La huella de Don Walter

Su presencia podía ser casi imperceptible, Walter Martínez fue un hombre que cultivó siempre el bajo perfil, era reacio a aparecer y a figurar, aunque siempre estaba a la hora de contribuir con las obras solidarias y en especial a aquellas otras sociales que significaban trabajo y bienestar para la gente.
Se hizo cargo de EL PUEBLO en 1993, luego de un cierre de seis meses y cuando se  precisaba  cierto perfil quijotesco para tomar a su cargo un diario cerrado.
Nunca ocultó que no conocía  los pormenores de la empresa periodística, pero sí de la gente y de la esencia humana. Este “olfato” le fue guiando en la aventura emprendida. Poco a poco fue eligiendo a las personas que entendió podían darle  la recuperación pretendida al diario EL PUEBLO, cimentando su proyecto en su hija Adriana para delegarle la responsabilidad.
Hoy se nos ha ido sorpresivamente y casi silenciosamente como seguramente hubiera preferido hacerlo.
Pero lejos de pasar desapercibido para nosotros fue el hombre  capaz de conducir el barco en momentos de tempestad, sacarlo a flote y hacerlo navegar hoy por las aguas tranquilas en que se encuentra.
Walter dejaba hacer y observaba. Hablaba poco, sólo cuando era necesario y sin levantar la voz nunca.
En esta segunda etapa de EL PUEBLO hubo aciertos y errores como en toda obra humana, pero su visión fue precisa y permitió ir surcando hacia el sitial que hoy ocupa EL PUEBLO en la región Norte.
Hoy se ha ido, pero nos ha dejado su huella profunda para marcarnos el rumbo y recordarnos cual es el camino acertado, de trabajo, sencillez, humildad, respeto para ser respetado  y mucha pasión en la tarea que se emprende.
Con este compromiso seguiremos adelante.
Descansa en paz, querido Walter.
Alberto Rodríguez Díaz

Su presencia podía ser casi imperceptible, Walter Martínez fue un hombre que cultivó siempre el bajo perfil, era reacio a aparecer y a figurar, aunque siempre estaba a la hora de contribuir con las obras solidarias y en especial a aquellas otras sociales que significaban trabajo y bienestar para la gente.

Se hizo cargo de EL PUEBLO en 1993, luego de un cierre de seis meses y cuando se  precisaba  cierto perfil quijotesco paraDibujowal tomar a su cargo un diario cerrado.

Nunca ocultó que no conocía  los pormenores de la empresa periodística, pero sí de la gente y de la esencia humana. Este “olfato” le fue guiando en la aventura emprendida. Poco a poco fue eligiendo a las personas que entendió podían darle  la recuperación pretendida al diario EL PUEBLO, cimentando su proyecto en su hija Adriana para delegarle la responsabilidad.

Hoy se nos ha ido sorpresivamente y casi silenciosamente como seguramente hubiera preferido hacerlo.

Pero lejos de pasar desapercibido para nosotros fue el hombre  capaz de conducir el barco en momentos de tempestad, sacarlo a flote y hacerlo navegar hoy por las aguas tranquilas en que se encuentra.

Walter dejaba hacer y observaba. Hablaba poco, sólo cuando era necesario y sin levantar la voz nunca.

En esta segunda etapa de EL PUEBLO hubo aciertos y errores como en toda obra humana, pero su visión fue precisa y permitió ir surcando hacia el sitial que hoy ocupa EL PUEBLO en la región Norte.

Hoy se ha ido, pero nos ha dejado su huella profunda para marcarnos el rumbo y recordarnos cual es el camino acertado, de trabajo, sencillez, humildad, respeto para ser respetado  y mucha pasión en la tarea que se emprende.

Con este compromiso seguiremos adelante.

Descansa en paz, querido Walter.

Alberto Rodríguez Díaz

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Las condolencias recibidas que agradecemos

Agradecemos a todas y cada una de las personas que nos acompañaron durante su velatorio y sepelio, como también a las que se acercaron a nuestra casa periodística y a  las que se han comunicado telefónicamente. Nuestro agradecimiento al Sr. Obispo de Salto Pablo Galimberti, al padre José García, al Párroco  Enrique Bisio y al Diácono Martín Miranda por su compañía y palabras de despedida.
ASOCIACIÓN DOWN DE SALTO
Sra. Adriana Martínez de de Brum
Los integrantes de la Asociación Down de Salto hace llegar  a Ud. y familia sus condolencias ante la irreparable pérdida física de vuestro padre Sr. Walter Martínez.
Reciban Uds. nuestro abrazo solidario y reconfortante en estos momentos de dolor con la certeza de que pueden contar con nosotros para los que se les ofrezca.
Les saludan afectuosamente.
CLUB ATLÉTICO CHANÁ
El Club A Chaná participa con profundo dolor el fallecimiento del Director de Diario El Pueblo, Don Walter Martínez y acompañamos con su sentimiento a principales y personas de esa empresa.
Darío Sagnol. Secretario
Miguel A. Alves  Presidente.
DESDE CONSTITUCIÓN
Nuestros sentidos pésames por tan lamentable pérdida.
Bety y Raúl Menoni.
Villa Constitución
MARTA GARCÍA
Estimada Adriana
Ante ciertas pérdidas no hay palabras suficientes de consuelo.
Un abrazo Marta García
DERECHOS HUMANOS DEL PIT -CNT
Nuestros más sinceros respetos a la memoria de Walter Martínez un gran ser humano, referente del deporte  desde Bella Unión a Salto por muchos años y del acontecer diario de nuestra ciudad.
Nuestro más cálido saludo a su familia en este momento de tan lamentable pérdida.
Secretaría de Derechos Humanos PIT CNT Salto.
Responsable Sr. Luis Gómez.
Gonzalo Acuña
Coordinador general COFE
Miguel Fiordelmondo.
Coordinador General.
José Buslón
Coordinador General SUNTMA
DE LA SOCIEDAD MÉDICO QUIRÚRGICA
Señores
Principales y Personal
de DIARIO EL PUEBLO
Presente.-
Muy estimados:
Ante la tan lamentable pérdida de vuestro Director Responsable Sr. Walter Martínez, deseamos acompañarlos en el dolor, transmitiéndoles nuestras más sinceras condolencias.
A todos quienes integran Diario El Pueblo y a la familia del Sr. Walter Martínez, nuestro apretado abrazo.
Cordialmente,
Sociedad Médico Quirúrgica de Salto
Centro de Asistencia Médica
Dr. Miguel Villar
Dr. Javier Panissa
Presidente Secretario
DEL DR.WALTER DRESEL,
DELIA Y LÉRIDA
El Centro de Liderazgo y Administración de la Vida Humana Filial Salto
Dr. Walter Dresel, Delia y Lérida Sosa los acompañan en este difícil trance.
Les enviamos un apretado abrazo
NORBERTO CÁNEPA SANTOS Y FLIA.
Hacemos llegar nuestros sentimientos de pesar ante el fallecimiento de quien ha sido una figura tan destacada y respetada en todos los círculos.
Norberto Cánepa Santos y Flia.
LUIS  BÉRTIZ
Enterado de la infausta noticia, reciba la familia de don Walter Martínez y  todo el personal de diario “El Pueblo” mis más sinceras expresiones de pesar.
Como señalaron en el editorial, estoy seguro que su ejemplo estará presente en cada una de las ediciones del matutino.
Un afectuoso abrazo.
Luis Bértiz.
DEL ESC. ENRIQUE CESIO
Recién llegado de Montevideo me entero del fallecimiento de Walter y deseo hacerle llegar a la familia y a todos los amigos de El Pueblo, mi solidaridad ante esa pérdida.
Confío sepan absorber el dolor y seguir adelante.
Enrique Cesio.
OTRAS SALUTACIONES
Intendencia de Salto.
Asociación Española
Salto Hotel y Casino.
Oliva Publicidad.
Centro Comercial.
Radio Arapey.
Radio Libertadores.
Hotel Horacio Quiroga.
Carlos Albisu.
Gustavo Coronel y lista 10.
Litnor Hogar.
Inmobiliaria y Escritorio Larrañaga.
Escritorio Gelos.
Lic. Andrea Zunini.
AJUPENSAL
Bodega Cattani y Orihuela.
Universidad Católica.
Gerencia, dirección y personal de UCMS
Ferro Carril F C.
Ferretería Cesio.
Cable Visión Salto.

Agradecemos a todas y cada una de las personas que nos acompañaron durante su velatorio y sepelio, como también a las que se acercaron a nuestra casa periodística y a  las que se han comunicado telefónicamente. Nuestro agradecimiento al Sr. Obispo de Salto Pablo Galimberti, al padre José García, al Párroco  Enrique Bisio y al Diácono Martín Miranda por su compañía y palabras de despedida.

ASOCIACIÓN DOWN DE SALTO

Sra. Adriana Martínez de de Brum

Los integrantes de la Asociación Down de Salto hace llegar  a Ud. y familia sus condolencias ante la irreparable pérdida física de vuestro padre Sr. Walter Martínez.

Reciban Uds. nuestro abrazo solidario y reconfortante en estos momentos de dolor con la certeza de que pueden contar con nosotros para los que se les ofrezca.

Les saludan afectuosamente.

CLUB ATLÉTICO CHANÁ

El Club A Chaná participa con profundo dolor el fallecimiento del Director de Diario El Pueblo, Don Walter Martínez y acompañamos con su sentimiento a principales y personas de esa empresa.

