Sembrando las páginas, plantando la historia

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LA DIRECTORA DE EL PUEBLO ADRIANA MARTÍNEZ HACE USO DE LA PALABRA

José García, Pablo Galimberti y Enrique Cesio

Silvia Fasana, Adriana Martinez, Sergio Santurio, Gladys Vlaeminck, Eleazar Silva y Miguel Quintana, con Remigio coordinador de la plantación

Familiares de funcionarios que han fallecido

Ana Cardozo, Jose Luis Guarino, Julio Fernandez, Ricardo Lorenzelli y Arturo Pepe

Parte de la concurrencia al acto

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LOS NIÑOS TAMBIÉN PLANTAN: IGNACIO BÁEZ, BENJAMÍN Y JUAN ANTONIO HENDERSON Y FELIPE LEMOS

Fue una jornada de emociones, en el acto por los 60 años de EL PUEBLO se llevó a cabo la plantación de seis árboles, uno por cada década.
Estuvieron todos representados, los que están, los que estuvieron, los que ya no están y los hijos de los que aquí se encuentran.
Un agradecimiento enorme a todos y cada uno de los que nos acompañaron en su nombre o en representación de alguna entidad pública o privada. 60 veces Gracias.

 

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Enhorabuena en estos sesenta años…

Memorias de un secretario de redacción
A todos ellos….

Cuando un uruguayo en el extranjero dice de donde es, de que parte del país. Una de las primeras preguntas que le formulan es “¿Qué diario hay allí? Es que nada identifica más a una zona, a una parte del país, que un medio de prensa.

Por eso entendemos que sesenta años en la vida de un diario es un mojón que forma parte de la vida misma.
De allí que en esta entrega y con estas fotografías que hoy rescatamos de los primeros tiempos queremos recordar y homenajear a un grupo de personas que cimentó la tarea de este periódico, tras una lucha encomiable que nunca mejor dicho que hoy, ha costado “sudor y lágrimas”.
Los carné de trabajo llegaron circunstancialmente a nuestras manos, no fueron seleccionados. De allí que falten personas que consideramos emblemáticas en la historia de E L PUEBLO, sobre todo en la segunda etapa liderada por don Walter Martínez Cerrutti.
Faltaron también otras figuras, como los hermanos Flores (Néstor “Pajarito” y Víctor Hugo el “comisario”)
A quienes supieron conducir y mantener la utopía de los primeros años, a quienes conducen hoy nuestro reconocimiento en esta hora tan feliz, ¡Enhorabuena!

 

COMPAÑEROS DE TRABAJO

 

Luis Ruperto Suárezimage description
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Carné emitido el 1 de abril de 1971. Había ingresado a EL PUEBLO, como tipógrafo, proveniente de Tribuna Salteña, el 1 de diciembre de 1969. Se domiciliaba en 18 de Julio 581. En ocasión de la foto tenía 49 años.

 

 

 

 

 

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Iris D. Lima da Rosa
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Carné emitido el 28 de octubre de 196 3. Constaba que era “empleada de tipografía”. Fecha de ingresó 9 de marzo de 1953 (cuando el diario aún era proyecto y sólo existía la Editorial Sarandí, que precedió al diario). Edad 25 años. Vivía en Bella Vista 310.

 

 

 

 

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Limber Cardozo Fagúndez
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Ingresó el 15 de mayo de 1963 en la función de corrector, luego se desempeñó como linotipista. Carné emitido el 28 de octubre de 1963. Se domiciliaba en calle Progreso 1215. Tenía por entonces 21 años.

 

 

 

Hugo Antúnez666
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Carné emitido el 1 de abril de 1971. Había ingresado el 2 de mayo de 1966 como corrector, capacitándose luego como linotipista. Tenía 18 años y vivía en Mataojo 1952 (barrio ceibal).

 

 

 

 

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Pablo J. Massa Piñeiro
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Había ingresado el 1 de setiembre de 1957 en la calidad de Jefe de Oficina. El carné fue expedido el 28 de octubre de 1963, Pablo tenía por entonces 26 años. Vivía en Uruguay 1661.

 

 

 

 

Ramón A. Fonticiella Abreu155
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Fecha de ingreso: 15 de junio de 1973 en calidad de cronista deportivo. Carné emitido el 15 de setiembre de 1973.Tenía por entonces 26 años. Vivía en Blanes 372.

 

 

 

 

Alberto Rodríguez Díaz
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Fecha de ingreso (para el carné) 16 de junio de 1968. Carné emitido el 1 de abril de 1971. Edad 21 años (según este carné, en realidad ya teníamos 22 años). Se desempeñaba como corrector. Vivía en José P. Varela 550.

 

 

 

 

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Ricardo Domingo Lorenzelli Migliaro
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Fecha de ingreso 28 de febrero de 1972, en calidad de cronista. Carné expedido el 27 de setiembre de 1973. Edad: 21 años. Se domiciliaba en Blandengues 792

 

 

 

Carlos María Díaz Cattani888
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Carné emitido el 1 de abril de 1971. En ocasión y según este carné, tenía 21 años. Se desempeñaba como cronista. Fecha de ingreso el 1 de febrero de 1966.

 

 

Enrique A. Cesio Blanc
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Carné emitido el 28 de octubre de 1963. En función de Redactor Responsable y Administrador.
Edad: 28 años. Se domiciliaba en calle Uruguay 668.

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El humor de “EL PUEBLO”

