“Lourdes fue sincera con ella misma, comprometida y llena de proyectos. Y como persona, con todo el entusiasmo propio de una persona joven con alegría y sinceridad, apelando con todas sus fuerzas a un futuro personal”.

Lourdes Gabriela Médici

El recuerdo que guardamos de Lourdes Gabriela, es el de un ser con mucha luz. Llena de alegría y deseosa de compartir un anhelado futuro.
El destino le quitó esa posibilidad de poder disfrutar un poco más de la vida, con sus escasos 26 años.
Dialogamos con su papá, a poco más de tres meses de su  desaparición física:
¿Cómo fue su niñez?
No fue nada extraordinario.
A Lourdes Gabriela, la anteceden tres hermanos varones, ella es la cuarta y la menor es Clara Cecilia.
Una chica inquieta muy observadora. Inteligente, perspicaz, no hacía preguntas, pero interpretaba todo muy claro.
Muy sociable. Se sabía canjear la amistad de sus vecinos, los niños, como pasó en su jardín, en primaria y secundaria en el Salesiano.
Muy vinculada y abierta. Había causas que le interesaban.
¿Como cuáles?
El Colegio Salesiano, hacía anualmente una campaña, en secundaria para motivar a los alumnos  a juntar ropa, hacer mantas o recolectar alimentos no perecederos. Ella participaba muy entusiasmada en todo. Muy sociable, muy solidaria. Muy fácil de hacer amigos, y sufría como todo chico cuando por algún motivo la dejaban de lado.
¿Siguió estudiando?
Cuando llegó el momento de decidirse por una carrera, quería hacer Psicomotricidad. No le gustaba irse a Montevideo y como la estaban dictando en Paysandú, reservó una plaza y cuando llegó el momento de comenzar, la carrera se cerró por falta de alumnos.
Decidió irse a Montevideo, para empezar Psicología. Alquilamos un apartamento, y se instaló con toda la ilusión comenzando la carrera. Lo  hizo durante tres años, todo bien, hasta que en el final de 2009, en pleno periodo de exámenes, nace su problema:
Obstrucción intestinal, determinándose ya, su cáncer de colon. Allí, cambió totalmente la historia.
¿Su ánimo fue el mismo
a partir de allí?
Su motivación y su forma alegre de ser, de estar presente fiestera, de colaborar, muy disponible en los quehaceres de la casa, a ella la ha marcado. Y lo mantuvo hasta último momento.
Pero en ese sentido creíamos siempre con mi esposa, que por el hecho de ser unos cuantos hijos, no con mucha diferencia de edad entre ellos, ayudó para que nosotros mismos como padres los motiváramos, a que ayudaran en la casa, en cosas elementales, pero que ellos lo tenían que saber.
¿Cómo siguió su salud?
En Abril de 2010, volvió a Salto. Comenzó con sus aplicaciones de quimioterapia. Al principio se encontraba muy bien, pero es un tratamiento muy severo, con dos días y medio de internación en aplicaciones por semana.
Demoledor, donde se empieza a notar los efectos en el cuerpo. Cuando quería recuperarse, tenía ya la otra sesión.
Un espíritu increíble. Con sus familiares, compañeras, vecinos y amigos, estaba todo siempre bien, no lo quería demostrar, sin embargo, estaba pasando por una terrible prueba: emocional, sicológica y física.
Todo el mundo sabe lo que es esta enfermedad y el tratamiento.
Pero nunca quedó quieta. No tranzó con la enfermedad:” de aquí voy a salir, como sea”, decía.
En cuanto a la enfermedad, con un increíble entusiasmo, a todo lo que le proponían ella  accedía, revolvía  cielo y tierra, para encontrar soluciones.
Antes de la movida que se realizó con la idea de reunir el dinero para su operación en Brasil, ella ya había ido a esa clínica, con datos totalmente errados, porque desde que recibimos la información, hasta que se la encontró había cambiado todo. En cuanto la dirección y funcionamiento de la misma.
Tambien por internet. Te decía: ¡vamos y vamos, que lo vamos a conseguir! Con un empuje, increíble. Nunca bajó los brazos.
Su pareja, Diego, un muchacho espectacular, increíble. Excelente persona, es uno más de la familia, la apoyaba en todo. ¡Y ella cómo lo animaba!
