Entre Enrique y José Enrique hasta “pa‘ la confusión se prestó”

Julio, mes de Amorim y Rodó

Enrique Amorim nació el 25 de julio de 1900 y murió el 28 de julio de 1960. Por eso Julio es su mes. Es verdad, no hay que esperar un mes especial para conocer un autor: el disfrute de la lectura nada sabe de fechas. Pero no menos verdad es que hay fechas que pueden ser buenas excusas. Y Julio puede ser una oportunidad para conocerlo mejor. En ese sentido, claro que lo más recomendable es leer algunas de sus tantas creaciones. Pero también puede ser una buena ocasión para conocerlo a través de la mirada de otros destacados intelectuales que se ocuparon de estudiar su obra. Por eso hoy queremos recomendar el libro “Enrique Amorim – Enfoques críticos”
(Editores Asociados, Rodó
Montevideo, 1990), compilación de ensayos sobre la obra del escritor salteño realizada por Álvaro Miranda Buranelli y Carlos Nodar Freire. Hay allí ensayos de uruguayos y de extranjeros: Zum Felde, Serafín J. García, Sergio Visca, Ángel Rama, Mario Benedetti, Emir Rodríguez Monegal, Hugo Rodríguez Urruty, Mercedes Ramírez y Jorge Albístur, integran la sección “Amorim visto por los uruguayos”, en tanto trabajos del chileno Ricardo Latchman, de los argentinos Jorge Luis Borges y Héctor P. Agosti, y de Hortensia Campanella componen la sección “Amorim visto por los extranjeros”. (Si bien Campanella es uruguaya, integra esta sección porque se toma en cuenta aquí un trabajo suyo escrito en inglés). Para conocer mejor el propósito del libro, transcribimos palabras de los propios compiladores: “Se ha propuesto el múltiple enfoque crítico y, en ese sentido, hemos atendido a un espectro generacional que refleja la visión crítica que, de este autor, viene trazándose desde la Generación el Centenario, pasando por la Generación del 45 hasta los aportes que introduce la Generación del 60 en el panorama crítico general de la literatura uruguaya y específico de la literatura de Amorim (…) Hemos podido descubrir alguna curiosidad extra como la polémica, casi inédita, Amorim – Macedonio Fernández que aclara aspectos interesantes de las respectivas estéticas de ambos escritores (…) Este trabajo espera lograr una atención más despierta, mejor dispuesta, hacia nuestros propios escritores, muchos de ellos valiosos por cierto y, frecuentemente, injustamente relegados. Es el deseo de leer, de re-leer a Enrique Amorim el que debe emanar del conjunto de textos aquí reunidos. Para empezar a hacer justicia a tantos escritores nuestros que han realizado una obra que demanda nuestra más firme consideración”.
Y UN DÍA COMO HOY NACÍA RODÓ
El 15 de julio de 1871, en Montevideo, nacía el escritor José Enrique Rodó. El año pasado mucho se habló de él pues se cumplió el centenario de su muerte (1 de mayo de 1917). ¡Y vaya que estamos aquí ante un escritor que merece la pena leerse, releerse, reinterpretarse y revalorizarse! Queda hecha la invitación. En tanto recordemos que Salto le rinde tributo con una avenida y una escuela (la Nº 98) que llevan su nombre y que fue la primera ciudad del país en dedicarle un monumento, el Obelisco.
Entre “Enrique” y “José Enrique” fue la confusión: Ya que en la página de hoy nos ocupan dos escritores llamados Enrique, vemos propicia la ocasión para compartir una anécdota casi tragicómica. Sucedió hace algunos años, en el acto en que se dio oficialmente el nombre “Enrique Amorim” a la biblioteca del Liceo Nº 2, antigua casona de Avda. Paraguay, emblemática construcción del populoso Cerro. Luego de entonar el Himno y cumplir con el resto del protocolo habitual, se procedió a descubrir la placa con el nombre, ubicada a la derecha de la puerta principal. Es ahí cuando las autoridades, con gran solemnidad y varias cámaras fotográficas alrededor, quitan la bandera que la cubría y, ¡oh sorpresa!, para enojo de algunos, vergüenza de otros y asombro de todos, la placa no decía “Biblioteca Enrique Amorim” sino “Biblioteca José Enrique Amorim”. ¿La confusión habrá venido por Rodó? No se sabe. Lo cierto es que la placa nunca se cambió sino que se procedió al día siguiente a borrar la palabra “José”.
La marca (el espacio vacío) quedó, y permanece hasta hoy como evidencia de aquel error. Postal aparte constituyó un personaje popular de la zona, que acostumbra andar con algunas copas de más encima, que se mantuvo firme todo el acto y al final se retiró, tambaleando, sacudiendo la cabeza y gesticulando con las manos al tiempo que repetía: “y bueno, ¿qué vamo‘hacer? … se prestó pa‘ la confusión… se prestó pa‘ la confusión”.







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