El sistema no funciona

Todos quedamos estremecidos con la noticia de que el conocido delincuente Marcelo Roldán alias El Pelado, de quien recuerdo aquel motín realizado en el Hospital Vilardebó cuando estuvo internado porque llevaba una vida entre rejas y quería mandar en todos lados, fue asesinado en su propia celda por su compañero. preso
Pero no quedamos consternados porque fuera asesinado en su propia celda, sino por cómo fue ultimado y por lo que su asesino hizo después con el cadáver. Algo que solo se inscribe en las peores páginas de las historias carcelarias del Uruguay, que ya de por sí dejan mucho que desear.
El Pelado Roldán era un delincuente, así escribió la historia de su vida entrando y saliendo de las cárceles desde que era menor de edad. Decía no temerle a nada ni a nadie y se enfrentaba con todo el mundo; las cárceles solo sirvieron para aumentar su rabia y su odio contra todo lo que fuera autoridad y respeto. Pero al parecer no es el único, no es un bicho raro, no es un loco suelto. Bueno, no era.
Su compañero de celda, que por algo lo dejaron compartir el mismo habitáculo con él, es un monstruo. Porque una persona que hace lo que este hizo con un ser humano, no tiene precedentes. Se enfrentó con él por la sensiblería de que su madre fue insultada, pero la reacción que tuvo, lejos de honrar a cualquier progenitor, fue bestial, demencial y preocupante.
Esto último es acaso lo más importante. Y ¿por qué? Por el simple hecho de que alguien que está cumpliendo una condena en los llamados Centros de Rehabilitación, del denominado oficialmente Instituto Nacional de Rehabilitación que tiene el Estado uruguayo para las personas que cometen delitos, llegue al estado de matar a otro, demuestra que el grado de violencia al que estaba acostumbrado no lo supo tratar allí.
Pero además, al vilipendiar el cadáver y jactarse públicamente de que no está arrepentido de lo que hizo, habla peor aún no solo del individuo que lo cometió, sino de que el centro de rehabilitación en el que se encuentra no está cumpliendo con sus cometidos y está fallando en la recuperación de algunas personas que en cierto momento, deberá devolver a la sociedad estén como estén.
Entonces lo más preocupante es que si el sistema carcelario uruguayo no tiene políticas específicas para tratar con individuos como estos, ¿qué clases de monstruos están alojando en sus centros de rehabilitación y cuál es el cometido de tenerlos allí sin darles absolutamente nada para que se reeduquen y puedan reinsertarse a la sociedad una vez cumplida su condena?
Es altamente peligroso que el Estado uruguayo solamente se jacte de tener un sistema carcelario donde hay políticas de reeducación tan buenas, que están por pasarlo a la órbita del Ministerio de Educación y Cultura, porque en vez de tratarse de una cuestión de seguridad, al parecer el mismo es objeto de educación. Y si lo será, pero el problema ahora pasa por otro lado, atender este tipo de casos, porque no son aislados.
La mayoría de las personas que delinquen y están insertas en los distintos centros de rehabilitación del país, cuentan con actividades para realizar en función de su perfil criminal y de la peligrosidad de cada uno, además del interés que el mismo manifieste.
Pero si hay internos que han sido tremendamente problemáticos afuera y que hasta llegan a ser peligrosos, la ley no les obliga a realizar actividad alguna, no les impone levantarse a determinada hora, tener un orden, disciplina, aprender responsabilidades y generar hábitos de trabajo y de conducta que los ayude una vez afuera, para poder establecer hábitos de trabajo que los hagan salir adelante por sí mismos y sin ayuda estatal.
Es triste ver que hay personas que se abandonan a sí mismas y que dejan que el sistema los carcoma en vez de servirse del mismo para que los ayude a salir adelante. Pero es preocupante, que los uruguayos con todos los impuestos que pagamos, que según un último estudio del gobierno la presión tributaria llega por lo menos al 34% de la renta per cápita, estemos asistiendo a un Instituto Nacional de Rehabilitación que es deficiente en sus políticas públicas y en sus cometidos, para lograr recuperar personas que están dedicadas al delito y que han estado inmersas en un espiral de violencia, en vez de ayudar a reeducarlos.
Las políticas carcelarias no pueden ser si el preso quiere, si está preso es porque le falló a la sociedad y por más que haya sido una persona con problemas, el sistema lo debe obligar a salir del lugar con un resultado favorable, donde el sujeto por lo menos tenga ganas de volver a ver gente en la calle sin sacarles nada. Y si bien en la mayoría de los casos es así, hay muchos otros que no salen con esa idea, el Estado los deja en la calle para que cometan más daños y los vuelve a encerrar en el mismo lodo en el que estaban, el sistema se retroalimenta a sí mismo, y los uruguayos seguimos pagando por algo que no funciona. Y la pregunta surge ¿hasta cuándo?

HUGO LEMOS

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Derechos por un lado y censura por el otro

Hay veces que nos ponemos a pensar si vivimos en un país libre o si en vez de eso, estamos supeditados al interés de ciertos grupos que por tener acceso a la esfera de gobierno pueden tomar decisiones en nombre de las instituciones públicas, que se suponen que deben representar a todos, o al menos al interés general, y lo único que defienden son los intereses de un grupo. afiche
Esto que estoy describiendo no es un grupo hegemónico ni oligarca, que ostentando poder, determinan cuales son los intereses de la mayoría desde su ámbito.
Porque uno al decirlo así, piensan que puede estar refiriéndose a las corporaciones de empresarios rurales, o a la corporación médica, que es más fuerte aún que la de los abogados, o los empresarios de cualquier otra rama.
En este caso, estamos hablando de los grupos de personas que, allegadas al partido de gobierno, ostentan cargos públicos y ejercen el interés de las instituciones en nombre de sus intereses particulares, atentando contra las libertades que en algún momento dijeron ver censuradas hacia ellos mismos.
Todo esto, para decir que me parece una osadía de tamaño semejante, el querer golpear a la libertad de expresión y al arte en su conjunto censurando un afiche que busca rememorar lo que fue la historia gaucha del Siglo XIX algo que cada vez se redescubre cuando cada año en Tacuarembó, es celebrada la Patria Gaucha.
Que el Estado, a través de sus instituciones, censure un afiche de un artista plástico que, ajeno a los intereses de los colectivos sociales de afrodescendientes y claramente lejos de querer golpear su sensibilidad, lo que hizo fue una obra en la que se recuerda un aspecto de lo que fue la historia de este país, se une a la larga cadena de censuras a la que estamos siendo sometidos paulatinamente con el fin de generar una “transformación cultural”, que está orientada hacia determinados intereses y que no respetan el sentir del pueblo en su conjunto.
Pero el problema más grave de todo esto, es que el Estado sea el que no respete la voluntad de las personas y que utilice sus herramientas, en este caso, un instituto creado bajo la órbita de un Ministerio también creado para satisfacer las políticas de gobierno de un determinado partido, para censurar algo y no para buscar que en vez de rechazar y discriminar al autor, donde el mismo pueda entender los efectos de su obra en determinada franja de la población de la mejor manera posible.
Esta historia de censuras ya la vimos antes. Cuando hace dos años un artista capitalino pintó la imagen de José Mujica y Lucía Topolansky desnudos, como si estuvieran en el Jardín del Edén como Adán y Eva, pero ese cuadro debió ser retirado de la vidriera de una galería con apremio policial hacia el lugar.
Esa situación solamente se ha visto en épocas dictatoriales cuando los gobernantes eran interpretados por los artistas desde su punto de vista, pero ese punto de vista debía pasar por la aprobación de los gobernantes, cosa que limitaba enormemente el ejercicio de la libertad y en nuestro país en este caso, limitar libertades es atentar contra la democracia.
Por eso, se contradice una vez más el gobierno cuando al querer promover agendas de derechos, libertades a través de leyes con el fin de promover transformaciones culturales e impulsar la vigencia de determinados colectivos sociales, ahora impone una censura a una afiche, o a un cuadro que ilustra la imagen de un gobernante, por el mero hecho de que quienes ejercen la voluntad de esas instituciones no están de acuerdo.
Algo que merece un análisis exhaustivo para saber hasta donde no existe una restricción de derechos a las personas, en vez de dejarlas actuar libremente.
No estoy de acuerdo con que se censure una imagen, sí puede ser motivo de discusión, pero no de censura.
En realidad, cuando quise ahondar sobre este tema, me dijeron que el problema entre los organizadores de la Patria Gaucha y el gobierno viene de larga data, porque este último quiso que no le permitieran al Movimiento Un Solo Uruguay (grupo de productores organizados contrarios a las políticas del gobierno para ese sector) poner un stand en la fiesta, algo que los promotores de la principal celebración gauchesca del país, se negaron rotundamente.
El gobierno se equivoca si pretende callar a los opositores de esa forma, no es una práctica democrática y este país ha ganado en derechos y libertades sobre todo con estos actuales gobiernos, lo suficiente como para que alguien quiera imponer lo contrario.
Juan Manuel Blanes, aún considerado pintor de la Patria ha trazado a un Ansina, chiquito, petiso, bien negro de piel y cebando mate a un José Artigas alto, rubio y esbelto.
En esos casos nadie desmerece a Ansina, ni vanagloria a Artigas por esa pintura, porque nadie es más que nadie, y menos por su color de piel, pero no veo el mismo ímpetu del gobierno contra esas pinturas como cuando le dan palo a dos artistas de los que nadie sabe su nombre por más que sus obras estén en boca de todos.
Practiquemos más libertad y tolerancia en vez de estar gritando derechos por un lado y censurar expresiones artísticas por otro.
Porque sino todo lo que han ganado en derechos hasta ahora, podrá caer por su propio peso.

HUGO LEMOS

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No puede ser tan caro

“Estamos todos endeudados”, comentaban algunas personas cuando coincidieron en un cajero automático para retirar los “vintenes” que les quedaban del sueldo, según decían a boca de jarro y entre risas. economia
“Es que no podemos tomarlo de otra manera”, espetó uno. “Es cierto”, coincidió otro, “no podemos”.
Así transcurre la vida de la mayoría de los uruguayos que según el gobierno, el 90 % de la población económicamente activa tiene deudas con el sistema financiero, porque de una u otra manera han accedido a créditos blandos para operar en el mercado, ya sea para comprarse un auto nuevo o usado, para pagarse un viaje, para pagar otras deudas acumuladas a las que de otra forma no podían pagar, o lisa y llanamente para poder comer.
Esa es la situación actual en un país de 3,6 millones de personas donde la gente no llega a fin de mes porque la conducta de consumo supera ampliamente el nivel de ingresos, ya que así está armado el sistema liberal y capitalista en el que vivimos.
Situación que se ha potenciado desde el 2007, donde tras la recuperación en la gente de la crisis económica que ocurrió en 2002, ya nada fue igual.
El keinesianismo aplicado por el Frente Amplio (John Maynard Keynes, tras el crack de 1929 en Nueva York planteó el estímulo a las pequeñas economías en épocas de crisis), permitió que el país empezara a andar de otra manera y esa mal llamada distribución de la riqueza solamente generó hábitos de consumo sin ningún sustento, porque quienes ganaban 10 podían gastar 20 y financiar la diferencia, hasta que la calesita se frenó y dejó a miles con las cuatro ruedas para arriba, ya que llegaron a un punto de endeudamiento donde no pudieron seguir generando esa ola de gastos desfasados de su realidad y ahora hicieron sentir su ausencia en el mercado.
Si bien son muchos los factores que confluyen para que se estén viviendo momentos de pérdidas económicas en el comercio, todos sabemos que el principal problema es el endeudamiento interno donde la mayoría de nosotros somos agentes pasivos, deudores, de algo o de alguien, y eso reduce nuestro poder de compra, lo que amerita que muy pocos y en contadas ocasiones, salgamos a los distintos comercios de plaza a hacer gastos suntuosos, estos son los innecesarios, cuando lo que percibe un trabajador común, que son la inmensa mayoría de la población apenas le da para pagar las cuentas básicas y con el resto, tiene que comer todo el mes.
El ciclo de compras que hacía la población en la mayoría de los casos de forma desmedida e irresponsable se cortó y eso se hace sentir.
Pero pocos reconocen esta situación y a la hora de hablar de la economía del país resumen todo en un simplismo tal como la clásica frase “está fea la cosa”, como si se tratara de una cuestión ajena a ellos mismos o algo que está en el éter, y entonces siguen en la misma pasividad de siempre esperando que alguien solucione los problemas.
El otro aspecto que influye y mucho para que el comercio local esté pasando angustias, es la inmensa presión tributaria que padece alguien que, pretendiendo lanzarse a la aventura de tener un negocio propio, debe soportar previo a ver el resultado de su trabajo. Días pasados una joven mujer, cerró las puertas de su local de ventas que estaba ubicado en pleno centro de la ciudad.
La misma comentó que si bien los productos que vendían le ayudaban a pagar los onerosos costos fijos que tenía en su comercio por el solo hecho de abrir las puertas cada día, la idea era poder vender para pagar los costos y ganar dinero que le permitiera sustentarse. Pero el sistema impositivo tiene otra realidad y no especula con la productividad del comerciante, sino que le obliga a hacerse cargo de una serie de tributos que deben ser abonados sí o sí, venda mucho, poquito o nada. Y esa realidad es la que genera desazón, desilusión y fomenta la evasión en muchos aspectos, donde la gente prefiere seguir el ejemplo de los comerciantes informales instalados en el Paseo de Compras y no pagar una inmensa carga de impuestos. Eso les permitiría no solo bajar los precios de las mercaderías que ofrecen, sino además poder trabajar desde la comodidad de su casa y correr menos riesgos. Aunque esto no es lo que debe hacerse, el Estado debe tomar medidas para que esas prácticas que rondan en la cabeza de muchos, sea cada vez menor, estimulando al comerciante a formalizarse, aunque para esto deberían disminuir la presión que cargan sobre los mismos.
El Estado debería procurar buscar soluciones para este embate de endeudamiento que está padeciendo la población y aflojar un poco con la carga impositiva también a los trabajadores de todos los rubros que son la gran mayoría de este país y los que andan en la calle a diario buscando trabajar para sobrevivir.
Ahora que viene el año electoral aparecerán soluciones mágicas desde algunos sectores y es buena cosa escuchar a todos, creerle a algunos y exigirle a unos cuantos que en el caso de seguir en las esferas del poder o sumarse por primera vez a ella, donde pueden hacer algo para que esta realidad cambie, peleen para poder generar una situación menos angustiante para la gente, porque hablar de justicia social desde un escritorio caro, solo hace que la palabra justicia la sepan por el diccionario pero no se acuerdan que debe ser un concepto presente para hacer que todos vivan cada vez mejor y no haya tanto agobio como el que hoy existe.
Los problemas de la sociedad son muchos, pero sin libertad económica, la población ve limitada muchos aspectos de su vida y esas libertades son las que hay que proteger y garantizar. En un país donde se dice que la economía crece, la gente no puede estar pasando tan mal, viviendo una inflación de casi el 10% y con una canasta básica superior a cinco salarios mínimos. Quizás ante tanta propuesta política que se escuchará de aquí en más, haya que empezar por acá, porque vivir en Uruguay no puede ser tan caro.

HUGO LEMOS

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Más Uruguay para más gente

“Para que a ustedes les vaya bien, primero nos tiene que ir bien a nosotros”, fue la frase que me lanzó un productor rural, por aquel momento dedicado a la ganadería, cuando yo salía de una radio en tiempos donde era dirigente de la FEUU, y con 23 años encima había ido a hablar de los problemas por los que atravesaba la Universidad de la República, sobre todo en Salto. fabricas
Sabido es que en ese entonces, hablamos del año 2002, la entonces Regional Norte estuvo a punto de cerrar sus puertas porque no contaba con presupuesto como para poder funcionar. Es decir, no tenía dinero, porque lo poco que había sido asignado al presupuesto universitario, se lo habían quitado después para capitalizar algunos bancos y tratar de salvar el sistema financiero uruguayo que estaba prácticamente en quiebra.
Claro, nosotros como estudiantes y sobre todo como delegados de nuestros compañeros, no nos callábamos y criticábamos que se nos cerraran las puertas para seguir estudiando porque el gobierno en ese momento priorizaba que no siguieran cayendo entidad financieras, aunque finalmente cayeron y al desenlace de esta historia la conocemos todos.
Pero en aquel momento, cuando ese productor rural me dijo que él y sus pares debían ser atendidos primero para poder exportar y generar divisas con las que pudieran capitalizar algunos sectores de la economía y sobre todo al Estado, para que después el mismo contara con dinero y pudiera redistribuirlo, y entonces la Universidad de la República tenía que esperar porque algo le iba a tocar, pensé igual que lo que pienso ahora. Qué pensamiento más mezquino y errado, que solamente ata al país a los vaivenes de un sector que apostando a su supremacía ponía al resto a esperar, como si fuéramos su furgón de cola.
Algo de esto fue lo que le contesté a ese hombre, qué, impávido, porque pensó que le iba a dar la razón, me miró con cara de pocos amigos porque no entendía que haya gente que pudiera ver que hay alternativas a ser agrodependientes. Nadie quiere que el país se divida, que haya un solo país, que hable de los problemas del campo como el eje central de la vida del país y otro que desde la Ciudad Vieja, le tire trate de dinamitar eso por una cuestión filosófica y con escasos argumentos de verdad.
No promuevo los divisionismos y mucho menos teorizo sobre que uno es mejor que el otro, o que aquellos tengan la concepción demonizadora de la explotación del hombre por el hombre. Y que los otros, los de la urbe, sean los que promuevan la igualdad de oportunidades y la sociedad igualadora.
Aunque sí es bueno poner las cosas en su lugar. El campo es muy importante para el país, tan importante que en su momento fue creado un ministerio solo para que atendiera su problemática, bancos para que financien sus osadas aventuras y también a los emprendimientos de verdad, esos que demuestran que hay quienes apuestan a mejorar lo que hacen, para alcanzar el desarrollo de un sector dinamizador de la economía como es el agroexportador y no creo que a esta altura nadie dude de eso.
Pero poner a esperar al resto de la sociedad porque el sector precisa ganar dividendos primero, vendiendo materias primas al mundo, para que el mismo nos lo devuelva manufacturado y nosotros, el resto de la gente lo compremos a un precio tres veces mayor al que vale en el mercado, por la falta de industrialización que tenemos en nuestro país, es algo que no está bien.
El sector agropexportador vende sus comoditties al mundo y gana mucho dinero por eso, y está bien que así sea, hasta ahí vamos bien, porque es parte de tener un negocio privado y hacer que el mismo resulte. Pero el hecho de que el resto de los mortales debamos comprar el producto manufacturado con la materia prima que ellos vendieron, a precios inaccesibles es lo que desequilibra la balanza. Claro que ellos sí pueden hacerlo porque con lo que exportan, ganan el dinero suficiente como para hacerlo. Y sin ser contradictorio, creo que es parte de las reglas de juego y hay que respetarlas.
En mi opinión, y es lo que creo que haría la diferencia para que el resto de la sociedad no tuviera que ser dependiente del sector agropecuario, es que haya un inminente proceso de industrialización en el Uruguay, esto es, construyendo fábricas e industrias en varios puntos del país, con costos fijos bajos e incentivos fiscales para aquellas empresas que se instalen en determinados lugares como puede ser el norte y que sean ellas las que reciban esa materia prima para manufacturarla y así bajar el costo de acceso a los productos básicos, además de generar puestos de empleo genuino.
Presumo que es una idea que a alguien se le debe haber ocurrido, que esto debió haberse estudiado y analizado, y que alguien quizás lo haya planteado en los ámbitos que corresponden, la pregunta es ¿por qué nadie lo hizo? Tan fuerte son los intereses que están en juego que el resto de la sociedad debe esperar a que un sector de la sociedad le vaya bien en los negocios para que las instituciones públicas tengan derecho a una tiza y a un borrador.
Creo que ni siquiera es culpa de quienes están en ese sector, que trabajan para ganarse su dinero y eso nadie se los niega, sino que el hecho de que el sistema haya sido creado para que así funcione es algo que no me cierra. Pero ojalá algún día las cosas cambien para el bien de todos, sin dejar a nadie afuera de nada. Más Uruguay para más gente, es lo que hace falta.

HUGO LEMOS

 

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La deuda con el desempleo sí es grave

“Memoria para hacerles recordar, a los gobernantes de oficina, que hablan que hoy los números les dan, pero por las calles no caminan…, viendo a la pobreza disfrazada, con rostros de familias desahuciadas…”, cantaba en el repertorio del año 2002, la murga capitalina Los Diablos Verdes. Y terminaba… “la memoria siempre va a salvar, a los pueblos que la lleven, por sus calles para andar, libres por el viento…”. desempleo
Esto se me vino a la mente cuando al entrevistar el viernes pasado al ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, el mismo dijo que en Salto había 6.500 personas sin empleo y que eso “no era tan grave”, aduciendo incluso que entre 2016 y 2017 hubo “solamente 650 personas más de las que ya había, sin empleo en Salto”.
Esas expresiones fueron algo tan estremecedor como increíble, proviniendo de un ministro de Trabajo. Porque decir que cientos de personas, en una ciudad de apenas 120 mil habitantes, estén sin empleo y tratarlo con la liviandad suficiente como pensar en números y porcentajes fríos y señalar que como hay tras 58 mil que están trabajando, que 6.500 no tengan empleo “no es algo grave”, sin pensar en que cada una de esas personas son un padre o madre de familia, que tienen hijos a cargo y que no pueden pagar sus cuentas ni comer bien durante el mes, porque no cuentan con un sustento diario, es de una frialdad tal que asusta.
Aunque la canción de los Diablos Verdes, que estaba referida a los gobernantes de oficina de la época en que Jorge Batlle era presidente y todos sabemos lo que pasó con el país, se me vino enseguida a la cabeza, creo que al repensar las expresiones especuladoras y envalentonadas del señor Murro, la misma quedó chiquita.
El señor ministro, que hasta se atrevió a desafiar a un periodista (luego de hacernos esperar casi 45 minutos aunque todos le aceptamos entre dientes el pedido de disculpas) diciéndole que así como cerraban empresas (ese día cerró Motociclo) también había otras que estaban abriendo, le increpó al reportero si al preguntarle estaba poniendo en duda lo que él estaba diciendo.
Y en realidad, no solo ese periodista estaba poniendo en duda sus dichos, sino que todos los que allí estábamos también lo hicimos, porque no entendíamos cómo un ministro de Estado del partido político que fuera, no reconocía que el solo hecho de que un compatriota suyo esté sin empleo con todo lo que eso significa para una persona y su familia era algo grave, pero el que tampoco reconociera que lo sea el caso de Salto, con 6.500 personas sin trabajo, por el hecho de que otras 58 mil sí están trabajando, ya generaba malestar.
Cuando el excabecilla tupamaro Jorge Zabalza vino a Salto a presentar un libro donde él era el protagonista, llamado “Cero a la Izquierda”, me dijo irónicamente en una entrevista: ¡ah, los números de (Danilo) Astori (entonces ministro de Economía del primer gobierno de Tabaré Vázquez), dice que el 65% de los trabajadores no paga IRPF, y lo dice como algo bueno, eso quiere decir que esa gran mayoría de personas no gana lo suficiente para vivir porque están por debajo de lo que tendrían que ganar para tener un sustento digno”.
Y esto parece más de lo mismo, soberbia oficial porque en términos numéricos, los mismos cierran, como en la canción de Los Diablos Verdes, pero eso no puede catalogarse como algo que “no es tan grave”, porque es decir, que lo que importa acá son los porcentajes y los datos estadísticos y no lo que están pasando las personas.
Hay que decir las cosas como son, los gobiernos del Frente Amplio han mejorando sustancialmente las relaciones laborales para los trabajadores con leyes que les han sido tremendamente favorables, pero en los últimos años la situación económica ha sido compleja y los que están pagando los platos rotos son los mismos, los trabajadores comprendidos en un núcleo más amplio como lo es el empleado, el pequeño comerciante, el profesional que recién arranca y el que está asalariado, cuando no, en el subempleo que en Salto pulula en distintos comercios que trabajan en el centro y sobre todo en el impune Bagashopping, con el que ningún gobierno se mete y regulariza, generando así un manto de impunidad mientras castiga con dureza al resto de la población con la presión tributaria.
El ministro Murro no puede jactarse que el problema no es grave, porque el hecho de que haya operadores políticos que hayan lanzado que las cifras del desempleo en Salto eran más altas que las que reales, no quiere decir que la situación no merezca atención.
Y si realmente tiene interés en ser precandidato a la presidencia de la República por su partido y quiere demostrar que le interesan los sectores más vulnerables de la sociedad, y que su bandera es la del asalariado, debe preocuparse más por las situaciones que vive la gente que no tiene un sueldo como el suyo, ni tampoco 10 mil pesos para pagar un acto político como lo dijo con total desparpajo.
No señor ministro, hágase cargo de la situación sí es tan grave. De que en nuestro departamento había hasta mediados de este año 6.500 salteños, hombres y mujeres que no tienen trabajo y que de esa forma no pueden sustentar a sus familias dignamente, pero que ahora con los cierres de más empresas, pueden ser muchos más. Aunque también hay muchos otros, cientos más, que están en condiciones de subempleo, sin figurar en el BPS y con condiciones deplorables de trabajo. Por todos ellos, señor Murro, hágase cargo de que el hecho de que haya gente sin empleo es muy grave, y que además es una deuda del gobierno que usted integra, más allá del partido político al que pertenezca, porque que haya desempleo, quiere decir que usted no hizo lo suficiente para no permitir que eso pasara.

HUGO LEMOS

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El rol de la Iglesia

En Uruguay estamos asistiendo a un cimbronazo cultural que nos ha sacudido la modorra que traíamos de las últimas décadas. Los efectos de las reformas sociales más liberales que se recuerden, promovidas por el Frente Amplio y principalmente por el gobierno de José Mujica, que con las mismas pudo poner a Uruguay en el mapa, son las que nos están generando una transformación social que aún la mayoría, no sabemos manejar. catolicos
Nos referimos a la ley que regula el mercado de la marihuana y permite su venta en farmacias, a la interrupción voluntaria del embarazo (un buen concepto que se resume en la legalización del aborto), el matrimonio igualitario y todos los cambios a la legislación en el Derecho de Familia que dicha norma trajo consigo, entre otras, como la ley de cuotas, la ley de identidad sexual, etc.
Todas estas leyes, que han sido aprobadas porque un partido político tiene la mayorías parlamentarias necesaria para aprobarlas, van a contrapelo de lo que muchos otros actores de la sociedad piensan, opinan y quieren, pero que como en todos los casos, deben sumirse en una realidad que los abruma por todos lados y que deben aceptar. Como pasa con las redes sociales, hay que familiarizarse con las mismas o quedarse afuera del mundo.
En ese sentido, instituciones como la Iglesia Católica, que está con las narices en esta tierra mucho antes de que nos denomináramos como país y que incluso nuestros antepasados supieran quiénes éramos y a qué venían a estas latitudes, están buscando reinventarse para no perder espacios y seguir presentes con sus valores y principios como el primer día.
Pero en ese sentido, hasta la Iglesia está procesando cambios y transformaciones internas. No deja de lado su doctrina ni se aparta de la misma un solo milímetro, pero apoya la innovación de tener que salir a la calle y sentarse junto a los que menos tienen, generar condiciones para aceptar a los nuevos colectivos sociales y tener un discurso acorde a las realidades sociales que vivimos hoy.
La invasión de religiones de corte evangélico, que han inundado las ciudades con carteles luminosos y con pastores con acentos norteños, así como también la aparición de distintas iglesias que recorren los hogares para invitar a conocer su verdad, generó en una época una preocupación en el clero, porque entendían que estaban perdiendo fieles en función de que la Iglesia no atendía las realidades de la gente, ni se aggiornaba a estos tiempos.
Eso constituyó un desafío que generó que el catolicismo que estuvo siempre como institución de primer orden entre las sociedades occidentales, trabajara internamente para volver a tener un rol protagónico y atender a toda la sociedad, entendiendo al ser humano con sus defectos y virtudes como un ser único e irrepetible.
Así me lo hacía saber ayer uno de los obispos con los que hablé al terminar la misma donde fue ordenado el nuevo Obispo de Salto, Fernando Gil, a quien consulté sobre su parecer respecto a los nuevos colectivos sociales, especialmente a los LGBTI, que exponen su ser a todas luces sin vergüenza alguna y exigiendo muchas veces no ser discriminados por doctrinas que los hacen ver como si fueran el diablo personificado.
Reacciones que incluso se extienden a las nuevas formas de concebir la sociedad a través de las llamadas políticas de género, donde la Iglesia es denostada por su forma patriarcal de ver la sociedad y de concebir el mundo.
Sin embargo, ese clérigo me dijo que todos los seres humanos debían ser concebidos y tenidos en cuenta por la Iglesia, por lo cual era hora de volver a mirar a todos y de pensar solamente en contribuir a la sociedad a través de su evangelio. Manteniendo sus valores y principios pero apostando a todos por igual.
El rol que tiene la Iglesia hoy es la de cobijar a todas las personas, sin importar su condición personal, religiosa, política u orientación sexual. Debe buscar entrar con los valores de la paz y el amor en todas las vidas, porque se trata de un mensaje positivo para una sociedad que solo ve violencia y destrucción por todos lados.
No digo adoctrinar a nadie, sino seguir dando de manera incansable su mensaje, para que la gente sienta que hay un lugar donde más allá de su creencia, de su vivencia personal, de su manera de entender a Dios y de creer en él, encuentran un espacio de consuelo, solidaridad y humanismo como los que no presta ninguna otra institución pública o privada en un mundo que ya no entiende de humanismo.

HUGO LEMOS

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Dejen de jugar a los matones

Por estas horas los uruguayos estamos asistiendo a un momento de enfrentamiento sin par entre el gobierno nacional y algunas autoridades de las Fuerzas Armadas, que desde hace días vienen exteriorizando ante la opinión pública un clima de tensión innecesaria, en tiempos donde la democracia en nuestro país se ha fortalecido como en pocos países del continente. democracia
Si bien la transparencia y fortaleza de nuestro sistema democrático es algo de lo que podemos presumir con valentía con el fin de que otras naciones de nuestra América Latina tomen el ejemplo, últimamente hay señales que se están dando en forma equívoca, y que están siendo alentadas por tiendas políticas de manera incorrecta.
Por ejemplo, el arresto a rigor del comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, algo que ha sido decidido a medias por las autoridades porque solamente tomaron en cuenta lo que establece el artículo 77 de la Constitución para definir la sanción, pero no para adoptar los criterios que ese precepto normativo impone, ya que el gobierno le dio un mes de arresto y la Constitución dice que la sanción debe ser de 2 a 10 años o en su defecto, su destitución, algo a lo que el presidente Vázquez parece que no se animó a tanto, lo que fue el detonante para que muchos hablaran de un golpe de timón en el relacionamiento entre la izquierda y las Fuerzas Armadas, relación que retomaron en paz desde el año 2005 y que ha costado, pero que se selló con Fernández Huidobro al frente del Ministerio de Defensa.
Esa sanción enturbió las aguas y cuestionó al presidente de la República por todos los frentes, aunque hubo algunos que si bien aplaudieron la decisión del mandatario, lo cuestionaron por no aplicar la destitución que menciona la Carta Magna. Creo que Tabaré Vázquez quiso dar una señal de autoridad frente a los militares, para que incluso los dichos de Manini Ríos referidos a la Caja Militar, no sean tomados políticamente por la oposición en la pre campaña electoral que estamos viviendo, pero eso generó un efecto boomerang que lo vivió el propio gobierno ante las cámaras de televisión en el tradicional acto de clausura de la Expo Prado el sábado de tarde.
En esa instancia, la banda militar apareció en el escenario entonando la Marcha de Tres Árboles, que es el Himno del Partido Nacional, partido de oposición que por primera vez en 15 años pone en jaque al Frente Amplio, que ya sabe que dirimirá un competitivo balotaje con esa fuerza política, porque al menos es lo que hacen prever todos los sondeos hasta ahora.
La situación fue desubicada, descabellada y fuera de tono de parte de las Fuerzas Armadas, que lo que hicieron fue darle una respuesta institucional al gobierno, por la sanción de su comandante en jefe. El hecho fue politizado y las instituciones castrenses, que en nuestro país ni son oficialistas ni tampoco pueden ser de la oposición, porque no son fuerzas armadas del gobierno sino del país, y por tanto responden a todos los uruguayos, generaron un hecho político lamentable, vaya a saber por la decisión de quien sabe quién.
El error fue de todos y lo que ocurrió, lejos de subir la apuesta en el conflicto interno que a ojos vista tiene el presidente con las autoridades militares, por más que lo quieran maquillar como ellos deseen ante la opinión pública, debe ser una señal para bajar la pelota al piso y para tener una reunión de camaradería donde todos, el Poder Ejecutivo y las principales autoridades castrenses de nuestro país, limen asperezas y delimiten sus acciones en el contexto político nacional.
El gobierno debe pedirle a los responsables de las tres fuerzas que se limiten a actuar políticamente con opiniones, marchas militares, o actos de cualquier tipo y las autoridades a comprometerse a seguir apoyando la democracia, el apego a las instituciones y a la Constitución de la República, como ocurre desde 1985 hasta ahora y como debe seguir siendo en todo momento.
Tanto unos como otros, deben saber que el pueblo uruguayo en su conjunto, que puede llegar a tener sus diferencias con uno u otro gobierno, no deja de reconocer que los mismos son electos por la población y que una vez que llegan al gobierno, nos representan a todos, por lo cual debe haber un compromiso institucional que remarque que el sistema democrático de nuestro país, no se puede dejar amedrentar por afrentas políticas e ideológicas que existan por deudas del pasado o por problemas del presente.
Los uruguayos todos no estamos dispuestos a ser rehenes de los dislates y enfrentamientos de grupos de poder, que pretenden generar discrepancias que pueden lesionar la convivencia pacífica de nuestro país.
Pero tampoco aceptamos que aprovechando la volada, políticos de la oposición quieran generar rédito con este incidente que ocurrió el pasado sábado, cuando algunos se vanagloriaron de la infantil actitud de la banda militar, que entonó el himno partidario para cachetear al gobierno con guante blanco, por la sanción a su máximo general.
En ese sentido, estamos convencidos que el Frente Amplio y el Ejército deben sentarse a conversar para que estas nimiedades que determinaron una puesta en escena de poder entre gobierno y militares, no ocurran otra vez, porque la sociedad en su conjunto no va a aceptar ni tolerar que ninguna de las partes juegue a poner en riesgo la democracia, jugando a ser los matones de turno contra las instituciones que son respetadas y protegidas por todos los uruguayos.

HUGO LEMOS

 

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Las enfermedades que ellos quieren

Cuidar la salud siempre es importante, es uno de los aspectos más relevantes de la vida humana y que deberíamos tener en cuenta cada día con el fin de tener una existencia no solo más prolongada, sino además placentera.
Pero por lo general, lo que menos hacemos es preocuparnos por esto y le damos de punta a todo lo que nos hace mal, a sabiendas de que nos estamos enfermando con los malos hábitos que practicamos todos los días. salud
Fumamos mucho y lo hacemos como si nada, porque total, salimos a caminar el fin de semana y creemos que eso nos ayudará a expulsar la cantidad de nicotina que tenemos en la sangre, comemos frituras, grasas, comida a base de transgénicos y no medimos las consecuencias de absolutamente nada. Hasta escribir de este asunto, que es el más importante de todos, parece un embole. Puede sonar aburrido y que muchos digan: ‘sí, sí, más de lo mismo’.
Sin embargo, habría que rescatar la vieja frase de que ‘letra con sangre entra’ y no es que se vaya a obligar a nadie a empezar a comer sano, a hacer ejercicio o a mirar lo que está consumiendo cuando compra un paquete de arroz o de harina en el supermercado, sino que hay que insistir en algo importante: ‘somos lo que comemos’. Y mientras comamos más porquerías, peor nos va a ir.
Y ese dinero que ahorramos ahora en comprar productos alimenticios que tienen baja calidad de nutrientes, se lo terminaremos dando a las mutualistas después o peor todavía, a una empresa fúnebre, y hay que decirlo y pensarlo, sin dramatismos, porque el mayor drama es seguir teniendo la vida sedentaria y de desnutrición que tenemos.
Estar desnutrido no es no comer nada, sino comer mal y eso se entiende por no comer literalmente, como ocurre en los casos de extrema pobreza que lamentablemente tenemos aún, por más que haya políticos que se nieguen a ver esta realidad, y también por ser sedentarios y comer de manera desordenada.
Hace pocos días EL PUEBLO publicó un informe en su sección Pantallazo Hortícola del colega Emilio Gancedo, que decía que el mayor problema de salud en los uruguayos se daba por el sobrepeso, que padece más de la mitad de la población, por la falta de hábito del consumo de frutas y verduras.
Y la pérdida de ese habito en un país que es productor de este tipo de alimentos, es un crimen. Y si trasladamos el tema a Salto, peor aún, ya que si bien no es para pasarle la mano por el lomo a las sacrificadas familias de productores hortícolas de nuestro medio, que son decenas y que trabajan mucho y muy bien, aunque a veces económicamente no les vaya como debería irles, contamos con un stock de productos alimenticios de primer nivel que deberíamos saber aprovechar.
Porque si vamos al caso, comprar en una verdulería este tipo de alimentos frescos y sanos, hasta económicamente es redituable para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, entonces en ese sentido, no hay falta de acceso a los mismos, porque los precios de un kilo de una fruta o de una unidad de vegetales, no superan en la mayoría de los casos los 100 pesos uruguayos, pero nadie hace un almuerzo de eso.
Aunque en este negocio, el tema del uso de transgénicos en la fruta y la verdura también se las trae y hay que tener cuidado muchas veces con pensar que una verdura o fruta de mayor tamaño es lo que debería consumirse, porque eso no asegura la calidad natural del producto. Pero en general, hay que tener cuidado como en todas las cosas, porque cuando vamos al supermercado debemos mirar en las latas o en los envases qué es lo que contienen los productos que buscamos y eso debería pasarnos a su vez en las verdulerías.
El tema de tener una alimentación saludable viene a colación de los problemas de atención que se generan posteriormente en el sistema de salud, tanto en el subsector público como en el privado. La saturación de pacientes para la atención en una sala de emergencias, ante una mayor demanda y ante la misma oferta de profesionales médicos para brindar asistencia que imponen las instituciones, generan problemas de todo tipo a la población.
Primero, las demoras típicas del caso, porque él o los (con suerte), médicos que deben prestar asistencia están llevando adelante una atención de muchas horas a muchos pacientes de manera continua, lo que no les permite razonar bien cada caso y hay veces, que estas situaciones pasan a ser las más y terminan promoviendo el uso de antibióticos en niños y adultos, como manera fácil de salir del asunto.
Cuando por lo general, lo primero que necesitan es que les hagan un análisis para descartar que pueden tener una bacteria y que por lo tanto, lo que necesitan, es alimentarse bien, descansar y hacer ejercicios y no taparse de pastillas que los harán dependientes del consumo farmacológico y hasta incluso, les extenderá su dolencia, convirtiéndola en enfermedad.
Por eso la calidad asistencial muchas veces no es la adecuada, tanto a nivel privado como público, el reclamo del usuario no se hace de manera correcta, y termina siendo parte de un sistema que lo domina y lo convierte en una oveja apilada detrás de una consulta, la que encima, después termina haciendo fila en una farmacia para levantar lo que la industria farmacéutica indica muchas veces, por encima del arte de la medicina, que esa persona debe consumir.
En tal sentido, la vida humana, que es un milagro y por lo tanto hay que cuidarla, debe tener un valor que no le estamos dando, que pasa por saber cuidarnos, aprender a querernos, y sentir que si no hacemos algo por cambiar nosotros, la preservación de la especie se termina antes de lo previsto, porque lejos de hacer que nuestra vida se prolongue, sea mejor y nos ayude a tener las energías necesarias para ser seres que demos aportes a la sociedad a la que pertenecemos, solamente seremos números de un cúmulo de cosas, que tienen un principio y un final sin sentido alguno.

