Antonio Machado, desde hace 80 años “lo cubre el polvo de un país vecino”

La semana pasada se cumplieron 80 años de la muerte de Antonio Machado, el poeta sevillano que habló de los camino y explicó que “no hay camino” sino que “se hace camino al andar”, que le cantó a la naturaleza y reflexionó en versos sobre el paso del tiempo, los recuerdos y los sueños. Machado, el de lenguaje sencillo y ritmo pegadizo, tanto que coros y solistas del mudo no cesan de ponerlo en voz (el de Joan Manuel Serrat es tan solo un ejemplo, el más conocido tal vez). Ochenta años de la muerte de alguien para quien la muerte no era una carga, ni una ley ni una pena, ni siquiera un motivo de preocupación. Era para él tan solo la otra cara de la vida, era “un día como tantos”, “un descanso bajo la tierra”. Antonio Machado, el más joven poeta de la famosa “Generación del 98”, hito insoslayable para comprender la evolución de la poesía española, había nacido en Sevilla el 26 de julio de 1875 (“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla/ y un huerto claro donde madura el limonero”). Falleció en Francia, donde está sepultado, el 22 de febrero de 1939 (de ahí aquellos versos de Serrat: “Golpe a golpe, verso a verso… / Murió el poeta lejos del hogar/ Lo cubre el polvo de un país vecino”. En Montevideo, lo recuerda una calle con su nombre, además de algún monumento.
En Salto, versos suyos están inscriptos en el monolito que homenajea a García Lorca, en la Piedra Alta (“Labrad amigos/ de piedra y sombra en el alhambra/ un túmulo al poeta/ sobre una fuente donde llore el agua/ y eternamente diga: el crimen fue en Granada/ ¡en su Granada!”). Desde esta página de EL PUEBLO, vaya hoy, como recuerdo y homenaje, uno de sus más relevantes poemas:

SOLEDADES, II
He andado muchos caminos
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.

Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a donde llegan.
Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja.

Y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta
donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

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¡Grande Lazarillo!

Cuando supimos días pasados que el Grupo Teatral Sintapujos se prepara para estrenar en breve “El Lazarillo de Tormes” (será en marzo, en el Ateneo), sentimos deseos de volver una vez más a leer la obra: la vida de aquel niño huérfano de padre, abandonado por la madre, muy pobre, que debe enfrentar mil y una adversidades para sobrevivir, apoyándose como único sostén (aunque relativo) en sus diferentes amos. Y debemos concluir, parafraseando a Borges, que realmente no se entiende cómo hay gente que se priva del placer de su lectura. Cabe en primer lugar saludar a Óscar Bibbó y su grupo por arriesgarse a la difícil tarea de una adaptación de este tipo (llevar una obra narrativa a lenguaje teatral), máxime cuando se trata de un texto de más de cuatrocientos años, con todas las dificultades, por ejemplo lingüísticas (abundan los arcaísmos) que ello implica. Pero queremos destacar hoy la vigencia del Lazarillo. Por eso es un clásico, porque trasciende épocas y fronteras geográficas con absoluta vigencia. Lazarillo
Actualidad, pleno reflejo del aquí-ahora (a pesar de haber aparecido en 1554 y en España) es lo que tienen estas páginas. Veamos tan solo algunos ejemplos. Cuando por nuestros tiempos aparecen una y otra vez casos protagonizados por la Iglesia Católica totalmente reñidos con la moral, ¿no es acaso lo que ya en 1554 mostró el escritor a través de su personaje Lázaro? Claro que sí, y justamente fue eso, en una época de gran poder eclesiástico, lo que lo obligó a que su obra fuese anónima; de haberla firmado, habría muerto, así de simple. Hipocresía, falsedad, mentiras, eso denuncia. Un ciego que usa sus habilidades de buen conversador y su rostro que parece de buena gente, para robar (“ganaba más en un mes que cien ciegos en un año”), un hombre que en la iglesia profesa amor al prójimo y solidaridad y fuera de ella tiene a un niño al que explota, golpea y somete al hambre (“jamás tan avariento ni mezquino hombre vi; tanto que me mataba a mí de hambre”); un clérigo (nada menos) que al niño sólo daba una cebolla cada cinco días como único alimento y no porque no tuviera recursos. Otro hombre sumido en la miseria, que no tiene para pagar el alquiler de su pobrísima casa, que hasta su sucia cama también es alquilada, que no come durante días, es sin embargo considerado por la sociedad como un fino y distinguido señor, sólo porque se pasea por la calle con una impecable capa (“razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en orden”) y espléndida espada. Si en vez de capa y espada, decimos teléfono celular, auto, moto, ropa de ciertas marcas, ¿no parece que esto se hubiera escrito ahora, en pleno siglo XXI? La mezquindad, el egoísmo, el engaño, las apariencias y el juzgar más por ellas que por la esencia de una persona, ¿no son acaso todas cuestiones de hoy? ¡Eso es un clásico! Ahora podremos disfrutarlo puesto en actuación y gracias a un grupo salteño, y otra vez, como tantas, se comprobará que ver teatro es mirarse al espejo, como individuo y como sociedad ¡Bien por Sintapujos! ¡Grande Lazarillo!

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El triunfo de ‘Green Book’ molestó al director Spike Lee y a quienes creyeron que ‘Roma’ sería la gran película ganadora

Premios Oscar 2019: Un balde de agua fría para Netflix

El champán comenzó a correr y la sorpresa seguía allí. En la exclusiva fiesta en el Governors Ball, la reunión de los ganadores de los premios Oscar organizada por la Academia la noche del domingo, no se hablaba de otra cosa. Green Book fue el caballo negro, el tapado de la noche, al vencer a la favorita, Roma, de Alfonso Cuarón. ¿Cómo había sucedido eso? Uno de los cotilleos más repetidos en el salón fue la airada reacción de desaprobación que hizo el director de Blackkklansman, Spike Lee, cuando oyó a Julia Roberts nombrar la película de Peter Farrelly. “Fue una mala decisión del juez”, dijo a los periodistas minutos antes el ganador del Oscar por mejor guion adaptado.

Un balde de agua fría para Netflix ‘Green book’, mejor película en los Oscar de Cuarón y la diversidad
Hollywood ya ha cambiado y la fiesta era prueba de ello. En el centro del salón, el poder latino de la industria del entretenimiento gravitaba alrededor del chef español José Andrés. El dueño de The BazLucy Boynton y Rami Malekaar, su restaurante en Los Ángeles, sostenía un gigantesco plato de jamón. De él comían con gusto el director de la filarmónica de la ciudad, el venezolano Gustavo Dudamel, quien dirigió la orquesta en el segmento de In Memoriam; y el mexicano Diego Luna, quien había presentado la nominación a mejor película de Roma junto al cocinero asturiano radicado en Washington. En la fiesta aún resonaban las palabras que Luna había dicho en castellano en el escenario del Dolby Theater: “Ya nos abrieron la puerta y no nos sacan de aquí”.
La iluminación era tenue y entre las mesas, donde las estatuillas doradas resaltaban sobre los arreglos florales, desfilaban camareros con bocadillos de wagyú y otros canapés. Rami Malek, el ganador del Oscar por su interpretación de Freddie Mercury, agitaba una botella de champaña y Mahershala Ali se dejaba fotografiar con quienes se lo pedían. El dj de la ceremonia era Questlove Thompson, el músico de la banda de rap The Roots, quien pinchaba reguetón y Despacito para poner ambiente a la noche.
Fue allí donde algunos integrantes de la Academia contaron su versión de lo que había sucedido minutos antes en el Dolby Theater. Algunos de los miembros que votaron por Roma afirmaron que el Oscar a la mejor película había sido un claro mensaje de la industria a Netflix, el gigante del streaming que había hecho una gran apuesta para conquistar la edición 91ª de los premios con la cinta de Cuarón. El gran artífice del sorprendente triunfo de Green Book habría sido Steven Spielberg, dos veces ganador del Oscar, quien utilizó su poder en Hollywood para hacer campaña en favor de la película interpretada por Viggo Mortensen y Ali.
El director de La lista de Schindler ha sido un gran defensor de la película, a la que ha considerado la mejor “buddy movie” desde Butch Cassidy and The Sundance Kid. Peter Farrelly ha reconocido públicamente la ayuda que tuvo de Spielberg para conseguir distribuidor. La noche del domingo, al recoger el premio a la mejor película, el nombre de Spielberg estaba a la cabeza en la lista de agradecimientos de Farrelly.oscar
Ese momento y ese discurso impactaron con fuerza en la ciudad. El mensaje llegó con claridad al número 9200 de Sunset Boulevard, al oeste de Hollywood, donde Netflix celebró su fiesta de los Oscar. “Fue un balde de agua fría”, comentó a este periódico uno de los presentes en el evento. Casi todos allí dieron por hecho que Cuarón conseguiría la mejor película minutos después de haber recogido su tercer Oscar de la noche por su trabajo como director. “Era un ambiente inmejorable”. Fue un golpe anímico para muchos en aquella celebración en el Soho House, un exclusivo club privado ubicado en un penthouse cuyas vistas tienen a sus pies toda la ciudad californiana.
La alegría fue volviendo al cuerpo conforme avanzó la noche. Alfonso Cuarón llegó a la fiesta de Netflix, donde fue fervorosamente celebrado por haber logrado un nuevo hito para la cinematografía mexicana: el premio a la mejor película extranjera, que se le había negado a Guillermo del Toro con El laberinto del fauno. También se abrazaban ante las cámaras Yalitza Aparicio, quien fue acompañada de su madre a la gala, y Marina de Tavira. Los más felices, sin embargo, eran los del equipo de Period. End of sentence, ganadores del mejor corto documental por una historia de cómo las mujeres en India luchan por acabar con los prejuicios alrededor de la menstruación.
(EL PAÍS DE MADRID)

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Después de la premiación: Los secretos de quienes deciden el Oscar, la ceremonia más importante del cine mundial

El periodo de votación para la 91ª. edición de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas terminó el martes 19 de febrero; alrededor de 8200 integrantes de la industria fílmica usan un sitio web privado para dar de alta sus selecciones. ¿Qué es lo que les pasa por la cabeza cuando le dan clic a las opciones? fotocultu

En un mundo perfecto, cada votante lo tomaría con mucha seriedad; vería todas las películas nominadas y dejaría de lado sus sesgos personales para decidir solo según la destreza artística de un filme.
Hollywood, sin embargo, no es una utopía
En gran medida, la votación para el Oscar se trata de prejuicios personales y de reclamos mezquinos (The Hollywood Reporter ha publicado columnas de votantes anónimos que dan cuenta de ello). Se trata de quién tiene más amistades entre las personas que deciden el premio, en una academia cuya membresía sigue siendo 69 por ciento masculina y 84 por ciento blanca después de varios años de esfuerzos para diversificarse. En el proceso para decidir también hay consideraciones respecto a los cambios en la industria; concretamente, si Netflix debe premiarse o alejarse del club por el mayor tiempo posible, sin importar la calidad de las películas que produce o distribuye.
Los secretos de Costa Rica detrás de un decorado de lujo
A modo de experimento, llamé a veinte integrantes de la academia (ninguno de los cuales está vinculado directamente a alguna de las películas nominadas este año) y les pedí que fueran completamente honestos: ¿Cómo van a evaluar a los ocho candidatos para el premio de mejor película?

Ninguno quiso ser citado explícitamente, pero las respuestas dicen mucho sobre los Premios Oscar y sobre Hollywood (que básicamente es como el colegio pero con muchísimo más dinero de por medio). A continuación, una mezcla de los comentarios que hicieron.
Pantera negra
Un votante de edad más avanzada dijo, con acidez, que las películas de superhéroes son “como lo que se filtra de los basureros detrás de los restaurantes de comida rápida”. Luego confesó que en realidad ni siquiera había visto Pantera negra.
Ah
Pero la mayoría de la gente a la que llamé dijo que pondría esta película en una posición alta en las boletas por las buenas actuaciones, un diseño de producción suntuoso y por su relevancia cultural. (La academia usa un sistema complicado de votación “preferencial” para elegir la mejor película: cada votante le da a los filmes nominados una posición del 1 a 8 en la que, al final, las películas en segundo y tercer lugar llegan a tener casi el mismo peso que los que están en primer lugar).
El problema que tuvieron varios de los votantes es que Pantera negra fue hecha por Marvel, que es propiedad de Disney, el estudio que ha barrido a casi todos los demás en términos de taquilla. Eso solamente empeorará cuando Disney consolide su compra de 20th Century Fox. “¿Y encima tenemos que darle a Disney el premio a mejor película?”, dijo un votante que pertenece a un estudio rival.
El infiltrado del KKKlan
La película dirigida por Spike Lee fue destacada por ser original e intelectual. Una persona explicó que El infiltrado del KKKlan es de las películas que después se mencionan en los libros de historia del cine. Eso significa que no habrá luego mucho arrepentimiento al estilo de “Guau, ¿en serio votamos por eso?” en unos años (como con Shakespeare enamorado). Por otro lado, las películas que ganan el mayor premio de la academia usualmente son las que provocan reacciones emocionales en los votantes. En mi pequeño muestreo, El infiltrado del KKKlan cumple más con la categoría de: “filmes que admiro, pero que no tengo tantas ganas de volver a ver”. Aunque premiar a Lee seguramente es la mejor opción para que haya un momento viral de la ceremonia. Varias de las personas entrevistadas expresaron un deseo de que el cineasta se suba al escenario y destroce a los estudios por hacer de lado tantas voces de minorías; es bien sabido que él no se traga comentarios. “¿Te imaginas?”, dijo una de las personas entrevistadas, que pertenece a la rama de guionistas de la academia. “Tendrían que sacar a la gente en camilla”. (Lee también está nominado, por primera vez en su destacada carrera, en la categoría de mejor director; podría ganar también en la de mejor guion adaptado).
Bohemian Rhapsody
La película inspirada en la historia de Queen y dirigida por Bryan Singer (al menos, hasta que fue despedido por su conducta errática) es de las contendientes para mejor película que más ha causado confusión en los últimos años. Y eso que Babe: El puerquito valiente fue nominada en 1996.
Los votantes entrevistados usaron palabras como “superficial” y “desordenada” para describir el filme, que tuvo reseñas poco positivas de los críticos y fue denunciada en ciertos sectores por restarle importancia a temas de la sexualidad de Freddie Mercury. Casi todos los entrevistados admitieron que Bohemian Rhapsody es un placer culposo y que lo destacable es la actuación de Rami Malek como Mercury. (Todas las veinte personas con las que hablé dijeron que votarán por él). Algo que fue una sorpresa —o supongo que no tanto si consideramos cómo a Hollywood le encanta hacer caso omiso de los problemas— es que la mayoría de las personas con las que hablé dijeron que el papel de Singer no afecta su perspectiva sobre el filme. El director ha sido acusado en el pasado de conductas indebidas y The Atlantic publicó nuevas denuncias de abuso sexual de menores el día después de que se anunciaron las nominaciones. Singer niega haber cometido algún delito y dijo que el reportaje es un “artículo de calumnia homófobo”.
La favorita
A los votantes les gusta decir que respaldaron al eventual ganador. Y aunque esta comedia negra inspirada en la reina Anne (ambientada alrededor de 1710) fue muy admirada por las actuaciones, el guion y los vestuarios, ha perdido varios de los premios pre-Oscar. “Me encanta esta peliculita indecente, pero no quiero desperdiciar mi voto”, me dijo una persona que estaba a la espera de los Premios de Cine de la Academia Británica (Bafta, por su sigla en inglés), para tomar su decisión. (Al final La favorita ganó siete Baftas la semana pasada pero perdió el gran premio frente a Roma).
Otros de los entrevistados comentaron que no están seguros si La favorita manda un buen mensaje por su retrato de las mujeres (interpretadas por Olivia Colman, Emma Stone y Rachel Weisz) o termina por reforzar el estereotipo de que ellas son arpías que manipulan y engañan.
Green Book: Una amistad sin fronteras
Nadie de mi muestreo consideró que esta película sobre la era de la segregación racial en Estados Unidos fuera perfecta; dijeron que sin duda le faltan matices y que la infame escena en la que el personaje blanco le enseña a comer pollo frito al personaje negro los hizo sentir vergüenza. Pero Green Book también conmovió a muchos de los votantes. Un productor, cuya edad ronda los 60, dijo que el final bonito hizo “derretir” su corazón.
Peter Farrelly, quien dirigió la película y es uno de los guionistas, también ha demostrado ser bueno en hacer campaña, según dijeron algunos de los votantes; mencionaron, por ejemplo, su discurso después de ganar el premio del Sindicato de Productores de Estados Unidos. “Cuando haces Un par de idiotas (Dumb and Dumber), no esperas que te den premios”, dijo Farrelly. “Así que estoy muy agradecido”.
Uno de los entrevistados, un ejecutivo fílmico de unos 50 años, reconoció que respalda a Green Book porque está iracundo. Dijo que estaba cansado de que le dijeran cuáles películas está bien o no que le gusten; gran parte del debate sobre Green Book se ha centrado en cómo trata los temas raciales, con opiniones que van de que es desesperadamente retrógrada a casi intolerante.
ACADEMIA DE ARTES Y CIENCIAS CINEMATOGRÁFICAS, BOHEMIAN RHAPSODY,GREEN BOOK, NETFLIX, OSCAR, ROMA
(The New York Times en Español)

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El Papa Francisco levanta sanción al poeta Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

 

Hace pocos días, desde esta página recordábamos poemas suyos al referirnos a lo que comúnmente se denomina “poesía de amor”. Hablamos de Ernesto Cardenal, el poeta y sacerdote nicaragüense, referente de la Teología de la Liberación. Sucede que Cardenal venía sufriendo desde hace más de tres décadas la suspensión en su función clerical (“suspensión a divinis”, impuesta por el Vaticano, entiéndase por Juan Pabo II), por motivos políticos. Y en estos días, el Papa Francisco decidió rehabilitarlo. Cardenal, de 94 años de edad y con más de treinta libros publicados (de poesía, de memorias y otros), ha sufrido en los últimos meses serios quebrantos de salud. El Papa Francisco tomó la decisión de levantar la suspensión luego de recibir la petición del propio Cardenal a través de su representante en Nicaragua. “Agradezco y recibo (la decisión) amorosamente”, dijo Cardenal al ser enterado.
Valga como celebración la lectura de uno de sus mejores poemas:

EPIGRAMAS

Te doy, Claudia , estos versos, porque tu eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tu los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan, un dia se divulgarán tal vez por toda hispanoamerica y si al amor que los dictó, tu también lo desprecias, otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez veras, Claudia, que estos poemas, [ escritos para conquistarte a ti ] despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean los besos que en ti no desperto el poeta.

Cuídate, Claudia, cuando estés conmigo,
porque el gesto más leve cualquier palabra, un suspiro de Claudia, el menor descuido, tal vez un día lo examinen eruditos, y este baile de Claudia se recuerde por siglos.
Claudia, ya te lo aviso.

De estos cines, Claudia, de estas fiestas, de estas carreras de caballos, no quedará nada para la posteridad sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia (si acaso) y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos del olvido, y los incluyo también en mis versos
para ridiculizarlos.

Esta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso y leas estas líneas que el autor escribió para ti
y tú no lo sepas.
Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fue a mi cuarto
y escribí ese artículo contra el Gobierno por el que estoy preso.

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo.

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Hoy se cumple un año más del fallecimiento de Carlos Páez Vilaró, el multifacético artista uruguayo

Había nacido en Montevideo el 1º de noviembre de 1923 y falleció en Punta Ballena el 24 de febrero de 2014. Murió en el mes del Carnaval y muy cerca de los tamboriles, otra de sus pasiones. Como todo artista auténtico, y aunque sea una frase algo gastada ya, sigue vivo en sus obras. Salto y El Pueblo son, en ese sentido, verdaderos privilegiados: Páez Vilaró vive en cada mirada que se detiene en la pared principal del hall de este diario, porque allí, en una visita a esta ciudad hace ya varios años, dejó un mural, dejó para siempre parte de su vida.

 

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Un amor surgido entre las páginas de los libros

Durante seis años de soltería a mis veintitantos, me convertí en alguien que no conocía. Antes, siempre había sido una lectora. De niña caminaba a la biblioteca varias veces a la semana y de noche me quedaba despierta leyendo bajo las sábanas con una linterna. Sacaba tantos libros y los regresaba tan pronto que en una ocasión la bibliotecaria explotó: “No te lleves tantos libros a casa, si no vas a leerlos todos”.
“Pero sí los leí todos”, le respondí, dejándole la carga en los brazos.
Fui estudiante de Letras Inglesas en la universidad y después obtuve la maestría en Literatura, pero poco después de que la tesis engargolada ocupó su lugar en la repisa junto a mi título, dejé de leer. Sucedió gradualmente, como cuando sanas o mueres.
Cuando creé mi perfil en OkCupid (usuario: missbibliophile52598), llené la sección de “Libros favoritos”, y dejé que mi gusto literario hablara por mí: Cien años de soledad, París era una fiesta, Colmillo blanco, El buen nombre, El mundo conocido, El dios de las pequeñas cosas, El lugar del aire. No obstante, sentí un pánico repentino cuando me di cuenta de que habían pasado más de dos años desde que leí la mayoría de estos títulos y, en algunos casos, más de cinco años.
La sorpresa de las mujeres de La Pazfotocultu
A pesar de mis antecedentes, traté de mantener mi personaje de ratón de biblioteca. Me uní a clubes de lectura en Meetup.com a los que nunca asistí. Saqué de la biblioteca un ejemplar de Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, porque todos lo estaban leyendo, solo para entregarlo con retraso de una semana, sin leer y con multas por pagar.
Seguía amando la idea de leer. Atesoraba los libros y las librerías. Siempre que encontraba una, me quedaba durante horas entre los estantes como si estuviera poniéndome al corriente con viejos amigos, elegía ejemplares que ya había leído y compraba libros nuevos que no había leído.
Cuando la novia de mi padre me regaló un libro de Joel Osteen en Navidad, lo devolví para intercambiarlo por Una bendición de Toni Morrison. También compré la colección de cuentos de Dostoievski, pero no leí ninguno.
David fue mi primera cita en OkCupid —mi primera cita en línea en la vida—. Era alto y agradable, aunque tímido. Le hice una pregunta tras otra para mantenerlo a gusto y hacer que fluyera la conversación, pero también para desviar su atención (un truco clásico de los introvertidos).
En su perfil decía que le gustaba leer, así que le pregunté por el libro más reciente que había leído. Su rostro se iluminó y sus dedos comenzaron a bailar. Las primeras semanas me di cuenta de que David leía mucho más que yo, uno o dos libros a la semana, aproximadamente. Parecíamos una pareja improbable: yo soy una mujer negra de 1,61 metros, de madre caribeña; él es un hombre blanco que mide 1,90 metros y es originario de Ohio. No obstante, a medida que nos conocíamos, nuestra fe compartida y amor por los libros zanjaba las brechas.
La primera vez que David fue a mi casa, comparamos nuestras bibliotecas. Solo teníamos cuatro libros en común; dos de ellos eran colecciones de C. S. Lewis. David prefería la historia y la no ficción, mientras que a mí me atraían los escritores negros de ficción y las historias de inmigrantes.
Meses más tarde, cuando comenzamos a hablar de la posibilidad de casarnos algún día, no mencioné el tema de fusionar nuestras bibliotecas, no porque temiera tener que separarlas algún día, sino porque me gustaba tener mis propias historias para compartir.
En nuestra séptima cita, David y yo visitamos la biblioteca central.
“Te propongo un juego”, dijo, mientras sacaba dos bolígrafos y pequeñas hojas autoadhesivas de su bolsa. “Busquemos libros que hayamos leído y dejemos reseñas para el siguiente lector”.
Vagamos entre los pasillos durante más de una hora. Al final, nos sentamos en el piso, en la sección de poesía, y le leí un verso de Linda Pastan. Él escuchó, con la cabeza inclinada hacia abajo, la barbilla contra el pecho, y luego preguntó: “¿Qué es lo que te gusta de ese verso?”.
Aquella primavera, mientras hacíamos un pícnic al aire libre, le pregunté: “Si te digo algo, ¿prometes no juzgarme?”.
David dejó de escribir la lista de los libros que planeaba leer durante el verano y levantó las cejas.
“Este año, solo he leído un libro”, confesé. “Empecé otros tres, pero no los he terminado”.
“Pero estamos en junio”, respondió.
“Lo sé”.
“¿Un libro?”.
“Lo sé”.
“Pero te gustan los libros”, dijo. “Te gustan las librerías. Te gustan las bibliotecas”.
“¿Acaso este asunto termina con la relación?”.
“No, pero, aun así. ¡Ponte a leer!”.
Estaba dolorosamente consciente de la flagrante hipocresía de mi vida. Defendía las virtudes de las librerías en la era de las ventas en línea y compraba libros siempre que tenía oportunidad, pero a duras penas los leía. Se quedaban por todos lados, hasta que mi casa parecía vestir libros tal como uno viste ropa. Se acumularon en las sillas y rodearon los brazos del sofá.
En japonés hay una palabra para esto: tsundoku, el acto de comprar libros que nunca lees.
Los estantes de mi biblioteca se pandean en el centro, y no solo porque están hechos de triplay barato, sino porque tienen dos hileras de libros, la del frente y la de atrás.
Si quiero encontrar un libro de mi época universitaria, o de antes de esta, sé que debo buscar en la fila de atrás. Si estoy buscando una adquisición reciente, reviso la del frente. Alrededor del librero hay pilas con diferentes categorías de libros. Entre ellas: libros que he leído; libros que quiero leer; libros que empecé, pero no terminé porque no me gustaron; libros que comencé y me gustaron, pero cuya lectura no podía justificar debido a su contenido sexual gráfico o violento. En esa categoría hay dos libros de Philip Roth.
La última vez que visité una librería de todo por un dólar, compré cinco títulos para mí y dos para David. Su orden de “Ponte a leer” resonaba en mi cabeza. Una tarde, tomé uno de los libros de pasta dura que había comprado en esa librería solo porque el título me pareció poético.
Me costó mucho trabajo engancharme con el libro. Se suponía que el narrador era un hombre de edad avanzada, pero me pareció que sonaba más a cómo se imagina una mujer joven que se escucha un hombre viejo. Cada vez que me sentía tentada a abandonarlo, pensaba en David. Él acababa de empezar La broma infinita.
Me obligué a leer los dos primeros capítulos y cuando llegué al tercero descubrí un narrador nuevo. Me encantó la alternancia de voces. Me llevé el libro al trabajo y lo leí en el almuerzo. Lo leí de vuelta a casa, levantando de vez en cuando la mirada mientras caminaba para asegurarme de evitar a los extraños y el concreto disparejo.
Me vanaglorié de que, mientras mis pares milénials también caminaban con la cabeza gacha, y los ojos mirando apenas por encima de las palmas de las manos, yo no estaba solo recorriendo las publicaciones de Instagram. Estaba leyendo. Leyendo un libro.
“¿Qué tal tu día?”, preguntó en un mensaje de texto.
“Bien, estoy un poco cansada”, respondí. “Me quedé despierta hasta tarde y terminé mi libro”. Yo había tratado de sacar el tema de forma casual, pero estaba orgullosa de mí misma. La última vez que me quedé despierta toda la noche leyendo fue cuando tenía 12 años y el libro era Mujercitas.
No era una competencia, pero había cierta presión. Sentí que David me impulsaba a ser de nuevo la persona que solía ser y la que quería ser. Siempre que comenzaba a hablar del libro de no ficción que estaba leyendo acerca del surgimiento de Silicon Valley o de filósofos del medioambiente, yo le hablaba de ficción, de hombres que abandonaron su país escondiéndose en cajas solo para salir trepando y convertirse en pájaros. Le recordaba que en ocasiones la única manera de explicar el mundo en que vivimos es inventándolo.
Una vez le pregunté a David qué le gustaba de mí.
Hizo una pausa y dijo: “Haces que sea menos cínico. Contigo veo el mundo como un lugar lleno de maravillas”.
Al cabo de poco más de un año de nuestra cita en la biblioteca, David sugirió que la visitáramos de nuevo. Mientras caminábamos entre los estantes, me preguntó si recordaba el juego de nuestra primera visita, cuando pusimos reseñas escritas en hojas autoadhesivas sobre nuestros libros favoritos.
“Sí lo recuerdo”.
Sacó un libro del estante, se hincó en una rodilla y lo abrió. Dentro, su nota decía: “Karla, siempre has sido tú. ¿Te quieres casar conmigo?”.
Su propuesta había permanecido entre las páginas de The Rebel Princess durante más de un año.
“Sí”, respondí. “Me quiero casar contigo”.
Nos abrazamos en medio del pasillo de ficción, rodeados de las historias de otras personas y a punto de iniciar la nuestra.
Karla Marie-Rose Derus es una escritora que vive en Los Ángeles. (The New York Times en Español)

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“Anáforas”, un sitio para encontrase con Altamides

La misma felicidad que provoca un buen libro, es la que genera visitar un sitio como este, en el que se pueden pasar muchas horas de entretenimiento, descubrimiento, aprendizaje, horas de placer. Cuando en redes sociales el pasado martes 19 recordábamos un año más del fallecimiento del poeta Altamides Jardim (fallecido en 1995), su nieto Nicolás nos invitaba a conocer este espacio. “Tengo algo para compartir”, nos dijo, y nos sugirió busALTAMIDEScar:

http://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/25483
“Anáforas” es un sitio para encontrarse con un imponente número de autores: sus textos (conocidos y no), fotografías, cartas, documentos varios. Es un trabajo que llevan adelante la Biblioteca Nacional y la Facultad de Información y Comunicación pero con el permanente aporte de distintas personas e instituciones. Sucede que “Anáforas” es un espacio siempre abierto para anexar información y materiales. Es un archivo y a su vez una biblioteca con el agregado de todo lo que la tecnología permite. Existe un video en Youtube, de poco más de diez minutos, que ilustra sobre el sitio, video en el que brindan sus comentarios, explicaciones y opiniones, especialistas en bibliotecas, en comunicación e investigación de la talla del historiador Gerardo Caetano, entre varios más. Puede verse el video en
http://www.youtube.com/watch?v =eB6JHV3yPUk
Para el lector circunstancial, para el lector común sin más pretensiones que el acto de leer, para el lector que estudia con afán de investigación, para el que sólo busca conocer fotografías y documentos antiguos…para todos es un sitio sumamente disfrutable.
Sobre su persona se lee: “Altamides Jardim (1903-1995) nació un 24 de diciembre, cerca del pueblo Cabellos, hoy “Baltasar Brum” (Artigas). Fue escritor, poeta y profesor de Literatura. También condujo un ciclo radial de Cultura. Radicado en Salto desde 1934, participó activamente en los movimientos culturales, siendo encargado de la filial de la AIAPE, que luego se transformara en la Asociación Cultural Horacio Quiroga. Su compromiso con la militancia fue permanente, habiendo sido miembro y fundador en Salto del Partido Comunista del Uruguay e impulsor del FIDEL. Durante la dictadura militar sufrió la persecución personal y familiar. En 1985 fue homenajeado por la Coordinadora de Trabajadores por la Cultura de Salto. En mayo de 2017 se creó el “Espacio Altamides Jardim” en la Casa Quiroga de Salto”.
Saber que Altamides forma parte de “Anáforas” ha sido una enorme alegría. Nos ha permitido conocerlo y valorarlo un poco más aún. Quedan todos invitados a disfrutar del sitio.

30 años de su primera
edición. “Historia de la sensibilidad en el Uruguay”, de José Pedro Barrán
Un gran libro cumple sus treinta años. Publicado originalmente en el año 1989 por Ediciones de la Banda Oriental, “Historia de la sensibilidad en el Uruguay”, del historiador uruguayo José Pedro Barrán, es un magnífico estudio de las formas de pensar y sentir que son parte de las costumbres, la convivencia social y la cultura durante el período colonial y la modernización en Uruguay. Ojalá que este año, para el que ya se piensan, desde distintas instituciones, actividades en homenaje a esta obra en particular y a su autor, sea una buena ocasión para leerlo o releerlo. Vale la pena.
Días pasados, Ediciones de la Banda Oriental lanzaba el siguiente comunicado: “No es fácil explicar la razón por la cual un libro se vende sistemáticamente desde hace tres décadas. Quizás porque interpreta con inteligencia y agilidad la forma de ser de los uruguayos. Barrán nos entregó un libro que es un estudio profundo de nuestra manera de pensar y sentir. Desde las fiestas, el juego y la violencia del Uruguay “bárbaro” hasta el “disciplinamiento” del siglo XX que reprimió con un efectivo control social esa vida libre y espontánea. Y a partir de ahí se construyó la sociedad uruguaya tal como la conocemos. Con motivo de estos treinta años ininterrumpidos de ediciones de este libro, Banda Oriental se propone este año realizar actividades en torno a esta obra que marca un hito en nuestra historiografía”.

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¿Cómo reconstruyó Cuarón el México de los setenta?

Para convertir las calles de una de las metrópolis más caóticas y cambiantes del mundo en la imagen viviente de las avenidas de la infancia de Alfonso Cuarón, el equipo de diseño de producción de «Roma» tomó clavo y martillo.
Para rodar una escena de Roma ambientada en una vibrante avenida, los realizadores construyeron de la nada una réplica inmensa de una calle de Ciudad de México (con todo y las tiendas) en un lote vacío ubicado entre almacenes. Metieron ahí vehículos de la época, incluido un tranvía, construyeron las fachadas de las tiendas y convirtieron un área de losas de concreto quebradas e invadidas de hierba silvestre en una concurrida esquina.cuaron
El lote que se convirtió en la intersección de Insurgentes y Baja California Credit Netflix
Roma, que compite por diez premios Oscar el 24 de febrero, es un filme semiautobiográfico de Alfonso Cuarón, quien hizo el guion y lo dirigió, sobre su vida a principios de los años setenta en el vecindario de Ciudad de México que le dio nombre a la película. No basta decir que Cuarón fue muy prolijo con los detalles para realizar ese retrato. Con un presupuesto reportado en 15 millones de dólares, la película también incluye una representación minuciosa de la matanza estudiantil conocida como el Halconazo, un enorme incendio forestal apagado de manera comunitaria y un complicado rescate en el mar.

La hermosa y compleja Bogotá: guía para viajeros primerizos
En la escena para la cual reconstruyeron la avenida en ese lote, la protagonista Cleo (interpretada por Yalitza Aparicio) persigue a uno de los niños de la familia con la que trabaja camino a ver una película en el cine y termina en la interseculturacción de las avenidas Insurgentes y Eje 3 Baja California. Cuarón quería rodar en ese mismo cruce, pero el vecindario ha cambiado mucho desde entonces.
Para empezar, hay una enorme parada de metrobús a la mitad de Insurgentes, donde antes pasaban los tranvías. Además, el cine que es parte de la escena fue demolido y remplazado por un centro comercial. Muchos de los negocios ya no son los mismos.
Cuarón consideró sustituir la intersección para el rodaje con una calle que luciera similar a Insurgentes; sin embargo, aunque hay locaciones con edificios que mantienen la ambientación de los setenta, ninguna tenía el mismo peso de gran avenida.
“Tenía cierto cosmopolitismo que no encontré en ningún otro lado”, dijo Cuarón en entrevista telefónica.
La propuesta de usar imágenes generadas por computadora para que el centro comercial se convirtiera de nuevo en el cine no tuvo muchos adeptos. El director dijo que el filme necesitaba tener el componente físico de los personajes moviéndose de verdad por ambiente reales y no construidos digitalmente. No era ocasión para algo como Gravedad.
“No quería solamente ilustrar la locación, quería que permeara toda la esencia en tiempo y espacio”, comentó Cuarón.
Así que era momento de tomar clavo y martillo.
La réplica de Insurgentes durante el proceso de construcción, con todo y tiendas Credit Netflix
Cuarón trabajó con Eugenio Caballero, a cargo del diseño de producción, para investigar a fondo todos los aspectos visuales de la intersección a principios de 1970, con fotografías viejas y empatarlos con los recuerdos del director. Luego determinaron qué tanto iban a mostrar en las tomas y Caballero hizo un plan a partir de las medidas reales del cruce. El objetivo después fue ubicar el espacio que cumpliera con los requisitos.
Necesitaban un área más grande que la que tienen muchos lotes de estudios, así que recurrieron a su creatividad. Consideraron usar el estacionamiento del Estadio Azteca… pero era demasiado pequeño.
“Los encargados de locación dejaron de buscar desde el terreno y lo hicieron con imágenes satelitales de la ciudad”, dijo Cuarón.
Encontraron un espacio en una colección de almacenes cerca del edificio de la Secretaría de Educación Pública. Ahí estaba el lote vacío con las losas de concreto fracturadas y el césped descuidado. Caballero y su equipo transformaron el sitio con la construcción de rieles y cables para el tranvía, al igual que las aceras y las tiendas.
Pero Cuarón no solo quería las fachadas: quería que fuera posible entrar a la tienda para que estuviera poblada por extras. De ese modo, una agencia de viajes también ayuda a mostrar cómo era la división de clases en esa parte de la ciudad. (Debe decirse que sí hubo imágenes hechas a computadora, para terminar de llenar el fondo de la calle y las partes altas de los edificios).
Cuando Cleo se acerca a la intersección, la pantalla vibra con la energía de los demás peatones y del tráfico, mientras brillan las luminarias de la ciudad y toda la toma transmite el sentimiento de estar maravillado. Cuarón quería que fuera lo más fiel posible a sus recuerdos de cruzar esa calle.
“Tenía bien presente cómo se sentía”, dijo, “la emoción que sentía al llegar a la avenida camino al cine desde las calles más resguardadas de mi barrio”.
Después del rodaje, fue destruido todo el set. El estacionamiento de los almacenes nunca ha lucido mejor.
(The New York Times en Español)

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Medios de comunicación y su importante rol en la sociedad: ¿Todavía tiene sentido el fotoperiodismo?