Darío Sagnol. Secretario

Miguel A. Alves  Presidente.

DESDE CONSTITUCIÓN

Nuestros sentidos pésames por tan lamentable pérdida.

Bety y Raúl Menoni.

Villa Constitución

MARTA GARCÍA

Estimada Adriana

Ante ciertas pérdidas no hay palabras suficientes de consuelo.

Un abrazo Marta García

DERECHOS HUMANOS DEL PIT -CNT

Nuestros más sinceros respetos a la memoria de Walter Martínez un gran ser humano, referente del deporte  desde Bella Unión a Salto por muchos años y del acontecer diario de nuestra ciudad.

Nuestro más cálido saludo a su familia en este momento de tan lamentable pérdida.

Secretaría de Derechos Humanos PIT CNT Salto.

Responsable Sr. Luis Gómez.

Gonzalo Acuña

Coordinador general COFE

Miguel Fiordelmondo.

Coordinador General.

José Buslón

Coordinador General SUNTMA

DE LA SOCIEDAD MÉDICO QUIRÚRGICA

Señores Principales y Personal de DIARIO EL PUEBLO

Presente.-

Muy estimados:

Ante la tan lamentable pérdida de vuestro Director Responsable Sr. Walter Martínez, deseamos acompañarlos en el dolor, transmitiéndoles nuestras más sinceras condolencias.

A todos quienes integran Diario El Pueblo y a la familia del Sr. Walter Martínez, nuestro apretado abrazo.

Cordialmente, Sociedad Médico Quirúrgica de Salto

Centro de Asistencia Médica

Dr. Miguel Villar

Dr. Javier Panissa

Presidente Secretario

DEL DR.WALTER DRESEL, DELIA Y LÉRIDA

El Centro de Liderazgo y Administración de la Vida Humana Filial Salto

Dr. Walter Dresel, Delia y Lérida Sosa los acompañan en este difícil trance.

Les enviamos un apretado abrazo

NORBERTO CÁNEPA SANTOS Y FLIA.

Hacemos llegar nuestros sentimientos de pesar ante el fallecimiento de quien ha sido una figura tan destacada y respetada en todos los círculos.

Norberto Cánepa Santos y Flia.

LUIS  BÉRTIZ

Enterado de la infausta noticia, reciba la familia de don Walter Martínez y  todo el personal de diario “El Pueblo” mis más sinceras expresiones de pesar.

Como señalaron en el editorial, estoy seguro que su ejemplo estará presente en cada una de las ediciones del matutino.

Un afectuoso abrazo.

Luis Bértiz.

DEL ESC. ENRIQUE CESIO

Recién llegado de Montevideo me entero del fallecimiento de Walter y deseo hacerle llegar a la familia y a todos los amigos de El Pueblo, mi solidaridad ante esa pérdida.

Confío sepan absorber el dolor y seguir adelante.

Enrique Cesio.

OTRAS SALUTACIONES

Intendencia de Salto.

Asociación Española

Salto Hotel y Casino.

Oliva Publicidad.

Centro Comercial.

Radio Arapey.

Radio Libertadores.

Hotel Horacio Quiroga.

Carlos Albisu.

Gustavo Coronel y lista 10.

Litnor Hogar.

Inmobiliaria y Escritorio Larrañaga.

Escritorio Gelos.

Lic. Andrea Zunini.

AJUPENSAL

Bodega Cattani y Orihuela.

Universidad Católica.

Gerencia, dirección y personal de UCMS

Ferro Carril F C.

Ferretería Cesio.

Cable Visión Salto.

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Con la alegría y satisfacción del deber cumplido…

En la entrevista realizada por Leonardo
Silva, apenas dos años atrás, Walter contó con lujo de detalles la aventura de ponerse al frente del proyecto de recuperación de
EL PUEBLO y otros detalles, propios de un hombre satisfecho con lo logrado en la vida. Compartimos la entrevista.

En la entrevista realizada por Leonardo Silva, apenas dos años atrás, Walter contó con lujo de detalles la aventura de ponerse al frente del proyecto de recuperación de EL PUEBLO y otros detalles, propios de un hombre satisfecho con lo logrado en la vida. Compartimos la entrevista.

Empezó a trabajar a los 14 años limpiando botellas “en lo Urreta, en el Agua Salto”, aprendió de chico a valorar lo que es la “lucha, el sufrimiento y el sacrificio” del trabajo, lo que lo llevó a ser un empresario que tuvo altas y bajas, pero que nunca se rindió y siguió esforzándose para salir adelante. En enero de 1993 fue el principal responsable de la reapertura de EL PUEBLO, que hoy (noviembre de 2009) cumple 50 años. Don Walter Martínez recordó aquellos tiempos con la alegría y satisfacción del deber cumplido.

- ¿Fue en 1992 que decide cambiar de rubro y comenzar a invertir en medios de comunicación?

– En el 92 salía para Bella Unión, me iba por el fútbol, iba tres veces por semana y un día salí del Cambio (Bella Unión) y me encontré con el Padre Pigurina y con (Hugo) Bisio, y me dicen, “mirá Martínez, tenemos un negocio para vos, el diario EL PUEBLO lo están por cerrar”, y yo le respondí que a la vuelta íbamos a conversar. Al otro día nos juntamos, conversamos, insistieron el Padre Pigurina y Bisio para hacer el negocio. Insistieron e insistieron, vinimos al diario y miramos, estaba solamente Lilián, la muchacha que estaba antes, y había unos poquitos allá atrás, entonces fuimos a hablar con el Obispo y me dijo “busquemos la fórmula, y si usted se queda con el diario…”, pero con una condición le dije, “que si ustedes lo piensan cerrar, no lo cierren, con el diario cerrado no hacemos negocio”. Y bueno, buscamos la fórmula y ellos cerraron el diario creo que 10 u 12 días, al personal que había le preguntamos quién quería quedar y quién no quería quedar. Yo con Adriana me traje de Montevideo a un primo mío que era Johann Kosub, que estaba en la parte de publicidad, tenía una agencia, y se quedó unos tres meses con nosotros. Kosub me había arreglado el formato que tiene el diario hoy, pero el problema estaba acá adentro.

- ¿Qué problema?

– El problema con los funcionarios, que unos tiraban para un lado, otros que tiraban para el otro, no había una unión, entonces los empezamos a traer, todos los días teníamos a uno acá en la dirección, le proponíamos lo que nosotros pensábamos que tenía que ser el diario, unos aceptaron, otros no y presentaron la renuncia. Ahí empezamos a incorporar a gente nueva.

- ¿Qué lo llevó a invertir en un diario?

– Yo ya tenía las conversaciones encaminadas para reabrir radio Arapey y tenía una solicitud para una empresa de televisión por cable.

- ¿Pensaba armar un paquete de medios de comunicación?

– Sí, seguro. Y bueno, la verdad que le erré en cuanto a la televisión por cable, porque ahí puse unos asesores que anduvieron para atrás.

- Cuando comenzó a funcionar el diario, ¿le gustó?

– Por supuesto que sí, nos pusimos la camiseta, con Adriana (Martínez, su hija) y Julio (de Brum), el esposo de ella. Y ahí empezamos.

- ¿Qué recuerda de esos primeros días de venir a instalarse y comenzar a trabajar en la reapertura del diario? ¿Qué le llamó la atención?

– Llamarme la atención en realidad no, porque como yo ya había pasado por tantas cosas y abierto tantas casas de cambio, en Uruguayana, en Paso de los Libres, en Bella Unión, en Punta del Este, en el Chuy, para mí fue como un negocio más, si daba, daba, y si no daba, mala suerte.

- Pero el diario daba trabajo a unas cuantas familias, o sea, podría ser un negocio más, pero no era cualquier negocio.

– Claro, no era cualquier negocio, porque nosotros habíamos agarrado del diario viejo, por llamarlo de alguna manera, a 17 funcionarios, y creo que ahora andan por los 50, y todo el que venía acá, le decíamos cómo era el lineamiento, libertad tenía. También una cosa que tengo que agradecer ampliamente es a Luis Giovanoni, hablé con él bien claro qué es lo que se quería, y la verdad que me acompañó en el diario, me acompañó en el cable y en la radio, siempre fue mi mano derecha. Después, también otro es Alberto Rodríguez, que es uno de los principales que están del otro lado… después vino Rodrigo (Jardim).

- EL PUEBLO cierra en 1992 porque no era un negocio rentable, ¿usted creyó que el diario podría transformarse en una buena inversión?

– Sí, y le voy a decir por qué, porque mi idea era hacer un tipo de “Gallito Luis”, de avisos económicos. Trabajamos y lo trabajamos y bueno, lo que se ha logrado es lo que usted ve los domingos, y eso que todavía tiene que mejorar. La idea era buscar una fuente de ingreso que con la venta del diario no se cubría. Había que conseguir sponsors, buenos clientes, buena atención y darle una buena mercadería al cliente. Y bueno, eso se va mejorando de a poco.

- En estos 17 años de estar al frente del diario, ¿cómo ha visto su evolución?

– Esta nueva etapa la he vivido con satisfacción, de lo que era el diario aquel, de la sábana que era, a lo que es ahora, la verdad que muy contento, además de la cantidad de gente amiga y fiel al diario, tanto comerciante como clientes, la verdad que no nos podemos quejar.

