Jorge Roda: “Son compañeros que no tienen lo que darles de comer a sus hijos”

Fue presidente del sindicato UTAA, por tanto tiene experiencia en el tema azucarero, negociaciones, conflictos y demás. Hoy asiste con preocupación la situación que vive los actores involucrados en este cultivo. Con Jorge Roda conversó este corresponsal, señalando lo siguiente:”Hoy veo la situación que se vive y yo que en su momento la viví, no deja de tocarnos muy de cerca. El año pasado por ejemplo, los grupos centralizados de ALUR comenzaron el día 2 de mayo a cortar, arrancando la zafra el día 15. Ya estamos a 16 de mayo de este año y sin miras de ponerse en funcionamiento la zafra. En lo personal entiendo que hay que empezar la zafra y armar una intersectorial como tiene que ser para pelear los temas de fondo que los tenemos y muy grandes. El sistema productivo se ha venido cayendo como un castillo de naipes en Bella Unión. Calvinor, Greenfrozen, la reducción de áreas cañeras, lo de Brum parece que no sale, la destilería que hay en Artigas parece que no va más y cierra, o sea que se vienen problemas muy serios, y por tanto hay que atacarlos. Hoy tenemos unos 2.000 compañeros que están desesperados para empezar a trabajar. Son compañeros que no tienen lo que darles de comer a sus hijos”.
“LA PROBLEMÁTICA QUE SE NOS VIENE”
Continuó señalando:”Hay que atacar la problemática que se nos viene y que es bien jodida, esto se nos viene para mal. Parte del Frente Amplio y los partidos tradicionales no quieren el etanol. No hemos quedado sin cabezas políticas sociales para enfrentar lo que se viene, y nos están pasando por arriba, sin considerar que hay una montaña de gente que vive de la industria azucarera. Se nos cayó la industria azucarera y nos hemos ido de cabeza al etanol. De tener un 100 % de azúcar, pasamos a tener un 15 % de azúcar y el resto etanol, pero resulta que ahora el petróleo baja y al etanol dicen que ya no lo quieren debido a que quieren reducir las mezclas”.
“HAY QUE SUBSIDIAR “
Agregó:”Acá hace décadas que se planta caña de azúcar. En otro lugar del país no se planta caña de azúcar, es solo en Bella Unión. Hay que subsidiar este cultivo. El Estado gasta tanta plata, bueno, que gaste acá ya que la caña da trabajos a cientos de personas. Hoy vemos que los cortadores y los pequeños productores están en una situación límite. El área cañera cada año se viene reduciendo más. Ahora para esta zafra hay 7.300 hectáreas para cosechar, cuando en su momento el FA habló de tener 12.000 hectáreas. Nunca se llegó a 9 ni 10 mil hectáreas”.
“LA CENTRAL DE TRABAJADORES NI LA HORA NOS DA”
Fue más lejos al referirse al PIT CNT, señalando: “Lamentablemente la central de trabajadores, que está tremendamente politizada, ni la hora nos da, ni miran para acá. Ellos están en temas políticos y no en temas de los trabajadores. La gente que está al frente del PIT CNT, es una gente demasiada política. Los dirigentes sindicales están ocupando cargos ministeriales. Los ministerios están llenos de ex dirigentes de la central de trabajadores. No hay que olvidar que en el pasado la central de trabajadores del Uruguay fue ejemplo para el mundo”.

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Dibujo

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CELSA REZENDE DE FERREIRA

DOCENTE  –  MANAGER EN RELACIONES PÚBLICAS -
CONDUCTORA DE COLOQUIOS DE VIDA EN RADIO LIBERTADORES

DOCENTE  –  MANAGER EN RELACIONES PÚBLICAS -

CONDUCTORA DE COLOQUIOS DE VIDA EN RADIO LIBERTADORES

Es muy inquieta. Una persona muy activa, que le gustan los desafíos y los nuevos emprendimientos. Le gusta mucho trabajar. Y lo hace muy bien, con placer. Ella es Celsa. Una verdadera conductora de la vida.

¿Cómo detectaste la enfermedad?

En realidad nunca sentí nada. Estaba viviendo un momento hermosísimo de mi vida. Profesionalmente, personalmente, con nuestro hijo estudiando, nuestra pareja bien, el hogar, con una vida de familia preciosa. Yo me palpé un bulto cuando me estaba bañando y no le di ninguna importancia, y dije, esto es la garganta. Era grande, pero nunca me dolió.

Teníamos recientemente la pérdida de papa, y yo sentada frente a la estufa en casa de mamá, pensé. “Esto que me pasa, noDSCF8983 es bueno. Y yo no le puedo hacer esto a ella, esté recién saliendo de lo de papá. Tengo que tratarme”.

En ese momento estaba en Montevideo y llamé a mi ginecóloga y me dijo: rápido. Un cirujano.  Me sugirió uno, fui  y allí comenzó un tránsito terrible.Recuerdo que en un día me vieron ocho médicos, siempre preguntando si tenía antecedentes oncológicos. Y yo lo negaba.

Cuando salí de allí, me mandaron muchos análisis, entre ellos una punción. Pero siempre me preguntaba porqué tantos médicos. Al preguntárselo a una hermana, al tema de los antecedentes, me dice que sí. Teníamos todas las hermanas de papá que fallecieron de eso. Al otro día volví a la mutual y al explicarles lo de los antecedentes, desestimaron lo inicial y seguimos otro camino.

Se empezó a acelerar todo y en tres días hicimos lo que había que hacer. Y después el diagnóstico: un tumor con un  volumen importante y rápidamente se necesitaba una cirugía.

¿Cómo reaccionaste?

Era horrible tener que decírselo a mi hijo, Federico.

Estaba en facultad, marchando muy bien y los jóvenes, lo toman de otra manera. Me dijo: “Mamá, primero el rigor científico, hacé todos los estudios”. Soy muy creyente y siempre pienso, que Dios nos marca cosas que nosotros  podemos tolerarlas.  Llamé  a mi médica, a una hora que  yo sabía que no la encontraba porqué iba al Remeros, y por esas cosas de Dios, estaba  ella sentada al lado del teléfono. Son los caminos de Dios. Porque la necesitaba para que me recomendara a un cirujano ya que yo no conocía a nadie.

Llegamos, combinamos todo,  me operé y el cirujano nos dijo:

“Quiero ser muy sincero con ustedes, es un tumor de una naturaleza desconocida para mí. Yo en realidad estoy acostumbrado a tratar estos casos y he visto muchos tumores de tipo estándar digamos, pero estamos frente a un caso, de un tumor que tiene un comportamiento que yo no lo he profundizado”.

Y allí recurrimos a un médico muy conocido. Nunca me interesó meterme  en la medicina, pero sí la contribución que yo podía aportar, como paciente. Que es todo lo bueno que yo puedo hacer por misma y que es todo lo que puedo colaborar con el mundo de la ciencia, que le tengo mucho respeto.

Yo confío, me entrego y pongo mi parte. Porque eso es lo que yo descubrí en este trance. Que la persona se mentalice, acepte, bueno, me tocó esto, pero yo, puedo contribuir.

Nunca me sentí víctima. Reaccioné muy bien. Soy muy fuerte, aunque tenga una apariencia muy frágil. Siempre, para todo lo que me ha tocado, he sido muy entera. Y he dicho bueno, si esto me tocó. ¿Por qué no?, ¿siempre tiene que tocar todo lo bueno?.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Yo siempre he tenido una vida divina. Súper mimada y consentida, tanto de mi familia de origen, como de la que hemos construido con Miguel, mi esposo.

Ese factor es fundamental. Tu entorno familiar, quienes te rodean y la actitud frente a la enfermedad y para contigo. Familia y amigos, conocidos y desconocidos. Siempre vemos lo malo de la sociedad y lo mezquino de la gente y no es así.

Es bueno que empecemos a cambiar la mirada, no porque eso no exista pero es  mucho mejor lo bueno y lo noble, lo generoso y lo desinteresado que en la gente está.

Vivimos en un mundo de mucha imagen y en la deslealtad a veces, pero cuando aparecen estas  cuestiones, no sabes todo  lo bueno que aparece de la gente.

Lo bueno que hay dentro de cada  persona y de la que menos pensás. Me ha pasado de venir gente al portón de mi casa y decirme, “perdone, me he enterado por lo que usted está pasando, no es de acá y no tiene familia en Salto.

¿Tiene quién la cuide, o algún servicio?”

Esa bondad que hay dentro de la gente, como me ha pasado  cuando estuve de maestra en el Barrio Fátima. Conocí mucha gente y  por ahí el barrio no es muy bien visto y sin embargo estando internada muchas familias de allí, me enviaron cartas reconfortándome.

Hasta una persona con peluca apareció en mi casa, cuando perdí el pelo.

¡Pero qué especie complicada es la humana! ¿Porque tienen que pasar estas cosas para que salga lo bueno? Cuando estamos bien competimos y cuando estamos mal, nos respaldamos. Y en cuanto a las recomendaciones de los médicos las cumplí al pie de la letra.

¿En qué etapa estás hoy?

Ya hoy estoyde alta. Tengo un control anual.  Tengo una vida muy sana. Soy un poco maniática con el tema de los equilibrios, de los nutrientes, de lo proteico y muchas cosas más,  y me enfermé. Los orientales dicen que el cáncer es una gran herida. Que las personas mismas se lo van elaborando. Incluso en la gestación. Yo al cáncer, lo defino como una prueba de amor.

