El hallazgo de una reliquia: “Selecciones y cosas vistas”, de “Espadachín”

De Silverio Pascale, peluquero y escritor

Como valiosa señal o huella que queda de algo o alguien que ha pasado o desaparecido, como vestigio de época, persona o cosa pasada… Palabras más, palabras menos, algo así es la explicación que dan los diccionarios de lo que es una “Reliquia”. Es entonces en esa línea que consideramos una verdadera reliquia lo que hace unos días encontramos revisando estantes con libros viejos: un libro pequeño, de poco más de 30 páginas, de muy sencilla presentación, titulado “Selecciones y cosas vistas”, título al que acompañan el agregado de “Leyendas y anécdotas” y esta curiosidad: “Un libro para ser leído”. Dos cosas más dice la portada: “Única edición, 1974” y por supuesto el nombre del autor: Espadachín. En la primera hoja se lee una dedicatoria de puño y letra de su autor al Rematador salteño Jorge Alcides Pignataro: “Al amigo y buen rematador Jorge, este libro salteño, muy afectuosamente. S. Pascale – Dedicatoria1974”. Según información que nos brindara el Esc. Enrique Cesio, Director durante varios años de Diario EL PUEBLO y fino conocedor de la historia salteña, “Espadachín era el seudónimo de Silverio Pascale, un peluquero que atendía en un local donde está hoy la Óptica Lorenzo. En los primeros años de El Pueblo le publicábamos algunas de sus poesías”. Respecto al libro en sí, digamos que cuenta con 36 textos en prosa, a modo de breves reflexiones sobre los más diversos temas: arte y cultura, el salteñismo, el carnaval, el turismo, el oficio de escritor, y una larga lista de etcéteras. Entre tanto, también evoca a muchísimas personalidades, de Salto, de la región y del mundo: Catalina Harriague de Castaños, Eduardo S. Taborda, Carlos Gardel o Julio Verne, por nombrar tan solo unos pocos.

“La Filosofía de un Libro”: Así se titula el primer texto y es el siguiente: “Con este libro llego a ti, buen lector, con un mensaje de generosidad y ternura, como una lección de amor que es vida en tus años que llevas. Toma este libro para comenzar a leer. En cada página encontrarás un tema, el que será de tu comprensión, de halago de tu pensamiento que llevas para poder vivir todas las horas de tu vida”.
“Un fígaro que escribe”: Pero el texto que por su contenido más se aproxima a develar información sobre el autor que está tras el seudónimo “Espadachín”, es el que se titula “Un fígaro que escribe”, y dice en su parte medular: “…Fue en el Ceibal, el viejo barrio de los sauces con sus puentes y sus lagos, allá por el año 1921 en aquel barrio y en la calle Washington Beltrán había una barbería y un almacén, en la barbería trabajaba el fígaro atendiendo a los parroquianos de aquella época, cuando una tarde invernal fue un viejito para hacerse la barba, el fígaro con la cortesía que le caracterizaba lo atendió. Cuando terminó de afeitarlo el viejito le dice: -¡Usted no sabe a quién afeitó! -¡Seguramente que a un abuelo!, le respondió el fígaro. -¡Es verdad,soy abuelo!…pero un abuelo de la Patria…He sido un guerrero, y he luchado por esta patria que se llama Uruguay…El fígaro había servido a un patriarca, aquel abuelo se llamaba el Gral. Villar, combatiente soldado de la época. Esta fue la anécdota del fígaro…aquel fígaro se llamaba Silverio Pascale, el Espadachín salteño”.

Otros libros: Según hemos podido averiguar, este salteño llamado Silverio Pasacale y siempre con el seudónimo Espadachín, habría publicado varios libros más: “Soledad infinita” (editado en Buenos Aires en 1947), “El inmenso mar” (editado en Buenos Aires en 1950), “Una novela en un libro” (publicado en Salto, desconocemos en qué año) y dos ediciones de “Prosas salteñas” (publicados en Salto, 1969 y 1971).







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