Variedades

El caballo perdido del anciano sabio

“Érase una vez un anciano campesino de gran sabiduría, el cual vivía con su hijo y que poseía un caballo. Un día el corcel escapó del lugar, algo que hizo que los vecinos fueran a consolarles ante su mala suerte. Pero ante sus palabras de consuelo, el anciano campesino les respondió que lo único verdadero es que el caballo había escapado, y si eso era buena o mala suerte sería el tiempo lo que lo dictaminaría.Cuento

Poco después el caballo regresó con sus dueños, acompañado de una hermosa yegua. Los vecinos corrieron a felicitarle por su buena suerte.

Sin embargo, el anciano les respondió que en realidad lo único que sí era cierto era que el caballo había regresado con la yegua, y si esto era malo o bueno el tiempo lo diría.

Tiempo después el hijo del campesino intentó montar a la yegua, aún salvaje, de tal manera que se cayó de la montura y se rompió la pierna. Según el médico, la rutpura le provocaría una cojera permanente.

Los vecinos volvieron a consolar a ambos, pero también en esta ocasión el anciano campesino dictaminaría que lo único que se sabía en verdad era que su hijo se había roto una pierna, y que si ello era bueno o malo aún estaba por verse.

Finalmente, llegó un día en que se inició una sangrienta guerra en la región. Se empezó a reclutar a todos los jóvenes, pero al ver la cojera del hijo del campesino los soldados que fueron a reclutarle decidieron que no era apto para el combate, algo que provocó que no fuera reclutado y pudiera permanecer sin combatir.

La reflexión que el anciano le hizo ver a su hijo en base a todo lo ocurrido es que los hechos no son buenos o malos en sí mismos, sino que lo son nuestras expectativas y percepción de ellos: la huida del caballo trajo a la yegua, lo que a su vez supuso la rotura de su pierna y asimismo ello condujo a una cojera permanente era lo que ahora le salvaba la vida.”

Esta conocida historia, bastante autoexplicativa, nos narra cómo nuestra consideración y valoración de lo que nos ocurre a veces puede estar sesgada, ya que el propio suceso no es ni bueno ni malo verse, y cómo lo que a veces vemos como algo positivo o negativo puede llevarnos a lugares insospechados.

 

La Arena y la Piedra

“Había una vez dos amigos que caminaban por el desierto, tras haber perdido a sus camellos y habiendo pasado días sin probar bocado. Un día, surgió una discusión entre ellos en el que uno de los dos increpó al otro por haber elegido la ruta equivocada (si bien la decisión había sido conjunta) y en un arrebato de ira le dió una bofetada. El agredido no dijo nada, pero escribió en la arena que en ese día su mejor amigo le había pegado una bofetada (una reacción que sorprendió al primero).Cuento1

Posteriormente ambos llegaron a un oasis, en el cual decidieron bañarse. En ello estaban cuando el anteriormente agredido empezó a ahogarse, a lo que el otro respondió rescatándole. El joven le agradeció la ayuda y posteriormente, con un cuchillo, escribió sobre una piedra que su mejor amigo le había salvado la vida.

El primero, curioso, le preguntó a su compañero por qué cuando le había pegado el había escrito en la arena y ahora lo hacía en una piedra. El segundo le sonrió y le contestó que cuando alguien le hacía algo malo intentaba escribirlo sobre la arena por tal de que la marca fuera borrada por el viento, mientras que cuando alguien hacía algo bueno prefería dejarlo grabado en piedra, donde permanecerá por siempre.

Esta hermosa leyenda de origen árabe nos indica que lo que debemos valorar y mantener frescas en nuestra memoria son las cosas buenas que los demás hacen, mientras que las marcas que nos dejan las malas debemos intentar desdibujarlas y perdonarlas con el tiempo.

 

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Historia del Santo Rosario

Una leyenda cuenta que un Hermano Lego (que no era sacerdote) de la Orden de los Dominicos, no sabía leer ni escribir, por lo que no podía leer los Salmos, como era la costumbre en los conventos de la época.
Entonces, cuando terminaba sus labores por la noche (él era el portero, el barrendero, el hortelano, etc…) se iba a la capilla del convento y se hincaba frente a la imagen de la Virgen María, y recitaba 150 avemarías (el número de los salmos), luego se retiraba a su celda a dormir.
Por la mañana, de madrugada, se levantaba antes que todos sus hermanos y se dirigía a la capilla para repetir su costumbre de saludar a la Virgen.7-1-2
El Hermano Superior notaba que todos los días, cuando él llegaba a la capilla para celebrar las oraciones de la mañana con todos los monjes, había un exquisito olor a rosas recién cortadas y le dio curiosidad,por lo que preguntó a todos quién se encargaba de adornar el altar de la Virgen tan bellamente, a lo que la respuesta fue que ninguno lo hacía, y los rosales del jardín no se notaban faltos de sus flores.
El Hermano lego enfermó de gravedad; los demás monjes notaron que el altar de la Virgen no tenía las rosas acostumbradas, y dedujeron que era el Hermano quien ponía las rosas.

¿Pero cómo?
Nadie le había visto jamás salir del convento, ni tampoco sabían que comprara las bellas rosas.
Una mañana les extrañó que él se había levantado, pero no lo hallaban por ninguna parte.
Al fin, se reunieron en la capilla, y cada monje que entraba se asombraba, pues el hermano lego estaba arrodillado frente a la imagen de la Virgen, recitando extasiado sus avemarías, y a cada una que dirigía a la Señora, una rosa aparecía en los floreros.
Así al terminar sus 150 saludos, cayó muerto a los pies de la Virgen.
Con el correr de los años, Santo Domingo de Guzmán, (se dice que por revelación de la Santísima Virgen); dividió las 150 avemarías en tres grupos de 50, y los asoció a la meditación de la Biblia: Los Misterios Gozosos, los Misterios Dolorosos y los Misterios Gloriosos, a los cuales el Beato Papa Juan Pablo II le añadió los Misterios Luminosos.

Iglesia del Divino Niño – Quito.