En esta sección intentaremos rescatar algunas de las anécdotas que nos tocaron vivir en forma jocosa en ocasión de nuestras actividades ya presencialmente ya por las “mentas” que existían cuando nos incorporamos a EL PUEBLO. Una que no vivimos personalmente pero fue tan celebrada que sus repercusiones llegaron hasta nosotros, fue la solicitud de taxi.
Para ubicarnos en aquellos tiempos digamos que había o tres de los “personajes” que trabajaban por entonces en el taller de impresión de EL PUEBLO, Germán “Fochi”, Piñeiro, el “brasilero” Silva, Badano y otros que no conocimos, pero cuya memoria recordaba siempre el entrañable “pajarito”, Néstor Flores.
Coincidentemente, dos o tres de estas personas al terminar de armar el diario en la madrugada se dirigía al mismo barrio Almagro o “La Estrella”, saliendo hacia el Sur y pasando por entonces frente al Hospital, adonde había una casilla telefónica con el número correspondiente, que era por entonces (ni se soñaba con los teléfonos móviles o celulares).
Cuando se necesitaba un taxí se llamaba a estos números y ellos respondían atendiendo el servicio requerido.
La anécdota de referencia sucedió una madrugada en que al salir del diario estos “personajes”, llovía a cantaros. Cuando ellos se aprestaban a salir vieron que el Secretario de Redacción, por entonces Fulvio Cousín, un hombre que andaba cerca de 2 metros de alto, más bien fornido, de pocas palabras y con fama de “pesado”, insistía en llamar un taxímetro, pero con la madrugada lluviosa la docena de coches no daba abasto. Según dicen por entonces era bastante habitual que los periodistas portaran revólver, y se decía que Cousín era uno de estos.
Cuando los susodichos pasaban frente al Hospital escucharon que el teléfono de la casilla, que estaba al alcance de todo el mundo, estaba llamando y dijeron.
– Este es Cousín.
– Ni corto ni perezoso, uno de ellos levantó el teléfono y expresó taxi del hospital…
– Me podría enviar un coche a EL PUEBLO, fue la solicitud…
– Aquí no hay taxis para p…, fue la respuesta de quien levantó el teléfono.
Por entonces las dos cuadras que distanciaba a EL PUEBLO, del Hospital, eran de adoquines y frente a EL PUEBLO había una bombita de luz que pendía al medio de la calle.
Cuenta gente que trabajaba en aquella época que Cousin se fue hasta el medio de la calle y blandiendo el revólver apuntaba hacia la parada de taxis del Hospital y vociferaba.
Los que conocían la anécdota sostenían que sus autores no pasaron cerca de Cousin por un mes, temiendo que reconociera la voz…
UNA BROMA PESADA
A esta tampoco la vivimos personalmente, pero lo que recordaban quienes la contaban era esto: Por entonces “El País” tenía un joven corresponsal en Salto, José Ruben Bottaro (Cacho) que había asumido no mucho tiempo atrás y por lo tanto era poco conocedor de los “Gajes” del oficio, aunque profesaba una gran pasión por lo que hacía.
Eran tiempos en que muchos allegados a EL PUEBLO solían darse una vuelta por el diario que mantenía una especia de Foro de debate y simplemente de conversación e integración.
Sucede que por entonces “alguien” tuvo problemas con la firma para la que trabajaba. La empresa para la que prestaba servicios publicó en “El País”, un pequeño aviso en el que informaba que “fulano de tal” ya no desempeña la representación de la firma, ni está autorizado a realizar ninguna actividad en nombre de esta…
A los participantes del “foro” de esos días no se les ocurrió mejor idea que gastarle una broma al corresponsal y “alguien” lo llamó por teléfono haciéndose pasar por el hombre desvinculado de la empresa.
Le dijo en términos similares
– Quien es EL País para publicar algo que me involucra, si Ud. no sabe ni como fueron las cosas…El País y Ud. en particular son grandes atrevidos. El joven corresponsal a quien nada le costaba montar en cólera, enseguida se puso a defender el matutino para el que trabajaba, sosteniendo que si se publicó eso es porque algo se habrá probado…
– La conversación fue subiendo de tono al punto que quien había llamado por teléfono (el cura “Manolo” Dibar), era un verdadero “maestro” para hacer “entrar” a los demás.
Conclusión le desafió a encontrarse personalmente en la calle para ver si era capaz de sostener como hombre lo que le respondía por teléfono.
– Pero ¿Cómo le voy a reconocer si yo no sé quien es Ud?
– Iré de gabán (un saco de abrigo) oscuro y con un diario debajo del brazo
Una vez colgado el teléfono el joven “se apretó” al punto que consultaba a uno y otro (todos estaban en el tema menos él) si era conveniente que concurriera, si era mejor ir armado o no…
Llegado el día y a la hora programada, luego de muchas dudas el joven bajó desde EL PUEBLO hacia la esquina del Palacio de Oficinas Públicas donde se había pactado que tendría lugar el encuentro.
En el lugar se hallaban todos los funcionarios de EL PUEBLO, algunos acostados “de panza” detrás del monumento, porque no querían perderse el encuentro. Cuando los presuntos “adversarios” bajaban por calle Artigas, finalmente el corresponsal reconoció al cura y le espetó “era vos desgraciado…”, pero el “jabón” se lo llevó.
En fin de tantas anécdotas de tiempos en que no sólo se trabajaba, sino que también se amenizaba la tarea con muy buen sentido del humor…
SE “AHORCÓ” EL RUSITO
Eran años diferentes a los de hoy. A primera hora de la mañana unos 50 “canillitas” se agolpaban frente a la ventanilla de distribución de EL PUEBLO y luego salían a vocear (anunciar) el diario por toda la ciudad.
Pero también la rivalidad era mucha y los líos frecuentes. Por eso que en esta etapa Jefatura de Policía disponía de un Policía para controlar el orden en esta entrega.
Quien cumplía habitualmente esta función era el agente llamado “Polenta” Miños un milico de entonces, respetado y conocido por todo el mundo, pero que con su sola presencia imponía orden. Claro que siempre había caso excepcionales.
Sucede que en una oportunidad, mientras los impresores esperaban la entrega del diario por parte de los tipógrafos que apuraban las últimas tareas, se les ocurrió gastarle un broma al Policía.
Para ello decidieron “Vestir” con la ropa de trabajo del “Rusito” Batosky a un improvisado muñeco, mientras que cura Manuel Dibar (cuando no), por entonces uno de los impresores de EL PUEBLO, le ató una soga al cuello y desde atrás de un cajón le hamacaba.
Esta figura en la penumbra del depósito de papeles que se hallaba en el fondo donde actualmente se levanta la Redacción, era realmente tétrica.
Apenas empezaron a llegar los primeros “canillitas” uno de los “compungidos” impresores le dijo “pobre Rusito, no andaba bien últimamente…
– ¿Pero qué pasó fue la pregunta casi inmediata?
– Se ahorcó allá en el fondo….
Ese fue el detonante, porque de inmediato el improvisado vocero salió disparado hacia el centro de la ciudad y todo el mundo se enteró. Cuando llamó la Policía para saber que había pasado en EL PUEBLO, hubo que explicar largo rato porque hasta el “Polenta” había visto “el muerto”, que dicho sea de paso aún hoy goza de excelente salud…

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60 AÑOS DIARIO EL PUEBLO

Emilio Gancedo, Fernanda Ferreira, Vicente Massarino, Hugo lemos, Sara Ferreira, Adrián Baez., periodistas

Daniel silveira, José Luis Toriani, Eleazar Chito Silva, periodistas deportivos

HENDERSON, CORBALÁN Y DE LOS SANTOS (SECCIÓN DIAGRAMACIÓN)

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LUCÍA MOLINARI, ADMINISTRACIÓN

José Enrique Ortiz, Mateo de los Santos,Leandro Corbalán y Henry Henderson

Silvia Fassana , correctora, Gladys Vlaeminck , publicidad

Vicente Massarino

Sergio Santurio

Wilson alvez, impresor

Wilson Alvez y Javier Machioavello

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JHONATÁN ALVEZ, RESMADO, GRACIELA IRACHE, DOBLADO, ALBERTO BRUM. DISTRIBUCIÓN, HUGO ARAÚJO, REPARTO.

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WILSON ALVEZ

Mary Olivera, ventas

Daysi da Rosa, Lucía Molinari y Soledad Figueroa, administrativas

Contables Belén de Brum, Sergio Perez

Hugo Lemos, periodista

Venta

Hugo Araujo, responsable del reparto

Venta

 

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Trabajo en conjunto en la Redacción de Diario EL PUEBLO

Trabajo

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Los que emigraron y los que ya no están

Seguramente son más los que dejaremos afuera de esta nota que los que publicamos, porque EL PUEBLO fue siempre una suerte de preparación, de preámbulo para salir hacia el mundo, pero los que nos vienen a la mente en estos momentos son estos:
El primer director, Adolfo Silva Delgado, dejó pronto la función periodística para radicarse en Montevideo donde desempeñó la dirección de la biblioteca Nacional.
Abrazó luego la carrera diplomática y falleció tiempo atrás siendo el embajador uruguayo en Corea del Sur.
Adolfo Elizaincin, primer cronista de cine y espectáculos de EL PUEBLO, también se radicó en Montevideo, llegando a ser Decano de la Facultad de La República e integrante de la Academia Nacional de Letras.
Raúl Y. Oxandabarat, ingresó a EL PUEBLO en los últimos meses de la etapa anterior. Un joven aficionado al mundo literario lo hizo en la función de corrector. Pronto pasó a ser cronista. Por entonces estudiaba Derecho y además se desempeñaba como funcionario judicial.
Emigró a Montevideo, donde cursó la magistratura y fue designado el primer vocero de la Suprema Corte de Justicia, cargo que desempeña hasta el día de hoy.
Son sólo algunos, de los más destacados, sin olvidar otros emigrantes, como el propio “Cacho” Bottaro que se radicó en Montevideo, trabajando en El País, Eduardo Lima Musmanno, actualmente desempeñándose en El Telégrafo de Paysandú y seguramente tantos más que no recordamos.
Entre quienes ya no están en esta vida queremos recordar algunos: Manuel Dibar, Néstor “Pajarito” Flores y su hermano Víctor Hugo, Pablo Massa Piñeiro, Iris Lima, “Juancho” Ambrosoni, Carlitos Díaz y el “Ruso” Luis Giovanoni.
De otras épocas también, Francisco “Gallego” Arizcorreta; Carlos María Carvallo, Luis y Matías Carvallo, Severino Añasco, Luis de la Rosa el “Indio” don Ramón.
Y nuestro reconocimiento a las jóvenes generaciones que siguen ostentando la antorcha que encendiera un puñado de cristianos en torno a la diócesis católica de Salto allá por noviembre de 1959.

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«Gracias por permitirnos ser parte…»

Reflexión 60 años

Sin dudas sesenta años no se cumplen todos los días, en el caso de un medio de comunicación escrito, donde la noticia tiene que estar en cada jornada, y cada mañana temprano al servicio de los lectores, nos parece que es un aspecto que potencia aún más lo que es la labor de todo el entorno que rodea al medio en cuestión, Puntual, y específicamente hablamos del nuestro, de diario El Pueblo, que más allá de que a título personal nos tiene cómo funcionario en la labor periodística (DeporteDaniel silveira, José Luis Toriani, Eleazar Chito Silva, periodistas deportivoss) desde hace casi dos décadas, nos consta que en estos sesenta años el diario ha mantenido siempre una línea, y una política de trabajo que se ha sostenido en el tiempo, y sin dudas esto ha sido una marca registrada en lo que hace a una forma, y visión de «encarar», y tratar la noticia en todos los ámbitos, y en cada rubro de la información.

