Votar por la institucionalidad

Cuando los problemas son graves, no se pueden barrer e intentar ocultarlos debajo de la alfombra, por la sencilla razón que cuando son realmente importantes, empieza a hacerse un bulto que se nota a la legua y entonces ya no hay como tapar absolutamente nada. Eso fue lo que hizo, o al menos intentó hacer el gobierno la última semana, cuando para enmendar un error, que por lo que se sabe, comenzó en la propia Presidencia de la República, llevaron al Senado una propuesta del Poder Ejecutivo, para destituir a los seis generales pasados a retiro de manera sorpresiva hace algunas semanas, por el presidente de la República.  desparecidos
Pero al final, más allá del resultado de la votación, lo más preocupante es lo que subyace, lo que quedó en el aire, esa atmósfera espesa que hace difícil digerir todo lo que ha pasado, pero que sobre todas las cosas, muestra con claridad que sigue habiendo un divisionismo en la sociedad que aumenta la brecha entre los uruguayos.
La decisión del Senado de votar divididos, no porque unos creyeran en la democracia y otros en los golpes de Estado, sino porque unos le echan la culpa al otro de haberse mandado una tremenda macana y ahora no quieren ser responsables de los errores de los otros, y así, el cruce de dardos de un lado y del otro, trasladó al parlamento nacional, símbolo de la expresión republicana y de la democracia, el divisionismo que se traduce en nuestra sociedad con este tipo de casos.
Cuando el entonces comandante en jefe del Ejército y ahora precandidato a la Presidencia, Guido Manini Ríos, le entrega al ahora fallecido ministro de Defensa Jorge Menéndez (que murió inesperadamente), la única copia del Tribunal de Honor del Ejército, donde el represor Gavazzo confesaba nuevos crímenes de lesa humanidad, y el entonces secretario de Estado, tomando conocimiento de los hechos se los traslada a la Secretaría de la Presidencia de la República, el Sr. Secretario debió poner en conocimiento de los hechos de manera inmediata al Fiscal de Flagrancia.
Ahí, al no hacer nada, comienza a verse el primer error, luego el mismo se completa con el peor de todos, que es que el Presidente de la República refrenda el fallo aparentemente sin leerlo y sin tener que haber hecho semejante cosa, de firmar algo sin saber lo que dice adentro. “No puedo leer más de 50 expedientes por día”, enfatizó el primer mandatario cuando fue cuestionado de porqué había firmado algo así, sin saber de qué se trataba.
Es el Presidente, no hay superior posible como para darle un reto, o como para pedirle que no lo vuelva a hacer. Si el presidente se equivoca, entonces ¿quién va detrás a reprenderlo o decirle que no vuelva a hacer lo que hizo? Pero para muchos ese no es el problema y los generales que le tomaron la declaración a Gavazzo y pusieron todas sus confesiones en las actas, para que los mandos superiores (entiéndanse tres personas, el comandante en jefe del Ejército, el Ministro de Defensa nacional y el presidente de la República) sean los que tomen cartas en el asunto, pasaron a ser los únicos responsables y entonces exculparon al resto y la estrategia cambió, todos dicen ¡qué mal que se portaron los generales! Y en su defecto, aplaudimos al Presidente.
Pero no todos se comieron esa pastilla. Y quisieron dejar en claro en el parlamento esto mismo. Entre ellos, hubo una acertada intervención del senador salteño Germán Coutinho, que pidió que antes de votar la destitución de los generales, el tema sea tratado en la Comisión de Defensa del Senado que él mismo integra, con el fin de que el caso sea estudiado más a fondo, porque cuando ocurrieron los hechos, dijo en Sala que ninguno de los legisladores que integran con él esa Comisión, ni siquiera los del Frente Amplio, tenían información certera de lo que estaba pasando y por eso pidió más tiempo para enfrentar las cosas con otra madurez, y que no se mande a la guillotina a los jerarcas castrenses sin tener una visión más amplia de lo ocurrido.
Allí falta un eslabón muy importante que aún hoy no fue aclarado, y es: ¿qué hizo Miguel Ángel Toma, el secretario de la Presidencia de la República, con el expediente que incluía el fallo del Tribunal de Honor después que el exministro de Defensa se lo entregó para que lo leyera informándole de lo sucedido?
Al final, en esa maratónica sesión del Senado, en la que no se alcanzaron las mayorías como para que se votara la destitución de los generales, los partidos fundacionales no acompañaron la moción que vino del gobierno, por entender que el mismo estaba haciendo una jugada política, y entonces los legisladores oficialistas comenzaron a insultarlos, generando así una división de la clase política a la vista de todos, algo que tienta a una fractura de la democracia.
La oposición debió respaldar, a mi juicio, la institucionalidad, votando la destitución. Estuvo bien la solicitud de que el tema pase a estudio de la Comisión del Senado, estuvo bien lo que les dijeron, al menos en parte, a los legisladores del oficialismo acerca de que el gobierno también tuvo tremendas responsabilidades en este caso al no actuar cuando fueron informados por el entonces comandante en jefe del Ejército primero y por el exministro de Defensa después. Pero igual deberían haber dado al final del día, el voto favorable para respaldar la institucionalidad.
Porque justo hoy, un 20 de mayo, cuando se cumple otra Marcha del Silencio, en recuerdo del asesinato de Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz por parte de los represores argentinos, esa circunstancia habría quedado como una reafirmación democrática, más allá de las responsabilidades políticas que después, en forma justa, se reclamen. Pero lo más importante es que de esto se aprenda y que no nos sigamos fracturando más como sociedad de lo que ya estamos.

HUGO LEMOS

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Siempre están junto a nosotros

Uno de los grandes recuerdos que tengo de mi madre, es ir a verla trabajando en el Liceo. Yo tenía unos 8 o 9 años y me iba caminando desde nuestra casa en la zona del barrio Huracán, hasta su salón de clases. Eran unas seis o siete cuadras y yo las hacía con gusto. Llegaba al centro educativo, subía la escalera y me iba hasta la puerta del aula, con el pecho hinchado de orgullo para verla dar sus clases. madre
Después me enteré que los alumnos me escuchaban llegar y esperaban ver mi cabellera pelirroja, que entonces la era, asomar por la ventana que tenía cada puerta de los salones del Liceo Ipoll. Yo la escuchaba hablar y me sentía tranquilo que ella estaba donde dijo que iba a estar, entonces era una manera de sentirme seguro y protegido.
Luego la acompañaba del brazo hasta la Sala de Profesores y esperaba que guardara las Libretas en su Casillero. Me acuerdo que en aquel entonces, fines de los 80, todos los profesores tenían uno, donde gurdaban además de las libretas alguna bolsita con tizas y un borrador, que se compraban porque por lo general en el liceo no había.
Siempre vi a mi madre trabajar y dar todo por nosotros. No hacía otra cosa, además de leer para sus clases y ocuparse de la casa. Pero lo más importante de todos esos recuerdos que tengo bien guardados en mi memoria, son los efusivos elogios que recibía sobre ella de parte de sus alumnos. Una vez, estaba sentado al borde de una larga escalera que teníamos en la puerta de la casa donde vivíamos por la calle Cervantes.
Era un día soleado y yo estaba allí, tranquilo, sin mucho que hacer, cuando de repente pasa un hombre vendiendo cuadros, una actividad que en aquel momento se hacía mucho en un carrito sobre ruedas. Y la persona que guiaba ese carro, me pregunta por mi madre, naturalmente para tratar de venderle alguno de los varios que llevaba apilados para poder hacerse el pan del día.
La llamé y el vendedor le ofreció si quería comprar alguno de ellos, a lo que mi madre, luchando para vivir el día con lo que ganaban en aquella época los docentes, le contestó que no, pero son la amablidad que la caracteriza, agradeciéndole la oferta. El hombre la miró, bajó sus lentes y le dijo “¿usted no es la profesora de Filosofía?”. “Sí”, contestó mi madre ya esbozando la sonrisa que la caracteriza, a lo que el joven vendedor se dirigió a mi y me dijo “te felicito por la mamá que tenés, además de buena profesora es muy buena persona”, y yo que no quise ser menos le dije “muchas gracias, ya lo sé”.
Así las cosas tengo la dicha de tenerla todavía, y en lo personal mi madre siempre fue motivo de orgullo para mi, porque es un ser de luz de esos que la vida te pone adelante, no solo como madre, que tengo la dicha de que así sea, sino también para que te dé sus enseñanzas.
Muchas veces no las valoramos, no les damos la atención que merecen y tampoco estamos con ellas cuando más nos necesitan, porque pucha que sí nos necesitan, como nosotros las necesitamos a ellas sin saberlo, cuando nacimos, cuando crecimos, cuando vivimos nuestras dificultades, nuestras necesidades, nuestras alegrías pero sobre todas las cosas, nuestras tristezas, desazones y frustraciones en la vida.
Ellas siempre están. Ayer particularmente fue un día especial porque es buena cosa recordarlas y tenerlas siempre presentes, aún si no las tenemos físicamente, ya que no dejan de ser nuestras madres y su legado, lo que nos transmitieron en la vida, es lo que cuenta, es lo que vale. Sé que debe ser muy fácil decirlo, escribirlo en este caso, pero sentirlo debe ser una cruz muy fuerte, que es parte del aprendizaje de la vida.
Nuestras madres siempre dieron todo de sí por nosotros, son esos seres que no van a dejarse vencer fácilmente, sabiendo que siempre nos tienen a nosotros que somos su razón de vida. Y nosotros no podemos olvidar eso. Tenemos que venerarlas y cuidarlas cada día, aceptarlas con sus defectos, que quizás con el paso de los años podamos notarles alguno, pero que si en ellas lo vemos, en nosotros esa caraterística puede verse acentuada, porque venimos de ellas y somos lo que ellas nos han enseñado.
Pero también están las madres que por el hecho de cargar con la cruz de haber perdido a sus hijos no dejan de serlo. Son esas personas especiales que estarán toda la vida siendo la madre de, y esa persona que ha pasado a mejor vida, sigue siendo su hijo. Y así como ellas lo recuerdan, ayer en el Día de la Madre, algunas fueron a llevarles ellas una flor. Algo que conmueve hasta el alma y que hace doler hasta el hueso. Pero no nos olvidamos de ellas por ningún instante.
Ayer particularmente me acordé de varias personas que conozco, cuyos hijos están en su corazón y su presencia las ilumina y las convierte en esos seres de luz que son.
Sentí un agradecimiento enorme a la vida por estar aún al lado de mi madre, por tenernos y por seguir ambos nuestro camino en la vida, que no es el mismo ni debe serlo, pero debe estar supeditado a la preexistencia del hijo a la madre, porque no debe ser al revés, pero en caso que se dé, la madre no dejará de serlo jamás.
Por eso recordar a una madre es sentirla cerca, y sentirla cerca no es abandonarla con la razón y con el corazón. Es acompañarla, estar con ella y comprenderla todos los días, porquelo que nosotros le podamos criticar ahora, es lo que nos criticarán nuestros hijos a nosotros algún día y lo que a nosotros nos dolerá igual que lo que le puede doler a nuestra madre, que nosotros hagamos eso con ella.
Recordemos que no hay abrazo más calido, protección más segura, palabra más sagrada y aliento más puro que el de una madre. Porque ella tiene en su corazón el amor que nadie más tendrá por nosotros. Y si no lo entendemos por las razones de la vida que sean, cerremos los ojos y pensemos un segundo en cómo queremos a nuestros hijos, y lo comprenderemos enseguida, y no querremos hacer otra cosa que darles un abrazo. O en todo caso, elevar nuestra mirada al cielo y sentirla junto a nosotros, como siempre ha estado y estará, sin lugar a ninguna duda.

HUGO LEMOS

 

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Una alfombra inconveniente

Las compras que realiza el Estado con nuestros dineros, son todo un tema. Es algo que nos debe ocupar siempre, porque de esa manera aprendemos muchas veces lo que no tenemos que hacer en nuestras propias casas y lo que sí tenemos que vigilar, cuando notamos que hay adquisiciones que no deberían ocurrir jamás. dibujo
Es importante que los ciudadanos de este país sepamos en qué gasta el Estado nuestra plata, en qué invierte, qué es lo que hacen con el dinero que con tanto esfuerzo le damos a través de los servicios que pagamos, de los trámites que hacemos y de los impuestos que obligatoriamente debemos abonar, porque en ese caso, el Estado no perdona, te cobra y después verifica si está bien o mal, porque si es justo o injusto, es otro kiosco.
Todo esto viene a colación de la polémica que se generó el otro día, cuando se supo que el Poder Judicial, con todos los problemas presupuestales que ya tiene y que tuvo siempre, con todos los recortes que ha sufrido, con todas las carencias que tienen los juzgados de todo el país para prestarle un servicio adecuado a cada persona que tiene un reclamo que hacer, había dado luz verde a la compra de una alfombra cuyo valor ascendía a los 3.190 dólares.
El tema quizás no haya sido tanto la alfombra en sí, que era de origen persa, y que realmente valía ese monto. Tampoco que la misma no fuera necesaria para decorar un palacio que es del erario público, ergo, de todos los uruguayos, como lo es el palacio Piria, donde funciona la sede de la Suprema Corte de Justicia, ubicado en la Plaza Cagancha en pleno centro de Montevideo.
Porque el hecho de ser un palacio, no se puede cubrir con cualquier cosa. Imagínense ustedes que si mañana se rompe una de las arañas majestuosas que tiene el teatro Larrañaga, no puede sustituirse con una lamparita, o con un artefacto de plástico, las mismas deberán reponerse y repararse; y seguramente su costo será alto. Y en ese caso está bien, creo que todos los salteños que estamos orgullosos del teatro que tenemos, ya que además siempre estamos exigiendo que lo dejen en buen estado y lo mantengan así, no estaríamos diciendo nada en contra de que la comuna, más allá de los problemas que tiene de dinero, realice un gasto acorde al lugar.
En ese sentido, la compra de una alfombra para uno de los despachos de los ministros de la Corte, no era algo que podía no justificarse, porque si se rompe o queda en mal estado una alfombra del palacio Piria, no pueden poner una moquete barata en su lugar. Porque eso no lo aceptaríamos nosotros, si en Salto pasara con uno de nuestros museos, por ejemplo.
El tema es que en el contexto en el que estamos, donde hay problemas de todo tipo, donde un organismo tan importante como el INAU no tiene dinero para darle una atención adecuada a los niños y adolescentes que atiende, donde en el Hospital de Salto, cada vez que llueve tienen que poner baldes por todos lados, donde en Baltasar Brum hay una sola ambulancia y tienen que empujarla para que arranque, donde hay juzgados que no tienen ni quien los atienda de manera adecuada para sacar las sentencias en tiempo y forma, cosa de no generar un daño al justiciable, reclamo hecho por abogados de distintos puntos del país, donde hay escuelas que se caen a pedazos y no pueden ser reparadas, donde hay caminos rurales que son intransitables, los gobernantes y autoridades se debe dar un mensaje de mayor cuidado de los dineros públicos.
No voy a cuestionar la compra de la alfombra específicamente, pero la misma se suma a la compra de una docena de sillas para funcionarios de ANCAP por un valor de casi 1 millón de pesos no hace mucho tiempo, y teniendo en cuenta que las tarifas de los servicios públicos no han bajado desde hace tiempo, que la inflación llegó al 8 % ya en lo que va del año, que el precio del dólar, que Tabaré Vázquez dijo en 2018 a un solo Uruguay que no lo podía llevar a 36 pesos porque generaría un aumento de precios importante que perjudicaría al resto de la población ya está en 35,95; y que en una ciudad como Salto hay 27 asentamientos y cada vez más gente durmiendo en las calles, no pueden ni siquiera pensar en una compra así.
Señores de la Suprema Corte de Justicia, arreglen la alfombra como sea, mándenla coser igual, pero no gasten más de 100 mil pesos uruguayos en una alfombra para una sala, que nadie discute que sea necesaria, pero en lo que todos estamos de acuerdo, es que hoy no es el momento para llevar adelante esa adquisición.
Tampoco lo fue sin dudas la docena de sillas que ANCAP compró por 1 millón de pesos, porque lo que estamos diciendo es que desconocemos el enorme esfuerzo que hacen los uruguayos para poder pagar sus impuestos y las tarifas públicas, para que después el Estado elija la manera más fútil de gastarse la plata.

HUGO LEMOS 

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Ya no es nuestra plata

Cuando en el año 2012 estaba haciendo un curso en Montevideo sobre economía para periodistas, una de las charlas las dio el entonces ministro de Economía, Fernando Lorenzo. banca
El mismo que después fue procesado por el caso Pluna, implicado en la venta ficticia que se pretendió hacer al grupo del empresario argentino propietario de Buquebús, López Mena, lo que se cayó todo tras la reveladora foto de El Observador, cuando todos juntos celebraban la transacción en un bar pituco de los que pululan en la Ciudad Vieja.
Bueno, el mismo Lorenzo, fue el que nos dijo en ese momento, que luego de haber viajado por cuatro países diferentes antes de llegar a darnos esa charla, en el único que había necesitado efectivo para hacer una compra había sido Uruguay, pero advirtió ya en aquel entonces, que estaban trabajando junto a los legisladores del Frente Amplio para darle forma una ley que incluiría todo lo financiero en un sistema de pagos electrónicos.
Todo eso pareció maravilloso, bárbaro, muy positivo para todo el mundo, porque también él apelaba a la inseguridad reinante y al hecho de tener que llevar dinero en el bolsillo, evitándolo con mecanismos como el pago electrónico.
Sin embargo, lo que no dijo Lorenzo en ese momento fue que para implementar la ley, lo que iban a hacer era un negocio fabuloso con los bancos, donde los mismos se adueñaban de las ganancias de la gente, los hacían clientes forzados de sus entidades y en función de su capacidad económica, que se la iban a manejar ellos porque la ley los mandataba, les ofrecerían “servicios”.
Esos servicios son básicamente préstamos y tarjetas de crédito, que las entidades bancarias les expiden a sus nuevos miles de clientes con el fin de poder ganar dinero por manejarles su plata. Plata que ganan con su trabajo pero que ahora están obligados en cobrarlas por ahí, en recibirlas por ese medio, por esa institución, sin que pase antes por ellos.
Entonces mucha gente, sin comerla ni beberla de la noche a la mañana pasó a ser cliente del banco tal o cual. Ese banco es el que te dice qué capacidad de economía tenés y en función de eso te alienta a sacar un préstamo o a darte una tarjeta de crédito, para que gastes un poquito más y así siempre vas a tener una obligación pendiente que cancelar con ese banco, y el mismo siempre te va a seguir diciendo cómo y en qué debes gastar tu dinero, es decir, el poco que te va a quedar después de pagarles a ellos, claro.
Esa manera que tienen los bancos de haber apropiado de los dineros de la gente es responsabilidad de la ley 19.210, la ley de inclusión financiera, esa que Lorenzo dijo que nos iba a poner en el primer mundo a los uruguayos, que ahora cada vez que necesitemos algo de dinero, tengamos que pasar por el cajero y con eso le estamos dando de ganar porque al pasar la tarjeta por la ranura, el sistema siempre gana.
Aunque no nos dijo eso Lorenzo, sino que nos dijo que era una ley que nos iba a incluir a todos, y que nos iba a permitir saber cuánto dinero tenemos y cómo manejarlo sin movernos de nuestra casa.
Pero eso no es lo que quieren muchos, que sienten que han perdido su libertad y sobre todo la capacidad de manejo de sus fondos.
Sino que mucha gente quiere volver a sentir que no tiene porqué avisarle al banco tal o cual cuánto gana y porqué gasta lo que gasta.
Pero eso ya no pasa ni va a pasar más.
Además la ley de inclusión financiera ha hecho que haya gente que ya no pueda elegir si paga toda la cuota o la mitad y empieza a refinanciar una deuda, sino que espera a que le descuenten derecho nomás el dinero que quizás no tiene o es emes lo precisa para algo más importante, como un tema de salud por ejemplo, pero no puede decir sobre su dinero, porque ahora es el banco el que decide.
El sistema no nos cuida, nos obliga a darle nuestra información, a darle nuestro patrimonio y a darle todo lo que ellos necesitan como para seguir haciendo del negocio bancario, el más rentable del mundo, mientras tanto, gracias a personas como el exministro Lorenzo, nosotros ahora somos gente que va al cajero a sacar lo que le queda de su dinero y contar las miserias el resto del mes.
Pero lo bueno, es que estamos dentro del sistema, y encima nos quejamos.

HUGO LEMOS 

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Más diálogo, menos líos

La libertad de expresión es uno de los derechos humanos fundamentales que deben ser respetados y ponderados por toda la sociedad, porque bajo el amparo del mismo, no solo funciona la libertad de prensa, sino también la libre expresión de todos aquellos que pretenden exteriorzar una idea y realizar una manifestación pública para hacerse escuchar. Por esa razón es que ese derecho fundamental no puede vilipendiarse de cualquier manera y tampoco es dable que haya quienes quieran pretender hacerlo valer solo cuando son los titulares del interés de la idea que pretenden hacer escuchar. fotocolumna La libertad debe ser para todos por igual y los únicos parámetros que deben limitarla, son el de la ofensa a través del insulto personal, así como también, el de una información basada en la mentira y el engaño.
Pero de lo contrario, la libertad de expresión es uno de los bienes mayores que tiene una sociedad democrática y en ese sentido, no debe ser atacada, ni limitada, ni tampoco cercenada con preceptos legales que abren un frente de batalla contra los derechos básicos que debe tener la vida en sociedad.
Todo esto a colación de dos hechos que ocurrieron con pocos días de diferencia, pero que en cierta medida van en el mismo sentido, y está bueno por lo menos sentarnos a reflexionar sobre los mismos, porque nos pone a todos de una forma distinta a la que concebíamos hasta ahora.
El primero de ellos fue el fallo de la justicia a favor del escritor y periodista Diego Fischer, quien demandó al conjunto carnavalero Los Zíngaros, por haber utilizado los textos de su investigación periodística hecha libro sobre la vida de Juana de Ibarbourou, en la obra Al Encuentro de las Tres Marías.
Los Zíngaros usaron sus textos sin la autorización del autor en sus repertorios y con ellos hicieron su paso por el carnaval del año 2016, presentándose en el teatro de verano y en una serie importante de tablados de todo Montevideo, ganando una importante suma de dinero durante ese carnaval.
Más tarde, el escritor se presentó ante la justicia exigiendo una reparación por esta situación porque entendió que los carnavaleros debieron tener su autorización para ponerse a lucrar con sus textos y la justicia le dio la razón. Ahora Los Zíngaros deberán resarcir a Fischer en una suma establecida por la justicia.
Aunque el tema no pasa, al parecer por el pago de la suma de dinero, sino por los derechos que están en juego, como el caso de la libertad de expresión de cada conjunto que participa en Carnaval, que además de usar textos, poesías y datos que escriben periodistas y escritores, también usan melodías de cancioneros de diversos autores, que desde ahora, con la jurisprudencia establecida por este caso, pueden realizar los reclamos pertinentes, con un pretexto legal que si bien no le asegura el éxito en el juicio, sí les da una seguridad de que el reclamos no va a ser desestimado.
En ese sentido, los autores de grupos de carnaval tendrán que tener la cautela de solicitar determinadas autorizaciones a la hora de ponerse a usar textos o canciones para sus repertorios y que hayan sido creadas por otros.
El otro caso en cuestión, es el del reclamo de la Asamblea Permanente del 8 M contra el locutor radial y el medio de prensa escrito por sus expresiones vertidas ese día sobre la manifestación que ese colectivo llevó a cabo.
Si bien ellas tienen el derecho a manifestarse, a decir lo que piensan y sienten, y a ir a todos los medios a divulgar su mensaje, también deben apelar al diálogo cada vez que un comunicador o una persona cualquiera utilice frases soeces contra sus postulados. Porque todas las personas que realizan actividades públicas están expuestas a la crítica y hasta el escarnio público. Y si bien no tienen porqué soportarlos está bueno que no se judicialice todo lo que ocurre en nuestra sociedad, sino que se apele más al diálogo, al debate de ideas y a una gran conversación nacional sobre este tema.
Si bien la sociedad está cambiando y los parámetros de los modelos culturales son otros que hace algunos años, todos nos debemos una gran charla para saber dónde estamos parados, qué modelos debemos seguir y a donde quieren llegar algunos colectivos, no para impedirles nada, sino para entendernos mejor. Creo que es algo positivo a lo que debemos apelar como sociedad, sino terminaremos en un enfrentamiento permanente que no nos conduce a nada.

HUGO LEMOS 

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Muchas dudas por despejar

Me cansé de leer el volumen y magnitud de desinformación y tergiversaciones que se han planteado los internautas y el público en general, desde que el periodista Leonardo Haberkorn publicó en el diario El Observador, lo que el excomandante en Jefe del Ejército y hoy precandidato a la presidencia por el novel partido Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos ya sabía. dibujo
Lo que el ahora excomandante en jefe del ejército en sustitución de Manini Ríos y ya expulsado por saberlo, José González, también sabía. Lo que el ahora exministro de Defensa Nacional, Jorge Menéndez, sabía, lo que el ahora exsubsecretario de esa cartera, Daniel Montiel, conocía, lo que el actual Secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, sabía y lo que el presidente de la República, Tabaré Vázquez, tendría que haber sabido porque firmó el fallo, y si lo hizo sin leer, es una omisión a sus funciones, y graves por el contenido de lo que firmaba, no fue un descuido ni mucho menos.
Lo que ya sabían todos, que era la confesión de un nuevo crimen de lesa humanidad por parte del represor de la última dictadura cívico – militar, José Nino Gavazzo, algo que por la cadena de conocedores del tema a esta altura, parece que todo era un secreto a voces y que los únicos que no sabíamos éramos el resto de los mortales.
Porque todos ya lo sabían, estaba en las actas del Tribunal de Honor del Ejército, estaba en el expediente que Guido Manini Ríos le entregó al entonces ministro de Defensa, Jorge Menéndez, estaba en ese mismo expediente que recibió Miguel Toma, estaba en las actas que refrendó con su firma el señor presidente de la República.
Estaba allí al alcance de quien quisiera verlo y el problema, es que lo vio un señor periodista, como Haberkorn, que ya había venido investigando todos estos temas desde hace muchos años, que ya había escrito los libros “Milicos y Tupas”, y “Gavazzo. Sin Piedad”, que detalla el primero las negociaciones que han llevado a cabo los tupamaros con los militares para poder vivir en paz en la época post dictadura. Y el segundo, los horrores de Gavazzo, entre los que se encuentra el asesinato del salteño Eduardo Pérez, padre de Martín Castellini, a quien conocí por ser compañero de liceo de mi hermano mayor, Álvaro, pero de quien nunca oí hablar en mi casa de que era hijo de un muerto por la dictadura.
El tema pasa ahora porque hay muchos que piden no manipular la información, aunque con ello lo único que están exponiendo es la manera que tienen de hacerse los distraídos. Decir, que el presidente nunca ni por asomo, ni por casualidad, tiene responsabilidades en este caso es no decir toda la verdad y ser parte de la maraña de ocultamiento con la que se ha tratado este caso.
El presidente Tabaré Vázquez debió haber leído lo que firmaba y enterarse de todo, enviando de inmediato las actas a la Fiscalía de Flagrancia para que actúe de inmediato en la aclaración de ese crimen de Lesa Humanidad, como fue el de Roberto Gomensoro en 1973 y para que actúe el sistema judicial y haga pesar sobre el responsable todo el peso de la ley. No se me ocurre que Vázquez haya querido proteger a ningún represor de la dictadura, pero ese gafe que cometió no es una cosa menor, ni tampoco un simple error y quienes lo remarcamos no queremos distorsionar la historia. Sino que remarcarlo, es poner las cosas en su lugar.
Gavazzo ya está preso por al menos otros 28 crímenes cometidos en la época de facto, así que imputarle otro hecho no cambiará mucho las cosas, pero sí está el proceder de todo esto. El Secretario de la Presidencia, Miguel Ángel Toma, un abogado oriundo de Artigas, de filiación colorada que trabaja en Presidencia hace años y que fue elegido por Vázquez en este período para ocupar el segundo cargo en importancia dentro de la Torre Ejecutiva y de máxima confianza de la figura presidencial, recibió toda la información, fue enterado del asunto por el ministro de Defensa y conocía el detalle del asunto.
Entonces la pregunta surge ¿Toma no le informó nada al presidente de la República sobre este hecho? ¿No salió de la reunión directo al despacho presidencia que está a pocos metros dentro del mismo edificio a avisarle al presidente de lo que había sido informado? ¿No le dijo al mandatario que había un nuevo crimen de lesa humanidad por resolver con una confesión que implicaba una prueba sustancial para la aclaración de este caso y que su obligación como funcionario público era llevar el tema a la Justicia?
¿Acaso cree Toma que por ser el número dos de la Presidencia de la República puede omitir sus obligaciones como funcionario público? ¿Consideraba que denunciar el caso sería echar más leña al fuego en año electoral? ¿Habrá entendido que quizás el tema no era políticamente potable y entonces lo dejó a merced de que se encargue otro? ¿O será que al ver que el señor presidente de la República, al solamente rubricar el fallo sin mandato verbal adjunto, de que el caso pasara a la Fiscalía General de la Nación, lo dejó entonces por eso y que se guarde?
¿Qué habría pasado si los generales que ahora fueron separados de sus cargos hubieran realizado un pacto de silencio y borraban de las actas las declaraciones de Gavazzo para que nada se supiera? Pero como no lo hicieron e informaron de absolutamente todo la pregunta inevitablemente surge ¿qué había pasado si el periodista Leonardo Haberkorn no hubiera publicado una sola línea de esta situación que revelaba al autor de un crimen de lesa humanidad del que supuestamente había toda una cadena de mando enterada?
Son muchas dudas que como ciudadano de este país me he hecho todos estos días. Porque uno puede entender a los fanáticos que defienden lo indefendible, a los gorilas que quieren que todo se calle porque dicen que eso ya pasó y otras groserías de ese tipo, pero las dudas persisten sobre el actuar de todos los mencionados en este artículo, porque con todo esto uno piensa ¿cuántas cosas más se le pueden estar pasando por alto entonces a nuestros gobernantes, que nos afectan como pueblo y que encima nosotros no sabemos? Mucha duda queda aún por despejar.

HUGO LEMOS

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Deja dudas por todos lados

Cuando la justicia dictó el procesamiento sin prisión del exdirector del Hospital de Salto, Marcos García, tipificándole conjunción del interés público con el privado me quedaron varias dudas. Primero que nada porque se nota a la legua, como decían mis padres, que la sentencia dicta una sanción, porque el juez que tomó ese caso tiene cierta obligación de buscarle la vuelta al caso, por la resonancia pública que hizo la clase política del mismo, para aplicarle algo a alguien.
Son muy pocos, o quizás únicos, los casos donde se le dicta un procesamiento a alguien sin prisión y sin medida alternativa alguna, porque el hecho raya más en una irregularidad o desprolijidad administrativa que en un delito. Entonces es mejor decir que se lo procesó, pero no le le dictan pena alguna, porque el caso por el cual se lo condena es muy menor en relación a las situaciones que se dan a diario en el sistema de salud. Eso ya de por sí, desnuda que hay algo detrás que no está del todo claro y que no se dice. QUINO
Es algo así como, vamos a mandar a este al frente porque está desnudando una serie de situaciones que se suscitan y que si tenemos que sancionar a todos, el sistema se vuelve un caos.
Entonces hay que ver cómo viene el cajón de manzanas para saber de dónde sale ésta en particular, a la que la quieren sacudir un poco para que no deje al cajón entero regalado, porque en realidad hay muchas manzanas más que están en esa misma situación, pero lo que las privilegia es su relación de poder respecto del resto.
Cuando se habló de que había tres médicos investigados por haber tenido una empresa de ambulancias que contrataba con el único Hospital de la ciudad, nadie se preguntó qué pasaba antes de que esa empresa en particular existiera. Nadie dijo a quién contrataban antes y porqué. El Hospital de Bella Unión como muchos otros hospitales públicos del interior, incluyendo el de Salto, no cuentan con una flota de ambulancias propias que les permita darle la atención debida a todos los pacientes.
En tal sentido, es que los centros hospitalarios contratan empresas privadas que responden a esas demandas. En este caso, la única empresa que prestaba ese servicio en Bella Unión pertenecía a los jerarcas del nosocomio, por lo cual García, y eso consta en el expediente, avisó del conflicto de interés a las autoridades de ASSE las que ni siquiera le contestaron, teniendo en cuenta que estas realidades, son una práctica común en distintos puntos del país, donde coincide que el médico que dirige el Hospital, la policlínica, o la cooperativa médica, es el dueño de la ambulancia y se debe prestar servicios. Pero aún así García entregó a sus socios, su parte social y siguió como director.
Cuando terminó su mandato, consultó si podía retomar la parte social de la empresa de ambulancias, y las autoridades de la época, tanto en ASSE como en el MSP, no le vieron impedimento alguno, mientras tanto, García asumió la dirección en Salto y Federico Eguren y Rodrigo Barcelona, hicieron lo propio en el Hospital Pereira Rossell.
Pero en el año 2016 un cambio de criterio legal para el Tribunal de Cuentas de la República vio un impedimento para esas contrataciones y todo empezó de nuevo. El clima lo armó el diputado blanco Martín Lema y comenzaron una serie de situaciones que solamente cuestionaron el caso Bella Unión. La situación tuvo mucha prensa, se habló demasiado de más como suele ocurrir en estos casos y en consecuencia, hasta se los juzgó antes de tiempo, tanto García, como Eguren y Barcelona, pasaron a la guillotina pública en corto lapso, los que fueron expuestos a los disparates más importantes que se puedan decir y nada dijeron. Aunque todo siguió muy raro, ya que las distintas empresas de ambulancias que pertenecen a varios médicos que son funcionarios del sistema público, siguieron siendo contratadas en todo el país, porque ASSE las necesita y a los pacientes no se les puede decir que no los van a trasladar a Montevideo porque entran en un conflicto de interés según una norma que el sistema no previó antes.
Hasta que después de todo, empezaron a ver cómo hacían para sancionar a alguien por todo esto, porque alguien tenía que ser el ejemplo de lo que no debería ocurrir. Entonces, dejaron de lado a los que dieron luz verde para esto, como Susana Muñiz y Beatriz Silva, entonces ministra de Salud y presidente de ASSE en la era Mujica, también a los otros socios, Federico Egúren y Rodrigo Barcelona, dueños de la misma empresa de ambulancia que Marcos García, siendo este el único que avisó que los tres eran funcionarios de ASSE y a ver qué pasaba si precisaban un traslado desde Bella Unión a cualquier punto del país y tenían que contratarse a sí mismos; y lo mandaron a la guillotina a García.
Es raro, todo muy raro. Cuando Tabaré Vázquez despidió a Muñiz y puso a Carámbula como presidente de ASSE este tuvo una reunión con el diputado Martín Lema, para “interiorizarse” de lo que había investigado. Eso fue lo que trascendió. Pero fuentes políticas dijeron que el nuevo presidente de ASSE había conseguido “paz política” comprometiéndose a “hacer concursos para los cargos de dirección” con lo que García, Eguren y Barcelona, serían removidos, lo que efectivamente pasó, siendo los primeros cesados tras los famosos concursos. Ahora Lema se encarga de los problemas en el Mides y de ASSE ni se acuerda, pero hace pocos días, un periodista de Montevideo que habló con él, me dijo que el legislador denunciante le reconoció que con el procesamiento de García, “cortaron por el hilo más fino”.
Lo más raro de todo esto, es que ni siquiera Eguren ni Barcelona se vieron salpicados con esto. Dos médicos prestigiosos que trabajan en Montevideo y que están en contacto con las grandes ligas de la medicina. Pero García está en Salto, lejos de todo y era más fácil desacreditarlo, y dejarlo por acá nomás, como ejemplo de lo que no se hace. ¿Cómo ejemplo de lo que no se hace? Para muestra sobran varios botones. En setiembre del 2017 el propio García como director del Hospital declaró desierta una licitación para traslados especializados en pediatría, a la que había llamado el Hospital de Salto. Las empresas que se presentaron como si nada, fueron dos de Salto, cuyos propietarios trabajan en el Hospital y toman las decisiones de los traslados. Ahora a algunas de ellas las siguen contratando por razones de necesidad de servicios de manera directa. Esa es una prueba más que clara, que todo esto que pasó con el exjerarca, deja dudas por todos lados.