En el sentido, primero, con uno  mismo. Es el parate. Es la posibilidad de mirarse y darse cuenta de cuanto nos maltratamos, por un peso más o uno menos y eso no nos cambia la vida. Corremos detrás de la ropa, de la moda, porque yo fui así. Y  después tuve tiempo de mirar mi placard y darme cuenta que todo eso hubiese quedado.

Porque estuve a punto de morir.

Cuanto nos maltratamos, y corremos detrás de lo superficial y de lo circunstancial, que no te cambia la vida, y uno llega a creer que sí. Prueba de amor en ese sentido.  Prueba de amor  de la pareja. Y lo mío fue un cáncer de mama. Vivimos en una cultura donde las mamas son un símbolo aparentemente de belleza de sexualidad, de status, donde tenemos culturas que han endiosado a las mamas.  Vivimos un momento de moda, donde las lindas tienen que mostrar unas cuartas partes de las mamas. Recuerdo a mi cirujano, cuando me pregunto que hacíamos, una cirugía parcial o radical, le dije: son mías y las quiero mucho. Si puede, déjemelas.

Entonces este tema, tiene que ver con la pareja, y a mí me gusta hablarlo. De eso quiero hablar. De mi esposo. Tuve un marido, que fue el amigo del corazón, el amigo de la enfermedad, estuvo siempre junto a mí. Cuando le plantee qué hacia, ¿con cuál operación?, me contestó: Es tu cuerpo, yo voy a estar contigo siempre. Posiblemente no fue el único, pero eso, es una prueba de amor. No se habla de esto, pero pasa.

Envía un mensaje a mujeres que están pasando por la misma situación.

Mensajes, no sé mucho, pero sí una reflexión. Quererse mucho. No postergarse. Yo por ejemplo fui una persona de muchos renunciamientos en función de los demás. Que no es malo ni egoísta pensar que quiero algo para mí, porque no le estoy  quitando nada a nadie si me quiero yo. Cuidarse mucho. Y hay un factor del cual no hemos hablado. De las emociones. Controlarlas. Cuando uno es muy emotivo, es muy vulnerable. Y ahí esta lo de la gran herida. La mayoría de la gente salta con una enfermedad o situaciones complicadas por alguna emoción. Hay que pensar un poco en uno. Porque uno esté o no, el mundo va a girar igual. Es posible estar bien. Pero hay que estar muy mal para estar muy bien. Porque uno solamente puede darse cuenta de esa necesidad de estar bien, cuando estuvo muy mal. Es así, cuando uno valora la vida realmente.

Con mucha fuerza y fe.


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MARÍA OFELIA SOMMA CAL

EMPRESARIA

Con sus desbordantes ganas de vivir la vida, es un ejemplo.
Con dos hijos maravillosos que la acompañan en todo, valorándola,  por ser una mamá compañera, compinche y ejemplar, transmite en cada viaje suyo, esa energía a todo el que la acompaña.
Ella, es Ofelia.
¿Cómo se detecta tu enfermedad?
La detecto, después que vuelvo con los quinceañeros de Bariloche, y al llegar a mi casa, mi hija me abraza fuerte y siento que algo me traspasa el seno.
Algo así como un puñal. Me toqué, era como una pared, algo muy duro.
Antes de eso nunca había sentido nada.
Soy una persona que tengo un problema congénito de ovarios, y me han cuidado muchísimo  los médicos, haciéndome mamografía cada ocho meses.
Y en las dos últimas anteriores hechas, ya se veía y se les pasó a los médicos.
Cuando fui  me retaron, porque me había dejado estar y les llevé el resultado de las mamografías, donde decía en forma escrita que estaba todo bien y la placa decía otra cosa.
Ese es el error de muchos médicos. No ven la placa.
¿Cómo reaccionaste?
No me pregunté: ¿Por qué a mí?, sino ¿para qué me pasa esto?
Mi manera de ser, es que cuando me pasa algo duro, me transformo. Quedo  paralizada, no se me mueve  un pelo, y actúo.
No era la primera vez de un golpe duro. Cuando quedé embarazada de la nena, me dijeron que no podían  detectar cuál era la situación del feto, no se sabe si es varón o nena. Me querían hacer abortar. Me hice todos los análisis de nuevo y estaba todo bien, hoy día es una hermosa señorita.
Siempre que me pasa algo complicado mi manera de reaccionar física y emocional, es esa. Me quedo tiesa, pongo la primera y salgo.
Tuvieron que decirme los médicos  como eran las cosas, porque había ido sola cuando me dieron la noticia, intentaron que fuera con mi familia y me opuse. No les voy a decir absolutamente a nadie lo que me pasa y yo lo voy a  resolver.
Era todo muy jorobado, porque me habían desahuciado en ese momento.
En un momento la respuesta fue:”- lo que tenemos que hacer contigo es buscar una forma que tengas una buena calidad de vida, de lo que te queda”.
Y mi respuesta fue:- “Ni me preocupa, como yo voy a vivir, y voy a ir a la fiesta de quince de mis nietos”.
-“Pero tenés una hija de diez años recién”
-Exacto. Pero voy a ir al cumple de mis nietos.
Como me decían que las cosas estaban tan mal y yo siempre contestándole que iba a ir al cumple de quince de mis nietos, la oncóloga me dijo:-Si vos no bajas los brazos y aceptas que te  pongamos en un protocolo de prueba como un conejito de india, fuerte y terrible, pero jugada por  jugada, capaz salimos adelante.
Le dije: -A mí me haces lo que haya que hacer. Me dijo: -bueno.
Y empezamos.
Y en un momento fue fuerte. Y me dijo: ¿Vas a seguir?
Le dije, vamos a hacer un pacto. Si hay un uno por ciento o menos, de posibilidades de que yo me salve, vos me lo decís y yo sigo hasta donde sea. Y si realmente  no las hay también decímelo, porque yo agarro mis hijos y me voy de viaje hasta que Dios me lleve.
Me dijo: -bueno. Prometido.
Y así fue.
Al iniciar los análisis para operar,  ya, te hablo de veinticuatro, cuarenta y ocho o setenta y dos horas, se encuentran con que era inflamatorio y no se podía tocar. A hacer una biopsia, y después de hacer todo lo que te puedas imaginar  para nivelar la sangre, la quimio.
Todo esta preparación de cada veintiún días de quimio sin dejarlos respirar siempre exigiendo análisis y todo lo que hacía falta, para poder operar. Así pasaron siete meses.
¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?
Afectó mucho. Muy fuerte en mis hijos, María Paz y  Emanuel, que de ser chicos muy independientes, pasaron a ser casi dependientes, por estar a mi lado. Necesitaban verme. Mi familia fue muy importante.
Te cuento una anécdota: Un día me estoy bañando, entra al baño mi hija, me vio de cabeza pelada y me pregunta: -¿vos te vas a morir?
-Todos nos vamos a morir.
-Porque he visto en las películas, que a las mujeres que se les cae el pelo, es porque tienen cáncer y se mueren.
-Sí, es una de las posibilidades de la vida.
-Y cuando yo cumpla quince, ¿vos no vas a estar?.
-Vamos a hacer un pacto. Yo voy  a estar. ¿Como?, no sé. Pero voy a estar y si no estoy, yo te voy a estar acompañando igual y vos vas a festejar.
Cuando llegó el momento de planear ese cumple, ella pidiendo presupuesto y planeándolo todo desde hacia dos años, estábamos en el peor momento económico, incluso mi marido tres años sin trabajo.
Cuando vemos la lista de invitados, tenía más de ciento cuarenta invitados mayores y más de cincuenta jovencitos.
Tratamos de convencerla de achicar la lista y nos dijo: Me da lo mismo si no hacemos fiesta, pero mira esa lista y vas a ver que no podemos sacar a nadie. Festejamos así o no festejamos.
Decidimos no hacer nada, no había posibilidades en lo económico.
Pero estaba la promesa de por medio.
Con muchas colaboraciones de familiares la fiesta salió, para al final comprender, que ella, no quería dejar nadie fuera de esa lista, porque en el trayecto de mi enfermedad había tenido el apoyo y la contención de toda esa gente.
La fiesta se realizó con todos esos invitados. No le falló nadie.
Pasaba el tiempo y me pasaron menos cosas de las que me habían augurado.
Incluso, hubo una doctora en el camino, que me recomendó tomar Aloe Vera. Y me ayudo muchísimo, y me sigue ayudando, en lo físico y también  en lo anímico.
Me ayudaron mucho mis compañeras, haciendo cadenas de fuerza.
También afecto en positivo. Tanta gente acompañándome, en esa época estábamos viviendo en Colonia.
Gente que conocimos, operadores turísticos, hoteleros, amigos de toda la vida, que me ponían el auto a disposición, me llevaban a Montevideo, esperaban a que me realizaran la quimio, y me traían de regreso.
Incluso un día, el  dueño de EGA, con el que yo no tenía tanta relación,  mas que alguna reunión, estaba todo el tiempo ayudándome, el  señor  me llama y me dice: si llegas a precisar un avión para cualquier parte del mundo, solo llámame.
La actual Ministro de Turismo, la señora Kechichián, me dijo, los hoteles de Montevideo si los necesitas, están a tu disposición.
Todos esos afectos que no son de amigos, que no son de gente que comparte la vida contigo, que eran compañeros de trabajo circunstancial si  se quiere. Todos apoyándome.  Y eso es  tan importante.
¿En qué etapa estás hoy?
Todo esto fue en el 2003. Y este año por primera vez, aunque no me dieron el alta, me retiraron toda la medicación.
¿Envías un mensaje a otras mujeres que están pasando por lo mismo?
Me dijo mi prima una vez, que me voy a morir de un callo, pero no de cáncer. Porque estoy atenta. Y así es.
Al común de la gente, yo le pediría, que comience a estar atenta, porque la vida de estrés y locura que todos llevamos es lo que ayuda a que el cáncer despierte.
Y la que ya está pasando por esto, que se plantee qué es lo que está haciendo mal en la vida para que el cuerpo le pegue ese avisito, y lo cambie. Y que no baje los brazos, que se puede.
No puedo llegar a entender, porque se mueren las mujeres de cáncer de mama si a mí me desahuciaron y pude, quiere decir que elementos en este país lo tenemos.  Todos, sin necesidad de trasladarnos a otro país.
Y algo muy importante es no tener a nadie alrededor con mala onda, ni ser negativo. Hay que pelearla como cualquier otra enfermedad  para que no te lleve. Yo tengo la suerte de tener una hermosa familia unida a mi lado, con el amor que me rodea, con mi esposo mis hijos, papás, mis sobrinos, tengo todo un capital.
Es solamente un resfrío fuerte y hay que combatirlo.

