NAVIDAD pag1

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Pagado con un vaso de leche

Un joven que pagaba sus estudios trabajando de vendedor ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para almorzar. Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No obstante, perdió su nervio cuando una hermosa joven le abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un vaso de agua.
Ella, sin embargo, se apiadó de él y le trajo un vaso de leche. Él se lo tomó tímidamente y preguntó, -¿Cuánto le debo?
-No me debe nada, respondió ella. -Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por hacer un favor.
-Entonces le agradezco de corazón, respondió el joven.
Aquel joven llamado Howard Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.
Muchos años más tarde aquella joven, ya mayor, se enfermó gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad.
Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente. Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó.
Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le pasaran a él la cuenta final. Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que fuese enviada a la señora.
Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días pagándola. Finalmente miró y cuál fue su asombró cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:
Todo Pagado por completo con un vaso de leche.

Firmado: Dr. Howard Kelly.

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Con el Obispo Auxiliar Gilberto Porcal, de la Iglesia Anglicana “Cuando Jesús entra en la vida de una persona… algo sucede”

La Iglesia Anglicana tiene sus orígenes en las Islas Británicas, llegando a América Latina con los ingleses a las ciudades de puertos.
Aquí a Salto llegó un gran contingente de ingleses, para lo que fue la construcción del ferrocarril, la central de UTE, la parte ganadera y agrícola, entre otros.
De hecho, nuestro Estadio Dickinson, donado por un miembro de esta comunidad, del mismo apellido, era tesorero de la Parroquia San Lucas.
Actualmente son muy pocos los miembros británicos que existen en América Latina.
Dialogamos animadamente con el Obispo auxiliar de la mencionada Iglesia, de esta manera:
¿Se mantiene la ideología de la Iglesia Anglicana?
En su momento, era una capellanía solo para ingleses.
En Montevideo existe una misa en inglés, para los pocos ingleses que van quedando radicados allí.
Pero se han abierto las culturas y en África es el continente donde hay más miembros anglicanos.
Fue tomando la forma de cada país, insertándose su cultura. Ya estamos en Salto, hace más de cien años, abierta a todas las personas que deseen participar de la vida de fe.
Actualmente las iglesias cristianas nos sentimos más unidos. El CICRU (Centro de Iglesias Cristianas del Uruguay), con su sede en Montevideo, congrega a varias iglesias evangélicas, ortodoxas y de orden católico.
¿Cómo es su época actual?
Estamos en una época de más aceptación, de aceptación a las liturgias diferentes, porque en definitiva somos todos cristianos, creemos en un mismo Dios y creo que tenemos que dar al mundo un testimonio también de unidad, respetando nuestras identidades.
¿Cómo se prepara la Iglesia Anglicana para esta Navidad?
En todo el mundo estamos viviendo el adviento, que es época de preparación para la Navidad.
De hecho, los anglicanos no armamos el árbol, hasta el día 24, porque le damos mucha importancia al adviento.
En la preparación de este es época de ayuno, de reflexión, de re pensar nuestra vida, preparándonos para una gran fiesta.
¡Es el nacimiento de Jesús!
¿Cómo lo vive la Iglesia?
Para nosotros no es solo un recuerdo histórico, sino que lo revivimos de manera especial y espiritual.

