El problema carcelario

La situación del COMCAR ha mejorado notoriamente. Nadie ignora que entre lo más de 3.000 reclusos que allí conviven hay problemas, tanto de hacinamiento, como de convivencia.
Pero nadie puede ignorar que la condiciones que se tienen hoy son muy diferentes a las que existían tiempo atrás.
Y de acuerdo a lo que plantea la LUC, en poco tiempo el número de reclusos será mayor aún. El mal relacionamiento existente en algunos casos ha derivado en hecho de mucha gravedad y hasta fatales en ciertas ocasiones.
El tema carcelario ha ido muy difícil y hasta polémico en el mundo. Poco importa saber cómo estamos en referencia al resto del mundo.
Hay mucho elemento que inciden en este aspecto, desde la labor policial, hasta la leyes y la aplicación de estas por parte de la Justicia.
Esto sin dejar de lado el aspecto social, porque uno de los puntos más polémicos e precisamente el origen o la causa que delincuencia.
Nunca negamos el problema carcelario pero lo que vemos como más dificultoso es ponernos de acuerdo por donde debemos encarar una salida aceptable y beneficiosa pasara todos. Y sobre todo asumir la enorme incidencia del tema social como parte de la cadena que invariablemente desemboca en la cadena que lleva a la delincuencia.
No conocemos país alguno que no tenga delincuencia, hasta lo que tienen un buen pasar mucha veces tienen un alto grado de delincuencia. Es que la plata fácil siempre ha atraído y mucho más hoy día en que poco importa cómo se obtenga.
Es más, hay quienes sostienen que el hijo de un delincuente “nace” delincuente y por lo tanto de nada sirven los esfuerzos por tratar de convencerlos de que cambien de vida, aspecto que rechazamos de plano.
Esto no quiere decir que ignoremos que en la mayoría de los casos la situación de los familiares de los privados de libertad integran el sector más desposeído de la población y por lo tanto constituye una cadena infernal de la que pocos escapan.
Hasta el momento el tema carcelario ha ido encarado políticamente, criticado, cuestionado, minimizado, en lugar de asumirlo en toda su dimensión, como debiera ser, sin pretender arrimar agua para nuestro molino.
A menudo se hace hincapié en la rehabilitación en ¿qué porcentaje están interesados en rehabilitarse, en que los apoyamos, en qué lo ayudamos y cuanto lo logran, como si se tratara de un problema ajeno, que en nada nos involucra.
De una cosa estamos seguros, esto no se arregla con penas más duras, ni con leyes más severas, aunque no renegamos de ellas y entendemos perfectamente que las víctimas de un delincuente sean más reacias a asumirlo. El único camino es atender el tema social, aspecto nada sencillo por supuesto.
A.R.D.

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La voz científica en su lugar

Habitualmente la voz de los científicos está silenciada, ensordecida, desconocida o ignorada en un mundo que parece más preocupado por tener y conseguir, de la forma que sea, léase consumir antes que prestar atención a todo aquello que piensa va a contracorriente de lo que hace o le interesa.
La actual situación e independientemente del éxito o fracaso que nunca se puede garantizar, ha servido para valorizar y poner en el lugar que le corresponde a la opinión científica.
La academia en nuestro país está relegada a un segundo plano, pues el sistema político, más allá del gobierno circunstancial, le ha dado siempre un lugar secundario porque sabe que al menos todo lo que no sea genuino, orientado al bienestar de la mayor parte de la población, será puesto en evidencia. Más que nada porque no le interesa darle mayor protagonismo, poner a la opinión académica en el centro de la actividad social, es a nuestro criterio, sólo darle el rol que le corresponde.
Nos complace ver como en esta oportunidad se le ha prestado atención al menos para ser escuchado al mundo académico. Podemos decir que ahora al mundo científico se le ha dado el lugar que le corresponde en el enfrentamiento al virus.
Las decisiones se tomarán luego a otro nivel, así lo entendemos y creemos que debe ser y el sólo hecho de escuchar a los científicos específicamente es un paso adelante. La valoración que se ha traducido en un mayor aporte de recursos al mundo científico, basado en la investigación, indica que algo al menos ha cambiado para ser mejorado.
No ignoramos que siempre estas posibilidades deben de estar de acuerdo a la realidad del país, pero escuchar es el primer paso para entender las situaciones y tampoco podemos ignorar que ahora se lo ha dado.
Nos satisface también el hecho de que se convoque a una junta de destacados científicos, que expresan la opinión de verdaderos equipos, no sólo porque es el primer paso, sino porque sabemos que es muy difícil oponerse a la opinión científica sin argumentos sólidos.
Esperemos que esto sea un índice del camino a recorrer. Escuchar y atender a la opinión académica, no como dueños de una verdad absoluta, sino porque se trata del resultado del conocimiento investigado, chequeado y comprobado o verificado por la experiencia.
Tener en cuenta esta opinión y además hacerla conocer debidamente es un buen síntoma y así lo reconocemos.
A.R.D.

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UPM 2 lo que importa verdaderamente

Cuando se trata de grandes proyectos para el desarrollo del país, siempre ha habido y habrá beneficiados y perjudicados. Ha sucedido invariablemente y sigue sucediendo.
UPM 2 es la inversión más grande de la historia en el Uruguay. Se trata de la construcción de la tercera planta de celulosa del país y la más grande de ellas.
Ubicada en el centro del país, una zona tradicionalmente deprimida, requerirá de una gran inversión para poder alcanzar un puerto de ultramar transportando su producción en medios económicos.
Por lo tanto los impulsores de las grandes obras siempre debieron enfrentar grandes intereses y obviamente esto ha sido una gran disyuntiva porque por un lado existen intereses capaces de corromper mediante pago de dinero a cualquiera de las personas que tienen que tomar las decisiones y por otro hay legítimos intereses que siempre serán afectados.
Para obrar con la mayor justicia social posible entendemos que se debiera tomar las decisiones que afecten menos, tratando de compensar a los perjudicados y quizás exigiendo un esfuerzo mayor a las personas que resultarán beneficiadas.
Por estos días ha trascendido una controversia que realmente nos parece desafortunada. Se trata del último acuerdo firmado que ha sido capitalizado por las actuales autoridades, afirmando que se ha logrado renegociar algunos aspectos que significan un ahorro considerable para el país.
Por su parte las autoridades anteriores, que han negociado esta inversión, han salido a sostener que ya estaba negociado, pero no firmado.
Sea cual sea la situación ambos intereses debieran saber que es un aspecto menor. A la gente que estará directamente involucrada en este proyecto porque le importará de quien ha sido el mérito, lo más importante es que se concrete, que haga el menor daño posible y sobre todo que perjudique en la más mínima medida o incluso que no perjudique a nadie si fuera posible.
Nadie debiera olvidar que el aporte de UPM 2 en materia de fuentes de trabajo será importante para revitalizar la región, con ser este un elemento muy importante, debiera hacernos olvidar que lo primero a cuidar es la naturaleza, el medio ambiente, porque en definitiva no debemos olvidar que nuestro mayor compromiso es con las generaciones futuras y cualquier obra del hombre significa alterar la misma.
Explotarla, sacar provecho de lo que la naturaleza ofrece, preservando su existencia, es lo más acertado.
A.R.D.

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El accionar frente a la pandemia

Es una máxima conocida que toda comparación resulta odiosa, pero esto no quita que no debamos recurrir a ellas. Si nos referimos al enfrentamiento del coronavirus, COVID 19,
resulta ineludible referirnos a las medidas que han tomado nuestros dos países vecinos.
Argentina decidió hace más de dos meses someter a la población del vecino país a una cuarentena total, obligatoria y en el marco de esta medida hubo cientos de detenciones a quienes violaron la medida, sin importar por qué lo hacían.
Al mismo tiempo se tuvo que dar marcha atrás con algunas de las medidas de distensión adoptadas, porque las cifras de la pandemia han vuelto a agudizarse.
En el otro extremo del terreno, el presidente de Brasil consideró que el virus es una «gripesinha» no tomó medida alguna a nivel nacional y ha pagado un altísimo precio (cerca de 20 mil muertos) por su obstinación, convirtiéndose en el país latinoamericano con mayor número de infectados y más muertes.
Un poco más allá, en Chile, se había aflojado un poco las medidas, pretendiendo volver a la situación anterior, en forma paulatina y lamentablemente un recrudecimiento de la situación obligó a dar marcha atrás.
En estas circunstancias resulta inevitable, salvando las diferencias, la comparación con lo que aquí ha sucedido y dicho sea de paso, tal como lo hemos expresado, nos parece que se ha obrado acertadamente, con prudencia, con cautela y dando pasos cortos, pero firmes, basados en lo que para nosotros es uno de los mayores aciertos: recurrir al sector académico buscando el asesoramiento de tres de los mejores científicos del país.
Aún antes de esto, se había anunciado el confinamiento voluntario, exhortando a la población a quedarse en casa, cosa que fue asumida en alto grado por la población y la atención preferente de todas las personas que presentaban síntomas compatibles con la temible enfermedad.
La realidad al momento de escribir estas líneas indica que sólo una veintena de muertes ha habido que lamentar.
No podemos ignorar las diferencias tanto de territorio, como de cantidad de habitantes, pero esto no impide que entendamos que se ha hecho lo que corresponde, esto es escuchar a todos antes de decidir y esto es lo correcto, obrando luego con el máximo de prudencia.
Esto determina que las medidas que se han tomado aquí, con la mayor cautela posible han sido acertadas. Nobleza obliga al reconocimiento. Se podrá entender que son insuficientes, se podrá entender que pudo hacerse más o mejor, pero lo real y concreto es que el resultado demostró que lo actuado ha sido correcto.
A.R.D.

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UPM 2 lo que importa verdaderamente

Cuando se trata de grandes proyectos para el desarrollo del país, siempre ha habido y habrá beneficiados y perjudicados. Ha sucedido invariablemente y sigue sucediendo.
UPM 2 es la inversión más grande de la historia en el Uruguay. Se trata de la construcción de la tercera planta de celulosa del país y la más grande de ellas.
Ubicada en el centro del país, una zona tradicionalmente deprimida, requerirá de una gran inversión para poder alcanzar un puerto de ultramar transportando su producción en medios económicos.
Por lo tanto los impulsores de las grandes obras siempre debieron enfrentar grandes intereses y obviamente esto ha sido una gran disyuntiva porque por un lado existen intereses capaces de corromper mediante pago de dinero a cualquiera de las personas que tienen que tomar las decisiones y por otro hay legítimos intereses que siempre serán afectados.
Para obrar con la mayor justicia social posible entendemos que se debiera tomar las decisiones que afecten menos, tratando de compensar a los perjudicados y quizás exigiendo un esfuerzo mayor a las personas que resultarán beneficiadas.
Por estos días ha trascendido una controversia que realmente nos parece desafortunada. Se trata del último acuerdo firmado que ha sido capitalizado por las actuales autoridades, afirmando que se ha logrado renegociar algunos aspectos que significan un ahorro considerable para el país.
Por su parte las autoridades anteriores, que han negociado esta inversión, han salido a sostener que ya estaba negociado, pero no firmado.
Sea cual sea la situación ambos intereses debieran saber que es un aspecto menor. A la gente que estará directamente involucrada en este proyecto porque le importará de quien ha sido el mérito, lo más importante es que se concrete, que haga el menor daño posible y sobre todo que perjudique en la más mínima medida o incluso que no perjudique a nadie si fuera posible.
Nadie debiera olvidar que el aporte de UPM 2 en materia de fuentes de trabajo será importante para revitalizar la región, con ser este un elemento muy importante, debiera hacernos olvidar que lo primero a cuidar es la naturaleza, el medio ambiente, porque en definitiva no debemos olvidar que nuestro mayor compromiso es con las generaciones futuras y cualquier obra del hombre significa alterar la misma.
Explotarla, sacar provecho de lo que la naturaleza ofrece, preservando su existencia, es lo más acertado.
A.R.D.

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La verdad oculta

En estas columnas hemos planteado nuestra convicción de que todo jerarca de empresa pública o privada, debería de comenzar por hacer una auditoría para verificar que es lo que asume y cual es la realidad de dicha empresa.
Se nos ha antepuesto como argumento que el costo de una auditoría hecha como corresponde, por auditores capacitados es muy alto y esto constituye uno de los impedimentos para hacerlas. Es entendible, pero para nosotros sigue siendo una medida imprescindible, ante la cual todos los poderes del Estado, incluyendo obviamente el Poder Judicial, debe obrar con la correspondiente premura. En caso contrario pasa a ser parte del problema.
Es que hoy existen numerosas formas de confundir o engañar a los usuarios o consumidores, complejizando temas o aspectos de una operación en lugar de simplificarlos.
Es así que habitualmente tenemos versiones contradictorias y no hay más remedio que depositar nuestra confianza, porque resulta particularmente difícil determinar donde está la verdad en estos temas.
Y no sólo al periodista le resulta muy difícil, sino que la propia justicia se queja de la complejidad sobre todo de los temas económicos y también les resulta particularmente difícil detectar los denominados “delitos de guante blanco» , porque precisamente uno de los aspectos que procuran los delincuentes en estos casos por parte de los delincuentes es complejizarlos, para ganar tiempo u obtener impunidad.
Las auditorias, hechas como corresponde, permiten aclarar los denominados “delitos complejos” y sobre todo saber en que medida resultan confiables las cifras y los números aportados por los investigados y sobre todo sus acciones.
En estos años hemo escuchados versiones de todo tipo. Felizmente la Justicia – en los casos en que se ha expedido – nos ha permitido acercarnos a la verdad. Hemos insistido en no dejarnos llevar por las primeras versiones, teniendo en cuenta que generalmente en estos casos los involucrados tienen intereses, tanto en lo que quieren dar a conocer, como en lo que quieren ocultar, minimizando u ocultando esto.
En este aspecto, las auditorias resultan una herramienta esencial. Recordamos las acusaciones cruzadas entre el ex intendente Germán Coutinho y su sucesor, Andrés Lima, y a pesar de que han pasado casi 5 años, la justicia sigue sin expedirse.
Pasó luego con el tema ANCAP, PLUNA, ASSE y demás. Hoy trascienden acusaciones graves en relación al Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) y lamentablemente la población sigue estando en el medio, bombardeada por dos versiones, cuya veracidad total o parcial sigue en duda.
A.R.D.

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La niñez olvidada

Días pasados se celebró en el Uruguay un día dedicado a recaudar fondos para atender a los niños y adolescentes de UNICEF, organismo de Naciones Unidas que hace más de 73 años que se dedica a atender los derechos de los niños en el mundo.
Esto es el derecho de los niños básicamente a una alimentación sana y suficiente, el derecho a la salud, a la educación, el derecho a jugar y divertirse.
Significa la condena a delitos tales como la explotación infantil, la explotación sexual y similares.
En los últimos años la imagen de los niños desnutridos o aún famélicos ha cambiado. Recordamos todavía la imagen de un niño famélico y un buitre posado muy cerca… el mensaje subliminal apuntaba cruelmente a que el ave carroñera sólo esperaba la muerte de aquel pequeño. Aunque la imagen ganó algunos premios, luego se comprobó que había sido un montaje.
Lo cierto es que hoy la imagen ha cambiado, pero no la situación de la niñez en el mundo, porque sigue habiendo millones de niños explotados, con hambre, pero en realidad son obesos y tienen una expectativa de vida reducida, debido a que comen lo que no necesitan y no tienen lo que necesitan comer.
Esta imagen de niños obesos, no por gordos y exceso de alimentos, sino por mala alimentación es el producto de un mundo en el que apunta a sustituir las imágenes más crudas, dando una sensación engañosa. La industrialización de alimentos conservados en sal, con demasiada azúcar u otros conservantes, es la causa principal de esta situación.
Los datos de UNICEF en este sentido son muy preocupantes. En los últimos 20 años, ningún país ha logrado mejorar la situación de la niñez en este sentido.
Existen millones de niños mal alimentados, creciendo por debajo de los índices normales, como producto de una alimentación deficiente.
Preocupa la violencia doméstica y la desnutrición. Los niños generalmente son las primeras víctimas y en estos momentos de confinamiento la situación para ellos ha empeorado. Seguramente que el aporte material no alcanza, porque esos niños tienen muchas más necesidades, pero la solidaridad de los uruguayos se ha vuelto a ver y esperamos que sólo sea un primer paso en la concientización de un pueblo que no escapa a la situación general, pero felizmente vive en paz y aún con muchos problemas sin resolver, tenemos claro que la solidaridad obliga a responder al clamor de estos inocentes, que no siempre es escuchado y a ello podemos aportar.
A.R.D.

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El gol de la libertad algo que pocos conocen

Una amiga me hizo llegar esta grabación que realmente no conocía y como le dije me pone los pelos de punta y reafirma mi posicionamiento en referencia al tema.
Ocurrió en plena dictadura. Corría el año 1976. El domingo 28 de marzo
se jugaba un partido clave por el campeonato uruguayo, el partido que se recuerda por “el gol de la libertad”. Se enfrentaban Nacional y Defensor que finalmente fue el campeón ese año. Se jugaba en el estadio Centenario y en ese partido clave hacía su debut en filas de Defensor, Julio César Filippini, joven de 19 años, promovido desde las inferiores del club de Punta Carretas.
Defensor (actualmente Defensor Sporting) comenzó ganando 2 a 0 . Un penal a Filippini se transformó en gol, ejecutado por Pedro Alvarez y fue el propio Julio César Filippini quien convirtió el segundo.
El encuentro terminó 2 a 2 y al término del partido el relator Víctor Hugo Morales, entrevistó al joven que en su debut oficial había sido figura clave en el resultado.
Víctor Hugo le preguntó a quién dedicaba el gol marcado y el joven Filippini le contestó “a mi hermano y a sus compañeros presos en el penal de libertad…”
De regreso a su casa sus padres que habían escuchado la entrevista por la radio le dijeron que se escondiera por unos días. La recomendación de sus padres fue premonitoria. Al día siguiente una patrulla de las Fuerzas Conjuntas fue al entrenamiento de Defensor y como no encontraron a Filippini, llevaron a todo el plantel (lo tuvieron preso durante cuatro horas).
Víctor Hugo Morales fue citado para el día siguiente por un militar de alto rango que le dijo “Ud. me va a entender, tarjeta amarilla para Ud…”
Filippini no pudo jugar más al fútbol profesional, porque desde las “alta esferas” le hicieron saber a Defensor que no podía jugar más.
Un joven futbolista, elevado desde la cuarta división a la primera de defensor, vio así truncada su carrera, pero aquel día Filippini entró en la historia de la dignidad. El gol y la dedicatoria comprometida significó el fin de su carrera profesional. Estos atropellos también sucedieron en aquellos años y nadie respondió por ello.
Es por eso que amante de la Justicia, entendemos que estas arbitrariedades, como todos los delitos también deben pagarse. Si esto es ser vengativo. Somos vengativos, porque entendemos que el periodismo no es ponerse del lado que calienta el sol, sino del lado de la verdad y la justicia.
Arbitrariedades como estas no quiero nunca más.

