Que sea suficiente

Convivir con el Coronavirus no es fácil. Aunque sabíamos que tarde o temprano íbamos a tener que estar todos juntos, conviviendo como en una gran familia. Este virus, cuyos efectos son tan inciertos como el impacto que nos dejó en la economía, no hace más que molestarnos. Al principio fuimos totalmente incrédulos que algo que estaba ocurriendo tan lejos como en China pudiera afectarnos y encima tan rápido.
Nunca creíamos que a los pocos meses de oír por primera vez en la televisión el nombre de coronavirus, esta cosa de origen incierto y efectos impactantes nos iba a visitar y nosotros tendríamos que desarmar toda nuestra vida y ponernos a merced de su impacto en los vecinos y vecinas de nuestra tierra.
Cuando el viernes 13 de marzo fue confirmado que el coronavirus llegó al Uruguay, muchos no tenían idea de lo que iba a pasar. Ni tampoco medían las consecuencias de lo que generaría en pocas horas, cuando comenzaron las recomendaciones y las políticas sanitarias que implicaron cambios de hábitos drásticos para todos en pocos minutos.  viñetas
La mayoría no entendieron de qué se trataba, pero el susto llegó a la mesa y hubo que asumirlo. Primero la sicosis, la compra masiva de alcohol en gel, guantes y mascarillas, lo que generó un alza en los precios de estos productos que hasta hacía días antes, valían el 90% menos de lo que salen actualmente.
También el temor por quedarse sin alimentos y el ataque voraz a los supermercados, que salieron a pedir que la gente se calmara que no había temor a que haya desabastecimiento. Si hay algo más raro que un dueño de supermercado pidiéndole a los clientes que no llenen tanto el carrito, que me lo cuenten.
Aunque en lo que se logró avanzar en estos días, fue en la comprensión del significado del impacto de esta enfermedad y lo que puede causar en la población si el virus se dispara y no puede controlarse. Si bien para la mayoría causa un efecto solamente parecido al de una gripe, para muchos otros, esto puede generar un problema más severo en la condición de su salud y saben por eso, que tienen que cuidarse.
Con todo, el mayor impacto está en el hecho de que por andar en la calle e incumplir con las medidas dispuestas por la autoridad sanitaria, nos contagiemos todos y generemos luego, un colapso de los servicios de emergencias, porque la gripe nos va a pegar a todos de diferente manera. A algunos solo se les causará un malestar o ni eso, y a otros una fuerte neumonia con riesgo de vida. Por eso es que es preferible que nos quedemos en casa al menos por los próximos 15 días, para que después todos podamos andar en las calles, saludándonos sin problemas.
La gente ha trastornado sus vidas por completo y ya no sabe a qué atenerse. Uno de los problemas mayores que ha traído aparejado este tema de la cuarentena y de quedarnos en nuestras casas, es que empezamos a conocer mejore el terruño. Reconocemos nuestro territorio y salimos como perros recorrer cada rincón de la casa, que es nuestra, pero en la que no estamos nunca, y hallamos de todo un poco.
Ese de todo un poco en verdad siempre estuvo ahí, o en su defecto lo dejamos caer nosotros mismos, pero como en los horarios acotados en los que estamos en nuestra casa no somos capaces de mirar siquiera si hay papel higiénico en el baño, viene la pregunta inminente ¿Por qué esta pared está pintada de verde?, ¿quién compró esta canilla nueva?, ¿desde cuándo hay un sillón azul en mi living? Y así vamos a descubriendo que hay vida además de la cocina, que el dormitorio de nuestro hijo necesita que le limpien las humedades y que el fondo tiene el césped tan alto que nos vamos a perder en él en cualquier momento, atrayendo todo tipo de bichos.
Después que nos dimos cuenta que todo esto existe, empezamos a preguntarnos por qué estamos ahí y hasta cuándo. Entonces han sobrevenido problemas graves en los últimos días que han sido los de violencia doméstica o de género y que incluso se llegó a poner en riesgo la vida de las mujeres, por convivir con el agresor dentro de casa.
Este es un tema nuevo que se le suma al presidente de la República, que hubiera preferido estar de vacaciones de fin de semana en Suárez y Reyes; pero que a él, tanto como a la población le cambió toda la historia con ese pequeño bichito que tiene a todos en vilo.
Aunque el mayor problema todavía no fue resuelto, cómo le decimos a la gente que se vaya para la casa cuando tienen que salir a buscarse el pan de cada día en la calle., no podemos arreglarnos con una canasta y decirles que se aguanten hasta que esto pase. No tienen la tranquilidad económica como para hacerlo. Y allí, el gobierno, como con los casos de violencia de género, deberá actuar y asegurarle a la gente que más allá de pedirle que se quede en su casa, tendrá que asegurarse primero que la tengan, y segundo que estén a salvo en la misma, sino nada será para bien y con el quédate en casa no será suficiente.
Ojalá sea una lluvia de verano.

HUGO LEMOS

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A ver muchachos, eso no

Estamos siempre en estado de alerta, pensando, mirando, escuchando y leyendo la información que nos llega y que nos pone por sobre todas las cosas, bien atentos. Estamos atravesando el momento de mayor incertidumbre de nuestra historia. No sabemos qué es lo que va a pasar ahora, cada día es de especulación, pero hay algo que no podemos dejar de tener nunca, fe en que las cosas van a pasar y que de las mismas aprenderemos.
Pero por el momento tenemos que ir aprendiendo nosotros mismos. Si bien las campañas para evitar la propagación del COVID – 19 vienen siendo exhaustivas, desde los medios de comunicación, desde el gobierno central y desde todas las organizaciones y grupos sociales que apelan al sentido común de la población, todavía se ven cosas que no podrían existir jamás porque conspiran contra todo lo que se hace.
Si bien lo del coronavirus dejará, además de un problema sanitario enorme entre la población más vulnerable a este virus -porque la mayoría de las personas que se verán infectadas (entre las cuales puedo estar yo o puede estar usted el día de hoy) no contraerán más que una gripe, eso es claro, pero por el contrario los más vulnerables, esto es los ancianos, los pacientes oncológicos, los hipertensos, los pacientes con insuficiencia respiratoria y cardíaca, los diabéticos, los mal nutridos, etc., tendrán riesgo de vida y seguramente deberán ser atendidos en los hospitales- también trae un problema inmenso a la economía nacional. Y la misma golpea a los distintos sectores sociales y de la actividad por igual, a todos en justa dimensión. columna
Aunque no es lo mismo una persona con un resguardo económico, fruto de su vida personal y del desarrollo de su economía, alguien que ha tomado previsiones y que está dispuesta a ajustarse el cinturón para poder sobrevivir a una crisis, que una persona que solamente vive al día, que cuenta con un salario para pagar sus módicas cuentas y no posee ni siquiera una línea de crédito, para poder enfrentar esta situación.
Se viene tiempos difíciles, tiempos que solo vivimos varios de nosotros en la crisis del año 2002, cuando todas las empresas paralizaban sus actividades porque en el país reinaba la incertidumbre. En aquel momento, lo único certero era que las decisiones para que la situación mejorara, eran netamente políticas.
Ahora, las decisiones para que las cosas mejoren están en manos de la población, algo que es mucho más difuso, porque no se le puede pedir a todo el mundo que se ponga de acuerdo para que haga las cosas que debería, mantenga el comportamiento adecuado, consideren que la salud de toda la población está en riesgo y hagan lo necesario para contribuir a la causa pública.
Lamentablemente no es algo que la gente entienda, porque con su actitud diaria podemos verlo. Entonces, cuando no hay cultura ciudadana que acompase las necesidades de toda la comunidad, comienzan los problemas y se profundizan. Aunque con todo esto, en Salto los problemas lo único que hacen, son multiplicarse.
Cuando ayer por la mañana veíamos que la feria dominical de la Plaza de Deportes se desarrollaba con normalidad y que cientos de salteños, por no decir miles en su hora pico, concurrían de manera masiva al lugar, contraviniendo todas las indicaciones habidas y por haber para poder cumplir con las disposiciones sanitarias que nos ayuden a vencer la propagación de una enfermedad tan seria como el coronavirus, no entendía nada. ¿Y quién respeta la orden de la Policía de evitar la aglomeración de personas? Me pregunté.
No podía creer que la gente, que durante el día no anda por la calle, evita concurrir a los espacios públicos y ni siquiera sale a la vereda, ayer se agolpaba en los rudimentarios puestos de la feria para comprar sus productos habituales.
No estoy en contra del trabajo de los feriantes, me parece que era algo necesario para dinamizar la economía local, que son trabajadores como todos, y que además su existencia y tarea son parte del folclore que toda sociedad de tener y mantener viva. Pero dados los momentos que estamos viviendo, que son nuevos para todos, que son complejos y que en muchos casos, muy poco lo entendemos, debería haber un criterio especial para este tipo de aglomeraciones, que son un foco vivo de contaminación y propagación del virus entre quienes allí estaban.
Y se trata no solo del efecto del contagio de mesta gripe que puede llegar a ser mortal, sino además de que si se genera una cadena de contagio tan importante, las salas de emergencia se verán rápidamente saturadas y no habrá atención de calidad para todos. Sino apenas un diagnóstico positivo y un quédese en su casa, hasta por las dudas.
También pasa lo mismo con el Paseo de Compras del bagashopping, donde la gente concurre de manera masiva y solamente se encuentra allí un foco de contagio. Las autoridades sanitarias del departamento deben tomar cartas en el asunto, ir de inmediato y apelar por sobre todas las cosas a la conciencia colectiva de estos comerciantes y feriantes.
Solo estando unidos, con un trabajo de equipo y tirando todos para el mismo lado, que es tomando las prevenciones del caso, podremos empezar a solar con salir adelante. De lo contrario, nos veremos vencidos por un virus que llegó al país para hacer daño y la peor derrota, es permitir que lo haga con nuestra desidia.

HUGO LEMOS

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Nada nos detiene

Dengue, Leishmaniasis, Coronavirus todos los males que están causando pánico entre la población mundial nos afectan en nuestro territorio de 14 mil kilómetros cuadrados, sin embargo hay que ponerle el pecho a las balas. coronavirus
No damos tregua y seguimos luchando, así estamos los salteños ante está situación. Un caos ocasionado por los medios de información que transformaron una virosis respiratoria en una enfermedad mortal que hace temer hasta el más valiente.

El país ha entrado ahora en esta etapa de pánico que no debería ser tal, sino fuera que cada caso es amplificado como si se tratara de la bomba de hidrógeno.

Pero hasta el momento lo único que debemos hacer es generar condiciones de vida saludable, cuidados en todos los sentidos, hábitos de higiene de los cuales hasta ahora solo nos reíamos sin que nos tomáramos en serio las cosas.

Pero por como sucede todo, parece que la gente se ríe. Los supermercados están saturados de gente comprando de todo, hasta lo más inverosímil para luego quejarse de que se siente mal. Y cómo no hacerlo, si se han comprado para comer cualquier cosa, no han tenido en cuenta los hábitos saludables que les están pidiendo, y han salido de forma desenfrenada a hacer saltar la tarjeta con el pin y verde, comprando de todo como si fuera Navidad.

Incluso en momentos donde se nos pide que extrememos los cuidados, que tengamos presente la existencia de alcohol en gel, que nos lavemos las manos, que nos alimentemos de manera tal que tengamos defensas, para evitar contraer una gripe, otro tipo de alimentos es el que deberíamos estar consumiendo.

Sin embargo, acá todo vale. La gente está en el canal de que como viene el coronavirus, que hasta canción propia tiene, hay que vivir de forma apocalíptica, pensando en que nos vamos a contagiar y en el caso que lo hiciéramos, poco más que estamos despidiéndonos de nuestros familiares, por lo tanto, lejos de estar en pánico y de alimentar la sicosis que nos han impuesto sobre este tema, lo que debemos hacer es actuar con raciocinio.

En los últimos días el sistema se ha puesto a prueba. Si algo tenía que fallar ya falló. Pero de ahora en más, las autoridades están aceitando todo para que el engranaje siga andando y las cosas sucedan, sigan el rumbo trazado y no haya mayores problemas. El coronavirus está haciendo que la clase política demuestre cuán buena puede llegar a ser apagando incendios, atendiendo emergencias de verdad, cuidando a la población.

Eso es parte de lo más jugoso que tiene esto, viéndole el costal político. Las fotos de candidatos que son adversarios juntos como si fueran amigos de toda la vida, con una leyenda abajo en la que alguien redacta que ambos están pensando en su comunidad. Esas cosas solo suceden merced a una emergencia y esta que vivimos lo es. Pero no por el coronavirus, sino por la falta de encuentros entre los líderes políticos, algo que disminuiría a su vez los desencuentros y nos ayudaróan a entender qué es lo que está pasado.

Pero la incertiumbre que vivimos el sábado pasado el mediodía, cuando el gobierno dijo que cerraban la frontera departamental y nosotros fuimos testigos de una estampida, nunca sentí una sensación de vacío y soledad tan importante como esa. Porque era algo así como que la gente abandonaba un lugar por estar infectado con algo que yo estaba seguro que no existía. Pero las instalacione de las termas al cabo de unos pocos minutos quedaron totalmente vacias, y así pasó con los hoteles que a su turno le anunciaron a los trabajadores que se quedaban sin el sustento, porque ya nadie quería venir a vacacionar a Salto con un departamento que encima querían aislarlo con cierre de fronteras.

Ahora está en nosotros salir a la calle, salir adelante, demostrar que podemos como sociedad, que nada nos limita. Que más allá de los golpes que estamos recibiendo, debemos repensar que si somos capaces de sobreponernos a un hecho de esta naturaleza, como sociedad podemos dar mucho más de lo que damos cada día.

Esto es importante porque la gente debe verse frente al espejo, debe mirarse y saber que no hay peste que la frene, que le quite el ímpetu, la camiseta que hombres y mujeres llevan por debajo siempre y la sacan a relucir cada vez que el país los necesita.

Exijámosle a la autoridad que marque las cosas claras, que nos cuide hasta en los precios que ponen en el supermercado o en las farmacias, donde en este momento, cuando los uruguayos más necesitamos nos están matando con los remarques de artículos que realmente precisamos tener en el bolsillo, lo que se convierte en una desinteligencia, por decir lo menos, porque a la población hay que ayudarla, no castigarla más aún por lo que está atravesando.

Aunque nosotros también debemos cumplir con nuestra meta, de obedecer a la autoridad, de cumplir con lo que nos piden que hagamos y de ayudarnos a nosotros y a nuestro entorno, para sacar adelante a un departamento que viene padeciendo situaciones complejas desde hace años y al que solo lo ha sacado adelante su gente.

HUGO LEMOS

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¿Cuál recreo?

La famosa frase que le adjudican al ahora senador de la República, Guido Manini Ríos, “se acabó el recreo” tiene otro dueño. Y es nada menos que el actual presidente de la República, Luis Lacalle Pou, quien en una serie de actos previos a la campaña electoral repetía una y otra vez que a la delincuencia “Se le terminó el recreo”.
Lo hacía cada vez que hablaba de la inseguridad, refiriéndose a los crímenes que estaban ocurriendo en nuestro país, los cuales asombraron a la población por la magnitud de muchos de ellos hace algunos meses nomás y en clara alusión a las políticas de seguridad del anterior Ministerio del Interior que conducía el ahora senador del MPP, Eduardo Bonomi. seguridad
Sin embargo, esa frase, trascendió a los actores políticos que la acuñaron y generaron con ello una división sistemática en una sociedad que ya estaba partida en pedazos. Si bien los índices de criminalidad han crecido exponencialmente en los últimos tiempos y eso nadie lo puede negar, porque es una realidad que rompe los ojos, el hecho de querer apagar fuego con fuego, solo genera más violencia, más bronca, más impotencia y una criminalidad en ascenso y sin techo.
Que hay que reprimir los delitos, claro, eso todos los compartimos. Que hay que poner más rigidez en una sociedad que estaba padeciendo ciertos vicios, bueno, es tarea de mucha gente, no solo de la Policía, porque un funcionario policial está capacitado para reprimir el delito y no para atacar las causas que provocan muchos de los males sociales que debe atender un Estado para mejorar los problemas que tiene una sociedad.
Hace 20 años que atravieso la Plaza Artigas todas las noches al salir del trabajo. Lo hice en días de semana, domingos y feriados, de noche y de día. A altas horas de la madrugada y a la luz del alba. Y la metamorfosis que ha tenido ese espacio público en cuanto a quienes lo ocupan ha sido brutal.
Desde grupos de jóvenes que se reúnen a tocar la guitarra hasta gente que se sienta en los laterales de la misma a fumarse un porro. Pero también otros grupos de jóvenes adictos al alcohol que están al acecho, esperando a la víctima, e imponiéndose con la mendicidad de dinero que muchas veces pasa a ser un prepoteo inadecuado si uno no sabe pararse en sus trece y enfrentarlos.
Pero así como ocurre lo mismo en ese espacio público, también pasa en otros lados, donde la gente ya no puede andar tranquila y hay que dar una respuesta. Pero el tema es cómo. No estoy de acuerdo con que a la gente se la maltrate, porque vista mal o porque tenga una actitud ociosa. Tampoco porque su manera de ser sea desaliñada y porque esté ganándose la moneda en una esquina. Esos no deberían ser méritos suficientes para que haya una política de represión desde el Estado.
Y digo esto, porque la faz represiva pretende ser preventiva del delito. Se hace muchas veces para dar un mensaje de que no todo vale, y de que más allá del argumento que tenga la persona para vivir en situación de calle, se le quiere decir que debe respetar el orden y la ley, y esto comprende al resto de las personas que trabajan cada día y que no merecen ser víctimas de hurtos, arrebatos, rapiñas y demás.
Es difícil ponerle el cascabel al gato encontrando un equilibrio entre el Estado represor, el Estado que garantiza la convivencia ciudadana y el Estado permisivo, donde todos los derechos valen y donde al final por esto mismo, nadie respeta nada.
El aumento de la delincuencia ha generado que mucha gente entre en pánico y al ver a una persona que está en un mal momento, pase a ser sospechosa de un delito. También del otro lado del pensamiento, están los que buscan una justificación a la situación hablando de los problemas sociales. Pero en definitiva, ni dando palo a lo loco, ni dejando que las personas anden por ahí porque tienen derecho a hacer lo que se les antoja, genera garantías para que la mayoría de la población pueda vivir tranquila.
La criminalidad es un problema cultural, que no se da mayormente en determinados estratos sociales. Esto ha pasado y pasará. En los gobiernos del Frente Amplio, la mayoría de los presos eran gente pobre, que robaba, rapiñaba, o vendía drogas como medio de vida. Eso sigue pasando y seguirá ocurriendo porque es un problema ya instalado, de sociedades que han perdido valores y que con una política de mano dura, o de represión per se, no va a cambiar absolutamente nada.
Por el contrario, tenemos que tener en cuenta que la acción policial debe ayudar a pagar el fuego y no a generar temor, y mucho menos odio, porque en ese caso, el conflicto social solamente crecerá y habrá más problemas de los que ya hay.
Es difícil escribir estas palabras, sobre todo en momentos donde una policía mujer falleció en manos de la delincuencia. Pero ese dolor debe buscar generar una sociedad más civilizada, con más disciplina, valores y ayudar a que la gente entienda que las sociedades funcionan si todas tienen un orden para tener responsabilidades. Y una vez esto, podemos hablar de todos los derechos que queramos, pero primero debemos saber que si no impera el respeto y el compromiso de empujar todos juntos, nos seguirá dividiendo el odio y la violencia. Y cuando llegue el caos, ya estaremos perdidos.
Que el recreo que pretenden terminar sea el del delincuente que no se ocupa de aportar al país, que delinque porque sí, que no se hace cargo de nada, ni de sus hijos, ni del daño que le causa al vecino. Pero que también le digan al policía que el recreo de dar golpes porque sí y de acuñar la violencia con un arma en la mano, también debe terminar.
Ojalá los líderes políticos antes de largar frases sueltas le agreguen contenido, y se hagan cargo después, cuando por marketinizar sus dichos, haya consecuencias que nos hagan daño a todos.

HUGO LEMOS

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Que sirva de ejemplo

La primera vez que los vi estaban sentados en un banco de la calle Uruguay, de esos que están a los costados como para que uno descanse y observe el movimiento céntrico. Era un miércoles por la tarde, ellos eran tres y al verlos te llamaba la atención una pancarta que tenían como carta de presentación, que uno no termina de leer pero alcanza con saber que se trata de una familia de venezolanos.
Pese a que iba algo apurado y con mi dulce hijo de la mano, no dudé en parar a preguntarles quiénes eran y porqué estaban allí. Me contaron que emprendieron la salida de su tierra natal hacía 7 meses, que huyeron de la dictadura de Maduro que viene ultrajando a ese país caribeño ubicado a miles de kilómetros de aquí desde hace años, y que lo hicieron en aquella recordada marea humana en la que huyeron millones de personas por vivir en una nación vilipendiada por el crimen organizado en forma de aparato estatal. brillante
El régimen dictatorial de Nicolás Maduro no solo amañó elecciones para llegar al poder y mantenerse por muchos años más que cualquier líder democrático, sino que además formó un parlamento paralelo que responde al dictador y a sus secuaces, y que al igual que lo hizo Juan María Bordaberry en 1973 en el Uruguay, Maduro abolió el Poder Legislativo donde estaban representadas todas las ideas para imponer su propia voluntad y gobernar con el poder militar al que le otorga prebendas y beneficios permanentes paras que no lo traicionen.
Pero esta familia, compuesta de tres personas, entre ellos un niño que tendría la edad de mi hijo, huyeron de ese país hacia algo que pensaron podría ser un lugar mejor, porque según le informaron había un país en el que las cosas funcionaban medianamente bien y había otras posibilidades, como las que ellos ya no tenían. Ese lugar, que ellos dijeron era un «país mejor» que el que habían dejado atrás, se llamaba Uruguay y el lugar que buscaron para poder asentarse y empezar de nuevo, se llama Montevideo.
Esta familia de tres, que no se separa nunca y que está en ese proceso de encontrar un mejor destino, no tuvo reparos en hablar de lo que han estado sufriendo en aquel país. No dudaron un segundo en llamar dictador a Maduro ni en criticar la situación por la que atraviesa, el otrora país más rico de Sudamérica.
Dijeron que la situación que se vive allá no es como la muestran por televisión, sino que es «mucho peor, allá no hay medicinas, los hospitales no funcionan, la educación no tiene recursos, la empresas privadas cierran porque no pueden vender sus productos, no hay nada. Lo poco que queda en Venezuela, lo tiene el señor Diosdado Cabellos que se ha vuelto el dueño del país», dijo este venezolano con dolor e impotencia.
Y siguió haciendo su catarsis «nosotros sufrimos mucho antes de tomar la decisión de irnos, nadie se quiere alejar de su país, no queríamos estar lejos ni un segundo, pero no nos queda otra. No tanto por nosotros, sino por él (señalándome al pequeño que recostado sobre el regazo de su madre, comía un paquete de galletitas), porque no podemos darnos el lujo de que si se llega a enfermar, no tener donde atenderlo».
Estaban con cara de tristeza, rabia e impotencia por la situación que viven en aquel país, y enseñaban la dureza de dejar su tierra, de tener que irse de su país probablemente para siempre y de tener que enfrentar una dura y cruda realidad, solamente comprensible por las personas que durante la dictadura debieron dejar el Uruguay por ser perseguidos por el régimen y por no poder expresarse libremente.
El régimen que hoy se apoderó de Venezuela no permite la libertad de prensa, no respeta la libertad de pensamiento y exige y reprime a todas aquellas manifestaciones que sean opositoras a su gobierno. Lo que genera que personas como éste venezolano, que no quiso cámaras porque fue consultado acerca de si podíamos hacerle una entrevista y publicarla, a lo que se negó tajantemente porque dijo, «no estoy para hacer publicidad sino para resistir y poder salir adelante con mi familia», lo cual comprendimos.
Ayer, lo vi nuevamente en esta situación, aún en nuestra ciudad, pero un punto distinto. Estaba haciendo exactamente lo mismo y su hijo pequeño se encontraba sentado junto a su madre, con el equipaje a cuestas y el dolor de saberse lejos de casa, pero consolado en la búsqueda de un futuro mejor para él y su familia.
Es buena cosa que el Uruguay se dé cuenta de las posibilidades que tiene en este bendito país, regado de republicanismo y democracia, donde priman los derechos por sobre las imposiciones. Y esto es un mensaje importante no solo para nuestros gobernantes, sino también para aquellos que, sabiendo que la democracia está más vigente que nunca lanzan consignas antidemocráticas, cayendo en los excesos que ellos mismos dicen querer evitar.
Espero que quienes hayan visto a esta familia venezolana peregrinando desde el lejano extremo norte de la América del Sur, que sientan en carne propia lo que padece el pueblo venezolano y que valoren más que nunca la democracia, repudiando cualquier forma de totalitarismo. El Uruguay es un país distinto, que le brinda a sus habitantes las posibilidades de crecimiento adecuadas y el uruguayo debe valorar eso más que nunca, dejar de quejarse tanto y empezar a querer más a su país.
Y un deseo que emerge más que nunca, ojalá que el régimen en aquel país, caiga pronto.

HUGO LEMOS

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Por mayor calidad democrática

Ver prometer lealtad en sus cargos a los 130 legisladores que asumieron el sábado genera muchas sensaciones encontradas. Primero porque a la gran mayoría de ellos no los conoce nadie, entonces escucharlos decir que a ellos los «eligió el pueblo» y que por esa razón están ahí sentados, bueno, uno los oye y no sabe qué pensar. «Ponéle», les contestaría si los tuviera enfrente.

Porque más allá que técnicamente haya sido así, a mucha gente que ahora pasará a tener un cargo legislativo por 5 años, que se supone que llegan por el voto popular, la mayoría del pueblo uruguayo que es el que les paga con sus impuestos, sueldos de privilegio para lo que es la función pública, ni siquiera sabe que existen.
En ese sentido, no puede haber un desapego entre las personas que ocupan una banca y el pueblo que supuestamente los eligió, porque lo único que ocurre en esos casos, es que la gente no se sienta representada y después reclama por cosas que quizás ya tiene, o sale a exigir a personas que no entienden ni cómo llegaron allí, y éstos muy sueltos de cuerpo las desoyen , porque en realidad el parlamento –y los que ya tienen más de un período como legisladores saben que es así- tiene su propio funcionamiento y pueden llegar a hacer oídos sordos durante años a temas que podrían resolverse de un día para el otro.politica
Recuerdo la efervescencia con la que trataron el problema que atañe a la erosión de la Costa salteña, un grupo de personas sin banderías políticas que quería que las autoridades hicieran algo para parar con este drama, que cada año nos afecta un poco más. Entonces, en el año 2014, este movimiento concurrió a la sede de la Junta Departamental de Salto donde estaba el entonces diputado socialista, Julio Bango, que hablaría con las fuerzas vivas del departamento.
Allí los interesados concurrieron al lugar para plantearle la lucha que venían dando en ese sentido con la erosión y lo pesado que se les hacía ir contra los molinos de viento, como Don Quijote, sobre todo porque en Salto Grande no se les daba la atención que ellos reclamaban para que se les brindaran respuestas sobre el impacto ambiental de la central hidroeléctrica, en el ecosistema circundante.
A Bango, además de esto, le narraron con lujo de detalles todos los pasos que habían venido dando para llegar hasta allí y para generar resultados que redunden en algo concreto, sobre todo lo que habían hecho para que parara la erosión en la costa salteña.
El entonces legislador nacional, hasta entonces un perfecto desconocido para muchos de los que estuvimos en esa ocasión, más allá de que la prensa capitalina por una cosa u otra lo había entrevistado en ese período 2010 – 2015, el legislador socialista era prácticamente la primera vez que como tal visitaba la ciudad.
Pero escuchó detenidamente cada planteo y hasta intentó responderles a los interesados todas sus interrogantes, con animado discurso, defendiendo al gobierno pero asintiendo que si la costa tenía problemas, era algo que trascendía banderías políticas partidarias y era hora de hacerse cargo. Todo bien hasta que llegó la pregunta de quien esto escribe, ya que la prensa también estaba invitada a la fiesta, acerca de si esa voluntad de iniciar gestiones tras los planteos recibidos, se harían durante ese año, que se trataba de un año electoral y que como todos sabemos, ese tiempo es utilizado por los actores políticos justamente para hacer campaña.
Bango, cometiendo un acto de sincericidio, que se le reconoce como honestidad brutal para un actor político en campaña, dijo «sí, ese es el tema, seguramente este año no tengan suerte. Pero después que ingrese el próximo período legislativo y se traten temas tan importantes como el presupuesto nacional, quizás ahí sí, pongamos estos temas arriba de la mesa».
Lo cierto es que Bango no fue reelecto diputado, sino que el nuevo gobierno nacional le encargó el funcionamiento del Sistema Nacional de Cuidados. Pero ninguno de los diputados que anduvo en el Palacio de las Leyes durante los últimos cinco años puso el tema de la erosión de la costa salteña arriba de la mesa y si alguien lo hizo; el mismo naufragó en alguna bancada parlamentaria sin que saliera a luz ni siquiera un bosquejo del problema-
Por tal motivo, es que decimos que el parlamento tiene su propio funcionamiento, donde las bancadas deciden en función del interés que impone una mayoría, por lo general con representantes del área metropolitana que son los primerean la cosa ya que son mayoría en número, y dejan en offiside a los del interior profundo que nos dicen que llevan sus propuestas para que se las voten.
Aunque lamentablemente, sino es el nombre para alguna escuela o de un puente, todo queda en la capital. Entonces al ver los encendidos discursos que se dieron el sábado 15, para las cámaras de televisión por parte de los trajeados parlamentarios debutantes en algunos casos y de los ya experientes en otros, pensaba que no hay mayor divorcio entre el pueblo y quienes dicen representarlos, que los que se marean con los aplausos de los oropeles y de los jugosos ingresos que devienen de esa actividad, porque horadan la calidad democrática, y lejos pasan a estar de representar a quienes les pagan sus costosas vidas durante 5 años.

Hugo Lemos

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La institución sobre todo

Un nuevo intendente empieza a asumir sus funciones en nuestro departamento de manera formal a partir de hoy. Se trata de Alejandro Noboa, quien es escribano y doctor en Sociología de profesión, pero por sobre todas las cosas, se trata de un hombre preparado para gestionar y administrar una institución tan compleja como es la Intendencia de Salto.
La misma simboliza el espacio de administración de los bienes de un departamento, pero además el lugar de expresión de todas las corrientes sociales que conforman nuestra comunidad. Y tener que gobernar eso implica un harto complejo porque el que lleva la batuta tiene que atender todos los reclamos, de todos los sectores, de todos los que tienen algo para decir.  politico
Si bien ser intendente requiere de capacidad, sagacidad y una sensibilidad especial porque más allá de hacer que los números cierren, para que la institución pueda cumplir con sus cometidos que son los de atender los problemas de infraestructura, sociales y políticos que tienen el departamento, también debe atender la cuestión humana, que pasa según el ámbito, el barrio o las personas, el tenor de los reclamos y de los problemas que van surgiendo.
Pero en los últimos años la Intendencia, las intendencias de todo el país en realidad, pero la de Salto en particular, pasan por un momento en el que la cuestión política partidaria está muy arraigada a su funcionamiento, a sus quehaceres y a su composición.
Por lo cual, en muchos casos hay decenas de mandos medios afines al intendente de turno, ya no al partido político al que el mismo representa, o al menos al cual el jefe comunal de turno pertenezca; que están vigilando a los trabajadores que ingresan en la administración por distintos mecanismos legales, como el caso de la designación directa, para que respondan a los lineamientos políticos predeterminados.
Si estas prácticas son algo válidas y políticamente lógicas, que el intendente que ingresó al poder lleve a sus militantes a trabajar consigo y que luego les exija compromiso y lealtad, con él y con el sector político, para mantener la coherencia con la que dijeron que debían actuar, hay veces que las situaciones se les pasan de las mano y muchos terminan temiendo que así como ingresaron a trabajar en la administración y tuvieron la oportunidad de ganar un sueldo, puedan quedarse sin ese sustento de un día para el otro.
En esos casos, que son los que también se viven por estas horas, donde muchos se suman a la causa de tal o cual candidato, lo que más deberían imperar sería la alegría, la convicción, el entusiasmo por defender desde sus respectivas trincheras, tal o cual gestión de gobierno, determinada idea o pensamiento sin temor alguno a pensar diferente a los que gobiernan.
Empero, actualmente es injusto que muchos funcionarios municipales que concurren a diario a cumplir una tarea con la cual sustentan a su familia y pudieron ingresar durante el transcurso de una administración, sientan temor y stress cada vez que asume un nuevo gobernante, porque temen verse perjudicados, por pensar diferente y sentirse en cierta medida perseguidos al punto que terminarán en sus casas antes de lo que cante un gallo.
Por eso mismo, hay que apelar a la conciencia de los futuros intendentes, pero sobre todo de los tres candidatos que se están sacando chispas para poder llegar al poder o en otro caso, retenerlo.
Cuando un intendente no es reelecto en su departamento, es porque hubo mucha más cosas negativas que positivas en su administración, y por eso la mayoría de la gente decide con mucha valentía e hidalguía el futuro de ese puesto, algo que se va a juzgar en mayo, en tres meses, donde el pueblo someterá a votación cómo trabajó el último gobernante durante los 4 años y pico anteriores.
Pero la gente necesita de los trabajadores municipales, se sirve de su trabajo, precisa que los mismos estén tranquilos para poder prestarles un servicio y éstos, en ese sentido, no pueden estar atravesando este tipo de angustias, de pensar que porque el sillón municipal sea ocupado por otro inquilino durante el tiempo que sea, con un máximo de 5 años, también es posible que ellos puedan quedarse sin trabajo.
Este pensamiento, viene a colación de un proceso de politización a ultranza que han fomentado los últimos gobiernos y que han dicho que con determinados acuerdos, convenios y contratos, pueden darle estabilidad a mucha gente, cuando un intendente de turno puede en realidad, decidir qué hacer con la vida de todas esas personas desde un despacho.
No me estoy refiriendo a políticos en particular, ni siquiera a los problemas que enfrentan y enfrentarán las diferentes administraciones, sino a que debe haber un compromiso y un respeto por la institución Intendencia de Salto por un lado y por otro, una convicción sana y alegre de las ideas que acompañen a tal o cual candidato.
Para que el municipal sea primero funcionario, cumpla con su tarea, brinde a la sociedad lo que esta necesita, y luego piense en el aspecto político de la cosa, porque de lo contrario dentro de poco no habrá más que un club político en vez de una Intendencia donde la gente busca soluciones y esas cosas no están bien.

HUGO LEMOS

 

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La apariencia y el delito

Cuando en las clases de Derecho Penal en la querida Facultad de Derecho de nuestra imponente Regional Norte (es que siento mucho orgullo de nuestra universidad pública en Salto) nos hablaban de la apariencia delictiva de una persona que podía estar implicada en un delito, era porque poseía elementos que lo asociaban a los hechos que se estaban investigando.
Ya sea porque la persona había estado en el lugar donde sucedieron los acontecimientos, o porque hubo testigos que la vieron cerca, o porque al detenerla contaba con elementos que la identificaban con ese caso en particular. Recuerdo las enseñanzas de profesores como Eduardo Pesce (ya fallecido), Diego Caamaño o Zayda de la Carrera, que amén de hacernos leer los libros de Bayardo Bengoa, del propio Pesce o de Gonzalo Fernández, y ni que hablar de los manuales de Milton Cairoli, nos contaban qué era lo que decía la ley penal por un lado, y cómo era la realidad en las cárceles uruguayas de aquel tiempo, hablo de los años 2003 y siguientes, cuya situación en materia de resultados, no es nada diferente a la actual.
Pero pensar que una persona tenía apariencia delictiva era algo bien especificado. Se trata de un sujeto que, con movimientos o actitudes sospechosas hace presumir que pretende participar de un delito. Aunque como la hipocresía campen en este país, ya van a salir muchos a decir que nadie piensa eso. Y mienten. Mienten a cara de perro, porque cuando ven un pibe mal vestido con tatuajes y un peinado raro con cara de enojado, suben el vidrio del auto o la camioneta.  delito
Esto, porque desde hace unos días, un grupo de intelectualoides, que se dicen de izquierda, que creen que hablar de justicia social e igualdad de oportunidades desde un cómodo sillón con secretaria y todo, que se lo ganaron durante estos años por militancia política y no por mecanismos que le den oportunidades a todos de ocupar esos cargos, como la llamada meritocracia, hablan de una propuesta en la que el futuro gobierno plantea exigir más controles sobre controlar a aquellas personas con apariencia delictiva, para evitar daños a la sociedad.
Algo que me parece que es lo que la sociedad en su conjunto viene reclamando desde hace mucho tiempo, por la situación de inseguridad que estamos atravesando, y que tantos muertos ha dejado y tantas víctimas nos muestra a diario. Pero en esos casos, para criticar de arriba, también esa horda de nerviosos por la posibilidad de perder los privilegios a los que se habían acostumbrado sin hacer tanto esfuerzo durante todo este tiempo, se ponen a criticar lo que sea, pero son los primeros en salir a vomitar una catarata de insultos en el caso de ser ellos mismos las víctimas de un delito.
El otro día alguien puso en redes que se describiera a una persona con apariencia delictiva. Y yo recordé de inmediato a los dos pibes que vi sentados a una cuadra de la casa de mi madre en la noche del lunes, los que hacían que estaban conversando pero que su manera de vestir ya los delataba. Con ropas oscuras y caras semicubiertas con gorras y canguros en pleno verano, no eran del barrio y se sentaron como si no pasara nada.
Está bien, tienen derecho a hacerlo, pero era demasiado elocuente para mi que si me sentara en una esquina lejos de mi barrio con otra persona, en pleno verano, casi tapado y en el lado oscuro de la cuadra, la situación tiene al menos apariencia delictiva. Después que esas personas se levanten y sigan su camino sin hacer daño a nadie, era parte de un cuento de hadas. Y quienes puedan criticar esta postura, son aquellos que si ven la misma escena que yo, al menos sospechan.
Al rato, siendo un escándalo en la calle y pasó lo obvio. Un trabajador dejó su moto un momento frente a una casa y en un descuido, los dos muchachos dejaron de charlar para cometer lo que su apariencia indicaba, un delito. Le robaron la moto al trabajador que salió gritando para que alguien, de esos que seguramente critican al gobierno entrante por esta medida, lo saliera a ayudar.
Muchos llamaron al 911, otros comentaban lo mismo que yo había pensado cuando los vi. Que eran dos personas que no estaban charlando una noche de verano en una esquina cualquiera de la ciudad, seguramente muy lejos del barrio de donde viven. Sino que eran dos sujetos esperando el golpe del balde, que se les diera el momento, para robar, generándole un perjuicio a alguien, cuando no, un daño físico también, como ocurrió en esa misma esquina solo 24 horas después, con una mujer mayor que llegaba a su casa con una cartera hasta que la tiraron al suelo para sacársela.
En definitiva, la situación de inseguridad es altamente compleja, alarmante, y lamentable, pero cuando alguien quiere hacerse cargo y lanzar una propuesta, llueven las críticas. Yo aplaudo aquellas medidas que son bien fundamentadas y que argumentan contra las medidas oficiales para mejorarlas.
Pero critico aquellos comentarios y burlas a quienes proponen medidas para mejorar la situación de inseguridad. Porque si esa gente mañana tiene un kiosco y de madrugada entran a asaltarlo, como ocurre a diario tristemente en nuestra ciudad, o entran a sus casas en el peor de los casos poniendo en riesgo la integridad física de sus familia, son los primeros que salen a exigir más seguridad, más represión y más acción policial para cuidarnos a todos de los que con apariencia delictiva, salen de sus casas a hacer gala de la misma, cometiendo delitos y dañando gente, sin importarles quienes son ni cuanto tienen.
Encima van a una cárcel, de la cual no salen recuperados de nada y además cultivan sus malos hábitos ya que no se les impone ninguna norma que los obligue a cambiar su actitud y entender que la convivencia pacífica entre los hombres, no se puede cumplir con gente como ellos. No ridiculicemos, la apariencia delictiva no es cómo visten, ya que hay ricos estafadores que se visten con trajes de miles de dólares y políticos que se visten como todos y roban como pocos, sino cómo actúan algunas personas a las que habrá que “tirarles de las orejas” como en la escuela, por lo menos, para que dejen de dañarnos a todos. Y a los criticones, terminen con la hipocresía, sino no vamos a avanzar nunca.