Por eso, por lo general no se arma el árbol y si por casualidad se lo tiene que armar por un motivo en especial uno o dos días antes, no se coloca allí el pesebre, porque estamos en espera.
En adviento: época de espera y de esperanza.
Con nuestra corona de adviento.
¿Cuál es su significado?
Le brindamos mucha importancia a nuestra corona de adviento, compuesta por cinco velitas, que se comienzan a encender el primer domingo y vamos recorriendo la segunda, la tercera, la cuarta y la quinta, hasta la noche de Navidad y visualizando, cómo estamos caminando en torno a la preparación.
Nos parece que estamos asistiendo a una preparación tan material, donde lo realmente espiritual, no está presente.
Estamos festejando el cumpleaños de Jesús, reviviendo ese acontecimiento espiritual y Jesús no está presente. A veces, nos decimos: ¡Felíz Navidad!, sin tomar conciencia de lo que estamos diciendo al otro.
Respetando las maneras de pensar, las ideologías. Además, tenemos que respetar las distintas maneras de pensar.
No somos ni mejores ni peores, de aquellos que no creen, somos diferentes.
Nosotros compartimos aquello que nos une.
¿Qué es la Navidad para los anglicanos?
Es el nacimiento del amor.
Es permitirnos cada uno pensar sobre el amor y el sentido de la vida.
¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Y qué sentido tiene mi vida en relación con los otros?
Conviviendo en sociedad, en grupo, en familia.
¿Y cuál es el cambio de la Navidad actual?
La tecnología nos ha brindado mucho.
Pero también ha cortado la comunicación entre los seres humanos.
Internet, el celular, la televisión atrapa, o sea que existen elementos que distraen a las personas de aquellos momentos en torno a la mesa en encuentros de familia.
La tecnología no bien usada, salpica negativamente, los vínculos y las relaciones cotidianas entre nosotros.
Asisto muchas veces a quejas de familia, que se encuentran sin diálogo.
Pero ello no quita que se haga un esfuerzo. Existen en todo el mundo seres humanos que ponen su granito de arena para que no todo sea desagradable. No todo es caos.
Tenemos pulsiones que conllevan constantemente a situaciones destructivas y autodestructivas entre las personas, pero también una pulsión de vida, donde florecen gestos, el amor, actitudes.
Donde es posible el cambio.
Y la falta del conocimiento del amor de Dios, es lo que provoca todos los desajustes a la humanidad.
Lo vemos en el fútbol, un deporte que nos enorgulleció mucho, debería ser un deporte de alegría y unión de la familia y hoy, no podemos ir al estadio.
Hay una parte de la sociedad, que no está sana. ¿Qué puede hacer la fe cristiana para modificar esta situación?
Cuando Jesús entra en la vida de una persona…algo sucede.
Porque el amor de Dios es perfecto, porque no sufre quebrantos.
¡Hay grandes milagros! Y tenemos necesidades básicas.
Por ello, la llegada de la Navidad, es hacer un pesebre en nuestro corazón.
El pesebre tiene que ser bien rústico, porque así nació Jesús, identificándose con lo más sencillo y natural.
Debemos identificarnos con esa simplicidad, porque cuando somos simples, nos tornamos más finos interiormente, con una fineza espiritual, que da mucha paz.
¡Y porque cuando hacemos el bien, el bien vuelve a nosotros!

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 Con Luz Michel Amaro  …sin la presencia de Camilo en mis Navidades