HUGO LEMOS

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El daño estatal de la marihuana

Un informe de la Junta Nacional de Drogas presentado al presidente Tabaré Vázquez días pasados, asegura que tres de cada cuatro adolescentes consumieron drogas el último año. Es decir, el 75% de nuestros jóvenes que debería estar en su casa estudiando para tener un mejor futuro en un mundo cada vez más competitivo y que será aún más feroz en la supervivencia del trabajo en los próximos tiempos, con la automatización laboral mediante, no está recibiendo la necesaria contención en su hogar y sale a consumir drogas. marihuana
El alcohol es la droga más popular entre los jóvenes, casi todos la han bebido entre los adolescentes, incluso antes de que el 99% de los mismos alcance a leer un libro de manera completa, lo que habla a las claras del nivel de formación académica de nuestros adolescentes, sobre todo teniendo en cuenta un futuro tan complejo como el que asoma al corto plazo, donde con la robotización del empleo, se perderán miles de puestos de trabajo tal cual los conocemos.
Desde que era adolescente el consumo de alcohol estaba presente, hasta como una forma de querer demostrar hombría, un concepto tan equivocado como arcaico, entre los pares, cuando recién comenzábamos a vivir nuestra vida nocturna, que si bien tiene un tiempo para ser vivida, las secuelas que puede dejar el hábito del consumo de alcohol para el resto de nuestras vidas es totalmente diferente.
Pero para peor, lo que se ha popularizado entre los más jóvenes en la actualidad, no es tanto el alcohol, sino el consumo de la marihuana. Esa plantita que muchos de ellos en un total desconocimiento y en un brutal ataque de ignorancia colectiva, la quieren hacer ver con conceptos tan burdos e inexactos como desde que es inofensiva, hasta que se trata de un superalimento con nutrientes. Algo tan absurdo como paradójico.
Desde que el expresidente José Mujica, con la aparente nobleza de un abuelito bueno, quiso ayudar a que sus jóvenes no se droguen en abundancia, porque sino tendríamos cada vez más un país de gente que no serviría para nada, quiso regular el mercado del cannabis creando una ley que prevea un registro de consumidores, clubes cannabicos, etc. ha popularizado con ahínco esta droga, tanto que nuestros jóvenes la consideran algo bueno para mejorar la salud.
Está comprobado que en muchos casos puede llegar a ser menos nocivo fumarse un porro que un paquete de 20 cigarrillos por día, donde la nicotina del cigarro consumida en demasía y de manera frecuente es la puerta de entrada a un cáncer, pero no podemos pensar ni por asomo, que por esa razón fumar marihuana es algo sano. Así que no hay que ser tan ignorantes.
Lo que pasa que todo va en el mensaje que se ha creado con la liberalización del mercado de esa sustancia. El gobierno de Mujica apeló a una de las reformas más liberales de la historia de los gobiernos del Uruguay, siendo él incluso un detractor de las políticas liberales aunque bien le ha funcionado siempre el ‘como te digo una cosa, te digo la otra’. La campaña de desregulación del consumo de la marihuana ha sido tan mala, que le ha generado a los más jóvenes la idea de que ser consumidor de esta droga no es malo y ayuda a mejorar la sensibilidad del cuerpo, además de hacerles creer que si el alcohol, que es una de la peores drogas que existen, junto con el cigarrillo y los fármacos, son legales y se venden en farmacias, porqué no habría de hacerse lo mismo con la marihuana.
Lo que no han tenido en cuenta los genios que han publicitado esa política pública, considerada de vanguardia en el mundo entero, por ir contra las reglas establecidas de querer combatir este flagelo de las drogas poniéndose a publicitarlo, para que el mismo disminuya, es el alto impacto que iban a lograr en los jóvenes donde en una sociedad de consumo como la nuestra, lo primero que les iba a entrar por la vista era el marketing que se hiciera al respecto, lo que ha funcionado a las mil maravillas, donde muchísimos jóvenes y otro no tanto, han formado clubes cannábicos y consideran que la fumata colectiva de esa plantita, a la que han visto crecer desde la semilla, y la han cuidado con todo lo que ello implica, convirtiéndose en verdaderos expertos de la botánica cannábica, es algo saludable.
Entonces, después de consumir la sustancia, a través del ritual adictivo del ‘no me importa nada’, salen a la calle a encarar menos aún la vida y lo que esta impone. Pero luego son los principales quejosos de una sociedad por la que ellos no levantan ni siquiera un ladrillo, no juntan un papel del suelo y poco les importa si la democracia o el sistema funcionan bien o está corrompido, porque los primeros corrompidos han sido ellos cuando otros les han permitido generar ese submundo del consumo para escabullirse de los problemas y permitirles y permitirse no encarar nada, encima sin advertirles de los riesgos que el exceso de consumo de sustancia de esa naturaleza, por más que ellos mismos hayan plantado y regado la plantita, conlleva al corto plazo.
Tenemos un mundo de gente que no encara y que a los que no fuman les llaman ‘caretas’. Cuando lo que no se dan cuenta es que habiendo más gente como ellos, menos problemas y menos quejas tendrán los que manejan la sociedad para revertir sus políticas. Tienen un grupo social controlado bajo los efectos de una sustancia que te aparta del mundo. Y ese es el mal mensaje que ha dado un gobierno al pretender ser liberal y darle a la gente lo que en realidad siempre pide, más libertad para hacer cada vez menos, por sí y por la comunidad a la que pertenecen.
Sé que si digo esto, soy un facho, un conservador resentido, que estoy ‘caverneando’ (como dicen ahora) a los pibes por creer que fumar marihuana está bien. Pero ¿quién defiende mi derecho a no querer una sociedad así? ¿Quién protege a mis hijos de no tener las drogas (todas ellas) presentes en su vida todo el tempo? ¿Quién vela o responde por mi manera de pensar y de querer una sociedad de esa manera? Nadie, porque me olvidaba que ahora comprar diez kilos de comida en Concordia puede llegar a ser delito, pero promover el consumo de drogas, es legal.

HUGO LEMOS

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Acá también tuvimos el momento ‘Flan’

Cuando el actor y humorista Alfredo Casero hizo una genial representación en el programa Animales Sueltos que conduce Alejandro Fantino, sobre cómo ve él la situación actual de su país, “la” Argentina, al grito de “¡Quiero Flan!”, fue una metáfora perfecta para enumerar varios casos que han vivido la misma situación, entre ellas la de la Intendencia de Salto en el 2015. corrupcion
Representando la situación del gobierno como una casa que quedó devastada por un incendio y cuyos integrantes de la familia en vez de ocuparse en ayudar a recomponer el lugar, le exigen al jefe de familia que les dé flan para comer, sin escuchar las razones por las cuales el mismo no está en situación de poder atender ninguna de las demandas que le exige el colectivo de su familia, Casero deja en claro su opinión sosteniendo que de esa manera, estando en esas condiciones, ningún gobernante puede hacer nada.
Si bien la situación local es distinta, porque en Argentina los exgobernantes están siendo investigados por la presunta complicidad que podrían tener con los delincuentes de gran porte que conformando una piara de ladrones se vaciaron un país entero, dejando a la nación vecina en una endeble situación económica, y si bien acá hubo desprolijidades no hubo desfalcos ni robos, el actual, gobierno departamental también tuvo en su momento y no ahora, aclaro por las dudas, una situación similar a la que describió el humorista argentino en el referido programa televisivo.
Andrés Lima tuvo su ‘momento Flan’ cuando incluso antes de haber asumido, ya tenía una lista de personas pidiéndole que le pagara el sueldo y otros tantos, exigiendo que la Intendencia cumpliera con sus obligaciones y pagara las deudas que venían arrastrando en algunos casos de varios meses atrás.
Este análisis no pretende ser una carta en blanco para el actual intendente, porque el mismo debe hacerse cargo ahora de una serie de problemas que se han generado durante su administración y que debe enfrentar de la mejor manera posible para no generar o generarse en caso de ser reelecto, un problema a futuro.
Pero es justo decir que Lima pasó por el reclamo del Quiero Flan de mucha gente, cuando ni siquiera conocía por dentro el despacho del Intendente, ya tenía que andar en Montevideo negociando la entrega de partidas de dinero en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto para poder resolver el incendio que se había generado en la Intendencia de Salto, cuando la misma había dado quiebra y no tenía ni un centésimo, ni siquiera para pagarle el sueldo al portero.
La intención no es rascar viejas heridas ni mucho menos poner a nadie en la parrilla, pero los hechos objetivos como son, hubo una mala administración que determinó que los dineros se gastaran sin tener en cuenta lo que se precisaba para atender los requerimientos de la comuna, entre ellos el sueldo de los funcionarios, lo que motivó una paralización total de la actividad y reclamos masivos hacia un intendente que solamente había sido electo y ni siquiera tenía armado su equipo en aquel entonces.
Aunque Lima recibió su Quiero Flan y tuvo que hacerse cargo de cocinarlo y repartirlo más temprano que tarde, con el fin de poder empezar a tratar de gobernar. Está claro que de ahí en más, cada cosa que resolvió la puso en todos los diarios con el fin de que la gente se enterara que estaba agarrando más que una administración de gobierno, un hierro caliente que le quemaba las manos y para lo cual no estaba preparado, porque nadie sabía que la situación era tan grave hasta el día después de aquellas elecciones del año 2015.
Empero, los problemas actuales que pueda tener la administración ya son propios de la misma, de la forma en cómo resolvieron las deudas heredadas, de la magnitud de los préstamos obtenidos y de cómo los mismos pesan a esta administración y pesarán a las futuras gestiones de gobierno, eso sí, es responsabilidad actual y todos esperamos que no haya un nuevo Quiero Flan en el próximo período.
Por eso es importante hacer un análisis de esa situación representada por Casero, sobre cómo nos comportamos los ciudadanos frente a los problemas que generan las administraciones políticas, donde la que siempre termina perjudicándose es la gente, por varias razones, o porque los vaciamientos generan hambre, desesperación, pobreza y un país en la miseria, o porque las recuperaciones son lentas, con recortes, fiscalistas y muy duras también para los que menos tienen. Es decir, siempre van a pagar por una cosa u otra, los que menos tienen y la clase media trabajadora que es la que menos accede a las bondades del sistema y la que se perjudica por las malas decisiones económicas de los gobiernos.
El estado de bienestar no puede estar teñido de populismo, su concepto no es subsidiar los costos de vida para que haya gente que pueda comprar a un costo de que cuando la burbuja reviente todos, los subsidiados y los no subsidiados, terminen con las cuatro ruedas para arriba. Y eso fue lo que ocurrió en Argentina, pero la gente no puede esperar que las economía se acomode y que la casa que está incendiada se recupere de a poco, la gente quiere flan ahora, ya. Y lo va a exigir como sea.
En Salto también pidieron flan, tanto los funcionarios municipales que no cobraban su salario como los proveedores de la comuna que no veían un peso desde hacía meses y sus propias casas estaban por incendiarse. Lima entró como un bombero para nada voluntario porque su intención era hacer otra cosa que la situación del momento y el reclamo de la gente no lo dejó de entrada, que fue gobernar.
Ahora recién está empezando a hacerlo, con muchas dificultades todavía y con aciertos y errores, aunque más allá de esto, todos esperamos que al final de su período nadie esté pidiendo flan, no haya incendios que apagar y la casa quede en pie, más allá de algunos golpes, pero que quede habitable para él mismo o para el próximo que venga, porque la gente no entiende de números y siempre de un lado o del otro, van a pedir flan y con dulce de leche caro.

HUGO LEMOS

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Las preguntas que molestan

Cuando el periodista Gabriel Pereyra entrevistó a José Mujica en el año 2009, siendo entonces este pre candidato a la presidencia (algo que lograría meses después), le dijo al conductor del programa En la Mira que se emite en VTV, que “hacía los mandados” cuando escribía en el diario El Observador de donde Gabriel, era en aquel momento el Editor en Jefe, porque hacía títulos y redacataba notas que iban en contra de los intereses de la izquierda. prensa
Allí el periodista le señaló al entonces futuro presidente que “no sabía nada de cómo se trabajaba en periodismo” pero que eso no le importaba “porque un presidente no tiene porqué saber de todo”, pero le disgustaba que como hombre político, el “Pepe”, convertido en un ícono de la “política de la gente” a nivel global, sobre todo después del libro “Una oveja negra al poder”, de los periodistas Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, que giró por todo el mundo, vendiendo una imagen populachera del ex mandatario, tenía que respetar más.
Porque lo que sí le preocupaba era que alguien que debe respetar a la sociedad por el cargo que pretende ocupar, iniciara una campaña de descrédito contra periodistas y medios de comunicación por no estar de acuerdo con lo que los mismos decían o escribían.
Pasaron los años y nada cambió. Una serie de episodios han ilustrado la relación entre el poder político de todos los partidos, sobre todo de los del gobierno y la prensa, el último caso más conocido, fue el del presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, quien criticó al mismo diario donde antes trabajaba Pereyra, El Observador, por haber titulado que el 40 % de los hogares uruguayos tiene riesgo de caer en la pobreza.
Esa información, tomada de indicadores oficiales y de estudios sociales, fue analizada por los periodistas y sintetizada por el diario a la hora de informar. Pero no rebatida por el oficialismo, sino que los mismos se dedicaron a querer matar al periodista, al periodismo y a los medios de comunicación como tales, hablando de amigos o enemigos.
Este tipo de ataques, lamentablemente se cuecen en todos los partidos políticos y en todos los sectores. Es una guerra de intereses, donde quienes quieren criticar y cuestionar, deben después ser sometidos al escarnio público de la claque en las redes sociales, puestos como punta de lanza o a la parrilla, como más les guste decirlo, por los líderes políticos que se ven afectados por una información u opinión que sea esgrimida por un periodista.
Me pasó en carne propia por estas horas, donde un sector denominado Batllistas, que impulsa la figura del expresidente Julio María Sanguinetti, aunque por ahora no la candidatura, puesto que parece ser que quien liderará la postulación será el exintendente de Rivera, Tabaré Viera, apuntalado por el octogenario exmandatario claro está, me fustigó abiertamente y me exhibió como punta de lanza entre los suyos, para que la caterva diga y desdiga los disparates que más les guste en ese mundo del vale todo como son las redes sociales.
Allí tuve que soportar que varios digan de todo sobre mi persona, pero no tanto sobre lo que allí escribí, porque de esto se encargaron los adláteres de Sanguinetti; quienes tildaron una opinión donde afirmo que el exmandatario dijo en su momento que en Uruguay no había desaparecidos y que Julio Castro, maestro y periodista asesinado por la dictadura, estaba en Europa y no desaparecido, como una noticia falsa que intentaba desprestigiar al expresidente.
Primero, creo que Sanguinetti es un demócrata y fue impulsor de la ley de amnistía que en su momento permitió liberar a los presos políticos. Fue defensor de la libertad y más allá de que de él se ha dicho de todo, nunca generó un problema de ningún tipo contra nadie que lo haya fustigado a través de la prensa, porque la crítica justa o injusta, entendía que era parte del hecho de ser una figura pública.
Segundo, está bien que un periodista si afirma algo debe corrorborarlo primero, por la responsabilidad que infiere su trabajo, por lo tanto es buena cosa que si uno se equivoca, después se retracte, de lo contrario debe estar dispuesto a aguantar el chaparrón. Pero sobre todo quienes trabajan en política también tienen que tener responsabilidad, archivo para resistir, memoria para saber si es buena cosa defender o atacar a una figura sin conocer todo su pasado.
Si bien por estas horas me encuentro imbuido en una investigación para conocer a cabalidad el alcance de las políticas de derechos humanos instrumentadas durante los dos gobiernos del Dr. Sanguinetti, las mismas siempre dejaron sabor a poco con respecto al tema de los detenidos desaparecidos.
Sabido es que le tocó agarrar un gobierno en transición democrática donde los militares entregaron el poder en 1985, pero lo vigilaron de cerca durante años con tal de recibir la inmunidad pactada antes.
Pero aún así, Sanguinetti liberó a los presos políticos y trabajó en varios frentes que le ocuparon su primer mandato, incluso soportando un referéndum por la ley de caducidad, porque la gente no se conformaba con la impunidad adquirida por los militares entre los cuales se encontraban flagrantes violadores a los derechos humanos y a la Constitución de la República. Pero Sanguinetti tenía que gobernar, reconstruir el país y estabilizar la democracia y lo sorteó con creces.
En su segundo período, entre 1995 y 2000, trabajó en el desarrollo de la economía y en otras áreas que apuntalaron al país que hoy conocemos, crisis económica mediante, pero en derechos humanos sus esfuerzos se agotaban en los presuntos compromisos pactados con los militares de no rascar demasiado para no agitar al avispero. Y así quedó demostrado con el caso de la nieta de Juan Gelman.Bastaron pocos meses del gobierno de su sucesor, el también colorado Jorge Batlle, para que las cosas quedaran aclaradas, porque el paradero de la nieta del poeta argentino, por la que clamaron intelecutales de todo el mundo, era un secreto a voces.
Tengo entendido que sus palabras fueron que en Uruguay no hubo desaparecidos y que Julio Castro estaba en Europa, si consigo confirmar que no fue así, las preguntas que formulé en una editorial publicada el sábado 18 por este diario, caerían por su propio peso. Aunque de hacerlo, lo reconocería públicamente sin ningún titubeo, y por otro lado, se que habría muchas otras consultas relacionadas a este tema, para poder formularle. Espero de todos modos, poder aclarar este asunto por el bien de la responsabilidad periodística que intentamos ejercer. Mientras tanto, me alegro que la democracia a la que tanto contribuyó el expresidente, siga más viva que nunca.

HUGO LEMOS

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Tan uruguayos como nosotros

El voto consular no es un tema fácil de dilucidar. Por un lado estamos todos los que tenemos familiares en el extranjero y siguen prendidos al paisito, como el primer día que se fueron. Y que lo hicieron por razones económicas, por ese exilio que tuvieron que autoimponerse para poder vivir bien y tener condiciones decorosas, esas que por más que tuvieran estudios en nuestro país no conseguían.  voto
A ellos los consideramos todos los días como si vivieran acá, como si estuvieran acá, porque así consideramos por ejemplo a los jugadores de fútbol. Hace poco tiempo, el futbolista uruguayo Luis Suárez, dijo en una entrevista al Canal 10 de Montevideo, que “vivo en Barcelona cada día como si estuviera en Uruguay”.
Señaló que concurre asiduamente a la parrillada de un amigo uruguayo en esa ciudad, donde pasa mirando la televisión nacional y discutiendo sobre los resultados del campeonato uruguayo, siguiendo en su caso como es notorio a Nacional. Entonces si mañana Luis Suárez plantea que él quisiera votar desde Barcelona para decidir quién podrá ser el próximo gobernante de su país, nadie le va a decir nada. Y tampoco nadie se atreverá a cuestionar que Suárez, al que le reclamamos que haga goles para nuestro país en países extranjeros como Rusia, tenga el derecho a votar, porque vive en el extranjero.
También consideramos uruguayos a los que estando en ciudades como Miami (Estados Unidos), o Palma de Mallorca (España), por nombrar solamente dos lugares en el mundo donde encontramos muchos compatriotas y sobre todo, muchos salteños, pasan enchufados y pendientes de cada cosa que pasa en nuestro país. Y dejan en muchos casos, miles de dólares en este rincón del planeta para hacer mover la economía a través de sus familias que aquí esperan los resultados de su trabajo del otro lado del mundo.
En esos casos, no les decimos que no son ciudadanos y que no pertenecen a nuestro pueblo oriental. Por el contrario, los vemos con buenos ojos cuando una cámara de televisión que ande por el mundo enfoque un plano y aparezca alguno de ellos con termo y mate debajo del brazo, o con la camiseta de la selección. Allí los reconocemos como iguales y nos contentamos que siendo tan poquitos, la diáspora siempre esté presente.
Pero cuando el otro día discutimos sobre su derecho a votar a mí se me vinieron varias cosas a la cabeza, que me hicieron confundirme por momentos. Empleando una situación particular, dije en la redes sociales que mis tíos, dos hermanos de mi padre, viven en Australia hace más de 40 años, cosa que es cierta, pero siempre están pendiente de su país y sacan chapa de uruguayos tanto en Sidney, como en cualquier parte del mundo que hayan visitado.
Sin embargo, ellos no quieren decidir sobre mi gobierno, aunque critican al mismo y cuestionan cada cosa que pasa, tampoco quieren votar, aunque quizás mañana cambiando de opinión y hasta exijan hacerlo. Pero analizando un poco más las cosas, creo que sería buena cosa que la diáspora sea considerada tan uruguaya como todos los que aquí vivimos.
Por lo tanto esos 500 mil compatriotas que están alrededor del globo, tienen tanto derecho a votar como el que tenemos nosotros, en tanto seres humanos y ciudadanos de este país. Pero sobre todo, porque ellos pueden aportar con su voto una visión diferente, algo que nosotros no vemos por el mero hecho de estar viviendo en este lugar, sin haber salido de él y por desconocer otras realidades que pueden ser favorables y aplicables a nuestro país.
Así lo han entendido países como Estados Unidos, Italia, Alemania y otros del primer mundo que tanto imitamos para algunas cosas, pero no para las que también deben ser consideradas a la hora de generar cambios sociales favorables para nuestra población.
Uruguay no puede permitir un derecho solamente cuando le conviene. La oposición habla del “voto Buquebús” por los miles de uruguayos que viven en Argentina y que vienen a votar utilizando los feriados que les daba el gobierno kirchnerista y la rebaja en el precio que otorgaba López Mena, como si ese fuera el paradigma del voto epistolar. Creo que se han quedado cortos y que no están viendo el bosque, por ver solamente el arbolito.
Deben considerar que los uruguayos somos todos, los que vivimos adentro del país y los que están afuera del mismo, incluidos nuestros futbolistas a los que tanto veneramos y seguimos fanatizados, sin darnos cuenta que también son uruguayos que trabajan en el exterior y que viven allá, pero a los que consideramos cercanos y les permitimos cualquier cosa. Cuando a un uruguayo que se fue a ganar el sustento en el extranjero, lo crucificamos y hasta le prohibimos expresar su opinión sobre el gobierno a través del voto.
Si bien la media sanción que tiene esta ley es inconstitucional, por lo que expresa la Carta Magna, debemos tener en cuenta que estamos haciendo mal sino reconocemos como buena cosa y sobre todo como un derecho humano fundamental, que los uruguayos que están afuera del paisito, son tan orientales como nosotros y no les permitamos votar.
De lo contrario seamos coherentes con nuestro pensamiento y desconozcamos a los integrantes de la selección que juegan en el exterior y nuestros representantes en la selección sean solamente jugadores del medio local.
Entonces ahí sí, seguiremos siendo 3,5 millones de personas y lo de la diáspora, será un invento.

HUGO LEMOS

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La noche más fría

Jorge tiene 34 años y hace catorce que está en la calle. No tuvo un vida fácil, creció con padres separados y sus hermanos se turnaban para cuidarlo, aunque la contención no fue todo lo que debió ser. Su madre salía de mañana temprano a trabajar y regresaba a la noche y él se sentía solo en su casa. Pobreza
Cuando fue adolescente, con la rebeldía de los 16 años y el resentimiento solapado de furia porque la vida que tenía no era la que quería, salió de su casa a encontrarse con su destino. Sin terminar sus estudios y sin muchas despedidas, dejó todo porque pensó que solo iba a encontrar una vida mejor. Dejó su barrio, su cama, las paredes frías y húmedas de su cuarto, el que compartía todavía con dos hermanos y empezó una nueva vida.
Ese andar lo llevó por varios destinos, de Montevideo a Maldonado en plena temporada, a trabajar de lo que le den. Primero fue cuidacoches, después sereno, hasta que logró trabajar en la construcción de un edificio, haciendo de peón, de cuidador, de lo que fuere. El tema era que lo que le pagaban, siempre en negro porque era menor de 18, no le daba para vivir, sino para resistir esa furia que lo había alejado de su casa, a la que él no consideraba hogar.
A su padre no lo veía desde los 7 años, cuando este pegó un portazo y se fue. Alguna vez se contactó con ellos para pasarles algo de dinero pero nada más. Él no quería eso, sino que fuera a verlo a la escuela, al baby fútbol o que lo acompañara al médico si tenía que ir alguna vez. Pero eso nunca pasó.
Entonces apeló a seguir soportando lo que fuere, con tal de tener su propia vida. Trabajó mal, siguió peor y por momentos creyó estar tocando fondo. A su madre la contactó varias veces, habló con ella, pero como la misma apenas puede comer con lo que gana, él prefiere no ser una carga más y lograr algo para poder ayudarla.
Pero Jorge, cayó en Salto, porque le dijeron que había trabajo en el citrus y que aquí se pagaba bien. Trabajó seis meses y fue uno de los primeros en pasar al seguro por desempleo y no volver más al trabajo. Hizo algún trabajo de albañil pero le duró poco, ya que poca gente se anima a invertir lo poco que tiene con la situación económica actual y tener trabajo en ese sector, parece ser cosa de privilegiados.
Pensar que hay tantos diputados y senadores que ganan mucho dinero, me dijo una noche de esas que hacían mucho frío y que me lo crucé en la calle revolviendo los mismos tachos de basura en los que sabe que se encuentra algo, caminamos juntos unas cuadras mientras me contaba sus peripecias con la voz que por momentos se le quebraba entre el frío y la angustia por no poder haber cumplido con su meta de llegar a la edad de 34 como tiene ahora y poder tener un trabajo estable con el que pueda ayudar a su madre.
Él es uno de los desesperanzados que anda en la calle, que quiere salir adelante con un trabajo digno, que reconoce que el mundo de hoy es muy competitivo y que por eso si no tiene preparación al menos en los papelitos le será difícil encontrar un empleo que le haga sentir digno. Aunque se tiene fe porque siente que en algún momento “las buenas tienen que venir”, cree que el sistema genera que haya gente que tenga que estar siempre en ese lugar para justificar algunas situaciones como la pobreza estructural, esa de la que miles de uruguayos nunca van a salir.
Dice él que fue al Mides y que no le dieron nada. Que le pidieron de todo, pero que la respuesta fue que no tenían programas de atención como para él, más que alguna ayuda temporal. Él quería que lo ayudaran a ingresar al sistema y tener trabajo. Pero es demasiado pedir, le dijeron que no son agencia de colocaciones y lo retaron diciéndole que tenía que haber tomado mejor sus decisiones de vida. Increíble.
Mientras en las estadísticas del gobierno la pobreza disminuye, en las calles se siente, se ve y entristece. Mientras una dirigente oficialista comía con sus hijos en su casa y su ventana que da hacia la calle hacía ver lo bien que lucía su vida, seguro que merecidamente eso nadie lo discute, a pocos metros de allí y de espaldas a ella, Jorge y otro hombre que está en su misma condición y al que conoce de verlo en la calle, revolvían el contenedor que está en la esquina, los que se han convertido en grandes platos de comida para gente en la miseria.
Cuando me despido le digo una frase naturalizada para los que como yo, felizmente tenemos un techo donde dormir, “cuidate del frío” y él me mira y me dice “sí, va a estar frío el piso hoy, pero encontré uno con un resguardo donde me dejan pasar la noche, por lo menos la helada no me cae toda en la cabeza”.
Luego de verlo ir a buscar ese lugar, sentí por dentro que esa fue una de las noches más frías en lo que va de este invierno, aunque no cayera ninguna helada.
Lástima que para las estadísticas ellos no son muchos.

HUGO LEMOS

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Falta seriedad en el debate

El país viene pasando por momentos donde las discusiones sociales se vuelven poco serias y hasta cuasi banales. Deberían ser más en serio. Porque si decimos que estamos en problemas, tenemos que dedicarle tiempo al análisis y al debate de los temas de fondo que son los que marcan la cancha, con el fin de encontrar soluciones, o al menos caminos que nos ayuden a empezar a allanar las salidas que tanto necesitamos. pobres
En ese aspecto no podemos hablar así nomás de los problemas de seguridad, empleo, vivienda, educación, rentabilidad, carga impositiva, entre otros que son los aspectos más trascedentes de nuestras vidas en la actualidad. Y mientras tanto, me asusta ver cómo parece que desde el gobierno hay cosas que las toman para broma.
Mientras hay problemas de emergencia habitacional y en una ciudad como Salto, donde somos un estadio de fútbol de gente contamos con 27 asentamientos irregulares, lo que trae aparejado infantilización de la pobreza, precariedad en las condiciones de vida de la gente, donde la educación en valores no sea lo primordial cuando lo que urge es poder cubrir el plato de comida todos los días, se generan los otros problemas, los de una violencia empedernida que termina en los problemas de inseguridad que todos conocemos.
Esa cadena es real y mientras las autoridades no vayan a tratar de desentramar ese enredo, no con programas socioeducativos que son muy bonitos y que pueden ayudar a algunos a pensar, pero la mayoría no es que no piensa, por el contrario piensa y piensa mal porque en la casa falta para el guiso, entonces salen a buscar a la calle soluciones rápidas y muchas veces las mismas van en la dirección incorrecta.
Entonces quienes están al frente de las instituciones públicas deben concurrir a esos lugares donde hay carencias de todo tipo con propuestas en serio y con una alternativa para que quienes están entrampados por la pobreza, vean un halo de esperanza que no pase por una tarjeta social con algunos pesos para gastar en un supermercado; eso hasta que puedan comprarse un lavarropas (a lo cual tienen tanto derecho como cualquier hijo de vecino) y el Estado con la próxima visita de la asistente social, les quite el beneficio porque entiende que hubo una superación en su nivel de vida y entonces los mismos deben vender el lavarropas para volver a acceder a la tarjeta del Mides y así la calesita que no termina nunca, y tiene a la pobreza como eje todo el tiempo, sin que la misma tenga el más mínimo atisbo de desaparecer.
El problema es que estamos dando como sociedad mucho pescado y evitamos darles cañas de pescar. Pero lo hicimos por tanto tiempo, que ahora si alguien intenta llevar una, lo sacan a patadas. Y esto es una cuestión cultural y generacional, que se transmite de padres a hijos y así la sociedad de reconvierte cada vez más con el mismo problema estructural de pobreza que determina violencia por la escasez de bienes para el consumo de los sectores sociales que más los necesitan.
Pero nuestras autoridades están enfrascados en temas que ni siquiera deberían plantearse. No porque no puedan, porque en el mundo en que vivimos todo puede debatirse. Pero hay una cuestión de oportunidad para hacerlo y podemos afirmar con claridad que este no es el momento para hablar de si la túnica de los niños de la escuela pública debe cambiar su pulcro color blanco a uno verde para ser más ecologista.
O si el abanderado debe ser el más popular (vaya a saber uno qué quieren decir con esto) y entonces enseñarles a los más pequeños que en la vida se deben ganar las cosas con retórica y otras condiciones humanas, distintas a las de la inteligencia y el esfuerzo, como es hasta ahora. Les vamos a decir a los más chicos que el que más se hace querer, sea honesto o hipócrita, va a ser el que se lleve los honores, en tanto el que más estudie, es el gil de la clase. Lamentable. Pero el solo hecho de que en momentos como éste, donde el país tiene mil y un problemas que resolver, estemos tratando estas cosas, me da la pauta de que le falta mucha seriedad al debate y que en con este tren, no iremos a ningún lado.
No puede ser que siendo una sociedad en la que el endeudamiento interno crece a pasos agigantados, donde hay una presión tributaria per cápita que está afectando a la inmensa mayoría de la población, donde la inseguridad ha ganado las calles y ya dejó de ser una sensación térmica, donde hay una infantilización de la pobreza que duele y que está a ojos vista, las autoridades larguen a la discusión pública temas tan pueriles como inoportunos como el color de la túnica (que fue rechazado por el propio Tabaré Vázquez) o si la democracia debe suprimir a la meritocracia, en un país donde hablar de esto último te hace facho, conservador o funcional al sistema cruel e injusto en el que vivimos.
El otro día alguien me discutió el hecho de que si no existiera una ley que ayudara a los afrodescendientes a acceder a los puestos de trabajo por la cuota legal existente, habría muchos más desempleados porque a ellos no les dan trabajo por su condición de tal. Algo que me parece tan ridículo como ofensivo, en un país conformado por un crisol de razas desde su génesis y de los más liberales y democráticos del mundo, que haya discriminación es real, pero que fue necesaria una ley, no me la llevo.
Es más creo que las llamadas cuotas de género, afro, o trans solo generan mayor discriminación a esos colectivos sociales que tienen tanto derecho como el resto de los colectivos que conformamos la misma sociedad.
Como sea, el gobierno debe entrarle a la discusión sobre la automatización laboral, como bajar la carga tributaria, aumentar el clima de negocios para que haya más inversión y por ende más empleo, mayor seguridad, más estabilidad y ayuda para combatir la violencia, en vez de poner como tema primordial si el lenguaje es inclusivo o el más saludado de la clase, debe llevar la bandera. Le estamos errando al rumbo y le bajamos nivel al debate.

HUGO LEMOS

 

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¿Dónde están los padres?

El Día del Padre es una jornada comercial, donde se aprovecha la instancia para generar un movimiento comercial que genere un incremento en las ventas para estimular al alicaído comercio, en una coyuntura donde el endeudamiento interno provoca la pérdida del poder de compra de la gente. Y si bien este tipo de jornadas no salvan el mes, al menos ayudan a que se venda algo más de lo habitual. padres
Pero más allá de esto, también es una ocasión donde aquellos seres que hemos tenido la dicha de ser padres, celebramos junto a nuestros hijos en una jornada donde somos por ese rato, los protagonistas y nos robamos el cariño de los nuestros. También es una oportunidad para pensar muchas cosas acerca de esta hermosa responsabilidad que a algunos nos ha tocado en suerte.
En mi caso particular, la instancia fue provechosa no solo para vivir un domingo distinto, tratando de dedicarle tiempo de calidad a mi hijo y darle el cariño que se merece, sino además de repensar esa responsabilidad de ser padre, algo que llena el alma y que a la vez nos hace pensar de una forma diferente, nos genera un compromiso con una vida que desde su inocencia y su amor puro, nos pide ser sus referentes y sus protectores, sus guías y sus educadores. Nada tan complicado y hermoso como eso.
Si bien uno trata de hacer lo mejor que puede, en el acierto y en el error cada día, el rol de ser padre es un compromiso con la vida que no puede ser pasado por alto y mucho menos dejado de lado. Debe haber responsabilidad y sentir uno mismo que ese lugar que ocupa en la vida de alguien es no solo clave, sino fundamental para el desarrollo y el transcurso de su paso por este mundo. Es tan simple como eso y tan profundo como realmente es.
Aunque días pasados me topé con dos temas relacionados a la paternidad que me llamó mucho la atención. Por un lado, un informe periodístico reveló que el 52% de los padres separados, no les pasan la pensión alimenticia a sus hijos. Es decir, más de 5 padres cada 10, que dejaron de vivir en familia por la razón que sea, no les pasan dinero a sus hijos para que los mismos puedan llevar adelante sus vidas.
Esto no solo habla de la falta de responsabilidad de la persona que tuvo el privilegio de ser padre y además amerita un conflicto con la ley por la pérdida de Patria Potestad que puede suponer, sino que habla de una ausencia de compromiso con la vida que es brutal. Y que no por la plata, sino por la actitud, traslada a ese niño un sentimiento de desinterés que luego el niño lo transmite a todos los órdenes de su vida y allí aparece el drama social, que termina explicando muchas cosas.
La educación empieza por casa y si la misma es ausencia de compromiso y responsabilidad, de cariño y contención, de importarse por el otro y cumplimiento de las obligaciones, ese niño termina descreído y crece con una carencia de valores que pueden terminar en un estado de violencia y desamor consigo mismo primero, y con el mundo que lo rodea después.
Pero no todo termina ahí. Días pasados me reencontré con una compañera de la escuela, quien ahora por lo que percibió de sus docentes, terminó siendo maestra. Y me dijo que da clases en la escuela de un barrio periférico de nuestra ciudad. Allí ve cosas que todos aquellos a los que escucha hablar por los medios de comunicación, ya sean políticos, autoridades del gobierno, sindicalistas o empresarios, no tienen ni idea que eso ocurre, o lo han excluido de su discurso de tal manera que solo así, uno entiende por qué en esos barrios, donde vive la misma gente que es tan salteña como la del resto de la ciudad, tiene prácticas y hábitos tan distintos como chocantes.
En el caso de esta docente en particular, me contó que tiene alumnas de 13 años de edad que ya cuentan con una pareja estable y que aún yendo a la escuela con esa edad, son ellos quienes las llevan hasta la puerta del centro educativo. A los 15 años, muchas tienen la virtud de poder quedar embarazadas, lo que en realidad genera un trastocamiento del desarrollo adolescente de las mismas porque se vuelven madres jóvenes y el drama social sigue en aumento. Viven en la casa con sus padres y los platos sobre la mesa aumentan, pero los ingresos no. Cuando no optan por armar rancho aparte, literalmente hablando, y forman su propio y precario hogar, el cual sigue siendo así por los años venideros, replicando la pobreza que ellos mismos vivieron de niños.
La maestra, que hace solamente una década que trabaja en ese mismo centro escolar, tiene me dijo también que tiene como alumnos en sexto año de escuela, a los hijos de sus primeros alumnos, es decir, que sus exalumnos no habiendo terminado la adolescencia, ya tuvieron sus propios niños y los mismos asisten ahora a las aulas a las que sus padres acudían poco tiempo antes.
Toda esta situación y muchas otras más dramáticas aún, son parte de la historia de vida de muchísima gente que conforma barrios enteros, donde tienen sus propios códigos ya que este tipo de casos, son moneda corriente y para los lugareños eso ya no es sorpresa.
Entonces, cuando uno analiza cómo se criaron estos niños, la pregunta surge ¿dónde están los padres?, ¿dónde quedaron esos hombres que procrearon estas criaturas y no se hicieron cargo de enseñarles que la vida les tiene preparadas otras cosas que deben ser vividas en su tiempo? Lamentablemente la ausencia de gente que se responsabilice por sus hijos para enseñarles valores de vida, campea. Y después pasa de todo, andan sin rumbo, y la sociedad se pregunta porqué tanta violencia.

HUGO LEMOS

 

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Ahora a hablar de nosotros

Terminó el Mundial y todo ha vuelto a la normalidad. Ya no estamos sacando cuentas de cuánto falta para que empiece el próximo partido, ni tampoco estamos atentos a los entrenamientos de la Selección, cuyos jugadores contribuyen al morbo mediático subiendo fotos a las redes sociales mostrando desde a qué juegan cuando no tienen nada que hacer, es que es la mayor parte del tiempo, y de los asados que se mandan en un país donde el desempleo crece y la inflación hace que el poder de compra se disminuya a pasos agigantados.
Los problemas económicos vuelven a aparecer, ya no hay nadie que esté pensando en comprarse una banderita de Uruguay, ni tampoco en ver qué figurita le falta, porque ahora los problemas de seguridad y de empleo, que han sido los más acuciantes que veníamos teniendo y que por arte de magia el pasado 15 de junio desaparecieron, sobre todo después que le ganamos a Rusia por 3 a 0, aparecieron y son parte del debate cotidiano nuevamente.
Empero, las cosas van a durar un poco más porque hoy llega la Selección a Montevideo y eso va a provocar alguna caravana, homenajes oficiales y muchas horas de televisión transmitiendo en vivo a los jugadores saludando a cientos de aficionados que esperaron horas y horas para verlos. empleo
El sentimiento nacionalista seguirá existiendo en su máximo esplendor, sobre todo alimentado por la serie interminable de publicidades que solamente hablan de lo bien que jugaron estos muchachos en el Mundial, consiguiendo un 5º puesto entre 32 participantes y de lo mucho que les estamos agradecidos por habernos hecho sentir lo que por ahora nadie había logrado, al menos en los últimos años, que es la esperanza y la ilusión.
Sobre todo motivada por la necesidad que tenemos los uruguayos de creer en algo, porque con todas las cosas que pasan en nuestro país, necesitamos tener una expresión de sentimiento positivo hacia algo y aferrarnos a cosas que nos ayuden a renovar nuestra identidad cultural, al menos desde uno de los aspectos que más nos identifican como es el fútbol.
Pero si bien todos aplaudimos a estos muchachos que fueron a hacer su trabajo, porque en verdad tampoco se trata de esforzados deportistas que ahora terminado el Mundial deben arrancar para las 8 horas, al contrario los que tenemos que hacer eso somos nosotros, su público, ellos se van de vacaciones o a seguir cumpliendo sus contratos millonarios que los vuelven un club selecto de personas que ni siquiera viven en nuestro país, al menos la gran mayoría, peros nos representan futbolísticamente en el exterior, aunque nuestro fútbol sea muy distinto al que ellos juegan.
Ahora terminado el sueño mundialista debemos empezar a poner los temas serios arriba de la mesa. Como por ejemplo el problema del empleo que es mucho más que la falta del mismo, sino que quienes actualmente lo tenemos, debemos encarar otros aspectos como son los desafíos que nos impone el presente en el mundo de las relaciones laborales y cómo vamos a encarar el futuro inmediato con el mismo.
En ese caso, hay paradigmas que deberemos enfrentar al cortísimo plazo y es que los cambios en las formas y los contenidos de los productos que elaboramos como trabajadores están sufriendo un cambio permanente al que nosotros debemos adaptarnos, o quedaremos obsoletos y el objeto de nuestro trabajo ya no tendrá sentido.
Pasa en el mundo de los medios de comunicación, donde los diarios se han achicado de una forma impresionante, a tal punto que asusta y que debemos replantearnos si el producto que ofrecemos se adapta al mundo de hoy, o si debemos aggiornarnos urgente a las plataformas que utilizan los actuales y futuros consumidores de información.
Hay datos de la realidad que dicen que en Uruguay dentro de 20 años, el 50% de los empleos actuales dejarán de existir tal como los conocemos, porque serán suplantados por las nuevas tecnologías, algunos de ellos como el caso de telefonistas y hasta cajeros de supermercados. Pero nadie habla de ello, el PIT CNT no lo hace por omisión o ignorancia del tema y las cámaras empresariales tampoco, se quedan calladitos y no se preparan ni preparan a nadie para estos cambios.
El subsecretario de Trabajo, el destacado abogado laboralista Nelson Loustaunau, dijo una verdad absoluta en una entrevista con el semanario Búsqueda la semana pasada, cuando expresó que “este nuevo mundo que va a estar lleno de ciber trabajos tal vez vaya a derrumbar o repensar institutos que vienen de la segunda revolución industrial como el tiempo del trabajo. ¿Deberemos seguir con esa lógica de las ocho horas para el trabajo? ¿O estamos frente a un replanteo absoluto?”, expresó con claridad meridiana este destacado jurista tirando sobre la mesa un tema de absoluta vigencia y urgente discusión pública.
Así como también declaró: “las nuevas tecnologías están poniendo a máquinas y robots a hacer tareas que antes realizaban personas. Otros empleos se van transformando y surgen ocupaciones transitorias o de “colaboración abierta”, como las “microtareas” y las actividades de asistencia virtual. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muchos son trabajadores “invisibles” —la mano de obra detrás de la tecnología, por ejemplo, en el procesamiento de datos— sin una ubicación ni una relación laboral reconocida ni horarios claramente definidos”.
Ahora que terminó el Mundial al menos para Uruguay, tendríamos que poner el tema arriba de la mesa para empezar a hablar más de lo que nos pasa a nosotros y de cuál es nuestro futuro. Porque más allá de los merecidos aplausos a estos muchachos que jugaron en Rusia, ellos ya tienen su presente y futuro más que acomodado.