El cuándo, cómo, y porque, tres palabras básicas y fundamentles a la hora de informar, no han dejado nunca de hacerse notar en la información que diario El Pueblo brinda a sus lectores cada día, y en este caso puntual desde hace sesenta años. Queda claro también que no es fácil ni sencillo, en tiempos donde las redes sociales se han instaurado definitivamente en el mundo y en la gente. Por eso tenemos claro que hay que mantener la línea y redoblar esfuerzos, para que la información que se brinda a diario sea lo más veraz e informativa posible. La palabra escrita es eso, lo escrito, escrito está, por eso desde nuestro diario siempre la política fue, y será, la de brindar la noticia de la forma más seria, responsable, e informativa posible. Ustedes nuestros estimados lectores nos eligieron, y nos siguen eligiendo cada día, eso nos congratula sin dudas, pero también nos obliga a redoblar voluntad, esfuerzo, y a seguir trabajando sin pausa, a modo de seguir mejorando cada día. Sesenta años no se cumplen todos los días, gracias infinitas a todos, a la gente, a nuestros fieles lectores, y también a la dirección del diario por permitirnos ser parte del diario de los salteños. ¡Feliz Aniversario diario El Pueblo!
DANIEL SILVEIRA

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Informar con seriedad, una tarea no siempre fácil

Sara Ferreira

Trabajar en un medio de comunicación como EL PUEBLO es un privilegio en nuestro departamento, ya que el público lo considera un medio serio, al punto que muchas veces por diversos motivos, recurren a este diario para tomar como prueba lo que se informó.

Nuestro deber es brindar una información lo más certera posible, lo cual a veces no siempre es fácil, ya sea porque se cuenta con poca información, porque a veces la fuente pide no ser identificada y también porque a veces nos sentimos comprometidos con los clientes que piden que cierta información no sea dada.
Ello implica en muchas ocasiones perder esa parte porque nuestro compromiso es mayor. Pero el tiempo hace que la gente lo comprenda, se ponga del otro lado y entienda LAG_1661cuál es nuestro rol y por eso nos siguen eligiendo.
Hace nueve años que estoy desempeñando tareas en diversas áreas, (información general, policiales, y agropecuaria) y cada una es diferente.
Trabajar en este medio me ha permitido conocer a mucha gente, conocer muchos lugares y por lo tanto me ha ayudado a crecer como periodista y como persona.
Ser respetado y tenido en cuenta lleva su tiempo, pero la forma de realizar el trabajo, siempre respaldada por todo el equipo que me acompaña cada día, lo ha hecho posible.
Han pasado por este medio cientos de personas que hoy son profesionales conocidos y reconocidos aquí y en el exterior y eso habla de las oportunidades que brinda trabajar en este lugar.
Agradecemos en este espacio a todas aquellas personas que nos han ayudado a crecer, también a los colegas que siempre están a las órdenes para compartir alguna información, porque si bien cada uno quiere tener la exclusividad de dar una noticia, hay que reconocer que en mi caso, y en el rubro que hoy desempeño gran parte de mi labor, hay mucho compañerismo, dado que es un rubro donde compartimos bastante tiempo.
También a mi familia que no cuestiona si viajo o si paso muchas horas fuera de mi casa, si no que por el contrario, me brindan todo su apoyo y me acompañan cada vez que es posible, formando parte de este trabajo.

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Reflexión sobre los 60 años de labor periodística de El Pueblo

Nicolás Remedi

En los medios de comunicación en general, en las conferencias, en los libros, en las charlas, en todos lados se habla que el mundo ha cambiado; y en verdad, el mundo en el que vivimos cambió de manera rotunda. Hasta hace algún tiempo, el bien más importante para las personas era el acceso a la información: la información era lo que no había; y a partir de allí quién tenía informacNicolas Remedi Capture+_2019-11-09-22-17-27ión, era una persona que podía tomar decisiones de mejor manera que quien no la tenía.

Seis décadas atrás, un 15 de noviembre de 1959, El Pueblo se funda buscando a través del transmitir las noticias de Salto, de Uruguay y el mundo de forma diaria, ayudar a sus lectores en la búsqueda de comprender la sociedad en la que vivimos.
Hoy, sesenta años después de aquel 1959, la información es algo que abunda y mucho, hoy el problema es saber seleccionar la información que es útil entre tanta que hay, no obstante, la necesidad de comprender el contexto en el que nos ubicamos no ha cambiado.
La labor periodística trata de eso, consiste en un camino para comprender de mejor manera de dónde venimos, saber dónde estamos y permitirnos contar con insumos para definir hacia dónde ir.
Desde el año 2015 tengo el honor de formar parte de El Pueblo, específicamente en la redacción para el suplemento de empresas y emprendedores Link. Desde allí, de manera quincenal junto a un gran equipo humano buscamos acercar información sobre la situación económica y empresarial de Salto y la región con el mismo cometido que desde hace 60 años tiene éste medio de comunicación; ser una herramienta para entender el lugar en el que vivimos.

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Diario EL PUEBLO de Salto en sus 60 años…

Mary Olivera

… imborrable luz encendida en la región, que continúa irradiando un valioso aporteMary foto mía para suple a la sociedad.

Apostando a la tenacidad y esfuerzo de todo el equipo. Y como intérprete con «su voz», continúa ubicándose en un lugar de prestigio en su amplia franja de lectores.
¡Muchas felicidades!!!

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En el camino estamos

Jorge Pignataro

El hombre o la mujer se ubica frente a la pantalla en blanco. El blanco se parece a la «nada inicial» que menciona el Génesis. A partir de ella hay que crear. Ese hombre o mujer es periodista. Tiene como material en bruto los aconteceres de la vida diaria (que no distan mucho del «Caos original») y como herramienta de creación (¡cuándo no!) la palabra. Dios, dice la Biblia, creó todo desde la nada; el periodista crea, con los retazos de mundo que están a su alcance, un mundo propio para dejar en las manos de los lectores. De ahí la sencilla y algo exagerada pero honda metáfora que llevó al poeta Huidobro a decir que quien escribe «es un pequeño Dios». Si Dios creó el mundo original o primero, quien escribe está creando los propios, esos otros mundos múltiples y paralelos que, en definitiva, «están todos en éste», al decir de Elluard.

Crear es un acto de alegría. Pero fácil nunca. Un diario tiene que estar en las manos del pueblo todos los días. El periodista debe entonces crear cada día, de todos los meses, de todos los años. Si a esto lo pensamos como suma cuyo resultado es 60 años, hay que concluir que la labor de EL PUEBLO es quijotesca, verdaderamente. Más tratándose de un medio de prensa deJORGE PIGNATARO. 60 años de EL PUEBLO un país pequeño, y más aún del interior, que no se refugia en el ritmo incesante de anchos bulevares ni en la sombra de altos edificios, donde habitualmente elige vivir el Poder. EL PUEBLO tiene únicamente el poder del esfuerzo, de la tenacidad y el compromiso de cada una de sus piezas, entre las que también cuentan (y son el gran objetivo) sus lectores. También crea quien lee y relee, comprende y asimila, analiza, interpreta o cuestiona, porque eso es reelaborar (re-crear) cada texto.
Una vez, un colega que había pasado por varias radios, al ingresar a trabajar a la más prestigiosa y escuchada del medio, comentó: «Ahora parece que de golpe empecé a correr en Fórmula 1». A mí, en cambio, me tocó desde un principio estar en Fórmula 1, en diario EL PUEBLO. Simplemente, porque es fácil palpar en las calles que somos «la voz del pueblo», la referencia ineludible para miles de personas. La pluma debe, por lo tanto y sin lugar a excusas, estar cargada siempre de la mayor sinceridad, justicia, responsabilidad y honestidad intelectual posibles. No sólo para alcanzar buena imagen en la materialidad del papel o luminosidad de la pantalla. También, y sobre todo, porque hay aquí un equipo humano que sabe que lo primordial es informar para formar, para contribuir a la educación del pueblo, algo que no siempre se ve (nada más inmaterial y valioso que la educación) pero que si falta, duele. José Luis Guarino, periodista de EL PUEBLO durante muchos años, lo explicó insuperablemente: «Educar la sensibilidad: ahí está la clave. Es como ajustar la afinación de las cuerdas de un violín. El espíritu afinado vibra armoniosamente ante las maravillas de la creación. Educar la sensibilidad es un proceso indispensable para valorar la verdad». Por ese camino también se encontrará a este diario, hoy con sus 60 años y siempre; en el camino de lucha para que los ciudadanos conozcamos y nos conozcamos un poco más. Ser parte de EL PUEBLO, no puede significar otra cosa que la felicidad de trabajar con la seriedad y el compromiso como mejores armas. En el camino estamos.
¡Salud!