Alberto Rodríguez Díaz

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La herida sigue abierta

En más de una oportunidad se nos ha acusado de ser rencorosos, de seguir insistiendo con la búsqueda de los desaparecidos. De pedir cuentas a quienes estuvieron sólo de un lado de la cuestión y de desconocer los delitos cometidos por quienes estuvieron del otro lado.
Por eso entendemos necesaria esta aclaración, hoy 20 de mayo cerca ya de los 50 años de que se registrara el golpe militar que instauró la dictadura en nuestro país.
Quien no vivió y diríamos padeció aquellos años, sin comerla ni beberla, jamás podrá entender nuestra posición. Pero una cosa tenemos muy claro. Los delitos son delitos, los asesinatos, las torturas y similares son y serán delitos sean quienes sean que los cometen y sea cual sea el argumento o la idea que se argumenta para justificar lo injustificable.
Pero en el caso de Uruguay una cosa es clara. Quien o quienes cometieron delitos, estuvieron casi todos -alguna excepción hay – presos y purgando las penas determinadas durante muchos años a veces sufriendo tormentos inhumanos.
No ignoramos que hubo crímenes de inocentes, cosa que no justificaríamos jamás, pero la diferencia es que las madres de estos muertos inocentes pudieron llorar a sus hijos muertos, saben dónde están, pueden arrimarles una flor, aunque esto no justificará jamás el crimen.
Pero la enorme diferencia, lo que mantiene abierta la gran herida que justifica las marchas de los 20 de mayo es que del otro bando jamás se admitió lo que se hizo y mucho menos dónde están o qué hicieron con ellos.
No tenemos duda alguna que aún hay personas que saben detalles de esto. Casi 200 detenidos desaparecidos, de los cuales unos pocos cuerpos han aparecido.
El paradero de los demás sigue cubierto por un gran pacto de silencio y olvidar o desconocer esto es hacerse cómplice. Es cobijar las acciones aberrantes que se cometieron en aquel momento.
No nos duelen prendas en esta situación, pero entendemos que todo aquel que viola, asesina, tortura o infringe la ley de cualquier manera debe responder ante la Justicia.
Es más cómodo hacer la vista gorda o ponerse del lado que calienta el sol, pero esto no es periodismo. Ocultar las cosas que no condicen con nuestras ideas y condenar a quienes cometieron crímenes, sean del bando que sean, no es periodismo, es cobardía y ojalá Dios nos de fuerzas para alejarnos de esta posición.
Por nuestros jóvenes, hijos y nietos a quienes hoy procuran engañar y convencer de que todo lo que se hacía estaba justificado, seguiremos adhiriendo a estas marchas que pretenden verdad y justicia.
Alberto Rodríguez Díaz.

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La JUTEP debe ser respaldada

El último integrante de la Junta de Transparencia y Etica Pública (JUTEP), Ricardo Gil Iribarne, se ha alejado definitivamente del cargo que desempeñaba y el actual gobierno nacional ha nombrado como sustituto al ex presidente de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Jorge Chediack.
La renuncia de Gil Iribarne le sigue a la de los dos integrantes en el organismo, el salteño Daniel Borrelli y Matilde Rodríguez Larreta de Gutiérrez Ruiz quienes le acompañaron en la función, pero ya habían renunciado.
Gil Iribarne había renunciado el 9 de marzo, pero anunció al gobierno que permanecería en el cargo un mes más, si fuera necesario, hasta que alguien le sustituyera, a efectos de firmar las órdenes correspondientes para el pago de los funcionarios del organismo.
La gran duda consiste en saber el por qué de las renuncias. Si bien la formalidad argumentada por Gil Iribarne al renunciar fue que al considerar el actual gobierno, que se trata de un cargo electivo y aunque es conocida la actual filiación de los ex integrantes (Frente Amplio y Partido Nacional), nunca se les reclamó nada y los partidos políticos a los que pertenecen se molestaron con sus fallos, no tenía sentido permanecer en funciones.
El gobierno nacional que nada ha dicho al respecto, nombró al frente de la JUTEP a quien fuera tres veces presidente de la Suprema Corte de Justicia. Recordamos que Uruguay estaba dentro de lo que se llamaba “lista gris” por las facilidades que otorgaba el sistema para el lavado de dinero proveniente del narco tráfico o de otros delitos.
Algunas de las medidas adoptadas en los últimos tiempos permitieron que el país saliera de esta lista, aunque para algunos países sigue siendo uno de los lugares permeables a los denominados delitos “de guante blanco”, difíciles de probar.
En más de una oportunidad Gil Iribarne había emitido una crítica muy dura contra el sistema político uruguayo, sosteniendo que en realidad al sistema no le interesaba darle más atribuciones, ni más recursos a la JUTEP, porque se negaba a satisfacer los requerimientos que el organismo consideraba imprescindibles para cumplir una labor correcta y profunda contra la corrupción.
Señaló como ejemplo la denuncia contra un hombre notorio del Partido Nacional del interior de la República, al que demostró que había obrado con irregularidades. El fiscal correspondiente destacó la investigación prolija y ordenada de la JUTEP para fundamentar su fallo. Hoy ese hombre notorio del Partido Nacional disfruta de un alto cargo concedido por su partido.
El gobierno actual ha recogido el guante y al nombrar al Dr. Chediak, éste lo primero que ha hecho es reafirmar el rumbo que siguió la última JUTEP. Esperemos que así lo demuestra porque en caso contrario será lamentable.

A.R.D.

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Sobre el reinicio de las clases

Si bien todos sabíamos que algún día habría de suceder, el inicio de clases en las escuelas urbanas del país es un verdadero desafío.
Entendemos que lo actuado por el gobierno nacional hasta el momento ha sido lo correcto. La opinión de los científicos que asesoran al gobierno, no para decidir, sino para dar a conocer los puntos de vista de la academia, de los científicos, es lo más inteligente y acertado que hemos visto.
Las decisiones pasan luego por otro carril y quien tiene que decidir es el Presidente de la República y hasta ahora así lo ha hecho, asumiendo toda la responsabilidad que implica. Se han tomado todos los recaudos posibles, los que fueron aconsejados. Pero desde luego que nadie tiene plena certeza de lo que sucederá.
Hay experiencias internacionales que han sido exitosas, casi tantas como las que han significado grandes fracasos, muy cercanas a nosotros en la región, obligando incluso a dejar sin efecto algunas de las medidas que se habían tomado para volver paulatinamente a la normalidad.
Lo importante es la concientización de la necesidad de cuidarnos y cuidarse. Ir paso a paso si descuidarse es lo más prudente que hemos observado, aunque siempre habrá excepciones. Prueba de ello es la aglomeración registrada en ocasión de la manifestación cumplida frente al Palacio Legislativo, donde se consideraba la LUC, el jueves último.
Y esto nada tiene que ver con el fondo de la cuestión. Puede manifestarse, ejerciendo un legítimo derecho, pero lo que no puede hacerse es poner en riesgo la salud de los demás uruguayos. Si alguien voluntariamente decide arriesgarse y hacer caso omiso a las recomendaciones, está en su derecho, pero nunca debemos olvidar aquello de que nuestro derecho termina donde comienza el de los demás.
Hoy más que nunca el éxito o fracaso depende de la responsabilidad con que los uruguayos asuman esta etapa.
La responsabilidad hasta el momento se ha demostrado al punto que ni siquiera se ha llegado al cien por ciento de la asistencia en las escuelas rurales habilitadas a funcionar bajo estrictas normas hace ya varias semanas.
Puede compartirse o no la conducta de los padres que han optado por la inasistencia, pero lo que no se puede negar es que se trata de una conducta responsable y cada uruguayo la puede ejercer voluntariamente.
A.R.D.

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La Ley de urgencia

No nos engañemos la Ley de Urgente Consideración no es una ley más, significa cambiar las reglas de juego existentes hasta hoy en el país y crear las bases para una nueva forma de gobernar.
De allí que abarque temas tan amplios, como educación, seguridad, salud, vivienda y otros, cada uno con un amplio abanico de posibilidades que merecerían una discusión independiente y no reunidos en más de 500 artículos.
No ignoramos que la experiencia indica que cuando la discusión significa una pérdida de tiempo, es la principal madre de la burocracia, vale decir de la discusión sin sentido, sin argumentos válidos y evitar que el análisis de un tema se transforme en esto es un desafío importante.
Esto lo tenemos muy claro y mientras no se modifiquen los derechos esenciales del ciudadano, nada tenemos que objetar. Por algo es el sistema y la forma de gobierno que eligió la mayoría de los uruguayos.
Que nadie se equivoque, personalmente no acompañamos algunas de las modificaciones propuestas, pero admitimos que quienes las impulsan están en su derecho, el resultado será evaluado por la ciudadanía uruguaya dentro de cinco años.
No nos afiliamos a los radicalismos. No somos de los que se oponen por oponerse o por evitar que a otros les vaya mejor con el enfoque dado a determinados temas.
Tan extremo es cerrarse obstinadamente a rechazar el pensamiento o el análisis de un tema, como el cerrar filas ideológicamente sin escuchar siquiera los argumentos de la parte opuesta.
Es probable que haya motivos para corregir en esta LUC, pero no tenemos duda alguna de lo que se busca. Vivimos tiempos difíciles y seguramente el tratamiento que se le dará a esta ley no es el que se pensó o que se buscaba, porque 15 días de asumir el nuevo gobierno el mundo fue convulsionado y aún lo está por la pandemia que se vive, pero están corriendo los plazos para su tratamiento.
Por el momento entendemos que lo que se busca es válido, a pesar de que no nos guste, porque es lo que la mayoría de los uruguayos ha elegido. Por el bien de los uruguayos y por el país en si, esperemos que le vaya bien.
No pretendemos otra cosa que no sea la felicidad de los que más necesitan. No pretendemos más que beneficiar a aquellos uruguayos que luchan diariamente por asegurarse lo mínimo necesario para vivir decentemente.
En este camino hay aciertos y errores. Lo entendemos, sólo una cosa pretendemos, no a la soberbia con que equivocadamente se manejan los que acceden al poder…
A.R.D.

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El río Uruguay nadado a contracorriente

Somos hijos del Río Uruguay y la principal obra de la región que recordamos los contemporáneos es el aprovechamiento de los rápidos de Salto Grande (en tanto nuestros mayores nos hablaban los del tiempo de los astilleros, allá por el 40 que tuvo también mucha incidencia y marcó el crecimiento al menos del departamento de Salto).
Con mucha nostalgia recordamos cuando había en la ciudad dos clubes de pesca con intensa actividad, Club de Pesca Salto y Salto Rowing Club. Recordamos que también había uno en Constitución. Solo el Club de Pesca Salto contaba con cerca de 40 embarcaciones que incluso facilitaba a sus asociados. Hoy no existe esta actividad.
El rio se está muriendo, porque la pesca ya no es la misma, la fauna y flora se está muriendo y en esto poco tiene que ver la represa, porque la causa principal es nuestra propia desidia, nuestro abandono y menosprecio del río que hemos tomado como basurero, receptor de todos nuestros desechos.
La historia nos enseña que el río refleja nuestra propia vida. Las mejores épocas han venido del río y cuando el río está mal, también a nosotros nos va mal.
Salto Grande es un aprovechamiento rengo en cuanto siempre lo hemos dicho, entre los objetivos del Movimiento Popular Pro Represa de Salto Grande, que lideró el recordado Dr. Neri Campos Teixeira, ocupaba un lugar prioritario la navegabilidad del río.
Por eso nos reconforta que hoy se vuelva a pensar en el Río Uruguay. Solo los grandes visionarios pueden hacerlo y seguramente se encontrarán con posibilidades desaprovechadas.
No son obras fáciles ni mucho menos rentables en el corto plazo, porque en alguna medida significa “remar contra la corriente”, pero seguramente las generaciones futuras las agradecerán si se concretan, como estamos eternamente agradecidos nosotros al aporte que ha significado para la región la represa de Salto Grande.
El nuevo impulso que se vislumbra hoy a la navegación del Río Uruguay, nos vuelve optimistas a pesar de que seguramente si ya era una obra difícil de concretar, debido a que involucra a tres países, la actual pandemia del coronavirus ha complicado mucho más aún las posibilidades de concreción.
De todas formas no es una obra a descartar. No desconocemos que significa obras casi “faraónicas” y difíciles de justificar en la actualidad. Entendemos que es necesaria una visión geopolítica y futurista para luchar por su concreción, pero así como la ciencia y la tecnología permitió doblegar el río y aprovecharlo mejor, confiamos en que la misma inteligencia se ponga de manifiesto para concretar la tan ansiada navegabilidad del río.
A.R.D.

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Una labor ejemplar

Uruguay es un país chiquito y sin embargo sabe de grandes gestos. No escapa a esto lo obrado para repatriar compatriotas sorprendidos por la pandemia en el extranjero cuando prácticamente todo el mundo cerró sus aeropuertos al tráfico aéreo.
Pero seguramente lo más destacado de lo hecho por la cancillería uruguaya fue recibir al “Gref Mortimer” crucero, que llevaba un pasaje infectado por COVID -19 , cuyo ingreso a otros puertos de la región le había sido negado, en una actitud comprensible, pero quizás discutible desde el aspecto humanitario.
Uruguay que no estaba dentro de los destinos de este crucero aceptó su llegada, asumió el riesgo que otros no quisieron asumir, y luego de tomar todos los recaudos para salvaguardar la salud de los uruguayos como corresponde, se autorizó el arribo primero de todos los pasajeros y luego de toda la tripulación, incluidos los enfermos.
Como uruguayo entendemos que se estuvo a la altura de los acontecimientos y el canciller que ha recibido tantas y tan calurosas felicitaciones por lo obrado, también ha recibido duras críticas, para nosotros ha obrado con sabiduría y estamos seguros que la mayoría de los uruguayos aprueba y comparte lo actuado.
No es hora de fanatismos, ni de cuestionar actitudes por la sola procedencia, es decir quien sea el responsable de las mismas merece la aprobación o el rechazo de estos fanáticos.
Actitud estúpida si la hay. Es negar la razón, la capacidad para pensar y sobre todo dejarse llevar por posiciones extremas que anulan la inteligencia de quienes razonan. Esto se trató a estas personas como nos gustaría que nos trataran a los uruguayos en cualquier parte del mundo.
Se hizo lo que corresponde y cuando aún los tripulantes “rescatados” de su confinamiento en el barco están pasando su cuarentena en hoteles uruguayos, esta opinión no cambiaría incluso si algún compatriota resultara infectado porque estuvo dentro de las posibilidades y del riesgo que se aceptó.
Como uruguayo no podemos dejar de sentirnos orgullosos por lo actuado quizás se entiende que la cancillería se limitó a hacer lo que correspondía. Pero en estos tiempos sólo obrar con la debida responsabilidad y justicia es bastante.
No tenemos interés alguno. Tampoco esperamos reciprocidad alguna, sencillamente debe servirnos de incentivo para obrar con el humanismo que corresponde.
Esto es lo que cabe en la ocasión, ni más ni menos.

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Un acuerdo injusto e insuficiente

No tenemos idea ni en qué momento se produjo, pero lo notamos en las estanterías. El aumento de precio de todos los artículos de la canasta familiar ha sido notorio en los últimos meses.
Cuando escribimos sobre este tema, y no es la primera vez que lo hacemos, queremos dejar muy en claro que el anuncio gubernamental de que se ha logrado un “acuerdo”, voluntario o no con el Centro de Almacenes Minoristas Baristas y Autoservicistas del Uruguay (CAMBADU), que se han comprometido a “no subir los precios por dos meses”, nos parece importante ubicar las cosas en su lugar.
El compromiso de no subir los precios debió hacerse antes por la sencilla razón de que éstos ya subieron, la mayoría de los artículos lo hicieron luego de conocerse incluso la pandemia que afecta a todos los sectores de la población y antes del “acuerdo” anunciado.
Entendemos que no es un tema fácil y para ser justos, el compromiso debe ser de todos los sectores participantes en la cuestión. El productor no puede desentenderse del precio que cobra por sus productos, tampoco el abastecedor, como intermediario que es, el Estado en primer lugar también debe asumir su cuota de responsabilidad para ayudar a enfrentar la situación y finalmente el consumidor, la pata más débil en este sistema, debe entender también que se trata de una situación de emergencia, en que a todos nos costará algo para poder superarla.
Nadie puede sentirse ajeno a este difícil momento. Lo que debe de buscarse es repartir las dificultades. Hoy lo que vemos es que hay sectores que salen “ilesos” de la situación, mientras otros, generalmente los que tienen menos “peso político” terminan pagando la mayor parte de las consecuencias.
Este acuerdo, para nosotros al menos, no es justo. En primer lugar porque no se puede ”obligar” al comerciante, que tiene impuestos, aportes, empleados y demás, a perder dinero, alcance que no puede negarse cuando el proveedor le entrega la mercadería con determinada suba. Tampoco se puede obligar al productor que debe pagar más, por cada cosa que compra en dólares, ni al proveedor que simplemente recibe el producto a determinado precio y lo transporta hasta los comercios, es decir presta un servicio que tiene costos.
A su vez el Estado, que no puede dejar de recaudar, pero quizás deba estudiar si en las presentes circunstancias no debiera rever sus ingresos y quizás buscar fuentes complementarias.
En definitiva, si pretendemos un buen resultado hay una sola fórmula justa y eficaz y es la solidaridad entre todos los sectores.
A.R.D.