Michel vivió siempre una vida plena junto a su esposo Miguel Ángel Correa y su hijo Camilo.
Formó su hogar, compartiendo todo, volcando en su mundo lleno de valores, infinitas muestras de afecto, de comprensión y de buenas costumbres entre su familia y su entorno.
Con todo en armonía. Su esposo trabajando, Camilo con sus 16 años estudiando y compartiendo su tiempo en la compañía de amigos.
Reuniéndolos en su casa o concurriendo con ellos a cumpleaños de 15.
Hasta que un amanecer y por razones inexplicables, el destino le arrebata a Michel, la vida de Camilo, haciéndoselo todo muy difícil.
A partir de allí, Michel se derrumbó.
Aún con el apoyo de sus seres queridos y de los amigos de su hijo, quedó un vacío imposible de llenar.
Es tan fuerte e inexplicable su dolor, que pasó mucho tiempo para poder caer en la cuenta de que su único hijo Camilo, ya no estaba con ellos.
Comenzó lentamente a ponerse de pie y a tratar de dar unos pasos.
Al comenzar a reaccionar, llegaba la impotencia.
La impotencia de pensar en el accidente, donde ni siquiera se le prestó asistencia a Camilo, en el momento del hecho…y todo lo sucedido después.
Hoy está compartiendo con nosotros, su desdicha de perder a Camilo, pero también la dicha de un encuentro, que le cambió la vida con su fe, ya que actualmente, es Coordinadora en Salto, para la Virgencita de Salta:
“Hace ocho años atrás, perdía a mi único hijo. Y a partir de allí, estuve durante un año y poco, peleada con Dios, renegada de la fe.
Con un apoyo incondicional de parte de los amigos de mi hijo y no me va a alcanzar la vida para agradecerles.
El hecho de ir a casa, hablarme, recordarlo, para mí fue valiosísimo.
Por otro lado, mi vida fue tomando un rumbo, y con mi primer viaje a Salta, a La Virgen Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, se hizo como un quiebre en mí y mi vida cambió.
¿Cómo es que nace la iniciativa de ir allí?
Sentí la necesidad de encontrarme con ella y saber qué me había pasado. Tal vez era la pérdida de mi hijo. Es un llamado que hace la Virgen y uno lo siente.
Buscando una respuesta, en ese primer encuentro, no sentí nada. Me movilizó sí, la cantidad de personas que había.
Yo que iba descreída de la fe, con todo lo que me había pasado, al ver aquel mundo de gente, visitando la Virgen, pensé, “en algo tengo que creer”.
Volví a Salto, seguí con mi rutina, pero se ve que la Virgencita, estaba haciendo algo dentro de mí.
A los dos meses o tres, alguien me llama para hablar con una madre en mi misma situación y cuando la vi, me vi reflejada en ella. Vestida de negro. De ese negro que al principio no te lo puedes sacar de encima, imposible ponerse una prenda de otro color. Como traicionando lo que se siente.
La invito para ir a la Virgen y de allí formamos un grupo de cinco amigas.
¿Cómo fue la segunda visita a Salta?
Extraordinaria.
Ya me sentía más independiente.
Tal es así, que junto a la Virgen en Salta, se encuentra la señora María Livia, intercesora de la Virgen, quien recibe de alguna manera a los miles de feligreses que allí concurren, pide que interceda y abrace a cada uno de nosotros.
Por eso, es el abrazo de Jesús.
¿Cuándo comienzas a coordinar las peregrinaciones?
Sucede por medio de una solicitud realizada desde Montevideo donde hay una coordinadora general, para organizar esa área.