HUGO LEMOS

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Que haya más información

Cuando se tienen principios y valores bien puestos, las cosas se dicen en voz alta, dando la cara y sin medias tintas. Hay quienes lo hacen, pero por meros intereses económicos y sin escrúpulo alguno. Pasa sobre todo con la clase política, donde muchos se llaman líderes o dirigentes, y no son más que personas que buscan un beneficio personal, lucran con el Estado siendo gobierno u oposición y encima critican a los que los critican. Estos son unos fenómenos.
Pero hay otros que lo hacen desde los medios de comunicación, confundiendo a la gente de que son periodistas, cuando en realidad tienen espacios rentados por determinada dirigencia partidaria con el fin de impulsar un candidato, o haciéndolo como mercenarios, tratando de matar al enemigo desde el escenario mediático que ellos construyen. expresion
Esta situación que pongo a consideración de los lectores pasa a ser una de las más preocupantes, porque hay mucha gente que compra como cierto lo que dicen determinadas personas, cuando en realidad, las mismas están generando desinformación y construyendo todo el tiempo una verdad a medias, que lo que hace es brindar datos equívocos a sabiendas que lo son, para beneficiar a quien les paga por hacerlo.
En este caso al que le quepa el sayo que se lo ponga y salga a cacarear, pero no me refiero a un caso puntual, ni a alguien en particular, sino a muchos que así lo hacen y esto lamentablemente, se da en todo el país.
En Montevideo, donde para muchos está la panacea del periodismo nacional, hay quienes compran por bueno lo que un joven, hijo de otro periodista, que usa un apodo como extranjero habiendo nacido en el caribe por accidente, vende. Él siempre dice muchas cosas a favor del gobierno, ya que el mismo financia no solo su medio, sino además otras publicaciones paralelas, donde lo que se vende es la gestión de la administración central sin críticas ni caras feas.
Esta persona, a la que conozco de mi militancia en la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, en las épocas más duras que el país haya vivido en este siglo XXI, cuando algunos que hoy se dicen a favor del gobierno militaban para los gobernantes de la época por mero resentimiento con grupos frenteamplistas, porque luego volvieron con la cara de yo nunca me fui, en fin, a ese otro que hasta hace vídeos hablando los del poder, lo habíamos declarado enemigo, porque quería el fin de la Regional Norte tal cual la conocíamos, abierta y sin exclusiones.
Para los que se asombran, la Regional Norte ya existía antes del 2005 y ya había carreras completas que las cursaban cientos de estudiantes que provenían de distintos puntos del país, principalmente del norte y para sorpresa de otros tantos, el actual edificio de la Universidad estatal en Salto, ya existía y fue inaugurado en dos tramos, primero en abril del 2001 y justo un año después se dejó abierta la segunda parte, que fueron los pisos 3 y 4.
Es cierto, estaba sin amueblar, pero al menos estaba y lo digo porque en una publicidad política de cara al aniversario del Frente Amplio aparecía una chiquita, que decía que “ahora hay universidad en el interior”, pero seguro estaba bien desinformada.
El tema, pasa porque hay mucha munición gruesa que se está lanzando desde varias trincheras porque es época electoral y hoy las redes sociales, todo lo permiten. Hasta la creación de perfiles truchos, donde hay personas que las vemos todos los días, pero que se dan vuelta para escribir de la vida de tal o cual, insultando y agraviando.
Otros, te insultan de parado nomás y te llaman de cualquier manera, cuando nunca te vieron la cara ni hablaron con vos, ni te preguntan porqué escribiste lo que escribiste, como para ponernos a conversar y desmenuzar una charla, en la que pueden fluir muchas ideas.
Pero estamos en el mundo de la sobreinformación, donde la gente consume mucha idiotez y muchos datos que aparecen como históricos sin el más mínimo sustento. El año electoral se pone muy difícil, están todos los intereses en juego, todos.
Muchos no quieren partir para las 8 horas, porque si bien no tienen preparación específica no se preocupan porque según donde militen este año, tienen un cargo asegurado en el Estado y hay otros que quieren dejar de leer el Gallito Luis porque pretenden entrar con el próximo gobierno, sea del partido que sea, a un cargo en la administración central o departamental y están haciendo cualquier cosa para obtener sus cometidos.
Toda esta guerra de intereses provoca que la sociedad esté atravesando por una dramática situación de desinformación, mentiras, engaños y dichos de cualquier cosa, apoyados por fotos o vídeos que pretenden ser reales y que engañan a la población, tanto a favor de determinado gobierno, como en contra de tal o cual.
Los periodistas, los que trabajan realmente para dar información, son los que tienen el enorme desafío de pulir la misma, encontrar el equilibrio y darle a la gente los hechos que realmente ocurren y las expresiones que realmente son, porque sino la población seguirá consumiendo mucha fantasía, mucha mentira y mucha información direccionada, que solo generará una confusión generalizada.
Esto determina que haya un clima de mucha hostilidad y que traduce una violencia importante, que se suma a los problemas estructurales que ya padecemos como sociedad y ahora encima los sentimos en las redes sociales, con discusiones que terminan en agresiones, en amenazas y en disputas sin sentido.
Nadie está libre de no caer en un enrosque de éstos, pero debemos evitarlos, tratando de tener altura en la discusión, fundamento en los argumentos y libertad para decir lo que pensamos. Lamentablemente estamos siendo rehenes de algunos desinformadores, que trabajan cobrando para decir lo que el que les paga quiere que digan, y contra ellos también tendremos que dar una batalla. Desenmascarando las mentiras, las llamadas fake news y exigiendo datos concretos para que nos justifiquen lo que nos quieren vender.
Esa es la forma de poder informarnos libremente, para tener conocimiento de lo que está pasando y para poder discernir con sustento nuestras decisiones. Esa es la batalla que debe darse, por una información más limpia, sin la contaminación de los mercenarios, con errores y aciertos, pero con la verdad. Ojalá todos se sumen para poder lograrlo.

HUGO LEMOS

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Sin respeto no hay convivencia

Como mi madre trabajaba y yo todavía no podía pronunciar palabras, mi abuela Amalia se hacía cargo de cuidarme. Estamos en Florida, la ciudad donde nací en marzo del año 1979. Esa mujer a la que siempre llamé y llamaré Abuela, era la madrina y tía de mia mamá, puesto que mi abuela materna falleció antes que yo naciera.
Pero Amalia era una mujer que estaba siempre dispuesta a dar una mano a quien se lo pidiera, y crió a mi madre y trabajaba por su comunidad religiosa, era dispuesta con los vecinos y ayudaba a todo el barrio. Era una mujer luchadora, que había quedado viuda, y no se creía menos que nadie por eso. Al contrario, siempre se mostraba orgullosa de ser una madre y abuela capaz de dar todos los días de su vida por lo que más le apasionaba, vernos crecer.  machismo
Mi madre, trabajaba de sol a sol en los liceos, con un sinfín de horas docente para poder ganar un salario que le diera para pagar la olla. Por más que eso fue difícil ella nunca se doblegó, siempre siguió para adelante y nos daba el ejemplo que al mal tiempo buena cara. Fue una mujer que se entregó a su trabajo y a sus hijos.
En ellas les quiero reflejar el ejemplo de dos mujeres trabajadoras, luchadoras y que transmitieron su legado de valores y principios, sin creerse menos que nadie y sobre todo, sin creerse menos que un hombre, porque eran personas que en sus cabezas no entraba eso de que al hombre había que atenderlo. Ellas trabajaban para ganarse su sustento y adoptaron la responsabilidad de criar hijos y nietos sin temor alguno.
Es en ellas que yo veo el Día Internacional de la Mujer, en personas así, que se levantan cada día para trabajar en lo que han elegido hacer y en tomarse el trabajo de salir de su labor, que por lo general es su vocación y siguen trabajando, porque educan a sus hijos en sus casas para que sean personas de bien, que persigan sus sueños y que piensen libremente.
Son mujeres que están al pie del cañón de domingo a domingo, las 24 horas del día, sin pensar que si es tarde o temprano, y cuyo respeto y honorabilidad deja un legado inmenso para todos nosotros que somos las generaciones posteriores, las que las vimos actuar, las que sentimos que debemos imitar su forma de ver el mundo, que no es pensando lo mismo, sino haciendo lo mismo, dejándonos pensar y hacer a nuestra forma, pero con respeto, tolerancia, esfuerzo y humildad. Creyendo que la igualdad no es un slogan, es una realidad.
Y que cuando hablamos de igualdad, creemos que realmente existe, porque sentimos que esa igualdad nos debe llevar a respetar, a tolerar, a sentir que nadie es más que nadie y que todos nos debemos la solidaridad que impone la convivencia pacífica, para poder expresar nuestras ideas y voluntades a través de esa libertad que nos hemos ganado.
Por lo tanto, condeno totalmente que un grupo de inadaptadas mujeres quieran manchar al movimiento feminista arrojando pinturas contra una Iglesia, porque la historia de esa institución es mucho más grande que los errores y horrores cometidos por algunos de sus integrantes. Así como le pasa al pueblo estadounidense, cuya bandera que enarbola a todo el crisol de razas que viven en ese grandioso país, es quemada habitualmente y vilipendiada por quienes denostan a su gobierno, que hace muchas maldades por el mundo, pero que no representa el corazón de los norteamericanos.
Tampoco los feligreses católicos avalan la pederastía, el abuso sexual de sacerdotes hacia monjas y mujeres, el hostigamiento que han hecho a lo largo de su historia algunos de sus integrantes, pero que no representan los ideales de la institución. Por eso, ese hecho no empaña el grito de rebeldía que dieron las mujeres el 8 de marzo, pero muestra la intolerancia de muchos por no salir a condenar ese acto.
También es repudiable el acoso y violencia recibido por la hija del precandidato comunista Oscar Andrade, también es condenable el acto de vandalismo sufrido por el comité Mario Benedetti en Montevideo, pero no escuché nada de mucha gente que debería haber dicho “muchachas paren la mano, la institutción no son todos, y esos pocos que han atacado a las mujeres sean de donde sean, merecen el repudio de todos”.
No estoy haciendo una defensa a ultranza de la Iglesa Católica, que en este caso lo merece, sino que hago un llamado al respeto y a la tolerancia, como forma de convivir en democracia y en una sociedad que está cada vez mas dividida, más fragmentada, donde las diferencias nos ganan día a día. Donde la hipocresía de quienes dicen defender a las mujeres los hace verse en el espejo cuando realmente se dan cuenta que han hecho las cosas mal durante años y que con una marcha no resuelven nada.
Entonces debemos repensarnos como sociedad hacia dónde vamos y hasta dónde queremos ir. Porque cuando ya no haya tolerancia, ni respeto, ni responsabilidad por los actos de vandalismo que cometemos, todo se irá al carajo, y ahí vendrá la anarquía, el vale todo y la falta de conciencia social nos llevará a un estallido de violencia constante.
Hoy vivimos en una sociedad dividida y fragmentada, pero tenemos que ponernos a pensar qué sociedad queremos dejarle a nuestros hijos, porque en ellos nos va la vida. Pero para pensar en eso, primero tenemos que quererlos y contenerlos, cobijarlos cada día, entonces estaremos aprendiendo a ser más tolerantes y a asumir nuestras responsabilidades, más allá del sector o grupo al que queramos pertenecer.

HUGO LEMOS

 

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Qué informar es la cuestión

La gente consume información barata y vacía. Información básica que la mantiene pendiente de la nada misma, ocupan sus mentes en cosas fútiles y demasiado estúpidas que lo único que hacen es dejarlos navegando en esa nada, preocupándose por cosas que no tienen sentido y ocupando su tiempo en la vida de personas que nunca van a conocer y en mundos a los que de seguir ese camino, nunca van a acceder. notable
Así las cosas, la discusión sobre qué medios y a través de qué plataformas debemos informar, ha superado para los periodistas, el dilema de qué es lo que debemos informar, que es mucho más importante que cualquier otra cosa. De si realmente lo que publicamos en los diarios y en los canales de televisión, lo que dicen las radios y lo que suben los portales de noticias rápidas, es la información que la gente debe saber para tomar decisiones que le pueden llegar a cambiar la vida.
Mucha gente dice que ha dejado de mirar televisión y que aprende mucho más en Youtube, con los posteos de realizadores independientes, que con los enlatados de los canales de televisión abierta y por cable. El tema pasa porque esos “realizadores independientes” sean realmente tales y no personas que, brinden información falsa, aduciendo que lo que ellos informan al público es real en contraposición con los intereses corporativos de los grandes medios de comunicación.
Cuando uno mira películas de las teorías conspiratorias de los gobiernos de países poderosos, que manipulan todo al punto de lograr el control del pensamiento de la población para poder llevar a cabo sus políticas infames y para ello crean distracciones importantes, como el caso de Venezuela, donde la opinión pública discute si es dictadura o democracia, mientras el petróleo lo sigue consumiendo Estados Unidos y los grandes capitales siguen en manos de quienes manejan el gobierno bananero de esa gran nación devenida hoy en un triste republiqueta, uno se enfrasca en la discusión sin sentido por estos temas, mientras hay grupos de poder, clases dominantes, que deciden hacia dónde irá la humanidad mientras la humanidad ni se entera.
Es hasta gracioso ver cómo muchos denominados “anti sistemas” y “anti imperialistas” utilizan las redes sociales como Facebook, creadas por personas con pensamientos dominantes y que son emblemas de la cultura del poder imperial, para expresar también por allí sus diatribas anti sistema.
Pero lo más problemático de todo esto es cómo la gente está consumida por el uso de los teléfonos celulares y las aplicaciones que estos traen para alienar a la gente hacia ellos, con el fin de manipularlos y hacerles creer todo lo que por allí le muestran. Está el establishment que le enseña a la gente lo qué es lo que debe saber cada día y muchas veces las noticias más leídas son los resultados deportivos del día anterior o incluso los chimentos de la farándula, en vez de informarse sobre si la economía se desploma y sus causas y consecuencias, que es lo que realmente le va a afectar el bolsillo sobre todo a la clase media y baja.
El otro día participé de una buena charla con tres colegas en el programa de televisión de uno de ellos (ya aprovechamos y pasamos el chivo, Palabras Cruzadas, de Leonardo Silva, miércoles a las 21:00 por Canal 4 local) donde conversamos sobre la proliferación de una agenda noticiosa paralela a la que ya está instalada y que busca confundir más a la gente, con el verso de la inmediatez y de que dar la noticia ahora, es mejorar la capacidad informativa de la población.
Pero al final no llegamos a discutir qué informar, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Si vamos al tema de qué informar, creo que no nos pondríamos de acuerdo nunca con ese punto. Quizás a mucho les importe dar datos y estadísticas económicas, a otros hablar de cuántos candidatos hay en esta nueva etapa electoral, a otros hablar de los problemas cotidianos como la falta de servicios que recibimos del Estado, la falta de viviendas o la pobreza y la falta de empleo.
Aunque nadie dirá seguramente que lo que pasa acá es fruto de un sistema armado por una clase dominante que nos pone a nosotros como en un juego de ajedrez y cambian las piezas a su antojo.
Porque para informar eso hay que hilar fino, hay que decir qué y quiénes son ellos, y sobre todas las cosas porqué lo hacen. Y el sistema está tan bien armado que nadie tendrá toda la información nunca, entonces al final hablar de eso será algo tan confuso y por lo tanto, poco creíble.
Pero los medios de comunicación seguiremos informando sobre lo que pasa en el barrio, mientras que los que toman las decisiones no solo no están en el barrio, sino que además ni lo conocen y para peor ni les interesa. Entonces al corto plazo, debería haber un replanteo de todo esto. Sería buena cosa que los periodistas algún día se revelaran contra la máquina de decir lo que le gusta al dueño de la misma, y empiecen a dejar evidencias de que existen grupos de poder muy bien determinados, que son los que hacen que la rueda gire de la forma que lo hace, mientras nosotros somos como cuises que estamos corriendo en la misma rueda y encima cuando paramos, nos bajamos contentos.
El sistema está creado así, nosotros le seguimos la corriente y los grandes intereses multinacionales son los que gobiernan todo y a todos. Que muchos ya lo saben, claro, pero es preferible no decirlo porque si no, tendríamos que luchar contra eso y hacerlo da trabajo (léase una ironía).

HUGO LEMOS

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No se puede permitir

La primera vez que fui a la cárcel de Salto para hacer un reportaje fue en el año 2003. Entré a un celdario que estaba cerca de la puerta de entrada, un espacio que ya no existe, porque pese a que el centro penitenciario local mantiene su antigua y precaria infraestructura, ese lugar fue reformado. delinuencia
Allí, en un recinto que medía tres metros por dos, había cuatro camas, por decirle camas, porque tres eran catres con colchones muy finitos. Los policías, que entonces eran los que controlaban el lugar me acompañaron hasta ese espacio, después de mostrarme todo el lugar, o gran parte del mismo y me dejaron adentro con los internos, por entonces llamados presos a secas.
Cerraron las puertas y permanecí por espacio de unos 40 minutos charlando con los mismos. Eran hombres jóvenes de distintos barrios de Salto, que estaban pagando penas por distintos delitos. Tenían claro dos cosas, que habían cometido un delito y que tenían que pagarlo de la manera que la Policía lo disponía en esos lugares.
Mucho se hablaba entonces de si era adecuado que los funcionarios policiales fueran los que tuvieran que investigar, detener y poner ante la justicia a los delincuentes y después encima, custodiarlos en las cárceles. Esa discusión se dio en diversos ámbitos al punto que con el paso de los años, los nuevos gobiernos decidieron que las cosas cambiaran y quisieron darle un perfil social al asunto, pero que no ha logrado hasta ahora poder dar en el clavo con este asunto.
Por lo general y salvando honrosas excepciones, donde en algunas cosas se puede contar a la cárcel de Salto, los centros penitenciarios del Uruguay, hoy denominados por ley centros de rehabilitación pero en la mayoría de los casos son solo denominaciones, vulneran todos los derechos humanos. Absolutamente todos. Generan una condición de depósito del ser humano al que no rehabilitan sino que condenan al ostracismo, y lo destinan a vivir en un estadio de violencia y supervivencia del más fuerte que es tremendo.
Hay cárceles en el país donde los presos se enfrentan a diario por sobrevivir y lo hacen con armas de fabricación casera, porque saben que es defenderse o morir. Las denuncias por esta situación realizadas, primero por los propios reclusos que pasan filmaciones desde sus teléfonos celulares a sus familiares que están afuera para que las multipliquen, a modo de denuncia, luego por los propios guardias cuya integridad física corre riesgo cada día, y luego por el Comisionado Parlamentario, un cargo creado en el país para que sea un veedor de la realidad carcelaria en el país y sus denuncias y dictámenes sobre el tema tengan asidero. Aunque sus expresiones, son una posición de deseo y no pasan muchas veces de un comentario.
Ningún gobierno le ha hincado el diente al sistema carcelario, nadie ha destinado los recursos necesarios ni mucho menos extraordinarios para meterle mano a algo que es muy importante para la sociedad uruguaya. Nadie de los que ha estado en el gobierno hasta ahora, ha creído realmente que se deben reformular las cárceles desde sus estructuras edilicias hasta sus políticas internas, ni mucho menos las han considerado una política de Estado, ya que allí se supone que van las personas que cometen delitos, es decir, las que se salen del contrato social y vulneran las reglas de pacífica convivencia para dañar al otro sin importar las consecuencias y es tarea del Estado, reencauzarlas para devolverlas a la sociedad con la convicción de que deben respetar a los demás.
La cárcel de Salto ha evolucionado, pero los problemas sociales no los va a terminar dando talleres, ni haciéndolos leer y escribir, ni mucho menos dándoles mejor comida o televisión con cable. Hay un problema de reeducación que falta, no hay una política carcelaria (en todo el país) que determine que el interno, que es un costo para la sociedad, deba cumplir allí dentro con determinadas obligaciones para aprender nuevos hábitos con los que deberá salir del lugar.
Sobre todo porque tiene una población muy vulnerable, con jóvenes que han crecido con nuevos códigos, más violentos y sin respeto por la autoridad. El narcotráfico está presente entre los internos, las rivalidades generan problemas internos y la ausencia de una política más rigurosa para que se generen conductas apropiadas al lugar donde se encuentran pauta el diario vivir de personas que pronto volverán a la sociedad y seguramente seguirán en la misma. Pero como a algunos de ellos no los agarran más porque no cometen el mismo error que les valió el encierro la primera vez, las tasas de reincidencia son otras.
Entonces cuando alguien quiere poner límites se encuentra en un estado de situación que se vuelve mucho más complejo, que genera fuertes rechazos y que termina como en el caso de la directora actual de la cárcel, una funcionaria que ingresó hace algunos años a trabajar allí pero que es civil, no es policía, que recibe un ataque a balazos en su propia casa como un mensaje mafioso, donde le dijeron directamente que cuide su vida porque saben donde vive y cuáles son sus movimientos.
Esa situación en una sociedad pequeña como la nuestra, es imperdonable y la Policía debe buscar hasta en el último hueco a estos delincuentes para dar un mensaje claro, no toleramos sicarios ni matones que quieran amedrentar a nadie. Por más que las cárceles no los reeduquen, por más que su vida en la sociedad sea entre las cloacas y con hábitos de pandilleros, no se les puede permitir este tipo de ataques.
Pero también es un mensaje claro para la jerarca, el sistema carcelario no funciona como debe y las autoridades nacionales y sobre todo de gobierno, deben darse cuenta que han fallado en este tema y que deben hincarle el diente cuánto antes, como política de Estado, para que la sociedad encuentre un respaldo en serio a la hora de querer combatir la delincuencia y reformar los hábitos de estas personas, para poder vivir en paz.

HUGO LEMOS 

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Precisamos mejorar la economía

La gente dice en la calle “está fea la cosa”. Otros que son comerciantes, te dicen “no se vende nada, el país está estancado”. Todo es una cadena y a esa cadena la agarran los políticos de la oposición que no entienden un pomo de economía y hablan de crisis económica como la del 2002, cuando nada está mas lejos de esa realidad. Y después los que sí saben, te dicen que la situación es compleja pero lejos de ser una crisis. columnahoy

Yo, que no soy de los entendidos, digo que todo esto es un ciclo económico y que depende mucho de los problemas estructurales de la economía nacional, pero que por sobre todas las cosas depende de cómo manejemos nosotros nuestro bolsillo. No podemos echarle la culpa al otro y decir, me va mal porque el gobierno gastó de más y entonces hay déficit fiscal y hay problemas de competitividad en el país, sí eso pesa, pero si no manejamos nuestra propia situación y vemos una realidad más abarcativa de la realidad, esa postura cae por su propio peso.
El tema está en el endeudamiento interno que tenemos nosotros como población, y la falta de desarrollo económico y fiscal con el que contamos, porque todo se resume a una realidad muy concreta, los uruguayos somos consumistas y lo somos sin piedad. Cuando tenemos 20 gastamos por 40 y nos endeudamos por 60, y eso no lo medimos, solamente lo hacemos. Mientras escribía esta columna se me venía a la mente una frase que leí en Twitter, porque las redes sociales a veces sirven para algo, que decía “Mi padre me enseñó a arroparme hasta donde me dé la sabana”, un pensamiento brillante.

Si todos pensáramos así, si todos fuéramos hasta donde nos da la nafta, y si todos gastáramos de esa manera es cierto que no habría un consumismo que generara un movimiento económico formidable como el que se generó en el país entre el 2009 y el 2013, pero hoy habría menos problemas económicos entre la gente, había más equilibrio entre la relación ingresos – endeudamiento de las personas, y habría muchas más compras de las que hay. Lo que pasa es que es fácil recibir dinero, no saber a veces ni siquiera de dónde viene tanto, pero gastarlo sin temor alguno y después vemos.

Entonces justamente ese ‘después vemos’, es el que nos ha venido generando problemas a todos en la economía doméstica, problemas de todos los colores y es el que ha determinado un endeudamiento serio en las casas de familia de los uruguayos.

Cuando ganó el Frente Amplio en el 2005, la mayoría de las economías domésticas estaban prácticamente destrozadas. Los problemas de bajos ingresos y alto endeudamiento eran insostenibles. Aunque había además una franja en la población que si bien contaba con bajos recursos y escasos ingresos, no tenía una tasa alta de deudas. Pero igual, las cosas estaban jodidas para muchos uruguayos que la venían navegando como podían.

Aplicando casi un keynesianismo (John Maynard Keynes, economista británico, considerado como uno de los más influyentes del siglo XX), el primer gobierno de Tabaré Vázquez repartió dinero público a través de planes de emergencia, dinamizó la economía con la obra pública, obligó a las empresas a dar aumentos de salario y dio aumentos considerables a los funcionarios públicos y a los pasivos, lo que movió bastante la aguja.

La economía creció con viento a favor por la caída de los países del primer mundo, y eso también ayudó a que a Uruguay le fuera bien por varios motivos. Pero cuando la plata para gasta se termina, las deudas quedan y si no se pagan, si no hay conducta fiscal, si la gente no tiene cultura de que primero se pagan las cuentas, después se cambia de celular, después se compra el auto, después se pide el préstamo para querer cambiar de coche, después se le compra a los hijos una moto, primero se cumple con las obligaciones propias, porque hay gente que hasta debe pensiones alimenticias a hijos extramatrimoniales o a los que una vez concebidos, han abandonado, aún así, decidieron gastar todo lo que les entraba y más.

Aunque más allá de estos casos puntuales, el problema de la economía pasa porque quienes ganamos 10 gastamos 20, no cuidamos el bolsillo y hemos sido irresponsables con nuestras obligaciones. A esto, le sumamos una ley de inclusión financiera que lo primero que hace, es que cuando el trabajador cobra su salario, debe dejar en manos de las empresas financieras y bancarias, o cooperativas de crédito, los pagos de lo que les debe, entonces obviamente lo que termina percibiendo se disminuye notablemente. Y ahí el poder de compra es prácticamente nulo.

Esta situación es la que impera actualmente, por lo tanto si el trabajador percibe un salario muy básico y ha perdido poder de compra, no puede ir a la tienda o al supermercado con la misma soltura que iba antes. Y a esto, sumémosle una inflación que hace que los precios en las góndolas superen largamente la capacidad económica de los uruguayos y unos costos en los servicios estatales (luz, agua, teléfono, impuestos nacionales y municipales) que son altos en relación al bolsillo de los trabajadores y de la mayoría de la gente, lo que problematiza la situación económica y apreta aún más el bolsillo.

Entonces, si el comercio no vende, tiene que echar a los trabajadores, cerrar sus puertas y en muchos casos, se corren hacia el informalismo, donde no pagan impuestos y pueden seguir subsistiendo, sobre todo con ventas a transacciones comerciales realizadas a través de las redes sociales, donde se ha generado todo un mundo de oferta y demanda que ahonda mucho más el problema económico. Después la gente sale, protesta, la reprimen y siguen protestando hasta encontrar una solución que nunca llega. Uno de los principales temas que deben enfrentar los políticos en este año electoral, es cómo hacer que la gente pueda vivir bien, pueda mejorar su capacidad económica, pueda ir de compras como pasaba hasta hace un tiempo. Y no va a ser con una ley de inclusión financiera, ni cobrando impuestos, sino alentando el crédito a los que están más endeudados, refinanciándolos, ayudando a la empresa a tener menor carga tributaria y beneficios fiscales, bajando las tarifas públicas cada vez que es posible y alentando a que la gente gaste en los comercios de plaza, de lo contrario seguiremos viendo un país empobrecido y una guerra de pobres contra pobres, como es la lucha de los trabajadores contra los pequeños comerciantes, que nunca tendrá una solución y solo empeorará las cosas.

HUGO LEMOS

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¿Por qué no informan?

Hace 30 años, todo era mucho más lento. Cuando ocurría un hecho, las autoridades tenían que verificarlo y luego citar a los medios de comunicación para que estos difundieran la noticia. Eso llevaba a que por un lado, haya certeza sobre la existencia del caso concreto. informacionY por otro lado, convicción a nivel oficial de que los hechos habían ocurrido y por lo tanto, se podían comunicar y entonces había una responsabilidad a la hora de informar que era ineludible.
Pero los tiempos cambiaron. Ahora las redes sociales e internet hacen que todos vivamos una vorágine que si no la sabemos frenara a tiempo, puede volverse una explosión de información sin sentido, que solo genera temor, pánico y caos, además de una confusión enorme entre la opinión pública si no se sale a tiempo decir qué es lo que pasa.
Actualmente, la transparencia de los organismos públicos se miden por la política comunicacional que los mismos tengan, porque cuánto más abierto son a brindar información y a exponer a través de los canales oficiales en redes sociales de las decisiones que toman los mismos, más credibilidad generan y mayor es el grado de confianza que terminan teniendo con la población.
Pero eso es algo que deben aprenderlo primero y bien las autoridades a la hora de asumir sus cargos. Porque si ellos no dan pie en bola en el asunto, toda la cadena de mando se corta y la política comunicacional comienza a fallar, no se brindan datos, las decisiones se toman entre cuatro paredes, la manejan tres personas y no son capaces de enfrentar a los medios de comunicación por el temor que tienen de no saber qué decirles, ni mucho menos, cómo hacerlo.
Hace pocos meses, una novel jerarca de una institución de salud local, me dijo “nosotros a la comunicación acá la manejamos así nomás, ‘caserita’, no le damos mucha vuelta”. Y yo no tuve otra que decirle: “yo a la medicina también la manejo así nomás, me tomo un yuyo que es más sano y no le pago a un médico para que me atienda ni de casualidad, todo caserito”. Así se le caen los diplomas al tacho.
Hoy esa institución carece de una política comunicacional, no tiene a nadie que transmita tranquilidad a la población en su nombre porque se apoyan en los organismos centrales, que no atienden los casos puntuales del interior del país, porque a ellos eso, no le da rédito, sino que lo único que les favorece es que a los hospitales de la capital les saquen foto con los pisos brillantes y las fachadas pintadas.
Esto, lamentablemente, porque las políticas de salud se manejan desde justamente la política, pero la clase política, donde le hacen creer a la población que según quién esté al frente de los organismos públicos de salud, el sistema va a estar mejor. Entonces hacen lo que quieren, informan lo que les conviene y le dicen a quién hablar y a quién no. Esto genera confusión y hasta temor entre la población, sobre todo en la del interior, pero a ellos esto tampoco les interesa.Es triste que así sea, pero así funciona. Ayer murió una salteña, que entre otras penosas enfermedades también tenía Leishmaniasis. Pero nosotros los salteños de a pie nos preguntamos ¿cuál fue la causa de la muerte?, ¿fue la leishmaniasis o fue otra enfermedad a la que se le sumó esta última y la falta de defensas hizo que su estado de salud se deteriorara aún más y terminara falleciendo?
¿Qué debemos esperar lo salteños de la Leishmaniasis? No sabemos ni jota, más de lo que nos dicen con algunos folletos y nos transmiten que a los perros hay que sacrificarlos. Pero todos estamos en ascuas con el tema, porque era un caso muy grave como para dejarlo pasar así como así, como para que la población no supiera cuán grave es el asunto. La información pública es una herramienta muy importante que le pertenece, como no podía ser de otra manera, a la población, no a las instituciones públicas y mucho menos a quienes por decisión político partidaria, manejan estas instituciones de momento. Todos nosotros debemos saber a qué nos estamos ateniendo, porque estamos en el foco del asunto, es en Salto donde está instalada de manera abrumadora el vector de esta enfermedad, y nosotros como vecinos de esa misma comarca, debemos estar sobreinformados sobre el asunto.Quizás la leishmaniasis no hizo más que agravarle otra patología que la paciente ya padecía, y tristemente, terminó falleciendo. Pero ¿por qué no salen las autoridades a decirlo? ¿Por qué no vienen a Salto o brindan al menos un comunicado público con la certeza de lo que las cosas son? Esperamos que en las próximas horas las autoridades recapaciten y le den a la población toda la información sobre este asunto, con el fin de que la gente sepa a qué atenerse, porque de lo contrario, seguirán en falta y serán responsables en el caso de que esta enfermedad se multiplique en humanos.

HUGO LEMOS

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Hay que cuidar el mensaje

La sociedad está dividida. Algunos utilizan el término fragmentada, para ser más sofisticados en su pensamiento y en ese sentido decir que el problema pasa por los problemas culturales que nos distinguen, y que trascienden incluso la marginación social, la extrema pobreza y la falta de educación.
Esto último sí existe, hay un problema de fragmentación en términos de pobreza cultural y desconocimiento absoluto de la cultura del valor interior de cada persona. Porque son esos los elementos que ayudan a que la gente salga adelante por sí misma, primero que nada el valor de creer en uno mismo, en nuestro potencial y en nuestra riqueza como personas. viñeta
Son esas cosas las que nos hacen salir adelante como seres humanos, las que nos ayudan a conquistar las cosas que tanto anhelamos. Nadie que trabaje para otro y se ponga bajo el yugo de un mal empleo podrá conquistar sus metas, porque condiciona su cabeza a que otro lo mande y le diga qué hacer con su capacidad y con lo más valioso que tiene el hombre, su tiempo.
Y eso ha generado además una cultura del “déme porque soy pobre”, esa visión del mundo que va a acompañada de la ley del mínimo esfuerzo y que termina sobrecargando al resto de la sociedad.
Esto también se traspoló a todos los ámbitos de la vida de algún sector social, que fue generando paulatinamente la fragmentación social en la que solamente aquellos que creen en sí mismos, en su potencial, en su riqueza interior, se despabilan y aprovechan las oportunidades que se le cruzan, las ven, las toman y les sacan el jugo, sobre todo si son personas de escasos recursos económicos y lo que quieren es tener una movilidad social ascendente, son los que rompen las cadenas y salen adelante .
Entonces, la fragmentación existe, hay una tendencia a que hay un grupo que está arriba, por encima del resto, que accede a una educación de calidad, a una atención integral en salud, que paga todas sus cuentas y que come bien todo el año, toma vacaciones al destino que desea y no se priva de nada. Y otra gran mayoría que sigue mirando el mundo por la ventana, a través de las redes sociales y observa cómo viven los otros, mientras sus sueños se postergan, la vida le pasa de largo y su lema es “qué vamos a hacer, no queda otra que trabajar”.
Pero no quiero hablar de eso ahora, sino de que la sociedad está dividida en muchos casos. No hablo de ricos y pobres, porque eso es un estado mental de cada uno, ni tampoco a la división política que se está potenciando en los últimos días y cada vez más con la campaña electoral que alienta, más que a pensar en un problema país, genera divisionismos sin sentido, sino que me refiero a la división de género que se está viendo de forma cada vez más acentuada.
El otro día vi a la comparsa de negros y lubolos La Tambora de Salto, una agrupación integrada totalmente por mujeres, con algunos hombres que cumplen el rol de colaboradores, pero básicamente son todas mujeres. Bailan bien, dan un espectáculo muy lindo, cuentan con una esforzada cuerda de tambores, pero creo que no les importa tanto eso, sino dar su mensaje. Y vaya que lo logran.
Allí establecen que pretenden terminar con el patriarcado. Y yo me pregunto ¿a qué se refieren específicamente cuando cantan con tanta vehemencia esa canción? ¿Cómo creen que eso le cae a muchos hombres que entienden con esto un mensaje de división y de cambio de paradigma en la constitución de las familias tal cual las conocemos? ¿Acaso el hecho de que el hombre sea esposo, padre y cabeza de familia porque es el que tiene el deber y la obligación moral de salir a ganar el pan para que su familia esté próspera, debe invertir los roles con la mujer, en vez de compartirlos? ¿Qué clase de sociedad se quiere con este mensaje?
Yo creo que no pasa por si es el hombre o la mujer, para mi tienen que ser los dos, porque ambos hacen que una familia funcione y que los hijos crezcan sanos mentalmente, felices y seguros de sí mismos. Pero creo sobre todas las cosas, que el mensaje de invertir roles, o cambiar el paradigma familiar, solo genera divisionismo, él por un lado y ella por el otro, determina que haya más mezquindad, violencia y desmembramiento familiar.
Reconozco que hay muchas mujeres solas, que sacan adelante a sus hijos como jefas de hogar y que la actitud de los padres de esas criaturas, no ayuda. Pero generar un divisionismo de nosotros por un lado y ellas por el otro, no solo da lugar a una victimización que termina en más violencia para nuestros niños, que crecen en ese mundo de cada uno por su lado y que terminan pensando que una familia biparental es algo raro, casi imposible, y que no tiene sentido su existencia.
Por eso, además de la fragmentación social, ahora enfrentamos un mundo de divisiones en todos los órdenes, que solamente terminará generando más cosas negativas a una sociedad que empieza a clamar a gritos algo que pensaba que ya tenía, y es una utópica unidad. No digo que todos pensemos igual y mucho menos, reconozco que tiene que existir este tipo de grupos que pregonen sus ideas, que en definitiva son tan válidas como todas, pero hay que saber cómo decir las cosas por eso de cómo se da el mensaje. Porque si en vez de juntarnos más, profundizamos nuestras diferencias para dividirnos, nos irá aún peor, no a nosotros, sino a nuestros hijos.

HUGO LEMOS

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Acá también es caro

La conversación giraba en torno al precio de una ensalada de remolacha. Y las críticas eran que mientras una remolacha valía 50 pesos en cualquier mercado, una ensalada de esa misma verdura servida por el reconocido cocinero argentino, Francis Mallman en su exclusivo restaurante de pueblo Garzón, salía 1.490 pesos.
No sé si tal precio es real, pero hay algo que no tiene parangón, es la forma en la que la gente mide las cosas. Nadie niega que la diferencia de precios es astronómica, pero todo depende del cristal con el que se miren las cosas y de qué elementos son tenidos en cuenta para realizar ese análisis. viñeta
Claro que si uno solamente analiza lo que cuesta obtener una verdura de esa variedad en una verdulería de plaza y lo que sale la ensalada en ese lugar, de manera fría y sin ver los elementos que lo rodean, sale a los gritos diciendo “levanten las manos esto es un asalto”. Pero la verdad no es esa.
Lo que cuesta 1.490 pesos no es la ensalada de remolacha, lo que sale tan caro no es que la verdura fuera cultivada en una chacra de Maldonado, un departamento beneficiado por las bondades naturales que lo rodean. Sino que el costo viene aparejado de sentarse a comer en ese lugar en particular, sale eso porque te la sirven ahí y porque el estar sentado allí, en ese momento, cuesta y sale caro. Porque el lugar tiene prestigio, porque quien cocina es uno de los cocineros más destacados del mundo y porque la gente quiere ver al profesional del arte culinario haciendo su trabajo en vivo y en directo. Por eso, el precio. De lo contrario, si nadie quiere pagar ese dinero, si entienden que Francis Mallman es uno más de entre varios cocineros que andan en la vuelta con sus recetas a cuestas, si consideran que nada vale tanto, pueden sentarse en otro lugar y no pagar el precio que allí se les fija. Están en todo su derecho, pero nadie puede decir que es caro el precio que le pone a su trabajo un profesional de destacada trayectoria.
Pasa en todos los rubros, hay camisas que son carísimas porque el diseñador y el sastre que las elabora, entiende que es el mejor del mundo y que el lugar donde las mismas son manufacturadas le dan el valor agregado. Hay automóviles que son los más caros del mundo porque vienen con lo mejor de la industria, pero sobre todo, porque son de determinada marca y sus dueños, creadores, accionistas, etc, entienden que es lo mejor de lo mejor y que el precio lo justifica. Al que no le guste, que no lo compre.
Pero no puede decir, Punta del Este es caro porque en el restaurante tal, el plato vale tanto. Punta del Este también tiene supermercados donde se compra incluso a menor precio que en varios supermercados de Salto, si bien el lugar vale, no todos los lugares venden las cosas a precios astronómicos. Al tiempo que sí pasa a la inversa, hay lugares que no valen tanto, y menos en verano, donde hay precios que no son contestes ni al producto ni al lugar, pero que sus dueños y quienes elaboran ese producto, sienten y entienden que los mismos valen ese precio.
Sin ir más lejos, el otro día, fui a una panadería muy conocida del centro de nuestra ciudad y compré un alfajor de maicena con dulce de leche y coco para degustar de merienda, y cada uno me salió 50 pesos. Para mi bien podría valer un poco menos, como pasa con la mayoría de los productos de esa misma naturaleza, pero, el dueño de esa panadería considera lo contrario y entiende que el precio se ajusta al diferencial de la calidad de los productos que allí se elaboran. Y eso es respetable, uno después puede elegir dónde comprar, con total libertad.
Pero nadie puede decir que por esa simple ecuación, Salto es caro. Si ese es el razonamiento no lo llevo, o que las panaderías del centro de la ciudad venden sus productos a precios altos. Tampoco. Cada panadería tiene su precio, cada producto cuesta diferente y la gente tiene derecho a elegir dónde compra y qué compra. Por esa razón, si uno va a Punta del Este y va a comer ensalada a lo de Mallman, seguramente la va a pagar mucho más cara, que si la compra en un supermercado de plaza y se la cocina él mismo, pero no por esa razón puede decir que el balneario es caro, porque está siendo injusto con el resto de los comercios, donde muchos tienen precios razonables, y así con todos los comercios de toda la costa uruguaya y también con los que están en las termas, donde por ver algún turista que habla otro idioma, te levantan como si estuvieras cenando en el Ritz de Paris.
Acá también es caro, pero sobre todas las cosas, el país está en un momento donde los precios no se ajustan al poder adquisitivo de la mayoría de la gente y ahí está el problema. Por eso, antes de hablar y de comparar precios, miremos bien qué ofertas tenemos, para saber a qué accedemos y luego, saquemos nuestras conclusiones y vayamos a donde nos plazca, o a donde el bolsillo nos permita, pero disfrutémoslo, y no critiquemos por deporte.

