José Sánchez (Cholo)

Empresario gastronómico: “Hoy disfruto a mis hijos, viéndolos respetar a la gastronomía, como yo”

Conociendo desde pequeño todo lo relacionado con el buen comer, el Cholo Sánchez supo aprovechar esas bienvenidas oportunidades laborales que el destino le deparaba.
Dedicándole tiempo al principio como un aprendizaje forzado, para volverse luego muy placentero.
Conquistó a nuestro medio con sus mesas espectaculares de variados y completos menúes, caracterizándose por elaborarlos a cada uno de ellos, con su mayor dedicación, seriedad y responsabilidad. Comprometido con lo que hace, se sintió apoyado desde el principio por su familia. Conformada por su esposa Mirta, cuatro hijas mujeres y un varón, que hoy nos define a su padre, diciéndonos: “papá, es el mejor papá del mundo”.
Ellos son: María Laura, María Cristina, María Verónica, María Luisa y Emanuel. Además de disfrutar de nueve nietos y una bisnieta.
Es hincha de Dublín, Paso del Bote y Salto Uruguay. Dialogamos sobre su firme tarea de cuarenta años y de lo que significan hoy su esposa e hijos, siguiendo los pasos de papá:
“Mi relación con la gastronomía comienza cuando tenía yo 11 años, trabajando en el lavandín en el bar El Chino, luego en una casa de Pesca, en bar San Cono, luego en La Familiar frente al teatro. Pasado el tiempo trabajé en La Ideal, ya cambiando de rubro, siendo mozo y en la parrilla en el piso superior.
Y en el 70 fui mozo en Los Pingüinos hasta el ´82, yéndome a pizzería La Rueda. Conocimos tanta gente extranjera y uruguaya, por el inicio de la represa.
¿Cómo comienzan sus emprendimientos propios?
En la cantina de Universitario y de allí, me instalé en Salto Uruguay. Me despiden de Los Pingüinos y me abonaron el mismo con un servicio que habíamos hecho para el Dr. Roseti.
Pero mientras estaba en La Rueda, ya tenía mi propio servicio.
Trabajaba de noche y hacía algunos alquilando. Mi señora, se encargaba de ayudarme en todo y de esta forma fuimos superándonos.
Luego pasé a instalarme en Salto Uruguay y allí además de tener el restorán, contábamos con servicio de fiestas, de viandas, recibiendo las excursiones, que llegaban continuamente.
Hasta la época en que llegó el Papa a Salto y nos dejó a todos económicamente hablando, arruinados. Luego nos fuimos recuperando, surgió el pozo de Daymán, volvimos a caer, pero a partir de allí, como que en el restorán no paraban de llegar excursiones y eso nos impulsaba a seguir.
¿Le costó incursionar entre los salteños?
No, el mismo movimiento me llevaba a hacer eso. La gente me había empezado a conocer y yo a la vez, ya tenía conocimiento de todo lo que era un servicio.
¿Cómo ve aquella época y el ahora?
Son dos etapas diferentes.
Cuando trabajaba solo en todo y la otra fue cuando logré hacer entrar a la empresa a María Cristina, una de mis hijas, porque me daba cuenta que tocaba mis límites.
Además de que tenía que verse una figura femenina, encarando la empresa, la mujer siempre se entiende mejor con la clientela, porque atiende detalles, que uno como hombre no lo ve.
Se me escapaban cosas que ella sabía descubrir. Pero además le gustaba.
Y entró bien en la sociedad, se acercó más a la gente, que era lo que a mí me faltaba. Quedando todo más prolijo y fino.
¿Cuáles son los requisitos para disfrutar de un buen servicio?
Mucho, bueno y abundante. Además de la higiene, excesivo cuidado en todo.
¿Qué no debe faltar en una mesa de fiesta?
Mozos experimentados para una buena atención.
¿Ha disfrutado con lo que ha hecho?
Es que además de que me gustaba lo que hacía, era mi medio de vida y le tuve que salir.
No estudié, tengo hecho hasta 5º año de primaria, pero la respeto mucho a la gastronomía, ya que fue la que me dio vida, me hizo conocer a mucha gente buena, más que de la otra y Salto me ha dado mucho. No puedo pedir más.
¿Qué disfruta con sus hijos hoy?
Mucho, antes no estaba en mi casa.
Salía a las seis de la mañana y volvía a altas horas por la noche.
Hoy tengo a mis nietos que son mi vida y me dicen “abuelo para acá y abuelo para allá” y eso me hace sentir muy bien.
Disfruto mirando a mi hija Cristina, organizando de forma espectacular cada fiesta y solo voy a darle el ok, porque ella sabe mucho.
Tengo una hija maestra, la otra por recibirse con la misma profesión y mi hijo instalado con su negocio. Estoy tranquilo conmigo mismo, ya que tuve el apoyo de mi esposa siempre, fue muy constante.
¿Qué siente viendo a Emanuel trabajando en Salto Uruguay como usted lo hizo?
Una tremenda satisfacción. Lo acompaña Laura su hermana. Eso demuestra el camino que uno hizo. Cuando uno retorna a donde estuvo durante quince años, es porque todo estuvo bien. Además Emanuel juega en Salto Uruguay.
¿La mayor satisfacción en todos estos años?
Tomo como referencias a un casamiento de Martinicorena- Azambuja, realizado hace años con mil doscientas personas y hace pocos días la fiesta de los médicos con mil personas.
Trabajamos setenta y cinco personas.
Son enormes satisfacciones por el desafío que ello significa. Que al otro día me vean en la calle y con el pulgar levantado me griten un saludo y hacerme saber que han pasado bárbaro.
Pero mi mayor satisfacción es que haya abundante comida. Debe haber mucha buena comida en la fiesta.
¿Un sueño?
Sacar un cinco de oro y dar una vuelta al mundo con mi señora, hijos y nietos.
Porque no tengo plata. Tengo lo puesto, pero soy muy feliz.
¿Una asignatura pendiente con los hijos, que la desee cumplir?
Creo que les he dejado todo de mí.
¿Es una referencia en Salto?
Sí, lo siento y es una satisfacción, un orgullo.
¿Cuál es la comida con la que disfruta con sus hijos?
Asado, hecho por el padre. (Sonríe).
¿Qué heredaron sus hijos de usted?
Lo que uno caminó estos años. Todo lo inculcado, estando uno bien conceptuado, dejándoles un buen camino.
Y descartado… ¡la gastronomía!
¿Ya pidió el regalo para el dia del padre?
No, nunca pido, ellos me traen lo que les parece.(Sonrisas)
¿Un mensaje en el dia del padre?
Que los padres hagan el esfuerzo por los hijos, para que ellos lo valoren y continúen en un buen camino.
¡Además de un saludo especial a todos los papás!