- Cuando reabre el diario en enero de 1993, ¿usted llegó a soñar con el diario que hoy está saliendo a la calle o se imaginó otro tipo de diario?

– Yo pensaba que el diario iba a ir mejorando, de a poco, como ha sido, pero la verdad que hoy por hoy, estoy bien contento con Adriana, Julio y todo el personal, aunque yo no tengo mucho contacto con el personal, si con Alberto Rodríguez y Rodrigo Jardim, ellos son nuestra mano derecha que además tienen puesta la camiseta, eso es lo principal, todo el personal y los canillitas que también ellos luchan por sacar el diario adelante.

- Y cuando ve a su nieto en el diario, acompañando y aprendiendo de su madre, ¿qué siente?

– Ah, la alegría más grande… la verdad que… nunca creí que… discúlpeme… pensé que iba a agarrar por otro camino… (Muy emocionado)

- ¿La sangre tira?

– … así es la vida. Como todo, hay problemas y hay que ir solucionándolos, pero yo digo que todo tiene solución, no hay que encapricharse, no hay que ponerse duro en una posición si los otros, por ejemplo, piensan distinto, hay que llegar a un consenso y de la mejor manera para que le sirva a todos.

- ¿De dónde saca fuerza para volver a levantarse y seguir adelante?

– Si usted no tiene fuerza y usted es débil, usted la queda. Siempre les dije a mis dos hijas, si el negocio un día anda muy bien, al otro día anda muy mal, y si uno anda muy mal, no hay que preocuparse porque si anduvimos bien y nos toca mal, vamos a tener que tratar que las cosas mejoren, nunca me dí por vencido. Lo del cable, por ejemplo, fue un mal negocio y punto, tampoco me afectó a mí haber hecho un mal negocio. Además, si usted se queda en los recuerdos, está muerto, no puede quedarse porque le fue mal ayer o tuvimos una mala racha, que no es culpa nuestra una crisis, por ejemplo, pero hay que superarla, hay que buscar los elementos para salir uno mismo de la crisis.

- Usted es responsable directo de haber mantenido EL PUEBLO abierto y este domingo cumple 50 años de vida. ¿Cómo se siente al formar parte de esta historia?

– Cuando nosotros nos hicimos cargo del diario, nunca pensamos que era por equis tiempo. Nosotros teníamos que agarrar el diario y llevarlo de a poco, mejorando, y hoy mismo tenemos tantas cosas para corregir y para mejorar que si Dios quiere y nos da vida para poder estar acompañando a Adriana, a Julio y a Matías que está ahora, y bueno, también a todos los muchachos que están trabajando con nosotros.

- Si bien usted está jubilado, se lo ve seguido por el diario, ¿es de hacer sugerencias?

– Cuando veo alguna falla o alguna falta que son a veces hasta groseras en el diario, vengo y se lo comento a Adriana, para que ella hable con quien corresponda, porque a veces hay errores por más que no quiera, se pasan cosas que son errores garrafales.

- O sea que pese a estar jubilado, sigue colaborando.

– Porque recibo el diario de mañana temprano y me lo recorro todo, lo leo todo. Antes veníamos seguido al diario, ahora hace ya un tiempo que vengo cada tanto, una o dos veces por semana, pero si no, venía a acompañar a Adriana con un café y ahí charlábamos. Ahora la llevó bien como jubilado (risas).

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TESTIMONIOS

Al cumplir EL PUEBLO 50 años de vida, se publicó un suplemento donde se realizaron entrevistas a destacadas personalidades que participaron de esa rica historia con su trabajo periodístico, de diagramación o de impresión del diario. De ese suplemento extraemos dos testimonios muy sentidos que testimoniaron la presencia de Walter Martínez en EL PUEBLO.
FERNANDO PIGURINA
El Padre Fernando Pigurina jugó un papel importante en una transición marcada tanto por el cierre de una etapa como en la reapertura definitiva de EL PUEBLO.
- El Sr. Walter Martínez nos contó la importante participación que tuvieron Hugo Bisio y usted en convencerlo que tomara como negocio mantener abierto el diario, ¿recuerda esos tiempos?
- Como no, me acuerdo perfectamente. Fueron tiempos muy dolorosos por un lado porque venía una crisis fuerte en diario EL PUEBLO y estábamos al borde del cierre, la Iglesia no podía mantenerlo más, y por otro lado estábamos muy cercanos a los trabajadores y a las familias que dependían de ese trabajo. Además, EL PUEBLO tenía una voz importante en la comunidad de Salto, que había sido fundada con ese propósito y que no podía perderse. Allí, yo digo que providencialmente, apareció en el horizonte la figura de Don Walter Martínez. Recuerdo que hasta los canillitas le pedían por la calle que hiciera lo posible para que no se cerrara EL PUEBLO enterados que él podía ser un posible comprador en ese momento. Entonces, Hugo Bisio y yo intentamos venderle el diario y lo conseguimos, pero fue todo por la generosidad de su corazón, él apostó muy fuerte, creo, a un ideal, a poder mantener viva la empresa y darle la posibilidad a todos los que estaban trabajando en ella. De hecho los años le han dado la razón, hoy sigue vivo diario EL PUEBLO teniendo su voz y su palabra.
- ¿Cuál fue su primer contacto con EL PUEBLO?
- Yo era Ecónomo de la Diócesis en aquel entonces, en la época en que Monseñor Daniel Gil había asumido la Diócesis y a los dos o tres años de haber asumido, que coincidía con los dos o tres años de mi ordenación como sacerdote, comenzó una política de ajustar un poco los cinturones y de ver un poco las finanzas de la Diócesis. Ahí fue que apareció el diario, vinculado a la Diócesis, que nos estaba haciendo hacer agua porque todos los meses había que inyectarle alguna suma importante de dinero para que siguiera funcionando. No daban los números, la publicación, con todo lo benemérito que podía ser no estaba rindiendo no solo económicamente sino que quizás también el formato de la publicación y otras cosas que después en la administración de la familia Martínez mejoró muchísimo.
- ¿Hablamos de la época en que se cierra el diario?
- Sí, sí, ahí. De hecho, la decisión se tomó cuando yo era Ecónomo, cuando el Obispo dijo, “bueno, esto no podemos seguir dándole más”, entonces ¿qué hacemos? Fui a hablar con los empleados a ver qué posibilidades había, y fue ahí que surgió el nombre de Walter Martínez.
GLORIA MÁRQUEZ
Cuando reabre EL PUEBLO bajo la dirección de Don Walter Martínez “estaba en la parte de promoción, publicidad. Promoción del diario en primera instancia para sacarlo a la calle y después hice toda la parte de publicidad visitando a los clientes que estaban y a nuevas empresas, tratando de hacer nuevos clientes. Fue un trabajo bastante lindo porque a mí me gusta el contacto con la gente porque yo vengo con (Walter) Martínez desde el año 80, tuve que sacar permiso de menor para trabajar, el año que viene hace 30 años que estoy trabajando con Martínez.
- ¿Cómo fue Walter Martínez como director del diario?
- Yo tengo una relación especial con la familia, para mí siempre fue lo mejor. Pero a todos capaz que nos costó un poquito entrar en este rubro donde algunos ya estaban hechos y nosotros no, ni Adriana (Martínez), ni Walter, ni yo. Nos costó, pero era una cosa que nos seducía desde el principio.
- ¿Cómo ha visto la evolución del diario en estos años?
- Para mí fue de menos a más, todos los años, todas las cosas que hemos hecho y como ha progresado el diario en cuanto a la calidad y a la parte del servicio y a la respuesta de la gente ha sido para mí lo mejor. No creo, sacándome un poquito la camiseta… haber hecho algún retroceso o habernos quedado, siempre apuntamos a salir para adelante.

Al cumplir EL PUEBLO 50 años de vida, se publicó un suplemento donde se realizaron entrevistas a destacadas personalidades que participaron de esa rica historia con su trabajo periodístico, de diagramación o de impresión del diario. De ese suplemento extraemos dos testimonios muy sentidos que testimoniaron la presencia de Walter Martínez en EL PUEBLO.

FERNANDO PIGURINA

El Padre Fernando Pigurina jugó un papel importante en una transición marcada tanto por el cierre de una etapa como en la reapertura definitiva de EL PUEBLO.

– El Sr. Walter Martínez nos contó la importante participación que tuvieron Hugo Bisio y usted en convencerlo que tomara como negocio mantener abierto el diario, ¿recuerda esos tiempos?

– Como no, me acuerdo perfectamente. Fueron tiempos muy dolorosos por un lado porque venía una crisis fuerte en diario EL PUEBLO y estábamos al borde del cierre, la Iglesia no podía mantenerlo más, y por otro lado estábamos muy cercanos a los trabajadores y a las familias que dependían de ese trabajo. Además, EL PUEBLO tenía una voz importante en la comunidad de Salto, que había sido fundada con ese propósito y que no podía perderse. Allí, yo digo que providencialmente, apareció en el horizonte la figura de Don Walter Martínez. Recuerdo que hasta los canillitas le pedían por la calle que hiciera lo posible para que no se cerrara EL PUEBLO enterados que él podía ser un posible comprador en ese momento. Entonces, Hugo Bisio y yo intentamos venderle el diario y lo conseguimos, pero fue todo por la generosidad de su corazón, él apostó muy fuerte, creo, a un ideal, a poder mantener viva la empresa y darle la posibilidad a todos los que estaban trabajando en ella. De hecho los años le han dado la razón, hoy sigue vivo diario EL PUEBLO teniendo su voz y su palabra.

