El caso Sergio López: la intolerancia de ambos lados

Confieso que dudaba entre dos opciones sobre cómo iniciar esta reflexión. Una, diciendo que conozco (al menos en buena parte) la obra del Maestro Sergio López Suárez, narraciones y dibujos que con éxito han trascendido fronteras y que me parece muy valiosa; la otra, explicándole al Maestro que en nuestra Junta Departamental no hay ediles “rosados”; hay blancos, colorados, frenteamplistas y del Partido de la Gente, pero rosados no. Por lo primero, es que no me hubiera sorprendido, y nada tendría para decir en contra, si se hubiese aprobado su declaración como Ciudadano Ilustre; al contrario, como salteño me enorgullece que sus creaciones gusten tanto a los niños y sean distinguidas en diversos lugares, con premios y traducciones a varias lenguas. Por lo segundo (“Voy a recibir del Intendente el título que los rosados me negaron ayer”, escribió en Facebook el miércoles), debo decir que me parece una expresión despectiva, llena de ironía y desprecio, pero sobre todo irrespetuosa, con la que alude a ediles blancos y colorados que, guste o no, fue la población de Salto la que en elecciones democráticas les dio sus bancas. Y faltar el respeto a los representantes de un pueblo es faltarle el respeto al pueblo, en este caso a su propio pueblo, el de su ciudad natal, Maestro, y eso sí que no me parece prudente de parte de un Ciudadano Ilustre, o de quien pretenda serlo. Estos días repasaba los nombres de quienes recibieron tan alta distinción en Salto y pensaba qué bueno encontrar allí gente de distinta ideología política y que eso no hubiese provocado polémicas. No importó si eran de derecha, izquierda o antipolíticas. Como debe ser. Recordemos: Amalia Zaldúa en 2012, Ma. Irene Olarreaga en 2013, Edinson Cavani en 2014, Rodríguez Musmanno y Enrique Cesio en 2016 (ambos, además, reconocidos militantes del Frente Amplio), y Néstor Campos en 2017. Pero de ninguno de ellos escuché o leí, una vez siquiera, una expresión que faltara el respeto a Salto y sus representantes políticos. Por eso no comparto las palabras del Director de Cultura de la Intendencia en cuanto a que los ediles que no acompañaron la iniciativa lo habrían hecho únicamente porque Sergio López “era de otro partido político”. Además, si fuese así, razonemos: de un lado ediles no lo consideran Ciudadano Ilustre “por ser de otro partido” y del otro lado se agrede a esos ediles llamándolos “rosados”. O sea, “el peor síntoma de intolerancia”, como usted dice, Director De Souza, viene de ambas partes, ¿verdad? Lo cierto es que la nefasta rigidez de la polarización derecha-izquierda, que mucho daño le hace a la Cultura y a tantos ámbitos sociales más, tuvo una nueva exhibición en la noche del pasado martes. El Frente Amplio votó a favor de declarar Ciudadano Ilustre a Sergio López, el Partido Colorado y Partido de la Gente en contra, en tanto los ediles del Partido Nacional no se presentaron (mala actitud; creo que deberían haber estado y decir, en el momento y lugar que correspondía, cuál era su posición). Por otra parte, si asumiéramos que la Junta le negó el título sólo por diferencias políticas, ¿por qué no pensar que quienes lo postularon también lo hicieron por afinidad política y no por valorar su obra? ¿O acaso todos los que votaron en contra es porque desconocen la trayectoria artística de López y todos los que lo propusieron la conocen y valoran? No, no es así. Hay de todo en todos lados. De lo contrario, todos los cultos estarían de un lado y los ignorantes del otro. Es más, dos ediles que directamente dijeron no conocer al escritor, hasta hace poco tiempo pertenecían al Frente Amplio. En esa línea de pensamiento, ¿debemos entender entonces que mientras no se habían cambiado de partido eran cultos y ahora ya no lo son? Sí coincido con el Director de Cultura en que hubo “un daño a la institución Junta