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«El diario vivir de trabajar en el diario te lleva a jugar adelantado»

José Luis Toriani

El día a día en el diario es apasionante, hay días dónde las cosas fluyen por si solas, hay muchas actividades deportivas y la cobertura informativa ésta garantizada de por sí. Pero también existen de los otros, cuando la noticia está ahí pero hay que trabajarla más para que se muestre y salga a la luz publicada en el papel. En unos u otros días la motivación es la misma, el rastrear el dato, el confirmarlo, el escribir lo más simple posible para el entendimiento del lector o cubrir el partido y luego pasarlo lo más objetivamente posible para que el lector tenga una idea de cómo fue que pasaron las cosas.

En lo personal llegamos a EL PUEBLO de la mano de Luis Alberto Giovanoni, eToriani FOTO PARA DIARIOl «Ruso», quién conocía mi labor periodística en Radio Arapey y me recomendó a la directora del diario, Adriana Martínez.
Allá por el 2000 se me abrió un nuevo campo fértil para seguir en el mundo de la comunicación, primero escribiendo sobre baby fútbol (deporte número uno en integración social en Uruguay), luego de ciclismo y los domingos con la cobertura del fútbol local.
Unos años después me sume por completó al staff permanente de Deportes, ya cubriendo otros deportes junto al resto de los compañeros.
La satisfacción de la misión cumplida es ver al otro día que todo salió bien, que lo que escribiste va a ayudar a promocionar un espectáculo deportivo, va a vincular a mucha gente a practicar ese deporte o simplemente va a ir a verlo. Muchas veces en el mundo de la redes sociales se toma una foto de la noticia del diario papel y se la difunde a través de Facebook, Twitter o Insatagram, agradeciendo al medio el haber publicado tal o cual cosa.
El diario vivir de trabajar en el diario te lleva a jugar adelantado, planificando lo que se viene, coordinando las actividades para luego plasmarlo al papel o a la pantalla para que esa noticia se amplifique a miles de salteños que siguen apostando por la prensa para informarse a lo largo de estos 60 años de historias narradas en papel.

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María Fernanda Ferreira Cuando una voz vibra junto a todas las voces

En torno a las seis décadas del natalicio de nuestro diario – y haciendo referencia a la labor periodística – queremos expresar que ésta debe ser apreciada en su justa medida… como hemos marcado en otras oportunidades, los caminos del periodismo y de la comunicación son esencialmente vocativos y fascinantes para aquel que vibra con este Universo.
Un diario tiene un valor y trascendencia inconmensurables en la sociedad, porque es quien da voz a todas las voces.
Escuchando el decir de una comunidad, de una nación, es la forma de poder evolucionar cultural y humanamente.
EL PUEBLO ha hecho camino al andar durante estas seis décadas… con momentos plenos y de grandes dificultades, como la vida misma, empero muniéndose día a día con las herramientas, necesarias para llevar adelante un periodismo comprometido, creíble y honesto.
¿Errores? Si partimos de la base de que nuestra humana esencia comete equivocaciones, no vamos a mirar hacia un costado porque todos en algún momento hemos tenido alguMaría Fernandana falla… lo bueno es reconocerla e intentar errar lo menos posible, cultivando una filosofía empática y constructiva.
EL PUEBLO ha permitido que trascendiera el trabajo y talento de hombres y mujeres de todas las edades.
Ha acompañado al que sufre y al que lucha por sus derechos. Ha denunciado hechos deleznables cuando hubo que hacerlo y supo ser solidario también cuando el necesitado procuró una mano amiga.
EL PUEBLO se alegró con aquellas instituciones que tras largos años de lucha lograron sus objetivos y hoy van por más.
La credibilidad es un mérito por el cual se trabaja día tras día y nuestro diario a lo largo del tiempo fue logrando con esfuerzo ganarse el corazón de muchos fieles lectores, dentro y fuera del país.
Hoy en un mundo cuyo paradigma se cimenta en lo diferente e incierto se abre un abanico de nuevos desafíos para continuar evolucionando.
Lo cierto es que frente a toda vicisitud y dificultad el corazón del diario sigue latiendo y con la disposición de abrirse a nuevos horizontes.
No se cumplen todos los días sesenta años, que van marcando una historia que es la historia de todos los salteños.
Y como su nombre propio lo sugiere EL PUEBLO sigue siendo el espacio donde el ciudadano puede replicar su voz… donde cada suceso se podrá mirar al espejo y donde nuevas luchas y reivindicaciones serán acompañadas en su transitar por la vida.
Por ello nos hacemos eco de estos sesenta años, brindando por muchos más y confiando en esta gran familia que deja cada día su corazón en cada página.

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“EL PUEBLO nos ha enseñado a ser veraces, no neutrales ante la realidad social”

Adrián Báez – Periodista

60 años de periodismo serio y responsable, no debería de ser tarea nada difícil para un medio de comunicación que se jacte de profesional.

EL PUEBLO ha sido precisamente eso en el contexto local, lo que le ha permitido erigirse, sin lugar a dudas, en un respaldo fundamental para la ciudadanía, a la hora de buscar la noticia fidedigna, procurando, siempre, anteponer la verdad de los hechos al llamado “grito de la tribuna”, con la precisa y medida objetividad posible.
Esto, no significa que no haya sido, y continúe siéndolo, un centinela, en la compleja lucha diaria por informar y, al mismo tiempo, proteger lo que realmente importa, el lector.MANODURAYPLOMO copia
En el entendido de que, ser veraz, no es equivalente a ser neutral ante la realidad social, cultural, económica y política de los pueblos, una prensa comprometida con lo suyo, que conlleva el compromiso con lo de los suyos, son el mejor homenaje que puede emitirse al sostén y el por qué de la existencia del medio: la libertad de expresión.
EL PUEBLO fue, es y será, un medio amplio, plural y democrático, por donde han pasado y continúan teniendo su lugar, las voces más diversas de la sociedad salteña, sin caer jamás, en la mísera y mezquina prevenda de la que muchos han hecho culto según los poderosos del momento.
Quienes creemos tener y sentimos ese compromiso con nuestra comunidad y con el país en el que hemos nacido, crecido, formado una familia y cultivado amistades, agradecemos a EL PUEBLO la posibilidad de habernos otorgado el honor de formar parte del plantel de una entidad periodística por la que han pasado valiosos profesionales que, por temor a olvidarnos de algunos de ellos, lo cual sería una inmensa injusticia, denominaremos Maestros.
El periodismo es en sí un apostolado, y perdónesenos si sonamos algo cursi, pero, como toda vocación, envuelve una devoción por quien la realiza que, no ausente de errores, pues es una tarea realizada por humanos, enaltece el ejercicio de la razón, el espíritu noble y la defensa de los valores sublimes del ser humano, sintetizados en esa hermosa palabra que siempre resuena en la mente y el corazón de los hombres y mujeres de nuestra tierra: libertad.
A los ancestros de la pluma y el papel, gracias. A los pioneros de EL PUEBLO, gracias. A quienes en la actualidad continúan apostando a un estilo de informar que, muchos han dado por prácticamente extinguido, doblemente gracias, ya que su apuesta, va mucho más allá de lo meramente comercial, constituyéndose en lo que decíamos al principio de esta reflexión, en un compromiso. No nos cansaremos de repetirlo.

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Leonardo Silva

Mi primera columna fue publicada en EL PUEBLO el domingo 8 de abril de 2007. Desde entonces y hasta el día de hoy puedo afirmar con orgullo que he trabajado con libertad. Las únicas observaciones que he recibido sobre mi trabajo (y que aún perduran) refieren exclusivamente a mis demoras en la entrega de las entrevistas, notas y columnas de opinión de cada semana. Algo en lo que aún continúo esforzándome, reconociendo que sigo fracasando en ese intento con total éxito.
Poder trabajar sin tener ninguna limitante en cuanto a la libertad de expresión en un medio de comunicación con la trayectoria de EL PUEBLO, que hoy llega a sus jóvenes primeros 60 años de vida, no es poca cosa si observamos con detenimiento el mundo en el que estamos insertos, donde podemos ver en algunos países de nuestro continente, que es noticia corriente informar sobre el secuestro, tortura y asesinato de periodistas, como ocurre comúnmente en países como México. Sin ir más lejos, y en menor medida, podemos sentir cómo los intentos de presión sobre el trabajo periodístico pueden verse en nuestro país ya no solo por los gobernantes de turno sino también poLeonardo Silva ior ciertas empresas que por pautar publicidad en el medio piensan que de esa forma se compra el silencio ante posibles atropellos que puedan perpetuarse.
Trabajar en un lugar donde se respeta las opiniones de todos no suele ser moneda corriente en estos tiempos, por lo que debemos valorar como corresponde la presencia diaria de EL PUEBLO en nuestra sociedad, donde se podrá cometer algún error, y en esto me pongo en primera línea porque suelo cometerlos, pero nunca nos ha temblado el pulso a la hora de reconocer que nos hemos equivocado y pedido las disculpas del caso, porque de lo que se trata es de ser honestos intelectualmente y que los destinatarios de nuestro trabajo puedan confiar en un medio de comunicación y en sus periodistas.
La confianza, honestidad y libertad no son monedas de cambio, es un valor que profesamos permanentemente porque se trata de una construcción diaria que por un solo error puede caer en un abrir y cerrar de ojos. Por eso el celo de todos los que aquí trabajamos, por mantener esa bandera de libertad responsable que otros plantaron hace 60 años.
No dejaré de agradecer por haber tenido la oportunidad de ingresar a trabajar a EL PUEBLO y por la confianza depositada en nuestro trabajo hace más de doce años, permitiéndonos desarrollar una de nuestras vocaciones. Las caricias al alma que desde entonces recibo de nuestros queridos lectores, pero también aquellos comentarios críticos, terminan siendo elementos imprescindibles en la permanente formación en esta tarea, a la que reconozco que llegué casi por casualidad, pero que hoy abrazo con entusiasmo y pasión.