Las imágenes son autónomas, poderosas y, sobre todo, rebeldes. Escapan rápidamente al control tanto del fotoperiodista como de los medios. fotocultuEl fotoperiodismo trata de adaptarse a las nuevas reglas del juego mediático en el siglo XXI, pero no lo tiene nada fácil. Cuando la fotoperiodista Anna Surinyach imparte charlas sobre desplazamientos humanos, suele mostrar la fotografía de cinco norteafricanos sacando la rueda de un coche en Barcelona y le pregunta al público:“¿Qué veis aquí”? La mayoría responde que se trata de un robo perpetrado por cinco negros. En realidad son jóvenes inmigrantes que, recién llegados a la ciudad, ayudaron a una joven catalana a quien se le acababa de pinchar un neumático. “Yo quería retratarlos activos y solidarios, para combatir la típica iconografía en que los inmigrantes aparecen pasivos, sobre todo esperando, pero al parecer eso no es lo que comunica mi fotografía”, me explica Surinyach, que también es la editora gráfica de la revista 5W.

Las imágenes son autónomas, poderosas y, sobre todo, rebeldes. Escapan rápidamente al control tanto del fotoperiodista que las capta y las reproduce como del medio que las publica. Particularmente en nuestra época en que todo el mundo ejecuta y publica sus propias fotografías. Tal vez porque los códigos de la profesión fueron formulados, con el nacimiento de la fotografía, a finales del siglo XIX y principios del XX, el fotoperiodismo está tratando de adaptarse a las nuevas reglas del juego. Y no lo tiene nada fácil.
Gervasio Sánchez, Premio Nacional de Fotografía de España y ganador del premio Ortega y Gasset de periodismo gráfico, desconfía de la idea de crisis del fotoperiodismo: “Es una excusa barata esgrimida por la inmensa mayoría de los medios de comunicación para ahorrar costes. Porque documentar gráficamente es más caro y más difícil que escribir, la fotografía solamente puede ser producida en el lugar de los hechos, mientras que he conocido a periodistas literarios consagrados que escriben a kilómetros de distancia”.
Y añade que “el fotoperiodismo tiene más sentido que nunca en un mundo coaccionado por la propaganda y la mentira, porque es más fácil engañar con la palabra que con la imagen, aunque también haya imágenes monstruosas creadas para manipular y mentir”.
A pesar de que desde la vieja escuela se defienda la vigencia y la pertinencia del oficio, lo cierto es que la autocrítica tiene una ya larga tradición. Como nos recordó la inteligente exposición Antifotoperiodismo en 2010, comisariada por Carles Guerra y Thomas Keenan para el centro de arte La Virreina de Barcelona, durante el último medio siglo encontramos varios ejemplos de importantes fotorreporteros que cuestionan el sentido y la fórmula de su propia profesión. Uno de los pioneros fue Paul Fusco, que en 1968 aprovechó el funeral ferroviario de Robert F. Kennedy para documentar a la sociedad estadounidense, en lugar de firmar el enésimo panegírico del poder. Allan Sekula e Hito Steyerl son otros de los autores, al mismo tiempo artistas y teóricos, representados en una muestra que encontró en el periodismo la piedra de toque para impugnar la circulación de la imagen en nuestra época posverdadera y llena de photoshop. En ese nuevo marco, según la opinión del documentalista y director de Altaïr Magazine Pere Ortin, “hay que escapar de la cárcel narrativa de la mentalidad colonial, perder como nos enseña Achille Mbembe el privilegio del discurso y cambiar, como nos dijo Walter Mignolo, la gramática colonial que domina la producción de casi todas las narrativas de los medios de comunicación occidentales”. Según Ortin, “las imágenes de cierto periodismo internacional, basadas en las múltiples formas del dolor y el sufrimiento humano, son una muestra de los tópicos y malentendidos que el periodismo hereda, sin discutirlos, de la etnología colonial”. Como son fácilmente reconocibles por el espectador medio, son también potencialmente virales. Importa que el periodismo huya de la “pornomiseria” que los documentalistas colombianos Luis Ospina y Carlos Mayolo denunciaron en su película Agarrando pueblo hace ya cuarenta años. La fotógrafa francesa Séverine Sajous llegó a la Jungla de Calais en octubre de 2015, cuando ya había allí más de ocho mil personas: “Me encontré con muchos fotoperiodistas, con muchos teleobjetivos, algunos eran más brutos, otros buscaban el modo de comprender, pero el ánimo general entre los habitantes de la Jungla era de desconfianza y empezaron a aparecer carteles que decían ’10 euros la foto’ o simplemente ‘no photo’”.
Ella no había ido para hacer fotos, sino para que los que se habían concentrado en Calais de camino al Reino Unido firmaran sus propias imágenes. Sajous organizó el taller Jungleeye y comenzó a conocer las historias de muchos de los migrantes que esperaban el momento de cruzar el Canal de la
Mancha. Y a aprender su idioma. Porque en aquellos kilómetros cuadrados había nacido una lengua propia o al menos un campo semántico que no existía más allá de sus límites: “En total pasé prácticamente un año, y tal vez gracias a mi formación como lingüista me obsesioné con las palabras de frontera que solamente usaban ellos”. De esa obsesión y de su relación personal con quienes intentaban cruzar la frontera de noche nació más tarde el documental Password: Fajara, que comenzó sola y acabó con Patricia Sánchez Mora, y ha sido seleccionado y exhibido en festivales de todo el mundo. A través de una cámara de visión infrarroja —que recuerda la de caza nocturna— asistimos a los conflictos de esos seres fronterizos en un momento clave de sus vidas. En lugar de acceder a ellas mediante encuadres perfectos y alta definición, lo hacemos atravesando testimonios precarios e imágenes granuladas.
En su célebre ensayo “La macchia de Google” (incluido en Cosas conocidas y extrañas), Teju Cole distingue entre dos grandes formas de entender la fotografía en nuestra época: “Las fotografías que celebran algunas instituciones, pongamos el Premio Pulitzer o el World Press Photo, se consideran irrelevantes y retrógradas desde el punto de vista de otras instituciones, digamos el Deutsche Börse Prize o el MOMA”. El escritor y artista visual defiende en el resto de su texto una “fotografía de ideas” y la “labor curatorial” del fotógrafo. ¿No sería ése el rol más ético que un fotógrafo occidental podría protagonizar en un contexto de crisis humanitaria? ¿La fotografía no debe buscar relaciones más justas entre sujetos que las propias del imperialismo? ¿No son las imágenes precarias, inestables, imperfectas más realistas que las composiciones perfectas, pictóricas, que acostumbran a ganar los premios más prestigiosos del fotoperiodismo?“No estoy en contra del fotoperiodismo clásico, aunque mi forma de entender nuestra relación con la imagen sea más conceptual y más participativa”, apunta Sajous, “lo que sí es importante es que haya espacio para diferentes prácticas y que seamos todos críticos”. Por eso para su nuevo proyecto, #Boza, se ha aliado con Surinyach, cada vez más autocrítica con su condición de fotoperiodista. Ambas trabajan en la realizacion de un cortometraje confeccionado con fotos, vídeos o chats de migrantes que cruzan el Estrecho de Gibraltar. “En las redes sociales”, afirma Sajous, “es común que aparezca la palabra boza, que utilizan las personas que ya están en el barco, a menudo como sinónimo de victoria, aunque todavía no puedan realmente cantarla”. Si Instagram o Facebook han construido un mundo virtual repleto de lujo, sofisticación y triunfo social, no es de extrañar que los migrantes y los refugiados también cuenten en esas redes relatos de éxito y de progreso. “El de las redes sociales es un lenguaje que todo el mundo habla”, afirma la artista, un esperanto sobre todo visual que a través de herramientas críticas como el montaje cinematográfico puede ser tan o más elocuente que un fotorreportaje convencional. AGARRANDO PUEBLO, ANNA SURINYACH, CARLOS MAYOLO, FOTOPERIODISMO, GERVASIO SÁNCHEZ, LUIS OSPINA, PERE ORTIN, SÉVERINE SAJOUS
(The New York Times en Español)

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Está disponible en Biblioteca País de Plan Ceibal, «Mil de fiebre», la novela sobre la Gran Novela Salteña

Biblioteca País es el sitio de Plan Ceibal que ofrece en formato digital un imponente número de libros (varios miles), en especial literatura, tanto nacional como de autores extranjeros, la contemporánea y los clásicos, libros a cuya lectura se puede acceder únicamente con el número de cédula de identidad.

En estos días, los administradores del sitio vienen difundiendo, entre otros, un libro estrechamente vinculado a Salto, del que ya nos hemos ocupado en anteriores ediciones de EL PUEBLO: la novela «Mil de fiebre», de Juan Andrés Ferreira, lanzada sobre fines del pasado año. Las palabras de presentación para su lectura en este formato digital son sumamente elogiosas y realmente cumplen el objetivo de tentar al público a su lectura. Son las siguientes: «Una de las novelas nacionales más importantes y ambiciosas de la última década. Un escritor de culto, un blogger ermitaño y un periodista deportivo desquiciado y en decadencia son parte una historia que atrapará al lector por sí misma y, sobre todo, por su excelente y cuidada escritura. Mil de fiebre
Una obra fuera de lo convencional que no pasará desapercibida por la crítica literaria y que trascenderá diversos públicos. En Mil de fiebre hay personas que necesitan desesperadamente creerse las historias que se cuentan a sí mismas. Como Werner Gómez, un blogger de Salto, ermitaño, grafómano paranoico e incendiario, quien se dispone a trabajar en el proyecto más ambicioso y arriesgado de su vida: la Gran Novela Salteña. Pero los reclamos de su madre y un descubrimiento fascinante y perturbador se interponen en el camino. O como Luis Bruno, periodista deportivo con trastornos de conducta, que tal vez esté atravesando su peor momento: su esposa lo abandonó y lo acaban de echar del trabajo. La oportunidad de cambiar la pisada asoma con un viaje a Salto, ciudad donde nació, para trabajar en un periódico local.
Hay un enigmático escritor de culto, tan prolífico y evasivo que incluso se duda de su existencia, a pesar de que toda una comunidad estudia su obra al detalle y le expresa públicamente una veneración infinita. Hay música, poesía y locura, una enfermiza obsesión por la salud y los alicamentos, una cadena de clínicas psiquiátricas muy popular entre la clase media, y un club secreto que organiza orgías escatológicas. Y existe un impulso sublime y sutil, misterioso y trascendental, que cuando se presenta es capaz de alterar la sangre y magnificar los sentidos; Werner lo llama «el vapor». Una novela urgente, introspectiva y catártica que interpela al lector mientras navega en vértigo de literatura irreverente».

«En el infierno venezolano» murió Diana Castro Navajas, filósofa uruguaya
Desconocíamos el hecho. Lo supimos por palabras recientemente expresadas en redes sociales por el escritor, y Director Nacional de Cultura, Hugo Achúgar. La filósofa Diana Castro ha muerto en Venezuela en los primeros días de este año. Así se expresaba Achúgar: «Estoy muy triste. En Venezuela, la de Maduro, está muriendo mucha gente. Entre ellos, el 3 de enero de 2019, falleció Diana Castro Navajas, una gran filósofa uruguaya, de las mejores en el estudio de Vaz Ferreira, esposa de un gran filósofo llamado Javier Sasso. Murió asistida por la comunidad alemana de Venezuela que no la abandonó nunca. Mis condolencias a su hermana Nora Castro Navajas.
Es una pena que gente como Diana, intelectuales como Diana, haya tenido que morir en el infierno venezolano de estos años. Ella, me dijo la última vez que la vi, frente a mi argumento de que habían pueblos que votaban a sus líderes, que a Hitler lo había votado la mayoría de los alemanes de su época.
Diana nunca fue de derechas, al contrario perteneció a uno de los movimientos más puros y radicales de la izquierda uruguaya. Pero ella no se engañaba con lo que estaba pasando en Venezuela. Q.E.P.D . Un fuerte abrazo y ojalá estés junto a la luz de Javier Sasso (un filósofo uruguayo que pocos recuerdan y murió hace muchos años en Caracas). Mi recuerdo para ambos».

MEC convoca a escritores e ilustradores para representar a Uruguay en Feria Internacional
Se aproxima otra edición de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Bologna y el Ministerio de Educación y Cultura llama a escritores e ilustradores interesados en participar como representantes del país. El comunicado recibido para su difusión expresa textualmente:
«Cultura MEC y Uruguay XXI, en el marco de la instrumentación de políticas orientadas a la internacionalización del sector editorial, llevan adelante el presente llamado con el fin de posibilitar la presencia de editoriales y/o agentes en la feria.
En esta edición Uruguay contará con un estand que albergará a las diversas editoriales que resulten seleccionadas por el Tribunal de selección de propuestas de la presente convocatoria, además de los libros que ya integran el catálogo del programa Books from Uruguay de Cultura | MEC. Bases y más información en: cultura.mec.gub.uy».

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Pintora, creadora de una marca, sobreviviente: los distintos rostros de Frida Kahlo

Objetos de la exposición “Frida Kahlo: Appearances Can Be Deceiving” en el Museo de Brooklyn Credit En sentido de las manecillas del reloj, desde la esquina superior izquierda: Archivos de Diego Rivera y Frida Kahlo, Banco de México, Fiduciario del Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo; Javier Hinojosa vía V&A Publishing (vestido y labial); Banco de México, Fiduciario del Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo, México, D .F./Artists Rights Society (ARS), New York; Arte del siglo XX: la Colección Jacques y Natasha Gelman y la Fundación Vergel; Archivo de fotografía de Nickolas Muray; Museo de Brooklyn; Museo de Brooklyn.
La transformación exhaustivamente documentada que llevó a cabo Frida Kahlo de artista a icono cultural pop no es casualidad. La pintora creó meticulosamente su propia imagen, como alguna vez lo hiciera Cleopatra. Si estuviera viva, quizá estaría dando una clase de imagen de marca en la Universidad de Harvard. Ahora es el turno de que Estados Unidos vea cómo, y, mejor aún, por qué lo hizo.
Algunos de los objetos de su Casa Azul, en Ciudad de México, que compartió con su esposo, el muralista Diego Rivera, estarán por primera vez en Estados Unidos en Frida Kahlo: Appearances Can Be Deceiving, una exposición en el Museo Brooklyn, del 8 de febrero al 12 de mayo. Sus pertenencias debían permafridanecer guardadas hasta quince años después de la muerte de Rivera, de acuerdo con sus órdenes, pero la tarea de sacarlas y hacer un inventario no se realizó sino muchos años después, en 2004. Esta es la exposición más grande dedicada a Kahlo en Estados Unidos y una iteración mucho más grande de la exposición del año pasado en el Museo de Victoria y Alberto en Londres.
Los secretos de Costa
Rica detrás de un decorado de lujo
La enorme exposición ofrece una perspectiva mucho mayor de la faceta de Kahlo como coleccionista a través de obras extraídas del depósito del museo, así como sobre la temporada que pasó en Nueva York, e incluye obras que prestaron instituciones y galerías locales. La mezcla adicional de objetos mesoamericanos, uno de los tipos de arte que prefería la pareja, con las pinturas y fotografías de Kahlo nos hablan de su anhelo por la cultura indígena y agrícola de México, y sus conflictos con el capitalismo, sobre todo respecto a la desigualdad de ingresos de la que fue testigo durante sus viajes por Estados Unidos.
Los visitantes entenderán de mejor manera la habilidad que Kahlo tenía para agregar su imagen al imaginario de la sociedad, aunque eso implicara pintarse con changos alrededor de la cabeza y plasmar sus rasgos más reconocibles: sus distintivos bigote y uniceja. Ninguna de las discapacidades que sufría a causa de la poliomielitis y un accidente de autobús ni sus frecuentes recaídas de dolor desalentaron a Kahlo. Para cuando murió, a la edad de 47 años en 1954, dejó un personaje público que aún está explotándose ya entrado el siglo XXI; actualmente tiene más de ochocientos mil seguidores en Instagram.
“Provoca una curiosidad insaciable en la gente; esta presentación es una oportunidad extraordinaria para ver cómo construyó su identidad”, dijo Catherine Morris, curadora sénior en el Elizabeth A. Sackler Center for Feminist Art, que organizó la exposición en el Museo Brooklyn con Lisa Small, curadora sénior de arte europeo. A continuación algunas de sus ideas.
Rutina de belleza
La exposición incluye sus productos cotidianos de belleza como el labial “Everything’s Rosy” de Revlon, 1944-54. Credit Archivos de Diego Rivera y Frida Kahlo, Banco de México, Fiduciario del Fideicomiso Museos Diego Rivera y Frida Kahlo; Javier Hinojosa vía V&A Publishing.
Ver los productos de belleza de Kahlo nos trae a la mente la idea de asombro que le inspira a un niño el tocador de su madre. “Hay un aura en la presencia de sus pertenencias que simplemente no puede experimentarse a través de los medios ni en Instagram”, comentó Morris acerca del lápiz para cejas de Kahlo, su crema facial para piel seca de Pond’s, y el labial rojo y los barnices vibrantes para uñas de Revlon, su marca favorita. “Si vemos sus imágenes, siempre tenía las manos perfectas”. Small señaló que Kahlo “arreglaba con cuidado su uniceja”, una decisión desafiante en una época en la que existían “muchos métodos de depilación. Esa ceja era significativa porque no se ajustaba a los estándares de belleza de Hollywood”.
La metamorfosis de la tehuana
Kahlo, experta en usar la moda según le conviniera, llamaba la atención a donde quiera que iba. “Incluso se vestía así para trabajar en su estudio”, dijo Small. Sus trajes típicos, inspirados en las tehuanas de Oaxaca, una sociedad matriarcal, se alejaban de los atuendos propuestos por los diseñadores parisinos y la producción masiva de ropa sin alma. La revista Vogue se dio cuenta de todo esto. Kahlo defendió las costumbres indígenas de su país al usar huipiles, rebozos y faldas largas y holgadas. También ayudaban a distraer la mirada de su pierna derecha, afectada por la poliomielitis, y de los corsés de yeso que debía usar debido a las muchas operaciones a las que se sometió después de su accidente casi mortal en un autobús. Con frecuencia se refería a sí misma como la gran disimuladora.
El cuerpo como lienzo
Frida Kahlo, “Autorretrato con collar”, 1933, óleo sobre metal. Las piedras de jade de la exposición son mesoamericanas, de su colección personal. Credit Fideicomiso Museos Diego Rivera y Frida Kahlo del Banco de México, Ciudad de México/Artists Rights Society (ARS), Nueva York; Arte del siglo XX: la Colección Jacques y Natasha Gelman y la Fundación Vergel.
Además de su atractivo femenino, la joyería tocaba en Kahlo una fibra más personal. Como sus peinados intrincados a los que añadía ornamentos y flores, sus pendientes largos y los audaces collares atraían la atención a su rostro. También eran otra manera de expresar su pasión por las artesanías mexicanas, incluyendo la joyería contemporánea de plata y los materiales como el jade, una de las piedras favoritas de los antiguos mayas. “Generalmente usaba cadenas de oro y piedras de jade mesoamericano, que agregaba a sus collares extraordinariamente voluminosos”, comentó Small.
En una galería, los curadores se dispusieron a recrear la vibra de la casa de Kahlo y Rivera. Evocaron ese espíritu en la colección permanente del Museo Brooklyn mediante muros pintados de azul rey, un exhibidor de cerámica mesoamericana, y esculturas y vasijas de piedra. Los objetos antiguos transmiten el gusto ecléctico de la pareja y la profunda apreciación por el arte y la arqueología mexicanos. “Tenían un retrato colonial al lado de una pieza precolombina junto con una máscara de gas de la década de los cuarenta”, agregó Small, quien colocó la escultura de un perro de Colima en la colección del museo, similar a las que se encuentran en la Casa Azul.
“Autorretrato con monos”, 1943, óleo sobre lienzo Credit Fideicomiso Museos Diego Rivera y Frida Kahlo del Banco de México, Ciudad de México/Artists Rights Society (ARS), Nueva York; Arte del siglo XX: la Colección Jacques y Natasha Gelman y la Fundación Vergel.
(The New York Times)

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Poesía de Amor

De “Poesía de Amor” se habla bastante por estos días cercanos a San Valentín. Se habla de ella, se busca, se lee, se regala, y hasta se escribe, en general con la misma ligereza con que se hace la lista para el supermercado, máxime en estos tiempos de mensajes livianos, cuando no groseros y chabacanos que, esto es lo peor, se asumen como lo más natural, tiempos de desvalorización y decadencia cultural. En la mayoría de los casos de quienes la piensan y la escriben solamente para la ocasión, se cae en los lugares comunes más fastidiosos, en las más trilladas frases, hasta convertir el texto en puro cliché y cursilería, casi siempre repleto de rimas forzosamente buscadas y rebuscadas (amor-dolor-color; te quiero-me muero; rosa-roja-hermosa). Una cruel agresión a una prestigiosa rama del arte, la Literatura.
Sucede que el Amor, como la Vida, como la Muerte, es uno de los temas más frecuentados en la escritura desde que el hombre escribe, dice o piensa; entonces, escribir algo sobre él que sea de interés para un público más amplio que el íntimo destinatario de esas palabras, se hace realmente difícil, lograr su trascendencia más allá de ese “tú” que conmueve las emociones del “yo” que se expresa (o se derrama en miel), se vuelve tarea solamente para expertos. Es un oficio, hay que saber hacerlo. San Valentín
En la mayoría de los casos en que se intenta de forma ocasional (por ejemplo para regalar en un 14 de febrero) crear un “poema” de amor, el resultado no debería siquiera llamarse poema; son palabras, en el mejor de los casos dispuestas en renglones (no versos, pues lejos están de ser unidades rítmicas) y únicamente válidas para la persona que los inspiró, o para guardarlos en el cajón del escritorio o debajo de la almohada, pero sin interés para terceros.
Cuando se piensa en versos de amor de Dante…
“Tanto es gentil el porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada…”
De Bécquer…
“Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…,
¡hoy creo en Dios!”
De Rafael Alberti…
“Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca…”
O de Neruda,
“Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca…”
…Y estos sólo por nombrar rápidamente unos pocos, hay que entender que no son esas palabras (que hoy podemos leer en libros o láminas para colgar en la pared, a menudo acompañadas de corazones rosados o rosas rojas), las que estos ilustres de la literatura universal enviaron, si es que alguna vez lo hicieron, a sus amadas mujeres. No, seguro que lo que enviaron no se conoce, no lo hicieron para que sea algo público. Les llegó solamente a ellas, o quedó en un cajón del escritorio o debajo de la almohada. Tuvieron claro que una cosa es escribir palabras de amor para enviar íntimamente a alguien en especial, cosa también válida por supuesto, y otra cosa distinta es hacer poesía.
Ahora bien, entre algunos de los rasgos más notorios de la poesía del siglo XX, está el de crear poemas de amor que intenten, al mismo tiempo, explicar la imposibilidad de escribir sobre él. Poemas de amor que hablan sobre el poema de amor. En ese camino hay muchos y muy buenos ejemplos de poesía auténtica y original. Se nos ocurre pensar en Ernesto Cardenal y este poema:
“Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano”.
O este:
“Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí este artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso”.
Pero vengamos más cerca, al Uruguay, a los poetas Salvador Puig (Montevideo) y Leonardo Garet (Salto), dos poetas que casualmente compartieron hace unos años el Primer Premio en Poesía otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura. Poema de amor a alguien y a su vez, en él, reflexión sobre la acción de escribir “estos versos”, es el poema titulado “Reversos”, de Puig:
“Mis huesos que envejecen.
Yo que no.
Pero la muerte es cosa de ellos.
Mis ojos que te necesitan.
Yo que no.
Pero el amor es cosa de ellos.
Mis manos que hacen gestos.
Yo que no.
Pero escriben estos versos”.
Poema de amor a alguien y a su vez, en él, la reflexión sobre la carta y el propio poema de amor, y en especial sobre las palabras que siempre “desaparecen” cuando más se las necesita para escribir sobre amor, es el poema “Circulares”, de Garet:
“ 1- Sólo una carta de amor
se lee más veces que un poema
es más intraducible que un poema
y crece en el bolsillo
hasta hacer escribir el poema.
2- Para hablar de tus ojos
preciso las palabras
que desaparecen
cuando miro tus ojos”.
Ocurre que el lenguaje ha sido, es y será siempre “rebelde y mezquino”. Ocurre que hay caminos que han sido, son y serán siempre paralelos. Amor y lenguaje no se corresponden. Sentimientos no se responden con palabras. Y en esto no habrá Santo que te salve, ni siquiera Valentín.

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Con el poeta chileno Raúl Zurita resurrección en el lenguaje, la poesía, o es extraordinaria, o no es

Ha cosechado desde el año 2000 varios premios internacionales y hoy es el vate chileno en quien se concentra la mejor tradición lírica de ese país que ha dado figuras célebres entre las que se cuentan los dos primeros premios Nobel latinoamericanos en el género, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.
El joven Zurita, estudiante de Ingeniería, fue detenido en el buque Maipo el día del Golpe de Estado de 1973. En ese contexto comenzó a escribir poesía.
El joven Zurita, estudiante de Ingeniería, fue detenido en el buque Maipo el día del Golpe de Estado de 1973. En ese contexto comenzó a escribir poesía.
En 1979 fundó el Colectivo de Acciones de Arte (CADA) junto con la escritora Diamela Eltit, el sociólogo Fernando Balcells y los artistas Juan Castillo y Lotty Rosenfeld. Su accionar resignificó la fusión entre arte y vida, iniciando la resistencia cultural contra la dictadura.zurita
En 1982 cinco aviones escribieron con humo blanco en el cielo de Nueva York quince versos suyos en 9 kilómetros de extensión. Su primera visita a Uruguay fue en 1985, cuando sus libros Purgatorio (1979) y Anteparaíso (1982) ya lo habían consagrado. En 1990, siendo agregado cultural en Roma, comenzó a manifestársele la enfermedad de Parkinson.
Participó en el Mundial de Poesía en Montevideo (2013) dando una memorable lectura, y en el contexto del FILBA (octubre, 2018) mantuvimos una generosa conversación en la que una vez más se hizo presente su carisma poético.
Imposible olvidar
—¿Aún persiste en Chile una división entre los poetas de la escritura y los performáticos? ¿Qué piensas sobre la polémica frontera entre esas vertientes?
—Son como dos ramas que se separan, y ellos se ven como muy antagónicos. Para mí son énfasis en distintos aspectos de lo mismo. Creo que no existe la poesía sonora, ni la visual, ni la performática, ni la antipoesía. La poesía tiene un único adjetivo que le cabe: es extraordinaria o no es. No tiene ninguna posibilidad de ser regular, más o menos. Por ejemplo, las performances de Laurie Anderson con su violín y sus visuales son poesía en el sentido más clásico del término. Alguien más intenta hacer algo parecido que, sin embargo, no logra ser. La poesía que existe debe tener la suficiente fuerza para ser recitada en voz alta, aunque sea un poema de dos líneas.
—En los recitales y en el disco Desiertos de amor (2011) junto a la banda González y Los Asistentes adoptas un tono más rockero que el decir intimista que te caracteriza.
—Esos poemas son del libro Zurita (2011) y los he leído siempre con ese tono. Ese trabajo los músicos lo pensaban hacer con varios poetas y les resultó conmigo, y a mí con ellos. Es una experiencia y me divierto haciéndola. Ocupo otra voz, otra forma. Adopto un personaje que se mueve con su Parkinson y que, con sus limitaciones físicas, se pone en escena. Eso es fuerte. Al hacerlo vi que era una experiencia de radicalidad, un significado de otra intensidad. Pero me cuesta separar los ámbitos, siento que hago una sola cuestión en esencia.
—La memoria es asunto medular en tu obra ¿Qué relación concibes entre historia y poesía? La historia chilena específicamente.
—El pasado no es modificable, pero no es independiente de la lectura que se haga de él. El olvido es imposible, todos somos Funes, el memorioso (Borges). Nos acordamos de todo. El olvido es el olvido, y no tiene representación. En la historia de nuestros países el olvido es imposible; hay un deber de la memoria para que alguna vez podamos descansar del recuerdo. El gran depósito de todo es la lengua; la lengua tiene una memoria mucho más amplia que el espacio que ocupa dentro de esa lengua. Nosotros interpretamos una sinfonía que nos van dejando los que hablaron antes. Hablar es interpretar una partitura de tu lengua. Al hablar estás diciendo tu historia, lo que te ha sucedido; a través del lenguaje ejecutas la partitura de la historia. De los retazos del pasado el lenguaje decide qué queda, pero el presente puede ser tan retazo como lo que sucedió cuarenta años atrás. Estamos contenidos en la historia de una lengua; una lengua que en el caso del poeta tiene voluntad propia, deseo propio. El poeta dice lo que quiere expresar, pero la lengua quiere contar lo suyo. Ese conflicto se ejerce a muerte sobre el poema. En las grandes obras triunfa el deseo del lenguaje por sobre el yo del autor. No hay otra resurrección que la resurrección en el lenguaje. Los distintos idiomas son como grandes cantos. Sin saberlo, todos están cantando un canto.
Y a través de uno hablan todos los muertos. Al nombrar tú ese cielo, otros te han precedido; ese cielo es un horizonte enorme de miradas que están diciendo “cielo”. Cualquier humano, poeta o no, al hablar está haciendo fluir un río inmemorial… tu padre, la madre, una cadena que no sucumbe en ti, y que se hace presente cuando hablas. La lengua es el gran cementerio y la gran sala-cuna. Es ingenuo pensar que se habla solo, por uno mismo.
—En tus entrevistas es reiterada la mención a ciertos pensamientos de Borges ¿piensas que cada generación está escribiendo el mismo poema?
—He mantenido una relación contradictoria con Borges. Por un lado, me parece extraordinaria su adjetivación, o el uso de la disyuntiva: “Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable”. Borges es un seductor, y yo lo opongo a Dostoievski. Es que Borges es fascinante y frívolo a la vez, eso habla de un cierto estado del mundo. Dostoievski está muriéndose, y tú estás arrastrado por tu agonía y la de él y eso para mí es más apasionante, es más seductor… (risas). La idea más borgiana que tengo es que las obras crean a los autores. Uno habla como un fantasma futuro. Uno es un fantasma en vacaciones. Era un fantasma, y volverá a ser un fantasma.
Documentos de derrota
—En una conferencia en Orihuela, dedicada al poeta Miguel Hernández, dijiste que la poesía era la nueva Casandra de este mundo…
—Es que la poesía, como Casandra, lo sabe todo pero está condenada a que nadie la escuche. Todo está contenido en el lenguaje, y no comprender es no escuchar. Es una visión trágica y al mismo tiempo es el horizonte de nuestros poemas muertos. El poeta contemporáneo va arrastrando sus poemas como bultos entre los ruidos de la mass media. Los deja en una playa y se cruza con otro que viene con su bulto. El mar los llevará a otro lugar, la marea los dejará en una playa donde tal vez otros abran esos bultos para que “renazca aquí la muerta poesía”, como se dice en el “Purgatorio” de Dante. No sé, puede ser un nuevo tiempo que otros verán o no verán. La conciencia atraviesa por la muerte de la poesía. La poesía muere con el último ser humano, por lo dicho sobre el lenguaje y porque mientras haya un solo ser desdichado en la tierra la poesía continuará siendo nuestro futuro. Es que la tarea no era el poema, la tarea era hacer del mundo una obra de arte, una obra maestra. Y lo que llamamos anticipo, los libros, son los escombros de una batalla que se sigue perdiendo.
—Me recuerda a Walter Benjamin en Tesis sobre la historia cuando dice que “el enemigo no ha cesado de vencer” y, por tanto, “no hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de la barbarie”.
—Sí…pero lo nuestro es el documento de una derrota. Yo no hubiera querido escribir esos poemas (señala su libro Inri); hubiera querido que un libro como ese no hubiera sido escrito, ese sería el más grande poema porque significaría que las cosas a las que allí refiero nunca sucedieron. Son grandes derrotas.
—En setiembre pasado tuviste un enfrentamiento con el ex ministro de cultura, Mauricio Rojas, que en los ‘70 había sido de izquierda. Dijo que el Museo de la Memoria era un montaje “desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional”. Tú pediste a los artistas no colaborar con ese Ministerio. ¿En qué consiste esa disputa por la memoria histórica?
(EL PAÍS CULTURAL)

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Ensayo: Las plataformas transforman nuestros modos de leer

“Estamos viviendo una revolución industrial de la atención”, afirma Dereck Thompson en Creadores de hits. Cómo triunfar en la era de la distracción. “La plataformas se siguen expandiendo por la economía y la competencia las lleva a encerrarse en sí mismas cada vez más”, concluye Nick Srnicek en Capitalismo de plataformas. fotocultu

La nuestra es una época, en efecto, de guerra entre plataformas tecnológicas que compiten salvajemente por captar nuestra mirada y nuestro tiempo. Y todas ellas lo hacen a través de la construcción de universos casi autónomos que persiguen el capital de nuestros gustos y nuestro ocio. Por eso es extraño que “plataforma”, una de las palabras clave de nuestro presente, no acostumbre a ir acompañada del adjetivo que en muchos casos le corresponde: cultural.

En el contexto de una economía global en que la logística y el reciclaje se han convertido en negocios multimillonarios, tiene sentido que los grandes intermediarios de la cultura también se hayan transformado en agentes económicos principales, no por casualidad Amazon comenzó vendiendo libros. Spotify, YouTube, Vimeo, Netflix, HBO, Amazon, SoundCloud, iTunes, App Store, Filmin o Storytel son algunas de las grandes marcas culturales de nuestra época. Algunas de ellas tienen incluso el poder de incipientes mitos.

Su influencia en nuestros modos de consumo cultural está siendo superlativa. Aunque se articulen como archivos de archivos (de canciones, podcasts, discos, vídeos, películas, series, libros o audiolibros) su impacto va mucho más allá de la posible producción y de la decisiva distribución. Han ido imponiendo nuevos mecanismos de lectura, como el canal, la lista de reproducción, la app, las recomendaciones, el play automático del siguiente capítulo, la superproducción cinematográfica que no se estrena en cines o el lanzamiento de toda una temporada de una serie (eliminando de paso su serialidad).

Se han convertido en auténticas estructuras curatoriales, administradas por inteligencias colectivas, tanto humanas como matemáticas. Como explica Michael Bhaskar en Curaduría. El poder de la selección en un mundo de excesos, las plataformas digitales compiten con el museo y la biblioteca como nuevas instituciones de la memoria y la circulación de la información y del arte. Y nos conminan a pensar nuevos modos de prescripción.
Y de crítica cultural, por tanto. En los cinco siglos de la Galaxia Gutenberg el autor y la obra han estado en el centro de la interpretación. Las plataformas, con su acumulación de objetos culturales, amplían brutalmente el foco. Si deseamos entenderlas en su complejidad es necesario desplazar y amplificar la mirada, para tratar de adivinar las relaciones que trazan esos ojos panópticos que procesan millones de datos tanto de los propios textos como, sobre todo, de las experiencias de recepción.

Eso es lo que se propone La búsqueda del algoritmo. Imaginación en la era de la informática, de Ed Finn, un necesario e interesantísimo primer esbozo de una futura lectura algorítmica de la realidad digital, con la convicción de que “los algoritmos invocan simultáneamente espacios computacionales, mitológicos y culturales”. Porque es inútil interpretar Google Libros o a YouTube como una nueva versión de la idea de biblioteca, si no penetramos a la vez en la psicología de sus curadores o archiveros, que son complejas fórmulas matemáticas que conectan el código con las humanidades, el arte y el entretenimiento.

“Leer Netflix como una serie de algoritmos, interfaces y discursos resulta mucho más instructivo para comprender su papel como máquina cultural que leer los productos culturales producidos por el sistema”, afirma Finn.

Su propuesta, novedosa y muy pertinente, conecta con la lectura distante o la Literatura en el laboratorio de Franco Moretti y sus equipos: tenemos que pensar menos en los objetos culturales concretos y más en los sistemas complejos en que se insertan; analizar menos a través de la calidad que decidimos a través del gusto —esa codificación sociocultural— y más a través de la cantidad y de las relaciones de toda índole que explican el aparente caos de los grandes bancos de datos y de las plataformas —arquitecturas dibujadas en código—.