Con sus desbordantes ganas de vivir la vida, es un ejemplo.

Con dos hijos maravillosos que la acompañan en todo, valorándola,  por ser una mamá compañera, compinche y ejemplar, transmite en cada viaje suyo, esa energía a todo el que la acompaña. Ella, es Ofelia.

¿Cómo se detecta tu enfermedad?

DSCF8977La detecto, después que vuelvo con los quinceañeros de Bariloche, y al llegar a mi casa, mi hija me abraza fuerte y siento que algo me traspasa el seno.

Algo así como un puñal. Me toqué, era como una pared, algo muy duro.

Antes de eso nunca había sentido nada.

Soy una persona que tengo un problema congénito de ovarios, y me han cuidado muchísimo  los médicos, haciéndome mamografía cada ocho meses.

Y en las dos últimas anteriores hechas, ya se veía y se les pasó a los médicos.

Cuando fui  me retaron, porque me había dejado estar y les llevé el resultado de las mamografías, donde decía en forma escrita que estaba todo bien y la placa decía otra cosa.

Ese es el error de muchos médicos. No ven la placa.

¿Cómo reaccionaste?

No me pregunté: ¿Por qué a mí?, sino ¿para qué me pasa esto?

Mi manera de ser, es que cuando me pasa algo duro, me transformo. Quedo  paralizada, no se me mueve  un pelo, y actúo.

No era la primera vez de un golpe duro. Cuando quedé embarazada de la nena, me dijeron que no podían  detectar cuál era la situación del feto, no se sabe si es varón o nena. Me querían hacer abortar. Me hice todos los análisis de nuevo y estaba todo bien, hoy día es una hermosa señorita.

Siempre que me pasa algo complicado mi manera de reaccionar física y emocional, es esa. Me quedo tiesa, pongo la primera y salgo.

Tuvieron que decirme los médicos  como eran las cosas, porque había ido sola cuando me dieron la noticia, intentaron que fuera con mi familia y me opuse. No les voy a decir absolutamente a nadie lo que me pasa y yo lo voy a  resolver.

Era todo muy jorobado, porque me habían desahuciado en ese momento.

En un momento la respuesta fue:”- lo que tenemos que hacer contigo es buscar una forma que tengas una buena calidad de vida, de lo que te queda”.

Y mi respuesta fue:- “Ni me preocupa, como yo voy a vivir, y voy a ir a la fiesta de quince de mis nietos”.

-“Pero tenés una hija de diez años recién”

-Exacto. Pero voy a ir al cumple de mis nietos.

Como me decían que las cosas estaban tan mal y yo siempre contestándole que iba a ir al cumple de quince de mis nietos, la oncóloga me dijo:-Si vos no bajas los brazos y aceptas que te  pongamos en un protocolo de prueba como un conejito de india, fuerte y terrible, pero jugada por  jugada, capaz salimos adelante.

Le dije: -A mí me haces lo que haya que hacer. Me dijo: -bueno.

Y empezamos.

Y en un momento fue fuerte. Y me dijo: ¿Vas a seguir?

Le dije, vamos a hacer un pacto. Si hay un uno por ciento o menos, de posibilidades de que yo me salve, vos me lo decís y yo sigo hasta donde sea. Y si realmente  no las hay también decímelo, porque yo agarro mis hijos y me voy de viaje hasta que Dios me lleve.

Me dijo: -bueno. Prometido.

Y así fue.

Al iniciar los análisis para operar,  ya, te hablo de veinticuatro, cuarenta y ocho o setenta y dos horas, se encuentran con que era inflamatorio y no se podía tocar. A hacer una biopsia, y después de hacer todo lo que te puedas imaginar  para nivelar la sangre, la quimio.

Todo esta preparación de cada veintiún días de quimio sin dejarlos respirar siempre exigiendo análisis y todo lo que hacía falta, para poder operar. Así pasaron siete meses.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Afectó mucho. Muy fuerte en mis hijos, María Paz y  Emanuel, que de ser chicos muy independientes, pasaron a ser casi dependientes, por estar a mi lado. Necesitaban verme. Mi familia fue muy importante.

Te cuento una anécdota: Un día me estoy bañando, entra al baño mi hija, me vio de cabeza pelada y me pregunta: -¿vos te vas a morir?

-Todos nos vamos a morir.

-Porque he visto en las películas, que a las mujeres que se les cae el pelo, es porque tienen cáncer y se mueren.

-Sí, es una de las posibilidades de la vida.

-Y cuando yo cumpla quince, ¿vos no vas a estar?.

-Vamos a hacer un pacto. Yo voy  a estar. ¿Como?, no sé. Pero voy a estar y si no estoy, yo te voy a estar acompañando igual y vos vas a festejar.

Cuando llegó el momento de planear ese cumple, ella pidiendo presupuesto y planeándolo todo desde hacia dos años, estábamos en el peor momento económico, incluso mi marido tres años sin trabajo.

Cuando vemos la lista de invitados, tenía más de ciento cuarenta invitados mayores y más de cincuenta jovencitos.

Tratamos de convencerla de achicar la lista y nos dijo: Me da lo mismo si no hacemos fiesta, pero mira esa lista y vas a ver que no podemos sacar a nadie. Festejamos así o no festejamos.

Decidimos no hacer nada, no había posibilidades en lo económico.

Pero estaba la promesa de por medio.

Con muchas colaboraciones de familiares la fiesta salió, para al final comprender, que ella, no quería dejar nadie fuera de esa lista, porque en el trayecto de mi enfermedad había tenido el apoyo y la contención de toda esa gente.

La fiesta se realizó con todos esos invitados. No le falló nadie.

Pasaba el tiempo y me pasaron menos cosas de las que me habían augurado.

Incluso, hubo una doctora en el camino, que me recomendó tomar Aloe Vera. Y me ayudo muchísimo, y me sigue ayudando, en lo físico y también  en lo anímico.

Me ayudaron mucho mis compañeras, haciendo cadenas de fuerza.

También afecto en positivo. Tanta gente acompañándome, en esa época estábamos viviendo en Colonia.

Gente que conocimos, operadores turísticos, hoteleros, amigos de toda la vida, que me ponían el auto a disposición, me llevaban a Montevideo, esperaban a que me realizaran la quimio, y me traían de regreso.

Incluso un día, el  dueño de EGA, con el que yo no tenía tanta relación,  mas que alguna reunión, estaba todo el tiempo ayudándome, el  señor  me llama y me dice: si llegas a precisar un avión para cualquier parte del mundo, solo llámame.

La actual Ministro de Turismo, la señora Kechichián, me dijo, los hoteles de Montevideo si los necesitas, están a tu disposición.

Todos esos afectos que no son de amigos, que no son de gente que comparte la vida contigo, que eran compañeros de trabajo circunstancial si  se quiere. Todos apoyándome.  Y eso es  tan importante.

¿En qué etapa estás hoy?

Todo esto fue en el 2003. Y este año por primera vez, aunque no me dieron el alta, me retiraron toda la medicación.

¿Envías un mensaje a otras mujeres que están pasando por lo mismo?

Me dijo mi prima una vez, que me voy a morir de un callo, pero no de cáncer. Porque estoy atenta. Y así es.

Al común de la gente, yo le pediría, que comience a estar atenta, porque la vida de estrés y locura que todos llevamos es lo que ayuda a que el cáncer despierte.

Y la que ya está pasando por esto, que se plantee qué es lo que está haciendo mal en la vida para que el cuerpo le pegue ese avisito, y lo cambie. Y que no baje los brazos, que se puede.

No puedo llegar a entender, porque se mueren las mujeres de cáncer de mama si a mí me desahuciaron y pude, quiere decir que elementos en este país lo tenemos.  Todos, sin necesidad de trasladarnos a otro país.

