EL PUEBLO 55 AÑOS 2014

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“Diario El Pueblo me ha brindado mucho”

La convocatoria para trabajar en El pueblo, comienza mientras trabajaba en Tribuna Salteña.
Diciembre del año 1986, cuando todavía el Escribano Enrique  Cesio se encontraba al frente de la administración.
Coincidió que me había tomado cinco días de licencia allí, y El Pueblo, organizaba un suplemento para fin de año.
Mi tarea comienzó en horario de la tarde, y cuando finalizó ese primer día, me ofrecieron el trabajo en horas de la noche. Lo tomé, seguí trabajando para finalizar el suplemento, y cuando esto ocurrió, me brindaron la posibilidad de quedarme trabajando de forma permanente.
A partir de allí, mi tarea fue de tipografía, haciendo el armado de la página, con mucha dedicación.
Seguí, en días en que no concurría la persona encargada de hacerlo, en la tarea de linotipo. A partir de allí, ya comienza la segunda etapa de diario El Pueblo.
A este segundo comienzo, lo vi muy bien. Siendo un cambio importante para todos, tanto para el diario, como para el trabajador.
Fue una etapa difícil, de mucho sacrificio para el empleado, el cual  le llevó un tiempo tomarle la mano al trabajo y a la maquinaria. Era como que todo  el tiempo estábamos aprendiendo.
Al principio la viví digamos que un poco desde afuera, porque se designó al personal para cada sección y me quedé a disposición para lo que hiciera falta realizar. Comencé en el corte del papel, y al mes  de cambiar la administración, mi compañero que estaba en la tarea de técnico en fotomecánica, me brindó la posibilidad de que fuera  aprendiendo, para luego ocupar su lugar.
En todos estos años el me ha regalado mucho. Solo han sido satisfacciones.
Me brindaron mis superiores muchas  oportunidades, como la posibilidad de poder cuidar a mis hijos, ya que mi señora estudió después de casada, y podía estar yo durante el día en casa para quedar con los niños, mientras ella lo hacía.
Tengo la satisfacción del nacimiento de una hija: Eugenia,  en ese mes de diciembre que comienza esta nueva administración, la cual hoy trabaja conmigo en el diario, en la tarea de diagramación.
Esto para mí significa mucho, es una enorme satisfacción, de que se encuentre actualmente, realizando tareas a mi lado.
Fue muy bueno el compañerismo que siempre existió dentro de la empresa, en aquella época, y hasta hoy. Será motivo por el cual mi trabajo nunca me pareció sacrificado. Venía y vengo a realizar una tarea que me encanta y fue un placer siempre.
Tratando de hacerlo con la máxima responsabilidad, e intentando no tener inconvenientes, ni cometer errores. Así mismo, he cometido varios.   Lo importante, es que me  encuentro a diez años de jubilarme, esperando que todo transcurra como hasta hoy, porque mi mayor alegría, sería poder hacerlo retirándome desde esta gran casa.

La convocatoria para trabajar en El pueblo, comienza mientras trabajaba en Tribuna Salteña.

Diciembre del año 1986, cuando todavía el Escribano Enrique  Cesio se encontraba al frente de la administración.

Coincidió que me había tomado cinco días de licencia allí, y El Pueblo, organizaba un suplementoSergio Santurio para fin de año.

Mi tarea comienzó en horario de la tarde, y cuando finalizó ese primer día, me ofrecieron el trabajo en horas de la noche. Lo tomé, seguí trabajando para finalizar el suplemento, y cuando esto ocurrió, me brindaron la posibilidad de quedarme trabajando de forma permanente.

A partir de allí, mi tarea fue de tipografía, haciendo el armado de la página, con mucha dedicación.

Seguí, en días en que no concurría la persona encargada de hacerlo, en la tarea de linotipo. A partir de allí, ya comienza la segunda etapa de diario El Pueblo.

A este segundo comienzo, lo vi muy bien. Siendo un cambio importante para todos, tanto para el diario, como para el trabajador.

Fue una etapa difícil, de mucho sacrificio para el empleado, el cual  le llevó un tiempo tomarle la mano al trabajo y a la maquinaria. Era como que todo  el tiempo estábamos aprendiendo.

Al principio la viví digamos que un poco desde afuera, porque se designó al personal para cada sección y me quedé a disposición para lo que hiciera falta realizar. Comencé en el corte del papel, y al mes  de cambiar la administración, mi compañero que estaba en la tarea de técnico en fotomecánica, me brindó la posibilidad de que fuera  aprendiendo, para luego ocupar su lugar.

En todos estos años el me ha regalado mucho. Solo han sido satisfacciones.

Me brindaron mis superiores muchas  oportunidades, como la posibilidad de poder cuidar a mis hijos, ya que mi señora estudió después de casada, y podía estar yo durante el día en casa para quedar con los niños, mientras ella lo hacía.

Tengo la satisfacción del nacimiento de una hija: Eugenia,  en ese mes de diciembre que comienza esta nueva administración, la cual hoy trabaja conmigo en el diario, en la tarea de diagramación.

Esto para mí significa mucho, es una enorme satisfacción, de que se encuentre actualmente, realizando tareas a mi lado.

Fue muy bueno el compañerismo que siempre existió dentro de la empresa, en aquella época, y hasta hoy. Será motivo por el cual mi trabajo nunca me pareció sacrificado. Venía y vengo a realizar una tarea que me encanta y fue un placer siempre.

Tratando de hacerlo con la máxima responsabilidad, e intentando no tener inconvenientes, ni cometer errores. Así mismo, he cometido varios.   Lo importante, es que me  encuentro a diez años de jubilarme, esperando que todo transcurra como hasta hoy, porque mi mayor alegría, sería poder hacerlo retirándome desde esta gran casa.

Sergio Santurio

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“He dejado mi vida en el diario”

Hace 22 años, que comencé a trabajar en Diario El Pueblo.
Mi primera tarea fue la del doblado, y a medida que pasaba el tiempo me daba cuenta de que estaba muy cómoda trabajando.
Estuve en este desempeño durante muchos años, y además  de sentirme cómoda, me gustó desde el comienzo, y  hasta hoy lo  hago.
El cambio surgió hace aproximadamente tres años, cuando la posibilidad de quedar a cargo de un personal de 22 trabajadores,  me ha hecho sentir muy a gusto, además de la entrega de diarios a los repartidores.
Mis horarios son en horas de la madrugada, acostumbrándome a él. Con una  jornada que comienza a las tres de la mañana llegando al diario un rato más tarde.
Pienso que el gran compañerismo que existe en el grupo juega un papel fundamental.
Las tareas que me han asignado han sido siempre de mi agrado, y me han hecho sentir muy bien,  muy cómoda, tanto junto a mis compañeros como con mis superiores. Soy feliz de trabajar en Diario El Pueblo.
En todo este tiempo, asi como han surgido inconvenientes, he conseguido muchas satisfacciones. Dejando mi vida en este trabajo, tal vez sea por el horario, que no me coincide en cosas que deseo hacer, me he privado muchas veces de salidas incluso reuniones familiares, que surgen y no puedo concurrir, con tal de no faltar a trabajar.
Pero me llevo diariamente muchas alegrías y también el compañerismo que día a día voy cosechando y disfruto mucho con eso.
Aunque ya no esté con nosotros, estoy muy agradecida a Don Walter Martínez, que fue la persona que me dejó desempeñarme en la empresa, junto a mi hijo Wilson, que en ese entonces era menor de edad. Y por medio de un permiso y con mi presencia, bastaba para poder hacerlo los dos en el mismo horario.
Comenzamos juntos un largo camino, acompañándonos en  el trayecto diario hasta la empresa, todas las madrugadas. Y por suerte lo hacemos hasta hoy.
Debo agradecer a mis compañeros de trabajo por el grupo humano que conformamos,  darle las gracias por ser como son.
También a  mis superiores, a Adriana que es una jefa muy presente, valorando nuestro desempeño.
Si bien ellos no me hubiesen dado esta oportunidad, seguro no estaría aquí, muy cómoda trabajando y con muchos proyectos por cumplir.

Hace 22 años, que comencé a trabajar en Diario El Pueblo.

Mi primera tarea fue la del doblado, y a medida que pasaba el tiempo me daba cuenta de que estaba muy cómoda trabajando.

Estuve en este desempeño durante muchos años, y además  de sentirme cómoda, me gustó desdeAna CArdozo el comienzo, y  hasta hoy lo  hago.

El cambio surgió hace aproximadamente tres años, cuando la posibilidad de quedar a cargo de un personal de 22 trabajadores,  me ha hecho sentir muy a gusto, además de la entrega de diarios a los repartidores.

Mis horarios son en horas de la madrugada, acostumbrándome a él. Con una  jornada que comienza a las tres de la mañana llegando al diario un rato más tarde.

Pienso que el gran compañerismo que existe en el grupo juega un papel fundamental.

Las tareas que me han asignado han sido siempre de mi agrado, y me han hecho sentir muy bien,  muy cómoda, tanto junto a mis compañeros como con mis superiores. Soy feliz de trabajar en Diario El Pueblo.

En todo este tiempo, asi como han surgido inconvenientes, he conseguido muchas satisfacciones. Dejando mi vida en este trabajo, tal vez sea por el horario, que no me coincide en cosas que deseo hacer, me he privado muchas veces de salidas incluso reuniones familiares, que surgen y no puedo concurrir, con tal de no faltar a trabajar.

Pero me llevo diariamente muchas alegrías y también el compañerismo que día a día voy cosechando y disfruto mucho con eso.

Aunque ya no esté con nosotros, estoy muy agradecida a Don Walter Martínez, que fue la persona que me dejó desempeñarme en la empresa, junto a mi hijo Wilson, que en ese entonces era menor de edad. Y por medio de un permiso y con mi presencia, bastaba para poder hacerlo los dos en el mismo horario.

Comenzamos juntos un largo camino, acompañándonos en  el trayecto diario hasta la empresa, todas las madrugadas. Y por suerte lo hacemos hasta hoy.

Debo agradecer a mis compañeros de trabajo por el grupo humano que conformamos,  darle las gracias por ser como son.

También a  mis superiores, a Adriana que es una jefa muy presente, valorando nuestro desempeño.

Si bien ellos no me hubiesen dado esta oportunidad, seguro no estaría aquí, muy cómoda trabajando y con muchos proyectos por cumplir.

Ana Cardozo

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“Fueron marcadas vivencias en el diario”

Mi comienzo en el diario se realizó en la etapa anterior a esta directiva.
Cuando la dirección del mismo estaba a cargo de Enrique Cesio.
Contaba yo con tan solo 20 años, cuando estando estudiando en la UTU, siendo el mismo director el que hace los contactos, recomendándome para empezar a trabajar.
No tenía mucha noción de lo que iba a ser mi tarea, hasta que desde el primer momento recuerdo haber aprendido todo lo referido a mi trabajo.
Estaban en ese entonces trabajando Israel Bacci, y Añasco, y me costaba muchísimo la madrugada.
Todo fue pasando, a la vez me fui adaptando al  horario y también a mi labor asignada.
Después de un tiempo el diario hizo un pequeño receso en su actividad, y yo concurría a trabajar, dejando la maquinaria limpia y en condiciones.
Llega la nueva etapa y también la nueva  directiva.
El cambio fue muy positivo, estábamos pasando momentos difíciles. Había mucho personal, pero los números no cerraban.
Estábamos expectantes por lo que pudiera pasar en cuanto a nuestro trabajo, y anhelábamos poder seguir en nuestro puesto en forma estable.
Al pasar el tiempo, las cosas fueron cambiando, se fue adaptando todo a los nuevos superiores y así la seguimos peleando hasta hoy.
Con anécdotas lindas y de las otras. Mi recuerdo se remonta a dos bien importantes:
Una, es que una noche, nos llega información a las 3 de la mañana de que había fallecido el Papa. Redacción se comunica con quien debía para obtener una respuesta concreta, veraz y cuando lo obtuvimos, lanzamos la primicia esa misma madrugada. ¡Fue histórico correr contra el tiempo!
Otra anécdota de las tristes, que me parece importante, es el fallecimiento de Minutti y el Dr. Gonzaga.
Por medio de nuestro fotógrafo, pudimos conseguir las fotos del momento del accidente, que fue a las 21 hs. aproximadamente, y ser el único diario que lo público al otro día.
Lo curioso del tema, es que seguimos trabajando y publicando, hasta las 11hs. del día siguiente. Venían los canillitas a levantar en cantidades y nosotros seguíamos trabajando.
Fueron muchas vivencias, de las tristes como éstas pero también muchas alegres, y divertidas. Esperando ver que imprimíamos en la primera, para tener la noticia.
Es muy lindo todo, y sin dudas, lo que me ha hecho permanecer tanto tiempo en el diario, fue el compañerismo que supimos conseguir. Traté siempre de ser muy responsable, ya que entendía que me brindaban mucha confianza, me sentía con la responsabilidad y había que responder.
Me he sentido muy cómodo trabajando, a pesar de que dejé mucho de mí en la empresa.
Y aunque sé que no me va a faltar mucho para retirarme, cuando llegue el momento, me voy a ir feliz.
Feliz, de tener salud para disfrutar de la vida por mucho tiempo más con mi familia, por llevarme conmigo la experiencia adquirida en el diario y por contar con tantos compañeros conseguidos a través de la amistad de todos estos  años.

Mi comienzo en el diario se realizó en la etapa anterior a esta directiva.