HUGO LEMOS

 

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El poder a través de Claudio

Estamos en campaña, no en el interior del país, sino en campaña electoral, donde todos los políticos llegan a toda hora y en todo momento, algunos hacía mucho que no andaban por acá, pero ahora, todos vienen. Y venir a Salto en pleno verano es de corajudos, encima con inundaciones, además para los que viven al sur del país, cruzar el norte del río Negro es toda una aventura y más si lo hacen al punto más caliente del país que para colmo está inundado, con las calles cortadas y con la humedad en toda la ciudad, pegándose al cuerpo, con mosquitos y Leishmaniasis. paolillo
Sin dudas, que tenemos todos los males y que estamos pagando un karma tremendo, algo habremos hecho mal. Pero lo más importante es ver qué fue lo que hicimos hasta el momento, analizar la situación y mirar para adelante tratando de no cometer los mismos errores. Los gobiernos departamentales han estado en una posición muy floja en los últimos años y no han generado una solidez y una influencia de la magnitud que tenían quienes les precedieron hasta finales del siglo pasado.
Porque si algo queda claro es que los gobernantes del Siglo XXI en Salto, no han generado esa combinación de poder que les permite ser influyentes y estar en los lugares donde se corta el bacalao, para poder ver que hay cosas que no se han hecho bien y que lisa y llanamente no se hacen, porque no se accede a los lugares de decisión, a los círculos de poder que son los que mandan en el departamento y a los que nadie se ha enfrentado.
Si uno hace hoy una radiografía de la sociedad salteña, cuando pasa la mitad de la pirámide y quiere llegar al pico de la misma para saber quién está en la cúspide, lejos están los gobernantes que en los últimos 15 años, se mezclaron en la mitad, con las masas y allí perdieron el punto de vista. Si esto fuera un barco, lejos están de penetrar el comando general de la nave, sino que está entre los marineros de rango medio. Y allí no se toman decisiones de peso.
Por eso quizás que falta que los gobernantes miren más para arriba que para abajo, porque de esa forma podrá negociar con los que mandan para lograr tener acceso después a tomar medidas de fondo que beneficien a los de abajo. No puede convertirse el gobernante en un mero receptor de las inquietudes de la población, para trasladarlas y hacer gestiones, debe poder acceder a concreciones que generen cambios y transformaciones posibles para la sociedad en su conjunto.
Debe penetrar el círculo de poder, sentarse a tomar un café con esas personas que integran el pico de la pirámide, que por el espacio representado en esa figura geométrica uno sabe que son muy poquitos, y allí estar junto a logias (sociales como los masones o militares como los Tenientes de Artigas), organizaciones religiosas (como el Opus Dei), círculos sociales determinados, núcleo de personas adineradas, grupos de empresarios y terratenientes, entre otros, para lograr tener eco en las decisiones e impacto en las medidas que pretenden tomar.
En realidad, hoy quería hablar de que se cumplió un año del fallecimiento del maestro Claudio Paolillo, mi maestro, un hombre con quien a la distancia y las veces que estuvimos juntos así lo hacía notar, mantuvimos una relación de afecto, compañerismo y admiración. A Claudio tuve el privilegio de traerlo a Salto en noviembre del año 2013 y lo llevé hasta la entonces Casa de la Cultura ubicada en la calle Lavalleja donde antes funcionó la ex radio Cultural. Allí habló para una veintena de personas que tuvieron el honor de escucharlo y la disposición de acercarse a saludarlo e intercambiar con él.
Y se puede decir, que pese a ser una persona que no poseía un caudal de dinero en ningún banco del país ni del exterior, que siempre repetía que era “empleado” de Búsqueda y no su propietario ni accionista, pese a que era el Director de ese prestigioso semanario que cada semana da cátedra de periodismo y nos ilumina con información seria y veraz en un mundo de abundancia informativa, con montañas de basura que proviene básicamente de Internet (principalmente de las redes sociales), tenía un gran poder. Una gran y exquisita capitutencia y un vasto conocimiento del periodismo, pero sobre todas las cosas, una formación envidiable, que le permitía intercambiar cualquier tema con los presidentes de los distintos países que visitaba, con importantes empresarios y con personalidades y personajes influyentes, religiosos, sindicalistas, políticos, universitarios, y un largo, largo, etc.
¿Por qué escribir sobre Claudio cuando hablamos del poder que le falta a los gobernantes? Justamente porque él demostraba cómo una persona que venía de una familia de clase media trabajadora, que en momentos duros como el de la dictadura militar uruguaya, rayaron en la pobreza, pudo salir adelante sin obstáculo alguno con un elementos que él siempre nos enseñaba en sus clases que los periodistas teníamos que tener: pasión.
El tenía pasión por lo que hacía, amaba ser periodista. Pero no para sentarse en una sala de redacción y escribir un artículo que pasara sin pena ni gloria al día siguiente. Sino para que a partir del mismo se dijeran verdades que pudieran ayudar a transformar algún gramo de esa pesada realidad que tiene a millones de personas por fuera y a unos pocos tomando decisiones. Él quería aportar en serio, generar cambios y transformar las cosas sin vueltas. Para ello indagaba, estudiaba, se metía hasta el fondo y generaba contactos que solo muy pocos, y casi ninguno en este país podía generar.
Eso hacía la diferencia y por eso Claudio era un tipo con poder. Era influyente entre sus pares, generaba respeto, admiración y cariño cuando uno llegaba desde el interior, después de hacer kilómetros arriba de un ómnibus y él te recibía en su impresionante despacho, lleno de premios, distinciones y alusiones a la importancia del periodismo, para darte un café, una buena charla, algunas recomendaciones y hasta era capaz de llamarte por teléfono un sábado de tarde, recién bajado de un avión (como me pasó en el 2014) para darme su parecer sobre una denuncia que iba a publicar en nuestro periódico departamental.
Los tipos con poder, toman decisiones y generan esa influencia que hacen que lo que decidan sea acatado y acompañado por una abrumadora cantidad de gente a la que ellos ni siquiera conocen. Ese don de mando, ese charme, solo tienen algunos. En el Uruguay de hoy, eso falta en todos los ámbitos, sobre todo a nivel gubernamental.
En contadas excepciones lo vimos. Pero en un ámbito tan desparejo y hasta desprolijo como se ha vuelto el periodismo uruguayo, donde Claudio era una de esas excepciones, porque te enseñaba que el poder de la información era una virtud que había que hacerla valer y pese a que el manejo de la información está hoy muy bastardeada, como él ya lo anunció años antes, por el consumo masivo de las redes sociales y la poca profundidad con las que se tratan las noticias, hacer valer el poder a través de esta labor, es algo que debe buscarse a toda costa para honrar a personas como él, que con el poder de sus palabras, siempre demostró que el poder estaba en el conocimiento y no en la billetera.
Ojalá los gobernantes entiendan que deben buscar más poder para darle soluciones a los de abajo, y los periodistas sepan conquistar más poder a través del saber, del nutrirse, de educarse e informarse, para que los de la punta de la pirámide sean cada vez menos.

HUGO LEMOS

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Como todo el mundo

Cuando uno recibe una atención médica espera que la misma sea para uno. Es decir, uno quiere que el médico además de saludarlo y preguntarle qué le pasa, lo revise, familiarice con el paciente, lo mire bien y destine ese tiempo a explicarle con cierta empatía, que deberá surgir del mayor de sus esfuerzos, porqué esa persona se siente de la manera que ameritó su visita al consultorio. medicos
Que le dé a conocer cuáles son las causas o factores que han generado esa sintomatología que determine el malestar, y si el mismo puede convertirse en una enfermedad que el paciente debe tratar. Cuando el médico le brinda información real y constante, ese paciente siente tranquilidad, protección y ganas de salir adelante, sin mayores problemas. Ayuda a que el médico lo conozca más y trata con el mismo como si fueran dos personas conocidas más allá de la consulta, ganando afabilidad por la confianza que surge entre ambos.
Pero el problema que se da hoy es que la medicina ha cambiado mucho, los médicos ya no destinan tanto tiempo a los pacientes y la cuestión se vuelve casi automatizable. El otro día estaba en casa de un amigo, que ocasionalmente sentía un malestar y vi como un galeno que llegó a verlo tras un llamado a la mutual de la que es socio, lo vio en menos de lo que canta un gallo, dejándolo con más dudas que certezas.
El médico llegó apurado. Se ve que tenía muchos llamados y le dijo en tono imperativo “qué le pasa”, ni siquiera le preguntó el nombre, la edad, le preguntó si tenía mucho calor, si tomaba agua, nada de nada. “Qué le pasa”, mientras sacaba los utensilios de un portafolios, donde le tomó la fiebre, la presión y le miró la garganta y los ojos. Pero todo esto en cuestión de segundos.
Estaba nervioso, parecía que ese día no era el indicado para salir a hacer su trabajo y que algo lo tenía preocupado. Pero mi amigo no tenía la culpa y la situación aumentó su angustia, porque vio como el médico, prácticamente de manera robótica actuaba tomando medidas que anotaba en una libreta como dejando constancia de lo que estaba haciendo. Mi amigo se sentía extraño en su propia casa y por momentos pensó que irrumpía el valioso tiempo del prestigioso profesional que tanto tenía que hacer y tenía que soportar que este lo llamara por un dolor de cabeza.
Aunque quiso explicarle que hacía días se venía sintiendo mal, que estaba mareado, que no podía más de tanto malestar, y atinó a decirle, “quizás sea estrés”, casi en pánico por tratar de conseguir una respuesta, solo logró que el médico, ni siquiera mirándolo a los ojos le dijera “sí, como todo el mundo” y le recomendara recostarse en el sofá para ver si tenía algún mareo más que revisar.
El paciente se sintió contrariado y terminó aceptando que en realidad no le pasaba nada, que solo tenía que tomar una Novemina y que tenía que descansar. Pero el médico, una vez que le dejó eso en claro, tomó sus utensilios con un arranque de rapidez que lo dejó pasmado, porque era casi una carrera contra el tiempo y prácticamente sin decir adiós, se fue por la puerta quizás a ver a otro pobre paciente, que debe munirse justamente de paciencia para saber que en cinco minutos nadie le dirá más que un “como todo el mundo”, poniéndolo en esa casilla, la de las ovejas de un corral, que están estresadas y se la tienen que bancar.
Mi amigo no quedó conforme, se siguió sintiendo mal, pero ya no quiso llamar al médico. Se dio cuenta que la medicina automatizada que practican ahora, es como si se atendiera él mismo. Se tomó la presión, se controló la fiebre y sintió que si se quedaba acostado tomando una pastilla de esas que salen pocos pesos (porque si fueran buenas saldrían carísimas), acaso su estrés se controlaría un poco más y se daría cuenta que el temor a que algo le pasara era solamente producto de su imaginación.
Después reflexionando me dijo: el sistema de salud no puede automatizarse, es de los pocos donde los profesionales del ramo deben atender a la gente como si nada se hubiera inventado, como si todo estuviera en su estado natural, porque es la manera de encontrarnos entre dos personas y aliviar nuestros dolores internos.
Pero si la situación sigue así, y los médicos van a ser tan autómatas en las atenciones, en breve será lo mismo que a su trabajo lo haga un robot, que venga, pida datos, diga lo estipulado dentro de un manual, y se vaya corriendo a ver otro para decirle exactamente lo mismo. Mientras tanto, la humanidad seguirá perdiendo su esencia, y en poco tiempo ya no quedará nada. Solo pensar que no somos únicos e irrepetibles, sino que somos como todo el mundo.

HUGO LEMOS 

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Inclusión a otros niveles

El avance de la tecnología está de manifiesto desde hace varios años. La vorágine con la que nos hace vivir, es indiscutible. En los últimos cinco años ha cambiado muchísimo la manera de comunicarse de las personas. Desde los novedosos mensajes de textos que se masificaron a mediados de la primera década de este siglo, a la manera de mayor conexión entre las personas, la aplicación Whats App, con la cual la gente puede verse, mandarse vídeos y comunicarse de manera permanente en forma gratuita. robot
Esto supone que nos veamos sorprendidos de forma constante y que la pregunta nos invada, sobre todo a quienes tenemos hijos que no llegan a los 10 años de edad, qué verán ellos dentro de una década. Cuál será la manera que tengan de comunicarse, de qué forma intercambiarán sus ideas con nosotros y el mundo.
Pero ahora tenemos a una nueva habitante del planeta, alguien que rompe con el paradigma de que solo los seres humanos, somos seres racionales en el planeta y que podemos tomar decisiones, sentir emociones y gobernar nuestros instintos, y esa es la robot Sophía, que ha sido impuesta al servicio de los principales intereses económicos como una nueva terráquea que habla, se desempeña y toma decisiones por sí misma.
La misma, fue presentada a las principales autoridades de Arabiua Saudíta quienes decidieron otorgarle la ciudadanía. Es decir, hacerla parte del mundo que habitamos con la misma calidad de vida, derechos y por lo tanto obligaciones, que el resto de la población de ese país.
Quizás la decisión haya sido adrede, o quizás para apañar otros intereses, como la creación en masa y el fomento desmedido de la Inteligencia Artificial como la nueva manera de vida del siglo XXI. Ese es quizás el cometido por haber sido presentada ante personas que pueden decidir invertir en la multiplicación de varias Sophías por el mundo y con ello romper con todos los paradigmas y cercos que la sociedad impone de que solamente los seres humanos, somos capaces de vivir en sociedad y tomar decisiones en esta vida.
¿Suena muy loco no? Claro que sí, pero es una realidad que nos pasa por arriba. El mundo está así de cambiante porque nosotros lo hemos hecho ya de otras formas, las hemos aceptado, aplaudido y vitoreado. Y hemos demonizado a quienes han querido rechazarla por romper con el molde humano y entonces ahora, cuando nos imponen una sociedad con la inclusión de la inteligencia artificial, la miramos con desconfianza y queremos primero analizar si estamos de acuerdo con incluirla.
Esto ha sido generado y promovido por personas que entienden que el mundo es de las máquinas y que son estas las que un día, podrán salvar al ser humano, de su autodestrucción. Esa discusión que nos parece banal, frívola y hasta lejana en el tiempo, que no es para este tiempo y que tiene mucho de ciencia ficción, no es tan así.
El mundo ha cambiado y las sociedades se han modernizado, imponiendo nuevas formas de ver la composición familiar, adaptándose a nuevos géneros e identidades sexuales, que rompieron con el binomio hombre – mujer para darle cabida a muchas otras cosas nuevas, que algunas aún están en proceso de formación y de autodescubrimiento, que le hemos dado lugar ahora a la robótica.
Pero la discusión no es solamente la Inteligencia Artificial en el mi área de trabajo, en la industria o en la tan hablada automatización laboral, sino que hablamos ya de una convivencia tan pronta como necesaria, porque la misma se dará pese a que los cambios lleguen tarde o temprano.
Le hemos abierto las puertas a las transformaciones sociales más grandes e importantes de la historia, con familias ensambladas casi como regla, con uniones en vez de matrimonios y con adopciones de parejas del mismo sexo, al punto que agregar la robótica a la sociedad como forma de vida, no es algo lejos de la realidad ni mucho menos, ajeno a estos tiempos.
Por lo tanto, cuando la robot Sophía llegue a Uruguay el próximo 22 de febrero para hablar en el American Business Forum en Punta del Este, un evento que reúne a líderes y empresarios de toda América Latina, les dirá a las personas más influyentes de esa región del mundo, que llegó para quedarse y que muy pronto estaremos conviviendo con ellos.
Entonces, ¿estaremos dispuestos a adaptar nuestras mentes y plantear el concepto de inclusión hacia un robot, que puede pensar, sentir, querer y tomar decisiones como si fuera un ser humano, como si fuera un jefe de familia?
Todo eso nos lo dirá el tiempo, dentro de muy poco, cuando nos demos cuenta que el mundo que nos plantea un robot desde su inteligencia, es el que nosotros decidimos construir y en el que tendremos que adaptarnos, o quedar relegados para siempre.

HUGO LEMOS

 

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Un día de reflexiones

Han pasado tantas cosas este año que ha terminado muy rápido. No sé si eso es bueno o malo, pero es real. El año se fue y es un tiempo en el que deben contarse las cosas vividas con alegría y como si fueran una gran experiencia. Es imposible reconstruir el camino vivido cada uno de los 365 días del año que pasó. Nadie se acuerda, a no ser que haya sido una fecha especial, lo que hizo un 22 de febrero o un 14 de mayo por decir dos fechas tomadas al azar. Pero sí hubo momentos que quedarán en nuestra memoria para siempre. fin de año
Comencé este año 2018 al regreso de mis vacaciones, un 22 de enero escribiendo sobre la muerte de mi maestro del periodismo y querido amigo, Claudio Paolillo, quien falleció con 57 años a causa de un cáncer cuando estaba en el apogeo de su carrera. Aunque la enfermedad lo había dejado un poco de lado de todo esto y si bien no estaba quieto, ya no frecuentaba los mismos lugares.
Seguimos con la despedida del secretario de Redacción de este diario, quien si bien no se fue del todo y seguimos leyendo sus editoriales, la salida total de la redacción de Alberto Rodríguez, después de 50 años de trabajo fue un sacudón que aún no se terminó de acomodar. El diario sigue saliendo pero los ajustes persisten, porque así son las cosas.
Perdimos a algunos amigos entrañables, como Víctor Hugo Flores, el querido Comisario y también ocurrieron casos que nos tocaron de cerca y que nos generaron un fuerte golpe emocional en muchas cosas. Aunque son parte de las experiencias que pasarán a las bitácoras del 2018, un año que demostró que las cosas pueden ser complejas.
Pero también hubo momentos lindos de ser recordados, reencuentros con amigos y familiares que llegaron, se afincaron y volvieron a irse. Aunque todo es parte del proceso de la vida que nos enseña que las cosas por algo ocurren.
Mañana será un día de reflexiones, de encuentros y de nostalgia por quienes no decidieron estar juntos a nosotros en este momento, y por aquellos que tuvieron que partir, algunos a trabajar y otros de este mundo. Empero, será un momento para festejar que siempre podemos volver a empezar, que la vida pasa rápido, que los hijos crecen y que lo más importante de la vida es alcanzar la felicidad humana.
No quiero salirme de contexto y de hablar de temas políticos, porque si bien en este mismo instante en el que ustedes están leyendo lo que yo estoy escribiendo ahora, hay políticos que están tomando decisiones por ustedes y nosotros, a veces hay algunos que dicen cosas muy interesantes, y yo sé que a este que voy a citar ahora muchos lo quieren y otros no, pero una vez en Río de Janeiro, en una cumbre por el medio ambiente dijo algo interesante y para mi gusto, muy verdadero.
Fue así que José Mujica se refirió a lo más importante de este mundo como la Felicidad Humana que todos debemos tener y buscar antes que cualquier cosa. Por eso dijo que está muy bueno pelear por el medio ambiente, en términos de clima y eco sistema, pero que si no buscamos lo elemental, que es el amor, estamos fritos.
Y cito: “El desarrollo (de los pueblos) no puede ser en contra de la felicidad. ¡Tiene que ser a favor de la felicidad humana! Del amor arriba de la tierra, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental” y añadió “precisamente porque ese es el tesoro más importante que tiene (el ser humano), cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama: la felicidad humana”.
Es fundamental que hoy, en un mundo que para muchos no pasa más allá del Daymán y que para otros va un poco más lejos, todos tengamos los cinco sentidos prontos para darnos cuenta que la felicidad pasa a favor de nuestra acción humana, de nuestra vida, de nuestros sentires cotidianos.
Y que acercarnos a la gente, sentir su cariño, ayudar al otro, no cuesta más que tener la voluntad de hacerlo, y una vez que lo hagamos seguramente nos vamos a sentir distintos, contentos y completos.
Hoy es un día de alegrías, de reflexiones, de pensar hacia adelante y de ver qué es lo que viene ahora. Qué significa el año nuevo para cada uno de nosotros, es cosa de nosotros mismos, de nuestros adentros, pero tenemos que mirarlo, tenemos que tomarlo en cuenta, no podemos pasar el día, que el reloj de las doce campanadas y solo nos importe descorchar y brindar como algo vacío, todo debe tener un significado, porque en la medida que lo tenga será importante y si es importante sin dudas que es en serio. Entonces estaremos pujando por un cambio de verdad en lo que ha sido nuestra vida hasta el momento.
Hoy será un día para que nos sentemos a contarnos lo que nos pasa, para decirnos que nos queremos y que creemos en que podemos ser mejores, aún en la adversidad, por más que nos enfrentemos a golpes inesperados, por más que en el trabajo, en nuestra casa y con nuestros amigos haya cosas que resolver, siempre lo más importante es sentir que estamos vivos y que si algo anda mal, hoy es un buen día para proponernos que las cosas sean mejores.
Podría haber destinado este espacio para hablar de los problemas que tiene el país, que son muchos, de los que tiene Salto que son varios y demasiados para ser una sociedad tan pequeña como la que somos, y pudiendo ser más uniformes somos muy complejos y nos contrariamos todo el tiempo, haciendo de este hermoso lugar muchas veces una innecesaria olla de grillos.
Pero creo que era importante invitarlos a vivir un día de reflexión, de mucha alegría pese a que no haya suficientes motivos para algunos y sobren para otros, y que sea una jornada en la que todos estemos en paz primero con nosotros mismos y después con los demás, con los que nos rodean, con el fin de que la vida sea cada vez más linda y mejor para todos nosotros, empezando por usted que está leyendo esto ahora.
Muchas gracias por haber estado frente a esta página durante el año y espero que lo sigan estando al menos mientras estas líneas se sigan escribiendo para proponer un intercambio de ideas.
Tan solo Feliz Año Nuevo para todos, a pesar del calor.

HUGO LEMOS

 

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Es Hora de Volver a Casa

Recordar los momentos vividos, tener presente a los que ya no están y tratar de tener un instante que quede en la retina para el resto de la existencia, es parte de la celebración que la inmensa mayoría de las personas tratará de tener una vez que baje el sol, de este 24 de diciembre. navidad
La celebración de la Navidad tiene muchos significados. Entre ellos, el de juntarse y vivir un momento único en familia que nadie debe dejar de lado. Y para esto muchos se preguntan ¿qué es vivirlo en familia? Familia puede ser la que ya conocemos todos, padres, hijos, esposos, hermanos, primos, etc. O también amigos o seres queridos que nos hacen sentir momentos únicos que generalmente no disfrutamos.
Hay una publicidad alemana de una cadena de supermercados de ese país que a mí me gusta mucho. El padre tiene tres hijos ya crecidos, los que además de tener sus vidas tienen sus propios hijos y sus obligaciones. Por eso muchas veces, casi sin darse cuenta, le van pasando los días como a muchos de nosotros sin disfrutar de la ocasión de estar con sus seres queridos.
El padre, ya anciano, los llama para verlos y año tras año, el encuentro se va postergando, si bien recibe el saludo de sus hijos y nietos a través del teléfono el mismo se vuelve una voz en el éter, cuasi vacía para un anciano que ve cómo se le escapa la vida por una ventana mientras sus hijos ya no comparten su tiempo con él.
Entonces él mismo decide hacer una cosa, simular su muerte y mandarles a sus hijos la invitación para su funeral. El mismo se cumpliría justo el día de Navidad. Entonces la imagen muestra cómo en el momento que está cada uno en lo suyo, con sus vidas, totalmente ajenos a lo que siente ese hombre por no ver a sus únicos seres queridos en este mundo, sus hijos, van recibiendo de distintas maneras la triste noticia de que su padre ha fallecido.
Uno es financista en Shangai (China) y los otros dos trabajan en distintos lugares de Alemania. Cuando de repente les avisan que su padre falleció y que el funeral será en su casa el día de la Navidad, jornada que tanto negaron pasar junto a su padre y en consecuencia se la habían terminado perdiendo la oportunidad, para siempre.
El motivo, no solo sirvió para que el padre pudiera ver a todos sus hijos y a sus nietos juntos, sino además para que ellos se vieran entre sí, ya que hacía años que ninguno compartía la navidad con el otro. Y en ese momento los unía la angustia y el dolor de ver partir a su padre, luego de haberle negado la visita en varias ocasiones pensando que siempre habría oportunidad para volver a encontrarse.
Abrazados por el triste momento ingresan todos a la casa, que también era el lugar donde nacieron y se criaron de niños y adolescentes antes de volar cada uno con sus alas propias. Esta vez entraban a ese lugar que tantas veces los cobijó junto a sus compañeros de vida y a sus hijos.
Allí se encontraron con una larga mesa servida y con las velas encendidas. Todos se miraron hasta que apareció de repente la persona que era el motivo de su encuentro en ese lugar y les dice “esta era la única forma de poder verlos a todos”. Y todos rompieron en llanto de emoción y alegría. Se sentaron alrededor de la mesa y compartieron la cena de Navidad, por primera vez en muchos años todos juntos. Lo más importante, fue ver la alegría en sus caras. Era una expresión que no era traducible en palabras porque la felicidad de estar juntos venía del alma.
Hoy es un día como esos, donde todos tenemos que estar juntos y nuestra felicidad debe provenir del espíritu. No importa lo que haya para comer en la mesa ni la frivolidad de un regalo material al pie de un arbolito adornado con globos y luces, pero que debe significar muy otra cosa.
Lo que importa es la alegría de volver a estar juntos, de encontrarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean, sin importar si están a nuestro lado o si están más allá de la frontera más cercana. Porque hoy, lo mágico que tiene este día, es que no hay barreras para que podamos comunicarnos con quienes más queremos, para decirle acá estamos.
Justamente porque hoy, más allá de que estemos con la familia que elijamos que queramos tener, siempre vamos a estar con quienes amamos en nuestro hogar. Porque hoy más que nunca, es como dice el final de ese spot televisivo que nos regaló la empresa alemana Edeka en 2016, hoy es Hora de Volver a Casa. Y ahí es donde tenemos que estar. Feliz Navidad para todos.

HUGO LEMOS

 

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Carolina Cosse y la democracia

Cuba es una dictadura y Venezuela está a punto de serlo, si ya no es en una expresión bastante parecida. Nadie puede decir lo contrario, nadie que se precie de demócrata, que crea realmente en la democracia, que tenga convicciones claras y que piense que con la libertad de las personas no se negocia. democracia
Cuba es una dictadura, eso lo sabemos todos. Y lo es sobre todas las cosas porque es un país con un solo partido político, donde no puede haber otra corriente de pensamiento que no sea la del gobierno y la de sus gobernantes, no existe allí uno de los elementos claves de la democracia que es la pluralidad de partidos políticos, donde existan y prevalezcan todas las corrientes de opinión posibles y donde todo el mundo tenga libertad de pensar, decir, expresar y formar el partido que quiera para competir en elecciones libres contra el gobierno de turno.

Donde haya un ejercicio libre de la prensa, donde exista una multiplicidad de medios de comunicación que digan lo que se les antoje, a favor o en contra de los gobiernos, eso sí bien independientes de los mismos. Si lo quieren apoyar que lo hagan y si lo quieren criticar y cuestionar, que lo hagan con la misma fuerza. Pero esas libertades no la tienen ni los pobladores de Cuba, ni hoy tampoco la tienen los de Venezuela, donde protestar está prohibido, donde querer formar un partido político y presentarse a elecciones libres como las que se hacen en nuestro país, también está prohibido y donde tener un medio de comunicación que sea crítico con el gobierno se paga con cárcel.

Uruguay es ejemplo de esas cosas, cuando el país vivió la dictadura entre 1973 y 1985, pasaba lo mismo. Pero Carolina Cosse, que aprendió la diferencia entre lo que es un país con dictadura y un país con democracia, ahora parece que no sabe diferenciar una cosa de la otra.

Hace pocos días en el programa En la Mira de VTV, que conduce el periodista Gabriel Pereyra y que tiene entre sus panelistas al politólogo Adolfo Garcé, este le preguntó a la actual ministra de Industria y precandidata a la presidencia por el Frente Amplio, si consideraba a Cuba una dictadura y ella respondió que no.
Dijo que los cubanos vivían a su manera y que habían encontrado una forma de vida que había que respetar. La forma de vivir de los cubanos es la que le marca el gobierno a la población, no les permite hacer algo que ellos quieran por sí mismos, si a un grupo de personas se le ocurre manifestarse contra una medida impuesta por el Estado, los mismos pagan con cárcel, si quieren proponer un nuevo partido político pagan con cárcel, si quieren establecer un medio de comunicación y desde allí hablar o escribir de manera independiente y ser críticos con el gobierno pagan con cárcel.

Además no creo que en 11 millones de personas, todos piensen igual y no haya quienes deseen manifestarse contrarios a algunas o a todas o a varias de las medidas que adopte el régimen de la isla, que ya lleva una autocracia impuesta desde hace décadas, con un adoctrinamiento importante en las personas del lugar.
Y si le hubieran preguntado a un sueco cuando estaba ocurriendo la dictadura uruguaya sobre si el gobierno del Goyo Alvarez era una dictadura y el sujeto respondiera que había que respetar la autodeterminación del pueblo uruguayo ¿qué hubiera dicho la hoy ministra y precandidata a presidente del Frente Amplio de esa opinión? Asusta solo pensarlo.

Y asusta porque ella es una de las personas que junto a Daniel Martínez tienen la chance de ser los continuadores del actual gobierno. Son los que tienen la llave del destino del Frente Amplio y seguramente, la ministra Cosse podría llegar a ser la presidente o la vice de nuestro país en un eventual cuarto gobierno de izquierda.
Por eso el hecho de cómo piensa y qué concepto tiene de lo que es una democracia es algo muy importante porque estamos hablando del respeto de valores y de formas de vidas que ella deberá respetar como gobernante. No es lo mismo un país con libertades políticas y de prensa, que un país sin ellas, un país con un Estado de Derecho donde el Poder Judicial esté separado del gobierno y el parlamento esté compuesto por diferentes partidos políticos que garantizan las distintas corrientes de opinión, que un país donde gobierna un solo partido porque cualquier otro es ilegal.

No es lo mismo un país sin libertad de prensa que un país donde todos pueden decir lo que se les antoja y protestar por la calle sin que nadie venga a ponerlos presos por hablar en contra de quienes gobiernan. Ese concepto de democracia no solo se aprende en los libros, sino que además se aprende en la calle, viendo cómo se vive en un país y en otro.
Más que elogiar al actual gobierno y dar discursos llenos de cosas lindas que no aclara cómo las hará posibles, me gustaría que la precandidata Carolina Cosse dijera cómo piensa gobernar a los uruguayos en caso de acceder al gobierno y si considera hacer un gobierno similar al cubano, donde para ella eso que hacen en esa pobre isla, es tan democrático como lo que pasa en Uruguay. Una pena.

HUGO LEMOS

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Una expresión de deseo

La libertad de expresión no está amenazada en este país, pero sí parece estar bajo sospecha. Al menos es lo que nos deja como saldo todo lo que ocurrió en la semana que pasó cuando los sucesos ocurridos en el departamento de Artigas, determinaron aspectos preocupantes que por lo menos ameritan a que los mismos sean analizados. libertad
Si bien el artículo 7º de la Carta Magna habla del derecho a la libertad del que gozan los habitantes de este país, el artículo 29 del mismo texto normativo completa esa capacidad que tenemos los habitantes de todos los rincones de esta Patria al referirse específicamente al sagrado derecho a la libertad de expresión del cual gozamos.
Ciertamente con responsabilidades, esto quiere decir que si bien podemos gritar lo que nos dé la gana a los cuatro vientos, en el momento que se nos ocurra y de la manera que queramos, también nos obliga a hacernos cargo de las cosas que decimos. Ese principio, que sería una obligación básica de la contrapartida que tenemos que es el derecho a hacerlo, no siempre es respetado ni tenido en cuenta por personas que se hacen llamar periodistas y lo único que hacen con esa práctica es ofender la profesión, debido a que la irresponsabilidad manifiesta con la que actúan por sus dichos o escritos da pavor.
Hay un caso concreto de un periódico que publica una serie de comentarios en los que s encargan de ensuciar personas a diestra y siniestra, donde nadie firma ni siquiera con seudónimo, donde lo que habla es de la irresponsabilidad a la hora de enfrentarse con la libertad de prensa.
Pero para no irnos por las ramas, cuando empezamos a ver que los principales representantes del Estado, que son parte de un gobierno y son los que deben defendernos a todos, en vez de promover la protección del derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos, no solo no lo hacen sino que además maltratan a los que protestan porque lo hacen en su contra, la libertad se ve amenazada.
Y si encima, desde el mismísimo Estado, a través de los servicios de difusión de la Presidencia de la República, se encargan de denostar a las personas que manifiestan, dando a conocer sus antecedentes y sus datos personales para ponerlos en boca de todo el mundo, con una práctica autoritaria, absurda y descalificante que deja en evidencia la ausencia de respeto a la población y el uso indebido de datos por parte del gobierno sobre sus gobernados, dan cuenta de la pobreza argumental que tienen para tener que ponerse a violar el derechos de los habitantes de este país con el fin de proteger sus propios intereses, en una acción de mezquindad absoluta, solo vista en tiempos que más vale no acordarse.
En mi opinión, es mucho más preocupante la actitud del Estado con el manejo irresponsable de datos privados de los ciudadanos de este país, como práctica recurrente para pretende descalificar a una persona que protesta contra el gobierno, que el insólito hecho de que el ministro, Eduardo Bonomi, haya pisado, empujado y mandado preso a un pobre tipo, de los miles de olvidados que hay en el norte del país, que lo único que reclamaba era que se terminara el contrabando con el fin de que la industria nacional, en este caso del rubro del tabaco, prospere y de esa forma pueda preservar su fuente de trabajo.
Porque la actitud del ministro de pisarles la pancarta y hacerlos detener, muestra de cuerpo entero quién es y cuáles son sus valores, siendo el mismo una persona que en su momento salió a la calle a pelear por sus ideales de una forma tan enfática que hasta no dudo en llegar a cometer delitos que le valieran largos años de cárcel para defender sus acciones que entonces fueron vistas como políticas. Por lo que en ese caso, que una persona así se haya olvidado de todo lo que luchó, después de llevar 13 años ininterrumpidos como ministro de Estado (los primeros 5 como ministro de Trabajo y 8 como ministro del Interior), que actúe de esa forma, habla de un sujeto de baja estofa y que no está a la altura de su investidura.
Pero que encima que desde la Presidencia de la República, se dediquen a amenazar el derecho a la libertad de expresión de las personas, donde por segunda vez en un año sacan comunicados oficiales con los antecedentes de las personas con el fin de generar una campaña de descrédito formidable, como si la persona por no pagar una deuda (en el caso del colono que le dijo mentiroso a Tabaré Vázquez en febrero) o por tener antecedentes penales (como el trabajador tabacalero de Artigas) perdieran el derecho a la protesta por tales condiciones.
Si bien no las pierden en absoluto y por más antecedentes o deudas que tengan siguen siendo ciudadanos de este país y por lo tanto mantienen el sagrado derecho constitucional a la libertad de expresión, es preocupante que la Presidencia de la República mantenga esas prácticas propias de regímenes totalitarios como las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, o las actuales de países como Cuba y Venezuela.
Es triste que la Presidencia uruguaya, que ya fue observada por el Instituto Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo por estas maniobras artimañeras, prosiga con las mismas bajo la atenta complacencia del presidente de la República, que dice respetar la democracia, menos cuando la protesta le toca de cerca. Ojalá sea la última vez que el Estado amenace la libertad de expresión, pero estoy seguro que es solo una expresión de deseo.

