Conocimos a Fabiana Falcón en oportunidad de realizar una nota acerca de las trillizas nacidas hace pocos días. Para familiarizarnos con la situación de las niñas y sus padres, le preguntamos si era la mamá de él o de ella. “De ninguno de los dos –nos dijo-, los conocí en el hospital después que nacieron las niñas”.
Hasta aquí parecería una loable actitud de alguien que se interesa en su prójimo, y es destacable, claro que sí. ¿Pero qué decir cuando ese alguien se brinda enteramente a pesar de haber sufrido hace pocos días la novena operación en su rodilla, atiende su casa y a su madre de 90 años?
LOS PROBLEMAS DE SALUD
Fabiana tuvo que dejar de trabajar de doméstica porque tenía desgaste en la rodilla y ya no podía caminar. “En tres años me operaron seis veces, y ya tenía tres operaciones. Esta fue la primera que me hicieron en Montevideo; me quebraron y no anduvo –dijo, mostrando la cicatriz que le atraviesa la parte inferior de la rodilla. Me pusieron una plaquita y la despedí. Estuve tres meses sin caminar. Cuando empecé a caminar sentía dolor; me hicieron otros estudios y vieron que las fracturas no se habían unido en las puntas. Me sacaron hueso de la cadera y me hicieron injertos. Otra vez estuve tres meses sin caminar. Sentía algo como flojito adentro, cuando fui el doctor me examinó y me dijo que la placa estaba suelta y había que sacarla, que tenía que caminar y que íbamos a pelear la prótesis. En 2010 me pusieron esto”. Acercó una bolsita que contenía dos piezas metálicas, pesadas. “Supuestamente estos son los meniscos”, comentó. “Esta viene a ser la rótula. El fisioterapeuta me explicó que, por más que la limpiaron para dármela, acá hay tanto cemento como hueso pegado. La pedí porque quería saber qué era lo que tenía adentro, porque más de uno me había dicho que lo que le sacaban a uno era restaurado y colocado en otra persona. Hablé con una doctora y me dijo que me quedara tranquila que no era así y que, si el médico daba autorización, me la daban para que me la trajera”.
Continuó relatando que “caminaba con la pierna dura porque la prótesis era pesada y no podía doblarla, además del dolor que sentía. Un día les dije a mi médico y a un amigo que no daba más y que iría a tirarme en la Piedra Alta. Quería que me sacaran ese fierro de la pierna porque me estaban rondando ideas muy feas en la cabeza; no sabía si lo iba a llegar a hacer pero era cansador estar así. Hasta ahora me manejo en taxi. Gracias a Dios, ayer caminé: fui a comprar pescado y vine un poco dolorida, pero bien. Tengo que andar con bastones canadienses por lo menos dos meses, pero la voy llevando, esta vez con éxito”.
A PESAR DE LAS OPERACIONES
El jueves pasado esta luchadora mujer cumplió 49 años. No tiene hijos. Con su esposo Héctor estrenarán casa en poco
tiempo en la cooperativa COVIFUSAP. Para tener un ingreso, de mañana vende quiniela en su casa y de tarde, en la vereda de enfrente, ya que no puede realizar otro trabajo debido a sus problemas de salud. Ha solicitado en dos oportunidades una pensión en el BPS pero le fue negada. “Algunos amigos me dicen que la tercera va a ser la vencida pero no quiero seguir insistiendo, a pesar de que cuando me mude de aquí me quedo sin este trabajo. Mi esposo trabaja en el hospital pero no gana un platal. La burocracia es total”, sentenció.
Trabaja además como colaboradora en Atención al Usuario en el Hospital. “Con Ofelia, ahora empezamos a juntar cosas para el Día del Niño”, comentó.
¿Con todas esas operaciones en su rodilla realiza todas esas tareas? –preguntamos.
“Sí, y lo hago de corazón porque no sé mañana de quién voy a necesitar. Ofelia me dijo que si me mandaban a casa cosas que hubiera que coser o arreglar las apartara porque las mismas costureras del hospital lo hacen. Los muchachos del taller del hospital vienen, levantan los juguetes que se reciben y los arreglan. Para Reyes nos habían donado unas patinetas que les faltaba el pie. Ellos les pusieron las maderitas y las limpiaron bien. Para las niñas me donaron una cuna y tres coches ¡y ya teníamos los tres coches nuevos! Hablé con los papás y dijeron que se los diera a otra persona, pues las niñas ya tenían. Entonces vino la ambulancia y los entregué al hospital porque había dos personas que necesitaban. Luego apareció otra diciendo que era lo único que le faltaba para su nieto. Lo llevó, lo lavó y quedó impecable. Gracias a Dios siempre me dan cosas buenas, usadas pero en buen estado.
