. Íbamos a la fiesta (gratis) que se hacía con motivo de la Autopromo (concurso del Centro Comercial que regalaba un automóvil). En aquel tiempo nos movíamos a pié, y salíamos a tomar algo. Cuando cumplí los 18 empecé a salir con la barra de gurises, bastante sanos, a las discotecas: a El Bar, al Reino. Luego me llegó la hora de estudiar y tuve la suerte de irme a Cuba”.
¿Extrañas Salto?
“Más que nada la tranquilidad”, nos dice. Tiene la idea de, en el futuro, volver a Salto, estar un tiempo y ver qué pasa. “En Montevideo hay más posibilidades en todas las ramas, hay más chances de capacitarse y de trabajar. Eso te hace crecer como persona. En Salto llegás a un techo y como que te estancás. Me falta aprender mucho y escuchando a los demás uno progresa”.
ANGÉLICA
Martín comparte su vida con Angélica, una chica de su edad. Se conocieron estudiando en Cuba. Ella es doctora en medicina, graduada un año después que Martín. “Nos conocimos y nos hicimos novios allá”. Ella se vino desde Bogotá, su ciudad natal, en el invierno pasado, y nos dijo que “se siente cómoda en este nuevo estado. Nos estamos proyectando”. “Extraño mi casa, tengo mucha familia, hermanos, primos, amigos”, nos adelantó a decir. En estos tiempos se presentó a la especialización de Pediatría en la Universidad de la República, que empieza en abril y que tiene cursos durante 3 años. En Colombia estuvo ejerciendo en el servicio social obligatorio, como médico rural.
n
Martín Llobet, es un joven salteño de 28 años que hace unos 3 reside en Montevideo. Recaló en la capital luego de terminar sus estudios universitarios en Cuba, donde egresó como licenciado en Educación Física y Deporte. Volvió en 2011 a Salto y por motivos laborales se trasladó de manera definitiva al sur del país. Recibió a EL PUEBLO en su vivienda ubicada en pleno barrio La Blanqueada, a pocas cuadras del Estadio Centenario. Junto a su compañera, Angélica, una colombiana amable que conoció en su época de estudios en el exterior, repasó sus tareas actuales, su vida en Salto, sus recuerdos, y los proyectos venideros.
Mate amargo de por medio, uno de los signos que lo identificaron en su tiempo de estudio en tierras caribeñas, Martín habló de las oportunidades y del aprendizaje que le da su profesión, de su rol como docente de UTU, de sus proyectos de competir en torneos internacionales de King boxing, y de sus proyectos familiares de futuro. Visitó Salto por más de 20 días en el último mes del año pasado: “estuve con mi madre y mis hermanos, me reencontré con algunos amigos, y descansé con la tranquilidad y calor de la ciudad” nos indicó nuestro entrevistado, que cuando tiene oportunidad no deja de viajar a su pago natal. De hablar sencillo, uno aprecia la formación y el convencimiento de que su profesión lo marca más allá de su trabajo, en su vida diaria. Nació y creció cerca del asilo, en calle “33”, y tuvo el campito del “hospital” y el Parque Harriague como terreno de sus travesuras de la niñez. Feliz por su vida en pareja con Angélica, se siente bien en Montevideo, no olvida su pago y solo piensa en crecer, tanto en lo profesional como en lo humano. Recordemos que el propio Llobet había sido entrevistado en nuestra sección sabatina “Soy Joven” en su edición del 13/08/2011.
LA IDA A MONTEVIDEO
“Me recibí (en Cuba), volví a Salto, pero como no tuve posibilidades laborales me tuve que venir a Montevideo, medio obligado. Al comienzo me quedé dos meses en la casa de un amigo, porque se hace difícil venir sin trabajo y no tener un respaldo de alguien” nos comienza diciendo este joven y atlético coterráneo cuando encendemos el grabador en su casa.
Cuando llegó no tuvo oportunidad de elegir y trabajó de lo que había, no de lo que le gustaba. “Empecé en el Club Neptuno, me sirvió para agarrar confianza y práctica. Es un club social y desarrollaba de todo: preparación física de niños, adultos, gimnasio de pesas, piscina, cubría varias ramas, era tipo un comodín. Luego de tres meses conseguí trabajo en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ). Allí tuve oportunidades. Se trata de una institución que tiene prestigio para el trabajo de los profesores de educación física, porque se trabaja muy bien la parte de infancia, inicial, natación, fitness y tiene múltiples servicios. Además está reconocido a nivel internacional. Por suerte tuve la posibilidad de seguir formándome, seguir agarrando práctica básicamente en gimnasia aeróbica”.
LA UTU
Con el tiempo pasó a trabajar en la UTU, primero con un paquete de pocas horas en el barrio La Unión, en un centro de “contexto crítico, con carencias no solo económicas, sino del comportamiento y los hábitos de la gurisada”. Luego me ofrecieron otras horas en otros centros de la UTU y empecé a trabajar en ellos. Dicta clases en un bachillerato en deporte, que hace tres años se implementó y que es una primera experiencia en formación para los estudiantes.
¿Te gusta el trabajo de docente?
Sí. Porque la educación física es fundamental. Es importante dar clases, me gusta la docencia, pero me gusta más el entrenamiento deportivo, el trabajo con gente más grande, ir formando atletas. Me gusta mucho la competencia. Pero cuando uno enseña, también uno se va formando y experimentando y se colabora con la sociedad, en la formación ciudadana de las personas. No hay que olvidar que el ser humano como tal para ser una persona íntegra tiene que ser instruido tanto en la parte teórica como práctica y la educación física sirve para que cuidemos el físico, el organismo y ver los beneficios que tiene.
BOXEO
Martín confiesa que desde chico tuvo curiosidad por los deportes de combate. “Era un chico imperativo y empecé a entrenar. Es lindo porque en el boxeo no se trata de dos tipos pegándose. A esa idea hay que cambiarla. Hay un trabajo psicológico, hay una preparación física, táctica, estrategia, estudiar al oponente”. Nuestro entrevistado en Cuba se especializó en boxeo, una especie de tecnicatura que duro tres años con boxeadores y entrenadores destacados a nivel mundial, de alto rendimiento. Es cinturón negro en King boxing. Actualmente está compitiendo en Uruguay y logró el título nacional en King boxing (en 2013) de la Organización Internacional de Artes Marciales Mixtas. Este año cambió de academia, ya que en la que se entrenaba cerró sus puertas por ser muy chica. Nos comenta que “hay mucha gente que participa en estos deportes de combate. Cada vez la gente lo practica más como preparación física, con espacios en los cronogramas de los clubes”. Este 2014 piensa “prepararse bien y volver a competir”.
SALTEÑO
Martín nació en calle Treinta y Tres, entre Vilardebó y Latorre, enfrente de donde funcionaba el Asilo del INAU. “Mi infancia se desarrolló en calle Rincón, cerca del Zoológico”. Con sus amigos frecuentaba “el parque Harriague. Hacíamos las clásicas travesuras del “ring raje” en la hora de la siesta y nos apoderábamos de alguna naranja ajena en la casa de algunos vecinos. Compartí con compañeros de la escuela una infancia bastante sana, ya que no había tanta tecnología como ahora. Era más de andar en la calle, jugábamos al fútbol en el campito del hospital, por calle Varela, donde actualmente se encuentra el sector de Pediatría, enfrente del lavadero San Martín (en ese sector es el ingreso al sector de Psiquiatría).
TRABAJADOR
Fue a la escuela 3, al Liceo Vaz Ferreira, al Ipoll y al Nocturno. Trabajó en “las chacras con 14 años. Empecé arrancando duraznos en la zona de Apolón, junto con mi madre. Luego arranqué por mi cuenta en algún packing, en las chacras de Tropezón, fui guarda de ómnibus en la línea que va a Termas de Daymán, estuve en una ferretería y armando muebles en una tienda”.
OTROS TIEMPOS
En la etapa de la adolescencia integró grupos de la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica, que recuerda con mucho cariño y que lo marcaron en su vida. En  la época de la crisis del 2002, “no había un mango para nada. Íbamos a la fiesta (gratis) que se hacía con motivo de la Autopromo (concurso del Centro Comercial que regalaba un automóvil). En aquel tiempo nos movíamos a pié, y salíamos a tomar algo. Cuando cumplí los 18 empecé a salir con la barra de gurises, bastante sanos, a las discotecas: a El Bar, al Reino. Luego me llegó la hora de estudiar y tuve la suerte de irme a Cuba”.
¿Extrañas Salto?
“Más que nada la tranquilidad”, nos dice. Tiene la idea de, en el futuro, volver a Salto, estar un tiempo y ver qué pasa. “En Montevideo hay más posibilidades en todas las ramas, hay más chances de capacitarse y de trabajar. Eso te hace crecer como persona. En Salto llegás a un techo y como que te estancás. Me falta aprender mucho y escuchando a los demás uno progresa”.
ANGÉLICA
Martín comparte su vida con Angélica, una chica de su edad. Se conocieron estudiando en Cuba. Ella es doctora en medicina, graduada un año después que Martín. “Nos conocimos y nos hicimos novios allá”. Ella se vino desde Bogotá, su ciudad natal, en el invierno pasado, y nos dijo que “se siente cómoda en este nuevo estado. Nos estamos proyectando”. “Extraño mi casa, tengo mucha familia, hermanos, primos, amigos”, nos adelantó a decir. En estos tiempos se presentó a la especialización de Pediatría en la Universidad de la República, que empieza en abril y que tiene cursos durante 3 años. En Colombia estuvo ejerciendo en el servicio social obligatorio, como médico rural.

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Con José María Piedrabuena Rodríguez: actual presidente de Asdemya

Sesenta años de carrera ejercidos

con responsabilidad y gusto personal”

José María Piedrabuena Rodríguez (68) lleva toda una vida dedicada a la música y fue formado en el Conservatorio Municipal de Salto, institución de la cual han salido reconocidos profesionales que han trascendido en nuestro país y el mundo.

Comenzó desde muy pequeño y pertenece a una generación donde primeramente durante largo tiempo se recibían las clases de solfeo y después se entraba en la ejecución de un instrumento.

Piedrabuena desde su experiencia distingue la importancia de la formación, si bien muchos jóvenes tienen una capacidad innata para la música, es fundamental el tener conocimientos.

En la actualidad preside la Asocación de Músicos y Afines, organización a la que ha estado vinculada desde su juventud y que este año conmemorará los 70 años.

Formé parte de la directiva de Asdemya, cuando la sede funcionaba en calle Brasil a la altura de 6, de estos hace unos cuantos años, ya que en ese tiempo tenía yo 24” –recordó el músico.

Ya se han cumplido 10 años de cuando se empezó con la reforma de la nueva sede, proyecto que se logró mediante tres convenios aprobados con el Ministerio de Transporte y obras públicas.

José María es ejecutante de clarinete y saxo alto; “por lo general empezamos con el clarinete y luego se inclina por el saxo… teniendo la base del primero es muchísimo más fácil” – indicó.

UN TALENTO HEREDITARIO

Su historia con la música arrancó a edad muy temprana: “Nací en el cerro pero me crié en el centro… la música en mi familia viene de tradición.

Mi abuelo tocaba el clarinete y mi padre el clarinete y el saxo; también siempre escuchaba a una tía que tocaba el piano, así que desde siempre he vivido la música desde cerca”.

A los 8 años entró a estudiar en el Conservatorio Municipal con el Maestro Peruchena y a los 16 años pasó a formar parte de la Banda Municipal de Salto, actividad de la cual se jubiló en el 2006.

Estuvo 38 años en la banda… desde los 16 hasta los 54 años.

Luego cambió de sector en la Intendencia pero aún así seguía yendo a los ensayos de la banda porque la música era su vocación.

Ahora está embarcado en un proyecto musical muy particular.

LA EPOCA DE ORO DE LAS ORQUESTAS EN VIVO

Nuestro protagonista de “Al Dorso” vivió una época de esplendor de las orquestas en vivo.

Aquí a Salto venían las orquestas de primer nivel internacional, desde Buenos Aires, España y Cuba, en aquel tiempo el mercado era muy importante y los bailes eran verdaderamente bailes.