HUGO LEMOS 

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No hay que atar nada al PBI

Cuando escuché la información pensaba, esto puede llegar a complicar las cosas. Pero a la noticia hay que escucharla dos veces, analizarla, detenernos a pensar si la misma está bien fundamentada y luego sacar las conclusiones. Porque de lo contrario, solamente estaremos quedándonos con los titulares y no sabremos qué cosa nos puede terminar afectando de lo que escuchamos. economia
Por estos días, pese a estar en un mes de enero bastante largo, caluroso y tedioso para los que vivimos al norte del Río Negro, que debemos soportar climas selváticos, con calor sofocante y una humedad que completa la historia, y además sin actividades que compensen el estar de vacaciones por esta zona del país, sobre todo para los más chicos, quienes atendemos al menos las noticias del día, nos estamos enterando paulatinamente de los pormenores de la ley de urgente consideración que el próximo gobierno le entregará al parlamento.
En uno de los aspectos de esta ley, que tiene más de 400 artículos y que plantea prácticamente, barajar y dar de nuevo en muchas de las cosas que existen y tal las conocemos en nuestro país, está el planteo de que la evolución de los salarios (no escuché nada acerca de las jubilaciones) estará atada a la evolución del Producto Bruto Interno (PBI), que pasó de ser de 12 mil millones de dólares en el 2004 a 60 mil millones de dólares en el 2018.
Esto demuestra que el Producto Bruto Interno (PBI), que es el valor total de los bienes y servicios producidos en un país durante un periodo determinado –mensual, trimestral, anual – varía en función de los distintos factores que emergen en un país y que en el caso de que el nivel de los mismos bajen, desciendan y disminuyan, por variables de la economía, los salarios deberán congelarse y perderán, en ese sentido, el valor de poder mantener el ritmo de la inflación.
Aunque pareciera que todo lo que pudo hacer el Frente Amplio durante su primer gobierno, con la recuperación salarial lograda por los trabajadores tras la reinstalación de los Consejos de Salario, se perdió en los últimos cinco años en los que gobernó este partido político que en los próximos días dejará el poder y volverá al rol de oposición que le tocó tener en los años previos al 2005.
Si tomamos en cuenta los niveles de evolución de los salarios en el último período de gobierno, podemos ver que en la mayoría de los sectores de actividad, no hubo aumentos reales de salario, sino que por el contrario, los mismos se mantuvieron y apenas alcanzaron algunos ajustes legales que se negociaban en los distintos ámbitos de discusión. Esos ajustes, acompasaban en el mejor de los casos, los niveles de inflación, por lo cual lo que sí se ha registrado en el último lustro del actual gobierno, fue una fuerte pérdida del poder de compra por parte de los uruguayos, lo que impactó de lleno en el comercio, generando falta de ventas de bienes y servicios, ergo cierre de empresas y aumento del desempleo.
Y aunque la causa de esta situación la explican de distinta manera, según quién la cuente, el problema es real. Algunos dicen que la caída de los precios internacionales de los comoditties como el caso de la soja generó un retroceso en el volumen de las exportaciones y las retenciones tributarias bajaron considerablemente. Otros que dicen que además de eso, el endeudamiento interno ha impactado de lleno sobre el bolsillo de la gente y encima la ley de inclusión financiera, donde los bancos controlan todos los gastos de las personas que están inmersas en el sistema, ya les debitan sus deudas dentro del rango legal que es de un máximo del 70% y los dejan con el resto, lo que achicó el poder de compra de manera brutal.
Y así, un sinnúmero de factores que han determinado que la realidad de hoy sea la siguiente, el muy probable descenso del PBI pronosticado pese al “crecimiento” que vaticinan algunas consultoras afines a la economía de mercado, lo que no significa necesariamente que el PBI vaya a crecer o al menos se mantenga, poniendo en riesgo entonces según los anuncios del próximo gobierno, la estabilidad salarial.
Los salarios no han crecido y por eso mismo ha disminuido el poder adquisitivo, y esto encima jugando con las cartas arriba de la mesa, con laudos fijados e instancias obligatorias que promueven al menos que haya ajustes que permitan sobrellevar las cosas.
Pero si a los salarios los atamos a algo tan variable como es el PBI de un país, el cual puede caer a niveles muchos más bajos que los actuales, estamos poniendo en riesgo la estabilidad de la economía y encima generando un estado de conflictividad que ya se está anunciando, que será duro y que aumentará considerablemente, por las nuevas interpretaciones jurídicas que en relación a lo que ya existe, será tomado como un recorte de derechos. Lo que para los sindicatos de este país significa prácticamente una declaración de guerra.
Así que no creo que sea una buena medida atar los salarios a la evolución del PBI, una noticia que pasó casi inadvertida para la mayoría por el título que se le puso, que en criollo significa “si hay plata y ganancias, habrá aumento, de lo contrario habrá que aguantarse piola hasta que las cosas mejoren”.
No creo que el próximo gobierno quiera recortar derechos, ni perjudicar a los trabajadores, pero a veces las visiones de la economía, en manos de economistas y no de políticos le pueden hacer pagar costos a los líderes partidarios, que pueden estar de acuerdo con las recetas que pretendan equilibrar las cuentas, pero que tienen que saber que aplicarlas resulta muchas veces, peor el remedio que la enfermedad.
Tendrán que estar atentos, no volver a viejas recetas y pensar en seguir evolucionando para que a nadie le falte nada, en un momento en el que los problemas ya sobran.

HUGO LEMOS

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Una sociedad sin miedo

La primera vez que usé un chaleco antibalas fue en el invierno del 2007, en ese momento estaba realizando una producción televisiva junto a dos amigos, que se llamaba Testigo Ocular y fuimos los primeros en hacer un programa televisivo local donde salíamos con la Policía a realizar sus recorridas, cubriendo los procedimientos y estando en el lugar cuando denunciaban delitos. inseguridad
Por aquel entonces, la inseguridad en Salto era otra. Se vivía de una manera diferente, no había tantas rejas en las casas, aunque desde principios de este Siglo, el proceso de encarcelamiento de las viviendas particulares y la mano de obra intensa para los herreros de la ciudad había comenzado.
Las rapiñas o asaltos a mano armada, que hoy son algo habitual y tristemente común para ser noticia, era algo atípico. Los cuadernos que se usaban en aquel momento en las distintas comisarías para recibir denuncias, se llenaban con hurtos, problemas entre vecinos, casos de violencia doméstica y daños, pero cuando había un asalto o un homicidio, el evento cubría varias portadas.
Aún recuerdo una entrevista que pude realizarle en noviembre de ese año, en el aeropuerto de Nueva Hespérides a la entonces ministra del Interior del primer gobierno del Frente Amplio, la socialista Daysi Tourné, quien me dijo con su particular impronta, su voz ronca y fumando un cigarrillo tras otro, antes de subirse al avión que la trasladaría de regreso a Montevideo junto al resto del gobierno que habían participado de un Consejo de Ministros abierto en Bella Unión, que Salto “me encanta, porque su tranquilidad provinciana hace que sea distinto a todo el sur del país, y la gente pueda caminar por las calles sin mayores inconvenientes”.
Con eso, la exministra, resumía en pocas palabras la realidad de la época, aunque a los pocos meses sucedió la captura de 500 kilogramos de cocaína de un cargamento que estaba en una estancia en la zona de Valentín.
Pero volviendo a lo del chaleco antibalas, tuvimos que ponérnoslo porque esa fue la condición que nos dio el Jefe de Policía de la época, Walder Ferreira, para poder realizar nuestra tarea periodística. Aunque ya cargar con algo tan pesado, sabiendo que el mismo era una obligación portarlo porque su cometido era protegernos de un ataque a balazos, hacía que la adrenalina nos subiera al máximo y cada vez que bajábamos del móvil para cubrir un incidente, sentíamos que en cierta medida estábamos protegidos. Lo que sumado a la inexperiencia, soberbia e inmadurez de un muchacho de veinte y pico de años, hacían que uno se sintiera intocable.
En realidad, ese chaleco nos hacía un blanco fácil de la delincuencia que bien podía confundirnos con un agente policial, porque muchos entrevistados al vernos bajar de un móvil pensaban que lo éramos, y en ese sentido, las cosas podían complicarse.
Todo este recuerdo viene a colación de lo que vi el otro día. Fui hasta un Abitab a pagar una cuenta, de esas que los Reyes Magos te dejan sin avisar, y cuando llegué a la caja no daba crédito de lo que vi, pero el panorama ilustraba perfectamente los tiempos que estamos viviendo.
La joven mujer portaba un chaleco antibalas, pesado, un tanto gastado y que generaba para la persona que lo estaba cargando, una presión mental importante, porque sabe que está haciendo un trabajo que pone en riesgo su vida, y ese chaleco que es parte del protocolo que establece la seguridad para las casas de cambio, es sin duda una manera de demostrarlo.
La cajera me miró con cara de “cómo pesa este chaleco”, cuando me atendió y luego de cobrarme, no pude aguantarme y le pregunté cómo se sentía llevando un chaleco antibalas encima durante las 8 horas que dura su trabajo. “Ya me acostumbré”, me dijo con una tímida sonrisa.
El tema pasa porque la persona siente la presión psicológica de que está viviendo en un lugar que ya dejó de tener la tranquilidad provinciana que mencionó la entonces ministra Tourné, en una ciudad donde la modalidad delictiva ha cambiado, se volvió más violento, se respetan menos códigos, se generan más problemas, más temores, más sensaciones negativas y eso altera el ritmo de vida de las personas, donde el discurso pasa a ser desde el miedo y donde la dialéctica se torna violenta.
Este tipo de cosas, de responder ante los hechos de violencia con medidas generales que alteran la vida de toda la gente, hasta la de aquellos que no se ven involucrados en este tipo de situaciones y en su mente, están lejos de sentir temor o generar una sensación de inseguridad que solamente les trastorne su cotidianeidad, no hacen más que determinar una sociedad más confusa, desconfiada y fea para todos.
Hay que combatir la delincuencia, hay que generar políticas públicas que ayuden a cambiar los códigos de convivencia, no hay que ser blandos con los asesinos, con los que cometen crímenes horribles, con los que atentan contra los más débiles, contra los que arrebatan una vida, pero no podemos infundir temor entre la gente, ayudándolos a encerrarse cada vez en sus casas, en su lugar de trabajo, en su barrio, diciéndoles que se cuiden porque algo les va a pasar.
Mejoremos la forma de vida de quienes no pensamos en el delito como opción de vida, trabajemos en la convivencia pacífica, en la confianza, en el optimismo, porque si nos ponemos un chaleco antibalas para vivir, vamos a desconfiar más, a odiar más, a alejarnos más entre nosotros y ahí sí, ganará terreno la delincuencia que nos tiene por su cuenta y encima teniéndoles miedo.

HUGO LEMOS

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Pesado equipaje de verano

«Para el año que comienza/ tengo mucho que pedir/ por lo mucho que yo pido/ poco es mucho para mí”. Seguro leyó estas líneas acompañándose mentalmente del ritmo de Rada. Son versos cuyo contenido, conscientes o no, como suave melodía recorre nuestra mente a esta altura del año. ¿Qué esperamos los uruguayos para el año que comienza? ¿Todos lo mismo o hay más de 3 millones de mentes multiplicadas por infinidad de deseos de todo tipo y color? De lo que no hay dudas es que se esperan cambios, mejoras, resultados más positivos en varias cosas. Un artículo publicado hace poco por un medio capitalino se inicia con: “¿Cuál es la carga en el equipaje que el nuevo gobierno electo debe llevar para este verano?” La carga es, en definitiva, reciclar todo lo que se dijo en campañas electorales y trasladarlo a hechos. Eso esperamos. Y que empiece a vislumbrar el resultado cada uno de los más de 3 millones. ¿Quién acaso no reclama y espera ver pronto cambios en ese básico pilar llamado Educación? ¿Pilar para qué? Para sostener cualquier otro cambio social, sobre todo aquellos que refieran a valores, formas de gobernar y de ser/hacer oposición. Las encuestas dicen que los tres grandes temas de preocupación son Seguridad, Empleo y Educación. Es evidente que si se progresa en esas tres cuestiones, todo lo demás irá mejorando “casi solo”. En un escenario de seguridad, baja tasa de desempleo y sociedad educada, estaría todo mejor para abordar los demás problemas. Foto contratapa
¿Y si hablamos de Economía? Un déficit fiscal en el entorno del 5% se deberá combatir con un importante ahorro y sin afectar las prestaciones de carácter social, a la vez que se logre hacer crecer la economía que viene de varios trimestres de estancamiento y con pérdidas de puestos de trabajo equivalentes…(¡lea bien!): a un Estadio Centenario repleto, en comparación con 2014. Asimismo, se deberá atender una deuda triplicada en poco tiempo, que escapa a los guarismos recomendables para controlarla. Seguridad: el gran desafío es cortar el alza en los delitos que vienen incrementándose sistemáticamente (y estamos seguros que no mienten ni los números ni quienes los hacen), sobre todo en lo que se denomina comúnmente “gestión Bonomi”. Si hablamos de Seguridad, ¿no hablamos también de Defensa? Según el futuro ministro Javier García deben ir de la mano, colaborando el ejército por ejemplo en la lucha contra el narcotráfico, que comienza en la frontera (terrestre o marítima). Ojalá logre hacerlo. Por su parte, la Educación muestra resultados muy malos, jóvenes que pasan de año sin comprensión lectora y con índices bajísimos en matemática y ciencias. Es llamativo que este deterioro se produzca en simultáneo con la mayor inversión en Educación. Se hace imprescindible entonces revisar su gestión, gobernanza y métodos/programas a seguir. El trabajo…Otro de los grandes desafíos. Ardua será la tarea de llevar las negociaciones colectivas de la mejor manera, y a su vez encarar de una buena vez la reforma de la seguridad social. En fin… hay otros temas también de importancia para el país: la difícil tarea que será mediar entre las dos potencias vecinas y su mal relacionamiento; la salud y los desafíos que implica el Sistema Nal. Integrado; el transporte y la necesaria mejora de la infraestructura vial (¡el Norte también existe!); la vivienda, para combatir el cruel aumento de asentamientos…; el turismo, que enfrenta un gran problema como es la postura y medidas tomadas por Argentina que impactarán aquí; el MIDES, donde la casa (acá tampoco mienten ni los números ni sus hacedores) no está en orden y fue cuna del peor de los clientelismos político de los últimos tiempos. En definitiva, será este un verano cargado de trabajo, pero también de esperanzas. Un verano en que uno de los temas que se instaló con fuerza fue la no suba en enero, como es habitual, de las tarifas de UTE. Debemos confesar que nos pareció raro cuando hace un par de meses recibíamos mensajes al celular anunciando que en la próxima factura habría un descuento de unos 500 pesos (Plan Primavera o algo así). Y al siguiente mes lo mismo. La energía en Uruguay es cara, y muchos pensamos qué raro empiecen estos descuentos, ¿tan bien andará UTE y las arcas del Estado en general que permiten estos beneficios? Pero muchos nos acordamos también del gran humorista Eduardo D´Angelo, cuando decía: ¿usted no desconfiaría? Y sí, la desconfianza estaba. ¿Estrategia para captar votos? ¿Estrategia para dejar peor aún los números al nuevo gobierno porque se sabía que este terminaba? Las dos cosas serían malas, claro. Pero más lamentable parece lo segundo, porque en el Uruguay estamos todos, somos todos y lo pagamos entre todos. ¿Cómo se le podría a alguien ocurrir desestabilizar la balanza del país de todos simplemente porque viene otro gobierno y quiere que quede ese nuevo como el malo de la película? Razonemos juntos. Todos los años, en enero, suben las tarifas, menos este año. Claro: ¿usted no desconfiaría? Lo primero que se piensa es qué bueno que no suban (¿quién quiere pagar más?), pero al mismo tiempo: ¿no será que nos desbalanceamos más aún y pagamos después más caras las consecuencias? Razonemos además: si hubiese ganado Martínez, ¿no hubieran subido las tarifas en enero? Creemos que sí. Total…ya había ganado. Por otra parte cabe pensar: ¿era necesario subirlas? Y…por algo se lo viene haciendo cada año…porque las empresas públicas vienen empeorando en sus números desde mediados de 2016. O sea, si vienen en caída, no es cierto, como dijo el Director de OPP, Álvaro García, que la decisión de no incrementar las tarifas se fundamentaba en la mayor eficiencia de las empresas públicas. Hay otros motivos entonces. ¿No será que Martínez no quiso decir que en enero (como todos los años) aumentarían, porque perdería votos? Es más, desde el propio Ministerio de Economía y directorio de ANCAP se dijo explícitamente (ver El Observador) que ya se contaba con ese ajuste, ¡porque lo necesitaban! ¿No es contradictorio, o al menos raro? Ahora bien, también se dice desde el gobierno que no es jugada sucia ni demagogia electoral, porque desde julio se había anunciado que no subirían tarifas. Dos cosas cabe decir entonces: 1- No seamos ingenuos; pues en julio, ya estaba clara la tendencia que ganaba la oposición. 2- Lo que en julio dijo el Ministro de Industria no fue que no se aumentaría, sólo dijo (seamos honestos) que “no habrá ajustes a la suba de tarifas públicas por lo que resta de 2019, y probablemente hasta el final de período de gobierno”. El adverbio “probablemente”, da margen a que eventualmente pudieran ajustarse. Otra cuestión: ¿el gobierno actual tendría que haber consultado al entrante, ahora que las urnas ya dijeron cuál será, sobre esta decisión? Obligación no tiene, sin dudas, el actual gobierno está en plenitud de sus funciones hasta el 29 de febrero y tiene los derechos que le corresponden hasta allí. Es que esto es más de ética y cortesía. Pero al tratarse de un tema tan sensible, con efectos que impactarán fuerte en el período que se inicia en marzo, entendemos se tendría que haber hecho parte a las futuras autoridades. La negativa a subir tarifas públicas este enero sin consultar a quienes dirigirán el próximo gobierno, ¿está anticipando los modales que tendrá la (a partir de marzo) oposición? Esperemos que no. Lo cierto es que esta decisión complica. Habrá que ajustarse más el cinturón (¿más todavía?); y eso requerirá mayor esfuerzo a partir del año que comienza…a ritmo de Rada, con la esperanza que: “será posible/un ritmo/que sirva para cambiar”.

JORGE PIGNATARO

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Día de Reyes…Una buena oportunidad

Hace más de setenta años, el siempre genial Felisberto Hernández imaginó y narró en un breve cuento que las personas que en pleno verano subían a un tranvía recibían una inyección en el brazo que introducía en sus mentes la transmisión de una radio cuya programación incluía música, el recitado de algún poema y mucha, pero mucha publicidad de “Muebles El Canario” (también título del cuento). CONTRATAPA REYES En su momento fue tomado como la representación exagerada de cómo la publicidad invadía, sin permiso alguno, la privacidad del ser humano hasta llegar a lo más íntimo como son sus pensamientos. Visto en la perspectiva del tiempo, increíblemente, ya no resulta tan exagerado. Esto se extiende cada vez más a todo el año prácticamente, pero por supuesto que todavía sigue dándose más en el entorno de las fechas puntuales como estas de finales y comienzos de año. Nos referimos a la arremetida, embate o empujón que nos dan de todos lados a que compremos, compremos y compremos a toda costa, a que gastemos en esto y en aquello hasta los pesos que no tenemos; al consumismo, en definitiva. Porque cada vez más temprano ya se empieza a promocionar la Navidad o Reyes. Con fines comerciales, claro, porque el significado religioso o familiar aparece, si es que lo hace, muy tímidamente. Pero casi no pasó Navidad y ya se promociona Reyes para ofrecernos cosas que comprar, y antes alguna que otra cosita “para regalar o regalarse a fin de año”, y después serán cosas para carnaval…Y entretanto nos ofrecerán, además de los artículos escolares, cosas nuevas para la casa, porque de repente empezar un año nuevo amerita hacerlo por ejemplo con muebles nuevos, ¿vio? (de otras marcas, claro, porque los de “El Canario” sólo están en las páginas de Felisberto). Ese tipo de mensajes nos da el comercio y de modo apabullante. Ni que hablar que como enseguida se viene turismo (a un lado se hace cada vez más lo “santo”) también nos ofrecerán artículos para pesca, camping, y otra vez para la caza (pero esta vez con “z”) y entonces uno piensa: ¡como si no supiera cada uno qué necesita comprar y qué no en cada momento! Pero quizás se puede decir: está bien que nos ofrezcan, porque nos ayudan, nos orientan a elegir, nos sugieren dónde y cómo comprar y entonces se pueden comparar precios, calidad…Pero el problema es cuando ya se pasa de la sugerencia o el ofrecimiento y es cada vez más fuerte la acción de presionarnos a comprar, de empujarnos hacia las mil maravillas que hay para comprar hasta sin dinero; sí, porque se habla de comprar aún sin tener plata. De lo que nadie habla es de que algún día a todo eso por supuesto hay que pagarlo, aunque no haya para comer y sea necesario ir a pedir fiado al bolichito de la esquina. ¡Hay que pagar eso y mucho más!, porque el precio final del que compre sin dinero será otro.
Y bueno…estamos en Reyes, una fecha muy esperada por los niños. Y por muchos adultos, ¿por qué no? La famosa y tradicional carta a los Reyes se sigue haciendo (los que ayer y anteayer recorrieron calle Uruguay recogieron más de veinte). Y escribir la carta puede ser una muy buena oportunidad. ¿Para qué? Para empezar nomás, escribirla es una buena oportunidad que los padres tienen para compartir junto a los hijos un momento de alegría y bienestar familiar, si la escriben juntos, como estaría bueno hacerlo. No es común en estos vertiginosos tiempos que padres e hijos compartan un tiempo para pensar y hablar sobre un tema juntos. ¿Y si se empieza a aprovechar esta ocasión? También para ilustrar a los niños sobre el significado de los Reyes Magos, su historia, su tradición. No viene mal un poco de cultura general. Y si los adultos no lo saben, una buena ocasión para aprenderlo. Porque en cualquier momento los niños preguntarán quiénes son los Reyes Magos y a veces los mayores no saben qué responder. No está bueno responder con evasivas o mentiras, no es necesario aun sin quitar la ilusión. Cuando los niños preguntan es porque ya han visto, escuchado o hasta comprobado algo. No son tontos. También escribir la carta en familia puede ayudar a los padres y a los niños a diferenciar y elegir el regalo “posible” (en el real significado de la palabra: aquel para el que den las posibilidades), el más adecuado frente al bombardeo comercial y consumista. Pero además, y sobre todo, puede ser una linda posibilidad para educar y transmitir valores a los niños. Educarlos por ejemplo en cuanto a que no sólo se puede pedir juguetes, ¡también existen libros! (si existen Papá Noel y los Reyes, ¡¿cómo no los libros?!) y que también la carta puede incluir cosas que no sean materiales. ¿Por qué no enseñar a pedir tiempo de dedicación, afecto, cariño, más atención de los adultos? Todas esas cuestiones que algunos llaman “valores morales”. Eso que se debe practicar, y que ningún sentido tienen que en la escuela se cuelguen carteles que digan “solidaridad”, “compañerismo”, “respeto”, si no se practica. Cambiemos sustantivos por verbos, palabrerío por acciones. No sirve escribir “solidaridad”, hay que ser solidario. De nada vale escribir “compañerismo”, hay que ser buen compañero. Inútil es escribir “respeto” o “sinceridad”, hay que ser respetuoso y sincero. ¿Y si educamos a los niños para que sus pedidos en la cartita incluyan que la gente sea más solidaria, compañera, respetuosa, sincera? ¿Y si en vez de tanta educación para la sexualidad piden más educación para el amor? Por otra parte, la carta a los Reyes ¿no será una buena oportunidad para agradecer? ¿Y si en las primeras líneas, antes de pedir, agradecemos? Y de paso enseñamos además el valor de ser agradecidos en la vida, algo que tampoco abunda. Agradecimiento…por todas las cosas positivas que ha dado el año. ¿Por qué no aprovechar para que el niño exprese cómo ha sido su comportamiento durante todo el año, rescatando y valorando los buenos hábitos y su compromiso a mejorar las conductas que han sido negativas, en la casa, en el barrio, en el jardín o la escuela? Puede ser también una buena oportunidad para razonar sobre el cuidado que hay que tener con los regalos excesivos y los tan necesarios límites. Cuando los niños reciben regalos de manera excesiva, se vuelve perjudicial. No logran valorarlos ni pueden, a veces, siquiera disfrutar de cada uno, lo que genera a menudo un estado de excitación que les impide conectarse emocionalmente con el valor afectivo, no económico, ¡afectivo!, de esos regalos. Frente al pedido ilimitado de regalos, de juguetes sobre todo, muchos padres experimentan un fuerte sentimiento de culpa, que les impide poder decir “no”. Es que asocian el “no” con lo afectivo, y es un error. Decir “no” es solamente eso: no se puede. Y punto. El resto, corre por cuenta de la carga emocional que cada uno le agregue. El “no” es un límite, simple regla de juego acerca de lo que se puede y lo que no, y que ayudará en la “organización interna del aparato psíquico del niño”, dirían los especialistas. En definitiva, sería bueno pensar en una fecha tan comercial y “marquetinera” como buena ocasión para rescatar cosas buenas y ganar oportunidades. Para que al fin de cuentas, las cuentas cierren, y los Reyes Magos sigan siendo Melchor, Gaspar y el Negro (¿o afrodescendiente?) Baltasar, y no pasen a llamarse, como ha dicho alguien alguna vez: Comprar, Gastar y Malgastar.

POR: JORGE PIGNATARO

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Caluroso y frío final

Final de diciembre. Calor. Pero a pesar de él, pensar en el final del año nos trajo a la mente un verso de la salteña Margarita Muñoa, que habla de una sensación “fría como un final”. Y realmente cerramos este año, en muchos aspectos, con una sensación de triste frialdad. Esa misma que a veces se cuela impunemente en el calor o la calidez de una fiesta deportiva. Para finalizar el Campeonato Uruguayo de Fútbol (símbolo o emblema de nuestra tradición cultural), después del clásico en que Nacional resultó campeón, el Uruguay vivió otro hecho de violencia gravísimo: fue asesinado un joven que iba a festejar el triunfo de su cuadro. Abundaron entonces los discursos de la gente en la calle pero también en medios de prensa, oral y escrita, referidos a que “la sociedad está conmovida por este hecho”. Discrepo. No toda la sociedad está conmovida. Es cierto que “queda lindo” decir: “como sociedad estamos conmovidos”, pero en verdad, no es tan así. CONTRATAPA Hay gente a la que no se le mueve ni un pelo con estas cosas. Más aún: lamentablemente cada vez hay más gente que se conmueve menos con estos hechos. ¿O acaso no son hechos que se dan cada vez más? ¿O acaso no anda cada vez más gente con armas dispuesta a matar sin ningún pudor, como si un niño anduviera con un caramelo? La sociedad está infectada de estos energúmenos que también forman parte de ella, de esta, de nuestra sociedad; y sin embargo ¡¿qué se van a conmover?! Pero este asesinato no puede verse como hecho aislado, sino como parte de algo mucho más grande y complejo, un eslabón más de una larguísima cadena de tragedias que vivimos desde hace varios años (un crimen cada 20 horas) y que vienen en aumento. Y que tiene, por supuesto, muchas aristas, muchos frentes que atacar. Nadie tiene la receta para terminar con esto; si así fuera, ya se la hubiese aplicado. Lo que nos queda es tomarnos unos minutos aunque sea, y pensar qué podemos hacer, desde nuestra casa, nuestro barrio, nuestro trabajo. El asesinato del hincha fue premeditado. Quien lo cometió –mandatado por otro- fue con el objetivo de matar a alguien. Pero más allá de si el fallecido era de tal o cual cuadro, lo que queda en evidencia es algo elemental y fácil de percibir: la falta de tolerancia, respeto y valor por la libertad y la vida ajena. Por eso, si hay gente ¡a la que le importa un corno la vida de otro!, ¿vamos a pensar que toda la sociedad está conmovida? No seamos ingenuos. Ni hipócritas. No hablemos para la tribuna (y no precisamente del Estadio Centenario). Este hecho es un reflejo clarísimo de la decadencia que nuestra sociedad (ahora sí hablo de la sociedad toda) como tal viene experimentando. Ha ido perdiendo los valores fundamentales. ¿Alguien duda de eso? Pero lo que es peor: nos hemos ido resignando a ello. Hemos ido renunciando a ir al estadio con niños por miedo, nos hemos ido enrejando por miedo, ponemos alarmas por miedo, tenemos perros guardianes por miedo, los días de partidos hay quienes viven en determinadas zonas que no pueden salir ni entrar de sus casas con tranquilidad y lo han asumido como cosa natural. Tenemos miedo y nos hemos resignado a tenerlo. ¿Quiénes no lo tienen?: los mismos que no se conmueven cuando matan a un ser humano. Los demás tenemos miedo: de las “barras bravas”, de ciertos grupos, de “locos sueltos” que andan por ahí y nos pueden matar o lastimar o robar lo que tanto trabajo nos costó conseguir. El deporte, al menos hasta hace unos años, fue un pasatiempo, actividad para compartir en familia o con amigos de la que todos podían disfrutar. Ahora no, y lo hemos naturalizado, nos hemos acostumbrado, desgraciadamente. En los jardines de infantes, escuelas, liceos, y también en la familia, es donde se fomentan los valores de sentimiento de equipo, respeto por el prójimo, de inclusión. Pero después, cuando llegamos al estadio, a la cancha, ¿qué pasa? ¿Nada de esos valores existen? Conclusión: estamos fallando, tanto en el ámbito educativo como en el seno del hogar. Porque por más que los operativos policiales sean cada día más sofisticados, si no se soluciona el problema de fondo, siempre tendremos incidentes como este o peores. Hay que recuperar la sociedad uruguaya. Que en ella los inadaptados vayan siendo cada vez menos y no más; recuperar el respeto al otro, a su trabajo, al progreso de cada uno por mérito propio y a su libertad. Hay que terminar con el resentimiento, el revanchismo, la envidia. Hay que recuperar la sociedad de personas que entendían, que respetaban y que valoraban a los demás. Tiene que volver a tener peso aquello de que “Mis derechos terminan donde comienzan los de los demás”. A ese proceso habrá que apostar. No es solución suspender el fútbol por seis meses, o un año. Se haría mucho daño con eso.
Por ejemplo, se perdería una gran cantidad de trabajo. Como dijo una vez Ricardo Faccio: hasta el que fabrica el piolín para los chorizos de los choripanes que se venden afuera de las canchas perdería trabajo. Y no es justo que eso pase por algunos energúmenos seres que se han enquistado entre nosotros, como el que mató recientemente al hincha en Montevideo.
Pero a pesar de todo hay que confiar. Hay que no bajar los brazos y elevar la esperanza en un tiempo nuevo, la esperanza en que nuestro país, a partir del 1º de marzo, pueda al menos iniciar un proceso (porque nada de esto se arregla de la noche a la mañana) de recuperación y restauración de lo perdido.
Es algo que pide a gritos “casi” toda la sociedad (porque los delincuentes no, y también la integran) y permítasenos decir finalmente que en gran medida, este proceso de cambio se logrará sólo si se empieza a cambiar el nefasto asistencialismo de hoy -que sólo promueve falta de buenos hábitos- por una mejor educación, algo que se prometió siempre (“educación, educación y educación”, ¿se acuerda?) y que no se ha cumplido. Al contrario, la decadencia educativa y cultural parece, desafortunadamente, que no tiene fondo, ni frío final.

POR: JORGE PIGNATARO

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Lo simple vale doble

Recuerdo las noches de calor y de luciérnagas que nos anunciaba que estábamos en diciembre. Noches de puertas abiertas y de arbolitos de Navidad en todas las casas, creyeran en lo que creyeran. No importaba. Era como un símbolo de la época que además, disfrutábamos todos. Estoy pensando allá por el año 80 y pico, cuando éramos niños con mis hermanos y los recuerdos no vienen tanto por Papá Noel y sus regalos, sino por las juntadas de amigos, los vecinos en la vereda y los almacenes vendiendo mucho pan dulce y sidra. navidad
Después los tiempos se volvieron un poco más comerciales, y ahí ya la Navidad era un momento donde aparecía el ‘tener que regalar’ algo a alguien, porque nunca pensamos en hacerlo con nuestra familia, con nuestros padres ni con nuestros hermanos, sino con alguien distinto. Y ahí ya perdía mucho el sentido todo. Sobrevino la adolescencia con la época de ir a bailar a la Costanera y se trataba de que las fiestas, era eso, vivir de fiesta, al principio en tu propia casa y luego afuera. Pero al final, eso pasaba y no nos quedaba nada.
Entonces el paso del tiempo nos hace dimensionar la realidad de otra manera, nos hace ver la vida de una forma distinta, como que las fiestas tradicionales se han convertido en una ocasión donde si no nos juntamos todos, no tiene mucho sentido, porque lo ideal es vernos las caras, hablarnos de frente, contarnos cosas de una forma sincera, alegre, distinta, sobre todo lo que pensamos y nunca nos decimos pareciendo extraños con nuestros propios seres íntimos.
El otro día miraba una publicidad española, en la que hicieron un experimento social de esos que te dejan pensando, de esos donde uno dice ‘pero qué razón tienen estos tipos’. Reunieron a un grupo de gente y les pidieron que nombraran a sus seres favoritos, a los más importantes para ellos, algo que ya fue complejo, no tan natural ni tan obvio, sino que los hizo pensar si a quienes estaban nombrando, eran realmente las personas más importantes.
Luego, les preguntaron qué les iban a regalar de Navidad, y ellos hicieron una lista de obsequios, presentes de los más sencillos a los más sofisticados, y no dudaban en decir que les iban a comprar tal o cual cosa, pero siempre una cosa material, algo que lo podían obtener por otra vía y no era necesariamente ‘el regalo’ de la Navidad, pero en definitiva, era lo que todo el mundo hace siempre, comprar cosas.
Y aumentaron la apuesta, les preguntaron qué les comprarían a esas mismas personas, si ganaban la lotería. Entonces ellos hablaron de los obsequios más extravagantes que uno pudiera imaginarse, desde una casa en el campo con servicio incluido hasta un caballo de carreras.
Y al final, cuando todos estaban bien cebados de qué es lo que comprarían y hasta calculaban cuánto gastarían, les preguntan ‘¿qué pasaría si fuera la última Navidad con vida de esa persona tan especial?’ Y todos se desinflaron, nadie sabía qué decir, titubearon, lagrimearon, se encogieron de hombros y miraban la cámara con cara de ‘qué es lo que me estás preguntando’.
Y allí las respuestas finalmente cambiaron. Todos decían que les regalarían lo que realmente valía la pena, pero que nunca habían pensado decirlo antes. La mayoría decía que les iban a obsequiar su tiempo, que era lo más valioso que tenían. Que les iban a llevar de paseo, que iban a reunir a la familia entera, que los llevarían a asar tiempo con ellos para mostrarle las cosas que hacían, entre muchas otras cosas.
La verdad que es algo tan simple como positivo el hecho de que muchos hayan pensado en este caso darle a los suyos, en fiestas como las que vamos a vivir en las próximas horas, lo mejor de cada uno, algo que no se compra en las farmacias ni en ningún comercio de la calle, sino que está dentro de cada persona, y que es esencial para la vida como el amor, la alegría, el tiempo y la compañía.
Pero para que pasara eso, para que tomaran esa decisión, para que intentaran sacar lo mejor de cada uno, antes alguien tuvo que ponerlos a pensar, contra la espada y la pared, lo que se dieran cuenta que a esas personas, si es que realmente tanto valen para ellos, no había necesidad de tener que hacerlos esperar para obsequiarles su tiempo, su compañía o brindarles su amor.
Había que dárselos y ya, porque es lo único que tenemos, lo mejor con lo que contamos, lo que ellos tanto necesitan y lo que sabemos que es lo que va a quedar siempre. Preguntándole a un niño cuál fue su mejor Navidad, el mismo contestó: la de tal año, y repreguntándole porqué, éste replicó «porque estuvo mi abuela y bailó toda la noche». Ni se acuerda qué le dejó Papá Noel y eso dejó contentos a sus abuelos, que se emocionaron hasta las lágrimas.
En esta fecha tan especial no hay mucho más por decir, sino que todos piensen por un instante que mañana 24 de diciembre, como todas las mismas fechas cada año «es hora de volver a casa». Hagámoslo con alegría, paz y felicidad. Feliz Navidad.

HUGO LEMOS

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Nosotros también valemos

¿Qué es lo primero que le pedimos a los políticos cuando están en campaña? Por lo general muchos no nos hacemos esa pregunta, pero es importante tenerla en cuenta porque ahora, más que nunca, ellos llegaran otra vez porque de todo el ciclo electoral que ya se cumplió y que obligó a bajarse a más de uno, cuando todos pensábamos que esto ya había pasado y que ahora lo único que queda es empezar el ciclo del cambio en nuestro país, ellos aparecerán de nuevo a pedir el voto porque en cinco meses se juegan nada más y menos, que la continuidad o el cambio en las intendencias.
Entonces, cuando menos lo esperemos, cuando estamos tranquilos en nuestras casas, viendo cómo quedó el arbolito de Navidad a nueve días de esa fecha tan especial, o disfrutando de nuestro fin de semana en familia, lejos de las tareas habituales y de los temas que nos aquejan a diario, mirando el partido de fútbol del domingo o hablando de cosas banales, entredormidos por la letanía que impone el descanso, llegarán ellos para golpearnos las puertas y para ponerse a decirnos porqué están allí parados y qué quieren de nosotros. politica
Ese es el momento justo para que seamos nosotros esta vez, los que les digamos qué es lo que queremos nosotros de ellos. Ya que llegaron solos, sin que nadie los llame, a nuestra puerta, es el tiempo adecuado para señalarles lo que nos parece que está mal y sobre todas las cosas para decirles qué es lo que nosotros, como ciudadanos de este país, como vecinos de Salto, es lo que queremos para nuestro futuro y para el desarrollo de nuestra comunidad.
Así son las cosas, o al menos deberían serlas. Pero lo cierto es que la mayoría de la gente ha entrado en una lógica en lo que nada le importa, en donde todo le da lo mismo, en un sistema del cual no creen que vaya a cambiar nada y del que solamente aspiran a que mejore si todos se ponen de acuerdo en exigirle a los que llegaron al sillón que tanto desearon, que hagan lo que prometieron en campaña.
Pero después que llegaron, y se sentaron, y se acomodaron, y pidieron el primer café en la Cámara, y se los trajeron con una sonrisa de pleitesía, y ellos lo probaron, y se sintieron más cómodos que de costumbre, y cobraron el sueldo, y repartieron las migajas, y acomodaron a sus parientes, y cayeron en la misma trampa que impone le impone la inigualable calidad del confort a todos los políticos con aires refundacionistas y discursos heroicos que llegan al sitial que tanto buscaron, ¿qué es lo que pueden llegar a cambiar? Y sobre todas las cosas ¿para qué lo van a cambiar? ¿Usted no se lo pregunta? ¿Usted cree que ellos no se lo preguntan y no toman una decisión que en definitiva no los afecte a ellos?
Esto no se trata de un nosotros contra ellos, ni de políticos contra ciudadanos comunes de una misma comunidad, sino que se trata de abrir los ojos y de estar preparados, atentos, alertas a lo que pueda pasar. Porque los políticos en campaña pueden llegar a ser el doble perfecto de Papá Noel, pueden prometer que todo va a pasar, hasta que va a caer el Maná del cielo, pero en el caso de que pierdan, uno no les ve más el pelo, se van para sus casas, desaparecen y no se hacen cargo de nada, ni de lo que dijeron de rebote que podían llegar a hacer.
Pero cuando ganan. Mamita. Ese es un proceso, en el que los políticos cruzan al otro lado del mostrador, pasan a ser los vendedores, los hacedores de la comida, los que deben preparar el plato antes de servirlo y eso lo ven por primera vez si ganan. Allí se dan cuenta que ser oposición es una papa, como dice mi hijo, una viña. Porque el opositor, se encarga de leer las noticias todos los días para saber qué es lo que va a criticar hoy al gobierno y prácticamente en esa acción minúscula y sin sentido, basa su trabajo, cobra su suculento sueldo y con ese monto orquesta una serie de comunicadores para que estos bailen al son de don dinero y digan lo que ellos piden que digan.
Pero cuando llegan al gobierno y tienen que repartir la torta, y se dan cuenta que ésta es mucho más chica de lo que pensaron, con menos porciones y más chicas de lo que ellos creían, y calcularon y en base a eso sus promesas, entonces tienen que salir a dar la cara porque la gente va a salir, tarde o temprano, a exigir que les den lo que es de ellos.
Entonces uno se pone a pensar, si la próxima vez que llegue un político a su casa y le pida el voto, ¿usted lo escuchará o le pedirá que haga tal o cual cosa? Porque si usted solamente los ayuda a llegar, sin pedirle que haga determinadas cosas, está colaborando con la desidia y la mezquindad que muchos de ellos le imprimen a su labor. No todos, claro está, y cuando ponga el ‘no todos’ la mayoría se va a sentir identificada con ese yo no soy.
Aunque si usted le dice a ese político que cumpla, que se haga cargo de lo que hace falta, que ayude a resolver los problemas estructurales que tiene la sociedad, que levante la mano por los temas que a usted le importan, bueno, hágase cargo y valga la redundancia, encárguese de que ese candidato llegue al lugar que tanto buscó, pero que haga lo que le dijo lo que iba a hacer, porque esa es la única manera en la que usted podrá creer en la clase política y a su vez participar de las decisiones que tanto le importan que se tomen.
En el Uruguay se está viviendo un momento de democracia plena, ojalá que los actores políticos entiendan que ese estado también debe ir de la mano con políticas a favor de la gente y basadas en resolver sus problemas, sino esa calidad de democracia va a empezar a tener problemas, va a fomentar los enfrentamientos, y esta paz social que estamos viviendo ahora y que tanto disfrutamos, va a durar poco.