– ¿Cuál fue su primer contacto con EL PUEBLO?

– Yo era Ecónomo de la Diócesis en aquel entonces, en la época en que Monseñor Daniel Gil había asumido la Diócesis y a los dos o tres años de haber asumido, que coincidía con los dos o tres años de mi ordenación como sacerdote, comenzó una política de ajustar un poco los cinturones y de ver un poco las finanzas de la Diócesis. Ahí fue que apareció el diario, vinculado a la Diócesis, que nos estaba haciendo hacer agua porque todos los meses había que inyectarle alguna suma importante de dinero para que siguiera funcionando. No daban los números, la publicación, con todo lo benemérito que podía ser no estaba rindiendo no solo económicamente sino que quizás también el formato de la publicación y otras cosas que después en la administración de la familia Martínez mejoró muchísimo.

– ¿Hablamos de la época en que se cierra el diario?

– Sí, sí, ahí. De hecho, la decisión se tomó cuando yo era Ecónomo, cuando el Obispo dijo, “bueno, esto no podemos seguir dándole más”, entonces ¿qué hacemos? Fui a hablar con los empleados a ver qué posibilidades había, y fue ahí que surgió el nombre de Walter Martínez.

GLORIA MÁRQUEZ

Cuando reabre EL PUEBLO bajo la dirección de Don Walter Martínez “estaba en la parte de promoción, publicidad. Promoción del diario en primera instancia para sacarlo a la calle y después hice toda la parte de publicidad visitando a los clientes que estaban y a nuevas empresas, tratando de hacer nuevos clientes. Fue un trabajo bastante lindo porque a mí me gusta el contacto con la gente porque yo vengo con (Walter) Martínez desde el año 80, tuve que sacar permiso de menor para trabajar, el año que viene hace 30 años que estoy trabajando con Martínez.

– ¿Cómo fue Walter Martínez como director del diario?

– Yo tengo una relación especial con la familia, para mí siempre fue lo mejor. Pero a todos capaz que nos costó un poquito entrar en este rubro donde algunos ya estaban hechos y nosotros no, ni Adriana (Martínez), ni Walter, ni yo. Nos costó, pero era una cosa que nos seducía desde el principio.

– ¿Cómo ha visto la evolución del diario en estos años?

– Para mí fue de menos a más, todos los años, todas las cosas que hemos hecho y como ha progresado el diario en cuanto a la calidad y a la parte del servicio y a la respuesta de la gente ha sido para mí lo mejor. No creo, sacándome un poquito la camiseta… haber hecho algún retroceso o habernos quedado, siempre apuntamos a salir para adelante.

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Walter Martínez… el hombre

La compañera Gloria Márquez me llama del Diario para  informarme que se había ido don Walter Martínez, que se había muerto.
Caminé por el parquecito de mi casa sin pronunciar palabras, dejando correr los recuerdos. Intenté remover la tierra de algunas flores y no pude. Entro a la casa y repaso en la biblioteca buscando un libro de Eduardo Galeano que habla del “tiempo”.
Quiero encontrarlo y no puedo, debe de estar por ahí me digo, tiene que estar.
Entonces salgo y me detengo en el recuerdo de la figura de él, sin duda mi segundo padre, mientras repaso preguntas que le surgen a un hombre ya mayor.
¿Pudimos cumplir con él?
¿Supimos reconocer en vida lo que significó para nosotros don Walter?
Las historias esquivas  que no cuentan el todo.
Realidades que posiblemente no se señalen como realmente ocurrieron.
Historias de hombres que dieron mucho cuando lo tenían todo, jugándose por otros.
La sencillez y la claridad de Martínez, para ofrecerme trabajar con él en ese emprendimiento de “reflotar un Diario” en un viaje a Bella Unión.
El compromiso aceptado y la historia que comienza para no pocos.
Walter, con su hablar sereno.
Lo justo y necesario, siempre.
Nada más que eso.
Nada más.
Su planteo de levantar un Diario cerrado, no era fácil.
Quijotesca empresa si la hubo.
Coraje empresarial.
Visión del todo.
Desde el comienzo mismo su hija Adriana y su esposo Julio de Brum estuvieron y están ahí, peleándola todos los días, siempre a su lado… siempre.
Nosotros también.
Muchos nosotros.
Todos.
EL PUEBLO otra vez en la calle… 15 de enero de 1993.
Casi, casi van a ser veinte años.
Las flores del jardín, las mismas que se mandan a los que se van de este mundo reciben mi cuidado.
¿Qué significado tendrá mandar flores a los difuntos?
Cosas de la historia de años, una costumbre antiquísima.
Walter y  ese legado está ahí, florece en papel y tinta todos los días.
En informaciones y opiniones.
Un DIARIO que hay que cuidarlo.
Un Diario fuerte.
Más de cincuenta personas trabajando en forma directa que en definitiva son otras tantas familias.
Este Walter además de todo, nos dio la vida marcando el camino a nuestra familia en particular.
No es esta la primera vez que señalamos esto, siempre lo hicimos y lo vamos a seguir señalando, porque el verbo agradecer, debe de ir de la mano siempre del reconocer.
Palabras que se agolpan, surgen y te golpean.
Siempre así, debe por otra parte ser así.
Ahora lo recuerdo, ya está, el libro de Eduardo Galeano dice más o menos así… “ De tiempo somos. Somos sus pies y sus bocas. Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas…”
Pero en este caso yo no creo que se puedan borrar las huellas de Don Walter.
Ahí esta el DIARIO, de pie vuelto a la vida.
Fuerte y firme.
Por otro lado nosotros, ahora, con Radio Arapey y todo lo demás que fue surgiendo en su entorno, donde él, en el inicio fue pionero.
El cementerio, simplemente un trámite necesario en esta etapa.
Sus hijas Patricia y Adriana, las familias de ellas.
Amigos, gente que lo quiso.
La despedida.
Y el convencimiento que estamos plenamente seguros que a Ud. nadie lo va a olvidar amigo Walter, porque  supo sembrar con su calidad humana recuerdos y enseñanzas que no se borran fácilmente.
Va a ser así.
Luis Giovanoni.

La compañera Gloria Márquez me llama del Diario para  informarme que se había ido don Walter Martínez, que se había muerto.

Caminé por el parquecito de mi casa sin pronunciar palabras, dejando correr los recuerdos. Intenté remover la tierra de algunas flores y no pude. Entro a la casa y repaso en la biblioteca buscando un libro de Eduardo Galeano que habla del “tiempo”.

Quiero encontrarlo y no puedo, debe de estar por ahí me digo, tiene que estar.

Entonces salgo y me detengo en el recuerdo de la figura de él, sin duda mi segundo padre, mientras repaso preguntas que le surgen a un hombre ya mayor.

¿Pudimos cumplir con él?

¿Supimos reconocer en vida lo que significó para nosotros don Walter?

Las historias esquivas  que no cuentan el todo.

Realidades que posiblemente no se señalen como realmente ocurrieron.

Historias de hombres que dieron mucho cuando lo tenían todo, jugándose por otros.

La sencillez y la claridad de Martínez, para ofrecerme trabajar con él en ese emprendimiento de “reflotar un Diario” en un viaje a Bella Unión.

El compromiso aceptado y la historia que comienza para no pocos.

Walter, con su hablar sereno.

Lo justo y necesario, siempre.

Nada más que eso.

Nada más.

Su planteo de levantar un Diario cerrado, no era fácil.

Quijotesca empresa si la hubo.

Coraje empresarial.

Visión del todo.

Desde el comienzo mismo su hija Adriana y su esposo Julio de Brum estuvieron y están ahí, peleándola todos los días, siempre a su lado… siempre.

Nosotros también.

Muchos nosotros.

Todos.

EL PUEBLO otra vez en la calle… 15 de enero de 1993.

Casi, casi van a ser veinte años.

Las flores del jardín, las mismas que se mandan a los que se van de este mundo reciben mi cuidado.

¿Qué significado tendrá mandar flores a los difuntos?

Cosas de la historia de años, una costumbre antiquísima.

Walter y  ese legado está ahí, florece en papel y tinta todos los días.

En informaciones y opiniones.

Un DIARIO que hay que cuidarlo.

Un Diario fuerte.

Más de cincuenta personas trabajando en forma directa que en definitiva son otras tantas familias.

Este Walter además de todo, nos dio la vida marcando el camino a nuestra familia en particular.

No es esta la primera vez que señalamos esto, siempre lo hicimos y lo vamos a seguir señalando, porque el verbo agradecer, debe de ir de la mano siempre del reconocer.

Palabras que se agolpan, surgen y te golpean.

Siempre así, debe por otra parte ser así.

Ahora lo recuerdo, ya está, el libro de Eduardo Galeano dice más o menos así… “ De tiempo somos. Somos sus pies y sus bocas. Los pies del tiempo caminan en nuestros pies. A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas…”

Pero en este caso yo no creo que se puedan borrar las huellas de Don Walter.

Ahí esta el DIARIO, de pie vuelto a la vida.

Fuerte y firme.

Por otro lado nosotros, ahora, con Radio Arapey y todo lo demás que fue surgiendo en su entorno, donde él, en el inicio fue pionero.

El cementerio, simplemente un trámite necesario en esta etapa.

Sus hijas Patricia y Adriana, las familias de ellas.

Amigos, gente que lo quiso.

La despedida.

