Homenaje al padre, en versos de Marosa

Hoy es el Día del Padre. El homenaje de esta página de EL PUEBLO son estos versos, de la más trascendente poeta de Salto, Marosa di Giorgio, extraídos de su libro “Clavel y tenebrario” (Editorial Arca, 1979).

Papá
Santo, Santo,
vuelve hacia nosotras
tus ojos santos,
tiéndenos las manos sagradas,
mira que quedamos sobre la tierra,
abandonadas.
¿Cómo serán estas cosas, ahora,
a tus ojos?
Tú que mirabas, tan dulcemente,Marosa
adentro de los ojos.
Ahí va el instante aquel
cuando saliste de nuestra casa
sin poder volver.
Los días del hospital.
¿Dónde estabas, Sagrado Corazón,
ya, que él a ti, miraba?
¿Dónde tu rosa insigne
que ampara a todos, por igual?
Tengo la tarde amarilla
en que, allá, se reunió, por última vez,
la familia.
Y la tarde amarilla
de la agonía.
Y el velatorio
con los cirios de librium
y los jazmines.
Y, ahora, ¿qué pasa, oh, Dios,
a veces, creo oír, cerca,
tus mágicos violines
y a veces, me parece
que no hay nada.
Sólo esa cosa blanca,
desesperante
y encantada.

Papá
recuerdo los trigos azules que plantaste,
las habas de moño blanco,
los nardos, de rosada lengua,
las estrellas que acompasaron tu paso cuando arabas por las noches.
Tú, el arado, los bueyes, siempre llevaban
pájaros en la espalda y en la frente; el grupo avanzaba,
descomunal, bajo las enormes estrellas que dejaban en el suelo una mancha blanca y una mancha negra.

Las siembras crecían rápidamente.
En pocas horas, los trigos tenían ramas
y unas flores rojas y azules como fuegos, todas en la misma rama;
el haba daba su pastilla negra y su mosquitero blanco;
el nardo erguía la nevada vara todo colmada de sexuales lenguas.

Tu siembra era fugitiva y eficaz.
Y así volvías a la oscura casa.
Y veía cómo te quitabas la capelina que te protegía de la luna, y el mantón de paja.

Papá
Esta mañana voy a recordarlo todo,
y, por sobre todo,
la vid azul,
los blancos habares,
por donde transitabas,

escondido y deslumbrante como Dios.