¿Cómo ha cambiado esa nueva realidad nuestras formas de lectura y de ordenación de esas lecturas? A juzgar por la prensa, no ha habido cambio. Los suplementos culturales continúan proyectando la ilusión de que los libros en papel siguen siendo autónomos y centrales, mientras que dedican un espacio secundario, a menudo residual, al arte, la música, el teatro y otros lenguajes artísticos.

Las plataformas culturales nos obligan a pensar algorítmicamente, a reinventar el análisis.
Y la sección de cultura de los diarios sigue dándole a la ópera, a la poesía o a los premios y festivales de cine un espacio que no se corresponde con su impacto en la realidad. Pese a que el videojuego sea la industria del entretenimiento más importante en términos de mercado y lleve ya décadas en los museos, sigue siendo tratado (como la novela gráfica) en la sección de tendencias. Y las series siguen, okupas, en la vieja sección de “Televisión”.

La idea de biblioteca nos ha sido tradicionalmente útil para ir asimilando las nuevas formas del archivo. Pero en los últimos años la palabra “archivo”, para la mayoría de la gente, ha dejado de significar conjunto para significar unidad: de texto, de audio, de vídeo. Añadimos mecánicamente, durante siglos, el sufijo “teca” (“armario”) para que las variaciones no nos rompieran los esquemas: pinacoteca, hemeroteca, filmoteca, discoteca, mediateca; pero la palabra “plataforma” no solamente no termina en “teca”, sino que además no sigue los sistemas de clasificación y de búsqueda de la biblioteconomía y de las ciencias de la información.

“La mayoría de los consumidores son simultáneamente neofílicos (curiosos por descubrir cosas nuevas) y profundamente neofóbicos (temerosos de lo que es demasiado nuevo)”, dice Derek Thompson.
El periodismo, la crítica cultural y la academia deberán aumentar su neofilia y anestesiar su neofobia si no quieren ser condenadas al anacronismo.
Porque las plataformas culturales nos obligan a pensar algorítmicamente, a reinventar el análisis, a leer de otras maneras. Tanto si nos gusta como si no.

(The New York Times en Español)

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A 200 años de su nacimiento. Salto se prepara para homenajear a Pascual Harriague

No son pocas las personas que en Salto ya piensan en celebraciones que tendrán como centro la figura de Pascual Harriague, cuando en el mes de abril se cumplan doscientos años de su nacimiento. Entre esas personas preocupadas –y ocupadas- en el asunto, está el Centro Vasco. Como bien se ha dicho alguna vez, “este pionero contribuyó con su trabajo y tesón, como el mejor vasco, a forjar la grandeza de nuestro querido terruño”.

“El Padre de la Vitivinicultura en Uruguay”, como se lo ha llamado a veces, nació en Francia, más precisamente en Hasparren, Labourde, el 17 de abril de 1819. Llegó a nuestro país en 1838 y se instaló en Salto dos años después. Luego de realizar otras actividades, comenzó las plantaciones de viñas en los alrededores de Salto, sobre todo en la zona de “La Caballada”. Fue un exitoso en la elaboración, con fuerte trascendencia y admiración nacional e Pascual Harriagueinternacional, de vino tinto, blanco, seco, Borsac dulce y cognac, entre otros tipos., Salto le rinde permanente tributo al contar con una avenida que lleva su nombre. Es la que nace en la Costanera Sur Tomás Berreta, significativamente junto al frigorífico “La Caballada” (allí además se desempeñó de joven como mayordomo), y se extiende en dirección Oeste hasta finalizar, después de larga y curvada trayectoria, en Avenida Manuel Oribe.
Pascual Harriague falleció en su tierra natal, también en abril, en el año 1894.
Las actividades a realizarse en abril aquí en Salto, según hemos podido saber, serán varias, y variadas. Aún faltan días por transcurrir. Esperemos.
A propósito de nota publicada en esta página el pasado jueves…
Nota en la que, además de transcribir algunos poemas de autores salteños contemporáneos incluidos recientemente en publicaciones extranjeras, reflexionábamos (citando un apunte que nos hiciera llegar el Prof. Albarado), sobre la llamativa “ausencia de Salto” en esos textos, así como en una gran mayoría de autores salteños de los últimos años. Lo que sigue lo escribió, a propósito de dicha nota, el escritor Jorge Menoni, desde Holanda: “Revista Amsterdam Sur. Gracias Diario El Pueblo por la difusión de nuestra revista y muy interesante la acotación del amigo Jorge Pignataro sobre valores locales que trascienden hacia lo universal. Creo que la repuesta a esta excelente y certera acotación gire en torno a una frase atribuida a Tolstói «Pinta tu aldea y pintarás el mundo», muy cierta por supuesto pero también creo que por otro lado la poesía construye otro mundo imaginario ficticio en donde lo local ya está incluido en lo universal y con esto volvemos a que «un grano de arena incluye el mundo y el mundo esta contenido en un grano de arena».

Recordando a Ricardo Prieto
El pasado viernes hubiese cumplido 76 años Ricardo Prieto. Un muy buen poeta y narrador y, sin dudas, uno de los mejores dramaturgos uruguayos. Escribió más de treinta piezas para teatro, además de haber publicado un importante conjunto de libros de cuentos, de poemas y novelas. Había nacido en Montevideo el 8 de febrero de 1943 y falleció, también en la capital, el 2 de noviembre de 2008. De él, y de su obra, nos hemos ocupado en esta página en reiteradas ocasiones. Hoy lo recordamos con este poema suyo:
JUEGOS PARA NO MORIR
Lo fantasmal del eje
donde giro
suele a veces
hacerme una pregunta:
quién eres tú
-me dice-
bastardo azul de polvo
para soñar erguido
con la carne de Dios.
Y surcan puras, hondas
mis manos como naves
toda la piel del mundo.
Así engaño a mi amor.

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Ensayo sobre el arte de traducir. Los puntos ciegos en la traducción, un libro especialmente atractivo para el mundo académico

(EL PAÍS CULTURAL)

El trabajo del traductor, su invisibilidad, los criterios, las opciones, los puntos ciegos en que caen las palabras al cruzar de una lengua a otra, ocupan el centro de las reflexiones de Eliane Hareau y Lil Sclavo en un libro que reúne sus trabajos en foros y congresos. Ambas cuentan con trayectoria académica y profesional, y parten de las concepciones del filósofo francés Antoine Berman para profundizar en una actividad que expande su campo teórico a destiempo de la desatención de la industria editorial sobre el valor intelectual de la mayoría de sus productos.
El mundo de la traducción, sin embargo, la complejidad de sus operaciones, ha fotocultu2convocado el interés de Eugenio Coseriu, Jacques Lacan, Paul Ricoeur y A. Rodríguez Monroy, entre otros, bajo el reconocimiento de que el traslado de los significados y las formas entre los idiomas pone en juego factores culturales, éticos y subjetivos cuya relevancia ha sido ignorada. Las autoras registran el dominio de una tradición francesa que no dudan en calificar de anexionista, por la actitud de borrar las huellas de la alteridad en la incorporación de los signos extranjeros a su lengua, y una tradición alemana que se distingue por la hospitalidad de recibir y preservar las diferencias. Conciben la traducción como una reescritura con todos los derechos de interpretación que habiliten la finalidad del trabajo, y no dudan en reclamar una crítica de la traducción y un espacio en las páginas preliminares de los libros para explicitar los criterios con que ha trabajado el traductor.
Nacidos del mundo académico, los trabajos reiteran temas, citas, referencias, y si expanden en forma espiralada un rico abanico de problemas, a menudo dan por evidencias lo que apenas son premisas, con un énfasis militante que convoca a la discusión. A los tópicos más generales suman apartados específicos, como los problemas de traducción de Rayuela al francés, o la historia y análisis de las sucesivas traducciones del Ulises de James Joyce al español, desde la presentación de las últimas páginas de la novela por Jorge Luis Borges en la revista Proa (1925), pasando por la traducción completa de José Salas Subirat, la de Valverde, la de García Tortosa y Venegas, y finalmente la de Zabaloy. No se comenta la última traducción del argentino Rolando Costa Picazo.
Es un libro especialmente atractivo para el mundo académico pero ajeno a los públicos no familiarizados con el arte de seguir la piedra detrás de los muros del idioma.

EL TRADUCTOR, ARTÍFICE REFLEXIVO, de Eliane Hareau/Lil Sclavo. Edición de autor, 2018. Montevideo, 279 págs.

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La promesa de lo nuevo en poesía, no confundir lo nuevo con lo último

Reflexiones sobre la ejecución poética

Se confunde lo nuevo con lo último. Lo último, querida, es lo último —muerte y vida Severina querida-reencarnación—aunque parece que aquí hay ciclos: una tentativa y otra y otra hasta que empaten el alma con el alma y pueda la misma entrar en la nada, o algo así—. Poesía no: la poesía no es una obligación humana. Es una posibilidad —su núcleo activo esconde una imposibilidad, eso que atrae—.

La duda estriba —especie de Don Juan con caballo preparado en el jardín que escapa a los ojos del rey, por lo pronto salta del balcón— en si la poesía acarrea un afuera hacia adentro o un adentro hacia afuera. foto cultu
El poeta de hoy —¿quién será, quién será?— escucha y escribe, el de ayer escribe y escribe. Entre el de hoy y el de ayer el de hoy habla más, no en el sentido de charla aguachirle: en el sentido de que está más cerca del habla. Uno está parado mirando el mar cuando anochece —se supone que hay un mar como en Fernando Pessoa— uno está con los medios pies mojados y con los talones húmedos y entre murmullos y murmullos de sirenas antiguas ya ahogadas para que creciera Ulises, el siempre adolescente, y se anime a ser el pícaro burgués más adelante, sentado a los pies del perro que está echado a los pies de la lámpara —lámpara del burgués que me alumbraste tanto mientras la fábrica industrial devora vivas mujeres preñadas, niños y viejos para que la modernidad cuaje— y siente el cosquilleo del habla a los pies.
Cuántos gallos sacrificados para que el destilado de esa cresta llegara a unos dedos no sé. Pero se parece a las vísceras abiertas de aves sobre la piedra para que una histérica supiera si se casaba o no con ese o con aquél, más cercano a ella en el tiempo. Yo tengo dos obligaciones: una, la de maravillarme cuando veo el búnker de piedra tipo antiguo centro ceremonial que se mandó levantar Diego Rivera para durar más que el Durar de Juan Carlos Macedo que no negoció con nadie. Rivera sí, con Dolores Olmedo, que tenía el dinero, el eterno miedo de Occidente.
Lo segundo es vestirme el traje intelectual y hacer pedazos el edificio, el pintor y el culto a la personalidad que se arrastra como reguero de pólvora desde Amenofis IV hasta Emanuel Macron, pasando por Mujica, Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador.
Porque lo nuevo, querida, es la promesa de lo nuevo, lo que hace activo a un poeta más que su huevo de Colón o laureles de yema que le hacen de almohada para el sueño.

(EL PAÍS CULTURAL)

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Poemas de salteños por el mundo

Lo que sigue es una pequeñísima muestra de poemas de autores salteños que en los últimos meses han sido incluidos en publicaciones extranjeras. Son publicaciones, como la revista Ámsterdam Sur (de la que hemos extraído algo de lo que hoy presentamos), que contribuyen al conocimiento y la difusión de autores y obras que de otra forma difícilmente pudieran “expandirse” más allá del país o la región. Vale puntualizar que entre los autores que seleccionamos hoy, a excepción de Alberto Prósper (fallecido, muy joven, hace casi dos años), el resto aún vive; y que a excepción de Germán Milich (radicado en Brasil), los demás viven en nuestro país. Al leerlos, se aprecia que Salto (ya sea como protagonista o como “telón de fondo”) no aparece. Una forma quizás de ganar universalidad. La poesía, en definitiva, como idioma universal que es, siempre borra las líneas de la geografía. Sin embargo, y dicho como mera curiosidad (no como crítica), es bueno pensar en la observación que días pasados nos transmitía el profesor salteño (radicado en Montevideo) Juan Carlos Albarado, quien nos hacía notar que la “ausencia” de Salto en los textos es algo que: “…me llama mucho la atención y que noté hace un par de años como característica quizás de la mayoría de los escritores salteños…”. Para Albarado, “esa presencia (que no se está dando) me parece muy importante pues ¿de qué otra forma se construye una idea de ciudad sino a través de lo que se dice de ella?”.Alberto Prósper

SIN NADIE
(de: Carmen Isabel Molinas Bonilla)
Vengo desorientada,
clavo mis tacos en las veredas pálidas,
esquivo pozos donde podría quedarme
y decidirme a no regresar nunca.
Un revuelo de cintas anuncia el mediodía
y el sol esquiva nubes para brindar sus flechas.
Estoy como soñando, camino entre paredes
con las puertas abiertas y ventanas oblicuas.
Me miran desde lejos, me observan desde cerca
y yo no me acostumbro a renegar con ellas.
Estas horas del medio,
que devoran mi sombra,
aumentan mi añoranza de tener compañía.
ECLIPSE
(de: Germán Milich Escanellas)
Ayer hubo en el cielo
un des alineamiento
de dos estrellas
que se gravitaban.
Testigos afirman
que a todos los astrónomos
les corrió un aire frío
por la espalda.
Según observaciones
una de las estrellas
parecía decir
mi urgencia
es olvidarla.
La estela de los astros
al contacto con la tierra
provocó tormentas;
en algunas localidades
hubo precipitaciones
y sólo unas pocas mariposas
se murieron de pena.
La luna,
bueno, la luna
mejor ni la mencionemos;
continúa mirándonos
desde el fondo del olvido
sabe que somos hechos
de paraísos perdidos.

CAMBIO DE AIRE
(de: Daniel Abelenda Bonnet)
Este poema, botella al mar,
no podrá, lo sabemos,
alterar nuestras vidas:
dos cursos inciertos
navegando en un mar agitado.
Este poema, acaso,
sólo pueda cambiar
el aire a tu alrededor,
darle sentido a tu sonrisa
-cuando cueste ya sonreír-
y el mundo empiece
a perder su magia.

LIBRETA DE APUNTES III
(de: Alberto Prósper)

Mis libros no están aquí
y mi memoria los desdibuja
Podría ir hasta ellos pero el depósito
ahora es un taller y las manos que trabajan en un invento
no me pertenecen
Sigo comprando libros a algunos los leo como a los horóscopos
hechos por un conocedor de los diarios que los va cambiando
con las estaciones, los meses y los años
día a día
diciendo lo mismo

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Un salto febril entre la aflicción y la sabiduría, la escritura como vehículo para cicatrizar heridas

Una novela del salteño Juan Andrés Ferreira Hackembruch

Casi dieciséis años pasaron entre un cuento que fue la semilla de Mil de fiebre y la publicación de esta novela, un relato de seiscientas cincuenta y dos páginas que se lee con la agilidad del mejor bestseller pero que carece de los trucos narrativos de ese género. Los protagonistas son dos salteños: Werner Gómez, de veintinueve años y aspirante a escritor estrella, y el periodista Luis Bruno, que ronda los cuarenta. Y si hay un adjetivo en común para esas vidas que Juan Andrés Ferreira va narrando en paralelo, es el de torturadas. O, más bien, autotorturadas.
Coprofilia y psicofármacos.
El devenir de ambos fascina casi desde el principio. En el caso de Werner por la energía y trabajo que aplica a sus ínfulas de gran escritor, y en el caso de Luis por el horrible camino que recorre cuando su depresión lo lleva al abandono absoluto y a sucesivas internaciones psiquiátricas. A partir de esas primeras decenas de páginas lo que sigue es, básicamente, la vida de los dos personajes durante mucho tiempo. Más allá de que sean salteños, ambos podrían tener algo de su autor, quien mientras la fue escribiendo era, ante ojos ajenos, un periodista que había escrito algunos relatos y una historieta, pero que también escondía una obra inédita.juan andres ferreira
A diferencia de lo que ocurre con Werner, la novela de Ferreira tuvo impacto en la prensa y entre los críticos, quienes la han visto como toda una revelación literaria e incluso como firme candidata a ser considerada como una de las mejores que se han publicado en Uruguay en esta década. A diferencia de Werner, el autor de Mil de fiebre nunca pretendió ser un enfant terrible ni necesitó despotricar en Internet contra el ambiente literario y cultural. Al igual que Luis, Ferreira ha pasado por varias redacciones de medios de prensa escrita (incluso algún personaje se inspira en periodistas veteranos que conoció).
En una entrevista para el semanario Búsqueda, Ferreira contó cómo investigó para construir ambos personajes. Leyó y miró materiales sobre coprofilia y también indagó en infinidad de psicofármacos y tratamientos psiquiátricos. En ese sentido, la novela abunda en detalles. La experiencia de leer todo lo que atraviesan Luis y Werner, cada uno por separado, es por momentos dura pero de algún modo se hace irresistible porque la agilidad de la prosa, cierto sarcasmo y sentido del humor delicadamente ubicados mantienen atento al lector. Uno no pasa las páginas a la misma velocidad que lleva un libro de John Grisham porque necesita saber quién conspira contra quién o cómo se resuelve una intriga. No. Lo hace por las mismas vivencias de los pobres protagonistas y los estilos que el autor adopta para contarlas. Sin trampas narrativas, el recurso y el gran gancho de la historia es el modo detallado en que Ferreira cuenta cómo ambos llegan al extremo de todo, caen y se vuelven a parar una y otra vez.
La extensión del libro permite acompañarlos casi paso a paso, sin distancia entre lo que ellos piensan y hacen y lo que pueda pensar el lector. Al no haber respiro tampoco hay tregua y por eso Luis y Werner continúan con el lector entre lectura y lectura, salvo que se logre la proeza de terminar el libro de un solo tirón. Este último caso sería poco recomendable, ya que, a pesar del ritmo que impone la novela, se hace necesario descansar y respirar para ir digiriendo la historia con cierta perspectiva. Ahí, por ejemplo, se entenderá que el miedo que Werner tiene de que le dé una fiebre de mil grados si no puede escribir (o sea, si tiene que trabajar como cualquier persona) es injustificado ya que tal vez vive con mil de fiebre y que eso le lleva a perder quién sabe cuántas horas despotricando en su blog, en lugar de escribir y dejar atrás toda esa paranoia. O se entenderá también que, a pesar de todo, Luis no deja de vincularse con gente que lo mantiene cerca del infierno en el que se metió.
Los dos grandes escenarios de la novela son las ciudades de Salto y Montevideo, pero se trata de un Uruguay algo fantástico o alternativo. Es un país en el que existen un diario llamado El Día, que no es el fundado por Batlle y Ordóñez, y un Salto con una vida cultural cosmopolita que parece Buenos Aires. Es un país en el que hay una exitosa sitcom nacional llamada “Mi familia es un quilombo”. Los personajes pueden beber una ficticia Coca Cola White, un té de huevo rojo con ácido fólico, comer alfajores de membrillo con uva o platos con quinoa y cereales fortificados. Cada tanto, muy escasamente, aparece algún apunte que se corresponden con el mundo real, como en una ocasión en que comen empanadas y en otra en que se menciona a los diarios El País y El Observador. Pero la tónica es que viven en este Uruguay ficticio en el que muchas ingestas parecen inapropiadamente cool para la torpeza y decadencia de los protagonistas.
Escribir como experiencia física.
Mil de fiebre es fruto de un largo proceso de pulido y depuración y también de una notoria búsqueda de recursos, ya que el autor no duda en intercalar con buen tino narración en distintos tonos con entradas de blogs, un informe médico, chats, un par de cuentos de Werner (gran acierto sarcástico) e incluso un intento de libreto teatral. El manuscrito de la novela llegó a tener novecientas páginas e incluía los dibujos que hace uno de los personajes, cosa que se fue perdiendo con las sucesivas revisiones hasta que llegó a la extensión con la que fue publicado. Ese larguísimo proceso llevó a que los personajes crecieran junto con su autor, quien ha dicho que le gusta la literatura como experiencia física. De modo que no es solo física para el lector, que debe sostener en sus manos un volumen de dimensiones atípicas para la literatura uruguaya reciente, sino que lo fue para él si se toman en cuenta esos dieciséis años de trabajo y crecimiento.
No parece casual, entonces, que la ilustración de portada sea una representación de Mahakala, una entidad del budismo tibetano que, en palabras del autor, representa la capacidad de transmutación. La corona de cinco cráneos que lleva esta entidad simboliza cinco aflicciones que serán convertidas, por su obra, en sabidurías. Mahakala ahuyenta la ira, el miedo, el orgullo y la envidia, características que se corresponden bastante con el lastre que arrastra Werner. Si bien no se trata de una novela budista, hay algunas alusiones a eso y, tras entender la imagen de la tapa es inevitable pensar que un encuentro con Mahakala le vendría bien a los protagonistas. Pero hay una segunda lectura y es que esa ilustración es, en la ficción, también la tapa del disco “Mil de fiebre”, de una banda salteña.
La contratapa del libro dice que es una novela urgente. Es un adjetivo errado, porque urgente podría ser la lectura de un libro de autoayuda realmente efectivo o de uno periodístico que revele alguna trama de corrupción que tenga efecto aquí y ahora. Lo que se puede decir, si, es que lleva a una lectura veloz. Es una hemorragia de palabras que el autor deja salir como si fuese una herida que cicatrizó solo cuando llegó el punto final. En el caso del lector, toda esa verborragia se mantiene en ebullición tiempo después de haber llegado a la última página.
MIL DE FIEBRE, de Juan Andrés Ferreira. Literatura Random House, 2018. Montevideo, 652 págs. Distribuye Penguin Random House.
(EL PAÍS CULTURAL)

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Venecia y un raro homenaje a sus esclavos negros, inmersión en la historia a partir de una crónica de viaje

Remontar los callejones de Venecia contra la mirada de turistas es tan agobiante como encontrarse en medio del borbollón de clientes de una gran liquidación. Cada vez que intento evitar la multitud y hacer un rodeo para llegar a la Basílica de Santa Maria dei Frari me pierdo por estrechos callejones que me alejan de mi objetivo. Y es muy difícil ubicarse en este laberinto. En el plano que me dieron en la oficina de información turística luego de hacer una cola de quince minutos solo figuran las calles más importantes y no los callejones que solo los venecianos conocen. fotocultu

Santa Maria dei Frari

Finalmente, después de caminar en dirección contraria o dar rodeos inútiles durante mucho rato, el anciano dueño de una diminuta librería de antigüedades de la Calle Dandolo me aconseja que lo mejor es confiar en las indicaciones de mi plano esquemático, resignarme a volver a las vías principales y mezclarme con paciencia en la corriente torpe de turistas que avanza lentamente hacia la mesa de los saldos donde se encuentran la Plaza de San Pedro o el Palazzo Ducale.

Voy a Santa Maria dei Frari a ver La Asunción de la Virgen, pero cuando al fin logro llegar y recorrer la iglesia casi desierta (la mayoría de los turistas prefiere sentarse en las costosas terrazas de los cafés, hacer recorridos en góndola falsamente románticos o comprar souvenirs de La Serenissima fabricados en China), más que el retablo de Tiziano, lo que realmente atrae mi atención es un monumento fúnebre colosal dedicado a Giovanni Pesaro, Doge (o Dux, autoridad máxima) de Venecia entre 1658 y 1659, que se alza alrededor de una pequeña puerta lateral. Sobre pedestales de mármol negro y rojo profusamente ornamentados, esculpidos con cabezas de leones unidas por festones, se levantan cuatro esclavos negros gigantescos. Entre ellos hay dos nichos, y en cada uno, un esqueleto negro que presenta una larga inscripción grabada en letras de oro sobre mármol blanco. Los esclavos sostienen sobre sus hombros algo así como sacos de harina, y sobre ellos un entablamento adornado con metopas y triglifos. Sobre el entablamento, cuatro columnas de mármol negro soportan un dosel de mármoles rojos que imitan una tela de brocado. En un trono sostenido por monstruos, entre las alegorías Religión y Valor a su izquierda, y Concordia y Justicia a su derecha, está sentado el mismo Doge en la actitud de arrebatar a la multitud con algún discurso. A sus pies, sobre el dintel de la izquierda, un genio cuida el arco, dos mujeres presentan coronas y otra el libro de la ley. En el segundo orden de la entabladura, seis angelotes (putti) sostienen el arquitrabe, y en la parte superior del monumento otros dos muestran el escudo de armas de Pesaro. De unos 24 metros de altura por 12 de ancho, es uno de los monumentos barrocos más feos que he visto en mi vida. Tan pretencioso y tan vulgar que despierta de inmediato mi curiosidad.
Lo más remarcable son los cuatro esclavos negros. Tanto el realismo como el dramatismo de su realización configuran un enorme contraste de estilo y calidad contra toda la basura barroca rimbombante que los rodea. Descalzos, con sus vestiduras desgarradas, sus cabezas dobladas por el peso, cada rostro expresa no solo el gran esfuerzo, sino también el sufrimiento de sostener el resto del monumento o la estructura del poder, según como se lo vea.

A diferencia de las demás obras que decoran una de las iglesias más grandes de Venecia, no se muestran sobre ésta muchos datos, solo un cartel que dice que está dedicada a Pesaro, que fue construida en 1669, y donde figuran como autores Baldassarre Longhena (1598-1682) y Melchiorre Barthel (1625-1672).

Dos días después, y por casualidad, paso frente a la librería de la Calle Dandolo y me detengo a observar su vidriera diminuta, atestada de mapas y de libros antiguos. A juzgar por las telarañas, el polvo y la ausencia de clientes, no parece un negocio floreciente. Cuando estoy a punto de continuar mi camino se asoma a la puerta el anciano librero. Es un hombre pequeño y demacrado que viste un traje gris gastado por decenios de uso y una graciosa moña roja con pintas azules. Detrás de unos lentes cuadrados sus ojos se parecen a un cielo neblinoso donde se asoma el sol. Me pregunta si al fin encontré Santa Maria dei Frari. Sorprendido por su aparición y su memoria, el enigma del monumento dedicado a Pesaro se catapulta de nuevo sobre mí y me lanzo en mi torpe italiano a hacerle las preguntas que me he hecho a mí mismo desde hace dos días. El anciano no responde. Me devuelve en cambio una lejanísima sonrisa, se presenta como Ambrogio Dal Corso y me invita a acompañarlo al interior del local.

Un trepador ambicioso

Luego de guiarme por un estrecho laberinto de libros desgarrados y pilas de periódicos amarillentos que me pide por favor no pisar, de mostrarme algunos de los tesoros que aún conserva (entre otros un tratado de teología del siglo XV impreso con tipos de madera e iluminado en oro) y de contarme que está en quiebra y a punto de cerrar para siempre una librería que inició su abuelo y heredó de su padre, más que invitarme me compele a sentarme en un sillón verde que se encuentra incrustado como un nicho entre estantes de libros. Me dice que es mejor que no me mueva de mi sitio porque podría tirar los libros. Confinado en esa especie de agujero veo a Ambrogio encender un hornillo a gas situado detrás de su escritorio y preparar café mientras yo me pregunto cómo ha hecho para burlar la inspección de los bomberos.

Sin consultarme pone tres cucharadas de azúcar en cada uno de los pocillos. Cuando intento incorporarme para tomar mi espresso levanta una mano y me detiene con severidad. Luego me alcanza mi café y va a tomar el suyo en su butaca, detrás del escritorio. Saca de una gaveta un largo habano cuya punta recorta con un pequeño cortaplumas. Mientras bebo ese almíbar amargo dice que hay que tener en cuenta que el Doge dejó la enorme suma de 12.000 ducados para la construcción del monumento… Esboza una sonrisa irónica, enciende su cigarro y suelta una gran nube de humo. Agrega que estamos en Venecia, y que allí el dinero, para bien o para mal, lo explica todo. Es cierto que Longhena fue uno de los arquitectos más importantes del barroco veneciano. Estuvo muy influido por Jacopo Sansovino y por Andrea Palladio, fue un artífice de la suntuosidad y los efectos dramáticos del claroscuro. De seguro ya he visto su obra maestra, la basílica Santa Maria della Salute. Que Longhena estuviera metido en ese “kitsch” barroco no le parece especialmente raro. A pesar de su fama, Longhena no era un tipo con mayores escrúpulos y a los 70 años solo tenía que poner su firma y embolsarse el dinero. Aunque se le adjudique a él el diseño de ese monumento, Ambrogio cree que lo único que hizo fue aceptar las precisas instrucciones que el Doge dejó asentadas en su testamento. Después de todo, dice sonriendo con sarcasmo, el mal gusto de la obra representa muy bien a Pesaro.

Afirma que el Doge era un trepador muy ambicioso. Provenía de una familia rica y se metió muy temprano en política. A pesar de obtener muchos cargos honorables, su reputación estuvo lejos de ser intachable.
En 1642, cuando comandaba la guarnición de Pontelagoscuro, abandonó su puesto y salió despavorido al acercarse el enemigo. Años después estuvo implicado en un escándalo por malversación de fondos oficiales. También utilizó sus cargos públicos para apropiarse de tierras y acrecentar aún más su fortuna.

(EL PAÍS CULTURAL)

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Apuntes de la semana

Este 2019 ya nos abre las puertas de su segundo mes. Si de propuestas artísticas y movimiento cultural en general hablamos, es evidente que vivimos días en los que todo decae. Pero, igualmente, ocurren cosas, algunas que se conocen y otras no tanto. Lo que sigue es un brevísimo resumen de reflexiones que nos han surgido esta semana y queremos compartir.

UNO
Por los distintos barrios empieza a crecer el sonido de lonjas y voces murgueras. Los ensayos para Carnaval se acentúan. Se trata de la fiesta que viene a romper con una quietud en el campo artístico cultural a la que, en esta parte del año y por estos lares, ya estamos acostumbrados. El desfile de Llamadas, el corso tradicional, el concurso de murgas, algún que otro tablado por clubes y esquinas de barrio… todo eso ya se siente, está ahí nomás… Ahora bien, ¿habrá algún año en que no haya conflictos, o roces al menos, entre quienes participan del Carnaval y las autoridades? El problema siempre parece ser lo económico, el reclamo de apoyo de los actores de Carnaval al que las autoridades no siempre están dispuestas.

DOS
A propósito, y seguramente para despertar o avivar el debate acerca de lo auténticamente artístico, nos vinieron a la mente estas palabras de Enrique Amorim: “Esas cosas (se refería a la cabeza de Quiroga tallada por Erzia) todavía no se pagan, no se pagarán mientras no se reconozca el valor del trabajo artístico y se siga dando premios a las comparsas de carnaval…”.CARNAVAL

TRES
Pero pasó enero y sin embargo ocurrieron cosas. El Festival de Cine de Fantasía y Terror, “Nox Film Fest”, organizado por Salomón Reyes en el Parque Solari (aunque en esta edición tuvo cambios porque el tiempo no acompañó del todo) cumplió una vez más con llenar el vacío de actividades propio del primer mes del año. Y tuvo gran nivel. Es algo que se va imponiendo, gana adeptos y aceptación general en nuestra sociedad, se va institucionalizando poco a poco y es bueno que así sea.

CUATRO
Hace algún tiempo hablábamos de los magníficos espacios abiertos con que cuenta Salto y lo beneficioso que sería, para todos, convertirlos en escenarios de actividades artísticas en los días de verano. De alguna manera, algo se hace: los conciertos musicales que organiza la Intendencia son una buena idea, hace algunos días la presentación de la Banda Departamental en Plaza Roosevelt fue un éxito. Queda aún mucho por hacer. Pensamos en los patios de todos los museos y en el hermoso patio de la Biblioteca Departamental, el que da hacia la calle 25 de Agosto, ¡qué bueno que nos acostumbráramos a que enero es el mes en que ese patio cobra vida al recibir música, teatro, danzas, etc.

CINCO
El que este año se salió del cronograma habitual de actividades es el “Grupo Coral Armonía”, conformado por veinticinco coreutas y dirigido por la profesora Beatriz Harreguy. Es en marzo cuando habitualmente comienzan sus ensayos, pero por estos días ya vienen ensayando y a gran ritmo. Ocurre que en mayo se van a Europa (con la incorporación de personas integrantes de otros coros del medio), donde recorrerán varias ciudades y ya tienen confirmadas al menos cuatro presentaciones (en Roma, en Asís, en Pisa y en Venecia). Hay que prepararse, ajustar detalles, ensayar mucho, el tiempo vuela y no se lo puede perder. La gente del “Armonía” lo tiene claro, sabe que 2019 es el año en que cumplirán un sueño y en eso están…

SEIS
Se piensa que el Parque Solari sea el espacio donde este mes de febrero se desarrollen cursos de algunos de los talleres artísticos que durante todo el año imparte del Departamento de Cultura de la Intendencia. Restauración y Pintura Decorativa, a cargo de la profesora Betania de Souza, es una de las propuestas. En ese marco, serán restauradas algunas piezas del propio Parque, obras de enorme valor artístico, como la Venus. Ojalá que todo salga como se lo viene planificando. Es una buena idea.

SIETE
El pasado jueves 31 fue el cumpleaños de Myriam Albisu. Maestra, profesora, poetisa. “Cabitos de Naranjo”, “Palabras en cubierta”, son algunas de sus publicaciones, además de las páginas en muchos libros colectivos, antologías, etc., en los que ha participado. El último fue “Cuentos y Poemas de Salto”, presentado en mayo del año pasado. También ha incursionado en la música y en la pintura. En el ámbito de la Danza, la suya es una personalidad insoslayable. Para varias generaciones de bailarines ha sido y es una referencia fundamental. Siempre dispuesta a ayudar donde se la necesite, siempre comprometida con causas culturales y sociales importantes para Salto: Casa de Salto, Asociación Marosa di Giorgio, Comisión Honoraria de Casa Quiroga, y tanto más. ¿No es Myriam Albisu una Ciudadana Ilustre de Salto? Claro que lo es.

