Juan Carlos Carbajal, de oficio Afinador de pianos

Esa mañana melancólica predisponía a los recuerdos, a hablar de tiempos pasados y proyectarnos a un futuro con algo de escepticismo. Han pasado los tiempos dorados de cuando en nuestra ciudad había cerca de 600 pianos en casas de familia y llegaba el afinador desde la capital para que de esa forma se pudieran entonar las notas musicales extrayendo verdaderas melodías de sus teclados.

Fuimos invitados a pasar a la habitación del Hotel Concordia donde Juan Carlos Carbajal, de oficio afinador de pianos, de la última camada según él, nos permitió ver la morada de un inquilino de ocasión, nos sentamos en torno a la mesita que vestía una radio de bolsillo de color gris, una pequeña botella de agua mineral y un vaso de vidrio medio vacío, la charla se dio de forma casi casual y espontánea.

- ¿Desde cuándo se dedicó a afinar pianos?

- De toda la vida, desde los 14 años, empecé en el año 57 en la fábrica del Palacio de la Música. La fábrica era muy grande, ahí se ensamblaban los pianos, éramos cien personas trabajando y bueno, ahí entré de aprendiz. Y a los 19 años el Palacio me mandó al interior, tipo viajero porque el Palacio vendía muchos pianos para el interior, entonces éramos seis o siete personas trabajando en el interior. Empecé a venir a Salto en el año 63…

- ¿Venía en la ONDA?

- Sí, salíamos a las 3 y media de la madrugada y llegábamos a las 11 de la mañana, en el tiempo que había dos horarios, 3 y media y a las 12 y media del mediodía. A Salto llegaba muerto…

- ¿Le gustaba la música?

- Música estudié muy poco, lo que pasa es que este oficio se aprende con práctica, en los talleres, la música no tiene nada que ver con este trabajo, es independiente.

- Pero tiene que tener buen oído.

- Se educa el oído, esto se aprende con práctica, yo era un botija y en el Palacio se armaban un promedio de 50 pianos por mes y me metían en un cuartito chiquito con un aparato y ahí se afinaban los pianos por primera vez, las cuerdas recién puestas, ese era un proceso que llevaba cuatro o cinco afinaciones al día.

- ¿Llegó a este trabajo porque le gustaban los pianos o por necesidad de trabajar?

- En aquel tiempo había necesidad de trabajar, éramos seis hermanos, todos mis hermanos son de oficio. Yo soy el más chico, en aquel tiempo era muy común que se comenzara a trabajar desde muy chico. Recuerdo que tenía un vecino que trabajaba en el Palacio de la Música, mi madre fue a pedir trabajo para mí y entré, había mucha demanda de trabajo como en todos lados, no como ahora.

- Y si hubiera tenido la posibilidad de elegir, ¿en qué le hubiera gustado trabajar o estudiar?

- La verdad que no tuve tiempo de pensar, cuando quise pensar ya me gustaba lo que estaba haciendo. Aparte este trabajo es muy variado, viajo mucho.

- ¿Ahora trabajó por sí solo?

- Sí, la verdad que trabajé para el Palacio hasta hace diez años cuando el Palacio cerró, pero yo ya tenía mi clientela armada, acá en Salto y en casi todo el país nunca me preguntaron si era o no del Palacio.

- ¿Es de venir regularmente a Salto?

- Sí, la verdad que sí, la última vez que estuve fue hace mes y medio…

- ¿Tiene muchos clientes en nuestra ciudad?

- Bueno, lo que pasa que eso bajó, yo que sé, de veinte años a la fecha bajó un sesenta o setenta por ciento en todo el país, yo venía acá y estaba tres o cuatro meses trabajando, iba, venía. Yo hacía Artigas, Salto y Paysandú.

- ¿Y qué pasa? ¿La tecnología está dejando de lado el uso del piano?

- Y… la gente pide otras cosas, está como dejando de a poco la música, mucha computadora, pienso yo, no sé. Con todo hay gente, pero ya le digo, bajó.

- ¿Los clientes que le quedan son de aquella primera guardia?

- Siempre hay gente que compra piano, que lo restauran para el hijo o para el nieto porque estaba ahí parado, siempre hay, pero como le dije, no es como antes.

- ¿Cómo fue ese primer viaje al interior del país?

- Una cosa que me parecía que iba, yo qué sé, a Australia, un apronte me mandé, y viajaba solo a Minas. El Palacio me mandaba, “tomá, salí y arreglate”. Me daban una lista con una cantidad de clientes que eran atendidos por el Palacio y yo visitaba a la gente, y bueno, más o menos me las arreglé.

- ¿Nunca le tocó uno de esos clientes que se manda la parte como que sabe de lo que habla y en verdad no sabe nada de afinaciones?

- Ah si, en el Teatro Florencio Sánchez de Paysandú, no hace mucho de esto que le voy a contar, había un pianista y un tenor, me llamaron y fui, y el piano estaba bien, no le hice nada, probaron de vuelta y el pianista dijo, “ahora si” (risas)… como eso, cantidad.

- ¿Siguen apareciendo afinadores de piano o usted es de la última camada?

- Soy de la última camada, pasa que no hay talleres grandes para aprender. Seremos seis o siete de mi tiempo lo que vamos quedando.

- Es preocupante, porque el día que ustedes dejen de trabajar…

- Y bueno, habrá alguno que más o menos podrá hacerle algún remiendo y salga del paso, pero arreglo de fondo, afinar un piano bien de bien, no hay.