Por nombrar algunos, aquí llegaban Los Gavilanes de España y los clubes se llenaban.

Había muchísima actividad musical… después con el tiempo las cosas fueron cambiando y se vino la era de la discotecas.

La música en vivo en este entonces comenzó a decaer, aunque no desapareció totalmente”.

Posteriormente aparecieron en el mercado los músicos individuales que cantan acompañaros de un sintetizador o con pistas.

-¿Cree usted que en cierta forma también el nivel se modificó?

- “Tal vez… y ello sucedió porque muchos músicos se alejaron de la rutina de los ensayos.

Ello conspiró para que la música en vivo entrara en un descenso.

Económicamente el contratar una orquesta pasó a ser oneroso y la discoteca primaba en casi todos los eventos.

Pese a ello muchos conjuntos se mantuvieron, aunque la actividad no fuera tan dinámica.

Hoy en Salto hay muchas bandas de distintos géneros que están trabajando, ya sea en lo tropical o melódico.

-¿Cuándo surge con fuerza la movida tropical?

- “Hay dos tipos de música tropical, la cumbia y la centroamericana con otros intérpretes y otra infraestructura musical.

Estos últimos años se han expandido la música comercial y el rock.

Considero que con mucho esfuerzo y dedicación se puede lograr un espacio para todos.

SU CARRERA Y LOS BENEFICIOS DE LA

NUEVA LEY DEL MÚSICO

-Con respecto a su carrera personal ¿Qué bandas integró?

- “Empecé desde muy joven e integré una gran orquesta llamada Los Wecam´s que fue muy exitosa dentro y fuera del país.

Interpretábamos esencialmente música moderna, de los años 70.

El cantante fue Walter Sánchez que en estos momentos está viviendo en Maldonado y está en plenos trámites jubilatorios, pues ahora los músicos tenemos la posibilidad con la nueva Ley del Músico que con un aporte se pueden sumar muchos años de trabajo.

Antes se debían sumar diez actuaciones en el mes… se tenían por ejemplo quince años de aportes (Asdemya hacía la retención de los aportes jubilatorios y los vertía al BPS y así cobraba el músico.

Con la nueva ley el profesional de la música si toca diez veces en el año se le computa como un año.

Muchos compañeros entonces van a poder juntar los años de músico con la actividad que desempeñan”.

-Usted ha vivido prácticamente toda la gestión de Asdemya…

-“Justamente con respecto a ese tema, el próximo 8 de octubre Asdemya cumplirá 70 años de vida y estamos pensando en tirar la casa por la ventana si podemos.

Asdemya nació de la mano de excelentes músicos de aquella época.

Siempre se luchó por tener la sede propia y fue así que al cabo de unos cuantos años se compró la casa ubicada en calle Varela, que después se vendió, comprándose la casa en calle Brasil, donde aún permanecemos.

-¿Y cómo ha sido el trabajo de la directiva?

-“Asdemya tuvo una bajada muy grande hace años atrás…la gente que estaba fue dejando y quedó en manos de unos cuatro o cinco músicos que se adueñaron de la institución.

Luego se empezó otra vez, se formó una directiva y así surgió el proyecto de remodelación de la sede.

Hoy es un hecho y estamos ya culminando la tercera etapa y pensamos que la vamos a poder finalizar en un par de meses.

Se hicieron tres convenios, con el Ministro Rossi y luego con el Ministro Pintado que nos permitió hacer el subsuelo y una futura sala de grabación, una planta baja con una cocina completa, parrillero adentro y batería de baño para dama y caballero.

A su vez arriba, dos salones grandes que nos va a permitir hacer muchas actividades.

Hace ya unos años funciona en la sede el grupo de teatro de Oscar Bibbó, tuvimos la Escuela Municipal de Danza funcionando un tiempo y también se reúnen muchos gremios, tales como el Pit Cnt con su Comisión de Cultura, el gremio de domésticas y gremios vinculados a la citricultura.

Hemos estado en contacto con el Inefop quien aportará dinero para llevar a cabo en la sede diversos talleres de canto, instrumentos y teatro.

Se van a hacer en forma totalmente gratuita para todo público, con profesores que son contratados por la organización.

Hoy por hoy la cantidad de asociados anda en el orden de los 300 pero no todos están en actividad.

Se han hecho muchos socios nuevos, con el motivo de que ahora contamos con la boleta con ruc para que el músico pueda cobrar, porque cuenta con un respaldo jurídico.

- ¿Se viene el recambio de autoridades?

-“Tenemos que organizar las elecciones…estamos un tanto atrasados, nos hemos entusiasmado mucho con la obra.

Uno de nuestros delegados, Enrique Texo es Secretario de la Federación Uruguaya de Músicos.

Queremos dejar nuestro mandado – si es que lo dejamos – con la sede pronta y llamar a asamblea.

Por otra parte estamos formando un grupo musical con amigos, como son el Maestro Sergio Mena, el Prof. Wilson Ferreira y José Luis Curubetto entre otros, pues Salto merece tener una orquesta que lo representa, así como se ha formado la Orquesta Juvenil, un proyecto admirable del Maestro Mena.

Es importantísimo apoyar a los nuevos valores.

Hoy tenemos en el mundo a excelentes músicos como Federico Palacios y Mario Spinoza.

Creo que con un poco de apoyo oficial y privado podemos llegar a tener una muy buena orquesta que nos pueda representar en algunos lugares de Uruguay y por qué no, viajar al exterior”.

En los tiempos de José María Piedrabuena había que estudiar primeramente teoría y luego el instrumento.

Después de algunos años de una buena preparación musical, uno se sienta frente a un atril y puede leer sin problemas cualquier partitura.

Creo que a los jóvenes hay que incentivarlos… por eso la función que cumple el Conservatorio Municipal de Salto es muy positiva porque hoy los chicos que están tocando en la Orquesta Juvenil son alumnos de allí y algunos ya son docentes.

Son chicos y chicas que tienen un futuro excepcional

Este músico de larga trayectoria no duda en decir que la música le ha dejado un buen sabor en su vida, aparte de la satisfacción personal de ejecutar un instrumento… le ha permitido cosechar amistades y desarrollar el sentido de responsabilidad.

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“Creo que dentro de unos años alguien va a lograr concientizar a la sociedad”

Nació en el pueblo de Baltasar Brum (Artigas), por entonces llamado Isla Cabellos y desde su niñez fue incentivado por sus padres a conectarse con la tierra y la naturaleza y saber el valor real de cuidar nuestro hábitat.
Sus inicios en este camino ambientalista lo transportan a aquellos primeros años de vida que cuando no se portaba bien sus progenitores lo mandaban a dar vuelta tierra.
Ney Santurio (70) ha presentado varios proyectos sobre medio ambiente que pretende el trabajo interinstitucional y asevera que hay que insistir en las políticas educativas.
Haciendo una mirada hacia el futuro piensa que en algún momento llegará alguien que hará tomar real conciencia a la sociedad sobre los cuidados que debemos tener hacia los recursos naturales y por otra parte afirma que la producción debe ser sustentable en el tiempo.

Nació en el pueblo de Baltasar Brum (Artigas), por entonces llamado Isla Cabellos y desde su niñez fue incentivado por sus padres a conectarse con la tierra y la naturaleza y saber el valor real de cuidar nuestro hábitat.

Sus inicios en este camino ambientalista lo transportan a aquellos primeros años de vida que cuando no se portaba bien sus progenitores lo mandaban a dar vuelta tierra.

Ney Santurio (70) ha presentado varios proyectos sobre medio ambiente que pretende el trabajo interinstitucional y asevera que hay que insistir en las políticas educativas.

Haciendo una mirada hacia el futuro piensa que en algún momento llegará alguien que hará tomar real conciencia a la sociedad sobre los cuidados que debemos tener hacia los recursos naturales y por otra parte afirma que la producción debe ser sustentable en el tiempo.

“Recuerdo cierta vez que estaba trabajando la tierra y me dolía mucho una muela… empecé a observar a la tierra y miraba hacia arriba, en dirección al sol.

Tendría en esa época 8 años y le empecé a encontrar una finalidad y sentido tanto al reino vegetal como a los animales.ney001

Ya desde esa época los concebía como el padre sol y la madre tierra… así fue que me empecé a ocupar del tema del cuidado a la naturaleza y construí mi primera huerta orgánica”.

Nació en Artigas hace setenta años en el pueblo de Baltasar Brum y cuando tenía dos años se mudó con su familia a la capital del departamento.

“A LA NATURALEZA HAY QUE ENTENDERLA Y APRENDER DE ELLA”

Está convencido que a la naturaleza hay que entenderla y aprender de ella.

Un tío que hablaba en portugués siempre le decía “olha Ney, a terra tem que ser transplantada (mira Ney, la tierra tiene que ser transplantada) quiere decir que luego de usar la tierra, para darle vigor hay que moverla de un lado a otro y enriquecerla con compost (abono).

A los catorce años Ney fue a estudiar a la Escuela Agraria en Artigas y allí había un señor de apellido Volpi que se encargaba de cultivar una huerta orgánica…con él hizo una muy buena amistad.

“Algo muy interesante de ver es cómo la sandía en pleno sol siempre está fría y en los ámbitos naturales – por ejemplo – el vino se enfría mucho más que el agua.

Posteriormente Ney Santurio se fue a estudiar a la Escuela de Lechería, recibiéndose de técnico en lechería a los 17 años.

Empezó a trabajar en queserías, pero su mira estaba en instalarse al norte.

Era un momento político difícil para el país, allá por el año 1962.

Los tamberos artiguenses acostumbraban a ordeñar diariamente unas cuatro o cinco vacas y los lecheros salían con los carros que a los costados llevaban los tarros con leche.

Santurio siguió trabajando en pos de la producción y el medio ambiente.

Recuerda que un docente en una oportunidad le aclaró que no se trata del cuidado del medio ambiente si no del medio en su totalidad.

PROYECTO PARA ESCUELAS – GRANJAS

Su labor lo fue llevando a inmiscuirse en la inseminación artificial, asesorando a algunos productores en Artigas y hasta hizo el intento de fundar una cooperativa.

Ejerció su profesión en una escuela – granja y se percató que las cosas no se estaban haciendo bien, entonces trató de instruir a los grupos a fin de impulsar una labor seria y responsable.

Presentó un proyecto para llevarlo a cabo en escuelas granjas y comenzó a plantar la esponja vegetal en forma orgánica, elaborando los productos naturales y hacer exposiciones de la lufa.

“Allí ya hablábamos acerca de la recolección de residuos, de la clasificación de los mismos, de la importancia de la huerta orgánica y la participación de la sociedad.

Mucha gente se unió a esta iniciativa y se convocó a gente especializada en el tema, inclusive se involucraron también los representantes de Calagua.

“En ese tiempo se explotaba a los trabajadores de los tambos… los peones se levantaban cuando aún estaba oscuro y trabajaban de sol a sol”.

Ney Santurio es partidario de la producción ambiental con sustentabilidad social, económica… “Todo ello tiene que tener un equilibrio para que realmente sea sustentable. No es un tema fácil, de marcarlo en la vida como una impronta”.

-¿Y cómo fue evolucionando toda esta realidad en su vida de relación con la sociedad?

-“Se involucraron muchos técnicos, no solamente en el área agropecuaria sino también técnicos, arquitectos, todo tipo de profesionales, como  por ejemplo médicos.

Se organizaron diferentes charlas. El Dr. César Suárez habló en la oportunidad de la incidencia ambiental en la piel.

Aníbal Núñez hablaba sobre agricultura y se trataron a su vez temas como el del reciclaje.

En el 2010 se realizó la última exposición de los productos orgánicos; se trabajó en un proyecto lechero en Belén en el año 2006 en forma honoraria.

Se trajo a Salto la certificación participativa de la Agro ecología y procurando la descentralización, el evento se desarrolló en Pueblo Valentín.

Muchas personas hicieron el curso de Producción Orgánica y Agroecológica con Certificación Participativa.

