¿Cuál es el pueblo que gobierna?

Julio estaba parado al lado del semáforo. Hablaba con los conductores que tenían la ventanilla baja y les pedía unas monedas, la inmensa mayoría se lo negaba sin decirle nada, él solamente los miraba de costado y bajaba la cabeza como con vergüenza. Y así recorría cada una de las ventanillas bajas del lado del conductor de la fila de coches que esperaba que el semáforo los habilitara para seguir camino.
A pocos metros estaban sus perros, eran dos, pero no les conozco las razas, en realidad porque no sé nada de perros. Solamente que ladran y piden comida. Al mío le doy todas las mañanas y luego dejo que se acerque al gato con el que intercambian rasguños y corridas, son amigos. Deben ser amigos, o por lo menos aprender a convivir en forma columnafotopacífica. Como tendríamos que haberlo hecho los hombres, por más que no lo hagamos. Trato de no escribir párrafos largos pero no me salen, Marisa me lo pidió reiteradas veces, siempre me acuerdo, pero hago lo que puedo.
Sigo. Cuando se me acerca le digo que no tengo nada, quiero ver cómo reacciona, qué hace, qué dice. Pero solo deja de mirarme. Le dio bronca o quizás algo de vergüenza. Él querría caminar con la panza llena y no tener que preocuparse por dónde dormir esta noche, pero no es esa su situación, tiene solamente 14 años de edad y está solo. Lo peor de todo, es que se siente solo y arrinconado. Nadie le pregunta nada. ¿Y el Estado?, ausente. Como siempre, sus técnicos, esos que están diagnosticando los males de la sociedad y andando en coches nuevos que su multiempleo les permite pagar, no se le acercaron nunca. Como a Braian, del que tanto escribimos y hablamos, e insistimos que lo atendieran, pero que ahora está en el cielo, terminó así. Y lo mirará a Julio y sentirá pena por él.
Lo llamo y me acerco, le digo que a juzgar por sus ojos o tuvo una mala noche o no la pasa bien desde hace días. Pero él no sabe a qué me refiero y entre que sonríe y me mira, porque sigue esperando la moneda, no me dice nada y no se anima a estirar la mano. Le pregunto su nombre y su edad. Luego dónde vive. “En la calle”, me responde en forma tajante y austero en sus palabras como para guardarlas antes de decir algo que quizás lo perjudique.
Seguramente yo era la primera persona con la que hablaba cara a cara desde hacía horas. Andaba deambulando y por arriba del hombro miré a sus dos perros que estaban con unos bolsos, a los que si esto fuera una caricatura, le faltaban los parches, por lo descuidado y desarreglados que estaban.
Le pregunté ¿por qué un adolescente de 14 años como él, con nombre y apellido, vivía en la calle? Y su respuesta fue lapidaria: mi madre está presa y yo estoy solo. ¿Cómo seguir hablando con él después de eso? ¿Qué decirle? Yo que sé. Se me vinieron varias preguntas a la cabeza y casi ninguna respuesta. Si le daba comida y dinero ¿le solucionaba algo? Al menos calmaría el hambre que él tenía en ese momento, pero ¿y qué pasaría después?
Lo primero que se me vino a la mente fue: ¿dónde está el Estado protector, que diseñó un sistema tributario al que califica de justo, porque así, con el dinero que nos saca a los que trabajamos le dan asistencia a personas como Julio? Está fallando todo el sistema, porque en un país donde los uruguayos pagamos mucho impuesto, deben asegurarnos a todos que si una madre va presa porque comete un delito, con todo el drama social que ese solo hecho implica para una familia, el Estado debe hacerse cargo de los hijos. Debe atenderlos y procurar que a los mismos no les falte absolutamente nada. Por una razón elemental y es el estricto humanismo.
Y la otra para que no salgan como la madre y el Estado tenga que seguir haciéndose cargo de gente que no le aporta. Pero sobre todo para que darle una oportunidad a quien sí la tiene y es a un adolescente que necesita saber que tiene una vida por delante.
Basta de seguir poniendo excusas y de decir que antes todo era peor. No me importa lo que pasó hace dos décadas y más atrás, me importa lo que le pasa ahora a los gurises como Julio, que son los pobres de este gobierno y no del anterior. Si la madre fue presa, ya no me importa el delito, el sistema, per se, no la va a rehabilitar, ya todos lo sabemos. Pero a Julio no le podemos pedir mucho, es solo un muchacho que está solo y perdido, sin ninguna orientación, sin un plato de comida, ni caliente ni frío. Sin medias limpias y sin ningún calzoncillo. Y lo peor de todo sin un abrazo de alguien que le diga “lo que te pasó, no es tu culpa”. Para que lo sepa y pueda creer en sí mismo.
Escuchando frases que dejó José Mujica en el documental ganador del premio Goya en España, Frágil Equilibrio, el Pepe dice: “el mundo vivo, y hablo de la vida en general, es como una cosa frágil, hermosa. Por eso la vida es un milagro y hay que cuidarla”. Seguramente él se sentiría responsable de que Julio no vea a la vida como algo hermoso, milagroso y sienta que debe cuidarla.
Porque es parte de este asunto y tampoco va a estar ahí cuando este joven caiga en tentación porque se levante una mañana después de dormir en la dura, sucia y húmeda calle, y vea como un adolescente de su edad pasa a su lado con un celular de última generación inserto en el mundo que a él lo escupe, escuchando música y ya desayunado, mientras él tiene que ir a mendigar que alguien le dé una moneda para poder comer.
Y Mujica mucho menos va a estar ahí cuando el joven caiga en tentación y robe, o se drogue y haga algo para que la Policía llegue hasta él y con un escuadrón casi autómata lo golpee por inercia, lo lastime y lo encarcele, para que se sienta ahí sí, cerca de su madre.
En ese espectacular documental que recomiendo a todos ver, Mujica dice una verdad absoluta. “Nuestra democracia es muy mentirosa. Si nos atenemos a la etimología de su palabra democracia, es el gobierno del pueblo. ¿Pero cuál es el pueblo que gobierna?”. Es lo que yo me pregunto cuando veo las injusticias que nos depara la sociedad en la que vivimos.
¿Quién gobierna? ¿Qué cosa nos gobierna? El mercado, el consumismo, la indiferencia, la mezquindad, el orgullo, la soberbia, la vanidad. La insensatez, la frialdad. ¿Ese es el pueblo que gobierna? Porque el gobierno no tiene nombre y apellido, no nos gobierna Tabaré Vázquez, ni ningún otro presidente que anduvo o que vendrá. No gobierna un pueblo, gobierna una elite que hace que se cumplan los mandatos universales del mundo en el que vivimos. Y que son pautas preestablecidas que todos de una manera u otra, vamos a cumplir porque unos pocos así lo han pautado.
Los que ocupan una función de gobierno, sin importar el mote que ellos mismos se pongan, si de izquierdas o derechas, quieren exactamente lo mismo. Tener su casa, su auto, sus vacaciones, sus cuentas pagas, su heladera llena, sus pares de zapatos nuevos para encima mostrarlos. Sus teléfonos celulares de última generación para verse en las redes sociales y son tan consumistas que no se diferencian entre los de izquierda y los de derecha.
Pero lo peor de todo, es que todos son ellos son iguales de indiferentes. Y lamentablemente gente como Julio, va a seguir pagando por eso. Por ese “pueblo” que es el que definitivamente nos gobierna.

Hugo Lemos

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Vale más el esfuerzo que la caridad

El recuerdo que tengo de cuando iba a la escuela, era que antes de entrar a clases teníamos que hacer una fila por orden de altura, tomar distancia y al entrar al salón debíamos decir ¡Buenos Días Maestro! Era lo básico y nos enseñaban a que siempre debíamos saludar a quien teníamos frente a nosotros, porque era la base del respeto y la convivencia de la sociedad en la que vivimos.
Hice primer año escolar en 1985, recién salidos de la dictadura militar, con resabios de aquella época pero en un aula a la que íbamos a aprender y en donde nadie nos hablaba de política partidaria, sino de tener educación, de tener conocimiento y de que el aprendizaje era fundamental para no quedar rezagados en la vida. educacion
Recuerdo cuando el maestro Carlos en una charla que tuvimos en el recreo, nos decía a un grupo de chiquilines, “ustedes tienen que estudiar gurises, para ser independientes y libres, recuerden que si repiten el año, hay miles que se colocan delante de ustedes y ganan las oportunidades que ustedes mismos podrían tener”.
Nos hacían hacer dictados, donde el maestro enunciaba conceptos y nosotros los escribíamos, luego alguien pasaba al pizarrón y los corregíamos entre todos, porque era un horror tener faltas de ortografía. El respeto por la túnica y la moña eran sagrados, cuando alguien no tenía moña, la propia escuela le proporcionaba una, así como los cuadernos, les daban unos de color gris con la estampa de José Pedro Varela en la tapa, porque ese era el concepto de igualdad e inclusión que se impartía en la época, la democratización partía de que todos íbamos con el mismo uniforme y recibíamos la misma educación.
Fui a la escuela pública, la vareliana, la de educación tremendamente laica y profundamente democrática. La cursé entre los años 1985 y 1990; en la actualmente Escuela Nº121, que funciona en el edificio de la Escuela Nº2 por la mañana. Allí aprendí valores que son intangibles y que hoy se perdieron por lejos. Que hoy ya no existen y en donde hoy ese concepto puro de laicidad y democratización de la enseñanza han quedado atrás por lejos. Tuve grandes maestros como el Coco Marazzano, Beatriz Proserpio, Beba Souto, Martha Roux, Oscar Baratta y la fallecida Ana María Grassi, que nunca nos hablarían de cuestiones ideológicas y respetaban a cada uno por lo que era.
Nunca se habló de voto verde ni del amarillo, de lo que había sido la dictadura, del presupuesto para la educación, de las políticas liberales ni de los presos políticos, no supimos nada de los maestros que estaban volviendo a las aulas después de haber sido proscritos por los militares, ni de los que habían sufrido tortura, exilio y cárcel, todos eran maestros con mayúscula más allá de su origen y pensamiento. Simplemente ellos iban a darnos clases, iban a hacer su trabajo y se encargaban de que nosotros aprendiéramos, el resto corría por cuenta de lo que nuestros padres nos enseñaran en nuestra casa, como debía ser.
Por lo tanto nunca supimos de la orientación política, religiosa o sexual de cada uno. Tampoco nos interesaba, todos éramos amigos y compañeros, estudiábamos, el que no lo hacía “quedaba regalado”, no era como ahora que es todo lo contrario, donde el que estudia es un gil y hay que hacerle bullying. El que tenía más de 30 faltas perdía el año sin excepción y el que sacaba menos de 50 sobre 100 en las pruebas anuales, que en el año había tres a modo de parcial de estudio, también. De esa misma escuela pública han salido profesionales exitosos, empresarios despegados, innovadores, creativos, políticos destacados, gerentes de empresas, hacedores de todo tipo. Y también buenos trabajadores.
Sin embargo, hoy las cosas han cambiado mucho, el resquebrajamiento de valores ha impactado de tal forma que hay niños que ni van a clases, muchos de ellos lo hacen apenas para tener el alimento diario en los comedores y pasan de año sin saber nada, porque existe algo que les causa un daño enorme y que es un desastre que se llama “pase social”, donde el gurí no sabe ni escribir, pero lo pasan igual porque la escuela tiene que tener menos índice de repetición y envueltos en una mentira gigantezca, dicen después que el índice de alfabetización es bueno. Cuando todos vemos lo que son nuestros adolescentes, que donde pones a un estudiante liceal frente a una división con quebrados no sabe donde está parado, donde te preguntan qué quiere decir la palabra “enunciado” o te miran con una ceja levantada si les pedís que te conjuguen el verbo pluscuamperfecto.
Lo que se conoció en los últimos días con el pobre joven que fue solamente 65 días a clases, no aprendió nada y aún así pasó de clase, no es algo más que lo que ya sabemos de nuestro decadente sistema educativo. Encima nos tenemos que tragar a la ministra de Educación María Julia Muñoz (que según consignó Vázquez a dos destacados periodistas durante la campaña electoral del 2014, sería designada porque era buena para trancar con los sindicatos de la enseñanza a los que Mujica les había dado mucho poder) decir que Wilson Netto, el actual presidente del Codicen, era el Varela de este quinquenio, porque bregaba por la educación secundaria universal. La pueril comparación no merece dos líneas.
Es algo que no me parece mal la secundaria universal, pero la discusión que debe darse acá no es el hecho que quieran que todos vayan al liceo en forma obligatoria como para tener algo más en el currículum, sino qué clase de liceo es el que le están ofreciendo a los más pobres, a los que no pueden pagarse un liceo privado, a los que deberán ir a clases para seguir cobrando la asignación, qué clase de programas académicos les van a dar, qué tipo de exigencias les impondrán y si realmente se dedicarán a enseñarles para que su concurrencia valga la pena.
Porque si solamente piensan ser flexibles en función de la realidad social de cada uno de los alumnos de contexto crítico a los que obliguen a ir a clases, para después mostrarlo como un logro del gobierno de turno, estamos fritos. Y seguiremos teniendo adolescentes y jóvenes que no saben lo que es un logaritmo, ni conjugar un verbo, ni un binomio y seguirán escribiendo con faltas de ortografía y mucho menos sabrán pensar. Y eso es lo que más me preocupa.
No podemos no premiar el esfuerzo. Y me permito recordar en este caso a mi querido amigo, hoy desaparecido prontamente con apenas 40 años de edad, Gonzalo Juan María Legnazzi, que sorpresivamente falleció hace poco, enterándome días después. Se fue sin decir chau, pero siempre hablábamos con él de su esfuerzo por aprender lo que tanto le costaba pero que tanto le gustaba, como era la carrera de abogacía y le metía para adelante sin escuchar pronósticos.
Él sí que hacía lo imposible por estudiar y salir adelante. La vida me dio el premio de haberlo conocido y de tenerlo desde ahora y siempre en el mejor de mis recuerdos como a una gran persona, que más allá de la profesión que tuviera o el cargo que ocupara donde fuera, era un tipo de cuya humildad, humanidad y amistad, los que lo conocimos deberíamos aprender algo. Gracias Gonzalo por lo que me enseñaste como amigo, siempre vas a estar acá, siempre.

HUGO LEMOS

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Hubieran preguntado cómo era

La cosa pública es de todos. Los bienes públicos no son de uso y goce ilimitado del gobernante de turno, solamente los debe administrar y usar en su justa medida y de la manera que sean necesarios, ni de forma acotada ni tampoco de manera desmedida, sino necesaria. Esto es algo que quienes asumen la vida política y salen a pedirle el voto a la gente para llegar a alcanzar cargos de gobierno deben saberlo, pero deben saberlo antes de asumir el cargo para tener idea de dónde se están metiendo, de cuáles son sus responsabilidades, sus libertades y sobre toda las cosas algo muy importante, sus límites. politicos
Y de la mano de eso, la persona pública tiene que saber que una vez que asume un cargo y pasa a tener esa condición ya no tiene vida privada. Esa es una regla de las personas donde en aras de la transparencia debe ser así, hay jurisprudencia sobre el tema y esta regla es enseñada en todas las clases de periodismo. Cuando una persona pública, que ocupa un cargo público por razones políticas y al que toda la sociedad le paga el sueldo para que administre los bienes que son de todos, desde el momento en el que esa persona acepta asumir ese cargo, todo lo que hace importa.
Cómo vive, cómo se viste, en qué anda, cómo habla, todo eso es importante. Pero más que eso su conducta, tanto a nivel privado como a nivel público es lo que más despierta el interés de la gente, porque tal como se comporte en su vida privada y todo lo que haga o a lo que acceda, es lo que hará con los bienes públicos que el pueblo le confía para administrar. Como ya lo escribí hace muchos años cuando un exintendente de Salto me dijo, en forma totalmente equivocada, que había preguntas “que no se le hacían a un intendente”, algo totalmente desacertado porque a un intendente como a cualquier gobernante se le tiene que preguntar todo.
Porque en ese entonces, escribí que si un intendente le era infiel a su esposa, ¿por qué se privaría de ser infiel con los bienes públicos que la sociedad le confió para administrar? Si es capaz de ser desleal con su familia, más lo podría ser con el dinero de la gente. Ese ejemplo, pretende explicar que un gobernante debe explicar todo, sobre todo cuando sus acciones dejan dudas y generan incertidumbre y especulaciones sobre su honestidad en la opinión pública.
Traigo el tema a colación porque esta semana hubo al menos cuatro importantes gobernantes del Uruguay y el mundo que estuvieron en el tapete por usar y abusar de los bienes públicos y en uno de los casos, uno de ellos, actuó en sus negocios privados que aún los tiene, de una manera que hace generar dudas sobre su actuación en el ámbito público.
El primero de los cuatro buenos muchachos que mencionaremos hoy, es el ministro de Ganadería del Uruguay, el productor arrocero como le gusta llamarse, Tabaré Aguerre. El hombre tiene un arraigo con Salto y es tan soberbio como muchos de los vecinos de nuestra comarca. Cree que no tiene porqué dar explicaciones si el Ministerio que maneja lo benefició apuntalándolo con un préstamo de casi 181 mil dólares y que por más que los mismos provengan de fondos privados, él sabe que quien los administra es el Estado y que el lugar donde él es jefe, por obra de una decisión política y no por concurso o mérito alguno, le da el espaldarazo para que acceda a eso.
Encima, el buen señor Aguerre, que se considera un uruguayo superior y por encima del resto, fue capaz de decir dos bestialidades que solo en un país como este a un tipo como a él no lo sacan del fundillo del asiento que ocupa. Este tipo, tuvo el tupé, la arrogancia y la soberbia de decir que él si quería no daba explicaciones ni contestaba la nota de prensa, porque lo habló con el Presidente, y este le dijo que no lo hiciera.
El señor Aguerre denota una soberbia impropia de un gobernante uruguayo al pensar que si tiene una conducta dudosa no debe aclararle a la sociedad cuáles son sus actos. Porque no es un productor arrocero, es un productor y un ministro de Estado, que marca las pautas públicas sobre el tema y que si se ve beneficiado con algo que pasa por manos del Estado y eso genera dudas debe aclarárselo a la gente que le paga un sueldo. Y si él no vive del sueldo de ministro no importa, es un ministro del gobierno y mientras lo sea siempre tendrá que dar explicaciones, hasta de por qué va a la baño. Y si no le gusta al buen señor productor arrocero, ingeniero agrónomo, casado con una psicóloga dar explicaciones, que deje el cargo de ministro porque no está capacitado para ocupar un cargo de esa envergadura.
Pero lo peor de este señor es decirle mediocre al periodista del destacado periódico de izquierda, cosa que Aguerre no sabe lo que es, “la diaria”, que dio a conocer la información. El destrato público que le hizo mandándolo a leer El Hombre Mediocre, de José Ingenieros, es propio de un mendaz, mezquino y desubicado como Aguerre que pese a estar hace 7 años en el cargo, aún no sabe cuáles son sus deberes ante la sociedad. Que le sean de provecho los dólares que sus subordinados le aprobaron para su provecho.
Otro que no sabe que por más que actúe en la faz privada, si su actuación ante la vida genera dudas, lo que haga es de interés público, es el intendente de Soriano Agustín Bascou. El hombre hizo unos negocios ganaderos, porque como la mayoría de los dirigentes nacionalistas del interior está relacionado con el campo (al igual que Aguerre que no sé si es nacionalista pero está en el mismo rubro y tiene la misma actitud que el mercedario) y libró un cheque por 20 mil dólares para cubrir una deuda, pero ese título valor estuvo complicado y él dice que ya acordó “honrar sus compromisos”, según declaró el propio Bascou al diario La República.
Y dijo todo el tiempo que esa transacción era una cuestión de sus negocios privados, algo que no se concibe, porque parece que a Bascou tampoco le dijeron antes de postularse para el cargo, que no deja de ser el intendente de Soriano al momento de realizar cualquier transacción agropecuaria. El hombre tiene que saber que sigue siendo productor de ese sector de la actividad, pero ahora a eso prima el hecho de que es el gobernante en el que todos confiaron para la administración de sus bienes. Entonces si hay una sospecha de que pudo haber actuado de manera impropia al emitir un cheque, esa sospecha se traslada a su condición de ser el jefe de gobierno y de tener que firmar cheques y compras con el dinero de todos los que viven en ese departamento.
Los otros dos casos, les daremos un repaso somero. Uno es el hecho que el presidente Mauricio Macri mandó a buscar a su mujer y su hija más chica a Punta del Este, en el helicóptero de la Presidencia. Con todo lo que implica que la familia presidencial vacacione en el país con el que más compiten sus gobernados en esta temporada. Lo que darían los operadores turísticos argentinos porque la primera dama y la hija del presidente pasen unos días en algún balneario argentino para promover el turismo nacional.
Sin embargo, la familia presidencial opta por venir al Uruguay, con el que están compitiendo todos los hoteleros y gastronómicos de los balnearios argentinos, y encima no les contrata un avión privado, sino que les manda el helicóptero asignado al presidente para las misiones oficiales. Imagine a María Auxiliadora Delgado y a uno de los hijos del presidente vacacionando en Brasil, y que Tabaré les mande el helicóptero de la Fuerza Aérea a buscarlos a Floripa. No da, Macri. Le erraste en esta, me parece.
La otra es del inefable Donald Trump, del que nada bueno se puede esperar. Su hijo Eric, encargado de los negocios de la familia vino a Uruguay a ver cómo va la Torre que están construyendo en Punta del Este. Pero estuvo dos días donde mantuvo reuniones de todo tipo y color quince días antes que su padre asuma la “presidencia del planeta” como le gustaba decir a Eduardo Galeano.
El hecho es que el pibe vino por cuestiones particulares, con sus guardaespaldas de siempre, pero en este caso se le sumó una patota del Servicio Secreto con personal de la Embajada en Montevideo. El viernes el diario The Washington Post, uno de los más prestigiosos del mundo por dar cátedra de periodismo, publicó que ese viajecito a Uruguay de dos días, le costó al pueblo norteamericano casi 100 mil dólares. Y se preguntan porqué Trump junior que no tiene que ver con el gobierno, ¿no se trajo a sus propios guardias y los pagó de su bolsillo?
Una muestra, usar la plata del pueblo para cosas privadas es un mal de los políticos en todo el mundo.

HUGO LEMOS

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Mejores en lo suyo

Hacía como 35 grados y el sol pegaba más fuerte que nunca. Pero el viento atenuaba el calor y hacía que todo fuera más liviano, igual, el verano se estaba haciendo sentir. La gente no tenía reparos en trabajar y atender al público sin mayores inconvenientes porque entendían que estaban en el momento ideal y en el tiempo justo. Era plena temporada y Maldonado aprovechaba su momento, récord de visitantes y muchos extranjeros.
Cuando uno entraba a una tienda lo atendían con gusto y no lo miraban de reojo por entrar a mirar, sin comprar en muchos casos y adquiriendo algo sin importar si era de menor o mayor costo, lo importante era que uno se sintiera a gusto.
Los trabajadores se disponían a ayudar al potencial cliente y quizás poder colocarle algún producto, pero de manera educada y no de forma abrupta, como usualmente ocurre en Salto donde si uno va de compras y hasta encontrar lo que busca recorre los comercios, por revolver los productos y querer hallar lo que tanto quiere, ya es visto como el enemigo, ¿por qué razón?, por el simple hecho de que vamos a hacerlos trabajar, desgastarse, atender más al cliente y sobre todas las cosas los sacaremos de ese confort plácido de estar parado durante 8 horas pensando lo menos posible.
Así lo he comprobado cuando voy a comprar algo y busco hasta que encuentro lo que quiero. De lo contrario no compro nada y muchas veces me siento hasta despreciado por no llevarme algo y haber hecho que quien me atendió se moviera de su siesta, dejara el teléfono celular donde está conectado al facebook o al whatsapp, las dos drogas modernas con mayor proliferación en personas de todas las edades y sin discriminación social, etaria o religiosa, ya que todos se suman a eso y se alienan como zombies, donde para que te contesten una frase entera hay que pararse enfrente y mirarlos a los ojos hasta que levanten la vista y sepan que uno está ahí, y no es porque entró a visitarlos.
Me pasó hace poco tiempo cuando estaba buscando un saco de color veige o crema para que hiciera juego con un pantalón que tenía de igual color y porque se me había antojado ir a un casamiento vestido de esa forma. Cuando llegué a una clásica tienda de ropa céntrica le dije al vendedor lo que estaba buscando y el hombre me cortó de entrada con un rotundo “¡no tenemos!”. Pero quizás por las ganas de comprar algo parecido que tenía y porque además ya había gastado mucha suela fue que al mirar por encima de su hombro vi casi al final de la tienda un perchero con una decena de sacos y adivinen de qué color era el primero que buscaba. ¡Exacto!
Enojado, porque puedo perder la paciencia en pocos segundos con gente así y con otra también, callado entré raudamente ante la mirada del hombre que me quedó mirando, tomé el saco con mis manos, lo saqué de la percha, me lo probé y era lo que buscaba. A lo cual volví hacia él, que quedó parado como un maniquí casi a la entrada del local, haciendo qué, no sé, y le llevé el saco puesto. Pero no me aguanté y le dije algo así como “espero que no lo hayas visto antes, porque sino voy a pensar que no querías venderme nada a mi, o a nadie más, porque bastaba solo con darte vuelta para ofrecerme esto que llevo puesto”. Efectivamente compré el saco pero no volví jamás a esa tienda y espero no hacerlo a no ser que no me quede otra.
Y hace poco me pasó algo similar, pero esta vez en una zapatería cuando buscaba calzado para mi pequeño. Consulté a una de las vendedoras por determinadas zapatillas puesto que eran para la fiesta de fin de año del jardín y le habían recomendado la posibilidad de llevar championes de determinado color, por lo cual traté de encontrarle. Pero en Salto o todo es limitado o quienes pueden vender lo que uno busca, tampoco se esmeran demasiado y eso genera que uno tenga que buscar otras opciones como la compra por Internet o zapaterías de la capital donde te hacen envíos sin costo al interior.
Entré con mi hijo a cuestas y pregunté por determinado calzado el cual también me dijeron que no tenían de ese tipo, pero me bastó con mirar hacia un costado y encima de una pila de cajas de determinada marca deportiva estaban exactamente los championes que tiene puestos hasta hoy, por supuesto que le dije a la vendedora en ese momento que si para ella no había, yo le consultaría a otra, la que efectivamente al mostrarle lo que buscaba me dijo que estaban a la venta y que no entendía cómo podían haberme dicho que no iba a encontrar lo que estaba necesitando en ese momento.
Así, una serie de anécdotas más que pasan a diario a mí, a usted, al vecino, a su familia y a mucha gente. Entonces cuando uno anda por otros lugares del país y recibe un trato diferencial, ve gente trabajando con ánimo y espíritu de resolver, y con la dedicación que le dan realmente a una comunidad porque entienden que un comercio tiene que vender, que una ciudad turística tiene que ofrecer servicios y que un lugar que llama a todo el mundo a que los visite debe tratar bien a quienes allí ingresan, es algo que en Salto debería ser de cajón, pero no pasa.
Hay desidia, hasta de quienes los emplean y les dan lo mínimo, porque solamente les pagan un sueldo, mucho o poco, por lo general poco, y no les generan conciencia de trabajo en equipo, de querer ser los mejores en lo que hacen, ni los ayudan a pensar en que aún siendo un portero de un edificio o un vendedor de tiendas, deben ser los mejores porteros de edificios o los mejores vendedores de tiendas, con tal de que puedan tener éxito en lo que hacen y aprender a hacer las cosas con ganas.
Pero todo esto va motivado por el trabajo en equipo, por la confianza que se le inspire al trabajador desde el empresario y viceversa, pero sobre todo desde el reconocimiento personal que debe tener cada individuo para fortalecer su autoestima y pensar que es el mejor en las cosas que hace.
Entonces ya no pasará que uno sienta envidia por entrar a un comercio igual o de menor categoría en otro departamento, que el que está en el centro de la ciudad donde uno vive, pero con el diferencial de que allá lo tratan mejor porque le enseñaron a quien lo atiende a hacerlo, le dedicaron tiempo para mostrarle lo importante que era eso con el fin de que la gente quiera estar y volver allí por sentirse a gusto.
Y no en un lugar donde sin mirar para el costado le están diciendo que no de entrada, le están negando la posibilidad de sentirse contento por satisfacer su necesidad y de saber que cuenta con lo que quiere en su propio medio sin tener que salir a buscar alternativas, por las cuales luego escuchamos a los empresarios locales quejarse de la competencia desleal y la amenaza que significa Internet para sus ventas, lo que conlleva a la pérdida de fuentes de trabajo, el cierre de locales y otras yerbas.
Al final, creo que todo se trata de una cuestión de actitud desde el empresariado y patronal de cualquier especie, hacia sus empleados, para que estos sepan que valorar el trabajo que hacen, no es solamente valorar a los que como usted o yo queremos que nos atiendan bien, sino que también es valorarse ellos mismos por ser los mejores en lo que están haciendo.

HUGO LEMOS

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Ahora sé dónde va a aparecer

El otro día me encontré con Brian (se llama Braian, pero él está inscripto así) un chico de 17 años al que conocí una noche cuando salía del diario. Cruzaba la Plaza Artigas camino a mi casa como lo hago seis de las siete noches que tiene la semana, cuando pude verlo. Él corría de un Policía que vestido todo de negro y fuertemente armado extendió su brazo y lo golpeó con el palo de amasar humanidades que usan los uniformados.
Al ver esa escena y quedar sorprendido por lo que estaba pasando, siendo testigo del golpe sufrido por este adolescente, de su llanto, de su queja, de su postura de resignación ante la vida y al observar cómo el policía que lo había golpeado no lo detuvo, no lo condujo a la Seccional, ni tampoco le pidió los documentos, solamente lo golpeó y se retiró del lugar raudamente como si estuviera en infracción, me acerqué al joven para ver quién era y cuál había sido el motivo de ese ataque.
El adolescente me dijo que se había peleado con su familia, que estaba en la calle, que no tenía qué comer y que por eso cuidaba autos de noche frente al Hotel Salto donde se hacía de algún peso. Pero que la Policía ya le había dicho que se fuera de allí y “que no molestara”, algo que Brian no entendía cómo podía estar molestando, él sabía que lejos de hacer eso, en cierta medida “prestaba un servicio”. Aunque estos agentes del orden social lo que le estaban queriendo decir era que un adolescente, sucio, mal vestido y en estado de decadencia no podía afear el paisaje que brindaba uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Por eso le pegaron para que entendiera que era considerado una escoria.
Después que escribí su historia, Brian siguió durmiendo en la calle, tratando de “rescatarse” un lugar para no pasarla mal. Porque tener 17 años y dormir a la intemperie, es exponerse a cualquier cosa. Al cabo de un tiempo no lo vi más. Y cuando leí un reporte del Ministerio de Desarrolo Social del 2016 que decía que en el interior del país no se habían constatado adolescentes en situación de calle, me quedé tranquilo porque pensé que había recibido una ayuda del Estado.
Cuando averigüé y me dijeron que el informe se había hecho en base a datos estadísticos pero que a ellos no les constaba la existencia de ningún Brian, me preocupé profundamente. Pensé que se había ido a Montevideo o al exterior, o peor aún, que se había ido de este mundo.
Pero ni una cosa ni la otra. Brian todavía existe, sigue en la calle, vive en un asentamiento, se armó una carpa de bolsa y trata de sobrevivir cada día. Con su familia sigue peleado, se ha vuelto adicto a la pasta base porque fue con lo único que lo convidaron en la calle y nunca nadie ha ido a preguntarle qué necesita.
Nunca se enteró del informe, tampoco fue hasta el Mides para saber cómo lo podían ayudar, pero dijo que nadie le preguntó jamás nada, ni cómo podían ayudarlo. Solamente dice que sus padres no lo reciben en su casa y que él no quiso pedirles nada de nada. Se fue al asentamiento que existe hace muchos años y que está cercano a la avenida Reyles.
El jueves de tarde me lo encontré en la calle. Estaba parado en la esquina de Artigas y Larrañaga. Desaliñado como siempre, en mal estado y con una bolsa pequeña con fideos secos. “Hace dos días que no consumo”, me dijo en relación a la maldita pasta base que es un veneno que mata sin pudor. “Ahora voy a ver si me ‘rescato’ y me cocino algo porque tengo mucha hambre”, me contó. Allí supe dónde estaba viviendo y en qué estadística podía aparecer esta vez. En la de los adolescentes que consumen sustancias y que viven en la calle pidiendo ayuda todos los días, esa que ninguno de nosotros sabe darle y que pasa por algo muy distinto a una moneda, sino a la contención emocional que es lo que más necesitan.
Traté de alentarlo, diciéndole que aún tiene mucho por hacer, pero que debe quererse a sí mismo y creer que puede lograr lo que se proponga, que busque ayuda. Aunque como todo joven que se encuentra en ese estado de abandono, hace lo propio consigo mismo y se deja estar hasta verse morir.
Ojalá que las políticas sociales sean activas en este mes de enero y que después de hablar todo el año de empoderamiento y conceptos por el estilo, no estén de vacaciones y lleguen hasta dónde más lo necesitan, como es el caso de este adolescente que clama por ayuda y contención para salir adelante y no ser otro joven perdido. Siendo que en él se representa a decenas de adolescentes de nuestro medio que están en ese mismo punto de inflexión en sus vidas sin saberlo, donde no saben ya qué rumbo tomar.
Lamentablemente no creo que Brian tenga un resultado al corto plazo, por más que lo hayan querido ayudar, son más las exigencias que le imponen y la responsabilidad que le cargan que la contención que le dan y en ese sentido, como todo adolescente dolido con la vida se resiente y probablemente no la acepte así nomás porque desconfía de quien le tiende una mano sin pedirle nada a cambio.
Lo bueno para mi, es que temía que Brian se hubiera ido de este mundo, pero por suerte apareció, está vivo, aunque lamentablemente sigue pidiendo ayuda y perdiendo vida cada día que pasa.
Pero seguramente será algo positivo el hecho de que una institución oficial o una ONG puedan asistirlo y reconocer que en las estadísticas oficiales del año 2016 se les pasó algo y fue que sí hay un caso de un adolescente en situación de calle y que ese es Brian, que sigue (por ahora) en ese mismo estado desde que empezó el año y que está abandonado en un asentamiento de nuestra ciudad.
Ahora, si queremos realmente hacer algo por los jóvenes para sumarlo a las políticas de inclusión que practica el gobierno, esta es la oportunidad de hacerlo.

HUGO LEMOS

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Hay que saber lo que viene

Me subí al ómnibus como muchas mañanas del año que ya terminó y esta vez el mismo no estaba completo. En su interior hacía mucho calor y la lentitud con la que se desplazaba el chofer, si bien podía evitar un accidente, esa vez no ayudaba mucho. Había bastante espacio y se sentían incluso las conversaciones que tenía la gente. Si bien la mayoría iba en silencio pensando seguramente qué era lo que iban a hacer en uno de los últimos días del año, algunos no dejaban de pensar en voz alta y otros de comentar sus pareceres sobre distintos temas.dibujo
Fue así, que detrás de mí se sentó un individuo al que jamás había visto antes. Seguramente él tampoco, pero iba pensando en voz alta, tan alta que era como si charlara con un amigo invisible, como esos que tuvimos todos alguna vez cuando éramos niños.
El hombre no paraba de hablar del aumento de las tarifas de los servicios públicos que entró a regir desde ayer y sacaba la cuenta de cuánto más tenía que empezar a desembolsar a partir de ahora, para cumplir con sus obligaciones. Quizás el monto que él decía no es mucho para la mayoría de la gente, pero sí era bastante para él, que con el dinero que obtiene por su trabajo debe pagar un alquiler y darle de comer a una familia de tres niños, dos de ellos en edad adolescente, con todo lo que eso implica.
“Tengo que buscar otra cosa” me decía el hombre con cara de preocupado. Se refería a otro trabajo, pero sin dejar el que ya tiene, al menos para complementar lo que gana. “No puedo mandar a trabajar a mi mujer, sino descuida a mis hijos”, afirmaba convencido de lo que decía y con la voz de un diligente padre de familia.
Sus palabras podrían haber sido parte del folclore que todos escuchamos cada día cuando hablamos sobre la situación económica en general, pero las recordé más que nunca en las últimas horas, cuando tras los escandalosos incidentes que se vivieron en el parlamento uruguayo, por la estupidez de mantener las Tropas de Paz en Haití, donde para resolver algo relacionado a la paz de otro país en el nuestro dos legisladores se agarraron a las trompadas, me di cuenta de que se trataba de dos tipos que no piensan como el vecino que estaba sentado detrás de mi, preocupado por pagar las cuentas.
Dos legisladores de 99 en total, que en cierta medida se tomaron con sorna un asunto muy serio como fue una riña en plena sesión de un espacio público que se supone nos representa a todos y en donde por esa misma razón deberían guardar respeto y solemnidad, además de trabajar en serio.
Legisladores a los que el pueblo uruguayo, con un sacrificio enorme y un estrés galopante por poder pagar las cuentas como la del vecino que venía detrás de mi sentado en el ómnibus, les paga una torta de plata por mes para cada uno de ellos, para sus secretarios, para sus sectores partidarios, para sus asistentes, para sus gastos de diarios y revistas, para sus fotocopias, para sus llamadas a celulares y para mucho más.
Y quienes le pagan no son solamente los vecinos de Carrasco, Pocitos o La Teja, sino también los del Don Atilio, los de La Tablada y los que viven en Pueblo Fernández y Pepe Núñez, los que seguramente ni se enteraron porqué se tomaron a golpes de puño, pero sí se lamentaron de cumplir con sus tributos como el pago de UTE, OSE o Antel para que ellos cobren sus sueldos y hagan ese escándalo de caterva futbolera.
A mi no me preocupa tanto eso, porque los dos tipos que protagonizaron el incidente y el resto de los legisladores que observaron pasivamente permitiendo que sucediera, muestra la clase política que tenemos, que lamentablemente deja mucho que desear y hablo de todos los partidos.
Lo que más me preocupa, es que mientras esto estaba acaparando minutos en los informativos capitalinos, espacios en las radios y páginas en los diarios y en los portales digitales, el Presidente de la República aseguraba que al ajuste de las tarifas públicas no se le puede decir tarifazo, porque en realidad el incremento es por debajo de la inflación.
Esto quiere decir que la situación económica es aún peor, porque si la inflación fue del 10 por ciento, la mayoría de los trabajadores ajustaron por IPC (con suerte, porque en el sector privado fue en promedio de un arbitrario 5%) cuyo índice llegó al 8%, la inflación estuvo por encima y entonces fue del 10%, lo que significa que los trabajadores perdieron aún más poder adquisitivo en el último año, porque los aumentos no alcanzaron el 10 por ciento, y el ajuste del 8% por ciento de las tarifas se lleva el dinero que pudo haber ganado de más el trabajador en este caso.
Entonces lo que dice el Presidente preocupa, porque si el aumento de las tarifas equipara el ajuste alcanzado en los sueldos el año pasado y todo esto aún está por debajo de la inflación, que no es otra cosa que la suma del aumento de todos los precios en el correr de un año, la plata que nos ingresa al bolsillo es aún menor.
Hay algo que es cierto, el Uruguay ha progresado muchísimo en los últimos 11 años, ha conquistado libertades, los trabajadores han recuperado salarios y beneficios sociales, la economía en un momento creció mucho y sirvió, pero hoy se encuentra en un llano que tiende a inclinarse hacia abajo y eso es de lo que nadie habla.
Es importante que se sepa para que la gente al comenzar el año, cuide su bolsillo, no gaste en lo innecesario y esté atenta a lo que le están diciendo por televisión más allá de las piñas del parlamento, porque de esa forma podemos tomar medidas y prevenir que la situación sea más complicada aún de lo que ya puede estar siendo.
Este año Uruguay enfrenta el desafío de consolidarse económicamente o de empezar una leve caída que puede terminar mal en unos años, esperemos que sea lo primero, por eso tenemos que estar al tanto de lo que nos va a pasar en este 2017. De igual forma, les deseo un Feliz Año a todos.

Hugo Lemos

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El calor sale caro

Las temperaturas en Salto pueden llegar a ser hostiles para los pobladores de esta comarca que sufren como locos cuando el sol empieza a impactar de lleno en sus vidas y eso provoca malestar, cansancio, molestias, transpiración constante, baja presión y un montón de cosas más que nos dejan con poco ánimo y sin ganas de encarar lo que se fotocolumnaviene al otro día.
Encima hoy es lunes, el peor de los días para muchos que deben retomar las actividades después de un fin de semana como este, donde se cumplió sino la más importante al menos una de las celebraciones más importantes del año, la de Navidad, por todo lo que la misma impone ya que es la fiesta familiar por excelencia, donde estar rodeado de nuestros seres queridos, con mucho amor y alegría es la premisa, a la cual cambiamos sin dudarlo en la mayoría de los casos, por el consumismo que nos abruma.
Esto porque nos encanta salir de compras, pasar los días previos pensando lo que nos vamos a poner esa noche y lo que vamos a comer, además de los regalos que tendremos que comprar para nosotros, el resto del universo familiar y hasta algún amigo, vecino, cliente o persona a la que debemos algo, sin acordarnos realmente de si eso que estamos pensando tiene sentido o es futilidad pura, aggiornada a lo que nos vende la televisión y todo lo demás.
Lo bueno que esto de los regalos sirve para comprar y en ese aspecto, si uno es vivo, la compra debe ser de algo útil, en este caso debe tener en cuenta lo que decíamos antes con respecto a lo de las temperaturas altísimas que nos tiene loco a todos, porque vivimos a 500 kilómetros de la playa, ya que el río Uruguay, que baña nuestras costas también nos castiga con algas, crecidas o la contaminación suficiente como para que las autoridades nos digan que bañarnos allí tiene sus riesgos. Y encima con 40 grados como si nada.
Este calor inhumano que nos hace padecer el clima de la región, es casi como vivir una experiencia extrema durante varios meses para que sobreviva el más fuerte. Pero esto recién comienza y tendremos que cuidar todo, como lo que pretendamos hacer para poder paliar esta situación ya que el gobierno anunció el aumento de las tarifas públicas a partir de la semana que viene y en ese aspecto, no podremos hacernos los vivos con el uso de los medios electrónicos que nos ayudan a pasar el verano.
Esto es, no podemos prender al mango el aire acondicionado, ni tampoco podemos abusar de los ventiladores porque los costos de la tarifa de UTE nos harán sentir el rigor al mes siguiente. Vivimos en la zona donde se genera la mayor cantidad de energía eléctrica del país a través de la represa más importante del Uruguay, la que trabaja con los recursos naturales de toda esta región, pero como la misma ha sido considerada una causa nacional, los habitantes de este lugar no recibimos ningún beneficio extra como una disminución en la tarifa de luz o algo que se le parezca.
Sí podemos decir que Salto Grande ha invertido en la ciudad, quizás no tanto como quisieran los pobladores como reembolso por haber dinamitado la zona de Salto Grande para la construcción de la presa, considerado uno de los lugares más hermosos que tenía todo el recorrido del Río Uruguay por los más de 100 kilómetros de costa que tiene el departamento y uno de los puntos más pintorescos del país, pero al menos pusieron plata, hicieron una represa, cambiaron la matriz energética por la de energía hidroeléctrica y limpiaron un poco el ambiente.
En ese sentido, cuando el ahora Intendente Andrés Lima era diputado había planteado la posibilidad de que los ciudadanos del departamento tuvieran una rebaja sustancial en la tarifa de UTE, para que los lugareños podamos utilizar este servicio con el goce de que el mismo sea producido por nuestros recursos naturales y le ganemos un beneficio.
Pero no, encima que esto es una entelequia y creo que así se lo habrán hecho saber al ahora Intendente en el parlamento, encima de eso, se impone un aumento en las tarifas, el gobierno habla de ajuste, pero para el pueblo es algo más que algo tan suave e inofensivo como un “ajuste”, porque el poder de compras ha disminuido notablemente, porque el endeudamiento interno ha crecido en forma superlativa y porque encima de que todo conspira para que la gente no pueda llegar a fin de mes y gane cada vez menos, ya que los aumentos del mes de enero son solamente ajustes por debajo de la inflación y por lo tanto del nivel de compra de todos los uruguayos.
Por tal motivo, sin entrar en motivaciones político partidarias de ninguna índole, debemos decir que no estamos de acuerdo con el aumento de tarifas y más en estos tiempos donde lo que necesitamos es poder generar un respiro a tanta presión fiscal, a tanto ajuste y a tanto costo estatal para poder salir adelante.
El otro día le dije a un amigo que por su concepción política defendía el aumento de tarifas y le hice ver que ese tipo de cosas no pueden politizarse. Tienen que medirse con la misma vara siempre, sea quien sea quien imponga estas medidas, porque sino con ese concepto estaremos justificando cosas atroces. Le dije no podemos justificar al Goyo Alvarez porque existió la dictadura de Gabriel Terra, o a Hitler porque existió Stalin que fue igual o peor, o a Siria porque existió la guerra de los Balcanes.
Si hay un aumento de tarifas en un momento inoportuno, porque lleva a que la gente de Salto en este caso, con lo mal que la pasa con el calor no pueda prender el aire acondicionado, debe mirarlo como un adorno más en la pared muchas veces porque si lo prende después no puede pagar la tarifa, a la que encima se la aumentan y le dicen que no es un tarifazo, es algo que no está bien. No importa quién la ordene, no está bien. Y lo que no está bien es que sea una medida defendida a ultranza y que motive una guerra entre partidarios del gobierno y oposición.
Hay temas que no se politizan, como el calor que debe soportar la gente que vive en Salto, en pleno enero y que encima se ve esclavizada por tener que pagar la tarifa más cara, pero refrescar su mente y sentirse aliviado porque antes la cosa era peor. Si seguimos así, estamos fritos.