Y algo muy importante es no tener a nadie alrededor con mala onda, ni ser negativo. Hay que pelearla como cualquier otra enfermedad  para que no te lleve. Yo tengo la suerte de tener una hermosa familia unida a mi lado, con el amor que me rodea, con mi esposo mis hijos, papás, mis sobrinos, tengo todo un capital.

Es solamente un resfrío fuerte y hay que combatirlo.

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GLORIA PEREIRA

EMPRESARIA

Con su simpatía y alegría, siempre despierta admiración.
Su forma de tratar al prójimo es digna de una mujer que ha atravesado dificultades que supo manejar, como la historia que nos va a contar hoy.
Es felizmente: esposa, madre y abuela.
Es Marita.
¿Cómo detectaste la enfermedad?
Estaba tendiendo ropa en el fondo y cuando bajé el brazo, me dolió.
Como si me hubiese golpeado.
A la noche, me fui a bañar y al comenzar a examinarme, note el nódulo.
Eso fue un sábado. El lunes me fui al médico, y me indicó una mamografía. Después de hecha, como era un amigo el que la realizaba, me dijo:
-Espera un momento, que te vamos a hacer una ecografía.
Me di cuenta después, que él lo había notado y no me lo quiso decir.
Nos apreciamos mucho con la Clínica Radiológica que esta por calle Rivera, tiene un personal increíble y me atiende en ese momento, el doctor Realini.
Me realiza la ecografía, y yo veía que le iba cambiando la cara, minuto a minuto. Al terminar, le pregunté: ¿encontraste algo loco?
Y me contestó:- No petisa, no. Encontré un quistecito. Pero sácatelo, porque a veces esas porquerías  duelen mucho.
Y me dio un abrazo, como protegiéndome.
Un abrazo que lo sentí, muy dentro de mí y me dije: acá pasa algo.
Se lo cuento todo a mi hija Fabiana, recuerdo que mi esposo estaba internado, y yo no quería ir a la consulta pautada, hasta que al final mi hija me convenció y me acompañó.
Llegamos, y el doctor antes de abrir la carpeta decía no encontrar nada. Yo me le adelanto, me acuesto en la camilla y le hice palpar el nódulo.
Abrió la carpeta y nos encontramos con que decía que con un 99,9 % de posibilidades  existía un cáncer maligno, y sugería una operación inmediata.
¿Cómo reaccionaste?
Íbamos saliendo del CAM, y entre una puerta y otra, que están sobre la entrada, me pare y  le dije a Fabiana:
“Bueno. Nada de disfrazarlo. Me tocó. Y no vamos a ir a decir, que tengo un quistecito. Tengo cáncer”.
Nos vinimos, como con un baldazo de agua helada, llegamos a casa y se lo contamos a mi hijo Gustavo, sin que se lo contara al padre.
Enseguida nos contactamos con el doctor Etchudi, que a su vez, se conecta con el doctor Campos y este me llama, a que cruce la calle para llegar hasta su casa.  Necesitaba hablar conmigo, junto a mis hijos.
Llegamos y me hizo apoyar mi mano en su hombro, clavó sus dedos en el lugar del nódulo y en segundos me dijo: ¡acá esta!
Ahí mismo, ya, el doctor Campos organizó la operación por teléfono, e inmediatamente me operaron.
Les dije anteriormente, que si existía esa posibilidad de un cáncer maligno, me quitaran el seno.
Me explican que sí. Que si  estaba de acuerdo, para quedar bien limpita, me quitaba la mama y también fueron veintiocho ganglios.
Así me fui recuperando de a poco. Me costo bastante, parecía que no lo podía hacer, no me sentía bien. Y comenzaron los pensamientos malos, de que por ahí no me reponía porque estaba toda tomada, y eso me volteó.
Hasta que un día vino la doctora  Leila Suárez a pasear y, me dice:
-¿Por qué estas de pijama?
-Porque estoy mal, estoy recién operada.
-¡Anda a sacarte ese pijama! ¡Y ponete unos zapatos! ¡Y píntate!
-Yo necesito un siquiatra. (Le dije, y lloraba)
-Lo tendrás.
Y  en media hora tuve un siquiatra.
Hoy le agradezco tanto a Leila que lo haya hecho. Me habló fuerte y firme y era lo que yo necesitaba, en ese momento.
No es fácil, no crean que a la semana la persona va a estar bien.
No hay que decaer, no hay que entregarse. Porque yo en ese momento me estaba entregando.
¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?
Te cambia todo. Por un tiempo me imposibilitó, pero fue poco.
Traté de cuidarme de no hacer fuerza.
Aprendí a hacer cosas con la mano izquierda, que no sabía.
En mi entorno, sirvió para unir más a la familia y he recibido amistades que han pasado por lo mismo y siento un enorme cariño y sentimos la necesidad de ayudarnos, apoyarnos, y de vernos de vez en cuando.
Me ayudó muchísimo el hecho de recibir gente que vino a verme cuando me operaron. Me hizo mucho bien. La gente me  hace bien.
¿En qué etapa estás hoy?
Estoy realizada. Empecé de la nada con mucho sacrificio y dificultades.
Tanto económicas, como otras, y hoy tengo tres hijos divinos: Gustavo, joyero. Fabiana, Odontóloga,  y Lorena, Química Farmacéutica, y está con un Laboratorio propio. Todos encaminados bien.
Somos una familia unida, estamos siempre juntos y el 28 de setiembre festejé mis setenta años con una fiesta sorpresa, en el lugar donde  nací y bailé las primeras veces con mi marido.
Pasé como un año gustando de  él y ni bolilla me daba, claro era seis años  mayor. Para él con trece años era yo una niña.
¿Entonces qué más puedo pedir  a la vida?
En cuanto a la salud, me siento muy bien y sigo trabajando y cuidándome.
Envía un mensaje para aquellas mujeres que están pasando por la misma situación.
Si tuviera una amiga que esté pasando por un mal momento, iría a verla, si tiene ganas de charlar lo haremos y si no, le daré un beso y me iré.
Pero voy a ir. Siento la necesidad de ayudar a ese otro. Si esa persona no me acepta, paciencia, pero cumplí con lo que yo siento.
Quiero decirles que yo estoy a las órdenes siempre para todo aquel, que lo necesite. Las veinticuatro horas si fueran necesarias. Me gusta ayudar a la gente.
Y no se dejen caer. Hay que estar muy positiva, siempre.
Y les digo que se sale adelante.
Hay veces que pensamos que no vamos a poder, pero podemos.

Con su simpatía y alegría, siempre despierta admiración. Su forma de tratar al prójimo es digna de una mujer que ha atravesado dificultades que supo manejar, como la historia que nos va a contar hoy. Es felizmente: esposa, madre y abuela.  Es Marita.

¿Cómo detectaste la enfermedad?

Estaba tendiendo ropa en el fondo y cuando bajé el brazo, me dolió. Como si me hubiese golpeado. A la noche, me fui aDSCF8234bañar y al comenzar a examinarme, note el nódulo. Eso fue un sábado. El lunes me fui al médico, y me indicó una mamografía. Después de hecha, como era un amigo el que la realizaba, me dijo:

-Espera un momento, que te vamos a hacer una ecografía.

Me di cuenta después, que él lo había notado y no me lo quiso decir. Nos apreciamos mucho con la Clínica Radiológica que esta por calle Rivera, tiene un personal increíble y me atiende en ese momento, el doctor Realini.  Me realiza la ecografía, y yo veía que le iba cambiando la cara, minuto a minuto. Al terminar, le pregunté: ¿encontraste algo loco?

Y me contestó:- No petisa, no. Encontré un quistecito. Pero sácatelo, porque a veces esas porquerías  duelen mucho.

Y me dio un abrazo, como protegiéndome. Un abrazo que lo sentí, muy dentro de mí y me dije: acá pasa algo. Se lo cuento todo a mi hija Fabiana, recuerdo que mi esposo estaba internado, y yo no quería ir a la consulta pautada, hasta que al final mi hija me convenció y me acompañó. Llegamos, y el doctor antes de abrir la carpeta decía no encontrar nada. Yo me le adelanto, me acuesto en la camilla y le hice palpar el nódulo. Abrió la carpeta y nos encontramos con que decía que con un 99,9 % de posibilidades  existía un cáncer maligno, y sugería una operación inmediata.

¿Cómo reaccionaste?

Íbamos saliendo del CAM, y entre una puerta y otra, que están sobre la entrada, me pare y  le dije a Fabiana:

“Bueno. Nada de disfrazarlo. Me tocó. Y no vamos a ir a decir, que tengo un quistecito. Tengo cáncer”.

Nos vinimos, como con un baldazo de agua helada, llegamos a casa y se lo contamos a mi hijo Gustavo, sin que se lo contara al padre. Enseguida nos contactamos con el doctor Etchudi, que a su vez, se conecta con el doctor Campos y este me llama, a que cruce la calle para llegar hasta su casa.  Necesitaba hablar conmigo, junto a mis hijos. Llegamos y me hizo apoyar mi mano en su hombro, clavó sus dedos en el lugar del nódulo y en segundos me dijo: ¡acá esta!

Ahí mismo, ya, el doctor Campos organizó la operación por teléfono, e inmediatamente me operaron. Les dije anteriormente, que si existía esa posibilidad de un cáncer maligno, me quitaran el seno. Me explican que sí. Que si  estaba de acuerdo, para quedar bien limpita, me quitaba la mama y también fueron veintiocho ganglios.

