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“Hoy somos una familia”

Juan Carlos Vega
Empresario-Presidente de UNTASA

Juan Carlos Vega. Empresario-Presidente de UNTASA

Hace aproximadamente cuatro  años, que lleva adelante a UNTASA. (Unión de Talleristas de Salto).

Con mucho esfuerzo, y con un excelente grupo humano, que lo acompaña, ha logrado muchísimo para la asociación, que a su vez, tantas satisfacciones les brinda.

Así, conversamos  con un presidente, a pasos de retirarse del cargo, pero aún colmado  de proyectos, entusiasta, y  por sobre todo, muy conforme con lo logrado hasta hoy:

¿Desde cuándo está formada la Asociación  de UNTASA?

Desde el año 1992. Fue por iniciativa de los talleristas: Arnoldo Sánchez, Leonel Da’loglio, Juan Carlos Fernández, y el señor Acerbis, quien es el papá del tesorero actualmente, junto a un grupo de talleristas más.

Funcionó de esta forma hasta el 2000. Luego  comenzó a diluirse, hasta que en 2002, culmina su primera etapa de vida, no pudiendo conservar ningún socio.

Al poco tiempo, en el año 2008, con otros compañeros, comenzamos a reunirnos nuevamente y nos reorganizamos, intentando hacer nacer nuevamente a UNTASA.

A partir del 2008, le llamamos  la nueva UNTASA. Que si bien, lógicamente tiene raíces de la otra, es con otra mentalidad que lo hicimos, con gente extraordinaria, que lucha parejo. ¡Una comisión espectacular!

Cuando termina el 2009, se nos hizo bastante difícil integrar a nuevos socios, pero para esa época finalizando el año, contábamos con 60.

Realizamos una despedida, ese fin de año, con el profesor Silva Cabrera, y los 60 socios, en el Jack Club de Salto Grande, obteniendo el auspicio de ANCAP, siendo todos, solamente hombres. Talleristas y colaboradores.

Es bueno aclarar, que el empleado, colaborador de empresa, no tiene votos en una elección, abonando la mitad de la cuota. El que sí lo tiene es el patrón que abona su totalidad, como patrón que es. Pero para nosotros es importante contar con ese colaborador, y tiene sus derechos además.

Es un vínculo que cada vez es más lindo  y crece más.

Fue en esa reunión de camaradería, que tuvimos la brillante idea de invitar a la mujer a partir de allí, para que nos acompañe y aporte ideas. Señoras comerciantes de casas de repuestos, colaboradoras, incluso amas de casa, viendo así el apoyo que nos podían brindar, llevando adelante esta asociación.

carlosRepetimos la fiesta con toda la familia, en una cena de despedida viendo realizado el sueño, en  Haras de Salto, contando con 200 personas, siendo un éxito total. A partir de allí regalamos una moto todos los años para los socios en un sorteo, con la obligación de que esté presente.

Y entre las señoritas o señoras que estén presentes, se realiza un sorteo, premiándolas con dinero en efectivo.

Y  en esta última reunión, en diciembre de 2013, para satisfacción de todos, nos reunimos 500 personas, en el salón de Le Park.

Fue realmente fantástico ver a la familia de UNTASA, toda junta con una unión, única, formidable.

Aprovecho la oportunidad, para darles la noticia a todos los socios, de que ya estamos programando la fiesta de este fin de año.

Lo hacemos con tiempo, para que haya una excelente organización y sea en realidad un evento para no perdérselo. Poniendo todo nuestro esfuerzo y energía para que salga maravillosamente bien, trabajando en conjunto, todos  unidos.

¿Qué brinda la asociación a los socios?

Contamos con excelentes profesores que vienen de distintos puntos del país a brindar su capacitación, tan necesaria.

También, existen importantes casas de repuestos del rubro, que llegan a Salto presentando sus productos y lo hacen por medio de UNTASA, con lo cual nos hace sentir orgullosos.

Pasa lo mismo con empresas que llegan presentando herramientas. Ya lo hemos realizado por medio de Aguiñagalde, así como productos y cursos de baterías, hecho por medio de Himalaya. Salvador Livio también, representante de BOSS viene a presentar sus productos electrónicos para autos de primera generación, con charlas técnicas.

Hemos conseguido mucho en cuanto a capacitación.

También hemos hecho convenios, con algunas empresas del medio, para beneficiar al socio, pero tenemos que seguir trabajando en ello.