HUGO LEMOS

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Unos anuncios maravillosos

La semana pasada, fueron días de anuncios para los uruguayos.
Quiero decir, que tuvimos que soportar escuchar disparates de todos lados y de todo tipo.
De cualquier manera, hubo alguno más que otro que sobresalieron ante la opinión pública, sobre todo por lo increíble de los mismos. viejitos
Por un lado, tuvimos a Pablo Perna, hablando de mano Dura y Plomo y Cero Lumpen en el Hotel Salto.
Fue casi una cuestión surrealista, pero en cierta medida es un discurso que logró su cometido, alcanzar trascender a nivel departamental y tener 15 minutos de fama en la prensa nacional por lo fuertemente inverosímil para mucho de esos dichos.
Primero porque se trata de un discurso político que buscar captar la adhesión de una importante masa de gente que está enojada con la situación de inseguridad que padece el departamento.
Y por otro lado, tampoco es viable que se modifique la legítima defensa porque las instituciones perderían peso y ganaría la autotela (el ojo por ojo y eso se convertiría en un desmadre, en algo más parecido a la película La Purga, que otra cosa).
Aunque los anuncios siguieron y vino el del senador Luis Lacalle Pou, que se refirió a volver al 0,3 decigramos de alcohol para la tolerancia de la espirometría y que el conductor se pueda tomar una copa de vino.
Lo que valoro en estos casos, tanto de Lacalle Pou como de Perna, es la honestidad intelectual de ambos.
Ellos creen que así debe ser la cosa, que ese es el camino.
Uno dice que hay que permitir que si un “lumpen entra a tu casa a robar y pone en riesgo tu existencia lo puedas matar” y el otro que “te tomes una copa de vino, que te permitas ese gustito y que salgas a manejar” y en ambos casos dijeron lo mismo, “el que me quiera criticar que me critique”, eso se llama gallardía para decir una cosa que es políticamente incorrecto, pero que es lo que la mayoría piensa y quiere.
Por otro lado, para mi gusto el mejor de todos, estuvo el anuncio del gobierno, que dijo reconoce por un lado la existencia de 130 mil pasivos, entre jubilados y pensionistas que en un país de apenas 3,5 millones de personas, perciben menos de 11.500 pesos por mes. Es decir, son indigentes que ganan tres cuartos salario mínimo, un octavo de la canasta familiar básica y un cuarto de lo que dice el gobierno que gana por mes cada uruguayo. Ergo, una verdadera vergüenza.
Pero el gobierno, muy suelto de cuerpo y hasta con la presencia de autoridades como si fuera un logro o algo por el estilo, hicieron el anuncio del mes, dijeron que a esos 130 mil pasivos que deben vivir en la indigencia con lo que perciben al mes sin lugar a dudas incrementando así las tasas de pobreza de este bendito país (eso no lo dice el gobierno lo afirmo yo a ojos cerrados) tendrá el pudoroso beneficio (y la palabra pudorosa es mía) de una rebaja de 76 pesos en las garrafas de supergás de 13 kilogramos.
Así como lo leyó, y aunque no lo crea, ¡76 pesos!.
Un montón de plata (ironías aparte), con la que el pasivo podrá ahorrársela y gastarla en lo que más le guste, que puede ser tres litros de leche común, cuarto kilogramos de carne picada para un plato de comida, o tres cuartos kilos de frutillas.
Ese descuentazo, lo tendrá por el hecho de ser pobre.
Como es pobre tendrá un descuento irrisorio.
Y encima con el comentario de las focas aplaudidoras que dicen “y bueno peor es nada, en los gobiernos anteriores no te daban nada viejo quejoso”.
Yo ya no sé si la tomadura de pelo que hace el, hace el gobierno, que encima en la presentación dijeron que con esta medida estaban “incluyendo a los que menos tienen en la política energética”, es para esas pobres personas o si es para nosotros.
Porque si es para el resto de los mortales, es decir, para los que más o menos tenemos dos dedos de frente, trabajos en multiempleo y encima estudiamos para poder superarnos en la vida, les decimos muchachos que ya nos dimos cuenta de que son tremendos hijos de sus madres (aunque estas no tengan la culpa) y somos parte del grupo.
No Somos Boludos. Ya nos dimos cuenta.
Porque si se trata del mismo Estado que paga sueldos gerenciales al de República AFAP con más de 660 mil pesos, a gerentes de centrales hidroeléctricas por 300 mil pesos, a treinta senadores cuya mayoría no sirven para nada por más de 300 mil pesos, gastos para diarios y revistas a 130 legisladores para que los usen en otra cosa, y decenas de oficinas públicas dedicadas a hacer “proyectos” que no sirven y que no condicen con la realidad de la población a la que están destinados, pero que durante su elaboración y puesta en práctica se destinan millones de dólares en la contratación de tecnócratas (el 90% salidos de la Facultad de Ciencias Sociales) y funcionarios políticos para justificar esa enorme burocracia, lo que está haciendo no es solamente una vergüenza, una falta de respeto, un atropello a la razón y una verdadera tomada de pelo.
Es una muerte asistida paulatina a nuestros viejitos, que nosotros no se la tenemos que permitir.
HUGO LEMOS

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Cortar la impunidad delictiva

Un hombre llega a su casa de una intensa noche de trabajo, puesto que las noches en Salto se han puesto, lamentablemente intensas, para los que trabajan en los temas relacionados a la seguridad pública. Después de varias horas sin dormir y cansado por el nerviosismo que impone su labor, llega a su casa, cansado, hastiado, y molesto con todo lo que le haya podido pasar. seguridad
De repente, un grupo de personas se encontraban a pocos metros de él y de su hogar y lo ven llegar. Seguramente no le dijeron “buenos días”, pero sí alguna referencia a su familia, con especial énfasis en sus ancestros y alguna bravuconada más de esas que suelen surgir entre personas que son capaces de pasar toda la noche despiertos tomando alcohol, y que al amanecer aún están ahí sin saber qué hacer.
Comienzan a soltarse improperios, enfrentamientos, agresiones, mientras el trabajador se resiste a actuar, no porque no tenga ganas de poner a esa persona en su lugar, sino porque su condición de funcionario policial le implica mantener el decoro, el resto hacia el otro y la tolerancia, evitando entrar en el terreno de la agresión.
Pero la situación no resiste mayor análisis, no hay entradas en razón, no hay ubicación de parte del sujeto que había pasado la noche allí, y el problema se agrava. Tanto, al punto que uno de ellos, el que había pasado la noche con los amigos, toma un objeto contundente e intenta agredir al otro. Hasta ahí es todo lo que supe de lo que aconteció el pasado domingo a las 8 de la mañana en el barrio Dos Naciones, cuando un funcionario policial abatió de dos disparos a un hombre joven de 25 años de edad, quien luego de mantener una desavenencia con el agente, según testigos, se enfrentó a este y el policía para repeler la agresión, le disparó con su arma de reglamento.
Como resultado, el sujeto está muerto y el policía ahora está preso. El individuo que no había ido a trabajar y que tenía antecedentes penales, lo que no le quita ni la calidad de persona, ni de ser un sujeto con derechos y pasible de obligaciones, tuvo un trágico final que lamentamos todos, porque a nadie le gusta que muera una persona, menos alguien de la comunidad tenga los antecedentes que tenga.
Aunque con él, se llevó a un funcionario policial que venía de cumplir su labor, de tener una vida digna y de respeto, que ahora tendrá que responder ante la ley por haber usado su arma de reglamento contra el mismo, porque el fiscal del caso y el juez de turno, entendieron que no se configuró la legítima defensa, figura que de comprobarse, exime a una persona del delito de homicidio.
Pero como usualmente ocurre, la justicia entendió que es muy fino el límite entre la acción voluntaria de disparar para cometer el homicidio, que el de repeler una agresión que le pudiera costar la vida y que por eso fue repelida de esa manera. Ya que el artículo 27 del Código Penal habla de “la racionalidad del medio empleado para repeler la agresión”, lo que quiere decir que si el agresor vino con una barreta de hierro, el mismo bien pudo haberle disparado a las piernas para que el individuo cayera y se evitaba todo el lío.
Más allá de lo que haya ocurrido, con el diario del lunes todos somos campeones y es muy difícil poder discernir en ese instante, cuando hay frente a uno un sujeto amenazándolo. Que el policía está entrenado para saber lidiar con este tipo de casos, es un aspecto a tener en cuenta y que seguramente la fiscalía y el juez lo manejaron a la hora de emitir la sentencia interlocutoria, pero el mensaje que se le da al funcionariado policial en este caso, lo pone sobre alerta una vez más, acerca de las potestad que tiene el mismo para actuar. Y eso no es una cosa menor, porque estamos asistiendo a uno de los problemas de seguridad más importantes de los últimos tiempos, donde necesitamos una policía preparada para lidiar con los individuos que son disfuncionales al sistema y que generan un daño a la sociedad cometiendo delitos con total impunidad.
En Salto, hubo 2.968 denuncias por robo entre los meses de enero y junio del presente año. Para un departamento de 132.500 personas, donde hay alrededor de 600 policías para poder disuadir y reprimir el delito, el tema es grave teniendo en cuenta que de esas casi tres mil denuncias, solamente alrededor del 10 por ciento han podido ser aclaradas. Lo cual indica que estamos mal en materia de seguridad, más allá de que acá no está instalado el delito violento, como forma habitual, aunque aún así tenemos nuestras cruces, como el caso del policía Farinha, Olga Costa o Andrés Duarte, tres muertes que enlutaron a Salto en el mes de marzo.
Entonces, sería bueno que los actuales legisladores nacionales que están en campaña electoral, yendo a todos los medios de comunicación posibles a decir sus verdades, y que todos aquellos que pretenden salir a candidatearse para estar en el lugar de estos otros, preparen en sus agendas las reformas necesarias en materia de seguridad pública que el país necesita, para evitar que este tipo de acciones, que lamentamos todos, de un lado y del otro, den un mensaje más positivo, donde si alguien comete un delito tiene que ser castigado y si un policía utiliza un arma, debe tener un margen de acción claro, que no lo ponga tras las rejas, porque sino todo lo demás suena a verso y la impunidad que sienten quienes están detrás de la acción delictiva sigue dañando a la sociedad.

HUGO LEMOS

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El sistema no funciona

Todos quedamos estremecidos con la noticia de que el conocido delincuente Marcelo Roldán alias El Pelado, de quien recuerdo aquel motín realizado en el Hospital Vilardebó cuando estuvo internado porque llevaba una vida entre rejas y quería mandar en todos lados, fue asesinado en su propia celda por su compañero. preso
Pero no quedamos consternados porque fuera asesinado en su propia celda, sino por cómo fue ultimado y por lo que su asesino hizo después con el cadáver. Algo que solo se inscribe en las peores páginas de las historias carcelarias del Uruguay, que ya de por sí dejan mucho que desear.
El Pelado Roldán era un delincuente, así escribió la historia de su vida entrando y saliendo de las cárceles desde que era menor de edad. Decía no temerle a nada ni a nadie y se enfrentaba con todo el mundo; las cárceles solo sirvieron para aumentar su rabia y su odio contra todo lo que fuera autoridad y respeto. Pero al parecer no es el único, no es un bicho raro, no es un loco suelto. Bueno, no era.
Su compañero de celda, que por algo lo dejaron compartir el mismo habitáculo con él, es un monstruo. Porque una persona que hace lo que este hizo con un ser humano, no tiene precedentes. Se enfrentó con él por la sensiblería de que su madre fue insultada, pero la reacción que tuvo, lejos de honrar a cualquier progenitor, fue bestial, demencial y preocupante.
Esto último es acaso lo más importante. Y ¿por qué? Por el simple hecho de que alguien que está cumpliendo una condena en los llamados Centros de Rehabilitación, del denominado oficialmente Instituto Nacional de Rehabilitación que tiene el Estado uruguayo para las personas que cometen delitos, llegue al estado de matar a otro, demuestra que el grado de violencia al que estaba acostumbrado no lo supo tratar allí.
Pero además, al vilipendiar el cadáver y jactarse públicamente de que no está arrepentido de lo que hizo, habla peor aún no solo del individuo que lo cometió, sino de que el centro de rehabilitación en el que se encuentra no está cumpliendo con sus cometidos y está fallando en la recuperación de algunas personas que en cierto momento, deberá devolver a la sociedad estén como estén.
Entonces lo más preocupante es que si el sistema carcelario uruguayo no tiene políticas específicas para tratar con individuos como estos, ¿qué clases de monstruos están alojando en sus centros de rehabilitación y cuál es el cometido de tenerlos allí sin darles absolutamente nada para que se reeduquen y puedan reinsertarse a la sociedad una vez cumplida su condena?
Es altamente peligroso que el Estado uruguayo solamente se jacte de tener un sistema carcelario donde hay políticas de reeducación tan buenas, que están por pasarlo a la órbita del Ministerio de Educación y Cultura, porque en vez de tratarse de una cuestión de seguridad, al parecer el mismo es objeto de educación. Y si lo será, pero el problema ahora pasa por otro lado, atender este tipo de casos, porque no son aislados.
La mayoría de las personas que delinquen y están insertas en los distintos centros de rehabilitación del país, cuentan con actividades para realizar en función de su perfil criminal y de la peligrosidad de cada uno, además del interés que el mismo manifieste.
Pero si hay internos que han sido tremendamente problemáticos afuera y que hasta llegan a ser peligrosos, la ley no les obliga a realizar actividad alguna, no les impone levantarse a determinada hora, tener un orden, disciplina, aprender responsabilidades y generar hábitos de trabajo y de conducta que los ayude una vez afuera, para poder establecer hábitos de trabajo que los hagan salir adelante por sí mismos y sin ayuda estatal.
Es triste ver que hay personas que se abandonan a sí mismas y que dejan que el sistema los carcoma en vez de servirse del mismo para que los ayude a salir adelante. Pero es preocupante, que los uruguayos con todos los impuestos que pagamos, que según un último estudio del gobierno la presión tributaria llega por lo menos al 34% de la renta per cápita, estemos asistiendo a un Instituto Nacional de Rehabilitación que es deficiente en sus políticas públicas y en sus cometidos, para lograr recuperar personas que están dedicadas al delito y que han estado inmersas en un espiral de violencia, en vez de ayudar a reeducarlos.
Las políticas carcelarias no pueden ser si el preso quiere, si está preso es porque le falló a la sociedad y por más que haya sido una persona con problemas, el sistema lo debe obligar a salir del lugar con un resultado favorable, donde el sujeto por lo menos tenga ganas de volver a ver gente en la calle sin sacarles nada. Y si bien en la mayoría de los casos es así, hay muchos otros que no salen con esa idea, el Estado los deja en la calle para que cometan más daños y los vuelve a encerrar en el mismo lodo en el que estaban, el sistema se retroalimenta a sí mismo, y los uruguayos seguimos pagando por algo que no funciona. Y la pregunta surge ¿hasta cuándo?

HUGO LEMOS

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Derechos por un lado y censura por el otro

Hay veces que nos ponemos a pensar si vivimos en un país libre o si en vez de eso, estamos supeditados al interés de ciertos grupos que por tener acceso a la esfera de gobierno pueden tomar decisiones en nombre de las instituciones públicas, que se suponen que deben representar a todos, o al menos al interés general, y lo único que defienden son los intereses de un grupo. afiche
Esto que estoy describiendo no es un grupo hegemónico ni oligarca, que ostentando poder, determinan cuales son los intereses de la mayoría desde su ámbito.
Porque uno al decirlo así, piensan que puede estar refiriéndose a las corporaciones de empresarios rurales, o a la corporación médica, que es más fuerte aún que la de los abogados, o los empresarios de cualquier otra rama.
En este caso, estamos hablando de los grupos de personas que, allegadas al partido de gobierno, ostentan cargos públicos y ejercen el interés de las instituciones en nombre de sus intereses particulares, atentando contra las libertades que en algún momento dijeron ver censuradas hacia ellos mismos.
Todo esto, para decir que me parece una osadía de tamaño semejante, el querer golpear a la libertad de expresión y al arte en su conjunto censurando un afiche que busca rememorar lo que fue la historia gaucha del Siglo XIX algo que cada vez se redescubre cuando cada año en Tacuarembó, es celebrada la Patria Gaucha.
Que el Estado, a través de sus instituciones, censure un afiche de un artista plástico que, ajeno a los intereses de los colectivos sociales de afrodescendientes y claramente lejos de querer golpear su sensibilidad, lo que hizo fue una obra en la que se recuerda un aspecto de lo que fue la historia de este país, se une a la larga cadena de censuras a la que estamos siendo sometidos paulatinamente con el fin de generar una “transformación cultural”, que está orientada hacia determinados intereses y que no respetan el sentir del pueblo en su conjunto.
Pero el problema más grave de todo esto, es que el Estado sea el que no respete la voluntad de las personas y que utilice sus herramientas, en este caso, un instituto creado bajo la órbita de un Ministerio también creado para satisfacer las políticas de gobierno de un determinado partido, para censurar algo y no para buscar que en vez de rechazar y discriminar al autor, donde el mismo pueda entender los efectos de su obra en determinada franja de la población de la mejor manera posible.
Esta historia de censuras ya la vimos antes. Cuando hace dos años un artista capitalino pintó la imagen de José Mujica y Lucía Topolansky desnudos, como si estuvieran en el Jardín del Edén como Adán y Eva, pero ese cuadro debió ser retirado de la vidriera de una galería con apremio policial hacia el lugar.
Esa situación solamente se ha visto en épocas dictatoriales cuando los gobernantes eran interpretados por los artistas desde su punto de vista, pero ese punto de vista debía pasar por la aprobación de los gobernantes, cosa que limitaba enormemente el ejercicio de la libertad y en nuestro país en este caso, limitar libertades es atentar contra la democracia.
Por eso, se contradice una vez más el gobierno cuando al querer promover agendas de derechos, libertades a través de leyes con el fin de promover transformaciones culturales e impulsar la vigencia de determinados colectivos sociales, ahora impone una censura a una afiche, o a un cuadro que ilustra la imagen de un gobernante, por el mero hecho de que quienes ejercen la voluntad de esas instituciones no están de acuerdo.
Algo que merece un análisis exhaustivo para saber hasta donde no existe una restricción de derechos a las personas, en vez de dejarlas actuar libremente.
No estoy de acuerdo con que se censure una imagen, sí puede ser motivo de discusión, pero no de censura.
En realidad, cuando quise ahondar sobre este tema, me dijeron que el problema entre los organizadores de la Patria Gaucha y el gobierno viene de larga data, porque este último quiso que no le permitieran al Movimiento Un Solo Uruguay (grupo de productores organizados contrarios a las políticas del gobierno para ese sector) poner un stand en la fiesta, algo que los promotores de la principal celebración gauchesca del país, se negaron rotundamente.
El gobierno se equivoca si pretende callar a los opositores de esa forma, no es una práctica democrática y este país ha ganado en derechos y libertades sobre todo con estos actuales gobiernos, lo suficiente como para que alguien quiera imponer lo contrario.
Juan Manuel Blanes, aún considerado pintor de la Patria ha trazado a un Ansina, chiquito, petiso, bien negro de piel y cebando mate a un José Artigas alto, rubio y esbelto.
En esos casos nadie desmerece a Ansina, ni vanagloria a Artigas por esa pintura, porque nadie es más que nadie, y menos por su color de piel, pero no veo el mismo ímpetu del gobierno contra esas pinturas como cuando le dan palo a dos artistas de los que nadie sabe su nombre por más que sus obras estén en boca de todos.
Practiquemos más libertad y tolerancia en vez de estar gritando derechos por un lado y censurar expresiones artísticas por otro.
Porque sino todo lo que han ganado en derechos hasta ahora, podrá caer por su propio peso.

HUGO LEMOS

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No puede ser tan caro

“Estamos todos endeudados”, comentaban algunas personas cuando coincidieron en un cajero automático para retirar los “vintenes” que les quedaban del sueldo, según decían a boca de jarro y entre risas. economia
“Es que no podemos tomarlo de otra manera”, espetó uno. “Es cierto”, coincidió otro, “no podemos”.
Así transcurre la vida de la mayoría de los uruguayos que según el gobierno, el 90 % de la población económicamente activa tiene deudas con el sistema financiero, porque de una u otra manera han accedido a créditos blandos para operar en el mercado, ya sea para comprarse un auto nuevo o usado, para pagarse un viaje, para pagar otras deudas acumuladas a las que de otra forma no podían pagar, o lisa y llanamente para poder comer.
Esa es la situación actual en un país de 3,6 millones de personas donde la gente no llega a fin de mes porque la conducta de consumo supera ampliamente el nivel de ingresos, ya que así está armado el sistema liberal y capitalista en el que vivimos.
Situación que se ha potenciado desde el 2007, donde tras la recuperación en la gente de la crisis económica que ocurrió en 2002, ya nada fue igual.
El keinesianismo aplicado por el Frente Amplio (John Maynard Keynes, tras el crack de 1929 en Nueva York planteó el estímulo a las pequeñas economías en épocas de crisis), permitió que el país empezara a andar de otra manera y esa mal llamada distribución de la riqueza solamente generó hábitos de consumo sin ningún sustento, porque quienes ganaban 10 podían gastar 20 y financiar la diferencia, hasta que la calesita se frenó y dejó a miles con las cuatro ruedas para arriba, ya que llegaron a un punto de endeudamiento donde no pudieron seguir generando esa ola de gastos desfasados de su realidad y ahora hicieron sentir su ausencia en el mercado.
Si bien son muchos los factores que confluyen para que se estén viviendo momentos de pérdidas económicas en el comercio, todos sabemos que el principal problema es el endeudamiento interno donde la mayoría de nosotros somos agentes pasivos, deudores, de algo o de alguien, y eso reduce nuestro poder de compra, lo que amerita que muy pocos y en contadas ocasiones, salgamos a los distintos comercios de plaza a hacer gastos suntuosos, estos son los innecesarios, cuando lo que percibe un trabajador común, que son la inmensa mayoría de la población apenas le da para pagar las cuentas básicas y con el resto, tiene que comer todo el mes.
El ciclo de compras que hacía la población en la mayoría de los casos de forma desmedida e irresponsable se cortó y eso se hace sentir.
Pero pocos reconocen esta situación y a la hora de hablar de la economía del país resumen todo en un simplismo tal como la clásica frase “está fea la cosa”, como si se tratara de una cuestión ajena a ellos mismos o algo que está en el éter, y entonces siguen en la misma pasividad de siempre esperando que alguien solucione los problemas.
El otro aspecto que influye y mucho para que el comercio local esté pasando angustias, es la inmensa presión tributaria que padece alguien que, pretendiendo lanzarse a la aventura de tener un negocio propio, debe soportar previo a ver el resultado de su trabajo. Días pasados una joven mujer, cerró las puertas de su local de ventas que estaba ubicado en pleno centro de la ciudad.
La misma comentó que si bien los productos que vendían le ayudaban a pagar los onerosos costos fijos que tenía en su comercio por el solo hecho de abrir las puertas cada día, la idea era poder vender para pagar los costos y ganar dinero que le permitiera sustentarse. Pero el sistema impositivo tiene otra realidad y no especula con la productividad del comerciante, sino que le obliga a hacerse cargo de una serie de tributos que deben ser abonados sí o sí, venda mucho, poquito o nada. Y esa realidad es la que genera desazón, desilusión y fomenta la evasión en muchos aspectos, donde la gente prefiere seguir el ejemplo de los comerciantes informales instalados en el Paseo de Compras y no pagar una inmensa carga de impuestos. Eso les permitiría no solo bajar los precios de las mercaderías que ofrecen, sino además poder trabajar desde la comodidad de su casa y correr menos riesgos. Aunque esto no es lo que debe hacerse, el Estado debe tomar medidas para que esas prácticas que rondan en la cabeza de muchos, sea cada vez menor, estimulando al comerciante a formalizarse, aunque para esto deberían disminuir la presión que cargan sobre los mismos.
El Estado debería procurar buscar soluciones para este embate de endeudamiento que está padeciendo la población y aflojar un poco con la carga impositiva también a los trabajadores de todos los rubros que son la gran mayoría de este país y los que andan en la calle a diario buscando trabajar para sobrevivir.
Ahora que viene el año electoral aparecerán soluciones mágicas desde algunos sectores y es buena cosa escuchar a todos, creerle a algunos y exigirle a unos cuantos que en el caso de seguir en las esferas del poder o sumarse por primera vez a ella, donde pueden hacer algo para que esta realidad cambie, peleen para poder generar una situación menos angustiante para la gente, porque hablar de justicia social desde un escritorio caro, solo hace que la palabra justicia la sepan por el diccionario pero no se acuerdan que debe ser un concepto presente para hacer que todos vivan cada vez mejor y no haya tanto agobio como el que hoy existe.
Los problemas de la sociedad son muchos, pero sin libertad económica, la población ve limitada muchos aspectos de su vida y esas libertades son las que hay que proteger y garantizar. En un país donde se dice que la economía crece, la gente no puede estar pasando tan mal, viviendo una inflación de casi el 10% y con una canasta básica superior a cinco salarios mínimos. Quizás ante tanta propuesta política que se escuchará de aquí en más, haya que empezar por acá, porque vivir en Uruguay no puede ser tan caro.

HUGO LEMOS

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Más Uruguay para más gente

“Para que a ustedes les vaya bien, primero nos tiene que ir bien a nosotros”, fue la frase que me lanzó un productor rural, por aquel momento dedicado a la ganadería, cuando yo salía de una radio en tiempos donde era dirigente de la FEUU, y con 23 años encima había ido a hablar de los problemas por los que atravesaba la Universidad de la República, sobre todo en Salto. fabricas
Sabido es que en ese entonces, hablamos del año 2002, la entonces Regional Norte estuvo a punto de cerrar sus puertas porque no contaba con presupuesto como para poder funcionar. Es decir, no tenía dinero, porque lo poco que había sido asignado al presupuesto universitario, se lo habían quitado después para capitalizar algunos bancos y tratar de salvar el sistema financiero uruguayo que estaba prácticamente en quiebra.
Claro, nosotros como estudiantes y sobre todo como delegados de nuestros compañeros, no nos callábamos y criticábamos que se nos cerraran las puertas para seguir estudiando porque el gobierno en ese momento priorizaba que no siguieran cayendo entidad financieras, aunque finalmente cayeron y al desenlace de esta historia la conocemos todos.
Pero en aquel momento, cuando ese productor rural me dijo que él y sus pares debían ser atendidos primero para poder exportar y generar divisas con las que pudieran capitalizar algunos sectores de la economía y sobre todo al Estado, para que después el mismo contara con dinero y pudiera redistribuirlo, y entonces la Universidad de la República tenía que esperar porque algo le iba a tocar, pensé igual que lo que pienso ahora. Qué pensamiento más mezquino y errado, que solamente ata al país a los vaivenes de un sector que apostando a su supremacía ponía al resto a esperar, como si fuéramos su furgón de cola.
Algo de esto fue lo que le contesté a ese hombre, qué, impávido, porque pensó que le iba a dar la razón, me miró con cara de pocos amigos porque no entendía que haya gente que pudiera ver que hay alternativas a ser agrodependientes. Nadie quiere que el país se divida, que haya un solo país, que hable de los problemas del campo como el eje central de la vida del país y otro que desde la Ciudad Vieja, le tire trate de dinamitar eso por una cuestión filosófica y con escasos argumentos de verdad.
No promuevo los divisionismos y mucho menos teorizo sobre que uno es mejor que el otro, o que aquellos tengan la concepción demonizadora de la explotación del hombre por el hombre. Y que los otros, los de la urbe, sean los que promuevan la igualdad de oportunidades y la sociedad igualadora.
Aunque sí es bueno poner las cosas en su lugar. El campo es muy importante para el país, tan importante que en su momento fue creado un ministerio solo para que atendiera su problemática, bancos para que financien sus osadas aventuras y también a los emprendimientos de verdad, esos que demuestran que hay quienes apuestan a mejorar lo que hacen, para alcanzar el desarrollo de un sector dinamizador de la economía como es el agroexportador y no creo que a esta altura nadie dude de eso.
Pero poner a esperar al resto de la sociedad porque el sector precisa ganar dividendos primero, vendiendo materias primas al mundo, para que el mismo nos lo devuelva manufacturado y nosotros, el resto de la gente lo compremos a un precio tres veces mayor al que vale en el mercado, por la falta de industrialización que tenemos en nuestro país, es algo que no está bien.
El sector agropexportador vende sus comoditties al mundo y gana mucho dinero por eso, y está bien que así sea, hasta ahí vamos bien, porque es parte de tener un negocio privado y hacer que el mismo resulte. Pero el hecho de que el resto de los mortales debamos comprar el producto manufacturado con la materia prima que ellos vendieron, a precios inaccesibles es lo que desequilibra la balanza. Claro que ellos sí pueden hacerlo porque con lo que exportan, ganan el dinero suficiente como para hacerlo. Y sin ser contradictorio, creo que es parte de las reglas de juego y hay que respetarlas.
En mi opinión, y es lo que creo que haría la diferencia para que el resto de la sociedad no tuviera que ser dependiente del sector agropecuario, es que haya un inminente proceso de industrialización en el Uruguay, esto es, construyendo fábricas e industrias en varios puntos del país, con costos fijos bajos e incentivos fiscales para aquellas empresas que se instalen en determinados lugares como puede ser el norte y que sean ellas las que reciban esa materia prima para manufacturarla y así bajar el costo de acceso a los productos básicos, además de generar puestos de empleo genuino.
Presumo que es una idea que a alguien se le debe haber ocurrido, que esto debió haberse estudiado y analizado, y que alguien quizás lo haya planteado en los ámbitos que corresponden, la pregunta es ¿por qué nadie lo hizo? Tan fuerte son los intereses que están en juego que el resto de la sociedad debe esperar a que un sector de la sociedad le vaya bien en los negocios para que las instituciones públicas tengan derecho a una tiza y a un borrador.
Creo que ni siquiera es culpa de quienes están en ese sector, que trabajan para ganarse su dinero y eso nadie se los niega, sino que el hecho de que el sistema haya sido creado para que así funcione es algo que no me cierra. Pero ojalá algún día las cosas cambien para el bien de todos, sin dejar a nadie afuera de nada. Más Uruguay para más gente, es lo que hace falta.

HUGO LEMOS

 

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La deuda con el desempleo sí es grave

“Memoria para hacerles recordar, a los gobernantes de oficina, que hablan que hoy los números les dan, pero por las calles no caminan…, viendo a la pobreza disfrazada, con rostros de familias desahuciadas…”, cantaba en el repertorio del año 2002, la murga capitalina Los Diablos Verdes. Y terminaba… “la memoria siempre va a salvar, a los pueblos que la lleven, por sus calles para andar, libres por el viento…”. desempleo
Esto se me vino a la mente cuando al entrevistar el viernes pasado al ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, el mismo dijo que en Salto había 6.500 personas sin empleo y que eso “no era tan grave”, aduciendo incluso que entre 2016 y 2017 hubo “solamente 650 personas más de las que ya había, sin empleo en Salto”.
Esas expresiones fueron algo tan estremecedor como increíble, proviniendo de un ministro de Trabajo. Porque decir que cientos de personas, en una ciudad de apenas 120 mil habitantes, estén sin empleo y tratarlo con la liviandad suficiente como pensar en números y porcentajes fríos y señalar que como hay tras 58 mil que están trabajando, que 6.500 no tengan empleo “no es algo grave”, sin pensar en que cada una de esas personas son un padre o madre de familia, que tienen hijos a cargo y que no pueden pagar sus cuentas ni comer bien durante el mes, porque no cuentan con un sustento diario, es de una frialdad tal que asusta.
Aunque la canción de los Diablos Verdes, que estaba referida a los gobernantes de oficina de la época en que Jorge Batlle era presidente y todos sabemos lo que pasó con el país, se me vino enseguida a la cabeza, creo que al repensar las expresiones especuladoras y envalentonadas del señor Murro, la misma quedó chiquita.
El señor ministro, que hasta se atrevió a desafiar a un periodista (luego de hacernos esperar casi 45 minutos aunque todos le aceptamos entre dientes el pedido de disculpas) diciéndole que así como cerraban empresas (ese día cerró Motociclo) también había otras que estaban abriendo, le increpó al reportero si al preguntarle estaba poniendo en duda lo que él estaba diciendo.
Y en realidad, no solo ese periodista estaba poniendo en duda sus dichos, sino que todos los que allí estábamos también lo hicimos, porque no entendíamos cómo un ministro de Estado del partido político que fuera, no reconocía que el solo hecho de que un compatriota suyo esté sin empleo con todo lo que eso significa para una persona y su familia era algo grave, pero el que tampoco reconociera que lo sea el caso de Salto, con 6.500 personas sin trabajo, por el hecho de que otras 58 mil sí están trabajando, ya generaba malestar.
Cuando el excabecilla tupamaro Jorge Zabalza vino a Salto a presentar un libro donde él era el protagonista, llamado “Cero a la Izquierda”, me dijo irónicamente en una entrevista: ¡ah, los números de (Danilo) Astori (entonces ministro de Economía del primer gobierno de Tabaré Vázquez), dice que el 65% de los trabajadores no paga IRPF, y lo dice como algo bueno, eso quiere decir que esa gran mayoría de personas no gana lo suficiente para vivir porque están por debajo de lo que tendrían que ganar para tener un sustento digno”.
Y esto parece más de lo mismo, soberbia oficial porque en términos numéricos, los mismos cierran, como en la canción de Los Diablos Verdes, pero eso no puede catalogarse como algo que “no es tan grave”, porque es decir, que lo que importa acá son los porcentajes y los datos estadísticos y no lo que están pasando las personas.
Hay que decir las cosas como son, los gobiernos del Frente Amplio han mejorando sustancialmente las relaciones laborales para los trabajadores con leyes que les han sido tremendamente favorables, pero en los últimos años la situación económica ha sido compleja y los que están pagando los platos rotos son los mismos, los trabajadores comprendidos en un núcleo más amplio como lo es el empleado, el pequeño comerciante, el profesional que recién arranca y el que está asalariado, cuando no, en el subempleo que en Salto pulula en distintos comercios que trabajan en el centro y sobre todo en el impune Bagashopping, con el que ningún gobierno se mete y regulariza, generando así un manto de impunidad mientras castiga con dureza al resto de la población con la presión tributaria.
El ministro Murro no puede jactarse que el problema no es grave, porque el hecho de que haya operadores políticos que hayan lanzado que las cifras del desempleo en Salto eran más altas que las que reales, no quiere decir que la situación no merezca atención.
Y si realmente tiene interés en ser precandidato a la presidencia de la República por su partido y quiere demostrar que le interesan los sectores más vulnerables de la sociedad, y que su bandera es la del asalariado, debe preocuparse más por las situaciones que vive la gente que no tiene un sueldo como el suyo, ni tampoco 10 mil pesos para pagar un acto político como lo dijo con total desparpajo.
No señor ministro, hágase cargo de la situación sí es tan grave. De que en nuestro departamento había hasta mediados de este año 6.500 salteños, hombres y mujeres que no tienen trabajo y que de esa forma no pueden sustentar a sus familias dignamente, pero que ahora con los cierres de más empresas, pueden ser muchos más. Aunque también hay muchos otros, cientos más, que están en condiciones de subempleo, sin figurar en el BPS y con condiciones deplorables de trabajo. Por todos ellos, señor Murro, hágase cargo de que el hecho de que haya gente sin empleo es muy grave, y que además es una deuda del gobierno que usted integra, más allá del partido político al que pertenezca, porque que haya desempleo, quiere decir que usted no hizo lo suficiente para no permitir que eso pasara.

HUGO LEMOS

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El rol de la Iglesia

En Uruguay estamos asistiendo a un cimbronazo cultural que nos ha sacudido la modorra que traíamos de las últimas décadas. Los efectos de las reformas sociales más liberales que se recuerden, promovidas por el Frente Amplio y principalmente por el gobierno de José Mujica, que con las mismas pudo poner a Uruguay en el mapa, son las que nos están generando una transformación social que aún la mayoría, no sabemos manejar. catolicos
Nos referimos a la ley que regula el mercado de la marihuana y permite su venta en farmacias, a la interrupción voluntaria del embarazo (un buen concepto que se resume en la legalización del aborto), el matrimonio igualitario y todos los cambios a la legislación en el Derecho de Familia que dicha norma trajo consigo, entre otras, como la ley de cuotas, la ley de identidad sexual, etc.
Todas estas leyes, que han sido aprobadas porque un partido político tiene la mayorías parlamentarias necesaria para aprobarlas, van a contrapelo de lo que muchos otros actores de la sociedad piensan, opinan y quieren, pero que como en todos los casos, deben sumirse en una realidad que los abruma por todos lados y que deben aceptar. Como pasa con las redes sociales, hay que familiarizarse con las mismas o quedarse afuera del mundo.
En ese sentido, instituciones como la Iglesia Católica, que está con las narices en esta tierra mucho antes de que nos denomináramos como país y que incluso nuestros antepasados supieran quiénes éramos y a qué venían a estas latitudes, están buscando reinventarse para no perder espacios y seguir presentes con sus valores y principios como el primer día.
Pero en ese sentido, hasta la Iglesia está procesando cambios y transformaciones internas. No deja de lado su doctrina ni se aparta de la misma un solo milímetro, pero apoya la innovación de tener que salir a la calle y sentarse junto a los que menos tienen, generar condiciones para aceptar a los nuevos colectivos sociales y tener un discurso acorde a las realidades sociales que vivimos hoy.
La invasión de religiones de corte evangélico, que han inundado las ciudades con carteles luminosos y con pastores con acentos norteños, así como también la aparición de distintas iglesias que recorren los hogares para invitar a conocer su verdad, generó en una época una preocupación en el clero, porque entendían que estaban perdiendo fieles en función de que la Iglesia no atendía las realidades de la gente, ni se aggiornaba a estos tiempos.
Eso constituyó un desafío que generó que el catolicismo que estuvo siempre como institución de primer orden entre las sociedades occidentales, trabajara internamente para volver a tener un rol protagónico y atender a toda la sociedad, entendiendo al ser humano con sus defectos y virtudes como un ser único e irrepetible.
Así me lo hacía saber ayer uno de los obispos con los que hablé al terminar la misma donde fue ordenado el nuevo Obispo de Salto, Fernando Gil, a quien consulté sobre su parecer respecto a los nuevos colectivos sociales, especialmente a los LGBTI, que exponen su ser a todas luces sin vergüenza alguna y exigiendo muchas veces no ser discriminados por doctrinas que los hacen ver como si fueran el diablo personificado.
Reacciones que incluso se extienden a las nuevas formas de concebir la sociedad a través de las llamadas políticas de género, donde la Iglesia es denostada por su forma patriarcal de ver la sociedad y de concebir el mundo.
Sin embargo, ese clérigo me dijo que todos los seres humanos debían ser concebidos y tenidos en cuenta por la Iglesia, por lo cual era hora de volver a mirar a todos y de pensar solamente en contribuir a la sociedad a través de su evangelio. Manteniendo sus valores y principios pero apostando a todos por igual.
El rol que tiene la Iglesia hoy es la de cobijar a todas las personas, sin importar su condición personal, religiosa, política u orientación sexual. Debe buscar entrar con los valores de la paz y el amor en todas las vidas, porque se trata de un mensaje positivo para una sociedad que solo ve violencia y destrucción por todos lados.
No digo adoctrinar a nadie, sino seguir dando de manera incansable su mensaje, para que la gente sienta que hay un lugar donde más allá de su creencia, de su vivencia personal, de su manera de entender a Dios y de creer en él, encuentran un espacio de consuelo, solidaridad y humanismo como los que no presta ninguna otra institución pública o privada en un mundo que ya no entiende de humanismo.

HUGO LEMOS

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Dejen de jugar a los matones

Por estas horas los uruguayos estamos asistiendo a un momento de enfrentamiento sin par entre el gobierno nacional y algunas autoridades de las Fuerzas Armadas, que desde hace días vienen exteriorizando ante la opinión pública un clima de tensión innecesaria, en tiempos donde la democracia en nuestro país se ha fortalecido como en pocos países del continente. democracia
Si bien la transparencia y fortaleza de nuestro sistema democrático es algo de lo que podemos presumir con valentía con el fin de que otras naciones de nuestra América Latina tomen el ejemplo, últimamente hay señales que se están dando en forma equívoca, y que están siendo alentadas por tiendas políticas de manera incorrecta.
Por ejemplo, el arresto a rigor del comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, algo que ha sido decidido a medias por las autoridades porque solamente tomaron en cuenta lo que establece el artículo 77 de la Constitución para definir la sanción, pero no para adoptar los criterios que ese precepto normativo impone, ya que el gobierno le dio un mes de arresto y la Constitución dice que la sanción debe ser de 2 a 10 años o en su defecto, su destitución, algo a lo que el presidente Vázquez parece que no se animó a tanto, lo que fue el detonante para que muchos hablaran de un golpe de timón en el relacionamiento entre la izquierda y las Fuerzas Armadas, relación que retomaron en paz desde el año 2005 y que ha costado, pero que se selló con Fernández Huidobro al frente del Ministerio de Defensa.
Esa sanción enturbió las aguas y cuestionó al presidente de la República por todos los frentes, aunque hubo algunos que si bien aplaudieron la decisión del mandatario, lo cuestionaron por no aplicar la destitución que menciona la Carta Magna. Creo que Tabaré Vázquez quiso dar una señal de autoridad frente a los militares, para que incluso los dichos de Manini Ríos referidos a la Caja Militar, no sean tomados políticamente por la oposición en la pre campaña electoral que estamos viviendo, pero eso generó un efecto boomerang que lo vivió el propio gobierno ante las cámaras de televisión en el tradicional acto de clausura de la Expo Prado el sábado de tarde.
En esa instancia, la banda militar apareció en el escenario entonando la Marcha de Tres Árboles, que es el Himno del Partido Nacional, partido de oposición que por primera vez en 15 años pone en jaque al Frente Amplio, que ya sabe que dirimirá un competitivo balotaje con esa fuerza política, porque al menos es lo que hacen prever todos los sondeos hasta ahora.
La situación fue desubicada, descabellada y fuera de tono de parte de las Fuerzas Armadas, que lo que hicieron fue darle una respuesta institucional al gobierno, por la sanción de su comandante en jefe. El hecho fue politizado y las instituciones castrenses, que en nuestro país ni son oficialistas ni tampoco pueden ser de la oposición, porque no son fuerzas armadas del gobierno sino del país, y por tanto responden a todos los uruguayos, generaron un hecho político lamentable, vaya a saber por la decisión de quien sabe quién.
El error fue de todos y lo que ocurrió, lejos de subir la apuesta en el conflicto interno que a ojos vista tiene el presidente con las autoridades militares, por más que lo quieran maquillar como ellos deseen ante la opinión pública, debe ser una señal para bajar la pelota al piso y para tener una reunión de camaradería donde todos, el Poder Ejecutivo y las principales autoridades castrenses de nuestro país, limen asperezas y delimiten sus acciones en el contexto político nacional.
El gobierno debe pedirle a los responsables de las tres fuerzas que se limiten a actuar políticamente con opiniones, marchas militares, o actos de cualquier tipo y las autoridades a comprometerse a seguir apoyando la democracia, el apego a las instituciones y a la Constitución de la República, como ocurre desde 1985 hasta ahora y como debe seguir siendo en todo momento.
Tanto unos como otros, deben saber que el pueblo uruguayo en su conjunto, que puede llegar a tener sus diferencias con uno u otro gobierno, no deja de reconocer que los mismos son electos por la población y que una vez que llegan al gobierno, nos representan a todos, por lo cual debe haber un compromiso institucional que remarque que el sistema democrático de nuestro país, no se puede dejar amedrentar por afrentas políticas e ideológicas que existan por deudas del pasado o por problemas del presente.
Los uruguayos todos no estamos dispuestos a ser rehenes de los dislates y enfrentamientos de grupos de poder, que pretenden generar discrepancias que pueden lesionar la convivencia pacífica de nuestro país.
Pero tampoco aceptamos que aprovechando la volada, políticos de la oposición quieran generar rédito con este incidente que ocurrió el pasado sábado, cuando algunos se vanagloriaron de la infantil actitud de la banda militar, que entonó el himno partidario para cachetear al gobierno con guante blanco, por la sanción a su máximo general.
En ese sentido, estamos convencidos que el Frente Amplio y el Ejército deben sentarse a conversar para que estas nimiedades que determinaron una puesta en escena de poder entre gobierno y militares, no ocurran otra vez, porque la sociedad en su conjunto no va a aceptar ni tolerar que ninguna de las partes juegue a poner en riesgo la democracia, jugando a ser los matones de turno contra las instituciones que son respetadas y protegidas por todos los uruguayos.