Hugo Lemos

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Los derechos de todos

Cuando escuchamos hablar de derechos humanos parece que estuviéramos refiriéndonos a algo vago, sin mayor fundamento, porque como los mismos tienen que ver con todo lo que hacemos, con lo cotidiano y con las cosas que nos pasan en todos los aspectos de la vida, mucha gente los ve como algo lejano, en vez de darse cuenta que son todo lo contrario.
Los derechos humanos son los derechos más cercanos a todo lo que hacemos, a todo lo que vemos y a lo que nos impone nuestro ritmo de vida. Pero sobre todas las cosas, los derechos humanos defienden dos aspectos esenciales en las personas, la vida y la libertad. El derecho a vivir, a ser, a conformarnos como personas y a crecer con identidad, independencia y personalidad.
Todo eso atado de la mano de la libertad, que es el bien más preciado que tiene el ser humano después del derecho a la vida. Porque sin libertad, no hay desenvolvimiento, ni desarrollo humano, no hay crecimiento personal y mucho menos colectivo, tampoco hay sentido de vida, de pertenencia y de esencia, para ser una persona autónoma, libre e independiente.
Todas estas cosas tienen que ver con todo, por eso los derechos humanos están más vigentes que nunca aunque no sean respetados, ni valorados en su justa medida, generando contradicciones permanentes entre los mandatos gubernamentales que quieren basar sus políticas en el apego irrestricto a los derechos humanos y que se manejan a través de un sistema que los viola permanentemente.
Por más que la intención del gobernante, sea quien sea y pertenezca al partido que pertenezca, sea que suceda todo lo contrario, mientras sigan manejando criterios como los actuales para el acceso de las personas a los bienes y servicios estatales, mientras se manejen dentro de lineamientos donde se vea amenazada la libertad de trabajo, de pensamiento y de expresión de las personas por las opciones de vida que han tomado, los derechos humanos seguirán siendo vulnerados.
Pero para que no haya vacuidad en mis expresiones, me voy a referir a situaciones más concretas. El jueves en mi columna semanal sobre temas legales, hablaba de la situación de condena que viven los jubilados de este país, los mismos a los que les dieron 200 pesos de ajuste hace algunos meses. Esos jubilados son los que por estos días vienen haciendo filas de 10 horas de duración, con todo lo que eso implica para un adulto mayor, con el fin de llegar a la ventanilla del banco estatal para conseguir un préstamo de apenas un cuarto de la canasta básica con suerte y así pasar la Navidad. Esto es algo que viola los derechos humanos de los adultos mayores que deberían estar tranquilos viviendo su vejez, donde al menos deberían acceder a un servicio que no les hiciera estar horas y horas al rayo sol tentando a la muerte.
Tampoco puede seguir habiendo niños que estén junto a sus madres en una cárcel esperando las fiestas de fin de año, haciéndolo detrás de una cerca de seguridad, con policías que anden alrededor y con los problemas propios de un centro penitenciario, como el hecho de que convivan con otras mujeres que no conocen y las que son del ambiente delictivo. En las cárceles no se respetan los derechos humanos de los internos por las condiciones en las que están, pero mucho menos se respetan la de los niños por el solo hecho de que ellos convivan en un lugar así, con los problemas propios del lugar.
Esto más allá de las acciones puntuales que con ánimo de subsanar esto y de hacer más llevadero el asunto, tengan las autoridades de la administración del lugar, porque hay que partir de la premisa de que un niño no debería estar jamás en una cárcel, no por el hecho de no ver a su madre, por el contrario está bien que pase con ella el tiempo suficiente porque necesita hacerlo, pero en Uruguay se puso primero el derecho de esa mujer a tener el niño consigo a cualquier precio, sin pensar en lo que puede ser mejor para ese pequeño, al que se le están violando todos los derechos humanos por más “bien”, que él diga sentirse en ese lugar.
Y seguimos con lo que pasó con los internos de Aldeas de la Bondad, donde el gobierno nacional y principalmente la ministra Marina Arismendi, no tendrían que defender un principio economicista, sino social y humano, y tendrían que haberse roto la cabeza para encontrar una solución al asunto y permitir la continuidad del desarrollo del lugar y que los internos, los llamados “siempre niños” continúen allí a costo del Estado, que gasta mucho en otras cosas y podría reorientar dinero para este caso de gravedad.
Además de evitar cerrar un establecimiento porque eso también generará más desempleo, todo lo que sumado a lo que pasó con los tres fallecidos y el resto de los internos, son cuestiones violatorias de los derechos humanos a todos, tanto a los internos como a los trabajadores de ese lugar.
Todas estas cosas pueden remediarse. ¿Cómo? Con la voluntad de todo el sistema político de establecer prioridades que acompañen la manera de reformar las cosas porque las mismas son lesivas a los derechos humanos y buscando la forma de que la gente no se vea perjudicada cada vez que quiera invocar un derecho, sino que realmente pueda acceder a un sistema más justo con sus intereses.
Pero en estos casos todos son responsables, no se trata de un gobierno, sino de un sistema que es algo que involucra a la totalidad de las personas que son las encargadas de conducirlo y por lo tanto de poder cambiarlo, esto es tanto gobierno como oposición.
Por eso, espero que en el año que se inicia, la clase política y el sistema todo, empresarios, sindicatos, organizaciones sociales, políticas, deportivas y económicas busquen la forma de que los derechos humanos de las personas salgan del papel y se plasmen en acciones que generen los cambios adecuados para que podamos empezar a vivir con más dignidad, en un país más justo, con mayores posibilidades, algo que equivale a ganar las libertades que hoy se nos niegan.

HUGO LEMOS

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Fue un mal remedio

La arrogancia es mala consejera, porque termina desechando una posible buena acción para convertirla en mezquindad y violencia pura. Cuando alguien ocupa un cargo público, sobre todo de carácter político que por lo general es un premio a la militancia y no a la capacidad de la persona para gestionar la administración pública (un mal que tienen todos los partidos), uno debe estar siempre atento, escuchando a la gente porque todos siempre tienen algo que decir, y seguramente algo de razón también.
Máxime si estamos hablando de casos de personas que viven en un estado completo de vulnerabilidad, por padecer una situación de discapacidad total. En esos casos, cuando ejercemos la potestad del Estado porque estamos devenidos en funcionarios públicos de ocasión, debemos pensar en cuidar como nunca a esas personas, porque las mismas son el capital más importante que tiene la administración a la que nos estamos debiendo.
Sin embargo, el efecto que podía causar en los internos de la Aldea de la Bondad que sufrían discapacidad severa, su traslado a la ciudad de Montevideo y en definitiva a cualquier parte, era algo que todos sabían. Desde los funcionarios que los habían cuidado todo este tiempo, o los médicos que los trataban en ese establecimiento y hasta de las autoridades mismas que conocían el delicado estado de los pacientes. Pero por una cuestión de números y de que las cosas administrativa y financieramente no estaban funcionando bien, había que cerrar el lugar y que se encargue otro. Si ese otro no está en Salto, bueno, demos el portazo en Salto y llevemos a todo el mundo a Montevideo.
¿Consecuencia de esto? Los internos sufren el desarraigo de forma acentuada, sienten la ausencia de quienes eran sus únicas compañías y que le brindaban el cariño y la contención diaria que sus frágiles cuerpos necesitaban como dosis diaria para seguir viviendo, padecen un golpe psicológico tremendo, porque más allá de sus incapacidades corporales los sentimientos están intactos, y el daño puede llegar de una forma tremenda, que si le sumamos que esas personas podían sufrir determinada enfermedad que los hacía suponer riesgo de muerte, las mismas tuvieron el peor de los desenlaces.
No es que las tres personas que lamentablemente fallecieron en los últimos días luego de haber sido trasladadas desde Salto, perecieron por el mero traslado, sino que debe haber alguna otra causa superviniente al traslado que haya ameritado tal desenlace. Sin embargo, hay una situación que debe ser tenida en cuenta y que rompe los ojos, que es ¿por qué razón el Estado no previó estas cosas y se hizo cargo antes de que sucediera?
Pero nos lo preguntamos porque queremos una respuesta como sociedad y exigimos saber la verdad sobre estas personas. ¿Los médicos que sabían del traslado de estas personas no le advirtieron al gobierno que con la decisión tomada en su despacho, corrían el riesgo de que se produjera una situación de estas característica? Porque de ser así estamos ante una omisión grave por parte de las autoridades del INAU, las que le deben una respuesta a la opinión pública por lo ocurrido.
Aún a sabiendas de que la fundación que administraba la Aldea de la Bondad, tuviera inconvenientes por cuestiones económicas y administrativas, y se haya tenido que rescindirle el contrato, por más que se hayan hecho llamados públicos para que otras organizaciones se ofrecieran a gestionar la institución en el manejo de los números con orden y responsabilidad, el cierre de esta institución en Salto que ya llevaba muchos años funcionando, no era la mejor solución. Sino por el contrario, el daño que genera su clausura, es mucho mayor que el de poder invertir algunos de los recursos públicos existentes para mantenerla, siendo el Estado el que se haga responsable del cuidado de estos ciudadanos, que más allá de su condición personal, tienen derecho a ser cuidados y protegidos en su bienestar.
Por tal motivo, el Estado tendría que tener una impronta muy fuerte de Derechos Humanos arraigada en el desarrollo de sus políticas públicas, lo que los ayudaría a abrir los ojos y a tomarse más en serio este tipo de cuestiones, porque en la conferencia de prensa que dieron las autoridades nacionales del INAU el otro día tras las dos primeras muertes, parecían no saber ni dónde estaban parados, ni mucho menos saber qué decir.
El hecho es que justamente no sabían qué decir, porque no conocen el tema, no se empaparon en la situación y no se metieron a buscar una solución que no afectara a la institución, a sus pacientes que son los más afectados y a sus trabajadores, que por otro lado, se quedan sin trabajo de un día para el otro y esto tampoco parece haber pesado a la hora de tomar la decisión de considerar una clausura o asistencia económica.
El Estado puede decir que no hay dinero, que el gobierno gestiona los recursos con cautela y austeridad y bla, bla, bla, pero la realidad es una sola, siguen habiendo gastos públicos innecesarios y mientras tanto, las cosas pasan y no se busca la forma de eliminar algunos de estos para solventar lo importante.
Se me viene a la mente el recuerdo de la película “Dave, Presidente por un Día” con Kevin Kline y Sigourney Weaver cuando el presidente le pide a su ministro de Industrias que cancele las campañas publicitarias sobre la industria automotriz nacional, porque iba a usar ese dinero para salvar a un orfanato. “Pese a que es una buena campaña no podemos mantenerlo, porque no quiero decirle a un niño de 8 años que duerma en la calle porque alguien debe sentirse bien con un auto que ya compró”, fue el demoledor argumento, que trasladado a nuestro país sería “no podemos seguir haciendo jornadas sobre la importancia de la aplicación de las políticas sociales y descentralizadoras con gastos de viáticos, traslados, alojamientos y servicio de catering para después no aplicar las políticas sociales por falta de dinero y dejar a su suerte a personas que necesitan mantener el cuidado y la contención de los más débiles”.
Sin dudas que hay algo que debe revisarse y que es el discurso, porque la acción no condice y esto preocupa, debemos tener más criterios y no negar lo que nos está pasando. El gobierno nacional debe buscar la manera de destinar recursos para mantener abierta la Aldea de la Bondad en Salto y seguir atendiendo en todos los aspectos a los internos que allí están y a los que fueron trasladados, suministrarles todo el cuidado posible. Ellos son personas y son los que más necesitan de que su país los quiera, como seguramente ellos lo quieren a él, por más que en muchos casos no puedan manifestarlo.

HUGO LEMOS

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Una catarata de emociones

La que pasó fue una semana convulsionada, donde la tristeza por las cosas que ocurrieron en el Uruguay y en el continente, una tras otra como cachetada de loco sin darnos tiempo a respirar y a olvidar la anterior para sumergirnos en un nuevo shock emocional, vinieron sin pausa y se nos amontonó todo, tanto, que si queríamos llorar por una de las cosas que nos habían golpeado, no terminábamos de secar el pañuelo, que ya nos poníamos a llorar por la otra y así sucesivamente.
Hemos puesto a prueba nuestra capacidad de tristeza, de conmoción y de asombro por las cosas que sucedieron en los últimos días y en muchos casos seguimos atónitos, porque ni siquiera tuvimos la oportunidad de internalizar lo que estaba ocurriendo para poder analizarlo con tranquilidad y comentarlo con ustedes, que ya deben estar cansados de tanta lata sobre todos estos temas, como lo han sido la muerte de Fidel Castro, la tragedia del equipo de fútbol Chapecoense de Brasil o los jíbaros que terminaron de esconder en el ostracismo al fútbol uruguayo con el idiota de la garrafa, que se compró todos los boletos para que la Policía lo trate ahora en una oscura cárcel, con todos los derechos humanos.
Es que si bien hace días que pasó, lo de Fidel terminó recién (hoy para mi, ayer para ustedes) y aún la gente sigue hablando de lo que hizo con Cuba como país y con la gente de ese lugar. De cómo es visto como héroe por los que están de un lado, porque les dio de comer y los mandó a estudiar, proporcionándoles el acceso a la salud y la vivienda, y cómo por otro lado fue tan cobarde que suprimió las elecciones libres e independientes, sepultando así la democracia y todo aquel que pensara distinto, que se opusiera a sus medidas como gobernante y que estuviera en la vereda de enfrente desde el punto de vista ideológico, el que en estos casos terminaba fusilado o con suerte encarcelado, para que no contagiara a algún otro que también quisiera pensar libremente y eso representara un peligro para su régimen en la isla, por el cual la historia, no lo absolverá.
Todo bien con Fidel, era un tipo simpático en el extranjero, pero prohibió la libertad de prensa y de expresión de su pueblo porque tenía miedo que la gente pensara y le hicieran una contrarrevolución cuando sintieran hambre y no se conformaran con las excusas. Pero ahora su ciclo terminó y si bien la gente que vive en Cuba y no conoce otra cosa lo llora (como pasa con el enfermo mental de Korea del Norte), quizás empiecen a avizorarse las libertades y cuando conozcan cómo es vivir en una democracia, tal vez, el pueblo decida por sí mismo y ahí elijan otra cosa.
Pero no terminamos de mirar lo que está pasando en Cuba, para volver de una y sin aviso a nuestra gris realidad. Otra vez algo penoso en Uruguay y no es un nuevo impuesto como el fiscalazo a las pasividades que se vive desde el mes de julio, ahora es otra vez el fútbol, pero el fútbol de clubes, porque una cosa es la Selección Uruguaya donde son todos atletas admirables, verdaderos caballeros del deporte y hasta advierten educación, lo que contrasta enormemente con la liga uruguaya de clubes, donde se viven cosas como las del incidente de la garrafa.
Una horda de forajidos entraron al estadio Centenario tal como ya lo tenían previsto, porque las mafias estaban conectadas y entonces ya se lo habían dicho a todos, desde los dirigentes hasta el portero sabían que se venía una horda de beduinos sin camello a la Amsterdam, a embarrar la cancha y a armar bronca el día del clásico, donde los ojos del país de un domingo a la tarde estarían enfocados en lo que iba a pasar en ese encuentro deportivo.
Pero el que representó todos los males de la sociedad, la violencia implícita que cada uno de nosotros llevamos dentro y la degradación de valores a gran escala de la que todos y cada uno tiene al menos un poquito en su ser, fue el imbécil de la garrafa.
El idiota ese que le robó el tan mencionado objeto a una pobre mujer que se gana la vida haciendo panchos y que tenía la ilusión de venderle alguno a ese grupo de cavernícolas para llevarse un peso a su casa, y terminó siendo saqueada por estos subhumanos que no solo la despojaron de su medio de vida, sino que incluso, el cobarde mayor, le arrojó la garrafa de 13 kilos que le había robado a los funcionarios policiales que estaban en el lugar tratando de contener el malón y terminó lastimando a uno de ellos y a un perro.
Luego de esto, el individuo se ocultó en Solymar, un balneario canario a unos 30 kilómetros de Montevideo donde fue encontrado por los funcionarios policiales y al rato nomás, ya estaba rumbo al Comcar, donde lo esperaban algunos amigos del policía herido. Todo esto, que no genera más que rechazo, porque solo muestra lo peor de una sociedad que vive bajo el parámetro de la violencia cotidiana, mientras se hacen marchas y se habla de que tenemos que parar la mano, no aprendemos nada y seguimos viviendo este tipo de situaciones.
Pero quienes sí demostraron haber aprendido que la paz y la esperanza pueden contrarrestar cualquier tipo de violencia, han sido los colombianos, que vivieron en primera fila la tragedia que enlutó al mundo el mismo lunes, horas después que las conversaciones de los uruguayos tuvieran dos temas centrales: ‘el loco de la garrafa’ y la muerte de Fidel, ahí cambiamos drásticamente el dial conversatorio para irnos a una de las peores historias del deporte mundial.
El avión del equipo de fútbol Chapecoense cae a 5 minutos de poder aterrizar y hacer que sus jugadores hagan historia, logrando que un pequeño club de fútbol de Brasil llegara a una final internacional, algo con lo que los equipos ‘grandes’ de Uruguay sueñan desde hace años y no alcanzan más que una sumatoria de derrotas.
Pero si bien la historia es conocida y ya todos sabemos desde lo que pasó, hasta lo que dijeron las víctimas antes de morir, la conmovible respuesta del pueblo colombiano ante una tragedia de esta envergadura, es sin dudas la mayor noticia. Porque esa actitud responde al hecho de ser una sociedad que ha vivido durante décadas la violencia que depara muerte y horror, en carne propia.
El gesto de los jugadores de pedir que declaren campeón al equipo brasileño y de que los 3 millones de dólares que se le otorgaban al campeón y al subcampeón de ese torneo continental, tuvieran como destino a las familias de la víctimas, es algo inmensamente emocionante. Y que contrasta enormemente con la actitud hostil y arcaica que empaña y representó al fútbol uruguayo el pasado fin de semana. Y ojo al gol que nos estamos comparamos con Colombia, donde campean los carteles del narco y las guerrillas de fuego cruzado contra el gobierno, y no con Finlandia o Suecia.
Ojalá que un día nuestra sociedad comprenda que es realmente triste pasar de ser una sociedad pacífica, a una tan violenta, haciendo el camino inverso de lo que fue Colombia que hoy nos da cátedra y no solo de buen café, sino que con sus actitudes nos demostró cómo se nos cae a pedazos a los uruguayos el hecho de pasar a ser un lugar donde antes vivir era un privilegio y ahora es, por las cosas que hacemos nosotros mismos, un dolor de cabeza.

HUGO LEMOS

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Un nuevo horizonte

Fidel Castro ha muerto y el mundo se conmueve. Muchos lo lloran y destacan su figura como una personalidad mundial que ha hecho cosas importantes por su pueblo. Mientras que otros celebran la extinción de su vida. En el medio de estos, están los cientos de millones de personas a los que Fidel, les importa un bledo.
En lo personal me ocupé de leer muchas cosas sobre él, no solo para saber quién era según el que me lo contara, sino que además leía y escuchaba entrevistas, leía sus cartas en Granma (el periódico oficial del régimen, aunque el resto también lo son de lo contrario no podrían circular) y así me hice una idea según lo que él decía, de cuál era su visión del mundo justo y próspero, algo que dista de ser lo que es Cuba hoy.
Su Revolución le llegó al pueblo con mucha alegría, inspirando confianza y esperanza al derrotar al dictador Fulgencio Batista que había hecho de esa isla, el prostíbulo de Estados Unidos. Impuso cambios de raíz a favor de la gente, dándoles acceso pleno a la educación y a la salud para todos sus habitantes, pero todo terminó allí. Y para los cubanos las cosas se reducen en eso. Porque con el devenir del régimen la vida ya no fue tan próspera, ni tan esperanzadora, como pintaba al principio.
La sociedad cubana debió plegarse a base de fuerza bruta, sangre y opresión al régimen comunista que Fidel Castro instaló en la isla al no encontrar al gobierno norteamericano como aliado de su hazaña y de su manera de querer hacer las cosas.
En plena Guerra Fría pactó el apoyo con la Unión Soviética y fue el primer país con un régimen marxista en el continente. Si bien su propaganda vendía justicia social, implantó por la fuerza una dictadura marxista ortodoxa, donde hubo supresión de libertades individuales suplida por un control total del Estado sobre el comportamiento de sus habitantes. Y eso es lo que generó las sombras de su personalidad.
Cuando se cambia la libertad por un plato de comida, las naciones no prosperan y los pueblos se vuelven oprimidos, por lo tanto todo sueño de justicia social e igualdad de oportunidades se derrumba y sucumbe ante la opresión. Hubo un adoctrinamiento importante de la sociedad en estos 57 años de Revolución Cubana que ha generado de todo, pero sobre todo apoyo en gran medida al régimen, al menos en gran parte de sus habitantes.
Si bien ha tenido sus aspectos positivos, porque toda la gente pudo acceder a educarse y a tener el derecho a asistir a una policlínica si se enfermaban, el querer prosperar por uno mismo está prohibido, así como también el pensar diferente y querer manifestarse a través de un partido político con aspiraciones de gobierno, porque la dictadura impone un sistema de partido único, donde el presidente siempre va a ser del mismo partido y quienes quieran tener un partido que sea liberal, corren el riesgo de ser puestos en la cárcel, por decir lo menos.
La libertad de prensa no existe y hay una sola cara de la verdad, la que dice el gobierno a través de los medios de comunicación. Y eso en países como Uruguay no se concibe, la libertad de expresión y del pensamiento ha permitido a lo largo de los años, a excepción de las dictaduras, que en nuestro país haya espíritu crítico en la población y rotación en el poder según la expresión soberana de la voluntad popular.
Lamentablemente Cuba está relegada en ese sentido, no respeta los derechos humanos sino que más bien los viola al no permitir libertades políticas, controlar la libertad de culto, suprimir la libertad de prensa y prohibir la libertad de expresión, donde si un grupo de ciudadanos, sean 10, 100 o miles quieran manifestarse legítimamente contra quienes los gobiernan, no pueden hacerlo porque serán reprimidos. Y eso, tristemente es lo que queda, más allá de aspectos positivos que puedan ser considerados.
Cuando en Uruguay gobernaba por segunda vez Julio María Sanguinetti (quien tuvo la delicadeza de invitar a Fidel Castro al país en 1995 y a quien visitó después en 1999 en la Cumbre de las Américas que se llevó a cabo en la isla con algunas ausencias por cuestiones ideológicas pero no con la de Uruguay), y los funcionarios públicos hacían paro, él no atendía sus reclamos pero sí les decía que tenían el privilegio de hacer paro por vivir en un país con libertad y democracia. Quizás faltaba el plato de comida, pero la libertad y democracia según Sanguinetti estaba, lo que en definitiva permite conseguir más comida porque si hay libertad, hay oportunidades. En cambio en Cuba habría un plato de comida, pero falta libertad y eso no permite oportunidades, lo que es el gran debe de un sistema casi justo.
Con todo, el pueblo cubano se ha mantenido siempre ahí, paciente, estoico, con la excusa del bloqueo económico de Estados Unidos como tranca del desarrollo, viendo cómo los ciudadanos que están muy cercanos al gobierno en La Habana viven de una manera y una maestra de Matanza o un médico de Cienfuegos, sobreviven de forma muy distinta.
Desde el sur del continente a través de las imágenes que se han difundido una y otra vez, y por el testimonio de quienes han visitado la isla, hemos sido testigos de cómo muchos sufren la desesperación de lanzarse al mar en busca del sueño de libertad, también vimos cómo cada vez que salían del país las delegaciones deportivas cubanas regresaban luego con muchos menos integrantes que los que habían salido, porque varios pedían asilo en el lugar que visitaban y encima de tener que abandonar su tierra, buscando algo tan básico como la libertad, debían soportar una campaña de desprestigio donde los tildaban de “ratas”.
Y como siempre, una cosa es ser comunista en Cuba y vivir como tal, y otra muy distinta es decir ser comunista y vivir en países como Uruguay, donde hay libertad para poder decirse ser una cosa y vivir como uno quiera.
Hoy el pueblo cubano vive momentos de tristeza, siente soledad por haber nacido la inmensa mayoría de él bajo el régimen de un Fidel Castro y de su omnipresente figura que ya no está. Desde hace 10 años vive un proceso de transición dentro del mismo régimen y ahora por primera vez, siente incertidumbre, porque el padre de la criatura, el que le dio vida a la Cuba que tienen hoy ya no está y lo que vendrá quizás sea distinto, quizás los cubanos quieran tomar el poder en sus manos y acaso ver la posibilidad de empezar a soñar con un sistema nuevo, diferente y del que tanto se habla en el mundo, la democracia.
Por ahora, todas las crónicas que llegan desde La Habana hablan de lo mismo, silencio absoluto, quizás algo de temor, dolor sin dudas por lo que ha sido todo esto, pero sobre todo una gran interrogante por lo que vendrá. Nadie lo sabe, pero lo que los cubanos esperan es lo que quizás las nuevas generaciones estén dispuestas a lograr con un país que precisa cambios para que su gente pueda respirar a su manera.
Acaso sin Fidel detrás del liderazgo del gobierno, quizás otra Cuba, una que respete la libertad que sus habitantes necesitan tener, pueda ser posible. Pero en todos los casos, todo depende de ellos.
Pero mientras esto sucede en el contexto internacional, donde decenas de periodistas, analistas e historiadores se descerebran.

HUGO LEMOS

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Ojalá que cambien

Si una persona no paga la mutualista, no puede ver al médico. Ahora si una persona está inmersa obligatoriamente en un sistema, donde el Estado te mete la mano, no te dice lo que te va a cobrar y después de tanto menjunje que hace, se equivoca, te sigue cobrando y deja a esa persona sin cobertura médica, alguien se tiene que hacer responsable.
Sin embargo no es así, nadie se hace responsable. El Estado no es responsable por las macanas que se manda, no se hace cargo de los problemas que genera y además exige que uno deba cumplir a rajatabla con sus exigencias de lo contrario pasará a ser un incumplidor y la vacuna con el sello de la DGI llegará antes de que cante un gallo.
Días pasados ocurrió algo que si lo cuento en un país serio, no me creen. Una persona quedó sin cobertura médica, nadie me supo explicar cómo, porque por ella aportaba su cónyuge a través del Fonasa, aunque de buenas a primeras la mujer pasó a recibir un descuento de un “ingreso” que descubrieron que ella tenía y le desactivaron su afiliación por el lado de su cónyuge actual.
Por lo tanto, el BPS que siempre está atento a todos los datos de los usuarios como si fuera la Policía, no supo investigar el origen del mismo como para darse cuenta que ese “ingreso” no era otra cosa que la pensión de 5.000 pesos mensuales que recibía su hijo menor de edad hasta que cumpla 18, por su padre fallecido.
Pero de esa mísera pensión que le concede el BPS a ese menor, de buenas a primeras comenzaron a descontarle el Fonasa. La pregunta fue porqué ese subsidio, que no es un ingreso, que le da el Estado a un menor de edad por los aportes que en vida hizo su padre también debía tributar. La respuesta fue que era porque estaba a nombre de la madre que era mayor de edad.
Claro que dicho subsidio debe estar a nombre de la madre, se le respondió al BPS, si el beneficiario es menor de edad y de lo contrario no podría acceder al cobro del mismo. Pero el BPS no se había dado cuenta de eso y aún así le descuenta el Fonasa, donde le dijeron a esa madre que tenía que reafiliarse a la mutualista con el recibo de la pensión de su hijo, el que ella cobra por ser su apoderada.
Mirá que lindo, así que el hijo menor de edad debe solventar con el dinero que le dejó su padre fallecido el fonasa de la madre. ¿Y porqué no se lo paga ella? No tiene trabajo. ¿Y por qué no lo hace el esposo? Porque como esa pensión está a su nombre el Estado entiende que ella percibe un “ingreso” y de ahí tiene que salir el dinero, no del bolsillo del cónyuge.
Ergo, la mujer nunca se enteró del asunto, solamente cuando cayó enferma en cama y precisó un médico, fue que le avisaron que estaba dada de baja en la mutualista de la que estaba afiliada porque no había ido a reafiliarse con el papel que dice que cobra una pensión para su hijo. Parece un trabalenguas, pero así es el Estado, un verdadero trabalenguas, un laberinto que solamente absorbe tiempo y dinero del contribuyente y no le brinda ningún servicio, ni siquiera el servicio médico, que se hace tan importante como fundamental para cualquier persona.
Pero no conforme con esto, su esposo concurrió al BPS; averiguó el horror que había cometido el organismo de querer hacer que el hijo menor de su esposa pague por ella la mutualista desde la magra pensión que recibe y así se “dieron por enterados” de que habían cometido un error.
No conforme con esto, le dijeron al esposo de la mujer desafectada de la cobertura mutual, que debía volver a hacer la declaración jurada y hacer el trámite de nuevo para reingresarla a la cuota mutual a su costo. Y tras esto, volver a la mutualista a hacer la afiliación. Pero el dinero que fue aportado desde el subsidio que recibe el niño que el Estado pretendía que mantuviera a su madre, no lo devuelven.
Porque los dineros que te saca el Estado, aunque sean por error, como en este caso, son considerados “errores sin devolución”.
El tema es que los problemas que el Estado le genera a la gente, no tienen reembolso. Entonces en definitiva estamos ante un sistema que solamente tiende a causar problemas mientras los ciudadanos debemos soportar pasivos, cómo se vulneran nuestros derechos.
Las complicaciones que ocasionan organismos como el BPS o la DGI a la población son brutales y para ellos no existe el principio de justicia distributiva, donde para que exista la justicia deben tratarse las situaciones distintas en forma diferente. Acá es todo parejo, bajo la misma regla y eso lleva a que la gente se equivoque y se cometan injusticias.
Que es algo que puede pasar, porque puede haber errores, porque quienes manejan el sistema son personas de carne y hueso, pero lo que sí debe haber son criterios, no puede calificarse como “ingreso” a los efectos de la carga tributaria de una persona, un subsidio escaso a un niño menor de edad originado por el fallecimiento de su padre. El Estado debe ver estas cosas, así como la DGI dice ver otras tantas.
Por eso, espero que llegue el momento en que haya una revisión general de los sistemas de tributación y aportes de los ciudadanos con el fin de restablecer una equidad que ya no existe, y sobre todas las cosas, para no causar perjuicios como el que nombré, donde pretende que un niño le pague la mutual a la madre por el mero hecho de que el subsidio figura a nombre de ella como apoderada del menor.
Estas cosas son injustas y como sea hay que decirlas esperando que algún día cambien.

HUGO LEMOS

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¿Dónde quedó Brian?

Brian sí existe, a sus casi 17 años de edad cuidaba autos de noche en la Plaza Artigas hasta entrada la madrugada, cuando caía el rocío del invierno y las risas de las personas que salían del Casino hacían eco en el principal espacio público de los salteños, algo de lo que solamente eran testigos las estrellas y él, que estaba allí extendiendo la mano y esperando que alguien le diera una moneda.
Después de eso se iba a dormir a las puertas de la Iglesia Metodista por la calle Osimani y Llerena. Conseguía unos cartones grandes y secos, los que oficiaban de colchón y se envolvía con lo que hubiera para pasar la noche arriesgando una pulmonía. Al otro día salía a conseguir un plato de comida y muchas veces, cuando la cosa andaba mal, llegaba hasta mi trabajo para obtener unas monedas.
No quería saber de nada con su familia y decía que nadie lo quería. Y cómo será que ni las instituciones oficiales lo registraban. Hace pocos días, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) dio a conocer un informe oficial del año, del que varios legisladores oficialistas se hicieron eco y por eso pude leer algunos horrores.
En algunos tramos del informe, el mismo hablaba sobre marginalidad y decía que en el interior del país no se registraban menores de edad que estuvieran en situación de calle o en estado de indigencia. Lo que en ese sentido, entiende que no deben orientarse políticas públicas destinadas a combatir esta situación, porque oficialmente, este tipo de cosas no existen.
Pobre Brian, pensé, no habrá nadie que lo atienda ni trate de ayudarlo, no lo registró el Mides, tampoco el INAU se encargó de velar por su Interés Superior, ese que está consagrado por el Código de la Niñez y la Adolescencia y por lo tanto tendría que estar protegido por el Estado, pero en realidad el único Interés Superior que tenía este adolescente de la zona sur de la ciudad, era poder comer todos los días y sobrevivir a las bajas temperaturas, y luego poder lograr que nadie lo atacara de noche cuando dormía a la intemperie y al día siguiente conseguir una palabra de aliento más que una limosna.
Pero nadie se acuerda de él, en realidad nadie lo registra, nadie se interesó y oficialmente no es un uruguayo. Porque según el diputado Alfredo Asti de Asamblea Uruguay, que fue uno de los que se congratuló con el informe, el mismo dice que “no hay ningún uruguayo o uruguaya menor de edad que viva en situación de calle o en estado de indigencia en el interior del país”. No sé lo quise decir a Brian, no me animé a echarle por tierra esa ilusión de que algún día alguien vendría por él.
Yo le sugerí que lamentablemente el sistema te excluye, aunque no quiera hacerlo y aunque vos no hagas nada para que eso suceda, va a ocurrir igual, el sistema te va a excluir. Y entonces le dije, muy a mi pesar, para alguien de tu edad el mejor trabajo que se le puede ofrecer es el estudio, pero en tu caso, tendrías que trabajar nomás. Porque tenés que hacer la tuya y buscar ayudarte a vos mismo, si esperás por el Estado vas frito.
Aunque después pensé y le comenté que este gobierno había puesto el Mides para ayudar a la gente que estaba en situación de emergencia social y que él era producto de esta situación, que si bien había nacido en plena crisis bancaria, había crecido desde sus 4 años de vida en un gobierno de izquierdas, por lo cual sus derechos iban a ser tutelados por el Estado y más temprano que tarde iba a tener una respuesta.
Pero él me miraba raro, con escepticismo, como diciéndome que saliera del discurso de oficina y fuera más pragmático y me empapara con la expresión de la calle, que era fría y dura, y que le decía a él cómo eran las cosas.
En la calle la única ley que existe es la del más fuerte, me advirtió una vez como para que aterrizara. El fuerte sobrevive y el débil pierde siempre, me dijo. Así son las cosas, no existe la palabra justicia social, ni inclusión, ni inserción laboral y mucho menos igualdad de oportunidades, en la calle existe solo la bronca por estar afuera de todo y ver como al lado de los que extienden la mano para pedir una moneda, hay un no permanente, que entre ellos tiene a Brian como protagonista.
Él a veces tiene vergüenza y me da explicaciones de lo que ha hecho con el dinero que tenía en el bolsillo ese día. Me cuenta lo que come y porqué no puede llegar al par de championes que tanto quiere como cualquier adolescente de su edad, pero se conforma con tener algo que le caliente los pies.
“Siempre trabajando”, me decía porque yo le había dicho que robar lo iba a terminar de destruir, porque así se sentía al principio, destruido. Pero después, se sentía realizado, cuando cuidaba autos y alguien le daba una propina porque ahí él entendía que había recibido un dinero que era justo, porque había trabajado para tenerlo. Eso era lo más cerca a la igualdad de oportunidades que en su vida Brian iba a conocer.
No entiende de política, tampoco le gusta la gente que anda hablando lindo o raro en la radio y en la televisión. Creo que no conoce los diarios y es lógico, solo aprendió a leer y a escribir lo básico y no puede perder tiempo leyendo algo de lo que no entiende, como es el sistema. Y los diarios escribimos para los que estamos inmersos en el sistema y él está por fuera de todo y de todos.
Por eso hasta el Mides no lo registró, no lo puso en ese informe del año, sino habría dicho que solamente hay un adolescente en el interior que dormía en la calle y que cuidaba autos de noche para comer hasta que llegó el Estado y le brindó el apoyo que precisaba para velar por su Interés Superior.
Aunque todo eso nunca pasó, Brian dejó de ir a cuidar autos, no lo vi más en la plaza de noche. El sereno de la esquina no lo ha visto más durmiendo en la puerta de la iglesia, su familia no tiene idea de él, la gente que pasaba a su lado no lo registraba y para el Estado lisa y llanamente no existía. Ahora sí, pueden hacer el informe diciendo que no hay adolescentes en situación de calle, porque seguramente Brian ya no vive acá y vaya a saber uno en qué estadística quedará registrado algún día cuando aparezca.

HUGO LEMOS

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Solamente podría empeorar

Nunca me voy a olvidar de aquella frase que escuché cuando siendo niño fui a mirar al desaparecido cine Sarandí, una de las películas de Rocky (el boxeador interpretado por Silvester Stalone, hijo de inmigrantes italianos que representaba la lucha por la libertad y el estoicismo de Estados Unidos en el mundo), en el momento en que ese héroe popular viajaba hasta la exUnión Soviética para pelear con Drago (interpretado por Dolph Lundgren) y allí, cuando todos buscaban frenar los impulsos narcicistas y violentos que caracterizaban en la película al luchador ruso, el mismo se rebela ante sus camaradas (porque los llamaba así) y espeta con fuerza: ‘el amerricano debe morrir’. Y el que terminó en el suelo fue él y la gloria de los estadounidenses se hizo grande hasta en suelo enemigo.
combate

La película termina con un actor que interpretando a Gorbachov (el premier soviético de entonces) de pie y aplaudiendo a Rocky por brindar un discurso a favor de la paz mundial, estando completamente bañado en sangre tras la dura lucha con su contrincante.
Claro, era plena Guerra Fría, entonces la máquina propagandística de Estados Unidos por el mundo era tremenda, mucho más poderosa que la de ahora, donde mostraba a todos los norteamericanos como niños lindos y buenos, y a los soviéticos como malas personas y por lo general siendo gordos y feos, monstruosos, con malas ideas y pensando siempre en hacer el mal.
Cuando fui creciendo me preguntaba porqué los soviéticos se veían así en cada película. Y a medida que fui aprendiendo cómo era el mundo, fui sacando mis propias conclusiones. Cuando siendo estudiante en el liceo estudié el Corolario Roosevelt y aquello de que “América para los americanos (de América del Norte le faltó decir)”, me di cuenta que las películas de Rocky solamente eran un panfleto, tomando en cuenta todo lo que se pretendía que aprendiéramos sobre ese “gran país” llamado Estados Unidos.
Sus aspiraciones imperialistas y de dominación ideológica se derrumbaban en la medida que no tenían que hacer mucho esfuerzo, porque como dijo el Pepe Mujica en el programa español Salvados: “a la Unión Soviética la derrumbó su propia burocracia, se arrinconaron ellos solos hasta que no quedó nadie de quien sospechar, porque se desconfiaban el uno del otro que el último apagó la luz” y con el resto de los países los gringos no tuvieron problemas porque sin hacer tanto ruido, le seguimos el tren.
Cuando Tabaré Vázquez ganó las elecciones en 2004, entre otras cosas criticando las relaciones cuasi carnales de Jorge Batlle con la administración Bush, al cumplir un año de su mandato el primer presidente del Frente Amplio trajo a nuestro país a George Bush hijo, lo invitó con un asado de cordero y un tannat; y le dijo “siéntase en su casa”, a lo que este respondió “gracias presidente, me siento muy muy en mi casa”. Cinco años después se supo que Vázquez hasta le pidió a Estados Unidos que declaráse al Uruguay “su país amigo y socio”.
Mujica no fue la excepción, no solo fue a visitarlo a Obama a la Casa Blanca, sino que comenzó su mandato con una reunión con Hilary Clinton el 1º de marzo de 2010 bendiciendo su asunción como presidente y terminó trayéndose a “6 locos de Guantánamo” al país, mientras durante su período pasó comiendo asado con la entonces Embajadora estadounidense Julyssa Reinosso en el Quincho de Varela.
Ahora Vázquez y el mundo están en vilo de cómo serán de aquí en más las nuevas relaciones con Estados Unidos, dependiendo de lo que pase el martes 8. Pero más allá de ese resultado hay algo de cierto en todo esto y es que la izquierda uruguaya le perdió el miedo a Estados Unidos y los llaman amigos, socios y hasta los tratan de “honestos”, como dijo Mujica refiriéndose a Barack Obama tras visitarlo en Washington.
Así que lo que todos esperamos que ocurra el martes, es que el país más importante del mundo, que elige a su presidente en elecciones democráticas que nadie cuestiona, porque no veo a la OEA ni a la ONU haciendo aspavientos de mandar observadores electorales como lo hacen con Uruguay cada vez que hay una instancia de esa naturaleza, es que los encargados de sellar el destino de su nación, algo que impactará en el resto del mundo, elijan al menos malo de los dos candidatos.
Porque ambos no ofrecen nada nuevo y positivo, sino que en el caso de Clinton, piensa mantener el mismo nivel de manejo de las cosas tanto a nivel interno como en política exterior, y si ganara Trump, podrían empeorar las cosas y cerrarle la puerta al mundo, envolviéndose en un peligroso manto de soberbia que puede generar mayores contratiempos de los que ya tiene, sobre todo con China, se le cerrará la puerta a los avances con Cuba, habrá más Guantánamo y seguramente alguna otra invasión en Medio Oriente.
Pero el país de la libertad, de la prosperidad y de la democracia plena, nunca se vio tan amenazado en sus raíces como ahora, con dos candidatos que no dicen mucho más de lo mismo, que se la pasaron toda la campaña electoral peleándose entre ellos, discutiendo sobre algo tan trivial para los intereses que están en juego como el hecho de quién es mejor persona y más abierto de mente, pero sin proponer algo que pueda influir en la política de fondo del principal país del mundo por sus lazos con el resto de las naciones del planeta.
Estados Unidos ha trabajado duro durante toda su existencia para ser el país que ha llegado a convertirse, como primera potencia mundial que aún lo son y con su vocación imperialista intacta entienden que tienen un rol que cumplir en su existencia, y esto no es un slogan de un izquierdista trasnochado, es una verdad empírica que se ha podido comprobar a lo largo de la vida.
Si esa vocación le ha servido al mundo, ya que sino todos, la inmensa mayoría adoptamos esa forma de vida y emulamos su concepción de libertad (no olvidemos que incluso José Artigas era admirador del sistema federalista y de la democracia que impulsaba Estados Unidos desde el Siglo XVIII), lo discutirá cada nación, pero que el Uruguay la aprueba y la defiende más que cualquier otro sistema y su pueblo así lo ha confirmado en las urnas, y su actual gobierno refrendado en cada una de las tres administraciones que lleva por ahora, es un hecho comprobado.
Por lo dicho, todos estaremos pendientes mañana para conocer qué clase de democracia es la que impartirá el primer país del mundo desde el 9 de noviembre. Si una con un apacible concepto de libertad y respeto hacia las instituciones, promoviendo la diversidad y la inmigración como eje de fortalecimiento de una nación. U otro que se irrogue el derecho a ser los dueños de la verdad, los que impongan todas las condiciones para conversar con el resto a razón de su superioridad y que planteen el patoterismo vil que solo les da tiro corto y puede derrumbar de un plumazo lo construido hasta ahora.
Con respecto a Uruguay, Hilary ya nos visitó dos veces, una como primera dama y otra como secretaria de Estado (canciller) de Obama. En tanto Trump fue más lejos, puso un pie con una de sus torres, pero no fue a cualquier lado, eligió fiel a su estilo instalarse en Punta del Este, donde carteles con su rostro promocionan la Torre Trump, hasta ahora única inversión de esa naturaleza en Sudamérica. ¿Será una señal?
Prefiero que gane Hilary, al menos todos sabemos cuánto calza y que no embarrará mucho la cancha para este lado porque lo que busca es pasar a la historia, porque cuando los empresarios creen que pueden ser políticos porque les va bien con el manejo de su dinero, es ahí cuando los pueblos sufren y las cosas se complican.

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Una medida antipática

Todavía era temprano y el banco no había abierto sus puertas. Yo estaba afuera esperando con un grupo de gente que las instalaciones del “Banco País”, denominado así porque se supone que es mío, suyo y de aquel, comenzara su horario habitual de atención al público. Cuando finalmente el funcionario corrió las llaves y dio luz verde a los clientes de la entidad, entré raudamente porque contaba con poco tiempo para hacer el trámite y ya tuve que hacer fila.
Estando en la misma y al tener que esperar un poco para ir avanzando debido a la cantidad de gente que había llegado antes que yo, aproveché el tiempo para ponerme a observar todo lo que se movía a mi alrededor, sobre todo si uno vive de este oficio y encuentra letra en las cosas que pasan sobre su entorno.
De lo primero que pude darme cuenta, fue que hay tanta cantidad de gente utilizando el sistema financiero, ya sea por trámites, depósitos, cobros, pagos de cuentas y otros, que la cantidad de funcionarios no se ajusta a la demanda existente, algo que pasa usualmente en el Estado. Porque nobleza obliga, la atención estatal será burocrática, lenta, cara y con cara del lugar donde no da el sol, pero en varias oficinas públicas se nota la falta de funcionarios.
Y eso lo traigo a colación porque sé que en muchos sectores políticos se pide que se baje el costo del Estado, algo que tiene que ver justamente con esto, pero la realidad nos indica otra cosa. Porque cuando se va a determinadas oficinas estatales como las de Antel, Ute y Ose, siempre falta gente para una cosa u otra y los trámites demoran justo por ese tema. Lo de la Policía, los Bomberos o la Policía Caminera no es novedad, pero sobre todo desde hace un tiempo a esta parte cuando uno va al Banco República denota la falta de personal para algunas tareas que agilizarían bastante la atención al cliente.
Pero eso bueno, vaya y pase, y que sus administradores que tanta plata ponen para hacer los festejos por el aniversario del Banco País, que es de todos porque lo mantenemos con nuestros impuestos, reordenen la casa y mejoren sus recursos humanos para brindar una mejor atención al público, más eficiente y con mayor compromiso.
Porque lo que me dejó perplejo fue otra cosa. En varias de las columnatas del edificio de la calle Uruguay y Zorrilla había un cartelito, hecho con una hoja A 4 e impreso con las herramientas de trabajo que son para uso del Brou y que por supuesto pagamos todos. La hoja decía “por orden gremial…”, algo que ya no cierra “…el último cliente será atendido a las 18 horas” o algo así.
Primero que nada, lo de orden gremial ya me cayó mal, porque más bien no lo entendí, no me quedó claro cómo un gremio puede dar órdenes que las mismas incluso trasciendan el funcionamiento de una institución, que además es pública y que debe ceñirse a sus normas internas porque afectan directamente a sus clientes que son los que mantienen a la institución. Y eso que yo siempre defendí y defiendo a los sindicatos cuando los mismos cumplen con su función y cometido, porque siempre integré y soy parte de uno, pero no entiendo cómo el sindicato da las órdenes de funcionamiento a los funcionarios de una institución estatal, porque los mismos deberían acatar lo que dicen sus autoridades, pero en este caso deben hacer lo que dice el gremio y por lo tanto, en ese planteo pseudo anarquista le tiene que quedar claro a la gente que los trabajadores del Banco van a hacer lo que el sindicato mande.
El sindicato debe defender los intereses de los trabajadores y si hay problemas con el pago de las horas extras o de cualquier índole en una institución como esa, por ejemplo, algo que no se justificaría nunca por el volumen de ingresos que maneja la entidad, los representantes de los trabajadores de ese sector tendrían que adoptar medidas de negociación, de diálogo y hacer manifestaciones públicas para dar a conocer una situación así ante la opinión pública. Y no cortar por el hilo más fino que en este caso se traduce en la limitación de la atención al público.
Lo digo por el respeto que le deben a la gente de saber qué es lo que pasa con su propio banco, porque la población que paga sus impuestos cada mes, ya que el sistema tributario instaurado desde el 2007 se encarga de no perder un solo peso, tiene derecho a saber cómo se administra el mismo. Entonces no puede venir el sindicato a cortar la atención a la gente, porque lo único que hace es generar más problemas.
Y lo otro es que si el último cliente del Banco, como dice el cartel, deberá ser atendido a las 18 horas, quiere decir que los funcionarios deberán cerrar antes las puertas, porque el que entra un minuto antes de las seis de la tarde y saca número o hace fila, y espera que lo atiendan, alguien deberá explicarle que no pierda tiempo porque cuando llega la hora, se tendrá que ir sin que nadie le pregunte a qué fue. Sin importar si lo suyo es urgente o no, sin importar el tiempo que lo hayan hecho perder, sin importar si es joven o jubilado, si le tomó dos minutos o tres horas llegar allí, si gastó el último peso que tenía en el ómnibus o si se vino en su auto particular, la persona se tendrá que ir porque no lo van a atender por orden del gremio.
No por orden del gerente del banco, ni por ordenanza del directorio, jerarcas públicos a los cuales los uruguayos todos, incluso a los que echan de sus instalaciones a las seis de la tarde, les pagamos un muy buen sueldo que está por encima del que cobramos la mayoría de nosotros, sino por orden del sindicato, la gente se tiene que ir a las seis y listo.
Así las cosas, considero que más allá del aspecto puntual que rodea este asunto, lo más importante es ir al fondo del mismo. Y es que si los funcionarios públicos generan medidas de esta índole, donde solamente van a ir a contrapelo de los intereses de la gente, puede ser que consigan lo que quieran, que el directorio al verse presionado por las quejas del público le conceda las peticiones a los funcionarios, más allá de que las mismas terminen siendo favorables a la población, lo único que ganan con estas medidas son la antipatía del público y eso lamentablemente a los dirigentes sindicales, al menos a muchos de ellos, no les interesa sino que entienden que son costos que tienen que pagar.
Pero siguen estando equivocados, porque con esa medida solo denotan soberbia y arrogancia, ya que se irrogan el derecho de la gente a recibir un servicio por el que ya estamos pagando para recibir y más allá de que consigan lo que se proponen con esta medida, solo se ganarán la antipatía de quienes les pagamos el sueldo, algo que al parecer a los que tomaron la medida, no les interesa.

