El balcón

(Fragmento de un artículo)
Debió haber sido una habilidad personal, ya que siempre me esperaba a mí, que la traía. Aquella pelota hecha con trapo y papel, tenía una doble condición: que no saltaba arisca como la de goma, y no era inasible como la de fútbol auténtica; con la que, por lo demás, no se hubiera podido jugar allí, en plena calle…Pero saltaba, la pobre. Y cómo le dábamos cuantos aparecíamos diariamente, cinco, diez, quince, siempre los mismos, con algún agregado. Y Ñito, el peluquero, además. En su barbería, a unos pocos paso, teníamos a nuestro alcance…¡Caras y Caretas! Pasar detenidamente las hojas de esta revista, con dibujos en colores, cuentos, versos, de todo, constituía un embeleso.
Cuando no había cliente ni fútbol, Ñito, itálico sentimental, tocaba la mandolina. Valses, canciones lejanas y El Aeroplano, El Caburé, La Morocha. Su hermano, mayor algún año, y como él atildado en el vestir¸ era socialista…
Un socialista tumultuoso. En ristre la brocha, que no terminaba nunca de jabonar, toda la estructura económica del mundo tambaleaba allí, se resquebrajaba, caía junto al cliente que dejaba hacer. Abonados los quince centésimos, todo volvía a su lugar… (De “Estampas de Montevideo”, de Enrique Ricardo Garet).