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Más que nunca las ideas deben quedar de lado

Sentirnos juntos pese a la distancia y decididos a enfrentar mancomunadamente a un enemigo que no conocemos, debe ser nuestra actitud en estos momentos.
Este llamado a la cordura requiere dejar de lado ideas políticas, deportivas, religiosas y similares, para demostrar que somos capaces de “congelarlas”, no olvidarlas, para enfrentar la situación del momento.
En estos días se va regresando a la situación que teníamos a principios de marzo, aunque tenemos claro que el mundo ya no es el mismo. Ojalá que para bien de todos hayamos aprendido el valor de la solidaridad, el valor de ayudar más allá de las ideas, porque recién estamos conociendo las verdaderas consecuencias de esta situación.
Comienza a manifestarse en toda su crudeza, la situación de quienes han pasado al seguro de desempleo, quienes saben que luego les espera un despido seguro. Es decir las consecuencias sociales, económicas, sanitarias y demás recién comienzan y seguro las sentirán más los sectores más desprotegidos.
Lo más lamentable para nosotros es ver los resquemores que se plantean entre las personas es decir es notorio que hay cierta desconfianza y temor para acercarse y hablar con otra persona, sobre todo si conocemos sus ideas opuestas a las que profesamos nosotros.
Vivimos un momento difícil, por una parte la convicción de que estamos bien, de que no hay casos de la pandemia en el departamento ni en la región hace ya varios días. Sabemos y lo hemos dicho que tras dos meses de confinamiento, es prácticamente imposible seguir con algunas medidas. Pero si le erramos en cuanto al momento propicio para salir de ellas, con paciencia y la prudencia necesaria, corremos un riesgo enorme,
La necesidad de volver a la normalidad es algo que nadie discute. La cuestión es “cuando”, cada vez vemos más personas sin mascarillas en las calles y esto es realmente contraproducente según las fuentes médicas.
Salvo en algunos lugares, como en los supermercados que hemos visto cumplir a rajatabla las disposiciones establecidas, las personas son reacias a mantener las medidas.
La mascarilla, el lavado de manos, el distanciamiento y la limpieza de los pies deben ser medidas adoptadas como parte de lo normal e imprescindible. El riesgo de un rebrote de la epidemia por bajar los brazos antes de tiempo es muy alto y por lo tanto no lo debemos correr.
Puede ser molesto, pero es totalmente imprescindible prevenir el ingreso del virus a nuestro organismo antes de rifarnos a aquello de “a mí no me va a tocar…”
A.R.D.

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Treinta y dos años después del “Regreso del amigo”

Juan Pablo II es el primer y único Papa que ha pisado suelo salteño.
No podemos olvidar aquella gesta concretada poco después del regreso del pastor de la diócesis, Mons. Marcelo Mendiharat.
Treinta y dos años después, de aquel 9 de mayo de 1988, el Papa que había estado un año antes en el Uruguay, regresaba para llegar hasta Salto. EL PUEBLO, por entonces había editado un poster anunciando “Vuelve el amigo” confirmando el casi insólito regreso del Papa, hoy declarado santo de la Iglesia Católica, que tiempo atrás había estado, a poco del retorno de la democracia en el país, dejando inaugurada la gran cruz que recuerda el acontecimiento en la zona de Tres Cruces, precisamente.
Los más optimistas señalaron que quienes asistimos a la misa que ofreció el Papa en Salto, en la zona conocida como “el altar del Papa” antes de ser urbanizada por completo, como luce hoy, fueron alrededor de 12 mil personas, mientras que otras fuentes señalan que no sobrepasaron las 5.000.
Pero lo importante no es el número, sino el descubrimiento de la vigencia de la fe católica en la región y sobre todo un indirecto y silencioso, pero claro respaldo a Mons. Mendiharat, perseguido y acusado por los militares que retornó a Salto, luego de estar confinado en Buenos Aires, durante varios años, sin que le permitieran regresar.
Son hitos de la democracia que no debemos olvidar, porque si hoy tenemos libertad, tenemos derechos y sobre todo tenemos la potestad de disentir y de opinar diferente a las versiones “oficiales”, hubo tiempos en que no fue así y los superamos gracias a que hubo personas que se arriesgaron, se jugaron y pagaron por ello.
Los cristianos en primer lugar debemos sentirnos orgullosos de estos hitos de la historia, no por ser el único punto de la región norte del país que ha pisado un Papa, sino porque un cristiano de origen polaco, Karol Wojtyla y otro de origen francés, Mons. Marcelo Mendiharat, marcaron este punto del orbe en sus corazones y siguiendo a Cristo llegaron hasta aquí, para dar testimonio de lo que proclama su fe.
No para regocijarnos, pero si debiera servir para sacudir nuestra modorra, para dejar de lado la comodidad, el consumismo que nos embarga y adormece, el saber que ha habido gente que dejó esto de lado para legarnos lo que hoy disfrutamos.
No lo olvidemos.
A.R.D.

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La navegabilidad del Río Uruguay

La navegabilidad del Río Uruguay es uno de los “debe” que tiene la represa de Salto Grande. Más de cuarenta años después de construida la represa hidroeléctrica, las limitantes siguen en pie y este objetivo de la obra sigue sin obtenerse.
El canal de navegación de 13 kilómetros, con dos esclusas, una aguas arriba ya construida y la otra aguas debajo de la represa, en el extremo sur, que terminaría pasados los rápidos de Salto Chico o el Ayuí, siguen esperando.
Se trata de una obra costosa y cuyo nivel de retorno y de autofinanciación es cuestionado. Hasta el momento los últimos intentos de navegabilidad del río Uruguay partiendo desde el puerto de Salto, es decir varios kilómetros al sur de la represa, no lograron superar la zona rocosa de El Hervidero, en Paysandú.
Pero no sólo se trata de superar este tramo del río vital para la navegación, sino que el factor determinante, para nosotros al menos, es la demanda que lograría esta vía de transporte fluvial.
Se afirma que hay varias vías de navegación “colapsadas” por el auge de la demanda que tienen, pero entendemos que si se llegará a dar garantías de navegabilidad del río hasta las zona de producción de Argentina (Entre Ríos, Corrientes, Misiones) y de Brasil, Río Grande do Sul y Santa Catarina, no lograrían una diferencia notoria con el costo de otro tipo de transportes.
Para ello habría que prever que algunas de las obras proyectadas sobre el río, tuvieran en cuenta este aspecto y por otra parte otras obras existentes, como el puente en Santo Tomé (Argentina)– Uruguayana (Brasil) tendría que ser remodelado o adecuado para que permitiera el pasaje de las embarcaciones.
Todo esto muestra que lograr la navegación del río no es cosa fácil, precisamente por el Uruguay Medio y el Bajo Uruguay (ni que hablar del Alto Uruguay zona sumamente quebrada), ofrecen obstáculos muy difíciles de superar.
Vale decir que sólo una visión que no se detenga en los costos, sino que apueste a una demanda futura, como fue la que hizo posible la represa mismo, podría lograr esta obra.
Por el momento, para ser honestos y realistas, no vemos que se trate de un proyecto oportuno, por más que como salteños y por la región mismo, nos gustaría que se concretara.
El costo de las obras y la utilidad inmediata no parecen ser sus particularidades y este no es tiempo de grande inversiones precisamente.
A.R.D.

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Una etapa de mucho riesgo

Días atrás sosteníamos en estas columnas que la actual es una de las etapas más difíciles y complicadas para enfrentar la actual pandemia.
Las manifestaciones del Director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos reafirmó en esta convicción. Hay varios factores que así lo confirman.
Por una parte el confinamiento entra en la etapa más tediosa y es casi excepcional mantenerse hoy a casi dos meses después de encerrado permanentemente en su casa si salir, sin recibir a nadie, siquiera a sus afectos más directos las personas mayores, los abuelos, los niños casi sin excepción han comenzado a salir y seguramente pronto también los paseos públicos comenzarán a verse concurridos.
Junto a ello se hace evidente que la pandemia ha cedido, se hacen más testeos y la comprobación de la presencia del virus es cada vez menor.
Cada vez se ve más gente en la calle y menos precauciones, porque sobre todo la gente joven ha comenzado a resistir las medidas de precaución. La comprobación de que la enfermedad está cediendo, aunque estamos recibiendo los primeros fríos del invierno, nos lleva a confiarnos más de la cuenta.
Este es el riesgo. Sabemos que en algún momento habrá que volver a la normalidad. Hagámoslo paulatinamente y sobre todo con mucha prudencia.
Precisamente el riesgo de la enfermedad está latente y si bien hasta el momento este riesgo está latente, estos dos meses transcurridos desde que apareció la enfermedad nos deben servir de experiencia. Bajar los brazos en este momento podría ser un error fatal e inadmisible.
Cada vez se hace más insoportable y cada vez es más la gente que prefiere arriesgarse a contraer la enfermedad antes de seguir aislado. Lo penoso es que hay tantos argumentos para justificar estas actitudes como para recriminarlas y no es esto una ciencia exacta, máxime cuando nadie está seguro de las características de este virus.
Esta es la situación más preocupante, porque por una parte, hay mucha gente que se siente bien, sana y lejos de ser conscientes, de que esto no los pone a salvo de infectarse, sino que no solo pueden hacerlo ellos, sino que de ser positivo y asintomático no sólo puede infectarse él, sino contagiar también a alguna otra persona, cosa absolutamente inadmisible, para las que algunos inclusive están pidiendo sanciones penales.
A.R.D.

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Un tema de urgente consideración

Días pasados se conmemoró en el país el Día del Celíaco. Un nuevo término que la ciencia nos ha hecho conocer, al punto que hoy no sólo hay productos para la alimentación de celíacos en las góndolas, con especificaciones en el envase, sino que hay secciones enteras en supermercados que nos hacen saber que todos los productos de dicha sección y su manipulación inclusive se hacen acordes a las exigencias que estas personas requieren.
La lucha de estas personas radica hoy en el costo de dichos productos que siguen siendo mucho más caros que los productos normales, de consumo masivo. Esto es una invocación al estado y las autoridades sanitarias porque no podemos mantenernos al margen de la situación. Si permitimos que sea el mercado que sigan determinando el precio de estos productos, la situación seguirá siendo la misma.
En cambio si el Estado invirtiera en facilitar la producción de estos alimentos poniéndolos al alcance de estas personas, como forma de facilitar su consumo por quienes lo requieren, previniendo males mayores que luego requieren inversiones más costosas aún en medicamentos, es probable que sería muy ventajoso.
La atención a las personas celíacas, tanto como a las personas asmáticas, diabéticas y quienes padecen varias enfermedades más, sigue siendo deficitaria. No nos equivoquemos, la situación actual – y nada tiene que ver en esto la pandemia – es discriminatoria, porque los celíacos, que no pueden consumir “ni el olor al gluten” tiene que disponer de mucho más dinero que las demás personas para adquirir alimentos similares. Sólo el Estado es quien puede poner las cosas en su lugar.
No creemos que nadie que no sea un celíaco consuma este tipo de alimentos, porque no son agradables para todo el mundo.
Esta es una situación injusta, porque significa hacer distintos que no corresponden, hay que entender que no se trata de productos superfluos o antojadizos, sino que son alimentos imprescindibles para estas personas .
Así como el Estado proporciona, a través del organismo correspondiente, medicamentos de alto costo, es necesario que al menos subvenciones de alguna forma estos productos a quienes lo requieren,
Para nosotros al menos es un tema que requiere ser tratado de urgencia, porque no se trata de algo complementario, sino imprescindible para estas personas y por lo tanto por un tema de justicia es necesario ocuparse de él cuanto antes.
A.R.D.

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El maltrato Infantil

Días atrás se conmemoró el Día de la Lucha contra el Maltrato Infantil y la óptica fue casi unánime, el encierro del confinamiento ha acentuado los casos de maltrato infantil e incluso los abusos sexuales contra los niños se han agudizado en ocasión del confinamiento.
Pero para nosotros es totalmente equivocado. El aislamiento no ha hecho más que acentuar intenciones y situaciones pre existentes y aquello de que “la ocasión hace al ladrón”, tiene aquí plena vigencia.
No se trata de un robo, sino de algo mucho más detestable aún, la violencia de cualquier tipo contra los más indefensos. La cuestión es que las personas no siempre son lo que creemos, porque algunos lo disimulan o simulan para engañarnos.
La buena persona, o sea el que piensa bien y obra conscientemente bajo cualquier circunstancia será siempre amado por lo niños.
El que oculta algo o esconde sus verdaderas intenciones o su forma de pensar, seguro que en circunstancias como la que nos ocupa las pondrá de manifiesto y se convertirá en un ser despreciable temido o rechazado por los niños.
Vale decir que para nosotros la cuestión no está en la circunstancia, sino en la persona humana. Los valores que se cultivan y que se fomentan son la clave del asunto, porque habrá seres amados por los niños y seres detestables, aborrecibles, capaces de destruirlos en lugar de buscar su bien.
Los niños, los ancianos y las mujeres son las víctimas más frecuentes del maltrato en el país. Cuando se trata de circunstancias como la que nos ocupa y obliga a “bancar” a personas que habitualmente están distantes, es necesario tener mucha prudencia, muchos cuidados porque debe saber que la mayoría de los casos de violencia privada se da en el ámbito familiar.
El maltrato infantil en el país existe y existió siempre, nada más que en situaciones normales, se disimula mucho más. Las situaciones como la que nos ocupa sirve para replantear algunos vínculos afectivos, para saber si realmente nuestros niños están en buenas manos o no.
Las casi 5.000 denuncias que se estima tendremos este año así lo demuestra, al punto que el problema se halla en crecimiento. Tanto es así que en 2019 fueron 4.000 por violencia física y abusos sexuales confirmados y no hubo pandemia ni confinamiento.
Quiere decir que esto nos obliga a mantenernos alertas y sopesar debidamente los lazos afectivos.
A.R.D.

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No a las arbitrariedades

No se trata de descubrir la quinta pata del gato, pero tampoco nos interesa admitir las violaciones a la ley sin justificación alguna. Para nosotros la prohibición de los allanamientos nocturnos debe mantener plena vigencia, pero ello no significa que en algunos casos de emergencias, como incendios, copamientos con heridos o víctimas fatales y demás, puedan y deban hacerse.
Vale decir para que quede claro, que cuando hay justificaciones claras, hay responsables debidamente identificados de estas operaciones, los allanamientos deben hacerse sea la hora que sea y las condiciones existentes para realizarlos.
Lo que nos rechina en relación a los allanamientos nocturnos, es el recuerdo de lo que se hacía en la dictadura militar, con flagrantes arbitrariedades, sin justificación alguna y sobre todo sin un responsable concreto, sin respetar el más mínimo derecho de los ciudadanos a saber porqué se allana.
Hoy esto se pretende olvidar, obviar, como que no se hubieran registrado y esto no lo toleraremos jamás. Esto es lo que debe evitarse y la justificación de nuestros resquemores. Si a alguien le incomoda porque hace casi 50 años de los hechos y siguen estando presentes en la actualidad, habría que saber cómo y quién o quienes han pretendido ignorar estos hechos.
Habría que saber que concepto de Justicia tiene si cree que el tiempo borra todo y basta con dejarlo pasar para olvidarlo.
Lo que siempre nos tendrá en la vereda de enfrente, porque se trata de atropellos y por lo tanto así pasen cien años, para nosotros los responsables deben pagar, porque en una sociedad organizada no debe haber impunidad para nadie. Pero cuando existen delitos o siniestros en curso y se hace necesaria una intervención urgente para evitar males mayores, no sólo no tenemos reparo alguno, sino que entendemos que corresponde y se justifican los allanamientos inmediatos.
Para que quede claro y pese a lo reiterado de la afirmación, nos oponemos a las arbitrariedades en todos los casos pero siempre que se discuten estos casos parece que se refieren a los excesos y no a situaciones comunes y frecuentes, como los allanamientos a las bocas de pasta base, las rapiñas o los secuestros mismos que sacan provecho de estas situaciones.
Siempre hemos sostenido que la ley y la Justicia en nuestro país requiere de un “aggiornamiento” o actualización, sería necio ignorar que hay barrios enteros, asentamientos o zonas sobre todo del área capitalina “copadas” por la delincuencia en situaciones que son inadmisibles.
La cuestión es saber cuál es la mejor forma de contrarrestar estas situaciones para lograr reimplantar la normalidad en estos lugares.
A.R.D.

