“Bendita mujer”

Catalina Harriague Burutarán de Castaños – Con su ahijado Ernesto Burutarán

Doña Catalina Harriague de Castaños nació el 2 de noviembre de 1877.
Hija de Don Juan Harriague y de Doña Josefa Burutarán, hermana mayor de cuatro hermanas y sobrina de Don Pascual Harriague.
Recorrió su camino de vida como una verdadera y auténtica benefactora salteña. Como lo dice el título de ésta

Doña Catalina con su esposo José Castaños

Doña Catalina con su esposo José Castaños

entrevista: Bendita mujer. Llamada así por sus colaboradores, amigos, beneficiarios, incluso por su misma familia.
No solo por su apoyo a obras que de una u otra forma beneficiarían a nuestra comunidad, sino por su increíble manera de ser.
Estaba muy comprometida con la causa por los más humildes, con un amplio sentir por los más necesitados, solidaria, comprensiva y por sobre todas la cosas, muy cariñosa con todo aquel que la rodeaba.
De esta forma se hizo querer y también fue muy admirada por todo aquel que la conociera, porque supo brindar su generosidad por donde fuera.
Se casó con Don José Castaños, que en su recuerdo, una sala del Hospital Regional de Salto lleva su nombre.
Si tenemos que mencionar algunas de sus más importantes donaciones que realizó para nuestro departamento, comencemos por la Universidad del Trabajo, donde se levantó la moderna construcción, con todo su equipamiento donde funciona la Escuela Técnica, que lleva hoy su nombre.
La construcción del Liceo Nuestra Señora del Carmen, en calle Artigas, a metros de la Plaza Treinta y Tres. Doña Catalina la donó a la Congregación Salesiana.
Donó el edificio del Colegio María Auxiliadora en calle Piedras Nº 69.
Con importantes donaciones al Ministerio de Salud Pública para el Hospital Regional Salto, tanto a la parte de maternidad como para otros sectores de dicho nosocomio.
El Parque Harriague, con su hermoso espacio para paseo y un escenario con una vista muy particular, convertido en éste por el Arq. Armando Barbieri que en ese entonces era el intendente de Salto.
El terreno fue donado en memoria de Don Juan Harriague por sus hijas Doña Catalina Harriague de Castaños, Juana Harriague de Brignole, Pascualina Harriague de Sant ‘Ana y Octavia Harriague de Dondo.
Y la misma avenida Pascual Harriague teniendo su paso al frente del parque mencionado.
Estos son solo algunas de sus dedicadas obras. Dialogamos hoy con quien no solamente es su ahijado, sino que lo une a Doña Catalina un lazo sanguíneo: Ernesto Burutarán:
“Siento mucho placer en recordar a la señora, como le llamábamos, aunque me siga angustiando su ausencia. Pero me hubiese gustado que fuera un familiar más directo quien tuviera la oportunidad de realizar esta entrevista. Me hace sentir orgulloso haber conocido a un ser tan maravilloso y poder contarlo hoy”, nos dice Ernesto.
“El término que utilizamos para dirigirnos a ella, como la señora, era porque mi padre Omar Burutarán, fue criado como hijo por ella y por el esposo.
Mi abuela paterna en épocas de dificultad económica no podía tenerlos a todos con ella, entonces los tíos se hicieron cargo de algunos.
Y a Omar que era el mayor, mi padre, Doña Catalina lo crió como a un hijo brindándole todo lo necesario y cuando llega a su adolescencia Don José Castaños, lo envía a realizar una preparación bancaria, como para funcionario bancario en el Banco de Londres y cuando culmina, lo llaman a Don José del Banco para decirle que su muchacho estaba en condiciones y le dicen:
“¿Dónde quiere ubicarlo?” y Don José le responde, “No, lo mandé preparar para mí”.
Y se lo llevó con él. Papá le llevaba toda la contabilidad. Cuando Don José fallece, es papá quien sigue al lado de Doña Catalina, siendo su administrador y apoderado general de ella.