Y el convencimiento que estamos plenamente seguros que a Ud. nadie lo va a olvidar amigo Walter, porque  supo sembrar con su calidad humana recuerdos y enseñanzas que no se borran fácilmente.

Va a ser así.

Luis Giovanoni.

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El ejemplo de Walter

Lo conocí varios meses después de haber ingresado al diario. Fue en un asado de camaradería que hicimos en los fondos de la sede del periódico, como el que habitualmente realizamos para despedir el año. Estaba con una sonrisa serena que demostraba sus cualidades de ser humano afable y amistoso. Me saludó, me preguntó mi edad y en qué rol me desempeñaba, despidiéndose con la cortesía que lo caracterizaba.
Walter Martínez Cerruti fue un hombre activo que lideró su camino y supo convertirse en alguien que aportó mucho a cada comunidad de la que formó parte. Tanto en Bella Unión, comarca a la que estuvo arraigado a través del comercio y del espíritu cooperador para el desarrollo de la comunidad. Lugar en el que se lo reconoce como un trabajador incansable, apostando más que a una localidad, a su gente.
Y luego, por su Salto natal, donde vivió auges de suma trascendencia para su vida personal y también soportó los vaivenes de la vida, las caídas que operan como cortapisas hasta donde nos limitemos nosotros mismos, momentos que supo superar en forma honrosa, como lo hacen los grandes hombres, poniéndole el pecho a las balas, sin bajar la cabeza nunca y pensando en que siempre se puede.
Por eso, cuando nuestro tránsito por la vida por este mundo llega al ocaso, y nos propone un nuevo despertar, lo importante es dejar un legado que trascienda nuestra existencia para los que aún permanecemos en esta vida.
Sin dudas, que Walter Martínez lo dejó, y fue un ejemplo de superación en la vida, de demostración de aptitudes para salir adelante, para el crecimiento en todos los aspectos y para generar oportunidades para los demás, algo que no es simple de lograr y que tampoco es común encontrarlo en la gente.
Pero Walter Martínez lo hizo, fue un hombre que vivió todos los momentos que un ser humano puede atravesar, siempre con tranquilidad, humildad y serenidad, sonriéndole a la vida y creyendo en los demás. Su legado está presente y su ejemplo es tenido en cuenta. Por eso, lejos de nostalgias, su memoria perdurará por siempre y eso es lo que importa.
HUGO LEMOS

Lo conocí varios meses después de haber ingresado al diario. Fue en un asado de camaradería que hicimos en los fondos de la sede del periódico, como el que habitualmente realizamos para despedir el año. Estaba con una sonrisa serena que demostraba sus cualidades de ser humano afable y amistoso. Me saludó, me preguntó mi edad y en qué rol me desempeñaba, despidiéndose con la cortesía que lo caracterizaba.

Walter Martínez Cerruti fue un hombre activo que lideró su camino y supo convertirse en alguien que aportó mucho a cada comunidad de la que formó parte. Tanto en Bella Unión, comarca a la que estuvo arraigado a través del comercio y del espíritu cooperador para el desarrollo de la comunidad. Lugar en el que se lo reconoce como un trabajador incansable, apostando más que a una localidad, a su gente.

Y luego, por su Salto natal, donde vivió auges de suma trascendencia para su vida personal y también soportó los vaivenes de la vida, las caídas que operan como cortapisas hasta donde nos limitemos nosotros mismos, momentos que supo superar en forma honrosa, como lo hacen los grandes hombres, poniéndole el pecho a las balas, sin bajar la cabeza nunca y pensando en que siempre se puede.

Por eso, cuando nuestro tránsito por la vida por este mundo llega al ocaso, y nos propone un nuevo despertar, lo importante es dejar un legado que trascienda nuestra existencia para los que aún permanecemos en esta vida.

Sin dudas, que Walter Martínez lo dejó, y fue un ejemplo de superación en la vida, de demostración de aptitudes para salir adelante, para el crecimiento en todos los aspectos y para generar oportunidades para los demás, algo que no es simple de lograr y que tampoco es común encontrarlo en la gente.

Pero Walter Martínez lo hizo, fue un hombre que vivió todos los momentos que un ser humano puede atravesar, siempre con tranquilidad, humildad y serenidad, sonriéndole a la vida y creyendo en los demás. Su legado está presente y su ejemplo es tenido en cuenta. Por eso, lejos de nostalgias, su memoria perdurará por siempre y eso es lo que importa.

HUGO LEMOS

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La Ingratitud

La vida no es solo el presente, sino que el pasado también forma parte de nuestra existencia. Y en la vida hay que ser agradecidos con quienes en algún momento nos han ayudado de una u otra manera para que podamos sobrellevar las más diversas circunstancias que el diario vivir nos presenta. Con sumo dolor despedí a mi amigo Walter Martínez a su eterna morada.
Pero más dolor sentí al ver tanta ingratitud, ver tantos mal agradecidos que nos rodean.
Martínez ayudó a decenas y decenas de personas, por no decir cientos y cientos en las décadas de los años 80 y 90 en Bella Unión y me consta porque era testigo. Recuerdo como si fuera hoy cuando terminaban las reuniones de la directiva de CLMC en su sede de Avenida Artigas,club que el presidía y en la vereda había ”colas “de vecinos de Bella Unión esperando para hablar con Walter para pedirle “favores” de todo tipo.-Walter a todos escuchaba más allá de la hora que fuera.-
Bien se sabía que tras culminar la reunión de la directiva de CLMC, Walter se subía a su automóvil y retornaba a Salto donde residía. A todos atendía en la vereda, en la calle.-A todos les daba una solución,o simplemente escuchaba y daba un consejo de cómo solucionar su problema.-En su época de apogeo con el Cambio Bella Unión dio trabajo a muchas personas, sobre todo jugadores y ex jugadores de CLMC.
Muchos jugadores de aquella época tuvieron su casa y la amueblaron, gracias a Walter Martínez. Sin ser de Bella Unión le dio a la ciudad lo que ningún oriundo le dio.-No solo fue un visionario sino que puso muchos dólares de su bolsillo para que las obras fueran una realidad. Antes nadie lo había hecho y después de Walter nadie lo ha hecho.
Pero lo que duele, molesta, irrita, es ver tanta ingratitud. Es ver tanto desagradecimiento de gran parte de una sociedad a la que Walter supo mantener laboralmente o sacándolos de apuros. En la vida hay que ser agradecidos. La vida es una sola. No es solo el presente. El pasado forma parte de la existencia. Quien tiene memoria no puede olvidar ese pasado. Sentí profundo dolor y profunda pena, angustia ante tanta ausencia de personas de la sociedad de Bella Unión en el sepelio de Walter que, la verdad me cuesta entender. Cuántos vivieron aquellos años “a costilla” de Walter. Yo fui testigo, por eso puedo hablar con propiedad.
En el sepelio de mi amigo solo la presencia de Sergio Bertazzi y Adrián Inda  que viajaron de Bella Unión para darle el último adiós. Sabe que, no uno ni dos ómnibus tendrían que haberse contratado por parte de personas de nuestra sociedad cañera, sino muchos más para estar despidiendo a Walter a su eterna morada junto al Señor.-Personas que en aquellos años arreglaron sus situaciones gracias a Walter.
En lo personal me dolió profundamente tanto olvido, tanta indiferencia, tanta deslealtad, tanto desprecio, tanto desamor, tantos y tantos insensibles. Mi amigo Walter, usted cumplió y eso vale a la hora de rendir cuentas en el Juicio final. Es un alto porcentaje de la sociedad cañera que está en deuda y que deberá responder en su momento, a todos nos llega la partida, del porqué tanto desagradecimiento para con usted mi amigo.
Termino diciendo algo que siempre le decía cada vez que hablábamos: “Walter, lo quiero mucho”.
Miguel Quintana

La vida no es solo el presente, sino que el pasado también forma parte de nuestra existencia. Y en la vida hay que ser agradecidos con quienes en algún momento nos han ayudado de una u otra manera para que podamos sobrellevar las más diversas circunstancias que el diario vivir nos presenta. Con sumo dolor despedí a mi amigo Walter Martínez a su eterna morada.

Pero más dolor sentí al ver tanta ingratitud, ver tantos mal agradecidos que nos rodean.

Martínez ayudó a decenas y decenas de personas, por no decir cientos y cientos en las décadas de los años 80 y 90 en Bella Unión y me consta porque era testigo. Recuerdo como si fuera hoy cuando terminaban las reuniones de la directiva de CLMC en su sede de Avenida Artigas,club que el presidía y en la vereda había ”colas “de vecinos de Bella Unión esperando para hablar con Walter para pedirle “favores” de todo tipo.-Walter a todos escuchaba más allá de la hora que fuera.-

Bien se sabía que tras culminar la reunión de la directiva de CLMC, Walter se subía a su automóvil y retornaba a Salto donde residía. A todos atendía en la vereda, en la calle.-A todos les daba una solución,o simplemente escuchaba y daba un consejo de cómo solucionar su problema.-En su época de apogeo con el Cambio Bella Unión dio trabajo a muchas personas, sobre todo jugadores y ex jugadores de CLMC.

Muchos jugadores de aquella época tuvieron su casa y la amueblaron, gracias a Walter Martínez. Sin ser de Bella Unión le dio a la ciudad lo que ningún oriundo le dio.-No solo fue un visionario sino que puso muchos dólares de su bolsillo para que las obras fueran una realidad. Antes nadie lo había hecho y después de Walter nadie lo ha hecho.

