Un recuerdo hemipléjico

La primera vez que escuché hablar de Líber Arce fue un 14 de agosto de 1999. Estaba sentado en los antiguos salones 6 y 7 del exedificio de la Regional Norte, donde ahora funciona la Universidad Católica. Era el subsuelo que se dividía por una antigua mampara de madera donde se formaban dos amplios salones de clases. Pero allí también se hacían las famosas peñas universitarias que los alumnos de las distintas facultades organizábamos con mucho entusiasmo.
Me acuerdo que ese año la Facultad de Química había empezado los cursos del primer año en Salto y los estudiantes de esa carrera hacían el Quimilombo, que eran unos bailes fantásticos a los que acudíamos todos porque siempre nos divertíamos y además servían para terminar de confraternizar porque nos terminábamos de conocer todos ese lugar, en el que prácticamente todos éramos estudiantes pero también se colaban los docentes y los funcionarios más jóvenes de la Regional con quienes todos pasábamos a ser uno solo, acodados en la cantina. liberarce
Sin embargo, ese lugar también se prestaba para la realización de actos y reuniones más importantes en la universidad estatal, en momento que yo cursaba el primer año de la carrera de abogacía.
Por eso el primer 14 de agosto que recuerdo en el que se habló de la muerte de tres estudiantes universitarios durante una manifestación en el año 1968, a manos de la represión del gobierno pachequista de la época como lo fueron Susana Pintos, Hugo de los Santos y el emblemático hasta por su propio nombre que parece sacado de una novela de cuentos, Líber Arce, estábamos todos sentados allí, escuchando la historia narrada por los oradores.
Entre ellos se encontraba el entonces director de la casa de estudios, el Dr. Julio Irigoyen, un universitario de ley que se la jugó siempre por la sede local de la universidad hasta en los tiempos más duros como los del año 2002, cuando muchos perdieron todo y nosotros los estudiantes, un año entero a causa de que el gobierno de la época no le daba dinero a la Universidad para que esta funcionara, porque había cosas más importantes para ellos como salvar a los bancos que al final se los tragaría la mismísima crisis.
Julio Irigoyen había estado en esa manifestación del año 68, él era estudiante de Veterinaria y vivió como pocos ese cruento episodio de la vida del país que junto a una oleada revolucionaria de la época en varios países del mundo, apoyados a su vez por Jean Paul Sartre y el Mayo Francés en París, pero principalmente por la oleada de los países del continente que se vieron entusiasmados por la entonces prometedora Revolución Cubana que a la postre se convirtió en una dictadura más y que hasta ahora sobrevive suprimiendo las libertades individuales de su propio pueblo y les prohíbe hasta oponerse al régimen bajo pena de cárcel, era lo que se vivía por esos años.
Actualmente se ha perdido un poco el sentido de todo esto. Un poco porque han pasado los años y además de aquella triste historia del 14 de agosto del 68, han pasado muchas cosas más que también nos han salpicado y nos lastiman a quienes creemos en la libertad en todas sus formas, en la vigencia derechos humanos y en el sistema democrático en su máxima expresión que no es otro que el que alienta la pluralidad de partidos políticos, porque eso garantiza el respeto a la diversidad de ideas y de corrientes de opinión.
Empero, los grupos que hoy recuerdan a Líber Arce y plantean marchas y actos en su memoria, se olvidan de los cientos de muertos que han dejado las dictaduras del continente por este mismo tema. Desde la chilena de Pinochet hasta la cubana de los hermanos Castro, que son exactamente la misma cosa. Donde se prohíbe la libertad y se ejecuta o encarcela a los opositores.
Lastimosamente, muchos de los que hoy dicen defender el ideal que dejaron los llamados Mártires Estudiantiles como lo fueron Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos, se llaman a silencio cada vez que en Venezuela las fuerzas del gobierno del déspota de Nicolás Maduro asesinan impunemente a un estudiante que sale a la calle a exigir libertad y que el gobierno represor de ahora, se vaya y convoque a elecciones.
Esos mismos estudiantes, donde muchos de ellos son militantes de distintos grupos de izquierda, mantienen una hemiplejia supina en estos casos, porque cuando nosotros salíamos a la calle a gritar libertad, lo hacíamos contra un gobierno que entendíamos que estaba horadando nuestro derecho a estudiar, pero no le mirábamos el pelo sino la acción. Sin embargo, estas personas, que muchos de ellos se autodenominan Movimiento Estudiantil, pero que no representan ni por asomo a la mayoría de los estudiantes de los distintos centros de enseñanza, evocan a Líber Arce pero defienden gobiernos autoritarios como los que dieron muerte a su homenajeado, en este caso, le rinden pleitesía a Maduro y se olvidan de los miles y miles de venezolanos que salen a la calle a pedir libertad y democracia.
Asimismo, la propia Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), a la cual pertenecí en su momento con mucho orgullo, mantiene en su acción un doble discurso que asusta, al defender la represión y muerte contra los venezolanos, acusando a las propias víctimas de ser culpables de su muerte por salir a manifestarse y no hacer como en la reprimida Cuba, donde la gente no puede hablar en público en contra del régimen ni mucho menos salir en grupos a la calle para cuestionar a sus gobernantes.
Este tipo de manifestaciones de apoyo a gobiernos autoritarios y represores como los de Cuba y Venezuela, que realizan los grupos estudiantiles como algunos gremios y nada más y nada menos que la FEUU, en vez de hacer que los estudiantes de ahora le rindan tributo a los Mártires Estudiantiles asesinados por el gobierno de Pacheco Areco en el 68, solamente justifique al gobierno que los reprimió porque, según su pueril razonamiento, esos estudiantes no tenían nada que salir a manifestarse ni a cuestionar el régimen de entonces, que llegó a gobernar con Medidas Prontas de Seguridad y que impuso un candidato a dedo para fraguar una elección como fue el extinto Juan María Bordaberry, que al igual que Maduro fue electo por el voto popular y terminó dando un golpe de Estado al suprimir el parlamento.
Hoy recuerdo a los Mártires Estudiantiles desde el dolor de saber que en un país hermano como Venezuela, que en su momento le abrió las puertas a cientos de compatriotas exiliados por la dictadura uruguaya, y que no dijo ‘que los uruguayos solucionen sus problemas entre ellos y nosotros no nos metemos en eso'; como sí lo dicen muchos en nuestro país y que lo único que quieren es tapar el sol con el dedo para que las izquierdas del continente no se vean salpicadas con el autoritarismo de Maduro, donde las cosas están mal, patas para arriba.
Pero lamentablemente en el mundo del revés, hoy muchos recordarán a los estudiantes caídos por defender la libertad y la democracia hace casi 50 años, y a su vez justificarán la represión de otros tantos que también salen a la calle a hacer lo mismo, pero en nuestros días y por acá cerca.

HUGO LEMOS

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Me da mucha vergüenza

La situación de Venezuela es dramática. El pueblo pide a gritos libertad y democracia, dos elementos indispensables para la vida en paz y en sociedad, que son sustanciales para los pueblos y que nosotros afortunadamente conocemos desde hace más de 30 años en forma ininterrumpida, pero hay una casta de poder que se oculta detrás del poder, al que accedieron por el voto popular, pero al que ahora no escuchan y no solo le dan la espalda, sino que a su vez lo reprimen con una feroz violencia, con ataques a la libertad, con cárcel para los opositores y con censura para los periodistas y para todos aquellos ciudadanos que quieran manifestarse libremente en contra del autoritarismo del que están siendo objeto por parte del señor Maduro.venezuela
Ayer, el temor del régimen se hizo sentir cuando pese a que más de 7 millones de venezolanos le dijeran que no querían que se consumara la elección de una Asamblea Constituyente que buscar revocar el poder dado por el pueblo a la Asamblea Nacional de Venezuela (el parlamento de ese país), llevaron a cabo de la misma manera el acto eleccionario del cual participaron únicamente como candidatos miembros del oficialismo, es decir, operadores políticos del régimen de Maduro, con el fin de constituir un órgano que respalde las acciones de gobierno.
Es decir, imponen a la fuerza un órgano legislativo para avalar los atropellos contra el pueblo venezolano en un claro acto de autoritarismo y avasallamiento a la libertad y a los derechos de su población. Si es no es una dictadura díganme entonces qué es, cómo puede denominarse una situación de esa naturaleza.
Cuando en Uruguay, el dictador Juan María Bordaberry (porque todo el que se precie de demócrata no puede llamar de otra forma a una persona que si bien fue elegido en elecciones, al igual que lo fue Maduro, dio un golpe de Estado con la milicia), disolvió el parlamento la institucionalidad se vino abajo y la democracia se cayó. Nadie niega que eso haya pasado y que desde entonces comenzó a tejerse la oscura historia de nuestro país. Una dictadura que estuvo por 12 años de manera ilegítima en el poder, por más que quien la encabezó en sus primeros dos años, era el mismísimo presidente que había sido elegido democráticamente (más allá de que algunos sobrevivientes de la época hablan de que entonces hubo fraude).
Hoy en día todos condenamos eso. Los que vivieron esa época y los que no la vivimos. Sobre todo nosotros, que sin ser parte interesada en el asunto, porque tuvimos la suerte de nacer en el mejor de los casos en el ocaso del régimen, y como no estábamos ni de un lado ni del otro por no haber conocido ese momento de la historia, libremente elegimos condenar ese golpe contra la democracia cuando los libros de historia nos lo contaron.
También he escuchado que muchos uruguayos que se precian de izquierda, que aducen haber sido víctimas de ese régimen militar y que hoy se llenan la boca con libertad, con la misma que dicen que en su momento les fue mutilada por la dictadura, defienden en un acto paradójico y contradictorio, la dictadura cubana que tiene a la dinastía Castro en el poder desde hace 58 años, cuando el pueblo de ese país pide a gritos la salida del régimen y quiere elecciones libres.
Pero lo más triste es que ahora está pasando exactamente lo mismo con Venezuela. Los mismos detractores de la dictadura y declarados prácticamente como feroces enemigos, no dicen una sola palabra sobre lo que está pasando con el régimen de Nicolás Maduro. El mismo personaje que fue elegido en el 2013 por un muy escaso margen, tras la muerte del inventor de ese sistema de permanencia en el poder por 6 años con reelección indefinida el recordado Hugo Chávez, y que ahora, cuatro años después de un gobierno en el que no se necesita vivir allá para saberlo en carne propia sino que basta con creerle a los centenares de miles de ciudadanos de ese país que denuncian una crisis humanitaria insostenible, no se quiere ir del poder por el enanismo mental que lo caracteriza, el despotismo que lo pinta de cuerpo entero y el egocentrismo de querer decir que es el director de esa orquesta y que no va a ceder ante los opositores, por más que estos, sean prácticamente el 80 por ciento del pueblo que gobierna.
Los defensores de este tipo de cosas, son tan hemipléjicos, que fustigan por un lado las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, pero aplauden la cubana y esta de Maduro, acusando al resto de los países de conspirar contra la izquierda, un razonamiento tan minúsculo como inentendible.
Lo que más duele, es que el gobierno uruguayo al que elegimos miles de nosotros, que es ejemplo para el mundo de democracia y respeto a las más caras libertades posicionándose para organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras como uno de los países donde existe un ejercicio pleno de la libertad de prensa, así como de respeto a la institucionalidad, no condene los atentados del régimen de Venezuela a la democracia y la represión a la libertad de su pueblo.
Como ciudadanos que crecimos con valores democráticos, queremos que el gobierno uruguayo actúe condenando esta situación y le garantice al país que en nuestro suelo, no vamos a tolerar este tipo de situaciones, que vamos a respetar el sentir de los pueblos y que ese país, que últimamente había sido muy cercano al Uruguay conocerá la enérgica condena del país en base al sentir de la inmensa mayoría de su pueblo, al golpe institucional que está ejerciendo el régimen venezolano, a la represión de los miles de ciudadanos de ese país que de manera valiente defienden su libertad en las calles, y que exige un cese a la represión que cada día causa más muertos y heridos.
Sin embargo, en este caso estamos escuchando el famoso PPS al que hizo alusión el presidente Tabaré Vázquez, (Profundo y Prolongado Silencio), algo que en lo personal luego que durante mucho tiempo marché para recordar a Liber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos estudiantes muertos por la represión pachequista en el 68, que ahora mueran personas en las calles de Venezuela como moscas y que en este caso miremos para el costado, me da mucha vergüenza.

Hugo Lemos

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Las contradicciones obligatorias

La denominada ley de “inclusión financiera” Nº19.210, que es una de las banderas más importantes de los gobiernos del Frente Amplio y que imprimen su sello con la misma para la posteridad, se plantea como una reforma vanguardista que apunta a modernizar al país en las transacciones electrónicas y a su vez, establece un cambio de cultura en la población al universalizar el acceso al uso de tarjetas, buscando eliminar el manejo de dinero en efectivo y con ello presentando un nuevo escenario, el ingreso al mundo moderno.
Todavía recuerdo la última clase a la que asistí del curso Economía para Periodistas. El mismo se dictó en la sede central en Montevideo de la Universidad Católica en el año 2011, duró dos meses, donde todos los especialistas que impartían las clases esos fríos sábados de mañana, nos decían que el país iría dejando atrás paulatinamente el uso de dinero en papel y monedas, porque era algo que ya en el primer mundo y en los países emergentes estaba dejando de utilizarse. Rehenes
Primero por una cuestión de seguridad, porque era mucho más seguro tener una tarjeta para cobrar que andar con toda la plata encima. O tener que andar con la misma a la hora de pagar cuentas. Y segundo, porque el papel físicamente está dejando de usarse en todos los aspectos y en ello está el debate por otro lado, hasta del futuro de las publicaciones en papel, porque todo viene de la mano con un mundo moderno, que recicla, empieza a cuidar el medio ambiente y facilita todas las operaciones diarias de cualquier tipo, desde el pago de cuentas hasta la reserva de número para el médico, de manera electrónica.
A lo que iba con ese curso que les mencioné, fue que la última clase la tuve con el entonces ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo, a la postre procesado sin prisión por el caso de Pluna, responsabilizado de cometer el delito de abuso de funciones, al haber hecho una llamada telefónica al entonces presidente del Banco República y junto a él procesado primero, pero absuelto en segunda instancia por un Tribunal de Apelaciones, Fernando Calloia, para que le otorgara un aval de 13,6 millones de dólares a un sujeto que iba con una recomendación de un empresario clave para el gobierno, como era Juan Carlos López Mena, propietario de Buquebus.
Lorenzo, nos dijo que acaba de venir de un viaje oficial como Ministro que lo había llevado por cuatro países de Europa y nos preguntó: “¿saben cuál fue el único país en el que precisé usar dinero en efectivo para comprar algo? Uruguay”, respondió por el mismo advirtiendo entonces que “se iban a venir cambios importantes en materia financiera”.
Lo que nos estaba diciendo el entonces ministro de Economía, era que la ley ya se estaba cocinando por sí sola. El tema en ese momento era discutir cómo implementarla, a quiénes beneficiaría la misma, qué derechos se vulnerarían y cómo hacer para que todos puedan acceder al sistema de bancarización, lo que por otro supongo que habrá planteado una interrogante muy importante para llevar a cabo tal reforma estructural del manejo financiero, la misma ¿sería obligatoria o se daría libertad para los que nos quisieran estar bancarizados?
Siendo Uruguay un país de conservador y fuertemente estatista, empieza a vivir con este sistema la coronación de una serie de leyes que impulsó el Frente Amplio, que promueven reformas que son de un corte estrictamente liberal y para nada socialistas, como las leyes de matrimonio igualitario, la despenalización del aborto o la legalización de la marihuana que ahora es defendida por todos y parece que drogarse está bien porque ya tomamos diazepan en miles y según los defensores del gobierno de todas las edades hasta la cerveza ahora es peor que consumir estupefacientes como la marihuana, pero medidas que en un país como Cuba, la Unión Soviética, China o Korea del Norte todos ellos comunistas y socialistas, no tendrían cabida.
En Rusia y lo era en la Unión Soviética, los homosexuales son castigados por su condición de tales, traficar drogas, venderlas, acopiarlas y hasta meramente consumirlas es penalizado en Cuba o China, y ni que hablar del aborto en todos estos países. Por eso, para coronar una serie de reformas liberales, el gobierno impulsó la parte que le faltaba, la de establecer la obligatoriedad de todos los uruguayos de bancarizarse, a través de la llamada ley de inclusión financiera.
Con esto los bancos están de parabienes. Porque a los que no los tenían antes adentro del sistema, ahora los agarran por todos lados, les pagan los sueldos, pero también les “ofrecen sus servicios”, ya sea préstamos o tarjetas para poder agarrarlos de una forma u otra y hacer que los mismos entren por el aro, pasando a ser clientes obligatorios de la entidad bancaria, les guste o no.
Ante todo esto, también la pregunta surge ¿cuánto ganan los bancos por emitir en nuestro país mas de 2.400.000 tarjetas de débito? Eso según los datos proporcionados por el Banco Central del Uruguay que anunció que ese es el número de plásticos circulando hoy en el país, para los cuales hay menos de 2 mil terminales Pos en todo Uruguay. Otro negocio redondo como champión de elefante para los dueños de la empresa que venden este servicio, los cuales se han vuelto millonarios colocando estas terminales en el país, sobre todo porque son solamente dos las empresas que trabajan en esta área.
Toda reforma implica este tipo de cosas, por un lado que alguien que se beneficie, que gane mucho dinero con la instrumentación de un servicio nacional, universal y obligatorio, y que haya entidades que se enriquezcan. Por otro lado, en una sociedad tan conservadora y rígida como la nuestra, toda reforma siempre trae cola, nunca nos gusta algo y hablamos con nostalgia de lo que pasaba antes, hasta decimos que lo preferimos.
Pero después pasa lo de siempre, nos acostumbramos a vivir así, usando ese servicio y ya ni nos acordamos de cómo era antes porque lo vemos tan lejano a esa antigua forma de hacer las cosas que ya ni siquiera queremos volver atrás. El tema pasa por definir si está bien que detrás de toda esta bancarización, de todo este fabuloso negocio para la banca privada y estatal, para quienes emiten las tarjetas, para sus fabricantes y para las instituciones que ganan con este sistema como la empresa que fabrica la terminales Pos para que pueda pasar la tarjeta, esté el Estado. Eso suena raro.
Un jurista del gobierno, muy equivocado en mi opinión, dijo que la ley de inclusión financiera propendía a favorecer el derecho humano de pertenecer y tener un servicio financiero. A mi me parece una locura porque no hay derecho humano que se corresponda con estar obligado a inscribirse en el sistema para que un banco privado o público te administre tus ingresos según sus cláusulas. Acá hay una clara bancarización obligatoria, de lo contrario el Estado nos dejaría en libertad a los que percibimos un salario al menos del lado privado, de cobrar en un banco y afiliarnos a su contrato de adhesión, o de recibirlo en la caja de la empresa para la que trabajamos tras los descuentos correspondientes que las empresas no pueden sortear, como el Montepío (que mas que un aporte es un impuestazo porque al final de cuentas uno no percibe ese promedio cuando se jubila sino la mitad), el IRPF y el Fonasa que dependiendo cuánto se gana de sueldo, la cuota mutual que paga.
El tema es que es otra reforma liberal en un gobierno que se dice de izquierda, pero que debe poner las barbas en remojo porque está yendo a contrapelo del dogma que dice representar. El problema pasa porque todas esas contradicciones no nos afecten a nosotros, el pueblo, que siempre termina siendo el conejillo de indias de todos los experimentos políticos y sociales que se le ocurren a los de arriba.

HUGO LEMOS

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Una fragmentación social que asusta

Domingo, doce menos diez de la noche. La calle estaba semi a oscuras, algunos autos se encontraban estacionados sobre la acera y el tránsito no era muy fluido a esa hora, salvo por los coches de transporte interdepartamentales que cruzan por la avenida Blandengues. El silencio nocturno se hacía sentir por momentos, lo que generaba relativa paz en el barrio.
Al rato, la locura. Los vecinos golpearon la puerta y dieron el aviso con cierto temor por la reacción de los dueños depobreza casa, de que les habían destrozado dos puertas del auto. A una la forzaron desde el perfil de la ventana del lado del acompañante y a la de atrás, le dieron con una piedra hasta hacer estallar el vidrio. El botín: una sillita de niño ya usada desde hace varios años.
Impávidos, los damnificados no daban crédito a lo que estaban viendo, porque esa importante cantidad de pequeños trozos de vidrio esparcidos por la vereda, no eran otra cosa que el resultado de la furia vandálica de algunos muchachitos que exponiendo sus miserias humanas, causaban un daño para encontrar algo que pudieran vender y seguramente consumir estupefacientes, ingerir alcohol o vaya a saber uno qué otra cosa. Ni siquiera para repartirse lo obtenido por ese triste botín, que vale treinta veces menos que el daño ocasionado, con el motivo de poder alimentarse. Algo que no alivia la bronca, pero al menos se ve con otros ojos.
Entre el murmullo que se daba en la oscura noche por los vecinos, donde la frase ¡qué barbaridad!, pudo escucharse reiteradas veces y hasta al unísono entre los presentes, a quienes los damnificados luego ni siquiera lograron identificar para agradecerles, por la confusión vivida esa noche, donde del descanso de la cama para levantarse temprano al otro día e ir a cumplir con las obligaciones laborales, pasaron en un segundo a ser la parte damnificada de un triste episodio que generaron trámites que llevaron algunas horas y que no los eximieron de la responsabilidad que debían cumplir al día siguiente, pasaron muchos pensamientos por sus cabezas que los llevaron a hacerse un replanteo acerca de muchas de las cosas que en el discurso les pueden sonar bárbaras, pero que cuando ocurren hechos como estos se desvanecen en un segundo.
La pobreza mental a la que estamos asistiendo profundiza una grieta social que muestra cómo la sociedad tal como la concebíamos, se está partiendo en dos. Se fragmenta de una manera importante y determina que por un lado haya asalariados en masa que corren detrás de un sueldo para poder cobrarlo y pagar sus cuentas. Pero de vivir ni hablamos. Para ellos no hay comodidades, darse los gustos, tener vacaciones o poder cumplir sueños que hagan valer la pena las horas y horas que le dedican a una labor que puede llegar a ser la mayor parte del tiempo paupérrima, aburrida, pesada y tediosa, pero da lo mismo, porque al sueldo lo cobran igual y eso genera una mediocridad nauseabunda que se traslada a todos los órdenes de sus vidas. Se llaman los estancados y así viven, durando, hasta el último día.
Pero más abajo que ellos están los que han sido “desdichados”, esos que el sistema los arrojó a la calle y necesita que existan, solventándolos para hacerlos sobrevivir ante un mundo que no ven, ni alcanzan más que por lo que ven en las películas. Ellos deben estar presentes, así los que mandan, los que dan las órdenes y son funcionales al sistema, los pueden usar como comodines cuando quieran.
De allí surgen esa clase de jóvenes que crecen en las calles, sin un hogar que les dé valores, que les transmita alegrías, ni principios, ni códigos de vida o que les enseñe que la riqueza no pasa por el tener mucho o tener poco, sino que pasa por lo que cada uno quiere en la vida, más allá de que sea un asalariado y dependiente de otro, o ni siquiera eso y esté a su suerte. La riqueza pasa por el valor que se le dé a la vida, al cuidar y querer a los hijos, a tener amigos, a perseguir los sueños de cada uno de nosotros hasta el final hasta alcanzarlos. Pero lamentablemente estos últimos no lo entendieron, porque su condición es la de sobrevivir sin querer entender mucho.
Y ahí se transmiten antivalores, como el del todo sirve, el resentimiento de querer sacarle al otro lo que tiene por no haberlo conseguido ellos, o el de menospreciar al resto por su condición de tal.
El daño material sufrido por las personas antes mencionadas va mucho más allá de ver a dos adolescentes, que son consumidores de estupefacientes buscando hacerse de algo a cualquier precio, para seguir drogándose, sino que como todo, tiene una explicación sociológica que es la de vivir en una sociedad que ha institucionalizado la pobreza con determinadas medidas, permitiendo que haya gente que no eduque, que crezca y se desarrolle por la vida sin responsabilidad alguna para con el otro, violando los principios contractualistas con las que se construyeron las sociedades modernas, dejando que entren y salgan del sistema a conveniencia de la burocracia, que no es más que una enorme maraña para confundir a la gente y dejar que siga habiendo algunos que dominan todo y otros que ni siquiera pueden pertenecer, aunque así lo deseen.
Creo que ahí está la raigambre del problema, en el permitir por parte de quienes tienen el poder de decisión, la presencia de antivalores, no creo en la profundización de la represión por sí sola, que es necesaria en ciertos casos, pero, ya que estamos en el tema, si la Guardia Republicana va a venir a Salto para sacarle la moto a los trabajadores y a los funcionarios públicos que se desplazan hasta su lugar de empleo, porque no tienen la libreta o la tienen vencida, en vez de poner puestos de vigilancia en las zonas complicadas de la ciudad y hacer operativos de control en los lugares donde se sabe que la delincuencia anda por la calle como Juan por su casa, ni siquiera queriendo dar un mensaje sobre el control social es que estamos buscando resultados que nos permitan pelear contra los antivalores que son el tema a terminar.
El problema es que la sociedad se sigue fragmentando a pasos agigantados, el control lo tienen unos pocos, el resto estamos indefensos y encima hay una ola creciente de excluidos a los que creemos que los ayudamos dándoles una tarjeta para que compren en lugares de segunda, víveres de tercera. Así, solo seguiremos viendo cómo aumentan los problemas y estaremos a años luz de que los mismos se resuelvan.

Hugo Lemos

 

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Laicidad, mucho más que un Dios

A Diana Lucero la conocí cuando tenía 14 años, ella era entonces la subdirectora del Liceo Ipoll y yo un estudiante de segundo año. Había llegado a Salto hacía poco junto a su esposo, el profesor Miguel Curcho, oriundo de San José. Siempre fue correcta y no imponía su condición de jerarca, al menos con nosotros que éramos unos adolescentes inquietos y que siempre andábamos de clase en clase con nuestras listas estudiantiles queriendo participar del gremio, donde los alumnos de todos los pelos y señales que confluíamos en esa inmensa institución educativa como lo es para el Uruguay, el liceo departamental de Salto, que fue el primero del interior del país fundado el 1º de noviembre de 1873 por los educadores Gervasio Osimani y Miguel Llerena, generaba esa rica posibilidad entonces.
En aquel momento, entre los estudiantes discutíamos fuerte de política. Estaban todos definidos partidariamente y el país no estaba tan dividido en dos como ahora, sino que había más opciones. Sin embargo, yo participaba de una agrupación en la que todos los que estábamos sentíamos ese lazo fraternal de amistad y compañerismo, al punto que absolutamente todos teníamos distintas convicciones político partidarias y siempre comíamos el mismo asado, abrazados bajo la misma bandera, la de la unidad. FOTO 2
Lo mismo hacíamos con los integrantes del resto de las listas estudiantiles una vez que pasaban las elecciones, después que lográbamos atravesar esa lucha fratricida entre quienes exponíamos con pasión nuestras ideas y convicciones, y sufríamos como si estuviéramos en la final del mundo, cuando se abrían las urnas para ver cuántos de nuestros compañeros estudiantes se habían animado a acompañar nuestras arengas, después de contar voto a voto y pelearnos como si estuviéramos en una cancha de fútbol, y celebrar de la misma manera después de conocer los resultados, nos juntábamos todos en la casa del que ganara para festejar todos juntos con fiestas que llegaban a ver el alba.
En todos estos casos, nunca permitíamos la injerencia de los que ya estaban militando en las lides partidarias, que se relamían por meterse en el seno de nuestros grupos de jóvenes y meternos un panfleto a favor de sus ideas, queriendo que la mayoría de nosotros respondiera a sus lineamientos partidarios.
Pero no se nos ocurría denunciar en ese momento ante la dirección del liceo, la que incluso los dejaban entrar al centro educativo, una violación a la laicidad, cuando estos adentro del liceo mismo iban a decirnos que después de ahí teníamos que ir a los comités a doblar listas porque había que lograr el presupuesto para la educación donde se cortaba el bacalao y que no era en el salón gremial precisamente. Nosotros no los denunciábamos por violar nuestra laicidad, donde esta gente entraba de la mano del gremio de profesores de la época, sencillamente porque no les dábamos pelota. Y no porque fuéramos contrarios a sus ideas precisamente puesto que en nuestro grupo estaba por ejemplo. el hijo del entonces primer suplente de diputado del Frente Amplio, entre otros que hoy hasta son ediles del partido de gobierno.
No les dábamos pelota porque para protestar en contra de algo nos juntábamos todos y encarábamos contra quien sea, por defender lo que entendíamos era justo. Éramos orgullosamente estudiantes del Liceo Ipoll, en mi caso lo fui de 1º a 6º año, hice mi ciclo de secundaria completo en esa institución y vi el ocaso de la Asociación Estudiantil Osimani y Llerena con 90 años de tradición, llegar al final sin que nadie continuara el proceso.
Quien dio por terminado el gremio estudiantil y se irrogó ese derecho que no le correspondía fue precisamente Diana Lucero, la que cuando llegó a ocupar la dirección del Liceo en el año 2000, no permitió que los estudiantes relanzaran aquellos formidables procesos eleccionarios que eran fermentales y que servían para aleccioanrnos sobre democracia, pero también sobre respeto, tolerancia y compromiso social.
Pero esa era su forma, su impronta personal y su sello de distinción. Así administraba el liceo, a lo Diana Lucero y si bien fue combatida por el sindicato docente por prácticas que entendían autoritarias y fuera de contexto con una realidad democrática donde los docentes debían tener mayor participación, Lucero fue avalada por las distintas autoridades de la educación que se sucedieron a lo largo de los últimos 17 años, siendo que las que estuvieron desde el 2005 hasta el presente eran contestes con los mismos sindicatos que la vituperaban y la quería fuera del cargo.
Creo que lo que hizo ahora se le fue de las manos. Tenía que haberlo medido de otra manera y dejar a Dios afuera de esta discusión y dar una charla sobre la vida, con los que al parecer están en contra de la misma. Yo particularmente que soy orgullosamente padre, no concibo como alguien que es madre desconoce que lo que está creciendo dentro de sí es su hijo, y que al hacerlo desaparecer con una pastilla como es el Misoprostol (medicamento que entregan para producir el aborto) es quitárselo para siempre y hacer como que nunca ese hijo estuvo ahí, con posibilidades de nacer. Me cuesta entender como hay quienes son madres e igual lo hacen. Pero si fuera Lucero hubiera llevado a esa charla gente también con esa forma de pensar, para que ambos expusieran sus visiones e igualmente, habría dicho lo que había querido transmitir.
Pero se equivocó y se expuso a la furia del oficialismo que logró recién en un segundo período de gobierno aprobar la ley del aborto, que en el primero del Frente Amplio con el propio Tabaré Vázquez a la cabeza fue quien la vetó y con ganas.
Entonces sus impulsores tuvieron que esperar a que viniera Mujica para presentarla de nuevo y así lograr que la misma quedara vigente.
Y que la diputada Manuela Mutti, que mucho respeto, porque sé de su lucha por la educación pública como docente, la lleve hasta el lugar a la ministra para que ahí mismo llame a la presidente del Consejo de Secundaria, e instruya una investigación de carácter sumarísimo y en un fin de semana se resuelva la suerte de una directora que tiene 17 años en un cargo, y que la misma vuele en un segundo, por más mal que haya hecho Lucero las cosas, quizás no corresponda.
La laicidad no es tan hemipléjica y es mucho mas que Dios si, o Dios no. Es que estemos todos, y no que no esté ninguno. Y ojo que en ese estemos todos, no esté gente como Lucero, con quien no comparto personalmente nada, pero defiendo todo su derecho a decirlo.

HUGO LEMOS

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Perdemos por goleada

“Tenía que ser Uruguay. No es casualidad que el primer país del mundo en el que el Estado se encarga de controlar el cultivo, empaquetado y venta legal en las farmacias la marihuana —un proceso que arrancará en la primera quincena de julio— que todos los demás de su alrededor prohíben y combaten sea esta pequeña nación de tres millones de habitantes, gobernada desde 2005 por una izquierda tranquila que ha logrado un récord histórico de crecimiento ininterrumpido de la economía. Uruguay ya fue pionero en América Latina en abolir la esclavitud, aprobar la enseñanza laica, el divorcio, legalizar la prostitución. La separación de la Iglesia y el Estado tiene más de 100 años. Todo llega antes aquí. Y casi siempre marca el camino a los demás”.
Así arranca una crónica que publica este domingo el diario de referencia en habla hispana, El País de España, sobre nuestro querido Uruguay. En realidad la nota habla sobre la regulación por parte del Estado de la venta de marihuana en las farmacias, algo por lo que fuimos haciendo un pamento enorme cuando se planteó la idea, lo que sucede como con toda cosa novedosa.
Primero metía miedo, segundo la tratamos de digerir lo mejor posible aunque no pudiéramos y tercero, la aceptamos silenciosamente y hoy nos importa tres pepinos quién es el que va a anotarse para fumar marihuana en una farmacia, si cuando pasas por la plaza Artigas a plena tarde y a dos metros de los niños que están andando en bicicleta en el lugar, hay una barra de pibes fumando porro hasta la última seca o pitada, sin pudor alguno.
Todos sentimos ese olor cuando pasamos por los caminos de uno de nuestros principales espacios públicos, pero no le prestamos importancia, no le damos la más mínima pelota, ¿por qué? Porque ya sabemos qué es la marihuana y creemos que hay cosas mucho peores que esa droga, como el daño que le hace a la gente vivir enchufada en sus teléfonos celulares todo el día, sin preguntarse dónde está la vida, qué se puede hacer para mejorar como ser humano y cómo podemos lograr entre todos los cambios necesarios para mejor una sociedad que en valores se nos cae a pedazos. brillante
El otro día miraba una película de dibujos animados con mi hijo, confieso que últimamente son las que más me gustan porque además de dejar un mensaje muy lindo, el nivel de sarcasmo, de ironía y el planteo inteligente que hacen, es mucho mejor que los de cualquier otra de esas con actores archi conocidos. Particularmente me gusta Sotrks, que en traducido al español quiere decir “Cigüeñas”, donde hacen un maravilloso planteo filosófico y real sobre si estas aves son las que traen al mundo a nuestros bebés, pero en este caso, las cigüeñas habían dejado de hacerlo y se dedicaban a la entrega de paquetes de compras por Internet, hasta que accidentalmente deciden “volver al negocio de los bebés” de una manera muy tierna, planteando la reivindicación de la familia como lo más importante del mundo. Simplemente fue algo brillante.
En este momento donde el 60 por ciento de los matrimonios en el Uruguay se disuelven, donde existen tanto como el celular y el whatsapp, las nuevas familias ensambladas, o las parejas que son siempre los y las ex de alguien y padres de otros hijos por separado, donde hay mucha gente viviendo sola porque ya no tiene matrimonio, ni familia, y si lo tienen es en sentido figurado como un pacto hasta que los “pichones vuelen”, como si eso les fuera a evitar algún daño a ellos, porque creerlo es simplemente subestimar a nuestros hijos, y que haya un planteo para reivindicar que la familia de padre y madre casados con hijos del mismo matrimonio, con hermanos, tíos, primos y abuelos tenga vigencia, es algo muy positivo.
Porque genera un valor que se pretende disociar y separarlo de todas las cosas como si fuera algo anticuado, tal como ocurre con los movimientos sociales denominados “colectivos” a los que respeto y valoro, porque en tanto seres humanos tienen derecho a ser, sentir, manifestarse y vivir como piensan, pero no a imponerme a mí, que la manera en la que yo creo, siento y vivo es añeja y no es de este mundo, porque mi manera de ser y de pensar es tan de este mundo como la de ellos.
Y lo digo porque hoy parece que los que pensamos así somos una minoría que debemos sentirnos hasta culpables, es una cosa de locos. Me lo comentaba un amigo quien me decía “parece ser que hoy en día no podes decir negro, sino afrodescendiente, entonces yo que tengo la piel clara y que soy igual de ser humano que cualquiera ¿cómo me debo llamar? ¿europeodescendiente?, pero si lo digo me miran mal. No puedo ser casado con mi mujer y decirlo, porque hoy se vive libre y “en pareja”, no puedo ser heterosexual porque pareciera que alguna tendencia u orientación sexual distinta a la de mi sexo debo tener, y mucho menos puedo decir que soy católico, porque me tratan de conservador y facho”.
Pero como en todas las cosas parece ser que en Uruguay, si es como dice el diario español El País, estamos adelantados, entonces la conformación de la nueva sociedad pasa por irrumpir con el status quo y hacer que todo cambie, y si uno es a la manera original, a la vieja usanza, lo miran raro.
Por lo cual creo que nos estamos salteando un paso, es decir, está bien que la marihuana se establezca legal y regulada en las farmacias, que haya matrimonio igualitario si la sociedad lo pide, que haya interrupción del embarazo voluntario y se frenen los nacimientos si es lo que quieren y reclaman desde el género femenino con aquel famoso “Yo decido”, pero también es bueno reconocer que en el Uruguay somos pioneros en mantener a la familia unida, en sembrarla como un valor indispensable para el fortalecimiento del entramado social, en que la establecimos en la Constitución como “la base de la sociedad” y en que más allá de lo vanguardistas que podamos ser por nuestra innovación en la legislación y nuestras avanzadas reformas sociales de corte liberal que han deslumbrado al mundo y que de socialismo tienen poco, porque si fuera este un país socialista prohibiría el aborto y condenaría la homosexualidad como sucede en Rusia, Cuba o Corea del Norte, más allá de todo eso que nos pone a la cabeza de las sociedades más avanzadas, en el reivindicar la imagen de la familia como base de todas las cosas, Uruguay está perdiendo por goleada.

HUGO LEMOS

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Tan dignos como ayer

Cuando golpearon la puerta de mi casa ayer por la tarde, mi pequeño hijo los atendió y al rato regresó muy serio, raro en un niño de 5 años, diciéndome: papá hay dos personas que quieren hablar con vos. Me dirigí raudamente hacia la puerta y allí estaban ellos, eran muy jóvenes, parados con sus harapos y sus pelos revueltos, tatuajes que se confunden prácticamente con cortes en sus brazos y un mal aspecto que genera desde la inevitable sospecha, hasta cierta pena. pobres
Es que se trataba de muchachitos jóvenes, a esos que la vida les corrió mal, pero ellos se encargaron de que su suerte no cambiara y siguiera siendo aún peor. Tenían una bolsa en la mano con varias naranjas que supuestamente alguien se las había dado, eso fue lo que me dijeron, tampoco reparé mucho en el tema porque no me interesaba.
Enseguida me pidieron disculpas, incluso antes de darme las ‘buenas tardes’ con las que cualquier persona te recibiría, por lo cual ya pensé que tras esto vendría el mangazo, porque cuando se juntan un par de pibes que están necesitados frente a cualquier persona y te piden perdón de antemano, es porque algo te van a pedir.
Pero a continuación, me pareció muy bueno y justo su planteo, a lo cual no pude hacer otra cosa que acceder de inmediato. Me pidieron “que les dé la changa” de llevarse un ramal seco y bastante grande que tenía desde hacía un par de meses en el frente de mi casa, tras una acumulación de dos podas que por distintas situaciones e inundaciones mediante, no pudieron ser levantadas por la comuna, aunque me habían anunciado que en breve lo harían.
Sin embargo, decidí apoyar a estos muchachos en sus deseos de ganarse algún dinero “para parar la olla” como ellos mismos me lo manifestaron. En ese sentido, se pusieron el trabajo encima de un momento a otro y casi sin que yo me diera cuenta, ya estaban cargando con todo lo que allí había, haciéndolo con entusiasmo y ganas por terminar de una buena vez, no sin antes cumplir con su tarea y así percibir un dinero que por mínimo que sea, les daba el orgullo de que era una plata bien ganada con el fruto del sudor de su frente.
El hábito del trabajo genera muchos valores positivos en todas las personas, porque a todos nos resulta satisfactorio poder percibir un salario o un honorario profesional, luego de haber cumplido con una tarea específica y recibir una remuneración por ello. En ese caso, cuando dos jóvenes que a todas luces están por fuera del sistema, que viven la exclusión en carne y hueso diariamente, y piden una oportunidad, es bueno dársela, confiar en que la van a cumplir e incentivarlos a que sigan por ese camino.
A estos dos, que ayer golpearon la puerta de mi casa, los ayudé a juntar las ramas y hojas secas que estaban en la vereda y mientras tanto, traté de motivarlos para que siguieran actuando de esa manera en la vida, mas allá de las situaciones que les haya tocado vivir en forma particular y por las cuales se mostraban notoriamente golpeados, como si todo fuera subir por una montaña y nunca estar del lado de los que disfrutan, o al menos del lado de los que tienen una oportunidad.
No voy a negar que no hubo momentos en los que no me vi invadido por el prejuicio, pero de inmediato, cuando los vi trabajar con ganas y agradecidos, me di cuenta que no lo hacían por el dinero que pudieran recibir a cambio, sino por la confianza que se les había transmitido al darles la chance de hacer algo productivo sin mayores cuestionamientos. Confiando en la capacidad que tenían de hacer las cosas, sin que nadie estuviera diciéndoles el cómo hacerlo, porque ellos le ponían el empuje necesario como para hacer girar la rueda.
Ese tipo de cosas son muy importantes si tomamos en cuenta que nos vivimos llenando la boca de querer tener una sociedad democrática, con libertad e igualdad de oportunidades, pero muchas veces no le damos igualdad de nada a nadie, sino que lo que pensamos y queremos es ver en el espejo que nosotros mismos ponemos a la gente, de la forma en la que nosotros queremos verla, para de esa manera sí aceptarlas como iguales y decir que si le damos un empleo, una chance de trabajar, estamos siendo justos, cuando en realidad solamente estamos siendo mezquinos porque nos creemos que tenemos el poder de decidir quiénes son buenos y quiénes no, en función de lo que nos entra por los ojos.
Estos dos jóvenes, tuvieron por varios minutos una sonrisa en sus rostros y hablaban de igual a igual con quien esto escribe, al punto que me tomé la libertad de darles un par de consejos para sus vidas, tan simples como el decirles que se valoraran y se quisieran por cómo eran. Por lo tanto insté a uno de ellos a dejar de hacerse marcas en el cuerpo, que vaya a saber uno bajo qué circunstancias se las hizo y porqué. Pero seguramente que lo que tenía en el momento de autoflagelarse no era otra cosa que temor, inseguridad y rencor.
Al otro le dije que le pusiera a la vida las mismas ganas que le estaba poniendo a cargar las ramas por unas monedas. Me dijo que tenía solamente 17 años de vida, aunque la vida le hacía decir que tuviera muchos más.
Los veía y me acordaba haber escuchado una vez al presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, decir que el estudio es el mejor trabajo que le podemos dar a nuestros jóvenes, sin embargo, estos jóvenes no saben lo que es eso de sentarse a estudiar, tampoco sabían lo que era que alguien les diera confianza y motivación para trabajar y no quiero jactarme de ello, porque lo mío fueron solamente unos minutos.
Pero si pudieran seguir ese mismo camino a diario y encontraran respuestas todos los días, seguramente cambiarán algún día sus harapos por algo más decente que ponerse, que los haga sentirse dignos y quizás dejen algún día la mala vida que los ha acompañado hasta ahora, para tener un lugar donde refugiarse y salir adelante.
Para esto necesitan creer y para creer, deben sentir que todos les transmitimos confianza, esa que solamente se da cuando se siente de verdad, sin prejuicios. ni hipocresías. Ojalá que hoy puedan cargar otras ramas, que los hagan sentir tan dignos como ayer.

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Un endeudamiento que asusta

Nuestro país sigue teniendo un importante problema, es muy caro para vivir y la gente quiere poder consumir todo lo que esté a su alcance. Quizás sea porque somos un mercado muy pequeño y por eso los costos se encarecen, pero también porque tiene un sistema tributario muy complejo y sofisticado, haciendo que la mano de obra sea una de las mas caras del mundo, lo que no permite que haya ventajas comparativas favorables para que ingresen bienes de otros países que puedan ayudar a disminuir los costos que tiene, por ejemplo, una canasta básica y así hacer romper con el reclamo común de la población, que pasa por poder cobrar más salario para alcanzar el sueño de querer vivir bien. economia
En Uruguay un trabajador promedio gana entre 25 y 30 mil pesos mensuales, monto que le alcanza justito a un jefe de familia para poder pagar un alquiler y las cuentas básicas como UTE, OSE, ANTEL, la televisión por cable, y hasta quizás, un contrato de un servicio de telefonía móvil. Pero ahí empiezan los problemas, porque además la gente quiere comer todos los días, con el costo que eso implica para el bolsillo de cualquier persona y más cuando se tiene hijos, y poder tener un vehículo que le permita trasladarse. Cosas básicas del mundo de hoy que imponen que la gente deba ganar, por lo menos el doble de lo que perciben habitualmente en un trabajo.
Por lo tanto, esto quiere decir que la gente para poder vivir ha tendido, como no podía ser de otra manera, a endeudarse y los propios comerciantes que hoy ponen el grito en el cielo porque estas cosas ocurren, son los grandes responsables, junto con los propios consumidores, de este nivel de endeudamiento interno por el que estamos atravesando en el país, el que ha llevado a que exista un estancamiento en los niveles de crecimiento económico y problemas que incluso han terminado en la desaparición de muchas empresas, producto de las bajas ventas que han tenido de sus productos, que son entre otras cosas, consecuencia de la pérdida del poder de compra que han tenido los trabajadores.
Algo que no se da solamente porque el sistema tributario impacta de lleno sobre las cabezas de los jefes de hogar y de los comerciantes, productores e industriales y lo hace con todo su peso, con el mayor rigor posible y exigen a la gente que pague o pague, así no tenga para comer o se desfinancie, algo que va a contrapelo incluso de esa conducta fiscal que nos pide el gobierno que tengamos los uruguayos para no provocarnos un daño a nosotros mismos.
Pero cuando viene la DGI y dice que le quedaste debiendo IRPF del año anterior, con todo lo que ya le pagaste, así haya sido por un error en los descuentos del anticipo anual, el sistema no te perdona y ese desembolso para cumplir con los impuestos personales implican una desestabilización de tu economía, algo que el Estado debería tener en cuenta para no generarle más problemas a los uruguayos que están soportando el costo de haberse endeudado y de querer ganar más dinero para poder cubrir con los gastos habituales.
En ese aspecto, la cultura fiscal que pretende el gobierno que tengamos los uruguayos pasa también porque el propio gobierno controle realmente los gastos públicos y no dé un mensaje negativo, como el de que en la próxima ejecución presupuestal se va a endeudar en más de 172 millones de dólares, porque si eso se traslada a una casa de familia, es como decir que el jefe del hogar establezca en su casa que el próximo año va a gastar mucho mas de lo que tiene, porque de alguna manera tienen que sobrevivir y eso a la corta puede ser beneficioso para el conjunto familiar, pero a los pocos meses impactará de una manera muy negativa al punto que puede generarle mayores problemas y terminar perdiéndolo todo.
A lo que voy es a que el gobierno debe reconocer que el problema del desempleo, de la falta de oportunidades, de que haya tantos reclamantes en la calle por aumentos salariales y de que al conjunto de la gente la plata no le alcance para llegar a fin de mes, pasa porque los costos que tenemos son muy elevados producto de muchas cosas, como el hecho de ser un mercado muy pequeño, de tener altos impuestos para todos los sectores de la actividad y porque cuando hubo dinero circulante y la gente tenía dos pesos más en el bolsillo, permitieron que vinieran todas las financieras habidas y por haber, y ofrecieran de manera indiscriminada sus “productos” a todas las personas que andaban caminando, ganaran lo que ganaran, con tal de apoderarse de sus ingresos, algo que no resistió la tentación de la gente y al final lo terminaron logrando.
Hoy todo el mundo, en más o en menos, gana muy por debajo de lo que ganaba hace algunos años por varios motivos, uno de ellos es porque está pagando lo que consumió hace cuatro años, cuando compró varios electrodomésticos con una tarjeta que le dijeron que le cobraba el más bajo interés de plaza, y era un slogan publicitario para hacerlo entrar por el aro y quedar hoy, entre deuda de capital, multas y recargos, con por lo menos el 50 % de su salario en la mano.
No obstante, este sistema brutal de imposición del mundo financiero sobre los consumidores comunes y corrientes, fue permitido por un Estado que debía al mismo tiempo que soltó la bolsa, empezar una campaña de conducta fiscal para las personas que por primera vez veían un plástico y pensaban que se pagaba solo.
Porque si no educaban a la gente, estaba cantado que el ser humano como tal iba a querer comprarse todo lo que veía a su paso, algo que después generaría una bola de nieve que le ataría las manos por endeudarlo y con la lesiva ley de inclusión financiera (o mejor dicho de bancarización y exclusión de los mas vulnerables) que inventó el gobierno, terminó de ejecutar a un pueblo, porque hoy nadie puede evadir una deuda con una empresa de este tipo o con un banco, y con ello los problemas se acrecientan.
Creo que el gobierno aun está a tiempo de empezar a ver la posibilidad de buscarle una salida al endeudamiento de la gente, pero debe trabajar sobre ello ya, sin dejar pasar mas tiempo, porque sino cuando quieran acordar será muy tarde y en ese caso la gente no solo no podrá comprar mas nada en el almacén de la esquina, sino que ya tampoco podrá comer y ahí las cosas sí se pondrán bravas.

