Luis María Frioni Longa “Pinocho”

Portador de una voz potente, con un entusiasmo vital y una gran memoria nos encontramos con una persona abierta, que se considera cristiano y hace de su familia un espacio de encuentro permanente. En el correr del diálogo evocó con emoción a su querido barrio Paso del Bote, su oficio de vendedor, su admiración por Ramón J. Vinci y su trabajo como municipal. Si bien fuimos en búsqueda del “camposantero” Frioni, resultó que nos encontramos con un apasionado hombre que, de alguna manera nos retrotrajo a un Salto distinto, del que ojalá nos nutramos para continuar mirando hacia las pequeñas cosas que nos permiten avanzar en calidad de vida.

Haciendo memoria de un tiempo inolvidable

Nacido y criado en Paso del Bote

“Yo nací en calle Colón, muy cerca de la Usina de UTE entre Varela y Rivera, a mitad de cuadra, el 9 de abril de 1944. Yo me crié en Paso del Bote. Pasamos a vivir a calle Florencio Sánchez, al lado de lo que era la fábrica de mosaicos  “Mompoey”. Mi padre fue uno de los creadores de la famosa canchita “Maracaná”, junto con los Arreseigor (Tito, Toto y Juancito) y otros vecinos de la zona, como un señor Rodríguez, los Bertolotti, y otra gente que no recuerdo los nombres. Era un baldío (un pocito) que funcionó muchos años y  si bien era una cancha en donde jugaban gurises,  también lo hacían botijas y grandes jugadores de fútbol, que iban a la escuela Industrial y tiene ese nombre debido al campeonato mundial de fútbol que Uruguay ganó en el año 1950.

El barrio Paso del Bote es entre las calles Rivera, Juan Carlos Gómez, Colón, y la cancha, va hasta el arroyito terminando Juan Carlos Gómez. “Viví en el barrio hasta el año 1966, que pasé a vivir con unos tíos y en el año 1967 me casé con mi señora,  a la que conocí en el año 1965,  y pasé a vivir en la zona cercana al Parque Solari, en donde permanezco”.

Conoció a Aquilino Pío, que vivió en la esquina de Florencio Sánchez y Cervantes, junto con el “Chueco” García que fue uno de los que organizó los mejores tablados que hubo en la época del ’50. El tablado estaba en el famoso paso que iba para “Las Carretas”, en el corralón, y a Aquilino lo escuché infinidad de veces, enfrente del Hospital o donde él iba.

En Paso del Bote hay una hermosa historia del “Lagrimilla”  que vivía en la esquina de la Urreta, en Juan Carlos Gómez y Cervantes, en un rancho verde. Fue un hombre muy conocido en Salto que era casi ciego, gordo y grandote, era muy buena persona y muy querida, pero era gran tomador de vino.

En esa esquina estaba el comercio de “Cota” Rinaldi, en donde se surtían de mucho vino, y existían muchos personajes como la “Capincha”, una gorda que era el amor de “Lagrimilla”, el “Jorobado” que era el esposo de la “Capincha”, y pasaban todo el domingo tomando vino, cantando, sin molestar a los vecinos, era extraordinario”.

Por calle Varela vivía el famoso “cuetero” Pitoco Collazo, que elaboraba unas “bombas” con morteros que se tiraban las cañitas que se usaban mucho para los remates y en los festivales.

LA INUNDACIÓN DEL ’59, OSVALDO PAZ Y LA “URRETA”

Recuerda que en ocasión de la inundación del año 1959 “grabamos una piedra hasta donde llegó el agua por calle Cervantes”, que en esa época vivía Benítez”. Si bien su familia no fue evacuada “en Salto quedamos aislados, solo quedó el puente ferroviario del Daymán. En aquel abril empezó a venir agua y día a día iba subiendo, y ayudamos a todo el mundo, hubo una solidaridad de todo el vecindario. Los bomberos estaban por calle Artigas (cerca de la Jefatura y de la seccional 1ª) y casi toda la gente de Paso del Bote fue a hospedarse en unas casas viejas (en donde funcionaba el taller Figari y en donde enseñaban Magisterio) en calle Uruguay y República Argentina, pegado a la que era la casa del rematador Pignataro”.

Recuerda Frioni que “repartían agua de la Urreta, que tenía un pozo semi-surgente de agua tibia salobre, y de ahí sacaban el agua para abastecer Salto”. En el ’59 casi se mojan las calderas del Palacio de la Galletita (en la actual Casa de Gobierno), porque la creciente estuvo en el muelle alternativo, en donde pararon dos barcos que tenía la armada (alemanes), el “Salto” y el “Paysandú”, que andaban custodiando el río Uruguay. No alcanzó a llegar a la esquina de calle Colón, en donde estaba el taller mecánico de Ambrosio y Bussetti, y en la usina de la UTE se ponían bolsas con arena para que el agua no entrara a los motores”.

Relató Frioni que se crió con Osvaldo Paz (dibujante y pintor salteño reconocido mundialmente), cuyo padre trabajaba en la panadería Modelo y su mamá era lavandera. “Osvaldo leía muchísimo, no jugaba al fútbol, hacía una historieta que ubicaba en el boliche de Boada (Varela y Juan C. Gómez). Dibujaba arriba de un cartón, tenía mucha relación con nosotros, le gustaba charlar y tenía temas “empila”. El Osvaldo se formó mucho en el partido comunista en una casa grande por calle Uruguay enfrente de la plaza Treinta y Tres. Fue profesor de dibujo, estuvo en Europa, finalmente estuvo viviendo un tiempo en el Hogar Municipal”.