HUGO LEMOS

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No queremos tanto palo

El ulular de las sirenas policiales son cada vez más frecuentes y es señal de que las cosas se están complicando. El provincianismo salteño con el que bautizaban las autoridades ministeriales tiempo atrás a la situación de seguridad que se vivía en Salto, va quedando paulatinamente más lejos.
Pero el hecho no afecta solamente a nuestro departamento, sino que el país mismo es el que ha ido cambiando su matriz social, algo que viene acompasado con el mundo en el que vivimos, donde los códigos de convivencia se resquebrajan como un vidrio roto a medida que la brecha social se agranda y expande sus desigualdades.
La fragmentación social se genera cada vez más y es algo que duele. Pero es real y la situación de inseguridad obedece a varios factores que ya escapan a coyunturas específicas. La convivencia entre personas tan distintas tiene todo para ser en paz. El hecho de hacerla violenta e insegura es nuestra responsabilidad. Es culpa de todos, no de un gobierno o de una situación particular y concreta, sino de quienes hacemos que este mundo sea tal cual lo vivimos.
No se puede decir que un ministro va a hacer que las cosas cambien, porque solo es un funcionario rodeado de asesores que le dicen que dé más palo aquí o allá, pero las cuestiones de fondo no las va a cambiar. Tampoco va a lograr que la mentalidad de ciertas personas cambien, no podrá generar que tipos que tienen la cabeza podrida y son capaces de zamarrear a una pobre abuelita para sacarle el bolso y robarle la plata para comprarse droga, se recuperen de un día para el otro y digan ‘bueno está bien, nos equivocamos y no lo vamos a hacer más’.
El ministro podrá implantar políticas represivas un poco más severas, pero no puede ir contra un problema que es estructural en la sociedad uruguaya y que no se arregla ni con el “sopapo indagatorio” como nos decía en la Facultad el eximio profesor de Derecho Penal, Eduardo Pesce, ni tampoco diciendo que se van a reforzar las políticas educativas y que se le van a dar oportunidades de trabajo a las personas que delinquen para que no lo hagan más.
Eso es un cuento de hadas que no se lo cree nadie. El gobierno no lo cree, la oposición sabe que eso no sirve y que es un cuento chino, y los delincuentes saben que si les dan trabajo, ellos lo rechazan porque son una versión casi pura del anarquismo, no quieren patrones, ni nadie que les imponga orden ni responsabilidades.
En una entrevista concedida por el ministro Eduardo Bonomi al semanario Búsqueda hace algunas semanas, el jerarca confiesa que dentro de las cárceles uruguayas hay “presos que intimidan a otros que trabajan, para que no lo hagan más, así pueden organizar el delito afuera”, algo que habla a las claras de una realidad carcelaria que solo genera más crimen dentro y fuera del lugar.
Y que muestra que el sistema de rehabilitación tal como está planteado no sirve, si no va a acompañado de medidas estructurales, apoyo con recursos humanos calificados, con infraestructura adecuada, con métodos que generen hábitos y que ayuden a la gente a cambiar su forma de pensar, a estar motivados para hacerlo y a querer aprender valores, para saber que otra vida muy distinta a la que tienen y llevan, es posible.
Y en este caso cabe consignarlo, lo que hace el gobierno departamental de Salto con el Instituto Nacional de Rehabilitación, de contratar un grupo de reclusos para que trabajen y ganen un sustento para sus familias, transmite valores tan elementales como la dignidad, la responsabilidad y el esfuerzo para obtener resultados que impacten de forma positiva en el seno familiar.
Ahora, el delincuente por naturaleza, el que está convencido que es delincuente de profesión, entiende que esa es su vida y que no va a cambiar porque su perfil es ese y que si le va mal y “pierde”, cae preso o muere, es la ley de juego que eligió vivir, con esas reglas y que esa es su vida. “Las rejas no se comen a nadie”, me decía un preso en la cárcel de Salto hace algunos años aduciendo que ese era su lugar, porque cuando saliera de allí lo que mejor sabía hacer era ir a robar, y que estaba en su personalidad y no lo iba a cambiar. Por lo tanto manejaba una estancia entre rejas como una posibilidad latente. Como si fuera parte de lo que le podía tocar en la ruleta rusa que eligió jugar, porque a nadie por tocarle nacer en un lugar deplorable, mísero y pobre, está confinado a vivir así el resto de su vida. Eligen hacerlo cuando crecen, como el alcohólico o el violento que elige ser de esa forma.
No estoy de acuerdo con los que dicen que son delincuentes porque nacieron pobres y no tuvieron de pequeños a alguien que les diera amor, contención y las cuestiones materiales básicas como para salir adelante en la vida.
Conozco mucha gente que nació en la nada misma, que tuvo una infancia muy difícil, pero que no se autodiscriminaron por haber vivido así y sin embargo salieron adelante, trabajaron duro y crecieron con un espíritu de superación envidiable, cuyo pasado los fortaleció e hizo que todo finalmente diera resultados positivos, por lo cual no me trago la pastilla de que el delincuente roba porque es pobre y no tiene lo que quiere y por eso lo roba.
La gente que es pobre, es trabajadora y honesta como cualquier persona, así que descarto por completo la criminalización de la pobreza. Además no creo en la pobreza material sino en la mental, en aquel que se limita y lastima con su forma, ese es un ser peligroso. No por no tener bienes sino por ser pobre de mente.
Por otro lado, creo que el tipo que mató al vecino de Carrasco en Montevideo, o el mismo que cometió el brutal asesinato del productor rural en Sopas este fin de semana en Salto, como el que roba motos en la esquina de Uruguay y Córdoba, o comete rapiñas armadas contra comercios como el caso del 24 horas de la plazoleta El Reloj, son personas con pobreza mental y espiritual que un ministro o un grupo de policías nunca podrán combatir, sino buscan que una vez que puedan capturarlo, lo ayuden con asistencia profesional para que encuentre su lugar en el mundo y deje de hacer daño.
Podrán cambiar el ministro, brutalizar a la Policía, darle un arma a cada ciudadano y abolir el delito de homicidio para estos casos, pero estoy convencido que solo generaremos más violencia en la sociedad, más temor e inseguridad en todos los sectores de la población, y que pasaremos a vivir en un todos contra todos, profundizando un mundo de desconfianza y de terror establecido que no ayudará en nada a terminar con la delincuencia sino que la misma pasará a ser algo permitido y todos podremos terminar convirtiéndonos en lo que tanto tememos.
Así que debemos tener cuidado con lo que reclamamos, porque en vez de ayudar a generar una sociedad con políticas de fondo, que atiendan los casos puntuales de desviación en la conducta que se dan, podremos armar una guerra y terminar perdiendo por siempre la batalla.
HUGO LEMOS

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Barajar y dar de nuevo

Cuando hace unos años miraba la película Presidente por un Día, con los protagónicos de Kevin Kline y Sigourney Weaver, entre otros, donde un imitador del presidente del país que gobierna el planeta tiene que tomar su lugar cuando a este le da un infarto en pleno acto sexual con una secretaria, empieza a hacer cosas buenas por la población, siendo todo lo contrario a lo que era hasta ese momento el verdadero presidente.
En una de las escenas, el presidente (interpretado por Kevin Kline) busca la manera de reducir el presupuesto de la nación para poder redestinar recursos a un proyecto público que le da albergue a niños sin hogar. Para eso le pide ayuda a uno de sus amigos de verdad y al mirar en qué gastaba el dinero público el gobierno, se querían morir.
Entonces, ejerciendo su mando de presidente, convoca a una reunión de gabinete en forma urgente y allí empieza el recorte. Entre las medidas que adopta, le dice a uno de sus ministros, el de Industrias, que pretendía eliminar una campaña que difundía la importancia de la industria automotriz del país, ante la proliferación de automóviles extranjeros. “No quiero decirle a un niño de 8 años que duerma en la calle porque alguien debe sentirse contento con un auto que ya compró. ¿Usted sí?”, la increpa Kline protagonizando el rol de presidente de Estados Unidos y su ministro, perplejo por el cambio de actitud del mandatario, le dice “no claro, estoy de acuerdo con usted”.
Así, entre recorte y recorte de gastos innecesarios, llega a la cifra y decide redestinar los recursos públicos para quienes realmente lo necesitan. Sabiendo que no podrá salvar todos los males de la sociedad, sí queda contento porque logra hacer algo.
Cuando escuchamos la noticia de que Aldeas de la Bondad podría cerrar sus puertas porque cayó el convenio que INAU tenía con una organización social que administra el lugar, que es de alta sensibilidad, ya que atiende a decenas de personas consideradas “siempre niños” por padecer discapacidades severas, crónicas y permanentes, masticamos bronca y nos acordamos de las cosas que vimos por ejemplo en la película que mencionaba anteriormente.
Porque el Estado debería disponer de un fondo específico para atender sin sobresaltos ese tipo de situaciones. Debería contar con dineros públicos para darle al INAU lo que necesita porque son las personas con mayor estado de vulnerabilidad social las que se encuentran bajo su órbita, ya que dinero tiene y si no veamos.
Días pasados en la columna semanal que sale los viernes sobre datos económicos que publica EL PUEBLO denominada Detrás de los Números, se publican las partidas que recibe cada uno de los legisladores de este país para comprar diarios y revistas. Algo que ninguno de ellos hace y que son superiores incluso a lo que cobran muchos trabajadores.
Se trata de una partida de 24.500 pesos por mes para cada uno, lo que hacía más de 3 millones de pesos mensuales para todos y más de 38 millones de pesos anuales para los legisladores que duran 5 años en sus funciones, por lo cual hablamos que el Estado uruguayo destina para los 130 representantes parlamentarios, la nada despreciable cifra de 190 millones de pesos para que los gasten en lo que no lo van a gastar, porque ya reconocieron que no lo hacen.
En vez de destinar esos recursos en el plan quinquenal de gastos a la educación, la salud, la vivienda, la alimentación de nuestros niños y adultos mayores que están en situación de calle, de comprar equipamiento para la Policía o de crear fondos para que no haya contingencias con el INAU cuando tiene que hacerse cargo de problemas serios y sensibles de esta índole, hacen todo lo contrario y le siguen otorgando privilegios a los legisladores que ya hicieron un mea culpa y dijeron que a los diarios los leen por Internet y que a esa partida, la destinan para alquilar espacios en las radios o contratar personal político, así no tocan su sueldo.
Es una situación compleja, máxime cuando vemos hoy a decenas de trabajadores agremiados que están negociando para no perder su trabajo, porque podría concretarse el cierre de un centro de atención a personas con discapacidades severas como es Aldea de la Bondad, entre otras cosas por falta de quién la gestione, ya que el Estado necesita un socio en ese ámbito para poder llevar a cabo todo lo necesario en el lugar.
Aunque si el INAU contara con los recursos adecuados, podría quizás, gestionar la contratación de educadores y técnicos y operaría solo desde ámbito.
Sin embargo, debe salir a buscar una organización que se haga cargo de uno de los hogares más importantes como sensibles que maneja ese organismo por la falta de dinero que hace a la gestión de fondo del organismo público.
Ese tipo de cosas son las que marcan las contradicciones que tenemos como uruguayos. Porque uno de los problemas con los que contamos y que todavía no hemos resuelto, en tanto el Estado es el pueblo, es con los salarios exorbitantes que continúan habiendo en la administración pública. Como se supo días pasados que el gerente de República AFAP recibe como salario la suma de $666 mil pesos uruguayos y un bono anual de 1,5 millones de pesos como premio. En tanto que el gerente de marketing de la misma empresa estatal recibe más de 450 mil pesos mensuales y unos 992 mil pesos como premio anual.
Ese tipo de cosas, que se suman al sueldo del gerente de ALUR superior a los 300 mil pesos por mes, son las que generan bronca, porque esos sueldos deben ser topeados y parte de su salario debería ser destinado a causas sociales donde el Estado tiene injerencia, como el caso del INAU.
A mi forma de ver las cosas, no se pueden prever 24.500 pesos de gastos mensuales por cada legislador, para que compren diarios, que encima no compran, y privarle a los niños, a los discapacitados y a las personas con enfermedades y problemas de salud, de usar esos dineros para la creación de centros de atención adecuados a su situación, con personal suficiente y preparado, en todo el país.
Contradicciones como esas existen en el Estado y no son cosas de un solo gobierno, pero justamente el actual es un gobierno que cree que con lo que hace es con políticas de justicia social y cuando se desnudan estas cosas, la única justicia social sería que renuncien todos y que con el dinero público haya que barajar y dar de nuevo.

HUGO LEMOS

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Todos iguales ante la ley

Estoy de acuerdo con todas las manifestaciones de índole social, donde se planteen reivindicaciones, porque considero que se trata de la expresión de libertad que tienen los distintos grupos sociales para hacer valer sus intereses en busca de conquistar derechos. Pienso que deben seguir ese camino, siempre que lo hagan en forma pacífica y siendo respetuosos de quienes piensen distinto.
Por eso la semana que pasó, nos dejó en Salto varias huellas. Hubo reclamos y planteos, pero también movilizaciones que tendieron a plantear cosas que charlamos entre vecinos todos los días y que esta vez, los reclamos fueron amplificados.
En primer lugar, la marcha por más seguridad que fue llevada a cabo por personas que se autoproclamaron defensores de la actividad que desarrolla la Policía, ocurrida la semana pasada y que partió de una protesta por el procesamiento con prisión de dos funcionarios que actuaron en un procedimiento y a quienes sindicaron como los autores de la lesión de un joven, dejó varios temas en el tapete. Sobre todo en un momento donde la justicia viene investigando algunas denuncias de presunto abuso en la función policial, particularmente en una seccional de nuestra ciudad.
Creo que nadie está en desacuerdo con la nobleza que tiene implícita la función policial, que trata nada más y nada menos que de funcionarios que exponen la vida para proteger la integridad de las demás personas. Pero el caso que ocurrió dejó serios cuestionamientos que están referidos a establecer cuál es el límite de la labor policial, hasta dónde un funcionario tiene licencia para usar el poder coercitivo que le da el Estado y no pasarse de la raya. Porque puede estar vulnerando el derecho de gente inocente, o puede incluso, estar lesionando personas por tomar los casos en sus propias manos.
Pero la marcha, fue considerada histórica por muchos policías, porque ellos plantearon algunas reivindicaciones que para ellos son el a, b, c de todo esto. Como por ejemplo, que les den garantías para hacer su trabajo, que los amparen con herramientas legales para evitar sobrepasarse al momento de proceder y generar una situación que los coloque a ellos del lado del victimario y allí, los funcionarios policiales vieron en carne propia cómo mucha gente los apoya, siente que son necesarios y útiles para una sociedad cada vez más violenta.
Aunque la pregunta quedó cuando todos se fueron a sus casas ¿necesitamos una Policía más violenta?, ¿o precisamos funcionarios preparados para tener tino a la hora de proceder y así saber cómo evitar caer en manos de quienes delinquen, que usan las leyes que también les asisten derechos en tanto son personas, para exponer las flaquezas de los funcionarios policiales, en tanto seres humanos, cansados y estresados por su trabajo, pero con un arma en la mano que los expone a generar un hecho de violencia no querido?
Hay un límite que debe trabajarse en la interna, analizando y estableciendo criterios, y eso es mucho más urgente aunque no lo parezca, que el reclamo por las herramientas mismas con las que los funcionarios deben trabajar. Para muestra sobra un botón, ya que al día siguiente de esta movilización en la que la sociedad sin distinciones les brindó el apoyo y pidió respuestas, hubo un procedimiento judicial donde una andanada de funcionarios, entre ellos algunos jerarcas, debieron concurrir al juzgado para que en una maratónica instancia se determinara si eran culpables de vulnerar el derecho de unas personas que fueron detenidas hace algún tiempo.
La justicia aplica el derecho y los funcionarios siguen jugando con las mismas reglas, por lo que deberán trabajar más su responsabilidad para no exponerse a ser quienes cometen los delitos.
Eso por un lado, pero en otro caso, la movilización en el marco de la marcha por la diversidad, es algo positivo. Porque por un lado apoya a la expresión de las personas que sienten de determinada manera y que por eso se ven como distintos y hasta discriminados por la sociedad, lo que nos ayuda a nosotros a ver qué clase de sociedad tenemos, donde sus actores son diferentes y diversos y deben ser respetados en tanto todos respetemos las reglas de juego.
Por tal motivo, el artículo 8 de la Constitución de la República dice que todos somos iguales ante ley y que nos diferenciamos por nuestros talentos y virtudes. Ese precepto constitucional es la máxima que nos coloca a todos en esta sociedad en pie de igualdad ante la ley. La norma exige para diferenciar a las personas sus capacidades para el desarrollo, pero nada habla de sexo, credo, raza, religión ni orientación sexual, por lo cual esto último sobre todas las cosas no debe ser un problema.
Sin embargo, hace pocos días, los representantes del Ministerio de Desarrollo Social plantearon la existencia de un proyecto de ley por el tema de la “cuota” para el ingreso a organismos públicos de personas trans. Algo que a mi juicio es totalmente innecesario y que en cierta manera ayuda a discriminar aún más a quienes se supone que quiere proteger, porque los coloca en inferioridad y los hace distinto del resto, siendo que lo que este colectivo social ha venido promoviendo en todo momento ha sido el reconocimiento de las personas que lo integran como seres en pie de igualdad con los demás, ni distintos, ni diferentes, ni menos, ni más, simplemente iguales en tanto derechos y obligaciones que el resto, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo.
Además creo que una ley así, que establece las famosas “cuotas”, que son imposiciones de determinados grupos sobre otros, como ya existen para el caso de las personas afrodescendientes, lo que hacen es otorgarle privilegios a ciertos colectivos y no dejarlos en pie de igualdad con el resto de los colectivos sociales que en esos casos sí deberán dirimirse, por ejemplo en un concurso público, por sus talentos y virtudes, quedando por debajo de los privilegios que se le otorgan a determinados colectivos de personas.
Tanto el colectivo trans, como los afrodescendientes, como el resto de los colectivos sociales, incluyendo a los heterosexuales, casados y católicos que son vistos como el status quo, y hasta ciertamente demonizados, deben concursar ante el Estado en pie de igualdad, por el simple hecho de que todos somos iguales ante la ley y no debe haber más verdad que esa. Por lo cual no deben existir privilegios de unos sobre otros, porque le estamos restando derechos a quienes no entren en la categoría para ser acreedores a esa cuota. Es mi opinión y creo que vale tanto como la de quienes promueven lo contrario.
Soy defensor acérrimo de los derechos humanos y una política pública basada en los principios fundamentales de esa rama jurídica, promueve a igualdad y en ese sentido, creo que elaborar una ley para establecer cuotas como ya se ha hecho, solo contribuye a que haya más desigualdad y discriminación.

HUGO LEMOS

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El entorno también debe ser atendido

El niño levantó la mano, algo tímido desde el fondo del salón de clases. El profesor, que estaba hablando con ellos de un trabajo externo sobre la situación del tránsito y que ya había escuchado a varios de sus compañeros contar algunas experiencias que le habían tocado vivir respecto a los accidentes, le cedió la oratoria para oír qué tenía que decir.
El niño de 12 años de edad, le contó en esa oportunidad a su profesor y a toda la clase que tiempo atrás había sido testigo de un hecho que le ocurrió a quien era su “mejor amigo” y acto seguido contó un hecho desgarrador.
Dijo que cuando tenía 8 años y su amigo 5, estaban jugando a las escondidas en el barrio. Pero de repente, él le dice a su amigo para esconderse detrás de unos arbustos y este opta por irse cerca de la calle para lo cual lo sigue de atrás y cuando quiso acordar, un ómnibus que transportaba personal para trabajar en las chacras lo embiste causándole heridas que a las pocas horas le depararon la muerte.
El jovencito, notoriamente compungido por lo que había tocado vivir cuatro años atrás, relató que “se lamenta cada día porque ese hecho haya pasado y que no se pudo recuperar del mismo”. Ante el silencio estremecedor de todos sus compañeros de clase y la atenta mirada de su profesor, comentó que el día antes, iba caminando por el centro de la ciudad y volvió a ver el mismo ómnibus que años atrás había protagonizado ese infortunio que lo marcó de por vida, y al verlo se largó a llorar.
“Me pareció verlo a él de nuevo y otra vez el terrible episodio volvió a mi cabeza, contó el niño con lágrimas en los ojos. Todavía no sé porqué le pasó esto a él, solo era un niño jugando en la calle”, dijo con la mirada al piso y tomándose las manos temblorosas, nervioso y angustiado por lo que le tocó vivir. El profesor me confesó al rato, que el niño nunca había contado esa historia y que el suyo, era un caso para seguir de cerca.
Ese hecho, más allá de la tristeza que impone el hecho que un niño cuente una historia triste y lamentable como esa, desnuda algo que en cierta medida nadie lo mide a simple vista pero que es muy importante y a la vez muy grave que no exista. Y se trata de que las personas que viven en carne propia accidentes, como estos son cuasivíctimas de los hechos, deberían ser tratadas para superar el impacto de estos episodios.
Sin embargo, hay una ausencia de política de estas características ya que todo está centrado en el protagonista del accidente y muy de vez en cuando, en su entorno familiar. Dejando de lado a personas que estando vinculadas con el siniestrado, sufren los hechos ocurridos y terminan sufriendo el resto de la vida, con episodios traumáticos importantes que impactan en determinados aspectos de la personalidad.
En ese caso, el Estado debería crear instituciones de orientación psicológica para niños, adolescentes y adultos que participan de una manera u otra en accidentes de tránsito de estas características.
Conozco el caso de un amigo, que estando en la esquina de una estación de servicio hace muchos años, reunido en horas de la noche con otros grupo de amigos, vio en vivo y en directo como un joven que salía del lugar en su motocicleta aceleraba y se incrustaba detrás de un camión, perdiendo la vida en el acto.
Hasta el día de hoy, mi amigo recuerda con lujo de detalles la situación vivida y cada vez que ve una moto igual recuerda la cara del joven que salía sonriendo y terminó con su vida, casi sin darse cuenta segundos después de haber cruzado miradas con él.
Así también está el caso de una persona que le tocó observar cómo un pequeño voló por los aires al ser embestido por un automóvil en la avenida Manuel Oribe hace algunos años atrás y también cada vez que pasa por el lugar siente que va a revivir ese episodio. En fin, historias como estas hay muchas, pero lo que sigue sin haber es la acción del Estado de políticas orientadas a atender a quienes han sido víctimas de estos hechos, al ser testigos privilegiados de las tenebrosas escenas que terminan con la vida de una persona.
Este tipo de debate debería darse en la conformación de la creación de un centro de atención integral a la víctima del siniestro de tránsito y su entorno, donde quienes participaron de determinados hechos deberían concurrir a volcar sus experiencias y así tomar en cuenta que siempre debe haber recaudos a la hora de cruzar la calle, caminar por una arteria transitada o al conducir un vehículo.
Con fondos públicos tendría que permitirse que haya centros que trabajen con una serie de psicólogos, médicos, asistentes sociales y los profesionales que haga falta, podríamos ayudar a que la gente supere esos hechos y los traslade a algo positivo, como por ejemplo, tener su propia experiencia de cómo salvar vidas, tomando las precauciones necesarias para que eso ocurra.
Si ese tipo de centros existieran y si los fondos públicos fueran orientados para sustentarlos, seguramente ese niño de 12 años habría visto el ómnibus desde otra óptica, con una perspectiva quizás diferente de lo que le toca vivir. Los uruguayos ganaríamos más en salud mental y en una sanación interna que nos permitiría poder ocuparnos de otras cosas más importantes que estando insanos mentalmente y atormentados por las cosas que nos pasaron.
Por eso brego que ante tanta estadística, tanto estudio de números para saber si los mismos bajaron o si subieron en torno a los accidentes de tránsito, haya conclusiones eficientes que permitan a los tomadores de decisión poder hacer algo positivo, para que chicos como el de 12 años ya no tengan miedo y encaren la vida con ilusión y optimismo.

HUGO LEMOS

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Todos nos acordamos de ese día

Era cerca del mediodía y el nuevo edificio de la Regional Norte todavía tenía sellada con chapas la zona de los pisos 3 y 4. Por lo tanto, la mayoría nos congregábamos en el hall de ingreso. Allí estaba junto a una compañera de estudios, hoy una de las abogadas más prestigiosas de Bella Unión, conversando de distintos temas.
En eso ingresa un compañero que lleva el nombre de un poeta francés y comentó el hecho con sorpresa, lo observamos extrañados y le preguntamos qué película había mirado. El sujeto nos insistía en lo que estaba ocurriendo en ese preciso instante a miles de kilómetros pero que ya lo transmitía en vivo la televisión por cable y nosotros, lejos de creerle, seguimos conversando pero ya con cierta sospecha de que no todo andaba bien.
De pronto, fue quedando despoblado el espacio donde a esa hora comúnmente había muchos estudiantes que se concentraban a conversar, a hacer gestiones ante la Bedelía o a ir a la biblioteca y llamó la atención que algo extraño estuviera pasando. Nos despedimos con mi compañera y me dirigía mi casa, eran más de las once de la mañana del 11 de setiembre del 2001 y al salir del edificio de la Regional Norte y subir por la calle Misiones hacia Artigas, me encuentro con otro de mis compañeros, que conociendo mis inclinaciones políticas me hizo un (mal) chiste “¿estás contento ahora que le tiraron las Torres Gemelas?”.
Entonces “¿es verdad?” le pregunté, sin que él entendiera mucho de porqué lo decía así, pero cuando él me lo dijo yo recordé de inmediato lo que minutos antes me había expresado mi otro compañero, a quien había subestimado y no le había creído una sola palabra.
En ese momento corrí hasta mi casa, que estaba a unas cinco cuadras de la Universidad. Entré corriendo y allí estaba mi padre mirando CNN. No me dijo una sola palabra de nada. No habló del tema, solo me miró entrar y miraba la pantalla impávido. Ya había caído la primera torre y con ello una visión surrealista del mundo se apoderaba de nosotros, generándonos temor e incertidumbre, pese a estar situados en ese mismo momento a miles de kilómetros del lugar, todos, sin analizar mucho las cosas, sabíamos que estábamos ante un fenómeno de escala global que tarde o temprano nos alcanzaría de una u otra manera.
Luego vino todo lo demás, silencio, oscuridad, consumo masivo de medios de comunicación para tratar de entender de qué se trataba todo esto, aunque la confusión era casi absoluta. Horas más tarde conocí nuevas vías de comunicación como el Skype, o los primeros intentos de algo similar, donde un grupo de personas cuya identidad estaba basada en el Talibán, algo hasta ese entonces desconocido para mí y para la mayoría de los que vivimos de este lado del planeta, daban una conferencia de prensa diciendo que ellos no tenían nada que ver con lo acaecido, algo que no lográbamos comprender porqué alguien quería desprenderse del asunto tan rápido, hasta que nos dimos cuenta días después, porqué le estaban sacando el cuero a la jeringa.
Estados Unidos ya le había atribuido casi al mismo tiempo de ocurrido el hecho, el ataque a ellos. Más tarde se sabría que el gobierno de Bush hijo, ya había sido alertado sobre un inminente ataque en suelo americano.
Creo que no hay persona en el mundo que no recuerde qué estaba haciendo esa mañana, cuando el Nuevo Orden Mundial comenzó a instalarse paulatinamente y el mundo ya no fue igual. Todos estábamos haciendo algo que de alguna forma se vio interrumpido, en todas partes del planeta, para terminar mirando en la pantalla esa catástrofe que se trataba mucho más que de un atentado terrorista. Era la manifestación del terror y la tragedia, pero y sobre todo, por dónde había ocurrido y por cómo había sucedido. Habían golpeado al corazón de la economía mundial, al epicentro del poder, donde todos los hilos de la política global se manejaban y al haber estallado, el impacto sería a escala global, sin excepción.
Fue entonces que comenzaron a producirse crisis económicas en los países más pobres, entre ellos el nuestro, conflictos en los países europeos que tuvieron que fortalecer sus economías, haciendo estallar así a las nuestras que en ese momento empezaron a pagar los primeros platos rotos, en tanto Estados Unidos tuvo el momento justo para justificar su nuevo experimento, empezó a desarrollar un nuevo concepto en lo que refiere a los conflictos bélicos, la Guerra contra el Terrorismo.
Se trata de algo que no tiene un objetivo claro, que no tiene individualizado al enemigo, sino que desarrolla mucha logística por parte de la industria armamentista con el fin de poder reubicarse en todo el planeta, ingresar donde le habían cerrado las puertas y empezar a ganar el terreno perdido tras la finalización de la Guerra Fría y así tomar el control una vez más del planeta, capitalizando una de las principales riquezas naturales como es el petróleo, para lo cual no dudó en apuntar a Medio Oriente y hacerse de algunos países como Afganistán e Irak, aduciendo una batalla por la libertad, que solo ha dejado muertos, daños colaterales de todos los calibres y un nuevo lugar para liderar el planeta.
Tras eso y todas las conjeturas planteadas en torno a lo realmente ocurrido esa mañana en Nueva York, muchos nos preguntamos sino había una teoría de la conspiración que estuviera detrás de esos atentados, más que cinco cretinos que usaron el nombre de Alá para cometer la muerte de civiles inocentes, algo que no justifica el Islam ni Dios alguno.
El 11 de setiembre fue la excusa perfecta para que Estados Unidos recuperara el espacio perdido en 1991. Pero ¿es una demencia pensar que fueron diez años de planificación y organización de parte de las agencias de inteligencia de la principal potencia mundial, para ejecutar un ataque que les diera luz verde y así volver a recuperar el Medio Oriente y quedarse con el petróleo?
O al menos podemos decir que los terroristas que elucubraron esa macabra acción contra la icónica nación de la libertad y la democracia en el mundo, le hicieron un favor enorme a quienes manejan los intereses globales y con ello los habilitaron a cambiar el tablero y a reposicionarse para volver a manejar el mundo a su antojo.
Lo que pasó ese día realmente, quizás nunca lo sepamos. Lo cierto es que dos aviones estallaron contra las Torres Gemelas y más de 3 mil personas perdieron la vida, que si el ataque se hubiera perpetrado horas después habría muerto mucho más gente y que hay algo de cierto en que fueron terroristas los que estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas y así lo planificaron.
Recuerdo incluso y esta es la pura verdad, que un día antes de los atentados, el 10 de setiembre, en la casa de mis padres vi una película con Denzel Washington y un gran elenco, donde el reconocido actor oficiaba como un agente de la CIA que combatía el terrorismo en su país y en una de las escenas, concurren a una toma de rehenes y al llegar la prensa, el destacado actor afrodescendiente ordenaba -en la película- el retiro de los medios porque aducía que los terroristas, los esperaban para cometer el acto de barbarie.
En el caso del 11 de setiembre todos vieron todo en vivo y en directo. Primero a un avión que se estrelló contra una de las torres y cuando la atención de todos los noticieros estuvieron enfocados en eso, llegó el segundo avión y fue al acabóse.
Como dije al principio, todos nos acordamos qué fue lo que ocurrió esa mañana en nuestras vidas, y quizás al final, eso pueda llegar a tener sentido.

HUGO LEMOS

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Pobres de nosotros

Estamos viviendo momentos difíciles como sociedad, momentos de divisionismos y de sentires muy distintos, donde la situación de inseguridad determina discursos encontrados, donde unos están a favor de determinadas prácticas porque consideran que así se resuelven los problemas y otros pretenden una mirada más amplia, la que muchas veces se distorsiona y se vuelve una utopía.
El desenlace judicial que determinó la semana pasada el encarcelamiento de dos funcionarios policiales en Salto, motivó una tremenda discusión sobre los límites de actuación que debe tener la Policía para enfrentar situaciones de violencia, en la que los involucrados pueden llegar a ser o no, personas que hayan cometido delitos e incluso menores de edad, que poseen una protección especial de los marcos normativos por su condición de tal.
Por estos días, la claque discutió y debatió en los medios de comunicación y en las redes sociales, que tienen más visibilidad aún, si los efectivos estuvieron bien procesados, porque sin conocer los hechos, la gente, cansada de vivir situaciones de inseguridad, resumió el hecho por los comentarios que recibió del asunto, fabricando su propia novela, viendo a los policías como dos indefensos sujetos, ante una horda de delincuentes, los que se defendieron como podían, y que por hacerlo terminaron castigados con cárcel.
Nada más lejos de la realidad es esa historia que elucubró mucha gente, que defendiendo a ultranza el instituto policial, exigen que el resultado de las investigaciones a nivel judicial sea otro.
Yo no estuve ahí, no me enteré de la situación sino el mismísimo lunes cuando tarde en la noche cuando quisimos corroborar por todas las fuentes posibles que había dos policías procesados, pero como en ese momento no pudimos hacerlo, el diario decidió ahondar en el asunto al día siguiente para no brindar una información errónea a sus lectores.
Por eso al otro día, accedí a informes internos de la Policía y horas después al mismísimo auto de procesamiento, que no es otra cosa que una sentencia que resume los hechos que hacen de fundamento para la resolución que adopta el juez que actúa en estos casos.
Tanto en el informe policial como en la resolución judicial, se deja en claro que el joven denunciante y lesionado por el funcionario policial objeto del proceso, no estaba armado, que no había cometido un delito aparente, aunque sí era el principal sospechoso de haber dañado un camión. También resultó de ambos informes por las declaraciones de los propios policías que el sujeto se negó a responder al llamado del policía para detenerlo y que estando dentro de su casa, arrojó piedras contra el móvil y el policía en cuestión, causándole daño al coche policial pero afortunadamente no así al funcionario.
Pero surge de todos los informes que el policía habría amenazado al joven, primero con su arma de reglamento y luego lo habría insultado con referencias al padre del adolescente, quien es o era funcionario policial. Por lo cual surge de allí una relación de conocimiento y una cuestión personal entre el policía procesado y el adolescente que fue usada como argumento por parte de las autoridades para adjudicarle al funcionario un error de procedimiento. Lo que termina en que tras recibir las pedreas, el efectivo toma el arma con “munición no letal”, pero suficientemente dañina como para herir a una persona y poder inmovilizarla y detenerla.
El funcionario policial se acercó al joven a metros de la puerta de su casa, a quien pretendió detener porque era sospechoso de haberle arrojado una piedra a un camión de Transportes Berro y romperle el parabrisas, y en un ida y vuelta de insultos entre él y el joven al que pretendía detener, entre otros hechos previos como las pedreas mencionadas, el policía disparó seis tiros con balines de goma que pueden llegar a doler y lesionar mucho, de los cuales varios impactaron contra el adolescente, dejándolo en el lugar herido y retirándose de la escena sin lograr el objetivo de retener al sospechoso.
Situación que se produjo ante la vista de todos quienes estaban allí observando lo sucedido y que horas después fueron al juzgado a prestar declaraciones con nombre y apellido, ratificando estos hechos que más tarde leí para informarme.
Las autoridades judiciales entendieron que más allá de la denuncia original que determinó la persecución al adolescente -el cual era el sospechoso de causar un daño por la cual el damnificado se supone que radicará la denuncia y que en consecuencia tanto los ocupantes del vehículo como el sospechoso deberán aclarar esto por otra vía- los funcionarios policiales, según lo que consideró el juez, no debieron proceder de esa manera.
El juez citó en su sentencia el artículo 22 de la Ley de Procedimiento Policial Nº18.315 que le pone “Límites al empleo de las armas de fuego” y que establece que los policías “no deberán emplear las mismas excepto cuando una persona ofrezca resistencia armada”, lo que no ocurrió en este caso. Entonces más allá de que el sujeto al que pretendían detener “fuera problemático” como declararon los policías, no podían “amenazarlo con el arma de reglamento”, tampoco podían “proferirle insultos” y menos que estos estuvieran “dedicados al padre” del sujeto al que pretendían detener, porque hicieron del caso una cuestión personal.
Y un policía no puede tomar un hecho personal en sus manos, porque caemos en el riesgo de que quienes tienen el deber de defender y proteger a la sociedad, cometan abusos y se generan situaciones como estas, donde en vez de resolver el asunto con una detención pura y simple, quizás hasta a través de una citación a concurrir a la seccional con su madre por el hecho de que el sospechoso era un menor de edad, terminamos viviendo como sociedad el análisis de una situación de violencia que divide a las personas en buenos y malos, algo que tampoco es justo en ningún aspecto.
Donde generalizamos y decimos que todos los policías son esto, o que todos las personas que tienen determinada conducta merecen tal o cual castigo. Ni el policía actuó debidamente, claro está, porque podía haberse ido del lugar, pedir apoyo y actuar con otras garantías, pero no fue así por lo que revela el auto de procesamiento, ni el adolescente actuó de manera correcta, sino que cometió un daño y encima terminó enfrentado a la Policía, volviéndose la víctima de un episodio que con una actitud adecuada pudo haber evitado.
El desenlace tuvo varias lecturas, muchas de ellas sin conocer toda la situación tal como ocurrió y con prejuzgamientos que terminan tergiversando lo que realmente sucede en estos casos, por lo cual se cuestiona fácilmente un dictamen de esta naturaleza, lo que tampoco nos hace bien como sociedad, porque nos genera desconfianza en las instituciones y nos demuestra que estamos pidiendo no respetar las leyes. Y cuando pedimos que las cambien no sabemos ni qué estamos pidiendo, ni a quién se lo tenemos que pedir. Porque se las exigimos a los jueces y no a los diputados y a los senadores que nosotros mismos votamos, que son los que las hacen.
Pero lo que más me preocupa no es eso, sino la falta de garantías en la que nos vemos envueltos como ciudadanos ante el cumplimiento de las normas vigentes. Porque quedamos en el medio de la actuación desmedida de funcionarios públicos a quienes les pagamos para defendernos y no para violentarnos, y también de rehenes del accionar de los que cometen delitos, que a pesar de ser los generadores de daños, el propio sistema les da el derecho de hacer valer sus reclamos, los cuales cobran tanta fuerza, que pueden revertir su propia situación y pasar a ser víctimas de los actos que ellos mismos originan.
Y los que estamos en el medio, precisamos apoyo y solo encontramos una pelea entre ladrones y justicieros, que con este tipo de actitudes, nos generan más desconfianza y temor. Pobres de nosotros.

HUGO LEMOS

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Así no solucionamos nada

Cuando leía días pasados que la Intendencia de Montevideo planea subirle los impuestos a las propiedades que se encuentran abandonadas, yo me pregunto, ¿no será mejor hacer una investigación meticulosa para saber el motivo por el cual los responsables de esos bienes los han dejado en ese estado de abandono durante todos estos años?
Porque quizás la intención de más de uno sea poder regularizar la situación de esa propiedad, pero quizás se les hayan presentado inconvenientes, problemas económicos para poder hacerlo, situaciones familiares que no tuvieron el mejor desenlace y esa propiedad pasó a ser un dolor de cabeza, yo que sé, tantas cosas que podrían haber ocurrido como para que alguien en un país como este que tiene déficit habitacional para su población haya dejado abandonada una propiedad. ¿Eso al Estado no le parece raro?
Porque en vez de citar al dueño del lugar para tratar de encontrar una solución al tema, encima las autoridades se dan el lujo de volver aún más inaccesible ese lugar abandonado para sus legítimos dueños al cargarlo con más impuestos. Porque incluso podrían ayudarlo a demoler, tanto para expropiárselas y hacer complejos de viviendas en esos lugares, como para buscar situaciones en las que se les dé utilidad a tales bienes.
Pero no, acá vamos por el lado del revés, porque se ve que alguien cree que para qué las cosas fáciles si las podemos hacer complicadas. Entonces lo hacemos así, le ponemos un impuestazo al titular del bien, porque creemos que el tipo se hizo el vivo, que es lo más fácil porque nos evita pensar, alguien se ve que dice en alguna oficina pública: “el tipo se hace el vivo así que pónganle otro impuesto y asunto resuelto”.
Porque para el Estado las cosas siempre son así, ellos revierten el principio de presunción de inocencia, todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario. Eso es lo mismo que pasa con los servicios públicos, no le asombre que si mañana le viene una tarifa de luz que triplica el valor de lo que usted paga habitualmente, usted va a ser culpable de haberla consumido, y el principio es “pague, después reclame”. Y ahí analizan su situación y si la ven favorable capaz le devuelven algo, mal y tarde.
Pero en el caso de la cantidad de propiedades de alto valor que están abandonadas y sin solución aparente, no solo pasa en Montevideo, sucede en varias partes del país y por supuesto también en Salto. Hay casas que son enormes, monstruosas porque son de otra época, y como los valores son tan altos por los impuestos que deben pagarse en este país, máxime si se trata de una sucesión inconclusa, que viene de años hasta por problemas familiares, o porque los papeles no están al día, o falta algún heredero, los problemas se acumulan y el sistema no aporta soluciones, sino que únicamente le pone al interesado en regulariza los problemas una cortapisa tras otra.
Ese tipo de casonas abandonadas, terminan siendo ocupadas por gente que no tiene dónde vivir y eso se vuelve un juntadero de mugre, un foco de infección y un problema
De riesgo para esa pobre gente que se mete en esos lugares para encontrar un techo. Entonces, por un lado me parece bien que el Estado se ocupe de buscarle soluciones a estos temas, pero si sabe que el propio sistema impone cuestiones legales e impositivas que muchas veces son el motivo por el cual esas casas están abandonadas, es decir, los propietarios se ven perjudicados por los aspectos normativos al punto que los mismos se vuelven tan lesivos que ellos no pueden hacerse cargo de sus bienes para poder disponer de los mismos, encima, si la solución aparece como cargar a la gente con más impuestos no estamos siendo serios, responsables ni sanos mentales, porque estamos agregando más piedras en una misma mochila.
En Salto, hay un ejemplo claro, la casona de la esquina de 18 de Julio y Artigas estuvo por años en una situación desoladora, vaya a saber uno cuál fue el motivo para que los herederos de esa imponente mansión no pudieran hacerse cargo de la misma, pero estoy seguro que no es que no hayan querido, sino que habrían encontrado diversas situaciones que en vez de facilitarles el camino, los alejaron de ese lugar hasta que no sé cuál fue el destino, solamente que en la actualidad se convirtió en el mal cimiento de una pretendida obra fallida, que alberga indigentes por las noches y presenta un severo riesgo para todo el que por allí transita.
Por lo tanto, muchas veces cuando el Estado hace cosas como esas, donde en vez de buscar una solución de fondo a los problemas impone otro a la fuerza, como es generar una sanción con un impuestazo como si eso motivara al dueño a hacerse cargo de algo con lo que no pudo, me parece que estamos operando al revés de la milanesa y que tendríamos que decirle en la cara a nuestros gobernantes y legisladores, que los problemas pasan porque vivimos en un sistema que no te permite hacerte cargo de las cosas, sino que establece parámetros muy rígidos que lejos de darle soluciones a la gente, complican mucho más las cosas.
Pero antes de que salte un botón de la camisa, es bueno también decir que el engorroso sistema burocrático que tenemos en este país no lo inventó el gobierno de turno, viene desde hace muchísimos años, pero el gobierno de turno es el que puede cambiar las cosas y no seguir actuando como los que actuaban quienes estuvieron antes que ellos.
Tendrían que poner un freno a las cosas y tratar de encontrar una solución al corto plazo, porque este ejemplo de las casas abandonadas, que seguramente involucran a no poca gente pero tampoco a tantos ni es problema común de todos los días, lo puse para mencionar que no se pueden solucionar las cosas a impuestazos, no podemos seguir en el país de los impuestos donde todo lo sancionamos de esa manera, porque nunca vanos a lograr la anhelada transformación social que tanto se ha prometido y que todavía muchos queremos creer que algún día puede llegar a darse.