HUGO LEMOS

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Nos Faltan Políticas de Estado

Salto está cada vez más proclive a sufrir inundaciones y así lo estamos viviendo, ya que cada dos años aproximadamente nos encontramos padeciendo una situación de estas características, que afectan a cientos de coterráneos. A esta altura todos tenemos un vecinos, amigo, pariente o conocido que es damnificado por la crecida del río Uruguay y esa situación genera incertidumbre en la vida de las personas, porque de aquí en más, saben que antes de los próximos tres años seguramente deberán volver a salir de sus casas.
El tema es porqué el gobierno no empieza a trabajar en una política de Estado que busque soluciones de fondo a este problemas. Creo que ya lo han pensado varias veces, que han tirado el tema arriba de la mesa, pero que el mismo ha quedado en eso. Porque para trabajar en algo que todavía no ha vuelto a pasar hay que tener tiempo y dedicación, y en una administración pública el tiempo apremia y los problemas se vuelven una vorágine constante que requieren de una respuesta inmediata, por lo tanto, cuando los tiempos de inundaciones pasan, los gobiernos encajonan el problema y siguen con otros.
Pero al cabo de un tiempo, cada vez más breve en los últimos años, esa misma catástrofe natural regresa y debe ser atendida por las autoridades, entonces hay que volver a desempolvar aquel viejo borrador que se hizo durante la última inundación y ver si se hace aplicable a esta nueva situación y si pueden plantear todas las necesidades que ellos entienden en función de los recursos con los que cuentan.
Es que si bien las instituciones públicas y de gobierno tienen la obligación de hacerse cargo de estos problemas, porque no es que están trabajando como lo hacen porque sean los buenos de la película y quieren dar una mano ahora, sino que está en el cometido específico de su función tener que hacerlo, donde cabe reconocer que vienen trabajando muy bien en este asunto sobre todo la Intendencia de Salto y las Fuerzas Armadas con el Ejército a la cabeza, pero todos ellos no cuentan con respuestas inmediatas a todos los problemas que se presentan, sino que empiezan a dar, como todas las veces que esto ocurre, respuestas graduales a los problemas y eso termina generando situaciones complejas para una población que es altamente vulnerable.
Por esa razón es que se hace imperioso el tener que contar con un plan de acción que venga acompasado de fondos específicos y no estar esperando la dádiva del gobierno central. Sino que haya un fondo de emergencia para zonas inundables que permita la construcción de refugios adecuados para la gente damnificada, sobre todo por los niños que están padeciendo esta situación. Donde a su vez un equipo multidisciplinario brinde contención social y psicológica, y se les preste una atención especial a esos niños que precisan seguir su camino en la educación, contando para ello o de un traslado al centro educativo inmediato al refugio o de un bus para el traslado de los escolares.
Pero esto, que es solo una mirada en perspectiva de cómo deberían funcionar las cosas en un lugar donde cada dos años se sufre el embate de la naturaleza, surge de ver cómo mucha gente que aún no terminó de acomodar el cuerpo tras la última inundación, que fue la peor de las últimas 5 décadas, ahora se ve nuevamente sorprendida por este tipo de cosas y en ese sentido se ve golpeada dos veces por la misma piedra.
A esto, las personas damnificadas le piden respuestas al gobierno de turno y encuentra soluciones precarias, porque saben que el gobierno departamental está dando lo máximo a su alcance, así como también lo hacen otras instituciones como las Fuerzas Armadas, la Policía o las instituciones de salud y de las atención social.
Pero mientras un país entero discute lo que ha dejado el gasto de dineros públicos de parte del actual vicepresidente de la República, Raúl Sendic, en su época como presidente de ANCAP, y mientras él rehuye a decir algo parecido a una autocrítica, mientras el parlamento debate si está bien o no derogar el delito de abuso de funciones, algo que no está bien que dejara de existir en una democracia, donde a los cargos públicos los elige el pueblo, por lo tanto ese delito es una herramienta de control que tiene la gente sobre las personas a quienes les depositó la confianza para que los gobernara, en Salto están pasando cosas como estas, donde más de tres mil personas salieron de sus casas porque tienen el agua al cuello.
Y a menos de dos años de haber vivido una situación tan difícil como la actual, vuelven a ver cómo sus problemas afloran otra vez y no le pueden exigir mucho a las instituciones, porque saben que las mismas no les van a cubrir todas sus carencias y además porque el parlamento, está para discutir cuestiones políticas por las que se interesan solamente los políticos que viven de la política (es decir de todos nosotros) y para aquellos que no tienen problemas de ninguna índole en vez de estar tratando de buscar resolver los problemas de fondo que padecen sectores importantes de la sociedad.
Porque este tipo de problemas son los que tienen los afectados por la crecida; que dicho sea de paso no son solamente las personas que ven sus casas inundarse cada vez que esto ocurre y con todo lo que eso implica, sino que también los damnificados son por ejemplo los productores hortícolas, que ven afectadas las cosechas, los mercados que por esta razón no reciben tales productos, los comercios a los que les empiezan a escasear este tipo de cosas y entonces al haber mucha demanda y poca oferta, todo se encarece.
Y con el nivel inflacionario en el que ya vivimos, con los sueldos estancados desde hace al menos dos o tres años como pasa en la mayor parte de los niveles de actividad, donde lo único que se recibe (y en muchos casos ni así) un ajuste en función de la inflación pero no un aumento de sueldo, algo que reduce el poder de compra de los trabajadores, todo se complica. Asimismo, las inundaciones afectan la infraestructura, los caminos, las calles y no permite que mucha gente pueda trabajar.
En definitiva, el daño es grande pero lo que hace falta acá, no es ni siquiera poner en tela de juicio la vigencia del delito de abuso de funciones y si es violatorio de algún derecho humano en todo caso lo que hay que hacer es sustituirlo y no derogarlo, sino lo que falta acá es tener un parlamento en serio que se preocupe por este tipo de cosas.
La falta de políticas de Estado sobre temas realmente preocupantes como las consecuencias que nos trae el cambio climático, algo que nos está afectando sobremanera desde que se comenzó a hablar hace más de 20 años del agujero de la capa de ozono, es un tema mas que vigente y en Salto las inundaciones que estamos soportando cada dos años, nos lo está demostrando con una fuerte cachetada para que algún día reaccionemos.

HUGO LEMOS

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Hay que mirarlos con respeto

El prejuicio es parte de la mezquindad del ser humano, de la pedantería intrínseca que todos tenemos y que sacamos a relucir cuando aunque no lo digamos, nos creemos mejor que el otro. Y cuando ese prejuicio transforma nuestra manera de ver las cosas, al punto que tergiversa su realidad y no nos deja ver lo que realmente sucede, ahí es cuando le estamos errando. Entonces precisamos ponernos a reflexionar sobre si lo que hemos dicho hasta ahora, se ajusta a la realidad. milicos
Es buena cosa poder hacer una introspectiva que nos permita repasar algunos conceptos que podamos tener sobre determinados sectores de la sociedad, porque nos permite crecer y querer ser mejores de lo que somos.
Siempre tuve una imagen negativa de las Fuerzas Armadas. Pero con el tiempo voy aprendiendo a verlos como una institución respetable, sí, pero su pasado reciente la condenaba por las cosas que se hicieron en su nombre y porque siendo el brazo armado del Estado, cuando se tuvieron que jugar la ropa, no lo hicieron defendiendo la democracia sino promoviendo una dictadura. Socavando sus principios, por los que fueron creados, que fueron los de luchar para defender la Patria, protegiendo siempre primero al Pueblo y luego a las instituciones.
Sin embargo, las tres fuerzas armadas tuvieron altibajos en el cumplimiento de estos principios a lo largo de los años, porque las mismas no tienen vida propia, sino que su representación recae en hombres que actúan según su leal saber y entender, por más que estos entren en conflicto con los valores inalienables e inherentes a la génesis de estas instituciones.
Aunque la depuración de sus filas, junto a los nuevos tiempos, donde hay un pensamiento más libre en torno a la vida de la sociedad, ha logrado que estas “fuerzas armadas” del Uruguay actual, enfrenten una situación distinta, diferente, de encuentro con la sociedad y no de choque, ni de repulsa, sin entrometerse en las expresiones más sensibles de la población y estando al pie del cañón cada vez que se les pide algo.
Al Ejército Nacional desde el retorno de la democracia se le ha encomendado como primera tarea afuera de los cuarteles, la custodia del proceso electoral. Algo si se quiere políticamente paradójico, cuando fueron ellos mismos los que suprimieron este tipo de actos con 12 años de dictadura. Pero allí han estado, desde 1985 a la fecha, cumpliendo con su deber sin chistar. Incluso en Salto hay una anécdota que ocurrió en las elecciones del 2009, cuando un grupo de militares llegó hasta una escuela de un barrio de la ciudad donde había un circuito para las elecciones nacionales de ese año, y como era muy temprano tuvieron que esperar afuera del local. Pero una barra de forajidos alcoholizados que los vio, como pensaron que eran policías comenzaron a apedrearlos. Los militares no pueden usar sus armas, así que se resguardaron saltando por encima de la cerca de hierro del centro escolar, porque alguno de ellos iba a terminar lastimado.
Después, fueron enviados a custodiar el cerco perimetral de las cárceles más complicadas del país. Labor que cumplen hasta hoy y que lo hacen exponiendo sus propias vidas, ya que están en la mira de los delincuentes que pretenden escaparse, siendo ellos los que deben estar en la línea de fuego si es necesario.
Pero luego de estas tareas y de todas las que realizan habitualmente, custodiando muros para que todos estemos tranquilos de que alguna salvaguarda tendremos en caso de que alguien quiera hacer algo contra nosotros como país, no digo que puedan hacer gran cosa pero al menos hay que valorar que serán los que estarán en la primera línea de fuego a la hora de defender la soberanía y no así nosotros, eso seguro, los militares de todas las ramas, cuando las papas queman son los que están ahí.
Son los únicos funcionarios públicos que se van a meter con el agua al cuello en el medio de un arroyo, río o cañada a salvar a una persona en caso de ser necesario como ya lo han hecho. Son los únicos que sin levantar una queja porque el agua está sucia y fría, se van a presentar donde se los mande, para tratar de salvar las pertenencias de alguien a quien seguramente no conocen, pero que saben lo importante que es para esa persona poder resguardar sus cosas ante una catástrofe climática como la que estamos viviendo.
Y eso, sin presentar antes una denuncia por las malas condiciones laborales, sin hacer un paro porque el sueldo es muy malo y porque con el mismo no pueden darle de comer a sus familias decentemente, o porque estas cosas como estar preparando comida para gente afectada por una creciente sin poder probarla ellos, no estaban contempladas en el convenio colectivo que nunca firmaron, porque es algo que no tienen y que ni siquiera se lo plantean siendo ellos tan funcionarios públicos como el resto de los que por mucho menos hacen olas más bravas que las de un tsunami.
No voy a hacer una oda a los militares porque no es lo que me interesa, ni tampoco una apología de si está bien o no la existencia per se de las Fuerzas Armadas. Pero hay algo que debe quedar claro, no se puede juzgar a una institución concreta por los abusos cometidos durante la dictadura que ya pasó y mirarlos con el resentimiento que lo hacen algunos, que solamente los pinta de cuerpo entero.
La dictadura fue provocada por todo el sistema político en su conjunto ante la debilidad del mismo y por el pueblo todo, que lejos de salir a la calle a pedir que se fueran los abusadores, los apoyaron tácitamente con su silencio. Yo no soy capaz de juzgar a la gente por el temor y la confusión que sentían en esa época, porque yo por suerte ni siquiera había nacido, pero la responsabilidad de abrirle la puerta a los militares fue de todos y la culpa de los abusos cometidos, fue de unos pocos.
Empero, esto no es lo que está en tela de juicio hoy, porque cuando vemos a hombres y mujeres uniformados prestando un servicio público y brindándose por entero a la población cuando esta mas los necesita, ellos, que ganan sueldos verdaderamente vergonzosos con los cuales no pueden pagar ni un alquiler, trabajan cumpliendo todo el horario y mas, sin ningún cuestionamiento a su autoridad, es algo que hay que destacar.
Cuando en otras área del sector público, como será la cosa que estamos hablando bien de los militares. Porque en otros sectores, esos mismos grupos de funcionarios públicos que alegremente los vituperan de la manera más pueril y de una forma muy simplista, son incapaces de remangarse las camisas para ayudar a nadie, y pasan haciendo paros y manifestaciones pidiendo más salario antes de comprometerse a trabajar para cumplir con su función. Invirtiendo el principio del derecho administrativo uruguayo de que el funcionario se hace para la función y no la función para el funcionario.
Hoy hay que agradecerle a estos uniformados cada vez que están a la orden para ayudar a la gente, sin preguntarle a qué partido vota, sin mirarle el color de la piel, la clase social a la que pertenecen o la orientación sexual o religiosa que tengan.
Porque mientras en la dictadura venezolana el régimen utiliza a los militares para adoctrinarlos en su favor y les exige salir a reprimir al pueblo cuando osa manifestarse en las calles en contra de algo, en Uruguay los soldados de hoy se embarran las patas como ningún político y defienden a la gente, porque también son parte el pueblo, y saben que nadie les permitiría hoy hacer las cosas del pasado, y estoy seguro que a ellos tampoco se les pasa por la cabeza hacer tremenda barrabasada, si pueden ser nuestro sostén cuando más los precisamos como en momentos como este. Y eso es lo que hoy tenemos que aplaudir, decirles gracias y pedir, sobre todo a los gobernantes y parlamentarios que juegan con su destino, más respeto para nuestros militares.

HUGO LEMOS

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Pasa por exigirnos más

A veces pienso que si en vez de haber atacado a Alemania, los países aliados en el año 1945 hubieran dejado caer ese tendal de bombas que lanzaron sobre el búnker nazi en Berlín para ponerle fin a la Segunda Guerra Mundial sobre Uruguay, y Berlín fuera cualquier ciudad de nuestro país, los pozos aún estarían en las calles y barrios enteros seguirían en ruinas.
Pero Alemania es Alemania y por algo soportaron dos guerras cruentas que los tuvo como protagonistas y los destrozó, luego soportaron 46 años más un muro que los dividió en dos países e igualmente con el esfuerzo, tesón, sacrificio y sentimiento nacionalista de su población se levantaron y volvieron siempre a ser una potencia mundial.
Es que los germanos no lo pensaron dos veces y cuando les cayeron las bombas y les reventaron el país en dos, después que pasó todo el lío, lloraron a sus muertos, les dieron sepultura y salieron a la calle, se remangaron la camisa y empezaron a trabajar todos y cada uno, hasta dejar sus ciudades en el estado que tenían que estar, impecables. Fueron exigentes consigo mismo, agarraron sin asco alguno un pico y una pala y reconstruyeron cada calle, cada casa y levantaron al país al punto de dejarlo en lo más alto.
En Uruguay, habríamos salido a la calle, nos habríamos quejado, llamaríamos a la prensa para que difundiera el tema, hacíamos un paro y le exigíamos al gobierno que viniera a tapar los pozos y a darnos viviendas nuevas con todo instalado, además de un plan alimentario acorde a nuestras necesidades.
Eso pinta de cuerpo entero a un país que es riquísimo en todos sus aspectos, que tiene las mejores condiciones naturales para el desarrollo de su población, que cuenta con beneficios logrados entre todos, con subsidios y proteccionismos que nos hemos brindado a lo largo de los años para generar condiciones positivas para los más desamparados e impulsar a quienes quieran salir adelante y que desaprovechen cada oportunidad con pura holgazanería y mezquindad.
El otro día me lo comentaba un salteño que vive en el exterior hace muchos años y que estaba de paso en Salto pero ya con las ganas de volver a tener un pie en su tierra mas temprano que tarde: “el problema de los salteños, en realidad de los uruguayos, es que creen que acá estamos todos bien y que lo que hay es lo mejor que podemos tener, cuando en realidad las cosas son muy diferentes. Hay otras cosas que son mejores y que los uruguayos podemos alcanzar sin ningún problema, sin tener mayores dificultades, lo que pasa es que consideramos que somos bárbaros y entonces no movemos un dedo por modificar nada y así nos va después”.
Quizás el problema esté en el nivel de discusión que manejamos, como me lo dijo Nicolás Albertoni en una entrevista que pronto publicaremos, donde comenta que mientras el mundo avanza a pasos agigantados y hablan de robótica, de inteligencia artificial, de desarrollo de logística y mejoramiento del nivel de producción para generar más recursos para la evolución de los países y el bienestar de sus poblaciones, acá seguimos discutiendo pavadas, cuestiones nimias y politizamos estupideces.
Llegamos a discutir temas que no tendrían margen alguno de ponerlos en duda. Como por ejemplo si está bien darle una asignación familiar a un niño que no va a la escuela, por el hecho de no exigirle una contrapartida a sus padres por esa prestación dineraria de 500 o de 1.000 pesos que le estamos dando y que no le alcanza ni para llenarle la mochila, cuando en realidad no tendría que perderse un segundo en ese tema, sino hacer que el chiquilín vaya de una a clases y que sus padres cumplan con sus obligaciones sin chistar, pero no llevar el tema al nivel de una asamblea. No podemos asambleizar (el término no existe, lo admito pero es lo que me salió) los distintos temas que le urgen solucionar al país. No podemos ponernos a discutir todo, necesitamos alguien que haga y no que discuta tanto cada cosa sin sentido.
El tema es que nadie hace, todos plantean y dicen que deben democratizar las cosas, para llevar adelante esa manera de pensar, a la que ahora le llaman democratizar, plantean que todos discutamos todo y nadie tome el toro por las astas.
Un buen amigo mio me decía, si querés que algo no funcione y que un tema se dilate y no salga, armá una comisión. Entonces cuando se forma una comisión para discutir tal o cual cosa, olvidate, nada va a pasar y los problemas se agudizarán.
Lo que pasa es bien sencillo, cuando algo no sale o se tranca, es porque alguien se está beneficiando con ello. Hay alguien que está haciendo el caldo gordo para que le vaya bien a él en detrimento del resto de la gente que no se entera del trasfondo y se queda con los titulares de los diarios, porque a ver, todos sabemos que las cosas no suceden porque sí nomás.
Por ejemplo, Hace 16 años que estamos discutiendo si es buena cosa tener un puente vecinal con Concordia, mientras el contrabando entra por el puente, en balsas por el río de noche y de mil maneras posibles, pero para no hacer el puente, las excusas han sido múltiples. Que por un lado está el tema de la seguridad, que por otro será una frontera sin controles, que además se prestará para el delito trasnacional y la mar en coche.
En realidad, en este caso específico el tema es que hay un círculo de poder muy importante que no puede permitir que ese puente tenga lugar porque los perjuicios económicos les serán enormes, ya que en ese caso la mayoría de la gente podrá entrar mercadería del otro lado y si hacen más flexible todo, ¿quién gana?, porque lo que todos sabemos es quién pierde.
El poder que ejercen desde hace años quienes pasan sus “bienes” por la frontera, para comercializarlos en Uruguay dándole de ganar a la serie de funcionarios públicos que están pagos para controlar que justamente eso no suceda, pero que sucede igual, porque supongamos que las cosas se les escapan de las manos pero bueno, es muy fuerte como para tomar medidas que reviertan un manejo económico que está controlado por los mismos de siempre.
Por lo tanto, si quieren que las cosas no funcionen, arman una comisión que investigue, analice, discuta, debata y al final no llegue a nada. Entonces no hay resoluciones sobre nada.
Pero al final vuelvo al principio, el tema pasa por el nivel de discusión que queremos dar, esa ausencia de contenido es la que termina incidiendo en nuestra forma de ver la cosas y con ello hacer que haya conformismo, uno de tal magnitud, que no nos muestra un camino más alto en el que mirarnos, sino que el que nos deja con lo que ya tenemos.
Así que reafirmo que si las bombas del año 1945 hubieran caído en nuestro país y no en Alemania, seguiríamos mirando cómo los pozos en las calles se agigantan, discutiendo si está bien o mal la medida de exigirle al gobierno que se haga cargo de taparlos y nuestro pensamiento pasará por si ese pozo se rellena con hormigón o con un bacheo de pedregullo, sin pensar que para esto, es importante exigir lo mejor y salir del tema cuanto antes para saber qué uso le vamos a dar a esa calle y qué clase de ciudad queremos tener, si una que progrese o una que se estanque y se conforme con lo que tiene.
Por ahora, vivimos en un lugar donde los gobernantes y la sociedad siguen discutiendo el tamaño del pozo, mientras en otros lugares ya construyeron todas las autopistas.  HUGO LEMOSholgazanes

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El silencio que dice mucho

Hasta qué punto el que calla otorga. O hasta qué punto es buena cosa decir que el silencio es la mejor respuesta que le podemos dar a nuestro adversario o enemigo, o que es el mayor grito de reclamo que podemos hacer ante una injusticia. Son cosas que dan para pensar. Pero cuando las situaciones se siguen generando sin dar respuestas concretas y solamente generan más dudas, incertidumbre y malestar, hasta dónde es bueno seguir en silencio. Hasta dónde ese silencio no es complaciente, ya que no hace ruido.libres
Si bien podemos decir que la Marcha del Silencio, que se realiza cada 20 de mayo, porque fue esa la fecha en la que se encontraron asesinados los cuerpos de dos legisladores uruguayos emblemáticos de la lucha por la libertad y la democracia de aquella época, como fue el caso de Zelmar Michelini, un batllista de pura cepa que como sus convicciones eran tan profundas se fue del Partido Colorado de Pacheco Areco, porque de su mano esa colectividad se había convertido en autoritaria, antidemocrática y conservadora al extremo de apoyar una dictadura, y fundó junto a otros Batllistas como Líber Seregni y el también general Licandro, el Frente Amplio.
El otro legislador emblemático que mataron y cuyo cuerpo fue encontrado ese mismo día junto al de Michelini, fue el del “Toba” Héctor Gutiérrez Ruiz, un nacionalista de ley y de sangre, que defendió a su país de todas las maneras posibles y que junto a Zelmar Michelini la palabra justicia social era pan de todos los días en sus aleccionantes discursos.
A ellos primero los secuestró la Policía de la dictadura argentina y luego se los entregó a los cobardes de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) que no eran otra cosa que un grupo de delincuentes y asesinos cobardes, con credencial para matar otorgada por el mismísimo gobierno de la época y financiada por la oligarquía argentina (empresarios, industriales y estancieros) que hoy se sabe por la declasificación de documentos, que les daban dinero para que cometieran sus crímenes.
Esa fecha es utilizada desde hace 22 años por los familiares de los detenidos desaparecidos que dejaron los autores de la última dictadura militar en Uruguay, para ejercer una presión popular sobre los poderes públicos y tratar de hacer que el corporativismo militar, que es muy fuerte, rompa el silencio y apoye las investigaciones que según el gobierno se vienen haciendo con el fin de dar con el paradero de los mismos.
Los familiares, la inmensa mayoría de ellos solo quiere encontrar los restos de sus hijos, padres y hermanos, porque entienden que ya están muertos, pero necesitan tener un lugar “donde llevarle una flor”, como dijo Luisa Cuestas, esa mujer que es ejemplo de vida y que habla con el dolor de varias décadas sin respuestas, sin odio ni rencor sino buscando tener una tumba donde poder estar con él.
Es un derecho humano básico el que no se está cumpliendo. Y el gobierno del Frente Amplio que tanto habló del tema es responsable de que nada ocurra. “¿Querés que los torturemos?”, me dijo con sorna ante el comentario de que el gobierno de izquierda debe hacerse cargo de que nada se consiga aún, cuando estaba culminando la marcha en la Plaza Treinta y Tres, un veterano tupamaro que estuvo preso en su momento.
No creo que sea necesario llegar a esa brutalidad, sino que con un trabajo de inteligencia e intentando romper con el corporativismo militar que es el problema mayor para conseguir información, se puede empezar a generar algo que puede terminar en resultados posibles. En definitiva, con profundizar la investigación, como ocurre con la de cualquier crimen, se puede ganar algo para empezar a terminar con tanto silencio que siembra heridas que no cierran a pesar de las décadas.
Pero para lograr algo, hay que generar un estado de cosas que permitan el desenvolvimiento de un montón de sucesos, acuerdos, pactos, muestras de fe pública, que den lugar a respuestas contundentes sobre un tema que es de todos los uruguayos y que con el silencio que ha tenido con el paso de los años, no logra nada más que poner el tema de los desaparecidos en la agenda del año, como el caso de la marcha por los derechos de la Mujer.
Aunque sobre todas las cosas en estos casos la sociedad y la clase política, empezando por su dirigencia, debe tener seriedad y coherencia. Porque no puede haber entre quienes caminan en reclamo por el derecho de la mujer, hombres que tienen denuncias en violencia doméstica por maltratar a una de ellas cuando no su propia esposa. Así como tampoco puede haber entre quienes participan en la Marcha del Silencio, hombres y mujeres que por un lado se llenan la boca aborreciendo lo que pasó durante la dictadura militar uruguaya y por el otro, apoyan en forma expresa al gobierno autoritario de Venezuela y a la dictadura cubana, que es tan dictadura como la que lideró en su momento el Goyo Alvarez.
Entonces en qué quedamos. Porque no hay dictaduras de izquierda ni de derecha, hay dictaduras. Eso también echa por tierra en cierta medida los reclamos de quienes por un lado dicen una cosa y por otro lado, apoyan o quieren otra. Aunque si bien es cierto que el reclamo que llevan adelante es genuino y legítimo, también tienen que saber que lo que reclaman debe ser coherente con sus actitudes y pensamientos.
Pero esa libertad que tanto se pregona para apoyar una cosa u otra, o para expresar sus pensamientos y formas de querer cambiar las cosas, tienen razón de ser porque vivimos en una sociedad democrática, que respeta la libertad y que pide responsabilidad a las personas a la hora de decirse las cosas, y eso es parte de lo que hemos podido ver en todo este tiempo que llevamos publicando nuestra forma de ver el mundo a través de estas páginas.
Por eso, hoy celebramos junto a los compañeros con los que cada día hacemos este diario, el poder alcanzar las 20.000 ediciones y en mi caso, las más de 700 columnas escritas en 12 años de manera ininterrumpida cada lunes.
Por eso, reclamo libertad para hacer y decir, pero coherencia y sobre todo dar la cara con cada expresión y no esconderse como hacen muchos, para hacer valer ese derecho a la libertad de expresión que como sociedad hemos sabido conquistar. Y para terminar, que haya muchas marchas más para reivindicar nuestra memoria sobre lo ocurrido, pero que haya acción del gobierno para que no sea necesario seguir portando carteles y nombres de gente que aún 40 años después, sigue sin aparecer.

POR: HUGO LEMOS

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Que crezcan sanamente

Por fin luego de tantos años, el tema se pone en debate y las autoridades comenzaron a tomar cartas en el asunto. Se trata de una situación que desnuda una grave violación a los derechos del niño, que vulnera en todos sus aspectos el Interés Superior del Menor del que habla el Código de la Niñez y la Adolescencia, pero que además vulnera todos los derechos humanos y las convenciones sobre estos a los que el país ha suscrito en distintas leyes y convenciones.
Estamos hablando de los casos de niños que están en las cárceles acompañando el estado de reclusión de sus madres. Esos pequeños, que van de edades de 0 a 8 años, porque si bien la ley pone un límite de 4, hay niños un poco más grandes, fue pensada para las madres, está hecha para que ellas se sientan acompañadas y no pierdan el vínculo con sus hijos, para que no se les sume el drama de que además de estar presas pierdan el contacto con sus pequeños.
El espíritu de la norma atiende un estado de sensibilidad muy entendible, algo que nadie puede desconocer ni quiere echar atrás, porque solo ellas, que están pasando por esa condición pueden saber lo que significa separarse de sus hijos de un día para el otro y dejarlos en manos de otras personas, por más que las mismas sean familiares directos, porque parecido no es lo mismo y la presencia de una madre es fundamental para el crecimiento y desarrollo saludable de sus hijos. niños
Pero convengamos que los niños no son una cosa por sí solos, son personas que se están formando de una manera muy delicada, que están aprehendiendo valores y desarrollando sentimientos, comprendiendo principios y códigos de vida, por lo cual necesitan estar en un espacio que pueda brindarles esa seguridad, tranquilidad y situación adecuadas.
Por lo tanto, la permanencia de un niño en una cárcel, aprendiendo en forma explícita los códigos carcelarios, la forma del manejo de  vida en reclusión y los códigos de conducta que allí existen, generan en ellos un aprendizaje muy fuerte, que determina formas de comportamiento a futuro y que genera condiciones mentales de adaptabilidad a un lugar al que un ser que mantenga una vida sin conflictos con la ley, no debería llegar jamás.
En ese sentido, desde hace mucho tiempo reclamo por esta situación. Cuando tuve la oportunidad de visitar la cárcel de mujeres en reiteradas oportunidades en Salto, me causó profunda tristeza ver cómo niños de la edad que tiene mi hijo, juegan en el patio interno del lugar entre sí, mientras sus madres se sientan a observarlos, estando todos juntos como en una plazoleta pública, solo que rodeados por cercos perimetrales coronados por alambres de púa, con guardiacárceles del otro lado, que refrescan en ellos la triste realidad que les toca vivir, situándolos en un sitio terrible y doloroso.
Ese estado, que recuerda a sitios de las peores tragedias de la humanidad (por más que en realidad disten de serlo ya que las autoridades del lugar junto a los funcionarios trabajan para ello), puede verse cuando uno transita por la calle Defensa en la zona del barrio Williams en nuestra ciudad, a pocas cuadras de su casa y de la mía. Haga la prueba y pasen un domingo por la tarde por allí y observen lo que puede apreciarse a simple vista desde la calle.
Esto, que aparece así nomás como algo naturalizado en el paisaje de los vecinos que circulan a diario por la zona, es en el caso de esos niños, una forma flagrante de violación a sus más básicos y elementales derechos humanos.
Y si el país, vive en un estado de derecho, con leyes y garantías para todos los ciudadanos, no puede permitir que haya nada más y nada menos que niños, viviendo en estado de reclusión junto a sus madres.
Porque son ellos los que están atravesando esa condición junto a sus madres que fueron las que cometieron el delito por el cual terminaron procesadas. Ellos son víctimas de esa situación y el Estado, en vez de depositarlos en el INAU, donde tampoco reciben la atención que merecen por las graves carencias que tiene ese organismo y del que todos sabemos pero nadie dice nada, permite que los mismos vayan con sus madres a las cárceles, a convivir en esa situación y a pasar en cierta medida a ser parte de la población reclusa. Algo tan tremendo como denigrante para la personalidad de esos pequeños.
Y cuando esos niños sean adolescentes y se les ocurra levantar la mano para tirar una piedra, quién piensa que una cárcel los puede detener a comportarse de tal manera, si ellos ya pasaron por esa situación. Ya estuvieron presos de niños, qué les va a hacer volver a ese lugar ya de grandes. Parece algo inverosímil lo que estoy diciendo, pero lamentablemente es la pura verdad.
Aunque al parecer ahora hay luz verde para empezar a estudiar esa situación, ya que el Comisionado Parlamentario, Juan Miguel Petit, a quien tengo el honor de conocerlo y con quien tuve el privilegio de participar en sus cursos de Derechos Humanos, entiende que es necesario buscar la manera de ponerse a trabajar para revertir este tema.
Si la ley se modifica y crea un lugar especial de cuidado y atención a niños con madres privadas de libertad, las mujeres no dejarán de tener la condición de madres de esos niños. Pero como tales seguramente van a comprender que si el Estado se hace cargo y les brinda un lugar adecuado a sus hijos para su crecimiento, mientras ellas atraviesan por ese estado de reclusión, no solo les están ayudando sino que además les están resolviendo un problema. Es la hora de que el Estado uruguayo asuma su responsabilidad en un tema del que está omiso, dejando a esos niños al arbitrio de un sistema que no funciona ni le brinda las garantías adecuadas a nadie, como es el sistema penitenciario. Ojalá hayan solución al corto plazo.

HUGO LEMOS

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Un poco de amor francés

Desde muy chico me interesó la política, porque la veía como la herramienta de que haya personas inteligentes y con ganas de trabajar que pudieran mejorar las condiciones del país donde vivimos. Cuando crecí mi pasión fue creciendo. Con 5 años me acuerdo de las primeras caravanas que hacían los candidatos que pasaban algunas de ellas por la esquina de mi casa, era 1984 y las cosas comenzaban a ver luz después de años de oscuridad. Claro, yo era un niño y no sabía nada de lo que habían vivido los uruguayos hasta ese momento. Por suerte.
Ya con 10 años les decía a mis compañeros de clase que yo iba a ser presidente y recuerdo haber ido hasta la Plaza Artigas, es que vivía cerca, a ver a los candidatos de entonces. Era 1989 y el fervor se hacía aún mayor pero de discursos todavía no sabía nada, así que me dejaba llevar por las largas sonrisas, la alegría de los mayores y veía con buenos ojos a candidatos que después no voté nunca.
Con 15 años ya estaba en el liceo, integraba el gremio estudiantil y tenía un tiempito, corto, de militancia gremial en ese momento, con todo lo que implicaba que una asociación de estudiantes pudiera tener de conocimiento cabal de la realidad en aquellos momentos. Cinco años más tarde, casi con 20, voté por primera vez y mi participación en la política universitaria me marcó un camino de defensa de ideas, intereses e ideologías bien definidas, donde no había dos bibliotecas y en las que las cosas nos las decíamos al pan pan y al vino vino. francia
Confieso que tras esto era de esperarse, pues así lo hicieron tanto mis compañeros de agrupación como mis adversarios, que participara de la política partidaria y como no me gusta ser oveja de una manada, donde alguien que se pone el mote de dirigente cuando muchas veces no sabe ni por qué está parado ahí, quiere decirte lo que tenés que hacer y cómo lo tenés que hacer, lo que tenés que pensar y cómo lo tenés que pensar. Encima te llama la atención si discutís o cuestionás algo con lo que no estás de acuerdo y pareciera que uno es algo así como un traidor si llegara a negarse a aceptar la realidad que le pretenden imponer a la fuerza.
“Porque así son las estructuras”, me llegaron a decir y “si querés estar adentro, tenés que acatar, sino te vas”. Me hizo tanto ruido un comentario de ese tipo que me lo hizo un sujeto que no tiene dos dedos de frente, que no terminó el liceo (por ser vago) y que no hace otra cosa que preparar hasta cuatro termos de mate por día frente al comité del cual es “dirigente”, que me dije para mis adentros, jamás seré parte de un rebaño donde venga un sujeto con valores totalmente diferentes a mí a decirme cómo tengo que pensar y qué tengo que hacer para “pertenecer” a su camada de idiotas.
Por lo cual, este tipo de cosas y otras que he visto de ciertos “dirigentes” y “líderes” partidarios hacen que me explique cosas como las de ayer en Francia, donde un joven outisider de la política con 39 años de edad, apenas un año mayor que yo, haya llegado a ser elegido por su pueblo como presidente del país que fundó la política y que la formalizó en izquierdas y derechas, liderando un movimiento por afuera de los partidos políticos tradicionales y totalmente excluido de los movimientos de izquierda que se fueron fusionando a lo largo del tiempo.
Así son las cosas hoy en día, los populismos tienen sus días contados y las estructuras partidarias al parecer también. En Uruguay seguimos siendo conservadores en la política y tenemos partidos políticos longevos y estructuras fusionadas convertidas en partidos, que también están viendo como la gente cuestiona su anquilosamiento en añejas estructuras que vituperan la libertad de pensamiento y el espíritu crítico de sus integrantes.
Hoy el Frente Amplio genera una superestructura repleta de sectores donde no hay lugar para nadie que quiera pensar por sí mismo, igual cosa ocurre en los partidos tradicionales donde en el nacionalismo ya se fueron conformando grupos y sectores siempre dentro de las corrientes principales que están dirigidas por personalismos que duran 20 o 30 años, como el caso de Larrañaga que ya tiene 20 años dentro de un sector que debe responderle a él como si en todo ese tiempo no hubiera otra cosa mejor. O el caso del Partido Colorado, donde su último líder tuvo que dar un paso al costado cuando haciendo una introspección se dio cuenta que su tiempo terminó y que hay que darle paso a los nuevos modelos, e incluso a esos nuevos modelos deben sufrir el hecho de querer ser con hostigamientos dentro de su propio partido, que los necesita como arroz para poder sobrevivir.
Hoy empiezan a verse a las personas por encima de las estructuras. Se ven los liderazgos de gente que trae principios, valores y programas concretos tendientes a mejorar el desarrollo de las naciones y la vida en sociedad, por encima de las añejas superestructuras que algunas vez se fundaron en honor a estos nuevos movimientos políticos que hoy surgen como alternativas a modelos ya agotados.
Emmanuel Macron es la cara de todo esto, es el ejemplo tangible de lo que le está pasando a la política en el mundo. La gente quiere ver líderes con ideas, pragmáticos, con poder de decisión, con determinación, firmeza y conducción sólidas, no con séquitos, estructuras que no les permitan gobernar para la gente y corporativismos que sigan sin permitir acciones concretas que den lugar a nuevas formas de encontrar soluciones a los problemas de la gente.
Uruguay tiene dos años para enfrentarse a un nuevo proceso electoral. De lo único que hablan los politólogos y los encuestadores es de los candidatos que presentan las estructuras políticas, las cosas se están encaminando para ese lado. Si hay propuestas alternativas las mismas no prenden en la gente, a esta altura no habrá mayores sorpresas y ningún Macron uruguayo dará sus propuestas, sino que escucharemos a los que ya conocemos, Daniel Martínez, Lacalle Pou, Fernando Amado/Tabaré Viera/ José Amorín, Mieres, Novick, etc.
Ojalá que cualquiera sea de ellos que dé el golpe de timón, pueda generar un criterio para gobernar que tenga determinación y genere esperanza de que la decisión está en sus manos y no en las de un comité, una mesa, o un congreso que siga sin permitir los grandes cambios que nuestro pueblo necesita. Ojalá. Porque lo que la política uruguaya necesita es un poco de amor francés en sus estructuras, para sacudir sus cimientos y lograr ser otros, incluso siendo ellos mismos.

HUGO LEMOS

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Ya me está preocupando

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Esa frase nunca estuvo tan atinada en los tiempos que corren, donde después de haber visto como el país había mejorado mucho en todos los niveles, en los sectores de actividad, en la economía, en los distintos sectores sociales, las cosas ya no son tan buenas, los niveles dejaron de ser tan óptimos, el crecimiento se estancó y los índices negativos empezaron a aflorar.
Aunque de esto ya llevamos algunos años, donde de la desaceleración de la economía pasamos a un estancamiento, un disparo de la inflación, una volatilidad del dólar que superó barreras impensadas, una inflación que dejó atrás las recuperaciones salariales y comenzaron a verse cada más acentuados los problemas sociales, los que a esta altura empiezan a ser por lo menos acuciantes, los vemos a diario con solo salir a la calle y son síntomas que ya deberían empezar a preocuparnos a todos.
No podemos negar que el país tuvo un despegue entre finales del primer gobierno de Tabaré Vázquez y los primeros años de la administración Mujica, pero ya al final de la misma las cosas empezaron a cambiar. Por lo menos se pararon y tuvieron una meseta que daba señales de alerta. De decir, bueno, hasta acá llegamos, no sigamos tirando manteca al techo porque la quedamos. Y en parte así fue. pobres
Uruguay es un país pequeño, con un crecimiento que puede llegar a un techo, pero que no va a llegar a ser mucho más que esto, más de lo que ha crecido y de la prosperidad que le dio a su gente hasta hace algunos años atrás, reconociendo incluso que lo hizo empujado también por un contexto de crisis global tanto en el primer mundo, que después contagió a los países emergentes y finalmente podían sacudir a los que somos considerados en “vías de desarrollo” y que participamos del G 70, como es nuestro caso, aumentando el precio de las materias primas de la cual nuestro país es exportador, lo que generó ingresos y divisas por niveles históricos, superando los 9 mil millones de dólares, dando lugar a un desarrollo del Producto Interno Bruto que trepó a los más de 50 mil millones de dólares y empujó a que la renta per cápita fuera de unos 17 mil dólares anuales.
Eso ha generado que incluso el país generara confianza en el mercado internacional por ser un lugar con estabilidad política, seguridad jurídica, ofreciera reglas de juego claras y dispusiera tranquilidad a los inversores en un contexto regional no tan calmo. Pero con el tiempo también se permitieron ciertas cosas y empezaron a jugar otros factores, como una presión tributaria que se hace casi desmedida y con un costo de la mano de obra bastante alta.
Por tal motivo, muchas inversiones que se hicieron en su momento por parte de grandes empresas decidieron no quedarse ya que empezaron a ver que el mercado interno ya no cuenta con la misma posibilidad de consumo que hace algunos años, debido a que hay endeudamiento interno, se enlenteció a pasos agigantados el consumo por la pérdida del poder de compra, lo que viene aparejado de la falta de aumentos salariales de parte de las empresas que sufren el embate de vender poco, recaudar menos y no querer dar nada, sino lo mínimo legal como para no tener problemas, con el fin de no perder plata.
El gobierno insiste en que no estamos en crisis, y en eso estamos claros. No la hay. Crisis fue la del 2002, donde quien esto escribe perdió su trabajo y vio como en la fila que le tocó hacer en el BPS en aquella drástica oportunidad había decenas de personas y la misma daba vuelta a la esquina. Donde se veía a mucha gente con caras largas y otros aprontando las valijas. Después de eso, muchos de los que aprontaron las valijas, con el correr de los años y con un país más pujante, decidieron retornar y hoy están pensando en volver a la misma odisea que la que hicieron hace 15 años atrás, pero ya sin pasaje de retorno.
Ellos también son el termómetro de esa movilidad económica que se generó en su momento y que determinó que haya un crecimiento sostenido durante mucho tiempo, niveles históricos que posicionaron al país como un referente en la región y que regaló durante algunos años prosperidad para su pueblo.
Pero hoy las cosas cambiaron y no podemos negar la realidad. Hay una pobreza creciente y la vemos todos los días en la calle, cuando se nota a familias enteras revolver contenedores de basura y abrir cualquier bolsa que uno deja en la calle como residuo domiciliario. Antes eran los perros, los que causaban ese desastre en la calle, hoy son personas, seres humanos que ante la nada misma, se nutren de lo que uno tira a la calle y ese problema se llama indigencia o pobreza extrema. Esta situación está impactando cada vez más en familias a las que las llaman en contexto vulnerables, pero que si bien están clasificadas y catalogadas, tarde les llegan las soluciones.
En el caso de Salto casi 15 años después empieza a vislumbrarse de manera tangible la solución para uno de los 23 asentamientos que reconoce el gobierno que existen en nuestro medio. En este caso, el mayor problema de exposición de pobreza está en la zona sur de la ciudad, pero también en el barrio Artigas donde a la vera del final de la avenida Manuel Oribe, la pobreza duele. Ahora el gobierno les va a dar una solución, largamente esperada por estas personas. Pero todavía falta y mucho.
El Estado, que ya cuenta con un déficit fiscal tremendo, dice que mantendrá los planes sociales, pero el tema es que los mismos aún no son suficientes, no digo solo en cantidad sino también en calidad, porque la pobreza aumenta al mismo ritmo que la desocupación y la incertidumbre por mantener la fuente de empleo. Entonces hay que tomarse en serio los problemas sociales, y no hablar tanto de que los indicadores económicos son favorables, porque de lo contrario no estamos viendo el problema de fondo.
El otro día la ministra de Industria, Carolina Cosse, me dijo en la UTU que el país no estaba en crisis ni en recesión y que estaba aumentando, no al mismo ritmo que otros años pero que lo estaba haciendo. A mi ya no me interesa lo que me digan de positivo, sino que quiero ver primero que reconozcan lo que está mal y segundo que se hagan cargo.
Porque en un país de apenas 3 millones de personas y que es productor de alimentos, con 12 millones de vacas y otro tanto igual de ovejas, no puede haber uruguayos revolviendo la basura para sacar un hueso.