¿Doña catalina y Don José, no tuvieron hijos?
No, no los tuvieron, pero crió no solo a papá, que vivió siempre con ellos, dormía en su casa y fue educado por ellos, sino a mi mamá Florentina Estévez, (Florita), junto a unos cuantos niños.
Tenía otras niñas, que también criaba, Marosa Avellanal de Estévez, Dorila Coelho, entre algunas que recuerdo.
Con algunas tenían un vínculo sanguíneo, porque la madre de las hermanas Harriague era Burutarán y prima hermana del padre de mi padre.
No es un parentesco muy directo, pero sí teníamos un lazo de sangre.
¿Qué recuerdos tiene del trabajo de su papá para Doña Catalina?
Papá vivía para el Escritorio Castaños.
Estaba ubicado en la propia casa de Doña Catalina en calle Uruguay 1268, al lado del Colegio Sagrada Familia, donde actualmente vive mi hijo, porque me la dejó a la casa a mí como herencia.
Y nosotros vivíamos una casa por medio de la de ella, se comunican por detrás. Y papá pasaba todo el día en el escritorio.
Habían en esa época muchas actividades comerciales y papá manejaba toda la teneduría de libros.
¿Cuál era la actividad laboral de Doña Catalina?
Explotaba aproximadamente unas doscientas mil hectáreas de campo.
Tenía muchísimas hectáreas de propiedad y muchas hectáreas arrendadas.
Vendían novillos, corderos, lanas, vacas gordas, capones y toda la comercialización de los productos del campo y todo se centralizaba en el escritorio, “con mayúscula”.
Si tenemos que definirlo, su medio de vida, su negocio, era de su producción agropecuaria. Eran productores agropecuarios.
Tenía un sobrino abogado Jorge Piacenza Harriague, que vivía en Montevideo y era quien manejaba la parte jurídica de la empresa.
¿Sabe cómo Doña Catalina conoce a Don José?
José Castaños tenía un almacén de ramos generales en la Ruta 26, que une a Paysandú con Tacuarembó, en el Paso de los Carros de Burucayupí en Paysandú.
Este señor tenía mucho conocimiento sobre el tema del campo y aunque tengo algunas lagunas, entiendo que a partir de allí, Don José comenzó a comprar campos.
Entendía del tema y lo que hacía, lo hacía bien. Y yo me quiero imaginar que en aquel tiempo era más fácil adquirir un campo.
No sé bien cuál era la relación entre el campo, el dólar y el valor del novillo, por ejemplo. Pero lo que veo es que los contemporáneos de él, eran gente que accedían a muchos campos, porque donde estaba instalada su estancia principal “La Alegría”, muy cerca estaba la estancia Bayucuá del señor Mattos, que actualmente sigue funcionando muy bien, era un predio de por lo menos cincuenta o sesenta mil hectáreas.
Y así eran casi todas las estancias de aquella época, con estas dimensiones.
¿Cuáles son los recuerdos que guarda de Doña Catalina?
Yo era su mimoso.
Recuerdo a mamá poniéndome de punta en blanco en cuanto a la vestimenta todas las mañanas y yo me iba para lo de Doña Catalina, desayunábamos y seguíamos el día juntos.
Era muy amigo y mimoso también de las muchachas que ella tenía como equipo de colaboradoras en la casa.
¿Con qué disfrutaban?
Llegaba un momento del día que ella me decía: ¿“Vamos a visitar a las muchachas”? , que eran sus hermanas. Nos íbamos en su auto, me parece que era un Chevrolet. Enorme. No era suntuoso, era un auto bueno, pero ella no fue de mucha suntuosidad.
Tenía su chofer, su mucama, que siempre iban con nosotros, junto a otra amiga. Y con eso creo que disfrutaba, yendo a ver a sus hermanas.
¿Le gustaba pasear con ella?
Pero si yo era el mimoso, no terminaba de pedir algo que quería, cuando ya lo tenía. ¡Cómo no me iba a gustar!
¿Cómo era su carácter?
Muy dulce, muy suave, en su casa era imposible molestarse por algo, porque era una persona que irradiaba paz.