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Algo que debemos aprender

Uno de los aspectos más crudos de nuestra realidad, que la actual pandemia ha agudizado es la inequidad o sea las diferencias sociales que tenemos en la comunidad y no queremos ver. Son las condiciones de vida que tienen quienes viven en los asentamientos o en barrios donde campea la pobreza. Son situaciones que debieran convocarnos y llamar nuestra atención permanentemente.
Sabido es que la pobreza, la indigencia o cualquier otro término que se utiliza para referirse a esta situación, tiene muchos motivos, muchas causas y muy diferentes. Muchos caminos de llegada. Desde la elección de un camino equivocado, vinculado a la delincuencia, hasta las pocas o inexistentes posibilidades de estudiar o de aprender un oficio para aspirar a un trabajo aceptable y una vivienda digna.
No faltan los que ha llegado buscando oportunidades de mejores condiciones de vida, o escapando a un sistema de opresión.
Un capítulo aparte nos merece quienes aman la libertad y llegan escapando a regímenes que entienden les ha privado de ella y creen que aquí tendrán mejores condiciones de vida.
Son situaciones vigentes, responden a la realidad y sin embargo no parecen inquietarnos para nada. Es más fácil “acusar” a todos los que allí viven de vagos, atorrantes o delincuentes y pretender solucionar todo con una dura represión.
Los niños que viven esta situación no la olvidan jamás y es imposible pretender pedirles luego que respeten los bienes ajenos, o la vida mismo de los demás. Lo único que recuerdan, porque o han vivido en carne propia, es la insensibilidad, la indiferencia, la inclemencia porque en realidad a nadie le importó cómo y por qué estaban en la situación en que estaban.
Ojalá tomar conocimiento y asumir las consecuencias sea uno de los aportes.
Que saquemos de esta situación. Saber que hay uruguayos migrantes, que han llegado de otros países, como en algún momento lo hicimos la mayoría de los que aquí vivimos, que están viviendo verdaderas pesadillas, muy cerca de nosotros.
Acercar una mano para rescatar a todos los que quieren salir de esta situación y no encuentran el camino. Preocuparse por mejorar sus condiciones de vida, por tratar de rescatar aún a los escépticos, a los que han bajado los brazos, es uno de los valores que debiéramos rescatar de esta situación.
Ojalá lo sepamos aprender.
A.R.D.

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Una prueba más

Por si faltaba una prueba, la aparición de los «esqueletos» de motos robadas que dejó al descubierto la bajante del Río Uruguay en la zona de Arenitas Blancas es contundente. Seguramente que cayeron al agua como producto de accidentes involuntarios o «descartes» de cosas robadas que no les interesaban en esos momentos.
Siempre sostuvimos que uno de los puntos más frecuentados por la delincuencia uruguayo – Argentina, es el río en determinados lugares y uno de los preferidos es el que va desde el antiguo saladero, frente al frigorífico, hasta Corralito, punto que es «dominado» casi que exclusivamente por la delincuencia de todo tipo.
Lo sabe la Policía, lo sabe la Prefectura que décadas atrás tuvo un puesto en el lugar, luego suprimido, y la aparición de estos restos de motos sólo son parte de los elementos que se roban y trasladan de una orilla a la otra.
Desde el saladero hasta Corralito, son lo punto preferidos para llevar caballos, motos y demás: por allí pasa el gran contrabando cuando se lo trae de la Argentina o ha ingresado desde Paraguay.
No lo decimos nosotros, sino que muchos vecinos del lugar lo saben, algunos prefieren callar y otros lo sostienen en ambientes muy cerrados por temor a represalias.
La delincuencia se ha adueñado de estos lugares públicos y no queremos creer que tiene complicidad en algunos sectores «insospechables» de autoridades, porque hace muchos años que se pide que estos lugares vuelvan al dominio público, y hasta el momento es poco, casi nada lo que se ha logrado.
Es más, lo saben vecinos que han estado en la costa durante algunas horas de la noche en verano y como no muestren intenciones de abandonar el lugar hasta altas horas, escuchan balazos de «advertencia», seguramente porque no deben ver algunas acciones y algunos actores que se desempeñan por allí.
Nunca pudimos lograr que se tomaran en serio estas investigaciones. Incluso hay homicidios sin aclarar, recordamos el del taxista que apareció muerto en el coche en el «sube y baja» de la Avda. Catalina Harriague de Castaños, detrás del frigorífico y el otro de un hombre que tras varios días desaparecido, apareció muerto en el interior de un pozo en zona del autódromo, cuando todos sabían que «los argentinos lo andaban buscando».
Es hora que la cuestión se tome en serio, que se rasque hasta el hueso, caiga quien caiga y mucho más allá de quien o quienes estén involucrados, porque no basta con comprobarlo, es necesario combatirlo para poner las cosas en su lugar.
A.R.D.

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La peor de las censuras

Todos los gobiernos anteriores, sin excepciones, han “copado” los medios públicos, también llamados medios oficiales de comunicación, como una extensión más del gobierno, al punto que nunca escuchamos o vimos en uno de estos un programa, una noticia que discrepara con la posición del gobierno y se mantuviera durante un período de gobierno opositor.
Es más, cuando alguien se salía de “línea” en el medio pagaba las consecuencias y son conocidos los “lineazos” que hacían llegar ya directamente o por medio de terceras personas, los gobernantes de turno para reprimir lo que no les gustaba.
Ahora bien, el nuevo director de los medios públicos, Gerardo Sotelo, acaba de establecer, mediante un comunicado, la obligación de “coordinar” con el coordinador designado los principios y criterios profesionales a los que habrá que ajustarse en adelante para ejercer el periodismo informativo en dichos medios.
Los contenidos deben ser consultados con el coordinador del SECAN, antes de ser difundidos. Es a nuestro criterio un grueso error, porque se trata de la peor de las censuras, sólo comparable a lo que impuso la dictadura militar con la tristemente célebre DINARP a la cabeza.
Las exigencias, como bien lo ha indicado CAINFO, puede tener como una derivación temible la autocensura, que no es otra cosa que la supresión por parte de quienes conducen los medios de todo aquello que entienden que podría “molestar” a alguien del gobierno, con influencia sobre el censor.
Convertirse en censor de la opinión pública es un gran error. La única que puede ejercer esta función es la propia opinión pública, vale decir el lector, oyente o televidente, que con su preferencia o su ignorancia ejerce con claridad esta función, libremente de acuerdo a su capacidad de análisis.
Establecer como condición la vista previa de un coordinador que incluso no sabemos que credenciales tiene para ejercer la función, es una arbitrariedad.
Cualquiera sea la excusa o el argumento invocado para ejercer la censura es a nuestro criterio un error que debe evitarse.
Cada medio tiene su línea periodística y a la prueba está que durante muchos años han subsistido en el país, desde los medios más izquierdistas (La Hora y El Popular pertenecieron al Partido Comunista) y El Día, La Mañana y El País, por mencionar sólo algunos estuvieron en el extremo opuesto, en materia de diarios.
La preferencia del lector de cada medio fue el mejor censor, porque a la hora de elegir contenidos se tenía toda la gama de opiniones. Prohibirlas para que no se difundan es la mejor forma de sembrar desconfianza.
Alberto Rodríguez Díaz

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La lucha no ha terminado

Uno de los momentos más difíciles en el enfrentamiento de la pandemia desatada por el COVID -19 es el que cursamos precisamente en estos momentos.
Cansados del confinamiento voluntario que lleva más de un mes y medio, los uruguayos cada vez más violan la cuarentena y salen a la calle a pesar de las recomendaciones que en forma reiterada difunden los organismos oficiales y otros que adhieren voluntariamente a la exhortación sobre todo de quedarse en casa.
Al punto tal que algunos, los más conscientes, cumplen rigurosamente con las exigencias para ingresar a los supermercados, mientras que otros pretenden hacerlo sin tomar las mismas precauciones y hasta se molestan cuando se les informa de las mismas.
Las voces de los científicos y muchas fuentes médicas coinciden en que la pandemia no está superada ni mucho menos.
Pese a ello sabemos que el confinamiento se está haciendo insoportable y a pesar de la responsabilidad y el compromiso de las personas más conscientes, la inquietud y la angustia va erosionando la situación, al punto que se corre el riesgo de caer en las violaciones reiteradas aún por parte de quienes habitualmente no lo harían.
La cuestión es que nadie sabe cuáles pueden ser las consecuencias de estas leves infracciones. Uruguay ha sido prudente y responsable desde el momento que fue exhortado -no obligado- a quedarse en casa y tomar otras medidas para tratar de evitar el contagio y el regreso a las actividades se está haciendo en forma paulatina y muy prudente.
No bajar los brazos es crucial en estos momentos. El virus ha alcanzado los puntos más vulnerables y preocupantes de las poblaciones de riesgo, como el hospital Vilardebó, un asentamiento y al menos dos residencias de ancianos.
Si bien no hay coincidencia en qué etapa de la pandemia enfrentamos actualmente, el gobierno nacional, a nuestro entender hasta el momento ha tomado medidas prudentes, adecuadas y correctas, proponiendo el máximo confinamiento posible.
Nadie sabe cuándo volveremos a la normalidad y nos resistimos a llamar “nueva normalidad” a lo que se viene, vale decir el uso de mascarillas en la calle, el codo en lugar del abrazo o el beso para saludarnos, recibir a los nietos e hijos como lo hemos hecho siempre. Entendemos que son medidas adecuadas al momento y por responsabilidad debemos acatarlas, pero no se nos puede pedir que llamemos a esto “normalidad”, porque no lo es.
Nadie tiene certeza absoluta sobre cuánto va a durar esto. Por el momento la prudencia y la responsabilidad es lo más adecuado.
A.R.D.

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Ante un nuevo 1º. de mayo, distinto y esperanzador

Esperamos que de esta pandemia nazca un nuevo orden mundial, orientado por seres humanos más sensibles, más solidarios y más amantes de la verdad y la Justicia, conscientes de que integramos un ecosistema del cual somos parte y por eso debemos interesarnos muchos más en el cuidado y la preservación de muchas de las cosas que nos rodean.
Hoy tenemos una gratitud enorme hacia trabajadores y servidores de la población que en otros casos siquiera eran reconocidos porque integran una “masa” que muchos consideran que sólo tienen deberes y no derechos.
Los enfermeros, los médicos, los técnicos médicos, auxiliares y todo el personal de la salud en general que se halla en la primera línea de la lucha contra la pandemia. Nuestro más sincero agradecimiento.
A las domésticas, a los cuidacoches, a los recolectores, a los maestros y empleados en general de los supermercados y a los trabajadores en general nuestro mayor agradecimiento por lo que hacen en estas circunstancias.
Este primero de mayo nos halla en circunstancias diferentes y nos debe servir para reafirmar la importancia que tiene para la comunidad que integramos, cada trabajador, cada ser humano para entender que nos necesitamos todos y de todos.
Cuando el Policía, el bombero o el trabajador municipal sale a cumplir su tarea nos está cuidando a riesgo de su propia salud y es nuestro deber cuidarlos también, no sólo para que siga cumpliendo con su salud y su deber, sino para que siga cumpliendo su deber como aporte al cuidado de la salud de la población.
Nunca como en estas circunstancias se hace tan evidente que en una comunidad organizada nos necesitamos todos y dependemos de lo que hagan los demás.
En este primero de mayo no habrá grandes concentraciones. No habrá discursos encendidos ni ardientes convocatorias, pero si habrá una valoración concreta, como quizás no la hubo nunca, del valor del trabajo y del trabajador.
Sin este aporte la sociedad sería un caos y le sería muy difícil subsistir. Es uno de los aprendizajes que debemos obtener de esta pandemia que nos mantiene en un confinamiento que cada día se nos hace más difícil de cumplir.
Ojalá lo aprendamos pronto y lo asumamos como corresponde.
Dicho esto, deseamos a todos los trabajadores un feliz día y a los que están circunstancialmente sin trabajo, deseamos que pronto puedan volver a él, por su bien, por el de nosotros y el de todos.

A.R.D.

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Una situación inadmisible

La pandemia del coronavirus COVID -19 se ha convertido en un buen catalizador de varios problemas existentes en la sociedad uruguaya, que sin embargo habitualmente quedan silenciados u ocultos por la cotidianeidad de otras situaciones.
Nos explicamos la situación que viven muchos mayores en las denominadas “residencias” u “Hogares” de Ancianos no es nueva, se sabía y se sabe de la existencia de un elevado número de estas residencias sin habilitación, porque no cumplen con las exigencias que fijan ya sea Bomberos, el Ministerio de Desarrollo o el Ministerio de Salud Pública, sólo que no lo veíamos porque no queríamos ver esta situación.
De hecho, cuando tiempo atrás seis ancianos murieron en el incendio de una de estas fincas se supo de las horrendas condiciones que se viven en algunos de estos mal llamados “hogares” de ancianos.
Ahora trasciende con mucha fuerza el hecho de que hay más de 200 de ellos en condiciones críticas y más de 100 de estos en los que ni siquiera se respetan los derechos humanos fundamentales.
El hecho no es nuevo, sencillamente trasciende ahora, porque el coronavirus lo desnuda y pone en conocimiento en toda su crudeza.
No es un tema fácil, porque como lo han explicado las autoridades del actual gobierno, no sólo se trata de evitar las pésimas condiciones en que se hallan estos ancianos y sancionar a los “mercaderes” de la miseria, sino esencialmente, se trata de determinar quién se hace cargo de estos ancianos. ¿Dónde se los aloja en adelante y con mejores condiciones?
Una cosa es inocultable, los ancianos en la actual generación son considerados “descartables” por un alto número de sus descendientes y por lo tanto han sido “depositados” en estos lugares. No pretendemos decir con esto que sean todos. Tenemos muy claro que sólo son las excepciones, porque felizmente no es el comportamiento habitual de las familias de los uruguayos.
Conocemos casos en que felizmente nuestros mayores están muy bien atendidos. Algunos en el seno familiar y otros en residencias muy bien atendidas, donde disfrutan de los últimos años de su vida rodeados de sus afectos. Pero tenemos que hacernos cargo también de las excepciones, preguntarnos por qué se llega a estas situaciones, porque muchas veces incluso los responsables de depositar a allí a sus mayores sufren una situación tremenda, debido a que no hallan otra salida.
Es lo que entendemos debemos atender. Es el Estado el que debe liderar una solución en estos casos y reconocemos que no es fácil, pero no podemos desentendernos. De todas formas, la existencia de “depósitos” de ancianos es una afrenta a la dignidad humana y merece nuestra atención.
A.R.D.

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No es justo

Cuando se anunció el decreto obligatorio de los descuentos de los sueldos de los funcionarios públicos superiores a los 80 mil pesos líquidos (en el bolsillo) dijimos y hoy lo ratificamos que nos pareció bien, pero nos llamaba la atención que no se hiciera lo mismo en el sector privado, sobre todo el de los exportadores que reciben en dólares el pago de lo que exportan.
Teniendo en cuenta que la moneda norteamericana se valuó cerca de 15 por ciento en las últimas semanas, un aporte similar al del sector público no le costaría un desprendimiento demasiado importante a este sector.
Hoy reafirmamos lo sostenido por entonces. Bastaría con una visita a cualquier supermercado para corroborar que todos los productos, comenzando por los alimenticios, importados o no, han sufrido una suba que nos animamos a decir (y no lo cuestionamos) que han subido “en línea” con lo que subió el dólar.
Significa que todos los consumidores estamos haciendo un aporte extra y que sepamos no se han producido quejas porque resulta “normal” para el mercado que se maneje así. En cambio no nos hemos enterado de un aporte del sector privado que realmente salga- como el de los consumidores – de su bolsillo y no de los aportes efectuados o a efectuar y que de todas maneras deberán seguir haciéndolo.
Honestamente esperábamos que luego de la obligatoriedad del aporte de los funcionarios públicos, viniera el de los privados y un aporte solidario, para nosotros, es el que “duele en el bolsillo” y esperábamos que fuera hecho en las mismas condiciones que el fijado para el sector público, gravando sobre todo al sector exportador.
No fue así y curiosamente tampoco se habló más del tema por parte de los actuales conductores de la economía nacional, que han argumentado que no se puede gravar a los privados sin arriesgar la detención de la producción nacional.
Esto supone en primer lugar que los funcionarios públicos no pesan en la producción nacional, que su intervención no afecta a aquella y que por lo tanto puede rebajarse obligatoriamente sin mayores problemas.
Honestamente no nos parece justo. Entendemos que la solidaridad debe ser ejercida por todos los uruguayos y no sólo por algunos y no podemos olvidar de aquel eslogan ejercido por un club de servicio internacional que reza “dar hasta que duela…”.
Es injusto sacar provecho de situaciones como las presentes, en que sabemos que hay mucha gente pasando mal, así sea lo correcto para el mercado.

A.R.D.

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Sobre la ley de urgencia

En momentos en que se abre una de las instancias más trascendentes para el futuro del país, como es el tratamiento de la Ley de Urgente Consideración, queremos precisar nuestra posición al respecto.
Entendemos que el flamante gobierno, que se ha hallado con una pesada carga, que es nada menos que la pandemia del Coronavirus COVID-19 que ha costado ya cientos de miles de muertos, tenga el propósito de comenzar a gobernar con la mayor cantidad posible de problemas resueltos.
De allí que es denominada LUC contenga más de 500 artículos, muchos de ellos difícilmente justificables con este carácter. Sin embargo podemos entender perfectamente porqué se los incluyó en esta ley.
La oposición por su parte ha anunciado ya su oposición a tratar como asunto urgente a algunos de los temas que se incluyen en esta ley. Es más fuentes de la oposición entienden que no es el tiempo oportuno, cuando el país enfrenta tan grave epidemia, de presentar esta ley y bajo la forma de ley de urgencia.
No es de recibo, en cuanto el gobierno actual había anunciado este propósito hace ya varios meses, aunque no hubiera difundido su contenido. Por lo tanto no creemos que si se hubiera optado por presentarla en otro momento la situación hubiera sido diferente.
Se puede discrepar en cuanto a la carátula que se la presenta. Vale decir que hay asuntos que evidentemente no encuadran en la denominación de urgencia, que a nuestro criterio debieran tratarse como asuntos rutinarios y ser «discutidos» como tales.
Entendemos que no se lo hace, en el entendido que frecuentemente la discusión parlamentaria se vuelve cansina y termina sin resolución, aplazando indefinidamente estos temas.
Sabemos que así ha sido y la prueba es tal que asuntos que evidentemente debieran haber tenido una rápida salida o están sin reglamentar, o no han sido provistos de fondos para ser ejercidos, etc.
Pero también hay que saber que muchas de las personas que integran el actual gobierno han sido parlamentarios y por lo tanto les caben las generalidades de la ley, vale decir que en alguna medida son también responsables de la ineficiencia de estos parlamentos anteriores.
En esta ocasión hay muchos aspectos discutibles y seguramente merecerán muchas horas de debate, lo que pretendemos es sólo que aquello de las denominadas «manos de yeso», tan cuestionadas por quienes hoy gobiernan, no se pongan en práctica para impedir un análisis profundo y responsable de cada tema.
A.R.D.