HUGO LEMOS

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Deben comprender lo que hacen

La mujer estaba sentada en un banco de la Plaza Treinta y Tres mirando hacia las oficinas del INAU. Notaba que no había movimiento, que las ventanas y la puerta estaban totalmente cerradas. Igual tenía la esperanza intacta de que abrieran. Mientras tanto, su hija de 9 años de edad, jugaba en ese soleado día alrededor de la fuente principal de tan emblemático espacio público de nuestro medio.
Pero era semana de turismo, miércoles para ser preciso y la mujer temía que no trabajaran pero se vino igual desde uno de los barrios más lejanos de la ciudad para tratar de lograr su cometido, hablar con las autoridades y formular su pedido. Su hija ni se enteró de la preocupación que rondaba en la cabeza de su progenitora. Con una sonrisa pura, propia de una pequeña de esa edad, jugaba con algunos niños que estaban en grupo en ese lugar, disfrutando de las vacaciones.
Aunque la madre miraba el reloj y se convencía que no se cumpliría la apertura de las oficinas. Y así fue. Se acercó hasta alguien que estaba sentado en el lugar y le preguntó, cuando se desayunó que no tendría chances, se dio cuenta que no le quedaba otra que volver a su casa, donde la esperaban sus otras dos hijas, también mujeres, de 11 y 7 años de edad.
Se trata de una madre sola, que trabaja duro cada día en sus labores con el fin de sacar adelante a sus hijas. Las mismas concurren a la escuela del barrio donde viven, al Club de Niños y tienen grupos en la comunidad donde participan y hacen deportes.
El tema es que la mujer está sola y recibe una asistencia del Estado. Le dan en la mano unos 7.500 pesos aproximadamente por mes, poco más, poco menos. Con ello, les da de comer a cada niña, las viste, le compra los remedios cuando lo necesitan y encima les compra los útiles para ir a la escuela. Todo con ese monto. Es una administradora de primera.
Empero el problema que se le presentó en las últimas horas es que se sintió incómoda con la asistente social que la fiscaliza y le hace el seguimiento. Es que la funcionaria, una muchacha joven que muchas veces recita de memoria lo que aprendió en la Facultad como en la mayoría de los casos, le dijo que evitara gastos superfluos con el monto asignado y que tratara de ahorrar.
Ella es buena administradora, se considera así al menos. Su hija estaba bien vestida y hasta galletitas dulces estaba comiendo con una sonrisa de oreja a oreja el día que fue con su madre a ver si estaban trabajando en el INAU, pero sabe que por más buena administradora que sea, maga no es.
Cuando contó que a raíz de que con ese comentario se sentía incomprendida por la asistente social que la visita, todos los que estaban escuchándola, la comprendieron enseguida y uno le preguntó: ¿tiene hijos esa asistente social? ¿cuántos?.
Y la mujer atinó a decir “creo que no tiene ningún hijo todavía”. “Ah, por eso, no sabe de qué habla” dijo otro. “Es como cuando un sacerdote te habla del matrimonio y pretende explicarte cómo funciona, es ridículo, si ellos no saben cómo es porque no se pueden casar”.
Nunca escuché comentarios tan atinados de la gente. Todos cuestionaron que cómo el INAU iba a asignar a un caso de una madre sola con tres hijos que tiene problemas de todo tipo para sacarlos adelante, a una joven muchacha que vive con sus padres y que no tiene idea de los malabares que hay que hacer para criar a los hijos, incluso teniendo trabajo estable, casa y a los padres juntos, mucho peor es cuando se está solo, sin trabajo y viviendo de las magras y miserables ayudas y subvenciones que le da el Estado a las mujeres que intentan criar ciudadanos de bien para el futuro del país.
Para eso, que se supone que es lo más importante que podemos hacer, que es solventar como sociedad a gente así, porque con ellos está en discusión el futuro de nuestra comunidad y de la continuidad de la especie uruguaya, le damos el más mínimo ingreso que podamos y encima le asignamos un recurso humano sin experiencia sobre el desarrollo y la conformación de una familia, de cómo hace un grupo de personas que conviven bajo un mismo techo para conllevar con holgura las obligaciones de una casa y mantener una vida mínimamente decorosa, con los escasos pesos que le da el Estado, para que encima le pida después que ahorre.
Es una locura. Todo porque la mujer realizó una reparación en su casa, muy chica, para evitar un dislate con un vecino y poder vivir tranquila con sus hijas. Algo de lo que no debemos, ni podemos, ni queremos tener que renegar.
Hace mucho tiempo que el INAU trata de hacer lo que puede desde sus ámbitos de competencia. Me queda claro que las autoridades departamentales tratan de hacer lo mejor posible con el cuadro que tienen y como en todo equipo, a veces ganan y a veces pierden. En este caso están perdiendo, porque si una mujer que sufre este tipo de situaciones, llega al extremo de concurrir a las oficinas a pedir que le saquen de encima a una persona que se supone debe ayudarla y solamente molesta, porque no comprende una situación humana, para lo que encima le están pagando para que sí lo comprenda, es una derrota cantada.
No digo que para ser asistente social y ayudar a una familia, se deba haber vivido lo que esa familia vivió antes, porque entonces provendríamos del caos social y eso es irreal que haya ocurrido. Pero al menos nuestros profesionales estatales deberían tener un mínimo de comprensión de la realidad que les toca atender, con el fin de poder generar los resultados que la sociedad espera de ellos, y que lo que estudiaron y pretenden aplicar, de resultado.
Para eso deben saber cuál es el mundo en el que viven y después tratar de ayudar a quienes viven en la realidad. Porque solo de esa forma tanto ellos como la institución que representan, estarán cumpliendo los cometidos para los que se les paga y harán lo que todos esperamos de ellos, que ayuden a nuestros niños a que sean dignos para tener un mañana mejor.  politicas

HUGO LEMOS

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Fue por todos los que lucharon

Por fin parece que habría humo blanco y no por la túnica de los médicos, sino porque el IMAE para Salto podría ser una realidad. Aunque todos los galenos con los que hemos hablado estos días dicen bien claro “esto ya está, sale o sale”, lo que significa una gran victoria de un pueblo entero que se unió para presionar al poder político, el que a su vez estaba presionado por el poder de algunos médico empresarios que estaban haciendo fuerza y creando discursos en contra de la intención de Salto de contar con un IMAE por el mero hecho de no querer perder dinero.
Seamos claros, no es que al gobierno de turno, sea del color político que sea, no se le ocurría que en esta región del país iba a ser necesaria la instalación de un centro cardiológico de esta naturaleza. No pasaba por el hecho de que el ministro de Salud, fuera quien fuera, no se le había prendido la lamparita. Sino que había algo más que holgazanería o centralismo, hay enormes conflictos de intereses, lucha de poder y cosas mucho más importantes y de peso que un político ocupando un cargo de turno. poder
El político puede tomar la decisión, pero el poder económico está tranquilo que siempre va a ser consultado con anterioridad y en ese sentido va a ejercer su poder de veto ante estas cuestiones. El político no va a tomar una decisión en contra del poder económico, porque de él depende para ser político y eso le va a todos los candidatos de todos los partidos por igual.
Y en este tema del IMAE, más que nunca le duelen prendas al señor presiente de la República, que es médico empresario y sabe lo que es estar negociando estas cosas, y no es que él no lo quisiera, sino que conoce lo tortuoso que era luchar para lograr esto contra los corporativismos médicos, lo sabe muy bien. Por más que ahora figure uno de sus hijos en la clínica KOR fue Tabaré Vázquez el que la fundó con otros socios para vender servicios de radiología como oncólogo que es, todo el país sabe, porque así deben ser las cosas en aras de la transparencia por más que quienes más reclaman esa transparencia hacia afuera son los que menos la practican, que el presidente Vázquez sabe perfectamente qué es lo que está en juego con la instalación de un IMAE cardiológico para Salto y lo que es ser un empresario de la salud y tener que negociar estas cosas.
Pero al presidente le quedaba grande, muy grande, enorme, con todos los argumentos que le fueron planteados, con los recursos humanos y materiales que ya están garantizados que existen y con una movilización de masas en las que están involucrados como no podía ser de otra manera, porque sino no iban a salir en la foto, el gobierno departamental y el partido de gobierno, no autorizar el IMAE. Por eso lo hizo y que sus colegas médico – empresarios se sigan peleando en la capital.
El problema de porqué se demoró tanto para esto, no pasaba por el Fondo Nacional de Recursos, tampoco por el Ministerio de Salud, ni siquiera porque los grupos médicos de Salto se pusieran de acuerdo, como me dijo fuera de micrófono y que por supuesto después terminó negando, el entonces jerarca de la cartera, Jorge Venegas. Creo que la respuesta más realista y contundente de alguien que sabía muy bien cuáles eran las razones del no rotundo al IMAE en Salto, me las dio tiempo después la sucesora de Venegas en el cargo, la exministra Susana Muñiz, hoy presidenta de ASSE, que en la Regional Norte, bajando las escaleras y apurada porque llegaba tarde a una ceremonia en la sala de actos, me dijo las recordadas palabras “un IMAE para Salto, ni lo piensen”.
Lo más irónico del caso es que quizás Muñiz venga a cortar la cinta el día que ese IMAE que ella dijo que ni lo pensáramos en tener, sea inaugurado, en virtud del cargo que ostenta. Es que con todo, ella fue la que sabía el porqué de todo esto.
Y es que los grupos médicos que manejan los IMAE en Montevideo no tienen como socios ni al Sanatorio Americano ni al Centro Médico de Salto, entonces si en este punto del país a 500 kilómetros de donde se corta el bacalao, se pueden atender 500 pacientes a un costo superior de 130 mil pesos por paciente financiado por el Fondo Nacional de Recursos, esos grupos perderán mucho dinero. Entonces es mejor decir que se le está entregando un IMAE a grupos empresariales y cuestionarlos, dividirlos y criticarlos, que tener que otorgarlos.
Esos grupos responden a gente con mucho peso económico y el presidente, por más que ocupe ese cargo, no es un rey, y por suerte es diametralmente opuesto a Nicolás Maduro, es decir, no hace lo que quiere, hace lo que puede y lo que el cargo le permite, entonces hasta ahora había dicho que no, pero un no en suspenso.
Lo que pasa que es como todas las cosas, la gente desbordó la situación con sus constantes manifestaciones y ahora cómo hacían para pararlos. Además Salto le dio más de un 50 por ciento de apoyo electoral al hoy presidente de la República, por lo que el mismo debe sentirse por lo menos en el debe, de hacer algo para que la gente de acá, se quede contenta. Y por derivación apoyen al actual gobierno departamental que es de su propio partido.
Es decir, son varias las cosas que se le pudieron haber pasado por la cabeza al presidente Vázquez todos esos días que tuvo que decidir darle un sí definitivo a esto, por más que termine peleado con sus colegas que son tan médicos y empresarios del sector como él. La decisión tuvo que tomarla y ahora sí no le tembló la mano.
Pero sobre todas las cosas no perdió la oportunidad de dar una señal política, porque luego de que el Partido Nacional tomara esta bandera y saliera incluso a hacerle una interpelación al ministro por este tema, como fue el caso del diputado Martín Lema en el mes de febrero, Vázquez lo pensó muy bien y le pidió al ministro Basso que le comunicara el caso a los diputados del Frente Amplio primero que a nadie, sobre todo a los de Salto para que sean los voceros de esas nuevas buenas y trajeran luz sobre este hecho tan sensible para toda la comunidad.
Y eso fue lo que pasó y ahora todos dicen que no importa, que lo haga quien sea y que se lo adjudique quien sea con tal de que salga. La oportunidad y el poroto siempre se lo va a anotar el gobierno que lo autorice. El tema ya quedó claro. Lo que más indigna es saber que esto estuvo trancado porque hubo presiones de empresas que son prestadoras de este servicio en Montevideo y no quieren perder clientes con una nueva competencia en Salto, entonces hablaron de déficit y de que porqué no derivarlo a Tacuarembó, donde uno de los grupos médicos de la capital puede generar un acuerdo con la dirección de dicho Hospital algo que con Salto no tendría suerte, porque ya hay grupos médicos locales que tienen los mismos intereses y han ganado la pulseada.
El tema es que después de tanta presión, de tanto tire y afloje, de tanto problema, el IMAE está por concretarse y eso nomás ya es un logro magistral que servirá para todos los que hoy vivimos acá y sobre todo para las nuevas generaciones. Pero lo más importante es el capital humano que sustentó la movilización que logró los resultados y eso no se debe perder nunca. Así que las felicitaciones, debe ser para todos.

HUGO LEMOS

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¿Aumentar la calidad, o el acceso a la educación?

Cuando era más chico y veía a mi madre salir de casa para ir a trabajar, quizás no dimensionaba el valor de su tarea. Fue profesora de liceo por 40 años. No porque sea mi madre, pero sí porque era profesora en un tiempo donde para dar una clase había que ir leído, saber enfrentar el desafío de estar parado frente al aula y hacer que quienes están sentados en sus bancos, sepan que tienen una maravillosa oportunidad de aprender.
En aquella época de camisas planchadas y de un solo color, sin marcas caras ni mucho menos a la moda, con corbatas ajustadas al cuello, zapatos mocasines aunque también se colaban varios championes, sobre todo a finales del 80, los liceos públicos eran lugares donde el que iba lo hacía para estudiar, porque de lo contrario se regazaban enseguida y la diferencia con quienes sí se dedicaban a estudiar, se hacía notoria.
Nuestros profesores eran personas serias y formales, a las que tratábamos de usted y no por ello le teníamos temor o una distancia más lejana de la que debíamos tener. Por el contrario, ese respeto dignificaba la relación que existía entre el alumno y el profesor, y generaba un compromiso si se quiere entre ambos, de que si llegábamos a conocernos, es decir, si figurábamos en la lista que ese docente pasaba todos los días era porque teníamos que ir a estudiar.
Eso no significa que en ese tiempo no existieran los repetidores, ni los que dejaban de ir al liceo por varias razones. Entre ellas, las de tener que trabajar para ayudar a la familia o la de entender que no podían seguir perdiendo el tiempo porque el camino de terminar el liceo no estaba dentro de sus aspiraciones.
Aunque hace 30 años ir a la escuela o al liceo, era ir a estudiar, a aprender, a buscar la forma de adquirir conocimiento, para defenderse en un mundo que empezaba a exigir cada vez más a quienes pretendían conseguir un buen empleo, hacer carrera en alguna institución o empresa, o ser dueño de su propio negocio para hacer algo que le permita explotar sus capacidades de la forma que mejor le parezca.
Eso no es entrar en la lógica capitalista, sino en la lógica de vida actual, en la lógica humana de explotar lo mejor de nosotros para vivir de ello, donde además la globalización ha instaurado una sola manera de vivir en el mundo, que es trabajar para generar ingresos personales, pagar impuestos al país donde se vive y con lo que resta intentar vivir lo mejor que se puede dentro de los parámetros y los cánones establecidos para vivir. Es así de simple. El resto de las cosas funcionan solas.
Pero hay que reconocer que en los últimos tiempos si bien se ha degradado el nivel educativo en muchos aspectos, porque ha bajado sustancialmente la calidad y profundidad del conocimiento que se brindaba en otra época, hay un mayor acceso a los centros educativos formales, lo que ya es decir bastante.
No quiere decir esto que por el hecho de que los jóvenes puedan tener la oportunidad de asistir al liceo o a la UTU, haya un mayor nivel de conocimiento y con ello podamos llegar a mejorar los niveles de alfabetización educativa. Lo que sí quiere decir esto, es que en la actualidad la juventud tiene la oportunidad de acceder al sistema educativo formal con mayor facilidad y con ello, se permiten más chances de que nuestros jóvenes tengan la posibilidad de competir en el mundo, pero con lo que dan en el aula, que a su vez puede llegar a ser muy poco.
Días pasados, en oportunidad de entrevistar al presidente del Codicen, Wilson Netto, después de hablar muy bien de la actual situación de la enseñanza que él gestiona, no así de los niveles educativos que allí se imparten y que son muy otra cosa, habló de la universalización de la educación, esto quiere decir, de la posibilidad de acceso que tienen todas las personas de formarse y acceder al sistema.
Aunque me dejó sabor a poco el hecho de que no habló nunca de quienes salen del sistema formal de la enseñanza, para no participar de ningún ámbito educativo y que son en cierta medida, excluidos en un caso y autoexlcuidos en otros, que se transforman en marginales y que así se desarrollan el resto de sus vidas.
Esas personas que son las que están por fuera de todo, terminan siendo las que generan los mayores índices de pobreza y son los que pasan a tener el índice más bajo de desarrollo humano, y si no existen las políticas educativas tendientes a buscar la forma de revertir esto, entonces la educación en su conjunto, con todo lo que implica la pérdida de nivel educativo, además de que el mayor acceso a los centros de enseñanza no ha sido acompasado con la construcción de nuevos edificios y eso determina hacinamiento, así como tampoco se han creado cargos docentes acordes a las necesidades en algunos casos y que a su vez el multiempleo en esta área ha determinado el mismo resultado, que es el ausentismo docente, si todas estas cosas no se ponen en una bolsa para mejorarlas y encima se apuntan las baterías a darle cabida a los que están afuera de todo, las políticas de la educación habrán fracasado.
Por eso espero que el plan de universalización de Netto, abarque también a quienes están por afuera del todo. Pero también a quienes están en el ámbito rural y deben hacer varios kilómetros para poder tener una clase, lo que ya deja en duda la política de accesibilidad, pero sobre todo que una vez atendido todo esto, el Estado aboque sus esfuerzos en tratar de aumentar el nivel de la educación en los centros de enseñanza pública, exigir mayor calidad a docentes y alumnos y lograr así mejores resultados.
Porque el hecho de que los últimos cuatro presidentes post dictadura, a no ser Mujica que no tiene hijos, hayan mandando a sus hijos y a sus nietos al sistema de educación privada debe ser una señal importante. El caso de que Tabaré Vázquez haya enviado a sus hijos a la educación privada y actualmente así lo haga con sus nietos ¿es una señal de que el presidente de la República no confía en los resultados de las políticas educativas que se imparten desde el Estado?
No digo que lo sea porque sería una falacia de mi parte ya que no conozco los fundamentos que tiene para tomar esa decisión, pero al menos por el cargo que ostenta, me permito decir que el mensaje que me está dando, me deja muchas dudas sobre la enseñanza pública en la que yo mismo me he formado.

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HUGO LEMOS

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No nos queda mucho tiempo

La violencia inusitada a la que venimos asistiendo los salteños es increíble. Por momentos parece que estuviéramos en Colombia o Centro América. Pasamos de asombrarnos con un accidente de tránsito o con algún hecho violento que ocurre una cada vez cada tanto, porque mientras pienso se me vino a la cabeza el crimen de la negrita Toriani, el de las dos ancianas de calle Uruguay al 2100 y el de los cambistas Cordero y Da Silva (todos ellos ocurridos entre los años 2001 y 2006), que fueron crímenes violentos y en algunos casos con cabos sueltos que nunca lograron atarse como el del taxista Mario Colombo, ocurrido en setiembre del 2010, y de los que hasta ahora nada se sabe y de esos hechos pasamos a hablar de tiroteos, narcos, sicarios y armas.
Todo en una sola semana que cambió la visión que se tenía de Salto en pocos minutos. Porque lo que ocurrió esta semana y lo que sigue pasando todavía, porque ayer domingo de tarde los vecinos del barrio Saladero vieron como un sujeto baleaba a otro desde su camioneta y lo dejaba herido de una pierna en la calle, nos hace ver las cosas de otra manera.
No podemos decir que vivimos en una ciudad de tremenda violencia o donde se respiran problemas de inseguridad porque tampoco es cierto, aquí no hay graves problemas de inseguridad sino grandes situaciones que se dan en momentos aislados, pero que últimamente vienen marcando la agenda.
Los turistas no van a dejar de venir a Salto porque estas cosas en la capital del país suceden todos los días y a cada rato. Pero sí para los lugareños es algo extraño escuchar que hay balaceras, que no pueden salir a la calle cuando esto ocurre porque pueden resultar heridos y que deben tener cuidado por las noches si salen o si tienen un comercio donde manejan dinero en efectivo, porque robos y asaltos están a la orden del día.
Los tiempos violentos tienen una explicación, no surgieron de la nada y Salto no era una isla donde este tipo de casos no iban a pasar nunca. Aunque al parecer para algunos casos sí somos una isla, porque no nos llegan los adelantos tecnológicos, ni los medicamentos más sofisticados, ni los servicios de primer nivel, pero sí las pestes, los problemas y los accidentes. Esos se copian tan rápido que llegan de una. Sin anunciar que se venían.
El tema es cómo enfrentar este tipo de casos porque el problema es que la violencia es un tema estructural de la sociedad uruguaya, requiere un cambio de mentalidad más que de cultura y una transformación de todos los estratos sociales que debe partir desde la escuela.
No se los debe tratar como vacas a los pobres y juntarlos a todos en un rebaño y cada vez que critican algo, decirles que son resentidos. Sino buscar una mayor integración entre las personas y así erradicar además el mal que todos tenemos que es el de la soberbia, la de mirar para un costado porque nos creemos mejor que el otro. Eso genera mezquindad, pero sobre todo falta de compromiso para asumir la cuota parte que nos corresponde de porqué tenemos una sociedad como la que vivimos, donde todos nos miramos lo que calzamos para ver con qué nos lucimos primero. Es algo lamentable, pero que tenemos incorporado y que deberíamos sacarlo para evitar más rispideces entre las personas de una misma sociedad.
Días pasados alguien me decía que el problema radicaba en la pobreza, y a ello se refirió con las dádivas que dice que da el Estado a través del Mides (Ministerio de Desarrollo Social) y en “todo lo malo” que había hecho esa cartera “al darle plata a los pobres sin pedirles nada a cambio”, algo que no es totalmente cierto, es más, no tiene mucho de asidero ese comentario porque la inmensa mayoría de los beneficiarios son gente que percibe un salario por trabajar y por ganar muy poco, como la gran mayoría de este país (según el gobierno más del 65% de los trabajadores no llega a ganar lo suficiente como para pagar IRPF) aunque sus políticas van direccionadas en muchos casos en ayudar a gente que ni siquiera busca esa ayuda, en fin, ese es otro kiosco, porque creo que la pobreza no necesariamente genera un estado de violencia que termina en que las personas que la padecen salgan a cometer delitos por ser pobres, sino que lo hacen por no compartir los mismos códigos sociales y valores morales que el resto de la población.
Es decir, las crisis traen problemas sociales y culturales además de los económicos. Eso sin dudas. La crisis del 2002 dejó a miles de familias desmembradas porque las mismas se descabezaron cuando el padre de familia se fue al exterior a buscar empleo porque acá no había y eso impactó negativamente en la cabeza de los más chicos de entonces, que por no tener más a papá en casa, perdieron tanto el rumbo como a sus familias, e hicieron un click en su cerebro que hoy lo estamos viendo.
Pero también vimos cómo en la segunda mitad de la primera década del siglo, cuando la izquierda ingresó al gobierno, se le dio mucho dinero a bastante gente y luego la canilla se fue cerrando por razones obvias y eso generó un lumpenismo que en algunos casos fue mal entendido y las cuestiones materiales pasaron a tener un valor en esas familias, donde al carecer de los mismos, se generan consecuencias complejas, que puede terminar en como dijo el propio ministro del Interior, Eduardo Bonomi, “hoy hay lúmpenes que te roban y te matan por un par de championes”.
La violencia que vivimos en Salto en estos días no es por el par de championes, sino por el consumo de drogas, algo que viene más atrás de la crisis del 2002 pero que se incrementa en esa época y se multiplica cuando empieza a haber mas plata en la calle a partir del 2007 aproximadamente. Todos los policías con los que hablo habitualmente, me dicen que cuando cierran una boca de venta de drogas, sea en el barrio que sea, de inmediato se abren dos más. Y eso más que una situación de necesidad para ese mercado que nunca dejará de existir, parece una afrenta a la Policía y a la sociedad.
El tema está en cómo decirles a estas personas que consideran que tienen impunidad para vender drogas, andar armados y comandar a una serie de personas que no pueden hacer lo que están haciendo, que eso está mal y que incluso no pueden andar dirimiendo sus diferencias en la calle porque el tema no va a quedar entre ellos, sino que va a alcanzar a alguien más, que seguramente nada tenga que ver con todo esto.
La Policía hasta ahora ha sido una mera espectadora de la realidad y en los últimos días entendió que las cosas se le fueron de las manos y pudieron dar un golpe que terminó con el encarcelamientos de al menos tres de los sujetos implicados, lo cual trajo tranquilidad a la población, pero aun resta mucho por hacer.
A todo esto el nuevo jefe de Policía le pidió a la gente “más tiempo” para actuar con eficacia porque dijo que “no tiene la varita mágica” para hacer desaparecer los problemas y devolvernos el Salto provinciano al que estábamos acostumbrados. Habrá que ver de cuánto tiempo habla el nuevo jerarca porque la gente está cansada de esperar la respuesta que el Estado debería darle y ya no quiere más palabras sino acciones concretas que terminen con la impunidad de los delincuentes. El problema es que muchos se cansen y empiecen a actuar por sí solos, si eso llegara a pasar, como dice Roberto en la maravillosa y tierna historia de María Elena Walsh, Dailán Kifkí, “estamos fritos”

HUGO LEMOS

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¿Y el legado de Varela?

Cuando José Pedro Varela pensó en universalizar la educación pública, para que todas las personas alcancen al menos un nivel mínimo de instrucción hace más de un siglo y medio atrás en Uruguay, era sin lugar a dudas todo un adelantado para su época. No solo porque pensó en algo que muchos en ese momento ni siquiera se atrevían a soñar, que lo veían como una locura, como un sinsentido, como algo descabellado, sino porque además de pensarlo, luchó hasta que lo llevó a la práctica.
El pensamiento de Varela, como el de todo masón (aunque los masones dicen que el que pertenecía a la Logia era su hermano y no él) tenía una visión profundamente democrática y libertaria, la que le daría a todos aquellos que así lo quisieran, el derecho de poder alcanzar un nivel de conocimiento adecuado con el fin de salir a defenderse en la vida, porque tanto en aquella época como en la era actual, el poder del conocimiento es insustituible.
El valor del conocimiento es lo más importante, es la herramienta que nos enseña a ser libres, primero que nada, a saber aprovechar nuestro tiempo y a no dejarnos mandar por inútiles, sino a hacer nuestro propio camino. A través de la educación podemos acceder, saber, conocer, pensar, crear y generar cosas nuevas y positivas para nosotros mismos. Y ese valor, en una sociedad libre y democrática debe estar en todas las personas.
Pero ese acceso a la educación debe tener un valor agregado muy importante, la laicidad. No tanto en lo religioso, porque eso responde a sentires y puede haber gente que concurra a los mejores colegios del país, que muchos de ellos tienen un signo religioso y no ser fervientes creyentes de esa misma religión o nada adeptos a la misma, o por el contrario haber sido incluso hasta bautizados en la misma religión que se profesa en su centro de estudios, pero ni siquiera responder un rezo porque su espíritu no lo siente de esa manera.
Por eso la mayor laicidad es la que acaba con el dogma político, el que combate las doctrinas que se imparten en determinadas sociedades donde se dice que las mismas brindan acceso a la educación a sus ciudadanos, sí, ¿pero a qué precio? ¿Al del quitarles la libertad de pensamiento y adoctrinarlos para que salgan repitiendo como loros que el régimen de gobierno que tienen instaurados a manos de unos locos sueltos (que en realidad son unos flores de vivos porque se quedan con todo el poder para ellos y sus familias) es algo bueno y debe perdurar por siempre? Como es el caso de los regímenes totalitarios que no permiten elecciones libres entre su población, ni la diversidad de partidos políticos, solo un partido único y es “porque el pueblo (recontra oprimido de por cierto) así lo quiere”. No, nada de eso.
José Pedro Varela, el flaco barbudo, que aparece en todos los cuadros que hay en las escuelas públicas del país y en los billetes de 50 pesos para aquellos que van a colegios privados, era un genio. Estaba diez pasos adelante que los demás tipos de su época. El hombre pensó que si todo el mundo iba a la escuela y aprendía aunque sea lo básico, a leer y a escribir, sin tener que pagar el precio de convertirse a algún dogma, sea religioso o político, la gente iba a alcanzar otro nivel de educación que les permitiría lo más importante, romper las cadenas con el mundo de la esclavitud que les imponía la pobreza y el analfabetismo que campeaba en ese momento y el país se volvería entonces una nación más, próspera, avanzada y desarrollada.
Porque tanto en aquella época como ahora, las naciones son más o menos desarrolladas según el nivel de conocimiento de sus sociedades. Y ahí tenemos a los países escandinavos, que de las últimas cinco letras no tienen nada y son superinteligentes. Países como Dinamarca, que son una punta de la Europa más fría, son exportadores de conocimiento, de inteligencia, venden conocimiento al mundo. Sí, también todos tienen acceso a la educación pública estatal que es laica al igual que acá, solo que allá es buena, muy buena, súper avanzada. ¿Son de otro planeta que inventaron algo que acá no lo sabemos aún? No. Para nada.
¿Entonces cuál es la receta de ellos? Es que son serios, responsables y que han asumido un compromiso con la educación que trasciende el sueldo que puedan llegar a ganar. La casita que tienen, el autito que tienen, la motito que tienen. Ellos piensan todo el día en la educación que le van a impartir a sus alumnos y no están faltando a clases por un dolor de cabeza y esas clases no quedan sin profesores porque no pueden sustituir a los mismos, a no ser que tengan una licencia médica por tanto tiempo y así siguen y siguen con otras mañas que hemos adquirido en el país de la “viveza criolla”, donde lo único que seguimos evitando con todo esto, es el desarrollo que tanto anhelaba Varela para su pueblo, cuando luchó contra el establishment de la época para alcanzar su patriada de la educación, laica, gratuita y obligatoria para todas las personas.
Vivimos en un país donde evocamos a Varela en sus monumentos y sus bustos, le ponemos ofrendas florales, hasta una canción le hicimos y le enseñamos a nuestros niños con falso orgullo que la educación pública en el país, es de las mejores y que la moña azul no hace otra cosa que ser un factor de igualación hacia arriba de los más pequeños de todos los estratos sociales.
Pero al igual que los cuatro presidentes post dictadura (con excepción de Mujica que no tuvo hijos, pero sí Sanguinetti, Lacalle, Batlle y Vázquez) mandaron a sus hijos y actualmente a sus nietos a colegios privados siempre, nunca a la escuela vareliana, porque la sienten desprestigiada por las mismas políticas que ellos han creado y defendido en sus respectivos procesos de gestión.
Se han encargado de bastardear el sueño de Varela, primero haciendo de la educación pública una muy carente de exigencias a los alumnos, sobre todo a los denominados de contexto crítico ¿total?, a esos en sus casas, si es que las tienen, ni los deberes les controlan. En cambio si se trata de un alumno del colegio privado, seguramente se van a cuidar con lo que le mandan a estudiar porque el padre les va a leer el cuaderno y se les puede venir al humo.
Todo esto, es algo que realmente se da y ocurre en nuestra ciudad y en nuestro país, hay una fragmentación social cada vez más acentuada en función de la inequidad existente en el acceso al sistema educativo y de ahí partimos y trasladamos el problema al resto de la sociedad.
Por lo tanto, la idea de José Pedro Varela, al que muchas escuelas celebrarán hoy, pese a que fue ayer, su aniversario, debe estar plasmada en el accionar diario. En ese sentido, el sindicato de maestros debería evocarlo con acciones, no con actos y pancartas, sino con una autocrítica sobre qué es lo que están haciendo para seguir su legado.
Uruguay padece de un problema estructural por la caída estrepitosa del nivel educativo de su población, sobre todo en los estratos más bajos, este es un dato objetivo de la realidad. Lo peor que se ha acentuado en los últimos tiempos y a esto nadie lo reconoce echándole toda la culpa a la crisis del 2002, claro, eso es más fácil.
Encima tenemos una ministra del educación, que tuvo el tupé de decir que Wilson Netto (el presidente del Codicen) era el “Varela de este quinquenio”. Pobre flaco barbudo, lo compararon con un petiso, regordete y pelado, que ni en eso se parece al reformador de la escuela, que está dejando de ser tan gratuita por su avanzada falta de laicidad. Lamentable.
varela

HUGO LEMOS

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La peor forma de ver volar el tiempo

El multiempleo es uno de los males que aqueja a la sociedad actual, porque genera una serie de condicionantes que se vuelven nocivas para quien lo practica. Eso siempre y cuando se lo tomen en serio y hagan las cosas como deben hacerlas. Pero es un fenómeno social que impera hoy en el uruguayo promedio y en el que está un poco más arriba como el caso de quienes ocupan profesiones delicadas, que aún obteniendo buenos ingresos deben trabajar de lo mismo para varias empresas si tienen una profesión determinada o haciendo varias cosas en distintos lugares.
El tema es cuando te encontrás con alguien que muy suelto de cuerpo, te dice que trabaja en varios lados y que merced a eso ha generado una situación económica estable. No tengo nada contra quienes trabajan en varios lados y ganan un sueldito acá, otro allá y entre todos tratan de hacer uno digno, ahora contra los que sí tengo es con los que dicen que ganan un sueldito acá y otro allá, pero no cumplen acá ni tampoco allá, ni van muy seguido a ningún lado. Por no decir prácticamente que no van.
He visto hasta el cansancio gente que ocupa cargos en distintos lugares, sobre todas las cosas puestos públicos en varios lados, en centros educativos, en instituciones médicas, en ministerios y uno se hace esta pregunta, ¿en cuál de ellos cumplen las 8 horas?
Porque en realidad si uno lo analiza, no lo hacen en ningún lado. Porque un día tienen que atender una montaña de cosas y de gente en un lado y el otro día quizás, y solo quizás, están haciendo lo mismo pero en otro lugar, pero para ir a ese otro lado tuvieron que pegar el faltazo al anterior, porque no podían estar en los dos lugares al mismo tiempo, no cumplen con el fenómeno de la bilocación, no tienen esa capacidad del desdoblamiento de la personalidad y en ese caso les es imposible poder estar en todos los lugares a la vez.
Sin embargo, el multiempleo de ese modo se ha vuelto moneda corriente. Ahí es cuando nos encontramos por ejemplo, con el famoso caso del ausentismo docente. Cuando uno le pregunta a los profesores por qué hay tantas faltas entre los docentes a sus clases, principalmente a los liceos públicos, porque no supe en Salto, pero sí en Montevideo que ocurrió un caso durante el Día de la Mujer, donde la misma docente que, vociferando acerca de sus derechos paró sus actividades en los liceos públicos en los que daba clases, aunque concurrió sin ningún reparo a los colegios privados donde también trabaja porque en esas instituciones no se adhirieron a la medida.
El hecho que en el marco del multiempleo, ella pudo elegir adónde faltar y adónde no, para beneficiar con su actitud en definitiva a la misma gente que dice combatir en su jerga proletaria, a los burgueses los benefició yendo a darles clase y a los pobres, a los hijos de la castigada clase media y trabajadora uruguaya que concurre a los liceos públicos, en aras de ejercer su derecho, les negó a ellos el acceso a la educación ese día. Que tenía el derecho de hacerlo, sí. Que podía elegir entre una cosa y otra, también. Ahora por qué después tenemos que escuchar a esa clase de gente rasgándose las vestiduras por la gente a la que más castiga.
El otro día hablaba con una profesional de la salud que me contaba de sus múltiples trabajos, cargos públicos la gran mayoría de ellos. Sé que en total eran como cinco o seis los trabajos que tiene para desempeñarse con su profesión. Si sumabas todos los empleos tenía una carga horaria superior ampliamente a las 60 horas semanales, esto es a las 12 horas reloj por día. Lo que en realidad no dejaba margen a la duda. ¿Cómo hacía para cumplir todas esas tareas? ¿Cómo viven? ¿Viven? Es todo un tema.
Primero a uno le parece poco razonable que las personas tengan muchas tareas porque no pueden concentrarse en ninguna y cuando eso sucede, hacerlas bien se vuelve un problema. No digo una función específica, pero sí varios trabajos que conllevan actividades distintas.
Además está el tema de si las personas que asumen tales responsabilidades, como el caso de esta magnitud de llegar a tener casi media docena de empleos, son capaces de poder asumir todo lo que eso implica y no recibir sueldos por el mero hecho de hacerlo.
Cuando José Mujica dio su discurso en la Cumbre medioambiental Río + 20 en 2011, en la que participó Uruguay como invitado, el entonces presidente dijo que los trabajadores de nuestro país estaban consiguiendo empezar a tener en algunos lados un régimen de 6 horas diarias. Pero que al lograr esto, se buscaban otro trabajo y ahora trabajaban 12 horas. Es decir, que trabajaban más que antes ya que buscaban tener multiempleo porque el mercado de consumo solo estaba al alcance de su mano si podían ganar el doble de lo que percibían y para hacerlo tenían que trabajar el doble.
Todo ese tema, Mujica se lo adjudicó al consumismo que impera en nuestra sociedad y que en la película de la que hablaba en la columna anterior, Frágil Equilibrio, se menciona ese caso y se muestra una cruda realidad como la de los trabajadores japoneses y el nuevo fenómeno llamado salaryman (el asalariado), que llega a tener hasta tres trabajos de 8 horas, durmiendo tres o cuatro horas por día, con tal de tener ingresos que le permitan consumir más y más, porque están inmersos en medio de la soledad que les impone la sociedad de mercado. No digo esto para alguien que toma dos empleos para poder sustentar un hogar, pero sí para quien con ello solo pretende lujos y excesos.
Esa misma sociedad consumista es la que impulsa al hombre al multiempleo, pero también en el caso de Uruguay, quienes generan esas condiciones son por lo general profesionales liberales de determinadas carreras que pretendiendo tener varios ingresos, quieren conseguir bienes materiales que les haga cumplir con sus pretensiones de reflejar el esfuerzo realizado en sus vidas para alcanzar esa posición, ingresar en un lado y en otro a “cumplir una tarea”.
Pero lo que he observado y he sabido, es que lamentablemente no cumplen ni en uno ni en otro lado, porque humanamente no les es posible hacerlo y eso es entendible. Por lo tanto, sería bueno que razonáramos un poco como personas y pensáramos adónde queremos llegar con tanta cosa que nos planteamos y nos exigimos, porque al final, si no podemos hacer todo lo que decimos que vamos a hacer, solamente estamos haciendo una estafa intelectual con nosotros mismos y eso es más penoso que cualquier otra cosa.
Así que hagamos lo que sabemos que podemos llegar a cumplir y vivamos con lo que tenemos a nuestro alcance, sin dejar de soñar con querer siempre lo que sea mejor para nosotros, pero no dejemos de vivir por eso porque la vida pasa y el multiempleo es la mejor manera de perder lo mejor que tenemos, que es el tiempo.

HUGO LEMOS

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La causa de todas las causas

“La vida es la causa de todas las causas, es frágil, hermosa y sobre todas las cosas, es un milagro”. Todas estas palabras pertenecen al expresidente José Mujica que se refirió así durante el documental Frágil Equilibrio al que recomiendo ver, no solo porque se trata de una película que nos muestra una realidad cruda y desnuda, esa que no queremos ver de nuestra humanidad, sino porque el premio Goya que acaba de obtener refleja la calidad de filme que es y encima porque de la misma participa un salteño, Pablo Godoy Estel, que desde su chacra del Hipódromo contribuyó a que mostrarnos una introspectiva de nosotros mismos.
En ese documental, Mujica dice algo que comparto y mucho, que la vida es lo más importante que tiene el ser humano y que es lo que menos cuida en torno a sí mismo, lo que menos demuestra importarle. Somos parte de un mundo que nos llena de responsabilidades y obligaciones contrarias a la naturaleza de vivir y esto termina volviéndonos agresivos contra nosotros mismos, porque nos hace olvidarnos de quiénes somos y qué queremos.
Hasta le tememos a la madre de todas las preguntas, porque seguramente en el 99 por ciento de los casos no le encontramos respuesta y por eso no nos la hacemos nunca, ni siquiera para reflexionar hacia adentro durante un fin de semana y no es otra que ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿somos felices?, ¿hacemos lo necesario para serlo o nos dejamos llevar por la corriente y es más fácil dejar que todo siga y aparentemos que vivimos mientras no sabemos cuál es el sentido de todo esto?
Nos levantamos y nos apegamos a una rutina que nos lleva a que estemos un momento en nuestra casa, junto a quienes más queremos y luego salgamos apurados rumbo a nuestros trabajos para cumplir con lo que el mundo espera que hagamos, mientras la cabeza se nos inunda de canas y el tiempo va desgastando nuestros sueños, al punto que nos volvemos más conservadores, es decir agarrados a lo que ya tenemos para no perderlo, un trabajo, un espacio donde descansar, un sillón en el que sentarnos, el que acaso ni siquiera nos gusta pero nos hemos conformado con que esté ahí, contra la pared y lo usemos para alienarnos al mundo que nos propone la televisión, y ni siquiera pensemos por un minuto que hay una vida que está ahí esperando por nosotros, mientras la miramos pasar por la ventana.
Está bueno saber que cada cosa que hacemos vale la pena, que la hemos escogido, que nos gusta y nos atrapa, y que eso es lo que hace que se quemen las horas, nuestro tiempo, lo más valioso que tenemos. Porque ese trabajo que nos ocupa cada día lejos de nuestro hogar y de los seres que más queremos, podrá comprar la comodidad del hogar, del transporte o pagar una buena educación para nuestros hijos, pero no va a comprarnos el tiempo que se nos va como por arte de magia y que lo sentimos pasar cada día más.
Son muchos los años que uno aspira a seguir viviendo, pero la cuestión es de qué manera queremos hacerlo y no tanto interesa ya la cantidad de tiempo que podamos tener por delante. Todo esto es bueno sentarse a meditarlo diariamente, hasta lograr el despegue de lo que uno quiere. A veces sentimos que todo está pronto, que nuestra vida ya ha tomado un rumbo y que es allí donde debemos quedarnos, cuando en realidad tenemos que tener la paciencia con nosotros mismos y el coraje de pensar que las cosas pueden ser diferentes.
El último día de lluvia se me acercó un joven adolescente todo mojado pidiéndome algo de comer, yo no tenía nada encima. Me dio mucha pena no poder ayudarlo, él siguió su camino todo mojado, sin zapatos y con los ojos cansados de la situación que estaba viviendo. Lo único que atiné a decirle fue “no es tu culpa, pero si dentro de unos años estás en la misma, pensá que sí puede empezar a serlo”.
Luego pensé un poco lo que le dije porque creí haber sido rudo con él, hasta que me di cuenta que esas palabras que me salieron de repente, eran un buen consejo, sobre todo porque me lo estaba dando a mi mismo y quizás ese pequeño, abandonado por sus padres que permiten que él ande en la calle en vez de estar en su casa comiendo y esperando ansioso el momento para empezar las clases, y olvidado por un perverso sistema que tampoco se va a encargar de que el mismo hoy concurra a las aulas, dentro de unos años, cambie su destino.
Solo hace falta voluntad.
Hoy es lunes, el primer día hábil de la semana, en el que todos arrancamos para nuestro lugar de trabajo y dejamos la comodidad del domingo. Abrimos paraguas y nos mojamos si es necesario, pero vamos a ocupar nuestra silla porque somos parte de un engranaje que no se detiene y que si nosotros no vamos, nos sustituye fácilmente por otros que se sumarán de una forma igual de fácil a la cadena, como por inercia. Pero que estarán ahí para ocupar nuestro lugar y el que sea necesario. Porque esa es la cadena que nos propone esta vida que hemos escogido y solamente está en nosotros pararnos en medio de la correntada y darnos vuelta si es eso lo que queremos hacer de una vez por todas.
Quizás estas líneas solo sean un aliento para hacer algo distinto, algo a lo que no nos hemos animado a hacer aún, o simplemente sean la culminación de un día de trabajo, pero creí necesario decirles a cada uno de los que estén leyendo esto, que se animen a hacer lo que realmente quieren, porque el reloj biológico nos corre y no se detiene. Y con él las oportunidades pasan y muchas no vuelven, así que tómenlas.
Pero sobre todas las cosas, vivan, sientan que la naturaleza humana les requiere eso, que deben sentir que están vivos, que si caen no importa, que solo precisan levantarse y seguir caminando, seguir luchando por lo que más quieren, no importa cuántos años tengan, o cuanto han deseado llegar a obtener lo que todavía no alcanzaron, sino que mientras se sigan levantando y peleando por lo que sienten que debe ser suyo, estarán más vivos que nunca y eso no se paga con nada, ni se compra en ningún lado.
La clave es creer en uno mismo, sentirse parte del todo y saber que su humanidad es única y que la vida que llevan consigo debe ser lo más importante para ustedes y para quienes los rodean.
Eso se llama libertad y la libertad es el sentimiento más disfrutable en cualquier ser humano. Sin muros, sin trampas, sin obstáculos que nos imponga nadie, la libertad es la esencia de la vida humana y a través de ella es la única forma de perder el miedo, de salirnos de la falsa comodidad y de alcanzar la felicidad humana que tanto necesitamos para darle sentido a todas las cosas que nos rodean.
Libertad, felicidad y vida, son la causa de todas las cosas.

HUGO LEMOSnotable

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Yo haría lo mismo

Es un tema muy difícil, porque se bifurca el camino en todo momento. Pero trataremos de dar a conocer nuestra posición, con mucho respeto y tolerancia a los que piensen diferente. El hecho de que una jueza de la ciudad de Mercedes, cuyo nombre no en vano es Pura Concepción (y Book, su apellido) haya hecho interrumpir un proceso de aborto iniciado por una mujer en el marco de la ley que la ampara, en el procedimiento denominado IVE aborto(Interrupción Voluntaria del Embarazo), es una tremenda novedad que ha hecho ladrar a los perros, maullar a los gatos y hacer que todo el mundo ponga el grito en el cielo.
El caso es muy complejo, porque si lo medimos desde el punto de vista legal, la acción de amparo no debería haber sido admitida por la magistrada, ya que hay una ley vigente que no deja dudas. La norma establece que la mujer puede interrumpir su embarazo dentro de las 12 semanas de gestación, debido a que el hecho es menos traumático y que lo que le llaman feto, que en realidad es la criatura que se está desarrollando dentro del cuerpo de la madre, puede ser eliminado sin intervención quirúrgica.
Pero ahora aparece el padre de ese “feto”, el hombre que lo concibió junto con la mujer ya que ella por sí sola no podría haberlo hecho, y quiere que el mismo se desarrolle y nazca, quiere ser padre, ver nacer a su hijo y promete cuidarlo y hasta quererlo. Aunque la gran barrera que tiene es que la mujer que lo está gestando y que quiere ejercer su derecho al aborto, según la ley vigente, puede decidir ella misma por lo que tiene adentro de su cuerpo sin preguntarle a quien contribuyó para que esa situación se haya dado así, sin meditarlo tanto. Ella puede decidir sobre sí misma si es un embarazo no deseado.
Acá debe quedar algo claro, como es una cuestión legal no entran los sentimientos, al menos no deberían entrar porque el fuero subjetivo de las partes se mide en el proceso con la intención manifiesta de cada uno, pero el juez no puede ser subjetivo, no puede fallar en base a su concepción religiosa, a sus valores y principios, debe fallar conforme a la ley. ¿No le gusta la ley?, bueno, levante firmas para convocar a un referéndum o promueva que un legislador elabore otro proyecto para derogar esa norma. Como juez, la verdad es una sola y es la de la ley y debe fallar entorno al precepto legal establecido.
Considero que así deben ser las cosas. Aclaro que no comparto la ley del aborto, porque considero que el mensaje que da a las mujeres jóvenes sobre todo, no está bien. Porque en cierta medida se le dice a la mujer que puede hacer lo que quiera con su cuerpo, pero al hombre se le exigen que si el niño nace cumpla con las obligaciones que tiene como padre, aunque sería buena cosa que el mismo empezara a ser considerado tal desde la concepción, involucrándose con el tema y acompañando la situación, eso haría cambiar bastante el hecho de que si la mujer queda embarazada por una cuestión de biología, solamente ella decide por todos. Porque somos muchos los padres que nos interesamos por nuestros hijos desde que el mismo es anunciado y no 24 horas después de nacido, como sostiene la ley uruguaya.
Creo somos la gran mayoría los padres que nos emocionamos cuando a las seis semanas de gestación hemos visto una bolita en la primera ecografía que se va gestando y hoy algunos años después, mantenemos ese recuerdo emocionado. Entonces me banco las críticas y el debate sobre el asunto con las mujeres que son madres y saben lo que es tener un hijo adentro de su vientre, dar a luz y criarlo, a veces solas. Pero no esas mujeres que no saben lo que es el estado de embarazo, que es algo que comprende a la pareja con mucho amor, ilusión y esperanza y hablan por algo que sentirían sin saber qué es.
Por otro lado está el tema del embarazo no deseado, que debe ser atendido porque es una realidad. Existen mujeres que, quedando embarazadas, no desean dar a luz a una criatura por varias razones y en muchos casos, no tiene que ver con la ausencia del padre ni nada por el estilo, sino por una decisión propia. Hay que tener en cuenta esa opción y respetarla. Las mujeres no son incubadoras, son una persona y su posición vaya si cuenta.
Y es allí cuando doy el debate por la acción que tomó el padre de la criatura que, acaso emocionado por ser progenitor y tener ese orgullo, manifiesta el derecho de querer serlo. El tema es que en Uruguay choca de nariz contra una ley que antepone la voluntad de la mujer por sobre todas las cosas, a decidir sobre su cuerpo y sobre la vida de una criatura, si dejarla desarrollarse hasta que nazca o terminar con ella antes. Así como también con ello, la ley habilita a que la mujer además opte por darle la posibilidad al hombre que concibió la criatura para quien esto escribe, feto para la ley, de ser padre. Y eso será lo que seguramente prevalezca en este caso, porque la ley debe estar por encima de todas estas cosas.
El hecho pasa por si esa ley es justa. Para las mujeres lo es, en función de que prioriza su interés, su deseo y procura cuidar su biología, dándoles la chance de que puedan dar a luz solamente si desean hacerlo, de lo contrario pueden optar por el proceso instrumentado por el Estado, a través del Ministerio de Salud, donde se lleva a cabo el cumplimiento de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).
En tanto que para los hombres que quieren ser padres, tienen que tener en cuenta que siempre se va a priorizar el deseo de la mujer, sin importar si son esposos, novios, amantes, o compañeros ocasionales, el derecho a tener un hijo en Uruguay pasa primero por el resorte legal de que la mujer así lo desee. Nos guste o no nos guste.
En ese aspecto, la jueza Pura Concepción, lo que hizo fue desafiar, quizás en base a sus creencias, el Estado de Derecho, por entender que esa ley que le asiste derecho a la futura madre, es totalmente injusta. El hecho es tan arriesgado, que limitó un derecho a sabiendas de que dudosamente podía hacerlo y encima pudiendo generar un perjuicio a la mujer, en el caso de que los plazos legales para dilucidar este hecho superen el que plantea la ley para continuar con el proceso de interrupción del embarazo.
En ese caso, la pregunta es, si la ley le termina asistiendo razón a la mujer y la jueza debe levantarle la prohibición para que continúe con el proceso de aborto, y los tiempos legales hicieron que pasaran las 12 semanas de gestación que es el plazo fijado por la norma para cumplir con el aborto, ¿cómo solucionamos el tema? ¿Se arriesgará a la mujer a un embarazo no deseado; es decir a que tenga un hijo que no quiere, generando un daño y un sufrimiento también y sobre todo para ese niño, o a que la mujer llegue al extremo de ir a una clínica clandestina, que siguen existiendo y a raudales, poniendo su vida en riesgo?
No hay una respuesta sola para esto. Pero si a mi me preguntan, yo respondo: más allá de que hay una ley que no podemos desconocer y que le asiste derecho a la mujer para que decida por ella misma, por lo cual la norma merece respeto, yo haría lo mismo que está haciendo ese hombre y lucharía por ser el padre de esa criatura que ayudé a gestar. Pero la ley, es la ley. Más allá de que la crea injusta, fría y egoísta, es ley y debe prevalecer ante lo que yo quiera o piense.