HUGO LEMOS

 

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No es el opio de los pueblos

Para un uruguayo, el fútbol como la política o el carnaval, son parte de nuestra identidad cultural. No hay uruguayo que más allá de su concurrencia o no a una cancha, no sea hincha de club alguno, o que no sepa quiénes son los más destacados jugadores de la Selección Uruguaya, porque eso hace a nuestra idiosincrasia. Lo llevamos en el ADN de nuestra nacionalidad. Así somos y así ha sido la construcción social a través de los tiempos en nuestra comunidad.
Hace un tiempo, cuando nos vencían las derrotas futbolísticas y el fantasma del 6 a 1 contra Dinamarca para quienes lo vimos, por más que fuéramos pequeños en ese México 86, la selección siempre nos importaba. Mirábamos sus partidos y sufríamos más de la cuenta, aunque cada encuentro ya lo veíamos con desazón porque sabíamos que nos costaba llegar a lo que se dice una victoria destacada, que nos ilusionara y nos pusiera en contexto. suarez
Es que hace más de tres mundiales, Uruguay era parte de la historia antigua de fútbol mundial y los uruguayos siempre admirábamos a otros equipos, que Brasil, Italia, Inglaterra, España o Argentina, pero nunca Uruguay. Nadie nos conocía, no sabían los colores de nuestra bandera y lo que es peor, nosotros mismos mirábamos y admirábamos a los extranjeros pero poca importancia le dábamos a lo nuestro. Nos identificaba poco, pero no nos llegaba al alma porque no había ilusión, ni mucho menos pasión.
Pero hace por lo menos 8 años que cambió la historia y la manera de sentir y palpitar de nuestra sociedad. Porque los Mundiales de Fútbol han servido para eso, para que revaloricemos nuestra bandera, nos pintemos con nuestros colores, besemos nuestra camiseta y cantemos con fuerza nuestro himno. Nos importemos por nuestros jugadores y para que empecemos a decir con orgullo, no con pedantería, que somos uruguayos, de dónde viene el mejor fútbol, el más aguerrido, el más metedor, el que no se da por vencido, el que pone las ganas en la cancha y no se deja perder.
Todos esos valores se trasladan a la vida cotidiana de nuestra sociedad, el éxito, el trabajo en grupo, el creer que se puede, el querer hacer las cosas mejor, el escuchar a los que saben valorando su experiencia, el sentirnos parte de algo importante, el meternos todos debajo de una misma bandera y empoderarnos de ella, el albergar un mismo sentimiento y luchar todos juntos para ser parte de un sueño que salpique a todos por igual. Son muchas cosas juntas, muchos valores y principios de vida que nos sirven como enseñanza para mejorar la sociedad que tenemos.
Lejos de convertirse en el opio de los pueblos, el fútbol ha pasado a símbolo de identidad nacional, la herramienta de hermanamiento momentáneo en una sociedad dividida por sus malos políticos y por la mezquindad de los intereses que todos ellos nos transmiten con sus acciones cada día.
El deporte más hermoso del mundo y nuestra ganadora participación mundialista hasta ahora, ha venido generando en la sociedad una algarabía tal, que nos hace celebrar a todos juntos identificándonos con un solo color, el celeste, el color del cielo que nos cobija, y abrazarnos sin que importen nuestras diferencias, sin que pensemos que el que está a nuestro lado gritando como un loco el gol de Cavani es de mi partido político, de mi misma religión o condición social u orientación sexual, algo que termina por dividir la sociedad a la que todos nosotros pertenecemos pero que nos ponemos sellos de tal o cual cosa, para poder etiquetarnos y saber en qué tribu de la misma elegimos participar.
El fútbol, en este caso la selección en la copa del mundo, es el ícono de unidad nacional que no logran los políticos, ni las religiones, ni ninguna otra institución o grupo social alguno en nuestra comunidad. Ha despertado la pasión hasta de los que menos han visto en su vida el deporte del balompié, porque entienden que se trata de algo importante, porque todos en el planeta están hoy con las miradas puestas en este pequeño país sudamericano que logra hazañas como muy pocos en el mundo. Por eso, hoy los uruguayos elegimos embanderarnos y sacar a relucir nuestros colores, los mismos que nos enseñaron en la escuela que eran nuestros, que eran los que siempre nos iban a identificar en cualquier parte y a los que teníamos que querer por encima de todas las cosas, porque eran los colores de la patria.
Hoy nos pintamos con ellos y los festejamos, los sentimos como propios. Hoy el fútbol lejos de ser un entretenimiento es la única manera de que nos abracemos y gritemos todos la misma cosa, y ojalá que sirva para que quienes hablan de unir a la sociedad desde sus cargos en el gobierno o en la oposición, aprendan un poco de qué se trata esto de cinchar todos para el mismo lado.

HUGO LEMOS

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Defendiendo su propia dignidad

La discusión se dio en la calle, a plena luz del día, la vieron todos, pero sobre todas las cosas fue una demostración de fuerzas y convocatorias, de medición de influencias y apoyos, pero por encima de esto fue un debate sobre el trabajo como derecho y oportunidad para que las personas crezcan y se desarrollen como tales. huelga
No fue una discusión sobre la prevalencia de un derecho sobre otro. Sobre si el derecho al trabajo es más importante que el derecho a la huelga, sino que fue un enfrentamiento espontáneo por motivos reales de desacuerdos de los “representados” ante los “desatinos” de los representantes. Eso fue lo que pasó en la manifestación que ocurrió hace varias semanas frente al frigorífico Somicar, cuando un grupo de trabajadores increparon a la dirigencia departamental del PIT CNT reivindicando su derecho al trabajo por sobre el derecho a la huelga.
El trabajo es un derecho humano fundamental, pero además es un valor que promueve aspectos positivos de la condición humana. Como por ejemplo, advierte un hábito de esfuerzo y sacrificio de las personas para obtener mediante el mismo, un rédito que les permita desarrollar su forma de vida, asimismo, el trabajo es una oportunidad que tenemos las personas para explotar nuestras potencialidades, algo que es muy importante para el desarrollo humano y sobre todas las cosas para la construcción de la sociedad.
En tal sentido, la cultura del trabajo en las personas debe ser defendida y no vapuleada o manipulada en función de determinados intereses corporativos. Porque si ponemos en la balanza el derecho al trabajo, con el derecho a la huelga, la balanza se inclinará por el primero porque el segundo es consecuencia de aquel, de lo contrario no tendría objeto.
Entonces, el derecho a plantear un reclamo ante una situación que consideran injusta es de recibo, pero no puede sindicato alguno imponer en ningún caso este ejercicio del derecho a la huelga por encima del derecho que tiene la gente a no querer acatarlo y trabajar, porque no solo están afectando un derecho, sino la libertad que tienen las personas a decidir por sí mismas si están de acuerdo con una medida adoptada por un grupo, pero que afecta su derecho al trabajo, ese que nadie puede quitarles.
Así lo dejaron en claro los trabajadores del frigorífico Somicar, cuando llegaron una fría mañana de otoño hasta las postrimerías del barrio Artigas a cumplir con su tarea, y se encontraron con que un piquete sindical, encabezado por el presidente del PIT CNT de Salto, les impedía el ingreso a su lugar de trabajo, porque se encontraban reclamando el reintegro de un empleado que había sido despedido, que justamente es nada más y nada menos que el presidente del gremio, situación que ya era conocida por todos los trabajadores del lugar y que nada hicieron para revertirlo.
Entonces el hecho de que el PIT CNT haya estado reclamando con una manifestación en la puerta del lugar, no extrañaba a nadie, es más era lo menos que se esperaba de parte de una central sindical que apoya a sus dirigentes en todas las áreas, pero lo que sí sorprendió fue el enfrentamiento que generaron con las personas que pretendían ingresar al local de trabajo.
Sobre todo el destrato que en cierta forma le proporcionaron a un grupo de personas, entre las que había varias mujeres, a las que les ninguneaban su conocimiento de la situación por la que ellos planteaban su manifestación, así como también le decían que le iban a explicar “cómo eran las cosas”.
Esa situación conlleva a que haya una tremenda falta de unidad, respeto y tolerancia, de parte de la dirigencia sindical y los trabajadores, algo que no debería suceder nunca, porque los problemas solo se incrementarán ante la ausencia de un sindicato que responda por los verdaderos intereses de la clase obrera, que no pasa por el reclamo en primer lugar, sino que pasa por el respeto y la protección del trabajo en primer término y después sí, tendría que venir acompasado el resto de las derivaciones de tener un sindicato organizado que promueva y haga respetar los derechos laborales y los reivindique.
Se equivoca el PIT CNT si cree que debe obligar a los trabajadores de cualquier área de la actividad, a escuchar sus reivindicaciones y mucho más si pretende que los mismos deban acatarlas por el mero hecho de que ellos se erigen en sus representantes, cuando la absoluta mayoría de la clase trabajadora desconoce la identidad de los mismos y encima no tiene una buena visión de estos, ni tampoco referencia clara alguna sobre los mismos.
Recuerdo a un ex dirigente de la central obrera a quien cuestioné una vez por la falta de influencia que tenían entre sus dirigidos, ya que cuando convocaban a una manifestación, el nivel de participación de sus “representados”, es prácticamente nulo, y me respondió con brutal soberbia y desparpajo: “eso no importa, yo represento a casi 75mil trabajadores”, de los cuales, agregué, el 99,9 % no tiene idea quién sos, de porqué estás ahí y además nunca te eligió.
El problema es que los dirigentes sindicales consideran justamente eso, que pueden manipular los intereses de la mayoría de los trabajadores sin consultarles nada, porque entienden que tienen el poder para hacerlo por el sistema rígido y autoritario que los rige a la hora de elegir a sus cuadros dirigentes.
Y no se trata de efectos colaterales, porque en la representatividad no puede haber delegados que no sepamos quiénes son, a qué intereses responden y que encima tengan la osadía de vulnerar uno de los derechos humanos más importantes que tiene la gente, el derecho al trabajo.
Tendría que haber una acción más democrática y más abierta de parte de la central obrera para con sus representados. Deberían realizar asambleas en los distintos lugares de trabajo antes de tomar una medida como ésta, sin subestimar a nadie, sin creer que los operarios de una planta frigorífica como es en este caso, son ignorantes por no compartir un reclamo, más allá que el mismo sea para defender al presidente del sindicato, que se ve que no gozaba de tanta popularidad entre todos los suyos, de lo contrario esta situación no se habría dado.
Es importante que se defienda a los trabajadores por medio de sindicatos organizados, pero los mismos deben tener seriedad, compromiso y responsabilidad para con sus afiliados o las personas que aducen defender.
Entonces no tendremos que volver a ver por las redes sociales bochornos tales como ese enfrentamiento entre un grupo de personas que, defendiendo su derecho al trabajo, tuvieron que pelear por el mismo contra una cúpula sindical, algo casi paradójico y que indica además que los encargados de proteger y defender a los trabajadores, no están haciendo bien su trabajo.

HUGO LEMOS

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El Estado puede combatir la droga

“Ellos se juntan adentro de un rancho que tiene dos piezas bien precarias, en el medio del asentamiento y allí fuman la pasta base, adentro, siempre adentro porque si van afuera los puede agarrar la Policía y terminan quemando la boca”, me dijo un padre que tiene un hijo adicto a la pasta base desde hace algunos años y que está literalmente desesperado por poder recuperarlo. Drogadicto
“Yo quiero recuperarlo a la vida”, me dijo en tono de desesperación y una angustia galopante que se le nota en la cara, “porque todos esos gurises que andan en la misma, están muertos en vida y así los tienen, porque eso es lo que le sirve a los que les venden esa inmundicia, que ellos anden muertos en vida, robando para comprarles esa droga. Pero nadie que consume esto la saca gratis, nadie”, me cntaba e hnbre ya entrado en años y con una apariencia de llevar dos vidas juntas.
Ellos son las víctimas de un delito que se comete delante de sus ojos, el de ver morir a sus hijos todos los días un poco más y golpear como locos las puertas del Estado que son las primeras a la que recurren todos en estos casos, y ver cómo las instituciones prácticamente no les abren ni una rendija, no les den una respuesta, ni muchos menos contención a ese problema grave que nos afecta a todos como sociedad.
El consumo de pasta base en nuestros jóvenes comenzó a darse con mayor énfasis en el año 2002, cuando la crisis económica determinó que muchos no tuvieran para comprar las drogas de siempre como la marihuana y la cocaína, y terminaran cayendo en la oferta de la droga barata y como todo lo barato, tremendamente tóxico.
Esa droga, llamada pasta base es como tomar mucho veneno junto todos los días y genera incluso un grad de adicción que determina un consumo constate y permanente, que los gurises le llaman fisura. Cuando están fisurados y no tienen plata para comprarla, por mas que su costo es mínimo y en Salto puede conseguirse en al menos 180 lugares distintos, algo que es muy grave porque el mero hecho de que exista esa cantidad enorme de bocas de venta de drogas en nuestra ciudad, cuando somos un estadio de fútbol, salen a robar con tal de tener dinero y seguir consumiendo. Le roban a su familia, a sus amigos, a sus vecinos a quien sea, lo que sea. Han llegado a arrancar chapas del techo de una casa con tal de comprarla maldita droga.
¿Pero cómo pueden hacer el Estado y los poderes públicos para combatir este flagelo que nos impacta de una forma muy dolorosa y nos está generando un daño social tremendo?
Las medidas de seguridad que se han aplicado desde las instituciones públicas en los últimos tiempos no han sido positivas, no lograron resultados contundentes y han fallado, un poco porque la faz represiva del Estado no siempre logra los resultados deseados y además porque la faz punitiva no es buena logrando la rehabilitación de las personas.
Eso ha determinado que haya problemas sociales que no han tenido solución, lo que sumado a un problema estructural de violencia arraigado en el seno familiar y en las comunidades de vecinos de todas las clases sociales, donde en algunas con mayores carencias los problemas son más acentuados justamente por esa falta de respuesta estatal, se denota un incremento de la delincuencia, que terminan en que grupos enteros de personas piensen resolver sus carencias delinquiendo, para cobrarle a la sociedad lo que entienden que esta no les da, que es prestarle atención.
Pero hoy el aumento de la venta de drogas algo que viene aparejado a la corrupción de ciertos grupos de funcionarios estatales, que permiten el desembarco en nuestro medio de cargamentos enteros de estupefacientes que ingresan en Salto de la misma forma que lo hace el contrabando, con total libertad, algo que sigue creciendo cada vez más en una sociedad castigada por este flagelo, que ahora se carne en los más débiles que son los que la consumen y que en base a esto empiezan a delinquir.
El otro día escuchaba al Fiscal de Corte, Jorge Díaz, que estuvo en Salto de visita, decir que las fuerzas vivas del departamento estaban orientadas en un mismo discurso a la hora de reconocer que el principal problema de la delincuencia viene de la mano de la droga y para ello pensaban atacar las adicciones. Entonces dijo regocijarse porque el Estado contaba con un mecanismo como es el Dispositivo Ciudadela, que en Salto atiende a los adictos que tienen la intención de recuperarse.
Pero lo que no sabe el Fiscal de Corte, que por el tenor del cargo que ostenta debería saberlo, es que el Dispositivo Ciudadela no cuenta con las herramientas básicas para atender a las personas que están inmersas en el mundo de la adicciones, que lo que hacen sus funcionarios, es dr lo mejor trabajando a pulmón y con carencias brutales, sin recursos de ningún tipo y con la voluntad férrea de sus funcionarios de poder sacar adelante el objetivo de ese proyecto que es recuperar ersonas para la sociedad que hoy están anuladas por vivir en el submundo del consumo de drogas y todo lo que ello conlleva.
Por eso es buena cosa que si realmente queremos como Estado recuperar personas de las adicciones para darle un verdadero combate a la droga y al narcotráfico, blindemos a esas herramientas institucionales de las que nos agarramos, como es el caso de Ciudadela, dotándolas de recursos en serio.
Brindándole profesionales de todas las áreas que ayuden a esos jóvenes a poder salir de esa situación, dotando de recursos materiales a la institución y abriendole las puertas a sus referentes para que nos digan justamente lo que no queremos escuchar, que es que la cosa va mal y que el narcotráfico, así como van las políticas públicas, están ganando la batalla.
Es por eso que lejos de doblegarnos o de tener temor por los costos electorales por estar en los albores de un nuevo año electoral, debemos tener el valor de enfrentar los problemas de una sociedad que está enferma de narcotráfico, perdiendo muchas vida valiosas que tienen mucho para aportarle al Uruguay y que están tiradas por la vida, porque mas de relevar sus datos para una encuesta, no hacemos otra cosa.
El Estado sabe que es real esta situación y debe atacar los lugares de ingreso de la droga como son las fronteras como el río Uruguay por las noches, y las fronteras secas y los funcionarios corruptos, combatiendo en serio las bocas de ventas de drogas y dotando de recursos de una manera adecuada a lugares como el Dispositivo Ciudadela, porque si realmente creen que ese es el camino, solo deben tener la voluntad de hacer transferencias de dinero a los lugares que corresponden para que el resto se haga por sí mismo. De lo contrario el narcotráfico seguirá ganándonos por goleada y nostros solo seguiremos criticando.

HUGO LEMOS

 

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Una señal que cambia la vida

Estaba preocupado por distintas situaciones que me tocan a vivir a diario, vicisitudes cotidianas pero agradecidamente nada grave. Temas a resolver que a veces ocupan mucho tiempo rondando en mi cabeza, en vez de aprovechar a disfrutar la vida de otra manera. Pero lamentablemente uno recién puede hablar así cuando las cosas que viven son menos dramáticas que las que le tocan vivir a otros. felicidad
El otro día venía por el centro caminando luego de haber estado buscando la manera de solucionar un inconveniente, de esos que realmente son pequeños, pero de los que nos hacemos un mundo cuando vi la primera señal. Pasó un excompañero de liceo a mi lado, quien iba muy animado conversando con su pequeño hijo, que tendría algunos años más que mi pequeño que este mes cumple seis inviernos.
Luego que lo saludé, quedé pensando en su rostro alegre y vital, lleno de energía, pensando seguramente que todas las cosas son posibles, ¿el motivo?, su hijo que no tiene más años que todos los dedos de sus dos manos, está en una silla de ruedas y con varias dificultades. Sin embargo, la alegría, la motivación, las ganas de superarse y de salir adelante se respiraban desde la otra cuadra.
Pensaba en esas miradas cómplices, en sus sonrisas compartidas, en su paz interior de saber que se tienen el uno al otro, y de cómo esa dulzura generaba un milagro. El de creer en la vida por sí misma. Si bien ese tema no solucionó mis problemas porque claro está que mis cuestiones dependen de la vida que haga y de la manera que tenga de conducirme en ella, me hizo dar cuenta que las cosas no son tan graves y que hay alegrías mucho más sanas e importantes que deben ser compartidas, como es el tiempo de calidad con nuestros hijos y con los seres que más queremos.
Puedo haber estado movilizado por esa situación y muchos pensarán que ver la paja en el ojo ajeno, no es consuelo y no estoy hablando de que me sentí consolado por saber que hay problemas peores que el mío, sino que sentí que lo más importante es poder compartir la vida de la manera más sana y feliz posible con la gente que queremos, tal como lo estaba haciendo en ese momento mi excompañero de clase con su hermoso hijo, quienes enseñaban a quienes los veían, una sintonía única entre ambos que irradiaba energía, calidez y amor.
Son señales, pensé. Señales que te da la vida para valorar más lo que tenemos y darnos cuenta que lo menos necesitamos, es lo que consideramos que nos está faltando. Ser felices con lo que se tiene y no extrañar lo que nunca se tuvo, es lo más importante. Porque como dice el poeta Joaquín Sabina “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.
Pasaron algunos días y volví a vivir señales. En un día que también me llevó a sentirme agobiado por distintos motivos, con sentires que no eran de los más alegres y donde el estrés asomaba pensando cómo iba a resolver algunas cosas, la señal golpeó a mi puerta otra vez. Un amigo me llamó para decirme que su hijo estaba enfermo, y compartimos el dolor y la responsabilidad de ponernos en acción para procurar la cura más rápida posible de ese angelito que no merece otra cosa que seguir sonriéndole al mundo.
Una vez esto, nos pusimos en campaña para buscar apoyos en algunos aspectos y hoy seguramente empezarán a tratarlo para que la vida le siga sonriendo como hasta ahora y el futuro lo espere con prosperidad, para que él pueda regalar su corazón y alegría, tal como lo hace en la casa de este amigo.
Otra vez la señal parada frente a mi haciéndome ver que es más importante velar por cosas mucho más profundas y preocupantes que perder el tiempo pensando que los problemas son el no poder hacer tal o cual cosa.
La vida nos enseña todos los días, nos dice cómo hacer las cosas, nos determina realidades que nunca vamos a imaginar. Por eso tenemos que tratar de aprovechar cada momento, cada minuto, cada segundo, buscando la excelencia, haciendo lo que hagamos, pero dando lo mejor para hacerlo de la manera más destacada posible.
Cada persona tiene un potencial a explotar, tiene dones y virtudes que descubrir, quizás pasa toda la vida buscando qué quiere y porqué quiere hacer lo que está buscando. Pero al final cuando encuentra el camino solo debe tener una meta, hacer las cosas con amor, con pasión y lo mejor posible, porque es la única manera que nos enseña a darle sentido a la vida que tenemos.
Todavía recuerdo la sonrisa de ese niño en una silla de ruedas que no le impide ser feliz y tener sueños, viviendo un momento único con su padre que lo paseaba orgulloso como lo haría cualquier hombre que ama de verdad a su hijo. También la del hijo de mi amigo que está pasando injustamente por un duro trance que deberá empezar a recorrer con hildalguía y coraje, pero también con contención y mucho amor. Ambas caras las llevo conmigo para tratar de dejar de quejarme tanto y darme cuenta que debo dejar de lado mi estúpida soberbia, que no permite ver que la vida vale.

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Pobreza y violencia van de la mano

“La pobreza es la peor forma de violencia”. Esa frase, que hoy puede parecer una simple excusa de los que apoyan al gobierno de turno y de los que se dicen izquierdistas, aunque con sus prácticas y su forma de vida sean totalmente incoherentes, pertenece nada más y nada menos que a Mahatma Ghandi.  pobreza
La pobreza es un problema estructural que tiene nuestra sociedad y que también, por supuesto, tiene el mundo. Es un mal que ha dejado la construcción social tal cual la conocemos y ha tenido mutaciones muy complejas en todo este tiempo que tenemos de vida, en el caso de Uruguay, desde que se ha conformado como país.
Entre los uruguayos hay mucha gente que dice que “es pobre el que quiere, porque trabajo hay”. Y ese pensamiento, esa frase, no es del todo correcta por varias razones. Primero porque trabajo estable, genuino y de calidad que pueda ofrecerse a un uruguayo que busque empleo por sí mismo, no es exactamente lo que está ocurriendo en el 90% de los casos actualmente. Solamente para algún sector especializado en determinados oficios o profesiones que puedan prestar un servicio adecuado a determinada industria como lo que ocurre con el caso software, donde no solo hay desempleo cero, sino que falta gente.
Pero el empleo es algo que dignifica a la persona, la hace sentir bien, no por lo que gana sino por la dignidad que ello implica, el sentimiento de tranquilidad y alegría al que conlleva que es algo casi místico. Aunque lamentablemente un empleo no está al alcance de la mano de cualquier persona que no tenga una preparación específica, y ahí es cuando entra el terreno del empleo genérico que no es el que abunda, precisamente.
Por un lado, porque hay varios factores que han llevado a que haya una disminución de la tasa de empleos. En Salto lo estamos viviendo a diario con empresas que cierran y mandan a sus trabajadores al seguro de paro, algo que viene aparejado de la falta de ventas que se da por la ausencia de poder de compra de las personas, lo que incluso está atado al nivel de endeudamiento interno que tiene la población, algo que se traduce en no tener un mango y no poder comprar ni un alfiler.
Todo eso lleva a que la gente viva pensando en cobrar el aguinaldo para poder darse un gusto, ese que mes a mes no puede darse porque el sueldo se le achica cada vez más, ya que está viendo pasar los números que le figuran en la planilla y lee detenidamente cómo las financieras o los bancos que le dieron un préstamo, que en su momento le sirvió para comprar lo que le faltaba o lo que tanto quería, se lo cobra en forma rigurosa. Y esa forma de vivir, es la que genera un problema que a la larga los empobrece, ya que no pueden tener lo que esa mente consumista y parte del sistema les pide, porque antes tienen que pagar lo que ya deben.
Entonces, ese empobrecimiento que vive hoy la llamada clase media, es el que está perturbando el mercado porque no hay ventas, hay desocupación y el drama social aumenta. Esto determina cierta percepción de las personas que se transforma en violencia y que muchas veces es manifestada en la propia casa, cuando la plata no alcanza y los problemas aumentan, lo que determina una conducta irascible dentro de la casa que la terminan absorbiendo los más pequeños y que la maduran, y la manifiestan de la forma a la que estamos asistiendo.
Si bien es apelar al facilismo, adjudicarle a una situación particular el problema creciente de la violencia en la sociedad, porque en realidad como ya lo he dicho, a mi juicio el tema es multicausal, hay un problema interno en el seno familiar que muchas veces pasa por el desamor a los hijos, la ausencia de los padres en la casa, la falta de uno de ellos de manera permanente, la carencia de un referente que aconseje, acompañe y contenga a los niños y adolescentes en la casa, más allá de los problemas de pobreza material que pueda tener cada hogar, son determinantes para que luego exista un individuo violento que exteriorice la misma en actos delictivos y hay múltiples ejemplos.
He visto en las cárceles a jóvenes que teniendo una madre que ha luchado siempre por sacarlos adelante, no ha podido brindarles objetos materiales que el mundo impone como excluyentes para participar de una sociedad que mide con la vara del “tanto tengo tanto valgo” y eso ha generado que algunos de esos muchachos que están vulnerables y desamparados sientan que “los están tentando”, como me lo han manifestado ellos mismos, y terminan haciendo lo que” ven en televisión”, tal como se lo dijeron a la justicia dos de los adolescentes que participaron del asalto a la Pizzería 2000, cuando les preguntaron qué se les dio por asaltar a los clientes del lugar.
Los problemas de la pobreza son múltiples, pero hay algo que no puede haber nunca, fuerza de voluntad para superar las adversidades más allá de que los problemas estén a la vuelta de la esquina y nos pongan la soga al cuello. Si todo queda como el otro día, cuando vi a una familia entera guareciéndose bajo la lluvia, y su única esperanza era la de seguir cuidando motos en esa esquina para sobrevivir de las dádivas que les dé alguien; la gente no va a superar sus problemas, la pobreza por sí misma se va a profundizar y va a aumentar esa brecha social que nos está dividiendo de forma tremenda.
La pobreza va a de la mano de la violencia eso sin dudas, pero también la hay en los otros estratos sociales, aunque de manera distinta. En esa pobreza no entran las instituciones, no llega el Mides, el BPS ni ningún otro organismo estatal o sindicato. Tampoco el Estado podrá hacer algo más de lo poco que ya hace, porque su largo brazo no llega al seno de las familias que más lo necesitan, ya que chocan contra sus frías normas. No van a ver a un rico o a una persona de clase media acomodada asaltando un supermercado o robando una cartera, pero sí evadiendo impuestos o gastando dineros públicos de una forma abusiva.
El tema es que como sociedad nos falta una gran autocrítica y tenemos que dejar de ver la paja en el ojo ajeno, solamente así, podremos empezar a sacar la cabeza para afuera y pensar mejor, sobre qué sociedad queremos para hoy, no para mañana, porque con estos problemas que tenemos hoy, a la sociedad del mañana ya la vemos venir. HUGO LEMOS

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¿Cuál es la diferencia?

Todavía no salgo de mi asombro por la situación de inseguridad que estamos viviendo. Es un problema de fondo, estructural de violencia que nos ha invadido y se ha colado en nuestra comunidad de una forma insoslayable. Ya nadie está a salvo, ya no hay zonas que puedan ser más seguras que otras, ya no hay de hombres y mujeres, de ricos y pobres, de negros y blancos, ya no hay de edades. Porque lo que no hay, es respeto. delincuencia
Se han perdido todo los códigos, no hay tolerancia a nada ni a nadie, hay rabia acumulada de uno y de otro lado y por eso para el delincuente la víctima es el enemigo, y ya no va a perder con ella, ni se imagina esa posibilidad, sino que tal como dijo hace dos semanas en una brillante entrevista de Gabriel Pereyra para El Observador, el director nacional de Policía, Mario Layera, el delincuente ya no ve a su presa como víctima y no piensa en perder con él, sino que la ve como enemigo, y si la tiene que voltear para salir airoso, lo va a hacer.
Y en Salto ya hay por lo menos dos ejemplos. El de Andrés Duarte ocurrido el miércoles de la semana de turismo y el del viernes pasado, cuando Nelson Enrique De Mattos, cayó defendiendo su comercio, su familia y su dignidad, con la bronca acumulada por la impunidad con la que se maneja la delincuencia, porque entran y hacen lo que quieren, se llevan cuanto pueden y barren con todo lo que está a su alcance.
Pero no hay una sola causa que determine este problema. Por eso hay muchos que dicen que este tema no tiene solución, sí que lo tiene, si bien es un problema multicausal, porque son muchos los factores que han coadyuvado a que el mismo exista, hay varias soluciones que solo esperan ser aplicadas, para poder terminar con una ola delictiva que crece y crece, y cuyo nivel de violencia se incrementa cada vez más.
Mientras la gente pide la friolera de la pena de muerte para la delincuencia que derriba vidas así nomas y se van impunemente a su escondite, mientras la Policía da vueltas y vueltas para ver cómo hace, quienes son los responsables de legislar sobre estos temas siguen tranquilos viendo las noticias en la televisión, en vez de tomar cartas en el asunto. Pero no para pedirle una reunión al ministro Bonomi, como lo plantearon las diputadas Mutti, Correa y Eguiluz, y hacer gestiones para que en Salto haya más patrulleros, sino que deberían juntarse y hacer proyectos de ley, para reformar el Código del Proceso Penal, que a los únicos que les brinda garantías es a los delincuentes.
Empero, lo vivido ayer por la tarde fue una muestra de desobediencia civil, de furia y de bronca hacia las instituciones. De gente molesta con la situación que se está viviendo, con la falta de respuestas del gobierno, con la cantidad de problemas que se deben soportar y con la impotencia por ver cómo la delincuencia avanza y ya tener un trabajo donde se maneje dinero, pasó a ser un trabajo de alto riesgo.
Sin embargo, enfrentar a las autoridades, insultarlas, faltarles el respeto, no escucharlos, no tener tolerancia, no importar que el otro tenga que trabajar y exponer las vidas de mujeres y niños con la quema inconsciente de cubiertas, con el fin de generar un atropello a todo el orden establecido y a las leyes vigentes, para tomar un poco de la medicina que a diario toma el delincuente, fue parte de la manifestación vivida ayer donde los actores parecían más barrasbravas que buenos vecinos.
Esta situación se le fue de las manos hasta a los propios organizadores, como cuando uno de ellos reconoció al bloquearle el paso a una persona oriunda de Canelones que pretendió cruzar por el costado de la manifestación, que había gente que estaba buscando una excusa para dar vuelta una camioneta y prenderla fuego, aterrorizando al pobre individuo, cuyo susto inspiró pena entre la adrenalina de los agitadores y lo terminaron dejando ir.
Los mismísimos organizadores de la protesta desenfrenada que hubo ayer no sabían cómo pararla, cuando al intentar solicitarle a la horda de sujetos enfurecidos que dejaran pasar a los vehículos y seguir con los cortes de manera intermitente, por entender que habían logrado ya su cometido con la medida, muchos empezaron a decirles que no lo harían, puesto que no tenían otra mejor cosa que hacer que estar en el lugar. A lo que varios se sumaron a esa negativa y la prolongaron a su antojo, ya sin ton ni son, y sin saber por qué y a quién le estaban reclamando.
El problema de la inseguridad no se va a solucionar con más policías, aunque cuando llegaba el “contingente” de La Republicana anunciado por el jefe de Policía (tres camionetas con una docena de efectivos), los recibieron con aplausos y con cánticos que se mezclaban entre insultos y vítores.
Pero al final lo de ayer era como estar en la Torre de Babel, todos hablaban en idiomas diferentes y querían cosas distintas, no se entendían entre ellos y lo único que los animaba por momentos era ver arder las cubiertas que bajaban en autos y camionetas y les echaban fuego y combustible para que la humareda oscura fuera como una señal de auxilio.
Había muchos niños que observaban el enojo y la bronca de sus padres, que miraban con ojos redondos la manifestación turbulenta y que no será extraño verlos el día de mañana enojados con la vida, viviendo con vehemencia y desazón las situaciones que les toquen vivir.
Lo cierto es que hoy mucha gente querrá ver las fotos en el diario de lo vivido ayer. Fue un día de furia del que fueron parte, donde hicieron estallar sus razones, donde implosionó el ser humano cargado de bronca, donde por momentos no se reconocieron ellos, violando las leyes al igual que la delincuencia pero en su caso cortando rutas, quemando gomas y dañando la vía pública, ensuciando el lugar y demostrando que poco les importa el medio ambiente, pero al menos fueron a decir lo que pensaban, aunque sin saber que el problema de la delincuencia no se resolverá en poco tiempo, y que ellos con ese tipo de conductas y actitudes también son parte de esa sociedad negativa y violenta de la que paradójicamente dicen no querer para vivir.
Porque al final de cuentas, las actitudes que tuvieron poco los diferenciaba de los violentos a los que quieren erradicar.

HUGO LEMOS

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Una guerra social

“El Estado se verá superado, la gente de poder económico creará su propia respuesta de seguridad privada, barrios enteros cerrados con ingreso controlado y el Estado disminuirá su poder ante organizaciones pandilleras”, esas fueron las lapidarias palabras vertidas por el director nacional de Policía (número 3 del Ministerio del Interior), Mario Layera, concluyendo o que pasará en breve con la sociedad que tenemos debido al estado de violencia que domina la escena.  violencia
El problema de fondo es la grave y creciente fragmentación social a la que estamos asistiendo como comunidad, donde en algunos sectores hasta se hablan idiomas que la mayoría no conocemos. Los mismos son hijos del dolor y de la miseria, pero que se han transformado en una violencia inusitada que golpea a todos los estratos sociales y a todos los rincones del país.
Hace rato que Salto perdió su provincianismo apacible que lo caracterizaba como uno de los lugares más tranquilos y seguros del país. Pasamos a tener una sociedad quebrada donde hay violencia intrínseca en personas que no tienen miedo de actuar y tomar un arma de fuego para dañar a otra, para robarle sus pertenencias o para dispararle a quema ropa.
La fragmentación social hace que la sociedad se quiebre en dos, quienes pueden pagar su seguridad, su tranquilidad y seguir viviendo en el mundo y los que quedan expuestos a la violencia de un conjunto de personas que solamente quiere hacer lo que le parece sin importar códigos, valores, ni principios.
Hay una guerra social en donde un sujeto te odia porque uno pasa caminando al trabajo con una camisa nueva y nosotros le tenemos miedo por la forma en la que nos mira y nos amenaza, diciéndonos que él no tiene ni eso. Por encima de todos nosotros, están los intocables que crearán su propia burbuja para despegarse de todo eso, como lo dice Layera en su definición de cómo se verá la sociedad dentro de un tiempo.
La violencia sigue creciendo y los problemas sociales se profundizan por la irracionalidad de un grupúsculo que entiende que debe tener lo que ellos quieren al precio que sea, mientras tanto, la sociedad queda indefensa y la Policía se excusa de no contar con los recursos adecuados para enfrentar este flagelo. Pero la inseguridad es cada vez peor.
El Estado no brinda respuestas claras, no hay cooperación entre el que está encargado de monitorear a los más pobres como es el Mides y el que está a cargo de la seguridad interior. Lo denunció el propio jerarca y nadie comprende cómo un Estado puede funcionar de esa manera, sin hablarse entre ellos y sacándose las uñas para no hacer que las cosas avancen.
El sábado cuando los trabajadores de la Pizzería 2000 estaban trabajando y familias enteras estaban disfrutando de una buena cena, se llevaron el susto de sus vidas. Toda la tranquilidad, la armonía y la paz social se terminó en un segundo, con la primera detonación de un arma seguramente robada.
No hubo heridas físicas pero sí secuelas que nadie quiere atender, que nadie quiere hacerse cargo y que deja al Estado más ausente que nunca en un problema que es de su responsabilidad. La Policía nunca puede llegar al fondo del asunto y la sociedad se marchita de una forma que nos duele.
Salir a la calle hoy impone miedo, todos desconfiamos del otro y nos ponemos a mirar para el costado porque no queremos encontrarnos con lo peor. Sin embargo, las cosas siguen pasando y la horda pide más penas, exigen que metan a la parrilla a la delincuencia y eso genera más odio, más ira y más segregación social.
Todos nos miramos de costado y pensamos mal del otro, entonces la violencia crece. Hay una guerra social que está en ciernes, donde las personas marcan sus diferencias y se preparan para vivir en un mundo donde la indiferencia será la que nos terminará guiando, sino logramos hacer de la paz social y de la convivencia, un haz de vida.
La falta de políticas de Estado que ayuden a actuar a la Policía, que debe tener más herramientas jurídicas para poder hacer su trabajo, requiere urgencia. La sociedad clama por mayor seguridad y ya no sabe cómo pedirla y quienes puedan pagarla no le van a preguntar a nadie y van a empezar a autodefenderse. El Estado debe actuar ya o la gente tomará el problema en sus manos y ahí todo será tarde.

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Hay que saber para decidir

Uruguay debe ser de los pocos países en el mundo que le deja resolver o al menos, aparentar que su opinión por más insípida que sea, puede llegar a tener incidencia en temas muy importantes a gente que no puede llegar a tener la más mínima idea de lo que se está hablando. Y cuando digo que no tienen idea, es realmente no tienen idea de nada, y eso es nada. dibujo 1
Pero, con tal de justificar la “democracia participativa” que disfraza el sistema que tenemos, porque los que en realidad toman las decisiones finales son siempre los mismos, los hacemos ir a un congreso mandatados por el sector político y que levanten la mano con lo que nosotros entendemos que puede llegar a ser el tema.
A veces hay algunos que tienen alguna idea, pero igual, escuchan a lo que les dicen los otros que supuestamente “estudiaron” la situación, y aunque sea gente que no ha terminado el liceo, o que son empleados de tienda, con el respeto que me merecen, no tienen idea de política económica ni de comercio exterior, pero igual van y votan, y trancan todo, y los que saben y a los que les dimos el voto para que tomen las decisiones, esos están sujetos a estos otros. Eso es tan complicado como problemático.“ Y lo es por el hecho de que quienes deben tener conciencia de lo que significan las cosas, deben esperar el debate del día para después sí, ser mandatados por estos otros que a su vez ya habían sido mandatados por los que están sentados en el comité y les dijeron que ellos interpretan la voluntad popular, pero en realidad los que la interpretan son los que votó la gente y no ellos, pero finalmente estos son los que deciden por todos. Qué desorden.
Algo así es lo que pasó el fin de semana cuando el Uruguay entero estuvo en vilo esperando por el Plenario del Frente Amplio, para ver si los integrantes de ese órgano de conducción partidaria tomaban la resolución de acompañar la iniciativa del gobierno de firmar un Tratado de Libre Comercio con Chile. Un país con el que nos acercan muchas cosas, entre ellas, la estabilidad institucional, los índices más bajos de corrupción de la región y los estándares de vida más altos para nuestras poblaciones.
Pero esto que quiere el gobierno lo puso en manos de los dirigentes del partido de gobierno, que será el que tiene la última palabra y con su declaración, vinculará a los parlamentarios del Frente que son los que tienen las mayorías necesarias como para aprobar semejante cosa.
Hasta ahí no me parece mal que un partido político se involucre en el accionar de sus compañeros que ocupan cargos en el gobierno por mandato popular, pero lo que no me parece es que una vez que esas personas asumieron los cargos que les dio el pueblo, deben tener la responsabilidad de gobernar, de tomar las decisiones, de decir qué hacemos como país, qué rumbo tomamos, qué tipo de tratados para beneficiar la balanza comercial y el incremento del PIB, son los que debemos realizar.
Para eso es que ponen en los cargos de decisión a las personas que se supone son las más aptas para resolver lo que más le conviene al país en estos casos, porque así deben ser las cosas, o al menos deberían serlo en todos los temas. Pero sin embargo, nos encontramos con que esa gente está atada de pies y manos por gente que no sabemos qué clase de formación tiene como para analizar un tema tan delicado e importante para la economía del país, como es el Tratado de Libre Comercio con Chile.
Yo no sé qué sabe el que va a la Mesa Política Departamental del Frente Amplio de política económica, de comercio exterior, de inversión extranjera, de balanza comercial favorable, de expansión del Producto Bruto Interno, o si solamente tiene una expresión política que le dijeron que diga, porque es la que debe seguir la línea histórica que tenían sus veteranos dirigentes con los que se formó en el comité cuando era chico y ahora la expuso arriba de la mesa, sintió que no podía traicionar el legado y votó en contra de algo que no tiene idea ni siquiera cómo funciona.
Ese es un riesgo al que los uruguayos no nos podemos exponer, ya hemos perdido demasiado como país en materia de inserción internacional, hemos quedado atrás en el mejoramiento de las políticas de negociación comercial y nos hemos relegado al Mercosur, que es una mesa donde se sientan Brasil y Argentina a negociar, y lo que sobra, cuando sobra, Paraguay y Uruguay, se reparten las migajas. Y nos hemos acostumbrado a eso, porque hacemos primar la ideología sobre lo económicamente viable para nuestros pueblos.
Yo no soy experto en comercio exterior ni en negociación internacional, ni en política exterior. Por eso me ubico, y escucho a los que saben, a los que andan por el mundo, a los uruguayos que están tomando decisiones en distintas partes del planeta y a los que han estudiado todos estos temas, que considero, son los que están aptos para tomar sugerir a un gobierno qué decisiones debe tomar en determinados casos.
Pero el problema que tienen muchos de los que están al lado de los que hoy ocasionalmente ostentan el poder, es que creen que como les pagan un sueldo pueden saber de todo o deben saber de todos los temas y es ahí cuando se equivocan, y es ahí cuando con sus equivocaciones, todos pagamos el precio.
No digo que ninguno de los que acudió al Plenario del Frente no esté capacitado para decidir sobre este asunto, pero prefiero dejarle esa responsabilidad que va a recaer sobre mi persona, a quienes les dimos el voto en las elecciones nacionales, porque si le erran, sé después a quien acudir para reclamarle algo.