En el año 1954 se trasladó a vivir a calle Juan Carlos Gómez 394, en donde aún vive su hermano.

Muy cerca funcionaba la fábrica “Urreta”, que tenía un portón grande de chapa, los escritorios y una casa vieja en donde estaban unos depósitos en donde almacenaban la bebida y bien frente a casa estaba el portón en donde descargaban la cerveza “Doble Uruguaya”, de la que Urreta era representante. Traían la cerveza de ¾, no existía el choop y me acuerdo los famosos camiones de Cereijo de color anaranjado de grandes dimensiones.

La Urreta era “un monstruo”, cuando fuimos a vivir a esa zona todavía era el furor del hielo, que se vendía en barras de 25 kilogramos. Mucha gente podría tener heladera, pero en ocasión de las navidades y en el verano se vivía con el hielo. Una de las satisfacciones que teníamos era estar sentados en el frente de mi casa mirando en pleno 25 de diciembre, en fin de año, en reyes las colas de autos y camiones que levantaban hielo para irse a pasar las navidades y festejar, desde las 4 o 5 de la mañana”.

EL SALTO DE AQUEL TIEMPO

Recuerdo que en mis años mozos “los tablados, los cánticos del carnaval eran otra cosa, era todo chistoso, de risa y me queda en la retina que al otro día del carnaval sacaban con pala el papel picado y la serpentina de calle Uruguay, junto a los carros con burro. Los carnavales, según mi vaga idea, empezaban en la explanada del puerto, subían por calle Brasil, doblaban por calle Uruguay y venían hacia arriba.

Vi cuando se tiraron los primeros fuegos artificiales, y la famosa “fumaça” (aviones brasileros de acrobacia)”.

En Salto Uruguay los carnavales empezaban a las “7 de la tarde, terminaban a las 10 de la noche. La primera semana de carnaval íntegra, y después los bailes de los sábados y domingos. Los corsos, y el famoso carnaval que duraba  un mes, con las famosas murgas como “Ahí está el huevo y no lo pise”. Empezaba en el centro, luego iba al Cerro, a la plaza de Deportes, y terminaba en el centro. Conocí la famosa “Vía Blanca” los domingos, en donde se cerraba calle Uruguay desde Rincón hacía plaza “33” y la gente caminaba. Conocí el Palacio de La Galletita (de don Estévez y don Ferreira) y cuando gurisote iba a comprar los descartes, que había un día de salado y otro día de la dulce y la famosa galleta salada “Primavera”. Lo más grande “que vi fue el microcine del Puerto, dos veces por semana, en la explanada, frente al resguardo viejo, en donde ponían la pantalla grande, el “Stentor”, daban un ratito, cortaban, daban una música, y la gente venía del Saladero, del Cien Manzanas, de Salto Nuevo, toda la zona de River, de Paso del Bote, parte del centro, los autos iban para atrás y la gente llevaba sus catrecitos con lona.

TORNERO, VENDEDOR Y MUNICIPAL

“Yo hice 3 años liceo, y tenía problemas en estudio por mi vista, y me gustaba lo manuable, y como papá trabajaba en la UTE fui a la Escuela Industrial, y me recibí de tornero mecánico. Pero no ejercí prácticamente porque al fallecer mi padre (en 1964) y tuve la necesidad de salir a buscar laburo. De esa forma empecé con mi tío el oficio de vendedor, ya que él era representante del (jabón) BAO, y luego junto a Peirano (que era el representante de La Norteña en Salto) teníamos una distribución muy grande y con solo 19 años conocí la campaña de Salto (Espinillar, Constitución, Lavalleja, entre otros). En mi trabajo como vendedor me acostumbré a tratar con la gente y siempre me sentí mediador entre la empresa y el cliente, no hay que imponer, y siempre sentí que el negocio estaba entre ambas partes”. El 16 de abril del año 1986 ingresó  a la Intendencia, ya que había trabajado en esa época para quien considera que es “el más grande político en Salto: don Ramón J. Vinci, lejos de lo que vemos hoy. Yo fui muy allegado a don Ramón y se “gana” la intendencia por 174 votos (sin contar los observados) y luego de la apertura perdimos por 22 votos contra el Escribano Malaquina”. Como persona Vinci “era de bien, porque lo han criticado mucho, diciendo que regalaba lo que no es de él, pero más allá de todo eso lo humano de don Ramón hay que rescatarlo, que fue extraordinario. Y fue quien llevó a Malaquina y a otros políticos,  a los que después les dieron espaldarazos, como a Ferro”. En la intendencia fue “coordinador de Juntas Locales, trabajé en Termas, en la Clínica Municipal, en la canasta en Recolección, de secretario de Daniel Sosa (organizando comisiones vecinales y juntas locales) y a partir del 22 de febrero de 1999 fui encargado del Cementerio”.

