La capacidad de desarrollo profesional va acompañada del espíritu emprendedor que pongamos cada uno de nosotros en la tarea a la que nos dediquemos. De esa manera, podremos lograr avanzar lugar en nuestra carrera, mejorar nuestra profesión y así servir mejor a nuestra comunidad desde nuestro en la sociedad.
Si bien crear los espacios pertinentes para poder desarrollarnos y crecer, no es cosa fácil, hay que saber estar a la altura de las circunstancias, bancarse lo que tenga que venir y creer que se puede en cada momento más allá de los obstáculos y adversidades que aparezcan en el camino.
Pero en este caso, hay un ejemplo claro. Un hombre joven, de apenas tres décadas de vida, que de joven apuró una aventura que lo llevó de viaje a los Estados Unidos con aspiraciones de estudiantes y lo trajo con una mente de ejecutivo que decidió explotar en su país, en condiciones nada fáciles, como la crisis del 2002 y la caída de los ámbitos a los que se preparó para trabajar. Sin embargo, esperó sin rechazar nada y como todo llega, hoy logró sacar la cabeza y pararse en su propio ámbito. Se está yendo de viaje a Europa pero vuelve para tener que volver a irse. Ese es el pronóstico. Con Diego Borges, un joven emprendedor, con una visión muy particular, nuestra sección semanal, Al Dorso.
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Hizo la Universidad jugando
al tenis en Estados Unidos
“Mi idea era ser contador”, dijo, tomando el nudo de su corbata, ya que su presencia prolija y meditada, lo delata como un hombre que importa una imagen de disciplina y seriedad, esa que necesitan los hombres de negocios para caerle bien a la gente y brindar confianza.
“Pero cuando estaba en sexto de liceo, en el liceo IPOLL, me enteré de los programas de intercambio lineal, entonces le pedí a mi padre que me bancara y él aceptó”. A los 17 años de edad, Diego Borges comenzó a vivir su primera experiencia fuera del país. Dejó Salto, su liceo y los amigos, para irse a vivir a una pequeña localidad de pocos miles de habitantes en el estado de Michigan, Estados Unidos.
“Fui por seis meses para probar la experiencia, aunque sin mucha responsabilidad académica porque igual tenía que venir y terminar el liceo acá no me servía ni para eso. Pero en esa época jugaba mucho al tenis, siempre me entrenaba en el Club Remeros y competía. Mi intención no era jugar al tenis y como había que hacer algo jugué en el liceo de Estados Unidos y al final terminé siendo el primer tenista, anduvimos bien y hasta salimos campeones de un campeonato local que se hizo en el lugar”, comentó.
Esto le valió la oferta de becas de varias universidades locales para que a cambio de estudiar en ellas, se integrara al equipo de tenis del seleccionado universitario. Pero como tenía que terminar el liceo en Uruguay, porque el plan curricular así lo exigía, volvió a Salto, rindió la materia y volvió a Estados Unidos.
Como su aspiración era la de ser contador público, el hecho de estudiar en el extranjero exigía tener que revalidar luego el título en nuestro país, por lo que optó hacer la carrera de licenciatura en administración.
“Estudié en la Spring Arbol University, que tenía unos dos mil estudiantes. Allí estuve cuatro años, pero visitaba Salto una vez al año. Mientras jugué al tenis me preocupé por andar bien en la parte académica, pero si bien ha habido oportunidades de trabajar, y ya había hecho algunas pasantías, decidí que quería volver, no era mi intención quedarme allá para siempre”, señaló.
Diego regresó al país en una época muy particular. Era el mes de mayo del año 2002, y pensó que como venía del extranjero las puertas se le abrirían más fácilmente, sin embargo, esto no fue así. “Mi idea era trabajar en Montevideo, pero como era complicada la mano, y cada vez se complicó más la cosa para conseguir trabajo, pude engancharme con un tío mío que es corredor aduanero, pude hacer algo con él. Para mí fue una gran experiencia y que incluso a la postre me sirvió mucho”. Comenzó a estudiar la carrera de Contador Público en la Universidad Católica, lo que lo llevó a Montevideo y luego de pasar por varias manos, llegó al Banco Santander donde ahora prepara una especialización interna.