¿Qué le gustaba a Lourdes?
Lourdes era polifacética.
No tranzaba nunca estar sola o triste. Era algo natural en ella.
Estaba siempre escuchando una canción y cantándola, llamaba a una amiga y  a otra, jamás se la iba a encontrar angustiada, apartada en un rincón, o llorisqueando. No toleraba que alguien en una noche fría, golpeara en casa por algo de comida, o ropa. Salía a cualquier hora, atendía la persona y siempre la auxiliaba  con lo que necesitara.
Tenía ese arraigo por algunas  cosas que tal vez, otra persona sintiera indiferencia, ella sabía que la persona lo hacía porque era alguien que tenía hambre o frío.
¿Qué actividad le
gustaba hacer con usted?
Éramos muy familieros. A la tardecita, cuando tomábamos mate con la patrona, ellos estaban a nuestro alrededor.
Pero si sugeríamos un espectáculo de música, para ir a ver, ella quería ir.
Ir a pescar, le encantaba, era un varón más. Si hacíamos campamento, con los hermanos, ella motivaba a las demás primas, ¡y vamos! Las llevaba.
Salía a bailar, y se relacionaba con mucha gente. Solía tener muchos amigos y amigas.
Familiarmente, éramos cuarenta personas, y ella era la animadora del grupo, siempre haciendo bromas.
¿Cómo recuerda su
personalidad?
Recordándola a tres meses, de su partida, todavía seguimos apenados.
Pero recordarla de esta forma, es para mí un orgullo. Realmente fue una hija adorada, y pienso que la vida era hasta acá nomás.
Era muy observadora. Con su carrera en marcha, nos hablaba de un desconocido que había mantenido algún tipo de conversación y los comentarios que luego nos hacía sobre esa persona, eran clínicos.
Tenía una captación increíble del perfil de las personas.
Cuando comenzó Psicomotricidad, le preguntamos, ¿por qué, esa carrera?
Nos dijo: “cuando la persona es con capacidades diferentes necesita de una ayuda muy especial, muy didáctica, con mucho más aprensión que si fuera un medico clínico, porque este ya tiene sus cosas elaboradas. Y si son niños, que muchas veces no se pueden mover, hay que motivarlos, para lograr un reflejo físico, su cuerpo les resulta ser una cárcel. Hay que rastrear todo un sendero mental, en lo psicológico, porque es muy difícil para ellos poder ayudarlos”.
Eligió una carrera, con una meta ya fija, sabiendo  en lo qué quería trabajar.
¿Le gustaba salir, pasear?
Sí, salíamos mucho pero siempre por acá cerca.
En salidas a las termas por ejemplo, solíamos quedarnos con mi señora tomando mate y era sensacional. Por allá aparecía Lourdes, con dos o tres amigas o amigos del momento. ¡Tenía una facilidad para relacionarse!
¿Qué le quedó
por hacer
con ella?
Uno como padre, siempre trata de apoyarlos a los hijos y marcarle un camino, algunas pautas e incentivándolos en algunas cosas. Yo no sé si me quedó algo pendiente, porque uno no va midiendo etapas, eso es muy relativo.
Y no hay una escuela  para padres, nos hacemos padres con los hijos, entonces sobre la marcha vamos aplicando cosas y aprendiendo mutuamente. Ellos me van a tener que disculpar mis errores, soy un humano igual que ellos, y “si en momentos, te corregía, porque era algo evidente”, pero no estábamos preparados.
¿Se debe sentir muy tranquilo de haberla acompañado hasta su último momento de vida?
En primer lugar, estoy eternamente  agradecido con el CAM, que ha hecho una excepción en cuanto al traslado de ella hacia Salto.
Estaba ella muy contenta con esto, lo deseaba, y lo que hicimos fue animarla, apoyarla, y que sintiera que contaba con todo nuestro respaldo.
Me gustaría que esas ganas de disfrutar de la vida como ella lo sentía, sirva como buen ejemplo. Que valla como homenaje a ella y a su vida con tantas particularidades interesantes, y ese trabajo que ha logrado de su personalidad.
Que nos sirva a todos este ejemplo. Que fue con ese entusiasmo y esa claridad de lo que pretendía.
Que esto también sirva para iluminar algunas personas que se sienten a veces un poco abandonadas y deprimidas.