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Entrevista al escritor cubano Carlos Manuel Álvarez: Cuba redujo el marxismo a instrumento político

La isla del conejo que corre con libros en la mano

(EL PAÍS CULTURAL)
Como sus personajes, prefiere situarse en la perplejidad y no en las certezas. El cubano Carlos Manuel Álvarez evita las simplificaciones binarias. Se levanta una de las mangas de la camisa y le muestra a su editora el tatuaje de un conejo que corre con un libro en la mano.
Reproduce la imagen de la portada de La tarde de los sucesos definitivos, el primer libro de Álvarez publicado fuera de Cuba. Hoy es una de las estrellas ascendentes de la nueva narrativa latinoamericana, pero en 2015, cuando la editorial montevideana Criatura lo sumó a su catálogo, era un desconocido. El de 2018 es su primer viaje a Uruguay. De hablar pausado y amabilidad anticuada, parece que tuviera dos largas orejas peinadas hacia atrás, pero es sólo su mirada, expectante. En estos tres años le han pasado muchas cosas y semeja esperar con resignación que a cada momento le suceda algo nuevo. Alerta, pero sereno. Como cronista es una firma habitual en The New York Times y uno de los animadores principales de la web El Estornudo, premiado proyecto de periodismo independiente. Como narrador de ficción fue culturaelegido en 2017 una de las mejores 39 plumas menores de 40 años. Nacido en Cuba el mismo año de la caída del muro de Berlín, vive actualmente en México. Pero no quiere ser encasillado en la lógica binaria de las pasiones políticas que despierta la isla. Tampoco en una tercera posición. Prefiere estar algo descentrado, como esa frase del Quijote que le gusta citar: “libros que propongan algo y que no concluyan nada”. Desde ahí, generar perplejidades. Como el conejo, que muchos piensan roedor y en realidad es un extraño tipo de mamífero.
—¿Soñás con Cuba?
—Tengo sueños que transcurren en Cuba. Son sueños siempre de la despedida de algo, que sospecho que tienen más que ver con la despedida de una edad, que es la edad que yo tuve en Cuba. La despedida de la juventud. Son sueños que corresponden a una edad en la que uno se va dando cuenta que irremediablemente ya va a ser el que es. Que eso es lo que significaría la adultez. Cómo se empiezan a clausurar todas las otras posibilidades que pudieron ser y ya no serán. Esos otros caminos extintos quedaron en Cuba, y eso es lo que sueño. La clausura de un tiempo específico.
—Cuando te preguntan por tu olor preferido mencionás el olor del pelo de tu madre.
—Es una de esa serie de cosas que hace que uno empiece a ser consciente de la finitud de los otros. El olor del pelo de mi madre, dentro de un tiempo, no va a estar más, pero a la vez es algo que ya no está, porque ya no estoy cerca de ella. Tu adultez es el principio de la muerte de tus mayores, ¿no? Aunque para mí es fundamental la amistad más que la familia. Soy genuinamente gregario, necesito grupos, pero al mismo tiempo los requisitos para esos grupos son cada vez más exigentes. Es muy difícil que las cosas vitales, radiantes, que incineran, que alguien tiene a los 18 o 20 años, sobrevivan luego en las personas que vas a encontrar a los 30, o que sobrevivan en ti. Es algo que uno puede asociar con la nostalgia pero es un sentimiento que me interesa complejizar. Decir nostalgia es reducirlo. Siento que el lenguaje no está llenando ahí todo aquello a lo que yo me estoy refiriendo. Hay un componente, claro, de pérdida y de luto íntimo, pero que no se puede reducir solo a nostalgia. Creo que de esos sitios y de esa edad también hay que escapar.
—Como la chilena de uno de tus cuentos.
—Exactamente. Como ella y como varios personajes de mis crónicas. Esos momentos de fuga a mí me interesan. Intentar perpetuar momentos y edades, vivir a destiempo, intentar salvar algo que no puede salvarse por sí mismo, me parece más reaccionario que huir de esos sitios, que es algo que me parece que hice porque un poco ya no te queda más remedio. Las situaciones más edificantes y más provechosas en las que he estado son aquellas en las que soy un sujeto activo pero a la vez siento que me estoy dejando ir. Que el contexto es independiente de mí, donde yo no tendría que hacer esfuerzos para alcanzar determinada armonía, determinado calor, determinada belleza. Pero se acaba. Se acaba en Cuba y se acaba en cualquier parte. Lo que pasa con el tema cubano, cuando yo me enfrento a tener que explicarlo, es que la pérdida se suele ubicar siempre en términos geográficos o políticos, y a mí me interesa más la pérdida del tiempo vital de una persona, la del paso que va de la primera juventud a la adultez. Es una pérdida que sospecho que me hubiera pasado en Cuba, en Uruguay, en Europa o en cualquier lugar.
—En una crónica-editorial del sitio web que co fundaste, El Estornudo, escribiste: “muchas veces no nos han entendido porque nos han querido encasillar en esa lógica binaria de a favor, en contra o tercera posición”.
—Es que para no reconocerte en una estructura no tendrías que combatirla, tendrías que negarla. Si tú crees que una estructura propone una idea de la realidad que es completamente errada, reducida y simplista, pero tú luego te posicionas en función de esa estructura, la sigues legitimando. Lo que nos interesa a nosotros es apelar a conflictos y motivaciones que escapen, que sean mucho más escurridizos para el marco siempre cerrado de esta explicación estrictamente política de las cosas.
—Aunque las etiquetas sean siempre una limitante, ¿la crónica, el periodismo narrativo, es el tono que te permite hacer ese abordaje?
—La crónica como género y como forma te va a exigir una determinada cantidad de requisitos y una complejidad en la narración que si los cumples te va a evitar, per se, cualquier tipo de reducción. La forma de la crónica exige discursos que van a ser necesariamente más complejos que los que te va a exigir el espacio público cubano.
—Vos escribiste que cuando murió Fidel Castro la gente en Cuba también se estaba enterrando un poco a sí misma, “despidiendo esa parte llamada Fidel Castro que eran ellos, asistiendo a su propio velorio”.
—Una parte de nosotros, inevitablemente, se define y se expresa a través de esa figura. No es sólo la relación que tengamos con él, lo que sea que nos esté inspirando, sea amor, sea rencor, sea odio, todos esos matices los hubo en la sociedad cubana, tanto dentro como fuera, cuando murió Fidel Castro. Sino que es alguien que uno siente que era el punto de mediación hacia otros conceptos y otras formas, con los amigos, con tu país, con la historia. Los conflictos mayores que yo he podido tener en algún momento con mi familia o amigos cercanos, no son ni siquiera con la idea propia de revolución, o con la idea de Cuba, sino que son parte de un todo, que es mayor, y que es Fidel Castro. Cuando yo te digo qué es la revolución, o qué es la Cuba contemporánea, el que llena esos símbolos más completamente, es Fidel Castro. Cuando tienes que tomar esas abstracciones y volverlas conceptos figurativos, volverlas imagen, es a él a quien te estás refiriendo. Es entonces una figura que está en disputa, y eso es lo que lo vuelve particularmente intenso, polarizante.

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El poema de Arbeleche que Mario Perillo ilustró y obtuvo importante distinción a nivel nacional

“Conjugación de la casa del río”

Estábamos debiendo la publicación de este poema. Escrito por el reconocido poeta capitalino Jorge Arbeleche y acompañado de la ilustración del artista plástico salteño Mario Perillo, conformó una de las obras seleccionadas para formar parte de la “Muestra del Poema Ilustrado Nancy Bacelo 2018” (al respecto informábamos en la edición del pasado 23 de diciembre).
Vale recordar que la convocatoria para integrar la muestra partió de la Casa de los Escritores del Uruguay y tuvo el patrocinio del Ministerio de Educación y Cultura y de la Fundación Nancy Bacelo.
Obsérvese que si bien Arbeleche es montevideano, el poema tiene mucho que ver con Salto. La casa del río es la residencia de descanso del poeta Leonardo Garet y el poema está dedicado a la nieta de éste.
Conjugación de la casa del río
-Para Ana Clara Frizzi Garet-poema
Lejos del mar cerca del suelo
-en remolino entreverado con el aire
o en estática quietud de piedra triste-
una estéril ventana se consume.

Sin perspectiva hacia dentro, cerrada celosía
un cardumen sin rumbo surca
el espinoso valle de la ausencia,
pasan los peces sin vista ni mirada
-a cal y canto el ojo clausurado-
los peces pasan sin ver, se estrellan
ante la ciega muralla de madréporas
caen prisioneros en la sesgada red
del sueño mutilado. Estrellas voraces
de la sal marina o el milenario tentáculo
del pulpo agazapado devoran por igualVallejo
branquia y escama anzuelo carnada
y pescados entre la niebla. Medusas
en acecho auscultan la pulsión que late
húmeda debajo de todo el horizonte,
borradas las orillas de las oscuras ondas
navegando sin ancla ni timón sin brújula
sin rumbo ni bitácora.
Arriba, apresura su paso el caracol, entreabre
la almeja su naufragada valva, ambos
miran arriba y ven, de par en par abiertas
las ventanas de la casa del río. Florece
el árbol de las aguas, su copa estalla
en hojas, cada hoja lleva en su centro
la bautizada gota de una lágrima
junto al esbozo de la sonrisa inicial de cada cosa.

Retorna a su familia el Agua, vuelve a fluir
el manantial. La casa del río luce abiertas
sus ventanas. La noche sube al río, se acoplan
las luciérnagas en bodas y aquel bajel desorientado
corrige su extravío. Encalla en destinado
puerto. Encuentra su lugar.
La casa del río le abre sus umbrales.
Jorge Arbeleche

A 100 años de “Los heraldos negros”
Es probable que este 2019 sea un año de especial recuerdo del libro “Los heraldos negros”, del peruano César Vallejo. Y muy merecido será. Es que se cumplirán en el mes de julio los 100 años de su aparición. Importa por ser el primer libro de un poeta fundamental en la poesía universal pero, además, por ser una referencia insoslayable para quien pretenda conocer o estudiar la poesía latinoamericana del siglo XX, en la que la obra de Vallejo (junto a la de Neruda y Huidobro) conforma un verdadero hito. Desde esa primera publicación, el autor mostrará la intención, que se irá acrecentando con el tiempo y las siguientes publicaciones, de renovar la poesía, de lograr un lenguaje poético diferente al de la tradición latinoamericana, hasta convertirse en un abanderado del vanguardismo en el continente. Escrito probablemente entre 1915 y 1918 y, como decíamos, editado en 1919, el libro toma el nombre de este poema:
Los heraldos negros
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

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El Chapo real y El Chapo de ficción, en la misma sala

Alejando Edda, quien interpreta al narcotraficante en la serie ‘Narcos’ de Netflix, asiste al tribunal de Nueva York para conocer a Joaquín Guzmán Loera

Alejandro Edda no pudo contener la curiosidad de ver a Joaquín Guzmán Loera en vivo. “No llevo puesto ni el cinturón”, comentó antes de pasar por el detector de metales que hay a la puerta de la sala que preside el juez Brian Cogan. Es la primera vez que el actor mexicano va a visitar a El Chapo, el personaje que interpreta en la serie Narcos de Netflix. “Vengo a empaparme”, señala, “a aprender”. El acusado añadió que «esperaba que fuera más alto».
El Chapo miró al actor, le saludó sonriendo y el de Puebla tembló. «Era surreal», comenfoto cultutó, «el corazón empezó a latirme y las manos me sudaban». Todo lo que sabía hasta ahora del narcotraficante es por las cosas que leyó, lo que le contaron los amigos que tiene en Sinaloa, la gente del lugar y los guardias de seguridad de la producción, “muchos son antiguos militares que participaron en los operativos contra el cartel”. Detalló que la única referencia que tuvo para modelar su voz era un vídeo que data de cuando se fugó a Guatemala.
Edda, de 34 años de edad, tenía el número 18 para entrar. En la audiencia de este lunes pudo escuchar la voz del capo de la droga solo unos segundos en una llamada interceptada, aunque se quedará varios días en Nueva York por si finalmente la defensa decidiera subirlo al estrado para contar su parte de la historia. Mientras espera para entrar, Edda explicó que la serie se está concentrando en los eventos más fuertes del cartel de la droga, para así tener más impacto. También cree que estas producciones ayudan a crear un debate.
En la pausa del almuerzo, con ya varias horas habiendo visto a Guzmán en persona y de estudiarlo en la intensidad en la sala, señaló que le llamó la atención que estuviera tan atento durante la vista y enfocado en el interrogatorio. “Siento que está muy concentrado en todo lo que está sucediendo”, valoró, “está muy presente y se le ve bien de salud, tiene buen semblante y se le nota sano”. Y dice que le intimidó porque le provocó sentimientos enfrentados.
El actor mexicano, que vive en la costa de Jalisco, viajó expresamente desde México para el juicio. El Chapo real, aseguró, “es como una espada de dos filos”. “La necesidad al principio de su vida le llevó a schapoer quién es”, afirmó, recordando el pasado pobre del narcotraficante, “el problema es que hizo cosas muy malas al final. Por eso se le juzga”. Pero al mismo tiempo ha lamentado que haya otros criminales más grandes en libertas y que el negocio de la droga siga “manchando a mi país [México]”.
Fuera de la sala saludó a Emma Coronel, la mujer de El Chapo. Como actor, dice, se limita a hacer su trabajo. Pero al mismo tiempo le da coraje que Guzmán sea “la cara de esta lacra”. “Es muy triste”, concluye, “me pongo en el lugar de la gente que sufre las consecuencias del narcotráfico y es terrible”. Su hijo, dice, le pregunta si El Chapo es bueno o malo. “El otro día me decía que dio agua a los pobres”, señala, “a quién va a creer más la gente cuando no tienen luz en sus casas”.
El Chapo, como reitera el actor, es un “ser humano que existe”. “Me fijo en sus maneras, en su mirada, en como se toca la cara, sus facciones”, describe, al tiempo que señala que es la primera vez que estuvo en un juicio en su vida. Le llamó la atención que la actitud “amigable” de los abogados del acusado y el ambiente en la sala, “cero hostil”. “Me ha aportado mucho la experiencia”, admitió, «nunac le había visto en traje de chaqueta y corbata».

EL CHAPO RENUNCIA A DECLARAR EN SU PROPIO JUICIO S. P.
La Fiscalía concluyó este lunes la presentación de su causa contra Joaquín «El Chapo» Guzmán. Fueron 56 testigos en total, de los que 13 eran cooperantes protegidos. Ahora es el turno de la defensa para presentar a los suyos. Serán dos y entre ellos no estará el capo de la droga. “Mis abogados y yo hemos hablado y me voy a reservar”, afirmó cuando el juez Brian Cogan le preguntó sobre si iba a ejercer su derecho a subirse al estrado, “ellos ya me asesoraron y estoy de acuerdo”.
El equipo que representa a Guzmán llamará a sus testigos este martes. Sus intervenciones no se esperan que sean muy largas, por lo que se estima concluirán en la misma jornada. La Fiscalía podrá así el miércoles presentar los argumentos finales, a los que seguirán los de la defensa el jueves. Una vez que el juez dé las instrucciones al jurado para examinar los cargos y las pruebas podrá empezar a deliberar.
(EL PAIS DE MADRID)

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Un recorrido puntual y detallado por las bibliotecas más importantes del mundo, algo necesario en esta época

Durante siglos, las bibliotecas han sido espacios de aspecto pasivo, donde la actividad ocurría sobre todo en los cerebros de los lectores. En este cambio de siglo se han vuelto dinámicas, escenarios performativos. Y reclaman más compromiso que nunca. bibliotecas
A finales del año pasado se inauguró en Helsinki la biblioteca Oodi, que fue recibida por los medios de todo el mundo como la biblioteca del futuro. Se trata de un edificio impresionante, diseñado por el estudio de arquitectos ALA, que alberga una de esas mediatecas que se han impuesto en los cinco continentes como la respuesta más adecuada a la pregunta que atormenta a los políticos culturales: ¿cómo podemos lograr que los ciudadanos sigan acudiendo a espacios librescos, compartidos y públicos?
Aunque posea una colección de cien mil libros y zonas de lectura en silencio, en Oodi se privilegian los ámbitos de formación, conversación y encuentro: cafetería, sala de proyecciones, zona familiar, restaurante, aulas de tamaños diversos, espacios de reunión informal. Su icono es el Balcón de los Ciudadanos, una gran terraza con mesas y sillas y unas espectaculares vistas de la metrópolis.
Un área de lectura en la Biblioteca Central Oodi de Helsinki Credit Tuomas Uusheimo
Todas esas características de la Biblioteca Central de Helsinki fueron decididas democráticamente. Incluso el presupuesto, que fue participativo, o el nombre, que significa “oda”.
Pero nada de todo ello hubiera sido noticia global si la nueva biblioteca no estuviera en Finlandia y si no fuera tremendamente icónica. Porque los países nórdicos son sinónimo —incluso en estos tiempos de deportaciones y xenofobia institucional— de innovación pedagógica y social; y el edificio que acoge esa supuesta vanguardia es hermoso y fotogénico.
Como las listas de las mejores librerías del mundo, las de bibliotecas acostumbran a confundir la espectacularidad con la excelencia. La arquitectura fìsica la puede pagar el dinero, pero es más difícil comprar la estructura emocional. Las mejores bibliotecas del mundo tal vez no estén alojadas en edificios impactantes, no tengan impresoras 3D ni aparezcan en los telediarios; pero sin duda están haciendo un trabajo por sus comunidades comparable o mejor que el de las bibliotecas nórdicas. No apuestan por la arquitectura millonaria sino por los sistemas de lectura, esto es: los lectores. No es casual que los ejemplos más elocuentes de ese otro tipo de institución estén en el hemisferio sur, siempre menos visible que el norte. Ni que se trate de proyectos que luchan a través de la lectura, el estudio y el arte contra la discriminación, la violencia y la pobreza.
La red de Bibliotecas Públicas Móviles de Colombia —que el gobierno anterior bautizó como Bibliotecas Móviles por la Paz—, está conformada por veinte estructuras modulares que combinan las estanterías con libros y los dispositivos tecnológicos, el espacio de lectura con el de formación.Veinte pequeñas constelaciones instaladas en puntos clave del país para trabajar por la alfabetización y por la reconciliación en comunidades especialmente atormentadas por la guerra.
El proyecto de la Biblioteca Nacional de Colombia que dirige Consuelo Gaitán adaptó a las necesidades locales el dispositivo que diseñó Philippe Stark para Bibliotecas Sin Fronteras. Como la intención secreta de esos inventos hipermodernos —descritos por su creador como un módulo educativo y centro multimedia móvil y pop up— es estimular el ingenio artesanal, la biblioteca de Gallo inventó la Canoa Literaria para que, a través de los ríos, la cultura llegue a las aldeas de los alrededores; y desde otra biblioteca pública móvil el bibliotecario Víctor Solís Camacho impulsó el servicio de la Muloteca Viajera, que transporta en dos grandes cajones libros, juegos, tecnología y materiales para realizar manualidades.
La estadísticas demuestran que en los lugares donde actúan sube la alfabetización y baja la criminalidad, se va diluyendo el conflicto; los adultos encuentran espacios seguros para el diálogo y los niños imaginan futuros que hasta hace muy poco les estaban completamente vedados, como ingresar algún día en la universidad.
También en Honduras encontramos un modelo opuesto al de la arquitectura ostentosa. Gracias a su proyecto de bibliotecas infantiles, por el departamento de Lempira están en estos momentos circulando doscientas mochilas viajeras, que parten de veintitrés bibliotecas escolares y dos bibliotecas públicas. Los bibliotecarios y las mochilas han revolucionado el horizonte de expectativas de la infancia, animando a los niños y niñas tanto a la lectura sistemática de historias como a la creación de sus propios textos. Leer y escribir también son formas de eso que llamamos “empoderamiento”. Las bibliotecas se convierten en escenarios de teatro, de danza, de títeres, de mimo y de cuentacuentos. Estímulan tanto la progresión de uno como la acción de todos.
Ha sido tal el éxito del experimento, son tantos los jóvenes que han descubierto alternativas a la violencia o al fracaso escolar, que en estos momentos se está tramitando una propuesta en el Congreso Nacional hondureño para imitar la fórmula en todo el país. Mientras tanto en Lempira se están construyendo cinco nuevas bibliotecas y ya han sido aprobadas diez más.
En Finlandia cuentan con el dinero, la voluntad política y las dinámicas sociales que permiten hacer realidad proyectos tan alucinantes como Oodi. Pero ese hecho no debe eclipsar la existencia de otro tipo de proyectos, de base y en red, que tienen que superar muchísimas dificultades para lograr un éxito equivalente.
Uno de esos obstáculos, el de la corrupción, lo ha diseccionado David Hidalgo en La biblioteca fantasma, una impecable investigación periodística del saqueo sistemático que ha sufrido la Biblioteca Nacional de Perú durante demasiado tiempo. Y un perfil muy valioso de su director por excelencia, el académico y bibliotecario ejemplar Ramón Mujica, quien acabó perdiendo su batalla quijotesca por desenmascarar a los culpables y recuperar los libros.
Reivindicando a ese héroe libresco, el cronista y director de Ojo Público nos recuerda una obviedad imprescindible: las bibliotecas no son edificios, son personas. Durante siglos han sido espacios de aspecto pasivo, donde la actividad ocurría sobre todo en los cerebros de los lectores. En este cambio de siglo se han vuelto dinámicas, escenarios performativos. Y reclaman más compromiso que nunca.
Los niños y las niñas de Lempira escriben reseñas de todos los libros que leen y muestran orgullosos las listas de sus cientos de lecturas. Publicaron el año pasado un libro —editado por Salvador Madrid y Albany Flores— titulado El árbol de los libros. Varios de los cuentos hablan de la lectura y de los libros. Uno se titula “Superlectora” y lo firma Ariani Alcántara, de 11 años. Termina con una afirmación inocente y no obstante pertinente, porque lo resume todo: “Solo lee para ser feliz”.
(The New York Times)

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¿Desconocimiento de la figura de Albistur?

Hablábamos en la edición del pasado jueves del fallecimiento de Jorge Albistur, ocurrido el sábado 19, a quien consideramos, como decíamos en esa nota, uno de los mayores valores en la intelectualidad uruguaya de las últimas décadas. Veamos el comunicado del Ministerio de Educación y Cultura al conocerse la noticia del fallecimiento:

“Falleció Jorge Albistur (1940-2019). Destacado docente y crítico literario formado en el Instituto de Profesores Artigas. Fue Inspector de Literatura en Enseñanza Secundaria e impartió recordadas clases de Literatura Española en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Trabajó en prensa escrita en El Día y el Semanario Brecha y escribió libros de ensayo literario enfocados para profesores y estudiantes de profeAlbistursorado. Entre sus obras, se destaca la muy leída y reeditada Literaturas del siglo XX (1986), un muy buen panorama crítico y de divulgación de la literatura. Fue también un notorio especialista en la obra de Miguel de Cervantes”.
Escaso… ¿verdad? Pero además: frío. Casi como algo hecho sólo por cumplir con una formalidad. ¿Será desconocimiento de la figura de Albistur y su aporte a la Educación y la Cultura de este país de parte de quienes hoy en día tienen la responsabilidad de dirigirla? Deseamos que no. Ojalá haya sido sólo una percepción nuestra y que la “s” que está de más cuando se refieren al libro Literatura del siglo XX (no “Literaturas”) haya sido sólo un error al teclear, y que no nombrar otros libros de su autoría (tan o más importantes aún que ese) haya sido solamente por una cuestión de que no había espacio en la hoja, y que, sobre todo, el Ministerio contribuya de aquí en más a fomentar la lectura de sus obras, a valorarlo en su justa medida.

Albistur y el Premio Quiroga
Jorge Albistur integró el Jurado en la segunda edición del “Premio Internacional Horacio Quiroga” (año 2011), concurso organizado cada dos años por la Comisión de Casa Quiroga y la Intendencia de JASalto. Justamente, dentro de poco tiempo se conocerán los ganadores de una nueva edición de este Premio (a la que se convocó en 2018), por lo que nos parece bueno recordar lo que Albístur comentaba en entrevista realizada por EL PUEBLO en aquella oportunidad, en una de sus visitas a Salto:
“Me parece fundamental que estas cosas empiecen a ocurrir cada vez más en el interior. Me parece una instancia, además, sumamente interesante porque convoca ya no al país sino al Mercosur.
Mi experiencia sobre narradores de tierras cercanas a la nuestra se fue construyendo a lo largo de los años. Cuando yo estudiaba, nosotros no podíamos leer escritores de Brasil, salvo alguna editorial que se largaba con Jorge Amado, porque era un buen negocio editarlo. Pero fuera de ello no sabíamos qué estaba pasando. Con la Argentina siempre hubo más razones de vínculos, no sé si por el problema del idioma, pero Brasil nos quedaba más lejos. Entonces, como me parece fundamental que nos conozcamos, que aprendamos a pensar el país inserto en un contexto regional, aun por razones extra literarias la convocatoria a un concurso de este tipo me parece un hallazgo para vitalizar eso tan urgente: que nuestra identidad termine siendo la que debe ser, la de un país chico sí, pero inserto en un contexto regional donde hay una serie de identidades, y una serie de desigualdades lógicamente también (…) Gracias a un libro que compró Mario Benedetti, y que después lo prestaba, cuando yo era alumno del Instituto de Profesores Artigas, por primera vez supe que había en Nicaragua alguien más que escribía además de Rubén Darío; Mario Benedetti hizo un viaje, compró ese libro y había excelentes poetas en Nicaragua, tan buenos como los nuestros o mejores, y nadie tenía la más pálida idea de eso…”

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Historias judías contadas a la manera clásica, donde hay cuentos sobre bondades y vilezas de todos los días

Isaac Bashevis Singer

En pocos autores se cumple tan bien eso de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” como en Isaac Bashevis Singer (Leoncin, cerca de Varsovia, 1904 – Miami, 1991; Premio Nobel de Literatura 1978): su narrativa, escrita en yidis, lengua de los judíos del centro y este de Europa, está arraigada en la identidad judía, y de manera muy especial en el ambiente pobre, melancólico y religioso de los shtetlach, pequeños asentamientos rurales judíos de Polonia, eliminados del todo por los nazis.
DISTINTOS ESCENARIOS
Los cuarenta y siete cuentos de este volumen sencillamente titulado Cuentos, seleccionados y prologados por el autor, son una muestra representativa del mundo narrativo y el estilo de Bashevis Singer. No son breves —algunos pasan la treintena de páginas— pero cada uno de ellos puede leerse de un tirón. No les falta densidad ni FOTO CULTUcomplejidad psicológica, pero la apuesta es contar una historia de manera clara y clásica, como se plantea a texto expreso en la “NOTA DEL AUTOR”: “La literatura puede describir muy bien lo absurdo, pero nunca debe convertirse ella misma en absurda.”.
En cuanto a los escenarios, deben distinguirse tres: los cuentos ambientados en el shtetl, de ambiente religioso, crédulo y pueblerino; los que se desarrollan en el ambiente intelectual judío de Varsovia, menos observante de la religión, más abierto a las ideas mundanas, pero escéptico ante la idea de la asimilación a una sociedad de fuerte antisemitismo y, por último, los de ambiente norteamericano y en especial neoyorkino, pero siempre en el marco de la colectividad judía. El autor conoce de primera mano los tres ambientes, y muestra hacia los tres un profundo amor. Su mirada sobre las comunidades tradicionales va mucho más allá del mero pintoresquismo. En los cuentos de ambiente norteamericano el protagonista es muy a menudo una proyección del propio autor, que aplica para consigo un eficaz humor irónico. De algún modo, este desarraigo es parte de la identidad judía: las raíces están en el pasado bíblico, en el Israel actual, en las aldeas de Polonia y en todos los lugares donde viva un judío que se sienta tal, tanto da si es creyente o no.
REALISMO MÁGICO YIDIS
No se inventa Bashevis Singer un territorio mágico, a la manera del Condado de Yoknapatawpha de Faulkner, el Macondo de García Márquez o la Santa María de Onetti, pero las creencias populares de la religiosidad de los judíos polacos, en particular los pertenecientes al jasidismo, le permite al autor pintar un mundo lleno de fantasmas, demonios masculinos y femeninos, duendes, almas en pena y otras apariciones mágicas. Los lectores que gusten de Carpentier, García Márquez o Scorza, se sentirán a sus anchas al leer estos relatos. Son magistrales “La destrucción de Kreshev” y “El caballero de Cracovia”, en el que se cuenta la seducción de un pueblo muy pobre por parte del Diablo, bajo la forma de un millonario de ciudad.
En cuanto al tratamiento propio que Bashevis Singer hace del judaísmo, hay en estos relatos personajes observantes y no observantes de la religión. Los hay también conversos, a los que el autor trata con respeto y ternura cuando sus motivos fueron sinceros, como en “Una corona de plumas”, pero con los que es durísimo cuando la conversión es sólo renegar del judaísmo para obtener ventajas y comodidades, que es lo que ocurre en “El poder de la oscuridad”.
Sin guardar una observancia estricta, Bashevis Singer respeta y admira a los hombres y mujeres ortodoxos en su fe, tanto da si son sencillos o eruditos, pero a los meros pedantes de la doctrina —que en toda religión los hay— siempre los hace quedar en ridículo, lo mismo que a quienes usan de modo oportunista su saber religioso. Por oposición, muestra con admirada delicadeza las genuinas crisis de fe, como la del Rabino Nejemia de Béchev, en “Algo hay allí”. La palabra “algo” es significativa: no hay fe sin misterio, por más que sea excelente que la razón profundice en el análisis de las doctrinas.
LA SHOAH Y EL AMOR
En 1935, preocupado por el ascenso del nazismo, este escritor emigró a los Estados Unidos. Ante el horror del Holocausto Judío, estos relatos trasuntan a la vez la alegría del que se ha salvado, la congoja del que ha perdido familiares y amigos de modo tan brutal y el respeto de admitir que la distancia entre haberlo y no haberlo vivido es insalvable. El enfoque es indirecto: personajes secundarios narran lo padecido y sobrevivido, de un modo sereno, no exento de ternura y, en algunos casos, de humor, sobre todo cuando el relato plantea que aun en medio de tal desastre los humanos seguimos cometiendo las pequeñas bondades y vilezas de todos los días, como puede verse, por ejemplo, en “El manuscrito”.
A su vez, las historias de amor son variadas, tiernas y de gran sutileza psicológica, sobre todo en los personajes femeninos. En algunas de ellas, como por ejemplo “Yentl, el muchacho de la yeshive” [una yeshive es una escuela rabínica, N.de R.], llevada al cine por Barbra Streisand, el autor aborda las restricciones que la religiosidad tradicional imponía a las mujeres, sobre todo en materia educativa. En otras, casi todas, los personajes a los que el amor toca no están ya en su esplendor —“El Spinoza de la Calle del Mercado”, por ejemplo— y sin embargo la magia sucede. Hay historias de obsesión amorosa, de amor no correspondido, de reencuentro de los amantes tras la muerte, de parejas que se aman sin comprenderse, de amores que se mantienen a pesar de la traición. Si hubiera que juzgar —lo que es difícil, porque la calidad de los relatos es pareja y alta— los cuentos de tema amoroso son lo mejor del volumen. Y si hubiera que elegir uno, hay que leer “El viernes corto”, en que dos esposos mueren juntos por accidente la víspera del sábado y juntos descubren que ya están muertos.
En suma, este volumen de cuentos es una buena oportunidad para acercarse a uno de los mayores y más amenos narradores del siglo pasado y, para los gentiles, una buena vía de aproximación a la cultura judaica.
CUENTOS, de Isaac Bashevis Singer. Lumen, 2018. Tr. de Rhoda Henelde Abecassis. Barcelona, 1.024 págs. Distribuye Penguin Random House.
(EL PAÍS CULTURAL)

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Falleció Jorge Albistur: enorme pérdida intelectual para el país

El pasado sábado amanecimos con la penosa noticia del fallecimiento de Jorge Albistur. Por ello, la cultura uruguaya está de duelo, y no lo decimos como mera “frase hecha” que pueda resultar, sino porque se trata, a nuestro entender, de uno de los mayores valores en la intelectualidad uruguaya de las últimas décadas, valor auténtico, “de peso”. Ensayista, Docente, Inspector de Literatura. Autor de varias publicaciones, libros que en el campo de la Literatura ayudaron a formarse a mucha gente, sobre todo profesores. Jorge AlbisturEl último, «Grandes Novelas del siglo XX», lo presentó en Salto en 2014. Pero su vínculo con Salto es más fuerte, el aporte a esta ciudad también. A modo de ejemplo, es bueno recordar sus conferencias aquí (sobre Cervantes en Casa Quiroga, sobre el salteño Guido Castillo en Casa de la Cultura, y otras) y que integró el Jurado en una de las ediciones del Premio Horacio Quiroga. Hoy, esta página de EL PUEBLO quiere recordarlo con las palabras publicadas hace algo más de cuatro años, cuando comentábamos justamente «Grandes Novelas del siglo XX». Antes, queremos simplemente decir que fue un placer haberlo conocido, haberlo entrevistado y haber conversado informalmente con él, haber escuchado sus conferencias…haber aprendido tanto de sus palabras. Enorme pérdida intelectual para el país. Que en paz descanse, estimado Jorge.
“GRANDES NOVELAS DEL SIGLO XX”.
Ese es el título de su último libro, editado por Ediciones de la Banda Oriental en marzo de este año. Conformado por 160 páginas, el libro se estructura en nueve capítulos más un prólogo escrito por el propio autor. Son los capítulos:
La antiepopeya del hombre moderno- “Ulises”, de James Joyce.
A la búsqueda del Santo Grial- “La montaña mágica”, de Thomas Mann.
Lo invisible y remoto- “El castillo”, de Franz Kafka.
Como un árbol o un hombre- “Mientras agonizo”, de William Faulkner.
El ser y el entre o la tesitura subjuntiva- “El hombre sin atributos”, de Robert musil
Júbilo y drama del eterno deseo- “El juego de abalorios”, de Hermann Hesse.
Sunt Lacrimae Rerum- “La muerte de Virgilio”, de Hermann Broch.
El leviatán y los quehaceres- “El siglo de las luces”, de Alejo Carpentier.
Su sombra saliendo de la mía- “Hijos de nuestro barrio”, de Naguib Mahfuz.
Recorrer sus páginas es adentrarse en cada una de las novelas y autores que estudia, pero también descubrir la gran erudición de un hombre, Jorge Albistur. Los comentarios son originales, fruto de una imponente acumulación de lecturas a lo largo del tiempo y de razonamientos profundos tendientes al entrecruzamiento de literatura, historia, política, filosofía. Sólo con una mirada abarcadora como esa puede entenderse, o intentar entenderse, y luego explicarse una obra de arte. A continuación transcribimos algunos pasajes del prólogo: “El título de este libro puede parecer rasero y hasta inexpresivo. Sin embargo, es el único título posible y la sola introducción de un artículo habría cambiado sustancialmente las cosas. Si el conjunto se hubiese llamado “Las grandes novelas del siglo XX”, el autor estaría comprometido a ofrecer su visión de las mejores o las más representativas. La denominación “Grandes novelas del siglo XX” apunta simplemente a algunas, no necesariamente las más destacadas por la razón que fuere (…) Si señalo esta circunstancia es –lo confieso- previendo que cualquiera puede entretenerse en señalar ausencias u omisiones que, si el libro se titulase con pretensiones mayores, resultarían imperdonables. La ausencia más importante destaca obvia, si de panoramas se tratara, pero no podría decir nada nuevo ni suficientemente interesante acerca de Proust y he preferido, por lo tanto, dejarlo de lado. Deseo contribuir con los inevitables objetores aportando también los nombres siguientes: André Malraux, Gunter Grass, Ernest Hemingway, Alexander Soljenitsin, Arthur Clarke, Marguerite Yourcenar. Diré todavía que no están presentes aquí Irene Nèmirovski, J.M. Coetzee, Amòs Oz y Orham Pamuk porque me he referido a ellos en el libro El hombre en el fin de la historia (…) Paso a indicar, ahora, que el único criterio de ordenación del material es el cronológico: se toma como fecha la de publicación de cada novela, no la de nacimiento o muerte del autor en cuestión. Este criterio es totalmente instrumental y práctico, y no pretende poner de manifiesto evolución de signo alguno (…) Hay solo una novela escrita originalmente en español y ninguna en francés, pese a ser esta una lengua que leo sin mayores dificultades. Dos pertenecen al mundo anglófono y cinco a la literatura en lengua alemana: un mundo que no es exactamente lo mismo que la unidad política llamada Alemania. Aunque no tengo ninguna necesidad de defender estas opciones, diré que ellas reflejan la importancia que en su momento tuvo la vida y la cultura de Europa central, esa especie de baluarte del equilibrio entre los poderes de Alemania y Rusia. Esa zona, de signo político tan inestable y cambiante, según la alternancia en los ejes de poder, tuvo en las primeras décadas del siglo una importancia que difícilmente recupere. Para mayor complejidad, esa Europa vivió buena parte de su historia reciente soñando todavía con la grandeza de un imperio y alentando una cierta nostalgia por los Habsburgo. El inglés y el alemán son, para mí, lenguas mucho más arduas que el francés y los restantes idiomas modernos de origen latino. Pero habré de confiar en la final traducibilidad de las grandes novelas. Ellas sufren menos, en la inevitable reducción del pasaje de una lengua a otra, que los textos poéticos. Y entre estos últimos, pierde menos el que tiene un mayor soporte conceptual, de modo que resulta más gratificante leer –traducido- a Dante que a Verlaine, pues en tanto este se extinguen las finísimas resonancias musicales y emotivas de la palabra, aquel las tiene en la misma medida pero al servicio de toda una filosofía”.
Palabras de contratapa: “Es imposible resumir un poema y sumamente difícil ofrecer la versión abreviada de un ensayo. Quizá solo la novela admite la síntesis. Apostando a la legitimidad de ella, este libre presenta y analiza a algunas de las novelas mejores del siglo pasado. Resulta de la lectura de miles de páginas y de muchas horas dedicadas a la reflexión y al estudio. El autor confía en que, pese a las rupturas –frecuente desaparición del narrador tradicional y omnisciente, desorden cronológico, monólogo interior – la novela sigue siendo un arte relativamente sencillo y popular. Cuenta al fin una historia, y de allí su lugar de privilegio en las preferencias del gran público. Su aceptación se explica mejor, todavía, si se considera hasta dónde es la novela un índice del espíritu de los tiempos, reflejado en la vida de seres nada excepcionales, criaturas en las que el lector se reconoce con un sentimiento ambiguo de júbilo y angustia. En casi todas las novelas elegidas palpita una fuerte desconformidad con el presente. La realidad reclama por todas partes el cambio. La novela del siglo XX asume así un cierto carácter profético. Espía, en puntas de pie, al siglo XXI”.