HUGO LEMOS

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Nadie quiere seguir esperando

Diciembre es un mes de reencuentros pero también de definiciones. Es una época donde mucha gente que había dejado de verse, se vuelve a ver las caras después de tanto tiempo y se abraza, y rememora anécdotas, y empieza con la cantaleta de los motivos por los cuales han dejado de encontrarse y ya se comprometen a que el hecho no va a volver a suceder, porque ninguno de ellos merece estar lejos y no verse, etc., etc. politica
Pero eso está bueno, porque encontrarse y saludarse nostálgicamente nos demuestra a nosotros mismos que también tenemos sentimientos, que no somos seres de piedra que pasamos trabajando pensando en las cuentas que tenemos para pagar y que ya se vino el fin de año, y no guardamos ni para el pan dulce.
Nos invita a ser reflexivos, a querernos un poco más y a hacer un repaso del año que se va, cuando a esta altura ya repetimos la misma frase de siempre con todo aquel que encontramos y le decimos: el año se nos pasó volando.
Lo mismo le pasó a un montón de políticos, que empezaron el año pensando que lo iban a terminar de una manera y lo terminaron de otra. Se les voló el año y muchos están parados frente a un escenario que por lo menos es adverso, aunque a algunos todavía no les cayó la ficha por lo bien que les fue.
Ahora, ya pasadas las elecciones, antes de fin de año, muchos volverán a encontrarse, a verse las caras y a contarse sus anécdotas. De esos encuentros surgirán los futuros candidatos a intendente del departamento, candidatos que conformarán sus equipos de trabajo pensando cada uno en ganar una elección que no está nada fácil, pero que tendrá mucho de disputada.
Cuando queramos acordar, con todo esto terminado y con los reencuentros ya cumplidos y con las decisiones ya tomadas, definirán lo que van a hacer durante los próximos 5 meses, que es trabajar por uno u otro nombre, con el fin de poder llevar a uno de ellos hasta el sillón municipal.
Lo que sí se viene ahora, después que pasen los festejos de fin de año y un rato antes también, será una nueva campaña electoral, distinta a las que ya vivimos, más directa, personal y de barrio, porque lo que se define es cuál va a ser el vecino que nos represente y nos gobierne por los próximos 5 años. Porque en definitiva, todos son nuestros vecinos, y eso hace que las próximas, sean unas elecciones de cercanía, donde todos nosotros conocemos de una forma u otra, más allá o más acá, a los candidatos, tanto a la Intendencia como a la Junta Departamental.
Por eso, es una buena oportunidad para que juntemos ganas, nos demos una vuelta por el barrio, miremos cómo está la cosa, saquemos nuestras conclusiones y las pongamos arriba de la mesa. Porque esta, será la oportunidad más clara que tenemos de mejorar el lugar donde vivimos, reclamándole y comprometiendo al que nos pide el voto, para hacer las cosas en serio. Vaya si el fin de año que se aproxima será un tiempo de reencuentros, porque nos estaremos reencontrando con los temas que nos importan a todos, que no es otra cosa que la vida diaria que tenemos que enfrentar con lo que sucede en nuestra vereda, en nuestro barrio y en nuestra ciudad.
Ya hay varios que largaron antes de tiempo, otros que están en las gateras y muchos que van a sorprender por meterse en una discusión que hoy aparece como casi cerrada entre pocos, pero lo que no saben estos pocos es que algunos que vienen con mucha fuerza están esperando el momento para decir las cosas.
Y con ellos hay barrios enteros que sienten que llegó la hora para expresarse y decir lo que sienten, esperando que llegue el candidato a golpearle la puerta para desembuchar lo que tienen atragantado. La política da esas oportunidades, es como el fútbol, da revancha. Por eso cuando un político prometió algo, pasó el tiempo y no cumplió, ya sea desde el gobierno o desde la oposición, el pueblo debe pasarle factura, anunciarle su disconformidad y decírselo en la cara para que sepan que la gente no se olvida, y no está para que le tomen el pelo.
Las últimas campañas electorales del 2019 han tenido mucho de eso, han subestimado mucho al votante diciéndole de un lado y del otro las cosas que pasaron, construyeron un relato desde el gobierno donde las dificultades en la marcha del país es lo menos que se reconoce. Y desde la oposición, ahora gobierno electo, la novela de que va todo mal y que al país hay que hacerlo de vuelta.
Pero la gente no es boba, sabe, piensa y analiza antes de decidir. Sobre todo porque hoy todos están expuestos y muestran a través de las redes sociales cómo piensan, qué es lo que tienen, qué es lo que quieren y hasta cómo viven, entonces los políticos deben saber que luego de sus reencuentros findeañeros deberán formular una propuesta seria y convincente para que la población los apoye.
Porque todos están cansados de que las decisiones se tomen entre cuatro paredes y que después el pueblo sepa cuánto tiene que pagar por la fiesta.

HUGO LEMOS 

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Ser como los niños

Qué importante es seguir apostando a la vida, al sí se puede, al saber que las dificultades son solamente oportunidades para aprender que no todo en la vida es color de rosas, que hay diferencias más que coincidencias y que los problemas van a llegar, pero que más allá de todo, las cosas pasan por algo.
El otro día miraba un vídeo en esa plataforma magnífica que es youtube, que si bien a mi no me paga un peso por promocionarla, me ha habilitado la posibilidad de ver muchas cosas que si no fuera porque ellos existieran, sería difícil para mí haber podido conocerlas. niños
En un vídeo, un maestro daba una charla invitado en ese ciclo estupendo que lleva adelante el BBVA, un banco de origen español y con presencia en nuestra ciudad, junto al diario El País de Madrid, donde contaba su experiencia con los niños. Y decía que ellos le habían enseñado todo. Porque dijo que al niño le gana la curiosidad por las cosas y el hablar noble, confiado, de corazón abierto y sincero, por lo cual no está contaminado por los malos valores y puede ser tan inocente como tierno, pero veraz, justo y bien enfocado en sus comentarios.
También decía el disertante que los adultos no estamos preparados para darles toda las respuestas que el pequeño nos exige y que en ese plano, un adulto pasa a ser un niño empobrecido, un humano con muchas más limitaciones que las que considera que tiene. Porque el hecho de no escuchar al otro, es una limitación humana que usualmente no reconocemos, mentirle y engañar al otro es lo mismo que hacer lo primero y todo eso, es propio de un ser limitado.
Entonces vemos cómo es necesario aprender de los niños y tomar de ellos sus cosas buenas y positivas; como por ejemplo la ilusión, la esperanza, la confianza en el otro, la credulidad de que las cosas que se les dicen van a pasar, el coraje de hacer algo sin temor a equivocarse y salir lastimado, porque recién con el paso del tiempo van viendo cómo resuelven los primeros pasos dados en esta vida.
Antes de dar ese paso, de ese crecimiento, solamente sienten de la gente cariño y confianza, o por otro lado, también absorben las malas elecciones que entienden, son las que no se deben hacer. Y así como los niños ven todo eso, nosotros los adultos, es bueno que tengamos el condimento que ellos le imprimen a la vida.
Por esa razón, los valores que se van forjando en la vida son imprescindibles para definirnos como seres humanos, como personas de bien, como hacedores de nuestro propio destino. Tenemos que tomar lo mejor de nuestros corazones y confiar, así como hacen los niños, en las personas que tenemos al lado. Pero sobre todo es importante atender las formas, porque las formalidades le dan un orden a las cosas, un protocolo, hacen que las mismas sean de una manera, que nos cuenten un poco más, pero que se cumplan para que salgan bien. Y eso es lo que los niños nos pueden enseñar, dentro de su naturalidad, de su simpleza humana, ellos son los que sin dudas, nos muestran el camino.
Ese mismo camino eligen las personas que deciden unirse con el ánimo de que sea para toda la vida. Donde saben cómo actuar en ese preciso momento porque se los dicta su corazón, sintiendo sin prejuicios ni cuestionamientos que ambos son el uno para el otro.
Días pasados, dos jóvenes formidables, como lo son Belén y Emanuel, se casaron ilusionados con la vida, con el sentimiento que los une y con la convicción de que a los pasos hay que darlos si se quiere salir adelante. Porque de lo contrario nadie haría nada, dejaría que las cosas se cayeran encima de uno y pensaría de igual manera, las cosas saldrían bien.
Por eso, en esta columna reflexiva, espero que todas las personas que se han propuesto metas en la vida, que saben que las cosas pueden hacerse mejor y que somos nosotros mismos las que muchas veces las dejamos así nomás, pensando que con nuestra holgazanería todo es mágico y se arregla solo, aprendamos que hay que esforzarse.
Entones cuando por otro lado, hay quienes discuten si está bien que el país haya tomado el rumbo del cambio político, de la alternancia en el poder, que fue lo que decidió la gente en las elecciones del domingo pasado, creo que no hay que actuar con apresuramientos para prejuzgar por los colores y debemos ver sobre todo en este caso, lo que hacen los niños, que primero sueñan, después confían, hablan con sus compañeros y cuando algo les molesta lo dicen.
Todo eso nos debe enseñar a que vivamos sin tanto prejuicio, sin tantos preámbulos, debemos seguir nuestros sentimientos, nuestras ideas, nuestra forma de ver y pensar el mundo, sin juzgar tanto al de al lado. Es algo que todos debemos aprender, por más que nos cueste, para poder vivir mejor, porque todos merecemos darnos una vida digna, en la que podamos hacer lo que sintamos y decir lo que pensamos. Entonces, definitivamente, hagámoslo posible.

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Tanta promesa derrochada

Estamos viviendo momentos de gran tensión política en nuestro país. Tensión que no quiere decir crisis ni problemas, sino que se trata de un momento de ebullición en donde los distintos sectores y partidos políticos se encuentran imbuidos en una campaña electoral que esperan termine con el éxito que ellos esperan tener el 24 de este mes, cuando a las 20:30 horas de ese día, todos sepamos oficialmente quien será el próximo presidente de la República.  politica
Estas dos semanas que restan para llegar a ese momento, serán muy intensas. La elección se definirá voto a voto y con esto no estoy alentando a la campaña que viene llevando adelante el Frente Amplio, sino que las condiciones en las que se van a medir los candidatos es muy pareja.
Hace más de un año que dijimos en esta misma columna que Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou iban a enfrentarse en un balotaje con final abierto. Y no lo dijimos porque teníamos la bola de cristal, sino porque el escenario estaba dado para que eso sucediera. Claro, en ese momento no estaban ni Manini Ríos, que era el comandante en Jefe del Ejército y que no estaba en los papeles de nadie, porque nadie pensó que se convertiría en un fenómeno político. Ni tampoco estaba Sartori, que en el momento que escribíamos esas líneas hace más de 12 meses, era un próspero empresario uruguayo viviendo en Londres.
Pero así se dan las cosas y por el momento los partidos políticos vienen haciendo los deberes lo mejor posible.
La primera vez que voté, fue en 1999, en esa instancia se estrenaba el actual sistema electoral y era la primera vez que hubo balotaje. Lo novedoso fue el acuerdo que unió electoralmente a los partidos fundacionales, los que quisieron distinguirse del Frente Amplio juntándose para que el colorado Jorge Batlle fuera presidente. Meses después sobrevino la crisis política, los problemas con la economía, la crisis social y económica más importante que tuvo el país hasta ahora, y que nada tiene que ver con las dificultades que Uruguay atraviesa actualmente, y el posterior desarme de esa coalición, cuando los blancos se bajaron del gobierno.
Pero más allá de esto, lo que dejó marcada esa instancia es algo bien claro, que cuando llega el momento de votar, la gente elige al candidato por la persona, lo estudia, lo analiza, escucha lo que dice y se queda con lo último que vio de él en las redes sociales (las nombro primero porque son el medio de comunicación más potente actualmente) o lo que dijo en la televisión o en la radio, o lo que vio en los diarios.
Les importa poco si su pasado es importante o tormentoso, porque cuando José Mujica fue al balotaje diez años atrás, en 2009, ganó por abrumadora mayoría y todas las críticas hacia su persona o comentarios sobre su pasado fueron relativizados y neutralizados por un factor común, el carisma.
Esto habla a las claras que lo que se va a votar en una segunda vuelta representa un quiebre entre tanto fraccionamiento que se vive al principio, cuando se elige parlamento, que hay muchos candidatos y varios sectores. Ahora, el 24 de noviembre, en la segunda vuelta electoral, lo que vamos a elegir son dos modelos de país. Uno que sostiene el actual gobierno, que lleva tres períodos al frente del mismo y busca reeditarse y reconvertirse en lo que sea necesario.
Por otro lado, hoy hay un candidato que nuclea a cinco partidos políticos, conformando algo mucho más grande que una disputa entre sectores o partidos, llevando el enfrentamiento entre los que ven que el país necesita otro aire fresco, contra la promesa de corregir errores y hacerlo mejor.
Esto nos pone a nosotros como uruguayos electores frente a dos posibilidades. O le damos de ganar a una coalición que promete cambios y darle una a esa alfombra de la que dicen que debajo de la misma, se han barrido muchos problemas. O le damos el voto al candidato del gobierno que afirma que su manera de gestionar un gobierno es diferente al de Mujica o Tabaré Vázquez, pero propone a uno de los expresidentes como ministro y al otro como referente a seguir.
Aunque a todo esto la mayoría de las personas no lo dan ni bolilla. Primero votarán porque es obligatorio hacerlo, segundo elegirán al que mejor les caiga con el discurso, tercero está el color partidario que cada uno tenga y cuarto elegirán la mejor sonrisa que vean en una foto armada por especialistas. Si le erran, no importa, la mayoría se va a quejar siempre, porque este país parecer estar condenado a eso, al ser el país de la queja.
Tenemos un país que es rico en muchas cosas y solamente nos sentamos a mirar cómo se tirotean de un lado y del otro, mientras la gente espera soluciones desde el llano.
Por eso, cuando hacen anuncios, muchas veces son para sondear el impacto, pero es mentira que haya una polarización tal que lleve a que si gana u otro aumentará sistemáticamente la pobreza y que habrá menos beneficios para los más privilegiados, porque todos han hecho un compromiso con la población, y el mismo solo será válido si después del año que viene, no permiten que nadie pase hambre y con su trabajo se ganen el reconocimiento de las personas y no kilómetros de marchas y movilizaciones exigiéndoles que no les roben sus derechos. Todos estaremos atentos para que se cumpla tanta promesa derrochada.

HUGO LEMOS

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La batalla final

Pasaron las elecciones y hubo resultados, pero también festejos y luces que se apagaron en algunos locales con gente que terminó lagrimeando. Hay todavía dos candidatos que se pelean por el premio mayor, el sillón del séptimo piso de la Torre Ejecutiva, dos personas que desde hace años vienen anunciando esta instancia, lo vienen diciendo desde el 2015 más o menos, y después de haber pasado por muchas cosas juntos y también por separado, llegaron a este momento del que ya todos sabíamos que se iba a dar. politica
Por más que siempre hay gente que cuando surgen nuevos candidatos, como Manini o Talvi, se afilan, compran la moda de estos novedosos postulantes y los ponen como favoritos, pero los elegidos, los que todos sabíamos que eran los que iban a llegar, son los que como todos sabemos, están ahí, esperando que el pueblo elija.
Por estos días, vamos a ver muchos cucos de un lado y del otro, vamos a ver al lobo disfrazado de cordero y al cordero degollado, esperando con cara de yo no fui, que todos los escuchen. Vamos a ver de todo, sobre todo en las redes sociales, donde nos van a contar historias de gente buena que quiere lo mejor para el país, pero que ahora quiere hacerlo mejor porque en los 15 años que estuvo reconocen avances, pero aún así como no les gustaron las malas jugadas que hicieron los propios que hoy los apoyan, quieren cambiarlo para bien. Y se los dicen en la cara: vamos a hacerlo mejor que ustedes; y ellos ahí, quietos, como si nada, agitando la bandera de Otorgués porque dicen que es «lo único que queda».
Y del otro lado, también están los que parecen saber todo lo que está bien y todo lo que está mal, y que por eso claman porque haya un cambio, porque dicen que la única manera de superar los problemas que tiene el país, es con un golpe de timón en un barco que en vez de navegar hacia el puerto de la Esperanza y el Desarrollo, lo hace, según ellos, hacia el de la Pobreza y la Desocupación como nunca antes en la historia.
Pero nosotros, los ciudadanos, tenemos memoria y sabemos qué pasó antes y que pasó después. Eso no quiere decir que los primeros, los que quieren hacerlo mejor, porque reconocen las macanas, el slogan solo lo dice, tengan la razón. Y tampoco que los que dicen Es Ahora, como diciendo sino no ganamos más, se abrazaron con todos los que se habían peleado antes, pero Ahora Sí, se van llevar bien y prometen sacar al país adelante. Y eso nos cuesta entenderlo un poco, porque ante todo nos preexiste la duda ¿se van a llevar bien todos juntos? ¿O a la primera de cambio, cuando haya que votar el prespuesto nacional, van a aparecer diferencias insalvables que pueden llegar a terminar de una con esta coalición?
Coalición que tampoco termina de cerrar del todo, porque ahora Mieres, (sí Mieres, con un solo diputado y que ni siquiera es él) cuestiona esa unión de fuerzas y como no fue el primer invitado a la fiesta, por el contrario, fue como el cuarto por ahí, porque primero fue Talvi, después Manini, después Novick (que sacó un solo diputado y que también se fue de su lado, así que ni siquiera puede influir en él) y ahí apareció Mieres, que ahora cuestiona la coalición, pero era algo que ya lo tenía decidido desde principios de año. Y si no, recordemos el proceso de La Alternativa, que cuando Selva Andreoli (la candidata a vice de la frustrada Alternativa) dijo públicamente que iba a votar al Frente Amplio en una segunda vuelta, como él ya tenía acuerdos con Lacalle Pou, terminó rompiendo esa nueva fuerza de centro izquierda que se formaba como una opción distinta a la del Frente Amplio.
Pero ahora, en este momento donde las papas queman y el tiempo apremia, le dice a Lacalle que va a pensar si se une o no, a la unión de partidos de oposición al Frente Amplio que se juntaron para el balotaje, para sacarlos del poder. Es como estar peleado con él mismo lo de Mieres, pero bueno, así son las cosas.
El tema es que nos están partiendo el país en dos. En los que apoyan al gobierno y quieren que el rumbo trazado en estos 15 años siga su curso, aunque también hay otros que apoyan esto y no vienen del Frente, sino que son desencantados de no ver una oposición que les atraiga, y en la otra esquina, como si fuera un ring, se encuentran todos los partidos de oposición juntos, algunos nuevos y otros viejos conocidos, encabezados por el que salió primero de todos ellos, esperando ganar la instancia y después tratar de convivir en un gobierno que tendrá que tener mucho equilibrio interno, para que no haya desajustes ni marineros que se quieran bajar del barco antes de que el mismo empiece a navegar, por aguas que no serán nada calmas, por varios motivos.
Primero, porque si ganan, tendrán que encontrarse con un montón de cosas que serán nuevas para ellos y deberán entender cómo funcionan antes de empezar a manejarlas. Deberán repartir bien todos los cargos para que cada quien ocupe su rol y desde el mismo trabaje como un relojito para que la maquinaria no pare, sino puede tener problemas.
Tercero porque los sindicatos estarán de punta, mirando con lupa que no le quiten ningún derecho a los trabajadores, ni consejos de salario, ni los feriados, ni las horas nocturnas, ni todo lo demás, porque al primer recorte, la cadena de movilizaciones puede ser descomunal.
Después, porque en Argentina van a tener a un adversario que no se las va a hacer fácil, aunque en Brasil tengan el aliado que necesitan para desprenderse un poco del Mercosur, que es lo que quiere la oposición. Por esa razón y muchas otras, el próximo gobierno no la tendra muy fácil que digamos, el tema es que los uruguayos estamos en el medio y nos podemos resbalar fuerte.
Y si ganara Martínez, las cosas van a ser también difíciles, porque ya no habrá tanto crecimiento, habrá menos para repartir y mucho para salir a decir. Y los compromisos asumidos con los sindicatos hoy, con tal de ganar el voto, se harán valer en la primera de cambio. Entonces habrá muchas más presiones a un gobierno de Martínez, que los que vivieron sus antecesores, y sino cumple, se termina de cortar la cadena.
Mientras todo esto puede pasar, usted y yo, escucharemos una campaña de sangre y fuego, de furia y caos, de noticias falsas y confusiones, porque parece ser que para ellos, los protagonistas de esta historia, los rivales de ese trono a conquistar, no dejarán nada a su paso con tal de llegar a un destino que esperan ver desde hace mucho tiempo, y que ahora, estando cerca, harán lo imposible por poder llegar. En tanto, nosotros seguiremos parados en la misma baldosa, salpicados de la nada misma. Por lo cual le aconsejo, tenga cuidado con lo que escucha y repáselo mil veces antes de digerirlo. Porque la que se viene es la batalla final.

HUGO LEMOS

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La herramienta más valiosa

Estas épocas en las que vive el país son cruciales. Son momentos de decisiones, que se suman a todas las decisiones que ya debemos tomar cada día con los problemas cotidianos que tenemos, algunos más graves que otros. Por estas horas nos queda menos de una semana para que los uruguayos elijamos a quienes van a integrar el parlamento por los próximos 5 años. Sin dudas se trata de un hecho trascendental para la vida del país donde se juega el futuro de los uruguayos. urna
Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos tomamos decisiones sobre nuestra vida, aún en la omisión, cuando no decidimos nada y solo vemos pasar la vida a través de una ventana; aún en esos momentos estamos tomando decisiones. Pero en este caso, tenemos que tener en claro que a quienes vayamos a elegir para levantar la mano por nosotros en el parlamento y con ello aprobar las leyes que nos afectarán de manera directa, deberán ser personas capaces que puedan generar cosas positivas, para lograr en serio las transformaciones que necesitamos.
Pero a veces nos ponemos a pensar si realmente estas cosas van a tener resultado o si solo es una fachada. Por eso nos preguntamos si quienes sean electos y concurran al parlamento realmente sabrán defender nuestros intereses o si una vez puestos allí, con un cómodo sillón y una lujosa oficina con secretario y todo, entrarán en una maraña que ya existe y que nos lo deja tomar decisiones por los planteos que ellos llevan en nuestro nombre.
Cada vez que pasa un año electoral la gente se pregunta si todos los problemas que dijeron que podían resolverse, logran tener eco y ser planteados en un ámbito que está especialmente preparado para que sus integrantes vayan a parlamentar, tengan el rol de deliberar, de discutir y negociar entre las fuerzas políticas que allí confluyen, distintas leyes cuyos efectos recaigan luego sobre la población.
El país se ha nutrido de más de 19 mil y pico de leyes, donde hay de todo. Desde algunas que les dan nombre a escuelas y que permiten la colocación de monumentos, hasta otras que reforman códigos en los que se les da una mayor potestad a la Policía para actuar, o transforman el sistema impositivo del Uruguay, con franjas y niveles de los que muchas veces ni nos enteramos.
Por eso, cuando elegimos a un diputado, debemos saber que el mismo no solo diga las cosas que queremos saber y escuchar, sino que además esté preparado para cumplir con lo que nosotros queremos sea. En ese sentido, esta es una instancia para aprovechar que los políticos quieren escucharnos, para exigirles que cumplan con determinados temas que pueden ser primordiales para nosotros.
Hagamos al revés, cuando ellos vengan a escucharnos, vengan a decirnos que quieren hablar con nosotros para saber qué estamos pensando, digámosle que nuestra intención es que lleven nuestra voz al parlamento con determinados planteos y que le damos cinco años para que cumplan con lo que le estamos exigiendo.
Y que si en cinco años, ellos no cumplen con lo que nosotros le estamos planteando, no los volveremos a votar. Porque en cierta medida, esto que haremos el domingo será darle la confianza a una persona para que durante cinco años goce de beneficios, porque en contrapartida su trabajo será intentar solucionar, a través de leyes en este caso, los problemas que tenemos como sociedad.
También habrá que recordarles que son ellos los que vienen a pedirnos el voto para poder llegar a ese sitial de privilegio, lo que supone que en el transcurso de su función, podremos pedirles pelos y señales de todas las cosas que hagan o que intenten hacer para cumplir su tarea como legisladores.
Entonces ellos no podrán decirnos nada y por el contrario, deberán darnos a conocer qué hacen para cumplir con el trabajo que les encomendamos. Porqué no lo cumplen si es que eso pasa y si sí logran hacerlo, de qué manera lo están haciendo.
En ese sentido, esta etapa que se viene, donde cada uruguayo pondrá el voto en la urna, eligiendo a alguno de los candidatos, que en Salto son 43 los que se postulan para cuatro bancas, es crucial para que sepamos en manos de quiénes pondremos a regir nuestro destino.
Es importante porque todos sabemos que no seremos nosotros los que después decidiremos por alguna ley que nos afecte, por eso, sepamos bien qué es lo que queremos votar, informémonos bien, y una vez esto, decidamos para después poder exigirle a quien elegimos, que cumpla con lo prometido.
El voto es la expresión de poder más importante que tiene el ciudadano, sepamos usarlo adecuadamente.

HUGO LEMOS

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Que entiendan de qué se trata

Cuando una persona pide el voto, porque quiere acceder a un cargo público, se presume que es porque quiere servir desde una función pública, aportando su conocimiento y sobre todas las cosas, sus ganas de hacer el bien a la comunidad a la que pertenece. Por eso muchas veces la gente confía en ciertas personas para que puedan ocupar un cargo o no. columna corruptos

Pero lo más importante, es que cuando alguien llega a ocupar ese cargo por el que tanto trilló, por el que tanto trabajó, por el que tanto anduvo de aquí para allá exponiendo sus ideas, debe saber que lo primero que debe tener es una obligación de cuidar y administrar los bienes públicos que tiene a su alcance. Protegerlos con toda su voluntad y velar por el cuidado de los mismos para que sean del uso y goce de toda la población, que, en definitiva, son sus dueños.

Si bien a lo largo de la historia hay mucha gente que aún hoy no entiende de qué se trata este concepto, tampoco se encargan de querer saber y mucho menos de aprender, a qué refiere este tipo de prácticas. Son el deber ser del funcionario público y la principal obligación de qien ostenta un cargo político.

Aunque parece ser que cuando una persona accede por medio del voto a un cargo ejecutivo, se cree que es el dueño del lugar, que puede hacer lo que quiera y dar órdenes a todos los que pasan por ese espacio territorial, porque consideran ser los patrones de la zona, los que mandan, los que dictan las cosas de cómo deben suceder. Y eso, es justamente lo contrario a lo que deben hacer.

Cuando Jose Mujica era presidente, entre las decenas de entrevistas que dio a lo largo de su mandato, una de ellas fue al reconocido programa periodístico español “Salvados”, cuyo periodista, Jordi Évole, le preguntó porqué si algo estaba mal, no lo cambiaba, si él era el presidente. Entonces, dando una clase de democracia y republicanismo, Mujica le contesta: “¿y tú que crees, que un presidente es un Rey? Un presidente debe respetar la ley y hacerlas cumplir, hay derechos adquiridos y muchas cosas más, son leyes garantistas que protegen a los ciudadanos de las veleidades de los gobernantes”, respondió el expresidente.

Sin embargo, esas cosas no han sido aprendidas por determinados gobernantes, sobre todo de localidades pequeñas del interior, como ocurrió el otro día con las autoridades del Municipio de San Antonio, el hecho de agarrar una máquina que pertenece a toda la población y chocar la misma contra otra de igual naturaleza, con la ira que lo hacía, con la voluntad de generar un daño de manera manifiesta, con la forma en la que todos vimos cómo actuaba el máximo representante de la localidad, fue algo que dejó en claro lo que nunca debe pasar y lo que no se debe hacer jamás.

Un gobernante no puede hacer eso, no puede jamás tomar un bien público y destrozarlo a su antojo, no puede actuar de manera de cometer un daño a un bien público y encima de poner en riesgo de daño la integriad física de un funcionario público que estaba en el lugar y que afortunadamente pudo salir a tiempo.

Las cosas no funcionan de esa manera, si no hay acuerdo entre las partes y si los que tienen que tomar las decisiones no están de acuerdo con la forma en la que llevan adelante la manera de gobernar y de ejecutar sus decisiones, no pueden tomar los bienes de la gente y partirlos al medio, por la incapacidad que tengan de que sus planteos sean escuchados y respetados. Porque lo que demuestran con eso, es la incapacidad de poder gobernar, y de hacer lo que el pueblo les pidió, que no es otra cosa que cuidar sus bienes y administrar sus dineros para que los mismos redunden en beneficio para toda la población.

Pero eso hay quienes no lo han entendido, y cuando todos vimos ese vídeo que circuló por las redes sociales y después por todos los medios de comunicación a nivel local y nacional, nos preguntamos en cada momento si esa persona que está al frente de una alcaldía, no debería, además de pagar el daño causado a esos bienes públicos, dar un paso al costado por haber actuado de esa forma.

Porque no solo dañó maquinaria que nos pertenece a todos, no solo puso en riesgo la vida de un funcionario, de una persona, que estaba trabajando, no solo actuó de manera desmedida y fue un mal ejemplo, principalmente para la población de San Antonio, no solo no respeta la investidura que alguna vez le dieron de ser el presidente del congreso nacional de alcaldes, y en ese sentido representar a todo el tercer nivel de gobierno, sino que además actuó con una falta de respeto hacia toda la ciudadanía que no merece tener gente así al frente de ninguna institución pública,

Este alcalde debería pedir disculpas públicas, debe hacerse cargo de las cosas que hizo y debe reparar con su propio dinero la maquinaria dañada, además debe responder ante el funcionario contra el cual atentó y debe pedirle disculpas a sus vecinos y a todo Salto por haber hecho esto.

Salto y el Uruguay merecen que nuestros gobernantes, que quienes están al frente de una institución pública, sean personas que cuiden y protejan los bienes que son de todos, que los administren de manera adecuada y que ejecuten con ellos políticas que sirvan a toda la población, no otra cosa,

Cuando una persona pide el voto, porque quiere acceder a un cargo público, se presume que es porque quiere servir desde una función pública, aportando su conocimiento y sobre todas las cosas, sus ganas de hacer el bien a la comunidad a la que pertenece. Por eso muchas veces la gente confía en ciertas personas para que puedan ocupar un cargo o no.

Pero lo más importante, es que cuando alguien llega a ocupar ese cargo por el que tanto trilló, por el que tanto trabajó, por el que tanto anduvo de aquí para allá exponiendo sus ideas, debe saber que lo primero que debe tener es una obligación de cuidar y administrar los bienes públicos que tiene a su alcance. Protegerlos con toda su voluntad y velar por el cuidado de los mismos para que sean del uso y goce de toda la población, que, en definitiva, son sus dueños.

Si bien a lo largo de la historia hay mucha gente que aún hoy no entiende de qué se trata este concepto, tampoco se encargan de querer saber y mucho menos de aprender, a qué refiere este tipo de prácticas. Son el deber ser del funcionario público y la principal obligación de qien ostenta un cargo político.

Aunque parece ser que cuando una persona accede por medio del voto a un cargo ejecutivo, se cree que es el dueño del lugar, que puede hacer lo que quiera y dar órdenes a todos los que pasan por ese espacio territorial, porque consideran ser los patrones de la zona, los que mandan, los que dictan las cosas de cómo deben suceder. Y eso, es justamente lo contrario a lo que deben hacer.

Cuando Jose Mujica era presidente, entre las decenas de entrevistas que dio a lo largo de su mandato, una de ellas fue al reconocido programa periodístico español “Salvados”, cuyo periodista, Jordi Évole, le preguntó porqué si algo estaba mal, no lo cambiaba, si él era el presidente. Entonces, dando una clase de democracia y republicanismo, Mujica le contesta: “¿y tú que crees, que un presidente es un Rey? Un presidente debe respetar la ley y hacerlas cumplir, hay derechos adquiridos y muchas cosas más, son leyes garantistas que protegen a los ciudadanos de las veleidades de los gobernantes”, respondió el expresidente.

Sin embargo, esas cosas no han sido aprendidas por determinados gobernantes, sobre todo de localidades pequeñas del interior, como ocurrió el otro día con las autoridades del Municipio de San Antonio, el hecho de agarrar una máquina que pertenece a toda la población y chocar la misma contra otra de igual naturaleza, con la ira que lo hacía, con la voluntad de generar un daño de manera manifiesta, con la forma en la que todos vimos cómo actuaba el máximo representante de la localidad, fue algo que dejó en claro lo que nunca debe pasar y lo que no se debe hacer jamás.

Un gobernante no puede hacer eso, no puede jamás tomar un bien público y destrozarlo a su antojo, no puede actuar de manera de cometer un daño a un bien público y encima de poner en riesgo de daño la integriad física de un funcionario público que estaba en el lugar y que afortunadamente pudo salir a tiempo.

Las cosas no funcionan de esa manera, si no hay acuerdo entre las partes y si los que tienen que tomar las decisiones no están de acuerdo con la forma en la que llevan adelante la manera de gobernar y de ejecutar sus decisiones, no pueden tomar los bienes de la gente y partirlos al medio, por la incapacidad que tengan de que sus planteos sean escuchados y respetados. Porque lo que demuestran con eso, es la incapacidad de poder gobernar, y de hacer lo que el pueblo les pidió, que no es otra cosa que cuidar sus bienes y administrar sus dineros para que los mismos redunden en beneficio para toda la población.

Pero eso hay quienes no lo han entendido, y cuando todos vimos ese vídeo que circuló por las redes sociales y después por todos los medios de comunicación a nivel local y nacional, nos preguntamos en cada momento si esa persona que está al frente de una alcaldía, no debería, además de pagar el daño causado a esos bienes públicos, dar un paso al costado por haber actuado de esa forma.

Porque no solo dañó maquinaria que nos pertenece a todos, no solo puso en riesgo la vida de un funcionario, de una persona, que estaba trabajando, no solo actuó de manera desmedida y fue un mal ejemplo, principalmente para la población de San Antonio, no solo no respeta la investidura que alguna vez le dieron de ser el presidente del congreso nacional de alcaldes, y en ese sentido representar a todo el tercer nivel de gobierno, sino que además actuó con una falta de respeto hacia toda la ciudadanía que no merece tener gente así al frente de ninguna institución pública,

Este alcalde debería pedir disculpas públicas, debe hacerse cargo de las cosas que hizo y debe reparar con su propio dinero la maquinaria dañada, además debe responder ante el funcionario contra el cual atentó y debe pedirle disculpas a sus vecinos y a todo Salto por haber hecho esto.

Salto y el Uruguay merecen que nuestros gobernantes, que quienes están al frente de una institución pública, sean personas que cuiden y protejan los bienes que son de todos, que los administren de manera adecuada y que ejecuten con ellos políticas que sirvan a toda la población, no otra cosa,

Los gobernantes son nuestros empleados, el pueblo les paga un sueldo para que trabajen para el pueblo, no son reyes a los que hay que darles permiso para entrar en su jurisdicción, son funcionarios públicos que están para servir, y no para servirse. Así de claro y así de simple, pero el problema es que mientras no lo entiendan, será muy difícil que puedan gobernar bien y cumplir con la función de administrar de manera adecuada los bienes que son de todos, por lo tanto habrá que hacérselo saber para que entiendan de qué se trata.

Los gobernantes son nuestros empleados, el pueblo les paga un sueldo para que trabajen para el pueblo, no son reyes a los que hay que darles permiso para entrar en su jurisdicción, son funcionarios públicos que están para servir, y no para servirse. Así de claro y así de simple, pero el problema es que mientras no lo entiendan, será muy difícil que puedan gobernar bien y cumplir con la función de administrar de manera adecuada los bienes que son de todos, por lo tanto habrá que hacérselo saber para que entiendan de qué se trata.