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El horror que no debemos ignorar nunca

La Tablada es un enorme predio que constituyó la única central de comercialización de haciendas de principios del siglo pasado en la región capitalina y Los Vagones una terminal del Ferrocarril en el límite entre Canelones y Montevideo, siguen permaneciendo como mudos testigos de tormentos y crímenes de la dictadura en nuestro país.
Es que los militares que se apropiaron del poder allá por 1973 se apropiaron de ambos predios y los convirtieron en centros de tortura y crímenes. Para entender de que se trata anotemos dos detalles.
El primero que el centro de torturas estaba alejado de la calle, era el recinto que se usaba antiguamente como administración del centro comercializador de haciendas. Allí esperaban los detenidos, todos sentados en pequeñas butacas de madera, encapuchados y con un número.
Como el local tenía dos pisos, los detenidos aguardaban cuando se pronunciaba el número que llevaban, eran llevados arriba donde se los torturaba, algunos hasta morir. Antes se habían instalado dos potentes parlantes en el exterior que tenían el propósito de “tapar” los gritos de los torturados, aunque viejos vecinos del lugar afirman que en algunas ocasiones se oía tanto la música que irradiaban los parlantes como los gritos ahogados de las víctimas de la tortura.
En Los Vagones, anotamos un solo detalle, las aguas servidas de los baños corrían por una canaleta que pasaba por lo pequeños calabozos y en una ocasión un detenido hizo un pequeño agujero para que no desbordaran hacia el interior de la celda sino hacia fuera.
No pretendemos traerlos a la memoria porque sí, sino porque de acuerdo a la posición del senador Manini Ríos parece que llevar ante la Justicia a quienes fueron capaces de torturar de esta forma a tanta gente, es venganza y no justicia.
Que siga sin resolverse incluso la situación de estos predios que aún muestran signos como mudos testimonios de aquella época nefasta para los amantes de la democracia, es una vergüenza.
Es afiliarse de alguna manera a la misma línea que llevó a cometer tantos crímenes, una herida que sigue abierta en el país, es cobijarlos, es justificar de alguna manera este proceder.
Para nosotros son, y seguirán siendo de por vida torturadores y asesinos que se ríen de la democracia. Incluso alguno de ellos tuvo el tupé de decir toda la documentación de la época va la caja fuerte del Ejército y de allí no saldrá jamás.
En un país que rechazó la pena de muerte y descartó la cadena perpetua, por respeto a la dignidad y la vida. Estos hechos deben ser perseguidos y condenados siempre y en todo momento.
A. R.D.

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La concesión de la cadena nacional y los derechos de cada uno

A nuestro entender ha sido un error del gobierno nacional, pero no queremos exagerar la importancia del hecho puntual. La negativa de la cadena nacional a la central de trabajadores (PIT.CNT), para dirigir un mensaje el próximo primero de mayo.
Lo que ha sostenido el gobierno es que en adelante será éste el criterio que sostendrá ante todas las solicitudes de cadena porque considera que este es un medio vetusto y anacrónico.
No dudamos que vaya a ser éste el criterio que empleará el gobierno en adelante, pero eso no cambia para nada lo que consideramos un error.
Es que el actual gobierno navega bajo la sombra de una gran acusación, que es la de cobijar a los grandes medios de comunicación que cumplen un rol esencial en el tema. Precisamente esta determinación va en línea con los intereses de quienes también ya han pedido la anulación de la denominada Ley de Medios, que establece una serie de exigencias para los grandes medios audiovisuales.
La diferencia entre una cadena nacional, es que la misma es obligatoria para todos los medios y en cambio el uso de los medios oficiales como TNU, Radio Uruguay TV Ciudad y demás como ha sido el ofrecimiento del gobierno para sustituir a la cadena, es que esta concesión no incluye a los medios privados.
No nos convence la liberación de la cadena nacional de los medios privados, porque es precisamente lo que piden los canales privados y esta postura precisamente accede a esa solicitud. No ignoramos los intereses de los medios privados, pero entendemos que en circunstancias como vive el país puede pensarse en aporte de pocos minutos, sin desbalancear sus economías.
Es que en estas circunstancias los canales de televisión pública y privada tienen una gran trascendencia y de allí que la incorporación de todos, significa un alcance casi total de la audiencia, cosa que nunca será igual a través de los medios oficiales.
Retacear su uso conlleva una gran responsabilidad. Una cadena obligatoria podría rozar el derecho privado, lo sabemos, pero entendemos que este hecho no puede ser ilimitado. Estamos en una situación de emergencia y por lo tanto la comunicación resulta determinante y también debe ser analizada y manejada como emergencia.
Es una situación difícil, no sólo para los que deben manejar la concesión de la cadena o no, sino también para los que pretenden usarla.
No tenemos dudas que ninguna de las dos partes pretende poner en riesgo la salud de nadie, y más allá de toda especulación, todos tenemos claro esto.
A.R.D.

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En el Día de los Municipios de América

Hoy es el Día de los Municipios de América y como a toda actividad humana nos halla en una situación muy particular.
En un momento en que la mayoría de los servicios que se entiende deben prestar los municipios se hallan detenidos o se prestan coordinándolos “on line”. La cuestión se torna muy diferente.
Esta situación nos ha llevado a mirar con mayor detenimiento y a acelerar el estudio y profundizar las posibilidades del trabajo “on line” al punto que se considera que en el futuro esta modalidad tendrá un gran avance en detrimento del trabajo presencial.
Hoy 24 de abril es una buena fecha para analizar esta particularidad , ya que debido al confinamiento la situación no se presta para actos, celebraciones o salutaciones a los viejos trabajadores municipales por su aporte al crecimiento y las mejoras que ofrece la ciudad, pero sigue siendo una buena oportunidad para reflexionar sobre estos aspectos.
El rol de los municipios también ha cambiado y seguirá cambiando, pero queda demostrado el mensaje que nos envían los servicios “on line” y sus posibilidades que bien empleadas y debidamente administradas pueden resultar determinantes para usar los servicios presenciales sólo donde son imprescindibles, sin malgastarlos.
Las posibilidades de la comunicación “on line” se ha acentuado a punto tal que han demostrado que muchas de las gestiones que se hacen en forma personal se pueden hacer con igual eficiencia por teléfono, la computadora o vía Internet o sea “on line”.
Esto obliga a pensar también como habrán de tributar las empresas que se muevan especialmente a través del trabajo “on line”, igualmente eficiente, pero muy difícil de verificar.
Los municipios no escapan a esta realidad y las circunstancias actuales obligan a pensar en el número de funcionarios que se considera realmente imprescindible, como punto esencial de cualquier plataforma departamental y a la vez impediría que éste se maneje con criterio politiquero, de “premiar” con un puesto público o un trabajo estatal a quien arrime votos al candidato deseado.
Quizás como hijos del rigor fue necesaria la llegada de esta pandemia para que entendamos que estamos haciendo las cosas mal. Que estamos desaprovechando algunas de las posibilidades que nos ofrece el trabajo “on line” y que si no acompañamos los tiempos, inevitablemente habremos de quedar relegados y estancados.
Y estancarse es iniciar un lento camino hacia el retroceso y la extinción.
¡Que conste!
A.R.D.

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Lo que cambia

Estamos en pleno confinamiento y en estas circunstancias creemos importante observar algunos aspectos a los que no les dábamos importancia y que han cobrado una relevancia tremenda y otros que creíamos muy importantes y prácticamente han desaparecido.
Entre lo que ha cambiado y debemos agradecer infinitamente es la tecnología de la información. Hoy que no podemos abrazarnos, besarnos, compartir un mate. Pero podemos vernos, hablarnos, estar en contacto de esta manera que si bien no es lo mismo, ni lo será, es un gran aporte y bendito sea a la hora de comunicarnos.
Hoy las denominadas plataformas virtuales nos permiten impartir conocimientos, educarnos, vernos y Uruguay se halla en muy buen nivel en este sentido.
En materia de comunicación entendemos que hay un antes y un después del virus. Incluso a nivel periodístico entendemos que ha venido a profundizar la brecha entre el diario papel y el diario digital. Vale decir que quien conoce de medios de comunicación masiva, sabe que los diarios esta compuestos por dos elementos sustanciales: el continente y el contenido.
El primero en materia de diario papel consiste en el color, la calidad del papel, determinada tipografía y sobre todo el uso de las imágenes. Vale decir todo lo que constituye el “envase” o la presentación exterior de medio, aspecto que tiene su importancia en el mercado consumidor.
Sin embargo lo más trascendente, que felizmente es cada vez más reconocido por el mercado emergente en el Uruguay (e de la juventud) es el segundo elemento, el contenido, que tiene que ver con la línea periodística, la capacidad de análisis, de investigación, la honestidad y posteriormente la opinión de los responsables del medio en referencia a los grandes temas.
La situación actual a nuestro entender radica en que precisamente el manejo “on line” hace que prácticamente desaparezca continente, porque hay pocas diferencias entre los medios en este sentido (todos utilizan una imagen y un título que consideran atractivo) y esto hace que sean poco notorias las diferencias y éstas nos son visibles para la mayoría de los lectores.
Lo que se dice, o el contenido, es lo que cobra mayor importancia en estas situaciones. La mayoría de los medios digitales, manejados por gente que poco o nada entiende del tema, utiliza redacciones innecesariamente extensas, en un avieso intento de mantener el interés del lector, pero la mayoría de las veces sin agregar detalles del tema.
En cambio lo que debería tener mayor relevancia para el lector al menos, es lo que se dice, cómo se lo dice o escribe y en base a qué opinión se lo hace.
Es el cambio que podría dejarnos esta pandemia, aprendamos a reconocer lo bueno y descartar a aquellos medios que descubrimos que nos mienten u ocultan la verdad, que es lo mismo.

A.R.D.

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Algún Día tendrá que ser

Si nada ha variado a estas horas, más de 500 escuelas rurales del país comenzarán a recibir a sus alumnos, los que conviene aclarar, los que sus padres quieran enviarlos dado que la concurrencia será voluntaria, no obligatoria y además no se registrará la asistencia.
Esta decisión presidencial ha sido motivo de serios cuestionamientos, sobre todo por parte de los docentes (maestros) que entienden que existe mucho riesgo de llevar el virus causante de la pandemia a estos lugares rurales que hasta el momento se han mantenido libres del virus.
La posición es razonable y entendible, aún para quienes consideramos que la decisión presidencial es acertada, porque en algún momento habrá que salir a enfrentar la situación y tanto las escuelas, como los demás centros de educación deberán reiniciar actividades. La cuestión es ponerse de acuerdo sobre cuando se dan las mejores condiciones para este reinicio.
El hecho de que esta concurrencia sea voluntaria, nos parece una buena forma de reiniciar la cuestión, porque como se ha explicado, aún cuando haya que dar marcha atrás en alguna decisión, el hecho de que se haya reiniciado gradual y voluntariamente, facilitará las cosas.
Es un tema interesante, porque hay que entender que en algún momento el país deberá volver a la normalidad, así sea respondiendo a las nuevas exigencias como el uso de tapabocas y el denominado “distanciamiento social”.
El reinició de la actividad en la construcción hace ya casi diez días, con las precauciones de la hora, ha dejado un saldo positivo, casi 45 mil obreros que han vuelto al trabajo.
Existe riesgo y es innegable. Desconocerlo podría ser nefasto, en cambio reconocerlo y asumirlo, tomando las precauciones del caso parece lo más sensato y aconsejable.
Volver a la normalidad es algo que se hace por primera vez -al menos en la actual generación- por lo tanto es lógico que se cometan errores, que haya diversas posiciones sobre cómo y cuándo hacerlo.
Pero en una cosa debería haber coincidencia total, y es que en algún momento habrá que hacerlo, así sea con una población diezmada.
Deseamos que saga todo bien y tanto los decentes, el personal auxiliar, como los niños y sus familias logren superar esta plaga que ojalá sólo sea recordada como un mal trago y sepamos sacar provecho, lo mejor posible de esta trágica situación.
A.R.D.

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Dos hechos positivos

El primer hecho que consideramos positivo para toda la población uruguaya ha sido el distanciamiento y la precisión realizada por el movimiento de productores rurales que se movilizó bajo la denominación de “Un solo Uruguay” precisando que lo actuado por el presidente de la Asociación Rural del Uruguay y las denominadas gremiales rurales (anunciando el aporte de 100 millones de dólares al Fondo Coronavirus), renunciando a lo que les correspondería descontar del fondo de emergencias que maneja el Banco de Previsión Social (BPS), ha sido estrictamente individual de las instituciones representadas por el presidente de la ARU y no del denominado movimiento.
Un flaco favor le hacía al movimiento el anuncio por parte del presidente de la Asociación Rural del Uruguay, que para ser cautelosos en la calificación, diríamos que trató de engatusar a la población dando cuenta de un aporte que al menos es cuestionable como tal, porque es como si los consumidores de este país “anunciáramos” que destinamos todo lo que aportamos por IVA de aquí en delante para el Fondo Coronavirus.
Los productores de “Un Solo Uruguay” debieron enfrentar como uno de los argumentos más fuertes en su contra, que muchos de ellos luchaban por mantener sus privilegios y no por el hecho de estar en riesgo su supervivencia como productores.
El hecho de que sólo unos meses después de aquellas manifestaciones y cuando aún no se han efectuado cambios en la situación de la producción agropecuaria del país, salgan anunciando tamaña donación, hecha por tierra sus argumentos.
Significaría que o no era cierto que estuvieran casi frente a su desaparición como productores o no perseguían otro fin que el político.
El segundo hecho, para nosotros realmente positivo, que representa un gran aporte al sistema democrático que nos enorgullece a los uruguayos, es el distanciamiento y la condena expresa o subrepticia del canciller del país -uno de los líderes emergentes del Partido Colorado – y del propio presidente de la República, quien si bien no lo ha dicho expresamente, ha aclarado que como presidente de todos los uruguayos, siente que debe ser el más respetuoso del Poder Judicial, de lo que se desprende que aunque no nos guste algún fallo de la Justicia no la cuestionaría.
A ello debe sumársele el pronunciamiento en la misma línea de la Asociación de Abogados del Uruguay.
Es bueno rescatar estos elementos que reafirman un camino de respeto y de honestidad porque la Justicia cumple un rol esencial y los delitos de lesa humanidad, nos guste o no, no caducan así pase un año, diez o cien de cometidos, porque así lo han establecido los órganos internacionales.
Es bueno saberlo.
A.R.D.

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Designación acertada

Correcto, honesto, serio, responsable y solidario, esta es la imagen que nos merece el Dr. Carlos Albisu Emed, delegado uruguayo ante la CTM de Salto Grande, quien luego de desempeñarse en el cargo mencionado habría de asumir la presidencia de la mencionada delegación.
Además de las virtudes mencionadas, indudablemente el hecho de ser salteño, significa que conoce la realidad local y de la zona. Integrado desde años a una forma de trabajo que enorgullece a la CTM, y que lo hemos visto muy cómodo, creemos que habrá de desempeñar una labor bienvenida y beneficiosa para todos.
Celebramos la designación y aspiramos a que los demás delegados estén a la misma altura, porque la obra hidroeléctrica tiene una gran deuda con esta parte del país que aportó nada menos que las cascadas que dieron nombre al departamento para ver concretada la obra.
Recordamos que entre los objetivos que se determinaban en el proyecto inicial estaba el de ser un gran polo de desarrollo, vale decir que todo el producido económico que excediera el presupuesto de funcionamiento y de mantenimiento de la central hidroeléctrica tendría que ser destinado a apuntalar planes desarrollo regional, cosa que nunca sucedió.
Incluso recordamos los primeros años, en que los excesos del producido económico eran volcados a apuntalar algunos emprendimientos regionales, nos dejó serias dudas, porque curiosamente la mayoría de estos emprendimientos tenían siempre un tinte político afín a quienes determinaban a qué proyecto se apoyaba.
La experiencia determina que no sólo debe dotarse a los ejecutores de la gestión de los recursos necesarios, sino que es imprescindible mantener cierta fiscalización si se pretende cumplir con los objetivos trazados.
No tenemos duda alguna que el manejo de la obra binacional ha sido muy acertado y ha significado un aporte beneficioso para la región en muchos aspectos, pero desde muchos años a esta parte, todo lo que se ha podido hacer ha surgido de la buena voluntad de los delegados y su personal superior, porque los fondos que antes se disponían, desde el anterior gobierno del Dr. Lacalle Herrera están destinados y son manejados por el gobierno nacional.
Antes de iniciar su presidencia al frente la CTM de Salto Grande, queremos establecer fehacientemente nuestros deseos de una feliz gestión, a quien conocemos como un hombre justo, honesto y responsable.
Su designación es bienvenida, desde el momento que entendemos que la CTM queda en buenas manos.

