Mi familia

(Fragmento de un capítulo)
Nuestros hijos nos pedía el sol y el sol le bajábamos.
Eran dos buenos hijos, nosotros estábamos orgullosos de ellos. Constituíamos una familia feliz, así como en nuestra relación de pareja. Pablo se cuidaba mucho y trabajaba su físico con pesas y remo, preparaba licuados de frutas con huevo crudo –que yo detestaba- y eran tan deliciosos que me los hacía tomar convenciéndome que no tenía huevo.
Con su amplia sonrisa me decía tomate un vaso mamá que a este no le puse huevo.
Era algo realmente rico. Entonces, al terminar de beberlo, él soltaba una carcajada, viste como comes huevo crudo y no te da asco.
Cuando cumplimos las Bodas de Plata con Roberto hicimos una gran fiesta. Todavía éramos una familia bien ensamblada y nos amábamos con locura, pero comenzaron a asomar los problemas. Por ese entonces Pablo conoció a una chica. Poco después nos enteramos que ella estaba esperando un hijo de él. Ese niño llegó a ser la locura de toda la familia.
Pablo lo reconoció pero no quiso casarse, ya que había sido fruto de una noche de relación intempestiva por parte de los dos. Pero ese hijo nacido luego de la inconciencia de una noche fue clave en la vida de mi hijo y de todos nosotros… (De “Ya no rugen los leones”, de Sonia Rodríguez Bentancour).







Recepción de Avisos Clasificados