Pero lo que duele, molesta, irrita, es ver tanta ingratitud. Es ver tanto desagradecimiento de gran parte de una sociedad a la que Walter supo mantener laboralmente o sacándolos de apuros. En la vida hay que ser agradecidos. La vida es una sola. No es solo el presente. El pasado forma parte de la existencia. Quien tiene memoria no puede olvidar ese pasado. Sentí profundo dolor y profunda pena, angustia ante tanta ausencia de personas de la sociedad de Bella Unión en el sepelio de Walter que, la verdad me cuesta entender. Cuántos vivieron aquellos años “a costilla” de Walter. Yo fui testigo, por eso puedo hablar con propiedad.

En el sepelio de mi amigo solo la presencia de Sergio Bertazzi y Adrián Inda  que viajaron de Bella Unión para darle el último adiós. Sabe que, no uno ni dos ómnibus tendrían que haberse contratado por parte de personas de nuestra sociedad cañera, sino muchos más para estar despidiendo a Walter a su eterna morada junto al Señor.-Personas que en aquellos años arreglaron sus situaciones gracias a Walter.

En lo personal me dolió profundamente tanto olvido, tanta indiferencia, tanta deslealtad, tanto desprecio, tanto desamor, tantos y tantos insensibles. Mi amigo Walter, usted cumplió y eso vale a la hora de rendir cuentas en el Juicio final. Es un alto porcentaje de la sociedad cañera que está en deuda y que deberá responder en su momento, a todos nos llega la partida, del porqué tanto desagradecimiento para con usted mi amigo.

Termino diciendo algo que siempre le decía cada vez que hablábamos: “Walter, lo quiero mucho”.

Miguel Quintana

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El hijo del camionero

Walter Martínez… El Hombre

Walter Martínez, ¿dónde nació usted?
“Nací en Salto, en la calle que hoy es Javier de Viana casi Uruguay, a 20 metros de calle Uruguay, ahí donde se inicia el barrio Progreso”.
¿En qué trabajaban sus padres?
“Mi padre era camionero; trabajaba con la gente de Zunini, de El Revoltijo, con Walter Piastri, y fue el primero que introdujo un camión de doble rueda atrás, que todo el mundo salía a mirar”.
¿Era propietario del camión?
“Era propietario del camión y propietario de la casa, incluso se hizo un galpón donde guardaba el camión porque venía de afuera cargado de lana”.
¿A qué escuela fue usted?
“Cuando estaba en esa dirección de Javier de Viana casi Uruguay, fui 3 días a la Escuela Migliaro”.
¿Tres días solo?
“Tres días. Me llevaba un amigo, un vecino de apellido Pereira. Mamá me cortaba las flores para que le llevara a la maestra”.
¿Y así mismo fue tres días?
“Fui dos días bien, y al tercer día este muchacho Osvaldo Pereira no fue, fui solo. Resulta que al entrar en el salón, entré donde estaba la calavera que había ahí y me pegué un susto que salí marcha atrás. Salí y me fui. En ese intermedio mi padre vendió la casa y compró en el Monumento a Garibaldi, bien pegado al Monumento a mano derecha, eran alrededor de 15 hectáreas. Entonces de ahí fui a la Escuela 64, la que está cerca de la cancha de Nacional. Me venía a caballo en un petiso. Un día mi madre me regaló un par de zapatos de charol, brillosos, y a mí se me dio por venir a la escuela con los zapatos de charol; mi mamá rezongaba pero accedió. Usted sabe que cuando volví estaban blancos, tenían escamas y quedaron inservibles. De ahí seguí viniendo a caballo. Habré venido 2 o 3 meses a esa escuela, entonces mi madre consiguió con Orlando Invernizzi, que tenía la línea de ómnibus de la Colonia Osimani, que el “turco” Caram era el chofer”.
¿En esa época ya trabajaba un poco en la chacra usted, o no?
“Ah sí, ayudaba a mi padre, sí, cuando había que recoger la uva o la chaucha. La naranja no porque mi padre siempre le vendía a Eugenio Ferrari y él mismo levantaba”.
Walter, ¿cuándo empezó a trabajar usted?, ¿cuándo salió de su casa a trabajar afuera?
“Después de la Colonia 18 de Julio, mi padre vendió la quinta esa que era de Torterolo  y compró una chacra acá en el Agua Salto, cerca de donde estaba la Urreta. A los 14 años empecé a trabajar en la fábrica, ahí en el Agua Salto. Con el primer sueldo que cobré, el regalo que le hice a mi madre fue una caja de cien Aspirinas, porque ella vivía con dolor de cabeza”.
El trabajo a los 14 años
¿Le compró una caja de aspirinas a su madre?
“Sí, no podía creer el regalo que yo le llevaba”.
¿Desde los 14 años hasta qué edad trabajó usted en la Urreta?
“Empecé en la Urreta a los 14 años limpiando botellas. A los 2 años nos dieron para etiquetar por un tanto a mí y a Nicolás Píriz, un muchacho que tiene mi edad y era hijo del capataz. Mi sueldo en la Urreta era alrededor de 50 pesos, una cosa así, en aquel entonces. Entonces, al empezar a etiquetar  vi que etiquetando  sacaba un sueldo de 100, 120 pesos, que era un sueldo que ganaba gente que llevaba ahí 15 o 20 años. Ahí me compré una bicicleta y me vine a estudiar particular al Instituto Irrazábal, que estaba en calle Artigas frente al Ateneo. Ahí enseñaban contabilidad y a escribir a máquina.
Fui fundador del cuadro Los Manantiales. Ahí estaba mi padre y estaba Simari. Yo era el dueño de la pelota, la pelota era mía, picaba y venían 20 o 30 a la canchita. En eso que yo trabajaba en el Agua Salto, Héctor Llona, no sé si me vio jugar, vino y me invitó a jugar en Nacional y  vine a jugar a Nacional. En aquel momento el reglamento amparaba jugar en la Liga Agraria -que era el lugar del club- y en la Liga de Salto, y jugué. A los 15 o 16 años ya estaba en Nacional, jugué en las inferiores, en la cuarta y ya entré al plantel de primera que estaba Ferreira San Martín, que fue el entrenador que me llevó a primera y estaba a la expectativa, alternando. En un partido que  estaba debutando allá en cancha de Salto Uruguay, con Ferro Carril, se armó un lío de la masita, se pusieron todos los jugadores de Nacional, me pusieron a mí también en el arco para no dejar patear un penal, se armó un lío que invadió todo el público la cancha. Yo andaba ahí y me decía el “Fosforito”, uno muy hincha de Nacional, “che Martínez, no vayas a pelear”,  y le dije “no, ando buscando un lugar para disparar”. Yo lo que quería era irme, si era infernal eso, una cosa de locos”.
¿Al estar en Nacional consiguió trabajo en la Barraca Americana?
“Al estar en Nacional hablé con Macció, le pedí trabajo y me dijo sí, vení a trabajar y me fui a trabajar con él. Una cosa que siempre dije era que nunca iba a ser cobrador, y justito me dieron una parte de la cobranza.
Con mi sueldo me compré una bicicleta con motor y me recorría cuanto lugar había. Tengo anécdotas, por ejemplo que el primer listado que me dieron, me dieron una gente amiga de Macció; yo fui y la señora me trató a cara de perro, y le dije “señora, discúlpeme, pero yo soy empleado, por algo me dieron esta lista para cobrar”, y me dijo la señora “usted es un atrevido”. Llegué a la Barraca y todo el mundo le tenía terror a Macció. Él me llevó al escritorio y me dijo “tenés que ser más suave con los clientes”; le dije “usted me puso a mí para cobrar, yo con todo respeto trato de cumplirle y le voy a cumplir, yo no voy a salir a la calle a pasear”. De ahí hicimos una amistad con Macció”.
Seguir preparándose para la vida
¿Después qué hizo?
“En ese tiempo estudiaba en el Instituto Irrazábal. Cuando terminé, me recibí, me dieron el título, me puse a estudiar contabilidad bancaria con Cancedo que era el gerente del Banco República. En el Banco Rural di el examen y por una falta en el dictado no pude entrar, quedé afuera. Y di en el Comercial, en el Rural, en Caja Obrera, que ahí éramos 60 y yo fui bien preparado y entré en segundo lugar. En primer lugar salió Falcioni, que después se fue de gerente a la sucursal Tacuarembó, y a mí me llamó don Marquizá -que era el gerente- a ver si yo quería ir a Bella Unión a la Financiera Oro, que era una filial del Banco. Le dije que sí, y me dijo “el gerente está acá, es Juan Arbiza”. Dije “ah bueno”, agarré mi mochila y me vine al  Banco, entré por una puerta y salí por otra con él para Bella Unión el mismo día, en el 61; bueno, ahí empecé en la Financiera Oro.
Alfredo Remedi Frioni tenía una distribución de cigarrillos y yo vi que con mi sueldo me daba para vivir bien pero era un sueldo. Entonces lo trasladaron  a Melo y me dijo si yo quería quedar con la distribución. Le dije que sí. Empecé con una bicicleta, que la tengo ahí en el Diario El Pueblo. Me ponía el bolsito al hombro y empecé con los cigarrillos. Después, en el año 63 me casé con mi esposa Teresita Cordero Gómez. Todo el mundo me daba una mano, pero había un comercio grande que estaba cerca del puerto al  que nunca le pude vender nada. Era un señor Cuello, que no sé si era de Santa Rosa -la contra de Uruguay-, y yo pensaba cómo podía entrarle. Yo les digo a los vendedores y nuevos vendedores que tomen en cuenta lo que  voy a decir. Un día le dije: “Cuello, esta sí usted no me puede fallar, usted tiene que ayudar”, y me pregunta “¿Qué te pasa, tenés algún problema?”; le dije “estoy esperando un hijo”. ¡Ah!, me abrazó y desde ese entonces no me dejó de comprar nunca más.
Tenía también la representación exclusiva de Conaprole, de Pepsi Cola, de Vino Los Ranchos, de Los Chicles, tenía Vino Viejo Viñal, Vino Brisas del Litoral, tenía como 12 o 13 representaciones”.
El tiempo de Cambio Bella Unión
¿Y Cambio Bella Unión cuándo empezó?
“El Cambio Bella Unión empezó allá por el año 67. Después, en el 76 levantaron las restricciones de las casas de cambio, y en ese año abrimos en Bella Unión y nos vinimos acá a Salto. En Salto abrimos al lado de donde estaba Fotos Murguía; de ahí fuimos donde está El Quijote, después  compramos el local de enfrente. Teníamos sucursal acá en Salto en el Puerto, tenía en Bella Unión, teníamos en Maldonado, en Punta del Este, en el Chuy y después abrí en Montevideo. Montevideo nunca me dio plata”.
Walter, usted después decidió cambiar la vida de cambista e hizo negocio con el diario, con la radio, con el cable. ¿Ese fue un error táctico suyo o no?
“Mire, la gente que trabajaba en casa de cambio era palabra sagrada, pero en el ramo este del cable, eran unos tránsfugas bárbaros”.
Después se cerró el Cambio y usted en ese tiempo compró el Diario El Pueblo.
“Yo no cerré el Cambio, yo lo vendí. Pero antes de vender el Cambio, los Padres Pigurina y Bisio me encontraron en la calle y me dijeron “che Martínez, comprate Diaro El Pueblo”. Yo me iba para Bella Unión con los jugadores. Nunca había entrado a un diario y compré el Diario por Pigurina y Bisio, fue una operación relámpago. Empezó el diario con colaboradores como usted, Adriana -que se puso los pantalones largos-, vino Kosuk que era pariente mío, muy bien la parte social, la parte de afuera, pero en la parte de adentro del Diario se ven los problemas, hasta que un día le tuve que decir que lamentablemente no seguía más”.
¿Y quedó Adriana al frente con usted?
“Quedamos nosotros y todos los días en el escritorio teníamos a alguno, y les hablamos, algunos no aceptaron y se fueron, otros renunciaron y les aceptamos la renuncia”.
Walter, fue una vida de trabajo la suya, ¿no?
“Sí”.
Usted se pudo haber quedado sentado arriba de una pelota de plata y no lo hizo por seguir invirtiendo, para seguir dando trabajo.
“Usted sabe que a mí cuando me hicieron una inspección de la DGI, me dijo el inspector, “Martínez, cerrá las persianas y dejate de embromar”, y usted sabe que yo le dije “no, lo que pasa es que yo tengo 50 familias” y me dijo “no, dejate de joder”. Porque después me vino una multa de un millón de dólares en el Cambio, y lo arreglamos con la DGI por 100 mil dólares que les pagamos, pero los abogados querían masticar, porque ellos no intervinieron en nada, hasta que después se dejaron de embromar”.
Cuando hablamos de Bella Unión, pasamos de largo todo lo que hizo usted con el Club Con los Mismos Colores: el estadio, la piscina, el club, en fin, un montón de dinero…
“Fui a jugar a Uruguay, fui jugador de Uruguay de Bella Unión, fui técnico de Bella Unión de Uruguay. Me dieron la dirección técnica pero era yo el que mandaba, y en un momento dado expulsaron a un jugador de Uruguay, zaguero izquierdo; lo penaron por dos partidos, él cumplió los dos partidos y yo puse un juvenil. Me rindió el juvenil, entonces el tercer partido jugó el juvenil. Antes del otro partido me llamó la comisión directiva, toda gente mayor, y me dijeron por qué yo no ponía al jugador titular. Dije “miren, yo soy el técnico y no recibo presión de nadie, si ustedes están de acuerdo con el sistema que yo tengo -yo había sacado campeón a Uruguay que hacía años que no salía campeón-, si no,  pongo mi renuncia y me voy”. Y me fui, entonces llamé a varios amigos y fundamos Con Los Mismos Colores de Uruguay. Ganamos 10 campeonatos del 88 al 91, el del 93, 94 y 96 y algún otro año que no recuerdo exactamente”.
Hoy se lo pregunté al pasar. Si tuviera que vivir de vuelta la vida que vivió, ¿usted haría la misma movida o dejaba algo sin hacer?
“No, lo que uno sabe tiene que hacerlo, en lo que no sabe y depende de otro, por ejemplo como en el asunto del cable, no debe hacerlo”.
El perfil del hombre sigue siendo el mismo, tranquilo en su hablar. Justo y preciso en el momento de impartir su punto de vista. Yo lo conozco desde siempre, pero tuve la suerte de haber trabajado con él durante diez años.
Un hombre que las supo todas, con años de infinidad de amigos, con tiempos de no tantos pero de los buenos, con un espíritu luchador, perseverante, optimista y que hoy puede mirar la vida desde  su experiencia y, como lo ha dicho más de una vez, “Dios aprieta pero no ahorca”.
(En base a la edición aniversario de
“Mano a Mano”,de Luis A.Giovanoni)