Hugo Lemos

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¿Cuál es el pueblo que gobierna?

Julio estaba parado al lado del semáforo. Hablaba con los conductores que tenían la ventanilla baja y les pedía unas monedas, la inmensa mayoría se lo negaba sin decirle nada, él solamente los miraba de costado y bajaba la cabeza como con vergüenza. Y así recorría cada una de las ventanillas bajas del lado del conductor de la fila de coches que esperaba que el semáforo los habilitara para seguir camino.
A pocos metros estaban sus perros, eran dos, pero no les conozco las razas, en realidad porque no sé nada de perros. Solamente que ladran y piden comida. Al mío le doy todas las mañanas y luego dejo que se acerque al gato con el que intercambian rasguños y corridas, son amigos. Deben ser amigos, o por lo menos aprender a convivir en forma columnafotopacífica. Como tendríamos que haberlo hecho los hombres, por más que no lo hagamos. Trato de no escribir párrafos largos pero no me salen, Marisa me lo pidió reiteradas veces, siempre me acuerdo, pero hago lo que puedo.
Sigo. Cuando se me acerca le digo que no tengo nada, quiero ver cómo reacciona, qué hace, qué dice. Pero solo deja de mirarme. Le dio bronca o quizás algo de vergüenza. Él querría caminar con la panza llena y no tener que preocuparse por dónde dormir esta noche, pero no es esa su situación, tiene solamente 14 años de edad y está solo. Lo peor de todo, es que se siente solo y arrinconado. Nadie le pregunta nada. ¿Y el Estado?, ausente. Como siempre, sus técnicos, esos que están diagnosticando los males de la sociedad y andando en coches nuevos que su multiempleo les permite pagar, no se le acercaron nunca. Como a Braian, del que tanto escribimos y hablamos, e insistimos que lo atendieran, pero que ahora está en el cielo, terminó así. Y lo mirará a Julio y sentirá pena por él.
Lo llamo y me acerco, le digo que a juzgar por sus ojos o tuvo una mala noche o no la pasa bien desde hace días. Pero él no sabe a qué me refiero y entre que sonríe y me mira, porque sigue esperando la moneda, no me dice nada y no se anima a estirar la mano. Le pregunto su nombre y su edad. Luego dónde vive. “En la calle”, me responde en forma tajante y austero en sus palabras como para guardarlas antes de decir algo que quizás lo perjudique.
Seguramente yo era la primera persona con la que hablaba cara a cara desde hacía horas. Andaba deambulando y por arriba del hombro miré a sus dos perros que estaban con unos bolsos, a los que si esto fuera una caricatura, le faltaban los parches, por lo descuidado y desarreglados que estaban.
Le pregunté ¿por qué un adolescente de 14 años como él, con nombre y apellido, vivía en la calle? Y su respuesta fue lapidaria: mi madre está presa y yo estoy solo. ¿Cómo seguir hablando con él después de eso? ¿Qué decirle? Yo que sé. Se me vinieron varias preguntas a la cabeza y casi ninguna respuesta. Si le daba comida y dinero ¿le solucionaba algo? Al menos calmaría el hambre que él tenía en ese momento, pero ¿y qué pasaría después?
Lo primero que se me vino a la mente fue: ¿dónde está el Estado protector, que diseñó un sistema tributario al que califica de justo, porque así, con el dinero que nos saca a los que trabajamos le dan asistencia a personas como Julio? Está fallando todo el sistema, porque en un país donde los uruguayos pagamos mucho impuesto, deben asegurarnos a todos que si una madre va presa porque comete un delito, con todo el drama social que ese solo hecho implica para una familia, el Estado debe hacerse cargo de los hijos. Debe atenderlos y procurar que a los mismos no les falte absolutamente nada. Por una razón elemental y es el estricto humanismo.
Y la otra para que no salgan como la madre y el Estado tenga que seguir haciéndose cargo de gente que no le aporta. Pero sobre todo para que darle una oportunidad a quien sí la tiene y es a un adolescente que necesita saber que tiene una vida por delante.
Basta de seguir poniendo excusas y de decir que antes todo era peor. No me importa lo que pasó hace dos décadas y más atrás, me importa lo que le pasa ahora a los gurises como Julio, que son los pobres de este gobierno y no del anterior. Si la madre fue presa, ya no me importa el delito, el sistema, per se, no la va a rehabilitar, ya todos lo sabemos. Pero a Julio no le podemos pedir mucho, es solo un muchacho que está solo y perdido, sin ninguna orientación, sin un plato de comida, ni caliente ni frío. Sin medias limpias y sin ningún calzoncillo. Y lo peor de todo sin un abrazo de alguien que le diga “lo que te pasó, no es tu culpa”. Para que lo sepa y pueda creer en sí mismo.
Escuchando frases que dejó José Mujica en el documental ganador del premio Goya en España, Frágil Equilibrio, el Pepe dice: “el mundo vivo, y hablo de la vida en general, es como una cosa frágil, hermosa. Por eso la vida es un milagro y hay que cuidarla”. Seguramente él se sentiría responsable de que Julio no vea a la vida como algo hermoso, milagroso y sienta que debe cuidarla.
Porque es parte de este asunto y tampoco va a estar ahí cuando este joven caiga en tentación porque se levante una mañana después de dormir en la dura, sucia y húmeda calle, y vea como un adolescente de su edad pasa a su lado con un celular de última generación inserto en el mundo que a él lo escupe, escuchando música y ya desayunado, mientras él tiene que ir a mendigar que alguien le dé una moneda para poder comer.
Y Mujica mucho menos va a estar ahí cuando el joven caiga en tentación y robe, o se drogue y haga algo para que la Policía llegue hasta él y con un escuadrón casi autómata lo golpee por inercia, lo lastime y lo encarcele, para que se sienta ahí sí, cerca de su madre.
En ese espectacular documental que recomiendo a todos ver, Mujica dice una verdad absoluta. “Nuestra democracia es muy mentirosa. Si nos atenemos a la etimología de su palabra democracia, es el gobierno del pueblo. ¿Pero cuál es el pueblo que gobierna?”. Es lo que yo me pregunto cuando veo las injusticias que nos depara la sociedad en la que vivimos.
¿Quién gobierna? ¿Qué cosa nos gobierna? El mercado, el consumismo, la indiferencia, la mezquindad, el orgullo, la soberbia, la vanidad. La insensatez, la frialdad. ¿Ese es el pueblo que gobierna? Porque el gobierno no tiene nombre y apellido, no nos gobierna Tabaré Vázquez, ni ningún otro presidente que anduvo o que vendrá. No gobierna un pueblo, gobierna una elite que hace que se cumplan los mandatos universales del mundo en el que vivimos. Y que son pautas preestablecidas que todos de una manera u otra, vamos a cumplir porque unos pocos así lo han pautado.
Los que ocupan una función de gobierno, sin importar el mote que ellos mismos se pongan, si de izquierdas o derechas, quieren exactamente lo mismo. Tener su casa, su auto, sus vacaciones, sus cuentas pagas, su heladera llena, sus pares de zapatos nuevos para encima mostrarlos. Sus teléfonos celulares de última generación para verse en las redes sociales y son tan consumistas que no se diferencian entre los de izquierda y los de derecha.
Pero lo peor de todo, es que todos son ellos son iguales de indiferentes. Y lamentablemente gente como Julio, va a seguir pagando por eso. Por ese “pueblo” que es el que definitivamente nos gobierna.

Hugo Lemos

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Vale más el esfuerzo que la caridad

El recuerdo que tengo de cuando iba a la escuela, era que antes de entrar a clases teníamos que hacer una fila por orden de altura, tomar distancia y al entrar al salón debíamos decir ¡Buenos Días Maestro! Era lo básico y nos enseñaban a que siempre debíamos saludar a quien teníamos frente a nosotros, porque era la base del respeto y la convivencia de la sociedad en la que vivimos.
Hice primer año escolar en 1985, recién salidos de la dictadura militar, con resabios de aquella época pero en un aula a la que íbamos a aprender y en donde nadie nos hablaba de política partidaria, sino de tener educación, de tener conocimiento y de que el aprendizaje era fundamental para no quedar rezagados en la vida. educacion
Recuerdo cuando el maestro Carlos en una charla que tuvimos en el recreo, nos decía a un grupo de chiquilines, “ustedes tienen que estudiar gurises, para ser independientes y libres, recuerden que si repiten el año, hay miles que se colocan delante de ustedes y ganan las oportunidades que ustedes mismos podrían tener”.
Nos hacían hacer dictados, donde el maestro enunciaba conceptos y nosotros los escribíamos, luego alguien pasaba al pizarrón y los corregíamos entre todos, porque era un horror tener faltas de ortografía. El respeto por la túnica y la moña eran sagrados, cuando alguien no tenía moña, la propia escuela le proporcionaba una, así como los cuadernos, les daban unos de color gris con la estampa de José Pedro Varela en la tapa, porque ese era el concepto de igualdad e inclusión que se impartía en la época, la democratización partía de que todos íbamos con el mismo uniforme y recibíamos la misma educación.
Fui a la escuela pública, la vareliana, la de educación tremendamente laica y profundamente democrática. La cursé entre los años 1985 y 1990; en la actualmente Escuela Nº121, que funciona en el edificio de la Escuela Nº2 por la mañana. Allí aprendí valores que son intangibles y que hoy se perdieron por lejos. Que hoy ya no existen y en donde hoy ese concepto puro de laicidad y democratización de la enseñanza han quedado atrás por lejos. Tuve grandes maestros como el Coco Marazzano, Beatriz Proserpio, Beba Souto, Martha Roux, Oscar Baratta y la fallecida Ana María Grassi, que nunca nos hablarían de cuestiones ideológicas y respetaban a cada uno por lo que era.
Nunca se habló de voto verde ni del amarillo, de lo que había sido la dictadura, del presupuesto para la educación, de las políticas liberales ni de los presos políticos, no supimos nada de los maestros que estaban volviendo a las aulas después de haber sido proscritos por los militares, ni de los que habían sufrido tortura, exilio y cárcel, todos eran maestros con mayúscula más allá de su origen y pensamiento. Simplemente ellos iban a darnos clases, iban a hacer su trabajo y se encargaban de que nosotros aprendiéramos, el resto corría por cuenta de lo que nuestros padres nos enseñaran en nuestra casa, como debía ser.
Por lo tanto nunca supimos de la orientación política, religiosa o sexual de cada uno. Tampoco nos interesaba, todos éramos amigos y compañeros, estudiábamos, el que no lo hacía “quedaba regalado”, no era como ahora que es todo lo contrario, donde el que estudia es un gil y hay que hacerle bullying. El que tenía más de 30 faltas perdía el año sin excepción y el que sacaba menos de 50 sobre 100 en las pruebas anuales, que en el año había tres a modo de parcial de estudio, también. De esa misma escuela pública han salido profesionales exitosos, empresarios despegados, innovadores, creativos, políticos destacados, gerentes de empresas, hacedores de todo tipo. Y también buenos trabajadores.
Sin embargo, hoy las cosas han cambiado mucho, el resquebrajamiento de valores ha impactado de tal forma que hay niños que ni van a clases, muchos de ellos lo hacen apenas para tener el alimento diario en los comedores y pasan de año sin saber nada, porque existe algo que les causa un daño enorme y que es un desastre que se llama “pase social”, donde el gurí no sabe ni escribir, pero lo pasan igual porque la escuela tiene que tener menos índice de repetición y envueltos en una mentira gigantezca, dicen después que el índice de alfabetización es bueno. Cuando todos vemos lo que son nuestros adolescentes, que donde pones a un estudiante liceal frente a una división con quebrados no sabe donde está parado, donde te preguntan qué quiere decir la palabra “enunciado” o te miran con una ceja levantada si les pedís que te conjuguen el verbo pluscuamperfecto.
Lo que se conoció en los últimos días con el pobre joven que fue solamente 65 días a clases, no aprendió nada y aún así pasó de clase, no es algo más que lo que ya sabemos de nuestro decadente sistema educativo. Encima nos tenemos que tragar a la ministra de Educación María Julia Muñoz (que según consignó Vázquez a dos destacados periodistas durante la campaña electoral del 2014, sería designada porque era buena para trancar con los sindicatos de la enseñanza a los que Mujica les había dado mucho poder) decir que Wilson Netto, el actual presidente del Codicen, era el Varela de este quinquenio, porque bregaba por la educación secundaria universal. La pueril comparación no merece dos líneas.
Es algo que no me parece mal la secundaria universal, pero la discusión que debe darse acá no es el hecho que quieran que todos vayan al liceo en forma obligatoria como para tener algo más en el currículum, sino qué clase de liceo es el que le están ofreciendo a los más pobres, a los que no pueden pagarse un liceo privado, a los que deberán ir a clases para seguir cobrando la asignación, qué clase de programas académicos les van a dar, qué tipo de exigencias les impondrán y si realmente se dedicarán a enseñarles para que su concurrencia valga la pena.
Porque si solamente piensan ser flexibles en función de la realidad social de cada uno de los alumnos de contexto crítico a los que obliguen a ir a clases, para después mostrarlo como un logro del gobierno de turno, estamos fritos. Y seguiremos teniendo adolescentes y jóvenes que no saben lo que es un logaritmo, ni conjugar un verbo, ni un binomio y seguirán escribiendo con faltas de ortografía y mucho menos sabrán pensar. Y eso es lo que más me preocupa.
No podemos no premiar el esfuerzo. Y me permito recordar en este caso a mi querido amigo, hoy desaparecido prontamente con apenas 40 años de edad, Gonzalo Juan María Legnazzi, que sorpresivamente falleció hace poco, enterándome días después. Se fue sin decir chau, pero siempre hablábamos con él de su esfuerzo por aprender lo que tanto le costaba pero que tanto le gustaba, como era la carrera de abogacía y le metía para adelante sin escuchar pronósticos.
Él sí que hacía lo imposible por estudiar y salir adelante. La vida me dio el premio de haberlo conocido y de tenerlo desde ahora y siempre en el mejor de mis recuerdos como a una gran persona, que más allá de la profesión que tuviera o el cargo que ocupara donde fuera, era un tipo de cuya humildad, humanidad y amistad, los que lo conocimos deberíamos aprender algo. Gracias Gonzalo por lo que me enseñaste como amigo, siempre vas a estar acá, siempre.

HUGO LEMOS

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Hubieran preguntado cómo era

La cosa pública es de todos. Los bienes públicos no son de uso y goce ilimitado del gobernante de turno, solamente los debe administrar y usar en su justa medida y de la manera que sean necesarios, ni de forma acotada ni tampoco de manera desmedida, sino necesaria. Esto es algo que quienes asumen la vida política y salen a pedirle el voto a la gente para llegar a alcanzar cargos de gobierno deben saberlo, pero deben saberlo antes de asumir el cargo para tener idea de dónde se están metiendo, de cuáles son sus responsabilidades, sus libertades y sobre toda las cosas algo muy importante, sus límites. politicos
Y de la mano de eso, la persona pública tiene que saber que una vez que asume un cargo y pasa a tener esa condición ya no tiene vida privada. Esa es una regla de las personas donde en aras de la transparencia debe ser así, hay jurisprudencia sobre el tema y esta regla es enseñada en todas las clases de periodismo. Cuando una persona pública, que ocupa un cargo público por razones políticas y al que toda la sociedad le paga el sueldo para que administre los bienes que son de todos, desde el momento en el que esa persona acepta asumir ese cargo, todo lo que hace importa.
Cómo vive, cómo se viste, en qué anda, cómo habla, todo eso es importante. Pero más que eso su conducta, tanto a nivel privado como a nivel público es lo que más despierta el interés de la gente, porque tal como se comporte en su vida privada y todo lo que haga o a lo que acceda, es lo que hará con los bienes públicos que el pueblo le confía para administrar. Como ya lo escribí hace muchos años cuando un exintendente de Salto me dijo, en forma totalmente equivocada, que había preguntas “que no se le hacían a un intendente”, algo totalmente desacertado porque a un intendente como a cualquier gobernante se le tiene que preguntar todo.
Porque en ese entonces, escribí que si un intendente le era infiel a su esposa, ¿por qué se privaría de ser infiel con los bienes públicos que la sociedad le confió para administrar? Si es capaz de ser desleal con su familia, más lo podría ser con el dinero de la gente. Ese ejemplo, pretende explicar que un gobernante debe explicar todo, sobre todo cuando sus acciones dejan dudas y generan incertidumbre y especulaciones sobre su honestidad en la opinión pública.
Traigo el tema a colación porque esta semana hubo al menos cuatro importantes gobernantes del Uruguay y el mundo que estuvieron en el tapete por usar y abusar de los bienes públicos y en uno de los casos, uno de ellos, actuó en sus negocios privados que aún los tiene, de una manera que hace generar dudas sobre su actuación en el ámbito público.
El primero de los cuatro buenos muchachos que mencionaremos hoy, es el ministro de Ganadería del Uruguay, el productor arrocero como le gusta llamarse, Tabaré Aguerre. El hombre tiene un arraigo con Salto y es tan soberbio como muchos de los vecinos de nuestra comarca. Cree que no tiene porqué dar explicaciones si el Ministerio que maneja lo benefició apuntalándolo con un préstamo de casi 181 mil dólares y que por más que los mismos provengan de fondos privados, él sabe que quien los administra es el Estado y que el lugar donde él es jefe, por obra de una decisión política y no por concurso o mérito alguno, le da el espaldarazo para que acceda a eso.
Encima, el buen señor Aguerre, que se considera un uruguayo superior y por encima del resto, fue capaz de decir dos bestialidades que solo en un país como este a un tipo como a él no lo sacan del fundillo del asiento que ocupa. Este tipo, tuvo el tupé, la arrogancia y la soberbia de decir que él si quería no daba explicaciones ni contestaba la nota de prensa, porque lo habló con el Presidente, y este le dijo que no lo hiciera.
El señor Aguerre denota una soberbia impropia de un gobernante uruguayo al pensar que si tiene una conducta dudosa no debe aclararle a la sociedad cuáles son sus actos. Porque no es un productor arrocero, es un productor y un ministro de Estado, que marca las pautas públicas sobre el tema y que si se ve beneficiado con algo que pasa por manos del Estado y eso genera dudas debe aclarárselo a la gente que le paga un sueldo. Y si él no vive del sueldo de ministro no importa, es un ministro del gobierno y mientras lo sea siempre tendrá que dar explicaciones, hasta de por qué va a la baño. Y si no le gusta al buen señor productor arrocero, ingeniero agrónomo, casado con una psicóloga dar explicaciones, que deje el cargo de ministro porque no está capacitado para ocupar un cargo de esa envergadura.
Pero lo peor de este señor es decirle mediocre al periodista del destacado periódico de izquierda, cosa que Aguerre no sabe lo que es, “la diaria”, que dio a conocer la información. El destrato público que le hizo mandándolo a leer El Hombre Mediocre, de José Ingenieros, es propio de un mendaz, mezquino y desubicado como Aguerre que pese a estar hace 7 años en el cargo, aún no sabe cuáles son sus deberes ante la sociedad. Que le sean de provecho los dólares que sus subordinados le aprobaron para su provecho.
Otro que no sabe que por más que actúe en la faz privada, si su actuación ante la vida genera dudas, lo que haga es de interés público, es el intendente de Soriano Agustín Bascou. El hombre hizo unos negocios ganaderos, porque como la mayoría de los dirigentes nacionalistas del interior está relacionado con el campo (al igual que Aguerre que no sé si es nacionalista pero está en el mismo rubro y tiene la misma actitud que el mercedario) y libró un cheque por 20 mil dólares para cubrir una deuda, pero ese título valor estuvo complicado y él dice que ya acordó “honrar sus compromisos”, según declaró el propio Bascou al diario La República.
Y dijo todo el tiempo que esa transacción era una cuestión de sus negocios privados, algo que no se concibe, porque parece que a Bascou tampoco le dijeron antes de postularse para el cargo, que no deja de ser el intendente de Soriano al momento de realizar cualquier transacción agropecuaria. El hombre tiene que saber que sigue siendo productor de ese sector de la actividad, pero ahora a eso prima el hecho de que es el gobernante en el que todos confiaron para la administración de sus bienes. Entonces si hay una sospecha de que pudo haber actuado de manera impropia al emitir un cheque, esa sospecha se traslada a su condición de ser el jefe de gobierno y de tener que firmar cheques y compras con el dinero de todos los que viven en ese departamento.
Los otros dos casos, les daremos un repaso somero. Uno es el hecho que el presidente Mauricio Macri mandó a buscar a su mujer y su hija más chica a Punta del Este, en el helicóptero de la Presidencia. Con todo lo que implica que la familia presidencial vacacione en el país con el que más compiten sus gobernados en esta temporada. Lo que darían los operadores turísticos argentinos porque la primera dama y la hija del presidente pasen unos días en algún balneario argentino para promover el turismo nacional.
Sin embargo, la familia presidencial opta por venir al Uruguay, con el que están compitiendo todos los hoteleros y gastronómicos de los balnearios argentinos, y encima no les contrata un avión privado, sino que les manda el helicóptero asignado al presidente para las misiones oficiales. Imagine a María Auxiliadora Delgado y a uno de los hijos del presidente vacacionando en Brasil, y que Tabaré les mande el helicóptero de la Fuerza Aérea a buscarlos a Floripa. No da, Macri. Le erraste en esta, me parece.
La otra es del inefable Donald Trump, del que nada bueno se puede esperar. Su hijo Eric, encargado de los negocios de la familia vino a Uruguay a ver cómo va la Torre que están construyendo en Punta del Este. Pero estuvo dos días donde mantuvo reuniones de todo tipo y color quince días antes que su padre asuma la “presidencia del planeta” como le gustaba decir a Eduardo Galeano.
El hecho es que el pibe vino por cuestiones particulares, con sus guardaespaldas de siempre, pero en este caso se le sumó una patota del Servicio Secreto con personal de la Embajada en Montevideo. El viernes el diario The Washington Post, uno de los más prestigiosos del mundo por dar cátedra de periodismo, publicó que ese viajecito a Uruguay de dos días, le costó al pueblo norteamericano casi 100 mil dólares. Y se preguntan porqué Trump junior que no tiene que ver con el gobierno, ¿no se trajo a sus propios guardias y los pagó de su bolsillo?
Una muestra, usar la plata del pueblo para cosas privadas es un mal de los políticos en todo el mundo.

HUGO LEMOS

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Mejores en lo suyo

Hacía como 35 grados y el sol pegaba más fuerte que nunca. Pero el viento atenuaba el calor y hacía que todo fuera más liviano, igual, el verano se estaba haciendo sentir. La gente no tenía reparos en trabajar y atender al público sin mayores inconvenientes porque entendían que estaban en el momento ideal y en el tiempo justo. Era plena temporada y Maldonado aprovechaba su momento, récord de visitantes y muchos extranjeros.
Cuando uno entraba a una tienda lo atendían con gusto y no lo miraban de reojo por entrar a mirar, sin comprar en muchos casos y adquiriendo algo sin importar si era de menor o mayor costo, lo importante era que uno se sintiera a gusto.
Los trabajadores se disponían a ayudar al potencial cliente y quizás poder colocarle algún producto, pero de manera educada y no de forma abrupta, como usualmente ocurre en Salto donde si uno va de compras y hasta encontrar lo que busca recorre los comercios, por revolver los productos y querer hallar lo que tanto quiere, ya es visto como el enemigo, ¿por qué razón?, por el simple hecho de que vamos a hacerlos trabajar, desgastarse, atender más al cliente y sobre todas las cosas los sacaremos de ese confort plácido de estar parado durante 8 horas pensando lo menos posible.
Así lo he comprobado cuando voy a comprar algo y busco hasta que encuentro lo que quiero. De lo contrario no compro nada y muchas veces me siento hasta despreciado por no llevarme algo y haber hecho que quien me atendió se moviera de su siesta, dejara el teléfono celular donde está conectado al facebook o al whatsapp, las dos drogas modernas con mayor proliferación en personas de todas las edades y sin discriminación social, etaria o religiosa, ya que todos se suman a eso y se alienan como zombies, donde para que te contesten una frase entera hay que pararse enfrente y mirarlos a los ojos hasta que levanten la vista y sepan que uno está ahí, y no es porque entró a visitarlos.
Me pasó hace poco tiempo cuando estaba buscando un saco de color veige o crema para que hiciera juego con un pantalón que tenía de igual color y porque se me había antojado ir a un casamiento vestido de esa forma. Cuando llegué a una clásica tienda de ropa céntrica le dije al vendedor lo que estaba buscando y el hombre me cortó de entrada con un rotundo “¡no tenemos!”. Pero quizás por las ganas de comprar algo parecido que tenía y porque además ya había gastado mucha suela fue que al mirar por encima de su hombro vi casi al final de la tienda un perchero con una decena de sacos y adivinen de qué color era el primero que buscaba. ¡Exacto!
Enojado, porque puedo perder la paciencia en pocos segundos con gente así y con otra también, callado entré raudamente ante la mirada del hombre que me quedó mirando, tomé el saco con mis manos, lo saqué de la percha, me lo probé y era lo que buscaba. A lo cual volví hacia él, que quedó parado como un maniquí casi a la entrada del local, haciendo qué, no sé, y le llevé el saco puesto. Pero no me aguanté y le dije algo así como “espero que no lo hayas visto antes, porque sino voy a pensar que no querías venderme nada a mi, o a nadie más, porque bastaba solo con darte vuelta para ofrecerme esto que llevo puesto”. Efectivamente compré el saco pero no volví jamás a esa tienda y espero no hacerlo a no ser que no me quede otra.
Y hace poco me pasó algo similar, pero esta vez en una zapatería cuando buscaba calzado para mi pequeño. Consulté a una de las vendedoras por determinadas zapatillas puesto que eran para la fiesta de fin de año del jardín y le habían recomendado la posibilidad de llevar championes de determinado color, por lo cual traté de encontrarle. Pero en Salto o todo es limitado o quienes pueden vender lo que uno busca, tampoco se esmeran demasiado y eso genera que uno tenga que buscar otras opciones como la compra por Internet o zapaterías de la capital donde te hacen envíos sin costo al interior.
Entré con mi hijo a cuestas y pregunté por determinado calzado el cual también me dijeron que no tenían de ese tipo, pero me bastó con mirar hacia un costado y encima de una pila de cajas de determinada marca deportiva estaban exactamente los championes que tiene puestos hasta hoy, por supuesto que le dije a la vendedora en ese momento que si para ella no había, yo le consultaría a otra, la que efectivamente al mostrarle lo que buscaba me dijo que estaban a la venta y que no entendía cómo podían haberme dicho que no iba a encontrar lo que estaba necesitando en ese momento.
Así, una serie de anécdotas más que pasan a diario a mí, a usted, al vecino, a su familia y a mucha gente. Entonces cuando uno anda por otros lugares del país y recibe un trato diferencial, ve gente trabajando con ánimo y espíritu de resolver, y con la dedicación que le dan realmente a una comunidad porque entienden que un comercio tiene que vender, que una ciudad turística tiene que ofrecer servicios y que un lugar que llama a todo el mundo a que los visite debe tratar bien a quienes allí ingresan, es algo que en Salto debería ser de cajón, pero no pasa.
Hay desidia, hasta de quienes los emplean y les dan lo mínimo, porque solamente les pagan un sueldo, mucho o poco, por lo general poco, y no les generan conciencia de trabajo en equipo, de querer ser los mejores en lo que hacen, ni los ayudan a pensar en que aún siendo un portero de un edificio o un vendedor de tiendas, deben ser los mejores porteros de edificios o los mejores vendedores de tiendas, con tal de que puedan tener éxito en lo que hacen y aprender a hacer las cosas con ganas.
Pero todo esto va motivado por el trabajo en equipo, por la confianza que se le inspire al trabajador desde el empresario y viceversa, pero sobre todo desde el reconocimiento personal que debe tener cada individuo para fortalecer su autoestima y pensar que es el mejor en las cosas que hace.
Entonces ya no pasará que uno sienta envidia por entrar a un comercio igual o de menor categoría en otro departamento, que el que está en el centro de la ciudad donde uno vive, pero con el diferencial de que allá lo tratan mejor porque le enseñaron a quien lo atiende a hacerlo, le dedicaron tiempo para mostrarle lo importante que era eso con el fin de que la gente quiera estar y volver allí por sentirse a gusto.
Y no en un lugar donde sin mirar para el costado le están diciendo que no de entrada, le están negando la posibilidad de sentirse contento por satisfacer su necesidad y de saber que cuenta con lo que quiere en su propio medio sin tener que salir a buscar alternativas, por las cuales luego escuchamos a los empresarios locales quejarse de la competencia desleal y la amenaza que significa Internet para sus ventas, lo que conlleva a la pérdida de fuentes de trabajo, el cierre de locales y otras yerbas.
Al final, creo que todo se trata de una cuestión de actitud desde el empresariado y patronal de cualquier especie, hacia sus empleados, para que estos sepan que valorar el trabajo que hacen, no es solamente valorar a los que como usted o yo queremos que nos atiendan bien, sino que también es valorarse ellos mismos por ser los mejores en lo que están haciendo.

HUGO LEMOS

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Ahora sé dónde va a aparecer

El otro día me encontré con Brian (se llama Braian, pero él está inscripto así) un chico de 17 años al que conocí una noche cuando salía del diario. Cruzaba la Plaza Artigas camino a mi casa como lo hago seis de las siete noches que tiene la semana, cuando pude verlo. Él corría de un Policía que vestido todo de negro y fuertemente armado extendió su brazo y lo golpeó con el palo de amasar humanidades que usan los uniformados.
Al ver esa escena y quedar sorprendido por lo que estaba pasando, siendo testigo del golpe sufrido por este adolescente, de su llanto, de su queja, de su postura de resignación ante la vida y al observar cómo el policía que lo había golpeado no lo detuvo, no lo condujo a la Seccional, ni tampoco le pidió los documentos, solamente lo golpeó y se retiró del lugar raudamente como si estuviera en infracción, me acerqué al joven para ver quién era y cuál había sido el motivo de ese ataque.
El adolescente me dijo que se había peleado con su familia, que estaba en la calle, que no tenía qué comer y que por eso cuidaba autos de noche frente al Hotel Salto donde se hacía de algún peso. Pero que la Policía ya le había dicho que se fuera de allí y “que no molestara”, algo que Brian no entendía cómo podía estar molestando, él sabía que lejos de hacer eso, en cierta medida “prestaba un servicio”. Aunque estos agentes del orden social lo que le estaban queriendo decir era que un adolescente, sucio, mal vestido y en estado de decadencia no podía afear el paisaje que brindaba uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Por eso le pegaron para que entendiera que era considerado una escoria.
Después que escribí su historia, Brian siguió durmiendo en la calle, tratando de “rescatarse” un lugar para no pasarla mal. Porque tener 17 años y dormir a la intemperie, es exponerse a cualquier cosa. Al cabo de un tiempo no lo vi más. Y cuando leí un reporte del Ministerio de Desarrolo Social del 2016 que decía que en el interior del país no se habían constatado adolescentes en situación de calle, me quedé tranquilo porque pensé que había recibido una ayuda del Estado.
Cuando averigüé y me dijeron que el informe se había hecho en base a datos estadísticos pero que a ellos no les constaba la existencia de ningún Brian, me preocupé profundamente. Pensé que se había ido a Montevideo o al exterior, o peor aún, que se había ido de este mundo.
Pero ni una cosa ni la otra. Brian todavía existe, sigue en la calle, vive en un asentamiento, se armó una carpa de bolsa y trata de sobrevivir cada día. Con su familia sigue peleado, se ha vuelto adicto a la pasta base porque fue con lo único que lo convidaron en la calle y nunca nadie ha ido a preguntarle qué necesita.
Nunca se enteró del informe, tampoco fue hasta el Mides para saber cómo lo podían ayudar, pero dijo que nadie le preguntó jamás nada, ni cómo podían ayudarlo. Solamente dice que sus padres no lo reciben en su casa y que él no quiso pedirles nada de nada. Se fue al asentamiento que existe hace muchos años y que está cercano a la avenida Reyles.
El jueves de tarde me lo encontré en la calle. Estaba parado en la esquina de Artigas y Larrañaga. Desaliñado como siempre, en mal estado y con una bolsa pequeña con fideos secos. “Hace dos días que no consumo”, me dijo en relación a la maldita pasta base que es un veneno que mata sin pudor. “Ahora voy a ver si me ‘rescato’ y me cocino algo porque tengo mucha hambre”, me contó. Allí supe dónde estaba viviendo y en qué estadística podía aparecer esta vez. En la de los adolescentes que consumen sustancias y que viven en la calle pidiendo ayuda todos los días, esa que ninguno de nosotros sabe darle y que pasa por algo muy distinto a una moneda, sino a la contención emocional que es lo que más necesitan.
Traté de alentarlo, diciéndole que aún tiene mucho por hacer, pero que debe quererse a sí mismo y creer que puede lograr lo que se proponga, que busque ayuda. Aunque como todo joven que se encuentra en ese estado de abandono, hace lo propio consigo mismo y se deja estar hasta verse morir.
Ojalá que las políticas sociales sean activas en este mes de enero y que después de hablar todo el año de empoderamiento y conceptos por el estilo, no estén de vacaciones y lleguen hasta dónde más lo necesitan, como es el caso de este adolescente que clama por ayuda y contención para salir adelante y no ser otro joven perdido. Siendo que en él se representa a decenas de adolescentes de nuestro medio que están en ese mismo punto de inflexión en sus vidas sin saberlo, donde no saben ya qué rumbo tomar.
Lamentablemente no creo que Brian tenga un resultado al corto plazo, por más que lo hayan querido ayudar, son más las exigencias que le imponen y la responsabilidad que le cargan que la contención que le dan y en ese sentido, como todo adolescente dolido con la vida se resiente y probablemente no la acepte así nomás porque desconfía de quien le tiende una mano sin pedirle nada a cambio.
Lo bueno para mi, es que temía que Brian se hubiera ido de este mundo, pero por suerte apareció, está vivo, aunque lamentablemente sigue pidiendo ayuda y perdiendo vida cada día que pasa.
Pero seguramente será algo positivo el hecho de que una institución oficial o una ONG puedan asistirlo y reconocer que en las estadísticas oficiales del año 2016 se les pasó algo y fue que sí hay un caso de un adolescente en situación de calle y que ese es Brian, que sigue (por ahora) en ese mismo estado desde que empezó el año y que está abandonado en un asentamiento de nuestra ciudad.
Ahora, si queremos realmente hacer algo por los jóvenes para sumarlo a las políticas de inclusión que practica el gobierno, esta es la oportunidad de hacerlo.

HUGO LEMOS

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Hay que saber lo que viene

Me subí al ómnibus como muchas mañanas del año que ya terminó y esta vez el mismo no estaba completo. En su interior hacía mucho calor y la lentitud con la que se desplazaba el chofer, si bien podía evitar un accidente, esa vez no ayudaba mucho. Había bastante espacio y se sentían incluso las conversaciones que tenía la gente. Si bien la mayoría iba en silencio pensando seguramente qué era lo que iban a hacer en uno de los últimos días del año, algunos no dejaban de pensar en voz alta y otros de comentar sus pareceres sobre distintos temas.dibujo
Fue así, que detrás de mí se sentó un individuo al que jamás había visto antes. Seguramente él tampoco, pero iba pensando en voz alta, tan alta que era como si charlara con un amigo invisible, como esos que tuvimos todos alguna vez cuando éramos niños.
El hombre no paraba de hablar del aumento de las tarifas de los servicios públicos que entró a regir desde ayer y sacaba la cuenta de cuánto más tenía que empezar a desembolsar a partir de ahora, para cumplir con sus obligaciones. Quizás el monto que él decía no es mucho para la mayoría de la gente, pero sí era bastante para él, que con el dinero que obtiene por su trabajo debe pagar un alquiler y darle de comer a una familia de tres niños, dos de ellos en edad adolescente, con todo lo que eso implica.
“Tengo que buscar otra cosa” me decía el hombre con cara de preocupado. Se refería a otro trabajo, pero sin dejar el que ya tiene, al menos para complementar lo que gana. “No puedo mandar a trabajar a mi mujer, sino descuida a mis hijos”, afirmaba convencido de lo que decía y con la voz de un diligente padre de familia.
Sus palabras podrían haber sido parte del folclore que todos escuchamos cada día cuando hablamos sobre la situación económica en general, pero las recordé más que nunca en las últimas horas, cuando tras los escandalosos incidentes que se vivieron en el parlamento uruguayo, por la estupidez de mantener las Tropas de Paz en Haití, donde para resolver algo relacionado a la paz de otro país en el nuestro dos legisladores se agarraron a las trompadas, me di cuenta de que se trataba de dos tipos que no piensan como el vecino que estaba sentado detrás de mi, preocupado por pagar las cuentas.
Dos legisladores de 99 en total, que en cierta medida se tomaron con sorna un asunto muy serio como fue una riña en plena sesión de un espacio público que se supone nos representa a todos y en donde por esa misma razón deberían guardar respeto y solemnidad, además de trabajar en serio.
Legisladores a los que el pueblo uruguayo, con un sacrificio enorme y un estrés galopante por poder pagar las cuentas como la del vecino que venía detrás de mi sentado en el ómnibus, les paga una torta de plata por mes para cada uno de ellos, para sus secretarios, para sus sectores partidarios, para sus asistentes, para sus gastos de diarios y revistas, para sus fotocopias, para sus llamadas a celulares y para mucho más.
Y quienes le pagan no son solamente los vecinos de Carrasco, Pocitos o La Teja, sino también los del Don Atilio, los de La Tablada y los que viven en Pueblo Fernández y Pepe Núñez, los que seguramente ni se enteraron porqué se tomaron a golpes de puño, pero sí se lamentaron de cumplir con sus tributos como el pago de UTE, OSE o Antel para que ellos cobren sus sueldos y hagan ese escándalo de caterva futbolera.
A mi no me preocupa tanto eso, porque los dos tipos que protagonizaron el incidente y el resto de los legisladores que observaron pasivamente permitiendo que sucediera, muestra la clase política que tenemos, que lamentablemente deja mucho que desear y hablo de todos los partidos.
Lo que más me preocupa, es que mientras esto estaba acaparando minutos en los informativos capitalinos, espacios en las radios y páginas en los diarios y en los portales digitales, el Presidente de la República aseguraba que al ajuste de las tarifas públicas no se le puede decir tarifazo, porque en realidad el incremento es por debajo de la inflación.
Esto quiere decir que la situación económica es aún peor, porque si la inflación fue del 10 por ciento, la mayoría de los trabajadores ajustaron por IPC (con suerte, porque en el sector privado fue en promedio de un arbitrario 5%) cuyo índice llegó al 8%, la inflación estuvo por encima y entonces fue del 10%, lo que significa que los trabajadores perdieron aún más poder adquisitivo en el último año, porque los aumentos no alcanzaron el 10 por ciento, y el ajuste del 8% por ciento de las tarifas se lleva el dinero que pudo haber ganado de más el trabajador en este caso.
Entonces lo que dice el Presidente preocupa, porque si el aumento de las tarifas equipara el ajuste alcanzado en los sueldos el año pasado y todo esto aún está por debajo de la inflación, que no es otra cosa que la suma del aumento de todos los precios en el correr de un año, la plata que nos ingresa al bolsillo es aún menor.
Hay algo que es cierto, el Uruguay ha progresado muchísimo en los últimos 11 años, ha conquistado libertades, los trabajadores han recuperado salarios y beneficios sociales, la economía en un momento creció mucho y sirvió, pero hoy se encuentra en un llano que tiende a inclinarse hacia abajo y eso es de lo que nadie habla.
Es importante que se sepa para que la gente al comenzar el año, cuide su bolsillo, no gaste en lo innecesario y esté atenta a lo que le están diciendo por televisión más allá de las piñas del parlamento, porque de esa forma podemos tomar medidas y prevenir que la situación sea más complicada aún de lo que ya puede estar siendo.
Este año Uruguay enfrenta el desafío de consolidarse económicamente o de empezar una leve caída que puede terminar mal en unos años, esperemos que sea lo primero, por eso tenemos que estar al tanto de lo que nos va a pasar en este 2017. De igual forma, les deseo un Feliz Año a todos.

Hugo Lemos

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El calor sale caro

Las temperaturas en Salto pueden llegar a ser hostiles para los pobladores de esta comarca que sufren como locos cuando el sol empieza a impactar de lleno en sus vidas y eso provoca malestar, cansancio, molestias, transpiración constante, baja presión y un montón de cosas más que nos dejan con poco ánimo y sin ganas de encarar lo que se fotocolumnaviene al otro día.
Encima hoy es lunes, el peor de los días para muchos que deben retomar las actividades después de un fin de semana como este, donde se cumplió sino la más importante al menos una de las celebraciones más importantes del año, la de Navidad, por todo lo que la misma impone ya que es la fiesta familiar por excelencia, donde estar rodeado de nuestros seres queridos, con mucho amor y alegría es la premisa, a la cual cambiamos sin dudarlo en la mayoría de los casos, por el consumismo que nos abruma.
Esto porque nos encanta salir de compras, pasar los días previos pensando lo que nos vamos a poner esa noche y lo que vamos a comer, además de los regalos que tendremos que comprar para nosotros, el resto del universo familiar y hasta algún amigo, vecino, cliente o persona a la que debemos algo, sin acordarnos realmente de si eso que estamos pensando tiene sentido o es futilidad pura, aggiornada a lo que nos vende la televisión y todo lo demás.
Lo bueno que esto de los regalos sirve para comprar y en ese aspecto, si uno es vivo, la compra debe ser de algo útil, en este caso debe tener en cuenta lo que decíamos antes con respecto a lo de las temperaturas altísimas que nos tiene loco a todos, porque vivimos a 500 kilómetros de la playa, ya que el río Uruguay, que baña nuestras costas también nos castiga con algas, crecidas o la contaminación suficiente como para que las autoridades nos digan que bañarnos allí tiene sus riesgos. Y encima con 40 grados como si nada.
Este calor inhumano que nos hace padecer el clima de la región, es casi como vivir una experiencia extrema durante varios meses para que sobreviva el más fuerte. Pero esto recién comienza y tendremos que cuidar todo, como lo que pretendamos hacer para poder paliar esta situación ya que el gobierno anunció el aumento de las tarifas públicas a partir de la semana que viene y en ese aspecto, no podremos hacernos los vivos con el uso de los medios electrónicos que nos ayudan a pasar el verano.
Esto es, no podemos prender al mango el aire acondicionado, ni tampoco podemos abusar de los ventiladores porque los costos de la tarifa de UTE nos harán sentir el rigor al mes siguiente. Vivimos en la zona donde se genera la mayor cantidad de energía eléctrica del país a través de la represa más importante del Uruguay, la que trabaja con los recursos naturales de toda esta región, pero como la misma ha sido considerada una causa nacional, los habitantes de este lugar no recibimos ningún beneficio extra como una disminución en la tarifa de luz o algo que se le parezca.
Sí podemos decir que Salto Grande ha invertido en la ciudad, quizás no tanto como quisieran los pobladores como reembolso por haber dinamitado la zona de Salto Grande para la construcción de la presa, considerado uno de los lugares más hermosos que tenía todo el recorrido del Río Uruguay por los más de 100 kilómetros de costa que tiene el departamento y uno de los puntos más pintorescos del país, pero al menos pusieron plata, hicieron una represa, cambiaron la matriz energética por la de energía hidroeléctrica y limpiaron un poco el ambiente.
En ese sentido, cuando el ahora Intendente Andrés Lima era diputado había planteado la posibilidad de que los ciudadanos del departamento tuvieran una rebaja sustancial en la tarifa de UTE, para que los lugareños podamos utilizar este servicio con el goce de que el mismo sea producido por nuestros recursos naturales y le ganemos un beneficio.
Pero no, encima que esto es una entelequia y creo que así se lo habrán hecho saber al ahora Intendente en el parlamento, encima de eso, se impone un aumento en las tarifas, el gobierno habla de ajuste, pero para el pueblo es algo más que algo tan suave e inofensivo como un “ajuste”, porque el poder de compras ha disminuido notablemente, porque el endeudamiento interno ha crecido en forma superlativa y porque encima de que todo conspira para que la gente no pueda llegar a fin de mes y gane cada vez menos, ya que los aumentos del mes de enero son solamente ajustes por debajo de la inflación y por lo tanto del nivel de compra de todos los uruguayos.
Por tal motivo, sin entrar en motivaciones político partidarias de ninguna índole, debemos decir que no estamos de acuerdo con el aumento de tarifas y más en estos tiempos donde lo que necesitamos es poder generar un respiro a tanta presión fiscal, a tanto ajuste y a tanto costo estatal para poder salir adelante.
El otro día le dije a un amigo que por su concepción política defendía el aumento de tarifas y le hice ver que ese tipo de cosas no pueden politizarse. Tienen que medirse con la misma vara siempre, sea quien sea quien imponga estas medidas, porque sino con ese concepto estaremos justificando cosas atroces. Le dije no podemos justificar al Goyo Alvarez porque existió la dictadura de Gabriel Terra, o a Hitler porque existió Stalin que fue igual o peor, o a Siria porque existió la guerra de los Balcanes.
Si hay un aumento de tarifas en un momento inoportuno, porque lleva a que la gente de Salto en este caso, con lo mal que la pasa con el calor no pueda prender el aire acondicionado, debe mirarlo como un adorno más en la pared muchas veces porque si lo prende después no puede pagar la tarifa, a la que encima se la aumentan y le dicen que no es un tarifazo, es algo que no está bien. No importa quién la ordene, no está bien. Y lo que no está bien es que sea una medida defendida a ultranza y que motive una guerra entre partidarios del gobierno y oposición.
Hay temas que no se politizan, como el calor que debe soportar la gente que vive en Salto, en pleno enero y que encima se ve esclavizada por tener que pagar la tarifa más cara, pero refrescar su mente y sentirse aliviado porque antes la cosa era peor. Si seguimos así, estamos fritos.