HUGO LEMOS

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El niño que llevamos

Cuando era niño me gustaba cantar. Por supuesto que no lo hacía bien, pero para mí, sonaba fantástico. Recorría el barrio y me paraba en la esquina, cantaba “Sentados al cordón de la vereda…bajo la sombra de algún árbol bonachón…”, y seguía. En realidad era una canción que escuchaba mucho en la radio de la época, hablo del año 85, yo tenía 6 años. Pobres los vecinos, ellos hacían como que les gustaba mi canto, pero ahora los entiendo, cuando mi hijo hace algo yo lo aplaudo, él queda contento, a mi me parece gracioso y todos felices. Ahora que lo pienso ellos querían ser buenos conmigo y me aguantaban cualquier cosa.niño
Me gustaba charlar con todos, contarles cosas y que ellos me las contaran a mi. Y me llevaba bien con cada uno. No concebía no saber quién vivía en la cuadra de mi casa o enfrente, y tenía un trato muy cercano con todos, desde los más grandes hasta los más chicos. Quizás haya sido la ausencia de tíos y primos lo que me llevó a eso, ya que en esta ciudad solamente vivíamos con mis padres y no teníamos parientes, no lo sé. Pero esa relación cálida con la gente fue la que me marcó mucho en mi niñez.
En esa etapa de mi vida tuve de todo, desde la barra con la que jugábamos en el campito detrás del oratorio de la Virgen de Fátima, en la esquina de Cervantes y Morquio, donde todas las tardes después de la escuela y sobre todo en verano se desarrollaban los campeonatos más intensos de fútbol que uno se pudiera imaginar, hasta el Tablado del Club Huracán y el movimiento cotidiano de una zona signada por los comercios, talleres mecánicos y bares que juntaban a personajes ilustres como Cacho La Bandera y hasta en alguna oportunidad al mismísimo Pepe Guerra.
Allí transcurrió mi infancia, entre los amigos del barrio, la escuela pública más cercana, el liceo donde trabajó mi madre, lugar al que mi sentido de pertenencia me llevó a que trabajara mucho por la institución siendo estudiante de la misma y así, siendo extrovertido, alegre y tratando de ser cariñoso con los demás, fui creciendo.
Después vino la difícil etapa de la adolescencia, cambio de barrio y entonces el escenario se modifica, la gente se transforma, ya no es la misma, somos otras personas y nos vamos transformando de a poco. Pero no puedo evitar decir que tuve una infancia rodeada de familias y amigos, tuve la oportunidad de estudiar, un techo y un plato de comida en la mesa. El resto tenía que ponerlo yo.
No me acuerdo si me regalaban mucho o poco en los días festivos como el de ayer, porque eso era otro cantar. Éramos cuatro hermanos, padres funcionarios públicos y encima en una época donde reclamar estaba mal visto y en vez de hacer efecto en las autoridades de turno hacían como que nada pasaba, por lo cual a los sueldos no se les podía llamar ni eso. Y los tiempos cambiaron.
A veces uno se pregunta ¿qué queda de aquel niño que creció cantando en la esquina del barrio con el grupo entero de gente tomando mate y alentando? Y queda lo que hemos construido por nosotros mismos en nuestro ser. Lo que hayamos forjado como manera de pensar, la ideología que por convicción elijamos predicar y cumplir como modo de vida.
Nos queda la inocencia de creer en algunas cosas que aún nos dicen como promesas mucha gente, nos queda la ingenuidad de no saber muchas cosas que le dan sentido a lo que somos y hacemos, pero también el aprendizaje de que no todo aquel que te sonríe te está diciendo la verdad, te está alentando y está tratando de ser tu amigo.
Porque al crecer también se aprende que la vida es lo que nosotros queramos que sea. Que el camino que hacemos es lo que nos determina como personas y lo que nos construye diariamente, somos nosotros mismos los arquitectos de nuestro destino, somos los que decidimos dar cada paso y hacer del mismo la vida que llevamos.
Aunque hay algunos que no tienen la chance de elegir y esos son los niños que hoy navegan en la pobreza en este país, que aún los hay y son muchos y donde la política de asistir a merenderos y darle dinero a organizaciones no gubernamentales o asociaciones civiles que se encarguen del tema, no soluciona el problema, sino que termina aumentando el drama, porque a más asistencialismo la gente que vive en condiciones de pobreza, se aferra a esa ayuda del Estado y no se inserta en la sociedad, generando además una carga que se termina trasladando mentalmente a la generación más próxima.
Cuando vemos a esos niños pobres en las calles, solos, abandonados, pidiendo monedas como los que pueden verse todos los días en el centro de la ciudad y en la zona del Shopping y Terminal, uno piensa quién les enseña a ellos que pueden elegir su camino y salir adelante por sí mismos, si llegan a tener padres que les permiten encontrarse en ese estado de desesperación. Esos niños no los vemos llegar a la escuela, ni siquiera con la mochila más humilde y los cuadernos más baratos del mercado, sino que deambulan de un lado a otro y convierten su vida en ausentismo permanente, vacuidad y carencia de valores, y cuando ellos crecen ¿qué nos queda?
Ayer fue el Día del Niño en nuestro país y afortunadamente la gran mayoría de ellos pasaron bárbaro, con sus familiares al lado y disfrutando de juguetes nuevos. Otros no la pasaron tan bien, por la ausencia de algunos de sus padres y por la falta de oportunidades de estar en un hogar tranquilos y con el apoyo familiar.
Pero también están los que teniendo el mismo derecho a la libertad que los que mencionamos antes, el mismo derecho que cualquiera a caminar por su barrio, a ir a la escuela, a jugar en la plaza y a salir a la vereda cuántas veces quieran, conviven con sus madres en un clima carcelario que nada bien les hace. Pero el hecho es que están ahí para ayudarlas a ellas y no al revés, al menos el sistema está planteado en esos términos. Pero ellos que pueden estar jugando a la pelota, están en el patio de una cárcel.
Quizás esos niños no hayan tenido un feliz día porque solamente se les dio un juguete, que está muy bien que ello ocurra y nadie lo discute, pero no se les cuidó adecuadamente y en el lugar en el que están corren el riesgo de que se les sean vulnerados todos sus derechos. Y eso si sucede es grave, pero más grave es el ausentismos del Estado en la lucha por políticas nuevas que cambien de una buena vez esta realidad que estamos viviendo.
Ojalá que el niño que llevamos dentro con esos recuerdos nos hagan hacer cosas alocadas por un día como por ejemplo ayudar al de al lado, tener un gesto de cariño hacia el vecino y querer evitar con nuestras acciones, sobre todo si estamos en puestos claves, algunos hechos que hagan que ellos sufran como nosotros temimos hacerlo en algún momento.
Y ahí volvemos al sentido de ingenuidad que teníamos cuando éramos niños, el de esperar que los que tienen que hacer algo y pueden transformar las cosas realmente se ocupen y lo hagan. Pero después nos acordamos que al final todos somos adultos y que el mundo no es así, entonces pensamos en ellos, los abrazamos, sentimos a nuestro niño interior y se nos vuelven a caer las medias.

Hugo Lemos

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Se trata de ser educado

“Siempre que te subas a un ómnibus y veas que una mujer embarazada, o mayor de edad, o un hombre ya adulto mayor, vayan parados, dejáles el asiento, ellos lo precisan más que vos”. Ese fue un consejo que me dieron en mi casa, una enseñanza de vida, una forma de comprender las cosas como son y como deben ser.
Para mi no significaron otra cosa que respeto, tolerancia, compartir y ayudar a que el otro se sienta bien, nunca lo tomé como un acto machista, por el contrario, esas cuestiones de género que hoy se ven exacerbadas muchas veces me parecen ridículas, porque lo que generan son más diferencias sociales y una brecha innecesaria entre hombres y mujeres, que en vez de generar condiciones de igualdad, apuntan a tirar a separar más a la sociedad.
El otro día leía lo que le pasó nada más y nada menos que al destacado escritor español Arturo Pérez Reverte, quien narró en una notable editorial que cuando estaba entrando a una librería en Madrid, le cedió el paso a una mujer en la puerta del lugar, ya que cuando este iba a ingresar se topó con la señora, la cual, en vez de agradecerle el gesto de buena educación, se lo increpó diciéndole que era un gesto machista.
El escritor quedó anonadado con la respuesta de la mujer, ya que no entendía cómo al querer cederle el paso a alguien, podían acusarlo de cometer violencia de género. Entonces se preguntaba si él, que acostumbraba a ceder el paso a la gente más allá del sexo que ostente el individuo destinatario de su actitud, cometería un acto similar cuando el paso se lo cedía a un hombre.
Sin embargo, las políticas de género apuntan al reconocimiento de los derechos de las mujeres y de los distintos colectivos sociales que componen nuestra sociedad. Sobre todo de estos últimos, porque enfatizar el derecho de la mujer suena a que la misma antes no era reconocida, y quizás no lo haya sido en su plenitud, aunque nuestro país ha sido pionero al igual que Inglaterra en esto, y las mujeres han conquistado espacios de poder, merecidamente, porque tienen la misma capacidad que cualquier hombre, por la sencilla razón de que son personas y seres humanos al igual que los demás, entonces sin importar su género, tienen la misma potencialidad de desarrollo de sus capacidades al igual que los hombres.
Eso nadie podría negarlo, sería un disparate el solo hecho de pensar lo contrario. Vivimos en un mundo gobernado por mujeres fuertes, inteligentes, destacadas y tremendamente poderosas, a la vista están quienes gobiernan y han gobernado el mundo como Angela Merkel, Michelle Bachelet, antes Margaret Tatcher, y probablemente en un futuro cercano Hillary Clinton lidere a la nación más poderosa del mundo. También tuvimos ejemplos más cercanos como el de Dilma Rousseff, y aunque a mi juicio no es un buen ejemplo, al menos estuvo en el poder y cabe mencionarla a Cristina Fernández.
Pero estoy seguro, que a ninguna de estas personas que acabo de nombrar, se les ocurriría pensar que porque alguien les dé el asiento en el ómnibus o les ceda el paso al ingresar a un lugar, están siendo pasibles de un gesto machista, porque sería absurdo ponerle una etiqueta a un gesto de buena educación.
La buena educación, que es la que se ha perdido en estos tiempos, pasó de ser algo natural a ser una cuestión singular, extraña y hasta en ciertos momentos mal entendida por las personas que no la conocen. Vivimos en tiempos donde todo da lo mismo y hasta contradictoriamente así, permitimos la violencia contra niños, niñas, adolescentes, adultos mayores, hombres y mujeres, lesionamos los valores de la gente, queriendo suplantarlos por una nueva idea de vida donde no importa nada y todo lo validamos; cuando por otro lado se exige respeto y cumplimiento de los derechos de ciertos sectores sociales, que tienen los mismos derechos que los demás, pero que se excluyen para ser distintos y reclamar derechos diferentes, casi como que estén por encima de los derechos de los demás.
Eso no es defender el género de nadie, no es pelear por mejores condiciones de vida para gente que ha sido hostigada siempre, sino que es hacer parecer que hay gente diferente que merece un tratamiento especial y que no se ve comprendida en el principio constitucional de que “todos somos iguales ante la ley”.
El otro día me encontré a una mujer conocida, cuando la vi con sus hijos pequeños y me decía que venía de hacer mandados y que cuando llegara a la casa tenía que cocinar, hacer los deberes de la escuela con sus niños y después aprontarlos para dormir, yo pretendí elogiarla diciéndole que era una “muy buena madre” y me formuló determinados epítetos, no contra mi, sino contra la vida, porque se sentía frustrada ya que su hogar era monoparental entonces entendía que los demás pensábamos que esa lista de actividades que me había anunciado estaba dentro de su rol de mujer y que a su juicio eso era un mandato social equivocado y no sé cuánta cosa más.
Traté de hacerla entender que muchas veces a mi como padre me tocaba hacer algo parecido, más allá de que no vivía en un hogar monoparental, usualmente tenía que levantar a mi hijo del jardín, hacer los mandados, darle de comer, cuidarlo y extender por ello mi horario laboral, entre otras cosas, pero de igual forma, eso para esta persona no era lo mismo.
El hecho de tener que enfrentar un mundo donde los hombres que ella conocía vivían solteros y usando su tiempo para el ocio, acotaba su mirada a que había que derrocar lo que ella entendía que era un mandato social por el cual tenía que cargar sola con sus hijos, porque pasaba de ser persona a un burro de carga. Pero traté de explicarle que así era la lamentable situación que ella debía soportar, aunque aún así podía cambiarla cuando quisiera.
Si bien vivimos en una sociedad donde la violencia de género campea, esta es la que se da por el aprovechamiento de la condición que ostenta la víctima con su determinado género y no por otra cosa, no es bueno naturalizarla y trasladarla a todos los ámbitos de la vida y a todos los sectores sociales y a los problemas que nos tocan vivir a diario, porque eso termina tergiversando el verdadero sentido de la lucha por los derechos y los espacios que reclaman tanto las mujeres como determinados colectivos sociales.
Por eso no creo que debamos ser extremistas de pensar que cuando un hombre quiere ser amable con una mujer está sometiéndola a su dominio o algo parecido, por el contrario, se trata de una persona que quiere ser amable con otro ser en su misma condición y si lo hace con buena educación y corrección, es algo que alienta a creer que un mejor mundo aún es posible.

HUGO LEMOS

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Una transformación para todos los gustos

En el entonces arenoso patio de la Escuela Nº121 (local donde en la tarde funciona la Escuela Nº2) uno de los juegos favoritos de mis compañeros de clase era la Rayuela. Habían dibujado una grande, con todos los números en colores y la habían hecho al lado de la puerta de la cocina, donde Don Cabrera cocinaba con su esposa para el comedor al que asistían cada mediodía decenas de niños.
También había otros juegos que eran los que practicábamos la mayoría de los varones, un poco más rudo y para el que no había que tener tanta destreza sino más bien ganas de aguantar algunas patadas. Le llamábamos “el 25” y era un picado grande, de esos en los que íbamos todos contra todos y había que hacer goles. Pero no errarle al arco porque te tocaba ir. Y cuando se anotaba el gol 25, el que oficiaba de golero en ese momento sufría las consecuencias. Lo castigábamos haciéndolo pasar por el medio de la fila donde los golpes eran la sanción.
Pero más allá de esto, en todos los casos había interacción. Todos nos hablábamos, nos mirábamos a los ojos y conversábamos. Sabíamos a qué jugábamos, quiénes lo estábamos haciendo y hasta en cierta medida hacíamos ejercicio físico, porque practicábamos un deporte.
Aunque ahora las cosas cambiaron, el avance de la tecnología y el consumo masivo de la misma al punto de incorporarla como una necesidad de la vida cotidiana, porque nadie puede arrancar el día sin tener activa participación en la aldea virtual usando el whatsapp, redes sociales y ya como último recursos mensajes de texto, todo eso genera una forma de vivir, establece una conducta determinada y nos dice que vivimos en este presente donde las comunicaciones están al alcance de la mano.
Y si bien esto ayuda a la vida en sociedad, no son tan así los programas nuevos que se cuelan por ahí como los juegos cibernéticos que tienen de la pata a más de uno y que se han impuesto como un mandato social.
El Pokémon Go, no es un juego, es una actividad absurda que se impone por el uso del celular en la aldea virtual de la que hablamos, generando una idiotización de las personas en busca de algo que no existe, para que un desconocido que tiene todos los derechos reservados de esa actividad se levante una torta de plata con el uso de esa aplicación por parte de los millones de giles que andan como a ciegas buscando vaya a uno a saber qué, con la excusa de que entretiene a la gente y en realidad lo que hace es reportar el grado de estupidez mental que tenemos adentro y de cómo podemos salir corriendo detrás de lo que nos dice el equipo celular, al que ya no se le puede decir teléfono porque es mucho más que eso.
En el mundo en el que vivimos todo cambió, las cosas que antes no pensábamos que podrían suceder, ocurren, como el hecho de participar de un juego donde los premios y las metas no son tangibles, sino que son por efecto virtual y nos tienen en solitario, sin hablar con el de al lado, sin mirarlo a los ojos, sin ver qué siente al estar entretenido junto a mi en la misma tarea.
Estas prácticas, que además son peligrosas por el nivel de adicción que generan, ya que se han reportado el registro de varios accidentes porque las personas no sé cómo hacen, pero se concentran en este juego y no miden consecuencias, son perjudiciales para la salud mental y para el desarrollo cerebral que todos necesitamos para pensar bien, actuar bien y comunicarnos bien.
Aunque vivimos en un presente donde las cosas son distintas y muy inimaginables a cómo era la sociedad hace algunas décadas atrás. Nadie se imaginaría que nada más y nada menos que en el Salón de Honor del Ministerio de Defensa de nuestro país, se estuviera velando a un Ministro con guardia de honor y autoridades con uniforme de gala y en el medio del acto, luciera una bandera Tupamara como si fuera un símbolo patrio más.
Ese quizás fue el hecho político más importante de lo ocurrido ese triste día en el que el país despidió a uno de sus ministros, más allá de estar o no de acuerdo con él, sus expresiones y su forma de ver la vida, esa autoridad era quien dirigía a las Fuerzas Armadas y era nuestra autoridad. Pero esa misma persona con relevante jerarquía, a la que hacemos referencia, fue un prisionero de guerra de la dictadura, fue uno de los rehenes claves que amenazaba con fusilar la dictadura comandada por el Ejército y terminó siendo sepultado con honores militares por las fuerzas armadas, con las que tantas veces se sentó a hablar y hasta con el Comandante en Jefe del Ejército hablando de su persona emocionado hasta las lágrimas, despidiéndolo como un “Quijote” que había dado sus vida por la institución.
Esas contradicciones históricas, o cambios abruptos de la vida del país van asociadas a los cambios drásticos que enfrenta la sociedad actual, a los mismos cambios que vive la gente con cosas como las que mencionábamos anteriormente, como el Pokémon Go y esas cuestiones que generan un comportamiento que hacen a un presente donde no todo es tan bueno, sino que te da ejemplos donde por un lado se dan hechos históricos que pueden ser positivos en la medida que los tomemos como un paráte al odio que se generó en su momento de unos contra otros, lo que es positivo, y por otra parte, tenemos un acto de aberración en el que la idiotización de las personas a través de un juego virtual hacen que los cambios se asimilen de otra manera.
Lo importante es saber que si la sociedad se transforma a pasos agigantados, hay toda una vorágine que corre rápido, muy rápido y si no le seguimos el tren para saber dónde estamos parados, corremos el riesgo de quedar como ausentes de un mundo que nos determina, nos orienta y nos direcciona a su manera, pero somos nosotros los que tenemos que ser conscientes de que debemos tomar el toro por las astas y ser quienes gobernemos nuestro andar, practiquemos nuestro propio camino y nos plantemos frente a la realidad de una manera que la misma no nos asuste, sino que lejos de eso, nos sintamos parte e intentemos mejorarla.
Los ejemplos mencionados tienen un solo objetivo, demostrar que por un lado las cosas de la vida pueden tener un giro impensable y que nos pueden llevar a vivir experiencias jamás pensadas. Y que por otro lado, debemos saber que nosotros valemos mucho como para que alguien determine nuestro andar, nos marque un camino y nos imponga cosas fútiles como si fueran importantes para dedicarles nuestro valioso tiempo, en vez de usar ese preciado momento, en buscar la forma de crear algo que nos impacte a nosotros y nos hagan sentir vivos, sin pokemones y sin cosas raras que nos anclen más a un sistema, al que nosotros no le interesamos para nada.

HUGO LEMOS

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¿Cuál es el espíritu uruguayo?

Viernes de noche, cielo nublado que anuncia mal tiempo, pero el mismo no se concreta. Afuera mucho movimiento, el veranillo después de tantos días de frío hace que la gente salga y que los jóvenes se ilusionen con que están viviendo un poco de primavera. En casa, la televisión estaba prendida como pocas veces. El noticiero mostraba lo sucedido en la Convención Demócrata en la ciudad de Filadelfia, donde Hillary Clinton iba a ser proclamada candidata a la presidencia.
En el estrado habían pasado muchas personalidades, pero cuando estuve frente a la pantalla justo era el turno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El mandatario distinguido con el Premio Nobel de la Paz en el año 2009 no me inspira mucha confianza, porque si bien es reconocido por presidentes que están en las antípodas de su pensamiento, como José Mujica y Raúl Castro, que aducen que es una persona honesta, ha continuado con políticas belicistas en distintas partes del mundo y no para hacer la paz precisamente, porque nadie logra la paz haciendo la guerra. Pero Obama vendió el verso de que sí podía y le dieron el título vaya a saber uno cómo.
Pero en este caso, en su discurso dijo algo bien interesante. Criticando al principal adversario político que tiene su partido, el pintoresco setentón Donald Trump, un tipo rico que quiere divertirse en un campo distinto al suyo y por eso busca ser presidente, y refiriéndose a él, Obama dijo algo que me hizo reflexionar.
Aludió al caso del empresario de la ciudad de Cleveland, que se bajó el sueldo para no tener que despedir a ninguno de sus empleados cuando las ventas bajaron y los problemas económicos comenzaron a hacerse sentir. Algo que no siempre pasa en ese país y que si vamos al caso, en Uruguay dudo que alguna vez llegue a suceder. Como premio, los empleados juntaron dinero y le obsequiaron el automóvil que al empresario le gustaba. Pero tras citar ese ejemplo, Obama dijo “él lo hizo porque sintió que hacer lo contrario, no iba con el espíritu norteamericano”.
El espíritu norteamericano, el espíritu de nación, de país sólido, fuerte, protector de los suyos, ese concepto de espíritu, es algo que en nuestro país no tenemos. No sabemos cómo funciona. Porque ese espíritu, trasciende el comportamiento puntual de ese empresario y de los empleados que luego le retribuyeron en nombre de su actitud de protegerlos, de cuidarlos y de creer que juntos podían superar los problemas y salir adelante, ese espíritu es algo implícito en la identidad de ese pueblo, que es un crisol de razas y cuyos inmigrantes han hecho del mismo la nación que es hoy.
Estados Unidos es el país más poderoso del planeta, nadie lo niega. Y en consecuencia tiene una política si se quiere imperialista por buscar estar presente en todas partes, porque es un imperio, tiene una política que para sus gobernantes y sobre todo para el pueblo norteamericano es un deber, una responsabilidad la de tener que estar en los distintos rincones del globo, porque entiende que deben “cuidar” del resto del planeta, para que todos vivamos más o menos como ellos. Para que seamos iguales, consumamos lo mismo, tengamos las mismas creencias y los mismos valores.
Entonces ellos mandan, pero dominan y entienden cómo hacerlo, porque todos hacemos más o menos lo mismo y nos venden lo que nosotros consumimos y el estilo de vida que ellos han impuesto, es parte de ese “estar presente” que han logrado.
Por lo cual el espíritu estadounidense lo que busca es generar ese concepto de nación, de país líder, de valores múltiples, de diversidad de pensamiento, de libertad hacia adentro. Ese es el espíritu del que habló Barack Obama y que entiende que si un xenófobo como Donald Trump gana la presidencia, sus valores no son los que fundaron a esa gran nación, admirada por José Artigas que hablaba ya en sus notas de la democracia norteamericana.
Y yo me pregunté, tras escuchar todo eso ¿cuál es el espíritu que impulsa a este país? ¿Somos una nación? ¿Somos un país con identidad traducida a valores claros que buscan una sociedad mejor, solidaria, generosa, proactiva y trabajadora? ¿Tenemos el concepto de espíritu uruguayo? ¿Podemos decir que algo no va con el espíritu uruguayo?
Yo creo que hay cosas que sí. Y hay otras que lamentablemente también. Unas como la solidaridad cuando algo pasa y hay que colaborar, estar, ayudar y compartir, son parte del espíritu que tenemos los uruguayos, que no queremos que nada nos pase y que si hay una catástrofe como la ocurrida en Dolores, o una campaña para los niños con cáncer, no le somos indiferentes y fomentamos el valor de la solidaridad como una cuestión de nuestra identidad.
Pero también hay otras formas que acompasan nuestro espíritu. La mezquindad de medir quién tiene más, para tratarlo diferente. Lo que por ejemplo le ilustró el expresidente José Mujica al periodista español, Jordi Evole del programa Salvados, donde le dijo que en Uruguay “tenemos obreros muy capaces, pero no nos matamos laburando, nos gustan los fines de semana largo, los feriados por cualquier cosa y en ese sentido, no somos japoneses ni alemanes”, aludiendo al valor del trabajo que tienen implícita estas poblaciones que supieron levantarse de dos guerras que destrozaron sus países y aún así, todos se remangaron para reconstruir sus ciudades.
Protestamos por todo, pero no medimos cuánto estamos dando, para poder reclamar con fundamento. Creemos que podemos hacer la plancha y que el Estado debe darnos un empleo, un subsidio, una propuesta para que salgamos adelante. Pero no nos sentamos a pensar por nosotros mismos cómo podemos hacer algo para generar nuevos horizontes y no tener que pedirle a nadie que sea compasivo y nos dé.
Estoy convencido que los uruguayos podemos, que tenemos las condiciones para salir adelante, somos apenas 3,4 millones de personas y hemos tenido niveles de excelencia en todos los rubros en el mundo, algo pocas veces explicable porque hay muchos países con nuestra misma o mayor población que no han logrado absolutamente nada. Eso nos dice que si queremos, podemos.
Pero la búsqueda de ese concepto también nos pide que miremos a los que están arriba para saber cómo hacer las cosas bien y dejemos de mirar a los que están abajo, porque esa es la forma de convencernos que no necesitamos más nada y que así estamos bien. Con esa postura es que tampoco buscamos los valores que nos traduzcan cuál es el espíritu uruguayo, y si hay algo que va con eso para poder identificarlo. Pero confío en que no bajemos los brazos y que sigamos buscando entre todos para identificarnos y poder encontrarlo.

HUGO LEMOS

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¿De qué se ríen?

Una de las cosas que existen son las llamadas focas o en todo caso, mejor dicho, los aplaudidores. Y todos los gobiernos los tienen, gente que no sirve para otra cosa que para aplaudir y aprobar todas las cosas que hace un gobierno, por lo general un gobernante, con el fin de caerle bien al mismo y mientras lo palmean al hombro como un gesto de ‘qué bien que te está yendo’, aunque no analizan si eso es así o todo lo contrario, pueden estar empujándolo al precipicio de su carrera y hacerlo caer solo de tantas veces que le palmearon el hombro. politicos
Esto ya lo vi antes y lo sigo viendo ahora. Pero el otro día lo comprobé, cuando en el Consejo de Ministros que hizo el presidente de la República en la localidad de San Gregorio de Polanco, a orillas del río Negro en el departamento de Tacuarembó, un niño, con todas sus luces, ganas y coraje por estar parado nada más y nada menos que frente al gobierno de su país, dijo tartamudeando por los nervios y con la mirada perdida por lo chiquito que lo hacía sentir toda aquella parafernalia montada para que Vázquez se sienta a gusto de que es el que manda en este país, el discurso más honesto de todos los que posiblemente se hayan pronunciado en esa jornada.
Pero honesto no solo por la inocencia del escolar, quien a su edad pinta el mundo del color que lo vive sin falsos brillos, sino además por la realidad del asunto y porque se trata de un tema que está a ojos vista en todos lados, que todos lo sabemos y que por lo que eso implica muy pocos quieren hacerse cargo.
El niño contó con detalles los problemas que él siente que vive su escuela, la cual a su edad significa mucho, es su mundo, su lugar, su segundo hogar, el espacio donde debe educarse y desarrollarse para poder crecer en la vida. Está ubicada en esa hermosa localidad del interior del país, pero tiene problemas que para ese uruguayo de 11 años son muy importantes.
Y no le importó la presencia de todos los edecanes vestidos con sus uniformes de gala, ni que tampoco en el lugar estuviera la directora de la escuela mirándolo. Él sentía que tenía algo para decir y que tenía que decirlo.
Entonces tomó el micrófono y pidió la palabra. Y contó lo que le estaba pasando, pero detrás suyo, las focas, los aplaudidores, los que hacen el caldo gordo y son de poca utilidad, se reían, algunos a carcajadas, algo que puso nervioso al niño, pero no lo amilanó y siguió con su discurso. Y los otros tomaron como un hecho gracioso lo que él estaba contando, pero por lo menos alguien atinó a darse cuenta de que el tema no era para reírse, menos a carcajadas. No era ni siquiera para hacer una mueca. Era algo para escuchar y escuchar con atención, porque no era una maestra ni la directora quejándose de la falta de recursos, era un niño diciendo que se le llovía la escuela y eso, es algo serio.
Pero por suerte, entre tantos aplaudidores y focas que demostraron que con su actitud no ayudaban a nada sino a hacer el ridículo, hubo alguien serio y fue el presidente del Codicen, que hizo un gesto de que le daba vergüenza que un escolar le reclamara algo tan básico, cuando el Estado vuelca más de un 30 por ciento de sus recursos al sistema educativo. ¿Dónde está esa plata? Se preguntaría el niño, porque a su escuela no llegó ni un billete de 100 pesos. Y con lo que el gobierno le ha venido dando a la educación en los últimos 10 años, tendrían que haber llegado a la escuela de San Gregorio de Polanco, varios billetes de 100 pesos.
Y entonces, por suerte el que manda, no se dejó llevar el hilo de quienes riendo y aplaudiendo, pretendían que el reclamo más importante de la sesión del Consejo de Ministros pasara desapercibido, porque al parecer había orden de que aquello fuera una fiesta y no un lugar donde hasta los niños iban y pegaban cachetazos, diciendo cuán mal podían estar las cosas.
El presidente de la República, Tabaré Vázquez, con la altura y educación que lo caracteriza, hizo suyas las manifestaciones del presidente del Codicen, Wilson Netto, y dijo “se me cae la cara de vergüenza” y reclamó porque las personas a las que puso en puestos claves para administrar los servicios de enseñanza pública, sean mejores gestores y no permitan que “algo tan chico, tan pequeño” en palabras del presidente, como el arreglo a una escuela, no echen por tierra una gestión que pretendió levantar el sistema educativo del ostracismo en el que se encontraba.
Pero las focas y aplaudidores no miden esas cosas porque no tienen capacidad para hacerlo. No se dan cuenta que el hecho de que una sola escuela esté en mal estado edilicio, sí puede llegar a hundir y a hacer echar por tierra cualquier gestión posible para mejorar la educación pública de este país.
Aunque en este caso el presidente de la República tuvo la capacidad suficiente como para decirles a todos con sus expresiones ¿de qué se ríen? Si el niño de 11 años tenía razón y les estaba diciendo con sus palabras “sí, muy linda la fiesta y todos los discursos que hacen, pero a mí la escuela se me cae encima”. Y eso era una realidad que rompe los ojos.
Y como esto hay varios temas similares, varias situaciones en las que el país sufre decadencia y problemas de todo tipo, en tanto se aducen análisis favorables sobre realidades que parecen ser sacadas de un cuento de hadas, cuando la realidad en la calle, en las escuelas, en los hospitales, en las oficinas públicas y en todas partes dicen muy otra cosa.
Aunque me quedo con lo que pasó al final. Y fue muy bueno que la cabeza del gobierno se diera cuenta de que la palabra de un niño, fue un cachetazo al gobierno que nunca habría esperado recibir.

Hugo Lemos

 

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El problema es dejar que exista

Cuando era niño me habían enseñado que los políticos eran profesionales en su trabajo, que se dedicaban a trabajar por el país y sobre todas las cosas por la gente. Entonces uno se quedaba tranquilo, porque en cierta medida quienes estaban en los cargos más altos como autoridades, nos iban a ayudar a solucionar todos los problemas que teníamos.
Claro, yo era un iluso y pensaba que estos buenos señores, que antes por lo general aparecían todos de traje y corbata porque era una condición sine qua non para verse bien, estaban muy capacitados para la gestión que estaban emprendiendo y el resto de nosotros se iba a su casa tranquilo a descansar porque podía confiar en ellos.
Pero el tiempo pasó y a medida que fui creciendo también fueron pasando cosas. Y fueron cosas muy importantes como el hecho que el país tuvo serios problemas de administración de sus bienes públicos, problemas en la educación, que aún los hay, pero que antes parece que el tema era peor, porque por un lado, no había recursos para pagarle a los docentes, pero tampoco para arreglar la escuela. Y ahora parece que sí hay recursos para pagarle a los docentes, pero se les paga lo que el gobierno considera que vale uno de estos, y hay también hay dineros para arreglar las escuelas, pero hay que atender otros cientos de problemas y las escuelas no se arreglan.
Cuando estas cosas pasan es que uno se pregunta si ¿hay falta de capacidad en los políticos que son los que nos prometen en cada elección que van a solucionar todos los problemas del país?, ¿o la falta de capacidad es nuestra por votarlos, confiar en ellos y creer que sí pueden solucionar todo y por eso los votamos?
Ayer hablaba con la representante del sindicato de maestros a nivel nacional y me hacía saber que si bien estaba conforme con las disculpas que había formulado la ministra de Educación y Cultura, por haber dicho que un maestro de escuela era alguien “simple” que no “podía encargarse de los grandes temas de la educación”, querían cortarle la cabeza y que renunciara porque sabían que quien no estaba a la altura del cargo por decir algo así y afirmarlo con tranquilidad.
En un país de primer mundo, el ministro de Educación tiene educación y no dice esas cosas, pero si llegara a hacerlo, renuncia solo y no precisa que el sindicato de maestros le pida que se vaya. Pero acá ni la ministra renunció ni el presidente le pidió que se fuera, por lo tanto el presidente apoyó los dichos de la ministra y eso es lo que más me preocupa, no tanto que desoigan al sindicato de maestros porque últimamente desoyen a todos los sindicatos, porque ya no los creen compañeros sino molestos, pero me llama la atención que la ministra no se preocupe por sus propios dichos y diga “pucha, yo tengo que ser una profesional de la política porque soy ministra, me pagan un muy buen sueldo para ello y tengo que hacerme cargo de si el problema en este país pasa porque un maestro de escuela no está capacitado para algo más que dar clases”.
No, no pasa esto, la ministra no se lo pregunta, el presidente tampoco se lo cuestiona y el sindicato de maestros parece estar más ocupado de la imagen por el piso en la que los dejó la ministra, que en trabajar, estudiar y capacitarse lo suficiente como para demostrarle lo contrario.
Pero ¿qué pasa con la educación, con los futuros maestros y sobre todo qué pasará con nuestros hijos cuando entren al aula? He pasado por la puerta del Instituto de Formación Docente y he visto de todo. Una vez, hace poco, un grupo de estudiantes de magisterio, todas mujeres, estaban sentadas en la puerta de una de las dos asociaciones de maestros que tienen sede frente al lugar, y allí estudiaban para un parcial o algo así.
Lo hacían todas en grupo pero lo más llamativo, fue que todas esas cabezas juntas estaban leyendo el resumen que habían logrado hacer en una hoja. En una sola hoja. O tenían un gran poder de síntesis o no habían estudiando absolutamente nada.
Mi respuesta la obtuvo en segundos cuando una de ellas dijo que un determinado lugar estaba en el “cuerno de África” y otra le replicó de inmediato que no era así, porque era el “cuerno de Asia”, cosa que me horrorizó. Pero no tanto porque alguien piense que Asia tiene cuernos, o una zona que se denomine así, similar a la que existe en el continente madre, que es el africano, sino que lo que me horroriza es la tranquilidad con la que dicen estas bestialidades, sin mayores problemas como que estuvieran bien dichas.
Es decir, una estudiante de magisterio afirma una barbaridad de esas con total naturalidad y desparpajo, y encima genera el beneficio de la duda del resto de sus compañeras, que se supone habían estudiado lo necesario como para gritarle burra. Pero no fue así. Todas se miraron y volvieron a buscar por las dudas. Fue cuestión de segundos, pero vi el espectáculo en vivo y en directo.
Eso traduce un problema serio en la calidad de la formación de nuestros futuros docentes, porque cuando mi hijo crezca y vaya a la escuela, corre el serio peligro de venir a casa con el deber de buscar el “cuerno de Asia”, algo que irá acompañado de una visita personal a la clase para tratar de expulsar del sistema educativo a esa malformada docente.
Esto, la ministra lo sabe, por algo se pronunció así con Juan Pedro Mir, un maestro de sexto año de escuela al parecer mejor formado que la media, por lo que le he escuchado decir y proponer. El presidente Tabaré Vázquez también lo sabe y por eso no dijo nada y con su silencio defendió a la ministra. Y al hacerlo es responsable de que una estudiante de magisterio en Salto piense que en Asia hay un cuerno.

HUGO LEMOS

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Soluciones y no discusiones

Hace mucho tiempo que no veía tanta gente haciendo fila para acceder a un plato de comida. La verdad, el hecho me causó estupor. No me gustó nada saber que hay mucha gente que está pasando necesidades y que no tiene reparos en mostrarlo públicamente, porque eso demuestra que la necesidad es real, no es porque son contrarios al gobierno ni porque quieren hacerse las víctimas, sino que no tienen empacho de hacerle saber a la gente que la están pasando mal.
La situación me hace volver a un país que habíamos pensado muchos de nosotros que ya había quedado atrás, no por un tema político, sino porque creí que la sociedad había evolucionado y que el Estado había tomado las precauciones para evitar hechos como estos.
Sin embargo, en los últimos tiempos han proliferado los asentamientos irregulares, los merenderos en los barrios, la gente que duerme en la calle, en las puertas de las iglesias y hay cada vez más reclamo de asistencia social. Son varios los factores que llevan a que esto ocurra, no está bueno para nada ver que el gobierno visita merenderos y los saluda, les da una donación y reconoce que los mismos están como una organización de vecinos que se dedica a hacer lo que el Estado no hace y a suplir la falta de atención del gobierno en esos casos, es decir, llegar a donde el gobierno no está llegando.
El tema es que todos sabemos que un gobierno no puede reparar todos los males que tiene la sociedad, tampoco puede erradicar la pobreza, porque vivimos en una sociedad de desigualdades y las mismas lamentablemente se justifican de esa forma, con ricos y pobres. Porque una sociedad donde todos tengan lo mismo elimina el esfuerzo y la igualdad ya no es la misma, porque todos somos distintos y unos hacen más y otros menos para tener lo que tienen. Al menos ese es el lema de liberalismo económico que es el que nos rige desde siempre.
Pero el hecho es que todos tengan las mismas oportunidades para poder salir adelante en la vida y partiendo de esa base, después está el tema de que la gente teniendo de qué agarrarse lo hagan o no. Lo que pasa que tenemos un gobierno que aplica ajustes fiscales y que recauda mucho dinero de la población y ese dinero que rescata debe volcarlo supuestamente a evitar que la gente pase necesidades. Empero, no es lo que ha pasado hasta ahora.
En promedio, los trabajadores públicos y privados de este país, además de los profesionales liberales y de los comerciantes, le entregan entre el 30 y el 40 por ciento de sus ganancias al Estado, otro tanto lo hacen los terratenientes y grandes empresarios e industriales, y hay jubilados que abonan entre un 10 y un 25 por ciento del total de sus ingresos como impuestos.
El Estado, debe destinarle un porcentaje importante de toda esta masa recaudatoria a los sectores más vulnerables y financiar programas destinados a atender la emergencia social. Entonces si pagamos tanto impuesto en un país donde todo está reglamentado, donde el organismo recaudador como la DGI intima a todos sin perderse de nadie en un sistema computarizado para que vayamos a pagar impuestos y le damos cada vez más plata, ¿cómo puede ser que las filas de la gente que pide un plato de comida en los refugios y los niños que comen en los merenderos sea cada vez más importante?
¿El gobierno está analizando realmente que mientras pide un ajuste fiscal a la población, la desocupación y los problemas de acceso a la alimentación y a la vivienda en forma digna, lejos de solidificarse han pasado a ser algo inalcanzable para muchos uruguayos y han crecido a los niveles más elevados de la última década?
Y si lo sabe, que seguramente que sí, ¿por qué no busca la manera de generar que todos esos recursos que destinó a la ayuda social durante más de una década, los cuales fueron sacados de nuestros impuestos, sirvan para que tanta ayuda tenga un resultado positivo, con un impacto social que tras 11 años de planes solidarios sirvan para que haya trabajo y no filas en las iglesias o merenderos en los barrios?
Es lastimoso ver cómo esto sucede, mientras estamos discutiendo si la dictadura sirvió para que algunos uniformados mataran o robaran, o si las dos cosas. O si el hijo del intendente que trabajó para el régimen, ahora también se queja, porque resulta que al padre lo descolgaron del cuadrito donde está pulcro y sonriente en una época en la que muy pocos lo estaban, y le pusieron un cartel debajo que dice que sí gobernó un departamento estando bajo las órdenes de los que mataron y robaron. Porque quizás él no lo hizo, pero trabajó para ellos y sirvió a ese gobierno, defendiéndolo.
Entonces, señor De Nava (hijo), entiendo que se moleste por su padre como hijo, pero si mira un poco el bosque, sepa que lo que se dice de su padre es verdad. Él sirvió a la dictadura, a personas que tomando el poder por las armas disolvieron un parlamento y suprimieron las garantías individuales del resto de los ciudadanos. Después, si hubo una guerrilla previa al golpe, si los tupamaros quisieron también derrocar al gobierno de la misma manera que lo hicieron los militares, y si Pascasio Báez y Elena Quinteros, es otro kiosco.
Pero que su padre dio la cara por los golpistas y defendía a un gobierno que en el Batallón 14 de Toledo enterraba cuerpos de detenidos después de ejecutarlos en las torturas adentro de los cuarteles por ser comunistas y había suprimido la Constitución por Actos Institucionales, es así. Así que si en ese momento no los despeinaba el viento, usted sabía que los iba a despeinar la historia.
Que hoy la discusión debe ser otra, como los tremendos problemas que tenemos en la educación, en la falta de seguridad, en la incertidumbre económica, en la falta de empleo, en la pobreza, en la falta de viviendas, en la salud que se cae a pedazos, es cierto. Pero tampoco quiera decirnos que su padre era inocente, porque acompañó a un régimen que tarde o temprano los iban a tener que juzgar por lo que hicieron y él fue parte del mismo, y eso es lo que dice el retrato.
Por lo tanto, sigo preocupado porque ojalá las cosas sean menos difíciles de lo que parecen y puedan arreglarse sin tanta discusión previa por lo que ya pasó.

HUGO LEMOS

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Que se respeten todos los derechos

Cuando el año pasado tuve el honor de participar del primer ciclo formativo de periodismo y derechos humanos en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Montevideo, pude conocer a varias personalidades que han luchado a lo largo de los años por los Derechos Humanos, esos militantes acérrimos que no han tenido días ni descanso y que se han puesto las pilas para defender lo que creen como algo que va de la mano con los valores que pregonan.derechos
Pero si será así, si lo habrán visto como algo que realmente les preocupa y les ocupaba y hasta les desvelaba el tiempo, que no se han puesto el mote de militantes en defensa de los derechos humanos porque sí nomás, sino que se encargaron de instruirse, hacer cursos, aprender y formarse en derechos humanos para poder defender con fundamento lo que creían que tenían que era un deber de sus vidas.
Entre esas personalidades que encontré durante el curso, había muchos periodistas, que se han formado para ser periodistas, leen, se preparan, aprenden nuevas técnicas sobre cómo mejorar la manera de hacer comunicación y de ejercer el periodismo que no son la misma cosa pero que van de la mano, y también con personas que se han dedicado a formarse cada día en derechos humanos, porque saben que los mismos no se transgredieron hace solamente 40 años, sino que también se transgreden cada día y no solo en Tanzania o en Estados Unidos, también se violan en nuestro país.
Allí pude conocer a gente como Belela Herrera, que fue vicecanciller del primer gobierno de Tabaré Vázquez hoy en sus palabras “más alejada que nunca de la política partidaria”, a Soledad García Muñoz, abogada española especializada en derechos humanos, Juan Miguel Petit, hoy Comisionado Parlamentario para las cárceles, no por casualidad en ese cargo por el cual concursó, entre otros varios que no podría nombrar porque son muchos pero con los que realmente me encantó conocer, charlar, comentar cosas y hacerles planteos.
Como el día en que una de las clases estuvo a cargo de la Directora de DDHH de la Cancillería, Silvana Lesca, actual pareja del vicepresidente Raúl Sendic, a quien le reclamé que hablara con Sendic por la situación que viven los niños que están en estado de reclusión en las cárceles, porque a ellos principalmente les estamos vulnerando todos sus derechos, están aprendiendo códigos de convivencia que no son los mejores para su crecimiento y lo peor de esto, que la situación la viven dentro de la órbita del Estado, donde es el propio sistema el que por acción u omisión avala estas cosas.
Pero un buen día llegué con algo de frío, todavía era invierno y el aire del mar se hacía sentir con fuerza. Los cursos comenzaban a las 9 de la mañana en la Ciudad Vieja, pero yo llegaba de Salto a eso de las 6 a la terminal y tenía que hacer el aguante. Cuando entré saludé a los de siempre y algunos de los que ya mencioné, y estaba ella. No la conocía pero me saludó muy calurosamente, sobre todo cuando Belela le dijo que yo venía cada 15 días desde Salto, haciendo 500 kilómetros para estar presente y era algo loable en estos tiempos que corren. Yo me sentí orgulloso, porque no había notado hasta entonces, cuánto les importaba que un desconocido llegara desde el norte y se sentara en el montón de atrás. Pero me tenían bien identificado.
Pasó el primer panel, el curso constaba de dos panales y una conferencia final, cada clase que se dictaba cada 15 días desde mayo hasta octubre del año pasado. Cuando empieza el segundo panel esa señora, morocha, baja, con voz ronca quizás de tanto fumar y muy bien hablada, pero sobre todo por la simpleza con la que manejaba conceptos profundos, cautivó al auditorio.
Se llamaba Silvia Izquierdo, abogada del Ministerio de Relaciones Exteriores, especializada por formación y convicción de toda una vida en derechos humanos. Lo primero que nos fue su historia y recordó cuando a principios del año 85 consiguió una beca y un permiso para viajar junto con varios de los que allí estaban a Costa Rica, a formarse en Derechos Humanos. Uruguay salía de la dictadura y seguían marcando gente, y tanto a Silvia como al resto los tenían bien identificados. Pese a ello, no bajaban los brazos y cuando volvían al país había un agente de inteligencia militar, que tan inteligente no era porque lo conocían todos, que contaba con la planilla de pasajeros en la mano y los iba tachando de a uno.
Más allá de todo, todos ellos sabían que Uruguay tenía un gran debe con los derechos humanos y que era muy importante seguir formándose. Lo hicieron y junto a movimientos sociales, lograron en el devenir de los años conquistas importantes en esta área.
Pero Silvia contó una anécdota digna de ser recordada y fue cómo se gestó el discurso de pedido de perdón del Estado Uruguayo, luego de la sanción internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, por el caso de Macarena Gelman. Ella era asistente y amiga del actual ministro del Interior, Eduardo Bonomi y así empezó todo.
“Era sábado de tarde, estábamos en casa tomando mate con él y Susana (esposa de Bonomi) y el Bicho (así le apodan al ministro) estaba mirando a Nacional que jugaba no me acuerdo con quién. ¿Y le dije, viste eso de la Corte Interamericana (la sanción al país por el caso Gelman)?”. Y me dijo “sí, qué cagada”. Bueno, yo tengo un articulito que escribí, si te sirve, te lo paso. Es una idea, le dije. “Dale, pasámelo”.
Izquierdo contó que a los cuatro días más o menos, recibió una llamada. Era de la Presidencia de la República. “Me van a echar pensé”, nos dijo. La citaron a una reunión en la que estaban Bonomi, Almagro (entonces canciller), el entonces secretario de la Presidencia, Homero Guerrero y otros más que ella citó pero que yo no me acuerdo. Allí le hicieron hablar y explicar qué había pretendido decir con esa declaración. Ella reafirmó que Uruguay debía pedir perdón por lo actuado en la dictadura, exigir verdad y justicia, y comprometerse a un nunca más. Y por altoparlante siente una voz que no estaba en el cuarto, “me gusta, dejémoslo así y eso es lo que voy a decir”.
Era José Mujica, el presidente, quien estaba escuchando desde su despacho todo lo que se hablaba allí. Silvia Izquierdo, manifestó que quedó asombrada y que esa voz que venía “como de ultratumba me hizo temblar, pero también me dejó contenta, porque teníamos una deuda menos con la humanidad y yo había sido sin quererlo, la redactora oficial”.
En noviembre del año pasado nos dejó Silvia, una gran militante de los derechos humanos que creí justo homenajear hoy 27 de junio, día en que se dio el Golpe de Estado, pero en el que recuerdo también a mi abuelo José que falleció un día como hoy pero de 1991, trabajador incansable. Y también es un día para pedirle al gobierno que termine con las inequidades y que actúe para que los niños y niñas que están siendo vulnerados en sus derechos humanos más elementales, como el de tener una casa digna, acceso a la educación, la salud y la alimentación, puedan tenerlo de una buena vez.