HUGO LEMOS

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Un reencuentro con la historia

Dos viejos amigos se reencontraron, se dieron un abrazo y sus ojos se les llenaron de lágrimas porque al verse de nuevo, seguramente se les vinieron un montón de recuerdos juntos a la cabeza. Podía tratarse de dos veteranos del barrio, dos de esos jubilados que se conocen de muchos años por haber trabajado juntos y por haber hecho, en sus años mozos como dirían ellos, cosas muy importantes al menos para sus vidas, cosas que se estampaban en sus mentes como un álbum fotográfico. promesas
Pero no, resulta que se trataba de uno que fue dos veces presidente del Uruguay y otro que fue elegido por la ciudadanía en tres oportunidades para ser el Intendente de Salto. Eran Julio María Sanguinetti y Eduardo Malaquina, dos piezas vivas de la historia del Siglo XX y del comienzo del siglo actual, que todavía están allí, vivitos y coleando, aún expresando ideas y sentires, que son muy bienvenidos en épocas donde después de ellos, ha pasado de todo.
Sanguinetti, al igual que Tabaré Vázquez y José Batlle y Ordóñez, tienen el privilegio de haber sido los únicos tres uruguayos que a lo largo de la historia del país, su pueblo los eligió por dos veces no consecutivas, para ser los presidentes del país. Pero Malaquina es el único que ostenta el honor de que el pueblo de Salto lo haya elegido durante tres veces, para que fuera el Intendente de Salto. Al punto que una de las bromas más frecuentes que me hacían mis amigos de la capital, cada vez que viajaba sobre todo cuando estaba involucrado en el gremio estudiantil de la Universidad, era ¿cómo está la Intendencia Municipal de Malaquina?
Y aunque entre Sanguinetti y el exintedente salteño podían haber tocado muchos temas en sus reencuentros, por los temas que les tocó vivir durante diez años mientras uno era presidente y el otro intendente, como el recibimiento al Papa Juan Pablo II, o su posterior viaje al Vaticano en visita oficial en representación del Uruguay, o sus frecuentes reuniones en Montevideo, o la creación del primer centro CAIF del país en nuestra ciudad, o la inauguración del Cerp del Litoral en nuestro medio, instancia que también la vivieron juntos en aquel entonces, ellos eligieron tocar un solo tema, y fue nada más y nada menos que la lucha porque la Universidad se quedara en Salto.
Sanguinetti había llegado el viernes por la tarde hasta un comité político de la calle Uruguay al 1000 para participar de un lanzamiento y allí lo esperaban, no solo lo afines al candidato que los había invitado y los estaba esperando, sino también muchos de los que durante años fueron sus más fieles seguidores y que no tenían tanto que ver con el candidato que en esa oportunidad, había logrado reunir para esa instancia, a estos dos popes del Partido Colorado.
Cuando arribó el expresidente al lugar, la prensa no dudó en rodearlo con sus micrófonos y entrevistarlo sobre los distintos temas que hacen al momento actual de las eleccion,es ya que Sanguinetti ha sido un actor clave en estos últimos meses para que el Partido Colorado se ponga en marcha y esté en estos momentos en mejor posición.
Pero cuando culminó su rueda de prensa, justo bajaba de una camioneta, acompañado por algunos allegados que lo ayudaban andar por su edad y sus problemas de salud, el exintendente Malaquina. Allí Sanguinetti no dudó en dirigirse a él y abrazarlo efusivamente. De inmediato todos los micrófonos fueron hasta ellos y allí el expresidente mirándolo de cerca a Malaquina, le recordó un solo tema.
“Nunca me voy a olvidar cuando decidido a trabajar para que la Universidad se quedara en Salto, fuiste hasta mi despacho (que entonces funcionaba en el Edificio Libertad, donde hoy están las oficinas de ASSE en Bulevar Artigas y Luis Alberto de Herrera) y me dijiste que la Universidad de la República en Salto precisaba un edificio propio y yo te dije, andá a averiguarme cuánto sale hacerlo, y me trajiste un presupuesto y si ien después terminó saliendo más, vos me dijiste a esa diferencia la arreglamos, y luchaste de manera decidida e imparable para que esto fuera una realidad”, le dijo un sonriente Sanguinetti a un Eduardo Malaquina un poco aturdido por tanta gente que le dispensaba cariño y por los elogios encendidos del expresidente.
A lo que el candidato que estaba con ellos, que era Pablo Perna, agregó “y por justicia, ese edificio debería llamarse Eduardo Malaquina”, agregándole el expresidente a esa frase “como tantas otras cosas”.
Si bien esta anécdota ya fue contada en las páginas de este diario en una crónica sobre el encuentro de ambos líderes políticos, es importante recalcar no el encuentro en sí, que desde el fuero subjetivo de quien vivió las épocas en las que ellos gobernaban les puede resultar emotivo, sino que el tema por ellos signado como el más importante de sus carreras políticas entrelazadas es la creación del nuevo y actual edificio de la entonces Regional Norte de la Universidad de la República, hoy transformado en Cenur o vaya a saber cuántos nombres más tendrá según el Rector de turno que venga.
Que la educación pública terciaria y en el interior, que es uno de los aspectos más transformadores para el sistema educativo uruguayo, sea cosa del Partido Colorado y esté en la lista de los logros más importantes en la gestión de gobierno de estas dos personalidades políticas de Salto y el país, ayuda a tener un poco más de memoria y a que sepamos que el país no se inventó en el año 2005.
Quienes somos filosóficamente de izquierda y aprobemos el batllismo primigenio, del que todos tenemos un poco, y el wilsonismo que en muchas cosas se parecía a éste, como modelo de progresismo y desarrollo contrario al liberalismo a ultranza, no podemos dejar de reconocer que gran parte de la lucha por la Universidad pública en el interior del país, para brindar herramientas educativas que permitan el desarrollo personal y el progreso de los pobladores, en este caso del norte, proviene de estas lides. Y que por lo tanto, no solo es justo reconocerlo sino también agradecerlo y valorarlo. Y enseñarle a los más jóvenes que hay que agradecer a alguna gente de la que muchos se han encargado de borrar de sus listas.
Por esa razón, como exintegrante del cogobierno universitarias por el Orden Estudantil, y como exdirigente gremial de la FEUU; también estoy de acuerdo que si un día quieren ponerle nombre al edificio majestuoso que los salteños tenemos en la esquina de Rivera y Misiones, por más que en el 2002 nos hayamos quedado sin plata para mantenerlo y casi debimos cerrarlo, y por más que durante años no teníamos ni dónde sentarnos en sus aulas, el mismo debería llamarse Intendente Eduardo Malaquina, porque razones y posturas ideológicas podrán sobrar para decir que no, pero motivos reales para negarlo, ninguno.

HUGO LEMOS

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Un tema muy importante

La voz se sentía entrecortada y la mirada totalmente perdida, era uno de esos casos donde la angustia había invadido al ser humano y le ponía formas de comunicarse que tornaban el aire espeso y con el problema encima de la mesa, antes que cualquier atisbo de esperanza. Eso generaba que yo solo escuchara y no pudiera decir nada más, que solo esperara que dijeran sus dolores, que manifestaran descarnadamente la cruda realidad que les tocaba vivir cada día, sin importar si era miércoles o domingo.
Son madres del dolor, del llanto acumulado, del grito perdido, del reclamo abandonado, son personas que no pueden decir más porque sienten que nadie las escucha, ni siquiera ahora en plena campaña electoral porque hasta los políticos saben que su caso es muy difícil. columna
Se trata del grupo de familiares con hijos consumidos por la pasta base, un problema que parece no tener fin, que cada día crece más y que lleva a que muchas personas, estén deshauciadas viendo cómo sus hijos mueren cada día un poco más.
Han golpeado todas las puertas, hospitales, policía, jueces, fiscalías, abogados, médicos, religiosos, periodistas, organizaciones sociales, políticos, candidatos, pero nadie les da una respuesta, sencillamente porque nadie las tiene.
Es muy difícil lo que ellos plantean, que existan clínicas de rehabilitación donde puedan poner a sus hijos en buenas manos, para lograr sacarlos de las adicciones y entonces pensar en que podrán recuperarlos. Pero el tema, que parece tan sencillo, no lo es para nada.
El problema de ellos es la ausencia de respaldo legal para poder internarlos. En el Uruguay no hay una política preventiva para evitar que las personas se hagan daño a sí mismas, a su entorno y al resto de la sociedad en la que viven. Solo hay una faz represiva y hasta ahí nomás. Represiva porque la ley te permite hacerte todo el daño que quieras, incluso salpicar a tu familia con la angustia de verte morir todos los días sin poder hacer nada, pero la legislación lo único que hace es meterte preso si cometes un delito bajo el efecto de las drogas, que es lo más usual en estos casos.
En ese sentido, hay un Estado ausente, no existen políticas que tiendan a destinar recursos económicos para generar infraestructura, logística y personal preparado para atender este tipo de cosas. Se trataría de la creación de clínicas, que pueden ser dos o tres en pincipio, en distintos puntos del país, para atender a estas personas mientras se empiece a darle un combate frontal al narcotráfico, algo que hoy se hace de a pedacito, porque es un tema muy complejo, ya que hay mucho dinero en el medio y también un espiral de violencia sin fin que lleva hasta la muerte a quienes se proponen frenar esto.
Pero la ausencia del Estado en estos casos es imperdonable, ante el crecimiento sustancial del consumo problemático de adicciones entre las personas, sobre todo entre las de sectores vulnerables de la población, no puede haber una mirada hacia otro lado de parte de las autoridades del gobierno nacional, que le deben dar una respuesta a este tipo de casos,
Es imperioso el trabajo en una política legislativa que ayude a cambiar las cosas, para que se ponga sobre la mesa en la agenda de nuestros gobernantes, el poder atender este tipo de casos que son tremendamente importantes y que habla mucho de nosotros como sociedad.
Está muy lindo el Antel Arena, por ejemplo, era necesario tener un estadio de esas dimensiones y características, claro, para un país que avanza y que debe apostar al desarrollo y al futuro, contar con infraestructuras acordes a la realidad mundial, es parte de la política que debe llevar a cabo. Pero si fuimos capaces de gastar 110 millones de dólares en su construcción, bien podemos gastar 1 millón menos y construir con ese dinero, una casa grande que funcione como clínica para tratar a personas que lo necesitan y solventarlo con lo que paga el país de intereses por préstamos, o por contratos con empresas que inflan los precios para poder ganar con una licitación pública, lo que no logran hacer en la esfera privada.
Es una cuestión de reordenamiento de recursos económicos. Es mentira que no hay plata, como dicen las autoridades del gobierno nacional, sean del partidos político que sean, porque lo que no hay es una buena distribución de los recursos públicos. Hay despilfarros como los que hizo Sendic cuando pagó 300 mil dólares por una fiesta para recibir a la presidenta de Argentina en Montevideo, en el marco de una inauguración oficial, y también los había antes cuando el entonces presidente del Banco Hipotecario del segundo gobierno de Sanguinetti, regalaba viviendas a sus punteros políticos.
Lo que tiene que parar, es la cultura del despilfarro en cosas innecesarias. Si el gobierno ahorra en la contratación de personajes políticos y de gastos oficiales en viáticos y coches con choferes, ahí ya tiene recursos para volcarlos a este tipo de cosas como la construcción de un centro de atención para los adictos a la pasta base.
Si el Estado ahorrara miles de dólares como paga en contratos a consultoras internacionales para que les digan qué bien que les va en materia de ejecución de proyectos destinados a la cohesión social y territorial en el interior del país, algo que al final no se cumple, ya tendría más dinero para guardarlos en una cajita y sumar para poder ir comprando los ladrillos que hagan falta.
Si el Estado no compra una pantalla de miles de dólares para el moderno estadio y se ahorra en pagarle 200 mil dólares a Los Olimareños, ya junta dinero para poder ir levantando las paredes del primer centro de rehabilitación y recuperación de personas adictas a la pasta base, si el Estado no gastara tanto dinero en cosas fútiles, pero que ellos consideran necesarias para mantener contentas y funcionando a la rosca política, como por ejemplo, la piara de zánganos metidos en distintas reparticiones del Estado, allí habría recursos para hacer esto y mucho más.
Así que no nos quedemos con el verso de que no hay plata, sino exijamos que se pongan a pensar cómo hacen para sacar de un lado y poner en el otro.
Hay una película norteamericana de los años 90, que se llama Presidente por un Día, donde un hombre común llega a la presidencia del país más poderoso del planeta, porque su trabajo era hacer del doble de riesgo del mandatario, y como al mismo le había dado un infarto en medio de una infidelidad a su esposa, conspiraron y lo obligaron a “cumplir con la Patria”, estafando a la población, haciendo como si fuera el presidente. Y tan bien lo imitaba, que ni su esposa se dio cuenta al principio de que no se trataba de su marido.
Aunque llegó el momento que esta persona comenzó a tomar decisiones por sí mismo, porque vio que todo el manejo del entorno que lo rodeaba era espurio y corrupto, por lo cual convocó a un gabinete de ministros y empezó a hacer recortes a cosas futiles, porque necesitaba salvar una cadena de guarderías públicas y desde el ministerio de Economía le respondieron que ya no había dinero para esas cosas, dejando a cientos de niños en la calle. Pero el hombre encontró que sí lo había, solo que estaba mal distribuido, por lo cual hizo lo que debía haber hecho un gobernante y redistribuyó los recursos públicos como era debido, para atender las necesidades más importantes de sus gobernados, los problemas comunes de la gente.
Bueno, acá pasa exactamente lo mismo, debemos exigirle a nuestros representantes que tomen cartas en el asunto y se pongan al hombro este tema de la creación de centros de recuperacióna personas adictas a las drogas, para ayudar a recuperar salteños que están perdidos por el consumo de drogas y que mañana podrán hacernos daño a nosotros en nuestras casas, a ver si al menos por ahí nos damos cuenta de la importancia del tema.

HUGO LEMOS

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Una muestra de democracia

Los dos estaban haciendo campaña por sus respectivos partidos políticos y por sus respectivas ideas. Se encontraron en la esquina de un barrio de la ciudad en la que coincidentemente estaban militando, llevando a cuestas sus respectivas banderas. Ninguno de los dos dudó en saludarse y charlar un rato, verse las caras e intercambiar ideas.
El saludo cayó bien, no solo para los que admiramos la democracia y a sus principales referentes, sino también a los que estaban en el lugar que vieron que una cosa es ser adversario político, tener ideas diferentes y discutir hasta en algunos casos acaloradamente por defender lo que cada uno piensa, y otra es ser enemigos. politica
Se trató del líder de Aire Fresco y candidato a diputado por el Partido Nacional, Carlos Albisu y el dirigente del Partido Comunista y director de Hacienda de la Intendencia de Salto, Gustavo Chiriff. Ambos dieron una lección de democracia, en primer lugar a sus seguidores que los miraban atentamente, para saber cómo reaccionaban unos y otros ante tal encuentro.
Pero también a quienes los siguen por las redes sociales o los medios de comunicación y tienen preferencia por alguno de los dos candidatos. Sin embargo, ni Albisu, ni Chiriff, se amilanaron ante las cámaras ni ante los suyos y charlaron abierto y tendido, sobre los menesteres de esta campaña que prepara a los políticos y a la ciudadanía en su conjunto para las elecciones más competitivas de los últimos 15 años.
Pero este tipo de cosas son muy significativas. Y lo son porque la esencia de la democracia es justamente eso, la pluralidad de partidos políticos y de ideas plasmadas en acción política, sin cortapisa alguna y sin menoscabo a la actividad de nadie. Las libertades políticas deben ser contempladas e impulsadas en la base de la diversidad de las mismas, sin restricciones, eso es lo que hace a la democracia y eso es lo que pasa en nuestro país y es ejemplo para el mundo.
Mientras vivimos en una región amenazada por los militarismos y las acusaciones de corrupción entre los gobernantes, sean del signo que sean, lo más importante es ver cómo en un país con partidos políticos que tienen casi dos siglos de historia y que son tan antiguos como el país mismo, dos referentes de posiciones tan antagónicas pueden conversar y darse la mano, en el momento que cada uno está haciendo lo suyo.
Y es una lección para aquellos que dicen que en la democracia pasa por otro lado, que la misma es la participación del pueblo en las urnas cada 5 años, cosa que no es así, porque si en un país hay un solo partido y no se permite que haya otro que contraponga sus ideas, más que autoritarismo hay una dictadura.
Entonces, el hecho de que un país como el nuestro que está embarcada en una reñida campaña electoral, donde el gobierno por primera vez en 15 años tiene chances de perder las elecciones y la actual oposición, por primera vez en ese lustro, tiene chances de ganarlas, que dos dirigentes de peso dentro de sus respectivas colectividades conversen animadamente sobre las cuestiones que les lleva a cada uno por su lado el trajín de la campaña electoral, es bien importante.
Pero sobre todas las cosas es una lección para nuestros jóvenes, los cuales están viviendo una serie de vivencias que los embarca en la discusión sin fin en ese mundo del vale todo que son las redes sociales. Los jóvenes de esta era, y algunos mayores también, se enfrascan en discusiones y comentarios sin sentido en ese mundillo internáutico, donde lo único que hacen es generar estadios de violencia verbal y gráfica, aumentando el clima de hostilidad que se está viviendo en la sociedad, traspasado a la arena política.
La sociedad vive un problema grave que debe saberlo leer y no es otra cosa que saber aprovechar las oportunidades que nos da el mundo en el que vivimos, donde la libertad de elegir se puede hacer y no es un tema menor, se puede hacer en paz. Solo en una democracia uno puede tener libertades y ejercerlas en paz.
En nuestro país la libertad de prensa existe y no se ve amenazada. Llegó a ser un estado con libertad de prensa plena en el año 2011 reconocido por Reporteros Sin Fronteras, una de las organizaciones internacionales de periodismo de las más serias y respetadas del mundo. Eso demuestra que la democracia goza de buena salud, porque solamente en un estado democrático puede haber libertad de prensa.
Si en un país yo fundo un medio de comunicación y el mismo se ve amenazado por el gobierno de turno, es porque la democracia está fallando o lisa y llanamente no existe. Afortunadamente ese no es el caso de Uruguay, aunque el temor a los perjuicios económicos que pueda haber por algún yerro informativo que lesione la personalidad de un ciudadano, lleva muchas veces a que los medios cuiden y midan sus palabras sobre tal o cual tema.
Restan casi seis semanas para las elecciones nacionales, la campaña electoral empieza a tomar ritmo y color por estas horas, pero que los militantes sepan que se trata de una batalla que debe darse en el campo de las ideas y en ningún momento debe hacerse de otra forma, aunque lamentablemente aparezcan los desubicados de siempre. Que haya más libertad y tolerancia, y es deber de cada ciudadano cuidar y fortalecer estos valores.

HUGO LEMOS

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Terminar con lo que ya sabemos

Siempre pasaron cosas, ahora se sabe un poco más, o se dice un poco más algo de lo que antes era un secreto a voces, pero que todos sabíamos que ocurría. El otro día escuché a alguien azorado decirme “dicen que están pasando extranjeros por el río (Uruguay) hacia enfrente (Léase Concordia) y andá a saber cuántas cosas más y ¿nadie se entera?, ¿nadie hace nada?”, preguntaba esta persona descreída de que las autoridades no estuvieran al tanto del tema.
En realidad todo el mundo se entera y todo el mundo sabe. La costa uruguaya sobre el litoral es la frontera más extensa que tiene nuestro país con la vecina Argentina, sin embargo, es poco lo que se puede custodiar de ella, porque los encargados de hacerlo, cuentan con escasos recursos, quizás adrede, por lo que todo esto se presta para que pasen muchas cosas.
Hace algunos años, cuando hacíamos junto a Nicolás Jardim un programa de televisión, una fuente policial a la que consultábamos frecuentemente para saber qué era lo que estaba pasando en la zona del sur del departamento y ver si podíamos armar un programa con ese tema, la de Corralitos, donde hay una extensa producción hortícola pero a su vez mucho descampado al lado del río, nos dijo, fuera de micrófono un dato que era real. inseguridad
“Esta zona es de las más descuidadas del país, por acá pasa de todo para enfrente (Concordia) desde motos, caballos, personas, de todo. Pero también viene mucha cosa del otro lado, como contrabando y drogas, y eso lo saben todos los que tienen que saberlo. El tema es poder estar en el lugar y en el momento oportuno para darle captura, pero acá todos saben y si esto sigue pasando, saquen sus propias conclusiones”, nos comentó hace más de diez años quien entonces era un funcionario policial.
Pero es cierto, el avance de los delitos transfronterizos se han conformado en un problema grave, y lo son porque los mismos no han podido ser resueltos bajo ningún concepto, y esto lo ha reconocido el propio ministro del Interior, Eduardo Bonomi, cuando en su última visita a Salto, al ser consultado por este diario, dijo que tenía que haber más coordinación entre la Policía y la Prefectura para darle un mayor combate a esto. Porque dijo que este tipo de cosas perduran en el tiempo y porque además han proliferado de manera tal, que el nivel delictivo ahora es más agresivo y más peligroso de lo que era antes.
Así las cosas, según los informantes que hemos tenido en el correr de todos estos años, por el río Uruguay pululan las barcazas con cargamentos que llevan consigo mercaderías de contrabando y con las cuales muchos de los comerciantes informales de nuestro medio, se nutren para hacer sus negocios.
Ergo, la Policía sabe que hay gente que recibe mercaderías de procedencia ilícita de manera ilegal, pero pocas veces les puede dar captura, un poco por la ausencia de recursos con las cuales pueda llevar adelante procedimientos de vigilancia que permitan ponerle fin a esto, o porque también cuentan con filtraciones internas que les venden los procedimientos antes de que los mismos se realicen.
Aunque lo peor de esto, no es que vengan comestibles y ropas del otro lado del río para ser vendidas a precios más baratos en nuestro medio, porque más allá o más acá, esto siempre ocurre. Sino que en medio de esos cargamentos, también pueden venir otras cosas más peligrosas, como drogas o armas, cosa que la Policía maneja como dato real y además lo saben como probable. Las autoridades no desconocen que el mayor ingreso de pasta base a nuestro departamento es por esa vía y el tema es ¿cómo frenarlo si no hay recursos suficientes como para eso?
Por algo hay más de cien bocas de pasta base que trafican en toda la ciudad, a toda hora del día y en distintos lugares, las mismas fueron registradas por las autoridades policiales y ellos mismos dicen, es muy difícil poder golpearlas porque están bien organizados. Pero el tema pasa por cómo frenar este negocio que involucra a mucha gente.
El golpe dado en la zona del Cementerio Central fue una clara señal de que quieren intentar un cambio en la política de combate al crimen organizado, que en Salto ya cuenta con sicarios y todo, así como también la incautación de un cargamento de cocaína que partió de nuestra ciudad y que terminó con el encarcelamiento de dos coterráneos en el sur del país por llevar consigo casi una tonelada de cocaína.
En ese sentido, tendrá que haber muchos cambios en serio donde la Policía controle las fronteras, la Prefectura reciba recursos para poder hacerlo mejor y que entre todos haya un trabajo más coordinado que nos permitan tener más seguridad, con menos pasta base, menos bocas de drogas y más jóvenes recuperados, ya que es enorme la cantidad de muchachos que estamos perdiendo por estar sometidos a las drogas.
Salto se ha latinoamericanizado mucho. No es que no perteneciéramos a este continente, sino que nos poníamos un poco al margen, sabíamos estar un poco mejor que la media de nuestra región pero en los últimos tiempos las cosas han cambiado mucho y estamos cada vez peor. Esto requiere una intervención estatal mucho mayor a la actual, con políticas mucho más trasversales que las actuales. Sea como sea habrá que ponerle freno a lo que todos sabemos que ocurre, porque solo estamos dejando que se incremente y la sociedad mientras se seguirá pudriendo, algo que sabemos, es evitable.

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¿Y si trabajaba de otra cosa?

Todos la criticamos y la condenamos. Como la historia en la que un montón de personas condenaban a una mujer porque era prostituta y para los creyentes allí surgió la frase “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. En ese momento, todos lloramos la muerte de su hijo y la queríamos tirar en la hoguera. Pero todos somos muy rápidos en juzgar las acciones ajenas, algo que jamás hacemos con nosotros mismos. madre
Ni mucho menos miramos las circunstancias que rodean los pormenores de las cosas que criticamos, nos erigimos en jueces, en personas que todo lo sabemos y que estamos por encima del bien y del mal, en seres impolutos, por lo cual podemos condenar a quienes queramos de la manera que se nos ocurra, pero después que sabemos algunas cosas, ya miramos el tema desde otro costado y los juicios de valor se apagan.
Me estoy refiriendo al caso de la mujer que por salir a trabajar en la Noche de la Nostalgia, dejó a sus tres hijos solos, al cuidado de la mayor que tiene tan solo 12 años de edad, y a su regreso, la bebé de pocos meses de vida, había fallecido de muerte súbita. Una desgracia que le pudo haber ocurrido estando ella presente o no, pero el problema, parte de él, en este caso, era que no estaba.
Y no solo que no estaba, sino que dejó a su hija de 12 años, que también requería de su cuidado y protección en horas de la noche, a cargo de la casa, y de sus otros dos hermanos de 9 y 6 años de edad, además de una bebé, algo que no está bien y que en ese caso hay un problema grave. Pero la situación no se agota allí, sino que encima de eso hay algo más que despertó la ira de los vecinos y el malestar de la opinión pública.
Es que la mujer ejerce el meretricio como forma de vida, para poder ganar dinero y alimentar a sus hijos. Y para hacerlo dejaba a sus hijos habitualmente al cuidado de otro adulto. Uno que justo esa noche no pudo estar con los niños, aunque quizás eso no hubiera bastado porque la trágica muerte hubiera llegado igual a ese domicilio.
Y entonces una vez conocida la historia, comenzó la catarata de condenas que la llevó a la mujer a ser formalizada por la justicia penal por haber cometido el delito de la omisión a los deberes inherentes a la Patria Potestad. Y la mujer se desesperó porque quizás pensando en ganarse el pan, de la forma que podía hacerlo en ese momento, no midió la consecuencia de sus actos. No me refiero a la tragedia de haber perdido a su hija pequeña, que reitero, quizás la habría perdido igual porque ante un caso así, nada puede hacerse.
Pero el hecho era que no estaba y encima, era meretriz. Y la sociedad la condena. La justicia la formaliza y además le quita sus tres hijos supervivientes, a quienes los envió al INAU, terminando de disgregar la familia, algo que a veces los jueces saben hacer muy bien, que es disgregar y terminar de romper los vínculos familiares. Aunque los niños lloraron porque no querían separarse de su madre y ese es un claro indicio de que ella no era una mala madre.
Es más, la niña de 12 años le dijo a su madre que fuera a trabajar porque entendía que había una necesidad que cubrir en el hogar, y era nada más y nada menos, que la alimentación de ella y sus tres hermanos pequeños. Sobre todo la de sus hermanitos. Quizás la niña, que tuvo la valentía de hacer de madre y padre esa noche, no sabía bien qué oficio ejercía su madre, pero aún así la apoyó, y ahora está destrozada porque no quiere separarse de ella y encima ver destruida a su vulnerable familia. Pero la justicia no entiende de sentimientos y solo se remite a un frío y vacuo texto legal que debe aplicar.
Después de conocer en profundidad el caso, me pregunté, ¿y si la mujer en vez de haber ido a ejercer el meretricio era médica y tenía que cubrir una guardia de apuro en alguna sala de emergencia? Todos se habrían apiadado de ella y le habrían dicho ‘pobre mujer, encima que trabaja miren lo que le pasó’.
Y lo que nadie se preguntó acá ¿dónde está el padre de estas criaturas? El de la niña de 12 años, el de los de 9 y 6 años, y sobre todo, el de la bebé que falleció, mientras todos dormían al cuidado de una pequeña que todavía ni siquiera puede votar, pero tuvo la hidalguía y el coraje que le falta a muchos que ya lo hacen hace años. Qué pasa con esos sujetos cuya moral están tan por el suelo que no son capaces de hacerse cargo de un hijo, reconocerlo, criarlo, quererlo y ayudar a que su formación en la vida sea buena, más allá del vínculo que puedan tener o no con la madre y al menos darles una vida mejor que la que ellos tuvieron.
¿Por qué nadie se preguntó por ellos, los padres? Porqué nadie dijo nada ante la justicia y criticó el hecho de que a la mujer la mandaron a la hoguera por ser pobre y prostituta. Porque si fuera una médica de clase media, o la moza de un restaurante que ese día no tuvo otra que ir a trabajar porque si no perdía el empleo, o una funcionaria policial que tenía que ir a atender una comisaría, nadie, absolutamente nadie, le habría endilgado nada. Porque estas cosas pasan y porque la muerte súbita, es como su nombre lo menciona, súbita, viene sin avisar.
Entonces, qué fácil que juzgamos los casos. No vemos el bosque, nos quedamos con el titular y ya opinamos sin saber. No justifico nada, pero tampoco condeno. Solo digo que en ese caso puntual, hay una clara ausencia del Estado. Porque más allá de que el Mides dijo que le daba una tarjeta para que comprara víveres estereotipados como pobre en un supermercado de segunda, con eso creen que le solucionan el problema a quienes realmente lo tienen y justifican su presencia como ministerio y los sueldos que todos les pagamos, que por cierto, no son sueldos para vivir como los beneficiarios de esa cartera.
La conclusión, es que no puede haber un Estado tan liberal que piense que le arregla la vida a la gente con dinero, abandonando a una madre de cuatro uruguayitos a su suerte, y encima si le corre mal la vida, condenarla públicamente porque ejerce el meretricio. Y ni siquiera por haberse ido de la casa esa noche a trabajar.
Las leyes que la condenaron no son del Patriarcado como lo dicen algunas feministas, sino de legisladores ausentes con la cuestión social, porque en tres períodos de mayorías parlamentarias con bancadas oficialistas que discursearon tener igualdad de género, podían haber cambiado algo para contemplar estos casos. Pero aún seguimos esperando porque les hagan responsables también a ellos, porque los gurises no nacieron de un repollo, pero para la opinión pública y para el Estado, parece que sí.

HUGO LEMOS

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La llave en sus manos

Cuando uno escucha hablar a los analistas sobre cuáles son las principales preocupaciones que tiene la gente en el país, todos aciertan en dos temas: el empleo y la seguridad. Esos dos aspectos de la vida de los uruguayos parecen ser medulares a la hora de medir el impacto en el bolsillo y en la tranquilidad de las personas para poder desarrollarse y tener una vida plena.
Tras estos dos temas, aparecen luego otros aspectos bien fundamentales para la vida de la gente que son la vivienda, la educación, la salud, el acceso a los servicios, etc. Sin embargo, la relevancia parece estar centrada en los dos grandes temas como son el empleo y la seguridad.
El empleo, porque hay una situación bastante problemática con respecto a este, que es el hecho de poder saber dónde estamos parados de cara a la realidad y sobre todo a lo que se viene. El mundo se ha vuelto tremendamente competitivo y la falta de preparación para el desarrollo de una tarea específica cercena las posibilidades de mucha gente de poder asegurar o por lo menos tener la tranquilidad de que no le va a falta trabajo y con esto, el sustento diario.
Uno piensa todo el tiempo en estas cosas, máxime cuando tiene hijos, donde espera que los mismos recorran un camino mejor que el que hemos hecho los padres, para que no sufran los mismos contratiempos que podamos estar atravesando nosotros, por nuestras malas decisiones en el pasado. trabajo
El hecho de tener una preparación puntual es importante, porque uno sabe dónde y cómo poder explotar sus potencialidades y en ese sentido, poder destacarse en un tema, para sacar rédito y profesionalizarse.
Es que estamos ante el advenimiento de un mundo tendiente a la precarización laboral. Donde es más fácil para la parte empleadora que quien se postule para tomar un cargo, cuente como trabajador independiente con una empresa unipersonal y en tal sentido, puedan eximir su responsabilidad en determinados casos, y sobre todo en lo que refiere al aporte económico, no tener que pagar el régimen de dependencia, que impone el pago de salarios vacacionales y aguinaldos entre otros beneficios.
Así viene siendo el nuevo régimen de la economía liberal en muchos países de la región y el mundo, donde las relaciones laborales tienden a precarizarse y en tal sentido, a generar un estado de inestabilidad para aquellos que se ven suplidos por una máquina, en la llamada automatización laboral, por no contar con una preparación puntual.
Ese aspecto nos pone a todos a prueba, donde debemos saber encontrarnos frente al mundo que se viene, porque de lo contrario estamos fritos. Ayer veía a un joven con la mochila puesta del reparto de alimentos que se cumple a través de la aplicación Pedidos Ya. Estos regímenes de empleo han venido siendo denunciados por las organizaciones sindicales que entienden que los mismos no son tenidos en cuenta con la categorización y el régimen legal pertinente.
Pero el sistema legal que se ha conformado en torno a los procesos de modernización de las relaciones laborales, donde el uso masivo de la tecnología por parte de los usuarios incide y mucho en los consumidores y son los que después ponen las reglas de juego en el mercado, es proclive a que se haya tendido a la precarización cada vez más.
En uno de sus últimos libros sobre la relación del mundo del trabajo ante el avance de la tecnología a pasos agigantados, el destacado periodista argentino, Andrés Oppenheimer, escribió el título “Sálvese quien pueda”, refiriéndose al futuro de las relaciones laborales en las próximas décadas donde más del 50 % de los empleos que se conocen actualmente, desaparecerán totalmente por su falta de sentido y de utilidad en el mundo moderno.
Esto siempre y cuando todas las empresas se pongan al corriente con la tecnología, cosa que no ha ocurrido mucho en nuestro país, pero que de igual manera, el mercado se ha direccionado en ese sentido.
Si bien los principales candidatos de los distintos partidos políticos hablan del tema y manejan las cosas de esa forma, no profundizan en el tema con la finalidad de de no espantar votos. Pero la idea es mandarlos a estudiar y no solo robótica, matemática, informática, etc. Sino buscar la manera de generar formación específica sobre los requerimientos que el mundo moderno imponga en los próximos años.
Las escuelas públicas se preparan de una forma y la privadas de otra. Entonces todos esos planes deberían ser revisables a la hora de ser impartidos, para verificar si lo que se está enseñando es a mirar por la ventana el mundo que se nos viene encima. Nuestros hijos necesitan de eso, precisan que les enseñemos a mirar la tecnología ya no con los juegos de vídeo, que solamente los aliena y no los ayuda en nada, sino a bucear en los programas que les puedan brindar alguna utilidad.
La discusión, por más aburrido que parezca el tema, es importante y por lo tanto debe darse. No se discute más que en algún cenáculo que intenta abrir sus puertas, como el caso de Eduy 21, pero nadie le da mucho corte o al menos el indicado.
Salto se ha convertido en un polo de desarrollo educativo que debe ser potenciado por las autoridades, con el fin de que los mismos puedan enseñar temáticas referidas al medio y a la región, para que los pobladores de esta zona puedan servir aquí, conociendo el lugar que habitan.
Pero por ahora, parece que eso está lejos de ser comentado. La gente se preocupa por tener un empleo que le permita comer y pagar las cuentas, pero no por preparar a sus hijos para el país que se viene. Esa falta de mirada al corto plazo es la que nos pone antiparras para ver la realidad. Y cuando vemos que se pierden puestos de trabajo, no es por el liberalismo económico solamente, o por la presión tributaria que imponen los gobiernos de izquierda, sino por la falta de mercado y de personas preparadas para ofrecer sus servicios desde sus potencialidades y así ganarse el pan dignamente sin que otro les dé de comer en la boca.
Llegó la hora de discutir sobre estos temas. Alguien tendrá que asumirlos por más costo político que haya. La gente quiere empleo, y quizás la llave para conseguirlo, está en sus propias manos.

HUGO LEMOS

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Los niños no merecen eso

Por la pedregosa y en mal estado calle Defensa, en el conocido barrio Williams, luego que se toma desde la avenida Manuel Oribe hacia el norte, se cruza por el denominado Centro de Rehabilitación de Salto, que es en realidad lo que una vez fuera la cárcel departamental, cuando en otras épocas se manejaban otros conceptos. caos
Quiso una ley, en cierta medida, más a la fuerza que con recursos y programas, que se generara una evolución de los términos y con ello de los planteos que hace el mismo sistema, con el fin de que ahora se pase a llamar Centro de Rehabilitación.
La idea está buena, hay proyectos, programas en ejecución, nuevos funcionarios sin armas y con una concepción que parte desde la educación como base y muchas buenas intenciones plasmadas en los funcionarios el lugar de sacar las cosas adelante y se han logrado resultados positivos en muchos aspectos.
Pero hay algo que sigue haciendo ruido y es la presencia cada vez más, de niños que están en ese estado de reclusión junto a sus madres, en un recinto penitenciario, que por más que le quieran poner el nombre que quieran, ese detalle está presente y genera que en una institución estatal, haya niños que canten, bailen, se conozcan y jueguen en un espacio rodeado por alambrados con púas para evitar fugas y guardias que no los dejarán ir muy lejos llegado el caso.
Ese tema es uno de los debes más importantes que tiene el Estado en materia de derechos humanos. El Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA) establece la protección del Interés Superior del Menor como una de las premisas fundamentales para la evolución del cuidado de los más pequeños y por lo tanto vulnerables de este país.
Si bien es cierto que hay una ley que permite a la madre convivir su estadía en prisión con los niños hasta cierta edad y siempre y cuando el pequeño no tenga con quien vivir y desarrollarse en las condiciones adecuadas.
Pero teniendo en cuenta varios factores, la ley no está hecha para proteger al menor, sino para darle cabida a la madre, porque está pensada con el fin rehabilitador para la misma. Sin tener en cuenta el daño psicológico que se le puede causar a un niño, el hecho de crecer en un estado de reclusión, que por más al aire libre que sea, le va a generar un sentido de encierro que es habitual, y rigores propios del lugar donde están alojados.
Así las cosas, ayer se celebró un nuevo Día del Niño en el país, por más que se trate de un día comercial, tiene una connotación especial por el ser el día dedicado a los más pequeños y todos los que somos padres tenemos en cierta medida, una empatía con la situación que están viviendo los infantes de todo tipo.
Por esa razón y más allá de que uno sepa que los funcionarios del INR le pueden poner a mejor voluntad al asunto, y que trabajen denodadamente para que esos niños crezcan como si estuvieran viviendo en un complejo de viviendas pasajero, donde tienen muchas veces mejores condiciones que en el afuera, los derechos de esos niños desde que pisan una cárcel en condición de acompañantes permanentes de una interna, pasan a ser parte del inventario del recinto cuando esto no debería suceder jamás.
Y esta situación no depende de los funcionarios, que muchas veces se involucran hasta emocionalmente con los internos porque se ponen del lado de su situación de vida, para poder ayudarlos desde ese estadio, pero sí depende de las autoridades promover leyes que ayuden a los internos a tener políticas de rehabilitación por sí mismos.
Aunque lejos de los niños, que estos no conozcan el funcionamiento de una cárcel por dentro, que no sepan ni cómo son las paredes del lugar, que no estén enterados de la ubicación de la misma, sino que se les brinde a ellos la mayor contención posible lejos de allí. Justamente porque son población vulnerable y afectada por esta situación, y si crecen detrás de una reja, o de un alambrado, cuando tengan 12 o 15 años ¿qué temor le pueden tener al poder punitivo del Estado si ya lo conocen intramuros?
Y si eso ocurre, ¿qué clase de sociedad estamos creando? ¿Qué población tendremos en el futuro inmediato, cuando los mismos sean adolescentes y sepan que pueden, llegado el caso, enfrentarse a las autoridades porque de última la sanción más grave es volver a vivir donde estuvieron en su infancia?
Tenemos que pedirle a los legisladores y a las autoridades penitenciarias que analicen una mejor situación que la actual y al poder político todo que destine los recursos necesarios para resolver este asunto, porque cuando hablamos de que la sociedad está más violenta y se quebraron los códigos de conducta, estamos contribuyendo con esto, a una parte importante de esa situación social desgarradora que termina en violencia.
Por lo que el Interés Superior del Menor del que habla el CNA, lo estamos desprotegiendo hace rato.

HUGO LEMOS

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Como dijo Roberto

Cuando uno recibe un golpe fuerte, la vida te pasa como una foto en un segundo. Todos los momentos más elocuentes se suceden uno tras otro como un álbum de fotos y lo primero que aparece es la culpa, ese sentimiento negativo que nos deja hecho trizas hasta darnos cuenta que el tiempo que pasó, es tiempo perdido, porque no vuelve atrás y porque lo que no hicimos, o hicimos mal, ya está.  pepa
Entonces ahora lo que resta es poder tratar de hacer las cosas bien, mirar hacia adelante y ver si lo que queda, que uno nunca sabe hasta cuándo es eso, tiene que intentar recomponerse y hacer lo mejor posible todo.
A modo de ejemplo, nada más claro que lo que le dijo Tabaré Vázquez a Edgardo Novick, el día que el presidente perdió a su esposa. Cuenta el líder del Partido de la Gente, al salir del velatorio de la Primera Dama, que cuando se acercó a saludarlo al presidente, lo encontró “triste como nunca antes lo había visto”.
Y señaló que con las pocas fuerzas para hablar que le quedaban, éste le dijo: “uno se pelea por las cosas chicas, cuando en realidad las cosas importantes de la vida son estas, la familia, los hijos, los amigos. Y uno por lo general las descuida en el día a día”, comentó Novick sobre los dichos de Vázquez, dándole, por supuesto, la razón absoluta en sus palabras.
Todas estas cosas nos traen a colación que la vida es un camino que pasa rapidísimo. Que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que nos está sucediendo, como dice el gran John Lennon, “la vida eso que sucede mientras estás ocupado haciendo otras cosas”. Y cuando el peso de las cosas caen, porque olvidamos tomar en cuenta lo que realmente teníamos que tomar en cuenta, se nos viene todo a la mente de un momento a otro, y no podemos, muchas veces no queremos, reconocer que nos equivocamos, al dejar solos a quienes siempre debimos acompañar.
El otro día veía a un amigo, quien carga con la peor cruz que puede cargar un ser humano, que es perder un hijo, y al contarle mis pesares, porque me preguntó cómo estaba y tuve que decirle algunas cosas, que como todo el mundo, tenemos nuestros días buenos y nuestros días malos, me dijo: “prefiero cien veces estar en tu lugar, que en el mío”. Refiriéndose a que tenía mucho por qué luchar, cuando veía que la sombra de los momentos tristes, me agobiaban y que todo podía calmarse con la tierna y única sonrisa de mi hijo.
¿Pero qué te pasó? Podría estar preguntándose usted, y en realidad nada más que tropezones de la vida que enseñan que las cosas son efímeras, que la vida te da y te quita pero que siempre es aprendizaje.
Iba a escribir esta columna sobre el hecho de que nos traten como el centro de la droga porque alguien serio apareció y animó a abrir los contenedores que nadie abría, a revisar los bultos que nadie tocaba, a mirar los puertos de salida que todos querían evitar, pero en donde todos sabíamos que pululaba el delito, mientras nos distraían en Salto con medidas tan fútiles como engañosas como el cero kilo.
Mientras en la esquina de mi casa, pasaban durante las 24 horas camiones cargados con vaya uno a saber cuánta droga que ingresaba al país desde lugares limítrofes como Paraguay o Brasil con destino a algún barco carguero que esperaba paciente y tranquilo en el puerto de Montevideo, porque sabían llegar con impunidad hasta el lugar.
Entonces que ahora descubran, o dejen al descubierto que es otra cosa, algunos cargamentos de los cientos que han pasado y de los que seguirán pasando, para distraer a la población mientras otros cargamentos se irán y todos tomarán el tema como una cuestión electoral, parece un chiste de mal gusto.
Y qué tiene que ver todo esto con el tema que mencioné al principio, es que siempre hay algo chico, a decir del presidente Vázquez, de lo que uno tiene que preocuparse, porque es la manera de distraer nuestra vida y de ver las cosas de otra forma.
Pero mientras esto pase, mientras todas esas cosas que vemos a diario en la televisión sigan sucediendo, nos vamos a seguir olvidando de las cosas importantes, vamos a seguir mirando para otro lado y vamos a darnos cuenta que estamos fallando a quienes más nos necesitan.
Entonces, la moraleja es tratar de fallar lo menos posible, porque si sabemos que estamos equivocándonos, que estamos haciendo mal las cosas, que en el ejemplo que puse: la droga seguirá pasando por el mismo lugar de siempre delante de nuestras narices, entonces paremos la mano, hagamos algo y detengamos no solo ese, sino todos los cargamentos y evitemos la muerte lenta y dolorosa a la que nos sometemos nosotros mismos.
El cambiar las cosas está en nosotros mismos, y si no nos damos cuenta de eso, como decía el personaje de Roberto en el cuento de Dailan Kifkí de Marías Elena Walsh, “estamos fritos”.

