Desde dos Presidentes de la República hasta otras varias personalidades y acontecimientos de nuestra cultura

Enero fecundo en recuerdos:

Solamente tres personas en la historia de nuestro país han ocupado por dos períodos el cargo de Presidente de la República: José Batlle y Ordóñez (1903-1907 y 1911-1915), Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000) y Tabaré Vázquez (2005-2010 y 2015-2020). Estos dos últimos nacieron en el mes de enero. Sanguinetti el 6 y Vázquez el 17. Sanguinetti en el año 1936 y Vázquez cuatro años después.

SANGUINETTI Y VÁZQUEZ Sanguinetti
Tabaré Ramón Vázquez Rosas es un médico especialista en oncología con prestigiosa trayectoria dentro y fuera del país. Primer presidente electo por el Frente Amplio, había sido anteriormente Intendente de Montevideo. Es el actual Presidente de la República y uno de los más fuertes líderes dentro de su partido. Julio María Sanguinetti Cairolo es abogado, historiador, periodista. Desempeñó diversos cargos de gobierno y es actualmente Secretario General de su Partido Colorado. Ambos son autores de importantes trabajos de investigación en el marco de sus Vazquezrespectivas especialidades, Vázquez en la medicina y Sanguinetti en historia contemporánea, vida y obra del pintor Pedro Figari, entre otros temas.

MÁS POLÍTICOS
Referentes de los dos partidos políticos fundacionales del Uruguay también son recordados en enero. Por un lado, Leandro Gómez, el caudillo blanco que falleció en Paysandú el 2 de enero de 1865, especialmente conocido por su heroica Defensa de Paysandú de 1864, al término de la que fue ejecutado (había nacido en Montevideo el 13 de marzo de 1811). También el 2 de enero de 1865 era ejecutado en la Defensa de Paysandú el caudillo blanco Lucas Píriz (había nacido en Entre Ríos el 18 de octubre de 1806). Por otro lado, algunos años antes, Fructuoso Rivera, el militar que fuera primer Presidente constitucional y fundador del Partido Colorado, fallecía en Melo: fue el 13 de enero de 1854 (había nacido el 27 de octubre de 1784 en Durazno).

OTRAS PERSONALIDADES DE LA CULTURA
Nacimiento de los poetas Enrique Estrázulas y Salvador Puig, el 9 de enero, de 1939 uno y de 1943 el otro; fallecimiento de Alfredo Zitarrosa el 17 de enero de 1989; “Batalla de Guayabos” o “Batalla de Arerunguá” con fuerte protagonismo de José Gervasio Artigas, que tuvo lugar el 10 de enero de 1815, fueron otros acontecimientos de destaque en este primer mes del año y que recordábamos en la edición del pasado jueves 16.

JULIO HERRERA Y REISSIG
Pero hoy queremos dar especial atención a uno de los poetas más importantes de nuestro país, cuya obra de alguna manera sentó las bases para la creación de muchas posteriores generaciones de artistas: Julio Herrera y Reissig. Nació en Montevideo el 9 de enero de 1875, es decir que se cumplieron 145 años, y falleció, también en la capital del país, el 18 de marzo de 1902.) Poeta iniciado en la corriente del Romanticismo, siguiendo los pasos de Rubén Darío, el nicaragüense tan admirado no sólo por él sino por todos los demás escritores de su generación, la conocida “Generación del 900” (época de oro de la literatura nacional): María Eugenia Vaz Ferreira, Delmira Agustini, José Enrique Rodó, el propio Horacio Quiroga y algunos más. El altillo de su casa, con el nombre de “La Torre de los Panoramas”, fue uno de los cenáculos literarios más importantes de los inicios del siglo XX. Allí funciona actualmente la Academia Nacional de Letras. Nada mejor que recordarlo con la lectura de algunos de sus versos, y mejor aún de los de su especialidad, los sonetos. Aquí van dos:

La vuelta de los campos
La tarde paga en oro divino las faenas.
Se ven limpias mujeres vestidas de percales,
trenzando sus cabellos con tilos y azucenas
o haciendo sus labores de aguja, en los umbrales.
Zapatos claveteados y báculos y chales…
Dos mozas con sus cántaros se deslizan apenas.
Huye el vuelo sonámbulo de las horas serenas.
Un suspiro de Arcadia peina los matorrales.

Cae un silencio austero… Del charco que se nimba
estalla una gangosa balada de marimba.
Los lagos se amortiguan con espectrales lampos,

las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas.
Y humean a lo lejos las rutas polvorosas
por donde los labriegos regresan de los campos.

La siesta
No late más que un único reloj: el campanario,
que cuenta los dichosos hastíos de la aldea,
el cual, al sol de enero, agriamente chispea,
con su aspecto remoto de viejo refractario…

A la puerta, sentado se duerme el boticario…
En la plaza yacente la gallina cloquea
y un tronco de ojaranzo arde en la chimenea,
junto a la cual el cura medita su breviario.
Todo es paz en la casa. Un cielo sin rigores,
bendice las faenas, reparte los sudores…
Madres, hermanas, tías, cantan lavando en rueda
las ropas que el domingo sufren los campesinos…
Y el asno vagabundo que ha entrado en la vereda
huye, soltando coces, de los perros vecinos.