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Isaac Bashevis Singer. Historias judías contadas a la manera clásica, cuentos sobre bondades y vilezas de todos los días

En pocos autores se cumple tan bien eso de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” como en Isaac Bashevis Singer (Leoncin, cerca de Varsovia, 1904 – Miami, 1991; Premio Nobel de Literatura 1978): su narrativa, escrita en yidis, lengua de los judíos del centro y este de Europa, está arraigada en la identidad judía, y de manera muy especial en el ambiente pobre, melancólico y religioso de los shtetlach, pequeños asentamientos rurales judíos de Polonia, eliminados del todo por los nazis.
DISTINTOS ESCENARIOS
Los cuarenta y siete cuentos de este volumen sencillamente titulado Cuentos, seleccionados y prologados por el autor, son una muestra representativa del mundo narrativo y el estilo de Bashevis Singer. No son breves —algunos pasan la treintena de páginas— pero cada uno de ellos puede leerse de un tirón. No les falta densidad ni complejidad psicológica, pero la apuesta es contar una historia de manera clara y clásica, como se plantea a texto expreso en la “NOTA DEL AUTOR”: “La literatura puede describir muy bien lo absurdo, pero nunca debe convertirse ella misma en absurda.”.FOTO CULTURA
En cuanto a los escenarios, deben distinguirse tres: los cuentos ambientados en el shtetl, de ambiente religioso, crédulo y pueblerino; los que se desarrollan en el ambiente intelectual judío de Varsovia, menos observante de la religión, más abierto a las ideas mundanas, pero escéptico ante la idea de la asimilación a una sociedad de fuerte antisemitismo y, por último, los de ambiente norteamericano y en especial neoyorkino, pero siempre en el marco de la colectividad judía. El autor conoce de primera mano los tres ambientes, y muestra hacia los tres un profundo amor. Su mirada sobre las comunidades tradicionales va mucho más allá del mero pintoresquismo. En los cuentos de ambiente norteamericano el protagonista es muy a menudo una proyección del propio autor, que aplica para consigo un eficaz humor irónico. De algún modo, este desarraigo es parte de la identidad judía: las raíces están en el pasado bíblico, en el Israel actual, en las aldeas de Polonia y en todos los lugares donde viva un judío que se sienta tal, tanto da si es creyente o no.
REALISMO MÁGICO YIDIS
No se inventa Bashevis Singer un territorio mágico, a la manera del Condado de Yoknapatawpha de Faulkner, el Macondo de García Márquez o la Santa María de Onetti, pero las creencias populares de la religiosidad de los judíos polacos, en particular los pertenecientes al jasidismo, le permite al autor pintar un mundo lleno de fantasmas, demonios masculinos y femeninos, duendes, almas en pena y otras apariciones mágicas. Los lectores que gusten de Carpentier, García Márquez o Scorza, se sentirán a sus anchas al leer estos relatos. Son magistrales “La destrucción de Kreshev” y “El caballero de Cracovia”, en el que se cuenta la seducción de un pueblo muy pobre por parte del Diablo, bajo la forma de un millonario de ciudad.
En cuanto al tratamiento propio que Bashevis Singer hace del judaísmo, hay en estos relatos personajes observantes y no observantes de la religión. Los hay también conversos, a los que el autor trata con respeto y ternura cuando sus motivos fueron sinceros, como en “Una corona de plumas”, pero con los que es durísimo cuando la conversión es sólo renegar del judaísmo para obtener ventajas y comodidades, que es lo que ocurre en “El poder de la oscuridad”.
Sin guardar una observancia estricta, Bashevis Singer respeta y admira a los hombres y mujeres ortodoxos en su fe, tanto da si son sencillos o eruditos, pero a los meros pedantes de la doctrina —que en toda religión los hay— siempre los hace quedar en ridículo, lo mismo que a quienes usan de modo oportunista su saber religioso. Por oposición, muestra con admirada delicadeza las genuinas crisis de fe, como la del Rabino Nejemia de Béchev, en “Algo hay allí”. La palabra “algo” es significativa: no hay fe sin misterio, por más que sea excelente que la razón profundice en el análisis de las doctrinas.
LA SHOAH Y EL AMOR
En 1935, preocupado por el ascenso del nazismo, este escritor emigró a los Estados Unidos. Ante el horror del Holocausto Judío, estos relatos trasuntan a la vez la alegría del que se ha salvado, la congoja del que ha perdido familiares y amigos de modo tan brutal y el respeto de admitir que la distancia entre haberlo y no haberlo vivido es insalvable. El enfoque es indirecto: personajes secundarios narran lo padecido y sobrevivido, de un modo sereno, no exento de ternura y, en algunos casos, de humor, sobre todo cuando el relato plantea que aun en medio de tal desastre los humanos seguimos cometiendo las pequeñas bondades y vilezas de todos los días, como puede verse, por ejemplo, en “El manuscrito”.
A su vez, las historias de amor son variadas, tiernas y de gran sutileza psicológica, sobre todo en los personajes femeninos. En algunas de ellas, como por ejemplo “Yentl, el muchacho de la yeshive” [una yeshive es una escuela rabínica, N.de R.], llevada al cine por Barbra Streisand, el autor aborda las restricciones que la religiosidad tradicional imponía a las mujeres, sobre todo en materia educativa. En otras, casi todas, los personajes a los que el amor toca no están ya en su esplendor —“El Spinoza de la Calle del Mercado”, por ejemplo— y sin embargo la magia sucede. Hay historias de obsesión amorosa, de amor no correspondido, de reencuentro de los amantes tras la muerte, de parejas que se aman sin comprenderse, de amores que se mantienen a pesar de la traición. Si hubiera que juzgar —lo que es difícil, porque la calidad de los relatos es pareja y alta— los cuentos de tema amoroso son lo mejor del volumen. Y si hubiera que elegir uno, hay que leer “El viernes corto”, en que dos esposos mueren juntos por accidente la víspera del sábado y juntos descubren que ya están muertos.
En suma, este volumen de cuentos es una buena oportunidad para acercarse a uno de los mayores y más amenos narradores del siglo pasado y, para los gentiles, una buena vía de aproximación a la cultura judaica.
CUENTOS, de Isaac Bashevis Singer. Lumen, 2018. Tr. de Rhoda Henelde Abecassis. Barcelona, 1.024 págs. Distribuye Penguin Random House.
(EL PAÍS CULTURAL)  

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Nuevas escalas en la vida de una mujer itinerante, los avatares de una vida intensa en forma de atractivos relatos

Cuentos esperados de Lucia Berlín

Cuando hace dos años se tradujo por primera vez al castellano parte de la obra de Lucia Berlin, la crítica y el público saludaron calurosamente la labor de una autora que hasta ese momento había permanecido en el anonimato. Algo similar había pasado también en Estados Unidos, país donde había nacido en 1936 (Alaska) y fallecido en 2004 (California), víctima de un cáncer de pulmón contra el que había luchado durante sus últimos tres años de vida. Ese primer volumen, Manual para mujeres de la limpieza, reunía cuarenta y tres de los setenta y seis cuentos que ella había publicado en libros de editoriales independientes y escasa circulación. Fue gracias a la tarea de los escritores Lydia Davis, Stephen Emerson, August Kleinzahler y Barry Gifford que en 2015 uno de los más importantes sellos, Farrar, Straus and Giroux, publicó esa recopilación que alcanzó un éxito rotundo, ubicándose en la lista de los libros más vendidos según The New York Times. lucia berlin

Berlin había tenido una existencia tan accidentada como azarosa. Hija de un ingeniero de minas que debía viajar constantemente, vivió en Idaho, Kentucky y Montana, y en 1941, cuando aquel se alistó en el ejército, ella se mudó con su madre a El Paso, Texas. Terminada la guerra, y al regreso del padre, la familia se trasladó a Santiago de Chile pero en 1955, cuando apenas había cumplido 19 años, Lucia comenzó sus estudios universitarios en Nuevo México y contrajo matrimonio con un escultor que la abandonaría dos años después, dejándola a cargo de sus dos primeros hijos. A los 22 años se había casado nuevamente, esta vez con el músico de jazz Race Newton (sus primeros textos los firmó como Lucia Newton), a quien dejaría tiempo después para seguir al también músico (y adicto a la heroína) Buddy Berlin, padre de sus otros dos niños.

De todo esto y de nuevos y casi siempre frustrados amoríos, de la gente que la rodeó y a la que ella dio cobijo, de sus enfermedades y de su alcoholismo, de los múltiples trabajos en los que debió desempeñarse, de sus decenas de mudanzas, de los lugares donde vivió y de las ilusiones que colocaba en cada uno de ellos, hablan sus cuentos.

COSAS TERRIBLES

Berlin dedicó buena parte de su vida a contarles cuentos a sus cuatro hijos. En el prólogo a Una noche en el paraíso, el nuevo volumen con veintidós relatos que acaba de publicar Alfaguara, Mark Berlin, el mayor de los hermanos, escribe que el primer recuerdo que tiene de su madre es la voz “leyéndonos a mi hermano Jeff y a mí. No importa qué cuento fuera, porque cada noche traía una historia con su dulce tonada, un acento mezcla de Texas y de Santiago de Chile”. Y todo indica que esas veladas, con ese público extenuado y somnoliento, deben haber sido la mejor escuela para una narradora que hizo de su obra un testimonio en el que la ficción es prácticamente una excusa, y donde, como ella alguna vez sostuvo, no le importaba contar cosas terribles si lograba hacerlas divertidas.

“Recuerdo a mi madre muy joven, paseándonos por las calles de Nueva York: nos llevaba a museos, a visitar a otros escritores, a ver una linotipia en marcha y a pintores trabajando, a oír jazz. Y entonces de pronto estábamos en Acapulco, luego en Albuquerque. Las primeras paradas de una vida itinerante, con un promedio de nueve meses en cada escala”, agrega Mark, haciéndonos recordar las primeras páginas de Vida de este chico, la estupenda novela de Tobias Wolff: “Por las noches dormíamos en habitaciones donde los faros de los coches se arrastraban por las paredes y los mosquitos cantaban en nuestros oídos, incesantes como los neumáticos que gemían en la carretera. Pero nada de esto me molestaba. Estaba preso de la libertad de mi madre, en su goce de esa libertad, en su sueño de transformación”.

“Cuando viajas te apartas de la rutina de tus días, de la linealidad imperfecta y fragmentada de tu tiempo. Como al leer una novela, los sucesos y la gente se vuelven alegóricos y eternos”, escribe por su parte Lucia en el cuento “Luna nueva”, y parecería que la idea contenida en ese par de oraciones se hubiera convertido en su lema, en una suerte de arte poética capaz de explicar su maravillosa y breve producción.

UNA VIDA DISIPADA

Si bien en Manual para mujeres de la limpieza casi todos los cuentos reflejaban partes, fragmentos, pedazos de una memoria destinada a exorcizar buenos y malos recuerdos, no lo hacían de un modo tan carnalmente cercano como los que dan forma a Una noche en el paraíso. Y aunque en este también se repiten algunas estrategias narrativas que son parte del sello inimitable de Berlin (por lo general una voz femenina, una identidad apenas alterada por el nombre de pila, aquí Laura, María, Lisa, Claire, muy rara vez puntos de vista alternados), la proximidad de las anécdotas y su progresión cronológica le confieren una continuidad de diario que con seguridad responda a la tarea del antólogo.
Su infancia en uno y otro rincón de la frontera de Texas y Ciudad Juárez, su adolescencia en escenarios acomodados de un Santiago de Chile que ya en 1950 avizora duras batallas políticas, los comienzos de su errática vida amorosa en Albuquerque, Acapulco, Puerto Vallarta (donde presencia la filmación de La noche de la iguana, la película de John Huston sobre texto de Tennessee Williams, con una Ava Gardner que persigue jóvenes pescadores), las despedidas de sus ocasionales amantes (“Lisa dejó a Benjamín, y lo único que se llevó fue Allá lejos y tiempo atrás, de W.H. Hudson”, escribe en “Un día brumoso”), la fortuna de un cargo de docente de Idioma español (“¿Cómo puedes llevar una vida tan disipada y ser una profesora tan rígida?”, le pregunta un colega en “Navidad, 1974”), sus años en Oakland, la lucha contra las adicciones (las suyas y las de sus compañeros), la enfermedad, la muerte cuando debe trabajar para un médico, las permanentes citas literarias, un paseo por el cementerio de Père-Lachaise donde da con las tumbas de Proust, de Wilde, de Chopin, y visitas al Louvre, donde se pierde cada vez que va.

Es fácil caer en la tentación de ubicar estos cuentos dentro del difuso género de la autoficción, pero la obra de Berlin va mucho más allá de esos inciertos corsés. Ella, con mágica destreza, hace que su propia persona sea siempre la principal protagonista de sus relatos pero logra a la vez que su presencia no resulte esencial. Berlin nunca habla de Berlin, pero tampoco nunca deja de hacerlo. Es, en definitiva, el lector quien pone la última rúbrica en un contrato que siempre aspira a la verdad.

En Estados Unidos se publicó simultáneamente otro volumen titulado Welcome Home, que reúne una inconclusa autobiografía, cartas personales y fotos, que aparecerá en el mercado español recién a fines de 2019.

UNA NOCHE EN EL PARAÍSO, de Lucia Berlin. Tr. de Eugenia Vázquez Nacarino. Alfaguara, 2018. Barcelona, 282 págs. Distribuye Penguin Random House.
(EL PAÍS CULTURAL)

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Ya circula un nuevo número de la Ámsterdam Sur

Desde hace algunos días se encuentra disponible, para ser leída de forma gratuita a través de Internet, una nueva edición de la Revista Ámsterdam Sur, publicación digital que lleva adelante desde hace varios años, desde Holanda, el escritor salteño Jorge Menoni. En este caso fue lanzado el número 16, correspondiente a Invierno – Primavera 2019. En las ya clásicas sesiones que la conforman (Literatura, Cuentos y Relatos, Columnas, Libros, Poesía, Arte y Fotografía) aparecen, entre escritores de diversas nacionalidades (americanos y europeos) varios salteños: Noelí Belzaena Testa, Carmen Molinas Bonilla, Fernando Silva y Jorge Pignataro. La revista puede leerse en www. amsterdamsur.nl

Aclaración sobre Stanislavski, Salvini y Rodríguez Da Silva
No es en recuerdo del gran director y pedagogo teatral ruso Konstantín Stanislavski, sino del actor italiano Tomasso Salvini. Hablamos de la placa que hace algo más de cinco años fue colocada en la pared Este del hall del Teatro Larrañaga, por iniciativa de Raúl Rodríguez Da Silva y sus alumnos. De esta manera dejamos hecha la aclaración tras el error cometido en la edición del pasado domingo. Ese día, planteábamos la interrogante de por qué Rodríguez Da Silva había sido cesado, por las actuales autoridades, en su cargo de orientador de teatro en los talleres municipales dependientes del Departamento de Cultura de la Intendencia. Al leer EL PUEBLO desde la ciudad de Paysandú, donde reside, la comunicación de Raúl Rodríguez Da Silva no tardó en llegar para hacernos la oportuna aclaración: «La placa fue en memoria del gran actor italiano Tomasso Salvini, uno de los actores que más influyeron sobre Stanislavski y que fue el inaugurador, con su compañía, del propio Teatro Larrañaga. Mi iniciativa fue porque no había nada que recodara tamaño acontecimiento. Indirectamente también era un homenaje a Stanislavski, pero Salvini fue uno de los más grandes actores de la historia del teatro».
APUNTES DE ENERO
Varias son las fechas de este mes de enero que nos traen al recuerdo personalidades de la cultura uruguaya e internacional. El pasado jueves 17 recordábamos a Alfredo Zitarrosa, al cumplirse 30 años de su fallecimiento. Pero hay más cosas para recordar…

Florencio:
El día que murió Zitarrosa, en 1989, se estaban cumpliendo 114 años del nacimiento del más afamado dramaturgo uruguayo: Florencio Sánchez. Había nacido en Montevideo el 17 de enero de 1875 y falleció en Milán, Italia, en 1910. Piezas como «Barranca abajo», «M`hijo el dotor» o «El desalojo», son referencias insoslayables en la historia de la dramaturgia rioplatense.

D‘Ángelo: Eduardo Dàngelo
Eduardo D‘Ángelo, el inolvidable actor cómico de Hiperhumor y Decalegrón, sólo por nombrar un par de programas en los que lució su arte, nació el 4 de enero de 1939. Experto en cine, meticuloso coleccionista y presentador de películas, notable imitador de voces, supo también dejar en la radiofonía uruguaya su valiosa huella. Falleció en 2014.

Estrázulas y Puig:
Los poetas uruguayos Enrique Estrázulas y Salvador Puig nacieron un 9 de enero. Puig en 1939 y Estrázulas en 1942. Estrázulas escribió, además de varios libros de poemas, novelas, cuentos, ensayos. Su novela «Pepe Corvina», inspirada en un poema-canción de Zitarrosa, es una de sus obras más famosas. Lo de Puig, que falleció en 2009, fue netamente la poesía, con siete libros publicados. Estrázulas falleció en 2016.

Gelman:
El poeta argentino Juan Gelman, autor de más de treinta libros, falleció en enero, concretamente el 14 de enero de 2014. Es uno de los autores predilectos en la poesía latinoamericana de finales del siglo XX. Había nacido en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930.

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El exitoso artista uruguayo Pablo Atchugarry, el escultor que hace obras para durar cinco mil años

Hace estatuas enormes, en mármol, cuyo valor puede superar el millón de dólares y que se venden en todo el mundo. Dice que ese material clásico “es una novia”.
El tipo tiene dos casas, y como trabaja en su hogar, a veces se tiene que llevar el trabajo de un lado a otro, a quién no le ha pasado. Entonces sube a un barco una, dos, cinco, hasta veinticuatro toneladas de mármol y cruza el océano. Bienvenidos a la vida de Pablo Atchugarry, escultor.
-¿La remera vino así o es polvo de mármol?
-Esto es polvo de mármol.
El año Le Parc arrancó en Punta del Este: «Quise hacer un arte que pudiera compartirse con la gente»cultura
Ahora, enero de 2019, Atchugarry está sentado, con su cuerpo enorme desbordando una sillita, frente a una laguna, en Garzón, a 60 kilómetros de Punta del Este, en un parque que compró para hacer una fusión de arte y naturaleza. Acaba de ofrecer un asado donde había periodistas, funcionarios, artistas. Lleva una remera rosa, como con nubes blancas: el mármol. Sonríe.
El hombre que está en la sillita es uno de los escultores más cotizados del mundo: hace obras enormes, en mármol de Carrara, cuyo precio puede cruzar la línea del millón de dólares. Hace curvas, pliegues: le chamuya al oído al mármol y lo tiene convencido de que es lino.
-¿Un poco estás volviendo a Uruguay?
-Hace años que estoy que voy y que vengo.
Atchugarry nació en Montevideo en 1954 y en 1977 se fue a probar suerte a Europa. Un año más tarde hacía su primera exposición individual en Lecco, cerca del lago de Como. En 1982, se quedó. Le encargaron una Piedad, para una iglesia. La hizo en un bloque de mármol de 12 toneladas, un Cristo flaco arrojado sobre su madre que encontró su lugar en una capilla, hasta que a un sacerdote le pareció, quién sabe, inapropiado, y lo sacó. Atchugarry lo volvió a comprar y se lo llevó a Uruguay.
Ahora uno de sus talleres está en Italia y el otro acá, cerca de Punta del Este. Pero no en Garzón sino en Manantiales, donde tiene un parque de esculturas hermoso, con obras de Gyula Kosice, de Enio Iommi, del uruguayo Octavio Podestá y de Alicia Penalba, entre otros. En una capilla laica, en Manantiales, puso su Piedad. Y se acaba de comprar una de las esferas del argentino Julio Le Parc, igual a la que está en el CCK, pero naranja.
La Piedad, la escultura de Pablo Atchugarry que volvió de Europa. /FPA
La Piedad, la escultura de Pablo Atchugarry que volvió de Europa. /FPA
Ahí también está su taller, se ve porque a la entrada, por todas partes, hay tirados bloques de mármol que él fue en persona a comprar a las canteras de Carrara. «Ritz-Carlton», está escrito en uno de ellos: es un encargo para la famosa cadena de hoteles. Por acá anda muchas horas, amoladora en mano: hace poco la herramienta se le cayó en un pie y estuvo herido 70 días. «Y bueno, son problemas del oficio, de la profesión. Como dicen en Carrara, cuando uno se lastima: ‘es el arte’ que entra en el sangre».
-En este mundo, de arte contemporáneo y cosas muy conceptuales, usted usa un material muy clásico.. Y busca una forma bella, algo que tampoco se usa.
-Creo que la belleza es uno de los valores que hemos denigrado, casi ignorado, porque parece que el arte tiene que ser protesta, tiene que ser brutal; instalaciones, mensajes… Yo voy un poco contracorriente. En un tiempo donde las cosas son efímeras, yo pienso en, por lo menos, cinco mil años.
Monumental. Una de las obras de Pablo Atchugarry, en Montevideo /FPA
Monumental. Una de las obras de Pablo Atchugarry, en Montevideo /FPA
-¿Por qué?
-Si tenemos un mensaje en el que creemos, bueno, que perdure, lo más allá posible. Y por eso elijo siempre materiales imperecederos.
-Cuando elige mármol, elige tiempo. Y además son obras que se pueden poner en la calle.
-Exactamente. Pensemos que el David de Miguel Ángel estuvo 300 años en Piazza della Signoria, en Florencia, antes de pasar a un museo. Además, creo que cada uno tiene que ser muy coherente consigo mismo. No se pueden hacer cosas por moda o porque sí, son cosas por uno mismo, por su corazón, por su alma. Ya te digo, hay que utilizar bien estos años que nos toca vivir.
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-¿Y usted sabe cuál es su mensaje?
-Cada ser humano, tiene ese mensaje ahí adentro. Pero va quedando un poco escondido, en estructuras culturales, en lo que vamos viendo, en lo que vamos aprendiendo. Entonces nuestro mensaje queda siempre escondidito dentro nuestro. Lo que hay que hacer es el trabajo del arqueólogo, del que va quitando hasta llegar al mensaje original.
-¿Y cómo es su vínculo con el mármol? ¿Cómo lo siente?
-Es un amor, es una novia. Desde que elijo el bloque, por qué ese y no otro, en la cantera hay miles. Es el bloque de mármol el que elige a su escultor. Algo te llama.
-¿Cómo arrancó con ese material? Es caro, difícil…
-Cuando estaba en la escuela, acá en Uruguay, a los 12 años, me tocaba hablar sobre Europa. La maestra había dividido la clase en equipos y al mío le tocó Italia. Mi padre fue al consulado, a buscar algún folleto. En vez de encontrar Roma, Venecia, Florencia, encontró el lago de Como. Yo en esa lección, a los 12 años, terminé hablando del lago de Como y del mármol de Carrara. Hoy vivo en el lago de Como y trabajo el mármol de Carrara.
Los gustos, en vida. Atchugarry este enero con Julio Le Parc, su mujer Silvana Neme y su hijo Piero. /FPA
-Hay escultores que diseñan y el ayudante esculpe. ¿Usted se mete con el material?
-Sí, hago todo el proceso. La mayoría de los artistas escultores están en talleres donde ejecutan obras para otros escultores y actualmente las ejecutan los robots. Muchos artistas están en el café tomando un aperitivo. Presentan una maqueta y la máquina o el taller la hacen.
-Pero…
-Yo digo que el proceso artístico tiene que pasar por la mente, el sentimiento, la creatividad y las manos. Y además, las manos son también autónomas, porque van tomando decisiones, no solamente obedecen a la mente y el corazón. Para mí el artista no puede ser solamente un proyectista
-Estas obras tienen sus huellas digitales.
-Sí, tienen la huella, el ADN está allí. Hay una relación muy, muy íntima con la materia.
-¿Cansa?
-Claro.
-¿Con qué herramienta trabaja?
-Con amoladoras, con discos diamantados, sin protección. Hace poco se me cayó una en el pie prendida y estuve 70 días con una herida en el pie. Hay muchas decisiones que tomar. La escultura tiene la tercera dimensión, tiene el volumen. Tiene que ser coherente y armónica en 360 grados.
-¿Trabaja muchas horas?
-Me impongo doce horas por día. Navidad, Año Nuevo, feriados, sábado, domingo, todos los días. Y me falta el tiempo para todo lo que quiero hacer.
-Trabaja muchas cosas que le piden para lugares específicos, por encargo. ¿Cómo hace para que terminen siendo obras propias?
-Demos un paso atrás. El Moisés de Miguel Ángel era parte de la tumba del Papa Julio II. Con un grupo de personajes que Miguel Ángel dejó inacabados por falta de fondos. Es decir, se murió el Papa y nadie quiso pagarle esa tumba faraónica. Eso habla del encargo como una tradición. Es un disparador. No quiere decir que el artista haga lo que quiere el comitente. Si no estaban los Médici, si no hubieran forzado a Miguel Ángel a hacer la Capilla Sixtina, él nunca la hubiera hecho. Le hacen un encargo, Miguel Ángel hace esa obra, a regañadientes pero la hace, y nos deja uno de los capolavori más maravillosos.
(Clarín)

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Nox Film Fest: se conocen los premiados

Dio a conocer los resultados de su trabajo el Jurado que actuó en la cuarta edición del festival de fantasía y terror, Nox Film Fest, evento que desde el 9 al 12 de este mes se desarrolló tanto en el Ateneo (dadas las inclemencias del tiempo) como en el Parque Solari (su ámbito natural). El jurado estuvo conformado por Valentina Lellin, Lucio A. Rojas y Rodofo Santullo, y los premios otorgados fueron los siguientes:

Mejor largometraje: “Punto muerto”, de Daniel de la Vega; Mejor cortometraje: “Cerdita”, de Carlota Martínez; Mejor cortometraje fantástico: “Le Blizzard”, de Álvaro Rodríguez; Mejor cortometraje iberoamericano: “La peste”, de Guillermo Carbonell; Mejor cortometraje uruguayo: “Abendlied”, de Jorge Menoni; Mejor actriz de largometraje: Mirta Wons (“Pendeja, payasa y gorda”); Mejor actor de largometraje: Germán De Silva (“No sabés con quién estás hablando”); Mejor actor de cortometraje: Iñake Irastorza (“Antxni”); Mejor música para película: Luciano Onetti (“Abrakadabra”); Premio Especial Mujeres del Terror: Beatriz Olcina (“Sigue contando”). Alfredo Zitarrosa
Vale recordar que la Dirección general del evento es del mexicano, radicado en Salto desde hace ya varios años, Salomón Reyes.
1989 – 17 de enero – 2019
Alfredo Zitarrosa moría un día como hoy, hace 30 años
La muerte vino por Alfredo un 17 de enero, como hoy, de hace 30 años. A poco estaba de cumplir 53 años cuando la muerte vino por él.
“Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco… Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma… Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches del café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplegia, al Uruguay batllista, a Arístides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables… Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión…”. Pero cabe preguntarse si realmente lo encontró, si halló la verdadera sustancia de vida que tenía él, porque sucede que a cada momento, más allá de los años transcurridos, alguien dice unos versos suyos, ensaya algunos de sus acordes o tararea No te olvides del pago…es decir, Alfredo Zitarrosa sigue estando. Claro, la muerte no lo encontró.
“…no halló nada… No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Arístides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie. Ni a los muertos Fernández más recientes… A mí tampoco me encontró… Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida…”. Y está, sobre todo, en el recuerdo y el afecto de este país.7-26

Falleció el escritor Saúl Ibargoyen
El pasado miércoles 9 falleció en Ciudad de México, donde residía desde 1976, el escritor uruguayo Saúl Ibargoyen. Periodista, poeta, narrador y ensayista. Dirigió el sello y revista Aquí Poesía (Montevideo); fue Jefe de Redacción y Subdirector de la revista Plural (2da. época, México). Colaborador de El entrevero, Archipiélago, Tinta seca, Casa de las Américas, Excélsior, Plural, entre otras publicaciones. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, ruso, bielorruso, portugués, árabe y esloveno. Premio Nacional de Poesía “Carlos Pellicer” 2002. Premio Nacional XXXIV Juegos Flores de San Juan del Río, Querétaro, 2004. Entre los premios más importantes recibidos en Uruguay cabe destacar los otorgados por el Ministerio de Educación y Cultura. Miembro de la Academia de las Letras de Uruguay desde 2008.
Sus principales poemarios son “El pájaro en el pantano” (1954), “Palabra por palabra” (1969), “Exilios” (1978), “Basura y más poemas” (1991) y “El escriba de pie” (2002). Había nacido en Montevideo el 26 de marzo de 1930.

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El Japón que sobrevivió a las bombas atómicas, desde la mirada de un viajero uruguayo

De Hiroshima a Nagasaki: huellas de uranio

(EL PAIS CULTURAL)
n una calle no muy transitada de Hiroshima detenemos nuestra caminata nocturna frente a una pequeña placa. En la esquina hay un pequeño supermercado de 24 horas, o conbini, como le dicen en Japón. Detrás de la placa se levanta un edificio chico vestido con baldosas grises y nada podría hacer que esta cuadra pareciera menos interesante.
Sin embargo, leemos la placa y al igual que debe hacer casi cualquier turista, miramos hacia arriba, al cielo oscuro y estrellado, para imaginarnos un flash inabarcable. Es que exactamente seiscientos metros por encima de nosotros estalló Little Boy. Esta placa indica el hipocentro, el punto donde estalló la primera bomba atómica arrojada sobre población civil.foto cultu
Cuatrocientos ochenta y nueve kilómetros en tren hacia el sur hay otro hipocentro, algo menos recordado: Nagasaki. Está marcado con un alto monolito negro que apunta hacia el sitio en el aire donde estalló Fat Man, la segunda bomba, y está rodeado por amplios círculos concéntricos escalonados con pasto, que sugieren la onda expansiva. Pero como fue la segunda, tuvo menos prensa y es menos recordada, por lo que hay poco turista atómico, a pesar de que tiene un mejor museo y memorial que el de Hiroshima. Hasta en las desgracias, ser el primero tiene sus ventajas.
Ese fenómeno del destaque de una ciudad sobre otra empezó cuando en mayo de 1946, nueve meses después de la bomba, The New Yorker envió al periodista John Hersey a Hiroshima, a hacer un extenso reportaje sobre las víctimas. El estadounidense estuvo un mes en la ciudad y siguió las experiencias de seis sobrevivientes. Cada uno de ellos contaba su vivencia del horror del día en que estalló Little Boy y cómo, por azar, milagro o la razón que se quiera, se salvó para ser testigo del infierno desatado. Sin embargo, señala Hersey, lo que tenían en común entre ellos y los demás sobrevivientes que fue encontrando, era una suerte de orgullo por la forma en la que habían salido adelante después de una experiencia que no tenía puntos de contacto con nada que la humanidad hubiese visto hasta ese momento.
Mientras paseamos por el parque del castillo de Hiroshima, a pleno mediodía, un japonés veterano nos sigue en bicicleta hasta que nos alcanza. “¿De dónde vienen?” nos pregunta curioso y contento. Cuando le respondemos, exclama “¡Uruguay!” (porque todos los japoneses lanzan exclamaciones con frecuencia) y luego nos dice, literalmente, “Bien-va-nido”. Y se despide con un saludo y más sonrisas.
No es el único que en Japón reacciona de esa forma. Y es común que cualquiera sepa que Uruguay está en Latinoamérica y que se habla español, ya sea por referencias futbolísticas, por Mujica o por simple cultura general. En Nagasaki, el dueño del hostal en el que nos quedamos es un joven que nos pregunta cómo conseguir mate, ya que quiere probarlo después de haber visto cómo lo toman Messi y Suárez.
En Hiroshima el clima relajado de sus calles y habitantes y su buena disposición parecen hablar de una ciudad que no solo cuida la gigantesca cicatriz que le dejó la fisión nuclear de un kilo de uranio enriquecido, sino que la muestra con una mezcla de solemnidad y orgullo nacional. No en vano cuidan y exhiben las ruinas del domo Genbaku, esqueleto de un antiguo edificio público y una de las pocas cosas que quedaron más o menos en pie en los alrededores del hipocentro.
Hacia el final de su libro, Hersey escribe: “Un sorpresivo número de personas en Hiroshima seguían más o menos indiferentes con respecto a la ética de usar la bomba. Posiblemente estaban demasiado aterrorizados por ella como para pensarlo…”. Ahí aparece otro factor que descubrió el periodista: la idea de que atravesaban el horror atómico en nombre del emperador y de su imperio.
Ese factor no aparece mencionado en el estremecedor Museo de la Paz de Hiroshima, donde solamente se dice que Japón inició la guerra del Pacífico con el ataque a Pearl Harbor, en 1941. Es cierto que el foco del museo es la recreación del momento de la bomba, eso que los sobrevivientes describían solo como un flash enceguecedor, las consecuencias horrendas que la guerra llevó a la población civil y la concientización sobre la carrera nuclear e incluso el mercado negro de esas armas en este siglo. Pero por otro lado, afirman los textos del museo, Estados Unidos podría haber amenazado con la bomba en lugar de arrojarla como forma de justificarle a su propia población los dos mil millones de dólares que habían invertido para desarrollarla.
El grito de guerra Tenno heika, banzai, o Larga vida al emperador, que menciona Hersey como algo que se repetían algunas de las víctimas de la bomba, tampoco aparece en I Saw It (Lo vi), un manga de Keiji Nakazawa. Se vende en el museo de Hiroshima y tiene la virtud de haber sido el primer cómic que recreó en primera persona el horror de todo lo que siguió a la mañana del 6 de agosto de 1945. Es una historieta de veinticuatro páginas que cuenta explícitamente lo que vio el autor, lo que perdió su familia, la miseria de los años siguientes y cómo se convirtió en historietista, o mangaka. Nakazawa hizo después un manga más ambicioso y fundamental para entender esta tragedia, Gen Piesdescalzos, que luego fue adaptada al animé.
En I Saw It hay una escena que tal vez ayude a entender la actitud japonesa ante la catástrofe y cómo se reconstruyeron estas Hiroshima y Nagasaki que respetan sus cicatrices, pero que reciben con alegría y orgullo a los turistas. Es la secuencia en la que la madre de Nakazawa crema el cuerpo de su bebé, muerto por desnutrición, y luego sostiene su cráneo. “Mi madre miró a las llamas sin derramar una lágrima”, dice el autor. “Supongo que no tuvo tiempo de llorar, porque era lo único que podía hacer para mantenerse viva y alimentarnos”.
Es de noche, otra vez, y a la orilla del río Motoyasu, que cruza Hiroshima, se paran decenas de niños y un profesor. Para un extranjero es raro ver a esa hora tantos niños con un solo adulto responsable. Varios de ellos nos saludan amablemente y luego todos entonan una canción, al mismo tiempo que en la otra orilla algunos adultos encienden y colocan lámparas rojas en el agua. Mientras siguen su delicada y melancólica canción, caminan a la par de las lámparas, llevadas por la corriente. Nosotros seguimos sus pasos y atendemos a todo lo que hacen. Es inevitable y parece una lección involuntaria, como todo en estas dos ciudades.

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Biografía imperdible sobre Al Capone, figura compleja del Crimen Organizado en los Estados Unidos de Norteamérica

Al Capone, Vida y Leyenda. Gánster feroz, esposo feliz

En junio de 1895 el matrimonio formado por Gabriele y Teresa Capone llegó a Estados Unidos. Provenían de un pueblo de las afueras de Nápoles, y traían consigo a sus dos primeros hijos, Vincenzo, de tres años, y Raffaele, de diecisiete meses, y el denodado empeño de establecerse con éxito en la tierra de todas las promesas. Gabriele no solo desembarcó con un oficio a cuestas (era panadero, aunque al poco de llegar tuvo que ganarse la vida como peluquero), sino que cargaba un tesoro de alguna manera extraño para aquellos tiempos: sabía leer y escribir. al capone

Pronto se instalaron en Brooklyn, primero en las zonas más periféricas, pero fueron cambiando de lugar hasta afincarse en un barrio trabajador, donde la mezcla de nacionalidades no provocaba problemas en la convivencia y los inmigrantes se respetaban entre sí, sin importar el país de donde fueran oriundos. Allí nacieron sus otros seis hijos, el primero de ellos en 1899, quien fue bautizado Alphonse y a quien toda la familia llamaría Al. “Con diez o doce años pasaba por un joven de dieciséis o dieciocho”, escribe Deirdre Bair, la autora de Al Capone. Su vida, su legado y su leyenda. “Al igual que sus hermanos, era más alto que la mayoría de los italianos y de adulto, según quien lo dijese, medía un metro setenta y cinco o cerca de un metro ochenta. Cuando estaba en la flor de la edad pesaba más de cien kilos, alrededor de ciento quince, pero como era muy musculoso, llevaba bien el sobrepeso”. En plena adolescencia Al conoció a Johnny Torrio, un italiano que manejaba una pequeña organización encargada de extorsiones a comerciantes, y que administraba los ingresos de una red de garitos y prostíbulos en Brooklyn. No tardó mucho para que se incorporara a la misma y se convirtiera en uno de los miembros preferidos del líder, y cuando este marchó a ampliar sus negocios a Chicago, lo encomendó a otro capo, el calabrés Frankie Yale. Trabajando en uno de los tantos tugurios de Yale y tras piropear a una muchacha, Al recibió tres tajos en la cara, cargando desde entonces con su célebre apodo, Scarface (Caracortada), y con el inútil esfuerzo por disimular las cicatrices de su mejilla izquierda.