Hugo Lemos

 

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Su violación tan vigente como antes

Tendría siete u ocho años, los pies mojados, un buzo jogging viejo de manga larga, un short gastado y sucio y la cara triste. Eran cerca de las cinco de la tarde pero el ocaso de la jornada estaba latente y el frío se hacía sentir. Empezaba a soplar un viento que cortaba la cara y él seguía caminando, con una mochila vieja en sus espaldas, semidescalzo en las callecitas de tierra y llenas de pozos de su barrio, en el noroeste de la ciudad. Nadie le daba importancia porque allí los niños pobres abundan, tantos, que el comedor del barrio hace lo que puede y a veces un poco más. derechos
El niño vagaba sin rumbo, me lo crucé dos o tres veces en el poco rato que estuve dando vueltas buscando la casa de una persona para hablar por temas personales. Al rato lo perdí, me dolían las piernas de frío y creo que él sentía algo parecido, pero como dice la canción de Dino Ciarlo, Milonga de Pelo Largo, el niño “siente frío y ya no se queja”. Acaso sus padres, si es que los tiene, al menos a uno de ellos, ¿estarían preocupados por él esperándolo con comida caliente? Lamento pensar que ni por asomo, sea así.
Cómo él hay quizás cientos de niños en la ciudad y miles en el país que van a pasar un duro invierno. Los problemas estructurales de un sistema que no ha dejado de ser el mismo de siempre, más allá de los paliativos de sus políticas sociales ocasionales que han dado los sucesivos gobiernos de turno y que se han incrementado en la última década, no fueron suficientes como para cortar la racha y devolverle la tranquilidad que también se transforma en alegría a una importante cantidad de niños que viven bajo la línea de pobreza en nuestro país, cuyos derechos humanos se ven violados sistemáticamente con el paso del tiempo y porque las políticas públicas no les llegan, o peor aún, no les alcanzan.
¿Por qué se violan sus derechos humanos? Porque no tienen acceso a una vivienda digna, a una alimentación adecuada, a un sistema de salud que realmente los proteja de enfermedades y les brinde una atención integral, tampoco tienen acceso a una educación de calidad que les permita progresar, crecer, educarse, formarse para la vida y poder salir de la pobreza. Quizás sufran otro tipo de abusos, pero nadie habla de eso porque el Estado no tiene capacidad para hacerse cargo de ellos, no puede con todo.
“¿Y yo qué tengo que ver”?, me dijo una funcionaria del INAU de Salto días pasados cuando le comenté el caso de Braian, un adolescente de 16 años que duerme en la calle y que pide plata de noche por cuidar autos en la Plaza Artigas, donde un policía le pegó un garrotazo que le reventó el brazo porque al verlo pobre y descuidado, le vio como un ser peligroso para los automóviles de alta gama que estacionan frente al Hotel que está en ese lugar. Entonces le dio un garrotazo por las dudas, el pibe lloró del dolor. Pero ¿cómo no tiene que ver una funcionaria pública a la que la población le paga un sueldo para que atienda estos casos?
Lo que pasa que cuando el chico lloró de dolor, a nadie le importó porque es parte de las estadísticas, de esas que todavía quedan, pero como los números negativos que en la época de los paridos tradicionales eran más altos, es decir, peores que los de ahora, tampoco les damos tanta bolilla y nos sale fácilmente el ‘hacemos lo que podemos’.
Pero mientras esas cosas pasan, cuando nos referimos a los derechos humanos seguimos hablando de la época de la dictadura, está bien, no niego ni pongo en duda la relevancia de hacerlo, pero no podemos poner ese tema por delante de las cosas que pasan hoy, porque los derechos humanos que se violan ahora a la población en sus diferentes formas, son tan importantes como otros que hay que recordar, evocar y mencionar, pero que de ningún modo pueden opacar lo que pasa ahora.
Soy partidario de que se hable del pasado reciente, pero que se hable en todos sus términos, que se cuente absolutamente todo y que la gente pueda cuestionar los hechos o por lo menos sacar conclusiones más amplias, o al menos debatir los acontecimientos. Creo que puede ser la única manera de que la población se involucre, piense un poco más y diga qué es lo que considera sobre esos acontecimientos.
Desde hace varios días que siento evocar por parte de las autoridades el tema de los derechos humanos y el mismo está directamente relacionado con los desaparecidos. Nadie habla de otra cosa. Parece que hablar de violación a los derechos humanos en este país, es encasillarlo en dos temas, uno la búsqueda de la verdad con los detenidos desaparecidos cosa muy importante que debe tener sus respuestas y que no se debe bajar los brazos hasta lograr un resultado. Y el otro tema es que hubo terrorismo de Estado entre 1973 y 1985. Aunque no se cuenta toda la verdad, toda la historia y todo el problema, no se dice todo lo que pasó, no se habla de la guerrilla urbana, de los que ya pagaron con cárcel, destierro, secuestro o muerte, pero no dicen que hubo muertos de ambos lados y que por momentos eso fue una cacería y el terrorismo de estado tuvo su contracara y que la población no acompañaba todas las cosas que se hicieron en nombre de ellos.
Porque la guerrilla usó su lucha para decir que era en nombre del pueblo y después los militares hicieron lo que todos sabemos también diciendo que interpretaban la voluntad popular. Pero al pueblo ¿quién le preguntó algo? Nadie. Sin embargo se sigue hablando derechos humanos como algo específico y no en su justa dimensión, por lo tanto eso no ayuda a que la gente entienda que los mismos son mucho más que los vulnerados durante un tramo determinado del tiempo, sino que ocurren hasta nuestros días y no porque hay alguien malo que quiere que eso sea así. Los problemas que genera el propio sistema en cuanto a la distribución de la riqueza, los privilegios a los que acceden unos pocos y la falta de acceso a los derechos básicos, eso es vulneración sistemática de los derechos humanos.
No comparto la apreciación del PIT CNT, siendo yo un trabajador afiliado al sindicato de la prensa, no estoy de acuerdo con esa visión de que lo que dice la mesa de delegados que nadie sabe quién los elige y cuándo, dicen disparates tales como que el régimen de Venezuela es democrático por haber sido votado en elecciones. Con ese concepto el de Fujimori también lo era y el de Juan María Bordaberry en nuestro país también.
Maduro es cómplice de la violación de las libertades sociales y políticas de la población de su país y si no lo juzgan ahora, alguien tendrá que hacerlo, para que no haya más tipos como él. No me gusta la oposición venezolana, juega su partido naturalmente para que haya desprolijidades en su país, pero Maduro es un pésimo gobernante que oprime a su pueblo y deberá irse, y nadie que defienda los derechos humanos puede estar de su lado, porque sería una contradicción plena hacerlo.
Pero volviendo a nuestro país, acá los problemas sociales que dejan al descubierto situaciones complejas deben ser atendidas, así como también debe ser modificado el sistema cuando las instituciones vulneran derechos de las personas, porque de lo contrario seguiremos hablando de los derechos humanos como una cosa del pasado, cuando las violaciones a estos están más vigentes que nunca.

Hugo Lemos

 

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¿Cuál es el criterio para la laicidad?

La laicidad de las instituciones públicas es algo que debe ser tenido en cuenta con mayor detenimiento. Días pasados, cuando estuve consultando al Dr. Néstor Albisu, en su calidad de Grado 33 de la Logia Masónica del Uruguay, pero de la tradicional, o la “regular” como dicen ellos, y no las nuevas líneas que se han abierto en los últimos tiempos como la francmasonería mixta que también acepta mujeres, se manifestaba molesto porque entendía que un sector del Frente Amplio está violando la laicidad, cuando generaba el relato de la historia reciente que se imparte en los institutos de enseñanza.
Esta situación ha sido una queja reiterada de mucha gente que dice que lo que se enseña es una verdad hemipléjica del asunto, porque todo se basa en el terrorismo de Estado, que sí existió, pero nada se dice a nivel oficial de la guerrilla armada, generando la discusión de si lo anterior fue producto de esto último y de si quienes participaron de la guerrilla que se levantaron en principio contra las instituciones no deberían ser juzgados con la misma vara, porque quienes critican que se viola la laicidad, dicen que a los Tupamaros se los trata como héroes.
Pero más allá de que se geste una discusión baladí sobre el asunto, lo importante es que no se cometan este tipo de atropellos, porque todos los actores de esa época fueron responsables de lo que pasó y a esto que yo refrendo, lo dijo el propio José Mujica, siendo presidente de la República, asumiendo su responsabilidad por los hechos acaecidos que tuvieron a una población entera de rehén durante mucho más que 12 años y a la que hasta hoy, nadie resarció.
Aunque muchas veces es el propio Estado el que sin quererlo, viola la laicidad y ya veremos. Hace algunos años, en la puerta del Comando de la Brigada de Infantería Nº3, en el cuartel de Salto, me encontré con una imagen católica que rompía los ojos. Era la de San Miguel, que había sido obsequiada a la unidad del Ejército local debido a que su comandante de entonces, que es muy católico, entendía que era buena cosa tenerla para los efectivos que diariamente trabajan allí, porque San Miguel es el Patrono de la Infantería y en ese sentido, las cuestiones de fe, en tareas que a veces no son nada agradables, es bueno tenerlas, o al menos dar señales de que es bueno que existan para la cuestión intrínseca de cada persona.
Es decir, no había nada de malo por sí mismo, porque en realidad es una imagen del Santo de los soldados, de esos funcionarios públicos que cuidan de la seguridad del país y de su soberanía y que estos pueden creer o no en este asunto. Pero el problema es la vigencia de la laicidad del Estado, de la cual por supuesto el Ejército no está exenta y por tanto, al conocerse la noticia y al generar opiniones poco favorables sobre el tema, la imagen fue quitada de ese lugar sin más, un buen día ya no estaba en la puerta del cuartel y asunto resuelto.
Pasaron algunos años para que volviera a entrar a la unidad militar local, esta vez fue por otros motivos y al hacerlo, caminando por un pasillo interior, veo que la misma imagen que había sido quitada del frente del cuartel hace algunos años, se encuentra retirada en las postrimerías de la unidad militar. Es decir, la sacaron de la puerta para que no hiciera tanto ruido. Pero la pregunta es ¿el Ejército viola la laicidad por motivar a sus soldados cuando al colocar una imagen que es mundialmente referente para ese sector, pueda incitar a creer en algo? Particularmente creo que no, aunque antes me quedaban dudas, ahora creo que no. Que es buena cosa que esté.
En un momento dije que eso podía lesionar el interés de algún soldado que fuera judío, musulmán o lisa y llanamente ateo, así como de otras religiones. También dije que no les podían imponer una creencia, pero no sé si tanto. Porque creo que peor es, y eso sí lo sostuve antes y lo ratifico ahora, que permanezca en los pasillos del cuartel el cuadro de los cuatro soldados asesinados presuntamente por un comando Tupamaro, digo presuntamente porque los acontecimientos de entonces están en aguas de borrajas.
Los guerrilleros eran lo que eran, guerrilleros y ni tanto, pero no por eso más inocentes que el resto. Lo que pasa que cuando el Ejército entra en acción y toma el poder por la fuerza y empieza con su carnicería salvaje, que en ese momento intentó ocultar a punta de pistola, las dudas sobre una posible conspiración para el sacrificio de sus propios camaradas nos sobrevuela. Pero aún haciéndole caso a la historia oficial, ese cuadro no podría estar en los pasillos de un sitio público como son los cuarteles, porque generan determinada opinión sobre la historia reciente y tuercen la opinión como la que criticaba Néstor Albisu que se da desde algunos sectores del partido de gobierno.
Pasó lo mismo en la Jefatura de Policía de Salto con una imagen de Dan Mitrione (agente de la CIA que enseñaba métodos de torturas a los militares latinoamericanos y que fue capturado y asesinado por los Tupamaros y que estuvo en Salto), donde un cuadro en la que aparecía su foto y estaba colgado en el hall central de la Jefatura bajo el rótulo de “caídos por la sedición” con funcionarios locales y Mitrione entre ellos, fue ordenado ser quitado por el Ministerio del Interior tras una denuncia del diario La República hace algunos años, y al parecer, aún está colgado pero en una sala interior de la jefatura local. Esto también forma opinión y por lo tanto, hasta incluso sin quererlo, viola la laicidad.
Pero lo que no se puede permitir es que se diga que hay una violación de la laicidad porque tras una visita histórica de un líder mundial como es un Papa, que es además un Jefe de Estado, se levante una cruz en su recuerdo y otros quieran imponer algo similar porque aducen que no los representa. Por eso no estoy de acuerdo ni por asomo, con que en Tres Cruces se levante una imagen de Iemanja, como exige una integrante de la religión afroumbandista del mismo tamaño que la cruz que recuerda a Juan Pablo II, porque entonces tenemos que colocar además, al lado de esa imagen umbanda, una estrella de David para rendir tributo a los judíos, o una del profeta Mahoma para homenajear al Islam y así seguimos con los hindúes y todo sería un cambalache.
La cruz del Papa tiene un significado, recordar el hecho histórico ocurrido en ese lugar y punto. Nadie le niega al afroumbandismo el reconocimiento como religión y que tenga sus imágenes en sitios públicos, como en Salto donde hay una en plena playa Las Cavas, y ningún cristiano sea católico o no, pidió que se pusiera una imagen de Jesús al lado; y nadie le dijo al gobierno departamental que por permitir la instalación de la misma, había que poner otra al lado.
Conforme a todo esto, creo que las discusiones sobre los menesteres del Estado deben ser de fondo y cuando hay una intervención que es errónea, debe corregirse. Porque si desde el propio Estado no se dan señales claras y se permiten ciertas cosas, después no tienen la moral suficiente como para exigirle el cumplimiento de pautas sociales, de conducta e incluso alguna que son ley y deben cumplirse, a sus ciudadanos y esas acciones, pueden determinar que sigamos sumidos en un caos y sin señales claras sobre cuál debe ser el rumbo que hasta ahora, quienes mandan y tienen el poder, lo manejan a su antojo y los demás nos sumimos en la incertidumbre.

HUGO LEMOS

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¿Por qué tenemos que ser nosotros?

Cuando en el 2004 se planteaba que la carga tributaria que padecía el trabajador era injusta, que lo era y nadie lo discute, aparecieron propuestas de cambio. Las mismas venían del Frente Amplio como no podía ser de otra manera ya que quienes gobernaban hasta ese momento, habían sido los partidos tradicionales. Pero especialmente una persona, el contador Danilo Astori, aparecía como el gurú de la economía y decía que había que aplicar un sistema nuevo, distinto, que apuntaba a la justicia tributaria que plantea el inglés John Rawls desde los libros, y que se impartía en los países avanzados como son Estados Unidos y los de Europa.
El espíritu de un nuevo sistema tributario que se impartiría a partir de un gobierno de la izquierda uruguaya era que “pague más el que tiene más y menos el que menos tiene”. Ese precepto se ha cumplido en cierta medida y es justo decirlo, pero no cabalmente como se había prometido porque no paga más el que tiene más, sino que el gana más sueldo o declara más ingresos. Y tampoco paga menos el que menos tiene, sobre todo porque hay una clase media muy castigada que no puede crecer y se la limita a la pobreza, a seguir perteneciendo a la clase baja, en definitiva, una clase baja con aspiraciones a ser clase media, pero con una aspiración que nunca va a alcanzar porque la carga tributaria se va a encargar de volverla a la realidad.
Y los últimos anuncios del ministro Astori, acerca de que el gobierno considera que una persona que percibe un salario nominal de 50 mil pesos, tiene que pagar impuestos de la misma forma que lo hace otra que percibe 167 mil mensuales nominales, hace las cuentas claras de que el sistema opera para empobrecer al primero y generarle algunas dificultades al segundo para su crecimiento.
El impuesto a la renta de las personas físicas debería considerar muchas cosas a la hora de gravarse. No es lo mismo que pague un porcentaje de sus ingresos quien además tiene un capital enorme en giro, que el hecho de que pague impuestos quien declara la misma cantidad de ingresos y solamente tiene ese ingreso para vivir y no posee ni una casa, porque encima alquila.
Veamos, el año pasado me dijo un empresario de este país (no voy a mencionar el sector al que pertenece, porque son muy sensibles hasta cuando se los pone como ejemplo y después te lloran la milonga porque los nombraste), el individuo comentó que había pagado unos 50 mil dólares de impuestos. Se quejó y dijo que era un disparate. Está en su derecho a hacerlo y bien por él, que al menos pudo pagar los impuestos y seguir con el mismo patrimonio vivo en sus manos.
Pero esta persona pagó ese impuesto, que porcentualmente equivale a una de las cuatro camionetas que tiene para trabajar en su empresa, lo que no le supone ni un 2 por ciento (cuenta sacada por él mismo) del total de su patrimonio. En cambio, yo cuando pago mis impuestos lo hago al equivalente del 35 por ciento (o más) de mis ganancias, que salen de mi salario que es todo mi capital.
Lo que supondría que si aplicamos el concepto de justicia tributaria con el que fue elaborado el sistema tributario actual y la premisa de que pague más quien tiene más, como dijeron Tabaré Vázquez y Danilo Astori en el 2004, ese empresario tendría que pagar también el 35 por ciento del total de su capital, como me pasa a mí, lo que superaría ampliamente los 50 mil dólares de los que tanto se quejó al abonar.
Pero ese ejemplo solamente lo propuse para demostrar que el sistema no es justo, ni que tampoco paga más quien tiene más, de lo contrario Danilo Astori o el presidente Tabaré Vázquez no podrían estar proponiendo para la próxima Rendición de Cuentas, lo que están proponiendo. En primer lugar, cuando el ministro Astori dice que el 65 % de los uruguayos no paga IRPF no quiere decir que sea algo positivo, ni tampoco que esta franja esté exenta de abonar impuestos.
Quiere decir que el 65% de los uruguayos gana muy por debajo de lo necesario para poder vivir y tiene sueldos de hambre, al punto que no le alcanzan ni siquiera para poder pagar un impuesto a las ganancias, que se paga desde la media canasta básica familiar, que también es insuficiente para vivir, así que el que está por debajo de eso, pobre de él y su familia. Pero además paga impuestos al Estado porque abona UTE; OSE, ANTEL, etc., es por servicios una parte de la factura, pero otra importante es por impuestos. Así que sí paga impuestos al Estado.
No obstante, el anuncio formulado por el gobierno de que incrementarán los tributos que ya se están pagando con mucho sacrificio porque ellos se pasaron de rosca con las cuentas públicas, dejó molesto a un pueblo. No puede ser que porque el gobierno administró mal los recursos y haya problemas como el caso de ANCAP, que nos deja una deuda de más de 900 millones de dólares, que haya otorgado dinero más allá de lo debido a distintos niveles del sector público y que el mismo se haya malgastado, tengamos que venir los asalariados a pagar más IRPF para solventar ese desfasaje. Es vergonzoso que así sea, no estoy de acuerdo, creo que es injusto y que como ciudadano no merecemos pagar más impuestos de los que ya pagamos, encima para tapar los agujeros que la misma administración está haciendo, es algo que no se puede entender ni defender sean del partido que sean.
El país necesita recuperarse y mantenerse a flote ante una coyuntura adversa en relación a la bonanza de los últimos años. Pero esa bonanza, que obedecía al contexto internacional y a los niveles de precios que se venían manejando, dieron una buena inyección de dineros al Uruguay donde en mayor o menor medida, todos nos vimos beneficiados.
En ese aspecto, un gobierno debe saber que no puede gastar más de los dineros con los que cuenta para invertir lo necesario, hacer que eso sea visto por la gente y después, no tener que salir a ajustarle el bolsillo a nadie. Aunque ahora pasa lo contrario, gastaron de más, se les fue la mano con algunas cosas como el caso de ANCAP, precisamente, y ahora se nos vuelve a meter la mano en el bolsillo a los que trabajamos por un magro salario.
Porque si para el gobierno debe tributar de la misma forma una persona que gana 50 mil pesos nominales mensuales, a la que con la propuesta astorista entre el IRPF, el Montepío y el Fonasa le quedarían unos 29 mil pesos en la mano, a los que se le suma un alquiler de 10 mil pesos y el pago de los servicios básicos como luz, agua y teléfono, solo le quedarán 10 mil pesos con los que deberá comer el resto del mes, tanto él y sus hijos, estamos hablando a 350 pesos por día, sin contar gastos de farmacia (a no enfermarse), ropa, educación de los niños y algún que otro me llevo, ¿cómo se hace para vivir así?, pero tributa igual que uno que gana 167 mil pesos, que siente el bajón con un impuesto mayor, pero le queda resto para seguir camino. Entonces estamos todos locos porque algo anda mal.
Así que rescato dos cosas de toda esta maraña que les mencioné. Una, que la franja de tributación debe tener al menos dos escalas más, entre los 50 mil y los 167 mil pesos nominales mensuales, y lo otro, es que lo que no puede hacer nunca el Estado es gastar de más y después como no le cierran los números, salir a cobrarle más impuesto a la gente. Porque Tabaré Vázquez prometió que no iba a haber más impuestos, y esto es que tampoco se incrementen los ya existentes, sino estamos en la misma y nadie dice la verdad, por lo cual tampoco nadie se hace cargo, y que paguen los giles.

HUGO LEMOS

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Necesitamos respuestas claras

El Ejército Nacional es una institución con 205 años de vida, fue fundado por el Prócer de la Patria José Gervasio Artigas y ha transitado durante su historia por distintos momentos. En algunos casos sus representantes coyunturales han sido leales a los gobiernos democráticos y constitucionales, y en muchos otros casos han ayudado junto a los tiranos de turnos, a sucumbir las instituciones y la democracia y tomar el poder mediante la imposición del terror de las armas.
Pero el Ejército no es ni malo, ni bueno, es una institución pública, como sus similares de las Fuerzas Armadas, como las fuerzas de seguridad, pero también como las distintas ramas de la Educación, la Salud o el Poder Judicial.
Sus funcionarios, por más que vistan uniforme con galones y usen armas de alto poder de fuego, son funcionarios públicos sujetos a responsabilidad del Estado, sus jerarcas están subordinados al poder civil, es decir, al Ministro de Defensa Nacional y al Presidente de la República del gobierno de turno, sea del color partidario que sea, y no son Fuerzas Armadas ideologizadas, ni deberán serlo nunca, porque esa es la garantía que tiene el pueblo con respecto a estos funcionarios que usan armas. Porque si bien su cometido es defender al país de todo poder extranjero o fuerza invasora, ellos en tiempo de turbulencia interna, en caso de ser convocados por las autoridades legítimamente instaladas, deberán respaldar siempre la Constitución y la Ley, y por ende proteger los intereses del pueblo.
Si bien la última etapa oscura del país, el Uruguay la vivió con una dictadura militar que duró 12 años en lo real y muchos más posteriormente y anteriormente a su instalación oficial también, el Ejército estuvo en el epicentro de esas acciones y su imagen quedó por el piso. Porque ni el más sesudo análisis puede hacer entender cómo una fuerza pública llamada a proteger los intereses de la población arremetió contra las instituciones y en un acto paradójico, diciendo defender la democracia y la legalidad, sucumbió las instituciones y suprimió a los habitantes del país las garantías y los derechos individuales.
Cómo una institución que tenía que defender los derechos del pueblo salió con un plan ferozmente represivo, donde torturó, asesinó, secuestró, violó, robó y ultrajó a miles de compatriotas, usando como excusa para esta feroz arremetida contra los uruguayos que tenían que defender al país de guerrilleros, de los que en otro acto de paradoja pura, decían a su vez tenerlos a todos presos y haberlos acabado “para siempre”, como dijeron en aquel momento varios de los militares que vistiendo como caballeros a la faz pública, adentro de los cuarteles eran bestias asesinas despiadadas que tuvieron la cobardía de llegar a matar hasta mujeres embarazadas, como hoy se sabe que ocurrió con el caso claro de María Claudia García, cuya hija, Macarena Gelman, todavía espera encontrar sus restos para darle digna sepultura.
Pero estas cosas ya pasaron, la institución plantea una renovación clara de sus convicciones y una reafirmación de sus cometidos, sus jerarcas expresan su lealtad al sistema democrático y a las instituciones, sus oficiales y autoridades tienen una excelente relación con el gobierno de turno y encima se subordinan a quien fue rehén de la patota que dirigía el Ejército antes de que ellos ingresaran a la fuerza, o incluso, podían ser muy nuevitos ya en el ocaso de la tropelía armada llamada dictadura o como le gustaba decir a ellos, y a muchos aún hoy, “gobierno de facto”.
Cuando el 18 de mayo se celebró un nuevo aniversario del Día del Ejército Nacional, ya que el mismo fue creado por Artigas para combatir en la hoy conocida como Batalla de Las Piedras, muchos de los integrantes de la coalición de izquierdas, se negaron a asistir o incluso manifestaban su desinterés por concurrir a un lugar donde alguna vez, la institución estuvo enfrentada directamente a los partidos políticos que confluyen en el Frente Amplio y a este como tal, sobre todo, muchos de ellos no estaban de acuerdo con que el Ejército capitalizara ese acto.
El hecho no tiene parangón, porque se trata del partido que gobierna tanto a nivel nacional como a nivel departamental, y si bien sus principales figuras y referentes estaban presentes, desconocer la historia del país, estar atado a coyunturas históricas pasadas y seguir con el talón de deudas debajo del brazo no le hace nada bien a la sociedad ni al Frente Amplio, porque sigue insistiendo en declarar enemigos a quienes esta vez, no tienen porqué pagar por lo que hicieron quienes los precedieron usando a la institución que fundó Artigas como escudo.
También estoy de acuerdo con la propuesta del Comandante en Jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, quien desde una actitud honesta y acorde con la realidad social que vive actualmente el país planteó un aporte desde la institución que le toca dirigir por este período, planteando la absorción de una cantidad considerable de jóvenes que se encuentren en el más absoluto abandono y sean los catalogados “ni – ni”, ni estudian, ni trabajan, con el fin de colaborar en su educación, trasmitiéndoles valores claves para la vida que son con los que el Ejército forma a su personal, como los de organización, disciplina, responsabilidad, formación en oficios, aspectos importantes para el desarrollo de la vida de estas personas.
Aunque ahí ya tuvimos otro lío. Hubo sectores de la izquierda que fustigaron la medida, pero lo hicieron por el origen de la misma y no por el contenido, ya que quizás podía ser buena cosa que una institución del Estado se encargue de brindar educación y tratar de transmitir valores que tiendan a repercutir en los seres humanos de una manera que los ayude a salir adelante por sí mismos, y no como hace el Estado dándoles dádivas que pagamos todos y que cada persona usa a su antojo y este no es el mayor problema, sino que el tema pasa porque terminan todos en el mismo círculo vicioso, de hacer la nada misma y eso termina siendo una carga mayor para la sociedad en su conjunto.
Si el Frente Amplio va a criticar que lo haga, pero que lo haga con fundamentos, no porque quien tira la idea es el Ejército o los partidos políticos de la oposición. No me gusta que esa práctica sea habitual en la coalición de izquierdas, porque la misma debe dar un ejemplo claro de madurez política e institucional, asumiendo errores y tomando las ideas que puedan servir, incluso para subsanar los errores que la izquierda ha cometido desde el gobierno, como ocurre con el caso del Mides, donde en 10 años hay más fractura social que antes y los problemas nos siguen pasando por encima, sin que haya políticas de fondo que apunten a frenar la creciente pobreza y marginalidad que vemos a diario.
¿Cuáles son las políticas de Estado que tienden a terminar con la pobreza y la marginalidad? ¿Por qué en los últimos años han crecido los merenderos? ¿Por qué hay problemas sociales crecientes que se reflejan en la educación, la calidad del empleo o la violencia social? No es para enojarse, es para encontrar respuestas y sino, ponerse a trabajar para poder darlas, porque la sociedad las necesita.

HUGO LEMOS

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Una brecha preocupante

Una mujer caminaba con una bolsa, se acercaba a todas las personas que veía y les decía algo. Los siempre solidarios sacaban billetes y no dudaban en darle una dádiva, otros simplemente la escuchaban y le decían que no. La mujer se acercó a mí, me mostró una bolsa con pasteles, me dijo que era viuda, que no tenía qué comer y que como era el Día de la Madre le habían dado una docena de pasteles de regalo para que los vendiera, así ganaría dinero.
Pero ella no los vendió, pues a todos los que se los ofrecía, luego de una perorata contando todos sus males, nadie quería comprárselos, sino que la mayoría optaba por darle el dinero que tuviera a su alcance y dejarla ir. La mujer, de muy mal aspecto por el descuido de su propia personalidad, quizás por dejarse venir abajo ante los dolores y traumas posibles que le haya presentado la vida y los cuales quizás no supo enfrentar, encaraba a cada una de las personas con las que se cruzaba siempre con el mismo discurso.
Así la vi alejarse por las próximas dos cuadras desde el lugar donde yo estaba, en una verdulería de la zona de la cancha de Universitario al mediodía de ayer domingo, mate en mano y viendo cómo el tibio sol de un otoño que parece invierno, desde donde observé que habría juntado varios billetes y una importante cantidad de monedas.
No voy a hacer una guerra de pobres contra pobres, pero viendo esas escenas ya me cambió el panorama y pensé, seguramente necesita el dinero, pero una persona por más que realmente precise dinero para poder salir adelante, tiene que sentarse a pensar un poco y tener algo de altura. No puede andar pidiéndole a cada uno que ve, una moneda en la calle con el mismo verso de los pasteles para generar un dividendo, ya que si era para comer había juntado el dinero con creces y tendría que tener determinadas prerrogativas para salir del estado en el que se encuentra. Pero el discurso de “soy pobre, deme”, ya no me gustó nada y empecé a mirarla con desconfianza.
Ayer de tardecita caminaba por la calle 18 de Julio y llegando a la puerta del diario para entrar vi como un hombre, sesentón, abrigado a no dar más por el frío que sentiría, iba raudamente hacia el sur. Pero antes de llegar a la esquina con Rivera, lo pararon dos sujetos, uno de ellos flaco y alto y el otro más menudo. Lo rodearon al sesentón, uno se puso atrás y el otro le pedía dinero, el hombre metió la mano en el bolsillo y les explicaba casi con culpa que no tenía más, pero por la desconfianza que ellos mismos generan con su manera de ser alguien que pasó y vio la escena los vio y les gritó que qué estaba pasando y los sujetos se fueron. Uno de ellos, pasó a mi lado y me dijo que precisaba 5 pesos para el ómnibus, ambos tenían más de 20 años, no trabajaba ninguno de los dos e importunaban a la gente pidiéndole dinero.
¿Si te faltan 5 pesos por qué no trabajas?, le espeté casi con la rabia de alguien que siendo fin de semana y Día de la Madre igual tenía que hacer las 8 horas lejos de su hogar. El joven tuvo una sonrisa socarrona y se fue, pensando que mejor es pedir, o peor aún, quitar.
Estamos viendo una sociedad que se fractura cada vez más todos los días, que asiste a este tipo de situaciones donde hay gente que se dice pobre, en estado penoso y por la que hay que tener tanta contemplación que se le debe dar lo que nos ganamos trabajando mientras ellos hacen nada y se descuidan en algunos casos para decir que son víctimas del sistema, pero no hacen nada para combatirlo, superarse y poder salir adelante, sin esperar que los demás compren sus lágrimas por monedas.
Pero lo peor del caso, es que esto está dejando secuelas, porque determina que haya pobreza mental, la que se traduce en dejadez, ocio y descuido por parte de los jóvenes que lejos de querer luchar por no caer en lo mismo que sus padres, se entregan a la nada misma y hasta generan problemas de violencia que terminan empañando sus propias vidas.
El otro día vi en la cárcel como jóvenes de entre 18 y 25 años se amontonaban unos tras otros, todos vestidos iguales, pensando de la misma forma y riéndose con cierto desdén hacia los que allí estábamos para cumplir con la instancia judicial, como aplicando un mecanismo de defensa con el resto de la sociedad que ya los juzgó, los encerró y les exige que salgan con otra cabeza para portarse de otra manera y andar derechitos en un lugar donde seguramente no habrán entendido que la oportunidad, por más difícil que parezca, está en ellos mismos de encontrar las herramientas para crecer y salir adelante.
En casos como esos, es que uno no sabe cómo actuar frente a jóvenes que andan en la calle pidiéndole dinero a todo el que pasa, para saciar sus vicios, los que no pueden bancárselos por la falta de aptitud que tienen para ganarse la vida por sí mismos. Ante todo esto la pregunta surge, ¿qué hacemos, cómo hacemos, y cuánto estamos dispuestos a hacer para encarar una vida mejor para todos?
Supe de casos en que hubo personas beneficiadas con viviendas sociales, que las paga el Estado, es decir, todos nosotros y las han terminado vendiendo a precios bajos, sin valorar lo que tenían y mucho menos sin tener en cuenta que fue una ayuda verdadera la que les dio el pueblo en su conjunto para que sintieran que podían tener oportunidades, y a partir de ahí querer salir adelante.
En otros casos, la ayuda social también ha llegado, pero las mismas se han convertido en más asistencialismo, y no en políticas de fondo que realmente ayuden a tener una sociedad más cohesionada y menos disgregada como la que tenemos, en el plano social, económico y sobre todo cultural que es lo más importante, porque esto es lo que le genera condicionamientos mentales a las personas para que puedan hacer algo de sí mismos y salir adelante, sin pedirle a nadie, sin amenazar a nadie, sin lastimar a nadie.
Estamos pasando momentos difíciles culturalmente, donde hay problemas sociales que se han fomentado por una generación que no conoció límites por la culpa que sintieron sus padres, que vapuleados por los vaivenes sociales que tanto les impusieron, dictaduras de por medio y señales confusas por todos lados, decidieron no poner límites y dejarlos a la que te criaste, lo que terminó en generar una camada importante de personas que no les importa nada ni nadie y que al final eso terminará por dañarnos definitivamente.
Pero yo creo que aún estamos a tiempo y para eso quienes están arriba diseñando la sociedad, tienen que dar señales claras y parar la mano con aumentar la brecha.

HUGO LEMOS

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Momento de tener mesura

No sé qué va a pasar con la economía en los próximos meses. Solamente que leyendo a los economistas y lo que dicen los analistas de todas las ramas, coincide con lo que te dice cualquier vendedor callejero o empleado de comercio, “bajaron todas las ventas, hay miedo a gastar, no hay plata en la vuelta, el que la tiene no la larga, la mayoría de la gente está endeudada y hay que cuidar el bolsillo porque no se sabe en qué puede terminar todo esto”.
Son los dichos populares más escuchados en cualquier esquina, en los comercios y hasta en el ómnibus, cuando uno va para el laburo a cumplir (como dice la canción del gran Dino Ciarlo en su inmejorable balada Milonga de Pelo Largo que muchos la interpretaron pero sin la misma pasión que su autor) “siempre arrastrado por la rutina”. Pero va y escucha de todo.
Los economistas dicen que vamos a entrar en un ciclo de retracción de la economía, donde el crecimiento se estanca, surgen los temores de una recesión y hasta de una crisis, que por el momento no se vislumbra, porque si bien la misma está instalada en varias familias uruguayas, sobre todo de la clase trabajadora, la palabra “crisis” para la versión oficial ocurre recién cuando son miles las familias afectadas por los problemas económicos que los dejan al borde de la miseria. Y eso aquí todavía no pasa, pero, las condiciones tampoco son las mejores que digamos como para que en poco tiempo no pasen.
Charlando el otro día con un dirigente del PIT CNT me decía que los problemas económicos están afectando a la clase trabajadora desde hace al menos un año y medio con rudeza. Que se está sufriendo un efecto inflacionario que complejiza la vida de las personas que viven de su salario, porque no reciben aumentos que les permitan ir a la par de la suba de precios, por lo tanto, se está perdiendo el nivel de compra que era el que se había ganado en los últimos tiempos, porque los aumentos de salario que se dieron tanto en el sector público como en el sector privado, fueron para ir acompañando el ritmo inflacionario y no para recuperar el salario perdido y tener una mayor capacidad de compra y ahora ya ni eso, porque todas las pautas salariales van por debajo de la inflación que se disparó y no se alcanza.
Sin embargo, se ha utilizado al mercado para que el trabajador crea que está mejor y que puede comprar más que antes. En ese sentido, la adquisición de productos de origen chino, que son fabricados para una superpoblación global, lo que hace que los mismos sean por un lado de mala calidad y por otro que cuesten dos pesos, están hechos para permitir que la masa de personas, que son principalmente trabajadores y que viven de un sueldo, puedan adquirirlos y con ello les ahuyentan los miedos de que la plata no alcanza, si hasta acceden a celulares, televisores LED y motos que les duran lo que demoran en pagar las cuotas.
Entonces, si los manejadores de la economía por llamarlos de alguna manera, garantizan que la gente pueda consumir al menos esas cosas, no habrá tanta protesta, alguna más que otra, pero la cosa se calma, porque en definitiva es lo que la mayoría del pueblo quiere, poder sentarse en la casa a mirar televisión por cable en un aparato que parezca moderno y le haga honor a la ocasión. Por lo cual los problemas parecen disiparse, más allá de que el estado de la situación ameritaría que la preocupación esté latente.
La caída del Producto Bruto Interno (PBI) en el último año en relación a los anteriores, implica que en el país hubo menos producción y menos servicios que en otros tiempos, y que la mano de obra que se ha perdido en todo este tiempo, principalmente en la industria de la construcción así como en ramas afines, ha implicado que los problemas económicos aumenten y que los comercios que dependían del salario del trabajador hayan empezado a flaquear.
A todo esto, está el alza del dólar, que se mantiene a niveles por encima de los 31 pesos y que no piensa bajar, lo que impacta de lleno en los costos operativos de cualquier empresa y si encima las ventas no son buenas, los problemas aumentan y los puestos de trabajo son los que empiezan a tambalear.
Pero el gobierno lo sabe y fue por eso que el ministro de Economía, Danilo Astori, le dijo al PIT CNT que no se quejara tanto y que ayudara a mantener a los inversores en el país, para lo que les pidieron minimizar las protestas. Así, la central obrera cambió su discurso de defender otros intereses y en vez de reclamar mejores condiciones laborales y aumentos de salarios a cualquier punto, les pidieron a todos que primara la defensa del empleo, cosa de que el empresario no se vaya al escuchar reclamos y reivindicaciones con las que no pueda cumplir y en vez de eso, vea posturas razonables y les mantenga los puestos de trabajo.
En Salto en los últimos tiempos no soplan buenos vientos. Hay un aumento de la desocupación que es preocupante, llega al 11 por ciento según me lo dijo el propio ministro de Trabajo, Ernesto Murro, el pasado 4 de abril cuando la celebración del Consejo de Ministros en San Antonio y comentó en esa oportunidad que el gobierno estaba mediando con empresas que dejaron a gente sin empleo. En uno de los casos se había referido a la empresa Caputto y al despido de 18 personas que incluso estaban vinculadas al sindicato.
Por lo que habrá que asumir con mucha cautela los tiempos que se vienen, pero también considero que no es que haya que tener temor, porque el miedo es lo que genera aspectos negativos en el desenvolvimiento de cada uno en la vida, sino que lo que se debe tener, es mesura y ver con cuatro ojos todo lo que pueda llegar a pasar de aquí en más, que para el trabajador, esa cautela y mesura que se pide, pasa por tratar de no endeudarse más de lo que ya está, hacer un esfuerzo para saldar sus deudas y aguantar un tiempo con lo puesto, hasta que pueda verse una señal de que la cosa mejora.
Pero también recordemos que los tiempos de crisis son épocas de oportunidades para los que piensan un poco mejor, sobre todo para quienes creen que de una situación adversa pueden surgir los momentos propicios para sacar lo mejor de uno y creer que con eso se puede, dejando de depender de quienes nos fijan salarios, nos marcan el tiempo y en definitiva nos quitan con eso nuestras potencialidades.
Por lo tanto, decimos que se vienen tiempos complicados, en los que más que nunca hay que ponerle cabeza, pienso y sobre todo fe y ánimo, para sacar a relucir nuestras potencialidades lo más que podamos. De esa forma, sabremos cuánto podemos dar de nosotros mismos y marcar nuestro camino en la vida, sabiendo que si queremos salir adelante y crecer, todo depende siempre de nosotros y tenemos que pensar en que sea lo que sea, podemos hacerlo.

HUGO LEMOS

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Qué importante es que puedan elegir

Cuando ingresé como estudiante de abogacía a la Universidad de la República hace poco más de una década, la Regional Norte tenía unos mil alumnos, algunas decenas de docentes, el 80 por ciento de ellos venían cada semana desde Montevideo, y las clases solamente se dictaban de jueves a sábado. Es que los profesores dictaban sus cursos en la capital los días hábiles y guardaban los fines de semana para venir a Salto.
Todavía había un concepto de que esta era una Universidad de fin de semana, de cursos largos como si fueran carreras y a las que había que darlas con una tranquilidad relativa porque era en el interior, el crecimiento no era explosivo como en la capital, por lo tanto las demandas y exigencias eran mucho menores, así que todos se la tomaban con soda.
“Tienen un desayuno jurídico importante ustedes”, me dijo una vez el entonces candidato a Decano por la Facultad de Derecho, Alberto Pérez Pérez, cuando estuvimos hablando de la Regional Norte y sus problemas, siendo yo delegado estudiantil por el Frezelmi y llevando a la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho en un convulsionado año 2002 para la Universidad y el país, los temas que aquejaban a nuestra casa de estudios.
Nosotros queríamos que la Regional Norte creciera, se desarrollara como Universidad a partir de la realidad en la que estaba inserta y no al revés, donde se le dictaba desde la capital del país a esta sede universitaria todo como debía funcionar.
Hasta los calendarios de exámenes dependían de lo que dijera el Consejo de la Facultad en Montevideo, algo de lo que nos logramos despegar, cuando siendo dirigente del Centro de Estudiantes de Derecho logramos negociar con el entonces Decano, Alejandro Abal Oliú, que algunas decisiones las tomáramos desde acá para nuestra Facultad, como por ejemplo, fijar la fechas de los exámenes y eso ya fue un paso adelantado para la anhelada autonomía que planteábamos hace tan solo una década y media atrás.
Pero el tiempo pasó, hubo avances, se logró que una exdirectora de la Regional Norte fuera Decana por dos períodos consecutivos de la Facultad más antigua y conservadora del país, como es la de Derecho, pero que en cierta forma y es justo decirlo, fue la que comenzó el proceso descentralizador con su llegada a Salto en 1957, y el comienzo de los entonces Cursos Universitarios.
La de Derecho, que fue la primera carrera que tuvo la Universidad e la República en el Uruguay en 1849 y con ello la inauguración de la universidad estatal (que como no podía ser de otra manera entonces se llamaba Universidad de Montevideo), fue la primera además que decidió dictar sus principales carreras (porque la Facultad de Derecho dicta cinco carreras) las de abogacía y notariado en forma completa en Salto en 1989, lo que fue revolucionario para la descentralización universitaria en ese momento.
Mientras esto pasaba, otras facultades que decían no ser tan “conservadoras” e incluso como si esto se trata de un juego político decían estar “más a la izquierda”, no ponían un pie en el interior, mucho menos en Salto, porque de hacerlo, les parecía como si estuvieran bajando su jerarquía, en vez de estar expandiéndose por el país, en definitiva, unos atrevidos de primera. Pero nadie los consideraba así en esa época, ahora si no se vienen a Salto a dictar sus carreras, quedan en evidencia de su propio retroceso.
Pero la Regional Norte creció y pasó a llamarse polo universitario del noroeste, se juntó con su rival en todas las disciplinas, la Casa Universitaria de Paysandú, que como en el fútbol se disputaba hasta la permanencia de la Universidad en el litoral, y se creó el Centro Universitario del Noroeste, algo con nombre lindo, forma y contenido. Un contenido que marcha y que tiene forma de algo.
“¿Pero ustedes qué quieren ser, una Universidad aparte, una Facultad, qué es lo que quieren, denme algo concreto y lo hacemos?”, esas fueron palabras textuales del ex rector de la Universidad por dos períodos consecutivos, Rafael Guarga, que mucho tuvo que ver con la desidia que hubo desde la capital con la universidad en Salto. Guarga se aferraba a que nosotros no proponíamos nada concreto y que él no iba a cambiar nada de la estructura universitaria para darnos forma a nosotros porque según él “no sabíamos para qué queríamos tener poder”. Era su manera minúscula de mostrar miedo a perder poder y darle autonomía a la Universidad en Salto.
Aunque todo pasa, todo cambia, a veces es para mejorar. Eso quedó así demostrado cuando hoy la Universidad en Salto está construyendo un ala de laboratorios para albergar a destacados científicos uruguayos que están afincados en nuestro medio desarrollando investigación, a experimentados docentes que han apostado por crear conocimiento científico desde Salto y con un crecimiento explosivo de la matrícula estudiantil debido a una oferta académica que se viene diversificando cada vez más.
Estamos ante una Universidad de puertas abiertas, con mucha gente que entra y sale, con jóvenes que vienen desde varios rincones del interior de los distintos departamentos de la región, queriendo ser lo que sus padres no pudieron y hacer lo que en sus pagos les dijeron que era difícil, sin perder la identidad, pero con muchas ganas de ganar conocimiento para desarrollarlo y aplicarlo en su propio lugar de nacimiento.
La Universidad de la República nos da un ejemplo a todos esta vez con su proceso eleccionario. Nos enseña que los universitarios de la región pueden y deben defender su destino, deben participar para decidir qué modelo de Universidad quieren y demostrar con ello que se han ganado con madurez y coraje la institucionalidad que tienen hoy. Por eso es importante que haya elecciones en ese centro de estudios y más importante es todavía que todos sus integrantes participen, elijan a sus autoridades y marquen el camino, para que muchos más sigan participando.