Así me fui recuperando de a poco. Me costo bastante, parecía que no lo podía hacer, no me sentía bien. Y comenzaron los pensamientos malos, de que por ahí no me reponía porque estaba toda tomada, y eso me volteó. Hasta que un día vino la doctora  Leila Suárez a pasear y, me dice:

-¿Por qué estas de pijama?

-Porque estoy mal, estoy recién operada.

-¡Anda a sacarte ese pijama! ¡Y ponete unos zapatos! ¡Y píntate!

-Yo necesito un siquiatra. (Le dije, y lloraba)

-Lo tendrás.

Y  en media hora tuve un siquiatra.

Hoy le agradezco tanto a Leila que lo haya hecho. Me habló fuerte y firme y era lo que yo necesitaba, en ese momento. No es fácil, no crean que a la semana la persona va a estar bien. No hay que decaer, no hay que entregarse. Porque yo en ese momento me estaba entregando.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Te cambia todo. Por un tiempo me imposibilitó, pero fue poco. Traté de cuidarme de no hacer fuerza. Aprendí a hacer cosas con la mano izquierda, que no sabía.  En mi entorno, sirvió para unir más a la familia y he recibido amistades que han pasado por lo mismo y siento un enorme cariño y sentimos la necesidad de ayudarnos, apoyarnos, y de vernos de vez en cuando. Me ayudó muchísimo el hecho de recibir gente que vino a verme cuando me operaron. Me hizo mucho bien. La gente me  hace bien.

¿En qué etapa estás hoy?

Estoy realizada. Empecé de la nada con mucho sacrificio y dificultades. Tanto económicas, como otras, y hoy tengo tres hijos divinos: Gustavo, joyero. Fabiana, Odontóloga,  y Lorena, Química Farmacéutica, y está con un Laboratorio propio. Todos encaminados bien. Somos una familia unida, estamos siempre juntos y el 28 de setiembre festejé mis setenta años con una fiesta sorpresa, en el lugar donde  nací y bailé las primeras veces con mi marido. Pasé como un año gustando de  él y ni bolilla me daba, claro era seis años  mayor. Para él con trece años era yo una niña.  ¿Entonces qué más puedo pedir  a la vida?

En cuanto a la salud, me siento muy bien y sigo trabajando y cuidándome.

Envía un mensaje para aquellas mujeres que están pasando por la misma situación.

Si tuviera una amiga que esté pasando por un mal momento, iría a verla, si tiene ganas de charlar lo haremos y si no, le daré un beso y me iré. Pero voy a ir. Siento la necesidad de ayudar a ese otro. Si esa persona no me acepta, paciencia, pero cumplí con lo que yo siento. Quiero decirles que yo estoy a las órdenes siempre para todo aquel, que lo necesite. Las veinticuatro horas si fueran necesarias. Me gusta ayudar a la gente. Y no se dejen caer. Hay que estar muy positiva, siempre.   Y les digo que se sale adelante. Hay veces que pensamos que no vamos a poder, pero podemos.

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ADRIANA MARTÍNEZ

EMPRESARIA

Dinámica, emprendedora, dedicada a su familia y trabajo.
Humilde en su forma de ser y muy compañera.
Y por sobre todas las cosas, una verdadera guerrera y triunfadora en todo.
Adriana. Una interesante historia a tomar como ejemplo por su valor y  conciencia, que se puede salir airosa de algunos  trances, cuando el destino nos juega una mala pasada.
A no rendirse jamás.
Hoy, con toda su experiencia en lo que respecta a nuestra humilde labor, nos hace sentir dichosos regalándonos, gustosamente el rol de entrevistada, para compartir esta vivencia con todos nosotros.
¿Cómo se te detecta la enfermedad?
Estaba pasando yo un momento personal muy especial y me encontraba en el cumpleaños de una amiga.
Otra amiga tenía a la nuera en pleno tratamiento, una chica joven con un niño pequeño.
En ese momento pensé: “qué irresponsable de mi parte”, había sacado órdenes dos o tres veces  anteriormente para realizarme los exámenes  y no fui.
Siempre, estamos buscando excusas para no ir.
Lo fui dejando. Pasó un mes, pedí  fecha para la mamografía, sin siquiera pensar como me podía ir.
Era simplemente hacerme un chequeo.
Después de realizada la mamografía, me hacen esperar un ratito, luego me hicieron entrar nuevamente y me  repitieron la mamografía.
Enseguida fue la ecografía y ahí el medico que me atendió me dijo que tenia un nódulo, que por todas las características era maligno, y tenía que ver urgente a un cirujano.
¿Cómo reaccionaste?
Yo en ese momento me quedé como paralizada, porque no entendía mucho lo que me estaba diciendo el doctor. Y como era un examen de rutina había ido sola, como la mayoría de las mujeres, en ese caso.
Salí de allí, sin entender mucho lo que me estaba pasando y me encuentro con  Julio, mi esposo, subo al auto y ahí sí, me desarmé un poco.
Lo que ocurrió después fue tan rápido.
Hablamos con el doctor Leal,  me hice inmediatamente los análisis y en menos de diez días, me estaban operando.
Planifiqué esa operación, como una actividad más en mi vida.
No como planifico un cumpleaños, pero sí un trabajo.
El día antes de operarme fui a misa, hablé con el Padre Gustavo, le conté que me operaba y lloré muchísimo. Todo lo que tenía guardado. Él  me dio la Comunión y el Sacramento de la Unción de los enfermos.
Y ahí sentí una tranquilidad en ese momento. Me quedé bajo el amparo de Jesús y de María.
Porque pienso, que si hubiese  ido seis meses antes, a hacerme el chequeo, seguramente el nódulo no se habría visto  y seis meses después, la historia hubiese sido otra.
La Virgen que es madre me guió a que me lo hiciera en ese momento. No te olvides que sacaba las órdenes para los análisis y luego no concurría.
Además estaba yo con otro problema muy doloroso, y como que esto, me hizo pensar en mí.
Siempre sentí que yo iba adelante y el cáncer detrás. Nunca me pudo alcanzar.
Todo lo que me pasaba, me sentía preparada
También tuve amigas increíbles que estaban atentas a todo lo que me pasaba y gente que se había operado, como Mary, mi vecina,  y ella me decía, te puede pasar tal o cual cosa, entonces yo estaba sabiendo a lo que me exponía.
Otra conocida, Tita, cuando me tuve que hacer radioterapia,   me dijo: “Vos rezá un aAve María y ya está”,  de apurada que lo hacía, me llevaba un Ave María y medio.
Pero siempre es más de lo que te lleva, el ir, en la preparación que te realizan, que lo que dura en sí la radioterapia.
Otra persona que me aconsejó fue Raquel, cuando me dicen que me tenía que hacer quimio, que no estaba en los planes, fue bastante fuerte.
Me dio todo anotado lo que tenía que comer para no bajar defensas y cuando llego a Montevideo tenía hasta  las direcciones donde me podía comprar las pelucas.
Me acompañaron mis dos hijos, Matías y Belén, junto a  una prima y recuerdo que cuando el médico dijo que no me hacían la quimio fue una fiesta. ¡Una alegría total!!
Para mí fue importante que mis hijos  me acompañaran. Que entraran conmigo a la consulta. No quería que tuvieran ninguna duda, porque el miedo nos paraliza.
¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?
Me ayudó mucho el entorno.
Estuve siempre muy acompañada. Por gente que pasó por esto, y por la que no. Entonces es como un mimo que te dan, y nunca me sentí sola.
Siempre, siempre con ganas. Obviamente que hay veces que uno se siente cansado. Pero nunca bajé los brazos.
Nunca me dolió la operación. Ni siquiera, cuando lo palpe al nódulo.
Me operan un miércoles, me dieron alta el domingo y el martes siguiente, voy a curaciones y paso por el Diario.
El miércoles vuelvo a pasar y me encuentro enseguida que llego, con una inspección de BPS. De esas que te llegan de sorpresa.
Y atendí a las inspectoras de forma muy natural y cómoda. Me sentía fuerte, bien.
Y siempre me sentí fuerte. Me ayudé mucho, mis hijos estaban en pleno periodo de exámenes, y yo quería y quiero que ellos estudien, se realicen.
Entonces puse todo de mí, para cuando yo atravesara  la puerta de mi casa, pueda decir: “este es mi lugar, acá estoy cuidada”.
Lo mismo me pasa en mi trabajo, siempre con ganas, con proyectos,
Cada estudio que me siguieron realizando, pensaba que todo esto podía haber sido mucho peor.  Nunca fui muy quejosa tampoco.
No podía bajar los brazos, tenía a dos hijos adolescentes.
Perdí a mi madre cuando tenía veinticinco años y yo sé, lo que es no tenerla, cuando el tiempo pasa y tenés a tus hijos.
Entonces por nada del mundo quería que mis hijos se quedaran sin mamá.
Siempre hice exactamente lo que me indicaba el médico, estaba atenta a mi salud física pero también a la del alma.
Concurrí a muchos encuentros espirituales, siempre dentro de mi religión, nunca busqué nada fuera de ella, hice cursos de marketing, relaciones humanas y otros en el Instituto Mundo Nuevo, participé de cursos de apoyo a los periodistas en la Regional Norte, busqué contención psicológica durante tres años, hice un montón de actividades que me permitieron salir adelante.
Fui a fisioterapia que fue una gran ayuda, empecé recién operada a ir a la peluquería más seguido, en los dos lados hasta hoy   me tratan como una reina
¿En qué etapa estás hoy?
Dentro de unos días, va a ser cuatro años y sigo con la  medicación que es un total de cinco, junto a los controles cada seis meses.
Pero  me siento bien.
Le pregunte un día al oncólogo.
-¿Qué tengo que decir? ¿Tuve o tengo cáncer?
Y él me respondió: ¿Usted qué siente?
-Yo siento que lo tuve.
-Tal cual. Usted tuvo cáncer.
Envía un mensaje, a todas aquellas mujeres que pasan por esta misma situación.
Esto a mí me cambió la vida.
Me hizo ver un montón de cosas, que por ahí antes, por el trabajo, no me daba cuenta.
Una jovencita que quiero mucho, me regaló un florero de cristal con unas rosas divinas, y parece  que yo en ese momento, descubrí que los floreros existían, para que se les pusiera flores.
Estaba antes tan enfocada en mis problemas de trabajo, que no miraba alrededor.
Me sirvió para que me mirara a mi misma y ver cosas que yo ya había olvidado que existían.
Y el mensaje que deseo enviar a todas aquellas mujeres afectadas, es que se lo detecten a tiempo,  que se puede salir adelante. Siempre se puede.