EL NUEVO ROCKEFELLER

Pendenciero, mujeriego empedernido, Al conoció a Mary Josephine Coughlin, a quien todos llamaban Mae, cuando trabajaba como operario en una fábrica de cajas de cartón y ella se desempeñaba como administrativa en el mismo lugar. “Era una guapa chica irlandesa, de pelo rubio y ojos verdes…”, la describe Bair, y la muchacha se enamoró perdidamente. Al poco tiempo quedó embarazada y a fines de 1918 nació Albert Francis Capone (Sonny), único hijo de la pareja, quien soportó desde bebé y hasta bien entrada su adolescencia serios problemas de salud: Al le había contagiado sífilis a Mae y si bien ella nunca desarrolló síntomas, le había transmitido la enfermedad al niño. Al poco tiempo Al viajó a Chicago y se incorporó a la nueva organización de Torrio, quien tras asesinar a su cuñado (Giacomo “Big Jim” Colosimo) se había apoderado de la mayor red de prostíbulos de la ciudad y, aprovechando la recién promulgada Ley Seca, de la masiva distribución de bebidas alcohólicas. En 1925 tres hombres de un grupo rival, llamado Banda del Lado Norte, entre los que estaba “Bugs “Moran, atentaron contra Torrio, quien salvó su vida de milagro. Con algo más de cuarenta años de edad y una fortuna considerable, este decidió retirarse de sus negocios y dejar en su cargo a Capone, su más fiel y capacitado lugarteniente. En poco más de cinco años Capone se hizo con una fabulosa fortuna, tan abultada que un periodista de la época escribió que era algo así como “el Rockefeller de unos 20.000 puntos de abastecimiento antiprohibicionista”, al mando de cerca de mil hombres. En 1926 los ingresos brutos de lo que ya se conocía como la Organización, “procedentes de las extorsiones y la prostitución se estimaban, calculando por lo bajo, en 105 millones de dólares al año (serían aproximadamente 1.377 millones en 2015)”. Y con apenas treinta años, el patrimonio de Capone alcanzaba los 550 millones de dólares actuales.
Pero si de redondear cifras se trata, es inevitable este dato obtenido de una consultora de la época: “entre 1920 y 1930 hubo alrededor de 700 muertes relacionadas con las bandas”, y se creía que Capone era el responsable “directa o indirectamente” de unas doscientas. Apenas pisar Chicago, Al demostró no solo su capacidad de mando y sus agallas para enfrentarse a cualquier enemigo que se cruzara en su camino, sino también su habilidad para darle a la Organización una estructura financiera de primer orden, que se regía con las mismas estrategias del capitalismo más salvaje y eficaz. Simultáneamente, también había reunido a su familia en una enorme casa donde convivían su esposa, su hijo, su madre (el padre había fallecido en 1919) y sus hermanos menores, aunque por lo general él permanecía escondido en uno y otro aguantadero, poniéndose a salvo de las permanentes amenazas de las bandas rivales.

SANGRIENTO SAN VALENTÍN

Extrovertido, manirroto, ampuloso en su indumentaria (gustaba vestir trajes amarillos o verdes, usar varios anillos, llevar un cinturón con hebilla de diamantes), Al se convirtió, más allá de todas las sospechas que caían sobre sus brutales prácticas, en una suerte de héroe popular, uno de los personajes más conocidos y solicitados por la prensa de todo Estados Unidos. Saludado por amplias franjas de la población que veían en sus permanentes desafíos a la Justicia y a la policía una suerte de revancha de las infamias de un sistema que caminaba hacia la peor crisis de su historia (el Crac del 29 o Gran Depresión), vivió su efímero esplendor con intensidad, siempre rodeado de mujeres, guardaespaldas y matones de toda calaña. En marzo de 1928, poniendo distancia de los riesgos cada vez mayores de su actividad, compró una fastuosa residencia en Palm Island, en la Biscayne Bay de Miami Beach, Florida, con treinta metros de costa de su exclusiva propiedad donde amarraba su lancha a motor y su yate de diez metros de eslora. Primero instaló a Mae y a Sonny, pero pronto el resto de su familia comenzó a pasar largas temporadas. Desde allí planeó una sanguinaria operación para acabar con la vida de su archienemigo “Bugs” Moran. El 14 de febrero de 1929 concretó lo que se conocería como la Masacre de San Valentín. Ese día, algunos de sus sicarios disfrazados de policías tendieron una trampa a siete hombres de la Banda del Lado Norte, los hicieron colocar contra una pared y los acribillaron brutalmente, pero Moran no estaba entre ellos. Esta matanza y el asesinato de Jake Lingle, un periodista del Chicago Tribune en un principio favorito de Capone, “pero años después ejecutado muy probablemente por orden suya, por rebasar los límites de lo que Capone quería que se supiera de él y de la Organización”, causaron tal impacto en la opinión pública que la inicial corriente de simpatía volcada sobre el también llamado Enemigo Público nº 1, empezó a decaer precipitadamente. Y entre tanto, los principales empresarios de Chicago comenzaron a financiar una serie de investigaciones sobre las actividades de quien se había convertido en un inescrupuloso competidor que jamás había pagado un dólar de impuestos.
(EL PAÍS CULTURAL)

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Gran pérdida para el teatro y la cultura salteña ¿Por qué la Intendencia cesó a Raúl Rodríguez Da Silva?

Hace poco más de un año (edición del 23/11/17), cuando hablábamos en esta página de la rica historia, y también presente, del teatro salteño, reflexionábamos: “…seguimos lamentando la pérdida (desconocemos realmente cuáles fueron los motivos) del taller de teatro municipal que brindó en nuestra ciudad (Ateneo) hasta hace algún tiempo Raúl Rodríguez Da Silva, director de amplia y reconocida trayectoria en varios países de Latinoamérica y de Europa…”.
Raúl Rodríguez Da Silva había asumido dicho cargo docente por concurso, a comienzos del año 2013 (como también lo hicieron, siempre hablando de teatro, Zully Vallarino, Pablo Sánchez y Roberto Lucero), concurso que dispuso como una de las primeras medidas al asumir su cargo, el entonces Director de Cultura, Prof. Académico Leonardo Garet. El suyo fue en aquella instancia un altísimo puntaje, de los más altos entre los concursantes para todas las disciplinas a las que se convocó. (Dicho sea de paso, hace algún tiempo, varios orientadores de talleres nos hicieron saber su preocupación porque las actas con los resultados de aquel concurso estaban “desaparecidas”).Raúl Rodríguez Da Silva
Hoy estamos en condiciones de decir que el cese de Rodríguez Da Silva se debió puramente a una decisión de las nuevas autoridades de la Intendencia (entiéndase Andrés Lima como Intendente y Jorge de Souza como Director de Cultura), cuyos motivos ni el propio docente tiene del todo claro.
LO CESARON POR TELÉFONO
Hace algunos días, consultado por EL PUEBLO al respecto, el docente comentó: “En realidad las nuevas autoridades me cesaron. Argumentaron un tema económico. Todo lo hicieron por teléfono, luego de algunas conversaciones muy alentadoras que yo había tenido con el Director (Maestro Jorge De Souza) y Subdirector de Cultura (en ese entonces Profesor Regino López)…Creo que Zully Vallarino (quien ocupara luego el cargo de Coordinadora de los Talleres Artísticos, actualmente orientadora del “Elenco Departamental de Teatro”) fue la encargada de darme la mala noticia…”.
Pero al considerar las posteriores contrataciones que realizó el Departamento de Cultura para, entre otros cargos, nuevos orientadores de talleres, así como el llamado realizado en estos días, es que el argumento económico no llega a convencernos. Y es por ello que, púbicamente, trasladamos a las autoridades la pregunta del título de esta nota.
DEJÓ SU HUELLA EN SALTO
Durante el tiempo que se desempeñó en nuestra ciudad, Rodríguez Da Silva, duraznense por nacimiento y sanducero por adopción, dejó una muy buena huella trazada. Realizó varias e importantes presentaciones, incluso en el Teatro Larrañaga (donde actuaron, por citar tan sólo un par de ejemplos, la profesora Yiya Migliaro y el arquitecto Juan Carlos Ferreira, entre varios referentes más de nuestra cultura, junto a jóvenes y adolescentes que hacían sus primeras armas), actividades a las que siempre quiso llamar “muestras” y nunca “puestas en escena” ni “obras”, por entender que sus alumnos (tampoco los llamaba “actores”) estaban en pleno proceso de aprendizaje y que ello implicaba una necesaria carga de humildad y bajo perfil.
Respeto por la seriedad, la pasión y el profesionalismo para enseñar, admiración por su nivel intelectual, enorme cariño por su forma de ser amable y humilde, así como agradecimiento por su permanente aliento a superase, es lo que predomina en el recuerdo de quienes han sido sus alumnos. “Te enseñaba las bases del teatro, para que recién después, quien quisiera, pudiera innovar”, “exigía bastante y te hacía entender lo necesario que es exigirse para crecer”, “no te enseñaba solamente cosas prácticas de la actuación, además te hacía leer mucho y hasta escribir”, son algunas de las cosas que nos han señalado quienes lo tuvieron como docente en nuestra ciudad.
FERVIENTE ADMIRADOR DEL TEATRO RUSO
Asimismo, nos viene a la mente el acto realizado el 22 de noviembre de 2013, al descubrir en el hall del Teatro Larrañaga, por iniciativa suya, una placa recordatoria de Stalisnavsky, maestro del teatro ruso y uno de los mayores referentes de esta disciplina artística a nivel mundial. Sobre la vida y obra de Stalisnavsky, especialmente sobre aspectos de su teoría del teatro, también realizó interesantes charlas en nuestro medio. Raúl Rodríguez Da Silva, hombre además vinculado a la política (fue nada menos que candidato a la Presidencia de la República por el partido Asamblea Popular en 2009), cuenta con una larga y fecunda trayectoria dentro del ámbito teatral nacional y con proyección internacional. La afinidad con el teatro ruso es una de sus características y desde Rusia le llegan con frecuencia invitaciones para dirigir obras e impartir enseñanzas, lo que significa, según él, “de alguna manera introducir la dramaturgia latinoamericana en el arte ruso”.
POR EL BIEN DE SALTO…
La placa colocada en el hall de nuestro Teatro Larrañaga quedará seguramente para siempre, así como sus enseñanzas en el buen número de salteños que asistieron a sus cursos en los dos años, aproximadamente, que trabajó aquí. Por la dedicación con la que trabajó, creemos que no merecía el hecho en sí (el cese) ni la forma en que se dio (por teléfono). Por el bien del teatro y la cultura en general de Salto, es de esperar que las actuales autoridades revean su postura. O que nuevas autoridades que en el futuro puedan llegar, lo tengan en cuenta.

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Montevideo se prepara para WeComm, el primer Congreso de Comunicación Digital

(Montevideo, Uruguay) Poco a poco, las luces de la Rambla de Montevideoempiezan a encenderse para recibir WeComm, el primer Congreso Internacional Comunicación Digital, que se llevará adelante en las instalaciones de Kibon Avanzael próximo 7 y 8 de mayo.
El evento es organizado por OGreat Marketing Digital, una agencia local, en asociación con la Cumbre Mundial de Comunicación Política, organizadora de exitosos eventos en América y el ámbito de Interacción por excelencia de las mejores prácticas de comunicación política en el mundo.
El Congreso, que ha sido declarado de interés por el Ministerio de Turismo y Deporte del Uruguay, surge con el fin de romper con la estructura tradicional de los seminarios de comunicación, sumando paneles de debate, análisis y discusión de actualidad, además de talleres prácticos, buscando proporcionarle a profesionales, emprendedores y estudiantes de comunicación las herramientas necesarias para alcanzar la profesionalización.
“Hoy en día, para toda organización, sea cual sea el rubro, es fundamental el vínculo con sus clientes a través de las plataformas digitales. No contar con presencia activa supone estar en desventaja con respecto a los competidores. La inversión digital en los países de Europa supera el 50%, porcentaje que dista y mucho del de los países latinoamericanos, lo que refleja que aún hay mucho por hacer”, explicaron en un comunicado desde la organización.
En este contexto nace WeComm, cuyo desafío es el de visibilizar la relevancia del campo digital y la importancia que ha tomado a nivel internacional, apostando a generar un contenido de valor y destacado.
Como conferencistas, ya fueron confirmados consultores, politólogos, periodistas, asesores y empresarios de México, Argentina, España, Ecuador, Chile y Uruguay, quienes brindarán sus conocimientos aportando una mirada fresca e innovadora orientada a construir los cimientos para el crecimiento de la Comunicación Digital en América Latina.

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Se realizó el Fogón de Guayabos en homenaje al izado de la primera bandera artiguista

En Plaza Artigas

Se llevó a cabo este jueves 10 de enero, en la Plaza Artigas, el Fogón de Guayabos, activida02d dedicada a recordar y homenajear el triunfo de las fuerzas artiguistas en la batalla de Guayabos, ocurrido en enero de 1815, hecho que puso fin a la dominación porteña en la Provincia Oriental.
Se trata de una iniciativa del departamento de Cultura de la Intendencia de Salto con la participación del Grupo de Apoyo a la Tradición Salteña y la Comisión de Amigos del Patrimonio, quienes realizaron una reseña histórica sobre los acontecimientos recordados. La actividad contó además con la presencia de integrantes de Regimiento de Blandengues de Artigas, quienes hicieron entrega de la Bandera Federal. Seguidamente, la actividad se trasladó al Mercado 18 de Julio, con la actuación de varios 01artistas locales.
La marcha a caballo que estaba prevista como parte de estas actividades debió suspenderse debido al estado del tiempo y a los pronósticos meteorológicos adversos, pero se mantiene la realización del acto protocolar de izado de la Bandera Federal, que será el domingo 13 de enero a las 19 horas en Paso del Potrero de Arerunguá. Participarán autoridades y representantes institucionales y sociales y habrá un acto artístico-cultural con números musicales y una muestra de elementos históricos de la época.
Cabe recordar que el 13 de enero de cada año fue declarado el Día de la Primera Bandera de José Artigas mediante la Ley 19.571.

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La 4ª Edición del Nox Film Fest retoma sus actividades a partir de este viernes en el Parque Solari

Se está llevando a cabo la 4ta. Edición del Nox Film Fest bajo la dirección de Salomón Reyes, un evento de relieve internacional al que han acudido cineastas de diferentes partes del mundo.Afiche
Días pasados el evento – que inicialmente fue organizado en el Parque Solari – fue trasladado al Ateneo de Salto por razones climáticas.
La organización informó a EL PUEBLO que a partir de este viernes, debido a la mejora del tiempo se retomarán las actividades en el Parque Solari. Recordamos que es un festival que puede ser vivido en familia, una oportunidad única de recreación y de disfrute.

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Poeta: la faceta menos conocida de Alba Roballo

La cigarra de Eunomo”, libro de Julio Garet Mas, publicado en 1954 y reeditado recientemente por Ediciones Aldebarán, entre los acertados comentarios sobre la vida y obra de más de treinta poetas uruguayas mujeres, nos trae a la memoria personalidades olvidadas, al tiempo que arroja luz sobre cosas no siempre conocidas. Es este el caso que nos ocupa hoy, el de la faceta de creadora de poesía de Alba Roballo, a quien sí se recuerda frecuentemente, sobre todo por sectores de izquierda, como una abogada de importante militancia política.

Hay que tener presente que fue dirigente fundadora del Frente Amplio, electa diputada y senadora y fue, además, la primera mujer ministra en nuestro país. Hace poco tiempo, más precisamente los primeros días de setiembre del pasado año, la Cámara de Diputados le rindió un homenaje al cumplirse 110 años de su nacimialba.roballo-777x437ento.
Se nos ocurre razonar que cuando aparece “La cigarra de Eunomo”, Alba Roballo se encontraba en plena actividad, tenía 46 años (había nacido en Isla Cabellos, hoy Baltasar Brum, departamento de Artigas, en 1908 y falleció en Montevideo en 1996), por lo que seguro leyó lo que el autor escribió sobre ella. Vale la pena compartirlo: “Alba Roballo…Publicista, oradora, jurisconsulta… Imagínasela comúnmente en la atmósfera agitada y febril del periodismo de combate, en la tribuna ideológica o en su bufete; no todos saben que acude a diario a solucionar problemas ajenos –ajenos y oscuros; de los desheredados, en especial-; es menos conocida todavía su faceta lírica. Este último aspecto suyo tiene enorme significación, sin embargo; fue quizá el primero en manifestársele, allá en su pueblo rural, Cabellos, tan apacible y tan dramático. La niña aquella, de rara vivacidad, con claro fulgor en la frente, ¿qué experimentó al entrar en la vida: el despertar del canto, en su garganta, o la crispación de sus puños ante la injusticia? Acaso ella misma lo ignore. Lo exacto es que dio, muy joven, un volumen de versos, “Se levanta el sol”, pujante, rebelde, pletórico, y también que publica ahora “La tarde prodigiosa”, todo un libro por su honda emoción, por la calidad de sus poemas y por su unidad.
Dolor, cansancio, zozobra, desesperanza hay en su nueva obra. He aquí a la mujer fuerte –dispensadora de consuelos y de ayuda, galvanizadora de voluntades-, a solas con su angustia, que es la de una sensibilidad extrema y la de una inteligencia poderosa. Angustia guardan, sobre todo, estas páginas; encierran una ansiedad que no consigue salvar límites infranqueables, contienen el eco de una sombría auscultación. En cada canto y cada estrofa, revelan un sentido audaz de la imagen y unas pocas veces dada facultad de síntesis.
Alba Roballo, con sus inquietudes sociales y su obra poética, pertenece al linaje de los espíritus “agonistas” que capta en “El sayal y la púrpura” el sugestivo y medular Eduardo Mallea. Es uno de nuestros valores aún no aquilatados por la crítica”.
Las páginas de “La cigarra de Eunomo” dedicadas a ella finalizan con su poema “El país que no quiero nombrar”:
Allí en profundidad, en el mirar distante, en el andar pausado, golpeándome en las sienes como un presentimiento de las manos y en el temor secreto de los huesos.
Pensamiento tenaz, premonición oscura, que vivo tercamente, resignada amando en despedida toda cosa,
besando el aire, hundiéndome en toda claridad de la mañana, quemando mis vigilias noche a noche
y bebiendo mi llanto gota a gota. Devorando caminos, arboledas, siguiendo el viaje de nubes volanderas y el canto de este mar, sus ruidosas gaviotas,las calles olvidadas, los muros florecidos, los plátanos quemados por el viento, un pedazo de cielo en mi ventana; las remotas candelas de la tarde,
la eterna hechicería de la luna.
Mis nuevas bodas con las cosas viejas, mis viejos sueños en encuentros nuevos.

Vivo y sé bien que voy muriendo, vivo y tan solo tu apretado abrazo
me puede sostener en este miedo.
En este desolado pasar, en el que cada paso
me acerca a los linderos de cipreses.
De ese lugar que no quiero nombrar porque su nombre tiene toda la angustia de mi sangre viva que ama arboledas, caminos, las ventanas abiertas a los cielos,
las casitas perdidas entre pinos, el arenal al viento,
las rocas, las marinas rías.
Y este último regreso
que a mi tejado dieron
en nidos y en rumor
las golondrinas.

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Casos reales y míticos del comisario Croce, la despedida de Ricardo Piglia por la puerta grande

Cuentos escritos con la mirada

Antes de morir Ricardo Piglia dejó preparados varios libros con la intención de que fueran publicados en fecha póstuma y los doce cuentos que integran Los casos del comisario Croce es uno de ellos. Lo escribió con Tobii, un programa sueco que convierte las pupilas del ojo humano en mouse, de modo que, si se fija la vista sobre una letra en un teclado de pantalla durante varios segundos, queda señalizada, y un pestañeo sustituye al clic. Lo escribió con la mirada porque el ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) le había dejado el resto del cuerpo paralizado, y la mirada era todo lo que podía animar el último año de su vida.
La atención sobre el mundo visible y el desciframiento de las superficies fue el modo en que Piglia reunió su trabajo crítico con la imaginación de la literatura policial, dos géneros que homologan sobre pesquisas diferentes, análisis y métodos de investigación, a menudo puramente deductivos y audaces. La realidad vista desde el lugar del otro, el carácter dinámico de la interpretación, intuiciones, corazonadas, juegos asociativos y la perseverancia del rastreador, dieron forma a los hábitos de Piglia, de su alter ego Emilio Renzi y del comisario Croce, un personaje que apareció en su novela Blanco nocturno y comparece en estos relatos tardíos para recuperar casos policiales de origen real o legendario, para poner a prueba alguna tesis literaria y rendir homenajes.cultura
Croce es un personaje pampeano, en la mayoría de los cuentos está en vías de retirarse o ya desocupado, y se mueve por zonas rurales, los pueblos de la provincia de Buenos Aires, a veces la ciudad de La Plata o la capital. Es deudor de una tradición que hace pie en los cuentos policiales de Bustos Domecq, el seudónimo de Borges y Bioy Casares, y también en los de Rodolfo Walsh. Todos reclamaron el enigma en la tradición inglesa, los motivos autóctonos del crimen y la ambientación criolla de personajes y secuencias. Pero Piglia es un narrador de fuerte carácter intelectual y sus relatos asumen el artificio de secuencias y diálogos, como a su modo lo hizo Chesterton en los cuentos del Padre Brown. “Me gustaba que aquel trozo de madera fuese una cara, pero también me gustaba que aquella cara fuese un trozo de madera” diría Chesterton en su autobiografía, a propósito de la fascinación por los títeres de su infancia. El género puede ser presentado como el artefacto de una ilusión y en esa clave de juego literario están concebidos estos cuentos de Ricardo Piglia, incluso el breve prólogo, una curiosa consideración del delito escrita por Karl Marx en 1857. “El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones… El delincuente produce delitos.” Pero no solamente: “produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor encargado de sustentar cursos sobre esta materia… toda la policía y la administración de justicia… Los cerrajeros jamás habrían podido alcanzar su actual perfección si no hubiese ladrones. Y la fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda…
Lo que en este mundo llamamos el mal, tanto el moral como el natural, es el gran principio que nos convierte en criaturas sociales, la base firme, la vida y el puntal de todas las industrias y ocupaciones, sin excepción”.
La mayoría de estos “casos” son retratos en los que Piglia introduce ironías y derivas literarias, menos concentrado en resolver los enigmas por una lógica estricta que en recrear episodios, relacionar ideas y apuntar procedimientos de investigación. El caso Pesic, un marinero yugoslavo que en 1978 fue acusado de cometer un crimen en un bar de alternadoras en el puerto de Quequén, ocupa a Croce en el primero de los relatos, “La música”; un supuesto film pornográfico de Eva Duarte lo compromete en “La película”; Croce resuelve la falsa identidad de la víctima de un antiguo crimen en “La excepción”, descubre el paradero de un ingeniero reportado como desaparecido en “El impenetrable”, acompaña la devolución de la virgen de Luján en manos de un falso predicador, en “La promesa”, y atrapa a los responsables de un extraño abuso cometido contra una mujer en Mar del Plata (“La señora X”). “El jugador” es el desafío narrativo de un breve y famoso ensayo de su autoría, titulado “Tesis sobre el Cuento”, en el que a partir de una anotación de Chéjov para un relato —“Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”—plantea que un buen cuento siempre cuenta dos historias, una en superficie y la segunda, implícita. Chéjov nunca escribió ese cuento, pero Piglia ambientó la historia en Necochea y resolvió la paradoja con argumentos algo forzados y sorpresivas evidencias.
Los homenajes regresan a dos figuras iconográficas de la literatura argentina. Leandro Lezin, el astrólogo de Los siete locos y Los lanzallamas, de Roberto Arlt, después del derrocamiento de Perón se ha integrado a la resistencia contra la llamada “Revolución libertadora” y planea alcanzar el poder. “Estamos en una situación inmejorable —le dice a Croce, durante una entrevista clandestina, en “El Astrólogo”— Tenemos un líder carismático y está lejos, podemos pedir cualquier cosa en su nombre… Vamos a liquidar y a sobornar a quienes haga falta… Pero sobre todo vamos a comprar voluntades, negociar con almas; comerciar hoy es igual a hacer política, estamos en la era de los grandes negociados. La corrupción es el rostro humano del sistema, el engranaje emocional de la maquinaria abstracta del capitalismo, su eslabón débil. Los coimeros, los avivados, los ventajeros, los estafadores, los usureros son nuestros aliados, están en todos lados, en las oficinas, en las empresas, en los ministerios, y realizan por su cuenta las mismas trapisondas que el poder económico hace todos los días en escala gigantesca…”
En “La conferencia” el invitado es Borges, cuando a mediados de los años cincuenta se presentaba en los pueblos de la provincia de Buenos Aires para discurrir sobre autores y temas que convocaban a unas pocas personas. Croce es invitado a sumarse a los cinco oyentes del escritor —Piglia transcribe fragmentos centrales de la conferencia sobre la literatura policial— y antes de que Borges tome su próximo tren a Tandil comparten una cena en la que ambos se identifican con la figura del baqueano y el rastreador, plantean un crimen hipotético y conversan sobre sus profesiones.
En “El Tigre” Emilio Renzi refugia a Croce en el Delta durante la represión al peronismo, comparecen nuevos casos, y en “La resolución” y “El método” Piglia suma otros apuntes, interesado en recuperar sus anotaciones más relevantes sobre el personaje y sus métodos, antes de cerrar definitivamente los ojos.
LOS CASOS DEL COMISARIO CROCE, de Ricardo Piglia, Anagrama, 2018. Barcelona, 177 págs. Distribuye Gussi.
(EL PAIS CULTURAL)

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Frankenstein y los soles del impresionismo, evento climático modifica la historia del hombre y el arte

Clima, cultura y sociedad

Es un hecho irrefutable que en las últimas décadas la superficie del planeta ha ido calentándose. La controversia gira en discernir si dicho calentamiento es consecuencia de la actividad humana. Entre científicos, hay casi consenso de que sí: la deforestación de bosques y la generación de dióxido de carbono en fábricas o motores, y en menor medida metano en basurales y actividades ganaderas, estarían entre las causas. Ateniéndose a lo que afirma el paleoclimatólogo William F. Ruddiman, esto último estaría ocurriendo desde el Neolítico. foto cultu

Los pocos que aún discrepan sostienen que el efecto es parte de un proceso natural, no antropogénico. Ninguna de las alternativas debería sorprender; la primera, porque el esquema económico actual de sociedad de consumo va claramente en contra del delicado equilibrio de un planeta a todas luces finito; la segunda, porque ya hace tiempo que se sabe que el clima de la tierra es dinámico, afectado por múltiples causas: actividad solar, oscilaciones de la órbita de la Tierra, deriva continental.

UNA LARGA HISTORIA

La ciencia no dispone de datos fehacientes sobre el clima en los albores de nuestro planeta. Cuando la tierra se formó, hace 4600 millones de años, la escasa radiación solar que llegaba a su superficie hubiera implicado 30 grados menos de temperatura; pero abundan los indicios de que hace 4000 millones de años ya había océanos líquidos. Esa “paradoja del Sol débil” —originalmente sugerida por Carl Sagan— se resuelve suponiendo una atmósfera distinta a la actual, con 100 veces más dióxido de carbono, y potente efecto invernadero. Ya con los humanos en su superficie, el clima siguió alternando entre períodos fríos y cálidos en un proceso que se repite aproximadamente cada cien mil años. En las costas de Portugal, a la altura de Lisboa, hay pedruscos que llegaron allí desde Escandinavia, viajando en icebergs durante la última glaciación, hace unos 15 mil años.

“El imperio del clima es el primero, el más poderoso, de todos los imperios”, escribió Montesquieu en El espíritu de las leyes; lo reafirman los españoles Jorge Olcina y Javier Martin Vide en La influencia del clima en la historia (Arco Libros, Madrid, 1999): “La historia de la humanidad no hubiera sido la misma con un ambiente atmosférico siempre igual”. Climas fríos o exceso de lluvia afectaron el destino de monarcas e imperios y cambiaron el curso de guerras. Y por arriesgado que resulte atribuir causas climáticas a sucesos históricos, hay ejemplos interesantes en lo cultural: ¿pudieron ser la ciencia ficción, los impresionistas y las bicicletas una consecuencia indirecta de un cambio climático?

La evidencia muestra que entre los años 900 y 1350 Europa fue un continente en extremo caluroso. Se podía cultivar cebada en Islandia y tener viñas en Noruega. Hacia 1120, el monje William de Malmesbury describía con orgullo el crecimiento de sus vides en la zona central de Inglaterra, cosa que no volvió a ser posible hasta 1950. En ese “Óptimo Climático Medieval” surgieron las primeras universidades (como lugares públicos de discusión, posiblemente en espacios abiertos) y se construyeron las majestuosas catedrales góticas (como la de Chartres, cuyo financiamiento fue en base a donaciones de agricultores enriquecidos por estupendas cosechas). Fue en esos años que, con mejores condiciones de navegabilidad, los vikingos exploraron las tierras que rodean las frías aguas del Atlántico Norte, llegando a Groenlandia e incluso con la posibilidad de que Leif Ericsson haya alcanzado la península del Labrador, destronando así a Cristóbal Colón como primer europeo en América.

El antropólogo Brian Fagan plantea que, en un ambiente así, el gran enemigo es la sequía. Pudo ser la causa de que Angkor Vat, la capital del vasto imperio Khmer, fuera abandonada a finales del siglo XV (a la civilización maya pudo haberle pasado algo similar). También fue lo que impulsó a las hordas de Genghis Khan a invadir China en 1220 en procura de agua y pasturas frescas. Fagan sostiene que cuanto más grande y populosa es una civilización, más vulnerable es a los cambios medioambientales. “Nuestra dependencia del clima es mayor que la de un clan paleolítico”, afirma.

El Óptimo Medieval coincidió con una mayor actividad magnética del Sol. En 1851 el astrónomo alemán Heinrich Schwabe notó que la actividad del astro posee ciclos (el menor de los cuales tiene un período de once años), caracterizados por la presencia de manchas acompañadas por fáculas, regiones brillantes cuya luminosidad incrementa la energía que irradia la estrella (al revés de lo que indica el sentido común). Al Óptimo Medieval le siguió una “Pequeña Edad del Hielo” en la cual las manchas solares casi se desvanecieron y que tuvo dos mínimos: el de Maunder entre 1645-1715 y el de Dalton a fines del siglo XVIII. El último año en que no se observaron manchas fue 1810. En los años siguientes, el tiempo fue inusualmente frío (por lo menos en el hemisferio norte, donde se llevaron registros); las temperaturas medias bajaron desde 1809 y no se recuperaron hasta 1821.

EL AÑO SIN VERANO

El ya gélido ambiente tuvo entonces un inesperado catalizador: el volcán Tambora, en la isla de Sumbawa (actual Indonesia). Según los cronistas, al mediodía del 5 de abril de 1815 se oyó un ruido seco, similar a un cañonazo. Días después ocurría el mayor cataclismo geofísico de los últimos diez milenios: la montaña comenzó a lanzar rocas del tamaño de un auto. En los meses siguientes, expulsó más de 50 kilómetros cúbicos de material pétreo a la atmósfera. Su altura se redujo de 4300 a 2850 metros. El cielo permaneció oscuro durante semanas y la temperatura media descendió tres grados. Las partículas más finas permanecieron en la estratósfera en forma de aerosoles. El fuerte viento las esparció a nivel mundial. En setiembre, astrónomos europeos observaron que el brillo de las estrellas había disminuido.

Las anomalías climáticas de 1816 terminaron en un desastre agrícola de alcance mundial. En un artículo para “Scientific American” (junio de 1979), Henry y Elizabeth Stommel concluyen que las temperaturas medias en Nueva York se correspondieron “a las que ordinariamente se hubieran esperado en un punto situado a 200 millas al norte de la ciudad de Quebec”. En Europa, nevó durante todo julio (pleno verano boreal) y las recién esquiladas ovejas se congelaban en los desolados campos. Pájaros entumecidos por el frío podían ser atrapados con las manos. Los campesinos franceses, que venían remontando con sacrificio las secuelas de las guerras napoleónicas, tuvieron que resignarse a cosechas paupérrimas. Los envíos de trigo a París eran acompañados por milicias armadas. Casi no hubo vendimia y la humedad provocó una epidemia de tifus. En Irlanda, llovió más de cien días seguidos y la cosecha de papas (alimento fundamental) se perdió. Los supersticiosos llegaron a la conclusión de que el Sol se estaba apagando. La gente imploraba a Dios, por más que los diarios trataran por todos los medios de calmar esos ánimos apocalípticos.
(EL PAÍS CULTURAL)

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Reyes Magos

Los Reyes Magos”, así la tradición cristiana nombró en el Antiguo Oriente a los sacerdotes eruditos (considerados “magos”) que tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, llegaron a homenajearlo, trayéndole regalos de gran valor (sobre todo simbólico) como oro, incienso y mirra.

Melchor, Gaspar y Baltasar son los nombres que aparecen (al menos por primera vez) en el famoso mosaico de San Apollinaire Nuovo (Rávena, siglo VI), en el que se distingue a los tres magos con vestimenta de estilo persa, sus nombres encima y representando distintas edades. reyes-magos
Es recién en el siglo XI que el rey Baltasar aparece con tez negra y los tres reyes pasan a representar, además, las tres razas de la Edad Media (Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos).
Esta página de EL PUEBLO se suma hoy a la festividad de lafecha con un clásico de la poesía popular rioplatense, el poema “Reyes Magos”, escrito por Héctor Gagliardi (Buenos Aires, 1909-1984).

REYES MAGOS
¡Si vos no te portás bien, le digo a los Reyes Magos
que te dejen sin regalo y te quedás sin el tren!…
Es que mi vieja, también, un poco se aprovechaba…
¡porque esa noche llegaban los tres Reyes de Belén!
La carta la había mandado sin faltas de ortografía,
así los Reyes veían de que era un chico aplicado.
Hice todos los mandados, me lavé hasta las orejas,
porque ese día mi vieja me tenía acorralado.
La luna hacía brillar el lustre de mis zapatos… y si ellos fueran chicatos ¿quién les podía avisar?
Por eso al irme a acostar, puse la almohada a los pies
y me acosté del revés para poder vigilar…

¡Cuando más lo precisaba me vengo a quedar dormido!
Me desperté a los maullidos del gato de la encargada…
Ya entraba la madrugada de un radiante seis de Enero,rm
y un trencito, el más diquero, del umbral me saludaba…

Lo habían dejado de frente ya listo para marchar…
con éI me iba a despertar a mi madre alegremente
¡Qué alegría que uno siente! -explicarlo yo no puedo-
¡unas ganas de ser bueno, de ser bueno hasta la muerte!
Al que dejaron sin nada fue al hijo de la de al lado…
¡Cómo se habrían olvidado! Siempre “Muy bueno» sacaba…
Con nosotros no jugaba porque enseguida tosía,
y los Reyes no sabían que el padre no trabajaba…

Yo comprendí su dolor cuando me vio con el tren:
se acercó a mirarlo bien y después lo acarició….
A mí me daba calor de que me viera jugar y en casa lo invité a entrar y él también se divirtió..·
¡Cuantos Reyes han pasado por la puerta de mi vida.
y a mi alma dolorida cuántas veces la he dejado como un zapato gastado esperando a su Melchor que le dejara el amor para un mundo envenenado!
Esta noche por los cielos llegarán los Reyes Magos;
vendrán trayendo regalos a los chicos que son buenos, pero hay otros pibes buenos en otro lado de la tierra, que por culpa de una guerra.. ¡no han de pasar los camellos!
Señor: yo aprendí a rezar arrodillado con mi vieja;si nunca te fui con quejas hoy me tenés que escuchar:
¿Por qué tienen que pagar esos pibes inocentes, de que en el mundo haya gente que sólo piensa en matar?
Ellos ¿qué saben de guerras?… ¡ellos quieren Reyes Magos!
¡y ellos en vez de regalos tienen un miedo que aterra!
Si vos pararas la guerra, pasarían los camellos.
¡Yo te lo pido por ellos! ¡por los pibes de mi tierra!

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Ibermedia 2019

El Programa Ibermedia de estímulo al desarrollo y la coproducción de películas de ficción, documentales y de animación realizadas en nuestra comunidad iberoamericana ha anunciado las fechas de presentación de proyectos para la Convocatoria 2019.
Los solicitantes de ayudas podrán presentar sus propuestas del viernes 1 de febrero al martes 23 de abril de 2019, hasta las 23:59 horas según el huso horario del país de la productora. En breve, en esta misma web, daremos a conocer las bases completas para las líneas de Coproducción, Formación y Desarrollo.
El Programa Ibermedia propone un proceso formativo que abarcaría desde el desarrollo de ideas cinematográficas, pasando por la evolución de los proyectos, hasta la reescritura de los guiones resultantes, poniendo énfasis en los flujos de trabajo entre los autores y productores.
Las propuestas fecundas en creatividad, originalidad y potencial impacto serán acompañadas en su crecimiento y transformación. El único requisito para ello será el compromiso de los autores, productores y gestores con la obra audiovisual, condición necesaria para que las historias se conviertan en películas singulares y dialogantes con diferentes públicos.