- ¿Cuánta gente tiene piano en Salto?

- Mire, acá yo antes andaba con las libretas de cien boletas y eran tres, cuatro o cinco libretas, no le digo que las terminaba, pero las juntaba en mi casa y eran, yo qué sé, quinientas, seiscientas… ¡era impresionante acá!

- ¿Eso hace algunos años porque según me dijo, ahora se redujo entre un sesenta o setenta por ciento?

- Sí, sí, pero ya le digo, los pianos siguen ahí y quizás lo usan o alguno ya está que no quiere más, están de adorno porque ya no se permite repararlo porque están destruidos. La gente estudió, se casó y sigue el piano ahí, y como no aparece nadie en la familia que se interese queda ahí parado.

- ¿Qué es lo que más le gusta de este trabajo, viajar o afinar propiamente?

- Bueno, me gusta afinar, me gusta agarrar los pianos cuando están mal, sea por afinación o por ajuste, que la máquina está bien pero usted la va a tocar y no anda, y yo la agarro y en dos o tres horas queda bien, porque el piano es muy noble, usted los arregla y son espectaculares.

- ¿Recuerda ese primer viaje a Salto?

- Mire, cuando llegué a Salto fue cuando mataron a (John Fitzgerald) Kennedy, ese fue el año en que llegué acá, incluso me acuerdo hasta en dónde estaba, afinando un piano, en lo de “Coca” Derrégibus, en la calle Osimani 69, una profesora bárbara, éramos amigos con la señora, ya falleció… me acuerdo de todos esos detalles porque habré ido veinte o treinta años a esa casa. Y ahí, “pah, le dieron un balazo a Kennedy”, voy a la vuelta a afinar otro piano, “murió Kennedy”. Eso me quedó, igual que con lo de las Torres (gemelas, World Trade Center) me agarró acá en Salto, estaba en el hotel, pongo la televisión y veo los aviones, pin pin y cayeron al rato. Son de esas cosas impresionantes que me agarraron acá, así que empecé a venir a Salto en el año 63 y que paro en este hotel hace unos 47 años, toda una vida, y nunca falté un año.

6 Comentarios para ésta nota

  1. Hugo Lago dice:

    Saludos;

    Desearia contactar a el tecnico Juan Carlos Carbajal para afinar el piano de la familia en Montevideo. Podrian mandarme su numero de telefono, o darle mi email, por favor?

  2. Carla dice:

    “Coca” Darregibus era mi profesora! El Sr.Carvajal afinó mi piano en Salto muchas veces. La “Coca” nos decia: “chiquilinas, viene Carvajal, vamos a afinar esos pianos”… que recuerdos!

  3. Jorge Viera dice:

    Quiero felicitar al Sr, Carbajal que es un gran profesional que siempre le fue fiel a su clientela como lo fue mi padre que tambien era Afinador de Pianos y gracias a el Yo herede esta bella profesion, saludos Jorge Viera

  4. magali prado santoro dice:

    Hola
    Mi piano también era uno de los “clientes” del Sr.Carbajal´

    Yo era alumna de la profesora Adelina Burnett y vivía en la calle W. Beltrán al 150.
    Estoy segura que si le preguntan,él hará memoria un ratito y enseguida me recordará. Y también a la familia Cámpora de la calle Brasil.

    Mi piano era un Ronisch (alemán) de esos todos negros, antiguo y maltratado por su anterior dueña, que le estragó las molduras.
    También le hizo una puesta a punto en cuanto mi padre me lo compró, allá por el año 1965 creo.

    La última afinación la hizo en el año 1980 más o menos.

    Luego , cuando me casé y me fui de la casa de mis padres, mi mamá lo encerró bajo llave y no volvi a tocar en él. En el año 1998 compré otro piano, en otra ciudad y más moderno, pero no mejor, de aquellos que llevaban las piezas en el tren y los armaban en los vagones a medida que los iban vendiendo,(según me contaron).

    Lo que recuerdo es que siempre recomendaba que para comprar un piano habia que fijarse si tenía el “arpa cruzada”, si no, no era bueno.
    Si alguna vez por casualidad encuentro un piano, lo primero que hago es abrirlo y mirar todos los detalles.
    Algunas dueños se enfadan con este proceder, porque dicen que es como aquel al que se le rompe algo en el motor del coche, levanta el capót y no sabe qué más hacer.

    Ahora vivo en Tenerife, Islas Canarias, y aquí los pianos acústicos casi no
    existen ya que el instrumento músico que se úsa es el Timple.

    Que el señor Carbajal sepa que el Ronisch todavía está en Beltrán 150, aunque , al vivir yo en otro país, ya es solo un recuerdo.

    Ahora tengo que conformarme con un teclado CASIO digital, que no es ni parecido al piano, pero al menos me permite llenar ese amor por la musica que ha sido y es la razón de mi vida.

    Gracias don Carbajal,

  5. soy Adriana, me quiero contactar con el señor Carbajal dice:

    me quiero contactar con el señor Carbajal, podría conseguir su telefono

  6. Walter Caraballo dice:

    Me pareció excelente todo lo que leí. Felicitaciones al Sr. Carbajal. Necesito conseguir una llave para afinar. Me gustaría contactarme para preguntarle si sabe donde puedo conseguir una llave. Gracias.

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