El cementerio “tiene sus cucos, se ha comentado mucho, pero los grandes misterios nunca se han probado, y muchas de las cosas son mentiras”. El Cementerio Central tiene unos 150 años en ese lugar, es el más viejo, y tiene patrimonialmente mucho valor y es muy parecido al de la Recoleta de la ciudad de Buenos Aires”.

Aportó durante 45 años a la “Caja”, tanto de “mis empleos particulares como del municipio, y me considero una persona que me gustaba mucho el cumplimiento, fui muy responsable, pero a causa de ciertos problemas me enfermé y vi que tenía ciertas nanas y opté por jubilarme”.

Portador de una voz potente, con un entusiasmo vital y una gran memoria nos encontramos con una persona abierta, que se considera cristiano y hace de su familia un espacio de encuentro permanente. En el correr del diálogo evocó con emoción su querido barrio Paso del Bote, su oficio de vendedor, su admiración por Ramón J. Vinci y su trabajo como municipal. Si bien fuimos en búsqueda del “camposantero” Frioni, resultó que nos encontramos con un apasionado hombre que, de alguna manera nos retrotrajo a un Salto distinto, del que ojalá nos nutramos para continuar mirando hacia las pequeñas cosas que nos permiten avanzar en calidad de vida.

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Con Dora “Yiya” Nefer Migliaro Ocampo: “Es esencial trasmitir en la danza, como en todas las artes… el fuego interior”

“Nadie es dueño de la verdad…siempre estamos aprendiendo…no podemos quedarnos anquilosados”…

Con esta reflexión inició la cálida entrevista con “Al Dorso”  Dora Nefer, notable bailarina y profesora de baile, más conocida en la ciudad por “Yiya”.

Nació un caluroso febrero de 1936…un domingo a las tres y media de la tarde, primer día de Carnaval.

Desde que tuvo uso de razón se concibió bailando y sus dotes extraordinarias para la danza se vislumbraron en los primeros años de vida.

“He tenido de niña sueños de lo más extraños, como por ejemplo, que la muerte me obligaba a bailar, frente a la presencia de calaveras” – recordó con humor.

Hizo emocionar a los escenarios salteños con su inusual talento e hizo una carrera de prestigio como docente, obteniendo reconocimientos dentro y fuera del departamento y en los países vecinos.

“SENTÍA LA MÚSICA Y TENÍA QUE BAILARLA”

El expresarse mediante el baile, fue un don que fue creciendo naturalmente en su integridad física y espiritual…. “ni bien sentía los primeros acordes de una música, tenía que bailarla” – confesó.

– ¿Cuándo entró en el rigor del estudio de la danza?

“A los seis años… Mireya Alcira Thevenet de Castelli fue mi primera profesora.

Pero desde mucho antes ya bailaba.

Luego recibí clases con Martha Cazes, una docente sanducera que zapateaba con las zapatillas de punta”.

Tuvo la suerte de ser instruida por excelentes profesionales, incluyendo al bailarín Maximiliano de Balzac, que pertenecía al ballet del SODRE.

Nunca le fue pesada la árida disciplina del aprendizaje del ballet, pues la vocación siempre estuvo en primer plano.

El entrenamiento más duro fue con Balzac, que siempre procuró la excelencia.

– Comparta algunos aspectos de su carrera como alumna

- “Tuve excelentes docentes, pero siempre puse empeño, porqué amé de tal forma la danza que no me costó concentrarme”.

Como anécdota recordó una actuación en el teatro, donde a pocos momentos de salir a escena, se le rompió el long play (los discos de otrora).

“En fin… se bajó el telón y se explicó al público que se había roto el disco con el tema que iba a interpretar y se pidió que si alguna persona tenía la misma música, la acercara…

Muchas personas salieron a buscar… el número final era El Aprendiz de Hechicero…

Esa vez ensayé brevemente otro ritmo con el telón corrido y salí a escena…  respiré hondo y salí….  Fue una noche memorable… la gente aplaudió de pie”.

“Hay que olvidarse de la técnica  para sentir la danza”

La destacada bailarina y docente, que es considerada una institución de la danza en Salto sostiene que es necesario sentir el arte para luego transmitirlo…no se trata solamente de adoptar la técnica, que por si sola es muy fría.

“Cuando empecé a enseñar y advertía que una alumna me respondía, me provocaba una gran satisfacción…normalmente no les gusta que se les exija… se aburren… para poder llegar a la excelencia hay que trabajar y entrenar siempre”.

Tanto en el arte y como en el deporte, para la docente es fundamental la concentración absoluta…en el caso de la danza, el entrenamiento de la memoria es fundamental, para recordar las coreografías y combinación de pasos.

“Un famoso bailarín dijo que primero va la técnica y luego…olvidarse de ella”.

La técnica de esta danza tiene una dificultad importante, ya que requiere una concentración para dominar todo el cuerpo, añadiendo además un entrenamiento en flexibilidad, coordinación y ritmo musical.

Lo habitual, aunque no obligatorio, es que se aprenda con una edad temprana, para interiorizar y automatizar movimientos y pasos técnicos.

Es ideal una formación paralela en solfeo aunque tampoco imprescindible

Para el calentamiento se utiliza una zapatilla de tela (o piel) con suela partida o completa, muy blanda y fácilmente adaptable.

Cuando la experiencia, la condición física y la fuerza del bailarín ya lo requieren, se comienza el entrenamiento con las puntas de ballet.