El recuerdo que guardamos de Lourdes Gabriela, es el de un ser con mucha luz. Llena de alegría y deseosa de compartir un anhelado futuro.

El destino le quitó esa posibilidad de poder disfrutar un poco más de la vida, con sus escasos 26 años.

Dialogamos con su papá, a poco más de tres meses de su  desaparición física:

¿Cómo fue su niñez?

No fue nada extraordinario.

A Lourdes Gabriela, la anteceden tres hermanos varones, ella es la cuarta y la menor es Clara Cecilia.

Una chica inquieta muy observadora. Inteligente, perspicaz, no hacía preguntas, pero interpretaba todo muy claro.

Muy sociable. Se sabía canjear la amistad de sus vecinos, los niños, como pasó en su jardín, en primaria y secundaria en el Salesiano.

Muy vinculada y abierta. Había causas que le interesaban.

¿Como cuáles?

El Colegio Salesiano, hacía anualmente una campaña, en secundaria para motivar a los alumnos  a juntar ropa, hacer mantas o recolectar alimentos no perecederos. Ella participaba muy entusiasmada en todo. Muy sociable, muy solidaria. Muy fácil de hacer amigos, y sufría como todo chico cuando por algún motivo la dejaban de lado.

¿Siguió estudiando?

Cuando llegó el momento de decidirse por una carrera, quería hacer Psicomotricidad. No le gustaba irse a Montevideo y como laLourdes Medici 2 estaban dictando en Paysandú, reservó una plaza y cuando llegó el momento de comenzar, la carrera se cerró por falta de alumnos.

Decidió irse a Montevideo, para empezar Psicología. Alquilamos un apartamento, y se instaló con toda la ilusión comenzando la carrera. Lo  hizo durante tres años, todo bien, hasta que en el final de 2009, en pleno periodo de exámenes, nace su problema:

Obstrucción intestinal, determinándose ya, su cáncer de colon. Allí, cambió totalmente la historia.

¿Su ánimo fue el mismo a partir de allí?

Su motivación y su forma alegre de ser, de estar presente fiestera, de colaborar, muy disponible en los quehaceres de la casa, a ella la ha marcado. Y lo mantuvo hasta último momento.

Pero en ese sentido creíamos siempre con mi esposa, que por el hecho de ser unos cuantos hijos, no con mucha diferencia de edad entre ellos, ayudó para que nosotros mismos como padres los motiváramos, a que ayudaran en la casa, en cosas elementales, pero que ellos lo tenían que saber.

¿Cómo siguió su salud?

En Abril de 2010, volvió a Salto. Comenzó con sus aplicaciones de quimioterapia. Al principio se encontraba muy bien, pero es un tratamiento muy severo, con dos días y medio de internación en aplicaciones por semana.

Demoledor, donde se empieza a notar los efectos en el cuerpo. Cuando quería recuperarse, tenía ya la otra sesión.

Un espíritu increíble. Con sus familiares, compañeras, vecinos y amigos, estaba todo siempre bien, no lo quería demostrar, sin embargo, estaba pasando por una terrible prueba: emocional, sicológica y física.

Todo el mundo sabe lo que es esta enfermedad y el tratamiento.

Pero nunca quedó quieta. No tranzó con la enfermedad:” de aquí voy a salir, como sea”, decía.

En cuanto a la enfermedad, con un increíble entusiasmo, a todo lo que le proponían ella  accedía, revolvía  cielo y tierra, para encontrar soluciones.

Antes de la movida que se realizó con la idea de reunir el dinero para su operación en Brasil, ella ya había ido a esa clínica, con datos totalmente errados, porque desde que recibimos la información, hasta que se la encontró había cambiado todo. En cuanto la dirección y funcionamiento de la misma.

Tambien por internet. Te decía: ¡vamos y vamos, que lo vamos a conseguir! Con un empuje, increíble. Nunca bajó los brazos.

Su pareja, Diego, un muchacho espectacular, increíble. Excelente persona, es uno más de la familia, la apoyaba en todo. ¡Y ella cómo lo animaba!

¿Qué le gustaba a Lourdes?