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Roberto Da Cunha Barros Rattín

Productor Hortícola: “Un papá satisfecho con la vida”

Hace ya mucho tiempo y llegado el momento, Roberto decidió no inclinarse por una profesión universitaria. Creció junto a su familia entre plantaciones de distintas especies, referidas a la horticultura y decidió seguirle sus pasos. Lo sigue haciendo y sostiene sentirse muy cómodo en su actividad. Formó también su propia familia, viviendo en la franja hortícola de nuestro departamento, donde hoy se siente satisfecho de lo que el destino le tenía preparado. Casado con Soledad, tuvieron dos hijas: Alfoncina y Fernanda. Dialogamos de una forma muy amena, donde nos narra parte de su diario vivir y de lo feliz que lo hace ser padre:
Comencé a conocer todo lo referido a lo que es una chacra, cuando tenía siete años. Concurría a la escuela Nº 91 Portugal, luego a la 109 de Colonia Gestido, donde hoy estoy orgulloso de que lo hagan mis hijas. Y por la tarde, colaboraba en alguna tarea con mi padre y mi hermano mayor, en el tiempo que nos quedaba libre. Con la misma modalidad, transcurrió la secundaria. Era todo muy difícil, las necesidades estaban a la orden del día. Como no teníamos otro horario para hacer deberes, lo hacíamos a la noche y carecíamos de algunas cosas necesarias, como la luz eléctrica. También era complicada la época de secundaria en el traslado hasta el liceo.
Hacíamos un kilómetro en bicicleta a las cinco y treinta de la mañana, para poder llegar hasta el lugar donde hacía su recorrido el ómnibus de COTTUR, quien nos llevaba a destino.
¿Por qué decides abandonar el liceo, casi siendo bachiller?
Me entusiasmó ver que con la horticultura se podía progresar. Logré con mis primeros esfuerzos, adquirir un vehículo para el traslado. Muy importante para la distancia que nos separa del centro de la ciudad, que es lo primero que un adolescente aspira a tener para sus salidas.
Teníamos un lugar propio donde desarrollar nuestra actividad y decidí acompañar a mi familia. Me parecía lo más certero y hasta ahora no me arrepiento.
¿Qué es lo que produces en tu quinta?
Tomates, morrones, zapallitos, boniatos y la citricultura, con su respectiva labor.
¿Qué es lo que más te gusta de toda tu tarea diaria?
Sin dudas que el trabajo del citrus con la naranja. Es un trabajo tranquilo, al aire libre y no lleva muchas horas de dedicación.
¿Y lo menos agradable?
Querer saber qué es lo que va a pasar mañana, (sonríe).
No hay nada difícil o complicado. Hoy la tecnología nos facilita mucho y estamos agradecidos por ello.
¿Existen en la horticultura, épocas en general más difíciles que otras?
El mes de enero. Donde no hay entrada de dinero, merma la cosecha, sabiendo además que los meses siguientes son iguales en cuanto a trabajo y tenemos que depender de un aporte importante para diferentes impuestos.
¿Cuentas con un equipo de trabajo?
Excelente grupo humano: mi hermano Fernando, destacando la colaboración de Oscar Lima, con el cual disfrutamos juntos nuestra niñez y hace quince años que está con nosotros, al igual que Braian Martínez que también hace años nos acompaña. Además de mi padre, que aunque se encuentre retirado, es el que tiene la última palabra cuando se le consulta por decisiones. Aunque mi mamá Marta, también acompaña.
¿Qué situaciones preocupan en la horticultura?
Las inclemencias del tiempo. Cuando muchas veces se trabaja mucho para lograr una buena cosecha y viene una tormenta, tira todo al suelo y arruina una temporada. Siempre ha sido el gran problema del productor.
¿Cómo se compone tu familia?
Por mi esposa Soledad, con la cual nos conocimos hace 16 años, un 18 de junio y hace diez que estamos casados. Y por mis dos niñas: Alfoncina de 7 años y Fernanda de 2.
¿Con qué disfrutas?
Con un paseo. Cuando estoy en mi casa, con mi familia.
Disfruto mucho recibiendo a familiares y amigos para una reunión. Conservando una barra de amigos de hace veinte años, con la que nos reunimos jueves por medio, en mi casa o en la de una de ellos.
¿Un sueño?
Ojalá podamos mantener siempre todos buena salud.
Dedicarle más tiempo al entretenimiento con mis hijas.
Que en el mañana crezcan y no tengan que depender de una chacra.
Decidiendo por una profesión, donde se sientan cómodas y puedan hacer lo que les guste. Que el nivel de vida que llevamos, nos acompañe hasta que seamos viejitos. Teníamos un sueño con mi esposa, que este año lo pudimos cumplir y creo que ya está.
No pido más. Si bien no soy un ser conformista, hoy con lo que tengo estoy muy cómodo: una compañera fabulosa como lo es Soledad, mi pilar, mi apoyo y mi todo. Estamos muy bien juntos y pienso que todo lo que uno consigue en la vida, es en base a la persona que tiene al lado. También a ella siento que le debo tiempo, con el tema de mi trabajo, porque siempre tratamos de disfrutar todo, juntos.
¿Cómo te ves en un futuro?
Llevo veintitrés años trabajando y pienso que vamos a seguir en lo que estamos. Quizás con más o menos ganancias, bien o mal, pero en esto. No me veo haciendo otra cosa.
¿Te sientes un papá presente?
Sí. Trato siempre de estar muy pendiente de lo que pueda faltarles, dedicándole todo el tiempo posible. Esto es a mi entender. Habría que preguntarles a ellas, qué opinan. (Sonríe).
Fomentando los valores que me inculcaron a mí, incluido el tema droga, que el gobierno acaba de legalizar y en mi época de adolescente, no existía.
¿Envías un saludo a los papás en su día?
En primer lugar un saludo especial a mi padre José, a mi hermano Fernando y a mi suegro Alberto. A los padres de mis amigos, a mis compañeros de trabajo y a todos los papás en general. ¡Que tengan un excelente día!”.