HUGO LEMOS

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Y era cabeza de turco nomás

Cuando escribimos en este espacio que el caso del peón rural Hugo Leites se le había ido de las manos al PIT CNT, recibimos fuertes críticas de parte de un grupo de personas que integran una organización social afín a la central obrera.
En esa oportunidad, dijimos que el movimiento sindical y algunos actores políticos estaban usando de “cabeza de turco” al pobre trabajador rural que había sido parte de un enfrentamiento entre trabajadores que terminó mal y que le jugó una mala pasada.
Entonces señalamos que el PIT CNT y alguna dirigencia política no estaban defendiendo la causa de Hugo Leites como paradigma de la defensa de la ley de 8 horas para el trabajador rural, que fue una conquista de los trabajadores del sector en el marco de un gobierno de izquierda.
Y que en realidad lo que estaba ocurriendo, era que estaban utilizando al peón rural como cabeza de turco de la defensa de los intereses creados por un sector político, que lo único que quería era sacarse la foto para decir que ellos habían conseguido en el parlamento y con un presidente de ese sector, una ley tan benigna para el trabajador rural.
Hasta un escrache hicieron en la casa del propietario del establecimiento donde ocurrió el caso, quien al final ni siquiera tuvo una sanción en la justicia penal por este hecho, cuando fue denunciado por un delito de amenazas. Pero el sujeto recibió su escrache en el que hablaron todos, desde los dirigentes sindicales afines a la causa del sector político que impulsó la ley de 8 horas para el trabajador rural, hasta un grupo de estudiantes denominados “Movimiento Estudiantil” que en realidad no sin un gremio específico, sino que son un grupo de estudiantes, todos con determinada afinidad ideológica que se juntan por lo general, vaya coincidencia, con la diputada Mutti en diversas manifestaciones.
Son los mismos que hicieron el reclamo el día que vino la ministra María Julia Muñoz a Salto para que sacaran del cargo a Diana Lucero, y que la diputada Mutti llevó a la secretaria de Estado del brazo hasta el lugar de la manifestación para que los viera y atendiera el reclamo.
Y los mismos que reclamaron frente al consulado argentino para que apareciera Santiago Maldonado, el joven que protestaba con los indígenas argentinos para que no les quitaran las tierras y había desaparecido. Hasta que finalmente, apareció, lamentablemente fallecido, porque al huir cuando vino la Policía a reprimir a los manifestantes, cayó al río y se ahogó. Pero no por todo lo que dijeron los mismos que reclamaban.
En definitiva, mientras todos reclamaban en las calles por Hugo Leites, se sacaban fotos con él, lo llevaron al parlamento, le llevaron la prensa a su casa, lo pasearon como un trofeo y le dijeron que lo iban a defender hasta las últimas consecuencias, ahora no saben cómo encarar el asunto.
Leites no tiene trabajo, no consigue consolidar su reclamo laboral, el único responsable de lo que le sucedió para la justicia penal fue el otro trabajador como él, que se diferencia de Leites por ser el capataz de la estancia, a quien procesaron por lesiones personales.
Y la justicia entendió en definitiva que el caso, se trató de una reyerta entre peones rurales por una discusión basada en desavenencias personales.
Aunque Leites siga diciendo que la misma se originó en el reclamo legítimo por el respeto a las ocho horas de trabajo, el otro involucrado dijo lo contrario y al final todo quedó en versiones.
El tema es ver quién se hace ahora cargo de la criatura. Porque para el PIT CNT el hecho quedó laudado en la justicia penal y le sirvió a los dirigentes de la central para reivindicar un derecho que es una de las mayores conquistas sociales que han tenido los más desamparados, que son sin dudas, los peones rurales.
Pero por otro lado, el trabajador fue sobreexpuesto y dejado ver como una persona problemática para las patronales, porque detrás suyo tiene a un pueblo que defiende “su dignidad” y eso es “peligroso” para quienes puedan contratarlo porque entienden que si el tipo mañana reclama algo tendrá detrás suyo no solo a un abogado y al PIT CNT, sino también a Crysol, al Movimiento Estudiantil, a la prensa y a la diputada Mutti que estarán forcejeando para que su reclamo tenga asidero.
Ese tipo de cosas, que no deberían ocurrir nunca en una sociedad como la nuestra, donde debería apelarse al sentido común, son las que terminan generando rispideces.
Nadie en su sano juicio puede ver en Hugo Leites no otra cosa que un trabajador que reclamó solamente sus derechos.
Pero la forma en la que fueron formulados sus reclamos y el apoyo masivo que tuvieron sus manifestaciones, al punto de hasta llegar a ser tergiversadas, desencadenaron todo lo demás.
Sobre todo que el pobre Leites hoy no tenga trabajo, esté atravesando una situación que debería ser considerada por todo aquel que pueda darle empleo y sobre todo, por todos aquellos que en ese momento salieron a la calle a gritar su nombre, pero que hoy cada vez que se levantan ni se acuerdan de que alguna vez hablaron con él y encima le prometieron cosas que no pudieron cumplirle.
Por eso, justo hoy no pueden decirle Feliz Día del Trabajador Rural.

HUGO LEMOS

 

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Todavía hay mucho por defender

El mandato social es el que impone que tengamos que hacer determinadas cosas y vivir de determinada manera. Es como un espiral de principios que hacen que la sociedad se ajuste a cumplir determinadas formas y que haya gente que viva de una manera, se alimente de determinada forma y perciba la vida desde un ángulo que lo haga hacer siempre lo mismo y creer que “no queda otra”, como dice la mayoría de la gente con resignación pura. COLUMNA
La historia de la humanidad siempre fue así, existen dominados y dominadores, gente que por holgazanería, cobardía o flojera pura, permite que venga a alguien a fijarle su forma de vida, a decirle como tiene que vivir, ¿y cómo lo hacen?, pagándoles el sueldo que ellos consideran que es el que vale su tiempo y su trabajo.
De esa manera, la mayoría de la gente está sometida a la cadena productiva y se alimenta con lo que se fabrica como aliento para las masas. Por algo cuando uno va al supermercado se encuentra con tres clases de azucares, por ejemplo. Y la diferencia se ve sola, ya que la marcan los números que surgen cuando el lector de precios traduce lo que dice el código de barras.
Este tipo de cosas son solamente algunas cuestiones que hacen a la sociedad que tenemos, donde se vive una fragmentación social de tal magnitud que terminará repercutiendo en lo niveles de empleo y de calidad de vida de la gente. Es muy importante caminar y mirar para el costado y ver la cantidad de gente que está buscando empleo, otra que pretende que el Estado le subsidie su pobreza, y otra que ya se cansó de trabajar para pagar impuestos y sale a protestar siendo detractada por el resto de los grupos sociales. Cuando días pasados la Iglesia Católica salió a pedir querer colaborar con sugerencias por los problemas que entiende vive la sociedad, el gobierno puso el grito en el cielo y aún no se sabe es que no quiere que se le reconozca que la sociedad uruguaya en su conjunto tiene un gran problema de fragmentación social por el cual el gobierno no está haciendo nada, o porque quiere realmente pregonar el principio de la laicidad y en ese aspecto, anula toda opinión o expresión que pueda tener un colectivo religioso. El hecho es que con o sin la opinión de la Iglesia, el problema preexiste. La educación atraviesa un grave problema estructural que no pasa por cambiar de figuritas, sino por mejorar los planes educativos, por buscar que los contenidos se impregnen de valores y principios que le brinde a los más vulnerables la posibilidad de crecer, y desarrollarse como personas. Pero esto es lo que no está pasando, la educación está partiendo en dos a la sociedad y por un lado propone un nivel para mantener a determinada gente, para que permanezca en determinados lugares. Aunque todo pasa por el esfuerzo, el que trabaja y se esfuerza el doble, estudiando y queriendo crecer y salir adelante, y el que solamente se resigna y deja todo de lado por las ocho horas. Estamos atravesando por situaciones en las que un trabajo vale tanto, que muchos se resignan a cualquier cosa con tal de mantener el empleo y no perder su única fuente de ingresos. Pero eso no puede generar frustraciones, sino que debe alentar a todos a valorar lo que se tiene y querer desarrollarse para conseguir aún más. La gente tiene que aprender quererse, a valorarse, a no dejar que le digan lo que tiene que hacer, sino hacer lo que sienten que deben y pueden hacer y fomentar a que potencien las capacidades que tienen.
No podemos esperar que el mandato social siga proponiéndonos un mundo con gente sumisa que solamente cree que debe hacer lo que les dicen, debe haber más espíritu crítico, más idealismo, más pensamiento y razonamiento por afuera de los dogmas ya planteados. Debemos potenciar que cada uno piense por sí mismo y que nos digan qué pensar. De lo contrario, en poco tiempo, la vida humana valdrá cada vez menos y ya no quedará nada por defender.

HUGO LEMOS

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Políticas mixtas para atender la violencia

Caminar por las calles de la ciudad en horas de la noche ya no es como antes. La tranquilidad provinciana que prevalecía en los distintos barrios de la ciudad terminó hace rato. Ahora dejar una moto estacionada en la puerta de una casa es motivo de que su dueño vaya a cada rato a ver que todavía está ahí. Escuchar un ruido en el fondo de una casa es motivo de preocupación y hasta de llamar a la Policía, y cobrar el sueldo implica ir al cajero cuando haya mayor seguridad. violencia
Las cosas cambiaron, la sociedad en su conjunto fue mutando con el paso del tiempo. Pero todo tiene un porqué, las cosas no fueron por capricho, no fue que de un día para el otro empezó a pudrirse la manzana y aquellos niños que crecían en los barrios jugando a la bolita y al fútbol en el capito después de venir de la escuela, decidieron salir a robar, o a meterse donde no debían porque sí nomás. Hubo problemas más drásticos en nuestra vida cotidiana que llevó a ello y que hoy lo vemos con preocupación.
Y todos somos parte de la responsabilidad de todas las cosas que ocurren, pero principalmente las instituciones y el sistema son la columna vertebral de todo este embrollo al que le llamamos espiral de violencia y del cual estamos apesadumbrados, y nos tiene a mal traer.
Salto no es una isla, no vivimos ajenos al mundo, somos parte de la aldea global, nuestros niños ya no usan camisetas de Nacional y Peñarol hace mucho tiempo, solo quieren comprarse las del Barcelona y del París Saint Germain, porque ese es el mundo para ellos, mirar por el celular los partidos de la Champions, algo que para sus padres es nuevo porque no vivieron esa era y sentían por algún informativo radial en el capítulo internacionales y encima cuando era una noticia muy importante, hablar de equipos europeos. Hoy Messi erra un tiro al arco y nuestros niños lo comentan en el campito del barrio.
Pero mientras tanto, la pobreza sigue campeando. Y es a todos los niveles. Para unos la pobreza y el disparador de los casos de violencia en el centro de sus vidas, que es en sus propios hogares, es la falta de dinero, la ausencia de empleo y los problemas que ello lleva con carencias de todo tipo, pero principalmente de valores que lleven a la gente a tener hábitos de trabajo, valores como el respeto y la tolerancia, y cosas por el estilo no existen porque hay hambre y cuando eso pasa, nada importa.
Aunque en otros ámbitos de nuestra sociedad, donde salen al mediodía en coche para ir llevar a los chicos al colegio también existe violencia, hay mezquindad, traición, insultos y degradación de valores. Allí no falta el dinero, pero sí el amor y los más pequeños lo perciben. Lo sienten y lo palpan. Entonces la violencia es general y se hace carne y parte estructural de una sociedad que no quiere ver esto, para no tener que hacerse cargo de nada y trasladar el problema hacia los de siempre, los que nada tienen y por ende, nada valen, entonces es más fácil culpabilizarlos de todos nuestros males y endilgarles que quienes “trabajan los mantienen a ellos y a sus hijos”, nada más lejos de la realidad que esa falsa premisa desde la cual se quiere construir un discurso para tener la excusa perfecta de impulsar la fragmentación social, a la cual estamos asistiendo de una manera más acelerada.
Lamentablemente, cuando el sistema nos impone el hecho de que todo pasa por el dinero que se gane y en función de eso es el acceso a la vida, la pelea se vuelve cada vez más feroz y todo se convierte en una jungla, donde debe prevalecer la astucia del más fuerte, del más astuto, del más inescrupuloso, del que quiere superar al otro para aplastarlo, verlo pasar y sentir que puede lograr más cosas que el otro por el merito propio.
Pero la violencia se ha traducido actualmente en los delitos de poca monta, en los errores que tengan otros, esos de los que no se espera nada y de los que nadie quiere hacerse cargo, sino que pedimos más cárcel y castigo en lugares totalmente inadecuados para recuperarlos y para volverlos personas útiles para la sociedad. Muchos de ellos quieren y necesitan una segunda oportunidad, pero para eso tenemos que mirarlos como iguales y darles la chance que realmente esperan, porque en ese caso, estaríamos ayudando a toda las sociedad a vivir mejor.
Por estas horas, hay un sector de la sociedad que pide penas más duras para quienes cometen delitos, sobre todo graves. Esas personas que han crecido al desamparo social y a los que les dimos la espalda hasta hoy, ahora queremos castigarlos de manera mucho más severa porque se están comportando de la manera que todos esperábamos, por la forma en la que crecieron.
Por otro, hay quienes piden entender que la violencia no se soluciona con más cárcel sino educando y construyendo lugares adecuados para esto, con políticas públicas que realmente tengan incidencia y como hasta ahora que se han llenado de técnicos y burócratas, además de políticos, que a la vista está no han solucionado el problema.
No sé si Salto es el segundo lugar del país con más delitos después de Montevideo o si el Don Atilio es el barrio más peligroso, como lo dijo el presidente del Centro Comercial, Nicolás Sant’Anna al diario El País, pero lo que sí sé, es que si las instituciones públicas y todos los que aparecen ahora con la varita mágica de las soluciones no se juntan y establecen políticas mixtas de desarrollo social con impacto profundo en los distintos ámbitos de la sociedad, seguiremos hablando de robos y rapiñas por el resto de nuestra existencia.

HUGO LEMOS

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Todo seguirá igual

Están en la calle haciendo malabares, pidiendo monedas a todo el que se le cruce, haciendo “el 2” como le dicen cuando acompañan a un amigo suyo que logra conseguir trabajo y por tal motivo, hay que ver cómo lo hace y también sentirse bien porque el otro lo logró, ya que en definitiva pudo llegar a ser alguien porque tiene un empleo, que le da un salario y eso lo dignifica.
Esas personas, son las que se sienten olvidadas por la sociedad, ya que viven en un subsistema donde nada se puede y donde tener lo básico, es ya haber conseguido lo mejor y ser parte de una vida que los tiene afuera.
Ellos viven en el submundo de la pobreza y la marginación, y son miles de jóvenes de todos el país, cuyas edades oscilan mayormente entre los 15 y los 30 años de edad. Saben que a ese tiempo ya tendrían que tener una preparación, cualquier oficio, arte o profesión que los anime a hacer algo por sí mismos, con lo cual poder ganarse la vida. pobreza
Sin embargo, el sistema no está hecho para contemplarlos adentro, porque los necesita afuera. Para que haya ricos, debe haber pobres y para que haya distintos tipos de clase media y baja, que es la que está a un paso de llegar a la pobreza, debe existir gente como ellos.
Es una triste y pesada cadena que ha existido siempre y que seguirá siendo así, porque son necesarios para que otros puedan ganarse la vida a costa de ellos. Instituciones, técnicos, burócratas, jefes y mandos medios, autoridades de gobierno y el que llega a dominar todo el asunto, que no es el que figura sino el que está detrás de todo, haciendo que la rueda siga girando y que nosotros seamos el ratóncito que corre y corre en el mismo sentido sin llegar a ningún lado.
Esa construcción social, por más que se me endilgue de tener una visión muy pesimista de la misma, es la que tenemos y tendremos por los tiempos que vendrán. La fragmentación social se ve de una manera formidable por las calles de la ciudad hoy en día, cuando notamos la diferencia de educación de algunos que fueron a los lugares indicados y se dedicaron horas para tener ese conocimiento que además los acercó a otros espacios de desarrollo personal, donde adquirieron otros aprendizajes para darse cuenta que debían alejarse de algunos puntos que son oscuros y que siempre van a existir por más que el gobernante de turno, sea del color que sea, diga que los quiere erradicar.
No solo porque en realidad no quiere erradicarlos, sino porque tampoco puede hacerlo. Porque hay otros como él, que necesitan que esa gente y esos lugares estén ahí, y no se desaparezcan nunca más, para que haya gente como ellos que siga mandando.
Es como el dueño de una empresa, al que no le sirve que su empleado, que es el que le hace todo el trabajo que debería hacer él para elaborar el producto que pone a la venta y con el que gana dinero, y que no solamente no sabe hacerlo tan bien como lo hace su empleado, sino que tampoco quiere hacerlo, no le sirve que el mismo encima se especialice, se perfeccione, adquiera más conocimiento, piense que puede explotar sus potencialidades con las capacidades adquiridas por él mismo, porque en ese caso terminará siendo su competencia, o peor aún, el que lo termine dejando en la calle porque no solo hace bien el producto, sino que además conoce los secretos del mismo, el know how y eso lo pone a la delantera. Claro, solo si se ese empleado, se da cuenta de que su valor es mayor a la vida que tiene.
De lo contrario seguirá siendo el empleado del de siempre, por el resto de sus días, hasta alcanzar la jubilación y pasar a ser el mal considerado anciano de una sociedad que los condena al ostracismo y que les brinda todo lo peor y lo último siempre.
Porque ser anciano en este país es una condena. Hasta la jubilación la cobran después de que todos ya tuvieron sus monedas en el cajero, y hayan ido en fila a sacar del cúmulo de billetes los tres que le tocan del montón, para que la plata no les alcance y empiecen a quejarse y la sociedad se vuelva un caos, un lío imparable, donde todos protestan. ¿Todos? No, claro, hay quienes están sentados mirando desde las pantallas, con el control social en sus manos cómo esa parte de la sociedad está enferma y desquiciada por no poder tener el nivel de consumismo al que ellos llegan sobrados y que han creado para que el confort siga en manos de quienes debe seguir.
La sociedad del conflicto es la que tenemos y la que veremos en los próximos tiempos, cuando la herramienta Consejo de Salarios, creada por los que piensan que puede haber un equilibrio social se ponga en funcionamiento y termine siendo el mismo caos de siempre. Cero resultados, más dolores de cabeza, más despidos, más achiques, más protestas en las calles y más problemas para las masas y para los que intentan gobernar, que saben que tienen enfrente esta vez a un ejército de dueños de medios de producción que ya no quieren ceder más, sino volver a poner sus propias reglas.
Pero tampoco serán ellos los que darán la batalla, sino que verán como se destrozan allá abajo y luego buscarán darle un final feliz, para ellos claro, a todo esto. Agarrando la bolsa del dinero, tirando una pelota de fútbol a la montonera y que todos vayan a ver el Mundial, que es más importante, porque qué importa si comemos todos los días y podemos pagar las cuentas, cuando Suárez hizo tres goles y Uruguay ganó el partido.
El problema de la pobreza y la marginación es parte del caos social que debe haber en una sociedad que hoy se asusta porque haya focos específicos de violencia, contra los que se alarma y los hace causa común, cuando en realidad, una vez que se despiden de esas marchas, todos tomar para lados distintos, yendo cada uno para su casa sin importarle lo que le pasa al otro.
Esa construcción social de indiferencia, mezquindad e hipocresía, es la gente problemas de fondo, estructurales, de una violencia cada vez más creciente. Por lo tanto, no importa cuántos policías haya, tampoco cuántas marchas se realicen y mucho menos cuántas reformas tenga el sistema judicial, tanto en cuestiones de forma (en la estructura del proceso), como de fondo (en el contenido de las leyes), la violencia seguirá porque la sociedad no va a cambiar nunca, y eso todos lo sabemos. Así que pensemos un poco, antes de gritar tanto.

HUGO LEMOS

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No pueden darle la espalda

La situación vivida por un hombre que es padre de un niño de 5 años, a quienes el Estado, a través del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), les negó darle cobijo y terminaron quedando en la calle fue algo de no creer. Sobre todo porque la razón esgrimida por los funcionarios de esa cartera, fue que se trataba de un Padre, es decir, de un Hombre, y eso era algo que no tenían previsto, ya que solo atendían casos de Mujeres, es decir, Madres.
No solo no se espera que una situación de esa naturaleza pueda ocurrir en los tiempos que corren, en primer lugar por toda la propaganda que hace el gobierno acerca de que sus políticas de inclusión son las mejores de la historia, sino además porque cuando uno pasa por la puerta de la sede central del Mides en Montevideo, en la esquina de 18 de Julio y Barrios Amorín, hay un enorme letrero que habla en contra de la violencia de género, algo que compartimos todos.  POBREZA 2
Pero a la hora de poner en práctica esto, vemos que se borra con el codo lo que se escribe con la mano. Es una barbaridad, que una persona que está en situación de calle en este país, que acude al Ministerio que fue creado para atender la emergencia social y que trabaja en ese sentido desde hace 13 años, le vede ese derecho a una persona por su condición de género, es decir, porque es hombre. Y la propuesta que le dieron es tan cruel, como la respuesta negativa a poder acceder al beneficio de un refugio.
Encima los funcionarios se justificaron en vivo y en directo por la televisión, diciendo que le habían propuesto que el hombre dejara al niño en las instalaciones del INAU, en un hogar de amparo, mientras él se revolvía y lograba un lugar para vivir. Como si el INAU fuera un depósito de personas, de niños que están en situación de emergencia habitacional, separándolo de sus padres para que estos salgan a pasar penurias a la calle y encima separados de sus hijos, que vaya a saber cómo los tratan, además de cargarles el sufrimiento al pequeño por alejarlo de su progenitor.
Fue una cosa de locos ver cómo una persona fue discriminada por su condición de hombre y además, que desde el estado no le den una respuesta adecuada a la gravedad de su situación. Fue triste y lamentable, y no me canso de repetirlo, porque indigna.
Además da bronca que un Estado que gasta miles de millones de pesos en tantas cosas, como infraestructuras que a veces no dan resultados, misiones diplomáticas, sueldos de mandos medios, compras de vehículos para uso de oficinistas con traje y corbata, y con un parlamento lleno de gente que cobra partidas hasta para fotocopias, cosa que sabemos todos que no lo hacen, no tenga un plan de contingencia para atender situaciones especiales como estas.
Y lo digo además porque si uno mira cómo son los refugios, que parecen casas abandonadas donde las personas que tienen lo mínimo indispensable y encima hasta en mal estado, da bronca. Y en ese sentido, es que estamos viendo la falta de políticas específicas a largo plazo que den resultados positivos para que este tipo de hechos no vuelvan a ocurrir.
Con todo el dinero que recauda el Estado de sus ciudadanos por concepto de impuestos, y tributos de todo tipo como tasas y contribuciones especiales, además por las tarifas públicas que pagamos todos a los principales prestadores de servicios del Estado, deberían tener un fondo de emergencias para brindarle a padres y madres con hijos menores a cargo que estén en situación de calle.
Y si lo tienen para las madres, cosa que me parece fantástico, también lo tienen que tener para los que son padres, que son tan seres humanos como las madres y cuyos hijos son tan hijos como los otros niños que por el hecho de estar acompañado de una mujer, tienen donde pasar la noche llegado el caso extremo de no tener donde dormir.
Uruguay es un país de apenas 3 millones y medio de habitantes, debe tener políticas habitacionales para sus poblaciones, sean urbanas o rurales, no puede haber gente que no tenga donde pasar la noche, que no tenga un lugar al que pueda llamarle hogar. Esas cosas no pueden volver a ocurrir.
Lamentablemente hoy en Salto hay por lo menos 27 asentamientos irregulares, que se dan por muchos factores, es muy simplista echarle la culpa a un gobierno, todos sabemos que se han hecho cosas, pero hay problemas que persisten y esas situaciones deben ser tenidas en cuenta como una prioridad para los próximos tiempos.
De aquí en más el Mides no puede fallar en esto, no puede discriminar a través de sus planes por cuestión de género y decirle sí a las mujeres y no a los hombres. Tiene que ser inclusivo y darle cabida a todos, porque todos hombres y mujeres, somos uruguayos por igual y eso actualmente no está siendo contemplado, algo que se vuelve hasta violatorio de los derechos humanos más elementales que están protegidos por la propia Constitución de la República.
Espero que las autoridades del Mides recapaciten, que el gobierno lo haga y tenga en cuenta cada situación especial que se presente, no solo para darles una solución concreta a los peticionantes de turno, sino para darse cuenta que el Uruguay tiene carencias que debe atender. Porque tenemos un Estado que recauda con toda su población y por ende debe darle cabida a todos los uruguayos por igual.
Ojalá este tipo de cosas no vuelvan a repetirse nunca más y que ni el Mides ni ningún otro organismo del Estado dejen de proteger a un ciudadano de este país por ser hombre o por ser mujer, mucho menos a un niño que necesita de que todos los uruguayos lo ayudemos a salir adelante.

HUGO LEMOS

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Agujeros por todos lados

Los vaivenes de la economía son mucho más que datos, estadísticas y cuestiones para analizar, con el fin de que sepamos de qué manera se verá afectado nuestro bolsillo, con tantos indicadores, números y declaraciones de los agentes del gobierno para los cuales siempre está “todo en orden y pum para arriba”.
A veces no sabemos si eso lo dicen porque es parte de su trabajo no despertar sospechas de que algo puede ir mal, o si lo hacen para que no “panda el cúnico” como decía el gran Chavo del 8, que los que crecimos en los años 80 aprendimos esas frases inspiradoras para los momentos complicados. crisis
Pero el hecho es que los vaivenes han tenido lamentablemente oscilaciones bruscas, esas que Danilo Astori siendo vicepresidente de la República y no ministro de Economía pero estando siempre en el backstage de los equipos económicos del gobierno desde hace 13 años, decía públicamente que en el país no iban a suceder.
Aunque sí sucedieron y esas oscilaciones bruscas, como le gustó llamarlas al actual titular del equipo económico del gobierno, se llevaron consigo a un montón de gente que se los ha tragado como la tierra al agua. Ya no quedan un montón de microemprendedores, no porque el mercado interno no sea suficiente como para colocar sus productos, sino porque la carga tributaria es inmensa y opera como una aplanadora al momento de dejar que haya desarrollo económico de los más chicos para poder competir.
En el sector agropecuario es una constante, muchos de los productores cuentan cómo han cerrado empresas chicas en el campo, de productores que teniendo algún centenar de hectáreas, no han podido producir por lo que les sale hacerlo, en función de la ganancia que puedan llegar a obtener por su actividad.
Ergo, terminan cerrando sus puertas, vendiendo el pedazo de campo que tienen y que seguramente ya se lo deben a un Banco o a dos, sino más, que le dieron crédito para mejorar o mantenerse pero se volvió impagable y terminan dejando gente en la calle, sin trabajo, sin casa y sin modo de vida, por lo cual ahí se produce la emigración del campo a la ciudad, que tanto dijo el Frente Amplio que había que frenar, porque esto se estaba dando de una manera estrepitosa y tenían razón, porque todavía se sigue dando.
Con respecto al campo, no conozco mucho la interna pero es un tema serio, donde hay mucha gente que ha perdido todo y hay muchas empresas pequeñas con riesgo de supervivencia. Pero como el campo comunica mal y siempre participó en forma activa de ese divorcio que se generó con la ciudad, existe una dicotomía campo – ciudad, que sigue en pie y que culturalmente la sociedad en su conjunto no ha sabido digerir, ni mucho menos entender. Entonces asocian una camioneta y una portera, al latifundio y a la explotación económica y social a favor de unos pocos per se, cuando en realidad en la mayoría de los casos, las empresas agropecuarias tienen los mismos problemas que cualquier comercio del centro de la ciudad.
Pero sin querer atender ese caso hoy, quiero remitirme específicamente al ejemplo que vi el otro día, cuando el popular Bazar Alegre, al que vi en ese mismo lugar desde que era niño y con el que crecieron varias generaciones de salteños, cerró sus puertas por ser económicamente inviable para sus propietarios. Se trata de un comercio emblemático que estando en un momento al que por lo menos le podemos llamar óptimo del país, donde para el gobierno es de crecimiento interno y para el sector empresarial, comercial e industrial del país es un tiempo de poner el freno de mano, cuando no, el grito en el cielo, ese comercio tradicional de la ciudad cierra y es una muestra de cómo están las cosas.
La familia Alegre ha trabajado en el lugar por varias décadas y siempre estuvo ligada al sector comercial de la ciudad, con esfuerzo y ahínco, trabajando día y noche, feriados y fines de semana, para aggiornarse a los tiempos que corren, después de casi un año de especulaciones y análisis, decidieron tomar la decisión que entendían ya se volvía insostenible.
No decimos que estamos en tiempos de crisis, como la que se vivió hace al menos 15 años atrás, pero por lo menos es tangible que el crecimiento se frenó, la estanflación nos está comiendo, hay un endeudamiento interno casi inevitable en la población que quiso seguir el ritmo de vida como si nada pasara cuando todas las luces rojas se habían encendido, y la situación es al menos de cautela.
Nadie puede decir hoy que el país está en pleno crecimiento y que vamos hacia un futuro formidable, no quiero ser aguafiestas ni contra de nada, pero sí hay que llamar a las cosas por su nombre y es decirle a la gente que cuide el bolsillo, que no se endeude de más, que no gaste en lo que no tiene porque el gobierno no previó las oscilaciones bruscas que se están dando y que nos están sacudiendo bastante, hasta alcanzar un terremoto.
Así que si bien el gobierno no lo dice, hay que ser cautelosos, cuidar el bolsillo y a la familia Alegre, qué decirle, siempre estará su comercio en el recuerdo de quienes le conocimos.

HUGO LEMOS

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No podemos dejarla ganar

La violencia inusitada a la que estamos asistiendo como sociedad podría haber venido para quedarse. Todo está en qué queremos como comunidad de aquí en más, si la aceptamos y nos redimimos ante ella dejando que avance a pasos agigantados y que prolifere en nuestros hogares, en los centros educativos, en los barrios y en cualquier otro lugar en el cual participemos, o si nos ponemos de acuerdo en trabajar para derrotarla y generar un ambiente de convivencia pacífica. fotocolummna
Transmitir todo esto no es fácil, por el contrario, es muy difícil, pero no imposible, porque vivimos en una sociedad llena de miedos y temores, que derivan en prejuicios, mezquindad, egoísmo y violencia. Todo termina en eso y es un círculo vicioso que preocupa y mucho.
Aquí no hay un culpable, sino responsables y son varios los factores que deben cargar con eso, es muy simplón y pueril la prédica de los pro gobierno que dicen que los problemas de violencia social que se han vuelto estructurales en la población, son culpa de lo que vivimos en la crisis del 2002, donde muchas familias se desmembraron y hubo gente sumida en la extrema pobreza.
Eso no es del todo cierto. Sí hay algunos factores que provienen de esa situación, pero la mayor parte de los problemas que tenemos hoy son básicamente a causa de una degradación de valores y de una promoción desmedida de los antivalores, con el “todo vale” y el “todo es lo mismo”, disfrazado de falsa inclusión social y el “dame eso porque lo quiero ya” con un consumismo que no importa si el precio que se paga para tenerlo es con la propia vida, que lleva a que como dijo Bonomi, “hay lúmpenes que te matan por un par de championes Nike y no porque tienen hambre”, algo que es cierto y es una de las pocas cosas coherentes que ha dicho hasta ahora.
Pero si hay algo que es cierto es que no se puede buscar culpables puntuales sobre estos hechos, más que la sociedad en su conjunto y en buena medida, sí, en las autoridades que son las que deben aleccionar a la población con medidas ejemplarizantes.
Salto está cada día más preocupante en materia de seguridad y no es una sensación tremendista a partir de un caso concreto, sino que hay situaciones que estamos viviendo que son realmente alarmantes, en una sociedad que no tiene más población que la que cabe en un estadio de fútbol de Europa.
Y como muestra sobra un botón. Dos adolescentes me relataron que luego de haber salido el viernes de noche, ya entrada la madrugada del sábado se encontraban en la Costanera Norte frente a los locales bailables del lugar. Allí de repente, ocurre algo que parece ser lo habitual, una trifulca entre varios jóvenes todos ellos alcoholizados, algo que no debería ocurrir, pero sí ocurre, y lo peor es que ellos ya lo ven como algo común, algo que no es ajeno a lo que pueda ocurrir en ese lugar.
En eso, uno de los que estaba allí exhibe un arma de fuego, todos lo ven y se apartan. El sujeto, veinteañero él, muestra sin pudor alguno el peligrosísimo objeto y mofándose del temor que mostraron varios de los presentes, hizo gala de que podía “llenar de plomo” (en sus propias palabras según los testigos) a cualquiera. Por suerte los problemas fueron “solamente” a golpes de puño y no hubo otro tipo de hechos de violencia que lamentar.
Estos jóvenes que relataron la situación se preguntaban ¿por qué esa noche la Costanera se había convertido en tierra de nadie? ¿Por qué no había policías disuadiendo los conflictos que se estaban originando?, ¿por qué nadie frenaba las picadas de motos que ante la vista de todos se estaban realizando en el lugar, poniendo en riesgo la vida de los que estaban al costado de la calle?
Y nosotros nos sumamos a esos, porqué. Porque tampoco los entendemos. Otro caso pasó cerca de mi casa. Fue el de un adolescente que ganándose la vida limpiando vidrios de los autos cerca de una pizzería de la Zona Este, un grupo de Policías habría agredido físicamente por el mero hecho de que es “un pichi, que no debe estar allí”.
Esto es lo opuesto a todo lo otro que está pasando, pero tampoco es la Policía que queremos. Esa Policía es la misma que no combate el delito por el motivo que sea, falta de recursos o de capacidad para resolverlos, y permite que haya un par de idiotas con un revolver jugando a los pistoleros en su propia cara, asaltando a cuanto comercio vean a su paso.
Más allá de ese caso puntual que acabo de mencionar es que, si la violencia llega al nivel de estar institucionalizada en la fuerza policial, qué podemos esperar que pase con estas personas que cometen delitos que son los que están en la posición más baja de la sociedad porque son los que con su conducta dañan el tejido social. Qué podemos esperar de las generaciones futuras, que hoy se toman a golpes en la Costanera y hasta andan armados como si fuera gracioso.
Eso es algo que nos debe ocupar a todos, porque mejorar las pautas de convivencia debe empezar por nuestra casa y en este momento, con los hechos que vivimos en las últimas horas, debemos darnos cuenta que lo que menos estamos haciendo es tratar de dar un vuelco a este tipo de situaciones y en vea de bregar por la paz, y la convivencia pacífica estamos promoviendo la violencia y la ira, gratis y para todo el mundo.
Lo que pasa en Salto es algo preocupante, sobre todo por los que vienen después que nosotros, y si la violencia hoy está ganando terreno, tenemos que hacer lo posible para no permitirlo.

HUGO LEMOS

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No se enseña en las aulas

Volver a clases cada año es como si se tratara de volver a empezar una y otra vez. “La vida es una escuela”, me dijeron, “y cada uno está en la clase que puede”, me comentó una persona con mucha experiencia por todo lo que ha vivido. Se trata de una nueva etapa en la vida que debemos valorar como una nueva forma de seguir impulsándonos y generando cosas nuevas y positivas para nuestra existencia.  familias
No se trata únicamente de estar sentado en un aula escuchando al profesor, sino que esa simbiosis colectiva que surge, o al menos debería surgir, en la relación entre los docentes y los educandos, refiere a un proceso de absorción mutua del conocimiento, donde unos se nutren de los otros, donde aprender, va de la mano con educar y esto otro con formar, y con saber y poder enfrentar con importantes herramientas el mundo competitivo y cada vez más vertiginoso en el que vivimos.
Pero hoy el inicio de clases son solamente una señal de que la vida es un aprendizaje en sí mismo y que debemos pasar por una institución formal que nos brinde formación académica y que nos ponga en contexto, con las antenas bien paradas para especializarnos en determinados roles y así poder cumplir un papel en la sociedad en la que estamos insertos.
Aunque nada haremos bien si esa formación académica se vuelve un conocimiento acotado en sí mismo a lo que aprendimos en el aula y no una herramienta válida para desenvolvernos en la vida.
Porque más importante que aprender bien a comprender el lenguaje y a analizar un texto, o a resolver un problema matemático, o a saber de historia para conocer por qué vivimos en una sociedad como la que debemos soportar cada día; es poder aprender a saber llegar a casa y cómo interactuar con nuestra familia y nuestros hijos, que pasan a conformar el esquema más importante en nuestras vidas.
Porque por un lado, podemos en el aula aprender a ser buenos en el oficio o profesión que hayamos elegido para desarrollar en nuestra vida. Podemos saber ser los mejores en la ciencia o arte que queramos profesar. Pero si no sabemos ser buenos hijos, hermanos, padres, tíos o abuelos, no seremos buenos seres humanos, pasaremos a ser personas incompletas y nos faltará lo más importante, poder compartir nuestra existencia con los seres que más queremos.
Mucha gente atraviesa hoy el llamado “mal de la separación”, la vorágine, el estrés, la falta de espacios para la vida en familia y el compartir entre todos un espacio que permita aceptarse, quererse, perdonarse y comprenderse, termina con la solución más fácil, que es que las uniones se disuelvan, con ello las familias y el entramado social se deshilacha cada vez más, con situaciones complejas que se trasladan al resto de los órdenes de la vida.
Por eso hoy encontramos muchas veces a los niños y adolescentes en los distintos centros educativos, perdidos en sus valores y principios; porque además la realidad social ha impuesto nuevas formas de vida y de carencias en las personas, donde la nueva constitución de las familias, ya que hoy se habla de familias ensambladas como si nada, algo que está bien pero que ilustra la manera de vivir que tenemos, demuestra que los cambios que nos proponemos como sociedad deben tener un rumbo para enseñarle a los más jóvenes, a las generaciones que vienen, que deben poner por encima de todo, la situación personal, el amor a sus familias, el compartir con los hijos, en definitiva, la felicidad humana de la que habló en su discurso más famoso en Río de Janeiro hace algunos años, el expresidente uruguayo, José Mujica.
La felicidad humana no se enseña en ninguna escuela, no se aprende en ningún aula, no se da en ningún diploma. Se aprende con la vida misma, el tener amigos, el querer disfrutar de los momentos con nuestros seres queridos, el respetar, tolerar y comprender a quienes tenemos a nuestro lado, es algo que debe primar en nuestras familias, porque si eso ocurre, lo demás solo será esfuerzo personal para superar obstáculos pequeños, ya que el motor de la amistad y de la familia nos ayuda a llegar a cualquier puerto.
Nuestra sociedad vive momentos críticos como tal, pero demuestra una frialdad y un distanciamiento para tratar ese problema que se sumerge en el primer caso absurdo que aparezca, con el fin de dar una discusión sobre el mismo cosa que nos consumamos hablando idioteces sin llegar a una reflexión que nos ayude a vivir mejor.
Yo considero en cambio, que estos son tiempos de debatir y analizar cosas importantes, cosas que en las aulas no las vamos a ver nunca, porque tampoco es el ámbito, pero sí en nuestra casa, en el desayuno, en el almuerzo o en la cena, tenemos que mirarnos a los ojos y decirnos cuánto nos queremos. Con ellos superaremos cualquier obstáculo, de eso estén seguros.

HUGO LEMOS

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No hay que judicializar la enseñanza

La educación debe ser un tema serio y en serio. Nos debe ocupar a todos y eso requiere compromiso y acción. No podemos resumir el hecho de educar, de ser educadores y formadores, en cumplir solamente en llevar a nuestro hijo a la escuela, comprarle los útiles y el uniforme respectivo, y entregárselo a una maestra para que nos resuelva todas las cosas a las que no nos dedicamos a enseñarle.  educacion
Pero una vez esto, tampoco podemos venir después a cuestionar y a criticar cómo un docente evalúa a nuestro hijo. Debemos comprender cuáles son los métodos que emplean y conocerlos, antes de enviar a nuestros pequeños a una institución educativa, a la que después estemos poniéndole cortapisas al momento de que nos digan cómo rindió el niño a juicio de su educador, durante el año lectivo.
Eso se llama compromiso, responsabilidad y dedicación. Como padres no podemos venir con un cañón luego que nos dan el resultado, apuntando al maestro, al director y a todo lo que se mueva dentro de la escuela, colegio o liceo, por el mero hecho de que debemos confiar en la calidad académica y pedagógica de los docentes a los que confiamos la educación curricular de nuestro hijo.
El tema lo traigo a colación por lo que pasó en el mes de diciembre en nuestro país, precisamente en Montevideo, cuando los educadores de un colegio, privado y de educación católica, entendieron que una niña de 9 años no había transitado el año lectivo de manera de asimilar los conocimientos adecuados y de la forma que debía hacerlo, para cumplir con los requisitos que establece el programa para que el educando pueda continuar con su vida académica. Es decir, la niña no estaba en condiciones de pasar de año, porque no tenía el nivel de aprendizaje que debía tener y punto.
La repetición es algo más viejo que el pan. Cuando esto pasa, el niño o niña, repite el año y los maestros esperan que entre los conocimientos asimilados durante ese año que terminó reprobando y entre los que puede volver a rescatar el año que recursa, pueda conseguir mejorar el nivel de aprendizaje y seguir transitando su vida académica al menos con mayores conocimientos.
Pero en todos estos casos, estos temas deben ser resueltos siempre y en todos los casos, por los padres del niño o niña involucrado en el problema y los respectivos docentes, maestros, profesores o educadores, que son, se supone, las personas capacitadas para evaluar técnicamente la evolución de ese educando, con el que trabajaron todo el año. Son los únicos que pueden decir si alguien está apto y tiene la capacidad de poder pasar de grado.
Y es así en todos los órdenes de la vida, cuando por ejemplo, un funcionario en la administración pública da un concurso para pasaje de grado, algo que debería ocurrir más seguido, y se evalúa su capacidad para ello y para la función que viene cumpliendo en la actualidad, el resultado se acata, salvo que la persona sienta que hubo un error que terminó perjudicándolo y tiene la posibilidad de formular un procedimiento administrativo, pero siempre dentro de la administración no en el ámbito judicial, con el fin de que ésta eleve la situación a las autoridades inmediatas y allí sí, el fallo es inapelable.
Por eso, cuando una maestra le dice a los padres de una niña que la misma debe repetir el año porque no alcanzó los niveles mínimamente exigidos, los mismos deben preocuparse porque la pequeña aprenda, se eduque y supere las etapas que han determinado su reprobación. No deben ir ante un juez con una querella judicial, diciendo que el colegio es el malo, que busca frustrar las expectativas que pueda tener la joven, porque es un planteo que solamente victimiza a la niña y problematiza aún más la situación.
Además extrae de los ámbitos correspondientes el hecho de evaluar la calidad y capacidad educativa de un estudiante. Un juez no está capacitado para señalar si un niño puede o no pasar de año. No puede ni debe hacerlo. Su actividad debe pasar por otros aspectos de la vida de la gente, que no deben rozar con la intromisión de una actividad que no es la suya, en este caso la de ser maestro de una pequeña y juzgar su capacidad como si hubiera estado durante todo el año lectivo sentado a su lado, en el salón de clases.
Tampoco es bueno para la actividad jurisdiccional entrometerse en el nivel que pueden llegar a tener determinados docentes para evaluar a sus alumnos, o en si los planes de estudio de un centro educativo cualquiera son los aplicables a determinadas edades, porque lo que estamos promoviendo allí es por un lado, que un magistrado se convierta en quien no es, un sabelotodo. Y en segundo lugar, estamos generando una acción comprometedora y nada positiva para el sistema de enseñanza, que es, cuando a los padres no nos gusta el resultado de los evaluadores de nuestros hijos, los llevamos ante la justicia y ponemos el tema en un ámbito donde nada saben de cómo funciona esto, pero que tienen la potestad de decir algo y marcar un precedente importante.
Por suerte, el colegio impugnó la sentencia de primera instancia y se presentó ante un Tribunal de Apelaciones que puso las cosas en su lugar y rechazó el dictamen judicial que ordenaba promover a la niña de grado, en contra de lo que dijeron sus maestros. Ahora la niña no podrá cursar el quinto grado y deberá permanecer en cuarto, hasta poder aprender, a juicio de sus verdaderos evaluadores, de la manera correcta, para así seguir avanzando en su vida académica.
Si la educación de nuestros hijos estuviera en mano de los jueces, el problema de su educación y la evolución de sus conocimientos sería enorme, habría un desastre porque nadie sabría cuánto aprendieron esos niños, ¿total? Al final del año, recurrimos al juez de turno y probamos suerte según el abogado que podamos pagar.
El ejemplo que quiso darse con este caso fue nefasto y dejó entrever que la justicia no está capacitada para dirimir una contienda de esta naturaleza, no administrativa ni procesalmente, sino en base a la cuestión de fondo, no puede jamás un juez si su hijo o el mío, pueden pasar de año, cuando el maestro que estuvo con ellos todo el año y al que le confiamos la educación de los pequeños, dice lo contrario.
Lo otro es judicializar la educación, algo que no debe permitirse en ningún lado del mundo, porque si así fuera, pobre de nuestros niños.