Es algo hermoso desde el momento de la salida con casi veinticuatro horas de viaje. Se comienza a rezar el rosario y al llegar al cerro, con sus cuatrocientos metros, todo cambia.
Es un cerro santo, por su paz, porque allí, no sentimos sed, ni hambre, no se oye murmullos, nada.
Se cuentan con testimonios y registros, de que la Santísima Virgen ha sanado, porque han llegado personas enfermas y a su regreso a la Virgen, el tumor ha desaparecido.
Es la fe de la gente en ese cerro santo, donde se respira un aire maravilloso, no existiendo nada más relajante y tranquilo. ¡Momentos incomparables!
¿Qué te han dejado estos años de peregrinación?
Una tranquilidad única. Paz. Me ha enseñado que mi hijo realmente está con la Virgen y con Dios.
Cuando tuve la gracia de poderle hablar a la señora María Livia: Me dijo “que mi hijo era un santo en el cielo”.
Eso me llenó de paz y tranquilidad y se lo entregué a Dios y a la Virgen.
Es como viendo a María con su único hijo clavado en la cruz. Lo que no va a pasar nunca, es olvidarme de mi hijo.
De su sonrisa, de su forma de ser, sin rencor en mi corazón.
En el momento que todo pasó, pensaba: ¿Por qué no le puse cadena a la moto? ¿Por qué no lo sentí?
¡Si era para haber dormido hasta el mediodía con sus tres amigos en casa!
¿Por qué se levantó temprano? ¿Por qué salió?
¿Cómo se suceden los hechos?
Fueron a un cumple de 15. Le pedí que al regresar entrara a mi dormitorio y me avisara que había llegado, para quedarme tranquila. Llegó a la una y agarrado de la puerta, estas fueron sus últimas palabras conmigo: “ ¡Hola vieja! ¡Ya volví!
Se quedaron luego en la computadora y cuando se va mi esposo a trabajar a las cuatro de la mañana, le pregunto por Camilo y me dice que estaba allí con los chiquilines, yo seguí durmiendo.
A las 8, me despierta una vecina, para decirme que Camilo había tenido un accidente.
No lo creía.
¿Por qué?, ¿si para mi él estaba durmiendo? ¡No lo creía!
Pero ya perdoné a la otra persona involucrada en el accidente, aunque nunca levantó el tubo para pedir perdón.
No tengo odio, ni rencor. Mi corazón está limpio.
Y eso me hace feliz y más fuerte.
En la fecha en la que estamos, (el día 7 de diciembre hubiese cumplido 25 años), pienso que Dios hace las cosas por algo.
Era mi único hijo, yo lo adoraba.
Era la luz de mis ojos y como único hijo, le di todo. Yo trabajaba solo para él y no le faltaba nada.
Pero hoy veo a esta sociedad que se está derrumbando, nadie piensa en el otro, todo es mezquindad, a veces lo único que quieren es dinero y es una pena tan grande. ¡Se me parte el corazón de pensarlo!
Pienso, si mi hijo estuviera hoy acá: ¿estaría bien? ¿O sería un drogadicto? ¿Por qué Dios me lo llevó?
Porque él era un ser muy especial, no era para estar en este mundo o estaría sufriendo demasiado.
Él está con Dios e hizo el camino antes para prepararnos al padre y a mí, para cuando vayamos. Y de allá arriba me ilumina.
Por eso, para los que hoy están sin esa persona querida, piensen que ellos desde el cielo, junto a la Virgen y Dios, los sostienen.
Que los busquen y lo encuentren, que están continuamente con nosotros. Piensen solo en los momentos lindos, no en los feos. En los besos hermosos que nos daban.
No dejen de ir a la Iglesia, recen y no pierdan la fe”.