El ambientalista está trabajando hoy por hoy en un proyecto que involucraría a los adultos que ya se han jubilado; “cuando las personas han acumulado todos los conocimientos teórico- prácticos se retiran de la actividad.

“Lo conveniente es que el que desee seguir trabajando que pueda tener un incentivo para que pueda compartir todas sus experiencias con las generaciones más jóvenes.”

SU IDEARIO EN MATERIA DE PRODUCCIÓN

Es innegable que se vienen implantando cambios en la orientación de la producción agropecuaria a nivel mundial y en Uruguay en particular.

Muchos son los factores que motivan e impulsan esos cambios, el principal sin duda es atender la demanda del mercado.

Entre ellos, por un lado, el aumento considerable del consumo y precios de los combustibles fósiles, conduce a generar alternativas como lo es el bio-disel.

Por otro lado la producción de alimentos y materias primas para su elaboración.

Se plantea una competencia por suelos laborables a los que se suma los emprendimientos forestales, con una planificación a plazo para ocupar mayores superficies productivas.

Para empresarios o corporaciones de países desarrollados es más fácil y económico comprar o arrendar tierras en Uruguay y para los productores uruguayos les resulta más rentable vender o arrendar sus campos.

Planteamos este paradigma, para fundamentar en parte la necesidad de un cambio en la cultura productiva en Uruguay.

Por lo general los emprendimientos agropecuarios en nuestro país son específicos, se dedican a uno o dos rubros por establecimiento, cabañas, lecherías, cría de ganado bovino, ovino, suinos, agricultura, forestación etc.

Una de las acciones que se encaran para mejorar la rentabilidad de la producción  es diversificar la producción, es decir no poner todos los huevos en una sola canasta.

Continuar con el o los rubros tradicionales en el establecimiento e incorporar otros que se complementen y agreguen valor a lo producido.

Sin lugar a dudas la toma de decisiones del empresario en que  diversificar, debe estar orientada por la tendencia del mercado y políticas de estado a mediano y largo plazo.

Es decir el cambio de la cultura productiva debe adaptarse lo más rápido a los cambios y exigencias del mercado.

-¿Se ha ido avanzando en las políticas de cuidado hacia el ambiente o cuesta mucho?

-“De alguna manera estamos en un enfrentamiento entre el consumismo y los no consumistas.

Normalmente la conciencia ambiental queda en segundo lugar y ello es porque se debe seguir insistiendo en la educación.

Los gobiernos en general, lamentablemente no se encargan del tema”.

Hoy por:  María Fernanda Ferreira

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Un piloto que Salto guarda en la memoria

Sentado en el frente de su taller, de perfil bajo, sin mucho hablar y más bien pensativo, con una historia llena de carreteras, carreras, fierros y tuercas que han quedado atrás pero no en el olvido, ya que las mismas son las que definen su personalidad, estaba uno de los primeros pilotos de carrera de autos que conoció Salto y que incluso se llenó de orgullo, al verlo ganar en varias oportunidades.
Conoció personalmente al cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, Juan Manuel Fangio, a quien lo llamó por el apodo y contó conversaciones mantenidas con él.

Sentado en el frente de su taller, de perfil bajo, sin mucho hablar y más bien pensativo, con una historia llena de carreteras, carreras, fierros y tuercas que han quedado atrás pero no en el olvido, ya que las mismas son las que definen su personalidad, estaba uno de los primeros pilotos de carrera de autos que conoció Salto y que incluso se llenó de orgullo, al verlo ganar en varias oportunidades.

Conoció personalmente al cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, Juan Manuel Fangio, a quien lo llamó por el apodo y contó conversaciones mantenidas con él.

Un poco olvidado de las fechas pero con una claridad impecable al momento de contar anécdotas sobre una vida de competiciones, así lo encontramos a Abel Martínez García, que con 84 años de edad, un hijo, tres nietos y una bisnieta, pese al intenso calor que emergía del pavimento, se mantenía en el mismo lugar de siempre, donde está desde hace años, en el frente de su taller en la calle Washington Beltrán.

Con uno de los personajes más pintorescos e históricos de Salto, recordado en silencio por muchos, y mantenido en la memoria de la historia del automovilismo, Abel Martínez García compartió varios momentos de su vida para la última entrega del año, de nuestra sección semanal Al Dorso.

FIERRERO DESDE NIÑO

En los años 50, Abel Martínez García era tan solo un joven entusiasta de los fierros y de las carreras. Yaabel con oficio de taller y junto al tornero Osvaldo Atilio Guerra comenzaron a armar un viejo Ford T con el que empezaron a correr carreras.

Primero lo hacían en la zona en la que actualmente está ubicado el ex Frigorífico Municipal, en las inmediaciones de El Trébol. “Ahí donde está el abasto, y la Policía Caminera, teníamos una pista de carreras en la que íbamos a correr con el Ford T”, contó Martínez García.

Dijo que en ese momento era todo “muy artesanal” ya que “no había mucha cosa, ni cerca la cantidad de facilidades que hay ahora para armar un coche y salir a la pista”, recordó.

Ha ganado varias carreras en todo el país. “Empezamos a correr acá en Salto, donde anduvimos en varias competiciones y tuve el privilegio de salir campeón salteño varias veces, pero también corrimos por allá abajo”, señaló refiriéndose al sur del país.

Detalló sus andanzas de varias horas de carreteras levantando polvo y mucho calor para llegar a las pistas de carreras de distintas partes del país y allí poder competir en representación de nuestro departamento.

“Anduvimos por Carmelo, Nueva Palmira, Tarariras, Colonia, Mercedes, Dolores y varios lugares más. En muchos de ellos ganamos varios premios”, señaló.

“Yo era gurí y con 10 años ya lavaba fierro, pero en los años 50 había un tornero que trabajaba en un taller al lado de donde yo estaba, que era Osvaldo Atilio Guerra y que me dijo vos tenés que ser corredor, porque sos el único que entrás de una, sin maniobrar mucho, pese a la cantidad de ómnibus largos que estaban estacionados afuera del taller, y ahí empezó a nacer mi vocación por las carreras”, evocó.

Así conoció el mundo del armado de autos y siguió dándole camino. Con él llevaba a su hijo, hoy al frente del garage que funciona en el viejo taller de la calle Washington Beltrán donde Abel tenía su reducto.

“Cuando venga mi auto (el Ford T del año 1917 que en el 50 acondicionó como auto de carrera para correr en las pistas, que luego vendió a Artigas pero que hoy fue recuperado y está nuevamente en Salto) que está en una estancia lo van a ver, era más alto que el de los demás, porque los que venían a correrme a mí eran buenos y bien bajitos y ellos, los otros corredores venían muy bien preparados, así que yo tenía que prepararme mejor, porque si no, no iba a correr bien y mucho menos iba a ganar, lo que pasa que acá en Salto había un poco de apoyo del comercio local, pero nunca hubo una gran colaboración como sí pasa en otros lados”, contaba mientras saludaba a la gente que pasaba por el lugar.

“Ayudamos a construir la pista que tiene Colonia del Sacramento en su ciudad, donde todos pusimos plata para que funcionara y ahí está, andando, es una pista que vale mucho, ahora está en medio de la ciudad”, dijo.

Pero Abel Martínez García, recordó a varios salteños que lo apoyaron durante sus más de 30 años en ese ambiente. También estuvo ligado mucho tiempo al Automóvil Club hasta que se molestó con el nuevo reglamento de carreras, el mismo decía dónde tenían que llevar el motor los autos de carrera para las competencias, por lo que decidieron que el mismo fuera atrás y eso por más insignificante que parezca, a él no le gustó.

“Eso no fue tanto, pero creo que no estuvo bien la forma en la que se eligió el asunto, porque hubo quienes apoyaron lo que decía la comisión sin que hubiera ningún tipo de diálogo y se votó así, y bueno, yo no me pelee ni nada, simplemente me retiré y seguí trabajando en mi taller, hasta ahora lo hago, trabajé siempre con maquinaria agrícola, es algo que me gusta y entonces di por terminada mi participación también en el ambiente de las carreras, pero pasé como 30 años por lo menos corriendo carreras”, comentó.

UN RECONOCIMIENTO QUE VALIÓ UNA SORPRESA

Hace algunos años, la Junta Departamental de Salto, le brindó un merecido reconocimiento a la trayectoria del piloto de carreras Abel Martínez García, señalándolo como uno de los pilotos de carreras de auto más importantes que tuvo nuestro departamento, ya que representó a Salto en más de 150 carreras de competencia, obteniendo premios y distinciones en muchas oportunidades, las que guarda como un tesoro, sobre todo en un rincón de su memoria.

“La gente en la Junta se asombró cuando bajamos la copa, que era una que gané en un campeonato importante en el sur, porque era tan pesada, que la tuvimos que bajar entre dos. Mide más de un metro de altura, es más alta que mi nieto (decía entre risas señalando al pequeño que estaba parado a su lado), y la tengo en casa, pero la llevé porque me pidieron que la mostrara”, señala.

CONOCIÓ A FANGIO

Martínez García dijo que conoció al pentacampeón mundial de Fórmula 1, el argentino Juan Manuel Fangio, considerado uno de los más grandes corredores de la historia del automovilismo del planeta.

“Al Chueco”, dice refiriéndose a Fangio, “siempre lo traíamos cuando se inauguraba una pista en Mercedes o en Colonia, allá una vez mi hijo le preguntó si era más fácil correr carreras, en los que por entonces eran nuevos autos de carrera de fórmula y él le dijo que sí, que para él hubiera sido mucho más fácil ganar carreras con los autos de ese momento”, narró, hablando de la época de los años 60 o 70, cuando Fangio ya estaba retirado.

“Porque los que corren ahora tienen todo dibujado, son muy fáciles de conducir por la tecnología que tiene”, opinó.

Y en ese sentido, relató que es un fanático de las carreras de Fórmula 1 y que “no se pierde ninguna”. “Ahora está grave (Michael) Schumacher”, me comenta como con preocupación. Y al preguntarle sobre cuál a su juicio sería uno de los pilotos favoritos de la historia del deporte automovilístico, no titubea y dice: “Fangio”.

Y al ser preguntado si Ayrton Senna o Michael Schumacher no serían mejores pilotos que Juan Manuel Fangio, dijo “no se pueden comparar son tiempos distintos, es como comparar a Pelé con Maradona”.

Hoy si tuviera oportunidad de volver el tiempo atrás, cuenta que haría exactamente lo mismo.

Nuestro entrevistado recordó que en sus más de 30 años de vida sumado a las competencias de carreras automovilísticas por diferentes lugares del país e incluso en la Argentina, ha recogido muchas anécdotas, celebrado amistades y cosechado elogios por su tenacidad de hacer cientos de kilómetros de polvo para llegar a destino, correr una carrera y muchas de las veces, ganarla, pero sobre todas las cosas señala que el hecho de haberse relacionado con mucha gente, es lo más valioso que le ha tocado en este ambiente.

Tras esto vino su nieto Martín de 4 años de edad, quien demostró ser hincha de su abuelo, quedándose a su lado hasta para la foto y él dice orgulloso; “quizás él siga todo esto, porque le corre carreras a los autos cuando pasan y cuando pierde, llora”.

Hoy por:  Hugo Lemos Valerde

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Con el Padre Milan Zednicek 32 años misionero en Angola

Nacido en Eslovaquia, fue criado en Uruguay y se autoproclama como “salteño de corazón”.
Tenía apenas dos años cuando pisó por primera vez nuestra tierra salteña para afianzarse definitivamente y hoy tiene 77.
Fue y es misionero de larga trayectoria y fue formado como Sacerdote Salesiano Don Bosco; al hablar sobre la misma explica “comencé en Angola, porque cada uno tiene que ser misionero en el lugar donde está”, que considera la primera condición. La segunda, es que el ser misionero implica “ser capaz de dejar su tierra, su familia, su gente y encontrar otra tierra, otra familia y otra gente” siguiendo el llamado del Señor y que el señor le da a través de los responsables locales. Así sentí yo ¿quiéres ir al Africa? Quiero. ¿Quieres ir a Angola? Quiero.