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Rodrigo Rivas, Empresario

“No perdamos la capacidad de valorar lo que realmente importa en la vida, que son nuestros hijos”.

Rodrigo Rivas, se define como “emprendedor”, tiene 43 años, está casado con Andrea Zunini y es padre de dos adolescentes: Germán de 15 y Magdalena de 12 años. Se formó en Administración de Empresas, y su primer trabajo, fuera del ámbito deportivo, fue como cadete administrativo del Diario El País en Montevideo, a principios de la década de los 90. Luego ingresó a la Agencia Marítima Schandy, donde se desempeñó como Ejecutivo Comercial, y en el año 1997 regresó a Salto para ingresar al Banco de Crédito. “Cuando cierra el Banco en el año 2002 pasó a trabajar con su padre en su inmobiliaria, que en ese momento se llamaba Inmobiliaria Oriental. “Fue una oportunidad que papá me dio, un gran voto de confianza por el que siempre le estaré muy agradecido”, explicó.

¿Cómo es trabajar junto a papá?
Nos llevamos muy bien, tenemos muy buen diálogo y nos respetamos mucho.
Siempre he sentido su apoyo y eso me fue dando mucha seguridad para tomar decisiones y generar proyectos, sobre todo en los inicios, cuando estaba dando los primeros pasos en el sector inmobiliario.
Y además de compartir el trabajo con papá en la Inmobiliaria, también comparto la pasión por el fútbol, el cual nos ha unido bastante.
Cuando jugué al fútbol, fui arquero como él, e incluso lo tuve en varias oportunidades como Director Técnico. Ser hinchas de los mismos cuadros también nos unió y es algo que hoy lo vivo con mi hijo Germán, y que lo disfruto mucho.
La diferencia es que no es arquero como nosotros, pero es igual de fanático del fútbol, eso sí.
¿Cómo es además ser empresario de tu propio negocio?
Desde el año 2012 nos instalamos con la tienda SANTINO, junto a mi amigo y socio Pablo Chapuis.
SANTINO fue un emprendimiento que tuve muchos años en mente, principalmente por mi gusto por el rubro indumentaria.
Aunque mi experiencia se limitaba a mi rol de cliente, la formación en el área empresarial y el apoyo de los proveedores que tuvimos desde el primer momento, fue muy importante para dar el primer paso.
Así fue como asumimos con Pablo este desafío, contando con un gran equipo humano y con el apoyo de mi esposa, quien con su formación en el área de Comunicación y Marketing fue muy importante en la puesta en marcha de la tienda, participando desde la creación del nombre, coordinando el diseño del logotipo, creado por mi cuñado Álvaro Zunini, la estrategia publicitaria y todo lo demás que implica una empresa, con responsabilidad.
Abrimos en Artigas y Florencio Sánchez en marzo del 2012 y dos años más tarde en Salto Shopping, asumiendo un nuevo desafío, pero seguros de que sería un buen paso para el crecimiento de SANTINO.
Una tienda orientada exclusivamente a indumentaria y calzado masculino, que en fechas como estas, en la previa al día del padre, realmente es muy reconfortante ver cómo nos hemos vuelto una opción para elegir el regalo para papá.
La respuesta que estamos teniendo es por demás positiva y significa un gran estímulo para seguir adelante.
¿Qué significado tiene para ti, ser padre?
Como padre, mis hijos son sin duda lo mejor que me pasó en la vida.
Creo que soy un padre muy presente y si bien han crecido muy rápido, si miro para atrás tengo la suerte de saber que he estado junto a ellos siempre, compartiendo todas las etapas, desde el jardín de infantes, el Colegio, y ahora en el caso de Germán, el liceo.
También el hecho de apoyarlos en el deporte. A Germán en el fútbol, desde que tenía 4 años en el Club Remeros y desde hace 3 años en Ferro Carril, cuadro que siente y quiere tanto como yo.
Con “Magui”, también compartimos el gusto por el tenis, pero igual estuve acompañándola en sus bailes de ballet y en cada fiesta del Colegio que participaba.
Eso me da una gran tranquilidad, el tiempo que hemos compartido los cuatro como familia, es algo que valoramos y cuidamos mucho. Espero pueda ser siempre así.
¿Qué les depararías a tus hijos?
Si pienso en su futuro, lo que quisiera es que sean personas felices, y no es una frase hecha, lo siento así.
Que sean capaces de soñar y que tengan las garras suficientes para ir atrás de sus sueños, sin miedos ni limitaciones, siendo fiel a los valores que le hemos inculcado.
Ellos saben que cuentan con nosotros, porque principalmente confiamos plenamente en ellos, en las buenas personas que son, y eso me llena de orgullo.
Su vida es el mejor regalo que puedo tener.
¿Un mensaje a los padres en su día?
Mi mensaje para los padres, es que no perdamos la capacidad de valorar lo que realmente importa en la vida, siendo conscientes de que para celebrar una fecha como esta, lo más importante es disfrutar de cada momento que compartimos con nuestros hijos.