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El Origen del Pesebre

Esta costumbre de representar el nacimiento de Jesús con figuritas, se originó en la Edad Media, cuando en el siglo XIII, San Francisco de Asís lo hizo por primera vez.
Aparentemente, el fraile se encontraba predicando en la capiña de Rieti, Italia. El crudo invierno se avecinó y él que vestía con harapos, buscó abrigo en la ermita de Greccio. En estas circunstancias, llegó la Navidad de 1223.
San Francisco estuvo en el bosque orando y meditando en el Evangelio según San Lucas, cuando tuvo la inspiración de recordar ese gran momento del nacimiento del niño Jesús.
Construyó entonces una chozita con paja, imitando el portal donde la Virgen había pasado la noche de su alumbramiento. Llevó un pesebre al interior, trajo un burro y un buey, e invitó a todos los lugareños a representar la hermosa y emotiva escena.
La noche de Navidad cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, empezaron a replicar las campanas de la Iglesia, tocaban y tocaban, nadie sabía que estaba pasando, todos salieron de sus casas…Entonces vieron a Francisco que los llamaba, alumbrados con antorchas subieron la montaña, al llegar quedaron admirados por la escena con que se encontraron.
En poco tiempo, toda Italia estaba haciendo lo mismo. De ahí se difundió a España y luego a toda la Europa cristiana.
A los tres años del primer pesebre San Francisco fallece, dejando esta hermosa costumbre que perdura hasta nuestros días.

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Con el Obispo Pablo Galimberti ¡Todo lo hizo ella!