Nacido en Eslovaquia, fue criado en Uruguay y se autoproclama como “salteño de corazón”.

Tenía apenas dos años cuando pisó por primera vez nuestra tierra salteña para afianzarse definitivamente y hoy tiene 77.

Fue y es misionero de larga trayectoria y fue formado como Sacerdote Salesiano Don Bosco; al hablar sobre la mismaDibujoexplica “comencé en Angola, porque cada uno tiene que ser misionero en el lugar donde está”, que considera la primera condición. La segunda, es que el ser misionero implica “ser capaz de dejar su tierra, su familia, su gente y encontrar otra tierra, otra familia y otra gente” siguiendo el llamado del Señor y que el señor le da a través de los responsables locales. Así sentí yo ¿quiéres ir al Africa? Quiero. ¿Quieres ir a Angola? Quiero.

UN CORTO PERIODO EN EL SALESIANO DE SALTO

Fue por un tiempo al colegio Salesiano en Salto y luego acudió a un seminario en Montevideo en el año 1956 para iniciar sus estudios sacerdotales los que prosiguió con los estudios teológicos en Santiago de Chile. A su regreso a nuestro país donde comenzó a trabajar como salesiano en los Talleres de Don Bosco y en la Escuela Agrícola Jackson.

Después estuvo un año en España, posteriormente al Colegio Pío en la capital del país, estando allí pidió para ir a Angola, en África, autorización que llegó tras estar aún un año en una parroquia de La Teja,  en Montevideo.

Su historia con Angola comenzó hace 32 años atrás y en esos años siempre vinculado a Uruguay, especialmente a Salto. Aún se halla allí en la misión salesiana en Angola y consultado específicamente se muestra convencido de que ya no regresa al Uruguay sino de pasada a visitar a familiares donde tiene parientes directos.

CUANDO ANGOLA SE

HALLABA EN GUERRA

El  Padre Milan sostiene que si bien  al llegar a Angola se encontró con una realidad distinta, un país que se hallaba en guerra, ahora, después de 32 años lo encuentra “muy igual” al Uruguay.

No obstante reconoce que cuando llegó al África se encontró con una realidad “un poco diferente. Angola estaba en guerra y no solo eran guerras tribales, sino que Angola estaba dividida en dos grupos, que apoyaban unos a otros. Allí pasamos en guerra, con bastante privaciones y aprendimos a convivir con  la gente que sufría la guerra, con bastante privaciones, pero apoyados siempre en la gente y con la gente. Invitado a recordar si en este contexto de guerra le ha tocado vivir situaciones particularmente difíciles, dijo que “los cañonazos, pasaban por arriba de la cabeza de nosotros. Estábamos entrenando fútbol con un grupo de jóvenes en una cancha en Luena (Moxico) Pasamos momentos difíciles, pero valió la pena. Ahora hace diez años que estamos en paz y se ve como crece Angola, en este momento Angola tiene todo y lo que no tiene lo trae de afuera, porque no hay ningún impedimento.

LA GUERRA SE LLEVABA A LOS JÓVENES

Cuando el Padre Milan llegó a Angola recuerda que se encontró con una nación donde la guerra movilizaba todo, dado que la guerra no era voluntaria. Los jóvenes, adolescentes a veces eran “cazados” y llevados a la guerra. No era solo un grupito, sino que todas las familias tenían hijos en la guerra. Los dos grupos enfrentados usaban el mismo sistema, entendían que los jóvenes tenían una estatura que más o menos les permitía usar un arma, los agarraban y los llevaban. Este era un momento duro para las familias, porque muchos jóvenes no volvían.

En cuanto al rol de los misioneros en esta realidad, explicó el Padre Milan, se limitaba a trabajar en las parroquias, porque no se podían tener escuelas, porque era un regimen marxista leninista, todo controlado por el gobierno y por lo tanto no se podía hacer otra cosa que trabajar con los grupos parroquiales que se podían formar con jóvenes. Es cierto que también podíamos formar un  grupo y a los dos o tres días después los podían haber llevado a la guerra y de la guerra algunos volvían y otros no. En este sentido perdimos muchachos amigos.

En cuanto a su decisión de permanecer en África, dijo que lo entendía como “un compromiso de vida personal. Entendía que Cristo le decía tu vas a ir porque tu vas a recibir algo. Vaya si recibía el cariño y el afecto de la gente, por ser Padre y por ser misionero. Ellos te admiran porque tu llegaste a ayudarlos, porque quisiste ir a ayudarlos cuando ellos vivían en la pobreza material, compartiste sus penurias y ellos te admiran y respetan muchísimo.

MUCHO RESPETO Y AFECTO

En este sentido, expresó el Padre Milan, “hasta los militares profesan mucho respeto a los misioneros y especialmente a las madres, hermanitas (monjas), porque para ellos la maternidad es sagrada. Es lo más grande y entienden que esa mujer dejó todo por amor a ellos y eso vale. El regimen político cuando la guerra era marxista leninista, ahora es socialista.

La droga también allá golpea. En cuanto a la realidad actual, en un mundo globalizado,  el Padre Milan afirma que la droga también preocupa allá. Hay ocio, hay gente joven que no saben qué hacer con el tiempo y caen en las garras de la droga,  de la que luego les resulta prácticamente imposible de salir.

Invitado a evaluar su vida sacerdotal y su entrega como misionero en África, manifestó: “Angola es para mi, la gracia de las gracias que me dio el Señor. Es para mi como estar en el Uruguay. En cuanto a la posibilidad de regresar un día a tierra salteña, manifestó “pienso que ni muerto. A visitar familiares a ver a mi gente sí, con  mucho gusto, pero hoy Angola es mi tierra, esa me  la dio el Señor. Uruguay me la dieron mi padre y mi madre. Angola me la dio el Señor. Incluso tengo allí una madre, una señora anciana que una  vez delante de su familia angoleña, le dijo “Padre Milan es mi hijo…” y sus hijos angoleños, desde entonces me consideraron un hermano más “si madre dice que es así, nosotros no lo discutimos, así que tu eres nuestro hermano, me dicen. Incluso un hermano, vendrá ahora a Salto a conocer mi familia uruguaya, porque yo le considero también mi hermano, así como ellos me preguntan allá “qué precisas hermano…”, yo le diré también acá, esta es también tu familia, tus hermanos y lo que precises de ellos pídeselo, como lo hago yo…”.

En cuanto a los principales problemas de Angoleña, consideró que es la falta de trabajo. Falta trabajo, los jóvenes quieren trabajar, pero no tienen trabajo. Es un  problema de Estado, pero que Angola tiene que solucionarlo.

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Cuando la arquitectura es el hilo conductor de una vida

En su apartamento ubicado en el noveno piso de un edificio en pleno centro capitalino, a pasos del palacio municipal, nuestra entrevistada nos recibió de puertas abiertas. Por más de una hora dialogó ampliamente de múltiples temas, que ella, humildemente, considera que “poco le pueden importar a los lectores”. Nos quedamos con la sensación de encontrarnos con una gran mujer, orgullosa de sus padres, principista, universitaria, docente dedicada y muy crítica de la realidad actual, que en todo momento mostró su mirada particular. Hija de salteños con reconocidos apellidos (Rodríguez y Prati) repasó su venida a la capital a estudiar en los ’70, sus comienzos como docente, la conformación de su familia y los recuerdos de un Salto al que lleva en el corazón.

DE SALTO

Rosario Patricia Rodríguez Prati nació en el sanatorio Uruguay de nuestra ciudad. Es la primera hija del matrimonio  constituido por Carlos Rodríguez Fosalba (Cacho) y Teresa Isabel Prati. Su padre “era muy buen arquitecto y estaba muy vinculado a la sociedad, se brindaba y le gustaba trabajar mucho para la comunidad”. Fue político y ocupó el cargo de presidente de la Junta Departamental “durante mucho tiempo”. Dirigente del partido Nacional, fue uno de los integrantes del equipo del sector “Por la Patria”. “Era muy amigo de Wilson (Ferreira Aldunate) y de (Alberto) Zumarán”, “era una persona de muchos principios que marcó su influencia sobre sus hijos”. Su madre tiene ascendencia italiana: “mi abuelo, Eriberto Prati, era italiano, junto a su hermano gemelo (Edmundo) se criaron toda su infancia en Italia y luego, cuando ya eran jóvenes y tenían una profesión se vinieron y eligieron vivir en Salto”.

MIRADA LEJANA

El barrio que recuerda de cuando era niña es la zona del Club Remeros, en donde vivió “hasta los cinco años”. Después se mudó a calle Uruguay y Treinta y Tres, en  una casa que tenía cerca al “comercio Borrelli”, a la zapatería “Iurato” y a “París Londres”. Luego pasaron a vivir en la esquina de Artigas y Juan Carlos Gómez, donde su padre hizo un edificio de altura, “vivíamos en el octavo piso, con una vista fantástica, de donde se ve buena parte de la ciudad y el río”. “Mi padre era un gran arquitecto y ese edificio es precioso, toda la funcionalidad interior, las vistas a todos los frentes, es fantástico. De ahí yo quedé con la idea de que es importantísimo poder tener una mirada lejana, un horizonte lejano. Siempre me gustó vivir en apartamentos”. Actualmente Rosario vive en un noveno piso con “una vista alucinante, que me fascina, para la vida diaria, para despejarse, tener un ventanal y ver el amanecer, el horizonte, el movimiento de la ciudad. Es a mi manera de ver fantástico”.

MOMENTOS

Sus padres eran de “compartir momentos”: “teníamos charlas sobre arte, pintura, música”.

“A mi abuelo Prati le fascinaba la música”. Era pintor y hay cuadros. Murales y frescos de su autoría en varios edificios de Salto y en el museo (El Ateneo, la Sociedad Italiana , la Iglesia del Cerro y alguna residencia). “Parece mentira lo tarde que uno conoce la esencia de un familiar tan cercano” reflexiona Rosario. “Nosotros vivíamos en Salto y mi abuelo estaba en Montevideo. Toda esa historia la descubrí de adulto”.

Sus padres “siempre fueron innovadores. Recuerdo que a los trece años mi papá me regaló toda la colección de Los Beatles, que también a ellos les gustaban. Eran gente muy actualizada, informada de todo lo que pasaba en el mundo. Eran unos lectores impresionantes. Papá leía de todo a la vez. Se levantaba de madrugada y cuando yo me despertaba ya lo encontraba leyendo en el estar de casa. En su mesa de luz tenía de todo: desde El Tony, el último libro de Umberto Eco, algún libro de historia de la arquitectura, otro de dibujo, algo de política, de todo. En casa había libros por todos lados, teníamos muchas enciclopedias. Recuerdo  que cuando era estudiante siempre podía recurrir a encontrar algo en la biblioteca, casi nunca estudié en los libros de texto del colegio sino en algo similar que encontraba en casa”.

LOS AMIGOS

Fue a la Escuela y Liceo Crandon de Salto “siempre”, hasta que ingresó a Preparatorios en “el Osimani y Llerena”. Tiene muchos recuerdos de ese tiempo, de “amigos y de lugares”.

“El grupo de amigos de la escuela y el liceo es muy bueno. Tuvimos mucho tiempo apartados, porque la vida te lleva a veces a eso, pero últimamente hemos tenido varios encuentros. Esa amistad es para toda la vida, aunque no te veas, se mantiene y es muy fuerte y muy lindo”. Tenía muchos amigos y “nos divertíamos mucho”.

MONTEVIDEO DEL ‘72

En 1972 se vino a estudiar a Montevideo. “Fue justo un momento bravo. Ese primer año fue de mucha movilización. No lo recuerdo como algo malo, pero luego vino la intervención de la Universidad y ahí me fui un año para Salto”.

Fue “un cambio muy importante: me vine a vivir con unos parientes, con unos tíos y luego un corto tiempo en lo de mi abuela”. “Nunca dejaré de agradecer la generosidad de esa gente linda”. “El hecho de venirte del interior a instalarte en Montevideo es un desafío para un joven. Cuando entré a la facultad yo me hice de dos amigas que aún lo siguen siendo (Elisa y Mercedes) que me ayudaron mucho a ubicarme en la ciudad”.

