Myriam Albisu: Palabras en Cubierta

El vocablo cubierta en una de sus acepciones, alude a cada uno de los suelos o pisos del navío, especialmente el superior situado a la intemperie.
Leonardo Garet en palabras de contratapa explica: “Todo lo contrario de encubiertas (ocultas y de ocultación dolosa), las de Myriam Albisu en cubierta están al alcance de los marineros, de los paseantes del puerto y de los que andan inadvertidos y miran el barco como aquel que buscaba la caza para su falcón cebar…”
Y es en este clima de viaje marítimo o fluvial, que transcurre gran parte del  poemario.
Y digo marítimo o fluvial, porque en los textos aparecen ya la imagen del río, ya el paisaje del mar. En general, la poeta cuando habla como Myriam, salteña y sujeta a sus emociones y experiencias particulares, prefiere la imagen del río, propio de una habitante de región fluvial; cuando asume la representación de la mujer y de la persona humana en general, se siente atraída por el  mar, concepto más afín al misterio, la eternidad, el derrotero hacia el cual la existencia inevitablemente transcurre.
Así  en “Mañana de niebla en  Salto” ahí está  “…el río, entre somnolencia y embeleso/ se echa a andar … y a brillar…/ a andar… y a brillar…”
Y “Las campanas de la iglesia de Concordia….en su loca carrera van al Río..”
Y en el poema “Mi río”: “¡Lo que es este río en primavera!… ¡Salto Chico!/remolinos de sol con ribetes de luna…”
Pero en el primer poema  nos dice: “Soy un velero de blanca vela/ que va surcando ligero el mar…”, metáfora del transcurso de la vida de todo ser humano.
En el poema “Alma mía”, el mar se vuelve símbolo del olvido, quizá de la muerte, donde queda sepultado el dolor de los vivientes:”Ven conmigo, alma mía/ vamos a buscar el mar/…Cuando el agua nos abrace/ y miremos la orilla por última vez/ ya no sentiremos más dolor… Vamos alma mía/vamos a buscar el mar”.
Y en otro poema: “Como un barco anclado/estoy con mi vida a cuestas/mirando el mar…”

“Palabras en cubierta” nos ofrece aciertos que provienen del descubrimiento y de la sensibilidad. Captar, por ejemplo, que “Como un puñado de penas/ estrellado contra el vidrio/ la lluvia llora silencios/ en esta tarde de abril”. O que “La tarde es un bostezo de hastío tras/ la mampara de vidrios”.
Poesía que corre al compás de la vida que es tiempo que “entre mis manos te resbalas”,como dijo Quevedo, y arrastra la nostalgia de lo perdido y la imagen machadiana de la contraposición entre lo lineal del destino humano y lo cíclico de la naturaleza, cuando nuestra poeta expresa: “¡Suerte la del árbol que regresa siempre/ aunque en cada otoño parezca morir”.
Pero la poesía no es solo imaginación y sensibilidad. También es  oficio. Y relacionado sobre todo con el uso de la palabra, sublime material poético. En este libro Myriam supera sus propias marcas en  ajuste y adecuación verbal, en  lucidez expresiva y estética  que deja las palabras “como si fueran estrellas titilando en la mañana…”
Antología, reescritura y creación nueva, en este camino ascendente que parte de “Cabitos de naranja” y continúa con “Te doy mi palabra”,  estos textos contundentes de “Palabras en cubierta” muestran a la poeta transitando con paso firme por la senda estrecha de su mejor poesía.







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