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Álvaro Daniel Llama Silva, Contador público:

Valentina María, Diego Nicolás y María Emilia Llama López: “Papá nos brinda amor, confianza, respeto y sobre todo, apoyando siempre cada una de nuestras decisiones”.

Álvaro Llama, reconocido profesional de nuestro departamento, disfruta hoy de lo mejor, que sin dudas la vida le ha brindado: sus hijos.
Se ha casado muy joven con Adriana Beatriz López Pedrozo, también cómplice de mil historias junto a sus hijos.
Su tarea de Contador la desarrolla en la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande desde hace muchísimos años.
Es hincha de Universitario de toda la vida en lo local, le encanta ir a mirar todos sus partidos, y de Nacional de Montevideo.
En la actualidad preside el Club Remeros de Salto, donde ha sido siempre muy asiduo a concurrir, donde disfruta de asados desde hace muchos años con una barra de amigos que conserva.
Tiene algunos hobbies, como lo son el gim y hacer caminatas.
Intentando lograr sorprenderlo gratamente, cuando nos lea, es que propusimos a sus hijos esta entrevista.
Ya que conocemos del cariño, del amor que ellos le profesan y las increíbles historias que llevan compartidas.
Lo admiran enormemente, por su compañerismo y por todo el tiempo increíble que les dedica.
Dialogamos con los tres hijos, contentos por recordar esas historias, que aún están vivas y se siguen sucediendo felizmente al lado de su padre.
Así desarrollamos nuestro diálogo:
¿Les ha contado, papá, por qué eligió la profesión de Contador?
-Valentina: De chiquito siempre le gustaron los números  y lo más importante es que fue por vocación que eligió esa carrera.
Diego siguió sus pasos y hoy también lo es.
¿Cómo recuerdan a su papá de pequeños?
-Diego: Un padre muy presente, como lo es hasta el día de hoy.
A toda hora sabe dónde estamos, qué nos pasa, qué queremos, ¡esté en el lugar que esté! Preocupándose por todo.
Y gracias a todo eso somos lo que somos hoy.
Valentina Odontóloga, Emilia a punto de recibirse de Psicóloga y yo recibido de Contador Público.
¿Qué historias o anécdotas guardan de esa época?
-Diego: Tenemos muchas anécdotas.
Recuerdo cuando me estaba enseñando a manejar y luego de varios días en la tarea y ya con algunos “conocimientos” del tema decidí aumentar la velocidad a
70 KM/H, lo que provocó que me aplique un pequeño correctivo y se suspendan las clases por un cierto tiempo.
¡Aún recuerdo cómo se mordía el labio inferior del enojo! (Sonríe).
-María Emilia: nos acordamos de muchas travesuras de niños y que él se ponía rojo, enfurecido y respiraba para no pegarnos (sonrisas).
La siesta. La famosa siesta, que teníamos que dormirla obligados y no queríamos, esperábamos que se durmieran para escaparnos ¡y siempre nos descubrían!
-Valentina: Cuando era chica hubo un momento que no quería ir a la escuela y no había de nada.
De chica siempre fui medio rebelde, (sonríe), él trabajaba y ¡por un año tuvo que venir todos los días a las 13 horas para, entre gritos y pataleos, llevarme a la escuela!
-Diego: Íbamos los tres juntos al colegio Salesiano. Entrábamos a las 13 y salíamos a las 18.
A esa hora exacta, estaba él esperándonos en la puerta del colegio con las tres meriendas y con la ropa para llevarnos ¡a Vale y Emi a danza y a mí al fútbol!
¡A lo loco pero a las 18 salíamos corriendo, nos cambiábamos en el auto, merendábamos en el auto y llegábamos puntuales siempre! Ja, ja ja.
-Valentina: otra anécdota: ¡Diego tenía dos años y ya empezó con su pasión por el fútbol! Lo llevaba lo traía, lo íbamos a ver todos, cómo jugaba hasta que un día Diego era chiquito, tenía solo 5 años y lo fuimos a ver.
A Diego le pegaron y lloraba, lloraba en la cancha y papá le decía: “es cosa de hombres”, ¡mamá y nosotras llorábamos con él! (Sonríe).
¿Qué momentos disfrutan con él hoy?
Gracias a Dios todos los días, en todo momento. Se encuentra presente para el mate, compartimos charlas, fútbol, almuerzos, cenas, proyectos y todo.
Siempre está él, dándonos su punto de vista y apoyándonos en cada decisión que tomamos. ¡Siempre!
¿Lo ven como a un papá presente?
-Diego: Sin duda es un papá muy presente. Comprometido en todo lo que nos pasa y nos ha pasado siempre.
¿Qué es lo que más les gusta de él?
-María Emilia: Su sencillez y humildad.
Su responsabilidad para con todo lo que hace. Su forma de ser desinteresada y su compromiso tanto con las personas que quiere, como aquellas a las que ayuda sin esperar nada a cambio.
¿Qué sienten que él les brinda?
-Valentina: amor, confianza, respeto y sobre todo hoy que nos toca tomar decisiones importantes en nuestras vidas siempre está él, bajándonos a tierra y apoyando cada una de nuestras decisiones.
-María Emilia: para nosotros es siempre bueno tener la opinión de él antes de tomar cualquier decisión importante en nuestras vidas.
¿Con qué lo ven disfrutar hoy?
-Diego: Podemos decir que simplemente hoy disfruta de la familia, de hacer un viaje juntos, disfruta de los almuerzos, meriendas, cena juntos. Disfruta con ver lo que somos hoy.
Casi llegando los tres hermanos a ser los profesionales que él deseaba, junto a nosotros. Apoyándonos en todo para que pudiéramos lograrlo.
Le estamos muy agradecidos por todo.
¿Cómo le ven en un  futuro?
-María Emilia: Lo vemos  dentro de un buen tiempo, (sonríe) ¡ahora no! … jubilado, viajando y disfrutando del día a día con su familia.
Un saludo especial a su padre y un mensaje a todos en su día.
-Valentina: ¡Pa, te deseamos un feliz día! ¡Que lo pases hermoso!
-María Emilia: Y gracias por ser como sos. ¡Te amamos!
Diego: ¡Gracias por todo lo que nos brindas, por ser nuestro gran compañero. Que tengas un excelente día!
¡Y a todos los papás en su día un feliz día también!

