«Aptitud con condiciones»

Entrevista a Juan Carlos Lagos

Funcionario de empresa La Salteña, desde hace 30 años

Es por medio de un aviso en un periódico vespertino, que Juan Carlos se entera de una vacante de trabajo en empresa La Salteña.
Contaba para comenzar con esa fuerza de juventud, ganas de verse progresando, pero sobre todo, con el apoyo de su esposa, con la que ya conformaba un hogar junto a su bebé Natanael.
Las reglas establecidas en la empresa eran de tres meses a prueba. Pero mucho antes de lo pautado, su principal Raquel Galluzzo, le comunica la buena nueva: ¡ya era integrante del equipo de trabajo!
Recordamos junto a Juan Carlos toda su trayectoria laboral. Desde sus inicios, a su actualidad:Juan Carlos Lagos
¿Cuándo comienza su tarea en este rubro?
Comienzo a conocer las empresas fúnebres hace muchos años.
Los ataúdes llegaban a destino por medio de AFE en vagones, yo hacía fletes y comencé a transportarlos de allí a las empresas fúnebres.
En aquel entonces eran Simonelli, La Salteña y Prusultra.
En La Salteña conozco a Juan Márquez, su Gerente, también a Branca que actualmente es propietario de Oliden, en ese entonces Prusultra y Simonelli.
El contacto que yo mantenía con ellos se debía únicamente al flete que realizaba y ese relacionamiento me llevó a seguir conociendo gente en La Salteña.
¿Cómo ingresa a trabajar allí?
Me avisa mi cuñado que trabajaba en Diario La Prensa, había una solicitud de un puesto de trabajo en La Salteña.
¿Cómo decía la solicitud?
Se solicitaba un empleado fúnebre.
Llego a anotarme, había una cantidad importante de aspirantes y pensé: «¡Qué me van a tomar a mí, habiendo tanta cantidad de gente!» y me fui.
Mientras me iba, pensé en mi niño que tenía dos meses y volví.
Me dije: «soy una persona como uno de los aspirantes que esperan y también tengo el mismo derecho. Tal vez puedo llegar a ocupar ese lugar», y volví. Fui el último que entré.
La persona que me entrevistó, la Sra. Raquel Galluzzo y me dijo: «¡Qué te va a gustar a vos el trabajo!».
Le respondí: «mire señora, yo necesito trabajar. Tengo un niño de dos meses y necesito el puesto.
Acá queda un poquito de lado si me gusta o no. Lo tengo que hacer».
Pasan unos días, me visita en mi casa Juan Márquez con la noticia de que me tenía que presentar a trabajar. Al llegar me informan que me iban a dar la posibilidad de probarme.
Tengo muy buenos recuerdos de mi comienzo en la empresa, porque eran tres meses a prueba y a los dos meses, la patrona me dijo que quedara tranquilo que el puesto era mío.
¿Qué incluía en los requisitos?
Principalmente y a grandes rasgos, lo que hace el funebrero cuando fallece una persona. Levantar el cuerpo y traerlo a la sala. Se realiza el sepelio, se trasladan sus restos al cementerio y al finalizar acompañar a sus familiares a sus respectivos domicilios.
Aunque en algunas empresas no era así el servicio que se brindaba, en La Salteña era más completo, ya que nos encargábamos de todo. ¡Como lo hacemos hasta hoy!
Siempre nos brindaron en la empresa mucha confianza y participación, eso logró que hiciéramos toda la tarea con mucha entrega.
¿Cuál era su expectativa al momento de ingresar a trabajar allí?
Siempre me gustó mucho manejar. Pero a su vez, al ingresar a la empresa, me comenzó a interesar la parte administrativa.
Tal es así que culminé mis estudios de Contabilidad Comercial y Bancaria en Instituto Mundo Nuevo, logrando asociar las dos cosas.
¿Cómo tomó su familia la tarea que debía realizar?
Bien.
Yo en ese entonces me había casado con Rosario hacía dos años y tenía un niño: Natanael. Luego llegó Emanuel y por último Wendy.
A mi esposa le gusta mucho el trabajo y estábamos comenzando nuestra vida de hogar, con dos años de casados. Había que iniciarse y progresar.
Yo anteriormente trabajaba con un albañil y este me decía que yo iba a cobrar en el mes trabajando en la empresa, lo que él me pagaba por semana.
Yo le respondía: «cuando tienes trabajo, yo trabajo y gano bien, pero cuando no tienes trabajo yo no gano. Y acá, a ése dinero lo voy a tener siempre y seguro todos los meses».
Y me empezó a gustar el trabajo en la empresa, me recibieron muy bien. Me relacioné y me integré enseguida al grupo de compañeros que había.
¿Cuáles son los cambios que nota hoy?