El vestuario debe ser cómodo y, sobre todo, debe dejar marcado el cuerpo para poder corregir y ver los movimientos de cuerpo, brazos y piernas.

El Ballet o Danza Clásica es una forma de danza específica, ya que sus movimientos se enseñan a través de métodos y técnicas “claves”.

A diferencia de otras danzas, en el ballet, cada paso está estructuradamente armado. A veces se piensa que la danza clásica se limita exclusivamente a piernas y brazos, pero en cualquier movimiento que se ejecute, participaran invariablemente: las manos, brazos, tronco, cabeza, pies, rodillas; en fin todo el cuerpo hasta sus mas ínfimas partes, en una conjunción de dinámica muscular y mental.

Para iniciar los estudios de la danza clásica, tomando como ejemplos a bailarines consagrados, se puede decir que la edad ideal es a partir de los ocho años. Ya que es la edad en que siendo niño se va aprendiendo a reconocer el ritmo y el espacio en el cual se mueve.

Su primera Academia de Danzas.

El 4 de diciembre de 1958, Yiya presentó su Academia de Danzas Clásicas con el primer recital coreográfico a cargo de las alumnas de Preparatorio y Primer Año.

El festival se efectuó en aquel momento a beneficio de la Asociación de Amigos de la Escuela Pública.

Hace aproximadamente cuatro años atrás, en el marco de un homenaje que le hicieron en el Teatro Notariado en Montevideo.

Allí interpretó “La Danza de la Medusa”, danza por la cual fue muy aclamada.

- Con respecto a los realitys como “Bailando por un Sueño”, ¿Está a favor o en contra?

- “Estoy en contra, pues es todo un montaje escénico en donde el arte pasa a segundo plano… los bailes tienen un tinte que raya en lo pornográfico”.

Los beneficios de la danza en el adulto mayor.

Dora Nefer asegura que es una buena y saludable opción el ejercicio de la danza en los adultos mayores, que la pueden practicar de acuerdo a sus posibilidades físicas.

Se combinan los ejercicios con la respiración, que redundan en beneficio para una mejor calidad de vida.

– Una reflexión del significado de la danza a lo largo de su existencia…

-“Creo que fui muy afortunada…el arte nos eleva el espíritu… bailar una buena música o disfrutar de la presentación de un cuerpo de ballet es más importante que hacer otra actividad recreativa”.

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“Es un camino en el cual pienso seguir avanzando”

Con Mario Alcides Niz Rodríguez, artista plástico premiado en “Concurso de Artes Plásticas, Pintor de Nubes, Caminos”

En nuestro medio Mario Alcides es conocido como pintor de casas…pero paralelamente durante años cultivó su veta artística – que hoy, mediante el aliento de su amigo Américo Gaudín  (músico y compositor) a sus 63 años decidió compartir sus obras con la comunidad salteña.

Fue reconocido recientemente con el Segundo Premio en una bienal realizada en la ciudad de Paysandú con motivo del aniversario de Aníbal Sampayo.

El evento fue organizado por los centros MEC. y Alianza Francesa, y fue denominado “Concurso de Artes Plásticas, Pintor de Nubes, Caminos”

Fue la primera vez que expuso y que accedió a una entrevista, lo que demuestra que para trascender en el arte no hay tiempo ni edad.

Que merecedor del Segundo Premio con su obra “Coplitas del Pescador” motivado en la canción que lleva el mismo nombre.

Desde muy pequeño cultivó el arte de la pintura que luego desarrolló en la capital del país, cuando decidió viajar a su vez para jugar en un cuadro de fútbol de aquella ciudad.

“MARIO… USTED NACIÓ PARA EL ARTE”

“Empecé cuando concurría aún a la escuela…más o menos a los diez años…dibujaba y pintaba los mapas a mano alzada y me salían muy bien… desde siempre me gustó.

A los 18 años me trasladé a Montevideo y allí concurrí a la escuela León XIII y comencé a practicar fútbol”.

Estuvo por un tiempo formando parte del equipo de River y luego retornó a su ciudad de origen… su docente lo instó a que siguiera con la pintura, diciéndole “Mario….  usted nació para el arte…no debe abandonarlo”.

En ese momento el joven artista recibió un Primer Premio en un concurso capitalino.

Al volver continuó pintando y dibujando y leyendo libros sobre diferentes técnicas…. el estilo con el cual se siente identificado es con el “Impresionismo”.

Aunque el término Impresionismo se aplica en diferentes artes como música y literatura, su vertiente más conocida, y aquélla que fue la precursora, es la pintura impresionista.

El movimiento plástico impresionista se desarrolló a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa —principalmente en Francia— caracterizado, a grandes rasgos, por el intento de plasmar la luz (la impresión visual

y el instante, sin reparar en la identidad de aquello que la proyectaba).

Es decir, si sus antecesores pintaban formas con identidad, los impresionistas pintarán el momento de luz, más allá de las formas que subyacen bajo éste.

Se centran en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos y no en la representación exacta de sus formas ya que la luz tiende a difuminar los contornos.

Ven colores que conforman cosas, y esto es lo que plasman, formas compuestas por colores que varían en función de las condiciones atmosféricas y de la intensidad de la luz.