HUGO LEMOS 

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Que por lo menos haya debate

Dos personas llegaron hasta el Liceo Nº5 ayer domingo por la mañana y antes de entrar miraban para todos lados, tenían temor de ser perseguidos, escrachados y maldecidos por alguien. Pero después de mirar con cara de espanto a quienes por allí pasaban, entraron sin dudarlo y se dirigieron a la mesa de votación. debate
“Parece que hemos perdido la libertad”, dijo una de las personas, “si nosotros queremos venir a votar lo que nos parece, pero estamos a contracorriente de lo que se ha impuesto éntre la opinión de la gente, tenemos que pedir disculpas y entrar a votar con miedo que nos puteen”, dijo una mujer a los presentes cuando la miraban en la puerta del centro educativo.
Creo que la consulta popular realizada ayer no tenía que medir necesariamente un resultado concreto, no tenía que generar una guerra entre buenos y malos, ni tampoco tenía que poner de un lado a los que no quieren a las personas trans y del otro lado a los que sí las quieren.
Sino que lo que podía establecer la consulta popular realizada en la pasada jornada, generaba algo más de fondo, algo que los uruguayos tenemos que entenderlo de otra manera y que deberíamos saber que es muy importante para la convivencia pacífica entre todos, que es alimentar la discusión pública de los temas que realmente importan.
En el país estamos acostumbrados a que se voten leyes con las que no estamos de acuerdo, pero que debemos acatar porque los parlamentarios, que nosotros mismos votamos en las elecciones del 26 de octubre del 2014, fueron los que aprobaron con sus manos esta normativa. Ley de la que muchos habríamos querido aportar algo antes, pero de la que el sistema se encargó de laudar por los caminos institucionales.
Entonces habría sido sano, a mi juicio, que se alcanzaran los votos que se necesitaban y que así lo requería la instancia de ayer, para que se abra una discusión pública sobre el tema, para que se ahonde en este caso y para que se diga lo que se tiene que decir sobre cada aspecto que está planteado en esta norma.
Yo no estoy en desacuerdo con que se le concedan derechos a determinados colectivos sociales porque los mismos han sido históricamente postergados, no quiero que le prohíban su identidad sexual, ni tampoco que se les quite la reparación pecuniaria a las personas trans que sufrieron castigos por su condición de tal en el período dictatorial que vivió nuestro país. Considero que no solo se trata de derechos adquiridos en esos casos, sino que también se trata de una reparación justa y necesaria.
Pero no estoy de acuerdo, por ejemplo, y defendiendo mi opinión como una más y no como una verdad absoluta pero sí tan válida como las demás, de que el Uruguay debe ser un país de derechos y no de privilegios. No podemos darle determinados privilegios a unos y no atender los derechos de otros, porque eso atenta contra nuestra concepción republicana donde “nadie es más que nadie” y donde por mandato de nuestra Constitución “todos somos iguales ante la ley”.
Por esa razón, no creo en las leyes de cuotas, porque posicionan a algunos uruguayos sobre otros, cuando en realidad lo que deben hacer es ratificar esa situación de igualdad poniéndolos en igualdad de condiciones como debe ser.
En tal sentido, creo que si prosperan los centros de hormonización públicos, donde el Estado se hace cargo de los mismos, no es justo con otras situaciones que también son vulnerables y que requieren de una atención urgente de parte del Estado y no serán contempladas por la falta de recursos que aducen todos los gobiernos para ello.
Me refiero a que si prospera un centro de esas características por parte del Estado, y todos nosotros solventamos esos procesos para cumplir la voluntad de determinadas personas, también se deben volcar recursos para la creación de centros de rehabilitación de personas adictas a la pasta base, algo que las madres y familiares piden hasta el cansancio, porque no cuentan con los recursos para enviarlos a una clínica donde puedan tratarlos para salir de esa terrible adicción. Y el Estado siempre les contesta lo mismo, no podemos construir centros de rehabilitación porque no se cuenta con recursos para ello.
Tampoco, aunque hay que reconocer que sí se hace pero son casos contados con los dedos, el Estado responde con la mayoría de los casos en los que hay niños y personas de todas las edades con cáncer, que necesitan cubrir tratamientos costosos.
Por ende, mal podría el Estado, que en definitiva somos todos, que Uruguay no tiene plata para construir un centro de rehabilitación o para pagar un tratamiento a un niño con cáncer, pero sí puede costear un tratamiento para las personas que integran estos colectivos porque son vulnerables y necesitan desarrollar su condición.
Estoy de acuerdo con esto, que desarrollen su condición, que sigan teniendo acceso a la educación, a la salud, a la justicia y a la libertad de poder vivir su sexualidad, como lo reclamaban en un spot de la Unión Trans del Uruguay, donde nadie plantea derogarle estos derechos, y es falsa y animosa esa falacia construida desde ciertos grupos de que se pretende sacarle derechos, porque además es algo imposible, por el mero hecho de que son tan uruguayos como usted y como yo.
Pero no se le puede dar privilegios a determinadas personas y negarle a su turno, a otras personas, el acceso a otros derechos como el de curarse en manos del Estado ya sea por un centro de rehabilitación que hoy no existe o por un tratamiento para una enfermedad terminal.
Pero más allá de este aspecto puntual, que repito, es solo una opinión con la que se puede estar o no de acuerdo, creo que era necesario y aún lo es, que se debate públicamente todo este tema y que haya una discusión entre los uruguayos sobre qué sociedad queremos. Creo que eso es lo más importante hoy y siempre. Más fácil es negar algo o decir del otro lado, que se plantea porque hay odio. Son facilismos que me cuesta aceptar.

HUGO LEMOS 

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Reconocer la inseguridad

Un Policía muerto y otro gravemente herido, esos dos episodios que acababan de ocurrir opacaban la alegría que podían sentir las autoridades de la Guardia Republicana, que el pasado martes llegaron a Salto para inaugurar la tercera base de esas fuerzas especiales que tiene la Policía uruguaya, en nuestra ciudad. inseguridad
«Quisiéramos que fuera un día de alegría, pero con hechos como éstos que no podemos ignorar, no lo es», dijo el comandante de esa fuerza, Alfredo Clavijo, que en cierta medida volvió a poner sobre la mesa que el de la seguridad, es uno de los dos temas más importantes y preocupantes que estamos viviendo como sociedad y que por eso, en buena hora, la fuerza que él comanda, se extendió a todo el país y empieza a cumplir con la función que su mismo nombre impone, Republicana, de República, es decir de toda la República.
Pero lo que más preocupa es la falta de respuestas que ha tenido la Policía para terminar con hechos delictivos que lo que han generado, son inseguridad y miedo en la población, y una reticente discusión de parte de las autoridades políticas que queriendo combatir un nuevo frente de batalla con la oposición, solamente han dicho que se trataba de una sensación térmica. Cuando en realidad en todo el país se han vivido problemas de todo tipo y color con la delincuencia.
Que el gobierno haya destinado recursos a la Policía, que diga que hacen falta más efectivos, que inauguren destacamentos, comisarías y unidades en todo el país, solamente confirma que el problema de seguridad sí existe, que la violencia intrínseca que vive nuestra sociedad desde su entramado más duro, es algo que realmente ocurre y no un invento de los medios de comunicación como se ha achacado desde el oficialismo en todo momento, y esto, en un año electoral ya es decir bastante, porque es animarse a más.
Que el ministro del Interior admita en Salto, que tienen problemas para combatir el delito trasnfronterizo, que necesitan coordinar más con la Armada Nacional porque el río es una frontera muy vulnerable para que prevalezca el accionar de la delincuencia, que es por donde más ingresa droga desde la Argentina, también habla de los problemas que aún existen y que cada año, cuando la Policía cree que avanzó dos pasos, el delito está tres adelante y hay que seguir luchando para poder combatirlo.
Pero que lo haya reconocido, ya habla de los problemas estructurales de violencia que tenemos como sociedad, no sean un tema tabú, ya es muy importante, porque poner la cabeza en esta clase de temas nos pone en el eje de la discusión y justamente lo que hace falta para avanzar, es estar metidos en la discusión.
No podemos estar ausentes de lo que está pasando, porque como sociedad no lo estamos, entonces mal podrían estar las autoridades que hasta el momento sí lo estaban y nos dejaban a todos en off side, cada vez que queríamos preguntar porqué había un avance significativo de los problemas delictivos y siempre se relativizaban, porque se decían que los mismos no existían y que la siembra de pánico era impulsada por actores políticos.
En los últimos días, el ministro Bonomi le terminó dando la razón a la gente al instalar, al grito de un pueblo entero que estaba cansado del avance de la delincuencia, una base de la Guardia Republicana en Salto, lo que da la pauta de que no solo la gente tenía razón, sino también de que los problemas existen. Y al reafirmar tantas veces que los problemas existen, alentamos la discusión pública en cuanto a las exigencias de la gente en que haya resultados cuando las cosas pasan.
Días pasados, el comando de la Jefatura de Policía, convocó de manera urgente a una conferencia de prensa con la finalidad de dar a conocer que habían aclarado un crimen cometido en la localidad de Villa Constitución, cuya víctima fue un conocido comerciante del lugar. Los autores del crimen, no eran más que lugareños que estaban a pocas cuadras de donde había ocurrido uno de los hechos que más alarmó a la opinión pública local. Pero la Policía tardó algunas semanas, hasta que pudo dar con estos delincuentes y allí se hizo eco de lo que siempre le reclama la gente, resultados.
Por eso, en esa conferencia de prensa, hicieron alusión a que «la Policía investiga, no se queda sentada esperando, sino que investiga», palabras más, palabras menos, fueron las pronunciadas por una de las autoridades de la jefatura local para hacerse eco de lo sucedido y para resaltar el trabajo que en este caso culminó con éxito.
Pero la idea no es sacarse cartel, ni jugar a mostrar la cabeza del villano ante una turba enardecida para calmar su sed de venganza, sino que es buena cosa que también hagan conferencias de prensa donde pemitan que la misma los interrogue acerca de los casos que faltan por esclarecerse, con el fin de que los mismos sean parte de la discusión.
No de un debate sin sentido, ni final, sino de un análisis de qué Policía queremos, de qué resultados tenemos ante la falta de seguridad que tiene la población, de qué cosas son las que nosotros como ciudadanos hacemos mal a la hora de cuestionar el trabajo policial y qué hacemos bien.
«En este mundo mientras existan los malos, delitos va a haber, pero por suerte somos más los buenos y son a los que nosotros tenemos que defender», expresó Alfredo Clavijo cuando fue consultado por una colega sobre la realidad de la inseguridad en el país.
Yo creo que esto no es cosa de buenos o malos, es un tema de sociedad en la que vivimos. El concepto de malos, pasa por quienes crecen en el mismo mundo que nosotros y a ellos no les damos respuestas, luego los marginamos y les exigimos que sean buenos. Pero nosotros, los que no hemos delinquido nunca ¿somos todos buenos? Ya es una discusión filosófica que nos llevará un siglo.
El tema es que el gobierno ahora reconoce que hay problemas graves de seguridad en el país, y que los mismos, junto con los del empleo, son los principales aspectos a resolver al corto plazo y que además uno está atado al otro, por lo tanto, lo de la Guardia Republicana el otro día, fue mucho más que la inauguracion de una base, fue un reconocimiento oficial de que algo malo está pasando y de que llegó la hora de actuar en serio, por más que eso signifique menos votos en octubre.

HUGO LEMOS

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Podemos tomar las decisiones

Las discusiones de los temas que importan, son justamente las que nunca se discuten. Por lo general, la gente busca entretenerse con temas nimios, banales y que no los hagan pensar tanto, para no afectar sus vidas, plácidas y parsimoniosas. Aunque de vez en cuando está bueno poder sacudir la modorra y entender lo que está pasando, después estará en cada uno de nosotros seguir el tren, o quedar en la estación mirando, hasta con la mirada perdida, las vías por donde todo transcurre y que nos tiene a nosotros, la mayoría de las veces, como espectadores.
Días pasados tuve el privilegio de compartir una instancia con Nicolás Albertoni. quimera Un joven salteño que ha dedicado la etapa más próspera de su juventud a estudiar, pero a estudiar para formarse, para aprender y para utilizar todo ese conocimiento adquirido haciendo aportes, que más allá de la relevancia de los mismos y que puedan ser tomados o no en cuenta, es importante que los haga, sobre todo con tanto ahínco y devoción preocupado por la salud de su país.
Pocas veces vemos a líderes políticos, empresariales o personas de distintos ámbitos de la sociedad que tienen cierta ascendencia sobre el resto de los mortales, preocupados por querer darle algo a la comunidad de la que forman parte, como lo hace este joven salteño pero radicado desde hace algún tiempo en los Estados Unidos, aunque según él, con el pasaje de vuelta ya comprado.
Es importante, no solo destacar la figura de Albertoni, que empuja para ver cómo un muchacho que apena pisa los treinta años ha logrado dar tanto y generar tantas cosas con el fin de que la gente de su país, pero sobre todas las cosas de su ciudad, vea, no a él, porque ni es un rock star ni pretende serlo, sino que siempre que se quiere y que se trabaja en serio, se pueden generar aportes para sacudir la modorra y para aportar a una discusión que como sociedad nos hace falta.
En el Uruguay actual estamos imbuidos en un proceso electoral que dirá mucho de nosotros como país. Porque es un momento de decisiones, habrá un punto de inflexión en pocos meses, precisamente el 27 de octubre primero y el 24 de noviembre después, donde los uruguayos decidiremos qué país queremos para los próximos años. Donde le pondremos el cartel de administrador y gobernante a alguien que, o pretende continuar con las políticas públicas que conocemos hasta ahora, o vendrán con la pretensión de hacer algunos cambios que según ellos harán bien a todos.
Sin embargo, la mayoría de la gente ni siquiera se pregunta qué pasará después de esa fecha, donde todos estamos obligados, encima eso, obligados a elegir a uno u otro modelo de país. Hay quienes dicen que el barco navega solo y que más allá del capitán de turno que puede llevarlo hacia olas terroríficas o saber alejarlo de ellas, el buque sabrá atravesar las aguas que les imponga el destino. Mientras que otros aparecen como los salvadores y dirán que lo hecho hasta ahora ha sido mejor que nada de lo que se ha hecho hasta ahora y así, siguen varios.
Pero lo que más nos ocupa hoy a buena parte de la población, es preguntarnos, ¿por qué la mayoría de la gente no le da importancia a la situación general del país, como para tomar en cuenta las propuestas de todos, debatirlas, cuestionarlas, tirarla abajo y volverlas a levantar, para que de todo ese remolino surja un viento que nos favorezca?
Creo que es porque el propio sistema se ha encargado de que la mayoría de la gente solamente se preocupe por saber cómo va a hacer para parar la olla, pagar las cuentas y encima poder dormir y levantarse al otro día, sabiendo que la rutina es la misma, comprar la comida y tratar de pagar las facturas lo más en fecha posible.
Entonces están muy ocupados con sus aburridas vidas, como para tener que pensar y es ahí donde encontramos el mayor de los problemas. Nadie está pensando nada, entonces luego vienen los reproches por la situación de la economía, la inseguridad, los desperfectos que tienen los sistemas como la educación, la salud, la justicia, los servicios públicos, etc., etc.; y si la rosca será tan lenta y obcecada que ¿a quién le terminan pidiendo soluciones? A los mismos políticos hacedores de un sistema que mantiene ocupada a la gente para no pensar ni debatir nada. Porque cuanto más se cuestione, más fuerza agarra el cuestionamiento y hay riesgo de perder espacios de poder.
Pero hay que discutir, discutir y analizar, y debatir con quienes aparecen con las soluciones mágicas abajo del brazo, interpelarlos para ver por qué no han hecho hasta ahora lo que hoy prometen como fácil, pero no dejar de cuestionarlos, recibirlos con una pregunta y hasta darles una respuesta si es necesario.
El exembajador Pelayo Díaz, un salteño de galera y bastón, que tuve el privilegio de conocer el día de la presentación misma del libro de Albertoni “Uruguay como Solución”, dijo una frase adjudicada al extinto presidente norteamericano Harry Truman, pero que a mí me quedó en la mente: “las decisiones las toman los que están sentados en la mesa”, dijo. Y es cierto, nada más real que esa frase.
Si nosotros como sociedad, no nos sentamos a la mesa para tomar las decisiones debatiendo, analizando y cuestionando, no podremos decidir absolutamente nada. Y de esa manera seguiremos destinados al fracaso y a ver cómo dos o tres se arrogan la posibilidad de ser quienes nos definan la manera de vivir y nos coarten las posibilidades de desarrollo.
Así que nunca tan bienvenido este aporte de Nico, para que podamos ver en nosotros mismos al país como solución, donde el motor de nuestro futuro está a nuestro alrededor y donde para hacerlo andar, solo tenemos que usar la llave que tenemos cada uno dentro, explorando, pensando y sobre todas las cosas decidiendo por nosotros mismos. Porque es muy importante estar en la foto, pero para eso hay que estar en el lugar donde va a ser tomada, sabiendo cuando es el momento.

HUGO LEMOS

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Un sentimiento permanente

Hay pocos sentimientos más nobles, importantes y profundos como el de ser padre. Es una realidad que uno va asumiendo paulatinamente con el correr del tiempo, hasta sentir una energía extraordinaria, un amor indescriptible y una inexplicable fuerza que nos atrae hacia ese ser de luz que es el que nos da ese noble y honroso título. padre
Pero este día, que de comercial tiene mucho, porque la mayoría de la gente ofrece un regalo material como muestra de gratitud hacia el homenajeado, también tiene mucho de sentimental, porque lo que se nos pasa por la cabeza ese día a los que somos padres solamente es agradecimiento puro, por tener la oportunidad de ser.
Y también este pasa a ser un día ideal para hacer una retrospectiva, para mirarnos un poco hacia adentro y ver cómo estamos parados frente a la vida, en un momento donde las preocupaciones campean, el stress domina y los problemas están a la vista, es destacable ponerse a ver cómo hemos recorrido el camino que nos ha llevado hasta la situación en la que nos encontramos y darnos cuenta que solo nosotros podemos desentrañar ese nudo que hemos hecho, si ese es el caso.
De tal modo que nuestra principal tarea como padres, debe ser no preocupar a los otros, para que los nuestros se sientan protegidos y sepan que no son ellos los que deben soportar el peso de nuestros errores, sino que somos nosotros mismos los que debemos corregir la situación que nos rodea.
Aunque lo más hermoso de ser padre está en poder ver a nuestros hijos sanos, motivados y felices. Más allá de que ellos tendrán sus cruces como todo el mundo, lo más lindo de ese sentir especial que es la paternidad, es ver a nuestros hijos desarrollarse en la vida, cumplir sus metas paulatinamente, ir detrás de objetivos que los entusiasmen y los hagan sentir plenos cuando los alcanzan y frustrados cuando no, pero en todos los casos con el aprendizaje a cuestas.
Además de verlos gozosos de salud, con todo lo que eso implica, con muchas ganas de hacer cosas y observarlos crecer con sus dudas y sus alegrías, preguntando, aprendiendo y enseñando con cada una de sus actitudes. Porque en definitiva, este tránsito que es la vida no es más que una escuela cargada de lecciones a diario para todos y entre todos.
A mí ser padre me llena de orgullo. Aunque muchísimas veces me cuestiono las cosas que hago mal, porque entiendo que mis errores dependiendo de la magnitud de los mismos recaerán en mayor o menor medida sobre mi hijo, por eso debo tener en cuenta que cada vez que actúo o sobre todas las cosas, cada vez que me quedo quieto y no lo hago, el que va a sentir mi manera de desenvolverme en la vida, es mi hijo.
Quien no debe cargar con mucho sobre sus hombros, porque en definitiva lo que él debe sentir es tranquilidad, paz y seguridad para crecer sanamente, haciendo lo que más le guste y sintiendo que siempre habrá alguien que tratará de guiarlo, acompañarlo y estar con él, de la mejor manera posible, en las buenas y en las malas, esa en cierta medida es mi modo de ver la paternidad. Me implica una enorme responsabilidad, un inmenso compromiso sobre todo conmigo mismo para que él no atraviese dificultades innecesarias, ni adversidades emocionales, pero sobre todo me otorga un profundo orgullo y amor, el hecho de saber que él está ahí, diciéndome “papá”.
Quizás estas palabras son las que me están surgiendo ahora a medida que voy escribiendo lo que me sale mientras pienso en su cara única e irrepetible. Es alguien que solo verlo sonreír me emociona hasta las lágrimas, y me da alegría inconmensurable, pero también me llama a la responsabilidad para no fallarle ni a él ni a la vida, que esperan que al menos en eso, uno sea lo mejor posible.
Muchos de los que somos padres hacemos paralelismos entre nuestro rol de padre y también el de hijo. Nos ponemos a pensar qué hubiera hecho nuestro padre en tal situación y tratamos de hacer, por lo general, lo mismo, o en algunos casos, todo lo contrario. Pero en esos casos es cuando más nos damos cuenta que las enseñanzas están todo el tiempo y atraviesan todo el transcurso de nuestras vidas.
Nos retrotraen a cuando éramos niños y buscamos acordarnos de las cosas que nos decían y que hacían nuestros padres, para trasladarla a nuestra conducta como padres y aplicar lo mejor posible la situación con nuestro hijo. Porque él es el destinatario de nuestro sentir y nuestro querer; y ahí no podemos fallar.
Padre se es siempre, cuando se quiere y cuando se está, más allá de que nuestros hijos estén físicamente o no junto a nosotros. Porque hay muchos que siguen siendo padrazos de esos niños o personas que han partido, y que ellos, cargando con la cruz más grande que pueda soportar un ser humano que es la pérdida física de un hijo, siguen adelante y mantienen presente su imagen, siendo de esa forma más padres que nunca.
Con estas palabras solamente quise compartir con ustedes, algunas reflexiones que me dejó este día, que pasó de ser un día comercial a ser “el” día, en el que uno se mira al espejo y busca observar lo que por general no observa ni contempla durante el resto del año. Igualmente el sentimiento de ser padre es permanente e indescriptible. Felicidades a todos los padres.

HUGO LEMOS

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Una cara distinta

El sol apenas había asomado en la tarde, pero como si tuviera que honrar un compromiso con los pronósticos anunciados por Meteorología, no podía picar mucho y es más, si estaba a su alcance, debía ocultarse tras alguna nube. Así estaba el sábado de vacaciones de invierno. Era un día gélido como pocos en el año, pero también era un día muy pintoresco. promesa
El cielo mostraba algunas nubes que daban cuenta que ni bien se ocultara el astro rey, las temperaturas bajarían mucho y de manera rápida, como para que todo el mundo se pusiera a buen resguardo. Aunque mucha gente vivió como si fuera un sábado más y salió a la calle porque además precisaba obtener resultados.
Así, la feria que se instala durante los fines de semana en la avenida Rodó estaba allí, intacta, esperando por los clientes que andaban de a puñados, mirando mucho, pero pensando demasiado y apretando lo que llevaban consigo, aunque cuando lo soltaban era porque lo que iban a comprar valía la pena.
Se trata de una feria de objetos de segunda mano, sobre todo de ropas y calzado. Había mucha ropa que alguien ya había usado, algunas de las prendas estaban notoriamente utilizadas por alguien que llegado el momento no las quiso más y las ofreció a la venta. Allí vino otro que le sirvió y pagando menos por su condición de segunda, se la llevó puesta.
Muchos ojos redondos mirando juguetes y otros más achinados con ceños fruncidos por momentos, mirando calzados de número bajo y no tanto lo que hace reír y divierte a los más pequeños. Pero la necesidad es la que impera en todos los que allí van y encuentran sanearla por momentos, con alguna compra que les hace más llevadera su existencia.
Nadie se preocupa por el mucho o poco uso de las prendas, la mayoría quiere que le sirvan y sobre todo, quiere poder pagarlas que es lo más importante. Los niños juegan alrededor sin enterarse ni tampoco importarse demasiado. Sus llantos, gritos o miradas sin habla son las más frecuentes.
Los vendedores del lugar no son como los que se instalan en el paseo de compras, que gritan los precios y ofrecen sus productos, con el clásico “pregunte que no molesta”. Allí no hay una competencia de precios, ni mucho menos de ventas. Nadie está esperando vender más para comprarse una camioneta o dos, de las caras y mostrarle al otro lo bien que le va con el negocio.
Los vendedores de la avenida Rodó andan muchos de ellos en moto, son trabajadores, algunos de ellos trabajadores sin trabajo, que salen a buscarse una forma de ganar la vida y llegan a comercializar lo que tienen, para generar un intercambio con gente que tiene casi la misma necesidad que ellos.
Son feriantes, pero feriantes diferentes. Son personas que trabajan casi por un bien común, desprendiéndose de lo que tienen para lograr hacerse de un peso que les permita a ellos y a los suyos poder vivir en este país tan caro, con muchas diferencias sociales y una fragmentación que a esta altura ya asusta.
Esa gente que estaba en el lugar no son los que están en el sistema comprando con tarjetas de débito, esas que el gobierno impuso que todos debemos tener y que hasta alguno de los adláteres de la izquierda salió a decir que tener una tarjeta y cobrar por cajero, era un derecho humano de las personas de este país. Algo que está lejos de la realidad, ya que la bancarización es una de las causantes que la gente se haya quedado sin disponible en sus propios sueldos.
Quienes quedaron afuera del sistema son los excluidos de siempre, que andan trabajando por lo poco que les paguen y a los que justamente ese “derecho humano” de la inclusión financiera no les alcanza. Porque ellos también deben pagar por fuera todo y quedar desamparados si mañana necesitan recibir un beneficio del Estado o un servicio de calidad, algo que seguramente no conocerán nunca.
Mientras tanto en las redes sociales los defensores de unos y de otros hablan de cosas tan banales y adulteran todos los datos habidos y por haber de la condición socio económica de nuestra gente que ya da asco leerlos, pero a todos. No se puede confiar en aquellos que dicen que nos va tan bien, ni tampoco en los que asustan que nos va tan mal. No son creíbles, son mezquinos, solo piensan en sus intereses y eso nos sigue condicionando como sociedad.
Por primera vez en 15 años no sé quién va a ganar el 24 de noviembre en el balotaje. Pero lo que sí sé es que tendrá que hacer las cosas diferentes y tratar de que ese brazo estatal de la justicia social alcance a unos cuantos que hoy están afuera, porque en la avenida Rodó los sábados de tarde, hay una cara que no va al Día del Centro, que no acumula millas para viajes, que ni siquiera va al bagashopping, y que solo quiere ser parte de un mundo, del que cada día lo dejan más afuera.

HUGO LEMOS

 

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Lo bueno es poder ir

La del próximo domingo serán las quintas elecciones internas de los partidos políticos, después de la reforma constitucional aprobada aquel 8 de diciembre de 1996, donde el sistema electoral fue reformado en su totalidad con el fin de darle posibilidad a los nuevos escenarios políticos que ya se avecinaban por aquel entonces. elecciones
Yo todavía no votaba, pero recuerdo al entonces ministro del Interior del segundo gobierno de Julio María Sanguinetti (que fue uno de los impulsores de esta reforma), Didier Opertti (a la postre convertido en Canciller, cargo en el que terminó debido a que es un experto en derecho internacional) abrazarse con los integrantes del gabinete de aquel momento frente a las cámaras de la televisión, exultantes por los resultados alcanzados.
Allí comenzaron a materializarse las llamadas por el dos veces presidente y actual precandidato colorado, Julio María Sanguinetti, “familias ideológicas”. Si bien el entonces presidente entre 1995 y 2000, lo había formalizado con el entonces líder del Partido Nacional, Alberto Volonté, tras el parejo resultado electoral de 1994, donde el Frente Amplio obtuvo el 29% de los votos, los blancos el 31 y los colorados ganaron con apenas el 33%, la cosa se veía venir.
Fabricaron un sistema electoral acorde a lo que ellos creían que les iba a permitir alcanzar el gobierno con las mayorías necesarias como para no darle demasiadas atribuciones a la oposición y eso se cristalizó en la primera prueba de fuego del sistema, en las elecciones nacionales de 1999, cuando en la primera vuelta electoral el Frente Amplio obtuvo el 40% de las adhesiones y en la segunda vuelta, los partidos Colorado y Nacional, que habían alcanzado el 33% y el 22% respectivamente en el mes de octubre, conformaron una unión que le dio a Jorge Batlle la presidencia.
Luego se sucedieron los gobiernos del Frente Amplio con claras mayorías que determinaron una hegemonía gubernamental, determinando que haya una oposición que se vio minimizada.
Sin embargo, esa foto cambió y ahora el Frente Amplio se enfrenta a una oposición que se ha multiplicado y diversificado. Primero, porque las generaciones han cambiado, y muchos ya no se acuerdan de qué fue lo que pasó en la crisis del 2002 y en los años previos. Entonces los partidos fundacionales se han subdividido y aparecieron nuevas expresiones políticas como Cabildo Abierto y el Partido de la Gente, cuya tendencia es tratar de superar a otras corrientes minoritarias como el Partido Independiente o Unidad Popular.
El Frente Amplio por primera vez en quince años, tiene chances de salir del gobierno. “Y eso no es ningún drama si ocurriera, nos tenemos que preparar para ser una oposición constructiva”, dijo José Mujica en entrevista con el director del semanario Búsqueda y uno de sus biógrafos, Andrés Danza.
Pero hay mucha gente dentro del Frente Amplio que sí teme que eso pase. No tanto por los retrocesos que puedan verse en materia de derechos, sino porque muchos podrán perder sus cargos en el gobierno, ya que después de 15 años hay mucha gente que no conoce lo que es trabajar en la actividad privada y eso genera ciertos vicios.
Aunque en realidad el Frente también tiene todas las chances de seguir en el gobierno y de ser así, se trata de una segunda generación de frenteamplistas que no son en su totalidad aquellos fundadores del año 1971, sino que son los hijos o nietos de aquellos hombres y mujeres que tuvieron en su cabeza el ideal fundador de una coalición de izquierdas, que le diera gobernabilidad al país y que a su vez le diera fundamentos concretos y sostenidos a un partido político que pensaba en grandes cambios para el país.
El domingo que viene, serán las elecciones internas más complejas y competitivas desde que las mismas comenzaron a implementarse. Nadie sabe aún a quién votar, ni tampoco nadie puede decir quiénes serán los ganadores en los tres principales partidos políticos del país.
Si bien en el Frente Amplio, la victoria de Daniel Martínez aparece como bastante clara, por la ventaja que les lleva a sus competidores, las cosas pueden volcarse como ya ocurrieron en otros momentos, como por ejemplo, en las elecciones departamentales del 2015 cuando había dudas de si Martínez le ganaría a Topolansky la jefatura comunal capitalina. El MPP y el Partido Comunista, ambos sectores fuertes hacia adentro del Frente, tienen mucha estructura. Pero la desventaja para ellos, es que en esta elección no votan solo los frenteamplistas y cualquiera puede torcer la balanza.
En el Partido Nacional está la situación más reñida, y si bien por ahora todo indica que Lacalle Pou será el ganador, podría serlo con escaso margen ante Juan Sartori. El mayor problema es cómo quedará el Partido de Aparicio el día después de la elección. Su unidad será su fortaleza hacia octubre, si eso no les queda claro, la tendrán muy complicada.
Y en el Partido Colorado, en mi humilde opinión, Ernesto Talvi, podrá dar la sorpresa. Porque Sanguinetti no ha tenido una mayor presencia en muchos lugares y sus estructuras militantes no se han sacudido. Pero todo puede ocurrir, Talvi puede tener votos extrapartidarios que den el batacazo.
Con todo, esperamos que las elecciones internas dejen más certezas de que el camino hacia octubre será en paz, con votos conscientes y con ganas de elegir un camino que luego como sociedad deberemos apoyar. Que sea con tolerancia y en clima de celebración, porque lo más importante de toda esta fiesta que viviremos el próximo domingo, no son los resultados, sino el hecho de poder ir a votar.

HUGO LEMOS

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Todos ellos nos enseñan

«La emoción nubla el pensamiento”, esas fueron las palabras que expresó con la voz entrecortada y cabizbajo para que no se le desprendiera una lágrima, el reconocido médico salteño, Oscar Gugliemone Pruzzo (ya fallecido), en el año 1995, en un colmado teatro Larrañaga, cuando fue distinguido por la Asociación de Profesionales de la Comunicación (APC) con un Premio Fausto.
Yo me encontraba presente en ese momento, por razones de relacionamiento entonces de manera casi directa con el homenajeado. Y pude apreciar a pocas filas de distancia, su abrazo camino al escenario con el también fallecido y premiado esa misma noche, Roque Nicola Firpo, otro prohombre de Salto, gente reconocida por su enorme trayectoria en nuestro medio y el país. Y que si nos ponemos a repasar su historia, ambos, Guglielmone y Nicola Firpo, serían merecedores de integrar el nomeclator de calles de nuestro departamento. solidaridad
Pero esa frase del Maestro de la Medicina Uruguaya a quien hace pocos días, en una resolución de total justicia, el parlamento aprobó que la escuela a la que él concurrió llevara su nombre, acercó un poco más l figura del reconocido y talentoso médico a nuestro medio. Una personalidad que fundó el Banco de Prótesis en la capital para poder ayudar a mucha gente a curarse, y que fue además de un destacado médico, una persona de bien, que nunca se olvidó de sus orígenes chacareros y salteños.
Aunque sin conocerse hasta por una cuestión generacional, ya que el médico falleció hace varios años, pero con el mismo espíritu y generosidad en vida, es lo que nos ha demostrado el astro futbolístico salteño Edinson Cavani. A quien días pasados se lo vio en una entrevista muy íntima en el canal TV Ciudad, en un programa que conduce el periodista Mario Bardanca, haciendo una confesión personal que lo llevó a las lágrimas.
Cavani se vio emocionado por las sentidas y reveladoras palabras de Omar Gogo Feris, un vecino muy querido en nuestro medio, reconocido empresario, hombre del fútbol, pero sobre visionario, y demás está decir que tiene a la solidaridad y la generosidad a sus espaldas. Conocido por los más grandes de ahora como alguien que en los carnavales de hace muchos años abría la manguera para que los niños del barrio jugaran con agua, siempre a cuenta de él, ya que disfrutaba con los pequeños como si él también fuera uno.
Y con sus palabras, de agradecimiento, aunque también de protección y cuidado hacia los más pequeños, habló de Cavani y explicó por qué él, el Pela, como le dice con cariño y profunda admiración, fue elegido para vestir la fachada del Nacional Fútbol Club. Sus palabras recorrieron el mundo, pero sobre todo la actitud de Cavani ante las mismas.
Se trata de personas salteñas que ilustran lo mejor de la gente de nuestra tierra, esa solidaridad sin par, su generosidad permanente, la honestidad brutal y el sentir por los afectos que siempre debe estar.
Cuando el doctor Guglielmone habló aquel día se mostraba emocionado, porque seguramente en su mente se vio de niño jugando en las chacras de la zona del Hipódromo junto a sus hermanos. Viendo a sus padres trabajar y luego a sus amigos, todos de esta hermosa ciudad en la que vivimos.
Y lo mismo le habrá pasado a Edinson Cavani cuando lo escuchó al Gogo, o al Turco, como explicó él por el otro apodo de su amigo. “Uno a veces por estas cuestiones del fútbol se aleja de los verdaderos afectos”, dijo el astro del fútbol y de la vida, como es ese salteño ilustre que todos tenemos de vecino, porque por más que no viva en nuestro medio, siempre se las ingenia, para venir, saber qué está pasando en su ciudad y ayudar a su gente.
Se emocionó porque en su cabeza tras verlo al Gogo, se le vinieron cientos de recuerdos de su niñez a la cabeza. Por todo lo que le tocó pasar, por todas las cosas que vivió, por las decenas de veces que vivió dificultades, pero sobre todo, por los cientos de abrazos que le dio a sus amigos antes de partir hacia algún lado.
Y el Gogo se lo hizo sentir. Le apuntó al corazón del “Pela”, y le hizo un golazo, porque nos mostró a todos que más allá de la fama y el éxito, la humildad y la humanidad deben prevalecer siempre.
Escribo esto en momentos donde muchos vecinos de una misma comarca se están midiendo el aceite ante una instancia electoral, donde a veces vale todo, sobre todo en las redes sociales, cuando en realidad los grandes, solamente los grandes, nos muestran que la vida tiene otros costados que deben ser los que imperen. Los de la solidaridad y la visión de sociedad que tanto precisamos para ayudarnos más y pegarnos menos.
Gracias Pela, Gracias Gogo y nuestro recuerdo a las palabras del “Negro” Guglielmone. Todos nos enseñaron.