Walter Martínez, ¿dónde nació usted?

“Nací en Salto, en la calle que hoy es Javier de Viana casi Uruguay, a 20 metros de calle Uruguay, ahí donde se inicia el barrio Progreso”.

¿En qué trabajaban sus padres?

“Mi padre era camionero; trabajaba con la gente de Zunini, de El Revoltijo, con Walter Piastri, y fue el primero que introdujo un camión de doble rueda atrás, que todo el mundo salía a mirar”.

¿Era propietario del camión?

“Era propietario del camión y propietario de la casa, incluso se hizo un galpón donde guardaba el camión porque venía de afuera cargado de lana”.

¿A qué escuela fue usted?

“Cuando estaba en esa dirección de Javier de Viana casi Uruguay, fui 3 días a la Escuela Migliaro”.

¿Tres días solo?

“Tres días. Me llevaba un amigo, un vecino de apellido Pereira. Mamá me cortaba las flores para que le llevara a la maestra”.

¿Y así mismo fue tres días?

“Fui dos días bien, y al tercer día este muchacho Osvaldo Pereira no fue, fui solo. Resulta que al entrar en el salón, entré donde estaba la calavera que había ahí y me pegué un susto que salí marcha atrás. Salí y me fui. En ese intermedio mi padre vendió la casa y compró en el Monumento a Garibaldi, bien pegado al Monumento a mano derecha, eran alrededor de 15 hectáreas. Entonces de ahí fui a la Escuela 64, la que está cerca de la cancha de Nacional. Me venía a caballo en un petiso. Un día mi madre me regaló un par de zapatos de charol, brillosos, y a mí se me dio por venir a la escuela con los zapatos de charol; mi mamá rezongaba pero accedió. Usted sabe que cuando volví estaban blancos, tenían escamas y quedaron inservibles. De ahí seguí viniendo a caballo. Habré venido 2 o 3 meses a esa escuela, entonces mi madre consiguió con Orlando Invernizzi, que tenía la línea de ómnibus de la Colonia Osimani, que el “turco” Caram era el chofer”.

¿En esa época ya trabajaba un poco en la chacra usted, o no?

“Ah sí, ayudaba a mi padre, sí, cuando había que recoger la uva o la chaucha. La naranja no porque mi padre siempre le vendía a Eugenio Ferrari y él mismo levantaba”.

Walter, ¿cuándo empezó a trabajar usted?, ¿cuándo salió de su casa a trabajar afuera?

“Después de la Colonia 18 de Julio, mi padre vendió la quinta esa que era de Torterolo  y compró una chacra acá en el Agua Salto, cerca de donde estaba la Urreta. A los 14 años empecé a trabajar en la fábrica, ahí en el Agua Salto. Con el primer sueldo que cobré, el regalo que le hice a mi madre fue una caja de cien Aspirinas, porque ella vivía con dolor de cabeza”.

El trabajo a los 14 años  ¿Le compró una caja de aspirinas a su madre?

“Sí, no podía creer el regalo que yo le llevaba”.

¿Desde los 14 años hasta qué edad trabajó usted en la Urreta?

“Empecé en la Urreta a los 14 años limpiando botellas. A los 2 años nos dieron para etiquetar por un tanto a mí y a Nicolás Píriz, un muchacho que tiene mi edad y era hijo del capataz. Mi sueldo en la Urreta era alrededor de 50 pesos, una cosa así, en aquel entonces. Entonces, al empezar a etiquetar  vi que etiquetando  sacaba un sueldo de 100, 120 pesos, que era un sueldo que ganaba gente que llevaba ahí 15 o 20 años. Ahí me compré una bicicleta y me vine a estudiar particular al Instituto Irrazábal, que estaba en calle Artigas frente al Ateneo. Ahí enseñaban contabilidad y a escribir a máquina.

