Wilson Faval Melo, un autodidacta de las letras que decide escribir y compartir

Es nacido en el departamento de Artigas, el 12 de febrero de 1942. Reside actualmente en Salto, aunque ha vivido en varios puntos de Latinoamérica: Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Brasil… Wilson Faval Melo acaba de publicar su primer libro: se llama “Catarsis”, está compuesto por poemas y relatos, y tendrá su presentación en público el próximo viernes 26 de abril en Casa Quiroga. “Por mi condición de autodidacta no pretendo brindar al lector una obra literaria de fuste, ni un libro candidato a ser Bestseller. Simplemente mi idea es compartir con todos algo de lo vivido en Latinoamérica en estos 75 años, a través de estas simples líneas”, sostiene. Los siguientes textos pertenecen a “Catarsis”.

El amor que te tuve…

Vi la noche hundirse en los abismos, los senderos en cumbres; las aguas calmas convulsionarse borrando los reflejos del cielo azul plata. En mis pensamientos se mezclaron sueños y desilusiones, los ojos penetraron en la oscuridad en busca de razones que justifiquen, pero se vuelven lágrimas. Vi a la distancia volverse infinita, y a tu andar, rítmico, leve, sensual, volverse un torbellino perdido en el espacio oscuro. Las nubes del cielo se posaron en mi mirar mojado y tus últimas palabras quedaron en el aire, fluctuando:
“el amor que te tuve, ya no existe más…” Me pareció ver en tu rostro una dolida máscara de pena, tal vez, simulada por una sonrisa mordaz.
Fue el motivo que me dieras para que yo volviera a empezar.

Agua

Agua vasta que de la tierra se extingue derrochada,
perdida la tierra se raja, desértica;
es polvo que el tiempo levanta
cubriéndolo todo, respirando sin ganas.
La vida se arrastra; el hombre es agua,
como agua se extingue, se evapora.
La tierra que es vida, reseca se apaga.
El hombre en su polvo, sin tiempo, viaja.

Al cruzar la puerta

Esta noche la calle quedó más fría
caminar solo es un martirio;
la soledad de mi brazo sin el calor de tu mano causa dolor
el sonido de mis pasos atraviesa la calle vacía,
golpea en las paredes de la otra vereda y retorna a mí
apenas para martirizarme repitiendo que estoy solo.
Me falta la melodía de tu voz, tus silencios,
y la presión agradable de tu mano en mi brazo.
Me resisto a aceptar que será definitivo
y que la soledad será mayor al cruzar la puerta,
encender la luz, poner música, preparar un trago
de una única copa que sin tu presencia no pasa

Espero no sea tarde

Cuando vuelvas por mí espero no sea tarde.
Los caminos se hacen torvos, las miradas escabrosas. Cada paso parece un destierro a tierra hostil ajena, donde eres extraño, aunque te extiendan la mano.
Siempre verás una mirada zorra. Cuando vuelvas por mí en la piel, los surcos serán profundos, la voz carraspona, lerda, mi cuerpo apenas polvo hecho cuero, pronto para fertilizar la tierra en la oscura humedad de la cueva.

Nuestros ojos

¿Qué espejo es capaz de contar, solo con arrugas, la realidad cruda de los años vividos? Las marcas en los rostros son marcas de batallas, luchas, enfrentamientos.
El cuerpo es apenas un embalaje marcado por el esfuerzo de las piedras sacadas del camino en busca de realizarse.
Ellos hicieron en nosotros esas marcas en el rostro que implacables se muestran.
¿Qué espejo es capaz de contar, solo con arrugas, la realidad cruda de los años vividos? Son los ojos, los que cuentan historias de fracasos y derrota, de amores y glorias…que están en el alma.
Es allí donde se esconde, radiante, la juventud eterna o se anida, mañosa, la vejez que impera.