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Héctor Aguiñagalde, empresario:

Marcos y Sandra Aguiñagalde: “Papá es el forjador del respeto y la unión en la familia”.

Conocidos empresarios en nuestra ciudad, Marcos y Sandra componen junto a un gran grupo humano de colaboradores y familiares, tanto de Aguiñagalde, como de la familia Rolfo, la reconocida empresa Aguiñagalde. Con 36 años cumplidos en nuestro medio y fundada por su papá Héctor, junto a su mamá, Teresita Rolfo. Nos reunimos con Sandra y Marcos y así dialogamos sobre su papá:
¿Nos recuerdan cómo está compuesta la familia Aguiñagalde -Rolfo?
-Sandra: Por mi esposo, Jorge Mori y la esposa de Marcos: Fabiana. Los nietos de papá, son: Lucía Victtoria, Psicóloga, Serena Emilia estudiante de Pedagogía y Marcos Bartolomé, estudiante. Bruno, Contador de la empresa, Héctor Santiago y las mellizas Blanca Sofía y María Pía, que se encuentran estudiando. Además de una bisnieta: Martina.
¿Cuáles son los recuerdos, que guardas de papá?
-Sandra: Vivíamos en una casa en calle Juncal, donde nacimos. Muy humilde, donde papá le iba haciendo reformas, con mucho sacrificio, con un patio inolvidable y una terraza, que nos encantaba. Mamá era ama de casa, manteniendo un almacén con mi tía, mientras cocía. Marcos concurría al Sagrada Familia y yo a María Auxiliadora y en esa época, nos íbamos con papá, que trabajaba en Muccellini.
¿Eran de conversar?
Nos hablaba mucho, contándonos sus proyectos: “mija, quiero hacer un sótano, ampliar el almacén, o hacer una terraza. Comienzan tal día los albañiles”. Era yo de quedarme mucho tiempo en la casa de la abuela materna, Nair y él solía ir a verme. Siempre fue una persona muy cariñosa, aún conserva ese carisma.
Y le encanta que se lo brinden a él. Te da el beso y a su vez te da la cara, para que se lo des del otro lado, con una linda sonrisa. Muy de sostenerte la mano, firmemente.
¿Cómo se sienten hoy los dos hermanos, conformando la empresa?
-Marcos: Hablando por los dos, yo considero que son muy distintas las etapas que nos tocó vivir.
Concurrí hasta quinto año liceal y estaba enfermando a mi madre de los nervios, porque ella quería que fuera como mi hermana, con notas excelentes.
No… a mí me distraía cualquier cosa y disfrutaba todo, menos estudiar.
Considero de que papá viendo que no era lo mío, pensaría: “a este lo voy a tener que empezar a educar” y comenzó a estimularme.
¿Cómo era su técnica para hacerlo?
-Marcos: Yo tenía 10 ó 12 años y él me decía durante la semana, “mirá que hay que lavar el auto, porque el sábado vamos a salir” y me gustaban los fierros.
¿Qué cosas compartían?
-Marcos: Ir los domingos a Pollos Carlitos a buscar pollos para venderlos los domingos en el almacén.
Desde muy chico me relacionaba al ámbito comercial, haciéndome tomar cariño a esas cosas.
-Sandra: A mi me tocaba cuidar el almacén.Yo era la que tenía que decir: “mamá, gente”. Y poco a poco fui aprendiendo a envolver los paquetes y a pesar de que pase el tiempo, lo de “el boliche”, no se te va más. Y lo que papá hizo con mis hijos, lo hizo con Marcos. Vivíamos en Rincón y Artigas, arriba y trabajábamos abajo y papá decía: “este chiquilín tiene que bajar”. Santiago no le hacía mucho caso, pero vivía dentro del comercio.
Papá es muy inteligente y les pagaba por semana. Incentivándolos y dejándolos enganchados.
-Marcos: y yo que con 13 años tuve mi primer computadora Espectrum. ¡Con mi plata! ¡Porque me estimulaban!
Cuando nosotros comenzamos a trabajar en la Ferretería, no había quien llevara la plata al banco. La cantidad más importante la llevaba él y a mí me mandaba a cobrar los cheques, con la carterita y me decía: “el cambio de las monedas son tuyas”. Juntaba moneda tras moneda y así sacaba mi ganancia. Así era nuestro negocio. Yo no tenía un sueldo, pero sí era el estímulo que él me daba. Me alcanzaba para salir y toda mi diversión.
Mi padre me estimuló, tratando de que fuera responsable en todos los actos.
Ni hablar del tema del alcohol, drogas y demás, porque no cabía en la cabeza de nadie, de que si me iba a portar bien, iba a conocer.
¿Cómo son tus comienzos?
-Sandra: cuando la Ferretería se instaló en Viera y Barbieri, a mi me tocaba a hacer caja. Pero empecé cuando me recibí. (de Abogada).
¿Qué les gustaba hacer con papá y qué les gusta hoy?
-Marcos: Los domingos compartir un almuerzo en casa de la abuela Nair.
Papá es simpatizante de Ferro Carril, pero sin opción hincha de Peñarol, lo que se comiera entre asado, tallarines o mentirosos, que eran unos ravioles planos, que cuando estaba fea la cosa comíamos, era hablando de fútbol. O íbamos a la costa y después, nos encontrábamos todos en calle Uruguay, en un paseo obligado del domingo a la tardecita.
-Sandra: y para mí, lo más lindo era salir con papá y mamá en el auto, sentada atrás con una amiga y una cajita de zapatos, donde llevaba mis muñecas y toda su ropita. Ni nos bajábamos del auto, jugábamos todo el tiempo cambiando muñecas adentro.
Y hoy lo que podemos hacer y lo hacemos, es brindarles todo nuestro cariño, nuestro respeto, admiración y mucho amor.
¿Creen que alguna vez soñó en que ustedes conservaran lo que él comenzó?
-Marcos: Él fue un hombre con la mentalidad de ser independiente.
Un león enjaulado, que cuando lo soltaron, supo lo que hacía. Tuvo un almacén que nos dio de comer a todos y siempre anexando algún otro rubro. Siempre oigo decir que detrás de un gran hombre hay una gran mujer.
-Sandra: no, mamá siempre fue a su lado.
¿Un deseo para realizarlo con papá?
Poder viajar los cuatro: hijos, papá y mamá, aunque suene mezquino.
¿Un saludo a papá?
-Sandra: decirle lo que le digo siempre: “Papá, te quiero mucho”, sos un ejemplo, te admiro, te respeto. Quiero que seas feliz.
-Marcos: nosotros somos lo que somos, por lo que él luchó para formarnos, con respeto y unión.
Tengo que decirle gracias, porque no estudié, pero esta profesión se la debo a él. Nos enseñó a ser familia… ¡y eso es hermoso!
¡Gracias viejo por lo que sos y también gracias mamá por haber acompañado en todo!