Dinámica, emprendedora, dedicada a su familia y trabajo.  Humilde en su forma de ser y muy compañera. Y por sobre todas las cosas, una verdadera guerrera y triunfadora en todo.  Adriana. Una interesante historia a tomar como ejemplo por su valor y  conciencia, que se puede salir airosa de algunos  trances, cuando el destino nos juega una mala pasada.  A no rendirse jamás. Hoy, con toda su experiencia en lo que respecta a nuestra humilde labor, nos hace sentir dichosos regalándonos, gustosamente el rol de entrevistada, para compartir esta vivencia con todos nosotros.

¿Cómo se te detecta la enfermedad?

adrianaEstaba pasando yo un momento personal muy especial y me encontraba en el cumpleaños de una amiga. Otra amiga tenía a la nuera en pleno tratamiento, una chica joven con un niño pequeño. En ese momento pensé: “qué irresponsable de mi parte”, había sacado órdenes dos o tres veces  anteriormente para realizarme los exámenes  y no fui. Siempre, estamos buscando excusas para no ir.   Lo fui dejando. Pasó un mes, pedí  fecha para la mamografía, sin siquiera pensar como me podía ir.  Era simplemente hacerme un chequeo. Después de realizada la mamografía, me hacen esperar un ratito, luego me hicieron entrar nuevamente y me  repitieron la mamografía. Enseguida fue la ecografía y ahí el medico que me atendió me dijo que tenia un nódulo, que por todas las características era maligno, y tenía que ver urgente a un cirujano.

¿Cómo reaccionaste?

Yo en ese momento me quedé como paralizada, porque no entendía mucho lo que me estaba diciendo el doctor. Y como era un examen de rutina había ido sola, como la mayoría de las mujeres, en ese caso. Salí de allí, sin entender mucho lo que me estaba pasando y me encuentro con  Julio, mi esposo, subo al auto y ahí sí, me desarmé un poco. Lo que ocurrió después fue tan rápido.  Hablamos con el doctor Leal,  me hice inmediatamente los análisis y en menos de diez días, me estaban operando. Planifiqué esa operación, como una actividad más en mi vida. No como planifico un cumpleaños, pero sí un trabajo. El día antes de operarme fui a misa, hablé con el Padre Gustavo, le conté que me operaba y lloré muchísimo. Todo lo que tenía guardado. Él  me dio la Comunión y el Sacramento de la Unción de los enfermos. Y ahí sentí una tranquilidad en ese momento. Me quedé bajo el amparo de Jesús y de María. Porque pienso, que si hubiese  ido seis meses antes, a hacerme el chequeo, seguramente el nódulo no se habría visto  y seis meses después, la historia hubiese sido otra. La Virgen que es madre me guió a que me lo hiciera en ese momento. No te olvides que sacaba las órdenes para los análisis y luego no concurría. Además estaba yo con otro problema muy doloroso, y como que esto, me hizo pensar en mí. Siempre sentí que yo iba adelante y el cáncer detrás. Nunca me pudo alcanzar. Todo lo que me pasaba, me sentía preparada. También tuve amigas increíbles que estaban atentas a todo lo que me pasaba y gente que se había operado, como Mary, mi vecina,  y ella me decía, te puede pasar tal o cual cosa, entonces yo estaba sabiendo a lo que me exponía. Otra conocida, Tita, cuando me tuve que hacer radioterapia,   me dijo: “Vos rezá un aAve María y ya está”,  de apurada que lo hacía, me llevaba un Ave María y medio.  Pero siempre es más de lo que te lleva, el ir, en la preparación que te realizan, que lo que dura en sí la radioterapia. Otra persona que me aconsejó fue Raquel, cuando me dicen que me tenía que hacer quimio, que no estaba en los planes, fue bastante fuerte. Me dio todo anotado lo que tenía que comer para no bajar defensas y cuando llego a Montevideo tenía hasta  las direcciones donde me podía comprar las pelucas. Me acompañaron mis dos hijos, Matías y Belén, junto a  una prima y recuerdo que cuando el médico dijo que no me hacían la quimio fue una fiesta. ¡Una alegría total!

Para mí fue importante que mis hijos  me acompañaran. Que entraran conmigo a la consulta. No quería que tuvieran ninguna duda, porque el miedo nos paraliza.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Me ayudó mucho el entorno. Estuve siempre muy acompañada. Por gente que pasó por esto, y por la que no. Entonces es como un mimo que te dan, y nunca me sentí sola. Siempre, siempre con ganas. Obviamente que hay veces que uno se siente cansado. Pero nunca bajé los brazos. Nunca me dolió la operación. Ni siquiera, cuando lo palpe al nódulo.  Me operan un miércoles, me dieron alta el domingo y el martes siguiente, voy a curaciones y paso por el Diario. El miércoles vuelvo a pasar y me encuentro enseguida que llego, con una inspección de BPS. De esas que te llegan de sorpresa.  Y atendí a las inspectoras de forma muy natural y cómoda. Me sentía fuerte, bien. Y siempre me sentí fuerte. Me ayudé mucho, mis hijos estaban en pleno periodo de exámenes, y yo quería y quiero que ellos estudien, se realicen. Entonces puse todo de mí, para cuando yo atravesara  la puerta de mi casa, pueda decir: “este es mi lugar, acá estoy cuidada”. Lo mismo me pasa en mi trabajo, siempre con ganas, con proyectos.

Cada estudio que me siguieron realizando, pensaba que todo esto podía haber sido mucho peor.  Nunca fui muy quejosa tampoco.

No podía bajar los brazos, tenía a dos hijos adolescentes. Perdí a mi madre cuando tenía veinticinco años y yo sé, lo que es no tenerla, cuando el tiempo pasa y tenés a tus hijos. Entonces por nada del mundo quería que mis hijos se quedaran sin mamá. Siempre hice exactamente lo que me indicaba el médico, estaba atenta a mi salud física pero también a la del alma.

Concurrí a muchos encuentros espirituales, siempre dentro de mi religión, nunca busqué nada fuera de ella, hice cursos de marketing, relaciones humanas y otros en el Instituto Mundo Nuevo, participé de cursos de apoyo a los periodistas en la Regional Norte, busqué contención psicológica durante tres años, hice un montón de actividades que me permitieron salir adelante.

Fui a fisioterapia que fue una gran ayuda, empecé recién operada a ir a la peluquería más seguido, en los dos lados hasta hoy   me tratan como una reina

¿En qué etapa estás hoy?

Dentro de unos días, va a ser cuatro años y sigo con la  medicación que es un total de cinco, junto a los controles cada seis meses. Pero  me siento bien. Le pregunte un día al oncólogo.

-¿Qué tengo que decir? ¿Tuve o tengo cáncer?

Y él me respondió: ¿Usted qué siente?

-Yo siento que lo tuve.

-Tal cual. Usted tuvo cáncer.

Envía un mensaje, a todas aquellas mujeres que pasan por esta misma situación.

Esto a mí me cambió la vida.

Me hizo ver un montón de cosas, que por ahí antes, por el trabajo, no me daba cuenta.

Una jovencita que quiero mucho, me regaló un florero de cristal con unas rosas divinas, y parece  que yo en ese momento, descubrí que los floreros existían, para que se les pusiera flores.

Estaba antes tan enfocada en mis problemas de trabajo, que no miraba alrededor.

Me sirvió para que me mirara a mi misma y ver cosas que yo ya había olvidado que existían.

Y el mensaje que deseo enviar a todas aquellas mujeres afectadas, es que se lo detecten a tiempo,  que se puede salir adelante. Siempre se puede.