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Nunca será lo mismo

«Prefiero que me mate el coronavirus y no el hambre…” una dura afirmación de alguien que reside en un asentamiento lamentable de Montevideo, pero que desnuda una cruel realidad. “Cuando los gurises comienzan a decir “tengo hambre”, es difícil aceptar que debemos decirle “aguántate, porque no hay nada para comer…”
Reafirma lo que hemos sostenido en estas columnas. Es lógico y razonable decirles a todos los congéneres “quédense en casa”, pero es muy difícil mantener esta situación por mucho tiempo, sobre todo sabiendo que a pesar de todo lo que se ha dicho, los planes sociales no alcanzan a cubrir las necesidades siquiera de una semana y tampoco llegan a todo el mundo, a pesar de la buena voluntad y del loable propósito de quienes los establecen.
Pretender encerrar o confinar a la población, sin asistirla debidamente es utópico, tan utópico como pedirles que no salgan a buscar “la diaria”, como ellos denominan a su sustento de cada día porque la necesidad los empuja a la calle.
Quizás la cruda afirmación de esta mujer nos haga chocar con la realidad y por qué no, con el acierto de no haber determinado el confinamiento obligatorio. No tenemos duda alguna que la mejor forma de enfrentar a esta pandemia es quedándonos en casa y haciendo todo lo posible por cortar su circulación, pero la realidad indica que esto no es posible, más allá de unos pocos días.
Es que si tenemos suerte no nos contagiaremos del famoso virus, en cambio el hambre lo tenemos y bastará con que no comamos bien un par de días para que nosotros, nuestra familia y nuestros niños comiencen a sentirla.
Es que se ha afirmado que debemos acostumbrarnos al distanciamiento personal, a saludarnos vía “on line”, a estudiar de la misma forma y hasta a trabajar -los que pueden hacerlo – por estos sistemas.
No tenemos nada que decir en cuanto a que es lo mejor, pero tampoco aceptaremos que es lo mismo, un fuerte abrazo personal que uno a la distancia vía Internet. Bienvenida la denominada carretera de carreteras, pero nunca nos acostumbraremos.
Estamos esperando el denominado “día después2, que ahora se ha dado en llamar “nueva normalidad” (¿?) y que quede claro para nosotros la única normalidad es la que se expresan los seres humanos personalmente en un apretón de manos, en un abrazo o un beso fraterno, lo demás son todos sucedáneos o formas de disimular lo que nos falta y para nosotros nunca será lo mismo.
A.R.D.

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No compartimos las afirmaciones del senador Manini

Con todo respeto queremos dejar hoy establecido en estas columnas nuestra posición en relación a uno de los temas que ha perdido trascendencia a nivel público debido a la pandemia que sufre todo el planeta y acapara el cien por ciento de la atención.
Es que aún resuenan en nuestros oídos las palabras y las afirmaciones del senador Guido Manini Ríos condenando a la Suprema Corte de Justicia por haber procedido a avalar la prisión del oficial Lawrie Rodríguez (r), un militar octogenario que en su momento fuera acusado en relación al asesinato del anarquista Iván Morales, de 26 años, cuando había concurrido a ver a su novia.
Rodríguez se había cobijado en Buenos Aires y hasta ahora se había mantenido allí, hasta que decidió viajar a Montevideo donde fue detenido.
El senador Manini Ríos fue duro y contundente en sus manifestaciones, cosa que no nos sorprende, sosteniendo que la Suprema Corte de Justicia sigue demostrando una suerte de “venganza” contra quienes actuaron hace 50 años atrás.
Nos parece inconcebible que un senador de la república parezca ignorar la ley internacional, la que establece claramente que los delitos de lesa humanidad no caducan. Es así que aún cuando hayan pasado 50 o 100 años, el delito sigue vigente.
En este sentido hemos manifestado en estas mismas columnas que no nos gusta ver a veteranos muriéndose en las cárceles, pero ello no significa que hayamos olvidado sus delitos.
Si alguien entendió que estaba autorizado a matar a una persona, cometió un delito de lesa humanidad y de esto está acusado el octogenario a quien el senador defiende.
Que quede claro, no compartimos la visión del senador. No compartimos su acusación a la Suprema Corte de Justicia, aspecto que debe ser manejado con un alto grado de delicadeza, por tratarse de un poder independiente del sistema democrático y por último que quede bien claro, nuestra posición es que quien delinque debe pagar ante la sociedad.
Y desde este punto de vista, si se prueba que alguien cometió un delito de lesa humanidad, debe pagarlo, porque nadie tiene derecho sobre la vida de los demás y si hay Justicia es la suprema Corte de Justicia quien debe ejercerla.
Nuestra convicción es que no le hace bien a ninguno de los restante poderes del Estado, cuestionar a otro por ejercer la ley.
Alberto Rodríguez Díaz

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Entendámoslo correctamente

Lo que nunca debe hacerse es tratar de confundir, de engañar con verdades a medias o incluso manipulando algo a nuestro favor como para que parezca lo que en realidad no es exactamente como se presenta o como se afirma.
Con pelos y señales directivos de la principal gremial agropecuaria del país anunciaron con bombos y platillos la “contribución” al Fondo Coronavirus de 100 millones de dólares, cosa que realmente nos sorprendió, porque de ser plenamente así, estaría indicando un altísimo concepto de solidaridad, que no es tal.
Pocos meses atrás la mayoría de estos mismos productores realizó una gran concentración en el centro del país, reclamando ante una situación catastrófica, que estaban sufriendo y amenazaba incluso su supervivencia como productores. Vaya paradoja, sólo unos meses después los mismos productores deciden aportar 100 millones de dólares al denominado fondo.
Por esto entendemos oportuno poner los puntos sobres las “ies” y veremos que ni era tan catastrófica la situación que sufrían ni es tan relevante el “aporte” que se ha anunciado.
En este último sentido trataremos de explicar lo sucedido. Los cien millones de dólares no salen del bolsillo, de los bienes o de los recursos de estas personas, sino que se trata de devolución del exceso de los aportes que debo pagar para formar determinados fondos.
Vale decir que haciendo un paralelo con el IVA que pagamos todos los consumidores, en algunos casos más y otros menos, y que los maneja habitualmente Rentas Generales, es decir que son fondos que ya tienen destino, porque integran el presupuesto que el gobierno maneja para los compromisos que ya ha asumido.
Es como si en adelante, los consumidores hiciéramos declaraciones públicas sosteniendo que en adelante todo lo que pagamos por IVA lo donamos al Fondo de Coronavirus. Que hay de realidad en esto y que es muy diferente a lo que se maneja. El lector sabrá determinarlo.
Un caso parecido a las “donaciones” de grandes empresas a instancias que tienen gran repercusión en la prensa nacional, sobre todo a nivel de televisión. Donaciones que luego se pueden deducir de los aportes que cada empresa debe realizar según las leyes vigentes en el país.
Tener en cuenta estos aspectos a la hora de escuchar y sobre todo de repetir algunas de las versiones que se difunden es obligación de todos, pero en especial de los periodistas, que tienen el compromiso de informar debidamente a la población.
Alberto Rodríguez Díaz

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Ha sido un buen aporte

Más que una exhortación que debiera ser innecesaria.
Más que los mensajes edulcorados a reunir la familia, a sentirnos más cerca a pesar de la distancia.
Más que las llamadas a la responsabilidad.
Más que sentirnos “orgullosos” de la buena respuesta que dan aquellos que sencillamente cumplen con su deber.
Hay un compromiso social que sólo quienes entienden que somos parte de un mundo que depende en buena medida de nuestras acciones, podemos asumirlo.
Mal que nos pese esta pandemia es una buena oportunidad para entender y atender las cosas más valiosas para los seres humanos y reafirma aquello de que sólo cuando las cosas “nos duelen” y las sufrimos, aprendemos a valorarlas.
Seguramente que siempre habrá excepciones. Habrá gente pensando en como sacar el mejor y mayor provecho a la situación. Pero preferimos quedarnos con las muestras de solidaridad, de las personas que se acercan a colaborar con lo que tienen, así sea poco a las ollas populares y sienten que de todas formas algo pueden aportar, así sea su tiempo o sus saberes que ya es mucho decir.
Aprendamos de ellos, de los que entienden del valor del abrazo, del apretón de manos, del beso fraterno que como cualquier otro gesto humano, aprendemos a valorarlo en toda su dimensión cuando nos falta, porque realmente lo echamos de menos.
Es hora de reconocer también lo bueno de esta situación que vivimos. El aporte de la tecnología ha sido y es fundamental para hablar y comunicarnos, así sea a la distancia con nuestros seres queridos. Si no tuviéramos esta posibilidad seguramente que el confinamiento sería mucho más duro.
Sin politizar el tema, porque sencillamente creemos que no es oportuno hacerlo, es bueno reconocer que el Plan Ceibal y las “ceibalitas” tan criticadas en su oportunidad, hoy han resultado y contribuido con un aporte importante para la educación a distancia.
Que no es un plan perfecto, que ha sido discutido hasta el cansancio es verdad, y lo más relevante es que se requiere de mucho tiempo y esfuerzo para que la vigencia del plan sea un aporte hacia la educación igualitaria de todos los uruguayos, pero hoy en las actuales circunstancias se lo revalora y es bueno reconocerlo no para que nadie se bata el parche, sino para sentir que se aporta a lo que todos queremos, que pronto superemos la pandemia y volvamos a la normalidad.
A.R.D.

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Por nosotros, por ellos, por todos, hagámoslo

No nos inmuniza, pero disminuye fuertemente el riesgo es la realidad del resultado de vacunarnos contra la gripe común o influenza, tan frecuente durante la época del frío en nuestra zona.
Una de las mayores dudas que hemos encontrado en la población uruguaya es la de si conviene vacunarse o no contra la gripe común y tanto quienes argumentan a favor, como en contra de vacunarse, podemos hallar muchos a diario.
Nosotros no tenemos duda alguna, una persona afectada por gripe común, no sólo que disemina fácilmente su resfrío o su gripe, sino que además es más susceptible a contraer el COVID 19, debido a que sus defensas se hallan debilitadas y las posibilidades de resistir la pandemia en mejores condiciones son más reducidas.
Por estos días se ha iniciado en el país la campaña de vacunación anual contra la gripe común, y estamos seguros que la población uruguaya, siguiendo el consejo de las autoridades sanitarias habrá de concurrir en alto número a vacunarse.
Se ha explicado hasta el cansancio que vacunarse no significa que no se enfermará de influenza, sino que se hallará protegido contra las cepas más comunes en la temporada, sabiendo que hay varias cepas y que la vacuna no protegerá de todas ellas, pero si de las más frecuentes en la temporada.
De todas formas, aun cuando nos enfermemos de influenza, la enfermedad será más leve y probablemente sea más fácil superarla, porque la responsabilidad indica que debemos vacunarnos para que el riesgo sea menor y la inmunidad más alta, aunque que quede bien claro, la protección nunca alcanzará a ponernos a resguardo del cien por ciento del riesgo de contraer la gripe común.
No tenemos dudas que este año habrá un acatamiento mayor a la exhortación de las autoridades sanitarias a vacunarse, pese a que siempre habrá excepciones.
Es lo que ha pasado en la reciente Semana Santa, en la que hemos visto a muchas personas dirigirse a zonas balnearias y similares, haciendo caso omiso a la exhortación oficial de quedarse en casa o sea en el lugar donde se reside habitualmente. Felizmente tamaña inconsciencia no es lo habitual entre nosotros.
Todavía no se ha asumido la magnitud del riesgo y en muchas personas el hastío ha ganado terreno al punto de hacernos abandonar el confinamiento en el hogar, si tener en cuenta que un resurgimiento de la pandemia podría ser más letal incluso que lo que ha sido hasta el momento.
Pero por nosotros, por ellos, por todos, es mejor vacunarse.
¡Hagámoslo!
A.R.D.

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Vamos por mal camino

Que las primeras víctimas serían las personas que sufrían otras dolencias y por lo tanto estaban más vulnerables no cabía duda. Que entre ellos se encontrarían los más pobres y marginados, los que hace tiempo han bajado la guardia para sobrevivir en las calles, tampoco sorprende a nadie. No pretendemos ser apocalípticos, pero sí realistas en cuanto a descubrir las causas y consecuencias de lo que vivimos.
La ambición del hombre está destruyendo la naturaleza y ese mismo hombre se ha olvidado que somos parte de ella y tarde o temprano, también nos destruiremos porque hemos preferido mirar para otro lado y “hacer la nuestra”.
Nadie se puede sentir ajeno a esto, Somos consumidores y el consumismo es parte del problema.
Somos responsables de la destrucción de la mayor parte del planeta, de los cambios, de la sustitución, para satisfacer las “necesidades” de un mundo derrochón, ambicioso y sin escrúpulos. Todavía tenemos en la memoria la figura de un psiquiatra salteño, radicado en los Estados Unidos con una clínica de primer nivel, quien acostumbraba a volver al terruño una vez al año a visitar a su madre y pasaba varias horas en una verdulería de las más grandes de la época.
Hasta que un día uno de los propietarios del local, le preguntó el por qué pasaba tanto tiempo en el lugar y la respuesta fue “quiero volver a sentir estos aromas que ya no existen donde estoy…”
Lamentablemente hoy tampoco aquí existen. Nos dejamos llevar por el mercado y aunque ingresemos a la verdulería y frutería más grande de la ciudad, difícilmente podamos sentir aroma alguno. Nos dejamos llevar por el mercado, nos dejamos guiar por el aspecto exterior de la fruta y la verdura y hemos perdido la esencia de estas.
Vale decir hemos cometido el mismo error materialista, irresponsable e individualista que se ha hecho con los fármacos y demás y hoy estamos sufriendo las consecuencias.
Si no variamos el rumbo, estamos a tiempo, que fijan los grandes intereses. Si nos limitamos a ser parte de las políticas que fija el mercado consumista solo podemos esperar más pandemias y otras catástrofes que seguramente nos habrán de ir raleando y recordando que somos parte de esta cadena que es la vida.
Vamos por mal camino y ojalá esta pandemia sirva para demostrarnos que lo que destruimos de la naturaleza terminará por destruirnos también a nosotros…
A.R.D.

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En esta Semana Santa tan particular

Cuando se acerca el final de la Semana Santa a la que muchos uruguayos y gente de otros países aprovechaban -antes de la pandemia – para salir a recorrer zonas poco conocidas o a “hacer turismo”, resulta una obviedad decir que en esta ocasión el país entero habrá de sufrir.
Los cristianos, por un sentido religioso acostumbramos hacer de esta semana la del recuerdo imborrable (para los creyentes) de que alguien vino a rescatar esta humanidad y lo matamos precisamente por la maldad, la ambición desmedida, de acciones ruines, como la de destruir los recursos naturales que el creador ha puesto a nuestra disposición.
Es hora de asumir que estamos nuestro pasaje por esta vida terrenal y ya sea por un virus o sencillamente porque está escrito, llegará a su fin. Que se adelante esta instancia por imprudencias, por irresponsabilidad o ambición desmedida, es cuestión humana.
Hacer lo que se debe, cuidarnos y cuidar a los demás, compartir con los que menos tienen y seguramente serán los más afectados por esta situación, es cosa nuestra.
La Semana Santa, que en esta oportunidad será menos turística que nunca y dejará consecuencias también más negativas que nunca, debiera servirnos para reflexionar que estamos haciendo con nuestra vida en estos momentos.
Seguramente que habrá insensibles que entienden que la vida es sólo placer y por lo tanto se trata de tener, de acumular bienes materiales, de sentirse cada vez más “protegidos” de estas situaciones y difícilmente cambiarán de idea.
Habrá también quienes han entendido que la vida no es sólo esto. Que debemos tener y reunir no mucho más de lo imprescindible para vivir decorosamente.
A los primeros deberemos recordarles que los bienes materiales no entran en un ataúd. A los segundos que cuentan con nuestra admiración, decirles que no significa que debamos sufrir por esta situación, sino que estamos seguros que compartir lo que se tiene y ayudar a los demás nos dará tantas o más satisfacciones que quitárselos para acumularlos.
En esta semana totalmente diferente, la situación que vivimos y sobre todo la que se nos viene prácticamente a toda la humanidad, debiera servirnos para ver y obrar más allá del hedonismo propio y tan humano en el que es fácil caer, cuando no tenemos las cosas lo suficientemente claras y debidamente asumidas.

A.R.D.

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Lo que debemos aprender de esta pandemia

Seguramente que costará y demorará aún mucho más de lo que queremos, pero la pandemia actual pasará, como han pasado varias más. Eso si, también seguramente que todavía lloraremos la muerte de más víctimas y a veces gente que no pensábamos podría verse mortalmente enferma ahora.
No es hora de bajar los brazos. Seguro que todos los uruguayos y la población mundial que está sufriendo este confinamiento esta “re podrida” de mantenerse sin poder salir de casa. Ni que hablar de aquellos que han contraído el virus y aún cuando lo estén padeciendo en su casa, en confinamiento, se hallan aburridos por la situación que padecen.
Ni que hablar de los verdaderos “héroes anónimos”, que son las personas que trabajan en la salud y si o si deben concurrir a atender a los pacientes, cuando no deben enfrentar situaciones que limitan entre la vida y la muerte, como una cirugía a un paciente de coronavirus o similar.
Como ellos también, policías, bomberos y todos los que se desempeñan en los servicios a los demás.
Esto nos tiene que dejar una enseñanza indeleble: amar la vida como el bien más preciado que tenemos. Entender de una vez por todas que somos parte de un sistema global en que todos compartimos, el aire, el agua, la tierra y en definitiva “la vida”.
De estos debemos entender la fragilidad y la vulnerabilidad del ser humano, si algo “envicia” el aire que respiramos nos terminará afectando a todos. Si el agua que consumimos se contamina en forma irrecuperable, todos seremos víctimas y finalmente si no cuidamos el planeta, si no lo preservamos y protegemos de los intereses dañinos, de las ambiciones desmedidas pagaremos un precio que todavía no sabemos estimar.
Un mes y medio atrás hablábamos prioritariamente de la denominada “ley de urgente consideración” o ley de urgencia como se la denomina popularmente. Sin embargo a partir de 13 de marzo, el tema infaltable en todos los medios de comunicación masiva es y seguirá siendo el coronavirus, la pandemia que se estima ya ha afectado millones de personas.
Lo que esperamos es que esto no haya sido en vano. Que la responsabilidad social que debimos demostrar en esta ocasión, sirva también ante otras situaciones. Muchas veces vemos a gente bien inspirada, con buenas ideas, sanas de corazón, pero tremendamente manipuladas, incluso sin darse cuenta de lo que realmente está detrás, como también seguramente ellos verán en nosotros cosas que nosotros no vemos.
A.R.D.