Cuando la dirección del mismo estaba a cargo de Enrique Cesio.Julio Cesar Fernandez

Contaba yo con tan solo 20 años, cuando estando estudiando en la UTU, siendo el mismo director el que hace los contactos, recomendándome para empezar a trabajar.

No tenía mucha noción de lo que iba a ser mi tarea, hasta que desde el primer momento recuerdo haber aprendido todo lo referido a mi trabajo.

Estaban en ese entonces trabajando Israel Bacci, y Añasco, y me costaba muchísimo la madrugada.

Todo fue pasando, a la vez me fui adaptando al  horario y también a mi labor asignada.

Después de un tiempo el diario hizo un pequeño receso en su actividad, y yo concurría a trabajar, dejando la maquinaria limpia y en condiciones.

Llega la nueva etapa y también la nueva  directiva.

El cambio fue muy positivo, estábamos pasando momentos difíciles. Había mucho personal, pero los números no cerraban.

Estábamos expectantes por lo que pudiera pasar en cuanto a nuestro trabajo, y anhelábamos poder seguir en nuestro puesto en forma estable.

Al pasar el tiempo, las cosas fueron cambiando, se fue adaptando todo a los nuevos superiores y así la seguimos peleando hasta hoy.

Con anécdotas lindas y de las otras. Mi recuerdo se remonta a dos bien importantes:

Una, es que una noche, nos llega información a las 3 de la mañana de que había fallecido el Papa. Redacción se comunica con quien debía para obtener una respuesta concreta, veraz y cuando lo obtuvimos, lanzamos la primicia esa misma madrugada. ¡Fue histórico correr contra el tiempo!

Otra anécdota de las tristes, que me parece importante, es el fallecimiento de Minutti y el Dr. Gonzaga.

Por medio de nuestro fotógrafo, pudimos conseguir las fotos del momento del accidente, que fue a las 21 hs. aproximadamente, y ser el único diario que lo público al otro día.

Lo curioso del tema, es que seguimos trabajando y publicando, hasta las 11hs. del día siguiente. Venían los canillitas a levantar en cantidades y nosotros seguíamos trabajando.

Fueron muchas vivencias, de las tristes como éstas pero también muchas alegres, y divertidas. Esperando ver que imprimíamos en la primera, para tener la noticia.

Es muy lindo todo, y sin dudas, lo que me ha hecho permanecer tanto tiempo en el diario, fue el compañerismo que supimos conseguir. Traté siempre de ser muy responsable, ya que entendía que me brindaban mucha confianza, me sentía con la responsabilidad y había que responder.

Me he sentido muy cómodo trabajando, a pesar de que dejé mucho de mí en la empresa.

Y aunque sé que no me va a faltar mucho para retirarme, cuando llegue el momento, me voy a ir feliz.

Feliz, de tener salud para disfrutar de la vida por mucho tiempo más con mi familia, por llevarme conmigo la experiencia adquirida en el diario y por contar con tantos compañeros conseguidos a través de la amistad de todos estos  años.

Julio César Fernández

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“Este trabajo me ha dejado solo satisfacciones”

Como una experiencia lindísima de vida, en el año ´93 un 15 de enero  a las 4 de la mañana, empecé  trabajar en el diario.
El haber podido acceder a la empresa  siendo este mi primer trabajo, y con tan escasa edad, hizo que se hiciera todo un desafío.
Mi tarea comienza como doblador, pasado el tiempo fui aprendiendo otras diferentes como la del resmado, (cortar el papel a la medida del pliego de cada diario).
Y aprovechando oportunidades, es que me animé a la fotomecánica. Revelado y copiado de chapa.
Todo fue complicado, porque era nuevo y curiosamente, me fui incursionando en el tema total del diario. Tomándole la mano con gusto a lo que hacía.
Como si eso fuera poco, fui aprendiendo de fotografía y actualmente soy responsable de la impresión del diario.
Somos cuatro compañeros de trabajo, haciendo lo mismo, bajo mi responsabilidad.
Mi horario de trabajo es nocturno, siendo los días de semana un poco menor que el de los sábados, ya que el diario publica los días domingos, más cantidad de ejemplares que durante los días de semana.
La experiencia y la constancia de venir todas las noches, en muchos años, me ha hecho adaptarme, pero lo curioso de todo esto, es que mientras  nunca había entrado para nada al diario, me preguntaba muy a menudo, como sería el trabajo dentro. Cómo se realizaría una u otra actividad.
Y es muy lindo, además de que me siento a gusto trabajando, aprender como aprendí, teniendo en mi entorno un buen grupo de compañeros conmigo, con el cual nunca tuvimos desencuentros, me hace sentir dichoso. El trabajar con ellos en armonía y compartir tanto rato de la noche.
Allí es cuando se ve la responsabilidad de cada uno, complicados en alguna actividad, incluso en el atraso mismo del trabajo y estamos todos respondiendo.
De los malos momentos, mirándolo del lado positivo, estamos constantemente aprendiendo para mejorar e intentar revertir en lo que sea necesario.
Tengo que agradecerles a mis superiores, la confianza que me han brindado, y ojalá pueda yo responderles siempre de la mejor manera.
Me siento dichoso de poder brindar tanto tiempo de mí a la empresa, sabiendo que cuento con un respaldo, que necesito.
Este trabajo me ha dejado muchas satisfacciones. Es realmente un placer trabajar en Diario El Pueblo.

Como una experiencia lindísima de vida, en el año ´93 un 15 de enero  a las 4 de la mañana, empecé  trabajar en el diario.

El haber podido acceder a la empresa  siendo este mi primer trabajo, y con tan escasa edad, hizo que se hiciera todo un desafío.

Mi tarea comienza como doblador, pasado el tiempo fui aprendiendo otras diferentes como la delWilson Alvez y su hijo. resmado, (cortar el papel a la medida del pliego de cada diario).

Y aprovechando oportunidades, es que me animé a la fotomecánica. Revelado y copiado de chapa.

Todo fue complicado, porque era nuevo y curiosamente, me fui incursionando en el tema total del diario. Tomándole la mano con gusto a lo que hacía.

Como si eso fuera poco, fui aprendiendo de fotografía y actualmente soy responsable de la impresión del diario.

Somos cuatro compañeros de trabajo, haciendo lo mismo, bajo mi responsabilidad.

Mi horario de trabajo es nocturno, siendo los días de semana un poco menor que el de los sábados, ya que el diario publica los días domingos, más cantidad de ejemplares que durante los días de semana.

La experiencia y la constancia de venir todas las noches, en muchos años, me ha hecho adaptarme, pero lo curioso de todo esto, es que mientras  nunca había entrado para nada al diario, me preguntaba muy a menudo, como sería el trabajo dentro. Cómo se realizaría una u otra actividad.

Y es muy lindo, además de que me siento a gusto trabajando, aprender como aprendí, teniendo en mi entorno un buen grupo de compañeros conmigo, con el cual nunca tuvimos desencuentros, me hace sentir dichoso. El trabajar con ellos en armonía y compartir tanto rato de la noche.

Allí es cuando se ve la responsabilidad de cada uno, complicados en alguna actividad, incluso en el atraso mismo del trabajo y estamos todos respondiendo.

De los malos momentos, mirándolo del lado positivo, estamos constantemente aprendiendo para mejorar e intentar revertir en lo que sea necesario.

Tengo que agradecerles a mis superiores, la confianza que me han brindado, y ojalá pueda yo responderles siempre de la mejor manera.

Me siento dichoso de poder brindar tanto tiempo de mí a la empresa, sabiendo que cuento con un respaldo, que necesito.

Este trabajo me ha dejado muchas satisfacciones. Es realmente un placer trabajar en Diario El Pueblo.

Wilson “Toto” Alvez Cardozo

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“Sólo cabe mi más profundo agradecimiento”

Ha pasado más de medio siglo desde aquel 2 de noviembre de 1967, cuando por primera vez ingresé a EL PUEBLO, invitado a probarme como corrector de  pruebas. Tenía por entonces 18 años y poco tiempo atrás había completado mi pasaje por el entonces flamante liceo Salesianos donde había cursado durante  11 años (siete de Primaria y 4 de Secundaria). Había también intentado cursar el magisterio, ingresando después de  salvar la prueba de admisión correspondiente y cursaba en el liceo nocturno los entonces dos años de bachillerato.
Mi ingreso a esta Redacción fue fortuito, fui invitado por un compañero (Juan C. Maciel),  del  equipo de fútbol que ambos defendíamos, Dublín Central. Realmente pocos o casi nadie pensaba que Maciel podría traer a trabajar a alguien que anduviera bien en la difícil tarea de corrección.
Felizmente se equivocaron y aquí sigo tras 55 años y toda una vida, habiendo pasado por casi todas las secciones, excepto las administrativas.
Pero la antigüedad no tiene más mérito que la perseverancia, el cumplimiento del deber quizás y por qué no el haber hallado las condiciones de trabajo adecuadas para permanecer. Pero EL PUEBLO, me ha brindado más que eso,  me ha dado la posibilidad de aprender, de crecer, y de realizarme en el periodismo.
Gradualmente le fui tomando el gusto, me interioricé de la diagramación en papel, esbozo con las indicaciones en cada página que luego pasábamos al taller, para que linotipistas y diagramadores la transformaran en una plancha que iba a la vieja rotoplana para su impresión y donde la tinta y el  plomo eran los elementos determinantes.
Cuando hubo un vacío en la corresponsalía de EL País, en Salto me fue ofrecida la tarea que desempeñé durante algunos años, años difíciles y duros, hasta que “se prescindió de mis servicios”, porque no “sintonizaba” con su línea, aunque sin explicación por supuesto, como era frecuente en aquellos años.
Finalmente, llegó la etapa actual, a la que debo agradecer que me hubiera permitido complementar la formación empírica, que había recibido en tantos años de experiencia y trajinar por esta Redacción, con la formación académica obtenida en un curso de Redacción Periodística, realizado en la Universidad Católica en Montevideo, dictado por destacados profesionales del periodismo capitalino, el que  fue organizado por la Organización de la Prensa del Interior OPI y la  UCUDAL.
Allí pude enriquecer la experiencia con el conocimiento teórico. Allí aprendí cuáles eran los conceptos esenciales que regían tanto lo que estábamos haciendo bien, como de lo que hacíamos mal y en una palabra porqué se debían hacer así.
Posteriormente tuve también oportunidad de seguir creciendo con las numerosas charlas, cursos y visitas de destacados periodistas capitalinos, gestionadas por EL  PUEBLO, en su actual período y en algunas ocasiones la propia Universidad de la República.
En suma, no tengo más que agradecimiento, a quienes a través de estos 55 años me abrieron las puertas del  periodismo.
A quienes me entendieron y soportaron, porque no todo es color de rosa.
A quienes de alguna manera polemizaron o se molestaron en estos años.
A quienes compartieron y también a quienes no han compartido ni comparten nuestra forma de pensar y hacer  periodismo.
A quienes se han sentido señalados o acusados.
Siempre lo hemos hecho con la más absoluta honestidad y responsabilidad, tratando de respetar a la persona por encima de cualquier conducta o circunstancia.
En definitiva, diría ¡Gracias a Dios y a la vida, que me ha dado tanto…!

Ha pasado más de medio siglo desde aquel 2 de noviembre de 1967, cuando por primera vez ingresé a EL PUEBLO, invitado a probarme como corrector de  pruebas. Tenía por entonces 18 años y poco tiempo atrás había completado mi pasaje por el entonces flamante liceo SalesianosIMG-20141128-WA0002donde había cursado durante  11 años (siete de Primaria y 4 de Secundaria). Había también intentado cursar el magisterio, ingresando después de  salvar la prueba de admisión correspondiente y cursaba en el liceo nocturno los entonces dos años de bachillerato.

Mi ingreso a esta Redacción fue fortuito, fui invitado por un compañero (Juan C. Maciel),  del  equipo de fútbol que ambos defendíamos, Dublín Central. Realmente pocos o casi nadie pensaba que Maciel podría traer a trabajar a alguien que anduviera bien en la difícil tarea de corrección.

Felizmente se equivocaron y aquí sigo tras 55 años y toda una vida, habiendo pasado por casi todas las secciones, excepto las administrativas.

Pero la antigüedad no tiene más mérito que la perseverancia, el cumplimiento del deber quizás y por qué no el haber hallado las condiciones de trabajo adecuadas para permanecer. Pero EL PUEBLO, me ha brindado más que eso,  me ha dado la posibilidad de aprender, de crecer, y de realizarme en el periodismo.

Gradualmente le fui tomando el gusto, me interioricé de la diagramación en papel, esbozo con las indicaciones en cada página que luego pasábamos al taller, para que linotipistas y diagramadores la transformaran en una plancha que iba a la vieja rotoplana para su impresión y donde la tinta y el  plomo eran los elementos determinantes.

Cuando hubo un vacío en la corresponsalía de EL País, en Salto me fue ofrecida la tarea que desempeñé durante algunos años, años difíciles y duros, hasta que “se prescindió de mis servicios”, porque no “sintonizaba” con su línea, aunque sin explicación por supuesto, como era frecuente en aquellos años.

Finalmente, llegó la etapa actual, a la que debo agradecer que me hubiera permitido complementar la formación empírica, que había recibido en tantos años de experiencia y trajinar por esta Redacción, con la formación académica obtenida en un curso de Redacción Periodística, realizado en la Universidad Católica en Montevideo, dictado por destacados profesionales del periodismo capitalino, el que  fue organizado por la Organización de la Prensa del Interior OPI y la  UCUDAL.