HUGO LEMOS

 

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Las enfermedades que ellos quieren

Cuidar la salud siempre es importante, es uno de los aspectos más relevantes de la vida humana y que deberíamos tener en cuenta cada día con el fin de tener una existencia no solo más prolongada, sino además placentera.
Pero por lo general, lo que menos hacemos es preocuparnos por esto y le damos de punta a todo lo que nos hace mal, a sabiendas de que nos estamos enfermando con los malos hábitos que practicamos todos los días. salud
Fumamos mucho y lo hacemos como si nada, porque total, salimos a caminar el fin de semana y creemos que eso nos ayudará a expulsar la cantidad de nicotina que tenemos en la sangre, comemos frituras, grasas, comida a base de transgénicos y no medimos las consecuencias de absolutamente nada. Hasta escribir de este asunto, que es el más importante de todos, parece un embole. Puede sonar aburrido y que muchos digan: ‘sí, sí, más de lo mismo’.
Sin embargo, habría que rescatar la vieja frase de que ‘letra con sangre entra’ y no es que se vaya a obligar a nadie a empezar a comer sano, a hacer ejercicio o a mirar lo que está consumiendo cuando compra un paquete de arroz o de harina en el supermercado, sino que hay que insistir en algo importante: ‘somos lo que comemos’. Y mientras comamos más porquerías, peor nos va a ir.
Y ese dinero que ahorramos ahora en comprar productos alimenticios que tienen baja calidad de nutrientes, se lo terminaremos dando a las mutualistas después o peor todavía, a una empresa fúnebre, y hay que decirlo y pensarlo, sin dramatismos, porque el mayor drama es seguir teniendo la vida sedentaria y de desnutrición que tenemos.
Estar desnutrido no es no comer nada, sino comer mal y eso se entiende por no comer literalmente, como ocurre en los casos de extrema pobreza que lamentablemente tenemos aún, por más que haya políticos que se nieguen a ver esta realidad, y también por ser sedentarios y comer de manera desordenada.
Hace pocos días EL PUEBLO publicó un informe en su sección Pantallazo Hortícola del colega Emilio Gancedo, que decía que el mayor problema de salud en los uruguayos se daba por el sobrepeso, que padece más de la mitad de la población, por la falta de hábito del consumo de frutas y verduras.
Y la pérdida de ese habito en un país que es productor de este tipo de alimentos, es un crimen. Y si trasladamos el tema a Salto, peor aún, ya que si bien no es para pasarle la mano por el lomo a las sacrificadas familias de productores hortícolas de nuestro medio, que son decenas y que trabajan mucho y muy bien, aunque a veces económicamente no les vaya como debería irles, contamos con un stock de productos alimenticios de primer nivel que deberíamos saber aprovechar.
Porque si vamos al caso, comprar en una verdulería este tipo de alimentos frescos y sanos, hasta económicamente es redituable para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, entonces en ese sentido, no hay falta de acceso a los mismos, porque los precios de un kilo de una fruta o de una unidad de vegetales, no superan en la mayoría de los casos los 100 pesos uruguayos, pero nadie hace un almuerzo de eso.
Aunque en este negocio, el tema del uso de transgénicos en la fruta y la verdura también se las trae y hay que tener cuidado muchas veces con pensar que una verdura o fruta de mayor tamaño es lo que debería consumirse, porque eso no asegura la calidad natural del producto. Pero en general, hay que tener cuidado como en todas las cosas, porque cuando vamos al supermercado debemos mirar en las latas o en los envases qué es lo que contienen los productos que buscamos y eso debería pasarnos a su vez en las verdulerías.
El tema de tener una alimentación saludable viene a colación de los problemas de atención que se generan posteriormente en el sistema de salud, tanto en el subsector público como en el privado. La saturación de pacientes para la atención en una sala de emergencias, ante una mayor demanda y ante la misma oferta de profesionales médicos para brindar asistencia que imponen las instituciones, generan problemas de todo tipo a la población.
Primero, las demoras típicas del caso, porque él o los (con suerte), médicos que deben prestar asistencia están llevando adelante una atención de muchas horas a muchos pacientes de manera continua, lo que no les permite razonar bien cada caso y hay veces, que estas situaciones pasan a ser las más y terminan promoviendo el uso de antibióticos en niños y adultos, como manera fácil de salir del asunto.
Cuando por lo general, lo primero que necesitan es que les hagan un análisis para descartar que pueden tener una bacteria y que por lo tanto, lo que necesitan, es alimentarse bien, descansar y hacer ejercicios y no taparse de pastillas que los harán dependientes del consumo farmacológico y hasta incluso, les extenderá su dolencia, convirtiéndola en enfermedad.
Por eso la calidad asistencial muchas veces no es la adecuada, tanto a nivel privado como público, el reclamo del usuario no se hace de manera correcta, y termina siendo parte de un sistema que lo domina y lo convierte en una oveja apilada detrás de una consulta, la que encima, después termina haciendo fila en una farmacia para levantar lo que la industria farmacéutica indica muchas veces, por encima del arte de la medicina, que esa persona debe consumir.
En tal sentido, la vida humana, que es un milagro y por lo tanto hay que cuidarla, debe tener un valor que no le estamos dando, que pasa por saber cuidarnos, aprender a querernos, y sentir que si no hacemos algo por cambiar nosotros, la preservación de la especie se termina antes de lo previsto, porque lejos de hacer que nuestra vida se prolongue, sea mejor y nos ayude a tener las energías necesarias para ser seres que demos aportes a la sociedad a la que pertenecemos, solamente seremos números de un cúmulo de cosas, que tienen un principio y un final sin sentido alguno.

HUGO LEMOS

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El daño estatal de la marihuana

Un informe de la Junta Nacional de Drogas presentado al presidente Tabaré Vázquez días pasados, asegura que tres de cada cuatro adolescentes consumieron drogas el último año. Es decir, el 75% de nuestros jóvenes que debería estar en su casa estudiando para tener un mejor futuro en un mundo cada vez más competitivo y que será aún más feroz en la supervivencia del trabajo en los próximos tiempos, con la automatización laboral mediante, no está recibiendo la necesaria contención en su hogar y sale a consumir drogas. marihuana
El alcohol es la droga más popular entre los jóvenes, casi todos la han bebido entre los adolescentes, incluso antes de que el 99% de los mismos alcance a leer un libro de manera completa, lo que habla a las claras del nivel de formación académica de nuestros adolescentes, sobre todo teniendo en cuenta un futuro tan complejo como el que asoma al corto plazo, donde con la robotización del empleo, se perderán miles de puestos de trabajo tal cual los conocemos.
Desde que era adolescente el consumo de alcohol estaba presente, hasta como una forma de querer demostrar hombría, un concepto tan equivocado como arcaico, entre los pares, cuando recién comenzábamos a vivir nuestra vida nocturna, que si bien tiene un tiempo para ser vivida, las secuelas que puede dejar el hábito del consumo de alcohol para el resto de nuestras vidas es totalmente diferente.
Pero para peor, lo que se ha popularizado entre los más jóvenes en la actualidad, no es tanto el alcohol, sino el consumo de la marihuana. Esa plantita que muchos de ellos en un total desconocimiento y en un brutal ataque de ignorancia colectiva, la quieren hacer ver con conceptos tan burdos e inexactos como desde que es inofensiva, hasta que se trata de un superalimento con nutrientes. Algo tan absurdo como paradójico.
Desde que el expresidente José Mujica, con la aparente nobleza de un abuelito bueno, quiso ayudar a que sus jóvenes no se droguen en abundancia, porque sino tendríamos cada vez más un país de gente que no serviría para nada, quiso regular el mercado del cannabis creando una ley que prevea un registro de consumidores, clubes cannabicos, etc. ha popularizado con ahínco esta droga, tanto que nuestros jóvenes la consideran algo bueno para mejorar la salud.
Está comprobado que en muchos casos puede llegar a ser menos nocivo fumarse un porro que un paquete de 20 cigarrillos por día, donde la nicotina del cigarro consumida en demasía y de manera frecuente es la puerta de entrada a un cáncer, pero no podemos pensar ni por asomo, que por esa razón fumar marihuana es algo sano. Así que no hay que ser tan ignorantes.
Lo que pasa que todo va en el mensaje que se ha creado con la liberalización del mercado de esa sustancia. El gobierno de Mujica apeló a una de las reformas más liberales de la historia de los gobiernos del Uruguay, siendo él incluso un detractor de las políticas liberales aunque bien le ha funcionado siempre el ‘como te digo una cosa, te digo la otra’. La campaña de desregulación del consumo de la marihuana ha sido tan mala, que le ha generado a los más jóvenes la idea de que ser consumidor de esta droga no es malo y ayuda a mejorar la sensibilidad del cuerpo, además de hacerles creer que si el alcohol, que es una de la peores drogas que existen, junto con el cigarrillo y los fármacos, son legales y se venden en farmacias, porqué no habría de hacerse lo mismo con la marihuana.
Lo que no han tenido en cuenta los genios que han publicitado esa política pública, considerada de vanguardia en el mundo entero, por ir contra las reglas establecidas de querer combatir este flagelo de las drogas poniéndose a publicitarlo, para que el mismo disminuya, es el alto impacto que iban a lograr en los jóvenes donde en una sociedad de consumo como la nuestra, lo primero que les iba a entrar por la vista era el marketing que se hiciera al respecto, lo que ha funcionado a las mil maravillas, donde muchísimos jóvenes y otro no tanto, han formado clubes cannábicos y consideran que la fumata colectiva de esa plantita, a la que han visto crecer desde la semilla, y la han cuidado con todo lo que ello implica, convirtiéndose en verdaderos expertos de la botánica cannábica, es algo saludable.
Entonces, después de consumir la sustancia, a través del ritual adictivo del ‘no me importa nada’, salen a la calle a encarar menos aún la vida y lo que esta impone. Pero luego son los principales quejosos de una sociedad por la que ellos no levantan ni siquiera un ladrillo, no juntan un papel del suelo y poco les importa si la democracia o el sistema funcionan bien o está corrompido, porque los primeros corrompidos han sido ellos cuando otros les han permitido generar ese submundo del consumo para escabullirse de los problemas y permitirles y permitirse no encarar nada, encima sin advertirles de los riesgos que el exceso de consumo de sustancia de esa naturaleza, por más que ellos mismos hayan plantado y regado la plantita, conlleva al corto plazo.
Tenemos un mundo de gente que no encara y que a los que no fuman les llaman ‘caretas’. Cuando lo que no se dan cuenta es que habiendo más gente como ellos, menos problemas y menos quejas tendrán los que manejan la sociedad para revertir sus políticas. Tienen un grupo social controlado bajo los efectos de una sustancia que te aparta del mundo. Y ese es el mal mensaje que ha dado un gobierno al pretender ser liberal y darle a la gente lo que en realidad siempre pide, más libertad para hacer cada vez menos, por sí y por la comunidad a la que pertenecen.
Sé que si digo esto, soy un facho, un conservador resentido, que estoy ‘caverneando’ (como dicen ahora) a los pibes por creer que fumar marihuana está bien. Pero ¿quién defiende mi derecho a no querer una sociedad así? ¿Quién protege a mis hijos de no tener las drogas (todas ellas) presentes en su vida todo el tempo? ¿Quién vela o responde por mi manera de pensar y de querer una sociedad de esa manera? Nadie, porque me olvidaba que ahora comprar diez kilos de comida en Concordia puede llegar a ser delito, pero promover el consumo de drogas, es legal.

HUGO LEMOS

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Acá también tuvimos el momento ‘Flan’

Cuando el actor y humorista Alfredo Casero hizo una genial representación en el programa Animales Sueltos que conduce Alejandro Fantino, sobre cómo ve él la situación actual de su país, “la” Argentina, al grito de “¡Quiero Flan!”, fue una metáfora perfecta para enumerar varios casos que han vivido la misma situación, entre ellas la de la Intendencia de Salto en el 2015. corrupcion
Representando la situación del gobierno como una casa que quedó devastada por un incendio y cuyos integrantes de la familia en vez de ocuparse en ayudar a recomponer el lugar, le exigen al jefe de familia que les dé flan para comer, sin escuchar las razones por las cuales el mismo no está en situación de poder atender ninguna de las demandas que le exige el colectivo de su familia, Casero deja en claro su opinión sosteniendo que de esa manera, estando en esas condiciones, ningún gobernante puede hacer nada.
Si bien la situación local es distinta, porque en Argentina los exgobernantes están siendo investigados por la presunta complicidad que podrían tener con los delincuentes de gran porte que conformando una piara de ladrones se vaciaron un país entero, dejando a la nación vecina en una endeble situación económica, y si bien acá hubo desprolijidades no hubo desfalcos ni robos, el actual, gobierno departamental también tuvo en su momento y no ahora, aclaro por las dudas, una situación similar a la que describió el humorista argentino en el referido programa televisivo.
Andrés Lima tuvo su ‘momento Flan’ cuando incluso antes de haber asumido, ya tenía una lista de personas pidiéndole que le pagara el sueldo y otros tantos, exigiendo que la Intendencia cumpliera con sus obligaciones y pagara las deudas que venían arrastrando en algunos casos de varios meses atrás.
Este análisis no pretende ser una carta en blanco para el actual intendente, porque el mismo debe hacerse cargo ahora de una serie de problemas que se han generado durante su administración y que debe enfrentar de la mejor manera posible para no generar o generarse en caso de ser reelecto, un problema a futuro.
Pero es justo decir que Lima pasó por el reclamo del Quiero Flan de mucha gente, cuando ni siquiera conocía por dentro el despacho del Intendente, ya tenía que andar en Montevideo negociando la entrega de partidas de dinero en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto para poder resolver el incendio que se había generado en la Intendencia de Salto, cuando la misma había dado quiebra y no tenía ni un centésimo, ni siquiera para pagarle el sueldo al portero.
La intención no es rascar viejas heridas ni mucho menos poner a nadie en la parrilla, pero los hechos objetivos como son, hubo una mala administración que determinó que los dineros se gastaran sin tener en cuenta lo que se precisaba para atender los requerimientos de la comuna, entre ellos el sueldo de los funcionarios, lo que motivó una paralización total de la actividad y reclamos masivos hacia un intendente que solamente había sido electo y ni siquiera tenía armado su equipo en aquel entonces.
Aunque Lima recibió su Quiero Flan y tuvo que hacerse cargo de cocinarlo y repartirlo más temprano que tarde, con el fin de poder empezar a tratar de gobernar. Está claro que de ahí en más, cada cosa que resolvió la puso en todos los diarios con el fin de que la gente se enterara que estaba agarrando más que una administración de gobierno, un hierro caliente que le quemaba las manos y para lo cual no estaba preparado, porque nadie sabía que la situación era tan grave hasta el día después de aquellas elecciones del año 2015.
Empero, los problemas actuales que pueda tener la administración ya son propios de la misma, de la forma en cómo resolvieron las deudas heredadas, de la magnitud de los préstamos obtenidos y de cómo los mismos pesan a esta administración y pesarán a las futuras gestiones de gobierno, eso sí, es responsabilidad actual y todos esperamos que no haya un nuevo Quiero Flan en el próximo período.
Por eso es importante hacer un análisis de esa situación representada por Casero, sobre cómo nos comportamos los ciudadanos frente a los problemas que generan las administraciones políticas, donde la que siempre termina perjudicándose es la gente, por varias razones, o porque los vaciamientos generan hambre, desesperación, pobreza y un país en la miseria, o porque las recuperaciones son lentas, con recortes, fiscalistas y muy duras también para los que menos tienen. Es decir, siempre van a pagar por una cosa u otra, los que menos tienen y la clase media trabajadora que es la que menos accede a las bondades del sistema y la que se perjudica por las malas decisiones económicas de los gobiernos.
El estado de bienestar no puede estar teñido de populismo, su concepto no es subsidiar los costos de vida para que haya gente que pueda comprar a un costo de que cuando la burbuja reviente todos, los subsidiados y los no subsidiados, terminen con las cuatro ruedas para arriba. Y eso fue lo que ocurrió en Argentina, pero la gente no puede esperar que las economía se acomode y que la casa que está incendiada se recupere de a poco, la gente quiere flan ahora, ya. Y lo va a exigir como sea.
En Salto también pidieron flan, tanto los funcionarios municipales que no cobraban su salario como los proveedores de la comuna que no veían un peso desde hacía meses y sus propias casas estaban por incendiarse. Lima entró como un bombero para nada voluntario porque su intención era hacer otra cosa que la situación del momento y el reclamo de la gente no lo dejó de entrada, que fue gobernar.
Ahora recién está empezando a hacerlo, con muchas dificultades todavía y con aciertos y errores, aunque más allá de esto, todos esperamos que al final de su período nadie esté pidiendo flan, no haya incendios que apagar y la casa quede en pie, más allá de algunos golpes, pero que quede habitable para él mismo o para el próximo que venga, porque la gente no entiende de números y siempre de un lado o del otro, van a pedir flan y con dulce de leche caro.

HUGO LEMOS

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Las preguntas que molestan

Cuando el periodista Gabriel Pereyra entrevistó a José Mujica en el año 2009, siendo entonces este pre candidato a la presidencia (algo que lograría meses después), le dijo al conductor del programa En la Mira que se emite en VTV, que “hacía los mandados” cuando escribía en el diario El Observador de donde Gabriel, era en aquel momento el Editor en Jefe, porque hacía títulos y redacataba notas que iban en contra de los intereses de la izquierda. prensa
Allí el periodista le señaló al entonces futuro presidente que “no sabía nada de cómo se trabajaba en periodismo” pero que eso no le importaba “porque un presidente no tiene porqué saber de todo”, pero le disgustaba que como hombre político, el “Pepe”, convertido en un ícono de la “política de la gente” a nivel global, sobre todo después del libro “Una oveja negra al poder”, de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, que giró por todo el mundo, vendiendo una imagen populachera del ex mandatario, tenía que respetar más.
Porque lo que sí le preocupaba era que alguien que debe respetar a la sociedad por el cargo que pretende ocupar, iniciara una campaña de descrédito contra periodistas y medios de comunicación por no estar de acuerdo con lo que los mismos decían o escribían.
Pasaron los años y nada cambió. Una serie de episodios han ilustrado la relación entre el poder político de todos los partidos, sobre todo de los del gobierno y la prensa, el último caso más conocido, fue el del presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, quien criticó al mismo diario donde antes trabajaba Pereyra, El Observador, por haber titulado que el 40 % de los hogares uruguayos tiene riesgo de caer en la pobreza.
Esa información, tomada de indicadores oficiales y de estudios sociales, fue analizada por los periodistas y sintetizada por el diario a la hora de informar. Pero no rebatida por el oficialismo, sino que los mismos se dedicaron a querer matar al periodista, al periodismo y a los medios de comunicación como tales, hablando de amigos o enemigos.
Este tipo de ataques, lamentablemente se cuecen en todos los partidos políticos y en todos los sectores. Es una guerra de intereses, donde quienes quieren criticar y cuestionar, deben después ser sometidos al escarnio público de la claque en las redes sociales, puestos como punta de lanza o a la parrilla, como más les guste decirlo, por los líderes políticos que se ven afectados por una información u opinión que sea esgrimida por un periodista.
Me pasó en carne propia por estas horas, donde un sector denominado Batllistas, que impulsa la figura del expresidente Julio María Sanguinetti, aunque por ahora no la candidatura, puesto que parece ser que quien liderará la postulación será el exintendente de Rivera, Tabaré Viera, apuntalado por el octogenario exmandatario claro está, me fustigó abiertamente y me exhibió como punta de lanza entre los suyos, para que la caterva diga y desdiga los disparates que más les guste en ese mundo del vale todo como son las redes sociales.
Allí tuve que soportar que varios digan de todo sobre mi persona, pero no tanto sobre lo que allí escribí, porque de esto se encargaron los adláteres de Sanguinetti; quienes tildaron una opinión donde afirmo que el exmandatario dijo en su momento que en Uruguay no había desaparecidos y que Julio Castro, maestro y periodista asesinado por la dictadura, estaba en Europa y no desaparecido, como una noticia falsa que intentaba desprestigiar al expresidente.
Primero, creo que Sanguinetti es un demócrata y fue impulsor de la ley de amnistía que en su momento permitió liberar a los presos políticos. Fue defensor de la libertad y más allá de que de él se ha dicho de todo, nunca generó un problema de ningún tipo contra nadie que lo haya fustigado a través de la prensa, porque la crítica justa o injusta, entendía que era parte del hecho de ser una figura pública.
Segundo, está bien que un periodista si afirma algo debe corrorborarlo primero, por la responsabilidad que infiere su trabajo, por lo tanto es buena cosa que si uno se equivoca, después se retracte, de lo contrario debe estar dispuesto a aguantar el chaparrón. Pero sobre todo quienes trabajan en política también tienen que tener responsabilidad, archivo para resistir, memoria para saber si es buena cosa defender o atacar a una figura sin conocer todo su pasado.
Si bien por estas horas me encuentro imbuido en una investigación para conocer a cabalidad el alcance de las políticas de derechos humanos instrumentadas durante los dos gobiernos del Dr. Sanguinetti, las mismas siempre dejaron sabor a poco con respecto al tema de los detenidos desaparecidos.
Sabido es que le tocó agarrar un gobierno en transición democrática donde los militares entregaron el poder en 1985, pero lo vigilaron de cerca durante años con tal de recibir la inmunidad pactada antes.
Pero aún así, Sanguinetti liberó a los presos políticos y trabajó en varios frentes que le ocuparon su primer mandato, incluso soportando un referéndum por la ley de caducidad, porque la gente no se conformaba con la impunidad adquirida por los militares entre los cuales se encontraban flagrantes violadores a los derechos humanos y a la Constitución de la República. Pero Sanguinetti tenía que gobernar, reconstruir el país y estabilizar la democracia y lo sorteó con creces.
En su segundo período, entre 1995 y 2000, trabajó en el desarrollo de la economía y en otras áreas que apuntalaron al país que hoy conocemos, crisis económica mediante, pero en derechos humanos sus esfuerzos se agotaban en los presuntos compromisos pactados con los militares de no rascar demasiado para no agitar al avispero. Y así quedó demostrado con el caso de la nieta de Juan Gelman.Bastaron pocos meses del gobierno de su sucesor, el también colorado Jorge Batlle, para que las cosas quedaran aclaradas, porque el paradero de la nieta del poeta argentino, por la que clamaron intelecutales de todo el mundo, era un secreto a voces.
Tengo entendido que sus palabras fueron que en Uruguay no hubo desaparecidos y que Julio Castro estaba en Europa, si consigo confirmar que no fue así, las preguntas que formulé en una editorial publicada el sábado 18 por este diario, caerían por su propio peso. Aunque de hacerlo, lo reconocería públicamente sin ningún titubeo, y por otro lado, se que habría muchas otras consultas relacionadas a este tema, para poder formularle. Espero de todos modos, poder aclarar este asunto por el bien de la responsabilidad periodística que intentamos ejercer. Mientras tanto, me alegro que la democracia a la que tanto contribuyó el expresidente, siga más viva que nunca.

HUGO LEMOS

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Tan uruguayos como nosotros

El voto consular no es un tema fácil de dilucidar. Por un lado estamos todos los que tenemos familiares en el extranjero y siguen prendidos al paisito, como el primer día que se fueron. Y que lo hicieron por razones económicas, por ese exilio que tuvieron que autoimponerse para poder vivir bien y tener condiciones decorosas, esas que por más que tuvieran estudios en nuestro país no conseguían.  voto
A ellos los consideramos todos los días como si vivieran acá, como si estuvieran acá, porque así consideramos por ejemplo a los jugadores de fútbol. Hace poco tiempo, el futbolista uruguayo Luis Suárez, dijo en una entrevista al Canal 10 de Montevideo, que “vivo en Barcelona cada día como si estuviera en Uruguay”.
Señaló que concurre asiduamente a la parrillada de un amigo uruguayo en esa ciudad, donde pasa mirando la televisión nacional y discutiendo sobre los resultados del campeonato uruguayo, siguiendo en su caso como es notorio a Nacional. Entonces si mañana Luis Suárez plantea que él quisiera votar desde Barcelona para decidir quién podrá ser el próximo gobernante de su país, nadie le va a decir nada. Y tampoco nadie se atreverá a cuestionar que Suárez, al que le reclamamos que haga goles para nuestro país en países extranjeros como Rusia, tenga el derecho a votar, porque vive en el extranjero.
También consideramos uruguayos a los que estando en ciudades como Miami (Estados Unidos), o Palma de Mallorca (España), por nombrar solamente dos lugares en el mundo donde encontramos muchos compatriotas y sobre todo, muchos salteños, pasan enchufados y pendientes de cada cosa que pasa en nuestro país. Y dejan en muchos casos, miles de dólares en este rincón del planeta para hacer mover la economía a través de sus familias que aquí esperan los resultados de su trabajo del otro lado del mundo.
En esos casos, no les decimos que no son ciudadanos y que no pertenecen a nuestro pueblo oriental. Por el contrario, los vemos con buenos ojos cuando una cámara de televisión que ande por el mundo enfoque un plano y aparezca alguno de ellos con termo y mate debajo del brazo, o con la camiseta de la selección. Allí los reconocemos como iguales y nos contentamos que siendo tan poquitos, la diáspora siempre esté presente.
Pero cuando el otro día discutimos sobre su derecho a votar a mí se me vinieron varias cosas a la cabeza, que me hicieron confundirme por momentos. Empleando una situación particular, dije en la redes sociales que mis tíos, dos hermanos de mi padre, viven en Australia hace más de 40 años, cosa que es cierta, pero siempre están pendiente de su país y sacan chapa de uruguayos tanto en Sidney, como en cualquier parte del mundo que hayan visitado.
Sin embargo, ellos no quieren decidir sobre mi gobierno, aunque critican al mismo y cuestionan cada cosa que pasa, tampoco quieren votar, aunque quizás mañana cambiando de opinión y hasta exijan hacerlo. Pero analizando un poco más las cosas, creo que sería buena cosa que la diáspora sea considerada tan uruguaya como todos los que aquí vivimos.
Por lo tanto esos 500 mil compatriotas que están alrededor del globo, tienen tanto derecho a votar como el que tenemos nosotros, en tanto seres humanos y ciudadanos de este país. Pero sobre todo, porque ellos pueden aportar con su voto una visión diferente, algo que nosotros no vemos por el mero hecho de estar viviendo en este lugar, sin haber salido de él y por desconocer otras realidades que pueden ser favorables y aplicables a nuestro país.
Así lo han entendido países como Estados Unidos, Italia, Alemania y otros del primer mundo que tanto imitamos para algunas cosas, pero no para las que también deben ser consideradas a la hora de generar cambios sociales favorables para nuestra población.
Uruguay no puede permitir un derecho solamente cuando le conviene. La oposición habla del “voto Buquebús” por los miles de uruguayos que viven en Argentina y que vienen a votar utilizando los feriados que les daba el gobierno kirchnerista y la rebaja en el precio que otorgaba López Mena, como si ese fuera el paradigma del voto epistolar. Creo que se han quedado cortos y que no están viendo el bosque, por ver solamente el arbolito.
Deben considerar que los uruguayos somos todos, los que vivimos adentro del país y los que están afuera del mismo, incluidos nuestros futbolistas a los que tanto veneramos y seguimos fanatizados, sin darnos cuenta que también son uruguayos que trabajan en el exterior y que viven allá, pero a los que consideramos cercanos y les permitimos cualquier cosa. Cuando a un uruguayo que se fue a ganar el sustento en el extranjero, lo crucificamos y hasta le prohibimos expresar su opinión sobre el gobierno a través del voto.
Si bien la media sanción que tiene esta ley es inconstitucional, por lo que expresa la Carta Magna, debemos tener en cuenta que estamos haciendo mal sino reconocemos como buena cosa y sobre todo como un derecho humano fundamental, que los uruguayos que están afuera del paisito, son tan orientales como nosotros y no les permitamos votar.
De lo contrario seamos coherentes con nuestro pensamiento y desconozcamos a los integrantes de la selección que juegan en el exterior y nuestros representantes en la selección sean solamente jugadores del medio local.
Entonces ahí sí, seguiremos siendo 3,5 millones de personas y lo de la diáspora, será un invento.

HUGO LEMOS

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La noche más fría

Jorge tiene 34 años y hace catorce que está en la calle. No tuvo un vida fácil, creció con padres separados y sus hermanos se turnaban para cuidarlo, aunque la contención no fue todo lo que debió ser. Su madre salía de mañana temprano a trabajar y regresaba a la noche y él se sentía solo en su casa. Pobreza
Cuando fue adolescente, con la rebeldía de los 16 años y el resentimiento solapado de furia porque la vida que tenía no era la que quería, salió de su casa a encontrarse con su destino. Sin terminar sus estudios y sin muchas despedidas, dejó todo porque pensó que solo iba a encontrar una vida mejor. Dejó su barrio, su cama, las paredes frías y húmedas de su cuarto, el que compartía todavía con dos hermanos y empezó una nueva vida.
Ese andar lo llevó por varios destinos, de Montevideo a Maldonado en plena temporada, a trabajar de lo que le den. Primero fue cuidacoches, después sereno, hasta que logró trabajar en la construcción de un edificio, haciendo de peón, de cuidador, de lo que fuere. El tema era que lo que le pagaban, siempre en negro porque era menor de 18, no le daba para vivir, sino para resistir esa furia que lo había alejado de su casa, a la que él no consideraba hogar.
A su padre no lo veía desde los 7 años, cuando este pegó un portazo y se fue. Alguna vez se contactó con ellos para pasarles algo de dinero pero nada más. Él no quería eso, sino que fuera a verlo a la escuela, al baby fútbol o que lo acompañara al médico si tenía que ir alguna vez. Pero eso nunca pasó.
Entonces apeló a seguir soportando lo que fuere, con tal de tener su propia vida. Trabajó mal, siguió peor y por momentos creyó estar tocando fondo. A su madre la contactó varias veces, habló con ella, pero como la misma apenas puede comer con lo que gana, él prefiere no ser una carga más y lograr algo para poder ayudarla.
Pero Jorge, cayó en Salto, porque le dijeron que había trabajo en el citrus y que aquí se pagaba bien. Trabajó seis meses y fue uno de los primeros en pasar al seguro por desempleo y no volver más al trabajo. Hizo algún trabajo de albañil pero le duró poco, ya que poca gente se anima a invertir lo poco que tiene con la situación económica actual y tener trabajo en ese sector, parece ser cosa de privilegiados.
Pensar que hay tantos diputados y senadores que ganan mucho dinero, me dijo una noche de esas que hacían mucho frío y que me lo crucé en la calle revolviendo los mismos tachos de basura en los que sabe que se encuentra algo, caminamos juntos unas cuadras mientras me contaba sus peripecias con la voz que por momentos se le quebraba entre el frío y la angustia por no poder haber cumplido con su meta de llegar a la edad de 34 como tiene ahora y poder tener un trabajo estable con el que pueda ayudar a su madre.
Él es uno de los desesperanzados que anda en la calle, que quiere salir adelante con un trabajo digno, que reconoce que el mundo de hoy es muy competitivo y que por eso si no tiene preparación al menos en los papelitos le será difícil encontrar un empleo que le haga sentir digno. Aunque se tiene fe porque siente que en algún momento “las buenas tienen que venir”, cree que el sistema genera que haya gente que tenga que estar siempre en ese lugar para justificar algunas situaciones como la pobreza estructural, esa de la que miles de uruguayos nunca van a salir.
Dice él que fue al Mides y que no le dieron nada. Que le pidieron de todo, pero que la respuesta fue que no tenían programas de atención como para él, más que alguna ayuda temporal. Él quería que lo ayudaran a ingresar al sistema y tener trabajo. Pero es demasiado pedir, le dijeron que no son agencia de colocaciones y lo retaron diciéndole que tenía que haber tomado mejor sus decisiones de vida. Increíble.
Mientras en las estadísticas del gobierno la pobreza disminuye, en las calles se siente, se ve y entristece. Mientras una dirigente oficialista comía con sus hijos en su casa y su ventana que da hacia la calle hacía ver lo bien que lucía su vida, seguro que merecidamente eso nadie lo discute, a pocos metros de allí y de espaldas a ella, Jorge y otro hombre que está en su misma condición y al que conoce de verlo en la calle, revolvían el contenedor que está en la esquina, los que se han convertido en grandes platos de comida para gente en la miseria.
Cuando me despido le digo una frase naturalizada para los que como yo, felizmente tenemos un techo donde dormir, “cuidate del frío” y él me mira y me dice “sí, va a estar frío el piso hoy, pero encontré uno con un resguardo donde me dejan pasar la noche, por lo menos la helada no me cae toda en la cabeza”.
Luego de verlo ir a buscar ese lugar, sentí por dentro que esa fue una de las noches más frías en lo que va de este invierno, aunque no cayera ninguna helada.
Lástima que para las estadísticas ellos no son muchos.

HUGO LEMOS

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Falta seriedad en el debate

El país viene pasando por momentos donde las discusiones sociales se vuelven poco serias y hasta cuasi banales. Deberían ser más en serio. Porque si decimos que estamos en problemas, tenemos que dedicarle tiempo al análisis y al debate de los temas de fondo que son los que marcan la cancha, con el fin de encontrar soluciones, o al menos caminos que nos ayuden a empezar a allanar las salidas que tanto necesitamos. pobres
En ese aspecto no podemos hablar así nomás de los problemas de seguridad, empleo, vivienda, educación, rentabilidad, carga impositiva, entre otros que son los aspectos más trascedentes de nuestras vidas en la actualidad. Y mientras tanto, me asusta ver cómo parece que desde el gobierno hay cosas que las toman para broma.
Mientras hay problemas de emergencia habitacional y en una ciudad como Salto, donde somos un estadio de fútbol de gente contamos con 27 asentamientos irregulares, lo que trae aparejado infantilización de la pobreza, precariedad en las condiciones de vida de la gente, donde la educación en valores no sea lo primordial cuando lo que urge es poder cubrir el plato de comida todos los días, se generan los otros problemas, los de una violencia empedernida que termina en los problemas de inseguridad que todos conocemos.
Esa cadena es real y mientras las autoridades no vayan a tratar de desentramar ese enredo, no con programas socioeducativos que son muy bonitos y que pueden ayudar a algunos a pensar, pero la mayoría no es que no piensa, por el contrario piensa y piensa mal porque en la casa falta para el guiso, entonces salen a buscar a la calle soluciones rápidas y muchas veces las mismas van en la dirección incorrecta.
Entonces quienes están al frente de las instituciones públicas deben concurrir a esos lugares donde hay carencias de todo tipo con propuestas en serio y con una alternativa para que quienes están entrampados por la pobreza, vean un halo de esperanza que no pase por una tarjeta social con algunos pesos para gastar en un supermercado; eso hasta que puedan comprarse un lavarropas (a lo cual tienen tanto derecho como cualquier hijo de vecino) y el Estado con la próxima visita de la asistente social, les quite el beneficio porque entiende que hubo una superación en su nivel de vida y entonces los mismos deben vender el lavarropas para volver a acceder a la tarjeta del Mides y así la calesita que no termina nunca, y tiene a la pobreza como eje todo el tiempo, sin que la misma tenga el más mínimo atisbo de desaparecer.
El problema es que estamos dando como sociedad mucho pescado y evitamos darles cañas de pescar. Pero lo hicimos por tanto tiempo, que ahora si alguien intenta llevar una, lo sacan a patadas. Y esto es una cuestión cultural y generacional, que se transmite de padres a hijos y así la sociedad de reconvierte cada vez más con el mismo problema estructural de pobreza que determina violencia por la escasez de bienes para el consumo de los sectores sociales que más los necesitan.
Pero nuestras autoridades están enfrascados en temas que ni siquiera deberían plantearse. No porque no puedan, porque en el mundo en que vivimos todo puede debatirse. Pero hay una cuestión de oportunidad para hacerlo y podemos afirmar con claridad que este no es el momento para hablar de si la túnica de los niños de la escuela pública debe cambiar su pulcro color blanco a uno verde para ser más ecologista.
O si el abanderado debe ser el más popular (vaya a saber uno qué quieren decir con esto) y entonces enseñarles a los más pequeños que en la vida se deben ganar las cosas con retórica y otras condiciones humanas, distintas a las de la inteligencia y el esfuerzo, como es hasta ahora. Les vamos a decir a los más chicos que el que más se hace querer, sea honesto o hipócrita, va a ser el que se lleve los honores, en tanto el que más estudie, es el gil de la clase. Lamentable. Pero el solo hecho de que en momentos como éste, donde el país tiene mil y un problemas que resolver, estemos tratando estas cosas, me da la pauta de que le falta mucha seriedad al debate y que en con este tren, no iremos a ningún lado.
No puede ser que siendo una sociedad en la que el endeudamiento interno crece a pasos agigantados, donde hay una presión tributaria per cápita que está afectando a la inmensa mayoría de la población, donde la inseguridad ha ganado las calles y ya dejó de ser una sensación térmica, donde hay una infantilización de la pobreza que duele y que está a ojos vista, las autoridades larguen a la discusión pública temas tan pueriles como inoportunos como el color de la túnica (que fue rechazado por el propio Tabaré Vázquez) o si la democracia debe suprimir a la meritocracia, en un país donde hablar de esto último te hace facho, conservador o funcional al sistema cruel e injusto en el que vivimos.
El otro día alguien me discutió el hecho de que si no existiera una ley que ayudara a los afrodescendientes a acceder a los puestos de trabajo por la cuota legal existente, habría muchos más desempleados porque a ellos no les dan trabajo por su condición de tal. Algo que me parece tan ridículo como ofensivo, en un país conformado por un crisol de razas desde su génesis y de los más liberales y democráticos del mundo, que haya discriminación es real, pero que fue necesaria una ley, no me la llevo.
Es más creo que las llamadas cuotas de género, afro, o trans solo generan mayor discriminación a esos colectivos sociales que tienen tanto derecho como el resto de los colectivos que conformamos la misma sociedad.
Como sea, el gobierno debe entrarle a la discusión sobre la automatización laboral, como bajar la carga tributaria, aumentar el clima de negocios para que haya más inversión y por ende más empleo, mayor seguridad, más estabilidad y ayuda para combatir la violencia, en vez de poner como tema primordial si el lenguaje es inclusivo o el más saludado de la clase, debe llevar la bandera. Le estamos errando al rumbo y le bajamos nivel al debate.

