El teatro total de Enrique Permuy en Salto

Por Salomón Reyes, director y guionista

Alguna vez, Enrique Permuy hizo desaparecer de forma mágica a Florencio Sánchez casi delante de todos los espectadores. Desde entonces tuve la impresión que Permuy era un director misterioso, audaz pero sobre todo inconforme. Un creador que por supuesto no considera al texto dramático como el único motor estilístico y creativo de la puesta en escena. Un militante del riesgo.Otelo_Afiche_BN
Me acerqué a su último trabajo, como un animal hambriento, entre las opciones teatrales que tenía esa noche, su Otelo tanguero era la opción que más olía a carne fresca.
Nos acomodamos en un espacio panóptico tipo arena, sin escenografía ni decorado, donde los espectadores sentados en círculo de dos hileras de sillas, nos veíamos la cara. Detrás nuestro, estábamos rodeados por unas paredes blancas también circulares que provocaban un espacio limitado y semi privado. Eso era todo, Permuy apostó al espacio limpio que no vacío.
En un primer momento, no me impresionó ver aparecer dos actores-bailarines interpretando tango, ya el nombre de la obra me lo había anunciado. Pero lo que hacían los actores-bailarines, Esteban Cortéz y Virginia Arzuaga, no sólo era tango. Su evolución física-rítmica iba más allá, había una postura corporal transgredida, un acompañamiento que sobrepasaba la milonga y lo llevaba a un lenguaje rasante con el body contact o a los tocs de los acentos físicos del teatro del cuerpo. En todo caso, aquello era un tango electrizado muy erógeno.
A partir de ahí, la puesta nos va dejando caer sorprendentes pedazos de síntesis dramática. Permuy nos regala la esencia temática de Otelo pero usa la letra como un pretexto para escarbar también en nuestros miedos contemporáneos, en especial en la inseguridad de la ciudad y los feminicidios.
Las paredes blancas circulares se convierten en multipantallas del comando central de vigilancia urbana. Desde ahí, un Otelo eficaz, rastrea los videos de la real delincuencia que hemos visto en infinidad de informativos nacionales. Pero también las pantallas sirven para comunicarse con el tortuoso Yago que desde su posición privilegiada creará el complot para envenenar de celos la mente de Otelo y que culminará con el asesinato de Desdémona, su seductora esposa bailarina de tango.
La tanguedia es un ejemplo de teatro multilenguaje de esos, que cuesta trabajo sincronizar y equilibrar en su contenido. De esos también que son infrecuentes en el teatro uruguayo. Los dos intérpretes fingen muy bien la interactividad en tiempo real con la multimedia que posee una excepcional calidad. Los puntos centrales de la obra se han sintetizado en las coreografías y los diálogos, han quedado reducido al concepto útil en aras de una puesta ágil y fluida a prueba de cualquier público. Por si faltaran recursos, Permuy se permite introducir el inglés como forma de hacernos recordar el origen shakesperiano de la obra. No usa el acento ‘british’ pero queda claro el efecto bilingüe y sonoro que quiere producir. Por último la música que se transmite de forma envolvente casi por detrás de nuestras espaldas en una especie de surround milonguero.
Cuando termina el espectáculo hay una confusión en el público, los que se quieren parar y aplaudir y los que no, porque han quedado sentados apabullados de emoción.
Es un privilegio presentar este espectáculo en Salto, en un momento en donde la ciudad pareciera estar tomada por la delincuencia. En todo caso el teatro siempre salva.
10 de Abril 2017 / 22 de Noviembre 2017







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