Allí pude enriquecer la experiencia con el conocimiento teórico. Allí aprendí cuáles eran los conceptos esenciales que regían tanto lo que estábamos haciendo bien, como de lo que hacíamos mal y en una palabra porqué se debían hacer así.

Posteriormente tuve también oportunidad de seguir creciendo con las numerosas charlas, cursos y visitas de destacados periodistas capitalinos, gestionadas por EL  PUEBLO, en su actual período y en algunas ocasiones la propia Universidad de la República.

En suma, no tengo más que agradecimiento, a quienes a través de estos 55 años me abrieron las puertas del  periodismo.

A quienes me entendieron y soportaron, porque no todo es color de rosa.

A quienes de alguna manera polemizaron o se molestaron en estos años.

A quienes compartieron y también a quienes no han compartido ni comparten nuestra forma de pensar y hacer  periodismo.

A quienes se han sentido señalados o acusados.

Siempre lo hemos hecho con la más absoluta honestidad y responsabilidad, tratando de respetar a la persona por encima de cualquier conducta o circunstancia.

En definitiva, diría ¡Gracias a Dios y a la vida, que me ha dado tanto…!

Alberto Rodríguez

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“Tironeamos el barco todos juntos”

Con mis 17 años recién cumplidos, un permiso de trabajo por ser menor, y muchas ganas de trabajar, comienza mi vida laboral con la familia Martínez.
Fue el 1º de diciembre de 1980, que  con la señora Lía Cordero de Martínez comienzo a trabajar en   la regalería Santa Claus. Al cerrar la misma, continúo al lado de la familia, en el Cambio Bella Unión como colaboradora
El tiempo hace que mi  llegada a Diario El Pueblo, hace 34 años, haya sido algo especial, haciendo la presentación de la nueva  etapa del mismo, como promotora de publicidad.
Había sido mamá de mi  tercer hija: María Victoria, siendo una ardua y placentera  tarea la de, -entre otras actividades, empapelar los ómnibus-, colocando afiches en los comercios y quedando a las órdenes en todo el departamento, hasta que llegó el día de la primera publicación de El Pueblo de esta segunda etapa: el 15 de Enero del año ´93.
Desde entonces, la hemos remado diariamente para que todos los días salga el diario como sale.
Pasado el tiempo, mis roles fueron cambiando. Dejé de hacer contactos con nuevos clientes y de la cobranza, pero seguía con los que ya tenía en permanente diálogo y contacto desde el diario.
Siempre me atrajo lo social, por eso cada día me fui involucrando en todo tipo de eventos que el diario organizaba y organiza.
Más allá de estar actualmente al frente de la administración, con la responsabilidad de mantener el trato con el personal, creando un buen ambiente laboral, seleccionando personas que vayan para adelante, tratamos de solucionarle todos los problemas que podemos, ya que somos más de sesenta personas y no es tarea fácil. Creo firmemente que me lo puse al hombro al diario.
La siento y la defiendo como a una empresa mía, y cuando hay dificultades que la afectan, me siento muy afectada, como así también disfruto junto a ella todas las satisfacciones que me ha dado, que fueron muchas.
Algunas especiales, como es el caso de la sección del Faz, y sus desfiles, con su Pasarela Solidaria, donde todo lo que se recauda, en su totalidad se le hace entrega a la Asociación Down.
Es este un caso de trabajo compartido con todo ese entorno y cien quinceañeras. De un mes de estar puliendo y organizándolo para después sentirnos emocionadas de lo hermoso del espectáculo y el agradecimiento de los niños al finalizar. Eso me llena.
Por supuesto que la ideóloga de todo evento, es Adriana Martínez, mi jefa, pero en la ejecución de cada uno de ellos, me siento muy involucrada.
Puedo decir que llevo de trabajo en Diario El Pueblo, más de la mitad de mi vida.
Vengo a trabajar muy cómoda, con historias todos los días diferentes.
Con cosas que nos llegan y nos involucran, dejándonos tristeza  y también alegrías.
Nos puede pasar que nos llegue de regalo una torta en agradecimiento por una página de fotos del FAZ que realizo, como puede pasar que venga una persona a dejar un texto de recordatorio por el hijo que falleció en un accidente de tránsito y nos ponemos a llorar juntas. Eso nos enseña, nos involucra y nos hace estar presente solucionándole dificultades a nuestra gente.
Este diario me ha dejado mucho y sobre todo alegría. Siempre con la satisfacción de venir con ganas de trabajar. Y hago mucha fuerza para que todo el personal esté acorde al sistema, aunque hay un timón, tironeando el barco juntos.
Lo siento literalmente mi segunda casa.

Con mis 17 años recién cumplidos, un permiso de trabajo por ser menor, y muchas ganas de trabajar, comienza mi vida laboral con la familia Martínez.

Fue el 1º de diciembre de 1980, que  con la señora Lía Cordero de Martínez comienzo a trabajar enGloria Marquez la regalería Santa Claus. Al cerrar la misma, continúo al lado de la familia, en el Cambio Bella Unión como colaboradora

El tiempo hace que mi  llegada a Diario El Pueblo, hace 34 años, haya sido algo especial, haciendo la presentación de la nueva  etapa del mismo, como promotora de publicidad.

Había sido mamá de mi  tercer hija: María Victoria, siendo una ardua y placentera  tarea la de, -entre otras actividades, empapelar los ómnibus-, colocando afiches en los comercios y quedando a las órdenes en todo el departamento, hasta que llegó el día de la primera publicación de El Pueblo de esta segunda etapa: el 15 de Enero del año ´93.

Desde entonces, la hemos remado diariamente para que todos los días salga el diario como sale.

Pasado el tiempo, mis roles fueron cambiando. Dejé de hacer contactos con nuevos clientes y de la cobranza, pero seguía con los que ya tenía en permanente diálogo y contacto desde el diario.

Siempre me atrajo lo social, por eso cada día me fui involucrando en todo tipo de eventos que el diario organizaba y organiza.

Más allá de estar actualmente al frente de la administración, con la responsabilidad de mantener el trato con el personal, creando un buen ambiente laboral, seleccionando personas que vayan para adelante, tratamos de solucionarle todos los problemas que podemos, ya que somos más de sesenta personas y no es tarea fácil. Creo firmemente que me lo puse al hombro al diario.

La siento y la defiendo como a una empresa mía, y cuando hay dificultades que la afectan, me siento muy afectada, como así también disfruto junto a ella todas las satisfacciones que me ha dado, que fueron muchas.

Algunas especiales, como es el caso de la sección del Faz, y sus desfiles, con su Pasarela Solidaria, donde todo lo que se recauda, en su totalidad se le hace entrega a la Asociación Down.

Es este un caso de trabajo compartido con todo ese entorno y cien quinceañeras. De un mes de estar puliendo y organizándolo para después sentirnos emocionadas de lo hermoso del espectáculo y el agradecimiento de los niños al finalizar. Eso me llena.

Por supuesto que la ideóloga de todo evento, es Adriana Martínez, mi jefa, pero en la ejecución de cada uno de ellos, me siento muy involucrada.

Puedo decir que llevo de trabajo en Diario El Pueblo, más de la mitad de mi vida.

Vengo a trabajar muy cómoda, con historias todos los días diferentes.

Con cosas que nos llegan y nos involucran, dejándonos tristeza  y también alegrías.

Nos puede pasar que nos llegue de regalo una torta en agradecimiento por una página de fotos del FAZ que realizo, como puede pasar que venga una persona a dejar un texto de recordatorio por el hijo que falleció en un accidente de tránsito y nos ponemos a llorar juntas. Eso nos enseña, nos involucra y nos hace estar presente solucionándole dificultades a nuestra gente.

Este diario me ha dejado mucho y sobre todo alegría. Siempre con la satisfacción de venir con ganas de trabajar. Y hago mucha fuerza para que todo el personal esté acorde al sistema, aunque hay un timón, tironeando el barco juntos.

Lo siento literalmente mi segunda casa.

Gloria Márquez

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“Esta labor de corresponsal, me ha brindado muchas satisfacciones”

“Con el nacimiento de EL PUEBLO en su segunda época, también nace“mi vinculación con el diario.
Surge a partir del ofrecimiento  de“nuestro entrañable y siempre querido don Walter  Martínez. El ofrecimiento era  el de cumplir la tarea de corresponsal, brindando noticias diarias de Bella Unión y su zona de influencia.
Es así que el 15 de enero de 1993, comencé con los reportajes y artículos sobre los más variados temas.
Hoy, con satisfacción, nos acercamos a los 22 años desarrollando dicha labor. Por lejos, la mayor satisfacción ha sido el excelente relacionamiento con los principales de EL PUEBLO.
Primero con don Walter, donde nunca mantuvimos  diferencias  de ninguna índole. Luego de su partida, el mismo relacionamiento laboral continúa con su hija Adriana.
Son casi 22 años de absoluta libertad  en mi trabajo.
Pero además,  está presente la comprensión muy humana   ante mis quebrantos de salud, el trato cordial y ameno de los compañeros de secretaría y  redacción. Lo que vale y mucho  en todo ámbito laboral.
Esta labor de corresponsal me brinda enormes satisfacciones.
El saber que estoy escribiendo parte de la historia de una ciudad y región, vaya que en lo personal es realmente gratificante.
Es más que un escritor que ha escrito 15 o 20 libros. Mi labor, data de más de dos décadas  diarias de variada información. Por lejos se trata de la mayor permanencia que algún diario, semanario, quincenario  o mensuario subsistió en Bella Unión.
No puedo dejar pasar mi agradecimiento a los lectores de Bella Unión y de Salto que han aceptado con creces mi labor.

“Con el nacimiento de EL PUEBLO en su segunda época, también nace“mi vinculación con el diario.

Surge a partir del ofrecimiento  de“nuestro entrañable y siempre querido don Walter  Martínez. ElMiguelQuintana1 ofrecimiento era  el de cumplir la tarea de corresponsal, brindando noticias diarias de Bella Unión y su zona de influencia.

Es así que el 15 de enero de 1993, comencé con los reportajes y artículos sobre los más variados temas.

Hoy, con satisfacción, nos acercamos a los 22 años desarrollando dicha labor. Por lejos, la mayor satisfacción ha sido el excelente relacionamiento con los principales de EL PUEBLO.

Primero con don Walter, donde nunca mantuvimos  diferencias  de ninguna índole. Luego de su partida, el mismo relacionamiento laboral continúa con su hija Adriana.

Son casi 22 años de absoluta libertad  en mi trabajo.

Pero además,  está presente la comprensión muy humana   ante mis quebrantos de salud, el trato cordial y ameno de los compañeros de secretaría y  redacción. Lo que vale y mucho  en todo ámbito laboral.

Esta labor de corresponsal me brinda enormes satisfacciones.

El saber que estoy escribiendo parte de la historia de una ciudad y región, vaya que en lo personal es realmente gratificante.

Es más que un escritor que ha escrito 15 o 20 libros. Mi labor, data de más de dos décadas  diarias de variada información. Por lejos se trata de la mayor permanencia que algún diario, semanario, quincenario  o mensuario subsistió en Bella Unión.

No puedo dejar pasar mi agradecimiento a los lectores de Bella Unión y de Salto que han aceptado con creces mi labor.

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…y la palabra escrita que se negará a morir

“Todos podemos convenir el estrecho relacionamiento entre diario y comunicación. Entre diario y búsqueda. Entre diario y proyección. Pero la magia mayor de un diario como EL PUEBLO, es el valor intrínseco de la palabra escrita que se negará siempre a morir.
¡Ninguna digitalización podrá vencer el doble bastión que significa la tinta y el papel!
El reino de la palabra escrita entonces, y estos 55 años, con su noble carga de vigencia misma.
Para algunos de nosotros, dos sendas paralelas en el tiempo. Década del 70, cuando el proceso de armado fue casi artesanal y el taller podía incluir no menos de 20 funcionarios, pero en aquella redacción también, otro esquema de acción cotidiana. El ingreso se producía a media tarde. O normalmente en la noche. Los grabadores podían transformarse en lujo, pero además su exceso de tamaños, lo hacían casi impracticables. ¡Mandaban la libreta y la birome!
La memoria después, podía o no ofrecer la generosidad de su propio archivo, en tanto un compañero no dejó de ser puntual: escuchar los informativos de Radio Carve o Montecarlo, para nutrirnos de la información nacional”.
“Un día llego a EL PUEBLO a las 11 de la mañana. Iría a permanecer un rato. No era común que a esa hora llegase el entonces director, Esc. Enrique Cesio. Yo tenía 17 años y aunque los domingos me transformaba en cronista deportivo en tiempos de Juan José “Coco” Campanella ejerciendo la jefatura, los días hábiles era uno más en información general.
Fue entonces que Cesio moduló su voz, hasta tornarla tan imperativa como grave: “¿Qué hacés aquí si la noticia está afuera?”. Un minuto después ya estaba afuera. No hubo opción.
La restante senda, es el hoy, que despuntó en el ayer de un 15 de enero de 1993.
El sueño de quijote de don Walter Martínez Cerrutti: reabrir EL PUEBLO, después de un silencio casi atormentado de dolor. Porqué fue un dolor el cierre de un diario que acaso sintetizó el mágico sentir de lo finamente popular. Algunos vamos quedando desde aquel 15 de enero, tentando que el avance de la tecnología y el universo del mercado y sus acechanzas, no nos prive del candor y del querer esencialmente humano. Porque un diario también es eso: carga sentimental en pro de una causa comunicante.
Al fin de cuentas, las dos sendas hacen a la historia de EL PUEBLO. La han construido. La potencian. Siguen siendo nuestras.
En tanto, puede no faltarnos el derecho a la añoranza, porque a veces el corazón es un llamador pertinaz de evocaciones. El corazón no olvida. Sobre todo, a quienes nos legaron el compromiso cotidiano. ¡Guarda relación con la encendida pasión de andar creando!
Ellos también, ahora se suman como siempre. Walter, el Director; el “Pajarito” Néstor Flores y tantos. Desde una aureola sin grises y multiplicando colores, para que EL PUEBLO se prolongue todos los días. Desde esa vida misma, en la que ellos soñaron.
Tercamente. Generosamente. Humanamente…
-ELEAZAR JOSÉ
SILVA-

“Todos podemos convenir el estrecho relacionamiento entre diario y comunicación. Entre diario y búsqueda. Entre diario y proyección. Pero la magia mayor de un diario como EL PUEBLO, es el valor intrínseco de la palabra escrita que se negará siempre a morir.