También hemos pedido en el Facebook. Los de esta pañalera, que son los mismos de la farmacia Calero, nos cambiaron los pañales porque nos mandaron pañales muy grandes y tienen que ser de 0 a 4 kilos. Los otros días, de la distribuidora de Avda. Barbieri mandaron dos bolsas de pañales y toallitas, porque lo que no tenemos y necesitamos son toallas para ellas cuando las bañamos”.
EL BUEN USO DEL TELÉFONO
Fabiana no conoce a Claudino Ferreira Pinto, solamente ha hablado por teléfono con él. Se enteró de la situación de las trillizas por una nota que hizo una periodista de diario El Pueblo de la localidad de Constitución. “A Delfina y Julieta las entregaron a los dos días, pero Francesca tenía algunos problemitas y la entregaron justo el día que fui a conocerlas. Esta chica puso en el diario que habían nacido las tres niñas, el peso, etc., y todo lo que necesitaban. Por otra chica de Constitución me enteré que las nenas estaban en Medicina de hombres, porque no había lugar en Pediatría. Tengo a mi mamá con 90 años. Le di el desayuno y le dije que no le abriera a nadie, que ya volvía. Antes de eso hablé con Claudino, que me dijo que tenía que tener la autorización de los papás y todo documentado. Preguntó qué parentesco teníamos y le dije que no les conocía ni la cara. Ante su asombro, le dije que yo no había podido tener hijos, ellos tenían tres y era una bendición. Me aconsejó que fuera al hospital a hablar con ellos y, si ellos autorizaban, se hacía una nota con el nombre y el número de documento y se empezaba a pedir; pero tenía que hacerle llegar primero a él la nota con mi nombre y mi número de documento. Cuando llegué al hospital, justo entregaban a Francesca. Estaban los cinco en Cuidados Paliativos porque fue el único lugar que pudieron conseguirles. Les pedí sus nombres, número de documentos y les dije que iba a llevar al diario una nota con mi nombre y dirección, y que todas las donaciones llegarían a mi casa, que tendríamos que estar en contacto. Fue salir del hospital y José Luis se puso a averiguar quién era yo. Como mi esposo trabaja en el hospital todos me conocen y le dijeron que se quedara tranquilo que yo los iba a ayudar porque sabían que ya lo había hecho con otras personas. Por eso, digo que soy la abuela postiza de las niñas pero que recién ahora estábamos entrando en confianza”.
LAS DONACIONES
“Les trajeron una cuna que doné al hospital porque una tarde vino un matrimonio y donó una practicuna; es una valija que se abre y queda una cuna donde entran las tres hasta que sean más grandes, y les sirve como corral. Los coches los donó un médico que no quiso dar el nombre, son igualitos, uno para cada una y les sirven hasta para dormir”.
Familiares de sangre y
familiares del corazón…
“Éramos once hermanos y quedamos nueve”, recordó Fabiana. “Perdimos a una con 21 años. Nos dejó una nena de cinco meses y la criamos con mi madre. Hoy, María Alejandra tiene 37 años, está casada y tiene dos niños. Perdí a mi padre cuando tenía ocho años. Mamá fue papá y mamá. Mi ilusión siempre fue casarme, tener hijos, pero tengo 48 sobrinos, 30 y pico de sobrinos nietos, y mi mamá tiene 90 años. Hace más o menos un año perdí a mi hermano mayor. Siempre le pido a él y a mi padre que me ayuden a ayudar, que todo lo que hago lo hago por el bien, no pido nada a cambio”, dijo emocionada.
“Cuando entré al quirófano para operarme esta última vez, el médico entró y dijo “bueno Falcón, espero que esta sea la última”. Le dije “loco, dejame de joder, esta va a ser la última. En vez de darme ánimo vos, que soy tu paciente, tengo que hacerlo yo”. Me dijo que tenía razón, y cuando se dio vuelta vio a toda la gente que estaba conmigo y me dijo “qué ánimo tenés”. Le dije que sí, que tenía a mi madre, mi marido y ahora tenía trillizas, que no eran mías pero eran un regalo de la vida y estaba luchando por ellas. Tenía que salir de allí andando, llegar a Salto y empezar a trabajar. Todos los días me despierto y doy gracias a Dios por el día que pasé, me acuesto y agradezco poder seguir ayudando”.
Fabiana ha lanzado su pan sobre las aguas. Sin dudas, en algún momento lo hallará.






7 de Agosto de 2012 a las 16:45
He leido el articulo sobre FABIANA FALCON y me alegre porque pienso que quedan muy pocas personas como ella ,yo escribo desde Montevideo pero voy muy seguido a Salto y realmente quisisra tener la direccion de Fabiana para poder hacerle llegar algo para las trillizas .ya que quien las trajo a este mundo fue el Dr. DIEGO FERRARI .espero me hagan llegar dicha direcci+on y sino a donde se lo puedo hacer llegar las cosas o al Hospital donde trabaja el esposo de Fabiana
gracias Edda
8 de Agosto de 2012 a las 10:18
Que hermoso!!!!Fabiana es una gran persona y se merece todo el amor del mundo…