Un Salto que Enrique M. Castellanos añora y poetiza

Enrique M. Castellanos es el salteño que hoy ocupa esta página con sus creaciones literarias. Es autor de un único libro: “Cantata a Salto”. El título es un adelanto fundamental de la esencia de su poesía, en la que el protagonista es Salto. El libro solamente incluye sobre el autor lo siguiente: “Nació en Salto, allá por los 40. Hizo escuela y liceo en su ciudad. Después se fue a Montevideo. Hizo de todo un poco, es decir, nada digno de recordar”. De estudiar y comentar su obra se han ocupado en diferentes ocasiones dos salteños: José Luis Guarino y Jorge Menoni.

Puente sobre el arroyo San Antonio

Como para llegar a las cuevas
y hacer una llanura pensante…
Una baranda de árboles que cuide
los reflejos del río…
Árboles que cuiden de los años…

Con un zumbido de amores
de gritos vivas y saludos.
Desde este presente desde este presente
donde el arroyo San Antonio
tiene pirañas y un pañuelo de aceite
que le cubre y agranda las heridas.

El puente no está
se llevó a sí mismo a otra orilla.
El puente no está
y desde este lado queremos cruzarlo

Retorno a la ciudad

Ya lo viví y ahora
es un simple repaso:
los lamentos y las voces se turnan
llenando los juzgados con matrimonios y condenas,
las calles con árboles mal puestos en las veredas
con casas milagrosamente levantadas sobre otras
y los niños que se parecen a sus padres.
Así,
uno tras otro,
saliendo a tu encuentro con la túnica del tiempo
dejando a su paso una cueva vacía
y la bajada por las calles que van a dar al río
y el retorno que permite
encontrar aquel canto
que espera nuestra voz

Límites

El río Uruguay, los arroyos Sauzal y Ceibal, una línea de
naranjos que va corriendo el horizonte son los límites de Salto.
La sombra que dejan los que se fueron
la sombra de los que no volvieron
y la luz mendigando
la sombra piadosa del olvido.

Puente a las cascadas

Permiso,
quiero llegar a la Garganta del Diablo
que marcaba Salto Grande.
Voy a estar una tarde como un romance
voy a caminar con un dorado
bajo el río de lluvia fina.

No cuenten,
no cuenten que me escapo
por el costado de las fotos
y que allá hay una chalana
que se escapó del derrumbe.

Permiso,
si llego hasta aquel tiempo
el presente se escapa
como una pandorga que se le rompió la piola.

Permiso,
hay aroma de musgo que cuenta una historia
voy prendido a las gaviotas
siguiendo las caras felices de entonces.

Permiso,
hay alguien con los ojos más allá de los árboles
¿qué mira, qué mira?
El agua es un desierto sepultando los años
¿qué mira, qué mira?
treinta años después no soporto la mirada.

Permiso Salto Grande
permiso a los que salen de los cines,
permiso a las calles con las flechas cambiadas,
estoy en el muelle de un siglo distinto
pero reconozco las caras y digo:
éstos son los hijos, éstos son los hijos.

Copla

La luna en la costanera
la calle besando el río;
levanta su verdulera
y canta Aquilino Pío.

El tiempo

Para siempre quedamos
con el movimiento lento de las carretas,
en el mediodía bochornoso del verano,
cuando andan niños que venden y piden
y parece que el mundo se terminara en eso.

*
Los ojos como si fueran nuevos
derraman paisajes.
Luz de Salto que se ve desde Concordia
luz sin piedad que marca las arrugas.

*
Luz del niño que duerme debajo de un naranjo
con un ayer apenas
con una mañana blanca,
donde saltan conejos del bordado de la abuela.

*
Luz maraluz maraluna,
cuerpo de mujer envuelta en la mirada.
Luz de Salto en la palangana de la azotea
que no alcanzan los perros ni los pájaros.
Apenas pena la luna.