Todo esto hace que elaboren una serie de un mismo objeto en diferentes circunstancias atmosféricas y temporales, no les importa el objeto, sino las variaciones cromáticas que sufre éste a lo largo del día.

Se eliminan los detalles minuciosos y tan sólo sugirieron las formas, empleando para ello los colores primarios (azul, rojo y amarillo) y los complementarios (naranja, verde y violeta).

Se ofrece una ilusión de la realidad aplicando directamente sobre el lienzo, pinceladas de color, cortas y yuxtapuestas.

Las obras se basan en la observación de la realidad, plasmándose sin alteración alguna.

Representa la vida tal cual, sin adornos ni metáforas.

“Ese estilo nos permite trabajar la luminosidad, profundidad…uno aprende de esos grandes maestros” – aseveró Niz.

- ¿Esta postura a usted le surgió naturalmente?

- Así es…. Como que me atrapa la realidad, la esencia de las cosas…y ese sentimiento intento transmitir en mis obras”.

- ¿Por qué tardó tanto tiempo en decidirse a exponer sus cuadros?

- “Considero que fue parte de un proceso que lo viví internamente…. en un principio los cuadros fueron creados en blanco y negro y luego los fui coloreando…

Posteriormente me fui inclinando a la utilización de colores, con la orientación de Hugo Rossi, que es un pintor de gran fuste, que me dijo “debes pintar la realidad….los colores vienen solos”.

– ¿Cuáles son los móviles que lo llevan a crear?

“A veces me inspiro en el costado dramático de las cosas, por ejemplo, me he inspirado en la Guerra Española, donde hay una mujer llorando a un muerto…se ve a su vez una mano, a la que interpreto como que la ayuda a salir de esa situación.

Siempre me ha gustado el río y sus diversos paisajes… también toda la temática del carnaval… he dibujado rostros de algunos personajes y en breve tenemos planificado con mi amigo Américo realizar una exposición en conjunto.

– ¿Cómo  fue que ambos se contactaron?

“Nos conocemos desde niños… vivimos siempre en la misma manzana…un día le mostré los cuadros… también los vio Bolívar (artista plástico salteño que ha expuesto en varias galerías del mundo y desde hace años reside en Francia).

Fue así que me propuso participar del concurso en Paysandú y tuve la suerte de obtener un premio”.

En el mismo se presentaron catorce obras de artistas de varios departamentos, en homenaje a Aníbal Sampayo.

El cuadro ganador denominado “Coplitas del Pescador”… muestra al puerto de Salto, una vista desde el nuevo edificio…se puede apreciar un grupo de pescadores en el muelle.

Exposición en conjunto

La idea de exponer con Américo Gaudín, intérprete y compositor, surge de combinar el arte de la música gauchesca original con la pintura, donde Mario Alcides Niz, dará a conocer sus obras ante la sociedad salteña.

“Afortunadamente me he encontrado con personas que me han incentivado… nunca dejé la pintura y hoy más que nunca siento que es un compromiso el darme a conocer al pueblo salteño” – expresó el pintor.

En su haber tiene más de sesenta obras, que serán preparadas para la exposición que seguramente se efectuará en septiembre.

– ¿Piensa proyectarse fuera del departamento?

- “Está dentro de mis planes en algún momento organizar una exposición itinerante y la idea es seguir participando de los concursos…es un camino nuevo para mí en el cual pretendo seguir avanzando”.

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“Toto” Lorenzelli: una historia de vida que merece compartirse

Pedro María Lorenzelli Goncalves.

Con Pedro Lorenzelli (”Toto”) nos abrió su casa y con ello brotaron un sinfín de recuerdos, difíciles de incluir en su totalidad en este espacio, que recorren la geografía de su Isla Cabellos (hoy Baltasar Brum) natal, sus estudios en el Salesiano y en el IPOLL, su ida a Montevideo, su labor en el Poder Judicial y algunas de sus grandes pasiones, como el fútbol, la filatelia y la avicultura.

LA NIÑEZ EN ISLA CABELLOS

Nació en Cabellos, departamento de Artigas,  el 16 de setiembre de 1931. “Mi padre tenía un comercio y mi madre era lugareña, y teníamos una especie de chacra con tambo y producción de papas, cebollas, boniato, zapallos, sandías, melón, nada sofisticado, lo que se consumía en el pueblo”. Isla Cabellos “era un pueblo chico, pero de mucha importancia desde el punto de vista ferroviario, ya que la línea del Ferrocarril Midland se bifurcaba hacia Bella Unión  y hacia Artigas”. Había mesa giratoria, pasajes de vías por los dos lados de la Estación y “la llegada de los trenes era una fiesta del pueblo”, del que “conservo los mejores recuerdos: el galpón de piedras, el depósito del ferrocarril, la cantidad enorme de carros, carretas, la incontable cantidad de vagones, junto a los primeros camiones que iban apareciendo, para llevar mercaderías hacía la campaña”. Fue testigo de la primera llegada del motocar para pasajeros a Cabellos. En ese momento de su niñez “nuestro ídolo era Viviano Zapirain,  de Tomás Gomensoro, que había surgido como puntero izquierdo de primera línea y era el orgullo de los dos pueblos, porque teníamos mucha vecindad”. Rememora aquella época y lugar expresando que “con cualquiera que uno se encuentre, tenga 80 o 45 años, siempre recuerda con mucho cariño y con una ilusión cumplida toda su niñez de Cabellos”.