¿Con cuántos socios cuenta la institución?

Somos un grupo de 350 socios.

Con un promedio de 80 y 120 participantes por eventos de capacitación.

Pero cada día se suman más. Porque además contamos con socios que no son talleristas.

¿Y en la directiva?

Somos 13 integrantes y cuál de ellos, trabaja mejor. Es un placer verlos tan unidos y comprometidos.

¿Dónde se reúnen?

En diferentes domicilios de compañeros socios, y en muchas oportunidades, nos hemos reunido en el Centro Comercial,  también con la realización de eventos allí.

¿Qué planes tiene UNTASA?

Necesitamos un lugar físico para poder concretarnos.

Ello conlleva a muchísimos gastos, pero es un sueño que se va a cumplir, como el de seguir creciendo.

¿Está en puerta una nueva elección?

Sí, me estaría retirando en Abril- Mayo, para dejar paso al nuevo presidente, y a gente nueva, pero de cualquier manera no voy a alejarme mucho  de los compañeros.

Saben que estoy a las órdenes y voy a estar siempre que me necesiten.

¿Un mensaje a los colegas?

Queridos socios de UNTASA, apuntalen a la asociación.

Con todos los conocimientos, que obtuvimos estos años, esta UNTASA, tiene que seguir adelante, no puede caer. Toda idea nueva que tengan que la aporten, que es bienvenida.

¡Salud UNTASA!

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“Me siento un hombre realizado”

