Walter Eduardo Caraballo Piazzoli: zapatero, un oficio digno

“Todo lo que tenemos y lo que soy (lo hice) arreglando zapatos”

Entrar al taller de un trabajador, es como entrar en su propia vida. Por dicho recinto pasa la dedicación, la laboriosa tarea técnica en procura de la solución de algún problema puntual, los diálogos permanentes de la gente común. Pero entrar al taller de un composturero de calzado implica participar de un especial espacio de trabajo en donde lo manual se mezcla con lo creativo y en donde la impronta artesanal se palpa desde todos los sentidos. Fue esa la actitud que percibimos cuando en una jornada normal de trabajo compartimos algunas voces con una persona que ha dedicado la mayor parte de su vida a reparar un elemento cotidiano que nos permite desandar caminos más cómodamente.

Con el golpeteo del martillo, el sonido esporádico de alguna máquina, el olor a cera, a cuero y a pegamento, con trabajadores jóvenes portadores de un delantal que cuida su ropa, en un taller en donde se ven zapatos por todos lados, junto a carteras, e incluso algún recado de “un amigo” casi pronto en la reparación, pudimos dialogar con Walter Eduardo Caraballo Piazzoli. A primera hora de la tarde nos encontramos en su local de compostura de calzado de calle Beltrán 132. Desde hace 42 años empezó, junto a su padre con el trabajo de la reparación. Siente orgullo porque lo que aprendió oralmente con su padre pudo trasmitirlo para que uno de sus hijos, Carolina, pueda “seguir la posta de una empresa familiar”. Está “al mando” en su local de reparación desde hace 20 años y expresa que cuenta con dos casas más en la ciudad.

UN OFICIO QUE SE TRASMITIÓ EN EL SENO FAMILIAR

Su padre, oriundo de Paysandú, le enseñó todo lo que sabe desde el tiempo escolar. Recuerda que antes y después de la escuela ayudaba y trabajaba a la par de su progenitor. En aquellos tiempos todo era diferente. La tarea era mucho más artesanal, no se contaba con máquinas eléctricas, y se utilizaba otro tipo de materiales para la compostura. El oficio, de lo que Caraballo se siente orgulloso, antes era llamado “composturero”, cuando se solía también hablar y mencionar al “Taller de compostura de calzado”. Destaca que le viene de familia y, por suerte seguirá en la familia. “Mi hija, Carolina, es la que sigue ahora con la posta. Tiene 24 años y hace casi 7 años que sigue con el oficio”.

REPARACIÓN DE CALZADO Y ALGUNAS COSAS MÁS

Actualmente se dedica solo a la reparación, nunca fabricó, pero no solo zapatos arregla, también se encarga de la compostura de bolsos, valijas, todo lo que tiene que ver con el cuero. Asimismo se suele dar el arreglo de carteras de damas, mochilas de los niños que van a la escuela, e incluso algún recado de campo, porque “talabarteros no quedan más”. De la reparación lo más común que se da es la colocación de los taquitos, las chapitas, la media suela, alguna costura. Eso es lo normal. “Casi siempre lo central de la tarea es esa”.

TRABAJO ARTESANAL Y EL CAMBIO DE LOS TIEMPOS

“El trabajo prácticamente es todo artesanal, a mano”. Se trabaja con algunas máquinas, pero lo preponderante es el trabajo manual. En este tiempo, desde sus comienzos junto a su padre, ha observado muchos cambios, desde la calidad del zapato hasta algunas otras técnicas y herramientas. Ni hablar que la calidad del zapato hoy en día es muy de poca durabilidad. No es como antes que te duraba 5 o 6 años un par”. Yo tengo máquinas porque tuve que actualizarme, para adaptarnos a los nuevos materiales de trabajo. Se da la realidad de zapatos a los que hay que hacerles arreglos que no se hacen todos los días, en donde importa mucho la creatividad que tengamos.

Es difícil encontrar jóvenes con interés

Le da pena que haya poca gente, casi nadie, que se dedique a la compostura y reparación. Manifiesta que “no hay prácticamente interés por parte de los jóvenes”. Nos indicó que dada las características del trabajo cuando alguien empieza con el trabajo “les enseño yo los primeros pasos y como desarrollar el trabajo diario, dado que se aprende en el taller, que es la parte central”. Se da una especie de relación maestro aprendiz, que quizá no es común en otros oficios o tareas. Nos dijo que “es muy difícil conseguir gente capacitada, porque si uno pusiera en el diario un aviso solicitando personal, estoy seguro que en Salto no hay personas capacitadas que sepan trabajar en la compostura de calzado”. Es fundamental entender que aquí se aprende trabajando, “yo tengo que enseñarle en el taller, porque, de alguna manera tanto a los empleados como al que demuestre interés los hago yo”.

El taller es fundamental y los materiales han cambiado

El taller es la parte central y más importante en la compostura de calzado. Tuvimos la oportunidad de poder pasar al mismo, ubicado en la parte posterior de su local, en donde pudimos apreciar la tarea manual desarrollada por los operarios y la maquinaria disponible. La escenografía laboral visible está enmarcada por zapatos por todos lados, en pleno proceso de reparación, en una especie de circuito por el cual se va reparando el mismo en una clara disposición doméstica de la empresa. Los materiales para la reparación los trae “todos de las fábricas ubicadas en Montevideo”. Han cambiado totalmente, “ahora se trabaja mucho con sintético, goma, plástico, y antes era suela y cuero. Antes era más artesanal el trabajo. La reparación también cambió y  las herramientas básicas son las que se utilizan para la costura y el pegado, con la incorporación de la necesaria tecnología”.

Clientela fiel

El diálogo con Caraballo se interrumpe por la llegada al local de una señora primero, y un caballero después, que son atendidos cordialmente tomando el pedido que será atendido en un promedio de dos días, dada la cantidad de demanda existente. Nos expresó que “hay clientes de años, e incluso de la época de mi padre. Casi toda mi clientela es fiel y hace tiempo que trabaja conmigo. Por eso también, además de que me gusta lo que hago me es redituable económicamente. Todo lo que tenemos con mi familia y lo que soy salió de acá: arreglando zapatos”.

2 Comentarios para ésta nota

  1. LUis dice:

    Soy cliente del Sr Caravallo padre de toda la vida, asi como lo fue desde siempre mi familia,todo lo que pueda decir de la habilidad artesanal es poco,mi señora tiene unas botas que segun ella “le quedaban bien” y no encontraba nada que las igualara y tenia proyectado un viaje a europa,las pobres botas estaban bastante maltrechas, como ultimo recurso se las llevo a Caravallo y ni decir que se las dejo tan perfectas que las susodichas botas recorrieron todo Madrid, creo que todavia las tiene.

  2. sandra dice:

    QUIERO AGRADECER AL DIARIO POR LAS PUBLICACIONES ANTERIORES,HAY MUCHAS PERSONAS QUE MERECEN RECONOCIMENTOS POR SUS LABORES,CONOSCO QUIENES LO HACEN POR DINERO Y QUIENES LO HACEN POR NEGOCIO.EN ESTE CASO RECONOCER LA BUENA VOLUNTAD Y DISPOSICION DEL SR.ABOGADO SALTENO GARY ARRIBILLAGA…..QUE CON SOLO UNA BUENA ACCION HIZO FELIZ A UNA FAMILIA.GRACIAS GARY DESDE EE UU.
    SANDRA

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