‘¿No oyes ladrar a los perros?’, una exposición que surge desde la periferia de la Ciudad de México

La muestra aborda la exclusión y la violencia que vive el Estado de México desde la visión de los perros callejeros y su relación con las personas con las que comparten espacios
Los ladridos envuelven a quienes caminan por la nueva exposición que alberga el Centro Cultural de España en México y traen al recuerdo el cuento de Juan Rulfo: «Y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros».
La muestra ¿No oyes ladrar a los perros? Habla de las relaciones que estos animales establecen con una comunidad y con el espacio en la periferia de las ciudades de México, concretamente en el complejo de viviendas de interés social Los Héroes Tecámac situado en la frontera con el municipio de Ecatepec, en el Estado de México, uno de los más violentos e inseguros del país.
«Los perros son arrojados a la periferia, a las afueras de los hogares y las ciudades, a la orilla de las representaciones, al margen de la historia», explica el sociólogo y curador de la exposición, Rigoberto foto cultu 1Reyes, quien utiliza el deambular de los perros sin dueño para hablar del desbordamiento de las ciudades y la segregación socioeconómica de quienes viven en los márgenes de las grandes ciudades.
Se trata de una «etnografía multiespecie» que desde el punto de vista de los perros aborda la exclusión urbana y la violencia estructural que viven las zonas de periferia en México, explica Rigoberto Reyes. A través de textos, fotografías, ilustración, pintura y video, la exposición hace un recorrido por la historia de los perros callejeros en México. Tratados primero como una plaga que afeaba la ciudad y después como un asunto de salud pública, actualmente, las jaurías han generado entornos de temor, pero también relaciones afectivas con las personas, en un contexto de marginación y violencias desbordadas.
«A veces se habla de los perros para no hablar de poblaciones incómodas», confiesa Reyes. Al igual que entre las personas, hay fronteras de clase, económicas, políticas y afectivas entre los perros. «Los desarrollos urbanos son producidos para generar endeudamiento en las clases populares que aspiran a la clase media. Son lugares que no tienen espacios públicos porque la nueva periferia está construida de espaldas a su entorno», cuenta Reyes.
Dice el curador que el perro es la figura ideal para hablar de fronteras en la ciudad. La división entre lo animal y lo humano; entre la ciudad y el campo; la frontera de las políticas públicas y la zona de nadie donde los perros campan a sus anchas. La exposición acaba siendo una metáfora de racismo y clasismo en México sobre dónde quedan los márgenes de la sociedad que importa y la que no.
«¿No oyes ladrar a los perros? es una historia del habitar y de las diversas formas en la que animales y humanos se relacionan en las entrañas de la ciudad neoliberal. Un relato de la cultura, la economía y la biopolítica en la que vivimos», dice Rigoberto Reyes.
(EL PAÍS DE MADRID)