HUGO LEMOS

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Tendrán que sacudir la alfombra

Cuando miré hace algunos meses el filme Spotlight, que ganó el Oscar a Mejor Película en la última edición de los Premios más importantes del cine mundial, me impactó mucho. No solo por la brillante actuación de sus protagonistas que recrearon lo que en realidad fue un verdadero ejercicio del periodismo puro, real y de manera notable. Sino también porque tocaban un tema que a nosotros los salteños nos ha rozado muy de cerca, como han sido los casos de abusos de sacerdotes de la Iglesia Católica y el encubrimiento que en muchos casos se ha hecho de esto.
La investigación que hicieron los periodistas del prestigioso diario The Boston Globe, hace más de una década, sacudieron a toda una sociedad conservadora, católica y muy fría en varios aspectos como es la de la relevante ciudad de Boston, muy católica, que concentra poder económico y las universidades más prestigiosas del mundo como la de Harvard, pero que convivió durante décadas con la venda puesta sobre lo que ocurría en su propio cerno.
Este tema no es algo nuevo en el mundo y mucho menos para los países latinoamericanos, donde existe la mayor cantidad de feligreses de la religión católica del planeta y no en vano el Papa actual, proviene de estas latitudes. Pero claro, si bien la investigación hizo mucho ruido, tanto en Estados Unidos como en el Vaticano, llevado el tema a la industria del cine, en especial a Hollywood, a todos los que estamos vinculados al periodismo de una forma u otra, nos brota por los poros el tema, ya que en cierta medida aquí en Salto han pasado situaciones que nos han puesto los pelos de punta.
Y en cierta medida, si bien no hay pruebas determinadas ni específicas contra ciertos clérigos que en su momento fueron denunciados o vistos como cercanos a actuar con ciertas actitudes impropias para su investidura, pero quienes sí han llegado a ser sospechosos de prácticas de por lo menos insinuaciones a determinados menores, ya cuando eso pasa y la duda se plantea, el malestar no se oculta y las cosas ya no son como deberían ser.
La de Salto es una ciudad de mármol, me dijo hace varios años el actual Obispo Pablo Galimberti, por lo fría que encontraba a la comunidad local ante ciertas cosas que se pregonan en los templos, pero que no se practican en el diario vivir. Porque ser buen cristiano es andar a diario haciendo lo que Cristo dijo, y no ir una vez por semana a cumplir el papel social de verse las caras en la Iglesia como si fuera un evento y después juzgarse complacientes del mundo podrido en el que vivimos, al cual les recuerdo, lo pudrimos entre todos.
Quizás con el paso del tiempo Galimberti haya cambiado su parecer, no hemos vuelto a hablar de ese tema en particular aunque pronto tendremos que volver a hacerlo, pero a mí no es esa sociedad de mármol la que me preocupa, sino la sociedad cómplice, la que calla para mantener la apariencia, el status quo, porque en ese caso, de que haya complicidad en ciertas cosas non sanctas, como bien puede haberlas, porque ya nos pasó y menciono solo un caso horrendo, el de Pueblo Lavalleja con el hermano Víctor (hoy procesado) a la cabeza, algo que era un secreto a voces, es decir, se sabía pero nadie hablaba, si se descubre algo que todos saben o sospechan y nadie denuncia eso convertiría a esta sociedad, o al menos a gran parte de ella que levanta con loores el oropel de la Iglesia, en cómplice de crímenes que deberán pagarse.
No comparto que el ejercicio del periodismo pase por el dedo acusatorio facilongo y simplón, como muchas veces y no todas, lo ha hecho el programa Santo y Seña, con el cual me permito tener mis serias diferencias en el concepto de hacer periodismo, ya que los viví en carne propia cuando no fueron capaces de proteger a fuentes claves para un tema que quisieron tratar desde nuestra ciudad. Y esto, por más que ellos estén un poco más cerca de hacer periodismo todos los días y yo cada vez más lejos, no creo que esto pase por considerar que una persona pueda ser capaz de haber cometido una atrocidad y mostrarla, acusarla y dejarla en duda ante la sociedad y luego decir que hay versiones no confirmadas sobre las actividades de la misma, lo cual lo mismo da puesto que ya la escracharon ante la gente.
Pero me permito felicitarlos al menos por poner el tema en la palestra pública, por decirle a alguna gente de la Iglesia Católica que se han transformado en casta, que no son impunes y que tengan cuidado porque la sociedad irá tras ellos. Ese es el verdadero deber del periodismo, ser el perro guardián de los poderes públicos y ladrarles cada vez que se equivocan, y la Iglesia es un poder público, cuyos representantes deben obrar bien y ser ejemplo en la sociedad, porque ese es su objetivo, querer que la gente sea mejor persona, pero qué credenciales tienen quienes lo pregonan, es una cosa muy importante e interesante que debe saberse.
En ese sentido, deben respetar los valores morales que imparten y ponderar los derechos humanos, como el de la libertad de expresión y no hacer lo contrario, yendo al medio de comunicación a quejarse porque salieron fotos que ellos no querían y encima cuando les anuncian quién era el periodista a cargo de hacer la publicación, deslizan su malestar contra la persona y no contra el hecho periodístico, como si tuvieran derecho a juzgar a alguien y después a pararse frente a la gente a hablar de tolerancia, de respeto, de solidaridad, de honestidad, de humildad, de espiritualidad, valores que a algunas personas les quedan enormes y que si tienen un mínimo de conciencia tratarían de corregir sus pasos.
Sigo sosteniendo que hay curas que son realmente curas y hay otros que solo trabajan de curas, aunque estos últimos tampoco son los malos, porque los peores son aquellos que usan una investidura tan importante como sagrada, para ocultar sus defectos y maldades que deben quedar al descubierto por el bien de la sociedad, por el bien de los feligreses católicos y por el bien de la propia Iglesia Católica, que necesita darse un baño de humildad y lamentablemente por más que su líder máximo pregone con ese ejemplo y nos conmueve a todos, tiene a muchos de sus enemigos adentro de su propia sede, y deberá darle un sacudón muy grande a la alfombra para sacar el polvo, si es que en verdad quieren hacerlo, y ese sacudón debe alcanzar a todos los rincones del planeta, incluso a nuestra pequeña y apacible ciudad.
Pero vamos por paso. El año pasado saltó el escándalo de Pueblo Lavalleja, donde muchos niños eran abusados por un asistente del cura párroco, quien aparentemente no estaba enterado de nada y años antes, otro cura que asistía a unos reclusos, resbaló cuando le tomaron unas fotos comprometedoras y si bien le valió la expulsión a ese clérigo de la Iglesia, no se ha podido comprobar nada hasta ahora, al menos esa es la versión oficial, aunque nadie sabe exactamente qué fue lo que pasó.
Empero así seguimos y ahora hay denuncias, sospechas y actitudes impropias de quienes llevan una sotana, dicen ciertas cosas en el púlpito, pero actúan de manera muy distinta cuando caminan por las calles o cuando van manejando un vehículo.

HUGO LEMOS

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Hay que hacer algo mejor

Fue una semana bastante intensa en todo sentido, tanto la que terminó el sábado como la que comenzó ayer. Porque cuando aún no superábamos lo que había dejado la semana que pasó, se nos vino encima una serie de sucesos que no nos terminan de sorprender. Tormentas, lluvias copiosas, tornados, terremotos, desbordes de ríos, inundados, juicios políticos, cruces de acusaciones, megaoperativos policiales. Estamos todos locos.ayuda
El mundo va rápido, todo pasa de una forma tan vertiginosa que no nos da tregua a analizar cada cosa en detalle para saber cómo actuar y a qué enfrentarnos. Yo lo viví de una manera pero todos tenemos un cristal para verlo.
A mi el calor comenzaba a hacerme sudar más de la cuenta, a promover que nos remanguemos las camisas, que las mujeres vuelvan a usar ropa corta y que los niños se atrevan a andar de shorts y chinelas. Parece diciembre en abril, aunque por momentos, entre el sofocante aire húmedo y los mosquitos, es como si estuviéramos en enero.
En la televisión, de la que no soy asiduo pero reconozco que es necesaria ya que nos muestra al instante lo que pasa en el mundo, estoy viendo los efectos de una terrible noticia. Un tornado que azotó con todo a la apacible ciudad de Dolores en el departamento de Soriano, dejando cuatro personas muertas, decenas de heridos y una ciudad totalmente destruida, porque si bien la destrucción alcanzó a la mitad de la urbe, la otra mitad no puede funcionar sin ellos y todos están juntos en esto, pero lo que pasó allí además nos afectó a todos, que quedamos estremecidos de ver la ferocidad de lo acontecido que en términos reales recién pudo medirse al día siguiente y aún hoy siguen contando daños.
Al rato, miro la escena internacional y quedo boquiabierto, lo que pasó ayer en Ecuador donde un terremoto dejó más de 200 muertos y alrededor de 2 mil personas desaparecidas, también fue parte de toda esta situación climática que nos deja mudos y nos hace saber que la naturaleza nos está pasando factura por todo lo que la mano del hombre le ha hecho en este tiempo. Porque podría decirse que no es la naturaleza la que castiga al hombre, sino que se está cobrando algo de lo que viene sufriendo por nuestras acciones y nos responde con alguna tormenta, como para decirnos que no está contenta de cómo la estamos tratando.
Al rato, Chile y uno de sus principales ríos desbordados, afectando en forma repentina a una serie de autopistas y avenidas de la colosal capital del país, la fabulosa Santiago de Chile, que se vio totalmente paralizada por esta situación, debiendo convocarse en forma urgente a las autoridades para tomar medidas ya que ese desborde dejó un tendal de desplazados, muertos y heridos.
Al querer cambiar de canal, para ver si podía ver algo que aliviara un poco tanto estremecimiento, muertos y heridos, como alguna película que podía ser Twister o La Tormenta Perfecta, como para entrar en clima, la ebullición política que mostraba el parlamento brasileño donde más de 500 diputados de ese país dividían al coloso de norte, pidiendo el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, por los escándalos de corrupción que azotaron al gigante norteño durante los últimos años y que tiene en la mira a la actual presidente porque supuestamente conocía alguno de los enjuagues que se hacían, como el caso Petrobras, que políticos y empresarios llevaban adelante con los dineros públicos.
No conforme con esto, pienso en ver algo más calmo que los gritos furibundos de la oposición brasileña y los descargos enérgicos de los pocos oficialistas que quedaban en el parlamento, y comienzan a hablar en la Redacción de un megaoperativo realizado por la Policía aduanera en Salto, de cigarrillos que entran por contrabando, de un posible cargamento de drogas que la Policía sabía que llegaba en estos casos por la misma vía desde Argentina y que al parecer esta vez no llegó, de los problemas de Leishmaniasis y Dengue que han padecido algunas personas y barrios de la ciudad, y encima de un posible tornado que estaba anunciado a esta hora de la noche, cuando estoy escribiendo este artículo y escuchando el sonido de los truenos que confirman el pronóstico de lluvias, que segura y lamentablemente afectará a varias personas.
Pero viendo el mundo así, parece que todas fueran pálidas, sin embargo, de todo esto sale lo bueno. Teniendo la chance de entrevistar a un colega de radio AM San Salvador de Dolores el sábado, Mateo Arnaldi, que vivió el tremendo tornado que azotó su ciudad y que sucedió mientras él estaba al aire, teniendo que ponerse debajo del marco de una puerta para que no se le cayera una pared encima, me relataba algo positivo.
El hecho que cada vez que hay un drama de esta magnitud, toda la gente se junte para dar una mano e incluso deje lo que está haciendo para ir a ayudar a quien lo necesita, es algo que nos muestra el sentido de comunidad que aún tenemos. Y si bien ante tanta adversidad diaria en otros planos, parece que perdemos de vista lo esencial que es el trato humano y el darnos la mano cuando hay problemas, en estos casos todo se revierte, dejamos de lado por un rato lo que nos hace enfrentarnos y nos ponemos de acuerdo en que tenemos que ayudarnos todos.
Es que hay una razón básica, nadie está libre de vivir una situación como la que afectó a Dolores y en este caso, primero como uruguayos y después como seres de este mundo, nos ponemos un minuto en sus zapatos, no queremos pasar por esa situación ni por asomo y entonces nos dedicamos a dar nuestro granito de arena para sentirnos reconfortados.
Sin dudas que los que estamos viviendo son días muy movilizadores, por todo lo que está pasando, pero el hecho de que podamos ver con alegría los resultados de estas catástrofes que es estar todos juntos dándonos la mano, debe ayudarnos a reflexionar si vale la pena hacerle tanto daño al planeta, para que al final, el mismo con sus respuestas naturales, nos haga darnos cuenta de cuánto valemos como seres de este mundo y ergo, cuánto deberíamos cuidarlo a él y a nosotros, para hacer de nuestra vida y nuestro mundo, algo mucho mejor.

Hugo Lemos

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Tener en cuenta a los otros

Otro tipo de sociedad es posible. Parece una frase hecha pero es algo que pensamos cada día cuando vemos ejemplos de convivencia en otros países que proponen estándares superiores de calidad de vida con poca cosa, solamente con ideas y propuestas proactivas para dinamizar a algunos sectores y para incluir a otros que la mayoría de las veces se los piensa incluidos y en realidad no hacemos otra cosa que dejarlos afuera casi todo el tiempo.
Hace poco que empecé a escuchar la palabra accesibilidad. Poco tiempo digo por algunos años atrás, que no son más de cuatro o cinco. Fue en Montevideo cuando teniendo la fortuna de haber estado haciendo durante algunos días un curso de formación en Gestión Cultural intercambiando con gente de todo el país, principalmente del interior, en el Centro Cultural de España, un joven de Mercedes que trabajaba para el MEC usó para ir a una de las clases una remera con la leyenda Accesibilidad.
Durante el transcurso de esa clase era inevitable que el tema no saliera. Entonces todos se pusieron a hablar del caso. Unos hablaban de qué era la accesibilidad, si era incluir a las personas en los lugares a los que no podían acceder por presentar limitaciones físicas de alguna índole y cómo hacían falta políticas que realmente entendieran que éste se trataba de un tema sensible, que comprendía a toda la sociedad y que tenía que operar un cambio de mentalidad importante para que los uruguayos comenzaran a plantear la necesidad de la accesibilidad.
Pero como todos los cambios, sobre todos los de percepción y mentalidad en la sociedad, el tema demora. En ese sentido, yo planteé como ejemplo que cuando hicieron el edificio de la Universidad de la República en Salto, que era considerado como el más moderno de la ciudad y en el cual el Estado había invertido en su momento 7,8 millones de dólares, los arquitectos olvidaron hacerle un desnivel para que pudiera ingresar alguien en una silla de ruedas, algo que fue corregido recién muchos años más tarde.
Y si los arquitectos que estaban encargados de construir el edificio de una universidad pública a la que se supone que asistirían cientos de personas, no fueron capaces de pensar en que a la misma podían asistir personas en sillas de ruedas, el mensaje que estaban dando era importante porque estaban ignorando a alguien que quizás quería concurrir a estudiar, pero tenía el inconveniente de tener que desplazarse en una silla de ruedas, ignorando en ese caso a un sector importante de personas de la sociedad, entonces ¿de qué estamos hablando?
Pero hasta hoy, el país no tiene una política sistemática y organizada que incluya a las personas que presentan distintas capacidades, o mejor dicho capacidades diferentes. Recién hace tres o cuatro años que en Salto hay un ómnibus que tiene una plataforma especial para que una persona que no pueda caminar tenga la oportunidad de usar ese servicio. Aunque eso es limitado, es una sola unidad, hay que ver a qué hora pasa y cuándo, aunque al menos es algo. Entonces ante las limitaciones de las que venimos hablando por parte del Estado para atender los requerimientos de estas personas, ¿no sería mejor darles otro tipo de atención?
Creo que en ese caso, una medida económica sería muy importante, no solo para quienes no puedan desplazarse por su propia voluntad, sino para aquellos que presentan otro tipo de discapacidades, como la falta de visión o trastornos de alguna especie. Y esa medida debería estar basada en los precios de los productos y servicios que se le ofrece al público en general, con una exoneración importante para que puedan acceder a los mismos sin mayores problemas, ya que por lo general estas personas no acceden al mercado de trabajo y eso debe tener sus consecuencias.
Entonces, así como la Intendencia de Salto y presumo que el resto de las comunas tendrán la misma política, cuentan con chapas matrículas que se entregan y se abonan de manera diferencial para las personas con discapacidad, porqué no generar exoneraciones en la adquisición de productos y servicios para las personas que presentan una disminución de sus capacidades totales. Sería una medida social justa y equilibrada que en cierta medida ayudaría a las personas a tener que acceder a determinados artículos, los que quizás hasta hoy le son necesarios para el desenvolvimiento en su vida cotidiana.
Por ejemplo, hay mujeres que usan bastones para poder desplazarse por tener problemas severos constatados en sus caderas, productos incluso en muchos casos de accidentes de tránsito que han sufrido en el transcurso de sus vidas y no pueden acceder a la compra de un lavarropas, que es de mucha utilidad, sobre todo en la situación en la que se encuentran, donde hacer fuerza les implica el doble de sacrificio que a una persona que cuenta con la plenitud de sus facultades.
Quizás parezca pueril y escaso de sustento mi comentario, pero pienso que hay aspectos tan simples de la vida en la que quienes gozamos de toda nuestra integridad física no nos damos cuenta que quienes lamentablemente no pueden movilizarse de la misma manera, le son muy importantes y así como en lo que me remití anteriormente, de la ausencia de una simple rampa en el punto de ingreso al edificio de la Universidad estatal, tenemos que cambiar la mentalidad para darnos cuenta cómo no estamos contemplando a un sector de la sociedad que necesita del Estado y también de sus ciudadanos para que los ayuden al natural desenvolvimiento de sus capacidades.
Por esta razón, es que planteo que quizás no sea el Estado el que tome la primera medida, sino que bien puede gestarse en el sector privado, que podría tomar la posta de esto y generar beneficios de compra a las personas que la adquisición de determinado producto le significara una mejora sustantiva en su calidad de vida por padecer una disfunción corporal que quienes tenemos el privilegio de tenerlas todas y entonces no las necesitamos.
Acaso es parte de la mezquindad del mundo en el que vivimos el no pensar en estas cosas, porque en cierta medida a nosotros el problema puede no llegar a tocarnos de cerca, pero tenemos que tener la cabeza lo suficientemente abierta como para darnos cuenta que nadie está a salvo de tener mañana un problema de estas características y sufrir una sociedad que encima que te pone obstáculos, te niega el acceso a determinadas cosas y además te genera una limitación hasta en el acceso a ciertos productos, como el caso de electrodomésticos, muebles, viviendas u otros elementos para poder aspirar dentro de todo a una mejor calidad de vida. Ojalá quienes tengan que tomar medidas de impacto, se den cuenta y quieran hacer algo para que esto cambie y se lo haga rápido.

HUGO LEMOS

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Tenemos que reclamar democracia

Cuando un presidente dice que él puede arreglar todas las cosas que pasan en su país, ya tenemos que mirarlo con desconfianza, porque allí pasan dos cosas, por un lado seguramente nos está mintiendo ya que nadie puede resolver todos los problemas que enfrenta cualquier lugar debido a que nadie es omnipotente y sobre todo porque nadie, en un sistema democrático, debería serlo. Y por otro lado, porque siguiendo la línea de razonamiento anterior, nadie puede erigirse en el dueño de un país, creyendo que todas las cosas deben pasar por sus manos y peor aún, considerando que él puede resolverlas.
Por eso, hablando con el destacado salteño Nicolás Albertoni, un joven analista de política internacional que se obamaescuchaencuentra en estos momentos en el centro justo del debate político mundial como es la capital de Estados Unidos, estudiando e investigando cómo se mueve el mundo, me hizo algunos comentarios respecto a la visita que el presidente de ese país, Barack Obama realizó a Cuba dejando en evidencia varias cosas del régimen.
Para empezar, me comentaba que por ser contemporáneos a este caso, no nos damos cuenta de la importancia histórica que tiene el hecho de que un presidente norteamericano haya visitado la isla caribeña, algo que cuando éramos chicos ni siquiera estaba en el imaginario colectivo de cualquier político, periodista ni de cualquier persona. Pero el hecho es que nosotros lo vivimos ahora y esta situación seguramente abrirá un nuevo escenario a las relaciones mundiales tal como las conocemos actualmente, donde el propio gobierno de un régimen que impuso un modelo distinto al de Estados Unidos ahora no ve otra manera de continuar que acercándose a quienes hasta no hace mucho eran sus acérrimos enemigos.
Claro está que Obama no es Bush, ni Clinton, pero en cierta medida representan lo mismo, aunque de forma distinta. Obama es el primer presidente negro en un país donde justamente la gente de su raza es perseguida y asesinada por el color de su piel. Es decir que se trata de un hombre que dio una lucha social muy dura para llegar a estar donde está sentado ahora y que comprende de qué se trata el concepto real de la palabra lucha, algo que una importante masa de políticos y sindicalistas que incluso se autodenominan de izquierda desconocen.
Y segundo porque lo que quiere hacer Obama, con todo ese bagaje de luchas sociales y peleas contra la discriminación y la separación de las sociedades en lindos y feos, buenos y malos, está la de comenzar una nueva era política. La de generar nuevos entramados sociales en el mundo que se respetan y toleren por lo que son cada uno, sin pedirle al otro que renuncie a sus principios y a su manera de ver el mundo.
Pero quizás una de las cosas que más dejó en evidencia lo que muchos temíamos de Cuba, es la dureza de un régimen que pone a la cabeza del mismo a una sola persona que puede levantar un centro e ir a cabecear al mismo tiempo, siendo la figura de todo el equipo y en todo momento.
Cuando un periodista le pregunta a Raúl Castro por la existencia de presos políticos, el mismo se enfada y es natural, casi con 90 años y la mitad de ellos detrás de un despacho de gobierno luego de haberlo conquistado a tiros, era la primera vez que el presidente cubano se enfrentaba a la prensa libre del mundo que quería hacerle preguntas cómo la que seguramente no pueden hacerle los periodistas de Granma ni de la TV Cubana porque en el mejor de los casos terminan en sus casas, cuando no en una cárcel.
Castro se mofó diciendo que “no había presos políticos” porque todos sabemos que el pensar distinto en Cuba y enfrentarse a régimen promueve sanciones que pueden pagarse con algunos días, meses o años, de cárcel. Y eso es violatorio a los derechos humanos por donde se lo mire e indefendible. Pero lo peor del caso, es cuando el mandatario isleño, tal como me lo recordaba Albertoni ayer, le dijo al periodista que si le entregaba una lista él mismo los soltaría esa noche, es decir, él que es el presidente del Poder Ejecutivo, tiene la facultad de soltar presos, de liberar personas que supuestamente fueron encarceladas por un tribunal como debería ser.
Entonces cabe la pregunta ¿no debería ser un tribunal el que decidiera por la liberación de presos, sean políticos o de cualquier índole? Es muy peligroso que un presidente tenga la potestad de decidir sobre la libertad de un ciudadano, porque eso lo convierte en dueño del Estado y eso es autocracia, y las autocracias son dictaduras y las mismas no son amigas de los derechos humanos.
Por este motivo, Castro dejó servido que lo que él dirige en la isla es una dictadura, no una democracia y si esto es así, el problema pasa porque el gobierno de mi país, que se erige democrático y que habla de las libertades y los derechos de los ciudadanos como quien oye llover respalda a un régimen de esta naturaleza, porque si lo hace en su accionar está dando un mensaje contrario al que pretende cada vez que habla de democracia.
Uruguay no debe enemistarse con Cuba, ni siquiera con los hermanos Castro, pero tampoco puede ponerlos de ejemplo ni de héroes. Todos sabemos que Cuba tiene muchas cosas positivas, su educación, su sistema de salud, su solidaridad con varios pueblos del mundo, pero también como todas esas cosas buenas, tiene cosas negativas que debe enterrar de una vez por todas, y es esa autocracia que el propio Raúl Castro dejó en evidencia días pasados cuando dijo que él tenía la potestad de liberar a los presos políticos.
No podemos ni debemos avalar este tipo de cosas como país democrático, como un Estado defensor de la legalidad y de las libertades, pero sobre todas las cosas como un pueblo que promueve y pondera los derechos humanos en su más amplia extensión y que los reclama cada 20 de mayo con una marcha multitudinaria que no olvida la desaparición de miles de compatriotas por pensar distinto.
Por eso, si somos coherentes con nuestro accionar debemos reclamarle a Cuba que promueva la pluralidad de ideas y de corrientes de acción y pensamiento, porque si no estaremos retrocediendo todo lo que como sociedad hemos logrado avanzar hasta ahora y de eso tenemos que seguir estando orgullosos.

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Ese es un ejemplo

Parecería que pegarle al sistema es una cosa fácil, es como un cliché que utilizamos todos los días para culpar a los demás de lo que nosotros no sabemos hacer bien. La semana pasada me encargué de atender a las elecciones del BPS porque entendía que de los actos de gobierno, ese había sido el más sin sentido de los últimos tiempos.
Por lejos, había sido un gastadero de plata que bien podría haberse utilizado en cosas que realmente se necesitan, o desembarcodirectamente no haberlo tocado y guardar para cuando las papas quemen, que a decir del propio presidente Tabaré Vázquez, no falta mucho porque la hornalla ya está prendida.
Pero más allá de esto, culpamos siempre al sistema de lo que está mal y en realidad muchas veces ni siquiera sabemos qué es el sistema, a qué nos estamos refiriendo, hasta puede llegar a ser una frase hecha, un sin sentido, la nada conceptual en su máxima expresión. Porque si existe algo llamado sistema, cuya lógica nos perjudica como conjunto, pues cambiémoslo, movilicémonos y exijamos que las cosas sean diferentes.
Algo así parece que es lo que pasará por estas horas en Cuba, un pueblo aletargado que ha permitido una historia de abuso de poder y violación sistemática a los derechos humanos más elementales como el de la libertad de expresión y por consiguiente, la privación de fundar corrientes de pensamiento e ideas que puedan plasmarse en un partido político que enfrente al poder de turno.
Pero la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama que ostenta el récord de haber obtenido el Premio Nóbel de la Paz con tan solo haber hecho una promesa, ha sacudido la modorra de una isla que como dijo el célebre uruguayo José “Pepe” Mujica, “se caía a pedazos” y si bien todavía se sigue cayendo, al menos levantó una mano y reconoce que por ese camino tarde o temprano, deberá sacar una banderita blanca y pedir ayuda.
Pero lo más importante de todo esto, es el mensaje que le da el gobierno de Cuba a los partidos de izquierda en Latinoamérica. Les están dando una cachetada, una bofetada pero inmensa y les están diciendo que ellos les enseñaron que había que animarse a ser transgresores y esto no significa otra cosa que hacer lo que uno cree sin importarle cómo lo ve el resto.
Y algo de eso es lo que está haciendo Raúl Castro, quien hasta cuando reciba a Obama, verá cómo su Ejército, el de un país fuertemente militarista, entonará el Himno Nacional de Estados Unidos (algo que estaba prohibido hace algunos años) y le rendirá honores al presunto “culpable” de los males que tiene su propio país.
Porque volviendo al principio, cada uno es arquitecto de su propio destino (frase masónica si las hay) y si nosotros declaramos culpable de todos nuestros males a otras personas, es porque no aceptamos nuestro fracaso y por ende no sabemos cómo hacer las cosas bien para que nos vaya mejor. Por lo tanto Cuba ahora está buscando su camino y si nos ponemos a pensar bien, creo que en Cuba entienden que deben dejar de lado la torpeza del idioma de la guerra, para extender la mano, abrir las puertas de la casa y pedir cooperación para su desarrollo.
Por eso, es que con todo este tema de Obama y Raúl Castro, lo más importante es el mensaje que se le da a los dirigentes de izquierda de nuestro país. A ellos se les dice que hay que vivir en el mundo actual, que hay que aggiornarse, deben saber que el idioma que hablan ya no existe en el mundo y como hizo la propia Cuba, buscará saber dónde está parado para tomar resoluciones y para permitirse pensar mejor.
Cuando muchos de los dirigentes del Frente Amplio salen a los medios o a la calle a criticar a los Estados Unidos y a defender a Cuba, un cubano residente en nuestro departamento me dijo: yo los mandaría un día allá, para que sepan cómo funciona el régimen a ver si luego lo defienden tanto. Y eso es justamente lo que nos pasa a nosotros, no escuchamos el mensaje y nos cerramos en nuestros dogmas, después reclamamos lo irreclamable a una persona o a un sistema que no es el adecuado.
Todo el ejemplo de Estados Unidos y Cuba es extrapolable a cualquier país. Porque lo que está pasando con Cuba hoy, es producto de saber que estaban hechadas las condiciones para iniciar un proceso de diálogo con el enemigo histórico, “que los termine fortaleciendo” y quizás esa estrategia lleva muchos años y solo esperaba al presidente adecuado para hacerlo.
En Uruguay en este momento miramos quién hizo qué, para pasarle facturas y eso es lo que nos ha tirado para atrás en muchos aspectos. Por esa razón, es que no podemos ponernos a hablar de que el sistema tiene la culpa o de que tal o cual país tienen una política contra nosotros, porque en realidad seremos nosotros mismos los que estamos haciendo las cosas para que así funcionen.
En Salto se debe cambiar de mentalidad y dejar de pensar que como las uvas están verdes, nunca las vamos a alcanzar. Eso suena a doble trabajo, pero más trabajo nos va a generar a nosotros la desidia de no querer reconocer que estamos haciendo algo mal y que eso es lo que realmente nos estanca.
El otro día iba por la ciudad y para llegar a destino tuve que sortear varios pozos, la persona que iba conmigo me dijo ‘estamos en el horno con tanto pozo, la culpa es de …’ y yo le repliqué no podemos culpar a nadie para decir que esos pozos están ahí. Tenemos que saber que mientras los mismos se hacían, nosotros estábamos muy ocupados con nuestras vidas como para denunciar la situación y mirar para otro lado.
Ahora que los sentimos queremos dejar en claro que somos los responsables de que se hubieran hecho, porque no actuamos en consecuencia. Pero con todo así es la vida, le pasa a Cuba y es el ejemplo más claro, nos pasa a nosotros con la vida misma y le seguirá pasando a los demás si no se dan cuenta que nadie puede seguir buscando culpables por no ayudarnos, sino que los únicos culpables somos los que portamos nuestra mochila cada día. Y así estamos.

Hugo Lemos

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Mucho para revisar

No estoy de acuerdo con las elecciones del BPS. Lo dije hace cinco años y lo digo ahora. No me parece que el Estado, con todos los problemas económicos que tenemos como país, no pueda resolver este asunto a través de una ley, donde se modifiquen los parámetros de elección de estos “representantes” de la gente, en el directorio de un organismo público donde poco y nada se ven los cambios en beneficio de la sociedad.
En realidad, de lo que menos podemos hablar es de beneficios, porque el BPS te pone un límite para poder acceder a algún “beneficio” y encima, si uno llega a tenerlos, es porque le va muy mal, gana muy poco y más que a reclamar va a mendigar, cosa que me parece lamentable.
Por otro lado, tiene un sistema de recaudación que es tremendo y encima, al momento de volcarte lo que se recaudó de tu bolsillo durante muchos años, te dan las migajas que les quedaron, porque parece que el dinero que se pagaba para una presunta jubilación, lo primero que hace es mantener una estructura pública pavorosa, que se chupa todos los aportes de la gente y vuelca cada vez menos a quienes le dieron los recursos para que la misma funcionara.
Es decir, el BPS es malo. No presta una atención de calidad, cobra mucho dinero por no dar nada y encima te saca un altísimo porcentaje del sueldo para pagar jubilaciones de hambre y exigirte que le des dinero por cada movimiento que hagas. Es demencial el sistema que tiene, porque cuando te jubilás te hace un promedio de los últimos años y te da el 52 por ciento de lo que ganabas y te dice que te arregles con eso.
Y hay cosas peores. Si sos activo y ganas apenas por encima de la franja que puso Astori para pagar el IRPF, que es mucho menos de la mitad de lo que sale una canasta básica, tenés que aportar mucho más por concepto de Montepío, pero eso sí no te corresponde ningún beneficio. Es decir, cuánto más aportás, menos beneficios vas a tener, porque el Estado supone que si tenés dinero para aportar, es porque no precisas nada y entonces no te dan ningún beneficio, solo te meten la mano. Yo lo viví en carne propia y no me pueden decir que no.
Me pasó cuando nació mi hijo, que ya va a cumplir cuatro años, así que fue dentro de esta misma administración. Cambió el presidente del organismo, pero como el señor “M” (voy a llamarlo así porque la última vez que escribí sobre él, se tomó el tiempo para llamar a este diario y endilgar por qué se había publicado una crítica contra él, el amigo Ernesto es fantástico) ahora es ministro de Trabajo, así que sabe de lo que hablo; fui a preguntar por el prenatal y los beneficios que podían corresponderme por ser un aportante genial, dos aportes realizaba y sin embargo me llevé la grata sorpresa de que no me correspondía pedir absolutamente nada. Porque el razonamiento (por llamarlo de alguna manera) que tiene el Estado, en esos casos es que si yo podía aportar dos veces a la vez, es que no tenían nada que darme, sino solamente que quitarme. Fantástico.
Parece una tomada de pelo y en realidad lo es. Porque pasa lo mismo que con el Mides, cuando le dan a la población vulnerable una tarjeta con 600 pesos por mes, es decir 20 pesos por día, es decir, el 1 por ciento de lo que sale una canasta básica familiar que el propio gobierno sitúa en 66 mil pesos, no sabemos si les están haciendo un favor o es mejor que no se lo hagan. Son falencias que tiene el sistema que no podemos dejar de criticar o cuestionar.
Creo que el sistema busca ayudar a los más débiles, pero no lo está logrando, y ya ha pasado una década como para que haya excusas por no haber podido lograrlo. Es demasiado tiempo. No hay equidad posible si seguimos haciendo marginales a quienes viven de esa manera, y hacerlos marginales es mantenerlos al margen de las cosas, y para que eso pase, es que les damos un mínimo en todo, porque consideramos que de esa manera ellos van a recibir algo que es peor que nada. Pero en definitiva siguen manteniéndose en la marginalidad.
Ayer un niño de 9 años de edad me tocó timbre y me pidió 5 pesos. Me dijo que su padre cobra una pensión y un beneficio del Mides pero que ya se había quedado sin dinero. Si yo le doy dinero para que vayan a sentarse a tomar mate en la puerta de sus casas y me digan que no trabajan porque no hay trabajo, y encima les doy una moneda, los estoy perjudicando como personas. Porque genero una población que solo va a saber pedir y esperar a que les demos dinero, porque alguien siempre se los va a dar y ellos van a crear así su modus vivendi.
Después puede ser que mejoren gracias a la ayuda social del Estado, y se arreglan un poco, y empiezan a comer todos los días y hasta capaz que se compran un lavarropas. Pero si lo declaran y el Mides les saca la ayuda social, vuelven a la misma y tienen que vender el lavarropas. Entonces generamos la misma rosca de pobreza y marginalidad una y otra vez y los sentimos vulnerables, como para que el BPS les dé a ellos una pensión en conjunto con el Mides, pero en realidad al resto que son los que aportamos al BPS para que el mismo funcione, no nos corresponde pedirle nada y es ahí donde falla el sistema.
Falla al igual que falla el Mides cuando le saca el apoyo al beneficiario que se compra el lavarropas, porque no lo está incluyendo, ni lo está dejando ser igual a los demás. Porque cómo una mujer con cinco hijos va a llegar a la casa a lavar a mano la ropa de todos ellos y va a sacar tiempo para salir y generar capital social para poder salir adelante en la vida, sintiéndose incluida en la sociedad. Nunca lo va a lograr, porque tiene que lavar ropa a mano de sus cinco hijos, porque si se compra el lavarropas el Mides se lo saca y el BPS no la ayuda, y yo le pago al BPS para que la ayude a ella y me ayude a mi.
Entonces hace cinco años voté a los directores de un BPS con un sistema que tenía todos estos problemas estructurales para que los cambiaran y no lo hicieron. Por lo tanto por qué un lustro después, tengo que volver a votar a alguien que no sé ni quién es, para que se siente en una silla en Montevideo, a ganar un buen sueldo por mes, para que no me dé explicaciones de lo que hace con mi dinero y en caso que lo haga, me diga que yo no tengo nada que pedirle al BPS, sino seguir pagando.
Encima obligándome a usar mis contribuciones a la DGI y al BPS para pagar los gastos de esta instancia que costó muchísimo dinero al país todo y obligándome a votar algo que no es democrático, porque lo más democrático sería que no me obligaran a hacer algo que por ahí no quiero, como es votar en esta instancia, ya que quizás esa sería mi medida de protesta, no votar; porque en esos casos mi voto podrían ser comprable ya que como es obligatorio, se hace funcional a los intereses de los candidatos.
Entonces empecemos por cambiar el sistema, por hacerlo más justo, más solidario, más equitativo y más democrático. Solo así después pídanme el voto. Y aún en esas circunstancias veré si quiero dárselos.

HUGO LEMOS

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Que den la cara

Desde hace un buen tiempo a esta parte, los uruguayos venimos contando peso por peso, preocupados porque el aumento de los precios que viene superando nuestra capacidad de compras y en ese sentido, es que vemos cómo la ecuación inflación vs. salario arroja como resultado un panorama desfavorable para éstos últimos, demostrándonos cómo entre los pesos que se remarcan en cada producto en el supermercado hacen, que al llegar uno a la caja para pagar, esos remarques que aparecían hasta como inofensivos, nos sumaran un montón de dinero más que el que habíamos calculado utilizar.
Pero lo cierto es que estamos atravesando por uno de los períodos de mayor inflación desde que la izquierda gobierna y de los más importantes en relación a lo vivido por el país en la última década. Y eso no es causado solamente por la situación internacional, que cuando nos dio posibilidades de desarrollo y crecimiento le dimos para adelante de punta y hacha para mejorar el crecimiento interno. Pero el gobierno ahora se las ve de perillas para poder cerrar la canilla que abrieron en 2005 y ajustar algunos beneficios que se siguen investigando si fueron oportunamente otorgados.
Es que el Estado no dice que te quiere arrancar la cabeza con los impuestos que nos hace pagar, pero sí te muestra las garras cuando te cobra impuestos hasta por respirar, generando así una presión tributaria enorme, que solamente causa un detenimiento en cualquier sector de la actividad y solamente ocasiona un parate para el desarrollo económico,
Cuando días pasados el ministro de Economía, Danilo Astori, acusó a ciertos empresarios de la bebida de “hacerse los vivos” y de generar con esa conducta una inflación importante para que se mantengan los precios más altos de lo que deberían estar, todos quedamos molestos por muchas razones.
Primero, porque sabiendo que hay algo de verdad en el discurso de Astori, el secretario de Estado que maneja la economía del país y que conocía estos números seguramente mucho tiempo antes que la prensa, no puede decir que la culpa es de determinados empresarios, o de fulano y zutano y no se pone el sayo que a él también la cabe.
Seguramente hay algo de verdad en lo que dice Astori acerca de que hay empresarios que jugaron un rol importante en la suba de precios, claramente porque iban a ganar dinero con la importación de mercadería que por el momento, al precio que la ingresaban, la tenían de pantalla, pero no toda la culpa es de la gente cuando pasan las cosas, también hay culpables en el gobierno por no atajar los problemas de fondo a tiempo y dejar que los inconvenientes tomen aire. Y después relativizamos el discurso y generamos desconfianza por parte de la gente.
Esa desconfianza viene sumada por todo lo que pasa en el país y queda así nomás, ya que nadie da la cara, y eso cae mal. Porque cuando en una gestión pública hay problemas, lo primero que queremos es ver quién habla y cómo habla. En ese aspecto, Raúl Sendic tendría que haberle pedido perdón al pueblo uruguayo por dar a entender durante tanto tiempo otra cosa ajena a la verdad, que en definitiva no hace más que deteriorar su imagen ante el público por más que Tabaré Vázquez siga diciendo que Sendic le merece confianza.
Hablar por hablar es sacarse los problemas de encima. También en el discurso cuando un político emplea el ‘nosotros tal cosa’ y no usa el singular para identificarse, él mismo como hacedor de las cosas mal hechas con sus palabras dejó en evidencia que se equivocó pero que está buscando la excusa para decir que el hecho se dio por una razón y no por su persona.
El caso es que estamos viendo la raya entre el ridículo y la cobardía. Porque entre los dichos de Astori que culpa al mercado de la inflación y de Sendic que se quita los problemas de encima diciendo que él sí estudio en Cuba pero que no es licenciado, me dan escalofríos, porque uno lo que quiere es que haya un gobierno que se haga cargo de lo que hizo y no que busque excusas por lo que se supo y no debía saberse.
Por supuesto que el gobierno es responsable de la inflación que hay, de que la misma haya trepado al 10 por ciento y siga en aumento, porque no controló la presión tributaria que estaba ejerciendo contra los comerciantes y la población en general en forma indiscriminada. Resulta que el gobierno con esas medidas provocó un reajuste constante de precios, lo que motivó por otro lado que las cosas se encarecieran y que la gente no pudiera comprar más nada.
Ese tipo de cosas, son las que terminaron generando que haya inflación. La presión tributaria que plantea el actual sistema tal como está formulado, es lesivo para el profesional joven que vive de su salario, para quien tiene más de un empleo, para el que tiene un pequeño comercio con el cual quiere vender su producto y poder ganar el dinero invertido y sacar algo de ganancia, entre otros casos similares. Y no es buena cosa, ni siquiera de hombres correctos, buscar culpables a un problema que lo genera uno mismo cuando toma una decisión que impacta de lleno en la sociedad.
Toda medida de esta naturaleza requiere que haya alguien que trate de encaminar el barco y dé la cara, demostrando que está trabajando. Pero no es lo que ha venido pasando en el Uruguay en los últimos meses. Entonces queremos que haya alguien que sí pueda decir que la economía viene cambiando, que vamos a tener problemas y que todos tendremos que hacer un plan de ajuste.
Un ministro que exprese sus errores ante las cámaras y diga allí mismo que están buscando soluciones, pero que no nos preocupemos, que quienes han tomado medidas en estos tiempos para causar la situación con la que nos encontramos ahora cada vez que pisamos un supermercado, van a estar para dar la cara y no para esconderse y buscar al mismo tiempo el conflicto de si tenemos más licenciados o uno menos.
Espero que en los próximos tiempos cuando las cosas se compliquen un poco más, midan dos cosas. Una, cómo aflojarle a la presión tributaria que solamente causa estragos en todos los bolsillos. Y otra, que haya sinceridad para asumir los problemas entre todos. Porque sin buscar culpables, en el caso de que haya problemas graves si no nos juntamos todos, con la verdad al viento, retrocederemos todo lo que hemos avanzado en este tiempo y eso dolerá mucho más que cualquier otra cosa.

HUGO LEMOS

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Hay que cuidar más a los niños

El carnaval puede definirse como la fiesta del pueblo, donde justamente los protagonistas que por esas horas se convierten en verdaderos artistas, son vecinos del barrio que integran conjuntos de distintos géneros, los que ensayan con mucho ahínco durante meses en algunos casos, con la finalidad de poder brindar un espectáculo que haga vibrar al público y lleven alegría a los corazones de la gente.
Para esto, los gobiernos locales ponen mucha plata, nombran comisiones organizadoras para hacer la fiesta, recurren a organizaciones sociales para que los ayuden, acuden a los clubes de barrios para poder llegar de mejor manera en los distintos puntos de la ciudad, contactan a empresas para que financien algunas actividades e intentan que esa fiesta, que es el máximo evento popular del año, tenga éxito y sea del agrado de la gente.
Si bien no se ponen límites de participación y en el carnaval todos pueden concurrir y participar, sin distinción de género, edad, credo o religión, hay algunas cosas que deberían preverse. Si bien la comisión honoraria actual ha venido trabajando denodadamente durante meses para que las cosas salgan dentro de lo posible en su justa medida, sigue habiendo aspectos que deberían tenerse en cuenta la próxima vez.
No es recomendable que en un conjunto en el que desfilan personas mayores con atuendos típicos del género al que representan, que es con escasa ropa, también desfilen niños chicos, menores de 10 años, con muy poca ropa y en horas de la madrugada. Lejos de querer plantear una censura y un escollo al gusto que cada uno tenga por esta fiesta y por ese estilo carnavalero, hay determinados parámetros que deberían ser respetados, por el mensaje que se le da a esos niños para el futuro.
Los niños actúan y consumen lo que los grandes les damos. Reciben la educación que les proporcionamos y los valores que les transmitimos, y a mi juicio no es recomendable que niños tan chicos anden en horas de la madrugada despiertos, por la calle a la vista de todos, con escasa ropa y encima filmados por las cámaras de televisión sin ningún tipo de recaudos ni respeto por la identidad de esos pequeños.
Esto último lo llevo a cuenta del desconocimiento, que no debería ser tal, de quienes manejaban la transmisión de televisión, quienes empleando algo de responsabilidad deberían haber evitado mostrar en forma directa a esos niños que desfilaban con escasa ropa a altas horas de la noche, por más que lo hicieran con sus respectivos padres al costado de la calle.
Aquí no operó lo que establecen las normas legales, pero no tendría que ser necesario que así fuera, porque todos sabemos que a los niños pequeños, no podemos mostrarlos así nomás en las pantallas y mucho menos en las condiciones en las que se encontraban en plena calle.
Pero más allá de esto, los padres deberían entender que esos pequeños no son conscientes de que están siendo expuestos a la vista de todos. Quizás cuando crezcan no estén de acuerdo con haber tenido que caminar por nueve largas cuadras a la medianoche, vestidos con escasa ropa y pintados como si fueran señoritas por lo menos adolescentes.
Hay criterios que deberían ser establecidos y cuidados por las autoridades. Los niños y adolescentes son parte esencial de la población vulnerable del país porque están en plena formación. Pero sobre todo en el caso de los niños, que son para la ley aquellos seres menores de 12 años de edad, debería existir un especial cuidado en el manejo de las cosas. Ellos pueden participar del carnaval, porque también es buena cosa educarlos en la cultura popular que nos da identidad y que forma nuestros gustos musicales y de espectáculos.
Pero en cierta forma, si nosotros no tomamos en cuenta que eso tiene que hacerse de determinada manera, con determinados cuidados de nuestra parte hacia la mentalidad de ese pequeño que se está formando en la vida y al que debemos transmitirle mucho cariño pero principalmente valores, para que su esencia se cimente sobre determinados parámetros que en su evolución le permitan ir optando por los caminos que la vida le pone adelante, estaremos haciendo lo contrario a lo que interpretamos que estamos haciendo, y en realidad les estamos imponiendo que las cosas deben ser de determinada manera, porque total, no pasa nada. Es algo lindo salir con poca ropa a cualquier hora de la madrugada y al ritmo del tambor porque a todos nos gusta y por lo tanto, consideramos que a ellos también tiene que gustarles.
En realidad estamos cometiendo un error, porque no solo que no los estamos protegiendo, que no les estamos transmitiendo disciplina porque les permitimos acostarse a cualquier hora por más que sea un sábado de noche, sino que además los vestimos como adultos y les decimos que está bien que salgan a caminar por varias cuadras, cuando en realidad son niños que deberían estar durmiendo temprano, disfrutando de la bondades del día y creciendo como robles, para que en su futuro decidan si les gusta bajar bailando nueve calles o si prefieren hacer cualquier otra cosa.
A veces los adultos, como en estos casos, no medimos el potencial daño que podemos estar haciéndole a nuestros niños. Porque como a nosotros nos gusta el carnaval en este caso, la comparsa en este hecho particular y apreciamos que los atuendos que utilizan las bailarinas deben ser de determinada manera, tomamos a nuestros pequeños para exponerlos sin sentido a esto.
La próxima vez las autoridades deberían intervenir y alentar a los padres a que no les impongan sus gustos a sus hijos más pequeños y en ese aspecto, apunten a darles la calidad de vida que ellos merecen siendo tan pequeños, que cuando son apenas infantes, el lugar de un niño a la 1 de la madrugada es en su casa y en su cuarto, durmiendo para disfrutar el día siguiente.
En ese sentido, quizás tomen el tema como injerencia indebida, como la pretensión de una imposición, o como la manera de censurar la libertad del pequeño, cuando en realidad lo que deben hacer es pensar un poco más sobre el impacto que le genera a ese niño el hecho de estar en ese lugar frente a los ojos de miles de personas y a las cámaras de televisión que multiplican ese impacto de exposición, algo que en realidad no está permitido legalmente, pero no haremos carne de cañón de esto, sino que buscamos que haya un conjunto de responsabilidades que puedan medirse de otra manera al corto plazo.
Así como hay gente que protesta porque los animales están esclavizados en los zoológicos, como hay otros que reclaman sus derechos a los que ven pisoteados por medidas económicas de diversa índole, yo veo vulnerados los derechos de los niños cuando los exponen gratuitamente a deambular a altas horas de la madrugada y encima con poca ropa, mirando con sus ojos redondos los sórdidos aplausos de los desconocidos, cuando lo peor de este caso, es que encima ellos ni siquiera saben de qué se trata todo esto.

