Aleksandar Hemon, la guerra y el desarraigo. “La literatura no tiene fronteras”

(Publicado por el suplemento Cultural de El País).

El escritor bosnio, autor del famoso El proyecto Lázaro, dejó Sarajevo en 1992 cuando la guerra entraba a su ciudad. Desde Chicago ha escrito una elogiada obra en inglés sobre la caída de su país y sobre el desarraigo. En su último título, El libro de mis vidas, relata su vida entre dos culturas.
El único profesor que impresionó a Aleksandar Hemon (Sarajevo, 1964) terminó siendo un criminal. Se llamaba Nikola Keljevic y a fines de los 80 era uno de los más apasionados docentes de la Universidad de Sarajevo. Nadie citaba de memoria a Shakespeare en inglés tan bien como él. Hemon, por entonces un aspirante a escritor que se movía en el incipiente underground cultural de la Yugoslavia comunista, siguió tratándolo para hablar de literatura después de la universidad, hasta que los libros pasaron a segundo plano: Keljevic se convirtió en la mano derecha del rabioso nacionalista Radovan Karadzic y estuvo junto a él durante la Guerra de Bosnia cuando cometió el genocidio del que lo acusaron. Impactado, Hemon llegó a sospechar que, más que sus ideas literarias, lo que lo influenció de Keljevic fue su maldad.
«Yo le había creído al profesor Keljevic y creía que su enseñanza de la literatura estaba en el contexto de la literatura, pero el hecho de que se convirtiera en un fascista obviamente me hizo dudar de todo. Tuve que releer casi todo lo que me enseñó para intentar desaprender lo que me había enseñado», cuenta Hemon al teléfono, haciendo memoria de un período decisivo en su vida: esas relecturas las hizo en Chicago, Estados Unidos, donde llegó como turista en enero de 1992, pocos días antes de que la guerra abriera fuego en su barrio en Sarajevo. Iba por un mes, pero el viaje se extendió tanto que Hemon pasó a ser definitivamente un inmigrante. Demoró años en volver a su ciudad. Antes, se convirtió en otra persona.
En Chicago, donde vive hoy, Hemon también se convirtió en un verdadero escritor. Al estilo de Vladimir Nabokov, con el que se le ha comparado más de una vez, asumió el inglés como su voz literaria y en ese idioma empezó a escribir cuentos y novelas sobre el lento derrumbe de su país, el absurdo de la guerra y la diseminación de las identidades nacionales en el cambio de siglo. Temas pesados que él ha transformado en conmovedoras aventuras en libros como La cuestión de Bruno (2000), El hombre de ninguna parte (2002), El proyecto Lázaro (2008) y Amor y obstáculos (2010). Elogiado por la crítica, hoy es parte de una prometedora generación de escritores inmigrantes en Estados Unidos, entre los que también están Junot Díaz, Gary Shteyngart, Teju Cole y Daniel Alarcón. En su última públicación, El libro de mis vidas, Hemon suspende la ficción. Es una colección de artículos dispersos en revistas y otros inéditos que conforma un relato de su vida: desde su infancia en los 70 en una sociedad comunista hasta su vida actual en Chicago, traza la forzosa salida al mundo de un hombre que se crió en un país que ya no existe. Siguiendo el libro, Hemon fue un adolescente rebelde hipnotizado por el rock y el cine norteamericano, que aplanó las calles de Sarajevo describiendo sus rincones para una revista; también un ciudadano desesperado ante el avance de la guerra. En Chicago fue un extranjero desorientado, un jugador de fútbol en una liga de inmigrantes, un ajedrecista aficionado, el padre de una niña enferma, un escritor, etc.
«No sé cómo definir este libro», dice Hemon. «Churchill escribe memorias. Las celebridades escriben autobiografías y cuentan sus romances. Obviamente, estas historias y ensayos están basados en hechos que pasaron en mi vida, pero me gusta pensar que son cuentos verdaderos. En bosnio no hay palabras equivalentes para hablar de ficción y no ficción, no se puede hacer la distinción. Lo más cercano que puedo decir es que son cuentos verdaderos. Acá no invento nada. De fondo, está mi instinto de contador de historias que mueve todo mi trabajo», explica.
IDENTIDADES COMPLICADAS
Tan devoto de Danilo Kiš como de Patti Smith, Hemon pasó de los 80 a los 90 intentando levantar la cabeza en medio del control del Partido Comunista. Escribía cuentos contra la memoria de Tito que leía en la radio y, desde una revista de las Juventudes Socialistas, trataba de criticar a Milosevic y escribir con una actitud «rabiosamente urbana» sobre Sarajevo. «Trabajé como periodista y escribía una columna para una revista en donde recogía historias de la ciudad, leyendas, cosas que escuchaba. Algunas están bien, puedo leerlas sin avergonzarme. Pero mi ficción no era buena para nada. Era minimalista y depresiva», recuerda. A mediados de julio de 1991, Hemon volvió a Sarajevo después de ver en primera fila la caída de la Unión Soviética en Ucrania. En su ciudad se encontró con que la rara euforia que se había apoderado de sus habitantes ante la inminencia de la guerra se había apagado. La guerra ya estaba ahí: «Dominaba el miedo, la confusión y las drogas», cuenta en el libro. Aunque no tenía dinero, rechazó la oferta de un amigo para escribir en una revista pornográfica y prefirió irse a una cabaña de la familia en las montañas. Pasó casi cuatro meses allá arriba, tratando de escribir algo, pero sobre todo leyendo, escapando al fuego encendido en los Balcanes. Antes de hundirse en una depresión, sonó el teléfono: lo invitaban por un mes a Estados Unidos.
Obligado a quedarse en Norteamérica, Hemon fue de trabajo en trabajo, fue voluntario de Greenpeace, jugó ajedrez, supo que era de «la tribu de los desplazados» y paró de escribir. Volvió al hábito de la cabaña en las montañas: «Pasé tres años sin escribir nada, ni en bosnio ni en inglés. Simplemente leía. Esos fueron los años de la guerra. Y en esos años cambié y mi escritura cambió», cuenta. «Cambió mi personalidad. Me empecé a interesar mucho más en las otras personas y a escuchar lo que tenían que decir. Y también cambié de lenguaje, empecé a escribir ficción en inglés. Me convertí en una persona diferente», agrega.







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