¡Ninguna digitalización podrá vencer el doble bastión que significa la tinta y el papel!chi

El reino de la palabra escrita entonces, y estos 55 años, con su noble carga de vigencia misma.

Para algunos de nosotros, dos sendas paralelas en el tiempo. Década del 70, cuando el proceso de armado fue casi artesanal y el taller podía incluir no menos de 20 funcionarios, pero en aquella redacción también, otro esquema de acción cotidiana. El ingreso se producía a media tarde. O normalmente en la noche. Los grabadores podían transformarse en lujo, pero además su exceso de tamaños, lo hacían casi impracticables. ¡Mandaban la libreta y la birome!

La memoria después, podía o no ofrecer la generosidad de su propio archivo, en tanto un compañero no dejó de ser puntual: escuchar los informativos de Radio Carve o Montecarlo, para nutrirnos de la información nacional”.

“Un día llego a EL PUEBLO a las 11 de la mañana. Iría a permanecer un rato. No era común que a esa hora llegase el entonces director, Esc. Enrique Cesio. Yo tenía 17 años y aunque los domingos me transformaba en cronista deportivo en tiempos de Juan José “Coco” Campanella ejerciendo la jefatura, los días hábiles era uno más en información general.

Fue entonces que Cesio moduló su voz, hasta tornarla tan imperativa como grave: “¿Qué hacés aquí si la noticia está afuera?”. Un minuto después ya estaba afuera. No hubo opción.

La restante senda, es el hoy, que despuntó en el ayer de un 15 de enero de 1993.

El sueño de quijote de don Walter Martínez Cerrutti: reabrir EL PUEBLO, después de un silencio casi atormentado de dolor. Porqué fue un dolor el cierre de un diario que acaso sintetizó el mágico sentir de lo finamente popular. Algunos vamos quedando desde aquel 15 de enero, tentando que el avance de la tecnología y el universo del mercado y sus acechanzas, no nos prive del candor y del querer esencialmente humano. Porque un diario también es eso: carga sentimental en pro de una causa comunicante.

Al fin de cuentas, las dos sendas hacen a la historia de EL PUEBLO. La han construido. La potencian. Siguen siendo nuestras.

En tanto, puede no faltarnos el derecho a la añoranza, porque a veces el corazón es un llamador pertinaz de evocaciones. El corazón no olvida. Sobre todo, a quienes nos legaron el compromiso cotidiano. ¡Guarda relación con la encendida pasión de andar creando!

Ellos también, ahora se suman como siempre. Walter, el Director; el “Pajarito” Néstor Flores y tantos. Desde una aureola sin grises y multiplicando colores, para que EL PUEBLO se prolongue todos los días. Desde esa vida misma, en la que ellos soñaron.

Tercamente. Generosamente. Humanamente…

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-

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EL PUEBLO, donde “los hechos son sagrados y las opiniones son libres”

El Esc. Enrique Cesio sucedió en la Dirección de diario EL PUEBLO al Prof. Adolfo Silva Delgado. Estuvo trabajando en el diario desde un año antes cuando el proyecto comenzó a cristalizarse, transformándose en una realidad.
“El mero transcurso de los años –reflexionó-, me permite afirmar que soy el único testigo directo, de quienes formamos parte de un equipo que tuvo la idea, organizó la empresa y concretó la aparición de este diario”.
“La idea original surgió del entonces Obispo Auxiliar de Salto Mons. José María Caballero, apoyado por Monseñor Viola. Ellos apuntaron a un doble propósito, un diario de inspiración católica y una imprenta comercial que sostuviera el proyecto. Para ello conectaron a dos cristianos de ley que tenían una imprenta en Soriano; Juan Carlos Acosta y Mariano Bacigalupi. Los trajeron a Salto con sus máquinas y se abrió la Impresora Sarandí, con Juan Hermann como administrador, en la esquina de Rivera y Treinta y Tres, hoy terreno de Círculo Sportivo”.
“Mientras, una comisión presidida por D. Alipio Farinha e integrada por distinguidos católicos, formaba una sociedad anónima con accionistas de Salto y Artigas, pues se pensaba en hacer una sección para ese departamento”.
“Compraron la propiedad que todavía es sede del diario, y construyeron el gran espacio para el taller, compraron las máquinas, incluida la rotoplana, mezcla  de plana en los tipos y rotativa en el papel, desechada hoy de las tareas de impresión. En tanto el Directorio se ocupaba de eso, así como de importar las bobinas de papel, se designaba a Adolfo Silva Delgado como Director y él, con su formación, su conocimiento de la gente fue formando la redacción. Me tocó el papel de Redactor Responsable y en realidad la de Jefe de Redacción. Estuvieron Fulvio Cousin, José Mandarano, Juan José Portugau, Ruben Luraschi, Aceré Echeverz, Leopoldo Guerra, Pascale, Darío Ferreira, Fernando Apa y quizá me olvido de otros. Así como no quiero dejar a nadie afuera del equipo impresor”.
“Estuvimos varios meses esperando que se terminaran de armar las máquinas y que llegara el papel, mientras aprendíamos a hacer las cosas. Fuimos el primer diario en disponer de teletipo directa de la Agencia France Press. Salimos con una oferta variada que atendía desde lo internacional, a lo nacional, local, deportes, sociales, cultura”.
“A todos los efectos había tres pilares: humanismo cristiano, la verdad en la caridad y los hechos son sagrados, las opiniones son libres. 55 años después, pienso quizá debimos hacer cosas diferentes, pero estoy convencido que las ideas fuerza eran las correctas”.

El Esc. Enrique Cesio sucedió en la Dirección de diario EL PUEBLO al Prof. Adolfo Silva Delgado. Estuvo trabajando en el diario desde un año antes cuando el proyecto comenzó a cristalizarse, transformándose en una realidad.

“El mero transcurso de los años –reflexionó-, me permite afirmar que soy el único testigo directo,descarga de quienes formamos parte de un equipo que tuvo la idea, organizó la empresa y concretó la aparición de este diario”.

“La idea original surgió del entonces Obispo Auxiliar de Salto Mons. José María Caballero, apoyado por Monseñor Viola. Ellos apuntaron a un doble propósito, un diario de inspiración católica y una imprenta comercial que sostuviera el proyecto. Para ello conectaron a dos cristianos de ley que tenían una imprenta en Soriano; Juan Carlos Acosta y Mariano Bacigalupi. Los trajeron a Salto con sus máquinas y se abrió la Impresora Sarandí, con Juan Hermann como administrador, en la esquina de Rivera y Treinta y Tres, hoy terreno de Círculo Sportivo”.

“Mientras, una comisión presidida por D. Alipio Farinha e integrada por distinguidos católicos, formaba una sociedad anónima con accionistas de Salto y Artigas, pues se pensaba en hacer una sección para ese departamento”.

“Compraron la propiedad que todavía es sede del diario, y construyeron el gran espacio para el taller, compraron las máquinas, incluida la rotoplana, mezcla  de plana en los tipos y rotativa en el papel, desechada hoy de las tareas de impresión. En tanto el Directorio se ocupaba de eso, así como de importar las bobinas de papel, se designaba a Adolfo Silva Delgado como Director y él, con su formación, su conocimiento de la gente fue formando la redacción. Me tocó el papel de Redactor Responsable y en realidad la de Jefe de Redacción. Estuvieron Fulvio Cousin, José Mandarano, Juan José Portugau, Ruben Luraschi, Aceré Echeverz, Leopoldo Guerra, Pascale, Darío Ferreira, Fernando Apa y quizá me olvido de otros. Así como no quiero dejar a nadie afuera del equipo impresor”.

“Estuvimos varios meses esperando que se terminaran de armar las máquinas y que llegara el papel, mientras aprendíamos a hacer las cosas. Fuimos el primer diario en disponer de teletipo directa de la Agencia France Press. Salimos con una oferta variada que atendía desde lo internacional, a lo nacional, local, deportes, sociales, cultura”.

“A todos los efectos había tres pilares: humanismo cristiano, la verdad en la caridad y los hechos son sagrados, las opiniones son libres. 55 años después, pienso quizá debimos hacer cosas diferentes, pero estoy convencido que las ideas fuerza eran las correctas”.

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“Este nuevo aniversario encuentra a EL PUEBLO en exitosa realización que auguro continúe en el futuro”

El Prof. José Luis Guarino es un constante colaborador en todo lo que tiene que ver con nuestra cultura. En diálogo con EL PUEBLO, recordó el importante aporte realizado desde nuestras páginas a la sociedad.
“Mi actuación en El Pueblo –recordó- se inició en 1966 en la sección Deportes, en la que trabajé hasta 1981, en que me dediqué de lleno a mi tarea docente. Desde 1988 hasta 1992 publiqué una página cultural semanal que se llamó ‘Cultura de Todos’, que resumía en general el quehacer cultural local. Añadí también periódicamente alguna página de investigaciones y comentarios histórico-culturales”.
“En la nueva época del diario se me encomendó una página cultural diaria, en la que traté de abarcar la actividad de Salto, pero también lo nacional y lo más importante de lo internacional, lo que realicé hasta el año 2006. En ese mismo período se me confió la publicación de tres ediciones de los ‘Apuntes de Literatura’, dedicada a los estudiantes, y que iba acompañando durante el año lectivo los programas de épocas, autores y obras literarias de los distintos cursos liceales”.
Paralelamente, el Prof. Guarino realizó diversos suplementos histórico-culturales, entre los que se destacan “50 años del Museo de Bellas Artes” (1995), “Suplemento Histórico Cultural 160 años de la creación del Departamento de Salto” (1997), “125 años del IPOLL” (1998), suplementos a 10 y 25 años de la visita de Juan Pablo II (1998 y 2013), suplementos sobre el Coro Cantares (2002 y 2007), “Suplemento homenaje a Marosa di Giorgio” (2004), “Suplemento 110 años del Colegio Sagrada Familia” (2007), “Boda de Brillantes de la Parroquia Catedral” (2011), “Suplemento Homenaje a Amalia Zaldúa” (2012), “Bodas de Oro de Obra Social Don Bosco” (2014).
“Todo esto –continuó-, me permite sentir la satisfacción de haber podido formar parte de un medio de comunicación tan prestigioso y compartir con tantos lectores esa colaboración tan gratificante. Y digo gratificante, no solo por la función y la misión periodística, sino también porque en este medio, desde la Dirección, los responsables de secciones y de todos los compañeros en general, hubo siempre un clima familiar que ha hecho que esta actividad me haya resultado sumamente agradable. Un motivo más para sentir intensamente la alegría de este nuevo aniversario que encuentra a diario EL PUEBLO en exitosa realización y que auguro continúe en el futuro”.

El Prof. José Luis Guarino es un constante colaborador en todo lo que tiene que ver con nuestra cultura. En diálogo con EL PUEBLO, recordó el importante aporte realizado desde nuestras páginas a la sociedad.

“Mi actuación en El Pueblo –recordó- se inició en 1966 en la sección Deportes, en la que trabajé hasta 1981, en que me dediqué de lleno a mi tarea docente. Desde 1988 hasta 1992 publiqué una página cultural semanal que se llamó ‘Cultura de Todos’, que resumía en general el quehacer cultural local. Añadí también periódicamente alguna página de investigaciones y comentarios histórico-culturales”.

“En la nueva época del diario se me encomendó una página cultural diaria, en la que traté de abarcar la actividad de Salto, pero también lo nacional y lo más importante de lo internacional, lo que realicé hasta el año 2006. En ese mismo período se me confió la publicación de tres ediciones de los ‘Apuntes de Literatura’, dedicada a los estudiantes, y que iba acompañando durante el año lectivo los programas de épocas, autores y obras literarias de los distintos cursos liceales”.

Paralelamente, el Prof. Guarino realizó diversos suplementos histórico-culturales, entre los que se destacan “50 años del Museo de Bellas Artes” (1995), “Suplemento Histórico Cultural 160 años de la creación del Departamento de Salto” (1997), “125 años del IPOLL” (1998), suplementos a 10 y 25 años de la visita de Juan Pablo II (1998 y 2013), suplementos sobre el Coro Cantares (2002 y 2007), “Suplemento homenaje a Marosa di Giorgio” (2004), “Suplemento 110 años del Colegio Sagrada Familia” (2007), “Boda de Brillantes de la Parroquia Catedral” (2011), “Suplemento Homenaje a Amalia Zaldúa” (2012), “Bodas de Oro de Obra Social Don Bosco” (2014).