HUGO LEMOS

 

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¿Dónde están los padres?

El Día del Padre es una jornada comercial, donde se aprovecha la instancia para generar un movimiento comercial que genere un incremento en las ventas para estimular al alicaído comercio, en una coyuntura donde el endeudamiento interno provoca la pérdida del poder de compra de la gente. Y si bien este tipo de jornadas no salvan el mes, al menos ayudan a que se venda algo más de lo habitual. padres
Pero más allá de esto, también es una ocasión donde aquellos seres que hemos tenido la dicha de ser padres, celebramos junto a nuestros hijos en una jornada donde somos por ese rato, los protagonistas y nos robamos el cariño de los nuestros. También es una oportunidad para pensar muchas cosas acerca de esta hermosa responsabilidad que a algunos nos ha tocado en suerte.
En mi caso particular, la instancia fue provechosa no solo para vivir un domingo distinto, tratando de dedicarle tiempo de calidad a mi hijo y darle el cariño que se merece, sino además de repensar esa responsabilidad de ser padre, algo que llena el alma y que a la vez nos hace pensar de una forma diferente, nos genera un compromiso con una vida que desde su inocencia y su amor puro, nos pide ser sus referentes y sus protectores, sus guías y sus educadores. Nada tan complicado y hermoso como eso.
Si bien uno trata de hacer lo mejor que puede, en el acierto y en el error cada día, el rol de ser padre es un compromiso con la vida que no puede ser pasado por alto y mucho menos dejado de lado. Debe haber responsabilidad y sentir uno mismo que ese lugar que ocupa en la vida de alguien es no solo clave, sino fundamental para el desarrollo y el transcurso de su paso por este mundo. Es tan simple como eso y tan profundo como realmente es.
Aunque días pasados me topé con dos temas relacionados a la paternidad que me llamó mucho la atención. Por un lado, un informe periodístico reveló que el 52% de los padres separados, no les pasan la pensión alimenticia a sus hijos. Es decir, más de 5 padres cada 10, que dejaron de vivir en familia por la razón que sea, no les pasan dinero a sus hijos para que los mismos puedan llevar adelante sus vidas.
Esto no solo habla de la falta de responsabilidad de la persona que tuvo el privilegio de ser padre y además amerita un conflicto con la ley por la pérdida de Patria Potestad que puede suponer, sino que habla de una ausencia de compromiso con la vida que es brutal. Y que no por la plata, sino por la actitud, traslada a ese niño un sentimiento de desinterés que luego el niño lo transmite a todos los órdenes de su vida y allí aparece el drama social, que termina explicando muchas cosas.
La educación empieza por casa y si la misma es ausencia de compromiso y responsabilidad, de cariño y contención, de importarse por el otro y cumplimiento de las obligaciones, ese niño termina descreído y crece con una carencia de valores que pueden terminar en un estado de violencia y desamor consigo mismo primero, y con el mundo que lo rodea después.
Pero no todo termina ahí. Días pasados me reencontré con una compañera de la escuela, quien ahora por lo que percibió de sus docentes, terminó siendo maestra. Y me dijo que da clases en la escuela de un barrio periférico de nuestra ciudad. Allí ve cosas que todos aquellos a los que escucha hablar por los medios de comunicación, ya sean políticos, autoridades del gobierno, sindicalistas o empresarios, no tienen ni idea que eso ocurre, o lo han excluido de su discurso de tal manera que solo así, uno entiende por qué en esos barrios, donde vive la misma gente que es tan salteña como la del resto de la ciudad, tiene prácticas y hábitos tan distintos como chocantes.
En el caso de esta docente en particular, me contó que tiene alumnas de 13 años de edad que ya cuentan con una pareja estable y que aún yendo a la escuela con esa edad, son ellos quienes las llevan hasta la puerta del centro educativo. A los 15 años, muchas tienen la virtud de poder quedar embarazadas, lo que en realidad genera un trastocamiento del desarrollo adolescente de las mismas porque se vuelven madres jóvenes y el drama social sigue en aumento. Viven en la casa con sus padres y los platos sobre la mesa aumentan, pero los ingresos no. Cuando no optan por armar rancho aparte, literalmente hablando, y forman su propio y precario hogar, el cual sigue siendo así por los años venideros, replicando la pobreza que ellos mismos vivieron de niños.
La maestra, que hace solamente una década que trabaja en ese mismo centro escolar, tiene me dijo también que tiene como alumnos en sexto año de escuela, a los hijos de sus primeros alumnos, es decir, que sus exalumnos no habiendo terminado la adolescencia, ya tuvieron sus propios niños y los mismos asisten ahora a las aulas a las que sus padres acudían poco tiempo antes.
Toda esta situación y muchas otras más dramáticas aún, son parte de la historia de vida de muchísima gente que conforma barrios enteros, donde tienen sus propios códigos ya que este tipo de casos, son moneda corriente y para los lugareños eso ya no es sorpresa.
Entonces, cuando uno analiza cómo se criaron estos niños, la pregunta surge ¿dónde están los padres?, ¿dónde quedaron esos hombres que procrearon estas criaturas y no se hicieron cargo de enseñarles que la vida les tiene preparadas otras cosas que deben ser vividas en su tiempo? Lamentablemente la ausencia de gente que se responsabilice por sus hijos para enseñarles valores de vida, campea. Y después pasa de todo, andan sin rumbo, y la sociedad se pregunta porqué tanta violencia.

HUGO LEMOS

 

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Ahora a hablar de nosotros

Terminó el Mundial y todo ha vuelto a la normalidad. Ya no estamos sacando cuentas de cuánto falta para que empiece el próximo partido, ni tampoco estamos atentos a los entrenamientos de la Selección, cuyos jugadores contribuyen al morbo mediático subiendo fotos a las redes sociales mostrando desde a qué juegan cuando no tienen nada que hacer, es que es la mayor parte del tiempo, y de los asados que se mandan en un país donde el desempleo crece y la inflación hace que el poder de compra se disminuya a pasos agigantados.
Los problemas económicos vuelven a aparecer, ya no hay nadie que esté pensando en comprarse una banderita de Uruguay, ni tampoco en ver qué figurita le falta, porque ahora los problemas de seguridad y de empleo, que han sido los más acuciantes que veníamos teniendo y que por arte de magia el pasado 15 de junio desaparecieron, sobre todo después que le ganamos a Rusia por 3 a 0, aparecieron y son parte del debate cotidiano nuevamente.
Empero, las cosas van a durar un poco más porque hoy llega la Selección a Montevideo y eso va a provocar alguna caravana, homenajes oficiales y muchas horas de televisión transmitiendo en vivo a los jugadores saludando a cientos de aficionados que esperaron horas y horas para verlos. empleo
El sentimiento nacionalista seguirá existiendo en su máximo esplendor, sobre todo alimentado por la serie interminable de publicidades que solamente hablan de lo bien que jugaron estos muchachos en el Mundial, consiguiendo un 5º puesto entre 32 participantes y de lo mucho que les estamos agradecidos por habernos hecho sentir lo que por ahora nadie había logrado, al menos en los últimos años, que es la esperanza y la ilusión.
Sobre todo motivada por la necesidad que tenemos los uruguayos de creer en algo, porque con todas las cosas que pasan en nuestro país, necesitamos tener una expresión de sentimiento positivo hacia algo y aferrarnos a cosas que nos ayuden a renovar nuestra identidad cultural, al menos desde uno de los aspectos que más nos identifican como es el fútbol.
Pero si bien todos aplaudimos a estos muchachos que fueron a hacer su trabajo, porque en verdad tampoco se trata de esforzados deportistas que ahora terminado el Mundial deben arrancar para las 8 horas, al contrario los que tenemos que hacer eso somos nosotros, su público, ellos se van de vacaciones o a seguir cumpliendo sus contratos millonarios que los vuelven un club selecto de personas que ni siquiera viven en nuestro país, al menos la gran mayoría, peros nos representan futbolísticamente en el exterior, aunque nuestro fútbol sea muy distinto al que ellos juegan.
Ahora terminado el sueño mundialista debemos empezar a poner los temas serios arriba de la mesa. Como por ejemplo el problema del empleo que es mucho más que la falta del mismo, sino que quienes actualmente lo tenemos, debemos encarar otros aspectos como son los desafíos que nos impone el presente en el mundo de las relaciones laborales y cómo vamos a encarar el futuro inmediato con el mismo.
En ese caso, hay paradigmas que deberemos enfrentar al cortísimo plazo y es que los cambios en las formas y los contenidos de los productos que elaboramos como trabajadores están sufriendo un cambio permanente al que nosotros debemos adaptarnos, o quedaremos obsoletos y el objeto de nuestro trabajo ya no tendrá sentido.
Pasa en el mundo de los medios de comunicación, donde los diarios se han achicado de una forma impresionante, a tal punto que asusta y que debemos replantearnos si el producto que ofrecemos se adapta al mundo de hoy, o si debemos aggiornarnos urgente a las plataformas que utilizan los actuales y futuros consumidores de información.
Hay datos de la realidad que dicen que en Uruguay dentro de 20 años, el 50% de los empleos actuales dejarán de existir tal como los conocemos, porque serán suplantados por las nuevas tecnologías, algunos de ellos como el caso de telefonistas y hasta cajeros de supermercados. Pero nadie habla de ello, el PIT CNT no lo hace por omisión o ignorancia del tema y las cámaras empresariales tampoco, se quedan calladitos y no se preparan ni preparan a nadie para estos cambios.
El subsecretario de Trabajo, el destacado abogado laboralista Nelson Loustaunau, dijo una verdad absoluta en una entrevista con el semanario Búsqueda la semana pasada, cuando expresó que “este nuevo mundo que va a estar lleno de ciber trabajos tal vez vaya a derrumbar o repensar institutos que vienen de la segunda revolución industrial como el tiempo del trabajo. ¿Deberemos seguir con esa lógica de las ocho horas para el trabajo? ¿O estamos frente a un replanteo absoluto?”, expresó con claridad meridiana este destacado jurista tirando sobre la mesa un tema de absoluta vigencia y urgente discusión pública.
Así como también declaró: “las nuevas tecnologías están poniendo a máquinas y robots a hacer tareas que antes realizaban personas. Otros empleos se van transformando y surgen ocupaciones transitorias o de “colaboración abierta”, como las “microtareas” y las actividades de asistencia virtual. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muchos son trabajadores “invisibles” —la mano de obra detrás de la tecnología, por ejemplo, en el procesamiento de datos— sin una ubicación ni una relación laboral reconocida ni horarios claramente definidos”.
Ahora que terminó el Mundial al menos para Uruguay, tendríamos que poner el tema arriba de la mesa para empezar a hablar más de lo que nos pasa a nosotros y de cuál es nuestro futuro. Porque más allá de los merecidos aplausos a estos muchachos que jugaron en Rusia, ellos ya tienen su presente y futuro más que acomodado.

HUGO LEMOS

 

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No es el opio de los pueblos

Para un uruguayo, el fútbol como la política o el carnaval, son parte de nuestra identidad cultural. No hay uruguayo que más allá de su concurrencia o no a una cancha, no sea hincha de club alguno, o que no sepa quiénes son los más destacados jugadores de la Selección Uruguaya, porque eso hace a nuestra idiosincrasia. Lo llevamos en el ADN de nuestra nacionalidad. Así somos y así ha sido la construcción social a través de los tiempos en nuestra comunidad.
Hace un tiempo, cuando nos vencían las derrotas futbolísticas y el fantasma del 6 a 1 contra Dinamarca para quienes lo vimos, por más que fuéramos pequeños en ese México 86, la selección siempre nos importaba. Mirábamos sus partidos y sufríamos más de la cuenta, aunque cada encuentro ya lo veíamos con desazón porque sabíamos que nos costaba llegar a lo que se dice una victoria destacada, que nos ilusionara y nos pusiera en contexto. suarez
Es que hace más de tres mundiales, Uruguay era parte de la historia antigua de fútbol mundial y los uruguayos siempre admirábamos a otros equipos, que Brasil, Italia, Inglaterra, España o Argentina, pero nunca Uruguay. Nadie nos conocía, no sabían los colores de nuestra bandera y lo que es peor, nosotros mismos mirábamos y admirábamos a los extranjeros pero poca importancia le dábamos a lo nuestro. Nos identificaba poco, pero no nos llegaba al alma porque no había ilusión, ni mucho menos pasión.
Pero hace por lo menos 8 años que cambió la historia y la manera de sentir y palpitar de nuestra sociedad. Porque los Mundiales de Fútbol han servido para eso, para que revaloricemos nuestra bandera, nos pintemos con nuestros colores, besemos nuestra camiseta y cantemos con fuerza nuestro himno. Nos importemos por nuestros jugadores y para que empecemos a decir con orgullo, no con pedantería, que somos uruguayos, de dónde viene el mejor fútbol, el más aguerrido, el más metedor, el que no se da por vencido, el que pone las ganas en la cancha y no se deja perder.
Todos esos valores se trasladan a la vida cotidiana de nuestra sociedad, el éxito, el trabajo en grupo, el creer que se puede, el querer hacer las cosas mejor, el escuchar a los que saben valorando su experiencia, el sentirnos parte de algo importante, el meternos todos debajo de una misma bandera y empoderarnos de ella, el albergar un mismo sentimiento y luchar todos juntos para ser parte de un sueño que salpique a todos por igual. Son muchas cosas juntas, muchos valores y principios de vida que nos sirven como enseñanza para mejorar la sociedad que tenemos.
Lejos de convertirse en el opio de los pueblos, el fútbol ha pasado a símbolo de identidad nacional, la herramienta de hermanamiento momentáneo en una sociedad dividida por sus malos políticos y por la mezquindad de los intereses que todos ellos nos transmiten con sus acciones cada día.
El deporte más hermoso del mundo y nuestra ganadora participación mundialista hasta ahora, ha venido generando en la sociedad una algarabía tal, que nos hace celebrar a todos juntos identificándonos con un solo color, el celeste, el color del cielo que nos cobija, y abrazarnos sin que importen nuestras diferencias, sin que pensemos que el que está a nuestro lado gritando como un loco el gol de Cavani es de mi partido político, de mi misma religión o condición social u orientación sexual, algo que termina por dividir la sociedad a la que todos nosotros pertenecemos pero que nos ponemos sellos de tal o cual cosa, para poder etiquetarnos y saber en qué tribu de la misma elegimos participar.
El fútbol, en este caso la selección en la copa del mundo, es el ícono de unidad nacional que no logran los políticos, ni las religiones, ni ninguna otra institución o grupo social alguno en nuestra comunidad. Ha despertado la pasión hasta de los que menos han visto en su vida el deporte del balompié, porque entienden que se trata de algo importante, porque todos en el planeta están hoy con las miradas puestas en este pequeño país sudamericano que logra hazañas como muy pocos en el mundo. Por eso, hoy los uruguayos elegimos embanderarnos y sacar a relucir nuestros colores, los mismos que nos enseñaron en la escuela que eran nuestros, que eran los que siempre nos iban a identificar en cualquier parte y a los que teníamos que querer por encima de todas las cosas, porque eran los colores de la patria.
Hoy nos pintamos con ellos y los festejamos, los sentimos como propios. Hoy el fútbol lejos de ser un entretenimiento es la única manera de que nos abracemos y gritemos todos la misma cosa, y ojalá que sirva para que quienes hablan de unir a la sociedad desde sus cargos en el gobierno o en la oposición, aprendan un poco de qué se trata esto de cinchar todos para el mismo lado.

HUGO LEMOS

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Defendiendo su propia dignidad

La discusión se dio en la calle, a plena luz del día, la vieron todos, pero sobre todas las cosas fue una demostración de fuerzas y convocatorias, de medición de influencias y apoyos, pero por encima de esto fue un debate sobre el trabajo como derecho y oportunidad para que las personas crezcan y se desarrollen como tales. huelga
No fue una discusión sobre la prevalencia de un derecho sobre otro. Sobre si el derecho al trabajo es más importante que el derecho a la huelga, sino que fue un enfrentamiento espontáneo por motivos reales de desacuerdos de los “representados” ante los “desatinos” de los representantes. Eso fue lo que pasó en la manifestación que ocurrió hace varias semanas frente al frigorífico Somicar, cuando un grupo de trabajadores increparon a la dirigencia departamental del PIT CNT reivindicando su derecho al trabajo por sobre el derecho a la huelga.
El trabajo es un derecho humano fundamental, pero además es un valor que promueve aspectos positivos de la condición humana. Como por ejemplo, advierte un hábito de esfuerzo y sacrificio de las personas para obtener mediante el mismo, un rédito que les permita desarrollar su forma de vida, asimismo, el trabajo es una oportunidad que tenemos las personas para explotar nuestras potencialidades, algo que es muy importante para el desarrollo humano y sobre todas las cosas para la construcción de la sociedad.
En tal sentido, la cultura del trabajo en las personas debe ser defendida y no vapuleada o manipulada en función de determinados intereses corporativos. Porque si ponemos en la balanza el derecho al trabajo, con el derecho a la huelga, la balanza se inclinará por el primero porque el segundo es consecuencia de aquel, de lo contrario no tendría objeto.
Entonces, el derecho a plantear un reclamo ante una situación que consideran injusta es de recibo, pero no puede sindicato alguno imponer en ningún caso este ejercicio del derecho a la huelga por encima del derecho que tiene la gente a no querer acatarlo y trabajar, porque no solo están afectando un derecho, sino la libertad que tienen las personas a decidir por sí mismas si están de acuerdo con una medida adoptada por un grupo, pero que afecta su derecho al trabajo, ese que nadie puede quitarles.
Así lo dejaron en claro los trabajadores del frigorífico Somicar, cuando llegaron una fría mañana de otoño hasta las postrimerías del barrio Artigas a cumplir con su tarea, y se encontraron con que un piquete sindical, encabezado por el presidente del PIT CNT de Salto, les impedía el ingreso a su lugar de trabajo, porque se encontraban reclamando el reintegro de un empleado que había sido despedido, que justamente es nada más y nada menos que el presidente del gremio, situación que ya era conocida por todos los trabajadores del lugar y que nada hicieron para revertirlo.
Entonces el hecho de que el PIT CNT haya estado reclamando con una manifestación en la puerta del lugar, no extrañaba a nadie, es más era lo menos que se esperaba de parte de una central sindical que apoya a sus dirigentes en todas las áreas, pero lo que sí sorprendió fue el enfrentamiento que generaron con las personas que pretendían ingresar al local de trabajo.
Sobre todo el destrato que en cierta forma le proporcionaron a un grupo de personas, entre las que había varias mujeres, a las que les ninguneaban su conocimiento de la situación por la que ellos planteaban su manifestación, así como también le decían que le iban a explicar “cómo eran las cosas”.
Esa situación conlleva a que haya una tremenda falta de unidad, respeto y tolerancia, de parte de la dirigencia sindical y los trabajadores, algo que no debería suceder nunca, porque los problemas solo se incrementarán ante la ausencia de un sindicato que responda por los verdaderos intereses de la clase obrera, que no pasa por el reclamo en primer lugar, sino que pasa por el respeto y la protección del trabajo en primer término y después sí, tendría que venir acompasado el resto de las derivaciones de tener un sindicato organizado que promueva y haga respetar los derechos laborales y los reivindique.
Se equivoca el PIT CNT si cree que debe obligar a los trabajadores de cualquier área de la actividad, a escuchar sus reivindicaciones y mucho más si pretende que los mismos deban acatarlas por el mero hecho de que ellos se erigen en sus representantes, cuando la absoluta mayoría de la clase trabajadora desconoce la identidad de los mismos y encima no tiene una buena visión de estos, ni tampoco referencia clara alguna sobre los mismos.
Recuerdo a un ex dirigente de la central obrera a quien cuestioné una vez por la falta de influencia que tenían entre sus dirigidos, ya que cuando convocaban a una manifestación, el nivel de participación de sus “representados”, es prácticamente nulo, y me respondió con brutal soberbia y desparpajo: “eso no importa, yo represento a casi 75mil trabajadores”, de los cuales, agregué, el 99,9 % no tiene idea quién sos, de porqué estás ahí y además nunca te eligió.
El problema es que los dirigentes sindicales consideran justamente eso, que pueden manipular los intereses de la mayoría de los trabajadores sin consultarles nada, porque entienden que tienen el poder para hacerlo por el sistema rígido y autoritario que los rige a la hora de elegir a sus cuadros dirigentes.
Y no se trata de efectos colaterales, porque en la representatividad no puede haber delegados que no sepamos quiénes son, a qué intereses responden y que encima tengan la osadía de vulnerar uno de los derechos humanos más importantes que tiene la gente, el derecho al trabajo.
Tendría que haber una acción más democrática y más abierta de parte de la central obrera para con sus representados. Deberían realizar asambleas en los distintos lugares de trabajo antes de tomar una medida como ésta, sin subestimar a nadie, sin creer que los operarios de una planta frigorífica como es en este caso, son ignorantes por no compartir un reclamo, más allá que el mismo sea para defender al presidente del sindicato, que se ve que no gozaba de tanta popularidad entre todos los suyos, de lo contrario esta situación no se habría dado.
Es importante que se defienda a los trabajadores por medio de sindicatos organizados, pero los mismos deben tener seriedad, compromiso y responsabilidad para con sus afiliados o las personas que aducen defender.
Entonces no tendremos que volver a ver por las redes sociales bochornos tales como ese enfrentamiento entre un grupo de personas que, defendiendo su derecho al trabajo, tuvieron que pelear por el mismo contra una cúpula sindical, algo casi paradójico y que indica además que los encargados de proteger y defender a los trabajadores, no están haciendo bien su trabajo.

HUGO LEMOS

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El Estado puede combatir la droga

“Ellos se juntan adentro de un rancho que tiene dos piezas bien precarias, en el medio del asentamiento y allí fuman la pasta base, adentro, siempre adentro porque si van afuera los puede agarrar la Policía y terminan quemando la boca”, me dijo un padre que tiene un hijo adicto a la pasta base desde hace algunos años y que está literalmente desesperado por poder recuperarlo. Drogadicto
“Yo quiero recuperarlo a la vida”, me dijo en tono de desesperación y una angustia galopante que se le nota en la cara, “porque todos esos gurises que andan en la misma, están muertos en vida y así los tienen, porque eso es lo que le sirve a los que les venden esa inmundicia, que ellos anden muertos en vida, robando para comprarles esa droga. Pero nadie que consume esto la saca gratis, nadie”, me cntaba e hnbre ya entrado en años y con una apariencia de llevar dos vidas juntas.
Ellos son las víctimas de un delito que se comete delante de sus ojos, el de ver morir a sus hijos todos los días un poco más y golpear como locos las puertas del Estado que son las primeras a la que recurren todos en estos casos, y ver cómo las instituciones prácticamente no les abren ni una rendija, no les den una respuesta, ni muchos menos contención a ese problema grave que nos afecta a todos como sociedad.
El consumo de pasta base en nuestros jóvenes comenzó a darse con mayor énfasis en el año 2002, cuando la crisis económica determinó que muchos no tuvieran para comprar las drogas de siempre como la marihuana y la cocaína, y terminaran cayendo en la oferta de la droga barata y como todo lo barato, tremendamente tóxico.
Esa droga, llamada pasta base es como tomar mucho veneno junto todos los días y genera incluso un grad de adicción que determina un consumo constate y permanente, que los gurises le llaman fisura. Cuando están fisurados y no tienen plata para comprarla, por mas que su costo es mínimo y en Salto puede conseguirse en al menos 180 lugares distintos, algo que es muy grave porque el mero hecho de que exista esa cantidad enorme de bocas de venta de drogas en nuestra ciudad, cuando somos un estadio de fútbol, salen a robar con tal de tener dinero y seguir consumiendo. Le roban a su familia, a sus amigos, a sus vecinos a quien sea, lo que sea. Han llegado a arrancar chapas del techo de una casa con tal de comprarla maldita droga.
¿Pero cómo pueden hacer el Estado y los poderes públicos para combatir este flagelo que nos impacta de una forma muy dolorosa y nos está generando un daño social tremendo?
Las medidas de seguridad que se han aplicado desde las instituciones públicas en los últimos tiempos no han sido positivas, no lograron resultados contundentes y han fallado, un poco porque la faz represiva del Estado no siempre logra los resultados deseados y además porque la faz punitiva no es buena logrando la rehabilitación de las personas.
Eso ha determinado que haya problemas sociales que no han tenido solución, lo que sumado a un problema estructural de violencia arraigado en el seno familiar y en las comunidades de vecinos de todas las clases sociales, donde en algunas con mayores carencias los problemas son más acentuados justamente por esa falta de respuesta estatal, se denota un incremento de la delincuencia, que terminan en que grupos enteros de personas piensen resolver sus carencias delinquiendo, para cobrarle a la sociedad lo que entienden que esta no les da, que es prestarle atención.
Pero hoy el aumento de la venta de drogas algo que viene aparejado a la corrupción de ciertos grupos de funcionarios estatales, que permiten el desembarco en nuestro medio de cargamentos enteros de estupefacientes que ingresan en Salto de la misma forma que lo hace el contrabando, con total libertad, algo que sigue creciendo cada vez más en una sociedad castigada por este flagelo, que ahora se carne en los más débiles que son los que la consumen y que en base a esto empiezan a delinquir.
El otro día escuchaba al Fiscal de Corte, Jorge Díaz, que estuvo en Salto de visita, decir que las fuerzas vivas del departamento estaban orientadas en un mismo discurso a la hora de reconocer que el principal problema de la delincuencia viene de la mano de la droga y para ello pensaban atacar las adicciones. Entonces dijo regocijarse porque el Estado contaba con un mecanismo como es el Dispositivo Ciudadela, que en Salto atiende a los adictos que tienen la intención de recuperarse.
Pero lo que no sabe el Fiscal de Corte, que por el tenor del cargo que ostenta debería saberlo, es que el Dispositivo Ciudadela no cuenta con las herramientas básicas para atender a las personas que están inmersas en el mundo de la adicciones, que lo que hacen sus funcionarios, es dr lo mejor trabajando a pulmón y con carencias brutales, sin recursos de ningún tipo y con la voluntad férrea de sus funcionarios de poder sacar adelante el objetivo de ese proyecto que es recuperar ersonas para la sociedad que hoy están anuladas por vivir en el submundo del consumo de drogas y todo lo que ello conlleva.
Por eso es buena cosa que si realmente queremos como Estado recuperar personas de las adicciones para darle un verdadero combate a la droga y al narcotráfico, blindemos a esas herramientas institucionales de las que nos agarramos, como es el caso de Ciudadela, dotándolas de recursos en serio.
Brindándole profesionales de todas las áreas que ayuden a esos jóvenes a poder salir de esa situación, dotando de recursos materiales a la institución y abriendole las puertas a sus referentes para que nos digan justamente lo que no queremos escuchar, que es que la cosa va mal y que el narcotráfico, así como van las políticas públicas, están ganando la batalla.
Es por eso que lejos de doblegarnos o de tener temor por los costos electorales por estar en los albores de un nuevo año electoral, debemos tener el valor de enfrentar los problemas de una sociedad que está enferma de narcotráfico, perdiendo muchas vida valiosas que tienen mucho para aportarle al Uruguay y que están tiradas por la vida, porque mas de relevar sus datos para una encuesta, no hacemos otra cosa.
El Estado sabe que es real esta situación y debe atacar los lugares de ingreso de la droga como son las fronteras como el río Uruguay por las noches, y las fronteras secas y los funcionarios corruptos, combatiendo en serio las bocas de ventas de drogas y dotando de recursos de una manera adecuada a lugares como el Dispositivo Ciudadela, porque si realmente creen que ese es el camino, solo deben tener la voluntad de hacer transferencias de dinero a los lugares que corresponden para que el resto se haga por sí mismo. De lo contrario el narcotráfico seguirá ganándonos por goleada y nostros solo seguiremos criticando.

HUGO LEMOS

 

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Una señal que cambia la vida

Estaba preocupado por distintas situaciones que me tocan a vivir a diario, vicisitudes cotidianas pero agradecidamente nada grave. Temas a resolver que a veces ocupan mucho tiempo rondando en mi cabeza, en vez de aprovechar a disfrutar la vida de otra manera. Pero lamentablemente uno recién puede hablar así cuando las cosas que viven son menos dramáticas que las que le tocan vivir a otros. felicidad
El otro día venía por el centro caminando luego de haber estado buscando la manera de solucionar un inconveniente, de esos que realmente son pequeños, pero de los que nos hacemos un mundo cuando vi la primera señal. Pasó un excompañero de liceo a mi lado, quien iba muy animado conversando con su pequeño hijo, que tendría algunos años más que mi pequeño que este mes cumple seis inviernos.
Luego que lo saludé, quedé pensando en su rostro alegre y vital, lleno de energía, pensando seguramente que todas las cosas son posibles, ¿el motivo?, su hijo que no tiene más años que todos los dedos de sus dos manos, está en una silla de ruedas y con varias dificultades. Sin embargo, la alegría, la motivación, las ganas de superarse y de salir adelante se respiraban desde la otra cuadra.
Pensaba en esas miradas cómplices, en sus sonrisas compartidas, en su paz interior de saber que se tienen el uno al otro, y de cómo esa dulzura generaba un milagro. El de creer en la vida por sí misma. Si bien ese tema no solucionó mis problemas porque claro está que mis cuestiones dependen de la vida que haga y de la manera que tenga de conducirme en ella, me hizo dar cuenta que las cosas no son tan graves y que hay alegrías mucho más sanas e importantes que deben ser compartidas, como es el tiempo de calidad con nuestros hijos y con los seres que más queremos.
Puedo haber estado movilizado por esa situación y muchos pensarán que ver la paja en el ojo ajeno, no es consuelo y no estoy hablando de que me sentí consolado por saber que hay problemas peores que el mío, sino que sentí que lo más importante es poder compartir la vida de la manera más sana y feliz posible con la gente que queremos, tal como lo estaba haciendo en ese momento mi excompañero de clase con su hermoso hijo, quienes enseñaban a quienes los veían, una sintonía única entre ambos que irradiaba energía, calidez y amor.
Son señales, pensé. Señales que te da la vida para valorar más lo que tenemos y darnos cuenta que lo menos necesitamos, es lo que consideramos que nos está faltando. Ser felices con lo que se tiene y no extrañar lo que nunca se tuvo, es lo más importante. Porque como dice el poeta Joaquín Sabina “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.
Pasaron algunos días y volví a vivir señales. En un día que también me llevó a sentirme agobiado por distintos motivos, con sentires que no eran de los más alegres y donde el estrés asomaba pensando cómo iba a resolver algunas cosas, la señal golpeó a mi puerta otra vez. Un amigo me llamó para decirme que su hijo estaba enfermo, y compartimos el dolor y la responsabilidad de ponernos en acción para procurar la cura más rápida posible de ese angelito que no merece otra cosa que seguir sonriéndole al mundo.
Una vez esto, nos pusimos en campaña para buscar apoyos en algunos aspectos y hoy seguramente empezarán a tratarlo para que la vida le siga sonriendo como hasta ahora y el futuro lo espere con prosperidad, para que él pueda regalar su corazón y alegría, tal como lo hace en la casa de este amigo.
Otra vez la señal parada frente a mi haciéndome ver que es más importante velar por cosas mucho más profundas y preocupantes que perder el tiempo pensando que los problemas son el no poder hacer tal o cual cosa.
La vida nos enseña todos los días, nos dice cómo hacer las cosas, nos determina realidades que nunca vamos a imaginar. Por eso tenemos que tratar de aprovechar cada momento, cada minuto, cada segundo, buscando la excelencia, haciendo lo que hagamos, pero dando lo mejor para hacerlo de la manera más destacada posible.
Cada persona tiene un potencial a explotar, tiene dones y virtudes que descubrir, quizás pasa toda la vida buscando qué quiere y porqué quiere hacer lo que está buscando. Pero al final cuando encuentra el camino solo debe tener una meta, hacer las cosas con amor, con pasión y lo mejor posible, porque es la única manera que nos enseña a darle sentido a la vida que tenemos.
Todavía recuerdo la sonrisa de ese niño en una silla de ruedas que no le impide ser feliz y tener sueños, viviendo un momento único con su padre que lo paseaba orgulloso como lo haría cualquier hombre que ama de verdad a su hijo. También la del hijo de mi amigo que está pasando injustamente por un duro trance que deberá empezar a recorrer con hildalguía y coraje, pero también con contención y mucho amor. Ambas caras las llevo conmigo para tratar de dejar de quejarme tanto y darme cuenta que debo dejar de lado mi estúpida soberbia, que no permite ver que la vida vale.

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Pobreza y violencia van de la mano

“La pobreza es la peor forma de violencia”. Esa frase, que hoy puede parecer una simple excusa de los que apoyan al gobierno de turno y de los que se dicen izquierdistas, aunque con sus prácticas y su forma de vida sean totalmente incoherentes, pertenece nada más y nada menos que a Mahatma Ghandi.  pobreza
La pobreza es un problema estructural que tiene nuestra sociedad y que también, por supuesto, tiene el mundo. Es un mal que ha dejado la construcción social tal cual la conocemos y ha tenido mutaciones muy complejas en todo este tiempo que tenemos de vida, en el caso de Uruguay, desde que se ha conformado como país.
Entre los uruguayos hay mucha gente que dice que “es pobre el que quiere, porque trabajo hay”. Y ese pensamiento, esa frase, no es del todo correcta por varias razones. Primero porque trabajo estable, genuino y de calidad que pueda ofrecerse a un uruguayo que busque empleo por sí mismo, no es exactamente lo que está ocurriendo en el 90% de los casos actualmente. Solamente para algún sector especializado en determinados oficios o profesiones que puedan prestar un servicio adecuado a determinada industria como lo que ocurre con el caso software, donde no solo hay desempleo cero, sino que falta gente.
Pero el empleo es algo que dignifica a la persona, la hace sentir bien, no por lo que gana sino por la dignidad que ello implica, el sentimiento de tranquilidad y alegría al que conlleva que es algo casi místico. Aunque lamentablemente un empleo no está al alcance de la mano de cualquier persona que no tenga una preparación específica, y ahí es cuando entra el terreno del empleo genérico que no es el que abunda, precisamente.
Por un lado, porque hay varios factores que han llevado a que haya una disminución de la tasa de empleos. En Salto lo estamos viviendo a diario con empresas que cierran y mandan a sus trabajadores al seguro de paro, algo que viene aparejado de la falta de ventas que se da por la ausencia de poder de compra de las personas, lo que incluso está atado al nivel de endeudamiento interno que tiene la población, algo que se traduce en no tener un mango y no poder comprar ni un alfiler.
Todo eso lleva a que la gente viva pensando en cobrar el aguinaldo para poder darse un gusto, ese que mes a mes no puede darse porque el sueldo se le achica cada vez más, ya que está viendo pasar los números que le figuran en la planilla y lee detenidamente cómo las financieras o los bancos que le dieron un préstamo, que en su momento le sirvió para comprar lo que le faltaba o lo que tanto quería, se lo cobra en forma rigurosa. Y esa forma de vivir, es la que genera un problema que a la larga los empobrece, ya que no pueden tener lo que esa mente consumista y parte del sistema les pide, porque antes tienen que pagar lo que ya deben.
Entonces, ese empobrecimiento que vive hoy la llamada clase media, es el que está perturbando el mercado porque no hay ventas, hay desocupación y el drama social aumenta. Esto determina cierta percepción de las personas que se transforma en violencia y que muchas veces es manifestada en la propia casa, cuando la plata no alcanza y los problemas aumentan, lo que determina una conducta irascible dentro de la casa que la terminan absorbiendo los más pequeños y que la maduran, y la manifiestan de la forma a la que estamos asistiendo.
Si bien es apelar al facilismo, adjudicarle a una situación particular el problema creciente de la violencia en la sociedad, porque en realidad como ya lo he dicho, a mi juicio el tema es multicausal, hay un problema interno en el seno familiar que muchas veces pasa por el desamor a los hijos, la ausencia de los padres en la casa, la falta de uno de ellos de manera permanente, la carencia de un referente que aconseje, acompañe y contenga a los niños y adolescentes en la casa, más allá de los problemas de pobreza material que pueda tener cada hogar, son determinantes para que luego exista un individuo violento que exteriorice la misma en actos delictivos y hay múltiples ejemplos.
He visto en las cárceles a jóvenes que teniendo una madre que ha luchado siempre por sacarlos adelante, no ha podido brindarles objetos materiales que el mundo impone como excluyentes para participar de una sociedad que mide con la vara del “tanto tengo tanto valgo” y eso ha generado que algunos de esos muchachos que están vulnerables y desamparados sientan que “los están tentando”, como me lo han manifestado ellos mismos, y terminan haciendo lo que” ven en televisión”, tal como se lo dijeron a la justicia dos de los adolescentes que participaron del asalto a la Pizzería 2000, cuando les preguntaron qué se les dio por asaltar a los clientes del lugar.
Los problemas de la pobreza son múltiples, pero hay algo que no puede haber nunca, fuerza de voluntad para superar las adversidades más allá de que los problemas estén a la vuelta de la esquina y nos pongan la soga al cuello. Si todo queda como el otro día, cuando vi a una familia entera guareciéndose bajo la lluvia, y su única esperanza era la de seguir cuidando motos en esa esquina para sobrevivir de las dádivas que les dé alguien; la gente no va a superar sus problemas, la pobreza por sí misma se va a profundizar y va a aumentar esa brecha social que nos está dividiendo de forma tremenda.
La pobreza va a de la mano de la violencia eso sin dudas, pero también la hay en los otros estratos sociales, aunque de manera distinta. En esa pobreza no entran las instituciones, no llega el Mides, el BPS ni ningún otro organismo estatal o sindicato. Tampoco el Estado podrá hacer algo más de lo poco que ya hace, porque su largo brazo no llega al seno de las familias que más lo necesitan, ya que chocan contra sus frías normas. No van a ver a un rico o a una persona de clase media acomodada asaltando un supermercado o robando una cartera, pero sí evadiendo impuestos o gastando dineros públicos de una forma abusiva.
El tema es que como sociedad nos falta una gran autocrítica y tenemos que dejar de ver la paja en el ojo ajeno, solamente así, podremos empezar a sacar la cabeza para afuera y pensar mejor, sobre qué sociedad queremos para hoy, no para mañana, porque con estos problemas que tenemos hoy, a la sociedad del mañana ya la vemos venir. HUGO LEMOS

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¿Cuál es la diferencia?

