Muestra sobre principales bandas de rock del Uruguay fue postergada para el jueves próximo

Celebrando el 10º Cortocircuito el próximo jueves 29 de abril a las 20 horas se inaugura en el Mercado 18 de Julio la muestra “20 bandas orientales del siglo XX”. Esta muestra es organizada por el Centro Cultural de España y el Departamento de Cultura de la Intendencia de Salto y en principio se había anunciado para la presente jornada.
La curaduría de la misma estuvo a cargo de Fernando Peláez, y consiste en una muestra sobre algunos hitos de la historia del rock uruguayo y las principales bandas uruguayas de todos los tiempos.
Los fanáticos del rock nacional podrán apreciar carátulas de discos, fotos, afiches, volantes, de grupos y eventos. Entre las bandas que se destacan se encuentran Los Iracundos, Los Shakers, Los Mockers, Tótem, El Kinto, Génesis, Psiglo, Opa, Opus Alfa, y entre las más recientes en el tiempo: Los Estómagos (después convertidos en Buitres), Los Traidores, Los Tontos, el Cuarteto de Nos, La Tabaré, Peyote Asesino, entre otros.
En una nota publicada por Alexander Laluz en el diario El País, señalaba “en materia musical es muy difícil marcar con precisión «científica» el comienzo o el agotamiento de un movimiento o tendencia. Los mojones que suelen usarse para delimitar esas porciones de tiempo aproximadas suelen ser los discos, los afiches, programas de mano, o crónicas periodísticas. Sin embargo, los límites así definidos siempre son elásticos, y a veces demasiado.
A través de una monumental investigación histórica, y una gran vocación musical, Fernando Peláez logró sortear estos problemas (o desafíos) y reconstruir, y con mucha precisión, los movimientos que fueron jalonando la conformación de un rock con perfil uruguayo. Los dos tomos de De las cuevas al Solís (Perro Andaluz, 2002 y 2004) son los resultados de ese trabajo pionero, en los que se recuperan los relatos, vivencias, memorias, imágenes, sonidos de grupos y solistas de los ‘60 y ‘70. Sobre la base de la profusa documentación recogida, Peláez estructuró esta muestra 20 bandas orientales del siglo XX, que cuenta con el montaje de Claudia Schiaffino y Paula Villalba.
Carátulas de discos, fotos, afiches, volantes, videos, serán los documentos que marcarán el itinerario por la vertiente más eléctrica de nuestra música popular. Entre los convidados a contar nuevamente esta historia están Los Iracundos (y sus antecesores, Los Blue Kings), Los Shakers y Los Mockers (nuestros Beatles y Rolling Stone), Tótem, El Kinto, Génesis, Psiglo, Opa, Opus Alfa. Los que llegan de la generación nacida después de la brecha de silencio de los ‘70, serán Los Estómagos (después convertidos en Buitres), Los Traidores, Los Tontos, el Cuarteto de Nos, La Tabaré, Peyote Asesino, entre otros.
PUENTES ELÉCTRICOS
Asumir hoy la continuidad histórica entre aquellas bandas que agitaron los sesenta y setenta, y las más recientes, parece un hecho natural. Ese lazo musical, simbólico, sin embargo, es de reciente construcción.
Con el advenimiento de la democracia, hacia 1985, una camada de jóvenes músicos hizo del rock un «nuevo» lenguaje para las nuevas generaciones, abrevando en el punk y en el rock de la España posfranquista (Los Estómagos, Los Traidores, Los Tontos, Zero y otros). Por esos años, el rugir de esas voces eléctricas era una novedad que crecía casi sin memoria de aquellas otras voces que se levantaron, primero en inglés y luego en un castellano muy uruguayo, quince o veinte años antes. Esas raíces estaban sepultadas bajo las siete llaves del olvido. Muchos de aquellos primeros roqueros habían emigrado a principios de los `70. Otros migraron hacia otras patrias musicales. Y unos cuantos simplemente (o dolorosamente) cambiaron de oficio. Las huellas de sus canciones y sus discos permanecían en algún puesto de Tristán Narvaja o en pocas (poquísimas) discotecas privadas.
Así, la generación beat se convirtió en un mito recordado por unos pocos memoriosos (de los primeros Iracundos, Los Shakers, Los Mockers). Los impulsos psicodélicos, blueseros, de fusión, que pulieron sus lenguajes en cuevas, bailes, festivales (con el Solís incluido) hacia fines de los ‘60 y principios de los ‘70, estaban en una oscuridad aún mayor. ¿Quién se acordaba en los ochenta de Opus Alfa o Génesis? Con los pioneros del candombe-beat (los Tótem, El Kinto, Mateo, Useta, Urbano, Rada) la situación era algo distinta. Aún así, la entonces nueva movida roquera de mediados de los 80‘, no los reconocía como antecedentes y no había solución de continuidad con Los Estómagos, Los Traidores, La Tabaré, Zero, que peleaban testarudamente por hacer un lugar en el paisaje sonoro que se dibujaba entre los más jóvenes.
En los noventa algo empezó a cambiar. Níquel, con Jorge Nasser al frente, salía con los espectáculos De memoria, recuperando algunos «ancestros» roqueros de la Banda Oriental. En 1994 salía el primer libro sobre la vida de Eduardo Mateo (Razones locas. El paso de Eduardo Mateo por la música uruguaya, de Alencar Pinto). También salieron algunas colecciones de discos históricos a través de algunos sellos y publicaciones periódicas.
Varias bandas de aquellos años volvían a juntarse, rompiendo el silencio del exilio exterior e interior. Y Fernando Peláez (1958), matemático de formación y profesión, decidió encarar una empresa de proporciones épicas: crear una cronología del rock hecho acá. Un imposible que se hizo realidad después de mucho trajinar por bibliotecas, disquerías, y aprovechar algunos viajes a Europa y a Estados Unidos para encontrar a quienes habían sido sus ídolos en los setenta. Parte de ese acervo sirve hoy para materializar el encuentro entre varias generaciones roqueras a través de esta valiosa muestra que se inaugura esta noche en el Centro Cultural de España.







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