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El primer humanista del arte, no era un bruto genial como dijeron Ortega y Gasset y la Generación del 98 era más que eso

Goya revisado por Todorov

Dos de los artistas más importantes de España, Miguel de Cervantes y Francisco de Goya, fueron mitificados para la posteridad como figuras representativas de una suerte de genio nacional. Esa construcción consiguió ocultar y aun menospreciar a los seres que realmente fueron: personas preocupadas por su sociedad, conscientes de las ideas más avanzadas de su época y sensibles a los padecimientos de su pueblo. La Generación del 98 caracterizó a Cervantes goya [1]como un «ingenio lego» al que el alma de la nación habría dictado una obra superior a su talento. Contra esa opinión fuertemente establecida, Américo Castro publicó en 1925 un ensayo llamado El pensamiento de Cervantes en donde demostró que el Quijote, tanto en su concepción como en algunas de sus mejores páginas, manifestaba una gran familiaridad con las ideas de Erasmo de Rotterdam, perseguidas por entonces en España. Cuando Cervantes escribió el Quijote a principios del siglo XVII, los seguidores de Erasmo encarnaban una alternativa ideológica contraria a la corriente autoritaria según la cual la religión del soberano determinaba la de los súbditos. Eso amparó en España la represión y los atropellos del poder político en unión con la iglesia católica, de los que se cree que Cervantes, de origen converso, fue una de sus víctimas. Ortega y Gasset también describió a Goya como a un bruto genial. El filósofo que elogiaba a las élites y fustigaba a las masas opinaba que el pintor practicaba su arte como un «obrero manual» y que sus escritos se asemejaban a «los de un ebanista». Esa imagen de Goya encontró asidero en el pensamiento nacionalista español y en la cultura dominante hasta mucho después de terminada la dictadura franquista.

El giro crítico llegó con Tzvetan Todorov en 2011 cuando publicó Goya. A la sombra de las luces, que se acaba de reeditar. El lingüista, teórico de la literatura, historiador y filósofo búlgaro revela en este estudio las ideas de la Ilustración que subyacen en la pintura de Goya, sin las cuales no es posible comprender en profundidad la dimensión de su obra en la historia del arte. A diferencia de Ortega, Todorov distingue en los escritos y en su pintura el esbozo de un proyecto artístico que observa los acontecimientos turbulentos de su época desde la perspectiva de unas ideas bajo sospecha o tan perseguidas como lo fueron las de Erasmo en tiempos de Cervantes.

MONARQUÍA ILUSTRADA

La instalación de los Borbones a principios del siglo XVIII en el trono de España fue acompañada por una voluntad de modernización y una cierta apertura a la Ilustración. Goya asimiló esas ideas, aunque no sin una elaboración propia que fue más allá de lo ideológico y que lo llevó a volcar en su obra la empatía por el sufrimiento de los pobres y los marginados, así como la sátira y la condena de las crueldades a las que eran sometidos.

Con la Restauración absolutista, luego de la ocupación napoleónica, se generaliza el nombre despectivo de «afrancesados» para referirse a quienes hasta la Revolución de 1789 eran llamados «ilustrados». El término buscaba convertirlos en cómplices de los crímenes del ejército de ocupación y de la imposición de José Bonaparte en el trono de España, e incluía una advertencia: al igual que en Francia, las ideas ilustradas llevaban a la subversión del orden monárquico tradicional. Los absolutistas recurrieron a una reivindicación ideológica de la monarquía anterior a la llegada de los Borbones en 1700. Esta visión auspiciaba la unión indisoluble del poder político con el catolicismo y el retorno al autoritarismo que ya no tenía por enemigos solo a judíos y musulmanes, o a luteranos y calvinistas, sino también a los ilustrados «afrancesados».

Si tanto la Generación del 98 como Ortega no vieron contradicción entre su admiración por Cervantes y por Goya y el menosprecio de sus talentos, es porque el orgullo nacionalista se los exigía. Dado que las obras de esos dos artistas trascendieron fronteras y se volvieron universales, reivindicaron en ellas la gloria española. Pero la paradoja es que esas obras estuvieron inspiradas en corrientes ideológicas que el orgullo nacionalista consideró ajenas y enemigas del pasado español.

OSCURANTISMO Y RAZÓN
Como apunta Todorov en su ensayo, ciertos hechos y circunstancias sucesivos en la vida de Goya la enfermedad que le produjo la sordera, la relación amorosa y su ruptura con la Duquesa de Alba y la rebelión popular contra el ejército invasor napoleónico lo llevaron a producir una serie de obras que no pinta por encargo sino por una necesidad interior. Esas obras, como es el caso de Saturno devorando a su hijo, el Duelo a garrotazos, los fusilamientos del 3 de mayo o algunas de las que integran sus series de aguafuertes en Los caprichos, Los disparates o Los desastres de la guerra, se convirtieron en íconos del arte universal.

Lo original del estudio de Todorov no estriba en la búsqueda de interpretaciones, sino en la identificación de los presupuestos artísticos e ideológicos desde los que Goya realizó esos trabajos. Su hipótesis es que bajo el influjo de las ideas de la Ilustración Goya se convirtió en un humanista en el sentido que ese término adquirió en el siglo XX, en un artista cuya conciencia llegó a estar adelantada más de un siglo a su época. La ambigüedad de la leyenda que Goya pone al pie de uno de Los caprichos más conocidos,
El sueño de la razón produce monstruos, es reveladora. Es posible que la alegoría del pintor no pretendiera más que representar el hecho de que, en ausencia de la razón que invocaban los ilustrados, las fuerzas del oscurantismo se apoderaban del mundo. Sin embargo la evolución de los acontecimientos cargaría de sentido otra interpretación que hizo de Goya un precursor de las tesis que expusieron Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración. Ambos sostienen que es cierto que las fuerzas del oscurantismo se apoderan del mundo si la razón se duerme, pero la descripción de la relación entre oscurantismo y razón no es completa si no se advierte que también la razón puede producir fuerzas que hagan triunfar de nuevo al oscurantismo.
Después de todo las guerras europeas de Napoleón y la misma invasión de España estuvieron inspiradas en los ideales universales que propuso la Revolución Francesa como heredera de la Ilustración.

ÍCONOS
Más que los ideales, lo que pesa en la conciencia humana son los medios empleados para llevarlos adelante. El humanismo de Goya lo lleva a equiparar las acciones del ejército francés y las de los resistentes españoles, algo que es evidente en algunas estampas de los desastres de la guerra. Su posición, según Todorov, habría sido la de condenar los medios utilizados por ambos bandos.
(EL PAIS CULTURAL)