Hugo Lemos

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Los derechos de todos

Cuando escuchamos hablar de derechos humanos parece que estuviéramos refiriéndonos a algo vago, sin mayor fundamento, porque como los mismos tienen que ver con todo lo que hacemos, con lo cotidiano y con las cosas que nos pasan en todos los aspectos de la vida, mucha gente los ve como algo lejano, en vez de darse cuenta que son todo lo contrario.
Los derechos humanos son los derechos más cercanos a todo lo que hacemos, a todo lo que vemos y a lo que nos impone nuestro ritmo de vida. Pero sobre todas las cosas, los derechos humanos defienden dos aspectos esenciales en las personas, la vida y la libertad. El derecho a vivir, a ser, a conformarnos como personas y a crecer con identidad, independencia y personalidad.
Todo eso atado de la mano de la libertad, que es el bien más preciado que tiene el ser humano después del derecho a la vida. Porque sin libertad, no hay desenvolvimiento, ni desarrollo humano, no hay crecimiento personal y mucho menos colectivo, tampoco hay sentido de vida, de pertenencia y de esencia, para ser una persona autónoma, libre e independiente.
Todas estas cosas tienen que ver con todo, por eso los derechos humanos están más vigentes que nunca aunque no sean respetados, ni valorados en su justa medida, generando contradicciones permanentes entre los mandatos gubernamentales que quieren basar sus políticas en el apego irrestricto a los derechos humanos y que se manejan a través de un sistema que los viola permanentemente.
Por más que la intención del gobernante, sea quien sea y pertenezca al partido que pertenezca, sea que suceda todo lo contrario, mientras sigan manejando criterios como los actuales para el acceso de las personas a los bienes y servicios estatales, mientras se manejen dentro de lineamientos donde se vea amenazada la libertad de trabajo, de pensamiento y de expresión de las personas por las opciones de vida que han tomado, los derechos humanos seguirán siendo vulnerados.
Pero para que no haya vacuidad en mis expresiones, me voy a referir a situaciones más concretas. El jueves en mi columna semanal sobre temas legales, hablaba de la situación de condena que viven los jubilados de este país, los mismos a los que les dieron 200 pesos de ajuste hace algunos meses. Esos jubilados son los que por estos días vienen haciendo filas de 10 horas de duración, con todo lo que eso implica para un adulto mayor, con el fin de llegar a la ventanilla del banco estatal para conseguir un préstamo de apenas un cuarto de la canasta básica con suerte y así pasar la Navidad. Esto es algo que viola los derechos humanos de los adultos mayores que deberían estar tranquilos viviendo su vejez, donde al menos deberían acceder a un servicio que no les hiciera estar horas y horas al rayo sol tentando a la muerte.
Tampoco puede seguir habiendo niños que estén junto a sus madres en una cárcel esperando las fiestas de fin de año, haciéndolo detrás de una cerca de seguridad, con policías que anden alrededor y con los problemas propios de un centro penitenciario, como el hecho de que convivan con otras mujeres que no conocen y las que son del ambiente delictivo. En las cárceles no se respetan los derechos humanos de los internos por las condiciones en las que están, pero mucho menos se respetan la de los niños por el solo hecho de que ellos convivan en un lugar así, con los problemas propios del lugar.
Esto más allá de las acciones puntuales que con ánimo de subsanar esto y de hacer más llevadero el asunto, tengan las autoridades de la administración del lugar, porque hay que partir de la premisa de que un niño no debería estar jamás en una cárcel, no por el hecho de no ver a su madre, por el contrario está bien que pase con ella el tiempo suficiente porque necesita hacerlo, pero en Uruguay se puso primero el derecho de esa mujer a tener el niño consigo a cualquier precio, sin pensar en lo que puede ser mejor para ese pequeño, al que se le están violando todos los derechos humanos por más “bien”, que él diga sentirse en ese lugar.
Y seguimos con lo que pasó con los internos de Aldeas de la Bondad, donde el gobierno nacional y principalmente la ministra Marina Arismendi, no tendrían que defender un principio economicista, sino social y humano, y tendrían que haberse roto la cabeza para encontrar una solución al asunto y permitir la continuidad del desarrollo del lugar y que los internos, los llamados “siempre niños” continúen allí a costo del Estado, que gasta mucho en otras cosas y podría reorientar dinero para este caso de gravedad.
Además de evitar cerrar un establecimiento porque eso también generará más desempleo, todo lo que sumado a lo que pasó con los tres fallecidos y el resto de los internos, son cuestiones violatorias de los derechos humanos a todos, tanto a los internos como a los trabajadores de ese lugar.
Todas estas cosas pueden remediarse. ¿Cómo? Con la voluntad de todo el sistema político de establecer prioridades que acompañen la manera de reformar las cosas porque las mismas son lesivas a los derechos humanos y buscando la forma de que la gente no se vea perjudicada cada vez que quiera invocar un derecho, sino que realmente pueda acceder a un sistema más justo con sus intereses.
Pero en estos casos todos son responsables, no se trata de un gobierno, sino de un sistema que es algo que involucra a la totalidad de las personas que son las encargadas de conducirlo y por lo tanto de poder cambiarlo, esto es tanto gobierno como oposición.
Por eso, espero que en el año que se inicia, la clase política y el sistema todo, empresarios, sindicatos, organizaciones sociales, políticas, deportivas y económicas busquen la forma de que los derechos humanos de las personas salgan del papel y se plasmen en acciones que generen los cambios adecuados para que podamos empezar a vivir con más dignidad, en un país más justo, con mayores posibilidades, algo que equivale a ganar las libertades que hoy se nos niegan.

HUGO LEMOS

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Fue un mal remedio

La arrogancia es mala consejera, porque termina desechando una posible buena acción para convertirla en mezquindad y violencia pura. Cuando alguien ocupa un cargo público, sobre todo de carácter político que por lo general es un premio a la militancia y no a la capacidad de la persona para gestionar la administración pública (un mal que tienen todos los partidos), uno debe estar siempre atento, escuchando a la gente porque todos siempre tienen algo que decir, y seguramente algo de razón también.
Máxime si estamos hablando de casos de personas que viven en un estado completo de vulnerabilidad, por padecer una situación de discapacidad total. En esos casos, cuando ejercemos la potestad del Estado porque estamos devenidos en funcionarios públicos de ocasión, debemos pensar en cuidar como nunca a esas personas, porque las mismas son el capital más importante que tiene la administración a la que nos estamos debiendo.
Sin embargo, el efecto que podía causar en los internos de la Aldea de la Bondad que sufrían discapacidad severa, su traslado a la ciudad de Montevideo y en definitiva a cualquier parte, era algo que todos sabían. Desde los funcionarios que los habían cuidado todo este tiempo, o los médicos que los trataban en ese establecimiento y hasta de las autoridades mismas que conocían el delicado estado de los pacientes. Pero por una cuestión de números y de que las cosas administrativa y financieramente no estaban funcionando bien, había que cerrar el lugar y que se encargue otro. Si ese otro no está en Salto, bueno, demos el portazo en Salto y llevemos a todo el mundo a Montevideo.
¿Consecuencia de esto? Los internos sufren el desarraigo de forma acentuada, sienten la ausencia de quienes eran sus únicas compañías y que le brindaban el cariño y la contención diaria que sus frágiles cuerpos necesitaban como dosis diaria para seguir viviendo, padecen un golpe psicológico tremendo, porque más allá de sus incapacidades corporales los sentimientos están intactos, y el daño puede llegar de una forma tremenda, que si le sumamos que esas personas podían sufrir determinada enfermedad que los hacía suponer riesgo de muerte, las mismas tuvieron el peor de los desenlaces.
No es que las tres personas que lamentablemente fallecieron en los últimos días luego de haber sido trasladadas desde Salto, perecieron por el mero traslado, sino que debe haber alguna otra causa superviniente al traslado que haya ameritado tal desenlace. Sin embargo, hay una situación que debe ser tenida en cuenta y que rompe los ojos, que es ¿por qué razón el Estado no previó estas cosas y se hizo cargo antes de que sucediera?
Pero nos lo preguntamos porque queremos una respuesta como sociedad y exigimos saber la verdad sobre estas personas. ¿Los médicos que sabían del traslado de estas personas no le advirtieron al gobierno que con la decisión tomada en su despacho, corrían el riesgo de que se produjera una situación de estas característica? Porque de ser así estamos ante una omisión grave por parte de las autoridades del INAU, las que le deben una respuesta a la opinión pública por lo ocurrido.
Aún a sabiendas de que la fundación que administraba la Aldea de la Bondad, tuviera inconvenientes por cuestiones económicas y administrativas, y se haya tenido que rescindirle el contrato, por más que se hayan hecho llamados públicos para que otras organizaciones se ofrecieran a gestionar la institución en el manejo de los números con orden y responsabilidad, el cierre de esta institución en Salto que ya llevaba muchos años funcionando, no era la mejor solución. Sino por el contrario, el daño que genera su clausura, es mucho mayor que el de poder invertir algunos de los recursos públicos existentes para mantenerla, siendo el Estado el que se haga responsable del cuidado de estos ciudadanos, que más allá de su condición personal, tienen derecho a ser cuidados y protegidos en su bienestar.
Por tal motivo, el Estado tendría que tener una impronta muy fuerte de Derechos Humanos arraigada en el desarrollo de sus políticas públicas, lo que los ayudaría a abrir los ojos y a tomarse más en serio este tipo de cuestiones, porque en la conferencia de prensa que dieron las autoridades nacionales del INAU el otro día tras las dos primeras muertes, parecían no saber ni dónde estaban parados, ni mucho menos saber qué decir.
El hecho es que justamente no sabían qué decir, porque no conocen el tema, no se empaparon en la situación y no se metieron a buscar una solución que no afectara a la institución, a sus pacientes que son los más afectados y a sus trabajadores, que por otro lado, se quedan sin trabajo de un día para el otro y esto tampoco parece haber pesado a la hora de tomar la decisión de considerar una clausura o asistencia económica.
El Estado puede decir que no hay dinero, que el gobierno gestiona los recursos con cautela y austeridad y bla, bla, bla, pero la realidad es una sola, siguen habiendo gastos públicos innecesarios y mientras tanto, las cosas pasan y no se busca la forma de eliminar algunos de estos para solventar lo importante.
Se me viene a la mente el recuerdo de la película “Dave, Presidente por un Día” con Kevin Kline y Sigourney Weaver cuando el presidente le pide a su ministro de Industrias que cancele las campañas publicitarias sobre la industria automotriz nacional, porque iba a usar ese dinero para salvar a un orfanato. “Pese a que es una buena campaña no podemos mantenerlo, porque no quiero decirle a un niño de 8 años que duerma en la calle porque alguien debe sentirse bien con un auto que ya compró”, fue el demoledor argumento, que trasladado a nuestro país sería “no podemos seguir haciendo jornadas sobre la importancia de la aplicación de las políticas sociales y descentralizadoras con gastos de viáticos, traslados, alojamientos y servicio de catering para después no aplicar las políticas sociales por falta de dinero y dejar a su suerte a personas que necesitan mantener el cuidado y la contención de los más débiles”.
Sin dudas que hay algo que debe revisarse y que es el discurso, porque la acción no condice y esto preocupa, debemos tener más criterios y no negar lo que nos está pasando. El gobierno nacional debe buscar la manera de destinar recursos para mantener abierta la Aldea de la Bondad en Salto y seguir atendiendo en todos los aspectos a los internos que allí están y a los que fueron trasladados, suministrarles todo el cuidado posible. Ellos son personas y son los que más necesitan de que su país los quiera, como seguramente ellos lo quieren a él, por más que en muchos casos no puedan manifestarlo.

HUGO LEMOS

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Una catarata de emociones

La que pasó fue una semana convulsionada, donde la tristeza por las cosas que ocurrieron en el Uruguay y en el continente, una tras otra como cachetada de loco sin darnos tiempo a respirar y a olvidar la anterior para sumergirnos en un nuevo shock emocional, vinieron sin pausa y se nos amontonó todo, tanto, que si queríamos llorar por una de las cosas que nos habían golpeado, no terminábamos de secar el pañuelo, que ya nos poníamos a llorar por la otra y así sucesivamente.
Hemos puesto a prueba nuestra capacidad de tristeza, de conmoción y de asombro por las cosas que sucedieron en los últimos días y en muchos casos seguimos atónitos, porque ni siquiera tuvimos la oportunidad de internalizar lo que estaba ocurriendo para poder analizarlo con tranquilidad y comentarlo con ustedes, que ya deben estar cansados de tanta lata sobre todos estos temas, como lo han sido la muerte de Fidel Castro, la tragedia del equipo de fútbol Chapecoense de Brasil o los jíbaros que terminaron de esconder en el ostracismo al fútbol uruguayo con el idiota de la garrafa, que se compró todos los boletos para que la Policía lo trate ahora en una oscura cárcel, con todos los derechos humanos.
Es que si bien hace días que pasó, lo de Fidel terminó recién (hoy para mi, ayer para ustedes) y aún la gente sigue hablando de lo que hizo con Cuba como país y con la gente de ese lugar. De cómo es visto como héroe por los que están de un lado, porque les dio de comer y los mandó a estudiar, proporcionándoles el acceso a la salud y la vivienda, y cómo por otro lado fue tan cobarde que suprimió las elecciones libres e independientes, sepultando así la democracia y todo aquel que pensara distinto, que se opusiera a sus medidas como gobernante y que estuviera en la vereda de enfrente desde el punto de vista ideológico, el que en estos casos terminaba fusilado o con suerte encarcelado, para que no contagiara a algún otro que también quisiera pensar libremente y eso representara un peligro para su régimen en la isla, por el cual la historia, no lo absolverá.
Todo bien con Fidel, era un tipo simpático en el extranjero, pero prohibió la libertad de prensa y de expresión de su pueblo porque tenía miedo que la gente pensara y le hicieran una contrarrevolución cuando sintieran hambre y no se conformaran con las excusas. Pero ahora su ciclo terminó y si bien la gente que vive en Cuba y no conoce otra cosa lo llora (como pasa con el enfermo mental de Korea del Norte), quizás empiecen a avizorarse las libertades y cuando conozcan cómo es vivir en una democracia, tal vez, el pueblo decida por sí mismo y ahí elijan otra cosa.
Pero no terminamos de mirar lo que está pasando en Cuba, para volver de una y sin aviso a nuestra gris realidad. Otra vez algo penoso en Uruguay y no es un nuevo impuesto como el fiscalazo a las pasividades que se vive desde el mes de julio, ahora es otra vez el fútbol, pero el fútbol de clubes, porque una cosa es la Selección Uruguaya donde son todos atletas admirables, verdaderos caballeros del deporte y hasta advierten educación, lo que contrasta enormemente con la liga uruguaya de clubes, donde se viven cosas como las del incidente de la garrafa.
Una horda de forajidos entraron al estadio Centenario tal como ya lo tenían previsto, porque las mafias estaban conectadas y entonces ya se lo habían dicho a todos, desde los dirigentes hasta el portero sabían que se venía una horda de beduinos sin camello a la Amsterdam, a embarrar la cancha y a armar bronca el día del clásico, donde los ojos del país de un domingo a la tarde estarían enfocados en lo que iba a pasar en ese encuentro deportivo.
Pero el que representó todos los males de la sociedad, la violencia implícita que cada uno de nosotros llevamos dentro y la degradación de valores a gran escala de la que todos y cada uno tiene al menos un poquito en su ser, fue el imbécil de la garrafa.
El idiota ese que le robó el tan mencionado objeto a una pobre mujer que se gana la vida haciendo panchos y que tenía la ilusión de venderle alguno a ese grupo de cavernícolas para llevarse un peso a su casa, y terminó siendo saqueada por estos subhumanos que no solo la despojaron de su medio de vida, sino que incluso, el cobarde mayor, le arrojó la garrafa de 13 kilos que le había robado a los funcionarios policiales que estaban en el lugar tratando de contener el malón y terminó lastimando a uno de ellos y a un perro.
Luego de esto, el individuo se ocultó en Solymar, un balneario canario a unos 30 kilómetros de Montevideo donde fue encontrado por los funcionarios policiales y al rato nomás, ya estaba rumbo al Comcar, donde lo esperaban algunos amigos del policía herido. Todo esto, que no genera más que rechazo, porque solo muestra lo peor de una sociedad que vive bajo el parámetro de la violencia cotidiana, mientras se hacen marchas y se habla de que tenemos que parar la mano, no aprendemos nada y seguimos viviendo este tipo de situaciones.
Pero quienes sí demostraron haber aprendido que la paz y la esperanza pueden contrarrestar cualquier tipo de violencia, han sido los colombianos, que vivieron en primera fila la tragedia que enlutó al mundo el mismo lunes, horas después que las conversaciones de los uruguayos tuvieran dos temas centrales: ‘el loco de la garrafa’ y la muerte de Fidel, ahí cambiamos drásticamente el dial conversatorio para irnos a una de las peores historias del deporte mundial.
El avión del equipo de fútbol Chapecoense cae a 5 minutos de poder aterrizar y hacer que sus jugadores hagan historia, logrando que un pequeño club de fútbol de Brasil llegara a una final internacional, algo con lo que los equipos ‘grandes’ de Uruguay sueñan desde hace años y no alcanzan más que una sumatoria de derrotas.
Pero si bien la historia es conocida y ya todos sabemos desde lo que pasó, hasta lo que dijeron las víctimas antes de morir, la conmovible respuesta del pueblo colombiano ante una tragedia de esta envergadura, es sin dudas la mayor noticia. Porque esa actitud responde al hecho de ser una sociedad que ha vivido durante décadas la violencia que depara muerte y horror, en carne propia.
El gesto de los jugadores de pedir que declaren campeón al equipo brasileño y de que los 3 millones de dólares que se le otorgaban al campeón y al subcampeón de ese torneo continental, tuvieran como destino a las familias de la víctimas, es algo inmensamente emocionante. Y que contrasta enormemente con la actitud hostil y arcaica que empaña y representó al fútbol uruguayo el pasado fin de semana. Y ojo al gol que nos estamos comparamos con Colombia, donde campean los carteles del narco y las guerrillas de fuego cruzado contra el gobierno, y no con Finlandia o Suecia.
Ojalá que un día nuestra sociedad comprenda que es realmente triste pasar de ser una sociedad pacífica, a una tan violenta, haciendo el camino inverso de lo que fue Colombia que hoy nos da cátedra y no solo de buen café, sino que con sus actitudes nos demostró cómo se nos cae a pedazos a los uruguayos el hecho de pasar a ser un lugar donde antes vivir era un privilegio y ahora es, por las cosas que hacemos nosotros mismos, un dolor de cabeza.

HUGO LEMOS

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Un nuevo horizonte

Fidel Castro ha muerto y el mundo se conmueve. Muchos lo lloran y destacan su figura como una personalidad mundial que ha hecho cosas importantes por su pueblo. Mientras que otros celebran la extinción de su vida. En el medio de estos, están los cientos de millones de personas a los que Fidel, les importa un bledo.
En lo personal me ocupé de leer muchas cosas sobre él, no solo para saber quién era según el que me lo contara, sino que además leía y escuchaba entrevistas, leía sus cartas en Granma (el periódico oficial del régimen, aunque el resto también lo son de lo contrario no podrían circular) y así me hice una idea según lo que él decía, de cuál era su visión del mundo justo y próspero, algo que dista de ser lo que es Cuba hoy.
Su Revolución le llegó al pueblo con mucha alegría, inspirando confianza y esperanza al derrotar al dictador Fulgencio Batista que había hecho de esa isla, el prostíbulo de Estados Unidos. Impuso cambios de raíz a favor de la gente, dándoles acceso pleno a la educación y a la salud para todos sus habitantes, pero todo terminó allí. Y para los cubanos las cosas se reducen en eso. Porque con el devenir del régimen la vida ya no fue tan próspera, ni tan esperanzadora, como pintaba al principio.
La sociedad cubana debió plegarse a base de fuerza bruta, sangre y opresión al régimen comunista que Fidel Castro instaló en la isla al no encontrar al gobierno norteamericano como aliado de su hazaña y de su manera de querer hacer las cosas.
En plena Guerra Fría pactó el apoyo con la Unión Soviética y fue el primer país con un régimen marxista en el continente. Si bien su propaganda vendía justicia social, implantó por la fuerza una dictadura marxista ortodoxa, donde hubo supresión de libertades individuales suplida por un control total del Estado sobre el comportamiento de sus habitantes. Y eso es lo que generó las sombras de su personalidad.
Cuando se cambia la libertad por un plato de comida, las naciones no prosperan y los pueblos se vuelven oprimidos, por lo tanto todo sueño de justicia social e igualdad de oportunidades se derrumba y sucumbe ante la opresión. Hubo un adoctrinamiento importante de la sociedad en estos 57 años de Revolución Cubana que ha generado de todo, pero sobre todo apoyo en gran medida al régimen, al menos en gran parte de sus habitantes.
Si bien ha tenido sus aspectos positivos, porque toda la gente pudo acceder a educarse y a tener el derecho a asistir a una policlínica si se enfermaban, el querer prosperar por uno mismo está prohibido, así como también el pensar diferente y querer manifestarse a través de un partido político con aspiraciones de gobierno, porque la dictadura impone un sistema de partido único, donde el presidente siempre va a ser del mismo partido y quienes quieran tener un partido que sea liberal, corren el riesgo de ser puestos en la cárcel, por decir lo menos.
La libertad de prensa no existe y hay una sola cara de la verdad, la que dice el gobierno a través de los medios de comunicación. Y eso en países como Uruguay no se concibe, la libertad de expresión y del pensamiento ha permitido a lo largo de los años, a excepción de las dictaduras, que en nuestro país haya espíritu crítico en la población y rotación en el poder según la expresión soberana de la voluntad popular.
Lamentablemente Cuba está relegada en ese sentido, no respeta los derechos humanos sino que más bien los viola al no permitir libertades políticas, controlar la libertad de culto, suprimir la libertad de prensa y prohibir la libertad de expresión, donde si un grupo de ciudadanos, sean 10, 100 o miles quieran manifestarse legítimamente contra quienes los gobiernan, no pueden hacerlo porque serán reprimidos. Y eso, tristemente es lo que queda, más allá de aspectos positivos que puedan ser considerados.
Cuando en Uruguay gobernaba por segunda vez Julio María Sanguinetti (quien tuvo la delicadeza de invitar a Fidel Castro al país en 1995 y a quien visitó después en 1999 en la Cumbre de las Américas que se llevó a cabo en la isla con algunas ausencias por cuestiones ideológicas pero no con la de Uruguay), y los funcionarios públicos hacían paro, él no atendía sus reclamos pero sí les decía que tenían el privilegio de hacer paro por vivir en un país con libertad y democracia. Quizás faltaba el plato de comida, pero la libertad y democracia según Sanguinetti estaba, lo que en definitiva permite conseguir más comida porque si hay libertad, hay oportunidades. En cambio en Cuba habría un plato de comida, pero falta libertad y eso no permite oportunidades, lo que es el gran debe de un sistema casi justo.
Con todo, el pueblo cubano se ha mantenido siempre ahí, paciente, estoico, con la excusa del bloqueo económico de Estados Unidos como tranca del desarrollo, viendo cómo los ciudadanos que están muy cercanos al gobierno en La Habana viven de una manera y una maestra de Matanza o un médico de Cienfuegos, sobreviven de forma muy distinta.
Desde el sur del continente a través de las imágenes que se han difundido una y otra vez, y por el testimonio de quienes han visitado la isla, hemos sido testigos de cómo muchos sufren la desesperación de lanzarse al mar en busca del sueño de libertad, también vimos cómo cada vez que salían del país las delegaciones deportivas cubanas regresaban luego con muchos menos integrantes que los que habían salido, porque varios pedían asilo en el lugar que visitaban y encima de tener que abandonar su tierra, buscando algo tan básico como la libertad, debían soportar una campaña de desprestigio donde los tildaban de “ratas”.
Y como siempre, una cosa es ser comunista en Cuba y vivir como tal, y otra muy distinta es decir ser comunista y vivir en países como Uruguay, donde hay libertad para poder decirse ser una cosa y vivir como uno quiera.
Hoy el pueblo cubano vive momentos de tristeza, siente soledad por haber nacido la inmensa mayoría de él bajo el régimen de un Fidel Castro y de su omnipresente figura que ya no está. Desde hace 10 años vive un proceso de transición dentro del mismo régimen y ahora por primera vez, siente incertidumbre, porque el padre de la criatura, el que le dio vida a la Cuba que tienen hoy ya no está y lo que vendrá quizás sea distinto, quizás los cubanos quieran tomar el poder en sus manos y acaso ver la posibilidad de empezar a soñar con un sistema nuevo, diferente y del que tanto se habla en el mundo, la democracia.
Por ahora, todas las crónicas que llegan desde La Habana hablan de lo mismo, silencio absoluto, quizás algo de temor, dolor sin dudas por lo que ha sido todo esto, pero sobre todo una gran interrogante por lo que vendrá. Nadie lo sabe, pero lo que los cubanos esperan es lo que quizás las nuevas generaciones estén dispuestas a lograr con un país que precisa cambios para que su gente pueda respirar a su manera.
Acaso sin Fidel detrás del liderazgo del gobierno, quizás otra Cuba, una que respete la libertad que sus habitantes necesitan tener, pueda ser posible. Pero en todos los casos, todo depende de ellos.
Pero mientras esto sucede en el contexto internacional, donde decenas de periodistas, analistas e historiadores se descerebran.

HUGO LEMOS

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Ojalá que cambien

Si una persona no paga la mutualista, no puede ver al médico. Ahora si una persona está inmersa obligatoriamente en un sistema, donde el Estado te mete la mano, no te dice lo que te va a cobrar y después de tanto menjunje que hace, se equivoca, te sigue cobrando y deja a esa persona sin cobertura médica, alguien se tiene que hacer responsable.
Sin embargo no es así, nadie se hace responsable. El Estado no es responsable por las macanas que se manda, no se hace cargo de los problemas que genera y además exige que uno deba cumplir a rajatabla con sus exigencias de lo contrario pasará a ser un incumplidor y la vacuna con el sello de la DGI llegará antes de que cante un gallo.
Días pasados ocurrió algo que si lo cuento en un país serio, no me creen. Una persona quedó sin cobertura médica, nadie me supo explicar cómo, porque por ella aportaba su cónyuge a través del Fonasa, aunque de buenas a primeras la mujer pasó a recibir un descuento de un “ingreso” que descubrieron que ella tenía y le desactivaron su afiliación por el lado de su cónyuge actual.
Por lo tanto, el BPS que siempre está atento a todos los datos de los usuarios como si fuera la Policía, no supo investigar el origen del mismo como para darse cuenta que ese “ingreso” no era otra cosa que la pensión de 5.000 pesos mensuales que recibía su hijo menor de edad hasta que cumpla 18, por su padre fallecido.
Pero de esa mísera pensión que le concede el BPS a ese menor, de buenas a primeras comenzaron a descontarle el Fonasa. La pregunta fue porqué ese subsidio, que no es un ingreso, que le da el Estado a un menor de edad por los aportes que en vida hizo su padre también debía tributar. La respuesta fue que era porque estaba a nombre de la madre que era mayor de edad.
Claro que dicho subsidio debe estar a nombre de la madre, se le respondió al BPS, si el beneficiario es menor de edad y de lo contrario no podría acceder al cobro del mismo. Pero el BPS no se había dado cuenta de eso y aún así le descuenta el Fonasa, donde le dijeron a esa madre que tenía que reafiliarse a la mutualista con el recibo de la pensión de su hijo, el que ella cobra por ser su apoderada.
Mirá que lindo, así que el hijo menor de edad debe solventar con el dinero que le dejó su padre fallecido el fonasa de la madre. ¿Y porqué no se lo paga ella? No tiene trabajo. ¿Y por qué no lo hace el esposo? Porque como esa pensión está a su nombre el Estado entiende que ella percibe un “ingreso” y de ahí tiene que salir el dinero, no del bolsillo del cónyuge.
Ergo, la mujer nunca se enteró del asunto, solamente cuando cayó enferma en cama y precisó un médico, fue que le avisaron que estaba dada de baja en la mutualista de la que estaba afiliada porque no había ido a reafiliarse con el papel que dice que cobra una pensión para su hijo. Parece un trabalenguas, pero así es el Estado, un verdadero trabalenguas, un laberinto que solamente absorbe tiempo y dinero del contribuyente y no le brinda ningún servicio, ni siquiera el servicio médico, que se hace tan importante como fundamental para cualquier persona.
Pero no conforme con esto, su esposo concurrió al BPS; averiguó el horror que había cometido el organismo de querer hacer que el hijo menor de su esposa pague por ella la mutualista desde la magra pensión que recibe y así se “dieron por enterados” de que habían cometido un error.
No conforme con esto, le dijeron al esposo de la mujer desafectada de la cobertura mutual, que debía volver a hacer la declaración jurada y hacer el trámite de nuevo para reingresarla a la cuota mutual a su costo. Y tras esto, volver a la mutualista a hacer la afiliación. Pero el dinero que fue aportado desde el subsidio que recibe el niño que el Estado pretendía que mantuviera a su madre, no lo devuelven.
Porque los dineros que te saca el Estado, aunque sean por error, como en este caso, son considerados “errores sin devolución”.
El tema es que los problemas que el Estado le genera a la gente, no tienen reembolso. Entonces en definitiva estamos ante un sistema que solamente tiende a causar problemas mientras los ciudadanos debemos soportar pasivos, cómo se vulneran nuestros derechos.
Las complicaciones que ocasionan organismos como el BPS o la DGI a la población son brutales y para ellos no existe el principio de justicia distributiva, donde para que exista la justicia deben tratarse las situaciones distintas en forma diferente. Acá es todo parejo, bajo la misma regla y eso lleva a que la gente se equivoque y se cometan injusticias.
Que es algo que puede pasar, porque puede haber errores, porque quienes manejan el sistema son personas de carne y hueso, pero lo que sí debe haber son criterios, no puede calificarse como “ingreso” a los efectos de la carga tributaria de una persona, un subsidio escaso a un niño menor de edad originado por el fallecimiento de su padre. El Estado debe ver estas cosas, así como la DGI dice ver otras tantas.
Por eso, espero que llegue el momento en que haya una revisión general de los sistemas de tributación y aportes de los ciudadanos con el fin de restablecer una equidad que ya no existe, y sobre todas las cosas, para no causar perjuicios como el que nombré, donde pretende que un niño le pague la mutual a la madre por el mero hecho de que el subsidio figura a nombre de ella como apoderada del menor.
Estas cosas son injustas y como sea hay que decirlas esperando que algún día cambien.

HUGO LEMOS

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¿Dónde quedó Brian?

Brian sí existe, a sus casi 17 años de edad cuidaba autos de noche en la Plaza Artigas hasta entrada la madrugada, cuando caía el rocío del invierno y las risas de las personas que salían del Casino hacían eco en el principal espacio público de los salteños, algo de lo que solamente eran testigos las estrellas y él, que estaba allí extendiendo la mano y esperando que alguien le diera una moneda.
Después de eso se iba a dormir a las puertas de la Iglesia Metodista por la calle Osimani y Llerena. Conseguía unos cartones grandes y secos, los que oficiaban de colchón y se envolvía con lo que hubiera para pasar la noche arriesgando una pulmonía. Al otro día salía a conseguir un plato de comida y muchas veces, cuando la cosa andaba mal, llegaba hasta mi trabajo para obtener unas monedas.
No quería saber de nada con su familia y decía que nadie lo quería. Y cómo será que ni las instituciones oficiales lo registraban. Hace pocos días, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) dio a conocer un informe oficial del año, del que varios legisladores oficialistas se hicieron eco y por eso pude leer algunos horrores.
En algunos tramos del informe, el mismo hablaba sobre marginalidad y decía que en el interior del país no se registraban menores de edad que estuvieran en situación de calle o en estado de indigencia. Lo que en ese sentido, entiende que no deben orientarse políticas públicas destinadas a combatir esta situación, porque oficialmente, este tipo de cosas no existen.
Pobre Brian, pensé, no habrá nadie que lo atienda ni trate de ayudarlo, no lo registró el Mides, tampoco el INAU se encargó de velar por su Interés Superior, ese que está consagrado por el Código de la Niñez y la Adolescencia y por lo tanto tendría que estar protegido por el Estado, pero en realidad el único Interés Superior que tenía este adolescente de la zona sur de la ciudad, era poder comer todos los días y sobrevivir a las bajas temperaturas, y luego poder lograr que nadie lo atacara de noche cuando dormía a la intemperie y al día siguiente conseguir una palabra de aliento más que una limosna.
Pero nadie se acuerda de él, en realidad nadie lo registra, nadie se interesó y oficialmente no es un uruguayo. Porque según el diputado Alfredo Asti de Asamblea Uruguay, que fue uno de los que se congratuló con el informe, el mismo dice que “no hay ningún uruguayo o uruguaya menor de edad que viva en situación de calle o en estado de indigencia en el interior del país”. No sé lo quise decir a Brian, no me animé a echarle por tierra esa ilusión de que algún día alguien vendría por él.
Yo le sugerí que lamentablemente el sistema te excluye, aunque no quiera hacerlo y aunque vos no hagas nada para que eso suceda, va a ocurrir igual, el sistema te va a excluir. Y entonces le dije, muy a mi pesar, para alguien de tu edad el mejor trabajo que se le puede ofrecer es el estudio, pero en tu caso, tendrías que trabajar nomás. Porque tenés que hacer la tuya y buscar ayudarte a vos mismo, si esperás por el Estado vas frito.
Aunque después pensé y le comenté que este gobierno había puesto el Mides para ayudar a la gente que estaba en situación de emergencia social y que él era producto de esta situación, que si bien había nacido en plena crisis bancaria, había crecido desde sus 4 años de vida en un gobierno de izquierdas, por lo cual sus derechos iban a ser tutelados por el Estado y más temprano que tarde iba a tener una respuesta.
Pero él me miraba raro, con escepticismo, como diciéndome que saliera del discurso de oficina y fuera más pragmático y me empapara con la expresión de la calle, que era fría y dura, y que le decía a él cómo eran las cosas.
En la calle la única ley que existe es la del más fuerte, me advirtió una vez como para que aterrizara. El fuerte sobrevive y el débil pierde siempre, me dijo. Así son las cosas, no existe la palabra justicia social, ni inclusión, ni inserción laboral y mucho menos igualdad de oportunidades, en la calle existe solo la bronca por estar afuera de todo y ver como al lado de los que extienden la mano para pedir una moneda, hay un no permanente, que entre ellos tiene a Brian como protagonista.
Él a veces tiene vergüenza y me da explicaciones de lo que ha hecho con el dinero que tenía en el bolsillo ese día. Me cuenta lo que come y porqué no puede llegar al par de championes que tanto quiere como cualquier adolescente de su edad, pero se conforma con tener algo que le caliente los pies.
“Siempre trabajando”, me decía porque yo le había dicho que robar lo iba a terminar de destruir, porque así se sentía al principio, destruido. Pero después, se sentía realizado, cuando cuidaba autos y alguien le daba una propina porque ahí él entendía que había recibido un dinero que era justo, porque había trabajado para tenerlo. Eso era lo más cerca a la igualdad de oportunidades que en su vida Brian iba a conocer.
No entiende de política, tampoco le gusta la gente que anda hablando lindo o raro en la radio y en la televisión. Creo que no conoce los diarios y es lógico, solo aprendió a leer y a escribir lo básico y no puede perder tiempo leyendo algo de lo que no entiende, como es el sistema. Y los diarios escribimos para los que estamos inmersos en el sistema y él está por fuera de todo y de todos.
Por eso hasta el Mides no lo registró, no lo puso en ese informe del año, sino habría dicho que solamente hay un adolescente en el interior que dormía en la calle y que cuidaba autos de noche para comer hasta que llegó el Estado y le brindó el apoyo que precisaba para velar por su Interés Superior.
Aunque todo eso nunca pasó, Brian dejó de ir a cuidar autos, no lo vi más en la plaza de noche. El sereno de la esquina no lo ha visto más durmiendo en la puerta de la iglesia, su familia no tiene idea de él, la gente que pasaba a su lado no lo registraba y para el Estado lisa y llanamente no existía. Ahora sí, pueden hacer el informe diciendo que no hay adolescentes en situación de calle, porque seguramente Brian ya no vive acá y vaya a saber uno en qué estadística quedará registrado algún día cuando aparezca.

HUGO LEMOS

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Solamente podría empeorar

Nunca me voy a olvidar de aquella frase que escuché cuando siendo niño fui a mirar al desaparecido cine Sarandí, una de las películas de Rocky (el boxeador interpretado por Silvester Stalone, hijo de inmigrantes italianos que representaba la lucha por la libertad y el estoicismo de Estados Unidos en el mundo), en el momento en que ese héroe popular viajaba hasta la exUnión Soviética para pelear con Drago (interpretado por Dolph Lundgren) y allí, cuando todos buscaban frenar los impulsos narcicistas y violentos que caracterizaban en la película al luchador ruso, el mismo se rebela ante sus camaradas (porque los llamaba así) y espeta con fuerza: ‘el amerricano debe morrir’. Y el que terminó en el suelo fue él y la gloria de los estadounidenses se hizo grande hasta en suelo enemigo.
combate

La película termina con un actor que interpretando a Gorbachov (el premier soviético de entonces) de pie y aplaudiendo a Rocky por brindar un discurso a favor de la paz mundial, estando completamente bañado en sangre tras la dura lucha con su contrincante.
Claro, era plena Guerra Fría, entonces la máquina propagandística de Estados Unidos por el mundo era tremenda, mucho más poderosa que la de ahora, donde mostraba a todos los norteamericanos como niños lindos y buenos, y a los soviéticos como malas personas y por lo general siendo gordos y feos, monstruosos, con malas ideas y pensando siempre en hacer el mal.
Cuando fui creciendo me preguntaba porqué los soviéticos se veían así en cada película. Y a medida que fui aprendiendo cómo era el mundo, fui sacando mis propias conclusiones. Cuando siendo estudiante en el liceo estudié el Corolario Roosevelt y aquello de que “América para los americanos (de América del Norte le faltó decir)”, me di cuenta que las películas de Rocky solamente eran un panfleto, tomando en cuenta todo lo que se pretendía que aprendiéramos sobre ese “gran país” llamado Estados Unidos.
Sus aspiraciones imperialistas y de dominación ideológica se derrumbaban en la medida que no tenían que hacer mucho esfuerzo, porque como dijo el Pepe Mujica en el programa español Salvados: “a la Unión Soviética la derrumbó su propia burocracia, se arrinconaron ellos solos hasta que no quedó nadie de quien sospechar, porque se desconfiaban el uno del otro que el último apagó la luz” y con el resto de los países los gringos no tuvieron problemas porque sin hacer tanto ruido, le seguimos el tren.
Cuando Tabaré Vázquez ganó las elecciones en 2004, entre otras cosas criticando las relaciones cuasi carnales de Jorge Batlle con la administración Bush, al cumplir un año de su mandato el primer presidente del Frente Amplio trajo a nuestro país a George Bush hijo, lo invitó con un asado de cordero y un tannat; y le dijo “siéntase en su casa”, a lo que este respondió “gracias presidente, me siento muy muy en mi casa”. Cinco años después se supo que Vázquez hasta le pidió a Estados Unidos que declaráse al Uruguay “su país amigo y socio”.
Mujica no fue la excepción, no solo fue a visitarlo a Obama a la Casa Blanca, sino que comenzó su mandato con una reunión con Hilary Clinton el 1º de marzo de 2010 bendiciendo su asunción como presidente y terminó trayéndose a “6 locos de Guantánamo” al país, mientras durante su período pasó comiendo asado con la entonces Embajadora estadounidense Julyssa Reinosso en el Quincho de Varela.
Ahora Vázquez y el mundo están en vilo de cómo serán de aquí en más las nuevas relaciones con Estados Unidos, dependiendo de lo que pase el martes 8. Pero más allá de ese resultado hay algo de cierto en todo esto y es que la izquierda uruguaya le perdió el miedo a Estados Unidos y los llaman amigos, socios y hasta los tratan de “honestos”, como dijo Mujica refiriéndose a Barack Obama tras visitarlo en Washington.
Así que lo que todos esperamos que ocurra el martes, es que el país más importante del mundo, que elige a su presidente en elecciones democráticas que nadie cuestiona, porque no veo a la OEA ni a la ONU haciendo aspavientos de mandar observadores electorales como lo hacen con Uruguay cada vez que hay una instancia de esa naturaleza, es que los encargados de sellar el destino de su nación, algo que impactará en el resto del mundo, elijan al menos malo de los dos candidatos.
Porque ambos no ofrecen nada nuevo y positivo, sino que en el caso de Clinton, piensa mantener el mismo nivel de manejo de las cosas tanto a nivel interno como en política exterior, y si ganara Trump, podrían empeorar las cosas y cerrarle la puerta al mundo, envolviéndose en un peligroso manto de soberbia que puede generar mayores contratiempos de los que ya tiene, sobre todo con China, se le cerrará la puerta a los avances con Cuba, habrá más Guantánamo y seguramente alguna otra invasión en Medio Oriente.
Pero el país de la libertad, de la prosperidad y de la democracia plena, nunca se vio tan amenazado en sus raíces como ahora, con dos candidatos que no dicen mucho más de lo mismo, que se la pasaron toda la campaña electoral peleándose entre ellos, discutiendo sobre algo tan trivial para los intereses que están en juego como el hecho de quién es mejor persona y más abierto de mente, pero sin proponer algo que pueda influir en la política de fondo del principal país del mundo por sus lazos con el resto de las naciones del planeta.
Estados Unidos ha trabajado duro durante toda su existencia para ser el país que ha llegado a convertirse, como primera potencia mundial que aún lo son y con su vocación imperialista intacta entienden que tienen un rol que cumplir en su existencia, y esto no es un slogan de un izquierdista trasnochado, es una verdad empírica que se ha podido comprobar a lo largo de la vida.
Si esa vocación le ha servido al mundo, ya que sino todos, la inmensa mayoría adoptamos esa forma de vida y emulamos su concepción de libertad (no olvidemos que incluso José Artigas era admirador del sistema federalista y de la democracia que impulsaba Estados Unidos desde el Siglo XVIII), lo discutirá cada nación, pero que el Uruguay la aprueba y la defiende más que cualquier otro sistema y su pueblo así lo ha confirmado en las urnas, y su actual gobierno refrendado en cada una de las tres administraciones que lleva por ahora, es un hecho comprobado.
Por lo dicho, todos estaremos pendientes mañana para conocer qué clase de democracia es la que impartirá el primer país del mundo desde el 9 de noviembre. Si una con un apacible concepto de libertad y respeto hacia las instituciones, promoviendo la diversidad y la inmigración como eje de fortalecimiento de una nación. U otro que se irrogue el derecho a ser los dueños de la verdad, los que impongan todas las condiciones para conversar con el resto a razón de su superioridad y que planteen el patoterismo vil que solo les da tiro corto y puede derrumbar de un plumazo lo construido hasta ahora.
Con respecto a Uruguay, Hilary ya nos visitó dos veces, una como primera dama y otra como secretaria de Estado (canciller) de Obama. En tanto Trump fue más lejos, puso un pie con una de sus torres, pero no fue a cualquier lado, eligió fiel a su estilo instalarse en Punta del Este, donde carteles con su rostro promocionan la Torre Trump, hasta ahora única inversión de esa naturaleza en Sudamérica. ¿Será una señal?
Prefiero que gane Hilary, al menos todos sabemos cuánto calza y que no embarrará mucho la cancha para este lado porque lo que busca es pasar a la historia, porque cuando los empresarios creen que pueden ser políticos porque les va bien con el manejo de su dinero, es ahí cuando los pueblos sufren y las cosas se complican.

