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Se inauguró muestra fotográfica sobre Horacio Quiroga

En el marco del Centenario de la primera edición de Cuentos de la Selva, la Dirección de Cultura de la Intendencia coordinó la presentación de la muestra fotográfica «Horacio Quiroga – Del banquete a la selva – Fotos de una vida”, que quedó inaugurada el pasado martes en el Museo, Mausoleo y Centro Cultural Casa Quiroga (Avda. Líber Seregni y Maciel). En diálogo con EL PUEBLO, el Director de Cultura, Mtro. Jorge de Souza, explicó que “la muestra pertenece al acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, de la República Argentina y es una selección de fotografías que pertenecieron a María Elena Bravo, segunda esposa de Horacio Quiroga”. Agregó asimismo que lasPrieto leyendo Palabra oculta, en Salto, 2001 [1] fotografías “en particular corresponden a su etapa misionera, con imágenes de ese vínculo intenso con una naturaleza desafiante, escenario que sin dudas motivó su capacidad creadora”. El jerarca informó además que “se sumarán a la muestra la reproducción de trabajos premiado de los alumnos del Liceo 5 «Armando I. Barbieri», realizados con motivo de Cuentos de la Selva” y puntualizó que “estará disponible para ser visitada hasta el 30 de noviembre, con horario de visita de lunes a viernes de 10 a 19:30 y los sábados de 14 a 19 horas”.
A diez años de la muerte del poeta y dramaturgo Ricardo Prieto
(De Alejandro Michelena, colaboración especial para EL PUEBLO)
Ricardo Prieto fue un gran poeta y dramaturgo uruguayo a quien, además de leer, pudimos conocer personalmente en Salto, siete años antes de su fallecimiento, en un recital de poesía realizado en la Sociedad Italiana. A él nos hemos referido ya en otras ocasiones pero hoy, con gran satisfacción, compartimos una nota enviada especialmente para esta página de EL PUEBLO por el escritor capitalino Alejandro Michelena, nota que conforma un capítulo del libro (aún inédito) “Vecinos célebres de Buenos Aires”. Es la siguiente:
Hace diez años ya que se nos fue Ricardo, de quien fuimos amigos desde jóvenes. Un buen poeta, riguroso narrador, y notable dramaturgo. Luego de mucho tiempo de ausencia de los escenarios, desde el año pasado felizmente ha comenzado a retornar el teatro de Prieto; primero el grupo La Bataclana, con una muy buena versión de «Los disfraces», y ahora se ha estrenado en La Candela «El mago en el perfecto camino». Lo recordamos de esta forma, con la esperanza de aportar al mejor homenaje que se le puede hacer: multiplicar las puestas de sus obras.
RICARDO PRIETO: EL RIGOR DEL TEXTO DRAMÁTICO Y LA FUERZA DEL TEATRO: Ricardo Prieto ha sido uno de los más firmes, maduros y profundos dramaturgos de la generación surgida en los años setenta del pasado siglo. Se adentró como pocos en Latinoamérica en los laberintos de la condición humana. Y lo hizo con una escritura elaborada en lo estilístico y conceptual, y con una sabiduría escénica por momentos magistral. Entre sus obras encontramos títulos que son fundamentales e ineludibles, como El huésped vacío, una de las obras de autor rioplatense que más ha frecuentado los escenarios internacionales, con reiteradas puestas en escena en Buenos Aires. También: El desayuno durante la noche, que recibiera en España el importante premio Tirso de Molina (en el año 1980). Pero además tiene en su haber decenas de piezas –dramas y comedias; obras realistas unas, y otras más volcadas al teatro de vanguardia- entre las que se destacan: El mago en el perfecto camino, caracterizada por su hondura metafísica, y Garúa, exitosa comedia de costumbres no carente de honduras sicológicas. Sin olvidar pequeñas piezas “de cámara”, como Me moriría si te vas. Fue por otra parte un escritor versátil, que cultivó otros géneros con similar eficacia. En narrativa, Desmesura de los zoológicos, un original libro de relatos que oscilan impecablemente entre el absurdo y el surrealismo. Y los cuentos de La puerta que nadie abre, donde explora dimensiones paranormales. Y la serie de Lugares insospechados (su último libro édito, publicado por Alfaguara en el 2008), a través de la cual logró perfilar –con seguro pulso narrativo- una verdadera comedia humana. No hay que olvidar el intenso lirismo y la fuerza vibrante que imantan esa extraña e inolvidable “nouvelle” titulada El odioso animal de la dicha, que transcurre en una Buenos Aires al mismo tiempo identificable y anclada en una época determinada (los años setenta) pero también esencial y arquetípica. Y sus novelas: Pequeño canalla y Amados y perversos, en las que logró establecer un mundo propio, y reflejar con lucidez la sociedad urbana de esta parte del mundo en sus dimensiones más oscuras y sombrías. Como poeta su libro mayor es Palabra oculta, eficaz antología de su producción en el género desde los años sesenta hasta fines de los noventa. Como ensayista su producción fue pausada y lenta, galvanizada por una implacable lucidez e inusual penetración. Vale recordar al respecto sus trabajos, polémicos, sobre Florencio Sánchez. Ricardo Prieto no tuvo formación universitaria. Podríamos decir que fue un autodidacta. Pero logro decantar una cultura universal, fruto de su voracidad e intuición como lector. Realizó cursos únicamente en lo teatral –en Club de Teatro, grupo independiente del Montevideo de los 60- de actuación y dirección. Filosóficamente ha sido definido como existencialista. Y no cabe duda que la juvenil lectura de Sartre incidió en su visión del mundo. Pero quizá no tanto como luego, ya instalado en Buenos Aires, lo marcaron las lecturas de autores clásicos del esoterismo, como la teósofa Madame Blavatsky o el maestro espiritual ruso Gurdjieff. Fue, por otra parte, un ser humano afable y generoso. El encuentro amistoso y la tertulia de café constituyeron parte importante en su vida. En esas instancias podía ser irónico y mordaz, vehemente y al mismo tiempo tolerante, y siempre brillante y certero en los conceptos. Los lugares donde cultivó –como si se tratara de un arte más- el ejercicio del diálogo inteligente, fueron en Montevideo el viejo café Sorocabana de la plaza Cagancha y el Mincho de la calle Yi, y en sus años bonaerenses los cafés Tortoni y Los 36 billares de Avenida de Mayo. Ricardo Prieto abandonó este mundo de las formas en el año 2008, pero su potente escritura dramática sigue viva. Y sus obras no dejan de estrenarse en varias partes del mundo, más allá que en su país de origen pareciera que se lo quisiera confinar al limbo del olvido.