El padre de la ciencia uruguaya y notable pedagogo en una obra que lo acerca a las nuevas generaciones

«A Clemente Estable lo hemos olvidado»

(EL PAIS CULTURAL)

Hay un edificio sobre la Avenida Italia de Montevideo en el que se busca entender el orden de la naturaleza. Lleva el nombre del padre de la ciencia uruguaya, Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable. Un nombre que, de tan reiterado, es casi un mito. Y los mitos, como en todo país pequeño, pesan demasiado. Pocos saben, por ejemplo, que detrás del gran científico había un maestro. Sí, era maestro de escuela. Dato que podrá provocar desconcierto sobre todo en los más jóvenes que hoy ocupan su tiempo en el Fortnite (video game) o en atender a sus pares en redes sociales. alberto saez y Clemente estable

Pablo Casacuberta (Montevideo, 1969), hombre múltiple como pocos, lo intuyó. Es un uruguayo distante de la época de Estable que va con naturalidad de la narrativa a la música, de la gestión cultural a la realización de videos publicitarios, pero que creció en un ámbito familiar donde lo científico importaba. Interesado en el viejo científico les quiso contar a los más pequeños y jóvenes quién fue Clemente Estable, por qué tanto de lo que somos se lo debemos a él. Eligió el cine documental. Tras una dedicada investigación y un trabajo de producción sorprendente, los uruguayos pudieron ver a mediados del 2018 el documental Clemente en salas que, en pleno Mundial de Rusia 2018, se vieron colmadas, desplazando en la taquilla a producciones que trataban de fútbol.
—¿Cuándo pensaste por primera vez en la idea de este documental?
—Surgió recorriendo el Museo Pedagógico. Vi en qué medida la enseñanza de la ciencia fue durante un largo tiempo un compartimiento estanco en nuestra pedagogía. Una asignatura. Algo que dura hasta la actualidad en alguna medida, cuando en realidad la ciencia está en todos los procesos sociales. Casi todos los objetos que tocamos han sido influidos por conocimiento científico. Todos los medios de comunicación que utilizamos son el resultado del trabajo científico. Sin embargo no lo pensamos así.
—Clemente Estable entonces…
—Es un personaje que a mí me interesó por muchas razones. Primero porque influyó en la vida de mi familia, ya que mi madre decidió ser científica luego de escuchar a Clemente Estable dar una charla en su liceo. Por eso hizo preparatorios de Medicina, y por eso conoció a mi padre. En buena medida yo soy una consecuencia indirecta de una charla de Estable. También me interesaba el hecho de que vivió en una época en donde la brecha entre ciencias y humanidades tenía muchísimos más puentes tendidos que los que existen hoy en la cultura contemporánea.
—La época de Vaz Ferreira.
—No sólo Vaz Ferreira sino también una plana científica que tenía mucha preocupación por lo social. Estable, Maggiolo, Massera…

—Aquella nación era consciente de los problemas que la comunidad debía enfrentar y resolver.
—Claro, y que la ciencia no surge en el vacío, sino en el contexto social.
—Donde la acumulación de conocimiento permite a la comunidad dar el salto.
—Podés rastrear que casi todas las revoluciones sociales han estado vinculadas a cambios en las dinámicas de acceso al conocimiento. Entonces hoy estamos atravesando un período en el cual la sociedad no logra incorporar como parte de su patrimonio el conocimiento reciente o académico. Tendemos a ver la cultura solo como el conjunto que se produce entre las artes y las tradiciones. Es como si hubiéramos —de alguna manera— establecido un paralelo entre identidad y tradición.
Es decir, como si entender nuestra identidad fuera comprender lo que hemos sido en lugar de lo que somos, algo que incluye no solo el conocimiento reciente sino también el conocimiento exógeno, lo mucho que nos influye a los uruguayos lo contemporáneo internacional, la inmigración, nuestra propia emigración. Seguimos tratando de explicar el Uruguay en términos gauchescos sin darnos cuenta de que hay una cantidad de incorporaciones recientes al panorama de la cultura que lo determinan, mucho más que la tradición.
—Clemente Estable es, entonces, hijo de una época diferente a ésta.

—Es un sujeto que viene de una familia que tiene una interacción cultural pero no un verdadero background cultural. Se trata de una familia de labradores, inmigrantes italianos. Que eran, por lo que se sabe, analfabetos, y que siempre tuvieron la intención de que sus hijos progresaran. De hecho no hay una presión pero si un marcado interés, manifestado de forma diaria, por constatar ese progreso.
Clemente y algunos de sus hermanos estudian magisterio, que era el acceso a la cultura para un sujeto nacido en las condiciones en que nació Estable. Un período, además, de particular florecimiento del magisterio en Uruguay, se estaba diseñando, todavía estaba en barbecho.
La pedagogía en el mundo estaba en un período experimental. Estable se empapó de esos desarrollos e ingresó a la ciencia preguntándose de qué manera, al estudiar el sistema nervioso y la cognición, se podía seguir un camino para desentrañar los mecanismos del aprendizaje.
Si uno sigue el derrotero vital de Clemente Estable, hay una gran continuidad en todos sus intereses. Un individuo que no sentía que estaba haciendo un abordaje multidisciplinario, a pesar de que la época era particularmente dada para unir disciplinas. Pero él siempre estuvo interesado en lo mismo: entender el aprendizaje desde una perspectiva social, cultural, material, neurológica.

INGENIERO DE LAS INTERACCIONES
—Pensar el aprendizaje… ¿cómo te influyeron las ideas de Clemente Estable, las referidas a su forma de pensar el aprendizaje, a la hora de pensar tu documental?
—Es gracioso porque los documentales por una parte se piensan y por otra te ocurren.
El proceso es producente, hay una erosión que el propio material le produce a tu manera de pensar. Yo partí de una figura muy estatuaria y me encontré con un sujeto sustancialmente humano que debió navegar en una época muy llena de prejuicios sociales, y muy difícil. Al mismo tiempo fue un sujeto que vivió en un Uruguay que tenía una mayor disposición para apreciar los logros de sus creadores. Un país que tenía cenáculos literarios y en el que había muchísimo intercambio entre las personas que estaban generando conocimiento.
Entonces me encontré con un personaje muy humano, con elementos muy entrañables que me parece que en el documental emergen una y otra vez.
Porque Estable fue, sobre todo, un ingeniero de las interacciones, un sujeto que generó las estructuras necesarias para que su proyecto científico y pedagógico pudiera florecer. Además de un investigador fue un hacedor.
—Un hacedor íntegro, pues la idea de la conexión neuronal que él desarrolla se puede trasladar perfectamente al plano de las interacciones socioculturales.
—Exactamente. Él es un generador de redes de conocimiento.
El propio Clemente Estable es un nodo para esas interacciones.
En el documental se habla mucho de cómo él servía de vínculo entre científicos. Por ejemplo conectaba dos experimentos en áreas que en apariencia no tenían nada que ver dentro de la ciencia, pero él veía lo que tenían en común. Entonces nucleaba a los científicos de ambas áreas, los hacía dialogar.
En ese sentido es increíblemente contemporáneo. Está adelantado a su época cincuenta, sesenta años.







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