EL SER UNIVERSITARIO

“Yo siento que nací queriendo ser arquitecto, que toda la vida quise serlo. Y es realmente mi vocación. Puede tener que ver la influencia de mi padre, pero de chiquita siempre lo tuve claro: dibujaba las casas que hacía papá, porque seguramente él me llevaba a obras, tengo esos recuerdos. Cuando era pequeña papá andaba en una (moto) Vespa, y yo iba con él a todas partes”.

Recuerda “el impacto de entrar en la Facultad de Arquitectura, subir esa escalinata que ahora subo todo el tiempo (ya que da clases). (El edificio) es una obra fantástica de (Román) Fresnedo Siri. Es una facultad hermosa que actualmente está muy bien cuidada”. “Yo no sé si la gente que vive en Montevideo cuando hace su paso del liceo a la facultad tiene ese impacto. En aquella oportunidad de inscribirme, sentí todo el peso del ser arquitecto en un futuro, de la responsabilidad que iba a tener, del ser universitario y de todo lo que ello implicaba. A la carrera la estudié con mucha seriedad y no sé si ahora los jóvenes se dan cuenta de lo importante que es estudiar a conciencia del para qué te preparas”. En la carrera destaca docentes importantes: Mariano Arana, Luis Livni, Tomás Sprechman, Pocho Singer, Dolores Plata, Uruguay Herrán.  Realizó  todos sus años de carrera en el taller Herrán, salvo la carpeta.

EL BIEN COMÚN

Manifestó ser una persona que no se ata “a las cosas” y si bien estaba muy vinculada políticamente a su padre, llegó un momento en el que tomó su camino: “hoy en día no estoy afiliada a ningún partido político”, expresa. “Cada uno tiene derecho a tener sus ideas mientras no dañe a los demás. En el fondo la política debe buscar el bien común, un socialismo bien entendido. Pero hoy en día, tengo la sensación de que la gente vota, participa de las elecciones o integra grupos políticos y milita, pero luego el individualismo a ultranza mata toda intención que puede haber de algunos en la construcción del bien común. La gente en general es individualista y eso sirve a algunos fines. Yo crecí en otro momento, fui educada con un gran sentido comunitario y me parece que eso se ha perdido. La facultad te preparaba para trabajar en pos de una comunidad equitativa. Que es importante estar al servicio de la comunidad.  Qué mejor sensación que la de darle una mano a alguien, estar con amigos, compartir los buenos y malos momentos con tu familia. Pero todo el entorno te obliga, uno es libre pero hay una matraca fuerte de la que es bastante difícil sustraerse”.

DE SALTO
Rosario Patricia Rodríguez Prati nació en el sanatorio Uruguay de nuestra ciudad. Es la primera hija del matrimonio constituido por Carlos Rodríguez Fosalba (Cacho) y Teresa Isabel Prati. Su padre “era muy buen arquitecto y estaba muy vinculado a la sociedad, se brindaba y le gustaba trabajar mucho para la comunidad”. Fue político y ocupó el cargo de presidente de la Junta Departamental “durante mucho tiempo”. Dirigente del partido Nacional, fue uno de los integrantes del equipo del sector “Por la Patria”. “Era muy amigo de Wilson (Ferreira Aldunate) y de (Alberto) Zumarán”, “era una persona de muchos principios que marcó su influencia sobre sus hijos”. Su madre tiene ascendencia italiana: “mi abuelo, Eriberto Prati, era italiano, junto a su hermano gemelo (Edmundo) se criaron toda su infancia en Italia y luego, cuando ya eran jóvenes y tenían una profesión se vinieron y eligieron vivir en Salto”.
MIRADA LEJANA
El barrio que recuerda de cuando era niña es la zona del Club Remeros, en donde vivió “hasta los cinco años”. Después se mudó a calle Uruguay y Treinta y Tres, en  una casa que tenía cerca al “comercio Borrelli”, a la zapatería “Iurato” y a “París Londres”. Luego pasaron a vivir en la esquina de Artigas y Juan Carlos Gómez, donde su padre hizo un edificio de altura, “vivíamos en el octavo piso, con una vista fantástica, de donde se ve buena parte de la ciudad y el río”. “Mi padre era un gran arquitecto y ese edificio es precioso, toda la funcionalidad interior, las vistas a todos los frentes, es fantástico. De ahí yo quedé con la idea de que es importantísimo poder tener una mirada lejana, un horizonte lejano. Siempre me gustó vivir en apartamentos”. Actualmente Rosario vive en un noveno piso con “una vista alucinante, que me fascina, para la vida diaria, para despejarse, tener un ventanal y ver el amanecer, el horizonte, el movimiento de la ciudad. Es a mi manera de ver fantástico”.
MOMENTOS
Sus padres eran de “compartir momentos”: “teníamos charlas sobre arte, pintura, música”.
“A mi abuelo Prati le fascinaba la música”. Era pintor y hay cuadros. Murales y frescos de su autoría en varios edificios de Salto y en el museo (El Ateneo, la Sociedad Italiana , la Iglesia del Cerro y alguna residencia). “Parece mentira lo tarde que uno conoce la esencia de un familiar tan cercano” reflexiona Rosario. “Nosotros vivíamos en Salto y mi abuelo estaba en Montevideo. Toda esa historia la descubrí de adulto”.
Sus padres “siempre fueron innovadores. Recuerdo que a los trece años mi papá me regaló toda la colección de Los Beatles, que también a ellos les gustaban. Eran gente muy actualizada, informada de todo lo que pasaba en el mundo. Eran unos lectores impresionantes. Papá leía de todo a la vez. Se levantaba de madrugada y cuando yo me despertaba ya lo encontraba leyendo en el estar de casa. En su mesa de luz tenía de todo: desde El Tony, el último libro de Umberto Eco, algún libro de historia de la arquitectura, otro de dibujo, algo de política, de todo. En casa había libros por todos lados, teníamos muchas enciclopedias. Recuerdo  que cuando era estudiante siempre podía recurrir a encontrar algo en la biblioteca, casi nunca estudié en los libros de texto del colegio sino en algo similar que encontraba en casa”.
LOS AMIGOS
Fue a la Escuela y Liceo Crandon de Salto “siempre”, hasta que ingresó a Preparatorios en “el Osimani y Llerena”. Tiene muchos recuerdos de ese tiempo, de “amigos y de lugares”.
“El grupo de amigos de la escuela y el liceo es muy bueno. Tuvimos mucho tiempo apartados, porque la vida te lleva a veces a eso, pero últimamente hemos tenido varios encuentros. Esa amistad es para toda la vida, aunque no te veas, se mantiene y es muy fuerte y muy lindo”. Tenía muchos amigos y “nos divertíamos mucho”.
MONTEVIDEO DEL ‘72
En 1972 se vino a estudiar a Montevideo. “Fue justo un momento bravo. Ese primer año fue de mucha movilización. No lo recuerdo como algo malo, pero luego vino la intervención de la Universidad y ahí me fui un año para Salto”.
Fue “un cambio muy importante: me vine a vivir con unos parientes, con unos tíos y luego un corto tiempo en lo de mi abuela”. “Nunca dejaré de agradecer la generosidad de esa gente linda”. “El hecho de venirte del interior a instalarte en Montevideo es un desafío para un joven. Cuando entré a la facultad yo me hice de dos amigas que aún lo siguen siendo (Elisa y Mercedes) que me ayudaron mucho a ubicarme en la ciudad”.
EL SER UNIVERSITARIO
“Yo siento que nací queriendo ser arquitecto, que toda la vida quise serlo. Y es realmente mi vocación. Puede tener que ver la influencia de mi padre, pero de chiquita siempre lo tuve claro: dibujaba las casas que hacía papá, porque seguramente él me llevaba a obras, tengo esos recuerdos. Cuando era pequeña papá andaba en una (moto) Vespa, y yo iba con él a todas partes”.
Recuerda “el impacto de entrar en la Facultad de Arquitectura, subir esa escalinata que ahora subo todo el tiempo (ya que da clases). (El edificio) es una obra fantástica de (Román) Fresnedo Siri. Es una facultad hermosa que actualmente está muy bien cuidada”. “Yo no sé si la gente que vive en Montevideo cuando hace su paso del liceo a la facultad tiene ese impacto. En aquella oportunidad de inscribirme, sentí todo el peso del ser arquitecto en un futuro, de la responsabilidad que iba a tener, del ser universitario y de todo lo que ello implicaba. A la carrera la estudié con mucha seriedad y no sé si ahora los jóvenes se dan cuenta de lo importante que es estudiar a conciencia del para qué te preparas”. En la carrera destaca docentes importantes: Mariano Arana, Luis Livni, Tomás Sprechman, Pocho Singer, Dolores Plata, Uruguay Herrán.  Realizó  todos sus años de carrera en el taller Herrán, salvo la carpeta.
EL BIEN COMÚN
Manifestó ser una persona que no se ata “a las cosas” y si bien estaba muy vinculada políticamente a su padre, llegó un momento en el que tomó su camino: “hoy en día no estoy afiliada a ningún partido político”, expresa. “Cada uno tiene derecho a tener sus ideas mientras no dañe a los demás. En el fondo la política debe buscar el bien común, un socialismo bien entendido. Pero hoy en día, tengo la sensación de que la gente vota, participa de las elecciones o integra grupos políticos y milita, pero luego el individualismo a ultranza mata toda intención que puede haber de algunos en la construcción del bien común. La gente en general es individualista y eso sirve a algunos fines. Yo crecí en otro momento, fui educada con un gran sentido comunitario y me parece que eso se ha perdido. La facultad te preparaba para trabajar en pos de una comunidad equitativa. Que es importante estar al servicio de la comunidad.  Qué mejor sensación que la de darle una mano a alguien, estar con amigos, compartir los buenos y malos momentos con tu familia. Pero todo el entorno te obliga, uno es libre pero hay una matraca fuerte de la que es bastante difícil sustraerse”.

El hilo conductor

Es profesora adjunta de la materia Medios y Técnicas de Expresión en la Facultad de Arquitectura en los primeros tres años de la carrera de arquitecto. “Desde que vine a estudiar a la facultad, salvo el momento que estuvo cerrada por la intervención, no me aparté nunca de ella. Es como la parte más larga del hilo conductor de mi vida”. Siendo estudiante le propusieron trabajar de ayudante en los cursos de Matemáticas, para luego proponerle dar clases en Salto. ¨Fue muy difícil. Tuve que vencer muchos prejuicios. Me tuve que preparar”. Recordó sus clases en el edificio de la Regional Norte (por calle Artigas) por “tres años. Yo acepté trabajar porque era en Salto y con el interés de hacer lo mejor”. Inició la docencia “con la convicción de que estaba haciendo algo por la comunidad, por mi Salto, con mucho esfuerzo. Ahí sacrifiqué mi carrera, pero además el hecho de ir a mis pagos tenía lo positivo de ver a mis padres más seguido”. Viajaba a Salto en los aviones Fokker de “TAMU” hasta que su madre le pidió que lo hiciera en ómnibus luego de que ocurriera el accidente aéreo en el que falleció el Arq. Nestor Minutti (entonces intendente de Salto) en 1977. De esa forma comenzó a viajar en ómnibus.

“Me he dedicado mucho, me gusta mucho la docencia, es muy placentero estar con los muchachos. No es solamente tener un trabajo y cumplirlo, es estar dando y tratando de brindar lo que te brindaron. Siento que es una devolución”.

Elegir vivir

Se casó en 1978 “antes de terminar la carrera” y su primer hijo también nació en su época de estudiante. “Era feliz y eso me bastó” nos dice cuando le consultamos si la familia retrasó sus estudios. “Hay un momento para todo y uno se enamora. Yo siempre elegí vivir”.

