“Papá fue una persona bonachona y muy querido por todos”

Benicio Santiago Cabral, fue oriundo de Salto.
Su familia paterna, conformada por siete hermanos, los cuales nacidos todos en la zona de Bº Artigas, fueron muy unidos.
Su pasión desde muy joven fue la de ser Rematador y velar por su partido colorado, formando parte del grupo de ediles profesionales en la Comisión y Reglamento de la Junta Departamental de Salto.
Entre sus tantas actividades, conformaba una Comisión  Administradora de la Semilla de Stevia, (planta medicinal dulce) y a su vez, fue funcionario judicial.
Tuvo dos hijos, falleciendo el mayor, siendo este aún muy pequeño.
La vida le quita por un costado y le regala por otro, porque tuvo un compañero inseparable que lo supo acompañar siempre: su hijo, Jorge Cabral Vinci.
También Rematador, Docente, y al igual que su padre, político. Siendo Secretario General del partido Colorado en la Lista 1, dirigente de la Junta departamental en otra etapa, Jefe de Policía y más, integrándose a distintas comisiones por y para el departamento. Escribió un libro en el 2008, sobre la historia del Municipio de Salto y como nos dice él, también plantó un árbol.
Y es  quien nos deleita con sus recuerdos de esta manera:
“Nada de todo lo que he logrado hasta hoy, hubiese sido posible sin el respaldo permanente de mi señora: Susana Galvalisi”.
Encontré siempre en ella, todo su apoyo. Tanto yo como mis dos hijos, es una excelente compañera.
¿Cómo es que sigue usted los mismos pasos de su padre?
Es que de muy pequeño lo acompañaba ayudándolo en los remates en distintos lugares.
Al lado de él, fue como una carrera que realicé desde mis comienzos, repartiendo boletas, y ya en la etapa de mi  adolescencia, compartía las planillas, con las liquidaciones finales de los remates.
No me llamaba la atención estar arriba de las tribunas y un buen día, sucedió que en una liquidación de un establecimiento rural, me comenzaron los presentes a dar bromas, con que lo dejaba solo a papá arriba y él me miró y me dijo: “subí”, y así lo hice. Desde ese día con más entusiasmo.
Me pasó lo mismo con la docencia, por eso, son mis dos pasiones.
¿Recuerda cómo comenzó a trabajar su papá como rematador?
Sí. Comenzó haciéndolo con Don Pedro Gallino, también Rematador.
Mantenemos un vivo recuerdo de aquella época, donde este señor le regaló un martillo de marfil, antes de fallecer que en la actualidad yo lo conservo.
Es en el año ´51, cuando papá se animó a comenzar su carrera solo y me lleva con él.
Recuerdo que todo me llamaba la atención, yo con 9 ó 10 años, veía como los interesados ofrecían precios, viendo la labor de toda la gente que colaboraba en los remates.
Luego de pasar el tiempo, llegar a la juventud con mi trayectoria basada en lo que aprendí de papá, conformamos una firma que se llamó: Benicio S. Cabral e hijo.
Comencé en el ´78, y lo acompañé hasta que falleció, hace ya más de diez años.
¿Tenían paseos  juntos siendo usted pequeño?
Sí. Íbamos a termas del Arapey, recuerdo nuestras salidas remontando cometas, me llevaba siempre a ver los partidos de fútbol, y mamá acompañando, estaba presente en todo.
Incluso ella era la encargada de preparar el remate, haciendo los lotes, planillas con todo su apoyo y entusiasmo.
¿Tiene alguna anécdota con él?
Hay algo que siempre me llamaba la atención, y era que papá andaba siempre de traje.
En invierno o verano, le encantaba andar bien arreglado. En Salto, pude apreciar  solamente dos personas que lo usaban, y una era él.
Creo que eso lo heredé, porque en la docencia, siempre me gustó vestirme bien. No es que por el hecho de ser docente, querer imponerles por la fuerza a los chiquilines el cariño hacia el profesor con el aprender, es que el niño, es el juez más acertado y lo están mirando de todos lados a uno.
Entonces, creo firmemente que la presencia es importante.
Es más, en la mesa del abuelo, del padre de papá, no se sentaba nadie sin traje y corbata. Era una época en que se usaba arriba del cuello, un cuellito duro.
Acostumbrado a esas normas familiares, se adaptó tanto que lo llevó consigo siempre. Solo lo veíamos en mangas de camisa, cuando íbamos a termas.
¿Cómo lo definiría?
Era de un carácter fuerte.
Una persona bonachona, muy amigo de sus amigos. Siempre al servicio de los demás.
Si todavía la gente que lo rodeaba, lo recuerda como un hombre macanudo.
Y cuando se agravó su salud, era impresionante ver  a sus conocidos y amigos visitarlo, en el CTI del Sanatorio Panamericano, durante todo el día.
Es que papá fue un hombre muy querido por la sociedad

Benicio Santiago Cabral, fue oriundo de Salto.

Su familia paterna, conformada por siete hermanos, los cuales nacidos todos en la zona de Bº Artigas, fueron muy unidos.