HUGO LEMOS

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Mirar para los dos lados

Cuando tanto la clase política como la sociedad en su conjunto y muchos corporativistas que se visten de blanco pero deberían hacerlo de verde en honor a la carretilla de dólares que levantan por mes usando a la salud como negocio, hablan de los problemas que tiene el sector en general, se refieren únicamente a la salud pública.
Y allí, sin excepción, surge la idea de pegarle a los hospitales públicos que aparecen como un blanco fácil. Por un lado, porque son los que están más expuestos ante la comunidad, son los que tienen más población para atender y menos recursos para brindarles asistencia, que los que maneja cualquier mutualista chica de cualquier punto del país.salud
Además porque en la gestión pública siempre hay irregularidades o mejor dicho, desprolijidades administrativas, debido a lo engorroso que es el manejo de la cosa pública, donde hay muchas normas que dicen que hay que poner plata aquí y allá pero la plata no aparece. Porque por un lado, están los delitos o los desfalcos de los bienes públicos, como los que ocurrieron durante muchos años en este país y por otro lado, las irregularidades que son muy otra cosa.
Cuando estaba la dictadura militar donde en Salto primero gobernó Néstor Minutti (que pese a haber sido elegido democráticamente se quedó en el cargo trabajando con los golpistas), luego vino el coronel De Nava y terminó la gestión previa al retorno de la democracia el coronel Loureiro, nadie más que los propios militares controlaban lo que entraba y salía del erario público. Es decir, se podían llevar un elefante para su casa que nadie les diría nada por miedo, ya que eran hombres armados, y además porque nadie tenía cómo saberlo.
Luego con el advenimiento de los partidos políticos, la transparencia en la gestión pública de a poco se fue puliendo. En el primer gobierno de Sanguinetti, no digo que se llevaron lo que quisieron, pero tenían facilidad para hacerlo. Era un costumbrismo que ante la pregunta de los periodistas, los que se animaban a ejercer de verdad esa profesión, los políticos creyeran que podían darles vuelta la cara y no pasaba nada.
Con Lacalle las cosas se supieron un poquito más. Sobre todo en Montevideo, donde empezaron a conocerse los líos con las compras de camionetas, licitaciones a parientes y otras cosas. Luego en el segundo gobierno de Sanguinetti, seguía habiendo cortapisas, pero la lupa estaba más aceitada sobre los políticos.
Quizás el gobierno de Jorge Batlle fue uno de los más transparentes en ese sentido, porque los desfalcos a los bancos y el vaciamiento de empresas públicas quedaron tan a la vista, que los uruguayos la sufrimos en carne propia. No hubo mucho más que indagar del periodismo de lo que comúnmente se sabía y se reducía a la frase popular de la época: “se afanaron todo”. Los que lo vivimos, sabemos bien que fue un desastre lo que ocurrió y que no digo en absoluto que Batlle y su entorno se hayan llevado un solo peso para su casa. Pero no se ocuparon de hacer lo suficiente como para evitar que los mafiosos de siempre, hicieran de las suyas.
Con el Frente Amplio los problemas empezaron cuando el gobierno quedó entrampado en una ley que ellos mismos votaron. Y que fue la ley de acceso a la información pública, la cual fue una conquista del movimiento social organizado integrado por organizaciones tales como el sindicato de la prensa (APU), el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), Ielsur, entre otros. Una vez logrado afinar el proyecto y llevado al parlamento, el mismo fue votado por el partido de gobierno que tenía mayoría parlamentaria y la ley aún está vigente.
Pero el tema es que desde entonces, los propios integrantes del gobierno se han enojado mucho cuando han sido consultados e incluso han tratado de evitar dar respuestas a la sociedad y sobre todo a periodistas y a opositores políticos.
Aunque con todo, la ley está vigente, hay transparencia o debería haberla en todo lo que concierne a la gestión pública, ya que están obligados a informar cada cosa que hacen; y eso, volviendo al tema de los hospitales públicos al que nos abocábamos al comienzo, demuestra cómo quedan expuestas esas instituciones de manera descarnada ante la sociedad en su política asistencial.
Lo que no está bueno, es que cuando se quiera criticar o analiza la situación por la que atraviesa el sistema de salud en el Uruguay, solamente se cuestione al subsistema de salud público. Porque está bien que se le ponga la lupa al mismo, ya que es hacia dónde se direccionan los recursos públicos, es decir, el dinero de todos los uruguayos, y esa es una manera de que la gente ejerza el control sobre el destino de sus impuestos.
Pero por otro lado, hay que saber que el Estado también direcciona recursos públicos hacia las empresas privadas que son prestadoras de salud, de las que sin embargo, no sabemos absolutamente nada y de las cuales, como usuarios que somos, tenemos derecho a saber qué hacen con nuestro dinero. Tanto con el que pagamos al abonar la cuota, seamos afiliados por Fonasa o no, como con los dineros que el Estado les da por las compras de servicios y por las llamadas cápitas, que somos todos los que pagamos el Fonasa para que nos atiendan.
No digo que les caigamos con los dos pies, en este caso al Centro Médico de Salto, que es el que gestiona y le vende al Estado servicios tales como el tomógrafo, las intervenciones del IMAE y ahora van por un resonador magnético, para el cual necesitan del apoyo del subsector público porque a no ser que cambie el color del gobierno, será difícil que lo puedan lograr por sí solos.
Creo que el subsector privado, también el de Salto, deberían saber que no pueden hacer lo que quieren con los recursos de todos los que les pagamos mes a mes, ni tampoco con los dineros que son de quienes allí se atienden y de los que no lo hacen, pero que el Estado con esta política del sistema nacional integrado (que de integración tiene poco y nada) de salud, les hace llegar en balde y no sabemos en qué bolsillos termina.
Por eso lo del comienzo, está bien que cuestionemos y pongamos la lupa en el sector público, porque son los más expuestos y vulnerables, pero habría que mirar al sector privado y hacerse muchas preguntas para entender también por qué determinados políticos no dicen ni jota sobre ellos, incluso varios que pertenecen al propio gobierno.

Por: Hugo Lemos

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Chocolate por la noticia

Cuando transcurrían los primeros y calurosos días del mes de enero del año 2003, el entonces director nacional de Aduanas, Víctor Lissidini, en franco desconocimiento de cómo se manejaba la política del Bagashopping de Salto, quiso hacer lo que debe hacer cualquier funcionario público que ocupa ese cargo, como en la actualidad debería hacerlo el contador Enrique Canon, algo que no fue otra cosa que querer allanar los comercios informales del lugar y exigirles lo que el Estado nos exige a todos, que paguemos impuestos. Pero allí no solo Lissidini, un abogado recto, que terminó pagando con cárcel después su intransigencia ante la corruptela y el haber querido pasarse de listo con la organización que hay detrás, que mantiene a decenas de familias entre contrabandistas, funcionarios públicos y todos los que permiten que semejante mercado informal exista, mientras si yo quiero abrir un kiosco en mi casa o arreglar el techo de la misma, me cae la DGI, el BPS, el Ministerio de Trabajo y hasta ¡una brigada del Sunca! Sí, así como lo lee, cayeron en patota pidiendo ver si en mi casa estaba todo en regla cuando dos albañiles arreglaban el techo. No preciso decir mucho más ni saber quién los mandó. En aquel lejano 2003 todos se horrorizaron al ver cómo la policía defendía a los comerciantes que en clara superioridad numérica, amenazaron hasta con inmolarse y quemar toda la mercadería que había en el lugar si algún funcionario de la Aduana pretendía hacer su trabajo y si algún policía los ayudaba a abrir los precarios locales de chapas, que además estaban conectados irregularmente al tendido eléctrico. Lo más triste fue que estalló la bomba cuando a uno de los feriantes se le ocurrió decir que si ellos eran tocados por las autoridades para obligarlos a cometer la barbaridad de declarar sus mercaderías y hasta quizás llegar a hacer la atrocidad de pagar impuestos, uno de ellos “iba a hablar” y con él “menos el director de Aduanas y algún asesor, iban a caer todos”, y cuando dijo “todos”, se refería también a los funcionarios policiales que como no les alcanzaba el sueldo, (usé tiempo pasado porque ahora el ministro Bonomi dice que con lo que cobra un Cabo, llega bien a fin de mes) compraban fiado en el lugar para alimentar a sus familias y en ese momento no iban a matar a las gallinas de los huevos de oro.
Por lo tanto se quedaron del lado de los bagayeros e hicieron la pantomima de que apoyaban a las autoridades. Ver ese episodio en televisión, reflejaba el peor Uruguay porque nos mostraba a todos cómo el Estado hacía que trabajaba, pero dejaba que las cosas pasaran porque en realidad hay algunas cosas que se les escapan de las manos, como es la delincuencia, el narcotráfico, la pobreza o el contrabando. Pero pasaron 15 años y eso sigue allí. Lo más cerca que hizo el gobierno de izquierda en todo este tiempo fue poner una medida de “cero kilo” en los pasos de frontera con Argentina, pero para controlar que usted y yo no nos traigamos una pasta de dientes del Carrefour, medida que ya cayó por ser ridícula, pero que no era aplicable ni por asomo a los contrabandistas de siempre, que manejan negocios voluminosos y asisten a muchos como ellos pero más pequeños, porque necesitan que existan para justificarse, y que no iban a permitir que viniera cualquier gobierno, ni funcionario político alguno, a querer cortarles el negocio, firmando un decreto desde la Ciudad Vieja que les corte la boga, encima sin saber con qué y quiénes se están metiendo. Después de esto, como vieron que podía haber una revuelta bagayera, que ya las ha habido y lo sé en carne propia, lo que hicieron fue una medida más timorata aún, porque entendieron que el Estado no tenía la fuerza suficiente para ponerles las barbas en remojo y entonces optaron por invitarlos a formalizarse. ¿Cómo lo hicieron? A través del Club Ferro Carril que les cobra un alquiler por estar alojados en su predio, negocio al que le sacan una tajada enorme, al punto que logran un ingreso mensual fabuloso que es envidia de cualquier club deportivo mediano de la capital del país. Pero la cosa sigue y nadie dice nada. contrabando
El 1º de enero de este año, pude ver cómo mucha gente sufrió la pérdida de su negocio ante un siniestro que generó muchas cosas negativas y que pese a estar o no de acuerdo con lo demás, que pase eso no se lo deseo a nadie. Primero, quiero decir que es horrible y lamentable que alguien pierda su fuente de trabajo, más aún si es que con ella alimenta a su familia. Pero también ese incendio era algo que podía pasar, porque como todos sabemos y como bien lo reconocieron las autoridades en la televisión nacional, ninguno de esos locales tenía la habilitación obligatoria de Bomberos, tampoco tenían conexiones formales a UTE y ni siquiera tenían autorización legal para desarrollarse como establecimientos comerciales, algo que le es requerido a cualquier vecino de barrio cuando quiere abrir un almacén, donde lo primero que debe hacer es pagar impuestos y después ver si vende algo, como para desquitar lo que el Estado le saca por el mero hecho de abrir la puerta. Encima, muchos de estos comerciantes que aducen pagar impuestos, volvieron a levantar de la noche a la mañana sus locales, una vez que los mismos resultaran incendiados, algo que despertó las sospechas hasta del SUNCA que preguntó si habían actuado como la ley nos obliga a todos cada vez que vamos a hacer una obra, declarando la misma, contratando el personal de manera formal y cumpliendo con todas las obligaciones que la ley establece para cualquier hijo de vecino en estos casos. Yo no estoy en desacuerdo con que esos comerciantes quieran establecer un negocio y trabajar para mantener a sus familias, tampoco con que armen en tiempo récord su negocio y que tengan un estándar de vida superior al resto de los trabajadores fruto de su labor, sino que con lo que no estoy de acuerdo, es con que el Estado nos mida con distinta vara. Nos exija cada vez más, nos mande cedulones si nos atrasamos con el pago del IRPF porque en nuestros trabajos nos descontaron menos de lo que ellos entienden que nos debían haber descontado, nos mande al BPS y al MTSS si estamos refaccionando el techo porque se nos cae encima y tenemos que pagar el 101% del valor de la obra en impuestos a la Intendencia, pero privilegia a este sector de la población, actuando de manera inconstitucional porque en este caso para el Estado, no somos todos iguales ante la ley. Cualquiera me diría “chocolate por la noticia”, pero la verdad es triste saber que hay un Estado que nos exige y mucho a quienes trabajamos y declaramos cada cosa que hacemos porque así nos lo impone la ley, y hay otro para quienes hay que dejarlos trabajar porque de lo contrario se “transforman en un problema social,” como dicen desde el gobierno, aunque en verdad el problema es político porque estamos hablando de no menos de 4 mil personas, que todas votan en las elecciones y a las que no hay que tocar, para defender el nicho.
Ese sí que es otro Uruguay y a mí, no me gusta nada.

HUGO LEMOS

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La bandera del reclamo

El sentimiento nacionalista ha empezado a renacer cada vez que hay un evento que merece toda nuestra expresión de sentimientos, ya sea con emoción, con bronca o con la pasión de haber conquistado un logro. Cada vez que eso sucede, allí está el recuerdo de ser uruguayo, de sacar la bandera nacional, de usarla como el máximo distintivo que podemos tener como muestra de identidad nacional y de que contra eso no hay nada que pueda más.
Así lo vimos en los últimos días cuando observábamos la serie de manifestaciones que han surgido desde distintos sectores de la sociedad, donde el más notorio fue el sector productivo que salió a ondear la bandera uruguaya como el recurso de protesta más genuino de la ciudadanía, ponderando que por encima de esa bandera no aceptaban nada y que la misma era el escudo que le daba legitimidad a sus protestas. reclamos
Las mismas que para ellos son una expresión genuina de libertad, democracia y republicanismo, y por eso si debían agitar una pancarta que traduzca sus sentires, entendieron que no existía mejor cosa que hacer ondear la bandera uruguaya.
Algo que tuvo efecto porque le tocó la fibra a muchos del gobierno y que nada pudieron decir, porque es el símbolo que nos une a todos más allá de nuestras diferencias. Si después la discusión está en que tenemos divergencias porque algunos tienen más y aún así reclaman, y entonces qué esperar para los postergados de siempre, cuando vivimos en un país donde la pobreza sigue creciendo, el desempleo es muy alto y la emergencia habitacional se traduce en asentamientos, es otra cosa.
Porque más allá de todas estas diferencias, al final del día todos nos juntamos para gritar los mismos goles de Suárez y Cavani. Entonces es muy importante tener conciencia del país en el que estamos viviendo, antes de querer compararlo con una republiqueta de esas donde sus autoridades tienen reelecciones indefinidas (siempre y cuando tengan elecciones), y donde la libertad de prensa es un espejismo que le cuesta la vida a todos aquellos que quieran acercarse a ella.
El Maestro del periodismo, Claudio Paolillo, decía que la libertad de expresión en el Uruguay actualmente está en su mejor momento, porque los periodistas a través de las organizaciones sociales habían logrado un reconocimiento del Estado que era importante en materia legal, para poder avanzar en la consagración y protección de ese derecho humano inalienable como es la libertad y todo esto no es cosa menor.
Porque por un lado permite que los del campo salgan a manifestarse con el pabellón patrio como escudo y que por otro, el PIT CNT y el Frente Amplio salgan a retrucarlos sin exigirles que no usen la bandera de todos para hacer de ella su protesta.
Con todo, es bueno saber que se puede estar en un país donde al menos las cosas pueden exigirse a los gritos y a través de la prensa, si es necesario. Pero teniendo en cuenta que estamos viviendo momentos donde todo se cuestiona y en los que el sector más pudiente de la sociedad sale a exigir justicia tributaria, que no es cosa menor, porque lo que reclaman en muchos casos es que no se los asfixie y se los deje explotar su negocio sin necesidad de que el Estado se quede con una tajada tan importante de sus ganancias, el gobierno acaba de darles a los jubilados un aumento que en muchos casos fue considerable.
Ahora, si hizo eso al costo de tener que enfrentar un déficit de las cuentas públicas, todavía no lo sé, pero sí sé que la aguja de la inflación no se movió un solo dedo porque muchos jubilados ahora ganen en promedio unos 2 mil pesos más en sus magras pasividades, que al final de cuentas, siguen siendo una estafa en función de todo lo que han aportado en el correr de sus años de trabajo.
Entonces que por un lado se reclame una mayor rentabilidad para empresas agropecuarias cuyos impuestos anuales se asemejan al valor de una camioneta 4 x 4 al año, (que no son todas, ya que hay muchísimos productores rurales que ganan mucho menos que lo que el pueblo todo le paga a un acomodado político mando medio en cualquier gobierno de turno ya sea departamental o nacional) para que junto con el esfuerzo que también hace el resto de la sociedad, entre ellos profesionales liberales y personas con multiempleos que son principalmente técnicos de distintos rubros, para que con ese esfuerzo impositivo haya pasivos que ganen unos pesos más, es algo que también debe ponerse sobre la balanza a la hora de exigir algunas cosas.
Porque al final de cuentas, yo no le descuento al sector productivo por gritar que quieren vivir más holgados, tienen todo su derecho a hacerlo y se lo llevo, pero si su esfuerzo es para mejorar la vida de los que menos tienen, por más que a ellos ese sector de la población les importe poco y nada, hace bien el Estado en demostrarles que esa gente a las que benefician y que tanto cuestionan, también está bajo la misma bandera uruguaya que ellos empuñan para hacer sus movilizaciones, sus vigilias, sus manifestaciones en las rutas y eso no pueden obviarlo por más que quieran hacerlo.
Por tal motivo, deberían leer a John Rawls y su trabajo sobre justicia distributiva, que en cierta medida, este interesantísimo académico y filósofo estadounidense, que de socialista no tenía un pelo, enseña que quienes más ganan deben aportar en función de sus ganancias para que el Estado se nutra y lo distribuya entre los que menos tienen, que también aportan pero dentro de su capacidad económica y por tal motivo, en mucho menor medida.
Entonces el hecho que quienes exigen medidas económicas que pueden llegar a ser impopulares, como el caso de un dólar a 36 pesos, que ellos crean que no se los entiende, créanme que sí se los entiende y muy bien, y por esa misma bandera nacional que hacen ondear junto a ese reclamo tan inoportuno como desatinado, es que ningún gobierno podría seguirles la corriente, porque ahí sí, la bandera uruguaya pasaría a ser para unos pocos y no para los tres millones que también la levantan con orgullo.

HUGO LEMOS

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Todos salieron ganando

La protesta del campo, a la que se sumaron varios sectores que aprovecharon a decir que la misma era un reclamo generalizado de la sociedad uruguaya, tuvo eco y el presidente los atendió antes del tiempo previsto para escuchar sus reclamos.
La manifestación es válida y legítima, tanto como la que haga cualquier otro grupo de la sociedad uruguaya, sobre todo los trabajadores, que son los que siempre hacen bullicio y salen a la calle a movilizarse por las cosas que consideran injustas. Muchas veces motivados por intereses políticos y otras tantas por reclamos genuinos que dejan saber a todo el país, cómo la están pasando. Dibujo
Pero poner en la balanza quién tiene más derecho a manifestarse en el conjunto de la sociedad me parece de un cinismo brutal, porque los campeones de las marchas, las huelgas y las ocupaciones, no pueden reprochar que otro sector de la sociedad se manifieste y grite a los cuatro vientos lo que piensa, porque tienen tanto derecho como el resto de la gente a decir sus verdades.
Si hubo tres gatos locos que no llenaron un predio o 30 mil personas que acudieron desde distintos puntos del país, sus reivindicaciones no eran de menor significancia que las que plantea cualquier otro sector de la sociedad organizada y eso tenemos que tenerlo claro, para evitar caer en la soberbia del ‘yo tengo razón y ellos no’, y justamente para seguir pronunciando ese divisionismo que a todas luces parece inevitable.
La forma de fragmentar a la sociedad uruguaya entre buenos y malos, ricos y pobres, vagos y trabajadores, pululó en las por momento insoportables redes sociales, que fueron acuciantes a la hora de alimentar el pensamiento minúsculo y el debate pueril entre quienes se ponían a la defensa de un sector que pide rentabilidad para sus negocios y evitar así, pasar a engrosar la lista de cierres de empresas agropecuarias, que en los últimos tiempos se supo es larga y que parece no tener fin, dejando a familias endeudadas y a trabajadores del campo sin su sustento. Y por otro lado, estaban los que defendían al gobierno por las ayudas que le han dado a ese sector de la actividad y criticaban que los mismos no habían tomado recaudos “para guardar”.
Otros fueron más lejos en su manera de hacer politiquita (parafraseando al gran Claudio Paolillo) y cuestionaban que haya gente que se manifestara y no vendiera su camioneta 4 x 4 si estaba endeudada, considero de una ignorancia supina pensar que porque alguien tenga una camioneta que en estos casos por lo general son herramientas indispensables para su trabajo, no tengan el sacro derecho constitucional a manifestarse.
Y en todo ese barullo de dichos y decires, apareció el expresidente Pepe Mujica, que al ser consultado por la prensa algo tenía que decir, entonces cuestionó que los productores no “hubieran aprovechado la época de las vacas gordas para guardar y usarla cuando les falta”. Una expresión si se quiere con poco tino, para un presidente que dejó un déficit fiscal del 2,5% del PIB cuando gobernó y algunos embrollos económicos para el actual gobierno como el caso de los judiciales.
Aunque quizás algo de razón tenga y no todo pasa por ahí, porque experimentó que cuando él mismo tenía que gastar, por más que sabía que el famoso viento de cola se estaba terminando, no podía dejar de hacerlo y sacó toda billetera para afuera del pantalón, que hasta el entonces rector de la Universidad estatal, se dio el lujo de gastar 200 mil dólares en sillas para un solo salón, el paraninfo. Por eso, hay que tener en cuenta que cuando alguien tiene una empresa y recauda, no todo es pagar impuestos y cumplir con los costos operativos para que la cosa ande, sino también vivir acorde a lo que son sus hábitos y preferencias, y darle a su familia las comodidades que entiende y puede costear, algo que es muy bueno si es con su dinero claro.
Eso no lo hace mal empresario, ni tampoco le quita el derecho a que cuando su negocio deja de ser rentable no pueda salir a reclamar. Creo que la gente que fue a Durazno no tenía intenciones de sacar al gobierno de turno del poder, ni empezar la campaña del principal contrincante que tiene el gobierno que es Lacalle Pou (que no fue al acto para no salir en la foto, pero estaba toda su gente allí), sino que por más que los que estaban en el lugar fueran votantes de los partidos de oposición, que no creo que lo sean todos, su posicionamiento ante la coyuntura económica tiene asidero y debe ser escuchada, y sin ir más lejos, eso fue lo que hizo el presidente de la República, que incluso al ver la manera de organizarse de los denominados “autoconvocados”, les dio un lugar en la mesa y los llamó para escucharlos.
Algo que habló bien de los dos, tanto de Vázquez que vio que la cosa iba en serio, como de los productores que lograron su cometido de trasladarle al primer mandatario sus necesidades.
Ahora todo está en cómo sigue esto. ¿Habrá más reclamos de ese mismo sector, al que se le subieron al carro cámaras empresariales, centros comerciales, sectores industriales y consorcios inmobiliarios? ¿Serán todos escuchados? ¿Habrá cambios sustanciales que determinen una medición de fuerzas a un año de que empiece el carnaval electoral?
Creo que soluciones va a haber, porque se trata del sector que moviliza la mayor franja de exportaciones del país y que en consecuencia, aporta el mayor porcentaje de impuestos que son destinados a las arcas públicas, no tanto por la cantidad de implicados en ese sector de la actividad, sino por el volumen de dinero que manejan. No sé si les darán corte con todo lo que ellos reclaman, seguramente no habrá medidas populistas como rebajas en las tarifas de luz o en el combustible. Pero tampoco los dejarán en ascuas como lo hicieron con los judiciales y a distintos sectores sociales que siguen enfrentando la emergencia habitacional y sin respuestas claras, más que alguna cosa puntual, mientras sigue habiendo asentamientos por todos lados. O a los trabajadores citrícolas de Salto para no irnos más allá del Daymán, que no cuentan hoy con una seguridad laboral y tampoco tienen soluciones claras al respecto.
Así que si bien puede tratarse de un sector de la sociedad que tiene ciertas ventajas y beneficios sobre el resto, no en todos los casos claro está y que tampoco son la mayoría, demostraron tener voluntad y decisión a la hora de manifestarse sin necesitar de nadie más que de ellos mismos, y de contar con claridad en sus formas de hacer sentir sus necesidades.
Algo que armó tanto revuelo, porque cayó mal en los que están acostumbrados a que el mundo de los reclamos pase por ellos y vieron que esta vez no salían ni en la foto, buscando una tribuna, en este caso la de la descalificación pueril, para poder aparecer donde nadie los había convocado. Así que saludo que todos puedan decir algo y celebro que haya un presidente que escuche, porque creo que en ese caso, todos salieron ganando.

HUGO LEMOS

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Fue a entrevistar a Dios

La primera vez que lo vi, fue en la vieja casona que tenía el semanario Búsqueda en la calle Uruguay y Rondeau, lugar al que visitaba con frecuencia hace poco más de 10 años porque allí tenía y todavía tengo muy buenos amigos (y docentes de este hermoso oficio que es el periodismo).
Él venía bajando las escalinatas de mármol que estaban cubiertas por una alfombra roja, ya un poco gastada, después de una jornada de trabajo. Estaba de solemne saco y corbata, tal como vestían la mayoría de los periodistas de esa academia del rubro, que tenía en uno de los pasillos centrales encuadrada como debe ser, la Declaración de Chapultepec sobre el compromiso del periodismo libre con la sociedad. Él iba con una agenda en la mano y varios libros. Junto a él estaba su maestro y mentor, el entonces director de Búsqueda, Danilo Arbilla, quien formó generaciones de ilustres periodistas y lo sigue haciendo con sus columnas. Nueva imagen
Ambos salían de su trabajo en una conversación muy animada, me saludaron después que me los presentara uno de mis amigos que integraba en ese tiempo el staff de redacción del prestigioso semanario de los jueves y nos volvimos a ver recién algún tiempo después, cuando decidió retomar su labor docente y dictó un enriquecedor curso sobre el periodismo y su rol en la era digital. Época en la que los periodistas comenzaban a preguntarse sobre la influencia de las redes sociales y ni se sabía nada de Whatsapp, la actual red social de mayor circulación entre los consumidores de todas las edades y clases sociales, pero sobre esto él dejó siempre una sola conclusión: cuanta más información circule por Internet, más necesarios serán los periodistas para respaldar la veracidad de las mismas.
Implacable, meticuloso, analítico, abierto a escuchar, humilde y un obstinado luchador por la libertad en su máxima expresión, así era Claudio Paolillo, un faro de luz para el periodismo nacional que acaba de fallecer a sus jóvenes 57 años de vida y con mucho para seguir enseñando con sus prédicas desde las páginas de Búsqueda, donde además de preparar cada semana un aleccionador editorial, más allá de que se compartieran o no in totum sus palabras y apreciaciones, nadie podía decir que las mismas no provocaban pensar, discutir y mirar con perspectiva la realidad del país.
Y esa es la función del periodismo, así lo demostró durante su destacada y proficua trayectoria, en la que intentó dar lo mejor en cada número. Sé que hubo épocas en las que luego que un día después de salida la edición de Búsqueda, se reunían los editores para evaluar los errores que podían haber tenido en ese número y organizar una mejor edición para la semana siguiente. Reuniones de las que él era uno de los impulsores para generar desde allí, esa escuela de periodismo puro y duro que se daba en esas salas de la calle Uruguay primero y de la calle Mercedes después, donde funciona el semanario hasta la actualidad, no con otro fin que el de que todos se sientan parte de ese lugar y se empoderen de su propio trabajo, para ser mejores profesionales cada semana.
Pero también era un periodista que iba al límite, en uno de sus cursos que dictaba en la Universidad Católica, planteó un caso. Nos dijo: “si le están haciendo una entrevista al ministro de Defensa y una vez que la misma termina, ven sobre su escritorio un sobre que dice Top Secret, ¿qué harían ustedes?”. Imaginará el lector la cantidad de respuestas que provocó ese planteo. Donde todos queríamos ser verdaderos adalides de la libertad de información pero en los hechos las cosas pueden ser muy distintas, además porque ese caso planteaba mucho de principios básicos del oficio como la ética periodística, la responsabilidad profesional y el compromiso con la verdad.
Si bien no había una respuesta específica que fuera acertiva sobre el tema, a Paolillo le gustaba mucho intercambiar experiencias, se nutría mucho de eso, quería saber qué pensaban los demás periodistas sobre un tema y escucharlos. No le importaba si trabajaban en un diario pequeño, en una radio comunitaria o en el conglomerado de medios de mayor prestigio de la capital del país. Siempre quería saber cómo mejorar, desde la acción y el conocimiento, el ejercicio del periodismo.
Tuve el privilegio de insistirle para venir a Salto y lo logré en noviembre en 2013, cuando traído por este diario dio una charla sobre el periodismo y su futuro, en la entonces Casa de la Cultura. Allí concurrió un grupo de personas que le hicieron todo tipo de preguntas, él, que entonces hacía pocos días le habían brindado un reconocimiento en los Estados Unidos por su lucha por la libertad de expresión en todo el continente, siempre abierto y dispuesto, dejó siempre la misma respuesta, hay que defender la libertad de expresión para inundar a la sociedad de múltiples ideas, lo cual es la esencia de una democracia.
En Búsqueda trabajan muchas personas que votan a distintos partidos políticos, tal como ocurre en el resto del país, muchos de ellos votaron al actual gobierno, pero no titubearon nunca en analizarlo, cuestionarlo y criticarlo, a la hora de brindar una información o escribir una opinión sobre las propuestas del Frente Amplio o las acciones del gobierno.
Y esa creencia en la libertad, ese respeto a la pluralidad de ideas y esa defensa del concepto de libertad de información tan arraigada en quienes allí desempeñan su labor, ha hecho que sus trabajadores hayan sido reiteradas veces los dirigentes del sindicato nacional de periodistas como es la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) y que los directivos del semanario hayan estado a la cabeza de la sociedad intercontinental de directores de diarios y revistas, como es la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Porque la libertad de prensa es un principio fundamental para el sustento de una sociedad democrática y debe ser para el periodista un concepto muy bien arraigado para el desempeño coherente y profesional de su labor; y un medio de comunicación debe promover estos valores para sus trabajadores con el fin de que los mismos sientan realmente cuál es el cometido de su función, de lo contrario, los periodistas seguirán siendo vapuleados y manoseados por cualquier idiota que ostente poder y tenga un buen bolsillo para acallar ideas.
Pero el legado de Claudio Paolillo nunca fue hacer culto a la personalidad, ni vedettismo del periodismo, porque eso desvirtúa el concepto mismo del periodismo, sino que siempre dejó en claro que había que establecer el concepto de que los medios de comunicación debían ser los perros guardianes de los poderes públicos, porque se deben a la sociedad y no a un gobierno de turno, o a un empresario con muchos ceros en su cuenta.
Cuando lo afectó el “bicho”, tal como él mismo describió el cáncer que le habían descubierto, me dijo “le voy a ganar, quedate tranquilo que le voy a ganar” y estoy seguro que así lo hizo, porque vivió más de lo que le habían pronosticado y porque seguirá viviendo en todos nosotros hasta el final. Ahora seguro se fue a hacerle una entrevista a Dios, con su incisividad a cuestas y su manera osada de preguntar analizando y cuestionando al entrevistado.
Estoy seguro que tenía muchas preguntas para hacerle, pero más aún, estoy seguro que algún día nos reencontraremos y podrá contárnosla, algún día. Hasta siempre maestro.

HUGO LEMOS

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Mucho gre – gre para decir Gregorio

Hace algunos años, un amigo alemán – uruguayo de esos que la dictadura militar hizo parir por el mundo, me preguntó casi con sorpresa, al parar pararnos en la plazoleta Roosevelt mirando hacia el otro lado del río, si allí continuaba la ciudad de Salto, y yo le respondí de manera muy natural que no, que ahí era Argentina.
Primero no podía creerlo y después me preguntó naturalmente “¿dónde estaba el puente?”, ya que quería cruzar a conocer ese país. Para su sorpresa, le contesté que el único puente que estaba en la vuelta para ir a Concordia, era el de la represa de Salto Grande que está a 15 kilómetros de la ciudad. “Si esto fuera Alemania, ya habría por lo menos dos puentes, uno para ir y otro para venir, no puede ser que en plena década del 90, no haya un puente acá nomás para cruzar a la ciudad que está enfrente, es una cuestión de integración”, me dijo con el énfasis de alguien que conoce realidades totalmente diferentes a las nuestras. columna
Lo tomé como la expresión de alguien que viene del primer mundo, donde aspectos como la integración de los países han tenido sus bemoles y pese a las temibles guerras que devastaron al continente en la primera mitad del siglo XX y afectaron al mundo en la segunda parte de ese siglo, Europa armó varias veces su mapa y terminó de integrarse, fortaleciendo este concepto, porque hoy no hay países que no estén unidos en sus fronteras, más allá de los grandes divisionismos históricos que tuvieron su acabose en el año 1989 con la caída del Muro de Berlín.
Actualmente, si mi amigo vuelve de la pujante y desarrollada Alemania, se encontrará en Uruguay con una historia que en 20 años hizo que pasara mucha agua debajo del puente, pero que en materia de integración e infraestructura, sigue estancada como en ese entonces. Con algún tratado más y algunos que siguen encajonados discutiéndose, dependiendo del gobernante de turno, cosa que nos gusta hacer a los uruguayos y a los latinoamericanos en general, discutir mucho, hacer asambleas y formar comisiones que terminan no haciendo nada y dejando todo para las grandes discusiones, esas que duran mucho y no conducen absolutamente a nada.
Cambiaron los gobiernos pero no la manera de gobernar. Pasaron varios partidos políticos desde aquel 1993 por el gobierno y hubo algunos matices bien importantes y conceptos que se han tratado de establecer, pero sustancialmente el uruguayo sigue con su consigna de vive y lucha. Últimamente hubo cambios como el de una reforma laboral en función de los intereses sindicales, una educación alicaída y entreverada con fuerte participación de la dirigencia gremial docente, una reforma de la salud donde prevalece la cuestión pública y se encarniza la lucha contra quienes quieren hacer sus negocios en esa área, una reforma impositiva que ha generado un control sobre el poder adquisitivo de la gente pero que conspira contra el fondo del asunto, que es que no haya descalabro económico aunque existe un endeudamiento interno tremendo por falta de cultura de consumo y de conducta económica de la gente. Y así las cosas, le siguen problemas graves de seguridad por un resquebrajamiento de valores que hace que en la sociedad impere el vale todo y muchas cosas más.
Pero lo que no va a encontrar mi amigo cuando regrese al Uruguay, si es que lo hace algún día, es una política más desarrollada de integración que nos permita decir que podemos ir a Argentina con una tarjeta vecinal, que allá podemos comprarnos un auto si queremos y pagando un mínimo arancel nos lo traemos, que podemos estudiar sin mayores problemas para una reválida y que puede haber muchos más intercambios que los que existen actualmente y que deben protocolizarse de una manera exacerbada para tener validez como si el negocio fuera con China, aunque en este caso ya casi comemos con palitos, así que si se quiere estamos más cerca de los amigos orientales, que de los hermanos argentinos. Lo que no es del todo malo, pero habla a las claras de nuestras carencias en la integración binacional, pese a una represa, pese a que nos colman las playas en el este en enero, pese a que vienen a las termas, pese a Tinelli y a Messi.
Cuando el entonces intendente Ramón Fonticiella recibió al embajador de Venezuela en Uruguay en aquel momento, el diplomático caribeño tampoco salía de su asombro porque desde el puerto de Salto se podía ver y escuchar el sonido de la gente que estaba del otro lado del río, y ni siquiera él, que viene de un gobierno signado por los problemas de toda índole, podía creer que no existiera un puente para cruzar al otro lado.
En el año 2001, pude entrevistar al entonces presidente de la Asociación de Comercios y Servicios de Concordia, que habían venido a Salto a hablar del tema, ¡hace 16 años! Y en Salto le escapaban al asunto porque no querían que los problemas de seguridad y violencia que decían que se vivían en ese momento en Argentina, se trasladaran a nuestro país a través de un puente.
El otro día se reunieron los cancilleres de Uruguay y Argentina en Salto Grande. El argentino quiere el puente, pero el uruguayo le saca el cuerpo a la jeringa. No quiere saber mucho del tema y dijo que la posición uruguaya “será analizada”, lo que quiere decir, “esto no nos interesa”.
Hace muy poco el director de la OPP, Alvaro García, hombre clave del actual gobierno uruguayo, dijo en Salto que hay un potencial enorme si se mantiene la complementariedad entre los gobiernos, pero dejó entrever que seguimos discutiendo si queremos juntarnos con los argentinos y de qué manera, en vez de hacerlo de una vez por todas. Una muestra de lo lejos que estamos de hacerlo en realidad, es que después de cuatro años acabamos de salir de una medida antifrontera y antiintegración como el cero kilo.
Entonces ¿por qué seguimos hablando de integración en foros y eventos, si después preferimos seguir discurseando y sembrando más dudas que certezas mientras el mundo se vuelve una cosa sola a través de una pantalla? Lo hacemos porque esa es la muestra más irrefutable de que somos tercermundistas, un país que quiere progresar en los papeles, pero que tiene miedo de avanzar en la práctica y que necesita gente que venga y haga, y no tenga miedo a errarle, porque si no hace, nunca va a tener éxito, y la integración la seguiremos viendo solo en los títulos de los foros y estará de hacernos sentir que cruzar para el otro lado, no está a 15 kilómetros, sino a pocas cuadras y frente a nosotros.