Tiene tres hijos: Martín, Marina y Leandro. A Mario, su marido, lo conoció en un viaje de trabajo a Salto. Él es montevideano pero por trabajo se trasladó a nuestra ciudad y ahí se conocieron. Están casados hace 34 años. Considera que su familia es normal: ¨ha tenido altibajos pero el amor se construye todos los días y con mi esposo hemos trabajado en ese sentido mucho, codo con codo, se pasan momentos donde no se está tan enamorado, y otros en los que lo estás mucho más. Lo más importante es juntos lograr el proyecto de familia que te habías propuesto. El amor es más que cosa de dos¨.

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“Blu”nominada a cinco premios Florencio

Desde la observación de “sus bichos” que encontraba en el fondo de su casa, al estudio del comportamiento humano como biólogo especialmente interesado en la Etología, Fernando encuentra su lugar en el Teatro, un arte que le permite crear a través de la observación de su propia experiencia.

Eernando Nieto Palladino nació el 20 de noviembre de 1980, se crió en el barrio Cerro junto a sus dos hermanos Mario y Nelson, allí transcurrió su niñez y adolescencia. Concurrió a la escuela Nº 111 (que en ese momento funcionaba en el turno matutino de la Escuela Nº 5, frente a la plaza Gral. Flores. Secundaria la cursó en el Liceo Nº2 eligiendo la orientación  Biológica.
“Los lugares que recuerdo con muchísimo cariño son por aquellos donde pasaba la mayor parte de mi tiempo, mi escuela, mi liceo, la plaza Flores, las viviendas que estaban frente a mi casa y donde vivían la mayoría de mis compañeros de juego. Pero sin duda mis momentos preferidos eran las siestas de verano, cuando me escapaba a jugar con mis perras bajo el parral del patio de mi casa, o a llenar tarros con bichos que encontraba.
No creo haber sido un buen alumno, a pesar de no haber tenido dificultades con mis estudios, siempre me llamaron más la atención las cosas que se movían que los libros. Me costaba mucho concentrarme en clase. Creo que en mi familia todos me recordarán como el revoltoso. De todos modos la biología me apasionaba. Todo lo que estuviera vivo me llamaba mucho la atención. Me resultaba fácil aprender, me era natural” dijo Fernando al recordar su niñez y adolescencia.
Al terminar Secundaria, se fue a vivir a Montevideo para cursar la Licenciatura en Ciencias Biológicas, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, “en ese momento ignoraba por completo de qué se trataba el oficio de un biólogo”.
Allí descubrió la Etología (un área de la zoología que se ocupa de investigar el comportamiento de los animales) “ese fue el gran descubrimiento”.
Le llamó la atención la especialización de la etología que se centra en el estudio del comportamiento humano, aportando una visión evolutiva y ecológica a las demás disciplinas humanas del comportamiento como la sicología, la antropología o la sociología y aseguró que un rasgo particular de la especie humana es que “todos los individuos se expresan artísticamente, al menos una vez en su vida”.

Eernando Nieto Palladino nació el 20 de noviembre de 1980, se crió en el barrio Cerro junto a sus dos hermanos Mario y Nelson, allí transcurrió su niñez y adolescencia. Concurrió a la escuela Nº 111 (que en ese momento funcionaba en el turno matutino de la Escuela Nº 5, frente a la plaza Gral. Flores. Secundaria la cursó en el Liceo Nº2 eligiendo la orientación  Biológica.

“Los lugares que recuerdo con muchísimo cariño son por aquellos donde pasaba la mayor parte de mi tiempo, mi escuela, mi liceo, la plaza Flores, las viviendas que estaban frente a mi casa y donde vivían la mayoría de mis compañeros de juego. Pero sin duda mis momentos preferidos eran las siestas de verano, cuando me escapaba a jugar con mis perras bajo el parral del patio de mi casa, o a llenar tarros con bichos que encontraba.

No creo haber sido un buen alumno, a pesar de no haber tenido dificultades con mis estudios, siempre me llamaron más la atención las cosas que se movían que los libros. Me costaba mucho concentrarme en clase. Creo que en mi familia todos me recordarán como el revoltoso. De todos modos la biología me apasionaba. Todo lo que estuviera vivo me llamaba mucho la atención. Me resultaba fácil aprender, me era natural” dijo Fernando al recordar su niñez y adolescencia.

Al terminar Secundaria, se fue a vivir a Montevideo para cursar la Licenciatura en Ciencias Biológicas, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, “en ese momento ignoraba por completo de qué se trataba el oficio de un biólogo”.

Allí descubrió la Etología (un área de la zoología que se ocupa de investigar el comportamiento de los animales) “ese fue el gran descubrimiento”.

Le llamó la atención la especialización de la etología que se centra en el estudio del comportamiento humano, aportando una visión evolutiva y ecológica a las demás disciplinas humanas del comportamiento como la sicología, la antropología o la sociología y aseguró que un rasgo particular de la especie humana es que “todos los individuos se expresan artísticamente, al menos una vez en su vida”.

Sus inicios en el Arte

En el año 2002 y como estudiante de la licenciatura de biología, decidió junto a dos compañeros de clase, Leonardo Lorenzo y Eliana Goicoechea, organizar un grupo experimental de expresión artística. “En el momento nos pareció que el teatro era la disciplina adecuada porque reúne diversos lenguajes: música, plástica, literatura, expresión corporal y permitía que cada miembro del grupo experimental encontrara un área en la que pudiera sentirse a gusto para expresarse. En ese contexto podríamos observar de cerca los procesos creativos de varias personas” comentó.

Ese “taller de teatro” se desarrolló durante cuatro años en la Facultad de Ciencias, y durante ese tiempo fue delineando las bases de lo que luego llamaría “etodrama y bioescénica”.

En el año 2005 conoció a la directora y dramaturga Marianella Morena en un taller de teatro que organizaba Bienestar Universitario de forma gratuita para estudiantes de la Universidad de la República. Con ella tuvo la oportunidad de realizar las primeras aplicaciones etodramáticas a la construcción de espectáculos teatrales y de observar de cerca su trabajo.

Su pronta incorporación al arte escénico le ha valido importantes reconocimientos, desde que estrenó “Quiroga con la luz prendida” y obtuvo el galardón en la categoría Texto de autor nacional, luego vino su puesta de los “Siete locos” de Roberto Arlt, en 2012. Su tercera obra “Blue” lo posiciona nuevamente como director y actor, también escrita por él a partir de un trabajo de creación colectiva, fue nominada a los Premios Florencio en las categorías de espectáculo, director, actor, elenco y vestuario, que anoche se revelaban en la ceremonia de premiación.

“REVERSIÓN”

En el año 2007 junto a Bettiana Pastrana, también estudiante de la Licenciatura en Biología y a Leonardo Lorenzo, decidimos armarAL DORSO 2 un grupo externo a la Facultad de Ciencias que llamaron “Reversión teatro”. La finalidad de este grupo era la investigación y el entrenamiento de actores en una disciplina que aportaba una dimensión animal e instintiva al trabajo actoral.

El primer resultado fue la obra “Quiroga – Con la luz prendida”, basada en la vida y la obra del escritor salteño Horacio Quiroga; “obra que escribí, dirigí y actué junto a Bettiana Pastrana y Leticia Sarante” afirmó Fernando.

Este fue un espectáculo muy bien recibido por la crítica, que en 2008 le otorgó el Florencio a Mejor Texto de Autor Nacional, “además del reconocimiento, este espectáculo nos permitió conformar un equipo de producción sólido y Reversión empezó a crecer”.

Posteriormente Reversión se concentró en su objetivo principal de investigación y no fue sino hasta el 2012 que estrenó su próximo espectáculo: “Siete Locos”, obra ganadora del programa Montevideo Ciudad Teatral del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo, “Siete Locos es una reescritura que realicé sobre la novela homónima del argentino Roberto Arlt, también actué y dirigí ese espectáculo” agregó.

El destaque con “Blu”

Este año, Reversión integró la producción de espectáculos a sus actividades permanentes y “durante todo el 2013 trabajamos en la obra BLU”, que se estrenó el 2 de noviembre en la sala de teatro La Gringa.

BLU es una obra que surge de una pieza musical barroca, el “Adagio en sol menor”, y de cómo fue compuesta. En BLU Fernando nuevamente cumple el triple rol de: actor, director y dramaturgo. En el escenario lo acompañan Emanuel Sobré, Andrés Reyes y Bruno Guerra Darriulat.

Blu habla sobre la relación de amor-odio entre cuatro hermanos huérfanos que viven en el campo, cada uno de los cuales sufre una discapacidad o incapacidad física o emocional. La obra tiene un trabajo de arte notable que incluye el vestuario, el maquillaje, la música y la escenografía. En ella destaca un gran estante con frascos en formol azul, color que tiñe las lenguas de sus protagonistas, la iluminación y que da nombre a Blu, el personaje con discapacidad intelectual interpretado por Emanuel Sobré. No obstante esta atmósfera fantástica, la obra deja paso a una historia construida desde lo cotidiano ya que se trabajó a partir de las vivencias de los actores y que se manifiesta en un trabajo interpretativo sólido y en un texto que transmite una mirada extrañada de lo real.

Las satisfacciones con este espectáculo comenzaron desde antes de su estreno, cuando el proyecto resultó ganador del Programa de Fortalecimiento de las Artes del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo, continuaron con la excelente recepción de los espectadores, y con las cinco nominaciones que le otorgó la crítica a los premios Florencio el pasado 26 de noviembre. Anoche en la Sala Zitarrosa se realizaba la ceremonia de premiación en su 51º edición donde se revelarían los ganadores.

“Creo que la clave todo este tiempo ha sido el trabajo duro y el formar parte de un grupo de personas convencidas de lo que hacen. Reversión está formado por personas que aman su trabajo y que asisten a la tarea con placer, de modo que todos los reconocimientos son colectivos” aseguró.

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La disyuntiva entre los cambios al ejercicio de la profesión y la permanencia de los valores éticos y las convicciones

“El escribano,  debe dar la fe pública y la búsqueda de consensos y acuerdos en sociedades conflictivas, su presencia es imprescindible porque el escribano da  libertad, seguridad y equidad. Ese privilegio de dar fe pública lleva al escribano a tener muy fuertes sus valores éticos y convicciones, los cuales deben estar muy presentes en esta profesión más que en cualquier otra”.
Esc. Roberto Zunini.

“El escribano,  debe dar la fe pública y la búsqueda de consensos y acuerdos en sociedades conflictivas, su presencia es imprescindible porque el escribano da  libertad, seguridad y equidad. Ese privilegio de dar fe pública lleva al escribano a tener muy fuertes sus valores éticos y convicciones, los cuales deben estar muy presentes en esta profesión más que en cualquier otra”.

Esc. Roberto Zunini.

Roberto Edison Zunini Cesio, nació el 30 de noviembre de 1947 en Salto, sus padres, María Teresa “Titina” Cesio y Edison “Coco” Zunini, sembraron en Roberto y su hermana Alice la vocación de servicio a la comunidad. “Mis padres tuvieron una actividad muy vinculada al medio, por eso en mi infancia siempre aprendí lo que es la solidaridad y que uno además de vivir su propia vida debe saber que forma parte de una sociedad con la cual tiene deberes sociales. Servir significa participar en los distintos ámbitos de la vida en la cual uno se vincula.” dijo Roberto.

Se crió en la zona del centro, concurrió a la escuela Nº1 y al liceo Nº1 IPOLL, de esa época aún conserva varios amigos, como Mario Monetti.

De su juventud Roberto relató lo siguiente “yo me formé en los años 60, un momento de muchos cambios y transformaciones, pero era casi una necesidad participar de la vida de las instituciones, la AEOLL (Asociación Estudiantil Osimani y Llerena) tenía una muy fuerte tradición de participación  y yo desde primer año de liceo formé parte de esa asociación. La AEOLL, permitía a los muchachos tener una vida activa de vinculación y conocimiento del medio. Durante varios años fui integrante de la Directiva, incluso participé en un mensuario llamado Adelante  que la Asociación distribuía gratuitamente entre los estudiantes, de esa época recuerdo a Héctor Borrelli, con quien transité muchos años más”.

A los 14 años formó parte de la Redacción de diario EL PUEBLO, donde comenzó participando en la parte deportiva y al poco tiempo pasó a colaborar en la página de cultura, redactando comentarios de cine junto a Rodolfo Invernizzi Arena.