 

Los misterios del rosario

Los misterios se rezan por días tradicionalmente
. Se empieza anunciando el misterio correspondiente seguido de una meditación. No es un simple repetir, es un verdadero recorrido por los principales hechos de la Vida de Jesucristo y de Santa María, al mismo tiempo que ofrecemos, agradecemos y pedimos la intercesión de la Madre por nuestras intenciones.
Luego de haber anunciado el misterio rezamos un Padrenuestro seguido de 10 Ave Marías y terminamos con el Gloria… y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia».virgen del carmen
Misterios gozosos (lunes y sábado)
1. La Encarnación del Hijo de Dios.
2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios.
4. La Presentación en el templo y la purificación de la Virgen Santísima.
5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.
Misterios dolorosos (martes y viernes)
1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.
2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. El Camino del Monte Calvario.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
Misterios gloriosos (miércoles y domingo)
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor.
3. La Venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles.
4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.
5. La Coronación de la Santísima Virgen.
Misterios luminosos (jueves)
1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.
2. La Autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración.
5. La institución de la Eucaristía.

¿Dónde rezar?
Lo sugerido es que puedas rezarlo en un lugar tranquilo donde no tendrás interrupciones. Lo lindo del rosario es que podrías rezarlo prácticamente en cualquier sitio. Caminando solo, sentado en una banca mirando la naturaleza, en la soledad de tu habitación, con amigos en grupo, en tu parroquia o frente al Santísimo.

https://catholic-link.com/

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La Virgen de Fátima

En 1916, en un pueblo de Portugal llamado Fátima, vivían tres pastorcitos: Lucía, que tenía 9 años, y sus primos Francisco y Jacinta, que tenían 10 y 7 años, respectivamente.
Todos los días, los pastorcitos llevaban sus ovejas al cerro y, mientras estas pastaban, ellos corrían y jugaban. Al atardecer, cuando la campana de la aldea llamaba a la oración, bajaban con los rebaños rezando el rosario.
Tres veces durante el año 1916, se les apareció un ángel que les dijo: «No teman, soy el ángel de la paz. Recen conmigo». Y haciéndolos arrodillar e inclinar la frente hasta el suelo, les enseñó a decir esta oración: «Dios mío, yo creo en ti y te adoro; espero en ti y te amo. Te ruego que perdones a los que no creen en ti, a los que no esperan en ti, a los que no te aman ni te adoran». Estas apariciones del ángel iban preparando sus corazones para lo que sucedería el año siguiente. VirgendeFátima-300x300
El 13 de mayo de 1917, se les apareció la Virgen vestida de blanco y con un manto bordado en oro. Tenía las manos juntas, como para rezar, y de la mano derecha colgaba un rosario de perlas brillantes.
Los pastorcitos cayeron de rodillas al suelo.
Pero María con una voz muy cariñosa les dijo: «Vengo del cielo y les pido que vuelvan a este lugar el mismo día durante seis meses. Después les contaré quién soy y qué quiero». Y desapareció de la vista de los niños como si se esfumara.
Los niños volvieron a sus hogares muy asustados, y Lucía decidió que era mejor no contar nada a nadie para evitar problemas. Pero al llegar a su casa, Jacinta fue corriendo a decirle a su mamá:
«¡Hemos visto a una hermosa señora en el monte! ¡Parecía una reina!». Los padres de Francisco y Jacinta dudaron: «¿Qué habrá de cierto en lo que cuentan estos niños?». Y fueron a ver a la mamá de Lucía y a conversar con ella sobre lo que había ocurrido.
La madre de Lucía se enojó mucho con ella, porque no creyó nada de lo que contaba y la llevó a hablar con el cura párroco para que le repitiera el cuento de lo que habían visto. El párroco tampoco creyó a los pastorcitos y los reprendió diciendo: «¡Ah, estos niños! ¡No les cuesta nada inventar estas historias! No quiero volver a escuchar nada de este asunto…» . Lucía se fue llorando y se sintió muy triste: nadie le creía y ellos solo contaban la verdad de lo que habían visto.
Al mes siguiente, volvieron a encontrarse con la Señora. En el mismo lugar y con el mismo resplandor, se les volvió a aparecer. Esta vez les dijo: «Hijitos míos, tendrán que sufrir mucho, pero no tengan miedo, porque yo los ayudaré. Tienen que aprender a leer y a escribir y a rezar siempre el santo rosario. Ofrezcan todos los días sacrificios para que los pecadores se arrepientan». La gente que vivía en ese lugar comenzaba a murmurar acerca de las cosas que pasaban todos los meses en este campo en las afueras del pueblo. Nadie dudaba de que la señora era la Virgen María.
En una de las ocasiones en que la Señora debía aparecer, el gobernador de la provincia y el alcalde secuestraron a los niños para que no pudieran acudir a la cita y los llevaron al palacio. El gobernador les pidió que le contaran todas las cosas que «esa señora» les había dicho y les prohibió que volvieran a verla.
Pero los niños no tuvieron miedo; sabían que la Virgen los acompañaba y se negaron a obedecer las órdenes del gobernador.
Entonces los encerraron en una prisión, pero tampoco lograron atemorizarlos ni convencerlos. Estando en la cárcel, comenzaron a rezar el rosario de rodillas y todos los presos los imitaron y se pusieron a rezar también. El gobernador se vio obligado a dejar a los niños en libertad, y estos volvieron a sus hogares.
Los niños esperaban ansiosos la próxima aparición de la Señora. Esta sería la última, y ella les había prometido que, en esa ocasión, haría un milagro para que todos creyeran. El día llegó. Muchísimas personas se reunieron en ese lugar. Venían de distintos lados y traían a enfermos para que fueran curados. Lucía, Francisco y Jacinta se arrodillaron y, cuando empezaron a rezar el rosario, la gente los imitó. La Virgen se aparecía solo a la vista de los niños; nadie, excepto ellos, podía verla. Únicamente ellos escuchaban sus palabras, el resto oía solo un murmullo.
Y la Señora les dijo: «Yo soy la Virgen del Rosario». Quiero que construyan aquí una capilla. y que los hombres aprendan a no ofender más a Jesús, rezando el rosario y consagrándose a mi corazón inmaculado». Y después se produjo el milagro que había prometido: el sol, como un gran disco brillante, empezó a girar en el cielo. De él se desprendían rayos de colores. Todas las personas se quedaron asombradas, muchos enfermos se curaron y alababan a Dios, que había manifestado su poder por medio de la Virgen María.
El deseo de la Virgen fue concretado: en ese lugar, se levanta un hermoso templo en su honor al que acuden muchísimas personas de todo el mundo en peregrinación para agradecerle a María por los dones recibidos y para consagrarse a su corazón inmaculado.
La Virgen de Fátima nos enseña…:
… a rezar el rosario;
… a ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores;
… a consagrarnos a su corazón inmaculado.
Jacinta y Francisco murieron, siendo niños, por una enfermedad en los pulmones.
El 13 de mayo del año 2000, el papa Juan Pablo II los beatificó, en honor a todos los favores que ellos concedían a las personas desde el cielo. Lucía ya falleció. Después de que murieron sus primos, se hizo monja contemplativa. Varias veces habló con Juan Pablo II y estuvo presente en la misa de beatificación de Jacinta y de Francisco.
http://www.paulinas.org.ar/e