HUGO LEMOS

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Promotores de inclusión y accesibilidad

Entramos en la última semana de vacaciones, donde las madres empiezan a vivir la locura por la compra de las túnicas y la selección de los uniformes liceales, al tiempo que los padres, junto con las madres en muchos de los casos, se aprontan para vaciar sus billeteras y comprar todo lo que al niño, niña o adolescente le haga falta, para ponerse la mochila e ir por un nuevo año educativo.
Preparar ese regreso a clases es todo un trámite. Anhelado por los niños que buscan el reencuentro con sus educacioncompañeritos y ansiosos por saber con qué y con quiénes se encontrarán en este nuevo ciclo de aprendizaje, la vuelta a clases también anhelada por los padres que entendemos que tres meses de vacaciones es mucho y que si tanto queremos imitar a los países de excelencia educativa, que son preferentemente Canadá y los de origen escandinavo, tendríamos que imitarlos hasta en el tiempo que ellos adoptan para interrumpir su proceso educativo donde consideran que 5 semanas de vacaciones ya es suficiente.
Pero nosotros no, porque si adoptamos ese sistema, el turismo se nos cae, y es el segundo ingreso más importante del país, el cual lo constituye la llamada “industria sin chimenea”, y para eso el Uruguay presenta 300 kilómetros de playas en la costa este del país y genera un movimiento económico que debe cumplir su ciclo para poder sacar dividendos. Por lo tanto, doce semanas parece ser el promedio de las vacaciones de verano en Uruguay, casi la totalidad de lo que dura la estación en sí, porque de otra manera, hay riesgo de que las cosas no anden.
Asimismo, en nuestra sociedad tenemos de todo. Instituciones que se preocupan por elevar su nivel académico, por fortalecer la instrucción pedagógica de sus docentes, por capacitar a su personal para mejorar la gestión, por cumplir con los postulados de ser un centro educativo de alto rendimiento y de ofrecer un nivel académico de muy buena calidad que marque la diferencia en nuestro medio y hasta podrían desafiarse ser reconocidos en todo el país.
Esto suena todo muy lindo, pero a la hora de enfrentar situaciones que puedan marcar esa diferencia, por tener que atender a ciertos alumnos los cuales por sus características particulares pueden llegar a ser simplemente distintos a los otros; en vez de asumir ese desafío de poner a prueba su calidad académica con estos casos y de medir la capacidad pedagógica de sus docentes tratando de contenerlos y aceptándolos en un marco de igualdad de oportunidades, cumpliendo con un principio básico como lo es el de la accesibilidad, lo que de cumplirse termina enalteciendo más aún a una institución, hacen exactamente lo contrario, los rechazan y evitan de esa forma hacerse cargo de alguien que puede llegar a presentar una distorsión en el equilibrio que consideran haber alcanzado para el normal desarrollo de sus actividades.
Este tipo de opciones que adoptan los directores de centros educativos, donde este caso en particular está basado en uno del sistema privado de nuestro departamento, lo que hace es mostrar la falta de capacidad que tienen tanto las autoridades como los docentes del lugar para educar y contener a jóvenes del estrato social que fuere, pero con las características que traiga él en sí mismo.
Allí opera el temor, que ya es decir bastante, porque si lo sienten, eso demuestra ser instituciones endebles y no sólidas. Temor a que el hecho de incluir niños y adolescentes con capacidades o conductas diferentes en sus instituciones pueda llegar a ser un factor distorsionante de la forma que tienen de gestionar el lugar, de la manera que tienen de controlar a sus alumnos, de la capacidad que tengan para enfrentar retos como el caso de tener que atender a personas diferentes y que eso desnude en cierta medida que la calidad de sus servicios no sea tan excelente como ellos mismos la promueven y que tampoco tengan la preparación necesaria como para enfrentar desafíos educativos que enaltezcan a la institución.
Un centro educativo debe ser un faro de luz para la comunidad, debe promover educación de vanguardia y ésta no se da solamente en las aulas, sino que debe apuntar a la promoción de valores tales como la inclusión, la igualdad y apostar a construir una sociedad mejor, pero desde las acciones puntuales de todos los días, buscando que cada niño o adolescente que busque refugiarse en sus salones de clase sea contenido de la manera adecuada, de una forma integral, buscando ayudarlo a crecer y a desarrollarse como ser humano, como persona, y como parte de una comunidad educativa, la que debe enfrentar retos todos los días y no de una que busque deshacerse de los que puedan aparecer como futuros problemas, ya que en este caso, la atención de un niño con dificultades no debe ser visto de esa manera, sino como un desafío a enfrentar.
El tema es que las instituciones educativas también son empresas que deben cuidar un todo complejo. Deben priorizar no solo el cometido de la educación, sino que además, deben cuidar la comodidad de sus clientes, que son los educandos, en realidad la de sus padres que son los decisores, es decir son aquellos que deciden qué mercado consumir, a qué o a quién pagarle lo que le pide para que le brinde educación a sus hijos. Y en el caso de ser los elegidos, esas empresas que venden servicios educativos deben cuidar, no digo a cualquier precio ni mucho menos, pero sí deben velar por mantener el interés de ese estudiante y para esto deben hacerlo sentir cómodo.
En ese sentido, hay un ingrediente de mezquindad en todo esto que ciertamente rechaza la inclusión y la accesibilidad de cualquier niño o adolescente como principios rectores en algunos centros educativos.
Esto a mi juicio es algo preocupante, lamentable y ojalá no ocurriera nunca. Porque ojalá todos los centros educativos se ocuparan de elevar su nivel académico y de prestigiar a sus instituciones, ocupándose de todos los que busquen educarse en sus aulas, pero mientras la mentalidad de sus autoridades practiquen lo contrario, la falta de centros educativos de los que uno pueda enorgullecerse por su excelencia se darán de una manera distinta y hasta diría yo, muy penosa.

Hugo Lemos

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Saber qué queremos

Lo bueno de irse de vacaciones es que te despeja y te ayuda a ver las cosas de otra manera. Ese tiempo de ocio que nos deja el no tener que ir a trabajar, lo podemos utilizar en cosas totalmente aprovechables, tales como realizar actividades en lo que nos gusta y a lo que por cuestiones de tiempo no podemos dedicarnos, estar con nuestra familia y aprovechar para descubrir más cosas de ellos, que por lo general desconocemos por no estar juntos nunca. O para sentarnos a mirar con perspectiva nuestro presente, para saber si al volver, seguiremos haciendo lo mismo, cambiaremos la rutina, o lisa y llanamente cambiaremos el rumbo.
Hay mucha gente que toma el tiempo de vacaciones para irse de paseo sin pensar en nada y luego volver a lo mismo, quizás hasta con cierto enfado, pero enfrentando lo que consideran que es su realidad. Otros simplemente quieren disfrutar de los hijos, de los amigos, de la familia, de lo que sea y aprender de ello cosas positivas para la vida.
En mi caso, cuando salga de vacaciones una de las cosas que quiero hacer es mirar con tranquilidad y retrospectiva lo que he hecho hasta ahora. Porque el simple hecho de hacerlo es parte de esa búsqueda interna que todos debemos tener, para mirarnos al espejo, decirnos lo que pensamos acerca de lo que vemos de nuestra propia imagen y enfrentarnos con nosotros mismos para ayudarnos a tomar las decisiones que entendemos que son las más importantes para nuestra vida.
Esto tenemos que hacerlo, con la finalidad de saber quiénes somos y qué queremos hacer con nosotros en este presente y no en el futuro, porque decirlo solamente es una manera de postergar las cosas. Decir “qué futuro queremos”, es decir que no nos importa el presente y lo que somos hoy, sino que expresamos deseos todo el tiempo y no nos sentamos a charlar sobre lo que planeamos para hoy, mientras corren los minutos, y no para mañana que es cuando no sabemos dónde vamos a correr y en qué cancha.
Escribo estas cosas ahora porque veo cómo pasa el tiempo a mi lado, al ver crecer a mi hijo con la rapidez y brillantez que lo hace un niño de su edad, pero desde que su madre estaba embarazada y hasta ahora, el reloj me ha corrido bastante.
Ese tiempo que se ha magnificado tanto creo yo, es el mismo de siempre en realidad, lo que aumentaron han sido las actividades que tenemos o que nos autoimponemos en nuestra cotidianeidad, lo que genera estrés por un lado y hace que los días se nos pasen volando por el otro. Por eso me pregunto ¿qué estamos dispuestos a hacer para aprovechar más el tiempo con las cosas que queremos para nosotros mismos?
Bueno, seguramente lo primero que pensamos es en no esperar más para hacer las cosas que tanto anhelamos. Y eso nos alimenta el alma, porque nos va a ayudar a pensar mejor de nosotros mismos.
El otro día, un amigo que había salido de vacaciones por primera vez con sus cuatro hijos y que como yo y tantos otros tiene una familia “ensamblada”, como le llaman, me contaba que lo mejor de sus vacaciones y de ese tiempo que pasó, fue estar con sus cuatro hijos, todos juntos.
Era la primera vez que le pasaba y había sido una experiencia para él tremendamente enriquecedora. Algo que le había ayudado a entender un poco más las cosas, a valorar el tiempo que había vivido y a lamentarse por haber estado ausente algunas veces y no sentir la voz de sus pequeños, pero en definitiva el haberse ido de vacaciones con los cuatro, y su actual mujer, que es la madre de su hija más pequeña, lo había ayudado a entender mejor las cosas.
Y a mi juicio, esa fueron vacaciones bien aprovechadas, no importa adónde fueron, qué hicieron, ni qué comieron, tampoco importan dónde fue que pasaron las noches y si se compraron algún souvenir, sino que aprendieron algo fundamental y que surgió del hecho de estar juntos, mejoraron las relaciones humanas que siendo nosotros individuos de esa especie, tanto nos cuesta muchas veces llevarnos bien con nuestros pares, y lo hizo volver a su lugar de trabajo con más ganas que nunca, con una sonrisa de oreja a oreja y con las ganas de volver a aprovechar el tiempo que la vida le dio de esa misma manera, rodeado por sus afectos.
¿Acaso importa cuánto dinero tengamos en la billetera si lo que queremos es hacer feliz a alguien? Ni por asomo, el dinero no es lo importante y si lo tenemos bienvenido sea para darnos los gustos, ponerle un toque de elegancia a las cosas o gozar de algunos bienes materiales. Para otras personas si no hay dinero, lo que refiere al charme y la elegancia deben ponerlos igual, deben estar presentes sin importar con quién estemos. Pero algo mucho más importante que todo esto, es saber y querer disfrutar del tiempo que tenemos, estar dispuestos a vibrar cada minuto con las cosas más simples y más sencillas que son las que desnudan nuestra humanidad y nos muestran de pies a cabeza quiénes somos y qué queremos.
Por eso hoy escribo de tomarnos un tiempo para reflexionar, que pueden ser los momentos de vacaciones, porque son ideales para ello, y estando en plena temporada previa al inicio de las clases, donde por momentos, entre nuestras obligaciones laborales y las tareas cotidianas de nuestros hijos llegamos a perder ese necesario contacto con ellos por varios días o varias horas al día, es que me parece que debemos hacer un parate y acercarnos a las personas que más queremos para poder sentir que no todo está perdido y que el tiempo perdido no siempre se recupera, aunque sí tenemos que hacer el intento de ser felices y no vivir de frustraciones.
Hoy la gente pasa mirando el vaso medio vacío, quejándose de las cosas que le faltan, cuando no ven quizás que tenemos muy buenas oportunidades que pasan delante de nuestros ojos y a veces las dejamos escapar, creyendo que esos lugares no son para nosotros. En vez de valorar el hecho de vivir en una tierra maravillosa, con una sociedad madura desde el punto de vista institucional, que respeta aspectos claves como la convivencia pacífica que nos ayuda a buscar puntos de entendimiento en los temas centrales.
Esos aspectos son positivos porque llegar a la meta que anhelamos está en cada uno, pero también para eso las condiciones tienen que estar dadas y la situación general del lugar en el que vivimos nos la ofrece.
Más allá de que estemos o no de acuerdo con la carga impositiva que tenemos y con todas las fallas del sistema, como los problemas de acceso a la salud, a la educación, los problemas con la seguridad, con el empleo, con la vivienda, etc. Buscar mejorar nuestras condiciones de vida está en nosotros mismos y tomarse unos días de descanso nos hace bien para pensar cómo lo logramos y volver por ello con más fuerza. Hasta entonces.

HUGO LEMOS

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El regreso al barrio

Todavía me acuerdo del olor a humo del mediotanque, de la cantina con pizzas y tortas, y de la gurisada que como yo, jugábamos todo el rato, parando solamente para mirar con atención y admiración a los conjuntos que desplegaban sobre el escenario toda su actuación colorida, esforzada, folclórica y romántica.
Promediaba el año 87 y yo apenas llegaba a los 8 años, pero mi barrio de entonces se vestía de fiesta y yo me colaba como un niño más entre la muchedumbre, donde había muchos padres con hijos, muchos hijos solos y muchos abuelos y vecinos que llevaban la plegable para sentarse cerca de aquel escenario que se erigía como el lugar de convocatoria.
Eran los primeros tablados que vivía Salto y cuento con orgullo que fui parte de esa eclosión que hoy pasó a ser historia. En Huracán, donde crecí con alegría y entre amigos que muchos aún siguen hasta hoy, estaba el tablado “No me Pinchen el Globo”, en referencia al club del barrio. Ese lugar donde estaba el precario escenario, hoy ya no existe porque hay casas construidas.
Pero en aquel momento los tablones largos sobre tanques de 200 litros, una escenografía pintada a mano y las luces de colores prendidas todo el tiempo, con parlantes de caja cuadrada y tantos micrófonos como se pudieran colocar, quizás no los necesarios, vestían de gala aquel lugar que nos homenajeaba a todos los lugareños y nos comprometía a asistir, darle apoyo y acompañar el desarrollo de una fiesta vacanal, como las que ya no vienen.
Hacía tanto calor como ahora, pero se disfrutaba más y se quejaba menos, capaz porque no teníamos tanto aire acondicionado, ya que los aparatos cuadrados con fuerte ruido a motor eran inaccesibles para la clase media media y media baja, como no lo son ahora los split, que con pocos pesos y a pura cuota, te alivian del calor.
Mi madre estaba tranquila porque estábamos a media cuadra. Antes no era como ahora, que esa distancia podía significar muchas cosas para que un niño anduviera solo. Allí estaban todos los de siempre, a esos que veías a toda hora en el barrio haciendo los mandados y contando cómo se había vivido la fiesta en el tablado la noche anterior.
Era carnaval y todos estábamos de fiesta, los vecinos de todas las clases sociales y posibilidades económicas. Los que tenían un buen pasar y los que la peleaban para llegar a fin de mes. La murga de pibes era infaltable, no me olvido más cuando mis amigos se subieron al escenario con unos sombreros a los que les colgaba un globito de color y justo ese nombre era el que había servido de denominación para el conjunto infantil que habían conformado, murga “El Globito”.
El hecho de que ahora vuelvan los tablados a los barrios y que el carnaval esté buscando un retorno a las raíces, después de explorar mejorar los espectáculos y proponer tanto esteticismo que terminó alejando a los conjuntos de las esquinas, es algo positivo porque determina que lo que realmente importa, es el contacto con el público que quiere escuchar de las agrupaciones carnavalescas, el descontento o la desazón que sienten por distintos motivos y la alegría y el humor que tanto bien nos hace y nos hace ver las cosas de otra manera, pero sobre todo nos ayuda a reírnos de nosotros mismos.
Todo esto, hace a la libertad y a la expresión de una cultura propia de nuestra sociedad, que rescata la identidad uruguaya en sus raíces más profundas. Esa mezcla artística de ritmos, letras y canciones, liberan la manera del sentir uruguayo y es ahí donde nos encontramos todos, donde despertamos nuestro gusto por las cosas que son bien de acá, por lo que nos identifica, lo que nos da lugar y espacio. Cantarle al barrio, reconocer a sus figuras y personalidades, destacar lo que todos lo días decimos entredientes, recitar nuestros males y evocar nuestras alegrías, cosas de todos los días que nos generan sensaciones únicas y propias.
Por eso, es que uno siempre se acuerda cuál fue el primer tablado al que fue, cuáles eran los conjuntos que se veían arriba del escenario, incluso a qué le cantaban y por lo tanto, haciendo retrospectiva, acordándose de cuáles eran las necesidades de entonces, que hacía que los integrantes de la murga les recordaran las verdades a la cara.
Cómo no acordarse de aquella Falta La Papa del año 87, con los sombreros que tenían un sol en la frente como renacer y volver a empezar, la Punto y Coma del Marciano y el Felipe que tanto bien nos hizo, La Sureña y su canto a los colores rojo y negro de su barrio Lazareto, Los Presidiarios con sus recuerdos de entonces, emulando la censura a la que muchos habían sido sometidos vistiéndose con aquel traje a rayas, la comparsa La Estrella que ya andaba sobre los escenarios, los cantores populares, las rifas de las pizzas y las tortas para poder juntar dinero y pagarle a los conjuntos, y cubrir los costos del tablado al que había que encenderlo casi en forma mágica cada noche, eran un montón de recuerdos juntos que generan romance, folclore, pasión e identidad.
Entonces, con todo esto, cómo no pedirle a un gobierno que financie con todos los recursos a su alcance a estos bastiones de la cultura popular y de la identidad bien uruguaya, que calan hondo en los distintos barrios de Salto, como son los tablados.
El otro día vimos cómo en Montevideo se juntó el gobierno, los manejadores de los espectáculos y otras yerbas como son los hermanos Espert, de los cuales no hablaremos específicamente ahora y el empresario del ómnibus, amigo del presidente y hermano masón de Vázquez, Juan Salgado, quien puso de sí lo que tenía.
Acá se puede hacer lo mismo y la Intendencia, ASAC, la Comisión de Carnaval que para ser el primer año que se dispone a organizar esto por ahora tiene el apoyo de la gente, tienen el deber, la obligación moral y cultural de promover que el carnaval vuelva a los barrios, vuelva a la gente y a regrese a cada hogar.
¿Por qué? Porque un carnaval en un barrio junta, agrupa a los más distantes, reencuentra a los vecinos de todos los días y en cierta medida los ayuda a organizarse, a ver las cosas de otra forma y a sentir que todos juntos cinchando por el barrio, pueden lograr cualquier cosa, y el carnaval en forma de tablado, es una manera de hacerlo posible.

HUGO LEMOS

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Hablemos bien de nuestra casa

Enero se está haciendo ver con las altas temperaturas que irradia para hacer saber que el calor está instalado, ya que estamos en verano por más que su vida y la mía, sigan con la misma rutina que en diciembre.
Cuando este calor nos impacta con fuerza me acuerdo de un compañero que tuve en un curso que hice el año pasado foto columna hugoen Montevideo, cuando al preguntarle en qué zona de la capital vivía me dijo “yo vivo pasando avenida Italia, lejos de la playa”. Y ahí le respondí: “no, yo vivo lejos de la playa que estoy en Salto, a 500 kilómetros de todo lo que sea agua, arena y sol”. Sobre todo en esta época donde el calor quema y la ciudad queda aislada de esa temporada de la que sentimos hablar por televisión, donde dicen que todo brilla y que es “muy buena” por la cantidad de gente que convoca y por la vida que le da a Uruguay.
¿A Uruguay? Querrán decir a esa pequeña franja del país que está ubicada entre Montevideo y Rocha, que son aproximadamente 350 kilómetros de largo y no mucho hacia adentro. En este país hay uruguayos privilegiados, de eso no hay dudas. Son miles los que viven en zonas totalmente privilegiadas por las bondades naturales que las circundan todo el año y que en verano generan además ese plus de tener un verano soportable y entretenido.
Aunque más allá de esto, Salto, a pesar de estar atravesando por los vestigios de la peor inundación en su historia por la magnitud de los daños causados, los que sin lugar a dudas son muy superiores a los que causó la creciente del 59, porque en aquella época esta ciudad no tenía el desarrollo demográfico y estructural actual, vestigios que traen incluida la supresión de las playas, el parque del Lago y todo lo que se parezca a naturaleza, río y costanera, la ciudad sigue teniendo su encanto.
Hay espacios que son disfrutables como los parques y la zona portuaria ahora que bajó el río, y sin dudas que los centros termales son dos perlitas que tenemos para disfrutar. Sobre todo en esta época, las termas del Arapey, donde el campo abierto y el monte natural circundante a orillas del río que le da nombre a toda esa zona, juegan su partido.
Sin lugar a dudas que las termas del Daymán tienen un gran atractivo para los visitantes y sobre todo para nosotros, los que vivimos acá y queremos pasar un rato en algo que sea bien de acá, porque además de su complejo termal y los derivados que tiene al lado, como el caso del spa termal, las termas privadas y las piscinas de la Posta del Daymán, o el parque acuático Acuamanía, vaya publicidad gratis solo por hoy, el lugar cuenta con una serie de comercios y servicios hoteleros y gastronómicos que se destacan por sí solos, sin necesidad de un agregado especial.
En ese aspecto, Salto no está tan mal beneficiado en la torta que repartió la naturaleza y en la mano del hombre que intervino después, para que el verano se haga disfrutable en estas huestes. Y lo escribo, porque al igual que yo, mientras lea esto usted estará con las gotas de sudor en la frente o de lo contrario tiene un aire acondicionado cerca, para soportar las altas temperaturas que nos mandaron, porque la naturaleza seguro pensó: bueno ya pasaron por todos los líos habidos y por haber este 2015, Intendencia fundida, protestas, choques políticos, violencia doméstica por las nubes, accidentes espantosos, inundaciones como nunca antes, dengue, chikungunya, leishmaniasis, riesgo de leptospirosis, basurales, pozos, a ver, qué más. Ah, sí, calor, mucho calor. Y es como si los salteños nos hubiéramos portado tan mal, que nos mandaron todos los males para acá y para peor todos juntos en un lapso de 6 meses.
Pero no se asuste, porque por ahora venimos zafando de terremotos, tsunamis (porque el río acá por suerte no hace olas) y pestes de otra índole, porque faltaba más que encima nos cayera un enjambre de langostas o algo parecido como en el Antiguo Testamento y estamos completos.
Ya que estamos metiendo cosas positivas, un paseo recomendable son los pueblos del interior, sobre todo por el viaje que puede hacerse por la Ruta 31, donde hay tramos en los que la vista es impactante por la altura de las penillanuras (como nos enseñaban a decir en la escuela) y muestran una imagen de tierra adentro como pocas veces podemos observar de nuestra tierra.
Salto tiene mucho calor, no tiene playas, está atravesando por una coyuntura compleja, pero no es un caos, ni tampoco está en ruinas, es un lugar visitable y a las pruebas me remito, hay un importante número de visitantes argentinos y de uruguayos del sur que han sido vistos por el centro de la ciudad en las últimas horas, sufriendo o gozando del calor salteño, depende de lo que hayan tenido previsto, que asombra por la valentía de venirse de tan lejos a pasar mucho calor sin playas en pleno verano, pero que genera algo lindo ver cómo hay gente que le gusta lo que ve, que valora lo que hay, que disfruta de estar acá y nosotros, en vez de quejarnos tanto, podemos tomar ese ejemplo y disfrutar al igual que ellos de lo que hay en este lugar.
Por eso, en este momento donde en los últimos tiempos venimos siendo noticia en todo el país y a nivel internacional, donde han llegado como nunca antes los grandes medios como El País de Madrid, la agencia EFE, AFP o la CNN, que pasaron como nunca por Salto, pero para anunciar todas las cosas negativas que han estado pasando, queremos quebrar una lanza para decir que no todo está perdido y que lejos de ser un lugar derruido, prácticamente invisitable, lejos del ruido esteño y la movida del jet set que se instala en el departamento de Maldonado específicamente y en el resto de la costa esteña y sureña por esta temporada, sabemos que este lugar tiene los suyo y que puede convocar a mucha gente.
En ese sentido, les decimos a todos que disfruten el calor que estamos atravesando porque es parte de las características que tiene nuestro verano y que lejos de lamentar todo lo que vean y no les gusta, hablen bien de esta tierra porque en definitiva, Salto es nuestro hogar y de nuestra casa, mal no se puede hablar.

Hugo Lemos

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Más que un pedido de disculpas

Las cosas pasan por algo y no por casualidad, incluso en los lugares menos pensados. Por eso escribir esta nota bajo el título “El Frente en su laberinto”, no tiene mucha gracia porque todos saben que esto, dadas las circunstancias de los últimos tiempos, es así.
El déficit de ANCAP es una realidad y lejos de querer meter el dedo en la llaga, las verdades hay que decirlas. Ayer leía en el homenaje que hace el semanario Brecha en sus 30 años de existencia, al excelente periodista y analista, ya fallecido, Guillermo Waksman, con lo que le escribió otro grande del periodismo escrito nacional, Daniel Gatti, éste decía: “en esos días en que la tristeza por su muerte había inundado la redacción de la calle Uruguay (Brecha queda en Uruguay y Andes en el centro de Montevideo), a Guillermo ‘le dolía últimamente que en la izquierda pesara más la voluntad de alineamiento que el pensamiento crítico’”.
Entonces esas cosas son las que determinaron que lo ocurrido en el ente petrolero estatal, que dejó un déficit durante los últimos años acumulado de muchísimos millones de dólares y cuya capitalización por parte del Estado, o podría decirse el salvataje que se le dio, es de un monto que irritó a todo el país, ya que es similar a lo que saldría la construcción de 20 mil viviendas, que generarían un alivio en la falta de soluciones habitacionales que tiene nuestra población.
Pero lo peor de todo esto no pasa por si el déficit de Ancap es real, por si hay culpa de los directores de los últimos años y principalmente del actual vicepresidente, Raúl Sendic, en todo esto, donde según los balances que se hicieron públicos en el parlamento durante su gestión al frente de esa empresa estatal, los millones se perdían a rolete. Y no voy a dar la discusión de si la capitalización es buena, cosa que creo que es necesaria, aunque creo mal que se tenga que llegar a ese estado, donde los sindicatos de todos los sectores de la actividad pelearon por conseguir algún pesito más para incrementar los magros salarios que tienen los trabajadores públicos como los de la enseñanza, la salud, el INAU o las Fuerzas Armadas, por poner algunos ejemplos, y terminamos dándole casi 1.000 millones de dólares a una empresa pública porque no pudo ser gestionada correctamente.
Lo que acá importa es la actitud que están asumiendo nuestros gobernantes con esta situación y dentro del Frente Amplio, el partido fundado como la fuerza política que impulsaba la libertad de sus integrantes para hacer y decir lo que quisieran y como quisieran, el partido político del espíritu crítico de sus integrantes, pero sobre todo, el de la lealtad y fraternidad entre sus dirigentes y el de la honestidad de sus principales actores, parece ser que ahora se pelea con acciones que no son más que un pase de facturas y que a nuestro juicio, no deberían darse.
Cuando el gobierno asume el error de lo que pasó con Ancap y se pone dispuesto a subsanarlo a nivel institucional, a nivel partidario comenzaron los revanchismos que nada bien le hacen al futuro de la izquierda, que más que nunca está siendo mirada con lupa por la población y alimenta como no lo hizo en 10 años, a una oposición que se frota las manos porque las cosas sigan siendo de esa manera a la interna de la coalición de izquierdas y no haya paz entre Daniel Martínez y Raúl Sendic, seguramente los futuros precandidatos a la presidencia en la interna del 2019.
Cuando el principal asesor y operador político del actual ministro de Economía, Danilo Astori, el periodista Esteban Valenti, sale en una editorial escrito en su portal “uypress.com” a pedir “disculpas” como frenteamplista y a matar políticamente al vicepresidente Sendic, diciendo que “habían puesto a gente que no sabía ni manejar un kiosco, pero lo pusimos porque eran nuestros”, no era otra cosa que una operación de Astori para capitalizar el caso de Ancap. Pero no capitalizando el caso aportando los cientos de millones de dólares que debió autorizar como ministro de Economía, sino capitalizándolo políticamente.
Valenti sabía muy bien que su editorial no era un pedido de “disculpas” al pueblo uruguayo como frenteamplista por lo sucedido con Ancap, sino que era una operación para darle con un caño a Sendic y comenzar a bajarle todas las aspiraciones políticas y presidenciales, al actual vicepresidente y expresidente de esa empresa pública que tiene el apoyo de José “Pepe” Mujica, hombre nada querido por el astorismo y por el propio Astori que le acaba de mostrar su cariño, enviando algunas cartas nada felices sobre lo que pensaba de la persona del expresidente justo a la prensa.
Valenti no salió a pedir perdón, no es bobo, sabía muy bien lo que hacía y el impacto que tendría su carta, pero igual le dio para adelante y lo mandó al frente a Sendic. Antes, el semanario Búsqueda había publicado que senadores del Frente Líber Seregni (FLS) eran los que habían nutrido de información al Partido Nacional cuando estaban en la investigadora por Ancap. Lo más grave no fue la publicación realizada, sino que lo grave fue que nadie saliera a desmentir esa información.
Comparto, como pocas veces, la editorial de la revista Caras y Caretas, cuando su director, Alberto Grille, reflexiona que si Claudio Paolillo (excelente periodista y director del semanario Búsqueda) “no sale a desmentir esa información y si el propio FLS no dice ni una palabra al respecto, el que calla otorga, por lo tanto esa información es veraz”, señala Grille.
Este tipo de cosas son las que generan la mayor polémica, no tanto si Ancap está desfinanciada o no, que todos sabemos que lo está. Pero en este caso la discusión no pasa por si está bien que el gobierno ponga dinero para capitalizarla, lo que no quiere decir que esté de acuerdo con esto, sino que lo preocupante es esa operación política detrás de los sórdidos pedidos de disculpas de Valenti, de la presunta filtración de información por parte de senadores del astorismo hacia los blancos para que digan cosas de Ancap que quizás no se hubieran enterado nunca y de la manera de operar hacia la interna que se tuvo, porque desnuda los tejes y manejes de un poder que quiere seguir siendo y que pasa a mostrarse tal cual es.
Astori le pasa factura con esto a Mujica, porque el expresidente permitió la caída de su equipo económico con el tema Pluna, y si Mujica hizo caer al delfín de Astori que era Fernando Lorenzo por 14 millones de dólares, él no se la iba a perdonar a su hijo político que es Sendic, cuando había una discusión arriba de la mesa por cientos de millones de dólares. Entonces la pregunta surge: Astori ¿cobró revancha? A mí me quedan dudas, pero por el bien de mi país y de quienes dirigen el gobierno, que es el de todos los uruguayos, no me gustaría que así fueran las cosas. Porque en ese caso, nos deben mucho más que disculpas.

HUGO LEMOS

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Dejemos de ser los padecientes

Llegamos a los últimos días del año, el que generó muchos cambios, provocó la caída de algunos que nunca pensaban que les llegaría la hora y la subida de otros que por el momento tienen la oportunidad de hacer las cosas bien, pero saben que cuando llegue la hora serán juzgados con la misma vara y tendrán que atenerse indefectiblemente a las consecuencias.
Pero más allá de esto, que es lo que siempre evaluamos cuando damos vuelta la página de un almanaque, cosa que nunca hago porque odio los almanaques, me parecen aburridos y estresantes, porque con todo el bombardeo de información que tenemos, donde pasamos hiperconectados con los súper teléfonos celulares a los que se accede por monedas hoy en día, quién anda con un almanaque de papel mirando el día y el mes en el que vivimos. Es como las páginas de atrás de las agendas, ya nadie anota los números de teléfonos con birome, antes nos dábamos el trabajo de hacer nuestra propia agenda telefónica en las hojas señaladas con las letras del abecedario de las agendas, pero ahora todo está en el celular, que tiene mucho de celular y de teléfono poco y nada.
En ese sentido, cuando vemos a nuestro alrededor todo lo que está pasando con la creciente “más importante de los últimos 40 años” nos pone la piel de gallina, porque quienes vivimos muchas crecientes y todavía no llegamos a los 40 años de edad, nos indica que siempre puede haber algo peor, o por el contrario, si fuésemos fatalistas, puede traducirse como que lo peor está por venir.
Entonces la situación pasa de preocupante a alarmante, porque tenemos que tener en cuenta que no podemos ser meros espectadores de nuestra frágil realidad. Hay una situación allá afuera que se vuelve bien compleja ya que lo que está haciendo es apabullarnos con el poder de destrucción que tiene la naturaleza, de la que nadie se hace cargo y de la que todos nos tenemos que dejar hacer lo que ella quiera que se haga, porque en definitiva, primero le damos con todo destruyendo el medio ambiente, echando humo con los automóviles, con las chimeneas de las fábricas, hasta con las que expiden los desodorantes, los cigarrillos y los hornos de ladrillos, contaminamos todo con cada papelito que en vez de guardarlo en el bolsillo lo dejamos caer al suelo, total, no es nuestra casa (porque somos tan desamorados por todo, que pensamos que la ciudad en la que crecimos y vivimos no es nuestra casa) y alguien lo va a levantar.
¿Y saben quién es la única que levanta toda la basura que dejamos caer y se aspira todo el humo podrido y los gases tóxicos que le tiramos al aire?, la madre naturaleza, que después nos los devuelve en tormentas como éstas. Donde llueve intensamente durante semanas en un lugar donde el río no tenía otra dirección en la que correr, que no fuera hacia acá y así estamos, todos inundados. Con las casas con el agua al techo, con gente que ha perdido lo que tenía, con problemas sanitarios al borde de cada pie de gurí chico que pisa el agua y chapotea en ella como si fuese una piscina natural que se formó entre calle y calle, donde el agua está verde y sucia de estar estancada en las calles que ya estaban muy sucias y que lo que pueden traer son terribles enfermedades a quienes se zambullan en ella.
Aunque mientras las autoridades trabajan las 24 horas para atender los reclamos y las necesidades de la gente damnificada por la situación, que si bien en primer lugar son los inundados, en segundo lugar somos todos los demás que debemos alterar nuestras vidas para modificar nuestra manera de trasladarnos porque el agua cortó las calles del barrio y trajo además de mal olor, basura y muchos mosquitos, pero entre ellos, hay quienes se dedican a decir públicamente que no hay riesgo sanitario entre las zonas afectadas, como si estuvieran esperando que alguien se enfermara para decretarlo. Es como decir que en Salto no había problemas con el río hasta que no sacara gente afuera, entonces cuando la sacó, recién ahí tomamos conciencia de que tenemos problemas con el río y que debemos buscar soluciones de fondo y no coyunturales.
A la señora que se dedica al tema de la salud, hay que decirle que el riesgo sanitario está latente porque el agua está estancada, está verde de mugre y de bacterias, y lo peor es que hay gente que se baña en ella como si no pasara nada, porque nadie les dice que no lo hagan, por un riesgo a su salud. Entonces si ya tenemos refugios llenos de gente, no queremos ahora hospitales llenos, porque eso solamente agravaría el problema.
El tema es que la ciudad está padeciendo y nosotros, los salteños estamos siendo los padecientes. Porque a los problemas que ya mencionamos, como el caso de estar viviendo la peor inundación de las últimas cuatro décadas, le sumamos las calles que están todas intransitables y en estado de emergencia, más allá de que todos sabemos que Lima recibió una Intendencia desmantelada y hecha un puzzle a la cual le dijeron que la armara si podía, la situación sigue cada vez peor y las cosas se ponen feas para todos los que habitamos en ella. A esto, el intendente lo sabe y él mismo ha repetido hasta el cansancio “a Salto hay que hacerlo de vuelta”, pero necesitamos ayuda para poder resolver este problema porque de lo contrario nos costará el doble poder superarlo.
Y es ahí cuando la gente entra a jugar su partido, es allí cuando todos los que estamos reclamándole a los poderes públicos su acción, podemos hacer algo y eso es contribuir mejorando la calidad de vida de nosotros mismos. ¿Cómo lo hacemos? Manteniendo el orden en el tránsito, en la limpieza, en el control de que los servicios públicos se cumplan, generando una movida propia para poder aportarnos a nosotros mismos, para dejar de padecer las cosas malas que estamos padeciendo, como si estuviéramos esperando un médico que nunca va a llegar, y comenzar a hacer algo para que alguien nos atienda y poder curarnos.
Nosotros mismos tenemos la llave de nuestro destino, del futuro que queremos para nosotros como individuos y como comunidad, entonces cuando estas cosas malas nos pasan, tenemos que ayudar, remangarnos la camisa y ponernos a trabajar aportando con nuestra acción, colaborando, no solo con donaciones, entregando una caja de ropa o comestibles que son bienvenidas, sino con una actitud proactiva para ayudar a mejorar las malas condiciones por las que estamos atravesando.
Salto nos necesita, nosotros queremos que la realidad cambie, entonces juntemos nuestras ganas de hacer cosas para ver la otra cara de la moneda y logremos los cometidos que todos sabemos que podemos lograr. Más allá de todo, deseamos un Feliz 2016 para todos y anhelo que celebremos ayudando a tener una sociedad más próspera y un lugar mejor donde vivir.

HUGO LEMOS

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Una semana diferente

Entramos a vivir una semana donde el ánimo es diferente, el espíritu con el que vamos a trabajar por las mañanas y con el que desarrollamos las tareas serán distintos y la esperanza por tener una buena semana donde estemos principalmente en paz con nosotros mismos y podamos convivir así con el resto, es algo que nos late todo el tiempo. Porque queremos estar tranquilos, sin problemas, sin agobios y sin el estrés que nos acompaña por lo general cada día y todo el año.
Recuerdo que cuando era niño veía la Navidad con ilusión, con alegría y con mucho entusiasmo. Claro, era un niño sin responsabilidades y no me ocupaba de hacer que la cosa ande, solamente me divertía y esperaba como el resto de mis congéneres, que llegara la hora de la diversión, del encuentro con los seres queridos y sobre todas las cosas, esperaba el abrazo de mi madre, deseándome una Feliz Navidad. Después de eso, vivía el resto de las jornadas con el manto de ilusiones y esperanzas que nos dan los sueños de la niñez.
Si bien hay un montón de temas importantes para hablar en esta columna, creo que estamos viviendo una semana donde no dejamos de lado los hechos destacados, no hacemos caso omiso a la realidad que nos circunda, pero sabemos que las horas que estamos atravesando son cruciales para vivir momentos de paz, armonía, buscando equilibrio emocional y hacer una retrospectiva de lo que hemos pasado para llegar hasta acá.
Más allá de las creencias religiosas que tengamos cada uno de nosotros, la Navidad tiene un solo significado para cada uno y es el compartir ese momento con nuestros seres queridos, con los que nosotros elijamos que sean, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, con los vecinos, es decir, con quienes nosotros pensemos que son las personas indicadas para que pasemos junto a ellos momentos de alegría, paz y celebrando el estar vivos, el estar sanos, el poder compartir nuestra presencia, nuestra risa, nuestras palabras, nuestros sentimientos más profundos, recordando incluso a esas personas cuya presencia física no la tenemos, pero sí nos late su recuerdo en cada momento y que sabemos que algún día volveremos a encontrarnos, creo que de eso se trata y no de otra cosa.
Está muy bien el hecho de que en el mundo existe un significado comercial de todo esto, porque el capitalismo debe transformar cada creencia en una celebración y esa celebración la debe poner en clave de fiesta, para que la gente se sintonice con eso, se contagie de alegría y quiera comprar lo que el mercado le ponga delante, lo que la publicidad le haga entrar por los ojos y quizás no vea que hay otras cosas que nos ayuden a ver mejor las cosas.
Las personas tienen distintas necesidades. Pero hay un denominador común que es la paz y alegría que todos queremos sentir en esa noche especial que se nos avecina y que solamente es una muestra de cuán felices podemos ser si estamos todos juntos, si nos respetamos, si nos valoramos y si nos toleramos en cada jornada.
Sin embargo, Salto está viviendo horas difíciles, sus costas están inundadas por una crecida que no da tregua y viene con mucha fuerza porque los fenómenos climáticos no esperan y arrasan con lo que tienen que arrasar. Así es que es ayer muchas más gentes se vieron afectadas por la crecida del río Uruguay y tendrá que pasar por estos días, con sus casas bajo agua, con la poca ayuda que puedan recibir del Estado, viviendo en grandes campamentos a la intemperie o en algunos casos bajo techo, pero lejos de sus hogares, de sus rincones, comiendo lo que les den y vistiendo lo que les haya quedado.
En muchos casos, hay niños pequeños que no entienden nada de lo que está pasando y festejan felices con los más grandes el día a día, y eso se vuelve parte del alimento diario que los mayores necesitan para poder seguir adelante y superar estos momentos de angustia, donde se quedan sin casa y no les es fácil irse a otro lado, donde vivan al menos sin estas preocupaciones de verse perjudicados por la subida del río y deban abandonar sus casas, algo que en Salto se reitera cada cuatro o cinco años.
Además, la ciudad no está en buenas condiciones y esas cosas apenan a los lugareños, que no queremos ver el lugar donde vivimos de esta manera. Más allá de que la responsabilidad de ese mal estado proviene de muchos años atrás de abandono del cuidado de la ciudad, el tema ahora es poder resolverlo cuanto antes y más que de un puñado de hombres y mujeres que están en el gobierno, la responsabilidad de lograrlo también es nuestra, la de los ciudadanos que vivimos en estas tierras, que somos los que debemos cuidar cada rincón del lugar donde vivimos.
Porque creo que eso es valorar las cosas que tenemos, los espacios donde deambulamos y la vida que llevamos. Y si en vez de esto no mantenemos una conducta adecuada, lo único que vamos a generar es más caos y suciedad, en una ciudad que supo ser el orgullo de todos los que vivimos en ella, hayamos nacido o no acá, pero que ahora es símbolo de suciedad, desprolijidad y mal estado.
Es por eso que en esta semana que comienza debemos pensar qué podemos hacer para aportar, para contribuir a que las cosas sean diferentes, a que todo sea nuevo, distinto y posible. Todo en la medida de nuestras posibilidades.
Debemos valorar lo que tenemos, luchar por lo que queremos y ser implacables con nosotros mismos en las exigencias que nos autoimponemos para superarnos en la vida, pero debemos pensar que esa superación no debe ir atada de resultados económicos o de adquisiciones materiales, sino que debe ir acompañado de lo que sintamos como logros personales, que es algo mucho más importante que cualquier otra cosa que pensemos que por poder tocarla, debe hacernos felices y generar el sentir que alegre nuestras vidas.
La Navidad no es solamente una celebración cristiana, claro que para quienes creemos en Cristo tiene un significado especial, sino que es una festividad abierta, que apela al sentido de reivindicar el valor del amor, de la familia y de los amigos, la celebración del milagro de estar vivos, de ver a nuestros hijos sanos y fuertes, y a todo lo que está a nuestro alrededor desarrollándose cada día.
Por esto, es que apelo a que celebremos en cada uno de nosotros aquello que nos haga sentir bien, lo que nos guste, lo que nos reconforte, lo que pensemos que ha sido positivo.
Entonces la Navidad tendrá un significado mucho más especial que una celebración religiosa, mucho más profunda que el emblema comercial de un Papá Noel y de tener que comprar un obsequio para nuestros seres queridos casi como una obligación, mucho más importante que lo que compremos para comer y para regalarnos ese día, sino que será algo que nos llene el alma y nos ayude a pensar que lo que hacemos cada día con nosotros mismos, vale la pena, y que quienes tengamos a nuestro lado, en nuestra mente o nuestros corazones, serán algo mucho más importante que cualquier otra cosa. Y es a ellos a los que debemos dedicarles nuestro mensaje de Feliz Navidad, porque al hacerlo nos estaremos llenando el alma. Por todo esto, es que les deseo a ustedes, estimados lectores, Muy Feliz Navidad.
HUGO LEMOS

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El Estado puede hacerlo

Era un joven cualquiera y no se parecía a nada. Estaba bien vestido y hablaba como cualquier persona, sin tics nerviosos, ni cosas raras. Lo paró a mi amigo ayer por la tarde, hacía mucho calor y éste no entendía nada, solo quería llegar al trabajo, pero el joven insistió y éste paró la marcha para escucharlo. Con buen hablar y con la seriedad y educación propia de alguien que tuvo contención en algún momento de su vida, le hizo un planteo que a simple vista no resultó nada extraño.
Al parecer solo quería que lo escuchara y llamar su atención. Pero su problema era mucho más grave, buscaba que alguien lo ayudara a salir de ese infierno en el que está viviendo y al que seguramente entró hasta sin saber cómo, quizás sin quererlo, él estaba pidiendo a gritos que no lo ignoraran y que más allá de su bien vestir y buen hablar, su situación estaba siendo igual a la de muchos otros que están en su misma posición.
Mi amigo lo escuchó y él le hizo el planteo. Le dijo que quería vender un objeto, que a simple vista costaba más caro de lo que él pretendía ganar, y como con su accionar generaba más dudas que otra cosa, terminó yendo derecho al grano, quería dinero para comprarse drogas porque al igual que muchos otros que como él viven en distintos barrios de nuestra ciudad, confesó ser un adicto a la pasta base. La peor de las drogas (si es que hay alguna mejor que la otra) y que solamente genera un daño terrible para quien la consume, arruinándole el cerebro en pocos meses, siendo que finalmente puede terminar muerto.
El joven quería dinero por ese objeto, pero no lo consiguió, al menos en este caso. El hecho es que le confesó que había sido expulsado de su casa por sus padres debido a que los mismos no podían dominar su vida y generar un clima de paz y entendimiento con él, porque por más que él estaba de acuerdo y quería que así fueran las cosas, no lograba controlarse y su conducta era de dañina a destructiva, causando un problema en el seno de su propia familia que podía terminar mucho peor de lo que todos pensaban.
Días pasados, otro joven me hizo una pregunta que va en consonancia con estos mismos casos. ¿Cómo puedo hacer para internar a mi hermano adolescente, que es adicto a la pasta base y se dedica a robarle a la gente para conseguir dinero para comprar esa droga? Y fue lapidario con su último comentario, en mi casa “no podemos más, mi madre está sufriendo mucho”, me dijo. El tema es que tanto en este caso, como en el anterior, el Estado no tiene políticas concretas que pueda ejercer en forma unilateral, con la finalidad de poder brindar una solución a estas personas que están enfermas y que necesitan una cura inmediata antes de que sea tarde.
La internación compulsiva sería una gran solución porque ayudaría en primer lugar a salvar a una vida joven y en segundo lugar tiende a evitar un daño contra un ciudadano inocente e indefenso que pueda ser atacado por estas personas, que, enfermas por conseguir la droga que necesitan, pasan a hacer cualquier cosa con tal de tenerla y pueden generar daños a terceros, como robos, rapiñas, copamientos, asaltos y hasta homicidios, como para obtener el dinero que les pueda ayudar a conseguir esa droga y satisfacer así su vicio.
Pero en Uruguay no se puede ir contra la voluntad del paciente y a estas personas que son adictas se los trata como enfermos, en ese caso, como pacientes y si éstos no manifiestan su voluntad y prestan su consentimiento para ser internados y tratados, nada pueden hacer sus familiares sino seguir sufriendo y esperar el próximo daño cometido por esta persona, que tanto puede llevarse objetos materiales, como puede lastimar a una persona y ocasionar un daño aún mayor, todo porque el Estado no quiere que los mismos estén contra su voluntad, es decir, prima el interés subjetivo de personas que lamentablemente no están en sus cabales y solamente son potenciales victimarios del resto de la sociedad.
Si bien existen políticas públicas que tienden a prevenir, alertar y hacer énfasis en los peligros a los que se exponen los jóvenes y el resto de la sociedad, por el consumo de drogas por todo lo que eso implica, nada es suficiente y encima hay temas que no han sido atendidos por el Estado en su conjunto y que deben ser abordados porque el problema es creciente, sobre todo en la población adolescente que es a la que más atención le tenemos que prestar, de lo contrario nos quedaremos sin jóvenes en corto tiempo.
Debe haber una organización pública interinstitucional que no solamente trate el tema del consumo problemático de sustancias, sino que esas organizaciones, que por lo general son interdisciplinarias y cuentan por ende, con una serie de profesionales universitarios de las distintas ramas entre sus integrantes, tengan la potestad legal de ordenar una internación compulsiva en un centro asistencial que ayude a la persona en su relación con las drogas. Porque de esa manera, podremos prevenir hechos graves.
No podemos pensar que por el hecho de que se intervenga la voluntad de una persona de tratar su consumo de sustancias, estamos afectando su libertad, porque desde el momento en el que esta persona pone en riesgo su vida de forma arbitraria y expuesta, e incluso genera daños a terceros con el fin de poder seguir consumiendo drogas, está afectando la libertad de otras personas y en ese aspecto está cometiendo delitos y ergo, causando daños, con total impunidad.
Si un consumidor de pasta base es un enfermo hay que tratarlo como tal, ¿cómo?, ayudándolo a curarse, ¿de qué manera?, poniendo todos los recursos públicos a su alcance y obligándolo, hasta como una sanción, a que se recupere por su bien, por su integridad física y moral si es posible, pero sobre todo por el resto de la población que queda expuesta a sus dañinos intereses, que solamente provocan un serio problema para todos.
En ese aspecto, reclamo que haya políticas públicas directamente relacionadas con los jóvenes adictos a la pasta base, que trasciendan la esfera de la institución y que se tengan potestades de actuar en forma directa para poder evitar un daño mayor al que, producto de la inacción, ya se está haciendo. Aún estamos a tiempo para terminar con este problema, actuemos, denunciemos y ayudemos a pensar para que las cosas mejoren y actuando así sea por la fuerza, podamos salvarle la vida a quienes más lo necesitan.

