UN BOSQUE POR DENTRO

No es el viejo ruido del muro lo que aísla la puerta
no es el candado germinal que enciende el invierno
no es la larga noche en que mordí tus ojos
ni el siniestro destino de estar juntos y muertos
no es el último día en que te miré callando
ni el volcán de tu sangre derramado en mi cuerpo
ni aquella extraña música que canté sollozando
o el frio de mis piernas rasgadas por el miedo
No es todo el humo tibio que respiré gimiendo
ni los senos heridos como bocas azules
tampoco tus palabras mezcladas con el viento
o aquella espera inútil de naufragio violento
Es solo que camino todo un bosque por dentro
con los puños cerrados y los muslos ajenos
sabiendo que la noche nunca más tendrá manos
y que yo no podré deshacerle los dedos
El insomnio que resta toca ríos de música
donde habita agitada la miseria del puedo
Ya nada me sostiene
ni la muerte
ni el tiempo.