Agustín Ferreira. Empresario

Comenzó desde  muy chiquito aprendiendo el oficio.
Con 12 años, saliendo Agustín recién de la primaria, pensó su mamá, que era lo mejor concurrir a UTU, para aprender un oficio. Surge en aquel momento una beca, con la posibilidad de viajar y estudiar en los Talleres  Don Bosco de Montevideo.
Se la ofrecen, su mamá no lo dudó, y el primer lunes de Febrero del año 1949, viaja Agustín a Montevideo como pupilo al mencionado taller, para así comenzar su vínculo con el torno.
Actualmente, lleva un feliz matrimonio con Sara. Tiene tres hijos, José Luis, María Liliana y María Margarita, que es quien cumple la función de secretaria en su empresa. Terminan de conformar esa hermosa familia, nueve nietos.
Una historia por demás interesante, que deseamos compartirla con ustedes, de un hombre empresario- docente, que dedicó buena parte de su vida a brindárnosla a los salteños, con su labor.
Así charlamos:
¿Cuénteme sobre
la beca?
Viajé a Montevideo y estuve allí 5 años consecutivos, donde aprendí todo el oficio. Prensa, torno, soldadura, y mecánica en general.
Salí de allí, con un nivel de estudio, muy bueno.
Vuelvo a Salto y por medio de doña Ada Fernández, ingreso a trabajar en Barbieri y Leggire. Comencé allí como oficial tornero en un enorme taller donde se trabajaba con la empresa Internacional Arbester y estuve durante cinco años.
Mi superior, jefe de taller, el señor Gregorio La forcada, un hombre muy preparado en la mecánica, se retira de Barbieri y Leggire, vino a trabajar justamente en este local y en el otro casi continuo a este.
Este señor, me alquila parte del salón y otra vez, conectado con talleres Don Bosco, me comunico con el director y sacerdote. Le comento que iba a instalarme con un taller y me hace la pregunta de rigor, si había cumplido los cinco años  definitivos.
Eran cinco años de estudios y cinco de práctica, para conocimientos de clientes, la forma y el medio de cómo se trabajaba.
Todo estaba planificado en los módulos de estudios.
¿Cuándo comienza
a trabajar?
Compro un torno alemán en Paysandú y me instalo trabajando aquí. Fue en Abril del año 59.
Trabajé seis meses probando y en el año 60, abrí en forma oficial el taller, donde aún estoy. Tenía muchísimo trabajo. Todos los clientes que La Forcada había traído para acá, me conocían de Barbieri y Leggire y se quedaban con nosotros.
Empezó el trabajo continuo con productores rurales, y toda la gente de campo. El buen relacionamiento también estaba incluido en la enseñanza del oficio. El aprendizaje fue completo.
¿Recuerda particularmente alguna empresa en la que haya trabajado?
Sí. Editorial Sarandí S. A. El hoy actual Diario EL PUEBLO.
El director en ese entonces era Silva Delgado. Acosta y Pablito Masa, eran los colaboradores con los que manteníamos un contacto más fluido.
Al comenzar a trabajar con ellos, hacía todas las partes de tornerías, de la roto plana, de las Hilerberg, y de las linotipos.
Al poco tiempo, el director era Cesio, pero seguíamos trabajando con ellos, hasta que llegó la tecnología con sus máquinas automáticas y sus computadoras,  se terminaron las linotipos, la parte de plomo, ya no se empastaban más  las máquinas, las moto planas eran de mucho trabajo.
Tuve el privilegio de darle los primeros colores a Diario EL PUEBLO, ya que viajé a Montevideo visitando Diario EL PAIS, conociendo cómo era la temática del color, conociendo las maquinarias y a los dos meses, se realizó una prueba y el encabezamiento en diario EL PUEBLO fue para comenzar, en color azul.
Fue todo hecho en este taller. Se le puso cilindros nuevos a la maquinaria, se desvió el enrollamiento del papel, para que saliera el diario a color.
¿Tiene muchas anécdotas de su trabajo en Diario EL PUEBLO o Editorial Sarandí S. A?
Sí. ¡Muchísimas!
Estaba una madrugada durmiendo en mi casa, me viene a buscar Pablito Masa, preocupadísimo, que me necesitaban porque a un operario de una máquina automática, se le había trabado el brazo y no se lo podían quitar.
Cuando llegamos, estaba el operario en compañía del Dr. Revetria, con su brazo todo azul. Con un cuerpo de bomberos y la policía.
Había que desarmar la máquina. Logramos hacerlo y el hombre por fin pudo quitar su brazo. ¡No lo perdió!
Otra anécdota, es cuando se incendia una noche Diario EL PUEBLO, y como a las 3.30 de la mañana, viene pablito a buscarme, porque habían ido los bomberos a apagar el fuego y mojaron toda la maquinaria en el intento de sofocar el fuego. Entonces se atasca un cilindro principal, oxidado por el agua que no quería marchar.
Tuvimos que aceitar toda la máquina para que funcionara todo con normalidad.  ¡Pero lo logramos!
¿Cuántos años trabajó
en EL PUEBLO?
Más de veinte años.
¿Cómo se hace
docente?
Llega un día, casi terminando el año 61, Homero Guglielmone, Director de la Escuela Industrial, y me propone trabajo como maestro de tornería y de ajuste. La verdad, en la parte teórica, me sentía capacitado para dictar clases, debido al aprendizaje que recibí, además nunca me quedé, y siempre seguí estudiando.
Me presento para el examen de admisión, con el Maestro Ricardo Nieves, el Ingeniero Chiesa y el Arquitecto Alfredo Peyrano.
A la semana me avisan que fui admitido y allí trabajé desde el 62 al 92. Treinta años enseñando en UTU.
¿Qué sigue
después de allí?
Cuando surge Salto Grande, dábamos clase de práctica de tornería a los futuros ingenieros que ingresaban a la empresa. Como vera tuve una vida bastante entretenida, me siento muy conforme con ella. Porque en el taller, estuve todo el tiempo dedicándome a una parte de la mecánica, concentrándome en una sola cosa: tecnificar todo lo que podía, para la reparación y construcción  de piezas, que muchas veces, no la quieren hacer otros.
Hice un estudio de mercado, compré maquinaria adecuada para ese tipo de trabajo: reparaciones de piezas en general y buenas soldaduras.
¿Qué opina su familia
sobre su dedicación
al trabajo?
No. Eso no se discutía. Lo tenía que hacer y punto.
No podía incluir a mi señora en el taller. Decidimos que ella se dedicara a criar a los chicos y mi obligación era mi trabajo.
Repartimos esa parte y salió todo bien. Nos dio resultado. Tenemos tres hijos maravillosos y nueve nietos que son la prioridad. ¡Mejor es lujo! Más no podemos pedir.
¿Qué asignatura
tiene pendiente?
Amo a mi señora, pero amo también mi oficio. Dedique toda mi vida a esto y no tengo nada pendiente. Me siento un hombre realizado. En cuanto a mi familia, mi trabajo y a mi vida en general.
¿Cuáles son sus planes?
Los planes son de seguir siempre trabajando. Poder dejarles este espacio a los muchachos que aquí trabajan, que lo sigan haciendo.
Y si un día falto, va a venir el escribano y va a dar la orden de que los muchachos siguen trabajando, y el taller no se cierra.
¿Un mensaje a
los colegas?
A mis colegas torneros les envío el mensaje de que estudien y no se dejen estar. La tecnología avanza y avanza,  no nos podemos quedar. Tenemos que hacer reparaciones mejores, actualizadas y no con contornos obsoletos, que tienen sus desgastes y que sus piezas salen mal.
Hay que tratar estudiando para tener buenos talleres en Salto como los hay. Tengan cuidado con las herramientas. Tenemos que modernizarnos. Estudiando fundamentalmente. No hay ningún tornero Dios. Los diablitos que estamos en las tornerías, son los que andamos sueltos y aprendemos de todos lados.
¡Estudien y progresen!