 

Testimonios sobre las apariciones de la Virgen de Fátima

O Seculo (un periódico de Lisboa pro gubernamental y anticlerical)

Desde el camino, donde estaban estacionados los vehículos donde cientos de personas se habían quedado, ya que no querían pisar el lodo, uno podía ver la gran multitud volverse hacia el sol, que parecía sin nubes y estaba en su apogeo. Parecía una placa de pura plata y se podía mirar fijamente sin incomodar. Pudo haber sido un eclipse que sucedía en ese momento. Pero en ese mismo momento se produjo un gran grito, y uno podía escuchar a los espectadores más cercanos gritar: ¡un milagro! ¡un milagro!
Ante el asombro reflejado en los ojos de los espectadores, cuya semblanza era bíblica ya que todos tenían la cabeza descubierta, y que buscaban ansiosamente algo en el cielo, el sol temblaba, hizo ciertos movimientos repentinos fuera de las leyes cósmicas – el sol «danzaba» de acuerdo a las expresiones típicas de la gente.
Había un viejecito parado en las escaleras de un obús con su rostro girado hacia el sol que recitaba el credo en alta voz. Pregunté quien era y me dijeron que era el señor Joao da Cunha Vasconcelos. Lo vi después dirigiéndose a los que estaban a su alrededor con sus sombreros puestos y les imploró vehementemente que se descubrieran sus cabezas ante tan extraordinario milagro.
Las gentes se preguntaban los unos a los otros lo que habían visto. La gran mayoría admitió ver el sol danzando y temblando, otros afirmaban que habían visto el rostro de la Virgen Santísima. Otros juraron que vieron el sol girar como una rueda que se acercaba a la tierra como si fuera a quemarla con sus rayos. Algunos dijeron haber visto cambios de colores sucesivamente.
O Dia (otro diario de Lisboa, edición 17 de octubre de 1917).
«A la una en punto de la tarde, mediodía solar, la lluvia cesó, el cielo de color gris nacarado iluminaba la vasta región árida con una extraña luz. El sol tenía como un velo de gasa transparente que hacía fácil el mirarlo fijamente. El tono grisáceo madre perla en que se tornó en una lámina de plata, que se rompió cuando las nubes se abrían y el sol de plata envuelto en el mismo velo de luz gris, se vio girar y moverse en el círculo de las nubes abiertas. De todas las bocas se escuchó un gemido y las personas cayeron de rodillas sobre el suelo fangoso…..
La luz se tornó en un azul precioso, como si atravesara el vitral de una catedral y esparció sus rayos sobre las personas que estaban de rodillas con los brazos extendidos. El azul desapareció lentamente y luego la luz pareció traspasar un cristal amarillo. La luz amarilla tiñó los pañuelos blancos, las faldas oscuras de las mujeres. Lo mismo sucedió en los árboles, las piedras y en la sierra. La gente lloraba y oraba con la cabeza descubierta ante la presencia del milagro que habían esperado. Los segundos parecían como horas, así de intensos eran.
Tio Marto (padre de Jacinta y Francisco).
Podíamos mirar con facilidad el sol, que por alguna razón no nos cegaba. Parecía tililar primero en un sentido y luego en otro. Sus rayos se esparcían en muchas direcciones y pintaban todas las cosas en diferentes colores, los árboles, la gente, el aire y la tierra. Pero lo más extraordinario para mí, era que el sol no lastimaba nuestros ojos. Todo estaba tranquilo y en silencio y todos miraban hacia arriba. De pronto, pareció que el sol dejó de girar. Luego comenzó a moverse y a danzar en el cielo, hasta que parecía desprenderse de su lugar y caer sobre nosotros. Fue un momento terrible.
María Capelinha (una de las primeras creyentes).
El sol transformó todo de diferentes colores – amarillo, azul y blanco, entonces se sacudió y tembló, parecía una rueda de fuego que caía sobre la gente. Empezaron a gritar «¡nos va a matar a todos!», otros clamaron a nuestro Señor para que los salvara, ellos recitaban el acto de contrición. Una mujer comenzó a confesar sus pecados en voz alta, diciendo que había hecho esto y aquello….
Cuando al fin el sol dejó de saltar y de moverse todos respiramos aliviados. Aún estábamos vivos, y el milagro predicho por los niños fue visto por todos.
Yo estaba mirando hacia el lugar de las apariciones, esperando serena y fríamente que algo sucediera, y con una curiosidad en descenso porque había pasado mucho tiempo sin que sucediera nada que me llamara la atención. Entonces escuché miles de voces gritar y vi que la multitud de pronto se giró hacia el lado contrario, sus espaldas en contra del sitio donde yo tenía dirigida mi atención y miré al cielo del lado opuesto.
La hora legal era cerca de las 2 de la tarde, alrededor del mediodía solar. El sol, unos momentos antes, había aparecido entre unas nubes, las cuales lo ocultaban y brillaba clara e intensamente. Yo me volví hacia el magneto que parecía atraer todas las miradas y lo vi como un disco con un aro claramente marcado, luminoso y resplandeciente, pero que no hacía daño a los ojos. No estoy de acuerdo con la comparación que he escuchado que han hecho en Fátima y la de un pesado disco plateado. Era un color más claro, rico y resplandeciente que tenía algo del brillo de una perla. No se parecía en nada a la luna en una noche clara porque al verlo uno y sentirlo parecía un cuerpo vivo. No era una esfera como la luna ni tenía el mismo color o matiz. Parecía como una rueda de cristal hecha de la madre de todas las perlas. No se podía confundir con el sol visto a través de la neblina (porque no había neblina en ese momento), porque no era opaca, difusa ni cubierta con un velo. En Fátima daba luz y calor y aparentaba un claro cofre con un arco bien difundido.