Todavía no salgo de mi asombro por la situación de inseguridad que estamos viviendo. Es un problema de fondo, estructural de violencia que nos ha invadido y se ha colado en nuestra comunidad de una forma insoslayable. Ya nadie está a salvo, ya no hay zonas que puedan ser más seguras que otras, ya no hay de hombres y mujeres, de ricos y pobres, de negros y blancos, ya no hay de edades. Porque lo que no hay, es respeto. delincuencia
Se han perdido todo los códigos, no hay tolerancia a nada ni a nadie, hay rabia acumulada de uno y de otro lado y por eso para el delincuente la víctima es el enemigo, y ya no va a perder con ella, ni se imagina esa posibilidad, sino que tal como dijo hace dos semanas en una brillante entrevista de Gabriel Pereyra para El Observador, el director nacional de Policía, Mario Layera, el delincuente ya no ve a su presa como víctima y no piensa en perder con él, sino que la ve como enemigo, y si la tiene que voltear para salir airoso, lo va a hacer.
Y en Salto ya hay por lo menos dos ejemplos. El de Andrés Duarte ocurrido el miércoles de la semana de turismo y el del viernes pasado, cuando Nelson Enrique De Mattos, cayó defendiendo su comercio, su familia y su dignidad, con la bronca acumulada por la impunidad con la que se maneja la delincuencia, porque entran y hacen lo que quieren, se llevan cuanto pueden y barren con todo lo que está a su alcance.
Pero no hay una sola causa que determine este problema. Por eso hay muchos que dicen que este tema no tiene solución, sí que lo tiene, si bien es un problema multicausal, porque son muchos los factores que han coadyuvado a que el mismo exista, hay varias soluciones que solo esperan ser aplicadas, para poder terminar con una ola delictiva que crece y crece, y cuyo nivel de violencia se incrementa cada vez más.
Mientras la gente pide la friolera de la pena de muerte para la delincuencia que derriba vidas así nomas y se van impunemente a su escondite, mientras la Policía da vueltas y vueltas para ver cómo hace, quienes son los responsables de legislar sobre estos temas siguen tranquilos viendo las noticias en la televisión, en vez de tomar cartas en el asunto. Pero no para pedirle una reunión al ministro Bonomi, como lo plantearon las diputadas Mutti, Correa y Eguiluz, y hacer gestiones para que en Salto haya más patrulleros, sino que deberían juntarse y hacer proyectos de ley, para reformar el Código del Proceso Penal, que a los únicos que les brinda garantías es a los delincuentes.
Empero, lo vivido ayer por la tarde fue una muestra de desobediencia civil, de furia y de bronca hacia las instituciones. De gente molesta con la situación que se está viviendo, con la falta de respuestas del gobierno, con la cantidad de problemas que se deben soportar y con la impotencia por ver cómo la delincuencia avanza y ya tener un trabajo donde se maneje dinero, pasó a ser un trabajo de alto riesgo.
Sin embargo, enfrentar a las autoridades, insultarlas, faltarles el respeto, no escucharlos, no tener tolerancia, no importar que el otro tenga que trabajar y exponer las vidas de mujeres y niños con la quema inconsciente de cubiertas, con el fin de generar un atropello a todo el orden establecido y a las leyes vigentes, para tomar un poco de la medicina que a diario toma el delincuente, fue parte de la manifestación vivida ayer donde los actores parecían más barrasbravas que buenos vecinos.
Esta situación se le fue de las manos hasta a los propios organizadores, como cuando uno de ellos reconoció al bloquearle el paso a una persona oriunda de Canelones que pretendió cruzar por el costado de la manifestación, que había gente que estaba buscando una excusa para dar vuelta una camioneta y prenderla fuego, aterrorizando al pobre individuo, cuyo susto inspiró pena entre la adrenalina de los agitadores y lo terminaron dejando ir.
Los mismísimos organizadores de la protesta desenfrenada que hubo ayer no sabían cómo pararla, cuando al intentar solicitarle a la horda de sujetos enfurecidos que dejaran pasar a los vehículos y seguir con los cortes de manera intermitente, por entender que habían logrado ya su cometido con la medida, muchos empezaron a decirles que no lo harían, puesto que no tenían otra mejor cosa que hacer que estar en el lugar. A lo que varios se sumaron a esa negativa y la prolongaron a su antojo, ya sin ton ni son, y sin saber por qué y a quién le estaban reclamando.
El problema de la inseguridad no se va a solucionar con más policías, aunque cuando llegaba el “contingente” de La Republicana anunciado por el jefe de Policía (tres camionetas con una docena de efectivos), los recibieron con aplausos y con cánticos que se mezclaban entre insultos y vítores.
Pero al final lo de ayer era como estar en la Torre de Babel, todos hablaban en idiomas diferentes y querían cosas distintas, no se entendían entre ellos y lo único que los animaba por momentos era ver arder las cubiertas que bajaban en autos y camionetas y les echaban fuego y combustible para que la humareda oscura fuera como una señal de auxilio.
Había muchos niños que observaban el enojo y la bronca de sus padres, que miraban con ojos redondos la manifestación turbulenta y que no será extraño verlos el día de mañana enojados con la vida, viviendo con vehemencia y desazón las situaciones que les toquen vivir.
Lo cierto es que hoy mucha gente querrá ver las fotos en el diario de lo vivido ayer. Fue un día de furia del que fueron parte, donde hicieron estallar sus razones, donde implosionó el ser humano cargado de bronca, donde por momentos no se reconocieron ellos, violando las leyes al igual que la delincuencia pero en su caso cortando rutas, quemando gomas y dañando la vía pública, ensuciando el lugar y demostrando que poco les importa el medio ambiente, pero al menos fueron a decir lo que pensaban, aunque sin saber que el problema de la delincuencia no se resolverá en poco tiempo, y que ellos con ese tipo de conductas y actitudes también son parte de esa sociedad negativa y violenta de la que paradójicamente dicen no querer para vivir.
Porque al final de cuentas, las actitudes que tuvieron poco los diferenciaba de los violentos a los que quieren erradicar.

HUGO LEMOS

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Una guerra social

“El Estado se verá superado, la gente de poder económico creará su propia respuesta de seguridad privada, barrios enteros cerrados con ingreso controlado y el Estado disminuirá su poder ante organizaciones pandilleras”, esas fueron las lapidarias palabras vertidas por el director nacional de Policía (número 3 del Ministerio del Interior), Mario Layera, concluyendo o que pasará en breve con la sociedad que tenemos debido al estado de violencia que domina la escena.  violencia
El problema de fondo es la grave y creciente fragmentación social a la que estamos asistiendo como comunidad, donde en algunos sectores hasta se hablan idiomas que la mayoría no conocemos. Los mismos son hijos del dolor y de la miseria, pero que se han transformado en una violencia inusitada que golpea a todos los estratos sociales y a todos los rincones del país.
Hace rato que Salto perdió su provincianismo apacible que lo caracterizaba como uno de los lugares más tranquilos y seguros del país. Pasamos a tener una sociedad quebrada donde hay violencia intrínseca en personas que no tienen miedo de actuar y tomar un arma de fuego para dañar a otra, para robarle sus pertenencias o para dispararle a quema ropa.
La fragmentación social hace que la sociedad se quiebre en dos, quienes pueden pagar su seguridad, su tranquilidad y seguir viviendo en el mundo y los que quedan expuestos a la violencia de un conjunto de personas que solamente quiere hacer lo que le parece sin importar códigos, valores, ni principios.
Hay una guerra social en donde un sujeto te odia porque uno pasa caminando al trabajo con una camisa nueva y nosotros le tenemos miedo por la forma en la que nos mira y nos amenaza, diciéndonos que él no tiene ni eso. Por encima de todos nosotros, están los intocables que crearán su propia burbuja para despegarse de todo eso, como lo dice Layera en su definición de cómo se verá la sociedad dentro de un tiempo.
La violencia sigue creciendo y los problemas sociales se profundizan por la irracionalidad de un grupúsculo que entiende que debe tener lo que ellos quieren al precio que sea, mientras tanto, la sociedad queda indefensa y la Policía se excusa de no contar con los recursos adecuados para enfrentar este flagelo. Pero la inseguridad es cada vez peor.
El Estado no brinda respuestas claras, no hay cooperación entre el que está encargado de monitorear a los más pobres como es el Mides y el que está a cargo de la seguridad interior. Lo denunció el propio jerarca y nadie comprende cómo un Estado puede funcionar de esa manera, sin hablarse entre ellos y sacándose las uñas para no hacer que las cosas avancen.
El sábado cuando los trabajadores de la Pizzería 2000 estaban trabajando y familias enteras estaban disfrutando de una buena cena, se llevaron el susto de sus vidas. Toda la tranquilidad, la armonía y la paz social se terminó en un segundo, con la primera detonación de un arma seguramente robada.
No hubo heridas físicas pero sí secuelas que nadie quiere atender, que nadie quiere hacerse cargo y que deja al Estado más ausente que nunca en un problema que es de su responsabilidad. La Policía nunca puede llegar al fondo del asunto y la sociedad se marchita de una forma que nos duele.
Salir a la calle hoy impone miedo, todos desconfiamos del otro y nos ponemos a mirar para el costado porque no queremos encontrarnos con lo peor. Sin embargo, las cosas siguen pasando y la horda pide más penas, exigen que metan a la parrilla a la delincuencia y eso genera más odio, más ira y más segregación social.
Todos nos miramos de costado y pensamos mal del otro, entonces la violencia crece. Hay una guerra social que está en ciernes, donde las personas marcan sus diferencias y se preparan para vivir en un mundo donde la indiferencia será la que nos terminará guiando, sino logramos hacer de la paz social y de la convivencia, un haz de vida.
La falta de políticas de Estado que ayuden a actuar a la Policía, que debe tener más herramientas jurídicas para poder hacer su trabajo, requiere urgencia. La sociedad clama por mayor seguridad y ya no sabe cómo pedirla y quienes puedan pagarla no le van a preguntar a nadie y van a empezar a autodefenderse. El Estado debe actuar ya o la gente tomará el problema en sus manos y ahí todo será tarde.

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Hay que saber para decidir

Uruguay debe ser de los pocos países en el mundo que le deja resolver o al menos, aparentar que su opinión por más insípida que sea, puede llegar a tener incidencia en temas muy importantes a gente que no puede llegar a tener la más mínima idea de lo que se está hablando. Y cuando digo que no tienen idea, es realmente no tienen idea de nada, y eso es nada. dibujo 1
Pero, con tal de justificar la “democracia participativa” que disfraza el sistema que tenemos, porque los que en realidad toman las decisiones finales son siempre los mismos, los hacemos ir a un congreso mandatados por el sector político y que levanten la mano con lo que nosotros entendemos que puede llegar a ser el tema.
A veces hay algunos que tienen alguna idea, pero igual, escuchan a lo que les dicen los otros que supuestamente “estudiaron” la situación, y aunque sea gente que no ha terminado el liceo, o que son empleados de tienda, con el respeto que me merecen, no tienen idea de política económica ni de comercio exterior, pero igual van y votan, y trancan todo, y los que saben y a los que les dimos el voto para que tomen las decisiones, esos están sujetos a estos otros. Eso es tan complicado como problemático.“ Y lo es por el hecho de que quienes deben tener conciencia de lo que significan las cosas, deben esperar el debate del día para después sí, ser mandatados por estos otros que a su vez ya habían sido mandatados por los que están sentados en el comité y les dijeron que ellos interpretan la voluntad popular, pero en realidad los que la interpretan son los que votó la gente y no ellos, pero finalmente estos son los que deciden por todos. Qué desorden.
Algo así es lo que pasó el fin de semana cuando el Uruguay entero estuvo en vilo esperando por el Plenario del Frente Amplio, para ver si los integrantes de ese órgano de conducción partidaria tomaban la resolución de acompañar la iniciativa del gobierno de firmar un Tratado de Libre Comercio con Chile. Un país con el que nos acercan muchas cosas, entre ellas, la estabilidad institucional, los índices más bajos de corrupción de la región y los estándares de vida más altos para nuestras poblaciones.
Pero esto que quiere el gobierno lo puso en manos de los dirigentes del partido de gobierno, que será el que tiene la última palabra y con su declaración, vinculará a los parlamentarios del Frente que son los que tienen las mayorías necesarias como para aprobar semejante cosa.
Hasta ahí no me parece mal que un partido político se involucre en el accionar de sus compañeros que ocupan cargos en el gobierno por mandato popular, pero lo que no me parece es que una vez que esas personas asumieron los cargos que les dio el pueblo, deben tener la responsabilidad de gobernar, de tomar las decisiones, de decir qué hacemos como país, qué rumbo tomamos, qué tipo de tratados para beneficiar la balanza comercial y el incremento del PIB, son los que debemos realizar.
Para eso es que ponen en los cargos de decisión a las personas que se supone son las más aptas para resolver lo que más le conviene al país en estos casos, porque así deben ser las cosas, o al menos deberían serlo en todos los temas. Pero sin embargo, nos encontramos con que esa gente está atada de pies y manos por gente que no sabemos qué clase de formación tiene como para analizar un tema tan delicado e importante para la economía del país, como es el Tratado de Libre Comercio con Chile.
Yo no sé qué sabe el que va a la Mesa Política Departamental del Frente Amplio de política económica, de comercio exterior, de inversión extranjera, de balanza comercial favorable, de expansión del Producto Bruto Interno, o si solamente tiene una expresión política que le dijeron que diga, porque es la que debe seguir la línea histórica que tenían sus veteranos dirigentes con los que se formó en el comité cuando era chico y ahora la expuso arriba de la mesa, sintió que no podía traicionar el legado y votó en contra de algo que no tiene idea ni siquiera cómo funciona.
Ese es un riesgo al que los uruguayos no nos podemos exponer, ya hemos perdido demasiado como país en materia de inserción internacional, hemos quedado atrás en el mejoramiento de las políticas de negociación comercial y nos hemos relegado al Mercosur, que es una mesa donde se sientan Brasil y Argentina a negociar, y lo que sobra, cuando sobra, Paraguay y Uruguay, se reparten las migajas. Y nos hemos acostumbrado a eso, porque hacemos primar la ideología sobre lo económicamente viable para nuestros pueblos.
Yo no soy experto en comercio exterior ni en negociación internacional, ni en política exterior. Por eso me ubico, y escucho a los que saben, a los que andan por el mundo, a los uruguayos que están tomando decisiones en distintas partes del planeta y a los que han estudiado todos estos temas, que considero, son los que están aptos para tomar sugerir a un gobierno qué decisiones debe tomar en determinados casos.
Pero el problema que tienen muchos de los que están al lado de los que hoy ocasionalmente ostentan el poder, es que creen que como les pagan un sueldo pueden saber de todo o deben saber de todos los temas y es ahí cuando se equivocan, y es ahí cuando con sus equivocaciones, todos pagamos el precio.
No digo que ninguno de los que acudió al Plenario del Frente no esté capacitado para decidir sobre este asunto, pero prefiero dejarle esa responsabilidad que va a recaer sobre mi persona, a quienes les dimos el voto en las elecciones nacionales, porque si le erran, sé después a quien acudir para reclamarle algo.

HUGO LEMOS

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Y era cabeza de turco nomás

Cuando escribimos en este espacio que el caso del peón rural Hugo Leites se le había ido de las manos al PIT CNT, recibimos fuertes críticas de parte de un grupo de personas que integran una organización social afín a la central obrera.
En esa oportunidad, dijimos que el movimiento sindical y algunos actores políticos estaban usando de “cabeza de turco” al pobre trabajador rural que había sido parte de un enfrentamiento entre trabajadores que terminó mal y que le jugó una mala pasada.
Entonces señalamos que el PIT CNT y alguna dirigencia política no estaban defendiendo la causa de Hugo Leites como paradigma de la defensa de la ley de 8 horas para el trabajador rural, que fue una conquista de los trabajadores del sector en el marco de un gobierno de izquierda.
Y que en realidad lo que estaba ocurriendo, era que estaban utilizando al peón rural como cabeza de turco de la defensa de los intereses creados por un sector político, que lo único que quería era sacarse la foto para decir que ellos habían conseguido en el parlamento y con un presidente de ese sector, una ley tan benigna para el trabajador rural.
Hasta un escrache hicieron en la casa del propietario del establecimiento donde ocurrió el caso, quien al final ni siquiera tuvo una sanción en la justicia penal por este hecho, cuando fue denunciado por un delito de amenazas. Pero el sujeto recibió su escrache en el que hablaron todos, desde los dirigentes sindicales afines a la causa del sector político que impulsó la ley de 8 horas para el trabajador rural, hasta un grupo de estudiantes denominados “Movimiento Estudiantil” que en realidad no sin un gremio específico, sino que son un grupo de estudiantes, todos con determinada afinidad ideológica que se juntan por lo general, vaya coincidencia, con la diputada Mutti en diversas manifestaciones.
Son los mismos que hicieron el reclamo el día que vino la ministra María Julia Muñoz a Salto para que sacaran del cargo a Diana Lucero, y que la diputada Mutti llevó a la secretaria de Estado del brazo hasta el lugar de la manifestación para que los viera y atendiera el reclamo.
Y los mismos que reclamaron frente al consulado argentino para que apareciera Santiago Maldonado, el joven que protestaba con los indígenas argentinos para que no les quitaran las tierras y había desaparecido. Hasta que finalmente, apareció, lamentablemente fallecido, porque al huir cuando vino la Policía a reprimir a los manifestantes, cayó al río y se ahogó. Pero no por todo lo que dijeron los mismos que reclamaban.
En definitiva, mientras todos reclamaban en las calles por Hugo Leites, se sacaban fotos con él, lo llevaron al parlamento, le llevaron la prensa a su casa, lo pasearon como un trofeo y le dijeron que lo iban a defender hasta las últimas consecuencias, ahora no saben cómo encarar el asunto.
Leites no tiene trabajo, no consigue consolidar su reclamo laboral, el único responsable de lo que le sucedió para la justicia penal fue el otro trabajador como él, que se diferencia de Leites por ser el capataz de la estancia, a quien procesaron por lesiones personales.
Y la justicia entendió en definitiva que el caso, se trató de una reyerta entre peones rurales por una discusión basada en desavenencias personales.
Aunque Leites siga diciendo que la misma se originó en el reclamo legítimo por el respeto a las ocho horas de trabajo, el otro involucrado dijo lo contrario y al final todo quedó en versiones.
El tema es ver quién se hace ahora cargo de la criatura. Porque para el PIT CNT el hecho quedó laudado en la justicia penal y le sirvió a los dirigentes de la central para reivindicar un derecho que es una de las mayores conquistas sociales que han tenido los más desamparados, que son sin dudas, los peones rurales.
Pero por otro lado, el trabajador fue sobreexpuesto y dejado ver como una persona problemática para las patronales, porque detrás suyo tiene a un pueblo que defiende “su dignidad” y eso es “peligroso” para quienes puedan contratarlo porque entienden que si el tipo mañana reclama algo tendrá detrás suyo no solo a un abogado y al PIT CNT, sino también a Crysol, al Movimiento Estudiantil, a la prensa y a la diputada Mutti que estarán forcejeando para que su reclamo tenga asidero.
Ese tipo de cosas, que no deberían ocurrir nunca en una sociedad como la nuestra, donde debería apelarse al sentido común, son las que terminan generando rispideces.
Nadie en su sano juicio puede ver en Hugo Leites no otra cosa que un trabajador que reclamó solamente sus derechos.
Pero la forma en la que fueron formulados sus reclamos y el apoyo masivo que tuvieron sus manifestaciones, al punto de hasta llegar a ser tergiversadas, desencadenaron todo lo demás.
Sobre todo que el pobre Leites hoy no tenga trabajo, esté atravesando una situación que debería ser considerada por todo aquel que pueda darle empleo y sobre todo, por todos aquellos que en ese momento salieron a la calle a gritar su nombre, pero que hoy cada vez que se levantan ni se acuerdan de que alguna vez hablaron con él y encima le prometieron cosas que no pudieron cumplirle.
Por eso, justo hoy no pueden decirle Feliz Día del Trabajador Rural.

HUGO LEMOS

 

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Todavía hay mucho por defender

El mandato social es el que impone que tengamos que hacer determinadas cosas y vivir de determinada manera. Es como un espiral de principios que hacen que la sociedad se ajuste a cumplir determinadas formas y que haya gente que viva de una manera, se alimente de determinada forma y perciba la vida desde un ángulo que lo haga hacer siempre lo mismo y creer que “no queda otra”, como dice la mayoría de la gente con resignación pura. COLUMNA
La historia de la humanidad siempre fue así, existen dominados y dominadores, gente que por holgazanería, cobardía o flojera pura, permite que venga a alguien a fijarle su forma de vida, a decirle como tiene que vivir, ¿y cómo lo hacen?, pagándoles el sueldo que ellos consideran que es el que vale su tiempo y su trabajo.
De esa manera, la mayoría de la gente está sometida a la cadena productiva y se alimenta con lo que se fabrica como aliento para las masas. Por algo cuando uno va al supermercado se encuentra con tres clases de azucares, por ejemplo. Y la diferencia se ve sola, ya que la marcan los números que surgen cuando el lector de precios traduce lo que dice el código de barras.
Este tipo de cosas son solamente algunas cuestiones que hacen a la sociedad que tenemos, donde se vive una fragmentación social de tal magnitud que terminará repercutiendo en lo niveles de empleo y de calidad de vida de la gente. Es muy importante caminar y mirar para el costado y ver la cantidad de gente que está buscando empleo, otra que pretende que el Estado le subsidie su pobreza, y otra que ya se cansó de trabajar para pagar impuestos y sale a protestar siendo detractada por el resto de los grupos sociales. Cuando días pasados la Iglesia Católica salió a pedir querer colaborar con sugerencias por los problemas que entiende vive la sociedad, el gobierno puso el grito en el cielo y aún no se sabe es que no quiere que se le reconozca que la sociedad uruguaya en su conjunto tiene un gran problema de fragmentación social por el cual el gobierno no está haciendo nada, o porque quiere realmente pregonar el principio de la laicidad y en ese aspecto, anula toda opinión o expresión que pueda tener un colectivo religioso. El hecho es que con o sin la opinión de la Iglesia, el problema preexiste. La educación atraviesa un grave problema estructural que no pasa por cambiar de figuritas, sino por mejorar los planes educativos, por buscar que los contenidos se impregnen de valores y principios que le brinde a los más vulnerables la posibilidad de crecer, y desarrollarse como personas. Pero esto es lo que no está pasando, la educación está partiendo en dos a la sociedad y por un lado propone un nivel para mantener a determinada gente, para que permanezca en determinados lugares. Aunque todo pasa por el esfuerzo, el que trabaja y se esfuerza el doble, estudiando y queriendo crecer y salir adelante, y el que solamente se resigna y deja todo de lado por las ocho horas. Estamos atravesando por situaciones en las que un trabajo vale tanto, que muchos se resignan a cualquier cosa con tal de mantener el empleo y no perder su única fuente de ingresos. Pero eso no puede generar frustraciones, sino que debe alentar a todos a valorar lo que se tiene y querer desarrollarse para conseguir aún más. La gente tiene que aprender quererse, a valorarse, a no dejar que le digan lo que tiene que hacer, sino hacer lo que sienten que deben y pueden hacer y fomentar a que potencien las capacidades que tienen.
No podemos esperar que el mandato social siga proponiéndonos un mundo con gente sumisa que solamente cree que debe hacer lo que les dicen, debe haber más espíritu crítico, más idealismo, más pensamiento y razonamiento por afuera de los dogmas ya planteados. Debemos potenciar que cada uno piense por sí mismo y que nos digan qué pensar. De lo contrario, en poco tiempo, la vida humana valdrá cada vez menos y ya no quedará nada por defender.

HUGO LEMOS

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Políticas mixtas para atender la violencia

Caminar por las calles de la ciudad en horas de la noche ya no es como antes. La tranquilidad provinciana que prevalecía en los distintos barrios de la ciudad terminó hace rato. Ahora dejar una moto estacionada en la puerta de una casa es motivo de que su dueño vaya a cada rato a ver que todavía está ahí. Escuchar un ruido en el fondo de una casa es motivo de preocupación y hasta de llamar a la Policía, y cobrar el sueldo implica ir al cajero cuando haya mayor seguridad. violencia
Las cosas cambiaron, la sociedad en su conjunto fue mutando con el paso del tiempo. Pero todo tiene un porqué, las cosas no fueron por capricho, no fue que de un día para el otro empezó a pudrirse la manzana y aquellos niños que crecían en los barrios jugando a la bolita y al fútbol en el capito después de venir de la escuela, decidieron salir a robar, o a meterse donde no debían porque sí nomás. Hubo problemas más drásticos en nuestra vida cotidiana que llevó a ello y que hoy lo vemos con preocupación.
Y todos somos parte de la responsabilidad de todas las cosas que ocurren, pero principalmente las instituciones y el sistema son la columna vertebral de todo este embrollo al que le llamamos espiral de violencia y del cual estamos apesadumbrados, y nos tiene a mal traer.
Salto no es una isla, no vivimos ajenos al mundo, somos parte de la aldea global, nuestros niños ya no usan camisetas de Nacional y Peñarol hace mucho tiempo, solo quieren comprarse las del Barcelona y del París Saint Germain, porque ese es el mundo para ellos, mirar por el celular los partidos de la Champions, algo que para sus padres es nuevo porque no vivieron esa era y sentían por algún informativo radial en el capítulo internacionales y encima cuando era una noticia muy importante, hablar de equipos europeos. Hoy Messi erra un tiro al arco y nuestros niños lo comentan en el campito del barrio.
Pero mientras tanto, la pobreza sigue campeando. Y es a todos los niveles. Para unos la pobreza y el disparador de los casos de violencia en el centro de sus vidas, que es en sus propios hogares, es la falta de dinero, la ausencia de empleo y los problemas que ello lleva con carencias de todo tipo, pero principalmente de valores que lleven a la gente a tener hábitos de trabajo, valores como el respeto y la tolerancia, y cosas por el estilo no existen porque hay hambre y cuando eso pasa, nada importa.
Aunque en otros ámbitos de nuestra sociedad, donde salen al mediodía en coche para ir llevar a los chicos al colegio también existe violencia, hay mezquindad, traición, insultos y degradación de valores. Allí no falta el dinero, pero sí el amor y los más pequeños lo perciben. Lo sienten y lo palpan. Entonces la violencia es general y se hace carne y parte estructural de una sociedad que no quiere ver esto, para no tener que hacerse cargo de nada y trasladar el problema hacia los de siempre, los que nada tienen y por ende, nada valen, entonces es más fácil culpabilizarlos de todos nuestros males y endilgarles que quienes “trabajan los mantienen a ellos y a sus hijos”, nada más lejos de la realidad que esa falsa premisa desde la cual se quiere construir un discurso para tener la excusa perfecta de impulsar la fragmentación social, a la cual estamos asistiendo de una manera más acelerada.
Lamentablemente, cuando el sistema nos impone el hecho de que todo pasa por el dinero que se gane y en función de eso es el acceso a la vida, la pelea se vuelve cada vez más feroz y todo se convierte en una jungla, donde debe prevalecer la astucia del más fuerte, del más astuto, del más inescrupuloso, del que quiere superar al otro para aplastarlo, verlo pasar y sentir que puede lograr más cosas que el otro por el merito propio.
Pero la violencia se ha traducido actualmente en los delitos de poca monta, en los errores que tengan otros, esos de los que no se espera nada y de los que nadie quiere hacerse cargo, sino que pedimos más cárcel y castigo en lugares totalmente inadecuados para recuperarlos y para volverlos personas útiles para la sociedad. Muchos de ellos quieren y necesitan una segunda oportunidad, pero para eso tenemos que mirarlos como iguales y darles la chance que realmente esperan, porque en ese caso, estaríamos ayudando a toda las sociedad a vivir mejor.
Por estas horas, hay un sector de la sociedad que pide penas más duras para quienes cometen delitos, sobre todo graves. Esas personas que han crecido al desamparo social y a los que les dimos la espalda hasta hoy, ahora queremos castigarlos de manera mucho más severa porque se están comportando de la manera que todos esperábamos, por la forma en la que crecieron.
Por otro, hay quienes piden entender que la violencia no se soluciona con más cárcel sino educando y construyendo lugares adecuados para esto, con políticas públicas que realmente tengan incidencia y como hasta ahora que se han llenado de técnicos y burócratas, además de políticos, que a la vista está no han solucionado el problema.
No sé si Salto es el segundo lugar del país con más delitos después de Montevideo o si el Don Atilio es el barrio más peligroso, como lo dijo el presidente del Centro Comercial, Nicolás Sant’Anna al diario El País, pero lo que sí sé, es que si las instituciones públicas y todos los que aparecen ahora con la varita mágica de las soluciones no se juntan y establecen políticas mixtas de desarrollo social con impacto profundo en los distintos ámbitos de la sociedad, seguiremos hablando de robos y rapiñas por el resto de nuestra existencia.

HUGO LEMOS

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Todo seguirá igual

Están en la calle haciendo malabares, pidiendo monedas a todo el que se le cruce, haciendo “el 2” como le dicen cuando acompañan a un amigo suyo que logra conseguir trabajo y por tal motivo, hay que ver cómo lo hace y también sentirse bien porque el otro lo logró, ya que en definitiva pudo llegar a ser alguien porque tiene un empleo, que le da un salario y eso lo dignifica.
Esas personas, son las que se sienten olvidadas por la sociedad, ya que viven en un subsistema donde nada se puede y donde tener lo básico, es ya haber conseguido lo mejor y ser parte de una vida que los tiene afuera.
Ellos viven en el submundo de la pobreza y la marginación, y son miles de jóvenes de todos el país, cuyas edades oscilan mayormente entre los 15 y los 30 años de edad. Saben que a ese tiempo ya tendrían que tener una preparación, cualquier oficio, arte o profesión que los anime a hacer algo por sí mismos, con lo cual poder ganarse la vida. pobreza
Sin embargo, el sistema no está hecho para contemplarlos adentro, porque los necesita afuera. Para que haya ricos, debe haber pobres y para que haya distintos tipos de clase media y baja, que es la que está a un paso de llegar a la pobreza, debe existir gente como ellos.
Es una triste y pesada cadena que ha existido siempre y que seguirá siendo así, porque son necesarios para que otros puedan ganarse la vida a costa de ellos. Instituciones, técnicos, burócratas, jefes y mandos medios, autoridades de gobierno y el que llega a dominar todo el asunto, que no es el que figura sino el que está detrás de todo, haciendo que la rueda siga girando y que nosotros seamos el ratóncito que corre y corre en el mismo sentido sin llegar a ningún lado.
Esa construcción social, por más que se me endilgue de tener una visión muy pesimista de la misma, es la que tenemos y tendremos por los tiempos que vendrán. La fragmentación social se ve de una manera formidable por las calles de la ciudad hoy en día, cuando notamos la diferencia de educación de algunos que fueron a los lugares indicados y se dedicaron horas para tener ese conocimiento que además los acercó a otros espacios de desarrollo personal, donde adquirieron otros aprendizajes para darse cuenta que debían alejarse de algunos puntos que son oscuros y que siempre van a existir por más que el gobernante de turno, sea del color que sea, diga que los quiere erradicar.
No solo porque en realidad no quiere erradicarlos, sino porque tampoco puede hacerlo. Porque hay otros como él, que necesitan que esa gente y esos lugares estén ahí, y no se desaparezcan nunca más, para que haya gente como ellos que siga mandando.
Es como el dueño de una empresa, al que no le sirve que su empleado, que es el que le hace todo el trabajo que debería hacer él para elaborar el producto que pone a la venta y con el que gana dinero, y que no solamente no sabe hacerlo tan bien como lo hace su empleado, sino que tampoco quiere hacerlo, no le sirve que el mismo encima se especialice, se perfeccione, adquiera más conocimiento, piense que puede explotar sus potencialidades con las capacidades adquiridas por él mismo, porque en ese caso terminará siendo su competencia, o peor aún, el que lo termine dejando en la calle porque no solo hace bien el producto, sino que además conoce los secretos del mismo, el know how y eso lo pone a la delantera. Claro, solo si se ese empleado, se da cuenta de que su valor es mayor a la vida que tiene.
De lo contrario seguirá siendo el empleado del de siempre, por el resto de sus días, hasta alcanzar la jubilación y pasar a ser el mal considerado anciano de una sociedad que los condena al ostracismo y que les brinda todo lo peor y lo último siempre.
Porque ser anciano en este país es una condena. Hasta la jubilación la cobran después de que todos ya tuvieron sus monedas en el cajero, y hayan ido en fila a sacar del cúmulo de billetes los tres que le tocan del montón, para que la plata no les alcance y empiecen a quejarse y la sociedad se vuelva un caos, un lío imparable, donde todos protestan. ¿Todos? No, claro, hay quienes están sentados mirando desde las pantallas, con el control social en sus manos cómo esa parte de la sociedad está enferma y desquiciada por no poder tener el nivel de consumismo al que ellos llegan sobrados y que han creado para que el confort siga en manos de quienes debe seguir.
La sociedad del conflicto es la que tenemos y la que veremos en los próximos tiempos, cuando la herramienta Consejo de Salarios, creada por los que piensan que puede haber un equilibrio social se ponga en funcionamiento y termine siendo el mismo caos de siempre. Cero resultados, más dolores de cabeza, más despidos, más achiques, más protestas en las calles y más problemas para las masas y para los que intentan gobernar, que saben que tienen enfrente esta vez a un ejército de dueños de medios de producción que ya no quieren ceder más, sino volver a poner sus propias reglas.
Pero tampoco serán ellos los que darán la batalla, sino que verán como se destrozan allá abajo y luego buscarán darle un final feliz, para ellos claro, a todo esto. Agarrando la bolsa del dinero, tirando una pelota de fútbol a la montonera y que todos vayan a ver el Mundial, que es más importante, porque qué importa si comemos todos los días y podemos pagar las cuentas, cuando Suárez hizo tres goles y Uruguay ganó el partido.
El problema de la pobreza y la marginación es parte del caos social que debe haber en una sociedad que hoy se asusta porque haya focos específicos de violencia, contra los que se alarma y los hace causa común, cuando en realidad, una vez que se despiden de esas marchas, todos tomar para lados distintos, yendo cada uno para su casa sin importarle lo que le pasa al otro.
Esa construcción social de indiferencia, mezquindad e hipocresía, es la gente problemas de fondo, estructurales, de una violencia cada vez más creciente. Por lo tanto, no importa cuántos policías haya, tampoco cuántas marchas se realicen y mucho menos cuántas reformas tenga el sistema judicial, tanto en cuestiones de forma (en la estructura del proceso), como de fondo (en el contenido de las leyes), la violencia seguirá porque la sociedad no va a cambiar nunca, y eso todos lo sabemos. Así que pensemos un poco, antes de gritar tanto.

HUGO LEMOS

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No pueden darle la espalda

La situación vivida por un hombre que es padre de un niño de 5 años, a quienes el Estado, a través del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), les negó darle cobijo y terminaron quedando en la calle fue algo de no creer. Sobre todo porque la razón esgrimida por los funcionarios de esa cartera, fue que se trataba de un Padre, es decir, de un Hombre, y eso era algo que no tenían previsto, ya que solo atendían casos de Mujeres, es decir, Madres.
No solo no se espera que una situación de esa naturaleza pueda ocurrir en los tiempos que corren, en primer lugar por toda la propaganda que hace el gobierno acerca de que sus políticas de inclusión son las mejores de la historia, sino además porque cuando uno pasa por la puerta de la sede central del Mides en Montevideo, en la esquina de 18 de Julio y Barrios Amorín, hay un enorme letrero que habla en contra de la violencia de género, algo que compartimos todos.  POBREZA 2
Pero a la hora de poner en práctica esto, vemos que se borra con el codo lo que se escribe con la mano. Es una barbaridad, que una persona que está en situación de calle en este país, que acude al Ministerio que fue creado para atender la emergencia social y que trabaja en ese sentido desde hace 13 años, le vede ese derecho a una persona por su condición de género, es decir, porque es hombre. Y la propuesta que le dieron es tan cruel, como la respuesta negativa a poder acceder al beneficio de un refugio.
Encima los funcionarios se justificaron en vivo y en directo por la televisión, diciendo que le habían propuesto que el hombre dejara al niño en las instalaciones del INAU, en un hogar de amparo, mientras él se revolvía y lograba un lugar para vivir. Como si el INAU fuera un depósito de personas, de niños que están en situación de emergencia habitacional, separándolo de sus padres para que estos salgan a pasar penurias a la calle y encima separados de sus hijos, que vaya a saber cómo los tratan, además de cargarles el sufrimiento al pequeño por alejarlo de su progenitor.
Fue una cosa de locos ver cómo una persona fue discriminada por su condición de hombre y además, que desde el estado no le den una respuesta adecuada a la gravedad de su situación. Fue triste y lamentable, y no me canso de repetirlo, porque indigna.
Además da bronca que un Estado que gasta miles de millones de pesos en tantas cosas, como infraestructuras que a veces no dan resultados, misiones diplomáticas, sueldos de mandos medios, compras de vehículos para uso de oficinistas con traje y corbata, y con un parlamento lleno de gente que cobra partidas hasta para fotocopias, cosa que sabemos todos que no lo hacen, no tenga un plan de contingencia para atender situaciones especiales como estas.
Y lo digo además porque si uno mira cómo son los refugios, que parecen casas abandonadas donde las personas que tienen lo mínimo indispensable y encima hasta en mal estado, da bronca. Y en ese sentido, es que estamos viendo la falta de políticas específicas a largo plazo que den resultados positivos para que este tipo de hechos no vuelvan a ocurrir.
Con todo el dinero que recauda el Estado de sus ciudadanos por concepto de impuestos, y tributos de todo tipo como tasas y contribuciones especiales, además por las tarifas públicas que pagamos todos a los principales prestadores de servicios del Estado, deberían tener un fondo de emergencias para brindarle a padres y madres con hijos menores a cargo que estén en situación de calle.
Y si lo tienen para las madres, cosa que me parece fantástico, también lo tienen que tener para los que son padres, que son tan seres humanos como las madres y cuyos hijos son tan hijos como los otros niños que por el hecho de estar acompañado de una mujer, tienen donde pasar la noche llegado el caso extremo de no tener donde dormir.
Uruguay es un país de apenas 3 millones y medio de habitantes, debe tener políticas habitacionales para sus poblaciones, sean urbanas o rurales, no puede haber gente que no tenga donde pasar la noche, que no tenga un lugar al que pueda llamarle hogar. Esas cosas no pueden volver a ocurrir.
Lamentablemente hoy en Salto hay por lo menos 27 asentamientos irregulares, que se dan por muchos factores, es muy simplista echarle la culpa a un gobierno, todos sabemos que se han hecho cosas, pero hay problemas que persisten y esas situaciones deben ser tenidas en cuenta como una prioridad para los próximos tiempos.
De aquí en más el Mides no puede fallar en esto, no puede discriminar a través de sus planes por cuestión de género y decirle sí a las mujeres y no a los hombres. Tiene que ser inclusivo y darle cabida a todos, porque todos hombres y mujeres, somos uruguayos por igual y eso actualmente no está siendo contemplado, algo que se vuelve hasta violatorio de los derechos humanos más elementales que están protegidos por la propia Constitución de la República.
Espero que las autoridades del Mides recapaciten, que el gobierno lo haga y tenga en cuenta cada situación especial que se presente, no solo para darles una solución concreta a los peticionantes de turno, sino para darse cuenta que el Uruguay tiene carencias que debe atender. Porque tenemos un Estado que recauda con toda su población y por ende debe darle cabida a todos los uruguayos por igual.
Ojalá este tipo de cosas no vuelvan a repetirse nunca más y que ni el Mides ni ningún otro organismo del Estado dejen de proteger a un ciudadano de este país por ser hombre o por ser mujer, mucho menos a un niño que necesita de que todos los uruguayos lo ayudemos a salir adelante.