HUGO LEMOS

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Mucho más que una declaración

Una mujer levanta la mano y pide ayuda para poder comer todos los días, un niño recorre varios kilómetros desde su casa caminando para poder llegar a la escuela, una mujer descompensada espera horas por ser atendida en un Hospital, un hombre con capacidad y voluntad pide trabajo para poder mantener a su familia, otro que es jefe de familia se queja porque fue víctima de un delito y nadie ha hecho nada por él, más que el dejarlo con el vacío de decirle que si encuentran al delincuente van a tomar cartas en el asunto, una mujer ve como su expediente duerme en la justicia hace muchos años y reclama que de una vez por todas se dicte sentencia, otra quiere que su hijo que presenta discapacidades pero puede realizar ciertas tareas sea incluido y tenga la oportunidad de concursar por un puesto de trabajo, una madre ve como su hijo que es ciego pero puede aprender a escribir y leer perfectamente no es recibido de manera adecuada en la escuela a la que asiste y lo tratan como si tuviera un retraso mental, otra gente presa de la inseguridad en su barrio ve como las ambulancias, los taxis y el transporte público no entra y sigue de largo privándolos del derecho de acceder a ese servicio, pero pese a sus insistentes reclamos nadie hace nada por resolverlo. derechos
Estos son apenas algunos de los casos que ocurren a diario en la actualidad y en donde se vulneran los derechos humanos de las personas, donde muchos no acceden al derecho a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda, a la seguridad y a la inclusión social adecuada en sus justos términos. Todas estas cosas son vulneraciones claras y flagrantes a los derechos humanos. Todas ellas sin excepción y muchas otras tales como la discriminación por cuestión de género, de religión, de orientación sexual, de raza y de partido político, algo que ha ocurrido en los últimos años tanto en nuestro departamento como en el país, donde dependiendo a qué partido o sector se pertenezca o simpatice, uno lleva la estampa en la frente y de esa manera habrá que tratarlo.
Ayer se cumplió el 69º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos ocurrida en 1948, en Nueva York, como una manera de pretender humanizar un mundo diezmado y aturdido por las dos tremendas guerras sufridas en la primera mitad del Siglo XX.
Fue, si se quiere, la primera muestra de globalización en el mundo y comenzó con algo tan importante como los derechos de las personas a vivir, en primer lugar, y a hacerlo con dignidad, con derechos a crecer, a desarrollarse y a vivir como seres humanos libres e independientes pero con oportunidades para alcanzar un estado de bienestar que comprende la concepción de desarrollo humano.
Sin embargo, el abordaje de los derechos humanos es muy cortito y solamente plantea una serie de cosas como lo ocurrido con las víctimas de las dictaduras latinoamericanas o cuando ocurre una violación a los derechos sindicales de un grupo, o cuando se ataca un colectivo social determinado. Que eso es algo que comprende el concepto de violación a estos derechos, pero su concepto van mucho más allá de esa mirada tan hemipléjica a la que muchas veces pretende minimizarse.
Creo que nuestro país tiene un debe enorme en materia de derechos humanos en muchos aspectos y si bien ha ganado en otros, le falta buscar soluciones para dejar de violar muchos de ellos. Por ejemplo, lo que nos pasa con los niños que conviven con sus madres en las cárceles y allí se forman dentro de un sistema que quiérase o no, no es el más amigable para ellos. Esos niños deben estar en sus casas con su familia y si no pueden estar con sus padres, porque los mismos le han errado el camino, deben estar con alguien que les enseñe lo que es vivir y educarse dentro de una casa, con una familia y con el esfuerzo de poner todo para salir adelante.
Sigue siendo un error tenerlos en un centro carcelario por más liviano que se considere la vida en el mismo, porque los códigos a los que apelan siempre serán inadecuados para el crecimiento y el desarrollo del niño.
También hay violación a los derechos humanos de muchos reclusos, que una vez que caen en el sistema van a parar a verdaderas jaulas con condiciones inhumanas, donde pasan a estar en lugares que apuntan a su represión mental y física de una forma que los determina para el resto de sus vidas, en muchos casos, los marca mucho más que el delito que cometieron.
Pero asimismo, se violan los derechos humanos de las víctimas del delito cuando las mismas tras sufrir el ataque de la delincuencia deben quedarse esperando, pacientes, que alguien las atienda y busque a través de la represión del sujeto que cometió la agresión, repararles el mal que sufrieron. Aunque sin recibir atención de ninguna índole, sin ser contenidos por la situación vivida y sin ser contemplada una solución al corto plazo para asegurarles que van a vivir en una sociedad pacífica, donde trabajar no va a ser a estar expuesto a que los delincuentes hagan lo que quieran con ellos, cuando se les dé la gana.
Y un aspecto no menos importante, también se violan los derechos humanos elementales de la población cuando se les censura la libertad de expresión, cuando se les presiona para que no digan lo que quieren o piensan porque de hacerlo pueden perder su trabajo o puede comenzar a recibir acciones negativas tales como acoso laboral o persecuciones.
Asimismo, desde el propio Estado se vulneran los derechos humanos cuando se viola el principio de presunción de inocencia y se le dice a una persona “pague y después reclame”, cuando hay errores en los procedimientos administrativos que revierten el derecho de inocencia de las personas ante el error grave e inexcusable de la burocracia estatal.
En definitiva, los derechos humanos son la libertad de ser, sentir, pensar y actuar, cumpliendo con los deberes impuestos y gozando de los derechos que le han sido otorgados a una persona por su simple condición humana, algo con lo que los gobiernos deberían ponerse a tono sin miramientos ideológicos y con el fin de que toda la población, toda sin distinciones, sienta que está protegida en su desarrollo humano sin exclusiones.

HUGO LEMOS

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Que no nos metan miedo

La escalada de violencia a la que venimos asistiendo tiene un problema mucho mas profundo que el hecho de que haya delincuentes sueltos, que hayan robado armas en algunas cosas tal como fue denunciando hace un tiempo, por ejemplo, en una casa de la zona de Nueva Hespérides, y que anden encañonando gente por ahí, quizás con esas o con otras armas, para generar una ola de miedo ante una población cada vez más vulnerable y permeable a sentir cualquier sensación de inseguridad, sobre todo desde que la llegada del tevécable, que hipnotiza a todos a decir lo que allí se ve, algo que terminaron de completar las redes sociales. inseguridad
No quiero decir con esto que no haya inseguridad, de hecho quien esto escribe ha sido víctima de la delincuencia al menos en tres oportunidades y más no pasó porque me paré firme y hasta ahora no me agarraron, pero no les tengo miedo ni mucho menos pienso que me va a pasar algo en cada esquina porque no salgo de casa.
Pero el jueves de noche hubo un espectáculo en la mismísima vereda de mi casa. Más bien en la calle, donde dos grupetes de personas, muchachones mal vestidos y con ganas de armar lío, se pararon frente a frente a lo largo de una cuadra y dirimieron sus diferencias a pedrada limpia, con las consabidas heridas para algunos de ellos, que además generó momentos de mucha tensión a lo largo y ancho del lugar, debido a que nadie sabía en qué podía terminar ese dislate.
Lo cierto es que todos estábamos expectantes de que una piedra volara sobre nuestras cabezas y algún vidrio de la casa se rompiera, pero al final, un avance arrollador de uno de los grupos con palos además de piedras hizo retroceder a sus enemigos y estos huyeron, heridos algunos de ellos y con la sangre bañando sus extremidades tomando por una concurrida avenida hacia el lado de la Terminal de Ómnibus.
Casi de inmediato que alguien avisó llegó la Policía pero no logró divisarlos, aunque marcó presencia ayudando a que los mismos se dispersaran y no quisieran saber de nada de seguir andando por la zona y arremetiendo contra todo.
Ese solamente fue un caso pero que pinta de cuerpo entero la situación por la que estamos atravesando, de violencia intrínseca en todas las personas, al punto que los fines de semana es cuando más se registran denuncias por casos de violencia doméstica y aunque creo que este dato ya lo mencioné en mi columna anterior, es bueno refrescar la memoria para saber en qué clase de sociedad estamos viviendo. No podemos estar ajenos a lo que pasa en el barrio si queremos entender porqué sucede el resto de las cosas en la ciudad y en el país. No debemos estar ausentes de la situación por la que estamos atravesando y mucho menos dejar de preguntarnos en cuánto contribuimos nosotros a que este tipo de cosas sucedan.
No somos culpables de que un par de jóvenes, con dos brazos y dos piernas funcionando, salgan a delinquir en vez de utilizar esa ventaja biológica para conseguir trabajo, porque se trata de una cuestión de valores y si esa clase de sujetos no tiene dignidad, decoro, honradez y respeto, ni por ellos ni por nadie, olvídese que van a hacer otra cosa que robar. ¿Por qué? Porque es lo mejor que saben hacer.
Muchos le echan la culpa de esto al sistema y tildan al capitalismo y la sociedad de consumo que ello genera como es la que vivimos en Uruguay, con un gobierno cuasi social demócrata, pero muy liberal en la economía, y yo creo que están equivocados. Porque ese sistema puede ser el responsable de que haya por ejemplo, endeudamiento interno. Eso sí puede ser factible, porque induce a las personas a comprar de manera compulsiva y para ello la gente se mune de las armas que puede, que préstamos bancarios, que financieras, que adelantos de sueldo y bueno, esa calesita más temprano que tarde pasa facturas, entonces de que el sistema induce a la gente a gastar más de lo que tiene y después viene todo lo demás, sí, estamos de acuerdo.
Aunque tampoco nadie que se haga llamar de izquierdas o de derecha, se queja de esto y quiere que cambien el sistema, no, no. porque como dijera el propio José Mujica “ese es el modo de ser del uruguayo, tienen aspiración de clase media pero en realidad son pobres, y si uno les quiere cambiar las reglas de juego, ellos le ponen el grito en el cielo”.
Pero que el sistema capitalista per se, sea el culpable de que haya delincuencia en la sociedad, no lo creo, sino que la misma existe por una desviación en la mente de las personas que se vuelven delincuentes, que deciden por motus proprio no ceñirse a la ley y a las reglas de juego que tenemos previstas como sociedad para obtener una convivencia pacífica y una comunidad de paz, respeto y tolerancia, claves para la diversidad y heterogeneidad de sus integrantes.
Sin embargo, hay quienes dicen que si se da más trabajo, si hay menos gente con hambre y si hay más educación eso ayuda a disminuir los focos delictivos. Bueno, sí, pero al largo plazo y con una política sostenida, donde no decaigan los esfuerzos que se hacen durante un período por el simple hecho de que hay un cambio de gobierno, algo muy nuestro en toda América Latina, pero principalmente en Uruguay, donde cada vez que cambia el color de pelo del que dirige la batuta, parece que los logros que hubo antes se desintegran así como nada y aparecen las mismas fórmulas pero con distintos nombres.
Entonces la delincuencia debe atacarse ahora con una rigidez que el nuevo Código del Proceso Penal no prevé y esto ata las manos de las autoridades públicas, que ya no tienen tanta discrecionalidad para actuar como hasta hace un mes atrás. Y si antes era complicado llevar preso a alguien que presuntamente había cometido un delito, imagínense ahora. Pero esto no es porque el gobierno está del lado de la delincuencia y la oposición sean unos fachos que lo hagan relucir, no se coman un verso tan trillado como fácil, es por la inoperancia del poder político que mete en bretes a la Policía, a los jueces y a los fiscales, y les dicen ‘bueno, vayan, atrapen al ladrón, pero in fraganti delito eh, sino, no’. Algo que contribuye también a que estemos bastante más regalados. El tema es que la sociedad toda debe colaborar con el combate a la delincuencia, no solo denunciando y tratando de perseguir al que me roba, mucho menos armándose como ya hay casos alarmantes donde la gente está preparada para cualquier cosa para defenderse, sino que debe sentir que lo que pasa mal, nos pasa a todos y que no podemos dejar que un puñado de idiotas, que juegan a hacer lo que ven en la televisión, nos impongan miedo y nos quiten la libertad que tanto conquistamos en todos estos años de vida institucional, como seres libres e independientes. Y si fuimos capaces de lograr eso, no no dejemos ganar por estos giles con armas. Unámonos y ayudemos a las autoridades, para volver el lugar donde dormíamos con la puerta cerrada, pero sin rejas.  HUGO LEMOS

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Usted no tiene una emergencia

La mujer caminaba sola junto a sus cinco hijos por el centro, la vida no le ha tocado fácil y eso está a la vista. Se ha tenido que enfrentar a cientos de dificultades desde siempre, poniéndole el hombro a la vida y a las circunstancias que se generaron a su alrededor. Sin embargo, en los últimos tiempos, con el advenimiento de su último hijo que ahora tiene meses de vida y cuyo padre se ocultó detrás de una pensión alimenticia como ocurre a diario con los cobardes, las cosas le han ido peor.Por un lado está el caso del abandono paternal como en muchísimas historias repetidas, el resto de los niños tampoco ve al suyo desde hace tiempo, enfrentar la cotidianeidad es una quijotada para todos, porque no es lo mismo ser madre de cinco hijos soltera, que serlo con padres que apoyan, con esposos que acompañan y están presentes, con familiares que dan una mano y no permiten que se flaquee, con un entorno que está detrás y que no deja que nada falte. Pero a esto, la mujer de la que hablo, de unos cuarenta y pocos años ahora, algo cabizbaja por los problemas propios de la pobreza económica, tiene que sumarle a todo esto algo no menos importante, que vive en un lugar donde la inseguridad campea y la mayor parte de tiempo esa zona ubicada en Salto, a pocas cuadras de su casa y de la mía, se vuelve tierra de nadie. Por allí pasan ladrones de baja estofa con motos robadas, objetos que acaban de sustraer de casas y comercios y con lo peor de todo, la firme intención de seguir haciendo daño al que se le cruce. Entonces todo esto se vuelve un problema, porque además de las situaciones complejas que a diario le tocan vivir, debe lidiar con la falta de seguridad para ella y los suyos, ya que son flanco débil para la delincuencia que les ataca cuando quiere y siente que puede hacerlo. Y si bien desde las instituciones no se la han hecho fácil con una asistencia debida a una madre con hijos, los hechos se complicaron aún más en las últimas horas cuando tras sufrir un nuevo embate de la delincuencia, recibió un mensaje de texto luego de haber llamado reiteradas veces al 911, por sufrir un apedreo a su precaria casa, en la que vive con sus niños pequeños. Desde ese mismo número, no solo dijo que no le atendieron, sino que además comentó que le comunicaron que como registra una serie de llamados hacia el servicio de emergencia que han sido de manera reiterada, desde la central entendieron que su llamado “no obedecía a una emergencia”, por lo cual ante la falta de disponibilidad de personal decidían no acudir hasta su casa. Señaló que el mensaje terminaba con un “Atte: Ministerio del Interior”. Asalto
Entre indignada y asustada, la mujer lamentó la situación y sintió cómo el desamparo de las instituciones le golpeó a la cara sin titubear. Dijo que sintió cómo se violaban todos sus derechos como ciudadana y cómo con decisiones como estas, se estaba desamparando a sus hijos y despojándolos además de toda protección que puedan llegar a tener ante un hecho infortunado por el que espera no tener que atravesar. No pude ver el mensaje de texto, pero esta persona es la misma que brindó su testimonio cuando resultó víctima de las inundaciones que la dejaron a ella y a sus hijos sin hogar, remitiendo todos sus datos personales e información sobre su situación, que pudo ser contrastada como veraz por este periodista. Por lo cual sus expresiones, que fueron vertidas en un casual encuentro en el centro de la ciudad y ante mi consulta para saber si había podido superar alguna de las adversidades con las que contaba al momento que la entrevisté, me dejaron helado. No puedo concebir que en un país donde el Estado tiene la obligación de prestar seguridad a todas las personas, como cumplimiento de uno de los principales postulados constitucionales, ya que el derecho a la seguridad está previsto en el artículo 7º de la Carta Magna, y si bien esto no implica que deba ponerse un policía por cuadra, sí quiere decir que debe garantizarse la prestación del servicio de seguridad a la población cada vez que así lo requiera, sin poner peros ni catalogar las llamadas en más o menos urgentes.Pero a todo esto, una madre soltera con cinco hijos a cargo que pide a la Policía que la ayude a ahuyentar a los delincuentes o malvivientes que le hacen la vida imposible ¿no es un tema importante a ser atendido? ¿O desde una computadora pueden catalogar qué es importante y qué no? Y si esta mujer o una de sus hijas aparecía muerta o violada en su casa, al día siguiente ¿harían una marcha? ¿Y la inacción del Estado en qué quedaría? Lamentablemente la seguridad, como tantos otros de los grandes temas que importan al país, son banalizados según el lugar desde el que se los mire. Y el divisionismo generalizado que hoy vive la sociedad, donde por un lado están los buenos y los que tienen la razón, y del otro lado están los malos y los que “quieren hacerle mal a este pobre buen gobierno que hace lo que puede para ayudar a la gente”, están distorsionando el merecimiento de una discusión seria, analítica y profunda sobre los temas que importan.
Así quedó demostrado en la convocatoria fallida, a mi juicio, realizada por el Centro Comercial e Industrial de Salto, donde querían ver las caras de los referentes sociales en una reunión para escuchar propuestas y planteos que surjan de la sociedad civil con el fin de frenar la inseguridad. Pero allí concurrieron en su mayoría una pléyade de políticos que solo fueron a dar discursos sin sentido y a estar solo para la foto, los que luego de dejarles la cabeza llena de dudas a quienes los convocaron y hasta a la propia Policía, todos quedaron en ascuas y sin algo concreto en sus manos que pueda aportarle un sustento a una alicaída policía que ya no puede más con la serie de robos que se vienen dando a diario en nuestra ciudad y siguen peleando con dos escarbadientes para intentar frenar una tormenta que requiere mucho más que un paraguas. Pero ese divisionismo absurdo es el que también se plasmó en las dos movilizaciones que se realizaron este fin de semana, similares ambas en concurrencia, donde los que sí asistieron a la ocurrida el sábado, que fue convocada por las instituciones que integran la Coordinadora Departamental de Género, por el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer, no fueron y además desconocieron la movilización que se llevó a cabo al día siguiente (ayer domingo) donde otra cantidad de personas, que son tan salteños como los que marcharon el sábado, protestaron por la inseguridad que estamos viviendo en nuestra sociedad y que en cierta medida es también contra los hacedores de los horrendos hechos que terminaron promoviendo la marcha del día anterior. Por lo que si bien los que marcharon el sábado no fueron a la calle este domingo, los que lo hicieron ayer domingo tampoco fueron el sábado y así se generaron dos grupos que pelean por lo mismo, pero de manera diferente y en ese enfrentamiento tan silencioso y sutil como absurdo, ninguno de los dos prosperan en sus reclamos. Unos lo hicieron sin pedir más que el cese de la violencia contra las mujeres y los otros lo hicieron exigiéndole al gobierno que tenga mano dura contra la delincuencia.
Por lo que ambas manifestaciones sociales han sido legítimas, pero divididas y enfrentadas sin sentido.Mientras tanto, gente como la mujer con la que me encontré días pasados en el centro, la que fue víctima de la omisión estatal, donde en ese momento nadie veló por su seguridad y la de su familia, y en ese aspecto violaron todos sus derechos humanos y los de los niños que están a su lado, siguen esperando que ese entramado social que está dividido por el odio, la mezquindad, el egocentrismo de los referentes políticos y la imbecilidad aguda de algún otro, pueda terminar con soluciones de fondo que contemple una realidad objetiva y en función de ello busque darnos las soluciones que todos de una vez necesitamos.

HUGO LEMOS

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Quiero educar yo a mi hijo

Educar es algo serio y más si se trata de la educación de nuestros hijos. No podemos dejar esto al azar porque ellos son el pilar de nuestra familia y el futuro cercano de la composición de nuestra sociedad. Por eso cada cosa que ellos aprendan, desde escribir, expresarse y elegir sus preferencias por determinadas cosas, las mismas deben ser permitidas con total libertad pero con el acompañamiento debido, para que los mismos encuentren el respaldo adecuado que les permita saber lo que están optando y casi al mismo momento, porqué están tomando esa preferencia.
Esta libertad y acompañamiento de parte de los principales referentes del pequeño, en este caso de los padres, si es que ambos están presentes, lo que no implica que estén juntos pero sí al lado del niño, debe ser vista como una manera de brindar apoyo a las decisiones que los más jóvenes toman, pero siempre sin confusiones y mucho menos con imposiciones. Porque de hacerlo, lo que estaremos generando es que seguramente ese niño que debe optar por algo que es importante en su vida, se pueda sentir presionado y por lo tanto, podría llegar a equivocarse.

Por eso, la familia es la base, la piedra angular y el sustento de los más chicos y los referentes son los que deben ayudarlos a que entiendan cómo es la composición de la misma, para después saber cómo funciona la sociedad de la que forman parte.
Eso se llama socialización primaria, donde el niño absorbe la cultura familiar y los valores que la misma le impregna desde que este nace, hasta sus primeros años de escuela, donde empieza a tomar contacto ya con otras realidades e incorpora otro aprendizaje, el de las aulas, con las ciencias y las letras a cuestas.
Allí empieza el proceso de socialización secundaria, donde también el niño adquiere valores que erigen de alguna manera los principios rectores de su propia vida. Entonces en el trato con sus compañeros de clase y en la relación que genere con sus maestros, es que compondrá su formación y su manera de ver el mundo, la que irá sintiendo de la forma en que la misma le llegue y con ello forjará sus ideas y su forma de querer vivir la vida que le ha tocado en suerte.

Pero en este caso, hay un componente muy importante y es la educación sexual, tema harto debatido sobre quién o quiénes deben ser las personas que se encarguen de educar al niño en esos casos.
Entiendo que la educación sexual, debe ser impartida en primera instancia por los padres de los niños sin tabúes de ningún tipo, teniendo en cuenta claro está, la edad del pequeño para saber cómo encarar ese aleccionamiento. Porque no es lo mismo explicarle a un niño de 10 años cómo se procrea y cuál es el fin de ese acto, que a un pequeño de 6 años que recién está descubriendo su cuerpo.
Que habrá que enseñarle educación sexual para que ese niño esté más preparado a descubrir sus propias sensaciones que se le irán despertando sobre todo en la pubertad, está claro que sí, pero que haya un manual que sea dictado en la escuela donde se le diga al niño cómo es la cosa y qué puede o no estar permitido, además de las distintas orientaciones sexuales y de cómo se practica el sexo que no siempre es copulación ni interés en el proceso biológico de mantener la continuidad de la especie, por más arcaico que parezca, me parece un exceso.
Creo que es válido que haya corrientes antagónicas a lo que yo pueda pensar de la diversidad sexual, que haya distintas miradas y diferentes abordajes. Y cuando esos colectivos sociales, en tanto seres humanos y personas con los mismos derechos y obligaciones que yo, quieren manifestarse, estoy de acuerdo con que lo hagan teniendo todo el derecho y legitimidad de hacer saber su forma de pensar.
Pero no estoy de acuerdo con que se impongan los nuevos modelos de parejas y de orientación sexual a los niños en las escuelas, porque la institución pública escuela, debe contemplar también el derecho de quienes piensan diferente y no quieren ni aprueban esas prácticas de vida.
Por ende, no se puede imponer en una institución pública una guía de determinado tipo de educación que vaya a contrapelo de lo que piensa una porción importante de la sociedad, porque eso sería menoscabar el derecho de quienes sienten que con esto se está imponiendo un mundo de confusión al niño, sobre todo a los hijos que uno entiende que le quiere transmitir determinados valores sociales y morales, que se enfrentan a lo que ese planteo educativo pretende mostrar.
Nadie le niega el derecho a que las personas de distinta orientación sexual existan, sean reconocidas como personas y adquieran los mismos derechos y obligaciones que el resto; y eso implica que tengan derecho a ser y sentir por sí mismos, pero que respeten el derecho de aquellos que queremos sentir y pensar diferente a ellos. Y también a hacerlo con nuestros hijos, educándolos a nuestro modo, no a decirles qué pensar y cómo sentir, porque por más que lo hagamos, ellos seguirán sintiendo y creyendo por ellos mismos, pero sí queremos que no se nos imponga una guía oficial que les diga cómo querer a otra persona y qué sentir en función de lo que diga ese librito, porque lo único que estaremos haciendo es contribuir a la confusión y a la media verdad, generando seres que vivan en un estado de desconocimiento y duda permanente.
Porque lejos de querer hacer que cada uno se exprese cómo es y cómo se siente, adentro del aula, algo que incluso ya sucede, estarán forzando a que haya quienes deban aceptar cosas que de por sí no le van a gustar, porque no todos quieren lo mismo y no es buena cosa que una institución pública imponga nada, porque estará violando la laicidad y estará imponiéndole al otro determinada ideología, cosa que genera más divisionismo, y por ende ira, violencia y enfrentamientos.
Por eso rechazo la presencia una guía de educación sexual en escuelas y liceos, pero eso abogo por la libertad y la capacidad de compromiso que deben forjar los padres para que los niños aprendan en casa las claves de la humanidad, como lo es la procreación, algo que solo se da entre un hombre y una mujer, con el fin de preservar la continuidad de la especie.
Pero también, estoy lejos de rechazar a los homosexuales, quiero que los mismos hayan elegido esa orientación sexual desde su libertad, sin que se haya entrometido el Estado y mucho menos sin que les hayan mostrado en una guía que algo está bien, cuando en su propia casa piensan lo contrario, algo que está bien pero que no debe operar como confusión en nadie.
Por eso rechazo la presencia de una guía de educación sexual en las escuelas, porque creo que contribuirá a la desigualdad de los niños, dividiéndolos en buenos y malos, o peor aún, entre lo que es correcto y lo que no.

HUGO LEMOSeducacionsexual

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Ojalá sean tenidos en cuenta

Cuando en el 2005 el Frente Amplio empezó a gobernar, muchos compraron aquello de la democracia directa, comiéndose la pastilla de que ahora sí tendrían una participación real en las decisiones que debían tomarse desde el nuevo gobierno, porque creían que el gobierno éramos todos, gobernantes y gobernados. Y a su vez pensaban ya en que los instrumentos planteados para llegar a determinados resultados en los temas más importantes del país, los mismos iban a comprender realmente la voluntad de los gobernados en la toma de decisiones. educacion
Es decir, la gente entendió que las grandes decisiones del gobierno, los grandes cambios que pensaban que eran los que el país necesitaba, pasaban porque las soluciones vinieran de las ideas de todos, más allá que el gobierno tuviera su propia postura sobre cuáles eran los temas que debían plantearse y asimismo cuáles son las formas de cómo deben plantearse esos temas.
Entonces cuando le llegó el turno a la educación, no tuvieron mejor idea que armar un gran escenario popular, diciendo que para terminar el proceso con una ley general de educación como corolario de todos los cambios que el entonces nuevo gobierno quería para el sistema educativo, la gente era la que iba a dotarlos de insumos a través de los aportes que surgirían del formato de las asambleas territoriales que habían constituido con la participación de todos aquellos que quisieran participar, representaran o no a una institución pública o privada de cualquier índole.
Algo nada más lejano de la realidad, porque como bien dice el refrán: si querés que algo no funcione “armá una comisión”. Y listo, fue lo que pasó. Todos discutirán sin sentido durante mucho tiempo cosas que no sirven para nada, pero después de hacerlo se van contentos a sus casas creyendo haber participado de la toma de decisiones y cuando el resultado esté en manos de quienes deben generar los cambios, estos harán lo que tienen que hacer; decidir en base a lo que ellos creen y no otra cosa.
Lo del primer gobierno del Frente debió ser un ejemplo para muchos de que el formato de debate educativo no sirve, es una gran pérdida de tiempo y solamente se hace para que la gente sienta que participa de los cambios sociales que el país necesita. Porque esos cambios solamente llegan por obra de los gobernantes que son los que deciden qué sociedad tendremos en los próximos tiempos, porque en definitiva quienes ponen los puntos y las comas a la forma en la que debe manejarse la administración nacional de educación pública y el resto del Estado, son ellos, porque para algo los pusimos en el gobierno cuando se presentaron a elecciones, para que gobiernen, no para que nos pregunten a nosotros cómo hacer las cosas. Para eso que se bajen de sus cargos y vamos nosotros a gobernar.
Por lo tanto, cuando el otro día pude ver cómo con tanto entusiasmo se reunían las distintas organizaciones sociales, los sindicatos, los referentes de las instituciones de enseñanza y muchos más, pensando en brindar aportes que fueran reales insumos para mejorar el sistema educativo nacional, pensaba si ellos sinceramente consideran que esos insumos que le están dando al gobierno serán tomados en cuenta y serán volcados en dónde corresponde, que no es otra cosa que un proyecto de ley de educación para ser remitido al parlamento y este lo discuta, lo modifique y termine legislando sobre las necesidades que el país entero en formato de asamblea observó para el sistema educativo.
El tema es que ningún gobierno por más de izquierda que sea va a poner en manos de todo el mundo las decisiones que a ellos les compete, por una cuestión muy simple, ellos son los que tienen que tomar las decisiones de cómo tiene que funcionar el país. Si hacen otra cosa, como por ejemplo, organizar otro tipo de escenarios como son las grandes asambleas populares donde va el panadero de la esquina a quejarse que la escuela de sus hijos no tiene vidrios sanos en las ventanas, es algo que solamente se tiene en cuenta para ese momento y se le agradece por su comentario, pero no hace al asunto ni a la cuestión de fondo, porque los problema de la educación no pasan por el color de la puerta del salón de clases ni por si la maestra llega en hora.
Sino que el tema pasa porque el sistema educativo precisa cambios de fondo revisando sus programas académicos, la reformulación de la metodología de la enseñanza, la creación de as grupos de clases y trabajar denodadamente sobre el ausentismo laboral en los docentes, algo que ocurre básicamente por el multiempleo, donde al que no le faltan es al sector privado porque sino se quedan sin trabajo al otro día, en tanto que en los liceos públicos campea la hora libre y la falta del profesor que deja al alumno sin el aprendizaje adecuado porque no le da el tiempo para dar clases en dos lugares casi en el mismo momento.
Esto deben manejarlo las autoridades de la enseñanza, los equipos técnicos que tiene la administración pública y para lo cual se les paga y muy bien, junto a los referentes de los centros educativos de todo el país, donde tiene que haber especial cuidado en revisar la política de trabajo con las instituciones educativas del medio rural y las que atienden a personas con discapacidad, porque muchas veces lo que viven en estos casos, refleja la falta de políticas de accesibilidad y de descentralización, algo que aún hoy existe y que genera desigualdades sin necesidad alguna.
En diciembre se espera que haya un nuevo congreso de la educación donde serán volcados todos los aportes conseguidos en las distintas asambleas realizadas en los diferentes departamentos del país, ojalá los mismos sean tenidos en cuenta, al menos un porcentaje de estos, lo que determinará que un país integrado y con respeto a las necesidades de sus gobernados sí es posible

Por: HUGO LEMOS

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No tienen derecho a dejarnos sufriendo

Eran cerca de las cinco de la tarde de un día soleado. No recuerdo si era fin de semana, creo que no. No pasó hace mucho tiempo, sino que la faceta de verano que tiene la segunda mitad de la primavera ya se había hecho sentir. Iba caminando por el centro cuando los vi, raudamente. Tan raudos, que me quedé con el corazón en la boca.
Se trataba de un muchacho, de no más de 30 años de edad que iba en moto, con el torso desnudo por el calor que hacía en ese momento piloteando un birrodado (como dicen los tediosos y confusos partes policiales) de 125 centímetros cúbicos, a la que le faltaban algunas partes. Delante de él, en el tanque de la moto, llevaba a un pequeño de no más de 3 o 4 años de edad, el que iba apenas con un casco de niño que hasta flojo estaba. Ambos iban a una velocidad de unos 60 kilómetros por hora, mucho más de lo necesario para cualquier vehículo que circule en la ciudad, algo que ponía en riesgo la vida de ambos de manera ineludible. muerte
Pero al conductor de la moto pareció no importarle demasiado el tema y siguió con su gracia de desplazarse a alta velocidad en pleno centro de la ciudad y con un niño a cuestas. Un angelito que no tenía idea del riesgo al que lo estaban sometiendo, un pequeño inocente que era punta de lanza en caso de que el inescrupuloso que conducía esa arma de matar lo como era en ese momento la motocicleta que manejaba, a esa velocidad y en pleno centro, tuviera un milimétrico fallo y entonces el pequeño saldría despedido.
No sé si era su padre, tío o hermano, tampoco sé si se traba de su vecino. Lo que sí sé es la rabia que sentí al ver semejante atropello a la inocencia de un pequeño, por parte de un desquiciado que desprecia la vida y que se somete a esos juegos de la muerte como es conducir a alta velocidad en caminos intensamente transitados como puede serlo el centro de la ciudad, encima en días hábiles y en horas pico.
El hombre siguió su destino y por lo que sé hasta ahora, ese pequeño salvó su vida porque el impertinente y cobarde sujeto, habrá logrado frenar hasta llegar a destino sin generarle un rasguño. Pero el acto de violencia fue vivido por igual y ese niño llevará en su mente el viaje a toda velocidad que tuvo ya desde pequeño, donde ojalá que no pero seguramente querrá imitarlo en el futuro, ojalá que con la misma suerte que esa tarde.
Todas estas cosas dan bronca y mucha. Sobre todo cuando se expone a esa rueda de la muerte que es el tránsito a todas las personas posibles que circulen en la calle en ese momento y además a un niño que no puede defenderse, que no tiene la noción, la inteligencia ni la fuerza suficiente como para decir basta, en ese momento. No tiene el tamaño adecuado como para poner un pie en el freno y tomar del pescuezo a quien lo está exponiendo como escudo y dejando su vida a merced de la suerte.
Vivimos en una ciudad de poco más de 120 mil habitantes, con algunos miles más circulando a diario. Tenemos un parque automotor que supera los 80 mil vehículos, algo que no puede alegrar a nadie ya que se ha vuelto una cifra demencial, al punto que generamos un caos en el desplazamiento regular de las personas y un riesgo para la vida humana que es inminente.
Según las estadísticas, pero las reales, no la que hacen los gobiernos para quitarse culpa de encima, en Salto cada año se mueren un poco más de 20 personas por siniestros de tránsito. En su mayoría absoluta son hombres, jóvenes y que conducían motocicletas al momento de protagonizar el siniestro que les causó la muerte.
Esas personas en un altísimo porcentaje son los responsables de su propia muerte. Son quienes con su impericia, imprudencia o negligencia (concepto de la mala praxis) hacen que la muerte los espere a la vuelta de la esquina. Y se los lleve sin preguntar demasiado, y sin darles ningún tiempito para despedirse ni avisarle a los familiares que son los que se quedan sufriendo en este mundo, que ellos decidieron irse con la parca al otro lado. El motivo, razón o circunstancia (como decía el eximio y recordado Profesor Girafales) no lo conocemos. Pero con sus actitudes eligen hacerlo. Y lo hacen.
Las personas que entregan su vida a la velocidad de una moto, son tan irresponsables que no valoran su propia existencia, no la aprecian. Es más, la aborrecen, por no usar otro término más peyorativo y exponen a sus familiares, a sus seres queridos, al sufrimiento más intenso que se pueda sentir, sin importarles la situación de quebranto emocional permanente a la que pueden exponer por el resto de sus vidas a quienes más los quieren y están junto a ellos.
Ellos son tan irresponsables que no se dan cuenta que no tienen derecho a matarse de esa manera y dejar a sus familias sufriendo el resto de sus vidas, generando incluso una tristeza tan profunda que terminan con la vida del otro, que tanto sufre por su desaparición física que termina dejando de vivir, llevándoselos consigo por el mero hecho de su cinismo, egoísmo y mezquindad.
Conozco el caso de un padre que murió de tristeza a los dos meses de fallecer su hijo en un accidente de moto, así como también hay otros que luchan cada día por seguir adelante, por recordarlo de la mejor manera posible y tratar de evitar que a cualquiera de los suyos le pueda pasar algo similar.
Empero, esa posición en la que se encuentran quienes juegan diariamente con sus vidas al desplazarse de manera irracional en un vehículo, genera el lamento eterno de los que aquí quedan, pensándolo y esperando el momento del reencuentro porque la vida se les hace inaguantable. Repudio a quienes creen que pueden hacer lo que ellos consideran con sus vidas, manejándose de la forma más imprudente posible y menos responsable, para generar tristeza, lamento y dolor.
Ojalá no vuelva a ver más esa escena en la que un idiota circula alta velocidad con un niños como escudo, aunque temo que pronto veré esto y algo más.

HUGO LEMOS

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Bien por el IMAE para la gente

¿Quién puede oponerse al IMAE? ¿Quién puede decir que el funcionamiento del mismo no es beneficio para la gente de Salto y la región, que en caso de sufrir un problema cardíaco puede llegar a tener atención inmediata y de esa forma salvar su vida? Nadie duda de esto y todos apoyamos su existencia, por necesaria y anhelada. Sobre todo porque mucha gente de nuestro departamento y la región lo añoró cuando más lo precisó y porque también lo necesitaron los familiares de los afectados que con el corazón en la boca, vieron cómo sus familiares al momento de sufrir un infarto de miocardio debieron ser trasladados a Montevideo para que los ayudaran a seguir viviendo.
Hay testimonios de sobra de salteños que, al verse en estos aprietes, llegaron a la capital casi sin saberlo y al abrir sus ojos vieron que quienes los estaban esperando para intervenirlos y tratar de salvarles la vida, eran médicos con quienes se conocieron de toda una vida por haber nacido y vivido en la misma ciudad. optimista
Todo esto y más, llevó a la alegría porque en Salto desde hace un tiempo puedan hacerse cateterismos e intervenciones de alta complejidad, con equipamientos con tecnología de vanguardia, cuando fuera necesario, desbordara en instituciones y en organizaciones sociales, así como en movimientos populares que apoyaran e instalaran una campaña para la instalación de un IMAE cardiológico, porque hablaban en clave de comunidad.
Siempre dijeron “Salto precisa un IMAE”, refiriéndose al departamento y a la población que lo comprende, sin excluir a quienes viven en la ciudad o el interior, ni tampoco a los que se atendían en el Hospital o en el Centro Médico.
Todo esto generó cierto aire de empoderamiento del reclamo, que tuvo a todos los salteños sumando a los vecinos de la región, para aunar esfuerzos adosados a una campaña que vimos hasta como heroica, donde todos dejaban de lado sus ocupaciones habituales para poder viajar a las localidades que fueran necesarias e informarle a la gente la patriada en la que estaban embarcados, diciéndoles que era una empresa que nos comprendía a todos y que no había quien no se pusiera esa camiseta porque nadie quería pasar por lo que dice la canción del célebre Pablo Estramín “Morir en la capital”, pudiendo ser atendidos acá nomás, a pocas cuadras de su casa y de la mía.
Por esa razón y mucho más, afloró el sentimiento de localía donde se le dijo al Estado que era importante tener un centro de atención altamente especializado en Salto, porque la gente lo necesitaba y además lo merecía. Y aparecieron los que estuvieron en otras luchas y dijeron que así como habían logrado tener una obra como la represa de Salto Grande o una Universidad de la República que le permitiera a los hijos de los que poblaban esta tierra acceder a la educación terciaria gratuita, ahora iban por logros para mejorar la calidad de atención de la salud, porque decían que teníamos recursos humanos y materiales adecuados para lograrlo.
Cuánto patriotismo en ese emprendimiento que nos tuvo a todos atrás del mismo y en cierto momento hasta cruzados con los gobiernos de turno, porque nos decían que era tan grande el “negocio” que no querían descentralizarlo desde la capital hacia el interior. Que ni siquiera el Hospital de Tacuarembó con todos los avances logrados en el campo de la neurocirugía había podido lograr un IMAE y eso que tenían respaldo médico y técnico para tenerlo.
Muchos se enfrascaron en discusiones cuasi técnicas médicas por más que no entendían un pomo de lo que estaban diciendo, pero el resultado de lo que querían decir era que en Salto tenía que existir un IMAE y punto.
Después que ese movimiento de masas convencido de que estaba en lo cierto, desbordó el teatro Larrañaga, agitado por quienes le decían a la gente que gritara tranquila nomás porque ellos ya tenían pronto el angiógrafo porque lo habían comprado hacía como dos años atrás y pagado por él una fortuna para hacerlo funcionar y además ya tenían contratados a los médicos que iban a operar a todo aquel que lo necesitara, la sociedad se convenció de que en su garganta y agitar de puños como pocas veces lo habían hecho en sus vidas, estaba el destino de ese centro de atención que ya urgía, y prácticamente lo necesitábamos todos (Dios me libre de tal cosa, aunque nadie sabe donde puede terminar).
Una vez esto, vino el Sí del gobierno, al que todos miraban con recelo por haber dilatado tanto el tema y la gente celebró. Casi hubo caravana por el centro, pero algunos cautos le dijeron que no daba para tanto. Que la atención de salud de una persona tenía que ser de una forma u otra. Entonces ¿cuál era el trasfondo?
Desde hace años hubo una intensa negociación entre los propietarios del equipamiento adquirido y el Estado por los cánones que estos debían percibir al momento de venderle servicios de salud a toda la población. Sabido es que desde la vigencia del sistema nacional integrado de salud, el Estado marca una fuerte presencia en las políticas de salud y ha generado para los operadores privados del sector, cierto estado de intervención que ellos por supuesto, rechazan, porque entienden que tienen derecho a prestar salud con la política que ellos entiendan conveniente, y que los afiliados que les toquen en suerte, deberán adaptarse a ello, mediante el contrato de adhesión que celebran al afiliarse.
Al saberse que el Estado debe pagarle una suma importante de dinero por cada usuario de salud pública que se atienda en el IMAE, a los propietarios del equipamiento con el que el mismo funciona, aparece otra arista de toda esta lucha que llevó años y que terminó involucrando a la sociedad en su conjunto, que la única lectura que hizo fue la de la necesidad de que el mismo existiera, olvidándose del trasfondo que pudiera haber en este caso. Y que duró muchos años, sin que la sociedad conociera los pormenores hasta hoy, pero sí le endilgara a una de las partes, quizás injustamente, la dilatación del funcionamiento de ese bendito centro de asistencia.
Vuelvo al principio, nadie está en contra del IMAE per se, porque sería estúpido oponerse a algo que ayuda a curar gente y hasta puede salvar vidas. Pero sí es importante hacer una lectura mucho más profunda y meditada de cómo se dieron los hechos, y de quiénes se benefician con todo esto y entonces entenderemos mejor el porqué de su lucha. Y hasta los que nos entusiasmamos con las ciencias de la comunicación, quizás los felicitaremos por el buen manejo del lobby que hicieron con este tema.