HUGO LEMOS

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Un laboratorio distinguido

Uruguay es un laboratorio, así lo definió la periodista española Cristina Martín en una muy interesante conferencia brindada en Montevideo, donde presentó su libro “Los ambos del mundo al acecho”. Y no le erra en un montón de conceptos que da a conocer sobre la realidad de nuestro país y cómo nos hemos convertido en los últimos años en una catarata de experimentos sociales, como para ver qué sale. viñeta
“Los uruguayos hoy sois conejillos de indias del Club Bilderberg”, afirmó en Montevideo la mencionada periodista y explicó que ese distinguido club «es un grupo conformado por parte de la elite mundial, especialmente la occidental. Surge después de la Segunda Guerra Mundial, en plena Guerra Fría, ante la preocupación de los grandes industriales de ambos lados del Atlántico, debido a que no estaban trabajando conjuntamente acerca de su gran enemigo de entonces: el comunismo. Temían que la expansión comunista les quitase el poder y a que finalmente fueran ellos los que controlasen el mundo», describe Martín los orígenes del Club Bilderberg.
La periodista dio una extensa entrevista al Montevideo Portal y allí dice una serie de cosas que en nuestro país, hoy nadie quiere oír. Y nadie lo quiere hacer porque temen a que las cosas sean tal como las pinta la reportera e investigadora que ha sufrido el retiro de su obra en España, cuando escribe sobre el afamado club.
Ella sostiene que “banqueros como los Rockefeller y los Rothschild, depredadores de la política internacional como Henry Kissinger, son algunos de los miembros connotados del club, cuya nómina incluye a magnates, funcionarios de Gobierno y de organismos multinacionales, pensadores, zares de la banca y hasta periodistas. Eso -advierten quienes han investigado el tema- sin contar los invitados y miembros que prefieren no figurar en las listas oficiales”.
Este tipo de grupos son los que manejan el poder por encima de todo. Los que no figuran en ningún lado y los que muchas veces a la hora de saber quién toma las decisiones, son los que levantan la voz pero de espaldas con un sillón con buen respaldo, como para que no podamos ver quiénes son o de quiénes se trata, como pasa con los malos detrás del poder en las películas del Hollywood, que es la gran máquina propagandística de los más poderosos.
Pero todo esto tiene un capítulo muy importante con nuestro país, porque lo que ha pasado aquí, no es obra de los movimientos sociales, como lo quieren hacer creer muchos de los que han tomado las decisiones creyendo que son mejores para los pueblos, sino que son mandatados por las órdenes del poder internacional, que construye en base a los experimentos de una sociedad, lo que quieren para el mundo y luego discuten como alcanzar esos resultados.
«En la actualidad, Uruguay está siendo un laboratorio estupendo para Bilderberg, porque es un país de poco más de tres millones de habitantes, pequeño, fácil de cuantificar, de introducir variables y ver cómo reacciona la gente», dijo en la entrevista con el medio capitalino cuando estuvo en nuestro país la periodista española. Martín puntualizó que nuestro país «es un laboratorio en dos temas: la marihuana y el aborto». «Los uruguayos sois hoy conejillos de indias de Bilderberg, de políticas que vienen de Bilderberg», declara.
«La fundación Rockefeller está trabajando en pro del control de la natalidad y diseñando políticas eugenésicas; vemos a Bill Gates con las vacunas en África controlando la superpoblación. En el memorándum 200, firmado por Kissinger en el año 1974, ya se cuenta que uno de los métodos más eficaces para controlar a la población es el aborto», sostiene con énfasis la reportera diciendo dos verdades claves que en la actualidad nadie quiere escuchar.
Por un lado, que las políticas a favor del aborto que han sido votadas en Uruguay fueron en función de los intereses internacionales del control de la natalidad. No en Uruguay propiamente porque se trata el nuestro de un país envejecido con una natalidad estancada, pero sí, su instrumentación sirve de experimento para ver cómo puede inculcarse en una población que es factible y desdramatizable el aborto, para luego impulsarlo en poblaciones más importantes y controlar así la natalidad. Por otro lado, la legalización de la marihuana por la que tanto se lo ha conocido a nuestro país, es parte de un experimento gigantezco financiado por el señor Soros y la familia Rockefeller, con quienes estando en la presidencia José Mujica se reunió en los Estados Unidos, de los cuales hay documentos y testigos que grafican dicho encuentro como el de personas de negocios que quieren experimentar con el país nuevas políticas de impacto social con resultados a futuro.
Eso además demuestra cómo el mundo empresarial penetró en las políticas uruguayas desde hace muchos años, pese a que haya quienes digan que a la fuerza política la financia el pueblo. Yo pongo en dudas muchas de las cosas que se dicen porque esta realidad nos golpea los ojos, como el hecho de que el presidente Vázquez «sea tan tajante con el tabaco y a su vez tan permisivo con la marihuana». Si no hay una manipulación extranjera en todos estos casos que nos han puesto las botas encima, cuéntenme qué hay.

HUGO LEMOS

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No les quiten más derechos

La libertad ambulatoria no puede perderse a no ser por una orden judicial que la restrinja. Al menos ese debería ser el único motivo por el cual un policía le podría decir a una persona que no puede circular por tal o cual lado, pero digo debería, porque en realidad parece ser que los policías de Salto y quizás también del resto del país, tienen derecho a decirle a la gente. pobres
Porque toda la gente en nuestro país se presume que tiene los mismos derechos. Así lo establece el artículo 8 de la Constitución de la República, donde los que vivimos en esta Patria solamente nos distinguimos por nuestros talentos o virtudes. Al menos eso es lo que debería pasar, pero en los hechos todos sabemos que ocurre muy otra cosa.
Vivimos en un país donde la Policía -pese a que se queja de que tienen las manos atadas, argumento que parecen utilizarlo para expresar que no puede llevar a todos a los que ellos desean porque entienden que con el solo hecho de que esos “elementos” anden en las calles están cometiendo un delito- cuenta con muchas facultades, hasta la de dar una orden a una persona en la calle de por dónde debe circular, según se le ocurra al funcionario de turno.
Ellos ejercer actos de discriminación y de estigmatización en nombre del Estado. Porque ellos representan al Estado, entonces cuando un funcionario policial le exige a una persona que no vaya por tal lado, lo está discriminando y ahí están vulnerando una serie de derechos de esas personas, que ellos como funcionarios públicos deberían saberlo. O de lo contrario en la Escuela Departamental de Policía deberían enseñárselo.
La escena es la siguiente, caminaba por calle Uruguay y llego al cruce con la calle Zorrilla. En la esquina del Banco de la República. Allí hay un contenedor de basura, de esos que han colocado en cada esquina del centro pero que aún faltan en los barrios, aunque como todo proceso, la colocación de los mismos es gradual.
Estos contenedores se han erigido como grandes platos de comida de muchas personas que están en casos de extrema pobreza y en situación de calle. Así lo vemos lamentablemente cada día en los distintos lugares donde se encuentran y es un tirón de orejas para el Estado, que permite que haya uruguayos que además de ser pobres, deban comer de la basura, cuando vivimos en un país productor de alimentos que deberían garantizar el acceso a la alimentación de cada ciudadano de este país. Pero para pensar en entelequias estamos todos.
En la esquina mencionada, había cuatro personas, jóvenes todas ellas, de unos veinte y tantos que estaban revolviendo a la hora del mediodía, ese inmenso recipiente, con el fin de encontrar sobras que permitan ser ingerida y así saciar su hambre. Sin embargo, los mismos tuvieron un escollo que hizo que debieran abandonar esa práctica e irse del lugar.
Fue un patrullero que circulaba por el centro a esa hora, que además de parar de repente y en doble fila, provocando que los vehículos que venían detrás tuvieran que frenar para no chocarlo, el policía que venía de acompañante les dijo a viva voz algo así como “bueno, vamos, vamos, circulando, vamos, váyanse ya mismo”.
Los cuatro sujetos atinaron a cerrar la tapa del contenedor y cuando amagaron irse por calle Uruguay, el mismo funcionario policial les dijo “no, para ahí no, no pueden ir por ese lado, váyanse para otro lado, vamos”, a lo cual, los cuatro individuos con su hambre a cuestas, no tuvieron más remedio que tomar por Zorrilla hacia el norte, sin poder caminar por la calle principal de la ciudad.
Lo hicieron cabizbajos y a paso rápido, ya que el coche policial retomó la marcha pero lentamente asegurándose que los individuos hicieran lo que ellos les dijeron, y no tuvieran la intención de ejercer su derecho a caminar por donde se les plazca, siempre que respeten la convivencia pacífica y no cometan ningún delito, de lo cual no había indicio alguno, ya que eran cuatro personas comunes y corrientes, que solamente hurgaron en un basural para obtener comida.
Alguno podrá o no estar de acuerdo con la forma que tengo de expresar esto, para muchos está bien que estas personas no anden por el centro de la ciudad, para otros la policía quiere protegernos de estas personas, pero para mí, la Policía no hizo otra cosa que cometer un exceso y un grave error.
Porque está bien mantener el orden y decirles a estos muchachos, que si bien los contenedores se prestan para eso, su finalidad es solamente ser depositario de la basura que allí arrojan, que no deben tratar de encontrar allí su comida. Pero de ahí a prohibirles caminar por un lugar en particular, por el mero hecho de ser pobres que no tienen qué comer y tratarlos como esclavos a los que les suprimimos libertades porque sí,¿ por que al funcionario de turno se le antoja?, eso no puede permitirse, porque ese tipo de desbordes de la autoridad, son las que terminan desvirtuando su función.
Las leyes son para cumplirlas, la Constitución de la República está por sobre todas las cosas para ser respetada, y ese funcionario policial, dando esa orden, está violando la Carta Magna, porque además en su artículo 10, ésta dice que lo que no está prohibido, está permitido, y esos cuatro jóvenes no tenían prohibida su libertad ambulatoria, por lo tanto, podían caminar por donde se les antoje.
Ergo, encima que el Estado no atiende las situaciones de pobreza en nuestro país, la cual es cada vez más creciente, que encima tampoco les siga quitando libertades a los que menos tienen, como el de desplazarse por el centro de la ciudad de la que también son parte.

HUGO LEMOS

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Votar por la institucionalidad

Cuando los problemas son graves, no se pueden barrer e intentar ocultarlos debajo de la alfombra, por la sencilla razón que cuando son realmente importantes, empieza a hacerse un bulto que se nota a la legua y entonces ya no hay como tapar absolutamente nada. Eso fue lo que hizo, o al menos intentó hacer el gobierno la última semana, cuando para enmendar un error, que por lo que se sabe, comenzó en la propia Presidencia de la República, llevaron al Senado una propuesta del Poder Ejecutivo, para destituir a los seis generales pasados a retiro de manera sorpresiva hace algunas semanas, por el presidente de la República.  desparecidos
Pero al final, más allá del resultado de la votación, lo más preocupante es lo que subyace, lo que quedó en el aire, esa atmósfera espesa que hace difícil digerir todo lo que ha pasado, pero que sobre todas las cosas, muestra con claridad que sigue habiendo un divisionismo en la sociedad que aumenta la brecha entre los uruguayos.
La decisión del Senado de votar divididos, no porque unos creyeran en la democracia y otros en los golpes de Estado, sino porque unos le echan la culpa al otro de haberse mandado una tremenda macana y ahora no quieren ser responsables de los errores de los otros, y así, el cruce de dardos de un lado y del otro, trasladó al parlamento nacional, símbolo de la expresión republicana y de la democracia, el divisionismo que se traduce en nuestra sociedad con este tipo de casos.
Cuando el entonces comandante en jefe del Ejército y ahora precandidato a la Presidencia, Guido Manini Ríos, le entrega al ahora fallecido ministro de Defensa Jorge Menéndez (que murió inesperadamente), la única copia del Tribunal de Honor del Ejército, donde el represor Gavazzo confesaba nuevos crímenes de lesa humanidad, y el entonces secretario de Estado, tomando conocimiento de los hechos se los traslada a la Secretaría de la Presidencia de la República, el Sr. Secretario debió poner en conocimiento de los hechos de manera inmediata al Fiscal de Flagrancia.
Ahí, al no hacer nada, comienza a verse el primer error, luego el mismo se completa con el peor de todos, que es que el Presidente de la República refrenda el fallo aparentemente sin leerlo y sin tener que haber hecho semejante cosa, de firmar algo sin saber lo que dice adentro. “No puedo leer más de 50 expedientes por día”, enfatizó el primer mandatario cuando fue cuestionado de porqué había firmado algo así, sin saber de qué se trataba.
Es el Presidente, no hay superior posible como para darle un reto, o como para pedirle que no lo vuelva a hacer. Si el presidente se equivoca, entonces ¿quién va detrás a reprenderlo o decirle que no vuelva a hacer lo que hizo? Pero para muchos ese no es el problema y los generales que le tomaron la declaración a Gavazzo y pusieron todas sus confesiones en las actas, para que los mandos superiores (entiéndanse tres personas, el comandante en jefe del Ejército, el Ministro de Defensa nacional y el presidente de la República) sean los que tomen cartas en el asunto, pasaron a ser los únicos responsables y entonces exculparon al resto y la estrategia cambió, todos dicen ¡qué mal que se portaron los generales! Y en su defecto, aplaudimos al Presidente.
Pero no todos se comieron esa pastilla. Y quisieron dejar en claro en el parlamento esto mismo. Entre ellos, hubo una acertada intervención del senador salteño Germán Coutinho, que pidió que antes de votar la destitución de los generales, el tema sea tratado en la Comisión de Defensa del Senado que él mismo integra, con el fin de que el caso sea estudiado más a fondo, porque cuando ocurrieron los hechos, dijo en Sala que ninguno de los legisladores que integran con él esa Comisión, ni siquiera los del Frente Amplio, tenían información certera de lo que estaba pasando y por eso pidió más tiempo para enfrentar las cosas con otra madurez, y que no se mande a la guillotina a los jerarcas castrenses sin tener una visión más amplia de lo ocurrido.
Allí falta un eslabón muy importante que aún hoy no fue aclarado, y es: ¿qué hizo Miguel Ángel Toma, el secretario de la Presidencia de la República, con el expediente que incluía el fallo del Tribunal de Honor después que el exministro de Defensa se lo entregó para que lo leyera informándole de lo sucedido?
Al final, en esa maratónica sesión del Senado, en la que no se alcanzaron las mayorías como para que se votara la destitución de los generales, los partidos fundacionales no acompañaron la moción que vino del gobierno, por entender que el mismo estaba haciendo una jugada política, y entonces los legisladores oficialistas comenzaron a insultarlos, generando así una división de la clase política a la vista de todos, algo que tienta a una fractura de la democracia.
La oposición debió respaldar, a mi juicio, la institucionalidad, votando la destitución. Estuvo bien la solicitud de que el tema pase a estudio de la Comisión del Senado, estuvo bien lo que les dijeron, al menos en parte, a los legisladores del oficialismo acerca de que el gobierno también tuvo tremendas responsabilidades en este caso al no actuar cuando fueron informados por el entonces comandante en jefe del Ejército primero y por el exministro de Defensa después. Pero igual deberían haber dado al final del día, el voto favorable para respaldar la institucionalidad.
Porque justo hoy, un 20 de mayo, cuando se cumple otra Marcha del Silencio, en recuerdo del asesinato de Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz por parte de los represores argentinos, esa circunstancia habría quedado como una reafirmación democrática, más allá de las responsabilidades políticas que después, en forma justa, se reclamen. Pero lo más importante es que de esto se aprenda y que no nos sigamos fracturando más como sociedad de lo que ya estamos.

HUGO LEMOS

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Siempre están junto a nosotros

Uno de los grandes recuerdos que tengo de mi madre, es ir a verla trabajando en el Liceo. Yo tenía unos 8 o 9 años y me iba caminando desde nuestra casa en la zona del barrio Huracán, hasta su salón de clases. Eran unas seis o siete cuadras y yo las hacía con gusto. Llegaba al centro educativo, subía la escalera y me iba hasta la puerta del aula, con el pecho hinchado de orgullo para verla dar sus clases. madre
Después me enteré que los alumnos me escuchaban llegar y esperaban ver mi cabellera pelirroja, que entonces la era, asomar por la ventana que tenía cada puerta de los salones del Liceo Ipoll. Yo la escuchaba hablar y me sentía tranquilo que ella estaba donde dijo que iba a estar, entonces era una manera de sentirme seguro y protegido.
Luego la acompañaba del brazo hasta la Sala de Profesores y esperaba que guardara las Libretas en su Casillero. Me acuerdo que en aquel entonces, fines de los 80, todos los profesores tenían uno, donde gurdaban además de las libretas alguna bolsita con tizas y un borrador, que se compraban porque por lo general en el liceo no había.
Siempre vi a mi madre trabajar y dar todo por nosotros. No hacía otra cosa, además de leer para sus clases y ocuparse de la casa. Pero lo más importante de todos esos recuerdos que tengo bien guardados en mi memoria, son los efusivos elogios que recibía sobre ella de parte de sus alumnos. Una vez, estaba sentado al borde de una larga escalera que teníamos en la puerta de la casa donde vivíamos por la calle Cervantes.
Era un día soleado y yo estaba allí, tranquilo, sin mucho que hacer, cuando de repente pasa un hombre vendiendo cuadros, una actividad que en aquel momento se hacía mucho en un carrito sobre ruedas. Y la persona que guiaba ese carro, me pregunta por mi madre, naturalmente para tratar de venderle alguno de los varios que llevaba apilados para poder hacerse el pan del día.
La llamé y el vendedor le ofreció si quería comprar alguno de ellos, a lo que mi madre, luchando para vivir el día con lo que ganaban en aquella época los docentes, le contestó que no, pero son la amablidad que la caracteriza, agradeciéndole la oferta. El hombre la miró, bajó sus lentes y le dijo “¿usted no es la profesora de Filosofía?”. “Sí”, contestó mi madre ya esbozando la sonrisa que la caracteriza, a lo que el joven vendedor se dirigió a mi y me dijo “te felicito por la mamá que tenés, además de buena profesora es muy buena persona”, y yo que no quise ser menos le dije “muchas gracias, ya lo sé”.
Así las cosas tengo la dicha de tenerla todavía, y en lo personal mi madre siempre fue motivo de orgullo para mi, porque es un ser de luz de esos que la vida te pone adelante, no solo como madre, que tengo la dicha de que así sea, sino también para que te dé sus enseñanzas.
Muchas veces no las valoramos, no les damos la atención que merecen y tampoco estamos con ellas cuando más nos necesitan, porque pucha que sí nos necesitan, como nosotros las necesitamos a ellas sin saberlo, cuando nacimos, cuando crecimos, cuando vivimos nuestras dificultades, nuestras necesidades, nuestras alegrías pero sobre todas las cosas, nuestras tristezas, desazones y frustraciones en la vida.
Ellas siempre están. Ayer particularmente fue un día especial porque es buena cosa recordarlas y tenerlas siempre presentes, aún si no las tenemos físicamente, ya que no dejan de ser nuestras madres y su legado, lo que nos transmitieron en la vida, es lo que cuenta, es lo que vale. Sé que debe ser muy fácil decirlo, escribirlo en este caso, pero sentirlo debe ser una cruz muy fuerte, que es parte del aprendizaje de la vida.
Nuestras madres siempre dieron todo de sí por nosotros, son esos seres que no van a dejarse vencer fácilmente, sabiendo que siempre nos tienen a nosotros que somos su razón de vida. Y nosotros no podemos olvidar eso. Tenemos que venerarlas y cuidarlas cada día, aceptarlas con sus defectos, que quizás con el paso de los años podamos notarles alguno, pero que si en ellas lo vemos, en nosotros esa caraterística puede verse acentuada, porque venimos de ellas y somos lo que ellas nos han enseñado.
Pero también están las madres que por el hecho de cargar con la cruz de haber perdido a sus hijos no dejan de serlo. Son esas personas especiales que estarán toda la vida siendo la madre de, y esa persona que ha pasado a mejor vida, sigue siendo su hijo. Y así como ellas lo recuerdan, ayer en el Día de la Madre, algunas fueron a llevarles ellas una flor. Algo que conmueve hasta el alma y que hace doler hasta el hueso. Pero no nos olvidamos de ellas por ningún instante.
Ayer particularmente me acordé de varias personas que conozco, cuyos hijos están en su corazón y su presencia las ilumina y las convierte en esos seres de luz que son.
Sentí un agradecimiento enorme a la vida por estar aún al lado de mi madre, por tenernos y por seguir ambos nuestro camino en la vida, que no es el mismo ni debe serlo, pero debe estar supeditado a la preexistencia del hijo a la madre, porque no debe ser al revés, pero en caso que se dé, la madre no dejará de serlo jamás.
Por eso recordar a una madre es sentirla cerca, y sentirla cerca no es abandonarla con la razón y con el corazón. Es acompañarla, estar con ella y comprenderla todos los días, porquelo que nosotros le podamos criticar ahora, es lo que nos criticarán nuestros hijos a nosotros algún día y lo que a nosotros nos dolerá igual que lo que le puede doler a nuestra madre, que nosotros hagamos eso con ella.
Recordemos que no hay abrazo más calido, protección más segura, palabra más sagrada y aliento más puro que el de una madre. Porque ella tiene en su corazón el amor que nadie más tendrá por nosotros. Y si no lo entendemos por las razones de la vida que sean, cerremos los ojos y pensemos un segundo en cómo queremos a nuestros hijos, y lo comprenderemos enseguida, y no querremos hacer otra cosa que darles un abrazo. O en todo caso, elevar nuestra mirada al cielo y sentirla junto a nosotros, como siempre ha estado y estará, sin lugar a ninguna duda.

HUGO LEMOS

 

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Una alfombra inconveniente

Las compras que realiza el Estado con nuestros dineros, son todo un tema. Es algo que nos debe ocupar siempre, porque de esa manera aprendemos muchas veces lo que no tenemos que hacer en nuestras propias casas y lo que sí tenemos que vigilar, cuando notamos que hay adquisiciones que no deberían ocurrir jamás. dibujo
Es importante que los ciudadanos de este país sepamos en qué gasta el Estado nuestra plata, en qué invierte, qué es lo que hacen con el dinero que con tanto esfuerzo le damos a través de los servicios que pagamos, de los trámites que hacemos y de los impuestos que obligatoriamente debemos abonar, porque en ese caso, el Estado no perdona, te cobra y después verifica si está bien o mal, porque si es justo o injusto, es otro kiosco.
Todo esto viene a colación de la polémica que se generó el otro día, cuando se supo que el Poder Judicial, con todos los problemas presupuestales que ya tiene y que tuvo siempre, con todos los recortes que ha sufrido, con todas las carencias que tienen los juzgados de todo el país para prestarle un servicio adecuado a cada persona que tiene un reclamo que hacer, había dado luz verde a la compra de una alfombra cuyo valor ascendía a los 3.190 dólares.
El tema quizás no haya sido tanto la alfombra en sí, que era de origen persa, y que realmente valía ese monto. Tampoco que la misma no fuera necesaria para decorar un palacio que es del erario público, ergo, de todos los uruguayos, como lo es el palacio Piria, donde funciona la sede de la Suprema Corte de Justicia, ubicado en la Plaza Cagancha en pleno centro de Montevideo.
Porque el hecho de ser un palacio, no se puede cubrir con cualquier cosa. Imagínense ustedes que si mañana se rompe una de las arañas majestuosas que tiene el teatro Larrañaga, no puede sustituirse con una lamparita, o con un artefacto de plástico, las mismas deberán reponerse y repararse; y seguramente su costo será alto. Y en ese caso está bien, creo que todos los salteños que estamos orgullosos del teatro que tenemos, ya que además siempre estamos exigiendo que lo dejen en buen estado y lo mantengan así, no estaríamos diciendo nada en contra de que la comuna, más allá de los problemas que tiene de dinero, realice un gasto acorde al lugar.
En ese sentido, la compra de una alfombra para uno de los despachos de los ministros de la Corte, no era algo que podía no justificarse, porque si se rompe o queda en mal estado una alfombra del palacio Piria, no pueden poner una moquete barata en su lugar. Porque eso no lo aceptaríamos nosotros, si en Salto pasara con uno de nuestros museos, por ejemplo.
El tema es que en el contexto en el que estamos, donde hay problemas de todo tipo, donde un organismo tan importante como el INAU no tiene dinero para darle una atención adecuada a los niños y adolescentes que atiende, donde en el Hospital de Salto, cada vez que llueve tienen que poner baldes por todos lados, donde en Baltasar Brum hay una sola ambulancia y tienen que empujarla para que arranque, donde hay juzgados que no tienen ni quien los atienda de manera adecuada para sacar las sentencias en tiempo y forma, cosa de no generar un daño al justiciable, reclamo hecho por abogados de distintos puntos del país, donde hay escuelas que se caen a pedazos y no pueden ser reparadas, donde hay caminos rurales que son intransitables, los gobernantes y autoridades se debe dar un mensaje de mayor cuidado de los dineros públicos.
No voy a cuestionar la compra de la alfombra específicamente, pero la misma se suma a la compra de una docena de sillas para funcionarios de ANCAP por un valor de casi 1 millón de pesos no hace mucho tiempo, y teniendo en cuenta que las tarifas de los servicios públicos no han bajado desde hace tiempo, que la inflación llegó al 8 % ya en lo que va del año, que el precio del dólar, que Tabaré Vázquez dijo en 2018 a un solo Uruguay que no lo podía llevar a 36 pesos porque generaría un aumento de precios importante que perjudicaría al resto de la población ya está en 35,95; y que en una ciudad como Salto hay 27 asentamientos y cada vez más gente durmiendo en las calles, no pueden ni siquiera pensar en una compra así.
Señores de la Suprema Corte de Justicia, arreglen la alfombra como sea, mándenla coser igual, pero no gasten más de 100 mil pesos uruguayos en una alfombra para una sala, que nadie discute que sea necesaria, pero en lo que todos estamos de acuerdo, es que hoy no es el momento para llevar adelante esa adquisición.
Tampoco lo fue sin dudas la docena de sillas que ANCAP compró por 1 millón de pesos, porque lo que estamos diciendo es que desconocemos el enorme esfuerzo que hacen los uruguayos para poder pagar sus impuestos y las tarifas públicas, para que después el Estado elija la manera más fútil de gastarse la plata.

HUGO LEMOS 

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Ya no es nuestra plata

Cuando en el año 2012 estaba haciendo un curso en Montevideo sobre economía para periodistas, una de las charlas las dio el entonces ministro de Economía, Fernando Lorenzo. banca
El mismo que después fue procesado por el caso Pluna, implicado en la venta ficticia que se pretendió hacer al grupo del empresario argentino propietario de Buquebús, López Mena, lo que se cayó todo tras la reveladora foto de El Observador, cuando todos juntos celebraban la transacción en un bar pituco de los que pululan en la Ciudad Vieja.
Bueno, el mismo Lorenzo, fue el que nos dijo en ese momento, que luego de haber viajado por cuatro países diferentes antes de llegar a darnos esa charla, en el único que había necesitado efectivo para hacer una compra había sido Uruguay, pero advirtió ya en aquel entonces, que estaban trabajando junto a los legisladores del Frente Amplio para darle forma una ley que incluiría todo lo financiero en un sistema de pagos electrónicos.
Todo eso pareció maravilloso, bárbaro, muy positivo para todo el mundo, porque también él apelaba a la inseguridad reinante y al hecho de tener que llevar dinero en el bolsillo, evitándolo con mecanismos como el pago electrónico.
Sin embargo, lo que no dijo Lorenzo en ese momento fue que para implementar la ley, lo que iban a hacer era un negocio fabuloso con los bancos, donde los mismos se adueñaban de las ganancias de la gente, los hacían clientes forzados de sus entidades y en función de su capacidad económica, que se la iban a manejar ellos porque la ley los mandataba, les ofrecerían “servicios”.
Esos servicios son básicamente préstamos y tarjetas de crédito, que las entidades bancarias les expiden a sus nuevos miles de clientes con el fin de poder ganar dinero por manejarles su plata. Plata que ganan con su trabajo pero que ahora están obligados en cobrarlas por ahí, en recibirlas por ese medio, por esa institución, sin que pase antes por ellos.
Entonces mucha gente, sin comerla ni beberla de la noche a la mañana pasó a ser cliente del banco tal o cual. Ese banco es el que te dice qué capacidad de economía tenés y en función de eso te alienta a sacar un préstamo o a darte una tarjeta de crédito, para que gastes un poquito más y así siempre vas a tener una obligación pendiente que cancelar con ese banco, y el mismo siempre te va a seguir diciendo cómo y en qué debes gastar tu dinero, es decir, el poco que te va a quedar después de pagarles a ellos, claro.
Esa manera que tienen los bancos de haber apropiado de los dineros de la gente es responsabilidad de la ley 19.210, la ley de inclusión financiera, esa que Lorenzo dijo que nos iba a poner en el primer mundo a los uruguayos, que ahora cada vez que necesitemos algo de dinero, tengamos que pasar por el cajero y con eso le estamos dando de ganar porque al pasar la tarjeta por la ranura, el sistema siempre gana.
Aunque no nos dijo eso Lorenzo, sino que nos dijo que era una ley que nos iba a incluir a todos, y que nos iba a permitir saber cuánto dinero tenemos y cómo manejarlo sin movernos de nuestra casa.
Pero eso no es lo que quieren muchos, que sienten que han perdido su libertad y sobre todo la capacidad de manejo de sus fondos.
Sino que mucha gente quiere volver a sentir que no tiene porqué avisarle al banco tal o cual cuánto gana y porqué gasta lo que gasta.
Pero eso ya no pasa ni va a pasar más.
Además la ley de inclusión financiera ha hecho que haya gente que ya no pueda elegir si paga toda la cuota o la mitad y empieza a refinanciar una deuda, sino que espera a que le descuenten derecho nomás el dinero que quizás no tiene o es emes lo precisa para algo más importante, como un tema de salud por ejemplo, pero no puede decir sobre su dinero, porque ahora es el banco el que decide.
El sistema no nos cuida, nos obliga a darle nuestra información, a darle nuestro patrimonio y a darle todo lo que ellos necesitan como para seguir haciendo del negocio bancario, el más rentable del mundo, mientras tanto, gracias a personas como el exministro Lorenzo, nosotros ahora somos gente que va al cajero a sacar lo que le queda de su dinero y contar las miserias el resto del mes.
Pero lo bueno, es que estamos dentro del sistema, y encima nos quejamos.

HUGO LEMOS 

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Más diálogo, menos líos

La libertad de expresión es uno de los derechos humanos fundamentales que deben ser respetados y ponderados por toda la sociedad, porque bajo el amparo del mismo, no solo funciona la libertad de prensa, sino también la libre expresión de todos aquellos que pretenden exteriorzar una idea y realizar una manifestación pública para hacerse escuchar. Por esa razón es que ese derecho fundamental no puede vilipendiarse de cualquier manera y tampoco es dable que haya quienes quieran pretender hacerlo valer solo cuando son los titulares del interés de la idea que pretenden hacer escuchar. fotocolumna La libertad debe ser para todos por igual y los únicos parámetros que deben limitarla, son el de la ofensa a través del insulto personal, así como también, el de una información basada en la mentira y el engaño.
Pero de lo contrario, la libertad de expresión es uno de los bienes mayores que tiene una sociedad democrática y en ese sentido, no debe ser atacada, ni limitada, ni tampoco cercenada con preceptos legales que abren un frente de batalla contra los derechos básicos que debe tener la vida en sociedad.
Todo esto a colación de dos hechos que ocurrieron con pocos días de diferencia, pero que en cierta medida van en el mismo sentido, y está bueno por lo menos sentarnos a reflexionar sobre los mismos, porque nos pone a todos de una forma distinta a la que concebíamos hasta ahora.
El primero de ellos fue el fallo de la justicia a favor del escritor y periodista Diego Fischer, quien demandó al conjunto carnavalero Los Zíngaros, por haber utilizado los textos de su investigación periodística hecha libro sobre la vida de Juana de Ibarbourou, en la obra Al Encuentro de las Tres Marías.
Los Zíngaros usaron sus textos sin la autorización del autor en sus repertorios y con ellos hicieron su paso por el carnaval del año 2016, presentándose en el teatro de verano y en una serie importante de tablados de todo Montevideo, ganando una importante suma de dinero durante ese carnaval.
Más tarde, el escritor se presentó ante la justicia exigiendo una reparación por esta situación porque entendió que los carnavaleros debieron tener su autorización para ponerse a lucrar con sus textos y la justicia le dio la razón. Ahora Los Zíngaros deberán resarcir a Fischer en una suma establecida por la justicia.
Aunque el tema no pasa, al parecer por el pago de la suma de dinero, sino por los derechos que están en juego, como el caso de la libertad de expresión de cada conjunto que participa en Carnaval, que además de usar textos, poesías y datos que escriben periodistas y escritores, también usan melodías de cancioneros de diversos autores, que desde ahora, con la jurisprudencia establecida por este caso, pueden realizar los reclamos pertinentes, con un pretexto legal que si bien no le asegura el éxito en el juicio, sí les da una seguridad de que el reclamos no va a ser desestimado.
En ese sentido, los autores de grupos de carnaval tendrán que tener la cautela de solicitar determinadas autorizaciones a la hora de ponerse a usar textos o canciones para sus repertorios y que hayan sido creadas por otros.
El otro caso en cuestión, es el del reclamo de la Asamblea Permanente del 8 M contra el locutor radial y el medio de prensa escrito por sus expresiones vertidas ese día sobre la manifestación que ese colectivo llevó a cabo.
Si bien ellas tienen el derecho a manifestarse, a decir lo que piensan y sienten, y a ir a todos los medios a divulgar su mensaje, también deben apelar al diálogo cada vez que un comunicador o una persona cualquiera utilice frases soeces contra sus postulados. Porque todas las personas que realizan actividades públicas están expuestas a la crítica y hasta el escarnio público. Y si bien no tienen porqué soportarlos está bueno que no se judicialice todo lo que ocurre en nuestra sociedad, sino que se apele más al diálogo, al debate de ideas y a una gran conversación nacional sobre este tema.
Si bien la sociedad está cambiando y los parámetros de los modelos culturales son otros que hace algunos años, todos nos debemos una gran charla para saber dónde estamos parados, qué modelos debemos seguir y a donde quieren llegar algunos colectivos, no para impedirles nada, sino para entendernos mejor. Creo que es algo positivo a lo que debemos apelar como sociedad, sino terminaremos en un enfrentamiento permanente que no nos conduce a nada.

HUGO LEMOS 

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Muchas dudas por despejar

Me cansé de leer el volumen y magnitud de desinformación y tergiversaciones que se han planteado los internautas y el público en general, desde que el periodista Leonardo Haberkorn publicó en el diario El Observador, lo que el excomandante en Jefe del Ejército y hoy precandidato a la presidencia por el novel partido Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos ya sabía. dibujo
Lo que el ahora excomandante en jefe del ejército en sustitución de Manini Ríos y ya expulsado por saberlo, José González, también sabía. Lo que el ahora exministro de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, sabía, lo que el ahora exsubsecretario de esa cartera, Daniel Montiel, conocía, lo que el actual Secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, sabía y lo que el presidente de la República, Tabaré Vázquez, tendría que haber sabido porque firmó el fallo, y si lo hizo sin leer, es una omisión a sus funciones, y graves por el contenido de lo que firmaba, no fue un descuido ni mucho menos.
Lo que ya sabían todos, que era la confesión de un nuevo crimen de lesa humanidad por parte del represor de la última dictadura cívico – militar, José Nino Gavazzo, algo que por la cadena de conocedores del tema a esta altura, parece que todo era un secreto a voces y que los únicos que no sabíamos éramos el resto de los mortales.
Porque todos ya lo sabían, estaba en las actas del Tribunal de Honor del Ejército, estaba en el expediente que Guido Manini Ríos le entregó al entonces ministro de Defensa, Jorge Menéndez, estaba en ese mismo expediente que recibió Miguel Toma, estaba en las actas que refrendó con su firma el señor presidente de la República.
Estaba allí al alcance de quien quisiera verlo y el problema, es que lo vio un señor periodista, como Haberkorn, que ya había venido investigando todos estos temas desde hace muchos años, que ya había escrito los libros “Milicos y Tupas”, y “Gavazzo. Sin Piedad”, que detalla el primero las negociaciones que han llevado a cabo los tupamaros con los militares para poder vivir en paz en la época post dictadura. Y el segundo, los horrores de Gavazzo, entre los que se encuentra el asesinato del salteño Eduardo Pérez, padre de Martín Castellini, a quien conocí por ser compañero de liceo de mi hermano mayor, Álvaro, pero de quien nunca oí hablar en mi casa de que era hijo de un muerto por la dictadura.
El tema pasa ahora porque hay muchos que piden no manipular la información, aunque con ello lo único que están exponiendo es la manera que tienen de hacerse los distraídos. Decir, que el presidente nunca ni por asomo, ni por casualidad, tiene responsabilidades en este caso es no decir toda la verdad y ser parte de la maraña de ocultamiento con la que se ha tratado este caso.
El presidente Tabaré Vázquez debió haber leído lo que firmaba y enterarse de todo, enviando de inmediato las actas a la Fiscalía de Flagrancia para que actúe de inmediato en la aclaración de ese crimen de Lesa Humanidad, como fue el de Roberto Gomensoro en 1973 y para que actúe el sistema judicial y haga pesar sobre el responsable todo el peso de la ley. No se me ocurre que Vázquez haya querido proteger a ningún represor de la dictadura, pero ese gafe que cometió no es una cosa menor, ni tampoco un simple error y quienes lo remarcamos no queremos distorsionar la historia. Sino que remarcarlo, es poner las cosas en su lugar.
Gavazzo ya está preso por al menos otros 28 crímenes cometidos en la época de facto, así que imputarle otro hecho no cambiará mucho las cosas, pero sí está el proceder de todo esto. El Secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, un abogado oriundo de Artigas, de filiación colorada que trabaja en Presidencia hace años y que fue elegido por Vázquez en este período para ocupar el segundo cargo en importancia dentro de la Torre Ejecutiva y de máxima confianza de la figura presidencial, recibió toda la información, fue enterado del asunto por el ministro de Defensa y conocía el detalle del asunto.
Entonces la pregunta surge ¿Toma no le informó nada al presidente de la República sobre este hecho? ¿No salió de la reunión directo al despacho presidencia que está a pocos metros dentro del mismo edificio a avisarle al presidente de lo que había sido informado? ¿No le dijo al mandatario que había un nuevo crimen de lesa humanidad por resolver con una confesión que implicaba una prueba sustancial para la aclaración de este caso y que su obligación como funcionario público era llevar el tema a la Justicia?
¿Acaso cree Toma que por ser el número dos de la Presidencia de la República puede omitir sus obligaciones como funcionario público? ¿Consideraba que denunciar el caso sería echar más leña al fuego en año electoral? ¿Habrá entendido que quizás el tema no era políticamente potable y entonces lo dejó a merced de que se encargue otro? ¿O será que al ver que el señor presidente de la República, al solamente rubricar el fallo sin mandato verbal adjunto, de que el caso pasara a la Fiscalía General de la Nación, lo dejó entonces por eso y que se guarde?
¿Qué habría pasado si los generales que ahora fueron separados de sus cargos hubieran realizado un pacto de silencio y borraban de las actas las declaraciones de Gavazzo para que nada se supiera? Pero como no lo hicieron e informaron de absolutamente todo la pregunta inevitablemente surge ¿qué había pasado si el periodista Leonardo Haberkorn no hubiera publicado una sola línea de esta situación que revelaba al autor de un crimen de lesa humanidad del que supuestamente había toda una cadena de mando enterada?
Son muchas dudas que como ciudadano de este país me he hecho todos estos días. Porque uno puede entender a los fanáticos que defienden lo indefendible, a los gorilas que quieren que todo se calle porque dicen que eso ya pasó y otras groserías de ese tipo, pero las dudas persisten sobre el actuar de todos los mencionados en este artículo, porque con todo esto uno piensa ¿cuántas cosas más se le pueden estar pasando por alto entonces a nuestros gobernantes, que nos afectan como pueblo y que encima nosotros no sabemos? Mucha duda queda aún por despejar.