 

Portugal: Confirmada la peregrinación a Fátima sin fieles

La Iglesia de Portugal se adapta a las pautas de las autoridades en la Fase 2.
La peregrinación a Fátima de este año será sin fieles.
Las celebraciones podrán seguirse por radio, televisión y medios digitales
«Incluso si nuestros corazones quisieran estar en Fátima, celebrando juntos en el mismo lugar que en 1917, esta vez la precaución nos aconseja no hacerlo», dijo el cardenal.
Mantenemos vigente esta dolorosa medida mientras esperamos poder recuperar las multitudes que se reúnen en el Santuario lo antes posible para celebrar y rezar en la alegría de la fe».
El temor es, de hecho, que un «número impredecible» de personas «pueda reunirse en la Cova da Iria» en un momento en que el riesgo epidémico es alto, explica el cardenal Marto, especificando que la decisión de la Iglesia de seguir estas indicaciones está dictada por el sentido de responsabilidad «de no poner en peligro la salud pública, cumpliendo así el mandato evangélico de amor al prójimo».
La alternativa que propone la Iglesia en Portugal
Para compensar la imposibilidad de que los peregrinos vayan a Cova da Iria, el Santuario de Fátima ofrece un «viaje espiritual» alternativo con sugerencias de oraciones para cada día que se pueden encontrar en el sitio web www.fatima.pt y en las redes sociales.
«No podemos contar con su presencia física, pero nos gustaría poder contar con usted», es la invitación lanzada en un mensaje del Padre Cabecinhas, que habla de una «peregrinación del corazón» cuyo camino no será físico, sino «interior».
Invitación a encender una vela en las ventanas de casa
Los peregrinos también están invitados a encender una vela en las ventanas de sus hogares.
Finalmente, el Rector saluda a los 350 grupos de peregrinos de todo el mundo que han tenido que cancelar la visita: “Rezaremos por todos ustedes, la Señora del Inmaculado Corazón, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, también pidiendo la intercesión de los Santos Pastores para que podamos reunirnos pronto en este Santuario, para celebrar nuestra fe con alegría y rezar juntos por nosotros y por toda la humanidad «.
La participación de los fieles a las Misas se reactiva el 30 de mayo
Se espera la reanudación de las Misas abiertas a la participación física de los fieles en Portugal el 30 de mayo.
El Santuario de Fátima reanudará gradualmente sus actividades, reabriendo a partir de hoy para la oración individual, mientras que el espacio del museo se reabrirá el día 19. Para acceder a él, se proporcionan una serie de medidas de seguridad contra el contagio, tanto para los empleados como para los visitantes, como el uso de máscaras en espacios cerrados, el respeto por el distanciamiento físico y la higiene de las manos y los ambientes.

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***Personajes***

Miguel Cañupan y su bicicleta, en el puesto que tiene desde hace 8 años en el sector de vías

Tres historias de canillitas: toda una vida entre papel y tinta

Por Carlos Castillo y Marina Contreras

En tiempos de noticias por internet, ellos resisten con la venta de diarios en las esquinas de la ciudad.
Edith llega cada mañana a las ocho en punto a su puesto de venta de diarios, ubicado afuera del supermercado Cooperativa Obrera de calle Tucumán, entre Buenos Aires y Chacabuco. Abrigada en su campera roja y con un café entre las manos, recibe el saludo de los clientes del supermercado.
«Hola Edith, llegó mi pedido», dice una mujer mientras ingresa al local. «¿Para cuando los dinosaurios?», dice otra mujer que seguramente espera el muñeco para regalárselo a algún nieto.
Al lado de la ventana están desplegados todos los diarios de la región, algunos traen libros, otros revistas o juguetes para incentivar la compra. «Río Negro», «La Comuna», «La Mañana de Neuquén» y revistas como «Paparazzi», «Hola», etc., son algunos de los productos que ofrece de lunes a sábados.
Edith Salazar se toma un tiempo y cuenta a este medio que en realidad ella es uruguaya, nacida en Montevideo, donde se recibió de oficial envasadora.
Ella tenía 27 años cuando llegó a nuestro país y se instaló en una vieja casona de la mítica esquina porteña en San Juan y Boedo. «Allí alquilábamos con otra familia para poder pagar el alquiler», dice. Pasó también por Mar del Plata, hasta que llegó al Valle en 1997, instalándose en Regina.
Yo empecé a vender diarios cuando salió «La Comuna» en el 2001. Actualmente creo que soy la única mujer canillita» Edith Salazar, canillita
Tuvo cinco hijos que hoy van desde los 21 a los 34 años. Junto a su ex marido tuvieron que venirse a Roca por un problema de salud de una de sus hijas. En esta ciudad tuvieron una pastelería, pero situaciones familiares llevaron a la separación y a comenzar una vida sola con sus hijos a cuestas.
Las primeras opciones de trabajo se dieron a través del trueque, se multiplicaban en los distintos barrios de Roca. Eran tiempos difíciles y premonitorios de lo que vendría luego: la crisis del 2001.
Hacia fines de ese mismo año nacía el periódico «La Comuna» bajo la dirección del abogado Ricardo Gamba. La distribución estuvo a cargo, hasta el día de hoy, por Pato Muñoz, quien supo organizar a una gran cantidad de canillitas, llevando el nuevo periódico a todos los barrios.
«Yo empecé vendiendo ‘La Comuna’ y luego arranqué con otros diarios. Incluso aprovechaba y llevaba las revistas a las peluquerías o consultorios. Ellos me compraban la revista ‘Caras’, entre otras», cuenta Edith.
Algunos de sus hijos tuvieron que ser cuidados en el Hogar del Patronato, otros se los llevaba con ella a vender diarios. «Cuando terminaba pasaba a buscar a mis otros hijos al Hogar y nos volvíamos a casa», dice la mujer de pelo rubio y la sonrisa amable.
El sacrificio de Edith con la venta de diarios dio sus frutos y a pesar de que los hijos ya están grandes ella sigue firme en la vereda de calle Tucumán.
Ya nos conocemos con los clientes del mercado y los vecinos. Antes me levantaba a las seis de la mañana, pero ahora es mi hijo Lucas el que se encarga de hacer el reparto por las casas, así que yo vengo a las ocho al centro y me instalo en este lugar», relata la única mujer canillita que hay en Roca.