HUGO LEMOS

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Un día en el que todos queremos dignidad

Relatar un hecho, contar una historia o dar a conocer una noticia es una tarea que requiere de concentración, análisis, capacidad y responsabilidad al momento de poner en conocimiento del público los hechos que se quieren informar. Esa tarea específicamente es la que deben llevar adelante los periodistas, cuya profesión consiste justamente en libertadcumplir con todos estos elementos a la hora de producir su trabajo para que el mismo tenga la seriedad que su labor requiere.
Para ser periodista no basta con escribir una columna de opinión, un comentario sobre tal o cual hecho al pasar o dar a conocer un hecho concreto. Sino que para ejercer el periodismo hace falta tener compromiso con la sociedad de la que uno forma parte, actuar con responsabilidad al momento de relatar los hechos que la gente va a escuchar, leer o ver y conocer, con el fin de que no solo sepan qué es lo que pasó sino porqué pasaron las cosas y cuál será la consecuencia de las mismas.
Una premisa básica del periodismo es informar con amplitud de criterios, abordar todos los aspectos de una noticia y dar a conocer la opinión de todas las partes implicadas, algo que no siempre ocurre y que por lo general cuando se hace, es porque hay intereses de no dejar salpicada a determinadas personas y por eso se trata de que la misma desmienta en esa misma oportunidad la información. Porque lamentablemente hay un periodismo militante que asusta y que denigra el ejercicio de una de las profesiones mas hermosas del mundo, el cual se da en todos lados, no solo en Salto y el país, sino además en varias partes del mundo.
El periodista es un trabajador, un conseguidor diario de información, la cual debe analizar y discernir según su leal saber y entender, cuál es la más importante situación que la sociedad debe conocer. Pero ese trabajador no puede ni debe quedarse con los elementos más básicos al momento de pretender ejercer su tarea, sino que debe buscar profesionalizar su trabajo a través del conocimiento, del aprendizaje de los distintos temas que quiere abordar, no basta con quedarse con lo que le expresa alguien para armar un texto a través del clásico “dijo, dijo” y no abordar reflexivamente la información, para proponerle a su público un análisis profundo del tema.
También es importante perfeccionarse en el mejoramiento de la técnica periodística, para dar a conocer la información con exactitud, prontitud y presentar una propuesta no solo inteligente sino también atractiva, para que la gente quiera saber más y conocer en profundidad todo lo que pasa en el lugar donde vive.
Estos comentarios son apenas reflexiones sobre el trabajo que desempeño hace casi dos décadas, principalmente desde este diario y concomitantemente con otros medios y plataformas informativas que me dieron la posibilidad de hacerlo. El periodismo en mi pasó de ser un hobby a una pasión, y hoy a ser mi principal fuente de ingresos, siendo yo jefe de familia, lo que no cambió mis ganas de intentar hacer bien mi trabajo, o al menos de la mejor manera posible, pero sí ha transformado mi perspectiva sobre qué significa hacer periodismo en Uruguay y sobre todo en una comarca como la que vivimos.
Hace 11 años fui invitado por la Asociación de Profesionales de la Comunicación (APC), a dar un discurso en el acto del Día del Periodista, en aquel entonces el joven entusiasta que hacía más de 6 años trabajaba en este diario, estaba promoviendo mi propio aprendizaje a través de escuelas periodísticas de la capital con el fin de incrementar mi aprendizaje, hablé mucho sobre la formación, el manejo con rigor de la información, las presiones que se recibían a la hora de informar, los problemas que pasábamos los periodistas como todo trabajador que quiere vivir lo mejor posible y tratar de llegar a fin de mes con el sueldo de lo que más nos gustaba hacer, que era ser periodistas y cosas por el estilo.
El mejor recuerdo que tengo de ese discurso, es lo que pasó casi al momento que terminé de darlo, donde algunos jerarcas comunales de entonces y un dirigente nacional de un sector del partido de gobierno, que circunstancialmente estaba en Salto, me reprocharon el tema de las “llamadas a los medios para direccionar la información”, algo que a juicio de ellos “no existía”. Les dije a ambos que cómo podían saberlo si ellos no integraban ninguna sala de prensa de ninguno de los medios de la ciudad. Obviamente no supieron contestarme pero además los reté a darles fechas y horas de algunos de esos constatables llamados.
Pero la semana siguiente viví el embate de al menos dos directores de medios de comunicación casi de mi mismo palo, que me dieron por la cabeza por haber dicho que en las empresas dedicadas al rubro en Salto “se pagaba mal y tarde, y casi sin leyes que protejan a los trabajadores”. Algo que motivó que algunos individuos que se dicen directivos de medios la emprendieran hasta con mandaderos a pedirme que me retractara. Incluso esperando por una conferencia de prensa se me acercaron dos sujetos, uno de ellos funcionario municipal que había entrado en ese período por los votos conseguidos para el entonces intendente, y otro comunicador, que me endilgaban haber cuestionado la situación de los trabajadores de la prensa en un acto que se trataba de hablar de la paz y la concordia con la que trabajaban los periodistas en Salto. Propio de un medio donde hay gente que no llega a medir más de 1,20 mts. de altura.
El tema es que hoy las cosas no han cambiado mucho. Y si bien muchos verán que los mensajes de salutación y deseos de prosperidad les llegarán vía redes sociales, whastapp y otros medios acaso más tradicionales, lo más importante es que ellos se den cuenta quiénes son los que respetan y valoran su trabajo cada día, quienes los hacen sentirse dignos en su tarea, respetados como cualquier trabajador y soportados por algo muy básico que es por lo que todos debemos bregar hoy, la libertad de prensa.
Esa que es independiente del poder económico y del poder político, esa que es muy difícil que exista y sea respetada en todos sus términos, esa libertad de prensa que todos quisiéramos que realmente existiera sin condicionamientos. Una libertad de prensa, que todavía hoy, por la razón que cada uno considere, sigue siendo una entelequia. A todos mis colegas, a los que trabajan consiguiendo información y a los que quieren decir lo que piensan con responsabilidad y seriedad, sin importar las consecuencias de ello, salú.
P.D: un recuerdo inolvidable a Juancho Ambrosoni. Que trabajando para darle de comer a su familia con la información que conseguía a diario en su especialidad, el sector agropecuario, tuvo un accidente que a la postre nos lo quitó físicamente, aunque siempre estará junto a nosotros.

HUGO LEMOS

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La fe, en uno mismo

La necesidad de creer en algo es lo que motiva la fe de mucha gente y la induce a hacer tal o cual cosa. Es que la fe mueve montañas y también es capaz de generar situaciones que si no fuera por este valor intrínseco del ser humano, mucha gente no haría determinadas cosas, ni siquiera hablaría de las mismas y mucho menos se pondría a pensar en si algo así es posible. humanos
En Salto existen muchas iglesias, que en el marco de la libertad de culto que puede profesarse en nuestro país, el cual es por opción laico, lo cual quiere decir que caben todas las religiones por igual y no se hace excepción a ninguna, porque en definitiva lo que importa es el Estado y sus acciones y no el dogma de una determinada religión.
Pero hay algo que escapa a las iglesias, ritos, religiones y cultos de cualquier tipo, y es la devoción de muchos salteños y extranjeros que llegan cada día hasta la Gruta del Padre Pío. La misma tiene una historia que la mayoría conoce y los que no, se han construido su propia leyenda sobre el tema generándose así un mito de cualquier manera.
Lo que importa, es que Pío, que nació en la localidad italiana de Pietrelcina el 25 de mayo de 1887 y que falleció en la ciudad de San Giovanni Rotondo, un 23 de setiembre de 1968, fue un fraile y sacerdote católico de la Orden de los Hermanos Capuchinos, y según el mito construdio a su alrededor era famoso por sus dones milagrosos y por los estigmas que presentaba en las manos, pies y el costado, todo esto le valió la canonización en el año 2002 por el entonces Papa Juan Pablo II con el nombre de San Pío de Pietrelcina.
Su vinculación con Salto surge de una manera no muy clara para quien esto escribe, puesto que he escuchado una serie de historias que en mas de una oportunidad, las mismas no tienen un punto de conexión entre sí. Aunque todas coinciden con la versión de un sacerdote que adujo que en el Obispado de Salto, Pío, del que también decían que podía cumplir con el fenómeno de la bilocación, le dio la extremaunción a Monseñor Damiani, cuando el Fraile Capuchino ni siquiera estaba en Salto, cuentan que apareció esa noche en la sede principal de la Iglesia Católica en nuestra ciudad.
Pero a este sacerdote la gruta que ostenta una inmensa e impresionante imagen, le valió por la amistad que a su vez tenía con otro salteño, Angel Tonna, el Toto, para sus amigos. Un tambero de la zona de Daymán cuyo establecimiento es mundialmente famoso por un presunto fenómeno OVNI ocurrido allí, el 4 de febrero de 1976, del cual aún se discute si tal cosa ocurrió o no. Y digo mundialmente porque hace muchos años mirando la serie Los Expedientes Secretos X en el canal Fox, nombraban la estancia La Aurora como un vórtice de energía para el mundo extraterrestre en nuestro planeta, algo que para muchos es real.
Esta situación la traigo a colación porque el fenómeno que acabo de mencionar, que se ha interpretado de muchas formas y ha despertado sentires de todo tipo en un montón de gente, ha hecho que muchísimas personas se aferren a imágenes de personalidades como estas, que tuvieron su pasaje por nuestro mundo y dejaron un legado antes de fallecer, que no fue otro que el de querer marcar un mojón con sus mensajes para que la humanidad entienda la vida de una manera especial, algo que algunos han comprendido bien y otros lo siguen prendiendo velas, haciendo promesas e incluso peregrinando cada uno de los kilómetros que separa la ubicación de la Gruta hasta nuestra ciudad.
Esas formas de manifestar la fe, son maneras de sentir en la vida y de creer que las cosas si se hacen de determinada manera van a ser positivas para quien las practica. Pero lo que más me llama la atención es que muchas de las personas que en este caso van a rendirle respeto y admiración a Pío, aunque lo menciono a él pero puede tratarse de cualquier otro, muchos de ellos parece que no creyeran en sí mismos, no se valoran, ni sienten que por ellos mismos pueden alcanzar con su capacidad y talento que traen innatos, todo lo que se proponen, sin tener que esperar que una persona a la que han llamado Santo, les conceda lo que necesitan para vivir en paz y tranquilos.
Son formas de ver la vida. La fe es importante para todo, pero principalmente para creer en uno mismo, porque si solamente basamos ese sentimiento, ese valor, como algo que sirve para creer en otro o en otras cosas que están por fuera de nosotros, nunca vamos a lograr el cometido de lo que buscamos y encima terminaremos echándole la culpa al santo de turno, por no habernos concedido como por arte de magia, lo que le pedimos con tanta devoción.
Una vez, una jueza me contó que le daba una profunda rabia ver cómo había gente que ingresaba a determinadas iglesias a dejar todo su dinero, por la promesa de que iban a recibir a cambio mejoras sustanciales en sus vidas. “Yo los procesaría por idiotas, pero no puedo, porque en Uruguay hay libertad de culto”, me dijo con total tranquilidad.
Con ello me resumió muchas cosas, cada uno manifiesta su fe como cree mejor, algunos entregando sus ganancias mensuales a la iglesia, otros rezando y haciendo ofrendas, otros peregrinando por kilómetros hasta llegar al lugar indicado y otros simplemente creyendo en algo superior, pero también en ellos mismos, sabiendo que como dijo Artigas en una frase máxima “nada podemos esperar sino de nosotros mismo”, haciendo un llamado a todos aquellos que la fe no es solo la creencia en un ser al que hay que admirar y venerar, sino que la fe es saber que podemos llegar a donde queramos hacerlo, sabiendo que no hay nada que se nos oponga.

HUGO LEMOS

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La violencia legitima el reclamo

Lo que pasa en España, es solamente una muestra de que la aldea global también tiene mucho de independentismo. Los pueblos quieren cada vez más autonomías para sí y reclaman ser parte de una construcción social colectiva pero con fuerte identidad local. Esto que ocurrió en un lugar tan visible a nivel mundial como la comunidad de Catalunya, donde una de sus principales ciudades, Barcelona, es una de las urbes más desarrolladas y avanzadas del planeta, no es más que la expresión política un pueblo, algo que debe ser respetado por el gobierno español como un importante llamado de atención para ser tratados de la manera que consideran que se merecen. independencia
Aunque para muchos de los que el fin de semana pasado pudimos ver a través de las noticias uno de los actos represivos más salvajes que pueden darse por parte de una actuación policial en un régimen democrático, nos ganó la rabia y gritamos a todas voces que el pueblo catalán había ganado el derecho a proclamarse libre e independiente. Porque cuando una sociedad quiere expresarse de manera pacífica y dando el ejemplo proponiendo hacer una elección para que la comunidad decida su futuro y en respuesta reciben una brutal represión policial, el único resultado que puede darse es el querido por el oprimido pueblo.
Si bien desconozco en profundidad la historia del pueblo catalana y el afán de una importante parte del mismo por independizarse de España, me parece que esa expresión, esa voluntad de esa parte de su comunidad, ha llegado a un estado de maduración que mostró su manifestación de libertad el pasado 1 de octubre y merece ser escuchada de otra forma por el gobierno de Mariano Rajoy.
Pero el caso, es que más allá de esa situación, la voluntad independentista que quizás no sea la de todo el pueblo catalán, debe ser considerada una opción sino hay un pacto política de diálogo y de fraternidad entre los representantes del gobierno español y de la generalidad de catalana, que busca ser escuchada y respetada dentro de España y que después de haber visto como la policía reprimía sin tregua a jóvenes y ancianos por igual, los que alzaban sus manos sin ofrecer resistencia, debe haber un cambio más que necesario, porque ya nada es igual.
Una de las cosas que despertó a su vez la burla y enfado por un lado, y admiración por otro, del pueblo español en su conjunto y con esto incluyó claro está, al catalán, fue la intervención en el tema del Rey Felipe VI, quien llamó al pueblo español al diálogo y dio por hecho que le negarán por todos lados al pueblo catalán sus aspiraciones independentistas.
No obstante, la revista española de humor político, El Jueves, que sale los miércoles, escribió en seguida en sus redes sociales “Señor al que nadie ha votado da un discurso sobre democracia. Afirma llamarse Felipe VI y ser el Jefe de Estado español, pero nadie recuerda haberle votado”. Mostrando así parte de las contradicciones de quienes llaman a los pueblos a ser parte de los estados democráticos donde ellos son sus representantes por una tradición histórica y no justamente por haber sido elegido por la gente, la misma que hoy se pronuncia en contra.
Días pasados en esta misma redacción, conversando con alguien sobre el tema, me dijo que la gesta catalana no podía ser por ningún concepto, bajo el pretexto de que la misma era inconstitucional. Vaya si lo es, justamente lo que ellos quieren es tener su propia Constitución y su derecho a la autodeterminación que esté por fuera del sistema en el que hoy se encuentran.
Entonces esta persona me daba su argumento, diciéndome que con ese mismo criterio, si mañana Salto quiere independizarse del Uruguay no puede hacerlo porque va contra la Constitución de la República, algo que es verdad, porque el sentido de independencia tiene justamente eso, ir contra el régimen establecido al cual quieren dejar de pertenecer.
Por eso, el hoy considerado Prócer de la Patria, José Gervasio Artigas, en su momento se levantó contra el régimen monárquico de la corona española, cuyos lacayos estaban bien instalados en nuestro continente y combatían a capa y espada toda intención independentista, y pudo lograr la independencia de esta población aquí afincada y consolidar a este territorio como un Estado libre y soberano.
Si bien puede decirse que aquellas épocas eran totalmente distintas a las de ahora, el espíritu de libertad que inspira a miles de catalanes hoy bien puede compararse con las gestas libertarias latinoamericanas de principios del Siglo XIX y esas voluntades que hoy se alzan deben al menos ser respetadas, porque el hecho de ser combatidas de la manera en la que lo está haciendo el gobierno español apoyado por la monarquía vigente en aquel país, es algo ya intolerable para la vida moderna que llevamos y el conocimiento del mundo libre que hoy se tiene.
Todos sabemos que Catalunya es un sostén importante para España por su desarrollo económico, su estabilidad y prosperidad en uno de los países más golpeadas por la crisis económico de la primera década de este siglo, pero querer retenerla a la fuerza, con el precio de la sangre de sus poblaciones es algo que no puede admitirse y que debe reclamarse a todas luces un cese a las hostilidades de este tipo en cualquier parte.
España es espejo de lo que pasa en América Latina, por eso vemos con dolor este tipo de situaciones en la que también se ven afectados miles de compatriotas que están radicados en ese país, y cientos de coterráneos que están dispersos sobre todo desde el 2002 hasta hoy, en diferentes lugares de la Madre Patria y en la mismísima Catalunya. Por eso alzamos la voz exigiendo respeto al derecho a la libertad de un pueblo que se ganó con sobradas muestras de civismo, la posibilidad de reclamar su independencia

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La responsabilidad es del Estado

La situación del peón rural Hugo Leites, quien resultó seriamente lastimado en circunstancias que denuncia como una golpiza recibida de manos del capataz de la estancia en la que trabajaba, con quien dijo que mantenía una buena relación pero con el que lo separó el reclamo que formuló por querer trabajar las 8 horas que mandata la ley y no un montón más y encima sin cobrar un peso, ha cobrado diversos matices. fotocolumna
Por un lado, es algo malo que cualquier trabajador deba iniciar un reclamo por un derecho que le pertenece, que no se cumpla de manera natural y que deba reclamarlo, no es algo positivo para la sociedad porque quiere decir que una parte de la misma está dispuesta a no reconocer las leyes de este país, cuando estas le pueden llegar a ser dañosas.
Si esto fuera así, llama poderosamente la atención, que un empresario del sector más importante de la industria nacional, como lo es el agropecuario, niegue el reconocimiento de derechos a sus empleados, lo que habla de una falta de decoro, respeto, dignidad y apego a la moral y las buenas costumbres, sobre todo en un país cuya sociedad ha sido construida bajo la influencia en sus leyes por el patriciado montevideano, hoy llamada burguesía y por los latifundistas o terratenientes, que son los beneficiados con el derecho más sagrado que tiene hoy nuestra sociedad además de la vida y la libertad, que es el de la propiedad privada.
Por eso, si alguien que surja de este sector de la sociedad niega la existencia de un derecho, llama poderosamente la atención que aún hoy con todos los mecanismos que existen para que tal cosa no suceda, se sigan atreviendo a hacerlo y pone en evidencia una resistencia cultural a incorporar cambios que hasta le puedan resultar beneficiosos al corto plazo, aunque sabemos a ciencia cierta que no debe generalizarse una situación particular, porque no todos los casos son así, claro está.
Aunque también hay otra cosa en este mismo sentido y es que los representantes de las gremiales de este sector, que son las caras visibles de las instituciones representativas de este sector, no pueden ampararlo ni encubrirlo, no pueden hacer otra cosa que no sea manifestarse en contra de que una persona no cumpla con la legalidad y siga tratando a sus empleados como máquinas y no como a seres humanos con derechos y deberes.
Esto lo traigo a colación porque el día de los hechos, el comunicado emitido por la Asociación Agropecuaria local que fue conteste al de la Federación Rural del Uruguay, en su contenido minimizan el episodio a una pelea entre empleados de un establecimiento, cosa que bien pudo ser, pero sin explicitar un ápice que la denuncia era también contra uno de sus asociados y por el incumplimiento del régimen legal, lo que a mi juicio es una manera de burlar el asunto y querer tapar el sol con el dedo, no haciéndose cargo de que los propietarios de establecimientos deben sentirse tocados porque son una parte fundamental en este problema, máxime si amparan con su silencio el no respeto a las leyes vigentes y las atribuyen a coyunturas políticas y de clase social, como se lee entrelíneas en su comunicado que representa la opinión de este sector en ese tema, algo que mal le hace a una institución de prestigio en nuestra sociedad como lo es la Asociación Agropecuaria.
Porque negar la existencia de los problemas sociales y de cultura de trabajo en el campo, y solamente hacer reclamos públicos por la carga tributaria y pedir que el precio del dolar se incremente porque a así los ayuda a mejorar la competitividad, cuando eso sería perjudicial para el resto de los sectores de la actividad, porque encarecería la vida al punto de hacerla insoportable, no es una buena política de parte de dicha institución, ya que los pone en una isla dentro del resto de la sociedad de la que ellos también forman parte.
Pero también es de recibo decir que el PIT CNT, jugó mal su partido, del cual quiso sacar tajada, igual que cierta clase política que para que no les endilguen que ellos son los que han impulsado las leyes pero no han velado por su cumplimiento, se colgaron del brazo de este trabajador rural para salir en la foto, cuando son tan responsables como el ministro de Trabajo, Ernesto Murro, de que los empleadores de este país hagan las cosas a conveniencia y cuando se les dice algo te salgan con el rosario de impuestos que pagan como si eso les eximiera de la falta de reconocimiento del derecho de los trabajadores y el apego a la moral y las buenas costumbres, porque han sido ellos quienes han dictado desde el principio cuáles deben ser esos estándares en el status quo.
Defiendo la propiedad privada y las críticas de los que trabajan, pero también la voz de aquel que teniendo derecho se lo niegan, y combato a quienes hacen bandera de un lado y del otro con una situación que todos sabemos que no es general, porque el PIT CNT no salió en defensa de las ocho horas exigiéndole al gobierno su responsabilidad en este asunto, sino defendiendo al mismo y diciendo que no estaban en su contra, todo porque son de su mismo partido y porque el actual titular de esa cartera es el extitular de un sindicato de funcionarios públicos, porque si se tratara de un gobierno de otro color político, de lo último que e PIT CNT se acordaría sería del dueño de la estancia.
Creo que el gobierno con su omisión en inspeccionar estancias para ver las condiciones en la que se encuentran los trabajadores, es cómplice de las cosas que están mal, porque es su estricta responsabilidad hacerlo. Aunque también estoy seguro que han mejorado mucho las condiciones de los trabajadores del campo, no solo por obra de las leyes que así lo exigen ni por el sindicato del ramo, la Unatra, que tanto ha hecho por los peones de campo, sin también por muchos propietarios de establecimientos que han bregado por la mejora en las condiciones de trabajo de sus empleados.
Incluso así lo manifestó el propio ministro de Ganadería, Tabaré Agurre, el que cuando inauguró una de las ediciones de la Expo Salto en los últimos tiempos, dijo que a “a sus” peones “hasta aire acondicionado les puse”, hablando como el mejor de los terratenientes y no vi nunca al PIT CNT ni a los militantes de izquierda pidiéndole una inspección al ministro, para que realmente el gobierno predicara con el ejemplo a través de los estancieros que lo integran.
No hay que hacer discursos facilistas ni resentidos sobre este tema, sino que hay que poner las cosas en su lugar, que el peón reclamó que se cumpliera con el régimen legal de las ocho horas, segur que así fue, que a su tiempo exigió que las mismas comenzaran a pagarse también, que el capataz como todo mando medio le hizo los deberes al patrón, está claro; pasa hasta en la administración pública que los mandos medios son los que se expresan por el dueño del circo y por lo general su respuesta es, aun siendo ellos también empleados, a favor del patrón y en contra de sus propios intereses. Ahora que el patrón haya mandado a pegarle es algo que hasta ahí no llego, que no cumpliera con la ley vigente respecto a las condiciones laborales puede ser, pero decir lo otro es vileza que en definitiva a lo único que contribuye es a generar mayor división y fractura social.
Esperemos que la justicia penal se expida pronto sobre si hubo un delito con las lesiones cometidas por el capataz al peón en el marco de una pelea entre ambos y si hubo delito de amenazas del patrón al trabajador o fue solo parte del asunto.
Pero el ahinco debe ponerse de parte de las organizaciones en velar por el cumplimiento de las ocho horas en los establecimientos de trabajo y para esto deben hacerle reclamos al gobierno para que tome cartas en todos los asuntos y no solo en este caso, y que no se detengan solamente a ver si fueron dos rebencazos o tres los causantes de tanto mal, sino que asuman su responsabilidad para que las leyes se cumplan y así el país avance.

HUGO LEMOS

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Una invitación que da para firmar

Muchas veces cuando el sindicalismo reclama lo hace sobre la base de reclamos que apuntan a tener una mayor justicia social y a que se concreten políticas sociales que deben ser contempladas, en el marco de una sociedad que apunta a su desarrollo a través de la inclusión social y de la accesibilidad al campo de trabajo.
En ese plano fue que ayer por la mañana, un grupo de representantes del sindicato de la construcción, SUNCA, se encontraban inmersos en pleno domingo en una campaña de recolección de firmas, esas que muchas veces generan dudas sobre el fin en sí mismo y si realmente tienen un trasfondo que apunte a mejorar las cosas.
Para ello se habían apostado en uno de los puntos tradicionales de Salto, donde más cantidad de gente se aglomera en cada mañana de domingo ya que es un lugar donde puede encontrarse de todo. Desde un par de zapatos usados, vestimenta de cualquier tipo, calzado de todos los modelos, comestibles y hasta un puesto de recolección de firmas por alguna causa política o social.  justicia
A mi juicio se trata de una muy buena iniciativa y me alegra que un sindicato tan combativo como el de la construcción, donde muchos de sus reclamos se han vuelto hasta contraproducentes para generar mano de obra en el mercado local, sobre todo en el sector privado y en los casos de personas particulares que para refaccionar su casa se encuentran con precios astronómicos que les hacen desistir o hacer en muchos casos, el trabajo a medias.
Si bien el precio de la mano de obra la pone el trabajador y en ese caso es hasta discutible querer llegar a un acuerdo para negociar los estándares presupuestales que ellos mismos imponen, las últimas llamadas “conquistas sindicales” que ha logrado el SUNCA para sus afiliados, he mejorado sin dudas el ingreso de muchos de los trabajadores de ese sector, pero a costo de tener tremendos conflictos con las empresas constructoras, con los inversores extranjeros del sector privados y hasta con el Estado, por las distintas leyes que mejoraron sueldos y condiciones laborales de los trabajadores, al punto que muchos empleadores han tenido pérdidas del volumen de ganancias que antes conseguían con las distintas obras de las que lograban ser adjudicatarios por tener que cumplir con el marco normativo que contempla los reclamos históricos de los trabajadores del sector.
Esto ocurrió hasta en el sector público, donde los trabajadores de la construcción han llegado a ocupar obras que se hacían con inversión pública por el incumplimiento de los acuerdos salariales y de las condiciones de trabajo, algo que ha paralizado durante mucho tiempo el mejoramiento de la infraestructura de muchos lugares por no estar atentos a esta nuevo posicionamiento del sector de la construcción.
Pero más allá de estos, quienes muchas veces se han visto impedidos de poder llevar adelante arreglos y refacciones en sus hogares han sido los propios trabajadores, comerciantes, profesionales o toda persona de clase media, trabajadora, que ha querido mejorar las condiciones estructurales de su hogar y se ha encontrado con costos sobredimensionados para sus bolsillos y extremadamente altos para poder cumplirlos en su totalidad, lo que los deriva a tener que conseguir préstamos para poder solventar presupuestos que después no se pueden concretar por el encarecimiento de los mismos.
Algo que ha llevado muchas veces a que la gente no pueda contratar trabajadores para arreglar su casa, lo que redunda en la pérdida de oportunidades de trabajo para muchos obreros de la construcción que por razones obvias, no pueden bajar sus honorarios porque les implica perder tiempo y no ganar dinero, pero la realidad es compleja y debería haber cierta flexibilidad en algunos casos.
Más allá de este punto de vista expresado, considero que la campaña de recolección de firmas que está haciendo el sindicato de la construcción para conseguir una ley que establezca el ingreso de muna cuota fija de participación de personas con discapacidad en las distintas obras que se lleven adelante tanto en el sector público como en el privado es una buena causa.
“Hay trabajado de pañoleros, o de otra índole como para alcanzar herramientas o llevar algunos materiales de un lado a otro, que lo pueden hacer personas con discapacidad y hasta las que tienen Síndrome de Down, lo que significa que ellos también tienen derecho a trabajar, a sentirse incluidos y capaces de llevar adelante cualquier tarea, algo que nosotros entendemos es una causa justa y que el sindicato va a dar la pelea para poder lograrlo y establecerlo mediante una ley que obligue a los empleadores a esto. Por eso es que estamos embarcados en esta campaña de recolección de firmas”, me comentó una de las personas que se encontraba trabajando en este tema de la recolección de firmas ayer domingo por la mañana y supongo yo, hasta de manera honoraria por mera militancia como caracteriza a muchos de estos sindicalistas de a pie, cuya lucha se hace hasta más respetable.
Considero que los sindicatos son un instrumento de organización de la sociedad para su desarrollo y en ese sentido, si ese fin se cumple, con propuestas como estas, con trabajos honorarios y hasta de fines de semana, con intenciones claras y precisas, las cuales pretenden formalizarse a través de leyes que amparen propuestas dignas de construcción social, los sindicatos pasarán a ser ejemplo en la sociedad de cómo el trabajo organizado y en conjunto debe ser mucho más considerado y respetado, de lo desgastado que está hoy día, por contar siempre con las mismas caras haciendo los reclamos de siempre, con la retórica nostálgica y hasta contradictoria que espanta en vez de atraer.
No pasa eso en todos los gremios de trabajadores, pero sí en muchos donde temas como la defensa del dogma a través de íconos como Cuba y Venezuela están antes que la defensa de la libertad de pensamiento y de posiciones, algo que hace a la democracia y al fortalecimiento institucional de las organizaciones.
Saludo esa iniciativa del SUNCA y espero que se concrete esa oportunidad para miles de compatriotas que por tener una situación distinta a la del resto de los mortales, anhelan una posibilidad para verse iguales a los demás, algo que es muy valioso para el espíritu humano y el desarrollo social que verdaderamente queremos.

HUGO LEMOS

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No hay que tapar el sol con el dedo

Los contenedores en el centro de la ciudad se han convertido en un enorme plato de comida para mucha gente que está pasando un estado de desesperación. Si bien los indicadores económicos del país muestran muy otra cosa, hablan de una inflación controlada, de un nivel de crecimiento que es ejemplo en la región, de una estabilidad institucional y seguridad jurídica excepcionales para el país, hay situaciones que siguen siendo complejas y no se pueden tapar con el dedo. pobres
Es entendible que desde el oficialismo haya voces que pretendan callar a los disidentes, al menos públicamente y que les digan que deben lavarse los trapitos sucios en casa, así como discutirse los temas que al país importan, pero siempre hacia dentro de la fuerza política. Porque así ha sido la historia en todos los partidos políticos, donde aún siendo oposición fustigaban al que se iba del sector para armar otro grupo porque ya no coincidía con los lineamientos que dictaban los dirigentes del grupo en el que se encontraban, y eran tildados de traidores y cobardes por hacerlo.
Esto ha sido siempre así, en todos los partidos políticos de nuestro sistema democrático. Y es parte del juego de la política. Pero lo que no me llevo es cuando se desconocen algunas cosas que sí suceden y que en realidad lo que generan es que el referente político del sector del gobierno que sale a defender lo indefendible, pierda credibilidad. Porque si hay algo en un político que lo hace perder credibilidad, es cuando niega algo que está latente, que está visible para todos y que a nadie escapa que eso que se denuncia está pasando.
Fue así que días pasados escuché al diputado del MPP, Alejandro “Pacha” Sánchez decir que la denuncias públicas sobre el barrio Las Láminas de Bella Unión, realizada por la doctora Curbelo, una médica ya veterana que vive en ese lugar desde hace muchos años, que es además una referente de la militancia de la izquierda uruguaya desde siempre, sobre casos de malnutrición en ese lugar por los problemas socioeconómicos que se han profundizado en los últimos años en nuestro país, no eran tan así y que peor estuvieron los niños que residieron en Las Láminas durante la crisis del 2002.
Eso es querer tapar el sol con el dedo, porque a mi juicio, una cosa no quita la otra, si bien lo que dice el diputado montevideano Sánchez sobre la situación crítica del país en el 2002 y en particular en esas zonas olvidadas del departamento de Artigas como lo es Bella Unión, es verdadero, no quita que en este momento haya niños y familias enteras que estén pasando situaciones de miserias que asustan, dan pena y que generan bronca, y que eso esté pasando en este momento, con 12 años de gobierno de izquierda encima.
Nadie duda que el país mejoró mucho desde el 2005 a la fecha, porque no reconocer que hubo un boom de la economía a favor de los habitantes de este país en la última década sería querer tapar el sol con la mano, pero también lo es desconocer que hay una grieta social que se ha generado de manera estructural en nuestra sociedad y que tiene por un lado a personas que ganan mucho dinero, que tienen acceso a todo lo mejor que puede brindar el sistema y que siguen generando riqueza para sí, y que por otro lado, hay familias enteras a las que vemos, no solo en Las Láminas, sino en calle Uruguay en pleno día, revolviendo los contenedores de basura que instaló la Intendencia para mejorar el servicio de recolección, buscando qué comer.
Y en esos casos las responsabilidades no son de quienes gobernaron en el 2002, que dejaron en ese momento a un país desmembrado socialmente, con miles de compatriotas yéndose del país y con una inestabilidad económica que asustaba a cualquier guapo. Eso es responsabilidad de quienes están gobernando ahora y a ellos, como fuimos quienes los pusimos en ese lugar para ser sus gobernados, tenemos que reclamarles que sean contestes con la situación que se está viviendo y no que quieran tapar el sol con el dedo, diciendo que “acá no pasa nada”, no señores, acá pasa sí, acá hay pobreza y desocupación, hay problemas de empleo, hay un país que está muy caro y hay una escala de marginación que si bien puede llegar a ser menor que en otros tiempos, también existe y de la misma hay que ocuparse.
No podemos pensar que el país está bárbaro, que es el mejor del continente en sus respectivos servicios, que los rankings de los organismos internacionales que están en la región y que nos dan como los mejores del barrio, son el privilegio que debemos compartir sin mirar los problemas que nos aquejan como sociedad.
Por eso mismo, debemos estar preparados, viendo todo lo que ocurre a nuestro alrededor para denunciarlo y exigirlo, porque si el país crece es motivo de alegría, pero también de responsabilidad de mirar quiénes son los que no crecen con él y trabajar para que ellos también estén incluidos en esos niveles de crecimiento y sobre todo en esas cifras que los mismos políticos que miran para el costado de lo que pasa en lugares como Bella Unión, no tengan que hacerlo y decir que ellos también están desarrollándose junto con el resto de la población.

HUGO LEMOS

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Sendic y su 11 de setiembre

El 11 de setiembre es una fecha fatídica, ha dejado muchos malos recuerdos en distintas partes del mundo, al menos desde la segunda mitrad del Siglo XX hasta el presente. Y cada tantos años nos sigue sorprendiendo con algún hecho puntual que nos deja un pesar más. Sendic
Todos se acuerdan de esta fecha por la tragedia vivida en Nueva York en el año 2001, cuando sino el peor ataque terrorista vivido en los Estados Unidos, provocó la caída de las emblemáticas Torres Gemelas, símbolo del poder económico mundial que tiene el país del norte. Esa vez, el mundo quedó atónito porque desde entonces comenzó a construirse lo que se conoció como el Nuevo Orden Mundial, donde los principales líderes del planeta y las personas más poderosas de todo el globo, comenzaron a llevar adelante una nueva forma de encarar la vida, con mayor seguridad y eliminando los focos de conflicto. Tras esto, Irak, Afganistán, Libia, Siria y una serie de situaciones que marcaron el comienzo del nuevo siglo, con una correlación de poder distinta a la que conocíamos hasta ahora, el poder global disputado por Estados Unidos, Rusia y ahora también por China. Más caos en el desastre o viceversa.
Pero mucho antes de las Torres Gemelas, otro conflicto de poder global, como lo era la Guerra Fría precipitaba justo un 11 de setiembre pero de 1973, una de las dictaduras más feroces que conoció nuestro continente, la de Chile. Con ella la consolidación del Plan Cóndor y el autoritarismo militar apoderándose de las instituciones para impedir el avance del comunismo en el cono sur de América. Esa realidad socio política que marcó un jalón en la historia de nuestra región también tuvo una fecha cúlmine, que en Uruguay fue el 27 de junio de ese mismo año, pero que con el derrocamiento de Allende en Chile justo un 11 de setiembre, la institucionalización del terror en nuestros países fue oficializada y quedó en la peor historia de estas naciones.
Y así el 11 de setiembre dejó una huella indeleble en muchas personas. Todos los que vivimos por ejemplo los atentados del año 2001 en vivo y en directo merced a la globalización, nos acordamos perfectamente de lo que estábamos haciendo ese mismo día, ya que dejamos todo por sentarnos frente al televisor y mirar lo que estaba pasando en la capital económica del mundo, donde fallecieron más de 2.600 personas ese día y otros miles resultaron heridos.
Pero ahora en Uruguay, el 11 de setiembre tiene un sentido propio, tiene su fecha histórica y esa se dará cuando hoy ingrese al parlamento nacional la carta de renuncia a la Vicepresidencia de la República, de parte de Raúl Sendic, quien anunció esta medida el pasado sábado frente a todos sus “compañeros” del Plenario Nacional del Frente Amplio que se habían reunido ese día justamente, para ver cómo iban a colgarlo de la plaza pública, cuál era el corolario del linchamiento y escarnio público al que venían contribuyendo de una forma u otra contra el entonces número dos del país, al mismo que ellos pusieron en ese lugar cuando aprobaron en el 2014, que la fórmula sea integrada por él junto a Tabaré Vázquez que entonces sabía que tenía todas las chances de volver a gobernar al país, y que él mismo fue quien quiso que lo acompañara Sendic, cuando dijo mucho antes de que se lo nombraran como vice, que “Raúl Sendic sería un buen compañero de fórmula”, algo que en los hechos le duró solamente dos años y medio, y quizás hasta mucho menos.
Este día quedará marcado como un jalón negativo en la historia institucional del país, ni el peor ni el más duro, ni mucho menos el más oscuro, porque felizmente esta situación no pone en riesgo ni el sistema democrático que los uruguayos sabemos defender, ni la vigencia de las instituciones, pero sí genera una situación agridulce, que nos deja a todos con una mala espina por lo que pasó, ya que es algo que no importa como se maquille, no deja de ser negativo y adverso para un gobierno que se consolidaba en su tercer mandato por su solvencia y solidez en el manejo de la cosa pública y los asuntos de la Nación.
Hoy el país todo verá cómo esa fórmula que hace casi tres años obtuvo un apoyo masivo de más de 1 millón de uruguayos, se desvanece y hace que uno de los protagonistas se vaya por la puerta de atrás, acusado por sus propios compañeros de haber obrado mal y de tener una valoración ética distinta a la que pregona la fuerza política.
Pero igualmente todo el caso Sendic no deja de ser muy confuso. Primero fue acusado de haber generado el peor déficit en la historia de Ancap, dejando cientos de millones de dólares de deuda, lo que fue defendido por él y su entorno a capa y espada, diciendo que esas pérdidas vienen a cuenta de inversiones que eran necesarias para la recuperación de esa empresa estatal, pese que muchos integrantes del mismo gobierno decían lo contrario y por lo bajo lo condenaban incluso ante la prensa, sin decirle nada. Luego vino lo del título, una investigación periodística del diario El Observador determinó que el título que decía ostentar realmente no existía, algo que fue corroborado una y otra vez pese a que el propio Sendic dio vuelta con esto en vez de dar la cara y decir la verdad al respecto.
Y al final otro informe periodístico esta vez del Semanario Búsqueda (lo que quiere decir que ejercer el buen periodismo en este país es posible y que las libertades en torno al mismo gozan de buena salud), pone al descubierto una serie de gastos incurridos por él cuando era presidente de Ancap usando una tarjeta de débito con un altísimo monto que le había confiado el ente en el caso de que necesitara usarla por temas de trabajo, pero todavía no está claro cuándo la usó para su provecho y cuándo por temas laborales, lo claro es que la usó para sí algunas veces cuando no correspondía.
Luego de usar todos estos elementos para generar un linchamiento mediático contra el vicepresidente, él mismo se planta ante sus compañeros y renuncia antes de que los mismos lo llevaran del brazo hasta la guillotina. Como muestra de valor por un lado porque sabe que ahora debe enfrentar a la justicia sin fuero alguno, y como muestra de arrepentimiento por otro lado por haber incurrido en faltas éticas no solo con los frenteamplistas, sino con todo el pueblo uruguayo que le confió sus bienes.
Sendic fue la cabeza de turco de un gobierno que lo puso en primera fila, lo bajó de un hondazo poco después y terminó apaleandolo en el piso, como si fuera un delincuente y como si ese tipo de conductas en las que presuntamente incurrió Sendic, no las hubiera cometido ningún otro gobierno ni figura política, tanto de su partido como de los otros partidos tradicionales que hoy lo matan pero que cuando gobernaron ni siquiera votaban una ley de transparencia ni de información pública para que nosotros sepamos qué hacían con el dinero de nuestros impuestos. Lo de Sendic no fue buena cosa, pero debe servir para analizar lo que pasó y para que nunca más nadie, vuelva a hacer lo mismo. Y no para otra cosa. Que todos los políticos tomen nota y saquen algo en limpio de este tema que tiene su punto final, justo, un 11 de setiembre.

HUGO LEMOS

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El problema es dejar que pase

El lugar de ingreso dejó de ser aquel pasillo insípido para pasar a ser un lugar más amplio, espacioso y con un camino largo que es casi como la esperanza que tienen muchas de las que ya llevan allí, un buen tiempo. Así como también, es similar a la incertidumbre que tienen otras a la hora de entrar al lugar y luego de haber estado horas en un juzgado siendo tratadas como las responsables de todos los males que tiene la sociedad. pobreza
Y el problema persiste. Porque el problema ya deja de ser el futuro que le espera a una mujer luego de caer presa por haber cometido un delito. Sino que el problema para ella, para ellos y para la sociedad en su conjunto pasan a ser los hijos, por eso es que el problema persiste. Porque se trata por lo general de niños chicos, que no tienen con quién quedarse, aunque antes tampoco estaban mucho mejor, porque por lo general no tenían la contención adecuada.
Ella seguramente llegó hasta ese lugar después de haberse visto arrinconada, acorralada por la realidad y cansada, hastiada, porque no todos pensamos de la misma manera, entonces fue cuando se dedicó a vender drogas. Quizás otra persona ante el problema de vérselas sola, se para en sus trece, friega pisos y lava baños sin parar por las monedas que le paguen, con ganas de superarse y mejorar de cualquier manera, pero esa cabeza no la tiene toda la gente. Hay algunas que no piensan así, no son mejores ni peores que el resto, solo son diferentes.
Entonces deciden ponerse a vender lo que un imbécil del barrio, que se cree el dueño del lugar, que maneja el negocio con los narcos y los chorros, que es el que habla con la policía y el que les pasa la información que ellos necesitan para hacer lo necesario de su trabajo, compra que a él no lo toquen y le pone encima su mercancía a mujeres vulnerables, que precisan comer todos los días como cualquier ser humano y que además tienen hijos chicos, esos por lo que el Mides le da una tarjeta con la que puede hacerse un pequeño, ni siquiera mediano a los precios de hoy, surtido, en un supermercado que le venda mercadería de tercera, porque la misma es mas barata y entra más en el carro, disimulando que es poco.
De esa mujer nadie se hizo cargo nunca, solamente queda la piltrafa que está de tranza donde todos saben. La Policía también, solo que espera que ella se complique aún más porque su pista es fácil y así cuando la manden al juzgado es seguro que el juez la cocina por pobre, débil, indefensa y vendedora de drogas, lo que la hace una delincuente y ahora deberá pagar su deuda con la sociedad en un lugar donde la rehabilitación es solamente un precepto legal.
Pero como decía antes el problema sigue siendo la criatura.
Nadie se hace cargo de la misma. El Estado hizo una ley que está hecha para la madre que cae presa, pero no para atender las necesidades del niño. Por eso permiten que un infante en vez de crecer en alguna casa de familia o institución donde aprenda valores, principios y educación mientras la madre se encuentra en ese “centro de rehabilitación”, la ley prevé que el niño vaya ala cárcel con su madre y conviva con los mismos códigos que esta, aprendiendo ya de pequeño cómo funcionan las cosas en lugares como ese.
Ese tipo de cosas son las que producen que luego crezcan adolescentes violentos, sin guías, sin tutores que les hayan enseñado a pensar, a querer desarrollarse por sí mismos, sin ofrecerles la contención necesaria, porque el sistema no les permite crecer de otra manera. Los manda con su madre que está presa, porque hizo algo que no era debido, pero que en definitiva era lo único que le permitía poner el pan en la mesa, y allí deben crecer, conviviendo con otra gente que muchas veces no es ni cerca lo mejor para ellos.
Este tema ya lo he mencionado muchas veces. Lo he pintado de distintos colores, lo he adjetivado de diferentes formas y sin embargo, lamentablemente debo volver sobre él porque las cosas no cambian. En el Uruguay de hoy pueden cambiar muchas cosas, pueden modificarse leyes que inventan una nueva forma de vida para los que vivimos en esta tierra, puede haber leyes que reformen el sistema de salud y nos hagan ir como ovejas de a miles a una sala de emergencia para que nos atiendan recién al otro día, pero no hay una ley que destine fondos para la creación de un centro educativo para niños cuyas madres están presas por distintos motivos, para atenderlos, contenerlos y forjar otro tipo de ciudadanos, que ayuden a fortalecer al país del mañana.
Vivimos en Uruguay donde la brecha social es cada vez más preocupante, donde la fragmentación a la que asistimos crece y se agiganta. Donde el desempleo por falta de inversión y reglas claras para los inversores, se lleva consigo cada vez más gente a no tener un lugar para trabajar y un país que está caro, muy caro para el bolsillo del trabajador. Ese tipo de problemas son la base de todos los demás problemas. Pero el principal es que nadie los atiende.
Por eso seguimos teniendo mujeres que pagan por esto y terminan entre rejas, y niños que yéndose con ellas se vuelven luego adolescentes que muchas veces erran el camino y se vuelven un problema acuciante para el país.
Uruguay tendrá tarde o temprano que atender esta dramática situación de las cárceles en general y la de los niños que están con sus madres en prisión en particular. Porque en ello nos va la vida, quizás no lo veamos ahora, como ellas que cuando aceptaron vender drogas para vivir no vieron entonces el problema, pero dentro de muy poco tiempo veremos como la sociedad nos pasa factura, y nosotros no podemos quedarnos quietos, esperando que así sea.

