Un personaje de Dostoyevski – El Señor Goliadkin

Por José Luis Guarino

Corría el año 1846 cuando Dostoyevski dio a conocer su segunda novela: “El doble”, que fue publicada en el cuaderno semanal de “Anales Patrios”, en Petersburgo.
El año anterior, se había inaugurado como novelista, con la publicación de “Pobres gentes”, en el Almanaque Petersburgués.
Entre estas dos primera novelas, el escritor fue en la opinión de la crítica de entonces, de cima a sima.
La primera, inspirada en “La Capa” de Gógol, causó sensación en los círculos literarios.
El editor Nekrasov, al llevarle los manuscritos al crítico Bielinski, le anunciaba en tono doctoral: – Aquí le presento a un nuevo Gógol.
Por aquellos días, Bielinski, que  era el “arbiter elegantiarum” en materia literaria,  aprobó el material recibido y sentenció inmediatamente llevado de su agudo sentido crítico, pero también de su falta de perspectiva que solo da el tiempo, que con esa novela Dostoyevski había creado la novela social.

Parece ser que, el vacío que le hizo al escritor y a “El doble” la crítica, representada todavía por Bielinski y sus satélites, se debió fundamentalmente al señor Goliadkin, un personaje incomprendido entonces. Pero parece haber un motivo humano, además del literario, para este cambio.
En el ínterin que separa las dos primeras novelas de nuestro autor, se había producido la ruptura entre este y el Crítico. El motivo fue la propia conducta de Dostoyevski,  que huía de la gente, se aislaba  en los salones literarios, no compartía amistad y se enajenaba simpatías; según el testimonio de su hija, se perdía por temporadas enteras, o deambulaba por las calles hablando solo. Seguramente la Crítica esperaba, a cambio de los elogios tributados a su primera publicación, la consideración, el respeto, y una sumisión de parte del escritor, que este no demostraba.

Fue en estas circunstancias que publicó “El doble”, cuyo protagonista es el señor Goliadkin, un empleadillo muy modesto, de una  oficina, en la que otros funcionarios se deshacen en atenciones con sus jefes, luchan por lograr ascensos y ser tenidos en cuenta para trabajos de confianza.
Goliadkin, sufre de un estado de ánimo siempre pesimista, se refugia en sí mismo, huye de la notoriedad, y deriva hacia una marcada manía persecutoria.
El momento culminante de la novela comienza cuando se encuentra frente a frente con su doble: un personaje de fisonomía idéntica a la suya, con su misma vestimenta, y que va a ocupar el escritorio adyacente. Todos los rasgos son idénticos, lo que le permite al intruso hacerse pasar por el original, en circunstancias que podrían haber significado algún mérito para éste. La relación entre ambos Goliadkin, tiene sus altibajos, en cuanto el nuevo, ya trata efusivamente al otro, -aunque muestra frecuentemente un gesto burlón, lo que hace dudosa su simpatía- o le irrita con sus desplantes.  Para colmo, “el doble” cumple una función ignorada por el verdadero Goliadkin, y éste lo ve a menudo en las oficinas más importantes, con los personajes de más alta categoría. Es decir, aunque iguales en rasgos exteriores, el personaje original, proyecta en el otro, lo que él no logra con  su timidez e insuficiencias. Al cabo de las páginas el doble se le ha convertido en su mayor enemigo, y es inútil querer aclarar la situación con el mismo “doble” o con los superiores. Esa impotencia, lo va envolviendo en una desesperanza  de tipo fatalista, de ahí que cuando percibe que su destino es el manicomio lo acepta con un “yo ya lo sabía”.

Vistas las dos primeras novelas de este autor, en la perspectiva de su obra total, ni la primera es tan importante, ni la segunda tan insignificante. La atención de la crítica de hoy, evidentemente se interesa por “Los hermanos Karamazov”, “Crímen y castigo”, “Ofendidos y humillados”. Su primera obra “Pobres gentes”, es una muy buena novela. Pero “El doble” no le va muy en zaga. Incluso se puede afirmar que Goliadkin, es una variante de Makar Aleksiéyevich, protagonista de “Pobres gentes”, pues en esta novela, comienza el autor  el estudio de tipos humildes, que continuará en sus novelas siguientes.
El acierto de Dostoyevski  es aquí la ambigüedad que mantiene en el proceso del desarrollo argumental, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo real y lo ideal. No parece forzado reconocer en la obra un aliento que viene de lejos, de Calderón y “La vida es sueño”,
Por otra parte Levison  señala que las tribulaciones del señor Goliadkin imaginadas por Dostoyevski, podrían interpretarse como una variante del tema romántico del doble, al modo de Hoffman.
Uno se puede preguntar si el conflicto del señor Goliadkin, se desarrolla en la realidad exterior, o en el cerebro del personaje  Este, a la distancia, ¿no se puede considerar un anticipo de Gregorio Samsa?

“El doble” tuvo sus vaivenes en la apreciación de su propio autor. Animado,  con el éxito de “Pobres gentes” decía antes de publicarse “El doble”: “Mi Goliadkin será mi obra maestra”.  Apenas publicada, contrariado por la fría acogida de la crítica, y el vacío producido a su alrededor, sucumbía también en su estado de ánimo: “Mi Goliadkin se me ha hecho odioso…me pesa haberlo escrito: es ilegible”. Pero años después, desde Siberia, escribía a Mijail, su hermano mayor: “ El doble es el tipo social más grande e importante que yo he sido el primero en describir”. De este modo con esta valoración compensaba a su personaje, creación suya, por  las humillaciones y burlas padecidas en la acción novelesca, y por la indiferencia y el silencio que le había hecho sufrir por parte de la crítica de entonces. El tiempo le ha dado la razón a Dostoyevski. El señor Goliadkin integra la galería de inmortales.







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