“Todo esto –continuó-, me permite sentir la satisfacción de haber podido formar parte de un medio de comunicación tan prestigioso y compartir con tantos lectores esa colaboración tan gratificante. Y digo gratificante, no solo por la función y la misión periodística, sino también porque en este medio, desde la Dirección, los responsables de secciones y de todos los compañeros en general, hubo siempre un clima familiar que ha hecho que esta actividad me haya resultado sumamente agradable. Un motivo más para sentir intensamente la alegría de este nuevo aniversario que encuentra a diario EL PUEBLO en exitosa realización y que auguro continúe en el futuro”.

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“Haber sido parte durante mucho tiempo de la familia de EL PUEBLO no deja de ser un motivo de enseñanza”

En su juventud, Juan Pablo Cesio trabajó en diario EL PUEBLO cumpliendo diversas tareas, entre las que recuerda su corresponsalía en Montevideo durante la salida democrática de nuestro país.
“La primer reflexión -comenzó diciendo- es la importancia de los medios de comunicación como forma de expresión de la sociedad y de garantía de la democracia. Un sistema democrático necesita fuertemente que los medios de comunicación existan a fin de que la gente pueda expresarse, comunicarse y llevar adelante las ideas de cada uno”.
“Haber sido parte durante mucho tiempo de la familia de diario EL PUEBLO no deja de ser un motivo de enseñanza justamente sobre la forma de comunicación, pero a su vez también de la importancia que tienen los medios de comunicación como forma de garantía de la libertad y de la democracia”.
“Desde chiquito formé parte de la familia del diario porque mi padre era el director responsable, y había horas del día donde era todo un motivo de alegría poder ir, sobre todo de tardecita, acompañar a papá al diario y molestar a los compañeros del trabajo, los viejos linotipistas, a los tipógrafos, a los propios periodistas. Meternos adentro del laboratorio de revelado fotográfico y después acompañar y abrazar el oficio de periodista participando en la juventud, haciendo algunas tareas de suplementos deportivos de automovilismo”.
“Posteriormente cuando me fui a Montevideo como corresponsal en una época muy especial, porque me fui en el año 83 y a principios de ese año se empezaron a instalar las Convenciones de los partidos políticos habilitados que habían tenido sus elecciones internas en el 82, y a partir de ahí, escribir directamente tratando de traer hacia Salto la información de lo que estaba pasando en Montevideo”, con coberturas de los Primeros de Mayo, las elecciones del 84 y el retorno a la democracia.
A su regreso a Salto en 1989, colaboró con el cambio de tecnología del diario, pasando de la etapa de plomo y tipografía a la del off set, siendo además Secretario de Redacción.

En su juventud, Juan Pablo Cesio trabajó en diario EL PUEBLO cumpliendo diversas tareas, entre las que recuerda su corresponsalía en Montevideo durante la salida democrática de nuestro país.

“La primer reflexión -comenzó diciendo- es la importancia de los medios de comunicación como forma de expresión de la sociedad yimages de garantía de la democracia. Un sistema democrático necesita fuertemente que los medios de comunicación existan a fin de que la gente pueda expresarse, comunicarse y llevar adelante las ideas de cada uno”.

“Haber sido parte durante mucho tiempo de la familia de diario EL PUEBLO no deja de ser un motivo de enseñanza justamente sobre la forma de comunicación, pero a su vez también de la importancia que tienen los medios de comunicación como forma de garantía de la libertad y de la democracia”.

“Desde chiquito formé parte de la familia del diario porque mi padre era el director responsable, y había horas del día donde era todo un motivo de alegría poder ir, sobre todo de tardecita, acompañar a papá al diario y molestar a los compañeros del trabajo, los viejos linotipistas, a los tipógrafos, a los propios periodistas. Meternos adentro del laboratorio de revelado fotográfico y después acompañar y abrazar el oficio de periodista participando en la juventud, haciendo algunas tareas de suplementos deportivos de automovilismo”.

“Posteriormente cuando me fui a Montevideo como corresponsal en una época muy especial, porque me fui en el año 83 y a principios de ese año se empezaron a instalar las Convenciones de los partidos políticos habilitados que habían tenido sus elecciones internas en el 82, y a partir de ahí, escribir directamente tratando de traer hacia Salto la información de lo que estaba pasando en Montevideo”, con coberturas de los Primeros de Mayo, las elecciones del 84 y el retorno a la democracia.

A su regreso a Salto en 1989, colaboró con el cambio de tecnología del diario, pasando de la etapa de plomo y tipografía a la del off set, siendo además Secretario de Redacción.

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Ramón Fonticiella

Los tiempos cambiaron. Ya no se habla de “linotipos, tipógrafos, galeras de material o plomo fundido”. Ya no se “empastelan” las notas o titulares armados, al mezclarse involuntariamente letras de metal o líneas de escritura en plomo…Pero la pasión seguramente debe ser la misma, la que se siente al llegar al diario con una noticia “bomba” , con la confirmación de un dato o con la satisfacción de culminar una sencilla investigación sobre un hecho.
Quienes nos criamos entre bobinas de papel, olor a tintas, calor de plomo y noches interminables, no olvidaremos jamás esas sensaciones… aunque hoy todo haya cambiado.
Personalmente tengo fuertes recuerdos de EL PUEBLO,  en el que viví dos etapas distintas, hace más de 30 años. No soy de la primera época, de la del profesor SILVA DELGADO como director. Entré en la que creo que sería segunda, cuando ya dirigía el escribano ENRIQUE CESIO, de indudable capacidad  y “temible” don de mando sobre sus escribas.
Quique fue un docente también dentro del diario. Nunca olvidaré cuando creó los “Suplementos sobre Salto Grande”. Se estaba construyendo la represa y su dinámica había cambiado el perfil de la vida lugareña, en muchos aspectos. Recuerdo el primer suplemento y sus instrucciones iniciales. Nos pedía que no ahorráramos esfuerzos por conseguir las notas y confirmarlas. Nos dijo (más o menos) “Ustedes ven que ellos (los italianos que dirigían la obra), van y vienen del obrador a la ciudad todas las veces que lo necesitan; no paran hasta lograr lo que precisan… Nosotros debemos ser iguales:  no medir esfuerzos hasta lograr el material que buscamos…”. Y así se hizo varias ediciones del material, que son una historia periodística de la más grande obra de esta región.
Los tiempos cambiaron… pero en el periodismo, como en la vida, el tesón, el esfuerzo, la seriedad  y la entrega siguen siendo decisivos .
¡FELIZ  ANIVERSARIO!

Los tiempos cambiaron. Ya no se habla de “linotipos, tipógrafos, galeras de material o plomo fundido”. Ya no se “empastelan” las notas o titulares armados, al mezclarse involuntariamente letras de metal o líneas de escritura en plomo…Pero la pasióndescarga (3)seguramente debe ser la misma, la que se siente al llegar al diario con una noticia “bomba” , con la confirmación de un dato o con la satisfacción de culminar una sencilla investigación sobre un hecho.

Quienes nos criamos entre bobinas de papel, olor a tintas, calor de plomo y noches interminables, no olvidaremos jamás esas sensaciones… aunque hoy todo haya cambiado.

Personalmente tengo fuertes recuerdos de EL PUEBLO,  en el que viví dos etapas distintas, hace más de 30 años. No soy de la primera época, de la del profesor SILVA DELGADO como director. Entré en la que creo que sería segunda, cuando ya dirigía el escribano ENRIQUE CESIO, de indudable capacidad  y “temible” don de mando sobre sus escribas.

Quique fue un docente también dentro del diario. Nunca olvidaré cuando creó los “Suplementos sobre Salto Grande”. Se estaba construyendo la represa y su dinámica había cambiado el perfil de la vida lugareña, en muchos aspectos. Recuerdo el primer suplemento y sus instrucciones iniciales. Nos pedía que no ahorráramos esfuerzos por conseguir las notas y confirmarlas. Nos dijo (más o menos) “Ustedes ven que ellos (los italianos que dirigían la obra), van y vienen del obrador a la ciudad todas las veces que lo necesitan; no paran hasta lograr lo que precisan… Nosotros debemos ser iguales:  no medir esfuerzos hasta lograr el material que buscamos…”. Y así se hizo varias ediciones del material, que son una historia periodística de la más grande obra de esta región.

Los tiempos cambiaron… pero en el periodismo, como en la vida, el tesón, el esfuerzo, la seriedad  y la entrega siguen siendo decisivos .

¡FELIZ  ANIVERSARIO!

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“Sigan marcando el mismo camino siendo plurales y con libertad”

Para Germán Coutinho

El intendente de Salto Germán Coutinho, quien el pasado 26 de octubre fue electo por segunda vez Senador de la República tras una campaña electoral que lo llevó a ser compañero de fórmula presidencial de su partido político, supo además trabajar como periodista en televisión, radio y en diario EL PUEBLO.

“Mi primer contacto con el diario –recordó-, es cuando en el año 89 ya estaba con mis impulsos edescarga (2) iniciativas del periodismo deportivo, comenzando a conformar el equipo deportivo de CX 27 de radio Tabaré, allí EL PUEBLO me dio la posibilidad de escribir algunos artículos de deporte haciendo la cobertura de los clubes”.

“En ese entonces, llevaba el artículo en una hoja, escrita a veces a máquina o a veces a lapicera y ahí te la transcribían, la armaban y la editaban. Después fui colaborador cubriendo los partidos. Me acuerdo que me tocó cubrir un partido que yo jugaba en Paso del Bote, y ese día atajé tres penales en el partido y titulé, ‘Coutinho, el héroe’. Hasta ahora en Paso del Bote se ríen porque recortaron ese artículo, nunca supieron que lo había escrito yo hasta que un día el vasco Arizcorreta padre, muy allegado a Paso del Bote, contó que ese artículo era mío. Pero fui bastante objetivo porque en verdad había atajado tres penales”.

Su pasaje por EL PUEBLO “fue una experiencia sensacional, fue la primer puerta que se me abrió para hacer lo que yo quería, periodismo deportivo. Y siempre hice periodismo deportivo aunque tuve otras posibilidades en el diario pero como siempre tuve mi condición de colorado, mi condición subjetiva de ver las cosas, entonces siempre decía que no iba a poder cumplir objetivamente con esa tarea, por lo que nunca me quise involucrar en nada que no fuera el deporte”.

Sobre los 55 años de EL PUEBLO, “más que un mensaje prefiero transmitirles un saludo y deseos que sigan teniendo buenos augurios, que sigan marcando el mismo camino siendo plurales y con libertad para que uno cada vez que agarre el diario sienta que está leyendo objetividad e independencia. Felicidades a todos quienes allí trabajan y por muchos años más”.

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Fue como encontrar… la lámpara de Aladino

Fue hace más de veinte años. El inmenso galpón desierto y en silencio, allí sobre la calle 18 de Julio. Era ya  de tardecita y las últimas sombras de un caluroso día de verano  en esa oscuridad que se “arrimaba” no me daban los  ojos para ver aquellas máquinas impresoras que habían parado,  con sus empleados en el seguro.
Ahí rodeado con gente de la construcción, Walter Martínez, con todas las ganas y dispuesto a frotar la lámpara mientras  proyectaba el futuro de un diario que por diferentes razones parecía, que llegaba al final de su vida.
Aprovechando de una suerte de “amistad” que Walter me proporcionó recorrí todo el edificio. Silencioso. De tanto en tanto unos molinetes colocados en el techo para el ingreso de aire, producían un sonido casi fantasmal.
Recuerdo que la inspección terminó y yo preferí volverme caminando a mi casa no sin antes, sentarme en uno de los bancos de la Plaza Artigas para reflexionar sobre lo que había visto. Volví a hacerme el planteo de que era una tarea muy difícil  la propuesta, pero no había marcha atrás.
Nunca antes había trabajado en EL PUEBLO y llegar ahora de la mano de un amigo que había puesto su capital, era un desafío por dos y era sin duda el último tren que pasaba por la vida  de un hombre que hacía milagros para mantener a una familia con seis hijos, pisando los cuarenta y cinco años.
De ahí en más comenzaron cursos sobre periodismo con notables que llegaban de la capital y que cada uno de nosotros lo aprovechó a su manera.
Pero la salida se demoraba y la “barra ansiosa” se ponía nerviosa. Yo todos los días hablaba con Walter, la gentileza de un buen hombre me permitía en mi osadía y en la ansiedad  de tratar a trabajar de una buena vez, será por eso.
Y un día EL DIARIO DE LOS SALTEÑOS ganó la calle, las fotos, el papel, las notas, los barrios todo lo que se pensó en lo previo estampados tal cual lo habían soñado sus directores.
Adriana Martínez  y Julio de Brum  su esposo, solucionaban todos los inconvenientes que iban surgiendo sobre la marcha, no había hora para eso.
Pasábamos algunos  días y otra vez  en la lucha que nunca se abandonó de que  EL PUEBLO fuera el mejor, objetivo primordial y básico, nos volvía a tenernos enfrente proyectando trabajo.
Julio y Adriana estaban convencidos  de que el Diario tenía que ser el mejor y por eso trabajaron y hoy a la vista están los resultados incuestionables, primeros en venta y trabajo periodístico.
En cuanto a lo mío, creo que le dediqué once años  de mi vida a pleno, tratando de pagar en  parte lo que fue Walter Martínez para mí y mi familia. Pero independientemente de todo esto el profundo amor que siento por esas  letras, EL PUEBLO, no tiene precio.
LUIS A. GIOVANONI

Fue hace más de veinte años. El inmenso galpón desierto y en silencio, allí sobre la calle 18 de Julio. Era ya  de tardecita y las últimas sombras de un caluroso día de verano  en esa oscuridad que se “arrimaba” no me daban los  ojos para ver aquellas máquinas impresoras que habían parado,  con sus empleados en el seguro.