 

Remigio el diariero de la rotonda de Av. Roca y 9 de Julio 

Fue la calle y su trabajo lo que lo formó, no pudo ir al jardín ni a la escuela. «Aprendí el abecedario y armar palabras gracias a otro canillita. Tenía poca paciencia para explicar, así que tuve que aprender rápido», relató mientras se le escapa un sonrisa, como volviendo en el tiempo.
La vida lo ha llevado por muchos caminos, luego de cuatro años como canillita, se trasladó a las chacras valletanas donde se desempeñó como obrero rural en la cosecha de uvas. Durante algunos años se animó a incursionar en el rubro gastronómico como mozo, trabajo que lo llevo a atender varias de las cafeterías históricas de la ciudad.
«La clave para ser un buen canillita es cumplir siempre con el cliente, nunca dejarlo sin su diario»
También vió una posibilidad para seguir avanzado en la panadera, la carpintería y otros rubros más.
Recuerda que comenzó su trabajo como canillita junto a se hermano cuando era dos niños. «Nos comentó de la posibilidad de este trabajo un hombre que nos conocía, que nos veía siempre en la calle.
Le dijimos que sí porque nos iba a generar un ingreso para llevar a nuestra casa. En ese momento mi mamá no tenia trabajo y éramos cinco personas viviendo en un mismo lugar».
El comienzo fue bastante duro para Remigio y su hermano que en ese momento tenia 7 años. Pero los fuerte inviernos de los años 70 no le hicieron bajar los brazos. En ese tiempo el reparto se hacia caminando, con nieve, lluvia o viento. Desde muy temprano comenzaba la venta de diarios recorriendo todos los barrios de la ciudad.
Si bien se alejó de este trabajo a los 13 años, luego de más de un década decidió retomar y se instaló en la actual rotonda de avenida Roca y 9 de Julio. Todos los días, a partir de las 23, comienza su jornada laboral: retira los diarios calentitos y arranca con el reparto puerta por puerta.
«La clave para ser un buen canillita es cumplir con el cliente, nunca dejarlos sin el diario», es uno de los consejos que da este experto canillita a las novatos vendedores.
Muy temprano llega desde Barrio Nuevo y espera en la esquina que pases sus clientes a retirar la nueva edición del periódico. Un abrazo y un buen día no pueden faltar mientras busca en su bolso el «Río Negro». Con gran habilidad lo despliega para una mejor presentación ante el comprador.
Cerca de las nueve traslada sus ventas a un supermercado que se encuentra ubicado a solo una cuadra de «su sitio».
Este canillita ha reforzado sus habilidades para atraer compradores porque asegura que en los 27 años que lleva trabajando en el rubro ha podido mantener la cantidad de ejemplares vendidos. «Este trabajo al igual que todos tiene su sacrificio. Los días de lluvia son los más complicados pero a pesar de ello de lunes a lunes me encuentran en el mismo lugar

 

La bicicleta es la fiel compañera de Miguel desde hace 23 años

Muchos canillitas han accedido a la compra de una moto para realizar el trabajo de reparto por los distintos barrios donde entregan los diarios a los suscriptores. Es más rápido, menos esfuerzo y de bajo costo en transporte. Pero este no es el caso de Miguel Cañupan. La bicicleta es su fiel compañera en este oficio que ya lleva 23 años para el hombre de 38 años.
Comenzó con la venta de diarios a los 15 años cuando andaba en busca de trabajo. «Yo necesitaba plata para mis gastos y comencé con esto. Me recorría los barrios Villa Obrera, 827 viviendas, las 250, 500, Aeroclub y otros. Lo hacía sobre todo los domingos que es cuando más se gana», cuenta.
Mientras cuenta su historia, los clientes llegan en sus vehículos y se detienen en su puesto con la mano afuera de la ventanilla. Dinero en mano extienden su brazo y con una sonrisa Miguel les entrega el diario, sin preguntar cuál quiere. El acuerdo se sella con un guiño de ojos o con un «¡gracias!, hasta luego»
Desde hace años recorro los barrios de Roca en bicicleta, luego me instalo en Don Bosco y las vías» Miguel Cañupan canillita
De madrugada Miguel entrega diarios a domicilio. A las 7 se instala en su puesto de Don Bosco y 25 de Mayo
Los ocho años que lleva en el mismo puesto le permiten conocer bien a cada uno de sus clientes. «Esta dos esquinas son peligrosas. Pasan muchos accidentes, sobre todo en 25 de Mayo y Don Bosco. Habría que poner un lomo de burro», considera.
En cuanto a la venta de diarios dice que ha disminuido mucho, pero que todavía le permite tener alguna ganancia. Miguel vende unos 70 diarios por día, pero los domingos ese monto se duplica.
«El fin de semana hago el recorrido por las casas y ahí se venden como cien, después en el puesto de las vías vendo otros 60 más. Y de «La Comuna» vendo más de 40 los viernes», detalla.
A pesar de ello, el dinero no alcanza y por las tardes Miguel hace mensajería, lo que le permite sumar algunos pesos más.
Ya son las 12 y Miguel acomoda su equipaje en la bicicleta. Es hora de irse y esperar que llegue la noche para emprender una nueva recorrida en su fiel compañera, cargada de noticias.
«A los nueve años ya vendía diarios con mi hermano»
Con las piernas cruzadas arriba de su moto, el hombre espera, tranquilo, que lleguen sus primeros clientes.
Remigio Valdebenito es canillita, dueño de una de las rotondas céntricas más importantes de la ciudad .
La mañana siguente de la celebración del «día del canillita», Remigio retoma un rutina y sus conocidos se acercan a saludarlo con mucha alegria.
«Esta es la relación que tengo con mis clientes, siempre trato de brindales lo mejor, para mi es fundamental sacarles una sonrisa a cada personas que le entrego el diario. Saber que se van un poco mejor, me hace feliz a mi también», asegura.
Como hermano mayor de la familia tuvo que tomar la decisión de buscar una oportunidad laboral que le permitiera a su mamá y a sus cuatro hermanos salir de una difícil situaciones económica. Así llega a su primer empleo con tan sólo 9 años: vendedor de diarios.