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20 años no es nada, pero 60 son un compromiso

Hugo Lemos

Tenía 20 años de edad, hace casi otros 20, cuando entré a la Redacción de este diario a trabajar por primera vez. Era de mañana, y luego de la charla de rigor con quien fue Secretario de Redacción por muchos años en este periódico, Alberto Rodríguez, me pidieron que desgrabara una entrevista realizada por otro, ahora ex, periodista de EL PUEBLO, Juan José Aramburú, que le había hecho a alguien de OSE.
Enseguida me dieron la oportunidad de hacer mi primera nota, era febrero y como no podía ser de otra manera, me pidieron que entrevistara a un conjunto de carnaval que había venido de visita a la Redacción.
Luego sobrevinieron muchas experiencias más y todo fue siempre así, con una vorágine tal donde los tiempos nunca dan, donde las notas nunca pueden ir todas, donde a la información hay que saber seleccionarla y donde armar cada edición del diario, tiene tanto de misticismo como de aventura.
Hasta hoy, en todo este tiempo, siento que ha sido, es y será, puro aprendizaje. Teniendo la mentalidad de actuar como si cada día fuera el cronista nuevo. El trabajo en el diario me fue desafiando cada día y la única idea que me surgía era aprender cada vez más, para hacer mi tarea de la mejor manera posible.
El periodismo te enseña a ser protagonista de la historia en primera fila, a poder ver los acontecimientos desde un lugar privilegiado para contarlo a todo el público y allí la responsabilidad se hace enorme, hugolemosporque la gente quiere saber, pero sobre todo, la gente tiene que saber y si tiene que saber, tiene que hacerlo de la mejor forma, con información veraz, fidedigna e imparcial, que la ayude a tomar las mejores decisiones.
Parta eso es importante formarse. Pero además, saber formarse con los que hacen del periodismo algo tan importante como hermoso, el arte de saber contar. Mucho se discute sobre la capacidad de los periodistas y si estos están a la altura de las circunstancias, yo siempre repito lo que decía quien fue mi Maestro Claudio Paolillo, con quien tuve el privilegio de ir a clases y sobre todo, a quien leía y escuchaba para saber cómo era eso de hacer periodismo del bueno, algo que se intenta aunque muchas veces no se consiga, “para ser periodista hay que tener dos elementos claves: pasión y adrenalina”; nos decía. Y eso es prácticamente el 50% del trabajo, el resto: saber escribir, hacerlo lo mejor posible, ser responsable y comprometido, viene por añadidura.
Mi experiencia es de 20 años haciendo de todo, desde la cobertura in situ de las últimas tres asunciones presidenciales, hasta una reunión de vecinos preocupados por la inseguridad o una reunión política de la cual pueden salir decisiones que nos afecten a todos.
Pero la reflexión principal que queda de todo esto, en los tiempos que corren y aprovechando los 60 años de este diario, es que como decía el Maestro, “el periodismo hoy importa más que nunca”, porque Internet es un mundo fabuloso, las redes sociales son una herramienta sin igual, pero si los periodistas no sabemos decantar de todo ese mundo y de esas herramientas que la aldea global nos propone, lo que realmente sirve, es veraz y tiene que estar en conocimiento de la gente, solo estaremos contribuyendo a la desinformación y a la confusión pública, para que el caos reine y unos pocos se beneficien.
Además de ser un derecho humano elemental, la libertad de prensa es la que mide el nivel de democracia de los países, hoy el Uruguay goza de buena salud en este tema, justo cuando EL PUEBLO cumple 60 años de vida, lo que importa de todo esto, es el legado que el diario debe trasmitirle a las nuevas generaciones, principalmente de salteños, que la verdad debe ser el valor fundamental para que una sociedad crezca y se desarrolle, y eso trasciende el tiempo.
En lo personal, como dice el tango, 20 años no es nada si pienso en el tiempo vivido, pero mucho como aprendizaje, así que celebro la oportunidad de entrar por el umbral de este edificio cada día, celebrando por las ganadas y por las perdidas, agradecido con la familia Martínez, Adriana, Julio y Walter (que siempre está) pero también con mis compañeros de cada día, con quienes me alimento de sus pensares y decires, pero sobre todo por poder seguir compartiendo con ustedes cada jornada. Gracias.

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De la resistencia al mañana… ¡gratificación por la historia!

Eleazar José Silva (Deportes)

Que un medio periodístico alcance la resonancia de 60, no es una ocurrencia banal del destino y menos, una pretensión vacía de contenido.

En el caso de EL PUEBLO además, es la raíz entre popular y humana, que conlleva su nombre: ES LA GENTE.
Mucho más allá de cuestiones sociológicas, de esquemas intelectuales, de afanes de progresión y dignidad a partir de la cultura misma, EL MÁGICO SENTIMIENTO DE IDA Y VUELTA.
Y además, si: vinculaciones cotidianas. Sentidos de pertenencias, desde la misma gente de la proverbial fidelidad, más allá de cuestionamientos y alguna bronca también frente a un contenido determinado. Porque ello también hace a la dinámica de la comunicación. Fermento natural de quien propone desde el diario y quien se convierte en receptor.
PEREGRINANDO TIEMPOS….chito 001
En lo personal, dos etapas en el diario de los salteños. La primera con un par de años, a partir de 1975, cuando la sección Deportes sabía de la jefatura de Juan José «Coco» Campanella. Otros vaivenes. De repente, otra magia: la de cada cobertura a partir de una constancia entre personal y colectiva, porque los accesos a la información suponían una característica especial.
Otro camino a recorrer: ¡todo un desafío, donde la arrogancia no cabía!
Acaso, el overol de aquel periodismo a destajo. Ningún fin a la sombra de la liviandad.
La Liga Salteña de Fútbol superaba los 50 clubes y el básquebol se nutría de dos divisionales, mientras en Montevideo, Omar «Chumbo» Arrestia comenzaba a transformarse en una estrella de incomparable fulgor. En tanto Pedro Virgilio Rocha, seducía al universo del fútbol con su talento, fabricante de fútbol químico y golazos para la antológica galería.
HUMANIZANDO PUES…
Tras algunos años de ausencia, nuestro retorno al diario se produjo con la reapertura, un 15 de enero de 1993, bajo la Dirección de Walter Martínez Cerrutti, convencido generosamente a ultranza, que el diario debía retornar a la misión, tras el doloroso silencio de algunos meses. Desde entonces, la finalidad se transformó en guía: disfrutar desde el trabajo.
Ya lejos de la vieja maquinaria de EL PUEBLO y el traspaso al nuevo sistema, hasta descubrir en los años 90 la consolidación de Internet y su expansión universal. ¡Claro que a nosotros también nos llegó, pero sin postergar ese vínculo aludido!
Una manera de humanizar al periodismo y no tornarlo excesivamente mecánico, con esos secretos a veces lejanos, por tanta digilitalización acumulada.
LA HORA DE RESISTIR

En EL PUEBLO somos una familia heterogénea. Los que surcan los primeros años en el oficio, los que van acentuando la huella de la creación y algunos pocos veteranos de la vieja guardia. Somos partes de razones, con una vocación por resistir a la marea de otras opciones informativas. ¡Pero es verdad que la letra escrita se niega tozudamente a morir!
Porque además en el caso de esta familia, es la gratificación por la historia de la que somos parte. Desde una directora como Adriana, el perfil de la búsqueda y los guiones-objetivos que nos van sumando a todos quienes componemos el staff.
Por lo demás, podemos ser parte activa de la aptitud o la imperfección, pero el lector, ellos, LA GENTE, seguramente que admitirá con nosotros, el sentir que nos alienta desde una historia de 60 años.
La que nos gratifica y nos obliga.
Para que EL PUEBLO, desde sus entrañas, con sus ayeres a cuesta y el candor humano que es posible, no deje de nacer…..definitivamente cada día.