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Temporada Coral en el SODRE Gala Gospel

Dirección Esteban Louise
Redición del gran éxito que en 2018 agotó entradas semanas antes de la función.
El gospel es la música religiosa estadounidense que surgió de las cientos de iglesias protestantes o evangélicas afroamericanas en el siglo XVIII y que se hizo muy popular durante la década de 1930. A diferencia de los himnos cristianos, la fuerza de este estilo radica en el ritmo y alegría que tiene esta música de alabanza. Es un género FotoSodrecaracterizado por el uso dominante de coros con un uso excelente de la armonía.
Actividad coral
Fecha:
23-02-2019
Lugar:
” Auditorio Nacional Adela Reta, sala Eduardo Fabini
Platea alta $450 l Platea baja $380 l Tertulia y Palcos Platea alta $330 l Galería baja y Palcos tertulia $250l Galería alta central $160 l Galería alta lateral y Palcos galería baja y alta $60. –

http://www.sodre.gub.uy/

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El músico Hugo Fattoruso se convirtió en embajador de la marca país Uruguay Natural

El reconocido artista uruguayo Hugo Fattoruso suscribió el convenio de marca país que lo incorporó al grupo de embajadores de Uruguay Natural para fortalecer el distintivo. El objetivo del programa es involucrar a aquellos compatriotas destacados por su desempeño y sus logros en diferentes disciplinas que sean reconocidos en Uruguay y el mundo. Cultura
En una ceremonia en la que participó el director ejecutivo de Uruguay XXI, Antonio Carámbula, entre otras autoridades nacionales, se desarrolló el 29 de diciembre en Punta del Este el acto de entrega del reconocimiento como embajador de la marca país Uruguay Natural al artista compatriota Hugo Fattoruso. El evento incluyó un espectáculo ofrecido por el propio compositor y Laura Canoura, artista uruguaya de destacada trayectoria local e internacional.
El proyecto Embajadores de Marca integra la estrategia impulsada por Uruguay XXI para fortalecer la marca país. El objetivo es involucrar a aquellos uruguayos destacados que, por su desempeño y sus logros, son reconocidos dentro y fuera de fronteras.
En el caso de Fattoruso, se trata de un músico polifacético con una trayectoria ininterrumpida de más de 60 años, destacado como solista y también como integrante de bandas consideradas fundamentales en el repertorio de la música uruguaya, como Los Shakers, Opa, Barcarola, al tiempo que colaboró con artistas como Jaime Roos y Rubén Rada, entre otros. A través de este convenio, Uruguay XXI apoya al embajador en actividades de promoción de la marca país. Además, le facilita su participación en eventos internacionales que se consideren adecuados para la difusión de la marca, incluidas promociones y colaboración en las gestiones necesarias para proyectos comunes. Los embajadores también están autorizados a utilizar el nombre e imagen de marca país y el logo de Uruguay Natural en su comunicación.
Otros representantes uruguayos distinguidos como embajadores son: la bailarina María Noel Riccetto, los gastrónomos Diego Ruete y Hugo Soca, los músicos del Cuarteto de Nos, Juan Campodónico, Luciano Supervielle y Daniel “Tatita” Martínez, el surfista Ignacio Pignatario y el director y coreógrafo Martín Inthamoussú.
www.presidencia.gub.u

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Pueblo Belén también se hace ver en el Arte y la Cultura

Pueblo Belén se ha hecho ver en el año que acabamos de dejar atrás, en especial sobre finales del año. Nos referimos a que lo ha hecho en cuestiones artísticas y culturales, es decir, se ha hecho ver para bien. Es que en este ámbito, de vez en cuando nuestros pueblos muestran el valor de su gente. Yendo hacia atrás en el tiempo, es insoslayable el hecho de que nada menos que Carmelo de Arzadum y Lacy Duarte (dos referentes indiscutidos de las artes plásticas nacionales y con fuerte trascendencia internacional) nacieron en la zona de Mataojo. Volviendo al presente, puMural de José Urbano ede mencionarse a Elder Silva Rivero, uno de los poeta uruguayos más reconocidos y laureados dentro y fuera del país, como un verdadero símbolo de Pueblo Lavalleja, localidad que hace unos años dio su nombre al salón comunal. Pero la idea es hablar de Belén. De Belén hoy. Y en primer lugar queremos recordar que una de las figuras de la narrativacontemporánea salteña es Alcides Flores, que nació en Belén (en 1961) y es autor de dos muy buenos libros de cuentos (además de otras publicaciones colectivas): “Historias de Tapellara” en 2011 y “Después de las Palabras” en 2016.

JOSÉ URBANO, TIENE POEMA…
Pero Pueblo Belén también ha dado y sigue dando motivos de inspiración para los creadores. Uno de ellos es un personaje popular: “el loco” José Urbano. En primer lugar, este personaje inspiró a Alcides Flores para escribir estos versos:
De tanto andar por el monte
se fue haciendo su sendero
y en la libertad del campo
alborotaba los teros.
Es por eso que me esmero
recordando a José Urbano
un loco lindo y querido
sin dudas un gran hermano.
De tanto mirar estrellas
equivocó su camino
y se ganó tierra adentro
para ganarle al destino.

…Y TIENE MURAL
Luego, el artista José Gallino, destacado muralista (autor de murales como el de Edinson Cavani y el Cero Pelo en el muelle de alta creciente), se encargó de pintar, en Belén mismo, como no podría ser de otra manera, un mural en grandes dimensiones de José Urbano, un personaje pintoresco, “un loco lindo”, que inspira artistas y que por eso, además de un lugar en la memoria y el afecto de los belenenses, ya tiene poema y mural.

HORNO PARA CERÁMICAEn plena construcción del horno
En Belén vive Francisco García, docente de Cerámica contratado por la Intendencia de Salto para dictar talleres tanto en aquella localidad como aquí en la ciudad. Los talleres de aquí los dicta en las piezas de la parte posterior del Teatro Larrañaga y en el patio. Y allí, en el centro del patio, hace algunos meses los alumnos construyeron un horno a leña para el horneado de sus trabajos en cerámica. Pero resulta que ahora también los alumnos de Belén se animaron, ellos mismos pusieron manos a la obra y construyeron su propio horno, elemento que ayudará enormemente en una de las etapas fundamentales del proceso de creación con cerámica.

Y TAMBIÉN CINE…
“Campo”, cortometraje creado en lengua de señas se filmó en Belén. A propósito, en estos días, desde Holanda, el escritor Jorge Menoni reflexionaba en su cuenta de Facebook: “con nada se puede hacer mucho…cuando el talento sustituye al dinero…Trabajamos con energía y de corazón para que las cosas salgan bien y de mucha calidad. Esto pasó en mi ciudad natal, el Salto uruguayo.… «Campo» es el primer cortometraje realizado en lengua de señas. “Campo” se filmó en locaciones del Pueblo Belén, departamento de Salto, Uruguay, en una tapera vieja, en la calle, en la costa del río Uruguay, en un viejo bar. «Los recursos daban para un sólo día de rodaje, entonces filmamos más de 17 horas y volvimos agotados, pero felices».

LA PRESENCIA DE ELADIO DIESTE, PÁEZ VILARÓ, GUIDO CASTILLO…
Finalmente, si hablamos de Belén y su valor artístico y cultural, y sin entrar siquiera en el terreno del valor histórico (de ser el pueblo más antiguo al norte del Río Negro o conservar trincheras como testigos de lo que esa zona vivió en tiempos de guerras, etc.), no resistimos la tentación de hacer mención a la Escuela Nº 74, de Yacuy (lugar conocido por muchos como Chacras de Belén). Es esta escuela un caso notablemente excepcional en el país, ya que además de poseer un paisaje extraordinario, con espléndida vista al Río Uruguay, confluyen allí tres firmas de primer nivel: Eladio Dieste, porque suyo es el plano del edificio, Carlos Páez Vilaró, porque en el salón principal un mural de su autoría ocupa la totalidad de una pared y Guido Castillo, pues integrado al cuadro se encuentra la frase suya: “El campo, viejo y niño, es siempre inocente y sabio”. Belén, en el arte y la cultura, realmente se hace ver, y para bien. Merece celebrarse.

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Tres versiones del Saint Kilda, isla vacía y remota, tierras inspiradoras para el arte pero inhabitables para el hombre

Las Islas Hébridas aparecieron en mi vida gracias a la música. Mi papá, un dentista de barrio que tenía una discoteca importante, oía discos incluso cuando atendía a sus pacientes, a quienes a veces hacía callar para que no superpusieran sus quejas a la voz de Sinatra o al violín de Heifetz. Su universo musical estaba hecho básicamente de compositores románticos: Beethoven, Schubert, Schumann, Liszt, Chopin, Bruckner, Brahms, Tchaikovski, pero también Felix Mendelssohn. Y entre los discos que tenía en casa había uno de ese último compositor que incluía Die Hebriden, Opus 26, pieza a la que también se suele mencionar como Fingal’s Cave (y en castellano como Obertura “Las Hébridas” o La Gruta de Fingal). fotocultuSegún me enteré más tarde, Mendelssohn viajó por Inglaterra invitado por un millonario y luego pasó a Escocia, donde tuvo ocasión de visitar Staffa, que, con 33 hectáreas, forma parte de las llamadas Hébridas Interiores. Ahí se encuentra la llamada Gruta de Fingal, una caverna de basalto, cuyas altas paredes repiten el eco del mar rompiendo contra las piedras. Esa visión sobrecogedora dio origen a la pieza que Mendelssohn terminó de escribir el 16 de diciembre de 1830. Revisada dos años después y dedicada a Friedrich Wilhelm IV de Prusia, la obra fue estrenada en Londres el 14 de mayo de 1832.

NOMBRES EUFÓNICOS.

No sabía qué eran las Hébridas, pero como siempre estoy atento a la eufonía de ciertas palabras —y, de acuerdo con mis estándares, la palabra “Hébridas” tiene lo suyo—, busqué en un diccionario. A los once años, me enteré de que así se nombra un extenso archipiélago de unas cuatrocientas islas e islotes situadas en racimos sobre la costa occidental del norte de Escocia; también que ese archipiélago está dividido en dos grupos: las Hébridas Interiores, entre las que destacan Skye, Mull, Islay, Jura y Staffa, y las Hébridas Exteriores, de las que retuve los nombres de Lewis, Harris, Berneray, North Uist, South Uist y, fundamentalmente, Saint Kilda, un nombre lo suficientemente eufónico como para querer saber más. Es el grupo de islas más lejanas de todo el archipiélago. Está conformado por Hirta —o Hiort— (habitada desde la Edad de Bronce hasta 1930), Soay y Dùn (de los que no se conoce instalación humana), Stac Levenish, Stac Lee y Stac an Armin (islotes nunca habitados) y Boreray (cuyos únicos vestigios humanos datan de la Edad de Hierro). Averigüé que sus primeros pobladores fueron probablemente navegantes provenientes de Noruega; que en algunas historias el nombre genérico con que aparecen era Skildir, una antigua palabra nórdica que significa “escudo” y que algún copista holandés registró mal ya que, en 1583, se convirtió en Skildar; que en 1592, un nuevo error de otros copistas transformó en Saint Kilda, y que ya en tiempos históricos ese grupo de breves islas perteneció a los MacLeod de Harris, quienes recaudaban en especies la renta de sus magras tierras a los desdichados pobladores que allí vivían. Cuatro décadas después estaba parado enfrente de una librería en Cardiff, en el sur de Gales, y Saint Kilda volvió a cruzarse conmigo. Esta vez, en un libro que los encargados del local destacaban como “recomendado del mes”. Se trataba de la traducción inglesa de Atlas der abgelegenen Inseln (2009), de la escritora, diseñadora de libros y editora alemana Judith Schalansky. Ese día no lo compré, pero me prometí hacerlo. Dos años después, para mi sorpresa, descubrí en una librería de Buenos Aires que ya había una edición castellana, traducida por Isabel G. Gamero. En el prólogo, la autora explica que su atlas, como todos los atlas, era el resultado de un viaje de aventuras y descubrimientos, pero en una biblioteca. Y refiere una fantasía previa: “En mi imaginación, estas islas eran un lugar paradisíaco y utópico, representan además una aspiración, compartida probablemente por todos los humanos: la de encontrar el lugar perfecto, lejos del mundanal ruido, un espacio único para recuperar la tranquilidad, encontrarse a uno mismo y poder concentrarse, por fin, en lo que verdaderamente importa”. Schalansky de inmediato confesaba su decepción: “Sin embargo, en mi viaje no encontré ningún escenario idílico que calmara mi agitada existencia; todo lo contrario, en ocasiones deseé no haber descubierto algunos de estos lugares inquietantes y desolados, donde sólo abundaban hechos terribles y completamente desdichados”. El libro de Schalansky, titulado Atlas de islas remotas. Cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré (Capitán Swing/Nórdica Libros), está organizado por océanos: Glacial Ártico, Atlántico, Índico, Pacífico y Antártico. En cada uno —que, a la vez, constituyen secciones—, las islas se distribuyen de manera irregular, reservándose las páginas pares para la isla en sí. Allí se consigna el país al que pertenece, su superficie, el dato poblacional, su distancia a otros puntos de referencia, algunos datos de naturaleza histórica y un breve texto que refiere hechos vinculados a algo ocurrido en esa isla. En el caso de Saint Kilda se señala que esas islas están a 60 kilómetros de la Isla de Harris, correspondiente a las Hébridas Exteriores y a 160 kilómetros de la costa de Escocia. Se consigna que están deshabitadas, que entre 1826 y 1827 allí hubo una epidemia de viruela, que a partir de 1850 sus habitantes empezaron a emigrar a Australia, que en 1891 se dio el último caso de tétanos neonatal y que en 1930 fueron definitivamente evacuadas. Me llamó la atención eso del “tétanos neonatal” y busqué datos en una enciclopedia médica: “El tétanos neonatal es una infección causada por el bacilo de Nicolaier, un anaerobio telúrico, que la mayoría de las veces se contrae por vía umbilical. Todavía está presente en numerosos países en vías de desarrollo. […] La mortalidad es elevada, sobre todo si el comienzo es precoz (menos de 7 días), el período de invasión es corto y los paroxismos son frecuentes. Las complicaciones son múltiples, en especial respiratorias, cardiovasculares, metabólicas y nutricionales”. Volví al texto de Schalansky: “Saint Kilda, no estás en esta tierra, tu nombre no es más que el silbido de los pájaros que malviven en los acantilados de esta roca, último confín de Inglaterra, el punto más distante de las Islas Hébridas; sólo se puede llegar hasta aquí cuando el viento noroeste sopla de forma continuada. El único pueblo que permanece de pie está formado por dieciséis casuchas, tres cobertizos y una iglesia; en el cementerio yace el futuro de la isla: todos los niños nacen sanos, pero en su cuarta o quinta noche se niegan a recibir alimentos, sus llantos se escuchan en todo el pueblo. Al sexto día, sus paladares se vuelven rígidos y sus gargantas se atoran, tanto que les resulta imposible ingerir nada. Sus músculos se retuercen y sus mandíbulas cuelgan sin fuerzas; miran al exterior atónitos y no pueden dejar de bostezar, sus labios agrietados dibujan extrañas muecas. Dos tercios de los recién nacidos, especialmente los varones, mueren entre el séptimo y el noveno día; algunos se van antes, otros después: el más joven falleció a los cuatro días y tan sólo uno logra llegar a su vigésimo segundo día. Algunos lo atribuyen a la alimentación, a la carne untuosa de los fulmares y al aroma a almizcle de sus huevos, que da suavidad a la piel de los isleños, pero agria la leche materna. Otros opinan que está en la sangre, debilitada por la endogamia. Y, por último, otros sostienen que los niños se ahogan con el humo de los braseros de turba que calientan las habitaciones, que se intoxican con el cinc de los tejados o quizás por el sebo rosado con el cual se encienden las lámparas de aceite.

(EL PAÌS CULTURAL)

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Horacio Quiroga, “El hombre que nos enseñó a tener frío” Mañana se cumplen 140 años de su nacimiento

El 31 de diciembre de 1878 nacía el salteño más famoso y más universal: Horacio Quiroga. Mañana se cumplen entonces 140 años, una buena ocasión para recordar estas palabras escritas por el argentino Juan Forn, tituladas “El hombre que nos enseñó a tener frío”: “Horacio Quiroga adoraba a Martínez Estrada como a un hermano menor y le regaló una hectárea de su propia tierra en Misiones, para tentarlo de que fuera su vecino. La desmontó él mismo a machete limpio, le mandó por correo el título de propiedad y los planos de la casita de madera que podía construirle con sus manos. Hasta los muebles le ofrecía hacer (y eran famosamente cómodos los muebles que hacía Quiroga, con ayuda del mensú devenido carpintero Jacinto Escalera). Martínez Estrada tenía un trabajo de cuarta en el Correo Central y detestaba el ambiente literario de Buenos Aires, pero no se decidía a partir a Misiones, así que Quiroga apeló a un último recurso para convencer a su melómano amigo: le mandó un violín hecho en madera de timbó. “Era tan chato de pecho y espalda como el propio Quiroga, tenía un clavijero prehistórico, las efes labradas torpemente a gubia y emitía un sonido de gato en celo, mitad hipnótico y mitad horripilante.” Martínez Estrada entendió con el corazón estremecido que así sería la vida como vecino de Quiroga en Misiones, pero se libró de escribir esa carta cruel porque su amigo apareció por Buenos Aires. Venía a hacerse ver por los médicos una molestia que no lo abandonaba. Horacio QuirogaEra un cáncer terminal, pero no se animaban a decírselo. Lo tenían de residente en el Hospital de Clínicas con permiso ambulatorio, mientras le hacían creer que lo sometían a estudios y lo preparaban para una operación. Un día vagando por el sótano del hospital encontró un paciente llamado Batistessa. Lo tenían ahí escondido por su aspecto físico, causado por una neurofibromatosis conocida como elefantiasis. Quiroga exigió que Batistessa fuera sacado del sótano y trasladado a su habitación, y en las horas muertas le contaba historias de la selva. Un día Batistessa oyó hablar a los médicos y fue a decirle a Quiroga que la operación proyectada era una simple y dolorosa postergación de la muerte. Quiroga avisó que salía a caminar, fue a una ferretería a comprar cianuro, regresó al hospital, mezcló el polvo en un vaso con whisky y se lo tomó. “Se mató como una sirvienta”, dijo Lugones, que un año después se suicidaría de igual forma en el Tigre. “No se vive en la selva impunemente”, escribió Alfonsina Storni en un poema que le dedicó antes de suicidarse ella también, en los acantilados de Mar del Plata. Ni Lugones, que había sido su maestro y protector, ni Alfonsina, que había sido su amante, acompañaron las cenizas del difunto al Uruguay. Borges, en cambio, que había dicho que Quiroga era “una superstición uruguaya, que escribía mal lo que Kipling escribió bien”, sí fue de la comitiva. Eran fechas de Carnaval y contó que el corso se interrumpía al paso del cortejo y que los niños pedían tocar la urna de madera de algarrobo en donde el escultor ruso Stepan Erzia había tallado la cara del difunto. A veces los opuestos coinciden: a Arlt le pasó algo parecido con Quiroga; él también lo había escarnecido; en una aguafuerte sobre la fundación de la SADE, creada para defender los derechos de los escritores, escribió: “La idea debe ser de Quiroga, hombre que gasta barba sefaradí y una catadura de falsificador de moneda que espanta”. Pero cuenta Onetti que, el día en que murió Quiroga, Arlt estaba sentado al fondo de una larga mesa, ignorando con fiereza los comentarios sobre el muerto, hasta que llegó su amigo Kostia y contó que tres días antes se había cruzado con Quiroga por la calle. Iba vestido como un clochard, la barba le devoraba más de la mitad de la cara, venía siguiendo desde el Parque Japonés a la última mujer que siguió por la calle, una beldad que cortaba la respiración. Era la famosa viuda de Gómez Carrillo, que por entonces noviaba con Saint-Exupéry. Kostia se lo estaba diciendo cuando el francés salió del Hotel Plaza al encuentro de su dama y la abrazó. Quiroga, contemplando la escena, murmuró: “Me hubiera gustado ser aviador”, y se fue, envuelto en su sobretodo con el pijama abajo en pleno enero, rumbo a su cama en el Hospital de Clínicas. Desde el fondo de la mesa, detrás del humo de su cigarrillo, se oyó la voz de Arlt: “He cambiado mi opinión de Quiroga”. No podía ser de otra manera. Quiroga había dicho: “Soy el primer infectado por Dostoievski en América del Sur”. Arlt fue el siguiente. Como Arlt, Quiroga carecía de lo que algunos llaman tacto, otros hipocresía y otros relaciones públicas. A los veinte años partió de Montevideo a París vestido como un dandy, en camarote propio. Volvió tres meses después, en tercera clase, con los pantalones raídos y las solapas levantadas para que no se viera que no tenía cuello en la camisa. “¿Por qué escriben como españoles si son argentinos?”, le dijo en la cara a Larreta cuando llegó a Buenos Aires. “No soporto los gauchos de Carnaval”, le dijo a Lugones. Escandalizó a Manuel Gálvez con su Historia de un amor turbio, basada en su relación con Ana María Cires, la muchacha que se llevó a vivir a Misiones y le dio dos hijos y después se suicidó de manera atroz. A esos hijos los crió en el amor a la selva, dejándolos dormir solos arriba de un árbol o sentarse durante horas al borde de un precipicio, para horror de su madre. Cuando ella murió, volvió con esos hijos a Buenos Aires, vivió primero en un sótano de la calle Canning y después en un caserón en Vicente López, donde tenía un coatí llamado Tutankamón, un búho llamado Pitágoras y el yacaré Cleopatra, además de una enorme canoa aerodinámica que calafateaba infinitamente y que no parecía una embarcación, sino una criatura de las aguas. Lo acusaban de escribir para asustar a la gente, de traer la selva a la ciudad, de arrimar la barbarie a la civilización. Cuando publicó su famoso decálogo del perfecto cuentista, Nalé Roxlo dijo que parecía el manual del maestro ciruela escrito por el Viejo Vizcacha. “Es un anarcoindividualista que se conforma con su propia libertad. No le importa que todos los hombres sean libres”, dijo Alvaro Yunque cuando lo invitó a la URSS y Quiroga le contestó que prefería volverse a la selva. Y eso hizo, con una segunda esposa treinta años más joven que él, que prefirió abandonarlo antes de enloquecer. Tampoco en la selva lo entendían: se burlaban del hermoso laberinto de bambúes que había hecho para su segunda esposa, con un jardín de orquídeas en el medio. Las cuadrillas que pasaban y lo veían deslomándose al sol le gritaban: “¿No tiene personal, patrón? ¡No le robe trabajo a los peones!”. Supo adorar por igual a Tolstoi y a Dostoievski, a Jack London y a Thoreau, a Maupassant y a Baudelaire (“ebanistas capaces de sacar de un solo golpe de garlopa trece rizos de viruta”). Hablaba como si siempre tuviera fiebre y padeció frío hasta en la selva misionera.
En la última carta a sus hijos les dijo: “Busco lo que casi nunca se encuentra. Soy capaz de romper un corazón por ver lo que tiene adentro, a trueque de matarme yo mismo sobre los restos de ese corazón”. Martínez Estrada escribió después de su muerte: “Con él aprendimos a contar en serio”, y si miramos la literatura desde acá, no hay manera de no estar de acuerdo”.

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La coordinación entre materias propició que estudiantes del liceo IBO desarrollaran proyectos de investigación

El trabajo en proyectos es una línea de trabajo impulsada en toda la Administración Nacional de Educación Pública, más allá de que siempre hubo docentes que la desarrollaron en solitario o con colegas. En el caso de la educación secundaria, esta forma de encarar el vínculo de los adolescentes y jóvenes con el conocimiento se baja a tierra a través de diversas modalidades y mecanismos. En el caso del liceo Instituto Batlle y Ordóñez (IBO) del Prado montevideano, los estudiantes de sexto año deben desarrollar proyectos de investigación sobre distintos hechos de la realidad social, que involucran conocimientos de diferentes áreas del saber.alumnos de sexto año del Liceo IBO
Cuando faltaba poco para terminar los cursos y egresar de la educación media, los estudiantes de los 17 proyectos de los cuatro grupos de sexto presentaron los resultados obtenidos ante sus compañeros, pero no fue la primera instancia de intercambio. Por ejemplo, tres estudiantes de la orientación Derecho pueden explicar perfectamente el proyecto de huerta que desarrollaron estudiantes de sexto de Agronomía, que como estuvo compuesto solamente de seis jóvenes, recibió ayuda de otras clases. Mayra Capalvo, Natali Grimau y Mariana Souza contaron a la diaria que ayudaron a sus compañeros de Agronomía desde el principio. Por ejemplo, participaron en la cortada de pasto para que hubiera lugar para la huerta, lo que hicieron a mano o con tijeras. En una segunda instancia, también los ayudaron a recolectar bidones vacíos para realizar el camino que lleva hasta la huerta, ubicada en el amplio patio del liceo. Ese fue el proyecto final del año para los estudiantes, en el que no sólo estudiaron la forma de armar la huerta junto con la profesora de Química, sino que también analizaron qué beneficios a la salud traen los alimentos que cultivaron. Además, en una muestra de proyectos realizada en octubre, cocinaron con lo producido para mostrar que es posible comer de forma más saludable; por ejemplo, prepararon una torta de chocolate con remolacha, que intensifica el sabor.
De la huerta al laboratorio
Alicia Rodríguez, la profesora de Química que fue tutora del proyecto, contó que años atrás en el liceo existía una huerta, que era del centro de estudiantes, y que desde hace un tiempo un grupo de profesores intentaba reactivar una iniciativa similar. Después de una primera experiencia en 2017, este año la huerta tomó más fuerza después de recibir los insumos necesarios por parte de un proyecto del Municipio C, por ejemplo, un montón de tierra y orientación sobre por dónde comenzar. Según recordó la profesora, aprovecharon esa instancia para analizar los componentes y las características del suelo del patio desde el punto de vista químico; luego recibieron lombrices californianas y composteras para producir fertilizantes a partir de residuos orgánicos como la yerba del mate, misión con la que también colaboraron varios actores del liceo.
Cuando empezaron a plantar se toparon con dificultades propias de los cultivos, como la presencia de hormigas, y también vieron que algunas plantas se secaban. Por lo tanto, con el acompañamiento de la profesora de Química, comenzaron a diseñar soluciones, como ahuyentadores orgánicos, que lograron espantar las plagas.
Como el proyecto se basa en una de las premisas de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que dice que en un espacio pequeño y a partir de la reutilización se pueden lograr todos los nutrientes necesarios para el organismo, en el laboratorio de química hicieron los análisis para evaluar que la huerta realmente los tuviera. “El resultado es maravilloso”, evaluó Rodríguez mientras mostraba las plantas de lentejas para obtener proteínas, que quedaron escondidas en medio de las abundantes plantaciones. “Esto de los proyectos está bueno porque ves que los chiquilines se enganchan con un objetivo, pero, por ejemplo, el curso de química lo dimos todo desde la huerta. Todo lo que ellos hicieron en el laboratorio tiene conexión con lo que estaban haciendo en el espacio de huerta”, agregó. Para 2019 el desafío está puesto en que la iniciativa se sostenga.
Acoso callejero
Mariana Souza, estudiante de sexto de Derecho del IBO, desarrolló junto con otras compañeras un proyecto que trató sobre acoso callejero y contó a la diaria que eligieron el tema porque observaban que estaba “muy naturalizado”, además de que les ha tocado sufrirlo en carne propia. Al empezar a investigar notaron que “había una ausencia desde el punto de vista teórico y de normativa”, y decidieron contactarse con la Asesoría para la Igualdad de Género de la Intendencia de Montevideo (IM), que estaba trabajando en el programa “Ciudades seguras” para generar una política pública. Además, se pusieron en vínculo con el Colectivo Catalejo, que también estaba trabajando en la temática. “Estas dos organizaciones nos aportaron información y datos estadísticos; eso nos permitió tener una base para poder ver cómo era el panorama”, recordó Souza.
En el marco de las actividades del proyecto, con el apoyo de la IM y del Colectivo Catalejo realizaron un taller de sensibilización en la escuela técnica marítima de UTU, cuyos estudiantes son en su mayoría varones, lo que “fue un desafío” para el grupo de estudiantes, según manifestó Souza. “Los resultados del taller fueron buenos, estuvieron bastante receptivos, por suerte”, agregó.
A nivel de la difusión de la investigación, las jóvenes se propusieron informar sobre qué es el acoso callejero y qué efectos produce, y a eso apostaron principalmente en el stand que colocaron en la muestra de octubre. Además, con el seguimiento de la profesora de Derecho, crearon un proyecto de ley, ya que constataron “una carencia de normativa, porque no es algo tomado como un delito sino sólo como una falta”, contó la estudiante.
Otras violencias
Otro de los proyectos trató sobre la vulneración de derechos humanos en la vejez. Mayra Capalvo y Natali Grimau, integrantes del equipo que lo desarrolló, señalaron que visualizaron esa problemática “materializada en Montevideo a través de la violencia hacia los adultos mayores”. Según relataron, en primera instancia acudieron a organismos como el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inmayores) para ver qué datos había sobre la problemática, pero se encontraron con que no había información estadística sobre ese tema en Uruguay, por lo que decidieron realizar su propio trabajo de campo. El grupo de liceales realizó encuestas a adultos mayores para saber qué porcentaje había sufrido violencia, de qué tipo de violencia fueron víctimas y quiénes eran usualmente quienes la ejercían. “A través de ese trabajo vimos que 60% de adultos mayores que entrevistamos había sufrido algún tipo de violencia; la más frecuente son la psicológica y la física, y también encontramos abandono”, relataron las estudiantes.
No obstante, también se toparon con violencia estructural y química, que es la que se da cuando se cambian las prescripciones médicas sin consulta previa. Según agregaron, este tipo de violencia no sólo la ejerce quien cuida del adulto mayor sino también los propios profesionales de la medicina, que “ven síntomas como producto de la vejez e ignoran otras cosas que pueden llegar a afectar a la persona”. Sin embargo, a partir de su investigación concluyeron que quienes más ejercen la violencia sobre personas mayores suelen ser los propios familiares, lo que es un problema a la hora de denunciar, “porque si la persona vive con el familiar que lo maltrata no hay una seguridad habitacional para que quien denuncia tenga un lugar al que concurrir”. “Hicimos una entrevista a una mujer adulta y nos contó que ella había sufrido violencia por parte de su hija y la pareja de su hija, pero como vivía con ella y la quería, lo permitía porque no le quedaba otra. Decía: ‘Está mal, yo lo sé, sufro con esto, pero es mi hija’”.
(la diaria, Educación)

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Comentarios y noticias de Hollywood

ADIÓS A SPARROW
Las malas noticias se le agolpan a una de las estrellas más rutilante y cotizadas de Hollywood, hablamos de Johnny Depp, a quien recordaremos por su participación en la exitosa saga de “Piratas del Caribe”. Ante johnny-depplos insistentes rumores sobre un cambio de rumbo en el proyecto de futuro, responsables de Disney han confirmado la desaparición de Jack Sparrow y por lo tanto de Johnny Depp de la saga.
Ha sido Sean Bailey, uno de los máximos responsables de The Walt Disney Studios quien se ha encargado de confirmar los insistentes rumores que hasta la fecha se habían vertido sobre la desaparición de Johnny Depp de la saga “Piratas del Caribe”, además de su legendario personaje Jack Sparrow.
Bailey afirmó que quieren dar una nueva orientación a la exitosa saga de piratas, aportando nuevas energías y vitalidad, acorde a los tiempos que corren. En su exposición, no quiso detallar nada respecto a Depp, pero todo apunta a que si desparece Jack Sparrow como protagonista, sería sustituido por una mujer pirata.
Todo apunta a que las insistentes apariciones de Johnny Depp en las revistas del espectáculo acusado de malos tratos o mostrando un comportamiento errático, ha obligado a Disney a realizar un lavado de cara en uno de sus buques insignia de la pantalla grande.
EL MÁS RICO
El ahora magnate estadounidense George Lucas está en el corazón de varias generaciones degeorge-lucas espectadores, y no es para menos para el creador de la saga cinematográfica más rentable de la historia del séptimo arte, nos referimos a “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars), que se encuentra culminando su tercera trilogía, y con varios spin off, sumado a varias series animadas televisivas.
Mientras eso sucede, Lucas acaba de ser marcado como el personaje del mundo del espectáculo más rico de los Estados Unidos, con una fortuna que ronda los 4.500 millones de dólares.
Según la prestigiosa revista Forbes, que ha hecho el estudio y balance del último año, ha determinado que efectivamente George Lucas de 74 años de edad se ha situado en lo más alto de la lista de mega millonarios, todo ello gracias al empujón financiero que supuso la venta de LucasFilms a Disney en el año 2012, por la nada despreciable cantidad de 4.050 millones de dólares.
Steven Spielberg ocupa la segunda posición con la nada despreciable cantidad de 3.700 millones de dólares, mientras que la primera mujer para sorpresa de muchos, es Oprah Winfrey, que a sus 64 años de edad tiene una fortuna estimada de 2.800 millones de dólares.
TOCANDO FONDO
Fue en octubre de 2017 cuando trascendió que Kevin Spacey, protagonista de la exitosa sekevin-spaceyrie de Netflix, “House of Cards”, se vio envuelto en denuncias del también actor Anthony Rapp (Star Trek), abusos que sufrió cuando tan solo contaba con 14 años de edad, noticia que cogió por sorpresa a la meca del cine, donde Spacey es uno de los pesos pesados de Hollywood.
Ahora acusado formalmente y apartado de Hollywood, vuelve a aparecer compartiendo un mensaje de inocencia interpretando a su más famoso personaje Frank Underwood.
Echando la mirada atrás recordamos la delicada información donde trascendió la denuncia del actor Anthony Rapp, por la que un Kevin Spacey con 26 años de edad, acosó sexualmente a Rapp con 14 años en una fiesta que ofreció en su residencia de Nueva York. Spacey al conocer las declaraciones afirmó no recordar aquel suceso, mostrándose escandalizado por ese tipo de sucesos a la vez que pidió disculpas a Anthony Rapp si se produjo aquel incidente. A partir de aquel momento, Spacey fue apartado de todos sus proyectos, siendo despedido de la exitosa serie Netflix, y ahora casi de una manera enfermiza y cuando acaba de ser acusado por la fiscalía de Massachusetts, de abusar de un joven periodista de 18 años tras proporcionarle grandes cantidades de alcohol.
El documento compartido por Spacey muestra un actor interpretando su personaje de Frank Underwood de “House of Cards”, donde emite una larga disertación en la que se declara inocente de todas las acusaciones que han caído sobre él, llegando incluso a afirmar que todo es una conspiración.
CONTRA LOS FOTÓGRAFOS
Los principales estudios de Hollywood se disputan a la que es considerada una de las actrices más atractivas de Hollywood, Scarlett Johansson de 34 años de edad, a la que hemos visto en varias películas dscarlett-Johanssone la casa Marvel interpretando a su personaje de “Viuda negra”, con una fama a sus espaldas de terminar sus romances casi con la misma celeridad que con la que los comenzó.
Su atractivo reside tanto dentro de la pantalla como fuera, y en este caso cuando se encontraba en Argentina acompañada de su nueva pareja, el guionista y cómico del programa Saturday Night Live, Colin Jost, increpó a la prensa que la esperaba.
Ahora hemos visto la cara más amarga de Johansson, que tras pasar unos días de vacaciones en Argentina y cuando se disponía a abandonar el país de una manera discreta, vestida con un mono como si saliera de trabajar, una gorra y unas gafas de sol, fue descubierta por los paparazzi, momento en el que arremetió contra ellos, casi como si no quisiera que su imagen glamorosa se enturbiara con ese aspecto tan descuidado que llevaba.

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Novedad editorial: Se reeditó “La cigarra de Eunomo”, libro de Julio Garet Mas, del año 1954

Acaba de salir de imprenta una reedición del libro “La cigarra de Eunomo”, de Julio Garet Mas, realizada por Ediciones Aldebarán y con notas de su hijo, Leonardo Garet. En “La cigarra de Eunomo”, cuya primera edición es de 1954, Garet Mas estudia la obra poética de más de 30 poetisas uruguayas, convirtiendo al libro en la “Primera muestra de poesía escrita por mujeres en Uruguay”.

Juana de Ibarbourou, Idea Vilariño, María Eugenia Vaz Ferreira, Susana Soca, las salteñas Margarita Muñoa y Marosa di Giorgio, son algunas de las autoras estudiadas. En la Revista Nacional (Montevideo, Nº 184, Tomo LXII), en abril de 1954, se leía sobre este libro: Se trata de breves ensayos en que el autor hace uso de su noble y rica prosa y de su agudo sentido crítico para poner en valor la obra de figuras que han sido consagradas, de otras próximas a laLa nueva edición, 2018plenitud, y de otras que, no obstante haber tenido menor difusión, ofrecen, sin embargo, en su obra, rasgos distintivos que anuncian la presencia de temperamentos poéticos de excepción. Debe señalarse el verdadero interés que ofrece este cuadro crítico de nuestra poética femenina, y lo que él significa como elemento de información dentro y fuera del país. Estos verdaderos medallones poéticos están finamente trabajados y enriquecidos con transcripciones de poemas o estrofas que demuestran el valor lírico de las personalidades que estudia el autor. “La cigarra de Eunomo”, libro cuyo título tiene origen en una parábola de Rodó, debe ser difundido para honra de la cultura de la mujer uruguaya, y también para la del autor, de quien ha dicho el ilustre escritor argentino Ricardo Rojas, que es “un poeta de inspiración, un artista por su disciplina y un hombre por sus sentimientos”.
Esta reedición de 2018 acerca a los lectores a las obras de tantas buenas poetisas uruguayas y a la fina pluma crítica de Garet Mas, alguien que con igual constancia y destacado nivel cultivó tanto la poesía como la crítica literaria. La reedición se convierte entonces en descubrimiento y redescubrimiento, valoración y revalorización; nada mejor que eso como galardón de fin de año para la literatura uruguaya.