Al comenzar a dialogar con Pablo Galimberti Obispo de Salto, sobre temas actuales, como nos acoge Dios en estos días y la Navidad, también surge de qué forma nos acompañan junto a Jesús, los santos en nuestro diario caminar. Se refirió entre ellos a la Virgen María Auxiliadora, Madre de Jesús, como alguien especial:
“Cuando alguien le dijo a Don San Juan Bosco: ¡qué grande es usted, que gran sacerdote!, él, humildemente respondió: ¡Todo lo hizo ella!”
“Me encantó esa frase”, nos dice el Obispo.
“Ver esa ternura con que la adoramos, es algo maravilloso.
Ella es María Santísima, la que está en el Evangelio de San Lucas, en el cap. 2. La que recibió la invitación para colaborar en la reencarnación, en la primera Navidad del mundo, invocada como una madre. En todos los momentos de nuestra vida, nos está ayudando.
Vemos en nuestras vírgenes, su cara, es la misma virgen, con distinto rostro. Son los mil rostros de María.
Madre buena, justa, paciente, aguantadora, fiel, cuando la invocamos.
 ¿Cómo estamos viviendo el ambiente navideño?
Hay una profunda inquietud en la sociedad.
Signos de vacíos, disconformidad, violencia, protestas, pequeños espacios de seguridad, tranquilidad, que cada uno busca en el refugio de su casa, pero no siempre lo encuentra.
Distintas formas de buscar alivio para compensar estas tensiones en la vida, en la familia, en el trabajo.
Los códigos que antes nos daban certezas, o pautas, parece que hoy ya no están tan estables.
Algunos también ven la inseguridad en la misma Iglesia, cuando van a confiar. Resulta que por allá, por Argentina o Hong- Kong, se escucha: “Sí, pero aquel sacerdote, abusó”.
Parecería que la gente busca y busca y cuando se va a agarrar de alguien, como de un amigo, dice: “pero justo vos me hacés esto”.
Como que siempre encontramos excusas para no aceptar el país donde nacimos, la iglesia donde pertenecemos o la comunidad que nos ha albergado.
Podemos protestar contra un padre, contra una madre que no nos quiso o que nos abandonó, con profunda disconformidad y cuestionamiento.
Y allí llega el tema de la crónica policial que constantemente nos está mostrando situaciones de violencia, ruptura, abusos y asaltos y eso lleva la sociedad a buscar refugios, que son a veces artificiales. En lugar de asumir una actitud, solidaria, profunda y comprometida.
¿Qué nos muestra la navidad?
El estilo de Dios.
A veces decimos, ¿Dónde está Dios?, que se manifieste, que venga y que cambie el mundo.
Sin embargo, Dios tiene, según la primera Navidad, un estilo y un modo de mostrarse.
¿Qué acontece en esa primera Navidad?
Según el relato del Evangelio de San Lucas en Belén, el pueblo ni se enteró.
Que nazca Dios en las márgenes de este pueblito, nos muestra también, que él tiene un estilo casi silencioso de manifestarse en la conciencia.
Los apóstoles mismos le preguntaban a Jesús: “¿cuándo vas a manifestarte al mundo? ¿Cuándo vas a imponer tu imperio y tu poder?
Él les dijo: “ya vendrá el tiempo. Cuando ustedes salgan a todo el mundo, pero en su tiempo”.
Incluso una sola vez, salió fuera de la frontera del pueblo de Israel.
De modo que Dios tiene sus tiempos, sus modos y el testimonio a veces de un santo que nos admira. Y a veces nos sorprende.
¿Encontramos también a Dios en un santo?
Son testigos de un camino.
Dejando de lado a María, porque es la madre del hijo de Dios.
Ella es única.
Pero un santo como el Padre Pío, podemos decir que lo descubrimos, pero no lo habíamos visto tan cercano. Así que puedo decir que me ayuda.
En una misa podemos decir, hoy celebramos a Santa Teresa y nos sorprendemos con lo que ha realizado: curar a los leprosos.
Allí comienzo a pensar que yo me quejo porque mi comida está fría, siendo que estos gigantes, se fueron al límite de otras regiones, muy alejadas a brindar todo de sí.
Un santo contagia a la humanidad.
Sí, yo con Dios, pero convivir con los santos, es ayuda.
¿De qué forma buscamos a Dios?
Dios también se manifiesta y llama a la puerta. Del corazón, que es la gran puerta para buscar a Dios.
No tengo una respuesta mágica, pero: “Busca en tu corazón, profundiza, para ver si lo que tienes te satisface, y por cuánto tiempo”.
“Fuiste al Casino, tomaste droga”, pero tiene que ser tu corazón el que lo verifique, que quede de manifiesto que la fe cristiana es plenamente satisfactoria.
La Navidad también es el momento de acercarnos, escuchar nuestra pobreza, nuestra miseria y descubrir la misericordia.
El amor de Dios que viene a lavarnos los pies, como en el evangelio, cuando le lava los pies a los apóstoles y Pedro le dice: “¿Pero cómo?, ¡jamás, nunca! ¡Esto es imposible!
Y Jesús le responde: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo”.
Dios es desconcertante. De pronto está y nos lava los pies y de pronto está y está en el silencio.
Navidad es eso, no tanto del ruido externo, sino de la escucha, en el corazón humano.
¿Cuánto ha cambiado de esa primera Navidad?
Estamos en una etapa de transformación radical.
Buscamos en nuestras vacaciones descansar un poquito, pero muchas veces el descanso es como una huida, por las presiones de todos los días.
Pero si todos los días buscamos ese ratito para descansar, no vamos a tener que ir a aquel lugar, como paraíso a descansar “porque acá no puedo”.
Puedo hoy. Hoy descansé. Hoy hablé con Dios.
¿Cómo puede la humanidad acercarse más a Dios?
Hay que escuchar al corazón, que es como una caja de sorpresas.
No escondernos, no taparnos, no poner etiquetas a lo que me está pasando.
Dejar que aflore mi llanto, mi alegría, mi tristeza, mis ausencias. Y esa nostalgia, que es una nostalgia de Dios, abarca lo profundo, lo superficial, lo cotidiano y lo eterno.
¿Qué debemos tener en cuenta en estas fechas?
Ayudémonos unos a otros, en la medida que estas fiestas nos pongan en cercanías de compañeros de trabajo, del barrio y de nuestras propias familias.
No mantengamos nuestras puertas cerradas: rencorosas, opuestas, dejemos que crezcan los demás sin voces agresivas que se opongan.
Brindemos una mirada diferente a aquel enfermo, al que se encuentra en una pobreza extrema, en qué es lo que podemos aportar para que tenga un pedacito de esta Navidad, que también se lo merece.
Tal vez, podamos poner esta cuota de Navidad en los rostros de las personas con que nos crucemos en estos días”.

