Antonio Cattani, Profesional en Mecánica Automotriz «Siento que soy mecánico desde que nací»

Con tan solo 11 años, Antonio ya estaba dedicado de lleno a lo que sería su futuro.
Estudiando durante cuatro años Mecánica Automotriz, se recibió a los 15.
El 5 de abril del año ´72, a los 18, se instala con su taller propio. Con el que logra una bienvenida de parte del medio y en muy poco tiempo cosechar frutos, actualizándose constantemente.
Conservando una importante cartera de clientes, dedicándose a una cantidad importante de marcas y a base de sacrificios y constancia, cumplió sus 45 años de labor.
Lo visitamos en su taller, para conocer detalles de su trayectoria y así comenzamos dialogando:
¿Era muy difícil antes, lograr estudiar Mecánica Automotriz?
Lo hice en UTU, en un curso que duró cuatro años.
Se debía hacer algunos meses de ajuste, otros en tornería y luego recién, se pasaba a la parte Automotriz.
Donde se desarmaban motores con una parte técnica en materias de física, química, muy completo todo y con otra parte práctica.
¿Podía usted además ir realizando prácticas en otro lugar?
Sí. Yo salía de allí y me iba a trabajar con Abel Martínez García en su taller, durante un tiempo. Fue en el único lugar que estuve como empleado.
¿Cómo ve la diferencia entre aquella preparación y la actual?
Era otra época, otros docentes. Mucho más exigentes que hoy, principalmente en el respeto.
Donde cada uno de ellos se preocupaba muchísimo por el alumno y por todo.
Está el caso de Daniel Achigar que tenía un taller enorme y dejaba sus quehaceres para ir a enseñar, porque le gustaba de alma. Donde se encargaba de llevar materiales, incluso motores cortados para que pudiéramos ver cómo funcionaba.
Cuando el profesor estaba dando la clase no volaba una mosca. Y era otra entrega de parte del profesor comparada con la actual.
Eran docentes de alma y les gustaba lo que estaban haciendo.
Uno se iba de la UTU sabiendo mucho.
Hoy salen de allí para conocer de cerca porque de la parte electrónica, muy pocos se han dedicado. Es un tema lindo para estudiarlo y además, es importante tener el tester necesario para poder dar el diagnóstico.
En cuanto a ello es como que nunca se termina de comprar y aprender, ya que los fabricantes de autos todos los años cambian el sistema.
Entonces todos los años hay que estudiar de vuelta, para estar bien actualizado. A nosotros una vez al mes nos va actualizando AYAX.
¿Cuándo y cómo fue el instalarse solo?
Fue en el año 1972.
Contaba con el apoyo de garantía de alquiler de Albino Ferreira al que nunca voy a terminar de agradecerle, para un galponcito como local en calle Morquio 190 que luego logré comprarlo y era donde también residía.
Con muy pocas herramientas regalo de mi padrino. Luego saqué un crédito en el BROU, brindado para todo aquel alumno de UTU que hubiese culminado el curso.
Con la compra de esas herramientas, logramos mejorar en gran escala todo lo que hacíamos.
Siempre me tenía mucha confianza.
En el lugar donde yo trabajaba, contaba con tan solo 13 años y me entregaban los motorcitos viejos para armar y desarmar.
Ya con 15 había logrado hacer de todo en un taller.
¿Ya había competencia cuando se instaló?
No. Estaba Salto Grande en pleno apogeo y se encargó de llevarse gran parte de mecánicos del medio. Ya en Salto quedaron pocos trabajando en forma particular.
¿Era una plaza amplia en cuanto a demanda?
No, la plaza era muy pobre. Había muy poquitos autos y del año ´50 y ´60 con los cuales yo trabajé cuando comencé.
Atendía a los Morris que estaban de moda, algún BM.
¿Qué siente hoy al pensar en aquella época?
Me trae nostalgias, porque se trabajaba de otra manera. No había apuros.
Los autos que estaban en reparación no tenían mayor urgencia.
Hoy cuando alguien trae un auto, antes de dejarlo ya pregunta si puede venir de tarde a buscarlo (sonríe).
Como eran pocos autos en la calle el estacionamiento era muy amplio, se lo podía hacer en cualquier lado. Era todo lindo.
¿Cuándo es el cambio en cuanto a marcas y autos nuevos?
Después de los ´80.
Y a partir del 2000 comenzaron a entrar muchas otras marcas.
Actualmente se agregó todo lo que es auto chino, que antes no lo teníamos.
¿Siente que en la actualidad, su cartera de clientes se ve incrementada de manera importante?
Sí. Pienso que se lo debo al boca a boca.
Cuando comencé, toda falla en un motor que un mecánico no pudiera encontrarla yo la tomaba.
La arreglaba y hasta que el cliente no la probara y aprobara, no la cobraba.
Así me hice mis primeros clientes, haciéndome creíble.
¿En algún momento pensó que iba a tener su taller las dimensiones con las que cuenta?
El sueño mío, era tener el taller más grande (sonríe).
¿Cómo reaccionaría si alguien le dijera que es usted excelente como mecánico?
Me daría mucha alegría por mis colegas. Porque siempre que pude ayudar a alguno fue una satisfacción. Y me hace sentir muy contento que mis colegas me quieran. Son todos como mis amigos y les digo siempre que estoy a la orden.
Así como cuando necesito de ellos, voy y pido.
No me gustaría que crean que yo me las sé todas. Muchas veces tengo que llamar a Montevideo para descifrar algún problema.
¿Cuál es su satisfacción?
Una de ellas es salir de vacaciones y recorrerme todos los talleres del país visitando amigos.
¿A qué se debe el éxito como tallerista?
La clave del éxito fue el esfuerzo, la constancia y no podemos dejar de lado, lo que fue fundamental: Las carreras de autos a la cual todavía nos dedicamos.
Y nos abrió puertas haciéndonos conocer a mucha gente linda. ¡Y me siento orgulloso de mis amigos!
¿Se instalaría de nuevo con el mismo rubro?
Sí. ¡Porque esto es pasión!







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