Comenzó desde  muy chiquito aprendiendo el oficio.

Con 12 años, saliendo Agustín recién de la primaria, pensó su mamá, que era lo mejor concurrir a UTU, para aprender un oficio. Surge en aquel momento una beca, con la posibilidad de viajar y estudiar en los Talleres  Don Bosco de Montevideo.

Se la ofrecen, su mamá no lo dudó, y el primer lunes de Febrero del año 1949, viaja Agustín a Montevideo como pupilo al mencionado taller, para así comenzar su vínculo con el torno.

Actualmente, lleva un feliz matrimonio con Sara. Tiene tres hijos, José Luis, María Liliana y María Margarita, que es quien cumple la función de secretaria en su empresa. Terminan de conformar esa hermosa familia, nueve nietos.

Una historia por demás interesante, que deseamos compartirla con ustedes, de un hombre empresario- docente, que dedicó buena parte de su vida a brindárnosla a los salteños, con su labor.

Así charlamos:

¿Cuénteme sobre la beca?

Viajé a Montevideo y estuve allí 5 años consecutivos, donde aprendí todo el oficio. Prensa, torno, soldadura, y mecánica en general.

Salí de allí, con un nivel de estudio, muy bueno.

Vuelvo a Salto y por medio de doña Ada Fernández, ingreso a trabajar en Barbieri y Leggire. Comencé allí como oficial tornero en un enorme taller donde se trabajaba con la empresa Internacional Arbester y estuve durante cinco años.

Mi superior, jefe de taller, el señor Gregorio La forcada, un hombre muy preparado en la mecánica, se retira de Barbieri y Leggire,agusvino a trabajar justamente en este local y en el otro casi continuo a este.

Este señor, me alquila parte del salón y otra vez, conectado con talleres Don Bosco, me comunico con el director y sacerdote. Le comento que iba a instalarme con un taller y me hace la pregunta de rigor, si había cumplido los cinco años  definitivos.

Eran cinco años de estudios y cinco de práctica, para conocimientos de clientes, la forma y el medio de cómo se trabajaba.

Todo estaba planificado en los módulos de estudios.

¿Cuándo comienza a trabajar?

Compro un torno alemán en Paysandú y me instalo trabajando aquí. Fue en Abril del año 59.

Trabajé seis meses probando y en el año 60, abrí en forma oficial el taller, donde aún estoy. Tenía muchísimo trabajo. Todos los clientes que La Forcada había traído para acá, me conocían de Barbieri y Leggire y se quedaban con nosotros.

Empezó el trabajo continuo con productores rurales, y toda la gente de campo. El buen relacionamiento también estaba incluido en la enseñanza del oficio. El aprendizaje fue completo.

¿Recuerda particularmente alguna empresa en la que haya trabajado?

Sí. Editorial Sarandí S. A. El hoy actual Diario EL PUEBLO.

El director en ese entonces era Silva Delgado. Acosta y Pablito Masa, eran los colaboradores con los que manteníamos un contacto más fluido.

Al comenzar a trabajar con ellos, hacía todas las partes de tornerías, de la roto plana, de las Hilerberg, y de las linotipos.

Al poco tiempo, el director era Cesio, pero seguíamos trabajando con ellos, hasta que llegó la tecnología con sus máquinas automáticas y sus computadoras,  se terminaron las linotipos, la parte de plomo, ya no se empastaban más  las máquinas, las moto planas eran de mucho trabajo.

Tuve el privilegio de darle los primeros colores a Diario EL PUEBLO, ya que viajé a Montevideo visitando Diario EL PAIS, conociendo cómo era la temática del color, conociendo las maquinarias y a los dos meses, se realizó una prueba y el encabezamiento en diario EL PUEBLO fue para comenzar, en color azul.