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Miguel ángel Quintana – Corresponsal Ser parte de «EL PUEBLO»

Cosas de la vida.- Tenía de nacimiento en mi querida ciudad de Artigas casi, dos años.- El 15 de noviembre de 1959 , en Salto comenzaba a circular aquel día y mes de un año recordado por muchos , como el de las mayores precipitaciones de la historia del país, diario EL PUEBLO.-Cuatro días después mis padres me festejan mi segundo cumpleaños.
Cosas de la vida. Ambos somos de noviembre.-Este 15 el matutino de los salteños y los bellaunionenses celebrando sus seis décadas de existencia.-Cosas de la vida.- De aquella creación pasaron 33 años y 61 días para ser uno más de EL PUEBLO cumpliendo la tarea como correspQuintanaonsal en suelo cañero.-Ocurrió el 15 de enero de 1993 cuando pase a integrar el selecto staff de la gran familia de nuestro diario.-Fue a instancias de quién supe admirar por su don de gente y lider nato.- Siempre en mi recuerdo la entrañable figura de mi querido amigo Walter Martínez Cerrutti.-
Fue él que un domingo de fútbol en el entonces Estadio Los Olivos, hoy el coloso llevando el nombre de Walter me planteó la posibilidad de la corresponsalía.-El «sí» fue inmediato.
Me uní a EL PUEBLO en su «segunda época». Un placer, una honra, desde entonces ser uno más en la historia del diario. Una labor que la llevamos siempre con agrado,con deleite, con dicha plena, con satisfacción.
Walter hasta que partió y luego su hija Adriana, dos seres maravillosos, con los que me sentido siempre respaldado en mi labor al igual que los compañeros de secretaria, redacción y demás dependencias. De estos 60 años de EL PUEBLO, mi regocijo por ser parte de las paginas del matutino desde hace casi 27 años.-Cuando en el ambiente laboral donde uno se desempeña se es feliz, que mas pedirle a la vida.
Así ha sido y es mi labor en EL PUEBLO.
No quiero dejar de mencionar a mis afectos que siempre me han apoyado en mi tarea, y sobre todo el cariño de los respetuosos y fieles lectores.
SALUD DIARIO EL PUEBLO por ser con júbilo, uno más de la familia.

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Reflexión por los 60 años de diario EL PUEBLO

Emilio Ganzedo

60 años… es tiempo, algo más de lo que tengo de vida. Para un medio de comunicación, en una comunidad del interior, con todos los avatares de la historia contemporánea, habla mucho de ese organismo. ¿Organismo? . . . sí; está vivo, engloba vida y difunde vida; perdura y esta lozano y firme en sus cometidos. Gratifica formar parte de él y en este cumpleaños, no podemos eNueva imagenvitar la reflexión.
En una partecita ínfima de ese trayecto pasamos a formar parte de él, de la mano de un dilecto amigo de mi padre, quien entendió que podía aportar en un sector de la comunicación del diario un poco más de luz informativa; a modo de afirmar y por sobre todo, servir a la comunidad, en un sector donde él avizoraba cambios trascendentales para todos. Señalaba especialmente que «una voz, tu voz», dentro del contexto de comunicadores, debía ayudar a ese despertar del esfuerzo individual hacia una mirada y un accionar conjunto, sin perder identidades, para mejorar la calidad de vida de mucha gente.
Acompañamos y difundimos los avances, entre otras cosas del día a día informativo, de la concreción de ese anuncio de Walter Martínez. Salto tendrá en breve una central hortifrutícola comercializadora, un mercado y más.
Mientras el diario El Pueblo este vivo, también estarán vivos muchos colaboradores anónimos junto a él. Poder ser leal al paradigma que con tanto ahínco cristiano, democrático y republicano, pregonaban desde su diario «una voz, tu voz» es nuestro desafío.

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Gracias a la vida y a quienes me han dado tanto…

Al finalizar….

La vida es sólo un mojón, un tramo, un pasaje. No hay ser vivo, animal o vegetal que no muera, porque es la muerte lo más seguro que tenemos quienes pasamos por la vida terrenal.