Ahí rodeado con gente de la construcción, Walter Martínez, con todas las ganas y dispuesto a frotar la lámpara mientras  proyectaba el futuro de un diario que por diferentes razones parecía, que llegaba al final de su vida.

Aprovechando de una suerte de “amistad” que Walter me proporcionó recorrí todo el edificio. Silencioso. De tanto en tanto unos molinetes colocados en el techo para el ingreso de aire, producían un sonido casi fantasmal.

Recuerdo que la inspección terminó y yo preferí volverme caminando a mi casa no sin antes, sentarme en uno de los bancos de la Plaza Artigas para reflexionar sobre lo que había visto. Volví a hacerme el planteo de que era una tarea muy difícil  la propuesta, pero no había marcha atrás.

Nunca antes había trabajado en EL PUEBLO y llegar ahora de la mano de un amigo que había puesto su capital, era un desafío por dos y era sin duda el último tren que pasaba por la vida  de un hombre que hacía milagros para mantener a una familia con seis hijos, pisando los cuarenta y cinco años.

De ahí en más comenzaron cursos sobre periodismo con notables que llegaban de la capital y que cada uno de nosotros lo aprovechó a su manera.

Pero la salida se demoraba y la “barra ansiosa” se ponía nerviosa. Yo todos los días hablaba con Walter, la gentileza de un buen hombre me permitía en mi osadía y en la ansiedad  de tratar a trabajar de una buena vez, será por eso.

Y un día EL DIARIO DE LOS SALTEÑOS ganó la calle, las fotos, el papel, las notas, los barrios todo lo que se pensó en lo previo estampados tal cual lo habían soñado sus directores.

Adriana Martínez  y Julio de Brum  su esposo, solucionaban todos los inconvenientes que iban surgiendo sobre la marcha, no había hora para eso.

Pasábamos algunos  días y otra vez  en la lucha que nunca se abandonó de que  EL PUEBLO fuera el mejor, objetivo primordial y básico, nos volvía a tenernos enfrente proyectando trabajo.

Julio y Adriana estaban convencidos  de que el Diario tenía que ser el mejor y por eso trabajaron y hoy a la vista están los resultados incuestionables, primeros en venta y trabajo periodístico.

En cuanto a lo mío, creo que le dediqué once años  de mi vida a pleno, tratando de pagar en  parte lo que fue Walter Martínez para mí y mi familia. Pero independientemente de todo esto el profundo amor que siento por esas  letras, EL PUEBLO, no tiene precio.

LUIS A. GIOVANONI

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Vino a EL PUEBLO por “una gauchada” por 15 días y se quedó 18 años trabajando en la distribución del diario

Omar Martínez trabajó cerca de 18 años en la nueva etapa de diario El Pueblo. Llegó para dar una mano durante unos días en la distribución del diario y no se fue más. Así recuerda su llegada y su cariño por el diario, del que tuvo el honor de ser una de las personas que dobló el primer diario en salir a la calle.
“Yo fui de los que empezó con el primer ejemplar del diario –recordó-, pero antes trabajé en Cambio Bella Unión de cajero, que era de mi hermano, quien 48 horas antes de abrir el diario me dijo que tenía que hablar conmigo, ‘tengo que plantearte algo, quiero que me hagas una gauchada más, ¿te animás por 15 días a organizar un poco la distribución y la venta del diario? Te armo la lista de los quioscos, más allá de los nuevos que se vayan haciendo luego que salga el producto’. Mire, yo trabajaba en una piecita de 2 por 2 en el cambio, y ya estaba medio cansado de estar encerrado, así que me dije, voy a salir, total, eran 15 días, y agarré. Vine por 15 días y me quedé 18 años”.
“La calle es lo mejor que hay, no lo cambio por nada”, y cuando EL PUEBLO reabrió sus puertas y volvió a salir “fue muy comentado, pero siempre comentarios a favor, nunca en contra. El primer mes que volvió a salir, vendí solo en los quioscos 13 mil y pico de diarios”.
“Tengo amigos de la primera época del año” y viendo al diario en estos 55 años observa “que ha crecido muchísimo a pulmón”.
Respecto a su hermano, don Walter Martínez, recuerda que “era un hombre muy respetado, muy querido, muy humano. A él le gustaba más estar con el lustrador de zapatos o con el frankfurtero o el de la garrapiñada que estar con el doctor fulano o con el político mengano”.
“Quique” tiene grabada en su memoria aquella noche en que se armó el primer diario. “Del primer diario que se armó mi hermano fue el primero que agarró una de las hojas, también estaba un señor de Montevideo, Cosuc, estaba también Adriana (Martínez), (Luis) Giovanoni. Ese primer diario tenía 24 hojas, y bueno, fuimos doblando. Ese primer diario que salió quedó acá en la empresa”, rememoró.

Omar Martínez trabajó cerca de 18 años en la nueva etapa de diario El Pueblo. Llegó para dar una mano durante unos días en la distribución del diario y no se fue más. Así recuerda su llegada y su cariño por el diario, del que tuvo el honor de ser una de las personas que dobló el primer diario en salir a la calle.

“Yo fui de los que empezó con el primer ejemplar del diario –recordó-, pero antes trabajé en

Omar "Quique" Martinez

Omar "Quique" Martinez

Cambio Bella Unión de cajero, que era de mi hermano, quien 48 horas antes de abrir el diario me dijo que tenía que hablar conmigo, ‘tengo que plantearte algo, quiero que me hagas una gauchada más, ¿te animás por 15 días a organizar un poco la distribución y la venta del diario? Te armo la lista de los quioscos, más allá de los nuevos que se vayan haciendo luego que salga el producto’. Mire, yo trabajaba en una piecita de 2 por 2 en el cambio, y ya estaba medio cansado de estar encerrado, así que me dije, voy a salir, total, eran 15 días, y agarré. Vine por 15 días y me quedé 18 años”.

“La calle es lo mejor que hay, no lo cambio por nada”, y cuando EL PUEBLO reabrió sus puertas y volvió a salir “fue muy comentado, pero siempre comentarios a favor, nunca en contra. El primer mes que volvió a salir, vendí solo en los quioscos 13 mil y pico de diarios”.

“Tengo amigos de la primera época del año” y viendo al diario en estos 55 años observa “que ha crecido muchísimo a pulmón”.

Respecto a su hermano, don Walter Martínez, recuerda que “era un hombre muy respetado, muy querido, muy humano. A él le gustaba más estar con el lustrador de zapatos o con el frankfurtero o el de la garrapiñada que estar con el doctor fulano o con el político mengano”.

“Quique” tiene grabada en su memoria aquella noche en que se armó el primer diario. “Del primer diario que se armó mi hermano fue el primero que agarró una de las hojas, también estaba un señor de Montevideo, Cosuc, estaba también Adriana (Martínez), (Luis) Giovanoni. Ese primer diario tenía 24 hojas, y bueno, fuimos doblando. Ese primer diario que salió quedó acá en la empresa”, rememoró.

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“Lo que se publica en EL PUEBLO es lo que está en la agenda cotidiana de la sociedad”

Fernando Alonso, quien en el gobierno departamental anterior trabajó en el área de Cultura, tuvo su paso por EL PUEBLO, ingresando por concurso como periodista y como diagramador del diario.
“EL PUEBLO –comenzó diciendo- fue el diario que siempre se recibió y se leyó en casa. Cuando me afirmé vocacionalmente y tuve la oportunidad de formarme, se dio la circunstancia de poder entrar al diario en un concurso donde se presentó mucha gente”.
“Estuve unos siete años en el diario del que me quedaron los mejores recuerdos del equipo humano, que antepongo por sobre todas las cosas, con una solidaridad muy grande. Disfruté del trabajo, era confortable llegar a ese espacio de la redacción donde convivíamos todos en las distintas áreas, ya sea quienes hacíamos periodismo en la redacción, pero también estaba la gente de diagramación, de diseño y el corrector”.
“La Dirección del diario siempre ha tenido conmigo una atención muy especial. Recuerdo que tuve que alejarme un tiempo del diario por razones laborales, y cuando plantee mi retorno las puertas estaban abiertas de par en par. Otra atención que me gustaría destacar es el relacionamiento con Alberto (Rodríguez), el Secretario de Redacción, de quien he aprendido mucho en el trabajo cotidiano. Son de esas cosas que cimentan en uno para el futuro también”.
En el marco de estos 55 años de vida, “veo a EL PUEBLO en crecimiento. Si uno mira hacia atrás, en el trayecto recorrido, veo a un diario que se ha afirmado, que ha crecido notoriamente en lectores y en circulación y que marca referencia, lo que se publica en EL PUEBLO es lo que está en la agenda cotidiana de la sociedad. Como empresa lo veo en una etapa de afianzamiento y de crecimiento”.

Fernando Alonso, quien en el gobierno departamental anterior trabajó en el área de Cultura, tuvo su paso por EL PUEBLO, ingresando por concurso como periodista y como diagramador del diario.

“EL PUEBLO –comenzó diciendo- fue el diario que siempre se recibió y se leyó en casa. Cuando me afirmé vocacionalmente y tuve la

<p>Para Fernando Alonso</p>

Para Fernando Alonso

oportunidad de formarme, se dio la circunstancia de poder entrar al diario en un concurso donde se presentó mucha gente”.

“Estuve unos siete años en el diario del que me quedaron los mejores recuerdos del equipo humano, que antepongo por sobre todas las cosas, con una solidaridad muy grande. Disfruté del trabajo, era confortable llegar a ese espacio de la redacción donde convivíamos todos en las distintas áreas, ya sea quienes hacíamos periodismo en la redacción, pero también estaba la gente de diagramación, de diseño y el corrector”.

“La Dirección del diario siempre ha tenido conmigo una atención muy especial. Recuerdo que tuve que alejarme un tiempo del diario por razones laborales, y cuando plantee mi retorno las puertas estaban abiertas de par en par. Otra atención que me gustaría destacar es el relacionamiento con Alberto (Rodríguez), el Secretario de Redacción, de quien he aprendido mucho en el trabajo cotidiano. Son de esas cosas que cimentan en uno para el futuro también”.

En el marco de estos 55 años de vida, “veo a EL PUEBLO en crecimiento. Si uno mira hacia atrás, en el trayecto recorrido, veo a un diario que se ha afirmado, que ha crecido notoriamente en lectores y en circulación y que marca referencia, lo que se publica en EL PUEBLO es lo que está en la agenda cotidiana de la sociedad. Como empresa lo veo en una etapa de afianzamiento y de crecimiento”.

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Los comienzos

Fueron algunos meses de negociaciones, el padre Fernando Pigurina y Walter Martínez trabajaron mucho para poder llegar a un buen acuerdo.
No fue una tarea sencilla me consta, luego de seis meses  llegó el día en que Diario El Pueblo estaba nuevamente  en la calle.
Una nueva propuesta periodística comenzaba a gestarse , sin haber dejado a nadie sin trabajo, pensando en las familias que dependían directamente y en los canillitas que pregonaban las noticias en las calles de nuestra ciudad.
Mi padre nos invita a Julio y a mí a ser parte de este desafío, cómo decir que no, ganas no faltaron.
La consigna de papá era dirigir el diario sin desocupar sus tareas habituales, café de por medio, todos los días le pasaba un informe de lo acontecido, a los tres meses renuncian dos jefes de sección; Don Walter como le decían habla con Alberto Rodriíguez para que ocupara la secretaría de redacción, no necesitó decirnos nada , Julio y yo nos pusimos el diario al hombro.
Fueron tiempos complicados, el negocio nunca fue brillante, siempre hubo que pelearla, en el mundo los diarios dejaban de ser atractivos, nosotros con todo el equipo no permitíamos que nos pasara, comenzamos a integrar nuevas secciones, abrir la cabeza a nuevas propuestas.
Julio de Brum  ha sido el gran sostén anónimo de todos estos años, largas noches tratando de solucionar todo tipo de problemas, sin importarle las horas de sueño perdidas.
Es imposible  nombrar a todas las personas que formaron parte del diario, durante muchísimos años, que hoy ya no trabajan con nosotros porque se han jubilado o han buscado otros horizontes:  Quique Martínez, Quique Tour, Gustavo Alvez, Claudino Ferreira Pinto; Ricardo Lorenzelli, Yuyo Techeira,  José Luis Guarino, Marta Cano, Luis Giovanoni, Viviana Ribas, Raúl Oxandabarat, Fernando Alonso, Selva Tafernaberry , también muchos jóvenes han tenido al diario como primera experiencia laboral.
Néstor Flores, Susana Urreta,  Francisco Arizcorreta, Don Martini  son personas que por siempre recordaremos, pidiendo disculpas si de alguien nos olvidamos, no porque no ha sido importante sino porque los recuerdos fluyen aceleradamente.
Es tiempo de agradecimiento, a nuestros lectores, a las empresas y particulares que día a día apuestan a publicitar en nuestras páginas.
Un agradecimiento especial al Padre Fernando Pigurina, Hugo Bisio, Arambarri  y la Curia de Salto que supo entender en muchas oportunidades los momentos difíciles que enfrentábamos.
Mucho para recordar con el deseo que también lo sea para seguir el camino trazado hace 55 años.
n Adriana  Martínez

Fueron algunos meses de negociaciones, el padre Fernando Pigurina y Walter Martínez trabajaron mucho para poder llegar a un buen acuerdo.

