80 Años de Súperman, el Regreso a los orígenes con el short rojo por encima de la calza azul

En abril de 1993, veinticinco años atrás, la industria del cómic estadounidense vivió el mes más lucrativo de toda su historia y facturó más de mil millones de dólares. El motivo fue la resurrección de Súperman, que había sido «asesinado» en noviembre del año anterior en un episodio que salió en las noticias de todo el mundo. Este año, para celebrar sus ochenta años de vida editorial, la DC Entertainment lo relanza con un nuevo equipo creativo y con la novedad de que vuelve a usar el short rojo por encima de su calza azul (abandonados en 2011).
No es exagerado afirmar que Súperman es conocido por casi cualquier persona en el mundo y que para el inconsciente colectivo es el superhéroe por excelencia. Y, a pesar de sus variantes, sigue como esa figura más o menos inmutable que por momentos parece anodino y que ni los mayores autores de cómics ni los grandes directores de cine han logrado redefinir, como sí ha pasado con Batman. Tan anodino que en la historia breve que hicieron los veteranos Louise Simonson y Jerry Ordway para celebrar el aniversario y el número 1.000 de la revista Action Comics, lo único que le pasa es que Súperman salva un tren, detiene un satélite en caída libre y frena un asalto mientras Clark Kent entrega una nota para el Daily Planet. Eso, que puede parecer mucho, es rutina para este personaje y constituye una anécdota que podría haber sido contada setenta años atrás. Es que todo en Súperman remite a los orígenes y por eso en este número 1.000 la mayor novedad es un villano responsable de la destrucción de Kriptón.
DIOS GRIEGO POPULAR.
El editor Dan DiDio, cabeza de la DC, reconoció en abril al diario The New York Times que si bien Súperman no es el personaje más vendedor de la casa (Batman lo es) la imagen de la editorial depende de él. «Si Súperman funciona bien, todo lo demás funciona. Si no anda bien, parece que hay algo fuera de lugar», dijo. Aunque no fue el primer superhéroe de los cómics, su impacto ha sido tan fuerte que pasó a ser sinónimo de superhéroe en el inconsciente colectivo. Vuelve una y otra vez a través de distintos medios, a pesar de que su pico de popularidad en las revistas fue durante los años sesenta. Ha protagonizado diez películas oficiales, una extraña y pirata versión turca, tres seriales en blanco y negro, seis radioseries, seis series de TV con actores y otras tantas en dibujos animados. Sin embargo ha seguido siendo ese tipo de Kriptón que adquirió poderes gracias al sol y que mantiene una doble identidad en la Tierra. Porque Súperman es el equivalente a un dios griego para la cultura popular del siglo XX, en palabras del guionista escocés Grant Morrison. Editores y autores han dado la batalla para aportarle una vuelta original. Así resucitó a través de cuatro encarnaciones distintas, luego perdió la capa y se dividió en dos (el rojo y el azul), adquirió nuevos poderes, se casó con Luisa Lane y además murió en tres ocasiones (cuatro, si se cuenta la película Batman vs Súperman). Las versiones más interesantes llegaron de la mano de guionistas británicos. Alan Moore escribió un par de ingeniosas historias cortas a mediados de los ochenta; Morrison escribió la miniserie All Star Superman, en la que una sobreexposición a la radiación solar le daba poderes y a la vez lo iba matando; y Mark Millar escribió tal vez la mejor historia alternativa, Hijo rojo, en la que Kal-el cae en la Rusia estalinista y es criado por su gobierno. De parte de autores estadounidenses, tal vez las mejores sean las que se remiten a su origen, como Súperman para todas las estaciones, escrita por Jeph Loeb, Birthright del guionista Mark Waid, y la etapa del dibujante y escritor John Byrne en los años ochenta.