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Una medida antipática

Todavía era temprano y el banco no había abierto sus puertas. Yo estaba afuera esperando con un grupo de gente que las instalaciones del “Banco País”, denominado así porque se supone que es mío, suyo y de aquel, comenzara su horario habitual de atención al público. Cuando finalmente el funcionario corrió las llaves y dio luz verde a los clientes de la entidad, entré raudamente porque contaba con poco tiempo para hacer el trámite y ya tuve que hacer fila.
Estando en la misma y al tener que esperar un poco para ir avanzando debido a la cantidad de gente que había llegado antes que yo, aproveché el tiempo para ponerme a observar todo lo que se movía a mi alrededor, sobre todo si uno vive de este oficio y encuentra letra en las cosas que pasan sobre su entorno.
De lo primero que pude darme cuenta, fue que hay tanta cantidad de gente utilizando el sistema financiero, ya sea por trámites, depósitos, cobros, pagos de cuentas y otros, que la cantidad de funcionarios no se ajusta a la demanda existente, algo que pasa usualmente en el Estado. Porque nobleza obliga, la atención estatal será burocrática, lenta, cara y con cara del lugar donde no da el sol, pero en varias oficinas públicas se nota la falta de funcionarios.
Y eso lo traigo a colación porque sé que en muchos sectores políticos se pide que se baje el costo del Estado, algo que tiene que ver justamente con esto, pero la realidad nos indica otra cosa. Porque cuando se va a determinadas oficinas estatales como las de Antel, Ute y Ose, siempre falta gente para una cosa u otra y los trámites demoran justo por ese tema. Lo de la Policía, los Bomberos o la Policía Caminera no es novedad, pero sobre todo desde hace un tiempo a esta parte cuando uno va al Banco República denota la falta de personal para algunas tareas que agilizarían bastante la atención al cliente.
Pero eso bueno, vaya y pase, y que sus administradores que tanta plata ponen para hacer los festejos por el aniversario del Banco País, que es de todos porque lo mantenemos con nuestros impuestos, reordenen la casa y mejoren sus recursos humanos para brindar una mejor atención al público, más eficiente y con mayor compromiso.
Porque lo que me dejó perplejo fue otra cosa. En varias de las columnatas del edificio de la calle Uruguay y Zorrilla había un cartelito, hecho con una hoja A 4 e impreso con las herramientas de trabajo que son para uso del Brou y que por supuesto pagamos todos. La hoja decía “por orden gremial…”, algo que ya no cierra “…el último cliente será atendido a las 18 horas” o algo así.
Primero que nada, lo de orden gremial ya me cayó mal, porque más bien no lo entendí, no me quedó claro cómo un gremio puede dar órdenes que las mismas incluso trasciendan el funcionamiento de una institución, que además es pública y que debe ceñirse a sus normas internas porque afectan directamente a sus clientes que son los que mantienen a la institución. Y eso que yo siempre defendí y defiendo a los sindicatos cuando los mismos cumplen con su función y cometido, porque siempre integré y soy parte de uno, pero no entiendo cómo el sindicato da las órdenes de funcionamiento a los funcionarios de una institución estatal, porque los mismos deberían acatar lo que dicen sus autoridades, pero en este caso deben hacer lo que dice el gremio y por lo tanto, en ese planteo pseudo anarquista le tiene que quedar claro a la gente que los trabajadores del Banco van a hacer lo que el sindicato mande.
El sindicato debe defender los intereses de los trabajadores y si hay problemas con el pago de las horas extras o de cualquier índole en una institución como esa, por ejemplo, algo que no se justificaría nunca por el volumen de ingresos que maneja la entidad, los representantes de los trabajadores de ese sector tendrían que adoptar medidas de negociación, de diálogo y hacer manifestaciones públicas para dar a conocer una situación así ante la opinión pública. Y no cortar por el hilo más fino que en este caso se traduce en la limitación de la atención al público.
Lo digo por el respeto que le deben a la gente de saber qué es lo que pasa con su propio banco, porque la población que paga sus impuestos cada mes, ya que el sistema tributario instaurado desde el 2007 se encarga de no perder un solo peso, tiene derecho a saber cómo se administra el mismo. Entonces no puede venir el sindicato a cortar la atención a la gente, porque lo único que hace es generar más problemas.
Y lo otro es que si el último cliente del Banco, como dice el cartel, deberá ser atendido a las 18 horas, quiere decir que los funcionarios deberán cerrar antes las puertas, porque el que entra un minuto antes de las seis de la tarde y saca número o hace fila, y espera que lo atiendan, alguien deberá explicarle que no pierda tiempo porque cuando llega la hora, se tendrá que ir sin que nadie le pregunte a qué fue. Sin importar si lo suyo es urgente o no, sin importar el tiempo que lo hayan hecho perder, sin importar si es joven o jubilado, si le tomó dos minutos o tres horas llegar allí, si gastó el último peso que tenía en el ómnibus o si se vino en su auto particular, la persona se tendrá que ir porque no lo van a atender por orden del gremio.
No por orden del gerente del banco, ni por ordenanza del directorio, jerarcas públicos a los cuales los uruguayos todos, incluso a los que echan de sus instalaciones a las seis de la tarde, les pagamos un muy buen sueldo que está por encima del que cobramos la mayoría de nosotros, sino por orden del sindicato, la gente se tiene que ir a las seis y listo.
Así las cosas, considero que más allá del aspecto puntual que rodea este asunto, lo más importante es ir al fondo del mismo. Y es que si los funcionarios públicos generan medidas de esta índole, donde solamente van a ir a contrapelo de los intereses de la gente, puede ser que consigan lo que quieran, que el directorio al verse presionado por las quejas del público le conceda las peticiones a los funcionarios, más allá de que las mismas terminen siendo favorables a la población, lo único que ganan con estas medidas son la antipatía del público y eso lamentablemente a los dirigentes sindicales, al menos a muchos de ellos, no les interesa sino que entienden que son costos que tienen que pagar.
Pero siguen estando equivocados, porque con esa medida solo denotan soberbia y arrogancia, ya que se irrogan el derecho de la gente a recibir un servicio por el que ya estamos pagando para recibir y más allá de que consigan lo que se proponen con esta medida, solo se ganarán la antipatía de quienes les pagamos el sueldo, algo que al parecer a los que tomaron la medida, no les interesa.

HUGO LEMOS

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No queremos tanto palo

El ulular de las sirenas policiales son cada vez más frecuentes y es señal de que las cosas se están complicando. El provincianismo salteño con el que bautizaban las autoridades ministeriales tiempo atrás a la situación de seguridad que se vivía en Salto, va quedando paulatinamente más lejos.
Pero el hecho no afecta solamente a nuestro departamento, sino que el país mismo es el que ha ido cambiando su matriz social, algo que viene acompasado con el mundo en el que vivimos, donde los códigos de convivencia se resquebrajan como un vidrio roto a medida que la brecha social se agranda y expande sus desigualdades.
La fragmentación social se genera cada vez más y es algo que duele. Pero es real y la situación de inseguridad obedece a varios factores que ya escapan a coyunturas específicas. La convivencia entre personas tan distintas tiene todo para ser en paz. El hecho de hacerla violenta e insegura es nuestra responsabilidad. Es culpa de todos, no de un gobierno o de una situación particular y concreta, sino de quienes hacemos que este mundo sea tal cual lo vivimos.
No se puede decir que un ministro va a hacer que las cosas cambien, porque solo es un funcionario rodeado de asesores que le dicen que dé más palo aquí o allá, pero las cuestiones de fondo no las va a cambiar. Tampoco va a lograr que la mentalidad de ciertas personas cambien, no podrá generar que tipos que tienen la cabeza podrida y son capaces de zamarrear a una pobre abuelita para sacarle el bolso y robarle la plata para comprarse droga, se recuperen de un día para el otro y digan ‘bueno está bien, nos equivocamos y no lo vamos a hacer más’.
El ministro podrá implantar políticas represivas un poco más severas, pero no puede ir contra un problema que es estructural en la sociedad uruguaya y que no se arregla ni con el “sopapo indagatorio” como nos decía en la Facultad el eximio profesor de Derecho Penal, Eduardo Pesce, ni tampoco diciendo que se van a reforzar las políticas educativas y que se le van a dar oportunidades de trabajo a las personas que delinquen para que no lo hagan más.
Eso es un cuento de hadas que no se lo cree nadie. El gobierno no lo cree, la oposición sabe que eso no sirve y que es un cuento chino, y los delincuentes saben que si les dan trabajo, ellos lo rechazan porque son una versión casi pura del anarquismo, no quieren patrones, ni nadie que les imponga orden ni responsabilidades.
En una entrevista concedida por el ministro Eduardo Bonomi al semanario Búsqueda hace algunas semanas, el jerarca confiesa que dentro de las cárceles uruguayas hay “presos que intimidan a otros que trabajan, para que no lo hagan más, así pueden organizar el delito afuera”, algo que habla a las claras de una realidad carcelaria que solo genera más crimen dentro y fuera del lugar.
Y que muestra que el sistema de rehabilitación tal como está planteado no sirve, si no va a acompañado de medidas estructurales, apoyo con recursos humanos calificados, con infraestructura adecuada, con métodos que generen hábitos y que ayuden a la gente a cambiar su forma de pensar, a estar motivados para hacerlo y a querer aprender valores, para saber que otra vida muy distinta a la que tienen y llevan, es posible.
Y en este caso cabe consignarlo, lo que hace el gobierno departamental de Salto con el Instituto Nacional de Rehabilitación, de contratar un grupo de reclusos para que trabajen y ganen un sustento para sus familias, transmite valores tan elementales como la dignidad, la responsabilidad y el esfuerzo para obtener resultados que impacten de forma positiva en el seno familiar.
Ahora, el delincuente por naturaleza, el que está convencido que es delincuente de profesión, entiende que esa es su vida y que no va a cambiar porque su perfil es ese y que si le va mal y “pierde”, cae preso o muere, es la ley de juego que eligió vivir, con esas reglas y que esa es su vida. “Las rejas no se comen a nadie”, me decía un preso en la cárcel de Salto hace algunos años aduciendo que ese era su lugar, porque cuando saliera de allí lo que mejor sabía hacer era ir a robar, y que estaba en su personalidad y no lo iba a cambiar. Por lo tanto manejaba una estancia entre rejas como una posibilidad latente. Como si fuera parte de lo que le podía tocar en la ruleta rusa que eligió jugar, porque a nadie por tocarle nacer en un lugar deplorable, mísero y pobre, está confinado a vivir así el resto de su vida. Eligen hacerlo cuando crecen, como el alcohólico o el violento que elige ser de esa forma.
No estoy de acuerdo con los que dicen que son delincuentes porque nacieron pobres y no tuvieron de pequeños a alguien que les diera amor, contención y las cuestiones materiales básicas como para salir adelante en la vida.
Conozco mucha gente que nació en la nada misma, que tuvo una infancia muy difícil, pero que no se autodiscriminaron por haber vivido así y sin embargo salieron adelante, trabajaron duro y crecieron con un espíritu de superación envidiable, cuyo pasado los fortaleció e hizo que todo finalmente diera resultados positivos, por lo cual no me trago la pastilla de que el delincuente roba porque es pobre y no tiene lo que quiere y por eso lo roba.
La gente que es pobre, es trabajadora y honesta como cualquier persona, así que descarto por completo la criminalización de la pobreza. Además no creo en la pobreza material sino en la mental, en aquel que se limita y lastima con su forma, ese es un ser peligroso. No por no tener bienes sino por ser pobre de mente.
Por otro lado, creo que el tipo que mató al vecino de Carrasco en Montevideo, o el mismo que cometió el brutal asesinato del productor rural en Sopas este fin de semana en Salto, como el que roba motos en la esquina de Uruguay y Córdoba, o comete rapiñas armadas contra comercios como el caso del 24 horas de la plazoleta El Reloj, son personas con pobreza mental y espiritual que un ministro o un grupo de policías nunca podrán combatir, sino buscan que una vez que puedan capturarlo, lo ayuden con asistencia profesional para que encuentre su lugar en el mundo y deje de hacer daño.
Podrán cambiar el ministro, brutalizar a la Policía, darle un arma a cada ciudadano y abolir el delito de homicidio para estos casos, pero estoy convencido que solo generaremos más violencia en la sociedad, más temor e inseguridad en todos los sectores de la población, y que pasaremos a vivir en un todos contra todos, profundizando un mundo de desconfianza y de terror establecido que no ayudará en nada a terminar con la delincuencia sino que la misma pasará a ser algo permitido y todos podremos terminar convirtiéndonos en lo que tanto tememos.
Así que debemos tener cuidado con lo que reclamamos, porque en vez de ayudar a generar una sociedad con políticas de fondo, que atiendan los casos puntuales de desviación en la conducta que se dan, podremos armar una guerra y terminar perdiendo por siempre la batalla.
HUGO LEMOS

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Barajar y dar de nuevo

Cuando hace unos años miraba la película Presidente por un Día, con los protagónicos de Kevin Kline y Sigourney Weaver, entre otros, donde un imitador del presidente del país que gobierna el planeta tiene que tomar su lugar cuando a este le da un infarto en pleno acto sexual con una secretaria, empieza a hacer cosas buenas por la población, siendo todo lo contrario a lo que era hasta ese momento el verdadero presidente.
En una de las escenas, el presidente (interpretado por Kevin Kline) busca la manera de reducir el presupuesto de la nación para poder redestinar recursos a un proyecto público que le da albergue a niños sin hogar. Para eso le pide ayuda a uno de sus amigos de verdad y al mirar en qué gastaba el dinero público el gobierno, se querían morir.
Entonces, ejerciendo su mando de presidente, convoca a una reunión de gabinete en forma urgente y allí empieza el recorte. Entre las medidas que adopta, le dice a uno de sus ministros, el de Industrias, que pretendía eliminar una campaña que difundía la importancia de la industria automotriz del país, ante la proliferación de automóviles extranjeros. “No quiero decirle a un niño de 8 años que duerma en la calle porque alguien debe sentirse contento con un auto que ya compró. ¿Usted sí?”, la increpa Kline protagonizando el rol de presidente de Estados Unidos y su ministro, perplejo por el cambio de actitud del mandatario, le dice “no claro, estoy de acuerdo con usted”.
Así, entre recorte y recorte de gastos innecesarios, llega a la cifra y decide redestinar los recursos públicos para quienes realmente lo necesitan. Sabiendo que no podrá salvar todos los males de la sociedad, sí queda contento porque logra hacer algo.
Cuando escuchamos la noticia de que Aldeas de la Bondad podría cerrar sus puertas porque cayó el convenio que INAU tenía con una organización social que administra el lugar, que es de alta sensibilidad, ya que atiende a decenas de personas consideradas “siempre niños” por padecer discapacidades severas, crónicas y permanentes, masticamos bronca y nos acordamos de las cosas que vimos por ejemplo en la película que mencionaba anteriormente.
Porque el Estado debería disponer de un fondo específico para atender sin sobresaltos ese tipo de situaciones. Debería contar con dineros públicos para darle al INAU lo que necesita porque son las personas con mayor estado de vulnerabilidad social las que se encuentran bajo su órbita, ya que dinero tiene y si no veamos.
Días pasados en la columna semanal que sale los viernes sobre datos económicos que publica EL PUEBLO denominada Detrás de los Números, se publican las partidas que recibe cada uno de los legisladores de este país para comprar diarios y revistas. Algo que ninguno de ellos hace y que son superiores incluso a lo que cobran muchos trabajadores.
Se trata de una partida de 24.500 pesos por mes para cada uno, lo que hacía más de 3 millones de pesos mensuales para todos y más de 38 millones de pesos anuales para los legisladores que duran 5 años en sus funciones, por lo cual hablamos que el Estado uruguayo destina para los 130 representantes parlamentarios, la nada despreciable cifra de 190 millones de pesos para que los gasten en lo que no lo van a gastar, porque ya reconocieron que no lo hacen.
En vez de destinar esos recursos en el plan quinquenal de gastos a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación de nuestros niños y adultos mayores que están en situación de calle, de comprar equipamiento para la Policía o de crear fondos para que no haya contingencias con el INAU cuando tiene que hacerse cargo de problemas serios y sensibles de esta índole, hacen todo lo contrario y le siguen otorgando privilegios a los legisladores que ya hicieron un mea culpa y dijeron que a los diarios los leen por Internet y que a esa partida, la destinan para alquilar espacios en las radios o contratar personal político, así no tocan su sueldo.
Es una situación compleja, máxime cuando vemos hoy a decenas de trabajadores agremiados que están negociando para no perder su trabajo, porque podría concretarse el cierre de un centro de atención a personas con discapacidades severas como es Aldea de la Bondad, entre otras cosas por falta de quién la gestione, ya que el Estado necesita un socio en ese ámbito para poder llevar a cabo todo lo necesario en el lugar.
Aunque si el INAU contara con los recursos adecuados, podría quizás, gestionar la contratación de educadores y técnicos y operaría solo desde ámbito.
Sin embargo, debe salir a buscar una organización que se haga cargo de uno de los hogares más importantes como sensibles que maneja ese organismo por la falta de dinero que hace a la gestión de fondo del organismo público.
Ese tipo de cosas son las que marcan las contradicciones que tenemos como uruguayos. Porque uno de los problemas con los que contamos y que todavía no hemos resuelto, en tanto el Estado es el pueblo, es con los salarios exorbitantes que continúan habiendo en la administración pública. Como se supo días pasados que el gerente de República AFAP recibe como salario la suma de $666 mil pesos uruguayos y un bono anual de 1,5 millones de pesos como premio. En tanto que el gerente de marketing de la misma empresa estatal recibe más de 450 mil pesos mensuales y unos 992 mil pesos como premio anual.
Ese tipo de cosas, que se suman al sueldo del gerente de ALUR superior a los 300 mil pesos por mes, son las que generan bronca, porque esos sueldos deben ser topeados y parte de su salario debería ser destinado a causas sociales donde el Estado tiene injerencia, como el caso del INAU.
A mi forma de ver las cosas, no se pueden prever 24.500 pesos de gastos mensuales por cada legislador, para que compren diarios, que encima no compran, y privarle a los niños, a los discapacitados y a las personas con enfermedades y problemas de salud, de usar esos dineros para la creación de centros de atención adecuados a su situación, con personal suficiente y preparado, en todo el país.
Contradicciones como esas existen en el Estado y no son cosas de un solo gobierno, pero justamente el actual es un gobierno que cree que con lo que hace es con políticas de justicia social y cuando se desnudan estas cosas, la única justicia social sería que renuncien todos y que con el dinero público haya que barajar y dar de nuevo.

HUGO LEMOS

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Todos iguales ante la ley

Estoy de acuerdo con todas las manifestaciones de índole social, donde se planteen reivindicaciones, porque considero que se trata de la expresión de libertad que tienen los distintos grupos sociales para hacer valer sus intereses en busca de conquistar derechos. Pienso que deben seguir ese camino, siempre que lo hagan en forma pacífica y siendo respetuosos de quienes piensen distinto.
Por eso la semana que pasó, nos dejó en Salto varias huellas. Hubo reclamos y planteos, pero también movilizaciones que tendieron a plantear cosas que charlamos entre vecinos todos los días y que esta vez, los reclamos fueron amplificados.
En primer lugar, la marcha por más seguridad que fue llevada a cabo por personas que se autoproclamaron defensores de la actividad que desarrolla la Policía, ocurrida la semana pasada y que partió de una protesta por el procesamiento con prisión de dos funcionarios que actuaron en un procedimiento y a quienes sindicaron como los autores de la lesión de un joven, dejó varios temas en el tapete. Sobre todo en un momento donde la justicia viene investigando algunas denuncias de presunto abuso en la función policial, particularmente en una seccional de nuestra ciudad.
Creo que nadie está en desacuerdo con la nobleza que tiene implícita la función policial, que trata nada más y nada menos que de funcionarios que exponen la vida para proteger la integridad de las demás personas. Pero el caso que ocurrió dejó serios cuestionamientos que están referidos a establecer cuál es el límite de la labor policial, hasta dónde un funcionario tiene licencia para usar el poder coercitivo que le da el Estado y no pasarse de la raya. Porque puede estar vulnerando el derecho de gente inocente, o puede incluso, estar lesionando personas por tomar los casos en sus propias manos.
Pero la marcha, fue considerada histórica por muchos policías, porque ellos plantearon algunas reivindicaciones que para ellos son el a, b, c de todo esto. Como por ejemplo, que les den garantías para hacer su trabajo, que los amparen con herramientas legales para evitar sobrepasarse al momento de proceder y generar una situación que los coloque a ellos del lado del victimario y allí, los funcionarios policiales vieron en carne propia cómo mucha gente los apoya, siente que son necesarios y útiles para una sociedad cada vez más violenta.
Aunque la pregunta quedó cuando todos se fueron a sus casas ¿necesitamos una Policía más violenta?, ¿o precisamos funcionarios preparados para tener tino a la hora de proceder y así saber cómo evitar caer en manos de quienes delinquen, que usan las leyes que también les asisten derechos en tanto son personas, para exponer las flaquezas de los funcionarios policiales, en tanto seres humanos, cansados y estresados por su trabajo, pero con un arma en la mano que los expone a generar un hecho de violencia no querido?
Hay un límite que debe trabajarse en la interna, analizando y estableciendo criterios, y eso es mucho más urgente aunque no lo parezca, que el reclamo por las herramientas mismas con las que los funcionarios deben trabajar. Para muestra sobra un botón, ya que al día siguiente de esta movilización en la que la sociedad sin distinciones les brindó el apoyo y pidió respuestas, hubo un procedimiento judicial donde una andanada de funcionarios, entre ellos algunos jerarcas, debieron concurrir al juzgado para que en una maratónica instancia se determinara si eran culpables de vulnerar el derecho de unas personas que fueron detenidas hace algún tiempo.
La justicia aplica el derecho y los funcionarios siguen jugando con las mismas reglas, por lo que deberán trabajar más su responsabilidad para no exponerse a ser quienes cometen los delitos.
Eso por un lado, pero en otro caso, la movilización en el marco de la marcha por la diversidad, es algo positivo. Porque por un lado apoya a la expresión de las personas que sienten de determinada manera y que por eso se ven como distintos y hasta discriminados por la sociedad, lo que nos ayuda a nosotros a ver qué clase de sociedad tenemos, donde sus actores son diferentes y diversos y deben ser respetados en tanto todos respetemos las reglas de juego.
Por tal motivo, el artículo 8 de la Constitución de la República dice que todos somos iguales ante ley y que nos diferenciamos por nuestros talentos y virtudes. Ese precepto constitucional es la máxima que nos coloca a todos en esta sociedad en pie de igualdad ante la ley. La norma exige para diferenciar a las personas sus capacidades para el desarrollo, pero nada habla de sexo, credo, raza, religión ni orientación sexual, por lo cual esto último sobre todas las cosas no debe ser un problema.
Sin embargo, hace pocos días, los representantes del Ministerio de Desarrollo Social plantearon la existencia de un proyecto de ley por el tema de la “cuota” para el ingreso a organismos públicos de personas trans. Algo que a mi juicio es totalmente innecesario y que en cierta manera ayuda a discriminar aún más a quienes se supone que quiere proteger, porque los coloca en inferioridad y los hace distinto del resto, siendo que lo que este colectivo social ha venido promoviendo en todo momento ha sido el reconocimiento de las personas que lo integran como seres en pie de igualdad con los demás, ni distintos, ni diferentes, ni menos, ni más, simplemente iguales en tanto derechos y obligaciones que el resto, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo.
Además creo que una ley así, que establece las famosas “cuotas”, que son imposiciones de determinados grupos sobre otros, como ya existen para el caso de las personas afrodescendientes, lo que hacen es otorgarle privilegios a ciertos colectivos y no dejarlos en pie de igualdad con el resto de los colectivos sociales que en esos casos sí deberán dirimirse, por ejemplo en un concurso público, por sus talentos y virtudes, quedando por debajo de los privilegios que se le otorgan a determinados colectivos de personas.
Tanto el colectivo trans, como los afrodescendientes, como el resto de los colectivos sociales, incluyendo a los heterosexuales, casados y católicos que son vistos como el status quo, y hasta ciertamente demonizados, deben concursar ante el Estado en pie de igualdad, por el simple hecho de que todos somos iguales ante la ley y no debe haber más verdad que esa. Por lo cual no deben existir privilegios de unos sobre otros, porque le estamos restando derechos a quienes no entren en la categoría para ser acreedores a esa cuota. Es mi opinión y creo que vale tanto como la de quienes promueven lo contrario.
Soy defensor acérrimo de los derechos humanos y una política pública basada en los principios fundamentales de esa rama jurídica, promueve a igualdad y en ese sentido, creo que elaborar una ley para establecer cuotas como ya se ha hecho, solo contribuye a que haya más desigualdad y discriminación.

HUGO LEMOS

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El entorno también debe ser atendido

El niño levantó la mano, algo tímido desde el fondo del salón de clases. El profesor, que estaba hablando con ellos de un trabajo externo sobre la situación del tránsito y que ya había escuchado a varios de sus compañeros contar algunas experiencias que le habían tocado vivir respecto a los accidentes, le cedió la oratoria para oír qué tenía que decir.
El niño de 12 años de edad, le contó en esa oportunidad a su profesor y a toda la clase que tiempo atrás había sido testigo de un hecho que le ocurrió a quien era su “mejor amigo” y acto seguido contó un hecho desgarrador.
Dijo que cuando tenía 8 años y su amigo 5, estaban jugando a las escondidas en el barrio. Pero de repente, él le dice a su amigo para esconderse detrás de unos arbustos y este opta por irse cerca de la calle para lo cual lo sigue de atrás y cuando quiso acordar, un ómnibus que transportaba personal para trabajar en las chacras lo embiste causándole heridas que a las pocas horas le depararon la muerte.
El jovencito, notoriamente compungido por lo que había tocado vivir cuatro años atrás, relató que “se lamenta cada día porque ese hecho haya pasado y que no se pudo recuperar del mismo”. Ante el silencio estremecedor de todos sus compañeros de clase y la atenta mirada de su profesor, comentó que el día antes, iba caminando por el centro de la ciudad y volvió a ver el mismo ómnibus que años atrás había protagonizado ese infortunio que lo marcó de por vida, y al verlo se largó a llorar.
“Me pareció verlo a él de nuevo y otra vez el terrible episodio volvió a mi cabeza, contó el niño con lágrimas en los ojos. Todavía no sé porqué le pasó esto a él, solo era un niño jugando en la calle”, dijo con la mirada al piso y tomándose las manos temblorosas, nervioso y angustiado por lo que le tocó vivir. El profesor me confesó al rato, que el niño nunca había contado esa historia y que el suyo, era un caso para seguir de cerca.
Ese hecho, más allá de la tristeza que impone el hecho que un niño cuente una historia triste y lamentable como esa, desnuda algo que en cierta medida nadie lo mide a simple vista pero que es muy importante y a la vez muy grave que no exista. Y se trata de que las personas que viven en carne propia accidentes, como estos son cuasivíctimas de los hechos, deberían ser tratadas para superar el impacto de estos episodios.
Sin embargo, hay una ausencia de política de estas características ya que todo está centrado en el protagonista del accidente y muy de vez en cuando, en su entorno familiar. Dejando de lado a personas que estando vinculadas con el siniestrado, sufren los hechos ocurridos y terminan sufriendo el resto de la vida, con episodios traumáticos importantes que impactan en determinados aspectos de la personalidad.
En ese caso, el Estado debería crear instituciones de orientación psicológica para niños, adolescentes y adultos que participan de una manera u otra en accidentes de tránsito de estas características.
Conozco el caso de un amigo, que estando en la esquina de una estación de servicio hace muchos años, reunido en horas de la noche con otros grupo de amigos, vio en vivo y en directo como un joven que salía del lugar en su motocicleta aceleraba y se incrustaba detrás de un camión, perdiendo la vida en el acto.
Hasta el día de hoy, mi amigo recuerda con lujo de detalles la situación vivida y cada vez que ve una moto igual recuerda la cara del joven que salía sonriendo y terminó con su vida, casi sin darse cuenta segundos después de haber cruzado miradas con él.
Así también está el caso de una persona que le tocó observar cómo un pequeño voló por los aires al ser embestido por un automóvil en la avenida Manuel Oribe hace algunos años atrás y también cada vez que pasa por el lugar siente que va a revivir ese episodio. En fin, historias como estas hay muchas, pero lo que sigue sin haber es la acción del Estado de políticas orientadas a atender a quienes han sido víctimas de estos hechos, al ser testigos privilegiados de las tenebrosas escenas que terminan con la vida de una persona.
Este tipo de debate debería darse en la conformación de la creación de un centro de atención integral a la víctima del siniestro de tránsito y su entorno, donde quienes participaron de determinados hechos deberían concurrir a volcar sus experiencias y así tomar en cuenta que siempre debe haber recaudos a la hora de cruzar la calle, caminar por una arteria transitada o al conducir un vehículo.
Con fondos públicos tendría que permitirse que haya centros que trabajen con una serie de psicólogos, médicos, asistentes sociales y los profesionales que haga falta, podríamos ayudar a que la gente supere esos hechos y los traslade a algo positivo, como por ejemplo, tener su propia experiencia de cómo salvar vidas, tomando las precauciones necesarias para que eso ocurra.
Si ese tipo de centros existieran y si los fondos públicos fueran orientados para sustentarlos, seguramente ese niño de 12 años habría visto el ómnibus desde otra óptica, con una perspectiva quizás diferente de lo que le toca vivir. Los uruguayos ganaríamos más en salud mental y en una sanación interna que nos permitiría poder ocuparnos de otras cosas más importantes que estando insanos mentalmente y atormentados por las cosas que nos pasaron.
Por eso brego que ante tanta estadística, tanto estudio de números para saber si los mismos bajaron o si subieron en torno a los accidentes de tránsito, haya conclusiones eficientes que permitan a los tomadores de decisión poder hacer algo positivo, para que chicos como el de 12 años ya no tengan miedo y encaren la vida con ilusión y optimismo.

HUGO LEMOS

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Todos nos acordamos de ese día

Era cerca del mediodía y el nuevo edificio de la Regional Norte todavía tenía sellada con chapas la zona de los pisos 3 y 4. Por lo tanto, la mayoría nos congregábamos en el hall de ingreso. Allí estaba junto a una compañera de estudios, hoy una de las abogadas más prestigiosas de Bella Unión, conversando de distintos temas.
En eso ingresa un compañero que lleva el nombre de un poeta francés y comentó el hecho con sorpresa, lo observamos extrañados y le preguntamos qué película había mirado. El sujeto nos insistía en lo que estaba ocurriendo en ese preciso instante a miles de kilómetros pero que ya lo transmitía en vivo la televisión por cable y nosotros, lejos de creerle, seguimos conversando pero ya con cierta sospecha de que no todo andaba bien.
De pronto, fue quedando despoblado el espacio donde a esa hora comúnmente había muchos estudiantes que se concentraban a conversar, a hacer gestiones ante la Bedelía o a ir a la biblioteca y llamó la atención que algo extraño estuviera pasando. Nos despedimos con mi compañera y me dirigía mi casa, eran más de las once de la mañana del 11 de setiembre del 2001 y al salir del edificio de la Regional Norte y subir por la calle Misiones hacia Artigas, me encuentro con otro de mis compañeros, que conociendo mis inclinaciones políticas me hizo un (mal) chiste “¿estás contento ahora que le tiraron las Torres Gemelas?”.
Entonces “¿es verdad?” le pregunté, sin que él entendiera mucho de porqué lo decía así, pero cuando él me lo dijo yo recordé de inmediato lo que minutos antes me había expresado mi otro compañero, a quien había subestimado y no le había creído una sola palabra.
En ese momento corrí hasta mi casa, que estaba a unas cinco cuadras de la Universidad. Entré corriendo y allí estaba mi padre mirando CNN. No me dijo una sola palabra de nada. No habló del tema, solo me miró entrar y miraba la pantalla impávido. Ya había caído la primera torre y con ello una visión surrealista del mundo se apoderaba de nosotros, generándonos temor e incertidumbre, pese a estar situados en ese mismo momento a miles de kilómetros del lugar, todos, sin analizar mucho las cosas, sabíamos que estábamos ante un fenómeno de escala global que tarde o temprano nos alcanzaría de una u otra manera.
Luego vino todo lo demás, silencio, oscuridad, consumo masivo de medios de comunicación para tratar de entender de qué se trataba todo esto, aunque la confusión era casi absoluta. Horas más tarde conocí nuevas vías de comunicación como el Skype, o los primeros intentos de algo similar, donde un grupo de personas cuya identidad estaba basada en el Talibán, algo hasta ese entonces desconocido para mí y para la mayoría de los que vivimos de este lado del planeta, daban una conferencia de prensa diciendo que ellos no tenían nada que ver con lo acaecido, algo que no lográbamos comprender porqué alguien quería desprenderse del asunto tan rápido, hasta que nos dimos cuenta días después, porqué le estaban sacando el cuero a la jeringa.
Estados Unidos ya le había atribuido casi al mismo tiempo de ocurrido el hecho, el ataque a ellos. Más tarde se sabría que el gobierno de Bush hijo, ya había sido alertado sobre un inminente ataque en suelo americano.
Creo que no hay persona en el mundo que no recuerde qué estaba haciendo esa mañana, cuando el Nuevo Orden Mundial comenzó a instalarse paulatinamente y el mundo ya no fue igual. Todos estábamos haciendo algo que de alguna forma se vio interrumpido, en todas partes del planeta, para terminar mirando en la pantalla esa catástrofe que se trataba mucho más que de un atentado terrorista. Era la manifestación del terror y la tragedia, pero y sobre todo, por dónde había ocurrido y por cómo había sucedido. Habían golpeado al corazón de la economía mundial, al epicentro del poder, donde todos los hilos de la política global se manejaban y al haber estallado, el impacto sería a escala global, sin excepción.
Fue entonces que comenzaron a producirse crisis económicas en los países más pobres, entre ellos el nuestro, conflictos en los países europeos que tuvieron que fortalecer sus economías, haciendo estallar así a las nuestras que en ese momento empezaron a pagar los primeros platos rotos, en tanto Estados Unidos tuvo el momento justo para justificar su nuevo experimento, empezó a desarrollar un nuevo concepto en lo que refiere a los conflictos bélicos, la Guerra contra el Terrorismo.
Se trata de algo que no tiene un objetivo claro, que no tiene individualizado al enemigo, sino que desarrolla mucha logística por parte de la industria armamentista con el fin de poder reubicarse en todo el planeta, ingresar donde le habían cerrado las puertas y empezar a ganar el terreno perdido tras la finalización de la Guerra Fría y así tomar el control una vez más del planeta, capitalizando una de las principales riquezas naturales como es el petróleo, para lo cual no dudó en apuntar a Medio Oriente y hacerse de algunos países como Afganistán e Irak, aduciendo una batalla por la libertad, que solo ha dejado muertos, daños colaterales de todos los calibres y un nuevo lugar para liderar el planeta.
Tras eso y todas las conjeturas planteadas en torno a lo realmente ocurrido esa mañana en Nueva York, muchos nos preguntamos sino había una teoría de la conspiración que estuviera detrás de esos atentados, más que cinco cretinos que usaron el nombre de Alá para cometer la muerte de civiles inocentes, algo que no justifica el Islam ni Dios alguno.
El 11 de setiembre fue la excusa perfecta para que Estados Unidos recuperara el espacio perdido en 1991. Pero ¿es una demencia pensar que fueron diez años de planificación y organización de parte de las agencias de inteligencia de la principal potencia mundial, para ejecutar un ataque que les diera luz verde y así volver a recuperar el Medio Oriente y quedarse con el petróleo?
O al menos podemos decir que los terroristas que elucubraron esa macabra acción contra la icónica nación de la libertad y la democracia en el mundo, le hicieron un favor enorme a quienes manejan los intereses globales y con ello los habilitaron a cambiar el tablero y a reposicionarse para volver a manejar el mundo a su antojo.
Lo que pasó ese día realmente, quizás nunca lo sepamos. Lo cierto es que dos aviones estallaron contra las Torres Gemelas y más de 3 mil personas perdieron la vida, que si el ataque se hubiera perpetrado horas después habría muerto mucho más gente y que hay algo de cierto en que fueron terroristas los que estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas y así lo planificaron.
Recuerdo incluso y esta es la pura verdad, que un día antes de los atentados, el 10 de setiembre, en la casa de mis padres vi una película con Denzel Washington y un gran elenco, donde el reconocido actor oficiaba como un agente de la CIA que combatía el terrorismo en su país y en una de las escenas, concurren a una toma de rehenes y al llegar la prensa, el destacado actor afrodescendiente ordenaba -en la película- el retiro de los medios porque aducía que los terroristas, los esperaban para cometer el acto de barbarie.
En el caso del 11 de setiembre todos vieron todo en vivo y en directo. Primero a un avión que se estrelló contra una de las torres y cuando la atención de todos los noticieros estuvieron enfocados en eso, llegó el segundo avión y fue al acabóse.
Como dije al principio, todos nos acordamos qué fue lo que ocurrió esa mañana en nuestras vidas, y quizás al final, eso pueda llegar a tener sentido.

HUGO LEMOS

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Pobres de nosotros

Estamos viviendo momentos difíciles como sociedad, momentos de divisionismos y de sentires muy distintos, donde la situación de inseguridad determina discursos encontrados, donde unos están a favor de determinadas prácticas porque consideran que así se resuelven los problemas y otros pretenden una mirada más amplia, la que muchas veces se distorsiona y se vuelve una utopía.
El desenlace judicial que determinó la semana pasada el encarcelamiento de dos funcionarios policiales en Salto, motivó una tremenda discusión sobre los límites de actuación que debe tener la Policía para enfrentar situaciones de violencia, en la que los involucrados pueden llegar a ser o no, personas que hayan cometido delitos e incluso menores de edad, que poseen una protección especial de los marcos normativos por su condición de tal.
Por estos días, la claque discutió y debatió en los medios de comunicación y en las redes sociales, que tienen más visibilidad aún, si los efectivos estuvieron bien procesados, porque sin conocer los hechos, la gente, cansada de vivir situaciones de inseguridad, resumió el hecho por los comentarios que recibió del asunto, fabricando su propia novela, viendo a los policías como dos indefensos sujetos, ante una horda de delincuentes, los que se defendieron como podían, y que por hacerlo terminaron castigados con cárcel.
Nada más lejos de la realidad es esa historia que elucubró mucha gente, que defendiendo a ultranza el instituto policial, exigen que el resultado de las investigaciones a nivel judicial sea otro.
Yo no estuve ahí, no me enteré de la situación sino el mismísimo lunes cuando tarde en la noche cuando quisimos corroborar por todas las fuentes posibles que había dos policías procesados, pero como en ese momento no pudimos hacerlo, el diario decidió ahondar en el asunto al día siguiente para no brindar una información errónea a sus lectores.
Por eso al otro día, accedí a informes internos de la Policía y horas después al mismísimo auto de procesamiento, que no es otra cosa que una sentencia que resume los hechos que hacen de fundamento para la resolución que adopta el juez que actúa en estos casos.
Tanto en el informe policial como en la resolución judicial, se deja en claro que el joven denunciante y lesionado por el funcionario policial objeto del proceso, no estaba armado, que no había cometido un delito aparente, aunque sí era el principal sospechoso de haber dañado un camión. También resultó de ambos informes por las declaraciones de los propios policías que el sujeto se negó a responder al llamado del policía para detenerlo y que estando dentro de su casa, arrojó piedras contra el móvil y el policía en cuestión, causándole daño al coche policial pero afortunadamente no así al funcionario.
Pero surge de todos los informes que el policía habría amenazado al joven, primero con su arma de reglamento y luego lo habría insultado con referencias al padre del adolescente, quien es o era funcionario policial. Por lo cual surge de allí una relación de conocimiento y una cuestión personal entre el policía procesado y el adolescente que fue usada como argumento por parte de las autoridades para adjudicarle al funcionario un error de procedimiento. Lo que termina en que tras recibir las pedreas, el efectivo toma el arma con “munición no letal”, pero suficientemente dañina como para herir a una persona y poder inmovilizarla y detenerla.
El funcionario policial se acercó al joven a metros de la puerta de su casa, a quien pretendió detener porque era sospechoso de haberle arrojado una piedra a un camión de Transportes Berro y romperle el parabrisas, y en un ida y vuelta de insultos entre él y el joven al que pretendía detener, entre otros hechos previos como las pedreas mencionadas, el policía disparó seis tiros con balines de goma que pueden llegar a doler y lesionar mucho, de los cuales varios impactaron contra el adolescente, dejándolo en el lugar herido y retirándose de la escena sin lograr el objetivo de retener al sospechoso.
Situación que se produjo ante la vista de todos quienes estaban allí observando lo sucedido y que horas después fueron al juzgado a prestar declaraciones con nombre y apellido, ratificando estos hechos que más tarde leí para informarme.
Las autoridades judiciales entendieron que más allá de la denuncia original que determinó la persecución al adolescente -el cual era el sospechoso de causar un daño por la cual el damnificado se supone que radicará la denuncia y que en consecuencia tanto los ocupantes del vehículo como el sospechoso deberán aclarar esto por otra vía- los funcionarios policiales, según lo que consideró el juez, no debieron proceder de esa manera.
El juez citó en su sentencia el artículo 22 de la Ley de Procedimiento Policial Nº18.315 que le pone “Límites al empleo de las armas de fuego” y que establece que los policías “no deberán emplear las mismas excepto cuando una persona ofrezca resistencia armada”, lo que no ocurrió en este caso. Entonces más allá de que el sujeto al que pretendían detener “fuera problemático” como declararon los policías, no podían “amenazarlo con el arma de reglamento”, tampoco podían “proferirle insultos” y menos que estos estuvieran “dedicados al padre” del sujeto al que pretendían detener, porque hicieron del caso una cuestión personal.
Y un policía no puede tomar un hecho personal en sus manos, porque caemos en el riesgo de que quienes tienen el deber de defender y proteger a la sociedad, cometan abusos y se generan situaciones como estas, donde en vez de resolver el asunto con una detención pura y simple, quizás hasta a través de una citación a concurrir a la seccional con su madre por el hecho de que el sospechoso era un menor de edad, terminamos viviendo como sociedad el análisis de una situación de violencia que divide a las personas en buenos y malos, algo que tampoco es justo en ningún aspecto.
Donde generalizamos y decimos que todos los policías son esto, o que todos las personas que tienen determinada conducta merecen tal o cual castigo. Ni el policía actuó debidamente, claro está, porque podía haberse ido del lugar, pedir apoyo y actuar con otras garantías, pero no fue así por lo que revela el auto de procesamiento, ni el adolescente actuó de manera correcta, sino que cometió un daño y encima terminó enfrentado a la Policía, volviéndose la víctima de un episodio que con una actitud adecuada pudo haber evitado.
El desenlace tuvo varias lecturas, muchas de ellas sin conocer toda la situación tal como ocurrió y con prejuzgamientos que terminan tergiversando lo que realmente sucede en estos casos, por lo cual se cuestiona fácilmente un dictamen de esta naturaleza, lo que tampoco nos hace bien como sociedad, porque nos genera desconfianza en las instituciones y nos demuestra que estamos pidiendo no respetar las leyes. Y cuando pedimos que las cambien no sabemos ni qué estamos pidiendo, ni a quién se lo tenemos que pedir. Porque se las exigimos a los jueces y no a los diputados y a los senadores que nosotros mismos votamos, que son los que las hacen.
Pero lo que más me preocupa no es eso, sino la falta de garantías en la que nos vemos envueltos como ciudadanos ante el cumplimiento de las normas vigentes. Porque quedamos en el medio de la actuación desmedida de funcionarios públicos a quienes les pagamos para defendernos y no para violentarnos, y también de rehenes del accionar de los que cometen delitos, que a pesar de ser los generadores de daños, el propio sistema les da el derecho de hacer valer sus reclamos, los cuales cobran tanta fuerza, que pueden revertir su propia situación y pasar a ser víctimas de los actos que ellos mismos originan.
Y los que estamos en el medio, precisamos apoyo y solo encontramos una pelea entre ladrones y justicieros, que con este tipo de actitudes, nos generan más desconfianza y temor. Pobres de nosotros.

HUGO LEMOS

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Así no solucionamos nada

Cuando leía días pasados que la Intendencia de Montevideo planea subirle los impuestos a las propiedades que se encuentran abandonadas, yo me pregunto, ¿no será mejor hacer una investigación meticulosa para saber el motivo por el cual los responsables de esos bienes los han dejado en ese estado de abandono durante todos estos años?
Porque quizás la intención de más de uno sea poder regularizar la situación de esa propiedad, pero quizás se les hayan presentado inconvenientes, problemas económicos para poder hacerlo, situaciones familiares que no tuvieron el mejor desenlace y esa propiedad pasó a ser un dolor de cabeza, yo que sé, tantas cosas que podrían haber ocurrido como para que alguien en un país como este que tiene déficit habitacional para su población haya dejado abandonada una propiedad. ¿Eso al Estado no le parece raro?
Porque en vez de citar al dueño del lugar para tratar de encontrar una solución al tema, encima las autoridades se dan el lujo de volver aún más inaccesible ese lugar abandonado para sus legítimos dueños al cargarlo con más impuestos. Porque incluso podrían ayudarlo a demoler, tanto para expropiárselas y hacer complejos de viviendas en esos lugares, como para buscar situaciones en las que se les dé utilidad a tales bienes.
Pero no, acá vamos por el lado del revés, porque se ve que alguien cree que para qué las cosas fáciles si las podemos hacer complicadas. Entonces lo hacemos así, le ponemos un impuestazo al titular del bien, porque creemos que el tipo se hizo el vivo, que es lo más fácil porque nos evita pensar, alguien se ve que dice en alguna oficina pública: “el tipo se hace el vivo así que pónganle otro impuesto y asunto resuelto”.
Porque para el Estado las cosas siempre son así, ellos revierten el principio de presunción de inocencia, todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario. Eso es lo mismo que pasa con los servicios públicos, no le asombre que si mañana le viene una tarifa de luz que triplica el valor de lo que usted paga habitualmente, usted va a ser culpable de haberla consumido, y el principio es “pague, después reclame”. Y ahí analizan su situación y si la ven favorable capaz le devuelven algo, mal y tarde.
Pero en el caso de la cantidad de propiedades de alto valor que están abandonadas y sin solución aparente, no solo pasa en Montevideo, sucede en varias partes del país y por supuesto también en Salto. Hay casas que son enormes, monstruosas porque son de otra época, y como los valores son tan altos por los impuestos que deben pagarse en este país, máxime si se trata de una sucesión inconclusa, que viene de años hasta por problemas familiares, o porque los papeles no están al día, o falta algún heredero, los problemas se acumulan y el sistema no aporta soluciones, sino que únicamente le pone al interesado en regulariza los problemas una cortapisa tras otra.
Ese tipo de casonas abandonadas, terminan siendo ocupadas por gente que no tiene dónde vivir y eso se vuelve un juntadero de mugre, un foco de infección y un problema
De riesgo para esa pobre gente que se mete en esos lugares para encontrar un techo. Entonces, por un lado me parece bien que el Estado se ocupe de buscarle soluciones a estos temas, pero si sabe que el propio sistema impone cuestiones legales e impositivas que muchas veces son el motivo por el cual esas casas están abandonadas, es decir, los propietarios se ven perjudicados por los aspectos normativos al punto que los mismos se vuelven tan lesivos que ellos no pueden hacerse cargo de sus bienes para poder disponer de los mismos, encima, si la solución aparece como cargar a la gente con más impuestos no estamos siendo serios, responsables ni sanos mentales, porque estamos agregando más piedras en una misma mochila.
En Salto, hay un ejemplo claro, la casona de la esquina de 18 de Julio y Artigas estuvo por años en una situación desoladora, vaya a saber uno cuál fue el motivo para que los herederos de esa imponente mansión no pudieran hacerse cargo de la misma, pero estoy seguro que no es que no hayan querido, sino que habrían encontrado diversas situaciones que en vez de facilitarles el camino, los alejaron de ese lugar hasta que no sé cuál fue el destino, solamente que en la actualidad se convirtió en el mal cimiento de una pretendida obra fallida, que alberga indigentes por las noches y presenta un severo riesgo para todo el que por allí transita.
Por lo tanto, muchas veces cuando el Estado hace cosas como esas, donde en vez de buscar una solución de fondo a los problemas impone otro a la fuerza, como es generar una sanción con un impuestazo como si eso motivara al dueño a hacerse cargo de algo con lo que no pudo, me parece que estamos operando al revés de la milanesa y que tendríamos que decirle en la cara a nuestros gobernantes y legisladores, que los problemas pasan porque vivimos en un sistema que no te permite hacerte cargo de las cosas, sino que establece parámetros muy rígidos que lejos de darle soluciones a la gente, complican mucho más las cosas.
Pero antes de que salte un botón de la camisa, es bueno también decir que el engorroso sistema burocrático que tenemos en este país no lo inventó el gobierno de turno, viene desde hace muchísimos años, pero el gobierno de turno es el que puede cambiar las cosas y no seguir actuando como los que actuaban quienes estuvieron antes que ellos.
Tendrían que poner un freno a las cosas y tratar de encontrar una solución al corto plazo, porque este ejemplo de las casas abandonadas, que seguramente involucran a no poca gente pero tampoco a tantos ni es problema común de todos los días, lo puse para mencionar que no se pueden solucionar las cosas a impuestazos, no podemos seguir en el país de los impuestos donde todo lo sancionamos de esa manera, porque nunca vanos a lograr la anhelada transformación social que tanto se ha prometido y que todavía muchos queremos creer que algún día puede llegar a darse.