Lourdes era polifacética.

No tranzaba nunca estar sola o triste. Era algo natural en ella.

Estaba siempre escuchando una canción y cantándola, llamaba a una amiga y  a otra, jamás se la iba a encontrar angustiada, apartada en un rincón, o llorisqueando. No toleraba que alguien en una noche fría, golpeara en casa por algo de comida, o ropa. Salía a cualquier hora, atendía la persona y siempre la auxiliaba  con lo que necesitara.

Tenía ese arraigo por algunas  cosas que tal vez, otra persona sintiera indiferencia, ella sabía que la persona lo hacía porque era alguien que tenía hambre o frío.

¿Qué actividad le gustaba hacer con usted?

Éramos muy familieros. A la tardecita, cuando tomábamos mate con la patrona, ellos estaban a nuestro alrededor.

Pero si sugeríamos un espectáculo de música, para ir a ver, ella quería ir.

Ir a pescar, le encantaba, era un varón más. Si hacíamos campamento, con los hermanos, ella motivaba a las demás primas, ¡y vamos! Las llevaba.

Salía a bailar, y se relacionaba con mucha gente. Solía tener muchos amigos y amigas.

Familiarmente, éramos cuarenta personas, y ella era la animadora del grupo, siempre haciendo bromas.

¿Cómo recuerda su personalidad?

Recordándola a tres meses, de su partida, todavía seguimos apenados.

Pero recordarla de esta forma, es para mí un orgullo. Realmente fue una hija adorada, y pienso que la vida era hasta acá nomás.

Era muy observadora. Con su carrera en marcha, nos hablaba de un desconocido que había mantenido algún tipo de conversación y los comentarios que luego nos hacía sobre esa persona, eran clínicos.

Tenía una captación increíble del perfil de las personas.

Cuando comenzó Psicomotricidad, le preguntamos, ¿por qué, esa carrera?

Nos dijo: “cuando la persona es con capacidades diferentes necesita de una ayuda muy especial, muy didáctica, con mucho más aprensión que si fuera un medico clínico, porque este ya tiene sus cosas elaboradas. Y si son niños, que muchas veces no se pueden mover, hay que motivarlos, para lograr un reflejo físico, su cuerpo les resulta ser una cárcel. Hay que rastrear todo un sendero mental, en lo psicológico, porque es muy difícil para ellos poder ayudarlos”.

Eligió una carrera, con una meta ya fija, sabiendo  en lo qué quería trabajar.

¿Le gustaba salir, pasear?

Sí, salíamos mucho pero siempre por acá cerca.

En salidas a las termas por ejemplo, solíamos quedarnos con mi señora tomando mate y era sensacional. Por allá aparecía Lourdes, con dos o tres amigas o amigos del momento. ¡Tenía una facilidad para relacionarse!

¿Qué le quedó por hacer con ella?

Uno como padre, siempre trata de apoyarlos a los hijos y marcarle un camino, algunas pautas e incentivándolos en algunas cosas. Yo no sé si me quedó algo pendiente, porque uno no va midiendo etapas, eso es muy relativo.

Y no hay una escuela  para padres, nos hacemos padres con los hijos, entonces sobre la marcha vamos aplicando cosas y aprendiendo mutuamente. Ellos me van a tener que disculpar mis errores, soy un humano igual que ellos, y “si en momentos, te corregía, porque era algo evidente”, pero no estábamos preparados.

¿Se debe sentir muy tranquilo de haberla acompañado hasta su último momento de vida?

En primer lugar, estoy eternamente  agradecido con el CAM, que ha hecho una excepción en cuanto al traslado de ella hacia Salto.

Estaba ella muy contenta con esto, lo deseaba, y lo que hicimos fue animarla, apoyarla, y que sintiera que contaba con todo nuestro respaldo.

Me gustaría que esas ganas de disfrutar de la vida como ella lo sentía, sirva como buen ejemplo. Que valla como homenaje a ella y a su vida con tantas particularidades interesantes, y ese trabajo que ha logrado de su personalidad.

Que nos sirva a todos este ejemplo. Que fue con ese entusiasmo y esa claridad de lo que pretendía.

Que esto también sirva para iluminar algunas personas que se sienten a veces un poco abandonadas y deprimidas.