 

¿Por qué se llama canillita?

Cada 7 de noviembre se celebra el Día del Canillita, en honor a los repartidores de diarios y revistas. La fecha se eligió en conmemoración a la fecha de la muerte del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, quien creó el término «Canillita» para nombrar al protagonista de una de sus historias.
Sánchez falleció el 7 de noviembre de 1974 tras lo cual se implementó el día en honor a los repartidores. «Canillita» era un chico que vendía diarios para ayudar a sus padres.
En la obra, el protagonista, que era muy pobre, usaba unos pantalones que tenía desde chico y que con el paso del tiempo le fueron quedando chicos, con lo que dejaban ver sus «canillitas» mientras vendía.
https://lacomuna.com.ar/

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Memorias de un canillita

Fui un vendedor de diarios, un canillita, desde siempre, desde niño.
El colegio no me conoció. Mis primeras letras y se podría decir las únicas, las aprendí de los titulares de los diarios que me obligaba a recordar para así vender más diarios y más rápido.
La juventud transcurrió entre hojas impresas, noticias y escándalos entre asesinatos y campeonatos de fútbol.
Llegué a mayor sin conocer esposa, pues no tuve tiempo de buscar novia.
Hoy, ya hombre maduro, los recuerdos, mis angustias, los momentos de alegría y regocijo que se me dieron por casualidad, traté de volcarlos aconsejado por amigos, en las siguientes páginas.
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¡Che pibe! – así me llamaban, ese era mi nombre.
El verdadero, el que me pusieron cuando aparecí en este mundo era Constantín, en honor del viejo de mi viejo que se llamaba así. Mi madre murió la pobrecita, durante el esfuerzo al parirme.
La parada de mi viejo era en la esquina de Muñoz, el negocio de los trajes. Alguna vez me contó, que tuvo muchas peleas y recibió muchos golpes hasta que lo consiguió. Era su lugar y nadie se atrevería a usurparlo. Vivíamos lejos del centro. Caminábamos unas cinco cuadras hasta la parada del colectivo. Siempre estaba oscuro, verano o invierno, a las cuatro y media de la mañana cuando la emprendíamos para el centro.

Nota extraída de: https://eldesvandelp oeta.ning.com/pro

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Debíamos pararnos frente a los galpones traseros del diario para la entrega matinal.
Siempre éramos uno de los primeros; así acostumbraba mi viejo y así lo comprendí yo.
Al recibir el toco de diarios, empezábamos a caminar y a gritar los titulares hasta llegar a nuestra esquina distante unas cuatro largas cuadras de allí.
Recuerdo que el día de mi cumpleaños, creo que el de los 8 o 9, cuando terminamos la venta del día mi viejo me llevó a la esquina de enfrente, donde estaba el Café Sorocabana.
Me sentó en una de las sillas altas pegadas al mostrador y me dijo:
-Ahora festejaremos tu cumpleaños – Pedimos un plato lleno de media lunas y otro con manteca y dulce. Yo pedí un chocolate con leche y el viejo sólo un expreso. Mientras me devoraba las media lunas, mi viejo se levantó diciéndome que en unos minutos regresaría. Al ratito apareció con una ¡Nº5 original! Sabía que me gustaba patear todas las tardes con los chicos del barrio.
–Tomá, es para vos, ¡¡Feliz Cumpleaños!!-.
Qué sorpresa, que alegrón. Hasta que llegamos a casa sólo pensaba en la cara de los chicos cuando me vean aparecer con semejante regalo.