HUGO LEMOS

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El niño que llevamos

Cuando era niño me gustaba cantar. Por supuesto que no lo hacía bien, pero para mí, sonaba fantástico. Recorría el barrio y me paraba en la esquina, cantaba “Sentados al cordón de la vereda…bajo la sombra de algún árbol bonachón…”, y seguía. En realidad era una canción que escuchaba mucho en la radio de la época, hablo del año 85, yo tenía 6 años. Pobres los vecinos, ellos hacían como que les gustaba mi canto, pero ahora los entiendo, cuando mi hijo hace algo yo lo aplaudo, él queda contento, a mi me parece gracioso y todos felices. Ahora que lo pienso ellos querían ser buenos conmigo y me aguantaban cualquier cosa.niño
Me gustaba charlar con todos, contarles cosas y que ellos me las contaran a mi. Y me llevaba bien con cada uno. No concebía no saber quién vivía en la cuadra de mi casa o enfrente, y tenía un trato muy cercano con todos, desde los más grandes hasta los más chicos. Quizás haya sido la ausencia de tíos y primos lo que me llevó a eso, ya que en esta ciudad solamente vivíamos con mis padres y no teníamos parientes, no lo sé. Pero esa relación cálida con la gente fue la que me marcó mucho en mi niñez.
En esa etapa de mi vida tuve de todo, desde la barra con la que jugábamos en el campito detrás del oratorio de la Virgen de Fátima, en la esquina de Cervantes y Morquio, donde todas las tardes después de la escuela y sobre todo en verano se desarrollaban los campeonatos más intensos de fútbol que uno se pudiera imaginar, hasta el Tablado del Club Huracán y el movimiento cotidiano de una zona signada por los comercios, talleres mecánicos y bares que juntaban a personajes ilustres como Cacho La Bandera y hasta en alguna oportunidad al mismísimo Pepe Guerra.
Allí transcurrió mi infancia, entre los amigos del barrio, la escuela pública más cercana, el liceo donde trabajó mi madre, lugar al que mi sentido de pertenencia me llevó a que trabajara mucho por la institución siendo estudiante de la misma y así, siendo extrovertido, alegre y tratando de ser cariñoso con los demás, fui creciendo.
Después vino la difícil etapa de la adolescencia, cambio de barrio y entonces el escenario se modifica, la gente se transforma, ya no es la misma, somos otras personas y nos vamos transformando de a poco. Pero no puedo evitar decir que tuve una infancia rodeada de familias y amigos, tuve la oportunidad de estudiar, un techo y un plato de comida en la mesa. El resto tenía que ponerlo yo.
No me acuerdo si me regalaban mucho o poco en los días festivos como el de ayer, porque eso era otro cantar. Éramos cuatro hermanos, padres funcionarios públicos y encima en una época donde reclamar estaba mal visto y en vez de hacer efecto en las autoridades de turno hacían como que nada pasaba, por lo cual a los sueldos no se les podía llamar ni eso. Y los tiempos cambiaron.
A veces uno se pregunta ¿qué queda de aquel niño que creció cantando en la esquina del barrio con el grupo entero de gente tomando mate y alentando? Y queda lo que hemos construido por nosotros mismos en nuestro ser. Lo que hayamos forjado como manera de pensar, la ideología que por convicción elijamos predicar y cumplir como modo de vida.
Nos queda la inocencia de creer en algunas cosas que aún nos dicen como promesas mucha gente, nos queda la ingenuidad de no saber muchas cosas que le dan sentido a lo que somos y hacemos, pero también el aprendizaje de que no todo aquel que te sonríe te está diciendo la verdad, te está alentando y está tratando de ser tu amigo.
Porque al crecer también se aprende que la vida es lo que nosotros queramos que sea. Que el camino que hacemos es lo que nos determina como personas y lo que nos construye diariamente, somos nosotros mismos los arquitectos de nuestro destino, somos los que decidimos dar cada paso y hacer del mismo la vida que llevamos.
Aunque hay algunos que no tienen la chance de elegir y esos son los niños que hoy navegan en la pobreza en este país, que aún los hay y son muchos y donde la política de asistir a merenderos y darle dinero a organizaciones no gubernamentales o asociaciones civiles que se encarguen del tema, no soluciona el problema, sino que termina aumentando el drama, porque a más asistencialismo la gente que vive en condiciones de pobreza, se aferra a esa ayuda del Estado y no se inserta en la sociedad, generando además una carga que se termina trasladando mentalmente a la generación más próxima.
Cuando vemos a esos niños pobres en las calles, solos, abandonados, pidiendo monedas como los que pueden verse todos los días en el centro de la ciudad y en la zona del Shopping y Terminal, uno piensa quién les enseña a ellos que pueden elegir su camino y salir adelante por sí mismos, si llegan a tener padres que les permiten encontrarse en ese estado de desesperación. Esos niños no los vemos llegar a la escuela, ni siquiera con la mochila más humilde y los cuadernos más baratos del mercado, sino que deambulan de un lado a otro y convierten su vida en ausentismo permanente, vacuidad y carencia de valores, y cuando ellos crecen ¿qué nos queda?
Ayer fue el Día del Niño en nuestro país y afortunadamente la gran mayoría de ellos pasaron bárbaro, con sus familiares al lado y disfrutando de juguetes nuevos. Otros no la pasaron tan bien, por la ausencia de algunos de sus padres y por la falta de oportunidades de estar en un hogar tranquilos y con el apoyo familiar.
Pero también están los que teniendo el mismo derecho a la libertad que los que mencionamos antes, el mismo derecho que cualquiera a caminar por su barrio, a ir a la escuela, a jugar en la plaza y a salir a la vereda cuántas veces quieran, conviven con sus madres en un clima carcelario que nada bien les hace. Pero el hecho es que están ahí para ayudarlas a ellas y no al revés, al menos el sistema está planteado en esos términos. Pero ellos que pueden estar jugando a la pelota, están en el patio de una cárcel.
Quizás esos niños no hayan tenido un feliz día porque solamente se les dio un juguete, que está muy bien que ello ocurra y nadie lo discute, pero no se les cuidó adecuadamente y en el lugar en el que están corren el riesgo de que se les sean vulnerados todos sus derechos. Y eso si sucede es grave, pero más grave es el ausentismos del Estado en la lucha por políticas nuevas que cambien de una buena vez esta realidad que estamos viviendo.
Ojalá que el niño que llevamos dentro con esos recuerdos nos hagan hacer cosas alocadas por un día como por ejemplo ayudar al de al lado, tener un gesto de cariño hacia el vecino y querer evitar con nuestras acciones, sobre todo si estamos en puestos claves, algunos hechos que hagan que ellos sufran como nosotros temimos hacerlo en algún momento.
Y ahí volvemos al sentido de ingenuidad que teníamos cuando éramos niños, el de esperar que los que tienen que hacer algo y pueden transformar las cosas realmente se ocupen y lo hagan. Pero después nos acordamos que al final todos somos adultos y que el mundo no es así, entonces pensamos en ellos, los abrazamos, sentimos a nuestro niño interior y se nos vuelven a caer las medias.

Hugo Lemos

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Se trata de ser educado

“Siempre que te subas a un ómnibus y veas que una mujer embarazada, o mayor de edad, o un hombre ya adulto mayor, vayan parados, dejáles el asiento, ellos lo precisan más que vos”. Ese fue un consejo que me dieron en mi casa, una enseñanza de vida, una forma de comprender las cosas como son y como deben ser.
Para mi no significaron otra cosa que respeto, tolerancia, compartir y ayudar a que el otro se sienta bien, nunca lo tomé como un acto machista, por el contrario, esas cuestiones de género que hoy se ven exacerbadas muchas veces me parecen ridículas, porque lo que generan son más diferencias sociales y una brecha innecesaria entre hombres y mujeres, que en vez de generar condiciones de igualdad, apuntan a tirar a separar más a la sociedad.
El otro día leía lo que le pasó nada más y nada menos que al destacado escritor español Arturo Pérez Reverte, quien narró en una notable editorial que cuando estaba entrando a una librería en Madrid, le cedió el paso a una mujer en la puerta del lugar, ya que cuando este iba a ingresar se topó con la señora, la cual, en vez de agradecerle el gesto de buena educación, se lo increpó diciéndole que era un gesto machista.
El escritor quedó anonadado con la respuesta de la mujer, ya que no entendía cómo al querer cederle el paso a alguien, podían acusarlo de cometer violencia de género. Entonces se preguntaba si él, que acostumbraba a ceder el paso a la gente más allá del sexo que ostente el individuo destinatario de su actitud, cometería un acto similar cuando el paso se lo cedía a un hombre.
Sin embargo, las políticas de género apuntan al reconocimiento de los derechos de las mujeres y de los distintos colectivos sociales que componen nuestra sociedad. Sobre todo de estos últimos, porque enfatizar el derecho de la mujer suena a que la misma antes no era reconocida, y quizás no lo haya sido en su plenitud, aunque nuestro país ha sido pionero al igual que Inglaterra en esto, y las mujeres han conquistado espacios de poder, merecidamente, porque tienen la misma capacidad que cualquier hombre, por la sencilla razón de que son personas y seres humanos al igual que los demás, entonces sin importar su género, tienen la misma potencialidad de desarrollo de sus capacidades al igual que los hombres.
Eso nadie podría negarlo, sería un disparate el solo hecho de pensar lo contrario. Vivimos en un mundo gobernado por mujeres fuertes, inteligentes, destacadas y tremendamente poderosas, a la vista están quienes gobiernan y han gobernado el mundo como Angela Merkel, Michelle Bachelet, antes Margaret Tatcher, y probablemente en un futuro cercano Hillary Clinton lidere a la nación más poderosa del mundo. También tuvimos ejemplos más cercanos como el de Dilma Rousseff, y aunque a mi juicio no es un buen ejemplo, al menos estuvo en el poder y cabe mencionarla a Cristina Fernández.
Pero estoy seguro, que a ninguna de estas personas que acabo de nombrar, se les ocurriría pensar que porque alguien les dé el asiento en el ómnibus o les ceda el paso al ingresar a un lugar, están siendo pasibles de un gesto machista, porque sería absurdo ponerle una etiqueta a un gesto de buena educación.
La buena educación, que es la que se ha perdido en estos tiempos, pasó de ser algo natural a ser una cuestión singular, extraña y hasta en ciertos momentos mal entendida por las personas que no la conocen. Vivimos en tiempos donde todo da lo mismo y hasta contradictoriamente así, permitimos la violencia contra niños, niñas, adolescentes, adultos mayores, hombres y mujeres, lesionamos los valores de la gente, queriendo suplantarlos por una nueva idea de vida donde no importa nada y todo lo validamos; cuando por otro lado se exige respeto y cumplimiento de los derechos de ciertos sectores sociales, que tienen los mismos derechos que los demás, pero que se excluyen para ser distintos y reclamar derechos diferentes, casi como que estén por encima de los derechos de los demás.
Eso no es defender el género de nadie, no es pelear por mejores condiciones de vida para gente que ha sido hostigada siempre, sino que es hacer parecer que hay gente diferente que merece un tratamiento especial y que no se ve comprendida en el principio constitucional de que “todos somos iguales ante la ley”.
El otro día me encontré a una mujer conocida, cuando la vi con sus hijos pequeños y me decía que venía de hacer mandados y que cuando llegara a la casa tenía que cocinar, hacer los deberes de la escuela con sus niños y después aprontarlos para dormir, yo pretendí elogiarla diciéndole que era una “muy buena madre” y me formuló determinados epítetos, no contra mi, sino contra la vida, porque se sentía frustrada ya que su hogar era monoparental entonces entendía que los demás pensábamos que esa lista de actividades que me había anunciado estaba dentro de su rol de mujer y que a su juicio eso era un mandato social equivocado y no sé cuánta cosa más.
Traté de hacerla entender que muchas veces a mi como padre me tocaba hacer algo parecido, más allá de que no vivía en un hogar monoparental, usualmente tenía que levantar a mi hijo del jardín, hacer los mandados, darle de comer, cuidarlo y extender por ello mi horario laboral, entre otras cosas, pero de igual forma, eso para esta persona no era lo mismo.
El hecho de tener que enfrentar un mundo donde los hombres que ella conocía vivían solteros y usando su tiempo para el ocio, acotaba su mirada a que había que derrocar lo que ella entendía que era un mandato social por el cual tenía que cargar sola con sus hijos, porque pasaba de ser persona a un burro de carga. Pero traté de explicarle que así era la lamentable situación que ella debía soportar, aunque aún así podía cambiarla cuando quisiera.
Si bien vivimos en una sociedad donde la violencia de género campea, esta es la que se da por el aprovechamiento de la condición que ostenta la víctima con su determinado género y no por otra cosa, no es bueno naturalizarla y trasladarla a todos los ámbitos de la vida y a todos los sectores sociales y a los problemas que nos tocan vivir a diario, porque eso termina tergiversando el verdadero sentido de la lucha por los derechos y los espacios que reclaman tanto las mujeres como determinados colectivos sociales.
Por eso no creo que debamos ser extremistas de pensar que cuando un hombre quiere ser amable con una mujer está sometiéndola a su dominio o algo parecido, por el contrario, se trata de una persona que quiere ser amable con otro ser en su misma condición y si lo hace con buena educación y corrección, es algo que alienta a creer que un mejor mundo aún es posible.

HUGO LEMOS

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Una transformación para todos los gustos

En el entonces arenoso patio de la Escuela Nº121 (local donde en la tarde funciona la Escuela Nº2) uno de los juegos favoritos de mis compañeros de clase era la Rayuela. Habían dibujado una grande, con todos los números en colores y la habían hecho al lado de la puerta de la cocina, donde Don Cabrera cocinaba con su esposa para el comedor al que asistían cada mediodía decenas de niños.
También había otros juegos que eran los que practicábamos la mayoría de los varones, un poco más rudo y para el que no había que tener tanta destreza sino más bien ganas de aguantar algunas patadas. Le llamábamos “el 25” y era un picado grande, de esos en los que íbamos todos contra todos y había que hacer goles. Pero no errarle al arco porque te tocaba ir. Y cuando se anotaba el gol 25, el que oficiaba de golero en ese momento sufría las consecuencias. Lo castigábamos haciéndolo pasar por el medio de la fila donde los golpes eran la sanción.
Pero más allá de esto, en todos los casos había interacción. Todos nos hablábamos, nos mirábamos a los ojos y conversábamos. Sabíamos a qué jugábamos, quiénes lo estábamos haciendo y hasta en cierta medida hacíamos ejercicio físico, porque practicábamos un deporte.
Aunque ahora las cosas cambiaron, el avance de la tecnología y el consumo masivo de la misma al punto de incorporarla como una necesidad de la vida cotidiana, porque nadie puede arrancar el día sin tener activa participación en la aldea virtual usando el whatsapp, redes sociales y ya como último recursos mensajes de texto, todo eso genera una forma de vivir, establece una conducta determinada y nos dice que vivimos en este presente donde las comunicaciones están al alcance de la mano.
Y si bien esto ayuda a la vida en sociedad, no son tan así los programas nuevos que se cuelan por ahí como los juegos cibernéticos que tienen de la pata a más de uno y que se han impuesto como un mandato social.
El Pokémon Go, no es un juego, es una actividad absurda que se impone por el uso del celular en la aldea virtual de la que hablamos, generando una idiotización de las personas en busca de algo que no existe, para que un desconocido que tiene todos los derechos reservados de esa actividad se levante una torta de plata con el uso de esa aplicación por parte de los millones de giles que andan como a ciegas buscando vaya a uno a saber qué, con la excusa de que entretiene a la gente y en realidad lo que hace es reportar el grado de estupidez mental que tenemos adentro y de cómo podemos salir corriendo detrás de lo que nos dice el equipo celular, al que ya no se le puede decir teléfono porque es mucho más que eso.
En el mundo en el que vivimos todo cambió, las cosas que antes no pensábamos que podrían suceder, ocurren, como el hecho de participar de un juego donde los premios y las metas no son tangibles, sino que son por efecto virtual y nos tienen en solitario, sin hablar con el de al lado, sin mirarlo a los ojos, sin ver qué siente al estar entretenido junto a mi en la misma tarea.
Estas prácticas, que además son peligrosas por el nivel de adicción que generan, ya que se han reportado el registro de varios accidentes porque las personas no sé cómo hacen, pero se concentran en este juego y no miden consecuencias, son perjudiciales para la salud mental y para el desarrollo cerebral que todos necesitamos para pensar bien, actuar bien y comunicarnos bien.
Aunque vivimos en un presente donde las cosas son distintas y muy inimaginables a cómo era la sociedad hace algunas décadas atrás. Nadie se imaginaría que nada más y nada menos que en el Salón de Honor del Ministerio de Defensa de nuestro país, se estuviera velando a un Ministro con guardia de honor y autoridades con uniforme de gala y en el medio del acto, luciera una bandera Tupamara como si fuera un símbolo patrio más.
Ese quizás fue el hecho político más importante de lo ocurrido ese triste día en el que el país despidió a uno de sus ministros, más allá de estar o no de acuerdo con él, sus expresiones y su forma de ver la vida, esa autoridad era quien dirigía a las Fuerzas Armadas y era nuestra autoridad. Pero esa misma persona con relevante jerarquía, a la que hacemos referencia, fue un prisionero de guerra de la dictadura, fue uno de los rehenes claves que amenazaba con fusilar la dictadura comandada por el Ejército y terminó siendo sepultado con honores militares por las fuerzas armadas, con las que tantas veces se sentó a hablar y hasta con el Comandante en Jefe del Ejército hablando de su persona emocionado hasta las lágrimas, despidiéndolo como un “Quijote” que había dado sus vida por la institución.
Esas contradicciones históricas, o cambios abruptos de la vida del país van asociadas a los cambios drásticos que enfrenta la sociedad actual, a los mismos cambios que vive la gente con cosas como las que mencionábamos anteriormente, como el Pokémon Go y esas cuestiones que generan un comportamiento que hacen a un presente donde no todo es tan bueno, sino que te da ejemplos donde por un lado se dan hechos históricos que pueden ser positivos en la medida que los tomemos como un paráte al odio que se generó en su momento de unos contra otros, lo que es positivo, y por otra parte, tenemos un acto de aberración en el que la idiotización de las personas a través de un juego virtual hacen que los cambios se asimilen de otra manera.
Lo importante es saber que si la sociedad se transforma a pasos agigantados, hay toda una vorágine que corre rápido, muy rápido y si no le seguimos el tren para saber dónde estamos parados, corremos el riesgo de quedar como ausentes de un mundo que nos determina, nos orienta y nos direcciona a su manera, pero somos nosotros los que tenemos que ser conscientes de que debemos tomar el toro por las astas y ser quienes gobernemos nuestro andar, practiquemos nuestro propio camino y nos plantemos frente a la realidad de una manera que la misma no nos asuste, sino que lejos de eso, nos sintamos parte e intentemos mejorarla.
Los ejemplos mencionados tienen un solo objetivo, demostrar que por un lado las cosas de la vida pueden tener un giro impensable y que nos pueden llevar a vivir experiencias jamás pensadas. Y que por otro lado, debemos saber que nosotros valemos mucho como para que alguien determine nuestro andar, nos marque un camino y nos imponga cosas fútiles como si fueran importantes para dedicarles nuestro valioso tiempo, en vez de usar ese preciado momento, en buscar la forma de crear algo que nos impacte a nosotros y nos hagan sentir vivos, sin pokemones y sin cosas raras que nos anclen más a un sistema, al que nosotros no le interesamos para nada.

HUGO LEMOS

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¿Cuál es el espíritu uruguayo?

Viernes de noche, cielo nublado que anuncia mal tiempo, pero el mismo no se concreta. Afuera mucho movimiento, el veranillo después de tantos días de frío hace que la gente salga y que los jóvenes se ilusionen con que están viviendo un poco de primavera. En casa, la televisión estaba prendida como pocas veces. El noticiero mostraba lo sucedido en la Convención Demócrata en la ciudad de Filadelfia, donde Hillary Clinton iba a ser proclamada candidata a la presidencia.
En el estrado habían pasado muchas personalidades, pero cuando estuve frente a la pantalla justo era el turno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El mandatario distinguido con el Premio Nobel de la Paz en el año 2009 no me inspira mucha confianza, porque si bien es reconocido por presidentes que están en las antípodas de su pensamiento, como José Mujica y Raúl Castro, que aducen que es una persona honesta, ha continuado con políticas belicistas en distintas partes del mundo y no para hacer la paz precisamente, porque nadie logra la paz haciendo la guerra. Pero Obama vendió el verso de que sí podía y le dieron el título vaya a saber uno cómo.
Pero en este caso, en su discurso dijo algo bien interesante. Criticando al principal adversario político que tiene su partido, el pintoresco setentón Donald Trump, un tipo rico que quiere divertirse en un campo distinto al suyo y por eso busca ser presidente, y refiriéndose a él, Obama dijo algo que me hizo reflexionar.
Aludió al caso del empresario de la ciudad de Cleveland, que se bajó el sueldo para no tener que despedir a ninguno de sus empleados cuando las ventas bajaron y los problemas económicos comenzaron a hacerse sentir. Algo que no siempre pasa en ese país y que si vamos al caso, en Uruguay dudo que alguna vez llegue a suceder. Como premio, los empleados juntaron dinero y le obsequiaron el automóvil que al empresario le gustaba. Pero tras citar ese ejemplo, Obama dijo “él lo hizo porque sintió que hacer lo contrario, no iba con el espíritu norteamericano”.
El espíritu norteamericano, el espíritu de nación, de país sólido, fuerte, protector de los suyos, ese concepto de espíritu, es algo que en nuestro país no tenemos. No sabemos cómo funciona. Porque ese espíritu, trasciende el comportamiento puntual de ese empresario y de los empleados que luego le retribuyeron en nombre de su actitud de protegerlos, de cuidarlos y de creer que juntos podían superar los problemas y salir adelante, ese espíritu es algo implícito en la identidad de ese pueblo, que es un crisol de razas y cuyos inmigrantes han hecho del mismo la nación que es hoy.
Estados Unidos es el país más poderoso del planeta, nadie lo niega. Y en consecuencia tiene una política si se quiere imperialista por buscar estar presente en todas partes, porque es un imperio, tiene una política que para sus gobernantes y sobre todo para el pueblo norteamericano es un deber, una responsabilidad la de tener que estar en los distintos rincones del globo, porque entiende que deben “cuidar” del resto del planeta, para que todos vivamos más o menos como ellos. Para que seamos iguales, consumamos lo mismo, tengamos las mismas creencias y los mismos valores.
Entonces ellos mandan, pero dominan y entienden cómo hacerlo, porque todos hacemos más o menos lo mismo y nos venden lo que nosotros consumimos y el estilo de vida que ellos han impuesto, es parte de ese “estar presente” que han logrado.
Por lo cual el espíritu estadounidense lo que busca es generar ese concepto de nación, de país líder, de valores múltiples, de diversidad de pensamiento, de libertad hacia adentro. Ese es el espíritu del que habló Barack Obama y que entiende que si un xenófobo como Donald Trump gana la presidencia, sus valores no son los que fundaron a esa gran nación, admirada por José Artigas que hablaba ya en sus notas de la democracia norteamericana.
Y yo me pregunté, tras escuchar todo eso ¿cuál es el espíritu que impulsa a este país? ¿Somos una nación? ¿Somos un país con identidad traducida a valores claros que buscan una sociedad mejor, solidaria, generosa, proactiva y trabajadora? ¿Tenemos el concepto de espíritu uruguayo? ¿Podemos decir que algo no va con el espíritu uruguayo?
Yo creo que hay cosas que sí. Y hay otras que lamentablemente también. Unas como la solidaridad cuando algo pasa y hay que colaborar, estar, ayudar y compartir, son parte del espíritu que tenemos los uruguayos, que no queremos que nada nos pase y que si hay una catástrofe como la ocurrida en Dolores, o una campaña para los niños con cáncer, no le somos indiferentes y fomentamos el valor de la solidaridad como una cuestión de nuestra identidad.
Pero también hay otras formas que acompasan nuestro espíritu. La mezquindad de medir quién tiene más, para tratarlo diferente. Lo que por ejemplo le ilustró el expresidente José Mujica al periodista español, Jordi Evole del programa Salvados, donde le dijo que en Uruguay “tenemos obreros muy capaces, pero no nos matamos laburando, nos gustan los fines de semana largo, los feriados por cualquier cosa y en ese sentido, no somos japoneses ni alemanes”, aludiendo al valor del trabajo que tienen implícita estas poblaciones que supieron levantarse de dos guerras que destrozaron sus países y aún así, todos se remangaron para reconstruir sus ciudades.
Protestamos por todo, pero no medimos cuánto estamos dando, para poder reclamar con fundamento. Creemos que podemos hacer la plancha y que el Estado debe darnos un empleo, un subsidio, una propuesta para que salgamos adelante. Pero no nos sentamos a pensar por nosotros mismos cómo podemos hacer algo para generar nuevos horizontes y no tener que pedirle a nadie que sea compasivo y nos dé.
Estoy convencido que los uruguayos podemos, que tenemos las condiciones para salir adelante, somos apenas 3,4 millones de personas y hemos tenido niveles de excelencia en todos los rubros en el mundo, algo pocas veces explicable porque hay muchos países con nuestra misma o mayor población que no han logrado absolutamente nada. Eso nos dice que si queremos, podemos.
Pero la búsqueda de ese concepto también nos pide que miremos a los que están arriba para saber cómo hacer las cosas bien y dejemos de mirar a los que están abajo, porque esa es la forma de convencernos que no necesitamos más nada y que así estamos bien. Con esa postura es que tampoco buscamos los valores que nos traduzcan cuál es el espíritu uruguayo, y si hay algo que va con eso para poder identificarlo. Pero confío en que no bajemos los brazos y que sigamos buscando entre todos para identificarnos y poder encontrarlo.

HUGO LEMOS

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¿De qué se ríen?

Una de las cosas que existen son las llamadas focas o en todo caso, mejor dicho, los aplaudidores. Y todos los gobiernos los tienen, gente que no sirve para otra cosa que para aplaudir y aprobar todas las cosas que hace un gobierno, por lo general un gobernante, con el fin de caerle bien al mismo y mientras lo palmean al hombro como un gesto de ‘qué bien que te está yendo’, aunque no analizan si eso es así o todo lo contrario, pueden estar empujándolo al precipicio de su carrera y hacerlo caer solo de tantas veces que le palmearon el hombro. politicos
Esto ya lo vi antes y lo sigo viendo ahora. Pero el otro día lo comprobé, cuando en el Consejo de Ministros que hizo el presidente de la República en la localidad de San Gregorio de Polanco, a orillas del río Negro en el departamento de Tacuarembó, un niño, con todas sus luces, ganas y coraje por estar parado nada más y nada menos que frente al gobierno de su país, dijo tartamudeando por los nervios y con la mirada perdida por lo chiquito que lo hacía sentir toda aquella parafernalia montada para que Vázquez se sienta a gusto de que es el que manda en este país, el discurso más honesto de todos los que posiblemente se hayan pronunciado en esa jornada.
Pero honesto no solo por la inocencia del escolar, quien a su edad pinta el mundo del color que lo vive sin falsos brillos, sino además por la realidad del asunto y porque se trata de un tema que está a ojos vista en todos lados, que todos lo sabemos y que por lo que eso implica muy pocos quieren hacerse cargo.
El niño contó con detalles los problemas que él siente que vive su escuela, la cual a su edad significa mucho, es su mundo, su lugar, su segundo hogar, el espacio donde debe educarse y desarrollarse para poder crecer en la vida. Está ubicada en esa hermosa localidad del interior del país, pero tiene problemas que para ese uruguayo de 11 años son muy importantes.
Y no le importó la presencia de todos los edecanes vestidos con sus uniformes de gala, ni que tampoco en el lugar estuviera la directora de la escuela mirándolo. Él sentía que tenía algo para decir y que tenía que decirlo.
Entonces tomó el micrófono y pidió la palabra. Y contó lo que le estaba pasando, pero detrás suyo, las focas, los aplaudidores, los que hacen el caldo gordo y son de poca utilidad, se reían, algunos a carcajadas, algo que puso nervioso al niño, pero no lo amilanó y siguió con su discurso. Y los otros tomaron como un hecho gracioso lo que él estaba contando, pero por lo menos alguien atinó a darse cuenta de que el tema no era para reírse, menos a carcajadas. No era ni siquiera para hacer una mueca. Era algo para escuchar y escuchar con atención, porque no era una maestra ni la directora quejándose de la falta de recursos, era un niño diciendo que se le llovía la escuela y eso, es algo serio.
Pero por suerte, entre tantos aplaudidores y focas que demostraron que con su actitud no ayudaban a nada sino a hacer el ridículo, hubo alguien serio y fue el presidente del Codicen, que hizo un gesto de que le daba vergüenza que un escolar le reclamara algo tan básico, cuando el Estado vuelca más de un 30 por ciento de sus recursos al sistema educativo. ¿Dónde está esa plata? Se preguntaría el niño, porque a su escuela no llegó ni un billete de 100 pesos. Y con lo que el gobierno le ha venido dando a la educación en los últimos 10 años, tendrían que haber llegado a la escuela de San Gregorio de Polanco, varios billetes de 100 pesos.
Y entonces, por suerte el que manda, no se dejó llevar el hilo de quienes riendo y aplaudiendo, pretendían que el reclamo más importante de la sesión del Consejo de Ministros pasara desapercibido, porque al parecer había orden de que aquello fuera una fiesta y no un lugar donde hasta los niños iban y pegaban cachetazos, diciendo cuán mal podían estar las cosas.
El presidente de la República, Tabaré Vázquez, con la altura y educación que lo caracteriza, hizo suyas las manifestaciones del presidente del Codicen, Wilson Netto, y dijo “se me cae la cara de vergüenza” y reclamó porque las personas a las que puso en puestos claves para administrar los servicios de enseñanza pública, sean mejores gestores y no permitan que “algo tan chico, tan pequeño” en palabras del presidente, como el arreglo a una escuela, no echen por tierra una gestión que pretendió levantar el sistema educativo del ostracismo en el que se encontraba.
Pero las focas y aplaudidores no miden esas cosas porque no tienen capacidad para hacerlo. No se dan cuenta que el hecho de que una sola escuela esté en mal estado edilicio, sí puede llegar a hundir y a hacer echar por tierra cualquier gestión posible para mejorar la educación pública de este país.
Aunque en este caso el presidente de la República tuvo la capacidad suficiente como para decirles a todos con sus expresiones ¿de qué se ríen? Si el niño de 11 años tenía razón y les estaba diciendo con sus palabras “sí, muy linda la fiesta y todos los discursos que hacen, pero a mí la escuela se me cae encima”. Y eso era una realidad que rompe los ojos.
Y como esto hay varios temas similares, varias situaciones en las que el país sufre decadencia y problemas de todo tipo, en tanto se aducen análisis favorables sobre realidades que parecen ser sacadas de un cuento de hadas, cuando la realidad en la calle, en las escuelas, en los hospitales, en las oficinas públicas y en todas partes dicen muy otra cosa.
Aunque me quedo con lo que pasó al final. Y fue muy bueno que la cabeza del gobierno se diera cuenta de que la palabra de un niño, fue un cachetazo al gobierno que nunca habría esperado recibir.

Hugo Lemos

 

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El problema es dejar que exista

Cuando era niño me habían enseñado que los políticos eran profesionales en su trabajo, que se dedicaban a trabajar por el país y sobre todas las cosas por la gente. Entonces uno se quedaba tranquilo, porque en cierta medida quienes estaban en los cargos más altos como autoridades, nos iban a ayudar a solucionar todos los problemas que teníamos.
Claro, yo era un iluso y pensaba que estos buenos señores, que antes por lo general aparecían todos de traje y corbata porque era una condición sine qua non para verse bien, estaban muy capacitados para la gestión que estaban emprendiendo y el resto de nosotros se iba a su casa tranquilo a descansar porque podía confiar en ellos.
Pero el tiempo pasó y a medida que fui creciendo también fueron pasando cosas. Y fueron cosas muy importantes como el hecho que el país tuvo serios problemas de administración de sus bienes públicos, problemas en la educación, que aún los hay, pero que antes parece que el tema era peor, porque por un lado, no había recursos para pagarle a los docentes, pero tampoco para arreglar la escuela. Y ahora parece que sí hay recursos para pagarle a los docentes, pero se les paga lo que el gobierno considera que vale uno de estos, y hay también hay dineros para arreglar las escuelas, pero hay que atender otros cientos de problemas y las escuelas no se arreglan.
Cuando estas cosas pasan es que uno se pregunta si ¿hay falta de capacidad en los políticos que son los que nos prometen en cada elección que van a solucionar todos los problemas del país?, ¿o la falta de capacidad es nuestra por votarlos, confiar en ellos y creer que sí pueden solucionar todo y por eso los votamos?
Ayer hablaba con la representante del sindicato de maestros a nivel nacional y me hacía saber que si bien estaba conforme con las disculpas que había formulado la ministra de Educación y Cultura, por haber dicho que un maestro de escuela era alguien “simple” que no “podía encargarse de los grandes temas de la educación”, querían cortarle la cabeza y que renunciara porque sabían que quien no estaba a la altura del cargo por decir algo así y afirmarlo con tranquilidad.
En un país de primer mundo, el ministro de Educación tiene educación y no dice esas cosas, pero si llegara a hacerlo, renuncia solo y no precisa que el sindicato de maestros le pida que se vaya. Pero acá ni la ministra renunció ni el presidente le pidió que se fuera, por lo tanto el presidente apoyó los dichos de la ministra y eso es lo que más me preocupa, no tanto que desoigan al sindicato de maestros porque últimamente desoyen a todos los sindicatos, porque ya no los creen compañeros sino molestos, pero me llama la atención que la ministra no se preocupe por sus propios dichos y diga “pucha, yo tengo que ser una profesional de la política porque soy ministra, me pagan un muy buen sueldo para ello y tengo que hacerme cargo de si el problema en este país pasa porque un maestro de escuela no está capacitado para algo más que dar clases”.
No, no pasa esto, la ministra no se lo pregunta, el presidente tampoco se lo cuestiona y el sindicato de maestros parece estar más ocupado de la imagen por el piso en la que los dejó la ministra, que en trabajar, estudiar y capacitarse lo suficiente como para demostrarle lo contrario.
Pero ¿qué pasa con la educación, con los futuros maestros y sobre todo qué pasará con nuestros hijos cuando entren al aula? He pasado por la puerta del Instituto de Formación Docente y he visto de todo. Una vez, hace poco, un grupo de estudiantes de magisterio, todas mujeres, estaban sentadas en la puerta de una de las dos asociaciones de maestros que tienen sede frente al lugar, y allí estudiaban para un parcial o algo así.
Lo hacían todas en grupo pero lo más llamativo, fue que todas esas cabezas juntas estaban leyendo el resumen que habían logrado hacer en una hoja. En una sola hoja. O tenían un gran poder de síntesis o no habían estudiando absolutamente nada.
Mi respuesta la obtuvo en segundos cuando una de ellas dijo que un determinado lugar estaba en el “cuerno de África” y otra le replicó de inmediato que no era así, porque era el “cuerno de Asia”, cosa que me horrorizó. Pero no tanto porque alguien piense que Asia tiene cuernos, o una zona que se denomine así, similar a la que existe en el continente madre, que es el africano, sino que lo que me horroriza es la tranquilidad con la que dicen estas bestialidades, sin mayores problemas como que estuvieran bien dichas.
Es decir, una estudiante de magisterio afirma una barbaridad de esas con total naturalidad y desparpajo, y encima genera el beneficio de la duda del resto de sus compañeras, que se supone habían estudiado lo necesario como para gritarle burra. Pero no fue así. Todas se miraron y volvieron a buscar por las dudas. Fue cuestión de segundos, pero vi el espectáculo en vivo y en directo.
Eso traduce un problema serio en la calidad de la formación de nuestros futuros docentes, porque cuando mi hijo crezca y vaya a la escuela, corre el serio peligro de venir a casa con el deber de buscar el “cuerno de Asia”, algo que irá acompañado de una visita personal a la clase para tratar de expulsar del sistema educativo a esa malformada docente.
Esto, la ministra lo sabe, por algo se pronunció así con Juan Pedro Mir, un maestro de sexto año de escuela al parecer mejor formado que la media, por lo que le he escuchado decir y proponer. El presidente Tabaré Vázquez también lo sabe y por eso no dijo nada y con su silencio defendió a la ministra. Y al hacerlo es responsable de que una estudiante de magisterio en Salto piense que en Asia hay un cuerno.

HUGO LEMOS

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Soluciones y no discusiones

Hace mucho tiempo que no veía tanta gente haciendo fila para acceder a un plato de comida. La verdad, el hecho me causó estupor. No me gustó nada saber que hay mucha gente que está pasando necesidades y que no tiene reparos en mostrarlo públicamente, porque eso demuestra que la necesidad es real, no es porque son contrarios al gobierno ni porque quieren hacerse las víctimas, sino que no tienen empacho de hacerle saber a la gente que la están pasando mal.
La situación me hace volver a un país que habíamos pensado muchos de nosotros que ya había quedado atrás, no por un tema político, sino porque creí que la sociedad había evolucionado y que el Estado había tomado las precauciones para evitar hechos como estos.
Sin embargo, en los últimos tiempos han proliferado los asentamientos irregulares, los merenderos en los barrios, la gente que duerme en la calle, en las puertas de las iglesias y hay cada vez más reclamo de asistencia social. Son varios los factores que llevan a que esto ocurra, no está bueno para nada ver que el gobierno visita merenderos y los saluda, les da una donación y reconoce que los mismos están como una organización de vecinos que se dedica a hacer lo que el Estado no hace y a suplir la falta de atención del gobierno en esos casos, es decir, llegar a donde el gobierno no está llegando.
El tema es que todos sabemos que un gobierno no puede reparar todos los males que tiene la sociedad, tampoco puede erradicar la pobreza, porque vivimos en una sociedad de desigualdades y las mismas lamentablemente se justifican de esa forma, con ricos y pobres. Porque una sociedad donde todos tengan lo mismo elimina el esfuerzo y la igualdad ya no es la misma, porque todos somos distintos y unos hacen más y otros menos para tener lo que tienen. Al menos ese es el lema de liberalismo económico que es el que nos rige desde siempre.
Pero el hecho es que todos tengan las mismas oportunidades para poder salir adelante en la vida y partiendo de esa base, después está el tema de que la gente teniendo de qué agarrarse lo hagan o no. Lo que pasa que tenemos un gobierno que aplica ajustes fiscales y que recauda mucho dinero de la población y ese dinero que rescata debe volcarlo supuestamente a evitar que la gente pase necesidades. Empero, no es lo que ha pasado hasta ahora.
En promedio, los trabajadores públicos y privados de este país, además de los profesionales liberales y de los comerciantes, le entregan entre el 30 y el 40 por ciento de sus ganancias al Estado, otro tanto lo hacen los terratenientes y grandes empresarios e industriales, y hay jubilados que abonan entre un 10 y un 25 por ciento del total de sus ingresos como impuestos.
El Estado, debe destinarle un porcentaje importante de toda esta masa recaudatoria a los sectores más vulnerables y financiar programas destinados a atender la emergencia social. Entonces si pagamos tanto impuesto en un país donde todo está reglamentado, donde el organismo recaudador como la DGI intima a todos sin perderse de nadie en un sistema computarizado para que vayamos a pagar impuestos y le damos cada vez más plata, ¿cómo puede ser que las filas de la gente que pide un plato de comida en los refugios y los niños que comen en los merenderos sea cada vez más importante?
¿El gobierno está analizando realmente que mientras pide un ajuste fiscal a la población, la desocupación y los problemas de acceso a la alimentación y a la vivienda en forma digna, lejos de solidificarse han pasado a ser algo inalcanzable para muchos uruguayos y han crecido a los niveles más elevados de la última década?
Y si lo sabe, que seguramente que sí, ¿por qué no busca la manera de generar que todos esos recursos que destinó a la ayuda social durante más de una década, los cuales fueron sacados de nuestros impuestos, sirvan para que tanta ayuda tenga un resultado positivo, con un impacto social que tras 11 años de planes solidarios sirvan para que haya trabajo y no filas en las iglesias o merenderos en los barrios?
Es lastimoso ver cómo esto sucede, mientras estamos discutiendo si la dictadura sirvió para que algunos uniformados mataran o robaran, o si las dos cosas. O si el hijo del intendente que trabajó para el régimen, ahora también se queja, porque resulta que al padre lo descolgaron del cuadrito donde está pulcro y sonriente en una época en la que muy pocos lo estaban, y le pusieron un cartel debajo que dice que sí gobernó un departamento estando bajo las órdenes de los que mataron y robaron. Porque quizás él no lo hizo, pero trabajó para ellos y sirvió a ese gobierno, defendiéndolo.
Entonces, señor De Nava (hijo), entiendo que se moleste por su padre como hijo, pero si mira un poco el bosque, sepa que lo que se dice de su padre es verdad. Él sirvió a la dictadura, a personas que tomando el poder por las armas disolvieron un parlamento y suprimieron las garantías individuales del resto de los ciudadanos. Después, si hubo una guerrilla previa al golpe, si los tupamaros quisieron también derrocar al gobierno de la misma manera que lo hicieron los militares, y si Pascasio Báez y Elena Quinteros, es otro kiosco.
Pero que su padre dio la cara por los golpistas y defendía a un gobierno que en el Batallón 14 de Toledo enterraba cuerpos de detenidos después de ejecutarlos en las torturas adentro de los cuarteles por ser comunistas y había suprimido la Constitución por Actos Institucionales, es así. Así que si en ese momento no los despeinaba el viento, usted sabía que los iba a despeinar la historia.
Que hoy la discusión debe ser otra, como los tremendos problemas que tenemos en la educación, en la falta de seguridad, en la incertidumbre económica, en la falta de empleo, en la pobreza, en la falta de viviendas, en la salud que se cae a pedazos, es cierto. Pero tampoco quiera decirnos que su padre era inocente, porque acompañó a un régimen que tarde o temprano los iban a tener que juzgar por lo que hicieron y él fue parte del mismo, y eso es lo que dice el retrato.
Por lo tanto, sigo preocupado porque ojalá las cosas sean menos difíciles de lo que parecen y puedan arreglarse sin tanta discusión previa por lo que ya pasó.

HUGO LEMOS

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Que se respeten todos los derechos

Cuando el año pasado tuve el honor de participar del primer ciclo formativo de periodismo y derechos humanos en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Montevideo, pude conocer a varias personalidades que han luchado a lo largo de los años por los Derechos Humanos, esos militantes acérrimos que no han tenido días ni descanso y que se han puesto las pilas para defender lo que creen como algo que va de la mano con los valores que pregonan.derechos
Pero si será así, si lo habrán visto como algo que realmente les preocupa y les ocupaba y hasta les desvelaba el tiempo, que no se han puesto el mote de militantes en defensa de los derechos humanos porque sí nomás, sino que se encargaron de instruirse, hacer cursos, aprender y formarse en derechos humanos para poder defender con fundamento lo que creían que tenían que era un deber de sus vidas.
Entre esas personalidades que encontré durante el curso, había muchos periodistas, que se han formado para ser periodistas, leen, se preparan, aprenden nuevas técnicas sobre cómo mejorar la manera de hacer comunicación y de ejercer el periodismo que no son la misma cosa pero que van de la mano, y también con personas que se han dedicado a formarse cada día en derechos humanos, porque saben que los mismos no se transgredieron hace solamente 40 años, sino que también se transgreden cada día y no solo en Tanzania o en Estados Unidos, también se violan en nuestro país.
Allí pude conocer a gente como Belela Herrera, que fue vicecanciller del primer gobierno de Tabaré Vázquez hoy en sus palabras “más alejada que nunca de la política partidaria”, a Soledad García Muñoz, abogada española especializada en derechos humanos, Juan Miguel Petit, hoy Comisionado Parlamentario para las cárceles, no por casualidad en ese cargo por el cual concursó, entre otros varios que no podría nombrar porque son muchos pero con los que realmente me encantó conocer, charlar, comentar cosas y hacerles planteos.
Como el día en que una de las clases estuvo a cargo de la Directora de DDHH de la Cancillería, Silvana Lesca, actual pareja del vicepresidente Raúl Sendic, a quien le reclamé que hablara con Sendic por la situación que viven los niños que están en estado de reclusión en las cárceles, porque a ellos principalmente les estamos vulnerando todos sus derechos, están aprendiendo códigos de convivencia que no son los mejores para su crecimiento y lo peor de esto, que la situación la viven dentro de la órbita del Estado, donde es el propio sistema el que por acción u omisión avala estas cosas.
Pero un buen día llegué con algo de frío, todavía era invierno y el aire del mar se hacía sentir con fuerza. Los cursos comenzaban a las 9 de la mañana en la Ciudad Vieja, pero yo llegaba de Salto a eso de las 6 a la terminal y tenía que hacer el aguante. Cuando entré saludé a los de siempre y algunos de los que ya mencioné, y estaba ella. No la conocía pero me saludó muy calurosamente, sobre todo cuando Belela le dijo que yo venía cada 15 días desde Salto, haciendo 500 kilómetros para estar presente y era algo loable en estos tiempos que corren. Yo me sentí orgulloso, porque no había notado hasta entonces, cuánto les importaba que un desconocido llegara desde el norte y se sentara en el montón de atrás. Pero me tenían bien identificado.
Pasó el primer panel, el curso constaba de dos panales y una conferencia final, cada clase que se dictaba cada 15 días desde mayo hasta octubre del año pasado. Cuando empieza el segundo panel esa señora, morocha, baja, con voz ronca quizás de tanto fumar y muy bien hablada, pero sobre todo por la simpleza con la que manejaba conceptos profundos, cautivó al auditorio.
Se llamaba Silvia Izquierdo, abogada del Ministerio de Relaciones Exteriores, especializada por formación y convicción de toda una vida en derechos humanos. Lo primero que nos fue su historia y recordó cuando a principios del año 85 consiguió una beca y un permiso para viajar junto con varios de los que allí estaban a Costa Rica, a formarse en Derechos Humanos. Uruguay salía de la dictadura y seguían marcando gente, y tanto a Silvia como al resto los tenían bien identificados. Pese a ello, no bajaban los brazos y cuando volvían al país había un agente de inteligencia militar, que tan inteligente no era porque lo conocían todos, que contaba con la planilla de pasajeros en la mano y los iba tachando de a uno.
Más allá de todo, todos ellos sabían que Uruguay tenía un gran debe con los derechos humanos y que era muy importante seguir formándose. Lo hicieron y junto a movimientos sociales, lograron en el devenir de los años conquistas importantes en esta área.
Pero Silvia contó una anécdota digna de ser recordada y fue cómo se gestó el discurso de pedido de perdón del Estado Uruguayo, luego de la sanción internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, por el caso de Macarena Gelman. Ella era asistente y amiga del actual ministro del Interior, Eduardo Bonomi y así empezó todo.
“Era sábado de tarde, estábamos en casa tomando mate con él y Susana (esposa de Bonomi) y el Bicho (así le apodan al ministro) estaba mirando a Nacional que jugaba no me acuerdo con quién. ¿Y le dije, viste eso de la Corte Interamericana (la sanción al país por el caso Gelman)?”. Y me dijo “sí, qué cagada”. Bueno, yo tengo un articulito que escribí, si te sirve, te lo paso. Es una idea, le dije. “Dale, pasámelo”.
Izquierdo contó que a los cuatro días más o menos, recibió una llamada. Era de la Presidencia de la República. “Me van a echar pensé”, nos dijo. La citaron a una reunión en la que estaban Bonomi, Almagro (entonces canciller), el entonces secretario de la Presidencia, Homero Guerrero y otros más que ella citó pero que yo no me acuerdo. Allí le hicieron hablar y explicar qué había pretendido decir con esa declaración. Ella reafirmó que Uruguay debía pedir perdón por lo actuado en la dictadura, exigir verdad y justicia, y comprometerse a un nunca más. Y por altoparlante siente una voz que no estaba en el cuarto, “me gusta, dejémoslo así y eso es lo que voy a decir”.
Era José Mujica, el presidente, quien estaba escuchando desde su despacho todo lo que se hablaba allí. Silvia Izquierdo, manifestó que quedó asombrada y que esa voz que venía “como de ultratumba me hizo temblar, pero también me dejó contenta, porque teníamos una deuda menos con la humanidad y yo había sido sin quererlo, la redactora oficial”.
En noviembre del año pasado nos dejó Silvia, una gran militante de los derechos humanos que creí justo homenajear hoy 27 de junio, día en que se dio el Golpe de Estado, pero en el que recuerdo también a mi abuelo José que falleció un día como hoy pero de 1991, trabajador incansable. Y también es un día para pedirle al gobierno que termine con las inequidades y que actúe para que los niños y niñas que están siendo vulnerados en sus derechos humanos más elementales, como el de tener una casa digna, acceso a la educación, la salud y la alimentación, puedan tenerlo de una buena vez.

