Primates lectores

Pocos se preguntan por qué leemos, cómo decodificamos esos signos llamados letras de manera rápida, casi instantánea, y cuál es la carga genética que nos permite hacerlo. Hay, también, otra pregunta que muchos científicos se hacen de manera sistemática: nuestro mapa genético cerebral se desarrolló durante cientos de miles de años para sobrevivir como recolectores y cazadores. Nuestra genética como lectores, sin embargo, nació hace apenas cuatro mil años. En los hechos, el hombre hoy disfruta de Shakespeare o de Jorge Luis Borges utilizando un cerebro de primates, órgano preparado durante 200 mil años para sobrevivir en la sabana africana.
La respuesta a esta y otras preguntas están en el libro El cerebro lector (Siglo XXI Editores), cuyo subtítulo aclara que contiene las «Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia».
El autor es el neurocientífico francés Stanislas Dehaene, quien recorre casi cincuenta ítems temáticos en ocho capítulos con un estilo narrativo claro, didáctico, dirigido a lectores curiosos de cultura general amplia. El libro pertenece a la «Serie Mayor» de la Colección Ciencia que ladra, dirigida por Diego Golombek.
«Nada de nuestra evolución podría habernos preparado para absorber el lenguaje a través de la visión. Sin embargo las neuroimágenes demuestran que el cerebro adulto contiene circuitos fijos finamente preparados para la lectura» señala Dehaene. Sobre esta hazaña, la lectura, se ha construido la civilización humana.
Es más: la posible ausencia de la capacidad para comprender esos signos milagrosos resulta hoy impensable. «¿Y si un día nos despertáramos, todos nosotros, y descubriéramos que somos absolutamente incapaces de leer?» pregunta Vladimir Nabokov en la novela Pálido fuego. Ese día dejamos el smartphone, y salimos a cazar.

Pocos se preguntan por qué leemos, cómo decodificamos esos signos llamados letras de manera rápida, casi instantánea, y cuál es la carga genética que nos permite hacerlo. Hay, también, otra pregunta que muchos científicos se hacen de manera sistemática: nuestro mapa genético cerebral se desarrolló durante cientos de miles de años para sobrevivir como recolectores y cazadores. Nuestra genética como lectores, sin embargo, nació hace apenas cuatro mil años. En los hechos, el hombre hoy disfruta de Shakespeare o de Jorge Luis Borges utilizando un cerebro de primates, órgano preparado durante 200 mil años para sobrevivir en la sabana africana.

La respuesta a esta y otras preguntas están en el libro El cerebro lector (Siglo XXI Editores), cuyo subtítulo aclara que contiene las «Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia».

El autor es el neurocientífico francés Stanislas Dehaene, quien recorre casi cincuenta ítems temáticos en ocho capítulos con un estilo narrativo claro, didáctico, dirigido a lectores curiosos de cultura general amplia. El libro pertenece a la «Serie Mayor» de la Colección Ciencia que ladra, dirigida por Diego Golombek.

«Nada de nuestra evolución podría habernos preparado para absorber el lenguaje a través de la visión. Sin embargo las neuroimágenes demuestran que el cerebro adulto contiene circuitos fijos finamente preparados para la lectura» señala Dehaene. Sobre esta hazaña, la lectura, se ha construido la civilización humana.

Es más: la posible ausencia de la capacidad para comprender esos signos milagrosos resulta hoy impensable. «¿Y si un día nos despertáramos, todos nosotros, y descubriéramos que somos absolutamente incapaces de leer?» pregunta Vladimir Nabokov en la novela Pálido fuego. Ese día dejamos el smartphone, y salimos a cazar.