Ernesto Burutarán, hijo del Administrador de Doña Catalina

Ernesto Burutarán, hijo del Administrador de Doña Catalina

Muy cariñosa. En la mesa por ejemplo, yo a un lado, Dorila Coelho al otro.
Cuando llegaba el momento de servir la comida, me servía a mí primero y hasta que yo no empezara a comer ella no comía.
Y mientras almorzábamos me iba preguntando qué postre quería para el otro día y qué querés comer. ¡Era tan dulce!
¿Cómo era su vida social?
Era muy sociable pero no le gustaba frecuentar ningún lugar.
Al único lugar que concurría, además de misa, porque era muy católica, era a la casa de sus hermanas, no era de hacer vida social. No iba a ninguna fiesta ni las organizaba en su casa. No recuerdo ninguna reunión en su casa, ni siquiera el día de su cumpleaños, pero ella cumplía el dia 2 de noviembre.
Incluso, cuando hacia alguna donación y había que ir a la inauguración, ella le pedía a alguna de sus hermanas que la representara. Era increíble su perfil tan bajo. Era muy sencilla.
Tenía tanta sencillez, que cuando recibía alguna visita, me hacía ir a saludar y después yo por respeto, me retiraba.
¿Cuándo fallece?
Doña Catalina Harriague de Castaños fallece a los 86 años, el 2 de abril de 1962.
¿Hasta cuándo la acompañó a Doña Catalina?
De pasar todo el tiempo prácticamente en su casa, lo fui dejando de hacer cuando era adolescente. Pero de todas formas no dejaba de ir nunca, porque como le dije, los fondos eran juntos, entonces dábamos la vuelta y estábamos en una casa o la otra.
Cada uno tenía su autonomía, pero estábamos todos juntos. Además, todos los recuerdos son compartidos con ella, porque cuando yo nací, es que fallece Don José.
¿Y su papá hasta cuándo fue su administrador?
Hasta que ella falleció y hasta después de fallecer, porque fue papá quien se encargó de entregar el testamento que ella había dejado a todos los herederos.
Dejó un testamento, todo tan bien organizado que le dejó algo a todos los familiares, amigos, colaboradores y más.
A el que le dejó menos valor, le dejó una casa, algunos les dejó una chacra, un campo, dinero, entonces todo el que la conoció y la rodeó en vida obtuvo algo de ese testamento.
Nunca fue egoísta, para nada. Además yo no conozco acá en Salto, que haya habido un testamento tan grande y con tantos beneficiarios como ese.
A las estirpes directas, eran muchas también. Y yo lo acompañé a papá en una ardua tarea durante la apertura de ese testamento.
Porque llegábamos a un lugar y había por ejemplo dos mil novillos, y habían tantos herederos. Pero aparte de los directos, estaban incluidos: encargados, cocineras, capataces, peones, lavanderas, mucamas, toda esa gente recibió algo. Recuerdo que a papá le llevó mucho tiempo poder entregar todo.
El pasaje que se encuentra en calle Beltrán en la cuadra del cuatro, fue donado por Doña Catalina para sus colaboradores, mientras estaban trabajando con ella aún.
El “Beto” Robaudo era el secretario de papá, al cual la señora de Castaños le dejo campos, estancias y demás.
¿Qué le quedó de esta experiencia de vida con Doña Catalina?
Me quedaron tantas cosas. Pero lo primero es la sencillez y la humildad con que se manejó toda su vida, en todo sentido.
La generosidad que está demostrada, con un desapego total de lo económico.
Cuando falleció Doña Catalina, su entierro fue algo increíble.
Creo que estaba todo Salto allí, y papá sufrió muchísimo. Lloraba. Lloraba mucho y después que volvimos del cementerio, papá abrazó a su madre y le dijo: “¿Tal vez vos te crees que yo la quería más que a vos?”.
Y es lo que yo siento, hasta el día de hoy. (Muy emocionado).
Creo que para ir cerrando la nota, le resumí en esta frase bastante del sentimiento que nos unía a ella por su forma de ser.







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