Héctor Galmés, vale la pena leerlo
Hace unos días, el 21 concretamente, se cumplió un año más del nacimiento de Héctor Galmés, un o de los más importantes narradores uruguayos, aunque no lo suficientemente difundido. Desde hace algunos años, felizmente, su nombre figura en los programas de estudio de Literatura en Educación Secundaria (por ejemplo, aparece entre los uruguayos, como autor optativo, en el plan de 4to. año). No es extensa la obra de Galmés. Está compuesta por cuatro novelas (“Necrocosmos”, 1971; “Las calandrias ciegas”, 1977; “Final en borrador”, 1985 y “La siesta del burro”, 2006, póstuma) y un libro de cuentos (“La noche del día menos pensado”, 1981). Pero le bastó ese número de libros para convertirse en “uno de los mayores representantes de la narrativa uruguaya de la segunda mitad del siglo XX. Autor de cuatro novelas magistrales, audaces, poéticas y cargadas de sugestivas resonancias sobre los uruguayos de las décadas predictadura, es también el creador genial de un puñado de cuentos perfectos” (palabras de contratapa de “Héctor Galmés – Narraciones Completas”, obra de 592 páginas publicada por Ediciones de la Banda Oriental en diciembre de 2011, con prólogos de Elvio Gandolfo y Heber Raviolo).
Diciembre puede ser una buena excusa para leerlo o releerlo. Simplemente porque vale la pena disfrutar de sus narraciones.
Héctor Galmés nació en Montevideo el 21 de diciembre de 1933 y falleció, también en lHéctor Galmésa capital, a los 52 años de edad, el 12 de enero de 1986. Fue profesor de literatura en liceos de Dolores, Soriano, y de Montevideo. Dio clases de literatura española e hispanoamericana en el Instituto de Profesores Artigas desde la segunda mitad de los años 1970 hasta 1985. Su primera novela, Necrocosmos, fue publicada en 1971. En 1977 publicó Las calandrias griegas y en 1985 Final de borrador, novelas que junto con la primera conforman una trilogía cuya temas centrales son la imaginación y el declive de las fuerzas creadoras.
Como crítico y ensayista publicó, en la primera mitad de los años 1970, sus trabajos en la revista Maldoror, cuyo consejo de redacción integraba. Como investigador, clasificó la correspondencia de Eduardo Acevedo Díaz en la Biblioteca Nacional de Uruguay, a fines de la misma década. Colaboró con el semanario Correo de los Viernes durante los últimos años de la dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985), y también en otros medios de la época. Tradujo del alemán, anotó y preparó ediciones de Fausto (1972) y Las cuitas de Werther (1977) de Goethe y La metamorfosis (1975) de Kafka.En 1981 reunió sus cuentos en La noche del día menos pensado, en la misma tónica que sus novelas, más la inclusión de elementos fantásticos en algunos de ellos. Hasta entonces, solo había publicado cuentos en algunas antologías colectivas. En forma póstuma, Ediciones de la Banda Oriental (EBO), editorial en la que aparecieron todos sus libros y traducciones, publicó en 2006 su novela La siesta del burro junto a su cuento Sosías. Estos textos fueron reconstruidos por Heber Raviolo sobre la base de los papeles que Galmés dejara a su muerte en 1986. En 2011 se editó su obra de ficción completa, más un par de cuentos inéditos, en un volumen titulado Narraciones completas.

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Lo que García Márquez aprendió de ‘Mary Poppins’

Después de 54 años, se estrena la continuación de Mary Poppins, la película de Disney de 1964 basada en la novela de Pamela Lyndon Travers. En El regreso de Mary Poppins, que se podrá ver en América Latina a partir del 25 de diciembre, vuelve la niñera más famosa de Londres. Incluso quienes no han visto el filme original conocen, a grandes rasgos, la historia: una niñera con poderes mágicos baja del cielo para cuidar a los niños de una familia. Sin embargo, menos conocida es la influencia de Mary Poppins y de otros éxitos taquilleros cinematográficos en la obra de Gabriel García Márquez, sobre todo en su novela Cien años de soledad (1967). cultura

A menudo se asume que la obra más conocida del escritor —la que mejor ejemplifica el género del realismo mágico, que mezcla la narración de la realidad cotidiana con sucesos de magia— fue influida por obras literarias como El reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier o Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo. Es una verdad parcial. Aunque el estilo de García Márquez le debe mucho a la literatura, se suele olvidar la gran influencia que tuvo el cine en su obra.

Gracias al cine, García Márquez aprendió a unificar magia y realidad. Algunos elementos de Mary Poppins, que se estrenó en México cuando el escritor colombiano comenzaba el manuscrito de Cien años de soledad, tienen relación directa con el realismo mágico de su novela. Además, con algunas de las películas que triunfaban en el mundo en aquel entonces, como Mary Poppins, el escritor aprendió una lección aún más difícil: combinar la calidad artística con el éxito comercial.
El cine marcó la vida y obra de García Márquez. En 1955, era el crítico de cine del periódico El Espectador de Bogotá, donde reseñaba los principales estrenos. Ese año se mudó a París, donde escribió su segunda novela, El coronel no tiene quien le escriba, cuya influencia más directa es el neorrealismo italiano de dos películas de Vittorio de Sica, que reseñó con entusiasmo en su momento: Ladrones de bicicletas (1948) y Umberto D. (1952).

Otros filmes de la época tuvieron una clara influencia en Cien años de soledad. Por ejemplo, en Milagro en Milán (1951), también dirigida por De Sica, los fantasmas son personajes de la vida diaria, como ocurre en la casa de la familia Buendía en la novela. En Los pájaros de Alfred Hitchcock se anticipa el súbito vuelo de cientos de aves que se estrellan contra las paredes de las casas en Macondo. Y en Mary Poppins flores silvestres se transforman en mariposas, muchas de ellas amarillas, como las que siguen a Mauricio Babilonia.

Asimismo, como revelan varias cartas de su archivo personal escritas en los años sesenta, García Márquez se preguntaba a menudo cómo crear una obra artística de alta calidad literaria que fuera también exitosa entre los críticos y el gran público. En su correspondencia escribía con asombro sobre los libros superventas de Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.

Conciliar el arte con las ventas era una de las inquietudes de García Márquez. Para lograrlo, se inspiró no solo en clásicos literarios, sino también en la cultura popular y en productos de consumo masivo. Esas diversas influencias las puso al servicio de Cien años de soledad.

Cuando escribía su novela, a fines del verano de 1965, se estrenó Mary Poppins en Ciudad de México. Allí vivía el escritor con su esposa y sus dos niños –de 3 y 5 años–, mientras trabajaba como guionista para productores como Gustavo Alatriste, quien financió tres películas de Luis Buñuel, en donde también aparece la magia: Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965).
En noviembre de 1965, la revista semanal Siempre!, que García Márquez leía, publicó una nota sobre el éxito taquillero de Mary Poppins: “La euforia, el entusiasmo, la histeria casi que se ha apoderado de los niños de México por la película de Walt Disney”. Las colas en los cines, se afirma en el artículo, eran como “las de los repartos de pan” en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Para entonces, cuando el filme protagonizado por Julie Andrews abarrotaba los cines mexicanos desde hacía trece semanas, el escritor admitía en una carta de ese mismo mes que después de varios intentos Cien años de soledad estaba “saliendo como un chorro, sin problema de palabras”.

En una entrevista de ese año, el autor afirmó que Cien años de soledad pretendía ser comercial: “La escribo […] con la firme voluntad de incurrir en todos los lugares comunes tradicionales”, incluidos “el melodrama” y “los amores de folletín”. Y la fórmula fue acertada: su novela se convirtió en la segunda obra literaria en español más leída después de El Quijote, está traducida a 45 idiomas y ha vendido más de 50 millones de ejemplares. Cien años de soledad se volvió un éxito global.

Además de reconocer en Mary Poppins el feliz encuentro entre gran público y obra artística, el escritor tomó algunos otros elementos creativos para su novela, como transformar la magia en una cuestión cotidiana. Quizás el mayor parentesco creativo entre la novela y la película esté en la mujer que García Márquez subió al cielo: Remedios, la bella. El ascenso celestial de este personaje, envuelto en sábanas de bramante, se ha convertido en un ejemplo clásico del realismo mágico de la literatura latinoamericana, mientras que el descenso del cielo de la niñera agarrada de un paraguas, cuyo nombre en español es María, es una imagen icónica de la cultura popular.
Remedios, como Poppins, es una mujer virginal con cierto desapego hacia los mortales. Las dos mujeres, Remedios y Mary, no son seres “de este mundo”. Igual que la niñera, Remedios actúa como si fuese “prácticamente perfecta en todo” y ambas tienen una lucidez que les permite ver “la realidad de las cosas más allá de cualquier formalismo”.

En una versión anterior de la novela, el escritor resaltaba todavía más el aura virginal de Remedios. Su nombre original era Rebeca de Asís, lo que sugiere que su atractivo radicaba más en la espiritualidad que en una belleza que hipnotizaba a los hombres. Al igual que el monje de quien tomó el apellido, san Francisco, Rebeca debió ser una asceta desconectada del mundanal ruido, de la misma manera que Poppins vive aislada en las nubes. Rebeca debía que ser tan ermitaña que García Márquez, al revisar una de las versiones de su manuscrito, eliminó unas palabras en las que describía que el personaje no se lavaba el pelo, quizás para que los lectores no la imaginaran sucia y maloliente.
En el mundo mágico de Poppins y Remedios, otros personajes vuelan. Las niñeras fuera de la casa de la familia Banks ascienden arrastradas por un ventarrón, mientras Poppins baja del cielo. También las personas levitan hasta el techo al no poder parar de reír, como un cura en Cien años de soledad levita al beber chocolate.

Las similitudes entre las bellas, altivas y voladoras Remedios y Poppins, además de la influencia de otras películas de la época sobre el realismo mágico de Cien años de soledad, nos recuerdan que acaso el mayor logro de un artista sea nutrirse de toda clase de influencias artísticas y experiencias personales y, luego, adaptarlas a su propia obra sin dejar rastro de su origen.

Álvaro Santana-Acuña es profesor del Whitman College y autor de «Ascent to Glory: How the Novel ‘One Hundred Years of Solitude’ Became a Classic» (en prensa).

CIEN AÑOS DE SOLEDAD, CINE, GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, PELÍCULAS, REALISMO MÁGICO
(The New York Times en Español)

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Obra plástica del salteño Mario Perillo con poema de Jorge Arbeleche fue seleccionada para una importante muestra

Lo que se ve en esta imagen es la obra creada en conjunto entre el poeta Jorge Arbeleche y el artista plástico salteño Mario Perillo, obra recientemente seleccionada para formar parte de la “Muestra del Poema Ilustrado Nancy Bacelo 2018”, que quedó inaugurada en Montevideo el pasado martes.

La convocatoria, que partió de la Casa de los Escritores del Uruguay (y tuvo el patrociniArbeleche y Perilloo del Ministerio de Educación y Cultura y la Fundación Nancy Bacelo) llamaba a “Presentación de trabajos integrados de poesía y artes plásticas”.

El poema debía ser inédito y estar integrado a (contenido en) la obra pictórica.
El Jurado estuvo integrado por Juan Mastromatteo, Gerardo Ciancio, Gustavo Wojciechowski y Adelaida Fontanini (como veedora por la Casa de los Escritores) y según se lee en el acta de resolución, tuvo especialmente en cuenta “la integración armónica entre lo textual y lo visual” así como “la calidad formal y técnica de las dos disciplinas demostradas en los trabajos presentados”.

AUTORES SELECCIONADOS
La lista completa de los autores de las obras seleccionadas es la siguiente:

Marcos Ibarra/
Marisa Canut Guevara

Daniela Méndez Guerrero/ Mario Alberto Melusso

Elisa Penino /
Álvaro Ferolla

Mario Raúl Perillo /
Jorge Arbeleche

Marina Pose/
Eduardo Nogreda

Silvia Scarlato /
Adriana Querejeta

Lala Severi /
Gabriela Onetto

Carlos Seveso /
Luis Bravo
Susana Zurbrigg / Betty Chiz

COMO AQUELLO QUE DOS VECES SE HIZO EN SALTO…
La idea de conjunción entre ambas disciplinas artísticas nos trajo a la memoria una actividad que se realizó en Salto durante dos años consecutivos (2003 y 2004) en el Mercado 18 de Julio, en la que participaron escritores (seleccionados por Leonardo Garet) y artistas plásticos (seleccionados por César Rodríguez Musmanno), en la creación de obras que integraban los lenguajes plástico y literario.
El resultado de aquellas experiencias son cuadros (algunos de muy buen nivel) que hoy lucen en diversas instituciones de nuestra ciudad.
Finalmente, con la promesa de ampliar la información sobre este tema en próximas ediciones, digamos que por tratarse de un salteño, en el caso de Mario, y de alguien que ha participado y colaborado en innumerables actividades realizadas en nuestra ciudad, como el caso de Jorge, la noticia ha provocado en el ambiente cultural de Salto una generalizada e inmensa satisfacción.

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Relatos de Edith Pearlman./ Larga caminata por las calles de cualquier ciudad con pequeños cuentos con el aliento de extensas novelas

A sus 82 años, Edith Pearlman (Providence, Rhode Island, 1936) es otro de esos curiosos casos, como así ocurrió con Lucia Berlin, James Salter o Cynthia Ozick, en los que la fama golpea a la puerta de un gran escritor después de décadas de labor prácticamente anónima. Autora de unos doscientos cincuenta cuentos, muchos foto culturafueron publicados en revistas, otros en The New York Times, y finalmente editados por sellos independientes en libros de escasa circulación. En 2011 algo más de treinta relatos fueron antologados en el volumen Visión binocular, con un inmediato éxito de público y de crítica (entre otros galardones obtuvo el National Book Critics Circle Award). La traducción al castellano también demoró su tiempo, y recién este año aparecieron en España el antes mencionado (Anagrama) y una segunda recopilación, Miel del desierto (Alianza de Novelas, sin distribución en nuestro país).
Los especialistas han comparado esta obra con las de John Updike y Alice Munro y los puntos de contacto resultan elocuentes tanto en su calidad como en ciertos mecanismos narrativos. Pero Pearlman no disimula su pertenencia a la extensa y brillante tradición de la literatura judía en Estados Unidos, que amalgama nombres esenciales como los de Isaac Bashevis Singer, Saul Bellow, Philip Roth, E.L. Doctorow y la citada Ozick. A diferencia de lo que ocurre con Singer, los personajes de Pearlman parecen haber perdido casi todo arraigo religioso. Alejadas de Bellow y de Roth, sus criaturas no se distinguen por una condición de tinte picaresco, apoyadas en vagabundeos emocionales y desobediencia frente a algunos dispositivos litúrgicos. Y a diferencia de Doctorow y de Ozick, tampoco registran una mirada crítica o heterodoxa ante lo que justamente les da identidad como nación en tierra ajena. Pero en todos los casos, y siempre como inapelable conciencia histórica, los sobrevuela y une la ominosa sombra del Holocausto.
Algunos de estos relatos se ambientan en la ficticia Godolphin, una zona de clase media alta ubicada a las afueras de Boston, donde se dan cita profesionales, egresados de Harvard, docentes, todos de sólida cultura y de estudiada y añeja estirpe. Otros tienen lugar en tierras más o menos lejanas: algún difuso país centroamericano, Polonia, Francia, Israel, aunque a todos los articulan el origen común del judaísmo, los azares de una diáspora que da comienzo en la primera mitad del siglo XX, y la presencia mayoritaria de mujeres no solo en tanto voz narradora, sino como ejemplo de una forma de interpretar el mundo solo atribuible a una manifiesta sensibilidad femenina.
LA PALABRA FELICIDAD
Se trata entonces, y más allá de su extracción social, de personas corrientes inmersas en situaciones corrientes. La gastroenteróloga jubilada que se muda a una zona apartada para enfrentarse al avance del cáncer y de la muerte (“Independencia”), la niña que espía a sus vecinos sin saber a ciencia cierta qué une a la pareja que vive en un edificio cercano (“Visión binocular”), la pareja de ancianos que empieza a cometer pequeños hurtos y luego dona lo robado, en un intento por recuperar sus lejanos años juveniles (“Fechorías”), las hermanas mellizas que observan perplejas el avance de la enfermedad de su padre y la extraña relación que une a su madre con una tía (“Educación en casa”), la exiliada polaca que ocupa el Ministerio de Sanidad de un remoto país, recorre algunas de sus poblaciones más desamparadas y anhela jubilarse y radicarse en Jerusalén (“Vaquita”): todo acontece con morosa serenidad hasta que de pronto una palabra, un gesto asordinado, una conducta fortuita, parecen desacomodar todas las piezas de un mundo que hasta entonces funcionaba con cierto orden, con cierta predictibilidad.
Es este un universo donde los detalles, una ventana, una calle, un objeto en apariencia trivial, cobran la misma importancia que tenían para Flannery O’Connor (“para el escritor de ficción, el juicio debe partir de los detalles que ve y de la manera en que los ve… Al decir que la ficción procede por el uso de detalles, no me refiero a la simple y mecánica acumulación. El detalle tiene que estar controlado por algún propósito general, y cada detalle tiene que estar al servicio del escritor”) o para Raymond Carver (“Es posible, en un poema o en una historia corta, escribir sobre objetos cotidianos utilizando un lenguaje coloquial y dotar a la vez a esos objetos —una silla, persianas, un tenedor, una piedra, un anillo— de un inmenso, incluso asombroso poder…”).
La destreza de Pearlman para incorporar pequeñas cosas a sus relatos es exquisita. Así, en “Si el amor lo fuera todo”, una mujer joven viaja al Londres de la Segunda Guerra para encargarse de un grupo de refugiados, entre los que destaca “una niña (que) tenía el pelo color luz de lámpara”. O en “Educación en casa”, cuando la narradora evoca el hogar de su infancia y confiesa que “Siempre que veo la palabra ‘felicidad’ pienso en aquel rincón”. O en “Una mujercita”, cuando un hombre mayor recuerda la imagen de una carnicería italiana con cerdos faenados en el escaparate: “Allí colgados para que todo el mundo pudiera verlos, cabeza abajo, como Mussolini”.
SOÑAR DESPIERTA
Cada uno de estos cuentos tiene el aliento de una novela. No son breves, casi siempre están generosamente poblados y el tiempo puede resultar equívoco: un solo episodio logra cobijar la síntesis de toda una vida, un instante parece develar un pasado y un porvenir capaces de abarcar largas décadas. Unos pocos días de unas cortas vacaciones pueden encerrar las claves de una existencia, como pasa en “Yayuski”, acaso la mejor pieza del libro, en la que dos primos adolescentes despiertan al sexo en un grupo familiar marcado por las distancias, y en el que se entremezclan la prohibición, el deseo y la muerte.
Consultada acerca del origen de sus historias, Pearlman declaró en una reciente entrevista que ellas surgen de “la memoria, la experiencia, la observación, el sueño, la invención y el pretexto. (…) Hago muchas miradas silenciosas: en largas caminatas por las calles de la ciudad aquí y en el extranjero; en parques y restaurantes y hospitales; en refugios para personas sin hogar y baños públicos. Hablo (pero principalmente escucho) a todos: íntimos, parientes, amigos, conocidos y extraños. Yo leo. Yo sueño despierta”.
“Para mí”, sostuvo más adelante, “una historia corta es una conversación entre el escritor y el lector. Como solo el escritor puede hablar, debe cuidar de respetar al lector, evitar decirle qué pensar, decir lo menos posible e implicar el resto con metáforas, elipsis, diálogos alusivos, pausas. Luego, el lector toma parte activa en la conversación, proporcionando lo que el escritor solo sugirió. En general, la prosa sobreexcitada empuja al lector a un lado y destruye el equilibrio de la conversación”.
VISIÓN BINOCULAR, de Edith Pearlman, Anagrama, 2018. Barcelona, 505 págs. Tr. de Amado Diéguez Rodríguez. Distribuye Gussi.
(EL PAIS CULTURAL)

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Amalia

Creemos que es uno de los hechos que no admite ni la más mínima polémica, lo que no es poco decir en estos tiempos de divisionismos y confrontación. Al contrario, fue total la aceptación, además de este generalizado comentario que recorrió las calles: muy merecido reconocimiento. Nos referimos a que el pasado martes se nombró oficialmente “Mtra. Amalia Zaldúa Rivas” al Auditorio de Casa Quiroga. Amalia
Muy acertado también el lugar elegido, pues no se pensó en placita ni rincón insignificante alguno, sino en uno de los mejores espacios que tiene Salto en cuanto a acústica y uno de los que recibe permanentemente mejor nivel de espectáculos de música, de teatro, de danzas y artísticos en general. Y Amalia es persona de arte, ante todo.
Su aporte a la cultura no se reduce (¡como si fuera poco!) a sus años al frente del Coro Cantares, con el que supo poner el nombre de Salto en lo más alto a nivel nacional y del extranjero; hay que sumar a ello su labor de más de 30 años como maestra y profesora (en Educación Secundaria y Formación Docente), así como su valiosa incursión en la Literatura.
Salto le dio una muestra de su agradecimiento al declararla como Ciudadana Ilustre el 28 de abril de 2013. La ceremonia se realizó en el Teatro Larrañaga y la convirtió en la primera persona en recibir tal distinción de parte del pueblo y gobierno de Salto.
Amalia Zaldúa Rivas nació en 1927 en el departamento de Tacuarembó: “fue por casualidad, porque vivíamos afuera y era más cercano ir a Tacuarembó para que mi madre tuviera familia; vivíamos en el departamento de Salto pero más cerca de Tacuarembó…cuando llegó el momento de ir a la escuela, mis padres me mandaron con unos tíos que vivían en un paraje precioso de Tacuarembó, de sierras, y ahí fui a la escuela primer y segundo año. Esa es una experiencia muy dura para una niña, separarse de su familia, pasé bien pero fue duro”.
A pesar de haber incursionado en otras ramas del arte, en la vida de Amalia la música es primordial: “…simplemente porque siempre me gustó la música. Empecé con el piano y después el coro, la voz humana siempre me encantó. Escuchar la armonía de la voz humana es para mí una cosa incomparable…”.
No es tan conocida en ella la faceta de escritora. Confiesa que escribió desde siempre, en 2007 publicó el libro de relatos “Los largos veranos” y durante varios años asistió al Taller Literario Horacio Quiroga, que orientaba Leonardo Garet. Es más, cuando este taller deja de funcionar, la casa de Amalia (a veces también la de Myriam Albisu) pasa a ser el lugar de reunión de un nuevo grupo surgido allí: el “Grupo Literario Horacio Quiroga”, grupo que en mayo de este año publicó el libro “Cuentos y Poemas de Salto”, en el que se incluyen nueve relatos suyos. “En la adolescencia, como todo adolescente, escribía pavadas…. Y novelas, estaba en tercero del liceo y recuerdo que había escrito una novela. Estaba como pupila en un colegio religioso pero salía para ir al liceo. Entonces llevaba los capítulos y los pasaba, ¡mirá que buena alumna haciendo distraer a las compañeras…! (risas); Amalia, Amalia, pasame otro capítulo de tu novela, me decían”.
Amalia es de las personas que lee y escribe de todo un poco, aunque prefiere leer novelas y biografías, entre los novelistas siempre recuerda a Vargas Llosa y García Márquez: “…cuando salió Cien años de soledad me pasé todas las vacaciones leyendo ese libro y descifrando aquella familia tan impresionante. Pero la lectura como distracción, no con espíritu analítico ni nada por el estilo…”. Siempre le gustaron los cuentos, aunque “hubo una época, cuando estuve enamorada y sufriendo por el amor, que me salían poemas”. Sostiene que la dedicación al arte y sobre todo a la creación la “ayuda a mantener las neuronas sanas, a mantener en movimiento el pensamiento, si no, la persona muere”. Y en el arte todo está muy unido. En la vida de Amalia, el coro y la literatura siempre han transitado de la mano: “…fijate que por ejemplo las obras corales están basadas en letras, la música sacra por ejemplo es una cosa maravillosa, porque de pronto son los salmos, los responsorios que están puestos en música por esos músicos maravillosos, y tenés que entrar en ese mundo literario, y las canciones populares lo mismo, tenés que interpretar las letras, que con la música forman un todo que también es maravilloso”.
La trayectoria de Amalia en el ámbito educativo y artístico de Salto es de un grandísimo valor, sin lugar a dudas. Pero a ello debe agregarse un elemento que en personas así, lamentablemente escasea en estos tiempos y que a ella le sobra: la humildad. Amalia es una ser por demás sensible, solidario y de perfil muy bajo, es una persona muy grande que vive en un cuerpo de pequeña estatura, una persona de la que como sociedad sentimos o deberíamos sentir orgullo. Está felizmente entre nosotros como una más, igual a cualquiera de nosotros, pero cuando ya no estemos, su legado seguirá vivo y vigente, seguramente impulsando a nuevas generaciones. Su nombre, ahora grabado en la entrada del Auditorio ayudará a eso.

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El Auditorio de la Casa Quiroga pasará a denominarse a partir de hoy martes 18, “Mtra. Amalia Zaldúa Rivas”

En merecido reconocimiento a la Ciudadana Ilustre de Salto, directora y fundadora del Coro Cantares

Hoy martes 18 el Departamento de Cultura de la Intendencia de Salto, la Junta Departamental y la Comisión Honoraria del Centro Cultural Casa Quiroga realizarán un homenaje a la Maestra, escritora y Ciudadana Ilustre Amalia Zaldúa, fundadora y directora del Coro Cantares, nominando el auditorio de la Casa Quiroga “Mtra. Amalia Zaldúa Rivas”.

La ceremonia dará comienzo a las 19 y 30 oportunidad en que tendrá lugar el descubrimiento de la placa amalia zalduacorrespondiente por parte de la homenajeada, a quien acompañarán representantes de las entidades organizadoras, familiares y público en general.La larga trayectoria de Amalia Zaldúa en el quehacer educativo y cultural de nuestro Salto; la proyección local, nacional e internacional de su grupo coral siempre atento a dar brillo a los acontecimientos sociales, culturales, históricos, religiosos de nuestro suelo; su presencia a lo largo y a lo ancho del país, su reiterada presencia en diversos lugares de los pàíses vecinos, Argentina, Brasil, Paraguay y aún más lejos: Vaticano, Roma y España en varias oportunidades, la hgan convertido en embajadora de la cultura salteña en buena parte del mundo.
Lo mismo puede decirse de su inquietud por presentar en Salto coros de los países sudamericanos, como así también de numerosos países europeos que deleitaron y enriquecieron con sus interpretaciones a nuestro público. Es de estricta justicia, pues, este reconocimiento a Amalia, que además de los motivos ya anotados, hacen propicio los noventa años de vida que acaban de cumplir con incansable actividad en nuestro medio, lo que dará motivo al encuentro con un público que valora su inmenso aporte a la cultura salteña.

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Cierre del Taller de Danzas Folclóricas

Este lunes 17 de diciembre a las 21 horas se realizó la velada de cierre del Taller de Danzas Folclóricas del Departamento de Cultura de la Intendencia de Salto, a cargo de la profesora Cecilia Lanzieri. El espectáculo será con entrada libre en el teatro Larrañaga.
La presentación se llevó a cabo en dos partes: la primera mostrando el trabajo académico del año y la segunda el trabajo junto a la familia de los asistentes al taller, entre ellos hermanos, padres, madres y abuelos.
Dos grupos participaron fueron premiados el pasado mes en el campeonato “Universal Dance” realizado en Córdoba. Los bailarines salteños representaron a Salto y al país obteniendo importantes reconocimientos.taller danzas 001
Con gran éxito y concurrencia se celebró el cierre del ciclo 2018 de la milonga «Rincón del Tango” organizada por El Departamento de Cultura a través de la tallerista Angelina Diaz.
Una noche especial se vivió en el Museo del Hombre y la Tecnología, comenzando a las 19hs con un taller práctico orientado por la docente junto a su partenaire de baile Gary Etchegaray.
El mismo denominado «Recursos para la improvisación de Milonga» dirigido a niveles principiante e intermedio. Tomaron la clase muchos aprendices del taller y milongueros provenientes de Concordia, que posteriormente se quedaron a disfrutar de bailar en la milonga.
También se realizó la correspondiente entrega de certificaciones a los participantes de los talleres quienes manifestaron la gratitud el anhelo de continuar aprendiendo el próximo año.
Una buena participación tanto de asistentes del Taller de Tango como público en general que se acercó a bailar y mirar pese al clima.
«Rincón del Tango» es un espacio que apuesta a fortalecer nuestro patromonio a través del baile popular.
En cada edición atrajo a más adeptos y público nuevo, generando nuevos intercambios socioculturales y fuertes lazos grupales. Estos espacios habilitan al desarrollo de la cultura y del tango cómo genero en constante crecimiento. Por lo tanto esperamos continúe dicho éxito el próximo 2019.

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Más que una vía fluvial con su nombre, el legado de un italiano que aportó belleza a un Uruguay en crecimiento

La arquitectura de Luigi Andreoni

El 25 de agosto de 1876, Montevideo amaneció sin una nube. No era un día cualquiera; era un día festivo en el que se conmemoraba la Declaratoria de la Independencia. En la pequeña ciudad de entonces se veían pocos habitantes en las calles, pues la mayoría había acudido a los festejos en la zona del Paso del Molino. Un joven de veintidós años con un escueto equipaje acababa de bajar del vapor que lo había traído desde su Italia natal. Era uno más de los tantos inmigrantes que llegaban a estas costas en busca de una nueva vida. Su único capital era su título universitario. Deambuló por las soleadas calles silenciosas y la primera impresión que recibió de la ciudad fue de tristeza y soledad. Sin embargo, aquí se afincó y pasó el resto de su vida.

Cincuenta años después así rememoraba el ingeniero Luigi Andreoni —creador de obras emblemáticas de Montevideo como el Hospital Italiano o la Estación Central General Artigas— su arribo al Uruguay, en una extensa entrevista que le realizara para el diario El Día el periodista Vicente Salaverry.

DISPUESTO A TODO

Giovanni Giuseppe Luigi Andreoni Negri nació en Vercelli el 7 de octubre de 1853. Su padre, Pietro, fue ingeniero y su madre, Eloisa Negri, provenía de una familia de profesionales por lo cual no es raro que el joven eligiera hacer una carrera universitaria. Fue a la escuela en su pueblo natal, y luego continuó sus estudios en Turín y en Nápoles, en la Escuela Real de Aplicación, donde se recibió de Ingeniero Civil en 1875 con brillantes calificaciones. Tomó la decisión de venirse a América, y parte del motivo estaba en la semblanza que dio de su padre en el citado reportaje: “…era conmigo exigente y autoritario. Yo con tal de tener libre albedrío me hubiera ido a Canadá o Calcuta lo mismo que a Uruguay…”.
Lo primero que hizo al llegar fue ir al consulado de Italia para autenticar y traducir su título universitario. Dándose cuenta del crecimiento urbano que estaba experimentando Montevideo, visualizó un nicho laboral como Agrimensor, para lo cual tuvo que rendir un examen ante un sorprendido tribunal que se deslumbró por su nivel académico. Ello le valió además de la patente de Agrimensor, la invitación para dar clases de matemáticas en la Escuela Naval.
Los comienzos sin duda fueron duros. En esos primeros años Luigi Andreoni hizo de todo: trabajó como agrimensor y como profesor, presentó un proyecto arquitectónico para construir un Palacio de Gobierno, recibió el encargo de proyectar la Iglesia de Florida (proyecto que efectivamente realizó pero que luego se construyó con variantes introducidas por otros técnicos) y el Cabildo Eclesiástico. En la década del ‘80 empezó a trabajar en el Ferrocarril Uruguayo del Este, explotó una calera en Pando, pidió la concesión de una línea tranviaria en Montevideo y aceptó el ofrecimiento de Melitón González para dirigir honorariamente las obras del Faro del Cabo Polonio en el este del Uruguay. Desde entonces comenzará su vínculo con Rocha y este hecho asociará su nombre fundamentalmente a una obra: el canal Andreoni. Pero para ello aún faltaban algunos años.
Andreoni estaba dispuesto a todo para ganarse la vida y para mantener a su familia. Se había casado el 2 de junio de 1877 con Rosa Ladriere. Al poco tiempo vinieron los hijos; en 1879 nació Mario Manuel, que también sería Ingeniero, y en 1880 nació Matilde Dominga. Su estadía en Rocha le permitió relacionarse con los vecinos de la zona y posibilitó que le encargaran el plano de mensura y loteamiento del ejido de la ciudad. A partir de entonces, atento y perspicaz, fue tomando conocimiento del potencial de esta zona, de su rica geografía, de la existencia de las “tierras malsanas” como se les llamaba a los bañados y del proyecto para realizar un puerto de aguas profundas en el paraje conocido como La Coronilla. Sí, el mismo proyecto que se retomará, una y otra vez cíclicamente durante más de un siglo. Pero su sueño de juventud era hacer arquitectura: “Yo me había hecho ilusiones de trabajar planeando y aun, dirigiendo casas”, rememoraba el ingeniero en su vejez. Eso se cumplió en 1884 cuando tuvo su primer gran encargo de importancia: la vivienda para Don Félix Buxareo, hoy sede de la Embajada de Francia en la esquina de Andes y Uruguay. La realización de este palacete para una familia tan importante lo puso en el tapete de la alta sociedad. Ocho años habían pasado desde su llegada y aquel joven que bajó del barco con una pequeña maleta bajo el brazo ya tenía treinta años y acababa de ganar el concurso para hacer un hospital para la comunidad italiana, obra que marcará un antes y un después en su carrera como arquitecto y que se convertirá en un hito sobresaliente para la ciudad: el Hospital Italiano Umberto I, obra de gran complejidad. Ubicado en una zona alejada del centro en ese momento, sobre un Bulevar Artigas que era más una idea que una realización, Andreoni lo planteó como un edificio de monumentalidad contenida, organizado en base a tres patios que aseguraban aire, luz y espacios verdes. Estilísticamente lo resolvió con un manejo solvente del lenguaje clásico. La tan característica logia que se eleva sobre el Bulevar Artigas hasta hoy día, conformada por la sucesión rítmica de arcos de medio punto apoyados sobre columnas apareadas, la amplia escalinata de mármol con aire palaciego sobre Avenida Italia y las reminiscencias paladianas que emana este edifico, han hecho del mismo un punto notable de la ciudad. Luego llegó a su vida el proyecto para el Club Uruguay, notable edificio de tres niveles, que resalta por su lujo y fineza y que fue antaño la sede de la alta burguesía montevideana. Por sus salones pasó la historia y las grandes personalidades que visitaron la ciudad, desde el tenor Enrico Caruso a Eva Duarte de Perón. A estos edificios hay que sumar una extensa lista de propiedades unifamiliares y para renta, entre las que destaca la vivienda para la Sucesión Vaeza frente a la Plaza Matriz y actual sede del Partido Nacional. Pero hay más. En la misma Ciudad Vieja y a pocas cuadras del Club Uruguay, realizó el edificio para el entonces Banco Inglés del Río de la Plata, en la esquina de Zabala y 25 de mayo, con sus potentes fachadas ondulantes. Construyó su propia casa en la calle La Paz y Magallanes y cerró este ciclo de tan solo seis años y en el que se cuentan más de veinte proyectos, con el encargo de una imponente construcción por parte de la empresa The Central Uruguay Railway Ltd.

LA ESTACIÓN CENTRAL

En paralelo a su labor como arquitecto, Andreoni había forjado una trayectoria importante como ingeniero ferroviario. Había llegado a ser gerente del Ferrocarril Uruguayo del Este, empresa en la que trabajó desde 1881 a 1889 y luego pasó a ser Jefe del Ferrocarril Nordeste del Uruguay. Por lo tanto no es raro que hayan recurrido a él para que proyectara la estación de cabecera de la empresa inglesa. Sin duda fue importante para su carrera personal, pero sobre todo lo fue para la ciudad por varias razones. En primer lugar por su escala e impronta urbana. Una vez inaugurada con gran pompa el 23 de junio de 1897, esta zona de Montevideo estrechamente ligada al puerto se transformó en un punto neurálgico de la ciudad. En segundo lugar, por su complejidad programática y por ser un gran ejemplo de la llamada “arquitectura del hierro”.

La resolución proyectual que adoptó Andreoni generó dos grandes sectores. Uno, el conformado por los edificios de acceso, oficinas generales y alas de viajeros. Ellos constituyen las fachadas que dan a la ciudad y es el lugar por excelencia para la sensibilidad arquitectónica de Andreoni. Constituyen la cara “culta” del edificio y como tal son tratados con un lenguaje ecléctico.
El otro sector es el espacio del andén, el lugar por excelencia para que se luzca el ingeniero. Sin grandilocuencias, la cubierta sobre los andenes cubre un gran espacio vacío, techado con una bóveda metálica de 47,5m de luz, 120 metros de largo y 20,5 de altura. Por último, estos edificios constituían “las nuevas puertas de la ciudad”, como afirma el arquitecto e historiador de la arquitectura Kenneth Frampton. Para los ojos de la época eran sinónimo de modernidad; un país que se jactara de ser “moderno”, mostraba con sus estaciones ferroviarias que estaba acorde con los tiempos que corrían.

(EL PAIS CULTURAL)

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