Fui fundador del cuadro Los Manantiales. Ahí estaba mi padre y estaba Simari. Yo era el dueño de la pelota, la pelota era mía, picaba y venían 20 o 30 a la canchita. En eso que yo trabajaba en el Agua Salto, Héctor Llona, no sé si me vio jugar, vino y me invitó a jugar en Nacional y  vine a jugar a Nacional. En aquel momento el reglamento amparaba jugar en la Liga Agraria -que era el lugar del club- y en la Liga de Salto, y jugué. A los 15 o 16 años ya estaba en Nacional, jugué en las inferiores, en la cuarta y ya entré al plantel de primera que estaba Ferreira San Martín, que fue el entrenador que me llevó a primera y estaba a la expectativa, alternando. En un partido que  estaba debutando allá en cancha de Salto Uruguay, con Ferro Carril, se armó un lío de la masita, se pusieron todos los jugadores de Nacional, me pusieron a mí también en el arco para no dejar patear un penal, se armó un lío que invadió todo el público la cancha. Yo andaba ahí y me decía el “Fosforito”, uno muy hincha de Nacional, “che Martínez, no vayas a pelear”,  y le dije “no, ando buscando un lugar para disparar”. Yo lo que quería era irme, si era infernal eso, una cosa de locos”.

¿Al estar en Nacional consiguió trabajo en la Barraca Americana?

“Al estar en Nacional hablé con Macció, le pedí trabajo y me dijo sí, vení a trabajar y me fui a trabajar con él. Una cosa que siempre dije era que nunca iba a ser cobrador, y justito me dieron una parte de la cobranza.

Con mi sueldo me compré una bicicleta con motor y me recorría cuanto lugar había. Tengo anécdotas, por ejemplo que el primer listado que me dieron, me dieron una gente amiga de Macció; yo fui y la señora me trató a cara de perro, y le dije “señora, discúlpeme, pero yo soy empleado, por algo me dieron esta lista para cobrar”, y me dijo la señora “usted es un atrevido”. Llegué a la Barraca y todo el mundo le tenía terror a Macció. Él me llevó al escritorio y me dijo “tenés que ser más suave con los clientes”; le dije “usted me puso a mí para cobrar, yo con todo respeto trato de cumplirle y le voy a cumplir, yo no voy a salir a la calle a pasear”. De ahí hicimos una amistad con Macció”.

Seguir preparándose para la vida ¿Después qué hizo?

“En ese tiempo estudiaba en el Instituto Irrazábal. Cuando terminé, me recibí, me dieron el título, me puse a estudiar contabilidad bancaria con Cancedo que era el gerente del Banco República. En el Banco Rural di el examen y por una falta en el dictado no pude entrar, quedé afuera. Y di en el Comercial, en el Rural, en Caja Obrera, que ahí éramos 60 y yo fui bien preparado y entré en segundo lugar. En primer lugar salió Falcioni, que después se fue de gerente a la sucursal Tacuarembó, y a mí me llamó don Marquizá -que era el gerente- a ver si yo quería ir a Bella Unión a la Financiera Oro, que era una filial del Banco. Le dije que sí, y me dijo “el gerente está acá, es Juan Arbiza”. Dije “ah bueno”, agarré mi mochila y me vine al  Banco, entré por una puerta y salí por otra con él para Bella Unión el mismo día, en el 61; bueno, ahí empecé en la Financiera Oro.

Alfredo Remedi Frioni tenía una distribución de cigarrillos y yo vi que con mi sueldo me daba para vivir bien pero era un sueldo. Entonces lo trasladaron  a Melo y me dijo si yo quería quedar con la distribución. Le dije que sí. Empecé con una bicicleta, que la tengo ahí en el Diario El Pueblo. Me ponía el bolsito al hombro y empecé con los cigarrillos. Después, en el año 63 me casé con mi esposa Teresita Cordero Gómez. Todo el mundo me daba una mano, pero había un comercio grande que estaba cerca del puerto al  que nunca le pude vender nada. Era un señor Cuello, que no sé si era de Santa Rosa -la contra de Uruguay-, y yo pensaba cómo podía entrarle. Yo les digo a los vendedores y nuevos vendedores que tomen en cuenta lo que  voy a decir. Un día le dije: “Cuello, esta sí usted no me puede fallar, usted tiene que ayudar”, y me pregunta “¿Qué te pasa, tenés algún problema?”; le dije “estoy esperando un hijo”. ¡Ah!, me abrazó y desde ese entonces no me dejó de comprar nunca más.

Tenía también la representación exclusiva de Conaprole, de Pepsi Cola, de Vino Los Ranchos, de Los Chicles, tenía Vino Viejo Viñal, Vino Brisas del Litoral, tenía como 12 o 13 representaciones”.

El tiempo de Cambio Bella Unión

¿Y Cambio Bella Unión cuándo empezó?

“El Cambio Bella Unión empezó allá por el año 67. Después, en el 76 levantaron las restricciones de las casas de cambio, y en ese año abrimos en Bella Unión y nos vinimos acá a Salto. En Salto abrimos al lado de donde estaba Fotos Murguía; de ahí fuimos donde está El Quijote, después  compramos el local de enfrente. Teníamos sucursal acá en Salto en el Puerto, tenía en Bella Unión, teníamos en Maldonado, en Punta del Este, en el Chuy y después abrí en Montevideo. Montevideo nunca me dio plata”.

Walter, usted después decidió cambiar la vida de cambista e hizo negocio con el diario, con la radio, con el cable. ¿Ese fue un error táctico suyo o no?

“Mire, la gente que trabajaba en casa de cambio era palabra sagrada, pero en el ramo este del cable, eran unos tránsfugas bárbaros”.

Después se cerró el Cambio y usted en ese tiempo compró el Diario El Pueblo.

“Yo no cerré el Cambio, yo lo vendí. Pero antes de vender el Cambio, los Padres Pigurina y Bisio me encontraron en la calle y me dijeron “che Martínez, comprate Diaro El Pueblo”. Yo me iba para Bella Unión con los jugadores. Nunca había entrado a un diario y compré el Diario por Pigurina y Bisio, fue una operación relámpago. Empezó el diario con colaboradores como usted, Adriana -que se puso los pantalones largos-, vino Kosuk que era pariente mío, muy bien la parte social, la parte de afuera, pero en la parte de adentro del Diario se ven los problemas, hasta que un día le tuve que decir que lamentablemente no seguía más”.

¿Y quedó Adriana al frente con usted?

“Quedamos nosotros y todos los días en el escritorio teníamos a alguno, y les hablamos, algunos no aceptaron y se fueron, otros renunciaron y les aceptamos la renuncia”.

Walter, fue una vida de trabajo la suya, ¿no?

“Sí”.

Usted se pudo haber quedado sentado arriba de una pelota de plata y no lo hizo por seguir invirtiendo, para seguir dando trabajo.

“Usted sabe que a mí cuando me hicieron una inspección de la DGI, me dijo el inspector, “Martínez, cerrá las persianas y dejate de embromar”, y usted sabe que yo le dije “no, lo que pasa es que yo tengo 50 familias” y me dijo “no, dejate de joder”. Porque después me vino una multa de un millón de dólares en el Cambio, y lo arreglamos con la DGI por 100 mil dólares que les pagamos, pero los abogados querían masticar, porque ellos no intervinieron en nada, hasta que después se dejaron de embromar”.

Cuando hablamos de Bella Unión, pasamos de largo todo lo que hizo usted con el Club Con los Mismos Colores: el estadio, la piscina, el club, en fin, un montón de dinero…

“Fui a jugar a Uruguay, fui jugador de Uruguay de Bella Unión, fui técnico de Bella Unión de Uruguay. Me dieron la dirección técnica pero era yo el que mandaba, y en un momento dado expulsaron a un jugador de Uruguay, zaguero izquierdo; lo penaron por dos partidos, él cumplió los dos partidos y yo puse un juvenil. Me rindió el juvenil, entonces el tercer partido jugó el juvenil. Antes del otro partido me llamó la comisión directiva, toda gente mayor, y me dijeron por qué yo no ponía al jugador titular. Dije “miren, yo soy el técnico y no recibo presión de nadie, si ustedes están de acuerdo con el sistema que yo tengo -yo había sacado campeón a Uruguay que hacía años que no salía campeón-, si no,  pongo mi renuncia y me voy”. Y me fui, entonces llamé a varios amigos y fundamos Con Los Mismos Colores de Uruguay. Ganamos 10 campeonatos del 88 al 91, el del 93, 94 y 96 y algún otro año que no recuerdo exactamente”.

Hoy se lo pregunté al pasar. Si tuviera que vivir de vuelta la vida que vivió, ¿usted haría la misma movida o dejaba algo sin hacer?

“No, lo que uno sabe tiene que hacerlo, en lo que no sabe y depende de otro, por ejemplo como en el asunto del cable, no debe hacerlo”.

El perfil del hombre sigue siendo el mismo, tranquilo en su hablar. Justo y preciso en el momento de impartir su punto de vista. Yo lo conozco desde siempre, pero tuve la suerte de haber trabajado con él durante diez años.

Un hombre que las supo todas, con años de infinidad de amigos, con tiempos de no tantos pero de los buenos, con un espíritu luchador, perseverante, optimista y que hoy puede mirar la vida desde  su experiencia y, como lo ha dicho más de una vez, “Dios aprieta pero no ahorca”.

(En base a la edición aniversario de “Mano a Mano”,de Luis A.Giovanoni)

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