VENIDA A SALTO, GREMIALISMO ESTUDIANTIL Y UNIVERSITARIO

Su niñez pueblerina varió al venirse a la ciudad, en un lejano tiempo en el que no había pases de escuela a escuela, y había que ingresar en las condiciones en que la escuela (pública o privada) lo exigía. “Yo estaba en 4º año en la escuela de Cabellos y cuando vine a Salto me probaron en 1er. año del Colegio Salesiano, y como sabía dividir por dos cifras me pasaron a 2º año. El que me tomó la prueba fue Aniceto Bisio, quien le dijo al padre consejero que yo estaba medio adelantado para 1º y me pusieron en 2º año”. Cuando entró en el liceo (con 14 años y previo examen de ingreso) participó activamente en el gremialismo. “Teníamos una magnífica asociación (la “Osimani Llerena”), en donde se publicaba la revista “Adelante”, y en donde trabajamos mucho junto a grandes compañeros como Jorge Davis, “Quilili” Texeira, Neri Campos Pierri, Enrique Cesio, Benito “Tato” Solaro, Carlos “el pillo” Gelpi”. Cuando se fue a estudiar escribanía a Montevideo también trabajó en la asociación de estudiantes de notariado. En materia de actividad gremial universitaria “nosotros teníamos 10 mil matrices picadas de mimeógrafo, editábamos libros y apuntes, teníamos una oficina y un grupo de muchachos maravillosos, que trabajábamos como loco”. Recuerda que en el año 1958 (en donde se estaba discutiendo la ley orgánica de la Universidad que le daba autonomía y cogobierno) “habían asambleas todos los días, y yo integraba el Consejo Federal de FEUU, cuyo secretario general era Reinaldo Gargano”. En el momento de la famosa ocupación en pos de la ley fui nombrado para quedarme a ocupar y así lo hicimos”.

EL PODER JUDICIAL Y LA ESCRIBANÍA

En el año 1960 don “Toto” se recibió de Escribano Público y volvió a Salto en marzo del año 1962, cuando es nombrado actuario adjunto. Su ingreso al Poder Judicial se dio “cuando se jubiló el escribano Atilio D’Angelo y, en su lugar, fue nombrado Delmar Gonzalvez Brum. Entonces yo me presenté siendo el único que lo hizo. Permanecí en el Juzgado hasta octubre del año 1977, cuando fui destituido por la dictadura. En abril de 1985 fui repuesto y me jubilé en el año 1991″. Con orgullo y emoción expresa que “mi carrera de derecho para el ejercicio del notariado y mi fe pública fue adjudicada a la justicia, al servicio del Poder Judicial”. Le gusta mucho la política “pero como estaba en el Juzgado siempre tuve una latencia en mi actividad política y nunca fui candidato a nada, porque quería al Poder Judicial. Y cuando me restituyeron después de la dictadura yo quería con más razón volver al Juzgado”. Respecto a su rol como escribano indicó Lorenzelli que “tuvo un cúmulo lindo de clientes”, de los que tiene lindos recuerdos.

LA FAMILIA Y LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA

Don “Toto”, como le dicen los amigos, se casó en el año 1964 con Miriam Lucas, luego de 13 años de novio. “Con ella nos conocimos en el liceo, y cuando yo me fui a Facultad coincidió que la familia de ella también se mudaba a Montevideo. Ella hizo la carrera de Odontología y se recibió en el año 1963. Tiene 3 hijos y 6 nietos. Marcos, el hijo mayor, es economista, hizo un master en Lovaina (Bélgica), y actualmente trabaja a la orden del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), que lo becó para hacer una gerencia social en la ciudad de Washington (Estados Unidos) y cada tanto es llamado a alguna actividad. Vive en Montevideo, es casado y tiene un casal de niños. El segundo, Gustavo, es ingeniero agrónomo y trabaja como técnico en riego, está casado y tiene también un casal de niños. Y el menor es Bruno, escribano, que esta casado y tiene dos varoncitos, y está trabajando como actuario adjunto “full time” en la ciudad de Dolores. “Es lindo, hermoso y maravilloso tener hijos y nietos, pero además parece que se está cumpliendo el plan divino, es una cosa de la naturaleza. Esto le llena a uno de satisfacción, como que se siente casi con el deber cumplido y se puede ver el sentido de prolongación de la vida”.

La destitución en la dictadura

La destitución del Poder Judicial fue “un cimbronazo grande para mi vida, porque además de quedar sin trabajo, se le agregó la proscripción como ciudadano. El día que me destituyeron a mí, que era del grupo de la lista 99 de Zelmar Michelini, también lo destituyeron a José “Pinocho” Martínez, que era socialista. Cuando me tocó a mí me tocó por eso. Tuvimos la suerte de no ir preso, de no tener grandes persecuciones pero no éramos de la simpatía y no teníamos ni el carné A ni el B, andaríamos por el C calculo. Era un momento de miedo, en donde la gente tenía temor hasta de entrar al escritorio”. Pero la destitución también incluyó “la prohibición de ejercer la profesión en la escrituración que se hizo de las expropiaciones en Salto Grande, circunstancia que quizá la gente ignora, porque es medio difícil de creer que en una actividad civil como la de Salto Grande se hubiera intervenido”. Hubimos 7 escribanos que estuvimos en la lista negra, entre los que recuerdo a Edison Zunini, Dardo Pérez, Edelma Granello, Enrique Cesio, la escribana Malgor y yo”.

