Con la salteña Rosario Lázaro Igoa: “Siempre con una valija a medio hacer y libros por todos lados”

Hace poco tiempo, presentábamos a Rosario Lázaro Igoa (salteña de 36 años) con estas palabras: “Lo suyo es la narración de crónicas y cuentos, también el periodismo escrito y la traducción literaria. Es autora de dos libros, Mayito y Peces mudos”. En esa oportunidad prometimos (la estábamos coordinando) una entrevista con ella. Es la siguiente:

-¿Cómo te definirías según tus actividades? ¿Periodista… Narradora?
Depende del texto que esté trabajando en cada momento. El periodismo, la prosa, la traducción y la escritura académica andan cada vez más solapadas en lo que hago. Por eso, no sabría responderte con demasiado convencimiento.
-Sos salteña pero… ¿te sentís parte de algún barrio de Salto, escuela, liceo, o te fuiste muy pequeña?
A La Paloma nos fuimos cuando yo tenía menos de tres años. Sin embargo, hay dos cosas que me ligan a Salto. Por un lado, como creo tener una memoria prodigiosa, que falla más de lo que supongo, guardo recuerdos que parecen pertenecer a esa infancia temprana. Son imágenes repletas de cariño, en las que hay personas muy queridas y la preciosa luz de Salto. Y, por otro lado, tuve una infancia salteña invernal. Siempre volví a visitar amigos y parientes en las vacaciones de julio porque mi familia, por los dos lados, tiene lazos con Salto. Así que me acuerdo de las frutillas en pleno julio, de jugar entre los naranjales, del río crecido, de la casa de mis primos, de las milanesas de Lala, una de mis abuelas por elección, la otra es palomense.
-¿Dónde estás viviendo actualmente?
Hace diez años que vivo en Brasil, a donde vine a estudiar. Hoy me siento en casa acá. Igual, tanto por el trabajo de mi marido como por el mío, hemos tenido que movernos bastante y vivido en ciudades como Amberes, Pequín, Vancouver… Siempre andamos con una valija a medio hacer y libros por todos lados.
-Hablanos de cuáles han sido tus estudios…rli
Estudié Ciencias de la Comunicación y Letras, aunque terminé la primera de esas carreras nomás. Luego hice un postgrado en Traducción Literaria de lengua inglesa y vi que mi interés por las lenguas y por la literatura se podía juntar en la traducción. La Universidad Federal de Santa Catarina ofrecía una maestría en Estudios de Traducción y acá me vine en 2009. Terminé la maestría, seguí con el doctorado y ahora estoy ligada al programa como investigadora posdoctoral.
-¿Te interesa que tu trabajo pueda ser más conocido en Salto o tu mirada está en otros horizontes?
A decir verdad, cuando escribo no tengo en mente un lector específico. Tal vez por el hecho de trabajar con traducción, y de que me guste leer en varias lenguas, veo al acto de la lectura como algo no ligado a las pertenencias geográficas y lingüísticas. Sí considero que cualquier escritura es un intento de diálogo con una tradición, que en el caso de Salto tiene exponentes geniales, a quienes admiro profundamente.
-¿Por ejemplo?
Marosa y Quiroga, cada uno con sus particularidades, han sido lecturas a las que siempre vuelvo.
-¿Cuáles son tus inicios en las letras, ya sea traducciones, publicaciones de libros…?
En 2006, con un grupo de amigos del taller de Mario Levrero, publicamos una colección de libros en la que yo saqué Mayito. Luego seguí publicando cuentos en revistas y antologías, hasta que en 2016 publiqué Peces mudos, con (editorial) Criatura. Desde el 2009, escribo con más o menos frecuencia para La diaria, sobre todo crónicas, y ahora también para el portal Escaramuza. Traduje varias novelas de autores brasileros contemporáneos, y hace poco sacamos una antología de crónicas del modernista Mário de Andrade con la editorial Alter. Es un libro lindo, con ilustraciones de Martín Verges Rilla, una joyita. Y siempre estoy buscando nuevos cuentos para traducir en la revista Lento, que ha sido un lugar muy receptivo para estas y otras ideas.
-¿Y tus planes de futuro?
Leer y escribir cada vez más.
-Si tuvieras que presentar brevemente tus libros, ¿cómo lo harías?
“Mayito” es una oda rara a la melancolía. “Peces mudos” es una colección de cuentos que salieron a lo largo de casi diez años, por lo que hay variaciones en el tono. Son textos que exploran la relación entre lo humano y lo animal, las fronteras de lo animado y lo inanimado, el límite del recuerdo y la soledad como estado perpetuo de las cosas.
-¿Qué lecturas te han marcado y cuáles preferís hoy?
La obra de Carson McCullers fue una lectura muy decisiva, así como Alice Munro y Clarice Lispector. De los uruguayos contemporáneos, disfruto leyendo a Gustavo Espinosa. Leo mucha crónica, y creo que en eso Machado de Assis es un maestro. Y hablando de cruce de géneros textuales, en los últimos tiempos ando fascinada con Anne Carson.
-Contanos algo de tu amistad con otra artista salteña: Alicia Cano
Con Alicia somos amigas desde que ella nació, vino un año después que yo al mundo de Salto. Viene de lejos, porque nuestros padres son muy amigos también. Durante la infancia, nos veíamos en verano en La Paloma, y en invierno en Salto. Pero no nos quedábamos ahí. Para no perdernos de nada, Alicia empezó un intercambio de cartas durante el resto del año. Nos contábamos sobre la escuela, los viajes, los novios… ¡Tenemos un gran archivo de todos esos años! Nos reencontramos cuando fuimos a la misma facultad en Montevideo. A pesar de nuestros desplazamientos geográficos, siempre logramos coincidir para encontrarnos con tiempo.







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