Prof. Mónica Nicollielo reflexiona acerca de la trascendencia histórica de la Semana Santa

Para los primeros cristianos la semana – que precede al día de Pascua propiamente dicho – era vista como sagrada, de ahí el nombre. Un tiempo en el cual se debía extremar la devoción y la santidad en el marco de los grandes misterios de su religión para honrar la Pasión del Salvador y la noche en que se vio cubierto de tormentos y de oprobio.
Una noche tan triste, que, según la tradición, Cristo sudó sangre.
La noche terrible en la cual fue entregado por Judas, llevado ante los tribunales y maltratado por los soldados romanos. A continuación veremos como la celebración de esta semana se fue modificando y cómo cada día tiene un significado propio” – subrayó La Historiadora y Docente Mónica Nicollielo.
La llamaron también Semana de las Vigilias, debido Carta de Colón a su hijo don Diego en la que le encarga, en obsequio del licenciado Cea, que procure en Semana Santa el perdón para dos reosa que pasaban casi todas las noches en ejercicios de oración y en penitencia en memoria del sufrimiento que Cristo había pasado esa noche. Así lo hizo por ejemplo el Papa San Eusebio en el año 309 d.C. De ahí también que se la llamara Semana penosa, o Semana de los Dolores, de la Cruz, de los Suspiros.
Se la denominó también Semana Mayor, no porque tuviera más días que las otras, sino porque se consideraba que en ella Cristo había obrado los mayores misterios, según pensaba San Crisóstomo, ya en el año 400 d.C. Pero el nombre de Semana Santa fue el que se hizo más popular en la Iglesia.
También en sus orígenes todos los días de la Semana Santa eran considerados sagrados y no sólo algunos.
Además, cuando el cristianismo se difundió por el Imperio romano, los emperadores mandaron que fueran considerados feriados, suspendiendo toda actividad durante ellos, e incluso se suspendían todos los pleitos y se cerraban los Tribunales. Cuando se formaron los reinos de España, Italia, y Francia, entre otros, los reyes de la Edad Media mantuvieron estas prácticas.
Más tarde, cuando se produjo la secularización del Estado, en los siglos XIX y XX, separándose el mismo de la Iglesia, se mantuvieron dichos días feriados, y se conservaron muchas de esas prácticas, que antes eran religiosas, en los terrenos ético y jurídico.
En 1919, ya completado el proceso de secularización, en Uruguay, con la Constitución de 1918, se aprobó una Ley de Feriados por la cual la Semana Santa pasó a llamarse también Semana de Turismo y quedó fijada entre el 10 y el 20 de abril.
Por lo tanto, la agenda de la semana también incluye conciertos, exposiciones, ferias, y competencias deportivas.
En este contexto, tomó forma la fiesta infantil de la búsqueda de los huevos de Pascua, originada en una costumbre ancestral por la cual, antiguamente los huevos no eran de chocolate, sino pintados artísticamente, y se suponía que los dejaba un conejo, símbolo de la fertilidad y la abundancia.
Esta celebración también se da de esta manera en Brasil y EEUU, mientras que en el resto de América, la Semana Santa, que en Uruguay también llamamos de Turismo, se celebra de forma más solemne.
Debido a que la Semana Santa era vista antiguamente como un tiempo de indulgencia, remisión y reconciliación, los príncipes y magistrados de la Época Moderna hacían abrir las cárceles, y como la actividad de la Iglesia y del Estado eran la misma cosa hasta fines del siglo XIX, y principios del XX, se los reconciliaba mediante la penitencia cristiana, se los admitía en las ceremonias religiosas y se les redimía la pena, en todo o en parte.
De acuerdo con San Crisóstomo, en los días previos a la Pascua el emperador Teodosio (347-395 d.C.) enviaba órdenes a las ciudades para que liberasen a los presos siguiendo ese procedimiento y sobre todo, perdonando a los condenados a muerte.
Según San León Grande (390-461) era una forma que tenían los emperadores para demostrar que por encima de su autoridad estaba la autoridad de Cristo en momentos en que la Iglesia era el gran referente no solo religioso sino también ético y político.
Por otro lado se buscaba que los gobernantes fueran en esto un modelo de valores cristianos y de convivencia para el resto de la población.
Siglos más tarde, en Francia, en los años 600 d.C. encontramos que se mantenían esas prácticas.
Así lo hizo también Carlos VI de Francia (1368-1422), quien liberó en Semana Santa a unos rebeldes que habían sublevado contra su mandato.
De aquí derivó la costumbre de los jueces y el Parlamento de recorrer las cárceles para dar Audiencia los martes santos, en el transcurso de la cual se revisan muchas causas.
También en el siglo XVIII en España, el Rey, arrodillado en señal de adoración de la Cruz del Viernes Santo, perdonaba a los reos sentenciados a muerte diciendo “Yo perdono a estos reos para que Dios me perdone”.
La visita de las cárceles la hacía el Presidente del Consejo el Sábado de Pasión, la Vigilia de Pascua del Espíritu Santo y la Navidad, liberándose a los presos que estaban encarcelados por delitos ligeros.
Lo mismo se hacía en las Audiencias y Chancillerías.
Esta tradición se sigue practicando por parte del Poder Judicial en el actual Uruguay secularizado.
DOMINGO DE RAMOS
Dentro de la Semana Santa, el día más solemne para la Iglesia es el Domingo de Ramos, un día festivo y alegre, porque representa la entrada triunfante de Cristo en Jerusalén cinco días antes de su muerte. Esta fiesta data de época romana.
El nombre proviene de la ceremonia de las Palmas o Ramos benditos que llevan los fieles en las manos, expresión de su estado espiritual interior, y símbolo del triunfo de Jesús en Jerusalén, como prefiguración de su entrada triunfante en la Jerusalén Celestial.
También se cortan ramas de árboles para enramar el recorrido de la procesión, como hizo el pueblo de Jerusalén.
El sentido profundo de este día es que el pueblo sale al encuentro con su Salvador, como lo hizo en su tiempo el de Jerusalén.
La bendición de las Palmas y de los Ramos y la procesión pública en que se llevan, datan de los tiempos de los primeros ermitaños cristianos, en los primeros siglos de la era cristiana, los cuales se retiraban al interior de los desiertos durante la Epifanía, con la finalidad de prepararse espiritualmente para el día de Pascua, llevando consigo las palmas y ramos.
Las mismas simbolizan las aclamaciones y gritos de júbilo con los cuales el pueblo, lleno de felicidad, durante cinco días, recibió a Cristo a su entrada en Jerusalén: “Salud, Gloria y Bendición al Hijo de David, que viene en nombre del Señor, al Rey de Israel, al Mesías”.