HUGO LEMOS

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Deja dudas por todos lados

Cuando la justicia dictó el procesamiento sin prisión del exdirector del Hospital de Salto, Marcos García, tipificándole conjunción del interés público con el privado me quedaron varias dudas. Primero que nada porque se nota a la legua, como decían mis padres, que la sentencia dicta una sanción, porque el juez que tomó ese caso tiene cierta obligación de buscarle la vuelta al caso, por la resonancia pública que hizo la clase política del mismo, para aplicarle algo a alguien.
Son muy pocos, o quizás únicos, los casos donde se le dicta un procesamiento a alguien sin prisión y sin medida alternativa alguna, porque el hecho raya más en una irregularidad o desprolijidad administrativa que en un delito. Entonces es mejor decir que se lo procesó, pero no le le dictan pena alguna, porque el caso por el cual se lo condena es muy menor en relación a las situaciones que se dan a diario en el sistema de salud. Eso ya de por sí, desnuda que hay algo detrás que no está del todo claro y que no se dice. QUINO
Es algo así como, vamos a mandar a este al frente porque está desnudando una serie de situaciones que se suscitan y que si tenemos que sancionar a todos, el sistema se vuelve un caos.
Entonces hay que ver cómo viene el cajón de manzanas para saber de dónde sale ésta en particular, a la que la quieren sacudir un poco para que no deje al cajón entero regalado, porque en realidad hay muchas manzanas más que están en esa misma situación, pero lo que las privilegia es su relación de poder respecto del resto.
Cuando se habló de que había tres médicos investigados por haber tenido una empresa de ambulancias que contrataba con el único Hospital de la ciudad, nadie se preguntó qué pasaba antes de que esa empresa en particular existiera. Nadie dijo a quién contrataban antes y porqué. El Hospital de Bella Unión como muchos otros hospitales públicos del interior, incluyendo el de Salto, no cuentan con una flota de ambulancias propias que les permita darle la atención debida a todos los pacientes.
En tal sentido, es que los centros hospitalarios contratan empresas privadas que responden a esas demandas. En este caso, la única empresa que prestaba ese servicio en Bella Unión pertenecía a los jerarcas del nosocomio, por lo cual García, y eso consta en el expediente, avisó del conflicto de interés a las autoridades de ASSE las que ni siquiera le contestaron, teniendo en cuenta que estas realidades, son una práctica común en distintos puntos del país, donde coincide que el médico que dirige el Hospital, la policlínica, o la cooperativa médica, es el dueño de la ambulancia y se debe prestar servicios. Pero aún así García entregó a sus socios, su parte social y siguió como director.
Cuando terminó su mandato, consultó si podía retomar la parte social de la empresa de ambulancias, y las autoridades de la época, tanto en ASSE como en el MSP, no le vieron impedimento alguno, mientras tanto, García asumió la dirección en Salto y Federico Eguren y Rodrigo Barcelona, hicieron lo propio en el Hospital Pereira Rossell.
Pero en el año 2016 un cambio de criterio legal para el Tribunal de Cuentas de la República vio un impedimento para esas contrataciones y todo empezó de nuevo. El clima lo armó el diputado blanco Martín Lema y comenzaron una serie de situaciones que solamente cuestionaron el caso Bella Unión. La situación tuvo mucha prensa, se habló demasiado de más como suele ocurrir en estos casos y en consecuencia, hasta se los juzgó antes de tiempo, tanto García, como Eguren y Barcelona, pasaron a la guillotina pública en corto lapso, los que fueron expuestos a los disparates más importantes que se puedan decir y nada dijeron. Aunque todo siguió muy raro, ya que las distintas empresas de ambulancias que pertenecen a varios médicos que son funcionarios del sistema público, siguieron siendo contratadas en todo el país, porque ASSE las necesita y a los pacientes no se les puede decir que no los van a trasladar a Montevideo porque entran en un conflicto de interés según una norma que el sistema no previó antes.
Hasta que después de todo, empezaron a ver cómo hacían para sancionar a alguien por todo esto, porque alguien tenía que ser el ejemplo de lo que no debería ocurrir. Entonces, dejaron de lado a los que dieron luz verde para esto, como Susana Muñiz y Beatriz Silva, entonces ministra de Salud y presidente de ASSE en la era Mujica, también a los otros socios, Federico Egúren y Rodrigo Barcelona, dueños de la misma empresa de ambulancia que Marcos García, siendo este el único que avisó que los tres eran funcionarios de ASSE y a ver qué pasaba si precisaban un traslado desde Bella Unión a cualquier punto del país y tenían que contratarse a sí mismos; y lo mandaron a la guillotina a García.
Es raro, todo muy raro. Cuando Tabaré Vázquez despidió a Muñiz y puso a Carámbula como presidente de ASSE este tuvo una reunión con el diputado Martín Lema, para “interiorizarse” de lo que había investigado. Eso fue lo que trascendió. Pero fuentes políticas dijeron que el nuevo presidente de ASSE había conseguido “paz política” comprometiéndose a “hacer concursos para los cargos de dirección” con lo que García, Eguren y Barcelona, serían removidos, lo que efectivamente pasó, siendo los primeros cesados tras los famosos concursos. Ahora Lema se encarga de los problemas en el Mides y de ASSE ni se acuerda, pero hace pocos días, un periodista de Montevideo que habló con él, me dijo que el legislador denunciante le reconoció que con el procesamiento de García, “cortaron por el hilo más fino”.
Lo más raro de todo esto, es que ni siquiera Eguren ni Barcelona se vieron salpicados con esto. Dos médicos prestigiosos que trabajan en Montevideo y que están en contacto con las grandes ligas de la medicina. Pero García está en Salto, lejos de todo y era más fácil desacreditarlo, y dejarlo por acá nomás, como ejemplo de lo que no se hace. ¿Cómo ejemplo de lo que no se hace? Para muestra sobran varios botones. En setiembre del 2017 el propio García como director del Hospital declaró desierta una licitación para traslados especializados en pediatría, a la que había llamado el Hospital de Salto. Las empresas que se presentaron como si nada, fueron dos de Salto, cuyos propietarios trabajan en el Hospital y toman las decisiones de los traslados. Ahora a algunas de ellas las siguen contratando por razones de necesidad de servicios de manera directa. Esa es una prueba más que clara, que todo esto que pasó con el exjerarca, deja dudas por todos lados.

HUGO LEMOS

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Que haya más información

Cuando se tienen principios y valores bien puestos, las cosas se dicen en voz alta, dando la cara y sin medias tintas. Hay quienes lo hacen, pero por meros intereses económicos y sin escrúpulo alguno. Pasa sobre todo con la clase política, donde muchos se llaman líderes o dirigentes, y no son más que personas que buscan un beneficio personal, lucran con el Estado siendo gobierno u oposición y encima critican a los que los critican. Estos son unos fenómenos.
Pero hay otros que lo hacen desde los medios de comunicación, confundiendo a la gente de que son periodistas, cuando en realidad tienen espacios rentados por determinada dirigencia partidaria con el fin de impulsar un candidato, o haciéndolo como mercenarios, tratando de matar al enemigo desde el escenario mediático que ellos construyen. expresion
Esta situación que pongo a consideración de los lectores pasa a ser una de las más preocupantes, porque hay mucha gente que compra como cierto lo que dicen determinadas personas, cuando en realidad, las mismas están generando desinformación y construyendo todo el tiempo una verdad a medias, que lo que hace es brindar datos equívocos a sabiendas que lo son, para beneficiar a quien les paga por hacerlo.
En este caso al que le quepa el sayo que se lo ponga y salga a cacarear, pero no me refiero a un caso puntual, ni a alguien en particular, sino a muchos que así lo hacen y esto lamentablemente, se da en todo el país.
En Montevideo, donde para muchos está la panacea del periodismo nacional, hay quienes compran por bueno lo que un joven, hijo de otro periodista, que usa un apodo como extranjero habiendo nacido en el caribe por accidente, vende. Él siempre dice muchas cosas a favor del gobierno, ya que el mismo financia no solo su medio, sino además otras publicaciones paralelas, donde lo que se vende es la gestión de la administración central sin críticas ni caras feas.
Esta persona, a la que conozco de mi militancia en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, en las épocas más duras que el país haya vivido en este siglo XXI, cuando algunos que hoy se dicen a favor del gobierno militaban para los gobernantes de la época por mero resentimiento con grupos frenteamplistas, porque luego volvieron con la cara de yo nunca me fui, en fin, a ese otro que hasta hace vídeos hablando los del poder, lo habíamos declarado enemigo, porque quería el fin de la Regional Norte tal cual la conocíamos, abierta y sin exclusiones.
Para los que se asombran, la Regional Norte ya existía antes del 2005 y ya había carreras completas que las cursaban cientos de estudiantes que provenían de distintos puntos del país, principalmente del norte y para sorpresa de otros tantos, el actual edificio de la Universidad estatal en Salto, ya existía y fue inaugurado en dos tramos, primero en abril del 2001 y justo un año después se dejó abierta la segunda parte, que fueron los pisos 3 y 4.
Es cierto, estaba sin amueblar, pero al menos estaba y lo digo porque en una publicidad política de cara al aniversario del Frente Amplio aparecía una chiquita, que decía que “ahora hay universidad en el interior”, pero seguro estaba bien desinformada.
El tema, pasa porque hay mucha munición gruesa que se está lanzando desde varias trincheras porque es época electoral y hoy las redes sociales, todo lo permiten. Hasta la creación de perfiles truchos, donde hay personas que las vemos todos los días, pero que se dan vuelta para escribir de la vida de tal o cual, insultando y agraviando.
Otros, te insultan de parado nomás y te llaman de cualquier manera, cuando nunca te vieron la cara ni hablaron con vos, ni te preguntan porqué escribiste lo que escribiste, como para ponernos a conversar y desmenuzar una charla, en la que pueden fluir muchas ideas.
Pero estamos en el mundo de la sobreinformación, donde la gente consume mucha idiotez y muchos datos que aparecen como históricos sin el más mínimo sustento. El año electoral se pone muy difícil, están todos los intereses en juego, todos.
Muchos no quieren partir para las 8 horas, porque si bien no tienen preparación específica no se preocupan porque según donde militen este año, tienen un cargo asegurado en el Estado y hay otros que quieren dejar de leer el Gallito Luis porque pretenden entrar con el próximo gobierno, sea del partido que sea, a un cargo en la administración central o departamental y están haciendo cualquier cosa para obtener sus cometidos.
Toda esta guerra de intereses provoca que la sociedad esté atravesando por una dramática situación de desinformación, mentiras, engaños y dichos de cualquier cosa, apoyados por fotos o vídeos que pretenden ser reales y que engañan a la población, tanto a favor de determinado gobierno, como en contra de tal o cual.
Los periodistas, los que trabajan realmente para dar información, son los que tienen el enorme desafío de pulir la misma, encontrar el equilibrio y darle a la gente los hechos que realmente ocurren y las expresiones que realmente son, porque sino la población seguirá consumiendo mucha fantasía, mucha mentira y mucha información direccionada, que solo generará una confusión generalizada.
Esto determina que haya un clima de mucha hostilidad y que traduce una violencia importante, que se suma a los problemas estructurales que ya padecemos como sociedad y ahora encima los sentimos en las redes sociales, con discusiones que terminan en agresiones, en amenazas y en disputas sin sentido.
Nadie está libre de no caer en un enrosque de éstos, pero debemos evitarlos, tratando de tener altura en la discusión, fundamento en los argumentos y libertad para decir lo que pensamos. Lamentablemente estamos siendo rehenes de algunos desinformadores, que trabajan cobrando para decir lo que el que les paga quiere que digan, y contra ellos también tendremos que dar una batalla. Desenmascarando las mentiras, las llamadas fake news y exigiendo datos concretos para que nos justifiquen lo que nos quieren vender.
Esa es la forma de poder informarnos libremente, para tener conocimiento de lo que está pasando y para poder discernir con sustento nuestras decisiones. Esa es la batalla que debe darse, por una información más limpia, sin la contaminación de los mercenarios, con errores y aciertos, pero con la verdad. Ojalá todos se sumen para poder lograrlo.

HUGO LEMOS

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Sin respeto no hay convivencia

Como mi madre trabajaba y yo todavía no podía pronunciar palabras, mi abuela Amalia se hacía cargo de cuidarme. Estamos en Florida, la ciudad donde nací en marzo del año 1979. Esa mujer a la que siempre llamé y llamaré Abuela, era la madrina y tía de mia mamá, puesto que mi abuela materna falleció antes que yo naciera.
Pero Amalia era una mujer que estaba siempre dispuesta a dar una mano a quien se lo pidiera, y crió a mi madre y trabajaba por su comunidad religiosa, era dispuesta con los vecinos y ayudaba a todo el barrio. Era una mujer luchadora, que había quedado viuda, y no se creía menos que nadie por eso. Al contrario, siempre se mostraba orgullosa de ser una madre y abuela capaz de dar todos los días de su vida por lo que más le apasionaba, vernos crecer.  machismo
Mi madre, trabajaba de sol a sol en los liceos, con un sinfín de horas docente para poder ganar un salario que le diera para pagar la olla. Por más que eso fue difícil ella nunca se doblegó, siempre siguió para adelante y nos daba el ejemplo que al mal tiempo buena cara. Fue una mujer que se entregó a su trabajo y a sus hijos.
En ellas les quiero reflejar el ejemplo de dos mujeres trabajadoras, luchadoras y que transmitieron su legado de valores y principios, sin creerse menos que nadie y sobre todo, sin creerse menos que un hombre, porque eran personas que en sus cabezas no entraba eso de que al hombre había que atenderlo. Ellas trabajaban para ganarse su sustento y adoptaron la responsabilidad de criar hijos y nietos sin temor alguno.
Es en ellas que yo veo el Día Internacional de la Mujer, en personas así, que se levantan cada día para trabajar en lo que han elegido hacer y en tomarse el trabajo de salir de su labor, que por lo general es su vocación y siguen trabajando, porque educan a sus hijos en sus casas para que sean personas de bien, que persigan sus sueños y que piensen libremente.
Son mujeres que están al pie del cañón de domingo a domingo, las 24 horas del día, sin pensar que si es tarde o temprano, y cuyo respeto y honorabilidad deja un legado inmenso para todos nosotros que somos las generaciones posteriores, las que las vimos actuar, las que sentimos que debemos imitar su forma de ver el mundo, que no es pensando lo mismo, sino haciendo lo mismo, dejándonos pensar y hacer a nuestra forma, pero con respeto, tolerancia, esfuerzo y humildad. Creyendo que la igualdad no es un slogan, es una realidad.
Y que cuando hablamos de igualdad, creemos que realmente existe, porque sentimos que esa igualdad nos debe llevar a respetar, a tolerar, a sentir que nadie es más que nadie y que todos nos debemos la solidaridad que impone la convivencia pacífica, para poder expresar nuestras ideas y voluntades a través de esa libertad que nos hemos ganado.
Por lo tanto, condeno totalmente que un grupo de inadaptadas mujeres quieran manchar al movimiento feminista arrojando pinturas contra una Iglesia, porque la historia de esa institución es mucho más grande que los errores y horrores cometidos por algunos de sus integrantes. Así como le pasa al pueblo estadounidense, cuya bandera que enarbola a todo el crisol de razas que viven en ese grandioso país, es quemada habitualmente y vilipendiada por quienes denostan a su gobierno, que hace muchas maldades por el mundo, pero que no representa el corazón de los norteamericanos.
Tampoco los feligreses católicos avalan la pederastía, el abuso sexual de sacerdotes hacia monjas y mujeres, el hostigamiento que han hecho a lo largo de su historia algunos de sus integrantes, pero que no representan los ideales de la institución. Por eso, ese hecho no empaña el grito de rebeldía que dieron las mujeres el 8 de marzo, pero muestra la intolerancia de muchos por no salir a condenar ese acto.
También es repudiable el acoso y violencia recibido por la hija del precandidato comunista Oscar Andrade, también es condenable el acto de vandalismo sufrido por el comité Mario Benedetti en Montevideo, pero no escuché nada de mucha gente que debería haber dicho “muchachas paren la mano, la institutción no son todos, y esos pocos que han atacado a las mujeres sean de donde sean, merecen el repudio de todos”.
No estoy haciendo una defensa a ultranza de la Iglesa Católica, que en este caso lo merece, sino que hago un llamado al respeto y a la tolerancia, como forma de convivir en democracia y en una sociedad que está cada vez mas dividida, más fragmentada, donde las diferencias nos ganan día a día. Donde la hipocresía de quienes dicen defender a las mujeres los hace verse en el espejo cuando realmente se dan cuenta que han hecho las cosas mal durante años y que con una marcha no resuelven nada.
Entonces debemos repensarnos como sociedad hacia dónde vamos y hasta dónde queremos ir. Porque cuando ya no haya tolerancia, ni respeto, ni responsabilidad por los actos de vandalismo que cometemos, todo se irá al carajo, y ahí vendrá la anarquía, el vale todo y la falta de conciencia social nos llevará a un estallido de violencia constante.
Hoy vivimos en una sociedad dividida y fragmentada, pero tenemos que ponernos a pensar qué sociedad queremos dejarle a nuestros hijos, porque en ellos nos va la vida. Pero para pensar en eso, primero tenemos que quererlos y contenerlos, cobijarlos cada día, entonces estaremos aprendiendo a ser más tolerantes y a asumir nuestras responsabilidades, más allá del sector o grupo al que queramos pertenecer.

HUGO LEMOS

 

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Qué informar es la cuestión

La gente consume información barata y vacía. Información básica que la mantiene pendiente de la nada misma, ocupan sus mentes en cosas fútiles y demasiado estúpidas que lo único que hacen es dejarlos navegando en esa nada, preocupándose por cosas que no tienen sentido y ocupando su tiempo en la vida de personas que nunca van a conocer y en mundos a los que de seguir ese camino, nunca van a acceder. notable
Así las cosas, la discusión sobre qué medios y a través de qué plataformas debemos informar, ha superado para los periodistas, el dilema de qué es lo que debemos informar, que es mucho más importante que cualquier otra cosa. De si realmente lo que publicamos en los diarios y en los canales de televisión, lo que dicen las radios y lo que suben los portales de noticias rápidas, es la información que la gente debe saber para tomar decisiones que le pueden llegar a cambiar la vida.
Mucha gente dice que ha dejado de mirar televisión y que aprende mucho más en Youtube, con los posteos de realizadores independientes, que con los enlatados de los canales de televisión abierta y por cable. El tema pasa porque esos “realizadores independientes” sean realmente tales y no personas que, brinden información falsa, aduciendo que lo que ellos informan al público es real en contraposición con los intereses corporativos de los grandes medios de comunicación.
Cuando uno mira películas de las teorías conspiratorias de los gobiernos de países poderosos, que manipulan todo al punto de lograr el control del pensamiento de la población para poder llevar a cabo sus políticas infames y para ello crean distracciones importantes, como el caso de Venezuela, donde la opinión pública discute si es dictadura o democracia, mientras el petróleo lo sigue consumiendo Estados Unidos y los grandes capitales siguen en manos de quienes manejan el gobierno bananero de esa gran nación devenida hoy en un triste republiqueta, uno se enfrasca en la discusión sin sentido por estos temas, mientras hay grupos de poder, clases dominantes, que deciden hacia dónde irá la humanidad mientras la humanidad ni se entera.
Es hasta gracioso ver cómo muchos denominados “anti sistemas” y “anti imperialistas” utilizan las redes sociales como Facebook, creadas por personas con pensamientos dominantes y que son emblemas de la cultura del poder imperial, para expresar también por allí sus diatribas anti sistema.
Pero lo más problemático de todo esto es cómo la gente está consumida por el uso de los teléfonos celulares y las aplicaciones que estos traen para alienar a la gente hacia ellos, con el fin de manipularlos y hacerles creer todo lo que por allí le muestran. Está el establishment que le enseña a la gente lo qué es lo que debe saber cada día y muchas veces las noticias más leídas son los resultados deportivos del día anterior o incluso los chimentos de la farándula, en vez de informarse sobre si la economía se desploma y sus causas y consecuencias, que es lo que realmente le va a afectar el bolsillo sobre todo a la clase media y baja.
El otro día participé de una buena charla con tres colegas en el programa de televisión de uno de ellos (ya aprovechamos y pasamos el chivo, Palabras Cruzadas, de Leonardo Silva, miércoles a las 21:00 por Canal 4 local) donde conversamos sobre la proliferación de una agenda noticiosa paralela a la que ya está instalada y que busca confundir más a la gente, con el verso de la inmediatez y de que dar la noticia ahora, es mejorar la capacidad informativa de la población.
Pero al final no llegamos a discutir qué informar, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Si vamos al tema de qué informar, creo que no nos pondríamos de acuerdo nunca con ese punto. Quizás a mucho les importe dar datos y estadísticas económicas, a otros hablar de cuántos candidatos hay en esta nueva etapa electoral, a otros hablar de los problemas cotidianos como la falta de servicios que recibimos del Estado, la falta de viviendas o la pobreza y la falta de empleo.
Aunque nadie dirá seguramente que lo que pasa acá es fruto de un sistema armado por una clase dominante que nos pone a nosotros como en un juego de ajedrez y cambian las piezas a su antojo.
Porque para informar eso hay que hilar fino, hay que decir qué y quiénes son ellos, y sobre todas las cosas porqué lo hacen. Y el sistema está tan bien armado que nadie tendrá toda la información nunca, entonces al final hablar de eso será algo tan confuso y por lo tanto, poco creíble.
Pero los medios de comunicación seguiremos informando sobre lo que pasa en el barrio, mientras que los que toman las decisiones no solo no están en el barrio, sino que además ni lo conocen y para peor ni les interesa. Entonces al corto plazo, debería haber un replanteo de todo esto. Sería buena cosa que los periodistas algún día se revelaran contra la máquina de decir lo que le gusta al dueño de la misma, y empiecen a dejar evidencias de que existen grupos de poder muy bien determinados, que son los que hacen que la rueda gire de la forma que lo hace, mientras nosotros somos como cuises que estamos corriendo en la misma rueda y encima cuando paramos, nos bajamos contentos.
El sistema está creado así, nosotros le seguimos la corriente y los grandes intereses multinacionales son los que gobiernan todo y a todos. Que muchos ya lo saben, claro, pero es preferible no decirlo porque si no, tendríamos que luchar contra eso y hacerlo da trabajo (léase una ironía).

HUGO LEMOS

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No se puede permitir

La primera vez que fui a la cárcel de Salto para hacer un reportaje fue en el año 2003. Entré a un celdario que estaba cerca de la puerta de entrada, un espacio que ya no existe, porque pese a que el centro penitenciario local mantiene su antigua y precaria infraestructura, ese lugar fue reformado. delinuencia
Allí, en un recinto que medía tres metros por dos, había cuatro camas, por decirle camas, porque tres eran catres con colchones muy finitos. Los policías, que entonces eran los que controlaban el lugar me acompañaron hasta ese espacio, después de mostrarme todo el lugar, o gran parte del mismo y me dejaron adentro con los internos, por entonces llamados presos a secas.
Cerraron las puertas y permanecí por espacio de unos 40 minutos charlando con los mismos. Eran hombres jóvenes de distintos barrios de Salto, que estaban pagando penas por distintos delitos. Tenían claro dos cosas, que habían cometido un delito y que tenían que pagarlo de la manera que la Policía lo disponía en esos lugares.
Mucho se hablaba entonces de si era adecuado que los funcionarios policiales fueran los que tuvieran que investigar, detener y poner ante la justicia a los delincuentes y después encima, custodiarlos en las cárceles. Esa discusión se dio en diversos ámbitos al punto que con el paso de los años, los nuevos gobiernos decidieron que las cosas cambiaran y quisieron darle un perfil social al asunto, pero que no ha logrado hasta ahora poder dar en el clavo con este asunto.
Por lo general y salvando honrosas excepciones, donde en algunas cosas se puede contar a la cárcel de Salto, los centros penitenciarios del Uruguay, hoy denominados por ley centros de rehabilitación pero en la mayoría de los casos son solo denominaciones, vulneran todos los derechos humanos. Absolutamente todos. Generan una condición de depósito del ser humano al que no rehabilitan sino que condenan al ostracismo, y lo destinan a vivir en un estadio de violencia y supervivencia del más fuerte que es tremendo.
Hay cárceles en el país donde los presos se enfrentan a diario por sobrevivir y lo hacen con armas de fabricación casera, porque saben que es defenderse o morir. Las denuncias por esta situación realizadas, primero por los propios reclusos que pasan filmaciones desde sus teléfonos celulares a sus familiares que están afuera para que las multipliquen, a modo de denuncia, luego por los propios guardias cuya integridad física corre riesgo cada día, y luego por el Comisionado Parlamentario, un cargo creado en el país para que sea un veedor de la realidad carcelaria en el país y sus denuncias y dictámenes sobre el tema tengan asidero. Aunque sus expresiones, son una posición de deseo y no pasan muchas veces de un comentario.
Ningún gobierno le ha hincado el diente al sistema carcelario, nadie ha destinado los recursos necesarios ni mucho menos extraordinarios para meterle mano a algo que es muy importante para la sociedad uruguaya. Nadie de los que ha estado en el gobierno hasta ahora, ha creído realmente que se deben reformular las cárceles desde sus estructuras edilicias hasta sus políticas internas, ni mucho menos las han considerado una política de Estado, ya que allí se supone que van las personas que cometen delitos, es decir, las que se salen del contrato social y vulneran las reglas de pacífica convivencia para dañar al otro sin importar las consecuencias y es tarea del Estado, reencauzarlas para devolverlas a la sociedad con la convicción de que deben respetar a los demás.
La cárcel de Salto ha evolucionado, pero los problemas sociales no los va a terminar dando talleres, ni haciéndolos leer y escribir, ni mucho menos dándoles mejor comida o televisión con cable. Hay un problema de reeducación que falta, no hay una política carcelaria (en todo el país) que determine que el interno, que es un costo para la sociedad, deba cumplir allí dentro con determinadas obligaciones para aprender nuevos hábitos con los que deberá salir del lugar.
Sobre todo porque tiene una población muy vulnerable, con jóvenes que han crecido con nuevos códigos, más violentos y sin respeto por la autoridad. El narcotráfico está presente entre los internos, las rivalidades generan problemas internos y la ausencia de una política más rigurosa para que se generen conductas apropiadas al lugar donde se encuentran pauta el diario vivir de personas que pronto volverán a la sociedad y seguramente seguirán en la misma. Pero como a algunos de ellos no los agarran más porque no cometen el mismo error que les valió el encierro la primera vez, las tasas de reincidencia son otras.
Entonces cuando alguien quiere poner límites se encuentra en un estado de situación que se vuelve mucho más complejo, que genera fuertes rechazos y que termina como en el caso de la directora actual de la cárcel, una funcionaria que ingresó hace algunos años a trabajar allí pero que es civil, no es policía, que recibe un ataque a balazos en su propia casa como un mensaje mafioso, donde le dijeron directamente que cuide su vida porque saben donde vive y cuáles son sus movimientos.
Esa situación en una sociedad pequeña como la nuestra, es imperdonable y la Policía debe buscar hasta en el último hueco a estos delincuentes para dar un mensaje claro, no toleramos sicarios ni matones que quieran amedrentar a nadie. Por más que las cárceles no los reeduquen, por más que su vida en la sociedad sea entre las cloacas y con hábitos de pandilleros, no se les puede permitir este tipo de ataques.
Pero también es un mensaje claro para la jerarca, el sistema carcelario no funciona como debe y las autoridades nacionales y sobre todo de gobierno, deben darse cuenta que han fallado en este tema y que deben hincarle el diente cuánto antes, como política de Estado, para que la sociedad encuentre un respaldo en serio a la hora de querer combatir la delincuencia y reformar los hábitos de estas personas, para poder vivir en paz.

HUGO LEMOS 

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Precisamos mejorar la economía

La gente dice en la calle “está fea la cosa”. Otros que son comerciantes, te dicen “no se vende nada, el país está estancado”. Todo es una cadena y a esa cadena la agarran los políticos de la oposición que no entienden un pomo de economía y hablan de crisis económica como la del 2002, cuando nada está mas lejos de esa realidad. Y después los que sí saben, te dicen que la situación es compleja pero lejos de ser una crisis. columnahoy

Yo, que no soy de los entendidos, digo que todo esto es un ciclo económico y que depende mucho de los problemas estructurales de la economía nacional, pero que por sobre todas las cosas depende de cómo manejemos nosotros nuestro bolsillo. No podemos echarle la culpa al otro y decir, me va mal porque el gobierno gastó de más y entonces hay déficit fiscal y hay problemas de competitividad en el país, sí eso pesa, pero si no manejamos nuestra propia situación y vemos una realidad más abarcativa de la realidad, esa postura cae por su propio peso.
El tema está en el endeudamiento interno que tenemos nosotros como población, y la falta de desarrollo económico y fiscal con el que contamos, porque todo se resume a una realidad muy concreta, los uruguayos somos consumistas y lo somos sin piedad. Cuando tenemos 20 gastamos por 40 y nos endeudamos por 60, y eso no lo medimos, solamente lo hacemos. Mientras escribía esta columna se me venía a la mente una frase que leí en Twitter, porque las redes sociales a veces sirven para algo, que decía “Mi padre me enseñó a arroparme hasta donde me dé la sabana”, un pensamiento brillante.

Si todos pensáramos así, si todos fuéramos hasta donde nos da la nafta, y si todos gastáramos de esa manera es cierto que no habría un consumismo que generara un movimiento económico formidable como el que se generó en el país entre el 2009 y el 2013, pero hoy habría menos problemas económicos entre la gente, había más equilibrio entre la relación ingresos – endeudamiento de las personas, y habría muchas más compras de las que hay. Lo que pasa es que es fácil recibir dinero, no saber a veces ni siquiera de dónde viene tanto, pero gastarlo sin temor alguno y después vemos.

Entonces justamente ese ‘después vemos’, es el que nos ha venido generando problemas a todos en la economía doméstica, problemas de todos los colores y es el que ha determinado un endeudamiento serio en las casas de familia de los uruguayos.

Cuando ganó el Frente Amplio en el 2005, la mayoría de las economías domésticas estaban prácticamente destrozadas. Los problemas de bajos ingresos y alto endeudamiento eran insostenibles. Aunque había además una franja en la población que si bien contaba con bajos recursos y escasos ingresos, no tenía una tasa alta de deudas. Pero igual, las cosas estaban jodidas para muchos uruguayos que la venían navegando como podían.

Aplicando casi un keynesianismo (John Maynard Keynes, economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX), el primer gobierno de Tabaré Vázquez repartió dinero público a través de planes de emergencia, dinamizó la economía con la obra pública, obligó a las empresas a dar aumentos de salario y dio aumentos considerables a los funcionarios públicos y a los pasivos, lo que movió bastante la aguja.

La economía creció con viento a favor por la caída de los países del primer mundo, y eso también ayudó a que a Uruguay le fuera bien por varios motivos. Pero cuando la plata para gasta se termina, las deudas quedan y si no se pagan, si no hay conducta fiscal, si la gente no tiene cultura de que primero se pagan las cuentas, después se cambia de celular, después se compra el auto, después se pide el préstamo para querer cambiar de coche, después se le compra a los hijos una moto, primero se cumple con las obligaciones propias, porque hay gente que hasta debe pensiones alimenticias a hijos extramatrimoniales o a los que una vez concebidos, han abandonado, aún así, decidieron gastar todo lo que les entraba y más.

Aunque más allá de estos casos puntuales, el problema de la economía pasa porque quienes ganamos 10 gastamos 20, no cuidamos el bolsillo y hemos sido irresponsables con nuestras obligaciones. A esto, le sumamos una ley de inclusión financiera que lo primero que hace, es que cuando el trabajador cobra su salario, debe dejar en manos de las empresas financieras y bancarias, o cooperativas de crédito, los pagos de lo que les debe, entonces obviamente lo que termina percibiendo se disminuye notablemente. Y ahí el poder de compra es prácticamente nulo.

Esta situación es la que impera actualmente, por lo tanto si el trabajador percibe un salario muy básico y ha perdido poder de compra, no puede ir a la tienda o al supermercado con la misma soltura que iba antes. Y a esto, sumémosle una inflación que hace que los precios en las góndolas superen largamente la capacidad económica de los uruguayos y unos costos en los servicios estatales (luz, agua, teléfono, impuestos nacionales y municipales) que son altos en relación al bolsillo de los trabajadores y de la mayoría de la gente, lo que problematiza la situación económica y apreta aún más el bolsillo.

Entonces, si el comercio no vende, tiene que echar a los trabajadores, cerrar sus puertas y en muchos casos, se corren hacia el informalismo, donde no pagan impuestos y pueden seguir subsistiendo, sobre todo con ventas a transacciones comerciales realizadas a través de las redes sociales, donde se ha generado todo un mundo de oferta y demanda que ahonda mucho más el problema económico. Después la gente sale, protesta, la reprimen y siguen protestando hasta encontrar una solución que nunca llega. Uno de los principales temas que deben enfrentar los políticos en este año electoral, es cómo hacer que la gente pueda vivir bien, pueda mejorar su capacidad económica, pueda ir de compras como pasaba hasta hace un tiempo. Y no va a ser con una ley de inclusión financiera, ni cobrando impuestos, sino alentando el crédito a los que están más endeudados, refinanciándolos, ayudando a la empresa a tener menor carga tributaria y beneficios fiscales, bajando las tarifas públicas cada vez que es posible y alentando a que la gente gaste en los comercios de plaza, de lo contrario seguiremos viendo un país empobrecido y una guerra de pobres contra pobres, como es la lucha de los trabajadores contra los pequeños comerciantes, que nunca tendrá una solución y solo empeorará las cosas.

HUGO LEMOS

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¿Por qué no informan?

Hace 30 años, todo era mucho más lento. Cuando ocurría un hecho, las autoridades tenían que verificarlo y luego citar a los medios de comunicación para que estos difundieran la noticia. Eso llevaba a que por un lado, haya certeza sobre la existencia del caso concreto. informacionY por otro lado, convicción a nivel oficial de que los hechos habían ocurrido y por lo tanto, se podían comunicar y entonces había una responsabilidad a la hora de informar que era ineludible.
Pero los tiempos cambiaron. Ahora las redes sociales e internet hacen que todos vivamos una vorágine que si no la sabemos frenara a tiempo, puede volverse una explosión de información sin sentido, que solo genera temor, pánico y caos, además de una confusión enorme entre la opinión pública si no se sale a tiempo decir qué es lo que pasa.
Actualmente, la transparencia de los organismos públicos se miden por la política comunicacional que los mismos tengan, porque cuánto más abierto son a brindar información y a exponer a través de los canales oficiales en redes sociales de las decisiones que toman los mismos, más credibilidad generan y mayor es el grado de confianza que terminan teniendo con la población.
Pero eso es algo que deben aprenderlo primero y bien las autoridades a la hora de asumir sus cargos. Porque si ellos no dan pie en bola en el asunto, toda la cadena de mando se corta y la política comunicacional comienza a fallar, no se brindan datos, las decisiones se toman entre cuatro paredes, la manejan tres personas y no son capaces de enfrentar a los medios de comunicación por el temor que tienen de no saber qué decirles, ni mucho menos, cómo hacerlo.
Hace pocos meses, una novel jerarca de una institución de salud local, me dijo “nosotros a la comunicación acá la manejamos así nomás, ‘caserita’, no le damos mucha vuelta”. Y yo no tuve otra que decirle: “yo a la medicina también la manejo así nomás, me tomo un yuyo que es más sano y no le pago a un médico para que me atienda ni de casualidad, todo caserito”. Así se le caen los diplomas al tacho.
Hoy esa institución carece de una política comunicacional, no tiene a nadie que transmita tranquilidad a la población en su nombre porque se apoyan en los organismos centrales, que no atienden los casos puntuales del interior del país, porque a ellos eso, no le da rédito, sino que lo único que les favorece es que a los hospitales de la capital les saquen foto con los pisos brillantes y las fachadas pintadas.
Esto, lamentablemente, porque las políticas de salud se manejan desde justamente la política, pero la clase política, donde le hacen creer a la población que según quién esté al frente de los organismos públicos de salud, el sistema va a estar mejor. Entonces hacen lo que quieren, informan lo que les conviene y le dicen a quién hablar y a quién no. Esto genera confusión y hasta temor entre la población, sobre todo en la del interior, pero a ellos esto tampoco les interesa.Es triste que así sea, pero así funciona. Ayer murió una salteña, que entre otras penosas enfermedades también tenía Leishmaniasis. Pero nosotros los salteños de a pie nos preguntamos ¿cuál fue la causa de la muerte?, ¿fue la leishmaniasis o fue otra enfermedad a la que se le sumó esta última y la falta de defensas hizo que su estado de salud se deteriorara aún más y terminara falleciendo?
¿Qué debemos esperar lo salteños de la Leishmaniasis? No sabemos ni jota, más de lo que nos dicen con algunos folletos y nos transmiten que a los perros hay que sacrificarlos. Pero todos estamos en ascuas con el tema, porque era un caso muy grave como para dejarlo pasar así como así, como para que la población no supiera cuán grave es el asunto. La información pública es una herramienta muy importante que le pertenece, como no podía ser de otra manera, a la población, no a las instituciones públicas y mucho menos a quienes por decisión político partidaria, manejan estas instituciones de momento. Todos nosotros debemos saber a qué nos estamos ateniendo, porque estamos en el foco del asunto, es en Salto donde está instalada de manera abrumadora el vector de esta enfermedad, y nosotros como vecinos de esa misma comarca, debemos estar sobreinformados sobre el asunto.Quizás la leishmaniasis no hizo más que agravarle otra patología que la paciente ya padecía, y tristemente, terminó falleciendo. Pero ¿por qué no salen las autoridades a decirlo? ¿Por qué no vienen a Salto o brindan al menos un comunicado público con la certeza de lo que las cosas son? Esperamos que en las próximas horas las autoridades recapaciten y le den a la población toda la información sobre este asunto, con el fin de que la gente sepa a qué atenerse, porque de lo contrario, seguirán en falta y serán responsables en el caso de que esta enfermedad se multiplique en humanos.

HUGO LEMOS

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Hay que cuidar el mensaje

La sociedad está dividida. Algunos utilizan el término fragmentada, para ser más sofisticados en su pensamiento y en ese sentido decir que el problema pasa por los problemas culturales que nos distinguen, y que trascienden incluso la marginación social, la extrema pobreza y la falta de educación.
Esto último sí existe, hay un problema de fragmentación en términos de pobreza cultural y desconocimiento absoluto de la cultura del valor interior de cada persona. Porque son esos los elementos que ayudan a que la gente salga adelante por sí misma, primero que nada el valor de creer en uno mismo, en nuestro potencial y en nuestra riqueza como personas. viñeta
Son esas cosas las que nos hacen salir adelante como seres humanos, las que nos ayudan a conquistar las cosas que tanto anhelamos. Nadie que trabaje para otro y se ponga bajo el yugo de un mal empleo podrá conquistar sus metas, porque condiciona su cabeza a que otro lo mande y le diga qué hacer con su capacidad y con lo más valioso que tiene el hombre, su tiempo.
Y eso ha generado además una cultura del “déme porque soy pobre”, esa visión del mundo que va a acompañada de la ley del mínimo esfuerzo y que termina sobrecargando al resto de la sociedad.
Esto también se traspoló a todos los ámbitos de la vida de algún sector social, que fue generando paulatinamente la fragmentación social en la que solamente aquellos que creen en sí mismos, en su potencial, en su riqueza interior, se despabilan y aprovechan las oportunidades que se le cruzan, las ven, las toman y les sacan el jugo, sobre todo si son personas de escasos recursos económicos y lo que quieren es tener una movilidad social ascendente, son los que rompen las cadenas y salen adelante .
Entonces, la fragmentación existe, hay una tendencia a que hay un grupo que está arriba, por encima del resto, que accede a una educación de calidad, a una atención integral en salud, que paga todas sus cuentas y que come bien todo el año, toma vacaciones al destino que desea y no se priva de nada. Y otra gran mayoría que sigue mirando el mundo por la ventana, a través de las redes sociales y observa cómo viven los otros, mientras sus sueños se postergan, la vida le pasa de largo y su lema es “qué vamos a hacer, no queda otra que trabajar”.
Pero no quiero hablar de eso ahora, sino de que la sociedad está dividida en muchos casos. No hablo de ricos y pobres, porque eso es un estado mental de cada uno, ni tampoco a la división política que se está potenciando en los últimos días y cada vez más con la campaña electoral que alienta, más que a pensar en un problema país, genera divisionismos sin sentido, sino que me refiero a la división de género que se está viendo de forma cada vez más acentuada.
El otro día vi a la comparsa de negros y lubolos La Tambora de Salto, una agrupación integrada totalmente por mujeres, con algunos hombres que cumplen el rol de colaboradores, pero básicamente son todas mujeres. Bailan bien, dan un espectáculo muy lindo, cuentan con una esforzada cuerda de tambores, pero creo que no les importa tanto eso, sino dar su mensaje. Y vaya que lo logran.
Allí establecen que pretenden terminar con el patriarcado. Y yo me pregunto ¿a qué se refieren específicamente cuando cantan con tanta vehemencia esa canción? ¿Cómo creen que eso le cae a muchos hombres que entienden con esto un mensaje de división y de cambio de paradigma en la constitución de las familias tal cual las conocemos? ¿Acaso el hecho de que el hombre sea esposo, padre y cabeza de familia porque es el que tiene el deber y la obligación moral de salir a ganar el pan para que su familia esté próspera, debe invertir los roles con la mujer, en vez de compartirlos? ¿Qué clase de sociedad se quiere con este mensaje?
Yo creo que no pasa por si es el hombre o la mujer, para mi tienen que ser los dos, porque ambos hacen que una familia funcione y que los hijos crezcan sanos mentalmente, felices y seguros de sí mismos. Pero creo sobre todas las cosas, que el mensaje de invertir roles, o cambiar el paradigma familiar, solo genera divisionismo, él por un lado y ella por el otro, determina que haya más mezquindad, violencia y desmembramiento familiar.
Reconozco que hay muchas mujeres solas, que sacan adelante a sus hijos como jefas de hogar y que la actitud de los padres de esas criaturas, no ayuda. Pero generar un divisionismo de nosotros por un lado y ellas por el otro, no solo da lugar a una victimización que termina en más violencia para nuestros niños, que crecen en ese mundo de cada uno por su lado y que terminan pensando que una familia biparental es algo raro, casi imposible, y que no tiene sentido su existencia.
Por eso, además de la fragmentación social, ahora enfrentamos un mundo de divisiones en todos los órdenes, que solamente terminará generando más cosas negativas a una sociedad que empieza a clamar a gritos algo que pensaba que ya tenía, y es una utópica unidad. No digo que todos pensemos igual y mucho menos, reconozco que tiene que existir este tipo de grupos que pregonen sus ideas, que en definitiva son tan válidas como todas, pero hay que saber cómo decir las cosas por eso de cómo se da el mensaje. Porque si en vez de juntarnos más, profundizamos nuestras diferencias para dividirnos, nos irá aún peor, no a nosotros, sino a nuestros hijos.