HUGO LEMOS

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Agujeros por todos lados

Los vaivenes de la economía son mucho más que datos, estadísticas y cuestiones para analizar, con el fin de que sepamos de qué manera se verá afectado nuestro bolsillo, con tantos indicadores, números y declaraciones de los agentes del gobierno para los cuales siempre está “todo en orden y pum para arriba”.
A veces no sabemos si eso lo dicen porque es parte de su trabajo no despertar sospechas de que algo puede ir mal, o si lo hacen para que no “panda el cúnico” como decía el gran Chavo del 8, que los que crecimos en los años 80 aprendimos esas frases inspiradoras para los momentos complicados. crisis
Pero el hecho es que los vaivenes han tenido lamentablemente oscilaciones bruscas, esas que Danilo Astori siendo vicepresidente de la República y no ministro de Economía pero estando siempre en el backstage de los equipos económicos del gobierno desde hace 13 años, decía públicamente que en el país no iban a suceder.
Aunque sí sucedieron y esas oscilaciones bruscas, como le gustó llamarlas al actual titular del equipo económico del gobierno, se llevaron consigo a un montón de gente que se los ha tragado como la tierra al agua. Ya no quedan un montón de microemprendedores, no porque el mercado interno no sea suficiente como para colocar sus productos, sino porque la carga tributaria es inmensa y opera como una aplanadora al momento de dejar que haya desarrollo económico de los más chicos para poder competir.
En el sector agropecuario es una constante, muchos de los productores cuentan cómo han cerrado empresas chicas en el campo, de productores que teniendo algún centenar de hectáreas, no han podido producir por lo que les sale hacerlo, en función de la ganancia que puedan llegar a obtener por su actividad.
Ergo, terminan cerrando sus puertas, vendiendo el pedazo de campo que tienen y que seguramente ya se lo deben a un Banco o a dos, sino más, que le dieron crédito para mejorar o mantenerse pero se volvió impagable y terminan dejando gente en la calle, sin trabajo, sin casa y sin modo de vida, por lo cual ahí se produce la emigración del campo a la ciudad, que tanto dijo el Frente Amplio que había que frenar, porque esto se estaba dando de una manera estrepitosa y tenían razón, porque todavía se sigue dando.
Con respecto al campo, no conozco mucho la interna pero es un tema serio, donde hay mucha gente que ha perdido todo y hay muchas empresas pequeñas con riesgo de supervivencia. Pero como el campo comunica mal y siempre participó en forma activa de ese divorcio que se generó con la ciudad, existe una dicotomía campo – ciudad, que sigue en pie y que culturalmente la sociedad en su conjunto no ha sabido digerir, ni mucho menos entender. Entonces asocian una camioneta y una portera, al latifundio y a la explotación económica y social a favor de unos pocos per se, cuando en realidad en la mayoría de los casos, las empresas agropecuarias tienen los mismos problemas que cualquier comercio del centro de la ciudad.
Pero sin querer atender ese caso hoy, quiero remitirme específicamente al ejemplo que vi el otro día, cuando el popular Bazar Alegre, al que vi en ese mismo lugar desde que era niño y con el que crecieron varias generaciones de salteños, cerró sus puertas por ser económicamente inviable para sus propietarios. Se trata de un comercio emblemático que estando en un momento al que por lo menos le podemos llamar óptimo del país, donde para el gobierno es de crecimiento interno y para el sector empresarial, comercial e industrial del país es un tiempo de poner el freno de mano, cuando no, el grito en el cielo, ese comercio tradicional de la ciudad cierra y es una muestra de cómo están las cosas.
La familia Alegre ha trabajado en el lugar por varias décadas y siempre estuvo ligada al sector comercial de la ciudad, con esfuerzo y ahínco, trabajando día y noche, feriados y fines de semana, para aggiornarse a los tiempos que corren, después de casi un año de especulaciones y análisis, decidieron tomar la decisión que entendían ya se volvía insostenible.
No decimos que estamos en tiempos de crisis, como la que se vivió hace al menos 15 años atrás, pero por lo menos es tangible que el crecimiento se frenó, la estanflación nos está comiendo, hay un endeudamiento interno casi inevitable en la población que quiso seguir el ritmo de vida como si nada pasara cuando todas las luces rojas se habían encendido, y la situación es al menos de cautela.
Nadie puede decir hoy que el país está en pleno crecimiento y que vamos hacia un futuro formidable, no quiero ser aguafiestas ni contra de nada, pero sí hay que llamar a las cosas por su nombre y es decirle a la gente que cuide el bolsillo, que no se endeude de más, que no gaste en lo que no tiene porque el gobierno no previó las oscilaciones bruscas que se están dando y que nos están sacudiendo bastante, hasta alcanzar un terremoto.
Así que si bien el gobierno no lo dice, hay que ser cautelosos, cuidar el bolsillo y a la familia Alegre, qué decirle, siempre estará su comercio en el recuerdo de quienes le conocimos.

HUGO LEMOS

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No podemos dejarla ganar

La violencia inusitada a la que estamos asistiendo como sociedad podría haber venido para quedarse. Todo está en qué queremos como comunidad de aquí en más, si la aceptamos y nos redimimos ante ella dejando que avance a pasos agigantados y que prolifere en nuestros hogares, en los centros educativos, en los barrios y en cualquier otro lugar en el cual participemos, o si nos ponemos de acuerdo en trabajar para derrotarla y generar un ambiente de convivencia pacífica. fotocolummna
Transmitir todo esto no es fácil, por el contrario, es muy difícil, pero no imposible, porque vivimos en una sociedad llena de miedos y temores, que derivan en prejuicios, mezquindad, egoísmo y violencia. Todo termina en eso y es un círculo vicioso que preocupa y mucho.
Aquí no hay un culpable, sino responsables y son varios los factores que deben cargar con eso, es muy simplón y pueril la prédica de los pro gobierno que dicen que los problemas de violencia social que se han vuelto estructurales en la población, son culpa de lo que vivimos en la crisis del 2002, donde muchas familias se desmembraron y hubo gente sumida en la extrema pobreza.
Eso no es del todo cierto. Sí hay algunos factores que provienen de esa situación, pero la mayor parte de los problemas que tenemos hoy son básicamente a causa de una degradación de valores y de una promoción desmedida de los antivalores, con el “todo vale” y el “todo es lo mismo”, disfrazado de falsa inclusión social y el “dame eso porque lo quiero ya” con un consumismo que no importa si el precio que se paga para tenerlo es con la propia vida, que lleva a que como dijo Bonomi, “hay lúmpenes que te matan por un par de championes Nike y no porque tienen hambre”, algo que es cierto y es una de las pocas cosas coherentes que ha dicho hasta ahora.
Pero si hay algo que es cierto es que no se puede buscar culpables puntuales sobre estos hechos, más que la sociedad en su conjunto y en buena medida, sí, en las autoridades que son las que deben aleccionar a la población con medidas ejemplarizantes.
Salto está cada día más preocupante en materia de seguridad y no es una sensación tremendista a partir de un caso concreto, sino que hay situaciones que estamos viviendo que son realmente alarmantes, en una sociedad que no tiene más población que la que cabe en un estadio de fútbol de Europa.
Y como muestra sobra un botón. Dos adolescentes me relataron que luego de haber salido el viernes de noche, ya entrada la madrugada del sábado se encontraban en la Costanera Norte frente a los locales bailables del lugar. Allí de repente, ocurre algo que parece ser lo habitual, una trifulca entre varios jóvenes todos ellos alcoholizados, algo que no debería ocurrir, pero sí ocurre, y lo peor es que ellos ya lo ven como algo común, algo que no es ajeno a lo que pueda ocurrir en ese lugar.
En eso, uno de los que estaba allí exhibe un arma de fuego, todos lo ven y se apartan. El sujeto, veinteañero él, muestra sin pudor alguno el peligrosísimo objeto y mofándose del temor que mostraron varios de los presentes, hizo gala de que podía “llenar de plomo” (en sus propias palabras según los testigos) a cualquiera. Por suerte los problemas fueron “solamente” a golpes de puño y no hubo otro tipo de hechos de violencia que lamentar.
Estos jóvenes que relataron la situación se preguntaban ¿por qué esa noche la Costanera se había convertido en tierra de nadie? ¿Por qué no había policías disuadiendo los conflictos que se estaban originando?, ¿por qué nadie frenaba las picadas de motos que ante la vista de todos se estaban realizando en el lugar, poniendo en riesgo la vida de los que estaban al costado de la calle?
Y nosotros nos sumamos a esos, porqué. Porque tampoco los entendemos. Otro caso pasó cerca de mi casa. Fue el de un adolescente que ganándose la vida limpiando vidrios de los autos cerca de una pizzería de la Zona Este, un grupo de Policías habría agredido físicamente por el mero hecho de que es “un pichi, que no debe estar allí”.
Esto es lo opuesto a todo lo otro que está pasando, pero tampoco es la Policía que queremos. Esa Policía es la misma que no combate el delito por el motivo que sea, falta de recursos o de capacidad para resolverlos, y permite que haya un par de idiotas con un revolver jugando a los pistoleros en su propia cara, asaltando a cuanto comercio vean a su paso.
Más allá de ese caso puntual que acabo de mencionar es que, si la violencia llega al nivel de estar institucionalizada en la fuerza policial, qué podemos esperar que pase con estas personas que cometen delitos que son los que están en la posición más baja de la sociedad porque son los que con su conducta dañan el tejido social. Qué podemos esperar de las generaciones futuras, que hoy se toman a golpes en la Costanera y hasta andan armados como si fuera gracioso.
Eso es algo que nos debe ocupar a todos, porque mejorar las pautas de convivencia debe empezar por nuestra casa y en este momento, con los hechos que vivimos en las últimas horas, debemos darnos cuenta que lo que menos estamos haciendo es tratar de dar un vuelco a este tipo de situaciones y en vea de bregar por la paz, y la convivencia pacífica estamos promoviendo la violencia y la ira, gratis y para todo el mundo.
Lo que pasa en Salto es algo preocupante, sobre todo por los que vienen después que nosotros, y si la violencia hoy está ganando terreno, tenemos que hacer lo posible para no permitirlo.

HUGO LEMOS

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No se enseña en las aulas

Volver a clases cada año es como si se tratara de volver a empezar una y otra vez. “La vida es una escuela”, me dijeron, “y cada uno está en la clase que puede”, me comentó una persona con mucha experiencia por todo lo que ha vivido. Se trata de una nueva etapa en la vida que debemos valorar como una nueva forma de seguir impulsándonos y generando cosas nuevas y positivas para nuestra existencia.  familias
No se trata únicamente de estar sentado en un aula escuchando al profesor, sino que esa simbiosis colectiva que surge, o al menos debería surgir, en la relación entre los docentes y los educandos, refiere a un proceso de absorción mutua del conocimiento, donde unos se nutren de los otros, donde aprender, va de la mano con educar y esto otro con formar, y con saber y poder enfrentar con importantes herramientas el mundo competitivo y cada vez más vertiginoso en el que vivimos.
Pero hoy el inicio de clases son solamente una señal de que la vida es un aprendizaje en sí mismo y que debemos pasar por una institución formal que nos brinde formación académica y que nos ponga en contexto, con las antenas bien paradas para especializarnos en determinados roles y así poder cumplir un papel en la sociedad en la que estamos insertos.
Aunque nada haremos bien si esa formación académica se vuelve un conocimiento acotado en sí mismo a lo que aprendimos en el aula y no una herramienta válida para desenvolvernos en la vida.
Porque más importante que aprender bien a comprender el lenguaje y a analizar un texto, o a resolver un problema matemático, o a saber de historia para conocer por qué vivimos en una sociedad como la que debemos soportar cada día; es poder aprender a saber llegar a casa y cómo interactuar con nuestra familia y nuestros hijos, que pasan a conformar el esquema más importante en nuestras vidas.
Porque por un lado, podemos en el aula aprender a ser buenos en el oficio o profesión que hayamos elegido para desarrollar en nuestra vida. Podemos saber ser los mejores en la ciencia o arte que queramos profesar. Pero si no sabemos ser buenos hijos, hermanos, padres, tíos o abuelos, no seremos buenos seres humanos, pasaremos a ser personas incompletas y nos faltará lo más importante, poder compartir nuestra existencia con los seres que más queremos.
Mucha gente atraviesa hoy el llamado “mal de la separación”, la vorágine, el estrés, la falta de espacios para la vida en familia y el compartir entre todos un espacio que permita aceptarse, quererse, perdonarse y comprenderse, termina con la solución más fácil, que es que las uniones se disuelvan, con ello las familias y el entramado social se deshilacha cada vez más, con situaciones complejas que se trasladan al resto de los órdenes de la vida.
Por eso hoy encontramos muchas veces a los niños y adolescentes en los distintos centros educativos, perdidos en sus valores y principios; porque además la realidad social ha impuesto nuevas formas de vida y de carencias en las personas, donde la nueva constitución de las familias, ya que hoy se habla de familias ensambladas como si nada, algo que está bien pero que ilustra la manera de vivir que tenemos, demuestra que los cambios que nos proponemos como sociedad deben tener un rumbo para enseñarle a los más jóvenes, a las generaciones que vienen, que deben poner por encima de todo, la situación personal, el amor a sus familias, el compartir con los hijos, en definitiva, la felicidad humana de la que habló en su discurso más famoso en Río de Janeiro hace algunos años, el expresidente uruguayo, José Mujica.
La felicidad humana no se enseña en ninguna escuela, no se aprende en ningún aula, no se da en ningún diploma. Se aprende con la vida misma, el tener amigos, el querer disfrutar de los momentos con nuestros seres queridos, el respetar, tolerar y comprender a quienes tenemos a nuestro lado, es algo que debe primar en nuestras familias, porque si eso ocurre, lo demás solo será esfuerzo personal para superar obstáculos pequeños, ya que el motor de la amistad y de la familia nos ayuda a llegar a cualquier puerto.
Nuestra sociedad vive momentos críticos como tal, pero demuestra una frialdad y un distanciamiento para tratar ese problema que se sumerge en el primer caso absurdo que aparezca, con el fin de dar una discusión sobre el mismo cosa que nos consumamos hablando idioteces sin llegar a una reflexión que nos ayude a vivir mejor.
Yo considero en cambio, que estos son tiempos de debatir y analizar cosas importantes, cosas que en las aulas no las vamos a ver nunca, porque tampoco es el ámbito, pero sí en nuestra casa, en el desayuno, en el almuerzo o en la cena, tenemos que mirarnos a los ojos y decirnos cuánto nos queremos. Con ellos superaremos cualquier obstáculo, de eso estén seguros.

HUGO LEMOS

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No hay que judicializar la enseñanza

La educación debe ser un tema serio y en serio. Nos debe ocupar a todos y eso requiere compromiso y acción. No podemos resumir el hecho de educar, de ser educadores y formadores, en cumplir solamente en llevar a nuestro hijo a la escuela, comprarle los útiles y el uniforme respectivo, y entregárselo a una maestra para que nos resuelva todas las cosas a las que no nos dedicamos a enseñarle.  educacion
Pero una vez esto, tampoco podemos venir después a cuestionar y a criticar cómo un docente evalúa a nuestro hijo. Debemos comprender cuáles son los métodos que emplean y conocerlos, antes de enviar a nuestros pequeños a una institución educativa, a la que después estemos poniéndole cortapisas al momento de que nos digan cómo rindió el niño a juicio de su educador, durante el año lectivo.
Eso se llama compromiso, responsabilidad y dedicación. Como padres no podemos venir con un cañón luego que nos dan el resultado, apuntando al maestro, al director y a todo lo que se mueva dentro de la escuela, colegio o liceo, por el mero hecho de que debemos confiar en la calidad académica y pedagógica de los docentes a los que confiamos la educación curricular de nuestro hijo.
El tema lo traigo a colación por lo que pasó en el mes de diciembre en nuestro país, precisamente en Montevideo, cuando los educadores de un colegio, privado y de educación católica, entendieron que una niña de 9 años no había transitado el año lectivo de manera de asimilar los conocimientos adecuados y de la forma que debía hacerlo, para cumplir con los requisitos que establece el programa para que el educando pueda continuar con su vida académica. Es decir, la niña no estaba en condiciones de pasar de año, porque no tenía el nivel de aprendizaje que debía tener y punto.
La repetición es algo más viejo que el pan. Cuando esto pasa, el niño o niña, repite el año y los maestros esperan que entre los conocimientos asimilados durante ese año que terminó reprobando y entre los que puede volver a rescatar el año que recursa, pueda conseguir mejorar el nivel de aprendizaje y seguir transitando su vida académica al menos con mayores conocimientos.
Pero en todos estos casos, estos temas deben ser resueltos siempre y en todos los casos, por los padres del niño o niña involucrado en el problema y los respectivos docentes, maestros, profesores o educadores, que son, se supone, las personas capacitadas para evaluar técnicamente la evolución de ese educando, con el que trabajaron todo el año. Son los únicos que pueden decir si alguien está apto y tiene la capacidad de poder pasar de grado.
Y es así en todos los órdenes de la vida, cuando por ejemplo, un funcionario en la administración pública da un concurso para pasaje de grado, algo que debería ocurrir más seguido, y se evalúa su capacidad para ello y para la función que viene cumpliendo en la actualidad, el resultado se acata, salvo que la persona sienta que hubo un error que terminó perjudicándolo y tiene la posibilidad de formular un procedimiento administrativo, pero siempre dentro de la administración no en el ámbito judicial, con el fin de que ésta eleve la situación a las autoridades inmediatas y allí sí, el fallo es inapelable.
Por eso, cuando una maestra le dice a los padres de una niña que la misma debe repetir el año porque no alcanzó los niveles mínimamente exigidos, los mismos deben preocuparse porque la pequeña aprenda, se eduque y supere las etapas que han determinado su reprobación. No deben ir ante un juez con una querella judicial, diciendo que el colegio es el malo, que busca frustrar las expectativas que pueda tener la joven, porque es un planteo que solamente victimiza a la niña y problematiza aún más la situación.
Además extrae de los ámbitos correspondientes el hecho de evaluar la calidad y capacidad educativa de un estudiante. Un juez no está capacitado para señalar si un niño puede o no pasar de año. No puede ni debe hacerlo. Su actividad debe pasar por otros aspectos de la vida de la gente, que no deben rozar con la intromisión de una actividad que no es la suya, en este caso la de ser maestro de una pequeña y juzgar su capacidad como si hubiera estado durante todo el año lectivo sentado a su lado, en el salón de clases.
Tampoco es bueno para la actividad jurisdiccional entrometerse en el nivel que pueden llegar a tener determinados docentes para evaluar a sus alumnos, o en si los planes de estudio de un centro educativo cualquiera son los aplicables a determinadas edades, porque lo que estamos promoviendo allí es por un lado, que un magistrado se convierta en quien no es, un sabelotodo. Y en segundo lugar, estamos generando una acción comprometedora y nada positiva para el sistema de enseñanza, que es, cuando a los padres no nos gusta el resultado de los evaluadores de nuestros hijos, los llevamos ante la justicia y ponemos el tema en un ámbito donde nada saben de cómo funciona esto, pero que tienen la potestad de decir algo y marcar un precedente importante.
Por suerte, el colegio impugnó la sentencia de primera instancia y se presentó ante un Tribunal de Apelaciones que puso las cosas en su lugar y rechazó el dictamen judicial que ordenaba promover a la niña de grado, en contra de lo que dijeron sus maestros. Ahora la niña no podrá cursar el quinto grado y deberá permanecer en cuarto, hasta poder aprender, a juicio de sus verdaderos evaluadores, de la manera correcta, para así seguir avanzando en su vida académica.
Si la educación de nuestros hijos estuviera en mano de los jueces, el problema de su educación y la evolución de sus conocimientos sería enorme, habría un desastre porque nadie sabría cuánto aprendieron esos niños, ¿total? Al final del año, recurrimos al juez de turno y probamos suerte según el abogado que podamos pagar.
El ejemplo que quiso darse con este caso fue nefasto y dejó entrever que la justicia no está capacitada para dirimir una contienda de esta naturaleza, no administrativa ni procesalmente, sino en base a la cuestión de fondo, no puede jamás un juez si su hijo o el mío, pueden pasar de año, cuando el maestro que estuvo con ellos todo el año y al que le confiamos la educación de los pequeños, dice lo contrario.
Lo otro es judicializar la educación, algo que no debe permitirse en ningún lado del mundo, porque si así fuera, pobre de nuestros niños.

HUGO LEMOS

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Mirar para los dos lados

Cuando tanto la clase política como la sociedad en su conjunto y muchos corporativistas que se visten de blanco pero deberían hacerlo de verde en honor a la carretilla de dólares que levantan por mes usando a la salud como negocio, hablan de los problemas que tiene el sector en general, se refieren únicamente a la salud pública.
Y allí, sin excepción, surge la idea de pegarle a los hospitales públicos que aparecen como un blanco fácil. Por un lado, porque son los que están más expuestos ante la comunidad, son los que tienen más población para atender y menos recursos para brindarles asistencia, que los que maneja cualquier mutualista chica de cualquier punto del país.salud
Además porque en la gestión pública siempre hay irregularidades o mejor dicho, desprolijidades administrativas, debido a lo engorroso que es el manejo de la cosa pública, donde hay muchas normas que dicen que hay que poner plata aquí y allá pero la plata no aparece. Porque por un lado, están los delitos o los desfalcos de los bienes públicos, como los que ocurrieron durante muchos años en este país y por otro lado, las irregularidades que son muy otra cosa.
Cuando estaba la dictadura militar donde en Salto primero gobernó Néstor Minutti (que pese a haber sido elegido democráticamente se quedó en el cargo trabajando con los golpistas), luego vino el coronel De Nava y terminó la gestión previa al retorno de la democracia el coronel Loureiro, nadie más que los propios militares controlaban lo que entraba y salía del erario público. Es decir, se podían llevar un elefante para su casa que nadie les diría nada por miedo, ya que eran hombres armados, y además porque nadie tenía cómo saberlo.
Luego con el advenimiento de los partidos políticos, la transparencia en la gestión pública de a poco se fue puliendo. En el primer gobierno de Sanguinetti, no digo que se llevaron lo que quisieron, pero tenían facilidad para hacerlo. Era un costumbrismo que ante la pregunta de los periodistas, los que se animaban a ejercer de verdad esa profesión, los políticos creyeran que podían darles vuelta la cara y no pasaba nada.
Con Lacalle las cosas se supieron un poquito más. Sobre todo en Montevideo, donde empezaron a conocerse los líos con las compras de camionetas, licitaciones a parientes y otras cosas. Luego en el segundo gobierno de Sanguinetti, seguía habiendo cortapisas, pero la lupa estaba más aceitada sobre los políticos.
Quizás el gobierno de Jorge Batlle fue uno de los más transparentes en ese sentido, porque los desfalcos a los bancos y el vaciamiento de empresas públicas quedaron tan a la vista, que los uruguayos la sufrimos en carne propia. No hubo mucho más que indagar del periodismo de lo que comúnmente se sabía y se reducía a la frase popular de la época: “se afanaron todo”. Los que lo vivimos, sabemos bien que fue un desastre lo que ocurrió y que no digo en absoluto que Batlle y su entorno se hayan llevado un solo peso para su casa. Pero no se ocuparon de hacer lo suficiente como para evitar que los mafiosos de siempre, hicieran de las suyas.
Con el Frente Amplio los problemas empezaron cuando el gobierno quedó entrampado en una ley que ellos mismos votaron. Y que fue la ley de acceso a la información pública, la cual fue una conquista del movimiento social organizado integrado por organizaciones tales como el sindicato de la prensa (APU), el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), Ielsur, entre otros. Una vez logrado afinar el proyecto y llevado al parlamento, el mismo fue votado por el partido de gobierno que tenía mayoría parlamentaria y la ley aún está vigente.
Pero el tema es que desde entonces, los propios integrantes del gobierno se han enojado mucho cuando han sido consultados e incluso han tratado de evitar dar respuestas a la sociedad y sobre todo a periodistas y a opositores políticos.
Aunque con todo, la ley está vigente, hay transparencia o debería haberla en todo lo que concierne a la gestión pública, ya que están obligados a informar cada cosa que hacen; y eso, volviendo al tema de los hospitales públicos al que nos abocábamos al comienzo, demuestra cómo quedan expuestas esas instituciones de manera descarnada ante la sociedad en su política asistencial.
Lo que no está bueno, es que cuando se quiera criticar o analiza la situación por la que atraviesa el sistema de salud en el Uruguay, solamente se cuestione al subsistema de salud público. Porque está bien que se le ponga la lupa al mismo, ya que es hacia dónde se direccionan los recursos públicos, es decir, el dinero de todos los uruguayos, y esa es una manera de que la gente ejerza el control sobre el destino de sus impuestos.
Pero por otro lado, hay que saber que el Estado también direcciona recursos públicos hacia las empresas privadas que son prestadoras de salud, de las que sin embargo, no sabemos absolutamente nada y de las cuales, como usuarios que somos, tenemos derecho a saber qué hacen con nuestro dinero. Tanto con el que pagamos al abonar la cuota, seamos afiliados por Fonasa o no, como con los dineros que el Estado les da por las compras de servicios y por las llamadas cápitas, que somos todos los que pagamos el Fonasa para que nos atiendan.
No digo que les caigamos con los dos pies, en este caso al Centro Médico de Salto, que es el que gestiona y le vende al Estado servicios tales como el tomógrafo, las intervenciones del IMAE y ahora van por un resonador magnético, para el cual necesitan del apoyo del subsector público porque a no ser que cambie el color del gobierno, será difícil que lo puedan lograr por sí solos.
Creo que el subsector privado, también el de Salto, deberían saber que no pueden hacer lo que quieren con los recursos de todos los que les pagamos mes a mes, ni tampoco con los dineros que son de quienes allí se atienden y de los que no lo hacen, pero que el Estado con esta política del sistema nacional integrado (que de integración tiene poco y nada) de salud, les hace llegar en balde y no sabemos en qué bolsillos termina.
Por eso lo del comienzo, está bien que cuestionemos y pongamos la lupa en el sector público, porque son los más expuestos y vulnerables, pero habría que mirar al sector privado y hacerse muchas preguntas para entender también por qué determinados políticos no dicen ni jota sobre ellos, incluso varios que pertenecen al propio gobierno.

Por: Hugo Lemos

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Chocolate por la noticia

Cuando transcurrían los primeros y calurosos días del mes de enero del año 2003, el entonces director nacional de Aduanas, Víctor Lissidini, en franco desconocimiento de cómo se manejaba la política del Bagashopping de Salto, quiso hacer lo que debe hacer cualquier funcionario público que ocupa ese cargo, como en la actualidad debería hacerlo el contador Enrique Canon, algo que no fue otra cosa que querer allanar los comercios informales del lugar y exigirles lo que el Estado nos exige a todos, que paguemos impuestos. Pero allí no solo Lissidini, un abogado recto, que terminó pagando con cárcel después su intransigencia ante la corruptela y el haber querido pasarse de listo con la organización que hay detrás, que mantiene a decenas de familias entre contrabandistas, funcionarios públicos y todos los que permiten que semejante mercado informal exista, mientras si yo quiero abrir un kiosco en mi casa o arreglar el techo de la misma, me cae la DGI, el BPS, el Ministerio de Trabajo y hasta ¡una brigada del Sunca! Sí, así como lo lee, cayeron en patota pidiendo ver si en mi casa estaba todo en regla cuando dos albañiles arreglaban el techo. No preciso decir mucho más ni saber quién los mandó. En aquel lejano 2003 todos se horrorizaron al ver cómo la policía defendía a los comerciantes que en clara superioridad numérica, amenazaron hasta con inmolarse y quemar toda la mercadería que había en el lugar si algún funcionario de la Aduana pretendía hacer su trabajo y si algún policía los ayudaba a abrir los precarios locales de chapas, que además estaban conectados irregularmente al tendido eléctrico. Lo más triste fue que estalló la bomba cuando a uno de los feriantes se le ocurrió decir que si ellos eran tocados por las autoridades para obligarlos a cometer la barbaridad de declarar sus mercaderías y hasta quizás llegar a hacer la atrocidad de pagar impuestos, uno de ellos “iba a hablar” y con él “menos el director de Aduanas y algún asesor, iban a caer todos”, y cuando dijo “todos”, se refería también a los funcionarios policiales que como no les alcanzaba el sueldo, (usé tiempo pasado porque ahora el ministro Bonomi dice que con lo que cobra un Cabo, llega bien a fin de mes) compraban fiado en el lugar para alimentar a sus familias y en ese momento no iban a matar a las gallinas de los huevos de oro.
Por lo tanto se quedaron del lado de los bagayeros e hicieron la pantomima de que apoyaban a las autoridades. Ver ese episodio en televisión, reflejaba el peor Uruguay porque nos mostraba a todos cómo el Estado hacía que trabajaba, pero dejaba que las cosas pasaran porque en realidad hay algunas cosas que se les escapan de las manos, como es la delincuencia, el narcotráfico, la pobreza o el contrabando. Pero pasaron 15 años y eso sigue allí. Lo más cerca que hizo el gobierno de izquierda en todo este tiempo fue poner una medida de “cero kilo” en los pasos de frontera con Argentina, pero para controlar que usted y yo no nos traigamos una pasta de dientes del Carrefour, medida que ya cayó por ser ridícula, pero que no era aplicable ni por asomo a los contrabandistas de siempre, que manejan negocios voluminosos y asisten a muchos como ellos pero más pequeños, porque necesitan que existan para justificarse, y que no iban a permitir que viniera cualquier gobierno, ni funcionario político alguno, a querer cortarles el negocio, firmando un decreto desde la Ciudad Vieja que les corte la boga, encima sin saber con qué y quiénes se están metiendo. Después de esto, como vieron que podía haber una revuelta bagayera, que ya las ha habido y lo sé en carne propia, lo que hicieron fue una medida más timorata aún, porque entendieron que el Estado no tenía la fuerza suficiente para ponerles las barbas en remojo y entonces optaron por invitarlos a formalizarse. ¿Cómo lo hicieron? A través del Club Ferro Carril que les cobra un alquiler por estar alojados en su predio, negocio al que le sacan una tajada enorme, al punto que logran un ingreso mensual fabuloso que es envidia de cualquier club deportivo mediano de la capital del país. Pero la cosa sigue y nadie dice nada. contrabando
El 1º de enero de este año, pude ver cómo mucha gente sufrió la pérdida de su negocio ante un siniestro que generó muchas cosas negativas y que pese a estar o no de acuerdo con lo demás, que pase eso no se lo deseo a nadie. Primero, quiero decir que es horrible y lamentable que alguien pierda su fuente de trabajo, más aún si es que con ella alimenta a su familia. Pero también ese incendio era algo que podía pasar, porque como todos sabemos y como bien lo reconocieron las autoridades en la televisión nacional, ninguno de esos locales tenía la habilitación obligatoria de Bomberos, tampoco tenían conexiones formales a UTE y ni siquiera tenían autorización legal para desarrollarse como establecimientos comerciales, algo que le es requerido a cualquier vecino de barrio cuando quiere abrir un almacén, donde lo primero que debe hacer es pagar impuestos y después ver si vende algo, como para desquitar lo que el Estado le saca por el mero hecho de abrir la puerta. Encima, muchos de estos comerciantes que aducen pagar impuestos, volvieron a levantar de la noche a la mañana sus locales, una vez que los mismos resultaran incendiados, algo que despertó las sospechas hasta del SUNCA que preguntó si habían actuado como la ley nos obliga a todos cada vez que vamos a hacer una obra, declarando la misma, contratando el personal de manera formal y cumpliendo con todas las obligaciones que la ley establece para cualquier hijo de vecino en estos casos. Yo no estoy en desacuerdo con que esos comerciantes quieran establecer un negocio y trabajar para mantener a sus familias, tampoco con que armen en tiempo récord su negocio y que tengan un estándar de vida superior al resto de los trabajadores fruto de su labor, sino que con lo que no estoy de acuerdo, es con que el Estado nos mida con distinta vara. Nos exija cada vez más, nos mande cedulones si nos atrasamos con el pago del IRPF porque en nuestros trabajos nos descontaron menos de lo que ellos entienden que nos debían haber descontado, nos mande al BPS y al MTSS si estamos refaccionando el techo porque se nos cae encima y tenemos que pagar el 101% del valor de la obra en impuestos a la Intendencia, pero privilegia a este sector de la población, actuando de manera inconstitucional porque en este caso para el Estado, no somos todos iguales ante la ley. Cualquiera me diría “chocolate por la noticia”, pero la verdad es triste saber que hay un Estado que nos exige y mucho a quienes trabajamos y declaramos cada cosa que hacemos porque así nos lo impone la ley, y hay otro para quienes hay que dejarlos trabajar porque de lo contrario se “transforman en un problema social,” como dicen desde el gobierno, aunque en verdad el problema es político porque estamos hablando de no menos de 4 mil personas, que todas votan en las elecciones y a las que no hay que tocar, para defender el nicho.
Ese sí que es otro Uruguay y a mí, no me gusta nada.

HUGO LEMOS

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La bandera del reclamo

El sentimiento nacionalista ha empezado a renacer cada vez que hay un evento que merece toda nuestra expresión de sentimientos, ya sea con emoción, con bronca o con la pasión de haber conquistado un logro. Cada vez que eso sucede, allí está el recuerdo de ser uruguayo, de sacar la bandera nacional, de usarla como el máximo distintivo que podemos tener como muestra de identidad nacional y de que contra eso no hay nada que pueda más.
Así lo vimos en los últimos días cuando observábamos la serie de manifestaciones que han surgido desde distintos sectores de la sociedad, donde el más notorio fue el sector productivo que salió a ondear la bandera uruguaya como el recurso de protesta más genuino de la ciudadanía, ponderando que por encima de esa bandera no aceptaban nada y que la misma era el escudo que le daba legitimidad a sus protestas. reclamos
Las mismas que para ellos son una expresión genuina de libertad, democracia y republicanismo, y por eso si debían agitar una pancarta que traduzca sus sentires, entendieron que no existía mejor cosa que hacer ondear la bandera uruguaya.
Algo que tuvo efecto porque le tocó la fibra a muchos del gobierno y que nada pudieron decir, porque es el símbolo que nos une a todos más allá de nuestras diferencias. Si después la discusión está en que tenemos divergencias porque algunos tienen más y aún así reclaman, y entonces qué esperar para los postergados de siempre, cuando vivimos en un país donde la pobreza sigue creciendo, el desempleo es muy alto y la emergencia habitacional se traduce en asentamientos, es otra cosa.
Porque más allá de todas estas diferencias, al final del día todos nos juntamos para gritar los mismos goles de Suárez y Cavani. Entonces es muy importante tener conciencia del país en el que estamos viviendo, antes de querer compararlo con una republiqueta de esas donde sus autoridades tienen reelecciones indefinidas (siempre y cuando tengan elecciones), y donde la libertad de prensa es un espejismo que le cuesta la vida a todos aquellos que quieran acercarse a ella.
El Maestro del periodismo, Claudio Paolillo, decía que la libertad de expresión en el Uruguay actualmente está en su mejor momento, porque los periodistas a través de las organizaciones sociales habían logrado un reconocimiento del Estado que era importante en materia legal, para poder avanzar en la consagración y protección de ese derecho humano inalienable como es la libertad y todo esto no es cosa menor.
Porque por un lado permite que los del campo salgan a manifestarse con el pabellón patrio como escudo y que por otro, el PIT CNT y el Frente Amplio salgan a retrucarlos sin exigirles que no usen la bandera de todos para hacer de ella su protesta.
Con todo, es bueno saber que se puede estar en un país donde al menos las cosas pueden exigirse a los gritos y a través de la prensa, si es necesario. Pero teniendo en cuenta que estamos viviendo momentos donde todo se cuestiona y en los que el sector más pudiente de la sociedad sale a exigir justicia tributaria, que no es cosa menor, porque lo que reclaman en muchos casos es que no se los asfixie y se los deje explotar su negocio sin necesidad de que el Estado se quede con una tajada tan importante de sus ganancias, el gobierno acaba de darles a los jubilados un aumento que en muchos casos fue considerable.
Ahora, si hizo eso al costo de tener que enfrentar un déficit de las cuentas públicas, todavía no lo sé, pero sí sé que la aguja de la inflación no se movió un solo dedo porque muchos jubilados ahora ganen en promedio unos 2 mil pesos más en sus magras pasividades, que al final de cuentas, siguen siendo una estafa en función de todo lo que han aportado en el correr de sus años de trabajo.
Entonces que por un lado se reclame una mayor rentabilidad para empresas agropecuarias cuyos impuestos anuales se asemejan al valor de una camioneta 4 x 4 al año, (que no son todas, ya que hay muchísimos productores rurales que ganan mucho menos que lo que el pueblo todo le paga a un acomodado político mando medio en cualquier gobierno de turno ya sea departamental o nacional) para que junto con el esfuerzo que también hace el resto de la sociedad, entre ellos profesionales liberales y personas con multiempleos que son principalmente técnicos de distintos rubros, para que con ese esfuerzo impositivo haya pasivos que ganen unos pesos más, es algo que también debe ponerse sobre la balanza a la hora de exigir algunas cosas.
Porque al final de cuentas, yo no le descuento al sector productivo por gritar que quieren vivir más holgados, tienen todo su derecho a hacerlo y se lo llevo, pero si su esfuerzo es para mejorar la vida de los que menos tienen, por más que a ellos ese sector de la población les importe poco y nada, hace bien el Estado en demostrarles que esa gente a las que benefician y que tanto cuestionan, también está bajo la misma bandera uruguaya que ellos empuñan para hacer sus movilizaciones, sus vigilias, sus manifestaciones en las rutas y eso no pueden obviarlo por más que quieran hacerlo.
Por tal motivo, deberían leer a John Rawls y su trabajo sobre justicia distributiva, que en cierta medida, este interesantísimo académico y filósofo estadounidense, que de socialista no tenía un pelo, enseña que quienes más ganan deben aportar en función de sus ganancias para que el Estado se nutra y lo distribuya entre los que menos tienen, que también aportan pero dentro de su capacidad económica y por tal motivo, en mucho menor medida.
Entonces el hecho que quienes exigen medidas económicas que pueden llegar a ser impopulares, como el caso de un dólar a 36 pesos, que ellos crean que no se los entiende, créanme que sí se los entiende y muy bien, y por esa misma bandera nacional que hacen ondear junto a ese reclamo tan inoportuno como desatinado, es que ningún gobierno podría seguirles la corriente, porque ahí sí, la bandera uruguaya pasaría a ser para unos pocos y no para los tres millones que también la levantan con orgullo.

HUGO LEMOS

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