Sin embargo, esto que parece lo más sencillo de entender, es a la hora de asumirlo también lo más difícil. Fuimos criados para la vida, no para la muerte, aunque esta sea inevitable y para los que tratamos de ser cristianos con la muerte no se acaba todo .
Detrás de esto están las guerras, los crímenes, las rapiñas, acciones cometidas por aquellos hombres que llevados por su ambición pretenden tener más, más dinero, más casas, más y mejor coche, más y mejores tierras, más comodidades en la vida.
Felizmente también hay en la vida gente que no comulga con esta óptica. Gente para quien los bienes materiales no son la razón de ser de su existencia.
Todos aspiramos a vivir bien, es decir sin sobresaltos, sin desvelos económicos, sin ver sufrir a nuestros seres queridos y a nadie. Sin embargo son pocos, muy pocos los seres humanos amantes de la verdadera justicia, la honestidad y la solidaridad. Por más que sean muchos los que dicen que así piensan y obran.
MI INGRESO A EL PUEBLO
Supe ingresar a 18 de Julio 151, diario EL PUEBLO, a los 18 años, cuando el diario era aún niño (iba a cumplir 8 años) e ingresé “por broma” diría. Quien me trajo al diario, Juan Carlos Maciel “Maco” compañero de equipo de fútbol en el inolvidable y querido Dublín Central, era desprolijo, incumplidor y demás, pero su compadre y padrino de una de sus hijas, Carlos María Carvallo era en esos momentos hombre de confianza de la dirección del diario, como secretario de redacción y en quien descansaba toda la responsabilidad del personal.
Maciel sabía que nosotros nos habíamos presentado al concurso de corrector convocado por EL PUEBLO, pero habíamos salido terceros. Había ganado Pedro Ramón Quiñones (posteriormente funcionario del Banco de Seguros del Estado donde terminó siendo gerente).
El 2 de noviembre de 1967 a la noche, el corrector comunicó que no trabajaría más. Se presentaba un gran problema para el diario. Maciel presente en esos momentos en la Redacción del diario, “mosqueando” como hacía habitualmente por ser “mimoso” donde se lo omaba como una especie de mascota, era tipógrafo), dijo “yo tengo un corrector…”
Casi como broma le dijeron bien tráigalo y lo probamos. Para hacerla corta, así fue que llegué a EL PUEBLO, de donde hoy me retiro tras más de 50 años de trabajo en los que he pasado por todas las funciones en Redacción y he trabajado en El País, como corresponsal en Salto y otros medios de comunicación capitalinos.
Mucha gente ha pasado a mi lado y de todos he aprendido. De algunos la honestidad, la contracción al trabajo, el coraje necesario muchas veces. De otros lo que no debe hacerse si se quiere respetar y ser respetados. El lema de “la verdad en la caridad” era para nosotros en la primera etapa mucho más que un lema, un compromiso de vida.
El diario de aquellos años era más que un diario un foro donde debatían jóvenes y gente adulta de diferentes ideas, políticas, religiosas, filosóficas, con diferente grado de preparación, de formación y demás. Pasar por la Redacción así fuera para mirar lo que se estaba haciendo, o las noticias que estaban llegando a través de la teletipo instalada en el interior del país, que enía EL PUEBLO, antes de ir al viejo liceo nocturno, de Osimani y Brasil, por ejemplo era casi ineludible para unos cuantos.
Los recuerdos son muchos y se agolpan, sólo mencionaremos algunas personas, esperando que sepan disculpar la falencia de nuestra memoria en muchos otros casos.
En el taller de aquella época recordamos en linotipia (Néstor “pajarito” Flores), Limber Cardozo, Hugo Antúnez, Gaspar Nuñez, Luis Carvallo, Hugo Peñaloza y Severino Añasco. Más acá en el tiempo a don Ramón Larrosa (el “indio”).
Quienes dejaron huella en tipografía: Don”Fochi” Piñeiro, El ”brasilero” Silva, Juan Carlos Maciel, los Acuña, Pekín y su hermano el “toto”, Enrique Cattani, don Ruperto Luis Suárez y posteriormente su hijo Italo que ingresó como linotipista.
Sin olvidar a algunos de los fotógrafos: Darío L. Ferreira, José María Díaz, Armando Aguirre. Posteriormente fue la época de José León “Cheché” Silva que tenía como ayudante al “negro” Julio Fernández, Emeris Arregin y Luis A. Massarino, a quien heredó su hijo Vicente.
En la vieja máquina impresora se desempeñaron: Israel “el loco” Bacci; Mario Godoy, el cura Manolo Dibar, Julio César Moreira y más acá en el tiempo Sergio “el rusito” Batovsky.
EL PERIODISMO DE AQUELLOS TIEMPOS
Fue la etapa más comprometida, de un periodismo más “jugado”, épocas en que no sabíamos si volveríamos a casa o seríamos llevados a algún otro lado al terminar nuestro trabajo.
En la Redacción, por entonces dirigida por el Esc. Enrique Agustín Cesio (con quien alternaban Roberto Zunini Cesio, Ariel Díaz Pérez y Ricardo Castro Blanc), recordamos a Carlos Ma. Carvallo, Francisco Arizcorreta, Fausto Carcabelos, Wilson “Quito” Cardozo, Carlos Díaz Cattani y luego su hermano Juan José, Julio Presentado, Carlos Díaz Abreu y Antonio Dávila. El por entonces estudiante de los cursos de Derecho, Ariel Díaz Pérez.
También tuvieron un pasaje fugaz: Enrique “Ojito” Quintela, destacado jugador de básquetbol en aquellos años; el aduanero Carmelo Cessarini, el hoy fiscal Dr. Eleazar Leal y los maestros: Jorge Machado, Julio César Presentado, Juan Rocca, Carlos Díaz Abreu y tantos más que ya no recordamos.
El deporte estaba por entonces en manos de un equipo liderado por Aceré Francisco Etcheverz, luego Juan José Campanella, Eleazar Rodríguez del Valle, José Luis Guarino, José R. Alfieri y Hasta Ramón A. Fonticiella y Mario Armengol Suárez.
Cuatro personas nos vienen a la memoria en la Administración, José R. Alfieri, Ana Pasos, Pablo Massa y Dorita Pasos. Ya Pedro Quiñones había concursado e ingresado al Banco de Seguros del Estado, adonde le seguiría Pabla Massa, dejando lugar a Aníbal “Pipín” Frioni en la distribución del diario.
Los publicistas que frecuentaban el diario eran esencialmente tres: Antonio Oliva Stabilito, el inolvidable Antonio, con su bonhomía y siempre con una broma a flor de labios que disfrutaba él antes que nadie y fumaba sus infaltables “oxibitué”, Henry Ferradini Rossi, creador del eslogan “La República de Salto Nuevo” y Sebastián Guerra Apa, que se firmaba SOGA.
Nos vienen a la memoria algunos de los infaltables en la tertulia que se formaba a media noche, el “Vasco” Arce, el cura Pedro Wheiler Schiavonne (Pelado) entre otros…
Pero con todo esto era sólo la parte visible del “iceberg”, porque la dirección y conducción de EL PUEBLO, descansaba en la Iglesia Católica y en un grupo de allegado elegidos con participación del Obispo que integraban el directorio de Editorial Sarandí S.A.
No se nos escapan las reuniones del directorio, en las que vimos a José “Pepe” Zanotta; hombre de gran prestigio, al Quim. Areol Teixera, a Lorenzo Martínez Izquierdo y Alfredo Ferrere, entre otros…
EL ÚNICO DIARIO DEL URUGUAY QUE SUFRIÓ UN ATENTADO DE LA DICTADURA
Fue el único diario del Uruguay que sufrió un atentado en aquellos años de dictadura. En vísperas de un feriado, al otro día no había diario, allá por la década del 70, “alguien” intentó incendiar las máquinas, pero felizmente no tuvo éxito.
Tanto fue un atentado, intento de incendio, que pese a que estábamos en dictadura y este era un diario acusado de ser “izquierdista”, el directorio del Banco de Seguros así lo reconoció y pagó la póliza que tenía la empresa.
Imposible olvidar la etapa en que el Centro Comercial, los rematadores rurales y otros representantes de la denominada derecha, le hicieron un boicot a EL PUEBLO, que prohibía anunciar en el diario so pena de ser expulsado de estas instituciones y honestidad obliga el rematador Elbio Llobet fue el único que desafió la ira del Centro Comercial y siguió anunciando.
Pese a ello el diario subsistió.
LA ÚLTIMA ETAPA
No fue fácil pasar de aquel diario pleno de idealismo, de ideas y de compromiso, al actual donde primó siempre la parte comercial, donde debimos asumir un rol no siempre comprendido ni entendido, tratando de orientar en algunos aspectos la función de un medio de comunicación social, cuyos “dueños” en alguna medida son Uds. los lectores, porque son una opinión incidente.
La visión del empresario Walter Martínez Cerrutti y Flía, quien asumió la tarea de hacerse cargo del diario cuando llevaba ya casi seis meses de cerrado y su nueva conducción con sus vaivenes y sinsabores, además de sus grandes satisfacciones.
En lo personal sólo aspiramos dejar una contribución a la reflexión a formar opinión a que se distinga más allá de las versiones interesadas de cada sector, vocero o agrupación.
Que seamos capaces de analizar, identificar fuentes, distinguir entre un rumor, una versión y un hecho debidamente verificable. Vale decir entre algo verdadero y algo falso o dudoso al menos.
Si hemos logrado cumplir en esta dirección, entonces estamos satisfechos.
Alberto Rodríguez Díaz

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«Ese día fue de un trabajo infernal, terminamos y en la puerta había no menos de veinte canillitas. Entregamos el primer diario a las cinco y media de la mañana»

Enrique Cesio comparte sus recuerdos

«Lo que puedo aportar de diferente es una etapa en la que muy pocos están vivos, si no es que soy el único», nos comenzó a decir el escribano Enrique Cesio, quien accedió gentilmente a compartir sus recuerdos de los orígenes de EL PUEBLO.

LA GÉNESIS
«Si contamos la idea de sacar un diario con orientación cristiana, nos tenemos que remontar probablemente al 52 o 53, cuando al entonces Obispo Auxiliar de Salto, Monseñor Caballero, le pareció que debía tener una voz donde la ideología cristiana no fuera demasiado ostensible, que fuera también amplia en cuanto a la recepción de la información y que tuviera la posibilidad de expresar el pensamiento católico. A Monseñor Caballero prácticamente lo trasladaron casi enseguida al Obispado de Minas, pero quedó un primer empuje, que fue la creación de la Impresora Sarandí».
«Por referencias de una Diócesis que era muy grande en ese momento, y abarcaba al departamento de Soriano, los obispos conocían una pareja de imprenteros que tenían una pequeña imprenta en Mercedes, Juan Carlos Acosta y Mariano Bacigalupi. Entonces, los invitaron a trasladarse a Salto y se instalaron con un taller de impresión en la esquina de Treinta y Tres y Rivera, donde hoy hay un guardacoches. Era un salón donde esa Impresora Sarandí, que era una S.R.L., estaba manejada en lo que se refiere a la parte gráfica por estas dos personas mercedarias, y el administrador era nada menos que Don Juan Hermann, el queridísimo director del Liceo Nº 3».
«Allí, mientras se trabajaba, la idea era de que los tres encargados tuvieran su remuneración, pero que hubiera una ganancia que fuera financiando la compra del local y el equipamiento futuro de otra sociedad, que se llamó Editorial Sarandí S.A., en donde la Diócesis hizo un planteo a todos los católicos de Salto y de Artigas, solicitándole las compras de acciones. O sea que, el diario en su principio no tenía un único propietario sino te diría que fueron decenas de accionistas».
«Se designó un directorio, donde estaban Don Alipio Farinha, el doctor José Zanotta, Guillermo Acosta, Omar Burutarán, Antonio De Rezendes, y me debo estar olvidando de alguno. Ese directorio se encargó de la compra del edificio donde todavía funciona EL PUEBLO y de la compra de la famosa rotoplana».
«Mientras se hacía todo ese proceso, se compraron 70 toneladas de papel, importado directamente, porque estaba la expectativa, yo diría triunfalista, de que el diario iba a ser una cosa avasalladora».