Comparando a Batman con Súperman, es más interesante lo que ocurre en Ciudad Gótica que en Metrópolis. Batman ha tenido mil y una encarnaciones tanto en las revistas como en las novelas gráficas, en la televisión y en el cine, como si representase algo distinto para cada equipo creativo. Súperman, en ese sentido, sigue y probablemente seguirá atrapado por esa naturaleza de boy scout gracias a la que popularmente se lo describe como la personificación de los ideales de «verdad, justicia y el modo de vida americano» (en Ohio, el estado natal de sus creadores, se emitió una matrícula de autos con la «S» y dicho eslogan). Sin embargo, la primera versión del kriptoniano afincado en Metrópolis fue radicalmente distinta a esta idea. Apareció en el fanzine de ciencia ficción que publicaban los adolescentes Jerry Siegel (1914-1996) y Joe Shuster (1914-1992) como alternativa a la falta de trabajo en Cleveland, Ohio. En el tercer número de su fanzine, de enero de 1933, incluyeron un cuento escrito por Siegel e ilustrado por Shuster llamado «El reino de Súperman», donde un pobre diablo adquiría poderes de telepatía y se convertía en un supervillano, para luego perder las habilidades y volver a vivir de la caridad.
Siegel y Shuster eran compañeros de la secundaria y compartían la vocación por las revistas de historietas y de cuentos. Hacia 1934 a Siegel se le ocurrió reimaginar a Súperman como un héroe. Así realizaron la historieta The Superman, en la que no usaba traje y no tenía superpoderes. Tuvo mala suerte y no fue publicado, por lo que Shuster quemó toda la historieta salvo la portada.
Siegel buscó otro dibujante. Con Russell Keaton hizo una versión en la que Súperman era enviado a 1935 desde el futuro distante, porque el planeta estaba a punto de estallar, y adquiría sus poderes tras ser adoptado por los Kent. La historia también fue rechazada, Keaton se cansó y abandonó a Siegel. Esta historieta quedó olvidada y recién fue redescubierta en 2007 por los herederos del guionista Siegel volvió con Shuster y retomaron la idea con varios cambios. Nació el Súperman de Kriptón, el tímido Clark Kent, su colega Luisa Lane y el diario Daily Planet. Tampoco tuvieron suerte, por lo que desde 1935 a 1938 se dedicaron a vender historietas de aventuras y detectives. Recién lograron vender a Súperman en marzo de 1938 a la revista Detective Comics (en la que un año más tarde aparecería Batman) por 130 dólares. La costumbre de la época era que por ese dinero la editorial no solo compraba la historieta sino los derechos sobre los personajes. A esa altura, Siegel y Shuster no tenían forma de imaginar el destino de Súperman y se sintieron satisfechos de verlo publicado por primera vez en junio de ese año en el No. 1 de la revista Action Comics.
Las primeras andanzas creadas por Siegel y Shuster lo muestran más gráficamente tosco y hasta agresivo, atacando y aterrorizando a malos de todo tipo (mafiosos, políticos corruptos y golpeadores de mujeres), sin preocuparse demasiado por los daños causados por su superfuerza. Los códigos de conducta de Súperman recién se afinaron a lo largo de los años cuarenta, cuando el editor Whitney Ellsworth definió, por ejemplo, que no mataría.
MILLONES.
A pesar de haber hecho un par de intentos por recuperar la propiedad del personaje durante los años setenta, Siegel y Shuster fallecieron sin lograrlo. Luego la familia de Shuster accedió a recibir un pago de la DC a cambio de no volver a reclamar. En 2001 los herederos de Siegel aceptaron un acuerdo con la DC por el que recibirían un pago millonario y quinientos mil dólares anuales. A pesar de esto, en 2033 Súperman entrará al dominio público; pero solo lo hará el que apareció en el Action Comics No. 1, el que no volaba pero saltaba y que era superfuerte aunque carecía, entre otras cosas, de visión calórica. No deja de ser el mismo Kal-el que llegó desde Kriptón, fue adoptado por los Kent, se hizo periodista y al que su madre adoptiva le dijo que usara sus poderes para asistir a la humanidad. Tal vez ahí, cuando deje de ser propiedad corporativa, pueda renacer de verdad.
(EL PAIS, CULTURAL)







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