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Con la Psicóloga Verónica Carbonell: “Brindarnos la oportunidad de conocernos a nosotros mismos”

“Venimos notando el ánimo navideño, tal vez en noviembre” nos dice la profesional.
“Nuestra vida está muy marcada por el tiempo escolar, de los niños, de la familia y demás.
Y cuando llegamos a setiembre, como en el último tirón del año, comenzamos a notar que las consultas, comienzan a ser más frecuentes.
¿Cuál es el fin de ellas?
Las cercanías de fin de año y las fiestas en particular, plantean una intensidad en comparación con el resto del año.
Ya sea por pautas sociales como reuniones, despedidas, encuentros con la familia, que de alguna manera, reactivan.
Se plantean balances de lo que esperaban o no.
Como también a veces hace como un disparador de otras cosas que ya traíamos con nosotros.
¿Nuestro estado de ánimo actual, está basado en lo que hicimos?
Están aquellos que les encantan las fiestas y los otros que experimentan un tipo de rechazo por ellas.
Incluso tienden a calificarlo como de un clima de mucha hipocresía, en el cual no quieren participar.
Pero ya de por sí, el fin de año, marca un cierre de ciclo.
Por nuestra forma de regirnos por un calendario, con la culminación de cursos, contratos, etc. Los motivos para el replanteo están.
-¿Qué fue lo que logré?, ¿qué no?
¡Que termine de una vez! O a la inversa, ¡este año me fue bien! ¡Ojalá que el que viene, me vaya mejor!
Está por un lado el que espera para disfrutar y por el otro, no les gusta compartirlas.
También están aquellas que han perdido un ser querido y están transitando un momento muy especial.
Es uno de los problemas mayores, pero común. Que tiene que ver con nuestra cultura de vivir el dolor. De una manera bastante solitaria.
No hay mucho permiso para poder expresar determinadas emociones, entre ellas el dolor y compartirlas.
De hecho, cuando alguien está sufriendo por un duelo, o por un dolor muy pronunciado, es común que se le diga: “Bueno, vestite, píntate, dale, venite para casa que después vamos a algún lado”. “No te pongas mal”.
¿Está bien mantener ese comportamiento?
Siempre es más saludable expresarnos.
Compartir y generar proximidad con los otros, desde ese lugar.
Existen cosas excluyentes: si estamos bien, entonces podemos estar con los amigos y familiares en las fiestas y si estamos atravesando un duelo, no podemos reunirnos y no vamos a hacer nada.
Como que no se puede estar, en el mismo escenario de distintas formas. Y la verdad, sí, se puede. Estando cada uno con lo que está.
Hay como un mandato y una idealización del momento de las fiestas que no siempre se corresponden con el estado de año individual.
¿Cómo es la mejor manera de transitar estas épocas?
Sería que cada uno escuchándose en lo que necesita y dándoselo.
Algunos, será con más reuniones y otros con más silencio de conexión, pero respetándose a sí mismo con lo que está.
Estas fiestas están muy vinculadas a lo que nos invita el mercado. Son como distractores también, que en lugar de ser como complementos, terminan siendo como un fin en sí mismo: los regalos, las compras, la comida, la ropa que nos vamos a poner.
La gente con la que queremos estar vinculadas a través de la tecnología, entonces estamos ahí, perdiendo tiempo en eso. Y estamos con otros, pero no con los que estamos ahí.
Darme permiso para estar como estoy: feliz, deseosa de reunirme con otros. O puede ser que estoy triste con demasiada angustia, enojada con determinadas cosas y eso no significa que yo tenga que estar acompañada o sola.
Sí, el hecho de estar sola y con recuerdos no muy gratos, genera aislamientos.
Esa aparente imposibilidad de estar de una forma diferente: juntos cada uno desde el lugar que puede.
Es que cada uno sabe qué es lo que necesita y qué es lo que le viene bien.
Yo puedo quedarme sola y eso no es lo que necesito.
¿Debemos estar más positivos?
Debemos tomarlo como una oportunidad con lo que sentimos: ya sea alegría o tristeza, para accionar desde ese lugar. Este accionar es simplemente meditar sobre la situación. Reconocer cómo estamos, que no es tan sencillo.
Esta vida tan apurada con tantos distractores, no nos deja ver lo que sentimos y necesitamos.
Y eso es bien importante que podamos hacerlo.
¿Podemos hacernos cargo de nuestra felicidad o infelicidad?
Sí, ahí tiene que ver con lo que necesitamos.
Solemos decir: “porque la vida me quita…, porque este año fue así y ojalá termine pronto” como personificando el año. De esa manera, yo no me hago cargo y no me responsabilizo por mi propia vida o felicidad. A mí me la va a dar mi propia responsabilidad, con mi camino.
¿Cómo hacemos para sentirnos bien en estas fiestas?
Escucharnos al preguntarnos, con lo que venimos transitando, cómo me siento. Y si quiero eso o no.
Mas allá de las tradiciones, de la familia y los amigos, ¿Qué es lo que estoy necesitando para mí?
Porque estas cuestiones pasan, cuando yo me obligo, me traiciono a mí mismo en mi necesidad de decidir.
Porque me obligo a ir. Porque no queda bien si no voy, porque siempre se hizo así, porque este año va a ser diferente, pero durante el año, no hicimos nada para cambiar la situación.
Vamos con una expectativa mágica, que no nos ayuda para nada.Nosotros tenemos opciones frente a lo que nos pasa: ¿voy o no?
¿Con quiénes me voy a reunir? ¿Quiero invertir dinero en todas estas cosas que suelo comprar en las fiestas?
Ver si todo ello me conecta conmigo mismo y con mi centro.
Porque si me hace bien, me siento cómodo y verdadero para mí, en el entorno en que me muevo también va a ir siendo verdadero.