HUGO LEMOS

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Acá también es caro

La conversación giraba en torno al precio de una ensalada de remolacha. Y las críticas eran que mientras una remolacha valía 50 pesos en cualquier mercado, una ensalada de esa misma verdura servida por el reconocido cocinero argentino, Francis Mallman en su exclusivo restaurante de pueblo Garzón, salía 1.490 pesos.
No sé si tal precio es real, pero hay algo que no tiene parangón, es la forma en la que la gente mide las cosas. Nadie niega que la diferencia de precios es astronómica, pero todo depende del cristal con el que se miren las cosas y de qué elementos son tenidos en cuenta para realizar ese análisis. viñeta
Claro que si uno solamente analiza lo que cuesta obtener una verdura de esa variedad en una verdulería de plaza y lo que sale la ensalada en ese lugar, de manera fría y sin ver los elementos que lo rodean, sale a los gritos diciendo “levanten las manos esto es un asalto”. Pero la verdad no es esa.
Lo que cuesta 1.490 pesos no es la ensalada de remolacha, lo que sale tan caro no es que la verdura fuera cultivada en una chacra de Maldonado, un departamento beneficiado por las bondades naturales que lo rodean. Sino que el costo viene aparejado de sentarse a comer en ese lugar en particular, sale eso porque te la sirven ahí y porque el estar sentado allí, en ese momento, cuesta y sale caro. Porque el lugar tiene prestigio, porque quien cocina es uno de los cocineros más destacados del mundo y porque la gente quiere ver al profesional del arte culinario haciendo su trabajo en vivo y en directo. Por eso, el precio. De lo contrario, si nadie quiere pagar ese dinero, si entienden que Francis Mallman es uno más de entre varios cocineros que andan en la vuelta con sus recetas a cuestas, si consideran que nada vale tanto, pueden sentarse en otro lugar y no pagar el precio que allí se les fija. Están en todo su derecho, pero nadie puede decir que es caro el precio que le pone a su trabajo un profesional de destacada trayectoria.
Pasa en todos los rubros, hay camisas que son carísimas porque el diseñador y el sastre que las elabora, entiende que es el mejor del mundo y que el lugar donde las mismas son manufacturadas le dan el valor agregado. Hay automóviles que son los más caros del mundo porque vienen con lo mejor de la industria, pero sobre todo, porque son de determinada marca y sus dueños, creadores, accionistas, etc, entienden que es lo mejor de lo mejor y que el precio lo justifica. Al que no le guste, que no lo compre.
Pero no puede decir, Punta del Este es caro porque en el restaurante tal, el plato vale tanto. Punta del Este también tiene supermercados donde se compra incluso a menor precio que en varios supermercados de Salto, si bien el lugar vale, no todos los lugares venden las cosas a precios astronómicos. Al tiempo que sí pasa a la inversa, hay lugares que no valen tanto, y menos en verano, donde hay precios que no son contestes ni al producto ni al lugar, pero que sus dueños y quienes elaboran ese producto, sienten y entienden que los mismos valen ese precio.
Sin ir más lejos, el otro día, fui a una panadería muy conocida del centro de nuestra ciudad y compré un alfajor de maicena con dulce de leche y coco para degustar de merienda, y cada uno me salió 50 pesos. Para mi bien podría valer un poco menos, como pasa con la mayoría de los productos de esa misma naturaleza, pero, el dueño de esa panadería considera lo contrario y entiende que el precio se ajusta al diferencial de la calidad de los productos que allí se elaboran. Y eso es respetable, uno después puede elegir dónde comprar, con total libertad.
Pero nadie puede decir que por esa simple ecuación, Salto es caro. Si ese es el razonamiento no lo llevo, o que las panaderías del centro de la ciudad venden sus productos a precios altos. Tampoco. Cada panadería tiene su precio, cada producto cuesta diferente y la gente tiene derecho a elegir dónde compra y qué compra. Por esa razón, si uno va a Punta del Este y va a comer ensalada a lo de Mallman, seguramente la va a pagar mucho más cara, que si la compra en un supermercado de plaza y se la cocina él mismo, pero no por esa razón puede decir que el balneario es caro, porque está siendo injusto con el resto de los comercios, donde muchos tienen precios razonables, y así con todos los comercios de toda la costa uruguaya y también con los que están en las termas, donde por ver algún turista que habla otro idioma, te levantan como si estuvieras cenando en el Ritz de Paris.
Acá también es caro, pero sobre todas las cosas, el país está en un momento donde los precios no se ajustan al poder adquisitivo de la mayoría de la gente y ahí está el problema. Por eso, antes de hablar y de comparar precios, miremos bien qué ofertas tenemos, para saber a qué accedemos y luego, saquemos nuestras conclusiones y vayamos a donde nos plazca, o a donde el bolsillo nos permita, pero disfrutémoslo, y no critiquemos por deporte.

HUGO LEMOS

 

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El poder a través de Claudio

Estamos en campaña, no en el interior del país, sino en campaña electoral, donde todos los políticos llegan a toda hora y en todo momento, algunos hacía mucho que no andaban por acá, pero ahora, todos vienen. Y venir a Salto en pleno verano es de corajudos, encima con inundaciones, además para los que viven al sur del país, cruzar el norte del río Negro es toda una aventura y más si lo hacen al punto más caliente del país que para colmo está inundado, con las calles cortadas y con la humedad en toda la ciudad, pegándose al cuerpo, con mosquitos y Leishmaniasis. paolillo
Sin dudas, que tenemos todos los males y que estamos pagando un karma tremendo, algo habremos hecho mal. Pero lo más importante es ver qué fue lo que hicimos hasta el momento, analizar la situación y mirar para adelante tratando de no cometer los mismos errores. Los gobiernos departamentales han estado en una posición muy floja en los últimos años y no han generado una solidez y una influencia de la magnitud que tenían quienes les precedieron hasta finales del siglo pasado.
Porque si algo queda claro es que los gobernantes del Siglo XXI en Salto, no han generado esa combinación de poder que les permite ser influyentes y estar en los lugares donde se corta el bacalao, para poder ver que hay cosas que no se han hecho bien y que lisa y llanamente no se hacen, porque no se accede a los lugares de decisión, a los círculos de poder que son los que mandan en el departamento y a los que nadie se ha enfrentado.
Si uno hace hoy una radiografía de la sociedad salteña, cuando pasa la mitad de la pirámide y quiere llegar al pico de la misma para saber quién está en la cúspide, lejos están los gobernantes que en los últimos 15 años, se mezclaron en la mitad, con las masas y allí perdieron el punto de vista. Si esto fuera un barco, lejos están de penetrar el comando general de la nave, sino que está entre los marineros de rango medio. Y allí no se toman decisiones de peso.
Por eso quizás que falta que los gobernantes miren más para arriba que para abajo, porque de esa forma podrá negociar con los que mandan para lograr tener acceso después a tomar medidas de fondo que beneficien a los de abajo. No puede convertirse el gobernante en un mero receptor de las inquietudes de la población, para trasladarlas y hacer gestiones, debe poder acceder a concreciones que generen cambios y transformaciones posibles para la sociedad en su conjunto.
Debe penetrar el círculo de poder, sentarse a tomar un café con esas personas que integran el pico de la pirámide, que por el espacio representado en esa figura geométrica uno sabe que son muy poquitos, y allí estar junto a logias (sociales como los masones o militares como los Tenientes de Artigas), organizaciones religiosas (como el Opus Dei), círculos sociales determinados, núcleo de personas adineradas, grupos de empresarios y terratenientes, entre otros, para lograr tener eco en las decisiones e impacto en las medidas que pretenden tomar.
En realidad, hoy quería hablar de que se cumplió un año del fallecimiento del maestro Claudio Paolillo, mi maestro, un hombre con quien a la distancia y las veces que estuvimos juntos así lo hacía notar, mantuvimos una relación de afecto, compañerismo y admiración. A Claudio tuve el privilegio de traerlo a Salto en noviembre del año 2013 y lo llevé hasta la entonces Casa de la Cultura ubicada en la calle Lavalleja donde antes funcionó la ex radio Cultural. Allí habló para una veintena de personas que tuvieron el honor de escucharlo y la disposición de acercarse a saludarlo e intercambiar con él.
Y se puede decir, que pese a ser una persona que no poseía un caudal de dinero en ningún banco del país ni del exterior, que siempre repetía que era “empleado” de Búsqueda y no su propietario ni accionista, pese a que era el Director de ese prestigioso semanario que cada semana da cátedra de periodismo y nos ilumina con información seria y veraz en un mundo de abundancia informativa, con montañas de basura que proviene básicamente de Internet (principalmente de las redes sociales), tenía un gran poder. Una gran y exquisita capitutencia y un vasto conocimiento del periodismo, pero sobre todas las cosas, una formación envidiable, que le permitía intercambiar cualquier tema con los presidentes de los distintos países que visitaba, con importantes empresarios y con personalidades y personajes influyentes, religiosos, sindicalistas, políticos, universitarios, y un largo, largo, etc.
¿Por qué escribir sobre Claudio cuando hablamos del poder que le falta a los gobernantes? Justamente porque él demostraba cómo una persona que venía de una familia de clase media trabajadora, que en momentos duros como el de la dictadura militar uruguaya, rayaron en la pobreza, pudo salir adelante sin obstáculo alguno con un elementos que él siempre nos enseñaba en sus clases que los periodistas teníamos que tener: pasión.
El tenía pasión por lo que hacía, amaba ser periodista. Pero no para sentarse en una sala de redacción y escribir un artículo que pasara sin pena ni gloria al día siguiente. Sino para que a partir del mismo se dijeran verdades que pudieran ayudar a transformar algún gramo de esa pesada realidad que tiene a millones de personas por fuera y a unos pocos tomando decisiones. Él quería aportar en serio, generar cambios y transformar las cosas sin vueltas. Para ello indagaba, estudiaba, se metía hasta el fondo y generaba contactos que solo muy pocos, y casi ninguno en este país podía generar.
Eso hacía la diferencia y por eso Claudio era un tipo con poder. Era influyente entre sus pares, generaba respeto, admiración y cariño cuando uno llegaba desde el interior, después de hacer kilómetros arriba de un ómnibus y él te recibía en su impresionante despacho, lleno de premios, distinciones y alusiones a la importancia del periodismo, para darte un café, una buena charla, algunas recomendaciones y hasta era capaz de llamarte por teléfono un sábado de tarde, recién bajado de un avión (como me pasó en el 2014) para darme su parecer sobre una denuncia que iba a publicar en nuestro periódico departamental.
Los tipos con poder, toman decisiones y generan esa influencia que hacen que lo que decidan sea acatado y acompañado por una abrumadora cantidad de gente a la que ellos ni siquiera conocen. Ese don de mando, ese charme, solo tienen algunos. En el Uruguay de hoy, eso falta en todos los ámbitos, sobre todo a nivel gubernamental.
En contadas excepciones lo vimos. Pero en un ámbito tan desparejo y hasta desprolijo como se ha vuelto el periodismo uruguayo, donde Claudio era una de esas excepciones, porque te enseñaba que el poder de la información era una virtud que había que hacerla valer y pese a que el manejo de la información está hoy muy bastardeada, como él ya lo anunció años antes, por el consumo masivo de las redes sociales y la poca profundidad con las que se tratan las noticias, hacer valer el poder a través de esta labor, es algo que debe buscarse a toda costa para honrar a personas como él, que con el poder de sus palabras, siempre demostró que el poder estaba en el conocimiento y no en la billetera.
Ojalá los gobernantes entiendan que deben buscar más poder para darle soluciones a los de abajo, y los periodistas sepan conquistar más poder a través del saber, del nutrirse, de educarse e informarse, para que los de la punta de la pirámide sean cada vez menos.

HUGO LEMOS

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Como todo el mundo

Cuando uno recibe una atención médica espera que la misma sea para uno. Es decir, uno quiere que el médico además de saludarlo y preguntarle qué le pasa, lo revise, familiarice con el paciente, lo mire bien y destine ese tiempo a explicarle con cierta empatía, que deberá surgir del mayor de sus esfuerzos, porqué esa persona se siente de la manera que ameritó su visita al consultorio. medicos
Que le dé a conocer cuáles son las causas o factores que han generado esa sintomatología que determine el malestar, y si el mismo puede convertirse en una enfermedad que el paciente debe tratar. Cuando el médico le brinda información real y constante, ese paciente siente tranquilidad, protección y ganas de salir adelante, sin mayores problemas. Ayuda a que el médico lo conozca más y trata con el mismo como si fueran dos personas conocidas más allá de la consulta, ganando afabilidad por la confianza que surge entre ambos.
Pero el problema que se da hoy es que la medicina ha cambiado mucho, los médicos ya no destinan tanto tiempo a los pacientes y la cuestión se vuelve casi automatizable. El otro día estaba en casa de un amigo, que ocasionalmente sentía un malestar y vi como un galeno que llegó a verlo tras un llamado a la mutual de la que es socio, lo vio en menos de lo que canta un gallo, dejándolo con más dudas que certezas.
El médico llegó apurado. Se ve que tenía muchos llamados y le dijo en tono imperativo “qué le pasa”, ni siquiera le preguntó el nombre, la edad, le preguntó si tenía mucho calor, si tomaba agua, nada de nada. “Qué le pasa”, mientras sacaba los utensilios de un portafolios, donde le tomó la fiebre, la presión y le miró la garganta y los ojos. Pero todo esto en cuestión de segundos.
Estaba nervioso, parecía que ese día no era el indicado para salir a hacer su trabajo y que algo lo tenía preocupado. Pero mi amigo no tenía la culpa y la situación aumentó su angustia, porque vio como el médico, prácticamente de manera robótica actuaba tomando medidas que anotaba en una libreta como dejando constancia de lo que estaba haciendo. Mi amigo se sentía extraño en su propia casa y por momentos pensó que irrumpía el valioso tiempo del prestigioso profesional que tanto tenía que hacer y tenía que soportar que este lo llamara por un dolor de cabeza.
Aunque quiso explicarle que hacía días se venía sintiendo mal, que estaba mareado, que no podía más de tanto malestar, y atinó a decirle, “quizás sea estrés”, casi en pánico por tratar de conseguir una respuesta, solo logró que el médico, ni siquiera mirándolo a los ojos le dijera “sí, como todo el mundo” y le recomendara recostarse en el sofá para ver si tenía algún mareo más que revisar.
El paciente se sintió contrariado y terminó aceptando que en realidad no le pasaba nada, que solo tenía que tomar una Novemina y que tenía que descansar. Pero el médico, una vez que le dejó eso en claro, tomó sus utensilios con un arranque de rapidez que lo dejó pasmado, porque era casi una carrera contra el tiempo y prácticamente sin decir adiós, se fue por la puerta quizás a ver a otro pobre paciente, que debe munirse justamente de paciencia para saber que en cinco minutos nadie le dirá más que un “como todo el mundo”, poniéndolo en esa casilla, la de las ovejas de un corral, que están estresadas y se la tienen que bancar.
Mi amigo no quedó conforme, se siguió sintiendo mal, pero ya no quiso llamar al médico. Se dio cuenta que la medicina automatizada que practican ahora, es como si se atendiera él mismo. Se tomó la presión, se controló la fiebre y sintió que si se quedaba acostado tomando una pastilla de esas que salen pocos pesos (porque si fueran buenas saldrían carísimas), acaso su estrés se controlaría un poco más y se daría cuenta que el temor a que algo le pasara era solamente producto de su imaginación.
Después reflexionando me dijo: el sistema de salud no puede automatizarse, es de los pocos donde los profesionales del ramo deben atender a la gente como si nada se hubiera inventado, como si todo estuviera en su estado natural, porque es la manera de encontrarnos entre dos personas y aliviar nuestros dolores internos.
Pero si la situación sigue así, y los médicos van a ser tan autómatas en las atenciones, en breve será lo mismo que a su trabajo lo haga un robot, que venga, pida datos, diga lo estipulado dentro de un manual, y se vaya corriendo a ver otro para decirle exactamente lo mismo. Mientras tanto, la humanidad seguirá perdiendo su esencia, y en poco tiempo ya no quedará nada. Solo pensar que no somos únicos e irrepetibles, sino que somos como todo el mundo.

HUGO LEMOS 

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Inclusión a otros niveles

El avance de la tecnología está de manifiesto desde hace varios años. La vorágine con la que nos hace vivir, es indiscutible. En los últimos cinco años ha cambiado muchísimo la manera de comunicarse de las personas. Desde los novedosos mensajes de textos que se masificaron a mediados de la primera década de este siglo, a la manera de mayor conexión entre las personas, la aplicación Whats App, con la cual la gente puede verse, mandarse vídeos y comunicarse de manera permanente en forma gratuita. robot
Esto supone que nos veamos sorprendidos de forma constante y que la pregunta nos invada, sobre todo a quienes tenemos hijos que no llegan a los 10 años de edad, qué verán ellos dentro de una década. Cuál será la manera que tengan de comunicarse, de qué forma intercambiarán sus ideas con nosotros y el mundo.
Pero ahora tenemos a una nueva habitante del planeta, alguien que rompe con el paradigma de que solo los seres humanos, somos seres racionales en el planeta y que podemos tomar decisiones, sentir emociones y gobernar nuestros instintos, y esa es la robot Sophía, que ha sido impuesta al servicio de los principales intereses económicos como una nueva terráquea que habla, se desempeña y toma decisiones por sí misma.
La misma, fue presentada a las principales autoridades de Arabiua Saudíta quienes decidieron otorgarle la ciudadanía. Es decir, hacerla parte del mundo que habitamos con la misma calidad de vida, derechos y por lo tanto obligaciones, que el resto de la población de ese país.
Quizás la decisión haya sido adrede, o quizás para apañar otros intereses, como la creación en masa y el fomento desmedido de la Inteligencia Artificial como la nueva manera de vida del siglo XXI. Ese es quizás el cometido por haber sido presentada ante personas que pueden decidir invertir en la multiplicación de varias Sophías por el mundo y con ello romper con todos los paradigmas y cercos que la sociedad impone de que solamente los seres humanos, somos capaces de vivir en sociedad y tomar decisiones en esta vida.
¿Suena muy loco no? Claro que sí, pero es una realidad que nos pasa por arriba. El mundo está así de cambiante porque nosotros lo hemos hecho ya de otras formas, las hemos aceptado, aplaudido y vitoreado. Y hemos demonizado a quienes han querido rechazarla por romper con el molde humano y entonces ahora, cuando nos imponen una sociedad con la inclusión de la inteligencia artificial, la miramos con desconfianza y queremos primero analizar si estamos de acuerdo con incluirla.
Esto ha sido generado y promovido por personas que entienden que el mundo es de las máquinas y que son estas las que un día, podrán salvar al ser humano, de su autodestrucción. Esa discusión que nos parece banal, frívola y hasta lejana en el tiempo, que no es para este tiempo y que tiene mucho de ciencia ficción, no es tan así.
El mundo ha cambiado y las sociedades se han modernizado, imponiendo nuevas formas de ver la composición familiar, adaptándose a nuevos géneros e identidades sexuales, que rompieron con el binomio hombre – mujer para darle cabida a muchas otras cosas nuevas, que algunas aún están en proceso de formación y de autodescubrimiento, que le hemos dado lugar ahora a la robótica.
Pero la discusión no es solamente la Inteligencia Artificial en el mi área de trabajo, en la industria o en la tan hablada automatización laboral, sino que hablamos ya de una convivencia tan pronta como necesaria, porque la misma se dará pese a que los cambios lleguen tarde o temprano.
Le hemos abierto las puertas a las transformaciones sociales más grandes e importantes de la historia, con familias ensambladas casi como regla, con uniones en vez de matrimonios y con adopciones de parejas del mismo sexo, al punto que agregar la robótica a la sociedad como forma de vida, no es algo lejos de la realidad ni mucho menos, ajeno a estos tiempos.
Por lo tanto, cuando la robot Sophía llegue a Uruguay el próximo 22 de febrero para hablar en el American Business Forum en Punta del Este, un evento que reúne a líderes y empresarios de toda América Latina, les dirá a las personas más influyentes de esa región del mundo, que llegó para quedarse y que muy pronto estaremos conviviendo con ellos.
Entonces, ¿estaremos dispuestos a adaptar nuestras mentes y plantear el concepto de inclusión hacia un robot, que puede pensar, sentir, querer y tomar decisiones como si fuera un ser humano, como si fuera un jefe de familia?
Todo eso nos lo dirá el tiempo, dentro de muy poco, cuando nos demos cuenta que el mundo que nos plantea un robot desde su inteligencia, es el que nosotros decidimos construir y en el que tendremos que adaptarnos, o quedar relegados para siempre.

HUGO LEMOS

 

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Un día de reflexiones

Han pasado tantas cosas este año que ha terminado muy rápido. No sé si eso es bueno o malo, pero es real. El año se fue y es un tiempo en el que deben contarse las cosas vividas con alegría y como si fueran una gran experiencia. Es imposible reconstruir el camino vivido cada uno de los 365 días del año que pasó. Nadie se acuerda, a no ser que haya sido una fecha especial, lo que hizo un 22 de febrero o un 14 de mayo por decir dos fechas tomadas al azar. Pero sí hubo momentos que quedarán en nuestra memoria para siempre. fin de año
Comencé este año 2018 al regreso de mis vacaciones, un 22 de enero escribiendo sobre la muerte de mi maestro del periodismo y querido amigo, Claudio Paolillo, quien falleció con 57 años a causa de un cáncer cuando estaba en el apogeo de su carrera. Aunque la enfermedad lo había dejado un poco de lado de todo esto y si bien no estaba quieto, ya no frecuentaba los mismos lugares.
Seguimos con la despedida del secretario de Redacción de este diario, quien si bien no se fue del todo y seguimos leyendo sus editoriales, la salida total de la redacción de Alberto Rodríguez, después de 50 años de trabajo fue un sacudón que aún no se terminó de acomodar. El diario sigue saliendo pero los ajustes persisten, porque así son las cosas.
Perdimos a algunos amigos entrañables, como Víctor Hugo Flores, el querido Comisario y también ocurrieron casos que nos tocaron de cerca y que nos generaron un fuerte golpe emocional en muchas cosas. Aunque son parte de las experiencias que pasarán a las bitácoras del 2018, un año que demostró que las cosas pueden ser complejas.
Pero también hubo momentos lindos de ser recordados, reencuentros con amigos y familiares que llegaron, se afincaron y volvieron a irse. Aunque todo es parte del proceso de la vida que nos enseña que las cosas por algo ocurren.
Mañana será un día de reflexiones, de encuentros y de nostalgia por quienes no decidieron estar juntos a nosotros en este momento, y por aquellos que tuvieron que partir, algunos a trabajar y otros de este mundo. Empero, será un momento para festejar que siempre podemos volver a empezar, que la vida pasa rápido, que los hijos crecen y que lo más importante de la vida es alcanzar la felicidad humana.
No quiero salirme de contexto y de hablar de temas políticos, porque si bien en este mismo instante en el que ustedes están leyendo lo que yo estoy escribiendo ahora, hay políticos que están tomando decisiones por ustedes y nosotros, a veces hay algunos que dicen cosas muy interesantes, y yo sé que a este que voy a citar ahora muchos lo quieren y otros no, pero una vez en Río de Janeiro, en una cumbre por el medio ambiente dijo algo interesante y para mi gusto, muy verdadero.
Fue así que José Mujica se refirió a lo más importante de este mundo como la Felicidad Humana que todos debemos tener y buscar antes que cualquier cosa. Por eso dijo que está muy bueno pelear por el medio ambiente, en términos de clima y eco sistema, pero que si no buscamos lo elemental, que es el amor, estamos fritos.
Y cito: “El desarrollo (de los pueblos) no puede ser en contra de la felicidad. ¡Tiene que ser a favor de la felicidad humana! Del amor arriba de la tierra, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental” y añadió “precisamente porque ese es el tesoro más importante que tiene (el ser humano), cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama: la felicidad humana”.
Es fundamental que hoy, en un mundo que para muchos no pasa más allá del Daymán y que para otros va un poco más lejos, todos tengamos los cinco sentidos prontos para darnos cuenta que la felicidad pasa a favor de nuestra acción humana, de nuestra vida, de nuestros sentires cotidianos.
Y que acercarnos a la gente, sentir su cariño, ayudar al otro, no cuesta más que tener la voluntad de hacerlo, y una vez que lo hagamos seguramente nos vamos a sentir distintos, contentos y completos.
Hoy es un día de alegrías, de reflexiones, de pensar hacia adelante y de ver qué es lo que viene ahora. Qué significa el año nuevo para cada uno de nosotros, es cosa de nosotros mismos, de nuestros adentros, pero tenemos que mirarlo, tenemos que tomarlo en cuenta, no podemos pasar el día, que el reloj de las doce campanadas y solo nos importe descorchar y brindar como algo vacío, todo debe tener un significado, porque en la medida que lo tenga será importante y si es importante sin dudas que es en serio. Entonces estaremos pujando por un cambio de verdad en lo que ha sido nuestra vida hasta el momento.
Hoy será un día para que nos sentemos a contarnos lo que nos pasa, para decirnos que nos queremos y que creemos en que podemos ser mejores, aún en la adversidad, por más que nos enfrentemos a golpes inesperados, por más que en el trabajo, en nuestra casa y con nuestros amigos haya cosas que resolver, siempre lo más importante es sentir que estamos vivos y que si algo anda mal, hoy es un buen día para proponernos que las cosas sean mejores.
Podría haber destinado este espacio para hablar de los problemas que tiene el país, que son muchos, de los que tiene Salto que son varios y demasiados para ser una sociedad tan pequeña como la que somos, y pudiendo ser más uniformes somos muy complejos y nos contrariamos todo el tiempo, haciendo de este hermoso lugar muchas veces una innecesaria olla de grillos.
Pero creo que era importante invitarlos a vivir un día de reflexión, de mucha alegría pese a que no haya suficientes motivos para algunos y sobren para otros, y que sea una jornada en la que todos estemos en paz primero con nosotros mismos y después con los demás, con los que nos rodean, con el fin de que la vida sea cada vez más linda y mejor para todos nosotros, empezando por usted que está leyendo esto ahora.
Muchas gracias por haber estado frente a esta página durante el año y espero que lo sigan estando al menos mientras estas líneas se sigan escribiendo para proponer un intercambio de ideas.
Tan solo Feliz Año Nuevo para todos, a pesar del calor.

HUGO LEMOS

 

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Es Hora de Volver a Casa

Recordar los momentos vividos, tener presente a los que ya no están y tratar de tener un instante que quede en la retina para el resto de la existencia, es parte de la celebración que la inmensa mayoría de las personas tratará de tener una vez que baje el sol, de este 24 de diciembre. navidad
La celebración de la Navidad tiene muchos significados. Entre ellos, el de juntarse y vivir un momento único en familia que nadie debe dejar de lado. Y para esto muchos se preguntan ¿qué es vivirlo en familia? Familia puede ser la que ya conocemos todos, padres, hijos, esposos, hermanos, primos, etc. O también amigos o seres queridos que nos hacen sentir momentos únicos que generalmente no disfrutamos.
Hay una publicidad alemana de una cadena de supermercados de ese país que a mí me gusta mucho. El padre tiene tres hijos ya crecidos, los que además de tener sus vidas tienen sus propios hijos y sus obligaciones. Por eso muchas veces, casi sin darse cuenta, le van pasando los días como a muchos de nosotros sin disfrutar de la ocasión de estar con sus seres queridos.
El padre, ya anciano, los llama para verlos y año tras año, el encuentro se va postergando, si bien recibe el saludo de sus hijos y nietos a través del teléfono el mismo se vuelve una voz en el éter, cuasi vacía para un anciano que ve cómo se le escapa la vida por una ventana mientras sus hijos ya no comparten su tiempo con él.
Entonces él mismo decide hacer una cosa, simular su muerte y mandarles a sus hijos la invitación para su funeral. El mismo se cumpliría justo el día de Navidad. Entonces la imagen muestra cómo en el momento que está cada uno en lo suyo, con sus vidas, totalmente ajenos a lo que siente ese hombre por no ver a sus únicos seres queridos en este mundo, sus hijos, van recibiendo de distintas maneras la triste noticia de que su padre ha fallecido.
Uno es financista en Shangai (China) y los otros dos trabajan en distintos lugares de Alemania. Cuando de repente les avisan que su padre falleció y que el funeral será en su casa el día de la Navidad, jornada que tanto negaron pasar junto a su padre y en consecuencia se la habían terminado perdiendo la oportunidad, para siempre.
El motivo, no solo sirvió para que el padre pudiera ver a todos sus hijos y a sus nietos juntos, sino además para que ellos se vieran entre sí, ya que hacía años que ninguno compartía la navidad con el otro. Y en ese momento los unía la angustia y el dolor de ver partir a su padre, luego de haberle negado la visita en varias ocasiones pensando que siempre habría oportunidad para volver a encontrarse.
Abrazados por el triste momento ingresan todos a la casa, que también era el lugar donde nacieron y se criaron de niños y adolescentes antes de volar cada uno con sus alas propias. Esta vez entraban a ese lugar que tantas veces los cobijó junto a sus compañeros de vida y a sus hijos.
Allí se encontraron con una larga mesa servida y con las velas encendidas. Todos se miraron hasta que apareció de repente la persona que era el motivo de su encuentro en ese lugar y les dice “esta era la única forma de poder verlos a todos”. Y todos rompieron en llanto de emoción y alegría. Se sentaron alrededor de la mesa y compartieron la cena de Navidad, por primera vez en muchos años todos juntos. Lo más importante, fue ver la alegría en sus caras. Era una expresión que no era traducible en palabras porque la felicidad de estar juntos venía del alma.
Hoy es un día como esos, donde todos tenemos que estar juntos y nuestra felicidad debe provenir del espíritu. No importa lo que haya para comer en la mesa ni la frivolidad de un regalo material al pie de un arbolito adornado con globos y luces, pero que debe significar muy otra cosa.
Lo que importa es la alegría de volver a estar juntos, de encontrarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean, sin importar si están a nuestro lado o si están más allá de la frontera más cercana. Porque hoy, lo mágico que tiene este día, es que no hay barreras para que podamos comunicarnos con quienes más queremos, para decirle acá estamos.
Justamente porque hoy, más allá de que estemos con la familia que elijamos que queramos tener, siempre vamos a estar con quienes amamos en nuestro hogar. Porque hoy más que nunca, es como dice el final de ese spot televisivo que nos regaló la empresa alemana Edeka en 2016, hoy es Hora de Volver a Casa. Y ahí es donde tenemos que estar. Feliz Navidad para todos.

HUGO LEMOS

 

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Carolina Cosse y la democracia

Cuba es una dictadura y Venezuela está a punto de serlo, si ya no es en una expresión bastante parecida. Nadie puede decir lo contrario, nadie que se precie de demócrata, que crea realmente en la democracia, que tenga convicciones claras y que piense que con la libertad de las personas no se negocia. democracia
Cuba es una dictadura, eso lo sabemos todos. Y lo es sobre todas las cosas porque es un país con un solo partido político, donde no puede haber otra corriente de pensamiento que no sea la del gobierno y la de sus gobernantes, no existe allí uno de los elementos claves de la democracia que es la pluralidad de partidos políticos, donde existan y prevalezcan todas las corrientes de opinión posibles y donde todo el mundo tenga libertad de pensar, decir, expresar y formar el partido que quiera para competir en elecciones libres contra el gobierno de turno.

Donde haya un ejercicio libre de la prensa, donde exista una multiplicidad de medios de comunicación que digan lo que se les antoje, a favor o en contra de los gobiernos, eso sí bien independientes de los mismos. Si lo quieren apoyar que lo hagan y si lo quieren criticar y cuestionar, que lo hagan con la misma fuerza. Pero esas libertades no la tienen ni los pobladores de Cuba, ni hoy tampoco la tienen los de Venezuela, donde protestar está prohibido, donde querer formar un partido político y presentarse a elecciones libres como las que se hacen en nuestro país, también está prohibido y donde tener un medio de comunicación que sea crítico con el gobierno se paga con cárcel.

Uruguay es ejemplo de esas cosas, cuando el país vivió la dictadura entre 1973 y 1985, pasaba lo mismo. Pero Carolina Cosse, que aprendió la diferencia entre lo que es un país con dictadura y un país con democracia, ahora parece que no sabe diferenciar una cosa de la otra.

Hace pocos días en el programa En la Mira de VTV, que conduce el periodista Gabriel Pereyra y que tiene entre sus panelistas al politólogo Adolfo Garcé, este le preguntó a la actual ministra de Industria y precandidata a la presidencia por el Frente Amplio, si consideraba a Cuba una dictadura y ella respondió que no.
Dijo que los cubanos vivían a su manera y que habían encontrado una forma de vida que había que respetar. La forma de vivir de los cubanos es la que le marca el gobierno a la población, no les permite hacer algo que ellos quieran por sí mismos, si a un grupo de personas se le ocurre manifestarse contra una medida impuesta por el Estado, los mismos pagan con cárcel, si quieren proponer un nuevo partido político pagan con cárcel, si quieren establecer un medio de comunicación y desde allí hablar o escribir de manera independiente y ser críticos con el gobierno pagan con cárcel.

Además no creo que en 11 millones de personas, todos piensen igual y no haya quienes deseen manifestarse contrarios a algunas o a todas o a varias de las medidas que adopte el régimen de la isla, que ya lleva una autocracia impuesta desde hace décadas, con un adoctrinamiento importante en las personas del lugar.
Y si le hubieran preguntado a un sueco cuando estaba ocurriendo la dictadura uruguaya sobre si el gobierno del Goyo Alvarez era una dictadura y el sujeto respondiera que había que respetar la autodeterminación del pueblo uruguayo ¿qué hubiera dicho la hoy ministra y precandidata a presidente del Frente Amplio de esa opinión? Asusta solo pensarlo.

Y asusta porque ella es una de las personas que junto a Daniel Martínez tienen la chance de ser los continuadores del actual gobierno. Son los que tienen la llave del destino del Frente Amplio y seguramente, la ministra Cosse podría llegar a ser la presidente o la vice de nuestro país en un eventual cuarto gobierno de izquierda.
Por eso el hecho de cómo piensa y qué concepto tiene de lo que es una democracia es algo muy importante porque estamos hablando del respeto de valores y de formas de vidas que ella deberá respetar como gobernante. No es lo mismo un país con libertades políticas y de prensa, que un país sin ellas, un país con un Estado de Derecho donde el Poder Judicial esté separado del gobierno y el parlamento esté compuesto por diferentes partidos políticos que garantizan las distintas corrientes de opinión, que un país donde gobierna un solo partido porque cualquier otro es ilegal.

No es lo mismo un país sin libertad de prensa que un país donde todos pueden decir lo que se les antoja y protestar por la calle sin que nadie venga a ponerlos presos por hablar en contra de quienes gobiernan. Ese concepto de democracia no solo se aprende en los libros, sino que además se aprende en la calle, viendo cómo se vive en un país y en otro.
Más que elogiar al actual gobierno y dar discursos llenos de cosas lindas que no aclara cómo las hará posibles, me gustaría que la precandidata Carolina Cosse dijera cómo piensa gobernar a los uruguayos en caso de acceder al gobierno y si considera hacer un gobierno similar al cubano, donde para ella eso que hacen en esa pobre isla, es tan democrático como lo que pasa en Uruguay. Una pena.

HUGO LEMOS

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Una expresión de deseo

La libertad de expresión no está amenazada en este país, pero sí parece estar bajo sospecha. Al menos es lo que nos deja como saldo todo lo que ocurrió en la semana que pasó cuando los sucesos ocurridos en el departamento de Artigas, determinaron aspectos preocupantes que por lo menos ameritan a que los mismos sean analizados. libertad
Si bien el artículo 7º de la Carta Magna habla del derecho a la libertad del que gozan los habitantes de este país, el artículo 29 del mismo texto normativo completa esa capacidad que tenemos los habitantes de todos los rincones de esta Patria al referirse específicamente al sagrado derecho a la libertad de expresión del cual gozamos.
Ciertamente con responsabilidades, esto quiere decir que si bien podemos gritar lo que nos dé la gana a los cuatro vientos, en el momento que se nos ocurra y de la manera que queramos, también nos obliga a hacernos cargo de las cosas que decimos. Ese principio, que sería una obligación básica de la contrapartida que tenemos que es el derecho a hacerlo, no siempre es respetado ni tenido en cuenta por personas que se hacen llamar periodistas y lo único que hacen con esa práctica es ofender la profesión, debido a que la irresponsabilidad manifiesta con la que actúan por sus dichos o escritos da pavor.
Hay un caso concreto de un periódico que publica una serie de comentarios en los que s encargan de ensuciar personas a diestra y siniestra, donde nadie firma ni siquiera con seudónimo, donde lo que habla es de la irresponsabilidad a la hora de enfrentarse con la libertad de prensa.
Pero para no irnos por las ramas, cuando empezamos a ver que los principales representantes del Estado, que son parte de un gobierno y son los que deben defendernos a todos, en vez de promover la protección del derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos, no solo no lo hacen sino que además maltratan a los que protestan porque lo hacen en su contra, la libertad se ve amenazada.
Y si encima, desde el mismísimo Estado, a través de los servicios de difusión de la Presidencia de la República, se encargan de denostar a las personas que manifiestan, dando a conocer sus antecedentes y sus datos personales para ponerlos en boca de todo el mundo, con una práctica autoritaria, absurda y descalificante que deja en evidencia la ausencia de respeto a la población y el uso indebido de datos por parte del gobierno sobre sus gobernados, dan cuenta de la pobreza argumental que tienen para tener que ponerse a violar el derechos de los habitantes de este país con el fin de proteger sus propios intereses, en una acción de mezquindad absoluta, solo vista en tiempos que más vale no acordarse.
En mi opinión, es mucho más preocupante la actitud del Estado con el manejo irresponsable de datos privados de los ciudadanos de este país, como práctica recurrente para pretende descalificar a una persona que protesta contra el gobierno, que el insólito hecho de que el ministro, Eduardo Bonomi, haya pisado, empujado y mandado preso a un pobre tipo, de los miles de olvidados que hay en el norte del país, que lo único que reclamaba era que se terminara el contrabando con el fin de que la industria nacional, en este caso del rubro del tabaco, prospere y de esa forma pueda preservar su fuente de trabajo.
Porque la actitud del ministro de pisarles la pancarta y hacerlos detener, muestra de cuerpo entero quién es y cuáles son sus valores, siendo el mismo una persona que en su momento salió a la calle a pelear por sus ideales de una forma tan enfática que hasta no dudo en llegar a cometer delitos que le valieran largos años de cárcel para defender sus acciones que entonces fueron vistas como políticas. Por lo que en ese caso, que una persona así se haya olvidado de todo lo que luchó, después de llevar 13 años ininterrumpidos como ministro de Estado (los primeros 5 como ministro de Trabajo y 8 como ministro del Interior), que actúe de esa forma, habla de un sujeto de baja estofa y que no está a la altura de su investidura.
Pero que encima que desde la Presidencia de la República, se dediquen a amenazar el derecho a la libertad de expresión de las personas, donde por segunda vez en un año sacan comunicados oficiales con los antecedentes de las personas con el fin de generar una campaña de descrédito formidable, como si la persona por no pagar una deuda (en el caso del colono que le dijo mentiroso a Tabaré Vázquez en febrero) o por tener antecedentes penales (como el trabajador tabacalero de Artigas) perdieran el derecho a la protesta por tales condiciones.
Si bien no las pierden en absoluto y por más antecedentes o deudas que tengan siguen siendo ciudadanos de este país y por lo tanto mantienen el sagrado derecho constitucional a la libertad de expresión, es preocupante que la Presidencia de la República mantenga esas prácticas propias de regímenes totalitarios como las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, o las actuales de países como Cuba y Venezuela.
Es triste que la Presidencia uruguaya, que ya fue observada por el Instituto Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo por estas maniobras artimañeras, prosiga con las mismas bajo la atenta complacencia del presidente de la República, que dice respetar la democracia, menos cuando la protesta le toca de cerca. Ojalá sea la última vez que el Estado amenace la libertad de expresión, pero estoy seguro que es solo una expresión de deseo.

HUGO LEMOS

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