Departamental, a la escuela pública, la educación y la cultura en general”. Pero permítame decirle, De Souza, que las reales causas de este daño no son hechos circunstanciales como una sesión de ediles, sino algo mucho más profundo y grave: el nivel cultural cada vez más bajo de los políticos uruguayos, de todos los partidos. Dejemos un momento a un lado a Sergio López y preguntémonos cuántos integrantes de este gobierno de Salto (Intendencia y Junta Departamental), de todos los partidos, han leído en forma completa tres libros de Quiroga, de Amorim, de Marosa, de Garet. O cuántos reconocen pinturas de Arzadum, Lacy Duarte o Pepe Echave. Y eso es lo que debe preocuparnos. Pero volviendo puntualmente al tema que nos ocupa, es bueno recordar cómo se llegó a ese martes 29: fue luego de una “antesala” intensa, que duró varios días y que fue muy bien preparada, nada casual. “El mes del libro” y los 100 años de Cuentos de la Selva de Quiroga, vinieron como anillo al dedo. Actos aquí y allá, y en ellos lecturas y comentarios de textos de Sergio López una y otra vez, pero además su propia presencia en actividades en plazas, en centros educativos (escuelas, IFD), hasta hubo un “Homenaje a Horacio Quiroga y Sergio López” (a propósito, ¿no es también tarea de un educador ayudar a jerarquizar niveles, dar una justa dimensión a cada cosas y no mezclarlas como si fuera lo mismo?), sumemos a esto un mural de gran tamaño con la imagen de López que se pintó en la entrada de la Biblioteca Departamental. Y mientras todo esto transcurría, educadores y otros habituales promotores de lectura iban explicándole a los escolares (yo mismo escuché a más de uno) que tal día había que estar en la Junta, impecablemente vestidos, porque Salto le daría a ese ídolo cuyos cuentos venían leyendo (y caminaba entre ellos y les leía en voz alta y hasta podían tocarlo), el mayor premio que esta ciudad le puede dar a alguien. Qué triste, qué baja y ordinaria actitud la de hacer todo esto sabiendo (no suponiendo, ¡ya sabiendo!) que no se contaba con los votos necesarios. Hay quienes hablan de lo bochornoso de la “sesión en la que se iba a declarar Ciudadano Ilustre a Sergio López”. Pues no. Hay que decir “sesión en la que se sabía que Sergio López no iba a ser declarado Ciudadano Ilustre”. Entonces, ¿por qué armar todo esto que hasta algunos (con cierta razón) llamaron “circo”?, ¿con qué necesidad? Fue tal vez para dar lugar a otras explicaciones a los niños, como esta (que también escuché decir a una maestra): “y bueno gurises, no pudimos, los blancos y colorados no quisieron”. ¿Sería ese el porqué y la necesidad que nos preguntábamos líneas más arriba? Pero si es así, ¿dónde queda el respeto a la laicidad? Y en el hecho de llevar a la Junta niños de túnica y moño para “usarlos” con fines políticos, ¿dónde queda la ética? Al fin de cuentas, estas cosas ¿no son acaso una forma de presión? Esos niños quizás terminaron ese día desilusionados porque su ídolo no tuvo apoyo en esa “institución democrática”. Pero seguro más se desilusionarán el día que comprendan que en realidad fueron “usados” con argumentos (y fines) que se alejan de lo que debe ser una “vida democrática”. Y así termina la novela: Salto a medio camino, como queriendo quedar bien con dios y con el diablo. Su Junta Departamental dice no, su Intendente dice sí; su órgano Legislativo niega un reconocimiento, su Ejecutivo lo otorga.

Es cierto, Sergio, usted no necesita ese premio para seguir trabajando y seguir siendo el buen creador que es. Por eso es una pena que (aunque al salir de la Junta dijo estar “feliz”), a las pocas horas ya recurriera a redes sociales para volcar expresiones agresivas que, en vez de felicidad, reflejan resentimiento. En fin, ojalá podamos pasar rápidamente la última página de esta penosa novela.

Jorge Pignataro







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