Fue todo hecho en este taller. Se le puso cilindros nuevos a la maquinaria, se desvió el enrollamiento del papel, para que saliera el diario a color.

¿Tiene muchas anécdotas de su trabajo en Diario EL PUEBLO o Editorial Sarandí S. A?

Sí. ¡Muchísimas!

Estaba una madrugada durmiendo en mi casa, me viene a buscar Pablito Masa, preocupadísimo, que me necesitaban porque a un operario de una máquina automática, se le había trabado el brazo y no se lo podían quitar.

Cuando llegamos, estaba el operario en compañía del Dr. Revetria, con su brazo todo azul. Con un cuerpo de bomberos y la policía.

Había que desarmar la máquina. Logramos hacerlo y el hombre por fin pudo quitar su brazo. ¡No lo perdió!

Otra anécdota, es cuando se incendia una noche Diario EL PUEBLO, y como a las 3.30 de la mañana, viene pablito a buscarme, porque habían ido los bomberos a apagar el fuego y mojaron toda la maquinaria en el intento de sofocar el fuego. Entonces se atasca un cilindro principal, oxidado por el agua que no quería marchar.

Tuvimos que aceitar toda la máquina para que funcionara todo con normalidad.  ¡Pero lo logramos!

¿Cuántos años trabajó en EL PUEBLO?

Más de veinte años.

¿Cómo se hace docente?

Llega un día, casi terminando el año 61, Homero Guglielmone, Director de la Escuela Industrial, y me propone trabajo como maestro de tornería y de ajuste. La verdad, en la parte teórica, me sentía capacitado para dictar clases, debido al aprendizaje que recibí, además nunca me quedé, y siempre seguí estudiando.

Me presento para el examen de admisión, con el Maestro Ricardo Nieves, el Ingeniero Chiesa y el Arquitecto Alfredo Peyrano.

A la semana me avisan que fui admitido y allí trabajé desde el 62 al 92. Treinta años enseñando en UTU.

¿Qué sigue después de allí?

Cuando surge Salto Grande, dábamos clase de práctica de tornería a los futuros ingenieros que ingresaban a la empresa. Como vera tuve una vida bastante entretenida, me siento muy conforme con ella. Porque en el taller, estuve todo el tiempo dedicándome a una parte de la mecánica, concentrándome en una sola cosa: tecnificar todo lo que podía, para la reparación y construcción  de piezas, que muchas veces, no la quieren hacer otros.

Hice un estudio de mercado, compré maquinaria adecuada para ese tipo de trabajo: reparaciones de piezas en general y buenas soldaduras.

¿Qué opina su familia sobre su dedicación al trabajo?

No. Eso no se discutía. Lo tenía que hacer y punto.

No podía incluir a mi señora en el taller. Decidimos que ella se dedicara a criar a los chicos y mi obligación era mi trabajo.

Repartimos esa parte y salió todo bien. Nos dio resultado. Tenemos tres hijos maravillosos y nueve nietos que son la prioridad. ¡Mejor es lujo! Más no podemos pedir.

¿Qué asignatura tiene pendiente?

Amo a mi señora, pero amo también mi oficio. Dedique toda mi vida a esto y no tengo nada pendiente. Me siento un hombre realizado. En cuanto a mi familia, mi trabajo y a mi vida en general.

¿Cuáles son sus planes?

Los planes son de seguir siempre trabajando. Poder dejarles este espacio a los muchachos que aquí trabajan, que lo sigan haciendo.

Y si un día falto, va a venir el escribano y va a dar la orden de que los muchachos siguen trabajando, y el taller no se cierra.

¿Un mensaje a los colegas?

A mis colegas torneros les envío el mensaje de que estudien y no se dejen estar. La tecnología avanza y avanza,  no nos podemos quedar. Tenemos que hacer reparaciones mejores, actualizadas y no con contornos obsoletos, que tienen sus desgastes y que sus piezas salen mal.

Hay que tratar estudiando para tener buenos talleres en Salto como los hay. Tengan cuidado con las herramientas. Tenemos que modernizarnos. Estudiando fundamentalmente. No hay ningún tornero Dios. Los diablitos que estamos en las tornerías, son los que andamos sueltos y aprendemos de todos lados.

¡Estudien y progresen!

