A los 70 años falleció Héctor Manuel Vidal, figura mayor de nuestro teatro

Héctor Manuel Vidal ha sido de los hombres del teatro uruguayo de más sólida formación, de más alto nivel presentado sobre un escenario, tanto actuando como dirigiendo, y de mayor trascendencia internacional. Había nacido en Las Piedras, Departamento de Canelones, el 26 de agosto de 1943 y falleció el pasado domingo, 12 de enero de 2014.

Hace ya algunos años, en su Diccionario de la Cultura Uruguaya, Miguel Ángel Campodónico lo presentaba con estas palabras:

Director y actor teatral. Realizó estudios en la Escuela de Arte Escénico del Club de Teatro, entre 1961 y 1963, dirigida por Roberto Fontana. Actuó en más de cuarenta títulos, siendo su primer papel protagónico el que realizó en “Papas fritas con todo” de Arnold Wesker, con la dirección de Antonio Larreta. En1969 dirigió “La víspera del degüello”, de Jorge Díaz, dentro del ciclo “nuevos realizadores” del Club de Teatro. A partir de 1974, adaptó y dirigió con distintos elencos, numerosas obras: “Wozzeck” (1974), “Rinocerontes” (1975), “Galileo Galilei” (1982), “Tierra de nadie” (1983), “Tirano Banderas” (1984), “La boda” (1986), “Los ciegos” (1992), “Rompiendo códigos” (1994, en setiembre de 1996 había llegado a las 300 representaciones), etc. Fue Profesor de Dirección de Actores en la Escuela de Cinemateca Uruguaya. Varias veces integrante de la terna el Florencio, obtuvo ese premio con “Galileo Galilei” 8mejor espectáculo 1982) y con “Rompiendo códigos” (mejor espectáculo y mejor dirección, 1994). “Galileo Galilei” se presentó en el VI Festival Internacional de Caracas. También lo obtuvo como mejor director por “La boda” (1986), obra que se presentó en Buenos Aires y con la cual hizo una gira por España (Festival de Cádiz, Madrid, etc.). En 1988 recibió el Premio Fraternidad que otorga la B’Nai B’Rith del Uruguay. En 1985 fue distinguido con el Premio Nacional de Teatro de Costa Rica, país en el cual estuvo contratado. Entre 1995 y 1998, fue el Director Artístico de la Comedia Nacional.

Algunas reflexiones suyas que nos ayudan a pensar la cultura y el país

Hace algunos años, al renunciar a la dirección de la Comedia Nacional, Vidal enviaba una carta abierta a los medios de comunicación en la que planteaba algunas interesantes reflexiones. Entre ellas decía: “La izquierda no debería desconocer el fracaso histórico del discurso que opone lo nacional a lo universal, lo culto a lo popular”. Tiempo después, en entrevista publicada en el portal www.socioespectacular.com, los periodistas le solicitan que profundice al respecto. Entonces Héctor Manuel Vidal expresa:

Bueno, son temores que la izquierda recrea al llegar al gobierno en muchos lados y uno, a veces, lo puede olfatear en algunos discursos. Yo creo que el país no tendría que pasar -aunque sea en forma liviana o caricaturizada- por cosas que el resto de la izquierda ya ha sufrido en el mundo: ese populismo (decir staliniano sería un poco excesivo) muy facilongo, donde se contrapone una cosa con la otra y que casi siempre va en forma ambivalente, también prestigiando figuras muy «culturosas». Es un ejemplo claro la política que se puede llevar con el Teatro Solís: «Yo lo llevo ahí para el prestigio social», o «lo llevo para el prestigioartístico». Esas definiciones clasistas. Ya es un teatro clasista, hecho de varios pisos, la platea generalmente se cobra más, el palco no sé cuánto, y por otro lado se dan criterios provincianos: artistas que quieren llegar al Solís: «me prestigio porque voy al Solís», «prestigio al Carnaval y le doy el premio en el Solís». Esto hay que ir erradicándolo. El precio en el Solís tiene que ser uno solo, de arriba abajo: que vea mejor el que llegó antes. Tratar de que vaya todo el mundo al Solís. Y ahí me adhiero a una frase de Nelly Goitiño que me parece maravillosa: «El Solís es un teatro para todos, pero no para todo». Cuando estábamos en la Comisión Artística del Solís, el criterio que intentamos manejar es que aquello que puede ir a otro lado, y que le va bien en otro lado, no tiene por qué ir al Solís. El ser humano elige los espacios. Difícilmente uno se le declare a una mujer a los gritos de punta a punta de la Plaza Independencia. Pero tampoco se hace un acto político en el fondo del Bar Mincho. Uno elige los espacios y los lugares para las cosas. Trochón, cuando fue a recibir el premio del carnaval del año pasado, dijo que estaba extrañando el aire libre y el chorizo al pan. Cada cosa tiene su templo, su lugar, su lugar de jerarquía y ese trasvasamiento suena a casi a aquella definición de El Hachero de qué era el guiso «el guiso es el pituco que la va de reo o el reo que la va de pituco». Y la confusión que existe sobre lo nacional y lo universal; es un país hecho de lo universal. La identidad es la suma de lo universal. El peligro de identidad pasa por los vecinos argentinos y no por los europeos. No tiembla la identidad uruguaya porque hagan dos obras de teatro alemanas, una francesa u otra inglesa. Tiembla en último caso cuando todos los chiquilines tienen la camiseta de Boca, y ya no la de Peñarol. Tiembla en una anécdota que me hizo Guerrero. Estaba trabajando en una empresa de iluminación y de armado de estrados y de espectáculos en la época que era presidente el Dr. Lacalle. Entonces, fue a Colonia. Se hacía un acto, el acto de Jura de la Bandera, y se le dijo a los niños que iba a ir el Presidente. Y los niños estaban con una excitación… Pero fue una decepción cuando apareció Lacalle, porque esperaban que llegara Menem. La identidad tiembla ahí. Realmente. Y es una cosa que la clase política no visualiza”.







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