El más uruguayo de los ritos cotidianos

Ofrecemos a continuación la segunda y última entrega de una crónica sobre “El Mate”, que nos enviara el periodista capitalino Alejandro Michelena, cuya primera parte fue publicada en edición del domingo próximo pasado.
El renacimiento del mate: El ritual del mate fue, por generaciones, un elemento social aglutinador. Las ruedas de mate al anochecer fueron tradición en nuestras viejas estancias; eran un pretexto para el diálogo moroso, para amenizar el juego de naipes, para escuchar más estimulados el contrapunto entre dos payadores.
Avanzado el siglo XX pareció que quedaba, al menos en Montevideo, limitado al interior del hogar. Pero desde los años ochenta el mate ha encontrado su espacio en las calles, las oficinas y los lugares de estudio. Se ha puesto de moda entre los jóvenes, revitalizándose entonces naturalmente la costumbre de beberlo.
Lo que no han cambiado son ciertas costumbres en torno a esta bebida en diferentes lugares. Por ejemplo: los porteños mantienen el agua caliente en «la pava» o caldera hasta el presente, mientras que en el Uruguay el clásico termo se usa desde hace muchísimo tiempo. Los mates riograndenses son bien grandes en todos los casos.
Los mates chatos, pequeños y redondeados -tan comunes en los años cincuenta-casi han desaparecido, siendo sustituidos por los porongos. Ahora también se usa muy poco la «virola», el aro de metal incrustado que bordeaba religiosamente la boca de todos los mates de finales del siglo XIX. Una novedad de las últimas décadas es el consumo público de mate amargo por parte de la mujer; hasta hace unos cuarenta años el llamado sexo débil mateaba en la casa, o a lo más en la vereda, y muchas veces consumía «mate dulce» (la misma infusión con el agregado generoso de cucharadas de azúcar; en muchos casos se utilizaba en lugar del calabacito un vaso o una taza).
Uruguay es porcentualmente el mayor consumidor de yerba mate del mundo. Como no la produce -ya no están aquellas plantaciones silvestres de la planta que don Isidoro de María ubicaba allá por Tacuarembó- exporta anualmente más de 200 mil kilos. El promedio del consumo anual per cápita es de siete kilos. Se está generalizando entre nosotros el agregado de yuyos medicinales a la yerba, al punto que ya se comercializan varias marcas previamente preparadas.
Alejandro Michelena
Bibliografía básica:
El mate de Fernando Assunçao. Editorial Arca, Montevideo, 1967.
El mate y nosotros de Rolina Ipuche Riva. Almanaque del Banco de Seguros, Montevideo, 1979.

Ofrecemos a continuación la segunda y última entrega de una crónica sobre “El Mate”, que nos enviara el periodista capitalino Alejandro Michelena, cuya primera parte fue publicada en edición del domingo próximo pasado.

El renacimiento del mate: El ritual del mate fue, por generaciones, un elemento social aglutinador. Las ruedas de mate al anochecer fueron tradición en nuestras viejas estancias; eran un pretexto para el diálogo moroso, para amenizar el juego de naipes, para escuchar más estimulados el contrapunto entre dos payadores.

Avanzado el siglo XX pareció que quedaba, al menos en Montevideo, limitado al interior del hogar. Pero desde los años ochenta el mate ha encontrado su espacio en las calles, las oficinas y los lugares de estudio. Se ha puesto de moda entre los jóvenes, revitalizándose entonces naturalmente la costumbre de beberlo.

Lo que no han cambiado son ciertas costumbres en torno a esta bebida en diferentes lugares. Por ejemplo: los porteños mantienen el agua caliente en «la pava» o caldera hasta el presente, mientras que en el Uruguay el clásico termo se usa desde hace muchísimo tiempo. Los mates riograndenses son bien grandes en todos los casos.

Los mates chatos, pequeños y redondeados -tan comunes en los años cincuenta-casi han desaparecido, siendo sustituidos por los porongos. Ahora también se usa muy poco la «virola», el aro de metal incrustado que bordeaba religiosamente la boca de todos los mates de finales del siglo XIX. Una novedad de las últimas décadas es el consumo público de mate amargo por parte de la mujer; hasta hace unos cuarenta años el llamado sexo débil mateaba en la casa, o a lo más en la vereda, y muchas veces consumía «mate dulce» (la misma infusión con el agregado generoso de cucharadas de azúcar; en muchos casos se utilizaba en lugar del calabacito un vaso o una taza).

Uruguay es porcentualmente el mayor consumidor de yerba mate del mundo. Como no la produce -ya no están aquellas plantaciones silvestres de la planta que don Isidoro de María ubicaba allá por Tacuarembó- exporta anualmente más de 200 mil kilos. El promedio del consumo anual per cápita es de siete kilos. Se está generalizando entre nosotros el agregado de yuyos medicinales a la yerba, al punto que ya se comercializan varias marcas previamente preparadas.

Alejandro Michelena

Bibliografía básica:

El mate de Fernando Assunçao. Editorial Arca, Montevideo, 1967.

El mate y nosotros de Rolina Ipuche Riva. Almanaque del Banco de Seguros, Montevideo, 1979.