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El manejo de la información

Estamos prácticamente a un mes desde la aparición de los dos primeros casos de la pandemia en el Uruguay. Todavía recordamos cuando fueron confirmados dos de “dengue” en Salto. Curiosamente se trataba de dos personas que habían llegado a Salto luego de estar en Milán, la zona de Italia donde fue detectada la mayor cantidad de casos de la pandemia en Italia.
Una de las cosas más importantes en estos casos es el manejo de la información. Lo sabe el gobierno nacional y lo sabemos todos. Lo que está en juego es la credibilidad que se gana o se pierde según sea el manejo de la información que se haga.
Siempre lo dijimos la información debe ser manejada por profesionales y uno de los mayores pecados que tiene el sistema político uruguayo, es creer que todos los políticos, o quienes circunstancialmente ejercen el poder están habilitados para informar y hacerlo bien.
Nos explicamos, en estos días nos hemos encontrado con muchos casos de uruguayos incrédulos, que sostienen “eso es lo que dicen”, pero no les creo… Es que la información debe ser cuidadosamente manejada, sin ocultar nada, pero tampoco sin alarmar. Apenas se descubre una mentira o una verdad a medias, que es lo mismo, se pierde la confianza del público.
No basta con sostener “a este gobierno le interesa ser transparente en la información”, porque no es cuestión de lo que digamos o creamos que nos merecemos, por la forma en que informamos, sino esencialmente de lo que crea el público de nuestro accionar.
Quien maneja la información, si oculta algo relevante, ineludiblemente caerá en el descrédito, aun cuando se rasgue las vestiduras sosteniendo que ha informado todo y debidamente. Es que no siempre se sabe informar, los errores, las equivocaciones y las omisiones o las formas de eludir respuestas no siempre son eficientes, porque entre el público siempre hay alguien capaz de detectar las fallas.
No creemos que haya en esto mala voluntad, porque aún con el convencimiento de que es lo mejor que puede hacerse, se daña en algo difícilmente recuperable, como es la credibilidad.
Estamos seguros este ha sido el caso. Nadie ha querido equivocarse, pero esto sólo tiene un juez y es el público receptor. Solo 13 días después de asumir el gobierno nacional este se ha visto enfrentado a una situación de emergencia que nadie sabe que duración tendrá, pero si en su gravedad que será muy grande.
Por eso entendemos que hay que saber ubicarse. No exigir más allá de lo exigible, pero tampoco dejar de señalar lo que entendemos son errores que no debieran cometerse.
A.R.D.

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Aprendamos de la emergencia

En estos tiempos en que reina la incertidumbre del futuro, donde nadie sabe cuándo se habrá de terminar la emergencia ni cuál será la gravedad de sus consecuencias. Cuando hay tanto temor y tantas inseguridades, es bueno entender algunos aspectos esenciales de la vida. En estos tiempos de emergencia que todo lo ha cambiado, hasta la celebración de la Semana Santa ha cambiado.
Nos hemos habituado a creer que normalmente la vida es larga y sana, cuando esto depende esencialmente de cómo la vivamos.
En tiempos en que recordamos, los cristianos la pasión y muerte de Jesucristo, alguien que ya sabía que habría de ser entregado y asesinado cruelmente y esto no detuvo su convicción de entrega en bien de la humanidad, es bueno recordar y agradecer el riesgo que asumen muchas personas, trabajadores de la salud, bomberos, policías y trabajadores de otros servicios, que arriesgan su vida para atender y servir a otros enfermos o presuntos enfermos.
Que normalmente no es lo mismo, porque si bien existe riesgo este es mucho menor al que sufrió Cristo, es cierto, pero de todas formas es una muestra de servicio, de voluntad de entrega y en definitiva, de amor hacia los demás.
Pero en estos tiempos de crisis es bueno entender que vivimos en el mismo ámbito, que directa o indirectamente dependemos de lo que hagan los otros porque tarde o temprano las consecuencias serán para todos.
La humanidad entera sabe, porque lo ha escuchado reiteradamente, que los mares se están llenando de plástico, que el aire está contaminado, sobre todo por los gases que echamos al aire y están destruyendo esa capa protectora de la vida humana, que es la atmósfera.
Lo sabemos, pero nada hacemos. Las grandes potencias y los grandes intereses, sobre todo los multinacionales, no tienen interés alguno en proteger y preservar el ambiente.
Hay antes que nada un deterioro humano, un acumular y tener y tener, sin percatarse que las riquezas materiales no significan nada a la hora de dejar este mundo. No lo saben ellos ni lo hemos valorado suficientemente nosotros, que el maldito virus que está haciendo tanto daño no reconoce entre ricos (materialmente) y pobres, porque a todos ataca por igual.
Veremos qué es lo que queda luego de esta pandemia, si realmente aprendemos algo o si sencillamente sobrevivimos para seguir haciendo lo mismo. Esto es lo que más nos puede dejar dado que es el punto inicial para cambiar muchas cosas.
Ojalá lo aprendamos.
A.R.D

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Nos rechina

Ver como la enorme mayoría de los uruguayos respetamos las indicaciones y recomendaciones del personal sanitarios y similar que lucha contra la pandemia del coronavirus (covid- 19), es reconfortante.
No podemos sino admitir que no todo el mundo obra de la misma manera. En esta semana Santa tan particular, no sólo hay gente que alquila sus propiedades para que otros salgan, las aprovechen y hagan turismo, sino también hay gente que comete otras infracciones o al menos vulnera las recomendaciones que se están difundiendo.
Es que pese al esfuerzo de la enorme mayoría de los uruguayos, no sólo el personal de la salud que está en la primera línea del combate al virus, sino de vecinos, policías y demás que en están expuestos prioritariamente, ellos siguen sin tomar en serio el riesgo que supone esta pandemia.
No estamos alegando que debemos tener pánico ante la situación ni mucho menos, sino que consideramos que más allá de lo que digamos, debemos asumir con la debida responsabilidad el riesgo de la hora. Tenemos que saber que hay gente en el Uruguay y en el mundo que se está jugando la vida para enfrentar el virus no porque les guste hacerlo, sino por responsabilidad profesional muchas veces.
Así como hemos visto a gente levantar las cintas amarillas (a la entrada del parque Harriague o en la Costanera, por ejemplo para burlar el esfuerzo de quienes la han instalado allí), también hemos visto como en las redes sociales gente de minúscula capacidad intelectual, trata de sacar provecho o de llevar agua para su molino de la situación que vivimos.
Es así como oímos hablar de herencias malditas y hemos visto y oído endiosar a algunos políticos y denostar a otros.
Creemos equivocado tanto lo uno como lo otro. Lo hemos dicho en estas columnas, para nosotros no es momento de buscar culpables ni tampoco de atribuirse méritos. Ya llegará el momento de hacerlo, que no es este y esperemos que cuando llegue lo hagamos con total responsabilidad, razonando y asumiendo virtudes y errores.
Por el momento debemos decir que nos rechina y rechazamos tanto una posición como la otra, sencillamente porque para nosotros al menos, demuestra la estrechez mental de quienes así obran.
Pero no lograrán llevarnos a su campo, nos sentimos orgullosos de la mayoría de los uruguayos, los que respetan las recomendaciones, los que se preocupan por los demás, los que respetan y contribuyen a que otros lo hagan.
Las excepciones de los que entienden oportuno sacar provecho de la situación, son seres minúsculos que ni siquiera vale la pena tenerlos en cuenta.
A.R.D.

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Se llama grandeza

Lo primero a tener en cuenta hoy es que creemos que la gran mayoría de los políticos uruguayos a entendido que no es hora de hacer política partidaria, aunque todo lo que hace el ser humano está orientado por determinadas ideas y por lo tanto a la hora de las decisiones se toman teniendo en cuenta en el fondo hacia dónde van, a quien o quienes favorecen y a quienes desfavorecen determinadas decisiones.
Pero entendemos que hay momentos para todo y quien antepone esto, hoy en una situación de emergencia, hace mal, está equivocado, y no seamos ingenuos, cuando hay opciones y una de estas favorece sus propias ideas, es probable que todos lo pensemos y optemos por esta solución.
Pero no es hora de anteponer nuestras propias convicciones. Cuando lo que nos favorece es notoriamente menos favorable para el bien común no debemos hacer pesar nuestras propias convicciones, sino el bien común, y adoptar las que más favorezcan al pueblo.
Decimos esto porque a pesar de que no es este el momento para hacerlo, hemos notado como notoriamente detrás de la situación de emergencia, de la situación crítica que se vive, se desarrolla un silencioso enfrentamiento político partidario.
Si las medidas adoptadas por el flamante gobierno uruguayo son las acertadas o no lo dirá el tiempo y los resultados. No se puede ignorar la complejidad de esta situación que vive el planeta entero, ya no sólo el Uruguay.
Como tampoco se puede ignorar, por honestidad que habrá consecuencias y no serán favorables precisamente.
Es probable que las medidas adoptadas por Uruguay – su gobierno- tengan aciertos y errores, como cualquier actividad humana, sean suficientes o insuficientes. La academia de científicos se ha mostrado en desacuerdo, porque a su entender son insuficientes. Sin embargo la mayoría del pueblo uruguayo – a juzgar por la encuesta conocida – está de acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta las consecuencias sociales que tendría lo que piden los científicos de un confinamiento total obligatorio.
Es que la mayoría de la población no cree que el Estado sea capaz de responder a las necesidades de los que más lo necesitan, con la premura y la simpleza que se hace necesario en estas circunstancias.
No nos equivoquemos entonces. No se trata tanto de determinar si las medidas son las más justas, necesarias o las más adecuadas, sino de asumirlas y sobre todo de ponerlas en práctica, aunque no las compartamos plenamente. Ya llegará el momento de discutirlas….
Se llama “grandeza”
A.R.D.

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Muchas preguntas, ninguna respuesta convincente

Desde luego que nos preocupa el confinamiento y todas las dificultades que éste apareja, pero mucho más nos preocupan las numerosas consecuencias que nos dejará esta situación, como hemos tratado de explicar.
En estos días hemos escuchado, visto y oído, numerosas teorías sobre el origen y la dirección de las consecuencias de esta situación.
En el fondo reafirma nuestra convicción de que sólo somos conejillos de indias de grandes potencias y grandes intereses que están incluso por encima de las naciones, por encima de los gobiernos y manejan al planeta según convenga a sus intereses sobre todo económicos.
¿A quien o quienes beneficia esta situación?
¿Qué es lo que se logra?
¿Quién o quiénes son las víctimas más frecuentes?

Seguramente que lo que estas teorías insinúan, en su mayoría, es indemostrable, y no es de descartar alguna fantasía. Imposible acceder a ello a un conocimiento pleno para un ciudadano común y además ¡pobre del que lo logre!, pero en las respuestas a estas preguntas está la verdad sobre el origen de la situación.
Gran parte de la misión periodística es dudar de lo que se afirma, casi siempre sin que se sepa exactamente su procedencia ni las fuentes científicas de lo que se afirma en estos casos.
Existen versiones que van desde quienes predijeron esta situación un par de años atrás o más, hasta quienes responsabilizan directamente a las grandes potencias y su manipulación por la aparición de este virus, que según dice ha sido modificado genéticamente y manipulado con fines tremendos, como la rápida mutación.
Evidentemente que la situación generada por esta pandemia deja un sinnúmero de interrogantes y de preguntas sin respuestas, pero debe servirnos al menos para ver cuán frágiles y manipulables somos.
Estamos en manos ambiciosas e inescrupulosas. No somos predictores del apocalipsis, pero estamos seguros que el camino de la ambición y del poder en manos aviesas nos llevará irremediablemente a la ruina.
Sabemos que no es hora de buscar culpables, sino e proteger y protegernos en la mayor medida posible, pero no debemos olvidar que llegado el momento habrá que investigar para saber a qué estamos expuestos.
El hecho de que sea casi una utopía pretender llegar a conocer la verdad no es excusa para evadir la búsqueda. Tenemos que intentarlo, porque es un compromiso, cuanto más nos acerquemos a la verdad, mas difícil será engañarnos.
Es nuestra opinión, pero no somos tan ingenuos para creer que este problema “nos cae del cielo” como decían nuestros mayores.
A.R.D.

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Las medidas deben ser para todos por igual

Quienes tienen noción de los precios nacionales o domésticos, saben que en las últimas semanas éstos se han incrementado por lo menos en un diez por ciento, en su gran mayoría. El argumento es que el dólar subió más o menos en este entorno en los últimos días y quien más quien menos tiene insumos que paga en dólares.
Esto es una verdad a medias, porque si bien el valor del dólar se ha incrementado, no todos los productos producen en base a materia prima extranjera. Mas aún la industria alimenticia en su gran mayoría utiliza producción nacional, por lo tanto no tendría porque incrementar en el mismo margen que la demás producción.
No decimos que no deba aumentar, decimos que no debemos dejar en manos del mercado este aspecto, porque siempre aumentará por encima del costo de vida “por las dudas”.
Hasta el momento de escribir estas líneas el gobierno se ha resistido a gravar ingresos de las exportaciones y tampoco ha querido gravar a los altos sueldos privados – mecanismos para hacerlo tiene – con la excusa de que los privados que han quedado sin trabajo o incluso que aquellos que han visto reducida su actividad ya está aportando.
No pretendemos siquiera que las exportaciones sean gravadas en el mismo porcentaje que se ha incrementado el valor del dólar en el país, porque el manejo de la moneda es harto delicado, pero el del capital es un sector que hasta el momento no ha sido afectado.
Nuestra óptica es diferente. En primer lugar porque cuando fue para gravar los altos sueldos públicos -aspecto que nos parece bien – no se tuvo en cuenta este aspecto.
En segundo lugar, a lo sumo el sector exportador y por lo tanto el productor que también se vería afectado “de rebote”, porque la exportación le deprimiría los precios, a lo sumo volverían a la situación anterior en la que aún con dificultades han subsistido.
Hoy nos enfrentamos a una emergencia y por lo tanto no se trata de pensar en cuanta ganancia puedo sacar de esta situación, sino cuanto puedo aportar sin que mi economía se vea afectada en forma irrecuperable.
Hay que tener claras las cosas. No es que la gente haya dejado de consumir, sino que sólo lo que compraba en varios días ahora lo ha hecho de una sola vez o por pedido para que lo lleven. No es cierto que se haya dejado de consumir sino que sólo se ha cambiado la forma de hacerlo.
La verdadera restricción del consumo vendrá después y si el Estado no asume las necesidades de la hora, mucho nos tememos que las consecuencias sean desastrosas.

A.R.D.

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Cuando la responsabilidad social llama

No es tiempo de impaciencia. Seguramente que la etapa que nos está llegando en cuanto a la lucha contra el virus obliga a erradicar la impaciencia y ocupar su lugar con un enorme grado de serenidad y de responsabilidad social.
No sólo por nuestros familiares directos, sino por todos. El virus no sabe de “estatus” social, no sabe de ideologías, ni de nacionalidades. Seguro que donde encuentra posibilidades de ingresar lo hace y se multiplica.
Nunca como ahora hemos visto una integración social tan grande. Quienes tienen posibilidades y pueden hacerlo “disparan” para el campo, igual que lo hicieran quienes tienen una casa en la playa, junto al mar. Claro está que a quienes viven cerca de allí o habrá de convivir en algún momento o en alguna medida con ellos, no les hace ninguna gracia.
Pero además existe otra dificultad, no sabemos cuánto durará el confinamiento. Tarde o temprano estas personas deberán volver a la ciudad y estarán expuestas.
Todo indica que tarde o temprano todos nos enfermaremos. La cuestión es entonces seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, para “pelear” al virus en las menores condiciones posibles.
Por estos días nos hemos encontrado con situaciones de inconsciencia, en personas que sostienen “a mi no me va a llegar…”. Es una ignorancia total. A quienes siguen tomando la cuestión como una broma.
Y no nos referimos a quienes bromean sobre la situación, sino a quienes se comportan irresponsablemente. Bromear sobre la situación, pero haciendo todo lo que la responsabilidad social indica, es a nuestro entender lo correcto.
No debemos exagerar ni caer en el pánico, sino obrar conscientemente, como corresponde, sin poner en riesgo nuestra vida y la vida de los demás.
Nadie en su sano juicio debe salir a la calle hoy sin necesidad o por razones banales, arriesgando su integridad y la de los demás. Es cierto que de todas formas es probable que contraiga el virus en algún momento, pero sin pánico, sin hospitales desbordados, sin tener que aguardar sin éxito un lugar en los respiradores de CTI.
Sabemos lo tedioso que resulta el confinamiento, sabemos del aburrimiento, sobre todo de los niños, pero es hora de demostrar responsabilidad social. De asumir que somos parte de un todo, que navegamos en el mismo barco y por lo tanto los demás dependen de lo que hagamos y nosotros dependemos de lo que ellos hagan.
Es hora de entender que debemos cuidar a los demás, cuidándome.
A.R.D. 

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La enseñanza que debe dejar

Las medidas sanitarias, económicas y sociales adoptadas por los países, con ser similares no son idénticas en ninguno de los países.
Uruguay tiene en este sentido la ventaja que el virus apareció antes en otras partes del mundo y por lo tanto nos permitió reunir experiencia, sobre todo para evitar medidas que se veía que sus resultados no fueron los mejores.
De todas formas, nadie tiene la certeza total de la eficiencia de las medidas que pone en práctica, por la sencilla razón de que el COVID -19 es un virus nuevo, de reciente aparición y sobre todo de rápida mutación, que se ha transformado en una pandemia (epidemia capaz de trasladarse de un continente a otro).
De allí también que las medidas adoptadas estén en el centro de discusión en todos los casos. Es que difícilmente éstas dejen conformes a todos. Existen aspectos de oportunismo, de eficiencia y de otros elementos que siempre serán discutibles.
Es un error meter todo en la misma bolsa, por la sencilla razón de que las medidas sanitarias corren por un lado y los enfermos son tratados con diferentes medicinas; los temas sociales son encarados de diferentes formas, desde la cuarentena obligatoria, hasta la voluntaria e incluso la inexistencia de una medida de este tipo.
Las medidas económicas, cuyas consecuencias principales seguramente las veremos y tendremos después que pase el primer mes de la pandemia, serán tremendas y los diferentes gobiernos están obligados a pensarlas y adoptarlas con el máximo estudio previo.
Hay una cosa que seguramente podemos hacer y sacar provecho de esta situación. Es el aprendizaje de que todos nos necesitamos. Vivimos en un planeta en que los ecosistemas son una cadena y hasta el más minúsculo de los seres vivos cumple su rol y es importante para la vida.
La solidaridad de las ollas populares, de las iniciativas solidarias, de la responsabilidad demostrada por los vecinos más conscientes y responsables, seguramente que puede y debe ser aprovechada para conservarla y cultivarla después.
Habrá gente que lo aprenda y de la otra, como hay gente que aporta voluntariamente a las causas solidarias y gente que si no se la obliga no lo hace.
De todas formas, llegado el momento quienes subsistamos de la pandemia debemos mostrar una actitud diferente, entender que todos nos necesitamos y que quienes obren diferente, que siempre los habrá, sean sólo una ínfima minoría.
A.R.D.