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 Con el Pastor Capellán de la Iglesia Metodista de la Cruz Federico Apecena: “Podemos hacer la Navidad de otro, un poco mejor”

Ha llegado junto a su esposa Verónica, y su hijo Kin de Hong Kong, hace un año a Salto para hacerse cargo como Pastor de la Iglesia Metodista y Capellán en el Colegio Crandon, durante los siguientes seis años.
Estudió abogacía en argentina y luego viajó a Estados Unidos a realizar un Máster en Teología, de donde proviene junto a su esposa, siendo ambos misioneros.
Comenzamos a dialogar sobre su llegada aquí y cómo ve la Navidad en estas inmediaciones:
“No estábamos muy seguros de cómo iba a ser el resultado de venirnos.
Teníamos en mente con mi esposa, volver a África, ya que ella vivió en Marruecos y yo en Kenia. Tenemos un niño que tiene una discapacidad para caminar y pensamos que ese lugar sería complicado. Buscaban un Pastor que se relacionara con estudiantes y como mi esposa brinda servicio en trabajo social, se encuentra capacitada en diversidad y personas con discapacidad, lo decidimos.
¿Cómo se desarrolla la Iglesia Metodista?
Formamos parte de la descendencia de las Iglesias Protestantes Luteranas.
No oramos a los santos, o estatuas. La cruz, siempre es una cruz vacía, porque si ya Jesús resucitó, no está más allí.
La iglesia Metodista desde sus inicios, tiene un enfoque social. La idea es ayudar a la comunidad.
Lo que nos une a las denominaciones cristianas, es que creemos en Jesús, es Dios hecho hombre, que resucitó al tercer día y que nos mandó a amar a nuestro prójimo, como a nosotros mismos.
Entonces bien, si creemos eso, trabajemos juntos por el bien de la comunidad. Coincidamos en mucho con las demás iglesias.
¿En qué no?
En que los Pastores metodistas, se pueden casar, las mujeres pueden ser pastoras. Como es el caso de mi esposa Verónica, que lo es aquí y en Bella Unión.
Pero nuestra iglesia, si tiene mucho respeto por todos los santos.
Podemos apreciar un cuadro que tenemos aquí, de el Arzobispo Católico Oscar Romero, la Madre teresa de Calcuta, Él obrero Católico Óscar Chávez, Nelson Mandela, metodista y muchos más. No tenemos rechazo por nadie, al contrario, vemos mucha riqueza en aquellos que vivieron la vida como cristianos.
Formo parte de la mesa cumínica, donde nos reunimos con un sacerdote católico, presbiteriano, y también formo parte del Consejo de la Alianza de Pastores Evangélicos de Salto. Todos con diferentes visiones y estamos muy abiertos a ello, porque el respeto está por encima de todo y que otras personas ven a Dios, de manera diferente.
¿Qué actividades llevan a cabo?
Son constantes y diferentes. En épocas de inundaciones, logramos reunir a muchos damnificados socorriéndolos de distintas maneras.
Estuvimos en la semana, cociendo almohadones en forma de corazones, para las señoras de Casa Amiga, ya que padeciendo el problema de cáncer de mama, les es muy útil el mencionado almohadón. Estamos en el proyecto de contratar a una trabajadora social, que pueda ayudarnos a conectar la fe con la obra en la comunidad, con los alumnos que vienen al colegio, en una fuerte área de valores.
Y el viernes 16, estaremos haciendo un árbol de cartones, el 17 tenemos una actividad coral y el domingo tenemos el culto de Navidad y fin de año, donde invitamos la congregación, ya que mi esposa da clases de Hip-Hop, en el Instituto Flavia y vendrán ellos a lucirse con algunas coreografías. La cena de Navidad, será una cena abierta y están todos invitados.
¿Cómo ve la Iglesia Metodista el ambiente navideño?
Tengo una anécdota para compartir con ustedes de mi hijo: Armamos el arbolito y nos dijo que él quería un regalo de navidad.
¡Nos shoqueó!
Trabajamos con muchos chicos que están en situación de calle y pensamos que él no necesita un regalo de navidad.
Tiene mucho más que lo que tienen los niños con los que él juega.
Tratando de invertir el juego, le dijimos como propuesta: “Tienes muchos juguetes, ¿Cuál de ellos te gustaría regalar?”
Lo podíamos notar el año pasado en esta época, cuando por calle Uruguay se veía a gente cargada de bolsas para Navidad, cuando conocíamos a personas damnificadas desesperadas, porque habían perdido todas sus cosas.
Vemos cómo ha impactado el consumismo y centrando todo en nuestra seguridad. En lo que nosotros queremos y creer que lo necesitamos. En esta época, mantenemos una serie de sermones que se enfocan en Dios, dándose a sí mismo. “Yo me doy”.
No es darnos financieramente, sino explicando que la generosidad, no necesariamente es “doy dinero para todos lados”.
Es un estilo de vida, de las cosas que adquiero de mercaderías para el mes, en véz de comprar tres paquetes de fideos, voy a comprar cuatro, para donar.
Para que nuestra vida sea un acto de generosidad, como lo hizo Dios.
La vida está dividida en tiempo, el tiempo es vida, ¡entonces dalo!
Más de lo que nosotros creemos que lo necesitamos.
¿Cómo espera la Navidad?
Es un recordatorio de que Jesús va a volver.
Y viene a estar con el pobre, a ser pobre, entonces debemos recordar que Dios se hizo humilde y que nosotros podemos vivir con menos de lo que tenemos, ayudando con lo que podemos.
Muchas veces me pregunto, cuando voy a adquirir algo, ¿si realmente lo necesito?
Por eso, más allá de religión, es la universalidad del mensaje de Jesús: Amar a nuestro prójimo, como a nosotros mismos y ocuparnos de aquel que lo necesita.
Salto es una ciudad compuesta por un grupo de gente y que en esta Navidad lo puedan ver a Salto como su familia.
Que como familia, tenemos que ocuparnos los unos de los otros.
Y en esta Navidad, podemos hacer la Navidad de otro, un poco mejor.

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El tazón de madera

Un viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años, ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacía el alimentarse un asunto difícil.
Los guisantes caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.
El hijo y su esposa se cansaron de la situación. “Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo”.
Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.
De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.
El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo.
Le preguntó dulcemente: ¿Qué estás haciendo?
Con la misma dulzura el niño le contestó: “Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos”.
Sonrió y siguió con su tarea.
Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla.
Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.
Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben.
Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.
Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir.
He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, equipaje perdido y luces del arbolito enredadas.
He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.
He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.
La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste sentir.

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