GRUPO LITERARIO HORACIO QUIROGA

VENENO

Una de las copas de cristal estaba casi repleta, la otra, horizontal e inmóvil, vertía todavía algunas gotas de líquido. El mantel blanco, apelotonado en un bulto cargado de platos sucios, tenedores y restos de comida, frutillas, chocolates y servilletas con rastros de labial, absorbía los restos del vino envenenado que se abría camino directamente hacia el precipicio del borde de la mesa y que moría en el piso de mármol. La mancha del líquido descansaba sobre las baldosas apenas veteadas como un mar rojo, playo y quieto; un cuerpo, acantilado que formaba la costa donde terminaba el charco del cabernet contaminado y una cartera, peñasco que rompía la monotonía de aquel paisaje. Dentro de la cartera el frasco vacío de un antídoto ya bebido y la advertencia de un amante en una carta. Un par de zapatos golpeteaban el silencio del aire con aroma a rosas y un grito ensayado pedía auxilio a destiempo de una actuada muerte. Un hombre, enfermo de celos, corría y pensaba “Si no es mía no es de nadie”; y una mujer acostada en el piso, conteniendo la respiración, esperaba el momento indicado para escapar.

Juan Pablo Nickleson







El tiempo

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