Su pasión desde muy joven fue la de ser Rematador y velar por su partido colorado, formando parte del grupo de ediles

Jorge  Cabral  Vinci

Jorge Cabral Vinci

profesionales en la Comisión y Reglamento de la Junta Departamental de Salto.

Entre sus tantas actividades, conformaba una Comisión  Administradora de la Semilla de Stevia, (planta medicinal dulce) y a su vez, fue funcionario judicial.

Tuvo dos hijos, falleciendo el mayor, siendo este aún muy pequeño.

La vida le quita por un costado y le regala por otro, porque tuvo un compañero inseparable que lo supo acompañar siempre: su hijo, Jorge Cabral Vinci.

También Rematador, Docente, y al igual que su padre, político. Siendo Secretario General del partido Colorado en la Lista 1, dirigente de la Junta departamental en otra etapa, Jefe de Policía y más, integrándose a distintas comisiones por y para el departamento. Escribió un libro en el 2008, sobre la historia del Municipio de Salto y como nos dice él, también plantó un árbol.

Y es  quien nos deleita con sus recuerdos de esta manera:

“Nada de todo lo que he logrado hasta hoy, hubiese sido posible sin el respaldo permanente de mi señora: Susana Galvalisi”.

Encontré siempre en ella, todo su apoyo. Tanto yo como mis dos hijos, es una excelente compañera.

¿Cómo es que sigue usted los mismos pasos de su padre?

Es que de muy pequeño lo acompañaba ayudándolo en los remates en distintos lugares.

Al lado de él, fue como una carrera que realicé desde mis comienzos, repartiendo boletas, y ya en la etapa de mi  adolescencia, compartía las planillas, con las liquidaciones finales de los remates.

No me llamaba la atención estar arriba de las tribunas y un buen día, sucedió que en una liquidación de un establecimiento rural, me comenzaron los presentes a dar bromas, con que lo dejaba solo a papá arriba y él me miró y me dijo: “subí”, y así lo hice. Desde ese día con más entusiasmo.

Me pasó lo mismo con la docencia, por eso, son mis dos pasiones.

¿Recuerda cómo comenzó a trabajar su papá como rematador?

Sí. Comenzó haciéndolo con Don Pedro Gallino, también Rematador.

Mantenemos un vivo recuerdo de aquella época, donde este señor le regaló un martillo de marfil, antes de fallecer que en la actualidad yo lo conservo.

Es en el año ´51, cuando papá se animó a comenzar su carrera solo y me lleva con él.

Recuerdo que todo me llamaba la atención, yo con 9 ó 10 años, veía como los interesados ofrecían precios, viendo la labor de toda la gente que colaboraba en los remates.

Luego de pasar el tiempo, llegar a la juventud con mi trayectoria basada en lo que aprendí de papá, conformamos una firma que se llamó: Benicio S. Cabral e hijo.

Comencé en el ´78, y lo acompañé hasta que falleció, hace ya más de diez años.

¿Tenían paseos  juntos siendo usted pequeño?

Sí. Íbamos a termas del Arapey, recuerdo nuestras salidas remontando cometas, me llevaba siempre a ver los partidos de fútbol, y mamá acompañando, estaba presente en todo.

Día en que fue electo Presidente de la Asociación de Rematadores, Jorge Cabral Vinci.  Es su padre el que se ubica al medio de traje

Día en que fue electo Presidente de la Asociación de Rematadores, Jorge Cabral Vinci. Es su padre el que se ubica al medio de traje

Incluso ella era la encargada de preparar el remate, haciendo los lotes, planillas con todo su apoyo y entusiasmo.

¿Tiene alguna anécdota con él?

Hay algo que siempre me llamaba la atención, y era que papá andaba siempre de traje.

En invierno o verano, le encantaba andar bien arreglado. En Salto, pude apreciar  solamente dos personas que lo usaban, y una era él.

Creo que eso lo heredé, porque en la docencia, siempre me gustó vestirme bien. No es que por el hecho de ser docente, querer imponerles por la fuerza a los chiquilines el cariño hacia el profesor con el aprender, es que el niño, es el juez más acertado y lo están mirando de todos lados a uno.

Entonces, creo firmemente que la presencia es importante.

Es más, en la mesa del abuelo, del padre de papá, no se sentaba nadie sin traje y corbata. Era una época en que se usaba arriba del cuello, un cuellito duro.

Acostumbrado a esas normas familiares, se adaptó tanto que lo llevó consigo siempre. Solo lo veíamos en mangas de camisa, cuando íbamos a termas.

¿Cómo lo definiría?

Era de un carácter fuerte.

Una persona bonachona, muy amigo de sus amigos. Siempre al servicio de los demás.

Si todavía la gente que lo rodeaba, lo recuerda como un hombre macanudo.

Y cuando se agravó su salud, era impresionante ver  a sus conocidos y amigos visitarlo, en el CTI del Sanatorio Panamericano, durante todo el día.

Es que papá fue un hombre muy querido por la sociedad







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