No fue una tarea sencilla me consta, luego de seis meses  llegó el día en que Diario El Pueblo estaba nuevamente  en la calle.

Una nueva propuesta periodística comenzaba a gestarse , sin haber dejado a nadie sin trabajo, pensando en las familias que dependían directamente y en los canillitas que pregonaban las noticias en las calles de nuestra ciudad.

Mi padre nos invita a Julio y a mí a ser parte de este desafío, cómo decir que no, ganas no faltaron.

La consigna de papá era dirigir el diario sin desocupar sus tareas habituales, café de por medio, todos los días le pasaba un informe de lo acontecido, a los tres meses renuncian dos jefes de sección; Don Walter como le decían habla con Alberto Rodriíguez para que ocupara la secretaría de redacción, no necesitó decirnos nada , Julio y yo nos pusimos el diario al hombro.

Fueron tiempos complicados, el negocio nunca fue brillante, siempre hubo que pelearla, en el mundo los diarios dejaban de ser atractivos, nosotros con todo el equipo no permitíamos que nos pasara, comenzamos a integrar nuevas secciones, abrir la cabeza a nuevas propuestas.

Julio de Brum  ha sido el gran sostén anónimo de todos estos años, largas noches tratando de solucionar todo tipo de problemas, sin importarle las horas de sueño perdidas.

Es imposible  nombrar a todas las personas que formaron parte del diario, durante muchísimos años, que hoy ya no trabajan con nosotros porque se han jubilado o han buscado otros horizontes:  Quique Martínez, Quique Tour, Gustavo Alvez, Claudino Ferreira Pinto; Ricardo Lorenzelli, Yuyo Techeira,  José Luis Guarino, Marta Cano, Luis Giovanoni, Viviana Ribas, Raúl Oxandabarat, Fernando Alonso, Selva Tafernaberry , también muchos jóvenes han tenido al diario como primera experiencia laboral.

Néstor Flores, Susana Urreta,  Francisco Arizcorreta, Don Martini  son personas que por siempre recordaremos, pidiendo disculpas si de alguien nos olvidamos, no porque no ha sido importante sino porque los recuerdos fluyen aceleradamente.

Es tiempo de agradecimiento, a nuestros lectores, a las empresas y particulares que día a día apuestan a publicitar en nuestras páginas.

Un agradecimiento especial al Padre Fernando Pigurina, Hugo Bisio, Arambarri  y la Curia de Salto que supo entender en muchas oportunidades los momentos difíciles que enfrentábamos.

Mucho para recordar con el deseo que también lo sea para seguir el camino trazado hace 55 años.

Adriana  Martínez

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EL PUEBLO “escucha los latidos del corazón de la calle y de la vida de Salto”

El Padre Fernando Pigurina jugó un papel importante en una transición marcada tanto por el cierre de una etapa como en la reapertura definitiva de EL PUEBLO.
“En la memoria colectiva de la Iglesia –comenzó diciendo- diario EL PUEBLO ha significado un hito importantísimo. Una empresa que nació de la Iglesia para tener una voz pública, un esfuerzo grande tanto del Obispado como de laicos”.
“Mi relación con diario EL PUEBLO, parte de mi época de seminarista de venir a Salto y que lo leía y apreciaba en cuanto un medio de comunicación importante de la comunidad, fue cuando después de ordenado sacerdote en el año 92, el Obispo Monseñor Gil, me pidió que me hiciera cargo de la economía diocesana. Entrando a ver los problemas, una de las dificultades grandes que tenía la Diócesis en lo económico era la gestión de diario EL PUEBLO. Venía en picada económicamente y se hacía necesaria una decisión”.
“Ahí fue cuando Monseñor Gil tomó la decisión de que así no se podía seguir, donde todos los meses había una salida importante de caja de la Curia para mantener a diario EL PUEBLO. En torno a eso estaba también la inquietud de lo que significaba la vida y el trabajo de tantas personas que estaban involucradas en el diario. Con Hugo Bisio nos tomamos un poco la tarea de ver si podíamos venderlo, en un momento en que el diario ya había cerrado”.
“Ahí surgió la figura increíble de Walter Martínez que movido, según él, por lo que le decían los canillitas que vendían EL PUEBLO en la calle, es lo que lo motivó a él a salvar la empresa. Conversando con él pudimos llegar a un acuerdo y mantenerlo a flote. Después EL PUEBLO ha levantado horizontes y ni se compara hoy lo que es como publicación, por el volumen y el tiraje que tiene, con aquellos primeros tiempos”.
El mensaje del Padre Pigurina en estos 55 años es que “EL PUEBLO persevere en ser una voz abierta y plural, como veo que es también. Es un diario que, gracias a Dios, no se jacta ni se vanagloria de tener una sola línea exclusiva sino que escucha los latidos del corazón de la calle y de la vida de Salto, permitiendo que se expresen distintas voces, eso es lo que hace que sea un buen reflejo de periodismo sano que ayuda a la gente a pensar y que nos inspiran a seguir trabajando y luchando por el bien común”.
n

El Padre Fernando Pigurina jugó un papel importante en una transición marcada tanto por el cierre de una etapa como en la reapertura definitiva de EL PUEBLO.

“En la memoria colectiva de la Iglesia –comenzó diciendo- diario EL PUEBLO ha significado un hito importantísimo. Una empresa que nació de la Iglesia para tener una voz pública, un esfuerzo grande tanto del Obispado como de laicos”.

“Mi relación con diario EL PUEBLO, parte de mi época de seminarista de venir a Salto y que lo leía y apreciaba en cuanto un medio de comunicación importante de la comunidad, fue cuando después de ordenado sacerdote en el año 92, el Obispo Monseñor Gil, me pidió que me hiciera cargo de la economía diocesana. Entrando a ver los problemas, una de las dificultades grandes que tenía la Diócesis en lo económico era la gestión de diario EL PUEBLO. Venía en picada económicamente y se hacía necesaria una decisión”.

“Ahí fue cuando Monseñor Gil tomó la decisión de que así no se podía seguir, donde todos los meses había una salida importante de caja de la Curia para mantener a diario EL PUEBLO. En torno a eso estaba también la inquietud de lo que significaba la vida y el trabajo de tantas personas que estaban involucradas en el diario. Con Hugo Bisio nos tomamos un poco la tarea de ver si podíamos venderlo, en un momento en que el diario ya había cerrado”.

“Ahí surgió la figura increíble de Walter Martínez que movido, según él, por lo que le decían los canillitas que vendían EL PUEBLO en la calle, es lo que lo motivó a él a salvar la empresa. Conversando con él pudimos llegar a un acuerdo y mantenerlo a flote. Después EL PUEBLO ha levantado horizontes y ni se compara hoy lo que es como publicación, por el volumen y el tiraje que tiene, con aquellos primeros tiempos”.

El mensaje del Padre Pigurina en estos 55 años es que “EL PUEBLO persevere en ser una voz abierta y plural, como veo que es también. Es un diario que, gracias a Dios, no se jacta ni se vanagloria de tener una sola línea exclusiva sino que escucha los latidos del corazón de la calle y de la vida de Salto, permitiendo que se expresen distintas voces, eso es lo que hace que sea un buen reflejo de periodismo sano que ayuda a la gente a pensar y que nos inspiran a seguir trabajando y luchando por el bien común”.

Para el Padre Fernando Pigurina

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“Y voló nomas”

Cuando entré a trabajar al diario hace casi 15 años, uno de los trabajadores más experientes del lugar se acercó a mí, por entonces yo era un joven de apenas 20 años sin conocimiento alguno del oficio, y vino solamente para  saludarme, para estrecharme su mano y presentarse, y para ponerse a las órdenes. Una de las cosas que me impactó de aquel veterano macanudo, además de su fina y educada cortesía, fue su carisma, su manera de hacer sentir al otro como en casa y de paso cañazo, con esas cosas que solo tienen los caballeros, brindar un par de consejos como para que la vayas llevando, hasta emprender el camino propio en el trajín cotidiano y ahí arrancar a cosechar tu propia experiencia.
Ese hombre macanudo, bueno, simpático, siempre alegre, justo, tenaz, sacrificado, pero a su vez inteligente y analítico, era Néstor Flores, a quien cariñosamente apodábamos “Pajarito”. Nunca supe por qué, tampoco se lo pregunté, no lo creí necesario, lo dejábamos a la libre interpretación de cada uno y estoy seguro que fue eso lo que él, con una sonrisa cómplice, era lo que siempre quería.
Quizás muchos piensen que cuando alguien parte de este mundo, es fácil llenarlo de elogios y hablar bien de esa persona, porque como dice el dicho, cuando nos morimos todos somos buenos. Pero ese no era el caso de Néstor, para nosotros Pajarito era siempre una persona de consulta permanente, de charlas deliciosas, cargadas de anécdotas, siempre tenía una historia sobre cualquier tema y su condición de pensador abrigaba ese sentimiento de humildad que solo tienen los grandes,  porque cada vez que tenía una duda,  por más pueril que pareciera su pregunta, siempre consultaba, preguntaba y buscaba hasta el último recurso para no quedarse con la duda de absolutamente nada.
Con esa forma de ser, nos enseñaba a ser buscadores, a ser prolijos con nosotros mismos, a ser inquietos, a no quedarnos con la primera cosa que nos decían, a valorar nuestro conocimiento y a decirnos que estar ilustrados era lo más importante. Para los más jóvenes eso era muy importante, porque desde su sencillez nos estaba dando una lección de vida.
Cuando estas cosas pasan, cuando un amigo, una persona de bien, un hombre sabio a su manera, un hombre bueno y digno, se va en forma repentina, nos deja su enseñanza. Y su semblanza no es otra que la de hacer el bien, en primer lugar con nosotros mismos, porque de lo contrario no tendríamos manera de hacer aprender a hacer el bien para otros.
Pero aprendemos en forma muy acabada que la vida es algo tan delicado y digno de ser vivido con felicidad y alegría, que no podemos desperdiciar un solo minuto en conflictos primitivos, en pensar que los resultados positivos se dan si se plasman en cuestiones materiales, en cosas tan banales como un muro, un ladrillo, un coche o dinero. Pajarito siempre nos decía que lo importante era vivir y vivir bien, disfrutando de la familia, pero sobre todo de hacer lo que uno quería, aprovechando nuestra capacidad para exprimirla al máximo y ser útiles en la vida.
Largas charlas en la Redacción hemos mantenido hablando de todo, diciéndonos las cosas a la cara y pensando al final del día, que el simple hecho de conocernos y compartir aspectos cotidianos eran algo que valía cada minuto en el que pasábamos en este recinto lejos de nuestras familias. Porque la experiencia era enriquecedora, él con sus casi cuarenta años más que yo a cuestas y con una vida signada por los milagros más hermosos que podamos tener y que la misma nos puede dar. Él tenía seis milagros y varias derivaciones, porque hasta bisnietos en vida llegó a ver. Yo apenas llevo uno, y siento que vale por todo lo que he vivido hasta ahora.
Cuando a veces hemos tenido alguna confrontación con otros compañeros de trabajo por diferencias naturales que se dan en personas distintas, pero como suceden en cualquier familia  o grupo humano, porque uno al convivir con un grupo tan heterogéneo de personas por tanto tiempo como es mi caso, que más de la tercera parte de mi vida la he pasado escribiendo para estas páginas, compartiendo noches enteras con mis compañeros de trabajo, que son mi segunda familia, él siempre era como el soberano de la tribu, el que venía a dar el consejo y a poner los paños tibios cuando alguna discusión nos llevaba a enfrascarnos en sinrazones que no conducen a ninguna parte. Y todos lo escuchábamos porque tenía el respeto y la altura suficiente como para hacer pesar su manera de ser y de pensar, algo que todos admirábamos y que la mayor parte del tiempo lo hicimos en el más absoluto silencio, pero haciéndole saber que así era.
Cuando hechos así suceden, siempre traigo a colación las palabras de mi tía abuela Cora, quien ya dejó este mundo hace más de una década, quien decía en estos casos “no es que los perdamos, sino que se van primero”. Y estoy completamente seguro que así es.
Pajarito se fue primero por una cuestión hasta biológica, aunque con sus jóvenes 73 años a cuestas y su jovialidad ininterrumpida, su ausencia nos causó, además de dolor, mucha sorpresa, porque recuerdo el último día que nos vimos, que terminamos hablando de todos los temas como era nuestra costumbre, sin notar ningún tipo de advertencia de que algo de esto podía pasar.
Pero hoy ya no está, aunque lo recordaremos siempre, porque está en nuestros pensamientos diarios, en nuestra risa cada vez que nos acordemos de todas las anécdotas que tenemos junto a él, en nuestro accionar cuando nos conduzcamos con dignidad, bondad y alegría, en nuestra manera de ser solidaria y de mano tendida, de hacer el bien sin mirar a quien, porque así era él, y ese es su legado para conmigo al menos.
Pajarito estuvo ahí en los momentos más importantes de mi vida. Cuando nació mi hijo, cuando me casé, cuando me iba bien y cuando me iba mal. Cuando lo precisé nunca me dijo que no, y cuando me veía en caídas no me consultaba, se acercaba sigilosamente y me decía algo que me dejara contento, sin tocarme el tema para hacerme ver que la vida, desde sus propios ojos, era por sobre todas las cosas alegre y libre, con una libertad que explota y con una alegría por tener la oportunidad de estar vivo que era desmesurada. Por eso para él no había llanto ni dolor, solamente angustias pasajeras que eran parte del aprendizaje por el que teníamos que pasar en este transitorio pasaje en el que estamos para aprender.
Pajarito es un hombre bueno, así lo recordaré siempre, era un hombre libre y respetuoso de la libertad de los demás. Volaba en sus pensamientos, pero también en sus valores y en su hombría de bien.
Su partida nos deja una enseñanza muy grande y es este un momento con un sabor muy extraño, donde se entremezclan sensaciones de nostalgia por lo vivido junto a él durante estos 15 años, tristeza por saber que su sonrisa estará solo en la memoria y a su vez alegría, mucha alegría y agradecimiento por haber tenido la milagrosa oportunidad de haberlo conocido. Gracias Pajarito, volá tranquilo que desde acá acariciaremos en tus alas, tu recuerdo y todo lo que nos regalaste para toda la vida. Y te aplaudo hasta reventarme las manos saludándote hasta el reencuentro, que seguro será alguna vez, pero todavía no, ahora me toca saber que estuviste y darte las gracias.