 

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Carlos Francisco Ardaix. Conductor, Periodista, Cantautor, Escritor

Sarah y Marcos Ardaix: “Papá no deja de ser un poeta, haciendo otras cosas”

Como se imaginarán, el privilegio que nos brinda la oportunidad de realizar esta entrevista, es inmenso.
Pero también el compromiso que ello significa, y se lo hicimos saber.
Es que prácticamente la familia toda de Carlos Ardaix ha dedicado su vida a los medios de comunicación.
Sentiremos humildemente que nuestra pequeña labor ha tenido éxito, si logramos robarle a Carlos una pequeña sonrisa con las anécdotas narradas por sus hijos, Saritah y Marcos de forma muy animada, ya que la conversación toda se desarrolló entre sonrisas y un gran disfrute: “Papá es oriundo de la zona de Palomar, hincha de Peñarol. Él dice que Peñarol y mamá es lo más grande que hay”, nos dice Marcos, al comenzar la entrevista. -Saritah: es tan fanático de Peñarol, hincha número uno. Vivió a partir de los dos años en Palomar y fue un niño que trabajó desde muy pequeño. Y algo que nos gusta comentárselos a nuestros hijos es que con 12 años papá ya tenía reuma, provocado por trabajar en la naranja, con días muy fríos y durmiendo en malas condiciones. En su adolescencia conoció a mamá en una obra de teatro: Las de Barranco, dejándoles recuerdos imborrables a los dos. Se casaron con 18 y 20 años, respectivamente.
¿Comienza joven también a componer poesías?
-Saritah: sí, marcó su juventud, el amor por la poesía y el recitado. Le gusta mucho escribir, sobre Salto, la naturaleza, su gente y sus cosas.
-Marcos: Publicó libros, como: “Al borde de la Luna” 1 y 2, luego realizó, “Gracias por Carlitos”, por nuestro hermano fallecido. -Saritah: Tiene muchas canciones que frecuentemente se escuchan en los coros de escuelas, como Zamba del Arapey, Adiós mi Salto.
Poemas publicados en libros como “Antologías de Salto”.
¿Cómo está compuesta la familia?
-Saritah: por papá, mamá Lérida Peirano, Marcos, Carlitos (Fallecido) y yo.
También por sus nietos: Francisco Carlos, Antonia y Felipe.
¿Qué recuerdos guardan con papá, de niños?
-Marcos: Como una persona sincera, honesta, muy trabajadora y capaz. Nunca tiene el techo en superación, siempre va por más y en el entorno familiar, muy sujeto a la compañía de mamá y de nosotros. Gran ahorrista. Cuando yo era chico venían esas latas de dulce de batata de cinco kilos y él las hacía alcancías. “Acá se ponen todas las monedas” nos decía, para luego hacer un paseo o comprar algo que nos gustara. Nos integró a Carlitos, Saritah y a mí, como varón, a salir a cazar y pescar con él. Porque la vida nos quitó a Carlitos, físicamente. Espiritualmente y en nuestros recuerdos lo tenemos encendido, gracias a que papá apuntó a que nos mantengamos siempre juntos. -Saritah: mamá nos ha demostrado con su apoyo incondicional, la parte importante que conserva papá. Es ella el brazo derecho. El pilar de todo. En la expo, es ella la que realiza un fuerte trabajo, al igual que en la radio, haciendo los controles. Acompaña en el hogar y en el laburo. ¡Mamá es perfecta! ¡Le sobra capacidad para todo y es el horcón del medio!
¿Alguna anécdota para compartir?
-Marcos: Fuimos a pescar en el río Arapey, Carlitos con 4 años y yo con 8. Papá estaba encarnando y yo le pregunté. ¿Papá, me puedo bañar?
Me dijo “sí”. ¿Te imaginas cómo corría el agua allí?
Y yo me tiré. No me olvido nunca más, lo vi desde el fondo del río, venir detrás de mí a rescatarme de gorro, lentes y muy rápido. (sonríe)