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CELESTE HERRMANN DE ELORDOY

AMA DE CASA – CASI JUBILADA

Tita, como le llamamos, cariñosamente, es una persona llena de alegría, tiene una hija, que está siempre muy pendiente de ella y un esposo compañerísimo.
Es  muy emprendedora,  no se deja vencer fácilmente por circunstancias adversas en  la vida y mucho menos por la que le ha tocado vivir.
Está haciendo muchos proyectos, y siempre con una sonrisa a flor de labios.
¿Cómo se te detectó la enfermedad?
En un control mamario.
Cuando voy a buscar el resultado, me dicen que tengo un carcinoma insito.
No pensé que era malo, y no levanté el resultado enseguida. Me sentía muy bien, por eso no acudí antes.
Y a los dos años,  volví a concurrir, por otro tema, me vio el doctor Campos, y se preocupó.
Me enviaron a Montevideo, con el doctor Mouse, y comenzaron a administrarme  Tamoxifeno y después,  todos los análisis contiguos.
A los dos años, en el mismo seno, me apareció otro tumor.
Allí comenzamos con la radioterapia,  con cinco años de tratamiento. O sea que hace seis años ya. Y cuando yo creía que me iban a dar el alta, me vuelven a detectar el tercero, en la misma mama.
Entonces me quitan todo el seno, me hicieron un colgajo. Fueron  los doctores Campos y Arzuaga. Me dan pase a la oncóloga con cuatro secciones de quimio, que justamente  ayer fue la última.
Y nuevamente tengo todos los estudios por delante.
Hace muy poquito de todo esto, pero yo estoy perfecta. Va mucho en la  forma de ser y en creer mucho en Dios.
¿Cómo reaccionaste?
Lo primero que hice después del golpe, que te dicen que hay que operar, fue pedirle a Dios y a la Virgen, fuerzas.
Fuerzas para poder sobrellevar esto, que de por vida, lo voy a tener que cargar. Pero tengo una familia divina, a mi  mamá Celeste, que es una ancianita amorosa, y tengo amigas espectaculares, que  están siempre pendientes de mí.
Me afectó mucho la noticia. Me sentí muy mal. Recuerdo que llegué a casa llorando y me desahogué.  Estaban mi esposo y la señora que cuida a mi mamá, y estuvieron mucho  para consolarme.
Enseguida esta señora, buscó la forma de que me acercara al Reiki. Y yo busqué la atención  de un siquiatra que me ayudó mucho después.
Yo me quería sentir bien y realmente me siento bien.
Tengo muchísimo ánimo de que salgo adelante. !Y ya salí!
Pero mira que es como decía el doctor. Esto es como una diabética, una hipertensa, que continuamente se tiene que controlar.
¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?
Los días posteriores a la quimio, es cuando uno decae.
Pero estuve muy acompañada, tengo una hija  que es un sol, María Celeste.
Y ahora más que nunca me viene a ver seguidísimo. Mi esposo Hugo, es  muy compañero.  Y estoy muy contenida por ellos.
Logré juntar de nuevo mi familia. Tengo dos primas, que hacía cuarenta años que no se veían entre ellas, y me vinieron a ver.
Me sentí tan mimada, con gente incluso de otras religiones, que oraron conmigo, que me abrazaron, me apretaron y eso me dio una energía!
¿En qué etapa estás hoy?
Lo peor ya lo pasé.
Yo lo vivo, sin pensar mucho.
En realidad no tengo pensamientos malos, tengo  muchas cosas que hacer, como para detenerme a pensar en negativo.
Estoy muy positiva  y sé que en la próxima consulta con la oncóloga, que ya terminé las secciones de la terapia todo va a estar bien si Dios quiere.
¿Envías un mensaje a quienes están pasando por la misma situación?
Que tengan un sicólogo. Es fundamental.
Que crean mucho en Dios, la fe es muy importante. Yo sé que hay que tener una guía y es El.
Y  que busquen la contención familiar. Es algo invalorable. Ojalá todos  tengan una  como la mía, que me apoyó en todo momento.

Tita, como le llamamos, cariñosamente, es una persona llena de alegría, tiene una hija, que está siempre muy pendiente de ella y un esposo compañerísimo. Es  muy emprendedora,  no se deja vencer fácilmente por circunstancias adversas en  la vida y mucho menos por la que le ha tocado vivir. Está haciendo muchos proyectos, y siempre con una sonrisa a flor de labios.

¿Cómo se te detectó la enfermedad?DSCF8981

En un control mamario. Cuando voy a buscar el resultado, me dicen que tengo un carcinoma insito. No pensé que era malo, y no levanté el resultado enseguida. Me sentía muy bien, por eso no acudí antes.  Y a los dos años,  volví a concurrir, por otro tema, me vio el doctor Campos, y se preocupó. Me enviaron a Montevideo, con el doctor Mouse, y comenzaron a administrarme  Tamoxifeno y después,  todos los análisis contiguos. A los dos años, en el mismo seno, me apareció otro tumor.  Allí comenzamos con la radioterapia,  con cinco años de tratamiento. O sea que hace seis años ya. Y cuando yo creía que me iban a dar el alta, me vuelven a detectar el tercero, en la misma mama. Entonces me quitan todo el seno, me hicieron un colgajo. Fueron  los doctores Campos y Arzuaga. Me dan pase a la oncóloga con cuatro secciones de quimio, que justamente  ayer fue la última.  Y nuevamente tengo todos los estudios por delante. Hace muy poquito de todo esto, pero yo estoy perfecta. Va mucho en la  forma de ser y en creer mucho en Dios.

¿Cómo reaccionaste?

Lo primero que hice después del golpe, que te dicen que hay que operar, fue pedirle a Dios y a la Virgen, fuerzas.

Fuerzas para poder sobrellevar esto, que de por vida, lo voy a tener que cargar. Pero tengo una familia divina, a mi  mamá Celeste, que es una ancianita amorosa, y tengo amigas espectaculares, que  están siempre pendientes de mí.

Me afectó mucho la noticia. Me sentí muy mal. Recuerdo que llegué a casa llorando y me desahogué.  Estaban mi esposo y la señora que cuida a mi mamá, y estuvieron mucho  para consolarme. Enseguida esta señora, buscó la forma de que me acercara al Reiki. Y yo busqué la atención  de un siquiatra que me ayudó mucho después.

Yo me quería sentir bien y realmente me siento bien.  Tengo muchísimo ánimo de que salgo adelante. !Y ya salí! Pero mira que es como decía el doctor. Esto es como una diabética, una hipertensa, que continuamente se tiene que controlar.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Los días posteriores a la quimio, es cuando uno decae. Pero estuve muy acompañada, tengo una hija  que es un sol, María Celeste. Y ahora más que nunca me viene a ver seguidísimo. Mi esposo Hugo, es  muy compañero.  Y estoy muy contenida por ellos. Logré juntar de nuevo mi familia. Tengo dos primas, que hacía cuarenta años que no se veían entre ellas, y me vinieron a ver. Me sentí tan mimada, con gente incluso de otras religiones, que oraron conmigo, que me abrazaron, me apretaron y eso me dio una energía!

¿En qué etapa estás hoy?

Lo peor ya lo pasé. Yo lo vivo, sin pensar mucho. En realidad no tengo pensamientos malos, tengo  muchas cosas que hacer, como para detenerme a pensar en negativo. Estoy muy positiva  y sé que en la próxima consulta con la oncóloga, que ya terminé las secciones de la terapia todo va a estar bien si Dios quiere.

¿Envías un mensaje a quienes están pasando por la misma situación?

Que tengan un sicólogo. Es fundamental.  Que crean mucho en Dios, la fe es muy importante. Yo sé que hay que tener una guía y es El.  Y  que busquen la contención familiar. Es algo invalorable. Ojalá todos  tengan una  como la mía, que me apoyó en todo momento.

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ELIZABETH ARZAGUET BOTTARO

CRONISTA DE SOCIALES DE DIARIO EL PUEBLO

Con una forma especial de encarar los tropiezos de la vida, Elizabeth, ha salido con mucha fuerza de ellos.
Constante, callada, muy centrada en lo que hace a su labor, y muy sincera.
Con mucho ánimo siempre, nos cuenta su experiencia.
¿Cómo se detectó tu dolencia?
Comenzó por un bulto que se fue agrandando y con mucho dolor durante seis meses, mientras tanto mi médico de confianza me trataba con vitaminas, pensando que era quiste de agua, como era usual en la otra mama. Creo que se demoró en diagnosticar y no prestó la debida atención al tema.
¿Cómo reaccionaste?
Yo sospechaba.
Ya cuando me opero, estaban todas mis amigas, mi hija, y mis primas.
Tenían una cara, que yo de una dije, “debe ser malo lo que tengo”.
El médico me dijo era un tumor maligno y va a ver que hacer un tratamiento oncológico”.
¿Cuánto tiempo  de tratamiento llevas hecho?
Entre la operación, las quimioterapias y radioterapias me llevaron un año, ahora continúo con la medicación diaria durante cinco años, llevo un año y medio con las pastillas.
¿Cómo fue ese tiempo?
Muy difícil, se necesita tener mucha garra para pasar estos momentos tan angustiantes, es importante el apoyo familiar y de amistades. Es aconsejable seguir con las actividades lo más normal posible, no hay que encerrarse, continuar trabajando, tratar de salir o reunirse con amistades o familia.
No deben darle tanta importancia al tema “la enfermedad no la llamaron, como vino  deberá irse”. En mi caso particular continué trabajando en mi puesto de Cronista de Sociales de este diario, contando con el consejo y apoyo de mi jefa Adriana, mi hija Desirée que cuando me veía mal trataba de alentarme a seguir adelante, el apoyo de mis compañeros de labor y amigas.
¿Qué es aconsejable?
Concurrir al médico, hacerse todos los exámenes, hacerse todo el tratamiento sin saltearse nada, en lo posible pedir otras opiniones profesionales “la confianza mata al hombre”, tomando una actitud guerrera verán que el tiempo va pasando, las etapas se van cumpliendo, no hay que ser impaciente, toma bastante tiempo la recuperación, pero con la ayuda de la ciencia, la familia y los amigos verán que se puede salir adelante. De todas maneras esta enfermedad tiene sus diferencias entre los pacientes, unos más graves que otros.
Si tienen que hacer un tratamiento de quimio o una radioterapia, que se interesen y traten de leer e informarse.
Es muy importante. De esta forma no se van asustar tanto y lo van a sobrellevar mejor.
Yo, hoy por hoy estoy bárbara. El tiempo va pasando y se van sucediendo las cosas y todo vuelve a la normalidad. No era todo tan importante como parecía al principio.
Porque hay que pelearla contra la enfermedad. No dejes que ella pueda contigo
¡Yo lo tomé por ese lado, y me dio resultado!