HUGO LEMOS

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Una responsabilidad que paga poco

La Universidad de la República es la casa de estudios más importante que tiene el país por su influencia, magnitud y alcance, no quedan dudas. Pero es además un centro de referencia en el manejo de la cosa pública en algunos aspectos. En otros, como en todos los casos, no lo es, claro está, debido a que en todos los órdenes de la vida y también en estos casos lo que pesa a la hora de actuar son las limitaciones humanas y en esa casa de estudios vaya si hay hombres limitados, que han llegado hasta allí como un premio consuelo, luego que han perdido elecciones y deben ocupar algún cargo. COLUMNA
Después claro está, los disfrazan como concursos. “Yo dI concurso para estar acá”, te dicen como atajándose cuando uno les pregunta cómo fueron a parar allí algunos fenómenos que ocupan cargos en la OPP, en el Mides y en la propia Universidad estatal. Esa de la que era un honor integrar sus cuadros del cogobierno, pero que ahora, con todo esto, demuestran que a veces pueden llegar a ser una agencia de colocaciones.
Sin embargo, hay una reserva moral que aún queda en ese lugar y es el caso de algunas de sus autoridades, las cuales deben hacer que todos los habitantes del país tengan la posibilidad de acceder a la educación terciaria.
Esa educación ha pasado a ser en los últimos tiempos un desafío importante para los jóvenes de recursos medios, con aspiraciones de superación personal, donde estudiar una carrera, especializarse en una profesión y poder brindar un servicio importante a la sociedad, que a su vez le reditúe económicamente para generar una movilidad social ascendente, es parte del corolario de todo este asunto.
Pero el otro día conversando con un destacadísimo investigador y científico que ha logrado captar la casa de estudios a través del sistema nacional de investigación, que apuntaba a subsidiar a científicos uruguayos de primer nivel para que vuelvan a casa y apliquen sus conocimientos en el paisito, porque estos ya habían emigrado y se estaban destacando en el extranjero, me comentaba que su visión sobre la Universidad de la República y el apoyo irrestricto que alguna vez comenzaron a tener del gobierno, ha cambiado sustancialmente, al punto que ha generado flancos importantes que determinan una serie de problemas para la casa de estudios y sus programas de investigación, algo que finalmente la Universidad estatal había empezado a tener con propiedad en los últimos años, luego que solamente la investigación figurara más como uno de sus principales cometidos por la Ley Orgánica del 58, que una aplicación seria y constante.
Es que tanto para este gobierno (y con ello me refiero al del Frente Amplio), como para los anteriores a este, cuando los números en general asustan y hay que cerrar la canilla del Estado, el primer lugar donde poner coto, es en la educación pública. Y en este caso, la Universidad ha sido siempre la hija de todos los recortes.
Cuando en el año 2002, la crisis económica golpeaba con dureza al país y hubo que manotear lo poco que le quedaba en caja al Estado, el presidente de la época, Jorge Batlle (hoy fallecido y a quien lejos de criticar, lo que hacemos es dar una lectura de una realidad puntual), se vio en el brete de tener que subsidiar al sistema financiero para que el sistema económico uruguayo no cayera en default y el problema fuera aún peor (a nivel macro, porque en las economías domésticas la situación ya era insostenible) y meterle mano para eso al magro presupuesto de la educación y en este caso de la Universidad de la República, o de lo contrario debían dejar que cayeran los bancos y mantenerle a la casa de estudios terciarios los dos pesos que le daban en ese momento para su funcionamiento.
Entonces Batlle y compañía optaron por subsidiar al sistema financiero, entre ellos a los desaparecidos Banco de Crédito y La Caja Obrera, y recortarle el 30 por ciento del ya precario presupuesto que tenía la Universidad de la República. Me acuerdo bien de la tétrica situación ya que en ese entonces integraba la Asamblea del Claustro en Regional Norte y en la Facultad de Derecho y el secretariado ejecutivo del Centro Estudiantes de Derecho y el entonces director, Julio Irigoyen, después de una reunión a puertas cerradas tomó la decisión de entregarle la llave de la Regional Norte a quien era el rector de ese momento, Rafael Guarga, porque para empezar a funcionar nuestra sede local de la universidad estatal, arrancaba cada día con menos diez pesos en caja y así era imposible que cualquier cosa funcione.
Pero los tiempos cambiaron, hubo una evolución sustantiva que tuvo a directores, decanos y rectores de parabienes, porque el período en el que Rodrigo Arocena fue rector y Alejandro Noboa director en Salto, fue quizás el más próspero económicamente para la Universidad.
Si así habrá sido, que para que no se perdiera un fondo ya asignado, Arocena gastó 200 mil dólares en sillas para renovar las del Paraninfo en la sede central en Montevideo, ¿se acuerdan? Y la Regional Norte tuvo un crecimiento exponencial, lo que quiere decir que Noboa, no sé como será administrando, pero tuvo la suerte de que le llenaron la caja y posibilidades de hacer las tenía. Quizás el mayor mérito, fue haber hecho y adquirido, y no dejar pasar la oportunidad quedándose con la plata en la caja fuerte de la Regional Norte.
Todo esto, para decir que mientras el rector de la Universidad de la República actualmente maneja un presupuesto quinquenal de 420 millones de dólares, era tres veces menos hace 15 años y el señor Roberto Markarián, otrora opositor a la descentralización universitaria, lo sabe bien, mientras por sus manos pasa ese volumen de dinero, él gana apenas (y reafirmo el apenas) un tercio de lo que recibe un senador de la República o la mitad de lo que recibe un diputado, que no tienen ni por asomo la responsabilidad de manejar un monstruo burocrático, problemático y ensordecedor como lo es la institución Universidad de la República en su conjunto.
Sería buena cosa que para dar una muestra de republicanismo, quienes alguna vez defendieron a la educación pública desgarrándose la camiseta y dijeron que la Universidad debía ser la casa del pueblo, que su conocimiento debía ser irradiado por todos los rincones de la patria y que sus aulas debían llenarse de saberes para defender los intereses de la gente, propusieran que un senador o un diputado ganaran la mitad de lo que percibe un rector y que la Universidad de la República manejara más presupuesto que el Poder Legislativo en su conjunto.
De esa forma, podríamos estar seguros que la prioridad de una vez por todas para un gobierno será la educación, la investigación y la extensión (esto es brindar servicios volcando el conocimiento a la gente), como siempre se han jactado muchos y no el tener que subsidiar empresas públicas fundidas o gastar en políticas que no dan resultados, manteniendo estructuras que solamente generan clientelismo a la vieja usanza.
Hay que repensar qué país queremos y para ello, también debemos pensar que la Universidad pública es un actor fundamental para poder terminar con el país de la desidia y darle lugar al país de la inclusión, ese que muchos soñaron pero que ahora se quedaron con ese recuerdo bajo la almohada.

HUGO LEMOS

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Tan simple como el abecedario

El cartelito estaba colgado a un costado de la ventanilla de la farmacia del Hospital, uno de los servicios más concurridos del principal centro asistencial que tiene el departamento con más de 73 mil usuarios. Estaba impreso en una hoja tipo A 4 de color blanca de las de oficina, con letras en mayúscula. Se trataba del abecedario, algo que llamó la atención de algunos de los que ocasionalmente allí nos encontrábamos, por motivos muy distintos a una atención médica. educacion
No tengo el privilegio por el momento, por una cuestión de elección temprana pero no irrevertible, de ser usuario de ASSE, sin embargo, mis tareas cotidianas me llevaron hasta allí. El lugar estaba colmado, la gente hacía fila y los funcionarios no paraban de entregar los medicamentos. Además andaban las autoridades cerca lo que al parecer generaba que había que cumplir la tarea con mayor rigor. Pero ese cartelito me llamaba la atención y me hacía picar mucho la curiosidad, al punto que decidí que tenía que saber porqué estaba eso ahí.
¿Por qué en la ventanilla de la farmacia de un hospital tenía que haber un abecedario colgado? El hecho me hizo acordar a los salones de clase de mi querida escuela de la calle Bilbao, donde al final del aula, en lo alto, estaba colgado el abecedario con sus letras mayúsculas y las minúsculas al lado, para que las mismas fueran identificadas y nosotros aprendamos sin tener dudas.
Entonces pregunté. Una funcionaria que andaba en el lugar en ese momento me respondió y ahí casi caigo como en aquellas viñetas del célebre personaje chileno, Condorito, y hago ¡Plop! La mujer me dijo con algo de resignación: “es para que los usuarios no se confundan, porque como muchísimos de ellos no saben el abecedario, como el llamado en la farmacia es un número con una letra, siempre venían a consultar qué letra era la que seguía después de la que tenían en su papel. Entonces para facilitarles la cosa, los funcionarios decidieron colgar un abecedario, así la gente mira su número y si la letra no le coincide ya sabe cuál es la que viene después”.
Ante mi incredulidad y mi espanto confeso, la mujer me miró muy seria y me reafirmó: “mire que hasta estudiantes de liceo con sus respectivos uniformes, que vienen a sacar medicamentos para ellos o para sus familiares, nos hacen la misma pregunta que un anciano o un trabajador rural, sobre qué letra sigue después de la que figura en el número que tienen en la mano”.
La respuesta fue mucho peor de lo que pensaba. Se me cayó el alma a los pies y enseguida se me vinieron mil cosas a la cabeza. A mi de chico siempre me habían enseñado que Uruguay era ejemplo en todo el continente por el nivel de alfabetización que tenía en la población. Se hablaba de hasta un 99% de personas con conocimientos básicos de lectura y escritura, lo que te da la pauta que al menos el 90% de la gente sabe el alfabeto de la A a la Z. Quizás no una multiplicación con quebrados, ni los elementos de la tabla periódica, tampoco hacer dibujos en proyecciones, o las leyes básicas de la astronomía, pero sí leer, escribir, y el abecedario o alfabeto.
Pero los tiempos han cambiado mucho. Yo hablo de lo que aprendí en los años 80, cuando el país salía de una dictadura y se suponía que los tiempos que venían eran mejores, donde la calidad de la educación iba a ser mucho mejor porque habría una educación sin restricciones, más democratizadora y con un alcance muy superior a todos los niveles. Los docentes así lo reclamaban cuando a mediados de los años 90 se opusieron a una reforma educativa impulsada por el polémico entonces presidente del Codicen, Germán Rama, diciendo que si prosperaba la misma, los niveles educativos caerían estrepitosamente. Entonces los gremios docentes y los estudiantes de la época vociferaban que el país precisaba mejorar el modelo educativo en calidad y contenido.
Y así pasaron los años, pero se ve que las situaciones que vivió el país, con la crisis económica y social mediante, los tremendos problemas estructurales que esto generó como el crecimiento de la pobreza y de los niveles de inseguridad, con el rompimiento del entramado social y la escalada de pérdida de valores, determinaron que la calidad de la enseñanza en los centros de estudios de nivel público se deteriorara.
Y uno se preguntará ¿porqué pagan los liceos públicos con el desinterés de los docentes y no tanto los liceos privados? La misma pregunta me hice durante mucho tiempo hasta que creo que algo descubrí. El docente concurre al liceo público y allí cree que puede exigir que primero le paguen el sueldo, le den el beneficio de hacer carrera, de estar en el escalafón docente, de poder tener trabajo siempre y de hacer un paro cuando quiere. Pero en el sector privado, las cosas son distintas porque existe la movilidad y de un plumazo. Allí, donde seguramente el docente hasta gana menos que en el liceo público, corre para llegar en hora, da todo el programa y se cuida de no faltar porque si no, lo sacan de un tiro y ponen a otro en su lugar, y se pierden ese plus del que no viven, pero sumado al sueldo público, cómo ayuda.
Entonces le dan más prioridad al ingreso secundario que al principal, porque este es seguro y siempre hay una excusa para decirle que ‘hoy no puede ir’. Algo que se comprueba con solo ir cada día a una adscripción pública y a otra privada el mismo día y preguntar quién fue a trabajar y quién no. No digo que sea en todos los casos, ni siquiera en la mayoría, pero es un mal de muchos y eso el propio gremio lo sabe.
Y yo también lo sé. En primer lugar, porque soy hijo de la educación pública, hice escuela pública, liceo público y universidad pública. En segundo lugar, porque viví todas las épocas de la enseñanza, ya que mi madre fue profesora de Secundaria durante 40 años de manera ininterrumpida, entonces veo y he visto cómo se gestaban los cambios en los niveles educativos desde adentro y cuáles eran los usos y costumbres que contribuyeron a la debacle educativa.
Todo esto hasta que ganó el Frente Amplio, porque la entelequia de que los problemas se terminarían para siempre, porque ahora sí, los que tanto habían criticado al sistema y sabían cómo hacerlo, llegaron por fin al poder y entonces iban a poner en práctica todo lo que sabían.
Primero fue el debate educativo a través de comisiones organizadoras territoriales las cuales integré y puedo decir con propiedad que solamente terminaron siendo una ensalada desabrida de cosas que nada tenían que ver con la calidad y el contenido del sistema de enseñanza que el Uruguay merecía. Tanto así, que el gobierno terminó votando una ley de educación que era antagónica a la que surgió como conclusión de todos esos debates y se lo hizo como respuesta al menjunje de cosas que pusieron en la mesa en vez de hacer lo que tenían que hacer.
Después vino la era Mujica, donde los gremios docentes se fortalecieron aún más al punto que formaron parte de la toma de decisiones de la educación, y hubo marchas y contramarchas en todas las cosas, de manera igual o peor a las que había antes que la izquierda gobernara. Y tras esto, volvió casi espantado por todo lo que estaba pasando, Tabaré Vázquez y su célebre discurso “voy a cambiar el ADN de la educación”, que le duró hasta que nombró a una mujer como María Julia Muñoz, que lo único que ha hecho es pelearse con los sindicatos de la educación, con los gremios de estudiantes, con los mandos medios y echar a dos figuras claves que podían dar una mano para acercarse al plan de Vázquez sobre el ADN, como eran Juan Pedro Mir y Fernando Filgueiras.
Hoy lo escuchamos a Wilson Neto hablar de la universalización de la educación, de lo hermoso y asombroso que es ver cómo la educación pública llega a todos los barrios de Montevideo, a todas las ciudades del interior, a todos los pueblos del interior profundo, pero no dice nada de qué calidad de educación es la que le está haciendo llegar a la gente, de qué tipo de aprendizaje es el que le da a los niños y adolescentes que cuentan con un sistema que apunta a una cada vez más acentuada fragmentación social, que coincidiendo con lo que dijo en Salto el director de Ceres, Ernesto Talvi, es acaso el mayor de los problemas que tenemos como sociedad y del que poco hablamos.
La fragmentación es algo tangible, tanto como el desastre educativo que se plasma en que haya gente que no tenga oportunidad de educarse, al punto que solamente concurre a un liceo pero no sabe las letras del abecedario y culpa de eso puede llegar a perder algo tan importante y necesario como un medicamento para poder seguir viviendo. Mal, pero viviendo al fin.

HUGO LEMOS

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Un recuerdo hemipléjico

La primera vez que escuché hablar de Líber Arce fue un 14 de agosto de 1999. Estaba sentado en los antiguos salones 6 y 7 del exedificio de la Regional Norte, donde ahora funciona la Universidad Católica. Era el subsuelo que se dividía por una antigua mampara de madera donde se formaban dos amplios salones de clases. Pero allí también se hacían las famosas peñas universitarias que los alumnos de las distintas facultades organizábamos con mucho entusiasmo.
Me acuerdo que ese año la Facultad de Química había empezado los cursos del primer año en Salto y los estudiantes de esa carrera hacían el Quimilombo, que eran unos bailes fantásticos a los que acudíamos todos porque siempre nos divertíamos y además servían para terminar de confraternizar porque nos terminábamos de conocer todos ese lugar, en el que prácticamente todos éramos estudiantes pero también se colaban los docentes y los funcionarios más jóvenes de la Regional con quienes todos pasábamos a ser uno solo, acodados en la cantina. liberarce
Sin embargo, ese lugar también se prestaba para la realización de actos y reuniones más importantes en la universidad estatal, en momento que yo cursaba el primer año de la carrera de abogacía.
Por eso el primer 14 de agosto que recuerdo en el que se habló de la muerte de tres estudiantes universitarios durante una manifestación en el año 1968, a manos de la represión del gobierno pachequista de la época como lo fueron Susana Pintos, Hugo de los Santos y el emblemático hasta por su propio nombre que parece sacado de una novela de cuentos, Líber Arce, estábamos todos sentados allí, escuchando la historia narrada por los oradores.
Entre ellos se encontraba el entonces director de la casa de estudios, el Dr. Julio Irigoyen, un universitario de ley que se la jugó siempre por la sede local de la universidad hasta en los tiempos más duros como los del año 2002, cuando muchos perdieron todo y nosotros los estudiantes, un año entero a causa de que el gobierno de la época no le daba dinero a la Universidad para que esta funcionara, porque había cosas más importantes para ellos como salvar a los bancos que al final se los tragaría la mismísima crisis.
Julio Irigoyen había estado en esa manifestación del año 68, él era estudiante de Veterinaria y vivió como pocos ese cruento episodio de la vida del país que junto a una oleada revolucionaria de la época en varios países del mundo, apoyados a su vez por Jean Paul Sartre y el Mayo Francés en París, pero principalmente por la oleada de los países del continente que se vieron entusiasmados por la entonces prometedora Revolución Cubana que a la postre se convirtió en una dictadura más y que hasta ahora sobrevive suprimiendo las libertades individuales de su propio pueblo y les prohíbe hasta oponerse al régimen bajo pena de cárcel, era lo que se vivía por esos años.
Actualmente se ha perdido un poco el sentido de todo esto. Un poco porque han pasado los años y además de aquella triste historia del 14 de agosto del 68, han pasado muchas cosas más que también nos han salpicado y nos lastiman a quienes creemos en la libertad en todas sus formas, en la vigencia derechos humanos y en el sistema democrático en su máxima expresión que no es otro que el que alienta la pluralidad de partidos políticos, porque eso garantiza el respeto a la diversidad de ideas y de corrientes de opinión.
Empero, los grupos que hoy recuerdan a Líber Arce y plantean marchas y actos en su memoria, se olvidan de los cientos de muertos que han dejado las dictaduras del continente por este mismo tema. Desde la chilena de Pinochet hasta la cubana de los hermanos Castro, que son exactamente la misma cosa. Donde se prohíbe la libertad y se ejecuta o encarcela a los opositores.
Lastimosamente, muchos de los que hoy dicen defender el ideal que dejaron los llamados Mártires Estudiantiles como lo fueron Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos, se llaman a silencio cada vez que en Venezuela las fuerzas del gobierno del déspota de Nicolás Maduro asesinan impunemente a un estudiante que sale a la calle a exigir libertad y que el gobierno represor de ahora, se vaya y convoque a elecciones.
Esos mismos estudiantes, donde muchos de ellos son militantes de distintos grupos de izquierda, mantienen una hemiplejia supina en estos casos, porque cuando nosotros salíamos a la calle a gritar libertad, lo hacíamos contra un gobierno que entendíamos que estaba horadando nuestro derecho a estudiar, pero no le mirábamos el pelo sino la acción. Sin embargo, estas personas, que muchos de ellos se autodenominan Movimiento Estudiantil, pero que no representan ni por asomo a la mayoría de los estudiantes de los distintos centros de enseñanza, evocan a Líber Arce pero defienden gobiernos autoritarios como los que dieron muerte a su homenajeado, en este caso, le rinden pleitesía a Maduro y se olvidan de los miles y miles de venezolanos que salen a la calle a pedir libertad y democracia.
Asimismo, la propia Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), a la cual pertenecí en su momento con mucho orgullo, mantiene en su acción un doble discurso que asusta, al defender la represión y muerte contra los venezolanos, acusando a las propias víctimas de ser culpables de su muerte por salir a manifestarse y no hacer como en la reprimida Cuba, donde la gente no puede hablar en público en contra del régimen ni mucho menos salir en grupos a la calle para cuestionar a sus gobernantes.
Este tipo de manifestaciones de apoyo a gobiernos autoritarios y represores como los de Cuba y Venezuela, que realizan los grupos estudiantiles como algunos gremios y nada más y nada menos que la FEUU, en vez de hacer que los estudiantes de ahora le rindan tributo a los Mártires Estudiantiles asesinados por el gobierno de Pacheco Areco en el 68, solamente justifique al gobierno que los reprimió porque, según su pueril razonamiento, esos estudiantes no tenían nada que salir a manifestarse ni a cuestionar el régimen de entonces, que llegó a gobernar con Medidas Prontas de Seguridad y que impuso un candidato a dedo para fraguar una elección como fue el extinto Juan María Bordaberry, que al igual que Maduro fue electo por el voto popular y terminó dando un golpe de Estado al suprimir el parlamento.
Hoy recuerdo a los Mártires Estudiantiles desde el dolor de saber que en un país hermano como Venezuela, que en su momento le abrió las puertas a cientos de compatriotas exiliados por la dictadura uruguaya, y que no dijo ‘que los uruguayos solucionen sus problemas entre ellos y nosotros no nos metemos en eso'; como sí lo dicen muchos en nuestro país y que lo único que quieren es tapar el sol con el dedo para que las izquierdas del continente no se vean salpicadas con el autoritarismo de Maduro, donde las cosas están mal, patas para arriba.
Pero lamentablemente en el mundo del revés, hoy muchos recordarán a los estudiantes caídos por defender la libertad y la democracia hace casi 50 años, y a su vez justificarán la represión de otros tantos que también salen a la calle a hacer lo mismo, pero en nuestros días y por acá cerca.

HUGO LEMOS

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Me da mucha vergüenza

La situación de Venezuela es dramática. El pueblo pide a gritos libertad y democracia, dos elementos indispensables para la vida en paz y en sociedad, que son sustanciales para los pueblos y que nosotros afortunadamente conocemos desde hace más de 30 años en forma ininterrumpida, pero hay una casta de poder que se oculta detrás del poder, al que accedieron por el voto popular, pero al que ahora no escuchan y no solo le dan la espalda, sino que a su vez lo reprimen con una feroz violencia, con ataques a la libertad, con cárcel para los opositores y con censura para los periodistas y para todos aquellos ciudadanos que quieran manifestarse libremente en contra del autoritarismo del que están siendo objeto por parte del señor Maduro.venezuela
Ayer, el temor del régimen se hizo sentir cuando pese a que más de 7 millones de venezolanos le dijeran que no querían que se consumara la elección de una Asamblea Constituyente que buscar revocar el poder dado por el pueblo a la Asamblea Nacional de Venezuela (el parlamento de ese país), llevaron a cabo de la misma manera el acto eleccionario del cual participaron únicamente como candidatos miembros del oficialismo, es decir, operadores políticos del régimen de Maduro, con el fin de constituir un órgano que respalde las acciones de gobierno.
Es decir, imponen a la fuerza un órgano legislativo para avalar los atropellos contra el pueblo venezolano en un claro acto de autoritarismo y avasallamiento a la libertad y a los derechos de su población. Si es no es una dictadura díganme entonces qué es, cómo puede denominarse una situación de esa naturaleza.
Cuando en Uruguay, el dictador Juan María Bordaberry (porque todo el que se precie de demócrata no puede llamar de otra forma a una persona que si bien fue elegido en elecciones, al igual que lo fue Maduro, dio un golpe de Estado con la milicia), disolvió el parlamento la institucionalidad se vino abajo y la democracia se cayó. Nadie niega que eso haya pasado y que desde entonces comenzó a tejerse la oscura historia de nuestro país. Una dictadura que estuvo por 12 años de manera ilegítima en el poder, por más que quien la encabezó en sus primeros dos años, era el mismísimo presidente que había sido elegido democráticamente (más allá de que algunos sobrevivientes de la época hablan de que entonces hubo fraude).
Hoy en día todos condenamos eso. Los que vivieron esa época y los que no la vivimos. Sobre todo nosotros, que sin ser parte interesada en el asunto, porque tuvimos la suerte de nacer en el mejor de los casos en el ocaso del régimen, y como no estábamos ni de un lado ni del otro por no haber conocido ese momento de la historia, libremente elegimos condenar ese golpe contra la democracia cuando los libros de historia nos lo contaron.
También he escuchado que muchos uruguayos que se precian de izquierda, que aducen haber sido víctimas de ese régimen militar y que hoy se llenan la boca con libertad, con la misma que dicen que en su momento les fue mutilada por la dictadura, defienden en un acto paradójico y contradictorio, la dictadura cubana que tiene a la dinastía Castro en el poder desde hace 58 años, cuando el pueblo de ese país pide a gritos la salida del régimen y quiere elecciones libres.
Pero lo más triste es que ahora está pasando exactamente lo mismo con Venezuela. Los mismos detractores de la dictadura y declarados prácticamente como feroces enemigos, no dicen una sola palabra sobre lo que está pasando con el régimen de Nicolás Maduro. El mismo personaje que fue elegido en el 2013 por un muy escaso margen, tras la muerte del inventor de ese sistema de permanencia en el poder por 6 años con reelección indefinida el recordado Hugo Chávez, y que ahora, cuatro años después de un gobierno en el que no se necesita vivir allá para saberlo en carne propia sino que basta con creerle a los centenares de miles de ciudadanos de ese país que denuncian una crisis humanitaria insostenible, no se quiere ir del poder por el enanismo mental que lo caracteriza, el despotismo que lo pinta de cuerpo entero y el egocentrismo de querer decir que es el director de esa orquesta y que no va a ceder ante los opositores, por más que estos, sean prácticamente el 80 por ciento del pueblo que gobierna.
Los defensores de este tipo de cosas, son tan hemipléjicos, que fustigan por un lado las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, pero aplauden la cubana y esta de Maduro, acusando al resto de los países de conspirar contra la izquierda, un razonamiento tan minúsculo como inentendible.
Lo que más duele, es que el gobierno uruguayo al que elegimos miles de nosotros, que es ejemplo para el mundo de democracia y respeto a las más caras libertades posicionándose para organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras como uno de los países donde existe un ejercicio pleno de la libertad de prensa, así como de respeto a la institucionalidad, no condene los atentados del régimen de Venezuela a la democracia y la represión a la libertad de su pueblo.
Como ciudadanos que crecimos con valores democráticos, queremos que el gobierno uruguayo actúe condenando esta situación y le garantice al país que en nuestro suelo, no vamos a tolerar este tipo de situaciones, que vamos a respetar el sentir de los pueblos y que ese país, que últimamente había sido muy cercano al Uruguay conocerá la enérgica condena del país en base al sentir de la inmensa mayoría de su pueblo, al golpe institucional que está ejerciendo el régimen venezolano, a la represión de los miles de ciudadanos de ese país que de manera valiente defienden su libertad en las calles, y que exige un cese a la represión que cada día causa más muertos y heridos.
Sin embargo, en este caso estamos escuchando el famoso PPS al que hizo alusión el presidente Tabaré Vázquez, (Profundo y Prolongado Silencio), algo que en lo personal luego que durante mucho tiempo marché para recordar a Liber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos estudiantes muertos por la represión pachequista en el 68, que ahora mueran personas en las calles de Venezuela como moscas y que en este caso miremos para el costado, me da mucha vergüenza.

Hugo Lemos

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Las contradicciones obligatorias

La denominada ley de “inclusión financiera” Nº19.210, que es una de las banderas más importantes de los gobiernos del Frente Amplio y que imprimen su sello con la misma para la posteridad, se plantea como una reforma vanguardista que apunta a modernizar al país en las transacciones electrónicas y a su vez, establece un cambio de cultura en la población al universalizar el acceso al uso de tarjetas, buscando eliminar el manejo de dinero en efectivo y con ello presentando un nuevo escenario, el ingreso al mundo moderno.
Todavía recuerdo la última clase a la que asistí del curso Economía para Periodistas. El mismo se dictó en la sede central en Montevideo de la Universidad Católica en el año 2011, duró dos meses, donde todos los especialistas que impartían las clases esos fríos sábados de mañana, nos decían que el país iría dejando atrás paulatinamente el uso de dinero en papel y monedas, porque era algo que ya en el primer mundo y en los países emergentes estaba dejando de utilizarse. Rehenes
Primero por una cuestión de seguridad, porque era mucho más seguro tener una tarjeta para cobrar que andar con toda la plata encima. O tener que andar con la misma a la hora de pagar cuentas. Y segundo, porque el papel físicamente está dejando de usarse en todos los aspectos y en ello está el debate por otro lado, hasta del futuro de las publicaciones en papel, porque todo viene de la mano con un mundo moderno, que recicla, empieza a cuidar el medio ambiente y facilita todas las operaciones diarias de cualquier tipo, desde el pago de cuentas hasta la reserva de número para el médico, de manera electrónica.
A lo que iba con ese curso que les mencioné, fue que la última clase la tuve con el entonces ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo, a la postre procesado sin prisión por el caso de Pluna, responsabilizado de cometer el delito de abuso de funciones, al haber hecho una llamada telefónica al entonces presidente del Banco República y junto a él procesado primero, pero absuelto en segunda instancia por un Tribunal de Apelaciones, Fernando Calloia, para que le otorgara un aval de 13,6 millones de dólares a un sujeto que iba con una recomendación de un empresario clave para el gobierno, como era Juan Carlos López Mena, propietario de Buquebus.
Lorenzo, nos dijo que acaba de venir de un viaje oficial como Ministro que lo había llevado por cuatro países de Europa y nos preguntó: “¿saben cuál fue el único país en el que precisé usar dinero en efectivo para comprar algo? Uruguay”, respondió por el mismo advirtiendo entonces que “se iban a venir cambios importantes en materia financiera”.
Lo que nos estaba diciendo el entonces ministro de Economía, era que la ley ya se estaba cocinando por sí sola. El tema en ese momento era discutir cómo implementarla, a quiénes beneficiaría la misma, qué derechos se vulnerarían y cómo hacer para que todos puedan acceder al sistema de bancarización, lo que por otro supongo que habrá planteado una interrogante muy importante para llevar a cabo tal reforma estructural del manejo financiero, la misma ¿sería obligatoria o se daría libertad para los que nos quisieran estar bancarizados?
Siendo Uruguay un país de conservador y fuertemente estatista, empieza a vivir con este sistema la coronación de una serie de leyes que impulsó el Frente Amplio, que promueven reformas que son de un corte estrictamente liberal y para nada socialistas, como las leyes de matrimonio igualitario, la despenalización del aborto o la legalización de la marihuana que ahora es defendida por todos y parece que drogarse está bien porque ya tomamos diazepan en miles y según los defensores del gobierno de todas las edades hasta la cerveza ahora es peor que consumir estupefacientes como la marihuana, pero medidas que en un país como Cuba, la Unión Soviética, China o Korea del Norte todos ellos comunistas y socialistas, no tendrían cabida.
En Rusia y lo era en la Unión Soviética, los homosexuales son castigados por su condición de tales, traficar drogas, venderlas, acopiarlas y hasta meramente consumirlas es penalizado en Cuba o China, y ni que hablar del aborto en todos estos países. Por eso, para coronar una serie de reformas liberales, el gobierno impulsó la parte que le faltaba, la de establecer la obligatoriedad de todos los uruguayos de bancarizarse, a través de la llamada ley de inclusión financiera.
Con esto los bancos están de parabienes. Porque a los que no los tenían antes adentro del sistema, ahora los agarran por todos lados, les pagan los sueldos, pero también les “ofrecen sus servicios”, ya sea préstamos o tarjetas para poder agarrarlos de una forma u otra y hacer que los mismos entren por el aro, pasando a ser clientes obligatorios de la entidad bancaria, les guste o no.
Ante todo esto, también la pregunta surge ¿cuánto ganan los bancos por emitir en nuestro país mas de 2.400.000 tarjetas de débito? Eso según los datos proporcionados por el Banco Central del Uruguay que anunció que ese es el número de plásticos circulando hoy en el país, para los cuales hay menos de 2 mil terminales Pos en todo Uruguay. Otro negocio redondo como champión de elefante para los dueños de la empresa que venden este servicio, los cuales se han vuelto millonarios colocando estas terminales en el país, sobre todo porque son solamente dos las empresas que trabajan en esta área.
Toda reforma implica este tipo de cosas, por un lado que alguien que se beneficie, que gane mucho dinero con la instrumentación de un servicio nacional, universal y obligatorio, y que haya entidades que se enriquezcan. Por otro lado, en una sociedad tan conservadora y rígida como la nuestra, toda reforma siempre trae cola, nunca nos gusta algo y hablamos con nostalgia de lo que pasaba antes, hasta decimos que lo preferimos.
Pero después pasa lo de siempre, nos acostumbramos a vivir así, usando ese servicio y ya ni nos acordamos de cómo era antes porque lo vemos tan lejano a esa antigua forma de hacer las cosas que ya ni siquiera queremos volver atrás. El tema pasa por definir si está bien que detrás de toda esta bancarización, de todo este fabuloso negocio para la banca privada y estatal, para quienes emiten las tarjetas, para sus fabricantes y para las instituciones que ganan con este sistema como la empresa que fabrica la terminales Pos para que pueda pasar la tarjeta, esté el Estado. Eso suena raro.
Un jurista del gobierno, muy equivocado en mi opinión, dijo que la ley de inclusión financiera propendía a favorecer el derecho humano de pertenecer y tener un servicio financiero. A mi me parece una locura porque no hay derecho humano que se corresponda con estar obligado a inscribirse en el sistema para que un banco privado o público te administre tus ingresos según sus cláusulas. Acá hay una clara bancarización obligatoria, de lo contrario el Estado nos dejaría en libertad a los que percibimos un salario al menos del lado privado, de cobrar en un banco y afiliarnos a su contrato de adhesión, o de recibirlo en la caja de la empresa para la que trabajamos tras los descuentos correspondientes que las empresas no pueden sortear, como el Montepío (que mas que un aporte es un impuestazo porque al final de cuentas uno no percibe ese promedio cuando se jubila sino la mitad), el IRPF y el Fonasa que dependiendo cuánto se gana de sueldo, la cuota mutual que paga.
El tema es que es otra reforma liberal en un gobierno que se dice de izquierda, pero que debe poner las barbas en remojo porque está yendo a contrapelo del dogma que dice representar. El problema pasa porque todas esas contradicciones no nos afecten a nosotros, el pueblo, que siempre termina siendo el conejillo de indias de todos los experimentos políticos y sociales que se le ocurren a los de arriba.

HUGO LEMOS

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Una fragmentación social que asusta

Domingo, doce menos diez de la noche. La calle estaba semi a oscuras, algunos autos se encontraban estacionados sobre la acera y el tránsito no era muy fluido a esa hora, salvo por los coches de transporte interdepartamentales que cruzan por la avenida Blandengues. El silencio nocturno se hacía sentir por momentos, lo que generaba relativa paz en el barrio.
Al rato, la locura. Los vecinos golpearon la puerta y dieron el aviso con cierto temor por la reacción de los dueños depobreza casa, de que les habían destrozado dos puertas del auto. A una la forzaron desde el perfil de la ventana del lado del acompañante y a la de atrás, le dieron con una piedra hasta hacer estallar el vidrio. El botín: una sillita de niño ya usada desde hace varios años.
Impávidos, los damnificados no daban crédito a lo que estaban viendo, porque esa importante cantidad de pequeños trozos de vidrio esparcidos por la vereda, no eran otra cosa que el resultado de la furia vandálica de algunos muchachitos que exponiendo sus miserias humanas, causaban un daño para encontrar algo que pudieran vender y seguramente consumir estupefacientes, ingerir alcohol o vaya a saber uno qué otra cosa. Ni siquiera para repartirse lo obtenido por ese triste botín, que vale treinta veces menos que el daño ocasionado, con el motivo de poder alimentarse. Algo que no alivia la bronca, pero al menos se ve con otros ojos.
Entre el murmullo que se daba en la oscura noche por los vecinos, donde la frase ¡qué barbaridad!, pudo escucharse reiteradas veces y hasta al unísono entre los presentes, a quienes los damnificados luego ni siquiera lograron identificar para agradecerles, por la confusión vivida esa noche, donde del descanso de la cama para levantarse temprano al otro día e ir a cumplir con las obligaciones laborales, pasaron en un segundo a ser la parte damnificada de un triste episodio que generaron trámites que llevaron algunas horas y que no los eximieron de la responsabilidad que debían cumplir al día siguiente, pasaron muchos pensamientos por sus cabezas que los llevaron a hacerse un replanteo acerca de muchas de las cosas que en el discurso les pueden sonar bárbaras, pero que cuando ocurren hechos como estos se desvanecen en un segundo.
La pobreza mental a la que estamos asistiendo profundiza una grieta social que muestra cómo la sociedad tal como la concebíamos, se está partiendo en dos. Se fragmenta de una manera importante y determina que por un lado haya asalariados en masa que corren detrás de un sueldo para poder cobrarlo y pagar sus cuentas. Pero de vivir ni hablamos. Para ellos no hay comodidades, darse los gustos, tener vacaciones o poder cumplir sueños que hagan valer la pena las horas y horas que le dedican a una labor que puede llegar a ser la mayor parte del tiempo paupérrima, aburrida, pesada y tediosa, pero da lo mismo, porque al sueldo lo cobran igual y eso genera una mediocridad nauseabunda que se traslada a todos los órdenes de sus vidas. Se llaman los estancados y así viven, durando, hasta el último día.
Pero más abajo que ellos están los que han sido “desdichados”, esos que el sistema los arrojó a la calle y necesita que existan, solventándolos para hacerlos sobrevivir ante un mundo que no ven, ni alcanzan más que por lo que ven en las películas. Ellos deben estar presentes, así los que mandan, los que dan las órdenes y son funcionales al sistema, los pueden usar como comodines cuando quieran.
De allí surgen esa clase de jóvenes que crecen en las calles, sin un hogar que les dé valores, que les transmita alegrías, ni principios, ni códigos de vida o que les enseñe que la riqueza no pasa por el tener mucho o tener poco, sino que pasa por lo que cada uno quiere en la vida, más allá de que sea un asalariado y dependiente de otro, o ni siquiera eso y esté a su suerte. La riqueza pasa por el valor que se le dé a la vida, al cuidar y querer a los hijos, a tener amigos, a perseguir los sueños de cada uno de nosotros hasta el final hasta alcanzarlos. Pero lamentablemente estos últimos no lo entendieron, porque su condición es la de sobrevivir sin querer entender mucho.
Y ahí se transmiten antivalores, como el del todo sirve, el resentimiento de querer sacarle al otro lo que tiene por no haberlo conseguido ellos, o el de menospreciar al resto por su condición de tal.
El daño material sufrido por las personas antes mencionadas va mucho más allá de ver a dos adolescentes, que son consumidores de estupefacientes buscando hacerse de algo a cualquier precio, para seguir drogándose, sino que como todo, tiene una explicación sociológica que es la de vivir en una sociedad que ha institucionalizado la pobreza con determinadas medidas, permitiendo que haya gente que no eduque, que crezca y se desarrolle por la vida sin responsabilidad alguna para con el otro, violando los principios contractualistas con las que se construyeron las sociedades modernas, dejando que entren y salgan del sistema a conveniencia de la burocracia, que no es más que una enorme maraña para confundir a la gente y dejar que siga habiendo algunos que dominan todo y otros que ni siquiera pueden pertenecer, aunque así lo deseen.
Creo que ahí está la raigambre del problema, en el permitir por parte de quienes tienen el poder de decisión, la presencia de antivalores, no creo en la profundización de la represión por sí sola, que es necesaria en ciertos casos, pero, ya que estamos en el tema, si la Guardia Republicana va a venir a Salto para sacarle la moto a los trabajadores y a los funcionarios públicos que se desplazan hasta su lugar de empleo, porque no tienen la libreta o la tienen vencida, en vez de poner puestos de vigilancia en las zonas complicadas de la ciudad y hacer operativos de control en los lugares donde se sabe que la delincuencia anda por la calle como Juan por su casa, ni siquiera queriendo dar un mensaje sobre el control social es que estamos buscando resultados que nos permitan pelear contra los antivalores que son el tema a terminar.
El problema es que la sociedad se sigue fragmentando a pasos agigantados, el control lo tienen unos pocos, el resto estamos indefensos y encima hay una ola creciente de excluidos a los que creemos que los ayudamos dándoles una tarjeta para que compren en lugares de segunda, víveres de tercera. Así, solo seguiremos viendo cómo aumentan los problemas y estaremos a años luz de que los mismos se resuelvan.

Hugo Lemos

 

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