Él pensó que yo le preguntaba si me podía bañar, pero después, todos juntos. Y yo fui en ese momento y me tiré.
Otra: fuimos papá Carlitos, un amigo y yo a pescar.
Me ofrecí para quedar y hacer el asado. Cuando estuvo pronto, me dormí y cuando despierto, él con sus gritos. “¡Qué rico debe estar el asado, que hambre traemos!”, y cuando fuimos a comer, los perros que deambulan por la costa, me habían robado la carne! (sonrisas).
¿Es un papá consejero?
-Marcos: sí, es más, te diría que muchas veces le tengo que decir: “Tenías razón, ¿por qué no te habré hecho caso?”.
Pero aunque tengamos diferentes puntos de vista en algunas cosas, la unión, el sentimiento y la amistad, es siempre muy fuerte. Y si tengo un problema o si estoy bien, no necesito pensar con quién lo quiero pasar: yo sé que lo quiero pasar con mi gente.
-Saritah. Una de las cosas muy buenas sobre la educación que nos inculcó papá, también mamá, es la dignidad en el trabajo. -Marcos: en la parte de estudios ellos también trataron de inculcárnoslo. Tanto Saritah como Carlitos fueron excelentes estudiantes, yo soy camionero.
Y cuando lo hablamos de padre a hijo, me dijo, “bueno, no querés estudiar, está todo bien. Pero vas a tener que trabajar, ¿no?”. Nos han dado alas para hacer lo que quisiéramos, con un apoyo incondicional. Siempre fue un padre tolerante, pero a su vez muy estricto. Saritah, siempre ha sido excelente alumna y a mí, me echaban del colegio, a cada rato. Y en el Salesiano, había una libretita, que hacía constar que el alumno había sido expulsado y llevarla de vuelta firmada. Papá estaba haciendo una grabación y con un disco de Aldo Monjes en la mano, le traigo la libreta. La toma, me mira y me dice: “Marcos, vamos a conversar, esto no da para más. Fijate, tu hermano es excelente en el colegio, tu hermana es becada por su rendimiento.
Ella dice que va a ser abogada. Y vos Marcos, ¿Qué vas a ser?
Y yo le contesto, “hermano de la abogada”. Me sacó corriendo a mil, con el disco en la mano. (Sonrisas).Yo le estaba dando la respuesta que le podía dar, no era una respuesta pensante.
Y hoy en día disfrutando de entretenidos almuerzos, les hago acordar de la anécdota, preguntándoles:
“Papá, ¿yo qué soy tuyo?
-Hijo.
A Saritah: -¿quién soy?
-Mi hermano.
-¿Vos que sos Saritah?
-Abogada.(responde ella)
Entonces, pregunto: ¿Quién tenía razón? (Sonrisas). ¡En alguna se gana también!
¿Cómo lo ven hoy a papá?
-Saritah: Está en un momento pleno, con la presencia de sus nietos. Escribe mucho. Papá no deja de ser un poeta, haciendo otras cosas.
-Marcos: Le gusta mucho compartir con las personas y ayudar a la gente. En cuanto a personas, papá y mamá son la misma persona. Esperamos seguir compartiendo la vida juntos. Somos muy unidos.
¿Desean enviarle un saludo a papá?
-Saritah: Me siento muy afortunada por la familia que tengo. Admiro a mis padres.
Sabiendo que la fortaleza está basada en el amor que nos tenemos.
-Marcos: no importa dónde, ni cómo estemos, pero donde esté papá y mamá, está mi hogar. Respeto mucho la frase, que detrás de un hombre hay una gran mujer.
-Saritah. En realidad, no es detrás, es al lado. ¡Te amamos papá, muchas gracias por la familia que nos has regalado!
-Marcos: ¡Peñarol Campeón! ¡Vamo a ruca! ¡Te quiero mucho!

Publicado en 2016, Día del PadreComentarios (0)

Gerardo Maidana

Técnico en laboratorio y farmacia
Vendedor independiente desde hace treinta años en Diario EL PUEBLO
“Me siento orgulloso de la familia que tengo, apoyándonos como lo hacemos”