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Por qué no

Desde luego que la solidaridad del pueblo uruguayo nos reconforta. Aportar de cualquier forma o de cualquier manera es siempre un aporte. Otra cosa es cuando hablamos sobre el concepto de equidad o de justicia social que mueve este tipo de actitudes.
Mal que nos pese, entendemos que la solidaridad para acercarse lo más posible a la justicia social, debe hacerse por ley. Somos hijos del rigor. Cada uruguayo debe aportar en la medida de sus posibilidades para ayudar al que menos tiene.
Esto nunca se hará en forma igualitaria si no es por ley. Cada quien cuida su bolsillo y a nadie nos sobra, de quienes trabajan. Si no lo hacemos por ley, seguramente que habrá quienes hallarán la forma de mirar para otro lado, de evadirlo o sencillamente disimular su omisión.
Son los mismos que eternamente se han ufanado de tener y tener, de acumular riquezas y bienes materiales, aunque nada de esto sirva a la hora de perder la vida.
¿A que viene todo esto? Pues al hecho que para decirlo con todas las letras. No compartimos el criterio con que se ha establecido el aporte obligatorio sólo para un grupo de trabajadores. Compartimos y apoyamos decididamente la voluntad de establecer aportes. No compartimos para nada el criterio que se ha establecido, obligando sólo a estos trabajadores del sector público y o a quienes desde la producción o la exportación o mismo de la especulación (como quienes negocian con la moneda) no se ven afectados para nada.
De esto salimos todos o no sale nadie. Quienes defienden el criterio fijado por el gobierno, sostienen que hay que dejar afuera de este aporte a la producción porque es lo que permitirá una más rápida recuperación del país luego de la crisis.
Sinceramente no compartimos. De esto se sale sufriendo todos, sacrificándonos en conjunto para ganar en solidaridad aunque la recuperación sea más lenta o no se sale. Que el aporte lo hagan sólo los trabajadores, así sea quienes tienen mejores sueldos, no nos parece justo.
Que unos suframos económicamente la situación y otros sólo la “balconeen” viendo como acentúan las diferencias y acumulan sus ganancias no nos parece lo mejor.
Que haya gente y empresas que solidariamente aporten, es una buena cosa, contribuye con los que más lo necesitan, pero nada tiene que ver con la equidad y la justicia social, como corresponde en un país donde todavía queda mucho por recorrer si pretendemos una mayor justicia social.
Es lo que pensamos.
A.R.D.

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Por qué no

Desde luego que la solidaridad del pueblo uruguayo nos reconforta. Aportar de cualquier forma o de cualquier manera es siempre un aporte. Otra cosa es cuando hablamos sobre el concepto de equidad o de justicia social que mueve este tipo de actitudes.
Mal que nos pese, entendemos que la solidaridad para acercarse lo más posible a la justicia social, debe hacerse por ley. Somos hijos del rigor. Cada uruguayo debe aportar en la medida de sus posibilidades para ayudar al que menos tiene.
Esto nunca se hará en forma igualitaria si no es por ley. Cada quien cuida su bolsillo y a nadie nos sobra, de quienes trabajan. Si no lo hacemos por ley, seguramente que habrá quienes hallarán la forma de mirar para otro lado, de evadirlo o sencillamente disimular su omisión.
Son los mismos que eternamente se han ufanado de tener y tener, de acumular riquezas y bienes materiales, aunque nada de esto sirva a la hora de perder la vida.
¿A que viene todo esto? Pues al hecho que para decirlo con todas las letras. No compartimos el criterio con que se ha establecido el aporte obligatorio sólo para un grupo de trabajadores. Compartimos y apoyamos decididamente la voluntad de establecer aportes. No compartimos para nada el criterio que se ha establecido, obligando sólo a estos trabajadores del sector público y o a quienes desde la producción o la exportación o mismo de la especulación (como quienes negocian con la moneda) no se ven afectados para nada.
De esto salimos todos o no sale nadie. Quienes defienden el criterio fijado por el gobierno, sostienen que hay que dejar afuera de este aporte a la producción porque es lo que permitirá una más rápida recuperación del país luego de la crisis.
Sinceramente no compartimos. De esto se sale sufriendo todos, sacrificándonos en conjunto para ganar en solidaridad aunque la recuperación sea más lenta o no se sale. Que el aporte lo hagan sólo los trabajadores, así sea quienes tienen mejores sueldos, no nos parece justo.
Que unos suframos económicamente la situación y otros sólo la “balconeen” viendo como acentúan las diferencias y acumulan sus ganancias no nos parece lo mejor.
Que haya gente y empresas que solidariamente aporten, es una buena cosa, contribuye con los que más lo necesitan, pero nada tiene que ver con la equidad y la justicia social, como corresponde en un país donde todavía queda mucho por recorrer si pretendemos una mayor justicia social.
Es lo que pensamos.
A.R.D.

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Cuando la responsabilidad social llama

No es tiempo de impaciencia. Seguramente que la etapa que nos está llegando en cuanto a la lucha contra el virus obliga a erradicar la impaciencia y ocupar su lugar con un enorme grado de serenidad y de responsabilidad social.
No sólo por nuestros familiares directos, sino por todos. El virus no sabe de “estatus” social, no sabe de ideologías, ni de nacionalidades. Seguro que donde encuentra posibilidades de ingresar lo hace y se multiplica.
Nunca como ahora hemos visto una integración social tan grande. Quienes tienen posibilidades y pueden hacerlo “disparan” para el campo, igual que lo hicieran quienes tienen una casa en la playa, junto al mar. Claro está que a quienes viven cerca de allí o habrá de convivir en algún momento o en alguna medida con ellos, no les hace ninguna gracia.
Pero además existe otra dificultad, no sabemos cuánto durará el confinamiento. Tarde o temprano estas personas deberán volver a la ciudad y estarán expuestas.
Todo indica que tarde o temprano todos nos enfermaremos. La cuestión es entonces seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias, para “pelear” al virus en las menores condiciones posibles.
Por estos días nos hemos encontrado con situaciones de inconsciencia, en personas que sostienen “a mi no me va a llegar…”. Es una ignorancia total. A quienes siguen tomando la cuestión como una broma.
Y no nos referimos a quienes bromean sobre la situación, sino a quienes se comportan irresponsablemente. Bromear sobre la situación, pero haciendo todo lo que la responsabilidad social indica, es a nuestro entender lo correcto.
No debemos exagerar ni caer en el pánico, sino obrar conscientemente, como corresponde, sin poner en riesgo nuestra vida y la vida de los demás.
Nadie en su sano juicio debe salir a la calle hoy sin necesidad o por razones banales, arriesgando su integridad y la de los demás. Es cierto que de todas formas es probable que contraiga el virus en algún momento, pero sin pánico, sin hospitales desbordados, sin tener que aguardar sin éxito un lugar en los respiradores de CTI.
Sabemos lo tedioso que resulta el confinamiento, sabemos del aburrimiento, sobre todo de los niños, pero es hora de demostrar responsabilidad social. De asumir que somos parte de un todo, que navegamos en el mismo barco y por lo tanto los demás dependen de lo que hagamos y nosotros dependemos de lo que ellos hagan.
Es hora de entender que debemos cuidar a los demás, cuidándome.

A.R.D.

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Seguramente habrá un antes y un después

En estas columnas sosteníamos ayer que seguramente habrá un antes y un después del covid-19 (coronavirus), porque como sucedió con atentado de las torres gemelas, el 11 de setiembre del 2001, habrá de cambiar muchas cosas en el planeta.

Para un presidente de la República, por ejemplo, significa revelar que capacidad tiene para ser un “piloto de tormentas”, porque la pandemia que afecta al planeta en estos momento, no es otra cosa que una “tormenta”, imprevista y la forma en que la superemos será determinante.
A un presidente puede catapultarlo como un excelente conductor en las tempestades o bien sucumbirlo, sepultarlo por las medidas que adopte para superar el estado de emergencia.
No tenemos ninguna duda que recién comenzamos a enfrentar esta “tormenta”, cuyas principales consecuencias económicas al menos aún están por llegar y serán nefastas.
No podemos ocultar que algunas de las medidas adoptadas al menos al momento de escribir estas líneas por el presidente uruguayo nos han sorprendido gratamente, sobre todo porque no siguen el padrón de lo que venía haciendo su partido.
Nos explicamos, la idea de rebajar los sueldos más altos dela administración pública a los generales (r) del ejército, había sido rechazada una y otra vez con diferentes argumentos. Hoy se la adopta sin consulta alguna en forma obligatoria y en principio por dos meses.
Seguramente es cierto que no se puede tomar como una actitud solidaria, porque que sepamos la solidaridad no puede ser obligatoria, sino surgida voluntariamente. Compartimos plenamente de que esta medida fuera extendida a otros sectores, como el parlamento, el Poder Ejecutivo y entendemos (la nota fue escrita cuando aún no se conocían otros detalles) y entendemos que aún falta extenderlas. Nadie que reciba más de 80 mil pesos líquidos al mes puede sentirse perjudicado porque se lo obligue a aportar solidariamente por unos meses.
En principio podemos decir que más de 15 días después de la aparición de pandemia en el país, hemos visto y compartido las medidas adoptadas. Creemos que no alcanzan y creemos también que por fortuna la plaga comenzó lejos en Asia y Europa y por lo tanto nos dio tiempo para tomar algunas medidas que seguramente serían muy diferentes si hubieran comenzado por el sub continente que habitamos.
Todavía falta mucho, tendremos seguramente mucho tiempo para esperar y ver qué es lo que pasa, pero una primera lectura ya nos ha dejado: los efectos de la globalización no son todos beneficiosos…

A.R.D.

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Buena hora para reflexionar

Nos rechina la gente que está mirando la emergencia mundial que vivimos pensando en cuál será la mejor forma de sacar provecho de esto y la que está festejando de que los aportes obligatorios no les alcanzarán.
No les importa la cantidad de compatriotas que está quedando sin trabajo, no les importa el número de comercios cerrados, no les importa la severa reducción de ventas.
Menos aún les importa a cantidad de enfermeros, médicos y demás personal de la salud que se juega hasta la vida enfrentando esta pandemia.
Menos aún les importa la vida de las personas de la denominada tercera edad, sexagenarios, septuagenarios y demás.
Nos referimos a quienes aún no han difundido medidas especiales para enfrentar la crisis y a los políticos que tratan de llevar agua para su molino en esta situación.
Y que conste, no es lo mismo tener que aportar obligado (medida que compartimos), que hacerlo en forma voluntaria.
No es lo mismo aportar en un fondo anunciado con bombos y platillos por la tele y hasta capaz que luego hallo la forma de descontarlo de los impuestos o gravámenes que debo realizar al estado, que hacerlo voluntariamente y en forma anónima.
Seguramente que el mundo cambiará que habrá un antes y un después del Covid-19, pero depende de nosotros que también haya un antes y un después de la solidaridad humana, del concepto con que miramos el medio ambiente que nos rodea.
Alguien ha dicho que la única forma de enfrentar a esta pandemia es la solidaridad humana. Seguro que cuando se llegue a un Hospital como portador del terrible virus y sea confinado, siguiendo el protocolo establecido, no importará cuanto tenga, ni que bienes, ni que posesiones. Lo que se anhelará fervientemente será un respirador. De esos mismos respiradores cuyo número no es suficiente, entre otras cosas porque no ha sido suficiente la solidaridad recibida para comprarlos o fabricarlos.
Hemos reclamado en estas columnas que se deje de buscar culpables de la situación que vivimos, no porque olvidemos el asunto, sino sencillamente porque consideramos que no es oportuno hacerlo en estos momentos.
Ya llegará el momento de investigarlo, de saber con la mayor precisión posible como, donde y quien ha sido el responsable de esto, que desde ya anunciamos que en menor o mayor medida somos muchos más de lo que se supone.
La mediocridad humana nos hace ver la pandemia con diferente actitud. Desde quienes creen que se está a salvo de la misma, sencillamente siguiendo los protocolos y esperan agazapados para seguir con su concepto de tener y tener, al precio que sea y quienes han entendido que sólo será posible un mundo donde los seres vivos (animales y vegetales), todos, tengamos las condiciones necesarias para vivir y “honrar” la vida.
A.R.D.

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No es tiempo de buscar a responsables

Los de mente minúscula no podrán nunca responder en los casos que se hace necesario dejar las pequeñeces y mezquindades de lado para ocuparnos de lo que verdaderamente vale, la vida.
Cuando anteponemos la ideología o la política en circunstancias en que es necesario sacar lo mejor de nosotros mismos y dejar de lado estas rispideces, estamos mostrando lo minúsculo de nuestras ideas.
Por estos días hemos escuchado duras acusaciones al Director de un hospital montevideano, por el hecho de que en dicho hospital se cuenta con un equipamiento capaz de hacer 200 análisis por día para determinar si un paciente está infectado con Coronavirus o no.
De acuerdo a la denuncia este hospital se habría negado a satisfacer la demanda de estos análisis, a pesar de tener capacidad para hacerlos.
Ahora bien, apenas trascendió la denuncia pública, efectuada por una autoridad de la salud, el director del hospital aludido aclaró que si bien se cuenta con el equipo, importado tiempo atrás, no se dispone de los materiales imprescindibles para efectuar dichas muestras y esto es responsabilidad precisamente del Ministerio de Salud Pública.
Honestamente nos causó profunda pena ver como se politizaba un tema que debiera estar totalmente relegado, en momentos en que el humanismo y la solidaridad debieran aflorar en todas las personas de buena voluntad.
Para entendernos no sabemos exactamente cual ha sido la situación, aunque sospechamos. El hecho es que se recae en algo que hemos cuestionado permanentemente en estas columnas. La comunicación es pésima. Por una parte no se ha investigado a que podría deberse la omisión de los análisis y por otra parte, algo que ocurre frecuentemente, al paciente no se le explica debidamente por qué no es posible cumplir con lo que se pretende.
En definitiva, quien debiera ser el receptor y es el más interesado en conocer su situación, el paciente es el más perjudicado. Todo el esfuerzo debiera volcarse a zanjar las rispideces, a dejar de lado las pequeñeces para centrarnos en lo que realmente debiera importarnos, vale decir el cuidado de la vida.
Hoy nos está convocando la situación de emergencia y sólo podremos salir de ella, superarla si nos unimos, si en lugar de buscar responsables de alguna deficiencia nos abocamos a solucionar los problemas, los errores, las dificultades y no a atribuirlos a determinada persona o colectividad. Para ello ya habrá tiempo.

A.R.D.

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Con qué poco sería suficiente

De asegura que en los pocos días que se ha aconsejado y en algunos casos prohibido la circulación de las personas en el planeta y sobre todo se ha detenido parcial o totalmente la producción industrial, el ambiente se ha recuperado a punto tal que donde se consideraba prácticamente irrecuperable, hoy ya se nota el cambio, las aguas transparentes y hasta la existencia de fauna marina en lugares donde había desaparecido hacía mucho tiempo.
Aún con las reservas del caso, pues no tenemos pruebas fehacientes que demuestren efectivamente esta recuperación, estamos seguros que indirectamente esta terrible y nociva pandemia, que se va llevando miles de vidas, ha tenido un lado positivo y nos enseña, más bien nos muestra, cuáles pueden ser rápidamente las consecuencias de un drástico cambio de actitud frente a la naturaleza.
Estos nos indica que estamos a tiempo en muchos aspectos, diría que en todos, porque a poco la mayor parte del planeta tome en serio la cuestión se notan cambios favorables que nos permiten ser optimistas en cuanto al futuro del planeta que habitamos.
Mucho se ha hecho para destruirlo. La ambición humana desmedida y sin límites nos ha llevado al borde de un camino sin retorno, pero esto nos prueba que aún estamos a tiempo de revertirlo.
Es que hasta el momento el planeta entero está orientado hacia la obtención de riquezas materiales, el cuidado ambiental ha sido no sólo relegado, sino condenado severamente por quienes no piensan en otra cosa que extraer riquezas, así sea sacrificando los bienes de flora y fauna que tantos beneficios nos aportan y exterminándolos.
Estamos a tiempo de tomar conciencia de que somos parte de esa naturaleza y toda actividad humana influye sobre la misma. Explotarla, preservándola y conservándola, es el papel que debemos jugar, porque en la medida que la condenemos a muerte también nos estaremos condenándonos.
Todo tiene su límite y por supuesto que las futuras generaciones nos agradecerán esta actitud.
Hoy el verdadero enemigo es la ambición humana. Las reglas del mercado orientado a tener y tener nos están llevando al despeñadero. Con qué poco podríamos evitarlo, si en realidad nos interesáramos en hacerlo.
Este virus minúsculo y casi imperceptible ha servido para que tomáramos conciencia de cuan frágiles y vulnerables somos. Si seguimos destruyendo y complicando las condiciones de este bendito planeta, seguramente que lo lamentaremos.
No somos predictores del apocalipsis, pero si lectores de una realidad, que aunque quiera ocultarse y evadirse de la visión pública, nos rompe los ojos…
A.R.D.

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