HUGO LEMOS

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Dos buenas del fin de semana

Una de las cosas más importantes que me dejó el fin de semana fue reafirmar mi convicción de que las cosas no son tan así como las dicen. Y me llevo dos ejemplos claros y bien distintos. Uno de ellos fue el desarrollo en nuestro país de la Teletón, evento que procura recaudar fondos para el funcionamiento de dos centros de atención a niños y jóvenes que por distintos motivos presentan capacidades diferentes.nicolas
Cuando hace muchos años vi por primera vez aquella parafernalia televisiva que pretendía recaudar dinero para este lugar, lo miré con suspicacia. Confieso que soy de los que sospecha mucho cuando ve algo que aparenta ser muy lindo, cuando ve gente demasiado buena y desinteresada, que solamente tiene la intención de hacer las cosas correctamente por el bien común. Pero con el paso del tiempo, muchos testimonios de gente que empezó como yo, mirando la televisión a ver de qué se trataba, por cosas de la vida tuvo que terminar siendo protagonista de alguna historia y dan fe, que la ayuda que reciben, es real.
Ese tipo de cosas han sido suficientes, por personas que conozco de primera mano, para aceptar que la ayuda que ofrecen los centros Teletón son reales y que cuando aceptan a una persona, la misma recibe un tratamiento integral, que los ayuda no solamente a recuperarse físicamente, sino que además les genera un reconocimiento con su propia familia, les brinda una contención importante que consolida un proceso de inclusión humana, más allá de las dificultades que tengan en la vida real para poder ser parte del resto, por sus propias diferencias.
Incluso, estos centros, que deberán tener su punto débil como todas las cosas, brindan un servicio que el Estado no le puede dar a sus ciudadanos con capacidades diferentes. Les ofrece tratamientos con equipamiento de alta tecnología, cosa que no ocurre con ningún servicio que sea parte del Estado, donde los uruguayos de a pie si bien pagan muchos impuestos no tienen un servicio de esta magnitud.
Entonces las expresiones del presidente de la Cámara de Diputados, Alejandro Sánchez, quien por ser una figura pública, una persona que tiene ascendencia política sobre miles de personas de su sector, que inviste una representación parlamentaria destacada hasta el próximo 15 de febrero, al decir que no donaba dinero para estos centros porque desconocía la transparencia en el uso de los mismos, fue algo que no me cayó bien.
Pero no por el simplismo de tragarme lo que me da la televisión y por estar consustanciado con lo que allí vi, fue que me molestó lo que expresó este diputado. Sino que me molestó la manera que tuvo para decirlo. Porque un representante nacional mal puede referirse de esa manera a un evento de estas características, cuando en el mismo momento que él pensó en ningunear a esa institución, había miles de personas que estaban en las calles trabajando para poder consolidar el proceso de desarrollo de este centro de rehabilitación de personas con capacidades diferentes.
Gente que son familiares de cada uno de los chicos que allí asisten y que son testimonios vivos de que ese lugar realmente les presta un servicio, que puede tener sus falencias porque nada es perfecto, pero que les da algo muy importante, en definitiva, algo que el Estado al que él representa no les da y eso es bastante motivo como para en vez de decir esa pavada, tendría que haberse callado la boca.
Porque además, en los tiempos que corren, un diputado del partido que sea y del sector político que sea, no puede pecar de esa manera diciendo que desconoce los procesos de desarrollo de una institución que vive de lo que el pueblo le dona. Porque a esta altura del partido, cualquier ciudadano, y mucho más un legislador nacional de su envergadura, puede hacer los pedidos de informe correspondiente a esa institución que si bien no es pública, no le podría negar información si lo que quiere alguien es saber si los dineros que reciben son volcados efectivamente en lo que ellos quieren que así sea.
Por eso, me quedó con mal sabor de boca que el diputado Sánchez, que forma opinión con sus dichos, haya instado a sus seguidores a no colaborar con una buena obra porque él ha omitido su deber de informarse adecuadamente sobre las políticas de esta institución.
El otro caso que me dejó buena impresión fue lo ocurrido en Venezuela. Con esto no quiero decir que he cambiado mi parecer sobre el presidente de ese país, Nicolás Maduro. Sino que ciertamente, quizás haya sido la presión internacional o que le quedaba muy grande pisotear el legado de Hugo Chávez, que Maduro respetó el adverso resultado electoral que le tocó vivir a su gobierno, por primera vez en 17 años.
Lo que ha pasado ayer en ese país, que está bajo la lupa en nuestro continente por las prácticas ilegales que ha ejercido sobre políticos opositores y medios de comunicación, dieron una muestra de civismo y de plena convicción democrática, que alienta esperanzas sobre un porvenir mejor para ese país caribeño que es referente de la izquierda uruguaya.
Me congratulo de que las democracias latinoamericanas siguen siendo respetuosas de los procesos democráticos, tolerantes y responsables con el legado que nos dieron los padres de la patria y por el que tanto han luchado los pueblos de nuestros países. No había tal golpe de Estado, ni tampoco un estallido social en ciernes, como alentó la oposición política uruguaya en su momento.
Ver a la gente votando en las calles y luego esta madrugada, a las autoridades del colegio electoral anunciando que perdieron las elecciones con total normalidad y felicitando a los ganadores, fue algo que nos enorgulleció y nos hace renovar el compromiso de lucha y apoyo por la profundización de la democracia en nuestros pueblos.
Que la Venezuela de Simón Bolívar sea la que gobierne, apelando a la democracia y parando los avasallamientos que hasta ahora había sufrido esa sociedad. Desde Uruguay sin dudas que queremos que esa sea la senda y en ese marco nos comprometemos a luchar para defender la institucionalidad de nuestros pueblos.

HUGO LEMOS

 

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La culpa sigue siendo nuestra

Decía el extinto premio Nobel de Literatura, José Saramago, “no es que seamos pesimistas, sino que vivimos en un mundo pésimo”. Hay cosas que son lamentables, que siguen pasando, las seguimos llorando y al día siguiente todos esperamos que algo nuevo suceda, y así volvemos a lamentarnos, a gritar, a descontrolarnos, a pedir lo peor para los responsables y sobre todo, muchas veces terminamos hablando sin saber de lo que pasó y exigiéndole responsabilidad a quienes en el fondo del asunto, no la tienen. Y esto es aprovechado por quienes sí la tienen, para hacer la plancha y dejar que la turba le endilgue al otro, lo que es su responsabilidad.
En el caso del accidente fatal ocurrido el pasado viernes, donde dos familias conocidas de Salto, del establishment económico local, estuvieron involucradas por haber sido protagonistas, la sociedad entera esperaba un fallo judicial ejemplarizante, ya que la instancia operaba como un examen de la transparencia del Poder Judicial sobre la decisión que debía adoptar para castigar a los involucrados en un hecho de muerte, donde incluso había menores detenidos y tres familias lastimadas, las de los victimarios y sin dudas, la que se llevó la peor parte, la familia de la víctima que sin comerla ni beberla pasó a ser parte de la fatal estadística que tiene nuestro medio en materia de accidentes de tránsito.
En Salto fallecen más de 20 personas cada año por causa de los accidentes de tránsito, este nivel se mantiene desde mediados del año 2000 hasta el presente. Desde hace más de una década, cada año, los accidentes con personas lesionadas se sitúan hoy entre 7 y 8 por día, y llegan a superar los 2 mil por año. Son cifras realmente preocupantes que no cesan. Han pasado al menos tres intendentes, tres jefes de Policía y entre cinco y seis directores de tránsito de la comuna, y los números siguen siendo los mismos. Lo que quiere decir que estamos fritos, la culpa es nuestra y cada uno de nosotros somos los responsables de lo que está pasando.
Y lo somos porque permitimos que nuestros jóvenes conduzcan vehículos de manera desenfrenada y sin responsabilidad alguna. No denunciamos cuando vemos cosas que están mal y los padres, son los que en estos casos deben vigilar que sus hijos no conduzcan vehículos si no están aptos para ello. Por eso, la justicia procesó a la madre del adolescente que conducía la camioneta que participó de la escena, más allá de que no haya atropellado a nadie y posteriormente se fugara del lugar, y también analiza procesar al padre de este jovencito que no puede manejar nada por más que disponga de muchos vehículos a su alcance, porque no tiene edad apropiada para hacerlo y porque en el país hay leyes que respetar.
Con respecto al fallo, muchos se quejan porque el delito de Homicidio Culposo generalmente prevé la prisión preventiva del encausado, en el caso de que el perfil del procesado no sea criminal ni tenga antecedentes. Entonces va y patea contra el juez, el fiscal o la propia Policía y le hace marchas y pancartas, porque piensan que son los responsables de la corta estancia en prisión para quienes son castigados por estos delitos, en comparación con el daño irreparable que causan con su imprudencia, impericia o negligencia, como lo establece la tipificación de la acción antijurídica mencionada.
Sin embargo, otra vez los responsables somos nosotros, porque las leyes que determina la penalización de esta figura delictiva, no la fabrican los jueces, ni los fiscales ni mucho menos los abogados defensores de quienes los cometen. Sino que a las mismas las fabrica el parlamento, que está compuesto por senadores y diputados, los mismos que votamos todos en elecciones libres y soberanas. Entonces este lamentable y triste episodio, sirve de lección para que si el pueblo en su conjunto no está de acuerdo con la sanción que le toca a quienes consuman estos delitos, como el caso del joven de 22 años de edad que hoy está preso, la gente debe reflexionar que fueron ellos mismos que pusieron con su voto a los diputados y senadores encargados de hacer las leyes, y los únicos capaces de derogar estas penas por otras más severas.
Pero en ese sentido, es esa misma sociedad que está molesta, triste y enojada, la que debe exigirle a los diputados y senadores, y puede empezar por los cuatro legisladores que representan a nuestro departamento como lo son Catalina Correa (en sustitución de Andrés Lima), Manuela Mutti, Cecilia Eguiluz y Germán Coutinho, que elaboren un proyecto en conjunto para modificar las sanciones que prevé el delito de Homicidio Culpable. Pero mal hacen yendo al frente del juzgado o de la jefatura de Policía a reclamar algo. Y en ese caso, sobre todo, la culpa de que el sistema siga así y no hayamos exigido a nadie que venga a pedirnos el voto que lo cambie, también es nuestra.
Y tras cartón, un tema que no es menor que saltó a la vista en este caso, en el que la sociedad tenía temor que los procesados no terminaran en esa situación por su conocida condición económica, la justicia dictó un fallo ejemplarizante y está en la sociedad exigir su cumplimiento.
Por otro lado, algo que nos duele en prenda a quienes ejercemos el periodismo, consiguiendo información de las fuentes originales para ponerla en conocimiento del público, pero cono las limitaciones que nos impone el medio y algunas normas que son más usos y costumbres que otras cosas.
Cuando las redes sociales y las nuevas tecnologías transmiten al instante todo lo que pasa y lo hacen con tal libertad, dejan al desnudo que los medios tradicionales sin quererlo terminamos ocultando información al público, no porque no la sepamos, no porque no queramos informarlas, no porque estemos congraciados con quienes cometen un delito y porque se trata de fulano de tal omitimos nombres y si damos iniciales evitamos referencias específicas, sino porque los medios tradicionales, en tanto empresas constituidas tienen sus limitaciones legales, aunque si bien algunas toman riesgos en aras de la libertad de información, otras prefieren no ir muy lejos por no poder, ni querer enfrentar probables temas legales, por más que aún yendo a la justicia los puedan ganar caminando. Pero cuando tampoco quieren problemas sociales y escatiman información, eso pasa a ser una desventaja que la gente en la calle nos lo deja en evidencia.
Todo esto amerita un análisis profundo del rol que cumplimos hoy en día los medios de comunicación, de lo que somos, del porqué existimos, del para qué estamos, de cuál es nuestra función hoy y de qué límites tenemos para trabajar. ¿Los tenemos o nos los autoimponemos? Y si lo hacemos ¿cuáles son las razones?, ¿serán legales, económicas, éticas, de responsabilidad periodística? Lo cierto es que las redes sociales nos han dejado al desnudo, muestran nuestras falencias y nos redescubren. Los periodistas sabemos lo mismo que los lectores y muchas veces menos, ellos lo publican en sus muros de facebook, twitter, circulan las fotos por grupos de Whatsapp y nosotros las vemos, las leemos y las miramos, pero no podemos tomar nada de eso por una cuestión de responsabilidad legal y ética. Algo que nos diferencia de las redes sociales y a diferencia del usuario que cuelga una información poco probable, nos hace responsables de lo que informamos.
Pero llegó la hora de que nos preguntemos si acaso esa responsabilidad no opera como una cortapisa para la esencia de la tarea que cumplimos, si no forma parte de una censura enorme a la que nos vemos sometidos por cuestiones de términos legales que la gente poco entiende, o si es parte de la ética difundir lo justo y necesario, llegando a veces a mal informar con los pésimamente mal escritos partes policiales que pasan a ser la voz de lo que publicamos en nuestros medios, como “noticias policiales”.
Empero, ¿qué hacemos ante este embate de redes sociales, rapidez en la información y circulación de noticias sin control alguno de la calidad y veracidad de las mismas? El desafío está planteado, porque cada día que pasa y sobre todo cuando ocurren hechos de esta naturaleza, donde dos familias acaudaladas de nuestra sociedad y bien conocidas por vivir del comercio en sus distintos rubros, se encuentran en la palestra pública por un hecho bochornoso, lamentable y delictivo, que involucra a sus hijos, cuando todos sabemos con nombre y apellido quiénes son y qué hicieron, nuestro debate pasa a ser cómo plantearlo de la mejor manera posible compitiendo con todo lo que se dice en las redes.
El hecho es que el periodista profesional, el que trabaja en un medio y que se encarga de seleccionar la información que considera de interés público, es el que se ve menoscabado e intimidado por el uso masivo de las redes sociales, las que muchas veces publican cualquier cosa, como opiniones infundadas y argumentos pueriles, aunque en la mayor parte comparten información que los medios vedamos al público por razones de ética y sensibilidad pública, dejándonos con su accionar al descubierto y a nosotros con mucho por decir. Estamos comprometidos con nuestra función a hacer un debate público sobre esto, porque la gente lo merece y también lo necesita, de lo contrario en este caso también la culpa sigue siendo nuestra.

HUGO LEMOS

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La sonrisa y el disfraz de cordero

Era octubre del 2014 y corría la campaña electoral en Uruguay. En ese momento, poco más de un año atrás, los salteños vivíamos entre los distintos jingles de los candidatos y el bombardeo de información constante de un lado y del otro, que tendían a generar una rivalidad extrema, al punto que de todos lados te hacían llegar las diferentes propuestas. Hasta cuando ibas a comer llegaban mensajes al celular o si cerrabas la ventana del dormitorio para no escuchar el altoparlante que recorría el barrio promoviendo a un candidato, sonaba el teléfono para una nueva encuesta y cuando no sonaba el teléfono, alguien prendía la televisión, si no estaba prendida ya, y escuchaba la publicidad de los postulantes y así hasta el hartazgo.
En aquel devenir de la campaña, que en la recta final cobró una interesante intensidad que a mi juicio fue lo que definió el resultado del último domingo de octubre, llegó el día en que los candidatos oficialistas vinieron a Salto. Había una gran expectativa de la gente, sobre todo de los periodistas, por varios factores, entre ellos, era medirle el aceite a la izquierda en un departamento entonces dominado por el Partido Colorado, que prácticamente sin saberlo ya había entrado en declive.
Una vez en Salto, los entonces candidatos oficialistas, hoy presidente y vicepresidente del país respectivamente, tuvieron tiempo para recorrer algo la ciudad y luego hacer una caravana junto a sus partidarios, la que fue anotada por los entendidos como una de las más multitudinarias de todos los tiempos, e incluso también conversaron con los periodistas.
Fue en esa oportunidad, que Sendic fue consultado por los medios sobre el futuro de las relaciones con Argentina, ya que Tabaré Vázquez no tiene apego en ningún sentido con la mandataria Cristina Fernández, con quien tiene un alejamiento notorio y evidente desde el año 2007 por lo menos, al punto que en las elecciones del año 2011, Vázquez apoyó al candidato opositor de la viuda de Kirchner, Hermes Binner.
Por lo tanto, fue así que se le inquirió a Sendic sobre el futuro de Uruguay y Argentina, a lo cual el ahora vicepresidente de la República dijo que “las cosas se iban a arreglar con Daniel Scioli, porque ese es el nombre del futuro presidente de ese país”. En ese entonces, todos consultamos cómo lo sabía, ya que Scioli enfrentaba una interna reñida con otros candidatos que le habían salido al cruce por mandato de CFK, a lo que Sendic respondió “es el más capaz y creemos que va a ser él quien gane”.
Pero el tiempo pasó, las relaciones con Argentina nunca fueron tan frías como ahora y Scioli al final no fue electo presidente, al contrario de lo que pasó con Sendic y Tabaré Vázquez, el candidato kirchnerista confrontó mucho con su opositor, en vez de destacar más los logros obtenidos en estos 12 años de gobiernos del mismo palo y la gente se aburrió, cambió la mirada y quiso un gobierno cuyo candidato hablara en forma positiva y en paz, ante tanta locura en el mundo.
Creo que es la única explicación coherente que se le puede encontrar al resultado de anoche y a la alegría que tenían muchos de los votantes de Mauricio Macri, el presidente electo de Argentina, quienes en realidad, lo eligieron por estar disconformes con la actual administración, a la cual se la ha visto abroquelada detrás del poder y por momentos con una soberbia tan importante, que termina viéndose su accionar con cierto autoritarismo, que puso en riesgo la imagen de transparencia y democracia que precisa cualquier gobierno para tener respaldo.
Entonces, la gente decidió cambiar por un candidato no confrontativo, que jugara el papel de bueno, el macanudo, el simpático, el que quiere el bien común, la felicidad de todos sus compatriotas y que promete erradicar la pobreza para que “nadie sufra”, pero no dicen nunca cómo van a hacerlo. Lo que suena a un populismo de derecha tan aberrante como el que vivimos los que tenemos más de 30 años de edad, cuando en los últimos años de los 90 y en la primera parte de la primera década del Siglo XXI, estaban los actuales opositores gobernando.
Y políticos de este tipo tenemos unos cuantos en nuestro país, de los que dicen “que quieren que vos y yo seamos felices y que quieren trabajar por un mejor país”, aunque después dejan las cosas fundidas y se hacen los “yo no fui”, exigiendo que los demás hagan, porque ellos en su momento hicieron. Claro, a ellos no les dejaron un gobierno en el estado calamitoso que ellos sí supieron dejar a sus sucesores, entonces así es fácil.
Pero con todo, el escenario latinoamericano debe verse con mayor atención tras los resultados de anoche. En Venezuela hay elecciones legislativas en 15 días y allí hay un problema muy preocupante para la democracia latinoamericana, lo que sin duda suma preocupaciones para los gobiernos de izquierda del continente, como es la actuación autoritaria, antidemocrática y prepotente del gobierno de Venezuela, que no permite observadores internacionales a sus elecciones, sino solamente los de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) un organismo creado y controlado por la izquierda del continente, que no da garantías de transparencia del proceso electoral y puede coadyuvar a su silencio.
Soy una persona con una concepción filosóficamente de izquierda, que busca el bienestar colectivo en función de la igualdad de oportunidades para el progreso personal y no del Estado de las regalías y del subsidio que solo condena a la pobreza a miles de personas, y un firme defensor de los derechos humanos, y puedo decir que es reprobable que un gobierno fustigue, persiga y aprese a sus opositores, por más ofensivas y violentas que sean sus campañas, y encima se jacte de que llegará a desconocer la voluntad popular en caso de ser necesario para defender sus logros y conquistas sociales, eso es lamentable, dictatorial y fascistoide.
Venezuela es síndrome de que algo está mal y que los gobiernos de izquierda pueden ir empezando a perder vigencia, sobre todo en algunos de los gobiernos que llegaron para ser la cura al neoliberalismo, el que había destruido el sistema social de nuestros pueblos de forma fulminante. Personas como Luis Almagro, hombre de izquierda, activista libre y con convicciones democráticas, dicen lo de Venezuela con propiedad. Edison Lanza, un abogado y periodista, actual Relator para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a quien conozco personalmente y admiro por su coraje de defender a los periodistas de nuestro medio cuando nadie lo hacía y hoy pocos lo siguen haciendo, también denuncia las presiones y violencias que viven nuestros colegas en el país caribeño, no deja de ser de izquierda por eso y exige justicia, algo natural que solo algunos no ven.
En ese aspecto, Uruguay tiene un período más de gobierno para demostrar que es otra cosa. Que no es Venezuela y que tampoco es como Argentina, que Uruguay respeta al que piensa distinto, que tolera la confrontación y que busca la paz, el respeto a la convivencia libre y que no pregona el doble discurso, ya que por más izquierda que se pregone, aquí no habrá una revolución socialista sino un andar pegado al legado artiguista y en muchos aspectos, por más que a algunos “compañeros” les rechine, al batllismo más puro, que no es el de los colorados de hoy, por más que se pregonen batillistas.
La región se tiene que preparar para un nuevo escenario político en función de un panorama electoral que en principio no estaba en los papeles de nadie. Macri ahora tendrá el desafío de mostrar que quienes piensan como él, en países como el nuestro, pueden llegar a ser realmente una alternativa seria al proyecto político de la izquierda y diferenciarse de lo que fueron sus antecesores a los que la gente los echó para parar el desfalco.
Ambas corrientes de pensamiento tienen un gran desafío, ninguno las tiene fáciles, habrá que ver qué resulta de todo esto, porque lo que sí quedó demostrado es que la gente no tiene reparos en sacar al gobernante que sea, si no responde con algo más que una sonrisa y el disfraz de cordero.

HUGO LEMOS

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París no está lejos

No les tendremos miedo. Esa debe ser la premisa con la que todos tenemos que levantarnos hoy y seguir más firmes que nunca en nuestras convicciones. Una vez más los bárbaros, que están dispuestos a atacar cobardemente a cualquier ser humano que aprecie la libertad, algo que ellos desconocen en todo sentido, volvieron a dar muerte a pazparispersonas inocentes que estaban disfrutando en todos los casos del arte en sus distintas acepciones, la música, la gastronomía y el deporte, algo que hace a la esencia de la humanidad y que estos cobardes parias como dicen llamarse yihadistas, desconocen en todos sus aspectos.
No supe del horror de la masacre que ocurrió en Francia sino hasta el día siguiente, me desconecté de mi trabajo casi por 24 horas para poder descansar y al regresar a mi labor el sábado por la tarde lo hice con la peor de todas las noticias, la de un nuevo y cobarde (como son todos estos actos) atentado terrorista en la cuna de la cultura de la civilización occidental, París.
Este tipo de cosas son un puñal en cualquier ser humano y en el seno de cualquier sociedad que valore la vida humana como el principal y primordial derecho humano, que valore el respeto por las distintas culturas, por las distintas maneras de ver el mundo y de sentirlo a través de la religión, de la cultura, de la educación, de la orientación sexual o de la forma de concebirlo de cualquier modo. Porque los golpes a Francia, son golpes al Uruguay, porque somos ciudadanos del mundo y habitantes del mundo global, más allá de que lo que nos define sea la aldea.
Lo que se atacó con este triste y repudiable atentado en París el pasado viernes, no fue a una ciudad, ni a una nación en particular, sino al mundo entero, a quienes creemos en la libertad y en la democracia, en la tolerancia, en la solidaridad, en el resguardo a esos valores sagrados como la libertad de expresión y de pensamiento, que deben ser defendidos a rajatabla.
París no está lejos, lo sentimos a diario cada vez que evocamos los principios de la República, de que los pueblos puedan constituir el poder que los gobierna participando activamente, votando, promoviendo a quienes pretenden que los gobiernen y siendo elegidos gobernantes de sus pares, defendiendo el concepto de la libertad, igualdad y fraternidad que han sido los pilares que inspiraron a la Revolución Francesa, más allá de que se trate de principios masónicos, que fueron los que realmente llevaron adelante la revolución más importante de todos los tiempos, cada vez que hablamos de libertad y de igualdad en base a ese principio, estamos hablando de París, de Francia y de sus pensadores, de su pueblo y de su legado al mundo.
Por eso referirnos hoy a lo que pasó allá es más que importante, para tener el norte de nuestras acciones, de nuestras luchas y de nuestra defensa de la libertad más clara que nunca. Porque implica no abdicar a los principios que nos fueron transmitidos por nuestros mayores, a los que aprendimos desde la escuela y a los que escudriñamos en el barrio, cada vez que nos identificábamos con un equipo de fútbol y nuestros amigos con el contrario y la pelea era en la cancha para ver cuál era el mejor, pero siempre respetándolo por sus opciones y valorándolo por su humanidad, descartando la imposición de las cosas y mucho más la violencia.
En nuestro continente tenemos focos de violencia que se tejen desde algunos gobiernos populistas y es bueno que tengamos claro esto, porque cuando defendemos valores tan importantes como los de la libertad y la democracia, tenemos que ser coherentes con nuestra prédica y en ese sentido, creemos que el gobierno uruguayo de los últimos tiempos ha demostrado hasta el hartazgo esa concepción de valorar el respeto exigiendo responsabilidad para ejercer la libertad que tanto nos ha costado conquistar.
Pero si nos horrorizamos con lo que está pasando en Francia y por el contrario valoramos lo que ocurre en nuestro país con el respeto a la libertad y dando cátedra de tolerancia, debemos condenar, por antonomasia, lo que ocurre en Venezuela, país cuyos gobernantes se burlan del pueblo y anuncian que en caso de que la gente no les renueve la confianza para seguir gobernando, se impondrán por la fuerza con una dictadura cívico militar para “no entregar los logros de la revolución” (en palabras del presidente de ese país) la que termina siendo más militar que cívica y ya no importa con qué excusas se haga, las dictaduras sean de izquierda o de derecha, son dictaduras al fin y deben ser repudiadas y combatidas por todo aquel que se considere un demócrata y un defensor de la libertad del hombre, por lo tanto un humanista.
Lo que pasará en Venezuela el próximo 6 de diciembre será un punto de inflexión que determinará la consolidación de un régimen autoritario o caso contrario, de respetarse los resultados cualquiera sean, deberán demostrar que apoyan la libertad, la democracia y los valores cívicos que nos distinguen como civilización y que nos fortalecen como especie.
En ese marco, no se puede invocar el dolor por los sucesos de Francia y clamar a favor del actual régimen autoritario de Venezuela. Y si somos ciudadanos del mundo para opinar lo que pasa en Europa, en el conflicto Israel y Palestina, en Estados Unidos, África o en Asia y Oceanía, tenemos más que legitimidad para defender lo que creemos que está mal en nuestro propio continente y en ese marco, brego por una apertura democrática para el país caribeño, que necesita un cambio basado en la libertad y el respeto al que piensa distinto.
Porque esto último fue justamente lo que no respetaron quienes cometieron la atrocidad en París y los que provocan que haya miles de muertos en Medio Oriente, donde Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Alemania y la misma Francia son más que responsables por esos miles de muertos, pero nada puede permitir que se justifiquen o avalen atentados contra la vida humana en ningún lugar del mundo y quienes creemos en la libertad tenemos que levantar la voz, hoy más fuerte que nunca, para defenderla, porque sabemos muy bien que París no está lejos, ya que la esencia de la libertad que proclamó hace más de 200 años está en cada uno de nosotros.

Hugo Lemos

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Nuestro mayor logro

Valentino de los Santos quizás tenga la mirada de su madre, o la sonrisa de su padre. Quizás tenga muchas ganas de demostrar lo que le gusta, de gritar un gol, o de ir a la escuela de su barrio a jugar en el recreo junto a sus brillantecompañeros. Pero hoy trata de vivir más tiempo y para eso sus padres, vecinos, amigos e instituciones sociales como en este caso los clubes de Leones de Salto, iniciaron una campaña para ayudarlo. No lo quieren dejar solo, que no sea parte de una estadística de personas con determinada enfermedad que deben vivir con esa situación el resto de sus vidas. No quieren que sea un salteño solitario con sus problemas, quieren que se sienta acompañado y todos queremos ayudarlo de una forma o de otra.
No conozco a este angelito de 3 años de edad, que tiene la misma edad que mi hijo, ni tampoco sé quiénes son sus padres, seguramente son buenos vecinos de algún barrio de nuestra ciudad, la que ayer cumplió 259 años, algo de lo que pocos se han enterado y ni siquiera se han conmovido. Pero sí me movilizan causas como éstas, donde la comunidad entera debería estar consustanciada con estos casos para dar su granito de arena y hacer sentir que sí nos interesan los problemas de los otros y que sí estamos dispuestos a cuidarnos para ayudarnos a estar bien.
Es que cuando hechos de esta naturaleza nos dan una bofetada en la cara, nos muestran que los problemas verdaderos sí existen y que la mayoría de las veces nos levantamos pensando en cosas fútiles, en asuntos pueriles a los que les damos la trascendencia que no merecen, los que al final nos cargan de estrés y nos generan problemas de salud, haciéndonos malgastar nuestro tiempo en vez de disfrutarlo, sonreír más y agradecer todas las oportunidades que nos da la vida.
Si tenemos ese tipo de actitud ante la vida, seguramente las cosas nos saldrán mejor y podremos comprender mas lo que pasa a nuestro alrededor, compartiendo con nuestra comunidad sus alegrías y sus tristezas, y en los casos donde las cosas duelen, ponernos los temas al hombro y salir a ayudar sin cortapisas.
En el caso de este niño y sus padres, que con lucha tesonera, con el creer que sí se puede y que las cosas van a mejorar, están librando una lucha en la que saben que no están solos. Porque hay un montón de gente que está ocupando su tiempo en ayudarlos y porque creen que esa es la manera de conseguir los resultados positivos que se pretenden, saliendo a la calle y mostrándole a su propia comunidad que a los problemas los resolvemos entre todos y dando la cara.
Por otro lado, quien esto escribe, podrá equivocarse o no con las cosas que dice y piensa, eso es parte del pensar y el hacer, siempre va a pasar, porque quien algo hace siempre se equivoca, pero es mejor equivocarse haciendo, que quedándonos quietos y no hacer nada por nadie, porque en definitiva con esa actitud no estaríamos haciendo nada por nosotros mismos.
En ese sentido, creo que todos podemos usar nuestra tarea para ayudar al otro, en este caso por ejemplo con este espacio, porque también hay algunos que usan sus espacios en los diarios para insultar, injuriar y mentir sobre otras personas, encima haciéndolo en forma anónima y creyendo que contribuyen al “diálogo” social, aunque no usan siquiera iniciales porque tienen miedo de decir quiénes son y a quiénes les hacen los mandados, aunque todos ya sabemos quiénes son y qué puntos calzan.
Por eso espero que algunos colegas y otros que también escriben cosas por ahí, utilicen su tarea algún día para apoyar causas nobles, para hablar de las cosas que realmente nos pasan y que son preocupantes y para hacerse cargo como ciudadanos de este mismo departamento de los problemas que en él existen.
El otro día escuché de casualidad una emisora en la que estaban hablando del problema que venía teniendo el sistema de recolección de residuos de la ciudad y una mujer en forma atinada a mi juicio, reconoció que el servicio no estaba pasando por su mejor momento, pero además sostuvo que la formación de basurales también son producto de la mano del hombre y que si nosotros no arrojamos basura donde no se debe, los mismos no van a existir y no vamos a contaminar el medio ambiente.
Por el contrario, si todos contribuimos a tener una ciudad más limpia, es porque estamos asumiendo la responsabilidad de cuidar nuestro entorno, nuestro ambiente, porque demostramos que nos interesa el lugar en el que vivimos y también nos interesa su gente. Nadie pide un apostolado, ni tampoco volvernos los héroes de la ciudad, pero sí demostrar un poco de interés por las cosas que nos pasan a diario, algo que no viene mal y que nos ayuda a todos a vivir en un lugar mejor.
Estamos atravesando tiempos complejos en los que los gobiernos locales que se han sucedido tienen dificultades para hacer las cosas. Los que se fueron, porque la desprolijidad del manejo de los recursos públicos al menos en la recta final de su mandato, dejaron las cosas patas para arriba y claro que con esto tuvieron dificultades para cerrar la gestión. Mientras que los que entraron se encontraron con la casa en completo desorden y pretenden volver las cosas a su sitio, aunque con la realidad que se encontraron, las cosas costarán más que un tiempo.
Por eso considero que si le ponemos el hombro a los problemas reales que tienen los salteños, que si usamos nuestra tarea para mancomunar esfuerzos y ayudarnos los unos a los otros, tratando de fortalecer el diálogo social, con respeto y tolerancia, sin menoscabos por nuestras diferencias sociales, políticas y de otra índole, podremos forjar aunque en forma paulatina, la sociedad comprometida y responsable que todos anhelamos. Ojalá que todos los salteños así lo entendamos, ya que ese sería nuestro mayor logro hasta ahora.

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Una muestra de libertad

Las elecciones en Argentina fueron ayer un mensaje alentador para la región. Vivimos en una zona que políticamente viene siendo muy convulsionada por lo que pasa en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde las democracias pecan por momentos de autocracias, porque si bien sus gobiernos han sido elegidos democráticamente, luego las prácticas que se desarrollan en el curso de los mandatos dejan mucho que desear. elecciones
Tal es el caso de Venezuela, donde el presidente de ese país, Nicolás Maduro, ejerce una presión indebida y un control fuera de lugar sobre los demás poderes del Estado, tomando decisiones abruptas y descabelladas para un régimen democrático, militarizando por demás a su sociedad y anunciando públicamente y desde ya, que pase lo que pase con las elecciones en ese país, que para presidente serán recién en el 2019, él “no va a entregar los logros de Chávez”.
Tales anuncios solamente muestran la hilacha de un sujeto que está fuera de control y que no debería ocupar el cargo que ostenta, porque si de algo estoy seguro es que si un tipo como éste fuera presidente de Uruguay, la sociedad lo habría linchado hace rato por más tanques y paramilitares que saque a la calle. Porque si a Tabaré Vázquez por decretar la esencialidad en la educación, le han salido a ocupar los edificios públicos y a tildarlo de traidor y autoritario, estoy seguro y a la vez agradezco que así sea, que un hombre como Maduro, no sería presidente nunca en nuestro país.
Por esto y mucho más, el hecho de que el vecino país haya celebrado elecciones libres y transparentes, es una muy buena señal para consolidar y afianzar la democracia en nuestra región. Más allá de que los resultados favorezcan a unos u otros, lo más importante es que el acto en sí, se desarrolló con la naturalidad a la que tenemos que estar acostumbrados los pueblos que creemos en la libertad y la independencia como valores sagrados que se expresan en instancias como éstas. Donde la gente concurre tranquila a elegir al ciudadano que cree más capacitado para gestionar los temas de su país, tanto los problemas que siempre son demasiados al punto que no pueden resolverse ni por asomo en un mandato o en dos, pero sobre todo, lo importante es que el próximo administrador y representante que es lo que hace el presidente de un país, sepa gestionar políticas públicas que contribuyan a la felicidad humana, al bienestar y al desarrollo integral de los pueblos que deben gobernar.
Esa debe ser la misión que tiene que tener todo gobernante y no dejarse caer por los problemas que le endilguen, por las acusaciones que reciba de parte de un sector de la población o de los cuestionamientos que reciba de una parte de la sociedad, que lamentablemente por menos deseable que sea siempre existe y es la que propone ensuciar la cancha para poder favorecerse, tratando de presionar a cambio de dejar de hacerlo, por el dinero que perdió que era el que recibía de quienes antes los favorecían.
Así ha pasado en nuestro medio con personas que durante años recibieron dinero a cambio de difundir una visión parcial de las cosas, pero cuando las situaciones cambian y esto se corta, empiezan a generar una campaña de descrédito, arremetiendo contra políticos, periodistas, abogados, jueces, funcionarios públicos y contra viento y marea para presionar y no perder ese “subsidio”.
Claro, muchas veces, esas campañas de descrédito contra quienes les ponen en su lugar con su acción o indiferencia, se hacen en forma anónima por la cobardía que en realidad tienen quienes las impulsan y se puede llegar a ser objeto de patrañas y mentiras de parte de cobardes que sirviéndose de quienes han sido los voceros de la mentira, intentan ensuciar la imagen de las personas consiguiendo aliados que padecen el haber sido devueltos al lugar que pertenecían.
Y lamentablemente existe una serie de voceros que lejos de ganar credibilidad con el público solamente están generando confusión, desinformación, divisionismo, pobreza intelectual, cometiendo injurias, que en nada ayudan a mejorar a la sociedad en la que vivimos, la cual está bastante dañada por culpa de políticos que habiendo sido elegidos señores feudales se creyeron reyes y no pudieron lidiar con la responsabilidad de lo que implica una monarquía, generando con sus actitudes determinaciones autocráticas.
Esto es lo que no le hace bien a nadie. Por eso, espero que lo de las elecciones argentinas de ayer sean un ejemplo que cunda en todo el sistema político uruguayo, que hasta ahora viene dando sobradas muestra de transparencia y que es una de las referencias de la región. Pero luego que pasan las elecciones comienzan a jugar elementos extraños que solamente empañan la convivencia pacífica, la tolerancia y el respeto y eso no está bien, porque esa democracia se debilita, ya que la misma no es ni puede ser solamente votar cada 5 años.
Cuando días pasados se llevó a cabo la celebración del Día del Periodista, todos se congratulaban saludándose entre sí y ahí quedaba la cosa. Pero por el contrario, el periodismo es señal de buena o mala democracia. Si hay libertad de prensa y los medios de comunicación pueden expresarse libremente, informando todas las campanas de las que ocurren, la democracia es fuerte. Por el contrario, si los medios dependen de que el administrador de turno baje o suba el pulgar de la noticia a difundir, la democracia es un chiste, no existe y pone en riesgo algo tan básico y elemental para la convivencia pacífica y próspera de las personas, como lo es la libertad. Ese análisis faltó a la cita y es muy necesario que se realice sobre todo en nuestro medio.
Otro de los aspectos que faltó a la cita el Día del Periodista, es también el análisis de la responsabilidad de todos y cada uno de los reporteros. Es bueno denunciar hechos, pero hacerlos sin pruebas ni fundamentos, es algo que compromete la credibilidad de quien lo dice y mucho más si esas denuncias se hacen a través de un medio en forma anónima, porque terminan convirtiéndose en meras injurias, proferidas contra alguien y en nombre del propio medio, sin que quien los lanza se haga cargo de lo que dice para medir su responsabilidad por lo que dice y por cómo ejerció el trabajo para nutrirse de la noticia.
Este tipo de cosas no afecta la libertad en sí misma, sino que empaña las formas de practicar la libertad que tenemos, la cual siempre digo que es una responsabilidad que debemos saber administrar para no perderla.
Por todo lo dicho hasta ahora, expreso mi alegría porque vivamos en paz en toda la región y que podamos ejercer derechos sin restricciones. Pero brego porque esa paz, que viene de la mano con el concepto de libertad antes dicho y a su vez con la ponderación del sistema democrático, conlleva a que hagamos un acto de constricción con nosotros mismos y que antes de lanzar piedras que pueden herir más que a las personas, a las instituciones, y más que a algunos periodistas, pueden volverse un boomerang contra el medio que las lanza, reflexionemos si estamos haciendo bien las cosas y si por el contrario, en vez de tomar como ejemplo las prácticas que vivimos ayer por televisión para sentirnos contentos de que en líneas generales vamos bien, si seguimos tirando piedras solamente, haremos daño a esa libertad que en un momento conquistamos pero que con nuestra irresponsabilidad la podemos perder fácilmente.

Hugo Lemos

 

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Una de músicos y discotecas

Era una noche de primavera del año 2001 y hacía mucho calor. La temperatura anunciaba que pronto vendría el verano y eso motivaba a que en ese momento, quienes pintábamos en los 20 y poco, saliéramos casi a diario a disfrutar de las horas nocturnas en la zona portuaria. Pero recuerdo puntualmente la vez que tuve el honor, sin comerla ni beberla, de ayudar a que los integrantes del Cuarteto de Nos, actualmente consagrados a la fama internacional como una banda que se escucha en todo el continente, pudieran entrar a la entonces discoteca de nuestra juventud, Oasis, sin tener que pagar la entrada.
Habían venido a tocar a la Plaza de los Recuerdos, en una gira que les había organizado la productora que los representaba en aquel momento y daban el espectáculos desde el techo de un ómnibus, creo que era uno de esos de Cutcsa, u otro parecido.
Abajo, alguien les vendía sus discos (que se llamaba Contramambo) a 150 pesos de entonces, mientras nos juntamos algunos cientos en el correr de la plaza para poder escuchar a Robertito Musso y su hermano Ricky, a Santiago Tavella y al también baterista de La Trampa, Álvaro Pintos.
Al Cuarteto de Nos lo había escuchado unos siete años antes en el Club Nacional cuando llegaron a hacer su éxito del momento, Bo Cartero y ese día no mostraron una evolución musical, aunque tampoco una que marcara una madurez personal. Dieron un espectáculo cargado de chistes soeces y fáciles como los caracterizaba, pero estuvo muy divertido y la mayoría quedamos contentos de haber estado ahí para escucharlos, aunque con los discos creo que en ese momento nos les fue muy bien.
Terminado este espectáculo, decidí irme con unos amigos a la discoteca del momento de entonces, quien no recuerda los bailes de Oasis en la Costanera Norte, un rancho de chapas, maderas, hojas de palmera y algo de cemento en la pista, que convocaba a miles de jóvenes durante todos los fines semana desde mediados de los años 90 hasta entrada la primera década del año 2000.
Uno de mis amigos, era el líder de los jóvenes que hacían las Relaciones Públicas del boliche y como siempre una vez empezado el baile, a la puerta de entrada de la disco, llegaba alguno de nuestros compañeros de la Facultad que pedía por nosotros para que éste amigo en particular, le habilitara la entrada con el portero, por eso nos dirigimos hasta ahí para ver a quién veíamos. Pero en vez de ello nos llevamos una sorpresa.
El que estaba hablando con el portero del boliche era Roberto Musso, el cantante del Cuarteto de Nos, quien le pedía que dejara entrar a la banda para disfrutar de la velada en la discoteca. El portero se negaba a todas luces, fiel a su estilo rígido de no dejar pasar a quien no abonara el ticket o solamente permitiendo el ingreso de aquellos que le eran señalados por los relaciones públicas como nuestro compañero.
“Vamos a hacer entrar al Cuarteto de Nos”, le comenté a mi amigo, quien me asintió enseguida. Ahí le dijo al portero que los dejara entrar y ellos contentos, nos invitaron un trago en la barra. Esa noche, el todavía actual cantante del grupo musical me dijo que habían querido tocar en esa discoteca, pero que “no habían logrado convencer al dueño, le pedimos 200 dólares, pero no quiso”, me dijo.
Y siguió contándome que el dueño de la disco le había dicho que por esa plata “llevaba a un tal Mario Silva y llenaba el boliche. ¿Quién es Mario Silva?”, me preguntó Roberto Musso. A lo cual quedé helado, no porque el tal Mario Silva no se lo mereciera, nunca fui su fan, pero le reconozco el talento de encantar a las masas y su fama de melódico con estilo propio, bien de esta zona del país. Pero perderse a una banda que ya sonaba muy bien como el Cuarteto de Nos, no era lo que yo habría contestado ya en esa época.
Traté de explicarle quién era ese furor de la música tropical norteña y seguramente con el paso del tiempo, Musso, Tavella y el resto, supieron mucho más de él por los éxitos que cosechó. Pero quienes no supimos más de ellos fuimos nosotros desde Salto, por perdernos escuchar una buena banda de música uruguaya, transgresora y atrevida, que nos sacudía la modorra y nos hacía reír a carcajadas con sus actuaciones, algo que han cambiado en estos últimos años volviéndose más serios, más rockeros, más profesionales, diría yo.
Esa fue una noche única, que la recuerdo siempre porque le pregunté varias cosas a Robertito. Una de ellas porqué escupía siempre al cantar ya que se veía el reflejo de su saliva frente al micrófono cuando alguna vez nos tocó estar en la primera fila de uno de sus recitales. La respuesta fue una larga carcajada y un “nadie me lo había dicho antes, voy a tomar menos agua la próxima vez”.
Seguramente esa charla quedó bien grabada por mi y borrada por completo del disco duro del cantante del Cuarteto, pero fue muy bueno mientras duró, como todo. Hoy los escucho, aunque me sigue gustando más su viejo estilo, porque creo que ahora tuvieron una transformación para adaptarse a las masas y poder vender mucho más, ya que les salió estupendo.
Eso sí, si vuelven a estar por acá ya no podré ayudarlos a entrar a un baile, porque seguramente serán invitados, o podrán perfectamente pagarse la entrada y cobrar mucho más que 200 dolares para tocar una noche ante el público salteño. Pero lo mágico para mi, fue poder reírme con Roberto Musso de él y de sus canciones, soñando alguna vez poder acompañarlos desde algún escenario, agitando y cantando sus temas una vez más.

HUGO LEMOS

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