Gerardo es oriundo de Montevideo, al igual que sus dos primeros hijos, Gerardo (lalo) y Adolfo (totó). Natalia nació en Salto y por los tres siente un enorme orgullo como padre.
Conoció a su esposa Gladys Flores, nacida en Florida y llegan a nuestra ciudad para contraer matrimonio e instalarse definitivamente.
Goza de la vida con dos pequeños nietos, Jazmín de 3 añitos y Emiliano de 2.
Conversando animadamente, nos habla no solo de su trabajo en la venta de diarios, sino de lo que es su vida junto a su unida familia.
“Nuestra tarea de venta de EL PUEBLO comienza por medio de nuestro hijo mayor, lalo.
Una etapa difícil en esa época y a él se le ocurrió llevar unos diez diarios para venderlos en la puerta de casa un domingo.
Los colgamos en una silla y se vendieron todos.
Al otro domingo, volvió a hacer lo mismo y así hasta el día de hoy.
No había tantos canillitas como los hay en estos días y asi fué que comenzó nuestro recorrido de reparto en distintas zonas de la ciudad, donde la gente comenzaba a pedirnos uno y otro día.
Muy pronto comenzó mi señora a ayudar a lalo, mientras yo trabajaba en el Hospital.
Hasta que cubríamos buena parte del centro, de los barrios y de la franja hortícola del departamento.
Colonia 18 de julio, Barrio Albisu y otros.
Paralelo a ello me encontraba padeciendo una situación en donde cobrábamos el salario cada cinco meses en mi lugar de trabajo.
Y con el diario se fue sumando la venta hasta que llegamos a lo que tenemos en la actualidad.
¿Cómo es la llegada con tu familia a Salto?
Vivíamos en Montevideo, mientras conozco a Gladys y nos pusimos de novios durante casi un año.
Mis padres eran salteños, mi padre trabajaba en Aduanas, cuando a papá le dan el traslado para Salto, nos gustó la idea con Gladys de venir a casarnos aquí. Va a ser el 8 de Agosto, 38 años de casados.
Haciendo un viaje de veintiséis horas en tren.
¿A qué hora comienza tu jornada?
Me levanto todos los días a las tres y media de la mañana, para comenzar a las cuatro. Llueva o truene, hay que estar en pie y salirle a la lucha.
Si se rompe una bicicleta, el auto, o en lo que andemos, tenemos que repartir a pie. Ya que cuando nos iniciamos acá, no teníamos nada para hacerlo.
Y fue Julio Lagreca quien le regaló a lalito una bicicleta para que realizara el reparto.
Con el tiempo logró comprarse una motito mi señora y yo, con mucho sacrificio un auto.
¿Cuáles eran los primeros recorridos que hacían?
Comenzábamos a las cinco de la mañana y a pie.
Yo hacía todo el centro, me iba hasta el Remeros, de donde salía el ómnibus de Termas, le dejaba un diario de propina y me venía de nuevo para casa. Para volver a salir junto a toda la familia a la misma hora.
¿La venta es puerta a puerta, hasta hoy?
Sí. Se lo dejamos, organizando el tema de pago.
Además está el reparto en forma diaria de mi señora y de lalito, que también lo hacen puerta a puerta con muy buen resultado.
¿Cómo aprecias la diferencia de la venta de antes y de la de hoy?
Es que la familia en conjunto toda la vida vendimos.
Comenzó lalo, se sumó mi señora, luego yo y mi hija que era la más chiquita. A las seis de la madrugada con cinco años, se levantaba y me ayudaba a cargar todo en un autito que teníamos.
En etapas que ella tenía 15 años, yo la iba a buscar al finalizar los cumpleaños de 15 de sus compañeras y salíamos con su barra de amigas todos a repartir los diarios.
Ellas lo veían como una diversión. Era divino, una época hermosa.
Y luego mis hijos se hicieron cargo de sus zonas. Hoy en día llevamos adelante una microempresa de cuatro personas.
¿Sienten que son una parte diferente en cuanto a grupo trabajando para el diario?
Humildemente puedo decirte lo que nos dicen en cuanto a ventas: “Son una referencia”. Es un orgullo para nosotros, que la gente nos vea así.
¿Qué te ha dejado tantos años de trabajo?
Anteriormente del trabajo con el diario, ya tenía formado un vínculo con la gente desde mi tarea en el hospital. Cuando llegué al diario se me hizo más fácil, porque la gente ya me conocía.
EL PUEBLO me deja la experiencia de conocer a los clientes, formando un vínculo.
Mantenemos una manera de trabajar, de tratar de cubrirle todas las inquietudes, con tal de mantenerlo como cliente.
¿Cuál es el momento más difícil para el reparto?
Cuando llueve es un sacrificio, porque muchas veces salimos y volvemos con la ropa mojada, la ponemos a lavar y luego, la colocamos frente a una estufa para volver a ponérnosla.
O a veces, los domingos es cuando puede pasar algún problema, en que nos atrase en salir.
Y otra dificultad que encontramos es que en verano se suman muchos vendedores “golondrinas “y en invierno se van.
Siempre ponemos como ejemplo a Irma, una vendedora de años que vive en Barrio Fátima. Viene todos los días, llueva o truene con un carrito con sus pertenencias, por temor a que ya le han robado tantas veces, que se trae todo lo que puede consigo. Pero viene igual.
¿Lo volverías a hacer?
Sí, lo haría.
Es un orgullo que toda la familia, por más dificultades que tengamos, nos apoyamos mutuamente en todo.
¿Con qué disfrutas?
Mi primera satisfacción fueron mis hijos, todos hinchas de Ferro Carril y en la época en que eran chicos, salíamos a pasear.
Teníamos una cachilita y nos íbamos al Parque José Luis, compartiendo mucho y hoy es con mis nietos. Disfrutar con ellos de unas pequeñas vacaciones, es lo más lindo.
Me gusta mucho pasear, viajar a Buenos Aires.
¿Un sueño a cumplir?
Seguir viendo a mis hijos encaminados. Que no pasen tanto sacrificio como uno.
Y si pienso en los nietos, apoyarlos, tratando de ser unos abuelos presentes.
¿Un mensaje a los papás?
Un saludo especial a todos los papás y que disfruten de sus hijos.
Tratándolos de encaminar con todo este tema de las drogas y delitos, que vemos en las noticias. Inculcarle el respeto y demás valores que se van perdiendo.
¡El deseo de un día espectacular a todos!

 

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