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“Me siento satisfecho y muy tranquilo”

Francisco Chalar. Empresario
Propietario de Chalar frenos y embragues.

Francisco Chalar. Empresario. Propietario de Chalar frenos y embragues.

Hoy por hoy, su trayectoria, lo ha llevado a ser muy reconocido en el medio.

Un conocedor de todo lo que es la materia automotriz en cuanto a repuestos y tornería.

Se inicia desde muy pequeño, con tan solo  12 años lanzándose al complejo  estudio de lo que es la maquinaria pesada y todo tipo de vehículos.

Nos recibe muy amablemente iniciando un poco la historia de esta, su vida. Especial y entretenida, por cierto.

¿Por qué esta inclinación por ser  tornero?

Mis comienzos surgen por el deseo de mis padres de aprender el oficio, estudiando en la UTU.

Vivíamos en Termas de Daymán, en Barrio La Chinita y me venía a estudiar a UTU,  en una bicicleta prestada.

En ese tiempo, y con doce años, se hacía tres años de estudio y uno de práctica.

Me recibo y mi primer trabajo en tornería fueron veinte días en la empresa de Agustín Ferreira, cubriendo la licencia del señor Rosquetti.

Luego  llegó el trabajo, con el Profesor Silvestre, de la escuela Industrial en una tornería. Acompañándolo durante cuatro años.

ultimoEn el año 70, después de un año con Albín, me instalé por mi cuenta.

¿Qué recuerdos conserva de su época de estudiante?

Los mejores. Tuve excelentes profesores, como lo fueron: Silvestre en primer año. En segundo Paiva, Benítez en tercero y en cuarto Ricardo Nieves. Unos monstruos enseñando. ¡Unos genios de verdad!

¿Cómo fue lo de  “largarse por su cuenta “?

Siempre lo quise hacer. Tenía un poco de experiencia, frente al taller donde estaba, así como con  clientes. Y algunos  amigos, insistiendo en que podía comenzar lo mío, y lo intenté. Fue en el 70, con 22 años.

Solicito un  préstamo en el Banco república, lo consigo y me instalo con un taller de tornería, en calle Varela 920. Estuve hasta el año 85, con cuatro colaboradores. Luego nos trasladamos de allí. No me fue muy bien, cansado, entonces decido retirarme temporalmente, dejándole las herramientas a uno de los colaboradores que le mencioné.

¿Incluye así otros servicios?

Sí. Comienzo a dedicarme a reparar embragues, y lo seguí haciendo hasta ahora  en calle Artigas 1574. Con la diferencia de que allí incluimos la venta de repuestos muy de a poco.

Y luego agregamos los de los frenos, por eso le quedó el nombre de Chalar: embragues y frenos, y así estamos ya hace unos 15 años.

¿Era mucha la competencia en aquella época?

Sí. Pero siempre me ayudaron, compartiendo sus herramientas conmigo, como es el caso de los hermanos Albín. En el caso de Carlos Bisio, me vendía el material. Mucha colaboración de parte de todos. Había mucha unión.

¿Qué es lo que más le gusta hacer por el hecho de estar frente a la empresa y cuál es su fuerte?

Más que nada la atención al público y tratar de solucionarle los problemas a la gente. Tener la satisfacción de  brindarle el repuesto que el cliente está buscando, ya que abarca mucho.

En cuanto a lo fuerte, nos dedicamos a camiones haciendo el encintado y la rectificación de campanas de camiones y ómnibus.

Atendemos a distintas empresas de transporte, Intendencia, en la sección de ómnibus y garaje, entre otras.

¿Está satisfecho con lo que ha conseguido hasta hoy?

Sí. Si hablamos de la familia, la vida me ha regalado cuatro hijos: Ana Cecilia, Francisco, Carlos y Valeria. Con cinco nietos maravillosos.

Es Carlos quien sigue mis pasos, y está conmigo trabajando.

¿Hay algo que todavía desee realizar en cuanto a lo laboral?

Sí. Es poder obtener el edificio de este local como propio.

¿Un plan a corto plazo?

Trabajar. Porque me he dado el gusto de viajar, y en lo personal me siento muy satisfecho y muy tranquilo. Mi mayor deseo a corto plazo, es poder colaborar con mis nietos dándole una mano en lo que necesiten. Poder ayudarlos de alguna manera.

¿Un mensaje a los colegas?

A los repuesteros y talleristas ¡que sigan adelante, principalmente a la gente de UNTASA!

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