Con una forma especial de encarar los tropiezos de la vida, Elizabeth, ha salido con mucha fuerza de ellos. Constante, callada, muy centrada en lo que hace a su labor, y muy sincera. Con mucho ánimo siempre, nos cuenta su experiencia.

¿Cómo se detectó tu dolencia? DSCF8931

Comenzó por un bulto que se fue agrandando y con mucho dolor durante seis meses, mientras tanto mi médico de confianza me trataba con vitaminas, pensando que era quiste de agua, como era usual en la otra mama. Creo que se demoró en diagnosticar y no prestó la debida atención al tema.

¿Cómo reaccionaste?

Yo sospechaba. Ya cuando me opero, estaban todas mis amigas, mi hija, y mis primas. Tenían una cara, que yo de una dije, “debe ser malo lo que tengo”. El médico me dijo era un tumor maligno y va a ver que hacer un tratamiento oncológico”.

¿Cuánto tiempo  de tratamiento llevas hecho?

Entre la operación, las quimioterapias y radioterapias me llevaron un año, ahora continúo con la medicación diaria durante cinco años, llevo un año y medio con las pastillas.

¿Cómo fue ese tiempo?

Muy difícil, se necesita tener mucha garra para pasar estos momentos tan angustiantes, es importante el apoyo familiar y de amistades. Es aconsejable seguir con las actividades lo más normal posible, no hay que encerrarse, continuar trabajando, tratar de salir o reunirse con amistades o familia.

No deben darle tanta importancia al tema “la enfermedad no la llamaron, como vino  deberá irse”. En mi caso particular continué trabajando en mi puesto de Cronista de Sociales de este diario, contando con el consejo y apoyo de mi jefa Adriana, mi hija Desirée que cuando me veía mal trataba de alentarme a seguir adelante, el apoyo de mis compañeros de labor y amigas.

¿Qué es aconsejable?

Concurrir al médico, hacerse todos los exámenes, hacerse todo el tratamiento sin saltearse nada, en lo posible pedir otras opiniones profesionales “la confianza mata al hombre”, tomando una actitud guerrera verán que el tiempo va pasando, las etapas se van cumpliendo, no hay que ser impaciente, toma bastante tiempo la recuperación, pero con la ayuda de la ciencia, la familia y los amigos verán que se puede salir adelante. De todas maneras esta enfermedad tiene sus diferencias entre los pacientes, unos más graves que otros.

Si tienen que hacer un tratamiento de quimio o una radioterapia, que se interesen y traten de leer e informarse.

Es muy importante. De esta forma no se van asustar tanto y lo van a sobrellevar mejor.

Yo, hoy por hoy estoy bárbara. El tiempo va pasando y se van sucediendo las cosas y todo vuelve a la normalidad. No era todo tan importante como parecía al principio.

Porque hay que pelearla contra la enfermedad. No dejes que ella pueda contigo

¡Yo lo tomé por ese lado, y me dio resultado!

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DIANA MUFFOLINI DE ESPALTER

DOCENTE
SUB DIRECTORA INTERINA DE LICEO Nº 3

DOCENTE

SUB DIRECTORA INTERINA DE LICEO Nº 3

Callada. Con un uso muy peculiar del sentido de la vista, y a su vez muy simpática. DSCF8989

Es de escuchar mucho, muy sencilla, y de Libra.

Tiene todo lo de cálido y responsable, como para ser lo que  verdaderamente es.

Una verdadera profesora. Con ese toque de juventud y amistad junto, que a los adolescentes tanto gusta y profundamente respetan.

Se nota que le gusta lo que hace.

Así es Diana. Y así, tranquilamente, charlamos:

¿Cómo se detecta la enfermedad?

Con un auto examen.  Tenía una mamografía de hacía cuatro meses, haciéndomela todos los años.

Y me siento un bultito, no dándole mucha importancia, y comencé a darme  cuenta que empezaba a crecer, a quedar muy duro y no se movía.

Pasaron dos meses y yo estaba tranquila, pensando siempre que el estudio estaba hecho y estaba bien.

Tenía consulta y no pude ir, y el día que tenía la próxima, le explico que en muy poco tiempo,  había crecido muy rápido el nódulo.

Fui a la ginecóloga, me da el pase al cirujano y me dice que hay que sacarlo. Aparentemente era superficial.

Recuerdo que me da fecha para el 26 de diciembre a las siete de la mañana, para operar, y al otro día ya estaba en casa.

Lo mandan todo a analizar y cuando me hacen  el estudio, donde estaba la anatomopatóloga,  me dijo macroscópicamente parecía benigno, incluso por el tamaño.

Y cuando vino el resultado a, los veinticinco días, volví al cirujano, me dio la noticia de que el resultado era de un tumor maligno.

¿Cómo reaccionaste?

Yo no me lo esperaba. Entonces le dije al médico. “A ver, vamos a hablar claro”.  Usted me está diciendo que yo tengo cáncer.

Me dijo: -no, te estoy diciendo…

-No, le dije. Si es maligno, es cáncer.

-Sí. Y lo tenemos que sacar. Tenemos que ver si la cadena ganglionar no está comprometida.

Recuerdo que salgo del medico y cuando subo al auto con mi esposo, parecía que iba en el aire. Y las cosas se van sucediendo, casi sin darte cuenta. Hasta que empezás a tomar conciencia. Y a entrar en otro mundo.

Y al mes, me vuelven a operar. Y por suerte, no estaban comprometidos los ganglios. Fue agarrado muy a tiempo.

Y ahí comienza todo el tratamiento y en ese tiempo, va a hacer nueve años, no había en la mutual, un oncólogo.

Me citan para decirme, que comenzaban las secciones de radioterapia y me hablan del acelerador lineal, que yo no conocía.

Cuando me enfrenté con la enfermedad, preguntaba. Siempre preguntaba.

¿Cómo afectó en tu vida cotidiana?

Yo me preocupaba por los otros.  Como que siempre te querés mostrar, que te sentís súper bien y a veces uno no está bien.

Tuve que hacer un paréntesis en mi trabajo, que era una persona súper activa. Lo hice y me sirvió.

Cuando pasa el tiempo, y uno vuelve de todo aquello, te das cuenta de las personas que te rodean. De quienes son realmente tus compañeros y de las personas que te quieren y te respetan.

La familia, es lo principal. Mi esposo José, fue fundamental, junto a  mis hijos, Octavio y María Cecilia.

José es muy compañero. Y si no tenía ganas siquiera de levantarme, nunca me dijo, “quédate”.

Me decía: “¡Dale, vamos!!” Era como una autodefensa de la otra persona, que te quiere ver bien.

¿En qué etapa estás hoy?

Hoy, estoy dada de alta, pero me controlo muchísimo.

En esto es fundamental, que uno confíe en los médicos, desde un principio. Será porque me encanta la medicina.

Es muy importante no dejarse llevar muchas veces por comentarios que te hacen cambiar de médicos y que uno sienta que te están ayudando.

Esto es una enfermedad específica de cada uno y no podés compararte y hacer lo mismo que otra mujer.

Envía un mensaje a mujeres que estén pasando por tu misma situación.

Puedo decir después de un tiempo, que gracias a lo que me pasó, en todo sentido, aprendí a ver un mundo diferente y al valor de la medicina.

Te deja un mundo de experiencias, y yo tuve suerte de que fue a tiempo. Tengo muchísima fe y valoro todo lo que tengo. Me cambió la vida. Lo sencillo de todos los días. A todo eso que uno no lo valora.  Mi trabajo me ayudo muchísimo.

Mi consejo, es que el control de cada uno de nosotros en nuestro cuerpo, es muy importante. En este caso el autocontrol.

Hay que ser muy positiva, no tener miedo, y  respetar la vida.

Me gustaría compartir con ustedes, unas reflexiones llegadas desde muy lejos, por alguien que mucho me quiere:

LO QUE EL CÁNCER, NO PUEDE HACER

El cáncer es muy limitado.

No puede dañar el amor

No puede destrozar la esperanza

No puede impedir la fe

No puede romper la paz

No puede arruinar una amistad

No puede suprimir los recuerdos

No puede callar la valentía

No puede invadir el alma

No puede robar la vida eterna

No puede derrotar el espíritu

“No lo puede hacer”.

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