El cumpleaños siguiente no lo festejé. Mi viejo, fiel a su indispensable amigo el cigarrillo, me dejó una madrugada de invierno justo cuando llegaba nuestro turno en la cola de la entrega de aquella mañana. La ambulancia se lo llevó. Me quedé parado junto a mis diarios. El camino hasta la esquina, me pareció más largo que nunca. El peso del paquete me obligó a arrastrarlo. Logré llegar utilizando mis últimas fuerzas que en aquellos momentos las consideré muy pocas, pero mi cabezota estaba ocupada en mi viejo, y creo que eso fue lo que me ayudó llegar a la parada.
Una tía que nunca había visto antes, estaba en la casita cuando llegué aquella tarde a la vuelta de la venta. Y desde aquel momento no se separó de mí. Todas sus cosas las trajo dentro de una valija. Ocupó la cama de su hermano, mi viejo. Colgó una sábana con dos ganchos en el techo entre su cama y la mía, pues al tener la casa una sola pieza así debería ser, me explicó. Esa noche no pude dormir.
El entierro, la gente amiga, me revoloteaban por todos lados. Me parece que inclusive lloré, despacito, como para adentro; no quería que ella lo notara. No es de hombres llorar, siempre decía mi viejo.
Más de una vez algún cliente, especialmente los veteranos, me preguntaba cómo me las arreglaba sólo. Les mentía contándole que mi hermano mayor me ayudaba.
Comparándome con los chicos de la barra del fútbol, yo tenía un cuerpo más desarrollado y más fuerza. Siempre decían: – ¡Qué patadón que tiene el canillita!
Ya de joven me daba mucha bronca el asunto de las parrandas de los muchachos del barrio. Cuando ellos volvían de sus jugarretas nocturnas me encontraban en camino hacia el Diario a buscar el sustento tan necesario. Una que otra vez conseguí toparme con alguna chica. Los resultados fueron siempre iguales. El cansancio acumulado, sumado a mi ignorancia sobre esas cosas de los flirteos, nunca llegó a ofrecerme finales felices.
Eso sí, leía mucho. Antes que nada, el diario. Conocía todos los periodistas. Sabía de antemano quién escribiría sobre qué y cómo. En más de una ocasión difería con alguno de ellos sobre su postura en tal o cual asunto. Inclusive una vez, recuerdo que después de leer el comentario sobre el aumento del precio del pan, que en contraposición a la opinión general que reprobaba la medida tomada por el gobierno, el señor periodista, se llamaba A. Alfonso, escribió en su Rincón de Economía, que estaba completamente de acuerdo con la determinación tomada, y, además felicitaba al Ministro de Economía por la resolución que ayudaría a levantar al decaído gremio panadero.
Lo pensé esa tarde en casa. Decidí escribir y mostrar mi indignación por la posición tomada, equivocada a mi criterio, por el periodista en cuestión. Cerré la carta y a la mañana siguiente antes de ponerme en la cola frente al galpón, entré en la sección de las oficinas del Diario. Al ser conocido por casi todos los empleados no me resultó difícil llegar hasta la oficina de los periodistas y encontrar la mesa de A. Alfonso. Y sobre su máquina de escribir planté el sobre. Estaba completamente seguro que después de leerla, el conocido periodista la arrojaría al tacho de basura.
El mozo del café de enfrente, fue el primero en comentarlo: – Che pibe ¿viste el diario? — y lo largó: -Hablan de vos, de tu carta, mirá que habías sido bravo, che. Entonces tenía unos 18 años, no más. De toda clase de gente recibí felicitaciones y palabras alentadoras. Hubo algunos que fueron más lejos: – Dedicate al lápiz, ¡che pibe! tenés pasta de periodista, metéle, ¡no seas cobardón!
No en aquel entonces y menos hoy en día, entendí el furor de aquella gente. Era casi incomprensible que efecto lograran producir unos escasos renglones escritos en una hoja de cuaderno. El idioma básico, ese de la calle, el único que conocemos los canillitas, consiguió que el periodista, influenciado por el contenido de esas líneas, publicara al día siguiente, en su Rincón, un comentario sobre la carta recibida. Además, manifestaba que recapacitó sobre el tema, reconociendo su equivocación y agregaba su agradecimiento al canillita por la ayuda brindada.
Los comentarios corrieron por toda la ciudad como un reguero de pólvora. Todos querían conocer al «canillita periodista». Todos deseaban ver de cerca ese fenómeno. Los días pasaron, la euforia se esfumó. El fuego de la admiración dejó su lugar al agua de la rutina.
Conseguí, después de lucharla largo tiempo, el permiso del gerente de la Tienda Muñoz, en cuya esquina, como antes mencioné, estaba mi parada, para colocar una mesita apoyada en la pared entre las dos vidrieras del negocio y sobre ella apilar los diarios. De un día a otro, mi parada se convirtió en mi «puesto de diarios». Todos los vecinos se acercaron, me felicitaron, augurándome suerte en mi ascenso de categoría.
Al poco tiempo agregué la venta de un diario de deportes. A la semana siguiente la revista La Mujer envió un representante para ofrecerme la venta de su semanario tan popular.
Las ventas y sus correspondientes ganancias fueron en aumento. Hice mis cuentas y decidí alquilar un departamentito a unas pocas cuadras del subte que tenía una salida a metros de mi esquina. Mi tía Carla, ya entrada en años, no quiso mudarse al centro. Prefirió quedarse en el barrio rodeada de sus amigas. Todos los sábados al mediodía viajaba a visitarla y almorzábamos juntos. Antes de irme dejaba unos pesitos sobre la mesa de la cocina. Ya en la puerta escuchaba su refunfuñar pues consideraba que era mucha plata para ella.
Un día al volver del trabajo, sonó el teléfono. Una de las vecinas del barrio me avisó que la noche anterior mi tía se descompuso, la llevaron al Hospital Municipal. A la madrugada falleció. Me encargué de todo lo relacionado con el entierro. Hubo mucha gente para acompañarla en su último viaje. Todo el barrio vino a despedirse de la tía del «pibe», el canillita más conocido de la ciudad. La casita que me vio nacer la alquilé a una pareja de recién casados. Me prometieron cuidar la huertita que con tanto cariño había mantenido el tana Carla.
Mis cosas marcharon bien. No me podía quejar. No tenía necesidad y además nunca lo había hecho. Los problemas están para solucionarlos. Está en cada uno arreglárselas solo y no esperar que le tiren una mano. Hay muchos que siempre están a la espera de que alguien les arrojé una tabla de salvación y si ésta no llega se hunden y a otra cosa. Hay que pelearla, trabajar duro, ¡no aflojar! La vida, al final, siempre te sonríe.
Un muchachito del barrio, cuyo padre sufrió un accidente quedando postrado en una silla de ruedas, se ofreció para ayudarme en el puesto. – Así podrás tomarte un descanso por las tardes y yo me ganaría unos pesitos- Me explicó en forma rápida. Y como aprobando su sinceridad, no lo dudé y lo tomé como empleado. Mi primer empleado.
Mi vida cambió. La primera semana la aproveché para dormir, mi cansancio acumulado necesitaba horas de sueño. La segunda no supe que hacer conmigo mismo. Tenía que ocuparme en algo. Comencé a visitar los cines. En años no tuve la posibilidad de ver una película. Por casualidad entré cierta tarde a un Cine-Debate. Me sorprendió el conocimiento de la mayoría de los espectadores sobre la película que habíamos visto y sobre cine en general.
Desde ese día, embelesado por las películas que ofrecían y especialmente por las charlas posteriores a la función, me convirtieron en un asiduo concurrente a dicho lugar.
Comencé a escuchar con atención los pro y contra sobre la dirección, sobre la actuación de los artistas, iluminación. Pedí y recibí folletos especializados, me brindaron la lista de las películas a estrenar. En casa llené horas en la lectura. No me fue fácil al principio comprender los vocablos específicos de la cinematografía. Preguntas y consultas a la gente del cine, me ampliaron el conocimiento sobre ese mundo desconocido por mí hasta entonces.
Al año siguiente me ofrecieron entrar como miembro en la Comisión que organizaba los debates, que emitía los panfletos alusivos, que elegía las películas, en fin, el trabajo no escaseaba. Yo tenía tiempo libre, mi entusiasmo fue en aumento al penetrar en ese extraordinario séptimo arte tan lleno de suspenso, intriga, acción y belleza.
El tiempo y las horas de trabajo en el puesto fueron cada vez menos. Lionel, mi empleado, ya dominaba completamente el asunto. Resultó ser un muchacho muy competente. Fue autor de muchos cambios que resultaron muy efectivos. Entre ellos, la sugerencia de solicitar permiso para colocar una especie de puesto con techo y paredes transformándolo en un kiosco como corresponde. El permiso fue otorgado y el «Kiosco del Pibe» se transformó, con los años, en un lugar que siempre se reunían los muchachos para charlar y comentar las noticias del momento. Nunca estaba aburrido, siempre estaba abierto y siempre se encontraba con quien charlar.
Mi amigo el periodista nos abandonó en un día caluroso de verano. A los pocos días del entierro, varios de sus colegas del diario me pidieron que escriba unas líneas sobre él; ellos se ocuparían de publicarla dentro de su Rincón en el matutino.
Recuerdo que siempre acepté el humor, pero hacerlo sobre un amigo ausente, era demasiado. Después de escucharlos, capté que hablaban en serio, no había nada de chiste en la propuesta. Es más, me propusieron que relate un informe sobre la actualidad económica, con mis palabras, con mi forma de ver las cosas, todo bajo los ojos de uno del montón. Después de entregarles la nota piloto, la llevarían al encargado de las correcciones y luego, también ellos, la presentarían al encargado de publicación. Estaban seguros de que sería aceptada la propuesta.
Tardé tres días en prepararla.
El día que fue publicada la nota, en la cual expresé mis respetos hacia un amigo que desgraciadamente nos abandonó, comenté, además, en unas pocas líneas, sobre el nuevo Plan Económico del gobierno, todo visto por los ojos de uno del pueblo. Firmé, según lo propuesto por los muchachos del diario, bajo el seudónimo «el pibe».
El Rincón Económico de ése día fue comentado por todos los diarios de la ciudad. Yo mismo no podía creerlo. ¡¡Los muchachos, mis «colegas del diario» vinieron a la tarde de aquél 21 de noviembre!! al kiosco a festejarlo. Tomamos y nos reímos hasta la madrugada en aquella esquina céntrica.
Los días siguientes muchas personas con el motivo de comprar el diario se acercaron para conocerme, para darme un apretón de mano y felicitarme.
Hoy en día, entre mi Rincón en el diario y la Dirección del Cine-Club, no me queda tiempo libre para ocuparme del kiosco. Suerte que Lionel esta allí para reemplazarme
Creo que lo hace mejor que yo.
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Palabras de Agradecimiento
A todos aquellos que brindaron parte de su tiempo en leer sobre los simples acontecimientos ocurridos en mi modesto paso por el mundo, les agradezco con sinceridad.
Muy amables y muchísimas gracias.