Hugo Lemos

 

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Su violación tan vigente como antes

Tendría siete u ocho años, los pies mojados, un buzo jogging viejo de manga larga, un short gastado y sucio y la cara triste. Eran cerca de las cinco de la tarde pero el ocaso de la jornada estaba latente y el frío se hacía sentir. Empezaba a soplar un viento que cortaba la cara y él seguía caminando, con una mochila vieja en sus espaldas, semidescalzo en las callecitas de tierra y llenas de pozos de su barrio, en el noroeste de la ciudad. Nadie le daba importancia porque allí los niños pobres abundan, tantos, que el comedor del barrio hace lo que puede y a veces un poco más. derechos
El niño vagaba sin rumbo, me lo crucé dos o tres veces en el poco rato que estuve dando vueltas buscando la casa de una persona para hablar por temas personales. Al rato lo perdí, me dolían las piernas de frío y creo que él sentía algo parecido, pero como dice la canción de Dino Ciarlo, Milonga de Pelo Largo, el niño “siente frío y ya no se queja”. Acaso sus padres, si es que los tiene, al menos a uno de ellos, ¿estarían preocupados por él esperándolo con comida caliente? Lamento pensar que ni por asomo, sea así.
Cómo él hay quizás cientos de niños en la ciudad y miles en el país que van a pasar un duro invierno. Los problemas estructurales de un sistema que no ha dejado de ser el mismo de siempre, más allá de los paliativos de sus políticas sociales ocasionales que han dado los sucesivos gobiernos de turno y que se han incrementado en la última década, no fueron suficientes como para cortar la racha y devolverle la tranquilidad que también se transforma en alegría a una importante cantidad de niños que viven bajo la línea de pobreza en nuestro país, cuyos derechos humanos se ven violados sistemáticamente con el paso del tiempo y porque las políticas públicas no les llegan, o peor aún, no les alcanzan.
¿Por qué se violan sus derechos humanos? Porque no tienen acceso a una vivienda digna, a una alimentación adecuada, a un sistema de salud que realmente los proteja de enfermedades y les brinde una atención integral, tampoco tienen acceso a una educación de calidad que les permita progresar, crecer, educarse, formarse para la vida y poder salir de la pobreza. Quizás sufran otro tipo de abusos, pero nadie habla de eso porque el Estado no tiene capacidad para hacerse cargo de ellos, no puede con todo.
“¿Y yo qué tengo que ver”?, me dijo una funcionaria del INAU de Salto días pasados cuando le comenté el caso de Braian, un adolescente de 16 años que duerme en la calle y que pide plata de noche por cuidar autos en la Plaza Artigas, donde un policía le pegó un garrotazo que le reventó el brazo porque al verlo pobre y descuidado, le vio como un ser peligroso para los automóviles de alta gama que estacionan frente al Hotel que está en ese lugar. Entonces le dio un garrotazo por las dudas, el pibe lloró del dolor. Pero ¿cómo no tiene que ver una funcionaria pública a la que la población le paga un sueldo para que atienda estos casos?
Lo que pasa que cuando el chico lloró de dolor, a nadie le importó porque es parte de las estadísticas, de esas que todavía quedan, pero como los números negativos que en la época de los paridos tradicionales eran más altos, es decir, peores que los de ahora, tampoco les damos tanta bolilla y nos sale fácilmente el ‘hacemos lo que podemos’.
Pero mientras esas cosas pasan, cuando nos referimos a los derechos humanos seguimos hablando de la época de la dictadura, está bien, no niego ni pongo en duda la relevancia de hacerlo, pero no podemos poner ese tema por delante de las cosas que pasan hoy, porque los derechos humanos que se violan ahora a la población en sus diferentes formas, son tan importantes como otros que hay que recordar, evocar y mencionar, pero que de ningún modo pueden opacar lo que pasa ahora.
Soy partidario de que se hable del pasado reciente, pero que se hable en todos sus términos, que se cuente absolutamente todo y que la gente pueda cuestionar los hechos o por lo menos sacar conclusiones más amplias, o al menos debatir los acontecimientos. Creo que puede ser la única manera de que la población se involucre, piense un poco más y diga qué es lo que considera sobre esos acontecimientos.
Desde hace varios días que siento evocar por parte de las autoridades el tema de los derechos humanos y el mismo está directamente relacionado con los desaparecidos. Nadie habla de otra cosa. Parece que hablar de violación a los derechos humanos en este país, es encasillarlo en dos temas, uno la búsqueda de la verdad con los detenidos desaparecidos cosa muy importante que debe tener sus respuestas y que no se debe bajar los brazos hasta lograr un resultado. Y el otro tema es que hubo terrorismo de Estado entre 1973 y 1985. Aunque no se cuenta toda la verdad, toda la historia y todo el problema, no se dice todo lo que pasó, no se habla de la guerrilla urbana, de los que ya pagaron con cárcel, destierro, secuestro o muerte, pero no dicen que hubo muertos de ambos lados y que por momentos eso fue una cacería y el terrorismo de estado tuvo su contracara y que la población no acompañaba todas las cosas que se hicieron en nombre de ellos.
Porque la guerrilla usó su lucha para decir que era en nombre del pueblo y después los militares hicieron lo que todos sabemos también diciendo que interpretaban la voluntad popular. Pero al pueblo ¿quién le preguntó algo? Nadie. Sin embargo se sigue hablando derechos humanos como algo específico y no en su justa dimensión, por lo tanto eso no ayuda a que la gente entienda que los mismos son mucho más que los vulnerados durante un tramo determinado del tiempo, sino que ocurren hasta nuestros días y no porque hay alguien malo que quiere que eso sea así. Los problemas que genera el propio sistema en cuanto a la distribución de la riqueza, los privilegios a los que acceden unos pocos y la falta de acceso a los derechos básicos, eso es vulneración sistemática de los derechos humanos.
No comparto la apreciación del PIT CNT, siendo yo un trabajador afiliado al sindicato de la prensa, no estoy de acuerdo con esa visión de que lo que dice la mesa de delegados que nadie sabe quién los elige y cuándo, dicen disparates tales como que el régimen de Venezuela es democrático por haber sido votado en elecciones. Con ese concepto el de Fujimori también lo era y el de Juan María Bordaberry en nuestro país también.
Maduro es cómplice de la violación de las libertades sociales y políticas de la población de su país y si no lo juzgan ahora, alguien tendrá que hacerlo, para que no haya más tipos como él. No me gusta la oposición venezolana, juega su partido naturalmente para que haya desprolijidades en su país, pero Maduro es un pésimo gobernante que oprime a su pueblo y deberá irse, y nadie que defienda los derechos humanos puede estar de su lado, porque sería una contradicción plena hacerlo.
Pero volviendo a nuestro país, acá los problemas sociales que dejan al descubierto situaciones complejas deben ser atendidas, así como también debe ser modificado el sistema cuando las instituciones vulneran derechos de las personas, porque de lo contrario seguiremos hablando de los derechos humanos como una cosa del pasado, cuando las violaciones a estos están más vigentes que nunca.

Hugo Lemos

 

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¿Cuál es el criterio para la laicidad?

La laicidad de las instituciones públicas es algo que debe ser tenido en cuenta con mayor detenimiento. Días pasados, cuando estuve consultando al Dr. Néstor Albisu, en su calidad de Grado 33 de la Logia Masónica del Uruguay, pero de la tradicional, o la “regular” como dicen ellos, y no las nuevas líneas que se han abierto en los últimos tiempos como la francmasonería mixta que también acepta mujeres, se manifestaba molesto porque entendía que un sector del Frente Amplio está violando la laicidad, cuando generaba el relato de la historia reciente que se imparte en los institutos de enseñanza.
Esta situación ha sido una queja reiterada de mucha gente que dice que lo que se enseña es una verdad hemipléjica del asunto, porque todo se basa en el terrorismo de Estado, que sí existió, pero nada se dice a nivel oficial de la guerrilla armada, generando la discusión de si lo anterior fue producto de esto último y de si quienes participaron de la guerrilla que se levantaron en principio contra las instituciones no deberían ser juzgados con la misma vara, porque quienes critican que se viola la laicidad, dicen que a los Tupamaros se los trata como héroes.
Pero más allá de que se geste una discusión baladí sobre el asunto, lo importante es que no se cometan este tipo de atropellos, porque todos los actores de esa época fueron responsables de lo que pasó y a esto que yo refrendo, lo dijo el propio José Mujica, siendo presidente de la República, asumiendo su responsabilidad por los hechos acaecidos que tuvieron a una población entera de rehén durante mucho más que 12 años y a la que hasta hoy, nadie resarció.
Aunque muchas veces es el propio Estado el que sin quererlo, viola la laicidad y ya veremos. Hace algunos años, en la puerta del Comando de la Brigada de Infantería Nº3, en el cuartel de Salto, me encontré con una imagen católica que rompía los ojos. Era la de San Miguel, que había sido obsequiada a la unidad del Ejército local debido a que su comandante de entonces, que es muy católico, entendía que era buena cosa tenerla para los efectivos que diariamente trabajan allí, porque San Miguel es el Patrono de la Infantería y en ese sentido, las cuestiones de fe, en tareas que a veces no son nada agradables, es bueno tenerlas, o al menos dar señales de que es bueno que existan para la cuestión intrínseca de cada persona.
Es decir, no había nada de malo por sí mismo, porque en realidad es una imagen del Santo de los soldados, de esos funcionarios públicos que cuidan de la seguridad del país y de su soberanía y que estos pueden creer o no en este asunto. Pero el problema es la vigencia de la laicidad del Estado, de la cual por supuesto el Ejército no está exenta y por tanto, al conocerse la noticia y al generar opiniones poco favorables sobre el tema, la imagen fue quitada de ese lugar sin más, un buen día ya no estaba en la puerta del cuartel y asunto resuelto.
Pasaron algunos años para que volviera a entrar a la unidad militar local, esta vez fue por otros motivos y al hacerlo, caminando por un pasillo interior, veo que la misma imagen que había sido quitada del frente del cuartel hace algunos años, se encuentra retirada en las postrimerías de la unidad militar. Es decir, la sacaron de la puerta para que no hiciera tanto ruido. Pero la pregunta es ¿el Ejército viola la laicidad por motivar a sus soldados cuando al colocar una imagen que es mundialmente referente para ese sector, pueda incitar a creer en algo? Particularmente creo que no, aunque antes me quedaban dudas, ahora creo que no. Que es buena cosa que esté.
En un momento dije que eso podía lesionar el interés de algún soldado que fuera judío, musulmán o lisa y llanamente ateo, así como de otras religiones. También dije que no les podían imponer una creencia, pero no sé si tanto. Porque creo que peor es, y eso sí lo sostuve antes y lo ratifico ahora, que permanezca en los pasillos del cuartel el cuadro de los cuatro soldados asesinados presuntamente por un comando Tupamaro, digo presuntamente porque los acontecimientos de entonces están en aguas de borrajas.
Los guerrilleros eran lo que eran, guerrilleros y ni tanto, pero no por eso más inocentes que el resto. Lo que pasa que cuando el Ejército entra en acción y toma el poder por la fuerza y empieza con su carnicería salvaje, que en ese momento intentó ocultar a punta de pistola, las dudas sobre una posible conspiración para el sacrificio de sus propios camaradas nos sobrevuela. Pero aún haciéndole caso a la historia oficial, ese cuadro no podría estar en los pasillos de un sitio público como son los cuarteles, porque generan determinada opinión sobre la historia reciente y tuercen la opinión como la que criticaba Néstor Albisu que se da desde algunos sectores del partido de gobierno.
Pasó lo mismo en la Jefatura de Policía de Salto con una imagen de Dan Mitrione (agente de la CIA que enseñaba métodos de torturas a los militares latinoamericanos y que fue capturado y asesinado por los Tupamaros y que estuvo en Salto), donde un cuadro en la que aparecía su foto y estaba colgado en el hall central de la Jefatura bajo el rótulo de “caídos por la sedición” con funcionarios locales y Mitrione entre ellos, fue ordenado ser quitado por el Ministerio del Interior tras una denuncia del diario La República hace algunos años, y al parecer, aún está colgado pero en una sala interior de la jefatura local. Esto también forma opinión y por lo tanto, hasta incluso sin quererlo, viola la laicidad.
Pero lo que no se puede permitir es que se diga que hay una violación de la laicidad porque tras una visita histórica de un líder mundial como es un Papa, que es además un Jefe de Estado, se levante una cruz en su recuerdo y otros quieran imponer algo similar porque aducen que no los representa. Por eso no estoy de acuerdo ni por asomo, con que en Tres Cruces se levante una imagen de Iemanja, como exige una integrante de la religión afroumbandista del mismo tamaño que la cruz que recuerda a Juan Pablo II, porque entonces tenemos que colocar además, al lado de esa imagen umbanda, una estrella de David para rendir tributo a los judíos, o una del profeta Mahoma para homenajear al Islam y así seguimos con los hindúes y todo sería un cambalache.
La cruz del Papa tiene un significado, recordar el hecho histórico ocurrido en ese lugar y punto. Nadie le niega al afroumbandismo el reconocimiento como religión y que tenga sus imágenes en sitios públicos, como en Salto donde hay una en plena playa Las Cavas, y ningún cristiano sea católico o no, pidió que se pusiera una imagen de Jesús al lado; y nadie le dijo al gobierno departamental que por permitir la instalación de la misma, había que poner otra al lado.
Conforme a todo esto, creo que las discusiones sobre los menesteres del Estado deben ser de fondo y cuando hay una intervención que es errónea, debe corregirse. Porque si desde el propio Estado no se dan señales claras y se permiten ciertas cosas, después no tienen la moral suficiente como para exigirle el cumplimiento de pautas sociales, de conducta e incluso alguna que son ley y deben cumplirse, a sus ciudadanos y esas acciones, pueden determinar que sigamos sumidos en un caos y sin señales claras sobre cuál debe ser el rumbo que hasta ahora, quienes mandan y tienen el poder, lo manejan a su antojo y los demás nos sumimos en la incertidumbre.

HUGO LEMOS

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¿Por qué tenemos que ser nosotros?

Cuando en el 2004 se planteaba que la carga tributaria que padecía el trabajador era injusta, que lo era y nadie lo discute, aparecieron propuestas de cambio. Las mismas venían del Frente Amplio como no podía ser de otra manera ya que quienes gobernaban hasta ese momento, habían sido los partidos tradicionales. Pero especialmente una persona, el contador Danilo Astori, aparecía como el gurú de la economía y decía que había que aplicar un sistema nuevo, distinto, que apuntaba a la justicia tributaria que plantea el inglés John Rawls desde los libros, y que se impartía en los países avanzados como son Estados Unidos y los de Europa.
El espíritu de un nuevo sistema tributario que se impartiría a partir de un gobierno de la izquierda uruguaya era que “pague más el que tiene más y menos el que menos tiene”. Ese precepto se ha cumplido en cierta medida y es justo decirlo, pero no cabalmente como se había prometido porque no paga más el que tiene más, sino que el gana más sueldo o declara más ingresos. Y tampoco paga menos el que menos tiene, sobre todo porque hay una clase media muy castigada que no puede crecer y se la limita a la pobreza, a seguir perteneciendo a la clase baja, en definitiva, una clase baja con aspiraciones a ser clase media, pero con una aspiración que nunca va a alcanzar porque la carga tributaria se va a encargar de volverla a la realidad.
Y los últimos anuncios del ministro Astori, acerca de que el gobierno considera que una persona que percibe un salario nominal de 50 mil pesos, tiene que pagar impuestos de la misma forma que lo hace otra que percibe 167 mil mensuales nominales, hace las cuentas claras de que el sistema opera para empobrecer al primero y generarle algunas dificultades al segundo para su crecimiento.
El impuesto a la renta de las personas físicas debería considerar muchas cosas a la hora de gravarse. No es lo mismo que pague un porcentaje de sus ingresos quien además tiene un capital enorme en giro, que el hecho de que pague impuestos quien declara la misma cantidad de ingresos y solamente tiene ese ingreso para vivir y no posee ni una casa, porque encima alquila.
Veamos, el año pasado me dijo un empresario de este país (no voy a mencionar el sector al que pertenece, porque son muy sensibles hasta cuando se los pone como ejemplo y después te lloran la milonga porque los nombraste), el individuo comentó que había pagado unos 50 mil dólares de impuestos. Se quejó y dijo que era un disparate. Está en su derecho a hacerlo y bien por él, que al menos pudo pagar los impuestos y seguir con el mismo patrimonio vivo en sus manos.
Pero esta persona pagó ese impuesto, que porcentualmente equivale a una de las cuatro camionetas que tiene para trabajar en su empresa, lo que no le supone ni un 2 por ciento (cuenta sacada por él mismo) del total de su patrimonio. En cambio, yo cuando pago mis impuestos lo hago al equivalente del 35 por ciento (o más) de mis ganancias, que salen de mi salario que es todo mi capital.
Lo que supondría que si aplicamos el concepto de justicia tributaria con el que fue elaborado el sistema tributario actual y la premisa de que pague más quien tiene más, como dijeron Tabaré Vázquez y Danilo Astori en el 2004, ese empresario tendría que pagar también el 35 por ciento del total de su capital, como me pasa a mí, lo que superaría ampliamente los 50 mil dólares de los que tanto se quejó al abonar.
Pero ese ejemplo solamente lo propuse para demostrar que el sistema no es justo, ni que tampoco paga más quien tiene más, de lo contrario Danilo Astori o el presidente Tabaré Vázquez no podrían estar proponiendo para la próxima Rendición de Cuentas, lo que están proponiendo. En primer lugar, cuando el ministro Astori dice que el 65 % de los uruguayos no paga IRPF no quiere decir que sea algo positivo, ni tampoco que esta franja esté exenta de abonar impuestos.
Quiere decir que el 65% de los uruguayos gana muy por debajo de lo necesario para poder vivir y tiene sueldos de hambre, al punto que no le alcanzan ni siquiera para poder pagar un impuesto a las ganancias, que se paga desde la media canasta básica familiar, que también es insuficiente para vivir, así que el que está por debajo de eso, pobre de él y su familia. Pero además paga impuestos al Estado porque abona UTE; OSE, ANTEL, etc., es por servicios una parte de la factura, pero otra importante es por impuestos. Así que sí paga impuestos al Estado.
No obstante, el anuncio formulado por el gobierno de que incrementarán los tributos que ya se están pagando con mucho sacrificio porque ellos se pasaron de rosca con las cuentas públicas, dejó molesto a un pueblo. No puede ser que porque el gobierno administró mal los recursos y haya problemas como el caso de ANCAP, que nos deja una deuda de más de 900 millones de dólares, que haya otorgado dinero más allá de lo debido a distintos niveles del sector público y que el mismo se haya malgastado, tengamos que venir los asalariados a pagar más IRPF para solventar ese desfasaje. Es vergonzoso que así sea, no estoy de acuerdo, creo que es injusto y que como ciudadano no merecemos pagar más impuestos de los que ya pagamos, encima para tapar los agujeros que la misma administración está haciendo, es algo que no se puede entender ni defender sean del partido que sean.
El país necesita recuperarse y mantenerse a flote ante una coyuntura adversa en relación a la bonanza de los últimos años. Pero esa bonanza, que obedecía al contexto internacional y a los niveles de precios que se venían manejando, dieron una buena inyección de dineros al Uruguay donde en mayor o menor medida, todos nos vimos beneficiados.
En ese aspecto, un gobierno debe saber que no puede gastar más de los dineros con los que cuenta para invertir lo necesario, hacer que eso sea visto por la gente y después, no tener que salir a ajustarle el bolsillo a nadie. Aunque ahora pasa lo contrario, gastaron de más, se les fue la mano con algunas cosas como el caso de ANCAP, precisamente, y ahora se nos vuelve a meter la mano en el bolsillo a los que trabajamos por un magro salario.
Porque si para el gobierno debe tributar de la misma forma una persona que gana 50 mil pesos nominales mensuales, a la que con la propuesta astorista entre el IRPF, el Montepío y el Fonasa le quedarían unos 29 mil pesos en la mano, a los que se le suma un alquiler de 10 mil pesos y el pago de los servicios básicos como luz, agua y teléfono, solo le quedarán 10 mil pesos con los que deberá comer el resto del mes, tanto él y sus hijos, estamos hablando a 350 pesos por día, sin contar gastos de farmacia (a no enfermarse), ropa, educación de los niños y algún que otro me llevo, ¿cómo se hace para vivir así?, pero tributa igual que uno que gana 167 mil pesos, que siente el bajón con un impuesto mayor, pero le queda resto para seguir camino. Entonces estamos todos locos porque algo anda mal.
Así que rescato dos cosas de toda esta maraña que les mencioné. Una, que la franja de tributación debe tener al menos dos escalas más, entre los 50 mil y los 167 mil pesos nominales mensuales, y lo otro, es que lo que no puede hacer nunca el Estado es gastar de más y después como no le cierran los números, salir a cobrarle más impuesto a la gente. Porque Tabaré Vázquez prometió que no iba a haber más impuestos, y esto es que tampoco se incrementen los ya existentes, sino estamos en la misma y nadie dice la verdad, por lo cual tampoco nadie se hace cargo, y que paguen los giles.

HUGO LEMOS

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Necesitamos respuestas claras

El Ejército Nacional es una institución con 205 años de vida, fue fundado por el Prócer de la Patria José Gervasio Artigas y ha transitado durante su historia por distintos momentos. En algunos casos sus representantes coyunturales han sido leales a los gobiernos democráticos y constitucionales, y en muchos otros casos han ayudado junto a los tiranos de turnos, a sucumbir las instituciones y la democracia y tomar el poder mediante la imposición del terror de las armas.
Pero el Ejército no es ni malo, ni bueno, es una institución pública, como sus similares de las Fuerzas Armadas, como las fuerzas de seguridad, pero también como las distintas ramas de la Educación, la Salud o el Poder Judicial.
Sus funcionarios, por más que vistan uniforme con galones y usen armas de alto poder de fuego, son funcionarios públicos sujetos a responsabilidad del Estado, sus jerarcas están subordinados al poder civil, es decir, al Ministro de Defensa Nacional y al Presidente de la República del gobierno de turno, sea del color partidario que sea, y no son Fuerzas Armadas ideologizadas, ni deberán serlo nunca, porque esa es la garantía que tiene el pueblo con respecto a estos funcionarios que usan armas. Porque si bien su cometido es defender al país de todo poder extranjero o fuerza invasora, ellos en tiempo de turbulencia interna, en caso de ser convocados por las autoridades legítimamente instaladas, deberán respaldar siempre la Constitución y la Ley, y por ende proteger los intereses del pueblo.
Si bien la última etapa oscura del país, el Uruguay la vivió con una dictadura militar que duró 12 años en lo real y muchos más posteriormente y anteriormente a su instalación oficial también, el Ejército estuvo en el epicentro de esas acciones y su imagen quedó por el piso. Porque ni el más sesudo análisis puede hacer entender cómo una fuerza pública llamada a proteger los intereses de la población arremetió contra las instituciones y en un acto paradójico, diciendo defender la democracia y la legalidad, sucumbió las instituciones y suprimió a los habitantes del país las garantías y los derechos individuales.
Cómo una institución que tenía que defender los derechos del pueblo salió con un plan ferozmente represivo, donde torturó, asesinó, secuestró, violó, robó y ultrajó a miles de compatriotas, usando como excusa para esta feroz arremetida contra los uruguayos que tenían que defender al país de guerrilleros, de los que en otro acto de paradoja pura, decían a su vez tenerlos a todos presos y haberlos acabado “para siempre”, como dijeron en aquel momento varios de los militares que vistiendo como caballeros a la faz pública, adentro de los cuarteles eran bestias asesinas despiadadas que tuvieron la cobardía de llegar a matar hasta mujeres embarazadas, como hoy se sabe que ocurrió con el caso claro de María Claudia García, cuya hija, Macarena Gelman, todavía espera encontrar sus restos para darle digna sepultura.
Pero estas cosas ya pasaron, la institución plantea una renovación clara de sus convicciones y una reafirmación de sus cometidos, sus jerarcas expresan su lealtad al sistema democrático y a las instituciones, sus oficiales y autoridades tienen una excelente relación con el gobierno de turno y encima se subordinan a quien fue rehén de la patota que dirigía el Ejército antes de que ellos ingresaran a la fuerza, o incluso, podían ser muy nuevitos ya en el ocaso de la tropelía armada llamada dictadura o como le gustaba decir a ellos, y a muchos aún hoy, “gobierno de facto”.
Cuando el 18 de mayo se celebró un nuevo aniversario del Día del Ejército Nacional, ya que el mismo fue creado por Artigas para combatir en la hoy conocida como Batalla de Las Piedras, muchos de los integrantes de la coalición de izquierdas, se negaron a asistir o incluso manifestaban su desinterés por concurrir a un lugar donde alguna vez, la institución estuvo enfrentada directamente a los partidos políticos que confluyen en el Frente Amplio y a este como tal, sobre todo, muchos de ellos no estaban de acuerdo con que el Ejército capitalizara ese acto.
El hecho no tiene parangón, porque se trata del partido que gobierna tanto a nivel nacional como a nivel departamental, y si bien sus principales figuras y referentes estaban presentes, desconocer la historia del país, estar atado a coyunturas históricas pasadas y seguir con el talón de deudas debajo del brazo no le hace nada bien a la sociedad ni al Frente Amplio, porque sigue insistiendo en declarar enemigos a quienes esta vez, no tienen porqué pagar por lo que hicieron quienes los precedieron usando a la institución que fundó Artigas como escudo.
También estoy de acuerdo con la propuesta del Comandante en Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, quien desde una actitud honesta y acorde con la realidad social que vive actualmente el país planteó un aporte desde la institución que le toca dirigir por este período, planteando la absorción de una cantidad considerable de jóvenes que se encuentren en el más absoluto abandono y sean los catalogados “ni – ni”, ni estudian, ni trabajan, con el fin de colaborar en su educación, trasmitiéndoles valores claves para la vida que son con los que el Ejército forma a su personal, como los de organización, disciplina, responsabilidad, formación en oficios, aspectos importantes para el desarrollo de la vida de estas personas.
Aunque ahí ya tuvimos otro lío. Hubo sectores de la izquierda que fustigaron la medida, pero lo hicieron por el origen de la misma y no por el contenido, ya que quizás podía ser buena cosa que una institución del Estado se encargue de brindar educación y tratar de transmitir valores que tiendan a repercutir en los seres humanos de una manera que los ayude a salir adelante por sí mismos, y no como hace el Estado dándoles dádivas que pagamos todos y que cada persona usa a su antojo y este no es el mayor problema, sino que el tema pasa porque terminan todos en el mismo círculo vicioso, de hacer la nada misma y eso termina siendo una carga mayor para la sociedad en su conjunto.
Si el Frente Amplio va a criticar que lo haga, pero que lo haga con fundamentos, no porque quien tira la idea es el Ejército o los partidos políticos de la oposición. No me gusta que esa práctica sea habitual en la coalición de izquierdas, porque la misma debe dar un ejemplo claro de madurez política e institucional, asumiendo errores y tomando las ideas que puedan servir, incluso para subsanar los errores que la izquierda ha cometido desde el gobierno, como ocurre con el caso del Mides, donde en 10 años hay más fractura social que antes y los problemas nos siguen pasando por encima, sin que haya políticas de fondo que apunten a frenar la creciente pobreza y marginalidad que vemos a diario.
¿Cuáles son las políticas de Estado que tienden a terminar con la pobreza y la marginalidad? ¿Por qué en los últimos años han crecido los merenderos? ¿Por qué hay problemas sociales crecientes que se reflejan en la educación, la calidad del empleo o la violencia social? No es para enojarse, es para encontrar respuestas y sino, ponerse a trabajar para poder darlas, porque la sociedad las necesita.

HUGO LEMOS

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Una brecha preocupante

Una mujer caminaba con una bolsa, se acercaba a todas las personas que veía y les decía algo. Los siempre solidarios sacaban billetes y no dudaban en darle una dádiva, otros simplemente la escuchaban y le decían que no. La mujer se acercó a mí, me mostró una bolsa con pasteles, me dijo que era viuda, que no tenía qué comer y que como era el Día de la Madre le habían dado una docena de pasteles de regalo para que los vendiera, así ganaría dinero.
Pero ella no los vendió, pues a todos los que se los ofrecía, luego de una perorata contando todos sus males, nadie quería comprárselos, sino que la mayoría optaba por darle el dinero que tuviera a su alcance y dejarla ir. La mujer, de muy mal aspecto por el descuido de su propia personalidad, quizás por dejarse venir abajo ante los dolores y traumas posibles que le haya presentado la vida y los cuales quizás no supo enfrentar, encaraba a cada una de las personas con las que se cruzaba siempre con el mismo discurso.
Así la vi alejarse por las próximas dos cuadras desde el lugar donde yo estaba, en una verdulería de la zona de la cancha de Universitario al mediodía de ayer domingo, mate en mano y viendo cómo el tibio sol de un otoño que parece invierno, desde donde observé que habría juntado varios billetes y una importante cantidad de monedas.
No voy a hacer una guerra de pobres contra pobres, pero viendo esas escenas ya me cambió el panorama y pensé, seguramente necesita el dinero, pero una persona por más que realmente precise dinero para poder salir adelante, tiene que sentarse a pensar un poco y tener algo de altura. No puede andar pidiéndole a cada uno que ve, una moneda en la calle con el mismo verso de los pasteles para generar un dividendo, ya que si era para comer había juntado el dinero con creces y tendría que tener determinadas prerrogativas para salir del estado en el que se encuentra. Pero el discurso de “soy pobre, deme”, ya no me gustó nada y empecé a mirarla con desconfianza.
Ayer de tardecita caminaba por la calle 18 de Julio y llegando a la puerta del diario para entrar vi como un hombre, sesentón, abrigado a no dar más por el frío que sentiría, iba raudamente hacia el sur. Pero antes de llegar a la esquina con Rivera, lo pararon dos sujetos, uno de ellos flaco y alto y el otro más menudo. Lo rodearon al sesentón, uno se puso atrás y el otro le pedía dinero, el hombre metió la mano en el bolsillo y les explicaba casi con culpa que no tenía más, pero por la desconfianza que ellos mismos generan con su manera de ser alguien que pasó y vio la escena los vio y les gritó que qué estaba pasando y los sujetos se fueron. Uno de ellos, pasó a mi lado y me dijo que precisaba 5 pesos para el ómnibus, ambos tenían más de 20 años, no trabajaba ninguno de los dos e importunaban a la gente pidiéndole dinero.
¿Si te faltan 5 pesos por qué no trabajas?, le espeté casi con la rabia de alguien que siendo fin de semana y Día de la Madre igual tenía que hacer las 8 horas lejos de su hogar. El joven tuvo una sonrisa socarrona y se fue, pensando que mejor es pedir, o peor aún, quitar.
Estamos viendo una sociedad que se fractura cada vez más todos los días, que asiste a este tipo de situaciones donde hay gente que se dice pobre, en estado penoso y por la que hay que tener tanta contemplación que se le debe dar lo que nos ganamos trabajando mientras ellos hacen nada y se descuidan en algunos casos para decir que son víctimas del sistema, pero no hacen nada para combatirlo, superarse y poder salir adelante, sin esperar que los demás compren sus lágrimas por monedas.
Pero lo peor del caso, es que esto está dejando secuelas, porque determina que haya pobreza mental, la que se traduce en dejadez, ocio y descuido por parte de los jóvenes que lejos de querer luchar por no caer en lo mismo que sus padres, se entregan a la nada misma y hasta generan problemas de violencia que terminan empañando sus propias vidas.
El otro día vi en la cárcel como jóvenes de entre 18 y 25 años se amontonaban unos tras otros, todos vestidos iguales, pensando de la misma forma y riéndose con cierto desdén hacia los que allí estábamos para cumplir con la instancia judicial, como aplicando un mecanismo de defensa con el resto de la sociedad que ya los juzgó, los encerró y les exige que salgan con otra cabeza para portarse de otra manera y andar derechitos en un lugar donde seguramente no habrán entendido que la oportunidad, por más difícil que parezca, está en ellos mismos de encontrar las herramientas para crecer y salir adelante.
En casos como esos, es que uno no sabe cómo actuar frente a jóvenes que andan en la calle pidiéndole dinero a todo el que pasa, para saciar sus vicios, los que no pueden bancárselos por la falta de aptitud que tienen para ganarse la vida por sí mismos. Ante todo esto la pregunta surge, ¿qué hacemos, cómo hacemos, y cuánto estamos dispuestos a hacer para encarar una vida mejor para todos?
Supe de casos en que hubo personas beneficiadas con viviendas sociales, que las paga el Estado, es decir, todos nosotros y las han terminado vendiendo a precios bajos, sin valorar lo que tenían y mucho menos sin tener en cuenta que fue una ayuda verdadera la que les dio el pueblo en su conjunto para que sintieran que podían tener oportunidades, y a partir de ahí querer salir adelante.
En otros casos, la ayuda social también ha llegado, pero las mismas se han convertido en más asistencialismo, y no en políticas de fondo que realmente ayuden a tener una sociedad más cohesionada y menos disgregada como la que tenemos, en el plano social, económico y sobre todo cultural que es lo más importante, porque esto es lo que le genera condicionamientos mentales a las personas para que puedan hacer algo de sí mismos y salir adelante, sin pedirle a nadie, sin amenazar a nadie, sin lastimar a nadie.
Estamos pasando momentos difíciles culturalmente, donde hay problemas sociales que se han fomentado por una generación que no conoció límites por la culpa que sintieron sus padres, que vapuleados por los vaivenes sociales que tanto les impusieron, dictaduras de por medio y señales confusas por todos lados, decidieron no poner límites y dejarlos a la que te criaste, lo que terminó en generar una camada importante de personas que no les importa nada ni nadie y que al final eso terminará por dañarnos definitivamente.
Pero yo creo que aún estamos a tiempo y para eso quienes están arriba diseñando la sociedad, tienen que dar señales claras y parar la mano con aumentar la brecha.

HUGO LEMOS

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Momento de tener mesura

No sé qué va a pasar con la economía en los próximos meses. Solamente que leyendo a los economistas y lo que dicen los analistas de todas las ramas, coincide con lo que te dice cualquier vendedor callejero o empleado de comercio, “bajaron todas las ventas, hay miedo a gastar, no hay plata en la vuelta, el que la tiene no la larga, la mayoría de la gente está endeudada y hay que cuidar el bolsillo porque no se sabe en qué puede terminar todo esto”.
Son los dichos populares más escuchados en cualquier esquina, en los comercios y hasta en el ómnibus, cuando uno va para el laburo a cumplir (como dice la canción del gran Dino Ciarlo en su inmejorable balada Milonga de Pelo Largo que muchos la interpretaron pero sin la misma pasión que su autor) “siempre arrastrado por la rutina”. Pero va y escucha de todo.
Los economistas dicen que vamos a entrar en un ciclo de retracción de la economía, donde el crecimiento se estanca, surgen los temores de una recesión y hasta de una crisis, que por el momento no se vislumbra, porque si bien la misma está instalada en varias familias uruguayas, sobre todo de la clase trabajadora, la palabra “crisis” para la versión oficial ocurre recién cuando son miles las familias afectadas por los problemas económicos que los dejan al borde de la miseria. Y eso aquí todavía no pasa, pero, las condiciones tampoco son las mejores que digamos como para que en poco tiempo no pasen.
Charlando el otro día con un dirigente del PIT CNT me decía que los problemas económicos están afectando a la clase trabajadora desde hace al menos un año y medio con rudeza. Que se está sufriendo un efecto inflacionario que complejiza la vida de las personas que viven de su salario, porque no reciben aumentos que les permitan ir a la par de la suba de precios, por lo tanto, se está perdiendo el nivel de compra que era el que se había ganado en los últimos tiempos, porque los aumentos de salario que se dieron tanto en el sector público como en el sector privado, fueron para ir acompañando el ritmo inflacionario y no para recuperar el salario perdido y tener una mayor capacidad de compra y ahora ya ni eso, porque todas las pautas salariales van por debajo de la inflación que se disparó y no se alcanza.
Sin embargo, se ha utilizado al mercado para que el trabajador crea que está mejor y que puede comprar más que antes. En ese sentido, la adquisición de productos de origen chino, que son fabricados para una superpoblación global, lo que hace que los mismos sean por un lado de mala calidad y por otro que cuesten dos pesos, están hechos para permitir que la masa de personas, que son principalmente trabajadores y que viven de un sueldo, puedan adquirirlos y con ello les ahuyentan los miedos de que la plata no alcanza, si hasta acceden a celulares, televisores LED y motos que les duran lo que demoran en pagar las cuotas.
Entonces, si los manejadores de la economía por llamarlos de alguna manera, garantizan que la gente pueda consumir al menos esas cosas, no habrá tanta protesta, alguna más que otra, pero la cosa se calma, porque en definitiva es lo que la mayoría del pueblo quiere, poder sentarse en la casa a mirar televisión por cable en un aparato que parezca moderno y le haga honor a la ocasión. Por lo cual los problemas parecen disiparse, más allá de que el estado de la situación ameritaría que la preocupación esté latente.
La caída del Producto Bruto Interno (PBI) en el último año en relación a los anteriores, implica que en el país hubo menos producción y menos servicios que en otros tiempos, y que la mano de obra que se ha perdido en todo este tiempo, principalmente en la industria de la construcción así como en ramas afines, ha implicado que los problemas económicos aumenten y que los comercios que dependían del salario del trabajador hayan empezado a flaquear.
A todo esto, está el alza del dólar, que se mantiene a niveles por encima de los 31 pesos y que no piensa bajar, lo que impacta de lleno en los costos operativos de cualquier empresa y si encima las ventas no son buenas, los problemas aumentan y los puestos de trabajo son los que empiezan a tambalear.
Pero el gobierno lo sabe y fue por eso que el ministro de Economía, Danilo Astori, le dijo al PIT CNT que no se quejara tanto y que ayudara a mantener a los inversores en el país, para lo que les pidieron minimizar las protestas. Así, la central obrera cambió su discurso de defender otros intereses y en vez de reclamar mejores condiciones laborales y aumentos de salarios a cualquier punto, les pidieron a todos que primara la defensa del empleo, cosa de que el empresario no se vaya al escuchar reclamos y reivindicaciones con las que no pueda cumplir y en vez de eso, vea posturas razonables y les mantenga los puestos de trabajo.
En Salto en los últimos tiempos no soplan buenos vientos. Hay un aumento de la desocupación que es preocupante, llega al 11 por ciento según me lo dijo el propio ministro de Trabajo, Ernesto Murro, el pasado 4 de abril cuando la celebración del Consejo de Ministros en San Antonio y comentó en esa oportunidad que el gobierno estaba mediando con empresas que dejaron a gente sin empleo. En uno de los casos se había referido a la empresa Caputto y al despido de 18 personas que incluso estaban vinculadas al sindicato.
Por lo que habrá que asumir con mucha cautela los tiempos que se vienen, pero también considero que no es que haya que tener temor, porque el miedo es lo que genera aspectos negativos en el desenvolvimiento de cada uno en la vida, sino que lo que se debe tener, es mesura y ver con cuatro ojos todo lo que pueda llegar a pasar de aquí en más, que para el trabajador, esa cautela y mesura que se pide, pasa por tratar de no endeudarse más de lo que ya está, hacer un esfuerzo para saldar sus deudas y aguantar un tiempo con lo puesto, hasta que pueda verse una señal de que la cosa mejora.
Pero también recordemos que los tiempos de crisis son épocas de oportunidades para los que piensan un poco mejor, sobre todo para quienes creen que de una situación adversa pueden surgir los momentos propicios para sacar lo mejor de uno y creer que con eso se puede, dejando de depender de quienes nos fijan salarios, nos marcan el tiempo y en definitiva nos quitan con eso nuestras potencialidades.
Por lo tanto, decimos que se vienen tiempos complicados, en los que más que nunca hay que ponerle cabeza, pienso y sobre todo fe y ánimo, para sacar a relucir nuestras potencialidades lo más que podamos. De esa forma, sabremos cuánto podemos dar de nosotros mismos y marcar nuestro camino en la vida, sabiendo que si queremos salir adelante y crecer, todo depende siempre de nosotros y tenemos que pensar en que sea lo que sea, podemos hacerlo.

HUGO LEMOS

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Qué importante es que puedan elegir

Cuando ingresé como estudiante de abogacía a la Universidad de la República hace poco más de una década, la Regional Norte tenía unos mil alumnos, algunas decenas de docentes, el 80 por ciento de ellos venían cada semana desde Montevideo, y las clases solamente se dictaban de jueves a sábado. Es que los profesores dictaban sus cursos en la capital los días hábiles y guardaban los fines de semana para venir a Salto.
Todavía había un concepto de que esta era una Universidad de fin de semana, de cursos largos como si fueran carreras y a las que había que darlas con una tranquilidad relativa porque era en el interior, el crecimiento no era explosivo como en la capital, por lo tanto las demandas y exigencias eran mucho menores, así que todos se la tomaban con soda.
“Tienen un desayuno jurídico importante ustedes”, me dijo una vez el entonces candidato a Decano por la Facultad de Derecho, Alberto Pérez Pérez, cuando estuvimos hablando de la Regional Norte y sus problemas, siendo yo delegado estudiantil por el Frezelmi y llevando a la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho en un convulsionado año 2002 para la Universidad y el país, los temas que aquejaban a nuestra casa de estudios.
Nosotros queríamos que la Regional Norte creciera, se desarrollara como Universidad a partir de la realidad en la que estaba inserta y no al revés, donde se le dictaba desde la capital del país a esta sede universitaria todo como debía funcionar.
Hasta los calendarios de exámenes dependían de lo que dijera el Consejo de la Facultad en Montevideo, algo de lo que nos logramos despegar, cuando siendo dirigente del Centro de Estudiantes de Derecho logramos negociar con el entonces Decano, Alejandro Abal Oliú, que algunas decisiones las tomáramos desde acá para nuestra Facultad, como por ejemplo, fijar la fechas de los exámenes y eso ya fue un paso adelantado para la anhelada autonomía que planteábamos hace tan solo una década y media atrás.
Pero el tiempo pasó, hubo avances, se logró que una exdirectora de la Regional Norte fuera Decana por dos períodos consecutivos de la Facultad más antigua y conservadora del país, como es la de Derecho, pero que en cierta forma y es justo decirlo, fue la que comenzó el proceso descentralizador con su llegada a Salto en 1957, y el comienzo de los entonces Cursos Universitarios.
La de Derecho, que fue la primera carrera que tuvo la Universidad e la República en el Uruguay en 1849 y con ello la inauguración de la universidad estatal (que como no podía ser de otra manera entonces se llamaba Universidad de Montevideo), fue la primera además que decidió dictar sus principales carreras (porque la Facultad de Derecho dicta cinco carreras) las de abogacía y notariado en forma completa en Salto en 1989, lo que fue revolucionario para la descentralización universitaria en ese momento.
Mientras esto pasaba, otras facultades que decían no ser tan “conservadoras” e incluso como si esto se trata de un juego político decían estar “más a la izquierda”, no ponían un pie en el interior, mucho menos en Salto, porque de hacerlo, les parecía como si estuvieran bajando su jerarquía, en vez de estar expandiéndose por el país, en definitiva, unos atrevidos de primera. Pero nadie los consideraba así en esa época, ahora si no se vienen a Salto a dictar sus carreras, quedan en evidencia de su propio retroceso.
Pero la Regional Norte creció y pasó a llamarse polo universitario del noroeste, se juntó con su rival en todas las disciplinas, la Casa Universitaria de Paysandú, que como en el fútbol se disputaba hasta la permanencia de la Universidad en el litoral, y se creó el Centro Universitario del Noroeste, algo con nombre lindo, forma y contenido. Un contenido que marcha y que tiene forma de algo.
“¿Pero ustedes qué quieren ser, una Universidad aparte, una Facultad, qué es lo que quieren, denme algo concreto y lo hacemos?”, esas fueron palabras textuales del ex rector de la Universidad por dos períodos consecutivos, Rafael Guarga, que mucho tuvo que ver con la desidia que hubo desde la capital con la universidad en Salto. Guarga se aferraba a que nosotros no proponíamos nada concreto y que él no iba a cambiar nada de la estructura universitaria para darnos forma a nosotros porque según él “no sabíamos para qué queríamos tener poder”. Era su manera minúscula de mostrar miedo a perder poder y darle autonomía a la Universidad en Salto.
Aunque todo pasa, todo cambia, a veces es para mejorar. Eso quedó así demostrado cuando hoy la Universidad en Salto está construyendo un ala de laboratorios para albergar a destacados científicos uruguayos que están afincados en nuestro medio desarrollando investigación, a experimentados docentes que han apostado por crear conocimiento científico desde Salto y con un crecimiento explosivo de la matrícula estudiantil debido a una oferta académica que se viene diversificando cada vez más.
Estamos ante una Universidad de puertas abiertas, con mucha gente que entra y sale, con jóvenes que vienen desde varios rincones del interior de los distintos departamentos de la región, queriendo ser lo que sus padres no pudieron y hacer lo que en sus pagos les dijeron que era difícil, sin perder la identidad, pero con muchas ganas de ganar conocimiento para desarrollarlo y aplicarlo en su propio lugar de nacimiento.
La Universidad de la República nos da un ejemplo a todos esta vez con su proceso eleccionario. Nos enseña que los universitarios de la región pueden y deben defender su destino, deben participar para decidir qué modelo de Universidad quieren y demostrar con ello que se han ganado con madurez y coraje la institucionalidad que tienen hoy. Por eso es importante que haya elecciones en ese centro de estudios y más importante es todavía que todos sus integrantes participen, elijan a sus autoridades y marquen el camino, para que muchos más sigan participando.

HUGO LEMOS

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