En primer lugar, éramos cuatro funcionarios haciendo la tarea: El Gerente Juan Márquez, Ángel Cardozo, Miguel Rodríguez, ambos jubilados y yo.
No había limpiadores en la empresa, ni lavadores de coches, tapizábamos los ataúdes.
Veníamos a Diario EL PUEBLO a buscar diarios para lo que se llamaba amortajar, realizando tubitos con los diarios, teniéndolos prontos para cada ocasión. Actualmente ya eso no se usa. Se utiliza papel de arroz, que es mucho más práctico y el trabajo se puede hacer más rápido.
Empresa La Salteña fue la creadora de los servicios en las salas velatorias, o sea que de cada diez servicios, nueve eran en la casa, donde había mucho más trabajo porque había que acondicionar todo, luego volver a recoger lo que se había llevado y se hacía un solo servicio en la sala.
Hoy, la empresa ha crecido enormemente. Somos más cantidad de funcionarios funebreros, realizando muchos más servicios que en aquel entonces y contamos con mucho más personal para otras tareas.
Los ataúdes vienen tapizados, la tarea se ha agilizado por diferentes medios y es todo más fácil.
Se ha ido innovando tanto que el progreso dejó atrás esas cosas.
¿Cómo es un servicio hoy, visto desde adentro de la empresa?
Llega la persona a la empresa, tratamos con el familiar, realizando toda la parte administrativa correspondiente. Luego se instala el servicio, siempre atendiendo a los familiares. Ya sea en la sala, o en la cafetería.
Se realiza la parte de trámites, invitaciones.
Hay que solucionar el tema de dónde lo desea sepultar, ya sea en nicho o panteón, si la familia se va a inclinar por el Cementerio Central o Cementerio Parque, que hoy tiene la empresa.
Y al llegar la hora del sepelio, culminar el servicio en cementerio y luego trasladamos la familia a su domicilio.
Allí, finaliza una parte del servicio.
Porque hay funcionarios de nuestra empresa, que se dedican a realizar algunos trámites en juzgado, como es la partida de defunción, acompañar al familiar a realizar el trámite ante BPS cuando la esposa o el esposo, debe hacer el trámite de pensión, facilitándole toda la documentación.
Inclusive vamos a buscar a la persona al domicilio llegado el momento, se lo acompaña y luego lo llevamos de nuevo a su casa.
¿Cuántos son los encargados de esta función?
Somos ocho los funebreros, realizando además la parte administrativa.
Un grupo de trabajo, abocado a realizar un buen servicio. Haciendo todos el mismo trabajo, incluso si ya fue comenzado por un compañero, cada uno de nosotros ponemos la misma dedicación, para que salga todo lo mejor posible, porque somos un equipo unido, que lo único que nos interesa es que las cosas salgan bien.
No importa quién haya vendido el servicio, ni quién lo haya iniciado, sino que lo que tratamos es que sea de principio a fin, con un orden total.
Por cierto, somos humanos y nos podemos equivocar, pero de ver una falla en algo, tratamos de enmendarla de inmediato, siempre al lado del compañero, mirando por lo que necesite para mejorar el servicio.
Trabajan además cajeros, promotores y cobradores.
¿Cómo se siente hoy a tantos años de aquel comienzo?
Trabajando muy cómodo.
El compañerismo entre los compañeros de trabajo es el mismo. Hay mucha gente joven incorporada a la empresa y a mí me respetan como integrante del grupo y también como compañero más antiguo (sonríe).
Me siento muy cómodo con los patrones y dialogando con uno de ellos le decía: «A esta altura, siento a la empresa como mía».
Y hablando con Jacqueline, compañera de trabajo, decíamos que pudimos ver casi toda la trayectoria de la empresa.
¿Qué le han dejado todos estos años en La Salteña?
Mucha amistad, ese vínculo que se forja.
Le doy gracias a mis patrones de aquel momento, Sres. Raquel Galluzzo y Jorge Fernández (fallecido), y a sus hijos Carlos y Gustavo Fernández, que prácticamente los vi criarse allí dentro.
Doy gracias a Dios por haberme dado la fuerza y la salud necesaria para hacer casi mi vida dentro de la empresa, trabajando todos estos años.
Eso se refleja en el progreso de mi familia y también en el sostén y el respaldo.
Y lo que hoy tengo y soy, se lo debo todo a empresa La Salteña, porque prácticamente es mi vida.
Y si Dios me ayuda, pienso jubilarme siendo parte de ella.







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