El fútbol: Atlético Amorín, Arsenal y la Liga Salteña

“El fútbol me gusta mucho y si no hubiera sido rengo hubiese sido un gran jugador porque me gustaba en serio y tenía cualidades desde niño”. Tiene muy presente que en la zona donde vivía, en calle Joaquín Suárez casi 19 de Abril, habían muchos muchachos y se organizaba un fútbol de niños y adolescentes, pero de 11 jugadores, que se jugaba en cancha grande”. Recuerda a un cuadro llamado “Boca” que era de la plaza de Deportes, al “Calle Rincón” (que utilizaba una camiseta como la de Chacarita de Argentina), el “Estrella Roja” (de los Vigil de Joaquín Suárez y Belén), y el de nosotros era el “Atlético Amorim” (que tenía la casaca celeste). “Nuestro equipo se formó en la esquina de calle Amorim y 19 de Abril, donde había una peluquería de Arévalo. Teníamos una canchita en los terrenos de la familia Guayta y con los muchachos de Guayta, Pratti e Invernizzi, cercanos a la casa de la familia Rampa, y de lo Franzoni, fuimos haciendo un cuadro de niños que se fue agrandando, y al final fundamos el Atlético Arsenal. “El color verde de la casaca era porque era un color distinto a los que habían en general y el nombre surgió de la sugerencia de Arístides Carballo (titular del Escritorio Larrañaga) que propuso dicho nombre en honor al cuadro de fútbol más antiguo, que era el Arsenal inglés”.

Nos contó también don Pedro que cuando volvió a Salto, en 1962, ingresó a la Liga Salteña de Fútbol, que tenía su sede arriba del Cine Ariel en calle Uruguay, y que “los 27 años de la Liga estuve de compañero con el escribano Irazoqui”. Evoca la tarea que insumió “lograr la casa de calle Brasil y la forma en que se pagó: se instrumentó que todas las entradas tenían un sobreprecio de 20 centésimos, hasta los abonos de entrada gratuita y con eso se compró la sede”.

La filatelia, la curiosidad y la belleza de los animales

A los 12 años empezó a juntar estampillas, y reconoce aprendió mucho de don Leonardo Shepard, “un hombre muy instruido y serio con el que daba gusto hablar con él, con mucha cultura, gran filatelista que me orientó mucho. Después que me jubilé le di un impulso grande a mi colección. Yo juntaba de toda América, después fui reduciendo, me quedé con el Cono Sur. Tengo muy buena colección de Chile hasta el año 1980, de Argentina hasta el año 1990, y de Uruguay sigo comprando los valores nuevos. Tengo prácticamente la colección completa de sellos aéreos, me falta algún valor nomás. La filatelia es una cosa exquisita que lamentablemente se ha dejado. Antes los muchachos del liceo, quien más quien menos coleccionábamos y nos cambiábamos y juntábamos de cualquier lado, había curiosidad, había otra cultura en el sentido de la costumbre. Pero hoy no se colecciona nada, estamos en la época del apuro y de esas cosas”. La filatelia es un “hobby extraordinario pero caro, porque hay que gastar mucho material, en catálogos, en los clasificadores; le llaman el hobby de los reyes, pero también es el rey de los hobbies”.

Otro de sus hobbies es la Avicultura. Se crió vinculado a la chacra. “A mí siempre me gustaron las aves, sobre todo de raza, y empecé a vincularme a algunos criadores”, entre los que se encuentran los grandes presidentes que tuvo la Sociedad de Fomento Avícola de Salto, como don Eduardo Zunini, Eduardo Cattáneo, Horacio Grassi, e hice amistad con el Dr. César Dondo, con Azambuja, con el Dr. Nicola Firpo”. “El primer pollo para gallo de un plantelito se lo compré a don Adolfo Peirano en una exposición que se hizo en el año 1945 en calle Amorín, en el galpón de Suparo”. Hace poco, en Paysandú, logró el “Gran Campeón” nº 183 de mi trayectoria con todas las razas, entre las que crié la “Plymouth Rock blanco”, la “Leghorn moreno” y el “Sussex Arminada”.

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Walter Eduardo Caraballo Piazzoli: zapatero, un oficio digno

“Todo lo que tenemos y lo que soy (lo hice) arreglando zapatos”

Entrar al taller de un trabajador, es como entrar en su propia vida. Por dicho recinto pasa la dedicación, la laboriosa tarea técnica en procura de la solución de algún problema puntual, los diálogos permanentes de la gente común. Pero entrar al taller de un composturero de calzado implica participar de un especial espacio de trabajo en donde lo manual se mezcla con lo creativo y en donde la impronta artesanal se palpa desde todos los sentidos. Fue esa la actitud que percibimos cuando en una jornada normal de trabajo compartimos algunas voces con una persona que ha dedicado la mayor parte de su vida a reparar un elemento cotidiano que nos permite desandar caminos más cómodamente.

