El joyero y el atleta de la Plaza de Deportes
Nilo La Greca, tiene 72 años de edad y desde los 14 trabaja en la joyería que lleva su apellido y que tiene más de 80 años de vida. Pero detrás del artesanal trabajo en un oficio que aún persiste, se encuentra el atleta y el cristiano. Nació en el ’39 a metros de la Plaza de Deportes, que fue el “patio de su casa”. No tuvo ningún pudor en reconocerse fóbico, una etapa que ha superado y que lo tiene ahora conformando un grupo que pretende ayudar a quienes padecen dicha situación. “Cada cosa que hago es por placer y porque me gusta” nos dice casi al final de la entrevista.
Al dorso se acerca a un apacible joyero, a un veterano atleta, a un dirigente cristiano y a un salteño de ley.
Joyero desde los 14 años
Empezó a los 14 años a trabajar en la joyería. Primero fue su padre el que estuvo al frente del negocio, luego sus hermanos y en un momento de su vida, en el que dejó de estudiar, empezó a trabajar. “Empecé en la mesa de trabajo, porque mi hermano era relojero y yo empecé como joyero. Hasta ahora sigo y con el pasar del tiempo fui aprendiendo, con ganas de investigar, de probar, de leer y de conversar con joyeros”.
Aprendió a fabricar y hacer todo lo que hace un joyero. La labor de joyero “sigue igual y uno es un privilegiado porque en todos estos años han desaparecido cantidad de oficios y nosotros seguimos. La Greca hace todo el proceso, desde conseguir el oro y la plata hasta el pulido final. Prepara la aleación, fundirla, hacer la barra y de allí hacer el producto. Tiene herramientas del tiempo de su padre. La empresa familiar debe tener ya más de 80 años. Tiene dos hijos que no han seguido la profesión de joyero, aunque el varón es socio en el comercio.
No le gustaría jubilarse porque entiende que no puede hacer una vida que sustituya a su trabajo. “Como me gusta y no es un peso sigo siendo joyero. Mientras me sienta bien lo seguiré haciendo, porque para mi quedarse en la casa a mirar televisión sería como terminar la vida”.
La Plaza de Deportes era el patio de mi casa
Nació en su casa familiar de calle Bilbao al 100 y toda su vida giró en el entorno de la Plaza de Deportes. “Era el patio de mi casa. Tuve una infancia hermosa por ese complemento de la plaza. Imposible no estar un día por ahí. Hacían los campeonatos de atletismo nocturno”. Sin dudas que ese vínculo le permitió seguir en el deporte. Es más, muchos de sus amigos permanecen hoy como atletas: Ruly Gonzaga, Luis Falcioni, Gloria Toriani, entre otros. Concurrió a la escuela nº 2 y no hizo Liceo. Evocó que aquel tiempo era más difícil, además de que perdió a su padre cuando tenía 3 años. Eran 10 hermanos, él era el anteúltimo de los menores.
Grupo de fóbicos
Sufrió más de 10 años la fobia, que le impedía incluso viajar en ómnibus. “Yo tenía varias, aunque la que más se notaba era la claustrofobia”, nos confiesa, a la vez que menciona que mucho no se sabía de eso. Concurrió a una clínica en Montevideo y en dos años “quedé bien, normal”.
Le recomendaron buscar algún grupo para contar las experiencias y ayudar a los demás. Fue así que con Rocío Arrigoni son los coordinadores del Grupo de Fóbicos de Salto, que se reúnen todos los lunes y por el que han pasado más de 500 personas desde que se constituyó en el año 2000.
Considera que en dicho espacio de alguna manera “damos fe de que se puede salir y que eso no es nada malo en la vida si uno lo sabe tomar. Es superable. Buscando la salida uno encuentra otra cantidad de cosas que ni pensaba que las tenía.
Está en uno el salir o el quedarse”. Sostiene que “hay mucho más cantidad de fóbicos que lo que la gente piensa y supone. Cuesta mucho animarse a integrarse”.
La ACJ es parte de mi vida
Actualmente es el presidente de la Comisión Directiva de la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) de Salto. Se considera “casi un fundador, ya que es de la época en que vino Rolando Dalmás” (que ocupó varios años la dirección de la ACJ a fines de los años 1960).
Hubo un tiempo en que se alejó para luego volver como directivo. Recordó los comienzos de la ACJ en su sede de calle Uruguay (pegado al local de Farmacia Albisu en la actualidad), y luego el local de calle Brasil, pasando Soca (enfrente del local actual de la Asociación de Escribanos).
Respecto de la sede actual recordó que “era un galpón largo pegado a lo Solari, que después se fue reformando, agregando una cancha de voleibol y vestuarios, para transformarse en lo que es hoy”.
La ACJ es parte de su vida: “entré por el voleibol pero luego me gustó todo lo demás, es muy lindo y me enganché desde esa época”.
El atleta veterano
De joven hacía atletismo de disco, bala y jabalina cuando estaba el profesor José Salvi, que “era muy bueno”. Hace 15 años que conformó, junto a otros salteños, un grupo de atletas veteranos. Recordó que la señora del profesor Raúl Banfi, Graciela Coutto, fue una de las que los motivó a juntarse y constituyeron el Círculo de Atletas Veteranos de Salto (CAVESALTO). Integran la Asociación de Atletas Veteranos del Uruguay (ASAVUR) y la Asociación Sudamericana de Atletas Veteranos (ASUDAVE).
Todos los años participa de competencias, tanto en Montevideo como en el exterior, tanto en campeonatos del MERCOSUR como sudamericanos. Ha viajado a Mar del Plata, Rosario y Río de Janeiro. El mes que viene tiene un campeonato en Rosario (Argentina) y en abril tiene otro en Paraguay.
Dentro de una semana cumple 73 y se siente muy bien físicamente. Aspira a llegar a competir en un mundial de Atletismo. Tiene más de 50 medallas.
Es impresionante “la cantidad de amigos que me ha dado el atletismo. De todos lados: argentinos, brasileños y chilenos”.
EL VÓLEIBOL
Jugó al vóleibol en varios equipos, cuando había en Salto conformada una Liga: en “Bomberos”, en la ACJ y en Club Remeros. Había varios equipos y con la selección, que integró, jugó varios campeonatos nacionales. Recordó que los lugares en donde jugábamos (Nacional, Salto Uruguay, Círculo Sportivo) en la actualidad son estadios cerrados y no abiertos como en su época, cuando en invierno, a veces, “éramos solo nosotros”. Sigue jugando los sábados en la Plaza de Deportes. Para La Greca el deporte “es bueno en lo físico y en la parte intelectual, en lo social. Uno se relaciona y abre la mente. Sale embotado del trabajo, llega al deporte y cambió, los dolores se le van, se renueva”.
Hoy por: Wenceslao Landarín