En esta actividad permaneció desde los 14 hasta los 18 años, fecha en que se trasladó a estudiar a Montevideo y desde allí mantuvo durante algún tiempo una especie de corresponsalía junto a Ariel Díaz y Héctor Borrelli, mediante un informe diario denominado “Detrás de las noticias”.

El director del diario en esa época era Enrique Cesio, su tío, con quien Roberto siempre mantuvo una relación muy particular, reconociéndolo como una de las personas que más influyó y marcó su vida.

Ingresó en la Universidad en el año 1966, y allí aparece su vinculación a la vida gremial, en el año 67 ya formaba parte de la militancia de la vida universitaria, siendo electo Secretario General del Centro de Estudiantes de Notariado con 21 años.

Su vocación de servicio lo llevó a participar en política, incorporándose en el año 1970 al Movimiento Nacional de Rocha, liderado por Carlos Julio Pereira, otra de las figuras emblemáticas que marcaron notoriamente su trayectoria.

AÑOS DE MUCHA ACTIVIDAD Y COMPROMISO

Roberto se casó en el año 1981 con Matilde Martínez, de cuya unión nacieron sus dos hijas Monserrat y Macarena. Al año siguiente se produce su regreso a Salto, cuando se recibe como Escribano, el día 2 de abril de 1982, “fecha en que los argentinos invaden las Malvinas”, recordó.

Una vez en Salto se dedicó de pleno al ejercicio de su profesión y continuó con su actividad política militando por elzuniniMovimiento Nacional de Rocha, lo que le permitió ser electo Edil Departamental, durante el período 1989-1994, siendo durante un año vice presidente de la Junta Departamental, además de continuar muy comprometido con diferentes instituciones del medio.

Por ese entonces su participación fue muy activa en diferentes actividades. Fue dirigente de la Liga Salteña de Básquetbol, fundó el Cine Club Salto junto a un grupo de personas destacadas como Fernando Constela, Jorge Castro, Juan Carlos Ferreira, Juan Carlos Abarno. “Durante los año 1984 y 1991, pasábamos películas todos los miércoles, a la gente le gustaba mucho ir a ver cine, fue un lindo proyecto” recordó.

Su experiencia en la docencia la inició en el año 1985, en la cátedra Historia de las Ideas, permaneciendo como encargado de dicha cátedra desde el año 1990 hasta la fecha.

Fue nombrado Asistente Académico en el año 1987 por el Escribano Eugenio Caffaro y Presidente de la Asamblea del Claustro en varios períodos.

Desde junio 2006 a agosto de 2007 fue Director de la Regional Norte tras la asunción de Dora Bagdasarián como Decana de la Facultad de Derecho.

“Fue una época muy activa, hoy miro para atrás y no sé cómo hice para cumplir con tantos roles a la vez”, comentó Roberto.

SU LEGADO EN LA ASOCIACIÓN DE ESCRIBANOS

En el año 1998 ingresó a la Asociación de Escribanos “como un directivo más” y en el año 2005 es electo Presidente de dicha asociación bajo una lista única, siendo reelecto en el año 2008 y en el año 2010.

El pasado viernes 29 de noviembre en el Acto Académico en conmemoración del Día del Escribano, tras un emotivo discurso, Roberto se despidió de la directiva de la Asociación de Escribanos, luego de tantos años de dedicación.

A modo de balance comentó  algunos logros alcanzados durante el tiempo en que permaneció en la directiva “se ha hecho una reestructura de la sede, se creó una biblioteca, se firmó un convenio con MVOTMA y MEVIR para escriturar sus títulos de propiedad logrando que muchos jóvenes notarios tengan un incentivo importante al comienzo de su ejercicio, llegamos a 112 convenios con instituciones y comercios, además de haber realizado un gran número de charlas y conferencias, dándole una actividad muy fuerte a la Asociación con una impronta marcada dentro de la sociedad”.

Entre los datos que brindó a EL PUEBLO, comentó que actualmente la Asociación cuenta con 182 escribanos  activos y 31 pasivos asociados, mientras que en la Regional Norte se reciben entre 7 y 9 escribanos por año.

En su faceta como escritor editó un libro denominado “Populismo Perón, Peronismo, Poder”, y actualmente esta trabajando en un proyecto sobre Carlos Quijano, refiriéndose al respecto “es una etapa de la vida en las cual uno puede dedicarse a rastrear, buscar y ejercer el pensamiento crítico, en una función creadora”.

LOS CAMBIOS ACTUALES

DE LA PROFESIÓN

Respecto a los cambios ocurridos en el ejercicio de su profesión comentó “mi padre y mi tío eran escribanos y de alguna manera esa formación influyó en la elección de mi profesión.

El ejercicio de la profesión de escribano ha cambiado mucho, el escribano antes era consejero y mediador y desde hace un tiempo es una especie de detective que tiene que controlar BPS, Contribución Inmobiliaria, Primaria, etc, incluso debió ir especializándose en los aspectos impositivos porque el estado le ha ido transfiriendo  esa responsabilidad como garante solidario de dicha recaudación de manera honoraria”

Finalmente y a modo de reflexión dijo que tras tantos años de dedicación y compromiso, “lo importante es sentarse, mirarse al espejo y encontrar los mismos valores que uno tenía hace mucho tiempo atrás, esa es una gran satisfacción porque es uno de los pocos legados que uno deja a la familia, los amigos y las instituciones a las cuales uno ha servido durante años”.

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Recorrió el mundo, pero sus raíces están en Salto

Nos recibió en su transitorio lugar de hospedaje en Montevideo, ya que dentro de algunos días volverá a Valencia (España), donde la espera su esposo. Con el aire del Río de la Plata de fondo, en un balcón de la Ciudad Vieja, esta joven salteña nos contó su periplo por distintas partes del mundo, siguiendo el trabajo que su padre realiza para una empresa italiana que construye represas hidroeléctricas. La
pastelería es su pasión, pero apuesta al maquillaje en este momento de su vida. Junto a Tiziana, su hija adolescente, recorrió para nuestra sección
semanal Al Dorso, esos lugares que caminó,
sus culturas y recordó sus tiempos en Salto:
su infancia en Salto Nuevo y su juventud en barrio Lazareto. Si bien no se le nota su acento español, repite varias veces términos de aquel país, al que volverá y al que considera muy distinto a Uruguay.

Nos recibió en su transitorio lugar de hospedaje en Montevideo, ya que dentro de algunos días volverá a Valencia (España), donde la espera su esposo. Con el aire del Río de la Plata de fondo, en un balcón de la Ciudad Vieja, esta joven salteña nos contó su periplo por distintas partes del mundo, siguiendo el trabajo que su padre realiza para una empresa italiana que construye represas hidroeléctricas. La pastelería es su pasión, pero apuesta al maquillaje en este momento de su vida. Junto a Tiziana, su hija adolescente, recorrió para nuestra sección semanal Al Dorso, esos lugares que caminó, sus culturas y recordó sus tiempos en Salto: su infancia en Salto Nuevo y su juventud en barrio Lazareto. Si bien no se le nota su acento español, repite varias veces términos de aquel país, al que volverá y al que considera muy distinto a Uruguay.

El itinerario de su vida la llevó a Ecuador, Honduras, Turquía, Argentina y España. Del diálogo que mantuvo con EL PUEBLO resultan aspectos interesantes de una salteña que recorrió el mundo desde muy chica, que ha ido y venido a nuestro país y que parece ser se afincará de manera definitiva en Valencia, aunque “uno nunca se olvida de sus raíces, su Salto natal”.

POR TODO EL MUNDO

Nació en Salto y vivió hasta los dos años. Se fue a Ecuador donde estuvo hasta sus cinco años de edad. Regresó a Salto hasta los siete, momento en los que se fue a Honduras, donde estuvo un año, para retornar de nuevo a Salto. Se fue a Montevideo para luego irse a Turquía, donde estuvo cuatro años, para volverse a Montevideo, antes de irse a Argentina (Corrientes), donde estuvo tres años.

Su padre, Enrique Píriz, trabaja en la empresa Impregilo, sociedad multinacional y uno de los mayores grupos italianos del sector de la construcción y de la ingeniería, que tiene su sede principal en Milán. Fue una de las encargadas de construir la Represa de Salto Grande

Enrique (actualmente trabajando en Colombia) es supervisor electrónico de la electromecánica de camiones, grúas y grandes máquinas Caterpillar.

INFANCIA EN SALTO NUEVO

Nació en el Hospital Regional de Salto. Vivió en Salto Nuevo, “en calle Boycuá”, luego en “las cercanías del Estadio Bernasconi”. Hizo “jardinera en un jardín público en la zona del Cerro, fui a la escuela 10 (en el primer año), hice segundo en Honduras y tercero en la escuela 1 en calle Artigas y Larrañaga”. Ya en Turquía fue a la “Escuela Italiana”.

“Mi infancia en Salto Nuevo fue muy bonita porque mis abuelos tenían en el fondo de su casa árboles de naranja, nos juntábamos con mis primos a jugar, pasábamos todas las tardes. Cerca había un descampado y nos íbamos a jugar”.

A los 18 años se instaló en Salto por unos años, hasta los 22. “Me costó adaptarme a Salto, porque la sociedad salteña es un poco especial, cerrada”. De Salto recuerda su juventud: “los bailes, la costanera, los asados, las reuniones, las peñas de la Facultad (Regional Norte de la Universidad de la República)”.  Si bien estudió, en Montevideo, diseño de moda, su oficio es la pastelería: “lo hice como hobby en Argentina y al final me terminó gustando”.

Ha vuelto de paseo a Salto varias veces. “Uno nunca sabe si no volverá definitivamente a Salto. Te tira porque es un lugar tan tranquilo, que podés ir a relajarte y cuando tenés hijos es ideal para vivir, porque no es lo mismo que estar viviendo aquí (en Montevideo) o en España. Es otra forma de vida”.

ECUADOR

Vivió en Quito y luego se mudó al Paute, donde se encuentra la Central Hidroeléctrica, que es la generadora más grande de aquel país. Recuerda “las montañas y los campamentos donde se instalan los trabajadores de la empresa con sus familias. Jugaba y vivía entre esos cerros en una época muy bonita”.

TURQUÍA

Vivió cerca de cuatro años en Estambul: “Es precioso y me encantó”. La ciudad está dividida en dos partes separada por un estrecho. “Yo vivía en la parte asiática y estudiaba en la parte europea, es decir que todos los días atravesábamos el estrecho del Bósforo”. Píriz estudiaba en la escuela italiana de Estambul.  Consultada expresó “la cultura es totalmente distinta fundamentalmente por la religión musulmana existente en aquel país. En la época en que yo viví (desde los 9 a los 13 años) todavía eran muy fanáticos. Las mujeres generalmente andaban tapadas con los velos y eran compradas a temprana edad, incluso en algunos casos estaban apalabradas antes de nacer”.

Volvió a Montevideo, hasta los 15 años, radicándose en el Cerrito de la Victoria para finalmente trasladarse a la ciudad de Ituzaingó en la provincia de Corrientes, en Argentina, sede  de la represa hidroeléctrica de Yaciretá.

SU VIDA EN ESPAÑA

A los 30 años conoció a su marido, Manuel, un español, y se mudó a Valencia, donde vivió 5 años, para regresar al Uruguay hace más de un año. Dentro de pocos días retorna a Valencia. “Mi vida en España es muy buena, es tranquila, a mí me encanta, nunca me sentí discriminada, tengo amigos españoles, me adapté muy bien, aunque el primer año me costó. Si bien viajé toda mi vida no es lo mismo viajar con tu familia que viajar con mi hija a cargo. España me encanta, es otro mundo, nada que ver con Uruguay. Pero mis raíces siempre me tiran: sigo tomando mate, mi marido también lo hace. Estás allá y extrañas, más porque el valenciano no se reúne generalmente en las casas como nosotros, los uruguayos, que nos juntamos en la casa de los amigos y comemos un asadito, tomamos unos mates o lo que sea. Pero el valenciano no, prefiere salir a tomar algo, o a cenar o a comer afuera, pero en la casa de ellos no meten a mucha gente. Son culturas distintas”.