El pibe

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Se confirmó la grilla de la Tercera Fiesta de los Pescadores Artesanales en la Costanera de Concordia

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Foto: Juan Menoni

La 3º Fiesta de los Pescadores Artesanales ya tiene su grilla de actividades según informaron desde la organización. Este sábado 14 el predio de la Asociación de Pescadores Artesanales de la Zona Sur (Av. Costanera y San Juan – predio Ex Club Caza y Tiro) tendrá un variado abanico de actividades para todos los gustos y edades Este sábado los pescadores artesanales se darán cita en la costanera de Concordia (Av. Constanera de Los Pueblos Originarios y San Juan) para celebrar su tercera fiesta. En este marco, el público podrá disfrutar de un abanico de actividades cuyo centro será el Patio de comidas con una variada propuesta gastronómica a base de pescado de río. Allí se podrán encontrar diversos productos, como empanadas, pescado a la parrilla, pescado frito, milanesas, tartas, hamburpez y choripez entre otros. La programación dará inicio a las 18:00hs. con la apertura del predio, la cantina, y el patio de comidas.
A las 18:00hs, ya se podrá disfrutar del espacio con actividades infantiles, donde encontraremos entre otras actividades juegos y el taller “Me Contás un Cuento” que la artista plástica Alejandra Franco dará para que niños y grandes puedan realizar modelado de arcilla de peces de río.
Ya a las 18:30hs.
Eduardo Avío y Paula Naón (Estrada 123), realizarán un taller de gastronomía a base de pescado de río para los concurrentes.
Y luego a las 19:00hs, hará lo suyo la gente de la ONG Luz del Ibirá que dictarán el taller “La Otra Comida”, que abordará silvestres comestibles y comida autóctona.
A las 19:30hs. a la orilla del río uruguay, la Agrupación de Mujeres Candomberas Yacumenza acompañará el ritual del Río junto a los pescadores artesanales, que dará inicio a la Fiesta.
A partir de las 20:30hs. quedará abierto el escenario principal donde actuarán, 21:00hs. Orquesta infanto juvenil “La Chamarra”, 21:30hs.
Ballet de folclore “Aromas gauchas”, 22:00hs.
Jorge Calderón, 22:45hs. Los Hermanitos Roldán y su Conjunto, 23:30hs. Ricardo Barbosa, y el cierre a las 00:00hs, junto a “Sentimiento Original”. El evento, como todos los años, es organizado de manera conjunta por la Cooperativa de Trabajo Pescadores Unidos de Benito Legerén y la Asociación de Pescadores Artesanales de la Zona Sur de Concordia (ambas organizaciones de la economía popular que forman parte del MTE-CTEP).
La fiesta cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Concordia desde sus diversas Secretarías, el Ente de Gestión Costanera y CARU.
Asimismo, tanto las organizaciones de pescadores artesanales de nuestra ciudad, como la fiesta cuentan también con un fuerte apoyo de instituciones como INTA, INTI, ICAB, UNER y auspiciantes privados como Organización el Galpón que se prestan para apoyar estas iniciativas que favorecen al desarrollo de la economía popular y la revalorización de nuestra cultura.

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