LA REDACCIÓNcesio
Pasemos ahora a la parte «de formar un equipo que tuviera una cierta capacidad como para manejarse en la redacción. El directorio eligió al profesor Adolfo Silva Delgado, uno de los maestros del profesorado de Historia de Salto, y empezaron a buscar gente que pudiera acoplarse a ese proyecto. Entre tanto, en 1958, hubo elecciones, yo recién recibido participé de la Unión Cívica del Uruguay, y entre las cosas que se hicieron en la campaña electoral fue la edición de un semanario que se llamaba ‘Reforma Popular’, referida a una de las reformas constitucionales que en ese momento se planteaban en el acto electoral. A raíz de mi actuación como encargado de la Reforma Popular, parece que descubrieron que yo podía ser un elemento de apoyo a la dirección intelectual que ponía Silva Delgado».
«Para ser bien anecdótico, una noche después de una reunión en la Unión Cívica nos fuimos a la esquina de lo que todavía era la Confitería París, y ahí me invitaron a participar. A partir de ese momento me dijeron, ‘te tenés que preparar’. Entonces me mandaron con Acosta, con el cual ya había trabado cierta amistad en relación a la factura de la Reforma Popular. Fue muy interesante porque cuando hablé con Carlitos –que era como le decíamos cariñosamente-, me dijo, ‘bueno, desde el punto de vista de la redacción y desde el punto de vista de la capacidad de sintetizar la noticia, yo creo que ya estás más o menos preparado, pero no sabés nada de la materia tipográfica, y para trabajar con linotipo, con rama y con titulares hechos en un componedor tipo por tipo, precisás tener una noción de lo que es el taller. Así que andá y decile a tu mujer que te haga un delantal de tela gruesa y vení todas las tardes que te voy a enseñar’, y allá me puso a hacer composición de títulos y aprender los cuerpos de letras, las variantes de las columnas, los cíceros, todo ese tipo de cosas que hoy se realizan a través de una computadora».
«Ahí pasamos unos cuantos meses mientras esperábamos.
Primero llegó el papel, pero no llegaba la máquina. Después fue todo un drama porque la máquina vino desarmada. Entonces entre Acosta y otros más, pasaron unos dos meses hasta hacerla funcionar. Se llamaba rotoplana, porque era un sistema por el cual se ponían las planas, es decir, las páginas armadas. Me acuerdo que era un drama porque la rama es un rectángulo de metal en el cual se va poniendo el diagrama, los títulos y todo lo demás. Después se la aprieta con unas cuñas, pero si no las apretás bien, se desfonda todo, y alguna vez pasó, lo cual era retrasar la salida».

LLEGÓ EL MOMENTO
«En ese proceso, llegó un momento que se estaba más o menos en condiciones y vino la prueba, es decir, cuánto demorábamos en hacer el diario. Y nos arriesgamos a hacer una página, empezando desde la redacción de la noticia, el diagramado y la puesta en práctica con la linotipo, la armazón y la impresión. Esa prueba nos llevó ocho horas (risas), porque todos le errábamos en alguna cosa y cuando íbamos a levantar, se aflojaba todo. Pero después se fue mejorando el proceso».
«Llegó el momento y se fijó el 15 de noviembre, dos meses antes, como la fecha de salida. Y ahí, todos íbamos a ser la experiencia práctica que empezaba por un grupo de redactores, el editorial que hacía Adolfo Silva, las líneas generales que las marcaba todos los días de cuáles eran los asuntos preferenciales, y un equipo donde estaba Fulvio Cousin, profesor de geografía, José Mandarano, empleado de OSE; Carballo, que posteriormente se fue a la Argentina y editó un diario en Laferrere en Buenos Aires; Ruben Luraschi. En la parte deportiva estaba Aceré Francisco Echeverz, Pinocho Pascale. No me acuerdo muy bien si ya estaba el Coco Campanella, pero creo que no. Leopoldo Guerra, y yo, que estaba a cargo de la parte de diagramación y relación entre redacción y taller».

«Las primeras ediciones, durante uno o dos años, nos llevaron mucho trabajo. Yo salía del diario a las cuatro o cinco de la mañana. En alguna ocasión, teníamos que esperar, ya teníamos el diario pronto, pero no sabíamos si se daba o no el golpe de Estado. Entonces estábamos esperando. Al final, a eso de las 5 y media les dije a los muchachos, ‘vamos a imprimir poniendo situación crítica’ o algo por el estilo, pero no pudimos confirmar la famosa foto de la entrada de los militares al Palacio Legislativo».
«Entre las cosas que se agregaron como novedad, fue tener una teletipo, fuimos los primeros en el interior que tuvimos a la Agencia France Press en directo. Para eso nos dio una mano formidable Cecilio Curubeto, el padre era el cónsul argentino, vivían a la vuelta del diario, y además él estaba especializado en radio. Después tuvieron varios cines, cuando funcionaba a pleno el cine como entretenimiento».
«Ese día fue de un trabajo infernal, terminamos y en la puerta había no menos de veinte canillitas. Entregamos el primer diario a las cinco y media de la mañana. El titular principal del Nº 1 se refería al Sputnik. Y como buen diario católico, fui al final de una misa que el directorio estaba celebrando en la capilla del ex seminario junto con Monseñor Viola, que había sido el Obispo titular de la Diócesis y que aunque no estaba demasiado de acuerdo, después afirmó la idea».
«En la tapa del Nº 2 o el Nº 3, hay una foto que sacó Fernando Apa, que era uno de nuestros fotógrafos, en calle Uruguay con un grupo de canillitas, algunos descalzos, mostrando el diario. Es una foto muy afectiva».

UN POCO NOVEDOSA
«La redacción era un poco novedosa, porque ahí venían, por ejemplo, tipos como Enrique Amorín, porque era muy amigo de Adolfo Silva y que murió al año siguiente, entonces venía y miraba justo el día que llega la noticia de otra de las conquistas en la que los rusos se estaban adelantando, y él, como buen comunista, celebraba haber visto la noticia».
«Hoy tengo la impresión que pecamos de optimistas y de no haber captado exactamente qué es un diario local, porque nosotros por tener ese elemento (teletipo) que era único, le dedicábamos la primera y quizás la segunda página a lo internacional, y por creer que además de informar, opinar y entretener había que hacer una tarea de carácter cultural, y entonces le dimos mucho espacio a artículos culturales que en realidad, eran para una minoría».
«Presentábamos un diario que trataba de ser al modo de un diario nacional, dándole mucho espacio a la información internacional y mucho a lo cultural. Yo creo que los diarios deben hacerlo, pero también hay una clasificación especial para lo que es un diario del interior. Entonces, con el tiempo, las setenta toneladas que pensábamos que se iban a ir rápidamente, empezaron a alargarse y alargarse, y empezaron a haber problemas de lo que creíamos que íbamos a vender y no vendíamos».

REFLEXIÓN FINAL
«Yo no sabía que tenía espíritu periodístico, aunque ya las primeras publicaciones periodísticas que hice fue en el año 51. El primero que me publicó cosas en Tribuna Salteña fue mi querido profesor Luis Alberto Thevenet, con el cual habíamos sintonizado muy bien porque a mí desde chico me gustó la literatura y yo tenía con él una relación más allá de la del liceo. Pasaron los años, Tribuna Salteña cerró, después hicieron la experiencia de Verdad Salteña que no funcionó, y Thevenet no podía pasar sin escribir. Entonces, curiosamente él me recibió a mí primero, y yo lo recibí a él por último, porque las últimas publicaciones de él fueron en EL PUEBLO».
«La experiencia de escribir es una cosa que no se pierde más. Uno se jubilará desde el punto de vista técnico, pero por lo menos en mi caso, he seguido escribiendo por un lado o por otro, por lo que he podido, de alguna manera, hasta ahora mantener esa vocación», concluyó.

 

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Editorial

Editoril foto

Reconocimiento en el Centro Comercial e Industrial de Salto por el 60 aniversario de Diario El Pueblo. Foto gentileza Centro Comercial

Con alegría hoy 15 de noviembre de 2019 festejamos los 60 años de Diario El Pueblo, sesenta años de vida periodística, sesenta años acompañando el acontecer salteño y de la región.
Hoy no podemos dejar de mencionar a todos y cada uno de las personas que día a día trabajan para que el diario mañana a mañana esté en la calle, en los quioscos, en los hogares que lo reciben a través de los canillitas,vendedores independientes. Sin dudas hoy es un día muy importante en la historia de Diario El Pueblo, mantenerse durante tantos años no es tarea fácil, solo la entrega y el cariño hacia el trabajo diario lo hacen posible.
Distintos gobiernos, distintas épocas, distintas crisis, distintos tiempos de auge,distinta tecnología, pero siempre la misma responsabilidad, con errores y aciertos, con la convicción de dar lo mejor pero sabiendo que sin autocrítica no hay crecimiento.
Duelen los errores, marcan, porque en definitiva el mayor patrimonio con que contamos los medios de comunicación en general y El Pueblo en particular es la credibilidad.
Por muchos años, no solo porque al ser una empresa periodística alberga a una cantidad importante de trabajadores sino porque Diario el Pueblo intenta ser una voz, tu voz, tal como lo reza el eslogan que más allá de ello es el sentir y pensar de la dirección de este diario.

Adriana Martínez

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