Con el golpeteo del martillo, el sonido esporádico de alguna máquina, el olor a cera, a cuero y a pegamento, con trabajadores jóvenes portadores de un delantal que cuida su ropa, en un taller en donde se ven zapatos por todos lados, junto a carteras, e incluso algún recado de “un amigo” casi pronto en la reparación, pudimos dialogar con Walter Eduardo Caraballo Piazzoli. A primera hora de la tarde nos encontramos en su local de compostura de calzado de calle Beltrán 132. Desde hace 42 años empezó, junto a su padre con el trabajo de la reparación. Siente orgullo porque lo que aprendió oralmente con su padre pudo trasmitirlo para que uno de sus hijos, Carolina, pueda “seguir la posta de una empresa familiar”. Está “al mando” en su local de reparación desde hace 20 años y expresa que cuenta con dos casas más en la ciudad.

UN OFICIO QUE SE TRASMITIÓ EN EL SENO FAMILIAR

Su padre, oriundo de Paysandú, le enseñó todo lo que sabe desde el tiempo escolar. Recuerda que antes y después de la escuela ayudaba y trabajaba a la par de su progenitor. En aquellos tiempos todo era diferente. La tarea era mucho más artesanal, no se contaba con máquinas eléctricas, y se utilizaba otro tipo de materiales para la compostura. El oficio, de lo que Caraballo se siente orgulloso, antes era llamado “composturero”, cuando se solía también hablar y mencionar al “Taller de compostura de calzado”. Destaca que le viene de familia y, por suerte seguirá en la familia. “Mi hija, Carolina, es la que sigue ahora con la posta. Tiene 24 años y hace casi 7 años que sigue con el oficio”.

REPARACIÓN DE CALZADO Y ALGUNAS COSAS MÁS

Actualmente se dedica solo a la reparación, nunca fabricó, pero no solo zapatos arregla, también se encarga de la compostura de bolsos, valijas, todo lo que tiene que ver con el cuero. Asimismo se suele dar el arreglo de carteras de damas, mochilas de los niños que van a la escuela, e incluso algún recado de campo, porque “talabarteros no quedan más”. De la reparación lo más común que se da es la colocación de los taquitos, las chapitas, la media suela, alguna costura. Eso es lo normal. “Casi siempre lo central de la tarea es esa”.

TRABAJO ARTESANAL Y EL CAMBIO DE LOS TIEMPOS

“El trabajo prácticamente es todo artesanal, a mano”. Se trabaja con algunas máquinas, pero lo preponderante es el trabajo manual. En este tiempo, desde sus comienzos junto a su padre, ha observado muchos cambios, desde la calidad del zapato hasta algunas otras técnicas y herramientas. Ni hablar que la calidad del zapato hoy en día es muy de poca durabilidad. No es como antes que te duraba 5 o 6 años un par”. Yo tengo máquinas porque tuve que actualizarme, para adaptarnos a los nuevos materiales de trabajo. Se da la realidad de zapatos a los que hay que hacerles arreglos que no se hacen todos los días, en donde importa mucho la creatividad que tengamos.

Es difícil encontrar jóvenes con interés

Le da pena que haya poca gente, casi nadie, que se dedique a la compostura y reparación. Manifiesta que “no hay prácticamente interés por parte de los jóvenes”. Nos indicó que dada las características del trabajo cuando alguien empieza con el trabajo “les enseño yo los primeros pasos y como desarrollar el trabajo diario, dado que se aprende en el taller, que es la parte central”. Se da una especie de relación maestro aprendiz, que quizá no es común en otros oficios o tareas. Nos dijo que “es muy difícil conseguir gente capacitada, porque si uno pusiera en el diario un aviso solicitando personal, estoy seguro que en Salto no hay personas capacitadas que sepan trabajar en la compostura de calzado”. Es fundamental entender que aquí se aprende trabajando, “yo tengo que enseñarle en el taller, porque, de alguna manera tanto a los empleados como al que demuestre interés los hago yo”.

El taller es fundamental y los materiales han cambiado

El taller es la parte central y más importante en la compostura de calzado. Tuvimos la oportunidad de poder pasar al mismo, ubicado en la parte posterior de su local, en donde pudimos apreciar la tarea manual desarrollada por los operarios y la maquinaria disponible. La escenografía laboral visible está enmarcada por zapatos por todos lados, en pleno proceso de reparación, en una especie de circuito por el cual se va reparando el mismo en una clara disposición doméstica de la empresa. Los materiales para la reparación los trae “todos de las fábricas ubicadas en Montevideo”. Han cambiado totalmente, “ahora se trabaja mucho con sintético, goma, plástico, y antes era suela y cuero. Antes era más artesanal el trabajo. La reparación también cambió y  las herramientas básicas son las que se utilizan para la costura y el pegado, con la incorporación de la necesaria tecnología”.

Clientela fiel

El diálogo con Caraballo se interrumpe por la llegada al local de una señora primero, y un caballero después, que son atendidos cordialmente tomando el pedido que será atendido en un promedio de dos días, dada la cantidad de demanda existente. Nos expresó que “hay clientes de años, e incluso de la época de mi padre. Casi toda mi clientela es fiel y hace tiempo que trabaja conmigo. Por eso también, además de que me gusta lo que hago me es redituable económicamente. Todo lo que tenemos con mi familia y lo que soy salió de acá: arreglando zapatos”.

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