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Buscando nuevos
horizontes
Días antes de que aprontara las maletas para tomar un avión a España, Diego, llegó tranquilo, con termo y mate, con una mirada distante y segura que trasmite confianza. Llegó a la hora pactada y dispuesto a contar cómo llegó a ser un joven emprendedor en un mundo donde la competitividad es todo.
“Entré en un programa que tiene el Banco Santander que se llama Futuros Directivos. Donde hay ciertos requerimientos como la edad, la antigüedad en el banco, y además tenés que contar con un título universitario. Se trata de un programa de la división América, del Banco Santander, y ellos hacen una evaluación de las personas que se presentan en cada país, de los que solo clasifican algunos”, contó.
A los que clasifican les hacen un entrenamiento, para que de alguna manera quienes logran ingresar y superar vayan quemando etapas hasta poder llegar a integrar el staff de los fututos directivos de la entidad bancaria internacional.
“Cuando uno entra al programa empieza a viajar a otros países. A desarrollar diversas tareas, porque la idea es que uno se adapte a distintos entornos y haga diferentes tareas dentro del banco para que en un futuro pueda tomar decisiones sobre todas ellas”, comentó entusiasmado.
Dijo que luego de la capacitación que realizará durante un mes en España, le dirán cuál será su primer destino. Deberá permanecer de uno a dos años en un país de América Latina donde el banco tenga sede. Y así pasará algún tiempo midiendo experiencias en otros lugares de nuestro continente hasta “que quizás vuelva a recalar en Uruguay y por qué no en Salto”, dice. Pero pedir eso ahora es bastante difícil.
“La integración de gente joven en los planteles ejecutivos de las corporaciones son una necesidad de ir renovándose, para no quedar con un personal muy concentrado a ningún segmento etario. No pueden ser todos jóvenes, pero tampoco pueden ser todas personas adultas, debe haber una buena mezcla que junten las diferentes experiencias. Los manejos de las nuevas tecnologías requieren gente joven, pero también las decisiones requieren experiencias. Y hay que buscar un equilibrio en todo eso”, expresó.
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Deberían prohibir
los zoológicos
En su faceta por la actividad local, también se encuentran sus últimas apariciones públicas como dirigente de la juventud del Frente Amplio, representando a Asamblea Uruguay, sector que lidera el contador Danilo Astori.
Pero su militancia se basó en su compromiso con la sociedad, de la que entiende que todos sus habitantes deben cumplir un rol desde el área que sea para poder aportar y así lograr una sociedad mejor para vivir.
“No creo en las concepciones individualistas que uno tenga que preocuparse por lo de uno y nada más. Aparte que está mal no preocuparse por los demás, uno tiene diversas formas para accionar y tratar de mejorar la realidad que nos rodea”, afirmó.
Aunque uno de los aspectos que lo caracterizan en su personalidad, es su posición contraria a la existencia de los parques zoológicos. “Tenía expectativas si me quedaba de trabajar mucho más por el mejoramiento de las condiciones de los animales, de la protección de estos. Desde que estoy en Salto he colaborado con las asociaciones como Prodea, por ejemplo. Yo soy contrario a los zoológicos. Tenía la idea de empezar una campaña de juntar firmas para que Salto fuera el primer departamento sin un zoológico, y que los fondos que se destinan ahora se vuelquen para programas de mejoramiento del trato de los animales”, subrayó.
“Se que esto que digo es muy difícil, supone un cambio en una concepción cultural de un lugar. Pero qué necesidad hay de ver un animal en un zoológico, al menos en las condiciones en las que los vemos acá, de forma tan degradada. Podría ser otra cosa que enseñe que los animales están en su hábitat natural, aunque no sé si acá llegaremos a eso”, afirmó.








2 de Febrero de 2010 a las 14:15
Muy linda la nota.
Pero hay muchos mas aspectos a resaltar de éste muchacho.
Una gran persona, un encarador, humilde, resputuoso, de la planta.
Un amigo de los que siempre están.
Un abrazo loco, no tengo dudas de que te va a ir bien por allá.
P.D.: Suerte en la caminata.