Su hija Tiziana

“Es lo más importante de mi vida…”

Patricia es madre de Tiziana, una adolescente que nació en Montevideo. En este tiempo de nuevo a Uruguay Tiziana fue a la escuela y eso le encantó a su madre: “visitó Salto y me preguntó porque no nos íbamos a vivir ahí”. Es “lo más importante de mi vida, es todo. Trato de darle lo mejor. Inculcarle que tenga una buena base en la vida, que tenga cariño, que sea una buena persona, que se haga respetar, que sea luchadora, que nunca se olvide de sus raíces, de donde viene”. Por eso es importante este año que está transcurriendo: “se empapó de la cultura uruguaya y empezó a valorar ciertas cosas que yo veo que los niños españoles no valoran. La facilidad de tener todo, ese consumismo no es bueno. Acá nos criamos de otra forma, a valorar las cosas, a saber que lo importante no es tener cosas”.

Nuestra entrevistada considera que “el uruguayo es más sencillo. El español generalmente no le da tanta importancia a los encuentros, es menos afectivo, no tienen nada que ver con el uruguayo”. Reconoce los sacrificios que costó la crianza de su niña. Si bien sus padres económicamente la ayudaron “toda mi vida traté de ser independiente. Siempre me gustó trabajar y asumir mis gastos”. Recordó el tiempo en que trabajó en una reconocida confitería de Montevideo (Medialunas Calentitas): “Tiziana llegó a jugar o dormirse debajo de la mesa en la que trabajaba”.

PASTELERA

Trabajó en una pastelería argentina en Valencia durante tres años. Píriz tiene vocación de pastelera: “me gusta crear y cocinar para los demás”. En Montevideo trabajó “en lugares importante con maestros y me perfeccioné bastante”. “La pastelería española es muy básica, la nuestra es mucho más completa, no tiene comparación”. Si bien se va España con trabajo de pastelera, este año que transcurrió en Montevideo Patricia estudió maquillaje profesional con Rosario Viñoly. “Me gustaría dedicarme a toda esta parte de belleza que me gusta mucho”.

LAS FIESTAS Y LOS BAILES

“Uy como se extrañan las fiestas de Salto” dice nostálgica Patricia. En España “no se viven las fiestas de ese modo ni de casualidad”. La diferencia es mucha: “acá la gente está esperando las fiestas para juntarse, la preparación de la reunión, la comida, la bebida. Después de las 12 los vecinos salen a saludar, los fuegos artificiales, los bailes (en la Costanera), al otro día te vas al Parque del Lago”.  Cuando la consultamos por los bailes de su época recordó boliches que ya no están: “El Rancho, Oasis, Planeta X, El Peñón, Calipso, Puebla, El Polo, las peñas de la Regional Norte”.  Recordó la “fiesta del Milenio en Salto”, cuando en el 2000 se realizaron una serie de celebraciones festivas en las plazas de la ciudad.

Vivió mucho tiempo por calle Cervantes al 1500: “cerca de Lazareto, de Huracán, de la Universidad (que la estaban haciendo), de la subidita que terminaba en el tanque de la OSE, enfrente del Hogar de Ancianos, de la cortada de Lazareto (que une calle Michelini con Piedras)”. Recordó el boliche de “Soutto y de Mima”, porque si de algo no se olvida es precisamente de sus raíces tan salteñas como la naranja misma…

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“La Danza ha sido todo para mí y agradezco a quienes me apoyaron para cumplir mis sueños”

Alumna de una de las referentes de la Danza en Salto,
Ana María Gaudín, Marcela Cavallo cumple más de dos
décadas en la docencia de la danza y hoy en su academia cuenta con ochenta alumnas y se siente realizada al haberse podido dedicar a desarrollar su verdadera vocación y
transformarla en su medio de vida.
El pasado fin de semana celebró sus 25 años de
trayectoria en Haras de Salto, donde acudieron sus alumnas, ex alumnas, la Prof. Ana María Gaudín y su grupo de danza, también músicos y artistas procedentes de la
capital del país.
En ameno diálogo con Al Dorso destacó el buen nivel artístico existente en nuestra ciudad en lo que se refiere a la danza y sus diversos estilos.

Alumna de una de las referentes de la Danza en Salto, Ana María Gaudín, Marcela Cavallo cumple más de dos décadas en la docencia de la danza y hoy en su academia cuenta con ochenta alumnas y se siente realizada al haberse podido dedicar a desarrollar su verdadera vocación y transformarla en su medio de vida.El pasado fin de semana celebró sus 25 años de trayectoria en Haras de Salto, donde acudieron sus alumnas, ex alumnas, la Prof. Ana María Gaudín y su grupo de danza, también músicos y artistas procedentes de la capital del país. En ameno diálogo con Al Dorso destacó el buen nivel artístico existente en nuestra ciudad en lo que se refiere a la danza y sus diversos estilos.

Marcela Cavallo – dueña de una excelencia en sus movimientos y en despliegue de coreografías en el escenario – se ha dedicado por muchos años a la docencia de las Danzas Españolas en todas sus diversidades y estilos.

Marcela se siente muy agradecida a todos quienes le abrieron las puertas para que pudiera desarrollarse como artista, docente y profesional… a sus alumnas y familiares, a su madre Gloria que la apoya incondicionalmente y a la Profesora Ana María Gaudín, por compartir el camino del arte.

Marcela Cavallo se formó desde muy pequeña con la Prof. Ana María Gaudín que casualmente este año cumplió cuatromarcelacavallo001 décadas en la Danza.

“Me recibí a los quince años y a los dieciséis ya empecé a dar clase  en la casa de mis abuelos que es donde continúo hasta hoy.

Felizmente pude construir un salón grande al fondo con espejos y toda la estructura, pero cuando empecé fue en una habitación pequeña con tres alumnas y desde ese entonces no paré nunca” – recuerda Marcela.

En su academia acuden las alumnas que estudian Danzas Españolas, también Salsa, Flamenco y Gimnasia.

Arranca normalmente con sus clases a las cinco de la tarde y con los ensayos se va a más de las diez de la mañana.

¿Y cómo fueron esos primeros  tiempos como docente?

-“Desde muy chica supe que era lo que quería ser y hacer… empecé a bailar a los cuatro años… seguí con los estudios en el liceo, clases de Inglés… pero luego supe que me gustaba esto que elegí y continué en ello.

Me ha brindado muchas satisfacciones; conocí mucha gente y siempre estamos haciendo presentaciones en todos lados…en los hoteles, en una escuela o en diferentes eventos.

Nuestra docente Ana María siempre tuvo una fama de ser muy rígida, pero a nosotros nos sacó buenas… los exámenes eran fuertes pero como a mí me gustaba, no me resultó un sacrificio.

Con Ana María siempre tuvimos una excelente relación y se armaban salidas con los grupos como lo hago también con mis alumnas.

Doy clases en un hotel de Termas del Arapey y las llevo a bailar a las alumnas grandes y a su vez ellas se quedan conmigo allí y disfrutamos de unas pequeñas vacaciones, cultivamos una relación muy cercana”.

IMPORTANTE SEMILLERO DE BAILARINAS PROFESIONALES Y DOCENTES

Salto se ha caracterizado siempre por tener un nivel importante en la Danza y Marcela Cavallo lo reafirma: “en la actualidad existen muchas academias… muchas docentes de mi generación y egresadas que dan clases.

Muchas chicas en la actualidad se dedican a la danza, ya sea por vocación, porque les gusta o por problemas de salud y les mandan hacer ejercicios.

La mayoría de las niñas realiza esa actividad” – asevera.

ENTRE LA DOCENCIA

Y EL EJERCICIO PROFESIONAL

SU GUSTO POR LA DANZA

FLAMENCA Y EL TANGO

-Ciertamente ¿Pensó dedicarse al ejercicio profesional como bailarina o le ganó más la docencia?

-“Las dos cosas… hasta el día de hoy en las presentaciones bailo junto a mis alumnas, con el grupo de las mayores.

Me gustan todos los estilos musicales y me encanta bailar todos los ritmos.

Me atrapa la danza Flamenca y el tango…hace algunos años que ya no doy clase de este estilo, por cuestiones horarias.

Espero el año que viene poder organizarme y comenzar con esos alumnos que me están esperando para el tango”.

“ES MUY IMPORTANTE QUE

DESDE LAS INSTITUCIONES

SE DIFUNDA LA DANZA”

Existe un interés en que los jóvenes se familiaricen con esta expresión rioplatense para que no se pierda.

Cavallo distingue el hecho que se le brinde un importante espacio a la danza a partir de distintas instituciones inclusive la Intendencia Departamental.

“He advertido que se ha arrimado mucha gente joven y ello es muy positivo, porque en  Buenos Aires hace muchos años que existe esa movida y por suerte aquí se está desarrollando algo similar”.

-¿Recuerda cuándo pisó por primera vez el escenario?

-(Se sonríe)… creo que sí… y puedo decir que hasta ahora como en otros tiempos el escenario me genera una adrenalina especial.

Era muy chiquitita y en esa época estudiaba con la Prof. Ana María Danzas Españolas y Ballet.

Lo que no recuerdo demasiado fue ese primer número de ballet que hicimos, pero sí aún guardo los trajes.

En los desfiles y fiestas los usan mis alumnas, como por ejemplo en la Fiesta de los Inmigrantes.

-Referentes de relieve internacional que la hayan inspirado…

-“Antonio Gades es un bailarín que ha sentado precedentes en la Danza, pero hoy podemos extraer cualidades de varios referentes de la danza contemporánea como por ejemplo Joaquín Cortez.

- El primer grupo de alumnas…

-“Lo recuerdo con mucho cariño… eran tres alumnas…Ana Laura Cabrera, Natalia Antúnez y Yamila Sosa.

Yamila y Natalia están en Montevideo trabajando y Ana Laura lleva a su hija a mi academia.

Es muy lindo cuando se sigue la relación.

Mónica Pérez – otra de mis alumnas – está dando clases aquí en Salto y otras están radicadas en la capital que a su vez dan clases.

Ana Lucía  Cruz también sigue bailando”.

-¿Se han sumado algunos chicos a los grupos?

-“Para aprender Danzas Españolas nunca se acercó ningún varón, al menos a mi grupo.

Sé de otras academias que si cuentan con chicos que bailan flamenco y muy bien.

Es como que les cuesta incorporarse… no obstante en el tango, el varón baila más”.

En Haras de Salto se realizó el pasado sábado una cena por los festejos de los 25 años con la Danza de la Academia de Marcela Cavallo y allí se realizó una primera parte con un espectáculo de Flamenco con música en vivo con la presencia de dos exponentes del mencionado estilo, procedentes de la capital del país (percusión, guitarra y canto).

La docente junto a sus alumnas han recorrido diferentes lugares del país, inclusive realizando algunos shows en Punta del Este.

“No soy de presentarme mucho en certámenes y competencias… es bueno como experiencia pero a veces no se ven niveles demasiado buenos.

Prefiero más los encuentros o las invitaciones a bailar en diferentes escenarios”.

Desde hace diez año brinda clases en el Arapey Termal a los huéspedes, de ritmos latinos, tango y cada tanto hace una representación con sus alumnas.

En las coreografías que presenta le gusta fusionar al flamenco con otros estilos, como se estila en la expresión contemporánea global y por consiguiente, se atrae más al público.

-¿Sueños por cumplir?

-“Con mis alumnas siempre mantenemos el sueño de hacer un viaje largo todas juntas para hacer lo que nos gusta.

De todos modos, siempre vamos concretando pequeñas metas”.

Marcela Cavallo – luego de tantos años en su profesión revela que para trascender en la danza como en cualquier otra de las artes hay que sentir verdadero gusto porque conlleva disciplina y sacrificio.

La constancia y la perseverancia en la práctica permiten crecer en los casos en que las condiciones naturales no son muy fuertes.

“Hice algo que me dio muchas alegrías y he cosechado muy buenas amistades y satisfacciones en todo sentido”.

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