Cuando entré a trabajar al diario hace casi 15 años, uno de los trabajadores más experientes del lugar se acercó a mí, por entonces yo era un joven de apenas 20 años sin conocimiento alguno del oficio, y vino solamente para  saludarme, para estrecharme su mano y presentarse, y para ponerse a las órdenes. Una de las cosas que me impactó de aquel veterano macanudo, además de su fina y educada cortesía, fue su carisma, su manera de hacer sentir al otro como en casa y de paso cañazo, con esas cosas que solo tienen lospajaro caballeros, brindar un par de consejos como para que la vayas llevando, hasta emprender el camino propio en el trajín cotidiano y ahí arrancar a cosechar tu propia experiencia.

Ese hombre macanudo, bueno, simpático, siempre alegre, justo, tenaz, sacrificado, pero a su vez inteligente y analítico, era Néstor Flores, a quien cariñosamente apodábamos “Pajarito”. Nunca supe por qué, tampoco se lo pregunté, no lo creí necesario, lo dejábamos a la libre interpretación de cada uno y estoy seguro que fue eso lo que él, con una sonrisa cómplice, era lo que siempre quería.

Quizás muchos piensen que cuando alguien parte de este mundo, es fácil llenarlo de elogios y hablar bien de esa persona, porque como dice el dicho, cuando nos morimos todos somos buenos. Pero ese no era el caso de Néstor, para nosotros Pajarito era siempre una persona de consulta permanente, de charlas deliciosas, cargadas de anécdotas, siempre tenía una historia sobre cualquier tema y su condición de pensador abrigaba ese sentimiento de humildad que solo tienen los grandes,  porque cada vez que tenía una duda,  por más pueril que pareciera su pregunta, siempre consultaba, preguntaba y buscaba hasta el último recurso para no quedarse con la duda de absolutamente nada.

Con esa forma de ser, nos enseñaba a ser buscadores, a ser prolijos con nosotros mismos, a ser inquietos, a no quedarnos con la primera cosa que nos decían, a valorar nuestro conocimiento y a decirnos que estar ilustrados era lo más importante. Para los más jóvenes eso era muy importante, porque desde su sencillez nos estaba dando una lección de vida.

Cuando estas cosas pasan, cuando un amigo, una persona de bien, un hombre sabio a su manera, un hombre bueno y digno, se va en forma repentina, nos deja su enseñanza. Y su semblanza no es otra que la de hacer el bien, en primer lugar con nosotros mismos, porque de lo contrario no tendríamos manera de hacer aprender a hacer el bien para otros.

Pero aprendemos en forma muy acabada que la vida es algo tan delicado y digno de ser vivido con felicidad y alegría, que no podemos desperdiciar un solo minuto en conflictos primitivos, en pensar que los resultados positivos se dan si se plasman en cuestiones materiales, en cosas tan banales como un muro, un ladrillo, un coche o dinero. Pajarito siempre nos decía que lo importante era vivir y vivir bien, disfrutando de la familia, pero sobre todo de hacer lo que uno quería, aprovechando nuestra capacidad para exprimirla al máximo y ser útiles en la vida.

Largas charlas en la Redacción hemos mantenido hablando de todo, diciéndonos las cosas a la cara y pensando al final del día, que el simple hecho de conocernos y compartir aspectos cotidianos eran algo que valía cada minuto en el que pasábamos en este recinto lejos de nuestras familias. Porque la experiencia era enriquecedora, él con sus casi cuarenta años más que yo a cuestas y con una vida signada por los milagros más hermosos que podamos tener y que la misma nos puede dar. Él tenía seis milagros y varias derivaciones, porque hasta bisnietos en vida llegó a ver. Yo apenas llevo uno, y siento que vale por todo lo que he vivido hasta ahora.

Cuando a veces hemos tenido alguna confrontación con otros compañeros de trabajo por diferencias naturales que se dan en personas distintas, pero como suceden en cualquier familia  o grupo humano, porque uno al convivir con un grupo tan heterogéneo de personas por tanto tiempo como es mi caso, que más de la tercera parte de mi vida la he pasado escribiendo para estas páginas, compartiendo noches enteras con mis compañeros de trabajo, que son mi segunda familia, él siempre era como el soberano de la tribu, el que venía a dar el consejo y a poner los paños tibios cuando alguna discusión nos llevaba a enfrascarnos en sinrazones que no conducen a ninguna parte. Y todos lo escuchábamos porque tenía el respeto y la altura suficiente como para hacer pesar su manera de ser y de pensar, algo que todos admirábamos y que la mayor parte del tiempo lo hicimos en el más absoluto silencio, pero haciéndole saber que así era.

Cuando hechos así suceden, siempre traigo a colación las palabras de mi tía abuela Cora, quien ya dejó este mundo hace más de una década, quien decía en estos casos “no es que los perdamos, sino que se van primero”. Y estoy completamente seguro que así es.

Pajarito se fue primero por una cuestión hasta biológica, aunque con sus jóvenes 73 años a cuestas y su jovialidad ininterrumpida, su ausencia nos causó, además de dolor, mucha sorpresa, porque recuerdo el último día que nos vimos, que terminamos hablando de todos los temas como era nuestra costumbre, sin notar ningún tipo de advertencia de que algo de esto podía pasar.

Pero hoy ya no está, aunque lo recordaremos siempre, porque está en nuestros pensamientos diarios, en nuestra risa cada vez que nos acordemos de todas las anécdotas que tenemos junto a él, en nuestro accionar cuando nos conduzcamos con dignidad, bondad y alegría, en nuestra manera de ser solidaria y de mano tendida, de hacer el bien sin mirar a quien, porque así era él, y ese es su legado para conmigo al menos.

Pajarito estuvo ahí en los momentos más importantes de mi vida. Cuando nació mi hijo, cuando me casé, cuando me iba bien y cuando me iba mal. Cuando lo precisé nunca me dijo que no, y cuando me veía en caídas no me consultaba, se acercaba sigilosamente y me decía algo que me dejara contento, sin tocarme el tema para hacerme ver que la vida, desde sus propios ojos, era por sobre todas las cosas alegre y libre, con una libertad que explota y con una alegría por tener la oportunidad de estar vivo que era desmesurada. Por eso para él no había llanto ni dolor, solamente angustias pasajeras que eran parte del aprendizaje por el que teníamos que pasar en este transitorio pasaje en el que estamos para aprender.

Pajarito es un hombre bueno, así lo recordaré siempre, era un hombre libre y respetuoso de la libertad de los demás. Volaba en sus pensamientos, pero también en sus valores y en su hombría de bien.

Su partida nos deja una enseñanza muy grande y es este un momento con un sabor muy extraño, donde se entremezclan sensaciones de nostalgia por lo vivido junto a él durante estos 15 años, tristeza por saber que su sonrisa estará solo en la memoria y a su vez alegría, mucha alegría y agradecimiento por haber tenido la milagrosa oportunidad de haberlo conocido. Gracias Pajarito, volá tranquilo que desde acá acariciaremos en tus alas, tu recuerdo y todo lo que nos regalaste para toda la vida. Y te aplaudo hasta reventarme las manos saludándote hasta el reencuentro, que seguro será alguna vez, pero todavía no, ahora me toca saber que estuviste y darte las gracias.

Por Hugo Lemos

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Recuerdo a Don Walter Martínez

A un mes del fallecimiento de nuestro director responsable, Walter Martínez Cerrutti, el pasado 12 de noviembre los trabajadores nos reencontramos en nuestra Redacción y, luego de las palabras de periodistas de esta casa, procedimos a descubrir una placa en el acceso principal del diario, en reconocimiento de su persona. Trabajadores de todos los sectores y de varios lugares de la región se reunieron para resaltar algunos aspectos de la persona de Martínez, evocando la valentía de llevar adelante este medio de comunicación por casi 20 años de manera consecutiva.

EL DESAFÍO

Alberto Rodríguez, secretario de Redacción de EL PUEBLO, destacó que “todos los trabajadores debíamos este reconocimiento,walter placa porque nadie como los trabajadores para saber muy bien lo que es tener trabajo y lo que es estar desocupado. A Walter le debemos haber rescatado este diario hace 20 años atrás, cuando él mismo decía que no era bueno meterse en una empresa que no conocía. Sin embargo confió en nosotros, aceptó el desafío y gracias a él hoy tenemos trabajo”.

JUSTO RECONOCIMIENTO

Para el periodista, “Walter era una persona de bajo perfil, al que no le gustaba mucho aparecer en los medios, sencillo. Con la cual se podía conversar, estaba siempre dispuesto. Por eso no siempre el reconocimiento es tan justo como en estos casos: se impone agradecer hoy que tenemos a EL PUEBLO en un sitial en donde nunca lo había visto.  Es bueno que reconozcamos al hombre que hizo posible que hoy EL PUEBLO esté en esta etapa” terminó diciendo Rodríguez.

JUSTA DIMENSIÓN

Eleazar José “Chito” Silva destacó la “importancia del trabajo en las personas, la manera en que nos jerarquiza y nos abre determinado cauce”. Al referirse a Walter indicó que “es ese ser humano que hizo aquello pero además hizo esto. Si no hubiese tenido esa visión o aventura no estábamos trabajando hoy acá. El paso de la vida es notoriamente sabio porque coloca a las personas en la justa y generosa dimensión y en el justo lugar. Lamentablemente nos van quedando pocos Walter Martínez, ya que es una especie que se fue perdiendo en el tiempo”.

LA UNIDAD

“Hoy sentimos un toque de añoranza colectivo por ese Walter que hoy no lo vemos pero que sin embargo está” siguió expresando Silva. “Por eso el peor homenaje que le podemos hacer a Walter es resignarnos en este camino o no librar la batalla que viene. Desde donde esté nos está transmitiendo que se puede, que nada es imposible cuando la gente se junta y la especie humana se fortalece en la unidad”.

SENCILLEZ, HUMILDAD Y HUMANISMO

En el acceso a las oficinas administrativas del diario se descubrió una placa que reza:

“En reconocimiento a Don Walter Martínez Cerrutti, por su lección de sencillez, humildad y humanismo, por su conducción firme y serena que nos rescató y supo mostrarnos el camino… Gracias.

Funcionarios de Diario EL PUEBLO. Salto, 12 de noviembre de 2012.

El emotivo momento del descubrimiento estuvo a cargo de Néstor Flores (un veterano de la primera época, especialmente invitado para compartir la ocasión) y Matías de Brum (nieto de don Walter y uno de los más jóvenes integrantes de la plantilla de trabajadores de EL PUEBLO).

Pubalicado el 13/12/2012

Su presencia podía ser casi imperceptible, Walter Martínez fue un hombre que cultivó siempre el bajo perfil, era reacio a aparecer y a figurar, aunque siempre estaba a la hora de contribuir con las obras solidarias y en especial a aquellas otras sociales que significabanwalter solo trabajo y bienestar para la gente.
Se hizo cargo de EL PUEBLO en 1993, luego de un cierre de seis meses y cuando se  precisaba  cierto perfil quijotesco para tomar a su cargo un diario cerrado.
Nunca ocultó que no conocía  los pormenores de la empresa periodística, pero sí de la gente y de la esencia humana. Este “olfato” le fue guiando en la aventura emprendida. Poco a poco fue eligiendo a las personas que entendió podían darle  la recuperación pretendida al diario EL PUEBLO, cimentando su proyecto en su hija Adriana para delegarle la responsabilidad.
Hoy se nos ha ido sorpresivamente y casi silenciosamente como seguramente hubiera preferido hacerlo.
Pero lejos de pasar desapercibido para nosotros fue el hombre  capaz de conducir el barco en momentos de tempestad, sacarlo a flote y hacerlo navegar hoy por las aguas tranquilas en que se encuentra.
Walter dejaba hacer y observaba. Hablaba poco, sólo cuando era necesario y sin levantar la voz nunca.
En esta segunda etapa de EL PUEBLO hubo aciertos y errores como en toda obra humana, pero su visión fue precisa y permitió ir surcando hacia el sitial que hoy ocupa EL PUEBLO en la región Norte.
Hoy se ha ido, pero nos ha dejado su huella profunda para marcarnos el rumbo y recordarnos cual es el camino acertado, de trabajo, sencillez, humildad, respeto para ser respetado  y mucha pasión en la tarea que se emprende.
Con este compromiso seguiremos adelante.
Descansa en paz, querido Walter.
Alberto Rodríguez Díaz
Recuerdo a Don Walter MartínezRecuerdo a Don Walter Martínez

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